0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 221 vistas16 páginasLuisa Valenzuela. Cambio de Armas
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“CamBio DE ARMAS" (1982)
Las palabras
No le asombra para nada el hecho de estar sin
memoria, de sentirse totalmente desnuda de recuerdos.
Quizé ni siquiera se dé cuenta de que vive en cero
absoluto. Lo que si Ia tiene bastante preocupada es lo
otro, esa capacidad suya de aplicarle el nombre exacto a
cada cosa y recibir una taza de té cuando dice quiero (y
ese quiero también desconcierta, ese acto de voluntad),
cuando dice quiero una taza de té.
Martina la atiende en sus menores pedidos. Y sabe
que se llama asi porque la propia Martina se lo ha dicho,
repitiéndoselo cuantas veces fueron necesarias para que
ella retuviera el nombre. En cuanto a ella, le han dicho
que se llama Laura pero eso también forma parte de la
nebulosa en la que transcurre su vida.
Después esta el hombre: ése, él, el sinnombre al
que le puede poner cualquier nombre que se le pase
por la cabeza, total, todos son igualmente eficaces y el
tipo, cuando anda por la casa le contesta aunque lo
lame Hugo, Sebastian, Ignacio, Alfredo o lo que sea. Y
parece que anda por la casa con la frecuencia
necesaria como para aquietarla a ella, un poco,
poniéndole una mano sobre el hombro y sus derivados,
en una progresién no exenta de ternura.
Y después estan los objetos cotidianos: esos
llamados plato, bafio, libro, cama, taza, mesa,
puerta. Resulta desesperante, por ejemplo,
enfrentarse con la llamada puerta y preguntarse
qué hacer. Una puerta cerrada con llave, si, pero
las llaves ahi no mas sobre la repisa al alcance de
1a mano, y los cerrojos facilmente descorribles, y la
fascinacién de un otro lado que ella no se decide a
enfrentar.Luisa VALENZUELA
Ella, la llamada Laura, de este lado de Ia llamada
puerta, con sus llamados cerrojos y su llamada llave
pidiéndole a gritos que transgreda el limite. Sélo que ella
no, todavia no; sentada frente a la puerta reflexiona y
sabe que no, aunque en apariencia a nadie le importe
demasiado.
Y de golpe la llamada puerta se abre y aparece
el que ahora llamaremos Héctor, demostrando asi
que él también tiene sus llamadas llaves y que las
utiliza con toda familiaridad. Y si una se queda
mirando atentamente cuando él entra -ya le ha
pasado otras veces a la llamada Laura- descubre
que junto con Héctor llegan otros dos tipos que se
quedan del lado de afuera de la puerta como
tratando de borrarse. Ella los denomina Uno y Dos,
cosa que le da una cierta seguridad o un cierto
escalofrio, segtin las veces, y entonces lo recibe a él
sabiendo que Uno y Dos estén fuera del
departamento (zdepartamento?), ahi no mas del otro
lado de la llamada puerta, quiza esperandolo o
cuidandolo, y ella a veces puede imaginar que estan
con ella y la acompafian, en especial cuando él se le
queda mirando muy fijo como sopesando el recuerdo
de cosas viejas de ella que ella no comparte para
nada.
‘A veoes le duele la cabeza y ese dolor es Io Unico
intimamente suyo que le puede comunicar al hombre.
Después é! queda como ido, entre ansioso y aterrado de
que ella recuerde algo concreto.
El concepto
Loca no esté. De eso al menos se siente segura
aunque a veces se pregunte —y hasta lo comente con
Martina~ de donde sacaré ese concepto de locura y
también la certidumbre. Pero al menos sabe, sabe que no,
16
Cambio de armas
que no se trata de un escaparse de la razon o del
entendimiento, sino de un estado general de olvido que
no le resulta del todo desagradable. Y para nada
angustiante.
La llamada angustia es otra cosa: la llamada
angustia le oprime a veces la boca del estémago y le
da ganas de gritar a bocca chiusa, como si estuviera
gimiendo. Dice -o piensa~ gimiendo, y es como si
viera la imagen de la palabra, una imagen nitida que
puede ser una simple palabra. Una imagen que sin
duda esta cargada de recuerdos (gy dénde se habrén
metido los recuerdos? zPor qué sitio andarn sabiendo
mucho mas de ella que ella misma?). Algo se le
esconde, y ella a veces trata de estirar una mano
mental para atrapar un recuerdo al vuelo, cosa
imposible; imposible tener acceso a ese rincén de su
cerebro donde se agazapa la memoria. Por eso nada
encuentra: bloqueada la memoria, enquistada en si
misma como en una defensa.
La fotografia
La foto esta alli para atestiguarlo, sobre la mesita de
luz. Ella y é! mir&ndose a los ojos con aire nupcial. Ella
tiene puesto un velo y tras el velo una expresion difusa. El
‘en cambio tiene el aspecto triunfal de los que creen que
han liegado. Casi siempre él -casi siempre cuando lo
tiene al alcance de la vista— adopta ese aire triunfal de los
que creen que han llegado. Y de golpe se apaga, de golpe
‘como por obra de un interruptor se apaga y el triunfo se
convierte en duda o en algo mucho mas opaco,
dificilmente explicable, insondable. Es decir: ojos abiertos
pero como con la cortina baja, ojos herméticos, fjos en
ella y para nada viéndola, 0 quizé sdlo viendo lo que ella
ha perdido en alguna curva del camino. Lo que ha
quedado atras y ya no recuperara porque, en el fondo, de
7Luisa Vatenzuena
lo que menos ganas tiene es de recuperario. Pero camino
hubo, le consta que camino hubo, con todas las
condiciones atmosféricas del camino humano (las grandes
tempestades).
Eso de estar asi, en el presente absoluto, en un
mundo que nace a cada instante o a lo sumo que nacié
Pocos dias atrés (zcudntos?) es como vivir entre
algodones: algo mullido y célido pero sin gusto. También
sin asperezas. Ella poco puede saber de asperezas en
este departamento del todo suave, levemente rosado,
acompajiada por Martina que habla en voz bajisima. Pero
intuye que las asperezas existen sobre todo cuando él
(Juan, Martin, Ricardo, Hugo?) la aprieta demasiado
fuerte, mas un estrujén de odio que un abrazo de amor 0
al menos de deseo, y ella sospecha que hay algo detras
de todo eso pero la sospecha no es siquiera un
pensamiento elaborado, sélo un detalle que se le cruza
Por la cabeza y después nada. Después el retorno a lo
mullido, al dejarse estar, y de nuevo las bellas manos de
Antonio 0 como se llame acariciéndola, sus largos brazos
laxos alrededor del cuerpo de ella teniéndola muy cerca
pero sin oprimirla
Los nombres
El a veces le parece muy bello, sobre todo cuando
lo tiene acostado a su vera y lo ve distendido,
—Daniel, Pedro, Ariel, Alberto, Alfonso —1o llama
con suavidad mientras lo acaricia.
