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01-El Reposo Del Shabat: La Culminación Del Acto de La Creación

El documento describe la importancia del Shabat en la creación y para el pueblo de Israel. Explica que el séptimo día fue creado por Dios para el descanso y la bendición, y que el Shabat le da sentido y valor a la creación. También señala que el Shabat estaba solo hasta que Dios eligió al pueblo de Israel como su pareja para revelar su santidad. Finalmente, resume que al salir de Egipto y recibir la Torá y el mandamiento del Shabat, el pueblo de Israel fue liberado de la esclav
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01-El Reposo Del Shabat: La Culminación Del Acto de La Creación

El documento describe la importancia del Shabat en la creación y para el pueblo de Israel. Explica que el séptimo día fue creado por Dios para el descanso y la bendición, y que el Shabat le da sentido y valor a la creación. También señala que el Shabat estaba solo hasta que Dios eligió al pueblo de Israel como su pareja para revelar su santidad. Finalmente, resume que al salir de Egipto y recibir la Torá y el mandamiento del Shabat, el pueblo de Israel fue liberado de la esclav
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01- El reposo del Shabat: la culminación del acto de la creación.

En seis días Hashem creó los cielos, la tierra, y todo cuanto ellos
contienen y aparentemente no había necesidad de un día más, pero de
todas maneras Hashem creó el séptimo día  y lo consagró al cese de
labores y al reposo. Entonces, hicieron aparición en el mundo  el
descanso, la bendición y la santidad, tal como está escrito (Génesis-
Bereshit 2:1-3): «Quedaron concluidos los cielos y la tierra y todo lo que
contienen. Habiendo concluido Elokim en el día séptimo Su obra – que Él
había hecho – y cesó en el día séptimo de toda Su creación – que Él
había hecho. Y bendijo Elokim al día séptimo y lo consagró, ya que en él
cesó de toda Su obra, que Elokim había creado para hacer».

Se preguntaron nuestros sabios (Mejilta Itró) «¿Acaso Hashem se


cansa? ¿Y cómo se concilia esto con lo que está escrito (Isaías 40:28):
«el Creador de los términos de la tierra no desfallece ni se cansa»?
Además, no sólo no se cansa sino que «da fuerzas a quien desfallece»
(ídem 40:29). Por lo tanto: ¿Qué significa aquello de «Y descansó en el
día séptimo»? (Éxodo 20:10). Lo que ocurre es que – si así lo podríamos
decir –  el Creador por propia voluntad hizo el mundo en seis días y cesó
el séptimo autoimponiéndose descanso». ¿Y por qué se autoimpuso el
descanso? Para  crear de esta manera  el reposo, la satisfacción, la
tranquilidad y el silencio. Mientras el Eterno estaba ocupado con la
creación el universo se expandía y al cesar de su labor el séptimo día el
mundo recibió el descanso (Bereshit Rabá 10:9).

La labor continua e incesante expresa el anhelo de alcanzar la


completitud, así como también  una sensación de vacío infinito imposible
de llenar. De esta manera, todo lo que se hace y todo el esfuerzo
realizado no llevan a la satisfacción ni al reposo pues la distancia entre lo
obtenido y la perfección sigue siendo enorme y la sensación de carencia
aflige abismalmente, al punto que no se puede cesar el trabajo de tantos
faltantes que es necesario completar y de tantos desperfectos que es
necesario corregir. Así sería la vida del hombre si el mundo hubiese sido
creado en seis días únicamente sin el Shabat, empero dado que éste fue
creado, hizo aparición el reposo en el mundo (Maharal de Praga Tiferet
Israel 40).

El fundamento del reposo radica en la percepción de que los actos


realizados tienen valor, de modo tal que la persona puede tener
satisfacción en su esfuerzo sabiendo que este no fue en vano. Así podrá
recobrar energías y estar preparado para la próxima etapa de labor a
realizar. Quien no halla valor en el trabajo realizado, aunque cese en sus
labores no tendrá reposo mental. Al completarse los seis días de la
creación, el mundo se encontraba aún carente de contenido y de reposo
si bien los cielos y la tierra estaban creados así como también los
continentes, los océanos, los árboles y las hierbas, los cuerpos celestes,
los abismos subterráneos, los peces, las aves, los animales salvajes y
hasta el hombre, que a imagen y semejanza de Hashem daba ya sus
primeros pasos. Al ser creado el séptimo día para cesar las labores y
reposar, fue creada la capacidad de captar el valor intrínseco de la
creación y de todas las acciones que en ésta tienen lugar.

Todos los seres humanos participan, de alguna manera, del beneficio de


la creación del séptimo día que les permite captar el valor intrínseco del
mundo y de la labor. En virtud de ello, puede la persona tener
satisfacción en su trabajo y reposar de su esfuerzo. Para este tipo de
percepción no es necesario cesar de trabajar precisamente en Shabat,
empero para percibir el valor verdadero, absoluto y Divino de la creación
y la labor que en esta se realiza es necesario cesar el séptimo día, aquél
que Hashem destinó al reposo. Este presente fue exclusivamente
recibido por el Pueblo de Israel al punto que el mismo no encuentra
sosiego en ningún valor humano finito, siendo que «nuestro ámbito de
reposo es solamente en el Creador» (Orot, Zaronim, Tzimaón 30-1:18).

Sin el reposo que expresa el valor y el objetivo del mundo creado, éste
no tiene sentido de existencia, tal como lo expresaron nuestros sabios
(Bereshit Rabá 10:9): «Esto se asemeja a un rey que erigió un palio
nupcial y lo decoró mas ¿qué le faltaba? Una novia que ingrese en el
mismo. De esta misma manera al mundo le faltaba el Shabat«. ¿De qué
le sirven a un rey  todas las suntuosas habitaciones de su palacio si
carece de una novia con la cual alegrarse en el interior de las mismas?
La novia es la bendición del palacio ya que por efecto de la alegría que
siente el rey con ella, derrama bienestar a todo el reino. Nuestros sabios
agregan (ídem): «Esto se asemeja a un rey a quien le confeccionaron un
anillo mas ¿qué le faltaba al mismo? ¡Un sello! De esta misma manera al
mundo le faltaba el Shabat«. El sello le confiere al anillo tanto carácter
como  significado, tal como el Shabat le confiere sentido al mundo creado
(Maharal de Praga Tiferet Israel 40).

02- El Shabat y el Pueblo de Israel.

Nuestros sabios se preguntaron (Tratado de Shabat 88(A)) por qué al


final de la labor del sexto día está escrito (Génesis 1:31): «y hubo tarde y
hubo mañana el día sexto»‫הששי‬ ‫))יום‬. ¿A qué se debe que la letra «heh»
que antecede al vocablo «shishí» (día sexto) no figura en la mención de
los primeros cinco días de la creación? Esto se debe a que el texto quiso
insinuar o aludir al día sexto del mes de Siván en el cual Hashem entregó
la Torá al Pueblo de Israel. En este día «Hashem estableció una
condición con todos Sus creados y les dijo: «si el Pueblo de Israel acepta
la Torá vosotros existiréis, mas  si no la aceptan habré de volver la
creación al caos original». Inmediatamente después de que se completó
el sexto día fue creado el Shabat, día en el cual se revela Su reino y en el
futuro se entregará la Torá al Pueblo de Israel (Tratado de Shabat 86(B)).

Hasta la aparición del Pueblo de Israel en el mundo, el Shabat estaba


solitario sin quien revele su santidad y su bendición. Tal como lo
expresaron nuestros sabios (Bereshit Rabá 11:8): «Le dijo el Shabat al
Eterno: Señor del Universo, todos tienen compañía en Tu creación pues
los seis días de la creación se acomodan en duplas y sólo yo carezco de
pareja. El Eterno le respondió: El Pueblo de Israel será tu pareja. Cuando
los hijos de Israel se presentaron en el Monte Sinaí Hashem les dijo:
recordad lo que le prometí al Shabat en cuanto a que la congregación de
Israel sería su pareja, de aquí que se escuchó el enunciado (Éxodo-
Shemot 20:7):   «Recordad el Shabat para consagrarlo«».

Antes de que el Pueblo de Israel reciba la Torá, el Shabat ya estaba


consagrado y bendecido pues en ese día Hashem cesó toda su labor por
lo que este día era el ser interior y el alma misma de la creación toda.
Empero la bendición que se desprendía del Shabat era reducida y
alcanzaba únicamente para el sostén del mundo. Todas las carencias del
mundo se mantuvieron vigentes sin que exista posibilidad de corregirlas.
Es por esta razón que Hashem condicionó a la creación a que en caso
de que el Pueblo Israel no acepte la Torá,  todo el mundo retornaría al
caos inicial pues ¿qué sentido tendría la existencia de seguir sumida en
su padecimiento sin posibilidad alguna de superación o trascendencia
que las lleve a su corrección final y a la completitud?

03- De la salida de la esclavitud de Egipto a la libertad y el Shabat.

Durante dos mil años los seres humanos aprendieron a sustentarse,


producir sus alimentos, confeccionar sus vestimentas y construir sus
moradas, así como también a organizarse en sociedades que permitan
enfrentar más eficientemente los desafíos que presenta el entorno.
Empero, salvo unas pocas personas excepcionales que se conducían de
acuerdo con la fe y la moral, la mayoría de los humanos se manejaba
conforme al imperio de las necesidades y por la fuerza, sin ningún ideal
superior que oriente sus acciones. Cuando aparecieron nuestros
ancestros, Abraham, Yitzhak y Yaakov, invocaron el nombre de Hashem
y dedicaron sus vidas a corregir el mundo a la luz de la generosidad y la
verdad. Ellos repudiaron la idolatría que entronaba la fuerza natural y
negaba la moral. A partir del mandato interior de sus corazones, nuestros
ancestros cuidaron los preceptos y guardaron el Shabat (Bereshit
Rabá 79:7); mas la Torá aún no les había sido entregada, razón por la
cual no pudieron afianzar y establecer su praxis en el resto del mundo.
Muy por el contrario, todo el mal contra el que luchaban se ensañó contra
ellos y la nación egipcia que era la más poderosa en ese tiempo sojuzgó
al Pueblo de Israel transformándolo en una nación de esclavos,
obligándoles a realizar trabajos forzados a los efectos de sostener la
economía egipcia y proveerla de todas sus necesidades y satisfacer sus
bajos deseos. Allí aprendió el Pueblo de Israel hasta qué punto la
naturaleza humana puede ser maligna y en qué medida los seres
humanos necesitan del mensaje de fe que los ancestros divulgaron en el
mundo. Los judíos tenían una tradición escrita en pergaminos o rollos,
que indicaba que en un futuro Hashem los liberaría de Egipto y cada
Shabat leían esos textos y se regocijaban con ellos (ver Shemot Rabá
5:18). En virtud de esa fe preservaron su propia identidad y se
multiplicaron numéricamente hasta transformarse en una nación. Más
adelante, el Dios de sus ancestros se les reveló y los sacó de Egipto
redimiéndolos de la esclavitud para darles la Torá y el Shabat.

Al salir de Egipto el Pueblo de Israel no se vio redimido únicamente de la


esclavitud, sino que en virtud del recibimiento de la Torá y del precepto
del Shabat se vieron liberados del sometimiento a la naturaleza y de la
lucha por la subsistencia. Se vieron libres del sometimiento a la idea de
que el objetivo del hombre es la acumulación de bienes materiales,
objetivo que justifica estar dispuesto a someter al prójimo y esclavizarlo.

Al cuidar Shabat, el Pueblo de Israel recuerda permanentemente que


Hashem creó el mundo y lo sostiene; y que el objetivo máximo del
hombre es apegarse al Eterno e imitar Sus atributos, liberándose así del
yugo de la inclinación al mal (Ietzer Hará) y de la lucha por la
subsistencia. Aunque un judío necesite trabajar duro para subsistir y
aunque le toque ser siervo, al descansar en Shabat le queda claro que
no está completamente subyugado, que su espíritu es libre y está
conectado a su origen Divino. Tal como está escrito (Deuteronomio-
Devarim 5:11-14): «Guardarás el día de descanso para santificarlo como
el Eterno tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás y en ellos harás tus
obras pero el día séptimo es de descanso para el Eterno tu Dios. En él
no harás trabajo alguno ni tampoco tu hijo ni tu hija ni tu siervo ni tu
sierva ni tu ganado ni tu asno ni el forastero que habitare dentro de tus
puertas. Tu siervo y tu sierva descansarán como tú. Acuérdate de que
fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de allí
con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente el Eterno tu
Dios te ordena que guardes el día de descanso».

Fue la intención de HaShem crear el mundo incompleto para que los


hombres puedan participar de su corrección. No es posible repararlo sin
revelar su origen y su meta que es transitar por el camino que Hashem
marcó en la Torá. El objetivo del Pueblo de Israel es revelar la existencia
de HaShem en el mundo, tal como está escrito (Ishaiahu 43:21): «Este
pueblo que he formado para Mí, Mi alabanza ha de relatar». Por esta
razón nuestros sabios dijeron (Vaikrá Rabá 36:4) que «Los cielos y la
tierra no fueron creados sino en mérito del Pueblo de Israel«. Mediante el
Shabat que es el tiempo bendito y consagrado, el Pueblo de Israel puede
cumplir con su objetivo. Por esta razón la Torá fue entregada en Shabat
(Tratado de Shabat 86(B)) y por esta razón el Shabat es el día más
propicio de todos para el estudio de la misma.

04- El Shabat y la singularidad del Pueblo de Israel.

Por medio del Shabat se revela el nexo especial entre Hashem y el


Pueblo de Israel, tal como está escrito (Shemot 31:13-17): «Ciertamente
guardaréis mis sábados porque es señal del pacto entre Mí y vosotros
por vuestras generaciones, para recordar siempre que Yo soy el Eterno
que os santifica. Y guardaréis el sábado pues santo es para vosotros… y
respetarán los hijos de Israel el sábado durante todas sus generaciones
perpetuamente. Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna del pacto,
pues en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra y el séptimo día cesó
en Su tarea y descansó«.

Nuestros sabios explicaron (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 16(A))


que «Hashem le dijo a Moshé: tengo un presente valioso oculto en mis
arcas y se llama Shabat y quiero entregársela al Pueblo de Israel, ve y
avísales«. Además explicaron (ídem) que «todos los preceptos que
Hashem le entregó al pueblo de Israel lo hizo en público salvo el del
Shabat que fue entregado discretamente y en privado, tal como está
escrito «Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna«». Ellos se
preguntaron cómo puede ser que el Shabat se entregó de modo discreto
y en privado siendo que figura en los diez enunciados que fueron
revelados públicamente. La explicación es que el significado profundo del
Shabat, por cuyo intermedio se revela el contenido Divino del mundo, no
puede ser revelado públicamente pues es una cuestión particular
vinculada a la relación entre HaShem y el Pueblo de Israel. Sobre esto
dijeron nuestros sabios (ídem): «HaShem le concede al hombre un alma
adicional en la víspera de Shabat y al acabar el día ésta le es retirada«.
Mediante esta alma suplementaria el Pueblo de Israel puede captar el
significado Divino del mundo y su finalidad última.

Por esta razón nuestros sabios dijeron (Tratado de Sanhedrín 58(2)) que


«un gentil que guarda el Shabat merece pena de muerte«. Además,
dijeron (Devarim Rabá 1:21) que «Lo comúnmente aceptado es que si el
Rey habla con la Reina y viene un extraño y se entromete en la
conversación, este último merece pena de muerte. Lo mismo ocurre en
Shabat entre el Eterno y el Pueblo de Israel, tal como está escrito: «Entre
Mí y los hijos de Israel». Por esta razón, un gentil que se entromete entre
ambos, hasta que no sea circuncidado, merece pena de muerte» (ver en
anexos de Shabat 25:1).

Para expresar el gran amor que tiene el Pueblo de Israel por el Shabat,
tal como la novia del Rey  ante su prometido, acostumbraron los judíos a
salir a recibirlo antes de la puesta del sol tal como se sale a recibir a un
huésped distinguido. El Talmud nos relata (Tratado de Shabat 119(A))
que Rabí Janina se envolvía en sus ropajes más elegantes y recibía al
Shabat proclamando: «Salgamos a recibir a nuestra Reina el Shabat«.
Rabí Ianai se vestía con sus mejores ropas y recibía el Shabat
proclamando: «Ven novia, ven novia«. Sobre la base de estos relatos
Rabí Shlomó Alkabetz compuso el bellísimo poema Lejá Dodí, «vayamos
amado mío (Pueblo de Israel) al encuentro de la novia, recibamos al
Shabat«.

05- Seis días y el Shabat.

Los seis días de la semana y el Shabat están conectados entre sí, pues
así como el hombre tiene cuerpo y alma de la misma manera la semana
tiene cuerpo y alma. Los seis días hábiles son el cuerpo y el Shabat es el
alma. Y así como en el hombre completo cuerpo y alma funcionan juntos
de manera armónica, ya que el cuerpo se inspira en el alma y a su vez le
permite a ésta manifestarse, de la misma manera, una semana será
completa cuando el Shabat y los demás días están ligados entre sí. En
los días hábiles se prepara todo lo necesario para el Shabat y se
materializan las ideas de este día, mientras que del Shabat, provienen
las energías espirituales para los días restantes.

Por una parte, vemos en el Shabat una suerte de final de la semana ya


que en todos los días hábiles nos preparamos para recibirlo y éste
confiere significado espiritual al trabajo de todas las jornadas previas. Por
otra parte, el Shabat es la raíz y el inicio de la semana siguiente, y de él  
manan las fuerzas espirituales para poder concretar en el mundo de los
hechos, aquellos valores espirituales percibidos durante el Shabat. Así, la
vida de un judío no es una secuencia continua que se va desgastando y
perdiendo altura, sino que por el contrario, está en permanente ascenso.

En la creación, el Shabat fue antecedido por seis días mientras que para
el primer hombre, que fue creado el viernes por la tarde, el Shabat
antecedió a los seis días siguientes y este es el origen de las dos
perspectivas cronológicas (ver Talmud Babilonio Tratado de Shabat
69(B)).

Nuestros sabios nos aportan otra perspectiva de la relación entre el


Shabat y los seis días hábiles al ubicarlo en el medio entre los tres días
anteriores y los tres posteriores. En esta perspectiva los días miércoles
jueves y viernes nos preparamos para recibir el Shabat, mientras que los
días domingo, lunes y martes aún continúa la influencia del Shabat
anterior (Tratado de Pesajim 106(A) y ver más adelante capítulo 2 incisos
10 y 11, 8, 7).

Dado que existe conexión entre el Shabat y los días laborables, cuanto
más importantes sean los actos de la persona durante los seis días, más
habrá de elevarse en Shabat, ya que el Shabat es el sentido íntimo de la
semana. Asimismo, cuanto más se eleve durante el Shabat, mayor será
la significación que habrá de proyectar sobre los días laborables
posteriores.

El Maharal de Praga explica (Tiferet Israel 40) que la idea del Shabat


está insinuada en el número de días ya que cada objeto físico tiene seis
lados: arriba, abajo y las cuatro direcciones cardinales mientras que el
número siete alude a su aspecto interior. De la misma forma, el mundo
físico fue creado en seis días y en el séptimo fue creado el Shabat que
es su dimensión interior consagrada.
06- Bendición y santidad.

El Shabat posee santidad y bendición tal como está escrito (Bereshit


2:3): «Y bendijo D´s el séptimo día y lo santificó porque en él cesó de
toda la obra que había creado» Asimismo está escrito (Shemot 20:11):
«Porque en seis días hizo el Eterno el cielo, la tierra, el mar y todo lo que
contienen y descansó el día séptimo, por eso bendijo el día sábado y
lo santificó»

Lo santo o sagrado pertenece al ámbito de lo absoluto, más allá del


tiempo y el espacio. La palabra «santo» o «sagrado» (kadosh) significa
separado y diferenciado pues todo lo que pertenece al ámbito de la
santidad está separado y diferenciado de todas las cosas finitas del
mundo. Bendición significa agregado y multiplicidad. Cuanto mayor es la
santidad de algo, así podrá ser fuente de mayor bendición. El más santo
de todos es HaShem que creó el mundo, fue, es y será infinito en Su luz
y Omnipotencia; y es la fuente de la bendición para todas las creaturas.
Por esta razón denominamos a HaShem como el Santo Bendito Sea, ya
que es Santo en la acepción de separado o diferenciado y Bendito pues
otorga bendición.

El Santo Bendito Sea santificó el Shabat y lo bendijo. Lo santificó al


separarlo y diferenciarlo de los demás días pues en él se revela la
interioridad de la creación. Asimismo lo bendijo en cuanto que por su
intermedio irradia bendición a los demás días y a los distintos mundos.
Tal como dijeron nuestros sabios en el Zohar (II 63:2): «los seis días de
la semana son bendecidos por el séptimo» y agregaron (II 88:1): «todas
las bendiciones tanto superiores como inferiores dependen del séptimo
día pues de éste son bendecidos los seis días superiores»
Mediante el cese de la actividad creadora Divina en el séptimo día, el
Shabat se transformó en sagrado e interior respecto de los demás días, y
por su intermedio HaShem irradia bendición a los seis días y al mundo.
De la misma forma el Pueblo de Israel, al abstenerse de realizar labores
el día séptimo se conecta con la santidad y con el origen de la bendición,
comprende el valor intrínseco de la labor civilizadora humana en el
mundo y obtiene la bendición que hacia ellos se emana. Sobre esto
dijeron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot 2:7):
«La bendición de Hashem que habrá de enriquecer es el Shabat» y
agregaron (Tratado de Shabat 119(A)) que honrando al Shabat se
accede a la riqueza pues este día es el origen de la bendición.

