After The Afterlife
After The Afterlife
Capítulo 1
For those who will be missed
Lunes, enero 25
Bronco esbozó una ligera sonrisa y se levantó de su silla para ir a echar un vistazo a la
pantalla de su empleado. Era un buen editor, muy bueno en realidad, además de muy
trabajador; pero a veces sentía que el aspecto era demasiado importante para él en todo lo
que hacía. Tal vez él estaba anticuado o algo así, nadie leería una revista por más buena que
fuera, si no se veía bien. Algunos de sus sponsors eran importantes marcas de trajes
italianos o relojes alemanes demasiado caros para sólo dar la hora. Por su parte, su pelo
canoso se repartía por encima de su frente sin que él se molestase en peinárselo por las
mañanas ni siquiera, y sus camisetas preferidas eran las que venían de regalo con el tetra
brick de leche. Estaba claro que alguien como Ageha hacía mucha falta allí.
–Es terrible… Se ve como si la hubiera creado yo –se volvió a quejar, entregándole una
taza de café, y colocando la suya en la mesa, para poder rodearlo con un brazo –. ¿Cuándo
regresa Steiner?
—Esta noche, mañana… —movió la mano para echar un vistazo a la hora en el reloj de
Windows, ya eran las ocho y media de la noche —A mí no me ha llamado —le tocó el
brazo tras soltar el ratón, dándole una palmadita suave.
Steiner y Ageha tenían algo, no sabía cómo calificarlo, pero había algo entre ambos. En
realidad, lo más probable es que ni ellos mismos pudiesen darle un nombre a su relación.
–Más le vale, me siento tenso –se estiró, sonriendo un poco y procediendo a sentarse en las
piernas de Bronco con toda la confianza del mundo –. Me haces trabajar demasiado –se
quejó, dejando que los mechones de su cabello teñido de rosa, cayeran descuidadamente
sobre su frente.
—¿Ah sí? —se acomodó un poco, volviendo a sonreír y tocándole la espalda con una mano
—Si no te pasases medio día hablando, y el otro medio mirando a saber qué cosas en
internet, seguro que acababas a tiempo —. Se rio sin separar los labios apenas, y echó la
espalda hacia atrás para coger un cigarro de su bolsillo.
Hacía dos años y medio, más o menos, que trabajaba para él. Podría decirse que eran
amigos, o algo así, nunca había sabido definir muy bien la amistad; el caso es que sería
capaz de matar a alguien por Ageha y sin embargo… Lo miró, pensando que era muy
guapo, no sólo eso. Era el tipo de chico que hacía a la gente girarse a echarle un segundo
vistazo. Asiático, delgado pero con un cuerpo tonificado, (aunque tenía que arrastrarlo
siempre con él al gimnasio), alguien realmente atractivo, que además solía vestirse de
forma provocativa. Todo eso… sin mencionar esa sonrisa encantadora que tenía y lo
cariñoso que era… hacían que amistad no fuera una palabra tan simple cuando se refería a
él.
–Yo sólo me esfuerzo por estar informado, es todo –se rio, recostándose mejor contra él y
tomando su café para beber un poco.
Amaba trabajar allí, casi no se sentía como un trabajo. No era sólo la ventaja de reunir lo
que había estudiado, diseño gráfico, con algo que le había interesado toda la vida, lo
paranormal. También se llevaba bien con Bronco y con Steiner, era como estar en una
especie de familia, sólo que mejor.
—¿Por qué no vemos lo que nos ha llegado al correo, y dejas esa portada para mañana? —
le sugirió, pensando que seguiría odiándola mañana probablemente, pero no había nada que
hacer. Encendió el cigarro y se lo llevó a los labios, estirando el brazo para acercar un papel
apretujado que pensaba utilizar como cenicero improvisado.
—Creí que ya habías revisado el correo —lo miró, levantándose por fin para ir a buscarlo.
Lo habían dejado en una mesita cercana a la puerta, y tomó el manojo de sobres y cartas,
mirándolos por encima —Hay mucha publicidad… Mira, este se ve interesante, ábrelo —le
entregó uno ligeramente abultado que no parecía contener solamente papel.
—No te preocupes, si es así, me suicidaré para acompañarte, pero no antes de corregir esa
portada.
Bronco no pudo evitar mirarlo mientras se reía para sí. Lo cierto es que no se libraban de
correos electrónicos llamándolos de todo o burlándose, casi cada día, pero eran respetados
por el instituto de parasicología. Trabajaban con ellos de forma asidua en la revista, sólo a
cambio de promover aquellos temas.
“Algún día, la idiotez de toda esa gente escéptica quedará demostrada”, eso solía decir la
directora del centro, con cara de dignidad cansada y apretándole el brazo como si fueran
compañeros en una guerra imaginaria.
Alzó la mano tras abrir el sobre y le mostró lo que contenía, un dvd.
—Esto es nuevo —los ojos de Ageha se iluminaron con la curiosidad y abrió la bandeja del
dvd rom, como instándolo a ponerlo inmediatamente.
—Voy, seguro que es una amenaza de muerte o una peli porno —trató de calmarlo antes de
que se decepcionase, colocándolo de todas formas y apartándose un poco de la mesa como
invitándolo a sentarse en sus piernas de nuevo.
—Si es una peli porno, yo me la quedo —bromeó, sentándose sobre sus piernas de nuevo y
pensando que en realidad dependía de si no era algo asqueroso. Sin embargo, el reproductor
les mostró algo muy distinto, era la filmación de un entierro. La imagen se veía borrosa ya
que había sido tomado con un teléfono móvil al parecer, pero por lo menos, la mano que lo
sujetaba era firme.
Bronco se había quedado en silencio, al igual que él, y se aproximó más a la pantalla,
observando cómo, tras el cura que oficiaba la ceremonia, la silueta de un chico joven se
erguía. La grabación no era nítida para nada, pero de todas formas podía distinguirse cómo
una figura traslucida se movía hacia delante y atrás en un extraño balanceo. Estaba cubierto
por una especie de camisola, aunque los demás iban sumamente abrigados, y desde luego
aquella no era la ropa indicada para un chico. Casi parecía estar descalzo.
—No sé si esto es cierto, pero me pone los pelos de punta —le dio una palmadita en el
muslo y se levantó para ir a buscar sus gafas.
Ageha apoyó las manos sobre el escritorio, ya que lo había hecho ponerse de pie, mirando
la pantalla con detenimiento.
—He visto muchos fraudes ya, pero no sé si se pueda lograr algo así con este tipo de
cámara. No sé, parece muy integrado.
—Sí, parece filmado con un teléfono móvil —se apoyó en su espalda, mirando al monitor y
tocándose el mentón con la mano que sujetaba el cigarro —. Tendré que examinarlo más de
todas formas, pero vamos a ponernos con esto —tomó el sobre de nuevo, deseando ponerse
en contacto con el remitente, todavía era pronto y podía hacerlo. Lo volteó dos veces, pero
no había nada. Miró en el interior, nada, sólo el acolchado que protegía el Dvd. Miró al
suelo con la esperanza de que algún papelito se hubiera caído, pero no era así —. Genial, es
un anónimo —se quejó frunciendo el ceño.
—No da muchas esperanzas —lo miró Ageha, poniendo pausa por fin, pero sonriendo un
poco —. Es mejor así, ¿no? Eso significa que no es alguien intentando hacerse famoso.
Aunque de todas maneras no debe ser tan difícil encontrar ese cementerio si está cerca…
—No lo creo. Aquí hay tres cementerios y… ninguno sigue realizando entierros de esa
forma. Nichos…, eso es lo que hay aquí —palmeó la madera de la mesa —. En las paredes
—murmuró —. O bien es una filmación en un pueblo o algo así, o es algo de internet…, o
de otro país. ¿Quién sabe? Hasta podría ser una película experimental o algo así. Nos han
tomado el pelo muchas veces —cogió el sobre otra vez, mirando los sellos —. No, al
menos es de aquí, pero no sabemos de dónde procede. Tal vez Steiner sepa, le encantan los
cementerios.
—Si lo tiene, seguro que es hetero… —Bronco alzó una ceja sonriendo, y se sentó otra vez,
volviendo a reproducirlo y apretando el “espacio” para detenerlo en el momento en que
mejor se veía al chico. Observó luego a la gente a su alrededor, se veía muy mal, no
distinguía rostros, pero sí trajes y demás. Había poca gente, unos cuantos adultos, ningún
chico, eso era extraño para ser el entierro de alguien tan joven, que probablemente debería
tener unos cuantos amigos.
—Me arruinas las fantasías —se quejó Ageha, volviendo a sentarse y observando aquella
imagen también —. Es depresivo, ¿no? ¿Crees que sea de hace poco?
—No lo sé. Desde luego no es de hace siglos teniendo en cuenta la ropa de los asistentes y
que está grabado con un teléfono móvil, pero… podría ser un truco lo del móvil —
sospechaba de todo en realidad. Necesitaban un analista, tendría que llevarlo a la
universidad mañana —Y... siempre son depresivos —se rio, pasándole la mano por el brazo
tras colocarse el cigarro entre los labios.
La puerta sonó tras ellos y un chico de cabello largo y negro se apoyó contra el marco,
sujetando un casco de moto en una mano y alzando la otra.
—Demasiada información a la vez. Me quedo con lo de que me has echado de menos —lo
sujetó por la cintura para besarlo, y Bronco giró un poco la silla antes de levantarse con el
Dvd en la mano, llevándolo hacia su portátil.
—Estás muy moreno… —comentó mientras iba hacia su escritorio —¿Qué tal? ¿Has
sacado algo de provecho?
—Tengo material para unos cuantos reportajes… —le contestó, sujetando a Ageha contra
él todavía, acariciándole el cabello.
—¿Fotos? —le preguntó el chico, ya que era lo que le atañía a él —Buenas fotos —le
pidió, mirándolo a los ojos de tal manera que no parecía que estuvieran hablando de
trabajo.
—Tengo fotos de unos templos donde practicaban unos cultos bastante raros… algunas
filmaciones de lugares extraños… Tengo de todo —lo miró a los ojos también, tocándole el
cabello en la nuca.
—¿Has ido a esa ciudad abandonada? —le preguntó Bronco, pensando que mejor si se
largaban ya, lo estaban poniendo incomodo, además siempre era la misma historia. Tal vez
estaba un poco celoso y por eso le molestaba tanto…
—Sí, y casi me matan… Bueno, ya lo hablaremos mañana, ahora tengo hambre y… —miró
a Ageha de nuevo, sonriendo al observar sus labios —¿sueño?
—Sueño, sí —sonrió levemente el chico, apartándose —. ¿Está bien si termino esa portada
mañana? Tal vez se me ocurra algo para arreglarla.
—Sí, largaos de una vez… —frunció el ceño un poco, y Steiner soltó a su editor para que
cogiese sus cosas e irse.
—No gruñas —Ageha fue a su escritorio, finalmente llevándose el ordenador portátil por si
se le ocurría algo en casa y se acercó a Bronco, besándole una mejilla —. No te quedes
hasta muy tarde.
—No… —murmuró serio, aunque luego negó con la cabeza y sonrió un poco al escuchar la
puerta cerrarse.
Steiner besaba a Ageha tras la misma una vez más, antes de bajar las escaleras del antiguo
edificio con el chico rodeado por los hombros.
La editorial estaba en el primer piso, así que, no era un gran problema que no hubiese
ascensor, y el alquiler era más barato.
—Un burrito de microondas, pero quisiera algo más… sustancioso —sonrió, mirándolo y
sujetándolo por la cintura luego. Lo encontraba irresistible, pero era más que eso, con él se
sentía completamente compenetrado. Lo suyo era algo físico, pero acompañado de un
cariño innegable.
Steiner se rio, sentándose en la moto y metiendo el brazo por dentro del casco, ya que no se
lo ponía para ir hasta casa desde allí. Sabía que no estaba bien, pero no era el rey de la
prudencia, así eran las cosas.
—Tengo comida tailandesa ahí —le dijo cuando se sentó tras él.
—Genial, sabes que me encanta —lo rodeó por detrás, pegándose a su fuerte espalda y
entrecerrando los ojos —. ¿Tú me extrañaste a mí?
—Claro que sí, mucho —sonrió un poco, sintiendo su cabello largo moverse con el viento,
y pensando que iba a enmarañársele. Cuando se pararon en un semáforo, aprovechó para
recogérselo con una goma —. ¿Ya me has puesto los cuernos con el jefe?
—¿Qué cuernos? ¿Acaso eres mi marido? —le preguntó medio en broma, riéndose —
Mejor dime tú que no te enrollaste con un chico exótico en tus viajes.
Ageha había fruncido ligeramente el ceño, pero suspiró, soltándose con reticencia en cuanto
el moreno hubo aparcado, mirándolo mientras cogía la comida de atrás.
—Antes de ir pasé por casa para dejar mis cosas, pero están por el suelo —le advirtió,
aunque sabía que no le importaba eso. Le dio una nalgada y lo aproximó a él otra vez —.
No quería esperarme más para ir a verte.
—Yo también me estaba desesperando. No me gusta cuando te vas por tanto tiempo, me
tenso.
En realidad le encantaba estar por ahí, pero no mentía, era una mierda no poder verlo. No es
que no se consolase con otra compañía, pero Ageha era especial, cuando estaba en casa,
siempre regresaba a él. Los dos lo hacían, era algo que parecía haberse decidido por un
acuerdo tácito entre ambos.
Steiner resopló ligeramente y lo levantó a horcajadas, riéndose mientras salían del ascensor,
y abriendo la puerta como podía, sin dejar de besarlo. La empujó con un pie, y lo dejó
bajar, soltando el casco y la bolsa con comida sobre la mesita de la entrada. No dejaban de
besarse, y le abrió la cazadora enseguida, bajándosela por los brazos y tirando de ella para
apretarlo contra él mientras le besaba el cuello.
Ageha también se estaba riendo, sus manos intentando subir la camiseta de Steiner,
buscando bajo la misma para sentir su piel cálida y familiar. Finalmente tiró de él,
guiándolo hacia la habitación.
—Ya… ya voy… —se pasó la lengua por los labios, siguiéndolo y tirando la cazadora de
cuero blanco por el camino. Le sacó la camiseta y se inclinó hacia él, oliéndole el pecho y
sintiendo su aliento temblar un poco mientras lo lamía. Le mordisqueó y lo tiró en la cama,
subiéndose sobre él enseguida.
—Hum… te he extrañado más de lo que pensaba —se rio el chico, deslizando las manos
por sus hombros y hasta su espalda, relamiéndose mientras miraba en sus ojos azules.
Steiner entreabrió los labios contra los suyos, sintiendo su aliento y tocándole la lengua con
la suya.
—Yo también, y… esto —le bajó los pantalones y besó su sexo, metiéndoselo en la boca
enseguida, apretándole las nalgas con fuerza y elevándoselas un poco del colchón.
—Ahn… Oh, sí, eso… —gimió, estirándose y alzando los brazos por encima de su cabeza
debido al placer. Ya estaba completamente erguido, Steiner era un experto en excitarlo —
Qué lengua…
—A ver qué tal aquí… —lo dobló un poco sobre su propio cuerpo y comenzó a lamerlo. Su
lengua entraba y salía entre sus nalgas. Se las mordía tras arrastrar la lengua por ellas. Él no
necesitaba ni que lo tocase, sólo con aquello, su sexo ya estaba como una piedra,
marcándose bajo los apretados jeans.
—Ahí… también, y por dentro… —se rio, revolviéndose un poco y bajando las manos por
su propio cuerpo. Estaba ardiendo, no necesitaba mucho para encenderse así —Hazlo…
sabes que quieres…
—Ah… te voy a dar —le amenazó sonriendo y mordiéndole el muslo, cerrando los ojos y
oliendo su piel, marcándosela cerca de la ingle. Volvió a tomar su sexo, colocándose sus
piernas por encima de los hombros y apretándose las mejillas con ellas mientras succionaba
su sexo.
—Mhm… así… no se puede… —jadeó Ageha, cerrando los ojos, y sonriendo de nuevo,
alzando un poco las nalgas como buscándolo, realmente tenía una lengua increíble.
—Claro que se puede, sólo que cuando yo lo digo… —se escuchó el tintineo de su cinturón
de hebilla metálica al abrírselo, sonreía y subió entre sus piernas de una sola vez.
Besándolo agresivamente y frotándose contra su sexo antes de penetrarlo —Oh… sí —
jadeó rompiendo el beso sólo para escucharlo gemir —. ¿Te gusta? —preguntó contra sus
labios.
—Oh sí… Me gusta —se rio entre gemidos, rodeándolo con las piernas e intentando
atraerlo para que lo besara de una vez. A juzgar por cómo lo estaba tomando, sí que lo
había extrañado y eso era algo de apreciar.
—Ah… —jadeó, riéndose contra su boca antes de besarlo. Sus caderas chocaban contra las
nalgas del asiático y la cama estaba provocando un sonido muy característico. El viejo
jergón de muelles parecía ir a romperse de un momento a otro, pero aguantaría las batallas
que le echasen —¡Humph! —rompió el beso de nuevo, separándose un poco de él para
arrodillarse y sujetar sus caderas. Lo movió contra él con brusquedad —Así te gusta —le
encantaba su cuerpo manejable, flexible. Resopló para quitarse unos mechones de delante
del rostro, pero cayeron de nuevo delante, los ignoró, observando su rostro delicado y la
forma de sus labios al gemir.
—Si… me encanta… ah… —Ageha lo estaba mirando de aquella manera casi afiebrada,
gimiendo abandonadamente ahora. Realmente era atractivo, le era imposible resistirse, y
esa manera de moverse… Cerró los ojos riéndose, y dejando que el cuerpo de Steiner lo
moviera, dejándose llevar, su propio sexo rebotando contra su abdomen.
Un estremecimiento violento recorrió el cuerpo de Ageha y gimió una vez más entre los
labios de Steiner, sus ojos cerrados ahora, completamente entregado al placer. Lo apretaba
contra su cuerpo tanto como le era posible, sus lenguas entremezclándose, su sexo pulsando
con urgencia.
—Oh… —Steiner apoyó una mano en el cabezal de la cama para moverse con más brío y
apretó su mano en el sexo de Ageha como si la vida le fuera en ello. Entrecerró los ojos
mientras eyaculaba, sonriendo un poco aun entre jadeos al sentir el semen del chico salpicar
su abdomen.
Volvió a besarlo enseguida, escuchando unos golpes contra la pared, que provenían del piso
de al lado. ¿Es que todavía no comprendían que no le importaba un carajo?
—¡Gracias, gracias! —les gritó Ageha, riéndose luego y pasándose una mano por la frente
para secarse el sudor —Eso sí es una bienvenida…
—Ah… que les den —se dejó caer a su lado, golpeando la pared de vuelta y moviendo el
brazo luego para aproximarlo a él —. Ahora sí tengo hambre…
—Yo también, y me siento… —se rio, abrazándolo y besando su pecho, oliéndolo un poco
—Ahora sí me podré concentrar. ¿Me vas a contar todo lo que hiciste?
—Oh, nos llegó un Dvd —Ageha se alzó entusiasmado, mirándolo a los ojos, aunque sabía
muy bien que debería tener por lo menos una quinta parte del escepticismo que tenía
Bronco —. Es un funeral, pero aparece la imagen de un chico… un fantasma.
—Hum… —sonrió, levantándose de la cama y subiéndose un poco los jeans, cogiendo una
camiseta para secarse el abdomen y tirándola al suelo. Fue a la sala a buscar la comida y se
recostó otra vez en el colchón —Habrá que verlo.
—Se ve bastante real, ¿eh? Fue filmado con la cámara de un teléfono móvil. No lo sé, yo
quería averiguar acerca del cementerio, por eso Bronco me dijo que a ti te gustaban. Es un
funeral anticuado…
—Le echaré un vistazo mañana —abrió unos tallarines y empezó a comer, mirándolo a los
ojos como examinándolo —. Come… —lo invitó, sonriendo de nuevo —¿Sabes que un tío
casi me pega un tiro? Al parecer en la ciudad esa a donde me mandó tu jefe… sí había
alguien. Un tipo que se encarga de que no saqueen más aquello.
—¿Le mostraste tu identificación? —sonrió porque sabía que eso era algo estúpido cuando
te encontrabas con alguien así en el medio de la nada, y comenzó a comer con él,
acomodándose mejor —En serio, Steiner, no lo digas así, parece que Bronco te hubiera
intentado matar.
—Yo creo que sí… —se rio, llevándose la comida a la boca de nuevo —Estabais muy
juntitos los dos cuando llegué.
—Sabes que Bronco me da cariño y estoy muy necesitado —se quejó poniendo cara de
tragedia y cogiendo mas tallarines luego, sonriendo —. ¿Celoso?
—No sé qué es eso… —le besó los labios antes de que se llevase los tallarines a la boca, y
luego se los comió él de sus palillos —Te traje esto —se sacó una pulsera con cráneos
pequeñitos tallados en marfil. No era un regalo precisamente romántico, y mucho menos
iba envuelto, pero había pensado que le gustaría. No se lo regalaba con ninguna intención
complicada.
—Oh, genial… No tendrá una maldición, ¿no? —le preguntó, aunque poniéndoselo y
riéndose luego, tendría que preguntarle a Bronco. Steiner solía traerle cosas que
consideraba interesantes siempre que se iba de viaje, era natural. En realidad, él nunca le
había pedido nada.
—No, no la tiene —se rio, apoyándose en un codo —. Se supone que da buena suerte, está
hecha de huesos humanos… —le mintió, apartándose el cabello de delante de la cara.
—¿Huesos humanos? ¿En serio? —el chico la miró, desconfiado —Mejor me la quito para
comer, no me digas que la sacaste de esa ciudad.
—Es broma —le sujetó la muñeca y le besó la mano antes de soltársela —. Y no, se la
compré a un tío que vendía ídolos extraños, pero esos me dieron un poco de cosa.
—¿Y por eso me la trajiste? —lo miró fingiendo estar molesto, pero se le escapaba una
sonrisa sin que pudiese evitarlo. Lo empujó, riéndose por fin —No es gracioso, madura.
—Venga, claro que es gracioso —se rio también, dejándose caer en el colchón y cruzando
el brazo tras la cabeza. Con él se sentía como si hubiera llegado a casa, de haber tenido que
quedarse sólo en aquel piso vacío…
Odiaba cuando discutían. Lo miró e hizo labios de beso, esperando uno y levantando un
poco el otro brazo.
—No sé, no sé… —Ageha se quejó, aunque besándolo por fin, abrazándose a él con
cuidado de no tirar la comida —No me gusta que te ausentes por periodos tan largos…
—Yo a ti, me hubiera gustado ir contigo, pero entonces… no tiene mucho sentido tener una
revista —se rio, además pensando en que Bronco se sentiría muy solo y tendrían que
llevárselo también y eso ya no era un trabajo, era una excursión.
—Eso suena a unas vacaciones —le pasó las puntas de los dedos por la espalda, dibujando
el arco de sus nalgas y sonriendo —. Además, los reencuentros son tan buenos…
—En eso tienes razón, son excelentes —Ageha le besó el pecho, sonriendo y recostándose
sobre el mismo.
Steiner le apretó las nalgas con la mano que lo había estado acariciando y comenzó a
tocarlo de nuevo, bajando la mirada hacia su rostro como buscando una señal para
continuar. Ageha le sonrió de manera traviesa, besándolo con suavidad y susurrando contra
sus labios
Martes, enero 26
A las cuatro de la madrugada, Bronco seguía en la oficina, tirado en el sofá de cuero gris
azulado y observando la pantalla de su portátil. Había hecho varias capturas del supuesto
espectro, e incluso de algún que otro de los asistentes al entierro. Más que nada los que
tenían unos rasgos más distinguibles. Tenía a un hombre no mucho más mayor que él, de
cabello castaño y corto, caucásico, sobre un metro ochenta de altura y complexión fuerte.
Estaba delante, tal vez era un familiar, parecía llevar perilla, pero no era capaz de
distinguirlo con tanta precisión. Por supuesto, tenían al párroco, (obviamente no había nada
que decir de su atuendo), calvo, bajo y caucásico. Tal vez alguien lo reconociese si
preguntaban en las parroquias cercanas. También podía distinguirse a dos mujeres de unos
treinta años, ropa negra y discreta, cabello negro ambas. Colgó las fotos en la página web
de la revista para ver si alguien les echaba una mano. No facilitó el video, ni dijo para qué
deseaba identificarlos, sólo que eran unas personas en un entierro. Luego se quedó mirando
la captura del mentado espectro, esta no la colgó, por algún motivo… se sentía protector
hacia él.
No podía distinguir muy bien sus rasgos, pero le dio la impresión de que estaba muy
confundido. Sabía que los espíritus suelen encontrarse confundidos, incapaces de asimilar
que han muerto. Tal vez fuera su caso. ¿En qué momento había dejado de interesarle
aquello como caso y había pasado a preocuparle un espíritu? Ni que él pudiese hacer algo
por ayudarlo.
La verdad es que siempre había sido un buen sensitivo, para bien o para mal, podía notar
cosas, incluso verlas u oírlas a veces. Probablemente no era tan bueno como otras personas
más abiertas a esa facultad, pero el caso es que había formado parte de alguna investigación
de la universidad parasicológica y estaba bien considerado. De todas formas, no le gustaba
mucho eso. Era como si se metiesen en su cabeza y luego le costaba sacárselas.
Se llevó el cigarro a los labios, subiéndose las gafas, que se habían escurrido por el puente
de la nariz. La verdad es que las patillas estaban ya un tanto flojas de ponérselas en la
cabeza, de dejarlas en el sofá y sentarse encima… de que se le cayesen por debajo del
asiento del coche cuando se las quitaba luego de un trayecto…
Resopló, levantándose para hacerse otro café, y cerrando las fotos que tenía abiertas. En el
fondo de la pantalla tenía dos perros lobo jugando en la nieve.
Pensó en Ageha y Steiner; esos dos… seguramente se habían pasado la noche devorándose
el uno al otro, y él allí a dos velas. Steiner siempre se quedaba con todos, era el típico
“capullo encantador”. Y él que había pensado que Ageha se interesaba por él al principio…
ahora era algo así como su papá. No es que aquello le disgustase, era sólo que estaba
celoso.
Chasqueó los labios y echó un terrón de azúcar al café antes de recostarse de nuevo en el
sillón, esta vez boca arriba. Había impreso una de las capturas del chico y la alzó frente a su
rostro para mirarlo. Tenía el cabello negro, un aspecto muy delgado, casi como si fuera un
chico enfermo. Hablar de su palidez… no tenía sentido realmente, ya que no parecía que
esa fuese su tez natural. Le parecía que sus ojos eran de un color claro, tal vez azules como
los suyos.
—¿Quién eres? —le preguntó, sintiéndose un poco estúpido, pero a veces hacía esa clase de
cosas. Se quedó en silencio, no sintió nada —¿No quieres que te ayude? —esperó… nada.
Se giró de medio lado en el sofá y dejó la foto sobre el puff donde tenía apoyado el portátil.
Se sorprendió al no ver a los perros en la pantalla. ¿Es que no había cerrado las fotografías?
No podía estar completamente seguro.
Se quedó mirando la imagen fijamente, se había ampliado sola hasta que casi podía
distinguir píxeles y apenas nada más. Estaba sorprendido, pero no asustado, acostumbrado
como estaba a ese tipo de cosas, aunque trataba de no comentarlo demasiado. La redujo un
poco y se fijó en qué era lo que había en el rectángulo ampliado. Se trataba del rostro de
aquel hombre moreno y alto.
*****
Bronco se había quedado a dormir en la oficina sobre el sofá, y todavía estaba tomándose
un café en su escritorio, con cara de estar medio dormido cuando llegaron los otros dos.
—Ageha, tienes el reportaje de Dana sobre la mesa listo para corregir y montar —le
advirtió, señalando hacia allí de cualquiera manera —. Lo trajo esta mañana.
—¿De qué va? —preguntó Steiner echándole un vistazo por encima —¿Otra vez de
asesinatos macabros? —se rio y lo dejó caer en la mesa de nuevo. A veces hablaban de
cosas de ese tipo también, aunque no tuviesen nada de sobrenatural.
—Es lo que le interesa, además, son entretenidos… —sonrió Ageha, acercándose para
besar a Bronco en la mejilla, antes de ir a por una taza de café. Se sentía energizado luego
de lo de anoche —Bronco… dime que fuiste a casa a dormir.
—Me fui a casa a dormir… —le contestó mientras leía y se bebía un poco de café.
—Seguro, pero lleva la misma ropa de ayer, y no se ha afeitado esta mañana —Steiner le
dio una palmada en la espalda y Bronco resopló.
—Déjame en paz, tengo cosas que hacer. ¿Has visto ya ese video?
—Pero si acabo de llegar… —se rio el moreno.
—No, ni Ageha, pero a él no le dices nada —lo ignoró y se sirvió una taza de todas formas.
—Steiner no tenía café, ayer solo compró comida tailandesa y su nevera estaba casi vacía
—se quejó el aludido riéndose y dirigiéndose a su escritorio para revisar aquel reportaje.
—No te he dicho nada a ti… —lo miró, sonriendo un poco —A ti sí te doy de mi café.
Steiner se puso a mirar el video, jugando con un bolígrafo mientras tanto y sonriendo por el
tema del café.
—Sí, estoy muy interesado. He puesto en la página algunas fotos de la gente que estaba allí,
pero de momento no he obtenido ninguna respuesta que nos sirva —bebió otro poco de
café, mirando a Steiner —. ¿Te suena ese cementerio?
—Es lo que estaba mirando, bueno… —se levantó, acudiendo a su escritorio, que era un
auténtico desbarajuste. Encendió el ordenador y se quedó de pie, apoyado contra la mesa —
Tengo que ver fotos y comparar, pero creo que debe ser de por aquí.
—¿Cómo lo sabes?
—Bueno, es el aspecto que suelen tener los cementerios de las afueras por aquí, el aire aquí
es de ese color, y las luces de… Al fondo se ve la matrícula de un coche. Que estáis en el
mundo para que haya de todo… —se rio.
—Yo sabía que no podía ser tan difícil —se rio Ageha, aunque estaba exagerando por
supuesto, y se giró, encendiendo su ordenador para terminar lo de la portada esa por fin. Iba
a poner la imagen en sepia, así se vería más clásica y no tan… incongruente.
—Bien… encuéntramelo —le pidió Bronco, tocándole el hombro a Steiner.
—Si lo encuentro… ¿quieres que vaya a echar un vistazo a ver si merece la pena? —le
preguntó, alzando un poco la cabeza.
—¿No? —Ageha alzó una ceja, ligeramente sorprendido, ya que Bronco no solía ser tan
velado en sus investigaciones. Ellos y la universidad tenía un vínculo de colaboración que
estaba seguro causaba la envidia de muchos otros que se hacían llamar “investigadores
paranormales.” —¿Por qué no?
—Porque no, no quiero que nos roben el caso. Seguro que se entusiasman y quieren meter
las narices demasiado. Al final acabamos siendo sus asistentes.
—Creía que te gustaba que nos hicieran el trabajo sucio a veces… —comentó Steiner sin
apartar la mirada de las fotografías.
—No piensa sólo con la punta, piensa con toda su longitud —se rio Ageha, encogiéndose
de hombros también y volviendo a mirar su ordenador, preguntándose en realidad por qué
se lo tomaba tan a pecho. Ya se lo preguntaría cuando estuvieran a solas.
—Vale… basta de hablar de mi polla —los riñó, riéndose mientras se sentaba tras su
escritorio.
—Tienes los reportajes sobre la mesa —le advirtió Steiner —, échales un vistazo a ver cuál
quieres que prepare.
Bronco le echó una mirada como recordándole que él era el empleado, pero no le sirvió de
nada, porque Steiner no estaba mirando.
A las seis y veinte, Steiner se levantó de pronto de su escritorio como si le hubiera dado
calambre la silla, cerrando el ordenador a las prisas.
—Vale —se volteó y siguió hablando con el sponsor, disculpándose sin muchas ganas.
—¿Ya llegaste y ya te vas? —se quejó Ageha como si fuera a hacer un viaje de meses,
poniéndose de pie y acercándose —¿Quieres que te acompañe?
—Ah, papá… —se quejó Ageha con gesto de desánimo, aunque sabía por qué lo hacía, no
estaba enfadado realmente —Bueno, me quedaré aquí y seguiré moviendo fotos y texto
como todas las noches… —aún así besó a Steiner, sonriéndole —No hagas cosas kinky de
cementerio sin mí.
—Voy a trabajar… —puso cara de indignación fingida, besándole la frente antes de salir
Bronco colgó al cabo de un rato y suspiró, pensando que le dejaban la oreja caliente con
tanto rollo y exigencia.
—¿Te parece que tenemos poco trabajo pendiente? Te recuerdo que tienes que corregir el
reportaje de Dana, y el de Steiner, y eso último te puede llevar dos días.
—Ya lo sé, ya lo sé, no me riñas que te hice caso, ¿o no? —le sonrió divertido ante su cara
de estrés, y se fue a sentar en su escritorio —No me puedes culpar por intentarlo.
—Claro que puedo, lo he hecho… —se sentó otra vez y cogió un cigarro, secretamente
mirando de nuevo esa fotografía, en lugar de ponerse a trabajar otra vez —¿Cuántos años
crees que tenía?
—¿Quién? —le preguntó girándose y sonriendo un poco al darse cuenta de lo que miraba
—¿Es porque se ve joven?
—¿Hum? Es porque es un buen caso —se movió un poco para quedar tras su monitor,
percatándose de que lo había preguntado realmente.
—No lo sabemos aún —le recordó sin apartar la mirada —. Parece como si te afectase
personalmente. Sabes que puedes hablar conmigo, ¿verdad? No se lo diré a Steiner.
—Es que sé que no es un montaje… —lo miró, inclinándose un poco para poder verle la
cara —Lo sé de esa manera.
—Oh… Pues entonces no lo es —le aseguró completamente serio, poniéndose de pie para
ir a mirar la foto junto con Bronco —. Parece un adolescente, un chico muy joven en todo
caso.
—¿Tú crees? —se pasó la mano por el cabello, frotándose la nuca después —A mí me
parece que tiene expresión de adulto, aunque sea menudo… Tú también lo eres —giró la
cara para mirarlo, como si no supiese de sobra su fisonomía.
—Lo sé, por eso dije que parecía un chico joven en todo caso. No creo que tenga cuarenta
años tampoco —bromeó sin poder evitarlo, carraspeando luego y añadiendo —Yo tampoco
los tengo, ¿eh? Eh… ¿crees que sabe lo que está pasando?
—No, no lo creo, creo que necesita ayuda. Aunque no sé si podemos dársela —se encogió
de hombros, observando aquella foto borrosa —. Espero que Steiner no se haya equivocado
y tenga buenas noticias.
—No lo creo, ya dijiste que le gustan los cementerios, él ha de saber —le aseguró,
irguiéndose y colocándose detrás de su silla para masajearle los hombros —. No te estreses
demasiado, ¿eh? Haremos lo que podamos, hasta donde podamos.
—No me estreso, y menos si haces eso… —sonrió un poco, alzando la cabeza para mirarlo
—¿Te importa que salga un momento para tomar una ducha?
—No, no me importa, eres el jefe —sonrió dándole un apretón más en los hombros e
inclinándose para besar su frente. Sabía que Bronco no sólo era sensitivo sino también
sensible. Por eso lo quería tanto y por eso se preocupaba cuando parecía interesarse de más
por un caso, no quería verlo triste.
—Vale, soy el jefe pero tengo responsabilidades de todas formas —alzó una ceja y se
levantó, apagando su ordenador y cogiendo una carpeta antes de apartarse del escritorio —.
Avísame si llama Steiner y sabe algo.
—Aquí estaré —le hizo un saludo militar aunque guiñándole un ojo, y fue a por más café.
Prefería atiborrarse de trabajo ahora que no estaba Steiner, para poder disfrutar después.
*****
Bronco salió de la ducha, pensando que se había pasado con el agua caliente, estaba todo el
baño lleno de bruma y el espejo empañadísimo como para afeitarse.
—Otra vez será —murmuró para sí, frotándose el cabello con una toalla pequeña para
secárselo de cualquier manera. Pasó la misma toalla por el resto de su cuerpo en la
habitación, y se sentó desnudo sobre la cama, revolviéndose el cabello con la mano y
sacudiendo la cabeza ligeramente para alborotarlo.
Suspiró profundamente, tomando aire mientras miraba su propio reflejo en el espejo del
dormitorio. Se quedó así por unos segundos, reconociendo la extraña sensación de no estar
solo. La mayor parte de la gente creía que sólo era eso, una sensación, pero él sabía que no
era tan simple. Si te parece que no estás solo, es que no estás solo. No se giró, observaba la
pared del fondo desde el cristal.
—¿Eres tú? —le preguntó, de nuevo sin obtener respuesta. Esperó por unos segundos y se
resignó, levantándose y poniéndose unos calzoncillos con la goma ligeramente floja ya, que
se le caían hasta debajo de las caderas. Cuando alzó la vista al espejo, notó una bruma
delante de él por un flash de unos segundos. Tuvo que contenerse para no emitir un jadeo
de sorpresa. El corazón le iba deprisa y se giró despacio. Por supuesto que no hay nadie, se
dijo.
Sin embargo, un leve sonido lo desmintió, el sonido de algo deslizándose lentamente contra
el vidrio. Era débil, pero inconfundible, a pesar de que no se veía nada en el mismo aparte
del reflejo de la habitación. De pronto se detuvo, tan abruptamente como había
desaparecido aquella bruma.
Bronco se pegó al cristal, mirándolo fijamente. No veía nada, pero estaba seguro de que
había escrito algo en él. Acercó los labios al cristal y dejó salir su aliento, empañándolo
donde había estado la bruma. No vio nada y probó de nuevo.
Sus ojos azules se reflejaron en la superficie pulida. Un circulito empañado por su aliento y
en el medio una marca. ¿Era una letra o simplemente una ralla? Podía ser una “i”
mayúscula, tal vez una “j” inacabada, una “l”.
Sonrió ligeramente porque se comunicase con él y se echó hacia atrás, sentándose en la
cama de nuevo y sintiendo cómo se hundía el colchón a su lado ligeramente, como si
alguien más estuviese allí.
Cerró los ojos, tocando el colchón donde se había hundido, tratando de sentirlo. Se movió
un poco hacia delante, sintiendo un miedo increíble que no era suyo, era el del chico.
Desconcierto… Sentía la mano sobre la colcha, helada, pero por su espalda resbaló una
gota de sudor frío. No podía ver nada, absolutamente nada, era la primera vez que no veía
nada de esa forma. ¿Esto es la muerte? ¿Nada? Se preguntó.
La sensación desapareció de pronto, y abrió los ojos como si todavía no estuviese del todo
allí. Había un grito mudo dentro de su cabeza, como si resonase desde muy lejos, algo que
nadie en aquella habitación hubiese podido escuchar, pero que era tan real para él como la
cama sobre la que estaba sentado.
Jadeó, incapaz de levantarse de la cama, no era capaz de ver su cuarto ni su propio reflejo,
que ahora estaba bastante más pálido. Tampoco era capaz de hablarle o buscarlo, estaba
descontrolado.
Se sintió como empujado de pronto, y con los ojos abiertos como los había tenido desde
antes, se vio en el espejo de nuevo, percatándose de que estaba muy pálido. Se había ido, ya
no estaba allí. Sacudió la cabeza, frotándose la nuca y su piel ahora fría, necesitaba
ayudarlo, porque si no, no se lo sacaría de la cabeza jamás.
Ageha se estiró en su asiento, haciendo un sonido que más parecía de protesta que de
cansancio, y en cierta forma lo era. Le gustaba su trabajo, en realidad amaba su trabajo,
pero no así el pasar mucho tiempo solo. Incluso cuando Bronco estaba concentrado y no le
hablaba, se sentía acompañado, pero esta noche se había quedado para adelantar algo,
además de que alguien tenía que atender la llamada de Steiner.
Miró el teléfono como ordenándole que sonara y casi pega un salto cuando el mismo lo
hizo. Se rio, levantándose corriendo a contestarlo.
—Tengo buenas noticias… —le dijo la voz de Steiner al otro lado. Estaba en la parte final
de un cementerio comarcal y bastante pequeño, iluminando una tumba en el suelo, con la
luz de su linterna.
—El hombre del cementerio me dijo que era un universitario de por aquí, su familia era del
pueblo. Se llama… —alumbró la tumba otra vez y se apartó el cabello que había caído por
delante de su rostro —Jiken Foster.
—Me dijo que se suicidó, y que era un poco raro, medio chino, pero apuesto a que era
medio japonés —dijo con ironía.
—Sí, Jiken es un nombre japonés —le aseguró sonriendo un poco. Un suicidio… Eso tenía
sentido —. ¿Has visto algo tú?
—Nada, sólo una tumba y ya está, lo que era de esperar. Bueno, me voy a quedar a pasar la
noche en una posada para estudiantes que me ha dicho el hombre este… —miró hacia atrás,
preguntándose si los ruiditos los hacía él espiando que no hiciese nada malo. Si era así,
claramente no era ningún ninja.
—Vale, y… ten cuidado, ¿eh? Bronco está convencido de que es real y yo también —le
aseguró, sujetando el auricular con ambas manos.
—Vale, pero llámame en cuanto sepas algo. Y no seas gracioso, recuerda que un espíritu
confundido… está confundido —se rio, aunque sentía una gota de sudor frío recorrerle la
espina dorsal. Él no era nada sensitivo, sólo estaba nervioso por Steiner
—Pero ¿tú no sabes que los espíritus aman a los chicos guapos? Procuraré que no me viole
—se rio, hablando un momento con el vigilante al salir y pensando que sí debía haber sido
un animal lo de los ruidos —. Vale, mañana te llamo.
—Vale, extráñame y mantente alejado de esos universitarios. Aún no saben nada —le
advirtió medio en broma, enviándole un beso a través de la línea —. Yo seguiré matándome
en la oficina.
—Tú no te sientes demasiado en sitios calientes, que luego pasa lo que pasa —le
recomendó, colgándole y riéndose mientras se guardaba el móvil en el bolsillo. Miró hacia
atrás un momento, y se puso el casco, la verdad es que ese cementerio tenía bastante de
tétrico.
—Sitios calientes… Extraño tu polla, Steiner —le habló el chico al teléfono, a pesar de que
el moreno ya no lo escuchaba y colgó, estirándose de nuevo antes de volver al trabajo.
—Lo siento —se disculpó Bronco por haberse retrasado, la verdad es que se había quedado
dormido después —. Me eché en la cama porque estaba mareado y… me quedé dormido —
cerró la puerta y caminó por la oficina deprisa, quitándose la cazadora por el camino.
—No importa, he adelantado bastante a decir verdad —el chico alzó la cabeza, preocupado
—. ¿Por qué estabas mareado? Si te sientes mal, no deberías haber regresado.
—Estoy bien ahora, creo que me duché con agua demasiado caliente —se explicó,
mintiendo un poquito y sentándose tras el escritorio —Vete a casa ya si quieres, es tarde…
—comenzó a decirle mientras encendía el ordenador —¿Has sabido algo de Steiner?
—Sí, acaba de llamar —le mostró el bloc de notas con el nombre del chico y el dato de que
era un suicidio —. Iba a buscar en internet por ver si descubría algo. Steiner se va a quedar
esta noche en una posada para estudiantes.
—Vale… —se quedó mirando las notas, pensando como siempre, que Steiner era muy
bueno. Sólo por eso merecía la pena soportar sus desaires. ¿Así que se llamaba Jiken? Se
movió un poco en la silla, mirando a Ageha, que se había acercado para llevarle las notas
—Vete a casa y descansa.
—¿Estás seguro de que vas a estar bien solo? —le preguntó con un gesto de desconfianza
—¿Qué piensas hacer?
—Exactamente lo que tú has dicho, buscar por internet —sonrió alzando una ceja y
haciéndose el inocente —. ¿Qué quieres que haga?, el Indiana Jones residente es Steiner.
—Es más sexy que Indiana Jones —bromeó riéndose y acercándose para besar su frente —.
Bien, me iré, pero cuídate. Descansa, y si te sucede algo raro, llámame. Ya me llega con
preocuparme por Indiana Steiner.
—Intentaré no cortarme con el abrecartas y evitaré que me salte corrector al ojo —se rio,
negando con la cabeza y despidiéndolo con la mano para que se largase. La verdad es que
le agradaba que se preocupase así por él, pero necesitaba estar a solas con la cuestión, por
así decirlo.