—Mas —pide é! y no sabe si es por las caricias
por la sucesién de nombres.
Entonces ella le da mas de ambos y es como si le
fuera bautizando cada zona del cuerpo, hasta las mas
ocultas. Diego, Esteban, José Maria, Alejandro, Luis,
Julio, y el manantial de nombres no se agota y él sonrie
con una paz que no es del todo sincera. Algo esta alerta
18
Cambio de armas
detrés del dejarse estar, algo agazapado dispuesto a
saltar ante el mas minimo temblor de la voz de ella al
pronunciar un nombre. Pero la voz es monocorde, no
delata emocién alguna, no vacila. Como si estuviera
recitando una letania: José, Francisco, Adolfo, Armando,
Eduardo, y él puede dejarse deslizar en el suefio sintiendo
que es todos esos para ella, que cumple todas las
funciones. Sélo que todos es igual a ninguno y ella sigue
recitando nombres largo rato después de saberlo
dormido, recitando nombres mientras juega con el
abtlico, entristecido resto de la maravilla de él. Recitando
nombres como ejercicio de la memoria y con cierto
deleite
El de los infinitos nombres, el sinnombre duerme y
ella puede dedicarse a estudiarlo hasta el hartazgo,
sensacién esta que muy pronto la invade. El sinnombre
parece dividir su tiempo con ella entre hacerle el amor y
dormir, y es una division despareja: la mayor parte de las
horas duerme. Aliviado, si, zpero de qué? Hablar casi ni
se hablan, muy pocas veces tienen algo que decirse: ella
no puede siquiera rememorar viejos tiempos y él actda
como si ya conociera los viejos tiempos de ella o como si
no le importaran, que es lo mismo.
Entonces ella se levanta con cuidado para no
despertario ~como si fuera facil despertarlo una vez que
61 se ha entregado al suefio~ y desnuda se pasea por el
dormitorio y a veces va a la sala sin preocuparse por
Martina y se queda largo rato mirando la puerta de salida,
la de los miltiples cerrojos, preguntandose si Uno y Dos
seguirdn siempre alli, si estarén durmiendo en el umbral
como perros guardianes, si serén sélo sombras y si
podran llegar a ser sombras amigas de esta mujer
extrafia.
Extrafia es como se siente. Extranjera, distinta.
gDistinta de quiénes, de las demas mujeres, de si misma?
Por eso corre de vuelta al dormitorio a mirarse en el gran
19Luisa VaLenzueta
espejo del ropero. Alli esta, de cabo a rabo: unas rodillas
mas bien tristes, puntiagudas, en general muy pocas
redondeces y esa larga, inexplicable cicatriz que le cruza
la espalda y que sélo alcanza a ver en el espejo. Una
cicatriz espesa, muy notable al tacto, como fresca aunque
ya esté bien cerrada y no le duela. {Cémo habra llegado
‘ese costurén a esa espalda que parece haber sufrido
tanto? Una espalda azotada. Y la palabra azotada, que
tan lindo suena si no se la analiza, le da piel de gallina.
Queda asi pensando en el secreto poder de las palabras,
todo para ya no, eso si que no, basta, no volver a la
obsesién de la fotografia. No volver y vuelve, claro que
vuelve, es lo tinico que le atrae en toda esa casa pequefia
y célida y ajena, Completamente ajena con sus
tonalidades pastel que no pueden haber sido elegidas por
ella aunque zqué hubiera elegido ella? Tonos mas
indefinidos, seguramente, colores solapados como el
color del sexo de él, casi marrén de tan oscu
Y dentro de esa casa por demas ajena, ese
elemento personal que es lo menos suyo de todo: la foto
de casamiento. El esta alli tan alerta y ella luciendo su
mejor aire ausente tras el velo. Un velo sutilisimo que s6lo
le ilumina la cara desde fuera, marcdndole la nariz (la
misma que ahora contempla en el espejo, que palpa sin
reconocerla para nada como si le acabara de crecer sobre
la boca, Una boca algo dura hecha para una nariz menos
liviana).
Laura, que todos los dias sean para nosotros dos
iguales a este feliz dia de nuestra unién. Y la firma bien
legible: Roque. Y es ella en la foto, no queda duda a pesar
del velo, ella la llamada Laura. Por lo tanto, él: Roque.
Algo duro, granitico. Le queda bien, no le queda bien: no
cuando é! se hace de hierbas y la envuelve.
20
Cambio do armas
La planta
Tiene ya un recuerdo y eso la asombra mas que
nada, Un recuerdo feliz, si, con una amargura que le va
creciendo por dentro como una semilla, algo indefinible:
exactamente como deberian ser los recuerdos. Nada
demasiado lejano, claro que no, ni demasiado enfatico.
Sélo un recuerdito para abrigarla tiernamente en las horas
de insomnio.
Se trata de la planta. Esa planta que est alll en la
maceta con sus hojas de nervaduras blancas; hojas
bellas, hierdticas, oscuras, muy como él, muy hecha a
imagen de él aunque la haya elegido Martina, También
Martina es oscura y hierdtica y cada cosa en su lugar
-una hoja a la derecha, una a la izquierda,
alternativamente- y a Martina si que la eligié él, la
deben de haber fabricado a medida para él, porque
de haber sido por ella tendria a su lado una mujer
con vida, de esas que cantan mientras barren el
piso. En cambio él eligid a Martina y Martina eligié la
planta después de largo conciliébulo y la planta llegé
con una flor amarilla, tiesa, muy bella, que se fue
marchitando por suerte, como corresponde a una flor
por mas tiesa y més bella que sea.
Martina en cambio no se marchita, sélo levant6 una
ceja 0 quizd las dos en sefial de asombro cuando ella la
llamé y le dijo: Quiero una planta,
Ella sabia que la respuesta al quiero solia ser mas
‘0 menos inmediata: quiero un cafecito, unas tostadas, una
taza de té, un almohadén, y lo querido (requerido) llegaba
al rato sin complicacién alguna. Pero pedir una planta, al
parecer, era salirse de los carriles habituales y Martina no
‘supo cémo manejarlo. Pobre sefiora, para qué querra una
planta, pobre mujer enferma, pobre tonta. Y pensar que
quiza podria pedir cosas mas sustanciosas y menos
desconcertantes, algo de valor por ejemplo, aunque vaya
una a saber si de ese hombre se podia esperar algo mas
2Luisa VaLenzueta
que exigencias. Pobre mujer encerrada, pobre idiota.
Cuando el sefior llegé al dia siguiente Martina le
comunicé en secreto que la sefiora pedia una planta,
2 Qué tipo de planta?
—No sé, sélo dijo una planta, no creo que quiera
alguna en especial
—ZY para qué querré una planta?
—Vaya una a saber. Para regarla, para verla crecer.
Quizé extrafie el campo.
