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Transformación de la ciudad barroca

Este documento describe la transición del orden medieval al orden barroco en las ciudades europeas. Con el tiempo, los estados nacionales modernos debilitaron la vida autónoma de las ciudades medievales a través del crecimiento de las capitales y la burocracia centralizada. Esto condujo a un rápido crecimiento de las grandes ciudades en el siglo XVI y más allá, como centros del poder político y económico consolidado bajo el control directo de los monarcas.
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Transformación de la ciudad barroca

Este documento describe la transición del orden medieval al orden barroco en las ciudades europeas. Con el tiempo, los estados nacionales modernos debilitaron la vida autónoma de las ciudades medievales a través del crecimiento de las capitales y la burocracia centralizada. Esto condujo a un rápido crecimiento de las grandes ciudades en el siglo XVI y más allá, como centros del poder político y económico consolidado bajo el control directo de los monarcas.
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Lecci6n 7

La ciudad barroca

EI tninsi to del orden medieval al que habia de serdespucs eI


orden de las monarquia s barrocas se produce lentamente,
pem de una manera continua. En principia, durante el Re-
nacimie nto, apena s se perciben elementos de transforma -
ci6n, ya que la vida se desenvul'lve sabre el plano del orden
medieval. S610 las cliles son las que preludian con antidpa-
ci6n el procesoquese rcalizara ailOS mas larde. Par 10 que se
refiere a las ciudades, la ciudad del Renacimiento siguc sicn-
do la ciudad medieval, con pequeflos cambios superfkiales,
COllsecuen cia preci same nte del refinamiento artistico im-
puesto par aquellas eliles. Si la ciudad sigue la misma y sigue
siendo la misma su estructura, se van tran sformando , par
decirlo asi, las fachada s, principa lmente de los nobles y de
los prfncipes, en los qUl' aiienla un deseo de belleza )' de imi -
tacinn de la antiguedad. Pero, e n eI fonda , "oca s tra nsfo r-
maciones hondas se han producido todavfa .
Sigue eI Occide nt£' de Europa o rgani'l.1do en la mi sma
forma que ya vimos al hablarde la ciudad medieval ,es decir,
cont inua existie ndo ese tejido geografi co hUmallo qU(' re -
preseilla la distribucio n continua de la poblaci6n europea
sobre su I('rrilorio. Las ciudadcs, en general , siguell sie ndo
JJ6
/J7

las ciudades pequenas, situadas a coria distancia enlre sf


(distancia que: permit3 if de unas a Olras y regresar durante
una jornada) YCO il un vigoroso poder municipal, una vida
mcrcantillibrc y una artesania o rga llizada en solidos cuer-
posgremiaics.
Hemos dicha en lecc iones anU'riores, que esta distribu -
ci6n igual y continua de la poblaci6n cn cI Occidcnle curopeo
fue u na de las causas que dieron lugar al concepto un ita rio
de nacion, frcn te al concepto antiguo de dudad -estado. El
que no existicran ('sas dcformes cabezas que fueron [as nit'·
tr6 polis antiguas, que todo 10 absorb ian y vincu laban a si
misrnas, facilit6 quesurgicra un nuevo conceplo,eI del Esta-
do nacional, comoexpresi6n de una totalidad territorial. de
una integracion y node una suma 0 conjunto aditivo de ciu·
dades. EI podcr politico, eI poder rCal y, asimismo, el pader
de los grandes senores, que ejercian a veces una autor idad
tan completa como la del propio rcy, aunque leoricamentc
fuera delegada, era un poder /NlIIselime, un poder que no
estaba vinculado a ninguna ciudad, si no que transitaba por
todo e1 terrilorio. acudiendo a donde las necesidades recla·
maban su presencia. Todos conocemos por la hisloria 1a
ex islenda de estas corles nomadas y Irashumantes, cuyo aje·
treo era el prcciodel poderque habran de pagarcl monarca y
sus cortesanos. Eslc movimiento constante no sc deluvo ell
las monarquias francesa e inglesa hasta e! siglo XIV, manteo
nicndose todavia mucho mas tiempoen nuestra patTia, pues
el primer rey espanol que asienta permanentelllcnte su corlC
cs Fel ipe II , el rey buroc rala , que representa las exigendas
del Estado nado nal moderno.
Pues bien: con cl t icmpo. eSIC Estado nadonal moderno,
que habia surgido de la estructura agraria de la civi li zad6n
medieval, acaba par ser e[ que la destrure, e1 que modifica
profundamenteel orden de cosas antiguo ycl que trace! de·
sequ ilibrio en la distribuci6 n de la poblaci6n, \'olviendo una
vez mas a la instauraci6n de la gran ciudad como e!emento
IJR

politico y so cial decisivo. EI Estado trashumante comenzaba


a ('nconlrar una dificuhad, cada dia mayor, para trasladar
consigo sus institucioncs. los ministros, los servidores. los
instrumentos de gobierno, los papelcs. 13 correspondcncia,
etc., cran cada vez un bagojc mas pcsado pam podcrlo trans-
porlar de unl) a otra localidad en ('SICconslante trasiego. EI
mona rca )' sus mas inmcdiatos colaboradores en e1 gobicrno
no pod ian ya vigilar todo porsi mismos, aeudir a todas par-
Ies para dar personaimenlc 13 50Iu(i611 . Era necesario, por
consiguienlc, crear un inslrumcnto burocralico impersonal
y dclcgar en una forma () en otr:l la autoridad. EI rcsultado
fue una burocracia permanente que tenia su asicnto en una
corte permanente; sus an:hivos, sus ca ncillerfas, sus tribu-
nail'S, etc., en unos edifkios perma nentes. Y asi surge la ca-
pital con concepto de tal; la capital, que es una creaci6n ente-
ramente moderna, una creacion que podemos lIamar
barroea, dando a eSle termino la amplitud que usualm('nte
se Ie asigna en e1 teTreno de la eultura.
Anliguamente habia existido, ya 10 hemos vista, la me-
tr6poli g igantesca: Antioqu(a, Alejandrfa, Roma, Bagdad;
pcro eSlas eiudades no eran ];1 capital en eJ sentido moderno
quc estamos considerando: eran enlidades pO](licas cn cier-
to modo aUlosuficicntes, encarnaei6 n de la eiudad-est ado.
Mas ahoTa, despues de habersc producido la naeion como
eonsecuencia de esc comilllHlIII campesino feudal de la Edad
Media, la capital ticnequc seT alga representativo; imagen y
condensaci6n d e la realidad nacional. 5i en eJ mundo anti-
guo la ci udad era un hcdw primario yel Estado se fundi;.
con clla, o por asi ded rlo.cra ti n hecho secu ndario.concebi-
do y cslruClurado a imagen y sl'llIcjanza de 1a eiudad sobe-
rana, en ellllundo barrow eI proeeso era opuesto: cI Estado
nadon;11 era cI hecho prima rio. }' la ciudad]a condcnsaci6n
localizada de los instrumentos politicos exigidos par cI Es-
tado. La ciudad, pues. como dcc illlOS, era u n hecho sccun-
dario, un rellejo d e una rcalidad superior que ella represcn-
139