Capítulo 3
The bonds between us
Parte I
Miércoles, enero 27
Se detuvo frente a la puerta, alzando la mano, sin llamar y frunciendo el ceño. No era su
primera cita, pero siempre se ponía nervioso, como si le fuera a hacer un examen.
Carraspeó, moviéndose de un pie al otro y pensando en faltar esta vez, sólo esta vez…, pero
siempre pensaba en lo mismo y eventualmente llegaba a la conclusión de que si se
escapaba, sólo se condenaría a hablar de eso en la próxima sesión.
—Pasa… —la voz masculina salió del interior en un tono muy calmado, y el hombre al que
pertenecía la misma, dejó el periódico a un lado para atenderle, doblándolo antes
metódicamente. Alzó la mirada para ver al rubio y le ofreció que tomase asiento como
siempre.
—Hola —lo saludó el chico, sentándose y observando en silencio a aquel hombre alto de
cabello castaño y profundos ojos negros. Era extraño cómo podía hacerlo sentir relajado e
intimidarlo al mismo tiempo.
—Algo así —lo miró preguntándose si estaba bromeando y revolvió un poco el café,
aunque no hacía falta.
—No estés tan nervioso, sólo tenemos que charlar un poco. Nada de lo que digas va a
hacerte suspender “mi asignatura” —lo miró comprensivo, echándose un poco hacia atrás
en el sillón —. Es normal necesitar hablar un poco en estos casos.
—Pero no lo necesito, no sé… No cambia nada, ¿no? Jiken sigue muerto —se encogió de
hombros, bebiendo algo de café —. ¿Qué se supone que le diga?
—Lo que me estás diciendo sirve —lo miró, pensando que parecía un poco rabioso, pero no
era para menos, era su mejor amigo después de todo, y sólo había trascurrido una semana
desde que lo encontró —. Nada va a cambiar el hecho de que está muerto, sólo podemos
cambiar los demás, aceptándolo lo mejor posible. ¿Has estado yendo a clases?
—Aún no, no me siento con ganas y no me puedo concentrar. Además, odio que me miren.
Todos me miran, se creen que no me doy cuenta… —exhaló, alzando la mirada —Ya sé
que está muerto, pero… No es tan fácil.
—Lo sé, por eso estás aquí —se tocó la barbilla por un momento, suspirando ligeramente
mientras se acomodaba mejor —. Te miran porque sienten curiosidad. Quieren saber si
estás bien, ¿no? ¿Por qué crees tú que te miran?
—Porque sienten curiosidad, quieren saber todos los detalles morbosos. Porque piensan que
soy raro, porque creían que Jiken era raro —le contestó, cambiando un poco las frases del
psicólogo. No podía evitarlo, estaba molesto, se molestaba cada vez que pensaba en los
demás.
—¿Y lo eres? ¿Eres raro, Lowe? —miró hacia la ventana, pensando que obviamente no era
como los demás. Ni él ni Jiken, pero es que además poseían ambos una sensibilidad
diferente a la de la mayoría de las personas.
—Claro que no, porque no les interesa realmente. Jiken era especial para mí, se supone que
no sientas apego por la gente que viene a hablar contigo, pero es imposible no hacerlo en
algunos casos —se quedó en silencio por unos segundos, pensando en Jiken, y en todas las
cosas personales que había acabado compartiéndole, aunque le había costado un mundo que
se abriese. Lo miró comprendiendo muy bien su postura, los profesores también lo habían
hecho, acercarse a él para que le contase por qué.
El rubio lo miró, sonriendo levemente por fin porque dijera eso. Así no podía mantenerse
con esa actitud agresiva. Jiken había sido su mejor amigo, el único en ese pueblo en
realidad. Lo había llegado a conocer bastante bien y no soportaba que ahora estuviesen
esparciendo rumores sobre algo acerca de lo que no comprendían nada.
—Sí, era diferente. No sé cómo pudo… Bueno, es extraño que creciera en este lugar —se
movió un poco, incómodo, preguntando de pronto —¿Usted cree que era suicida?
—Creo que estaba muy deprimido, y nadie puede saber a ciencia cierta realmente todo lo
que hay en la cabeza de otro —lo miró, pensando que Jiken le había confesado no haberse
tomado los medicamentos antidepresivos que el doctor le había recetado —. A veces algo
sucede, algo detona la situación… —en realidad se sentía un poco culpable por no haber
podido hacer algo más, aunque sabía que no debía tomar esa actitud tan poco profesional —
No vino a verme los últimos días.
—Estaba enfermo, le dije que fuera a ver a un médico, pero no quiso. Decía que sólo era un
resfriado, que ya se le pasaría —le contestó, recordando aquello. ¿Por qué no le había
insistido más? Era un terco —Yo no lo creo…
—¿Qué crees tú? —lo miró a los ojos, cruzando los brazos de forma relajada bajo el pecho,
y haciendo que la camisa que llevaba entreabierta, se apretase contra su cuerpo.
—No lo sé, pero no creo que se haya suicidado. No lo haría. Jiken… —lo miró a los ojos de
nuevo, de una manera casi desesperada, necesitaba que alguien le creyera —Jiken me dijo
que estaba mejorando, usted le agradaba.
El sicólogo bajó la vista un poco, pensativo. Lo cierto es que era muy posible que se
hubiese suicidado, y los exámenes forenses lo habían corroborado, pero él creía lo mismo.
Había pensado que estaba progresando mucho, no lo había esperado para nada, por eso
cuando los profesores le dijeron que estaba enfermo y por eso no iba a verlo, se lo había
creído. Debía haberlo visitado, por el dichoso hecho de no implicarse más, ahora…
—Sí, yo también creía que estaba mejor, pero los exámenes médicos son contundentes,
Lowe —apoyó una mano sobre la suya, sin apretársela y sólo un momento —. ¿Tú cómo te
sientes? Dentro de lo posible… ¿estás bien?
—Estoy bien… Me resulta difícil asimilarlo cuando estoy en casa —se encogió de
hombros. No lo creía para nada, estaba seguro de que Jiken no haría eso. Además, las
píldoras no eran su estilo.
—¿Has pensado en buscar algo que hacer para mantenerte activo? Y eso demuestra que
debes ir a clase… —le recordó después.
—¿No puede esperar a que termine la semana por lo menos? Es igual, no puedo estudiar —
se quejó, dejando la taza sobre la mesita que tenía al lado y dejándose caer hacia atrás,
contra el respaldo del sillón —. No sé qué hacer, no hay nada que hacer aquí y no es como
que me guste tejer o algo así.
—Entre tú y yo: sí, esto es horrible —sonrió todavía y se apretó una mano con la otra —.
No lo sé, tal vez el deporte…
—¿Me ve cara de deportista? —le preguntó, aunque no sentía un rechazo completo hacia el
deporte, no le agradaban mucho los chicos deportistas. No quería que se pusieran con cosas
de macho alrededor de él.
—¿Hay que tener una cara especial? —sonreía todavía y lo miró a los ojos —¿No será que
no quieres hacer deporte con los demás? Podrías ir a correr, eso puedes hacerlo solo.
—Sí, bueno… Tal vez haga eso —asintió, enrojeciendo un poco porque hubiese adivinado
sus pensamientos —Todos son muy tradicionales aquí, ¿eh?
—Sí… —suspiró de nuevo, cruzando una pierna sobre la otra —Es una buena manera de
decir que en este lugar, parece como si no hubiera transcurrido el tiempo. Quiero que sigas
viniendo a verme, Lowe, y quiero que me llames si necesitas ayuda. Tus padres viven
fuera, ¿verdad?
—Sí, pero no los llame, sólo me van a molestar, ¿eh? —le advirtió señalándolo por si acaso
—Seguiré viniendo… Si no los llama.
—Ahora los estudiantes me chantajean, he debido perder todo el respeto —se levantó,
metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón y mirando hacia la ventana —. No
pensaba llamarlos, yo no soy el director, sólo el sicólogo, y lo que hablamos aquí dentro es
secreto profesional. Pero ven a verme de todos modos, sin sentirte coaccionado.
—Está bien… —casi se quejó, poniéndose de pie, y enrojeciendo de nuevo. En realidad era
una pose, se sentía cohibido, era la verdad, pero también le gustaba hablar con él, de todas
maneras no tenía a nadie más con quien hacerlo y le parecía que era el único, aparte de él, a
quien le había importado Jiken.
—Espera —se acercó al escritorio y escribió el número de su teléfono móvil por detrás de
una de las tarjetas, en las que figuraba sólo el teléfono de la oficina en la universidad —.
Toma, por si acaso —se la ofreció mientras lo esperaba cerca de la puerta —. Y sobre los
demás… míralos cuando te miren, no te escondas ni apartes la mirada, al final lo harán
ellos —le apoyó la mano en el hombro —. Pero no te pongas agresivo —le pidió, ya que
sabía que era bastante irritable.
—No lo haré… —se quejó de nuevo, mirando la tarjeta y leyendo el número. Lo hacía
sentir más seguro, pero se ponía nervioso con esa clase de cosas —Gracias.
Don le dio una palmada en la espalda y cerró la puerta cuando salió. No quería que se
pusiese tan a la defensiva con todo el mundo, y aunque le habían dicho que le echase un
vistazo tan sólo… Ni que fuera magia lo que hacían allí.
*****
Afuera, en el piso de abajo, había cierto alboroto. Un chico de cabello largo y con una
mecha azul en el flequillo, (lo cual ya era bastante llamativo en ese lugar), había aparcado
su moto en la entrada, e iba por ahí haciendo preguntas sobre Jiken.
—Así que… tú no lo conocías muy bien —le dijo a un chico, apoyado con una mano en el
pasillo y cortándole ligeramente el paso, sonriendo con algo de picardía.
—No, en realidad era un raro, ¿sabes? Nadie lo conocía muy bien, aunque creo que andaba
con un tío…
—¿Sabes cómo se llama? —le preguntó interrumpiendo el coqueteo por unos segundos.
—Hum… Lowe, pero es otro raro, y mejor ni le hables que es capaz de lanzarte algo —se
rio, tensándose de pronto y desviando la mirada por si acaso —. Es ese que viene ahí.
El rubio ya iba bajando las escaleras y apenas les dirigió una mirada, antes de proceder
hacia la salida. No tenía ganas de ver a nadie, era lo mejor de todas maneras.
Sin embargo, Steiner salió detrás de él, caminando apuradamente e ignorando el consejo
del otro.
—¿Quién quiere saberlo? —le preguntó, moviéndose con brusquedad para apartarle la
mano.
—Uh… qué mala hostia tenemos… —sonrió, alzando un poco las dos manos como
diciéndole que ya no lo tocaba más, aunque probablemente eso no era muy cierto —Me
llamo David Steiner, soy periodista para la revista Decameron, y antes de que me digas que
me pudra… quisiera hablar contigo un momento, off the record si así lo prefieres.
—¿Off the record? ¿Sobre qué? —lo miró con desconfianza, ya sabía de qué quería hablar
y no estaba para esas cosas. Aceleró, saliendo de la universidad, con el ceño fruncido —No
tengo nada que decir.
—Yo quiero, me llega con hablar contigo, no publicaremos nada de lo que me cuentes, ni
siquiera tomaré notas, ¿vale? ¿Te invito a comer algo?
—Eso no tiene sentido. ¿No tomas notas, hablamos en confidencia y no publicas nada? ¿Y
dices que no quieres decirle a tu jefe que viniste a perder el tiempo? —resopló, pasándose
una mano por el cabello y alborotándoselo más de lo que estaba —Pues no se lo digas y
punto —concluyó, girándose de nuevo y echando a caminar a paso apresurado.
—Oh… venga, Lowe —lo siguió pese a todo, poniéndose delante de él y caminando de
espaldas, a pesar de que ya hacía un rato que varios estaban mirándolos, para colmo le daba
la risa —. Lo que me digas me servirá tal vez para investigar por mi cuenta. Va… tú sabes
que estás muy bueno para ser tan malo.
—No soy malo, y ¿quién te dijo que quiero coquetear contigo, eh? No funciona —lo miró,
enrojeciendo y cambiando de rumbo, para rodearlo y poder llegar a su piso. Sí que era
insistente.
—Lowe… —corrió tras él y se puso delante de la puerta del edificio para que no pudiese
entrar —Venga, escúchame al menos, y si aún así no quieres decirme nada… me voy —no
se lo creía ni él, pero se lo dijo muy serio.
—Agh —se quejó el chico, frustrado por no poder entrar. Por un momento pensó en
empujarlo, pero era más alto que él y se veía fuerte. Si iba a otro lado, seguramente lo
seguiría —¿Qué es lo que quieres investigar y por qué?
—Bueno… —lo miró, pensando que odiaba este momento, la gente solía cabrearse a no ser
que fueran los que estaban experimentando los fenómenos en sí —Alguien nos envió una
grabación del entierro de tu amigo, y vimos algo muy extraño. ¿Puedes ver esto? —se sacó
el móvil del bolsillo de los jeans, ya que le había pedido a Ageha que le enviase el video.
—No, no sé de qué estás hablando y estoy ocupado… —frunció el ceño, echando a caminar
en otra dirección inmediatamente, alejándose del edificio.
—Vas a estar ocupado en este pueblo de mierda… —murmuró para sí Steiner con el ceño
fruncido también, buscando el video en el teléfono —Mira esto... ¡Joder! —alzó la mano a
punto de lanzar el teléfono al suelo y desistiendo para no cargárselo —Mierda…
Se había desvanecido, obviamente había echado a correr mientras buscaba el video. Echó a
correr en su misma dirección y empezó a mirar entre las casas y edificios, pero no había ni
rastro. Llamó a la oficina, apoyando la espalda contra la pared.
—Decameron… —saludó Ageha, sentándose sobre la mesa y cruzando las piernas —
Estamos para servirle.
—Uf… cómo me pones cuando dices eso —sonrió de nuevo, resignándose —. Dile a
Bronco que voy a tener que quedarme por aquí un poco más.
—¿Y eso por qué? Yo te necesito —le preguntó, seguro de que tenía buenos motivos, pero
quejándose igual —. Acabas de regresar.
—Lo sé, pero esto es bueno. El chico parece que era muy raro según me dicen todos.
Estaba yendo al sicólogo del centro universitario en el que cursaba, y no tenía muchos
amigos. Sólo uno según los chicos a los que he estado preguntando. El caso es que el chico
este…
—¿Qué sucede con el chico ese, eh? —le preguntó poniéndose alerta. Steiner siempre
estaba persiguiendo a alguno durante las investigaciones, no le sorprendía.
—Me odia y no quiere hablar conmigo, así que voy a tener que insistir un poco más, ¿vale?
Intentaré hablar con el sicólogo… y… te llamaré por la noche para que me cantes una
nana… —le dijo en otro tono ahora.
—Una nana…, pero voy a estar desnudo y más te vale que duermas solo, ¿eh, Steiner? —le
advirtió, riéndose de todas maneras —Te estaré esperando.
—Haré todo lo posible… —sonrió, pensando que había muchos estudiantes haciéndole
ojitos por ahí. Le colgó y se guardó el móvil de nuevo, suspirando y preguntándose si
estaría disponible el sicólogo ese.
—¿Qué sabe? —le preguntó Bronco en la oficina a Ageha, en cuanto este hubo colgado.
—Por Dios, que tampoco haga que nos demanden, ¿eh? —suspiró, sabía que era
horriblemente insistente, pero a veces era necesario. El caso lo tenía intranquilo, tal y como
había previsto, no podía quitárselo de la cabeza.
—Oye, que es Steiner, hará que lo demande yo —se rio, acercándose y sentándose en sus
piernas de manera casual, como si fuera lo más natural del mundo —. ¿Por qué siempre
tiene que estar persiguiendo a otros? Iré a un pub esta noche, ven conmigo. Bueno, mejor
me espero a que llame.
—Sí, mejor, porque no pienso ir a un pub a verte ligar, me sentiría como tu padre. Además,
en esta ocasión lo persigue porque es su trabajo. Aunque no quiero defenderlo… porque no
me juego ni un pelo por él —le apoyó una mano en el abdomen para que se recostase contra
su pecho y se reclinó a la vez en el asiento —No sé para qué sigues con eso.
—Porque me hace sentir bien cuando está aquí y porque lo quiero —le contestó como si
fuera algo de lo más simple —. Somos adultos, Bronco, los dos sabemos lo que hacemos.
—Ya… yo no digo nada, olvida que he mencionado el tema —suspiró, pensando que mejor
se hubiera estado callado, y le dio una palmadita en el muslo —Te invito a cenar pizza.
—Con doble queso y champiñones —le pidió sonriendo y abrazándolo con más fuerza —.
Y me dices por qué no tienes a nadie… Te voy a conseguir un novio.
—Ya tengo a alguien, lo que pasa es que… es algo nada serio. Estoy ocupado, por eso —
echó la cabeza hacia delante y se apoyó en él.
—No puedes seguir ocupado para siempre, y no puedes pasar todas las noches en esta
oficina —sonrió, acariciándole el cabello con una mano, a pesar de que él era culpable de lo
mismo. Sabía que lo suyo con Steiner no era algo formal, y mucho menos esas aventuras de
una noche que tenía.
—Tú no te preocupes por mí, yo sé lo que hago al menos. Créeme, no merece la pena que
pierda tiempo de trabajar por ello, y tampoco es que la otra persona esté tan interesada en
que le dedique mi tiempo. Y hace como dos semanas que no nos llamamos, tal vez tres —
analizó pensativo, apagando el cigarro en el cenicero.
—Pues sigo pensando que necesitas a alguien más, alguien que te comprenda —lo miró,
analizando lo atractivo que era realmente con esos ojos agradables y el cabello negro pero
canoso que le daba un aspecto interesante, como de intelectual descuidado. Tenía muy buen
cuerpo además, fuerte —. Vamos al gimnasio mañana —le pidió en un esfuerzo poco
característico en él.
—¿Para bajar el doble de queso? —sonrió, tocándole la cara y apartando la mano después
—Si ya te tengo a ti para que me comprendas —carraspeó, pegándole una palmadita para
que se levantase —. A trabajar, que luego vamos a cenar.
—Vale, pero primero necesito café —se quejó como si solo quisiera estar ahí tirado todo el
día —. Y en realidad es para buscar buenos prospectos en las máquinas.
Parte II
Miércoles, enero 27
Lowe cerró la puerta de su piso con un suspiro, aún sintiendo que estaba demasiado
silencioso. No es que Jiken hiciera mucho ruido, la verdad, pero igualmente se sentía
extraño. Finalmente se había decidido a regresar a la universidad, a correr un poco tal y
como le había recomendado el psicólogo.
Se acomodó la tira de la bolsa de deportes alrededor del pecho y se guardó las llaves en el
bolsillo de los jeans, bajando las escaleras, que no eran muchas, y dirigiéndose a la puerta.
Aquel tío se había ido por fin, esperaba que se hubiera largado del pueblo.
—¿Qué tal? —le preguntó Steiner con una sonrisa en cuanto salió por la puerta, ya que
estaba pegado con la espalda contra la pared.
Steiner chasqueó los labios y se puso frente a la puerta, llamando en el cristal con los
nudillos.
—Venga, habla conmigo. Sé que puedes oírme… Sólo mira el video, ¿vale? Si lo miras me
voy.
—¿Por qué no te vas? No tengo nada que decirte. Sólo… —se quedó allí a pesar de todo,
pensativo. No sabía qué hacer.
Lowe exhaló molesto ante su cara de confianza, pero abrió un poco, tomando la revista. Ya
la conocía por supuesto, ese tío no comprendía nada. La revisó al descuido, mirándolo
luego.
—¿Puedes ver el video y salir aquí? Te voy a molestar lo mismo con o sin cristal por el
medio, y no sé si sentirme como un taxista, un presidiario o un cajero de banco —alzó una
ceja, suspirando.
—Presidiario —le contestó, sonriendo un poco para sí, y finalmente abriendo la puerta. Tal
vez dejase de molestarlo y además… ya no tenía sentido —Stalker.
—No me importaría stalkearte un rato…, pero a la larga me cansaría —se rio, buscando su
móvil y mirándolo de soslayo mientras ponía el video —. No te me escapes esta vez, ¿eh?
—No hubiera salido si pensara hacer eso, no es como que sea un deporte —se quejó,
poniéndose nervioso —. ¿Por qué te interesa?
—Es mi trabajo, y mi jefe está seguro de que es real. Bueno… él entiende de esas cosas —
le dijo sin querer exponerlo demasiado, pasándole el móvil para que lo mirase él mismo.
Lowe se quedó mirando el video, serio, sintiendo los ojos aguados luego. Le regresó el
móvil finalmente desviando la mirada.
—Sí, aunque no los conocía a todos. Bueno, no conocía a casi nadie, la verdad, sólo sé
quiénes eran —le explicó tocándose un brazo y parpadeando varias veces hasta asegurarse
de que sus ojos estaban libres de lágrimas. Extendió la mano para que le pasara el móvil de
nuevo, mientras el periodista sacaba una agenda para apuntar lo que le dijese.
—Estas son su madre y su tía, había visto a la tía en fotos solamente. A la madre la conocí
allí. Y estos… son sus primos. Y este es un amigo de la familia creo… No sé quién es este
otro. Y… —sonrió un poco sin poder evitarlo —este es el psicólogo de la universidad, le
tenía mucho cariño.
—Probablemente piensa lo mismo que yo —sonrió un poco, como orgulloso —. ¿Qué vais
a hacer con esta información?
—Me imagino que mi jefe piensa ponerse en contacto con la gente relacionada y… —alzó
una ceja, rascándose el cuello con la parte de atrás del bolígrafo —ayudarlo si puede.
También supongo que pretende hacer un reportaje para la revista. Ese es nuestro trabajo.
—¿En serio lo ayudaría? —le preguntó, mirándolo a los ojos como si pudiera ver hasta su
alma.
—Es sensitivo, ¿sabes de qué va? No es un médium o algo así, ¿eh? Y tampoco le gusta
mucho hacer esas cosas, pero sé cuando está muy interesado, y lo está —le dio con el
bolígrafo en el pecho, pinchándolo un poco —. Tú puedes asegurarme que ese chico que se
ve en la grabación es tu amigo, ¿no?
—Sí… Puedo —lo miró por un segundo eterno casi, finalmente suspirando y abriendo la
puerta del edificio —Pasa.
Lowe frunció el ceño, esperando estar haciendo lo correcto, y subió las escaleras de nuevo,
abriendo la puerta de su piso. Era lo suficientemente amplio para que dos personas pudieran
vivir allí sin estorbarse la una a la otra, y estaba limpio, a pesar de que había libros,
carpetas, dvds y otras cosas en todas las mesas. Se notaba que era un piso de universitarios.
—Sí, Jiken era de aquí, pero no quería vivir con su familia. Yo vine de afuera —le contestó
quitándose la bolsa y dejándola en el gastado, pero cómodo sofá —. ¿Necesitas ver una foto
suya?
—Si puede ser… ¿puedo escanearla o algo para mandarla a la oficina? O si puedes dejarme
una que tengas por ahí… —dejó su bolsa allí también y se sacó la cazadora de cuero
blanco. No es que hiciera calor, pero por dentro sólo llevaba una camiseta sin mangas de
color azul cobalto, bastante llamativa.
—¿No vais a escribir estupideces acerca de Jiken, eh? Porque te vi hablando con esos
chicos, son unos idiotas y no lo conocían para nada —le advirtió, señalándolo y pensando
que no parecía un periodista. No estaba seguro de si debía confiar en él.
—No vamos a escribir ninguna estupidez. Y siempre puedes mirar el artículo antes de que
lo publiquemos o incluso participar en él, ¿vale? —se rio por su agresividad —Si miento, te
dejo que me pegues un puñetazo.
—No será sólo un puñetazo, créeme —le advirtió, dirigiéndose a la pequeña cocina que
estaba junto a la sala —. ¿Quieres café, cerveza, soda?
—Cerveza, y vale, puedes darme unas nalgadas si quieres… —se rio, apoyándose en el
marco de la puerta de la cocina y mirándole las suyas sin querer.
—Sí, claro —(Te las voy a meter para adentro), continuó mentalmente, tomando dos
cervezas y dejándolas sobre la mesa luego, para ir a buscar la foto —. Es de carnet, las otras
que tengo no sirven —comentó porque salían juntos y él no pensaba aparecer en ninguna
revista. Por otro lado, no se había atrevido a revisar su álbum de fotos, ya que Jiken lo
mantenía guardado siempre.
—Me vale —le adelantó, cogiendo la cerveza y abriendo la lata antes de darle un trago y
sentarse en el sillón—. Antes me dijiste que no quería vivir con sus padres.
—No, no tenía una buena relación con su familia —se encogió de hombros ya que estaba
más o menos enterado de la situación, aunque no sabía muchos detalles. Regresó
sentándose a su lado y entregándole la foto, antes de abrir su propia cerveza.
Steiner la miró, desde luego era el mismo chico que salía en la grabación, de eso no había
duda.
—¿Me la puedo llevar? Te la devolveré —lo miró a los ojos, bebiendo otro trago.
—¿Cómo? —lo miró sorprendido, alzando la vista, porque se había inclinado para coger la
cartera del bolsillo trasero de sus jeans.
—Que no se suicidó, no lo creo. Jiken no haría algo así, y mucho menos de esa manera y…
—exhaló de nuevo, asumiendo que no le quedaba más remedio que admitirlo —Yo fui el
que envió ese video.
—¿Y él tomaba píldoras normalmente? ¿Tú lo encontrabas extraño antes de… eso?
Deprimido o algo así… —el tema parecía estarse complicando.
—No, bueno… estaba viendo al psicólogo, pero estaba mucho mejor gracias a eso. Y
odiaba las píldoras por cierto, le molestaba tragarlas —le explicó, recostándose un poco en
el sofá y reposando la cerveza sobre su muslo derecho —. Justo antes de morir se enfermó,
tenía fiebre y se sentía débil. Le dije que fuera al médico, pero se negó, estaba seguro de
que sólo era un resfriado y también odiaba ir al médico.
—Así que, no fue, y de pronto un día aparece muerto. Pero supongo que le hicieron una
autopsia, ¿no? No estamos en el Medievo para que vean un bote de pastillas y digan que es
el motivo sin más —se echó un poco hacia atrás en el asiento, observándolo. La verdad es
que eso a ellos les venía un poco grande, pero no se iban a echar atrás, ni siquiera si al final
todo eran excusas de un chico, que no quería aceptar la muerte de su mejor amigo.
—Sí, la autopsia… La autopsia reveló que era una sobredosis —admitió reticente y
desviando la mirada —. No puede ser.
—Tal vez deshizo las pastillas en agua para tomárselas, o llevaba todos esos días tomando
un exceso de ellas. Se nota que no era una persona nada corpulenta, incluso puede que si el
médico le había recetado algo, la dosis no fuera la correcta. ¿Sabes si se estaba medicando?
—le tocó el hombro para que lo mirase.
—Bueno, puede que hubiese tomado esa determinación. Algunos antidepresivos son
bucodispersables, se deshacen en la lengua y no es necesario tragártelos —le explicó,
apartando la mano e imitándolo para tomar un trago también —. No intento desmoronar tus
teorías, sólo trato de ayudarte —le dijo antes de nada.
—Sí, no he podido recogerlas y creo que a nadie le interesan de todas maneras —lo miró
alzando una ceja, convencido de que no le creía nada.
—Claro, porque no tengo nada mejor que hacer… —hizo una mueca con la boca, y lo miró,
esperando a que lo guiase hacia su habitación. La cama todavía estaba deshecha, había ropa
encima de un sillón, y el escritorio estaba igual de desordenado. Era natural, Jiken solía
estudiar o tirado en la cama o en la sala, viendo la televisión a la vez. La pared estaba llena
de bocetos y dibujos de criaturas extrañas, la mayoría en blanco y negro, algunos sólo con
un trazo de color. Había algunos cuadros contra la pared, recostados. También había un
caballete con lo que parecía ser el comienzo de una nueva pintura, una silueta apenas. Era
extraño ver todo aquello así, se sentía como si en cualquier momento fuese a regresar para
continuarla.
—Son muy buenos —no pudo evitar mirar aquellas criaturas, seguro de que hubiera podido
ser profesional como ilustrador. No le era difícil imaginárselas siendo parte de algún
videojuego —. Sólo voy a ver si encuentro algún tipo de droga, vale. No soy un pervertido
al que le guste ver ropa interior o algo así —le advirtió antes de acuclillarse y echar un
vistazo en los cajones —. ¿Estabais muy unidos? ¿Os contabais los problemas y eso?
—No está de más mirar —lo miró un momento, y abrió el siguiente cajón, revisándolo sin
encontrar nada en especial, salvo el conocimiento de que era una desordenado. Se inclinó
para mirar bajo la cama, pero allí sólo había unas zapatillas de andar por casa y algunas
bolitas de polvo.
—Sí, tengo que buscar un nuevo compañero, pero… —se encogió de hombros, realmente
no quería hacerlo, no podía imaginarlo siquiera —Jiken me hubiera dejado una nota, lo sé.
No es su manera de hacer las cosas, ¿sabes?
—Ya… no, no lo parece, y es cierto que no parece muy metódico a juzgar por el
desorden… “artístico” de este cuarto. Oye… ¿tenía un ordenador? —se giró para mirarlo a
los ojos.
—Sí, pero está en la sala —le señaló sin moverse, ya que no pensaba dejarlo solo en el
cuarto de Jiken, a pesar de que parecía estárselo tomando en serio.
—Vale, déjame echar un vistazo —lo siguió allí, esperando a que se lo señalase. Apartó un
poco la silla que había delante del escritorio y se sentó tras recuperar su lata de cerveza —.
¿Lo has estado utilizando?
—No, tengo el mío —señaló a su cuarto, colocándose a su espalda por si acaso —. A Jiken
le gustaban las cosas oscuras, y un poco raras, ¿eh? Pero eso no significa nada malo.
Además, él era el que traía esa revista a casa.
—Oye… no estoy aquí tratando de juzgarlo, sólo quiero ver si había estado buscando algo
sobre el suicidio, porque es normal hacerlo. Quiero saber si había comprado algo
recientemente que pueda echarnos una mano, o si estaba en algún foro en el que puedan
haberle metido ideas raras en la cabeza —lo miró mientras le explicaba, y luego se giró
hacia la pantalla otra vez —. A ver si piensas que trabajo en una revista como esa porque
no me gustan las cosas raras…
—Yo qué sé, a lo mejor es porque necesitas el dinero —contestó, enrojeciendo luego ya
que sólo había dicho lo que se le había venido a la cabeza. Exhaló, apoyándose en la mesa
con una mano.
—Pues no soy millonario —le dijo sin verse afectado para nada por su comentario.
—Bueno, quiero decir que nadie sabe por qué los demás hacen las cosas. A Jiken le
interesaba la muerte, tiene una carpeta con fotos de cosas muertas.
—Y yo una con tíos en jeans —se rio, mirando el historial y bajándose un programa que
solía utilizar cuando quería cotillear en un ordenador. De todas formas era algo bastante
extraño, sólo esperaba que al menos no se pajease con ellas. Le dio otro trago a la cerveza,
pensando que, de todas formas, eso podría haberle hecho mantener contacto con gente
peligrosa.
—Sólo quería advertirte de eso… —contestó frunciendo el ceño de nuevo, aunque quizás
era mejor que le pareciese gracioso a que lo juzgase por psicópata o algo así —Le
interesaba artísticamente, como… algo de filosofía. No es que quisiera matar a nadie y
estoy seguro de que tampoco quería morir.
—Vale… —lo miró, como diciéndole que le creía —¿Y tenía novieta o algo? Estoy
esperando a que se baje algo, así que… te puedes esperar sentado —le dijo más bien para
que se relajase un poco.
—Era gay —lo miró, por fin yendo a sentarse y cruzándose de brazos, observándolo —. No
tenía pareja, pero a veces salía de noche. No sé, me decía que a fiestas y cosas así, pero que
era por investigar. No… inspirarse, eso.
—¿Se inspiraba de fiesta? —se rio, meneando un poco la cabeza —No sé, a lo mejor no lo
conocías tan bien como te crees.
—Sí lo conocía. Y no eran fiestas en sí… Más bien como reuniones en las afueras. Sé lo
que parece, pero es igual. Sigo pensando que no se suicidó —le aseguró, inclinándose hacia
delante —. Además, se suponía que fuéramos juntos en alguna ocasión para… —miró
hacia otro lado prefiriendo ahorrarse la razón que le había dado Jiken: para que se cabrease
de una vez y le dijese que quería irse de allí.
—¿Para qué? —se giró en la silla, estirando las piernas y cruzando los tobillos uno sobre el
otro —¿Sabes en dónde era?
—No estoy seguro, en realidad creo que sólo eran un montón de chicos haciéndose los
interesantes, ¿sabes? —exhaló sin responder a su otra pregunta y apartándose un poco —
¿Qué estás bajando?
—Un programa que rastrea claves de foros y cosas de ese tipo. Facilita ver las páginas más
visitadas, en qué fechas… blablablá —movió una mano, como diciéndole que era aburrido
—. ¿Para qué quería que fuerais juntos? ¿Estabais enrollados?
—Así que… los dos gays en este pueblo de… mierda. Bueno, no es un pueblo, pero para el
caso —suspiró, cruzando el brazo tras la cabeza, mirándolo —. ¿No crees que es un poco
extraño? Quería que fueras pero a la vez te decía que si ibas no te iba a gustar, parece una
excusa para hacer que no vayas. ¿Conoces a alguien que fuera allí y pueda decirnos dónde
es?
—Tal vez… Hay un chico en la universidad que puede estar relacionado, pero es un
imbécil —frunció el ceño de nuevo, sin poder evitarlo y sin apartar la mirada esta vez —
Claro que no quería que fuera, por eso quería ir. Jiken era demasiado curioso, siempre
estaba buscando cosas nuevas. A veces incluso me aparecía un poco ingenuo.
—Pues… igual se metió en algo feo. Eso nunca se sabe, y mucho menos cuando alguien se
siente deprimido y esas cosas —apoyó los codos en los reposabrazos, golpeteándolos con
los dedos y mirando el collar de pinchos que llevaba en el cuello —Dame el nombre del
imbécil, hablaré con él —alzó la vista a sus ojos otra vez, esperando.
—James, casi siempre está cerca de la cafetería. Ni siquiera estoy seguro de que vaya a
clase alguna vez, ¿eh? —se encogió de hombros, un poco nervioso por cómo lo miraba —
Jiken no era una mala persona, ¿sabes? —le aseguró por si acaso se estaba formando una
opinión extraña de su amigo.
—Sí, eso creo, pero si te metes en sitios donde sí las hay, y eres una buena persona… es
cuando la cagas, ¿no crees? —se giró para ver cómo iba el download, pero todavía iba a
tardar, así que, se sentó en el sofá a su lado, girado para poder verlo de frente.
—Supongo, por eso quería ir con él —suspiró, relajándose por un momento también, quizás
por la manera de hablar del moreno, ya no sentía que tenía que agredirlo —. A veces pienso
que simplemente estaba demasiado acostumbrado a estar solo.
—¿Y tú? —apoyó el brazo en el sofá, girándose un poco para alcanzar la lata de cerveza y
terminarse lo que quedaba.
—¿Yo qué? Yo estoy bien… —desvió la mirada, pensando que no tenía ganas de ser
analizado ahora y levantándose de nuevo —Estoy en un pueblo lleno de idiotas, es natural
que no tenga mucha compañía. ¿Quieres otra?
Lowe cogió dos latas de cerveza de la nevera, ya que había olvidado que él aún tenía en la
suya. Lo miró de soslayo antes de regresar.
—¿En serio me crees cuando te digo que Jiken no se suicidó? No me mientas sólo para
conseguir información.
—No lo hago, pienso que la duda es razonable, y que merece la pena investigarlo más.
Sabemos que la policía es bastante capulla cuando no se trata de algo que ellos consideren
“importante”. Tal vez sí murió de una sobredosis, pero eso no quiere decir que él tomase la
droga conscientemente. ¿Tenía algún enemigo? —lo miró, alargando la mano para coger la
lata que le ofrecía.
—¿Enemigos? —Lowe se rio, abriendo su lata y bebiendo de ella —No, no los describiría
así, pero no tenía amigos si a eso te refieres. La gente tenía una idea equivocada de él, si les
preguntas, era raro, consumía de todo tipo de drogas, era satánico… Les faltaba poco para
decir que desayunaba bebés.
Steiner se rio, pensando que sí, cosas así eran las que le habían contado sobre el chico, pero
la verdad… sabía que no había que hacer mucho caso.
—No, no lo creo. Por lo menos no era algo importante, estoy seguro de que me lo hubiera
dicho —negó con la cabeza, preguntándose si le habían dicho algo, y si existía un nuevo
rumor que él desconociera, pero no era posible. La mayoría de los chicos no inventarían
algo así, ya que no querían ser considerados gay.
—Gracias, iba a comer afuera de todos modos —la aceptó, enrojeciendo, pero para colmo,
esas eran sus favoritas. ¿Por qué tenía que tener justo eso? —Lo lamento, nuestra amistad
se basaba en otras cosas, teníamos personalidades afines supongo. Yo no lo juzgaba y él no
me juzgaba a mí.
—Ya, sé cómo es eso —abrió la hamburguesa, que todavía conservaba algo de calor, y se
puso a comer —. ¿Su familia piensa que es normal que se suicidase?
—Sí, pero no estaban unidos. No creo que lo conocieran bien tampoco —mordió la
hamburguesa, encogiéndose de hombros de nuevo, pensativo —. Ya te dije que no se
llevaba bien con ellos.
—Ya, pero de todas maneras quería saber su opinión —hizo un esfuerzo para no bostezar y
volvió a comer, pensando que Bronco se iba a activar todo cuando le contase el asunto. A
Ageha no le iba a hacer ninguna gracia cuando le dijese que pensaba quedarse unos días
más.
—Mira, en este pueblo, sólo hay dos personas a quienes nos importaba Jiken. A mí y al
psicólogo —le aseguró, contando con los dedos como si fuera necesario y hablando con la
boca semi llena —, pero tenía talento, estaba seguro de que podría largarse de este pueblo
tarde o temprano.
—Ya, pues el talento jode a más personas de las que tú te crees, ¿y podrías conseguir que
su sicólogo hablase conmigo? —sonrió un poco, pensando que ya podía terminarse lo que
tenía en la boca primero.
—Puedo intentarlo —contestó, mordiendo otro trozo. Lo cierto es que si hablaba con él,
por lo menos tendría otros datos sobre Jiken, cosas que no lo harían ver como un bicho
raro, era lo que menos quería en el mundo.
—Hazlo, yo… hablaré con mi jefe a ver qué piensa de todo esto —se giró en el sofá,
apoyándose de rodillas para mirar si ya había terminado de bajarse el programa.
—¿Ya se bajó? —le preguntó, continuando con la hamburguesa, no se había dado cuenta de
cuánta hambre tenía hasta que había comenzado a comer —¿Qué esperas encontrar allí?
—Si mantenía conversaciones extrañas con alguien, ese tipo de cosas, y sí, ya se ha bajado
—se metió en la boca lo que le quedaba y se sentó, limpiándose los labios con la servilleta
antes de sujetar el ratón para instalarlo —. Va a tardar lo suyo en recuperar la información y
todo eso… así que, déjalo encendido esta noche y no lo toques, ¿vale? —le echó un vistazo,
tocándose el labio —Tienes pan ahí —(ven aquí y te lo saco con la lengua) remató
mentalmente.
—¿Dónde? —le preguntó, intentando limpiarse y lamiéndose los dedos luego. Sonrió un
poco, mirando por la ventana decidiendo que mejor dejaba eso de correr para el día
siguiente —Es igual, no iba a dejar que te lo llevases de todas maneras.
—Porque lo escribo con las manos, no con la punta… Venga, era una broma para que te
relajases un poco, y ahí tienes la revista, puedo decirte qué reportajes son míos —se sentó
en el sofá, apoyando la mano en el respaldo para indicarle que se sentase a su lado —. Y
no… no siempre me comporto así.
—No estoy para bromas —se acercó con desconfianza, tomando la lata de cerveza para
acabársela. Se sentó a su lado finalmente, un poco más alejado de lo que pretendía el
moreno —A ver… Los leeré esta noche.
—A ver… —le contestó, mirando su propia muñeca para averiguar qué hora era —Mejor
será que me vaya, antes de que te enamores de mí.
—Como dije antes: eso quisieras —alzó una ceja, aunque había enrojecido un poco, tenía
ganas de empujarlo.
—Ja, ja… tú tiéntame a que te lo demuestre… —bromeó, sin levantarse todavía y
tocándole una mejilla, por si pensaba que le iba a pasar desapercibida la rojez en ellas.
—Que ya voy —le empujó el pecho para que se calmara, aunque no violentamente, pero lo
miró serio —Tengo que coger mis cosas, ¿sabes? —. Las tomó de encima del sofá, y se
colgó la bolsa al hombro antes de dirigirse a la puerta.
—Ya… Bueno…, hasta mañana supongo —se “disculpó” a su manera. Sabía que no sólo
tenía el problema de la agresividad por su dolor, también se ponía así cuando algo lo ponía
nervioso —, pero sí es tarde.
—Sí, los niños pequeños tienen que acostarse —le sujetó la cabeza con la mano y le besó la
frente con recochineo, saliendo y cerrando él mismo, no sin algo de urgencia en realidad.
—Sí, ¿eh? Mejor corre —lo amenazó, aunque no pensaba perseguirlo, ya tendría que
regresar al día siguiente de todas maneras y no lo pensaba olvidar.
*****
Steiner llamó al móvil de Ageha en lugar de la oficina, por si no estaba ya allí, aunque lo
dudaba.
—Estás en la calle… —le dijo al escuchar el ruido de los coches —Yo también, voy a la
pensión ahora.
—Bronco me envió a casa, estaba comprando comida —le explicó, sin dejar de sonreír —.
Es como si caminásemos juntos. ¿Qué has averiguado?
—Buf… un montón de cosas, creo que casi os envío un email y le echáis un vistazo
mañana, mierda… —se colgó mejor la mochila del hombro y se percató de que se había
dejado la cazadora en casa del chaval ese —. Bueno, el caso es que esto promete. Me va a
llevar más tiempo del que pensaba —cruzó la calle, y se dirigió al lugar de la otra noche.
—¿En serio? —se detuvo por un momento, decepcionado. Tan sólo había obtenido una
noche con él —¿Qué tanto tienes que investigar?
—Su mejor amigo dice que… no se suicidó —le dijo en bajo, ya que estaba entrando en el
establecimiento y sentía que todos eran muy cotillas en aquel lugar —, y la verdad,
empiezo a creérmelo. Él fue quien nos envió la grabación.
—¿Y ese amigo, no será guapo por casualidad, verdad? —le preguntó, empezando a
caminar de nuevo y buscando sus llaves de manera precaria entre la pizza y el móvil.
—Pues… depende de quién lo mire supongo —se rio, subiendo en el ascensor hasta su
dormitorio. Cerró la puerta a su espalda y dejó la mochila en el suelo —. ¿Vas a cenar solo?
—Desgraciadamente, y luego me iré a la cama, pero sólo por esta noche —se rio como
amenazándolo, mientras abría la puerta —. Y ahora dime por qué le crees a ese chico.
—Es su actitud, y además he visto el ordenador del otro y… bueno, no sé. Es posible que
no se suicidara, es extraño que no buscase nada al respecto, y… no le dejó una nota ni nada,
a pesar de que estaban muy unidos. No sé, son una serie de cosas, como que por ejemplo
tenía planes de irse de allí, y buenas expectativas. Se llevaba mal con sus padres, pero
estaba independizado, así que… no me parece un motivo para decir sayonara —se sentó en
la cama y se quitó las botas estilo motero que llevaba.
—La gente es muy extraña, se suicida por las cosas menos importantes —le advirtió,
mientras subía al ascensor —, aunque si tú lo dices, debo creerte, tienes buenos instintos. Y
por otro lado, supongo que si fuera el fantasma de un suicida, no estaría confundido, no sé.
—Tampoco lo sé, pero parece estúpido —se rio sin poder evitarlo, y se tumbó en la cama,
pasándose la mano por el pecho —. Con lo bien que estaba yo contigo encima ahora —se
soltó el cabello, suspirando.
—Más te vale, porque voy por mi segunda pizza del día y es por despecho. Como no
llegues el viernes, me iré a un pub —se rio un poco, mientras cerraba la puerta de su piso,
dejando la pizza sobre la mesa —. Mañana voy a llevar a Bronco al gimnasio, necesita
acción.
