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Derribando Fortalezas-Orlando Rivera-Con Portada 06-2022

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Derribando Fortalezas

©Derechos reservados, 2020


Orlando Rivera

Pedidos a: ministeriosunidos16@[Link]
Teléfonos: 3217850732 – 3013187736.

ISBN:
Reservados todos los derechos.
Prohibida la reproducción total o parcial, sin previa autorización
escrita del autor.

DISEÑOY DIAGRAMACIÓN
Wilson Rojas Email.

DIRECCIÓN GENERAL
Luz Elena Vanegas M.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas


fueron tomadas de la Versión Reina-Valera, revisión de 1960,
©1960 Sociedades Bíblicas Unidas.

D.C. Colombia

Apreciado Pastor y líder cristiano, puede realizar sus pedidos


a los teléfonos: 321 7850732 -
3013187736 o escribir al e-mail:
ministeriosunidos16@[Link]
Estaremos gustosos de compartir ésta y otras herramientas
de evangelización.
A los ministros y creyentes, a quienes se hallan a cargo de
extender el reino de Dios, quienes al doblar sus rodillas
para hablar con el Señor Jesús dentro de sus oraciones
tuvieron presente mi nombre para pedir su ayuda y su
bendición para mí.
TABLA DE CONTENIDO

CAPITULO I
LA LUCHA ESPIRITUAL

CAPITULO II
CONOCIENDO AL ENEMIGO

CAPITULO III
PRINCIPADOS, POTESTADES Y GOBERNADORES

CAPITULO lV
HUESTES ESPIRITUALES DE MALDAD

CAPITULO V
LA MANIFESTACION DEL REINO DE DIOS

CAPITULO VI
VICTORIA DE CRISTO EN LA CRUZ

CAPITULO VII
EFECTOS DE LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ
CAPITULO VIII
LA AUTORIDAD ESPIRITUAL

CAPITULO IX
LA REVELACION DE DIOS A TRAVES DE LA CONFESION
DE PEDRO

CAPITULO X
EL PODER DEL ESPIRITU SANTO

CAPITULO XI
LA ARMADURA DE DIOS.

CAPITULO XII
LA AUTORIDAD DE LA PALABRA DE DIOS.

CAPITULO XIII
LA AUTORIDAD DEL NOMBRE DE JESUS.

CAPITULO XIV
LA SANGRE DE CRISTO EN LA REDENCION DE LOS
HOMBRES.
CAPITULO XV
COMO VENCER A SATANAS A TRAVES DE LA SANGRE
DE JESUCRISTO.

CAPITULO XVI
EL MINISTERIO DE LOS ANGELES A FAVOR DE LA
IGLESIA.

CAPITULO XVII
LAS ARMAS ESPIRITUALES FRENTE A LAS
FORTALEZAS DE SATANAS

CAPITULO XVIII
LAS ARMAS ESPIRITUALES FRENTE A LA GRAN
FORTALEZA DEL OCULTISMO

CAPITULO XIX
LA ORACIÓN COMO COMPLEMENTO DE LA ARMADURA
DE DIOS.

CAPITULO XX
LA IMPORTANCIA DEL AYUNO EN LA LUCHA
ESPIRITUAL
INTRODUCCION

El cumplimiento de la Gran Comisión contiene consigo el


inmenso potencial que el cielo ha dispuesto en favor de los que
anuncian con esmero el mensaje de redención. A través de la
Biblia podemos esbozar cuán grandes y maravillosas son las
promesas y bendiciones que encierra.

El tema de la lucha espiritual es realmente fascinante y


encierra un sin número de aplicaciones espirituales a favor de
nuestra salvación que no debemos ignorar, como son las
supereminentes manifestaciones de su poder en nosotros, su
protección y autoridad espiritual delegada en cada creyente.

Es mi más sincero deseo que este libro se convierta en


bendición en manos de cada lector que al conocer los aspectos
que tienen que ver con las fuerzas del mal no le atemorice ni
le impida ver la grandeza del poder de Dios y su victoria en la
cruz del calvario.
El conocer los propósitos del enemigo, y como esquivar sus
ataques y en especial como vencerlo, fue siempre el propósito
de Pablo.

Desconocer la realidad de la lucha espiritual nos impide


adoptar nuestra verdadera posición en el reino de Dios y algo
más delicado aún; despoja a Cristo de los méritos de su obra
y de la victoria y conquista sobre Satanás y sus huestes
Espirituales.
DERRIBANDO FORTALEZAS

CAPITULO I

LA LUCHA ESPIRITUAL

La muy famosa encuesta Gallup realizada hace algún


tiempo en los Estados Unidos, establece que el 94% de los
americanos cree en Dios; el 85% cree que la religión es buena;
el 50% cree en el diablo; una cuarta parte cree en fantasmas y
otra igual en la astrología. Esta misma encuesta cree en las
percepciones extrasensoriales; alrededor de la tercera parte
cree en la telepatía y el 10% en la canalización. Aunque
inicialmente, el estudio demostró que el hombre moderno cree
en Dios, también se ha ido desplazando al agnosticismo, el
materialismo y el ateísmo; junto a otros pensamientos y
filosofías más modernas, que de alguna forma han ido dejando
a un lado toda idea acerca de Dios.

En nuestros días el hombre de nuestros días ha volcado toda


su atención a una forma de pensamiento más espiritualista,
que le lleven a experiencias mucho más profundas que afecten
su alma; lamentablemente en esta nueva búsqueda incesante
de lo desconocido, de fuerzas y poderes del mundo de lo
oculto, el hombre ha desplazado casi por completo a Dios. Las
nuevas filosofías presentan al hombre nuevas y más fáciles
oportunidades acerca del destino eterno de su alma, llevándole
al conformismo espiritual. No niega a Dios, pero reconoce y
acepta las fuerzas opuestas a él. Este entorno de tales ideas
le ha endiosado y llevado al nuevo planteamiento filosófico del
“yo divino interior”, o del concepto espiritual del “hombre-
Dios”.

El naturismo científico presenta una nueva alternativa, en la


que convierte el concepto de Dios y la vida eterna, en algo así
como una carrera casual entre los seres vivos que solo existen
para sobrevivir, multiplicarse y luego desaparecer; y coloca al
alma en un continuo y evolutivo proceso de reacciones
bioquímicas que no alcanzan trascendencia alguna después
de la muerte. La aparición de ideologías del nuevo orden
mundial y el continuo bombardeo de filosofía y ciencias
orientales, el resurgimiento y fortalecimientos de los esquemas
naturistas del gnosticismo antiguo, la reactivación de las
practicas ocultistas antiguas, hoy llamadas esoterismo, han ido
llevando al hombre moderno a lo que hoy llamamos el gran
avivamiento mundial de las fuerzas del mal, con el más grande
despliegue de poderes y de fuerzas ocultas, haciendo de
Satanás, la mejor alternativa a seguir.

Hasta no hace muchos siglos, la adivinación, la astrología, la


magia y el espiritismo, eran declaradas forma abierta de
adoración a Satanás, proscritas y perseguidas por los pueblos
del mundo; hasta ser condenadas y castigadas con la muerte.
En la actualidad las libertades legales, junto a la proclama de
los derechos civiles, han llevado estas prácticas oscuras a
niveles insospechados de permisibilidad; siendo entronizadas,
más que simplemente condenarlas como en el pasado. La
magia es presentada como espectáculo público; la consejería
a través de líneas psíquicas a través de la radio, la televisión y
las redes sociales; anuncios de consultas en los medios de
comunicación para la lectura del tarot, del horóscopo y la carta
astral; hipnosis masivas y regresiones han sido colocadas hoy,
a la altura y nivel de “ciencias”, siendo preconizadas como la
mejor alternativa espiritual del hombre de nuestros tiempos.

El papel de la Iglesia en la lucha Espiritual

Se hace vital y urgente hoy más que nunca, resolver el


dilema humano acerca del futuro eterno de su alma, y revelar
la verdadera naturaleza de Dios, de su amor por el mundo;
pero también de sus juicios. Se hace necesario mostrar la
verdadera y lastimosa condición del hombre en su pecado y de
sus funestas consecuencias; pero mucho más necesario,
desenmascarar todo engaño y maldad del enemigo de Dios y
de los hombres, Satanás.

La presente generación está llena de ansias de experiencias


profundas y ávida de nuevas sensaciones, cuando estas no se
encuentran en la iglesia, irremediablemente tendrán que ser
buscadas en las drogas, el placer, y las ofertas del mundo de
la oscuridad. El restablecimiento de los dominios y fortalezas
espirituales en el presente siglo, no pueden encontrar su más
importante apoyo en el silencio casi que cómplice y permisivo
de una iglesia que pierde su visión y su lugar en el mundo como
agente de revelación de las verdades eternas. La misión de la
iglesia en el mundo es la de ser la luz del mundo y la
anunciadora del mensaje de salvación y vida eterna.
No nos podemos doblegar fácilmente ante las influencias
perversas de los formalismos humanistas, que han querido
introducirse en el interior de nuestras normas y prácticas
cristianas, llegando hasta el desconocimiento e ignorancia de
la realidad del conflicto entre las fuerzas del bien y del mal; y
lo peor de todo, llegar hasta convertirse en tema vedado para
la iglesia. La iglesia no puede aislarse o hacer a un lado las
realidades espirituales respecto a los propósitos de
muerte y de destrucción del destructor y padre del mal; y
su odio hacia Dios y la humanidad y el camino hacia el
infierno eterno que ha provisto para sus seguidores.

La tibieza y negligencia no debe hacer parte del juego del


destructor, sino al contrario, tales realidades nos debe llevar
obligatoriamente, a la promulgación de las verdades eternas
expuestas en la palabra de Dios. El mundo que se pierde en la
ignorancia y desconocimiento acerca de Dios, debe conocer
urgentemente de su poder, sus dones, señales y en especial
del inmenso amor de Dios, expuesto públicamente en la cruz
del calvario. En cristo hay paz, perdón, fuerzas espirituales y
vida eterna.

Al mundo no se le puede ganar con mensajes o humanismo


puro, ni con mensajes que atenúen el pecado, ni con
programas sociales que entretienen más que liberar; el
mensaje no debe ser con palaras de humana sabiduría, sino
despliegue de poder y de manifestaciones del Espíritu Santo.
La iglesia debe volver al mensaje lleno del fuego de Dios,
adquirido en ruegos, lloro y lamento, y precedidos de
intensas horas de oración y ayuno; hasta que la respuesta
de Dios sea la revelación directa del cielo y un mensaje
que rompa cadenas y destruya las obras de Satanás.

Ganar el mundo requiere entrar a la casa del hombre fuerte


llamado Satanás, desarmarlo, atarlo y saquear sus bienes, que
son las almas de los hombres, Mr. 3:27. La predicación que el
mundo necesita oír, es una predicación agresiva y
reaccionaria, expuesta por valientes que arrebatan el reino
para Dios, Mt. 11:12.

Es deplorable ver que los líderes y dirigentes de las llamadas


iglesias cristianas del siglo veintiuno, desdeñen del Espíritu
Santo, hasta ordenar ignorarlo, y se enseñe que la salvación
es simplemente por creer, simplemente creer, ignorando los
alcances del poder, las señales y la obra del Espíritu Santo,
que solo se obtiene por el bautismo del Espíritu Santo, y que
hace libres a los hombres, los rescata del fuego eterno y los
traslada del reino de Satanás al reino de Jesucristo. Y se haya
enseñado que instrumentos tan poderosos como el ayuno, que
el mismo Cristo debió hacer por 40 días con sus noches, para
poder enfrentar el reino oscuro de Satanás, al inicio de su
ministerio.

A tales líderes y dirigentes que han enseñado a sus


iglesias y organizaciones que no existe lucha espiritual, y
que con sus enseñanzas y formas liberadas de
interpretación de la verdad, han arrastrado a cientos tras
sus propios caprichos y liviandad espiritual, Dios ya les
tiene reservada su recompensa.
Descubriendo al enemigo

Para el apóstol san Pablo era de vital importancia que el


creyente estuviera atento, y así, velar, en forma constante,
“para que satanás no tome ventaja alguna sobre nosotros,
pues no ignoramos sus maquinaciones”, 2 Co. 2:11.
Satanás existe sin lugar a dudas y se desenvuelve en una
esfera donde su principal artimaña es permanecer de
incognito, y desapercibido, y hacer que se le ignore, su
principal arma. La única manera de vencer en esta lucha es
descubriendo al enemigo.

La respuesta al peligro no es ignorarlo, es colocando sus


motivos y sus estratagemas al descubierto; cerrándole los
espacios y limitarlo a través de un seguimiento sigiloso y
vigilante. Conocer el carácter y naturaleza del enemigo nos
puede otorgar una perspectiva más clara sobre el peligro que
nos acecha. Estar atentos a todas las artimañas de Satanás,
no debe llevarnos a ningún otro motivo, más que deshacer
cada una de sus artimañas.

El interés por conocer el funcionamiento del reino de


Satanás, no debe sobrepasar más allá del interés del
científico, por conocer de la tuberculosis, la lepra o el
cáncer; el conocimiento de estas enfermedades
destructivas, sus características, sus causas y sus
efectos, estrictamente, nos deberá llevar a
contrarrestarlas y erradicarlas.
La lucha espiritual planteada por la palabra de Dios

La biblia nos presenta continuamente un conflicto


irreconciliable entre las fuerzas del bien y del mal, para lo cual
utiliza a menudo términos y expresiones propias de la milicia y
la guerra: Muestra a Jesús trayendo una “espada”, Mt 10:34; a
Jesús tomando “cautiva la cautividad”, Ef. 4:8; y a los cristianos
llamándoseles a “contender” por la fe, Jd. 3; muestra a Pablo
“peleando la buena batalla”, 2 Ti. 4:7; a los cristianos utilizando
la “armadura” de Dios, Ef.6:12; a los cristianos utilizando las
“armas”, 2 Co. 10:4, 6:7; 1 Ti. 1:18; Ro. 13:12; muestra en el
cielo “batallas y luchas”, Dn. 10:13; Ap. 12:7 y a Satanás
reuniendo a las naciones para la “batalla” final, Ap. 20:8.

Existen otros términos que son competencia exclusiva de una


guerra y que son utilizados por los escritores sagrados y que
hacen parte de la metáfora militar: La vida cristiana como un
“combate” contra el pecado, He. 12:4; Los deseos que
“batallan” contra el alma, 1 Pe. 2:11; A los cristianos se les
llama a “contender” por la fe, Ju.3; Pablo sufriendo “conflictos”
por el evangelio, Fil. 130; a los cristianos como “soldados”, Fi.
2:25; el reino de Dios que sufre “violencia” y los “violentos” que
lo arrebatan”, Mt. 11:12; el pueblo de Dios que ha “vencido” al
“enemigo” por medio de la sangre, Ap. 12:11; el hombre fuerte
“armado” (Satanás) y a uno más fuerte que él, y lo “vence” y le
quita su “armadura, Lc. 11:21; el endemoniado tenía una
“legión”, Mr. 5:9-15; Jesús tomando “cautivos”, Ef. 4:8; la vida
cristiana como una lucha, Col. 1:19-21; 1 Ti. 4:10.
¿Contra quienes es nuestra lucha?

El apóstol, nos revela que la lucha que sostenemos, es


contra los poderes y agentes que se encuentran bajo las
ordenes de Satanás, denominados por él, como: principados,
potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes
(demonios); que han existido siempre y han actuado contra
Dios, y han sometido a los hombres a esclavitud y ceguera
espiritual. Satanás ha utilizado, religiones, eruditos,
personalidades influyentes y gobernantes, convirtiéndoles en
canales de manifestaciones demoniacas; siendo su principal
objetivo enceguecer las mentes de los incrédulos, conducirlos
en sus pérfidas corrientes materialistas, pervertir sus
voluntades, y finalmente, encaminarlos hacia su destrucción.

Satanás ha controlado siempre al hombre, él es el autor de


todo mal y sufrimiento humano. Es el autor de toda
perversidad, prostitución, homosexualidad, pornografía,
desviación y depravación sexual; como también, de toda
violencia, terrorismo, guerras levantamientos, homicidios
y corrupción, y de todo engaño y mentira, religiones
apostatas, evangelios facilistas, fanatismo religioso,
satanismo, ocultismo y filosofías materialistas que niegan
la existencia de Dios.

No nos resulta tan extraño, que a través de todos los siglos, el


hombre haya llegado a instancias, y a condiciones tan
deplorables, que han desdibujado esa imagen que Dios le dio
en su creación. El hombre ha vivido como un esclavo reducido
a las más bajas pasiones y sometido a las más perversas
formas de vida humana. En los últimos 2.000 años, su principal
acción ha sido resistir el avance del Reino de Dios, impidiendo
la predicación del evangelio a los esclavos del diablo.
CAPITULO II

CONOCIENDO AL ENEMIGO

Para El apóstol Pablo, era de vital importancia conocer


nuestro enemigo común y descifrar sus estrategias: “para que
Satanás no tome ventaja alguna sobre nosotros, pues no
ignoramos sus maquinaciones”, 2 Co. 2:11. A continuación
examinaremos a la luz de las sagradas escrituras, la
naturaleza, el carácter y los fines de nuestro más grande y
poderoso enemigo.

Conociendo su nombre.
Satán, Satanás (adversario, enemigo). Su nombre nos da
una clave para conocer su carácter. La expresión Satanás ha
trascendido a los idiomas modernos como sinónimo de
“diablo”, el enemigo de Dios y de los hombres, 1 Pe. 5:8; el
autor del mal que aflige a los hombres, la antítesis de Dios; su
hegemonía produce un mundo cuyas obras son malas, 1 Jn.
3:8; 2:15-16; es padre de todo lo malo, HCH. 13:10; Jn. 6:70;
su obra produce procesos nefastos de destrucción, Lc.
13:11,16; 1 Co. 5:5; 2 Co.12:7; 1 Ti. 1:20; y que a menudo son
ejecutados por sus súbditos los demonios; tiene el imperio de
la muerte, He. 2:14; es el dios del paganismo y del error, Hch.
13:10; 1 Co. 10:20. En los primeros días de la iglesia
apostólica, las escrituras lo presentan como un antagonista,
Hch. 5:3; Ro.16:17-20; 1 Co. 7:5; 2 Co. 2:11.
Los cristianos, son guardados del mal, 2 Ts. 3:3; le han
vencido, 1 Jn.1 Jn. 2:13; se exhorta a combatirle con todas las
fuerzas, Ef. 6:10. El libro de apocalipsis presenta las últimas
fases de su lucha final, Ap. 22:7-18, Satanás será entonces
vencido y atado por mil años en el abismo. Al cumplirse el
tiempo, nuevamente, reunirá a las naciones para una lucha
final contra los santos; finalmente, será lanzado en el lago de
fuego, donde sufrirá el castigo eterno, por todos sus hechos; y
junto a él todos sus ángeles, y quienes no fueron encontrados
en el libro de la vida, Ap. 20:1-10; Mt. 25:41.

Se presenta en Apocalipsis como la serpiente antigua de


génesis 3:1-5; y se le muestra como el gran caudillo de las
huestes caídas, Ap. 12:9; el tentador, MT. 4:1; Jn. 13:2; 2 Ti.
2:26; como el dueño de los reinos del mundo, Mt. 4:8;
vanidoso, 1 Ti. 3:6; homicida y mentiroso, Jn. 8:44. En términos
a Satanás se le compara con otros dioses: belial que quiere
decir impío, perverso y destructor; Pablo utiliza esta expresión
como personificación del mal y la antítesis de Cristo, Mr.
3:22; Mt. 10: 25; 12:26.

Un ajuste del nombre Baal-Zebu, lo muestra como el señor de


las moscas, divinidad filistea, cuyo santuario se hallaba en
Ecron. Ocozias, rey de Israel quiso consultarlo, pero Eliseo se
lo prohibió, 2 Re. 1:1-6; 16. Es posible que su verdadero
nombre haya sido Baal- zebul (señor elevado o señor príncipe)
y que los judíos utilizaron para hacer burla del Señor. En las
Sagradas Escrituras, a los malvados se les llama hijos del
diablo, Jn. 6:70; 8:44.
A continuación examinaremos algunos términos y expresiones
con que las Sagradas Escrituras, describen a Satanás:

1. Tentador
Santiago es claro en indicar, que “cada uno es tentado
cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”,
St. 1:4; por tanto, no se debe considerar al diablo como el
origen de la tentación, sin embargo, el enemigo puede
actuar como tentador, estimulando en diversas formas
nuestras debilidades y áreas menos fortalecidas; o algún
área no controlada de nuestra naturaleza caída, como:
orgullo, incredulidad, temor, avaricia, lujuria entre otras.
David lo presenta como el cazador que conoce su presa, sus
costumbres y actividades, Sal. 91:3. Aunque, el tentador no
conoce nuestros pensamientos, sabe leer muy bien nuestros
gestos y actitudes; no olvidemos que en algún tiempo fuimos
sus esclavos y convivimos con él.

En la tentación de Cristo en el desierto, el tentador utilizó


tres aspectos en los que quiso encontrar alguna debilidad
en el Señor:
 Utilizó el “hambre” del Señor Jesús para decirle: “si eres
hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”,
Mt.4:3.

 Utilizó la “soledad” en el desierto y le puso sobre el


pináculo del templo y le dijo: “si eres hijo de Dios, échate
abajo, porque escrito está: a sus ángeles mandara acerca
de ti y en sus manos te sostendrán para que tu pie no
tropiece en piedra”, Mt. 4:6.

 Utilizó “su misión” de redimir al mundo, para decirle: “todo


esto te daré si postrado me adorares”, Mt. 4:9.

En la noche que fue entregado, Jesús dijo: “; porque no hablaré


ya mucho con vosotros, viene el príncipe de este mundo y el
nada tiene en mi”, Jn.14:30. Jesús sería tentado toda la noche
en que fue traicionado, pero Jesús había dicho: “el nada tiene
en mi”. Si Jesús hubiera amado el pecado, y los ofrecimientos
pecaminosos del mundo, o hubiera tenido prioridades
diferentes a su misión, hubiese fracasado, él había dicho: “el
nada tiene en mi”.

Cuando las escrituras dicen: “sabemos que todo aquel que ha


nacido de Dios, no practica el pecado, pues aquel que ha sido
engendrado por Dios, le guarda y el maligno no le toca”, 1 Jn.
5:8; el texto nos muestra implícitamente, la necesidad de
fortalecer nuestra comunión con Dios y someternos a él, para
poder resistir al diablo, Stg. 4:7.

El carácter tentador de Satanás, es claramente revelado por


las sagradas escrituras, cuando al principio arrastró a su
tentación, a los ángeles que le siguieron en su rebelión en el
cielo; llevándolos a abandonar sus propias moradas, Jd. 6; Ap.
12:8; lo volvió a hacer en el Edén, llevando al hombre a perder
su comunión con Dios, y su señorío sobre la creación, Gn. 3; y
posteriormente, tentando a Jesús en el desierto, Mt. 4:1 y a sus
seguidores, 1 Ts. 3:5.
La tentación como medio de prueba

La palabra tentación tiene dos aplicaciones en las


escrituras, en primer lugar: probar con el propósito de
perfeccionar o desarrollar un carácter, como en el caso de
Pedro, cuando fue pedido para ser zarandeado. Lc. 22:31; en
segundo lugar: conducir a la maldad, Pablo dice:

“Por lo cual yo, no pudiendo soportar más, envié para


informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado
el tentador, y que nuestro trabajo resultado en vano”, 1 Ts.
3:5.

Dios puede permitir que en algunas ocasiones, seamos


probados a lo largo de nuestra vida cristiana; sin embargo,
Dios no permitirá que seamos tentados para que pequemos,
Pablo dice:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana,
pero fiel es Dios, que no nos dejará ser tentados más de lo que
podamos resistir, sino que dará también juntamente con la
tentación, la salida para que podáis resistir”, 1 Co. 10:13.

Todo esto nos indica, que siempre tendremos a Satanás, y a


sus huestes, como león rugiente buscando a quien devorar. La
clave de la victoria es: “resistir”, habiendo antes, estar
sometidos a Dios y vestidos de toda la armadura de Dios,
Stg.4:7; 1 Co. 1º:13; Ef. 6:3.
2. Imitador (falsificador)

Históricamente, Satanás ha deseado ser como Dios, y


tener todo lo que Dios ha poseído. Es famosa la descripción
que San Agustín hace de Satanás, llamándole “simius dei”, el
simio dios, o imitador de Dios. Satanás buscará siempre que
lo confundan con el verdadero Dios, conformándose con ello.

Si la mentira no se pareciera tanto a la verdad, nadie seria


engañado, Satanás se presenta como ángel de Luz, a pesar
de ser tinieblas. Su método de operación es la ilusión, la
fantasía y lo deslumbrante; se presenta con apariencia de
oveja, noble y humilde, aunque su verdadera identidad sea
la de un lobo rapaz. El siempre tendrá un disfraz para cada
ocasión, que le permita ocultar su verdadera figura,
horrenda y espantosa, adquirida, cuando fue echado del
cielo, Is. 14: 19. Si Satanás fuere hermoso, como muchos
suponen, no tendría que utilizar un disfraz que oculte su
verdadera figura.

El mayor peligro del diablo como imitador, lo encontramos


en las palabras de Jesús: “porque se levantaran falsos
cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios
de tal manera que, engañaran si fuere posible aun a los
mismos escogidos”, Mt. 24:24.
En su insaciable anhelo de imitar a Dios, Satanás
tiene:
 Su propia iglesia, Ap. 2:9.
 Sus propios ministros, 2 Co. 11:4-5.  Su propia doctrina,
1 Ti. 4:1.
 Sus propios sacrificios, 1 Co. 10:20.
 Su propio culto, 1 Co. 10:21.
 Su propio evangelio, Ga. 1:7-8.
 Su propio trono, Ap. 13:4

Y para presentarse a los hombres con el objeto de engañar,


Satanás utiliza:
 Falsos cristos, Mt. 24:4-5.
 Falsos maestros, 2 Pe. 2:1.
 Falsos profetas, Mt. 24:11; 2 Pe. 2:1.
 Falsos hermanos, Ga. 2:4  Falsos apóstoles, 2 Co. 11:
13.

El imitador puede jugar a ser Dios, pero jamás podrá


tener sus atributos: Omnipresencia, Omnipotencia,
Omnisciencia, sabiduría… el diablo puede imitar y
falsificar, pero no puede crear.

3. Adversario u opositor
El mismo término, Satanás o diablo, significa,
adversario u oponente. Estas expresiones describen a
Satanás como oponente y adversario de Dios. Pablo
hablando de la manifestación del diablo en carne, el hombre
de pecado o el hijo de perdición, dice: “el cual se opone y
se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto
de culto”, 2 Tes. 2:4. No resulta extraño que en toda
oposición sufrida por la iglesia, se encuentre la obra de
Satanás, Hch. 18:6; 28:19; Fi, 1:28; 1 Ts. 2:15; 2 Ti. 2:25-26;
4:14-15.

Pablo narra el siguiente episodio, en su reiterada intención


fallida de ir a visitar a los tesalonicenses: “Por lo cual
quisimos ir a vosotros, yo Pablo, ciertamente una y otra vez;
pero Satanás nos estorbó”, 1 Ts. 2:18.

El antiguo testamento nos presenta un cuadro típico sobre


la oposición de Satanás, cuando Daniel esperaba ansioso la
respuesta de Dios, pero esta tardó, el ángel, quien traía la
respuesta, más tarde, aclara: “más el príncipe del reino de
Persia (Satanás), se me opuso durante veintiún días, pero
he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para
ayudarme”, Dn. 10:13.

Cada vez que el reino de Dios gane terreno en la tierra,


tendrá que enfrentar la resistencia de Satanás. La
oposición del diablo logra sus propósitos malvados,
cuando, lleva al creyente a bajar la guardia.

4. El engañador
La historia misma nos ha mostrado como el engañador
con astucia y toda clase de artimañas ha estorbado y
contrapuesto los propósitos de Dios. El propósito del diablo
es la condenación del mundo y para lograrlo empleara todas
sus armas y poder destructor siendo su arma más sutil, el
engaño.

En esta característica se encuentra su mayor fortaleza:


“hacer creer como verdad una mentira”, la cual es
presentada con argumentos y razonamientos
aparentemente lógicos, de tal manera, que lleve a un
convencimiento pleno. El nuevo planteamiento de las
ciencias humanistas, ponen de relieve la filosofía que
enseña: “que si ponemos toda nuestra fe y nuestro empeño
en una posición, aunque esta resulte al final equivocada,
esta estará bien”; tal como enseñaba Carlos Marx, “el fin
justifica los medios”; o como enseñaba Goebbes: “Una
mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. La
sinceridad por sí misma no basta, si se cree en una mentira,
se estará fundamentando en un error; y en el caso de la
salvación, una sincera e inocente mentira tendrá
repercusiones eternas. Al contrario de esta filosofía humana,
Jesús en el sermón profético del monte; respecto a los
últimos tiempos, declara: “porque se levantaran falsos
cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios,
de tal manera que engañaran si fuere posible, aun a los
escogidos”, Mt. 24:24.

Los apóstoles y los discípulos de Jesús enfrentaron con


valor a los falsos maestros que intentaron desviar de la
verdad, a los creyentes, Hch. 2:14-41; 3:12-26; 4: 8-12; 6:
8_10; 7: 1-60. Los apóstoles levantaron su voz contra el
liderazgo judío plagado de error y defendieron su fe en las
sinagogas, Hch. 13: 16-46; 14:1-4; 17: 1-4. Dios a través de
los tiempos ha levantado hombres como estandartes de
la verdad, para que la defiendan y la enseñen con
denuedo.

En su despedida en Mileto, en Éfeso Pablo, advierte, que:


“después de su partida entrarían en medio de los
creyentes, lobos rapaces que no perdonarían el rebaño“,
Hch. 20:29; sobre esto, el Señor Jesús había dicho:
“guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros
con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces”, Mt. 7:15; los cuales son falsos creyentes cuyos
motivos son deshonestos, y cuya inspiración viene de
Satanás. El peligro más grande del engaño, es que se hace
a través de personas camufladas e infiltradas, que han
llegado a ganar la confianza de los creyentes. Pablo añade
a su discurso de despedida en Mileto: “y de vosotros
mismos, se levantaran hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras de sí a los discípulos”, Hch.
20:30.

5. Diablo, Acusador.

La palabra griega diábolos, significa calumniador o


acusador. El Nuevo Testamento lo utiliza treinta y cinco
veces. Se puede notar que la acusación necesariamente va
acompañada de calumnia, o de alguna forma de
tergiversación de la verdad, así esta sea mínima y sutil.
Una de las estrategias favoritas de Satanás, es plasmar y
reproducir su carácter en las personas, influyendo en ellas
para causar estragos en la reputación de los siervos de Dios.
El arma predilecta del acusador entre los creyentes es el
chisme, los comentarios mal intencionados, la calumnia, las
murmuraciones, los rumores… esto ha causado más
perdidas que cualquier otra forma de ataque, en los siervos
de Dios.

En repetidas ocasiones, lo vemos en las escrituras:


Acusando y calumniando a Job: 1:2; a Josué, el sumo
sacerdote; Zac. 3:1 y a los cristianos en general,
acusándolos delante de nuestro Dios de día y de noche, Ap.
12:10; en el huerto del edén, acusó a Dios mismo, poniendo
en tela de juicio sus palabras y advertencias, Gn.3:1-5.

Las escrituras nos presentan uno de los cuadros más crudos


de acusación, en contra de uno de los siervos más queridos
de Dios. Un profundo análisis de la acusación del diablo en
contra de Job, nos puede revelar varias facetas del
acusador:

 ¿Acaso teme Job a Dios de balde?, Job 1:9. El diablo se


impacienta al oír los elogios hacia Job, mucho más,
porque es Dios quien lo hace. Ese mismo carácter, lo
vemos reflejado en quienes no pueden soportar los
elogios, que un siervo de Dios pueda recibir; pero en
cambio se alegran de sus fracasos. Es el común proceder
de sus detractores, y murmuradores, quienes con sus
palabras mordaces, y silencios calculados, pretenden
desvirtuar las bendiciones y altura en las que Dios coloca
a sus siervos.

 ¿No le ha cercado alrededor a él, y a su casa, y a todo lo


que tiene?, Job 1:10.
Encontramos la querella y la indisposición a causa de la
bendición de Dios, que tenía Job. Aunque no siempre la
prosperidad es signo de virtud, en el caso de este siervo
de Dios, estos hacen parte del favor de Dios y la
capacidad de disfrutar a plenitud sus dones materiales;
como retribución a sus hechos de justicia. Se puede notar
como Satanás pervierte la bendición de Dios y la utiliza
hábilmente en contra de su siervo, convirtiéndola, en una
excelente oportunidad para acusarle y calumniarle.

 ¡Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene y


verás sino blasfema contra ti, en su misma presencia!,
Job 1:11. En otras palabras el diablo busca indisponer a
Dios en contra de Job. Satanás tiene un objetivo
primordial, solicitar la acción divina en contra de Job y da
por hecho que Job blasfemaría contra Dios en su
presencia.

 El diablo es sumamente astuto y sagaz, pero no


omnisciente. Su amargura y su envidia, le llevan
constantemente, a fallar en sus juicios y apreciaciones. El
diablo, más que demostrar que Job era indigno, buscaba
demostrar que Dios se había equivocado acerca de Job,
eso implicaría algo más grave aún: “no habría en el
mundo ni un solo siervo fiel a Dios, y que no existiría
piedad sincera y justicia de Dios en la tierra, por tanto, eso
indicaría que todos los hombres serian súbditos fieles a
Satanás.