taba y. por decido asi, materhllizaba plaslicamente en una


forma visible.
Con cI nacimiento de];1 gran ci udad. capital politica del
Estado barraco, la estruc\ura del mundo medieval sc ah em
profunda mente y much,ls de sus instituciones antiguas son
asfixiadas por las nuevas del Estado y la ciudad buroed! iea.
Es includable que estos grandes centros p oliticos, asiento del
poder, cada vcz mas absoluto, de las dinasHas ba rrocas, de-
bilitan la vida autonoma de las ciudades libres mcdievalcs,
que habian sido uno de los ingred ientes fundam entales de
aquella soc iedad. Se puedc dedr que cl mundo politico me-
dieval ya farmada giraba en torna a losdos podercs del reyy
dclmunicipio. Con el advenirniento del nuevo orden, In de-
cadencia de la vida municipal ('s un hechocada vez mas p'll-
pable, ya que su autonomia cOllstituye una traba a[ poder
polItico central. EI poder del rey, que antes era, par 10 menos
en sus posibilidades de aplicaci6n, muy rudimentario, por
sus pobres instrumentos de gobierno, se habia conVt'rt ido,
merced a [a burocrada organ izada, merced a la crt'<lci6n dt'
los ej~rcilos profesionales, merced a[ desarrollo del capital is-
mo mercantilista, en lin poder Illll cho mas perfec to, cficien -
te y Glp.IZ de profundil.ar. gracias a S l1 escalonamien\o en au-
toridadcs delegadas, en el cuerpo entero dt'l pais. hasta
alcanzar las partes mas a[{'jadas 0 recOnditas. En estas cir-
cunstancias, el poder municipal se encontraba, pues, supe-
ditado y. par d ecirlo asi, preso en esta malia, cada 'l('Z mas
fina, que como tela de arana.cuyo centro eran la monarquia
y la capital. se extendia par todo el paIs.
«Par tanto -escribe Mlimford -, ceso la multiplicaci6n de
las ciudades. No se const ruian ciudades para una clase cre-
ciente de pequenos arles'lIlos y mercaderes; la ciudad deja-
ba de ser un mediopara conseguir la libertad y la seguridad.
Era mas bien un media para consolida r el poder politico en
un solo centro direClament{' bajo 1a supervision del reye im-
pedir todo desacato a la autoridad central d esde lugares [eja-
140

nos que poresa m iSn1a circu nstancia era difkil gobernaT. La


cpoea de las d udadcs lib res, con su cul tu ra v<\stamente di -
fund ida y con forma s de asoc iacio n relativa mentc de mocra-
lieas, cedio ellugar a una era de ciudades ahsolut:ls, ( cnlras
que crecieTo n sin orden alguno yquc dejaban a otras ciuda-
des CilIa altcrnat iva d e acepla r el eslanca rniento 0 de imitar
sin recompensa alguna a la capital lodopodc rosa. La Icy. cI
orden), la uniformidad son produclos escllciales de la capi-
lOll barroca; pero la ley t'xiSle para confirmar cl ("statu to)'
ascgurar In posicion de las cJases privilcgiadas: cl orden cs
u n o rden mccan icQ, q ue sc basa no en la sangre. la vecindad
o propositos y afcclos (omunes, sino en la sumisi6 n 31prin -
cipia Tegente; y en CU:lrlto a la unifo rmidad. es 101 uniformi-
d ad de los bur6cratas, con sus archivos. sus cxpcd icntes y
sus numeratios proc(>dim ienlos para rcgu lar y sisternati zar
la pcn:epci6 n d(> illlpuestos. Los medios externos para hacer
obligatoria esta mod:llidad de vida se basan en cl cjcrcito; cl
brazo econ6 mico ('s la politica mcreantil )' capitalista. y sus
institucioncs mas tipicas son cl ejercito. la bolsa, la burocra-
cia), la corte. Todas cstas instituciones se eo mplemcntall re-
ciprocamentc ycrcan una nueva forma de vida social : la ciu-
d ad barroca» I.
En virtud de est;ls ci rcullstancias, a part iT del siglo XVI se
rcgist ra en tada Europa u n Tapido crecirnicnto de las ciuda-
des. Dura nl (> el propio siglo son ya mas de 14 la s ciudadcs
que sohrepasa n los 100.000 habitantes. Paris, en 1594, es ya
una ciudad de 180.000habilanles.}, Londres,que siempre ha
id a ligeramcnte por ('neima, akanza en 1602 cllHirnero de
250.000 habitallles. Son dos grandes capitalcs polit icas.
fuentes a la vez del poder econ6 mi co. Aka nzan cifras irn-
portantisirnas las c iudades italian(ls, en pane pOTque ell
ilquel la peninsula lie habia mantenido mas \';va 1,1herencia
del mundo clasico y las eiudades conservaron una mayor
preeminencia, sin que se Ilcga ra a la dispersi6n de la pobla-
ei6n quecaracteriza la Edad f\led ia en el reslode Europa. Ve-
j
1-" Cl U UA!) BA !<!<OClI 141

