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Luisa Valenzuela. Cambio de Armas

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“CamBio DE ARMAS" (1982) Las palabras No le asombra para nada el hecho de estar sin memoria, de sentirse totalmente desnuda de recuerdos. Quizé ni siquiera se dé cuenta de que vive en cero absoluto. Lo que si Ia tiene bastante preocupada es lo otro, esa capacidad suya de aplicarle el nombre exacto a cada cosa y recibir una taza de té cuando dice quiero (y ese quiero también desconcierta, ese acto de voluntad), cuando dice quiero una taza de té. Martina la atiende en sus menores pedidos. Y sabe que se llama asi porque la propia Martina se lo ha dicho, repitiéndoselo cuantas veces fueron necesarias para que ella retuviera el nombre. En cuanto a ella, le han dicho que se llama Laura pero eso también forma parte de la nebulosa en la que transcurre su vida. Después esta el hombre: ése, él, el sinnombre al que le puede poner cualquier nombre que se le pase por la cabeza, total, todos son igualmente eficaces y el tipo, cuando anda por la casa le contesta aunque lo lame Hugo, Sebastian, Ignacio, Alfredo o lo que sea. Y parece que anda por la casa con la frecuencia necesaria como para aquietarla a ella, un poco, poniéndole una mano sobre el hombro y sus derivados, en una progresién no exenta de ternura. Y después estan los objetos cotidianos: esos llamados plato, bafio, libro, cama, taza, mesa, puerta. Resulta desesperante, por ejemplo, enfrentarse con la llamada puerta y preguntarse qué hacer. Una puerta cerrada con llave, si, pero las llaves ahi no mas sobre la repisa al alcance de 1a mano, y los cerrojos facilmente descorribles, y la fascinacién de un otro lado que ella no se decide a enfrentar. Luisa VALENZUELA Ella, la llamada Laura, de este lado de Ia llamada puerta, con sus llamados cerrojos y su llamada llave pidiéndole a gritos que transgreda el limite. Sélo que ella no, todavia no; sentada frente a la puerta reflexiona y sabe que no, aunque en apariencia a nadie le importe demasiado. Y de golpe la llamada puerta se abre y aparece el que ahora llamaremos Héctor, demostrando asi que él también tiene sus llamadas llaves y que las utiliza con toda familiaridad. Y si una se queda mirando atentamente cuando él entra -ya le ha pasado otras veces a la llamada Laura- descubre que junto con Héctor llegan otros dos tipos que se quedan del lado de afuera de la puerta como tratando de borrarse. Ella los denomina Uno y Dos, cosa que le da una cierta seguridad o un cierto escalofrio, segtin las veces, y entonces lo recibe a él sabiendo que Uno y Dos estén fuera del departamento (zdepartamento?), ahi no mas del otro lado de la llamada puerta, quiza esperandolo o cuidandolo, y ella a veces puede imaginar que estan con ella y la acompafian, en especial cuando él se le queda mirando muy fijo como sopesando el recuerdo de cosas viejas de ella que ella no comparte para nada. ‘A veoes le duele la cabeza y ese dolor es Io Unico intimamente suyo que le puede comunicar al hombre. Después é! queda como ido, entre ansioso y aterrado de que ella recuerde algo concreto. El concepto Loca no esté. De eso al menos se siente segura aunque a veces se pregunte —y hasta lo comente con Martina~ de donde sacaré ese concepto de locura y también la certidumbre. Pero al menos sabe, sabe que no, 16 Cambio de armas que no se trata de un escaparse de la razon o del entendimiento, sino de un estado general de olvido que no le resulta del todo desagradable. Y para nada angustiante. La llamada angustia es otra cosa: la llamada angustia le oprime a veces la boca del estémago y le da ganas de gritar a bocca chiusa, como si estuviera gimiendo. Dice -o piensa~ gimiendo, y es como si viera la imagen de la palabra, una imagen nitida que puede ser una simple palabra. Una imagen que sin duda esta cargada de recuerdos (gy dénde se habrén metido los recuerdos? zPor qué sitio andarn sabiendo mucho mas de ella que ella misma?). Algo se le esconde, y ella a veces trata de estirar una mano mental para atrapar un recuerdo al vuelo, cosa imposible; imposible tener acceso a ese rincén de su cerebro donde se agazapa la memoria. Por eso nada encuentra: bloqueada la memoria, enquistada en si misma como en una defensa. La fotografia La foto esta alli para atestiguarlo, sobre la mesita de luz. Ella y é! mir&ndose a los ojos con aire nupcial. Ella tiene puesto un velo y tras el velo una expresion difusa. El ‘en cambio tiene el aspecto triunfal de los que creen que han liegado. Casi siempre él -casi siempre cuando lo tiene al alcance de la vista— adopta ese aire triunfal de los que creen que han llegado. Y de golpe se apaga, de golpe ‘como por obra de un interruptor se apaga y el triunfo se convierte en duda o en algo mucho mas opaco, dificilmente explicable, insondable. Es decir: ojos abiertos pero como con la cortina baja, ojos herméticos, fjos en ella y para nada viéndola, 0 quizé sdlo viendo lo que ella ha perdido en alguna curva del camino. Lo que ha quedado atras y ya no recuperara porque, en el fondo, de 7 Luisa Vatenzuena lo que menos ganas tiene es de recuperario. Pero camino hubo, le consta que camino hubo, con todas las condiciones atmosféricas del camino humano (las grandes tempestades). Eso de estar asi, en el presente absoluto, en un mundo que nace a cada instante o a lo sumo que nacié Pocos dias atrés (zcudntos?) es como vivir entre algodones: algo mullido y célido pero sin gusto. También sin asperezas. Ella poco puede saber de asperezas en este departamento del todo suave, levemente rosado, acompajiada por Martina que habla en voz bajisima. Pero intuye que las asperezas existen sobre todo cuando él (Juan, Martin, Ricardo, Hugo?) la aprieta demasiado fuerte, mas un estrujén de odio que un abrazo de amor 0 al menos de deseo, y ella sospecha que hay algo detras de todo eso pero la sospecha no es siquiera un pensamiento elaborado, sélo un detalle que se le cruza Por la cabeza y después nada. Después el retorno a lo mullido, al dejarse estar, y de nuevo las bellas manos de Antonio 0 como se llame acariciéndola, sus largos brazos laxos alrededor del cuerpo de ella teniéndola muy cerca pero sin oprimirla Los nombres El a veces le parece muy bello, sobre todo cuando lo tiene acostado a su vera y lo ve distendido, —Daniel, Pedro, Ariel, Alberto, Alfonso —1o llama con suavidad mientras lo acaricia. —Mas —pide