 La autorización otorgada por Dios al diablo, para que


pusiese en prueba la fidelidad de Job, resulta
aparentemente condescendiente, como si Dios hubiese
caído en la trampa propuesta por el diablo, pero Dios lo
hace “por su gloria y por el honor de Job”, como la
demostración de su providencia; y algo más importante
aún, para animar y consolar a todos los siervos de Dios,
que en igualdad de condiciones sufren los percances e
inclemencias de los ataque de Satanás. El hecho que el
diablo no atacara a Job, sin el permiso de Dios, nos
muestra lo infranqueable de su protección divina, y si lo
permitió, fue en la medida de su permiso: “solamente no
pongas tu mano sobre él”, Job 1:12
CAPITULO III

PRINCIPADOS, POTESTADES Y GOBERNADORES

El apóstol Pablo en efesios 6:12, nos presenta la


estructura orgánica del reino de Satanás, mostrándonos una
imagen clara de las jerarquías de la dictadura del mal:

“Principados” (archai): establecimientos y gobiernos


espirituales sometidos a un príncipe de más alto nivel. Los
principados están puestos por Satanás sobre las naciones o
grandes territorios sobre la tierra; ejerciendo control y dominio
en las mentes de sus gobernantes.
“Potestades” (exousai): Son fuerzas espirituales o
concentraciones de poder ideológico, que predominan sobre
las culturas e influyen en los aspectos más decisivos y
determinantes de las naciones.
“Gobernadores” (Kosmokratores): Son entidades
poderosas radicadas en el área del kosmos, en el segundo
cielo (espacio sideral) y que están al servicio de los príncipes
para la obtención de sus propósitos de dominio mundial. Son
los responsables directos de la multiplicación de las religiones
erróneas en las naciones, Ideologías ateas y materialistas,
cuyo fin es el extravió y perdición de los seres humanos.
El príncipe del reino de Persia.

En las escrituras, encontramos varias referencias sobre estas


entidades del mal, llamadas príncipes. En Ezequiel 28:2-12,
nos muestra a Satanás como el príncipe de Tiro. En el libro del
profeta Daniel, encontramos, cuando el ángel le da
explicaciones a Daniel, sobre su demora de veintiún días para
traer la respuesta de Dios:

“más el príncipe del reino de Persia, se me opuso


durante veintiún días, pero he aquí Miguel, uno de los
principales príncipes, vino para ayudarme, Dn.10:13.

La visión está fechada en el año tercero de Ciro, rey de Persia,


después de la conquista de Babilonia. Era el año 536 A.C,
unos setenta y tres años después de la deportación del pueblo
de Israel a Babilonia; esto nos indica que Daniel tenía unos 93
años. Dios había dicho a sus profetas, que al cumplirse los
setenta años el pueblo de Dios regresaría de su esclavitud en
tierras extranjeras, para habitar de nuevo sus ciudades
abandonadas.

Daniel sabía que la palabra era verdadera, pero sus cuentas,


le indicaban que habían pasado tres años, por lo que decide ir
junto a la orilla del rio Hidekel, para orar y obtener una
respuesta de parte de Dios sobre lo que estaba ocurriendo. La
respuesta tarda veintiún días, al final de los cuales se le
presenta un ángel de Dios, y le da una explicación de su
tardanza: “Daniel, varón muy amado de Dios…Daniel, no
temas, porque desde el primer día que dispusiste tu corazón
para entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron
oídas tus palabras y a causa de tus palabras yo he venido, más
el príncipe del reino de Persia se me opuso durante
veintiún días; pero he aquí Miguel uno de los principales
príncipes, vino para ayudarme”, Dn. 10:12-13.

Esto nos arroja varias preguntas:


 La aclaración del Ángel es extraordinaria, porque nos
revela varios aspectos de la lucha espiritual:

 Nos muestra una jerarquía al servicio del creador (Miguel


y sus ángeles), de la misma manera en que venimos
estudiando las jerarquías de Satanás, las cuales, es de
suponer con toda certeza que fueron copiadas del Reino
de Dios.

 Miguel es presentado como el ángel protector del pueblo


de Israel, Dn. 10:21 y es mostrado como el líder militar de
los ejércitos celestiales que luchan contra Satanás, como
lo confirma el libro de apocalipsis 12:7. También
encontramos otras referencias de Miguel en los libros de
números 13:13 y Esdras 8:8 en los que Miguel es
declarado como un ser angelical creado con el rango de
príncipe. En la carta de Judas, Miguel es proclamado
como arcángel, titulo dado al más importante príncipe de
Dios, Jd. 1:9. Y finalmente, Miguel es declarado por el
ángel que trajo el mensaje a Daniel, como el príncipe de
Dios, que está de parte de los hijos del pueblo de Israel,
Dn. 12:13; Ap. 12:7.
 En esta misma forma el libro de Daniel, nos muestra al
príncipe de Persia, como un príncipe de influencia
perversa sobre Persia, en aquel entonces, la nación más
poderosa del mundo. El príncipe de Persia, era uno de los
más poderosos ángeles de Satanás, quien tenía la misión
de manejar la mente de los gobernantes humanos de esa
nación, entorpeciendo, estorbando y demorando, los
propósitos de Dios sobre el pueblo de Israel. Efesios 6:10
y apocalipsis 12:7.

 El ángel declara finalmente que tiene que volver para


pelear contra el príncipe de Persia, Dn. 10:20; es decir, la
lucha no había terminado aún en el cielo, y la había
abandonado para traer el mensaje a Daniel. El ángel
debía volver para reforzar el ejército celestial en su lucha
contra los principados y potestades del aire. La lucha no
había terminado aún, porque después del reino de Persia,
vendría el reino de Grecia, liderado por Alejandro Magno.
Esto tiene mucho más sentido si observamos que la
mención hecha acerca de Persia y de Grecia, hacen parte
de las profecías dadas por Daniel, Dn. 11:1-35; 8:20-21.

Isaías estrecha más la relación entre el Reino de Satanás en


los cielos y los reinos de los hombres en la tierra cuando dice:

“acontecerá en aquel día, que Jehová castigara al ejercito


de los cielos en lo alto y a los reyes de la tierra, sobre la
tierra”, Is. 24:21.
La evidencia de la existencia príncipes espirituales del mal,
queda aún más expuesta en el Nuevo Testamento, por quienes
acusaron a Jesús de echar fuera demonios, por el príncipe de
los demonios, Mt. 9:34; 12:4; Mr. 3:22; 11:11-15. Los líderes
religiosos reconocen abiertamente la existencia de un príncipe
maligno, otorgando a Jesús con toda malicia y falsedad , la
obra vil del Reino de Satanás; lo que lleva a Jesús a declarar
tal actitud como blasfemia imperdonable contra el Espíritu
Santo, Mt. 12:22-37. Jesús mismo hace mención de Satanás
declarándolo, como el príncipe de este mundo, Jn. 14:30;
16:14. Jesús dijo: “Ahora el príncipe de este mundo será
echado fuera”, Jn. 12:31; refiriéndose a que Satanás sería
despojado de sus derechos sobre las naciones de este mundo.

El apóstol Pablo hablando a los efesios, dice:


“en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente
de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del
aire”, Ef. 2:2.

Pablo muestra aquí la obediencia sumisa y sin reproche, que


el mundo le rendía al gobierno tiránico del príncipe de la
potestad del aire. La expresión potestad del aire, reafirma los
conceptos presentados en Daniel 10:13 y Lc. 10:18. Esto
declara a los aires, como el cuartel general de operaciones
de los príncipes de Satanás.
Acción e incidencia de los príncipes y potestades en el
mundo.
No debe resultarnos extraño que muchísimas de las
corrientes perniciosas de este mundo, que afectan
negativamente la humanidad, tengan que ver con la influencia
negativa de estos seres malignos sobre el mundo.

Satanás, durante el tiempo de la gran tribulación, dirigirá a


través del anticristo, todos los asuntos políticos del mundo. Los
gobernantes cederán su poder y autoridad al anticristo, Ap.
17:12. Este maestro en el arte de gobernar detrás de
bambalinas, dirigirá y mantendrá el control absoluto del mundo
durante tres años y medio, Ap. 13:4-13. Detrás del anticristo,
Satanás en su calidad de príncipe de este mundo, estará
presente como el dragón, Ap. 13:2-4; pero todo esto será
apenas por un momento, porque la segunda venida de Cristo
lo destruirá con su poder, Dn. 2:35, 44, 45; 7:8-14; Ap. 19:11-
21

Destino de Satanás al final de los tiempos


Estas fuerzas diabólicas que hoy despliegan toda su
actividad e influencia maligna, y se organizan y cooperan entre
sí, para mantener bajo control el destino del mundo; un día
harán parte del juicio de Dios. A pesar de la estruendosa
derrota sufrida en la cruz, nuestro Señor Jesucristo ha
permitido que estas fuerzas permanezcan activas, bajo la
dirección maléfica del príncipe del mal; pero el Señor Jesús al
final del milenio, determinará su más pavorosa recompensa.
Juan, el escritor del libro de apocalipsis, lo expresa de la
siguiente manera:
“…y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de
fuego y azufre, donde estaban la bestia y falso profeta y
serán atormentados, día y noche por los siglos de los
siglos”, Ap. 20:10.
Mientras tanto, estas actividades que Dios ha
permitido, en su soberana voluntad a Satanás y a
sus ángeles, seguirán probando y templando la fe de
los creyentes.
CAPITULO lV

HUESTES ESPIRITUALES DE MALDAD

Se refiere al ejército multitudinario de demonios que


comúnmente afligen, engañan, atemorizan, enferman y
posesionan a los seres humanos, y los inducen a practicar el
mal. Son el ejército de soldados espirituales al servicio de las
jerarquías supremas del mal.

Análisis etimológico
El termino Daimon no tiene un etimología exacta. En
tiempos antiguos esta expresión tenía varios usos,
inicialmente, se le asociaba con la expresión “dios” (theos),
más tarde como intermediario entre los dioses y los hombres,
y posteriormente, como seres inteligentes. En el Nuevo
Testamento, el termino daimon, se refería a seres malignos
que actúan bajo la dirección de un príncipe, Mt. 12:26. El
término más usado para referir a las huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes, es pneumatika; que significa
viento, para referirse a los espíritus malos. También se emplea
la expresión ángeles, cuando las escrituras dicen: “el diablo y
sus ángeles”, Mt. 25:41.

Evidencia en el Antiguo Testamento sobre los demonios


El término más antiguamente usado es demonios, del
griego daimon o daimonion, esta expresión la encontramos
reiteradamente en el Antiguo Testamento, Dt. 32:12;
Sal.106:37; empleada en plural, expresa mandatarios y
señores. Los ídolos eran la representación física o visible de
los demonios, por eso, a los israelitas idolatras se les culpaba
de sacrificar a los ídolos.

Características de los demonios:


 Son espíritus. A los demonios como a los ángeles, las
escrituras los denominan espíritus, Mt. 8:16; Lc. 10:17,
20. Estos seres al ser creados son finitos y se encuentran
limitados a espacio, tiempo y poderes, igualmente, que
los ángeles de Dios, Lc. 20:36. Los demonios son
utilizados por Satanás para sembrar cizaña, Mt. 13:25.

 Moralmente corrompidos. Después de la rebelión en el


cielo, las características divinas entregadas por el creador
a sus ángeles, fueron deformadas. Sus actividades que
antes se desarrollaban en la luz, ahora se desarrollan en
la oscuridad. Los demonios aunque pueden disfrazarse
como ángeles de luz, imitan a los ángeles de Dios; para
confundir a los creyentes e incrédulos, 2 Co. 11:13-15. En
las escrituras se les llama espíritus inmundos, Mt. 10:1;
Mr. 1:23; Lc. 11:24, también se les llama espíritus malos,
Lc. 7:21. Aunque en términos generales los demonios son
espíritus malos, las escrituras nos hablan de espíritus
peores; Mt. 12:45. Los términos inmundo y malo, se
refieren a su moral, manifestadas en la sensualidad de las
personas, bajo su influencia, Lc. 8:47.

 Son maestros del engaño y el error. Los demonios


promueven el sistema satánico de la mentira, a través de
sus doctrinas de error, 1 Ti. 4:1-3. Los magos de la corte
de faraón,
Janes y Jambres, habían recibido su poder de demonios,
para resistir a Moisés, 2 Ti. 3:8.

Poderes y facultades de los demonios

 Poseen inteligencia extraordinaria. Los demonios


tuvieron un conocimiento sobre natural al identificar a
Cristo una vez lo vieron, Mr. 1:23-26. Sabían de sus gran
poder, Mr. 5:6-7, saben del lugar donde serán
encarcelados en su castigo final, Mt.8:28-9; Lc. 8:31;
ocultando información necesaria para la salvación, 1 Jn.
4:1-4; saben pervertir la sana doctrina, 1 Ti. 4:1-3;
distinguen a un creyente de un incrédulo, Ap. 9:4; tienen
conocimiento de las cosas futuras, Hch. 16:16.
La fuente de su conocimiento radica en su naturaleza
creada por Dios para los fines de su servicio; pero
también, por su vasta experiencia de siglos de
información histórica. Los demonios a pesar de su alta
capacidad de inteligencia utilizan todo su potencial, para
luchar continuamente en contra de Dios y de sus
propósitos divinos en favor de los hombres.

 Pueden hacer prodigios. Los demonios pueden llevar a


cabo milagros engañosos. En la gran tribulación los
demonios harán milagros extraordinarios a través del
anticristo, 2 Ts. 2:9; el falso profeta hará señales de tal
manera que hará descender fuego del cielo, Ap. 13:13 y
dar vida a una imagen para engañar a los hombres, Ap.
13:15. Las imitaciones sobrenaturales de los demonios
tiene límites, los hechiceros de Egipto, pudieron copiar
muchos de los milagros que Dios hizo a través de Moisés;
pero no lograron defender a Egipto de las plagas enviadas
por él, Ex. 8:5-7. Los hechiceros reconocieron que el
poder de Moisés provenía de Dios, Ex. 8:19.

 Poseen fuerza descomunal. El demonio que enfrentó a


los 7 hijos de Esceva, después de saltar sobre ellos, los
domino “… de tal manera, que huyeron desnudos y
heridos”, Hch. 19:16; Marcos nos habla del endemoniado
gadareno “al cual nadie podía atarle ni aun con cadenas,
porque muchas veces había sido atado con grillos y
cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos
por él y desmenuzando los grillos y nadie podía dominar”,
Mr. 5:2-3. Lo sorprendente de la fuerza de los demonios,
queda aún más evidenciada, cuando entraron en el hato
de dos mil cerdos, los cuales se precipitaron en el mar por
un despeñadero y se ahogaron, Mr. 5:13.

 Producen enfermedades y daños físicos. Los


demonios pueden provocar toda clase de enfermedades
y daños físicos, como, mudez, Mt. 9:32-33; 12:22; Mr. 9:
17-29; y ceguera, Mt. 12:22; Mt. 7:21. Las escrituras nos
mencionan de un caso en que un espíritu malo produce
un problema físico en la mujer que permanecía
encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar,
desde hacía dieciocho años, Lc. 13:11.

 Producen enfermedades mentales. El termino lunático


se refiere a ciertas enfermedades mentales, epilepsia,
esquizofrenia, depresiones, y locura que llevan al hombre
al descuido personal, al tormento, la desnudez y la
violencia, tal es el caso del endemoniado gadareno,
después que Jesús lo liberó, sus discípulos lo encontraron
a sus pies, “sentado y en su juicio cabal”, Lc. 8:35.

Estas posesiones atormentan a las personas llevándolas al


suicidio, o a lastimarse, como el caso del hombre que se
arrodilló ante Jesús, para decirle: “Señor ten misericordia de
mi hijo que es lunático y padece muchísimo, porque muchas
veces cae en el fuego y muchas en el agua”, Mt. 17:15, este
mismo hecho es narrado por Marcos, quien nos adiciona:
“… ser traído el muchacho ante su presencia, el espíritu al
ver a Jesús: sacudió con violencia al muchacho, quien
cayendo en tierra se revolcaba echando espumarajos”, Mr.
9:20-22.

Los demonios se oponen a la obra de Dios


Los creyentes no luchamos contra un enemigo de carne
y sangre, sino contra principados, potestades, gobernadores
de las tinieblas de este siglo y contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes, Ef. 6:12. Todas estas
fuerzas están decididas a no dar tregua en la lucha contra el
pueblo de Dios. Satanás y los demonios están confabulados
para luchar contra la iglesia, a fin de desanimar a los creyentes,
y destruir sus vidas espirituales. Aunque gran parte de
nuestras luchas, viene como producto de nuestra naturaleza
caída, Ro. 7:21-24; Stg. 1:14-15; y del mundo que nos rodea,
Ef. 2:2-3; 1 Jn. 2:15-17. Debemos tener en cuenta que estas
fuerzas malignas pueden utilizar los aspectos de nuestra
condición humana, para emplearlas en nuestra contra.

A continuación examinaremos algunas de las formas en las


cuales somos atacados:
 Atacan nuestra confianza y compromiso. Pablo
escribió a los efesios:
“Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en
el poder de su fuerza, vestíos de toda la armadura de Dios,
para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo”. Ef. 6:10,11.
Las fuerzas del mal atacarán nuestra confianza en Dios,
para que entremos en desanimo. Cuando perdemos la
confianza, viene la indisposición que nos lleva a bajar la
guardia, exponiéndonos a ser vencidos por el mal. Pablo nos
reitera en su llamado a “estar firmes y a la utilización de la
armadura de Dios”, Ef. 6:11-12; Santiago nos complementa:
“Someteos pues a Dios, “resistid al diablo”, y huirá de
vosotros”, Stg. 4:7; estos dos textos instan al creyente a
vestirse de la armadura del Cristo y luego a “resistir”, y a
“estar firmes”.

 Nos tienta para que caigamos. Satanás y sus


demonios pueden enceguecer a los creyentes,
llevándoles a dar mal uso de las debilidades de la carne;
hasta producir deseos egoístas y pecaminosos, 1 Co. 5:1-
5; 1 Ts. 4:3-5; 1 Jn. 2:16. En el mensaje a las siete
iglesias, el ángel advierte a la iglesia de Pérgamo, acerca
de la influencia de Satanás, Ap. 3:13 y su influencia
respecto a la idolatría y la fornicación, Ap. 2:14. La misma
clase de advertencia del ángel, es dada a la iglesia de
Tiatira, en la que la influencia demoníaca había llevado a
los siervos de Dios, a ser seducidos a fornicar y a comer
cosas sacrificadas a los ídolos, Ap. 2:20. Los demonios
pueden llevar a los creyentes a ser tentados hasta
hacerlos orgullosos, avaros y pasionales, 1 Ti. 3:6; 1 Jn.
2:16.

 Crean divisiones. El propósito de Dios con su iglesia, es


la unidad de su cuerpo, Ef. 4:46, la cual debe mantener
en la unidad del Espíritu, y en el vínculo de la paz, Ef. 4:3.
El Espíritu Santo fue derramado como una de las más
grandes bendiciones para la iglesia, teniendo como
primordial condición, el estar “unánimes juntos”, Hch. 2:1,
Jesús había dicho: “porque donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”,
Mt. 18:20.

Satanás y los demonios saben que al dividir el esfuerzo


mutuo, puede arruinar la relación de la iglesia con Cristo,
por eso generan divisiones internas entre sus miembros,
celos, ambiciones egoístas, arrogancia, altivez… Stg.
3:14-16, también promueven divisiones doctrinales.
Todas estas acciones divisionistas del enemigo, llevan a
desgarrar y a partir en pedazos, el cuerpo de Cristo, de
ahí la advertencia de Pablo: “guardaos de los perros,
guardaos de los malos obreros, guardaos de los
mutiladores del cuerpo”, Fil. 3:2.
 Promueven doctrinas de demonios. En la despedida de
Pablo en Éfeso, este hace una final recomendación a la
iglesia:

“Porque yo sé que después de mi partida, entraran en


medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán
el rebaño y de vosotros mismos se levantarán
hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar
tras de sí a los creyentes”, Hch.
20:29-30.

El mismo Pablo le habla a Timoteo de espíritus


engañadores y doctrinas de demonios, 1 Ti 4:1. Juan nos
habla de falsos profetas que niegan la manifestación en
carne, de nuestro Dios, a través de Jesucristo, 1 Jn. 4:1-
3; quienes tienen apariencia de piedad, pero niegan la
eficacia de ella, 2 Ti. 3:5; y se oponen a la verdad, 1 Ti.
4:3, 4, 8.
CAPITULO V

LA MANIFESTACION DEL REINO DE DIOS

La venida de Cristo a este mundo, desató en la tierra un


conflicto irreconciliable entre las fuerzas del bien, y las fuerzas
del mal, ya existentes desde el principio de todas las cosas.
Satanás previó desde un comienzo los propósitos de Cristo al
venir a este mundo, sabía que venía a instaurar su Reino sobre
sus dominios en la tierra, a hacer nulos sus propósitos de
muerte y a deshacer sus obras de maldad.

Jesús fue atacado sin tregua en forma cruel y despiadada.


Desde su nacimiento la intervención divina anticipó su salida
de Nazaret hacia Egipto. Cientos de niños inocentes sufrieron
los rigores de la sangrienta persecución. Durante su ministerio
soportó reiteradamente, diferentes ataques en contra de su
vida, siendo en todo momento, preservado por la providencia
divina. En el desierto quiso lanzarle desde el pináculo del
templo, para hacerle desistir de su misión entre los hombres.

Esto nos lleva a una pregunta: ¿Por qué tan enconada


persecución? Al comienzo de los tiempos cuando Dios
estableció su reino en los cielos, creo a sus ángeles. Dios se
sentó sobre el trono del universo, y era dueño absoluto de todo
lo creado; sin embargo, Lucero uno de sus principales ángeles,
y quien estaba por encima de la creación angelical, deseo
ocupar el trono de Dios y quiso usurparlo; para lo cual
confabuló contra Dios, organizó una terrible rebelión en los
cielos que arrastró una gran parte de los ángeles de Dios. Dios
lo castigó echándolo de las moradas celestiales, Isaías y
Ezequiel, nos hablan de estos sucesos en el cielo.

Veamos lo que ambos profetas del Señor nos narran en sus


escritos:

“¡Como caíste del cielo, oh lucero, hijo de la mañana!


Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las naciones,
tú que decías en tu corazón: subiré al cielo, en lo alto,
junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el
monte del testimonio me sentaré, a los lados de norte;
sobre las alturas de las nubes y seré semejante al
Altísimo. Más tu derribado eres hasta el Seol, a los lados
del abismo…pero tu echado eres de tu sepulcro como
vástago abominable, como vestidos de muertos pasados
a espada, que descendieron al fondo de la sepultura,
como cuerpo hollado”, “Isaías 14: 13-19.

“…Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la


perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.
En Edén en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra
preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe,
crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y
oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron
preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín,
grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios,
allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te
paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el
día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A
causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de
iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de
Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh
querubín protector, se enalteció tu corazón a causa de tu
hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu
esplendor; yo te arrojaré por tierra delante de los reyes
para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y
con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu
santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual
te consumió y te puse en cenizas sobre la tierra, a los ojos
de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de
entre los pueblos, se maravillarán sobre ti; espanto serás
y para siempre dejarás de ser”, Ezequiel 28:14-19.

El orgullo y la altivez llevaron a Lucero a la consigna


perversa, de tomarse con sedición y engaño el Reino de
Dios, y arrastrar tras de sí, gran parte de la creación
angelical. La respuesta de Dios no se hizo esperar,
después de despojarlo de su hermosura, y lo condenó,
junto a los ángeles caídos, a vagar errante en los infinitos
pasillos del espacio.

La creación del hombre.


Más tarde Dios se dispuso a iniciar una nueva creación,
ordenó la tierra y, construyó un maravilloso huerto, e hizo al
hombre a imagen y semejanza suya, dotándole de
extraordinarias cualidades espirituales y colocándole sobre
toda la creación. Hasta ese momento Satanás y sus ángeles
caídos, estuvieron errantes y dispersos en las profundidades
infinitas del espacio. Esta nueva creación en el edén, se
convertiría en una ocasión más para anhelar un reino ajeno.

La nueva creación era para Satanás, la oportunidad precisa


para usurpar y obtener para sí, la posesión más preciada: el
hombre, al cual convertiría en su víctima y esclavo, además
de despojarle del señorío de la nueva creación que Dios le
había entregado en sus manos. Todos sabemos el resto de la
historia. Sus intrigas, mentiras y engaño esta vez tuvieron
éxito, la palabra de Dios, refiriéndose a esto, nos dice: “El
ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir… “ . En
respuesta a esta acción punible Dios hace una promesa de
redención para el hombre, allí mismo en el edén, diciendo: “y
pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la
simiente suya, esta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el
calcañar”, Gn. 3:15.

El gran conflicto de los siglos


El gran conflicto de los siglos ahora quedaba
enmarcado a una irreconciliable lucha espiritual entre Satanás
y la simiente de la mujer, entre el reino de Satanás y los
poderes del Reino de Dios, en la que Jesús se propondría
retomar lo que Satanás había tomado con engaño, y restaurar
en el hombre su relación con Dios; perdida por causa de su
pecado de desobediencia. El Reino de Cristo, se impondría
sobre el de Satanás, con la muerte de Cristo en la cruz. Y se
impondrá hasta que en la culminación de los tiempos, “los
reinos del mundo, vengan a ser de nuestro señor y de su
Cristo”, Ap. 11:15.
El reino de Dios en acción
Desde el comienzo de su ministerio público, Jesús,
habiendo dejado a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, para
que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
“Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí. Camino del mar,
al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; el
pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los
asentados en región de sombra de muerte, luz les
resplandeció”, Mt. 4 15-16.

El texto nos muestra cómo se encontraba el mundo antes de


la venida del Señor, el cual, estaba convertido en reino y
morada de Satanás y sus demonios. Esta profecía nos revela
la naturaleza de este reino perverso del mal: “Tinieblas y
Muerte”; pero también, nos muestra lo más glorioso y
bienaventurado: “La manifestación del Reino de Cristo, siendo
su principal naturaleza: “La luz y La Vida”; y continúa diciendo:
“y desde entonces comenzó a predicar y a decir:
“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”
Mt. 4:17.

Una vez terminadas estas palabras en el templo de


Capernaum, un espíritu inmundo comenzó a dar voces,
diciendo:
“¡ah! ¿Qué tienes con nosotros Jesús nazareno? ¿Has
venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.
Pero Jesús le respondió diciendo: “¡Cállate y sal de él! Y
el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia y
clamando a gran voz, salió de él”, Mr. 1:21-26.
Reprender y echar fuera demonios, deshacer las obras del
diablo, rescatar al cautivo y arrebatar el botín de manos del
tirano, fue la principal misión de Jesús. La gente atónita y
extrañada, se decía: ¿Qué es eso? ¿Qué nueva doctrina es
esta que con autoridad manda, aun los espíritus inmundos le
obedecen?, Mr. 1:27.
Una vez abandona a Capernaum Jesús da inicio a su poderoso
ministerio de salvación, en toda la tierra la tierra de Judea, al
respecto Mateo, dice:
“y recorrió Jesús a toda Galilea, enseñando en las
sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino
y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo…y le
trajeron todos los afligidos por diversas enfermedades y
tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los
sanó”, Mt. 4:23-24.
El reino de Dios fue siempre el tema central de las enseñanzas
y parábolas de Jesús. Más adelante sucede un episodio en el
que se nos reafirma la naturaleza y propósito de su obra, Mateo
nos narra lo siguiente:
“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo;
y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y
hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿será
este aquel hijo de David?
Más los fariseos al oírlo decían: este no echa fuera a los
demonios sino por Belcebú, príncipe de los demonios.
Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: todo
reino dividido contra sí mismo, es asolado y a toda ciudad
y casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si
Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está
dividido; ¿Cómo permanecerá su reino, y si yo echo fuera
los demonios por Belcebú, por quien los echan vuestros
hijos? Por tanto ellos serán vuestros jueces. Si yo por el
Espíritu de Dios, echo fuera los demonios,
ciertamente, ha llegado a vosotros el Reino de Dios,
porque, ¿Cómo puede entrar alguno a la casa del hombre
fuerte, y saquear sus bienes si primero no le ata? Y
entonces podrá saquear sus bienes”, Mt. 18:22-28.

La casa del hombre fuerte


La expresión hombre fuerte, descrita por Mateo, se refiere
a Satanás; y los bienes que están en sus manos, a las almas
de los hombres, esclavas y a merced de su voluntad. Lucas
nos describe este hecho de la siguiente manera:
“Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en
paz esta lo que posee, pero cuando viene otro más fuerte
que él y lo vence, le quita todas sus armas en que
confiaba y reparte el botín”, Lucas 1121-22.
Isaías había descrito proféticamente estas mismas palabras:
“¿Será quitado el botín del valiente? ¿Sera rescatado el
cautivo de un tirano? Pero así dice Jehová: Ciertamente el
cautivo será rescatado de valiente y el botín será arrebatado al
tirano y tu pleito yo lo defenderé y yo salvaré a tus hijos”, Isaías
49:24-25

Misión y ministerio del Señor Jesucristo


Donde quiera que Jesús estuviera, derribaba y destruía
el reino de maldad, sanando a todos los oprimidos del diablo y
libertando a los hombres poseídos de demonios, Hch. 10:38;
esto hizo siempre parte de su misión y su ministerio, Jesús dijo
de sí mismo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha
ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha
enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a
pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año
agradable del Señor”, Lc. 4:18-19;
Zacarías lo había declarado cuando dijo:
“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, que
nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los
que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para
encaminar nuestros pies por caminos de paz”, Lc.
1:78-79, Simeón había profetizado cuando tomó al niño
entre sus manos, y dijo: Han visto mis ojos la salvación,
la cual has preparado en presencia de todos los
pueblo, luz para revelación a los gentiles”, Lc. 2:30-32

Cuando examinamos cuidadosamente el ministerio de Jesús,


podemos observar en todo momento la verdadera dimensión
de su lucha. La profundidad de su clamor en el huerto y su
sudor como gruesas gotas de sangre, nos muestran un alma
en conflictos. Su lucha nos muestra la naturaleza de las
fuerzas brotadas de las profundidades del abismo; pero en
medio de la noche más oscura para la humanidad, y en medio
de las más espesas tinieblas, y cuando las sombras de la tarde
estaban pasando y el velo negro de la noche lo estaban
cubriendo todo, un estallido de luz incandescente brilla en el
Calvario. Jesús mostró su más majestuoso esplendor,
triunfando sobre todas las fuerzas del mal, a través de su
muerte redentora en la cruz del calvario.
CAPITULO VI

VICTORIA DE CRISTO EN LA CRUZ

Es innegable que la lucha librada por Cristo en la cruz del


calvario no fue fácil. El escenario que la rodea muestra una
imagen desgarradora, llena de soledad y de muerte. Contenía
un populacho excitado que vociferaba amenazas e insultos,
que dirigía sus ojos centelleantes de odio en contra del
crucificado, quien agonizaba en estertores de muerte. La
antesala de aquel macabro espectáculo de la cruz, lo muestra
solo y abandonado. Pedro que había intentado hacerle desistir
de su misión redentora, ahora lo niega entre maldiciones. Y
Judas su hombre de confianza, lo entrega con un beso en su
mejilla. Todos lo han hecho a un lado, cada cual ha tomado su
camino. Solo queda Juan su discípulo amad, quien comparte
sus momentos de agonía.
Los principales sacerdotes depositarios de la tradición
sagrada, han conspirado en su contra, buscan testigos falsos
que aseveran falsedad, e instigan su muerte. Eran ellos
quienes pudieron haberlo reconocido, solo ellos debían saber,
que nadie podía hacer las señales que Jesús hacía, si Dios no
estaba con él, Jesús no era la clase de Mesías que ellos
querían. Al principio cuando apenas había nacido, fue víctima
de un sangriento atentado, en el que fueron muertos cientos
de niños inocentes.
En su ministerio debió apenas sobrevivir, fueron múltiples los
intentos para matarle. Jesús aquel día en la cruz podía palpar
la crudeza del desprecio más hiriente, ya había llorado antes,
cuando desde el monte de los olivos contemplando la ciudad
de Dios, susurro:
“Jerusalén, Jerusalén, tu que matas a los profetas y a
pedreas a todo los que te son enviados, cuantas veces
quise juntar tus hijos como la gallina junta a sus polluelos,
pero no quisiste”, Mt. 23:37;
Aun así abrió sus brazos en la cruz, para prodigar de amor al
mundo entero. Ahora allí, en el lugar de la calavera, se
encuentra en la más grande ignominia, desnudo y sufriente,
soportando el ardor de sus heridas, la deshidratación y la sed,
en posición incómoda y respiración dificultosa, sintiendo como
su sangre corría por borbotones sobre todo su cuerpo. Sus
ojos encharcados de sangre aún pueden mirar la turba
enloquecida que le señala y le maldice.
Aquel día no podían faltar quienes habían ejercido el imperio
del mal, las celebridades más importantes del mundo de la
oscuridad: Los principados y potestades que hacían burla
silenciosa del crucificado, la muerte estaba ganando la partida,
el mundo de la oscuridad celebraba con algazara su victoria.
Las fuerzas del mal habían intentado sin éxito destruirle,
tentándole en el desierto e intentando despeñarle y llevándole
a una presión sin límites en el monte de los olivos; todo parecía
que estaba en su contra, este era su momento fatídico, su
martirio y seria también su muerte. Jesús había venido a
rescatar al cautivo del tirano y a defender la causa de los
oprimidos, había venido a buscar y a salvar lo que se había
perdido; sin embargo el fracaso parecía inminente.
El cielo se oscurece, el sol oculta su rostro, la tierra tiembla
ante el impacto de su sangre, no es posible soportar tanto
oprobio a su creador, todo es consternación. Las fuerzas del
infierno están complacidas, era el final de una faena
ansiosamente anhelada, ya hay celebración y alborozo, pero…
algo estaba por suceder. De un momento a otro algo acontece,
los papeles se cambian y con su muerte, ¡Cristo gana la
partida! Pablo lo expresa perfectamente: “Y despojando a
los principados y a las potestades, los exhibió
públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”, Col. 2:15.

