El TAMAÑO SÍ QUE IMPORTA
Taller intensivo de minificción
Clase 3
1/ Personajes conocidos.
Como ya hemos visto, el uso de personajes conocidos es una eficaz aliado
de la intertextualidad en esta clase de relatos, al aportar todo un caudal de
datos y referencias a las que el lector tiene acceso mediante una simple
alusión.
Esta práctica ayuda a abreviar, porque no tenemos que describir
contexto histórico o espacial, y el lector conoce de antemano rasgos de la
historia que convertimos en meta-historia. Pueden ser personajes históricos,
mitológicos, literarios, de cómic, etc.
Es importante, sin embargo, recordar que no todos los lectores están
obligados a tener nuestras mismas lecturas previas, porque en caso contrario
corremos el riesgo de proponer una broma que sólo nosotros y un par de
íntimos comprenderán.
Es aquí donde el concepto de universalidad trasciende el significado
común en literatura y adquiere otro: aquello que -por referencias- el lector
puede comprender porque ya conoce el origen.
Veamos algunos ejemplos:
La ubicuidad de las manzanas
La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la
manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una
mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como
nunca llega a formularse la ley de la gravedad.
Ana María Shua
La maestra Shua rompe el tiempo y hace malabares con los momentos
conocidos. Aunque el lector no sepa exactamente quien fue Guillermo Tell,
algo le sonará de la anécdota de la flecha y la manzana, del mismo modo
que sabe de Newton y su siesta bajo el árbol.
Opus 8.
–Júrenos que si despierta, no se la va a llevar –pedía de rodillas uno de los
enanitos al príncipe, mientras este contemplaba el hermoso cuerpo en el
sarcófago de cristal-. Mire que, desde que se durmió, no tenemos quien nos lave
la ropa, nos la planche, nos limpie la casa y nos cocine.
Armando José Sequera
Sequera le da una vuelta de tuerca -muy actual- al tema tan meneado de la
relación de Blancanieves y los siente enanos. Nótese que no es necesario
mencionar el nombre de la dormida protagonista pero nadie la confundiría
con la Bella durmiente, aunque haya un príncipe de por medio. El relato
comienza in media res y nos lleva a un momento determinado del cuento
infantil: cuando ella duerme tras el envenenamiento y antes de la
resurrección. Parece fácil pero no lo es.
Cuestión de look
Una semana después de su retorno a una vida hecha de retales y puntadas
remendonas, el cerebro del monstruo de Frankenstein alcanzó el grado de
conciencia estética suficiente. Cuando se miró por primera vez al espejo le
horrorizaron ese color de piel verdoso, macilento, y esos costurones que le
surcaban el cuello, las órbitas y las comisuras. De modo que tomó la decisión de
abandonar a su creador y ponerse en manos del doctor Cinfollas, prestigioso
cirujano plástico a cuya consulta habían acudido ya las famosas y famosos del
momento, entre ellos la popular estrella del pop, Michael Jackson.
Antonio Alfeca
En este microrrelato, como en el anterior, asistimos a una actualización del
mito, poniéndolo en solfa, pero admitiendo al mismo tiempo al hacerlom su
importancia en nuestra cultura actual. Alfeque fue uno de los alumnos de un
taller como el que estamos realizando, y se perfila como un micro cuentista
que puede dar bastante que hablar y que leer. Marco las estructuras en color,
para resaltar cómo en la presentación se asoma ya el elemento diferencial: el
dominio del monstruo de su nuevo cerebro. En el nudo asistimos a su horror
por el aspecto que tiene, olvidando la maravilla de haber vuelto al a vida, y en
el desenlace vemos el giro a lo actual, con la decisión de dejar al doctor y
ponerse en manos de un cirujano plástico. Está más oscura la mención a
Michael Jackson porque remata el relato a la vez que lo sitúa en un tiempo
diferente al de la novela, logrando así esa pirueta con el tiempo tan habitual
en minificción moderna.
2/ Usar el título:
También hemos avanzado algo, para poder utilizar el recurso en ejercicios,
pero volveremos a hacerlo, porque en algunas piezas su importancia es vital,
mientras que en otras es hasta prescindible (acabamos de leer Opus 88, que
no dice nada sobre un excelente microrrelato, acaso porque usar un título
que dijera algo estropearía el guiño con el lector), hasta tal punto que algunos
autores renuncian a ponerle título a sus piezas breves, en busca de un mayor
impacto.
Ambas postura son reconciliables, ya que lo que determina es el relato
en sí, y cada uno es diferente del anterior.