necia akanza en 1575 10s 195.000 habitantes; pero hay que


considerar que era la capilal de la tercera potencia eu ropea,
una verdadera capital y corte de un vasto imperio. Mila n
cuellla con 200.000 hahilantes y Napoles can 24 0.000. EI
caso de esta ultima ciudad es digno de tenersc en cuenta. Sin
demasiada justificaci6n, Napoles, desdc eI siglo XVI I hasta
los tiempos modernos, se mantiene como la mayor ciudad
de Italia y una de las mayores urbes mUlldiales. Ex ist iendo
dentro de la propia Italia regiones mucho mas ferliles y ri-
cas, puertos y \'illas comerciales mucho mas pr6speros, ca-
pilales de imperios mucho mas "aSIOS y poderosos. es, sin
embargo, sorprendente la magnitud de esla ciudad meridio-
nal. Para Werner Sombart\ Napoles es uno de los mejores
cjemplos en apoyo de su tesis: que las primeras urhes I11U ll-
diales han sido creadas por la concentracion del cansulllo.
Hace ver Sombartque los comerciantese industriales no sa-
len del circulo de las pequefHls ciudades. Que, pur cOllsi-
guienle, las ciudadcs productoras no son las que crecen de-
sorbiladamente, sino por d cont ra rio, las eminentemente
consumidoras. Las ciudades cortesanas, las capitales. asien-
to de la monarquia y de la nobleza, que en elias consumian
sus rentas; de 1a burocracia y del ejercito, la clase 111,\S radi-
cal mente consumidora, pues induso en su actividad cjerce
una fUll ci6n ncgal iva.
Napoles es Ull ejempJo I{pico deciudad cortesana y nobi-
lia ria. Ha dicho Caracciolo que «Regisservitium "ostra mer-
cawra est». Una corle cenlralizadora, con una burocracia
gigmICesca y comp/icQlllsil1l(l, jurisperilos, abogados, escri-
banos, loda la curia que pu lula en estos celltros burocrati-
cos, lIenaban la ciudad. Allado de la corle de los nobles y de
los curiales, un inmenso pueblo de lacayos, domcslicos. infi-
mos menestrales y parias de toda laya, que formaban eimas
bajo escal6n socia l, alimentado par ulla raza prolifica en un
clima benigno. En ci udades como Napoles, la difercncia de
cla$es debia ser enorme, sin grados intermedios.
141

No muy distintadehia set la situaci6 n de Madrid en el si-


glo XV II , ciudad completame-nle 3r1ificial, sin olro conteoj-
doque lacorte y sin mas funci6n que la meramente politica.
En Madrid oi siquiera exislia una clase capitalista, ya que el
dinero que IIcgaba de America 10 manipulaban y 10 aprove-
chahan banqucros ale-manes, flamen cos, genoveses y mila-
neses. Como d cc ia la condesa d ' Aut ney, a quien dchemos 1a
pintura mas viva d el Madrid auSlriaco. en Madrid «apenas
se ven mas que personas de calidad y sus criados I ... J Los
principes, los duques ylos lilUlos son aqui flumero ses». Ma-
ria Luisa Caturla, repasando legajos en el Archivo de Pro lo-
colos, se sorprc nde de los i]ustrcs nombres que elles guar-
dan como si n par decumenlc de 10 que fue la vida corlesana
de j'vl adrid. «Nombres - dice- que aprendi de colegiala en
dramas de clasicos alemanes y recorde luego ante ed ificios
deslumbradores de Genova 0 Milan, aparecen firmados al
pie de los Icgajos: Conte Ficsco, OC lavio Centuri6 n, Palave-
sin, Ju stinia n, Doria , Spinola y Adorno - xinoveses, que en
su maravillosaciudad de marmol de Carrara eran los ricos y
magnificos duei\os d e palacios fa mosisimos-, se nla nifies-
Ian aq ui si rviendo al rey.» "Nada como estos prol0colos me
ha dado coneicncia d el antiguo poderio de Espa na [... J En
ellos se palra la vida cosmopolita de la corte de los Austrias
[ ... J Las calles d el antiguo Madrid presentarfan d aspec to
abigarrado de una capilal del mundo, do nde se conocer!an
los atavfos y se cscucharfan los id iomas de todas las ticr ras,.l.
Desde Velazq uez hasta el ultimo maze d e cuadra, lo dos
son servid ores d el rey a d e algun noble y lo dos ponen en el
tituio d e criado un timbre de gloria, palente a 1<1 larga de
aristocracia. Cuanto mas cerca se estc del Solo de sus plane-
las, mejor les llegara su iul., fu enl e de hOllor y de dignidad.
M:i5 vale ser criado q ue tener u n vii o fi eio mccallico, y hasta
Velazquez abate las alas de su propio genio pordebajo d e su
excelsa cend ici6 n de palatino. Cuando Inocencio X regala al
pinter una cadena de oro, despues de heche su r('tralo, csle
l.An\JD"PBA~ROC" 143

se la devuelve hacienda constar que no es un pintar. sino un


servidor de su rey, al cual sirve can su pincel cuando recibe
orden de hacerl0 4 •
Madrid era, pues, en el siglo XVlJ una ciudad de estruetu·
ra social muy simple. En una fo rma u o tra, todo podia redu-
drse a senores y eriados. Estructura que hoy en dia nos pare-
ee bien desdichada, sabre todo si consideramos su miserable
legado material , ya que la grandeza que pudo tener ha que-
dado encerrada en los empolvados manuscritos de los archi -
vas, en las glorias legendarias y estupefacientes de la histo-
ria. Aquellos banqueros genoveses criados del rey de Espana
construian los palacios de marmol en su pat ria y aquf que-
daba s610 una historia de altivez y miseria.
Circula par ahi (no conozco de que fuentes provenga) 101
afirmacion de que Madrid, en sus arlOS de maximo esplen-
dor del siglo XV 11, contaba can 400.000 almas; pero a noso-
tros nos parecc una cifra fantasti ca. 5i juzgamos por el perf-
metro del plano de Texeira, del ano 1656 (periodo del
mmmo esplendor del Madrid austriaco), vemos que no es
muy diferente, si acaso alga menor, al del Madrid de 1850, en
que 101 villa y corte tenia 253.000 habitantes. Teniendo en
cuenta que, par 10 menos, la ciudad se habia duplicado en al-
tura yque se hab/an construido rnuchos espacios intcriares,
huertas y jardines, habremos de convenir que la cifra de
400.000 es bastante utopica, por mucho que la poblaci6n vi-
viese hadnada, cosa que debia suceder, y por rnucho que la
Regalfa de Aposento obligara a los ciudadanos a tener hues-
pedes forzosos en aquellas casas que no estuvieran constru i-
das «a la malicia», es decir, can un solo piso, para eludir la
pesada servidurnbre.
Can lodo, creo que una apreciaci6n mas justa serfa asig-
nar a Madrid en aquella epaca de 200.000 a 250.000 habitan-
tes. Datos publicados par !-.-Iadaz dan en el siglo XVI una pa-
blacion para la provincia de Madrid de 223.225 habitantes.
Segtin el cellso de Floridablanca del ana 1786, la provincia
144 IHn ON 7