El escritor sagrado utiliza la figura de un general romano,


después de ganar una gran batalla, se le permita marchar con
su ejército victorioso sobre las calles de Roma, ante los vítores
y aclamaciones del pueblo, y recibiendo los galardones y
reconocimientos del emperador romano y del senado.

La figura presentada por Pablo en la entrada triunfal del


general romano, exhibía a los reyes y príncipes de los pueblos
vencidos, quienes eran atados y arrastrados con cadenas,
desnudos, y despojados de sus ropas reales y de sus
armaduras. Mathew Henry, en su comentario bíblico dice
respecto a esto: “El verbo triunfar utilizado en el texto de
Colosenses 2:15, thriabeuo, cuyo significado es en
procesión”. Las fuerzas del mal enfrentadas en la cruz por el
Señor Jesús, fueron literalmente despojadas, sus insignias
fueron arrancadas y sus armaduras quebrantadas. Al final
fueron Satanás y reinos, quienes quedaron expuestos a
vergüenza pública, ante los hombres, la corte celestial y el
universo entero.
En la cruz del calvario, Cristo despojó del dominio que hasta
ahora tenían a los principados y potestades, perdiendo su
autoridad y su dominio y demás prerrogativas que habían
alcanzado a causa del pecado del hombre, pero ahora
invalidadas por el sacrificio de Cristo en la cruz.

La gran sorpresa ocurrida en la cruz


El apóstol pablo respecto a lo que sucedió en la cruz del
calvario nos menciona algo realmente sorprendente:
“Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la
sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los
siglos para nuestra gloria. La que ninguno de los príncipes
de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido,
nunca habrían crucificado al Señor de gloria…Pero
Dios nos las reveló a nosotros, por el Espíritu, porque el
Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”, 2
corintios 2:7-10.

Realmente, lo que sucedió en la cruz del calvario fue una


flamante sorpresa para los príncipes de este mundo,
agravando aún más su vergüenza pública. Si hubieran
conocido lo que les depararía la muerte de Cristo, no hubieran
permitido su muerte en manos de sus súbditos. Su muerte
jamás fue una sorpresa para Jesús, lo había dejado entrever
cuando dijo:
“Porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar,
nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la
pongo, tengo el poder para ponerla y tengo el
poder de volverla a tomar”, Jn. 10”17-18.
Antes que este horrendo carrusel de muerte, había que
derrotar al enemigo, ese era el plan estratégico de la eternidad,
que había determinado su muerte, desde antes de la fundación
del mundo, y que Satanás no pudo descifrar, Hch. 2:23; Ap.
13:8.

Para Pablo, su conclusión practica del hecho portentoso de la


cruz, fue la libertad adquirida del dominio de la ley y la justicia
divina a través de la muerte de Cristo. Había sido una muerte
sustituta, quien debía haber muerto en la cruz, era el hombre
por sus delitos y pecados; pero Jesús, lo hizo por nosotros, el
justo por los injustos para llevarnos a Dios, 1 Pe. 3:18.

Doble propósito de la muerte de Cristo


El apóstol Pablo nos presenta su versión sobre los hechos
en la cruz, de la siguiente manera:
“Y a vosotros estando muertos en pecados, en la
incircuncisión de vuestra carne, os dio vida
juntamente con El, perdonándoos todos los pecados.
Anulando el acta de los decretos que había contra
nosotros, que nos era contraria, quitándola de en
medio y clavándola en la cruz. Despojando a los
principados a las potestades, los exhibió
públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”, Col.
[Link]-15.
Anulada la ley por la cual el hombre era hecho pecador, no se
podía juzgar lo dictaminado por ella. El texto nos muestra un
doble propósito de su muerte: “Perdonar nuestros pecados” Y
“Despojar las fuerzas del mal”, este doble propósito es
reafirmado por el apóstol juan, cuando dice: “El apareció para
quitar nuestros pecados”… “Para esto apareció el hijo de
Dios, para deshacer las obras del diablo”, 1 Jn. 3:5-8. En la
cruz del calvario, el hombre fue limpiado de su pecado y el
poder de Satanás fue quebrantado.

Análisis de Colosenses 2:13-14


Este texto nos ofrece con mucha elocuencia, la
importancia de la muerte de Cristo en la cruz:
1. “Y a vosotros entando muertos en pecados, en la
incircuncisión de vuestra carme, os dio vida juntamente
con él, perdonándoos todos los pecados”, versículo 13;
Pablo se había referido a esto mismo en Efesios 2 y
Romanos 6; pero aquí tiene un objeto más claro, mostrar
a los colosenses que no necesitaban de la circuncisión de
la carne, tan preconizada por los judaizantes, puesto que
ahora tenían una mejor y perfecta circuncisión al ser
crucificado, juntamente con Cristo, Ro. 6:6. Esta era la
circuncisión de Cristo, no a la recibida siendo un niño de
ocho días; sino a la efectuada en la cruz, donde el cuerpo
de pecado había sido destruido.
Esta nueva circuncisión nos despoja legal y
posicionalmente, de nuestra vieja naturaleza pecaminosa
y nos provee de salvación. La circuncisión establecida por
la ley es un rito exterior, mientras que la nueva
circuncisión toca el corazón, la cual Pablo llama
verdadera circuncisión, Ro. 2:29; Fil. 3:3.

Mathew Henry, en su comentario bíblico comenta lo


siguiente: “La expresión, perdonándoos todos vuestros
pecados, usa un vocablo por parte de Pablo, que es
paraptoma, que significa otorgar un favor”. Hay
importantes ejemplos como, Romanos 4:25; 5:15; 2 Co.
5:19; Gal. 6:1; Efesios 1:7, cuyo significado primordial es:
“Caída provocada por un paso en falso”, pero para
perdonar no usa Pablo, el verbo corriente aphiemi, sino
Kharizomai que significa: “otorgar un favor”, que también
es utilizado por Lucas, para significar la cancelación de
una deuda, Lc. 7:41-43. Así se explica el ejemplo que
hace Lucas del verbo “deber”, como sinónimo de “pecar”,
Lc.11:4; Mt. 6:14-15; en los que se usa Paraptoma. Los
dos vocablos unidos en el texto de Pablo, Colosenses
2:13, nos da a entender claramente, que en la cruz
quedó cancelada nuestra deuda de pecados
cometidos”.
2. “Anulando el acta de los decretos que había contra
nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y
clavándola en la cruz”, Versículo 14. El texto nos muestra
la cancelación definitiva de nuestra deuda y la forma
como se llevó a cabo. Mathew Henry en su comentario
bíblico, continua diciendo: “El griego kheirographon, que
significa literalmente: escrito a mano, era el término que
se usaba para: pagaré, en el que alguien reconocía una
deuda. El contexto posterior nos indica claramente, a cual
documento se refería Pablo: “Las ordenanzas, los
preceptos y estatutos de la ley de Moisés que nos era
contraria”. La ley no tenía la virtud de hacernos libres de
pecados, sino al contrario, la de encerrarnos a todos en
pecado; ya que por medio de la ley vino el conocimiento
del pecado; Ro. 3:20.
CAPITULO VII

EFECTOS DE LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ

En realidad son innumerables los efectos de la muerte de


Cristo en la cruz del calvario, sin embargo, solo examinaremos
algunos de ellos en este capítulo.

1. Nos dio Vida.

La expresión de Pablo en efesios [Link] “Os dio vida


a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros
delitos y pecados”, tiene como finalidad, presentar en
toda su magnitud todos los efectos del pecado en el
hombre: Una condición de miseria y de ruina espiritual.
Un estado totalmente alejado de Dios, el autor de la vida,
cuyos frutos son obras muertas, Hch. 6:1; He. 9:14. Pablo
establece la diferencia entre el creyente y su vida sin
Cristo, cuando dice: “en otro tiempo”, cuando andábamos
en trasgresiones y pecados, más adelante Pablo reafirma
“Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor
con que nos amó, aun estando nosotros muertos en
pecado, no dio vida juntamente con Cristo”, Ef. 2:4-5.

Pablo escribiendo a los romanos describe claramente la


obra de Cristo en la cruz, cuando dice: “Sabiendo esto que
nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él,
para que el cuerpo de pecado sea destruido…por qué el
que ha muerto ha sido justificado del pecado y si morimos
con Cristo, creemos que también viviremos con El, para
que el cuerpo del pecado sea destruido…porque el que
ha muerto ha sido justificado de pecado”, Ro. 6:6-8.

2. Nos justificó.

Cuando Dios en su misericordia y amor infinitos


decide salvar al hombre, se tropieza con otro de sus
grandes atributos: su justicia. Su misericordia instaba a
Dios a perdonar al hombre, a olvidar su deuda y a borrarla
de su agenda; pero su justicia le llevaba a pagarle
conforme a sus obras. La sentencia de la justicia de Dios,
ya estaba determinada, y esta era y a retribuirle al
hombre conforme a sus actos, la justicia de Dios ya había
determinado, para el hombre su “muerte”, Ro. 3:23; 6:23.
Perdonar al hombre sin que este pagara su culpa, hacia
a Dios misericordioso, pero a la vez, injusto.
Indiscutiblemente, el hombre debía pagar por sus culpas.
Es aquí donde entra a funcionar el plan eterno de la
redención del mundo, J. 3:16. Dios mismo se hace
hombre, su pariente cercano, para tomar el lugar del
hombre perdido en sus delitos y pecados, y cargar en su
cuerpo todos los pecados cometidos por el hombre, como
dice el escritor sagrado, el justo por los injustos para
llevarnos a Dios, 1 Pe. 3:18.

Es en la cruz donde la misericordia y la justicia de Dios se


encuentran, para cumplir con el plan maravilloso de la
salvación del hombre. El escritor sagrado, había
profetizado sobre esto cuando dijo:
“Muéstranos oh Jehová tu misericordia y danos tu
salvación, escucharé lo que hablare Jehová Dios,
porque hablará paz a su pueblo y a sus santos para
que no se vuelvan a la locura, ciertamente cercana
esta su salvación a los que le temen, para que habite
la gloria en nuestra tierra, la misericordia y la
verdad, la justicia y la paz se encontraron, la
verdad brotara de la tierra y la justicia mirara
desde los cielos”, Salmos 85:7-11.
En Cristo se encuentran la misericordia y la verdad, la
justicia y la paz. Jesús es la ofrenda y el mismo es quien
la ofrece; él es el cordero inmolado, y el mismo, es el
sumo sacerdote, quien lo sacrifica, Hch. 5:1; 6:20; 7:26-
28. Pablo nos aclara aún más sobre esto, cuando dice:
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia”, Ro.
3:24. “Justicia y gracia”, son palabras opuestas, pero
que se encuentran en la cruz, como lo indica el
complemento del texto:
“mediante la redención que es en Cristo Jesús” y
continua diciendo: “a quien puso como
propiciación (uno en lugar de otro), por medio de
la fe en su sangre, para manifestar su
justicia…con la mira de manifestar, en este
tiempo su justicia, a fin que él sea el justo y el
que justifica al que es de la fe de Jesús”, Ro.3:24-
26.

Pedro hablando de la obra de Cristo en la cruz, dijo:


“…encomendaba la causa al que juzga justamente,
quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros estando muertos
a los pecados, vivamos a la justicia…”, 1 Pe. 2:23-
24.

El apóstol Pablo, nos muestra como Jesús se puso en


manos de aquel que juzga con justicia, en otras palabras,
Cristo fue quien ofreció el sacrificio en lugar del pecador,
Gal.3:13. La muerte de Cristo, no solo tuvo como finalidad
librarnos de la condenación que sobre nosotros pesaba;
sino también, alejarnos de nuestros pecados, para que
viviésemos para la justicia de Dios.

3. Propiciación por nuestros pecados.

La palabra propiciación significa: expiación, que es


reparar una culpa o devolver un favor. Esta palabra se
usaba en el Antiguo Testamento, en la celebración de las
ofrendas voluntarias, ofrendas que se daban para cumplir
con ciertos votos ofrecidos a Dios, a cambio de mitigar las
culpas y pecados cometidos por el pueblo. La palabra
utilizada en 1 Juan 2:2, es propiciación: “Y él es la
propiciación por nuestros pecados; y no solamente por
los nuestros; sino también por los de todo el mundo”. La
expresión propiciación o propiciatorio, tiene que ver con
la cubierta o tapa que cubría el arca del pacto en el lugar
santísimo, Ex. 25:22. Esto es muy significativo, porque en
el propiciatorio era precisamente, donde la sangre del
cordero sacrificado se derramaba el día de la expiación.
Una vez al año, cuando eran expuestos todos los pecados
del pueblo, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo
para derramar la sangre en el propiciatorio. El arca estaba
justo debajo del propiciatorio, y contenía las tablas de la
ley de Dios dadas a Moisés, y trasgredidas por el hombre.
Jesús derramó su sangre en la cruz, como nuestra
propiciación delante de la justicia de Dios. Cristo se
interpuso entre las exigencias de la justicia Divina y
nuestra imperfección y pecado.

4. Estableciendo la familia de Dios.

El apóstol Pablo declara que por la sangre de Cristo,


los dos pueblos que antes estaban lejanos, el judío y el
gentil, fueron hechos cercanos, pues de muchos pueblos
hizo uno, derribando “la pared intermedia de separación”,
aboliendo en su carne destruida en la cruz, las
enemistades, la ley de los mandamientos expresadas en
las ordenanza, para crear en sí mismo de los dos pueblos,
uno nuevo, Ef. 2:13-22. Cristo al morir clavó en la cruz
nuestras culpas, y subsanó cualquier grieta de separación
que había entre nosotros y Dios. Esto dio origen al
establecimiento e institución de la iglesia sobre la tierra,
Jn. 17:21.

Fue exactamente eso lo que quiso señalar Jesús en la


cruz, cuando al ver a su madre y al discípulo que él
amaba, dijo: “Mujer he ahí a tu hijo”, después dijo al
discípulo: “he ahí a tu madre, Jn. 19:26-26. No era la
primera vez que la llamaba: madre. Al inicio de su
ministerio en las bodas de Caná, cuando se había
agotado el vino, María su madre, se lo hace saber, pero
él le responde: “¿Qué tienes conmigo mujer? En esta
ocasión no la llama madre. Otro día hablaba con la gente,
cuando su madre y sus hermanos que estaban afuera le
querían hablar, y alguien le dijo:
“He aquí tu madre y tus hermanos, y te quieren
hablar, respondiendo él a quien le decía esto, dijo:
¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Y
extendiendo sus manos hacia los discípulos, dijo:
“He aquí mi madre y mis hermanos”. Porque todo
aquel que hace la voluntad de mi padre que está en
los cielos, ese es mi hermano y hermana y madre”,
Mateo: 12:46-50.
Las palabras de Jesús tienen un doble sentido. Primero,
su familia humana: su madre y sus hermanos están
afuera, mientras, él comparte su palabra con quienes
están adentro, es decir, con los que, voluntariamente,
querían estar con él para oírle y seguirle. ¿Por qué no
habían entrado también como los demás, su madre y sus
hermanos, para participar de sus palabras de vida eterna?
¿Acaso sus ocupaciones cotidianas u otros compromisos,
se lo impedían? Sin embargo, el Señor algo quiso decirles
a su familia, y a quienes estaban con él en ese momento.
La expresión “los suyos”, presentada por Marcos, en la
narración, no se relacionaba con sus discípulos, puesto
que estos estaban con él, los suyos vinieron para
atenderle, porque decían, está fuera de sí porque Jesús
no había probado bocado, Mr. 3:20-21. Esto no era nuevo
para el Señor, cuando aún era un niño, estando en
Jerusalén. José y María al notar su ausencia, le
buscaban. Cuando lo encontraron estaba sentado en
medio de los doctores de la ley, oyéndoles y
preguntándoles. Cuando lo encuentran le dice su madre:
“Hijo, ¿Por qué nos has hecho así? He aquí tu padre y yo
te hemos buscado con angustia. Entonces Jesús les dijo:
“¿Por qué me buscáis? ¿No sabéis que en los negocios
de mi padre me es necesario estar?, Lc. 2:41-49.
Si María hubiera recordado estas palabras el día en que
ellos y los hermanos de Jesús, le buscaron, seguramente,
no lo hubieran interrumpido. Jesús utiliza esta situación
para revelar lo que sería una de sus obras más gloriosas
en la cruz: La institución de la verdadera familia de
Cristo, su iglesia, Jn. 1:12. Hacer la voluntad de Dios
crea un parentesco, mucho más estrecho y profundo, que
el de la familia humana. Establece una relación mucho
más noble, en la que los vínculos del amor de Dios, son
mucho más fuertes e indestructibles que los lazos de la
sangre.

5. Acercándonos a Dios a través del rompimiento del


velo.

El velo del templo que separaba el lugar Santo del


lugar Santísimo, se rasgó en dos de arriba abajo. No
debajo hacia arriba como si hubiera sido hecho por la
mano humana, sino de arriba hacia abajo, mostrando la
intervención divina. El velo tipificaba el muro divisorio que
impedía el acceso del hombre hacia la presencia de Dios,
a causa de sus pecados. Isaías había dicho: “Pero
vuestras iniquidades han hecho división entre
vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han
hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”,
Isaías 59:2. Al ser solucionado el problema del hombre,
no tenía sentido el velo divisorio en el templo que
representaba el pecado del hombre. Pagada la deuda
debía romperse el pagaré del acta de los decretos que
nos era contraria.

El velo del templo era una gran cortina que impedía la


mirada y acceso desde el Lugar Santo y al Lugar
Santísimo, Ex. 26:33; aunque había otro velo en la
entrada del atrio exterior que impedía el acceso del
pueblo hacia el lugar Santo, era el velo interno el que tenía
una significación más simbólica, ya que el Lugar
Santísimo, contenía en su interior la gloria de Dios o
Shekinah.

El Velo del templo tenía como finalidad exclusiva: Ocultar


los elementos sagrados que representaban la eterna
presencia de Dios. Jesús había sido crucificado a eso de
las nueve de la mañana, al medio día las tinieblas
cubrieron la tierra, y alrededor de las tres de la tarde,
Jesús habiendo clamado en gran voz, entregó el Espíritu
y “He aquí el velo del templo se rasgó en dos de arriba
abajo”, Mt. 27:50-51. En ese mismo momento en que se
celebraba el sacrificio de la pascua, en el lugar Santísimo,
por parte del sumo sacerdote, el Señor Jesucristo
realizaba el único y gran sacrificio por todos los pecados
de los hombres en la cruz del calvario.

Los sacerdotes fueron testigos de excepción de la ruptura


del velo del templo, seguramente, debió haber sido muy
grande la admiración de los sacerdotes que estaban en
el Lugar Santo, cuando sus ojos se dirigieron por primera
vez al lugar Santísimo, donde solo el sumo sacerdote,
podía entrar una vez al año. El sacrificio de Cristo, había
solucionado el problema que impedía al hombre tener
contacto y comunión, con la presencia de Dios, Hch.
10:10; 12:14. El efecto de tal milagro trajo que muchos de
los sacerdotes, al poco tiempo, obedecieran a la fe, Hch.
6:7.

Ahora podemos entender por qué, Jesús escogió para su


magno sacrificio en la cruz, la pascua, Mt. 26:2. Los
sacerdotes habían desistido de contra su vida en la
celebración de pascua, Mt. 26: 3-5; pero el plan ya estaba
hecho, Jesús había determinado que moriría en la
pascua, Jn. 12:23. Su sacrificio ya estaba determinado,
desde antes de la fundación del mundo, como también
había sido determinado el día y la hora en que Jesús
entraría al lugar Santísimo, para ofrecer un solo y único
sacrificio por los pecados de los hombres.

La muerte de Cristo en la cruz, por su sangre y el


partimiento de su carne, estableció un camino nuevo y
vivo hacia el lugar Santísimo, Hch. 10:19-20. Ahora
cualquiera por su fe en su obra, puede acercarse al trono
de la gracia donde se encuentra la presencia de Dios.
CAPITULO VIII

LA AUTORIDAD ESPIRITUAL

Para entender más claramente el concepto de autoridad


espiritual, comencemos por definir, que es Autoridad. En
términos generales, autoridad es facultad o derecho de mandar
o gobernar a personas subordinadas. Una autoridad es una
figura que tiene permitido ejercer el poder para mantener el
orden, en el ámbito que le pertenece, puede tratarse de una
persona, un grupo de personas o una entidad, ya sea pública
o privada. Esta tiene el mando ante toda situación que se
presente, y su propósito busca el bien común. Por ejemplo,
alguna vez hemos sido detenidos por un agente de tránsito;
solo tiene que levantar su mano para que de inmediato,
detengamos el vehículo. Un agente de tránsito no tiene la
fuerza humana para detener un vehículo en marcha, ¿Por qué
entonces detenemos nuestro vehículo, con todo respeto y
sumisión? Es por causa de la autoridad investida por el
gobierno, al cual sirve, y se halla representada en su uniforme
o investidura.

Pablo nos aclara más acerca de esto, cuando dice:


“Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza”, Ef.
6:10, el creyente no ejerce sus propias fuerzas, él se hace
fuerte en las fuerzas del Señor, y en la autoridad recibida de
él. El creyente no logrará vencer las fuerzas del mal ni tendrá
éxito, a menos que “ejerza” esa fuerza y autoridad. La
autoridad Espiritual está precedida por la fuerza, no olvidemos
que los violentos arrebatan el reino. La autoridad de Dios,
debe ejercerse con ímpetu, con seguridad, y decisión.

En el Nuevo Testamento, Jesús, es el depositario de toda


autoridad de Dios. Todas las cosas están sujetas a él, Col.
1:17; Jn 17:2. Su autoridad es manifestada en la predicación,
Mr. 1:22; 7:29; Lc. 4:32; en su poder para perdonar pecados,
Mr. [Link]; al disponer del sábado; Mr. 2:28; en su capacidad
de curar enfermedades, Mt. 4:41; al echar fuera demonios, Mt.
12:28; Mr.
5:8; Lc. 4:36; Mr. 1:27 y sobre la naturaleza; Mr. 4:41.

A Jesús después de su muerte se le fue dada toda potestad en


el cielo y en la tierra, Mt. 28:18. Leo Harrys en su comentario
del libro el callado del pastor, nos da un concepto etimológico
sobre estas palabras: El término griego exousia significa
autoridad delegada, y esa fue la palabra usada por Jesús,
cuando dijo: “Toda potestad (exousia) me es dada en el cielo y
en la tierra”, Mt. 28:18. Mathew Henry, en su comentario
bíblico dice lo siguiente: La etimología con que fue escrita la
palabra autoridad, tiene su origen en el griego exousia, que
traduce potestad y facultad. En el nuevo testamento es
utilizada simultáneamente como: Poder (potestad) y Autoridad,
Lc. 9:1; 20:20; Ap. 13:2. El diccionario Vila Santamaría,
describe la palabra autoridad como: “un poder oficial de un
superior”. La expresión toda potestad en el cielo y en la tierra,
afirma el dominio universal que tiene el Señor Jesús.
La autoridad de Jesús
La autoridad espiritual del Señor Jesús, fue reconocida
por los hombres: “Y la gente al verlo, se maravilló y glorificó a
Dios, que había dado tal potestad a los hombres”, Mt. 9:8.
Los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,
reconociendo de alguna forma había una autoridad
sobrenatural sobre El, le preguntaron: “¿Dinos con qué
autoridad haces estas cosas o quien es el que te ha dado
esta autoridad?”, ellos nunca pudieron descifrar la naturaleza
y el origen de su autoridad. Si ellos lo hubieran descubierto,
jamás lo hubieran crucificado ni hubieran declarado tal
autoridad, como de Belcebú, príncipe de los demonios, Lc.
11:15.

Cuando el Señor sintió hambre en el desierto, después de


cuarenta días de ayuno, el diablo vino a él y le dijo: “Si eres
hijo de Dios…”, Mt. 4:2, en otras palabras le dijo: si tienes
autoridad… el conocía en cierta forma la misión de Cristo y
reconocía que había sido ungido con autoridad espiritual, Lc.
4:18-22; Mt. 11:5, por esta autoridad Jesús podría haber
convertido las piedras en pan, alimentar su carne, saciar su
hambre, ¿había algo malo en esto? La tentación consistía en
hacerle desistir de su propósito de ayunar en el desierto.
Cuando el diablo dice a Jesús: “Di que estas piedras se
conviertan en pan”, Mt. 4:3, su respuesta fue: “No solo de pan
vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios”, Mt. 4:4.
La autoridad Espiritual de Jesús reconocida por el
Centurión Romano
La persona que mejor nos describe el concepto de
autoridad, a lo largo de toda la biblia, es el centurión romano,
que ruega a Jesús por su siervo que moría de una enfermedad,
Jesús le dice: “Yo iré y le sanaré”, Mt. 8:7 ante esto el centurión
hace un análisis asombroso del concepto de autoridad, de tal
manera que maravilla al Señor. El centurión sabia de autoridad
porque estaba bajo una autoridad superior y de una superior a
todas, la del cesar. El mismo ejercía autoridad sobre sus
soldados y sus siervos, el centurión romano, mejor que nadie
podía comprender y entender la autoridad de Jesús.

Examinemos un poco más a fondo las palabras del


centurión:
“Señor, no soy digno que entres bajo mi techo, solamente,
di la palabra y mi siervo sanará. Porque yo también soy
hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados;
y digo a este: ve y va; y al otro: ven y viene; y a mi siervo:
Has esto y lo hace”, Mateo 8:8-9.

El centurión era un oficial de las legiones romanas, con


autoridad o mando sobre cien soldados. El hecho de convivir
con judíos le convertía en un símbolo por su investidura. El
reconoce a Jesús como el Rey de Israel, al cual otorga toda
autoridad sobre su vida y la de su siervo. La concepción que
tenía acerca de la autoridad de Cristo, le hizo indigno de recibir
a Jesús en su casa. El centurión había apelado a la autoridad
suprema del Señor, él sabía que Jesús podía a través de su
palabra ordenar y sujetar a los demonios y a las enfermedades.

La comisión de los setenta

Una muestra más clara de delegación de autoridad


espiritual, la encontramos en la comisión de los setenta. Jesús
había enviado a sus discípulos a anunciar la paz de Dios, Lc.
9:5; a sanar a los enfermos; Lc. 9:9;a echar fuera a los
demonios, Lc. 9:17. Jesús les dijo que serían enviados como
ovejas en medio de lobos, indicándoles con esto, sobre el
peligro inminente que les acecharía en el cumplimiento de su
misión. La comisión de los setenta, implicaba
automáticamente, una delegación y revestimiento de autoridad
espiritual, lo que les permitiría salir airosos ante cualquier
ataque del enemigo, tan solo necesitaban recibirla y ponerla en
acción.

Cuando volvieron los setenta con gozo, Lc. 9:17, no


mencionaron las incomodidades del viaje ni las dificultades del
camino, ni se quejaron de su fatiga y cansancio, más bien, se
regocijaban del completo éxito de su misión. Y en especial,
sobresale su fascinación de haber “echado fuera demonios”
y reconocen lo más importante de todo: Haberlo hecho “en su
nombre”, ante esto Jesús: “Yo veía a Satanás del cielo como
un rayo”, Lc. 9:18. ¿Qué había ocurrido? Mientras ellos
cumplían la comisión, Jesús había visto un desesperado
esfuerzo de Satanás, por contrarrestar ese poderoso
despliegue de autoridad, que Jesús había delegado en sus
discípulos. Es seguro que este acto de intromisión de los
discípulos del Señor, en el reino de Satanás, fue una verdadera
sorpresa para él. La autoridad de Jesucristo, había sido
trasladada a sus discípulos. La autoridad de Cristo delegada a
sus discípulos en aquella ocasión, incluía la potestad:

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y


escorpiones; y sobre toda fuerza del enemigo y nada
os dañara”, Lc. 9:19.

Esta autoridad les proporcionaba:


1. Un poder ofensivo y destructor. Capaz de aplastar
serpientes y escorpiones, en clara referencia a la
serpiente antigua y a los demonios, Gn. ·:1; Ap. 12:9. La
comisión de los setenta, apenas era el preludio de la Gran
Comisión que sería dada por el Señor al final de su
ministerio:

“…Id por todo el mundo y predicad el evangelio a


toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será
salvo; y el que no creyere será condenado. Y estas
señales seguirán a los que creen: En mi nombre
echaran fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;
tomaran en las manos serpientes, y si bebieren
cosas mortíferas no les hará daño; sobre los
enfermos pondrán sus manos, y sanarán”, Marcos
16: 1518.
2. Un poder defensivo, nada os dañará. Con el que serían
protegidos y resguardados del mal. Una maravillosa
promesa que sería ampliada más tarde por el apóstol
Pablo, cuando dijo:
“¿Quién nos separará del amor de Cristo?
¿Tribulación o angustia, o persecución o hambre, o
desnudez, o peligro o espada? …Antes y en todas
estas cosas somos más que vencedores por
medio de aquel que nos amó, por lo cual estoy
seguro que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por
venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa
creada nos podrá separar del amor de Dios, que es
en Cristo Jesús, Señor nuestro”, Romanos 8:35-38.

La supereminente grandeza de su poder en favor de la


iglesia
Para el apóstol Pablo era demasiado importante que los
creyentes entendieran y tuviesen muy claro, el verdadero
significado, de la supereminente grandeza del poder de Dios,
que sería dada por Jesús a la iglesia. Tener claro la grandeza
del poder de Dios, entregada a la iglesia, definitivamente, le
otorgaba toda la seguridad y confianza, para el cumplimiento
de la misión de llevar su mensaje de salvación por todo el
mundo, veamos lo que dice Pablo:

“No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria


de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de
nuestro Señor Jesucristo, el padre de gloria, os de
Espíritu de Sabiduría y revelación en el conocimiento
de él, alumbrando vuestro entendimiento, para que
sepáis cual es la esperanza a que él os ha llamado, y
cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los
santos, y cual la supereminente grandeza de su poder
para con nosotros los que creemos, según la operación
del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo,
resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en
los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad
y poder y señorío y sobre todo nombre que se nombra, no
solo en este siglo, sino también en el venidero y sometió
todas las cosas bajo sus pies y lo dio por cabeza sobre
todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la
plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”, Efesios
1: 16-23.

El texto escrito por Pablo, es sumamente claro, pero podemos


resaltar que todo el inmenso poder manifestado en la persona
de Cristo, junto a todo lo adquirido en la cruz del calvario, lo
entregó a la iglesia, la cual es su cuerpo. La iglesia es la
depositaria de la supereminente grandeza del poder de Dios.

La expresión “Supereminente grandeza del poder de su


fuerza”, muestra dos superlativos, que indican la máxima
elevación, al cual la lengua human, podía elevar el poder de
Dios, que sería entregado la iglesia. Mathew Henry, en su
comentario bíblico, refiriéndose a esta misma expresión: todos
los vocablos griegos que puedan hallarse en un diccionario,
para expresar la magnitud de ese poder, están aquí,
compactamente apiñados: hiperballon, de donde procede
hipérbole, que significa que sobrepasa toda medida;
meguetos, que significa grandeza; dunamis, que significa
poder; energueia, que significa energía o actividad eficaz;
Kratos que significa soberanía, y finalmente, iskhus, que
significa fuerza.

Dios hizo partícipe a la iglesia de todos los logros alcanzados


por Cristo, en la cruz. Así como Cristo fue resucitado de los
muertos, nosotros también hemos resucitado juntamente con
él, Ef. 2:4; Ro. 6:4; Así como Cristo se sentó a la diestra del
poder de Dios, así también nosotros estamos sentados con él,
en lugares celestiales, Ef. 2:6; Sal. 68:18; así como Cristo fue
puesto sobre todo principado y autoridad, y poder, y señorío, y
sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo sino
también en el venidero, y sometió todas las cosas bajo sus
pies, también lo dio a la iglesia por cabeza sobre todas las
cosas, Ef. 1:22.
CAPITULO IX

LA REVELACION DE DIOS A TRAVES DE LA CONFESION


DE PEDRO

La declaración del Señor Jesús al mostrar el origen y


bienaventuranza de la confesión de Pedro, tienen una
primordial incidencia en el papel que la iglesia debe desarrollar
en el mundo, les invito a examinar el texto completo sobre la
confesión de Pedro:
“Y viniendo Jesús a las partes de Cesárea de Filipo,
pregunto a los discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los
hombres que es el hijo del hombre? Y ellos dijeron: Unos,
Juan el
Bautista; y otros Elías; y otros Jeremías, o alguno de los
profetas. Él les dijo y vosotros ¿Quién decís que soy yo?
Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el
hijo del Dios viviente. Entonces respondió Jesús:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque
no te lo revelo carne ni sangre, sino mi Padre que está
en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y
sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del
hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves
del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra
será atado en los cielos; y todo lo que destares en la tierra
será desatado en los cielos, Mateo 16: 13-20.
Análisis de la confesión de Pedro
1. ¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre?
En esta pregunta encontramos varios aspectos para tener
en cuenta: en primer lugar, tenemos que esta
conversación tiene lugar en la región de Cesárea de
Filipo, el cual era un lugar apartado. La pregunta tenía
sentido, las gentes no sabían mucho de él. En segundo
lugar, se llama así mismo “Hijo del Hombre”, en clara
referencia al Mesías prometido, tal como Daniel lo
presentó, Dn. 7:13 y tal como el mismo lo refirió: Mt. 8:20;
9:6; 12:8; ¡3:41. Este era un “título glorioso”, asignado
solo al mesías. En tercer lugar, la pregunta no estaba
enfocada a los rabinos, los escribas y fariseos; sino al
normal de la población, personas del común del pueblo;
precisamente aquellas personas con las que a menudo
compartía su tiempo, y permanecía en constante relación.
Jesús no había declarado abiertamente su procedencia
divina, había dejado que la misma gente, tomara sus
propias conclusiones. Sus hechos portentosos debían
hablar por sí mismos.

