Santiago, seis de agosto de dos mil dieciocho.
VISTOS :
En este procedimiento ordinario sobre indemnización de perjuicios
Rol N° 27.343-2011 del Sexto Juzgado Civil de Santiago, caratulado
“Ortiga de Huarachi, Patricia Yampara con Empresa Eléctrica de Arica
S.A. y otros”, mediante sentencia de veinte de marzo de dos mil quince,
escrita a fojas 1211 y, en lo que interesa, la juez titular del referido tribunal
acogió una excepción de falta de legitimidad pasiva opuesta por la
demandada Empresa Eléctrica de Arica e hizo lugar parcialmente a la
demanda, solo en cuanto condenó al demandado Manuel Palza Bravo al
pago de una indemnización de perjuicios a favor de tres de los
demandantes, de $50.000.000 para cada uno de ellos, a t ítulo de da ño
moral, rechazando el libelo respecto a las demás pretensiones deducidas por
los actores en contra de los restantes demandados, sin costas.
El fallo fue apelado por el demandado Manuel Palza Bravo e impugnado
por la parte demandante mediante recursos de casaci ón en la forma y
apelación y el tribunal de alzada de esta ciudad, en pronunciamiento de
dieciséis de febrero de dos mil diecisiete, escrito a fojas 1578 y siguientes,
desestimó el libelo de nulidad formal y revocó lo decidido en cuanto acog ía
la mencionada excepción de falta de legitimaci ón pasiva –rechaz ándola- y
en aquella parte que desestimaba íntegramente la demanda entablada por
Vidal Diego, Charly y Robin, todos Huarachi Yampara y parcialmente
respecto a los actores Patricia Yampara Ortiga, Edwin y Ver ónica, ambos
Huarachi Yampara, para, en su lugar, acoger la pretensi ón de los tres
primeros, condenando solidariamente a los demandados Manuel Palza
Bravo y Empresa Eléctrica de Arica S.A. a pagar a cada uno de ellos, a
título de daño moral, la suma de $30.000.000 por el fallecimiento de su
padre y $10.000.000 por la muerte de su hermano, acogiendo asimismo la
demanda de Patricia Yampara Ortiga, Edwin y Ver ónica Huarachi
Yampara por la muerte de Wilson Huarachi Yampara, hijo y hermano,
respectivamente, condenando solidariamente a los demandados Manuel
Palza Bravo y Empresa Eléctrica de Arica S.A. a pagar a la madre de la
víctima la suma de $40.000.000 y a los hermanos Edwin y Ver ónica la
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suma de $10.000.000. Asimismo, confirmó en lo demás la sentencia de
primer grado, con declaración de que la compensación por da ño moral que
venía acogida a favor de Patricia Yampara Ortiga, Edwin y Ver ónica
Huarachi Yampara a consecuencia de la muerte de Magno Huarachi Ayca
–cónyuge y padre de estos demandantes- se reduce a $40.000.000 para la
primera y a $30.000.000 para los demás, todas las sumas con los reajustes
que indica.
En contra de esta última sentencia, la demandada Empresa Eléctrica
de Arica S.A. interpuso recurso de casación en el fondo.
Se trajeron los autos en relación.
CONS IDE RA ND O:
PRIME RO : Que la pretensión invalidatoria se funda en la infracci ón de
diversas normas legales que la recurrente explica y desarrolla en tres
capítulos.
En primer lugar, asevera que la sentencia transgrede los artículos 1437,
2284, 2314 y 2329 del Código Civil , 57 y 139 de la Ley General de
Servicios Eléctricos, en lo relativo a la determinación de los presupuestos de
la responsabilidad civil extracontractual que le atribuye, particularmente
sobre la existencia de una acción dolosa o culpable y su relaci ón de
causalidad con los daños alegados.
Afirma que los jueces le imputan el incumplimiento de obligaciones
sectoriales que no fueron infringidas en los términos expresados en el fallo o
no existen como tales en dicha normativa, ya que si se atiende a las
finalidades perseguidas en esa regulación especial y el destinatario de los
deberes que impone, tales obligaciones no le son exigibles.
En cuanto a los objetivos de la legislaci ón en referencia y en especial la Ley
General de Servicios Eléctricos, asevera que tiene por prop ósito conservar la
calidad del suministro eléctrico, como lo dispone su art ículo 139 que
estatuye la obligación de “mantener las instalaciones en buen estado”,
naturalmente para evitar peligro para personas o cosas, lo que se traduce en
que los cables de tensión estén en buenas condiciones, que no exista
contacto entre ellos y con ramas de árboles y que los postes est én en
adecuada posición, entre otras medidas.
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Por ello es que la primera obligación de cuyo incumplimiento se le acusa,
consistente en la “fiscalización de altura de los árboles del lugar”, constituye
un deber impuesto al dueño del predio sirviente, quien de acuerdo al
artículo 57 del referido texto legal queda impedido de hacer plantaciones,
construcciones u otras obras que perturben el libre ejercicio de las
servidumbres establecidas en la ley, mandatando la norma al titular de la
servidumbre a subsanar las infracciones del verdadero obligado de mantener
plantaciones o arboledas sin perturbar el ejercicio de la servidumbre
eléctrica, a costa de aquel.
Por lo demás, como tal disposición regula las servidumbres, reprueba que
los sentenciadores no hayan explicado por qué estimaron que en el caso de
autos existía una servidumbre legal -atribuyéndole a su parte la obligaci ón
de supervisar la zona y realizar mantenciones- ya que no se ha probado la
existencia de un decreto de concesión a su parte en la comuna donde
ocurrió el accidente, más aún si las líneas eléctricas datan del año 1967 y
fueron emplazadas por la antecesora Endesa, como da cuenta la sentencia
dictada en causa penal RIT 38-2011 del Tribunal de Juicio Oral en lo
Penal de Arica que en copia consta en autos.
Seguidamente y a la luz del mencionado artículo 139 de la Ley General de
Servicios Eléctricos, explica que cumplió con su obligaci ón legal de
mantención de las instalaciones ya que ha quedado establecido que la altura
del tendido era de 8,11 metros -es decir, superior a la altura m ínima de
5,50 metros exigida por el artículo 107 de la NSEG 5.71 sobre instalaciones
eléctricas de corrientes fuertes- y que la instalación eléctrica se encontraba
en perfectas condiciones, como se constató en la aludida sentencia penal.
