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Matrimonio y Sexualidad: Procreación

Este documento resume la doctrina católica sobre la finalidad procreadora del matrimonio y el sentido de la sexualidad humana. Explica que el matrimonio está ordenado por su naturaleza a la procreación y educación de los hijos, aunque también incluye otros bienes como la unión de los esposos y el sacramento. Analiza las diferentes interpretaciones teológicas sobre la relación entre matrimonio y procreación a lo largo de la historia. Finalmente, describe los ocho componentes de la sexualidad humana - genético, morfoló
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Matrimonio y Sexualidad: Procreación

Este documento resume la doctrina católica sobre la finalidad procreadora del matrimonio y el sentido de la sexualidad humana. Explica que el matrimonio está ordenado por su naturaleza a la procreación y educación de los hijos, aunque también incluye otros bienes como la unión de los esposos y el sacramento. Analiza las diferentes interpretaciones teológicas sobre la relación entre matrimonio y procreación a lo largo de la historia. Finalmente, describe los ocho componentes de la sexualidad humana - genético, morfoló
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Freddy medina

Síntesis de Moral

Capítulo VIII
FINALIDAD PROCREADORA DEL MATRIMONIO SENTIDO DE LA SEXUALIDAD
(II, 449-558)

«El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y
educación de los hijos, pues los hijos son don excelentísimo del matrimonio y contribuyen al bien de los
mismos padres» (GS, 50).

Tres factores dificultan el estudio de este tema:


1. La «cultura anti-vida» que no aprecia el valor de los hijos.
2. La exagerada separación establecida entre sexualidad conyugal y procreación.
3. Considerar las relaciones conyugales ajenas al juicio ético.
I. LA PROCREACIÓN Y EL MATRIMONIO
Es evidente que ha habido un notable cambio cultural en relación al sentido y al deber de la procreación
de los esposos. El motivo principal es lo que se ha venido en llamar la «civilización anti-vida» (anti-life
mantality) o «miedo a los hijos».
1. Decrecimiento del número de hijos en algunas naciones:

Según las estadísticas de Organismos Nacionales e Internacionales ya no es posible el cambio


generacional.
Las causas del descenso de nacimientos son muy variadas.

 la salida de la mujer a la actividad civil,


 cierta inseguridad ante el futuro,
 el deseo de que los hijos adquieran una formación más esmerada,
 el afán de poseer que fomenta la sociedad de consumo,
 el deseo de bienestar y de evitar todo aquello que produce trabajo y preocupación,
 el conocimiento de nuevos métodos anticonceptivos,
 la baja en los valores morales,
 la disminución de la práctica religiosa.
El resultado es patente y se cuantifica en las estadísticas: la nueva sensibilidad es de rechazo a la vida,
que el papa Juan Pablo II describe en estos términos:
«El progreso científico-técnico, que el hombre contemporáneo acrecienta continuamente en su dominio
sobre la naturaleza, no desarrolla solamente la esperanza de crear una humanidad nueva y mejor, sino
también una angustia cada vez más profunda ante el futuro. Algunos se preguntan si es un bien vivir o si
sería mejor no haber nacido; dudan de si es lícito llamar a otros a la vida, los cuales quizá maldecirán
su existencia en un mundo cruel, cuyos terrores no son ni siquiera previsibles. Otros piensan que son los
únicos destinatarios de las ventajas de la técnica y excluyen a los demás a los cuales imponen medios
Freddy medina
Síntesis de Moral