2. Y ellos dijeron, unos, Juan el Bautista, otros Elías,


otros Jeremías o alguno de los profetas. Al ser Jesús
una persona que de ninguna manera pasaría
desapercibida, debió haber causado a lo menos un
concepto diferente. La respuesta de los discípulos, pone
en evidencia la forma de conceptuar de las gentes,
jugando en esto, un papel importante sus prejuicios
religiosos, su forma de evaluar las cosas espirituales y su
forma diferente de evaluar las personas. La forma en que
los pobladores de aquella región, definen a Jesús,
aunque sigue siendo honrosa, los muestra aún lejos de la
realidad.

3. ¿Quién decís que soy Yo? Seguramente Jesús no


desconocía el concepto de las gentes de aquellos
contornos, acerca de sí mismo; Jesús estaba llevando
inductivamente a sus discípulos, a una de las más
grandes revelaciones encontradas en las Escrituras. Era
apenas normal que ellos tuvieran una concepción más
clara y definida acerca de su maestro, puesto que
convivían con él, le habían escuchado en innumerables
ocasiones, hablando acerca de sí mismo, y de su reino, y
le habían visto hacer señales inconfundibles, que
declaraban sin lugar a dudas su procedencia.

4. Tú eres el Cristo el hijo del Dios viviente. Dentro del


plan maestro de la Salvación, estaba señalado que algún
día sus discípulos tendrían que enseñar lo que habían
aprendido de su maestro, Jesús les estaba evaluando.
Era necesario que su conocimiento, estuviera
correctamente afianzado en la verdad. Sus discípulos en
otras ocasiones ya le habían desconocido, especialmente
cuando dijeron: “¿Quién es este, que aun el viento y el
mar le obedecen?, Mr. 4:41. Como pensemos y como
creemos acerca de Jesús, determina con absoluta
certeza la altura de mis convicciones, nuestra disposición
en su obra y el papel a desempeñar como parte de su
iglesia en la tierra. Esa era exactamente la mayor
preocupación de Pablo, con los Efesios, que tuvieran
claro este concepto, Ef. 1:16-17.
5. Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque
no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está
en los cielos. La respuesta posterior de Jesús, muestra
efusividad, y es que ya era un gran triunfo que sus
discípulos le reconocieran como el mesías, o el ungido de
Dios, Is. 61:1. Jesús resalta en esta maravillosa
declaración el origen humilde de Pedro; pero con un
conocimiento que jamás pudo haber sido ilustrado por los
principales entes de educación de la época. En otras
palabras, su confesión no le había venido por nacimiento,
sino por el favor y la revelación de Dios. Tras haber dicho
esto es que le dice: “Bienaventurado eres, Simón…”.
Sobre esta revelación Gloriosa, Jesús había dicho antes:
“Te alabo Padre Señor del cielo y la tierra, porque
escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las
revelaste a los niños”, Mt. 11:27.

Más tarde Pablo le da más sentido a las palabras de


Jesús, cuando dice: “Pues mirad vuestra vocación, que
no sois muchos sabios…sino que de lo necio escogió
Dios para avergonzar a los sabios”, 1 Co. 1:26-31 y Pablo
complementa lo que hemos observado en Efesios 1,
cuando, dice:

“Sin embargo hablamos sabiduría, entre los que han


alcanzado madurez y sabiduría no de este siglo, ni
de los príncipes de este siglo que perece. Más
hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría
oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos,
para nuestra gloria. Antes bien como está escrito:
Cosas que ojo no vio ni oído oyó, ni han subido a
corazón de hombre, son las que Dios ha preparado,
para los que le ama; pero Dios nos la reveló a
nosotros por el Espíritu…para que sepamos lo que
Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos no
con palabras enseñadas con sabiduría humana”, 1
Corintios 2:9-16.

6. Y sobre esta roca edificaré mi iglesia. Se le han dado


diversas explicaciones a esta declaración, respecto a
quien se refería el Señor cuando dijo: “Y sobre esta roca
edificaré mi iglesia”, Mt.16:18. Es la confesión de Pedro
que produce tal declaración, convirtiéndose en su carta
magna, o la cédula real que entraría a darle forma y
configuración a su iglesia.
En esta declaración podemos observar varias cosas:

a. La autoridad de quien hace la declaración y de quien


la firma y la sella (Yo te digo), a Pedro se le da el
derecho legítimo de ser el instrumento utilizado por
Dios, para la instalación de la iglesia, dejando
plenamente aclarado que la mano que edificaría la
Iglesia, era el Señor mismo (edificaré). Cristo sería
el arquitecto de su propia iglesia. El establecimiento
de la iglesia, tiene implicaciones eternas, solo
alguien como Jesús, podría realizar tan grandiosa
obra; sin embargo, Cristo da participación exclusiva
a sus siervos, a quienes convierte en colaboradores,
1 Co.
3:10.
b. El fundamento o las bases sobre las cuales se
edificaría la iglesia, necesariamente, debían ser de
Jesús. Pablo lo expresa posteriormente cuando
dice: “Porque nadie puede poner otro
fundamento que el que está puesto, el cual es
Jesucristo”, 1 Co. 3:11. La parábola expuesta en
Mateo 7: 24-27, nos muestra que él no edificaría su
iglesia sobre la arena, pues esta debía enfrentar los
embates y los fuertes vientos de los siglos. Jesús
edificaría su iglesia sobre la roca, pero… ¿Quién
sería la roca? Para encontrar la respuesta
examinemos los siguientes aspectos:

Nótese, que Jesús no dice a Pedro: sobre ti


edificaré mi iglesia. Jesús tuvo muy en cuenta en su
declaración, el origen transitorio de Pedro al citar a
su padre, cuando le dice: “Simón, hijo de Jonás”,
haciendo notoria la transitoriedad de Pedro, que de
nuevo quedaría evidenciada, cinco versículos más
adelante, cuando Jesús le llama a Pedro, Satanás, y
de haber hablado conforme a los hombres, veamos:

“Desde entonces, comenzó Jesús a


declarar que le era necesario ir a Jerusalén y
padecer mucho de los ancianos, de los
principales sacerdotes y de los escribas; y ser
muerto, y resucitar al tercer día, entonces
Pedro, tomándolo aparte, comenzó a
reconvenirle, diciendo: Señor ten compasión de
ti; en ninguna manera esto acontezca. Pero el
volviéndose, dijo a Pedro: ¡¡apártate de delante
de mí, Satanás!! Me eres tropiezo, porque no
pones la mira en las cosas de Dios, sino en la
de los hombres”, Mateo 16: 21-23.

No era sobre la persona de Pedro sobre la cual,


Jesús edificaría su iglesia, sino sobre la confesión
que Pedro acababa de hacer, al declarar la divinidad
de Jesús, lo que hizo a Pedro como su propio
nombre lo indica, una piedra viva, como lo es cada
creyente, la cual es “sobrepuesta” sobre la principal
piedra del ángulo, del edificio llamado la Iglesia, que
es ¡¡Jesucristo!! 1 Pe: 2: 57.

c. El edificio que Cristo construiría seria su iglesia,


Jesús utiliza esta misma expresión solo una vez
más, en Mateo 18:17, y se le da una significación de
Asamblea o comunidad (Eklesia). A Pedro se le da
el crédito, históricamente, de participar activamente
en la formación de la primera comunidad cristiana,
primero entre los judíos, el día de pentecostés, Hch.
2 y luego entre los gentiles en la casa de Cornelio,
Hch. 10.

7. Y las puertas del hades no prevalecerán contra ella.


Es como si la delegación de autoridad dada a la iglesia,
dependiera exclusivamente de la revelación de Pedro. La
expresión griega de hades, se refiere a las profundidades,
el lugar de los espíritus de los seres humanos después de
su muerte. Una de las obras de Cristo en la cruz fue
quitarle a Satanás la influencia que ejercía sobre la
Muerte y el hades. Esta declaración hecha por el Señor
Jesús, estaba garantizando la inmortalidad de la
iglesia, estableciendo un mejor futuro y destino para
ella. La iglesia podrá experimentar reveses, sufrir la
enfermedad, los escases, la espada, la persecución y la
misma muerte; pero jamás verá las profundidades del
hades. La iglesia a través de los tiempos se ha sostenido
incólume, en medio de los más furiosos ataques del
enemigo, ha sido siempre: “más que victoriosa”, Ro.
8:37.

8. A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Jesús


refiriéndose a los interpretes de la ley, los reprende por
haber quitado “la llaves de la ciencia”, Lc. 11:52, Jesús
habla de la llave del conocimiento que los interpretes de
la ley por tradición, tenían para abrir el sentido de las
escrituras, Lc. 24:32. El día de pentecostés, Pedro abrió,
no solo el entendimiento de los tres mil, sino también,
abriría la puerta a “los judíos ya los gentiles”; como
pasó en la casa de Cornelio, abriendo el entendimiento y
la puerta del camino al reino de los cielos, a los gentiles,
Hch. 2: 37-42 y 10: 44-48. En ambas ocasiones
trascendentales, el arrepentimiento, el bautismo en el
nombre de Jesucristo y la recepción del Espíritu Santo,
fueron el fundamento, sobre el cual, la iglesia sería
instituida. En ambas ocasiones, tanto en el aposento alto
el día de pentecostés, como en la casa de Cornelio, Pedro
no actuó solo, el Espíritu Santo, participó activamente, en
la fundación de la iglesia de Cristo.
9. Y todo lo que atares en la tierra será atado en los
cielos; y todo lo que destares en la tierra será
desatado en los cielos. El término “atar y desatar”, viene
del argot rabínico, que significa prohibir y permitir, obligar
y desobligar, Mt. 18:18; Jn. 20:23. Como ya hemos visto,
la iglesia es la depositaria del triunfo de Jesús sobre las
huestes del mal.
CAPITULO X

EL PODER DEL ESPIRITU SANTO

En estos tiempos del fin, también llamados tiempos


peligrosos, declarados personalmente por el mismo señor
Jesucristo, como los tiempos en los que la apostasía
pregonada por falsos predicadores, el Espíritu Santo ha
pasado a un segundo plano, en el que prácticamente ha sido
relegado de su preminente lugar. En el afán de justificar la
salvación a cualquier costo, se está proclamando que en la
vida y desarrollo de la iglesia en este mundo solo basta tener
la obra del Espíritu, olvidándose los verdaderos antecedentes
del verdadero pentecostalismo, cuando 120 fueron llenos del
Espíritu Santo hablando en nuevas lenguas. Esta fue la
doctrina que aprendí de mis pastores Verner Larsen, Bill Drost,
Domingo Zúñiga y Eliseo Duarte, hoy no están con nosotros,
pero viven a través de sus poderosas enseñanzas en nuestros
corazones, enseñanzas que generaron grandes avivamientos
que alcanzaron a miles.

Es posible que un creyente sea llevado al arrepentimiento por


la obra del Espíritu, lo que implica ciertos cambios en su
comportamiento habitual, también es posible que ello implique
hasta cierto punto y bajo ciertas circunstancias, la salvación de
un creyente; pero, el peligro de esta aseveración es crear un
estado de conformismo peligroso, llevando al creyente a
pensar que la vida cristiana termina con el bautismo, pero en
la realidad de la verdadera doctrina pentecostal, allí no termina
la misión de un hombre de Dios. Su llamamiento incluye llevar
el mensaje de salvación a todas las naciones, a través de la
obediencia de la gran comisión, para lo cual, se hace
absolutamente necesaria, la unción, la llenura o el bautismo
del Espíritu Santo en su vida, recordemos que en la gran
comisión expuesta por Marcos, dentro de las señales que
seguirían a los creyentes, irrefutablemente, está la de hablar
en nuevas lenguas, Mr. 16:17.

Examinemos lo siguiente: en la comisión de los 70, los


creyentes que la cumplieron, tenían ciertos cambios positivos
en sus vidas, también, recibieron la autoridad dada por el poder
de la palabra del Señor, de predicar su paz, echar fuera
demonios y sanar a los enfermos, aspectos que se cumplieron
al pie de la letra, Lc. 10: 17-20; sin embargo, en los planes del
Señor eso no era todo. Después de entregar la gran comisión
a sus discípulos, Mt. 28:18-20, el señor Jesús fue muy
cuidadoso de advertir, señalar y declarar, que antes de salir
a cumplir con la magna encomienda de llevar el mensaje de
Dios a las naciones y a hacer discípulos, primero y antes de
todo debían permanecer en Jerusalén hasta ser investidos
del poder del Espíritu Santo: “Y estando juntos, les mando
que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan
ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis
bautizados con el Espíritu Santo, dentro de no muchos días,
Hch. 1:4,5.

La gran importancia tanto de la obra como la unción del


Espíritu Santo en la vida del creyente está enmarcada en las
palabras del señor Jesús a Nicodemo: “De cierto, de cierto te
digo que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede
entrar en el reino de Dios”, Jn. 3:5. La misión de todo
predicador es inicialmente llevar al pecador al
arrepentimiento, pero advertir, señalar y declarar la urgente
necesidad de llegar hasta recibir el poder del Espíritu Santo
con la señal inequívoca de hablar en nuevas lenguas como
en el día de pentecostés.

Cuando Jesús les dijo a sus discípulos: “Pero recibiréis poder


cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…”,
Hch. 1:8, estaba revelando su principal característica. El
Espíritu Santo es el poder la Deidad. Miqueas dijo” Mas yo
estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio, y de
fuerza…”, Mi. 3:8. Zacarías dice: “No con ejercito ni con
fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los
ejércitos”, Zac. 4:6.

El Espíritu Santo no solo nos da poder espiritual, sino que


también puede aumentar el vigor y las fuerzas físicas, cuando
es necesario para la realización de los propósitos divinos. Elías
obtuvo su fuerza, de la unción divina cuando enfrentó y mató
en un día, a cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, 1 Re.
18:46. Sansón obtuvo su gran fuerza de la unción de Dios, para
derribar las columnas del templo pagano, y matar a más
enemigos que los que mató en toda su vida, Jue. 16:30.
El poder del Espíritu Santo le otorga al creyente: Valor, firmeza,
seguridad, osadía, y celo cuando se predica contra el pecado,
Miqueas dijo al respecto: “Mas yo estoy lleno del Espíritu de
Jehová y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su
rebelión y a Israel su pecado”, Mi. 3:8. Esa misma unción
estuvo sobre Pedro el día de Pentecostés; cuando el
pusilánime y cobarde Pedro, lleno de valor y de arrojo después
haber sido lleno del poder del Espíritu Santo, se puso en pie
ante la multitud para declararle su pecado y culpabilidad, Hch.
2:36-40. Pedro más tarde se enfrentaría con la misma libertad
y osadía al sanedrín, para responder por la curación de un cojo.
Hch. 4:8-12. El Espíritu Santo puede dotar al creyente de
seguridad y de confianza ante la misma muerte, como
aconteció con Esteban, quien mientras moría su rostro se hizo
como el de un ángel, Hch. 6:15.
El Espíritu Santo da poder para vivir santamente, para vencer
las tentaciones, para producir valor, para fortalecer en los
sufrimientos y para consolar en las pruebas. El creyente es
regenerado, Jn. 3:3-6 sellado, Ef. 1:3; bautizado, 1 Co. 12:13;
fortalecido, Ez. 2:2; Jue. 14:6; llamado, Hch. 13:2; Instruido; Jn.
14:26; ungido, Is. 61:1; 1 Jn. 2:27; comisionado y enviado;
Hch. 13:2-4; guiado, Ro. 8:14; conducido a la obediencia, Hch.
8:29; crea dependencia, Hch. 15:28; comunión con Dios, Ro.
15:28; 8;16; 2 Co. 13:14; hace una persona del Espíritu, Ro.
8:5.

El poder del Espíritu Santo guía al creyente en todas sus


actividades: guía a toda verdad, Jn. [Link] decide a donde ir;
Hch 9:11; envió a Felipe al desierto a predicar al etíope, Hch.
[Link]; envió a los tres hombres a buscar a Pedro para que
fuera a la casa de Cornelio, Hch. 10:19-20, prohibió a Pablo ir
a Bitinia y le mostró ir a macedonia, Hch. 16:7-10 y abrió el
corazón de Lidia para que escuchara a Pablo, Hch. 16:14.
El Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad y falta
de conocimiento:

“Y de igual manera el Espíritu Santo, nos ayuda en


nuestra debilidad, pues que hemos de pedir como
conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede
por nosotros con gemidos indecibles, más el que
escudriña nuestros corazones, sabe cuál es la intención
del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios,
intercede por nosotros”, Ro. 8:26-27.

Jesús les promete enviar otro consolador


El Señor Jesús les dijo:
“Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuera,
el Consolador no vendría a vosotros, más si me fuere,
os lo enviaré”, Juan 16:6.

Jesús les dijo: “Os conviene, ¿esto les convendría realmente a


los discípulos? La expresión conviene, habla de una mejora en
las condiciones de su relación con Cristo.

¿Qué beneficios habría en su partida, si cuando estaban


angustiados, allí estaba él, para consolarlos y si estaban
debilitados por las pruebas y las dudas, allí estaba él para
fortalecerlos? Jesús era todo para ellos, no querían a nadie
más que a él. El anuncio de su partida produjo lógica tristeza,
vendría otro Consolado para ellos, solo que ellos querían que
su consolador siguiera siendo Jesús, a quien ya conocían y en
quien habían depositado toda su confianza.

Los evangelios generalmente, nos muestran a Jesús, aparte,


solo y alejado de sus discípulos, como cuando estuvo en el
pozo de Sicar, junto a la mujer samaritana; cuando estuvo con
el endemoniado gadareno. Jesús se ausentaba en sus largas
horas de oración en las madrugadas, o cuando sus discípulos
se alejaban de él, en búsqueda de alimentos.

¿Dónde radicaba la conveniencia que Jesús se fuera y enviara


al consolador? En que Jesús ya no estaría limitado entre ellos
en espacio, tiempo y lugar, a causa de su naturaleza humana.
El Consolador al que Jesús se refería era el Espíritu Santo, y
por su naturaleza espiritual, ya no estaría limitado, ya no
volverían a estar solos, ni siquiera en las situaciones más
cotidianas de la vida.

El Espíritu Santo es Jesús


Jesús hablando acerca del Espíritu Santo, dijo:
“Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que
este con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, al
cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le
conoce, pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros y estará en vosotros”, Juan 14:16-17.
En este texto podemos observar cuatro cosas:
1. Vosotros le conocéis… ¿Y cómo iban a conocerle,
apenas estaban escuchando de un consolador que sería
enviado por El? Ellos ni siquiera sabían a fondo sobre el
Padre, Jn. 14:8; pero del Consolador no tenían ni idea,
pero el Señor les dice: “vosotros le conocéis”, ¿Cómo
sería eso, si al único que conocían era a Jesús?

2. Porque mora con vosotros… ¿Quién moraba con ellos,


no era acaso Jesús? Nótese, que no dice morará con
vosotros, refiriéndose a la posterior venida del
Consolador. La expresión mora con vosotros, es hecha
en tiempo presente, es decir, que quien realmente,
moraba en ese mismo instante con ellos, era Jesús
mismo. El Señor de alguna manera les estaba refiriendo
deductivamente, la verdadera relación entre Jesús y el
Consolador.

3. No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros. Jesús


consuela a sus discípulos en medio de su tristeza, y les
dice: “no os dejare huérfanos, vendré a vosotros”,
¿Vendré a vosotros? Exactamente, vendré a vosotros, es
decir el mismo vendría, pero no en la forma como ellos
conocían, sino en la forma espiritual, ¡¡Impresionante
revelación!!

4. Y estará en vosotros… La expresión “en”, es un prefijo


que significa dentro de… y la expresión “entre”, es un
prefijo que significa, intermedio, alrededor de…Jesús en
su forma humana tan solo podría estar “entre”, mas no
dentro de ellos. Con esto Jesús les estaba diciendo que
él en su nueva forma espiritual, estaría dentro de ellos,
pero en la forma del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es Jesús glorificado


En el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos,
poniéndose en pie dijo:

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, el que cree en


mi como dice la escritura, de su interior, correrán ríos
de agua viva, esto dijo del Espíritu Santo,
que habían de recibir los que creyesen en él , porque
Jesús no había sido aún glorificado”
Juan 7: 37-39.

Este texto muestra varios aspectos importantes:


1. Porque Jesús no había sido aún glorificado. El
Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en
Jesús, solo vendría si Jesús fuese glorificado. Jesús una
vez que partió al cielo, fue recibido arriba en gloria.
Pablo describe muy bien el proceso de glorificación del
Señor, cuando dice: “E indiscutiblemente, grande es el
misterio de la piedad, Dios fue manifestado en carne,
justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado
a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en
gloria”, 1 Timoteo 3:16.
¡¡Jesús fue recibido arriba en gloria!! Jesús glorificado
seria el Espíritu Santo.
2. Si alguno tiene sed venga a mí y beba, el que cree en
mí como dice la escritura, de su interior correrán ríos
de agua viva. El Espíritu en la vida del creyente, es una
fuente inagotable de todo lo que representa Cristo en
nosotros, como dijo Pablo, más adelante: “…Cristo en
vosotros, la esperanza de gloria”, Colosenses 1:27. Ya
Jesús había referido sobre esto a la mujer samaritana,
refiriéndose al agua del pozo: “Cualquiera que bebiere de
esta agua volverá a tener sed, más el que bebiere del
agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el
agua que yo le daré, será en él, una fuente de agua que
salte para vida eterna”, Juan 4: 13-14.

El nombre del Espíritu Santo es Jesús


El apóstol Pablo, escribiendo a los romanos, nos muestra
en un solo texto, tres nombres para referirse al Espíritu Santo:
El Espíritu, Espíritu de Dios y Espíritu de Cristo, Ro. 8:9. Y
es el mismo Pablo, quien más adelante, refiriéndose al Espíritu
Santo, lo llama: Espíritu de Jesucristo, Fil. 1:19.
Hay dos textos escritos por el apóstol Pedro, uno escrito en su
segunda carta y el otro texto en su primera carta, donde
encontramos, algo sumamente interesante, refiriéndose en
ambas cartas, respecto de quien, inspiro a los profetas en el
Antiguo testamento. En su segunda carta, Pedro dice, que
quien inspiro a los profetas, fue el Espíritu Santo; sin embargo,
en su primera carta, dice que quien los inspiro, fue el Espíritu
de Cristo. ¿Hubo alguna contradicción por parte de Pedro, o el
Espíritu Santo, y el Espíritu de Cristo, es el mismo Espíritu?
Veamos los dos textos:
“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad
humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo”, 2 Pedro 2:21.
Revisemos el texto de Pedro en su primera carta:
“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a
vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca
de esta salvación, escudriñando que persona y que
tiempo, indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en
ellos…”, 1 Pedro 10: 10-11.

Para el apóstol Pedro, el Espíritu Santo y el Espíritu de


Cristo, es la misma persona.
Al preguntarnos quien de veras estaba en los profetas, ¿El
Espíritu Santo o Cristo? Pablo nos aclara que no hay más que
un solo Espíritu, 1 Co. 12:4; 12:11. Seguramente no
encontraríamos una respuesta, a menos que concluyamos que
el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo, lo que nos lleva a otra
conclusión lógica: ¡¡el nombre del Espíritu Santo es
Jesucristo!!

El nuevo testamento nos presenta a Cristo hablando a través


del Espíritu Santo, Marcos: …después de haber dado
mandamientos, por el Espíritu Santo a los apóstoles que
había escogido, Hch. 1:2, y en Hebreos encontramos que
Jesús se ofreció a sí mismo a Dios, mediante “El Espíritu
eterno”, He. 9:14.
El Espíritu Santo es Jehová.
Teniendo claro que la voz que fue oída por los profetas
fue la del Espíritu Santo, vamos a examinar algunos casos, en
los que Jehová habló en el Antiguo Testamento, y en el nuevo
se le asignan tales palabras al Espíritu Santo, Veamos: Isaías
hablando acerca del Señor Jehová, dijo:

“Oíd bien, y no entendáis, ved por cierto, mas no comprendáis.


Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y
ciega sus ojos, no oiga con sus oídos, ni su corazón, ni se
convierta y haya para el sanidad”, Isaías 9:9-10.

Pablo encontrándose en Roma, respecto a esto mismo,


dijo:
“Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta
Isaías a nuestros padres diciendo: Ve a este pueblo y
diles: De oído oiréis y no entenderéis, y viendo veréis y no
percibiréis, porque el corazón de este pueblo se ha
engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente y sus
ojos se han cerrado, para que no vean con sus ojos, y
oigan con los oídos, y entiendan de corazón y se
conviertan de corazón y yo los sane”, Hch. 28:25-27.

Pablo atribuye al Espíritu Santo lo expuesto por


Jehová en el antiguo testamento.
Veamos otro caso, Jeremías inicia el texto, diciendo:
“He aquí, vienen días, dice Jehová…pero este es el
pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos
días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré
en su corazón, y yo seré a ellos por Dios y ellos me serán
por pueblo”. Jeremías 31:27-33,
En el nuevo testamento, encontramos al escritor de la carta a
los hebreos, rememorando estas mismas palabras:
“Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo, porque
después de haber dicho: Este es el pacto que hare con
ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis
leyes en su corazón y en su mente escribiré”, Hebreos
10:16-16.

Cuando Dios habla lo hace a través del Espíritu Santo y


por último, el mismo Señor Jesús, declara al Espíritu
Santo, como el Espíritu del Padre, Mt. 10:19-20.

El Espíritu Santo en el ministerio de Jesús


Juan Bautista recibió una importantísima señal respecto a
la identidad de Jesús, dicen las escrituras:
“Dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que
descendía del cielo como paloma y permaneció sobre él.
Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con
agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el
Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza
con el Espíritu Santo”, Juan 1:32-33.

El apóstol Pedro, refiriéndose al ministerio de Jesús nos


declara, su relación con el Espíritu Santo:
“Y como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder
a Jesús de Nazaret, el cual anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con él”, Hechos 10:38.

El Señor Jesús confirmo lo dicho por Pedro, con sus propias


palabras, cuando viniendo a Nazaret para iniciar su ministerio
entro a la sinagoga, y habiendo tomado el libro del profeta
Isaías, y comenzó a leer:

“El Espíritu del Señor esta sobre mí, por cuanto me ha


ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha
enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a
pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a
poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año
agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al
ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga
estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha
cumplido esta escritura delante de vosotros”, Lucas
18:18-21.
Jesús fué bautizado con el Espíritu Santo, Mt. 3:16;
Fue llevado por el Espíritu al desierto,
Mt. 4:1; volvió en el Espíritu Santo a Galilea,
Lc. 4:14; echó fuera demonios por el Espíritu de Dios, Mt.
12:28; mediante el Espíritu Eterno se ofreció así mismo sin
mancha, Hch. 9:14; Dio mandamientos a los apóstoles que
había escogido, por el Espíritu Santo, Hch. 1:2.
Bautismo del Espíritu Santo
El termino Bautismo fue el utilizado por Juan Bautista,
para referirse al cumplimiento de la promesa de Dios sobre los
creyentes, Mt. 3:11. El bautismo del Espíritu Santo puede
considerarse el sello final de la gran obra redentora.
Debe hacerse diferencia entre la obra del Espíritu Santo y el
Bautismo del Espíritu Santo, veamos, hablando sobre la obra
del Espíritu Santo Jesús dijo: Y cuando el venga convencerá
al mundo de pecado…”, Jn. 16:8. Un hombre puede estar
convencido de pecado e incluso iniciar sus prácticas
cristianas, sin embargo, no estar bautizado por él. En la
regeneración el Espíritu Santo le imparte vida al hombre, en
el bautismo le imparte poder para servir a Dios, Hch. 6:3;
Hch. 1:5; 11:16. La experiencia de los discípulos antes y
después del Pentecostés, es confirmada por la
extraordinaria diferencia en lo concerniente a su vida
cristiana.

Términos sinónimos del bautismo del Espíritu Santo


Al continuar estudiando el libro de los Hechos de los
apóstoles, encontramos otros términos sinónimos:
1. La Unción
El apóstol juan escribió:
“Pero la unción que vosotros recibisteis de él,
permanece en vosotros y no tenéis necesidad que nadie
os enseñe, así como la unción misma os enseña todas las
cosas y es verdadera y no es mentira, según ella os ha
enseñado, permaneced en él”, 1 Juan 2:27.
El Bautismo del Espíritu Santo, es descrito en ocasiones con
el termino de unción, 2 Co. 1:21; 1 Jn. 2:27; Hch. 10:38. Para
la mentalidad Judía la unción divina representaba la
consagración a un ministerio sagrado. Cuando Aarón y sus
hijos fueron consagrados al sacerdocio, se preparó y utilizó
aceite sagrado. Ex. 30:30; Lev. 8:12.
En las circunstancias en que fue escogido el primer rey,
Dios mismo dio instrucciones a Samuel, el cual tomando
la redoma de aceite la derramó sobre la cabeza de Saúl,
lo besó y le dijo: “¿No te ha ungido Jehová por príncipe
sobre su pueblo?”, 1 Sam. 10:1. Algún tiempo después,
en situaciones que trajeron el rechazo de Dios sobre Saúl,
Dios escoge a David para que fuera su sucesor: “Y
Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de
sus hermanos, y desde aquel día en adelante el Espíritu
de Jehová, vino sobre David”, 1 Sam. 16:13.
Elías cuando vio acercarse el día de su partida, recibió
instrucciones del Señor para ungir a Eliseo, hijo de
Saphat, para que fuera su sucesor, 1 Re. 19:16.

Se puede observar que tanto los sacerdotes, los reyes y


los profetas, debían ser antes ungidos y consagrados
para sus oficios. El Espíritu Santo nos unge como
sacerdotes para interceder y ministrar a los hombres,
como reyes para que reinemos con Cristo y como
profetas para que prediquemos con él.
2. Recibimiento del Espíritu Santo
La expresión recibiréis el Espíritu Santo, se encuentra
11 veces en el nuevo testamento, y fue la empleada por el
apóstol Pedro el día de Pentecostés, Hch. 2:38; Pedro y
Juan fueron enviados a Samaria donde oraron por los
creyentes “… para que recibiesen el Espíritu Santo”, Hch.
8:15; Pablo dice a los efesios: “Recibisteis el Espíritu
Santo cuando creísteis…”, Hch. 19:2.

3. Derramamiento del Espíritu Santo


Se refiere al derramamiento del aceite sobre los
sacerdotes, reyes y profetas en el antiguo testamento.
Existen otros términos afines que indican derramamiento.
En Samaria, los apóstoles oraron por los creyentes para
que recibieran el Espíritu Santo,
“porque aún no había descendido sobre ninguno de
ellos”, Hch. 8:16, en la casa de Cornelio, “mientras aun
hablaba Pedro estas palabras el Espíritu Santo cayó
sobre todos los que oían el discurso”, Hch. 10:44; así
mismo en Éfeso, “habiendo impuesto Pablo las manos,
vino sobre ellos el Espíritu Santo”, Hch. 19:6. Todos estos
textos nos indican como el Espíritu santo, desciende de lo
alto.
El don del Espíritu Santo es una promesa que viene
del cielo.
4. El sello del Espíritu Santo
Pablo dice:
“En el también vosotros, habiendo oído la palabra de
verdad, el evangelio de vuestra salvación y habiendo
creído en él, fuiste sellados con el Espíritu Santo de la
promesa, que es las arras de nuestra herencia, hasta la
redención de la posesión adquirida…”, Efesios 1:13-14.
El sello del Espíritu Santo significa pertenencia. Es un
término que viene del antiguo testamento. Jeremías
compró una propiedad, pagó su precio en presencia de
testigos y selló la transacción de acuerdo con la ley y las
costumbres; lo cual lo convertía en dueño legal y legítimo
de la propiedad, Jer. 32:10. Otro significado que se le
daba al sello, era el de seguridad y aislamiento, esto lo
vemos cuando el rey selló con su anillo y el de sus
príncipes, el foso de los leones, para que Daniel no
escapase, Dn. 6:16-17. En el libro de Ester, encontramos
como el rey utilizaba su propio anillo, para sellar sus
cartas y documentos escritos en su nombre, Ester 8:10.
Una vez hecho esto nadie podía invalidar ni revocar
su contenido, ni siquiera el rey podía hacerlo.

En esta misma forma, Pilato dispuso que los soldados


colocaran una piedra en la entrada de la tumba del Señor:
“…Ahí tenéis una guardia, id, aseguradlo como sabéis,
entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro,
sellando la piedra y poniendo guardia”, Mateo 27:65-
66.
5. Las Arras de nuestra herencia o Las arras del Espíritu
El apóstol Pablo nos dice:
“Fuiste sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que es las arras de nuestra herencia, hasta la
redención de la posesión adquirida”, Efesios 1:13-14,
expresión reiterada por Pablo hablando con los corintios:
“El cual nos ha sellado y nos ha dado las arras del
Espíritu en nuestros corazones”, 2 Co. 1:22.
Se puede observar en estos dos textos, que el termino
sello está estrechamente relacionado con el de arras. Las
arras son el anticipo que se da en la compra o adquisición
de una propiedad. Es el abono convenido por las partes
de un contrato. Las arras atan una negociación e invalidan
toda posibilidad de destrate. También se llama prenda y
garantía.
¡¡El Espíritu Santo es el anticipo de la herencia eterna!!
CAPITULO XI

LA ARMADURA DE DIOS

Para el apóstol san Pablo la lucha que libra el creyente


contra las fuerzas organizadas del mal, no da tregua ni
descanso, por lo cual nos habla de la necesidad de estar
vestidos con la armadura de Dios, veamos:
“Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y
en el poder de su fuerza, vestíos de toda la armadura de
Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas
del diablo…por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios,
para que podáis resistir en el día malo, y habiendo
acabado todo estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos
vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de
justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio
de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que
podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y
tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu
que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda
oración y súplica en el Espíritu…”, Efesios 6:10-18.