Señala igualmente que las normas que indican los jueces relativas a la poda
de los árboles y a la distancia que debe existir entre ellos y las l íneas de
tensión tienen por propósito evitar que las ramas tomen contacto con el
tendido eléctrico y afecten la seguridad de las instalaciones, lo que tambi én
resultó comprobado pues los árboles no tomaron contacto con las l íneas de
tensión. Asimismo, refiere que si bien la reglamentaci ón autoriza la
presencia de árboles frutales bajo las líneas eléctricas, hace de cargo del
propietario de dichos árboles la obligaci ón de mantenerlos en forma que su
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altura no sobrepase los 4 metros sobre el suelo, de modo que mal pod ía la
sentencia recurrida extender la responsabilidad que pesa sobre el due ño de
los árboles frutales a la empresa concesionaria, en el equivocado entendido
que su parte debía, entre sus deberes, adoptar medidas concretas para que
aquel efectuara la poda, reprochándole injustamente los jueces que haya
efectuado un simple control visual insuficiente, precario y deficiente.
Tocante al incumplimiento de la segunda obligaci ón consistente en “haber
adoptado medidas para el manejo de la poda por parte del propietario del
inmueble”, arguye desconocer las normas que determinan tal deber por
parte de la concesionaria y que aun dentro de la hipótesis desarrollada en el
fallo, no es posible atribuirle la infracción de semejante obligaci ón que recae
sobre el propietario del bien raíz, ya que si bien en concepto de los jueces el
titular de la servidumbre podría subsanar la infracci ón del due ño del
inmueble, ni él ni el concesionario del servicio eléctrico est án dotados de
facultades coercitivas para adoptar medidas destinadas a que el propietario
ejecute la poda, sin que pueda pretenderse que la empresa el éctrica act úe
como fiscalizadora del cumplimiento por parte del dueño de sus propias
obligaciones legales, en la medida que su control únicamente se dirige a
verificar el buen estado y condiciones de las instalaciones propias de la
concesionaria, máxime si consta en autos que su parte efectu ó una revisi ón
ocular de las redes, procedimiento que constituye una forma aceptada de
mantenimiento preventivo de las instalaciones, cuyo objeto consiste en
localizar fallas que, como se dijo, en la especie no existen porque las
instalaciones se encontraban en perfectas condiciones.
Con todo, si la obligación correspondiera a su parte, aduce que debiera ser
exigible razonablemente, es decir, en la medida que exista una colaboraci ón
real por parte del dueño del suelo, lo que en el caso de autos no aconteci ó,
ya que su codemandado Manuel Palza reconoció que los árboles iban a ser
podados con posterioridad a la cosecha.
Sobre el incumplimiento de la tercera obligación que se le atribuye, de
“instalar en la zona señalética advirtiendo los peligros de la red eléctrica”,
reitera que desconoce su fuente normativa y afirma que no puede fundarse
en el artículo 91 del Reglamento Técnico NSEG 5. E.n. 71 como sugiere el
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fallo, porque esa norma sólo exige disponer “instrucciones ” sobre el peligro
que representan las líneas (artículo [Link]) y las precauciones que deben
tomar quienes ejecuten trabajos en la proximidad de las líneas el éctricas
(artículo [Link]).
Empero, tales instrucciones no se traducen en la existencia de se ñal éticas
que adviertan los riesgos de la red eléctrica, como concluyen los jueces, sino
que deben ser publicadas por la Superintendencia por cuenta de las
empresas y ser enviadas por ésta a las Intendencias, Gobernaciones,
Municipalidades y Carabineros con cierta anticipación a la puesta en
servicio, y no a cada predio, de modo tal que, en la especie, las
instrucciones debieron ser elaboradas por Endesa –antecesora de la
recurrente- remitiéndose la impugnante, en tal sentido, a la declaraci ón que
consta en el fallo penal agregado al proceso prestada por Cristian Venegas
Cabrera, Perito de la Sección de Ingeniería de la PDI, que confirma que la
Superintendencia de Electricidad y Combustibles no precisa la instalación
de señalética.
En consecuencia, afirma que la conducta cuya omisión le imputan los
juzgadores no le es exigible y forma parte adem ás de la obligaci ón de
protección y seguridad prevista en el artículo 184 del C ódigo del Trabajo,
siendo el empleador y no la concesionaria mediante señaléticas quien debía
informar de los riesgos asociados a las labores, entre ellos, el de no utilizar
un conductor metálico de altura cerca de líneas de tensi ón que él mismo
conocía. Menos, disponer el uso de ese elemento y omitir proporcionar a
sus trabajadores los elementos de seguridad que requería la labor
comisionada, como ha quedado asentado.
En seguida y todavía dentro de los elementos de la responsabilidad
extracontractual y el quebrantamiento de los art ículos 1437, 2284, 2314 y
2329 del Código civil, el segundo capítulo del arbitrio se ocupa del error
consistente en la determinación de la existencia de un nexo causal entre la
conducta que se reputa negligente a su parte y el daño alegado en autos.
Aclarando desde luego que su reproche dice relaci ón con un aspecto
normativo referido a la apreciación de mérito o la virtualidad que un hecho
tiene para causar daño, o la imputación normativa del daño al hecho il ícito,
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conforme a la doctrina que cita, y considerando asimismo el presupuesto
fáctico establecido en el fallo cuestionado y el que se desprende del fallo
penal condenatorio dictado por el Tribunal del Juicio Oral en lo Penal de
Arica que condenó a su codemandado Manuel Palza como autor del
cuasidelito de homicidio, reprueba la recurrente dos aspectos de la sentencia
de la Corte de Apelaciones: que los jueces no consideren todos los hechos
asentados en esa sentencia criminal y que acomoden antojadizamente los
que sí fueron reconocidos.
Lo primero acontece porque, a diferencia de lo concluido por los
sentenciadores, el pronunciamiento dictado en sede penal no solo estableció
los hechos que se enuncian el considerando décimo de esa decisi ón, ya que
también determinó en su basamento noveno que la muerte de los
trabajadores se debió a una descarga eléctrica por inducci ón al estar
trabajando con una escalera metálica bajo los cables eléctricos; que la
conducción de electricidad puede deberse al arco el éctrico que se forma en
cables de mediana tensión como el que se encuentra en el sitio del suceso,
arco que a su vez no se puede dimensionar en distancia porque el radio
depende de circunstancias tales como el voltaje y el clima, que pueden verse
favorecidas por un conductor como lo fue la escalera met álica y que este
evento no se habría desencadenado si se hubiese utilizado escalera de fibra
de vidrio o aislante correspondiente, como el uso de guantes y zapatos de
electricidad, elementos de los que no contaban los trabajadores, raz ón por la
cual la Inspección del Trabajo sancionó al empleador.
Asevera la recurrente que los jueces debieron considerar tales hechos en su
decisión, máxime si la sentencia de primer grado ya hab ía establecido, sobre
la base de lo asentado en el fallo penal, que el desenlace fatal no habr ía
ocurrido de haberse utilizado una escalera de madera, de fibra de vidrio o
que contase con aislante, como asimismo si las v íctimas hubiesen contado
con guantes y zapatos de seguridad adecuados.