é! y no sabe si es por las caricias por la sucesién de nombres. Entonces ella le da mas de ambos y es como si le fuera bautizando cada zona del cuerpo, hasta las mas ocultas. Diego, Esteban, José Maria, Alejandro, Luis, Julio, y el manantial de nombres no se agota y él sonrie con una paz que no es del todo sincera. Algo esta alerta 18 Cambio de armas detrés del dejarse estar, algo agazapado dispuesto a saltar ante el mas minimo temblor de la voz de ella al pronunciar un nombre. Pero la voz es monocorde, no delata emocién alguna, no vacila. Como si estuviera recitando una letania: José, Francisco, Adolfo, Armando, Eduardo, y él puede dejarse deslizar en el suefio sintiendo que es todos esos para ella, que cumple todas las funciones. Sélo que todos es igual a ninguno y ella sigue recitando nombres largo rato después de saberlo dormido, recitando nombres mientras juega con el abtlico, entristecido resto de la maravilla de él. Recitando nombres como ejercicio de la memoria y con cierto deleite El de los infinitos nombres, el sinnombre duerme y ella puede dedicarse a estudiarlo hasta el hartazgo, sensacién esta que muy pronto la invade. El sinnombre parece dividir su tiempo con ella entre hacerle el amor y dormir, y es una division despareja: la mayor parte de las horas duerme. Aliviado, si, zpero de qué? Hablar casi ni se hablan, muy pocas veces tienen algo que decirse: ella no puede siquiera rememorar viejos tiempos y él actda como si ya conociera los viejos tiempos de ella o como si no le importaran, que es lo mismo. Entonces ella se levanta con cuidado para no despertario ~como si fuera facil despertarlo una vez que 61 se ha entregado al suefio~ y desnuda se pasea por el dormitorio y a veces va a la sala sin preocuparse por Martina y se queda largo rato mirando la puerta de salida, la de los miltiples cerrojos, preguntandose si Uno y Dos seguirdn siempre alli, si estarén durmiendo en el umbral como perros guardianes, si serén sélo sombras y si podran llegar a ser sombras amigas de esta mujer extrafia. Extrafia es como se siente. Extranjera, distinta. gDistinta de quiénes, de las demas mujeres, de si misma? Por eso corre de vuelta al dormitorio a mirarse en el gran 19 Luisa VaLenzueta espejo del ropero. Alli esta, de cabo a rabo: unas rodillas mas bien tristes, puntiagudas, en general muy pocas redondeces y esa larga, inexplicable cicatriz que le cruza la espalda y que sélo alcanza a ver en el espejo. Una cicatriz espesa, muy notable al tacto, como fresca aunque ya esté bien cerrada y no le duela. {Cémo habra llegado ‘ese costurén a esa espalda que parece haber sufrido tanto? Una espalda azotada. Y la palabra azotada, que tan lindo suena si no se la analiza, le da piel de gallina. Queda asi pensando en el secreto poder de las palabras, todo para ya no, eso si que no, basta, no volver a la obsesién de la fotografia. No volver y vuelve, claro que vuelve, es lo tinico que le atrae en toda esa casa pequefia y célida y ajena, Completamente ajena con sus tonalidades pastel que no pueden haber sido elegidas por ella aunque zqué hubiera elegido ella? Tonos mas indefinidos, seguramente, colores solapados como el color del sexo de él, casi marrén de tan oscu Y dentro de esa casa por demas ajena, ese elemento personal que es lo menos suyo de todo: la foto de casamiento. El esta alli tan alerta y ella luciendo su mejor aire ausente tras el velo. Un velo sutilisimo que s6lo le ilumina la cara desde fuera, marcdndole la nariz (la misma que ahora contempla en el espejo, que palpa sin reconocerla para nada como si le acabara de crecer sobre la boca, Una boca algo dura hecha para una nariz menos liviana). Laura, que todos los dias sean para nosotros dos iguales a este feliz dia de nuestra unién. Y la firma bien legible: Roque. Y es ella en la foto, no queda duda a pesar del velo, ella la llamada Laura. Por lo tanto, él: Roque. Algo duro, granitico. Le queda bien, no le queda bien: no cuando é! se hace de hierbas y la envuelve. 20 Cambio do armas La planta Tiene ya un recuerdo y eso la asombra mas que nada, Un recuerdo feliz, si, con una amargura que le va creciendo por dentro como una semilla, algo indefinible: exactamente como deberian ser los recuerdos. Nada demasiado lejano, claro que no, ni demasiado enfatico. Sélo un recuerdito para abrigarla tiernamente en las horas de insomnio. Se trata de la planta. Esa planta que est alll en la maceta con sus hojas de nervaduras blancas; hojas bellas, hierdticas, oscuras, muy como él, muy hecha a imagen de él aunque la haya elegido Martina, También Martina es oscura y hierdtica y cada cosa en su lugar -una hoja a la derecha, una a la izquierda, alternativamente- y a Martina si que la eligié él, la deben de haber fabricado a medida para él, porque de haber sido por ella tendria a su lado una mujer con vida, de esas que cantan mientras barren el piso. En cambio él eligid a Martina y Martina eligié la planta después de largo conciliébulo y la planta llegé con una flor amarilla, tiesa, muy bella, que se fue marchitando por suerte, como corresponde a una flor por mas tiesa y més bella que sea. Martina en cambio no se marchita, sélo levant6 una ceja 0 quizd las dos en sefial de asombro cuando ella la llamé y le dijo: Quiero una planta, Ella sabia que la respuesta al quiero solia ser mas ‘0 menos inmediata: quiero un cafecito, unas tostadas, una taza de té, un almohadén, y lo querido (requerido) llegaba al rato sin complicacién alguna. Pero pedir una planta, al parecer, era salirse de los carriles habituales y Martina no ‘supo cémo manejarlo. Pobre sefiora, para qué querra una planta, pobre mujer enferma, pobre tonta. Y pensar que quiza podria pedir cosas mas sustanciosas y menos desconcertantes, algo de valor por ejemplo, aunque vaya una a saber si de ese hombre se podia esperar algo mas 2 Luisa VaLenzueta que exigencias. Pobre mujer encerrada, pobre idiota. Cuando el sefior llegé al dia siguiente Martina le comunicé en secreto que la sefiora pedia una planta, 2 Qué tipo de planta? —No sé, sélo dijo una planta, no creo que quiera alguna en especial —ZY para qué querré una planta? —Vaya una a saber. Para regarla, para verla crecer. Quizé extrafie el campo. —No me gusta que extrafie nada, no le hace bien, zTomé todos los medicamentos? Tampoco tiene por qué estar pensando en el campo.... {Qué tiene que ver ella con el campo, me pregunto? Asi que tréigale una plantita si eso