—No es eso lo que busca. Quiero que conozca a un chico guapo, sexy…, pero que no sólo
busque un polvo —le aclaró, pasándose una mano por el cabello.
—Ya conoce a uno, ¿no? Guapo, sexy, y que lo quiere mucho —miró de soslayo hacia el
teléfono, como si así pudiera leerle el pensamiento.
—Sí —le contestó de manera algo seria, sintiéndose culpable, aunque no estaba seguro de
lo que sucedía allí —, pero no estamos hablando de ti —bromeó luego para quitarse aquella
sensación.
—Buena suerte entonces. Tú sólo recuerda lo más importante, tu polla va en tus pantalones
—se rio, enviándole un beso —. Descansa.
—Se me pone dura sólo con que tú me la mentes… —sonrió, pero la verdad es que no
mentía tanto —Ciao —le dijo antes de colgar, pensando que iba a tener que cascársela para
poder dormir.
—Ciao —contesto Ageha como ya era costumbre ya que siempre le colgaba él primero.
Aun así le susurró al teléfono —Polla dentro de los pantalones.
Capítulo 4
Help
Jueves, enero 28
Bronco se movió en la cama, con la camiseta gris algo subida por el abdomen, y las sábanas
apiladas a la altura de sus piernas, como si hubiera estado empujándolas mientras dormía.
Respiraba pesadamente, y tenía los músculos tensos, parecía estar sufriendo una pesadilla.
Gotas de sudor bañaban su nuca, a pesar de que en el cuarto, el calor no era para nada
excesivo, su cabello, revuelto, también estaba húmedo.
No era tanto por lo que veía, si no por el esfuerzo que tenía que hacer, a pesar de estar
inconsciente. La angustia que sentía, aunque las imágenes no se mostraban ante él como
algo horrible, sino, de algún modo, consolador para quien las dibujaba. Podía percibir la
tristeza de la persona que estaba trazando en un trozo de folio arrugado, aunque a la vez era
algo… hastiado y hasta rabioso por momentos. No era sólo tristeza, o no al menos una
tristeza sumisa. Utilizaba un lápiz mal afilado, y apretaba tanto el grafito, que por
momentos se desprendía polvillo fino de la punta.
Los dedos eran delgados, y las manos delicadas, sabía que era él. Era Jiken, ¿por qué no
podía alzar un poco la vista para observar su rostro? ¿Y por qué esa necesidad? Podía verlo
de cualquier manera en ese estado. Lo sabía, ese “don” por así llamarlo, no era una ciencia
exacta. Es más, tal vez estuviese teniendo una pesadilla simplemente. Casi estaba
temblando en su necio intento por verlo, por establecer un contacto visual entre ambos,
aunque careciese de sentido.
La visión se desvaneció por completo, como si hubiese tentado demasiado a la suerte con
su insistencia. Se fue calmando poco a poco, cayendo de nuevo en un sueño profundo.
No fue sino hasta dos horas más tarde, cuando se movió en la cama otra vez. Se giro de
lado en el colchón, y se sentó en el borde del mismo, completamente serio, como ido. No
tardó mucho en levantarse y fue hasta el escritorio en la pequeña salita. Se sentó sin más,
casi de forma pesada, no miraba las cosas a pesar de tener los ojos abiertos. Su mirada
estaba perdida.
Arrastró un folio torpemente, tirando un montón más por el suelo. Sujetó un bolígrafo y se
puso a dibujar, con movimientos que no eran suyos, muy rápidos y mecánicos. Al cabo de
unos minutos, los frenéticos trazos se detuvieron y cayó de nuevo en aquel estado de sopor
absoluto causado por el agotamiento tras el trance.
*****
Eran las ocho de la mañana cuando sonó el despertador, y le pareció que estaba tan lejano,
que parecía estar sumido en un sueño todavía. Abrió los ojos despacio, moviéndose por
costumbre para apagarlo y por poco cayéndose al suelo al percatarse de que estaba sentado
en la silla, pero estaba seguro de haberse acostado la noche anterior, y además estaba en
calzoncillos y camiseta, previsiblemente congelado, por haber pasado la mitad de la noche
sentado en aquella silla. Apagó el monitor al darse cuenta de que estaba encendido.
—Oh… —se frotó la cara, de nuevo se había obsesionado demasiado. Y ahí estaba…
haciendo lo que a aquel ente le parecía.
Al bajar la mano descubrió los folios dibujados. Era un solo dibujo, pero repartido en varias
hojas, tal y cómo habían caído en la mesa. Había algunos por el suelo también.
No reconoció lo que había allí plasmado, hasta unos segundos después, era lo que Jiken
dibujaba en su sueño. ¿Así que, no había sido un sueño entonces?
Adelantó una mano para tocarlos, pero finalmente no lo hizo, por no estropear la
composición de folios, que de haberlos movido habrían estragado el dibujo.
—Dios… —de pronto se percató de que la palabra “ayuda” estaba escrita por encima del
dibujo, atravesando algunas hojas incluso.
Se levantó y fue a por una pequeña cámara digital que tenía, tomó varias fotografías y se
sentó en el escritorio, encendiendo de nuevo el monitor para sacar las fotos y ver si habían
salido lo suficientemente bien. Movió un poco la cabeza al notar lo que había en la pantalla.
Sólo tuvo que esperar unos segundos para ver que había un email en la bandeja, el mismo
era de Steiner, y devoró lo que le contaba sobre sus descubrimientos acerca de Jiken, en
unos pocos minutos.
Abrió el adjunto y observó la foto de carnet, tomada de nuevo con el móvil de Steiner para
enviársela.
Se quedó mirándola fijamente, la amplió hasta que ocupó gran parte de su pantalla. Lo miró
a los ojos. Sí que eran azules, azul celeste. Sonrió con tristeza.
—Te ayudaré, te lo prometo… —le dijo a la fotografía, echándose contra el respaldo sin
poder dejar de mirarlo —, pero no vuelvas a dejarme en calzoncillos en la salita —
murmuró luego cogiendo un cigarro mientras reunía energía para ir a ducharse y tomar un
café.
*****
Lowe bostezaba mientras caminaba por los pasillos de la universidad. Tampoco había ido a
correr esa mañana, se había quedado durmiendo en el sofá en vez de eso y seguía teniendo
sueño, pero le había dicho a ese periodista que hablaría con el doctor Crawford y no le
gustaba faltar a su palabra. Además, si era cierto que querían ayudar a Jiken, no podía
hacerlo.
Se detuvo frente a la puerta, alzando la mano y titubeando como siempre, aunque esta vez
estaba aun más nervioso por el hecho de tener que pedirle un favor. De todas maneras ya
sabía lo que pensaba respecto a lo del suicidio.
Se quedó allí congelado con la mano en el aire, vigilando de soslayo a un chico que pasaba,
como advirtiéndole que no se le ocurriera mirarlo, y se esperó a que hubo doblado la
esquina para llamar a la puerta por fin.
—Pase, no estoy ocupado —se extrañó ya que no tenía ninguna cita en ese momento, pero
la verdad es que atendía a los estudiantes en cualquier momento. Dejó el periódico a un
lado y esperó a que la puerta se abriese, sentado tras su escritorio —. Lowe… —se levantó
despacio —siéntate.
—Hola… gracias. ¿Seguro que no molesto? —le preguntó mientras tomaba asiento,
nervioso —Porque si tiene otra cita, puedo volver más tarde…
—No, no tengo ninguna cita ahora, sólo estaba leyendo el periódico —se sentó de nuevo,
mirándolo a los ojos —. ¿Quieres un café?
—Sí, gracias —asintió, tamborileando con los dedos de la mano derecha sobre el
reposabrazos de madera de aquel sillón elegante —. Fue a verme un periodista —soltó de
pronto.
El moreno ya estaba sirviéndole el café, y mientras estaba de espaldas a él, puso una cara
muy seria, tensándose de inmediato.
—¿Qué quería? —preguntó, tratando de volver a adoptar una postura más o menos
relajada. Colocó la taza frente a él y se sentó.
—Está investigando lo de Jiken, es que hay algo que no le he dicho porque supuse que no
me creería —le confesó, sujetando la taza con ambas manos como si necesitase sentir el
calor de la misma, algo así como un abrazo reconfortante.
—Te escucho —cruzó los brazos sobre la mesa, mirándolo a los ojos.
—El día del funeral, estaba filmando con la cámara de mi móvil. Quería… añadirlo a mi
diario, pero cuando lo vi en casa… —buscó el video, girando el móvil hacia el psicólogo y
mostrándoselo —¿Lo ve? Allí está Jiken. Incluso intenté filmarme en casa luego
llamándolo, pero eso fue lo único que he conseguido.
Don sujetó el móvil, incapaz de decir nada por unos segundos. Él estaba ahí, delante,
sentado en uno de los bancos, y no había visto nada. Se lo devolvió, apoyándolo en la mesa.
—Es… muy extraño, sí.
—Se… se lo envié a esa revista, no puse mi nombre, sólo pensé que… tal vez Jiken quería
decir algo.
—¿A qué revista? —en realidad quería preguntarle cómo es que se le había ocurrido una
idea tan pésima, pero no por nada tenía experiencia.
—Ya… —lo miró, sonriendo un poco, pensando que, claramente lo había hecho con toda la
buena intención del mundo, pero ahora lo iban a acosar —¿Qué le has contado?
—Todo. Bueno, no es que le haya contado la vida de Jiken. De todas maneras, hay mucho
que no sé —le aseguró, asintiendo y luego desviando la mirada porque sabía que lo iba a
contradecir —Le dije que no creía que se hubiera suicidado. Él dice que me cree.
—Lowe… seguramente sólo te está dando cuerda para poder hacer un artículo sobre él —lo
miró, pero el chico no le devolvía la mirada —. ¿Por qué no le dices que hable conmigo?
—¿En serio? ¿Lo haría? —alzó la mirada entusiasmado, aunque la expresión del moreno no
le daba mucha confianza de que le fuese a creer —Se lo diré.
—Vale, dile que venga al cabo de una hora y media más o menos. ¿De acuerdo? —se tocó
la perilla, observando su expresión y sonriendo ligeramente.
—Vale, gracias —asintió, guardándose el teléfono móvil y bebiendo un poco de café para
no ser grosero —. Será mejor que regrese a casa entonces.
—Sí… —suspiró, pensando que no iba a clase. Se levantó para acompañarlo a la puerta y le
apoyó la mano en la espalda —No te fíes demasiado de él. ¿De acuerdo? Y si sucede
cualquier cosa…
*****
—Te dije que casi nunca iba —se encogió de hombros, mirándolo con desconfianza sólo
porque era él y finalmente comunicándole —. Te conseguí una cita con el doctor Crawford.
Dice que vayas a verlo dentro de una hora, hora y media.
—Vale, ayer me dejé mi cazadora en tu casa… ¿me paso por ahí a buscarla después? O por
la noche. Tengo que mirar eso además —lo miró a los ojos, guardándose el bocadillo
empaquetado, dentro de la mochila y apoyándose en la pared.
—Vale, debe estar en donde la dejaste, no me había dado cuenta —le contestó con
sinceridad, mirándolo luego a los ojos —. ¿Por qué por la noche?
—¿Y por qué no? Tienes cara de trasnocharte… —sonrió un poco, metiéndose con él y
observando su cabello rubio.
—No sé, porque podríamos ir ya por ejemplo, o cuando salgas de ver al doctor Crawford —
le contestó observando su sonrisa y decidiendo que lo ponía un poco nervioso también.
—No me digas que te da miedo quedarte a solas conmigo. ¿Qué crees que voy a hacer, eh?
—le tocó un mechón de pelo, aproximándose hacia él —A saber lo que dicen si me ven
entrar a esas horas en tu casa.
—No me importa lo que diga la gente —le aseguró, moviendo un brazo para apartarle la
mano, aunque mirando a su alrededor luego —. Y ya me voy, ¿eh? Necesito café —
protestó, aunque lo cierto es que ahora extrañaba ese café que había dejado sin beber casi
en la oficina del psicólogo.
—Te invito a un café —lo sujetó del brazo —. A mí también me hace falta y me ayudas a
hacer tiempo.
—Pero acabas de salir de la cafetería —se quejó tirando para el otro lado y preguntándose
si es que no tenía modales o qué.
—Porque el de mi casa es gratis también —frunció el ceño, pensando que además lo que
había querido hacer era escapar de él, pero ahora se vería extraño si simplemente lo pateaba
y echaba a correr. Sobre todo considerando que luego iría a su casa a buscar su cazadora.
—Vale, pues nada —lo soltó y se pasó la mano por el pelo, recogiéndoselo y riéndose para
sus adentros en cuanto se dio la vuelta.
—Sí, nos vemos luego —se despidió, rojo, y girándose rápidamente para que no lo notara.
Estaba loco, no sabía ni cómo entrevistaba a la gente con esa personalidad. Ahora le
preocupaba lo que fuera a pensar el doctor Crawford.
Al cabo de una hora, tal y como había acordado con Lowe tras topárselo en la universidad
mientras buscaba infructuosamente al chico del que habían hablado la noche anterior, subió
al despacho del sicólogo y llamó a la puerta con los nudillos.
—Soy el periodista de Decameron —le avisó desde afuera, excusando darle su nombre,
cuando probablemente para él sólo era un periodista con ganas de meter las narices donde
no le importaba.
El hombre que abrió la puerta, (en vez de hacerlo pasar como solía acostumbrar) parecía
estar aclarándole que no se andaba con tonterías. Su gesto era serio, y su aspecto, así como
su actitud, le hicieron tenerle cierto respeto sólo con verlo. Estaba seguro de que era uno de
esos tipos a los que no conviene enfadar.
—Puede pasar, Steiner —le dijo, como remarcándole que sí sabía su nombre. Él paso,
ligeramente tenso por su forma de hablar, sujetando la mano que le estrechaba —. Don
Crawford, soy el sicólogo del campus —se presentó sólo por formalidad.
—Bien, puede sentarse si quiere, pero seamos breves —se sentó, y el otro hizo lo mismo.
Ya le había dejado claro que no lo soportaba, y obviamente estaban en su territorio.
Steiner lo miró, observando su postura segura, con las piernas cruzadas de forma relajada, y
los codos sobre los reposabrazos. Tenía las manos juntas formando un triángulo con los
brazos, y sus dedos se entrelazaban relajadamente. Ambos permanecieron unos segundos
examinándose, mientras Steiner se recostaba hacia atrás en el sillón.
—Supongo que ha venido a hacerme toda serie de preguntas acerca de Jiken. Pues lamento
decirle que eso es secreto entre el paciente y su doctor, y no puedo facilitarle ninguna clase
de información…
—Lowe…
—Sh… —lo interrumpió cuando iba a hablar, y el otro se calló, aunque de forma reticente
—Sé lo que le ha dicho Lowe, pero comprenderá que está muy afectado por lo sucedido a
su amigo.
—Oiga, trato de ayudar a ese chico —alzó una ceja, con un gesto chulesco.
—¿Sí? Pues deje que le diga algo. Lo que necesita ahora, es tranquilidad, si quiere hacer
algo por él, esfúmese y deje que lo supere. Metiéndole cosas extrañas en la cabeza no lo
está ayudando en nada —frunció el ceño, inclinándose un poco hacia delante, señal que
Steiner interpretó, como que iba a atacarle si no acababan pronto con la charla.
—Lo he visto, me lo ha enseñado, sí. Puedo ver que… hay una imagen ahí, de un chico que
podría ser Jiken, pero como eso no tiene ningún sentido. Lógicamente… he de suponer que
no es.
—No es ilógico sólo porque no sea una ciencia probada. La parapsicología… —se detuvo
cuando el otro alzó un poco una mano.
—Basta, por favor… ¿por qué no busca otro… fantasma por ahí para su revista? Aquí ya
tenemos bastantes problemas. Háganos un favor a todos, y esfúmese.
—No va a olvidarlo, sólo porque usted sea un completo escéptico —le dijo por poco
perdiendo los papeles.
El otro se levantó también y abrió la puerta del despacho para que se largase.
—Pst… —Steiner alzó una ceja, con una mueca que por lo menos lo invitaba a perderse.
Vaya pérdida de tiempo, debió haberlo supuesto.
Capítulo 5
Subtext, subtext
Jueves, enero 28
—¿Sabes ese chico que te estaba mirando? El que te preguntó la hora, aunque tenía el reloj
puesto… —Ageha miró a Bronco con una sonrisa traviesa en los labios mientras entraban
en la oficina. Aun tenía el cabello húmedo de la ducha que se había dado en el gimnasio,
pero no era como que tuviese que atender público.
—Sí, lo vi, y le di la hora… —le dijo haciéndose el loco —No era mi tipo, te lo regalo —
dejó la bolsa de deportes por cualquier esquina y se frotó un poco el cabello, también
húmedo.
—¿Seguro que no era tu tipo? —le preguntó sonriendo un poco para sí y pensando que
mejor no le decía que le había dado su número entonces —¿De verdad no había nadie que
te gustase en todo el gimnasio?
—Alguno había, pero no me pidió la hora… Bueno, tampoco estaba tan mal, ni que yo
fuera Brad Pitt —puso a hacer café, y se sentó en la esquina de la mesa. Ya le había
contado acerca del email en el gimnasio, aunque todavía no le había dicho lo sucedido por
la noche, y tampoco tenía ganas.
—No eres Brad Pitt, eres mucho mejor —le aseguró sonriendo y encendiendo su
ordenador, apartándose luego para ir con Bronco —. No quiero presionarte, ¿eh? Es sólo
que todos necesitamos algo de compañía.
—Quiero ir a conocer a ese chico —le dijo de pronto, cambiando de conversación sin
ninguna delicadeza, pero es que prefería no seguir con ese tema —. Pero voy a tener que
llevarte conmigo —lo miró, pensando en realidad, que sin Ageha no podía ni controlar sus
llamadas de la oficina. Era un desastre, tampoco podía dejarlo allí —. ¿Crees que podemos
acabar el número de este mes antes de mañana?
—Por supuesto, sólo tendré que quedarme un poco más tarde, pero, ¿desde cuándo es eso
una noticia? —se rio, pasándose la mano por el cabello de nuevo y pensando que por nada
del mundo iba a rechazar una invitación de revisar lo que estaba haciendo Steiner —. ¿Te
ha sucedido algo más, Bronco? ¿Algo que no me hayas contado?
—Algo, ayer por la noche —le aclaró, sentándose en su mesa mientras el café se preparaba.
Por un momento incluso se quedó pensando en el gorgoreo del agua al salir, y luego lo miró
—. Me desperté en la salita, en la silla. Ni idea de cómo llegué ahí.
—Estaba haciendo un dibujo… —lo miró a los ojos, un poco incómodo por la proximidad,
preguntándose si debía o no contarle todo.
—¿Tienes el dibujo? ¿Tiene que ver con ese chico? —ahora estaba realmente preocupado y
mucho más porque sintiera que tenía que ocultarlo. No sabía demasiado de eso, pero tenía
miedo de que fuera poseído o algo así.
—Sí, quiero decir que lo vi hacer un dibujo, pero no podía mirarle a la cara y… luego me
dormí. Cuando me desperté estaba en la sala, en la mesa del ordenador, con un montón de
papeles por el suelo y otros tantos con un dibujo allí. Y te aseguro que yo no sé dibujar. Me
pide ayuda, esa palabra estaba por todas partes —suspiró, apoyando las manos en la mesa y
estirando un poco el cuerpo.
Ageha colocó las manos sobre los hombros del moreno, masajeándolo cariñosamente.
—Ya lo estamos ayudando, ¿no? Hacemos lo que podemos, no quiero que te pase algo.
¿Por qué no me lo habías dicho? Además, no hubiera insistido en que fueras al gimnasio si
hubiera sabido que dormiste mal.
—Es igual, tampoco quiero que me salga barriga por eso… —suspiró, echándose
ligeramente hacia atrás —Ya sabes que no me gusta hablar de esas cosas, creo que sólo me
obsesiono más. Aunque esta vez, va a ser difícil.
—¿Por qué lo dices? ¿Es más fuerte que en otras ocasiones? —le preguntó sin dejar de
masajearlo de aquella manera.
—No lo sé, es sólo que me interesa mucho. Pienso demasiado en eso… —le aclaró
observando sus ojos rojizos.
—¿No estás posesionado, verdad? Me preocupas —le confesó por fin sin apartar la mirada.
Lo cierto es que le tenía un cariño increíble, Bronco siempre estaba allí para él, para
consolarlo, para compartir los buenos momentos. Si no hubiera empezado aquello con
Steiner, tal vez ahora estaría enamorado de él.
—Claro que no… —se rio y lo sujetó por la cintura para apartarlo un poco de él y
aproximarse a la cafetera, que ya había terminado. Sirvió dos tazas y movió la cabeza para
estallarse el cuello —Necesito saber más de él, eso es todo.
—Vale, pero no me ocultes cosas, ¿eh? Ya te lo dije, no quiero que te pase nada —le
advirtió, aceptando la taza que le ofrecía y bebiendo un poco, antes de hacer una mueca —.
No me distraigas —bromeó, yendo a ponerle leche y azúcar.
—No lo hago… y por cierto, Steiner me llamó por la mañana para decirme que no
conseguía hablar con el sicólogo. Seguro que lo cabreó, así que… —le dio en el hombro,
sonriendo —Es tu misión.
—Ah, genial, porque ya sabes que amo entrevistar a gente que Steiner ha cabreado.
Siempre me reciben con los brazos abiertos —se quejó, aunque en el fondo le hacía gracia.
—Lo sé, pero siempre lo consigues, así que… juega a los periodistas por mí —le besó la
frente y se sentó en el escritorio —. Venga, a trabajar o no acabaremos a tiempo para que
puedas ir a vigilar a Steiner.
—Sólo por eso lo haré —mintió ya que en realidad era bastante responsable, y le envió un
beso mientras se dirigía a su escritorio a trabajar. Ya tenía una idea de cómo quería aquel
artículo.
*****
A las diez de la noche, Steiner se presentó en la casa del chico, gracias a que una mujer le
había abierto el portal del edificio. Llamó al timbre y esperó un poco, cogiendo un chicle de
su bolsillo.
—Le dije que era tu novio y me dejó pasar. Hola, cariño… ya veo que te has puesto tu ropa
más roñosa para seducirme —cerró la puerta, dejando la bolsa a un lado y acercándose al
ordenador.
—Es la ropa que me gusta y no le digas esas cosas a los vecinos. Además… mira que es
idiota —se quejó pensando que si fuera su novio, lo habría visto antes por allí —¿Ya está?
¿Quieres algo de beber?
—Sí, eso pensé yo. Y si me traes una cerveza… —le pidió mientras se sentaba, moviendo
el ratón para que se iluminase la pantalla. Allí había para hartarse de mirar —Me va a llevar
más tiempo del que pensaba.
—¿En serio? ¿Puedo ayudarte en algo? —le preguntó, mientras iba a la nevera y buscaba
dos cervezas. Lo miró desde allá, pensando que no le desagradaba del todo, era sólo un
poco… irritante a veces.
—Bueno, sólo si tienes otro ordenador para pasarte la mitad y que lo revises tú mientras,
pero no vamos a hacer eso, porque… no me fio de que luego te largues por ahí a hacer el
héroe si te enteras de algo —se apoyó con un codo en la mesa, echando un vistazo.
—No voy a hacer el héroe. ¿Crees que soy idiota? Sólo quiero ayudar a Jiken —se quejó,
acercándose para dejarle la cerveza al lado y abriendo su lata.
—No, no lo creo. Creo que quieres a tu amigo, y que eres capaz de cabrearte hasta ese
extremo —lo miró a los ojos un momento, mientras abría la lata —. ¿Tú también vas al
sicólogo? Estoy haciendo un filtro de palabras para ver si reducimos un poco el material
para buscar.
—Sí, tengo que ir, no es que esté tan mal, ¿eh? Puedo manejarlo —le advirtió por si acaso,
mientras se sentaba —. Me dirás lo que encuentres, ¿no es así?
—Sí, aunque esto va a ser un poco complicado teniendo en cuenta los hobbies de tu colega.
Normalmente cuando uno busca cosas relacionadas con la muerte en el ordenador de
alguien… no le salen todas estas coincidencias —le dio un buen trago a la cerveza y luego
miró para él otra vez —. Entonces sólo vas desde lo de tu amigo, ¿no?
—Sí, pero no estaba pensando en eso precisamente —negó con la cabeza, recordándolo de
nuevo y estremeciéndose —. Sé lo que algunos pensarían, que estaba enamorado de la
muerte o algo así, pero yo no creo que él lo viera de esa manera.
—Sí, no creo que alguien enamorado de la muerte se mate a sí mismo para averiguar más
de ella, y de todas formas, con pastillas no es muy bonito —bebió otro trago,
acomodándose mejor en el asiento —. Y no lo preguntaba por eso, no sé, es que debe ser
muy fuerte. Lo siento.
—Gracias —le sonrió, hablando con sinceridad y bebiendo un poco más —. Llamé a una
ambulancia, aunque ya no respiraba. Creí que tal vez yo estaba equivocado.
—Comprensible —le tocó el mismo mechón de cabello que por la mañana y lo movió para
hacerle cosquillas en la mejilla —. ¿Tú qué estudias?
—Tómate un tiempo, la gente encontrará otra cosa sobre la que hablar, y te dejarán en paz.
Aunque bueno, luego hablarán de que has regresado —se rio un poco, y bebió de nuevo.
—Es igual, no tengo ganas de dar clases, no puedo concentrarme. Todo lo que quiero hacer
es dormir o distraerme —le confesó sin siquiera preguntarse por qué le era tan fácil decirle
esas cosas —. Supongo que no puedo culparlos a todos, aquí nunca sucede nada. Lo que
más me molesta es que se me acerque gente que hablaba mal de Jiken, supuestamente a
darme el pésame. Los odio.
—¿Trabajas en la revista porque odias a la gente? —le preguntó un poco divertido con ese
comentario —. ¿Qué otras cosas?
—No… —se rio —Odio a la gente que cotillea, por eso me gusta esta revista.
Generalmente no tengo que molestar a nadie, y mucho menos airear los trapos sucios de los
demás —se encogió de hombros —. Y respecto a lo otro, me refiero a cosas como viajar,
viajo mucho para hacer reportajes. Siempre me mandan a mí porque saben que no tengo
problemas con eso. Soy el único periodista en nómina de la revista, el resto son
colaboradores.
—Se oye interesante —lo miró, apoyándose en una mano y bebiendo algo más de la
cerveza —. ¿Cómo decidiste trabajar en esto? ¿O fue casualidad?
—No, no fue casualidad. Yo quería trabajar para esa revista y empecé a mandar artículos
hasta que me publicaron uno. Después de eso… seguí mandando, hasta que un día el jefe
me llamó y me dijo si me interesaba hacer un artículo por encargo. Lo demás ya te lo
imaginas… —lo miró, apoyando los brazos en la parte de arriba del respaldo —En realidad
a mí lo que más me interesa son los ovnis, pero ya ves… aquí estoy.
—Los ovnis, ¿eh? ¿Has visto alguno? ¿Has visto algo extraño aparte de mi video? —le
preguntó realmente interesado.
—He visto muchas cosas extrañas, aunque normalmente… son testimonios de otras
personas. Nunca hemos publicado mentiras en la revista, ¿sabes? Mi jefe es muy maniático
con eso… —se apoyó en su propio brazo, observándolo —Nunca he visto un ovni, sólo
fotografías, y hay bastantes testimonios de los que uno puede fiarse. Testimonios de
militares en sus bases por ejemplo.
—¿En serio? ¿Y por qué los ovnis? —le preguntó sonriendo un poco, aunque no lo hacía
porque no le creyese, sino por el entusiasmo que veía en él —¿Todos los artículos que he
leído entonces… son verdad?
—Sí, al menos hasta donde hemos podido comprobar, pero esa gente no tiene por qué
mentir, y si vieses lo que les ha cambiado la vida las experiencias que han pasado… bueno,
te das cuenta de que no se consideran afortunados precisamente —bebió lo que le quedaba
en la lata, y luego la movió un poco en la mano —. Y los ovnis… bueno, me parece que es
estúpido pensar que somos los únicos seres inteligentes del universo. ¿No crees? De
pequeño me fascinaban ya, mi tío coleccionaba folletines de misterio y… —se encogió de
hombros, como diciéndole que se imaginase.
—Sí, creo que tiene sentido, aunque no estoy muy enterado. Pero también hay muchos
locos, ¿no? ¿Te molestan? —le preguntó, ya que a él sí que lo enfadarían y bebió un poco
más de cerveza, aunque ya estaba tibia, no le importaba.
—Me cabrean un poco, hacen que la gente que sí sabe de lo que habla, queden como idiotas
por su culpa. ¿Sabes que no tienes pinta de abogado, no? —se rio, tocándole el pelo otra
vez.
—Lo sé, ya no sé si quiero ser abogado, la verdad —le aclaró, asintiendo, sin apartarle la
mano esta vez. Le hacía falta aquello, el poder hablar con alguien de esa manera informal
—. Tú no tienes pinta de periodista.
—¿Ni siquiera de freak? —se rio, apoyando la mano de nuevo en el respaldo —Y con lo
que me esmero en ponerme mi uniforme por las mañanas.
—Bueno, pareces un poquito freak, aunque yo creía que esos siempre iban barbudos y
apestosos —se rio, terminándose la cerveza —. ¿Tu familia aprueba lo que haces?
—Me fui de casa cuando tenía dieciocho años. No aprobaron eso, pero tampoco se pusieron
muy pesados. De todas formas, a mi madre le da igual mientras siga en contacto con ella.
Casi todas las madres son así… —le dio en la cabeza por detrás —Y eso por decir que sí
parezco un poco freak.
—¿Sinceramente? Me importa una mierda si me veo normal o no, deberías ver cómo luzco
desnudo…
—No, gracias —negó, haciendo gesto de asco y riéndose después. Se levantó apartándose
un poco —. Voy a buscar otras cervezas. A Jiken le hubiera encantado conversar contigo,
¿sabes?
—Seguramente a mí con él… —lo miró ir a la cocina, sonriendo un poco, y pensando que
tampoco tenía que poner cara de asco, ¿no? Si no fuera porque como lo cabrease, Bronco
iba a matarlo… ya estaba en la cocina sujetándole esas nalgas y comprobando si le daba
asco o no. Se le pasó por un momento por la cabeza que Ageha también lo mataría, pero no
iba a enterarse.
—Bueno, es que le gustaban esos temas, se compraba todos los números de tu revista y
luego los dejaba tirados por la sala. Por eso comencé a leerla.
—Es… interesante. Me pareció lo suficientemente fiable como para enviar el video —se
encogió de hombros, asintiendo —. No soy cerrado de mente.
—Después de eso, tendrías que ser idiota para no creer. Confiesa que comienzo a agradarte.
Dentro de poco me estarás echando de menos —se metió con él, y le pinchó el pecho con
un dedo.
—No tanto —se rio, echándose hacia atrás, de alguna manera sintiéndose aliviado —. Si
hubierais publicado algo como “Me casé con pie grande” no os hubiera enviado nada.
—Me encantaría que me llegase una noticia así, tengo muchas preguntas que hacerle a su
señora, como si se le meten muchos pelos en la boca, o si lo tiene todo tan grande… —se
rio, bebiendo y lanzándole un cojín.
—Ya sabes lo que dicen del tamaño de los pies —se rio, golpeando el cojín y dejándose
caer sentado de nuevo.
—Pues yo uso la cuarenta y cuatro, ¿quieres comprobar si no es un mito? —le dijo todavía
sonriendo.
—Deja eso. ¿No te cansas de esos chistes? Son terribles —se rio, bebiendo más de la
cerveza y entrecerrando los ojos —¿Tienes novio? Asumo que eres gay.
—Son terribles pero te ríes, ¿no son para eso los chistes? —sonrió, contestando
naturalmente —No, no tengo, a mí no hay quién me aguante. ¿Cuál es tu excusa?
—Algo parecido y que vivo en un pueblo lleno de idiotas, pero no estoy aquí para
romancear, sino para estudiar —contestó, volviendo a encogerse de hombros —. Ya habrá
tiempo para eso.
—¿Y si no lo hay? —le preguntó serio, ya que era algo en lo que pensaba a menudo —Yo
pienso que hay que disfrutarlo todo ahora.
—¿Quieres decir… si acabo como Jiken? —se puso serio también, bajando la mirada.
Quizás tenía razón, pero de todas maneras no tenía suerte.
—Por dios… No pensaba que fuera tan peligroso ese empleo —bajó la lata de cerveza,
sorprendido y extendió la otra mano para tocar aquella cicatriz, deteniéndose centímetros
de la misma —. ¿Qué haces entonces?
Steiner sonrió un poco, pensando que no se podía ser tan inocente con esa edad, y ese
aspecto de ir a comerse el mundo.
Lowe sonrió un poco, cohibido y enrojeciendo, apartó la mano así como la mirada.
—Normal, ¿no? Para… —se quejó, apartándose y poniéndose de pie. Lo peor es que
físicamente era su tipo, pero se suponía que estaba allí para trabajar, y además no podía
confiar en alguien que “improvisaba”.
Steiner lo miró, levantándose también y poniéndose frente a él.
—¡Que no! —Lowe lo empujó, ahora completamente rojo, limpiándose la boca —¿Qué
haces? No hagas eso.
—Como quieras… —movió un poco el hombro, conteniéndose para no sentarlo de un
empujón él. Al fin y al cabo, lo había rechazado por las buenas ya una vez, y aunque no le
gustase para nada ser rechazado… tenía que joderse —Me voy a descargar eso y me largo.
—Creí que ibas a revisarlo aquí —protestó preocupado por haberla cagado, abrazándose a
sí mismo de manera inconsciente. Para colmo, lo había estado pasando bien hasta ese
momento.
—Estoy un poco tenso ahora, ¿vale? —le dijo en un tono que además lo demostraba,
conectando el USB que llevaba en el llavero para descargarse el contenido seleccionado.
—Ya… —contestó el chico, pasándose una mano por el cuello y dedicándose a recoger las
latas luego como si fuera muy importante el hacer eso en ese preciso momento.
Steiner se fue poniendo la cazadora mientras tanto y cogió la bolsa del sillón para no
olvidársela. Sacó el USB, y le dejó la hamburguesa que le había llevado, sobre la mesa.
—Ya te llamaré si encuentro algo —le dijo antes de abrir la puerta, y apresurándose para
irse de allí de una vez.
—Eh… espera —lo llamó confundido, mirando la hamburguesa y la puerta; suspirando
luego. Si lo seguía sería aun más incómodo, y lo peor es que tenía hambre.
*****
—Dime… —contesto al ver que era de la oficina, pensando que sería Bronco.
—¿Qué maneras son esas? —se quejó Ageha, apoyándose con ambos brazos en el
escritorio —Así me dan ganas de colgarte, ¿eh?
—Mejor que no, ¿ha sucedido algo? No tengo nada nuevo por el momento —le advirtió.
—Bronco tuvo un sueño, una visión o algo así. En resumen, mañana vamos a reunirnos
contigo. Me dijo que le consiguieras una habitación, pero a mí no me importa dormir sobre
ti —se rio, aunque lo decía en serio.
—… ¿Sí? Pero si no hace falta, tampoco hay tanto que hacer —se echó un poco sobre el
asiento de la Hayabusa, pensando que su vida era un desastre de pronto.
—Oye… ¿has tenido un mal día? No suenas como siempre —le preguntó preocupado ahora
y algo molesto porque no se alegrase de que fuera a verlo.
—Bueno, ya te dijo Bronco que el sicólogo no quiere hablarme, ¿no? Sólo estoy un poco
molesto, y este pueblo es una mierda plagada de mojigatos —frunció el ceño de nuevo,
aunque procurando relajarse —. ¿Cómo vais a venir? ¿Y la revista?
—La estoy terminando mientras hablamos, sólo me falta un detalle —le aseguró con calma,
preguntándose si eso de los mojigatos tendría que ver con lo que pensaba y no con el
trabajo —. Es igual, Bronco no se quedará tranquilo si no vamos, se lo ha tomado muy
personal.
—Vale, pues… vuelvo a la posada ahora, y reservo una habitación, aunque ya te digo que
esto tiene habitaciones libres hasta en temporada alta. Si es que existe algo como eso aquí
—se bajó de la moto otra vez, resignándose a regresar. Así se ponía a trabajar por otra
parte.
—Está bien, te veré mañana, Steiner. Sonríe, sabes que quieres hacerlo, piensa en mis
nalgas y en lo cerca que estás de tocarlas —bromeó un poco ya que además lo tensaba
escucharlo así.
—Llámame cuando lleguéis, iré a buscaros, ¿vale? Y tráete esos shorts azules que sé que
tienes, que son muy cómodos para dormir.
—Tus deseos son… mis deseos —se rio, enviándole un beso antes de colgar. Suspiró
mirando la pantalla de nuevo y decidiendo que mejor dejaba de pensar y terminaba su
trabajo.
Capítulo 6
Turn it upside down
Parte I
Viernes, enero 29
—Es un poco más adelante —comentó Ageha, mirando el mapa que había comprado, a
pesar de las protestas de Bronco, pero no tenía ganas de perderse —. Steiner dijo que nos
estaría esperando. Espero que tenga algo de comer.
—No sé yo…, pero hay estudiantes allí, así que no creo que sea un problema encontrar un
buen sitio. Además… ¿vais a comer? —alzó una ceja, reduciendo para no perderse la
entrada, ya que no conocía de nada aquel lugar.
—Pues ya te dije que tengo hambre, sí. No quieres que convenza a un hombre terco con el
estómago vacío ¿o sí? —alzó una ceja como respondiéndole a su gesto —Qué mente tan
sucia, Bronco.
—¿Qué quieres? La mente es lo único que ensucio últimamente… —se quejó, aunque
estaba un poco de broma. Sólo en parte —Es aquí —giró por el desvío y entraron en una
pequeña ciudad, que podría en realidad calificarse de pueblo medianamente urbanizado.
Aún así tenían un campus, cosa que probablemente justificaba toda la cantidad de clubes y
discotecas que se estaban topando por el camino.
Se fueron dirigiendo a donde Steiner les había indicado mientras Ageha lo llamaba.
—Amor… ya estamos llegando —lo saludó, bajando un poco la ventana para sentir el
viento; era distinto al de la ciudad después de todo, mucho más limpio. Tampoco estaba tan
mal aquel pueblo, podría ir a uno de esos clubes luego a ver qué sucedía.
—Vale, ya voy para allá, tardo cinco minutos —le colgó, levantándose de la cama, ya que
al final se había quedado revisando charlas de chats y foros de Jiken, hasta las tantas.
*****
Al final eran Bronco y Ageha quienes estaban esperando por él, el primero fumándose un
cigarro y el otro llamando de nuevo para preguntarle si es que se había perdido por el
camino.
Steiner le colgó en vez de contestar, y les silbó a lo lejos, utilizando los dedos.
—Sabes que no me gusta esperar —se quejó una vez hubo llegado a su lado, acomodándose
de nuevo el llamativo cabello teñido de rosa y haciéndose el ofendido, aunque en realidad
había matado el tiempo conversando con Bronco.
—Pero si estabas bien acompañado con el señor “contamino tu ambiente” —le sacó el
cigarro de los labios a modo de saludo y se lo apagó contra el crucero en el que habían
quedado.
—Tengo algo…
—No —sentenció Bronco, caminando detrás de ellos y pensando que eso iba a ser una
pesadilla si empezaban a jorobar —. ¿Has avanzado algo o qué?
—Bueno, el compañero de Jiken me dejó mirar su ordenador y todavía estoy investigando.
De momento no tengo nada de peso, pero le gustaba verse con unos tíos raros en las
afueras, y no me gusta mucho de qué va la cosa por el momento.
—Charlas pseudo-filosóficas sobre las drogas, el sexo, la muerte e incluso ideas políticas.
De todo.
—De todo lo normal para un universitario… —su jefe se encogió de hombros —Búscame
algo que sirva —sujetó a Ageha y lo separó un poco de él —. Y tú ve a hablar con ese
hombre mientras yo dejo las cosas en la posada y me pongo al día, ¿vale? ¿O estás muy
cansado del viaje?
—No, en realidad no puedo esperar. Estoy lleno de energía —se rio, enviándole un beso y
mirando luego a Steiner —. ¿Me dices en qué dirección queda la universidad?
El moreno señaló hacía allí y le lanzó las llaves de su moto por si no quería ir andando.
—Soy más que bueno y lo sabes —bromeó, alejándose hacia la moto, pensando que iba a
necesitar de todo su buen humor. Seguro era un viejo de esos amargados y estrictos.
*****
Don se pasó una mano por el cabello, mirando por la ventana y sintiéndose ligeramente
encerrado dentro de aquella oficina. No, en realidad todo ese pueblo le parecía una cárcel,
sin rejas, pero una cárcel. Le hubiera gustado abrir la ventana, pero hacía demasiado frío
afuera, y dentro podía disfrutar de calefacción.
Se giró al escuchar que llamaban a la puerta y miró la hora, pensando que aún estaba en su
descanso. No tenía ninguna cita programada, así que, supuso que era un estudiante. Fue a la
puerta y le abrió él mismo, sorprendiéndose un poco por su aspecto. No se hacía ideas al
respecto de los demás por cosas como esa, pero le parecía extraño no haberse fijado antes
en él.
—Pasa… —se hizo a un lado, invitándolo con una mano —. Creo que tu tutor no me dijo
que ibas a venir, ¿tu nombre? —le preguntó mientras iba hacia el escritorio.
—Puede llamarme Ageha, pero creo que mi tutor se rindió hace años conmigo —sonrió
encantadoramente, aunque casi se había quedado sin palabras al ver su aspecto. Cerró la
puerta tras de sí, avanzando y extendiendo una mano —. Vengo de parte de la revista
Decameron, creo que ya conoció a uno de mis compañeros.
—Disculpe —frunció el ceño automáticamente, definiendo más las marcas que ya estaban
permanentemente dibujadas entre sus cejas. Extendió la mano de todas formas y se la
estrechó con firmeza —. Don Crawford —le dijo sin ofrecerle asiento ni tomarlo, acto
seguido cruzando los brazos y apoyándose contra la mesa del escritorio.
—No se ponga así, no he venido a interrogarlo —le sonrió más ampliamente como si aquel
hombre estuviera siendo sumamente amable. Se sentó, cruzando un poco las piernas, así era
más difícil que lo largara —. Sólo quiero hablar un rato. De todas maneras no puedo
publicar nada de lo que diga si no me da permiso.
—No voy a decirle absolutamente nada. Jamás diría nada acerca de mis pacientes, a no ser
que se tratase de un caso de fuerza mayor, y desde luego… —se aproximó a él, parándose
delante —no porque unos periodistas fantasiosos crean que pueden manchar su memoria a
cambio de hacer un artículo ridículo sobre fantasmas. Seguro que ambos tenemos mejores
cosas que hacer, que seguir aquí perdiendo el tiempo, así que…
—No, en realidad yo no tengo nada mejor que hacer. Esto es lo más importante que tengo
que hacer hoy y créame, no soy nada fantasioso —le aseguró, empezando a hablar él ya que
aquel psicólogo se veía difícil de convencer —. Puedo ver que le importaba mucho su
paciente, aún le importa. ¿No quiere ayudarlo? Mi jefe es una persona muy seria, jamás
publicamos nada que no sea verdad y… se ha involucrado mucho con este caso. En realidad
creo que seguiría investigándolo aunque no fuésemos a publicar nada, él quiere ayudar a
Jiken.
—Está muerto, ¿es que no lo entiende? —se sentó en el mismo sofá que él, aunque en el
otro lado, girándose un poco para mirarlo a los ojos. Le parecía increíble que realmente
estuviera pensando que lo ayudaban.
—Claro que está muerto, es un fantasma —le sonrió, sosteniendo su mirada. Sí que era
sexy, se preguntaba si lo sabía. No, parecía de esos que no se daban cuenta de nada respecto
a sí mismos —. Sé que es difícil creer en esas cosas, pero es más difícil negarlo cuando las
has visto. El chico en el video, es definitivamente Jiken y está claro que necesita ayuda.