de Madr id contaba con 235.968 habi lanles, de los cuales


156.672 correspondfan a la villa. En el censo de 1797 de Car-
los IV, la villa de Madrid suhe e n 167.607 habila nles. En
1847, segun Madoz. la capi tal tendrfa una poblaci6n de
235.000 individuos.
Au nquc Madrid crecicra y se desarrol1ara un ta nto im -
provisadamente a partir del ano 156 1, en que Fel ipe II csta-
blecio en ella Ia corte, cumpliendose una \'C'L mas la Icoria de
Sombart, e1 hecho general cs que 101 mayorfa de las ciudades
espaliolas durante eI siglo XVII decaen, bajando a vcces a eX-
tremosde indccible post rae ion. Acompa":! a su caida la cai-
da dcmognHica de Espana, producida por la expul si6 n de
los judios}' moriscos, por la sangrCa de la conqu ist3 de Ame-
rica , por la s guc rras de rel igi6n europeas, por eI desprecio
del ~'spafiol para los oficios productivos, por el aumento de
la clase sacerdotal, etc. Otras ciudades impo rta ntes de la Pe-
ninsu la, a mas de ~bdrid, eran Lisboa ( 110.800 habit antes
en 1629) y Sev illa ( 100.000), ambas puertos atlanticos. El
descubrim ielllo de America y el hal lazgo de la rula del Este
por el cabo de Buena Espera nza dieron impetu a un creci-
miento urbano en toda lacosta atlantica de Europa. Amster-
dam y Amberes, co n numcro aproximadamente igual de
habit a ntes ( I 04.000) , Y Hambu rgo so n ce ntros de gran im-
portancia.
Segun eI c:i.kulode Lavoisier (citado por Sombart, pag. 55).
hecho ante 13 Asamblea Nacional francesa, l'rl Parisscgastaban
anllalmente en artkulosdc consumo 250 mil lones. y 10 millo-
nes mas para las caballerias.lComo se liquidan estos 260 mi-
lIones? Veinte millones producenlas industrias deexportaci6n
y comercio; 140 millones son pagados con ayuda de ta Deucla
publica y sueldos; 100 millones preceden de las remas territo-
rialcs y de las em pr(.'S3s exteriores cuye s beneficios se consu-
men en Paris. Es dcci r. en el Paris de Lavoisier, sOlo 20 millones
devuelve la ciudad con su esfuerzo; eI r{'sto provien{' de las
energiasde]a naci6n toda, que alii se concentran.
t.,.\ rlL' I\Ml RAIIIIO<':'" 145

De esta situaci6n ha su rgido cI descontento, muycolllun


en las villas provincianas, frente a la privilegiada capilal. que
absorbe todas las energias sin realizar trabajo productivo al·
guno. La ciudad productora se sic-nte explotada, vklima de
la gran capital. fsta CS, a mi juicio. una postura equivocada,
eonsecuencia de un mal planle:llniento de la cuesli6n. La
ciudad beneficiada no es una ciudad X, caprichosamente
amparada por la forluna. Es la capital, y como tal, hay que
considerarla aparte de las demas. Es, en derto modo, un
ente artificial-abstracto- que representa al ESlado, a toda la
naci6n. La capital no es de nadie yes de todos, y precisamen ·
te la experiencia demucstra que quicnes mas partido saean
de ella son precisamente los provincianos.los que luego apa -
reeen como eternos descontcnlos. mientras que cI hijo de la
capi lal , que por no lener no tiene ni casa propia. es la verda·
dera vklima. Pero eslo nos aleja porel momenta de nueslro
tema, la ciudad barroca, y nos lIeva a un problema social, la
tensi6 n enlre eI metropolita yel provinciano. Algo que fue.
es y seguira siempre existiendo.
En cI plano puramentc eSleticQ, la eiudad barroca es [a
heredera de los estudios te6ricos del Renacimiento. de ague·
lias ciudades ideales que, como cjercicios abstractos, ocupa·
ron las mentes de los t ratadistas y comel1laristas de Vitrubio.
Can un criteria ncl amente albcrtiano, el \'alor de cstos cs·
quemas reposaba en la pura armonia geomet rica con inde-
pcndencia de la pcrcepci6n visual. t:ste fue prccisamcnle eI
hallngo del Barroco: el de crea r una ciudad como obra de
arte de inmcdiata percepci6n vi,su:ll.
Para lograrlo, el arte barroco contaba con el inslrumento
adecuado, un instrumento tambitn heredado del Renacimien-
10, peros610 mas tarde puestot.'ll valor por 10 que alaile altra·
zado y composici6n de las ciudadt..'S. Este instrumento no era
olroque el de la pcrsp&tiva. Pinlores renacemistas habian re-
no\'ado fundamental mente la Tcpresenlaci6n del espacio pa·
sando de la imagen plana a la tridimensional. Can el descubri·
146 I.t.C Closr

mienlo de la perspectiva geometrica se abri6 un campo nuevo


e inmcnso y no hubo pintordel «quatlrocenlo» que no se de-
teilara con gran des fondos arquilcctonicos en perspcctiva que
excitaron lascreadones de los propios arquitectos. Pero no to-
das las arIes se mueven sincr6nicamente. La que para la pimu-
ra y la arquitectura cran ya maduras conquistas, no habra to-
davia lIegado al campo del urban islllo. Sera mas tarde. en eJ
siglo XVIII, cuando el arte harmeD de la composicion de cillda-
des adquirira todo SII apogeo. ESle siglo presencia 13 madurez
de la musica y del urbanismo, man ifestaciones finales de la
gran cultura europea. Tan es asi que la gran arquitectura del si-
g\o XVIII trascended. de sf misma y se had. en SII mas val iosa
dimensi6n arte urbano. Sea la columna!a de Bernini, eI palacio
de Versalles,la pla7.a V{'nd6meo los lnvalidos, tada esta arqui-
tectura irnpone por loque tiene de dcspliegue urban istico.
Pierre layed a n ~ resume en Ires fundamentales los princi-
pios del urbanismo chbico; y para un frances, en materia de
arqu itcctura la palabra clasico equivale a 1a de barroco para el
resto de Europa. Pero acaso par eSla vez no nos parezca mal
esta etiqueta de dasico aplicada al urbanismo, ya que, por su
desarrollo tardio, puedc considerarse el siglo XVIII como el
clasico del urbanismo. Estos tres princi pios son los siguientcs:

a) La Hnea recta.
b) La pt=rspectiva monumental.
c) El programa o,con Ol ras palabras, la uniformidad.