la va a ser feliz, pero una planta para nada campestre. Algo bien ciudadano, si entiende lo que quiero decir. Comprela en una buena floreria, Estaban en la cocina, como tantas veces, discutiendo los pormenores del funcionamiento de la casa que aparentemente no concernian a la Itamada Laura. Pero ella oyé la conversacién sin querer ~o quiza ya queriendo, ya tratando de indagar algo, tratando sin saberlo de entender lo que le estaba pasando. El hecho es que cuando por fin lleg6, la planta parecia artificial pero estaba viva y crecia y la flor iba murigndose y eso también era la vida, sobre todo eso, la vida: una agonia desde el principio con algo de esplendor y bastante tristeza Cuando habra brillado el esplendor de ella? zHabré pasado ya el momento o estara por llegar? Preguntas que suele formularse en un descuido para desecharlas de inmediato porque alli no radica el problema, el Unico problema real es el que aflora cuando se topa sin querer con su imagen ante el espejo y se queda largo rato frente a si misma, tratando de indagarse, 2 Cambio de armas Los espejos Se trata de una multiplicacién inexplicable, multiplicacién de ella misma en los espejos y multiplicacion de espejos -la mas desconcertante-. El ultimo en aparecer fue el del techo, sobre la gran cama, y él la obliga a mirarlo y por ende a mirarse, boca arriba, con las, piemnas abiertas. Y ella se mira primero por obligacion y después por gusto, y se ve alla arriba en espejo del cielo raso, volcada sobre la cama, invertida y lejana. Se mira desde la punta de los pies donde él en este instante le est trazando un mapa de saliva, se mira y recorre -sin asumirlos del todo- sus propias piernas, su pubis, su ombligo, unos pechos que la asombran por pesados, un cuello largo y esa cara de ella que de golpe le recuerda a la planta (algo vivo y como artificial), y sin querer cierra los, ojos. —Abri los ojos —ordena él que ha estado observando observarse alla arriba. —Abri los ojos y mird bien lo que te voy a hacer porque es algo que merece ser visto. Y con la lengua empieza a treparsele por la piemna izquierda, la va dibujando y ella all arriba se va reconociendo, va sabiendo que esa pierna es suya porque la siente viva bajo la lengua y de golpe esa rodilla que est4 observando en el espejo también es suya, y mas que nada la comba de la rodilla -tan sensible, y el muslo, y seria muy suya la entrepierna si no fuera porque él hace un rodeo y se aloja en el ombligo jegui mirando! y resulta doloroso el seguir mirando, y la lengua sube y é! la va cubriendo, tratando eso si de no cubrirla demasiado, dejandola verse en el espejo del techo, y ella va descubriendo el despertar de sus propios pezones, ve su boca que se abre como si no le perteneciera pero si, le pertenece, siente esa boca, y por el cuello la lengua que va dibujando le llega hasta la misma boca pero solo un 23 Luise VALeNzuewa instante, sin gula, s6lo el tiempo de reconocerla y después la lengua vuelve a bajar y un pezén vibra y es de ella, de ella y mas abajo también los nervios se estremecen y la lengua esté por llegar y ella abre bien las piernas, del todo separadas y son de ella las piernas aunque respondan a tun impulso que ella no ordené pero que partié de ella, todo un estremecimiento deleitoso, tan al borde de! dolor justo cuando la lengua de él alcanza el centro del placer, un estremecimiento que ella quisiera hacer durar apretando bien los parpados y entonces él grita —iAbri los ojos, puta! y es como sila destrozara, como si la mordiera por dentro -¥ quizé la mordié— ese grito como si él le estuviera retorciendo el brazo hasta rompérselo, como si le estuviera pateando la cabeza. Abri los ojos, cant, decime quién te manda, quién dio la orden, y ella grita un no tan intenso, tan profundo que no resuena para nada en el Ambito donde se encuentran y él no alcanza a olrlo, un no que parece hacer estallar el espejo del techo, que multiplica y mutila y destroza la imagen de él, casi como un balazo aunque él no lo perciba y tanto su imagen como el espejo sigan alli, intactos, imperturbables, y ella al exhalar el aire retenido sople Roque, por primera vez el verdadero nombre de él, pero tampoco eso oye él, ajeno como esta a tanto desgarramiento interno. La ventana De nuevo sola, su estado habitual io otro es un accidente, él es un accidente en su vida a pesar de que puede darle todo tipo de nombres-. Ella sola, como debe ser, de lo mas tranquila. Sentada ante la ventana con una estéril pared blanca frente a sus ojos y vaya una a saber qué oculta esa pared, quizé lo oculte a él. 24 Cambio de armas La ventana tiene marco de madera pintado de blanco y la pared de enfrente es también bianca con diversas chorreaduras de hollin fruto de muchas lluvias. Calcula que debe ser un quinto o sexto piso, pero no puede asomarse porque a la ventana le falta el picaporte y sélo él puede abriria, cuando esta presente. Poco importa. Ella no necesita de aire fresco y asomarse le producirla vértigo dificilmente controlable. Y de golpe lo imagina a é1 paseando por las calles con un picaporte covalado de ventana en el bolsillo, picaporte como un arma para apretar en el pufio y pegar la trompada. zArma, calle, pufio? Por qué se le ocurriran esas ideas. La nocién de calle no es en realidad la que mds la perturba. La nocién de arma, en cambio...Un arma por la calle, una bomba de tiempo, 61 caminando por la calle cuando explota la bomba de tiempo que lo estaba esperando. Un estampido, y 61 caminando por la calle oscura y en su bolsillo el picaporte de la ventana, objeto ovalado, macizo, casi huevo de bronce y esta ventana aqui, tan desreveladora, ventana que en lugar de abrir un panorama lo limita. El en cambio si seria capaz de revelarle unas cuantas verdades, pero la verdad nada tiene que ver con él, que sdlo dice lo que quiere decir y lo que quiere decir nunca es lo que a ella le interesa. Posiblemente la verdad no sea importante para él. El tiene esas cosas pero también otras: hay su manera de mirarla cuando estan juntos, como queriendo absorberla, metérsela bien adentro y protegerla de ella misma. Hay ese lento ritual del desvestirla, lentamente para encontrarla en cada centimetro de piel que aflora tras cada botén que desabrocha Por momentos ella sospecha que podria tratarse del llamado amor. Sentimiento por demas indefinido que le va cteciendo como un calor interno de poca duracién y que Fy Luise VaLeNzuELA