—He visto el video, sí, pero… —tomó aire, recostándose un poco contra el respaldo,
apretando los brazos bajo el pecho y mirándolo fijamente. Siempre se pensaba mucho las
cosas antes de decirlas. No tenía una explicación para eso, y sabía que Lowe no había
preparado aquello —eso no tiene sentido. Sólo estáis perturbando a Lowe, así no va a
superarlo. Nada más le hace falta que le metáis en la cabeza ideas sobre fantasmas y
espíritus…
—Nosotros no le metimos esas ideas en la cabeza, él vio lo que vio y nos buscó —le
recordó, suspirando —. Revisamos el video, no crea que tomamos en serio todo lo que nos
envían. Y de todas maneras, si puedo hablar con usted, no tendríamos que hacerle tantas
preguntas a Lowe. Seguramente conoce una parte de Jiken que él nunca ha visto.
—Bien, yo hablo con usted, y dejan a Lowe tranquilo —aceptó, aunque no pensaba
contarles nada que pudiese perjudicar su memoria —. ¿Es usted un periodista para
comenzar? Y su amiguito… ¿cómo sé que pertenecen a esa revista?
—Aquí tengo mi identificación y mi tarjeta —le ofreció, sacándolas del bolsillo de los
ajustados pantalones —. Soy el editor en realidad, Steiner es nuestro reportero de
investigación en plantilla. Está acostumbrado a hacer las cosas de manera informal, estoy
seguro de que no quiso ofenderlo.
—Ya veo… —sujetó la tarjeta, mirándola casi como si fuera un portero de discoteca. No
sabía dónde escondía los cinco años menos que parecía que tenía. Lo miró a él y se la
devolvió, apretando un poco las mandíbulas —Qué plantilla tan peculiar.
—Gracias, lo tomaré como un cumplido —sonrió de nuevo, observando sus ojos negros y
profundos, preguntándose si esa era una manera educada de decirles “freaks” —. Tenemos
el apoyo de la asociación de parapsicología, y puedo asegurarle que no inventamos cosas.
Somos periodistas y nos tomamos eso en serio.
El sicólogo esbozó una sonrisa, pensando que para él decirle que la asociación de
parasicología los respetaba, sólo le daba que pensar. Sólo le faltaba al jefe por venir, se
preguntaba si también era tan colorido como sus empleados, pronto le parecería estar en un
capítulo de los teletubies.
—No sé qué quiere saber, sinceramente… No sé qué pretenden —le sirvió un café, y lo
apoyó en un platito sobre la mesa de cristal, junto al azúcar. Regresó a donde estaba la
cafetera y le dio unas galletas, pensando que se quedaba sin ellas, pero en fin —. Coma
algo, no sé cuál era la urgencia… —se apoyó en el respaldo otra vez, mirándolo
atentamente. Era muy guapo, justo su tipo. Llevaba unos pantalones negros de tela vaquera,
que parecían tatuados en su piel, y una camiseta fucsia, que jamás habría imaginado le
pudiese sentar bien a un hombre.
—Muchas gracias, aunque no lo quería poner en aprietos —se rio con suavidad, tomando
una de las galletas y mordiéndola con cuidado —. Están deliciosas —le aseguró evitando
por poco guiñarle un ojo, le costaba no coquetear más con él, pero podía escuchar la voz de
Bronco en su cabeza pidiéndole que se comportase —. Queremos saber cómo era, si
realmente tenía tendencias suicidas. Si estuvo raro esa última semana, por ejemplo, o si le
dijo algo que lo pusiera nervioso la última vez que lo vio. Lowe dice que estaba mucho
mejor en realidad.
—Estaba mejorando mucho, se sentía esperanzado y muy inspirado en sus trabajos, pero es
complicado. Sí, era una persona depresiva, y es posible que se suicidase. La autopsia fue
clara, una sobredosis… Sé lo que dice Lowe, pero como he dicho, aún no supera la muerte
de su mejor amigo —se tocó el cabello en la nuca, peinándoselo hacia atrás antes de
colocarse mejor en el asiento. No estaba en una postura para nada relajada, pero lo
intentaba. El otro parecía que estaba en su casa.
—¿No cabe la posibilidad de que haya sido un accidente? ¿Ni siquiera eso? —le preguntó,
recordando lo que les había comunicado Steiner en el email —Por lo que tengo entendido,
Jiken se enfermó los últimos días.
—Sí…, bueno, he pensado en la posibilidad de una sobredosis por mala dosificación por
parte del médico, pero me reuní con él y las dosis eran correctas, además… no las tomaba
—negó con la cabeza, tomando aire profundamente y frotándose una mano con la otra —.
Lo cierto es que probablemente algo sucedió y… no se lo quiso contar a nadie, o no
supimos entender su llamada de atención. Hay algo que… bueno, en realidad no tengo
ganas de compartirlo con usted —dijo de pronto con aplastante sinceridad, pero en el
mismo tono.
—¿Y eso estaba en su personalidad? ¿El ocultar algunas cosas? —bebió un poco de café,
mirándolo a los ojos, y bajando la taza luego —Usted le tenía mucho cariño, ¿no es así?
—Me costó mucho que se abriese, nunca ha tenido en quién confiar. Cuando vives esa
situación durante demasiado tiempo, te acostumbras a no tener la necesidad de compartir
tus problemas o temores. Los expresas de otra forma, era un gran artista, dibujaba con el
corazón. Así comunicaba a los demás lo que le pesaba —evitó hablar de sí mismo, ya que
no era el tema.
—Asumo que le mostraba sus dibujos entonces… —dejó la pregunta en el aire, pensando
en lo que había dibujado Bronco. No se atrevía a hablar de él, sabía que era algo personal y
de todas maneras era posible que este hombre no le creyese. Lo mejor sería preguntárselo al
mismo Bronco —Pero me parece a mí que si no tienes a nadie en quien confiar y luego te
abres a alguien… ¿no le dirías a esa persona si algo te molesta o te preocupa? Claro, yo no
soy un psicólogo, sólo especulo.
—Tal vez no, si es algo que te avergüenza. Si te tienes en mala consideración, o estás
minado en cuanto a autoestima, lo último que deseas es que la persona que te respeta, o por
la que sientes aprecio… sepa algo malo de ti. Tal vez sea demasiado y ya no vea igual…,
tal vez se dé cuenta de que en realidad soy esto… —se relajó al fin, y apoyó un brazo en el
respaldo del sofá, mirando la hora de soslayo.
—Suena terrible, yo no podría vivir así —comentó, en realidad sintiéndose mal por ese
chico. Tomó otra galleta mirándola, y comiéndosela finalmente —. ¿Sabe si Jiken tomaba
algún tipo de droga, aparte de sus prescripciones?
—No que yo sepa…, pero eso no quiere decir nada —se encogió de hombros ligeramente
—. Era una persona reservada. ¿Para qué necesita hacerme todas estas preguntas, eh? Creo
que ni usted mismo lo sabe… —movió un poco la pierna, cruzándola sobre la otra.
—Necesito saber lo más que pueda acerca de Jiken. Lo cierto es que mi jefe y Steiner,
creen a Lowe y yo no suelo dudar de sus juicios. Pienso que mientras mejor lo conozcamos,
mejor podremos ayudarlo. ¿No es parecido a lo que hace usted? —sonrió levemente,
mirándolo a los ojos.
—No, lo que yo hago está derivado de una carrera universitaria, y una especialización en
adolescentes y jóvenes. He estudiado para ello y estoy capacitado además de tener muchos
años de experiencia, pero ustedes no lo creo… —se sintió un poco ofendido y frunció el
ceño. ¿Cómo podía compararlo? —Y ya han dicho que iban a dejar a Lowe tranquilo.
—No dije que fuéramos a molestarlo sólo porque le creemos. Y yo también fui a la
universidad. Todos lo hemos hecho. De todos modos, dije que era parecido, no lo mismo,
no se ofenda —le pidió bajando un poco la cabeza porque aquello le había hecho gracia —
¿Sabía usted que Jiken solía atender a ciertas reuniones en las afueras?
—No —sentenció, un poco molesto porque supiera más que él al respecto —. Pero antes de
que siga. Yo he dicho que fui a la universidad para ayudar a la gente, los editores no. No
tergiverse mis palabras, y no me ofenderé.
—Está bien, me disculpo —alzó las manos en señal de que no había querido ofenderlo y
suspiró —. ¿Le habló alguna vez acerca de otros amigos? Aparte de Lowe.
—¿Nadie? Y… ¿le habló de su relación con Lowe? Lo pregunto porque sólo hemos
escuchado de su punto de vista —le aclaró antes de que se alterase de nuevo.
—Sí, se llevaban bien, aunque de todas formas, continuaba siendo reservado. Ambos lo
son, pero él más que Lowe —suspiró de nuevo, volviendo a mirar su reloj —. Si tiene más
preguntas, vamos a tener que continuar más tarde. Dentro de diez minutos tengo una sesión.
—Por supuesto, muchas gracias por su tiempo, doctor Crawford —Ageha se levantó,
extendiendo la mano hacia él —y por todo. Le puedo asegurar que no publicaremos nada
que difame a Jiken.
—Eso espero —se levantó, estrechando su mano, sin soltársela todavía y alterándose un
poco —. ¿Quiere cenar conmigo?
—Estaré encantado. Me estoy quedando en la posada para estudiantes. ¿O prefiere que nos
reunamos en algún lado?
—Será lo mejor, supongo que no quiere ser el tema de conversación de mañana en el
campus, ¿no? —soltó su mano, sin saber si sentirse aliviado, o más tenso.
—No lo sé, me gusta la atención en realidad —se rio, tocándole un hombro y de paso
aprovechando para sentir sus músculos —No se preocupe, no lo meteré en problemas. Sólo
dígame el lugar y la hora y allí estaré.
—Está bien, hay un café que se llama “Armado” aquí cerca, pasaré a buscarlo a las…
¿nueve y media? —apretó un poco el brazo y se metió las manos en los bolsillos.
—Estaré listo —le aseguró, otorgándole su sonrisa más encantadora antes de salir —.
Tenga un buen día hasta entonces.
—Lo mismo digo… —se despidió, cerrando la puerta y tomando aire, preguntándose por
qué había hecho algo tan estúpido como quedar con él. Por otra parte… sonrió mientras
regresaba hacia su mesa, le había dicho que sí.
*****
Ageha iba tarareando casi cuando llegó a la posada. La verdad no estaba tan mal aquel
pueblo, tenía todas las necesidades básicas, aunque suponía que era un suplicio si querías
conocer gente nueva o tener algo sin importancia con alguien.
Por lo demás, era agradable, limpio, organizado, la universidad era como cualquier otra,
pero también había tiendas, cafeterías y esos clubes que había visto al llegar. Por supuesto,
no se le pasaba por alto que su única razón para sentirse tan optimista podía ser ese
psicólogo.
Steiner y Bronco estaban sentados en un sofá del recibidor, hablando entre ellos, no le tomó
nada localizarlos.
—¿Me extrañasteis? Yo sé que sí.
—No hagáis esas cosas aquí… —les recomendó Bronco, ya que esa gente era bastante
cerrada —Vamos a la habitación. Parece que te ha ido bien, ¿no?
—Muy bien, mucho más que bien y además tengo una cita esta noche —se rio subiendo las
escaleras —. No cree en nada de lo que hacemos, pero le aseguré que sólo queríamos
ayudar a Jiken.
—¿Y qué pasa con lo de “mi culo está más cerca” y “dormir sobre ti”? Vaya huevos… pues
vas a dormir con Bronco —Steiner frunció el ceño, chasqueando los labios.
—Mejor para mí —Bronco por poco le dio con la mano en la cabeza, pero lo evitó en
último instante —. Convéncelo de que colabore. Si te ha invitado a cenar…
—Ya está colaborando, es sólo que le tengo que sacar la información con pinzas —sonrió,
encogiéndose de hombros —. No seas frío, Steiner, no es mi culpa ser encantador.
—Espero que la información no sea lo único que tengas que cogerle con pinzas —le echó
un corte de mangas, aunque en realidad estaba seguro de que no iba a ser más que una
aventurilla pasajera.
—Callad… ¿podemos hablar de trabajo y punto? —les pidió Bronco, suspirando —Y llama
a ese chico, quiero hablar con él.
—Te doy su número y lo llamas tú —abrió la puerta de su cuarto y los invitó a pasar.
—Sí puede ser y además me hace gestos obscenos. Lo sabía —Ageha frunció el ceño,
pasando y dejándose caer en la cama, no se iba a medir nada con el psicólogo esa noche.
—¡No hicimos naaada! —exclamó Steiner molesto, más por eso mismo, que por lo que
opinasen.
—Pst… puede que lo intentase —se encogió de hombros, suspirando —. ¿Es que ahora no
puedo ni echar un polvo? —se quejó, aunque en realidad sabía muy bien cuáles eran los
motivos del enfado de Bronco.
—Eso y con un chico en duelo, qué terrible —se quejó, girándose un poco y mirando a
Bronco luego —. El psicólogo no sabía acerca de las reuniones. Tampoco cree que tomase
otras drogas aparte de las de prescripción, pero dice que se expresaba a través de su arte, así
que estaba pensando…
—Ya…, hablaré con ese chico a ver si puede decirme algo, aunque no sé. ¿Por qué?
¿Quieres mostrárselo a él?
—¿De qué estáis hablando? —Steiner los miró con sospecha, y se sentó en una de las sillas.
—Tengo una imprimida en el bolsillo —le dijo a Ageha, metiéndose la mano en el bolsillo
trasero del pantalón.
—No me hagáis el vacío… ¿es que sois críos? —Steiner se la sacó de las manos
bruscamente, abriendo la hoja y mirando aquello, estupefacto. ¿Acaso no era uno de los
dibujos que estaban en el cuarto de Jiken? —¿Qué es esto?
—Eh… Lo dibujó Bronco —confesó Ageha ya que de todas maneras era lo único que
podían hacer —. Tuvo un sueño con ese chico y cuando se despertó, había dibujado eso.
Así que pensé que tal vez había más allí que sólo la palabra “ayuda”. Pero me será difícil
mostrárselo sin explicarle de dónde salió, ¿no lo crees?
—Es exactamente igual que los que hay en su cuarto —le dijo Steiner.
—Entonces no cabe duda de que es definitivamente suyo. Me será más fácil convencerlo
así —Ageha sonrió ligeramente complacido, aunque no quería poner a Bronco en una
situación difícil —. ¿Tenía muchos? ¿Alguno te llamó la atención?
—Todos eran interesantes, era algo así como entrar en el cuarto de un artista conceptual de
videojuegos… No sé mucho de arte, pero… no dejaba impasible.
Bronco sacó el paquete de cigarros con el mechero dentro. Uno de esos pequeños que te
regalan cuando compras un cartón.
—Llama a ese chico, quiero verlo y es viernes, tal vez quede con alguien por la noche.
—Ya voy… —lo frunció también, observando cómo abría la ventana para ir a fumarse el
cigarro. Al menos tenía consideración.
—¿Acaso te peleaste con él? —Ageha sonrió de nuevo, esta vez de manera maliciosa,
levantándose de la cama y acercándose a él —Te pasa por perseguir chiquillos.
—Tú también, no, ¿eh? Ya sabes cómo soy —le dio un beso en los labios, alargándolo un
poco —. Como tú —sonrió, y luego sacó el móvil para hacer la llamada.
—Como yo, sí —le aseguró apartándose para darle espacio y yendo con Bronco, que lo
sujetó por la cintura y le dio un beso en la sien. No necesitaba motivos para ser cariñoso
con Ageha, y él tampoco se los exigía, era casi como si fueran de la misma familia en
cuanto a trato.
—¿Diga?
—Soy Steiner… —le dijo un poco tenso al escuchar su voz —Mira… ¿puedo ir por ahí esta
noche?
—¿Por qué? ¿Es… acerca de Jiken? —le preguntó sentándose enseguida, y poniéndose
tenso también.
—Claro, ¿por qué iba a ser si no? —frunció un poco el ceño, apoyándose en el lavabo —Mi
jefe está aquí, y quiere hablar contigo, ver el cuarto de Jiken, y mostrarte algo.
—Vale, ¿a qué hora vienes? —le preguntó más relajado, aunque de alguna manera también
se sentía decepcionado al escuchar que venía su jefe. Era una locura, estaba haciendo eso
para ayudar a Jiken, no para conseguir una cita.
—Cuando tú quieras. Dime tú… ¿A las nueve? —se miró al espejo un momento, pensando
que necesitaba cambiarse de ropa, ahora que Ageha le había traído algunas cosas.
—A las nueve estará bien —asintió, pensando que en realidad a cualquier hora estaría allí,
no tenía nada que hacer.
—Vale… —le colgó y salió al dormitorio otra vez —A las nueve, voy a darme una ducha
—les informó, buscando en la bolsa que le había traído el asiático.
—De acuerdo —le dijo Bronco, que ya estaba sentado con Ageha en las piernas, mirando
los archivos de Jiken en el ordenador.
—Ve a ponerte bonito para ese chico —le comentó Ageha no sin un dejo de celos, como si
él no fuese a salir luego con el psicólogo.
—Llevo unos días sin poder cambiarme de ropa, cariño… Y si quieres ven a enjabonarme
—lo invitó, alzando una ceja.
—¿Crees que puedes seguir solo, Bronco? —le preguntó el chico, sonriendo un poco y
moviéndose sobre sus piernas.
—Si sucede algo, me avisas —le pidió poniéndose serio por un momento y luego yendo
con Steiner, guindándose de su cuello y recibiendo un beso casi de inmediato, mientras era
llevado a horcajadas hacia el baño.
Bronco los miró un momento y cerró la puerta, negando con la cabeza afuera. Ya hasta le
daba pena el sicólogo ese.
Parte II
Viernes, enero 29
A las nueve y diez minutos, por insistencia de Bronco en no presentarse enseguida, llegaron
al portal de la casa de Lowe, y el mayor tuvo que detener al otro para que no subiera así
como así aunque la puerta estuviese abierta de par en par. Llamó primero, y luego subieron
hasta su piso.
Steiner lo miró, como pidiéndole permiso de broma antes de llamar, y el otro dio con los
nudillos en la puerta.
Lowe abrió enseguida, los había estado esperando, nervioso a decir verdad.
—Hola —saludó, mirando a Steiner y luego estudiando al otro hombre con curiosidad.
—¿Podemos pasar? —le preguntó Bronco, haciéndolo en cuanto el chico les hubo dejado
sitio. Las sensaciones eran muy fuertes en aquel lugar, y el ambiente pesado incluso, tardó
unos segundos en darse cuenta de que estaba siendo un maleducado, cuando escuchó a
Steiner como si hablase de lejos, diciendo la palabra “jefe”.
Bronco abrió la carpeta que llevaba en la mano, y con la mirada buscó una mesa,
dirigiéndose hacia allí, y apartando algunas cosas tras pedir permiso con la mirada. Fue
colocando los folios sobre la misma, numerados y marcados para poder formar lo que había
dibujado en su casa.
—Parece uno de los dibujos de Jiken. ¿Dónde lo consiguió? —le preguntó sorprendido,
acercándose y observando los trazos, leyendo luego aquel mensaje. Jiken nunca había
escrito algo en sus dibujos que él recordase, mucho menos algo así.
Bronco lo miró interesado, inclinando un poco la cabeza a un lado y mirando el dibujo otra
vez.
—Yo lo hice, en mi casa. Bueno… en estado de trance.
Steiner se acercó un poco para mirar el dibujo también, pensando que debía ser realmente
complicado tener que explicar algo así.
—¿Estado de trance? ¿Entonces esto lo dibujó Jiken? ¿Lo dice en serio? —le preguntó el
rubio alterándose un poco y mirando esos dibujos más de cerca. Pensó en el doctor
Crawford y en lo que diría, que tal vez Steiner había copiado algún proyecto de su
ordenador y simplemente estaban fingiendo, pero los trazos eran demasiado exactos,
incluso aquellos pequeños errores que había aprendido a reconocer.
—Por supuesto… —lo miró serio, observando al chico por un momento —Esto no sucede
cuando yo quiero. Tuve un sueño, obviamente inducido por Jiken, y… luego de lo único
que me acuerdo, es de haberme despertado en la sala de mi casa, congelado, con un montón
de hojas por todas partes, y ese dibujo en la mesa. Yo lo hice, claro está, pero fue Jiken
quién movió mi mano. Te aseguro que yo no puedo dibujar ni una “o” con un canuto —
tocó el dibujo con la mano, rozando el grafito en los folios y mirando esto de nuevo.
—Sí, claro… Es por aquí —lo guió, abriendo la puerta y dejándole espacio. Apenas el
moreno entró en aquella habitación, los papeles pegados a las paredes empezaron a agitarse
en una leve brisa, aunque la ventana estaba cerrada.
Bronco escuchó su propia respiración como si fuera lo único que había allí, y miró a su
alrededor, sin percatarse apenas de la presencia de Steiner en el marco de la puerta, detrás
del rubio. En aquellos momentos era como si el tiempo pasase muy lento, o como si
estuviese en otro plano distinto al real.
Cerró los ojos, tratando de escuchar su voz, pero en vez de eso escuchó algunas de las
páginas de un libro moviéndose, y unas hojas desprendiéndose del mismo, escondidas entre
ellas. Abrió los ojos despacio y se agachó a recogerlas. Estaba sudando tanto, que tenía la
camiseta mojada bajo la nuca.
Se levantó con los folios en la mano, pero no comprendía sus dibujos, parecían lugares…
en el bosque. Y el último, un pájaro muerto, con gusanos saliendo de su pico, y los ojos
vidriosos.
—¿Es Jiken? ¿Está aquí? —preguntó Lowe sin creerse aquello y dando un paso hacia
delante, pero sintió la mano de Steiner sobre su hombros.
La brisa había desaparecido, pero ahora se escuchaban una serie de golpes que parecían
proceder del suelo, el último fue el más violento, antes de que todo quedase en silencio de
nuevo.
Bronco los miró, respirando agitado todavía, y sentándose sobre la cama porque estaba un
poco mareado.
—Bronco… ¿estás bien? —Steiner se aproximó a él, acuclillándose en el suelo delante del
otro, que asintió con la cabeza, sin soltar aquellos dibujos.
—Esto va a parecerte muy extraño —le dijo ahora al rubio —. Pero… ¿podéis dejarme a
solas en la casa?
—¿A solas? ¿Por qué? —le preguntó nervioso, aunque ahora se arrepentía de no haber
tenido su cámara con él, tal vez hubiese podido ver a Jiken de nuevo, tal vez el mensaje
hubiera sido más claro —No sé…
—Lo comprendo, olvídalo —Bronco se tapó la cara con la mano, pasándosela hacia atrás y
revolviéndose un poco el cabello.
—No va a hacer nada…, puedes confiar en él —abogó por su jefe, desde luego, además de
que estaba un poco sobrecogido por todo eso, y por verlo así —. Podemos bajar al bar de
abajo y te aseguras de que no vaya a escaparse con tu televisión, aunque sea dueño de una
revista y no le haga falta robar a un estudiante —bromeó un poco por ver si lo convencía.
—Va… vale. Vamos abajo. Hay… cervezas en la nevera si quiere, zumo también.
¿Necesita algo más?
—No, gracias, sólo voy a quedarme aquí, o eso espero. Cierra la puerta con llave cuando
salgas, será lo mejor —le pidió por su propia seguridad, ya que no se fiaba de lo que
pudiese acabar haciendo si entraba en trance.
Bronco asintió con la cabeza, pero pensando que en esos momentos no era consciente de sí
mismo, aún así, no quería parecer demasiado extraño.
—Hasta luego —Lowe pasó por el sofá para tomar su cazadora negra, y se la puso,
subiéndose la cremallera de la misma. Miró hacia aquella habitación una vez más, tratando
de decidir si debería dejarle algún mensaje a Jiken, pero le parecía un poco estúpido.
—Vamos, no pasará nada —le dijo Steiner, mirando a Bronco, que seguía sujetando los
folios en la misma postura, y llevándose al rubio de la cintura hacia fuera. Esperó a que
cerrase con llave, y se guardó las manos en los bolsillos de los jeans, aunque no es que
hubiera mucho sitio para ellas con lo ajustados que los llevaba en las nalgas.
—¿Es en serio, verdad? Eso no fue un truco, no pudo serlo —comentó Lowe mientras
bajaban al bar —. Porque el cuarto ha estado cerrado todo el día y yo he estado allí, y
además ese dibujo era demasiado exacto.
—No, Bronco no es ningún payaso para ponerse a hacer trucos, y tampoco suda así
normalmente, que no es un luchador de sumo —le dijo serio, nervioso todavía —. La
verdad es que odia que lo vean así, llevo años trabajando con él y… nunca lo había visto, ni
habla de ello. Supongo que le dará muchos problemas —abrió la puerta para él, y espero a
que saliera antes de seguirlo —. Me parece que sólo le habla de ello a Ageha —dijo más
bien para sí ahora.
—¿Es otro de la revista, supongo? —le preguntó ya que no lo conocía y se dio la vuelta
mirándolo, tocándose un poco los brazos porque hacía frío —Estás serio, ¿crees que sea
peligroso?
—Espero que no, pero me preocupo por él. Se obsesiona bastante con este caso —lo miró a
los ojos, quitándose la cazadora y poniéndosela por encima, aunque él sólo tenía la
camiseta, pero era un caluroso —. Y sí, es nuestro editor.
—Bueno, Jiken no le haría daño, mucho menos si está buscando ayuda —le aseguró,
aunque imaginaba que ese no era el único peligro. En realidad le fascinaba aquello —.
¿Cuántas personas trabajan en la revista?
—Sólo nosotros tres, pero tenemos colaboradores, claro —siguió caminando para ir hacia
la cafetería, y volvió a guardarse las manos en los bolsillos, pensando en lo primero que el
chico había dicho.
—Creí que erais muchos más… por la cantidad de artículos —le aclaró, metiéndose las
manos en los bolsillos de la cazadora que para variar no estaba rota. Se sentía un poco
aturdido, como si sus pies se movieran solos por inercia.
—No, bueno, yo suelo salir de viaje, paso un tiempo fuera y luego regreso con varios
artículos. Luego Bronco selecciona los que piensa que son mejores y Ageha los prepara. Lo
mismo hace con los artículos de otros freelancer, pero a mí me tiene en nómina porque me
manda encargos y eso… —entraron en la cafetería y se sentó junto al cristal, a pesar de que
no había posibilidades de que Bronco saliera, estaba cerrado con llave.
—Es... interesante —Lowe alzó la mirada cuando se acercó el camarero, pidiendo un
chocolate caliente ya que no tenía ganas de alcohol en ese momento. Se quedó mirando a
Steiner luego, pensando en aquella hamburguesa de nuevo, no lo comprendía.
—No es eso, no tienes que alimentarme… —le contestó, observándolo y pensándolo mejor
luego —Es decir, gracias… por la hamburguesa y por todo esto. Todavía no lo comprendo.
—La que me dejaste ayer o… —¿se te olvidó?, finalizó en su mente, enrojeciendo ahora
seguro de que había metido la pata y ni siquiera era para él.
—Ah… ya, no tiene importancia —se encogió de hombros, mirándolo —. La había llevado
para ti.
—Por eso, gracias —se encogió de hombros, tamborileando contra la mesa —. Quisiera
saber qué está pasando allá arriba.
—Ya lo sabremos luego… —le echó una mirada, sonriendo ligeramente y apartándose para
dejar sitio a la comida. Se apoyó en la mesa con los antebrazos cuando el camarero se fue, y
se aproximó a él un poco —Estabas deseando que te llamara.
—¿De nuevo empiezas con eso? Claro que sí, quiero ayudar a Jiken —frunció el ceño,
enrojeciendo y bebiendo un poco del chocolate, echándose hacia atrás con todo y taza.
—Ya… —se puso a comer el sándwich, mirándolo de todas formas con una sonrisa torcida
en los labios —Y dime, ¿qué piensas estudiar si dejas derecho?
—No lo sé, algo más libre supongo —se encogió de hombros de nuevo —, pero no tengo
muchos talentos.
—No pienses en talentos, piensa en algo que te guste hacer o serás un adulto muy aburrido,
guapo… —se acabó el sándwich porque comía muy rápido y echó media cucharadita de
azúcar en el café.
—Pero no sirve de nada si no puedo hacerlo bien, ¿o sí? ¿Así vives tu vida? —continuó
bebiendo, sonriendo un poco contra la taza.
—Si te gusta… lo haces bien, o al menos tienes la moral de seguir intentándolo hasta
conseguirlo —lo señaló con la cucharilla, mirándolo y sonriendo —. ¿Qué te gusta? A parte
de mí.
—Me gusta jugar videojuegos, y la música punk, pero no sé tocar nada. Las películas de
miedo, lo paranormal, gracias a Jiken. ¿Ves? Nada útil —suspiró de nuevo, dejando la taza
sobre la mesa y pasando el dedo por el borde de la misma.
—Oye, lo paranormal es muy útil —se rio porque sonaba hilarante —Si te gusta, ¿por qué
no estudias eso? Quién sabe, a lo mejor un día acabas quitándome el puesto.
—No lo creo, no podría entrevistar gente, no soy bueno para eso —sonrió, bajando la
cabeza y añadiendo luego —. Pensándolo mejor, tú tampoco.
—Eso dirás tú…, pero has confiado en mí, ¿no? —alzó una ceja y le apoyó la mano en la
cabeza, acariciándole un poco el cabello, pero de forma desenfadada.
—Porque eres insistente y tienes pruebas, pero yo ya creía en eso. ¿Cómo te ha ido con el
doctor Crawford, eh?
—Creo que me odia —(y más me odiaría si supiera), pensó para él, guardándoselo y
riéndose entre dientes —…, pero Ageha se ha encargado de él —retiró la mano y cruzó los
brazos sobre la mesa, tras terminarse el café.
—Oh, ¿estás seguro? Es terco, pero sólo lo hace porque quería a Jiken —le aseguró,
frunciendo el ceño luego —. Aunque es demasiado terco.
—No he comido nada, me embriagaré —se rio, bebiéndose lo que quedaba del chocolate
caliente —. Además, se supone que esperemos a que te llame tu jefe, ¿o no?
—Es mayorcito… —se apoyó en un codo, mirándolo —No hace falta ir muy lejos,
podemos coger unas cervezas y subir al monte. He visto que arriba del todo hay una
escultura, quiero verla. Seguro que no has ido… seguro que eres un ermitaño —se acercó
un poco más a él —. Deja que te enseñe…
—No he ido y no tiene nada de malo, pero recuerda que lo dejamos encerrado —le mostró
las llaves, mirándolo a los ojos ahora, casi retándolo.
—Pues ya llamará… —alzó una ceja, sonriendo y demostrándole que podía ser tan fresco,
o más.
—¿No te preocupa? —le insistió, guardando las llaves.
—Sí, la verdad, pero aquí no puedo tratar de ligar contigo… —se echó hacia atrás en el
asiento de nuevo, pensando que era aburrido.
—Mejor nos quedamos aquí entonces —le contestó, alzando la mano y llamando al
camarero para pedirle algo de comer.
—¿Por qué haces eso? —le preguntó serio, tocándole en la pierna con el pie para llamar su
atención.
—Porque sí tengo hambre después de todo —sonrió, pidiendo un club sándwich y otra taza
de chocolate —. ¿Quieres algo?
—A ti desnudo… —dijo con el camarero ahí todavía, provocando que este lo mirase con
cara de haber escuchado mal. Steiner lo miró —y una cerveza.
—No digas esas cosas así, ¿qué te pasa, eh? —se quejó Lowe enrojeciendo tremendamente
y bajando la cara, como si pudiera ocultarse así.
—No lo es, y recuerda que yo vivo aquí. Tú te vas luego… —resopló, al final dejando caer
la cabeza sobre la mesa. No importaba, ya era lo suficientemente “popular” de todas
maneras.
—Siempre puedes decir que soy un capullo y me metía contigo. ¿Qué te pasa, eh? Me
pones mucho… ¿no te gusto?
—No preguntes, sé profesional mejor —casi lo riñó, apartando la cabeza, de nuevo rojo —.
Eres un donjuán, ¿no? Lo noto.
—No lo sé, ¿lo soy? ¿Qué quieres que haga? Si un tío me gusta… tengo que probar. Lo
tuyo es lo antinatural… —se rio, ya que sabía que él era un poco capullo —Es igual, ya lo
he captado.
—Lo profesional y esto, no tienen nada que ver. En lo demás tienes razón —bebió la
cerveza del botellín de cristal, observando sus ojos azules. La verdad, comenzaba a perder
el interés, le ponía un poco nervioso, parecía uno de esos tíos complicados a los que hay
que dar demasiadas explicaciones. Hasta le había dicho que se iba a ir luego…
—Bueno, pero prestarías menos atención a tu trabajo si me estás mirando a mí, ¿o no? —le
preguntó, mordiendo el sándwich y mirándolo con disimulo. Era guapo, ya lo había
pensado antes. ¿Por qué no podía ser uno de esos nerds raros que sólo piensan en
extraterrestres? Pero no, no encajaba en el estereotipo.
Steiner se encogió de hombros, pensando que había un momento para todo, pero prefería no
seguir insistiendo en realidad. No tenía sentido estar razonando tanto un polvo, eso ya daba
miedo de por sí.
—Tienes razón, tal vez sí deberías seguir estudiando derecho. Eres muy convincente. ¿Por
qué no seguimos repasando el material de Jiken? Así no perdemos el tiempo mientras.
Tengo algo impreso en la bolsa… Te lo iba a dar para que me ayudases.
—Vale, ¿has encontrado algo raro? —le preguntó, comiéndose una patata frita y desviando
la mirada por la ventana. No había mucha gente en la calle, tan sólo algunos chicos que
iban y venían de vez en cuando, seguramente haciendo planes para más tarde.
—Muchas cosas, discusiones filosóficas sobre muerte, drogas, de todo —movió la mano en
su bolsa, y le pasó el fajo de folios —. La pasta que me debes en fotocopias, chaval. Hala,
ponte a trabajar.
—¿No que comprendías lo que era vivir en un sueldo de universitario? —alzó una ceja,
tomando los folios y revisando —Pero esta clase de cosas eran normales en Jiken, ¿sabes?
Bueno… lo de las drogas no, nunca me habló de eso —se quedó mirando una página en la
que hablaba de diferentes alucinógenos, incluso de algunos venenos que ingeridos en
pequeñas cantidades, producían alucinaciones.
—Igual pensaba que le ayudarían a inspirarse o yo qué sé. Nunca conocemos a la gente por
completo, lamento ser yo quien te lo diga —bebió otro trago, preguntándose qué estaría
haciendo Bronco, y si Ageha estaría ya con el sicólogo ese. No recordaba a qué hora habían
quedado. Miró afuera, por un momento asustándose de que pudiese quedarse colado de
aquel tipo. Ahora que lo pensaba… era un hombre atractivo…, pero un reprimido de
pueblo, seguro. Se quedó con la boquilla del botellín apoyado en los labios. No tan
reprimido si lo había invitado a cenar.
—Pero me hubiera dado cuenta si tomaba drogas. Jiken no cambió, para nada. Nunca se
comportó de manera diferente, aunque igual… Tal vez las tomaba en esas reuniones, no sé
lo que hacía. Regresaba cuando yo ya estaba dormido —le confesó, observando ahora una
discusión sobre experiencias cercanas a la muerte.
—Puede ser, es normal que la gente cambie cuando toma drogas. Tal vez le provocaron una
depresión muy aguda o algo —lo miró, como regresando a la tierra.
—Pero no estaba deprimido, no lo creo —negó con la cabeza, revisando más —. No lo sé,
todo lo demás parecen cosas normales de Jiken. No sé por qué le fascinaba tanto la muerte,
pero tampoco comprendía sus criaturas.
—Muéstrale esas cosas a tu sicólogo, igual él sabe decirte algo sobre eso. Yo no tengo ni
idea… —bebió otro trago, y luego le quitó una patata.
—Lo haré, aunque me siento un poco como si estuviera violando la confianza de Jiken,
aunque si ya las viste tú… —exhaló, seguro de que su lógica no tenía sentido. Era él quien
se sentía intimidado por el psicólogo, porque quería que le creyese y tenía miedo de que
aquello sólo afianzara la teoría de que Jiken se había suicidado.
—Él quiere ayuda, pues tú se la das lo mejor que sabes, ya está —se encogió de hombros,
como diciéndole que no tenía que comerse tanto el coco.
—Sí, eso supongo —sonrió un poco, mirando su chocolate y pensando que sí que cambiaba
cuando no estaba tratando de meterse en sus pantalones.
—Jiken no haría eso, bueno, tal vez sí, la verdad… —tomó otro trozo del sándwich,
comiendo con calma, ya que no tenía prisa de todas maneras y seguro que se llevaba la
mitad para su casa.
—¿Y tú no? —le preguntó, cogiendo una patata además, sonriendo de nuevo.
—Yo… tengo un cuerpazo que te cagas, y tú no lo vas a ver —se rio, lanzándole una patata
demasiado frita.
—¿Ah sí? Ya veremos eso —se quejó, tirándole otra patata y riéndose, cubriéndose luego
para que no se vengara.
Parte III
Viernes, enero 29
Ageha podía sentir las miradas de las demás personas que se encontraban en aquel recibidor
y a decir verdad, aquello lo satisfacía. Incluso estaba sonriendo para sí, a pesar de que
fingía leer una revista mientras esperaba a que Don Crawford lo viniese a recoger.
La razón de aquellas miradas, además de su llamativo cabello teñido de rosa, era la ropa
que llevaba puesta, una camiseta sin mangas negra con algunos acentos fucsia en el centro
en forma de escamas de dragón. Los pantalones eran negros, sumamente ajustados y con un
ligero brillo metálico en la tela stretch. Había barajado ponerse unos de látex, pero supuso
que sería demasiado para el psicólogo. No quería matarlo de un ataque al corazón en su
primera cita.
Don atravesó la sala de la cafetería, buscándolo con la mirada y preguntándose si llegaba
demasiado tarde. Finalmente se había quedado dormido sin querer, y todavía estaría
adormilado si no fuera por los nervios. ¿Iba bien con unos jeans y un jersey? Relájate, se
dijo, pensando que estaba demasiado “desentrenado”.
Se quedó mirándolo y no pudo evitar pensar, que se había vestido “para matar”. Le
encantaba…
—Disculpa, me quedé dormido —le dijo al llegar junto a él, tan serio como siempre,
aunque ofreciéndole una mano para que se levantase.
—Es igual, no tengo otra cita después —sonrió, sujetando su mano y poniéndose de pie. Se
veía sexy así, realmente sexy, y de nuevo parecía que no se daba cuenta —. ¿Estoy bien?
No sabía cómo eran las cosas aquí.
—Estás… increíble. Estoy seguro de que van a ponerte verde, pero así tienen algo de qué
hablar durante la cena —lo sujetó de la cintura, pensando que era fina y el calor de su piel
traspasaba un poco la tela —. ¿No tendrás frío afuera?
—Pero tú me calentarás —bromeó, metiéndose las manos en los bolsillos —. Estaré bien,
tampoco está nevando.
—¿En serio? No sé cocinar realmente, pero… ¿tienen una pizzería aquí, verdad? ¿O eres de
los que prefieren la comida china? —le preguntó, observándolo y deseando tocar ese pecho
tan fuerte.
—Sí, en serio —aceptó, aunque casi sentía que todo lo hacía por impulso, y eso no le
gustaba nada. Pero de todas formas, ¿para qué había quedado si no, con alguien que sólo
estaba de paso? —. Y me gusta todo, prefiero la italiana, pero… si quieres una pizza —se
rio, pensando que hacía siglos que no comía algo como comida china o pizza.
—No, llevemos comida italiana, hace tiempo que no la como y además… soy exigente con
las pizzas —se rio, sacándose las manos de los bolsillos y sujetándose de su brazo —.
¿Estás nervioso?
—¿Se me nota? —lo miró un momento, apretando las mandíbulas y guardándose la mano
en el bolsillo para que fuese más cómodo —La verdad, hace siglos que no tengo una cita.
No sé ni cómo tuve la ocurrencia de invitarte. Incluso medité la posibilidad de decirte que
no podía ir.
—Me hubiera puesto triste —le aseguró serio, aunque exageraba un poco, sólo habría
insistido él. Era sincero además, esa era una cualidad rara y maravillosa —. No te pongas
nervioso, no como gente. A decir verdad, me quedé sin palabras cuando te vi, creí que
serías un viejo amargado.
—Acabaré siéndolo, créeme. No sabes lo que es ser gay en este lugar. Bueno… en realidad
finjo no serlo y todos saben que sí, pero son más felices haciéndose los locos al respecto —
lo miró mientras le hablaba, y se dirigió al Audi A5 plateado que había aparcado cerca.
Apretó el llavero para abrir las puertas, abriendo la del acompañante para él —. Pasa, es
una casa y hay un trecho andando.
—No, me da igual… —se sentó a su lado y cerró la puerta, mirándolo un momento antes de
encender el coche —Si no te besas delante de ellos, son capaces de ignorarlo —se dirigió
cuesta arriba, alejándose un poco del núcleo de población, aunque tampoco demasiado
lejos.
Subían por una carretera con bosque a los lados, algunas huertas, y casas de veraneo de
gente adinerada, que contrastaban mucho con el resto del ambiente.
—Es demasiado relajante… —le aseguró, pensando en lo mucho que le aburría en realidad
—Nunca hay gente nueva, y está lleno de reprimidos —se echó contra el asiento —, yo
incluido —puntualizó sonriendo y, tocando el volante con las puntas de los dedos —. ¿No
te da miedo?
—¿Miedo? ¿Vas a comerme? —le preguntó riéndose, una idea fugaz pasó por su mente
apenas por un momento, pero la desechó enseguida —Lo siento, no soy comida italiana,
sólo sushi, pero… soy satisfactorio de todas maneras.
Lo miró de soslayo, pensando que era muy agresivo sexualmente. No le dejaba relajarse ni
un momento.
—Tal vez te coma… —le dijo sonriendo y mirando a la carretera de nuevo —Ya es por
aquí —le advirtió, utilizando el llavero para abrir los portones de una finca con una casa de
dos pisos, no muy grande, y a la vista de los vecinos, cerrada por cipreses.
—Me encanta, ¿eh? —le informó, agachándose un poco para mirar por la ventana delantera
—Creo que tiene mucho de tu personalidad.
—¿Ah sí? —sonrió un poco, sin poder evitar analizar qué había querido decir con eso. Dejó
el coche en la entrada por si tenía que usarlo de nuevo después de la cena, y se bajó,
abriéndole la puerta y acompañándolo al interior.
Se entraba por una galería acristalada, con plantas alineadas en la ventana que daba al
salón, y tuvo que abrir también esa puerta para dejarlo entrar por fin.
El salón era muy amplio, con el suelo de baldosas color caramelo quemado, a juego con
unos muebles un tanto rústicos, y un sofá de tres plazas color crema. A la derecha había una
mesa de doce asientos, con un jarrón en el medio, al que parecía no prestársele mucha
atención, ya que no había flores dentro. Al fondo de la pared, a la izquierda de una
televisión de pantalla plana, la chimenea estaba encendida.
—Ponte cómodo, o ven a la cocina conmigo si quieres —se sacó el jersey, ya que en la casa
hacía calor, pero a él le gustaba así.
—Claro que iré contigo, es una cita ¿no? Y quiero conocerte mejor —le sonrió siguiéndolo
y pensando que la casa era aún más como él por dentro, o al menos la impresión que se
había formado.
La cocina era bastante amplia, se notaba que le gustaba la comodidad. Ageha se fue a sentar
en uno de los taburetes, colocando las manos en el centro de sus piernas y observándolo,
intrigado.
—Esta casa da la impresión de ser más grande por dentro que por fuera.
Utilizó una olla que tenía sobre la encimera para llenarla de agua y poner la pasta, y se
dirigió a la nevera para coger algunas cosas y distribuirlas para ir preparándolas con
comodidad —. Sobre lo que te dije antes de tener miedo… Siempre lo he pensado, ir a casa
de alguien que no conoces de nada… no sabes lo que puede pasar.
—Lo sé, pero es parte de la diversión y créeme, sé defenderme. Por otro lado, no me
inspiras desconfianza. ¿O es que eres uno de esos psicólogos que atrae a sus víctimas con
un aire paternal y luego... zas? —se rio sin creérselo, por supuesto. Se puso de pie
acercándose —Es sexy ver a un hombre como tú cocinar.
—¿Un hombre cómo yo? ¿Y qué clase de hombre es ese? —preguntó sin voltearse, aunque
le parecía que estaba bastante cerca de él.
—Un hombre fuerte y varonil, siempre he encontrado eso atractivo —se apoyó contra la
mesa, aun observándolo, su mirada bajando a sus nalgas.
