INFORME BIBLIOGRÁFICO SOBRE PSICOEDUCACIÓN
INTRODUCCIÓN
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud mental como, “un estado de bienestar
en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones
normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una
contribución a su comunidad”
Sumado a esta definición, se releva la importancia de los entornos sociales, económicos y
físicos que afectan la experiencia de salud de las personas y que estructuran lo que se conoce
como determinantes sociales en salud.
Por otra parte, la OMS ha planteado también que “los trastornos mentales son variados y con
múltiples presentaciones, caracterizados comúnmente por pensamientos anormales,
percepción alterada de la realidad, alteraciones emocionales, del comportamiento y de la
relación con otros”
Además, se ha estimado que la población de mayor riesgo se centra en personas con menor
nivel educacional, jóvenes y mujeres, con una presentación de inicio temprano en la vida3
La Organización Panamericana de Salud, en su estimación sanitaria del 2017, establece como
trastorno mental prevalente la depresión y los trastornos ansiosos. Además, remarca que en el
2015 el número total de personas con depresión a escala mundial superó los 300 millones de
personas
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Antecedentes
Fue John E. Donley quien primero uso este término en 1911 y publicó un primer artículo al
respecto [Donley, J. E. (1911). Psychotherapy and re-education. The Journal of Abnormal
Psychology, 6(1)]. En su resumen inicial del artículo ya exponía:
“Los procedimientos psicoterapéuticos apuntan a un fin definido: lograr un reajuste, una
reorganización para una adaptación armoniosa y facilitar su reeducación psíquica”
Desde el momento que incluye el término reeducación, estamos ya refiriéndonos a
psicoeducar.
Posteriormente este término cayó en desuso hasta que en 1941 de nuevo se usó esta vez para
un libro, “The psychoeducational clinic”, de Brian E. Tolimson. De nuevo cayó en el olvido hasta
1980 donde Carlo M Anderson comienza a usarlo dirigido sobre todo al trabajo con pacientes
con esquizofrenia. Los primeros programas psicoeducativos se centraban en la información,
mientras que los actuales hacen énfasis en un enfoque más terapéutico.
Esta aparición y desaparición del término plantea la cuestión de la situación actual en la que se
encuentra esta técnica de ayuda y, además de exponer los principios básicos de la misma
hemos realizado una sencilla búsqueda de su presencia en lo que llevamos de siglo XXI.
Vamos a intentar exponer que entendemos por psicoeducación en base a la literatura
existente y a nuestra propia experiencia clínica:
Psicoeducación es el proceso por el que la persona tiene la posibilidad de desarrollar
potencialidades propias en base al descubrimiento de sus fortalezas. Este proceso le lleva a ser
capaz de analizar y enfrentarse a las situaciones cotidianas de una forma más adaptativa a
como lo venía haciendo.
La hipótesis de partida es que cuando mejor conozca la persona sus propias dificultades
personales o el proceso patológico que padece, mejor lo puede afrontar, más recursos propios
puede poner en juego y por lo tanto mejor calidad de vida puede llegar a tener.
Para lo anterior los profesionales de la salud se convierten en la parte esencial del proceso, ya
sea como programa de apoyo en sí mismo o como técnica terapéutica al uso en determinados
momentos de la intervención psicoterapéutica. En realidad, es un proceso que en mayor o
menor medida todos los profesionales de las distintas orientaciones teóricas y prácticas de la
psicología y psiquiatría hacemos, pero no siempre se hace de manera sistematizada.
El proceso psicoeducacional puede usarse y se usa, de manera general en tres niveles
diferenciados: el primero a nivel individual, el segundo a nivel familiar (estos primeros
asociados generalmente a un proceso de intervención psicoterapéutica como venimos
diciendo) y el tercero a nivel grupal. Este último suelen ser procesos definidos per se, con un
objetivo concreto, sesiones muy sistematizadas y un trabajo intrasesión diferente. En realidad,
en cada plano intervencional el profesional de la Salud Mental se comporta de diferente
manera y realiza acciones o promueve ejercicios cognitivos o conductuales distintos en función
sobre todo de con quien esta. Este elemento es absolutamente esencial, no existirá una
adecuada psicoeducación si el mensaje no se encuentra completamente adaptado a la persona
o grupos de personas que tenemos delante por lo que el proceso, al igual que ocurre en
psicoterapia, se asemeja más a hacer un “traje a medida” que a implementar un proceso
definido y rígido. Si no logramos llegar a quien tenemos delante de nada servirá lo que
estamos transmitiendo por muy bueno que sea el contenido o incluso la estructura de nuestra
intervención.
Los objetivos del proceso psicoeducativo los podemos delimitar en los siguientes puntos:
− Informar a la persona sobre el proceso que está viviendo (ya sea de trastornos
psicopatológico o de crisis vital) para que sea capaz de manejar(-se) lo que le ocurre. Los
estudios diagnósticos se utilizan para confirmar la sospecha clínica, así como para fundamentar
las bases del diagnóstico, pero no para tratar a la persona.
− Eliminar prejuicios, que generan pensamientos anticipatorios.
− Mejorar el cumplimiento del tratamiento (que en el caso de estar tomando psicofármacos se
vuelve absolutamente esencial).
− Reducir el riesgo de recaídas.
− Aliviar la sobrecarga emocional que puede haber llevado al cortocircuito cognitivo,
emocional o conductual.
Y para lo anterior muchos de los autores que han trabajado sobre el concepto (destacamos
entre ellos las aportaciones del Dr. Bulacio) son de uso común los siguientes elementos de
trabajo:
− Transferencia de la información, es decir, pedagogía clínica: como surgen los síntomas
mentales, como suelen evolucionar como pueden haberles impactado, cuáles pueden ser las
causas, etc.