07- El «man» (maná) en Shabat.

Durante los cuarenta años que nuestros ancestros transitaron por el


desierto, HaShem les hacía descender pan del cielo que se llamaba
«man» (maná) y por su intermedio le enseñó al Pueblo de Israel cuál
debe ser la actitud correcta ante el alimento y el sustento en general, tal
como está escrito (Shemot 16:4): «He aquí que Yo voy a hacer llover
para vosotros sustento desde el cielo. Saldrá el pueblo y recogerán lo
necesario, día a día, para ponerlo a prueba Yo a él. ¿Se encaminará en
Mi Torá o no?«. La prueba consistía en que se les ordenó que recojan a
diario lo necesario para cada día y no lo guardaran para el día siguiente.
Esa era una gran prueba pues la mayor preocupación humana en este
mundo es la de disponer de  sustento y reservas de alimento, no sea que
se muera de hambre o se carezca de morada o vestimenta que hagan
sufrir por calor o por frío. En virtud de esta preocupación por la
supervivencia, el ser humano desarrolla un instinto que lo lleva a comer
lo más posible y a acumular dinero y propiedades sin límite. De esa
manera el ser humano se transforma en esclavo de su trabajo y sus
deseos. HaShem le quiso enseñar al Pueblo de Israel en el desierto, a
tener una actitud correcta hacia el sustento, que entiendan que el
objetivo del hombre en esta vida es alcanzar el apego a HaShem  y su
Torá, mientras que el sustento y el alimento son sólo medios para
alcanzar ese fin. A ese respecto leemos (Devarim 8:3): «Te afligió y te
sometió al hambre: empero te hizo comer el man – que no habías
conocido ni habían conocido tus padres – para hacerte saber que no
solamente de pan vive el hombre, pues con todo lo que sale del Mandato
de HaShem, vive el hombre«. Por esta razón se les ordenó a los hijos de
Israel que recolecten a diario la cantidad de alimento necesaria para ese
día únicamente y confíen en que HaShem haría caer «man» al siguiente.
Quien no pudo superar la prueba y recolectaba mucho «man«, al llegar a
su tienda descubría que en sus manos quedaba solamente la cantidad
necesaria para la ingestión del día,  esto es «un Omer por cabeza».
Había personas que no pudiendo superar su preocupación por el
mañana se limitaban a la hora de comer y guardaban una parte de lo 
recolectado para el día siguiente. Entonces descubrían que el resto se
había descompuesto y estaba lleno de gusanos.

Al llegar el sexto día les esperaba una sorpresa (Shemot 16:22-9): «Y en


el sexto día recogieron pan doble, dos Omer por cada uno y todos los
jefes de la congregación se presentaron ante Moshé para contarle el
acontecimiento. Y les explico Moshé: Esto es lo que dijo el Eterno:
Mañana es día de descanso, día santo para el Eterno. Lo que habéis de
cocer cocedlo hoy  y lo que habréis de cocinar cocinadlo hoy y guardad
lo que os quede para mañana. Y lo dejaron para la mañana siguiente
como había ordenado Moshé y no hedió ni crió gusanos. Entonces dijo
Moshé: «Comedlo hoy que es sábado para el Eterno, pues hoy no lo
hallaréis en el campo. Durante seis días en la semana lo recogeréis pero
en el séptimo día, sábado, no lo habrá. Y en efecto, algunos que salieron
al campo en el día séptimo para recoger el pan no lo encontraron.
Entonces le dijo el Eterno a Moshé: ¿Hasta cuándo no queréis cumplir
Mis mandamientos y Mis leyes? Considerad que el Eterno os dio el
Shabat por lo cual en el día sexto os da pan para dos días. Permanezca
entonces cada cual en su lugar en el séptimo día»

Nuestros sabios dijeron (Bereshit Rabá 11:2) que la bendición del Shabat


era la doble porción de «man» que caía el viernes. Cabría entonces
preguntarse qué bendición hay en esto ya que en la práctica la cantidad
de «mán» a ingerir en Shabat era idéntica a la de todos los demás días
de la semana y la única diferencia era que la porción sabática caía en
viernes. La respuesta es que el día séptimo quedaron liberados de toda
preocupación, pues el alimento del Shabat ya estaba preparado en las
vísperas. Esto se asemeja a una persona que debe esforzarse en su
trabajo a diario y un día alcanza a realizar el doble de labor, y al día
siguiente siente un gran alivio por no tener que trabajar y puede dedicar
su mente a pensar en aquello que trasciende las meras necesidades de
la existencia material. Muchas veces, en virtud de estos pensamientos, la
persona llega a conclusiones que le permiten progresar posteriormente
en su trabajo. Esta es la bendición del Shabat, día en el que se nos
ordenó abstenernos de realizar toda labor apartando de nuestros
corazones las preocupaciones del sustento y en un espíritu de libertad
apegarnos a Hashem y su Torá, tal que la bendición recaiga sobre la
labor de los seis días hábiles.

08- Recordarás y Cuidarás.


Hay dos preceptos básicos que constituyen la esencia del Shabat:
«Recordar» y «Cuidar»; el primero un precepto positivo y el segundo un
precepto restrictivo. El precepto de «cuidar» implica abstenerse de toda
labor, ya que durante los seis días hábiles el hombre debe trabajar para
obtener su sustento y poder poblar el mundo, mientras que el día séptimo
se nos ordenó cesar de toda labor. Mediante este cesamiento de labores
se genera un espacio vacío en el alma que se nos ordenó que sea
completado con el contenido positivo del precepto de «recordar», que
implica conectarse con los fundamentos de la fe mediante la recordación
de la santidad sabática.

Estos dos preceptos están vinculados entre sí al punto que sus orígenes
se unifican, y solamente en su emanación descendiente en el mundo se
diferencian y transforman en dos preceptos por separado que se
complementan entre sí. Sobre esto nuestros sabios dijeron (Tratado
de Shvuot 20(B)) «Cuidar y recordar fueron pronunciados al unísono, de
modo tal que la boca no lo puede pronunciar y el oído no lo puede
escuchar». Esto lo vemos en la Torá en la porción de Itró (Shemot 20:7)
donde se relata la entrega de los diez mandamientos y leemos:
«Recordarás el Shabat para santificarlo» mientras que en los diez
mandamientos que aparecen en la porción de Vaetjanán (Devarim 5:11)
está escrito «Cuidarás el Shabat para santificarlo«.

«Recordarás» es un precepto positivo y se origina en las cualidades de la


generosidad y el amor («jesed veahavá»), mientras que «Cuidarás» es
un precepto restrictivo que se origina en la cualidad del rigor («din») que
le pone límites al ser humano para alejarlo del mal.
Los preceptos positivos son más elevados que los restrictivos por cuanto
que por su intermedio la persona se conecta más y mejor con HaShem;
empero el castigo por la trasgresión de un precepto restrictivo es mayor
pues por su intermedio la persona se causa más daño a sí mismo y al
mundo todo (Rambán a Shemot 20:7).

El precepto de «Recordar» está más vinculado a la creación del mundo y


al primer Shabat de la historia, tal como está escrito (Shemot 20:7-10):
«Recordarás el Shabat para santificarlo… Porque en seis días hizo el
Eterno el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos y descansó el
día séptimo, por eso bendijo el día sábado y lo santificó«. El precepto de
«Cuidar» está más vinculado a la salida de Egipto, tal como está escrito
(Devarim 5:14): «Cuidarás el Shabat para santificarlo… Acuérdate de
que fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de
allí con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente, el Eterno tu
Dios te ordena que guardes el día de descanso«. El principio espiritual
superior existe desde la creación del mundo, empero solamente una vez
que el Pueblo de Israel logra superar el sojuzgamiento egipcio puede
comprender cuán grave es la esclavitud a lo material y en qué medida es
necesario abstenerse de toda labor para poder captar un concepto
espiritual.

Los dos preceptos «Recordarás» y «Cuidarás» están insinuados en la


palabra «Shabat». El sentido literal de Shabat  es «cesación» («shvitá»)
de labores, o sea «Cuidarás», mientras que el significado interior es
derivado de la palabra «retorno» («teshuvá»), pues en este día
retornamos a los fundamentos de la fe que están implícitos en
«Recordarás».
09- «Recordarás» (Zajor): los fundamentos de la fe.

En el precepto «Recordarás el Shabat para santificarlo» (Shemot 20:7)


se nos ordenó recordar los fundamentos de la fe. Por lo tanto el precepto
del Shabat aparece como cuarto de los diez mandamientos. En el
primero se nos ordena creer en HaShem, tal como está escrito (Shemot
20:2): «Yo soy el Eterno tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto y de la
casa de la esclavitud«. En el segundo nos prohíbe la adoración de ídolos,
tal como está escrito «No tendrás otros dioses delante de mí. No harás
para tí ninguna imagen… no te postrarás ante ellas ni las servirás«. En el
tercer mandamiento se nos ordena honrar Su nombre y no jurar por éste
falsos juramentos. En el cuarto mandamiento se nos ordena el Shabat
que es el día que expresa en la práctica los fundamentos de la fe
(Najmánides a Shemot 20:7). Dijeron nuestros sabios en el Zohar que
todas las reglas de la fe israelita así como sus secretos están  vinculados
al Shabat (II 92:1, III 94:2, 288:2).

En Shabat recordamos dos fundamentos. El primero es la creación del


mundo, ya que el Shabat es el testimonio de que Hashem creó el mundo
en seis días y cesó el día séptimo y desde entonces vivifica y sostiene al
mundo. El segundo es que HaShem sacó a Su pueblo de Egipto y
entonces fue revelado que el Eterno no solo creó el mundo, sino que
además es providente y lo dirige, castiga a los malvados, premia a los
justos y eligió al Pueblo de Israel  para que sea Su pueblo, para que por
su intermedio se manifieste Su providencia en el mundo.

Dijeron nuestros sabios (Mejilta) que en el precepto «Recordarás el


Shabat para santificarlo» se nos ordenó recordar el séptimo día durante
todos los días de la semana, mediante los diferentes preparativos para
su celebración. Asimismo, cuando los levitas cantaban en el Templo de
Jerusalém el salmo del día, lo comenzaban recitando la fórmula «hoy es
el primer día para el Shabat» (domingo), «hoy es el segundo día de
Shabat» (lunes) y así el resto de los días. Esto implica que los días
hábiles no tienen importancia intrínseca sino que adquieren su relevancia
y significado a partir del Shabat. Es un hecho que en la lengua hebrea,
que es la lengua sagrada, los seis días de la semana se denominan en
relación a su cercanía con el Shabat (primero, segundo etc.). Esto no es
así en el idioma inglés, francés y en otras lenguas, en las que cada día
tiene un nombre propio, generalmente rememorando diferentes deidades
paganas sin conexión alguna con el Shabat (Rambán a Shemot 20:7)[1].

El precepto de «Recordar» lo cumplimos principalmente mediante el


kidush en el cual recordamos sintéticamente el tema del Shabat.
Nuestros sabios ordenaron recitarlo con una copa de vino contiguo a la
comida para que así el Shabat sea recordado alegre y placenteramente,
tal como está escrito (Ishaiahu 58:13): «Y llamarás al Shabat día de
deleite» (ver adelante capítulo 6 incisos 3 y 10).

Si bien el precepto de «Recordar» lo cumplimos fundamentalmente


mediante el Kidush, el precepto indica que todo el Shabat sea santificado
tal como está escrito: «Recordarás el Shabat para santificarlo» de modo
tal que todo el día esté dedicado a cuestiones de santidad, al estudio de
la Torá y aprender de las palabras de los sabios (Rambán a Shemot
20:7, más adelante capítulo 5 incisos 1-5).

[1]. La lengua portuguesa es una interesante excepción a esta generalidad (n. de t.)
10- Cuidarás (Shamor): cesación de las labores de construcción del
tabernáculo.
Durante los seis días laborables el hombre debe ocuparse de sus
necesidades materiales y de la construcción de su hábitat en el mundo.
En esos días sus principales esfuerzos están concentrados en labrar su
campo y reparar su vivienda, en la producción de sus alimentos, la
confección de sus prendas y todo acto creativo. Si bien el hombre puede
disfrutar de su oficio o de su labor, ésta implica, sin embargo, un aspecto
avasallante. Las necesidades corrientes atrapan al hombre y lo amarran
al plano material de este mundo, haciéndole olvidar su fe y su alma. El
cese sabático de labores le permite al individuo elevarse por encima de
sus preocupaciones temporales y acceder a un plano de libertad y
reposo, un ámbito en el cual el alma puede manifestarse y por esta razón
nuestros sabios dijeron que el Shabat se asemejaba al mundo venidero
(ver Tratado de Berajot 57(B)).

Para poder acceder al espíritu especial del Shabat, en ese día el judío
debe poder ver el bien de este mundo, tal como está escrito (Salmos
92:1-3): «Cántico para el día Sábado. Es cosa buena ensalzar al Eterno y
cantar alabanzas a Tu Nombre, oh Altísimo, declarando Tu benevolencia
por la mañana y tu fidelidad por las noches». En Shabat es bueno
contemplar la Divina Providencia que todo lo encamina para bien y
aceptar la realidad tal como es con  verdadero amor, sin presión o deseo
de intentar alterarla. Y si bien puede haber todavía algo que no se
alcanzó a realizar previo al Shabat o algún inconveniente que genere
angustia, hay que aceptarlo con ecuanimidad y deleitarse en Hashem. En
virtud de esta actitud se expanden la bendición y la santidad en las
diferentes ocupaciones durante los días hábiles de la semana.

Podría pensarse que en Shabat están prohibidas únicamente las labores


mundanas, empero la Torá prohibió explícitamente realizar las labores de
construcción del sagrado Santuario. Esto y más, las treinta y nueve
labores prohibidas de Shabat las aprendemos del igual número de
labores que se realizaron al erigirse el tabernáculo. En la Torá, junto al
pasaje que menciona la construcción del tabernáculo aparece el mandato
«empero cuidaréis mis Shabatot» (Shemot 31:13), para enseñarnos que
si bien la construcción del sagrado recinto es en sí un gran precepto, al
llegar el Shabat se debe cesar en la labor. Esto se debe a que la labor de
construcción del tabernáculo debe estar conectada a su raíz Divina, en
cuanto a que en virtud del trajín de los trabajos no nos ocurra que
olvidemos su objetivo último que es revelar la presencia de HaShem en
el mundo. Esto transformaría al tabernáculo en un cuerpo sin alma
incapaz de cumplir con su elevada misión. Muchas veces, justamente
aquellos que se dedican a labores vinculadas con la santidad deben de
extremar precauciones en cuanto a que de tanta valoración que se tiene
por lo sagrado pueden llegar a sacrificar todo su ser en la tarea de la
construcción de marcos apropiados para el mismo, llegando a olvidar su
esencia interior.

Si bien existe una gran diferencia entre el nivel espiritual del sagrado
Templo y el del resto del mundo, en realidad todo el mundo debe ser un
tabernáculo, esto es un ámbito apto para que en él repose la Divina
Presencia. Por lo tanto, toda labor que el hombre realiza debe de estar
vinculada a la labor de construcción del tabernáculo. La diferencia es que
en el santuario la idea de la Divinidad se manifiesta de manera clara y
abierta, mientras que en el resto del mundo de manera oculta y
multifacética. Por esta razón el ser humano debe orientar sus acciones
de tal modo que sean realizadas con pureza de intención o Amor a
HaShem (le shem shamaim), tanto en el campo como en la fábrica, en la
investigación científica como en el comercio, a los efectos de hacer el
bien al mundo y corregirlo hasta llegar a su objetivo último que es
transformarlo en un ámbito de reposo de la Divina Presencia. El dinero
que el individuo gana debe estar dirigido a llevar una vida correcta a ojos
de HaShem, debe servir a la constitución de un núcleo familiar y un
hogar que sea recinto de conductas virtuosas e ideales espirituales. Todo
esto es posible hacerlo mediante la santidad del Shabat, día en el que no
se realizan labores y a partir del cual emana el valor intrínseco de las
mismas.

Además, es importante saber que el objetivo último del ser humano no es


trabajar duro. De no  mediar el pecado de Adám y Javá estaríamos aún
en el paraíso y todo nuestro quehacer se llevaría a cabo con tranquilidad
y alegría, sin preocupaciones ni esfuerzo. A raíz del pecado debimos
comenzar a obtener nuestro sustento con el sudor de nuestra frente
(Tratado de Kidushín 82(A)). El esfuerzo es bueno para corregir el
pecado inicial empero puede fijar nuestro status en el mundo material en
una postura distante del ideal espiritual de la fe, la libertad y la alegría.
De aquí se desprende la importancia cardinal del Shabat que es una
suerte de mundo venidero en el cual nos conectamos con el ideal
supremo. De este modo, el Shabat le confiere significado interior a los
seis días laborables, en cuanto a que no estén orientados únicamente a
lo mundano y a la existencia inmediata, sino que también se enfoquen en
la corrección, elevación y redención del mundo, hasta que vuelva a ser
un paraíso y ámbito propicio para la Divina Presencia.

11- El Shabat es equivalente a todos los demás preceptos pues en este


día se revela la fe.
El Shabat posee la gran virtud de  que por su intermedio el pueblo de
Israel se eleva a una suerte de mundo venidero, más allá de los
obstáculos y tabiques que este mundo interpone entre el Hombre y su
Creador, de manera tal que le permite percibir la luminosidad de la fe y la
Torá y conectarse armónicamente con Sus preceptos.

Dijeron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Nedarim 3:9)


que «en el Tanaj vemos que el precepto del Shabat es equivalente a
todos los demás mandamientos de la Torá. En la Torá está escrito
(Shemot 16:28-29) «¿Hasta cuándo no queréis cumplir Mis
mandamientos y Mis leyes? Considerad  que el Eterno os dio el Shabat».
Este pasaje aparece inmediatamente después que algunos profanaron el
Shabat al salir a buscar mán (maná) contrariando lo que se les había
ordenado. En los profetas (Iejezkel 20:12-22) está escrito: «También les
di Mis días de descanso para que fuesen por señal entre Yo y ellos y
supiesen que Yo soy el Eterno que los santifica. Pero la casa de Israel se
rebeló contra Mí en el desierto. No anduvieron en Mis estatutos y
rechazaron Mis preceptos los cuales si un hombre los cumpliera ha de
vivir por ellos y profanaron mis Sábados… y dije a su hijos… guardad
Mis preceptos… santificad Mis días de descanso y ellos serán señal
entre Yo y vosotros para que sepáis que Yo soy el Eterno vuestro Dios.
Pero los hijos se rebelaron contra Mí…» En los ktuvim (Hagiógrafos)
leemos (Nejemia 9:13-14): «Y sobre el monte Sinaí Te volviste y hablaste
con ellos desde el cielo y les diste preceptos justos y leyes de verdad,
buenos mandamientos, y les diste a conocer tu santo Sábado y les
preceptuaste  mandamientos, estatutos y una ley  por la mano de Moshé
Tu siervo» (ver adelante capítulo 22 inciso 2 así como también todo el
capítulo 20 de Iejezkel).
Asimismo, nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 118(B)): «Todo
aquel que cuida el Shabat conforme a sus reglas, aunque practique
cultos extraños como la generación de Enosh (ya que en esa generación
comenzó a practicarse la idolatría) se le perdona». Mediante el cuidado
del Shabat y sus prohibiciones se refuerza la fe del hombre en Hashem,
por tanto  trasgresiones se transforman retroactivamente en errores
involuntarios que son perdonados. Más aún, nuestros sabios dijeron
(Mejilta Beshalaj) que «quien cuida Shabat está a salvo de pecar».

12- La destrucción del Templo fue causada por la profanación del


Shabat.

Previo a la destrucción del Primer Templo, HaShem envió al profeta


Jeremías o Irmiahu para que avise al pueblo de Iehudá y a sus monarcas
que su destino depende del cuidado del Shabat, tal como está escrito
(Irmiahu 17:19-27): «Así me dijo el Eterno: ve y detente ante el portal de
los hijos del pueblo por donde entran los reyes de Iehudá y por donde
salen y en todos los portales de Jerusalém y diles: Escuchad la palabra
del Eterno, oh reyes de Iehudá y todo Iehudá y todos los moradores de
Jerusalém que entran por estos portales. Así dice el Eterno: Cuidaos por
vuestras almas y no portéis cargas en el día Sábado ni las traigáis por
los portales de Jerusalém ni saquéis carga alguna de vuestra casa en día
Sábado ni hagáis trabajo alguno; antes bien santificad el día de
descanso como ordené a vuestros padres. Pero ellos no escucharon ni
inclinaron sus oídos sino que endurecieron su cerviz para no oír ni recibir
instrucción. Y ocurrirá, si me escucháis diligentemente, dice el Eterno, no
pasando carga alguna por los portales de esta ciudad el día Sábado sino
santificando el día del descanso sin hacer trabajo alguno que entrarán
por los portales de esta ciudad reyes y príncipes que se sentarán sobre
el trono de David y vendrán en carros y a caballo, ellos y sus príncipes,
los hombres de Iehudá y los moradores de Jerusalém y esta ciudad será
habitada por siempre. Y vendrán de las ciudades de Iehudá y de los
lugares en derredor de Jerusalém y de la tierra de  Biniamín y de la
llanura y de las montañas y del desierto trayendo holocaustos, sacrificios
y ofrendas de agradecimiento a la Casa del Eterno. Pero si no Me
escuchareis para santificar el día sábado y llevareis cargas y entrareis
por los portales de Jerusalém el día sábado entonces prenderé fuego a
dichos portales que devorará los palacios de Jerusalém y no será
apagado».

Nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 119(B)) que Jerusalém no


fue destruida sino porque se profanó en ella el Shabat citando al profeta
Iejezkel (22:26) quien anunció: «han ocultado sus ojos de Mis Sábados y
Yo he sido profanado en medio de ellos». Este pasaje continúa más
adelante en el versículo 30 afirmando que «busqué entre ellos un hombre
que levantase un vallado y se pusiese en la brecha delante de Mi en
favor de la tierra para que yo no la destruyera pero no encontré a
ninguno».

13- La redención depende de la observancia del Shabat.

Vimos en el libro de Ishaiahu que la redención depende de que hagamos


justicia, actuemos con generosidad y cuidemos el Shabat, tal como está
escrito (56:1-8): «Así dice el Eterno, guardad la justicia y haced lo que es
recto porque Mi salvación está próxima y Mi justicia será revelada. Feliz
es el hombre que hace esto y el hijo del hombre que a ello se asiere y se
guarde de profanar el Sábado y guarda su mano de toda obra mala. Que
no diga el extranjero convertido al Eterno: «El Eterno de seguro me
separará de Su pueblo» (no tendré el privilegio de recibir el bien
reservado a Israel durante la redención) y que no diga el eunuco: «He
aquí que soy un árbol seco»(que no tengo hijos y no me puedo proyectar
en el futuro). Porque así dice el Eterno en lo concerniente a los eunucos
que guardan Mis sábados y escogen las cosas que Me complacen y son
fieles a Mi pacto: También a ellos les daré cabida en Mi casa y dentro de
Mis muros un monumento y un recordatorio mejor que los hijos y las
hijas. Les daré un recordatorio permanente que no será cortado.
También los extranjeros que se adhieren al Eterno para adorarle y amar
el Nombre del Eterno, para ser sus siervos. Cada uno que se guarde de
profanar el sábado y sea fiel a Mi pacto (cuidando el Shabat tendrán el
privilegio de ser como los israelitas de origen). También a ellos los traeré
a Mi montaña sagrada y los haré gozosos en Mi casa de oraciones. Sus
holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre Mi altar porque Mi
casa será llamada Casa de oraciones para todos los pueblos. Dice Dios
el Señor que reunió a los dispersos de Israel: juntaré a él otros todavía,
además de los que fueron recogidos«. De aquí aprendieron nuestros
sabios (Tratado de Shabat 118(B)) que si el Pueblo de Israel cuidase dos
Shabatot inmediatamente se vería redimido, tal como se ve en Ishaiahu 
que primeramente dice (56:4): «Porque así dice el Eterno en lo
concerniente a los eunucos que guardan Mis sábados» y posteriormente
(56:8) concluye  con que » los traeré a Mi montaña sagrada» etc.

Cabría preguntarse ¿por qué dicen los sabios que con dos Shabatot que
cumplamos seremos redimidos siendo que el profeta condiciona la
redención también a la justicia y la generosidad? A esto se puede
responder que si hemos de cumplir dos Shabatot, sin duda que seremos
justos y generosos pues mediante la observancia del Shabat nos
liberamos del sometimiento a los bienes materiales y nos superamos en
fe, de manera tal que en los seis días laborables podemos actuar con
justicia y generosidad. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Vaikrá
Rabá 3:1): «El pueblo de Israel no es redimido sino en mérito de la
observancia del Shabat tal como dice el profeta Ishaiahu (30:15):»Si os
quedarais tranquilos os salvaríais»». De hecho se puede alcanzar la
redención mediante la justicia y la generosidad ya que estas nos liberan
de las amarras del materialismo y la ambición, y corrigen así a los seis
días laborables; y de esa manera podemos observar adecuadamente el
Shabat y elevarnos en nuestra fe y apego a Hashem y merecer entonces
la redención (ver Tratado de Baba Batra 10(A), Devarim Rabá 5:7).

Asimismo nuestros sabios agregaron que mediante la observancia del


Shabat tendremos el mérito de asentarnos en la Tierra de Israel, tal como
le dijo Hashem a Abraham Avinu (Bereshit Rabá 46:9): «Si tus hijos
habrán de aceptar el Shabat entrarán a la Tierra de Israel y si no, no lo
harán». Como es sabido, el ingreso a la Tierra de Israel es el inicio de la
redención.

14- La gravedad de la profanación del Shabat.

Una vez que estudiamos respecto de las virtudes del Shabat podemos
entender la gravedad  especial que acarrea su profanación, pecado para
el que la Torá previó el más grave de los castigos: si la profanación es
premeditada y en presencia de dos testigos que advirtieron al trasgresor,
el castigo es la muerte por apedreamiento; y si fuera premeditada mas en
ausencia de testigos, el castigo es «caret»[2], tal como está escrito en la
Torá (Shemot 31:14): «Y guardareis el sábado pues santo es para
vosotros. Quien lo profane morirá porque el alma del que trabajare en
sábado será extirpada («venijretá») de entre su pueblo» En la práctica
era muy raro que se ejecutase a algún trasgresor, pues era poco común
que una persona cumpla con todos los requisitos que demanda la Torá
para poder someter a alguien a la pena capital. Por esta razón dijeron
nuestros sabios en el Tratado de Makot (1:10) que un Sanhedrín que
ejecutase un reo cada siete años era considerado un Sanhedrín
peligroso o mortífero y Rabí Eleazar ben Azariá dijo que aunque
ejecutase un reo cada setenta años también se le consideraba Sanhedrín
ejecutor («javlanit»).

De todas maneras, es un hecho que uno de los dos casos que figura en
la Torá en los que se ejecutó a alguien, está vinculado con la profanación
del Shabat públicamente. Leemos en el libro de Números-Bamidbar
(16:32-36): «Y cuando los hijos de Israel estaban en el desierto ocurrió
que fue hallado un hombre que cortaba leña un día sábado. Y los que le
sorprendieron cortando leña lo trajeron ante Moshé y Aharón y toda la
congregación, y lo pusieron en prisión al no decidirse en el momento lo
que había de hacerse con él. El Eterno, al ser consultado, le dijo a
Moshé: «que muera ese hombre irremisiblemente. Lapídenlo todo el
pueblo fuera del campamento». Y lo sacaron fuera del campamento y lo
lapidaron matándolo como el Eterno le había ordenado a Moshé». Tal
como vemos, la Torá procura enseñarnos  mediante este episodio cuán
grave es la pública profanación del Shabat en la escala de valores del
Pueblo Judío.

Empero, aún nos resulta difícil de comprender ¿cómo es posible que el


leñador tuviera la insolencia de profanar públicamente el Shabat?
Nuestros sabios explican que luego del pecado de los espías y del
decreto Divino en virtud del cual la generación del desierto moriría sin
ingresar a la Tierra de Israel, hubo quienes dedujeron de la situación que
los preceptos de la Torá habían quedado sin efecto. Entonces, el
leñador, en un arranque de fervor religioso quiso profanar públicamente
el Shabat para que así sea necesario ejecutarlo y entonces todos vean lo
grave de la profanación (el midrash está citado en las Tosafot del
Tratado de Baba Batra 119(B)). Hay quienes sostienen que el leñador
era Tzlofjad, quien luego tuvo el mérito de que sus hijas amen la Tierra
de Israel y puedieran heredar en ella su parcela.

Respecto de la gravedad de la profanación del Shabat dijeron nuestros


sabios en el Zohar (II 151:1) que en el momento en el que el Shabat es
recibido y consagrado, el fuego del «guehinóm» se retira de los malvados
salvo de aquellos que nunca cuidaron Shabat, a quienes el fuego
continúa castigando durante el séptimo día. Empero quien se arrepintió o
quien fue castigado por un tribunal como en el caso del leñador, su
trasgresión es perdonada y no es castigado por ella en el más allá.

[2]. Se trata de un castigo a manos del cielo y no de uno aplicado por tribunales terrenales,
que podría consistir, según las diferentes interpretaciones en fallecer antes de tiempo,
desprenderse de las almas del pueblo de Israel o encontrarse distanciado de HaShem en el
más allá (n. de t.).
15- Quien profana el Shabat se separa a sí mismo de la congregación
de Israel.

Vimos que la profanación del Shabat es especialmente grave al punto


que quienes lo hacen públicamente y quienes practican idolatría son
considerados como si hubiesen abandonado el Pueblo de Israel y del
punto de vista práctico se les considera gentiles. Tal como escribió el
Rambam (Hiljot Shabat 30:15): «El Shabat y la idolatría, cada una por
separado es considerada equivalente a todos los demás preceptos de la
Torá, y el Shabat es la señal del pacto entre Hashem y nosotros en el
mundo. Por lo tanto, todo aquel que trasgrede un precepto es
considerado un malvado, empero quien profana el Shabat en público se
asemeja al idólatra y ambos son considerados gentiles en todo». Esto
implica que quien trasgrede un precepto de la Torá no se considera que
la abandonó por completo y se le trata como a un judío que se equivocó
en su accionar, empero los idólatras y los profanadores públicos del
Shabat a pesar de que no actuaron para enfurecer a HaShem y cumplen
el resto de los preceptos, se les considera apóstatas y tienen el status de
gentiles (Tratado de Eruvín 69(B), Tratado de Julín 5(A)). Esto significa
que no se les recibe su ofrenda en el Templo de Jerusalém (Rambam
Maasé Hakorbanot 3:4), no se les cuenta para el «minián» (Mishná
Berurá 55:46), no se bebe del vino que tocaron y no es preceptivo ser
generoso con ellos tal como lo es con cualquier judío (Ahavat Jesed I
3:3).

Empero, en las últimas generaciones, muchos de los grandes juristas


ordenaron que mientras que quien profana el Shabat no lo hace en
actitud desafiante, no se le debe considerar un idólatra. Esto se debe a
que en el pasado cuando todos los judíos observaban el Shabat, quien lo
profanaba públicamente aunque no en actitud desafiante se le
consideraba fuera de la generalidad de Israel, mas en las últimas
generaciones, en las que lamentablemente la observancia del Shabat fue
quebrantada por muchos en el Pueblo Judío,  solo quien trasgrede
públicamente en actitud desafiante y a los meros efectos de contradecir o
negar la Torá es considerado un idólatra. Sin embargo, quien profana el
Shabat en privado o para satisfacer un deseo o necesidad personal no se
considera que busca negar sus raíces judías (Melamed Leho´il Oraj
Jaím 29, Binián Tzión  Hajadashot 23 y ver en Pninei Halajá Tefilá 2:8).

Por lo tanto, en la práctica, si esta persona quiere participar


del «minián» se le recibe y es preceptivo ayudarle como a cualquier otro
judío. Empero aún hoy en día, algunos juristas consideran a quien
profana el Shabat en público como gentil. Por lo tanto, quien por su
educación y costumbres se le dificulte cumplir con el Shabat en su
completitud, que al menos encienda velas el viernes antes de la puesta
del sol, que haga «kidush» con vino y cumpla lo que pueda y de esa
manera demuestre que el Shabat le es importante y tiene deseo de
apegarse a la tradición ancestral de su pueblo y así, según la idea de los 
juristas más estrictos, no recaerá sobre él el status de profanador público
del Shabat que le equipararía con un idólatra.

Es necesario destacar que de todas maneras, un judío no puede


desconectarse de su judeidad  y aunque practique la idolatría y profane
el Shabat premeditadamente o  trasgreda todos los preceptos de la Torá,
permanece judío y su alma sigue perteneciendo a la santidad de las
almas de Israel. Empero, es un malvado y su castigo será más grave que
el del resto de los trasgresores que no se separaron del Pueblo Judío
(Zohar II 151:2). Por lo tanto, nuestros sabios establecieron que por una
parte es necesario separarse de un trasgresor tal, y simultáneamente se
debe intentar ayudarlo a retornar.

16- El Shabat como día de paz y unión.

En Shabat nos unimos con el origen de nuestras vidas revelándose la


raíz única de todas las creaturas y así se genera paz en el mundo. La
mayor contradicción que existe en este mundo es la existente entre lo
material y lo espiritual, entre el alma y el cuerpo, que desde una
perspectiva mundana parecen molestarse mutuamente y estar en
permanente disputa. Empero en Shabat, se revela que el alma y el
cuerpo se complementan mutuamente  pues el alma vivifica al cuerpo y a
su vez mediante éste la primera se revela en el mundo físico. Por lo
tanto, es preceptivo deleitarse en Shabat tanto corporal como
espiritualmente, mediante el estudio de la Torá, el rezo, las comidas y el
descanso (ver más adelante capítulo 2 inciso 5).

El Shabat establece la armonía entre todas las fuerzas actuantes.


Durante los seis días hábiles parece que todos los seres humanos
compiten y luchan entre sí por dinero, honor y amor, de manera tal que
todo logro de alguien es a cuentas del fracaso de otro, proliferando  las
discusiones y los pleitos. Es así que durante la semana laboral, el modus
operandi de quienes odian al Pueblo de Israel predomina en el mundo.
En cambio al llegar Shabat se manifiesta que todo tiene un mismo origen
e inclusive fuerzas que parecían encontradas se revelan como
complementarias y todas juntas todas anhelan elevarse al ámbito de lo
Divino que es su raíz y origen. Los malvados que procuran el mal, desde
una  perspectiva mundana de los seis días hábiles parecen ser exitosos,
mas no vinieron al mundo sino a despertar a los justos y una vez que
cumplen con su misión desaparecen de la faz de la tierra. Este aspecto
es alabado por el día séptimo en los Salmos (91): «Salmo cántico para el
día sábado. Es cosa buena alabar al Eterno y cantar alabanzas a Tu
nombre, oh Altísimo, declarando Tu benevolencia por la mañana y tu
fidelidad por las noches, con un instrumento de diez cuerdas y con un
arpa y con el dulce son de la lira. Porque Tú oh Eterno me has alegrado
con Tu labor, exaltaré las obras de Tus manos. ¡Cuán grandes son Tus
obras oh Eterno! Y tus pensamientos son muy profundos. El que es tosco
no sabe y el tonto no entiende esto (no entienden que todo es para bien,
sino que les parece que los malvados verdaderamente tienen éxito).

Cuando los inicuos florecen como la hierba y cuando los obradores del
mal proliferan es cuando más pueden ser destruidos. Pero Tú oh Eterno
estás en lo alto por siempre. Porque he aquí que tus enemigos oh
Eterno, tus enemigos perecerán. Todos los obradores de iniquidad serán
esparcidos. Pero a mi honra Tú la has exaltado como el cuerno del
carnero. Soy ungido con ricos óleos. Mis ojos han reparado en los que
me acechan. Mis oídos han escuchado el deseo de los inicuos que se
levantan contra mí. El justo florecerá como la palmera. Crecerá como un
cedro en el Líbano. Plantados (los justos) en la Casa del Eterno 
florecerán en los atrios de nuestro Señor. Producirán todavía fruto en
edad avanzada. Serán vigorosos y de abundantes frutos, para declarar
que el Eterno es recto. Es mi roca en la que no hay injusticia».

Vemos entonces que la verdadera paz contiene dos elementos. El


primero es que concede un sitio especial y apropiado a cada fuerza y
cada aspiración por lo que todas alcanzan su corrección y resulta a
posteriori que no hay en ellas mal ni conflicto alguno entre las mismas. El
segundo es que también en el caso del mal absoluto, éste tiene por
cometido despertar de su letargo a las fuerzas positivas y al ocurrir esto
el mal culminó con su cometido y desaparece. Esto no resulta doloroso
para el mal  pues éste cumplió con su misión.

Dijeron nuestros sabios en el Zohar (III 176:2): «Ven y mira que el mundo
no se sostiene sino en virtud de la paz, cuando el Eterno creó el mundo
no podía este existir hasta que vino y vertió sobre éste la paz. ¿Cuál es
la paz? El Shabat que hace las paces entre lo superior y lo inferior y
entonces el mundo perdura». También nos indicaron que no se debe
alterar la santidad del día mediante pleitos y quien sienta tristeza en su
corazón debe procurar disiparla en Shabat, y si tiene una discusión con
su esposa o cualquier otra persona debe hacer las paces en Shabat
(Tikunei Zohar 67:1).

Esta idea es insinuada en el encendido de las velas sabáticas, pues


cuando la casa de una persona está a oscuras, también cuando está
todo ordenado, ella palpa en la penumbra  a los efectos de encontrar sus
utensilios y se tropieza hasta que le parece que todo su mobiliario está
complotado en su contra. Al encender las velas, ve que todo está en su
sitio para ayudarle y esto es una insinuación de nuestra situación en el
mundo. Mientras nos encontramos distantes de HaShem y sus ideales,
estamos sumidos en la oscuridad y nos parece que todo el mundo está
en pleito y dividido y los malvados dominan. Dado que recibimos la luz
del Shabat, esta nos revela la completitud de la fe y vemos cómo todas
las diferentes fuerzas se complementan entre sí y la maldad se
desvanece cual humo (ver más adelante capítulo 4 inciso 1).

Dijeron nuestros sabios en el Zohar  que en virtud de la revelación de la


santidad del Shabat y la fe completa en la unicidad de HaShem, aumenta
la alegría en todos los mundos y se hacen las paces entre lo superior y lo
inferior y todo judío recibe alma suplementaria y deleite trascendente.
Inclusive los malvados que están penando en el infierno, si observaban el
Shabat, descansan de su tormento en ese día (ver Zohar I 48:1, II 88:2,
151.1, 205:1, III 94:2, 176:2, 273:1).

01- Preparando el Shabat.


Los seis días hábiles y el Shabat están conectados entre sí, pues así
como en el hombre encontramos cuerpo y alma, de la misma forma la
semana posee cuerpo y alma. Los días laborables son el cuerpo y el
Shabat es el alma. Así como en el hombre completo, cuerpo y alma
actúan conjuntamente en armonía, de modo tal que el cuerpo recibe su
inspiración del alma y le posibilita a ésta manifestarse en el mundo físico;
de la misma forma el nexo entre los seis días hábiles y el Shabat es
estrecho. Durante los seis días hábiles preparamos todo lo necesario
para el Shabat y de esa forma ellos se elevan y santifican, abrevando de
éste su valor.

Nuestros sabios dijeron (Tratado de Beitzá 16(A)) respecto del anciano


Shamai, que todos los días de la semana «comía en honor al Shabat». Si
veía en el mercado un animal bueno decía «para Shabat»; si veía otro en
mejor estado comía el primero durante la semana y dejaba el mejor para
Shabat. Por lo tanto, todos los días de la semana comía el alimento
menos bueno pues el mejor lo guardaba para Shabat. Esto implica que
todos los días de la semana comía en honor al Shabat, procurando
siempre la mejor forma de honrar el séptimo día y consagrarlo. En
cambio, el anciano Hilel actuaba de modo diferente ya que su máxima
era que todos los actos se deben realizar por amor a HaShem («Leshem
Shamaim»). Él tenía por costumbre honrar y consagrar todos los días de
la semana, tal como está escrito (Salmos 68:20): «Bendito sea Hashem
día a día». Por esta razón, cada vez que se le presentaba un alimento
sabroso en un día hábil lo ingería pues confiaba en Hashem en cuanto a
que así como le dio la posibilidad de comer un platillo sabroso en la
semana, de la misma forma ya le presentará la oportunidad de comer
otro aún mejor para el Shabat. De esa manera honraba y valoraba
acertadamente cada día de la semana (Rashí ahí, Rambán a Shemot
20:8).

Los juristas escribieron que también en opinión de Hilel, normalmente es


correcto actuar como Shamai y guardar el mejor alimento para Shabat,
empero él era especial en cuanto a lo firme de su confianza o «Bitajón»
en HaShem y estaba seguro que el Eterno le proveería del mejor platillo
para Shabat. Sin embargo, una persona que no tiene igual grado de
confianza en la Divina Providencia, debe honrar el Shabat guardando el
mejor alimento para ese día (Mishná Berurá 250:2).

En nuestros días, esta práctica no tiene mayor sentido pues en las


tiendas hay alimentos en abundancia durante todos los días de la
semana; y no hay razón para temer que si ingerimos algo sabroso
durante la semana no lo podremos encontrar nuevamente previo al
Shabat. Por lo tanto, lo correcto es planificar las compras de manera tal
que  los alimentos sabáticos sean los mejores.

Durante la realización de las compras es bueno recitar «Lijvod Shabat


Kodesh» (en honor al sagrado Shabat) ya que es parte del precepto de
«Recordarás» (Rambán ídem), y es bueno probar los alimentos durante
su preparación  para asegurarse que alcancen su mejor sabor  y de esa
manera deleitar el Shabat (Maguén Abraham 250:1, citando al Arízal,
Mishná Berurá 2).

02- El viernes.

Si bien es menester preparar el Shabat todos los días de la semana, lo


principal de los preparativos debe realizarse el día viernes, tal como está
escrito (Shemot 16:5): «El día sexto prepararán lo que trajeren». Así
como los hijos de Israel durante los cuarenta años en el desierto se
alimentaban del «man» que caía por la noche y recolectaban por la
mañana, asimismo es preceptivo apurarse a realizar los preparativos del
Shabat en la mañana del viernes (Shulján Aruj Oraj Jaím 250:1). Es
buena costumbre que la mujer hornee «jalot» (panes trenzados) en la
mañana del viernes y cumpla con el precepto de la separación del «jalá»
(Ramá 242:1).