—Sí, vine a estudiar y me quedé —asintió, añadiendo —. En realidad había venido antes
por cosas del trabajo de mi padre, pero fue sólo por un año.
—¿En qué trabaja tu padre? —le preguntó interesado, sin percatarse de que tal vez estaba
siendo indiscreto. De todas formas, su trabajo era serlo en cierto sentido.
—Es gerente de sucursal de una compañía constructora. Lo enviaron aquí por un proyecto
conjunto…
—contestó casualmente, ya que no le parecía una información para nada importante.
—¿Echas de menos aquello? —se giró para atender la comida, y escurrió la pasta, friéndola
un poco con lo que tenía en la sartén, y preparando la salsa en la olla mientras tanto.
—¿Japón? No realmente. Es decir, no es que fuese desagradable, pero me gusta vivir aquí
—lo miró, sonriendo de manera maldita luego —. Además, siempre me llamaron la
atención los chicos extranjeros.
—Los hombres —se rio, observando la comida por un momento —. Huele bien… ¿Cómo
aprendiste a cocinar?
—Con libros de cocina —le contestó, sonriendo un poco y llevándose los platos para el
salón. Los dejó en la mesa baja que había delante del sofá, y regresó a por dos copas y vino
tinto —. Ya sabrás lo que es vivir sólo. No podía alimentarme de comida precocinada para
siempre.
—Yo sí, pero soy una excepción a la regla —se rio, pensando que le parecía muy solitario
en realidad —. Háblame más de ti, anda —le pidió, siguiéndolo a aquella mesa.
—No hay mucho que decir, a parte de lo que ya ves. Vine aquí tras hacer unas oposiciones,
y como en la ciudad no encontraba un trabajo con un sueldo decente, no me pareció tan
mala idea… —bebió un poco, observándolo —Claro que, por entonces vivía con alguien
que decidió venir conmigo, y cualquier cosa lucía bien.
—Estabas enamorado —comentó, tomando la copa de vino y bebiendo de ella sin apartar la
mirada del rostro del psicólogo —. ¿Qué sucedió?
—Lo típico… descubrí que me era infiel y… todo terminó. A veces pienso, ahora que han
pasado años incluso, que tal vez debí hacerme el que no lo sabía —lo miró a los ojos y
sonrió un poco —. Pero es imposible, porque luego me enfurezco.
—No, hiciste lo correcto —sonrió sintiendo cómo si le hubiese caído una peña encima,
pero era distinto, Steiner y él no tenían ninguna relación formal y además, seguramente
estaba tratando de conquistar a ese chico —. No pareces la clase de persona que pueda
pasar por alto algo así.
—No, no lo soy, pero cuando estás solo mucho tiempo… es duro. Piensas que incluso eso
era mejor. En mi caso, lo pienso sólo por unos segundos, luego me dan ganas de matar a
alguien —empezó a comer, preguntándose si estaría quedando como un perdedor. Pero no,
quiso tranquilizarse. No era ni más ni menos que algo normal —. Tú pareces la clase de
persona que no pasa más de dos días con el mismo —sonrió, mirándolo —. Come, te juro
que las setas no son venenosas.
—Estoy seguro —sonrió, asintiendo —Y tienes razón, aunque tengo algo así como… un
amigo íntimo, pero no es nada serio en realidad —le aseguró empezando a comer y
tragando para poder decirle —. Está delicioso…
—Gracias… —lo miró, preguntándose si realmente le convenía ser el que jodiese a ese
amigo íntimo suyo. Claro que si no era él, sería otro. No era problema suyo de todas
maneras —¿Y estás aquí por mí, o por él?
—Por ti por supuesto —se rio, bebiendo más vino —. Ya te dije que no es algo serio,
somos amigos y tenemos sexo de vez en cuando, es todo.
—Qué complicado, ser amigo de alguien con quien tienes sexo, ¿no? Seguro que os
enfadáis continuamente… —siguió comiendo, no podía evitar pensar demasiado. Era parte
de sus problemas.
—Sí, pero siempre hacemos las paces, son enfados de una o dos frases —se rio, comiendo
más, en serio estaba delicioso, le gustaría comer esa comida todos los días —. ¿Te parece
terrible?
—Para vosotros sí, a mí no me incumbe… —bebió un poco de vino, pensando que él jamás
podría tener esa clase de relación con nadie —No creo que sea muy bueno, y puedo darte
motivos, pero seguro que no te interesan —le sonrió, sirviendo un poco más para ambos.
—Sólo si quieres jugar a los médicos —bebió otro poco, mirando lo que hacía y deseando
sujetarlo de una vez y hacérselo allí mismo. Se quitó la camiseta y la tiró a un lado —.
Dejemos esa conversación para después…
Ageha dejó la copa a un lado sonriendo, agradablemente sorprendido. Se sacó su propia
camiseta, acercándose más y colocando una mano sobre el pecho del moreno.
—Yo voy a echar un vistazo a todos… esos lugares íntimos tuyos —le sujetó el brazo,
aproximándolo a él y sujetándole la nuca antes de besarlo apasionadamente, jadeando
contra sus labios casi con alivio al sentir otros labios sobre los suyos —. Ven aquí.
Don le apretó las nalgas con fuerza, pegándole una nalgada después y mirándolo a los ojos
sólo para ver lo atractivo que era. Abrió los labios y lo besó otra vez, apartándolo un poco
con su propia boca.
—Como quieras —sonrió, quitándosele de encima y poniéndose de pie frente a él. Sus
manos se acariciaron el pecho, bajando luego y abriendo la cremallera del pantalón —.
¿Sigo? —preguntó como tentándolo.
—Sigue… —le pidió, tocándose por encima de los jeans y observándolo fijamente mientras
se echaba mejor contra el respaldo, frotándose la espalda.
Ageha dejó escapar una leve risa, metiendo dos dedos por entre su piel y la ajustada tela, y
bajándose el pantalón luego, muy lentamente, revelando los prietos calzoncillos negros, de
borde fucsia que llevaba.
Don lo miraba serio y se abrió los jeans, sujetando su propio sexo grueso y grande,
mostrándoselo mientras se tocaba.
—Oh dios, lo que tienes ahí es un arma —Ageha jadeó sonriendo, y se bajó la ropa interior,
pateándola junto con los pantalones, a un lado de su cuerpo. Tenía la piel pálida,
inmaculada casi y su sexo estaba erguido y duro también. Se acercó al moreno,
mostrándoselo —. ¿Y bien? ¿Te gusta lo que ves?
Él lo sujetó por las nalgas, acariciándole los muslos y aproximándolo a él. Arrastró la
lengua por su sexo, sintiendo las venas, su calor. Se lo metió en la boca y lo atrajo más
hacia él, hundiendo los dedos en su carne. Lo cierto es que había pensado que sólo estaba
delgado, pero en realidad tenía un cuerpo fibroso que le encantaba.
—Hum… qué elocuente, tienes… el don de la lengua —se rio, alborotándole el cabello, y
estremeciéndose, sin poder evitar pensar que siempre eran los más callados. Subió una
pierna contra sus muslos, moviendo las caderas mientras el sicólogo deslizaba los dedos por
el surco entre sus nalgas, empujando uno dentro de él muy despacio.
Lo miró otra vez, succionando sus testículos y moviendo aquel dedo en su cuerpo con más
fuerza ahora.
Ageha entrecerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás y apretando las nalgas como si
quisiera atraparlo así. Continuaba revolviendo su cabello y ahora empezó a gemir
quedamente, con suavidad, casi era un ronroneo.
La boca del moreno volvía a cubrir su sexo completamente, y lo succionaba con ansiedad.
No sabía si lo estaba disfrutando tanto por el tiempo que hacía desde la última vez, o
porque aquel chico encendía todos sus motores, pero le encantaba aquello. Le besó el muslo
y luego alzó el brazo, inclinándolo para que se agachase a besarlo, y bajándole luego la
cabeza por la nuca para llevarlo hacia su propio sexo.
Ageha lo besó con devoción casi, agachándose en el suelo y metiéndose su verga en la boca
luego, succionándola. Su piel tenía un sabor delicioso, fresco y por dios, realmente era
grande. Deslizó la lengua a lo largo, haciendo círculos luego en el glande, alzando un poco
la mirada para observar su reacción.
Estaba completamente recostado contra el respaldo y tenía los ojos cerrados. Su pecho
subía y bajaba, el abdomen le temblaba por momentos cuando se estremecía. Le acarició el
cabello y abrió los ojos como si se sintiese observado, sujetándolo con aquella mano firme
y alzando las caderas para penetrar su boca muy lentamente, de forma profunda y
placentera para ambos.
No se cortaba nada a la hora de gruñir y jadear con voz profunda, mirándolo a los ojos y
estrujándole un poco el cabello.
Ageha sonrió contra su sexo, succionándolo profundamente antes de liberarlo y tomar sus
testículos ahora, envolviéndolos con la lengua una y otra vez. Estaba arrodillado en el suelo
y movía las nalgas sinuosamente como intentando llamar su atención. Cosa que consiguió
enseguida. Don lo sujetó contra sus testículos y se inclinó hacia delante, pegándole una
nalgada y jugando con los dedos dentro de su cuerpo otra vez, sonriendo un poco y
levantándolo por debajo de los brazos para que se sentase en sus piernas. Se metió una
mano en los jeans y sacó un preservativo, cortando la funda con los dientes y
entregándoselo para que se lo pusiera él.
—Eres casi perfecto, ¿lo sabías? —se rio mientras le colocaba el preservativo,
desenrollándolo cuidadosamente y prácticamente acariciando su sexo con el mismo —
Fuerte, grande, caballeroso… kinky.
—¿Kinky? —le preguntó sorprendido, ya que él pensaba que era de lo más normal. Se rio y
lo alzó por las nalgas, sujetándolo y observando cómo su sexo entraba. Ageha se dejó caer
de golpe de pronto y lo hizo gemir en lo que parecía un gruñido fuerte. Lo besó afiebrado, y
comenzó a moverlo sobre él, aunque el chico ya botaba sobre sus muslos por sí mismo, más
que bien, sus brazos entrecruzándose por detrás de su nuca y su espalda arqueada para
sentir más aquel sexo grande y apasionado que se hundía en su cuerpo.
No dejaba de besarlo, gimiendo entre sus labios de manera urgente y desesperada. Si no
hubieran tenido calefacción, probablemente Ageha tampoco la hubiese necesitado.
Don lo sujetó por la espalda, echándolo sobre el sofá de pronto y embistiéndolo de forma
que movía su cuerpo entero con cada empujón, acompañado de un resoplido grave y un
gemido del asiático. Se sujetaba con una mano al respaldo del sofá, y la otra la apoyaba en
su frente para apartarle el cabello. Quería ver cada instante en la expresión de su rostro.
—Dame un poco más de tiempo —jadeó contra sus labios, pidiéndole que no se corriese
todavía y apretando los dientes antes de besarlo.
—Todo el tiempo del mundo —le contestó el chico, sonriendo, aunque había sentido un
estremecimiento intenso tan sólo porque se lo pidiese así. Además de que excitado tenía
una voz demasiado sexy. Lo besó de nuevo, moviéndose con más calma y tratando de no
rozar mucho su propio sexo erguido contra el abdomen del moreno.
—Nunca he estado con alguien como tú… —le pasó la mano por la mejilla, tocándole los
labios y entreabriéndoselos un poco. Tenía unos labios increíbles, no sólo era su forma, era
la manera en la que se dibujaban cuando jadeaba. Era difícil dejar de observarlos. Sujetó su
sexo y se volcó sobre él, besándole el cuello y succionándolo, manteniéndose muy dentro
de él con penetraciones profundas.
Estaba sudando y los músculos de su espalda se movían a causa del esfuerzo. Ageha lo
rodeaba para sentirlos mejor, apretándolos con fuerza y pegándose a él, entrecerrando los
ojos sin dejar de gemir. Su cuerpo resbalaba suavemente contra el del psicólogo, a causa
del sudor de ambos. Ahora le era difícil no buscar aquel contacto.
Don volvía a besar sus labios y prácticamente lo aplastó con su cuerpo, apoyando un pie en
el suelo, porque una de sus piernas había resbalado fuera del sofá. Gruñó fuertemente
contra su boca y rompió el beso para mirarlo a los ojos, con la frente cubierta por el cabello
húmedo y oscurecido, entrecerrándolos al sentir el orgasmo invadirlo.
—Oh… Don… —Ageha le apartó el cabello de la frente, echándoselo hacia atrás para
poder mirarlo mejor a los ojos y se dejó ir completamente, sin tapujos ni restricciones,
corriéndose mientras gemía en voz alta.
—Hum… —resopló el otro pesadamente, besándole el pecho con suavidad ahora, casi
como si le estuviera agradeciendo lo mucho que lo había hecho disfrutar. Y bien sabía dios
que lo necesitaba. Apoyó la frente sobre sus pectorales, saliendo de su cuerpo y quitándose
el preservativo sin apartarse de él del todo mientras lo ataba y lo dejaba en el suelo.
Parte IV
Viernes, enero 29
—Supongo que está bien… que te llame Don, sería extraño si no —se rio Ageha,
completamente acostado y relajado, aun con el peso del moreno sobre su cuerpo —. ¿Te
gustó tanto como a mí?
—No sé si a ti te habrá gustado tanto —susurró algo drenado, levantándose de encima para
no molestarlo, aunque no se apartó del todo, sólo se apoyó en los brazos y lo miró a los ojos
otra vez —. Y claro, puedes llamarme Don.
—Claro que me ha gustado mucho, Don —el chico se sentó, tocándole el pecho con un
dedo y sonriendo casi para sí —. Lo supe desde el primer momento, no tienes ni idea de lo
sexy que eres.
—Claro que no… No lo soy —se apartó, subiéndose los pantalones, -que nunca había
llegado a quitarse del todo- y recogiendo la camiseta para secarse el pecho y el cuello.
—Claro que lo eres —se rio sin molestarse en vestirse por su parte. Sólo se acercó a la
mesa para servirse más vino, bebiendo un poco luego.
—Sí, por eso tengo tanto éxito —se rio, sirviéndose también y echándose de nuevo contra
el respaldo. Se sentía sin fuerzas —. Admito que tengo un buen físico, como si no me
costara mantenerlo… —se quejó —, pero soy bastante inepto a la hora de ligar. No sé ni
cómo aceptaste venir después de cómo me comporté.
—Me pareciste encantador y me gustan los retos —se rio, recogiendo las piernas y
recostándose contra su hombro —. Sé que es difícil creer estas cosas y es obvio que te
importaba ese chico. ¿Cómo le diría que no a alguien que tiene buenos sentimientos?
—Tengo malos sentimientos también. No lo sé… no quiero hablar de eso. Ahora me siento
bien —se sintió tentado de alzar el brazo para que se apoyase en su pecho, pero mejor para
él si no hacía esa clase de cosas. No tenía ganas de sufrir —. En realidad, hay algo en lo
que no dejo de pensar, y no soy capaz de contarle a nadie, y tú eres la persona menos
indicada a la que decírselo, pero necesito hacerlo… —resopló —Ahg, que patético.
—Sólo hazlo, no voy a vender tus secretos a un tabloide —se rio, alzando la mirada y
bebiendo más vino —. Lo que dije antes, lo dije en serio. No publicamos nada que no sea
verdad, no nos dedicamos a difamar a los demás sólo por publicar una noticia.
—No es sobre mí, es sobre Jiken. Pienso que tal vez sí se suicidó, y aunque creo que no
estaba en un momento en el que sea lógico que lo hiciera… Hay algo que… —se quedó en
silencio, negando con la cabeza y bebiendo más.
—Puedes decírmelo. Mira, hay algo que yo también debo decirte, ¿vale? Prometo que no
publicaremos nada que pueda hacerle daño a su memoria —le sujetó una mano, mirándolo
a los ojos.
—No, no quiero hacerlo —se negó, mirando su propia mano y luego a Ageha. La verdad es
que sí quería, aunque sólo fuera una simple teoría, se sentía como un traidor si se la contaba
a alguien. Por otra parte, tal vez sólo se había acostado con él para conseguir información.
No le sorprendería nada.
—Bien, no puedo obligarte —suspiró, sonriéndole con suavidad —, aunque creo que sí
quieres decírmelo, porque si no fuera así, no lo hubieras ni mencionado. Así que te diré lo
mío en vez de eso.
—Adelante… —lo miró a los ojos, bebiendo otro buen trago antes.
—No es acerca de mí realmente —le sonrió de nuevo, bajando la copa y sosteniéndola con
ambas manos ahora —. Es sobre mi jefe, Bronco. No le gusta hacer mucha publicidad
acerca de eso, pero es sensitivo. Quiero decir que puede ver cosas que los demás no, o
sentirlas.
—No creo en eso, lo siento… Para mí es como que un niño me diga que ha visto a los reyes
magos. Puede que lo haya hecho, pero no deja de formar parte de su imaginación —negó
con la cabeza, encogiéndose de hombros.
—Ya lo suponía, pero el caso es que tuvo un sueño acerca de Jiken y cuando despertó,
había hecho un dibujo… como los suyos. No me creerás tampoco, pero antes de eso,
Bronco no había visto ninguna de sus pinturas, ni sabía que dibujaba. Me gustaría que lo
vieras… Tal vez podrías decirnos si significa algo.
—Está bien, puedo mirarlo… —se encogió de hombros, pensando que eso no haría mal a
nadie.
—Gracias —le besó una mejilla dos veces, volviendo a recostarse contra su hombro —Y
ahora te preguntaré otra cosa: ¿por qué eres tan escéptico?
—Porque… es lógico serlo. ¿Por qué tú no lo eres? —suspiró, avergonzado por aquel beso
sin venir a cuento.
—Porque nunca lo he sido, siempre he sido un romántico y siempre me han interesado este
tipo de cosas. Para mí es lógico que existan espíritus, otras criaturas… —su mano
acariciaba levemente el pecho del moreno —Además, ya he visto demasiadas pruebas
como para no creer.
Don lo miró de soslayo, pensando en lo peligroso que era lo bien que se sentía con él allí.
Apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento y miró el techo, frotándose la frente con los
dedos.
—Bien, pues… —alzó el brazo, suspirando pesadamente y pasándoselo por encima sin
poder evitarlo, acariciándole el cabello con suavidad —Esa relación que tienes con tu
amigo… es destructiva para ambos. Los dos estáis juntos por un simple motivo, que no es
el amor. No el amor romántico al menos, pero a la vez… seguramente arruináis otras
relaciones que sí podrían ser de verdad, por conservar ese… “juego” que os hace tanto
daño. Es miedo…, es sólo miedo a afrontar una relación real y madura. Y créeme, sé
mucho de gente inmadura.
Don alzó la cabeza, mirando hacia delante y moviéndose un poco para servirse otra copa y
apartarlo de él con una buena escusa. Estaba un poco alterado, ¿así que… ese amigo era el
periodista ese? Así no era lo mismo. No era lo mismo que pensar en una hipotética persona
que ni siquiera estaba allí mismo, en esa misma ciudad mientras ellos dos lo hacían. Ahora
no dejaba de pensar que tal vez incluso él lo había enviado. Pues la llevaban clara, no iban a
sacarle nada.
—¿Estás molesto? —le preguntó acariciando su espalda —Creo que no fue buena idea
hablar de esto con mi cita, nunca he sido muy consciente.
—Estoy bien —lo miró un momento, moviendo el vino en la copa. Después de todo, sabía
controlarse —. ¿Por qué iba a estar molesto?
—Porque te gusto y te gustaría salir conmigo de nuevo. Si me invitaras, yo diría que sí,
¿sabes eso? —le sonrió, buscando su copa para servirse también —Y no sólo para follar.
—Sí, me gustas —lo miró a los ojos, muy serio—. Me gustas mucho, pero yo no comparto,
y suficiente de “cambiar pañales” he tenido para toda mi vida con mi anterior pareja. Tú no
eres de aquí, los dos sabemos que sólo estás de paso.
—Lo sé, pero… —Ageha suspiró de nuevo, bebiéndose casi toda la copa de golpe —¿Ves
lo que te digo?
—¿Qué quieres decir? ¿Estás culpando a los demás? Me encantaría “quedarme contigo”
como tú dices, o al menos intentarlo, pero no tiene ningún sentido si tú no lo estás
intentando. Yo no creo que yo te guste tanto, Ageha —seguía mirándolo a los ojos, y le
sujetó la cara.
—¿No lo crees? —lo miró a los ojos, un poco nervioso porque tal parecía que no se podía
escabullir fácilmente como solía hacerlo, con sus excusas —¿Qué tal si yo no te gusto tanto
a ti? Si dejo de hacerlo con Steiner y… luego me quedo solo.
—Ese es un riesgo que tienes que correr. Ese es el problema, que no quieres hacerlo. ¿Qué
pasa si de pronto él conoce a alguien y te deja solo? ¿Qué pasa si de pronto te das cuenta de
que… quieres algo más que sexo? Yo quiero compartir mi vida con alguien, ¿entiendes? —
se sirvió más vino —Hoy en día…, parece que el amor sea algo para heteros. Es lo que
dicen por ahí, ¿lo sabías? Claro que lo sabes…
—Claro que lo sé —asintió, bebiéndose lo poco que le quedaba de vino y mirando la copa
vacía —. Y claro que quiero algo más que sexo. Realmente eres distinto a los hombres de la
ciudad.
—En la ciudad debe haber muchos como yo. No olvides que vine aquí por el puesto de
trabajo, no pertenezco a este lugar… —le sirvió más vino y lo miró —Si te estás
planteando todo esto, y te afecta… es una buena señal, Ageha. Lo primero que tienes que
hacer es… saber lo que quieres. ¿Tú lo amas?
—Lo quiero, ya te lo dije, pero no es algo así… —sonrió pensando que no se casaría con
Steiner y además estaba seguro de que de hacerlo, él le sería infiel constantemente —.
Tenemos una conexión que va más allá del sexo, pero no lo calificaría de amor romántico.
Cuando empezamos con esto, sólo creamos una regla: sin compromiso.
—Claro que quiero, ¿hay alguien que no quiera? Lo sé, pero no les creo —le guiñó un ojo,
bebiendo vino, era sumamente fácil hablar con él. Había escogido la carrera adecuada.
—Yo tampoco —lo miró y luego se hundió contra el respaldo —. Seguro que cuando
decidiste estudiar, sabías que tenías que dejar de salir de fiesta, ¿verdad? Cuando quieres
comer un plato, por más que haya otros 40 platos que también se ven bien… tienes que
elegir uno —volteó un poco las manos como exponiendo —. Aprende a decir no. Si te
quiere, si lo quieres… abrázalo, habla con él…, no te acuestes con él. ¿Sabes? Hacer el
amor no es un deporte.
—Creo que se enfadará… Se pone venenoso —sonrió un poco con tristeza, porque se
estaba planteando el seguir su consejo, aunque de pronto pensó en que el que iba a sufrir
realmente sería Bronco —. Dime una cosa, si dejo de acostarme con él… ¿volverás a salir
conmigo?
—Sí… —asintió con la cabeza también, en un gesto discreto. No podía decirle que no,
cuando claramente le gustaba y no podría resistirse. Aunque sinceramente, le daba miedo
tropezar otra vez con la misma piedra.
—Sí…, está bien, doctor Crawford. Seguiré su consejo y veremos a dónde nos lleva eso, ya
que está usted siendo tan valiente —se rio tocándole el pecho de nuevo y observando sus
ojos. Realmente podía verse con ese hombre, enamorándose.
—Y yo esperaré, a ver si es cierto que puedes ser tan maduro —le tocó la cara, y bajó por
su brazo, pensando que era suave. Claro, apenas tenía vello ni siquiera, debido a su raza —.
¿Quieres quedarte esta noche? Creo que he bebido demasiado para coger el coche.
—Creo que he bebido demasiado para caminar solo por ese camino tan largo y tan
oscuro… —exageró, sonriendo y tomando su copa para servirle más vino.
—No sé si debería —se rio, sujetando la copa y mirando el líquido. Miró luego a Ageha,
preguntándose si realmente tendría las fuerzas a la hora de la verdad —. No lo hagas con él
porque se enfade. ¿De acuerdo? Y eso de… la última vez, nunca funciona —le tocó la
espalda con una mano, observándolo.
—Por algo eres psicólogo —se rio, pensando que era muy inteligente —, pero no voy a
dejar de estar unido a él. Eso es algo que no puedo hacer.
—Nadie te lo pide. En el fondo le haces un favor a él también, ¿no lo crees? —le apartó un
poco el cabello de delante de la cara, y luego bebió de su copa.
—¿Tú crees? Hasta ahora, estoy bastante seguro de que tú le has dado lo que los otros
chicos no le daban en una relación sexual. Cuando eso le falte… se dará cuenta de lo que ha
estado sucediendo. Puede que incluso te pida que regreses con él, solos —bebió más, sin
comprender para qué se estaba implicando. Era demasiado complicado. De pronto tuvo
miedo y deseó que Ageha se acostase con el otro y no lo llamase más.
—Siento como si le estuviera poniendo una trampa —se pasó una mano por el cabello,
volviendo a recostarse contra él —. Soy un poco cobarde cuando se trata de sentimientos.
—Ya lo veo… —le pasó la mano por la espalda otra vez, acariciándolo —Es un poco
pronto, tal vez no me conoces y no quieres perderlo por él. Sólo hemos discutido por la
mañana y… follado hace un momento.
—Eso sí que no —alzó la cabeza para mirarlo, sonriendo —. Doctor, ¿está sugiriendo que
tome un riesgo cuando usted mismo no se atreve? —se rio ahora, negando con la cabeza —
Así no vamos a avanzar.
—Intento ayudarte, no te digo que hagas eso por mí… —sonrió un poco, debido a cómo se
comportaba, y le tocó la mandíbula —Yo también tengo miedo. No se trata sólo de
vosotros.
—Lo sé, pero si digo que haré algo, lo haré —le aseguró suavizando la sonrisa y bajando la
mirada a sus labios —. Creía que los psicólogos nunca admitían sus propias faltas y
debilidades.
—No nos cortan a todos por el mismo patrón… —se aproximó un poco, y lo besó con
suavidad, sujetándolo por la nuca y pensando que no iba a salir bien, pero quería arriesgarse
—¿Quieres subir a mi cuarto?
—Por supuesto, ¿no quieres llevarme hasta allí, en tus brazos fuertes y varoniles? —le
preguntó riéndose un poco y devolviéndole el beso ahora.
—Creo que tú quieres que lo haga… y yo, con tal de que no te pongas la ropa, soy capaz de
hacerlo —lo levantó en brazos y se lo llevo a su cuarto, sonriendo un poco —. Creo que
finalmente sí voy a decirte eso —le dijo de pronto, penetrando en aquel lugar. Era bastante
amplio, con el suelo de parquet y las paredes en tono pardo. Lo recostó sobre una cama en
el centro, frente a una pared llena de armarios empotrados, forrados de espejo. No se alejó
para nada, se recostó sobre él y volvió a besarlo.
—Ya te dije que puedes confiar en mí —se acomodó mejor, observando su reflejo y el de
aquel moreno por un momento, hacían buena pareja —. Espejos, me encantan los espejos.
—¿Sí? He leído que es malo que haya espejos frente a la cama, según el feng shui… —
sonrió un poco, sacándose los jeans y los playeros. En realidad había sido su ex quien había
elegido los muebles.
—Pero son buenos para la vida sexual —se rio, apoyándose en una mano —. Abrázame y
dímelo todo.
—Con exigencias… muy bien —sonrió y se recostó a su lado, levantando las sábanas para
acostarse dentro de la cama. Lo abrazó tal y como le había pedido, pensando que era muy
peligroso aquel chico —. Ya te dije que… Jiken era depresivo, y que no tomaba sus
medicinas. Supongo que también habréis escuchado de su mejor amigo, que no le gustaban
las píldoras, y no era su estilo. Todo eso es cierto, pero hay otra cosa… —se quedó callado
un instante, pero no era posible que Ageha se hubiera inventado todo eso simplemente.
—¿Qué otra cosa? —le preguntó sujetando sus manos contra su pecho y girando
ligeramente la cara.
—Bueno, debido a todo lo que le sucedió en su vida, siempre le gustó llamar la atención, y
nunca lo ha hecho de una forma positiva. No es nada descabellado pensar que… quería
llamar la atención de ese modo, y no pensaba morir realmente, pero algo salió mal —lo
miró a los ojos, respirando profundamente.
—¿Crees que tal vez era un suicidio fingido, pero se equivocó de dosis? —se giró un poco
más para poder mirarlo —¿Lo había hecho antes?
—Sí… —asintió con la cabeza lentamente —, y esto, es entre tú y yo. No quiero que se lo
digas a nadie.
—Está bien, pero ya te dije que mi jefe es sensitivo, y no lo digo para excusarme y poder
decirlo. No lo haré —le aseguró observando sus ojos—. En ese dibujo… escribió la palabra
“ayuda”.
—Ya…, pero sigo pensando que eso es algo… imposible, y que probablemente tu jefe lo
hizo de forma inconsciente. No lo acuso de ser un fraude —se apoyó en un codo,
observándolo y pensando que podría acostumbrarse a tenerlo en su cama siempre —.
Tienes que enseñarme ese dibujo.
—Lo haré, mañana lo llevaré a tu oficina —le aseguró, sonriendo un poco —. Claro que lo
hizo de forma inconsciente, no se dio cuenta hasta que se despertó.
—No es a lo que me refiero… —se rio, aunque no pretendía faltarle al respeto ni mucho
menos —Está bien, lo veré, y te diré qué pienso de él, sinceramente. Incluso si me
desconcierta, lo haré —lo besó de pronto, sujetándole la nuca y succionando su lengua
suavemente.
Ageha cerró los ojos, sonriendo mientras le devolvía aquel beso y rodeando su cintura.
—¿Estás seguro de que no crees en estas cosas? Porque yo estoy empezando a creer en el
destino.
—Tampoco creo en el destino —lo miró a los ojos, mucho menos creía en su fuerza de
voluntad, pero la imploraba, porque cada vez deseaba más conservarlo a su lado. Tal vez
porque llevaba demasiado tiempo solo, pero dudaba que ese fuera el simple motivo.
—Yo tampoco, hasta esta noche —contestó el asiático, acomodándose sobre su pecho,
completamente a gusto.
Parte I
Viernes, enero 29
La habitación había permanecido en silencio absoluto desde que Steiner y Lowe dejasen a
su jefe allí, solo. El mismo estaba acostado en la cama, observando los dibujos, esperando.
Se apoyó en una mano y miró hacia la mesa, de nuevo en aquel estado extraño, como si no
estuviese realmente en aquel lugar, o al menos no en el mismo tiempo que los demás.
Levantándose, miró la mesa, apoyando las manos sobre la misma tras aproximarse.
—¿Estás aquí? He venido a ayudarte, Jiken —se sentó en su silla y cogió un bolígrafo que
había sobre la mesa, colocando un folio por si acaso quería contestarle. Su mano no se
movió, cerró los ojos tratando de concentrarse, pero siguió sin ocurrir nada.
Todavía notaba un zumbido en los oídos, se sentía atontado. Las ventanas de la habitación
estaban empañadas por el frío.
Sin embargo, por más que esperaba, el bolígrafo no se movía en su mano, por el contrario,
lo que empezó a temblar fue el escritorio mismo, sus cajones golpeteando sin abrirse, como
si algo intentase escapar de los mismos. Varios folios cayeron al suelo desde la parte
superior, así como algunos de los libros que tenía allí.
Bronco apartó la silla y se agachó, recogiendo los papeles del suelo. Los miró con
detenimiento, eran dibujos otra vez. No los comprendía, podía ver que eran paisajes, pero
eso no le decía nada, además, bajo la óptica del chico, todo adquiría un aspecto tan tétrico,
que era imposible que el lugar existiese realmente. ¿Realmente alguien podía tener tanto…
mal dentro?
Había un camino, un sendero en el bosque y al lado un lago, algo más bajo junto a una
cuesta natural, con árboles que casi la cercaban y cubrían las orillas. Pero de los árboles
colgaban cadáveres y al fijarse en el sendero, lo que en un primer instante parecían piedras
y hierbas, eran animales muertos. ¿Qué le había ocurrido a ese chico en vida?
Intentó tocarla, pero estaba gélida, tanto que pareció cortar las puntas de sus dedos.
No hubo respuesta sin embargo, tan sólo aquel folio con la imagen del bosque, alzándose
ante sus ojos, como si un pequeño remolino lo levantara. El bolígrafo se alzó también,
como insistiendo.
El moreno sujetó el bolígrafo y bajó el papel con una mano bruscamente. No tenía un buen
motivo para hacer algo así, sólo se había puesto nervioso.
—¿Es aquí? ¿Es en este lugar? —le preguntó —¿Alguien te llevó allí?
El bolígrafo se movió una vez más, dirigiendo su mano hacia la mesa para que apoyase el
folio. Se sentía helado por dentro.
“Estoy aquí”, volvió a escribir aquel espíritu, utilizando la mano de Bronco, finalizando
aquella frase con una línea larga como si hubiera perdido el control. De nuevo volvió a
resonar aquel grito distante, las ventanas estremeciéndose y haciendo sonar los cristales
ruidosamente.
—Jiken… ¡Basta! —le pidió, tapándose las orejas. No era sólo el sonido natural de los
cristales combándose seguramente casi al punto de estallar y hacerse trizas, era como si el
aire estuviese provocando ondas allí dentro, golpeándole los tímpanos directamente, aunque
sabía que era algo dentro de su cabeza.
Se acuclilló, sintiendo que la atmósfera pesaba demasiado para aguantarse en pie, y una
línea de sangre bajó por uno de sus orificios nasales hasta sus labios. Se tiró al suelo,
mirando al techo y jadeando, con un dolor en las sienes insoportable. (Basta, por favor,
basta), pensó, tapándose los oídos y observando el techo oscurecerse tanto, que pronto
opacó la luz de la lámpara. Era como una oscuridad líquida que comenzaba a empañar las
paredes. De pronto lo vio acuclillado en una esquina del ahora vacío cuarto.
La tela oscura que había estado cubriéndolo desde los hombros, se resbaló poco a poco,
dejando ver su piel pálida y desnuda, como si irradiase una luz propia, como si se hubiese
encendido sólo para mostrarle los trazos negros que ahora comenzaba a bajar desde su
rostro, resbalando por su espalda y formando siluetas de monstruos fantásticos devorando a
otras criaturas, el ave muerta de su dibujo, devorada por gusanos enormes ahora.
Bronco se volteó en el suelo, frotándose los labios para limpiarse la sangre, pero en su
mano no había nada ahora. (No es real) se dijo al ver aquello, al ver su espalda, pero como
tal se sentía. Gateó unos pasos para ponerse de pie, pero estaba tan mareado que dio
tumbos.
—Jiken… —se aproximó y jadeó opacando un gemido de asco al ver una escolopendra
atravesando la piel del chico. Era sólo otro de sus dibujos, pero suponía que eso era lo que
ahora estaba sucediendo con su cuerpo —No puede ser —pensó en alto, de nuevo sintiendo
aquella imperiosa necesidad de que lo mirase a los ojos como en aquel sueño.
Una gota de agua cayó al suelo desde el techo, y el sonido provocó incluso eco. Chocó
contra algo, y lo tocó con la mano. Parecía una especie de mesa metálica. Había tirado un
objeto al suelo, eran unas tijeras.
Jiken se giró de pronto, aunque Bronco no pudo ver su cara aún así. No es que nada la
cubriese, simplemente cada vez que intentaba mirarla, algo lo obligaba a desviar la vista.
Sí podía escucharlo, sin embargo el chico volvió a gritar, las ondas de sonido empujándolo
lejos de allí con fuerza, regresándolo súbitamente a la habitación.
Chocó contra el suelo con la espalda, como si se hubiese alzado sólo unos centímetros y
alguien lo hubiese empujado otra vez contra el parquet. Abrió los ojos de golpe, con la luz
de la lámpara casi cegándolo, se giró, limpiándose la sangre y embadurnándosela por los
labios.
—Señor… ¿Cuál es su apellido? —le preguntó a Steiner ya que no le parecía bien ser tan
informal con él ahora.
—Yo qué sé, no lo respeto… —se rio el otro, que venía igual de animado, pero no tenía la
decencia de comportarse —Bronco —lo llamó alzando ligeramente la voz —. A lo mejor se
quedó dormido. Creo que a veces se cansa, no se lo tengas en cuenta…
—¿Y eso es normal? —le preguntó alzando una ceja y adelantándose, llamando a la puerta
de la habitación de Jiken, abriéndola al no recibir respuesta.
El lugar estaba hecho un desastre, con los folios por todo el suelo y sobre la cama. Lo único
que estaba limpio era el escritorio, y sólo porque todo su contenido estaba ahora en el suelo.
Bronco estaba acostado en el centro de la habitación, un rastro de sangre manchando por
debajo de su nariz y parte de su labio superior —¡Steiner! ¡Steiner, ven aquí! —lo llamó el
chico, alarmado, corriendo a asegurarse de que aquel hombre siguiera con vida.
—¡Joder! —se agachó al llegar, y no se le ocurrió nada mejor que sacudirlo, pero luego se
levantó y entró en el baño, revolviendo el botiquín y cogiendo el alcohol. Se lo pasó por la
frente y la nuca, frotándolo y pensando que Ageha iba a matarlo si se enteraba de que lo
había dejado allí tirado demasiado tiempo.
—Lo mataron…
—¿Lo mataron? —repitió Lowe con los ojos como platos y sin siquiera cuestionarlo —¿Lo
vio? A Jiken… ¿estuvo aquí? —le preguntó confundido y sacudiendo la cabeza —¿Quiere
que llame a un médico?
—No… sólo es de la presión… —se refirió a la sangre, sujetándose a Steiner, que trataba
de levantarlo, y ayudarlo a sentarse en la cama.
Se tiró sin embargo, ya que seguía muy mareado —Estuvo aquí —le dijo al rubio,
mirándolo después —, y yo estuve allí. No puedo explicarlo, pero algo le sucedió. No me
parecía una imagen de muerte, no… me parecía vivo. Algo que sucedió antes y en lo que se
siente encerrado —trató de levantarse para hacer algo, pero Steiner le apretó el pecho y lo
acostó otra vez. Le sujetó el brazo y lo miró a los ojos con el ceño fruncido —. ¡Alguien lo
estaba torturando! ¿Es que no lo entiendes?
—Bronco…, está bien. Lo entiendo, pero es tarde para él, y no vas a morirte tú también.
Estás mareado, tienes que descansar un momento.
El moreno respiró con fuerza, nunca lo había visto perder los papeles así.
—No, ¡no quiero! ¡No me estás escuchando! —apartó su mano, furioso, tratando de
levantarse otra vez, antes de que Steiner lo empujase de nuevo a la cama.
—¡Tranquilo! —Lowe alzó la voz porque se estaba poniendo nervioso y extendió un brazo
hacia él como para que se calmase, aunque enrojeció violentamente luego —Jiken era muy
imaginativo, tal vez intenta decirnos algo… ¿no?
—Hay un dibujo ahí… —se giró, señalando al suelo, el dibujo con el sendero —¿Te suena
de algo ese lugar?
—Lowe tiene razón, Bronco, tal vez lo que has visto sólo es una especie de delirio suyo.
Tiene miedo… e… imagina cosas —le apretó el antebrazo, y él lo miró como si se
estuviese comenzando a convencer de eso. Sabía que era posible.
Se recostó de nuevo, tapándose la frente con la mano y frotándose la cara con ella.
—Un momento… Creo que he visto este lugar antes —comentó Lowe que aún miraba el
dibujo como ensimismado y se movió de pronto, dirigiéndose hacia el escritorio y abriendo
el cajón superior —. Con tu permiso, Jiken —murmuró como si el chico estuviese allí, y
sacó una carpeta con varios folios y algunas fotos, mostrándole una en particular, impresa
en ordenador. Era el mismo lugar, solo que se veía distinto al no estar distorsionado de esa
manera —. La vi cuando estaba haciendo ese dibujo, la usaba como modelo.
—¿La foto la había tomado él? ¿Es de aquí? —le preguntó Bronco, mirándolo esperanzado
y sentándose en la cama, aunque se fue un poco hacia atrás.
—Sí, la tomó con su teléfono móvil. Recuerdo que le dije que no tenía mucha calidad y él
me dijo que no la necesitaba, sólo quería recordar algunos detalles.
—Entonces puedes llevarme a ese lugar, ¿no? —le preguntó, mirándolo a los ojos.
—Sí, mañana por la mañana, definitivamente —sonrió inseguro, apretando la foto un poco
—. ¿Quiere… quiere quedarse a dormir? Me refiero a si se siente muy débil para regresar a
la posada.
—Si no te importa… —lo miró, bastante avergonzado en realidad de tener que pedirle el
favor.
—No, no me importa. Estoy seguro de que Jiken querría lo mismo —le sonrió agradecido
de que lo estuviera ayudando tanto —. Puede quedarse aquí, aunque… no sé si sea
conveniente.
—De lo más conveniente, quiero estar lo más cerca de él posible —lo miró a los ojos —.
¿Te molesta? —preguntó, pensando que la cama todavía olía a él, estaba seguro de que así
era como olía.
—No, a mí no —negó con la cabeza, apartándose del escritorio luego —. Steiner, tú puedes
dormir en el sofá si quieres.
—Vale, mejor… por si se despierta o algo —le dio unos toques en el hombro y salió con el
rubio, apagando la luz y cerrándole la puerta a Bronco, mientras este levantaba las sábanas
y se metía bajo las mismas. Apretó la almohada con una mano, tratando de dormirse.
Deseaba verlo de nuevo, y temía hacerlo con la misma intensidad, pero quería protegerlo, y
cómo podía hacerlo. Ya era demasiado tarde, Steiner lo había dicho muy bien.
Steiner tomó el móvil y miró la pantalla. Tenía que llamar a Ageha, al menos para decirle
que no iba a regresar al cuarto.
El asiático se giró en la cama entre los brazos de Don, sin estar muy seguro de qué lo había
despertado hasta que reconoció el timbre de su teléfono móvil. Se sentó preocupado porque
lo llamasen a esa hora, recordando luego que lo había dejado en su pantalón. Apartó con
cuidado el brazo del moreno, sintiendo el suelo frío al bajar los pies. Se estremeció,
aguantándose y saliendo de la habitación porque temía que le fueran a colgar y luego no
pudiera contactar a quien fuese que llamaba.
Don se había despertado, y se sentó en la cama, apoyándose contra el respaldo sin salir de
allí, por dejarle intimidad, aunque temía quién podía ser y no le gustaba.
—Todavía en mi cita, se extendió, ¿y tú? ¿Cómo os fue? —le preguntó más tranquilo,
seguro de que sólo llamaba por eso.
—¿Vas a dormir con él? —bajó un poco la mirada, apretando un poco las mandíbulas.
—Ya lo hacía en realidad —le contestó, nervioso porque sabía que se estaba molestando
—. ¿Estás bien, Steiner?
El moreno se apoyó contra el respaldo, preguntándose qué hacer. Joderle la cita y hacerlo ir
sonaba como un buen plan, pero a la vez… no lo quería en el mismo cuarto que Lowe.
—¿Estás seguro? ¿Me estás ocultando algo, Steiner? —le preguntó frunciendo el ceño entre
preocupado y sospechoso.
—Está bien, sí… —resopló, pensando que era como la mierda de duro para guardarle un
secreto —Es sólo que Bronco tuvo una movida de las suyas y… se desmayó, pero ya está
bien. Sólo quería decirte que vamos a pasar la noche en casa de Lowe, para que si
regresabas a la pensión… —se pausó de pronto, después de soltarle todo de carrerilla.
—¿Bronco se desmayó? Tú dime en dónde queda la casa de ese chico, voy para allá —le
aseguró, buscando su ropa interior y empezando a vestirse mientras sujetaba el teléfono
entre el oído y su hombro.
—No, en serio. Los dos vamos a quedarnos aquí a dormir —habló en bajo, volteándose de
espaldas por si Lowe lo escuchaba —. Sólo falta uno más, esto no es un hostal, ¿eh?
—Pero… ¿Cómo está Bronco? Dime eso por lo menos. ¿Fue a ver un doctor? —le
preguntó, pasándose una mano por el cabello y sujetando su flequillo como si quisiera
quitarse las preocupaciones con eso, no sabía qué hacer.
—Está bien, duerme… ¿O.K.? Se ha quedado en el cuarto de ese chico —no quiso decirle
más, para que no aumentase su alteración.