—No me gusta que extrafie nada, no le hace bien,
zTomé todos los medicamentos? Tampoco tiene por qué
estar pensando en el campo.... {Qué tiene que ver ella con
el campo, me pregunto? Asi que tréigale una plantita si eso
la va a ser feliz, pero una planta para nada campestre. Algo
bien ciudadano, si entiende lo que quiero decir. Comprela
en una buena floreria,
Estaban en la cocina, como tantas veces, discutiendo
los pormenores del funcionamiento de la casa que
aparentemente no concernian a la Itamada Laura. Pero ella
oyé la conversacién sin querer ~o quiza ya queriendo, ya
tratando de indagar algo, tratando sin saberlo de entender
lo que le estaba pasando.
El hecho es que cuando por fin lleg6, la planta
parecia artificial pero estaba viva y crecia y la flor iba
murigndose y eso también era la vida, sobre todo eso,
la vida: una agonia desde el principio con algo de
esplendor y bastante tristeza
Cuando habra brillado el esplendor de ella?
zHabré pasado ya el momento o estara por llegar?
Preguntas que suele formularse en un descuido para
desecharlas de inmediato porque alli no radica el
problema, el Unico problema real es el que aflora cuando
se topa sin querer con su imagen ante el espejo y se
queda largo rato frente a si misma, tratando de indagarse,
2
Cambio de armas
Los espejos
Se trata de una multiplicacién inexplicable,
multiplicacién de ella misma en los espejos y multiplicacion
de espejos -la mas desconcertante-. El ultimo en
aparecer fue el del techo, sobre la gran cama, y él la
obliga a mirarlo y por ende a mirarse, boca arriba, con las,
piemnas abiertas. Y ella se mira primero por obligacion y
después por gusto, y se ve alla arriba en espejo del cielo
raso, volcada sobre la cama, invertida y lejana. Se mira
desde la punta de los pies donde él en este instante le est
trazando un mapa de saliva, se mira y recorre -sin
asumirlos del todo- sus propias piernas, su pubis, su
ombligo, unos pechos que la asombran por pesados, un
cuello largo y esa cara de ella que de golpe le recuerda a
la planta (algo vivo y como artificial), y sin querer cierra los,
ojos.
—Abri los ojos —ordena él que ha estado
observando observarse alla arriba.
—Abri los ojos y mird bien lo que te voy a hacer
porque es algo que merece ser visto.
Y con la lengua empieza a treparsele por la piemna
izquierda, la va dibujando y ella all arriba se va
reconociendo, va sabiendo que esa pierna es suya porque
la siente viva bajo la lengua y de golpe esa rodilla que
est4 observando en el espejo también es suya, y mas
que nada la comba de la rodilla -tan sensible, y el
muslo, y seria muy suya la entrepierna si no fuera
porque él hace un rodeo y se aloja en el ombligo
jegui mirando!
y resulta doloroso el seguir mirando, y la lengua sube y é!
la va cubriendo, tratando eso si de no cubrirla demasiado,
dejandola verse en el espejo del techo, y ella va
descubriendo el despertar de sus propios pezones, ve su
boca que se abre como si no le perteneciera pero si, le
pertenece, siente esa boca, y por el cuello la lengua que
va dibujando le llega hasta la misma boca pero solo un
23Luise VALeNzuewa
instante, sin gula, s6lo el tiempo de reconocerla y después
la lengua vuelve a bajar y un pezén vibra y es de ella, de
ella y mas abajo también los nervios se estremecen y la
lengua esté por llegar y ella abre bien las piernas, del todo
separadas y son de ella las piernas aunque respondan a
tun impulso que ella no ordené pero que partié de ella,
todo un estremecimiento deleitoso, tan al borde de! dolor
justo cuando la lengua de él alcanza el centro del placer,
un estremecimiento que ella quisiera hacer durar
apretando bien los parpados y entonces él grita
—iAbri los ojos, puta!
y es como sila destrozara, como si la mordiera por dentro
-¥ quizé la mordié— ese grito como si él le estuviera
retorciendo el brazo hasta rompérselo, como si le
estuviera pateando la cabeza. Abri los ojos, cant, decime
quién te manda, quién dio la orden, y ella grita un no tan
intenso, tan profundo que no resuena para nada en el
Ambito donde se encuentran y él no alcanza a olrlo, un no
que parece hacer estallar el espejo del techo, que
multiplica y mutila y destroza la imagen de él, casi
como un balazo aunque él no lo perciba y tanto su
imagen como el espejo sigan alli, intactos,
imperturbables, y ella al exhalar el aire retenido sople
Roque, por primera vez el verdadero nombre de él,
pero tampoco eso oye él, ajeno como esta a tanto
desgarramiento interno.
La ventana
De nuevo sola, su estado habitual io otro es un
accidente, él es un accidente en su vida a pesar de que
puede darle todo tipo de nombres-. Ella sola, como debe
ser, de lo mas tranquila. Sentada ante la ventana con una
estéril pared blanca frente a sus ojos y vaya una a saber
qué oculta esa pared, quizé lo oculte a él.
24
Cambio de armas
La ventana tiene marco de madera pintado de
blanco y la pared de enfrente es también bianca con
diversas chorreaduras de hollin fruto de muchas lluvias.
Calcula que debe ser un quinto o sexto piso, pero no
puede asomarse porque a la ventana le falta el picaporte
y sélo él puede abriria, cuando esta presente. Poco
importa. Ella no necesita de aire fresco y asomarse le
producirla vértigo dificilmente controlable. Y de golpe lo
imagina a é1 paseando por las calles con un picaporte
covalado de ventana en el bolsillo, picaporte como un arma
para apretar en el pufio y pegar la trompada.
zArma, calle, pufio? Por qué se le ocurriran
esas ideas. La nocién de calle no es en realidad la
que mds la perturba. La nocién de arma, en
cambio...Un arma por la calle, una bomba de tiempo,
61 caminando por la calle cuando explota la bomba
de tiempo que lo estaba esperando. Un estampido, y
61 caminando por la calle oscura y en su bolsillo el
picaporte de la ventana, objeto ovalado, macizo, casi
huevo de bronce y esta ventana aqui, tan
desreveladora, ventana que en lugar de abrir un
panorama lo limita.
El en cambio si seria capaz de revelarle unas
cuantas verdades, pero la verdad nada tiene que ver con
él, que sdlo dice lo que quiere decir y lo que quiere decir
nunca es lo que a ella le interesa. Posiblemente la verdad
no sea importante para él. El tiene esas cosas pero
también otras: hay su manera de mirarla cuando estan
juntos, como queriendo absorberla, metérsela bien
adentro y protegerla de ella misma. Hay ese lento ritual
del desvestirla, lentamente para encontrarla en cada
centimetro de piel que aflora tras cada botén que
desabrocha
Por momentos ella sospecha que podria tratarse del
llamado amor. Sentimiento por demas indefinido que le va
cteciendo como un calor interno de poca duracién y que
FyLuise VaLeNzuELA
en sublimes oportunidades se enciende en llamaradas.