Respecto a la acomodación de los hechos establecidos en el fundamento
décimo del fallo dictado en sede penal, reclama que en ese juicio no se
acreditó que la causa que provocó la muerte se relacionara con la franja de
seguridad y la existencia de ramas de árboles a no menos de dos metros del
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tendido eléctrico, como concluyen los juzgadores, sino que por otros factores
relacionados con la falta de elementos de seguridad y la utilizaci ón de una
escalera metálica dispuesta por su empleador, cuestiones que para la
sentencia penal son determinantes pero que en el fallo recurrido no son
atendidas con la misma relevancia, alterándose el orden lógico de los hechos
fijados en ese juicio, en el que estos últimos factores son los concluyentes en
la concreción del hecho.
Aduce entonces que los jueces se equivocan al estimar que la existencia del
fallo penal no impide indagar la existencia de causas concomitantes en la
producción del hecho, bajo el supuesto de que el origen de la imputaci ón se
sustenta en infracciones legales y calificaciones jurídicas diversas, y concluir,
en ese entendido, que de haber cumplido la recurrente las obligaciones de
su cargo –aquellas enunciadas en el primer capítulo del recurso- “los
trabajadores no se habrían visto enfrentados a usar una escalera de las
dimensiones anotadas y, por tanto, habría ejecutado la labor agrícola m ás
alejados de la línea de alta tensión”, declarando que tales infracciones u
omisiones importan el incumplimiento al deber de conducta que le era
exigible y constituyen el actuar antijurídico que contribuy ó al resultado
lesivo, “existiendo entre éste y el daño –muerte de los trabajadores – la
necesaria relación causal que determina su responsabilidad en la producci ón
del siniestro.”
Refiere así que la imputación de responsabilidad se funda en hechos que no
fueron asentados en el fallo y que aun dándose el cumplimiento de las
obligaciones que la sentencia le imputa como infringidas, no habr ía sido
posible evitar la ocurrencia del accidente, puesto que este último se produce
por la exposición de trabajadores a laborar cerca de líneas de tensi ón sin
elementos de protección personal y seguridad y utilizando una escalera
metálica, siendo sobredimensionadas y artificiosas las conclusiones de los
sentenciadores en lo que respecta al nexo causal normativo que se imputa a
su parte.
El tercer acápite del arbitrio se propone en subsidio de las argumentaciones
ya desarrolladas y da cuenta de la infracción de los art ículos 1 511 y 1526
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del Código Civil, en lo tocante a la condena solidaria impuesta por los
sentenciadores.
Opina la demandada que el caso de autos se rige por la regla general sobre
obligaciones mancomunadas o simplemente conjuntas y no es aplicable el
régimen excepcional de las obligaciones solidarias, que tienen como fuente
únicamente la convención, el testamento o la ley.
Considera que para justificar la procedencia de la solidaridad los juzgadores
aplican la teoría sobre causa concomitante o pluralidad de causas en la
producción del daño, por tratarse de una intervenci ón causal de negligencias
múltiples a propósito de la responsabilidad del empleador por
incumplimiento al deber general de seguridad y cuidado de los trabajadores
y de la recurrente, por infracción a las normas que en su condici ón de
concesionaria de un servicio público estaba obligada a acatar en resguardo
de las personas por el tendido eléctrico en la zona, citando la sentencia la
doctrina sostenida por el profesor Barros Bourie, para concluir que de
acuerdo con las reglas sobre causalidad en sentido natural y sobre
imputación objetiva, nada impide que concurra la responsabilidad de
diversas personas por un mismo daño y que la demandada Emelari S.A. es
responsable solidaria del daño causado a los actores “por haber contribuido
con su actuar al resultado dañoso”.
A estos efectos, la recurrente reprueba que la sentencia no exprese cu ál es la
fuente de la solidaridad y afirma que no ha sido la convención, el
testamento o la ley, requisito indispensable que exige el artículo 1511 del
código sustantivo en cuanto al car ácter excepcional de la solidaridad, sin
que la remisión a la doctrina transcrita en el fallo pueda imponer la
solidaridad, pues no se recoge en una norma legal.
No obstante, advierte que el mismo profesor citado por los jueces se ocupa
de la situación de coparticipación en un mismo hecho que causa un daño
(regulada por el artículo 2317 del Código Civil) en el que, a diferencia de
los casos que el autor trata anteriormente, “existe en esta situación un solo
hecho, en que participan dos o más personas conjuntamente ”. Aclara la
impugnante que tal disposición no es citada por los sentenciadores y
tampoco resulta aplicable, pues las obligaciones que el ordenamiento
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jurídico exige cumplir a cada uno de los codemandados de autos surgen de
una fuente diversa, tal como lo reconoce la misma sentencia, situaci ón que,
por lo demás, esta Corte Suprema se encarg ó de analizar en el fallo citado
en el recurso, que descartó la aplicación de la solidaridad regulada en el
artículo 2317 del Código Civil en aquellos casos en que lo que se demanda
son los perjuicios – por repercusión – derivados de un accidente de trabajo.
De este modo, concluye que si ni aun en materia laboral donde tanto el
empleador directo como el subcontratista tienen una obligaci ón de
seguridad derivada del Código del Trabajo es posible aplicar la solidaridad
del artículo 2317 del Código Civil, menos podrá establecerse respecto de
dos codemandados que se obligan a trav és de normativa completamente
diferente, cual es la normativa eléctrica y los deberes de seguridad del
empleador.
Por lo demás, en el caso de que se estimara que ambas conductas actuaran
como concausas, existen diversos tipos de negligencias múltiples que
intervienen causalmente en la producción del daño. Considerando que el
único caso hipotético de doble causalidad aplicable en autos ser ía el de la
causalidad adicionada –porque la actuación de la recurrente no tiene por s í
sola el mérito suficiente para provocar el accidente de autos- solo proceder ía
la mancomunidad, en opinión del mismo autor citado en el fallo.
En consecuencia, alega que el razonamiento de los jueces en torno al nexo
causal ha sido absolutamente errático puesto que aun cuando se configure la
conducta que se atribuye a su parte, no tiene m érito en el resultado da ñoso
de autos, ni siquiera de forma concurrente, ya que el accidente se produjo
por la sola conducta negligente del codemandado Manuel Palza.
Por último, en el improbable caso de que se estime que la obligaci ón es
indivisible, hace notar que de conformidad al artículo 1533 del C ódigo Civil
la obligación de indemnizar perjuicios es precisamente divisible.