en sublimes oportunidades se enciende en llamaradas. Nada indica sin embargo que se trate en verdad de amor, ni aun las ganas que a veces la asaltan, ganas de que él llegue de una vez y la acaricie. Es ésta su Unica forma de saberse viva: cuando la mano de él la acaricia o su voz la conmina: movéte, puta. Decime que sos una perra, una arrastrada. Decime cémo te cogen los otfos gas! te cogen? Contame cémo. O quiza por eso, justamente, por la voz de él que le dice cosas de estar en otra parte. Y ella, a veces, tentada de contestarle: proba, hacé entrar a los dos tipos que tenés afuera. Asi al menos sabré que existen otros hombres, otros cogibles. Pero ésta es la clase de pensamiento que prefiere callar, al menos a sabiendas, porque por otro lado esté esa zona oscura de su memoria (Lmemoria?) que también calla y no precisamente por propia voluntad. El pozo negro de la memoria, quizé como una ventana a una pared blanca con ciertas chorreaduras. El nada le va a aciarar y en titima instancia ¢qué le importa a ella? Le importan tan sélo estar alli, regar su planta que parece de plastico, encremarse la cara que parece de plastico, mirar por la ventana esa pared descascarada Los colegas Después esté él de nuevo alli y puede haber variantes. —Van a venir unos amigos mios mafiana a tomar unos tragos —le dice como al descuido. —<{Trago? —pregunta ella. —Si, claro. Un whisky nada més, antes de comer, no se van a quedar mucho rato, no te preocupes. eWhisky? esté a punto de repetir pero se contiene a tiempo, Cambio de armas —{Qué amigos? —se le escapa justo cuando esta tratando de callarse y quiz sea mejor asi para aclarar algo. Y élse digna contestarle. Por una vez se digna alzar la cabeza, responder con paciencia a su pregunta, hacer como si ella existiera’ —Bueno, tanto como amigos no son. Tres 0 cuatro colegas, nada mas, por un ratito, para que te distraigas un poco. Raro, piensa la llamada Laura. Colegas, distraerme, un ratito, {Desde cuando tantas consideraciones para ella? Y después él le larga lo verdaderamente asombroso: —Mird, te voy a comprar un vestido nuevo. Asi los recibis contenta y mona. —{Me tengo que poner contenta con un vestido nuevo? 2Un vestido nuevo es algo? izas! el tipo de preguntas que él detesta, Para tratar de remediarlo, agrega —Pero me alegra que vengan tus compafieros. —Colegas —corrige él con determinacién. —Bueno, colegas. Voy a aprender nuevos nombres, te voy a llamar de otras maneras. —Ni se te ocurra, son todos nombres feos, no quiero escucharlos. Ademés, alguna vez podrias hacer el esfuerzo de llamarme por mi verdadero nombre, 2no? Digo, para variar. Al dia siguiente él le trae el vestido nuevo que si es bonito y evidentemente caro. Ella esta mona, sonriendo para adentro, y los colegas de irrepetibles nombres llegan todos al mismo tiempo, entran con paso por asi de marcial y la llaman Laura al tenderle la mano. Ella acepta las manos tendidas, inclina la cabeza ante el nombre de Laura también como aceptandolo y él y sus colegas se sientan en los sillones y empiezan @ examinarla 2 Luise VALenzveLa Mas que nada las insistentes preguntas sobre su salud le producen una extrafia incomodidad que no logra entender. —Se siente bien, ahora? Su esposo nos conté que habia tenido problemas con la espalda, .ya no le duele la columna? Y esas frases dichas al azar: es usted muy bonita, tiene una nariz perfecta... Y esas preguntas como un interrogatorio, que empiezan {Usted piensa que...? y ella sabe que encierran la otra, la verdadera: {Usted piensa? Y ella tratando de controlarse lo mejor posible, no queriendo fallar en este primer examen aunque no sabe muy bien por qué piensa en interrogatorios y examenes, ni por qué la idea de fallar © no fallar puede importarle. Y acepta un trago —apenitas un dedo (no tomés demasiado, no te va hacer bien con tus remedios, le susurra él casi carifioso) -y gira la cabeza cuando alguno la llama Laura y escucha con esmero, —...fue aquella vez que pusieron las bombas en los cuarteles de Palermo crecuerda? estaba diciendo uno y naturalmente se dirigié a ella para hacer la pregunta, —No, no recuerdo. En verdad no recuerdo nada. —Si, cuando la guerilla en el norte. {Usted es tucumana, no? Cémo no se va a acordar. Y el sinnombre, con los ojos fijos en su vaso: —Laura ni lee los diarios. Lo que ocurre fuera de estas cuatro paredes le interesa muy poco. Elia mira a los demés sin saber si sentirse orgullosa © indignarse. Los otros a su vez la observan, pero darle clave alguna para orientar su conducta. Cuando por fin los colegas se van después de mucha charla ella queda como vacia y se saca el vestido nuevo queriendo despojarse. El la observa con el aire del que est conforme con su propia obra. De golpe ella siente ganas de vomitar, quizé por culpa de ese minimo 28 Cambio de armas dedo de whisky, y él le alcanza una pastilla distinta de las que le hace tragar habitualmente. Uno y Dos permanecen afuera, como siempre. Los oye cuchichear en el pasillo. Quizé acompafiaron a los invitados hasta la planta baja y ahora estan alli de vuelta, si sefior, los esta oyendo y sabe que sdlo se iran cuando él se vaya. Y ella quedaré de nuevo sola como corresponde, hasta que él vuelva a presentarse porque la cosa es asi de recurrente, un tipo dentro y dos afuera, uno dentro de ella para ser mas precisa y los otros dos como si también lo estuvieran, compartiendo su cama. El pozo Los momentos de hacer el amor con él son los tinicos que en realidad le pertenecen. Son verdaderamente suyos, de la llamada Laura, de este cuerpo que esta acd -que toca- y que la configura a ella, toda ella. Toda? gno habra algo mas, algo como estar en un pozo oscuro y sin saber de qué se trata, algo dentro de ella, negro y profundo, ajeno a sus cavidades naturales a las que él tiene facil acceso? Un oscuro, inalcanzable fondo de ella, el aqui-lugar, el sitio de una interioridad donde esta encerrado todo lo que ella sabe sin querer saberlo, sin en verdad saberlo y ella se acuna, se mece sobre la silla, y el que se va durmiendo es su pozo negro, animal aquietado. Pero el animal existe, esta dentro del pozo y es a la vez el pozo, y ella no quiere azuzarlo por temor al zarpazo. Pobre negro profundo pozo suyo tan mal tratado, tan dejado de lado, abandonado. Ella pasa largas horas dada vuelta como un guante, metida dentro de su propio ozo interno, en una oscuridad de Utero casi tibia, casi humeda. Las