Pablo quiere que los creyentes entendamos que la lucha, no


es contra los hombres de carne y sangre, sino contra el ejército
espiritual, bajo el mando del perverso príncipe de la potestad
del aire y dios de este mundo, Ef. 4:14.
El apóstol Pedro nos recomienda: “Sed sobrios y velad.
Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda
alrededor buscando a quien devorar, al cual resistid firmes en
la fe…”, 1 Pe. 4:8-9. La recomendación de Pablo es que
busquemos la protección divina, a través de la armadura
de Dios, la cual permitirá al creyente estar plenamente
equipado y preparado contra todo ataque del enemigo.

Posición del creyente en la lucha espiritual


En cuanto a su posición en la lucha espiritual, el creyente debe
asumir una actitud de defensa, Pablo hablando a los efesios
6:11-14, nos muestra en este texto de cuatro versículos, tres
veces el término, “estar firmes” y en una, la expresión
“resistir". Hay una razón primordial que da sentido a estas
dos expresiones, y es que el enemigo ya está vencido; ya ha
sido derrotado de antemano en la cruz, Col. 2:15; la victoria
nos ha sido dada, 1 Co. 15:57 y el hecho que estemos
sentados con Cristo Jesús en lugares celestiales, nos hace
tener un nivel superior al de Satanás, Ef. 2:6, por lo cual el
enemigo no puede vencernos y apartarnos del amor de Dios.
Las expresiones firmes y resistir, evidencian que el ataque
de Satanás es para desestabilizarnos de nuestra posición
en Cristo; solo tenemos que estar en todo instante, firmes y
resistir. Pablo confirma lo anterior diciendo:
“Por tanto tomad, toda la armadura de Dios, para que
podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado
todo, estar firmes”, Efesios 6:13. El solo hecho de estar
firmes y resistir, trae siempre la victoria.
Aquí cabe un texto maravilloso que hemos utilizado en
innumerables ocasiones:
“El que habita al abrigo del altísimo, morará bajo la
sombra del omnipotente, diré yo al Señor, esperanza
mía, castillo mío, mi Dios, en el confiaré, él te librará del
lazo del cazador, de la peste destructora, con sus plumas
te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro, escudo y
adarga es su verdad…”, Salmo 91.
Nuestra posición es habitar siempre al abrigo del
altísimo.

La armadura que vistió Jesús en su misión en la tierra


según Isaías
El profeta Isaías profetizo acerca de la armadura que Jesús
vistió en su misión entre los hombres, veamos:
“Y el que se apartó del mal fue puesto en prisión y lo vio
Jehová y desagradó a sus ojos, porque pereció el
derecho. Y vio que no había hombre y se maravilló que
no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó de su brazo y
lo afirmó su justicia, pues de justicia se vistió como una
coraza, con yelmo de salvación en su cabeza, tomó
ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo
como de manto, como para vindicación, como para
retribuir con ira a sus enemigos, y dar pago a sus
adversarios”, Isaías 59:15-
18.
La armadura de Dios según el apóstol Pablo.
El apóstol Pablo nos presenta en términos metafóricos la
armadura de Dios, que el creyente debe utilizar, para lo cual
menciona la armadura que utilizaban los soldados romanos en
la antigüedad. Y se refiere a un vestido, especialmente,
diseñado para su defensa personal, Pablo la describe de la
siguiente manera:
“Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis
resistir en el día malo, y habiendo acabado todo estar
firmes. Estad pues firmes vuestros lomos con la verdad, y
vestíos con la coraza de justicia y calzados los pies con el
calzado del evangelio de la paz, y sobre todo, tomad el
escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos
de fuego del maligno, y tomad el yelmo de la salvación y
la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”, Efesios
6:13-17.

Si analizamos el orden en el que Pablo presenta la armadura


de Dios, encontramos que cada uno de sus elementos se
encuentra mencionado, de acurdo a su funcionabilidad,
veamos: “El soldado antes que todo se sujetaría el
cinturón, se pondría luego la coraza, enseguida se pondría
el calzado, después tomaría con la mano izquierda el
escudo y con la derecha se colocaría el yelmo sobre su
cabeza y por último en su mano derecha la espada”.

Vestirse de toda la armadura de Dios es vestirse de Cristo


Cuando Pablo, manda a los creyentes a vestirse con toda la
armadura de Dios, está exhortando a los creyentes a vestirse
de Cristo: “Ceñidos vuestros lomos con la verdad”,
Jesucristo dijo, yo soy el camino, la verdad y la vida…, Juan
14:6; “Vestíos con la coraza de justicia”, Pablo dice, que por
la justicia de uno, vino a todos los hombres la justificación de
vida, Ro. 5:18; el justo por los injustos para llevarnos a Dios, 1
Pe. 3:18; “Calzaos los pies con el apresto del evangelio de
la paz”, Cristo es el verbo hecho carne y el príncipe de paz,
Juan 1:1; Is. 9:6; “Sobre todo tomad el escudo de la fe” ,
Pablo dice, ya no vivo yo, más Cristo vive en mí, y lo que vivo
en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, Ga. 2:20 “y tomad
el yelmo de la salvación”, Jesús dijo a Zaqueo: Hoy ha venido
la Salvación a tu casa, Lc. 19:9; Juan Bautista hablando de
Jesús dijo: y verá toda carne la salvación de Dios, Lc. 3:6;
Simeón cuando tuvo al niño en sus manos, dijo: Porque han
visto mis ojos la salvación. Tomar la armadura de Dios es
vestirse de Cristo.

Análisis de cada uno de los elementos de la armadura de


Dios.
A continuación examinaremos más a fondo cada una de las
partes de la armadura de Cristo:

1. Ceñidos vuestros lomos con la verdad

Es la primera pieza de la armadura y se refería al


cinturón que ceñía la cintura del legionario. En aquel
tiempo se utilizaban vestidos holgados, el soldado
utilizaba una túnica que bajaba por lo menos hasta las
rodillas. Cuando tenían que moverse con agilidad, debían
ceñir su túnica en su cinto. El cinto daba contextura y
firmeza al cuerpo, lo que permitía que estuviese erguido
y seguro.
La verdad a la que se refiere Pablo, aunque implica la
verdad en lo íntimo, Sal. 51:5 no cabe duda que se refiere
a la verdad de la Palabra de Dios, teniendo en cuenta que
Jesús es la Verdad, Jn. 14:6. No es una verdad
cualquiera, científica, religiosa, filosófica o dogmática,
sino la única verdad, consistente y real, la verdad de
Dios.

Además de la verdad teológica, que nos indica que Cristo


es la verdad, esta tiene connotaciones en nuestra nueva
forma de vida, produciendo en todo momento, honradez,
sinceridad, franqueza y honestidad. El creyente puede
llegar a adoptar posturas de falsedad e hipocresía. Puede
llegar a vivir una vida cristiana tendiente a agradar más a
los hombres que a Dios. Estas actitudes contrarias a la
verdad, pueden llegar a convertirse en aquellas
vestiduras largas, que nos impiden desenvolvernos con
facilidad, en las cosas que El Señor nos ha
encomendado. Estas actitudes negativas frente a la
verdad, nos colocan con suma vulnerabilidad ante a
los dardos de fuego del maligno.

2. Vestíos con la coraza de justicia


Es la segunda armadura presentada por el Apóstol Pablo,
la coraza era imprescindible en el momento de iniciar el
combate, no hacerlo, era darle al enemigo absoluta
ventaja. Equivalía al chaleco antibalas en la actualidad.

La coraza protegía en el soldado sus órganos vitales,


siendo el más importante, el corazón.
Cristo al justificar al creyente por su muerte,
automáticamente, perdonó sus pecados. La justificación
nos puso en paz con Dios, trayendo, liberación de la
culpa, y por consiguiente, liberación de la tristeza y
aflicción provocadas por el pecado. Pablo dice:

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,


mediante la redención que es de Cristo Jesús, a
quien Dios puso como propiciación por medio de la
fe en su sangre, para manifestar su justicia…”, Ro.
3:24-25.

Uno de los más temibles ataques que el mundo de la


oscuridad puede lanzar contra el creyente, es la
acusación. Parte de nuestra vida cristiana la empleamos
en la lucha contra nuestras propias flaquezas, pero en
especial, contra de nuestras propias faltas y errores; que
nos abaten y entristecen. Además de todo el lastre
emocional que esto nos proporciona.

Cada creyente a causa de su naturaleza caída, tiene


particulares debilidades que le acosan. El deseo ávido por
la codicia, los deseos de la carne, los placeres, y la
atracción natural por las cosas del mundo que nos rodea,
hacen más compleja y difícil, nuestra lucha espiritual. No
solo tenemos un enemigo en común, que es el reino de
satanás; sino también los deseos carnales que batallan
contra el alma, 1 Pe. 2:11.

Cuando tomamos la justicia de Dios, y nos vestimos de


ella, como una coraza de justicia, la obra de Cristo en la
cruz nos hace justos. Ante esta coraza todo ataque del
enemigo queda deshecho. Cuando el creyente busca
cubrirse con su propia justicia, es como si se estuviera
vestido de trapos sucios e inmundos, Isaías, dice sobre
esto; “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y
todas nuestras justicias como trapo de inmundicia”,
Is. 64:4. La justicia de Cristo, cumplida en nosotros,
es la que puede detener al diablo, en sus intentos de
acusarnos y mortificarnos ante nuestras conciencias
y especialmente, ante Dios.

3. Calzados los pies con el apresto del evangelio de la


paz
El calzado al que se refiere Pablo, es al usado por los
legionarios romanos, el cual era fuerte, liviano, y
reforzado con clavos. Se ataban con amarras de cuero y
llegaban hasta las pantorrillas. El calzado era parte
importantísima en la indumentaria de los soldados, ya
que cubrían y protegían sus pies.

Respecto al calzado de la armadura de Dios podemos


examinar tres aspectos:

Apresto. Apresto significa estar listo o dispuesto, El


calzado a los cuales se refería Pablo, era liviano,
permitiendo el desplazamiento de largas distancias, le
permitían al soldado, comodidad y rapidez en sus
desplazamientos; por lo cual, podía descansar, e incluso
dormir con su calzado puesto, lo que le permitía
movimientos rápidos en momentos de emergencia y
peligro.
Jesús enseñándoles a sus discípulos les dijo: “Porque mi
yugo es fácil y ligera mi carga”, Mt. 11:30. El evangelio del
Señor es liviano, sencillo y practico. El apresto muestra al
creyente, en alto grado de disponibilidad, tanto, para
aprender y memorizar la palabra; como para cumplirla y
enseñarla. Los pies de cada creyente, deben estar
prestos a ir donde el Señor quiera.

Encontramos en este texto una expresión adicional: El


evangelio de la paz. El llevar el evangelio nos da una
doble paz, la nuestra que es la de Cristo y la de quien la
recibe, que es la paz del reconciliado, que le da seguridad
por lo que vendrá después de la muerte. Es la paz de
quien ha encontrado algo muy valioso después de haberlo
perdido. Jesucristo es la Paz de Dios en el corazón del
creyente, como dijo el Señor:
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como
el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga
miedo”, Juan 14:27. La paz de Cristo quita toda
turbación, miedos y temores.

El termino vuestra paz, muestra claramente el estado


espiritual por la obra de Cristo en su vida, es la paz que
se comparte con quien no la tiene. Esa es exactamente,
la función de la Gran Comisión en el mundo.
Sin embargo, se encontraran lugares donde nadie querrá
recibirla, sobre esto dice el Señor:
“Más en cualquier ciudad donde entréis y no os
reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo
de vuestra ciudad que se ha pegado a nuestros pies,
lo sacudimos contra vosotros”, Lc. 10: 10-11.

Con lo cual se quiso decir dos cosas, primero, que los pies
de los que anuncian la paz deben conservarse, siempre
limpios de toda inmundicia y contaminación de pecado, y
segundo, ese mismo polvo lanzado contra ellos, será la
evidencia en el día del juicio de sus pecados no
perdonados.

4. El escudo de la fe,

Pablo dice:
“Sobre todo tomad el escudo de la fe, con que podáis
apagar todos los dardos de fuego del maligno”, Ef. 6:16.

El Soldado Romano de los tiempos de Pablo tenía dos


escudos, el primero era pequeño y medía unos sesenta
centímetros de largo y era usado por los soldados cuando
andaban a caballo. No cubría todo su cuerpo, pero era
más ligero y maniobrable. Quien lo utilizaba debía ser
contundente en su ataque, ya que de alargarse la lid,
podía ser quebrantado con facilidad. El segundo escudo,
era el más conocido y eficaz, era más fuerte y cubría gran
parte del cuerpo. Media más de un metro de largo, y podía
cubrir desde la espinilla a la altura de sus rodillas, hasta
la altura de los ojos.
En este texto podemos encontrar a lo menos tres cosas:
La acción “tomad”, utilizada por Pablo implica, acción de
recoger algo del suelo. El escudo de la fe, no viene por
sí mismo o como un atributo que viene en forma directa
e implícita de nuestra vida cristiana. Se debe tomar
única y exclusivamente por la fe. Pablo lo llama el
escudo de la fe, y muestra la fe como una firme
adhesión a la causa por la cual pelea y como una
aceptación sin reproche a la verdad revelada.

Juan escribió: “Y esta es la victoria que ha vencido al


mundo, vuestra fe”, 1 Jn. 5: 4. Esta fe es la que
proporciona una profunda confianza y seguridad en el
poder de Dios. La verdadera salvaguardia y protección no
se encuentran en nuestros atributos y capacidades
personales, sino en la capacidad de pelear, sosteniendo
firme la mirada hacia Jesucristo, el autor y consumador
de la fe, Heb. 12:2.

No debemos olvidar, que por la fe:


“…cayeron los muros de Jericó, , por la fe, Gedeón,
Barac, Sansón, Jefté, David, así como Samuel y los
profetas, conquistaron reinos, hicieron justicia,
alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,
apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de
espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron
fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos
extranjeros, por la fe las mujeres recibieron sus
muertos mediante resurrección. Por la fe otros
recibieron azotes y vituperios; a más de esto,
prisiones y cárceles, fueron apedreados, aserrados,
puestos a prueba, muertos a filo de espada;
anduvieron de aquí para allá cubiertos de pieles de
ovejas y de cabras, pobres angustiados,
maltratados, de los cuales el mundo no era digno,
errando por los desiertos, por los montes, por las
cuevas y por las cavernas de la tierra”, Hebreos
11:32-38.

Como operan los dardos de fuego del maligno.


El apóstol Pablo, nos habla de extinguir con el
escudo de la fe, los dardos de fuego del maligno. En el
tiempo antiguo los ejércitos empleaban un arma muy
pequeña pero letal, los dardos también llamados saetas,
que eran lanzadas por un arco, en las cuales se les hacían
amarras de materiales inflamables y que eran
impregnados de brea. Los dardos de fuego del maligno
eran lanzados, contra guarniciones, ejércitos en orden y
ciudades, causando grandes incendios y conflagraciones.
Cuando los dardos de fuego eral lanzados contra un
ejército enemigo, causaba desorden, y se creaba
confusión. En cuestión de minutos el ejército se
desestabilizaba, y era fácil presa del ejército atacante.

El apóstol Pablo es cuidadoso al denunciar quien lanza


los dardos de fuego; declarando que es el maligno.
Cuando la iglesia se convierte en un problema para el
enemigo, este lanzará toda clase de dardos de fuego. El
chisme, la calumnia, la murmuración y las disputas, son
sus dardos favoritos, ya que estos cusan con suma
facilidad, desanimo, deserciones, angustia, temor,
resentimientos, y odios dentro del ejército de Dios. Por la
fe podemos reprender toda confusión, duda y desanimo,
por la fe podemos fortalecer nuestras áreas más débiles
y por la fe tendremos siempre la victoria.

5. Tomad el yelmo de la salvación.

Es la quinta parte de la armadura y se refiere a tomar


el yelmo de la salvación, El yelmo protege a cabeza. La
cabeza era donde el enemigo centraba toda la fuerza de
su ataque. Generalmente, contra el cerebro eran dirigidos
los principales ataques del enemigo, ya que este es un
órgano, supremamente, sensible, y al ser herido puede
producir la muerte de inmediato.
La cabeza representa espiritualmente la mente, y es de
ahí donde se planean y se programan todas las acciones
del Reino de Dios. Es la seguridad de la salvación la que
provee protección para nuestra mente. Es en la mente
donde tiene lugar y se libra la lucha espiritual, por eso
para Pablo era tan importante, que dentro de la armadura
espiritual, una parte de ella, fuese destinada para cubrir la
mente.
La salvación provee un gozo inefable que no puede ser
contenido por nada, absolutamente nada en el mundo. La
salvación nos lleva a afrontar todo riesgo y peligro en la
misión de llevar el mensaje de salvación al mundo, Pablo
dijo:
“Pero nosotros que somos del día, seamos sobrios,
habiéndonos vestido con la coraza de la fe y con la
esperanza de salvación como yelmo, porque no
nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar
salvación por medio de nuestro Señor
Jesucristo”, 1 Tesalonicenses 5:8-9.

Fue precisamente esta esperanza de la salvación, que


refiere Pablo en este texto, que llevo a los primeros
cristianos a morir con dignidad, cuando eran
perseguidos, torturados, y muertos, por la causa de
Cristo. La esperanza de la salvación los llevó a soportar
el dolor y el sufrimiento cuando despedazaban sus
cuerpos por la espada o las garras de las fieras. Cuando
antes que maldecir al Señor, levantaban sus ojos al cielo
para bendecir a quien les había dado tal esperanza.
La esperanza de la salvación tiene el poder para romper
en mil pedazos todo argumento del maligno, no importa si
son los más convincentes y razonables. La seguridad de
la salvación, excede los límites de la razón, ella
simplemente, se siente y no se explica.
Si estamos convencidos que Dios mueve a nuestro favor
las circunstancias más difíciles que puedan envolvernos
y, que no pueden haber motivos para estar pesimistas; y
que cada situación por compleja que sea, no podrá
detenernos, es sencillamente porque Cristo es nuestra
Salvación. El escritor a los hebreos en una forma muy
especial, nos muestra el alcance de esta salvación:
Por la cual queriendo Dios mostrar más
abundantemente a los herederos de la promesa, la
inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento,
para que por las cosas inmutables, en las cuales es
imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo
consuelo a los que hemos acudido para asirnos de
la esperanza puesta delante de nosotros, la cual
tenemos como segura y firme ancla del alma…”,
He. 6:17-19.

6. La espada del Espíritu

La armadura de Dios presenta en este arsenal


defensivo, la espada del Espíritu, que es la palabra del
Señor. En el siguiente capítulo examinaremos más a
fondo, todo lo concerniente a esta arma defensiva y
ofensiva que Dios nos da en nuestra lucha espiritual.

7. Orando en todo tiempo con toda oración y suplica

La oración aunque no hace parte directamente de la


armadura de Cristo, Es supremamente esencial para su
utilización. El apóstol Pablo, al final del texto a los efesios,
en los que menciona la armadura de Dios, deja sentada
su importancia. Pablo hace una conexión directa entre la
armadura de Dios y la oración, “Orando en todo tiempo,
con toda oración y suplica en el Espíritu”, Ef. 6:18.

Para comprender mejor la importancia que tiene la


oración en nuestra lucha espiritual, solo tenemos
que volver nuestra mirada a la lucha librada por el
pueblo de Israel en la gran batalla contra Amalec, Ex.
17:8.
La oración es como el espigo que sostenía los siete
brazos del candelabro de oro, el cual sostenía las
siete lámparas que iluminaban el templo delante de
Jehová, Ex. 25:31-40.
CAPITULO XII

LA AUTORIDAD DE LA PALABRA DE DIOS

El apóstol Pablo nos presenta la espada del Espíritu que


es la palabra de Dios, como parte primordial de la armadura de
Cristo y es utilizada por Pablo, como referencia a los diferentes
tipos de espadas que utilizaban los legionarios romanos, en
sus campañas de conquista.

Mathew Henry, en su comentario bíblico dice lo siguiente: “El


vocablo señalado en Hebreos 4:12, es usado por el autor
sagrado a los hebreos, como espada es: makhaira, el mismo
de efesios [Link] mientras que en todos los demás textos se
utiliza la palabra rhompaia, la espada larga de ataque. La
makhaira, era una daga corta de ataque, con la capacidad de
un bisturí”.

La espada utilizada por los legionarios romanos era una


espada corta que se hizo famosa en la lucha cuerpo a cuerpo,
llamada majaira (makhaira) y tenía una dimensión de unos 70
centímetros de largo, tenían filo por ambos lados. Los soldados
podían usarla en diversas posiciones, blandiéndolas en el aire
de un lado a otro, haciéndolo en forma defensiva; como
también lo hacía empujándola en el cuerpo de la víctima, hasta
la empuñadora, haciéndolo en forma de ataque, de tal
manera que se constituía en un arma para defensa y ataque.
La majaira demostró ser la más mortal arma de ataque de los
soldados romanos. La mayoría de los soldados utilizaban
espadas más largas y por lo tanto pesadas y con un solo filo,
contrastando con la destreza y rapidez, con que eran utilizadas
las espadas de dos filos de los romanos.

La palabra de Dios es la espada de dos filos


El escritor sagrado a los hebreos, nos presenta el sentido
metafórico que expresó Pabló, cuando expuso la armadura de
Dios, en efesios [Link]
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más
cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos,
y disciérnelos pensamientos y las intenciones del
corazón, y no hay cosa creada que no sea manifiesta en
su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas
y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar
cuenta”, He. 4:12-13.

Los diferentes escritores sagrados, utilizan la expresión


palabra de Dios, para referirse a la acción de una espada:
Isaías dice: “Herirá la tierra con la vara de su boca y con
el espíritu de sus labios matará al impío”, Is. 11:4; Oseas
dice: “Por esta causa los corté por medio de los profetas,
con las palabras de mi boca los maté”, Os. 6:5; Pablo
utiliza esta misma metáfora para referirse al juicio del
Señor sobre el anticristo en su venida: “Y entonces se
manifestará aquel inicuo a quien el Señor matará con el
Espíritu de su boca”, 2 Tes. 2:8;
La palabra de Dios es viva y eficaz
La acción de la palabra de Dios al entrar en el corazón humano,
es restablecer el verdadero estado de sensibilidad, que Dios
requiere del hombre ante su presencia. La palabra de Dios
encuentra inicialmente un corazón perverso y engañoso, Jer.
17:9. La palabra de Dios es viva e inspirada por Dios, Jn. 6:63;
2 Ti. 3:16; 1 Pe. 1:23-25. Juan presenta a Jesús como el verbo
de vida, Jn. 1:1; Fil. 2:16. La expresión espíritu de vida es
encontrada reiteradamente en las Sagradas Escrituras para
denotar una acción conjunta: “Las palabras que yo os he
hablado son espíritu y son vida”, Juan 6:63.

La palabra de Dios es vida


Las sagradas escrituras nos presentan un enfoque muy
importante acerca de la vida que la palabra de Dios
proporciona, para lo cual examinaremos las palabras que Dios
les dio a la primera pareja en el Edén. Dios les dice:
“De todo árbol del huerto podéis comer, más del árbol de
la ciencia del bien y del mal, no comerás, porque el día
que comieres de él, morirás”, Gn. 2:16-17.
Estas palabras más que una amenaza tenían el objeto de
librarlos de la muerte. Les estaba exhortando acerca de un
inminente peligro que había sobre ellos. Y ¡¡Dios quería
librarlos a través de su palabra!! Obedecer su palabra
significa literalmente vida.
La palabra de Dios y tentación del diablo en el huerto en el
Edén
La tentación no fue dirigida a su condición humana, ni a
su carne, ya que no existía aun degradación por el pecado; el
problema radicaba en los deseos de la mente, en los apetitos
hacia los deleites, y su sensible inclinación por la curiosidad,
su ambición del saber, y a la vanagloria de la vida, 1 Jn. 2:16,
el freno para llegar a ello, precisamente, era La palabra de
Dios, el mandamiento de vida.

En la tentación en el edén hay una participación funesta del


diablo, quien tiene una particularidad: Conoce el carácter de
Dios y su palabra, Stg. 2:19; además, tiene la habilidad para
aplicarla de acuerdo a sus propósitos perversos y egoístas. El
diablo sabía que mientras el hombre estuviere en perfecta
comunión con Dios, no le podría destruir. La partida que
Satanás debía jugar era separar de alguna manera al hombre
de su creador; y la mejor manera que encontró fue, la más
vergonzosa e infame: primero, desacreditar a Dios ante el
hombre, “poniendo en duda su palabra” y calumniándole,
aseverando que los ojos del hombre serian abiertos. Y en
segundo lugar, Buscó el vaso más frágil para tentarle,
asaltándole cuando estaba sola, y a través de ella, tentar al
hombre. Tercero, aprovechó que estaba cerca del árbol, no lo
hizo antes, solo así la tentación podía cobrar más fuerza. Lo
que nos enseña que el hombre no debe estar cerca de lo que
Dios prohíbe. El propósito del diablo será siempre,
inhabilitar la palabra de Dios, anularla y hacerla ineficaz.
La palabra de Dios y la tentación de Jesús en el Desierto
En la tentación de Jesús en el desierto, el diablo, aún más que
en el edén, se muestra como un erudito de la palabra de Dios,
pero a la vez, como maestro de su deformación. Quiere
como al principio destruir al segundo Adán, usando la palabra
de Dios a su antojo y acomodo. Le sube al pináculo del templo,
y le dice:
“Si eres hijo de Dios, (nótese que el diablo provoca su
honor y su divinidad) échate abajo, porque escrito esta: A
sus ángeles mandara acerca de ti y en sus manos te
sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”,
Mt. 4:5-6.
Al examinar el texto encontramos la astuta habilidad del
diablo para utilizar la palabra de Dios, en favor de sus
propósitos perversos.

El Poder de La Palabra de Dios en acción


Dios con su palabra Dios hizo los cielos y la tierra. El
apóstol San Pablo nos, dice:
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay
en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles;
sean tronos, sean dominios, sean principados, sean
potestades; todo fue creado por medio de él y para él”,
Col. 117-17.
Al creador solo le bastó decir sea hecho, y todo fue hecho de
la nada. El salmista David nos amplia aún más sobre esto:
“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y
todo el ejercito de ellos por el aliento de su
boca…porque él dijo, y fue hecho, el mando y existió”,
Sal. 33: 6.

La palabra de Dios en el establecimiento del reino de los


cielos
En el inicio de su ministerio y el restablecimiento del reino de
Dios en la tierra, era vital, que enfrentara toda forma de maldad
establecida sobre la tierra, pero Jesús había venido para
deshacer las obras del diablo. El universo presencio un
movimiento inusitado de demonios para hacer resistencia y
oposición al Reino de Dios; pero también contempló un
poderosísimo despliegue de poder, a través de su palabra,
haciendo posible toda clase de conversiones a Dios,
liberaciones y sanidades, secundadas de toda clase de
milagros y prodigios.

El centurión romano pudo entender la autoridad de la palabra


de Dios, cuando dijo: “solamente di la palabra y mi criado
sanará”, Mt. 8:8. En su ministerio Jesús presentó su palabra
como quien tenía autoridad, y la gente se maravillaba, Mt. 7:29;
Mr. 1:22; Lc. 4:32, al decir cállate y sal de él, demostró que su
palabra tenia autoridad sobre los demonios, Mr. 1:25; Lc. 4:35;
quiero se limpió, demostró su autoridad sobre las
enfermedades, Mt. 5:24; Mr. 2:11; Extiende tu mano, Mr. 3:5;
espíritu mudo y sordo, yo te mandó sal de él y no entres más
en él, Mr. 9:25.
Estos textos nos muestran la autoridad de la palabra del
Señor Jesús sobre las enfermedades y los demonios.
Mateo nos resume en un solo texto bíblico, la autoridad
de la palabra del señor sobre los demonios y las
enfermedades:
“Y cuando llego la noche, trajeron a él, muchos
endemoniados y con la palabra echó fuera a los
demonios, y sanó a todos los enfermos, para que se
cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó
nuestras dolencias”, Mateo 8:16-17; Isaías 53: 4-5.

La palabra de Dios esta investida de autoridad divina


La palabra de Dios es la extensión de la personalidad y
carácter de Dios y esta investida de su autoridad divina; por lo
cual debe ser acatada y obedecida, por los ángeles, como por
los hombres, Dt. 12:32; Sal. 103:20; la palabra de Dios es
permanente, Is. 4:8; Mt. 24:35 y se cumple, Is. 55:11.
La Palabra de Dios, en Griego, logos tou theou, en el Nuevo
Testamento, se refiere al mensaje del evangelio o al mensaje
predicado por Cristo y los apóstoles, Lc. 5:1; 8:11-21; Hch. 6:2;
Ef. 6:17; He. 6:5; 13:7; 1 Pe. 1:23; y en este sentido se emplea
también la expresión palabra del Señor, 1 Ts. 1:8; 2:13; 2 Ts.
3:1; la palabra de Cristo, Col. 3:16; He. 6:1; las palabras del
Señor Jesús, Hch. 20:35; 1 Ti. 6:3.
La predicación de la palabra de Dios en el nuevo
testamento
La palabra de Dios en el Nuevo Testamento, pocas veces
utiliza la expresión “palabra escrita”, refiriéndose a lo que fue
escrito en el Antiguo Testamento, excepto en Marcos 7:13,
cuando se refiere a la ley de los judíos que era anulada por su
tradición; y en Juan 10:35, refiriéndose a Salmos 82:6. La
expresión que fue referida reiteradamente como el conjunto de
los libros del Antiguo testamento, fue: “Escrituras”.

“La palabra escrita y la palabra revelada”


Existen en las sagradas escrituras dos términos griegos
para referirse a la palabra de Dios, logos y rhema,
1. Logos. Es la palabra escrita, se refiere a la que
encontramos a lo largo de toda la biblia. En el desierto es
utilizada por el Señor, la expresión escrito está tres veces,
Mateo 4:4; 7:10. Mateo la utilizo cuando dijo: Para que se
cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El
mismo tomo nuestras enfermedades y llevo nuestras
dolencias”, refiriéndose a la palabra escrita, Is. 53:4.

2. Rhema es la palabra que es revelada, generalmente,


mientras leemos o estudiamos las Sagradas escrituras,
puede llegar a través de otra persona que tiene una
palabra de revelación declarada para nosotros en
particular.

Sin embargo, cuando el creyente tiene una palabra revelada,


debe estar completamente seguro que proviene del Espíritu
santo. El Señor Jesús, no siempre utilizó la palabra escrita en
la cual cito las escrituras del antiguo testamento,
generalmente, tenía una palabra revelada para cada ocasión.
La rhema, es decir, la palabra revelada por el Espíritu Santo,
requiere de fe, y es solo a través de ella como se puede llegar
a la revelación. Es a través del Espíritu Santo, como la palabra
de Dios, será más clara, y audible. La palabra revelada, que
tiene poder creador en sí misma, es la que necesitamos
predicar para que produzca los efectos portentosos, con los
que Pablo la predicó, 1 Co. 2:4-5.

Relación directa de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo


La palabra revelada, requiere de un acercamiento muy
profundo hacia Dios, a través de una relación muy estrecha
hacia Dios, a través de una relación íntima con el Espíritu
Santo. Requiere de una sensibilidad espiritual ilimitada del
creyente, que parte de una vida apartada y consagrada a Dios
en oración.
La eficacia de la predicación de la palabra depende
exclusivamente de la obra del Espíritu Santo, su poder no tiene
límites, ni restricciones, él es quien revela su palabra y es quien
la ejecuta a través de la palabra. Es el Espíritu Santo quien
utiliza a los seres humanos para la propagación de la
verdad eterna.
La predicación de la palabra de Dios
La predicación de la palabra, permite la exhortación, la
explicación y la proclamación de la verdad escrita. Ella por si
misma tiene poder y trae gracia y salvación. No hay que
agregarle nada, excepto, un predicador ungido por el Espíritu
Santo. La eficacia de la predicación de la palabra de Dios,
depende en gran manera de quien la predica.
La palabra de Dios es obra del Espíritu y él siempre
honrará su obra; revelando su plan, instando al pecador a
escucharla, redarguyéndolo y llevándolo al
arrepentimiento y en forma especial, respaldando a
quienes la predican.
CAPITULO XIII

LA AUTORIDAD DEL NOMBRE DE JESUS

Al examinar la importancia del nombre de Jesús, se hace


necesario conocer el propósito y su significado histórico que
los nombres tenían en la antigüedad, especialmente, en el
pueblo de Dios. En la cultura bíblica, los nombres de las
personas eran impuestos con un sentido pre determinado, que
se ajustaba tanto a las circunstancias de su nacimiento, como
a los propósitos determinados por sus padres. Se utilizaban
los nombres para mostrar el carácter, los antecedentes y
naturaleza de cada persona.

El nombre era la proyección y extensión de su personalidad,


el nombre tenia tal importancia, que llegaba incluso, a influir
poderosamente en la vida y carácter del individuo, de tal
manera que lo hacía “uno” con su propio nombre. Era tan
trascendente el nombre en las costumbres bíblicas, que
cualquier cambio en la vida de una persona, automáticamente,
hacía que lo cambiara.

Lo más interesante de todo, es que no solo este


comportamiento, era ejercido como una práctica meramente
humana; sino que Dios mismo influía en tales cambios. Dios
cambio el nombre de Abram, por el de Abraham (padre de
muchas naciones), Gn. 17:5; cambio el nombre de Jacob
(calcañar, suplantador) por el de Israel (príncipe con Dios), Gn.
35:10; Samuel provino como respuesta a la oración de Ana, 1
Sam. 1:20; el nombre de Moisés fue debido a haber sido
rescatado de las aguas, por la princesa de Faraón, y en el
Nuevo Testamento, Jesús cambio el nombre de Simón
(oyendo), por el de Pedro (roca), Jn. 1:42. Como también es
conocido el cambio de Saulo por el de Pablo, Hch. 13:9.