Don ya se había levantado y se había puesto la bata para ir hasta el salón, esperando para
ver qué sucedía. No se veía muy bien.
—Pero eso es peligroso, es sensitivo. ¿Cómo se queda en ese cuarto? ¿Y si le pasa algo
mientras duerme? —insistió, cada vez más tenso, sentándose por fin en el sofá.
—O.K., pero que no se te olvide —le pidió, mirando a Don y extendiendo una mano hacia
él para que lo acompañara.
Él se aproximó y le tomó la mano, inclinándose un poco y mirándolo a los ojos.
—¿Ha sucedido algo? —preguntó apoyando la mano en su hombro para que lo mirase.
—Es mi jefe, se ha desmayado mientras estaba en casa de Lowe, van a pasar la noche con
él —le sonrió un poco, de forma tensa —. Se ha tomado esto como algo muy personal, me
preocupa.
—Probablemente ha sido una bajada de tensión o algo así, tranquilo. ¿Querrías estar con él
ahora? —trató de comprenderlo. Estaba claro que ese hombre era importante para él. Se lo
imaginaba como algún tipo de freak con camisola.
—Eso pensaba hacer, pero Steiner dijo que eso no era una pensión y… creo que tiene razón
—se recostó contra él —. No es nada de eso, pero no espero que lo creas.
—Está bien… —le besó la frente, acariciándole el brazo y tratando de reconfortarlo —Te
prepararé un café, ¿quieres?
—Por favor —le pidió, mirándolo a los ojos luego, agradecido porque fuera comprensivo
en ese momento —. Lo lamento.
—No lo lamentes, en una sola noche, me estás permitiendo que conozca cosas muy
importantes de ti. Es lo que cuenta —le acarició la cara y se levantó para hacerle ese café,
pensando en vestirse por si tenía que llevarlo.
Parte II
Viernes, enero 29
Steiner miró a la cocina y fue junto a Lowe, tocándole el brazo para llamar su atención.
—Me vas a mandar a la mierda, pero antes de eso… ¿me haces un favor?
El rubio alzó la mirada del zumo que se estaba sirviendo y ladeó la cabeza con sospecha.
—Es que Ageha quiere venir con él. No me vas a creer, pero Bronco es como su padre, y sé
que es mucho aprovecharnos, pero yo me piro, ¿vale? Y viene él… —lo miró a los ojos,
sujetándole la mano. No rogaría por nadie, salvo por Ageha.
—No, ¿por qué te vas a pirar tú? Yo no conozco a ese Ageha —le sujetó el brazo con
fuerza, enrojeciendo luego y desviando la mirada —. Confío en ti.
—Es que no quería llenarte la casa de gente… —sonrió un poco sin poder evitarlo, y su
boca se torció ligeramente —Dormirá con Bronco, ¿vale? No va a molestar.
—Está bien, no me molesta —le aseguró ya sin poder mirarlo por la vergüenza, recalcando
de todas maneras —, pero no te vayas, ¿eh?
—No me voy, y oye, es un tío pequeño. Lo puedes tumbar de un… —hizo el amago de
darle un puñetazo y cuando se apartó hacia atrás, le puso la mano en la espalda y se inclinó
un poco sobre él, mirándolo a los ojos y sonriendo —Voy a buscarlo —le dijo tras dejarlo
de nuevo vertical.
—Pues no es que me diera miedo —el chico lo empujó, enrojeciendo más y dándole la
espalda mientras tomaba el zumo de nuevo —. Y ve rápido, que luego vienes tocando el
timbre a cualquier hora y los vecinos se enfadan.
—Qué idiota —se quejó el rubio, mirando de soslayo después para asegurarse de que de
verdad se hubiese ido, y salió a cerrar bien la puerta.
—Ageha —el moreno lo telefoneó mientras bajaba las escaleras —, dime donde vive ese
tío, voy a buscarte.
—¿Estás seguro? —le preguntó el chico, que ya se había vestido y estaba terminándose esa
taza de café con Don —Viene a buscarme —le susurró al moreno para que estuviese
enterado, recibiendo un asentimiento como respuesta, acompañado de una ligera sonrisa
amable. Interiormente pensaba que él podría haberlo llevado, pero se aguantó las ganas de
ponerse estúpidamente posesivo.
—Estoy seguro —(no tienes que pedirle permiso), se ahorró Steiner, saliendo del portal y
sentándose en la moto mientras el otro le indicaba qué camino tomar —. Diez minutos —
dijo antes de colgar.
—No hacía falta que se molestase, podría haberte llevado yo —le dijo enseguida Don, que
además también se había vestido por eso mismo.
—Lo sé, pero él se ofreció y ya te he causado bastantes problemas por una noche —le
sonrió acariciando su mano y besándolo suavemente después —. Eres muy dulce,
¿podemos vernos mañana de nuevo?
—Dijiste que ibas a enseñarme ese dibujo, ¿no? —le apretó la mano, pensando que no tenía
nada de dulce el llevar de vuelta a alguien que él había traído.
—Por supuesto, pero no me refería sólo a eso —le guiñó un ojo, claramente más tranquilo
—. Quiero estar contigo.
—Vayamos a comer después —sonrió, apartándole un poco el cabello de delante de la cara.
—Es una cita —le aseguró, sonriendo de nuevo, mientras él lo echaba hacia atrás, sobre su
pecho. Al menos aprovechando hasta que llegase Steiner, no quería ni verlo.
—¿De muchas? —preguntó serio, ahora que no veía su expresión. Le jodía y mucho, no
poder pasar con él la noche.
—Eso espero —asintió, mirándolo a los ojos seguro de que sí le molestaba que se fuera así,
lo comprendía —. Te lo recompensaré.
—No tienes por qué, es comprensible. Tienes tus motivos —se inclinó a besarlo, y afuera
sonó el claxon de Steiner. Para colmo… podría ser más considerado.
—Lo haré de todas maneras —le aseguró, poniéndose de pie e inclinándose para besarlo
profundamente —. Te veo mañana y gracias por todo.
Don le hizo un gesto con la cabeza y se metió adentro de nuevo, regresando a su cuarto y
decidiendo darse un baño. Tal vez le relajase un poco.
—¿Cómo sigue Bronco? —le preguntó Ageha a Steiner por encima del ruido de la moto,
mientras se abrazaba a él como siempre.
—No lo he vuelto a mirar desde que salí de su cuarto. Supongo que bien… —se giró un
poco para que lo escuchase, aunque atento a lo que hacía.
—Ya… —Ageha bajó la cabeza para proteger sus ojos del viento, no iba a estar tranquilo
hasta que confirmase por sí mismo que estaba bien.
En otros diez minutos, llegaron a la casa de Lowe, y Steiner llamó abajo antes de
acompañarlo al ascensor. Lowe los estaba esperando en la puerta.
—Este es Ageha. Lowe, el amigo de Jiken —le dijo por formalidad a ambos.
—Mucho gusto —Ageha extendió la mano, observando al chico, tenía una cara de seriedad
que no se la quitaba nadie.
—Mucho gusto, Bronco está… por aquí —le señaló el rubio luego de estrecharle la mano,
y guiándolo luego hacia la habitación.
Steiner los dejó ir y se sentó en el sofá, suspirando y prefiriendo estar lejos del radio de
acción de ambos.
Cuando Ageha abrió la puerta, Bronco entreabrió un ojo, apoyándose en las manos y
alzándose un poco para enfocar la vista.
—¿Ji…? ¿Ageha? ¿Qué haces aquí? Le dije que no te molestase… —se quejó. Había
tenido una pesadilla.
—Es igual, te dije que me llamaras si te ocurría algo —negó con un gesto de la mano,
escuchando cómo Lowe se alejaba, y se subió a la cama, acomodándose a su lado.
—Estoy bien… —se giró para dejarle sitio y le tocó la mejilla —No sé si es buena idea que
duermas en esta cama.
—¿Por qué no? ¿Es celoso Jiken? Estabas soñando con él —lo acusó por la cara que había
puesto al verlo en la puerta.
—Sí… estaba soñando con él, e ignoro esas cosas acerca de él, pero… eso no tiene gracia
—le riñó, sintiéndose un poco aludido de alguna forma.
—Sólo es una broma —le acarició el cabello con cariño, suspirando —. Te dije que
tuvieras cuidado, no quiero que te pase nada.
—No va a hacerme daño… —le aseguró, entrecerrando los ojos de nuevo y sujetándolo con
un brazo. En realidad le agradecía que estuviese allí.
—Ya te desmayaste, por no hablar del resfriado que casi pescas —bromeó de nuevo, aún
acariciándolo mientras se pegaba a él —. Quizás Jiken no te haga daño, pero esta habilidad
tuya… requiere de cierto esfuerzo, ¿verdad?
—Sí… —se movió un poco, pensando que era agradable sentir sus caricias y pasándole una
pierna por encima —Quédate.
—No pensaba irme a ningún lado —le aseguró, besándole una mejilla y entrecerrando los
ojos. Bronco siempre cuidaba de él e incluso de Steiner. Alguien tenía que cuidar de
Bronco.
—No puedo evitarlo, ¿sabes? Quiero ayudarlo… quiero protegerlo, y no puedo. Está
muerto… y ya lo estaba cuando yo llegué aquí… y sin embargo me siento… mal, fatal.
Peor que nunca… —no abrió los ojos, sabía que los tenía húmedos.
—No puedes hacer más de lo que haces —le aseguró, apretándolo contra su cuerpo, le dolía
verlo así —. Estoy seguro de que ese chico no quiere que salgas lastimado tampoco. Sólo
quiere… no sé, dar un mensaje, o que lo comprendan. Tal vez sólo necesita comprender
que está muerto, pero Bronco… no puedes salvarlo y no es justo que te sientas mal por eso.
—Me siento mal por todo. Por no haberlo conocido antes, por no poder ayudarlo… No
puedo explicarlo, sólo quiero dormirme y verlo otra vez.
—No pudiste haberlo conocido antes —le recordó, abriendo los ojos por completo de
nuevo y observando su rostro tenso, sufrido —. No persigas algo que no debes alcanzar,
Bronco, te necesito, te necesitamos aquí.
—Lo sé… no voy a suicidarme ni nada por el estilo —le aseguró frunciendo el ceño y
abriendo los ojos para observarlo —. Sólo… He sentido lo que él sentía. No puedes
imaginar lo que es eso.
—No, no puedo y no me refería a eso solamente —le aseguró, mirándolo serio, asustado de
todas maneras —. ¿Has visto algo nuevo? Steiner no me dijo nada.
—Algo, sí. Estaba encerrado en un lugar oscuro y… no lo sé. Realmente no tiene sentido,
así que tal vez era una de sus… “pesadillas”. A veces sucede —lo miró a los ojos todavía
—. Mañana voy a ir al bosque con Lowe, a buscar un lugar que me ha señalado.
—No, no te preocupes. Tú habla con él, estoy bastante seguro de que Steiner vendrá
también. Sabes que le encanta el trabajo de campo… —se giró de espaldas en la cama,
metiendo una mano bajo la almohada y acariciando el cubrecama sin pensarlo siquiera.
—Sí, no es lo único que le encanta —Ageha frunció el ceño volviendo a sus costumbres
habituales y sacudiendo la cabeza luego —, pero eso no importa ahora. Tú sólo prométeme
que no vas a exagerar.
—No sé de qué hablas… —giró un poco la cara, mirándolo de soslayo —¿Alguna vez me
has visto exagerar?
—Creo que me expresé mal, quise decir que no vayas a comportarte como si no te hubieras
desmayado hoy, no te esfuerces más allá de lo que tu propio cuerpo puede hacer —le sonrió
con dulzura, acariciando su mejilla.
—Malo, y yo que vine desde tan lejos sólo a cuidarte —se quejó en broma, abrazándolo
luego y cerrando los ojos —. Duerme tú también, Bronco malo.
—Lo intento… —protestó como si fuera su culpa no conseguirlo —, y… me alegro de que
estés aquí, mucho.
—Lo sé —se rio con suavidad, besándolo detrás de la oreja —. Te quiero.
Bronco sonrió ligeramente, colocándose bien de nuevo y llevándose su mano sujeta para
rodearse con su brazo.
Steiner se había quedado en el salón con Lowe, y ambos estaban casi en silencio, como
esperando a ver si esos dos hacían ruido o dormían.
—Eso creo… —asintió Lowe mirándolo de soslayo —No esperaba a alguien con el cabello
rosa.
—No pensé que fuera algo a especificar. ¿Eres alérgico? —alzó una ceja, mirándolo y
sonriendo un poco.
—¿Al tinte? No —negó con la cabeza, observando su sonrisa y preguntándose qué estaría
pensando —. Ya no hay más, ¿verdad? Sólo sois vosotros tres.
—Creo que ya van tres veces que te explico que somos tres… —se pasó las manos por el
cabello hacia atrás, y se lo recogió en una coleta —¿Seguro que quieres que duerma en el
sofá?
—Claro, ¿en dónde más? —le contestó enrojeciendo y girando la cara —Ya sé que me
dijiste que erais tres, sólo confirmaba.
—Bueno, pues… ya lo sabes —abrió su mochila y sachó una libreta, mirándolo después un
segundo antes de ponerse a apuntar algunas cosas para no olvidarse.
—¿Qué escribes ahora? —preguntó mirándolo de soslayo. Lo cierto es que estaba seguro
de que lo estaba incomodando, pero no quería irse a su cuarto todavía.
—No sé, ¿me vas a dar las gracias? —le sonrió un poco por cómo le hablaba, poniéndose
de pie luego para ir a su habitación a buscar una.
—Tú sí que me las darías si me dejases dormir en tu cama… —casi canturreó susurrando
Steiner —Depende de lo gorda que sea la manta —le dijo en alto luego, riéndose para sí.
—Lo suficiente y toma, una almohada —regresó, lanzándole ambas cosas y riéndose para
sí luego —. Puedes coger lo que quieras de la nevera, tus amigos también. Sólo no me
dejéis sin desayuno.
Steiner apartó las cosas con el brazo, y se levantó para sacarse los jeans.
—No sé por qué tengo que quedarme aquí —se quejó de todas formas —Y no te preocupes,
iremos a desayunar al hostal, que tenemos eso pagado.
—Lo decía por si os da hambre por la noche, y tienes que quedarte aquí porque es lo lógico.
Buenas noches —se despidió, aunque se iba a aburrir y todavía no tenía sueño, pero lo
ponía nervioso estar con Steiner, más aun si se quitaba los pantalones.
—Eh… —lo sujetó del brazo para detenerlo —Es viernes y sólo son las doce. ¿Por qué
tanta prisa?
—No sé, creí que estabas cansado y además te quejas mucho —se quejó ahora él,
enrojeciendo porque lo sujetara así
—Pues anda que tú, chaval… —se puso delante de él y lo empujó por el pecho hacia el
sofá.
—Pues no me empujes. ¿Por qué todo a las malas, eh? —se quejó acomodándose y
sujetando la manta que él mismo había traído para cubrirse —¿Por qué mejor no me
cuentas algo raro que hayas visto?
Steiner se sentó a su lado con las piernas cruzadas, y guardó la libreta antes de mirarlo.
—¿En serio? No lo sé, he visto muchas cosas raras, como por ejemplo… Una vez
encontraron los restos de una chica que habían enterrado el día anterior, dentro de una olla
metálica enorme en un cementerio… Fui a verlo con los tipos. Fue bastante… —se giró
hacia él, apoyándole la rodilla contra la pierna.
—¿Por qué estaba allí? No me digas que se la iban a comer… —Lowe hizo un gesto de
asco, acomodándose mejor e inclinándose hacia delante.
—Ya se la habían comido. Sólo fui a ver los restos y esas cosas. Y me refería a que fui a
verlo con los tipos que la encontraron, no con los que iban a comérsela. Me gustan las
experiencias nuevas, pero no esas.
—Espero que no —se rio, pensando en Steiner con un hueso entre los dientes —. ¿Y se
habían comido a otra gente o sólo a esa?
—Ni idea, nunca se supo quienes habían sido, pero imaginaron que había sido un ritual
satánico. Si quieres que te diga lo que yo pienso, eso es lo que dicen siempre cada vez que
alguien hace algo macabro, ¿sabes? Le echan la culpa a las cosas más estúpidas como que
hay muchos emigrantes y practican voodoo… Sí, flipa —se rio, echándose hacia atrás en el
sofá, y recostándose hacia el lado contrario.
—Sí, pero eso lo dicen aunque no suceda nada extraño. A estas alturas, seguro que yo soy
satánico, ¿eh? Debería poner unas velas negras frente a la puerta del piso para ver qué se
inventan —se rio, realmente tentado de hacerlo.
—Mejor no, no vaya a ser que luego aparezcas en las noticias… —lo empujó con el pie,
cruzando un brazo tras la cabeza —¿Tienes hierba?
—No —negó, mintiendo en realidad porque sí tenía, pero no la había tocado desde el día
del funeral, no se sentía con ganas.
—¿Qué clase de universitario no tiene hierba? —se quejó, pasándole una pierna por
encima.
—¿Qué clase de reportero…? Agh —exhaló porque la verdad con esa cara que tenía le era
difícil hablar de responsabilidades —Tengo un poco, pero no quiero ni pensar en cómo
serás cuando fumas.
—¿Seguro que no quieres saberlo? Bueno… pues nada —se quejó, doblando un poco la
pierna y apoyando la rodilla contra su pecho —. Dime una cosa… ¿alguna vez has estado
con un tío?
—Sí, pero no aquí, aquí no hay nada—se quejó, levantándose de pronto porque se estaba
incomodando.
—Vale… —lo siguió con la mirada, apoyándose en un codo y pensando que sabía llenar
bien unos jeans.
Lowe regresó casi enseguida con una bolsita de porros ya envueltos y volvió a sentarse a su
lado.
—¿Eso es un poco de hierba? Echo de menos la universidad… —se rio, doblando las
piernas para dejarle más sitio —¿Seguro que quieres que te conteste a eso? Tengo como
diez años más que tú.
—No me gusta tenerla suelta, luego me da pereza cuando tengo ganas —se quejó,
sentándose a su lado y cogiendo uno de la bolsa —. ¿Te follas a todo lo que se te pase por
delante o qué?
—No, sólo si me gustan. No soy de los que son capaces de follarme a un tío patético sólo
por meterla, ¿eh? Aunque alguna vez puede, pero era muy joven... ¿Tienes mechero?
—Sí, espera —rebuscó en los bolsillos de sus jeans, sacando uno negro bastante maltratado.
Lo encendió, prendiendo su porro primero y luego pasándoselo a Steiner.
—Prefiero ese —lo cogió de sus labios y se lo llevó a los suyos, pegándole una buena
calada y recostándose hacia atrás —. ¿Cuántos años tenías la primera vez?
—Hum… dieciséis —confesó un poco rojo, encendiendo otro porro y mirando hacia otro
lado —. Eso no tiene importancia realmente.
—¿No? Es interesante… —se rio, observando el humo salir de entre sus labios —¿Fue el
mejor?
—No —el rubio se rio sin mirarlo aun porque le daba vergüenza hablar de esas cosas con él
—. No fue terrible, pero no fue el mejor.
—¿Y cuál fue el mejor? —se rio también, sacándose la goma del cabello para poder
apoyarse mejor en el respaldo.
—Eso no es cosa tuya —le contestó riéndose y dándole una calada a su cigarro.
—Agh, no digas esas cosas. Dime tú cual fue el mejor, ¿eh? —le dio con una pierna como
retándolo.
—Hum… no lo sé, supongo que en el instituto, con un compañero de clase. Se lo hice por
detrás, mientras se sujetaba al pupitre, y… buf… —suspiró, pensando en la forma en la que
le había mordido el cuello.
—No necesito detalles —le puso una mano frente a la cara como diciéndole que se
detuviera allí.
—Tampoco iba a decirte nada más. Tendrás que averiguarlo por ti mismo. Sólo era un
tráiler —se rio, sujetándole la mano y bajándola de delante de su cara —. Voy a intentar ir a
esas reuniones a las que iba tu amigo. ¿Quieres venir conmigo?
—Por supuesto, pero ¿crees que debas decir quién eres? Bueno… supongo que ya lo sabrán
—suspiró, fumando y recostándose hacia atrás. Era un pueblo después de todo —. ¿Sabes?
Seguro que incluso ellos están hablando mal de Jiken ahora.
—Que se jodan… A lo mejor hablan bien y lo tienen como un héroe. ¿A quién le importa
lo que digan? —se llevó el porro a los labios y dejó salir el humo despacio después,
mirándolo —¿Por qué no te quedas a dormir conmigo aquí?
—Que no, además todavía no tengo sueño y el sofá no es tan grande —puso de excusa,
enrojeciendo de nuevo —. Y no lo sé, me molesta, aunque me estoy empezando a preguntar
si realmente lo conocía.
—Nadie conoce a nadie… —suspiró, pensando que no lo mandaba a dormir ya —¿Por qué
eres tan duro conmigo, eh? —le preguntó en serio.
—No soy duro contigo, tú eres demasiado insistente —lo miró a los ojos esta vez
resoplando y volviendo a fumar —. ¿Crees que no sé cómo eres? Viviré en un pueblo, pero
no nací aquí.
—¿Y qué pasa con como soy? —alzó una ceja, fumando otra vez y observando el humo
salir.
—Que yo no busco ese tipo de cosa y además luego te irás —le contestó sin apartar la
mirada esta vez.
—Sí, siempre me voy —lo miró ahora, moviendo la cabeza —. Y no vas a verme más.
—Exactamente ¿y entonces, cómo quedo yo? —lo señaló, negando con la cabeza —¿No te
cansas?
—Más o menos… depende —se quedó pensando en Ageha. La verdad es que era lo único
real que tenía además de su empleo, pero siempre y cuando pudiera volver a él, no tenía por
qué temer —. ¿No te cansas tú de… no hacerlo por si acaso?
—No, no es eso. Es… —suspiró pasándose una mano por el flequillo y apartándolo de su
frente —Quiero algo más. ¿Tú no?
—A veces… pero siempre estoy de viaje y… además soy un desastre a la hora de ser fiel,
así que no creo que encuentre a nadie tan idiota como para aguantarme —se rio, fumando
de nuevo y apartándose el cabello.
—Eso es porque tienes que poner de tu parte. Nadie te va a ser fiel y a esperar por ti, si tú
no haces lo mismo —alzó una ceja, mirándolo de soslayo mientras expulsaba el humo con
lentitud.
—No puedo estar a lo mejor un puto mes o más sin follar, ¿eh? —alzó una ceja, pensando
que bastante era estar sin hacerlo una semana.
—¿No? ¿Alguna vez lo has intentado? —le preguntó mirándolo a los ojos completamente
serio.
—Sí… yo también me he enamorado alguna vez, ¿eh? No soy un monstruo con polla en
lugar de sentimientos —se rio de nuevo, levantándose —. Voy a buscar unas cervezas.
—Vale —asintió enrojeciendo de nuevo porque además no había podido evitar mirarle las
nalgas. Recogió más las piernas, intentando distraerse y esperando a que regresara —. La
otra opción es conseguirte un novio que quiera hacerlo tanto como tú.
—Y cuando me voy… se folla a otros. Sí, lo sé muy bien —alzó una ceja, pensando en
Ageha. No es que fueran novios, pero si una clase de relación así existiera, lo serían.
—No confías en nadie, ¿verdad? ¿Has oído hablar de la masturbación? —le preguntó
frunciendo un poco el ceño.
—Pues entonces, confía en alguien que no sea como tú. Yo tampoco confío en alguien
como tú —se rio, echándose hacia atrás y mirando el techo luego, soplando el humo hacia
arriba —. Para mí, eso es algo muy íntimo, importante.
—Vale… confío en él, guay. Luego salgo de viaje y… ¿qué pasa? Adivina. No te rías, no
es gracioso —se rio, abriendo su lata y pasándole la otra antes de sentarse —. Eres idiota.
—No, tú eres idiota —se rio de nuevo aceptando la lata y enderezándose para beber —No
confías en alguien como tú y no confías en alguien distinto. Al final, te quedas sin
opciones.
—Claro que confío en alguien distinto, pero eso no cambia que yo voy a seguir siendo
igual. ¿Es que no entiendes eso? Sé que me quedo sin opciones, y no es gracioso —le dio
una colleja y se echó hacia atrás —. Crío, eso eres.
—Sí me es… ¿sabes lo mucho que ligo? Si me siento solito… ¿cuántas veces puedo
resistirme? —bebió un buen trago y lo miró, pensando que era gracioso.
—Todas, hay peores cosas que la soledad física, lo sabes, ¿no? —lo miró seguro de que el
crío era Steiner.
—Hay alguien que me quiere haga lo que haga… —se quedó serio y movió un poco la lata,
bebiendo otro trago. No podía evitar pensar en ese tipo, que sin duda era un hombre serio,
no como él, y si volvían a quedar, eso es que no había querido sólo sexo.
—¿Lo hay, eh? —alzó una ceja pensando en ese chico del cabello rosa, ya sabía que no
eran simples compañeros de trabajo —Seguro que no hablas de dios.
—Yo no, he sido muy bueno, buenecito —se rio ya que lo estaba afectando aquel porro —.
Si encuentras a alguien que se interese por ti realmente…
—¿Qué? ¿Con mis virtudes y defectos? —sonrió, apoyándose hacia atrás mejor y bebiendo.
—Yo también… —se encogió de hombros, como diciéndole que era normal —Preferiría no
hacerle daño a esa persona.
—Lo sé, por eso es mejor follar y olvidar —lo miró como quien no quiere la cosa, aunque
estaba pensando en él claramente.
—Deberías irte a la cama, es muy tarde… si mañana vas a ir con Bronco por la mañana,
que no sea con resaca de porros y cerveza —lo echó sutilmente, aunque los dos lo sabían.
Sólo él podía largar a alguien en su propia casa.
—Vale, ¿no vendrás tú? —le preguntó, dándole una última calada al porro, antes de
apagarlo y tirarlo dentro del botellín de cerveza vacío.
—Sí, claro que voy a ir, pero quería saber si tú querías que fuera —se rio, no quería que se
fuera para la cama tan serio.
—¡No! —le mostró la lengua, apresurándose para encerrarse en su cuarto y riéndose una
vez adentro. Steiner se reía también, y se giró de frente en el sillón, apuntando el resto de
sus notas y pensando que era un caso perdido.
Capítulo 8
Explorations
Parte I
Sábado, enero 30
Steiner se giró en el sofá, y se pasó la mano por encima de la cara al notar los primeros
rayos de sol.
—Joder… necesitas unas cortinas, niño… —no pudo evitar quejarse, y se levantó,
estirándose y entrando en el baño para hacer pis. Se miró en el espejo, pensando que lucía
como la mierda. Cogió su enjuague bucal y le dio un trago, escupiéndolo y enjuagándose la
boca de nuevo, esta vez con agua. Bebiendo un buen trago antes de que se le ocurriese una
genial idea.
Se fue hasta el cuarto del rubio, y entreabrió la puerta despacio, quitándose la camiseta y
sonriendo mientras subía por encima de él, y se metía en su cama. Dormía como un tronco.
—Eh… mercancía delicada, handle with lots of care —sonrió, mirándolo y sujetando la
mano con la que lo había empujado.
—Que no… ¿Qué haces en mi cama, eh? —miró hacia la ventana, notando que el sol se
filtraba por los bordes de la cortina, de manera que ya sería inútil enviarlo al sofá porque se
iba a despertar de todos modos. Apartó la manta, saliendo de la cama, enrojecido.
—No te pongas así, luego de lo de ayer… —se burló, apoyándose en un codo y luego
acomodándose.
—Ayer no pasó nada, ¿eh? No me vas a engañar, que no soy idiota —lo señaló, paseándose
por la habitación porque estaba nervioso —Ya… ve… a vestirte o algo.
—Me refería a todas las confesiones que nos hicimos… —se apartó un poco el cabello,
observando cómo se marcaba su paquete en la fina tela del pijama —Hum… ¿Sabes? Me
encantaría darte un mordisquito ahí.
—Sí, seguro…. —frunció el ceño deseando poder lanzarle una almohada, pero como era él
quien se había quedado con la cama… —Me voy a duchar.
—¡Claro que no! Quita… —lo empujó con suavidad, enrojeciendo de nuevo y desviando la
mirada. Para colmo andaba en ropa interior por ahí, no sabía cómo no le daba frío.
Él le puso los brazos a los lados, sujetándole los suyos con ambas manos muy suavemente
y acortando las distancias mientras inclinaba la cara un poco.
—Y no te lo voy a dar ahora. ¿Qué te pasa, eh? ¿La hierba tiene un efecto retardado en ti?
—¿Te lo doy yo a ti? —se inclinó un poco más y rozó sus labios —¿Quieres? —tocó el
superior con la punta de la lengua por un instante y lo miró a los ojos.
—¡No! —el chico lo empujó, sintiendo que le salía vapor por las mejillas, sobre todo
porque se le había acelerado el corazón. Casi salió corriendo hacia el baño.
—¡Joder! —exclamó el moreno para sí, cogiendo su propia camiseta del suelo y lanzándola
contra la puerta del baño después, aunque tuvo que recogerla él mismo, claro.
Salió al salón y entró en el cuarto de aquel chico, topándose con los dos durmiendo todavía
muy abrazados. Descorrió las cortinas para jorobarlos a ellos también, no quería ser el
único.
—¿Qué hora es? —preguntó su jefe separándose un poco de Ageha. No sabía en qué
momento de la noche lo había abrazado así.
—La de desayunar si quieres ir allí —le dijo mientras se subía en la cama sobre Ageha y le
besaba la nuca —. Despierta…
—Hum…, pero tengo sueño… —se quejó sonriendo y girándose un poco, no era
desagradable ser despertado así —Tráeme el desayuno a la cama.
—Ya está aquí… ¿no lo ves? —lo besó, y Bronco lo sujetó del brazo, tirando de él tan
bruscamente que casi lo saca de la cama —¿Qué coño te pasa? —le dio un golpe con su
brazo en el de él, y lo miró a los ojos sin creerse que todos quisieran tocarle los huevos hoy.
—Tranquilos, chicos. Vayamos a desayunar, que además… tengo que llevarle ese dibujo a
Don —se excusó, bajándose de la cama nervioso por ese beso, todavía no le había dicho
nada a Steiner y la verdad, tenía miedo.
—Id vosotros —Steiner se puso la camiseta y salió a ponerse los jeans, murmurando algo
como “ni que fuera su puto hijo”.
Bronco se estaba concentrando para decirle algo cuando escuchó el portazo. Miró a Ageha,
tratando de disculparse sin palabras. Sin embargo, el asiático se acercó, besándole la frente
como diciéndole que no era su culpa.
—Lo siento —se disculpó él de antemano, tanto por lo del beso como por lo incómodo que
sabía que lo iban a poner después de aquella conversación.
—Tú no has hecho nada. Él es un crío y yo… me he pasado un poco. Ni lo he pensado —se
tocó la frente un momento y luego negó con la cabeza —. No te preocupes, me disculparé
con él después.
—Sí, pero luego hablaré yo con él y entonces, sabrás por qué me disculpo —sonrió,
acariciándole la mejilla —. Además, sé lo mucho que significa Jiken para ti.
—No digas eso, ni yo lo sé —se rascó el pecho, moviendo un poco la cabeza —. ¿Qué
ocurre?
—Bueno, estuve hablando con Don anoche, en nuestra cita. Dice que nuestra relación
puede ser dañina si seguimos así y además… él no va a confiar en mí —le resumió de una
manera sumamente corta, sonriendo un poco —. Realmente me gusta, no quiero alejarlo
porque tenga miedo, pero sé que Steiner no lo comprenderá.
—¿Cómo? —preguntó confundido, suavizando la voz un poco incluso. Ese tipo que
acababa de conocer le decía que dejase a Steiner y él… ¿se lo planteaba? Bueno, tenía toda
la razón del mundo, pero… —Tiene razón, sí… —asintió, negando con la cabeza sin
embargo.
—¿Crees que me estoy apresurando? Pero… ¿qué tal si es el indicado y lo dejo ir? Además,
anoche parecía una buena idea —comentó nervioso por haber percibido esa duda en
Bronco. ¿Estaría cometiendo un error?
—Claro, no… debes ir a por él —lo miró a los ojos, apoyándose la mano en la cadera y
tocándose los labios un momento —. No es sólo porque te ofrece algo serio. Realmente te
gusta, ¿no?
—Claro, realmente… Nunca he conocido a alguien como él. Que no fuera hetero, claro —
se rio, abrazándolo de pronto —. Tengo miedo, Bronco.
—Yo estoy contigo… —le besó el cabello, considerándose un imbécil por no haber hecho
nada a tiempo. Simplemente había creído que era imposible que ni siquiera se plantease
dejar lo suyo con Steiner. Pasó uno de sus brazos por encima de los hombros de Ageha,
apretando —¿Nunca lo habías pensado antes?
—Sí, pero no veía ninguna razón para hacerlo. Quiero a Steiner y somos compatibles, no
quiero hacerle daño y odio estar solo… Elige una, elígelas todas —alzó la cara, mirándolo
—. Y ahora me va a odiar.
—Sólo a veces —sonrió de nuevo, pasándose una mano por los ojos y apartándose como si
no se hubiera puesto sensible —. Vamos a desayunar, nos espera un día largo.
—Sí, vamos. Avisaré a Lowe para quedar con él a una hora y eso —le advirtió, saliendo y
tocándose la cara, haciendo crujir la barba.
—Eh, Jiken, ¿no hay posibilidades de que me ayudes? —sonrió seguro de que le lanzaría
algo si no salía rápido de allí.
*****
Ageha llamó a la puerta del despacho, con aquella carpeta bajo el brazo y girando el pomo
enseguida sin siquiera esperar a que lo invitase a pasar. Si no estaba, iría a buscarlo a su
casa simplemente.
—Pasa —lo invitó, levantándose de donde estaba acuclillado organizando unas carpetas.
Lo miró y se aproximó, sacudiéndose un poco la camisa color tostado que llevaba, por si
tenía polvo —. Habíamos quedado aquí, ¿o no?
—Sí, pero nunca se sabe. Podías haber salido a comer algo —le sonrió, rodeando su cuello
y besándolo profundamente, estirándose de tal manera que los ajustados jeans se apretaron
aun más contra sus nalgas. Se apartó, entregándole la carpeta —. Los folios están
numerados para que puedas armar el dibujo.
—Y yo pensaba que venir a trabajar los sábados era malo… —alzó una ceja, sonriendo un
poco y abriendo la carpeta —Así que… un chico sexy y un rompecabezas… —murmuró,
echando un vistazo al interior y dirigiéndose a la mesa para extenderlos allí —¿Cómo está
tu jefe?
—Bien, supongo, pero… está muy metido en esto. Lo ha afectado y me preocupa —le
sonrió con algo de tensión en la mirada, mientras lo seguía y se colocaba al otro lado de la
mesa —. Le ha cogido cariño a Jiken, dice que pudo sentir lo que él sentía. Realmente
quiere ayudarlo, Don.
—Lo sé…, te creo. Yo no digo que él no crea o vea, sienta… esas cosas. Es sólo que a
veces nuestros sentidos nos engañan, Ageha —le dijo mientras iba colocando los folios
según los números —. No debería tomarse esto dema… —se quedó callado, mirando el
dibujo que se iba formando, y las letras hendidas contra el folio. Estaba muy serio, y había
sentido un estremecimiento helado en la espalda. Además, había visto ese tipo de escritura
en Jiken antes.
—Sí, Jiken… a veces me regalaba dibujos. Una vez vino con su cuaderno porque llegaba
tarde y me pareció fascinante. No sólo en el plano artístico en realidad. Un buen día me
regaló uno, y así en otras ocasiones. Era una buena forma para él, no sólo de canalizar
ciertas cosas, sino también de expresarlas —se levantó un poco apasionado. Comenzaba a
desear creer en algo así y cogió una caja muy amplia de metal. La llevó a la mesa y le
mostró a Ageha algunos de los dibujos del chico —. Cada dibujo de estos… dice mucho.
Para mí era como si se abriese un poco más en cada uno.
—Oh… —Ageha observó aquellos dibujos, casi sin atreverse a tocarlos, como si fueran
algo sagrado —No soy un entendido, pero se nota… una progresión, ¿no?
—Sí… —metió los dedos con cuidado, sacando todas las hojas y mostrándole el primero.
Era un dibujo muy oscuro, dibujado con trazos rabiosos, utilizando un lápiz afilado, que
había ido limándose poco a poco, haciendo trazos más gruesos cada vez. Había manchas de
sus manos y dedos arrastrando el carboncillo, deliberadas y accidentales. El dibujo se
parecía mucho al otro, no en lo que contenía, si no en lo que trasmitía.
—Es violento, ¿verdad? Hasta yo puedo sentirlo —alzó la mirada, comparando entre los
dos dibujos. Tal vez incluso aquella leve diferencia era producto de haber utilizado las
manos de Bronco para dibujarlo —. ¿Alguna vez te habló Jiken de que… alguien lo
torturase o algo parecido?
Se echó hacia atrás en el sillón, seguro de que incluso él se estaba dejando llevar, pero todo
eso le desconcertaba. Apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos un momento. Jiken
nunca le había hablado de que ningún hombre lo maltratase, estaba seguro —. ¿Por qué me
has preguntado eso?
—Bronco dijo que eso le sucedía, pensó que tal vez fuese un recuerdo… En realidad dijo…
que lo mataron —comentó un tanto nervioso porque sabía que era difícil de creer y que
Don definitivamente no lo aceptaría —. ¿Jiken no tenía alucinaciones o algo así?
—No, no las tenía. Sólo una mente muy creativa, y por supuesto que no lo mataron… —
negó con la cabeza, alterándose un poco, sólo por el supuesto —En el caso de que sea real
lo que ve, ha debido malinterpretarlo. Tal vez debería hablar con él, podría ayudarlo, si
dices que se encuentra tan afectado.
—No sería una mala idea, pero no te aconsejo que le sugieras que esto están en su
imaginación —le sonrió un poco, sentándose en el sofá ahora —. ¿Sabes lo que significa
ese dibujo del pájaro muerto? ¿Lo has visto?
—Soy sicólogo… —le dijo respecto a lo primero, sonriendo también y apretándose las
manos —Veamos… sí. Originalmente para él era… una forma de representar lo bueno y
puro, destruido. Pero conforme mejoraba, comenzaba a buscarle otros significados como…
que incluso hay vida en la muerte. El pájaro había muerto, y aunque eso es terrible, los
gusanos viven gracias a ello. Sé que para ti, esto no tendrá mucho sentido, pero para él… en
realidad era también una forma de reflejar el valor de la vida, de darle fuerzas para vivir
porque, inevitablemente, todos moriremos algún día.
—Muy optimista, yo prefiero no pensar en eso —negó con la cabeza sonriendo un poco —.
¿Cuál de los dos significados crees que expresa ahora?
—Tiene miedo —le aseguró, negando con la cabeza —. Lo he visto escribir alguna que otra
vez con ese tipo de letra, en medio de cartas normales en realidad… y suele ser por eso
mismo.
—Y muy enfadado… —murmuró el mayor, que miraba las hojas fijamente, y pasó unas
cuantas, mostrándole un dibujo mucho más positivo, aunque no tenía muchos de esos. Era
un unicornio a color, dibujado con pasteles, pero el campo, el cielo, nada era con colores
normales que alguien habría elegido —Era como si él viese cosas que nosotros no. ¿No te
parece?
—Sí, realmente era un artista, ¿eh? —asintió, pensando que le gustaba más ese dibujo,
incluso si era poco convencional —¿Alguna vez lo viste dibujar?
—Alguna vez, mientras hablábamos dibujaba en vez de prestarme atención. Pero me daba
igual, sé que me estaba escuchando —guardó las hojas en orden otra vez, y cerró la caja,
levantándose para dejarla en donde estaba.
—¿Notabas algo distinto en él cuando dibujaba? —le preguntó, siguiéndolo con la mirada.
—Depende de cómo se sintiese ese día, y de lo que estuviese dibujando, claro. Creo que al
principio dibujaba para desahogarse, y quejarse… —sonrió un poco —Luego lo hacía
porque le gustaba. En las primeras hojas, uno puede saber cómo es el dibujo mirando la
parte de atrás del folio. Los trazos se hunden tanto que abultan la parte trasera —le dijo
mientras preparaba dos cafés.
—Procuro no pensar demasiado en ello —colocó los cafés en una esquina de la mesa, sobre
platitos, y luego organizó las hojas antes de guardarlas en la carpeta y devolvérsela a
Ageha. Tuvo que regresar a por el azúcar, y luego se sentó a su lado —. ¿Todo va bien? —
le preguntó luego, apartándole un mechón de cabello tras la oreja.
—¿Te refieres a mi situación? —lo miró a los ojos, sonriendo de forma distinta ahora y
ladeando un poco la cabeza como buscando caricias —Aún no hablo con Steiner, Bronco le
gritó esta mañana, él se enfadó y se largó.
—¿Por qué le gritó? —le tocó el cuello y luego rodeó sus hombros.
—Porque me abrazó en la cama de Jiken, y no fue lo que piensas, yo estaba medio dormido
aún… —le aseguró porque ya veía que se iba a molestar.
—No pienso nada porque te abrace en una cama… —(aunque no me hace maldita gracia)
pensó, sonriéndole un poco sin embargo.
—Nunca se sabe. El caso es que Bronco está acostumbrado a nosotros y… se alteró porque
creyó que íbamos a comenzar. No quería que lo hiciéramos en esa cama.
—Claro que no… —tendría que armarse de paciencia, estaba claro. Además, decía
acostumbrado a nosotros. Por dios que se los imaginaba retozando por cualquier lugar.
Cruzó las manos y apoyó los labios contra las mismas, mirando la taza de café sobre la
mesa.
—Pero te molesta… No necesito ser psicólogo para darme cuenta —sonrió Ageha,
tomando su propia taza y bebiendo.
—Claro que me molesta, Ageha. Tú me gustas, me gustas mucho —le sujetó una mano,
mirándolo a los ojos —. No quiero perder la oportunidad de que esto sea algo más, y
sinceramente… no quiero perderla por alguien que… no te va a dar lo que quieres.
—Puedo ser muchas cosas, Don, pero no falto a mi palabra —le aseguró apretándole la
mano —. No voy a decir que no tengo miedo, pero me gustas.
—Lo sé —se inclinó hacia él un poco, y lo besó con suavidad, aunque más profundamente
después —. ¿Te quedarás esta noche a dormir?
—Si mi jefe se cuida… —bromeó, riéndose en bajito luego y contestando en serio —Me
encantaría.
—Si no, nos lo vamos a tener que traer y buscarle una nanny —sonrió un poco, tocándole
la cara —. ¿Dormiste con él?
—Sí, pero no pasa nada, ¿eh? Además, estaba mucho más preocupado por Jiken —le aclaró
girando un poco la cara para besarle la palma de la mano.
—Era por curiosidad —lo observó, sonriendo un poco e inclinándose para besarlo de nuevo
—. ¿Quieres ir a ver este apasionante lugar?
—Y todos los que me quieras mostrar —se rio, dejando la taza en la mesa y rodeando su
cuello luego. Tenía miedo sí, pero cuando lo veía, era como si todas sus dudas fueran
eliminadas.
—Vamos…
Parte II
Sábado, enero 30
—Deja de poner esa cara —Bronco le dio con el codo a Steiner, que resopló,
enderezándose y sonriendo falsamente.
—¿Mejor?
—Sí, mejor… —suspiró, frunciendo el ceño mientras esperaban a que Lowe bajase de su
piso.
—Hola —los saludó el chico, colocándose mejor la cazadora que llevaba abierta como al
descuido, y observándolos a los dos. Estuvo tentado a preguntar por el otro, pero no quería
recordárselo a Steiner y no sabía ni por qué —. Vamos, hay que caminar bastante.
—Hola, tengo el coche aparcado cerca —le dijo Bronco, preguntándose si había acceso al
menos para no tener que recorrer todo el camino a pie —. ¿Se puede llegar en coche al
bosque?
—Sí, es que estoy acostumbrado a caminar a todos lados —asintió, enrojeciendo por no
haber considerado aquello
—Vamos… —caminó delante, guiándolos hacia el coche y preguntándose por qué Steiner
estaba tan distante con ese chico incluso. Aquello comenzaba a gustarle muy poco.
Se subió al coche, y Steiner se sentó a su lado, dejando al rubio atrás. Lowe intentó mirarlo
por el espejo retrovisor, pero sólo veía la cara de Bronco. ¿Tan cabreado estaba? Pero si no
había pasado nada.