paredes del pozo a veces resuenan y no importa lo que intentan decirle aunque de vez en cuando ella parece recibir un mensaje -un latigazo- y siente 29 Luisa VaLenzueta como si le estuvieran quemando la planta de los pies y de golpe recupera la superficie de si misma, el mensaje es demasiado fuerte para poder soportarlo, mejor estar fuera del pozo negro tan vibrante, mejor reintegrarse a la pieza color rosa bombén que segtin dicen es la pieza de ella, En la pieza puede estar él 0 no estar, generalmente no esta y sola se repliega en si misma: ahora les sonrle a los multiples espejos que le devuelven algo asi como un conocimiento que ella rechaza de plano. El reaparece entonces, y cuando esta tierno el pozo se convierte en un agujerito de luz alld lejos en el fondo, y cuando esta duro y aprensivo el pozo abre su boca de abismo y ella se siente tentada de saltar pero no salta Porque sabe que la nada dentro de los pozos negros es peor que la nada fuera de ellos. Fuera del pozo la nada con aquel que las apariencias sefialan como su hombre. Con él y con el agujerito en que se va convirtiendo su pozo y a través del cual espia para verlo a él, reticulado. A é! detras del agujerito, tras dos finos hilos en cruz que lo centran. A través del agujerito-pozo lo ve a él como tras una mira y eso no le gusta nada. 2Quién de los dos sostiene el rifle? Ella, aparentemente; é! esta cuadriculado por la mira y ella lo ve asi sin entender muy bien por qué y sin querer cuestionarse. El le sonrie del otro lado de la mira y ella sabe que va a tener que bajar una vez mas la guardia. Bajar la guardia y agachar la testuz: cosas, a las que se va habituando poco a poco. El rebenque —Miré que bonito— le va diciendo é! mientras desenvuelve el paquete. Ella lo contempla hacer con cierta indiferencia. Hasta que del paquete surge, casi inmaculado, casi inocente, un rebenque de los buenos. 30 Cambio de armas De cuero crudo, flamante, de lonja ancha y cabo espeso, casi un talero. Y ella que no sabe de esas cosas, que ha olvidado los caballos -si es que alguna vez los conocié de cerca- ella se pone a gritar desesperada, a aullar como si fueran a destriparia o a violarla con ese mismo cabo del talero. Quizd después de todo ésa era no mas la intencién de él, traerse un reemplazante. O quiza habia sofiado con pegarle unos lonjazos o quizé gpor qué no? pedirle a ella que le pegue 0 que lo viole con el cabo. Los gritos de la mujer lo frenan en plena ensofiacion inconfesable. Ella sollozando en un rincén como animal herido, més le vale dejar el rebenque para otro momento. Por eso recupera el papel que ha tirado al canasto, lo plancha con la palma de la mano y envuelve una vez mas el rebenque. Para no oir los gritos. —No quise perturbarte —Ie dice, y es como si ella no lo oyera porque son palabras tan ajenas a él Disculpame, fue una idea estipida. EI pidiendo disculpas, algo inimaginable pero asi es: cilpame, calmate, ron ron, casi dice él como un gato y la idea de gato la envuelve a ella con tibieza y detiene de manera instantanea sus convulsiones. Ella piensa gato y se aleja de él. Desde el mismo rincén donde se ha refugiado parte hacia otros confines donde todo es abierto y hay cielo y hay un hombre que de verdad la quiere ~sin rebenque-, es decir hay amor. Sensacién de amor que le recorre la piel como una mano y de golpe ese horrible, inundante sentimiento: el amado esté muerto. ¢Cémo puede saber que esta muerto? 4Cémo saber tan certeramente de su muerte si ni ha logrado darle un rostro de vida, una forma? Pero lo han matado, lo sabe, y ahora le toca a ella solita llevar adelante la misién; toda la responsabilidad en manos de ella cuando lo tinico que hubiera deseado era morirse junto al hombre que queria. 3t Luisa VALENZUELA Una compleja estructura de recuerdos/sentimientos la atraviesa entre lagrimas, y después, nada. Después sentir que ha estado tan cerca de ia revelacién, de un esclarecimiento, Pero no vale la pena llegar al esclarecimiento por vias del dolor y més vale quedarse asi, como flotando, no dejar que la nube se disipe. Mullida, protectora nube que debe tratar de ‘mantener para no pegarse un porrazo cayendo de golpe en la memoria Solloza en sordina y él le pasa la mano por el pelo tratando de devolverla a esta zona del olvido. Le pasa la mano por el pelo y le va diciendo con voz edulcorada —No pienses, no te tortures, veni conmigo, asi estas bien, no cierres los ojos. No pienses. No te tortures (dejéme a mi torturarte, dejéme ser duefio de todo tu dolor, de tus angustias, no te me escapes). Te voy hacer feliz cada vez mas feliz. Olviddte de este maldito rebenque. Ni pienses mas en él zves? lo vamos a tirar, |o voy a hacer desaparecer para que no te angustiés mas de lo necesario. Se dirige lentamente hacia la puerta de entrada, atraviesa el living con el rebenque (el paquete que ahora contiene el rebenque) en la mano. Saca las llaves del bolsillo —zpor qué no usard las otras que estan al alcance de su mano sobre la repisa? se pregunta ella— abre la puerta y con gesto mas o menos teatral arroja fuera el paquete que cae con ruido blando, de goma. Ves, ya desaparecié, le dice como a un chico. Y ella, desconfiada como un chico, sabe que no, que del otro lado de la puerta estén Uno y Dos dispuestos a recibir todo lo que les sea arrojado por él, listos a echarse sobre el paquete como animales de presa. Uno y Dos. Ella no los olvida, son presencias constantes a pesar de ser tan ajenos a ella. Ajenos como esas llaves sobre la repisa, presentes y ajenos como ha pasado a ser ahora el rebenque por el simple hecho de 32 Cambio de armas haberle despertado tamafia desesperacién. De haber sido un detonante. All estén esas cargas suyas, cargas de profundidad que explotan cuando menos se lo espera por obra de uno de esos detonantes. Explotan por simpatia como se dice, por vibrar al unisono 0 quizé todo lo contrario: por un choque de vibraciones encontradas. El hecho es que la explosion se produce y ella queda asi, desconectada, en medio de sus propios escombros, sacudida por la culpa de la onda expansiva 0 de algo semejante. La mirilla No es una sensacién nueva, no, es una sensacién antigua que le viene de lejos, de antes, de las zonas anegadas. Casi un sentimiento, un saber extrafio que s6lo ogra perturbaria: la nocién de que existe un secreto. Y zcual sera el secreto? Algo hay que ella conoce y sin embargo tendria que revelar. Algo