ESCUELA DE POSGRADO
PROGRAMA ACADÉMICO DE MAESTRÍA EN
INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA
Asignatura:
Psicoterapia de niños y adolescentes
Trabajo:
Informe sobre las Habilidades Terapéuticas
Integrantes:
Altamirano Julca, Nely
Celis Aguilar, Olga
Medina Vera, Hemy
Medina Vera, Rocío
Mejía Sánchez, Alida
Docente:
Mg. Karla Milla Díaz
Trujillo-Perú
2022
Habilidades terapéuticas
Referirse a las habilidades terapéuticas no es un concepto estandarizado, puesto que
pueden existir diversas perspectivas al respecto dependiendo de la percepción de diversos
autores y los enfoques bajo los que se desempeñan, pero en suma podríamos considerarlas
como el conjunto de conocimientos y área de manejo que se debe tener el proceso de
intervención, si se enfoca en la intervención con niños o adolescentes, se debe conocer el
protocolo de acción tanto del menor como de los padres u otros actores implicados
(Fernández-Zúñiga y De León, 2014).
Por su parte, Carrasco (2002) señala tres grupos diferentes de habilidades o
estrategias que pueden influir el proceso terapéutico: las habilidades centradas en las
estrategias terapéuticas, las centradas en el proceso terapéutico, y las centradas en la
relación terapéutica. En los dos primeros grupos incluye habilidades que tienen que ver con
el conocimiento teórico-metodológico del terapeuta y que le permiten llevar a cabo el
proceso de identificación del problema y su alteración, mientras que el tercer grupo abarca
las diversas habilidades y características del terapeuta y del usuario. De este último grupo
se ha escrito mucho y se ha puesto una especial atención en las habilidades y
características del terapeuta y en la llamada “alianza terapéutica''.
También se puede entender a estas habilidades como el entrenamiento teórico –
práctico en el manejo de las competencias fundamentales que debe manejar todo
terapeuta, cualquiera sea el ámbito donde se desempeñe, estas han sido identificadas
como: entrevista terapéutica, diseño de tratamientos, aplicaciones e intervenciones,
evaluación de la psicoterapia (Fernández - Alvarez, 2005, citado en Rosil, 2015). Por su
parte Polonio et al. (2001), citado en Rosil (2015) mencionan que mantener una relación
terapéutica es una habilidad especializada, el respeto, la cordialidad, y la empatía deben ser
equilibradas con el análisis, el juicio clínico y la demanda de ejecución, cuando el
profesional es demasiado técnico, demasiado crítico o demasiado distante, su relación
terapéutica con el cliente puede deteriorarse, cuando, por el contrario, es demasiado
amigable, puede ocurrir un fallo en el uso y en el juicio clínico para seleccionar las acciones
más beneficiosas.
Además de la autoconciencia, Polonio et al. (2001, citado en Rosil, 2015) mencionan
que hay un número de habilidades necesarias para establecer y mantener relaciones
terapéuticas. Las esenciales son las habilidades para desarrollar confianza, demostrar
empatía, comprensión y comunicación verbal y no verbal y de escucha activa. Bados y
García (2011) comentan que un aspecto fundamental de la situación terapéutica es la
relación entre terapeuta y paciente, la cual puede definirse como los sentimientos y
actitudes que los participantes en la terapia tienen entre sí y la manera en que los expresan.
En este mismo sentido, cuanto mejor sea la relación, más inclinado se mostrará el
paciente a explorar sus problemas con el terapeuta y más probable será que colabore y
participe activamente en los procesos tanto de evaluación como de intervención, el
terapeuta y el paciente debe experimentar un sentimiento de “nosotros” para poder así
construir un “equipo”, una alianza en el trabajo conjunto hacia la consecución de los
objetivos terapéuticos, se destacan tres componentes en cuanto a la alianza terapéutica los
cuales son (Bados y García, 2011):
1. Vínculo emocional positivo entre paciente y terapeuta.
2. Acuerdo mutuo sobre las metas de la intervención.
3. Acuerdo mutuo sobre las tareas terapéuticas.
Se encontraron algunas características personales y generales que un terapeuta debe
conocer y aplicar dentro de un proceso terapéutico para que este se desenvuelva de
manera positiva buscando así el éxito del proceso, Bados y García (2011) describieron
algunas características:
● Tener un interés sincero por las personas y su bienestar; lo cual implica no tratar de
obtener beneficios personales y no anteponer las propias satisfacciones a las
necesidades del cliente. Por lo mismo, se debe evitar las indagaciones dirigidas
básicamente a la satisfacción de la curiosidad personal, así como también al abuso
del poder ya que este no se debe utilizar con el fin de mostrar la propia superioridad
sobre el paciente o influir en las decisiones y valores del paciente más allá de los
objetivos terapéuticos.