Nada indica sin embargo que se trate en verdad de amor,
ni aun las ganas que a veces la asaltan, ganas de que él
llegue de una vez y la acaricie. Es ésta su Unica forma de
saberse viva: cuando la mano de él la acaricia o su voz la
conmina: movéte, puta. Decime que sos una perra, una
arrastrada. Decime cémo te cogen los otfos gas! te
cogen? Contame cémo. O quiza por eso, justamente, por
la voz de él que le dice cosas de estar en otra parte.
Y ella, a veces, tentada de contestarle: proba, hacé
entrar a los dos tipos que tenés afuera. Asi al menos
sabré que existen otros hombres, otros cogibles. Pero
ésta es la clase de pensamiento que prefiere callar, al
menos a sabiendas, porque por otro lado esté esa zona
oscura de su memoria (Lmemoria?) que también calla y
no precisamente por propia voluntad.
El pozo negro de la memoria, quizé como una
ventana a una pared blanca con ciertas chorreaduras. El
nada le va a aciarar y en titima instancia ¢qué le importa
a ella? Le importan tan sélo estar alli, regar su planta que
parece de plastico, encremarse la cara que parece de
plastico, mirar por la ventana esa pared descascarada
Los colegas
Después esté él de nuevo alli y puede haber
variantes.
—Van a venir unos amigos mios mafiana a tomar
unos tragos —le dice como al descuido.
—<{Trago? —pregunta ella.
—Si, claro. Un whisky nada més, antes de comer,
no se van a quedar mucho rato, no te preocupes.
eWhisky? esté a punto de repetir pero se contiene a
tiempo,
Cambio de armas
—{Qué amigos? —se le escapa justo cuando esta
tratando de callarse y quiz sea mejor asi para aclarar
algo.
Y élse digna contestarle. Por una vez se digna alzar
la cabeza, responder con paciencia a su pregunta, hacer
como si ella existiera’
—Bueno, tanto como amigos no son. Tres 0 cuatro
colegas, nada mas, por un ratito, para que te distraigas un
poco.
Raro, piensa la llamada Laura. Colegas, distraerme,
un ratito, {Desde cuando tantas consideraciones para
ella? Y después él le larga lo verdaderamente asombroso:
—Mird, te voy a comprar un vestido nuevo. Asi los
recibis contenta y mona.
—{Me tengo que poner contenta con un vestido
nuevo? 2Un vestido nuevo es algo?
izas! el tipo de preguntas que él detesta, Para tratar
de remediarlo, agrega
—Pero me alegra que vengan tus compafieros.
—Colegas —corrige él con determinacién.
—Bueno, colegas. Voy a aprender nuevos nombres,
te voy a llamar de otras maneras.
—Ni se te ocurra, son todos nombres feos, no
quiero escucharlos. Ademés, alguna vez podrias hacer el
esfuerzo de llamarme por mi verdadero nombre, 2no?
Digo, para variar.
Al dia siguiente él le trae el vestido nuevo que si es
bonito y evidentemente caro. Ella esta mona, sonriendo
para adentro, y los colegas de irrepetibles nombres llegan
todos al mismo tiempo, entran con paso por asi de
marcial y la llaman Laura al tenderle la mano. Ella acepta
las manos tendidas, inclina la cabeza ante el nombre de
Laura también como aceptandolo y él y sus colegas se
sientan en los sillones y empiezan @ examinarla
2Luise VALenzveLa
Mas que nada las insistentes preguntas sobre su
salud le producen una extrafia incomodidad que no logra
entender.
—Se siente bien, ahora? Su esposo nos conté que
habia tenido problemas con la espalda, .ya no le duele la
columna?
Y esas frases dichas al azar: es usted muy bonita,
tiene una nariz perfecta...
Y esas preguntas como un interrogatorio, que
empiezan {Usted piensa que...? y ella sabe que encierran
la otra, la verdadera: {Usted piensa? Y ella tratando de
controlarse lo mejor posible, no queriendo fallar en este
primer examen aunque no sabe muy bien por qué piensa
en interrogatorios y examenes, ni por qué la idea de fallar
© no fallar puede importarle. Y acepta un trago —apenitas
un dedo (no tomés demasiado, no te va hacer bien con
tus remedios, le susurra él casi carifioso) -y gira la
cabeza cuando alguno la llama Laura y escucha con
esmero,
—...fue aquella vez que pusieron las bombas en los
cuarteles de Palermo crecuerda? estaba diciendo uno y
naturalmente se dirigié a ella para hacer la pregunta,
—No, no recuerdo. En verdad no recuerdo nada.
—Si, cuando la guerilla en el norte. {Usted es
tucumana, no? Cémo no se va a acordar.
Y el sinnombre, con los ojos fijos en su vaso:
—Laura ni lee los diarios. Lo que ocurre fuera de
estas cuatro paredes le interesa muy poco.
Elia mira a los demés sin saber si sentirse orgullosa
© indignarse. Los otros a su vez la observan, pero
darle clave alguna para orientar su conducta.
Cuando por fin los colegas se van después de
mucha charla ella queda como vacia y se saca el vestido
nuevo queriendo despojarse. El la observa con el aire del
que est conforme con su propia obra. De golpe ella
siente ganas de vomitar, quizé por culpa de ese minimo
28
Cambio de armas
dedo de whisky, y él le alcanza una pastilla distinta de las
que le hace tragar habitualmente.
Uno y Dos permanecen afuera, como siempre.
Los oye cuchichear en el pasillo. Quizé acompafiaron
a los invitados hasta la planta baja y ahora estan alli
de vuelta, si sefior, los esta oyendo y sabe que sdlo
se iran cuando él se vaya. Y ella quedaré de nuevo
sola como corresponde, hasta que él vuelva a
presentarse porque la cosa es asi de recurrente, un
tipo dentro y dos afuera, uno dentro de ella para ser
mas precisa y los otros dos como si también lo
estuvieran, compartiendo su cama.
El pozo
Los momentos de hacer el amor con él son los tinicos
que en realidad le pertenecen. Son verdaderamente suyos,
de la llamada Laura, de este cuerpo que esta acd -que
toca- y que la configura a ella, toda ella. Toda? gno
habra algo mas, algo como estar en un pozo oscuro y sin
saber de qué se trata, algo dentro de ella, negro y
profundo, ajeno a sus cavidades naturales a las que él
tiene facil acceso? Un oscuro, inalcanzable fondo de ella,
el aqui-lugar, el sitio de una interioridad donde esta
encerrado todo lo que ella sabe sin querer saberlo, sin en
verdad saberlo y ella se acuna, se mece sobre la silla, y
el que se va durmiendo es su pozo negro, animal
aquietado. Pero el animal existe, esta dentro del pozo y es
a la vez el pozo, y ella no quiere azuzarlo por temor al
zarpazo. Pobre negro profundo pozo suyo tan mal tratado,
tan dejado de lado, abandonado. Ella pasa largas horas
dada vuelta como un guante, metida dentro de su propio
ozo interno, en una oscuridad de Utero casi tibia, casi
humeda. Las paredes del pozo a veces resuenan y no
importa lo que intentan decirle aunque de vez en cuando
ella parece recibir un mensaje -un latigazo- y siente
29Luisa VaLenzueta
como si le estuvieran quemando la planta de los pies y de
golpe recupera la superficie de si misma, el mensaje es
demasiado fuerte para poder soportarlo, mejor estar fuera
del pozo negro tan vibrante, mejor reintegrarse a la pieza
color rosa bombén que segtin dicen es la pieza de ella,
En la pieza puede estar él 0 no estar, generalmente
no esta y sola se repliega en si misma: ahora les sonrle a
los multiples espejos que le devuelven algo asi como un
conocimiento que ella rechaza de plano.