Si bien es preceptivo realizar las compras el viernes temprano por la


mañana, de todos modos no se deben anticipar al servicio de Shajarit.
Quien tiene el hábito de estudiar después del servicio matutino que lo
haga como de costumbre, y luego que se apresure a hacer las compras
necesarias y preparar todo lo necesario para el Shabat. Solamente en
caso de que se tenga la sospecha que de asistir al servicio de Shajarit
puede quedarse sin productos en las tiendas, tendrá permitido primero
comprar y recién después rezar (Mishná Berurá 250:1).

Los juristas de las últimas generaciones sostienen que es mejor realizar


las compras de Shabat el día viernes y no el jueves, pues al hacerlo el
viernes queda más manifiesta la intención de que las compras son en
honor al Shabat. Otra razón es que en la antigüedad no existían los
refrigeradores y no había forma de mantener frescos los alimentos, por lo
que a los efectos de que el sabor de los platillos de Shabat sea optimal
era necesario comprar los ingredientes y cocinarlos el mismo día viernes.
Empero en aquellos días y con mucha mayor razón en la actualidad,
cualquier alimento que se sospeche que el viernes pueda ser difícil
encontrar en el mercado o cuya preparación insuma gran cantidad de
tiempo, es mejor comprarlo el día jueves.
Cuando se presentan dos posibilidades: cocinar los alimentos el viernes
y estar cansados por la noche cuando se recibe Shabat, o cocinarlos el
día jueves, mantenerlos en la heladera y llegar a Shabat descansados y
tranquilos, es mejor que se prepare la mayor parte de los platillos el
jueves y se deje unos pocos preparativos para el día viernes. Esto se
debe a que el mayor precepto es honrar el Shabat y deleitarlo y para eso
lo mejor es estar descansados y relajados.

Hay familias en las que por causa de la tensión que genera alcanzar a
completar los preparativos sabáticos a tiempo, el viernes se transforma
para ellos en un día de impaciencia  y discusiones. El Satán y la
inclinación al mal están involucrados en esta situación, de modo tal que
hasta el momento del inicio del «Shabat Shalom» se desatan las fuerzas
que despiertan enojos y peleas para evitar que el Pueblo de Israel reciba
el Shabat como corresponde. El Talmud nos relata (Tratado de Guitín 52
(A)) que había una pareja que cada víspera de Shabat a poco de
comenzar el sagrado día discutían espantosamente. Rabí Meir pasaba
por allí, y durante tres semanas se quedaba con ellos el viernes por la
noche en su casa hasta que logró apaciguar a las partes. Escuchó la voz
celestial de un ángel acusador que decía: «Ay de mí, que Rabí Meir me
echó de esa casa». A los efectos de no brindarle espacio al ángel
acusador, es necesario planificar correctamente los preparativos del
Shabat para recibirlo con tranquilidad y alegría (esto también se
desprende del decreto de Ezra que se menciona en el inciso 4).

Existe una sagrada costumbre y es la de culminar todos los preparativos 


hasta el viernes al mediodía,  para posteriormente descansar y estudiar
Torá de cara al Shabat. Todo aquél que así actúa, tiene el mérito de
recibir el Shabat con tranquilidad y alegría y puede percibir el alma
suplementaria que se le agrega en Shabat.

03- La compra de alimentos para Shabat.

Es preceptivo deleitar al Shabat con alimentos, platillos suculentos y


bebidas distinguidas de acuerdo con las posibilidades económicas de
cada persona, y cuanto más se invierte en la comida sabática para que
esta sea variada y exquisita, más digno de alabanza se es (Rambám
Shabat 30:7). A esto es a lo que se refiere el profeta Ishaiahu (58:13): «Y
llamarás al Shabat día de deleite». Dijeron nuestros sabios en el Tratado
de Shabat (119(A)) que todo aquél que deleita al Shabat recibe una gran
recompensa: heredad sin límites, se cumplen sus anhelos, se salva de
los sufrimientos asociados al arribo del Mashíaj así como de la guerra de
Gog contra Magog, se salva del Guehinom y hasta se enriquece. Esto se
debe a que tanto la vida como la bendición están vinculadas a la relación
entre el mundo material y el mundo espiritual. Un hombre con vida es
aquél cuya alma reposa en su cuerpo, mientras que la muerte implica la
separación de ambos. Cuando el mundo material está vinculado al
mundo superior se vivifica y es bendecido por su origen, mientras que
cuando se aleja de su raíz vital que son la fe y los valores espirituales, su
vitalidad disminuye degenerándose y sumiéndose en la maldición. La
cuestión esencial del Shabat es que posee una santidad suplementaria
que se revela simultáneamente en cuerpo y alma, tanto en los rezos
como en las comidas sabáticas. De esta manera, se genera una gran
unión entre materia y espíritu, cuerpo y alma, que potencian la vida y
emanan bendición al mundo. Por lo tanto, dijeron nuestros sabios que
quien deleita al Shabat como corresponde recibe innumerables
bendiciones y se salva de los percances (ver adelante capítulo 7 inciso
1).

Cada quien debe invertir en los alimentos del Shabat de acuerdo con sus
posibilidades y en concomitancia con sus hábitos alimentarios de la
semana. Esto implica que no es necesario comprar para Shabat los
alimentos más costosos del mercado, sino simplemente mejores que los
que se consumen habitualmente en los días laborables; cada familia
conforme a sus costumbres.  Se puede afirmar que corresponde que el
valor de los alimentos que se sirven en Shabat sea el doble que el de los
alimentos de la semana. Quienes cumplen este precepto con excelencia
gastan aún más en los preparativos del Shabat, y de esto ven una gran
recompensa.

Para quien su situación económica es ajustada y no puede adquirir


alimentos de especial calidad para Shabat, debe reducir sus gastos
alimentarios durante la semana para, por lo menos, poder agregar unos
pequeños pescados a la mesa sabática (Tratado de Shabat 118(B)). Hay
personas que acostumbran gastar dinero en productos suntuarios y sólo
cuando se trata de gastos relacionados con el cumplimiento de un
precepto se ponen ahorrativos. Empero, en verdad, es mejor ahorrar en
gastos suntuarios para poder aumentar los gastos relativos a mitzvot.
Dijeron nuestros sabios en el Tratado de Beitzá (16(A)) que el sustento
del hombre está determinado de un Rosh Hashaná a otro y por lo tanto
debe cuidarse de no malgastar, no sea que vaya a incurrir en gastos
excesivos y se quede sin lo establecido en su presupuesto. Este principio
rige sobre todos los gastos salvo los de Shabat, Yom Tov y la educación
religiosa de sus hijos; de modo tal que si gasta de menos en estos
rubros, la diferencia se descuenta de su presupuesto anual decretado y
si gasta de más se le agrega un suplemento equivalente al mismo (Tur
Zahav 242:1).

Quien carece de dinero en efectivo para adquirir alimentos para deleitar


el Shabat, ha de pedir prestado y no debe de preocuparse de la
eventualidad de que ocurra un imprevisto y no pueda devolver la suma,
ya que Hashem le dijo al Pueblo de Israel: «Tomen prestado a Mi
Nombre,  consagren el día  y confíen en Mí que Yo saldaré la cuenta».
Esto es a condición de que las personas confíen en milagros, esto es,
cuando tienen un negocio establecido, un empleo fijo o un ahorro en el
cual pueden respaldarse. A estas personas los sabios les dicen que no
teman en tomar un préstamo, pues si hacen todo como corresponde,
trabajarán duro y no malgastarán, HaShem estará en su ayuda de modo
tal que podrán devolver el préstamo.

Empero, quien no sabe cómo podrá de devolver el préstamo no debe


contraer una deuda  para deleitar el Shabat, no sea cosa que termine
comportándose inmoralmente por no cumplir con sus obligaciones.
Asimismo, no se deben pedir dádivas para deleitar el Shabat, limitándose
a ingerir alimentos sencillos, tal como indicó Rabí Akiva (Tratado
de Pesajim 112(A)): «Come en tus Shabatot como en los días comunes y
no dependas del prójimo». En mérito a que no recurrió a las dádivas del
prójimo se enriquecerá (Tratado de Peá 8:9). Sin embargo en el caso de
un indigente que pide habitualmente limosna para sus necesidades
corrientes, pedirá también para deleitar al Shabat (Mishná Berurá 242:1).

04- Honrando al Shabat con la indumentaria.

Es mitzvá honrar al Shabat tal como está escrito (Ishaiahu 58:13): «Y


llamarás al Shabat día de deleite y honroso, el día sagrado del Eterno».
Es en honor al Shabat que no nos vistamos de la misma manera que en
los días de la semana (Tratado de Shabat 113(A)), sino que la
indumentaria sabática sea más elegante y pulcra. Los juristas
escribieron, citando al Arizal, que es bueno no vestir en Shabat ninguna
de las prendas que se usan habitualmente en la semana (Maguén
Abraham 262:2). Esto significa que la ropa exterior debe ser especial
para Shabat y fiestas, al tiempo que la ropa interior debe estar limpia y
recién lavada. Hay quienes se esmeran al punto de adquirir calzado
especial para Shabat (ver Shomer Shabat Kehiljatá 42 observación 206).
Quien pasa el Shabat solo, debe también honrar al Shabat vistiéndose
adecuadamente, pues la indumentaria no es en honor de quien ve a la
persona sino en honor al Shabat (Mishná Berurá 262:6).

Una persona que se encuentra en un sitio en el cual carece de


vestimentas especiales para Shabat, o un indigente que solo posee una
muda de ropa, debe procurar embellecer su prenda lo más posible en
honor al Shabat. El Talmud Jerosolimitano nos relata (Tratado de Peá
8:7) que Rabí Samlai enseñaba al público que una persona debe poseer
dos mudas de ropa, una para la semana y otra para Shabat. Los alumnos
al escucharlo lloraron frente a él diciéndole que eran pobres y solo tienen
una muda. Rabí Simlai les respondió que a pesar de todo, debían
embellecer esa única prenda en honor al Shabat. Es así que soldados en
Shabat deben vestir uniforme «Alef» y de no ser posible, deben limpiar y
acondicionar sus uniformes lo más posible.

Uno de los diez decretos que promulgó Ezra el escriba, fue que se lave la
ropa el día jueves (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 2:1). Este
decreto tiene dos implicancias: a) que no se deben vestir en Shabat
prendas que no estén limpias, razón por la cual el decreto obliga a lavar
la ropa con anterioridad; b) dado que en la antigüedad el lavado de ropa
era muy difícil y cansador, el hacerlo el jueves permitía dejar el viernes
libre para cocinar y limpiar. Empero, hoy en día que el lavado de ropa se
hace a máquina, está permitido lavar ropa el viernes ya que no implica un
esfuerzo que pueda interferir con los demás preparativos. Sin embargo
las prendas específicas que se han de vestir en Shabat es bueno lavarlas
el día jueves tal como lo estableció Ezra.

En términos generales, del decreto de Ezra podemos aprender que es


bueno ser precavido y no transformar al viernes en un día cargado con
labores pesadas, sino que conviene dejarlo relativamente libre para así
poder prepararnos para el Shabat con tranquilidad (Tal como lo vimos en
el inciso 2).

05- Honrando al Shabat mediante los preparativos corporales y


hogareños.

Así como es necesario preparar vestimenta limpia y elegante para


Shabat, de la misma manera es menester preparar el cuerpo para el
sagrado día y esto se incluye en el precepto de «honrar al Shabat». Por
lo tanto, nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 25(B)) que es
preceptivo bañarse para el Shabat con agua caliente que limpia el cuerpo
adecuadamente, y quien lo hace con agua fría o tibia no cumple con el
precepto (Shulján Aruj 260:1). En el pasado, era difícil cargar agua para
bañarse por lo que el precepto incluía el lavado de rostro, manos, piernas
y cabeza, al tiempo que los más rigurosos se bañaban con agua caliente
de cuerpo completo. Hoy día tenemos duchas y calentadores de agua 
en cada hogar, por lo que es preceptivo bañarse completamente con
agua caliente de cara al Shabat. Además, si antes de eventos sociales
tomamos un baño caliente, obviamente que antes de que arribe la reina,
el Shabat, es nuestro deber bañarnos meticulosamente.

No es bueno bañarse contiguo al horario de inicio de Shabat, no sea


cosa que termine profanándolo al encender o apagar la luz o el
calentador de agua a destiempo, lo que le ocasionará más perjuicios que
beneficios.

Quien necesita de un corte de cabello y/o cortarse las uñas, es


preceptivo que lo haga el viernes en honor al Shabat. Quien acostumbra
a afeitarse, es preceptivo que lo haga el viernes de cara al Shabat. Tanto
el corte de uñas como el afeitado es mejor realizarlos el viernes pasado
el mediodía, ya que así es más claro que lo hizo para honrar al Shabat,
aunque antes del mediodía también es un horario correcto para
preparativos. Quien sabe que estará muy ocupado el viernes, puede
cortarse el cabello y las uñas el día jueves (Shulján Aruj 260:1, Aruj
Hashulján 260:6).

También es preceptivo preparar el hogar en honor al Shabat, limpiarlo,


poner sobre la mesa un mantel bonito y acomodar las sillas alrededor de
la misma. Hay que poner atención durante todo el transcurso del Shabat
que la casa y la mesa estén ordenadas como corresponde (Shulján
Aruj 262:1). Asimismo, corresponde poner la mesa de Shabat con vajilla,
cubiertos y vasos bonitos.

Normalmente, las personas creen que la santidad se manifiesta


únicamente en el ámbito de lo espiritual en actividades tales como el
estudio y el rezo, mientras que la dedicación a las necesidades
corporales tales como comer, dormir, el cultivo de la estética o el
maquillaje  son sus opuestos y perturban las posibilidades de elevación
espiritual. Estas personas suelen pensar que es preferible afligir al
cuerpo, pues el origen de la mala inclinación está en las pasiones
corporales. Es así que llega el Shabat y nos enseña que es posible
consagrar lo físico, que la santidad puede manifestarse en una comida
placentera, en una vestimenta elegante y en un hogar ordenado. Más
aún, la completitud se alcanza cuando la santidad se manifiesta en todos
los ámbitos de la vida, tanto el espiritual como el material.  Por esta razón
nos saludamos unos a otros con el tradicional saludo «Shabat Shalom»
(«Sábado en paz»), pues el Shabat logra hacer las paces entre el espíritu
y la materia, y por este intermedio entre el marido y su esposa así como
entre el hombre y su prójimo (ver arriba capítulo primero inciso 15).

A esto se referían nuestros sabios en el Tratado de Shabat (119(B)):


«Dos ángeles acompañan a cada persona al retornar de la sinagoga
camino a su casa, uno bueno y otro malo. Cuando llega a su hogar y ve
las velas encendidas, la mesa arreglada y la cama tendida, el ángel del
bien exclama: ojalá que el próximo Shabat sea así y el ángel malo
responde «¡Amén!»  contra su voluntad. Pero de ocurrir lo contrario, el
ángel del mal expresa: ¡Sea Su voluntad que el próximo Shabat sea así!,
y el ángel del bien debe responder ¡Amén! en contra de su voluntad».

En Shabat se pueden revelar los valores de la santidad de manera


completa tanto en lo espiritual como en lo corporal, y por lo tanto si la
casa y la mesa están correctamente arregladas, hasta el ángel malo
debe responder «amén» mal que le pese.

Empero, cuando la casa y la mesa no fueron ordenadas como


corresponde y los alimentos de Shabat se estropearon, es muy
importante cuidar de no enojarse y no discutir, pues el mayor honor para
el Shabat es que los miembros de la familia estén en paz y armonía unos
con otros. Ya lo dijo el Rey Shlomó (Proverbios 15:17): «Mejor es comida
de legumbres donde hay amor que un buey engordado donde hay
discordia» y «Más vale un bocado de pan seco con tranquilidad que una
casa llena de festines con reyertas» (ídem 17:9). El autor del Sefer
Hajasidim (863) nos legó que: «Es mejor una comida de legumbres en
Shabat con amor hacia su mujer e hijos, a un buey engordado donde hay
odio, esto es, que no se preocupe una persona de comprar exquisiteces
para Shabat sabiendo que va a discutir con su mujer o con sus padres o
con sus parientes. Por eso está escrito en Ishaiahu (58:13): «y lo
honrarás», honrar al Shabat implica no pelearse en su transcurso.»

06- El precepto de participar de los preparativos del Shabat.

Dice la Torá (Shemot 16:5): «Empero será que en el día sexto habrán de
preparar lo que ellos traigan», por lo que es preceptivo preparar el
viernes lo necesario para el Shabat. Incluso si una persona es rica e
importante y dispone de servicio doméstico que cubre todas sus
necesidades, por lo que durante la semana no realiza labor alguna en su
hogar, debe esforzarse y preparar algo él mismo en honor al Shabat. Y
no ha de pensar: «¿cómo he de rebajarme a realizar tareas
domésticas?», sino que debe de saber que su honor es hacer
preparativos previos al Shabat para honrar al sagrado día. Incluso quien
estudia Torá día y noche y tiene quien le prepare lo necesario para el
Shabat, es preceptivo que participe en alguno de los aprontes (Shulján
Aruj 250:1, Ramá 251:2).

El Talmud nos relata (Tratado de Shabat 119(A)) de grandes sabios que


participaban de los preparativos domésticos previos al Shabat. Raba
salaba pescados, Rav Jisda picaba las verduras en trozos pequeños,
Raba y Rav Iosef cortaban leña para la estufa, Rabí Abahu y Rabí Zeira
encendían el fuego para cocinar los alimentos sabáticos, Rav Huna y
Rav Papa preparaban las velas, Rav Najman limpiaba la casa, quitaba
los muebles de la semana y los cambiaba por los de Shabat.

No es este el lugar para explayarnos respecto de la jerarquía e


importancia de cada uno de los sabios que hemos mencionado, empero,
conformémonos con resaltar que se trataba de figuras destacadísimas
que lideraron cada quien a su generación. Por ejemplo, Raba y Rav Iosef
eran los jefes de las Ieshivot de Sura y Pumbedita en Babilonia y junto al
exilarca dirigían a toda la diáspora judía. En el área de influencia de la
Yeshivá nadie podía ser nombrado a puesto público alguno sin la
avenencia del jefe de la Yeshivá (Rosh Yeshivá) ni se podía tomar
decisiones respecto a la recaudación de impuestos sin su
consentimiento. Estas personas, si bien se encontraban en la cúspide de
la pirámide jerárquica judía, cortaban leña para que arda la estufa en
Shabat. Asimismo, Rav Huna, Rav Jisda, Rav Papa y Raba fueron jefes
de Yeshivá en Babilonia y Rabí Abahu era el líder de la comunidad judía
de Eretz Israel.

Nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 34(A)): «Una persona debe


recitar tres cosas en su hogar en víspera del Shabat, previo a la puesta
del sol»: a) debe preguntar si se ha separado el diezmo de las frutas,
pues de no haberse hecho – debe hacerlo él; b) debe preguntar si fue
colocado el «Eruv de Patios» (Eruv Jatzerot) pues si no fue colocado –
debe hacerlo; c) debe hacer recordar que se enciendan las velas a
tiempo.
Hoy día, las frutas que nosotros normalmente compramos ya fueron
diezmadas y los encargados de la comunidad se ocupan de colocar el
«Eruv», por lo que no es necesario formular estas preguntas. Empero, se
debe revisar que la casa esté preparada para Shabat: que los «timers»
de la luz y el aire acondicionado estén conectados,  que los alimentos
hayan sido colocados sobre la plata eléctrica, que la luz del refrigerador
haya sido apagada y en el caso de los refrigeradores más modernos que
están ya en modo de Shabat (ver más adelante capítulo 17 incisos 8 y 9).
Asimismo, es bueno separar los envases plásticos de los postres lácteos
(ver adelante capítulo 15 inciso 14), abrir las botellas que tienen tapa
metálica (cap. 15 inciso 13) y también abrir antes de Shabat todas las
latas de conservas y las envolturas de los distintos alimentos (cap. 15
incisos 11 y 12).

07- La prohibición de ingerir una comida importante en vísperas de


Shabat.

El viernes es el día indicado para los preparativos de Shabat, y por lo


tanto los sabios prohibieron en este día fijar comidas importantes o
banquetes que superen, en envergadura, a lo habitual durante la
semana. Esto se debe a que si uno se excede en la comida del viernes 
al mediodía, no tendrá apetito para la comida del viernes por la noche
(Shulján Aruj Oraj Jaím 249:2). Más aún, comer abundantemente el
viernes a mediodía implicaría menospreciar el Shabat, en cuanto a que
se estaría equiparando sus comidas con las  de un día hábil (Prí
Megadim). Además, estar ocupado con un banquete o comida importante
el día viernes viene en detrimento de los preparativos para  el Shabat
(Maguén Abraham citando a Rabenu Jananel). Incluso tratándose de una
comida preceptiva, como el caso de la celebración de la conclusión del
estudio de un Tratado del Talmud, no debe fijarse para el viernes. Sin
embargo, antes del mediodía está permitido realizar una comida común
en honor a la conclusión del Tratado.

El Talmud nos relata (Tratado de Guitín 38(B)) sobre una familia


jerosolimitana que acostumbraba a celebrar banquetes el día viernes, y a
consecuencia de ello se empobreció y tuvo que abandonar la ciudad.