SEGUNDO : Que es del caso considerar, en lo que ata ñe al recurso de
casación recién enunciado, que el juicio de autos fue promovido para
determinar la responsabilidad de la recurrente –Empresa Eléctrica de Arica
S.A.-, de su controladora Emel S.A. y de Manuel y Francisco, ambos Palza
Bravo, en la muerte de Magno Huarachi Ayca y su hijo Wilson Huarachi
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Yampara, fallecidos por electrocución el 22 de mayo de 2008 al interior de
la Hacienda San Agustín, ubicada en la comuna de Azapa, de propiedad de
los demandados Palza Bravo, mientras efectuaban la cosecha de olivos bajo
un tendido eléctrico de media tensión de propiedad de la empresa El éctrica
de Arica S.A., labor para la que habían sido contratados dos días antes.
La demandante Patricia Yampara Ortiga -cónyuge y madre de las v íctimas-
y los demás actores -hijos y hermanos, respectivamente, de los fallecidos-
reclamaron en sede extracontractual el resarcimiento de perjuicios
patrimoniales y extrapatrimoniales sufridos con ocasión de la muerte de los
trabajadores, indemnización que debía ser solucionada por los demandados
solidariamente o en la forma que determinara el tribunal.
La responsabilidad de la empresa eléctrica se hizo consistir en el
incumplimiento de diversas obligaciones de la normativa sectorial que regula
su actividad, relacionadas con la mantención de la franja de seguridad del
tendido eléctrico, afirmando el libelo que no solo el propietario del predio
sirviente resulta obligado a ello sino tambi én el concesionario del servicio
eléctrico, quien debe incluir en sus programas de mantenimiento la poda o
corte de los árboles que puedan afectar la seguridad de las instalaciones,
siéndole exigible asimismo adoptar las medidas necesarias para impedir que
las personas entren en contacto con las instalaciones, directamente o por
intermedio de herramientas o instrumentos de uso común, reprochando
igualmente la falta de señalética que informara sobre la cercan ía entre el
tendido eléctrico y los árboles en los que se cumplir ía la labor y la falta de
una adecuada revisión de las instalaciones, inadvertencias todas que
contribuyeron a la muerte por electrocución de las víctimas.
La responsabilidad de la demandada Emel S.A se asent ó exclusivamente en
su calidad de controladora de Emelari S.A.
En cuanto a los demandados Manuel Gustavo y Francisco, ambos Palza
Bravo, se les atribuyó actos y omisiones constitutivos de infracciones de la
normativa legal y reglamentaria relativa a la obligaci ón general de seguridad
reconocida en el artículo 184 del Código del Trabajo.
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TERCERO: Que para la acertada resolución del asunto sometido al
conocimiento de este tribunal y en cuanto a él ata ñe, es menester precisar
que el fallo ha dejado asentados, como hechos de la causa:
1.- Que el demandado Manuel Palza Bravo encomendó a Magno y Wilson
Huarachi la cosecha de aceitunas en un predio agr ícola de cultivo de olivos
de propiedad de su familia.
2.- Que el día del accidente -22 de mayo de 2008- los trabajadores
ejecutaban tales labores en un sector emplazado bajo el tendido el éctrico de
mediana tensión trifásica de 13,5 KV, donde las ramas de los árboles
estaban a una distancia inferior a 2 metros de esa instalaci ón. En el sitio del
accidente, el tendido eléctrico estaba a 8.11 metros de altura y la rama del
árbol que cosechaban los trabajadores el árbol alcanzaba a 6,12 metros de
altura, de modo que la distancia entre la rama del árbol y la l ínea el éctrica
era de 1,8 metros.
3.- Que Manuel Palza Bravo no proporcion ó a los trabajadores elementos
de seguridad -tales como guantes o zapatos- y para la cosecha los
trabajadores usaron una escalera metálica de 7,2 metros de altura.
4.- Que la falta de implementos de seguridad y el uso de la escalera de
metal permitieron que esta y los cuerpos de los trabajadores actuaran como
conductores de electricidad, recibiendo éstos descargas el éctricas que les
ocasionaron su muerte.
5.- Que el demandado Manuel Palza Bravo fue condenado como autor del
cuasidelito de homicidio en las personas de Magno Huarachi Ayca y Wilson
Huarachi Yampara.
6.- Que la empresa Emelari S.A. toleró en la franja de seguridad la
existencia de olivos que excedían los 4 metros de altura y no instal ó en el
lugar señalética de advertencia acerca de los riesgos de las redes de mediana
tensión que atravesaban el predio. Tampoco controló ni fiscaliz ó
eficientemente la franja de seguridad, realizando solamente inspecciones
oculares inidóneas para tal finalidad, sin adoptar ninguna medida concreta
de seguridad en orden a proteger la vida de los trabajadores que realizar ían
labores agrícolas en el lugar, siendo absolutamente previsible que para
ejecutar la tarea encomendada los dependientes contratados se acercar ían a
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los olivos excedidos en altura y, por ende, a la red con sus efectos de
conducción eléctrica de alto riesgo, y
7.- Que Magno Huarachi Ayca era cónyuge de Patricia Yampara Ortiga y
padre de los demás demandantes y Wilson Huarachi era hijo de Magno
Huarachi y Patricia Yampara Ortiga y hermano de los restantes actores,
sufriendo todos los demandantes dolor y aflicción por el fallecimiento de sus
seres queridos.
CUARTO: Que el fallo censurado desestimó la demanda en cuanto se
dirigía en contra de la Empresa Emel S.A. y de Francisco Palza Bravo,
puesto que, en el primer caso, la fuente de responsabilidad que se sanciona
emana del incumplimiento de las normas que regulan la prestaci ón del
servicio eléctrico en la zona, la que es de cargo exclusivo de Emelari S.A.,
quien incurrió en transgresión a la normativa vigente, siendo irrelevantes los
vínculos societarios que puedan existir entre ambas empresas; y, en el
segundo, porque no se acreditó la condición de propietario del predio donde
se produjo el accidente, haberlo poseído materialmente o que hubiese
intervenido en forma directa en la contratación de los trabajadores.
En cambio, acogió lo pedido en relación a Manuel Palza Bravo, por haber
incumplido el deber de seguridad que le era exigible, y tambi én conden ó a
la recurrente, Emelari S.A., imponiéndoles el pago solidario de las sumas
que indica, a título de resarcimiento de los perjuicios reclamados.
