Diplejia: parálisis que afecta
a las piernas
La diplejia se presenta antes de los 3 años de edad, y es un tipo de parálisis cerebral
infantil (PCI).
Altera la postura y la marcha porque está reducida la movilidad de las piernas, y afecta a
la precisión manual por estar disminuida la motricidad fina de las extremidades superiores.
Supone el 50% del total de casos de PCI. Debida a una lesión cerebral característica de la
prematuridad, aunque puede tener múltiples causas, que provoca una alteración del tono
muscular.
Alteraciones motoras en la diplejia
Las lesiones cerebrales causan debilidad y rigidez de los músculos de las piernas lo que dificulta
el mantenimiento de la postura y del equilibrio.
El niño con diplejia espástica tiene una postura característica.
El tronco está inclinado hacia adelante, las piernas se cruzan de modo que entrechocan las
rodillas que además están en flexión y giradas hacia el interior; los pies se apoyan sobre todo
en la parte anterior provocando una postura en puntillas.
Las extremidades superiores no suelen tener deformidades, aunque en los casos más graves
aparece una dificultad para controlar los movimientos de precisión manual que pueden ser
lentos y algo torpes.
El principal problema de la diplejia espástica es la dificultad para caminar. La postura que
hemos descrito dificulta mucho el mantenimiento del equilibrio al ponerse de pie, por lo que
fácilmente se caen hacia atrás. Por eso no suelen iniciar el desplazamiento antes de los dos
años y no caminan hasta los 4.
La marcha dipléjica está determinada por la postura que adoptan las extremidades inferiores.
Inicialmente la rigidez de los músculos antigravitatorios (los que actúan elevando las piernas
del suelo) provoca una marcha a saltitos (parecida a la de un atleta que se prepara para saltar),
y las rodillas entrechocan.
Al crecer, cambia la rigidez de los músculos y el eje de equilibrio del cuerpo. Se modifica el
patrón de marcha que deja de ser a saltos y se parece más a la de una persona que camina
agachada. Ahora la flexión del cuerpo hacia adelante y la de las rodillas es más marcada y el
pie se apoya con toda la planta.
La marcha dipléjica consume muchísima energía y causa fatiga.
Problemas otropédicos en la diplejia espástica
De todos los tipos de PCI, la diplejia espástica es la que más se beneficia del tratamiento. Si no
se inicia tempranamente, se producen deformidades graves de los huesos y las articulaciones.
Algunos problemas ortopédicos causados por la diplejia espástica no tratada:
mal desarrollo de la cabeza del fémur (displasia de cadera) que no se encaja bien en
los huesos de la pelvis y tiende a salirse de sitio (luxación) causando deformidad, dolor
y dificultad para la marcha
limitación en el movimiento de las articulaciones afectadas causando una disminución
del rango de movimiento (contracturas) rodillas y tobillos son los más afectados
mal posición de articulaciones y deformidades óseas, “pies planos” (pie valgo),
juanetes (hallux valgo), pies hacia dentro por anteversión femoral…
Todo ello altera la postura, el equilibrio y la marcha, limitando la autonomía personal.
Otros problemas asociados a la diplejia
Los niños con diplejia espástica tienen preservada su inteligencia y pueden comunicarse sin
problemas con un desarrollo normal del lenguaje. Esto facilita su integración social. Las
funciones oromotoras y gastrointestinales también son normales.
Es frecuente que sufran problemas de agudeza visual y estrabismo.
La mayoría han tenido un nacimiento prematuro y han necesitado oxígeno durante las
primeras semanas de vida lo que aumenta el riesgo de patología de la retina y ceguera. Los
especialistas de las unidades de neonatología conocen muy bien este riesgo y por eso se hacen
revisiones periódicas para detectarlo precozmente e iniciar el tratamiento oportuno.
Más adelante, como se hace a todos los niños con dificultades en el neurodesarrollo, es
imprescindible seguir revisando la vista y la audición para que en caso de presentar
deficiencias, se puedan detectar a tiempo y recibir el tratamiento más adecuado para que
interfieran lo mínimo en un desarrollo ya afectado.
Manejo clínico de la diplejia
Aunque los signos de la diplejia están presentes al año de vida, el déficit motor no siempre es
detectable en los primeros meses y se va evidenciando a medida que madura el sistema
nervioso.
Además del desarrollo motor propio de la PCI y la afectación característica de la diplejia,
el diagnóstico lo confirmará la neuropediatra realizando una resonancia magnética que
mostrará la lesión cerebral concordante con la clínica.
La realización de un electroencefalograma (EEG) solo está indicada si se producen crisis. En
caso de presentar otros problemas se indicarán las pruebas complementarias pertinentes para
su estudio.
El tratamiento debe iniciarse cuanto antes, por lo que la detección precoz es imprescindible,
ante la mínima sospecha debe derivarse al niño al centro de desarrollo y atención
precoz (CDIAP) más cercano a su domicilio.
El tratamiento está dirigido a disminuir los efectos de la espasticidad, mejorando la postura, la
movilidad y la coordinación. La base del tratamiento es la fisioterapia, y si esta es insuficiente
pueden utilizarse también ortesis y fármacos relajantes, como la toxina botulínica. En los casos
más graves será necesaria cirugía, para alargar o transferir los tendones adecuados,
corrigiendo las contracturas y mejorando la fuerza y la movilidad de la extremidad.
A diferencia de la hemiplejía, el niño con diplejia espástica no puede alcanzar su máximo
potencial sin ayuda, por lo que el pronóstico está determinado por los tratamientos que reciba
el niño y su respuesta a los mismos. A los 4 años de edad la mayoría de los niños con
diplejia han adquirido la marcha cuya funcionalidad sigue mejorando las habilidades hasta los
7 años. Si a pesar de seguir un tratamiento adecuado, no caminan solos a esa edad,
probablemente ya no lo harán.
Un niño con diplejia espástica bien diagnosticado y bien tratado se convertirá en un adulto
bien integrado en la sociedad y autónomo en las actividades de la vida diaria.
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