El reaparece entonces, y cuando esta tierno el pozo
se convierte en un agujerito de luz alld lejos en el fondo,
y cuando esta duro y aprensivo el pozo abre su boca de
abismo y ella se siente tentada de saltar pero no salta
Porque sabe que la nada dentro de los pozos negros es
peor que la nada fuera de ellos.
Fuera del pozo la nada con aquel que las
apariencias sefialan como su hombre. Con él y con
el agujerito en que se va convirtiendo su pozo y a
través del cual espia para verlo a él, reticulado. A é!
detras del agujerito, tras dos finos hilos en cruz que
lo centran. A través del agujerito-pozo lo ve a él
como tras una mira y eso no le gusta nada. 2Quién
de los dos sostiene el rifle? Ella, aparentemente; é!
esta cuadriculado por la mira y ella lo ve asi sin
entender muy bien por qué y sin querer
cuestionarse. El le sonrie del otro lado de la mira y
ella sabe que va a tener que bajar una vez mas la
guardia. Bajar la guardia y agachar la testuz: cosas,
a las que se va habituando poco a poco.
El rebenque
—Miré que bonito— le va diciendo é! mientras
desenvuelve el paquete. Ella lo contempla hacer con
cierta indiferencia. Hasta que del paquete surge, casi
inmaculado, casi inocente, un rebenque de los buenos.
30
Cambio de armas
De cuero crudo, flamante, de lonja ancha y cabo espeso,
casi un talero. Y ella que no sabe de esas cosas, que ha
olvidado los caballos -si es que alguna vez los conocié de
cerca- ella se pone a gritar desesperada, a aullar como
si fueran a destriparia o a violarla con ese mismo cabo del
talero.
Quizd después de todo ésa era no mas la intencién
de él, traerse un reemplazante. O quiza habia sofiado con
pegarle unos lonjazos o quizé gpor qué no? pedirle a ella
que le pegue 0 que lo viole con el cabo.
Los gritos de la mujer lo frenan en plena ensofiacion
inconfesable. Ella sollozando en un rincén como animal
herido, més le vale dejar el rebenque para otro momento.
Por eso recupera el papel que ha tirado al canasto, lo
plancha con la palma de la mano y envuelve una vez mas
el rebenque. Para no oir los gritos.
—No quise perturbarte —Ie dice, y es como si ella
no lo oyera porque son palabras tan ajenas a él
Disculpame, fue una idea estipida.
EI pidiendo disculpas, algo inimaginable pero asi es:
cilpame, calmate, ron ron, casi dice él como un gato y
la idea de gato la envuelve a ella con tibieza y detiene de
manera instantanea sus convulsiones. Ella piensa gato y
se aleja de él. Desde el mismo rincén donde se ha
refugiado parte hacia otros confines donde todo es abierto
y hay cielo y hay un hombre que de verdad la quiere ~sin
rebenque-, es decir hay amor. Sensacién de amor que le
recorre la piel como una mano y de golpe ese horrible,
inundante sentimiento: el amado esté muerto. ¢Cémo
puede saber que esta muerto? 4Cémo saber tan
certeramente de su muerte si ni ha logrado darle un rostro
de vida, una forma? Pero lo han matado, lo sabe, y ahora
le toca a ella solita llevar adelante la misién; toda la
responsabilidad en manos de ella cuando lo tinico que
hubiera deseado era morirse junto al hombre que queria.
3tLuisa VALENZUELA
Una compleja estructura de recuerdos/sentimientos la
atraviesa entre lagrimas, y después, nada. Después sentir que
ha estado tan cerca de ia revelacién, de un esclarecimiento,
Pero no vale la pena llegar al esclarecimiento por vias del dolor
y més vale quedarse asi, como flotando, no dejar que la nube
se disipe. Mullida, protectora nube que debe tratar de
‘mantener para no pegarse un porrazo cayendo de golpe en la
memoria
Solloza en sordina y él le pasa la mano por el pelo
tratando de devolverla a esta zona del olvido. Le pasa la
mano por el pelo y le va diciendo con voz edulcorada
—No pienses, no te tortures, veni conmigo, asi
estas bien, no cierres los ojos. No pienses. No te tortures
(dejéme a mi torturarte, dejéme ser duefio de todo tu
dolor, de tus angustias, no te me escapes). Te voy hacer
feliz cada vez mas feliz. Olviddte de este maldito
rebenque. Ni pienses mas en él zves? lo vamos a tirar, |o
voy a hacer desaparecer para que no te angustiés mas de
lo necesario.
Se dirige lentamente hacia la puerta de entrada,
atraviesa el living con el rebenque (el paquete que ahora
contiene el rebenque) en la mano. Saca las llaves del
bolsillo —zpor qué no usard las otras que estan al
alcance de su mano sobre la repisa? se pregunta ella—
abre la puerta y con gesto mas o menos teatral arroja
fuera el paquete que cae con ruido blando, de goma. Ves,
ya desaparecié, le dice como a un chico. Y ella,
desconfiada como un chico, sabe que no, que del otro
lado de la puerta estén Uno y Dos dispuestos a recibir
todo lo que les sea arrojado por él, listos a echarse sobre
el paquete como animales de presa.
Uno y Dos. Ella no los olvida, son presencias
constantes a pesar de ser tan ajenos a ella. Ajenos como
esas llaves sobre la repisa, presentes y ajenos como ha
pasado a ser ahora el rebenque por el simple hecho de
32
Cambio de armas
haberle despertado tamafia desesperacién. De haber sido
un detonante.
All estén esas cargas suyas, cargas de profundidad
que explotan cuando menos se lo espera por obra de uno
de esos detonantes. Explotan por simpatia como se dice,
por vibrar al unisono 0 quizé todo lo contrario: por un
choque de vibraciones encontradas.
El hecho es que la explosion se produce y ella
queda asi, desconectada, en medio de sus propios
escombros, sacudida por la culpa de la onda expansiva 0
de algo semejante.
La mirilla
No es una sensacién nueva, no, es una sensacién
antigua que le viene de lejos, de antes, de las zonas
anegadas. Casi un sentimiento, un saber extrafio que s6lo
ogra perturbaria: la nocién de que existe un secreto. Y
zcual sera el secreto? Algo hay que ella conoce y sin
embargo tendria que revelar. Algo de ella misma muy
profundo, prohibido.
Se dice: ocurre igual con todo ser humano. Y hasta
esta idea la perturba.