QUINTO: Que en relación a esta última decisión y que constituye la
materia del fallo cuestionada en el recurso de nulidad que se viene
relacionando, los sentenciadores expresan, sobre la base de los presupuestos
fácticos enunciados en el fundamento tercero y de lo estatuido en los
artículos 139 del Decreto con Fuerza de Ley N° 4, de 2006, de Econom ía;
218 del Reglamento de la Ley General Eléctrica, Decreto Supremo N ° 327,
de 1998, de Minería; 111.1, 111.2, 111.3, 111.5 y 91 en sus numerales
[Link] y [Link] del Reglamento de Instalaciones Eléctricas de Corrientes
Fuertes NSEG E.n. 71, que tal reglamentación “impone a las
concesionarias el deber de mantener las instalaciones en buen estado, no
solo en cuanto a la finalidad de prestar un buen servicio sino tambi én con
el fin de evitar un peligro a las personas o cosas, sin que esa obligaci ón se
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afecte por el hecho de encontrarse el tendido eléctrico en la propiedad de
un tercero, desde que la existencia de la servidumbre legal obliga a la
empresa eléctrica a supervisar la zona y realizar mantenciones, sin perjuicio
del deber del dueño del predio de respetar la franja de seguridad y realizar
la poda necesaria en los árboles del sector”.
Advierten los jueces que tales cuestiones no fueron resueltas por la sentencia
penal dictada por el Tribunal Oral en lo Penal de Arica en causa Rit 38-
2011, pronunciamiento que, por ende, tampoco contiene hechos relevantes
“que limiten el ámbito probatorio de este tribunal, desde que la
responsabilidad que se atribuye a las empresas eléctricas tiene su fuente en
la falta de fiscalización y control en el ámbito del servicio que prestan, esto
es, se les imputa incumplimiento de las normas sectoriales de su cargo”.
Luego, sobre la base de los antecedentes e informes no objetados contenidos
en la carpeta investigativa del Ministerio Público cuyo m érito permite
asentar, como se dijo, que el árbol de olivo donde trabajaban las personas
que resultaron fallecidas, desde el suelo y en su parte m ás elevada alcanzaba
6,12 metros y el cable de alta tensión en el sitio exacto del suceso se
encontraba a una altura de 8,11, infieren los sentenciadores que la distancia
entre algunas ramas del árbol y el tendido el éctrico era menor a dos metros
y, más relevante todavía, que en el predio de que se trata existían árboles
frutales bajo el tendido eléctrico, lo que se encuentra permitido siempre que
estos no superen los 4 metros desde el suelo, altura que en el caso de autos
no se respetó, concluyendo así que si bien el propietario del terreno es
responsable de mantener el nivel de los árboles dentro de los l ímites que la
normativa exige, “ello no libera de responsabilidad a la empresa
concesionaria, pues al amparo de las normas antes citadas ésta debe vigilar,
controlar y mantener las condiciones de la red de mediana tensión e incluso
está obligada a adoptar medidas concretas respecto al propietario del bien
raíz para que éste ejecute la poda de rigor, todo lo cual incumpli ó, pues es
un hecho aceptado por su parte que las mantenciones se realizaron
mediante “control visual” el que sin mayor análisis resulta insuficiente,
precario y deficiente”, añadiendo que “un control de tal naturaleza importa
un incumplimiento grave a la normativa que rige a la empresa el éctrica
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desde que los olivos, o en concreto, el árbol en que trabajaban las personas
fallecidas tenía una altura superior a los 4 metros, hecho igualmente
aceptado por Manuel Palza, quien en conocimiento de tal situaci ón afirma
que la poda se realizaría con posterioridad a la cosecha, lo que evidencia
con mayor claridad las omisiones anotadas por cuanto ninguna medida
concreta de seguridad se adoptó en orden a proteger la vida de los
trabajadores que realizarían labores agrícolas en el lugar, siendo
absolutamente previsible que para ejecutar la tarea encomendada los
dependientes contratados se acercarían a los olivos excedido en altura y, por
ende, a la red con sus efectos de conducción eléctrica de alto riesgo ”.
SEXTO: Que asentada de este modo la infracción legal como fuente de
atribución de responsabilidad, los jueces se abocan a dilucidar si ella resulta
determinante para condenar a la empresa eléctrica, toda vez que “la
existencia del fallo penal tantas veces citado no impide indagar, en otro
proceso, la existencia de causas concomitantes en la producción del hecho,
en tanto el origen de la imputación se sustenta en infracciones legales y
calificaciones jurídicas diversas”.
A este respecto, manifiestan los juzgadores que si Emelari S.A. hubiese
cumplido las obligaciones de su cargo, consistentes en haber fiscalizado con
eficiencia la altura de los árboles en el lugar, adoptado medidas para el
manejo de la poda por parte del propietario del inmueble e instalado
señalética que advirtiera los peligros de la red eléctrica, “los trabajadores no
se habrían visto enfrentados a usar una escalera de las dimensiones
anotadas y, por tanto, habría ejecutado la labor agr ícola más alejados de la
línea de alta tensión”.
De este modo, señalan que las infracciones en que incurri ó la empresa –en
tanto omisiones del deber de conducta que le era exigible- “constituyen el
actuar antijurídico que contribuyó al resultado lesivo, existiendo entre éste y
el daño –muerte de los trabajadores por electrocución- la necesaria relaci ón
causal que determina su responsabilidad en la producción del siniestro ”,
aserto que fundan en la teoría de la causa concomitante o pluralidad de
causa en la producción del daño, por tratarse en la especie de una
intervención causal de negligencias múltiples ya que, por una parte, el
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empleador es responsable por la infracción al deber general de seguridad y
cuidado de los trabajadores y, por otro lado, lo es Emelari S.A. al infringir
las normas que en su condición de concesionaria de un servicio p úblico
estaba obligada a acatar en resguardo de las personas por el riesgo del
tendido eléctrico en la zona, esto es, “por no ejecutar (el) deber positivo de
actuar –fiscalizar, controlar y señalizar- que le imponían las normas
sectoriales ya citadas”, concluyendo que Emelari S.A. es responsable
solidaria del daño causado a los actores por haber contribuido con su actuar
al resultado dañoso, condenándola junto a su codemandado Manuel Palza
Bravo al pago solidario de las sumas indicadas en el fallo.
S ÉPTIMO: Que emprendiendo el análisis del arbitrio de nulidad ya
referido, desde luego cabe señalar que los hechos fijados en una sentencia
corresponden al resultado de la ponderación judicial de la prueba rendida
en el juicio y esta actividad de análisis, examen y valoraci ón del material
probatorio se encuentra dentro de las facultades privativas de los
sentenciadores, concerniendo a un proceso racional que no est á sujeto al
control del recurso de casación en el fondo.
Si bien la recurrente afirma en el segundo cap ítulo su libelo de nulidad que
sus reproches se refieren a aspectos normativos vinculados a la apreciaci ón
de mérito o la virtualidad que un hecho tiene para causar da ño, o la
imputación normativa del daño al hecho ilícito, desarrolla su argumentaci ón
sobre la base del presupuesto fáctico establecido en el fallo cuestionado y
también el que, a su juicio, se desprende del fallo penal condenatorio
dictado por el Tribunal del Juicio Oral en lo Penal de Arica que conden ó a
su codemandado Manuel Palza como autor del cuasidelito de homicidio,
reprobando que los jueces no consideren todos los hechos asentados en esa
sentencia criminal y que aquellos que sí considera sean objeto de una
acomodación antojadiza.