anticonceptivos o métodos aún peores. Otros todavía, cautivos como son de la mentalidad consumista y
con la única preocupación de un continuo aumento de bienes materiales, acaban por no comprenden, y,
por consiguiente, rechazar la riqueza espiritual de una nueva vida humana. La razón última de estas
mentalidades es la ausencia, en el corazón de los hombres, de Dios, cuyo amor solo es más fuerte que
todos los posibles miedos del mundo y los puede vencer» (FC,30).
2. Diversas interpretaciones de las «escuelas teológicas»
La relación matrimonio-hijos ha tenido en la tradición teológica tres interpretaciones diversas, si bien
complementarias.
a) Teoría de los ((bienes del matrimonio)
San Agustín, en defensa del matrimonio contra los maniqueos, desarrolló la teoría acerca de los «bienes
del matrimonio», que él concreta en tres:
-El «bien de la prole», que incluye la generación y educación de los hijos;
-El «bien de la fidelidad», que valora la unidad del matrimonio como medio de felicidad entre los esposos
-El «bien del sacramento», o sea la gracia sacramental que ayuda a los esposos a alcanzar la perfección
que deben.
b) Teoría de los fines:
Santo Tomás afirma que; si el «fin último» del matrimonio es prolongar la especie, el matrimonio tiene
como «fin principal» (pro fine principali) «la procreación y educación de la prole» y por «fin
secundario» (pro fine secundario) otros aspectos, tales como «la mutua fidelidad», «el sacramento»,
los «servicios mutuos que pueden prestarse en los quehaceres domésticos», el «remedio de la
concupiscencia» (cfr. Suplem. q. 65, aa. 1, 3).
c)Teoría fenomenológica y existencial:
El profesor alemán H. Doms, en su obra sobre Sentido y fin del matrimonio, en la que enseña que el fin
primario del matrimonio no es la procreación, sino la unión personal de los esposos. La procreación es
sólo «efecto» de esa unión.
En el marco de la discusión hubo un acierto: valorar la relación amorosa de encuentro entre los esposos
que era algo más que «remedio contra la concupiscencia», pero se llevó al extremo al no subrayar
suficientemente la finalidad procreadora: esto fue una concesión a la mentalidad antinatalista que ya se
iniciaba.
[Link] del Concilio Vaticano II
El Concilio habla de dos novedades:
Primero: No asumir la terminología «fin primario-fin secundario», sino hacer uso de una nomenclatura
más fluida y plural, así habla indistintamente de «bienes» y «fines», aunando las teorías agustiniana y
tomista.
Segundo: No centrarse en la «jerarquía de fines» Esta actitud facilitó asumir los aspectos personalistas
que se encierran en la vida conyugal, en la que no sólo «se remedia la concupiscencia», sino que es
expresión de la vida de amor y de encuentro interpersonal de los esposos.
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El Concilio trasciende para hacer una síntesis entre el amor de los esposos y la procreación. Por eso, con
lenguaje que asume los dos términos, afirma:
«Por su índole natural, la misma institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la
procreación y a la educación de los hijos» (GS, 48; cfr. 50).
II. SENTIDO DE LA SEXUALIDAD HUMANA