● Saber y aceptar que hay estilos de vida diferentes, todos ellos respetables y creer a
su vez en que todas las personas tienen aspectos positivos que pueden desarrollar.
● Poseer autoconocimiento, lo cual implica conocer cuáles son los propios recursos y
limitaciones tanto personales como técnicas. Algunas limitaciones personales
podrían ser necesidad excesiva de control, necesidad de aprobación, etc. Dichas
limitaciones pueden llevar al terapeuta a tener comportamientos anti terapéuticos
tales como dominar las sesiones, molestarse con los pacientes que no cumplen,
satisfacer las necesidades de dependencia de los pacientes y hasta incluso tratar de
imponer el propio sistema de valores.
● Poseer autorregulación, la cual debe ir acompañada del autoconocimiento para que
los propios problemas y dificultades no interfieran en el proceso terapéutico.
● Tener un buen ajuste psicológico general, lo cual se refiere a contar con una buena
salud mental por parte del terapeuta ya que esto se verá asociado a mejores
resultados del tratamiento.
● Contar con una experiencia vital, ya que esto facilita la comprensión de los
sentimientos y vivencias de los pacientes, así como también la búsqueda de
soluciones a los problemas de estos. En caso de que el terapeuta tuviera
experiencias recientes tales como un divorcio, depresión o duelo, puede ser
aconsejable no tratar a pacientes con problemas parecidos debido a que podría
afectar tanto el proceso como al paciente.
● Que el terapeuta posea cierto conocimiento de contextos socioculturales diversos,
sabiendo acerca de las normas y valores de los contextos socioculturales de sus
pacientes ya que pueden llegar a ser factores importantes en cuanto a los problemas
de los pacientes.
● Haber recibido una buena formación teórica y práctica para poder así confiar en su
propia habilidad y técnicas terapéuticas.
● Contar con energía y persistencia debido a que la terapia cansa física y
emocionalmente, por lo que se requiere una buena dosis de energía. Incluso puede
ser posible que los terapeutas pasivos y con poca energía inspiran poca confianza y
seguridad a sus pacientes. Por otra parte, el logro de resultados terapéuticos
requiere tiempo por lo que es necesario contar con paciente y persistencia.
● Poseer flexibilidad ya que es importante que un terapeuta sepa adaptar sus métodos
y técnicas a los problemas y características de cada paciente. Además, es
importante que el terapeuta se encuentre abierto a la adquisición de nuevas
competencias.
● Mantener el cumplimiento de principios éticos y profesionales, tales como la
confidencialidad.
Asimismo, Bados y García (2011) proponen también algunas actitudes básicas y
fundamentales con las que debe contar el terapeuta ya que llegan a favorecer la relación del
mismo para con el paciente, tales como:
● Escucha activa: es fundamental que el terapeuta sepa escuchar a su paciente dentro
de la terapia. Al escuchar se facilita que los pacientes hablen sobre sí mismos y sus
problemas, comunicando información relevante. A su vez, el escuchar aumenta las
probabilidades de comprender mejor al paciente logrando potenciar la relación
terapéutica y animando a los pacientes a ser más responsables de su proceso de
cambio y a ver al terapeuta más como un colaborador que como un experto.
Manteniendo una escucha activa es más probable que la intervención terapéutica
tenga éxito. La escucha activa implica tres actividades fundamentales:
o Recibir el mensaje por medio tanto de la comunicación verbal, así como
también de la comunicación no verbal, prestando atención e interés por el
mismo.
o Procesar los datos atendidos sabiendo establecer las partes importantes
y dándoles así un significado.
o Emitir respuestas de escucha tales como una mirada amigable,
asentamientos de cabeza, inclinación y orientación corporal hacia el
paciente, expresión facial de interés y comentarios del tipo “ya veo”, “si”,
“entiendo”, “continúe, le escucho”.
● Empatía: Lo cual se refiere a comprender a los pacientes desde su propio marco de
referencia en vez del correspondiente al terapeuta, sabiendo comunicar al paciente
esta comprensión, así como también comprendiendo sus sentimientos, percepciones
y acciones. La comunicación de la actitud empática hacia el paciente se hace a
través de diversos medios:
o Tratar aquellos aspectos que son importantes para el paciente.
o La formulación de preguntas tendentes a clarificar lo que el paciente
expresa.
o La utilización de paráfrasis y de síntesis o recapitulaciones.
o El empleo del reflejo, el cual no consiste en simplemente repetir o
parafrasear lo que ha dicho el paciente, sino también implica la expresión
de los sentimientos del paciente, tanto de los directamente expresados
por este como también de los que permanecen a nivel preconsciente.