No obstante, como tal reproche sugiere la inobservancia del material
probatorio aportado al proceso, la recurrente debi ó encauzar su alegato
mediante la vía idónea que autorizara a corregir tal defecto formal, lo que
no aconteció.
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Tampoco denunció la vulneración de las leyes reguladoras de la prueba que
han permitido establecer los hechos del proceso, de modo que el
presupuesto fáctico asentado en el fallo resulta inamovible para el tribunal
de casación.
Con todo, lo cierto es que el fallo no prescinde de las cuestiones que la
demandada echa de menos. Lo que sucede es que no les asigna la
relevencia que esa parte esperaba, develándose entonces que la
recriminación se relaciona más bien con el resultado del ejercicio de
ponderación y valoración de la prueba que realizaron los jueces del fondo,
aspecto en el que los jueces del fondo son soberanos, sin que, por su parte,
el recurso permita determinar los hechos del modo que la impugnante
propone asentarlos.
OCTAVO: Que en otro orden de reflexiones, la recurrente asevera que
no puede atribuírsele responsabilidad en el accidente de autos pues el deber
de mantener despejada la franja de seguridad corresponde al propietario del
predio o al de los árboles, tanto porque la normativa sectorial no le impone
las obligaciones cuyo incumplimiento le atribuyen los jueces –atendido el
sentido y finalidad de las obligaciones que la legislaci ón hace de su cargo-,
cuanto porque tampoco puede exigírsele en su condición de titular de una
supuesta servidumbre cuya existencia no está demostrada en autos, como
porque aun en ese evento, el art ículo 57 del mencionado Decreto con
Fuerza de Ley N° 4 determina que es el dueño del predio sirviente quien no
podrá hacer plantaciones, construcciones ni obras de otra naturaleza que
perturben el libre ejercicio de las servidumbres establecidas por esta ley y
que si infringiere tal deber o sus plantaciones o arboledas crecieren de modo
que perturbaren dicho ejercicio, el titular de la servidumbre se encuentra
facultado para subsanar la infracción a costa del due ño del suelo, pero no
para imponerle medidas o desplegar conductas como las que exigen los
juzgadores a su parte.
NOVE NO: Que en este punto se hace imprescindible hacer referencia a
la normativa aplicable a la situación que se revisa y en raz ón de la cual los
sentenciadores dilucidan las obligaciones incumplidas por la recurrente.
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En primer lugar, el inciso primero del artículo 139 del Decreto con Fuerza
de Ley N° 4, de 2006, del Ministerio de Economía, Fomento y
Reconstrucción, que aprueba el texto de la Ley General de Servicios
Eléctricos, dispone que “es deber de todo concesionario de servicio p úblico
de cualquier naturaleza mantener las instalaciones en buen estado y en
condiciones de evitar peligro para las personas o cosas de acuerdo a las
disposiciones reglamentarias correspondientes”. A su vez y en estricta
vinculación con el aludido precepto legal, el art ículo 218 del Reglamento de
la Ley General Eléctrica, Decreto Supremo N° 327, de 1998, del Ministerio
de Minería, estatuye que “Los operadores de instalaciones eléctricas deber án
incluir en sus programas de mantenimiento la poda o corte de los árboles
que puedan afectar la seguridad de sus instalaciones, utilizando t écnicas
adecuadas para perseverar las especies arbóreas”.
En este contexto normativo, el artículo 111.1 del Reglamento de
Instalaciones Eléctricas de Corrientes Fuertes NSEG 5 E.n. 71 expresa que
“Los árboles que están en la proximidad de líneas aéreas en conductor
desnudo, deben ser o bien derribados o bien podados suficientemente para
no exponer esas líneas a un peligro”, el 111.2 establece: “En las líneas del
mismo tipo de la categoría B la distancia entre los conductores y árboles
vecinos deberá ser tal que no haya peligro de contacto entre dichos árboles
y los conductores. En todo caso las personas que eventualmente puedan
subir a ellos no deberán correr peligro de tener contacto con los
conductores por inadvertencia”; el 111.3, que “En las líneas rurales de
categoría B, la distancia entre los conductores y los árboles vecinos ser á por
lo menos de 5 metros, salvo que la altura de los árboles exija una distancia
mayor”; el artículo 111.5 indica: “Se permite la existencia de árboles frutales
debajo de las líneas de categoría B o C, siempre que el propietario de
dichos árboles los mantenga en forma que la altura no sobrepase de 4
metros sobre el suelo” y, por último, el 91 expresa que las empresas
eléctricas, cuyas líneas aéreas de corrientes fuertes alimenten o atraviesen
localidades, deberán disponer instrucciones relativas …“Al peligro que
representan la líneas” ([Link]) y “A las precauciones que deban tomar
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aquellas personas que ejecutan trabajos en la proximidad de las l íneas
eléctricas” ([Link])
De la interpretación armónica de las disposiciones legales, reglamentarias y
técnicas señaladas fluye claramente que las instalaciones eléctricas tienen
una franja de seguridad y que la concesionaria es responsable de mantenerla
libre de peligro.
D ÉCIMO: Que, desde luego, como empresa concesionaria de servicios
eléctricos, la recurrente está sujeta a la regulación de la Ley General de
Servicios Eléctricos y su Reglamento.
Dicha normativa opera sobre la base de una actividad econ ómica de inter és
público, con fuerte control de parte de la administraci ón y que consagra,
como presupuesto general del servicio eléctrico en el orden jur ídico vigente
y contrapartida a la exclusividad que detenta la empresa concesionaria y a
otros derechos que la misma legislación consagra, no s ólo la garant ía de la
prestación de un servicio básico de calidad, seguro y confiable a los usuarios
que se imponen a los prestadores como una manifestaci ón de una actividad
económica regulada, sino también el deber de generar las condiciones
necesarias para que en el ejercicio de esa actividad se evite peligro para las
personas o cosas.
Así lo considera el ya transcrito artículo 139 de la Ley General de Servicios
Eléctricos, cuyo inciso primero contiene la regla general y b ásica aplicable a
los concesionarios de cualquier naturaleza, que les impone el deber de
mantener sus instalaciones en buen estado y en condiciones de evitar peligro
para las personas o cosas. Luego, al tenor de dicho precepto, frente a
aquello que le pertenece a la concesionaria y que le permite desarrollar su
actividad, de las formas que la propia ley regula, deber á ocuparse tanto de
la mantención como de la fiscalización, con miras a asegurar el
cumplimiento de los objetivos que la propia ley le exige satisfacer, no solo
para entregar un servicio de calidad y asegurar su buen estado, sino
también para evitar peligro en el desarrollo de una actividad que
ciertamente conlleva riesgos inherentes.