1. Interpretaciones biológicas y psíquicas de la sexualidad:


La condición sexuada del ser humano debe ser un capítulo destacado de la Antropología Filosófica y, a su
vez, esta ciencia debe remitir a la Biología, a la Medicina, a la Psicología e incluso a la Sociología, con el
fin de llenar esa amplia franja de aspectos que convergen en la conducta sexual del hombre. Pero la
actividad sexual está muy unida al ser mismo de la persona dice relación próxima al trato con los demás y
tiene efectos inmediatos: los hijos, por todo ello la sexualidad no puede ser ajena a la ética.
Aspectos de la sexualidad humana:
a) Genético: La diferencia sexual se origina ya en los mismos genes que constituyen la sexualidad del ser
humano: es el sexo cromosómico. 44 cromosomas, más dos cromosomas sexuales X, tal sujeto será de
sexo femenino (o sea, 22 pares, más uno XX). Por el contrario; si tiene un par 44 cromosomas más un
cromosoma X y otro cromosoma Y, es de sexo masculino (o sea, 22 pares, más otro par XY).
b) Morfologivo- genital: La diferencia sexuada entre el hombre y la mujer conlleva una configuración
somática muy diferenciada. Si bien, quedarse en este nivel, acusa una falta de maduración sexual.
c) Instintivo. La sexualidad es un instinto fundamental y primario del ser humano: tiene la finalidad de
continuar la especie generando nuevos individuos de la raza humana. Es una mutua atracción entre el
hombre y la mujer que se manifiesta ya a nivel primario. En efecto, el óvulo, como célula receptiva, atrae
el espermatozoide y del encuentro se origina la fecundación.
d) Cognoscitivo: La sexualidad humana no es puro instinto como en los animales, sino que es humana, y
por ello ataña al entendimiento y a la voluntad. Lo cual implica la responsabilidad en el uso del sexo.
e) Voluntario. La calidad instintiva de la sexualidad supone también la voluntad de dominio y la libertad
de su ejercicio. Consecuentemente, la responsabilidad que se adquiere cuando se lleva a cabo -de ahí la
ex- presión maternidad y paternidad responsables.
f) Afectivo: Como es lógico, la sexualidad humana integra la totalidad de la persona y afecta
profundamente a la psicología del hombre y de la mujer.
g) Placentera: El placer es un componente esencial que acompaña a la actividad sexual y por ello no es
un factor secundario. El placer no sólo es el orgasmo fisiológico, sino la satisfacción del encuentro
hombre-mujer. Ambos elementos se enriquecen mutuamente.
h) Procreador: Tampoco es secundario este elemento, dado que, por su propia naturaleza, la actividad
sexual hombre-mujer lleva consigo la gestación de una nueva vida. La fecundidad está escrita en la
dimensión biológica de la sexualidad.
Según los estudios de la ciencia, esos ocho componentes de la sexualidad específicamente humana es lo
que la distingue de la mera sexualidad instintiva, próxima a la de otras especies de animales. Ahora bien,
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la grandeza de la sexualidad humana demanda que todos esos elementos se integren armónicamente. Tal
unidad integradora constituye la virtud de la castidad, tal como se especifica en el Catecismo de la Iglesia
Católica:
«La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona y, por ello, en la unidad
interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del
hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está
integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo entero y temporalmente ilimitado del
hombre y de la mujer. La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la
integridad del don» (CEC, 2337; cfr. 2520).
2. Principios cristianos en torno a la sexualidad
Ante los valores que encierra la sexualidad humana, es lógico que la teología se ocupe de las dimensiones
éticas. Su aportación cabe reducirla a estos tres principios:
a) Sentido positivo de la sexualidad:
La fe católica ha tenido siempre una valoración positiva de la sexualidad, pues representa el gran don que
constituye al ser humano como hombre y como mujer.
b) Dominio de la sexualidad
Hay en ello un doble motivo: la bondad de la sexualidad que debe ser tratada con la dignidad que merece
y la fuerza de un instinto tan profundo, que debe estar sometido a la inteligencia y a la voluntad de la
persona, de lo contrario, el hombre acabaría dominado por este instinto pasional. En este aspecto, se
comprenden las normas morales que prohíben el uso puramente instintivo del sexo (II, 534-537).
c) Recto uso de la sexualidad
La actividad sexual no puede negar un aspecto fundamental que está escrito en la propia sexualidad: la
finalidad procreadora. Por eso, negarla absolutamente hasta el punto de impedirla con el uso de medios
ilícitos, hace también inmoral el ejercicio de la vida sexual. De aquí que la relación sexual entre el
hombre y la mujer está reservada al matrimonio en orden a la procreación de los hijos y hace inmoral toda
actividad sexual extramatrimonial.
El Catecismo enseña que la castidad es una virtud que deben vivir todos los cristianos según el estado de
vida de cada uno:
«La castidad 'debe calificar a las personas según los diferentes estados de la vida: a unas, en la
virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios sólo con
corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o
celibatarias’ (PH, 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras
practican la castidad en la continencia» (CEC, 2350).