En el taller practicaremos bastante con el título, utilizado para algo
más que titular. En él aplicamos elementos que completan o desvelan la
intención del relato. En ocasiones, podemos jugar para que el título sea el
arranque del relato, la primera línea de la narración.
El título nos da una información indispensable, o la complementa, y en
ocasiones nos obliga a hace volver a él cuando hemos acabado de leer el
relato. Otras veces, al finalizar la lectura, volvemos a él y pensamos “¿cómo
no caí antes si aquí estaba la pista necesaria?”
Increíble
Un elefante en órbita, dos platillos volantes tripulados y un planeta azul
celeste. Dimitri cerró la ventana de la estación espacial y apuntó “sin
novedad” en el cuaderno de a bordo. Flotar y mentir, cosas de astronautas.
Raúl Sánchez Quiles
Este microcuentista, del que ya hemos hablado y sobre el que volveremos,
cuenta en 38 palabras, incluido el título, toda una historia de la que ya nos
avisa al comenzar. ´
El título bien pudiera ser la exclamación del astronauta al ver lo que ve
desde la escotilla de la nave y que el autor narra con precisión envidiable. Tal
es así que en la propuesta de “disección” de las tres partes del relato, lo
incluyo en la presentación.
Otro aspecto a resaltar es la perfección estructural del cuento: tres
frases y cada una cumple la función de una de las partes de la narración.
Incluso el final desvela y revela todo el cuento, abriendo espacio para
el debate:
¿Por qué Dimitri apunta sin novedad en la bitácora?
¿Por qué no le creerían sus superiores lo que ha visto allá arriba?
¿O es que participa de una conjura de silencio entre astronautas para
que no sepamos lo que hay allí y acudamos en masa a echarlo a perder?
Lo importante aquí es que, al margen de esas especulaciones - y
muchas otras que se os ocurrirán- el relato funciona y cuenta, nos hace
cómplices incluso sin saber exactamente de qué.
Veamos otro ejemplo, en este caso de uno de los maestros del género, dado
a la ironía y que conviene leer pese a que algunas de sus propuestas, a
fuerza de ser seguidas y -por qué no decirlo: imitadas-, puedan parecer por
momentos poco novedosas. Me refiero al argentino Marco Denevi, que desde
los años 60 contribuyó a revitalizar el microrrelato.
Justificación de la mujer de Putifar
¡Qué destino: Putifar eunuco, y José casto!
Marco Denevi (Falsificaciones )
Parece leve, pero es el título lo que da sentido al relato: la mujer de Putifar se
justifica por sus infidelidades con sólo una frase y necesita una palabra más
que la que forma el título.
Un nuevo ejemplo, en el mismo sentido, es el siguiente relato de René Avilés
Fabila, un escritor mexicano del que en España no sabemos ni leemos todo
lo que sería conveniente. Aquí también el título es el corazón del cuento:
El harén de un tímido
Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he
amado.
René Avilés Fabila.
No es extraño leer microrrelatos en los que el título se reitera en el texto. Por
lo general, cuando un autor hace eso es porque:
a) quiere resaltar algo del relato (tiempo, ironía, sentimientos)
b) lo cree necesario para que no se corte el hilo de la narración, que por
breve, a menudo demanda de un solo impulso para contar toda una historia.
c) No se le ocurre un título mejor que no redunde o desvele lo que quería
contar.
Ayer en la clase de física
Ayer en la clase de física casi grito EUREKA, al serme revelado todo lo
que tiene que ver con la teoría de los vasos comunicantes.
Fue el momento en que, oculta a toda mirada, mi mano estrechó la tuya
largamente.
Jairo Aníbal Niño
Si me preguntáis, creo que el autor, en este caso,obedeció al postulado b. La
repetición textual del título en la primera frase del cuento cumple una función
de remarcar lo reciente de lo que se cuenta, la importancia del hecho, y sitúa
los personajes, desvelando que se trata de dos estudiantes que acaban de
descubrir una mutua atracción, acaso el amor.
Y cerramos esta rápida mirada sobre el valor del título en minificción, con una
pieza que es, quizás, la muestra más acabada del recurso.
El sabor de una medialuna a las nueve de la mañana en un viejo café de
barrio donde a los 97 años Rodolfo Mondolfo todavía se reúne con sus amigos
los miércoles por la tarde
-Que bueno.
Luisa Valenzuela (Aquí pasan cosas raras)
Valenzuela, de quien ya hemos leído algún relato en este taller (recordad el
del autobús), y que maneja con talento casi todos los registros de este
género, además de propone una monumental broma al redactar un
microrrelato cuyo título está formado por 34 palabras y el cuerpo del texto por
sólo 2, establece todas las variables de la vida del protagonista, Rodolfo
Mondolfo, a sus 97 años de edad.