de ella misma muy profundo, prohibido. Se dice: ocurre igual con todo ser humano. Y hasta esta idea la perturba. Qué ser lo prohibido (reprimido)? zDénde terminard el miedo y empezara la necesidad de saber 0 viceversa? El conocimiento del secreto se paga con la muerte, zqué sera ese algo tan oculto, esa carga de profundidad tan honda que mejor seria ni sospechar que existe? El a veces la ayuda negandole todo tipo de asistencia. No asistiéndola est dandole en realidad una mano para entreabrir sus compuertas interiores. Querer saber y no querer. Querer estar y no querer estar, al mismo tiempo. El le ha brindado mas de una vez la posibilidad de verse en los espejos y ahora le esta por 33 Luise VALenzueLa dar la nueva posibilidad bastante aterradora de verse en los ojos de los otros. Lentamente la va desvistiendo en el living y el momento ya llega. Ella no se explica muy bien cémo lo ha sabido desde un principio ~quiza el hecho inusitado de que esté desvistiéndola en el living y no en el dormitorio-. Reciinandola contra el sofé frente a la puerta de entrada, desvistiéndose también él sin decir palabra, un mundo ritual aparentemente destinado a otros ojos. Y de golpe si, él se aleja del sofé, camina desnudo hacia la puerta, levanta la tapa de la mirilla esa minima tapa rectangular de bronce- y la deja trabada en alto. Asi no mas de simple, un acto que parece no tener justificacién alguna Pero después vacila, vacila antes de dar media vuelta y ditigitse de nuevo hacia ella, como si no quisiera darle la espalda a la mirilla sino mas bien hacerle frente, apuntar con su soberbia ereccién Ella nada puede ver del otro lado de ese enrejadito que constituye la mirilla pero los presiente, los huele, casi: el ojo de Uno 0 el ojo de Dos pegado a la mila, observandolos, sabiendo lo que esté por venir y relamiéndose por anticipado. Y él ahora se va acercando lentamente, esgrimiendo su oscuro sexo, y ella se agazapa en un Angulo del sofé con las piernas recogidas y la cabeza entre las piernas como animal acorralado pero quiza no, nada de eso: no animal acorralado sino mujer esperando que algo se desate en ella, que venga pronto el hombre a su lado para ayudarla a desatar y que también ayuden esos dos que estén afuera prestandole tan s6lo un ojo nico a toda la emocién que la sacude. El apareamiento se empieza a volver cruel, elaborado, y se estira en el tiempo. El parece querer pattirla en dos a golpes de anca y en medio de un estertor se frena, se retira, para volver a penetrarla con safia, trabandole todo movimiento o hincandole los dientes. 34 Cambio de armas Ella a veces quiere sustraerse de este maremoto que la arrasa y se esfuerza por descubrir el ojo del otro lado de la mirilla. En otros momentos ella se olvida del ojo, de todos los ojos que probablemente estén alli afuera ansiosos por verla retorcerse, pero él grita una Unica palabra —perra— y ella entiende que es alrededor de ese epiteto que él quiere tejer la densa telarafia de miradas. Entonces un gemido largo se le escapa a pesar suyo y él duplica sus arremetidas para que el gemido de ella se transforme en aullido Es decir que afuera no sélo hay ojos, también hay oidos. Afuera quiza no sdlo estén Uno y Dos, afuera también esos ciertos colegas. Afuera, Para lo que les pueden servir ojos, oldos, dientes, manos, a esos que estén del otro lado de la puerta y no pueden transgredir el limite, Y a causa de ese limite, delinedndolo, é! la sigue poseyendo con furia y sin placer. La da vueltas, la tuerce, y de golpe se detiene, se separa de ella y se pone de pie. Y empieza a caminar otra vez por el salén, fiera enjaulada, desplegando toda su vitalidad de animal insatisfecho. Rugiendo. Ella piensa en la muchedumbre de afuera que los estar observando -observandola a ella~ y por eso lo llama de vuelta a su lado, para que la cubra con su cuerpo, no para que la satisfaga. Cubrirse con el cuerpo de 61 como una funda. Un cuerpo ~y no el propio, claro que no el propio— que le sirva de pantalla, de mascara para enfrentar a los otros. O no: una pantalla para poder esconderse de los otros, desaparecer para siempre tras 0 bajo otro cuerpo. ZY total para qué? si ya esta desaparecida desde hace tanto tiempo: los otros siempre del otro lado de la puerta con sélo una mirilla exigua para acercarse a ella. “Comunicarse? Nada de eso, y entonces presiente sin aclararselo demasiado, vislumbra como en una nebulosa, que a los otros -los de afuera— sélo puede 35 Luise VALENZUELA transmitifes su calor por interpésita persona, a través de 61 que est alli s6lo para servir de puente con los otros, los, de afuera, Cansado de bramar é! vuelve al lado de ella y se pone a acariciarla en inesperado cambio de actitud. Ella deja que las caricias la invadan, que cumplan su cometido, que hasta el ultimo de sus nervios responda a las caricias, que las vibraciones de esas mismas caricias galopen por su sangre y finalmente estallen. Quedan entonces los dos cuerpos tirados sobre el sofé y la mirilla se oscurece como si le faltara la claridad de una mirada, Al rato Martina entra sigilosamente y los cubre a los dos con una manta Las llaves Mas tarde él se va. El est siempre yéndose, cuando ella lo ve de pie lo ve siempre de espaldas dirigiéndose a la puerta, y su despedida real es siempre el ruido de la llave que vuelve a clausurar la salida dejandola a ella dentro. Ella no se deja engafiar més por esas llaves, las otras, las que estén sobre la repisa al lado de la puerta: sabe aun sin haberlas probado que no corresponden para nada a la cerradura, que esas llaves estén colocadas alli como una trampa 0 mas bien como un sefiuelo y pobre de ella el dia que se anime a tocarlas. Por eso ni se les acerca, contrariando la tentacién de estirar la mano y hasta de hablarles como a amigas. ¢Qué culpa tienen las pobres de estar tendiéndole una celada? Lo ha pescado mas de una vez ausculténdolas de reojo al entrar para asegurarse de que siguen en la posicién exacta. El polvo se acumula sobre las pobres llaves, Martina sélo puede soplarlas un poco y pasarles un levisimo plumero como si estuvieran hechas de un cristal muy delicado. 