− Descarga emocional: permitir a la persona transferir emociones para así ayudarlas a
vehiculizarlas adecuadamente de una manera más adaptativa.
− Adherencia al tratamiento (psicoterapéutico o farmacológico): esencial para que trabajo de
intervención grupal o de psicoterapia tenga éxito.
− Apoyo a la autoayuda que significa ir poco a poco haciendo consciente y confiable a la
persona para que su nivel de autoconfianza crezca y se sienta independiente a la hora de
enfrentarse al su mundo, a la hora de mejorar su capacidad de adaptación vital.
Los factores implicados por lo tanto desde el punto de vista que estamos partiendo tal y como
se explicitó, Tena Hernández son la vulnerabilidad genética, vulnerabilidad psicosocial y, en
ocasiones, en la mayoría de las ocasiones, la aparición de un acontecimiento estresor (el
detonante). Observemos su desarrollo en los procesos depresivos:
- La vulnerabilidad: Genética y Psicosocial
La vulnerabilidad psicológica en los trastornos mentales hace referencia a los recursos
psicológicos que la persona tiene, o no tiene, ha adquirido, o no ha adquirido, para
afrontar los diferentes acontecimientos traumáticos de su vida. De una manera más
gráfica, depende de las herramientas personales que nos hayan dado, que hayamos
adquirido y que nos hayan enseñado a usar para enfrentarnos de una manera adecuada a
nuestra realidad, a las demandas de nuestra vida. Esto va a determinar lo que llamamos
nuestra Salud Mental
La vulnerabilidad social en el trastorno mental tiene que ver con el grupo social, lo que nos
rodea desde el mismo momento que venimos al mundo (familia, escuela, amigos,
compañeros de trabajo) va modelando a la persona desde que nace y es una influencia
determinante en su conducta, en lo que hacemos para enfrentarnos al mundo. El
individuo, como ser social, inevitablemente social, está interrelacionado con su
entorno. Esas relaciones son en parte generadoras de nuestros sentimientos (amor, odio,
celos, etc.), pero también origen de recompensas (valoración, aprecio y afecto) y castigos
(rechazo, agresión, etc.). Un entorno estable y positivo tiende a aportar a la persona, un
entorno inestable y desadaptativo eleva las posibilidades de desequilibrio personal.
- Factores estresores en los trastornos mentales
Podemos definir el factor estresor como cualquier situación o suceso familiar, personal o
social que provoca estrés. A veces el factor estresor no es fácilmente identificable. Otras
veces si es identificable pero lo que no queda claro es la relación entre el hecho
impactante en sí mismo (causa) y las consecuencias a nivel de desequilibrio emocional
(efecto).
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LA PSICOEDUCACIÓN COMO HERRAMIENTA DE CAMBIO
La definición más general de psicoeducación es describirla como una aproximación
terapéutica, en la cual se proporciona al paciente y sus familiares información específica acerca
de su enfermedad, tratamiento y pronóstico, basados en evidencia científica actual y relevante
para el abordaje de la patología. Este término surge, en parte, del trabajo con familias de
personas diagnosticadas con esquizofrenia, por George Brown en 1972, quien a partir de sus
observaciones refirió que «en tanto más intolerantes, sobre involucrados, hostiles y críticos
son los familiares, más frecuentes son las recaídas en los enfermos»
La psicoeducación no solo hace referencia a la definición de un diagnóstico, sino también
busca abordar situaciones cotidianas en la vida de las personas, que se vuelven complejas por
el desconocimiento que supone esta crisis no normativa. De esta forma, se conceptualiza este
modelo como una herramienta de cambio, porque involucra los procesos cognitivos, biológicos
y sociales particulares de cada individuo para garantizar la autonomía y mejorar la calidad de
vida.
Su aplicabilidad ha sido estudiada con mayor intensidad en los últimos 30 años en personas
con esquizofrenia, depresión, trastorno por déficit atencional, alimentario y otros, ampliando
cada vez más su campo de acción, en función de sus beneficios. Si bien existen variadas
corrientes de abordaje para el trabajo psicoeducativo, en todas se pueden identificar la
necesidad de enmarcarla en el modelo terapéutico de tratamiento, considerando los pilares
conceptuales que guían los objetivos a desarrollar mostrados a continuación:
- Mejorar los conocimientos sobre su enfermedad: se plantea fomentar los conocimientos
sobre las causas, efectos e impacto de la enfermedad, ayuda a la comprensión de la
situación que se está viviendo, promoviendo el desarrollo de conductas saludables y
limitando los daños
- Mejorar la actitud y el comportamiento frente a la enfermedad: se ha descrito
teóricamente que un beneficio familiar de psicoeducar podría ser la promoción del cambio
en la visión que se tiene sobre la enfermedad o el problema, ya que se considera esta
instancia como un espacio contenedor. Expresar aprehensiones, temores e inseguridades
en un ambiente contenedor, podría disminuir la sobreimplicación emocional, el
hipercriticismo y hostilidad, favoreciendo el acompañamiento en las dificultades que
surgen a partir de la enfermedad
- Aumentar su estado de salud y calidad de vida: promueve el entrenamiento de
habilidades, que favorecen el empoderamiento y la reintegración del individuo a espacios
de interacción social. Esto toma vital importancia en el desarrollo de la autonomía, ya que
ofrece esperanza y confianza en el transcurso de la enfermedad
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CONCLUSIONES
La psicoeducación como herramienta de intervención ha mostrado resultados
estadísticamente significativos en la disminución del tiempo de recaída de los pacientes y la
mejoría de la calidad de vida.