A nuestro juicio, hCIl10s dicho en ot ro lugar", eslos Ires


principios expuestos por Lavedan pueden reducirse a uno: la
perspectiva 0 , si se quierc, mas generaHdad, 10 que ha Ifaido la
perspect iva: la ciudad concebida como I'ista. EI Barraco, es
mas, conlempla cl mundo como Ulla I'istn. Con anterioridad se
eSlaba denIm del mundo, se estaba entre [as cosas, pero no
se tenia Ia lejania ni la visi6n en profundid3d para quecslas ca -
sas se organizamn en una vista, en un p311orama.
UCJUW,J'MII.M'>O . II
1<'
EI Barroco constituye, ordena el mundo. como panora-
ma. Por esta sltllcilla raz6n es por 10 que tenia fatalmente quc
descubrir cI urbanismo como arte y cncontrar un inslru-
menlo que fa cilitara la posibilidad de crea r 1'1 panorama
donde antes no exist fa. De aqui que eI urbanismo se ensaya-
ra primero en los jardines, cuyos trazados influyeronlan de-
cisivamente en las ciudades y conju nlos urbanos.
EI mundo como panorama 10 encont ramos 10 mismo en
un jardin de Le Notre que en un paisaje de Claudio de Lore-
na. Triunfo de la perspectiva. A el coadyuva n los tres princi-
pios de Lavedan. La linea recla coolleva la perspectiva, la
uoiform idad supedita 10 particular a la ley del coojunto, uni-
ea manera de mantener el predom inio de 13 perspeetiva. La
uniformidad de la Rue Rivoli de Paris haee que nada pertur-
be la eontinuidad de sus Ifneas que huyen en perspectiva,
provoeando una fuene imprcsi6n estetiea.
La perspectiva supone 13 eontcmplaci6 n del mundo des-
de un solo punto de vista, desde un (ljo linieo que abareO!
todo el panorama. Es una manifestaci6n del poder humano.
del pader del principe. La visi6n focal 0 central ista coincide
con la organiuaci6n monarquica del Estado. Todas las resi-
dencias reales de la Europa del siglo xvtlt, llamense Versa-
lies, Nancy, Dresden, Carlsru he, Cope nhague, San Peters-
burgo 0 Aranjuez, responden a estc tipo de ordena ci6n
perspeetivisla, en cuyo punto focal se encuentra eI palacio
de la realeu. En San Petersburgo. el nombre generico dc ca-
lle se susti tuye a veces por eI de perspectiva . La ciudad se
convier le en 13 expresi6n de una realidad politica.
Ahora bien, no olvidcmos que tras la tendencia esceno-
gnifica del narroco, eseenografia monlada p3ra la exahaci6n
del princi pe. de su palacio, de su estat u3 . ex isten otras em -
presas que denotan una grandeza y noblcza de prop6sitos
que 00 se deben 01vid3r.
Como ha d icho muy bien Valerio Ma rian i7 , durante todo
este siglo se percibe un vigoroso impulso creador. fundado
148 !.IoCU'»,. '

en una generosa ambicion soc ial. No s610 s{' da fo rma a la


iglesia, 31 palacio del prfncipi!, 31 {'scenario purarnenle mo-
numental. sino <Iul' sc construyen hospitaies, hospicios, ba-
rrios enleros 0 conjuntos de habilaci 6n, alamcdas y pascas
para eI disfrute de 13 colecti\' idad, (('ntros de ellSt'nanza e
inslitucionesdecuhura, puentes, manu(acluras, etc.; y lodo
clio incorporandolo dentro de un orden unita rio y magnifi-
co, COillO ingredicntes de un senti do cspacia l y de un am -
bienle lolalmenle nuevos. Por la \'ariedad de los problemas
que seacomelen, porel impctu constructivo y la r:lpidez con
que se c umplell en brneficio de In colcclividad, ,II Barrow
corresponde una pane importantisima en lacomtitucion de
13 ciud"d moderna con todas sus exigcncias de vid;! yarte.

Fig. 45. Dn·$dC"n. Cl'nlrode la ciudad y palatin, Ilamado eI Zwingcr. Uno


de 1m mds hermusus "sp3dosdcl Barroco.
LA C! Ul>II!' III1RROCA
'49

Fig. ~6. Il.oma. Plaza d,o' San Pedro. l ])ib. del aU1Or. )

No nos olvidc mos que cst amos en e[ siglo de 1;1 llustra -


ci6n y de las Lu ces, del dcspot ismo pnternalista y filant r6-
pico. En un siglo en qu e cmpiezan a dcspertarse muchos
problemas socia les, muchas inquiet udes intclectualcs y
cientific;ls que serli n levadu ra para que fermente el mu ndo
modcrno.
Hay que reconocer que, en materia de urbanisl11o, el ce-
lro, durante el periodo barroco, correspondc a Francia por

Fig. 47. Roma . Plazas de Santa ,\ taria della Pace y de San Ignacio. (C m -
quisd~lautor. )
150 I ~t:< ION7

c.. __

Fig. 48. Il.i,hclicu. 1'[,lI1la de! b dud ad. (CrOlluisdelaUlor sobrc d graba-
dodeTa$si n. )

derecho propio. Despuesdc los atisbos gcnialesde In Roma pa-


pa l, dcsp ues de las her mosas conccpcioncs de [3 plaza del
Campidoglio dl' 1\ ligud Angel, de 13 columnata de Bernini, de
aquellas «sistema!izaciones.).pequcnaspemcncanladofas.de
13 plaza de San Ignacio ydc Sa nta Maria della Pace, Ie toca <.icci-
didamente a Fr:lncia marcarla paUla. Francia es la nacion po-
derosa, altiva y triunfadora, rica en r('cursas dc todD gencro y
politicamente preponderante. EI po(i('r dc su monarquli1 s610
pucde compelir cun e[ que a finales del siglo XVI11 adq uiri r:in
sus homb res de lctras y de pensamiclllo, y IOelll clio compon-
dni una naci6n que se erigeen cjel11plo univcr5al para c1 resto
de Europa. No e5, pues, de extranar que algo Ian visible como
el urbanismo, Ian unido aJ prestigio dl·las naeiones y al grado
de adelanto de sus sociedades. se desarrol1e tambicn en rran-
cia de una ma nera sobresaliente yejclllplar.
Donde eSle urbaniSlllo dt· gran eslilo aparece por prime-
ra vez es ell la ciudad-residl.'ncia de Richelieu. fundaeion del
I.~ C!UDAD ~~IU"'CA 151

Fig. ,1':1. V('rsalie's. ( Ilib. dcl aU lor.)

gran cardenal. Lavedan Ja llama prefiguradon dt: Versallcs.