Ahora bien, cierto es que respecto a esto último la normativa contempla
determinados deberes para los particulares, pero en tal caso el legislador
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pone de cargo de la concesionaria la obligaci ón de asegurar el buen estado
y condiciones del servicio en los términos que se consigna en el inciso
primero del precepto citado, entregándole la fiscalización con el correlativo
derecho de exigir a los terceros particulares la observancia de sus propios
deberes.
Por ello es que la interpretación que propone la recurrente se aparta del
sentido de la norma en estudio, en atención a que expresamente se atribuye
a las empresas como la demandada el deber de seguridad del servicio y
estado de funcionamiento de las instalaciones, que surge por el s ólo hecho
de desarrollar las prestaciones eléctricas.
Así, en la situación que se revisa, el ordenamiento eléctrico en parte alguna
exime a las empresas eléctricas de la responsabilidad de mantener las
instalaciones en buen estado y en condiciones de evitar peligro para las
personas o cosas si éstas se emplazan en predios de terceros. Por el
contrario, se trata de una expresa obligación al tenor del art ículo 139 del
citado texto legal que particulariza la normativa ya mencionada.
UND ÉC IMO: Que, ahora, en cuanto a la existencia de la servidumbre
cuyo establecimiento reprueba la impugnante, si bien de la normativa
aplicable se concluye que la constitución de una servidumbre eléctrica puede
ser voluntaria, si es que la concesionaria llega a un acuerdo con el due ño
del predio sirviente; o legal, cuando la misma concesionaria recurre a los
mecanismos que el Reglamento de la Ley General de Servicios El éctricos
establece al efecto, ha de señalarse que la determinación de tal hecho y el
razonamiento que de ello desarrolla la sentencia carece de la relevancia que
la recurrente le asigna, pues no es la única razón que permite a los
sentenciadores atribuirle la responsabilidad que da lugar al deber
resarcitorio.
Tanto es así que el recurso no da por infringidos los preceptos que se
ocupan de la constitución de la servidumbre eléctrica sino que estima
conculcado únicamente el artículo 57 de la Ley General de Servicios
Eléctricos, para sostener que la fiscalización de altura de los árboles que
crecen bajo el tendido eléctrico es un deber impuesto al due ño del predio
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sirviente, y que el concesionario o el titular de la servidumbre solo queda
autorizado para subsanar las infracciones de aquel, a su costa.
Ocurre entonces que en esta hipótesis, para el cumplimiento de la antedicha
exigencia, la ley otorga a la concesionaria una atribución general, que es la
de corregir las deficiencias a costa del dueño.
En efecto, la propia legislación, para el supuesto de inobservancia de lo
previsto en el referido artículo 57 por parte del due ño del predio, como una
eventual negativa para que la empresa ejecute las actividades que le son
inherentes, ha dotado a esta última de diversos medios y herramientas para
llevar a cabo eficazmente su labor. En primer lugar, la normativa faculta al
titular de la concesión para interponer acciones en juicio sumario de modo
de no ser perturbado en el ejercicio de la servidumbre, conforme lo dispone
el artículo 71 del D.F.L. Nº 4, pudiendo, a trav és de esta v ía judicial,
impetrar el auxilio de fuerza pública para la ejecución de trabajos de
reparación o mantenimiento de instalaciones. Además, el prestador del
servicio eléctrico también puede solicitar el auxilio de la fuerza p ública, de
acuerdo a lo estatuido en el artículo 3 Nº 22 de la Ley 18.410, para el
cumplimiento de las resoluciones de la Superintendencia y de tal manera
superar, entre otras situaciones, las que se estimen necesarias para la
seguridad del público.
DUOD ÉCIMO: Que del modo que se viene razonando,
indefectiblemente se debe concluir que los jueces no se equivocan al
declarar que la impugnante infringió sus obligaciones, pues una adecuada
fiscalización de la empresa eléctrica le habría permitido constatar que parte
de su instalación de mediana tensión trifásica de 13,5 KV no se distanciaba
en más de dos metros de los árboles que se encontraban bajo ella en la faja
de seguridad, verificación que habría permitido adoptar las medidas
necesarias para que el propietario del inmueble procediera oportunamente a
la poda de dichas especies arbóreas, tanto para prevenir que pudieran
afectar las instalaciones, cuanto para evitar peligro para las personas o cosas,
como aconteció y, todavía, para advertir los riesgos propios de la presencia
de una red eléctrica tan cercana a los árboles.
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Por el contrario, en su calidad de operador del servicio la demandada no
contó, en lo que concierne al sector del predio en que ocurri ó el accidente
eléctrico, con programas de mantenimiento que incluyeran la poda o corte
de los árboles a fin de asegurar el cumplimiento de las exigencias relativas a
la distancia entre los conductores y los árboles vecinos y no adopt ó medidas
para evitar que esa omisión se convirtiera en el peligro mortal que
enfrentaron los trabajadores de su codemandado, quien tampoco les
proveyó de los adecuados implementos para desempe ñar sus labores en
condiciones que resguardaran su seguridad personal, incurriendo ambos
demandados en omisiones que contribuyeron a la producción del daño.
D ÉCIMOTERCE RO: Que, por consiguiente, el fallo no infringe los
artículos 1437, 2284, 2314 y 2329 del Código Civil, 57 y 139 de la Ley
General de Servicios Eléctricos al establecer la concurrencia de los
presupuestos de la responsabilidad civil extracontractual invocada por la
demandante, en lo relativo a la existencia de una acción dolosa o culpable y
su relación de causalidad con los daños alegados, por lo que en este punto
el recurso debe ser desestimado.
D ÉCIMOCUA RTO : Que tocante a la condena solidaria declarada en la
sentencia, la eventual infracción de los artículos 1511 y 1526 del C ódigo
Civil y la naturaleza de la responsabilidad indemnizatoria que deviene del
acogimiento de la demanda por la cual deben responder los demandados
Manuel Palza Bravo y Emelari S.A., caben las siguientes reflexiones.
Es un hecho establecido en el proceso que el resultado dañoso se produjo
porque tanto el primero como la segunda infringieron obligaciones que les
eran exigibles; en un caso, el deber general de seguridad regulado en el
artículo 184 del Código del Trabajo y demás normativa relacionada y, en el
otro, los deberes exigidos por la normativa eléctrica. No puede entonces
desconocerse que de ello surgen dos obligaciones de car ácter indemnizatorio
con distintos deudores, con la particularidad de que son concurrentes, por lo
que si el daño lo repara uno, ese pago exonera al otro.