Cuando la fecha de un banquete preceptivo es fija, como en el caso de


un Brit Milá (ceremonia de circuncisión) al octavo día o un Pidión Haben
(el rescate de un primogénito) en el trigésimo, está permitido celebrarlo
un viernes. Esto se debe a que el día es fijo de acuerdo con la Torá y es
preceptivo honrar el cumplimiento de la mitzvá con una comida, y por lo
tanto su celebración no afecta el honor del Shabat. De todas maneras, lo
correcto es celebrar el banquete antes del mediodía  para no afectar los
preparativos sabáticos, y para que los asistentes coman la cena del
viernes con apetito (Shulján Aruj 249:3, Mishná Berurá 13, 695:10, Beur
Halajá que se inicia con la palabra ‫)מותר‬.

Lo que nuestros sabios prohibieron es un gran banquete, empero está


permitido ingerir a lo largo de todo el día viernes una comida corriente.
De todas maneras los sabios dijeron que es preceptivo no ingerir una
comida acompañada de pan en las tres horas anteriores al inicio del
Shabat, para llegar a la cena sabática apetentes. Algo de pasteles y
frutas  está permitido ingerir hasta el mero inicio del Shabat, a condición
de que su ingesta no venga en detrimento del apetito en la cena.

Algunos piadosos acostumbraban a no ingerir alimento alguno durante el


día viernes pues sentían que de hacerlo su apetito se vería disminuido
por la noche. A quien el ayuno le moleste o haga sufrir no es correcto
que lo practique, para no llegar al Shabat sufriendo (Shulján Aruj 249:2-
3, Mishná Berurá 18). De todas maneras es bueno que cada quien
administre sus ingestas durante el día viernes, a los efectos de llegar con
apetito a la cena de Shabat y así disfrutar de la misma.

08- La prohibición de realizar labores en la víspera de Shabat.

Los sabios prohibieron realizar labores a partir del horario de Minjá del
viernes y quien trabaja a partir de esa hora no verá bendición en su
esfuerzo. El horario de la prohibición es a partir de la «Minjá Menor»
(«Minjá Ktaná»), o sea, dos horas y media (temporales halájicas) antes
de la puesta del sol (Rashi).

Algunos juristas más rigurosos consideran que la prohibición entra en


efecto a partir del horario de la «Minjá Mayor» («Minjá Guedolá») que es
media hora temporal halájica posterior al mediodía (Maharam). Empero,
como se trata de una regla rabínica se puede aplicar a priori la opinión
menos rigurosa y trabajar hasta dos horas y media antes del inicio del
Shabat (Shulján Aruj Oraj Jaím 251:1, Mishná Berurá 3). Inclusive quien
ya terminó todos sus preparativos para el Shabat no debe de trabajar en
ese momento pues no es honroso para éste, que contiguo a su inicio un
judío se ocupe de una labor ajena a sus aprontes previos.

Los sabios prohibieron la realización de una labor permanente en esas


horas, empero, una labor temporaria está permitida. Por lo tanto en esas
horas está prohibido realizar trabajos de carpintería, sastrería,
electricidad, labores importantes de jardinería, trabajo en el computador,
escritura ritual de sifrei Torá, tefilín y mezuzot o revisación a sueldo de
libros, pues todas estas, son labores permanentes. En cambio un
especialista tiene permitido realizar una labor breve como, por ejemplo,
instalar una trampa para cazar animales, poner en remojo materiales a
los efectos de fabricar tinta o dar una orden al computador para que
realice una tarea compleja, pues todas estas son labores temporarias.

Asimismo, está permitido en esas horas realizar labores que no requieren


especialización, como por ejemplo, el riego de un jardín, la limpieza de
una habitación, la costura de un botón, el lavado de ropa en la máquina y
la escritura de una idea original de Torá («jidush») tanto sobre un papel
como en la computadora. Está permitido recibir paga por estas labores
temporarias, empero si se recibe un salario fijo para realizarlas cada
víspera de Shabat, aunque no requieren especialización, está prohibido
hacerlas pues la remuneración y la continuidad en el tiempo las
transforman en labores fijas (ver Ramá 251:1, Beur Halajá en el párrafo
que se inicia con la palabra ‫אגרת‬, Shmirat Shabat Kehiljatá 42:38-39 y allí
nota 133).

Está permitido realizar una labor fija e inclusive recibir pago por la misma,
a condición que esta se lleva a cabo como preparativo para el Shabat.
Por ejemplo, está permitido cortar el cabello a otros por dinero pues es
claro que la gente viene al peluquero en honor al Shabat. Asimismo, está
permitido manejar una remise o un taxi y llevar pasajeros antes de
Shabat porque es evidente que el viaje es parte de los aprontes para el
sagrado día. El electricista tiene permitido realizar reparaciones
remuneradas antes de Shabat. Empero el sastre, tiene prohibido reparar
vestimenta aunque vaya a ser usada en Shabat, pues a quien lo ve no le
queda claro que sea para el sábado y puede pensar que es para ser
usado cualquier otro día. En cambio, una persona que cose y  realiza el
trabajo gratuitamente, le está permitido  coser para sí o para otros una
prenda a ser vestida en Shabat. De esto se deduce que quien no es
sastre profesional tiene permitido coser o reparar prendas para ser
usadas en Shabat en esas dos horas y media previas al encendido de
velas (Shulján Aruj 251:2, Mishná Berurá 7, Beur Halajá en la palabra
‫)לתקן‬.

Los sabios flexibilizaron su prohibición en dos casos más: a) un indigente


que carece de lo necesario para recibir el Shabat  puede continuar
trabajando en esas horas (Mishná Berurá 251:5); b) se puede trabajar a
los efectos de evitar un daño económico importante. Por esta razón,
quien practica un oficio, puede terminar su labor en esas horas, si se
teme que dejarla inconclusa le llevará a perder el cliente (Beur
Halajá 251:2 en la palabra ‫ואינו‬, asimismo todo lo que está permitido
hacer en los días de Jol Hamoed está permitido en esas horas, Mishná
Berurá 5).

En cuanto  a la actividad comercial, la mayoría de los juristas es de la


opinión que no está incluida en la prohibición de realización de labores,
por lo que las tiendas pueden continuar vendiendo en esas horas. De
todas maneras, se deben cerrar los comercios al menos media hora
antes del inicio del Shabat para alcanzar así a bañarse y vestirse con
vestimenta sabática. Hoy día acostumbramos a ser más rigurosos y
cerramos las tiendas unas horas antes del inicio Shabat, salvo aquellas
que venden artículos necesarios para los preparativos de ese día, que se
mantienen abiertas hasta poco antes del encendido de velas (Mishná
Berurá 251:1 y 4, Beur Halajá en los párrafos que se inician con las
palabras ‫ העושה‬y ‫)ואינו‬.

Quienes viajan para Shabat deben planificar su viaje de manera tal que
puedan arribar a  destino al menos media hora antes del encendido de
velas, para poder aprontarse. Si el viaje es largo se debe tomar en
cuenta la posibilidad de que sucedan desperfectos que retrasen la
llegada. El Rav Mordejai Eliahu, de bendita memoria, recomendó, tomar
por precaución, el doble del tiempo del viaje de manera tal que si se trata
de un viaje de dos horas hay que partir cuatro horas antes del inicio del
Shabat.

09- Labores que se inician antes y se acaban por si mismas después


de  entrado el  Shabat.

El viernes está permitido empezar labores que se acaban por sí mismas


una vez entrado el Shabat. Por ejemplo, está permitido colocar sobre una
plata caliente una olla que contiene alimentos que aún no están cocidos
para que se sigan cocinando durante el Shabat, con la condición de que
desde el momento en que se inicia el Shabat y hasta que el platillo esté
completamente pronto, la olla no sea tocada ni la intensidad del calor de
la plata sea alterada (ver adelante capítulo 10 inciso 16). Está permitido
colocar telas en remojo con tintura para que absorban el color durante el
Shabat. Esto se debe a que las prohibiciones sabáticas recaen sobre
labores que realiza la persona misma en Shabat y no sobre labores que
se hacen solas. Según la escuela de Shamai, así como la persona debe
poner a descansar a su bestia en Shabat, también sus utensilios deben
hacerlo. Empero la halajá final es de acuerdo a la opinión de la escuela
de Hilel que considera que no hay prohibición de que los utensilios estén
activos en Shabat, por lo que se puede iniciar el viernes una labor que se
concluya sola durante el sábado (Shulján Aruj 252:1).

Por lo tanto, está permitido preparar el viernes el «timer» de manera tal


que las luces se apaguen y prendan durante el Shabat de acuerdo con
las necesidades de cada uno (ver cap. 17 inciso 6). Asimismo, está
permitido  activar antes de iniciarse el Shabat mangueras de riego, y si
bien está prohibido regar en Shabat (cap. 19 inciso 4), dado que la
activación del equipo se llevó a cabo antes de iniciarse el Shabat – no
hay prohibición. Esta regla se aplica también para maquinaria industrial
que funciona de continuo por muchos días y mientras no se tema que un
judío tenga que operarlas o repararlas, no es necesario desactivarlas
antes de  Shabat (Heijal Itzjak 19).

Sin embargo, en el caso de una labor sumamente ruidosa, como por


ejemplo el caso de las piedras de un molino, las opiniones se dividieron:
hay quienes son más rigurosos y entienden que esta labor no debe
continuar realizándose en Shabat en honor al día sagrado, mientras otros
opinan que dado que el mecanismo se activa antes de Shabat y durante
el día de descanso no se realiza ninguna labor – no está prohibido. Así
se sentenció en el Shulján Aruj (252:5). En opinión de Ramá, a priori
corresponde ser más riguroso y no iniciar una labor que genere ruido en
Shabat, empero en caso de pérdida económica o gran necesidad se
puede ser más flexible (ver más adelante cap. 22 inciso 19 que está
prohibido escuchar radio o ver televisión  en Shabat).

10- Un viaje en barco que incluye el día sábado.

Las prohibiciones de Shabat se aplican única y exclusivamente al día


sábado. De acuerdo a esto podríamos pensar que una persona tiene
permitido salir de paseo el día viernes a una zona peligrosa, y prolongar
el paseo hasta un minuto antes de iniciarse el Shabat y una vez iniciado
éste, argüir que está en zona de peligro y como el riesgo de vida («pikuaj
nefesh«) se antepone al Shabat, para salvarse debe continuar su camino
hasta llegar al poblado más cercano. En la práctica, si ya se encuentra
en zona de peligro en Shabat – tiene permitido profanarlo para salvarse.
Empero, a priori, un judío tiene prohibido ponerse a sí mismo en una
situación que lo obligue a profanar el Shabat más tarde. Por lo tanto,
nuestros sabios dijeron que desde el día miércoles el judío debe
planificar sus acciones de manera tal de no verse en la necesidad de
profanar el Shabat.

Por lo tanto, a partir del miércoles, nuestros sabios prohibieron


embarcarse tanto por trabajo como por paseo y esta prohibición se aplica
también en el caso de que los marineros no sean judíos (Tratado
de Shabat 19(A)).

Esto se debe a varias razones: se teme que se pueda producir una


circunstancia de peligro de vida y el judío se vea en la necesidad de
realizar labores náuticas prohibidas por la Torá (Rabi Zerajiá Halevi de
Gerona). Incluso en el caso que no haya probabilidad de que los
marineros les pidieran ayuda, pero si la mitad de los pasajeros son
judíos, resulta que la tripulación gentil está realizando en Shabat labores
para judíos, lo cual fue prohibido por los rabinos (Rambán). En el caso de
que la mayoría de los pasajeros sean gentiles, si el barco ha de navegar
en aguas poco profundas, allí donde no alcancen a haber diez palmos
entre el casco de la nave y el fondo del mar, se está trasgrediendo la
prohibición de salir fuera del área de Shabat (Rabenu Jananel). Incluso si
el barco navega en aguas profundas o ancla durante Shabat en altamar,
aún estamos ante una prohibición, pues hay gente que sufre de mareos y
pasar el sábado a bordo priva del placer o deleite sabático a algunas
personas (Rif).
En caso de que no se tema de que alguna de estas situaciones pueda
darse, como cuando la tripulación y la mayor parte de los pasajeros son
gentiles, sin que medie la posibilidad de que se le pueda pedir ayuda en
tareas náuticas a un judío, la travesía es por aguas profundas en una
embarcación grande y estable por lo que no es probable que se
provoquen mareos y podrá cumplirse con el deber del deleite sabático,
en ese caso se podrá abordar un minuto antes de iniciarse Shabat
aunque se trate de una travesía de placer.

Los tres primeros días de la semana está permitido embarcar en una


travesía de placer o turística aunque exista el temor de que en Shabat
pueda llegarse a ver forzado a trasgredir alguna prohibición. Esto se
debe a que en esos días el hombre no está obligado a limitar sus
acciones bajo sospecha de que pueda verse forzado posteriormente a
trasgredir el Shabat o privarse del deleite sabático. (En el caso de que
con total seguridad va a tener que profanar el Shabat según Rabí Zerajiá
Halevi de Gerona, el Ribash y el Shulján Aruj 248:4 puede embarcarse
los tres primeros días y en opinión de Rabí Iosef ben David Ibn Lev y el
Ridbaz está prohibido).

11- Una travesía en barco para cumplir con un precepto y la travesía en


un barco de judíos.

Lo que aprendimos respecto de la prohibición  de embarcarse en los tres


días anteriores al Shabat para no encontrarse en una situación que
forzosamente implique profanarlo o privarse de su deleite,  se aplica a
una travesía que no tiene por objeto cumplir con un precepto. Empero, si
la travesía tiene como meta el cumplir con un precepto y la nave es
propiedad de gentiles, está permitido embarcar hasta en vísperas de
Shabat. Hay quienes opinan que es necesario convenir con el dueño de
la embarcación que tire anclas en Shabat, y en caso que éste se niegue
a la petición el viaje estaría prohibido. Sin embargo, la mayoría de los
juristas sostiene que aunque el gentil no esté de acuerdo en
comprometerse a anclar en Shabat está permitido zarpar en su nave, si
se trata de un viaje que tiene por objetivo cumplir con un precepto.

Si la embarcación es de gentiles, aunque el viaje tenga por objetivo


cumplir con un precepto, igualmente está prohibido embarcarse en
Shabat, ya que nuestros sabios prohibieron navegar ese día, no vaya a
pasar que el judío se vea obligado a reparar la embarcación (Tratado
de Beitzá 36(B), Shulján Aruj 339:2). Si la fecha fijada para zarpar es un
día sábado, se puede abordar  antes de que entre el Shabat y quedarse
a bordo hasta que leve anclas. Hay quienes permiten recibir el Shabat a
bordo, para luego volver a la casa en tierra firme y nuevamente abordar
el día sábado y así zarpar. Quien así proceda no debe ser observado o
criticado (Shulján Aruj y Ramá 248:3).

Hasta aquí nos referimos a naves de propiedad gentil, empero en el caso


de embarcaciones cuyos dueños son judíos no observantes del Shabat,
los juristas han expresado diferentes opiniones respecto de si es
permitido o no abordarlas. Hay quienes opinan que en los primeros tres
días de la semana está permitido zarpar en sus naves, pues en estos no
es obligatorio planificar dónde se ha de pernoctar en Shabat (Tzitz
Eliezer 5:7). Sin embargo, en la práctica, está prohibido cooperar con la
profanación del Shabat, por lo que en los primeros tres días de la
semana tampoco se permite abordar naves de judíos no observantes
(Rabí Menajem Mendel Schneerson, Minjat Itzjak 3:39, Iejavé Daát 6:16).
12- Viajando en tren o en avión en vísperas de Shabat.

Está prohibido subirse a un tren o un avión en vísperas de Shabat si


sabemos que la travesía ha de prolongarse durante el Shabat. Aunque el
piloto o el chofer no sean judíos, esto está prohibido por varias razones:
a) la prohibición de salir fuera del área de Shabat (Tjum), ya que nuestros
sabios prohibieron alejarse del poblado que se habita más de dos mil
codos (unos 912 metros) y en caso de alejarse más de doce «mil» se
estaría trasgrediendo de acuerdo a la Torá (ver más adelante capítulo 30
inciso 1); b) por privar al pasajero del deleite sabático, pues al viajar hay
sacudidas y los asientos suelen no ser del todo confortables; c) los
sabios prohibieron viajar en una carreta manejada por un no judío, no
vaya a ser que el judío, sin querer, durante la travesía arranque una rama
de árbol para ayudar a guiar a la bestia y aunque en el caso de un tren o
avión esto no ha de ocurrir, la prohibición sigue en pie; d) en el mero acto
del viaje hay implícita una falta de respeto al Shabat pues viajar es una
actividad típica de día laboral (Ovadín de Jol). Sobre esto dijo Jatam
Sofer (VI: 97) siguiendo lo dicho por Rambán, que todo aquél que no
cesa sus labores y se comporta en Shabat como en un día hábil, deja sin
efecto el precepto de reposar en Shabat (ver más adelante cap. 22 inciso
1). (Ver más adelante cap. 30 inciso 11, respecto  de la regla referente al
área de Shabat en el caso de quien aterrizó o arribó a puerto en ese día).

11- Una travesía en barco para cumplir con un precepto y la travesía en


un barco de judíos.

Lo que aprendimos respecto de la prohibición  de embarcarse en los tres


días anteriores al Shabat para no encontrarse en una situación que
forzosamente implique profanarlo o privarse de su deleite,  se aplica a
una travesía que no tiene por objeto cumplir con un precepto. Empero, si
la travesía tiene como meta el cumplir con un precepto y la nave es
propiedad de gentiles, está permitido embarcar hasta en vísperas de
Shabat. Hay quienes opinan que es necesario convenir con el dueño de
la embarcación que tire anclas en Shabat, y en caso que éste se niegue
a la petición el viaje estaría prohibido. Sin embargo, la mayoría de los
juristas sostiene que aunque el gentil no esté de acuerdo en
comprometerse a anclar en Shabat está permitido zarpar en su nave, si
se trata de un viaje que tiene por objetivo cumplir con un precepto.

Si la embarcación es de gentiles, aunque el viaje tenga por objetivo


cumplir con un precepto, igualmente está prohibido embarcarse en
Shabat, ya que nuestros sabios prohibieron navegar ese día, no vaya a
pasar que el judío se vea obligado a reparar la embarcación (Tratado
de Beitzá 36(B), Shulján Aruj 339:2). Si la fecha fijada para zarpar es un
día sábado, se puede abordar  antes de que entre el Shabat y quedarse
a bordo hasta que leve anclas. Hay quienes permiten recibir el Shabat a
bordo, para luego volver a la casa en tierra firme y nuevamente abordar
el día sábado y así zarpar. Quien así proceda no debe ser observado o
criticado (Shulján Aruj y Ramá 248:3).

Hasta aquí nos referimos a naves de propiedad gentil, empero en el caso


de embarcaciones cuyos dueños son judíos no observantes del Shabat,
los juristas han expresado diferentes opiniones respecto de si es
permitido o no abordarlas. Hay quienes opinan que en los primeros tres
días de la semana está permitido zarpar en sus naves, pues en estos no
es obligatorio planificar dónde se ha de pernoctar en Shabat (Tzitz
Eliezer 5:7). Sin embargo, en la práctica, está prohibido cooperar con la
profanación del Shabat, por lo que en los primeros tres días de la
semana tampoco se permite abordar naves de judíos no observantes
(Rabí Menajem Mendel Schneerson, Minjat Itzjak 3:39, Iejavé Daát 6:16).

12- Viajando en tren o en avión en vísperas de Shabat.

Está prohibido subirse a un tren o un avión en vísperas de Shabat si


sabemos que la travesía ha de prolongarse durante el Shabat. Aunque el
piloto o el chofer no sean judíos, esto está prohibido por varias razones:
a) la prohibición de salir fuera del área de Shabat (Tjum), ya que nuestros
sabios prohibieron alejarse del poblado que se habita más de dos mil
codos (unos 912 metros) y en caso de alejarse más de doce «mil» se
estaría trasgrediendo de acuerdo a la Torá (ver más adelante capítulo 30
inciso 1); b) por privar al pasajero del deleite sabático, pues al viajar hay
sacudidas y los asientos suelen no ser del todo confortables; c) los
sabios prohibieron viajar en una carreta manejada por un no judío, no
vaya a ser que el judío, sin querer, durante la travesía arranque una rama
de árbol para ayudar a guiar a la bestia y aunque en el caso de un tren o
avión esto no ha de ocurrir, la prohibición sigue en pie; d) en el mero acto
del viaje hay implícita una falta de respeto al Shabat pues viajar es una
actividad típica de día laboral (Ovadín de Jol). Sobre esto dijo Jatam
Sofer (VI: 97) siguiendo lo dicho por Rambán, que todo aquél que no
cesa sus labores y se comporta en Shabat como en un día hábil, deja sin
efecto el precepto de reposar en Shabat (ver más adelante cap. 22 inciso
1). (Ver más adelante cap. 30 inciso 11, respecto  de la regla referente al
área de Shabat en el caso de quien aterrizó o arribó a puerto en ese día).

01- Los tiempos del Shabat.