Qué ser lo prohibido (reprimido)? zDénde
terminard el miedo y empezara la necesidad de saber 0
viceversa? El conocimiento del secreto se paga con la
muerte, zqué sera ese algo tan oculto, esa carga de
profundidad tan honda que mejor seria ni sospechar que
existe?
El a veces la ayuda negandole todo tipo de
asistencia. No asistiéndola est dandole en realidad una
mano para entreabrir sus compuertas interiores.
Querer saber y no querer. Querer estar y no querer
estar, al mismo tiempo. El le ha brindado mas de una vez
la posibilidad de verse en los espejos y ahora le esta por
33Luise VALenzueLa
dar la nueva posibilidad bastante aterradora de verse en
los ojos de los otros.
Lentamente la va desvistiendo en el living y el
momento ya llega. Ella no se explica muy bien cémo lo ha
sabido desde un principio ~quiza el hecho inusitado de
que esté desvistiéndola en el living y no en el dormitorio-.
Reciinandola contra el sofé frente a la puerta de entrada,
desvistiéndose también él sin decir palabra, un mundo
ritual aparentemente destinado a otros ojos. Y de golpe si,
él se aleja del sofé, camina desnudo hacia la puerta,
levanta la tapa de la mirilla esa minima tapa rectangular
de bronce- y la deja trabada en alto. Asi no mas de
simple, un acto que parece no tener justificacién alguna
Pero después vacila, vacila antes de dar media vuelta y
ditigitse de nuevo hacia ella, como si no quisiera darle la
espalda a la mirilla sino mas bien hacerle frente, apuntar
con su soberbia ereccién
Ella nada puede ver del otro lado de ese enrejadito
que constituye la mirilla pero los presiente, los huele, casi:
el ojo de Uno 0 el ojo de Dos pegado a la mila,
observandolos, sabiendo lo que esté por venir y
relamiéndose por anticipado.
Y él ahora se va acercando lentamente,
esgrimiendo su oscuro sexo, y ella se agazapa en un
Angulo del sofé con las piernas recogidas y la cabeza
entre las piernas como animal acorralado pero quiza no,
nada de eso: no animal acorralado sino mujer esperando
que algo se desate en ella, que venga pronto el hombre a
su lado para ayudarla a desatar y que también ayuden
esos dos que estén afuera prestandole tan s6lo un ojo
nico a toda la emocién que la sacude.
El apareamiento se empieza a volver cruel,
elaborado, y se estira en el tiempo. El parece querer
pattirla en dos a golpes de anca y en medio de un estertor
se frena, se retira, para volver a penetrarla con safia,
trabandole todo movimiento o hincandole los dientes.
34
Cambio de armas
Ella a veces quiere sustraerse de este maremoto
que la arrasa y se esfuerza por descubrir el ojo del otro
lado de la mirilla. En otros momentos ella se olvida del ojo,
de todos los ojos que probablemente estén alli afuera
ansiosos por verla retorcerse, pero él grita una Unica
palabra —perra— y ella entiende que es alrededor de ese
epiteto que él quiere tejer la densa telarafia de miradas.
Entonces un gemido largo se le escapa a pesar suyo y él
duplica sus arremetidas para que el gemido de ella se
transforme en aullido
Es decir que afuera no sélo hay ojos, también hay
oidos. Afuera quiza no sdlo estén Uno y Dos, afuera
también esos ciertos colegas. Afuera,
Para lo que les pueden servir ojos, oldos, dientes,
manos, a esos que estén del otro lado de la puerta y no
pueden transgredir el limite, Y a causa de ese limite,
delinedndolo, é! la sigue poseyendo con furia y sin placer.
La da vueltas, la tuerce, y de golpe se detiene, se separa
de ella y se pone de pie. Y empieza a caminar otra vez por
el salén, fiera enjaulada, desplegando toda su vitalidad de
animal insatisfecho. Rugiendo.
Ella piensa en la muchedumbre de afuera que los
estar observando -observandola a ella~ y por eso lo
llama de vuelta a su lado, para que la cubra con su
cuerpo, no para que la satisfaga. Cubrirse con el cuerpo
de 61 como una funda. Un cuerpo ~y no el propio, claro
que no el propio— que le sirva de pantalla, de mascara
para enfrentar a los otros. O no: una pantalla para poder
esconderse de los otros, desaparecer para siempre tras 0
bajo otro cuerpo.
ZY total para qué? si ya esta desaparecida desde
hace tanto tiempo: los otros siempre del otro lado de la
puerta con sélo una mirilla exigua para acercarse a ella.
“Comunicarse? Nada de eso, y entonces presiente
sin aclararselo demasiado, vislumbra como en una
nebulosa, que a los otros -los de afuera— sélo puede
35Luise VALENZUELA
transmitifes su calor por interpésita persona, a través de
61 que est alli s6lo para servir de puente con los otros, los,
de afuera,
Cansado de bramar é! vuelve al lado de ella y se
pone a acariciarla en inesperado cambio de actitud. Ella
deja que las caricias la invadan, que cumplan su
cometido, que hasta el ultimo de sus nervios responda a
las caricias, que las vibraciones de esas mismas caricias
galopen por su sangre y finalmente estallen.
Quedan entonces los dos cuerpos tirados sobre el
sofé y la mirilla se oscurece como si le faltara la claridad
de una mirada,
Al rato Martina entra sigilosamente y los cubre a los
dos con una manta
Las llaves
Mas tarde él se va. El est siempre yéndose,
cuando ella lo ve de pie lo ve siempre de espaldas
dirigiéndose a la puerta, y su despedida real es siempre el
ruido de la llave que vuelve a clausurar la salida dejandola
a ella dentro.
Ella no se deja engafiar més por esas llaves, las
otras, las que estén sobre la repisa al lado de la puerta:
sabe aun sin haberlas probado que no corresponden para
nada a la cerradura, que esas llaves estén colocadas alli
como una trampa 0 mas bien como un sefiuelo y pobre de
ella el dia que se anime a tocarlas. Por eso ni se les
acerca, contrariando la tentacién de estirar la mano y
hasta de hablarles como a amigas. ¢Qué culpa tienen las
pobres de estar tendiéndole una celada? Lo ha pescado
mas de una vez ausculténdolas de reojo al entrar para
asegurarse de que siguen en la posicién exacta. El polvo
se acumula sobre las pobres llaves, Martina sélo puede
soplarlas un poco y pasarles un levisimo plumero como si
estuvieran hechas de un cristal muy delicado.
36
Cambio de armas
‘También al irse él comprueba si las llaves siguen en
eu puesto de guardia a un pasito no més de las
cerraduras a las que no corresponden, y después cierra la
puerta y echa doble vuelta con las llaves de él que son las
buenas y la deja a ella fa llamada Laura- libre para poder
hundirse una vez mds en ese pozo oscuro donde no
existe el tiempo.
Las voces
Sélo existe el sonido del reloj, el tic tac sincopado
del reloj, y es como una presencia. Tantas como
presencias, entonces, y ninguna presencia verdadera,
ninguna voz que la llame para arrancarla a ella de ella
misma.