Luego, si bien asiste razón a la recurrente cuando postula que no es un caso
de solidaridad, igualmente opera como tal, ya que las obligaciones
comparten el rasgo esencial de aquellas propiamente solidarias, cual es que
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se puede reclamar a cada deudor el total de la obligaci ón y, una vez
pagada, el otro puede oponer la excepción de pago. Eso, respecto de la
obligación a la deuda, sin perjuicio de lo que ocurra frente al ejercicio de
las acciones restitutorias en el ámbito de la contribución a la deuda.
D ÉCIMOQUINTO : Que lo que se viene explicando se conoce en la
doctrina extranjera como obligaciones concurrentes o “in solidum ”, instituto
del que en el ámbito nacional se ha ocupado el profesor Hern án Corral
Talciani a propósito de la responsabilidad del asegurado que ha sido
demandado conjuntamente con el asegurador, conden ándose a ambos a la
indemnización del daño, cuyas reflexiones bien pueden aplicarse al caso de
autos. Menciona el autor citado: “En este caso no procede hablar de
solidaridad, porque ésta sólo puede tener por fuente la ley, y no
encontramos disposición legal que la establezca. Pero a falta de solidaridad
se produce el fenómeno obligacional que la doctrina argentina ha dado en
llamar obligaciones concurrentes, que se produce cuando dos o m ás
personas resultan obligadas por distinto título a satisfacer una misma
prestación en favor de un deudor. En este caso, si la sentencia es ejecutada
en contra del asegurado, este podrá pedir reembolso de lo pagado a su
asegurador; en el caso inverso, el asegurador no tendrá derecho a reembolso
en contra del asegurado, salvo que pruebe que actu ó con dolo …” ( “Acci ón
directa de la víctima contra el asegurador de responsabilidad civil ”, p ág.
578, en “Estudios de Derecho Civil IX, Jornadas Nacionales de Derecho
Civil, Valdivia, 2013”, Universidad Austral de Chile, Legal Publishing
Chile, 2014).
Sobre la concurrencia de distintos regímenes de responsabilidad, otro texto
del mismo profesor señala que ante la ausencia de ley que determine
expresamente la solidaridad, los tribunales han llegado a la conclusi ón de
que todos los demandados deben responder de la totalidad del da ño, lo que
ha sucedido en materias de responsabilidad por vicios constructivos en los
que se demanda al propietario primer vendedor conjuntamente con otros
agentes o en juicio por accidentes del trabajo ocurridos en r égimen de
subcontratación seguidos contra la empresa mandante y la contratista,
explicando que después de fallos a favor de la solidaridad y a favor de la
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mancomunidad, esta Corte, en sentencia de unificación dictada en el rol N °
10.139-2013, optó por la solidaridad.
En relación a ello, el autor expresa: “La solidaridad en estos casos de
concurrencia de diversos regímenes de responsabilidad s ólo puede tener
lugar cuando la ley la ha establecido expresamente. No cabe aplicar el
artículo 2317 del Código Civil porque en estricto rigor no hay coautor ía
entre los demandados en el delito o cuasidelito y ello simplemente porque
alguno de los demandados responde por otros factores de imputaci ón,
diversos del dolo o la culpa”, añadiendo que “la solución a este problema no
está en recurrir a una solidaridad de creación jurisprudencial, sino en la
comprensión y acogimiento de las obligaciones concurrentes o in solidum,
en las cuales hay diversas obligaciones, si bien con un mismo objeto ”. ( “La
responsabilidad solidaria de los coautores de un il ícito contractual ”, en “Lo
Público y lo Privado en el Derecho. Estudios en Homenaje al Profesor
Enrique Barros Bourie”. Thomson Reuters, Santiago, 2017, p ágs. 657 a
696).
En el sentido señalado ya se ha pronunciado esta Corte en la sentencia
dictada en los autos rol N° 9.189-2017.
D ÉCIMOSEX TO: Que, entonces, desde esta perspectiva, cierto es que la
sentencia no explicita el fundamento por el cual determina que la
indemnización que se concede a los actores debe ser satisfecha por los
obligados de manera solidaria, pues la particularidad del caso y las
obligaciones infringidas por los demandados no admiten tal declaraci ón.
Empero, tampoco puede colegirse que se trate de una obligaci ón
simplemente conjunta, ya que se trata de una obligaci ón personal de cada
uno de quienes han incurrido en el incumplimiento de sus deberes.
En consecuencia, el error de derecho que se alega carece de influencia en lo
sustantivo del fallo, pues igualmente la responsabilidad de los demandados
les impone el deber de satisfacer la totalidad de los perjuicios sufridos por
los actores, quienes podrán exigir a cualquiera de los deudores la soluci ón
íntegra de la deuda.
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D ÉCIMOSEP TIMO : Que, en consecuencia, en relación a las
infracciones denunciadas en su tercer capítulo, el recurso tampoco puede
prosperar.
Y visto además lo dispuesto en los art ículos 764 y 767 del C ódigo de
Procedimiento Civil, se rec haza el recurso de casación en el fondo
deducido en lo principal del escrito de fojas 1.600 por la abogada Stefanie
Ramdhor Montgomery, en representación de la demandada Empresa
Eléctrica de Arica S.A., en contra la sentencia de diecis éis de febrero de dos
mil diecisiete, que se lee a fojas 1578 y siguientes.
Regístrese y devuélvase con sus tomos y agregados.
Redacción a cargo del ministro señor Fuentes B.
N ° 34.224-2017.
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sr.
Héctor Carreño S., Sr. Guillermo Silva G., Sra. Rosa Mar ía Maggi D., Sra.
Rosa Egnem S. y Sr. Juan Eduardo Fuentes B.
No firma el Ministro Sr. Silva, no obstante haber concurrido a la vista del
recurso y acuerdo del fallo, por estar con feriado legal.
HECTOR GUILLERMO CARREÑO ROSA MARIA MAGGI DUCOMMUN
SEAMAN MINISTRA
MINISTRO Fecha: 06/08/2018 [Link]
Fecha: 06/08/2018 [Link]
ROSA DEL CARMEN EGNEM SALDIAS JUAN EDUARDO FUENTES BELMAR
MINISTRA MINISTRO
Fecha: 06/08/2018 [Link] Fecha: 06/08/2018 [Link]
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Autoriza el Ministro de Fe de la Excma. Corte Suprema
MARCELO DOERING CARRASCO
MINISTRO DE FE
Fecha: 06/08/2018 [Link]
En Santiago, a seis de agosto de dos mil dieciocho, notifiqué en Secretaría
por el Estado Diario la resolución precedente.
MARCELO DOERING CARRASCO
MINISTRO DE FE
Fecha: 06/08/2018 [Link]
Este documento tiene firma electrónica y su original puede ser
validado en [Link] o en la tramitación de la causa.
En aquellos documentos en que se visualiza la hora, esta
corresponde al horario establecido para Chile Continental. WBXKGXHVGE