En todo lo referente a la Torá, la noche antecede al día tal como está


escrito (Bereshit 1:5): «Acaeció la tarde (noche) y le sucedió la mañana:
Día uno». Esto implica que la jornada comienza por la noche, por lo
tanto, Shabat, la séptima jornada, comienza por la noche. En la
concepción judía de mundo, se vislumbra una idea sublime y es que la
noche y la oscuridad anteceden al día y a la luz. Al inicio surgen las
incógnitas y las dudas por lo que el ser humano se encuentra en una
situación de oscuridad e incertidumbre, y es a partir de esta situación que
se van dilucidando las respuestas y la luz lo va iluminando. Asimismo,
vemos en nuestra historia nacional que en un inicio fuimos esclavizados
por el Faraón en Egipto y luego fuimos liberados, recibimos la Torá e
ingresamos a la Tierra de Israel. Así fue siempre la historia judía,
primeramente la oscuridad y las desgracias y posteriormente la luz y la
redención. En una primera instancia enfrentamos las dificultades para
posteriormente elevarnos por encima de estas y completarnos. Empero,
en el seno de las demás naciones el día precede a la noche, de modo tal
que etnia tras etnia ocupa en su turno y con gran pompa el centro del
escenario internacional por un período de tiempo, y luego, cuando
comienzan a surgir las dificultades, sobreviene la noche, la nación en
cuestión decae y en algunos casos también  desaparece. Eso es lo que
ocurrió con los babilonios, los persas, los griegos y los romanos. El
secreto de la permanencia del Pueblo de Israel está relacionado al
principio de que la noche antecede al día.

Volviendo a nuestro tema, la noche antecede al día y por eso el séptimo


día se inicia al caer la noche. Empero, nuestros sabios dudaron cuándo
exactamente comienza la noche, ¿acaso comienza con la puesta del sol
y la desaparición del astro rey de nuestro campo visual o cuando
oscurece por completo y se pueden divisar en el firmamento tres estrellas
de tamaño mediano? En otras palabras, la pregunta es si el día y la
noche son definidos por el sol o por la luz. En la Tierra de Israel hay una
diferencia de unos veinte minutos entre la puesta del sol y la salida de las
estrellas. Este lapso varía de acuerdo con las estaciones del año y la
altura por sobre el nivel del mar de cada localidad.

Otro de los fenómenos únicos del judaísmo radica en el hecho de que no


existe una respuesta terminante a cada pregunta y a veces se da lugar a
la duda. Esta halajá es un ejemplo de ello, el tiempo que transcurre entre
la puesta del sol y la salida de las estrellas se define como período que
quizás es noche y quizás día, por lo que recibe el nombre de «Bein
Hashemashot» o «entre los soles».

En la práctica, en cada precepto de la Torá, incluidos los relativos al


Shabat, se actúa conforme a la regla de que «en caso de duda, si el
precepto es de la Torá se aplica la opinión más estricta» («Sfeika
deoraita lejumra«). Por lo tanto, el Shabat se inicia con la puesta del sol y
concluye con la salida de las estrellas.

02- El precepto de prolongar el Shabat.

Desde el punto de vista de la santidad permanente del Shabat, sólo


cuando el séptimo día se inicia entra el Shabat. Sin embargo, es
precepto de la Torá agregar tiempo común al sagrado. Esto implica que
aceptamos sobre nosotros la santidad sabática un poco antes de que
comience el séptimo día. Lo mismo ocurre respecto al horario de salida
del Shabat. Si bien desde el punto de vista de la santidad sabática al
acabarse el séptimo día ésta cesa, se nos ordenó prolongarla por un
lapso que suceda a la salida del Shabat (Shulján Aruj 261:2. Escribió
el Beur Hahalajá que para la mayoría de los juristas este precepto tiene
su origen en la Torá).
Al añadir  tiempo extra al Shabat, demostramos cuán querido es para
nosotros el séptimo día al punto de que salimos a recibirlo antes de que
comience y lo acompañamos cuando éste parte.

Ya vimos anteriormente que respecto del tiempo que hay entre la puesta
del sol y la salida de las estrellas se duda si este pertenece al día o a la
noche  y es nuestro deber aplicar rigurosamente a período todas las
leyes del Shabat. Por lo tanto, para cumplir con el precepto de agregar
tiempo al Shabat es menester adelantar su recibimiento a un poco antes
de la puesta del sol. Las mujeres acostumbran a recibirlo al encender las
velas y en Jerusalém la tradición indica que se encienden las velas
cuarenta minutos antes de la puesta del sol, en Haifa treinta minutos
antes, en Tel Aviv y la mayoría de las ciudades veinte minutos antes. Los
hombres que rezan Minjá antes de la puesta del sol acostumbran a
recibir el Shabat más tarde si bien también éstos deben recibir el Shabat
algunos minutos antes de la puesta del sol para agregar del tiempo
profano al sagrado.

Quien quiera ser más riguroso e iniciar el Shabat antes será bendecido,
siempre y cuando reciba al séptimo día dentro de la hora y cuarto previa
(«plag haminjá»[1]) a la puesta del sol. Antes de este límite, de acuerdo a
la mayoría de los juristas está prohibido recibir el Shabat (Shulján
Aruj 263:4, Mishná Berurá 18).

El momento de conclusión del Shabat es cuando se divisan en el


firmamento tres estrellas medianas. Empero los sabios temieron que las
personas se confundan entre las estrellas grandes y las medianas, por lo
tanto establecieron que el Shabat concluya al divisarse tres estrellas
pequeñas. Para agregar del tiempo profano al sagrado es menester
esperar hasta poder divisar tres estrellas pequeñas agrupadas (Shulján
Aruj 293:2). Hoy en día no es necesario mirar a las estrellas sino que se
puede confiar en los relojes y las tablas horarias que se publican, pues el
horario de finalización del Shabat de estas publicaciones incluye ya el
tiempo agregado («tosefet Shabat»).

Este precepto nos enseña que existe una estrecha relación entre los días
hábiles y el Shabat y por lo tanto se puede agregar de lo profano  a lo
sagrado. De aquí aprendemos respecto del anhelo interior de lo profano
por conectarse con lo sagrado.

[1].Plag Haminjá o fracción del tiempo de la Minjá es una hora y cuarto antes de la noche,
esto es la mitad del tiempo entre la «Minjá Ketaná» y el final del día. Su uso principal es
para establecer horarios del rezo de Minjá, del encendido de velas tanto de Shabat como de
Jánuca (n. de t.).
03- Cómo se recibe el tiempo adicional del Shabat («tosefet Shabat»).

El tiempo adicional del Shabat se recibe mediante la palabra. Por


ejemplo, se puede decir: «Recibo sobre mí la santidad del Shabat». Hay
quienes opinan que también se puede recibir el tiempo adicional
mediante el pensamiento (Mishná Berurá 261:21). A partir del momento
en que se decidió recibir el Shabat hay que cuidarse de no realizar
ninguna labor (como explicaremos en el siguiente inciso).

Tal como ya vimos, las mujeres acostumbran a recibir el Shabat con el


encendido de velas que es cuando recitan la bendición «encender las
velas de Shabat». Por cuanto que lo mencionan en la bendición, se
asume que su intención es recibir en ese momento el Shabat, y de esa
manera cumplen con el precepto de sumar al día sagrado un tiempo
adicional. De acuerdo con la mayoría de los juristas, si una mujer así lo
desea, al encender las velas puede decidir para sus adentros que aún no
recibe el Shabat y por lo tanto podrá posteriormente realizar todavía
alguna labor o viajar en automóvil a la sinagoga. Empero, a priori, lo
mejor es que reciba el Shabat al encender las velas ya que hay juristas
que sostienen que en esta situación la decisión de posponer el
recibimiento del Shabat no es halájicamente válida. Por lo tanto, según
esta opinión, al encender las velas, ipso facto recaen sobre la mujer los
deberes sabáticos. Además, si no recibe el Shabat al encender las velas
se teme que pueda olvidarse de cumplir con el precepto de sumar al
Shabat ese tiempo adicional (Shulján Aruj 263:10, Shmirat Shabat
Kehiljatá 43:24, Yalkut Yosef 263:44).

Los hombres acostumbraban a recibir el Shabat mediante el recitado del


verso «Boí Kalá Shabat Hamalká» (Ven novia, la reina Shabat) en el
himno litúrgico «Lejá Dodí». Hoy en día, en muchas sinagogas no
alcanzan a recitar el «Lejá Dodí» antes de la puesta del sol, por lo que
para cumplir con el precepto de sumar al Shabat tiempo adicional, el
encargado de la sinagoga (el Gabai) debe declarar al concluir el servicio
de Minjá «Boí Kalá Shabat Hamalká» y de esa manera todos reciben el
Shabat. Si el encargado no lo declara, cada quien debe decir para sus
adentros «Boi Kalá Shabat Hamalká» o «Hinení mekabel al atzmí
kedushat Shabat» (Por la presente acepto sobre mí la santidad del
Shabat). Quien tema que si espera a la conclusión de la repetición del
servicio de Minjá, en el ínterin el sol puede ponerse por lo que se
arriesga a  perder la oportunidad de cumplir con el precepto de agregar al
Shabat tiempo adicional, puede decir en voz baja durante la repetición de
Minjá que acepta para sí el Shabat.

04- Reglas referentes a quien recibe el Shabat.


A partir del momento en el cual la persona recibe el tiempo adicional del
Shabat, debe abstenerse de realizar todas las labores prohibidas por la
Torá. También entran en vigencia las prohibiciones rabínicas a menos
que sea necesario realizarlas para preparar el Shabat o en caso de
imperiosa necesidad. El tiempo a disposición es hasta el final del
crepúsculo, o como lo dice la expresión hebrea «bein hashmashot» –
entre los soles. Esta flexibilidad relativa en la aplicación de las
prohibiciones rabínicas obedece al hecho de que los sabios no quisieron
que sus disposiciones entren en rigor en este tiempo adicional especial.
En virtud de esto y a modo de ejemplo, quien se olvidó de diezmar sus
frutas y tienen intención de ingerirlas en Shabat puede hacerlo aunque ya
haya recibido la santidad del día pues la prohibición de diezmar en
Shabat es de origen rabínico.

Quien ya recibió el tiempo adicional de Shabat, puede pedir a su


compañero judío que aún no lo hizo que realice para él una labor.
Normalmente las mujeres acostumbran a recibir el Shabat antes que los
hombres, pues ellas suelen encender las velas y recibir el Shabat en el
horario publicado en los calendarios, mientras que los hombres primero
van a la sinagoga a rezar Minjá de día hábil (viernes) y recién después
reciben el Shabat. En ese lapso intermedio, si bien la mujer ya recibió el
Shabat, puede pedirle a su marido que realice labores que a ella ya le
están vedadas como por ejemplo encender la luz o regular el horno
(Shulján Aruj 263:17, Mishná Berurá 64). Al salir el Shabat, quien aún no
haya hecho la havdalá puede pedir a quien ya la hizo que realice para él
una labor.

05- ¿Está permitido rezar Minjá una vez que se recibió el tiempo
adicional de Shabat?
Algunas sinagogas acostumbran a concluir sus servicios de Minjá de
viernes después de la puesta del sol, y por lo tanto quien espere a la
conclusión de este servicio para recibir el Shabat no puede cumplir con el
precepto de agregar un tiempo adicional al sagrado día. Cabe entonces
preguntarse si es posible recibir el Shabat y recién después rezar Minjá.

Según la opinión de algunos juristas quien ya recibió el Shabat no puede


rezar Minjá pues no se puede recitar un rezo de día hábil una vez que
entró el Shabat, y por otra parte todavía no se puede rezar Minjá de
Shabat pues fue establecido para este día propiamente dicho.

Por lo tanto, en opinión de estos juristas quien se equivocó  y recibió el


Shabat antes de rezar Minjá perdió esta plegaria y deberá rezar Arvit dos
veces; la primera para cumplir con el rezo de la noche y la segunda para
completar el servicio de Minjá perdido (Shulján Aruj 263:15, Mishná
Berurá 263:60). Lo mismo ocurre en el caso de una mujer que tiene
prohibido rezar Minjá después de haber encendido las velas de Shabat.
En caso de que quiera completar el rezo de Minjá perdido, deberá rezar
Arvit dos veces (Mishná Berurá 263:43). Por eso la única solución es
rezar Minjá más temprano y recién después recibir el Shabat. Allí donde
se acostumbra a rezar Minjá después de la puesta del sol se debe rezar
individualmente (sin minian) más temprano para poder alcanzar a recibir
el Shabat con su agregado de tiempo adicional, pues se trata de un
precepto de la Torá y por lo tanto se antepone al mandato rabínico de
rezar con minian (Shmirat Shabat Kehiljatá 46:5).

Empero, de acuerdo con la opinión de algunos juristas se puede rezar


Minjá de día hábil después de haber recibido el Shabat con su tiempo
adicional, pues ellos entienden que la recepción del Shabat con su
tiempo adicional implica la prohibición de realizar labores de la Torá en
ese lapso, prohibición que no aplica al servicio de Minjá. Esto se debe a
que en el período adicional no está permitido realizar labores prohibidas
por la Torá pero está permitido realizar labores prohibidas por los sabios,
y por lo tanto se puede rezar Minjá de día hábil. Sólo quien recibió el
Shabat junto a la congregación tiene prohibido rezar Minjá. Por lo tanto,
si la puesta del sol se avecina y aún no rezó Minjá, se recomienda recibir
el Shabat con su tiempo adicional (diciéndoselo para sí mismo) antes del
servicio y recién después rezar Minjá (Tzitz Eliezer 13:42, Minjat
Iehudá 9:20). Hay quien opina que en un caso así se debe recibir el
Shabat con su tiempo adicional únicamente con el pensamiento, dado
que es posible recibirlo por este intermedio y de esta manera podrá rezar
Minjá de día hábil (Iabía Omer 7:34).

La costumbre más extendida es que si la puesta del sol se avecina y aún


no se rezó Minjá, se recibe el Shabat con su tiempo adicional con la
palabra o con el pensamiento y luego se recita el servicio de Minjá de día
hábil. Las mujeres tienen permitido, a posteriori, rezar Minjá tras el
encendido de las velas. Empero, a priori, quien sabe que en la
congregación se tarda en  rezar Minjá, es mejor que cumpla con los
requisitos de todos los juristas y rece Minjá solo y alcance a recibir el
Shabat previo a la puesta del sol. Quien sabe que alcanzará a recibir el
Shabat con tiempo adicional durante la repetición en voz alta de Minjá, 
es mejor que se sume al rezo de la congregación y reciba Shabat con su
tiempo adicional cuando el oficiante repite el servicio en voz alta.

01- El precepto de encender velas en Shabat.


Es precepto rabínico encender velas en honor al Shabat y está
fundamentado en tres razones: a) Honrar al Shabat, pues la comida no
es importante u honorable si no se lleva a cabo con luz; b) Deleitar al
Shabat, pues ver lo que se come es parte del disfrute de los alimentos; c)
Para que reine la armonía en el hogar (Shlom Bait), pues cuando no se
pueden distinguir los muebles y demás objetos uno puede tropezarse con
ellos lo que lleva al enojo y al disgusto. Es tan importante iluminar la
mesa de Shabat, al punto que nuestros sabios dijeron que quien carece
de dinero para adquirir velas, que pida tzedaká a esos efectos (Shulján
Aruj 263:2).

Quien posee algo de dinero, debe adquirir primero pan para no ayunar en
Shabat, y si después le queda algo que compre una vela para iluminar y
sólo después, si le sobra dinero, que compre vino para el Kidush. Esto se
debe a que en caso de necesidad se puede realizar el Kidush con pan y
mediante la vela se deleita al Shabat. Por lo tanto es preferible que
encienda una vela en honor al Shabat en lugar de recitar el Kidush con
vino (Tratado de Shabat 23(B), Shulján Aruj 263:1 y 2).

Las velas de Shabat encierran una profunda expresión de la esencia


sabática. Una persona que vive sumida en la oscuridad  no encuentra lo
que busca, se tropieza y choca con sus propios muebles y percibe su
propia casa como un caos. A partir del momento en que enciende las
velas, llega la armonía al hogar y se da cuenta que todos sus muebles no
están sino para servirlo, y que todos sus enseres están en su sitio y
puede deleitar al Shabat con su comida. Asimismo, cuando se contempla
el mundo con una visión superficial este parece lleno de conflictos y
guerras, dividido y en discusión con las otras partes sin solución  a la
vista. Cada facción cree que eliminando al contrincante alcanzará la paz
y de esa manera los pleitos se prolongan sin fin. Empero, una vez que el
hombre profundiza en su meditación y contempla la Providencia
Superior, la oscuridad se desvanece y se manifiesta la Luz Divina. De
esa manera se da cuenta que todos los diferentes aspectos se
complementan de modo tal que  una mano invisible guía al mundo en
pos de su corrección, y que de todas las desgracias y sufrimientos
surgen redenciones y consuelos (ver arriba cap. 1 inciso 15).

Las velas de Shabat hacen las paces en el hogar mediante la adición de


luz e insinúan la corrección del mundo que se llevará a cabo mediante la
luz  de la Torá y de la fe. Esta es la intención básica del Shabat: sumar
luz de Torá y fe en el mundo. Nos parece que esta es la razón por la cual
el grueso de los judíos profesa tanto cariño a este precepto, pues alude a
la intención general del Pueblo Judío de traer la paz mediante la adición
de luz.

Desde esta perspectiva se puede entender lo que dijeron nuestros sabios


(Tratado de Shabat 23(B)) en cuanto a que quien cumple con el precepto
de las velas de Shabat con excelencia tendrá el mérito de engendrar
hijos eruditos de la Torá, ya que al esmerarse en la luz sabática recibirá
un hijo que agregará luz al mundo mediante el estudio de la Torá. Por lo
tanto, muchas mujeres acostumbran a rezar tras el encendido de velas
para que sus hijos crezcan y se hagan eruditos de la Torá.

Dijeron nuestros sabios que «el honor del Shabat es el encendido de las
velas. Si cuidáis las velas de Shabat Yo os haré divisar las velas de
Sion… y no precisarán de la luz del sol sino que Yo Mismo os
iluminaré… y las naciones irán tras vuestra luz… ¿y todo esto en mérito
de qué? En mérito de las velas que encendéis en Shabat» (Yalkut
Shimoní Behaalotejá).

02- ¿Dónde se colocan las velas de Shabat y quién debe encenderlas?

Es preceptivo que haya luz en todas las habitaciones que se han de usar
en la noche del viernes para que los miembros del hogar no se tropiecen
al caminar. Empero, lo principal del precepto es encender velas allí
donde se ha de comer pues de esta manera se honra y deleita al Shabat,
y por lo tanto es sobre estas velas que se recita la bendición (Ramá
263:10, Mishná Berurá 2). Si en la práctica, en el resto de las
habitaciones se cuenta con luz de focos eléctricos o luz que entra del
exterior, no es necesario encender allí velas.

Las velas deben mantenerse encendidas hasta la conclusión de la cena


y, a priori, hay que preocuparse de que haya luz en el hogar hasta la
hora de irse a dormir (Shmirat Shabat Kehiljatá 43:17). Hoy en día que
existe la posibilidad de encender una luz eléctrica, se debe dejar a priori
una luz encendida toda la noche para que quien se levante no se
tropiece.

El precepto del encendido de velas pertenece a todo el Pueblo Judío,


tanto a mujeres como a hombres, a casados como a solteros; pues todos
deben honrar y deleitar al Shabat. Empero,  en el seno del hogar la mujer
tiene preferencia en el cumplimiento del precepto, pues ella es la dueña
de casa y la responsable de su dirección. Por eso tiene el mérito de
cumplir con el mandamiento cuyo objetivo es traer armonía al hogar
(Shlom Bait), y por lo tanto, al encender ella las velas, todos los
miembros de la familia cumplieron por su intermedio. Empero, si la mujer
está demorada y se acerca el horario de la puesta del sol, es preferible
que su marido o uno de los hijos enciendan las velas y de esa forma no
entren en duda de profanación de Shabat (Shulján Aruj 263:2, Mishná
Berurá 262:11).

Del hecho que la mujer antecede al marido en el precepto del encendido


de las velas, aprendemos que la armonía en el hogar depende
principalmente del ama de casa. Asimismo, la luz de la Torá y de la fe
ilumina en el hogar por mérito de la mujer, pues mediante su conciencia
interior tan particular sabe cómo alumbrar el camino verdadero a su
marido e hijos orientándolos a estudiar Torá con ahínco. Tal como dijeron
nuestros sabios: «La recompensa que prometió HaShem a las mujeres
supera a la que prometió a los hombres», pues ellas envían a sus hijos a
la sinagoga a estudiar Torá y estimulan a sus maridos a prolongar las
sesiones de estudio en el Beit Hamidrash y les esperan hasta que
vuelven (Tratado de Berajot 17(A)). Empero, cuando la mujer no puede
encender las velas, el marido ha de hacerlo pues a posteriori, él también
puede traer armonía al hogar  e infundir en este un ambiente de fe y
Torá.

En el caso de que la mujer se ausente del hogar, como por ejemplo, si


fue al hospital o debió viajar por alguna necesidad y el marido se queda
en casa, éste debe encender las velas y recitar la bendición
correspondiente. Aunque haya en la casa una hija grande, el marido
debe encender las velas pues es el dueño de casa y si así lo desea
podrá pedir a su hija que lo haga, tanto para él como para el resto de los
miembros del hogar (Shmirat Shabat Kehiljatá 43 nota 46).

Hay quienes acostumbran que además de las velas de Shabat que


enciende la madre, todas las hijas que llegaron a la «edad de jinuj»
enciendan velas y reciten la bendición. Esa es la costumbre de Jabad.
Empero, según la mayoría de los juristas, sólo enciende velas el ama de
casa  y esta es la costumbre extendida en el resto de las comunidades
judías. Es bueno que cada mujer mantenga su tradición familiar en este
tema.

03- Con qué se enciende y en qué número.