III. DOCTRINA BÍBLICA SOBRE EL SENTIDO Y VALOR DE LA SEXUALIDAD


[Link] del Antiguo Testamento
a) La procreación: Desde el Génesis, el hombre y la mujer tienen la misión de «multiplicarse» (Gen 1,
28). A partir de esta enseñanza, el israelita tiene como un bien apreciable tener una abundante
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descendencia (Dt 25, 5-6; Dt 28, 4; Jue 21, 15-23) y, al contrario, la esterilidad es considerada como una
desgracia (Gen 16, 1-6; 30, 1-2; Os 9, 14).
b) Reprobación de pecados sexuales:
se prohíbe el adulterio; la fornicación del varón y de la mujer; la prostitución; la homosexualidad y el
lesbianismo; la bestialidad; el incesto; la masturbación y toda «clase de impureza» Tan graves se juzgan
esos pecados, que algunos son castigados con la pena de muerte.
2. Juicio moral del Nuevo Testamento sobre la vida sexual
Jesucristo condena a los «adúlteros», a los «fornicarios» y a los «impúdicos» (Mí 15, 19; Me 7, 21-22), y
completa el A. T. explicitando la condena del adulterio de deseo (Mí 5, 27-28).
3. Doctrina de la Tradición
San Justino confronta la nueva conducta de los cristianos en temas sexuales y el género de vida de los
demás ciudadanos (/ Apología, XV, 5-7; XXVII, 1-4).
El adoctrinamiento acerca de los diversos pecados sexuales condenados en la Biblia ocupa muchas
páginas de los escritos de los Padres. Para ello usan todos los estilos: en comentario a los textos bíblicos,
en la catequesis exponiendo la verdadera doctrina y en los sermones condenando con dureza las
conductas impropias de una vida cristiana.
los Padres demandan la castidad para todos, pero ya distinguen los diversos estados. San Ambrosio
escribe: «Nosotros enseñamos que la castidad es una virtud, si bien diversa para los casados, las viudas y
las vírgenes» (De viduis).
4. Enseñanza del Magisterio
la jerarquía de la Iglesia se ocupó continuamente de ensalzar ante los cristianos el valor de la virtud de la
pureza y de la condena de cualquier desorden sexual.
Tertuliano da noticia de un decreto papal que decía así: «Yo perdono los pecados de adulterio y
fornicación a los que han hecho penitencia»
El Magisterio más completo sobre el tema es la Declaración Persona humana de la Congregación para la
Doctrina de la Fe (29-XII-1975). La extensa Declaración toca tres temas fundamentales: las relaciones
prematrimoniales, la homosexualidad y la masturbación.
Denuncia Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae:
«El cuerpo ya no se considera como realidad típicamente personal... se reduce a pura materialidad...
Por consiguiente, también la sexualidad se despersonaliza e instrumentaliza: de signo, de lugar y
lenguaje del amor, es decir, del don de sí mismo y de la acogida del otro según la riqueza de la persona,
pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de
los propios deseos e instintos. Así se deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad humana,
y los dos significados, unitivo y procreativo, innatos en la naturaleza misma del acto conyugal, son
separados artificialmente. De este modo, se traiciona la unión y la fecundidad se somete al arbitrio del
hombre y de la mujer. La procreación se convierte entonces en el 'enemigo' a evitar en la práctica de la
sexualidad» (EV, 23).
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5. Calificación teológica de los pecados contra la virtud de la castidad