36 Cambio de armas ‘También al irse él comprueba si las llaves siguen en eu puesto de guardia a un pasito no més de las cerraduras a las que no corresponden, y después cierra la puerta y echa doble vuelta con las llaves de él que son las buenas y la deja a ella fa llamada Laura- libre para poder hundirse una vez mds en ese pozo oscuro donde no existe el tiempo. Las voces Sélo existe el sonido del reloj, el tic tac sincopado del reloj, y es como una presencia. Tantas como presencias, entonces, y ninguna presencia verdadera, ninguna voz que la llame para arrancarla a ella de ella misma. No que la voz de él no la tame a menudo. No que la voz de él no le grite su nombre de Laura, a veces desde lejos (desde la otra pieza) 0 Ie grite ahi nomas al oido cuando esté encima de ella, llamandola porque si, imponiéndole su presencia -la presencia de ella~, la obligacién de estar alli y de escucharlo. iempre es asi con él, Juan, Mario, Alberto, Pedro, Ignacio, como se ilame. De nada vale cambiarle el nombre porque su voz es siempre la misma y son siempre las mismas exigencias: que ella esté con él pero no demasiado. Una ella borrada es lo que él requiere, un ser maleable para armarlo a su antojo. Ella se siente de barro, diictil bajo las caricias de él y no quisiera, no quiere para nada ser dictil y cambiante, y sus voces interas aullan de rabia y golpean las paredes de su cuerpo mientras é! va moldeandola a su antojo. Cada tanto le dan a ella estos accesos de rebeldia que tienen una estrecha relacién con el otro sentimiento llamado miedo. Después, nada; después como si hubiese bajado la marea dejando tan sélo una playa humeda un poquito arrasada, 37 Luisa VaLenzueLa Ella vaga descalza por la playa himeda tratando de recomponerse del horror que ha sentido durante la pleamar. Tantas olas cubriéndola y no logran despejarle la cabeza, Vienen las olas y dejan una resaca estéril, salobre, sobre la que slo puede crecer una especie indefinida de terror amenguado. Ella vaga por la playa himeda y es al mismo tiempo la playa -ella a veces su propia playa, su remanso- y por lo tanto no barro sino arena himeda que él quisiera modelar a su antojo. Toda ella arena himeda para que él pueda ir construyendo castillos como un nifio. Haciéndose ilusiones. Ela veces emplea su voz para estos menesteres y fa nombra y le va nombrando cada una de sus partes en Un intento poco claro de rearmaria. Es ésa la voz que a veces la llama sin poder Penetrar su cascara. Después viene la sonrisa: la sonrisa de I algo forzada, Sdlo cuando rie -en las raras, muy contadas ocasiones en que rie~ algo parece despertarse en ella y no es algo bueno, es un desgarramiento muy profundo por demas alejado de la risa Es decir que poco aliciente hay para lamarla a la superficie de ella misma y arrancarla de su pozo oscuro, En todo. caso nada que venga de fuera del departamento aunque en este instante si, un timbre insistente la trae de golpe al aqui y ahora. Algo inusitado ese timbre que no cesa, alguien que desesperadamente quiere hacerse oly entonces él se dirige cauteloso a la puerta para ver qué Pasa y ella puro nervio, toda alerta, oye las voces de los otros sin tratar de comprenderias. —Coronel, perdén, sefior. Mi coronel. Hay levantamiento. No teniamos otra manera de avisarle. Se sublevaron, Avanzan con tanques hacia su cuartel. Parece que el Regimiento Ill de Infanteria esta con ellos. Y la Marina, Se levantaron en armas. Coronel, Perdén, sefior. No sabiamos cémo avisarle. 38 Cambio de armas Else viste a las apuradas, se va sin despedirse de ella como tantas otras veces. Mas precipitado, eso si, tal vez olvidando echar llave a la puerta. Pero sélo eso. Aella no le preocupan otros detalles. Ni las voces escuchadas que siguen vibrando como un sonido inesperado, anhelante, que ella no trata de interpretar. zInterpretar? zPara qué? {Para qué tratar de entender lo que esta tan lejos de su magra capacidad de comprensin? El secreto (los secretos) Ella sospecha -sin querer formularselo demasiado— que algo esta por saberse y no deberia saberse. Hace tiempo que teme la existencia de esos secretos tan profundamente arraigados que ya ni le pertenecen de puro inaccesibles. ‘A veces quisiera meter la mano en sus secretos y hurgar un poquito, pero no, nada de eso, més vale dejarlos como estén: en un agua estancada de profundidad insondable. Y entonces le da por volverse voraz en materia de alimentos y a cada rato le pide a Martina un café con leche, unas galletitas, frutas, y Martina seguramente se dice: pobre mujer, va a perder su forma, engulle y engulle y No se mueve o se mueve tan poco. Y el sefior que no vuelve Ni Martina ni ella mencionan sin embargo a ausencia del sefior que se esté haciendo por demas prolongada. Ella no quiere ~0 no puede~ recordar las voces que oyd cuando vinieron a buscarlo. Martina que habia ido al almacén nunca se enteré de nada. Martina solia aprovechar los ratos que el sefior estaba en casa para ir a comprar provisiones y ahora no sabe si dejar a la pobre loca sola o esperar un dia mas 0 irse para siempre. El sefior le ha dejado dinero suficiente como para que se sienta libre, y quizé ahora él esté 39 Luisa Vatenzueta aburrido de este juego y a ella le corresponda retirarse a tiempo y olvidarse de todo. Problemas éstos de Martina, no de la llamada Laura que ya ni del dormitorio sale, que se queda tirada sobre la cama rumiando a lo largo del dia una que otra sensacién difusa. Coronel, se repite a veces, y la palabra sélo le evoca una punzante sensacién en la boca del estémago. Mucho mas tarde, casi una semana mas tarde, él vuelve por fin y la arranca de un suefio en el que caminaba sobre las aguas del secreto sin mojarse. —Despertite —le dice sacudiéndola—. Te tengo que hablar. Es hora de que sepas. {Qué sepa qué? —No te hagas la tonta. Algo escuchaste, el otro dia. —Por lo que me importa. —Estd bien, no tiene por qué importarte, pero igual quiero que sepas. Si no, todo va a quedar a mitad de camino, —{A mitad de camino? —A mitad de camino, —No quiero saber nada, dejéme. —.Como, dejéme? zCémo no quiero saber? eDesde cuando la sefiora decide en esta casa? —No quiero. —Pues lo vas a saber todo. Mucho mas de lo que me proponia contarte en un principio. {Qué es eso de no querer? No voy a tener secretos para vos, te guste o no te guste. Y me temo que no te va a gustar en absoluto. Ella quisiera taparse los oidos con las manos, taparse los ojos, ponerse los brazos alrededor de la cabeza y estrujarla, Pero él abre el maletin que ha traido consigo y saca un bolso que a ella le llama la atencién. —{Te acordas de esta cartera? Ella sacude con vehemencia la cabeza negando ero sus ojos estan diciendo otra cosa. Sus