El segundo capítulo del Tratado de Shabat presenta un amplio debate


respecto de «¿con qué se enciende y con qué no?». La regla general
indica que la mecha debe ser blanda y absorbente para atraer al aceite
de modo fluido, al tiempo que este debe ser del tipo que fluye con
facilidad hacia la mecha. De no ser así, la flama saltaría alrededor de la
mecha, la luz se vería disminuida y se corre el riesgo que,
instintivamente, alguien procure arreglar la vela y profane la prohibición
de encender fuego en Shabat.

Nuestros sabios dijeron que de todos los aceites aptos (ksherim), es


particularmente bueno encender con aceite de oliva pues fluye a las
mechas con facilidad y su luz es clara y diáfana (Shulján Aruj 264:6). Hoy
en día, la mayoría de las mujeres acostumbran a encender velas de
parafina, pues su luz es más potente y estable.

De este debate talmúdico se pueden inferir enseñanzas respecto de


cómo establecer armonía en el hogar. Así como la mecha necesita ser
blanda y absorbente al tiempo que el aceite debe ser liviano y de fácil
absorción, asimismo los cónyuges deben unirse en virtud de su
humildad. Así como mediante el encendido del fuego en la parte superior
de la mecha se irradia la luz común a la mecha y el aceite, de la misma
manera ambos cónyuges deben unirse, desarrollarse e iluminar mediante
el fuego de la fe y la luz de la Torá. Ante la ausencia de un objetivo
espiritual, el amor se marchita como todo ente material que se degrada.
Empero, cuando existe un objetivo espiritual común que da luz a sus
vidas, el amor gradualmente se intensifica.

Desde el punto de vista estrictamente halájico alcanza con encender una


sola vela, pues mediante esta se puede iluminar el hogar. La costumbre
extendida es encender dos velas, una simbolizando el precepto de
«Recordarás» -«Zajor»- y la otra recordando el precepto de «Cuidarás»
–»Shamor»– . Hay quienes acostumbran a encender una vela
suplementaria por cada miembro de la familia, otros encienden siete
velas por los días de la semana y otros encienden diez velas por los diez
mandamientos. Todas las costumbres se llevan a cabo cuando la mujer
pasa el Shabat en su propia casa, empero, si se hospeda en lo de otra
familia se acostumbra a que encienda solamente dos velas (Shmirat
Shabat Kehiljatá 43:3).

En el pasado, cuando la casa se iluminaba con velas, agregar más de


éstas era considerado una excelencia –»Hidur»- en el cumplimiento del
precepto, pues por su intermedio la casa se veía mucho más luminosa.
Empero, hoy día que se usa luz eléctrica, agregar velas no tiene el
mismo sentido original y alcanza con encender solamente dos
simbolizando los preceptos de «Recordarás» y «Cuidarás».

Se acostumbra a que una mujer que se olvidó de encender velas de


Shabat se sancione a sí misma encendiendo una vela más cada sábado
de ahí en más (Ramá 263:1). Todo esto a condición de que por efecto
del olvido no hubo luz alguna en el hogar; empero, si hubo luz eléctrica
aunque no haya sido encendida en honor al Shabat, dado que el deleite
del Shabat no fue anulado, no debe encenderse una vela suplementaria
de ahí en más (ver Darkei Moshé, Beur Halajá ‫ששכחה‬, Yalkut Yosef 263
nota 42).

04- La bendición del encendido.

Hay dos costumbres distintas en cuanto al encendido de las velas. Hay


quienes acostumbran a recitar la bendición antes de encenderlas tal
como lo indica la halajá en todos los preceptos, esto es, recitar la
bendición con anterioridad al cumplimiento del precepto. Por lo tanto
según esta costumbre primero se bendice: «Baruj Atá Hashem Elokeinu
Melej Haolam Asher Kidshanu Bemitzvotav ve Tzivanu Lehadlik ner shel
Shabat» y luego se procede a encender las velas. Así se decidió en el
Shulján Aruj y así acostumbran a hacer algunas mujeres de origen
sefaradí (Shulján Aruj Oraj Jaím 263:5, Iabía Omer 2:16).

Hay también quienes acostumbran a recitar la bendición después del


encendido, pues de acuerdo con la opinión de algunos juristas, al
mencionar el Shabat en la bendición la mujer que enciende está
recibiendo el Shabat y por lo tanto ya no puede encender fuego (Baal
Halajot  Guedolot). De acuerdo a la opinión de la mayoría  de los juristas,
si la mujer para sus adentros piensa que al recitar la bendición no está
recibiendo el Shabat, puede encender después del recitado. Sin
embargo, la mayoría de las mujeres se negó a proceder de esta manera,
por lo que se expandió la costumbre en la mayoría de las comunidades
judías que las mujeres primero encienden y luego bendicen, y al recitar la
bendición reciben el Shabat. Muchos juristas de las últimas generaciones
confirmaron esta costumbre como válida y apropiada. A los efectos de
que la bendición se considere anterior al encendido, las mujeres suelen
cubrirse los ojos al recitarla y los descubren solamente al concluirla para
disfrutar de la luz que irradian las velas. Así acostumbran a encender las
mujeres ashkenazíes (Ramá 263:5) y algunas de las sefaradíes, tal como
decretaron el Rabino Jaim Yosef David Azulay (Majazik Berajá 263:4) y
el Ben Ish Jai (Halajot Segundo Año, Noaj 58:8). Así acostumbraron a
encender las mujeres en Marruecos, Babilonia y otros países. De hecho,
es bueno que cada mujer encienda de acuerdo con la tradición familiar
que le inculcó su madre.

Cuando un hombre enciende velas de Shabat, como en el caso de un


soltero o un viudo, deberá recitar la bendición con anterioridad al
encendido, pues los hombres acostumbran a recibir el Shabat
verbalmente tras el servicio de Minjá de viernes en el Kabalat Shabat
(Shmirat Shabat Kehiljatá 43:30).

05- ¿Se puede cumplir con el precepto mediante iluminación eléctrica?

En caso de necesidad se puede cumplir con el precepto de las velas de


Shabat mediante el encendido de una luz eléctrica, ya que en ese caso
estamos ante algo similar a una vela pues el filamento incandescente es
como la mecha y la electricidad como el aceite. Empero, hay quienes
opinan que con un foco eléctrico no cumplimos, pues en el caso de la
vela el material ígneo se encuentra junto a la mecha y en el del foco esto
no es así. Sin embargo, la mayoría de los juristas opina que se puede
cumplir con el precepto mediante el encendido de un foco eléctrico, pues
en la halajá existe un consenso en cuanto a que la electricidad se
asemeja al fuego y todo aquel que enciende una luz eléctrica en Shabat,
por realizar la labor de encender fuego, profana el día y trasgrede la
Torá. De todas maneras, es mejor cumplir con el precepto mediante el
encendido de velas para así actuar conforme a todas las opiniones.
Además al encender velas se pone más claramente de manifiesto que se
trata de un encendido en honor al Shabat.

A priori, es preferible apagar la iluminación eléctrica antes de encender


las velas y volver a encenderla, especificando que lo hacemos en honor
al Shabat en el momento que estas son encendidas. De esta manera, el
precepto se cumple con mayor excelencia con ambos tipos de
iluminación simultáneamente. Además, si la iluminación eléctrica se
encuentra encendida, resalta menos el encendido de velas a manos de la
ama de casa. Por lo tanto, es bueno apagar la iluminación eléctrica unos
minutos antes del encendido de las velas de Shabat, y cuando el ama de
casa procede al encendido, que en primer término encienda la luz
eléctrica e inmediatamente después las velas, y al recitar la bendición
que la refiera a ambos encendidos. Todo esto es a priori, empero, en la
práctica se puede encender las velas de Shabat aunque la iluminación
eléctrica esté activada, y no hay que temer que se recite una bendición
en vano puesto que el encendido de velas implica luz adicional en honor
al Shabat (Ver en el inciso siguiente qué debe hacer quien se hospeda
en un hotel).

06- ¿Cómo deben encender velas dos familias que comen juntas en
Shabat?

Cuando una familia se hospeda en la casa de otra, hay quienes opinan


que sólo el ama de casa debe encender velas recitando la bendición
correspondiente, mientras que la invitada enciende velas sin recitarla,
pues estamos ante la duda de si el encendido es necesario. Esta es la
opinión del Shulján Aruj y esta es la usanza en muchas comunidades
sefaradíes. De acuerdo a la mayoría de los juristas y entre ellos el Ramá,
la invitada puede recitar la bendición del encendido, ya que cada vela
adicional aumenta la luminosidad. Esta es la usanza de todos los
ashkenazíes y de algunas de las comunidades sefaradíes, como el caso
de los inmigrantes de Marruecos.

En la práctica, hoy en día esta duda es conciliable ya que en todas las


casas hay varias habitaciones y se acostumbra a adjudicar una
habitación a los invitados, y en ese cuarto, según todas las opiniones, la
invitada puede encender velas y recitar la bendición. Si la cocina se
encuentra separada del salón comedor, la invitada puede encender allí
velas y recitar la bendición. De todas maneras el encendido más
importante es allí donde se cena, pero es preceptivo que haya también
luz en el resto de las habitaciones, por lo tanto cuando dos familias
pasan juntas el Shabat es conveniente que el ama de casa encienda sus
velas cerca de la mesa y las invitadas lo hagan en otros sitios, como por
ejemplo, la cocina y los dormitorios (ver Mishná Berurá 263:38 y ver
arriba inciso 2).

Es así que cuando se adjudica un apartamento especial para los


huéspedes, conviene que la invitada encienda allí velas y recite la
bendición. A los efectos de que se pueda disfrutar de la luz al regresar de
la cena sabática, es menester que se enciendan velas grandes de larga
duración. En caso de que las velas que se encienden sean de duración
común, es conveniente que la invitada se quede a su lado hasta que
oscurezca, o bien, que uno de los miembros de su familia antes de ir a la
cena de los anfitriones pase por el apartamento y vea las velas. En caso
de que nadie vea las velas una vez iniciado el Shabat no se lo estaría
honrando, y en ese caso tanto el encendido como el recitado de la
bendición serían en vano.

En los hoteles donde todos los huéspedes comen juntos en un mismo


salón comedor, es bueno que sólo una mujer encienda y recite allí la
bendición y las demás lo hagan en sus propias habitaciones (Shmirat
Shabat Kehiljatá 45:9). Empero, en la mayoría de los hoteles está
prohibido por temor a incendios que los huéspedes enciendan velas en
las habitaciones. A tales efectos y para permitirles el encendido, se
prepara una mesa especial en el salón comedor con velas para todas las
señoras. Según la tradición ashkenazí y la de algunas comunidades
sefaradíes, las señoras pueden encender allí sus velas y recitar la
bendición. De acuerdo a la tradición de la mayoría de las comunidades
sefaradíes, sólo la primera que enciende recita la bendición mientras que
las demás lo hacen sin recitarla.

Existe otra posibilidad y es que una señora encienda velas en el comedor


y recite la bendición y todas las demás enciendan un foco eléctrico en
sus respectivas habitaciones, pues ya vimos en el inciso anterior que de
acuerdo a la enorme mayoría de los juristas se puede cumplir el precepto
de esta manera. Inclusive, quienes actúen conforme a la opinión de
Ramá, es mejor que enciendan un foco eléctrico en la habitación, ya que
es preferible  cumplir con el precepto de esta manera y no en un sitio en
el cual algunas de las opiniones sostienen que no se debe hacerlo.
Además, es mejor encender un foco eléctrico en la habitación que
encender muchas velas en el salón comedor.

Empero, cuando los focos eléctricos del hotel son únicamente de gas
neón, no se debe recitar bendición al encenderlos pues carecen de
filamento incandescente como la vela. En este caso, según la tradición
ashkenazí, es mejor que todas las señoras enciendan velas en el salón
comedor. De acuerdo la usanza ashkenazí y de parte de las
comunidades Sefaradíes se han de encender con recitado de la
bendición y según la tradición de la mayoría de las comunidades
sefaradíes, la primera señora en encender recita la bendición y las
siguientes encienden sin recitarla. Quienes procuren cumplir el precepto
con excelencia han de preparar un foco eléctrico de filamento
incandescente y una toma de corriente con un «timer», para de esta
manera cumplir con el precepto en su completitud en la habitación,
encendiendo y recitando la bendición.

07- ¿Qué deben hacer los solteros o los casados que pasan Shabat
fuera de sus casas?

El precepto del encendido de velas incluye dos elementos. El primero


está vinculado al lugar, en cuanto a que la luz debe iluminar la habitación
en la cual se lleva a cabo la comida sabática y, asimismo, es necesario
que haya luz en los demás ambientes que serán usados en la noche de
Shabat. El segundo elemento está vinculado a la persona, quien tiene el
deber de encender velas en honor al Shabat, y por lo tanto, aunque
hubiese ya una luz encendida sobre su mesa, en vísperas del Shabat
debe apagarla, volver a encenderla y recitar la bendición en honor al
Shabat. Al encender el ama de casa las velas, todos los miembros de la
familia cumplen con el precepto.

En todos los casos en los cuales uno de los dos elementos está
presente, se debe encender las velas y recitar la bendición, y cuando
ambos elementos están ausentes, no se encienden velas de Shabat.
Por lo tanto, un hombre casado o un soltero que se hospedan en una
casa de familia no precisan encender velas,  pues desde el punto de
vista del encendido en el sitio donde se ha de comer el ama de casa ya
lo hace; y desde el punto de vista del precepto personal es secundario al
deber de los dueños de casa y así como ellos cumplen mediante el
encendido del ama de casa, de la misma manera lo hacen los
huéspedes.

Cuando el huésped se aloja en un apartamento separado y come junto a


sus anfitriones, si se trata de un soltero acostumbrado a encender velas
todos los sábados en su casa, según el aspecto del deber personal debe
encender velas y recitar la bendición correspondiente allí donde dormirá.
Empero, en el caso de un soltero que vive con sus padres o un casado,
no tiene el deber de encender allí velas ya que hay quienes opinan que él
cumple mediante el encendido de su esposa o madre en la casa y
además el encendido de la anfitriona lo exime  de obligación. Desde el
punto de vista del lugar, de todas maneras ya hay luz eléctrica en el
apartamento en el cual se aloja. Por lo tanto, es bueno que el invitado le
dé a los anfitriones un shekel para participar así del encendido de sus
velas.

Quien ingiere la comida de Shabat en su habitación,  aunque esté


casado o se trate de un soltero que vive con sus padres, desde el punto
de vista del lugar debe encender allí las velas y recitar la bendición. En el
caso de soldados, tanto casados como solteros, deben procurar que uno
de ellos encienda velas y recite la bendición para todos en el comedor.
Asimismo deben preocuparse que llegue algo de luz a las habitaciones
en las cuales duermen.
Mujeres que acostumbran a encender velas Shabat tras Shabat, si bien
desde el punto de vista estrictamente halájico quedan exentas del
precepto con el encendido del ama de casa, se acostumbra a que no
cumplan por ese intermedio para así poder realizar el precepto ellas
mismas. Tal como vimos en el inciso anterior, los juristas están divididos
en sus opiniones en cuanto a dónde podrán las invitadas recitar la
bendición.

Es preceptivo estudiar Torá en cuantía en Shabat, tal como dijeron


nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 15:3) «Los
sábados y días festivos no fueron dados al Pueblo de Israel sino para
que en ellos estudien Torá». Asimismo dijeron: «La Torá le dijo al Santo
Bendito Sea: cuando los hijos de Israel entren a la Tierra Prometida cada
quien irá tras su viñedo y tras su parcela de tierra, ¿qué será de mí? Le
respondió: tengo para ti un cónyuge y se llama Shabat y en el cual los
judíos cesarán de sus labores y se dedicarán a estudiarte» (Tur Oraj
Jaím 290). Además, agregaron nuestros sabios que «El Santo Bendito
Sea le dijo al Pueblo de Israel: hijos míos, yo escribí en mi Torá: «Este
libro de la ley no se apartará de tu boca sino que meditarás en él día y
noche»(Iehoshúa 1:8), a pesar de que trabajáis seis días a la semana el
Shabat debe ser enteramente dedicado a la Torá. De aquí que dijeron
que una persona en Shabat debe levantarse temprano y estudiar Torá,
luego ha de ir a la sinagoga y a la casa de estudio y ha de leer la Torá y
los Profetas, luego ha de regresar a su casa a comer y a beber para
cumplir lo que está escrito (Eclesiastés-Kohelet 9:7): «Ve, come tu pan
con alegría y bebe tu vino con corazón alegre».

Nuestros sabios enseñaron que se debe dividir el tiempo del Shabat en


dos: una mitad para HaShem en la cual se estudia Torá en la casa de
estudio y la otra mitad para el deleite; comer manjares, beber y dormir
(Tratado de Pesajim 68(B)). Empero, hay quienes opinan que la división
del tiempo en mitades iguales corresponde únicamente a los días
festivos (Iamim Tovim), en tanto que en Shabat que está destinado
íntegramente al estudio de la Torá, se debe dedicar más de la mitad del
tiempo a esta actividad (Bait Jadash de acuerdo al Rambam). Sin
embargo, la mayoría de los juristas considera que la intención de
nuestros sabios fue que también en Shabat dividamos el tiempo en
partes iguales, una mitad para el estudio y la otra para los placeres
corporales. De acuerdo a esto, resultaría que en Shabat se deben
dedicar doce horas y media al estudio de la Torá ya que el Shabat, con
su tiempo adicional, se extiende por veinticinco horas. En la práctica, nos
parece que se puede ser más flexible pues las siete horas diarias que el
ser humano necesita dormir no pueden entrar en la cuenta y por lo tanto
nos quedan ahora dieciocho horas, de las cuales se pueden dedicar
nueve al estudio y nueve a los placeres corporales tales como comida,
bebida y descanso. Si bien la actividad espiritual central es el estudio de
la Torá, algunos juristas sostienen que se puede flexibilizar e incluir las
horas de rezo en la cuenta de las de estudio con la condición de no
prolongar demasiado las horas de oración. De esto resulta que se
necesita dedicar al estudio de la  Torá unas seis horas, que, sumadas a
las tres de los diferentes rezos completan las nueve antes mencionadas.
A la directiva rabínica de dividir el tiempo del Shabat en partes iguales
entre actividades espirituales y actividades físicas se le agrega otra que
indica que los eruditos de la Torá que durante la semana afligen su
cuerpo con largas horas de estudio, en Shabat deben dar algo de
preferencia a los placeres físicos, mientras que las personas que por
causa de sus trabajos durante la semana no pueden estudiar lo
suficiente, deben priorizar en Shabat el estudio (Talmud Jerosolimitano
Tratado de Shabat 15:3, Pesikta Rabatí final del capítulo 23, Beit
Iosef 288:1). Asimismo Ramá sostiene (290:2) que «quienes se dedican
principalmente a trabajar y por lo tanto no estudian Torá durante la
semana deben estudiar en Shabat más que los eruditos que se dedican
al estudio diariamente. En Shabat los estudiosos de la Torá deben
dedicarse un poco más a los deleites de la comida y la bebida, pues se
deleitan en el estudio durante la semana».

Esto se debe a que el Shabat está destinado a completar a la persona


tanto espiritual como físicamente. Las personas que trabajan durante
toda la semana necesitan completarse en el estudio, mientras que los
eruditos que desgastan su cuerpo durante toda la semana con largas
jornadas de estudio necesitan completarse mediante deleites físicos. De
todas maneras, tanto unos como otros, en Shabat deben darle espacio a
los deleites tanto físicos como espirituales, ya que en la conjunción
ambos se retroalimentan, alcanzando así el individuo la completitud y un
deleite profundo y verdadero.

02- ¿Qué se estudia en Shabat?

El estudio de Torá en Shabat debe llevarse a cabo en una atmósfera de


alegría y deleite. Por esta razón, algunos juristas escribieron que no se
deben estudiar cuestiones difíciles y complicadas pues cuando el
estudiante no entiende lo que estudia siente pesar y se angustia. Por lo
tanto, este día es bueno repasar asuntos que ya son bien sabidos o
cuestiones claras y comprensibles para cada quien según su nivel.
Incluso en el caso de los eruditos, es bueno que estudien en Shabat
cuestiones sencillas que no desgastan (Or Zarúa, Iaavetz). Otros juristas
opinan que por el contrario, es bueno que los eruditos en Shabat
estudien y profundicen sobre cuestiones difíciles (Majzik Berajá 290:6).
Nos parece que no estamos ante una contradicción sino que todo
depende de la persona: quien disfruta objetando y argumentando – que
estudie pasajes difíciles, y quien disfruta la comprensión fluida – que se
dedique a temas más accesibles.

Lo principal del estudio es que se oriente a cuestiones que dirigen a la


persona en pos del recto vivir, tal como está escrito (Devarim 5:1): «para
que los aprendáis y cumpláis». Asimismo, los juristas escribieron que
quien dispone de pocas horas para estudiar, que las dedique al estudio
de la halajá. Además, que estudie temas referidos a la fe y la moral para
elevar su pensamiento y corregir sus acciones (Mishná
Berurá 290:6, Derishá, Shaj, Taz a Ioré Deá 246, Shulján Aruj Harav
Hiljot Talmud Torá 2:9). Si esta es la instructiva para los días de semana,
con más razón aún los temas a estudiar en Shabat; estos deben estar
orientados a la vida práctica ya que el Shabat es la esencia interior de la
semana y tiene por cometido iluminar a los seis días hábiles. Cada quien
debe pensar qué tipo de estudio además del halájico ilumina su vida con
mayor intensidad: los libros que versan sobre la fe («Emuná»), el Tanaj,
los de ética o los de jasidismo. Los eruditos que se ocupan toda la
semana de toda la gama de temas de estudio no precisan estas
instructivas y pueden estudiar aquello que deseen.