● Aceptación incondicional: Implica aceptar al paciente tal como es, y valorarlo como
persona merecedora de dignidad. De igual manera, Truax y Carkhuff (1967, citado
en Rosil, 2015) definen que se han distinguido varios niveles de aceptación
incondicional; en el más alto, el terapeuta acepta al paciente tal y como es, sin
imponer condiciones, mientras que en el más bajo evalúa las conductas del
paciente, expresando disgusto o desaprobación. Se han distinguido algunos
componentes en cuanto a la aceptación incondicional:
o Compromiso hacia el paciente: El terapeuta demuestra su interés y
disposición a ayudar al paciente. El terapeuta dedica un tiempo y sus
habilidades y esfuerzos para comprender y ayudar al paciente.
o Esfuerzo por comprender: El terapeuta muestra un esfuerzo de varias
maneras; escuchando atentamente y haciendo preguntas para obtener la
visión del paciente sobre sí mismo.
o Actitud no valorativa: Es importante que el paciente perciba que es
aceptado incondicionalmente como persona, sin emitir juicios de valor
sobre sus pensamientos, sentimientos y conductas.
o Autenticidad: Esto implica ser uno mismo comunicando los propios
sentimientos y experiencias internas. Sin embargo, la espontaneidad
total no es adecuada; la expresión de experiencias, opiniones y
sentimientos debe ser siempre en beneficio del paciente.
Por su parte, Brammer (1979), citado en Salinas y Rodríguez (2011) reafirma que las
habilidades principales corresponden a la capacidad de entender, escuchar, guiar, reflejar,
confrontar, interpretar, informar y resumir. Ruiz (1998), citado en Salinas y Rodríguez (2011)
añade que se puede entender estas habilidades como distintas aptitudes y actitudes que
debe tener en cuenta un terapeuta centradas en su persona y son independientes de su
postura teórica. Además, se menciona que algunos requisitos necesarios para llevar a cabo
dicha práctica, además de los ya mencionados por otros autores son, el conocimiento de
uno mismo o autoconocimiento, compromiso ético y actitudes que favorecen la relación
terapéutica, como calidez, cordialidad, autenticidad, respeto, entre otras (Ruiz y Villalobos,
1994, citado en Salinas y Rodríguez, 2011).
Tipos de terapeutas:
Hay muchos tipos de profesionales que brindan psicoterapia según sus distintas
especialidades basados en evidencia para ayudar a personas que han experimentado un
trauma o necesitan mejorar su calidad de vida entre los cuales podemos distinguir:
-Terapeutas cognitivos
-Terapeutas conductuales
- Terapeutas sistémicos
- Terapeutas humanistas
- Terapeutas psicodinámicos
- Terapeutas gestálticos
- Terapeutas cognitivo - conductuales
- Terapeutas integrales o ecléctico
CONCLUSIONES
En conclusión, los terapeutas son un componente muy importante en el proceso de
intervención ya que más allá de tener "una sensibilidad especial" y la preferencia de tratar
cara a cara con las personas, hay una serie de competencias tanto teóricas como prácticas,
que son necesarias dominar para poder ofrecer una atención de calidad. Asimismo, debe
tener la capacidad de saber adaptar sus métodos y técnicas a los problemas y/o
características de cada persona, además de estar abierto a la adquisición de nuevas
competencias, mediante una constante actualización y capacitación profesional.
Por otro lado, existe una gran variedad de terapeutas, quienes poseen distintas formas
de realizar el proceso de evaluación y tratamiento, según el enfoque en el que se han
especializado. Sin embargo, habilidades básicas como la empatía y la escucha activa en las
que la comunicación por medio de técnicas como la clarificación, reflejo de sentimientos,
parafraseo, entre otros permite obtener una mayor comprensión sobre el relato del paciente
e identificar los recursos con los que cuenta, así como, la aceptación incondicional, en el
cual se muestra el compromiso hacia la persona, deben estar presente en todos ellos con el
fin de ayudar a esta en el logro de su objetivo terapéutico.
REFERENCIAS
Bados, A. y García, E. (2011). Habilidades Terapéuticas. Universidad de Barcelona.
[Link]
%C3%[Link]
Carrasco, M.J. (2002). La empatía en la terapia cognitivo conductual. Revista de Teología y
Ciencias Humanas, 60(117), [Link], C. (2005). Entrenamiento en
Habilidades Terapéuticas. Cómo mejorar los resultados en Psicoterapia. (En red).
Fecha de consulta: mayo de 2014.
Fernández-Zúñiga, A. (2014). Habilidades del terapeuta de niños y adolescentes. Ediciones
Pirámide.
Rosil, N. (2015). Habilidades que debe poseer un terapeuta para trabajar con un paciente
alcohólico. [Tesis de pregrado]. Universidad Rafael Landívar.
[Link]
Ruiz, M.A. y Villalobos, A. (1994): Habilidades terapéuticas. Madrid: Fundación Universidad-
Empresa.
Salinas, J., Rodríguez, M. (2011). Entrenamiento en habilidades terapéuticas: Algunas
consideraciones. Enseñanza e Investigación en Psicología, 16 (2), 211-225
[Link]