El viaje fue en silencio y bastante tenso, Bronco se sentía más tenso todavía, porque Steiner
no solía comportarse así para nada. Cuando aparcó el coche, él fue el primero en salir,
cargando con su bolsa a cuestas y tomando una foto del bosque desde fuera antes de entrar.
Se veía bastante grande, muy frondoso, y había un pequeño sendero agreste que llevaba
hacia el interior.
—El lugar debe estar más al fondo… A Jiken no le gustaban los lugares muy expuestos —
comentó Lowe, sólo porque necesitaba romper aquel silencio, aunque fuera con su propia
voz.
—Pero Jiken no era quién organizaba las quedadas, ¿no? —le preguntó Bronco.
—No, no sé ni cómo se enteró a decir verdad, yo no tenía ni idea —se encogió de hombros
el rubio, apartando una rama para pasar. Si se concentraba incluso podía ver aquello en una
semblanza de cómo Jiken lo hubiese dibujado.
—Esta mañana después de ducharme, vi unas cosas un poco raras —comentó Steiner, que
iba caminando por el sendero lleno de maleza y zarzas, como si fuera un césped lleno de
margaritas. Se notaba que estaba acostumbrado, Bronco se detenía a pisarlas para no
pincharse.
—No lo sé, pero… me hubiera dicho algo, ¿o no? —Lowe los miró, tensándose por un
momento.
—No creo, porque se lo habrías prohibido… —Steiner lo miró y alzó una ceja, avanzando
más por el bosque, y echando un vistazo arriba al escuchar a unos cuervos salir volando
súbitamente.
—Qué ambiente más pesado hay aquí… —murmuró Bronco, que le parecía como si
estuviesen adentrándose demasiado con la prisa que se daba Steiner en caminar por el
bosque.
—Huele a bosque —comentó el rubio que se había sentido reñido, aunque en realidad, tenía
razón, se lo habría prohibido. Ahora hacían ruido al caminar, llegaban a una zona en la que
el suelo estaba lleno de hojas caídas de los árboles.
Steiner tomó otra foto, y luego los dejó adelantarlos, tomando varias más, pero del rubio y
sus nalgas. Al pasar por su lado, le mostró una, a espaldas de Bronco, que seguía sin ver
qué tenía aquello de buen olor.
Se estaba agobiando y comenzaba a pensar que no era normal. Rozó la corteza de un árbol
y sintió su mano bajo la suya, comenzó a caminar cuesta abajo, adentrándose y sin más
remedio que sujetarse para no caer por aquella cuesta abajo llena de hojas secas.
—No hagas eso, dios… y yo creyendo que estabas cabreado —susurró Lowe, enrojeciendo
y acelerando, pensándoselo mejor luego. Lo esperó, no fuera a ser que le tomara más fotos
de esa manera.
Alrededor de Bronco, la brisa se había levantado levemente, alzando las hojas y empezando
a envolverlo en un remolino de ellas.
Se detuvo y entrecerró los ojos porque el flequillo se despeinaba delante de ellos. Estiró la
mano y de pronto las hojas cayeron delante de él, rodando en antinaturales montoncitos por
el suelo cuesta abajo.
Salió corriendo, y Steiner, que se había distraído con Lowe, alzó la vista al escuchar el
ruido.
—¡Bronco! —corrió tras él, bajando a toda prisa aquella cuesta repleta de hojas y por poco
cayendo de bruces abajo. Se apoyó en una mano para no hacerlo y miró a su alrededor —
¡Bronco! —lo llamó, mirando luego hacia Lowe, que estaba bajando. Lo sujetó al final para
que no le pasase como a él y luego resopló ruidosamente antes de llamarlo otra vez de un
grito.
Steiner sacó el teléfono móvil y lo llamó, pero enseguida saltó el contestador como si no
tuviese recepción o lo hubieran apagado.
—¡Joder! —le dio una patada a una piedra y miró a su alrededor de nuevo, pensando en
decirle a Lowe que mejor se separaban para buscarlo, pero ni de coña. Lo sujetó de la
muñeca, buscando pisadas por el suelo, pero era increíble, todo estaba lleno de hojas secas.
¿Qué sentido tenía eso si alguien acababa de salir corriendo por allí? Era como si un nuevo
manto hubiera caído para cubrir sus pisadas.
—¿Y si regresamos? Tal vez tomó otro camino, aquí no hay pisadas —comentó Lowe
recalcando lo obvio, nervioso. Ni siquiera se escuchaban sonidos delatores por allí, sólo el
canto de los pájaros.
—Ageha me va a matar… —le dijo Steiner con un gesto de su mano, mirándolo a los ojos
fijamente —¡Bronco, la madre que te parió! —gritó luego mirando a otro lado.
El moreno estaba en un claro del bosque, había rastros de una hoguera en el medio de un
círculo de tierra rodeado de piedras. La brisa sopló de nuevo, moviendo las hojas de los
árboles. Se arrodilló y tocó la tierra con ambas manos, cerca de la hoguera. Cerró los ojos y
apretó la tierra. No veía nada, pero no se sentía solo. Notó como si algo le tocase el cabello
y movió la cabeza hacia allí, de pronto sintió el calor de la hoguera y observó un círculo de
personas con los rostros ocultos por máscaras de cualquier tipo, desde simple papel,
mascaras de carnaval, a complicadas máscaras con cuernos y otros atributos animalescos.
Jadeó, lo veía todo en la oscuridad simplemente iluminada por la luz de las llamas. Se vio a
sí mismo de pie, mirando al círculo que le rodeaba sin ver a Jiken. . Sin embargo, de pronto
sintió que alguien sujetaba su mano, apretándola. El sonido se hizo más intenso, había risas
y retazos de conversaciones. Súbitamente alguien lanzó algo a las llamas, haciéndolas
crepitar con intensidad por un momento, echando chispas, un olor dulzón llenó el aire.
—¿Qué es eso? —preguntó, y sintió que su voz resonaba. No podía dejar de mirar a quien
tenía frente a él, como si estuviese hipnotizado. Movió un poco la otra mano hacia su
máscara, pero todos gritaron y le pareció que el suelo temblaba mientras desde atrás le
ponían algo en la cabeza que se sintió como un saco o una bolsa. Quedó cegado por unos
instantes frenéticos entre gritos, y se despertó de golpe, con perlitas de sudor resbalando por
su rostro y la camisa empapada en la espalda, pegada bajo la cazadora de cuero.
Se levantó mareado, sin saber en dónde estaba y por qué estaba solo
.
—¡Steiner!
—¡Lo he escuchado! ¡Por allá! —la voz de Lowe le llegó desde lo lejos, mientras aquella
brisa aun se levantaba a su alrededor, mucho más leve ahora. Un pájaro salió volando a
toda velocidad del árbol más cercano y emitió un piar extraño y agudo.
Bronco inclinó la cabeza un poco, pensando que se estaba congelando de frío ahora, y más
con lo mojado que estaba por el sudor. Se subió la cremallera de la cazadora y se arrodilló
de nuevo, de pronto ocurriéndosele revolver entre las cenizas para encontrar rastros de lo
que estaban quemando.
Mientras tanto, Steiner y Lowe llegaban a aquel lugar, el sendero había estado oculto, pero
sin duda era el mismo que aparecía en aquel dibujo.
—¡Bronco! —lo llamó el rubio, preguntándose qué hacía allí revolviendo entre la
vegetación y notando entonces que aquello no eran hojas, sino cenizas.
—Bueno… no, pero creo que era él. Todos llevaban esas máscaras… y quemaron algo
aquí. Olía dulce y… —se apoyó con las manos, observando las mismas llenas de ceniza al
igual que las mangas de la cazadora —Dios… —intentó tranquilizarse. Su obsesión por
ayudarlo cada día era mayor, y ni siquiera estaba seguro de querer seguir empeorándola.
—¿Máscaras? —sonrió Lowe, incrédulo, agachándose en el suelo también. ¿En qué estaba
metido Jiken? Ahora comprendía por qué nunca lo había llevado, seguramente no pensaba
hacerlo realmente, eso no era una quedada de chicos universitarios emborrachándose, lo
dudaba mucho. Tomó un puñado de cenizas, oliéndolas, pero sólo olían a eso, a cenizas —
Tal vez si las llevamos a la universidad, las puedan analizar.
—¿Tú crees? —Bronco lo miró a los ojos, podría enviarlas él para que lo ayudasen sus
colaboradores, pero no los quería metidos en eso. No todos eran tan de fiar.
—Tío…, levanta —Steiner lo ayudó, y le pasó la mano por la cara para limpiarle el sudor,
aunque bien sabía dios que no haría eso por mucha gente. Le dio una palmadita en la cara y
le pasó un paño para que se limpiase un poco las manos —. Tal vez era alguna droga o
algo, ¿no?
—Eso me preguntaba yo… —Lowe frunció el ceño, pensando que quería regresar al
pasado y remecer a Jiken. Se puso de pie luego, pensativo —Pero si las llevamos a la
universidad, daremos a conocer esto, y seguro que todos los involucrados se harán los
locos…
—Bien… es igual, yo me encargaré de ellas —le dijo Bronco, mientras Steiner guardaba
algunas dentro de un paquete de pañuelos desechables vacío —. Vaya sitio para guardarlas
—se quejó.
—No tengo otra cosa, ¿eh? Esto no es CSI Miami. Si quieres las meto en un condón.
—No es el momento —se quejó Lowe, aunque le había dado la risa y luego miró a Bronco
—. ¿Cómo llegó aquí tan rápido, eh?
—¿Yo? —preguntó Bronco —No lo sé… —murmuró, mirándolo a los ojos, confundido —
Él me trajo.
—Calla… yo no digo que vea fantasmas por todos lados —Bronco frunció el ceño —. Y
esto no me divierte —le advirtió después.
—¿Qué tía de la universidad? —preguntó Lowe intrigado, echando a caminar por donde
habían venido. Aquel lugar estaba sumamente metido en el bosque.
—No digas eso —le riñó Bronco, murmurando luego —. Esto puede volver loco a
cualquiera…
—Agh, te escucho igual —le dio una patada en el culo, aunque sólo fue un toque, y sonrió,
en realidad porque acababa de recordar el tacto de las manos de Jiken al sujetarlo.
—Bueno, Jiken no lo va a volver loco de todas maneras, ya os lo dije, él… —(no es así),
finalizó en su mente, aunque empezaba a preguntarse cómo era Jiken realmente. Sacudió la
cabeza, negándose ese pensamiento, él no iba a empezar a juzgarlo ahora.
Steiner le dio una nalgada y luego se adelantó para tomarles una foto a ambos, alejándose
de aquel lugar. Se volteó y trepó por la cuesta hacia arriba, esperando para ayudarlos.
—No, lo siento, creo que le gustas —alzó un poco una ceja, mirándolo de soslayo —. Y
créeme, no te conviene.
—Eso está bien —le sonrió también, ayudándolo a subir, aunque Steiner lo esperaba para
tomarlo de la mano, y luego Bronco se la sujetó también.
—No tanto… —le dijo mosqueado, mirando a Bronco, que se reía entre dientes y sacaba un
cigarro de su cajetilla.
—Estaba pensando… que tal vez debería averiguar si aún se dan estas reuniones —
comentó Lowe con la clara intención de unirse si así era, nadie más podría hacerlo de todas
maneras.
—A mí me conocen casi todos, y Ageha anda con ese sicólogo, así que… no vas.
—Pues no tenemos a nadie más y alguien debería ir porque si no, no vamos a averiguar
nada nunca —se quejó, preguntándose si se creían sus padres.
—¿Quieres morirte o qué? —Steiner lo sujetó del hombro, haciendo que lo mirase a los
ojos, mientras Bronco se hacía el loco por ahí, continuando el camino.
—Claro que no, quiero saber qué le pasó a Jiken, qué hacía —exhaló molesto, y mirándolo
a los ojos.
—Así no —le sujetó la cazadora con una mano, aunque no de forma violenta —Si no,
tendré que ir contigo, me harás cortarme el cabello para que no me reconozcan… —le dijo
en otro tono para ver si lo calmaba. Lo miró a los ojos, buscando su mirada.
Lowe frunció el ceño, aunque no sabía por qué estaba molesto en realidad. Se metió las
manos en los bolsillos, siguiéndolo de todas maneras hacia el coche.
Parte III
Sábado, enero 30
—Voy a llamar a Bronco para ver si prefiere que nos reunamos en la posada —avisó a Don,
sacando el móvil y seleccionando el número de su jefe.
Después de charlar unos minutos, acordaron verse en el cuarto de él. Para no variar, estaba
cansado después de lo sucedido, pero aceptó de todas formas más que por el caso, porque
suponía que era muy importante para Ageha.
En cuanto colgó se levantó de la cama, pensando en darse una ducha y adecentarse un poco.
Para empezar tenía que afeitarse.
—Estamos cerca, bueno, tú sabes mejor que yo en dónde queda —Ageha se rio, sujetando
la mano de Don y pensando que se sentía como si fuera a presentarle a su padre.
—Sí, a unos pasos de aquí —sonrió, notando cómo le apretaba la mano —. ¿Cuánto tiempo
hace que os conocéis?
—Tres años, fue cuando Steiner nos presentó, pero es como si llevásemos más tiempo.
Siempre puedo hablar con él cuando me siento mal.
—Es un buen amigo entonces… —dijo casi para sí, pensando que ya había tenido que salir
ese nombre a relucir —¿Debo tratarlo de usted?
—No es necesario, Bronco no es así, pero se lo puedes preguntar si te incomoda —se rio,
cayendo en cuenta de algo luego —. ¿Quieres que os deje solos? Porque no sé si esto tiene
que ver con alguna confidencia de psicólogo o algo así.
—No, sólo vamos a charlar. Si hiciéramos eso, se sentiría en medio de una encerrona, y
pensaría que crees que está loco probablemente —sonrió un poco, soltando su mano, sólo
para pasarle el brazo por la cintura y aproximarlo a él un poco—. ¿Por qué me siento como
si fuera a pedirle permiso a tu padre para salir juntos?
—No lo sé, pero yo siento lo mismo —se rio, recostándose contra él —. Supongo que me
importa mucho lo que él opine.
—Me está entrando mucha curiosidad —le confesó, pensando que también la estaban ellos
levantando con tanto “arrumaco”, pero no quería cagarla apartándolo, así que prefirió
arriesgarse y entrar con él en la pensión, soltándolo para abrirle la puerta.
Bronco se estaba poniendo a las prisas unos jeans negros y gastados, luchando con ellos
para subirlos, ya que su piel seguía húmeda. Se puso una camiseta en la que se leía una
marca de café, y luego se revolvió el cabello con la toalla, frotándoselo al descuido y
pensando que al menos le había dado tiempo a asearse un poco.
—Ugh… —le dio una patada a la ropa sucia y la escondió bajo la cama, justo cuando
llamaron a la puerta. La abrió sin calzarse, apartándose un poco para que pasaran.
Demonios… era un hombre enorme —Bronco, encantado —le dijo extendiendo la mano.
—Don —se la apretó con firmeza, observando su aspecto y pensando que era todo lo
contrario a lo que había imaginado. Al menos tenía el cabello plateado, debido a las canas
que poblaban la mata negra de pelo. No era colorido como los otros dos, de hecho, no lo era
para nada.
—Más o menos… He vuelto a marearme —sacó la cajetilla de cigarros y cogió uno —. ¿Te
molesta?
Don negó con la cabeza, siguiéndolo hacia las dos sillas que había en el pequeño cuarto,
mientras el otro se sentaba en la cama y seguía hablando.
—Encontramos el lugar en el que Jiken se reunía con esa gente. Y allí ocurría algo muy
raro.
—¿Qué tipo de cosa rara? —le preguntó Ageha, preocupado de nuevo porque se hubiera
desmayado, no se estaba cuidando.
—Llevaban máscaras y… no lo sé. Echaron algo en el fuego que olía muy dulce al arder.
Me pregunto si eran drogas. No lo sé, todo era… demasiado extraño y yo, no podía dejar de
mirarlo a él. Estaba delante de mí. Al menos creo que era él —le dijo, mirándolo a los ojos,
ya que no quería ni saber la cara que estaba poniendo el otro.
Por curiosidad lo miró de soslayo, pero estaba con una expresión tan seria y neutra, que
siguió sin inmutarse.
—No lo sé, es algo que siento —lo miró a los ojos, pensando que era un escéptico.
—Porque es sensitivo —le recordó Ageha, sentándose en la única silla que quedaba libre y
mirando a Bronco luego —y Don es psicólogo, no lo tengas en su contra. Don, ¿estás
seguro que Jiken nunca mencionó nada de eso? ¿Ni siquiera te mostró algún dibujo que
pudiera evocar esa escena?
—No, si hacía eso, debía llevarlo muy en secreto, pero me parece imposible que no haya
dibujado nada al respecto. Tal vez si le pido a Lowe que revise su cuarto… Yo puedo
asegurarme de que ninguno de sus cuadernos haya quedado en la taquilla o en alguna de las
aulas —miró a Ageha un momento, y luego al otro hombre —. Me ha enseñado el dibujo,
es fascinante.
Don sonrió, y el otro no pudo evitar seguirlo, aunque en un primer momento lo había dicho
sólo por molestarlo.
—Me encantaría que viera algunos de sus dibujos. Los últimos, tal vez le digan algo. ¿No
cree?
—Sí, tal vez… —lo miró extrañado. ¿Es que de pronto le creía?
Ageha lo miró de soslayo, sonriendo un poco porque parecían llevarse bien, Don sabía
llevar aquello sin ofenderlo, era un hombre realmente impresionante.
—¿Crees que lo que Jiken te muestra pueda ser una proyección de su mente? Ya sabes,
como… miedos y esas cosas, más que algo real —le preguntó a Bronco.
—No lo sé… eso es imposible para mí distinguirlo. Veo lo que él me deja ver, ni más ni
menos. Al menos eso creo —se pasó la mano por el cabello, revolviéndoselo de cualquier
manera y mirando al sicólogo —. Por cierto, Lowe, ya que lo menciona… está pensando en
buscar a ese grupo y hacerse pasar por uno de ellos. Lo cual me parece…
—Una idea terrible —Don frunció el ceño, interrumpiéndolo, pero sacándole las palabras
de la boca. Tenía que disuadirlo.
—Además, no creo que ese chico sepa fingir —suspiró Ageha, ya que había notado cómo
lo miraba la noche anterior —. No creo que eso sea una posibilidad, todos saben quiénes
somos además, y que Lowe nos llamó.
—Debería decírselo a la policía… ¿Qué sentido tiene hacer eso? —Don se apretó una mano
con la otra.
—¿La policía? ¿Y qué le dirá? ¿Le dirá que investigue una hoguera en el bosque porque un
sensitivo le dijo que su amigo había estado allí quemando marihuana? —exageró, alzando
una ceja.
Don lo miró serio, pero luego asintió con la cabeza. Cierto… ¿qué demonios? Por un
momento realmente lo habían hecho sentirse envuelto en la paranoia de que lo habían
asesinado.
—Lo único que conseguiríamos sería que cancelaran las reuniones además, lo cual no nos
llevaría a ningún lado —suspiró Ageha ladeando la cabeza —, pero me preocupa que
dependas tanto de lo que Jiken te muestra.
—¿Y eso por qué? —se llevó el cigarro a los labios. En realidad él estaba deseando tener
otro trance y comprender más.
Don lo miró, percatándose de la foto impresa que sobresalía un poco entre los papeles que
tenía sobre la cama. Sólo se veía la parte superior de la cabeza, pero el cabello de Jiken era
inconfundible.
—Porque te utiliza y te pone en peligro, necesitas descansar —le advirtió mirándolo a los
ojos. No iba a dejar de preocuparse dijera lo que dijera.
—No —sentenció.
—¿Y si no lo es? —le preguntó Ageha sólo porque Don lo había puesto nervioso. Por lo
general creía ciegamente en lo que Bronco le decía, pero también existían los espíritus que
se aprovechaban de los sensitivos y era la primera vez que lo veía tan obsesionado con un
caso —. ¿Sabes qué es lo que estamos intentando averiguar?
—Yo no intento averiguar nada. Sólo quiero ayudarlo —frunció el ceño, tocándose la sien
porque le dolía la cabeza.
—Pero no puedes ponerlo por encima de tu salud, ¿verdad? —le preguntó Don, pensando
que realmente necesitaba ayuda.
—Sinceramente… —se quedó callado y miró a Ageha. Don le apretó la mano para que
esperase.
—¿No le importa mucho eso ahora? Porque si le pasa algo… entonces habrá abandonado a
Ageha, ¿me equivoco?
Don estaba mirándolo fijamente, y en ese momento deseaba no suponer lo que estaba en su
mente. Pero lo hacía.
—¿Eres idiota o te lo haces? Claro que te necesito… Lo sabes —Ageha frunció el ceño,
preguntándose cómo podía pensar eso —Siempre he confiado en ti y en tus instintos, pero
no sé qué te sucede ahora.
—Así no estás ayudando a Jiken, Bronco. No estás ayudando a nadie. Si conozco bien a ese
chico, y de hecho lo hago… lo que menos querría en este mundo, es que la muerte de
alguien pesase en sus espaldas. Puede que esté asustado y quiera ayuda desesperadamente,
y me parece normal, y natural que se la brindes, pero no hagas locuras… él ya no está aquí,
y tú sí. Ni siquiera tienes pruebas de que él sea lo que está allí, ni de que pudieras ir con él.
Y desde luego, mucho menos podrías ayudarlo si te pones en su misma situación, ¿verdad?
—Yo no creo que realmente pienses que la gente que está a tu alrededor, no te necesita.
Estás enfadado.
—¿Estás enfadado, Bronco? —le preguntó Ageha. Pues no se le había ocurrido, ni siquiera
comprendía el por qué —Sabes que quiero ayudar, ¿verdad? No te estoy pidiendo que
abandonemos a Jiken.
—Sí, lo sé… —suspiró, pasándose una mano por el pelo —Y no estoy enfadado, estoy bien
—suspiró con fuerza, acostándose en la cama de golpe y llevándose el cigarro a los labios
otra vez —. Tengo sueño, y nada más.
—Entonces mejor será que me vaya —les dijo el sicólogo, levantándose de la silla y
sonriéndole un poco a Ageha.
—Me quedaré un rato, ¿vale? Si no te molesta… —miró a Bronco porque quería asegurarle
que tenía su apoyo. No estaba muy seguro de que lo supiera.
—Claro que no —se inclinó y lo besó en la boca, pensando que eso no estaba siendo muy
maduro. Pero nadie había dicho que él fuera perfecto —. Encantado, si algún día quieres
pasar por mi oficina a ver sus dibujos… —le ofreció.
—Claro, lo haré —se sentó y le dio la mano. Sinceramente… le agradaba ese hombre, pero
le parecía que sabía muy bien lo que le ocurría y eso no le agradaba tanto.
—Te veré luego, así podré llevar algo para cambiarme —se rio, enviándole otro beso,
seguro de que era el hombre más comprensivo del mundo. Esperó a que saliera para subirse
a la cama —. Y ahora me vas a explicar qué es eso de que yo no te necesito.
—¿Eh? ¿Cómo que no? —el asiático parpadeó perplejo, mirándolo a los ojos.
—¿No, eh? —le preguntó, poniéndose nervioso de pronto, porque ya sospechaba lo que
sucedía; no era tan denso. Suspiró mirando hacia otro lado, y apartándose el flequillo de la
frente con una mano —Es igual, te necesito, te quiero y si te pasa algo, me voy a morir.
—No va a pasarme nada —se giró de espaldas al ver cómo evitaba mirarlo.
—Eso dices… —protestó, mirándolo de soslayo, ¿por qué todo era tan complicado de
pronto? —Bronco, ¿puedes prometerme que me lo dirás si sucede algo? Pero… digo que
me lo prometas en serio.
—Siempre te lo digo todo… Casi todo —lo miró de soslayo también, girando un poco la
cara —. Me cae bien, es un buen hombre.
—Sí, lo es, ¿no es así?—sonrió un poco, girándose más hasta que pudo mirarlo
directamente —Gracias.
—No me des las gracias. No he hecho nada —Bronco apretó un poco las mandíbulas y
luego se giró hacia él, abrazándolo.
—Ser tú —le contestó Ageha, apretándolo un poco y besándole una mejilla. Permaneció
allí unos segundos, sintiéndolo contra su cuerpo de manera reconfortante —. Te dejaré
dormir, ahora debería hablar con Steiner, así que si escuchas gritos… tú sigue durmiendo.
—Agh… lo siento por ti. Y Ageha… —le sujetó la muñeca mientras se levantaba —, anda
detrás de ese rubio así que. Ni por un momento pienses que no haces lo correcto.
—Vale… —se giró hacia la pared de nuevo, y tiró de las sábanas para cubrirse de cualquier
forma.
Ageha salió de la habitación y cerró la puerta sin hacer ruido, suspirando profundamente
luego. Mentiría si dijera que no estaba tenso.
Cuando llamó a la puerta del cuarto de Steiner, este le contestó desde la silla donde estaba
leyendo todavía esos archivos de Jiken.
—Está abierta…
—Pero por ti puedo parar. Incluso puedo trabajar duro de otras maneras si quieres —se
levantó de la silla, sonriendo y aproximándose a él para besarlo.
—¿Qué pasa? ¿Es por Lowe? No hemos hecho nada… —se apartó un poco, dándole la
espalda y cogiendo el reloj de la mesita para ponérselo —Literalmente.
—Sí, claro… —se volteó hacia él y lo miró a los ojos —¿Cuándo has ido tú en serio con
nadie, eh? No me hagas reír.
Sin embargo, Ageha permaneció serio, en realidad alzó una ceja inconscientemente.
—Tal vez nunca he ido en serio con nadie, pero eso no significa que no quiera algo más.
Siempre lo he querido y ambos sabíamos cuando empezamos con esto, que sería temporal.
—Lo que sabíamos es que no era serio —se acercó a él y lo empujó con un dedo —¡¿Qué
pasa?!¿Te echas a los brazos del primer paleto de pueblo que te propone matrimonio? ¿Qué
es eso? Sabes que es una estupidez…
—Es por eso, ¿no? Sabes que eso sólo es un juego —lo sujetó por los brazos,
aproximándolo un poco y suavizando su actitud.
—Y esto también, y no quiero seguir jugando, Steiner —protestó mirándolo a los ojos y
suavizando su actitud también automáticamente —. Sabes que te quiero, pero los dos
necesitamos dejar de engañarnos.
—Yo no me estoy engañando, y no eres un juego para mí. Tú eres el único que no… —
intentó besarlo, pero Ageha lo empujó de nuevo, con suavidad.
—No hagas eso. Soy el único que… ¿Te comprende? ¿Te quiere? Porque no voy a dejar de
hacer ninguna de las dos cosas —le aseguró.
—¡¿Cómo mierda harás eso, eh?! ¡Y no me empujes! —se dio la vuelta para no empujarlo
él, más que nada porque no se iba a medir —¿Sabes lo que necesito ahora? Un polvo… ¡No
me comprendes una mierda!
—Así te sería más fácil, ¿eh? Pues te jodes… Él no me comprende ¡Y no le gusto! Estoy
hasta los cojones de todo el mundo. Luego no vengas detrás de mí cuando te des cuenta de
que eso no va contigo —se puso las botas con toda la furia, cerrándose los cordones con
fuerza.
—No va suceder, Don me gusta de verdad, eres tú quien no comprende nada —frunció el
ceño, cruzándose de brazos —. ¿No quieres algo más, Steiner? ¿Vas a pasar el resto de tu
vida saltando de cama en cama?
—¿Y tú? —se acercó a él, casi acosándolo —¿Vas a pasar tu vida al lado de un tío que a
saber cuántos años te lleva? ¿La vas a pasar aburriéndote en la cama y follando los sábados,
tratando de fingir que no se ha vuelto aburrido y monótono? ¿Vas a ver la tele con él los
domingos y a preguntarle que tal en el trabajo? ¿A salir mientras trabaja para echar un buen
polvo y salir a bailar? ¿O es que crees que puedes hacer eso con él? No lo conoces de
nada… ¿Me oyes? —lo miró a los ojos fijamente, y luego le apoyó la mano en el pecho,
empujándolo tres pasos lejos de él.
—Tal vez no, pero tampoco lo voy a conocer si no hago esto. Tengo que tomar el riesgo o
nada va a cambiar, nunca —negó, a pesar de que su corazón se había enfriado con el miedo
—. Y… no es aburrido en la cama.
—Ya lo será, cuando pases unos cuantos meses con él. ¿Sabes por qué a pesar de todo este
tiempo seguimos deseándonos? —cogió su cazadora y se la puso, mirándolo a los ojos y
acercándose a él —Porque no nos tenemos. Esa es la respuesta. ¿Lo entiendes?
—Pero al final de todo… ¿no te sientes solo, Steiner? ¿Por qué te enfadas cuando estoy con
otra persona? ¿Realmente es por mí? —le preguntó sin desviar la mirada esta vez.
—¿Qué te importa a ti? Ya tienes a tu marido. ¿no?
—¡No es verdad! ¡Es por todo lo que me das! —le sujetó del brazo y tiró de él —Tú me
quieres como soy… o al menos lo hacías… —lo miró a los ojos, tratando de aproximarse
más a él para besarlo.
—¡No hagas eso! —volvió a empujarlo, sintiéndose al borde ya y negando con la cabeza —
Te quiero como eres, ¿no te das cuenta? Intento ayudarte también.
—Y una mierda… ¡Y una mierda! —cogió sus llaves y abrió la puerta —¡Viniste aquí para
estar conmigo! —pegó un portazo y se escuchó la cerradura girar.
—¡Steiner! ¡Steiner, abre la puerta! ¡No seas infantil! —Ageha resopló, dejándose caer en
la cama, y sacó su móvil para avisar a Don. Aquello no había salido nada bien, pero no era
de sorprender, aunque le hubiera gustado que Steiner lo comprendiese.
Él cogió el teléfono enseguida, pues suponía que iba a llamarlo. En realidad estaba
nervioso.
—Sí, dime.
—No lo tomó bien, me ha dejado encerrado en su cuarto. Es sólo para que sepas por qué
me retrasaré —le comentó con la voz decaída y girándose boca abajo en la cama —. Me va
a ser difícil trabajar con él.
—¿Hablas de Bronco, o de Steiner? Supongo que del último si hizo algo tan estúpido —
frunció el ceño y se levantó del sillón de la salita de su casa —. ¿Quieres que vaya a pedir
las llaves?
—Steiner, Bronco está durmiendo y… sí, o tendré que salir por la ventana —se rio sin
muchas ganas, calmándose luego porque tenía los ojos aguados, pero no quería que se diera
cuenta —. Lamento causarte tantos problemas.
—No lo haces —le aseguró, saliendo de la casa y pensando que ese chico estaba fatal —.
Ahora voy, ¿de acuerdo?
—Te espero aquí mismo —se rio colgando y cerrando los ojos.
Don suspiró y colgó el teléfono, deseando no toparse con ese tío por el camino.
Llegó al cabo de diez minutos, y tuvo que ir a recepción a pedir las llaves. Explicándole
que el otro se había marchado mientras Ageha dormía, sin darse cuenta de que había
cerrado con llave. Cualquier cosa era mejor que decir la verdad.
El hombre lo acompañó arriba y abrió la llave, llamando a la puerta primero y asegurándose
de que lo que el otro había dicho era cierto. A pesar de que sabía que era un hombre
respetable, pero no era normal que anduviese mezclándose con esa gente.
—No tienes que darlas —lo abrazó y le besó la frente, acariciándole la espalda —. Está
bien, supongo que me insultó, y te dijo que ibas a acabar con él de nuevo, ¿no? Porque las
relaciones serias son para los heteros… y… todo eso.
—No dijo lo de los heteros, pero sí que sólo follaríamos los sábados y pasaríamos los
domingos viendo televisión, así que no hagamos eso —bromeó, ocultando la cara ahora
contra su pecho.
—Ageha…, es normal que tengas miedo de tener una relación seria. Y no, no es tan
apasionando como al principio, es la verdad…, pero hay otras cosas que lo compensan
muchísimo… —le sujetó la cara para que lo mirase —Sobre todo, tener a alguien siempre a
tu lado, para todo. Lo bueno, y lo malo. Y sentirse amado, eso cada vez es más fuerte, eso
no se calma con el tiempo.
—Lo sé, no me arrepiento, pero lo cierto es que sí me asustó —le confesó, ya que por
alguna razón, los ojos de Don eran como un suero de la verdad para él, no podía ni quería
mentirle —. Y no quiero que me odie tampoco, soy un egoísta.
—Es normal… —le sujetó los brazos con suavidad, acompañándolo a sentarse en la cama
—Es tu amigo, algo más incluso. No quieres perderlo. Y no vas a hacerlo, sólo necesita un
tiempo, y en ese tiempo, tienes que verte convencido de lo que dices. ¿Lo entiendes? —le
apretó la mano, mirándolo a los ojos —Y no me gusta ver la tele… —sonrió un poco,
tratando de animarlo.
—Lo sé, lo de que tengo que verme convencido, no lo de la tele —se rio, ladeando la
cabeza —. ¿Te gusta ir al cine?
—Sí, pero solo es un poco deprimente… —le tocó la cara, mirando sus ojos —¿Quieres ir?
Luego podemos salir, es sábado.
—Vayamos, creo que todos necesitamos descansar hoy de todas maneras —asintió,
pegándose a él —. ¿Por qué me siento tan bien contigo, eh?
—No lo sé…, pero no me opongo —sonrió, levantándose para que saliese con él —.
Vamos. No irás a escoger una romántica, ¿verdad?
—Me estás tentando, Don… —se rio, tocándole el pecho —Una sobrenatural, así podrás
quejarte luego de que nada tiene sentido.
—Está bien, veamos una de ris… digo, sobrenatural —bromeó, besándole los labios y
cerrando la puerta al salir. Lo sentía mucho por Steiner, pero él se lo había buscado.
Capítulo 8
Explorations
Parte IV
Sábado, enero 30
Eran las dos de la mañana cuando el mentado regresó al pueblo luego de haber estado
bebiendo y enrollándose por ahí con cualquiera. Se bajó de la moto, por poco tropezándose
de cómo iba, y se apartó el cabello, pensando que lo tenía demasiado enmarañado del aire.
No podía regresar a la pensión, porque Ageha estaba allí, y a Bronco ni mentarlo. Le iba a
echar una charla seguro. Ese era el motivo por el que estaba frente a la casa de Lowe, y
timbró abajo
—¿Qué haces a estas horas? —le preguntó el rubio sin abrirle aun porque lo había
sorprendido.
—Vale… —abrió la puerta, frunciendo el ceño. ¿Cómo que no tenía a dónde ir? Si se
estaba quedando en la pensión. Lo peor es que él mismo no quería estar solo.
Steiner subió en el ascensor. Lo mejor era no decir nada de los motivos reales para estar
allí. Al salir se lo topó en la puerta, y la abrió un poco más para entrar.
—¿A dónde? ¿Con quién? Vivo en un pueblo de idiotas, lo olvidas y… hueles a alcohol —
lo acusó, cerrando la puerta detrás de él —¿Te echaron de la pensión?
—Ni que fuera un perro —exhaló, apartándose —. Te ofrecería una cerveza, pero creo que
más bien necesitas un café, ¿eh?
En realidad se levantó a los pocos segundos y entró con él en la cocina, apoyándose por
detrás en su hombro y mirando lo que hacía.
—¿Lo dices porque te estoy preparando café? Porque es por tu bien, ¿eh? —lo miró,
frunciendo el ceño mientras revolvía.
—No… —se rio —Lo digo porque es cierto —le sujetó la cintura con las manos, y le besó
el cuello. Advirtiéndole de pronto —No me empujes, ya me largo yo… —y apartándose.
—¿Para qué haces esas cosas entonces? —tomó las dos tazas, ya que se había preparado
uno para él, y lo siguió, entregándole una —¿Tuviste un mal día?
—Sí, el peor… —regresó al salón y se sentó de nuevo, por poco tirando el café, pero
manteniéndolo dentro de la taza de milagro —Y ya sabes por qué las hago. Porque me
gustas. ¿Eres masoquista? No me preguntes eso si vas a ponerte rojo.
—No me voy a poner rojo, no jodas —se quejó, aunque ya lo estaba, y se sentó en uno de
los sillones —. ¿Me vas a decir qué sucedió?
—¿Sabes que tu sicólogo está saliendo con Ageha? Y por cierto que van en serio… ya han
reservado una iglesia… —bebió un poco, pensando que estaba demasiado caliente todavía
y dejándolo sobre la mesa.
—Eh… No, ¿en serio? —preguntó bebiendo del café y mirándolo con disimulo. Así que sí
tenían algo y ahora estaba celoso. Pues, ¿para qué venía a verlo a él si estaba pensando en
Ageha?
—En serio… —asintió con la cabeza —y debe tener como mil años, ¿no? —se rio.
—Oh, ya, sólo folláis —alzó una ceja, bebiendo más café.
—Bueno, ahora ya no… —se rio al pensar que estaba ahí encerrado, y se quitó las botas,
recostándose en el sofá.
—Oh, ¿y por eso bebías así? —le preguntó sin dejar de mirarlo —¿Lo amas?
—Claro que no —se encogió de hombros, recuperando la taza de café —. Bebo porque me
ha cabreado. Porque yo siempre soy sustituible, y porque todos me empujáis. ¿Y si os
empujo yo, eh? Os dejo incrustados en la pared… —frunció el ceño, bebiendo café y
pensando que estaba harto.
—Tal vez es porque se enamoró —lo miró, frunciendo el ceño una vez más, no lograba
comprenderlo —. ¿Qué sois? ¿Amigos o amantes?
—Amigos… con derecho a sexo —lo miró a los ojos, pensando que ciertamente, sólo eran
amigos. Eso no le daba derecho a nada —. ¿Quieres ser mi amigo, Lowe? —se rio para sí
ya que bromeaba.
—Con derecho a amistad solamente —le sonrió con malicia, deseando beberse una cerveza
ahora, pero no quería incitarlo.
—Qué aburrido… Tengo una idea —se movió por el sofá, aproximándose a él —. ¿Quieres
hacer algo… divertido? Tranquilo, no tiene nada que ver con mi polla, por más que me
guste la idea.
—Bueno, si no tiene que ver con tu polla…, pero tampoco puede tener que ver con la mía
—le advirtió por si acaso —. Dime.
—¿Quieres que te la chupe? —sonrió, aunque no era eso lo que iba decirle, pero se acercó
un poco más —Porque podría hacerlo, y no se lo diríamos a nadie.
—¡No! Agh, no sé para qué te hago caso —se alejó, cogiendo un almohadón por si seguía.
—Te comportas como un virgen, ¿eh? —se echó atrás en el sofá, apoyándose con un codo
—¿Seguro que no quieres?
—No, y me comporto como alguien que… ya veo por dónde vas, ¿eh? —lo señaló,
exhalando —No quiero eso.
—No sé de qué me hablas… —alzó un poco una ceja, observándolo.
—Sí lo sabes—lo miró, frunciendo el ceño —. ¿Eso era lo que ibas a sugerir?
—¿La mamada? No…, y además, ya sabía que no ibas a querer —se rio, preguntándose de
qué le estaba hablando.
—Pues ¿qué ibas a sugerir? —le preguntó, mirando a otro lado y pensando que era un
denso, pero mejor olvidaba aquello, sólo le traería problemas.
—Me voy a la cama —lo amenazó, aunque no tenía sueño, estaba aburrido y para colmo,
ahora tenía que encerrarse en su cuarto a fingir que dormía.
—Me subiré a tu cama y te besaré… —lo amenazó, riéndose y poniéndose en pie para
acercarse a él —¿Por qué no quieres? Sólo es un beso… ¿tanto te gusto?
—¿Quién dijo que me gustas? —lo miró, bajando los ojos luego porque no quería que lo
adivinase —¿Qué clase de persona rechaza un beso de alguien que le gusta?
—Una que tiene miedo… —le tocó la cara sin alzársela, aproximándose despacio y
apoyando su mejilla contra la de él —A mí también me gustas —le dijo al oído, como si no
estuviera claro. Sólo quería hacerlo escucharlo.
—Sí claro, te gusta cualquier cosa que se mueva —protestó, dejándole saber lo que temía
en realidad y apartándose un poco, pegando la cabeza contra el respaldo del sillón.
Steiner apoyó la rodilla entre sus piernas y las manos en el respaldo, inclinándose más hacia
él y mirándolo. Le rozó la nariz con la suya.
—Que me los tire, no quiere decir que me gusten, sólo que causalmente están buenos.
—Es lo mismo, te los tiras… y… seguro les dices cosas para llevarlos a la cama. ¿Crees
que soy un niño inocentón y crédulo? —le preguntó, casi hundiéndose en el sillón,
nervioso.
—No, sólo me tiro a los que buscan lo mismo que yo. No soy tan cabrón, no voy por ahí
jodiéndole la vida a la gente… Al menos no adrede —se apartó, preguntándose si eso le
había hecho a Ageha. Se sentó en el sofá de antes, pensando que le estaba dando el bajón.
—¿No? —Lowe lo miró sorprendido de que se hubiera alejado, y observando esa expresión
seria que tenía ahora —Eh… ¿estás bien? Porque no quería ofenderte.
—Estoy bien… Iba a decirte que… podíamos hacernos unas máscaras e ir tú y yo a espiar
al bosque, si sabes en que días iba. Con máscaras nadie tiene por qué reconocernos, pero es
mejor permanecer escondidos. Que sean sólo por si… nos descubren, ¿no? —lo miró,
apartándose el pelo a un lado y tirándose de pleno en el sofá.
—¿En serio? ¿Lo harías conmigo? —Lowe se entusiasmó, sonriendo y casi trepándose en
el sillón —Hagámoslo, sé qué días iba porque… no es que fuera un chico fiestero. Incluso
estuve buscando su máscara, pero no la encuentro.
—Pues… eso puede ser porque se lo llevaron cuando la tenía puesta… a algún lugar —lo
miró, extendiendo la mano hacia él —. Ven…
—¿Se lo llevaron? —le preguntó, sujetando su mano y poniéndose de pie —¿A dónde
vamos?
—Tal vez no se drogó, tal vez lo drogaron… y no quería ir al médico porque sabía que era
a causa de una droga. Sé que no te voy a distraer de que te haya agarrado, ¿eh?
—No, no lo harás y hasta ahí llegamos, ¿eh? —le advirtió, aunque no quería quitarse, y no
lo hizo —¿Crees eso? Es posible, pero… pudo habérmelo dicho. Lo hubiera reñido, sí, pero
lo hubiera ayudado de todas maneras.
Le pasó la mano por el cabello, pensando que siempre le habían gustado los rubios.
—No te voy a pegar mientras no hagas nada que no debes —sonrió para sí, disfrutando de
aquello en realidad. Se sentía un poco necesitado —. Es probable, pero ahora me siento
como un idiota si es que eso fue lo que sucedió
—Nunca habría sido tu culpa, además, no tenemos ni idea de lo que sucedió en realidad.
No me hagas caso. ¿Qué días solía ir? —le pasó los dedos por la parte superior de la
espalda, acariciándolo.
—Los martes y los viernes, supongo que tenían mejores cosas que hacer los sábados —se
rio, sintiéndose terrible luego, seguro de que por eso Jiken no le decía nada.
—Después de las diez o al menos como a esa hora salía —le contestó, recordando.
—Si no ya se nos ocurrirá qué hacer mientras esperamos… ¿no? —se burló, revolviéndole
el cabello.
—¿Alguna vez te rindes? —le preguntó enrojeciendo de nuevo.
—Hum… no, pero a veces me canso. Vuelvo a la carga rápido en cuanto me recupero —se
rio, sujetándolo después —. Pero no te vayas.
—Yo no soy de los que andan follando por ahí, ¿eh? —le advirtió, aunque ahora lamentaba
haber dicho eso siquiera y cerró los ojos.
—Ya, ya lo sé… —se quedó serio, y apoyó la mano en su cintura, mirando al techo.
Capítulo 9
The many ways to awakening
Parte I
Domingo, enero 31
El moreno lo sujetó por el brazo, despertando alertado, ya que dormía como un tronco. Lo
soltó y sonrió un poco.
—Prefiero desayunar contigo… ¿Me puedo duchar? —se levantó, estirándose con un brazo
extendido, seguro de que Bronco ya debía haber salvado a Ageha, ahora que se daba
cuenta… en recepción debían tener otra copia.
