INSTITUTO
TECNOLÓGICO DE
TLALNEPANTLA
DESARROLLO SUTENTABLE EN
TIEMPOS DE PANDEMIA COVID-
Alumna: MONSERRATH MORENO
MARTINEZ
PROFESOR: SERGIO BERNABEE
SANCHEZ
GRUPO: K32
FECHA: 29 DE ENERO DEL 2021
DESARROLLO SUTENTABLE EN
TIEMPOS DE PANDEMIA COVID-
El mundo se ha apartado considerablemente de lo que resultaba una vida
«normal» para nosotros. La enfermedad por coronavirus de 2019, también
conocida por su sigla «COVID19», ha transformado la normalidad para muchos de
nosotros el último tiempo. Todos nos vemos afectados por la pandemia, pero para
los padres, madres y cuidadores puede resultar aún más complicado. En las
últimas semanas, aprendimos nuevos términos como «distanciamiento social»,
«autoaislamiento» y «aplanamiento de la curva» para referirnos a maneras de
retrasar la propagación del coronavirus. Las escuelas han cerrado en muchas
regiones, con las complicaciones del cuidado infantil que esto representa para
muchos, y la educación en el hogar se está convirtiendo en la norma. Algunas
personas pueden tener que adaptarse a otras modalidades de trabajo o quizá no
puedan trabajar. Otras personas quizás hayan estado en contacto con alguien que
ha dado positivo por el virus y ahora debe evitar el contacto con los demás durante
dos semanas o más. En primer lugar, los padres, madres y cuidadores enfrentan
su propia ansiedad en esta situación tan cambiante. Los padres y madres saben
que el factor principal que definirá la reacción de su hijo es cómo ellos llevan esta
compleja situación. Cuando hable sobre este tema tan complicado con su hijo,
tenga en cuenta que no se trata solo de lo que le dice, sino de cómo lo dice.
Háblele con tranquilidad, franqueza y en tono alentador, de acuerdo a su edad,
para explicarle sobre la enfermedad y la nuevas costumbres que ha generado.
Pues el año pasado el mundo enfrentaba ya grandes retos entre los que
destacaban “los niveles inaceptables de pobreza, el avance del cambio
climático, la persistente desigualdad de género y el déficit de financiamiento al
desarrollo”.
A estos flagelos se sumo hasta el dia de hoy el desafío masivo global que plantea
la pandemia del coronavirus, agregó la pérdida de 400 millones de empleos en el
segundo trimestre de 2020 se traducen en la mayor caída de los ingresos per
cápita desde 1870 y se refirió a los 265 millones de personas que sufrirían
inseguridad alimentaria para fin de año, cifra que duplica a la población afectada
por ese lastre antes de la crisis.
Pero también el Covid-19 trajo cambios positivos en temas ambientales que se
verán traducidos en una disminución de la huella de carbono, principalmente por la
disminución del transporte en las ciudades y de los procesos productivos y
negativos con especial foco en lo que se refiere a deterioro de la salud e
incremento en las desigualdades debido a la desaceleración de la economía
mundial. Desaceleración que trae grandes pérdidas de ingresos, donde los
segmentos más vulnerables de la sociedad, los pobres, se ven mayoritariamente
afectados, con riesgos de disminuir aún más su calidad de vida. Es la pobreza la
que muchas veces motiva el crecimiento urbano, sobrepoblación, que trae consigo
malas condiciones de saneamiento, lo que hace que se vean aún más expuestos
a la enfermedad. En un momento en el que necesitamos desesperadamente ir
hacia adelante, el COVID-19 nos puede atrasar años, incluso décadas, dejando
a los países con retos fiscales masivos y crecientes. La crisis nos aleja aún más
de los Objetivos de Desarrollo Sustentable.
No obstante, el actual escenario, aseveró que se puede cambiar el rumbo y
tomar la dirección adecuada si se invierte en salud, resiliencia, educación,
protección social y servicios básicos como agua potable y saneamiento.
También esto es alentado por la respuesta a la crisis de los gobiernos, los socios
internacionales, el sistema de las Naciones Unidas y los trabajadores sanitarios de
todo el mundo, así como de los actores comunitarios que se han movilizado para
atender a los necesitados.
Esto principalmente Destacó las voces de nosotros los jóvenes, el activismo de la
sociedad civil y el poder de innovación y adaptación de los empresarios.
Esta crisis está sacudiendo al mundo puede ser esto una oportunidad
para instaurar un multilateralismo incluyente y efectivo, además de dar pie a
que se rompa con los enfoques y prejuicios del pasado.
“Es esencial contar con mecanismos de solidaridad para garantizar que el mundo
en desarrollo se beneficie, y esto incluye que haya niveles adecuados
de condonación de deuda. (…) Tenemos que estar a la altura de la situación”.
Por otro lado también la pandemia ha tenido impactos malos para nosotros, los
cierres de fronteras, las cuarentenas y las interrupciones en el comercio afectan la
producción y distribución de alimentos, lo que podría limitar el acceso de las
personas a fuentes de alimentos suficientes, diversas y nutritivas, especialmente
en los países más afectados con el virus o los que ya sufrían inseguridad
alimentaria. Cuarentenas que también traerán desempleo masivo, que es otra de
las nuevas realidades, se estima que 25 millones personas podrían perder sus
empleos a causa de la crisis laboral y económica.
Por otra parte también, la escasez de suministros no sólo afecta al sector
alimentario, sino que también el acceso al agua, la escasez de ésta dificulta el
acceso a instalaciones limpias para lavarse las manos, que es una de las medidas
más importante de prevención contra el COVID-19.