Como en "ersalles. Ja ciudad es consccucneia y viene en se-
guimiento del palacio. E1 aflo 1625, el mismo en que muere
e! duque de Lerma, creador de otra ciudad-residencia, cn-
earga al arquiteclO Jacques Lemereier la construccion de su
palacio. f\his tarde, hacia 1633, comienza laconstruccion del
poblado, separado respetuosamentc del palacio. Sc encierra
ell un reclangula perfecto y lodo se planlea en simetria can
relacion a Ja gran calle axial. Ya no sc trala de una simple
cuadricula, sino de alga conccbido eS let icamentc, con sus
152

ejcs. sus plazas, sus perspectivas. La arcluilcclura, de un a


gran un ifo rm idad, presta a lo clo un sereno equi librio y ar-
ma nia. Se puede dc-cirque (ada\'la. a pesarde 13 destruc(i6n
d el pa lacio y las incvitables transformaciones que Irae cl
ticmpo, cs 13 mas bella de las ciud ades regu laTes francesas.
Descartes 101 hubicra mi rado con complaccncia, pues cSla
ciudad. coetanc3 suya, ta n (rance-sa y tan racional, pa n.~cc
cristalizaci6n de sus propias ideas.
La imporlancia de Versa lies nos ahorra cI dediear a Ian
grandiosa crcad6 11 de Luis XIV un espada correspond icnte
al monumento, que seTia, en cambia. desproporcio nad o a
nU~'S l ra breve historia. Mucho sc ha escri to sobre el palacio
y algo menos sobre la ciudad de la que forma parle indisolu -
bIt'. Sin poder dl.'Sccnder a dNallt's, anotart'mos que la funda -
ci6n se p ucde (CellilT hada 167 1, diez arios dcs pues del
comienm de los grandes trabajos d e ampliaci6n del ",Cha·
teau». El rasgo, sobre todos saliellte, de {'sta urbanizacion
espectacular de griln aparato es d tridente de avcnidas que
convergen en la plaza de Armas, antesala de ho nor dt, la
"Avant-Couf» de l palacio. 10do parece ind ica r, he aq uf a l
Rc y Sol, he aqui su solio. Nada se habia pla llleado ha sta la
(echa tan grandioso y en tan vasla escala. EI lema del Iri -
denll' ya conoda un ant idpo notable: la Piana del Popolo
de Roma. ~Pudo servir de inspirac ion ? Es mll y verosimil.
La nzild o por VeTsatics se cncucTlt Til luego en Ka rls ru he, en
Aranjuez, en Madrid, en Washington , en Paris (plaza de la
Opera), en Londres (plaza de Buckingham ) y en Ull sin n u·
mero de composiciones urbanas de los siglos x Vt l t y Xtx.
Acaso el conjunto mas cdebrado del urbani smo diec io-
chesco frances sea 13 ciudad de NilIlCY. En 1737 Stan islas
Le,zinski, rey de 1'010ni3 destfOnado, recibi6 de Sll yerno
Luis XV el ducado de Lorena durante su vida. t.SIC fue eI o ri-
gen de la parte monumental de Iii ciud ad. Con eI deseo de
elevar unaesliltua iI su yenlo y protector mand 6constru irla
Pla:r..1 Real enlazad a cOllla plaza de la Ca rriere y, a traves d e
I
~ A '~ I l' [>AD ilARRO' :A ISJ

n
] II

Fig. 50. Nancy. !'Iano del conjunto dt.' las plazas RC31. d~ la Carriere y de
la Herradura, y esquema de los \'ollllllcnes resultantcs de lJenar eSlos ~'S.
pados. (Dib. del autoT.)
/5.

una alameda, con Ja plaza de la Herradura. Esto dio lugar al


mas bcl10 eje d el urbanismo monumental barraco, que rcla ~
ciona diversos ambitos, enhebrados con un semido exquisi-
to, procurando scnsaciOlWS cspacialcs diversas, denlro de
una armon iagcnl'ral}, una axialidad rigurosa. Su arquiteclo
fue Here de Comy. Todas las residendas rcales y principes-
cas de Francia, IUrnensc Fonta incblcilU. Compicgnc, Chan -
tilly. Ramhouillcl. Vau.x~le · Vicomte, participan con sus jar-
dines, sus pla zas, sus ejcs, de eSlc desarrollo del artc del
traz.1do urbano.
J.a in ll uencia IIcg6 a !ada Europa , a Viena, Po tsdam,
Karlsruhe, Manhei m, San Pl'lershurgo. l-iamplon Court, La
Granja, Aranjuez y otras pcquenas ciudades-rcsidencia,
clonde reyes, prillcipes, arznbispos y grandes scilorcs q uic·
ren cmular, a la l'scala de sus fuerza s, las glorias dd Itey Sol y
de su corte.

Fig. 5 1. Paris. Place \'c nd 6 me. (Dib. dd amo r.)

EI urba nismo frances del g ran siglo 5e comp];u,:c en un


lema que el Barroco adoptad. con entusiasmo: la plaza mo-
numental dedicada a servir de cuadro a la estatua dc un TCy.
Se (o njuga en eslc lema e1 af,\n de magnificencia propio del
\JI C I UnAn" ... RR{l C ~ 155

urbani sme barroeo y el desee de exahar la me narquia een-


tralista, vertieedetodo el sistema politico preponderante.
Algunos han co nsiderado que la primera plaza fra ncesa
deeste tipo fue la plaza de los Vosges, tambicn llamada Place
Royale. Pero no es asf. La plaza de los Vosgos no se pen s6
para ninguna estatua. La estatua vine despues. En eseaspec-
to es mas bien una plaza emparentada can nuestras plazas
mayo res regula res, como las de Mad rid y Salamanca.
Las primeras pla7..as de este tipo que ahara nos interesa n
son las proyectadas pa r J. H. Mansart p.. ra hamar a Luis XIV.
Una de elias es enleramente circular, la Place des Victoires
(Paris); otra semic ircular, la de Dijon, y la tercera y mas im -
porlante rectangular aehaOa nada, la Place Vend6me a de
Louis Ie Grand.
Esta ultima, de todo el mundoconoeida , es la obra maes-
tra del genero }' una de las mas bellas plazas bar reeas del
mundo. Ellener solo dos ca lles de ac(eso en el mismo eje In
conviertt· en un espacio easi (crrado, donde todo se supedita
ala noblcu de la arquile(lura y la proporcion. En ningu na
parte como aqui percibi mos emil es e1 motivo eseneial: ser-
vir de marco soit'mne a una estatua cClLesl re, La plaza se
construy6 entre 1685 y 1699. anoen que se coloe61a estat ua
de Lu is XIV,obra maestra de Gi rardon,
A Paris siguiero n las ciudades de provincias, dcseosas de
ha mar la memoria de Luis XIV, Algunos proposi tos queda-
ron en mero proyccto, pero o tros lIegaron, con maso menos
retraso, a realiza rse; tal es el caso de las plazas de Caen, Ren -
nes y Mon tpellil' r. Pero para entonces habia subido al trono
Luis XVy pareda tambien obligado honraral monarea feliz-
mente reinante.
SohuTIcnte para cstudiar las posiblcs plazas dcdicadas a
Luis XV publico Patte su celebre a braM, que podemos comi-
deraT como un H~rdadero tratado del urbanisillo barroeo
monumental. Entre lanlos proyeetos y realiza(iones eitare-
1110S solo algu nas <II.' las grandes plazas dedicadas a Luis XV.
Fig. 52. Copt"nhaguc. Amali"nbor~ 1'la12~' ba rrin dr( und an le. (R;t~·
musse n.op.•it.)
I .... ' I l: D.\D II" "I<OC" 157