La doctrina moral magisterial afirma que los pecados sexuales son graves «ex toto genero suo»; es decir;
que, siempre que haya un verdadero pecado, por su especificidad con la lujuria, la acción sexual
desordenada se considera siempre pecado mortal.
Ahora bien, se precisa fijar la naturaleza de cada acto, pues es evidente que no todo desorden sexual cabe
calificarlo de pecado, pues la sexualidad es un fenómeno humano complicado que tiene manifestaciones
bien diversas, incluso al margen de la propia voluntad.
La Declaración Persona humana contempla estas situaciones y las describe en estos términos:
Es verdad que, en las faltas de orden sexual, vista su condición especial y sus causas, sucede más
fácilmente que no se dé un consentimiento plenamente libre; esto invita a proceder con cautela en todo
juicio sobre el grado de responsabilidad subjetiva de las mismas. Es el caso de recordar en particular
aquellas palabras de la Sagrada Escritura: «El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón»
(/ S 16, 7) (PH, 10)
Entre los actos sexuales «gravemente contrarios a la castidad», el Catecismo menciona «la masturbación,
la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales» (CEC,2396). A las que, en
unaparte, une la violación (CEC, 2356).
El Catecismo define la fornicación como «la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del
matrimonio», la cual califica como una acción «gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la
sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación
de los hijos.
la pornografía «ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a
la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para
otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de
un mundo ficticio. Es una falta grave.
la prostitución: «La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, reducida al
placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca grave mente contra sí mismo: quebranta la castidad a
la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cfr. 1 Co 6, 15-20).La
prostitución constituye una lacra social.(CEC.2355)
La violación: «La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta
contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la
libertad, a la integridad física y moral.(CEC,2356)
IV. MORALIDAD DE LAS RELACIONES CONYUGALES
[Link] procreación, exigencia del amor conyugal
El amor de los esposos evoca de inmediato el término «hijo» y, consiguientemente, connota la palabra
«madre» y «padre». Pues el amor conyugal tiene una estructura natural y está dotado de una finalidad
propia.
De hecho, cuando los esposos se quieren de verdad y no hay obstáculo que lo impida -natural o buscado;
objetivo o caprichoso-, desean un hijo.
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2. Carácter unitivo y procreador del acto conyugal.


El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta tradicional doctrina en los siguientes términos:
«Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la
transmisión de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin
alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la
familia» (CEC, 2363).
Se constata que no pocos desechan esta enseñanza y afirman que el hombre puede separarlo. La respuesta
es de orden ético: efectivamente, se «pueden» separar, pero no se «debe». Y, precisamente, la moral se
sitúa no en lo que se «puede» hacer físicamente, sino en lo que se «debe» hacer según el orden ético.
[Link] procreación no es el único «fin» del amor esponsalicio
La enseñanza moral del magisterio es unánime en afirmarlo:
«El matrimonio no es solamente para la procreación, sino que la naturaleza del vínculo indisoluble entre
las personas y el bien de la prole requieren que el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste
ordenadamente, progrese y vaya madurando» (GS, 50).
4. Posibles conflictos entre procreación y amor conyugal
Con frecuencia concurren dificultades de todo tipo: psicológicas, económicas, de salud, etc. que
aconsejan o imperan que no se debe procurar un nuevo nacimiento.
El Concilio Vaticano II reconoce estas situaciones que califica de frecuentes:
«El Concilio sabe que los esposos, en la armónica organización de su vida conyugal, con frecuencia se
encuentran implicados en algunas circunstancias actuales, y que pueden encontrarse en situaciones en
que el número de los hijos, al menos provisionalmente, no se puede aumentar, y el eiercicio del amor fiel
en la plena intimidad tiene sus dificultades para mantenerse. Cuando la intimidad conyugal queda
interrumpida, puede correrriesgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de los hijos; porque la
educación de los hijos y el valor necesario para aceptar los que vengan que dan entonces en peligro»
(GS, 51).
[Link] de la «paternidad responsable»
La paternidad responsable implica un involucramiento activo de los padres no solo en la provisión de
recursos económicos sino también en la crianza y la vida cotidiana de sus hijos
Se guía conforme a estos principios:
a) Exige el conocimiento de los procesos biológicos. Y no sólo conocerlos, sino respetarlos.
b) Respeto de las leyes de la naturaleza. Supone el respeto de las leyes que rigen la sexualidad, tanto de la
sexualidad en sí, como del proceso generador.
c) Dominio de la pasión sexual. No se puede enarbolar la «paternidad responsable» si no se tiene
«responsabilidad» en el ejercicio de la vida sexual, que supone el dominio de la inteligencia y de la
voluntad sobre el instinto.
d) Los esposos deben hacer un juicio responsable.
Freddy medina
Síntesis de Moral