Sabemos eso, que ya es un anciano.
Que ha vivido toda la vida en el mismo barrio, con los mismos amigos
y repitiendo los mismos rituales de la rutina.
Pero sabemos también que, no conforme con reunirse con sus amigos
en ese bar TODOS los miércoles por la tarde, desayuna en ESE MISMO BAR.
Tras la risa (o por lo menos la sonrisa) que provoca el relato, una
segunda lectura nos plantea la tristeza de esa vida.
Nótese el uso que Valenzuela hace de la ortografía, al no acentuar el
“Que bueno”, quitándole cualquier énfasis. Es la resignación personificada, la
derrota de antemano. En algunas antologías de minificción, los sacrosantos
correctores han creído que el autor había deslizado un error ortográfico y le
han colocado la tilde a la frase, fastidiando parte del impacto de relato.
Como hemos dicho más de una vez, aquí cada palabra, cada coma,
cuentan para contar.
3/ El final como sorpresa o matiz que da sentido a todo el conjunto:
Algunos autores señalan que es el final lo que da brillo al microrrelato, pero
acabamos que ver que, desde el título, la palabra está en juego y el cuento
también.
No es necesario plantear un debate: el final siempre resulta más lucido,
cuando lo escribimos bien, porque suele revelar lo que queríamos narrar en
realidad, es lo que deja al lector en el aire y a menudo lo impulsa a releer el
cuento, no por no haberlo comprendido, al contrario: para repetir el gozo de
leerlo y comprenderlo en sólo un puñado de palabras.
El sueño
Soñé que un niño me comía. Desperté sobresaltado. Mi madre me estaba
lamiendo. El rabo todavía me tembló durante un rato.
Luis Mateo Díez
Aunque avanza en parte lo que en realidad cuenta al escribir Mi madre me
estaba lamiendo., Mateo Díez reserva para el final la constatación del equívoco.
Al leer El rabo todavía me tembló durante un rato, sabemos que el niño que narra no
es un niño, sino , tal vez, un cachorro de animal doméstico o salvaje .
Pero el final no se improvisa. Incluso cuando lo escribimos porque lo
habíamos procesado de modo inconsciente antes de comenzar a escribir el
relato, ya está allí.
Y es recomendable, cuando nos “surge“ un buen final, revisar todo el
relato y ajustarlo para que responda a él. No podemos esperar que un fina l
impactante salve un relato impreciso, del mismo modo que no podemos
subordinar toda la narración a un final flojo o mal trabajado.
El siguiente cuento es un ejemplo de un final bien preparado.
Bíblica
Levanto el sitio y abandono el campo… La cita es para hoy en la noche. Ven
lavada y perfumada. Unge tus cabellos, ciñe tus más preciosas vestiduras,
derrama en tu cuerpo la mirra y el incienso. Planté mi tienda en las afueras de
Bertulia. Allí te espero guarnecido de púrpura y de viento, con la mesa de
manjares dispuesta y la cabeza prematuramente cortada.
Juan José Arreola
Ya desde el título, Arreola se dispone a ordenar los elementos a favor del
desenlace. “Bíblica” nos sitúe en un tiempo antiguo, coherente con lenguaje
que utiliza para narrar la historia. La invitación galante, la propuesta de
tientes eróticos, todo el refinamiento de las palabras, están al servicio de un
final que nos deja sorprendidos. Los adjetivos colaboran para crear el
ambiente, no son demasiados, sólo los necesarios para la atmósfera de lo
que parece será una cita amorosa. El final nos revela el drama. Y nos obliga
a leer todo el relato otra vez, para repetir, ya conscientes de ello, el placer de
esa lectura.
En otros casos, el final , además de sorprender, sirve para reforzar el tono
lírico del relato:
Prueba de vuelo
Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un
ángel.
Eugenio Mandrini
Creo que este microrrelato no necesita comentario. Basta con leerlo y
disfrutarlo.
El final es, tradicionalmente, un recurso muy usado en narrativa, y una de las
bazas del cuento moderno, de cualquier extensión. Todos tenemos en mente
magníficos cuentos que nos impactaron por su sorprendente final, pero si los
releemos hoy, con una mirada más reposada, veremos que TODO el relato
está ajustado para lograr ese efecto.