—Claro, pero déjame cepillarme los dientes primero o no existo —se quejó, bostezando de
nuevo y dirigiéndose al baño.
—Vale, pero ¿te queda? —le preguntó porque era más alto que él, mientras se inclinaba
sobre el lavamanos, empezando a cepillarse los dientes ahora que ya se había lavado la
cara.
—¿Sabes dónde podemos comprar unas máscaras? ¿O sería mejor hacerlas nosotros? —se
giró, pero ya no estaba y alzó una ceja, metiéndose en la ducha —Estaría bien preguntarle a
Bronco cómo son.
—Jiken era capaz de haberse hecho la suya, pero yo no tengo talento, así que sería mejor
comprarlas —le contestó, ya que lo había escuchado desde afuera, mientras intentaba
calmarse —. ¿No crees que sospecharían?
—Sí, por eso no podemos preguntarle —sonrió un poco y se lavó el pelo, pensando que olía
a alcohol y tabaco de estar en aquellos clubes —. ¿Vas a ir a clase el lunes?
Lowe empezó a negar con la cabeza, a pesar de que no lo veía y le contestó luego desde
allí.
—No pensaba hacerlo, pero creo que sería buena idea. Tal vez alguien sepa algo.
—No, no preguntes, los pondrás sobre aviso —salió de la ducha y se escurrió el cabello,
cogiendo una toalla para secárselo —. Es mejor no arriesgarse a eso —se puso los jeans y
salió —. ¿Dónde dejo la toalla?
—Déjala allí, con la cortina, luego la recojo —le pidió, frunciendo el ceño —. Pues
entonces no iré, voy a dejarla de todas maneras.
—Será porque no te va ese look, mi camiseta no tiene nada de malo y además, la vas a
anchar —se quejó yendo a la cocina rápidamente porque le había dado vergüenza estar
parado allí como esperándolo —. Voy a hacer huevos revueltos.
—Vale, por mí bien… —lo siguió y se sentó en la mesa, observándolo —Y no dije nada de
tu camiseta, sólo de lo mal que me queda —se rio.
—Más te vale —lo miró, riéndose luego y agachándose para sacar los huevos y la leche de
la nevera, oliendo la última para asegurarse de que no se hubiera dañado.
—Oye… me gustan tus nalgas, pero no. A parte de eso —se rió —, gracias por dejar que
me quedase aquí molestando y encima pedo.
—No digas esas cosas… Lo de las nalgas —se quejó mientras partía los huevos y
comenzaba a mezclar los ingredientes en un plato hondo —. No es nada, es igual, me sentía
solo —confesó enrojeciendo un poco, sin mirarlo.
Steiner lo miró detenidamente, pensando que le gustaba mucho, pero… ¿a quién iba a
engañar más que a sí mismo? Él no era capaz de mantenerse dos meses fiel.
—No voy a dejar la universidad, sólo la carrera. ¿Me imaginas de traje, tratando de parecer
respetable? —lo miró por fin, desviando la mirada enseguida al encontrarse con la suya.
—Hum… sí, y me pone caliente —se rio, levantándose para apoyarse a su lado en la
encimera —. ¿Por qué comenzaste a estudiar eso?
—No lo sé, es una carrera estable, y mis padres me estaban presionando para que eligiera
algo… Parecía divertido en ese momento —sonrió para sí, encendiendo el fogón y
poniendo la mezcla en una sartén.
—Todo lo conviertes en eso, ¿eh? —le preguntó, exhalando —No sé cocinar mucho, sólo
hacer cosas simples.
—Pero yo soy simple… tanto, que todo lo convierto en eso… —se apartó y volvió a
sentarse en la mesa, sólo que frunciendo el ceño ahora.
—Pues no lo hagas —lo riñó, apagando el fogón y buscando dos platos, sirviéndole por fin
—. ¿Estás molesto?
—Puedes hablarme sin convertirlo todo en sexo. Creo que sólo te interesa eso —le explicó,
empezando a comer y mirándolo con seriedad. ¿Qué estaba intentando hacer? Ya sabía que
no le convenía.
—Pues a lo mejor, por eso estoy intentando ayudarte a encontrar a un pirado, por eso. Es
para ver si así follas conmigo, no para ayudarte. Porque ya sabes… soy una persona
terrible.
—Ya… creí que insultabas a Jiken, lo siento… — enrojeció pensando que nunca
comprendía bien las cosas, otra razón para no ser abogado —Y no dije que fueras una mala
persona, sólo que piensas mucho en sexo.
—Y tú muy poco —se quejó de nuevo, aunque seguía comiendo como si no discutiera con
el que se lo había preparado.
—No es cierto, pero no lo digo —contestó frunciendo el ceño y enrojeciendo como nunca
—. Ya deja eso.
—Pues menos mal, porque empezaba a pensar que eras frígido, ¿eh? O que estaba
perdiendo mi encanto… No soy un ninfómano o algo así —siguió quejándose.
—Vale, vale…, pero… agh —decidió no seguir porque eso parecía estar yendo en círculos
y se terminó lo que le quedaba en el plato, bajando la cabeza luego —No hice el café.
—Es igual… —se levantó para meter el plato en el fregadero y lo limpió, revolviéndole el
cabello al rubio para darle las gracias —Será mejor que vaya a cambiarme y…, el martes
hacemos eso —lo miró caminando unos pasos de espaldas hacia la puerta de la cocina —.
Y si de pronto sientes que quieres verme, ya sabes dónde estoy. Porque podríamos preparar
eso, ¿no? —se volteó y salió a buscar su cazadora —Te dejo con esa excusa.
—No necesito excusas si… No necesito —se quejó rojo de nuevo y lo siguió a la sala,
titubeando por unos segundos antes de decir —Te veo luego entonces, para… preparar eso.
—Vale —se colgó la bolsa al hombro, sonriendo un poco y besándole la mejilla —. Gracias
—volvió a decirle, ya que ayer… realmente no estaba de humor y le había hecho bien estar
con él, aunque sorprendentemente no follaran…
—Nada, gra… gracias a ti —se disculpó por haberlo hecho sentir mal antes, aunque de esa
manera, sólo él sabía que se estaba disculpando.
Steiner lo miró, alzando una ceja y sonriendo. Se dirigió a la puerta y le hizo una seña con
la mano antes de salir, preguntándose para qué estaba nervioso él.
Parte II
Domingo, enero 31
Don se movió en la cama, quejándose al sentir la luz del sol entrando por una rendija de las
cortinas, levantó el brazo y tiró un poco de las mismas, observando de pronto a Ageha que
dormía, y recordando cómo habían pasado la noche. Era la primera vez que se despertaba
acompañado, en… años.
Le pasó una mano por el cabello, preguntándose cómo le sentaría negro, aunque estaba
bastante seguro de que era algo que no iba a averiguar. Al ver que entreabría los ojos, lo
besó varias veces.
—Dicen que cuesta dormir en una cama que no es de uno, pero tú duermes en cualquier
lugar, ¿verdad?
—Sobre todo si tengo a un hombre guapo y cariñoso como tú abrazándome —le sonrió, aun
perezoso, y pegándose más a él —. ¿Cómo dormiste tú?
—Mejor que nunca… —le tocó la espalda, pensando que era muy suave —Hoy no trabajas,
así que dime… ¿vas a pasar el día conmigo o te agobia? Y… no me va a parecer mal —casi
susurró por lo bajo que hablaba, todavía estaba medio dormido.
—No me agobia, no puedo pensar en una mejor manera de pasar mi día libre —se rio,
acariciándole el pecho y moviéndose bajo las sábanas como disfrutando de aquel colchón.
—No sé… —sonrió, acariciándole un brazo y mirándolo a los ojos. No podía evitar pensar
en cuando se fuera a trabajar de nuevo en la editorial. Se preguntaba cómo iban a hacer, y si
realmente podía confiar en él, y más con el “pecado” tan cerca. Dudaba que el tal Steiner se
diese fácilmente por vencido —¿Pero sabes qué? Creo que deberíamos hacer que tu jefe
saliese de ese cuarto. Aunque no me apetece nada compartirte —confesó.
—¿No, eh? Pero… el que lo sugieras me parece lo más dulce del mundo —le acarició una
mejilla, sonriendo y subiéndose un poco sobre él —. Ganas puntos conmigo, no puedo
creer que existas.
—No tengo nada de especial… —se acostó del todo y lo sujetó por la cintura, observándolo
sobre él y preguntándose si ya tenía ganas otra vez. Acarició sus nalgas como para
averiguarlo —en realidad creo que todos somos así, pero no tenemos suficiente fuerza de
voluntad.
—No, yo creo que la mayoría de los hombres son egoístas por naturaleza. Por eso he estado
solo todo este tiempo, sólo piensan en ellos mismos —sonrió un poco más, moviéndose por
si quería hacerlo de nuevo
—¿En serio? Esa es una actitud bastante pesimista… —sonrió, volteándose sobre él y
tirándolo en la cama. Le apoyó la mano en el pecho para que se quedase estirado, y
comenzó a besar su bajo vientre y la pelvis. No quería ni loco dejarlo con ganas, lo cual era
una actitud bastante insegura por su parte, pero la verdad… tenía sus motivos.
—Hum… eres genial —sonrió, dejando que sus brazos se deslizaran hacia atrás cuando lo
arrastró —. Con esos brazos fuertes y esa lengua talentosa...
—No me hagas la pelota, te la voy a chupar igual… —se rio, mordiéndole con suavidad y
volviendo a succionar con fuerza, moviendo las manos por sus muslos y apretándoselos.
No era sólo lo sensual que era su cuerpo, era la fragancia de su piel, la suavidad, su forma
de moverse y gemir. Comprendía si Steiner se había vuelto adicto a él. Ni siquiera le
importaba darle sólo placer sin recibirlo, no estaba pensando para nada en sí mismo.
—No… te hago… —se rio de nuevo, acariciándole el cabello y moviendo las piernas
mientras gemía. Realmente tenía una lengua talentosa.
Don resopló pesadamente y deslizó la lengua por sus ingles, besándoselas y succionando
sus testículos después. Lo giró de medio lado y le besó las nalgas, lamiendo entre ellas y
mordiéndoselas. Su brazo se colaba apretado entre sus muslos mientras lo masturbaba.
—Oh dios, Don… —gimió el asiático, entrecerrando los ojos y sujetando su mano con
delicadeza para sentir el movimiento. Se echó hacia atrás, buscándolo —Te amo…
Don se detuvo de pronto, y le besó la espalda después, seguro de que era por el placer, pero
no había podido evitar sentirse bien, muy bien en realidad. Se puso tras él y lo penetró de
aquel modo, acostado de lado a su espalda, besándole la nuca y volviendo a bajar la mano
para masturbarlo.
—A… brázame —le pidió el chico, alzándose un poco para tirar de su otro brazo, incluso
mientras se apretaba contra él y gemía de placer. Aquello se sentía cálido, distinto a todo lo
anterior. Era terriblemente fogoso, claro, pero había algo más, una conexión que no había
sentido antes.
El moreno lo abrazó con fuerza, rodeándole el pecho y apretando su mano allí. No podía
dejar de besarle el cuello, y hacía ya rato que le importaba muy poco estar dejándole
marcas violeta en la piel. Estrujaba su sexo como si quisiera exprimirlo y rozó con los
labios una de sus orejas. No dejaba de mirarlo, era increíble. Sus labios estaban
entreabiertos y sus ojos cerrados. Se movía contra su cuerpo como si estuviera sincronizado
con él, su sexo estaba pulsando ya con urgencia, y lo vio girar la cara, buscando sus labios
ahora.
Ambos se fundieron en aquel beso de inmediato, y Don cerró los ojos al fin, esperando por
él, aunque los estremecimientos eran insoportables.
Separó los labios de los suyos y gimió con la voz partida por el placer, corriéndose mientras
el semen de Ageha resbalaba por su mano.
—No importa, no soy tan fértil —se rio, girándose luego para mirarlo a los ojos —. Estoy
limpio, no te preocupes.
—No, es… una tontería decir que hace falta ”x” tiempo para amar a alguien. Sin embargo
nadie dice que necesitemos más de dos segundos para odiar… —sonrió con suavidad,
tocándole el cabello y mirándolo a los ojos.
—Estoy seguro de que eres el hombre más inteligente que he conocido —se rio, besándole
los labios delicadamente y sintiéndose como en un sueño.
—No tanto, pero está bien, me gusta que me recuerden que soy inteligente… —bromeó,
relajándose sobre el colchón y deslizando la mano por uno de sus hombros —Deberíamos
quedarnos en la cama un poco más
—Hum… me alegro mucho de que estemos pensando en lo mismo, porque creo que
tendrías que arrastrarme hasta el baño si quisieras levantarte. Claro que… una ducha
compartida puede estar en mis planes futuros.
Parte III
Domingo, enero 31
Bronco aparcó el coche frente al cementerio, y atravesó las verjas. No había nadie allí, al
menos a primera vista, pero se había llevado las fotos de Steiner para saber en dónde estaba
la tumba. Tenía un hibisco muy rojo en la mano, y lo había llevado para él, aunque por
poco había tenido que gritarle a la mujer de la floristería, para que dejase de intentar
venderle un ramo entero.
El suelo estaba un poco embarrado, había llovido el día anterior, y cuando alzó la vista, se
dio cuenta de que probablemente hoy volvería a suceder. Miró la foto una vez más, y
recorrió un pasillo de hierba con hileras de nichos a los lados. Había muchos, aunque
todavía se conservaban muchas otras tumbas en la tierra.
Llegó al lugar, un espacio rectangular entre nichos, lleno de tumbas en el suelo. Se agachó
ante la de él, y cortó el tallo de la flor, apoyándola cerca de su nombre inscrito en la lápida.
Su mano pasó por el nombre, dibujándolo con los dedos, y antes de que pudiese plantearse
qué tan buena idea era, ya había cerrado los ojos y trataba de llegar a él.
La brisa se levantó a su alrededor a los pocos segundos, de manera suave esta vez, casi
acariciándolo, y volvió a escuchar la voz del chico sollozando. Un pájaro alzó el vuelo,
pasando cerca de Bronco y posándose en una rama, casi por encima de su cabeza. Se quedó
allí, perfectamente quieto, mirándolo.
Abrió los ojos y lo observó. Era como si supiese que debía observar a ese punto en ese
momento. Alzó la mano por reflejo, como si fuera a apoyarse en ella al igual que hacían los
canarios domésticos.
Sin embargo, en su mano cayó algo vivo, y cuando la bajó para ver, tuvo que sacudirla
enseguida. Era un gusano blanco y grueso, que ahora se retorcía entre las hierbas.
Sacudió el brazo para apartarlos, y se quitó la cazadora, cubriéndose con ella para que no
fueran a tocarlo, pero entraban por todas partes. Se alejó de allí corriendo, y entonces los
mosquitos no lo siguieron, se quedaron allí, formando una nube espesa con la forma de un
humano poco corpulento. Dos más salieron de dentro de su cazadora antes de que volviera
a ponérsela, y regresaron a la masa oscura.
Pero la nube se disipó en ese momento, los mosquitos volando en todas direcciones hasta
desaparecer. La brisa lo rodeó de nuevo, con suavidad, moviendo las hojas de los árboles y
súbitamente comenzó a mover la hierba a sus pies, escribiendo la palabra” ayuda” en sus
surcos, como si un pincel invisible lo estuviera haciendo.
—Quiero ayudarte, pero no sé cómo hacerlo —se agachó, tocando la hierba con el ceño
fruncido y preguntándose si tan siquiera lo escuchaba —. Llévame contigo otra vez, hazlo.
El pájaro bajó en picado, a todas luces con la intención de atacarlo, tan sólo para remontar
el vuelo en el último instante. La oscuridad descendió sobre Bronco y pudo ver la silueta
del chico frente a él, con una máscara que cubría su cara, asemejando los rasgos de un
felino. Estaba acostado con los brazos cruzados sobre el pecho y completamente inmóvil,
como si fuera un cadáver.
Bronco sintió de nuevo aquella presión en la cabeza, pero esta vez el tránsito había sido tan
rápido que el dolor no era ni siquiera la mitad. Caminó en la completa oscuridad,
acercándose a aquel cuerpo, que parecía estar flotando en el aire. Sin embargo, conforme se
acercaba, empezaban a prenderse unas extrañas luminarias en el camino, dejándole ver que
a sus pies había agua. Se fue al fondo de pronto, ahogándose y sintiendo un frío intenso.
Nadó arriba de nuevo, sacudiendo la cabeza y nadando en la negrura de aquel lago hacia el
chico que flotaba inerte.
Las lucecitas seguían encendidas cuando miró atrás, como mostrándole el camino de salida,
pero bajo el agua también brillaban, dirigiéndolo a Jiken.
Llegó muy cerca de él, tanto que sólo tenía que estirar el brazo para tocarlo. Para quitarle la
máscara y ver su cara al fin. Lo extendió de golpe y chocó con algo, como una especie de
pared, aunque allí no había nada, absolutamente nada, sólo una barrera invisible que le
prohibía llegar a él. ¿La muerte? Pensó, recibiendo un escalofrío violento que recorrió su
columna.
Permaneció allí, flotando y observándolo. Su piel estaba blanca, demasiado pálida, lívida.
Sus labios parecían amoratados. (Muerto…), pensó, y se sintió angustiado sin saber por
qué. Ya había llegado allí buscando a un muerto, por eso es que podía comunicarse con él.
Golpeó aquella barrera con los puños, desesperado como sólo se podía estar en aquel lugar
inexistente donde los sonidos eran sordos y las visiones borrosas.
La cabeza del chico pareció moverse entonces, en su dirección, pero no tuvo la oportunidad
de comprobarlo realmente, ya que una corriente de agua sumamente fuerte lo empujó hacia
arriba, devolviéndolo a la superficie y de paso, a aquel cementerio silencioso. Sin embargo,
la lápida no se veía igual ya. El nombre de Jiken había sido tachado con hendiduras
imitando el tachar de un bolígrafo, como si alguien lo hubiera tallado de esa manera desde
un principio.
Bronco se sintió caer de aquel modo otra vez, aunque era más bien como si el interior de su
cuerpo volviera a recomponerse. Una sensación realmente desagradable. Estaba a cuatro
patas casi sobre la tumba, mirando el nombre, ahora cuarteado en la piedra.
Estaba empapado, y no sólo se trataba de sudor esta vez. Alzó la cabeza, y se dio cuenta de
que había vuelto a comenzar a llover. Se enderezó despacio, arrodillándose sobre la lápida
y observando la pequeña foto que había tras un cristalito en la misma. Lo golpeó con el
puño varias veces, y lo partió. Hizo una mueca y se lamió la mano. Se había hecho un
pequeño corte en el borde.
Parte IV
Domingo, enero 31
—Vale, esperaré aquí —le dijo, en realidad dándoles espacio y sonriéndole un poco.
Bronco salió del coche todavía mojado y se quedó mirando a Ageha, como sorprendido de
su presencia allí.
—¿Ibas a salir?
—Venía por… ¿Qué te sucedió? ¿En dónde estabas, eh? Estás todo mojado —le tocó los
hombros, suspirando y guiándolo adentro —. Vamos a que te seques y te llevaré algo
caliente o te resfriarás.
—Puedo hacer eso yo solo… —se quejó, frunciendo el ceño aunque dejándose llevar, ya
que sabía que Ageha era muy susceptible. Mejor no le decía de dónde venía —Estaba
paseando y me cayó el chaparrón encima, eso es todo.
Don los vio llegar y se levantó para pagar la cuenta al notar cómo andaba el percal.
—¿No se te ocurrió refugiarte? —exhaló sin creerle mucho —Vine con Don… a ver cómo
estabas. ¿Sucedió algo más? Porque tienes esa cara.
—No, no sucedió nada. Ya te dije que sólo daba un paseo —se giró un poco para ver al
otro, que lo saludó como si no notase su aspecto, aunque lo hacía, desde luego.
—Hola—miró a Ageha, tocándole la mandíbula un momento y preguntándose si debía
decir una excusa e irse para que hablasen.
—A Bronco lo agarró desprevenido la lluvia —le explicó como si aquello no fuera obvio
—. Será mejor que subas a secarte, yo me encargaré de lo demás.
—Vale… —se alejó un poco para ir al ascensor, suponiendo que iban a hablar de él en
cuanto se diera la vuelta.
—¿Quieres que os deje solos? —le preguntó apoyando una mano en su hombro.
—No… Quédate, de todos modos no me va a decir nada —sonrió como cansado ya de por
sí —— Vamos, le pediremos un café y algo de comer.
—Vale —lo acompañó, rodeándole los hombros y accediendo a permanecer con él, desde
luego.
Bronco dejó la cazadora sobre la cama de cualquier manera, y se quitó el trozo de paño
ensangrentado que había utilizado en la mano. Cogió ropa seca, y se metió en la ducha
enseguida, sin comprender por qué se sentía tan desesperanzado desde que llegase allí.
Cerró los ojos al bajar la cabeza entre los brazos, apoyando las manos en las baldosas de la
pared y recordando lo que había visto, casi había alcanzado a verle la cara.
Hizo una mueca de dolor y se miró la mano, abriéndose un poco la herida y notando que un
trocito de cristal se caía al agua, colándose por el agujero del desagüe. Se mordió la mano
cerca de donde tenía la herida y recordó la ceniza. Tenía que averiguar qué estaba tomando.
—No sé si debería subir a buscarlo, ¿eh? —comentó Ageha abajo, tamborileando sobre la
mesa. Él ya iba por su segundo café desde que llegasen allí, estaba cada vez más
preocupado. Bronco solía comentarle acerca de los casos, ahora sentía que había una
especie de barrera y no era sólo por sus conflictos personales.
—¿Quieres que te acompañe? —lo miró a los ojos, apretándole la mano con suavidad.
—No, vengo enseguida —le besó la mejilla, sonriendo un poco —. Gracias por ser tan
paciente conmigo.
—No te preocupes, leeré el periódico mientras —le dijo para que no se apresurase,
abriéndolo, ya que lo había comprado antes.
A estas alturas, después de ese beso en la mejilla, ya iba a saber de su condición medio
pueblo. Bueno, mejor cuanto antes.
Ageha lo miró por un momento, pensando que tenía demasiada suerte y subió luego,
llamando a la puerta de Bronco.
—¿Estás bien? ¿Puedo pasar?
—¡Pasa, estoy en la ducha! —le contestó, en realidad abriendo los ojos, porque se había
quedado allí a gusto, debajo del agua caliente.
—¡Vale! Sólo me preocupaba porque no bajabas, no quería molestarte —le aseguró una vez
estuvo adentro del cuarto, sonriendo un poco al ver que había dejado la cazadora mojada
sobre la cama. Seguro que el resto de su ropa estaba en el suelo del baño. Se sentó al lado
de aquella prenda —. Don se quedó abajo —le avisó para que no se sintiera cortado si
quería decirle algo y luego bajó los ojos de nuevo, notando lo que parecía ser una foto,
sobresaliendo de uno de los bolsillos de su cazadora. La tocó con las puntas de los dedos,
sacándola con cuidado y poniéndose serio al ver que se trataba de Jiken. Estaba algo
mojada…
—¿Seguro? ¿A dónde fuiste a pasear? —le preguntó, volviendo a colocar la foto en donde
la había encontrado. No comprendía por qué le mentía, nunca antes lo había hecho.
—Por ahí… —se colocó una venda, sintiéndose presionado, como si fuera posible que
supiese algo. Se puso los calzoncillos, y salió a la habitación, cargando la ropa seca y
sentándose en la cama para terminar de vestirse. Prefería ver qué cara estaba poniendo.
—¿Ya no confías en mí, Bronco? —se apartó, seguro de que se estaba pasando y además,
ni siquiera le había durado la charada.
Él lo miró a los ojos, barajando mentir, pero no era lo suyo. Bajó la cabeza contra su mano,
revolviéndose el cabello y mirando abajo.
—Está bien, pero me asusta —le aseguró, girándose y notando ahora que tenía una mano
vendada —. ¿Qué te sucedió? Puedes confiar en mí.
—¿Esto? —se miró la mano —No quieras saberlo… —murmuró, pensando que seguro que
no le parecía muy bien que fuese por ahí asaltando tumbas. Ni siquiera lo había pensado,
sólo había querido guardar la foto —Fui al cementerio y… suceden cosas muy extrañas —
se levantó de la cama para ponerse los pantalones negros, y se sentó de nuevo, colocándose
una camiseta —. Nunca había visto nada tan claro… tan fuerte…
—¿Era Jiken de nuevo? ¿Estás seguro de que es él? —le preguntó siguiéndolo con la
mirada —¿Qué viste esta vez?
—No es fácil explicarlo. No es sólo lo que veo, es lo que siento… y antes… antes de entrar
en trance, ya veía cosas, Ageha. Había un pájaro, y sé que era él, ese pájaro nos siguió en el
bosque —lo miró a los ojos fijamente, esperando que lo creyese —. Se formó una nube de
insectos con su figura… y yo le hablé y me escuchó. Me dejó ir con él por unos instantes…
—¿Estás seguro de que no es algo haciéndose pasar por Jiken? ¿Crees que ese chico es
peligroso? —le preguntó acercándose y tocándole la mano con cuidado de no lastimarlo.
—No lo es, pero no sé por qué… siempre me echa. No me deja quedarme con él. Estaba
flotando en el río, sobre algo… no lo sé, creo que de madera, y estaba… estaba muerto.
Llevaba una máscara de gato y yo no podía ir con él. Era como si hubiese una barrera
invisible —lo miraba a los ojos, y se notaba frustrado.
Ageha sonrió, apartándole el cabello húmedo de la cara.
—Tal vez intenta decirte algo, Bronco. No puedes ir con él, porque ninguno de nosotros
puede ir a ese mundo —le sugirió, preguntándose si hasta el chico se daba cuenta de lo
obsesionado que estaba, pero tenía miedo de ponerle ideas en la cabeza.
—Lo sé… —se pasó la mano por la cara, frotándosela. Sólo tenía ganas de acostarse y
dormir toda la tarde. De pronto estaba demasiado cansado, le había llegado de una sola vez.
Sin embargo se levantó y se sentó en la mesa del ordenador. Con un gesto torpe, tiró de la
libreta y la puso sobre la mesa.
Tomó un lápiz, y el mismo tembló por un rato sobre el papel, antes de comenzar a dibujar
con una velocidad asombrosa.
Bronco se había quedado con la cabeza hacia delante, en actitud de estar dormido por
completo.
—¿Bronco? Bronco… —Ageha lo tocó por fin, acariciando su cabello, pero no parecía
hacerle caso. Se agachó para escuchar su corazón, nervioso, sin saber qué hacer —Bronco,
¿me escuchas? —le insistió, mientras llamaba a Don por el móvil para que subiera.
La puerta se abrió al cabo de no más de tres minutos. Lo que le había llevado pagar la
cuenta y subir en el ascensor. Fue hasta él enseguida, ya que Bronco no se había movido
para nada.
—Déjame ver —le pidió, apoyando la mano en su cuello tras apresurarse —. Está bien —
dijo controlando sus pulsaciones y sujetándolo por debajo de los hombros después, para
tumbarlo en la cama —. Ha vuelto a desmayarse. Debería ir a un médico —le dijo a Ageha,
suponiendo que no podían decirle que tenía trances y luego se desmayaba.
—Lo sé, pero es que no está enfermo —le contestó, aunque a veces le preocupaba el que
todos esos trances le estuvieran causando daño a su cuerpo. Se sentó a su lado, acariciando
su cabello y observándolo dormir, serio. ¿Estaría soñando con él? Porque prefería que lo
dejase descansar, le parecía que aquellos eventos se estaban volviendo demasiado
frecuentes —. Mira el dibujo sobre la mesa…
—Sí, lo hizo frente a mis ojos y créeme, he visto a Bronco dibujar antes. No se parecía a
eso —le señaló con la mirada, aunque continuaba acariciando el cabello de su jefe —. ¿Te
dice algo esa imagen?
—Bueno, es su tumba… y parece sugerir que se encuentra encerrado bajo la misma —le
explicó, observando el dibujo y pensando que todo era muy fantasioso —. Pero esto no
puede realmente ser tomado en serio, ¿comprendes? Es… hilarante, y obviamente refleja el
miedo que tiene. Sabemos que ningún monstruo lo encerró ahí.
—Lo sabemos, pero supongo que un espíritu puede crear estas… imágenes si se encuentra
confundido. Tal vez es por esas reuniones a las que solía ir, parece que usaban máscaras…
—le explicó mirándolo y preguntándose si ahora les creía de verdad.
—Sí, puede ser. Pero no sé qué bien le va a hacer a Bronco ver todas estas cosas, y hasta el
momento no está ayudando a nadie, sólo se está perjudicando a sí mismo. Mira… —se giró
hacia él, sentándose en la silla frente al escritorio —Lo comprendo, yo también quisiera
poder ayudarlo, pero esto está más allá de nuestras manos.
—No creo que pueda convencer a Bronco de eso, y tampoco creo que lo deje en paz hasta
que sepamos lo que quiere —lo miró a los ojos —. Y… ¿entonces nos crees, verdad?
—No lo sé, Ageha, y la verdad, no sé si quiero creeros, porque entonces… necesitaría hacer
algo por él, y no puedo —sujetó la hoja y la miró fijamente, observando luego a Bronco
que se movió hacia la pared, profundamente dormido —. Pero la verdad es que no puedo
hacerme el ciego.
—Tal vez puedas hacer algo, lo conoces mejor que nadie. Quizás, tú y Bronco podáis
colaborar de alguna manera, no lo sé, yo sólo diseño la revista —se encogió de hombros,
suspirando.
—Yo tampoco lo sé… si pudiera hablar con él, tal vez podría calmarlo, pero no creo que
ese sea el caso —cruzó las manos, apretándolas un poco —. Creo que Bronco en lugar de
calmarlo… se mete en su mente y lo motiva.
—¿No me digas que crees que intenta llamar la atención desde la tumba? Tal vez sólo
necesita comprender que está muerto —alzó una ceja, recostándose contra el respaldo de la
cama y pensando que era un caso terrible.
—No, no es eso lo que quiero decir. Me refiero a que tiene miedo, y obviamente recurre a
él porque es sensitivo —o lo que sea, se dijo —. Pero Bronco no es un profesional en este
sentido, ¿verdad? Creo que no está llevando esto como un caso, o como un trabajo… Se lo
toma personal, y sinceramente… me preocupa su salud mental. Obviamente está deprimido,
y… nada bueno puede salir de que desee estar con él. Si yo me envolviese personalmente
con cada persona que viene a mi consulta…
—Lo sé, tienes razón, me asusta —lo miró a los ojos, mirando a Bronco luego y pasándole
la mano por el cabello nuevamente, aunque el moreno dormía como una piedra —, pero no
puedo hacer nada, está decidido y no creo poder evitar que un espíritu lo hipnotice o lo que
sea. Sólo puedo estar con él y ayudarlo, y ni siquiera sé cómo hacer eso.
—No poniéndote histérico, preguntándole qué es lo que quiere hacer, cómo va a ayudarlo.
Intenta que se dé cuenta de lo que yo te he hecho saber, pero… sin decirle que está
obsesionado, o que pierde los papeles aquí. Tiene que ser una conclusión a la que él llegue,
o simplemente pensará que no lo comprendes —lo miró a los ojos, temiendo que si él
volvía a ayudarlo, pudiese molestarse.
—Dios, tengo tanta suerte de tenerte conmigo… —le sonrió, extendiendo la otra mano
hacia él para que se la sujetara —No sé qué haría sin ti, en serio.
Don le sonrió un poco, y le apretó la mano, inclinándose para besársela antes de levantarse.
—Vale, me quedaré contigo un rato más… Prefiero dejaros solos para que podáis hablar
después —lo miró a los ojos de nuevo, y sonrió, pensando que no había salido con alguien
más complicado en su vida.
—Vale, no quería que te fueras aun tampoco —suspiró aliviado, completamente agradecido
de que lo comprendiera, realmente era como si hubiera encontrado al hombre perfecto para
él.
—Bueno, pues no vamos a pasar el domingo viendo la tele, ¿ves? —sonrió, bromeando y
sentándose a su lado en la cama, con cuidado de no despertar al otro. Aunque
probablemente ni una peli de vaqueros lo conseguiría.
—No, pero ya haremos eso otro día. O más bien, encenderemos la televisión y la
ignoraremos convenientemente —se rio en bajito para no molestar a Bronco y apoyó la
cabeza contra el hombro de Don, que alzó el brazo para que se recostase contra su pecho y
poder rodearlo.
Parte V
Domingo, enero 31
Steiner regresó luego de haber ido a comprar varias cosas para hacer una máscara, ya que
no había encontrado nada por allí, y encima le habían dicho que no era carnavales y lo
habían mirado con sospecha.
—He comprado cosas para hacerlas —le explicó, ya que habían acordado por teléfono
reunirse allí —. ¿Prefieres ir a tu casa o subimos a mi dormitorio? Tiene una cama… —le
dijo sonriendo.
—Eso sólo me incita a ir a mi casa —le advirtió, aunque riéndose —Vamos, además es
posible que haya algo que sirva allá.
—Sí, en realidad es lo que yo había pensado —le dijo sinceramente ahora, caminando a su
lado y mirándolo de soslayo un momento —. No parece difícil, he visto algo en internet
para hacer un molde y todo eso.
—Sí, yo también estuve averiguando. Además, encontré algunos bosquejos de Jiken. Nunca
hacía nada artístico a la ligera —sonrió, encogiéndose de hombros.
—Eso está bien. Así sabemos cómo son. Espero que no sea una sociedad selecta o se van a
dar cuenta —se rio, mirando hacia delante de nuevo y encogiéndose de hombros —. Le
habría preguntado a Ageha, pero debe estar con… el sicólogo.
—No creo que sea una sociedad selecta, Jiken dijo que me llevaría después de todo… —
alzó una ceja porque no le creía ahora y además porque le parecía que a Steiner le
molestaba lo de Ageha —El doctor Crawford es una buena persona.
—Pues a mí me trató como el culo —frunció un poco el ceño, pensando que ese no era el
problema. El problema era que Ageha pasaba de él desde que ese tío “existía” en sus vidas.
—Eso es porque quería mucho a Jiken, y se siente protector. Además, no cree en estas
cosas y… yo no creo que eso sea lo que te molesta —lo miró con sospecha y Steiner le
regresó la mirada.
—Me gustas —le dijo sonriendo, para ver si le daba vergüenza y dejaba el tema.
—Qué idiotez… —se rio, pegándole una nalgada con la mano en la que no llevaba la bolsa
—Lo que pasa es que se supone que yo no te gusto. Y te gusto, y lo sé… —se alejó un
poco, caminando de espaldas y mirándolo.
—No jodas —se quejó cubriéndose la nalga y enrojeciendo más porque para colmo era
cierto —Di la verdad, te gusta Ageha. ¿Por qué te celas si no?
—¿Por qué? Porque… no me gusta ser tan prescindible, y porque no estoy tan celoso como
cabreado —caminó a su lado de nuevo, moviendo un poco la bolsa —. Sólo he discutido
con él, bueno, tal vez le hiciera una pequeña putada también —alzó una ceja y continuó —,
pero si lo considerase mío… Algo peor habría pasado.
—¿Y qué le hiciste esta vez? —lo miró entre curioso y nervioso.
—Ayer, cuando me fui lo dejé encerrado en mi cuarto, pero salió… —le dijo encogiéndose
de hombros.
—Claro, no se iba a quedar allí castigado como un niño pequeño —alzó una ceja pensando
que él sí que se comportaba de forma infantil —. ¿Entonces qué te pasa? ¿Estás cabreado
porque las cosas cambiaron?
—Estoy cabreado porque… No lo sé… cuando llegaba a casa, a mi piso, dejaba mis cosas y
luego iba a buscarlo y… no sé. Es lo único de verdad que tengo, tenía. Ahora sólo tengo el
trabajo, y ya no tengo a dónde regresar ni siquiera —apretó un poco las mandíbulas,
preguntándose para qué le contaba esas cosas.
—Si es tu amigo, eso no va a cambiar. Bueno… quiero decir que igual lo tienes, ¿no?
Asumo que el sexo no es lo único que os unía —lo miró de soslayo, acercándose un poco.
—Pst… cuando alguien encuentra novio, ya no tiene tanto tiempo para sus amigos, y desde
luego, mucho menos para sus exrollos. ¿Cariño, te importa que pase la noche con el tío que
me tiraba? Y seguro que el tío coge y le dice que sí… —se encogió de hombros, negando
con la cabeza y mirándolo —Además, Ageha es muy apegado.
—No tanto si abandona a sus amigos —le aseguró, negando luego —. Yo no lo haría, las
cosas cambian, eso es todo.
—Cambian para mal —lo miró, suspirando —No digo que vaya a pasar de mí. No es eso.
—¿Entonces qué es? —le preguntó, observándolo. Ahora estaba seguro de que lo había
juzgado mal.
—Pues que… no lo sé. Antes pensaba igual que yo, y de pronto siento que me ha
abandonado de una forma no física o algo así. Hace años cuando estaba en el instituto, tenía
este amigo con el que siempre faltaba a clase, nunca estudiábamos… y qué gracia. Ya
sabes, y de pronto él empezó a aprobar los exámenes e ir a clase, y aunque seguía siendo mi
amigo, yo me sentí traicionado —lo miró, suspirando —. Parece que siempre me pasa lo
mismo.
—Eso es porque odias los cambios, pero las cosas cambian constantemente —sonrió
comprendiendo ahora —. No es algo malo, sólo tienes que saber dejarte llevar. Si quieres a
alguien, tienes que intentar comprenderlo.
—Y lo comprendo, pero es que siempre soy yo el que se deja llevar, ¿sabes? —se paró
delante del portal y esperó a que abriese para pasar —Me parece que necesito pasar de todo
por un tiempo. Cuando esto acabe, me tomaré unas vacaciones… Aunque nunca me las
tomo realmente. Es lo que pasa cuando tu hobby es tu trabajo.
—Supongo… —se encogió de hombros pensando: ¿por qué no te quedas aquí por un
tiempo?, pero no podía sugerirle eso. Empujó la puerta dirigiéndose al ascensor —Podrías
investigar algo por tu cuenta.
—Suelo hacerlo… cosas de extraterrestres —le dijo apoyándose contra la pared del
ascensor y mirándolo —. ¿No quieres venir conmigo? Si vas a dejar la carrera…
—Pensaba seguir estudiando igual… —lo miró sacando las llaves de su piso y enrojeciendo
—¿Lo dices en serio? Porque yo no sé nada de extraterrestres.
—Ya lo sé, pero eso es igual. Sólo es ir a ver algunos lugares, hablar con gente y tal vez
alguna quedada, en las que nunca pasa nada pero te emborrachas y lo pasas bien —salió del
ascensor con él, y entró en su casa en cuanto abrió la puerta —. Aunque sigas estudiando…
ninguna universidad te va a coger a mitad de año ya.
—No, supongo que no. Mis padres se van a morir —se quejó, no porque eso lo hiciera
cambiar de opinión, sino porque no soportaba aguantar regaños.
—¿Está bueno tu padre? —le preguntó riéndose y sentándose en el sofá, apoyando la bolsa
en el suelo para sacarse la cazadora.
—¿Y eso qué te importa, eh? Además, no es gay —se quitó su cazadora lanzándola con
fuerza hacia la cabeza del moreno —. Vamos a hacer eso y ya.
—No me despeines… —se quejó, aunque no se peinaba mucho a decir verdad —Trae los
bocetos, churri —le pidió, levantándose para ir a buscar unas cervezas, pegándole una
nalgada antes de nada —. Y yo no creo en la heterosexualidad.
—Yo creo que estás loco, y no hagas eso más —le pidió, cubriéndose las nalgas y
preguntándose quién le había dado permiso de ir a su nevera, aunque de todos modos
pensaba ofrecerle una. Suspiró, dirigiéndose a su habitación para buscar los bosquejos de
Jiken que había encontrado. No iban a hacerse unas iguales por supuesto, pero podía
servirles de guía para saber el tipo de máscara que usaban.
—¿Por qué no? Yo te dejo que me des si quieres —se sentó en el sofá de nuevo, y abrió las
dos latas, colocándolas sobre la mesa y bebiendo de la última.
—Concéntrate —le pidió frunciendo el ceño. Estaba rojo y se sentó frente a él, en el suelo,
colocando los papeles en la mesa —. Mira… —le mostró aquellos dibujos. La máscara
representaba un gato negro, con algunos detalles en gris, de facciones algo siniestras.
Dejaba la boca al descubierto y se sujetaba atrás con unas cintas.
—Bueno, yo también voy a hacer un gato, es más fácil copiarme. Y le voy a poner
colmillos —sonrió un poco, pero iba en serio —. Voy a hacer un tigre. Tú puedes hacer una
gallina.
—Gallina tu abuela — frunció el ceño, pensativo —Una pantera entonces, así no serás el
único clon —se rio, seguro de que igual se iba a ver extraño. No era tan bueno dibujando.
—Vale… —sonrió y sacó un periódico de la bolsa, cortando tiras finas y rectangulares para
hacer la máscara con cola y papel —Te dejaré asombrado con lo bueno que soy, y luego me
pedirás que te toque más las nalgas.
—No lo creo, en todo caso te pediría que me ayudes con la mía —le sonrió, haciendo lo
mismo y cruzando las piernas por delante de su cuerpo.
—Eres terrible, ¿no me digas que me vas a pedir algo a cambio por esto? —le preguntó
bromeando y luego arrepintiéndose de haberle dado la idea.
—Claro que sí… ya que no me das nada gratis —lo miró de soslayo y sonrió, apartando la
vista y notando incluso él mismo lo que le pasaba —. Me gustas… —le dijo, aunque
mirando lo que hacía de nuevo, pero le daba la risa.
—No es cierto, no jodas —se quejó, concentrando la mirada en la máscara que hacía,
sumamente serio, aunque tenía el corazón acelerado y las mejillas rojas.
—No, no jodo. No me dejas… si me dejaras lo haría —se rio, continuando con lo de pegar
papelitos y comenzando a hacer las orejas lo mejor que podía.
—Por eso no te dejo. Agh, cállate… —se quejó por lo que acababa de hacerle decir y
empezó a acomodar mejor aquellos retazos. Si seguía así, le iba a salir una pantera
conceptual por lo nervioso que estaba.
Steiner se quedó serio y siguió colocando los papelitos en silencio por un rato, sonriendo
luego para que no se le notase tanto que estaba pensando en cosas raras. Definitivamente
muy raras.
—¿Será mejor quedarnos espiando escondidos, no? Y si nos descubren, que piensen que
somos de los suyos…, pero mejor si no lo hacen. Me gustaría sacarles algunas fotos.
—Por mí está bien, sólo quiero ver qué hacen y escuchar si dicen algo extraño, o… si
hablan de Jiken —asintió, ya que además seguramente lo reconocerían con o sin máscara.
No era como que hubiese tanta gente en ese pueblo, sobre todo si aquel círculo conocía
bien a Jiken.
—Mejor será que nos vistamos como no solemos hacerlo, tal vez sirva de algo —dijo como
si adivinase en qué estaba pensando. Siguió pegando papelitos para hacer el morro y colocó
una parte bajo el mismo para recortar los dientes luego —. Si de pronto se acerca alguien,
nos besamos para disimular —le dijo riéndose.
—Eso sólo funciona en la películas, y para eso sólo en las viejas, cuando la gente era más
inocente —se quejó frunciendo el ceño —. Pues no sé, supongo que me vestiré como
cualquier persona.
—Creo que me has llamado viejo… —le pegó un papelito con cola en la mano y sonrió.
—No hice eso… —se rio arrancándose el papelito y haciendo una bolita con él,
lanzándosela —Aprovechado.
—No negaré ese cargo —se sacó el papelito de la pierna y lo dejó en la mesa —. Voy a
darle calor con el secador un rato.
—Está en el baño —le señaló mientras continuaba con la suya ya que se había distraído con
tanta broma y aún no terminaba. Se estaba divirtiendo sorprendentemente y sonrió para sí
en cuanto el moreno se hubo alejado.
Estuvo secándolo un rato, y mientras tanto tomó el móvil para llamar a Ageha, más que
nada por si algo les ocurría.
—Sólo si te pone cachondo… —le dijo hablando con voz sensual, aunque en realidad
estaba un poco tenso.
—Terco… —sonrió Ageha, relajado al ver que se le había pasado —¿En dónde te has
metido, eh? Estoy en la posada, con Bronco.
—Estoy con Lowe…, sólo quería avisarte que vamos a ir al bos