No que la voz de él no la tame a menudo. No que
la voz de él no le grite su nombre de Laura, a veces desde
lejos (desde la otra pieza) 0 Ie grite ahi nomas al oido
cuando esté encima de ella, llamandola porque si,
imponiéndole su presencia -la presencia de ella~, la
obligacién de estar alli y de escucharlo.
iempre es asi con él, Juan, Mario, Alberto, Pedro,
Ignacio, como se ilame. De nada vale cambiarle el
nombre porque su voz es siempre la misma y son siempre
las mismas exigencias: que ella esté con él pero no
demasiado. Una ella borrada es lo que él requiere, un ser
maleable para armarlo a su antojo. Ella se siente de barro,
diictil bajo las caricias de él y no quisiera, no quiere para
nada ser dictil y cambiante, y sus voces interas aullan
de rabia y golpean las paredes de su cuerpo mientras é!
va moldeandola a su antojo.
Cada tanto le dan a ella estos accesos de rebeldia
que tienen una estrecha relacién con el otro sentimiento
llamado miedo. Después, nada; después como si hubiese
bajado la marea dejando tan sélo una playa humeda un
poquito arrasada,
37Luisa VaLenzueLa
Ella vaga descalza por la playa himeda tratando de
recomponerse del horror que ha sentido durante la
pleamar. Tantas olas cubriéndola y no logran despejarle
la cabeza, Vienen las olas y dejan una resaca estéril,
salobre, sobre la que slo puede crecer una especie
indefinida de terror amenguado. Ella vaga por la playa
himeda y es al mismo tiempo la playa -ella a veces su
propia playa, su remanso- y por lo tanto no barro sino
arena himeda que él quisiera modelar a su antojo. Toda
ella arena himeda para que él pueda ir construyendo
castillos como un nifio. Haciéndose ilusiones.
Ela veces emplea su voz para estos menesteres y
fa nombra y le va nombrando cada una de sus partes en
Un intento poco claro de rearmaria.
Es ésa la voz que a veces la llama sin poder
Penetrar su cascara. Después viene la sonrisa: la sonrisa
de I algo forzada, Sdlo cuando rie -en las raras, muy
contadas ocasiones en que rie~ algo parece despertarse
en ella y no es algo bueno, es un desgarramiento muy
profundo por demas alejado de la risa
Es decir que poco aliciente hay para lamarla a la
superficie de ella misma y arrancarla de su pozo oscuro,
En todo. caso nada que venga de fuera del departamento
aunque en este instante si, un timbre insistente la trae de
golpe al aqui y ahora. Algo inusitado ese timbre que no
cesa, alguien que desesperadamente quiere hacerse oly
entonces él se dirige cauteloso a la puerta para ver qué
Pasa y ella puro nervio, toda alerta, oye las voces de los
otros sin tratar de comprenderias.
—Coronel, perdén, sefior. Mi coronel. Hay
levantamiento. No teniamos otra manera de avisarle. Se
sublevaron, Avanzan con tanques hacia su cuartel.
Parece que el Regimiento Ill de Infanteria esta con ellos.
Y la Marina, Se levantaron en armas. Coronel, Perdén,
sefior. No sabiamos cémo avisarle.
38
Cambio de armas
Else viste a las apuradas, se va sin despedirse de
ella como tantas otras veces. Mas precipitado, eso si, tal
vez olvidando echar llave a la puerta. Pero sélo eso. Aella
no le preocupan otros detalles. Ni las voces escuchadas
que siguen vibrando como un sonido inesperado,
anhelante, que ella no trata de interpretar. zInterpretar?
zPara qué? {Para qué tratar de entender lo que esta tan
lejos de su magra capacidad de comprensin?
El secreto (los secretos)
Ella sospecha -sin querer formularselo demasiado—
que algo esta por saberse y no deberia saberse. Hace
tiempo que teme la existencia de esos secretos tan
profundamente arraigados que ya ni le pertenecen de
puro inaccesibles.
‘A veces quisiera meter la mano en sus secretos y
hurgar un poquito, pero no, nada de eso, més vale
dejarlos como estén: en un agua estancada de
profundidad insondable.
Y entonces le da por volverse voraz en materia de
alimentos y a cada rato le pide a Martina un café con
leche, unas galletitas, frutas, y Martina seguramente se
dice: pobre mujer, va a perder su forma, engulle y engulle
y No se mueve o se mueve tan poco. Y el sefior que no
vuelve
Ni Martina ni ella mencionan sin embargo a
ausencia del sefior que se esté haciendo por demas
prolongada. Ella no quiere ~0 no puede~ recordar las
voces que oyd cuando vinieron a buscarlo. Martina que
habia ido al almacén nunca se enteré de nada.
Martina solia aprovechar los ratos que el sefior
estaba en casa para ir a comprar provisiones y ahora no
sabe si dejar a la pobre loca sola o esperar un dia mas 0
irse para siempre. El sefior le ha dejado dinero suficiente
como para que se sienta libre, y quizé ahora él esté
39Luisa Vatenzueta
aburrido de este juego y a ella le corresponda retirarse a
tiempo y olvidarse de todo.
Problemas éstos de Martina, no de la llamada Laura
que ya ni del dormitorio sale, que se queda tirada sobre la
cama rumiando a lo largo del dia una que otra sensacién
difusa.
Coronel, se repite a veces, y la palabra sélo le
evoca una punzante sensacién en la boca del estémago.
Mucho mas tarde, casi una semana mas tarde, él
vuelve por fin y la arranca de un suefio en el que
caminaba sobre las aguas del secreto sin mojarse.
—Despertite —le dice sacudiéndola—. Te tengo
que hablar. Es hora de que sepas.
{Qué sepa qué?
—No te hagas la tonta. Algo escuchaste, el otro dia.
—Por lo que me importa.
—Estd bien, no tiene por qué importarte, pero igual
quiero que sepas. Si no, todo va a quedar a mitad de
camino,
—{A mitad de camino?
—A mitad de camino,
—No quiero saber nada, dejéme.
—.Como, dejéme? zCémo no quiero saber?
eDesde cuando la sefiora decide en esta casa?
—No quiero.
—Pues lo vas a saber todo. Mucho mas de lo que
me proponia contarte en un principio. {Qué es eso de no
querer? No voy a tener secretos para vos, te guste o no te
guste. Y me temo que no te va a gustar en absoluto.
Ella quisiera taparse los oidos con las manos,
taparse los ojos, ponerse los brazos alrededor de la
cabeza y estrujarla, Pero él abre el maletin que ha traido
consigo y saca un bolso que a ella le llama la atencién.
—{Te acordas de esta cartera?
Ella sacude con vehemencia la cabeza negando
ero sus ojos estan diciendo otra cosa. Sus ojos se ponen
40
Cambio de armas
alertas, vives después de tanto tiempo de permanecer
apagados.
—Fijate lo que hay adentro. Puede que te despabile
un poco.