La mas famosa de toclas elias cs la plaza de la Concordia de


Paris. y acaso la mas bella entre las de provincias la de Bur-
deos, abien a por uno de sus lados al Ga rona. La de Ren nes
es IUU)' original porque la estatuase acoge a un fo ndoarqui-
tect6nico eseenograficamente compuesto. La ya citada de
Nanc)' y 13 de Reims son tambien importantes.
Fuera de Francia, la plaza Roya le de Bruselas. la plaza
Amalienborg de Copenhaguc y la del Comereio de Lisboa
son las mejores c reaciones de este tipo. La plaza octogonal
de Copen hague, cortada por dos ejes, uno de ellos sirviendo
de perspectiva a una gran iglesia rotonda . es una de las mas
admirablcs composiciones urba nas de todo eI siglo XVI II.

o 10 "1,0
I I 4

Fig. 53. Nu~"o Sawi n (Madrid), Planta. (C roquis dcJ autor.)


".
EI anliguo Terreiro do Pa ~o de Lisboa. convcrtido por
Pombal desput's del terremOlo de J 755 en una plaza monu-
mental a la marla barroca del momento, si(\li6 de marco
grandioso. continuando las ideas del urbanismo frances. a la
eslatua e<:ueslre de Jose I, obra de Machado de Cast roo Por su
disposicion abierta con respeClo al esluario del Tajo, recuer-
da alga a la plaza de Burdeos.
El urbanismo dieciochesco en Espana oscilaba entre las
tradicioncs locales y las corrientes afnlflcesadas venidas de
rucra. Todavfa hacia 17 10 construy6 Jose de Churriguera,
para la familia Goycnechc. la ciudad-rcsidcncia de Nuevo
Baztan en las inmedi3ciones de Madrid. Es, en cierlo mod o,

Fig. 54. La Granja. Eje' Jongi ludinal d e 1a compo$ic i6 n . ( Dib. del aUlo r.)
r UI C f UI'MlI\AR ROCA 1S9

una ( iudad -corlija y u n excelente ejemp\o de urbanismo b::l -


rroCOcastizo.
Las nuevas co rrienles del urbanisma monumental curo-
peo entran en Madrid de la manode Carlos Ill, que promue-
ve la ordenacion del pasco del Prado regularizando su lraza-
do, ornamcntandolo con grandiosas fuentes y rodeandolo de
notables edificios. Las obras comcnzaron en 1768 y, dcsgra-
ciadamente, no pudieron complctarse del lodo. E1 siglo XIX
y el xx han desfigurado casi completamcnte los t razadas
dicc iochescos. El Sa16n del Prado dio orisen a 111 creaci6 n de
una serie dealamcda s pot loda Espana,como las de Malaga,
Priego, paseo del Sa[6n de Gra nada. alameda de /\podaca de
Cadiz, cl Espolon de Burgos, alameda de Hercules de Scvi-

JL IUl tl UUUL
:Jr=[~IO~ [][]Oc:=JDa~\~
Jb 10m:]I:lODCJD~C:-
3DD!!gDD~§R~
l~tJ .. "c:ln..ll~W
:]1
JI
JI 100[1110°1 Ilf
JUOUIJUD 1-
r ij;. 55. La Carolina (Jain ). 1'1 ;' 00, (Dib. lid aut or. )

11a, paseo de Isabel II de Barcelo na, etc. Sitios reales como La


Granja y Aranjuez rccogen las ideas imperantes cn lae poca y
traslad an " Espana las rOTmaS urbanisticas propias de las Re-
sidcntzsliitfl curopeas. El conjunto de La Granja esta verlc-
brado por un gran cje que preside la cupula de la colegiata.
Es un Versalles en donde el fey. rcspetuoso con las costu m-
/60

brcs espanolas. sc co10ca dclr,!.,s de la iglesia. La composici6n


de los espacios cncadenados por eSlc cje cs muy ace rlada y
cxpresa admirablemente la s ideas barrocas sabre la gran
perspectiva.
En Aranjucz. dande los AUslr ias ya habian rcalizado
gra ndes obras. sabre lodo Felipe II, se fue construyendo un
poblado que, en su trama gent'ral, obedecc al simple ernpa-
rrillado. pero en eI que 51.' introducen elementos nuevos,
como las grandes avenida s radiales, formando tridentcs a
ambos lados del palacio. La intluencia de Vcrsalles no pucdc
seTmas clara. Olro elcmcnto urbano notabilisimo de Ara n-
juez es la plaza de San Antonio, con c1 fondo de 13 pequci13 ,
pero bella, iglesia de 8 0n3 \'ia en eI C('nlro de un plano a ndu -
ladodearquerias. La plaza d (' San Antonio, ('n cambia, se re-
clama hi;a del urbanismo it<lliano )" a la larga, de Bernini. En

Fig. 56. Ilalh (tnglalerra ). ltoyal CrcSC,·nI. (n ib. del aUlor. )


1." CllJl"' '' SARROG\ /6/

conju nto, Aranjuez es nuestra mejor ciudad barroca diecio-


chcsea. Es histima que su antigua uniformidad urbana, sus
m3nzanas de gran extensi6n y escasa altura, se vaya rom -
piendo con impropias construcciones modernas.
En el urbanismo dieciochesco espanol mere-cen destac3r-
se los nuevas poblados de la colon izaci6n de Sierra Morena y
otras zonas andaluzas lIevados a cabo durante c1 reinado de
Carlos III y con eI impulso de Olavide. Urbanisticamente la
planificaci6n mas interesante es la de La Carolina (J[II~n).
Dentro de un plano en cuadricula se introducen ejes pers-
pectivos relacionando plazas rectangulares, hexagonales y
circulares bien valoradas par una arquitect ura seeilla y uni -
forme 9 •
Inglaterra queda un tanto al margen del urbanismo ba -
rroco; en cambio, algunas composiciones de este periodo
anticipan las tendencias que prevaleceran en cI neoclasicis-
mo. La gran ciudad balneario, Bath, creaci6n genial del ar-
qui teeto John Wood, es uno de estos casos. Su geonu:trica
organizaci6n, fI base de plazas circulares y semicireulares
(Crcscc llt), 1;\ estricta un iformidad de sus edificaciones y c1
clasicismo de sus fachadas ligan perfectalllcnte esta ciudad
de la segunda mitad del sigln XVIII can los conjunlos urba-
nosen gran escala de John Nash en Londres, la urbanizacion
de Regent Park, por ejemplo, que es una de las mejores reali-
Z3cio nes del neoclasicismo.
En Roma,eI barroeo enlaza con e\ neoclasico en la «sislc-
malizaci6n» de 1;\ plaza del Popolo, obra de Giuseppe Vala~
dier. San Pelersburgo eS,entre lasgrandes ciudades, aquella
en donde el barroco tard io y el neoc\asicismo se asoeia n
par;\ formar eonjuillos de sorprendenlc fllllplitud y monu -
mentalidad. La plaza delScnado 0 de Pedro el Grande, eon -
ccbida en ticmpos de Catalina II para coloear la cstatua del
fundadorde la ci udad, obra genial de Falconet, es el foro de
San Petersburgo. Junto a ella, la plaza del palacio de lnvicr-
no ampHa el CClitro monumental, que tiene por punta focal
161