Para muestra, el botón de un experto, Luis Mateo Díez, encuadrado
dentro del género que nos ocupa, y que ofrece un final impecable e
inquietante:
Invitados
Los invitados llegaron a casa a la hora prevista. Ángela y yo les recibimos
encantados. La cena fue exquisita. La conversación brillante y entretenida hasta
que las copas comenzaron a hacer efecto.
Entonces se iniciaron esos pequeños altercados que son fruto de las
envidias y las maledicencias y que lastran las amistades por largas que sean.
Yo, como siempre, me quedé dormido. Para las copas soy un desastre.
Cuando desperté, con el sol en la ventana y la mañana del domingo muy
avanzada, tardé un rato en percatarme del desastre en que se había convertido el
salón. Todo estaba destrozado.
En la alfombra pisé una enorme mancha que me pareció de sangre. La
mancha se repetía en las paredes. Llamé a Ángela, angustiado.
La casa estaba vacía y lo que de ella pude ver, hasta que sonó el teléfono,
en parecidas condiciones al salón.
El timbre del teléfono acrecentó el dolor de cabeza que, se apoderaba de
mí. Me llevé la mano a ella y sentí un bulto pegajoso. Temí desvanecerme.
Descolgué el aparato temblando.
-Ninguno de vosotros me quiso nunca -musitó una voz compungida y
llorosa en el auricular, y en seguida escuché el sonido de un disparo.
Antes de salir al jardín y observar los cuerpos mutilados que colgaban de
los árboles dejé caer el teléfono con la sensación de que el aroma quemado de la
pólvora abrasaba mi mano.
Luis Mateo Díez
Para terminar, otra pieza del mismo autor, con un final no tan
dramático, pero no por ello menos eficaz.
La papelera
Por lo menos había visto a siete u ocho personas, ninguna de ellas con aspecto de
mendigo, meter la mano en la papelera que estaba adosada a una farola cercana
al aparcamiento donde todas las mañanas dejaba mi coche.
Era un suceso trivial que me creaba cierta animadversión, porque es
difícil sustraerse a la penosa imagen de ese vicio de urracas, sobre todo si se
piensa en las sucias sorpresas que la papelera podía albergar.
Que yo pudiera verme tentado de caer en esa indigna manía era algo
inconcebible, pero aquella mañana, tras la tremenda discusión que por la noche
había tenido con mi mujer, y que era la causa de no haber pegado ojo, aparqué
como siempre el coche y al caminar hacia mi oficina la papelera me atrajo como
un imán absurdo y, sin disimular apenas ante la posibilidad de algún observador
inadvertido, metí en ella la mano, con la misma torpe decisión con que se lo
había visto hacer a aquellos penosos rastreadores que me habían precedido.
Decir que así cambió mi vida es probablemente una exageración, porque
la vida es algo más que la materia que la sostiene y que las soluciones que hemos
arbitrado para sobrellevarla. La vida es, antes que nada y en mi modesta opinión,
el sentimiento de lo que somos más que la evaluación de lo que tenemos.
Pero si debo confesar que muchas cosas de mi existencia tomaron otro
derrotero.
Me convertí en un solvente empresario, me separé de mi mujer y
contraje matrimonio con una jovencita encantadora, me compré una preciosa
finca y hasta un yate, que era un capricho que siempre me había obsesionado y,
sobre todo, me hice un transplante capilar en la mejor clínica suiza y eliminé de
por vida mi horrible complejo de calvo, adquirido en la temprana juventud.
El billete de lotería que extraje de la papelera estaba sucio y arrugado,
como si alguien hubiese vomitado sobre él, pero supe contenerme y no hacer
ascos a la fortuna que me aguardaba en el inmediato sorteo navideño.
EJERCICIOS CLASE 3
1) Otra foto para construir, a partir de ella, un relato.
La extensión puede variar entre 15y 30 líneas , y contar una historia más elaborada
(tenemos más espacio). Ojo, que algunos me han mandado unos relatos muy
interesantes pero que no respondían a la clave de la foto.
Como siempre, el requisito es que esta foto DEBERIA poder ilustrar ese cuento,
PERO el cuento debe entenderse SIN VER LA FOTO.
2) Escribir un microrrelato en el que el final juegue un papel importante. Extensión:
entre 7 y 15 líneas. El escenario del relato es UN AVION.
3) Tenemos que trabajar más el uso de personajes conocidos como punto de
partida para narrar una historia de la que sólo podremos mostrar la punta del iceberg,
pero al hacerlo, le daremos un giro.
Así que haremos un relato de no más de 7 líneas en trono a un personaje de ficción.
Y otro, de hasta 12 líneas, en torno a un personaje histórico.
En breve os enviaré una selección de los ejercicios comparados y
comentados.