El nombre de Jesús
El nombre de Jesús es una voz griega traducida del
hebreo Jehosua o Yeshua. Que significa “Jehová salva”.
Otras variedades del nombre hebreo, es Josué y Oseas. La
gran molestia de los eruditos de la ley, frente a Jesús, en parte
fue precisamente, debido a su nombre. Ese nombre lo
identificaba directamente con el cielo y revelaba su naturaleza
divina. Su nombre lo hacia Dios mismo, conforme al contexto
de la tradición judía de la imposición de los nombres, Jesús
decía: “Yo he venido en nombre de mi Padre”, Juan 5:43; “He
manifestado tu nombre a los hombres, y lo daré a conocer
aún”, Juan 17:26. Los rabinos sabían muy bien del texto de
Moisés que decía:
“Profeta les levantare de en medio de sus hermanos,
como tú, y pondré mis palabras en su boca y él les hablara
todo lo que yo le mandare; más a cualquiera que no oyere
mis palabras que el hablare en mi nombre, yo le pediré
cuenta”, Deuteronomio 18: 18-19.

Exaltación Universal del nombre de Cristo.


El apóstol Pablo, nos menciona acerca de la máxima
exaltación que recibió El Señor Jesucristo por causa de su
obra:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en
Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios como cosa
a que aferrarse, sino que se despojó así mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por tanto, Dios también lo exalto hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre, para que
en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que
están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre”, Filipenses 2: 5-11.

El apóstol Pablo, nos dice en este texto, que fue a causa de su


muerte, que le fue dado un nombre sobre todo nombre y una
autoridad que incluía, que todo lo que hubiere en los cielos, en
la tierra y debajo de la tierra, debían doblar sus rodillas ante la
autoridad recibida en ese nombre. Jesús refiriéndose a estas
palabras, después de resucitado, dijo a sus discípulos: “Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, Mt. 28:18.

La autoridad de Cristo es entregada a la iglesia


El apóstol Pablo tenía muy en claro dos cosas: La
exaltación de Cristo por causa de su muerte en la cruz, como
también, el hecho que Cristo la haya compartido con su iglesia.
A este hecho, Pablo le llamo: “Las riquezas de la gloria de su
herencia de los santos”, como también “la supereminente
grandeza de su poder”, Ef. 1:18-19. Para Pablo era
supremamente importante que esta revelación pudiese ser
comprendida por los efesios, y en la realidad, todo creyente
debe tener claro que es lo que Dios le entregó en sus manos,
como herencia. Saberlo determinará su posición, altura, e
importancia en el reino de Dios, veamos el texto completo:

“No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria


de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro
señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de
sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,
alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para
que sepáis cual es la esperanza a que él os ha
llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su
herencia en los santos, y cual la supereminente
grandeza de su poder para con nosotros los que
creemos, según la operación del poder de su fuerza, la
cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y
sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre
todo principado y autoridad, sobre todo nombre que se
nombra, no solo en este siglo, sino en el venidero; y
sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio por cabeza
sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,
la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”, Efesios
1:16-23.

En este importante texto de la biblia podemos encontrar por


lo menos tres cosas:
1. Para Pablo la prioridad de sus oraciones, era rogar a Dios
porque le concediera a los creyentes, espíritu de
Sabiduría y de revelación en el conocimiento del Señor
Jesús, y alumbrara sus entendimientos para reconocer
todo lo que Dios les había dado como efecto de la
exaltación de Cristo, y en especial, comprendieran las
riquezas de la herencia a la que tenían derecho y además,
comprendieran la inmensidad de la grandeza del poder
de Dios dado a la iglesia por herencia.

2. El hecho de ser herederos de Dios y coherederos con


Cristo, Ro. 8:17, nos da el derecho de acceder a la
grandeza de la exaltación de Cristo. Así como nosotros
hemos resucitado con Cristo, también, nos hemos
sentado juntamente con él en lugares celestiales, Ef. 2:6,
indicando que nuestra ubicación y posición en el
reino de Dios, está por encima del resto de los seres
humanos y mucho más, por encima de Satanás y su
reino.

3. El hecho que Jesús este sentado, a causa de su


exaltación, en lugares celestiales, le da el poder y la
autoridad sobre todo principado y autoridad y poder y
señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en
este siglo sino en el venidero. El hecho de ser
coherederos con Cristo y estar sentados con él en
lugares celestiales, nos entrega a la iglesia, este
mismo poder y autoridad, sobre todo principado y
autoridad, y poder y señorío, y sobre todo nombre
que se nombra, no solo en este siglo sino también en
el venidero, Ef. 1:21.

4. La expresión: “y sometió todas las cosas bajo sus pies


y las dio por cabeza sobre todas las cosas a la
iglesia”, reafirma, la participación de la iglesia en
exaltación de Cristo, la cual recibe toda autoridad sobre
todas las fuerzas de Satanás. Esto indica que la
autoridad del nombre de Jesús, recibida por la iglesia,
hace parte de la herencia recibida.

La utilización de nombre de Jesús en la gran comisión


Jesús les dijo a sus discípulos:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura…y estas señales seguirán a los que creen, mi
nombre, echarán fuera demonios, hablaran en nuevas
lenguas, si bebieres cosa mortífera no les hará daño,
y sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”,
Marcos 16: 16-18.
En la comisión de los setenta, los discípulos echaron fuera
demonios y sanaron a los enfermos, mediante la palabra dada
por el Señor Jesús, cuando fueron enviados a predicar por las
aldeas. En aquella ocasión el Señor les dice: “Sanad a los
enfermos que en ellos haya (las casas), y decidles, se ha
acercado a vosotros el reino de Dios”, Lc. 10: 9. Cuando
regresaron los discípulos después de cumplir la comisión, los
discípulos dijeron: “…Señor aun los demonios se nos
sujetan en tu nombre”, Lc. 10:17. Jesús, aún no había sido
exaltado, ni se le había dado un nombre que es sobre todo
nombre, ni siquiera habían recibido el Espíritu Santo,
¿entonces cómo fue posible, que predicaran el mensaje del
Señor, echaran fuera demonios y sanaran enfermos?
Simplemente, lo hicieron con la autoridad de la palabra que el
Señor les dio ese día.
´
En la gran comisión, dada después de su resurrección, la
iglesia ya había recibido la autoridad que le confería el ser
coherederos con Cristo y estar sentados en lugares celestiales.
Por tal motivo la ya iglesia tenía la autoridad de invocar el
nombre de Cristo, para el cumplimiento de su misión de
predicar el evangelio por todo el mundo.

Utilización del nombre de Jesús en el Nuevo Testamento


La utilización del nombre de Jesús en el Nuevo
Testamento, es prueba contundente de su importancia, y su
utilización por parte de la iglesia de aquellos días. El apóstol
Pablo, nos muestra la trascendencia de la utilización del
nombre de Jesús, en la fundación de la iglesia a partir de
Pentecostés:

“Edificaos sobre el fundamento de apóstoles y


profetas, siendo la principal piedra del ángulo,
Jesucristo mismo”, Efesios 2:20;
“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los
edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que
podamos ser salvos, Hechos 4:11-12,
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho,
hacedlo todo, en el nombre del Señor Jesús”, Col.
3:17.
Estos textos demarcan y establecen el fundamento y la
línea de acción de la iglesia. El libro de los Hechos de los
Apóstoles confirma la utilización del nombre de Jesús, en todas
y cada una de sus actividades y prácticas cristianas:

En la fe en su nombre.
“Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis
y conocéis, le ha confirmado su nombre”, Hechos
3:16.

En las sanidades, señales y milagros.


“Mientras extiendes tu mano, para que se hagan,
sanidades, señales y milagros, mediante, el
nombre de tu santo hijo Jesús”, Hechos 4:30.
En el bautismo en su nombre.
“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaban el
evangelio del reino de Dios, y el nombre de
Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”,
Hechos 8:12;
“…Y mando a bautizarles en el nombre del Señor
Jesús…”, Hechos 10:48; “Y cuando oyeron esto
fueron bautizados en el nombre del Señor
Jesús”, Hechos 19: 5; “Ahora, pues, ¿por qué te
detienes? Levántate y bautízate y lava tus
pecados invocando su nombre”, Hechos 22:16.
Padeciendo por su nombre.
“Porque yo le mostraré cuanto es necesario
padecer por mi nombre”, Hechos 9:6; “Y ellos
salieron de la presencia del concilio gozosos de
haber sido por dignos de padecer afrenta por
causa del nombre”, Hechos 5:41; “…porque yo
estoy dispuesto no solo a ser atado, más aun a
morir en Jerusalén por el nombre del Señor
Jesús”, Hechos 21:13.

En el perdón de pecados.
“De este dan testimonio todos los profetas, que
todos los que en el creyeran, recibirán perdón de
pecados por su nombre”, Hechos 10:43; “Os
escribo a vosotros hijitos, porque vuestros pecados
os han sido perdonados”, 1 Juan 2:12.

Echando fuera demonios.


“…te mando en el nombre de Jesucristo, que
salgas de ella y salió en aquella misma hora”,
Hechos 16:18.

El nombre de Jesús magnificado.


“Y esto fue notorio a todos los que habitaban en
Éfeso, así judíos como griegos, y tuvieron temor
todos ellos, y era magnificado el nombre del
Señor Jesús”, Hechos 19:17.
Anunciando su nombre.
“…para que mi nombre sea anunciado por toda la
tierra”, Romanos 9:17.

Para salvación.
“El que invocare el nombre del Señor será salvo”,
Romanos 10:13.

En la disciplina.
“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo Señor
Jesucristo, reunidos…el tal sea entregado a
Satanás”, 1 Corintios 5:4-5.

Como embajadores.
“Somos embajadores en nombre de Cristo”, 2
Corintios 5:20.

Glorificando el nombre de Jesucristo.


“Para que en el nombre de nuestro Señor Jesucristo
sea glorificado”, 2 tesalonicenses 1:12.

En la sanidad.
“Ungiéndole con aceite en el nombre del Señor
Jesús”, Santiago 5:14.
Vituperados por el nombre de Cristo.
“Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois
bienaventurados”, 1 Pedro 4:14.
Defensa del nombre de Jesús hecha por Pedro ante el
concilio
Este es uno de los episodios más trascendentales en la historia
de la iglesia de los primeros siglos. Lo que sucedió ante la
curación de un cojo en Jerusalén, había desencadenado una
furiosa oposición en contra del nombre de Jesús. Este hecho
fue importante porque marcó el comportamiento sucesivo de
los primeros cristianos. El momento era difícil y determinante,
la muerte de Cristo apenas había pasado, el miedo y el temor
a causa de la persecución en Jerusalén, pudieron haber hecho
presa fácil a los primeros cristianos; sin embargo, la actitud
osada y valiente de Pedro frente al concilio, dio una muestra,
de lo que sucesivamente, sería la actitud dispuesta y decidida
de la iglesia frente a la persecución.
La defensa hecha por Pedro, no fue por sí mismo, sino por el
nombre de su maestro. Es una defensa expuesta por el
Espíritu Santo ante los principales sacerdotes. El poder de la
declaración de Pedro debía, adicionalmente, opacar los
ánimos e intereses humanos de los jueces, gobernantes y
ancianos. Revisemos este acontecimiento, según la narración
de Marcos:

“Y el sumo sacerdote Anás, y Caifás, y Juan y Alejandro,


y todos de los que eran de la familia de los sumos
sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron:
¿Con que potestad, o en que nombre, habéis hecho
vosotros esto? Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo,
les dijo: Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel:
Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio
hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya
sido sanado. Sea notorio a todos vosotros, y a todo el
pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios
resucitó de entre los muertos, por él este hombre está
en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra
reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido
a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro nombre hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo,
en que podamos ser salvos. Entonces viendo el
denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran
hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les
reconocían que habían estado con Jesús, entonces les
ordenaron que salieran del concilio…llamándolos de
nuevo, les intimidaron para que en ninguna manera
hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús, más
Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es
justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que
a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que
hemos visto y oído”, Hechos 4:6-20.

Pedro les muestra que en el nombre de Jesús, estaba


plenamente manifiesta la obra de la redención efectuada
por Cristo en la cruz, y que no existía otra forma de
salvación sino en el nombre de Jesús.
APITULO XIV

LA SANGRE DE CRISTO EN LA REDENCION DE LOS


HOMBRES

Al analizar la autoridad y el poder que ejercen la sangre


del Señor Jesucristo en la manifestación del Reino de Cristo,
como en nuestra propia vida íntima, nos resulta importante,
definir el significado que Dios le dio a la sangre a través de las
escrituras, por lo tanto acudiremos a tres fuentes encontradas
en ellas:

1. El Antiguo Testamento.
2. Lo que Jesús enseño.
3. Lo que enseñaron los apóstoles

El Antiguo Testamento.

La mención de la sangre inicia desde el mismo Edén,


cuando Abel trajo “de los primogénitos de sus ovejas, de lo más
gordo de ella, Dios miro con agrado a Abel y a su ofrenda”,
Génesis 4:4. En el Edén fue derramada la sangre de las ovejas,
como el primer acto de adoración y reconocimiento que nos
presenta la biblia, En Hebreos 11:4, se nos revela, que “por la
fe, Abel ofreció más excelente sacrificio que su hermano Caín,
por lo cual alcanzó testimonio de que era justo”. Estos dos
textos de la biblia nos indican que la fe y agradar a Dios,
está estrechamente relacionados con la sangre.
Las escrituras del Antiguo Testamento, vuelven a darnos una
breve noción del uso de la sangre hasta el diluvio, cuando el
juicio de Dios sobre el pecado y la destrucción de todo vestigio
humano, dan inicio a una nueva tierra, que es establecida a
través del sacrificio que Noé ofreció a Dios, Gn. 8:20-22. Más
adelante encontramos el llamamiento divino de Abraham, y el
milagroso nacimiento de Isaac, junto a la promesa de ser padre
de multitudes. Su fe fue probada hasta lo sumo, cuando Dios
le pidió el sacrificio de su hijo. No era solo un mandato, era la
revelación que solo a través del derramamiento de la sangre,
era como una vida podía estar en perfecta paz con Dios, todos
recordamos como al final, Dios le proveyó de un sustituto para
el sacrificio, Génesis 22: 10-13.
Más tarde fue la sangre del cordero pascual en los dinteles de
sus puertas, la que salvó a los primogénitos de los hijos de
Israel, de la acción del ángel exterminador, Éx. 12:13. Todo
esto fue el vislumbre del sacrificio de Cristo en el calvario. Era
solo a través de la sangre, que Dios y el hombre podían ser
traídos a un nuevo pacto, que reconciliaba al hombre con su
creador; permitiendo una comunión intima entre los dos. En
Edén, Ararat y Moriah, la vida fue redimida a través de la
sangre derramada.

Fue después de la pascua que Dios establece un nuevo pacto


con el hombre, Dios le dice a su pueblo: “Y harán un santuario
para mí y habitaré en medio de ellos”. Éxodo 27: 1-18. Si
examinamos las especificaciones del tabernáculo, se puede
notar que la sangre es el centro y razón de todo aquello. Había
un altar para la ofrenda quemada, donde seguía la acción de
la sangre siendo rociada. El altar del holocausto estaba en el
vestíbulo del templo, era cuadrangular, de madera de acacia
y cubierto de bronce, con cuatro cuernos en los ángulos, Éx.
27: 1-8. En el centro había una rejilla sobre la cual se colocaba
el sacrificio. Para el sacrificio el altar tenía calderos de bronce
para recoger las cenizas y tazones para recoger la sangre. Los
sacrificios se hacían desde la mañana hasta la tarde y nunca
se apartaba el fuego, Levítico 6:6.

La expresión Expiación deriva del latín espiatio, compuesto por


los prefijos, ex, que significa separación del interior; plus, pla,
que significa, Virtuoso, justo; y cion, que significa, acción. De
allí que se refiera a la acción de reparar o purificar una falta o
culpa. En el caso de la expiación a través de los sacrificios de
sangre en el tabernáculo, significa: La eliminación de la culpa
o pecado, a través de un tercero, en este caso un cabrito o
un cordero sin defecto, y sin mancha. El esparcimiento de
la sangre tenía como acción principal, cubrir los pecados de
quien ofrecía el sacrificio. La vida del animal que estaba en su
sangre, era vertida a cambio de la vida del pecador, lo que la
convertía en una muerte sustituta. El juicio consistía en
trasladar el pecado del pecador, a los animales que serían
sacrificados. No era una muerte para apaciguar la ira de
Dios, sino para limpieza a través de la sangre limpia y sin
mancha del animal sacrificado.

El sumo sacerdote, por generaciones, entraba una vez al año


al Lugar Santísimo, para realizar un solo sacrificio por todos
los pecados cometidos por el pueblo, introducía la sangre del
sacrificio, la presentaba a Dios y le adoraba. Esto era el
vislumbre y preludio de la muerte de Cristo, el cual
realizaría un solo y único sacrificio por todos los pecados
de la humanidad.

Lo que Jesús enseñó.


Cuando el ángel anuncio a María el nacimiento del Señor,
le dijo: “Y dará a Luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús,
porque el salvará a su pueblo de sus pecados”, Mt. 1:21, dando
claramente a entender la clase de muerte que sufriría Jesús.
No había nacido aún, y ya se sabía de qué clase de muerte iba
Jesús a morir. La única forma en que los pecados de su pueblo
serian perdonados era a través de su sangre derramada, como
propiciación de los pecados. Cuando Juan vio a Jesús en el
desierto, dijo: “He aquí el cordero de Dios que quita los
pecados del mundo”, Jn. 1:29.

Jesús en tres ocasiones, dice:


“De cierto, de cierto, os digo: si no coméis la carne del
hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en
vosotros”, Juan 6:53.

“El que come mi carne y bebe ni sangre, tiene vida eterna,


y yo le resucitare en el día postrero”, Juan 6:54.

“Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es


verdadera bebida, el que come mi carne y bebe mi sangre,
en mi permanece, y yo en él”, Juan 6”55-56.
El Señor Jesús nos muestra en forma reiterativa, a través
de su palabra, la gran importancia de su sangre
derramada como única forma de redención.

En su última cena con sus discípulos Jesús:

“Tomando la copa y habiendo dado gracias,


les dio, diciendo: Bebed de ella todos, porque
esto es mi sangre del nuevo pacto, que por
muchos es derramada para remisión de los
pecados”, Mateo 26:27-28.

El pacto de la expiación del Antiguo Testamento, a través de


la sangre de animales, sería reemplazado por uno nuevo y
más eficaz sacrifico por los pecados. La expresión, que por
muchos es derramada, se refiere a que esta remisión estaría
condicionada a beber la sangre de Cristo, es decir quienes
por la fe recibieran su obra redentora.

Lo que enseñaron los Apóstoles.


La Carta a los Hebreos tenía como finalidad mostrar como
el servicio del templo ya no era provechoso y que ya Dios no
lo tenía en cuenta; ya que hacia parte del primer pacto. La
venida de Cristo era en esencia el cumplimiento de las cosas
figuradas del Antiguo Testamento. Se puede notar en esta
carta, como se le da prioridad a la sangre de Cristo como la
fórmula para el perdón de los pecados. Algunas expresiones
encontradas en la carta a los hebreos, reiteran este
conocimiento, veamos:

“Por su sangre entró una vez para siempre en el Lugar


Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”, Hebreos
9:12.

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar al Lugar


Santísimo por la sangre de Jesucristo”, Hebreos 10:19.

Continúa el escritor sagrado de la carta a los hebreos,


diciendo:
“A Jesús el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada
que habla mejor que la de Abel”, Hebreos. 12:24.

“Y el Dios de paz, que resucito de los muertos a nuestro Señor


Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del
pacto eterno”, Hebreos 13:20.

El apóstol Pedro escribe diciéndoles a sus lectores, que


ellos:
“…han sido elegidos, según la presencia de Dios
Padre, en santificación del Espíritu, para obedecer
y ser rociados con la sangre de Jesucristo”, 1
Pedro 1: 2.
“Y sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana
manera de vivir…por la sangre preciosa de Cristo,
como de un cordero sin mancha y sin
contaminación”, 1 Pedro 1:18-10

El apóstol San Pablo, nos dice:


“En quien tenemos redención por su sangre, el
perdón de pecados…”, Ef. 1:17.
“Pero ahora, en Cristo Jesús, vosotros que en otro
tiempo estabais lejos, habéis sido hechos
cercanos por la sangre de Cristo”, Efesios 2:13.
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,
mediante la redención que es en Cristo Jesús, a
quien Dios puso como propiciación por medio de
la fe en su sangre”, Romanos 3:24.
“Y por medio de él, reconciliar consigo todas las
cosas, así las que están en la tierra, como las que
están en los cielos, haciendo la paz, mediante la
sangre de su cruz”, Colosenses 1:20.

El apóstol Juan nos dice:


“…y la sangre de Jesucristo su hijo, nos limpia de
todo pecado”, 1 Juan 1:7.
“Digno eres de tomar el libro y abrir sus sellos;
porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has
redimido para Dios, de todo linaje, y lengua, y
pueblo y nación”, Apocalipsis 5:9.
CAPITULO XV

COMO VENCER A SATANAS A TRAVES DE LA SANGRE


DE JESUCRISTO

En este capítulo tomaremos como base las palabras que


fueron oídas en el cielo, en medio de la gran tribulación, a
través de las cuales se anuncia que Satanás ha sido echado
fuera, y que los creyentes lo habían vencido por medio de la
sangre de Cristo. En estas palabras podemos reconocer una
de las facetas más oscuras de Satanás: la de acusador en
contra de los siervos de Dios; pero a la vez, también, podemos
reconocer el inmenso poder de la sangre de nuestro Señor
Jesucristo, para vencerlo. Veamos lo nos describe Juan sobre
esto:

“Entonces oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora ha


venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y
la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera
el acusador de nuestros hermanos, el cual los
acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos
le han vencido por medio de la sangre del cordero y
de la palabra del testimonio de ellos…”, Apocalipsis
12:10-11.

La expresión diablo es utilizada reiteradamente en el nuevo


Testamento, para denotar las diferentes actividades de
Satanás como acusador. Recordemos que la expresión diablo
proviene del griego diabolos, que significa calumniador o
acusador. Ya hemos visto como el diablo anda alrededor de
nosotros, vigilante de noche y de día; sin descanso, en una
actitud implacable como león rugiente. En repetidas ocasiones
lo vemos como perro de presa, implacable y atento a toda
actividad y conducta de los siervos de Dios. El diablo en todo
momento estará vigilante para buscar su caída en el lazo del
cazador. También lo vemos detrás de aquellas faltas y errores,
que por su naturaleza humana, llegan a caer todos los hijos de
Dios. En su plan de Acusador necesariamente tenemos que
añadirle la de calumniador, ya que ambas actitudes
generalmente van siempre juntas.

El diablo siempre toma rasgos de una verdad, para enaltecerla,


agravarla, distorsionarla o acomodándola a sus perversos
planes para desvirtuar la obra de los hijos de Dios.
Continuamente lo encontramos en las Escrituras acusando y
calumniando, a Job, 1:2; a Josué, el sumo sacerdote, Zac. 3:1,
y lo más sorprendente, acusó y calumnio a Dios, en el huerto
del Edén, poniendo en tela de juicio las palabras y advertencias
de Dios, Ge. 3:1-5.

El diablo aprovecha nuestra culpabilidad para acusarnos


Examinemos un poco lo que pasa con nosotros cuando
caemos en alguna falta o pecado, a pesar de nuestro esfuerzo
continuo por estar en santidad ante nuestro Dios. Los invito a
tomar las palabras de David en su experiencia desdichada de
haber pecado contra Dios, para que examinemos algunos
aspectos importantes sobre el pecado humano:
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir
todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mi
tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano…”,
Salmos 32:3-4.

El problema de la culpabilidad del hombre cuando ha brotado


el pecado sin esperarlo, es supremamente desgastante y
tortuoso. La culpabilidad no resuelta lleva a la más profunda
vergüenza interna, con Dios y ante el mundo, y a un estado de
derrota y frustración profunda. Produce un alejamiento con los
seres que podrían proveerle algún consuelo y alivio. La
culpabilidad produce derrota, debilitamiento y lleva a bajar los
brazos, y el abandonar los propósitos con Dios.

El pecado genera en el hombre desestabilidad emocional, y la


pérdida de su vigor espiritual. La situación se hace sumamente
tensa y difícil, los caminos se cierran, y no se encuentran
salidas apropiadas, porque la mente está en un estado total de
confusión. Es este el momento preciso que el diablo estuvo
esperando en todo instante, se le ha servido una oportunidad
en bandeja de plata para acusarle ante la presencia de Dios.
El pecado es un estado real de vergüenza, no hay mucho que
decir, más que llorar y gemir todo el día, como pasó con David
en su triste experiencia de haber pecado contra Dios, pero…es
aquí donde entra a funcionar el poder y autoridad de la
sangre de Cristo.
La sangre de Cristo frente a la culpabilidad del hombre
Si el creyente en esos tormentosos y difíciles momentos tiene
claro el poder de acción de la sangre de Cristo, solo tendrá, en
medio del dolor y tristeza por su culpa, que arrodillarse en
verdadero arrepentimiento, ante la presencia de quien es
Santo, pero Misericordioso, e invocar su poderosa sangre
sobre su pecado. ¿De qué puede acusar el diablo a un
creyente que ya ha sido lavado, ha sido limpiado y ha sido
perdonado por la acción inmediata de la sangre de Cristo sobre
su pecado? No importa la clase de pecado, ni cuan grave ha
sido su falta, ni cuanta repercusión ha causado, si Dios con su
sangre ha cubierto su pecado.

Si el creyente tiene en cuenta esta extraordinaria provisión


divina, no dará ocasión al diablo para que lo acuse delante de
Dios, pero cuando cometa una falta, lo primero que debe
hacer, es estar a solas con Dios, y en un acto de verdadera
contrición y arrepentimiento, invocará a través de la fe, el poder
restaurador y sanador de la sangre de Cristo, sobre su vida. El
diablo será vencido y no tendrá ocasión para acusarle delante
de Dios, no tendrá sentido su acusación, ya su falta ya ha sido
perdonada y cubierto su pecado.

Se debe tener en cuenta seis cosas, en la acción del poder


purificador de la sangre sobre el creyente:
1. La naturaleza humana que hace parte del creyente,
permanecerá en su vida hasta el día de su
redención. Pablo a pesar de la grandeza de su
ministerio y su cercana relación con Dios, dijo:
“¡¡Miserable de mí!! ¿Quién me librara de este
cuerpo de muerte?, Ro. 7:4; sin embargo, es Pablo
quien habla de no vivir en la carne, sino conforme al
Espíritu, Ro. 8:1.

2. Con relación del bautismo que el creyente ha


recibido y que borró todos sus pecados, el apóstol
Pedro, nos dice: “El bautismo que corresponde a
esto, ahora nos salva (no quitando las
inmundicias de la carne, sino como la aspiración
de una buena conciencia hacia Dios) por la
resurrección de Jesucristo”, 1 Pe. 3:21. I

3. El hecho que el creyente conserve su naturaleza


caída hasta el día de su redención, y que el bautismo
para el perdón de los pecados no quite las
inmundicias de la carne, no le da derecho al creyente
a vivir continuamente en el pecado; en este caso,
invocar la sangre de Cristo sobre su pecado,
quedará sin efecto.

4. El escritor sagrado de la carta a los hebreos nos


dice: “Porque no tenemos a un sumo sacerdote
que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino a uno que fue tentado en todo
según nuestra semejanza, pero sin pecado”, He.
4:15. Cristo tuvo las mismas tentaciones que
nosotros hemos tenido alguna vez, pero sin pecado.
5. La realidad de nuestra propensión al pecado y su
gran solución, nos la da el mismo Juan, cuando dice
lo siguiente:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no


pequéis, y si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo,
y él es la propiciación (en clara referencia a su
sangre) por nuestros pecados…”1 Juan 2:1.

6. El escritor a los hebreos, nos revela lo siguiente:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y


sangre, el también participó de lo mismo, para
destruir por medio de la muerte, (su sangre
derramada) al que tenía al imperio de la muerte, este
es, el diablo, y librar a todos los que por el temor de
la muerte, estaban durante toda la vida sujetos a
servidumbre”, Hebreos 2:14-15.

Por la muerte de Cristo en la cruz, y su sangre derramada,


Jesucristo, literalmente, como lo expresa el escritor sagrado,
ha destruido el poder que el diablo tenía en todas las áreas de
nuestras vidas. Este era un mal agravado porque en tal
circunstancia quedábamos a merced del diablo y alejados de
Dios, Ro. 3:23; 6:23; 3:10-11. La sangre de Cristo nos ha hecho
justos, como si estuviéramos sin pecado, siendo aceptados,
por su gracia delante de su presencia. Finalmente, las
escrituras nos dicen:
“El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo
peca desde el principio, para esto apareció el hijo de Dios,
para deshacer las obras del diablo”. 1 Juan 3:8.

A que apela el creyente cuando invoca la sangre de


Cristo sobre el pecado cometido
Es precisamente la sangre de Cristo es la que trae la
solución al problema de una conciencia afectada por el
pecado, tal como lo aclara el escritor sagrado:

“Y no por sangre de machos cabríos, ni de becerros,


sino por su propia sangre…porque si la sangre de
los toros y de los machos cabríos y las cenizas de la
becerra rociadas a los inmundos ¿Cuánto más la
sangre de Cristo, “Limpiará vuestras
conciencias” de obras muertas, para que sirváis
al Dios vivo?”, Hebreos 9: 12-14.

El texto nos muestra cómo, a través de la sangre de Cristo


podemos vencer los ataques del enemigo a nuestra
conciencia; cuando el creyente apela por la fe a su sangre
preciosa, tiene el poder de desvanecer el temor y el desánimo.
Es posible resolver el grave problema de la culpabilidad
humana, por las leyes que ha trasgredido. El diablo ya no
puede acusarnos, ni atormentarnos recordando nuestros
fracasos, errores y equivocaciones. El diablo ya no podrá
disfrutar recordando a todo instante nuestros pecados,
sentirá que no nos afecta y se alejará.
La fe en la sangre de Cristo es el elemento vivificador de
nuestra alma
El apóstol Pablo es reiterativo para decirnos que la llave
que abre la puerta de la justificación y la propiciación por
nuestros pecados, es la fe:
“Pero ahora, a parte de la ley, se ha manifestado la
justicia de Dios…por medio de la fe en
Jesucristo…Siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
a quien puso por propiciación por medio de la fe en
Jesús”, Romanos 3:21-25.

Leamos de nuevo: “propiciación por medio de la fe en su


sangre”, luego reitera: “A quien puso como propiciación por
medio de la fe en su sangre”, más adelante, Pablo sigue
diciendo: “”con la mira de manifestar en este tiempo su justicia,
a fin de que él sea el justo, y el que justifica a el que es de la
fe en Jesús”, Ro. 3:26.

Es solo por la fe como el creyente se apropia de todas las


virtudes y beneficios de la sangre de Cristo en su vida.
Teniendo claro que sin fe es imposible agradar a Dios, porque
es necesario que quien se acerca a Dios, crea que le hay, y
que es galardonador de los que le buscan, He. 11:6. La fe es
ese ingrediente clave que le da forma y sentido a la
salvación.
CAPITULO XVI

EL MINISTERIO DE LOS ANGELES A FAVOR DE LA


IGLESIA

Ese inmenso raudal de poder entregado por Dios a la


iglesia se ve maravillosamente, complementado, por todo el
sistema angelical a nuestro favor, las escrituras dice de ellos:
“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para
servicio a favor de los que serán herederos de la
salvación?” Heb.1:14.

Es importante saber que el inmenso potencial que representa


toda la creación angelical, está dispuesta a nuestro servicio;
por lo tanto, expondremos a continuación sus características
más importantes, señalando sus amplias y diversas
manifestaciones: Ministran la adoración celestial, Is. 6.3, Ap.
4:6-11, 5:8-13, son ministros sirvientes, He. 1:7; son
mensajeros personales, Sal. 103: 19, 20; Lc. 1;26-33; 2:4-14;
agentes del gobierno de Dios, Is. 46:8-11; Ro. 11:33; Ef. 1:11;
Liberan a las naciones al contrarrestar la influencia de Satanás
sobre ellas, Dn. 10:13,21; 12:1; Ap. 12:7-9; 13:1-7; 16:13-14;
son ejecutores del Juicio de Dios, Gn. 19:1, 12,13; Sal. 78:
43,49; Ex. 12:13,23; 2 Rey. 19:35; Ap.8:1-6; 15:1-6; 16:1-21;
Ap. 12:7-9.

Su poder ilimitado les permite controlar las fuerzas de la


naturaleza, Ap. 7:1 describe como cuatro ángeles “detienen los
cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno
sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.”, también
a un ángel se le entrega el poder sobre el sol, “al cual fue dado
quemar a los hombres con fuego”, Ap.16:8; los ángeles tienen
el poder para destruir los recursos naturales como parte del
Juicio de Dios, en la Gran Tribulación, Ap. 8 y 9, donde se
demuestra el poder de destruir la tercera parte de las plantas
de la tierra, de las aguas saladas y dulces y de la vida en el
mar.