cI edificio del Almirantazgo. Tres grandes vias radialescon-


veTgcn en 1a torre del Alrnirantazgo: la perspect iva de la As-
cension; la pcrspectiva dcl,\lmirantazgo), la famo sa pers-
pectiva Nevski. Alejandro I. ya en plena epoca neoclasica.
eOl11pleta la obra de Catalina.
En el Paris neoclasico.es decir.el de NapolcOn I, abundan
Imls los proyectos que las realizaciones. La apcrtura de Ia
~ue Rivoli, los comienzosde la ordenacion del espacio com·
prcndido entre cI Louvre), las Tuileries, la pequefia Rue des
Piramides )' poco mas es 10 que c1 ern peTadoT puede acoll1c-
ter en su rant.ist iea carrera.
Pero cJ impulso estaba dado y allos despues apaTeceria cl
artifice capaz de lIevarlo a cabo. Nos r~reril11os al prert'eto
HaussOlann.que lIego ala a1caldia de Pads en 1853. La labor
deeste hombrecs co10sal, y 10 rcalizadocn un plazo de vei n-
t iei n(o anos parcel.' inverosirnil . Solo una tenacidad si n de·
sa licnto y unas dotes de adrninist rador excepcionales pudie-
ron logTado. Urbanisticalllente hablando. HauSSl11ann es un
conscrvador y sigue la linca eslt~ ti ca del Barroco con sus ali·
neaciones y gralldcs perspectivas. HaUSSOla nn no traz6 nin-
gu na avenida sill con tar con un fondo a rqu itcctonico. con
un edifido monumen tal que cerrara la visualidad. Tuvo el
t:lle:nto de aprove:char todos los ~d ifi cios si ngulares de Paris
)' cuando no los habia eI de: erea rlos. como sucede con la
Opera de Garnier. A la vez que embell eda la ci udad, abrfa
eOlllllnicaeiu l1('Svitales ell una Hgiomer,Ici6n que empezaba
a crecer desmesuradamente. Estas cortlunieaeiones ten ian
tambien un valor estratcgico. 51.' ha insistido mucho sabre
que uno de los objeth'os de Haussmann era de indole poli-
daea: poder aeudir rapidartle/lte con hi fuerz a al ll donde se
produda un mot in 0 un disturbiocualquiera.
£1 Paris dcJ bar6n Haussmann, con sus grandes avenidas
radiales heredcras del Barroco, con su arqui tect ura estricta~
mente uniformad:l, siguicndo la esteliea neocl;isica, que s610
podia alterarse en los edificios s;ngulares, es el mejor ejem~
r
LACII! DAD BAMM''' ./o. 163

Fig. 5i. Par(~. Pcrspectil'a de I~ iI ...on iJa de la Opcm. (nib. del aUlor.)
164 LECCION7

plo de 1<1 opuk'llt;\ ciudad burguesa del siglo XIX, de la Ville


Lumicre.
Entre los pocos conju rllos ncoclasicos que se llevaron a
cabo, dcbt'll figurar algunos de In ciudad de M ullich, que co-
Ilacio un g randioso desenvolvimicnto urbano en los reina-
dos de Luis [ )' r.·laximiliano II. La Karolincn Platz y la Ko-
n igs Platz, trazadas por Von Klenze entre 1854 y 1862 Y
rodcad as de cdifidos neoclasicos. como los Propileos y la
Gliptoteca}' la romantica j\-1axi m ilian Strasse, siguen siendo,
a pesar de los cambios sufridos. ordenaciones de gran belle-
za y caracter.
En Espail::J poco pudo hacerse en una epoca de crisis r de-
bilidad, despucs de Jas dcsvast.ldoras gucrras napoleonicas.
Como en loda Europa, cilconiramos mas proyectos que rea-
lizacion~s. l.as rcformas madrilcilas del ticmpo de Jose Bo-
naparte qUl'daron cn cl pilpe!, pcro su arquileclo, Silvestre
Perez, refugiado en las Provincias Vascongadas durante eI
rcinado dl' Fl'rnando VII. pudo Ilevar a cabo dos plazas neo-
cl:is icas regulares, las de San Sebastian y Bilbao, de gran in-
teres. En csa linea puedclI figurar hi Plaza Nueva de Viloria,

I:ig. 58. Viluria. l'!au ~Iaror. (Dib. de! autor. )


,
165

de Olaiguibc1.), la mas moderna Plaza Real de Barcelona. En


Espana, por lanlo, perduraba la no interrumpida tradici6n
de nuestras plaza s mayOTcs complctamente cerradas y de
uniforme arqu itectura.
Despues de la dcstrucci6n e incendio de San Sebastian en
1813 surgieron algunos p lanes ambiciosos para su recons-
trucci6n, como e1 de Ugartemendia. del mas genuine estilo
neocHsico. Proyccloscomo este ycomo cl del puerto de la paz
en Bilbao, de 180 I. SOil el precedente de los planes de ensan-
che de n ueSlras ciudades en la scgunda mllad del siglo XIX.
Tambien la ciudad de San Sebastian fue de las primeras en
preparar un plan de cnsanche que eSla \,c1., afortunadamen-
Ie, 5(' realiz6. Corlaza r ), Saracmar fucron los arquitectos que
obtuvieron el primero y segu ndo premio en eI concurso pro·
movido alai d ecto y en ambos proyectos, mejorandolos, se
apoya la real izaci6n. Esto dio lugar a una de nuestras mejo·
res, mas bellas)' armoniosas ciudades modernas. Los planes
de Castro pa ra d cnsa nche d e Mad rid (1860) ydeCerda para
cI de BarcclOl\3 (1860) fueron los instrumentos que posibili-
taron, y eSlo dcbelllos 3grade<:crlcs, d gran desarrollo urbano
de nucstras do ... grandes melr6pol is lO•

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