Para juzgar con responsabilidad se deben tener a la vista los siguientes datos:
•«La condiciones físicas»
•«La situación económica»
•«El estado psicológico»
•«Las condiciones sociales»
e) Cualidades del juicio moral.
[Link] recurso a los períodos infecundos
El problema moral está en que si es éticamente lícito hacer el acto conyugal sólo y de modo exclusivo en
esos días a genésicos o infecundos.
Los Documentos magisteriales hablan de «motivos racionales» y otras fórmulas similares. Esa es la
doctrina de la Encíclica Humana vitae:
«Si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o
psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener
en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio solo en
los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de
recordar» (HV,16)
[Link] moralidad de los medios
los Documentos del Magisterio han señalado de modo expreso qué métodos son ilícitos y cuáles gozan de
garantía moral.
a) Medios ilícitos: el aborto, la esterilización directa del marido o de la mujer, el coitus interruptus u
onanismo conyugal, el uso de medios que impiden el anidamiento del óvulo fecundado como el empleo
de anillos intrauterinos, el DIU..., la «píldora» directamente abortiva, las píldoras anticonceptivas no
abortivas, la aplicación vaginal de sustancias espermaticidas, el uso de medios físicos, como son el
preservativo, estériles, etc.
Pero no está prohibido el uso de medios terapéuticos precisos para «curar enfermedades del organismo, a
pesar de que se siguiese un impedimento, aun previsto para la procreación» (HV, 15).
Además de estos casos patológicos, la mujer -casada o soltera- puede mar la píldora anticonceptiva
ante el riesgo previsto de un embarazo racional y violento. Así lo han profesado notables moralistas
con ocasión de violaciones en el Congo o en la antigua Yugoslavia,
b) Medios lícitos
Se consideran medios lícitos todos aquellos que respetan las leyes de la sexualidad humana y que en
principio tienen en cuenta el ritmo señalado por la naturaleza a la fecundidad de la mujer. Con expresión
genérica se denominan «medios naturales»
la Encíclica Evangelium vitae anima a la «promoción de centros de métodos naturales de regulación de
la fertilidad», los cuales pueden ser «una valiosa ayuda para la paternidad y maternidad responsables,
en la que cada persona, comenzando por el hijo, es reconocida y respetada por sí misma» (EV, 88).
Freddy medina
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8. Necesidad de la castidad conyugal


Lo específico de la castidad conyugal no es negativo, no es la mera continencia, sino que brota del amor
esponsalicio y sitúa las relaciones conyugales en el lugar que les corresponde. Pablo VI destacaba estos
valores:
«Una práctica honesta de la regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y poseer
sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia, y también una tendencia a
procurarse un perfecto dominio de sí mismos.
Todas estas consideraciones son inútiles si los esposos no superan «la cultura anti-vida», o sea, si «tienen
miedo al hijo». Por eso la Iglesia alaba el coraje de las familias numerosas. Lo hace el Concilio Vaticano
II (GS, 50) y lo recomiendan de continuo los Papas. He aquí unas palabras de Juan Pablo II:
«La Iglesia anima a las parejas a ser generosas y confiadas a comprender que la paternidad y la
maternidad son un privilegio y que todo niño es el testimonio del amor existente en una pareja de uno
hacia otra, por su generosidad y su apertura hacia Dios» (Discurso, 24-IX-1983, DP, 1983, 299).
Conclusión: Éste es el proyecto de Dios acerca de la finalidad y sentido del amor esponsalicio. Y no se
puede menos de admirar la concepción cristiana de estas realidades: resalta por igual la coherencia en la
interpretación del matrimonio, la grandeza del amor humano y la racionalidad del sentido de la
sexualidad. Pero en ningún caso cabe calificar a esta interpretación como una bella teoría, dado que aún
sobresale más la vida de los matrimonios que han sabido, con la gracia de Dios, llevar a cabo esta
doctrina.

Preguntas:
¿Cuál es la diferencia entre relación conyugal y procreación?
¿Cuáles son los fines del Matrimonio?
¿Defina los principios cristianos en torno a la sexualidad?
¿ Que es la castidad y cuáles son los pecados en contra?

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