La naturaleza pelea a nuestro favor


Examinando esto podemos “presumir” la acción de la
naturaleza creada por Dios, en los días de Josué cuando “el
sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo
vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de
Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a
ponerse casi un día entero. No hubo un día como aquel, ni
antes ni después de él, en que Jehová haya obedecido a la voz
de un hombre, porque Jehová peleaba por Israel”, Josué
10:13,14; eso es exactamente lo que dicen las escrituras,
cuando “las estrellas, desde sus orbitas pelearon contra
sisara”. Jue. 5:20; Los barrió el torrente de Sisón Ju. 5:21, o
como al final de los tiempos, cuando la serpiente arroje de su
boca, en contra de la mujer, un rio para ser arrasada, Juan ve
como: “la tierra ayudo a la mujer, pues la tierra abrió su boca y
se tragó el rio que el dragón había echado de su boca.” Ap.
12:15-16. Sea cual fuere la causa de la acción de las fuerzas
naturales a favor de los siervos de Dios, es grafíticamente y
consolador ver como ellas, están incluso dispuestas a pelear
por nosotros.
La acción y ministerios de los ángeles a nuestro favor
La acción y ministerio de los ángeles a nuestro favor son
diversos, como lo veremos a continuación:
1. Los ángeles traen protección
Una de las funciones más importantes de los ángeles
es la protección del pueblo de Dios, preservan nuestras
vidas y guardan nuestros caminos. Las escrituras
declaran que: “El ángel de Jehová acampa alrededor de
los que le temen, y los defiende”, Sal. 34:7. Y continua
diciendo: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti para
que te guarden en todos tus caminos”. Sal. 91:11-12. Los
ángeles pueden detener la obra perversa de nuestros
perseguidores, deteniéndolos y destruyéndolos: “…y el
ángel de jehová los acose, sea su camino tenebroso
y resbaladizo y el ángel de jehová los persiga…”, Sal.
35:5,6.

En el establecimiento del Reino de Dios, los discípulos


debieron afrontar innumerables situaciones,
humanamente imposible de solucionar, en las que se
hace notoria la participación de los ángeles a favor de
ellos, para preservar sus vidas, para liberarles de las
prisiones, para motivarlos, y para ejecutar el juicio divino
en contra de sus perseguidores.

El relato bíblico de Lucas nos muestra como al comienzo,


el celo de los principales autoridades religiosas, al saber
cómo por mano de los apóstoles se hacían muchas
señales, y prodigios en el pueblo, y como quienes creían
en el señor aumentaban Hch. Hch. 6:12-14, Ordenaron
echar mano a los apóstoles y ponerles en la cárcel
pública, haciendo necesaria la manifestación
sobrenatural de un ángel de Dios, dice la escritura:
“Más un ángel del señor, abriendo de noche las
puestas de la cárcel y sacándolos”, Hch 5:12-19.

En este relato o solamente tenemos la participación de


los ángeles en la providencia divina, liberando a los
discípulos de sus enemigos y la cárcel, sino que también
algo realmente asombroso: Animándoles y motivándoles
a continuar con su labor; una muestra clara de la acción
de los ángeles en contra de los enemigos de los siervos
de Dios, la encontramos en relación con Herodes, quien
persistía en encarcelar a los discípulos y matarlos, Hch.
12:21, es herido por un ángel del señor, muriendo comido
por los gusanos, Hch. 12:22,culmina el relato diciendo:
“pero la palabra de Dios crecía y se multiplicaba” Hch.
12:24.

En el antiguo testamento, los ángeles hicieron manifiesta


su protección a favor de Eliseo, 2 Rey. 6:13-14, quien ante
el sitio de Siria, en Dotan, “el monte estaba lleno de gente
de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo” 2
rey. 6:17. En relación con Daniel, las escrituras muestran
“a cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio del
fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es
semejante a un hijo de los dioses”, Dn. 3:24-26, cuando
estuvieron en el interior del horno de fuego; más tarde lo
vemos dentro del foso de los leones, diciendo: “…Mi Dios
envió a su ángel, al cual cerraron la boca delos leones
para que no me hiciesen daño…” Dn. 6:22

1. Los ángeles son medio de revelación divina

Desde los tiempos antiguos, los ángeles han sido


instrumentos divinos para dar a conocer la voluntad de
Dios y su palabra a los hombres. Antes de morir, Esteban
dijo a sus opositores: “¿Y a cuál de los profetas no
persiguieron nuestros padres? Y mataron a los que
anunciaron de antemano la verdad del justo de quien
vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;
vosotros que recibiste la ley por disposición de
ángeles y no la guardasteis” Hch. 7:52,53

Sobre esto pablo dice, “Entonces ¿para qué sirve la ley?


Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que
viniese la simiente, a quien fue hecha la promesa y fue
ordenada por medio de ángeles”, Gal. 3:19

En el Nuevo Testamento los ángeles revelaron lo


pertinente al nacimiento de Juan el Bautista, Lc. 1:11-20.
En el antiguo Testamento, el ángel al cual Zacarías
denomina “el ángel que hablaba conmigo” interpretó las
visiones que Dios le mostraba, Zac. 4:1; 5:5; 6:5. Gran
parte del contenido del libro de Daniel, vino a través de la
revelación de un ángel, interpretando profundamente dos
visiones dadas a Daniel que se referían al destino de los
reinos más importantes sobre la tierra, Dn. 7:15-27, 8:13-
26, fue por medio de Gabriel, denominado por Daniel, “El
varón Gabriel” que vino la importantísima profecía de
carácter universal: Las 70 semanas, que incluyen el plan
de Dios para Israel en la Gran Tribulación, Dn. 9:20-27.
La mayor parte del libro del Apocalipsis fue revelada por
un ángel, Ap. 1:1; 22:6-8.

2. Los ángeles traen la dirección divina


Como ya hemos visto, la participación de los ángeles de
las actividades del Reino hizo parte integral en el
desarrollo de la obra del Señor. Las escrituras muestran
como los ángeles guiaron a los hombres de Dios,
facilitando a través de su dirección y orientación la labor
evangelizadora de los discípulos. Un ángel guio a Felipe
hacia el etíope, funcionario de Candace, reina de los
etíopes, cuando le dijo: “Levántate y ve hacia el sur por el
camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es
desierto”, Hch. 8:26. Cornelio fue guiado por un ángel,
para que buscase a pedro, al cual le dio estrictas señales
acerca de su ubicación, esto le dijo:

“Envía pues ahora hombres a jope y has venir a


Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro, este
posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su
casa junto al mar, y él te dirá lo que es necesario que
hagas”, Hch. 10:1-8, 11:13.
3. Los ángeles traen provisión de parte de Dios
Es conocido que desde el antiguo Testamento, que
los ángeles fueron utilizados por Dios para atender y suplir las
necesidades materiales de sus siervos y en algunas personas
de las cuales Dios se compadeció; como en el caso de Agar y
su hijo, proveyéndoles agua para preservarles su vida, Gn.
21:17-20. Cuando Elías huía de Jezabel, deseando morir se
acostó y “un ángel le tocó y le dijo: “Levántate y come”.
“Entonces el miro, y he aquí a su cabecera, una torta cocida
sobre las ascuas y una vasija de agua; comió y bebió…” 1
Rey. 19:5-6. Es muy posible que la expresión de Mateo: “Y he
aquí vinieron ángeles y le servían” Mt. 4:11, en relación a
la tentación sufrida por el Señor en el desierto, al final del
ayuno, se refiriera al sustento del Señor en el desierto.

Son innumerables los testimonios escuchados de


generación a generación, de parte de los siervos del
Señor, que muestran como Dios proveyó todo lo que en
un momento dado, ellos necesitaron. De esto todos los
que servimos a Dios, en algún momento, recibimos de un
desconocido la provisión que requerimos para seguir
adelante, es seguro que fueron ángeles enviados por Dios
para nuestra provisión.

4. Los ángeles dan aliento y fortaleza


Los ángeles no solo dieron aliento y nuevas fuerzas
a Jesús, Mt. 4:11, Lc. 22:23; sino que también lo hicieron
con aquellos a quienes al Señor envió en su indetenible
propósito de extender su Reino sobre la tierra. Tras ser
liberados de la cárcel por un ángel, este le da aliento,
diciendo a los discípulos: “Id, y puestos en pie en el
templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta
vida, los cuales habiendo oído esto entraron de mañana
al templo y enseñaban” Hch. 5:19-21. Pablo recibió la
visita de un ángel, cuando se encontraba en medio de la
tempestad en el mar, cuando era llevado a Roma, quien
le dijo: “…Pablo, no temas…” Hch. 27:23-24

5. Los ángeles participan en nuestras oraciones


Fue la respuesta a las oraciones fervientes de la
Iglesia, que Dios envió al ángel para liberar a Pedro de la
cárcel, Hch. 12:15-16. En las situaciones que Daniel oró
a Dios por una respuesta, Dios envió ángeles con su
respuesta, Dn. 9:20-24; 10:10-12.
En el libro del Apocalipsis, Juan describe una acción
singular en la labor de los ángeles: “… y de la mano del
ángel, subió a la presencia de Dios el humo del
incienso con las oraciones de los santos…”
Ap.8:3-5.
CAPITULO XVII

LAS ARMAS ESPIRITUALES FRENTE A LAS


FORTALEZAS DE SATANAS.

Cuando Pablo conoció el gran peligro que se venía


sobre la iglesia, con el ingreso de hombres con apariencia de
predicadores, pero que con sus enseñanzas distorsionaban la
verdadera imagen de Cristo; entró en grande preocupación. Y
no era para menos, esta era la forma más efectiva para
desestabilizar la iglesia, desviando la atención y la mirada de
la iglesia, de Jesucristo, principal fundamento de la iglesia.
Ante la inminencia del peligro, Pablo, usa un agresivo lenguaje
de guerra espiritual:

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos


según la carne, porque las armas de nuestra
milicia no son carnales, sino poderosas en Dios, para
la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y
toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios
y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de
Cristo”, 2 Corintios 10:3-5.

En este texto tan importante de las sagradas Escrituras, Pablo


concibe la vida cristiana, como una milicia, en la que el
creyente debe permanecer dotado de las armas espirituales
que Dios le ha concedido, para vencer en esta lucha contra las
diferentes fortalezas espirituales establecidas en el mundo.
Mathew Henry, en su comentario bíblico, hace un enfoque
interesante, acerca de las fortalezas:
“El griego ujorama, los fuertes torreones colocados, en las
cuatro esquinas de la muralla interior, donde el enemigo
asediado se atrincheraba, para defenderse de los
sitiadores, y desde allí asestar sus certeros dardos”

Un examen minucioso del contexto de 2 Corintios 10:3-5, nos


muestra que Pablo define como fortalezas a ciertos
argumentos y razonamientos, en contra de la verdad, que
tenían asidero en el engaño y la mentira. Algunos creyentes ya
habían creído en estas nuevas formas de doctrinas acerca de
Jesús y su evangelio. Estas ideas equivocadas que habían
llevado a los creyentes a desistir de la verdad, eran en realidad
presentadas, por algunos “falsos profetas”, “obreros
fraudulentos”, y “siervos de Satanás”, de los cuales ya había
mencionado antes en sus cartas. Era algo así como la plaga
de moda contra la iglesia de aquellos días.

Las nuevas doctrinas habían encontrado entrada fácil en el


corazón de los oyentes. Para Pablo esto tenía un origen
espiritual, proveniente del mundo de la oscuridad. Estas
enseñanzas habían sido fijadas sin ningún recato en sus
mentes, siendo instauradas como fortalezas inexpugnables.
Los argumentos del infierno son instituidos por fuerzas y
poderes, que hacen imposible destruirlas con las fuerzas
humanas. Es cuando Pablo saca de su arsenal de guerra,
las armas espirituales poderosas en Dios para derribarlas.
Jesucristo dentro de ese arsenal de guerra espiritual contra
las fuerzas del mal, no solamente nos dio la armadura con la
cual podíamos estar protegidos en todo momento, sino
también, tres armas de ataque con las que pudiéramos destruir
cualquier fortaleza espiritual que el enemigo ponga en nuestro
camino: La palabra de Dios, en nombre de Jesucristo y la
Sangre de Cristo derramada en la cruz, que ya hemos visto
en los capítulos anteriores.

Las fortalezas contra las cuales lucho Pablo, era algo más que
simples conceptos humanos, enfrentar estas nuevas formas
de pensamiento acerca de Cristo, requería de una acción
extrema con énfasis en la supereminente grandeza del poder
de Dios, dado a la iglesia, para lo cual Cristo había dotado a la
iglesia, con armas poderosas en Dios, para destrucción de
fortalezas.

Fortalezas espirituales en Corinto


En su extenso repertorio de ataques contra la iglesia,
Satanás saca a relucir uno que le resulta sumamente efectivo:
“La mentira en forma de piedad”. Desde luego que Satanás
cuenta con instrumentos fortuitos que le son útiles en sus
propósitos de engaño y error. Cuando Pablo los detectó en
Corinto, los desenmascaró, los publicó y los enfrentó con
energía y autoridad, y usó para ello los recursos infinitos del
poder que Dios entregó a la iglesia. Pablo enfatiza y denuncia
la obra y propósitos de Satanás, de engañar y desviar de la
verdad a los creyentes. En la misma carta a los corintios, Pablo
complementa:
“Pero temo como la serpiente con sus astucia engañó a Eva,
vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la
sincera fidelidad a Dios”; 1 Corintios 11:3.

Finalmente, la carta muestra como ya algunos, ya se habían


ido detrás del falso cristo iluminado de fabulas e invenciones.
Pablo en su despedida de la iglesia de Éfeso, les advirtió sobre
esto a sus discípulos, diciéndoles:
“Porque yo sé que después de mi partida entraran en medio
de vosotros, lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y
de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras si los discípulos…y ahora os
encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene
poder para sobreedificaros…”, 20:29-32.

Primeras fortalezas espirituales


En la finalización del primer siglo, las iglesias de Asia
Menor, habían sido invadidas por doctrinas demoniacas, que
surgieron cada vez con más frecuencia, a través de maestros
que iban apartándose del seno de la iglesia. Por ese tiempo
aparece la doctrina que muestra a Jesús, puramente divino. En
su intento de exaltarle, negaban su naturaleza humana. Esta
doctrina fue señalada en los tiempos de la iglesia primitiva con
el nombre de docetismo, del termino griego dokeô, que
significa: “parece que tenía carne”. Para Juan, tales
enseñanzas eran contrarias a la perfecta concepción de Cristo,
y a quienes las enseñaban les llamo anticristos, Juan escribió:
“…porque muchos engañadores han salido por el
mundo, que no confiesan que Jesucristo, ha venido
en carne, quien esto hace es el engañador y el
anticristo”, 2 Juan 1:7.

Juan rebatió en sus cartas todo intento del enemigo por


pervertir la verdadera imagen de Cristo, e hizo énfasis en la
revelación del Espíritu de Verdad, diciendo: “Nosotros somos
de Dios, y el que conoce a Dios, nos oye. En esto conocemos
el Espíritu de verdad y el espíritu de error”, 1 Juan 4:6, en clara
referencia a lo que había escrito en su evangelio: “El que es
de Dios, las palabras de Dios oye, por eso no las oís vosotros,
porque no sois de Dios". ”Juan 8:47, refiriéndose a esto, Juan
complementa: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y
conocéis todas las cosas”, 2 Juan 2:20.

Fortaleza del gnosticismo


El docetismo contribuyó en gran manera a la aparición
de la herejía más grande de la era post-apostólica, el
Gnosticismo, el cual fue una mezcla de todas las ideas
predominantes de la época. Incluía judaísmo, cristianismo,
platonismo, religiones egipcias, magia, hechicería, entre otras.
La figura redentora no era la manifestación de Dios en carne,
desconociendo su obra redentora en favor de los hombres.
Jesús fue solo un espíritu que vino a traernos un conocimiento,
gnosis. Enseñaba que la gente estaba atrapada en cuerpos
materiales malos. La esperanza de salvación radicaba en que
en el día de la muerte, lo espiritual escapaba de lo material, y
este se liberaba. Existe grande evidencia de esta doctrina, en
los escritos de los padres de la iglesia, como Ireneo, Hipólito,
y Orígenes, a quienes la historia eclesiástica, los coloca como
abanderados de la lucha contra esta diabólica secta, que tanto
mal hizo en los tres primeros siglos de la era cristiana. Los
diferentes sistemas gnósticos, presentan la figura de Cristo,
como una “emanación”, algo así como la manifestación de un
ángel superior, colocando a Jesús a nivel de los demás seres
angelicales.

Fortaleza del Ebionismo


Otra forma de doctrina que apareció en los comienzos
de la era cristiana, enseñaba totalmente lo opuesto: Jesús no
era verdadero Dios. Tal mensaje fue una poderosa fortaleza,
que sirvió de estorbo para que los judeo-cristianos, que tenían
dudas acerca de la naturaleza de Cristo, pudieran tener clara
la divinidad de Jesucristo. A estos judeo-cristianos se les llamó:
ebionistas.
Desde un comienzo Satanás ha luchado por desdibujar la
verdadera imagen de Cristo, como la de su obra, y su relación
con su pueblo. Pablo en su tiempo, fue obstaculizado
constantemente, por quienes eran denominados judaizantes.
Judíos que habían aceptado a Jesucristo como su mesías,
pero que insistían fervorosamente en la circuncisión de Moisés
para ser salvos, así mismo, en la purificación de los judíos y en
la observancia de las actividades religiosas de la ley.

Ataque de satanás contra la iglesia en Colosas


Por ese mismo tiempo, la iglesia de Colosas sufrió un
terrible ataque en el cual algunos enseñaban que Jesucristo no
era “suficiente”, para estos, Cristo no era el hijo de Dios, sino
un mediador a la par de los ángeles, por lo cual su poder no
era suficiente para enfrentar a Satanás y a sus ángeles caídos.
Esta doctrina llevaba a los creyentes a la participación de
doctrinas y ritos misteriosos y extravagantes, en los cuales
invitaban a poderes superiores y a los ángeles que vendrían
en su ayuda. Pablo escribe una incisiva carta y denuncia estas
prácticas como inspiradas por satanás:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías,
y huecas sutilezas, según la tradición de los hombres
y conforme a los rudimentos del mundo y no según
Cristo”, Col. 2:8.
Y termina desmintiendo tales infamias, cuando dice: “Porque
en el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”, Col.
2:9.
A quienes argumentaban que Cristo, era inferior les dice:
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de
toda creación, porque en él fueron creadas todas las
cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisible; sean tronos, sean
potestades, todo fue creado por medio de él, y para
él, y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas
en el subsisten y él es la cabeza del cuerpo que es
la iglesia, el primogénito de entre los muertos, para
que en todo tenga la preeminencia, por cuanto
agradó al Padre, que en él habitase toda plenitud”,
Col. 1:15-19.

Estas y tantas otras doctrinas, han sido la plaga que ha


arrastrado hacia la perdición a cientos de Cristianos a través
de todos los tiempos, desde los ancestrales legalismos
religiosos que demarcaban la salvación a través de
condiciones y obras para ser salvos, hasta el postulado del
humanismo puro, en el que por encima del concepto teológico
de la palabra de Dios, están los enunciados y conceptos
humanos. Ajustando lo espiritual a sus propios pensamientos.

El diablo, ha escondido sus doctrinas de engaño y mentira en


el sincretismo; en el cual los principios cristianos son
unificados con las creencias de las religiones paganas. Siendo
su más crucial obra la iglesia romana, la cual unió los principios
y doctrinas de las Sagradas Escrituras, con la idolatría. La fe
cristiana no admite aditivos, ni accesorios, ni complementos;
unirla al error, la condena al fracaso. Satanás no puede impedir
que un hombre se haga cristiano, pero si puede alterar la
palabra de Dios, para que lo haga menos cristiano.

Resurgimiento de fortalezas espirituales antiguas


Todas las mentiras de satanás que existieron en la
iglesia primitiva, respecto a Cristo, todavía existen en nuestro
tiempo. Él no ha cesado en su lucha por desprestigiar u opacar,
lo verdadero, y adecuarlo a sus propósitos de engaño. Lo más
triste de todo, es que estas corrientes de falsedad se
denominan como “cristianas”. Los mormones, los testigos de
Jehová, y los seguidores de la cientologia y ciencia cristiana,
nos enseñan de un Jesús diferente.

Los mormones.
Enseñan que Jesús nació como un hijo espiritual de
padres celestiales, el padre y su esposa. Vino a esta tierra
cuando María, lo concibió por medio de una relación sexual
física, con Dios el padre. Después de disfrutar del matrimonio,
con varias esposas y tener varios hijos, Jesús murió. La
postura doctrinal que dice que Jesús no es “suficiente”, se ve
revivir aquí, cuando se enseña que el sacrificio de Cristo, solo
sirvió para cubrir la falta de Adán, mas no las de quienes
creerían en él. La salvación del hombre solo es posible por las
obras humanas. El mormonismo enseña: “Tal y como es el
hombre, así era Dios, así, puede llegar a ser el hombre”. Su
fundador John Smith, dijo: “Dios fue en una época un hombre
como nosotros, y vivió en la tierra, lo mismo que Jesucristo.
Ustedes también deben aprender cómo pueden llegar a ser
dioses, de la misma forma, como aprendieron todos los dioses,
que nos han precedido”.

Los testigos de Jehová


Es bien conocida su posición acerca de Jesús, al cual se
le niega como Dios, y se le considera como un simple
mensajero de inferior condición a Dios. El más alto grado de
tergiversación de las escrituras, se encuentra en su “traducción
del nuevo mundo”, en la que son manipulados a propósito,
algunos textos bíblicos, que no concuerdan a sus enseñanzas
erradas. Los cuales han sido ajustados a sus perversos
propósitos. Después de pervertir el texto de Juan 1:1, que
declara que: “Jesús es un dios”, argumentan que Jesús es un
dios real pero de inferior condición a Dios, pero en igualdad de
condiciones a los ángeles.

La ciencia cristiana
Esta doctrina niega la divinidad de Jesús. Mary Baker
Eddy, su fundadora, enseñó que Jesús, era solo un camino
más hacia Dios, es decir; hay más caminos que llevan a la
salvación. Jesús fue solo un ser humano más. No murió, no
resucitó, ni salvó a nadie.

Fortalezas espirituales modernas


Es posible que nuestras iglesias no lleguen a negar la
deidad de Cristo, su nacimiento virginal y su encarnación, pero
ha caído víctima de muchas corrientes sigilosas, que a través
del tiempo, han encontrado acomodo en el conformismo y en
la tibieza espiritual.

El Humanismo
Es el reconocimiento y adopción del “yo”, en lugar de
Dios. El hombre busca su propia comodidad y su propio
bienestar por encima de las prioridades y enunciados del
cristianismo, de humildad, sencillez y reconocimiento de Dios
sobre sus vidas. Esta corriente ha encontrado en el orgullo y la
altivez del hombre, su más preciado cómplice. El humanismo
ya entró en nuestras iglesias, lleva al creyente a vivir una vida
cristiana conforme a sus propias consideraciones personales.
Lleva a un segundo plano a Dios y a su palabra. El principio
del humanismo tuvo lugar en el orgullo de “lucero”, quien pensó
solo en sí mismo. Esta forma de pensamiento es el que lo llevó
a desear el lugar de Dios. Satanás es el creador y el
promotor del humanismo.
El materialismo
Es el deseo irrenunciable del hombre, de amar y
acumular bienes materiales, Su afán por el dinero, no tiene
saciedad. La avaricia se ha convertido en una ola creciente,
que cobija al mundo moderno. El materialismo lleva al hombre
a creer que la felicidad, la paz y la seguridad, dependen
exclusivamente, de lo que se posee. En nuestros días esta
mentira, ha ido introduciéndose en las prácticas cristianas,
llevando al creyente, a buscar lo material como señal de éxito,
tal como lo enseñan las iglesias de la teología de la
prosperidad, o las llamadas iglesias del evangelio de la
prosperidad, tan de moda actualmente, hallando arraigo
en el corazón de miles de creyentes. No hay duda que Dios
bendice a sus hijos hasta suplir todas sus necesidades, pero
nuestro gozo, paz y seguridad, dependen exclusivamente, de
la obra de Cristo en nuestros corazones. El mundo está lleno
de creyentes abnegados que lo han abandonado todo, pero a
cambio se han enriquecido espiritualmente, a través de una
vida al servicio del Señor.

El hedonismo moderno
Es la devoción por el placer y la gratificación personal,
normalmente, van acompañadas de ciertas formas de
moralidad. Este estilo de vida ha ido creciendo
abrumadoramente en nuestros días. Pablo declara que para
este tiempo, “habran hombres amadores de sí mismos,
avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos…”, 2 Ti. 3: 2-
4. Nos añade Pablo: “Pues, habiendo conocido a Dios, no le
glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, sino se
envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón
fue entenebrecido”, Ro. 1:21. Otros se entregaran a los
placeres vergonzosos de inmoralidad sexual, Ro. 1:24,
llegando al extremo de la búsqueda del placer en el sexo
contra naturaleza, Ro, 1:26-27.

Sin percatarnos, muchas de estas formas de placer, hoy hacen


parte de las prácticas cristianas, las diversiones, los juegos y
los pasatiempos, han ido llevando, paulatinamente, a muchos
creyentes, a las prácticas hedonistas del diablo. Su mensaje
promueve la liberalidad, las modas inmorales, las diversiones
y los pasatiempos, colocando la vida cristiana a un segundo
plano. El hedonismo roba el tiempo para el servicio a Dios y la
oración, inhibe e imposibilita al ayuno y al quebrantamiento.

La nueva era
Las escrituras nos ofrecen suficiente información
respecto a la forma, como Satanás influiría y controlaría la
última generación antes del levantamiento de la iglesia, e
incluso durante la gran tribulación. Jesús nos advirtió acerca
de una explosión de falsos milagros en los días previos a su
segunda venida: “Porque se levantaran falsos cristos, y
falsos profetas y harán señales, y prodigios de tal manera
que engañaran, si fuere posible, aun a los escogidos”,
Mateo 24:24; de igual manera, Pablo hablando del anticristo,
dice: “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de satanás,
con gran poder y señales, y prodigios mentirosos, y con
todo engaño de iniquidad, para los que se pierden, por
cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”,
2 Tes. 2:9-10. Nunca antes, como ahora hemos visto, un
gigantesco despliegue de poderes y manifestaciones
sobrenaturales, sobre esta tierra. Esto evidencia, aún más lo
dicho por las escrituras.

La nueva era, promueve, experiencias extrasensoriales,


encuentros cercanos con seres de otros mundos, relación con
objetos voladores no identificados, regresiones, líneas
psíquicas y espectáculos asombrosos de magia y bujería, con
promoción en redes sociales, canales de televisión y emisoras
locales.

Muchos sugieren que este movimiento, también denominado


la conspiración de acuario, es una red solida muy bien
organizada a nivel mundial, en la que se mantienen y alimentan
un juego variado de creencias e ideologías religiosas,
especialmente, las orientales es algo así, como el
resurgimiento del gnosticismo, pero ahora fortalecidos, por la
sofisticación de la tecnología de las comunicaciones.
CAPITULO XVIII

LAS ARMAS ESPIRITUALES FRENTE A LA GRAN


FORTALEZA DEL OCULTISMO

El ocultismo, es sin lugar a dudas una de las fuerzas


más atrayentes de nuestros días. La palabra oculto, viene del
termino latino occultus, forma del verbo occulere, que quiere
decir, cubrir, esconder. Su significado es, escondido, secreto,
oscuro, misterioso, encubierto. Se emplea para definir los
fenómenos que están o parecen, estar más allá de la
percepción humana, o del mundo de las experiencias
humanas. El termino ocultismo es utilizado, para referirse a las
ciencias o practicas ocultistas, que son extendidas como una
influencia supra-humana, o sobrenatural, que no viene
propiamente de Dios, y que comúnmente, se asocia con todo
aquello que tiene influencia demoniaca.

El ocultismo tiene como característica primordial, el concepto


de las correspondencias, es decir, relaciones entre entidades
del universo, como, estrellas, planetas, gemas, colores,
símbolos, partes del cuerpo humano, de animales, sucesos de
la vida… En estas correspondencias, también se incluyen
seres intermediarios, como ángeles, dioses menores, almas de
difuntos, y toda clase de espíritus.

Advertencia de Dios en contra del ocultismo


Cuando Dios saca a su pueblo de la esclavitud de
Egipto, existe en él, una primordial preocupación, en relación
con las costumbres ocultistas de los pueblos antiguos, también
llamadas paganas. Estas prácticas estaban sumamente
arraigadas entre los pueblos que encontrarían en su recorrido
por el desierto, y en los pueblos que encontrarían en la tierra
prometida. Su preocupación se basaba, en lo peligrosamente
absorbente y fantástico de tales prácticas; las cuales por sí
mismas, incluían una invitación llamativa al mundo de lo
desconocido.

La amonestación de Dios es clara y categórica:


“Cuando entren a la tierra que Jehová, te da, no
aprenderás a hacer las abominaciones, de
aquellas naciones. No sea hallado en ti quien
haga pasar a su hijo, o a su hija por el fuego, ni
quien practique adivinación, ni agorero, ni
sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino,
ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque
es abominación para con Jehová, cualquiera que
hace estas cosas, por estas abominaciones,
Jehová tu Dios, echa a estas naciones delante de
ti, perfecto serás delante de Jehová, porque
estas naciones…agorero y adivinos más a ti no
te ha permitido esto Jehová tu Dios”,
Deuteronomio 18:9-14.

Esta misma amonestación se deja oír de nuevo ante los oídos


de Joacin, rey de Judá:
“Y vosotros no prestéis, oído a vuestros
soñadores ni a vuestros agoreros, ni a vuestros
encantadores…porque ellos profetizan mentira,
para haceros alejar de vuestra tierra, para que yo
no os arroje y perezcáis”, Jeremías, 27:910.
El ocultismo en nuestros días
El ocultismo actual, tiene sus raíces en las antiguas
sabidurías populares y religiones de los babilonios (caldeos) y
los egipcios.

El ocultismo tiene su más importante precursor en las


ansias humanas de lo de desconocido, que llevan al
hombre a la búsqueda de aquellas experiencias que le
permitan llenar su sed profunda del sentido de la vida, de
poder y de seguridad, y de conocimiento de lo
desconocido.

El ocultismo incluye cada una de las prácticas, que Dios refirió


y prohibió a su pueblo, en los libros de Deuteronomio 18:9-14
y Jeremías 27:9-10, En este capítulo examinaremos algunas
de ellas:

1. La adivinación

Viene de la palabra latina divinare, es decir, predecir, y se


refiere a la predicción del futuro o de la suerte. En ella se
incluye dos divisiones, primero: Adivinación artificial o
pronóstico mediante la interpretación de signos o
presagios, que están bajo control demoniaco, y segundo:
Adivinación inspirada, que utiliza un médium controlado
por un demonio, para que este pronostique y le muestre
el porvenir.
Las formas más comunes de adivinación, son: La
astrología, cuyo origen data del tiempo de los caldeos
(Babilonia) y los egipcios, esta práctica incluye el
horóscopo, el zodiaco, y la carta astral, la cartomancia, y
el tarot. La quiromancia (adivinación a través de las líneas
de la palma de la mano. Y en la actualidad: Tabla ouija,
vara de adivinar, péndulo, la psicometría, los sueños y
visiones, entre otros.

La Biblia es clara y contundente al prohibir cualquier


forma de adivinación. En Israel los que predecían el futuro
eran condenados a muerte. Dios advirtió:

“Porque así ha dicho, Jehová de los ejércitos, Dios


de Israel: No os engañen vuestros profetas que
están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni
atendáis a los sueños que soñáis, porque
falsamente profetizan en mi nombre; no los
envié, ha dicho Jehová”, Jeremías 29:8-9.

El repudio y rechazo expresado por Dios hacia las


prácticas de la adivinación, se hallan registradas en su
palabra:

“Así dice Jehová…Yo Jehová que lo hago todo, que


extiendo todos los cielos, que extiendo la tierra por
mí mismo, que deshago las señales de los
adivinos, y enloquezco a los agoreros, que hago
volver atrás a los sabios, y desvanezco su
sabiduría”, Isaías 44:24-25.

De las prácticas de Babilonia, Dios hizo una rotunda


declaración de juicio:
“Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los
caldeos, porque nunca te llamaran señora de
reinos…oye pues, mujer voluptuosa, tu que estas
sentada confiadamente…estas dos cosas te
vendrán de repente en un mismo día, orfandad y
viudez, en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar
de la multitud de tus hechizos y de tus muchos
encantamientos”, Isaías 47:5-9.

“Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud


de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu
juventud…Te has fatigado en tus muchos consejos.
Comparezcan ahora y te defiendan, los
contempladores de los cielos, los que observan
las estrellas, los que cuentan los meses para
pronosticar, lo que vendrá sobre ti, he aquí que
serán como tamo, fuego los quemara, no
salvaran sus vidas del poder de la llama”, Isaías
47:11-14.

Las Sagradas Escrituras, declaran cualquier forma de


adivinación, como abominación, e influencia de Satanás;
que producen una total degradación espiritual y
alejamiento de Dios. Todas estas prácticas ocultas son
condenadas por su palabra, Lev. 19:31; 20:6; Ez. 21:21;
Os. 4:12; Am. 5:25-26; Zac. 10:2; Hch. 1:41-43; 16:16-18;
Gal. 5:20.
El pueblo de Israel en reiteradas ocasiones se sumió en
la práctica de la adivinación y la brujería, caminando en
contravía de los mandatos de Dios, Ez. 13:18-19; 2 Cro.
33:6; Jer. 21:9. Resalta el caso cuando el rey Saúl, fue a
consultar a la pitonisa de Endor, 1 Sam. 28:7. Dios
considera la adivinación como un espíritu de rebelión, 1
Sam. 15:23.
El hombre ha querido tener todo bajo control sin querer
tener puesta su confianza en Dios. Es por esto que quiere
el conocimiento ilícito, en los caminos que están por fuera
de la voluntad de Dios y lejos de la revelación divina.

2. La magia
Es difícil distinguir claramente la diferencia entre magia,
hechicería y brujería, en algunos casos son considerados
términos sinónimos, ya que utilizan medios ocultos para
producir efectos más allá de lo natural; sin embargo, la
magia incluye la bujería y la hechicería.

La magia personal invoca seres reales y personales del


mundo de los espíritus inmundos. No importa si la magia
es blanca, negra o neutra, su carácter es diabólico. Dentro
de la magia se encuentran la cura y provocación de
enfermedades. La magia que provoca amor u odio, las
maldiciones, los hechizos de fertilidad, la persecución o la
defensa mágica, el atar o dejar libre a alguien, y la muerte.
Tanto la magia, como la hechicería y la brujería, tienen
en común los siguientes elementos: La realización de
rituales o gestos simbólicos; el uso de sustancias y
objetos materiales que tienen significados simbólicos; y
pronunciamiento de palabras misteriosas.