Asimismo, este virus está teniendo un efecto devastador en la salud y bienestar a
nivel mundial, produciendo miles de muertes y afectando significativamente la
salud mental, lo que provoca una sobrecarga de los sistemas de salud pública,
sistema donde las mujeres representan la mayoría de los trabajadores de esta
área, viéndose más expuestas. Además, las medidas de confinamiento han
aumentado las denuncias por violencia de género.
En el ámbito de la educación las medidas online tomadas por los gobiernos no son
accesibles para todos y no cuenta con las herramientas para satisfacer las
necesidades pedagógicas, lo que una vez más provoca una segmentación de
oportunidades, que deja en clara desventaja a los que tienen menos recursos
económicos
Finalmente, sabemos que la crisis sanitaria se controlará en algún momento, pero
no sabemos cuán rápido esto sucederá y mientras tengamos esta duda debemos
únicamente, con la implicación de todas las personas y las comunidades, controlar
y reducir esta enfermedad. Debemos evitar los conflictos para que los países que
se encuentran en guerra, que son los más vulnerables, disminuyan el riesgo.
Asimismo, ahora somos más conscientes de lo interconectado que está el mundo
y, sobre todo, del frágil equilibrio de la sociedad, es por eso que debemos buscar
la cooperación internacional y crear alianzas, principalmente en temas de salud.
Al igual que esta pandemia también a cambiado muchas de nuestras costumbres
ya que ahora usamos mascarillas, esta pandemia nos ha cambiado a cada uno de
nosotros. Todavía no sabemos hasta qué punto lo ha hecho, pero todos tenemos
la experiencia de que ha dado la vuelta a lo que los filósofos, a lo largo de la
historia, han considerado nuestra “segunda naturaleza”: los hábitos.
Desde que suena la alarma hasta que volvemos a poner el móvil sobre la mesilla,
ya de noche, hay conductas que tendemos a repetir con fluidez y que nos facilitan
la vida doméstica, laboral y de ocio.
Al despertarnos, solemos repetir un conjunto de acciones que nos hace el
comienzo del día más agradable, y que nos ayudan a ser eficientes para
dedicarnos a otras cosas más interesantes. En el trabajo, disponemos un entorno
–incluyendo la taza de café al lado del teclado– que nos ayuda a superar el
“rozamiento”, término empleado por la experta Wendy Wood, en el inicio de
nuestras tareas diarias.
Entre un sitio y otro, los hábitos están también presentes: la conducción implica
una serie de acciones repetidas que mejoran con la práctica. Respecto al ocio, la
actividad física –salir a correr, ir al gimnasio, quedar con los amigos a jugar un
partido–, tocar un instrumento o incluso la lectura son también conductas
habituales que están profundamente incorporadas en nosotros.
El Secretario General de las Naciones Unidas afirmó esta crisis generada por la
pandemia de COVID-19 está teniendo efectos devastadores debido a las fallas
pasadas y presentes del mundo en materia de desarrollo. “Hoy no voy a decirles
que todo está bien. Necesitamos ser honestos”, reclamó a los participantes en el
segmento ministerial del Foro Político de Alto Nivel que revisa los avances hacia
las metas de la Agenda 2030.
António Gutierres consideró que todavía no se están tomando en
serio los Objetivos de Desarrollo Sostenible y citó, por ejemplo, la falta de
solidaridad y de cooperación internacional efectiva ya que Nos resta una década
para cumplir con los Objetivos del Desarrollo Sustentable y así conseguir un
modelo de crecimiento que evite la degradación ambiental y que garantice un
futuro mejor para todos.
La aparición de una pandemia como el COVID-19 es una bomba; sus esquirlas
son los relatos apocalípticos esparcidos por todos los rincones de la aldea global.
Parafraseando a autores de resonancia, es más sencillo y usual imaginar el fin de
la humanidad que el fin de la injusticia y de la desigualdad. Películas, novelas y
relatos periodísticos nos narran todas las distopías que no habíamos podido
pensar. La crisis torna imperioso pensar el presente. Y torna impensable el futuro.
Su triunfo cultural consiste en no bloquear la imaginación de nuevos rumbos y de
nuevos horizontes. Encorsetado el futuro a la catástrofe, a la imposibilidad, se
despliega una maquinaria que erosiona la voluntad de acción. Que coloca el
destino en cualquier factor ajeno a la voluntad y a la sociedad. Que pretende
doblegar deseos, sueños y construcciones colectivas. Sin embargo, el porvenir
está en entredicho. Venimos de décadas de hegemonía global del ultra liberalismo
económico. Y de una narrativa individualista, anti-pública y anti-estatal.
Pero sin en cambio el papel que nosotros jóvenes es mucho mayor pues ya que
La pandemia nos ha afectado pero en el futuro nosotros ayudaremos a levantar a
los países ya que tenemos un gran efecto en los empleos, la educación, los
derechos y el bienestar mental se desprende que el 65% de los jóvenes considera
que su actividad educativa se ha visto afectada adversamente desde el comienzo
de la pandemia, como consecuencia del período de transición de la enseñanza
presencial en las aulas a la enseñanza en línea o a distancia durante la fase de
confinamiento. Pese a sus esfuerzos por proseguir sus estudios y su formación, la
mitad de esos jóvenes opina que la conclusión de sus estudios se verá retrasada,
y el 9% señala que podría tener que abandonarlos definitivamente.
REFERENCIAS
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