ojos se ponen 40 Cambio de armas alertas, vives después de tanto tiempo de permanecer apagados. —Fijate lo que hay adentro. Puede que te despabile un poco. Ella mete la mano dentro del bolso pero casi de inmediato la retira como si hubiera tocado la viscosa piel de un escuerzo. —Si —la alienta él. Meté la mano, sdcalo sin asco. No, gtita de nuevo la cabeza de ella, No, no, no. Y con desesperacién se sacude hasta darse de golpes contra la pared. Queriendo darse de golpes contra la pared. El sabe qué hacer en estas circunstancias. Le da una bofetada y le grita una orden: —iSécalo, te digo! Y después, mas manso: —No muerde, no pica ni nada. Es un objeto sin vida, ‘Solo puede darle vida uno, si quiere. Y vos ya no querés Eno es cierto que no querés? —No quiero, no quiero —gime ella. Y para que todo no empiece de nuevo (la cabeza contra la pared y la bofetada) él mete su propia mano dentro del bolso de mujer y extrae el objeto. Se lo presenta en la palma, inofensivo. —Toma. Deberias conocer este revolver. Ella lo mira largo rato y él se lo esté tendiendo hasta que por fin ello lo toma y empieza a examinarlo sin saber muy bien de qué se trata. —Cuidado, esta cargado. Yo nunca ando con armas descargadas. Aunque sean ajenas. Ella levanta {a vista, lo mira a él ya casi entendiendo, casi al borde de lo que muy bien podria ser su propio precipicio. —No te preocupés, linda. Vos sabés y yo sé. Y es como si estuviéramos a mano. a Luise VALENZUELA No, no, empieza ella de nuevo sacudiendo la cabeza. No en este plano de igualdad, no con este revélver. —Si te grita él, adlla casi—. Nada puede ser perfecto si te quedas asi del otro lado de las cosas, si te negas a saber. Yo te salvé ysabés? pareceria todo lo contrario pero yo te salvé la vida porque hubieran acabado con vos como acabaron con tu amiguito, tu cémplice. Asi que escichame, a ver si salis un poco de tu lindo suefo. La revelacién Y la voz de 6! empieza a machacar, y machaca, lo hice para salvarte, perra, todo lo que hice lo hice para salvarte y vos tenés que saber asi se completa el circulo y culmina mi obra, y ella tan como un ovillo, apretada ahi contra la pared descubriendo una gotita de pintura que ha quedado coagulada, y él insistiendo fui yo, yo solo, ni los dejé que te tocaran, yo solo, ahi con vos, lastimandote, deshaciéndote, maltratandote para quebrarte como se quiebra un caballo, para romperte la voluntad, transformarte y ella que ahora pasa suavemente la yema de los dedos por la gotita, como si nada, como si en otra cosa, y 6! insistiendo eras mia, toda mia porque habias intentado matarme, me habias apuntado con este mismo revélver, Zte acordas? tenés que acordarte, y ella que piensa gotita amiga, carifiosa al tacto, mientras é! habla y dice que podia haberte cortado en pedacitos, apenas te rompi la nariz cuando pude haberte roto todos los huesos, Uuno por uno, tus huesos mios, todos, cualquier cosa, y el dedo de ella y la gotita se vuelven una unidad, una misma sensacion de agrado, y é! insistiendo, eras una mierda, una bazofia, peor que una puta, te agarraron cuando me estabas apuntando, buscabas el mejor angulo, y ella se alza de hombros pero no por é! 0 por lo que esta diciendo sino por esa gotita de pintura que se niega a responderle 42 Cambio de armas © a modificarse, y é! embalado, vos no me conocias pero igual querias matarme, tenias ordenes de matarme y me odiabas aunque no me conocias Eme odiabas? mejor, ya te iba a obligar yo a quererme, a depender de mi como una recién nacida, yo también tengo mis armas, y ahi con ella la gotita reseca de ternura y mas alld la pared lisa, impenetrable, y él tan sin inmutarse, repitiendo: yo también tengo mis armas. El desentace —Estoy muy cansada, no me cuentes mas historias, no hablés tanto. Nunca hablds tanto. Veni, vamos a dormir, Acostéte conmigo. —Estds loca zno me oiste, acaso? Basta de macanas. Se acabé nuestro jueguito gentendés? Se acabé para mi, lo que quiere decir que también se acabé para vos. Telén. Entendélo de una vez por todas, porque yo me las pico. —Te vas a ir? —Claro 40 pretendés que me quede? Ya no tenemos nada mas que decimos. Esto se acabé. Pero gracias de todos modos, fuiste un buen cobayo, hasta fue agradable. Asi que ahora tranquilita, para que todo termine bien. —Pero quedate conmigo. Veni, acostate. —{No te das cuenta que esto ya no puede seguir? Basta, reacciond. Se terminé la fara. Mafiana a la majiana te van abrir la puerta y vos vas a poder salir, quedarte, contarlo todo, hacer lo que se te antoje. Total, yo ya voy a estar bien lejos... —No, no me dejés. {No vas a volver? Quedate. El se alza de hombros y, como tantas otras veces, gira sobre sus talones y se encamina a la puerta de salida. Ella ve esa espalda que se aleja y es como si por dentro se le disipara un poco la niebla. Empieza a 43 Luise VALeNZveLa entender algunas cosas, entiende sobre todo la funcién de este instrumento negro que él llama revdlver. Entonces lo levanta y apunta 44 SimeTRIAS (1993) De entre tantas y tantas inexplicables muertes zpor qué destacar estas precisas dos? Se hace la pregunta de vez en cuando, se habla a si mismo en tercera persona y se dice por qué Héctor Bravo rescata estas dos muertes? No se aplaude por eso, pero conoce parte de la respuesta: porque entre ambas atan dos cabos del mito, cierran un circulo. Lo cual no explica los motivos de su obsesién, su empecinamiento. Y es0 quisiera olvidar. Cerrarles la puerta a los recuerdos, y sin embargo— Parece que un coronel levanté la pistola en cada caso. Las sacamos a pasear. No puede decirse que no somos humanos y hay tan pocas que nos lo agradecen, Es cierto, en parte. Nos sacan a pasear, nos traen los mas bellos asquerosos vestidos, nos llevan a los mejores asquerosos lugares con candelabros de plata a comer delicias, Ascos. No son en absoluto humanos, humanitarios menos. Apenas podemos probar las supuestas delicias, los vestidos nos oprimen la caja tordcica; de todos modos después nos restituyen al horror nos hacen vomitar lo comido nos arrancan los vestidos nos hacen devolverlo todo. Con creces. Sélo que, slo que. Un minimo de dignidad logramos mantener en algun rincén del alma y nunca delatamos a los ottos. —No, no son humanos. Hasta los mas nobles sentimientos, se dice Héctor Bravo, pueden transmutarse y perder toda nobleza. Cuando el amor llega lo ilumina todo.

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