Lo que dicen las Sagradas Escrituras en el antiguo


testamento
Las escrituras reconocen la existencia de la magia y la
atribuyen a las fuerzas satánicas y a los demonios. La
cultura egipcia se hizo maestra en el arte de la magia, y
no es de extrañar que los magos de Faraón, realizaran
señales sobrenaturales, 2 Ti. 3:8, como oposición a los
milagros de Moisés, Ex. 7:11. Los magos del tiempo de
Daniel tenían poderes reconocidos por todos, Dn. 1:20;
2:2,27; 4:7; sin embargo, la sabiduría de Daniel los
sobrepasaba, Dn. 1:20; 4:9; 5:11. El anticristo realizara
milagros extraordinarios, 2 Tes. 2:9; así como también el
falso profeta, Ap. 13:11-15.
El pueblo de Israel en algunas ocasiones se volcó a tales
prácticas, por lo cual Dios les dijo:
“Y di: Así ha dicho Jehová el Señor ¡Ay de aquellas
que cosen vendas mágicas todas las manos y
hacen velos mágicos para las cabezas de toda
edad, para cazar las almas…!”, Ez. 13:18-19.
Del rey manases dice la escritura:
“Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme
a las abominaciones de las naciones que Jehová
había echado delante de los hijos de Israel…pasó a
sus hijos por el fuego en el valle del hijo de Hinón y
observaba los tiempos, miraba en agüeros, era
dado a la adivinación, se excedió en hacer lo malo
ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira”, 2
Crónicas 33:2-6.
Lo que dicen las escrituras en el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento, igualmente las escrituras
condenan la magia y la hechicería, como una actividad
perversa, Gal. 5:20; 13:6; Ap. 21:8,22. Al comienzo de la
actividad apostólica, fue notoria la actividad mágica de
Simón el mago, quien ofreció dinero a los apóstoles para
que le enseñaran dar el Espíritu Santo, mediante la
imposición de sus manos, Hch. 8:20-23. En aquellos
comienzos, ante la predicación de la palabra de verdad,
Marcos, nos narra lo siguiente:

“Y muchos de los que habían creído, venían


confesando y dando cuenta de sus hechos, y así
mismo, muchos de los que habían practicado la
magia, trajeron los libros, y hecha la cuenta de
su precio, hallaron que eran cincuenta mil piezas
de plata, así crecía y prevalecía poderosamente
la palabra del Señor”, Hechos 19: 19-20.
3. Espiritismo
Es descrito como practica oculta, por medio de la
cual, se evocan y se trata con espíritus. En la antigüedad
los persas, los griegos y los romanos, rendían culto a las
almas de los muertos para buscar su ayuda, aplacarlos o
buscar revelación. El espiritismo moderno, encuentra su
mayor propulsor, en Allan Kardec, quien seguía las
instrucciones del nuevo evangelio o evangelio del
espiritismo, que fue acogido entusiastamente, por la
masonería francesa.

Las fuerzas que están detrás de estos fenómenos,


inobjetablemente, son diabólicos. Detrás de la supuesta
comunicación con los muertos, se encuentran los
espíritus engañadores, quienes a través de un médium
controlado por ellos mismos, se hacen pasar por
personas muertas. Estos a través de una sofisticada red
de comunicación, pueden obtener la información
necesaria para mantener el engaño.

Dentro de la larga lista de prácticas ocultistas que Dios


ordena: “no practicar”, dice: Que no sea hallado en su
pueblo, “quien consulte a los muertos…”, Dt. 18:10-11.
Es muy conocida la narración bíblica acerca de Saúl,
cuando consultó a la adivina de Endor, a pesar de haber
sido el mismo, quien expulsó de la tierra, a “evocadores”
y hechiceros”, 1 Sam. 28:3-9.
La misión de la iglesia es hacer conocida la verdad de
Dios, la única verdad que puede hacer libres a los
hombres a través de su revelación divina. La iglesia
ha sido revestida de todo el poder de Dios, a través
de las armas de nuestra milicia, para la destrucción
de todas estas fortalezas, y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo
todo pensamiento, a la obediencia de Cristo.
CAPITULO XIX

LA ORACION COMO COMPLEMENTO DE LA ARMADURA


DE DIOS

Pablo presenta la oración como el canal o el medio por el


cual son utilizadas, la armadura de Dios, y las armas de
nuestra milicia. No existe otra forma más indicada para la
utilización de las armas espirituales, sino a través de la oración,
Ef. 6:18. Después que Pablo hiciera su maravillosa exposición
de la armadura de Dios, culmina diciendo, “orando en todo
tiempo con toda oración y suplica en el Espíritu”, y no
solamente ordena al creyente, a orar en todo tiempo, sino que
también lo exhorta a velar en ello, con toda perseverancia y
suplica, Ef. 6:18.

La expresión “velar”, significa, estar atentos, no pestañear, no


dormir, estar vigilantes en todo instante, esta expresión va
unida a otra, sumamente importante: Con toda
“perseverancia”, que significa, continuidad, persistencia,
constancia. Aunque estas dos expresiones, aparentemente,
tienen el mismo significado, en las escrituras se convierten en
una reiteración, que denota urgencia y extrema necesidad.

Es mediante la oración es como logramos ser uno con Cristo.


Solo a través de la oración es que el poder de Dios, se
transfiere a nuestras vidas. La oración no es solamente hablar
con Dios, realmente, esta tiene implicaciones mucho más
profundas. Orar a Dios es como nos revestimos de autoridad
espiritual, y somos llenos de fe para entrar al trono de Dios, y
estar en su presencia; y la forma de encontrar su dirección
divina y su voluntad, que son las que hacen que nuestra vida
sea más efectiva y fructífera.

La oración profunda, intensa y constante nos impregna, nos


satura y nos empapa de su gloria y resplandor. Estar
demasiado tiempo en la presencia de Dios, produjo el rostro
resplandeciente de la gloria divina que Moisés tenía al bajar
del Sinaí, Ex. 34:29.35, o el rostro angelical, con el que dio su
último suspiro el mártir Esteban, Hch. 6:15; y los paños y ropas
de un Pablo ungido con la presencia del Espíritu Santo, siendo
colocados sobre los enfermos hasta ser sanados y liberados
de los demonios, Hch. 19: 12; o la sombra de Pedro sanando
a los enfermos, Hch. 15: 12-16. Una vida continua y constante
en la presencia de Dios, literalmente, impregna de su gloria a
sus siervos. De la calidad y cantidad de oración, dependerá la
grandeza de la gloria de Dios reflejada en sus siervos.

La oración como una forma de vida del creyente


La oración debe convertirse en una forma de vida, como
lo fue para Pablo, un incesante anhelo de su alma; como lo fue
para Jacob una lucha intensa y sin tregua; y como lo fue para
Cristo, clamor y lágrimas. La oración hace al hombre sumiso,
abate su intelecto y orgullo, deshace la vanagloria humana; y
desnuda sus limitaciones y flaquezas.

La oración escasa lleva al hombre a llenarse de excusas, y


argumentos propios; y a habituar su conciencia para convivir
con su farsa y engaño, haciéndose pasar como hombre de
Dios. Un hombre puede, incluso, gozar del favor de las gentes,
puede agradar y atraer, puede tener mucha fuerza de
convicción, y ser sumamente preparado, excepto, que tiene
poco o nada de oración. Una vida que llene las expectativas de
Dios, que refleje su gracia en sus actos, que trascienda; y que
abra espacios, debe tener, con toda seguridad, su origen en
una vida de oración constante.

La universidad, el conocimiento, los libros, la teología y la


predicación, se mostrarán deslucidos; frente a una vida de
intensa búsqueda del rostro de Dios, que baña su habitación
con el aliento de una oración ferviente. Dios no derrama su
gracia y sus dones sobre quienes vienen verlo con afanes, él
cede ante la persistencia de una oración que anhela su
presencia. El confiere sus más ricas bendiciones a quienes
muestran el más vivo interés por lo que solo Dios puede
proveer.

Cuando un hombre de Dios no ora, no podrá mostrar fervor


genuino, no tendrá motivación, ni siquiera sus dones tendrán
efecto. El valor y la trascendencia eterna de lo que un hombre
llegue a hacer, depende estrictamente, de como sea, o llegue
a ser su oración. La oración constante nos proporciona la
revelación necesaria, para que nuestros hechos, y nuestra vida
misma, tengan el alcance de lo eterno. Nunca seremos más
grandes ante el mundo que de rodillas, la medida de nuestra
vida no será mayor, que la de nuestra oración. Las oraciones
profundas y constantes son el sello que distinguió a los
grandes hombres de Dios en el pasado.
La vida de oración de los grandes hombres de Dios
Cuan frágil y vana se hace nuestra vida cuando
estamos lejos de Dios, y que pequeña se hace frente tantos
santos, que encontraron en su secreto la maravillosa
presencia de Cristo. Hombres que creyeron que la oración
era un asunto vital. A ellos fue que Dios encomendó las llaves
de su reino, y obrando maravillas a través de ellos. Cuando la
oración se encuentra en el más alto lugar de la vida de un
hombre de Dios, producirá grandes líderes en la causa de
Cristo; los cuales llevarán sobre sus vidas la más segura
garantía de triunfo y de éxito con los que Dios coronará su
labor.
Para los apóstoles, la oración era de primordial importancia,
ellos sabían que la gran comisión y la predicación del mensaje
de salvación, en lugar de aislarlos y relegarlos de su oración,
los comprometía mucho más profundamente con ella. Sabían
que de su oración dependían los logros y alcances de su
misión, mucho más que de las diversas actividades para
llevarla a cabo. Fueron celosos en permanecer la mayor parte
de su tiempo en ello, y más bien, relegaron asuntos de
primerísimo orden, como la atención a los pobres y las viudas,
en los más jóvenes; para que los posibilitara “persistir en la
oración y en el ministerio de la palabra”, Hch. 6:4.

Líderes de oración
El líder está siempre delante de los demás, es el objeto
de todas las miradas, tiene el poder de conducir las almas a la
vida eterna o incluso, al infierno. Tal responsabilidad no puede
cumplirse de la mejor manera, a menos que tenga un contacto
directo y permanente con Dios. Sólo líderes que oran tendrán
seguidores que oran. Un líder débil y negligente, suele
convertirse en un estorbo para Dios y las almas. La tarea de
ser un líder de Dios, es demasiada responsabilidad para
cualquier ser humano; por lo que, la altura y grandeza del
compromiso que supera las fuerzas y la capacidades
humanas, debe llevarle en todo tiempo a estar de rodillas
ante quien todo lo puede: Jesús, su sustento y su fortaleza, su
suficiencia y su poder. Solo así tendremos líderes de verdad.

El líder debe ser sobre todo, un hombre de oración. No


existe ninguna otra actividad cristiana, más importante,
que la oración. Los discípulos del señor fueron grandes
líderes, no por una excelsa capacidad oratoria, ni por la
brillantez de su conocimiento, ni por sus dotes
personales; sino por el poder de la oración, que los hizo
semejantes a Cristo.

Predicadores de oración
Los predicadores que producen una generación que
busque a Dios, y le sirva, son los predicadores que son santos
en el pulpito y fuera de él. Hombres que busquen el rostro y la
presencia de Dios, serán los hombres de carácter firme,
decididos, hechos con el molde celestial, valientes,
abnegados, dispuestos al suplicio, y a la crucifixión. Estos son
los hombres que dejarán como legado a los suyos, unas
huellas, que ni el poder infierno mismo podrá borrar. Estos son
los ¡¡hombres de oración que Dios y el mundo necesita!!
La predicación cumple su cometido cuando el hombre se hace
uno solo con el evangelio. El predicador debe personificar su
mensaje, hacerlo suyo e incorporarlo a su vida. El predicador
debe ser parte inherente del mensaje que predica. ¡¡El sermón
es poderoso cuando el que lo predica es poderoso, el
sermón es santo cuando el que lo predica es santo!!

El hombre que predica debe ser necesariamente, el hombre


que ora; de lo contrario, sería un perfecto hipócrita. La oración
debe ser su propia forma de vida, es ella la que le permite el
contacto con la fuerza y el poder del cielo. El verdadero sermón
se diagrama y se bosqueja de rodillas. La predicación del
evangelio llega a cumplir su verdadero propósito, cuando Dios,
encuentra hombres que dependen enteramente de él, quien
convierte al predicador en una fuerza arrolladora.

Pablo decía: “Mi evangelio”, no porque egoístamente hubiese


suplantado a su verdadero autor; sino, porque hacia parte de
su vida, lo llevaba en los más profundo de su alma. Podría
darlo a conocer como si fuera el mismo. Sus poderosas
enseñanzas plasmadas por siempre en sus cartas, hacen
notables el arrojo de su alma indómita, su fervoroso celo, su
amor por Cristo, y una vida dedicada a estar de rodillas ante su
maestro.

Jesús nuestro modelo de oración


La vida de Jesús estuvo en todo momento revestida de
continua oración, veamos: Antes de escoger a sus discípulos
Jesús pasó la noche en oración, Lc. 6:12-13; cuando enseñó a
sus discípulos les dijo: “Orad para que no entréis en tentación”.
Mt.26:41; Jesús “subió al monte a orar aparte y cuando llegó la
noche estaba allí solo”, Mt.14:23; en sus múltiples jornadas “se
apartaba a lugares desiertos y oraba” Lc. 5:16; antes de su
crucifixión, oró en el monte de los Olivos, Mt. 26:39. Jesús pasó
noches enteras en oración, y se aislaba continuamente, para
orar; subía al monte y buscaba lugares solitarios, tal como
había pasado con Moisés, Elías, Daniel, David y muchos otros,
que conocieron el secreto que los comunicaba con Dios a
través de la oración.

Orar no es un ejercicio insulso que convertimos en rutina, ni es


repetir de memoria frases sin sentido, ni aprender lo que otros
dicen en sus oraciones; la oración es mucho más que eso, es
el nexo de una preciosísima relación con Dios, en la cual
podemos expresar con toda sinceridad lo que sentimos en el
corazón. La oración es la oportunidad única en la cual
podemos acudir al Señor en nuestra necesidad, tentación, o
prueba.

La importancia de la oración en la lucha espiritual


La oración crea un estado de resistencia espiritual y
fortaleza frente a los ataques del enemigo. La oración es algo
que forma parte ineludible de los hombres de Dios; es por eso,
que estos mismos hombres nos enseñaron a orar sin cesar, 1
Ts. 5:17; y orar en el espíritu, Jd.1:20.
A continuación revisaremos algunas condiciones requeridas
para orar:
1. La oración es puramente espiritual. Debemos
recordar que nuestra lucha no es contra carne y
sangre; sino contra principados, contra potestades,
contra gobernadores, contra huestes espirituales de
maldad, Ef. 6:12. Nuestra verdadera lucha es contra
el mundo espiritual de las tinieblas; por tanto,
nuestras armas y herramientas, no pueden ser
humanas ni de este mundo. Esto hace,
necesariamente, que la oración sea puramente
espiritual. La oración es el medio que mencionó
Pablo para la utilización de la armadura espiritual. A
través de la oración es que el Señor puede darnos la
paz, cuando nuestras preocupaciones las han
arrebatado de nuestras almas; puede darnos su
escudo cuando el ataque vil nos llegue de repente;
puede guiar nuestros pasos por senderos de luz,
cuando todo se hace oscuridad; y abrigarnos,
cuando afuera hay tempestad.

2. Cuando nos acercamos a su trono de gracia,


debemos hacerlo confiadamente, con la fe y la
seguridad que él nos oye. En Jesús todo es posible,
y todo lo podemos hacer. No existen impedimentos
ni poderes sobrenaturales; no hay fortalezas tan
altas, que nos puedan impedir alcanzar la presencia
del Señor. No importa la situación más difícil y
dolorosa, que nos pueda arrebatar de su presencia;
ni siquiera cuando hemos cometido una falta, ya que
tenemos su preciosa sangre para buscar su perdón.
El escritor a los hebreos, dice: “Pero sin fe es
imposible agradar a Dios, porque es necesario, que
el que se acerca a Dios, crea que le hay y que es
galardonador de los que buscan”, He. 11:6;

3. Debemos orar para que Dios nos guie en su santa


voluntad, cada vez que empleemos nuestra vida a
su servicio. Nuestra labor se hace más fructífera,
cuando Dios nos indica claramente que hacer y
cómo hacerlo. Debemos procurar, especialmente,
sus dones y ministerios espirituales, Hch. 4:29-33;
10:38; 1. Cr.12:7-11; que nos permitan actuar con la
seguridad de estar caminando en la dirección
indicada.

4. En nuestras oraciones debemos enfrentar sin


temores a Satanás y sus demonios, en el nombre
poderoso de Jesucristo, cada vez que estas fuerzas
muestren oposición a nuestra vida cristiana; orando
en el espíritu, Hch. 6:14; Ef. 6:18; Ayunando, Mt.
6:16; Marcos 9:29; echando fuera demonios, Mt.
10:11; 18:28; 17:17; Lc. 10:17, Hch. 5:16; 8:7; 16:18;
19:12.
La renovación y el avivamiento que la iglesia del
Señor ha experimentado, a través de todos los
tiempos, han tenido su origen única y
exclusivamente, en la oración profunda, constante y
sincera de sus fieles.
CAPITULO XX

LA IMPORTANCIA DEL AYUNO EN LA LUCHA


ESPIRITUAL

La biblia nos proporciona extraordinarios relatos de


grandes hombre que ayunaron. Se puede decir que detrás de
sus excepcionales obras y proezas se escondía una intensa
vida de ayuno y oración. Moisés, el libertador y legislador;
David, el cantor, el valiente y el rey; Daniel el profeta y muy
amado del Señor. Elías después de ayunar agudizó sus oídos,
para escuchar el silbo suave y apacible, en el que pudo
encontrar la presencia de Dios. En el Nuevo Testamento,
vemos a Pablo en la más terrible crisis en altamar, en la cual
permaneció en ayuno durante catorce días.

El ayuno y la oración quebrantan el orgullo y altivez


El ayuno produce la máxima expresión de humillación
en el creyente, no existe orgullo ni altivez que se sostengan
ante el. No hay otra forma fuera del ayuno y la oración, que lo
lleve a entender y aceptar toda la bajeza e impotencia de su
humanidad. Cuando permitimos que nuestra vida se
acondicione a este mundo materialista, entramos en ese
estado de tibieza, incluso de frialdad espiritual.

El ayuno y la oración, quebrantan ese acomodo a las cosas


terrenales y nos llevan al momento en el que se doblegan los
impulsos naturales de la carne, y salen a relucir la impotencia
y la incapacidad humana. Cuando el hombre doblega sus
ímpetus contrarios y confiesa en oración su debilidad y su
inutilidad, y reconoce que no es nadie sin Dios; entonces, es
en ese momento cuando desaparecen de nuestra vida, la
ceguera, y la insensibilidad espiritual.

¿Entonces donde ha estado el problema de la obnubilación y


ceguera espiritual? En que las debilidades de la carne han
tomado ventaja y el enemigo ha hecho su labor para utilizar las
concupiscencias de su carne, y llevarlo a pecar contra Dios; y
consecuentemente, a alejarlo de él.

Estar en ayuno y oración es morir un poco, es sentir como los


minutos pasan más lentos que de costumbre, y junto a ellos
sentimos como nuestras fuerzas se van diluyendo. Nuestra
seguridad se torna en debilidad, y nuestro vigor de repente se
hace inútil, en ese momento es que reconocemos con
humillación y vergüenza, que Dios es grande, y que de él,
dependo toda gracia, suficiente y poder.
En el ayuno y la oración, al final, nuestras fallas, flaquezas y
debilidades, se revisten de poder, gracia y bondad infinitas.

Convertíos a mí con todo vuestro corazón con ayuno lloro


y lamento
Dios que conoce mejor que nadie nuestra naturaleza humana,
llena de rebeldía, y de vanidad, le dijo a la iglesia de La odisea:
“Yo conozco tus obras, que ni eres frio ni caliente ¡¡Ojala
fueres frio o caliente!!...porque tú dices: “Yo soy rico, y me
he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no
sabes que eres un desventurado, miserable, pobre,
ciego y desnudo”, Ap. 3:14-17.
Estas durísimas palabras no son contra un mundo que
esta pervertido y hundido en el pecado y la maldad, ¡¡Es
un mensaje dirigido a su iglesia!! ¿Es posible que la
iglesia pueda llegar a ese estado tan deplorable? Si,
seguramente que si… El Señor mejor que nadie sabe de
la rebeldía, orgullo y altivez de nuestra triste condición
humana; es por eso que la paciencia y la misericordia de
Dios, después de su fuerte palabra, lo lleva a decirles:
“Por tanto, yo te aconsejo, que de mi compres oro
refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras
blancas para vestirte y que no se descubra la
vergüenza de tu desnudez y unge tus ojos con colirio
para que veas. Yo reprendo y castigo, a todos los que
amo, se, pues, celoso y arrepiéntete”, Ap. 3:18-19.

De este texto queda una pregunta: ¿Cómo y dónde conseguir


oro refinado en fuego, vestiduras blancas que vistan la
vergüenza de la desnudez, y colirio para ver? ¿No será acaso
en ayuno y oración?

Este mismo fue el llamado que Dios le hizo en la


antigüedad a su pueblo, cuando dijo:
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con
ayuno, lloro y lamento, rasgad vuestro corazón y no
vuestros vestidos, convertíos a Jehová vuestro
Dios…tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno,
convocad asamblea, reunid al pueblo, santificad la
reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a
los que maman, salga de su cámara el novio, y de su
tálamo la novia, entre la entrada y el altar, lloren
sacerdotes, ministros de Jehová”, Joel 2:12-17.

El ayuno proporciona una innumerable cantidad de


beneficios, veremos algunos:

1. El ayuno trae liberación


Dios revela a través de Isaías, que la naturaleza del
ayuno que él ha escogido es para “liberación”. El ayuno
no es una carga insoportable, ni un instrumento opresivo
de castigo, sino de liberación, Isaías dice:
“¿No es más bien el ayuno que yo escogí,
desatar las ligaduras de impiedad de impiedad,
soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los
quebrantados y que rompáis todo yugo?, Isaías
58:6.

El evangelio según san Lucas nos menciona algunos


detalles del ayuno del Señor, en el desierto. Todo
comienza con el bautismo del Señor, hecho por Juan el
Bautista. Se puede notar, que Jesús, no salió de
inmediato a cumplir su poderoso ministerio, antes de eso,
se dirigió al desierto para ayunar. No podemos olvidar que
Jesús era Dios, también estaba revestido de carne
humana. Jesús más que nadie sabía del poder e
influencia divina que recibiría a través de ese tiempo en
que estaría en ayuno y oración. Inmediatamente,
terminado su ayuno en victoria, Jesús volvió en el poder
del Espíritu a Galilea, y empezó a enseñar en las
sinagogas de ellos, hasta que llegó a Nazaret, donde se
había criado, y el día de reposo se dirigió a la sinagoga,
para tomar el libro del profeta Isaías, que decía:

“El Espíritu del Señor esta sobre mí, por cuanto me


ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me
ha enviado a sanar a los quebrantados de
corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y
vista a los ciegos, a poner en libertad a los
oprimidos…Lucas 4: 18.

Es después de su ayuno, no antes, que Jesús revela


su poder liberador.
Dando comienzo a su poderoso ministerio de liberación,
predicando su palabra, sanando a los enfermos, liberando
a los oprimidos del diablo y hacer milagros y
manifestaciones poderosas del Espíritu de Dios.

Más tarde Jesús revela el poder liberador del ayuno,


cuando los discípulos no pudieron liberar a un muchacho
lunático. Jesús reprendiendo al endemoniado le sanó, y
cuando vinieron, aparte sus discípulos le preguntaron:
¿Por qué no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo:
“…pero este género no sale sino con oración y
ayuno”, Mt. 17:21.
2. El ayuno trae la respuesta inmediata de Dios.

Hay muchas formas de obtener la respuesta de Dios,


pero ninguna tan inmediata, como, cuando pedimos esa
respuesta a través del ayuno, el vehículo más veloz, que
Dios tiene provisto para quienes esperamos en Dios: Por
eso, Dios le dice a su pueblo: “… convertíos a mí con todo
vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento…”, Joel
2:12 y culmina diciendo después: “Y Jehová solícito por
su tierra, perdonara a su pueblo y responderá
Jehová”, Joel 2:18-19. La expresión, solícito, significa:
pronto, atento, afanoso, cuidadoso. En otras palabras
Dios le dice a su pueblo: Búsquenme en ayuno, lloro y
lamento y yo solicito les contestaré.
El ayuno nos faculta para ejercer presión al cielo, y abrir
todo cerrojo establecido por las fuerzas opositoras del
mal, no olvidemos que tenemos todo el poder para
arrebatar el reino con fuerza. El ayuno nos permite
exponer en forma personal nuestro caso ante la corte
celestial sin intermediación alguna, hasta encontrar
justicia ante el Juez de toda la tierra. La respuesta de Dios
requiere ese toque especial de urgencia, siendo
identificada fácilmente por Dios. No es lo mismo orar por
una petición, que hacerlo en ayuno y oración.

Algunas experiencias de respuesta inmediata


mediante el ayuno del pueblo de Israel

En tiempos de emergencia nacional, el pueblo de Israel


ayunó, cuando no existía forma alguna para salir
victorioso, entonces, el pueblo se humilló en ayuno y
oración, y pudo salir airoso de la situación. Nos habla de
Esdras cuando llevaba el cargamento de oro y plata, a
través de una ruta infestada de maleantes, sobre esta
experiencia, dijo:

“Publiqué ayuno…para afligirnos delante de


nuestro Dios, para solicitar de él, camino derecho
para nosotros y para nuestros niños y para todos
nuestros bienes…Y partimos del rio ahava…y la
mano de Dios estaba sobre nosotros, y nos libró
de mano del enemigo y del acechador en el
camino”, Esdras 8:21-31.

Una vez más el ayuno trajo la respuesta inmediata de


parte de Dios.
Cuando la oración por si misma se hizo insuficiente, y los
cielos permanecían cerrados como de bronce, el ayuno
se convirtió, en la única forma de respuesta oportuna por
parte de Dios. Tal es el caso de los benjamitas, cuando
cometieron una falta grave delante de Dios, y él los
castigo severamente. Dicen las escrituras, que en dos
ocasiones oraron y lloraron, pero no fue suficiente para
obtener el favor de Dios; pero en la tercera ocasión
ayunaron y oraron, y Dios les respondió y les dio una
gran victoria, Jueces capítulo 20.

3. El ayuno provee humildad


Detrás del conflicto de personalidades. Con sus
caracteres y temperamentos, la lucha de posiciones, la
división y las determinaciones egoístas, se esconde el
insidioso orgullo y la altivez; la petulancia y la vanagloria del
corazón humano. ¿Qué tiene que ver el ayuno con la
arrogancia y la altivez de rostro, y el ayuno con el orgullo?
Bueno. Pareciera que nada, ambos van en contravía.
Siempre se ha dicho que el orgullo y un estómago lleno son
íntimos amigos, y compañeros inseparables. El pecado con
que sucumbió Sodoma y Gomorra no fue el pecado de
inmoralidad, más conocido como homosexualidad, Las
escrituras nos aclaran al respecto: “He aquí está tu
maldad…: “Soberbia, saciedad de pan y abominación,
delante de mí, y cuando lo vi, los quite”, Ezequiel 16:49-50.
Fue el pecado de Soberbia y saciedad de pan, y
ociosidad, lo que llevó a Sodoma y Gomorra, a caer en
sus deshonrosos pecados de inmoralidad.

Dios ya había visto como el orgullo y la saciedad de pan,


fueron las causas de la caída de Sodoma y Gomorra, por
eso cuando Dios le concedió a su pueblo el ingreso a la
tierra prometida, Dios le recuerda al pueblo: “…por donde
te ha traído Jehová, estos cuarenta años en el desierto…y
te afligió, y te hizo tener hambre, Dt. 8:2-3.

Lo que nos demuestra que los dos peores enemigos


de la arrogancia, el orgullo y la altivez, es la aflicción
y el hambre, y esto solo lo puede proveer el ayuno.

De ahí, la principal advertencia que Dios hizo a su pueblo


antes de tomar la tierra prometida: “Cuídate de no
olvidarte de Jehová tu Dios…no sea que comas y te
sacies…y se enorgullezca tu corazón y te olvides de
Jehová tu Dios”, Dt. 8:11-14.

El ayuno produce tristeza, con la cual se corrige el orgullo


del hombre. El ayuno es una disciplina que humilla el
alma, Esdras, dice: “Y publiqué ayuno allí, junto al rio
ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios”, Esd.
8:21. Para el Israelita común, el ayuno significa
humillación y tristeza. En el Antiguo Testamento, se le
practicaba como señal de duelo, 1 Sam. 31:13, y estaba
asociado con rasgar la ropa y llevar saco de ceniza, Esd.
9:5; como señal de duelo, Mt. 9:15. En los días de
Samuel, como señal de arrepentimiento, 1 Sam. 7:6; y lo
hicieron cuando regresaron del exilio, Neh. 7:6.

Dios está profundamente interesado en encontrar


hombres y mujeres movidos por el Espíritu, que sientan
pesar por sus pecados, y que lloren por los pecados del
pueblo de Dios, la nación y del mundo. Dios está
buscando a los hombres que como Esdras, confiesen en
ayuno y oración los pecados de un remanente infiel; y
como Nehemías lloren, lamenten, y ayunen por los muros
caídos, y las puertas desbastadas por el fuego.

4. El ayuno detiene el juicio de Dios


Nunca podremos llegar a ver la magnitud de la
influencia que un hombre, pueda llegar a ejercer sobre las
decisiones de Dios, que cuando ayuna. Esto queda
plenamente demostrado en el Antiguo Testamento,
cuando Dios decretó un juicio de destrucción sobre
Nínive. Este juicio fue detenido, cuando la ciudad se
postró ante Dios, en humillación y reconocimiento por su
pecado. El mensaje decía:
“Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida”, Jn.
3:4, cuando llegó la noticia hasta el rey:

“Se levantó de su silla, se despojó de su vestido, se


cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza, he hizo
proclamar en Nínive, por mandato del rey y sus
príncipes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y
ovejas, no gusten cosa alguna, no se les de
alimento, ni beban agua, sino cúbranse de cilicio,
hombres y animales y clamen a Dios
fuertemente, y conviértanse cada uno de su mal
camino, de la rapiña que hay en sus manos ¿Quién
sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se
apartará del ardor de su ira y no pereceremos?”, Jn.
3:6-9.

Al final de la historia los ninivitas no fueron


defraudados, porque Dios se arrepintió del mal que
Dios había dicho que les haría, Jn. 3:10.

Dios nunca falta a sus promesas cuando estas


determinan una bendición para los suyos, pero en
cuanto a sus juicios y castigos, el ayuno tiene la
facultad de hacerle cambiar sus decisiones. Es
posible que su actitud nos enfrente a un interrogante
teológico, Si en Dios no hay mudanza ni sombra de
variación, Stg. 1:17; y en Malaquías el Señor dice:
“yo no cambio”, Ml. 3:11, ¿Por qué Dios se arrepiente
de destruís a Nínive?, examinaremos esto un poco
más profundamente:

En primer lugar. Dios jamás faltará a sus promesas


de bendición para sus hijos, su carácter de justicia
reclama justicia, esta es satisfecha cuando el
hombre se arrepiente. En segundo lugar en su
presciencia, Dios sabía que Nínive se arrepentiría.
Eso mismo es lo que declara más tarde Jonás:
“Porque sabía yo que tú eres Dios clemente y
piadoso, tardo en enojarse y de gran misericordia, y
que te arrepientes del mal”, Jonás 4:2.

Es más tarde Jeremías quien nos aclara nuestro


interrogante:

“En un instante hablaré contra pueblos, y contra


reinos, para arrancar, derribar, y destruir; pero, si
esos pueblos se convirtieran de su maldad contra
la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que
había pensado hacerles”, Jeremías 18:7-8.

En el Antiguo Testamento encontramos otro cuadro


extraordinario de juicio y misericordia. Acab se había
vendido a hacer lo malo delante de Jehová, 1 R.
21:20. Acab era en extremo malo, y junto a su mujer
Jezabel habían llevado al pueblo hacia su ruina
espiritual, postrándolo ante la idolatría. Por esos días
Acab codiciando la viña de Nabot, le calumniaron y
lo mataron, cuando hubieron tomado posesión de la
viña, allí en el mismo sitio, Dios envió a Elías para
decirle:
“He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu
posteridad y destruiré hasta el último varón de la
casa de Acab,…y si Acab fuere muerto en la ciudad
los perros lo comerán, y si fuere muerto en el campo,
lo comerán las aves del cielo”, 1 R. 24:24-
26.
Y sucedió que cuando Acab, oyó el anuncio rasgo
sus vestidos y puso cilicio sobre su carne y anduvo
humillado, entonces vino, palabra de Jehová a Elías,
diciendo:
“¿No has visto como Acab se ha humillado
delante de mí?, por cuanto, se ha humillado
delante de mí, no traeré el mal en sus
días…”, 1 R 21:28-29.

Una vez más, el ayuno y la humillación a Dios, retrajo


el juicio de Dios. Realmente, Acab había sido muy
malo, ninguno había sido tan malo como él, ante los
ojos de Dios. Las escrituras dicen que fue en gran
manera abominable, caminando en pos de los
ídolos, 1 R. 21:25-26, se podría decir, en el caso de
Acab, que no había la más mínima posibilidad que
Dios difiriera hacia el futuro el castigo para Acab,
pues lo tenía más que merecido; sin embargo, una
vez más, el juicio de Dios fue pospuesto, por un
hombre como Acab, quien estuvo dispuesto a
humillar su alma en ayuno y cilicio.

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