Ella mete la mano dentro del bolso pero casi de
inmediato la retira como si hubiera tocado la viscosa piel
de un escuerzo.
—Si —la alienta él. Meté la mano, sdcalo sin
asco.
No, gtita de nuevo la cabeza de ella, No, no, no. Y
con desesperacién se sacude hasta darse de golpes
contra la pared. Queriendo darse de golpes contra la
pared.
El sabe qué hacer en estas circunstancias. Le da
una bofetada y le grita una orden:
—iSécalo, te digo!
Y después, mas manso:
—No muerde, no pica ni nada. Es un objeto sin vida,
‘Solo puede darle vida uno, si quiere. Y vos ya no querés
Eno es cierto que no querés?
—No quiero, no quiero —gime ella.
Y para que todo no empiece de nuevo (la cabeza
contra la pared y la bofetada) él mete su propia mano
dentro del bolso de mujer y extrae el objeto. Se lo
presenta en la palma, inofensivo.
—Toma. Deberias conocer este revolver.
Ella lo mira largo rato y él se lo esté tendiendo hasta
que por fin ello lo toma y empieza a examinarlo sin saber
muy bien de qué se trata.
—Cuidado, esta cargado. Yo nunca ando con armas
descargadas. Aunque sean ajenas.
Ella levanta {a vista, lo mira a él ya casi
entendiendo, casi al borde de lo que muy bien podria ser
su propio precipicio.
—No te preocupés, linda. Vos sabés y yo sé. Y es
como si estuviéramos a mano.
aLuise VALENZUELA
No, no, empieza ella de nuevo sacudiendo la
cabeza. No en este plano de igualdad, no con este
revélver.
—Si te grita él, adlla casi—. Nada puede ser
perfecto si te quedas asi del otro lado de las cosas, si te
negas a saber. Yo te salvé ysabés? pareceria todo lo
contrario pero yo te salvé la vida porque hubieran acabado
con vos como acabaron con tu amiguito, tu cémplice. Asi
que escichame, a ver si salis un poco de tu lindo suefo.
La revelacién
Y la voz de 6! empieza a machacar, y machaca, lo
hice para salvarte, perra, todo lo que hice lo hice para
salvarte y vos tenés que saber asi se completa el circulo
y culmina mi obra, y ella tan como un ovillo, apretada ahi
contra la pared descubriendo una gotita de pintura que ha
quedado coagulada, y él insistiendo fui yo, yo solo, ni los
dejé que te tocaran, yo solo, ahi con vos, lastimandote,
deshaciéndote, maltratandote para quebrarte como se
quiebra un caballo, para romperte la voluntad,
transformarte y ella que ahora pasa suavemente la yema
de los dedos por la gotita, como si nada, como si en otra
cosa, y 6! insistiendo eras mia, toda mia porque habias
intentado matarme, me habias apuntado con este mismo
revélver, Zte acordas? tenés que acordarte, y ella que
piensa gotita amiga, carifiosa al tacto, mientras é! habla y
dice que podia haberte cortado en pedacitos, apenas te
rompi la nariz cuando pude haberte roto todos los huesos,
Uuno por uno, tus huesos mios, todos, cualquier cosa, y el
dedo de ella y la gotita se vuelven una unidad, una misma
sensacion de agrado, y é! insistiendo, eras una mierda,
una bazofia, peor que una puta, te agarraron cuando me
estabas apuntando, buscabas el mejor angulo, y ella se
alza de hombros pero no por é! 0 por lo que esta diciendo
sino por esa gotita de pintura que se niega a responderle
42
Cambio de armas
© a modificarse, y é! embalado, vos no me conocias pero
igual querias matarme, tenias ordenes de matarme y me
odiabas aunque no me conocias Eme odiabas? mejor, ya
te iba a obligar yo a quererme, a depender de mi como
una recién nacida, yo también tengo mis armas, y ahi con
ella la gotita reseca de ternura y mas alld la pared lisa,
impenetrable, y él tan sin inmutarse, repitiendo: yo
también tengo mis armas.
El desentace
—Estoy muy cansada, no me cuentes mas historias,
no hablés tanto. Nunca hablds tanto. Veni, vamos a
dormir, Acostéte conmigo.
—Estds loca zno me oiste, acaso? Basta de
macanas. Se acabé nuestro jueguito gentendés? Se
acabé para mi, lo que quiere decir que también se acabé
para vos. Telén. Entendélo de una vez por todas, porque
yo me las pico.
—Te vas a ir?
—Claro 40 pretendés que me quede? Ya no
tenemos nada mas que decimos. Esto se acabé. Pero
gracias de todos modos, fuiste un buen cobayo, hasta fue
agradable. Asi que ahora tranquilita, para que todo
termine bien.
—Pero quedate conmigo. Veni, acostate.
—{No te das cuenta que esto ya no puede seguir?
Basta, reacciond. Se terminé la fara. Mafiana a la
majiana te van abrir la puerta y vos vas a poder salir,
quedarte, contarlo todo, hacer lo que se te antoje. Total,
yo ya voy a estar bien lejos...
—No, no me dejés. {No vas a volver? Quedate.
El se alza de hombros y, como tantas otras veces,
gira sobre sus talones y se encamina a la puerta de
salida. Ella ve esa espalda que se aleja y es como si por
dentro se le disipara un poco la niebla. Empieza a
43Luise VALeNZveLa
entender algunas cosas, entiende sobre todo la funcién
de este instrumento negro que él llama revdlver.
Entonces lo levanta y apunta
44
SimeTRIAS (1993)
De entre tantas y tantas inexplicables muertes zpor qué
destacar estas precisas dos? Se hace la pregunta de vez
en cuando, se habla a si mismo en tercera persona y se
dice por qué Héctor Bravo rescata estas dos muertes?
No se aplaude por eso, pero conoce parte de la
respuesta: porque entre ambas atan dos cabos del mito,
cierran un circulo. Lo cual no explica los motivos de su
obsesién, su empecinamiento.
Y es0 quisiera olvidar. Cerrarles la puerta a los
recuerdos, y sin embargo—
Parece que un coronel levanté la pistola en cada
caso.
Las sacamos a pasear. No puede decirse que no somos
humanos y hay tan pocas que nos lo agradecen,
Es cierto, en parte. Nos sacan a pasear, nos traen los mas
bellos asquerosos vestidos, nos llevan a los mejores
asquerosos lugares con candelabros de plata a comer
delicias, Ascos. No son en absoluto humanos,
humanitarios menos. Apenas podemos probar las
supuestas delicias, los vestidos nos oprimen la caja
tordcica; de todos modos después nos restituyen al
horror nos hacen vomitar lo comido nos arrancan los
vestidos nos hacen devolverlo todo. Con creces. Sélo
que, slo que. Un minimo de dignidad logramos
mantener en algun rincén del alma y nunca delatamos a
los ottos.
—No, no son humanos.
Hasta los mas nobles sentimientos, se dice Héctor Bravo,
pueden transmutarse y perder toda nobleza.
Cuando el amor llega lo ilumina todo.