Es bueno generar innovaciones (jidushei Torá) en el estudio de Shabat.


Sobre esto nos dice el Zohar (III 173:1) que al salir el Shabat, cuando el
alma suplementaria que recibimos retorna a su sitial, el Santo Bendito
Sea se pregunta qué cosa nueva innovó cada judío en su estudio
mediante este alma suplementaria (Shnei Lujot Habrit a Shabat Ner
Mitzvá 53). Aquí no nos referimos a innovaciones que implican esfuerzo 
y aflicción sino innovaciones originadas en la alegría que proporcionan
nuevas formas de comprender la vida. Quien no sabe innovar en el
estudio – que estudie algo nuevo (Majazik Berajá 290:5; Kaf HaJaím 5).

Quien tiene hijos es bueno que estudie con ellos Torá en Shabat y
cumpla así una gran mitzvá, pues por una parte es precepto del padre
enseñar a su hijo Torá tal como está escrito (Devarim 11:19): «Y las
enseñaréis a vuestros hijos». Sobre esto dijeron nuestros sabios (Tratado
de Kidushín 30(A)): «todo aquel que enseña Torá a su hijo es
considerado como que le enseñó también a sus descendientes hasta el
fin de las generaciones», tal como está escrito (Devarim 4:9): «y las
hagas conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos». Esto se debe a que
al enseñarle a su hijo, la Torá continúa pasando de generación en
generación hasta el final de todas las generaciones. Sobre esto dijeron
nuestros sabios que un abuelo que tiene el mérito de enseñar Torá a su
nieto, alcanza el grado de ser considerado como «si hubiese recibido la
Torá en Sinai», tal como está escrito (Devarim 4:9-10): «y les hagas
conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos» e inmediatamente después
dice la Torá «el día en que permaneciste ante el Eterno en Horeb». Dado
que la Torá fue entregada en Shabat, este es el día más apropiado para
ocuparse de su transmisión.

03- Dormir en Shabat.

Entre los diferentes preceptos que componen el deleite del Shabat se


encuentra el dormir plácidamente, tal como dijeron nuestros sabios:
«dormir en Shabat es un placer». Empero, no es correcto dormir en
Shabat para poder trabajar el sábado por la noche, pues de esa manera
transformamos al Shabat en inferior jerárquicamente al día hábil.
Asimismo no se debe de dormir en Shabat para poder estudiar Torá el
sábado por la noche, pues de esa forma la persona pierde las horas
sagradas sabáticas en las que el estudio es más importante que el que
se lleva a cabo en un día hábil (Ben Ish Jai Halajot Segundo año en el
prólogo a Shemot escribió que de acuerdo a los cabalistas el estudio de
Torá sabático es mil veces más efectivo que el de un día hábil. Ver
adelante capítulo 22 inciso 15).

Asimismo, no es correcto trabajar más intensamente el jueves o el


viernes asumiendo que en Shabat se podrán completar horas de sueño.
Al contrario, el precepto es prepararse en los días hábiles para el Shabat,
tanto se trate de la preparación de alimentos como de la limpieza del
hogar, el lavado de la ropa y el aseo corporal. En términos generales,
otro preparativo del Shabat es llegar a este descansados y no agotados
para poder concentrarnos en el estudio, en el rezo y deleitarnos con las
comidas como corresponde. Solamente a posteriori, en caso de fuerza
mayor y de ser muy necesario, se puede trabajar más de lo común el
jueves o el viernes al punto de llegar cansados al Shabat. En ese caso,
se puede, a posteriori, completar horas de sueño en Shabat. empero está
prohibido planificarlo así a priori. Lo que dijeron nuestros sabios en el
sentido de que el dormir en Shabat es un deleite, se refiere a que si una
persona acostumbra a dormir a diario siete horas que en Shabat duerma
ocho para sentirse más fresco y más descansado, mas no tuvieron la
intención de que los judíos transformen al Shabat en la servidora de los
días hábiles, usándolo como oportunidad de completar horas de sueño
en beneficio de las jornadas laborales.

En lo referente a la siesta de los hombres  existen diversas tradiciones.


El Rambám (Shabat 30:10) escribió, que los «primeros justos»
(denominación de aquellas personas que solían actuar con esmero y
dedicación. N. de t.) acostumbraban levantarse muy temprano en la
mañana, rezar los servicios de Shajarit y Musaf, volver a sus hogares
para ingerir la segunda comida sabática y luego se retiraban a la casa de
estudio donde estudiaban de continuo hasta el anochecer. Allí rezaban
Minjá e ingerían la tercera comida hasta que el Shabat concluía. Hay
juristas que opinan que si una persona acostumbra a dormir la siesta al
mediodía que continúe con su práctica, pues el dormir es parte del
deleite sabático (Tur 290). Empero, hay que cuidar que las horas de
sueño no sean excesivas al punto de que la persona no pueda dedicar el
tiempo necesario al estudio. Ya vimos en el inciso primero, que el tiempo
mínimo que se debe dedicar al estudio de Torá son seis horas y por lo
tanto, cuanto más prolongada sea la siesta al mediodía, mayor será la
cantidad de horas de estudio a adicionar en la noche del viernes después
de la cena o el sábado temprano por la mañana.

Es importante cuidarse de no ingerir alimentos en exceso durante las


comidas sabáticas ya que el hacerlo provoca un sopor que dificulta el
estudio. Además, el comer en exceso no se condice con el deleite del
Shabat, pues se disfruta del sabor del alimento sólo cuando este pasa
por el paladar, empero luego, la sensación puede ser de pesadez y hasta
de depresión ya que todas las energías corporales están concentradas
en realizar la digestión. Tras semejante ingesta es muy difícil
concentrarse en el estudio o mantener un diálogo profundo o significativo
con los miembros de la familia. Por lo tanto, es importante evitar
exageraciones con la comida en Shabat de modo tal que su ingesta  y
sus sabores agreguen bríos y vitalidad al estudio de Torá. A quien de
todas maneras la ingestión de alimentos le cansa, que duerma un poco al
concluirla y se levante así animado para estudiar Torá.

04- La disertación («Derashá») de Shabat.

Tradicionalmente, en Shabat debe haber una conferencia importante a la


que todos concurren y en la cual los eruditos de la Torá disertan sobre
temas referentes a la ley y la fe. Esta importante praxis decretada por los
sabios tiene su fundamento en la orden dada por Moshé en la porción de
«Vaiakhel»: «El Santo Bendito Sea le dijo a Moshé: congrega
comunidades multitudinarias y enséñales públicamente las leyes del
Shabat para que aprendan para todas sus generaciones a reunir a las
multitudes sábado a sábado en las casas de estudio, para enseñarles lo
prohibido y lo permitido, para que Mi Gran Nombre sea  loado entre mis
hijos». De aquí que dijeron nuestros sabios: Moshé instituyó que el
Pueblo de Israel en cada tiempo festivo estudie los temas referentes al
mismo, leyes de Pesaj en Pesaj, leyes de Shavuot en Shavuot, leyes de
Sucot en Sucot. Dijo Moshé a los hijos de Israel: si vosotros cumplís con
este orden de estudio, Hashem va a considerar como que lo habéis
coronado en Su reino, tal como está escrito «Por tanto sois Mis testigos,
dice el Eterno, y Yo soy Hashem» (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408).
Está prohibido fijar una comida durante la disertación (Shulján
Aruj 290:2). Nuestros sabios dijeron que esta es una de las razones por
las cuales gente rica pierde sus posesiones. Hubo una familia en
Jerusalém que fijó su comida a la hora de la disertación, y por esta razón
dejó de existir (Tratado de Guitín 38(B)).

Rabí Zeira contaba que en un inicio pensó que toda la gente que corría
para llegar a la disertación estaba profanando el Shabat por no caminar
pausadamente. Empero, tras oír las palabras de Rabí Iehoshúa ben Leví
que decía: «es bueno correr para cumplir con un precepto, inclusive en
Shabat», él también comenzó a correr para llegar a la disertación
(Tratado de Berajot 6(B)). Dado que la disertación era para todo público,
resultaba muy difícil adaptar su nivel de dificultad al de todos y cada uno
de los asistentes. En algunos casos los alumnos ya sabían todo lo que el
rabino disertaba y en otros no entendían nada. Sobre esto dijeron
nuestros sabios que la mayor recompensa por asistir a la disertación es
el correr para llegar a ella (Tratado de Berajot 6(B)). Esto se debe a que
en virtud de que la gente corre, se apresura y se aglomera, aumenta la
dignidad de la Torá, la Divina Presencia se posa entre los hijos de Israel
y de esa manera tienen la posibilidad de reforzar su fe y su conexión a la
Torá y los preceptos. De todas maneras, quien no asiste a la disertación
debe estudiar Torá a la misma hora, y de ninguna manera habrá de fijar
su comida o un paseo en ese momento (Mishná Berurá 290:7).

Lo más importante de la disertación es poder enseñarle al público


general halajot prácticas y orientarlo en los caminos de Hashem, tal
como dicen nuestros sabios (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408): «enseñar e
instruir al Pueblo de Israel lo prohibido y lo permitido por la Torá». Una
vez Rabí Abahu y Rabí Jía Bar Aba coincidieron en un mismo lugar; Rabí
Abahu disertó sobre Agadá y Rabí Jía lo hizo sobre Halajá. La mayoría
de los oyentes de Rabí Jía abandonaron su disertación y se pasaron a la
de Rabí Abahu. Rabí Jía se molestó pues Rabí Abahu hizo una
excepción  a la norma aceptada en cuanto a que la disertación debe
versar sobre Halajá y no sobre Agadá, y si bien Rabí Abahu intentó
disculparse, Rabí Jía siguió molesto (Tratado de Sotá 40(A)). Es muy
razonable pensar que Rabí Abahu consideró que el público estaba en un
nivel bajo por lo que era necesario atraerlo y animarlo con palabras de fe
y Agadá, al tiempo que Rabí Jía entendió que el público estaba apto para
escuchar una disertación de Halajá.

En la práctica, todo depende del público y de lo que necesita. En general


es bueno combinar en la misma disertación palabras de Halajá y sus
motivos junto con cuestiones de fe y ética habiendo sido esta la usanza
de muchos de los grandes maestros del Pueblo de Israel (ver Tur Oraj
Jaím 290, Bait Jadash, Maguén Abraham, Shulján Aruj
HaRav 290:3, Mishná Berurá 6).

Sobre los líderes comunitarios pende la responsabilidad de reforzar el


estudio público de Torá en Shabat estableciendo distintas clases en
variados temas, tanto para hombres como para mujeres, jóvenes y
adultos, sobre Halajá, Agadá, Tanaj y Talmud, para que de esta manera
todos los segmentos de la población puedan asistir. Asimismo, es
importante fijar una disertación central para todo público tal que de esa
manera se pueda encumbrar a la Torá y fortalecer su status en la
sociedad.

05- Mujeres y estudio de Torá.


Existe una diferencia importante entre el deber de estudio de Torá en el
hombre y en la mujer. En el caso de los hombres, una vez que ya
aprendieron todas las halajot básicas y todos los fundamentos del
judaísmo deben todavía fijar horarios para el estudio, repasar lo ya
estudiado y profundizar. A ellos se les instruyó: «Este libro de la ley no se
apartará de tu boca sino que meditarás en él día y noche» (Iehoshúa
1:8). Si bien durante todos los días hábiles en los que es necesario
trabajar se cumple con el precepto del estudio de la Torá mediante un
capítulo por la mañana y otro por la noche (Tratado de Menajot 99(B)), al
llegar el Shabat este versículo debe ser cumplido literalmente, tal como
dijeron nuestros sabios «El Shabat ha de ser todo Torá» (Taná de Bei
Eliahu 1, arriba inciso primero).

Sin embargo, las mujeres no deben fijar un tiempo para el estudio de la


Torá, siendo su deber conocer las indicaciones de la sagrada Torá para
la vida, a fin de que esta pueda iluminar y dirigir sus caminos tanto en la
parte halájica como en la parte ética y de fe. En el caso de la mujer a la
que le alcanza con un poco de estudio a los efectos de aprender lo
necesario, puede contentarse con esto, y quien siente que necesita más
es su deber continuar estudiando. Todo depende del carácter de la mujer
y cambia según la época. Hubo tiempos en los cuales un poco de estudio
le alcanzaba a la mayoría de las mujeres, mientras que hoy en día, que
la vida se tornó más compleja y la sabiduría general se ha diseminado
por el mundo, se hace necesario que las mujeres estudien mucha más
Halajá, fe y ética (Peninei Halajá Likutim Jelek Alef 1:15).

Dado que las mujeres no tienen el deber de fijar horarios para el estudio
de la Torá todos los días y todas las noches, tampoco están obligadas a
dedicar al estudio la mitad del tiempo del Shabat. Empero, dado que el
estudio alegra tanto a hombres como a mujeres, es preceptivo que éstas
estudien Torá como parte del deleite espiritual del Shabat. Además, las
mujeres deben estudiar Halajá y fe,  y dado que el Shabat es apropiado
para el estudio de la Torá tanto por su santidad como por el hecho de
que la Torá fue entregada en ese día, es bueno que ellas fijen clases
sobre los diferentes temas antes mencionados. Empero, por cuanto que
desde el estricto punto de vista reglamentario las mujeres no están
obligadas a estudiar, durante los años en los que están ocupadas con
niños pequeños a su cargo están exentas de fijar un estudio propio en
Shabat. Sin embargo, mujeres que no tienen niños pequeños a su cargo
es bueno que estudien mucho en Shabat, con alegría y comodidad. En el
caso de las mujeres que tienen muchas ocupaciones domésticas, es
bueno que fijen algún tipo de estudio en Shabat o que participen de
alguna clase, puesto que también ellas necesitan de las instructivas de
nuestra Torá. Sabemos que en los días de nuestros sabios talmúdicos,
las mujeres participaban de las disertaciones de Shabat al punto que en
algunas oportunidades estas se prolongaron y las señoras demoraron en
retornar a sus hogares. Es una gran virtud  cuando una pareja disfruta el
estudiar juntos, pues mediante este estudio la Divina Presencia reposa
entre ellos y la Torá dirige sus vidas. Empero, en el caso de una pareja a
la que le es difícil estudiar juntos  no deben de lamentarse pues a veces
el gran cariño que hay entre ellos dificulta la concentración.

06- La lectura de la Torá en Shabat.

Moshé Rabenu decretó que el Pueblo de Israel lea la Torá de un rollo de


pergamino escrito con tinta los días sábados, lunes y jueves (Tratado
de Baba Kama 82(A)). En virtud de su importancia, los sabios
establecieron que en Shabat suban siete personas a leer la Torá, número
que se corresponde con los siete días de la semana (Tratado
de Meguilá 21(A)). En días del Talmud se acostumbraba en la tierra de
Israel a completar la lectura de la Torá en tres años, mientras que en
Babilonia se acostumbraba a hacerlo en un año solamente. Hoy día en
todas las comunidades judías, cada año en Simjat Torá se acostumbra a
completar el ciclo de lectura, al tiempo que cada Shabat se lee una
porción llamada «Parashat Hashavúa» (la porción de lectura semanal).
Cada uno de los siete que suben a la Torá lee un pasaje de la porción y
juntos la completan. Si un Shabat no se leyó la «parashá», el siguiente
sábado se deben de leer dos para completar la que faltó (Ramá 135:2).

Si se quiere hacer subir a la Torá a más de siete lectores, se lo puede


hacer a condición de que cada uno lea al menos tres versículos. Hay
quienes opinan que hoy en día no es correcto hacer subir a la Torá en
Shabat a más de siete personas, ya que en ese caso se recitan más
bendiciones de las que establecieron nuestros sabios. Esto se debe a
que en el pasado subía el primero y recitaba una bendición antes de
comenzar la lectura, y el que subía séptimo recitaba una al finalizarla y
todos los que subían en el medio no recitaban bendición alguna. Luego
surgió el temor de que quienes ingresaban o salían en la mitad de la
lectura de la Torá no sepan que en realidad ya se bendijo antes o si se
ha de bendecir al final, y por lo tanto se estableció que todo aquel que es
llamado a leer la Torá bendiga antes y después. Según esta opinión,
dado que cada uno de los siete bendice antes y después de leer no es
correcto agregar más personas que suban y de esa manera exceder el
número de bendiciones establecido por los sabios. Además, es
importante no exasperar al público mediante la prolongación innecesaria
del servicio. Por lo tanto, a priori es bueno establecer la costumbre de no
hacer subir más de siete personas, empero, en caso de gran necesidad y
a los efectos de evitar ofensas y malentendidos, se puede adicionar
personas que suban (Shulján Aruj 282:1-2, Mishná Berurá 4-5).

Desde el punto de vista estrictamente halájico, se puede llamar a leer la


Torá a un menor de trece años que entiende a quién se le recita la
bendición, a condición de que la mayoría de los que suben sean mayores
de edad, siendo esta la usanza de algunas comunidades sefaradíes
(Shulján Aruj 282:2, Iejave Daat 4:23). La costumbre ashkenazí y de
algunas de las comunidades sefaradíes es de no llamar a la Torá a
menores de trece años. Hay también  sefaradíes que siguen la tradición
del Arí z´´l de llamar a un menor de trece años en séptimo lugar y no
antes (ver Mishná Berurá 282:12, Kaf HaJaím 22). Los yemenitas
acostumbran a llamar a la Torá a un menor de trece años en sexto lugar.

07- Haftará (la porción de lectura de los profetas).

Nuestros sabios dispusieron que además de la Torá, se lea también un


pasaje de los profetas que esté vinculado a lo que se leyó de la ley de
Moshé o al tema del día (en caso de tratarse de un día festivo o ayuno o
Rosh Jodesh etc. N. de t.), recitándose una bendición antes y cuatro
bendiciones después de la lectura. Esta lectura de los profetas recibe el
nombre de Haftará que en hebreo significa «conclusión», pues con ésta,
la parte de las lecturas en el servicio llega a su fin.

Esta lectura fue instituida en virtud de una medida persecutoria que


prohibía a los judíos leer la Torá so pena de muerte. Dado que el decreto
persecutorio no incluía la prohibición de la lectura de los profetas, los
sabios de esa generación ordenaron sustituir la lectura original de la Torá
de Moshé por la de los libros proféticos de un modo semejante al de la
primera, con siete personas que pasan a leer y con el recitado de
bendiciones antes y después. Una vez que el decreto persecutorio fue
derogado y los judíos volvieron a leer la Torá, se estableció que se
continúe leyendo a los profetas cada sábado e inclusive se instituyeron
bendiciones a recitar antes y después de la lectura. Dado que en días de
la persecución pasaban a leer al profeta siete personas y cada uno leía
como mínimo tres versículos, en esta nueva etapa se definió que la
Haftará no podía consistir en menos de veintiún versículos. En caso de
que el pasaje a ser leído contenga un número de versículos menor al
mínimo, de todas maneras se lee hasta concluir con el mismo (Shulján
Aruj 284:1, Mishná Berurá 2).

A los efectos de que la lectura de la Haftará no parezca similar en


jerarquía a la de la Torá, nuestros sabios dispusieron que quien pasa a
leer a los profetas debe primeramente leer algunos versículos de la Torá
y luego del profeta, para que de esa manera quede claro que la segunda
lectura no es una unidad independiente y equivalente a la primera. Desde
un punto de vista estrictamente halájico sería posible que la séptima
persona que pasa a leer la Torá también lea la Haftará, empero los
juristas tendieron a inclinarse por la opinión que considera que el lector
de la Haftará no es parte de los siete que leen la Torá. Por lo tanto, una
vez que subieron los siete lectores de la porción de lectura o Parashá, se
recita medio kadish finalizando así con la lectura de la Torá y luego se
invita a subir al Maftir, quien habrá de leer los últimos versículos de la
Parashá ya leída y luego continuará con la lectura de la Haftará.

Hay quienes opinan que la lectura de la Haftará debe ser llevada a cabo
de un libro de los profetas escrito con tinta y sobre un pergamino similar
al de un rollo kasher de la Torá (Levush). Muchos juristas de las últimas
generaciones escribieron que también se puede leer la Haftará de un
libro impreso y bueno es leerla de un libro en el cual está impreso todo el
texto del profeta y no solo los versículos relevantes. Empero, si no hay
disponible semejante tomo, se puede leer la Haftará de un libro en el cual
figuran únicamente los versículos en cuestión como es el caso de los
«jumashim» que solemos usar en Shabat (Maguén Abraham, Eliahu
Rabá, Mishná Berurá 284:1).

Hay comunidades en las que se acostumbra a que todo el público


presente lee conjuntamente la Haftará, empero es mejor que quien pasa
a leerla o el oficiante lea solo, y todos los demás le escuchen. Quien
quiera leer para sí en voz baja puede hacerlo siempre y cuando no
moleste a sus vecinos que quieren escuchar la lectura pública.

08- La lectura de la Torá en Minjá de Shabat.

Ezra el escriba instituyó que además de la lectura de la Parashá de la


semana en el servicio de Shajarit, se lea también la Torá en Minjá de
Shabat. En esta lectura pasan tres personas y leen el inicio de la porción
de la semana siguiente. Este mismo pasaje será leído asimismo los
siguientes lunes y jueves. Esta lectura es una suerte de preparación e
introducción de cara a la lectura de la porción del Shabat siguiente.

Nuestros sabios explican (Tratado de Baba Kama 82(A)) que la razón de


esta disposición radica en que los comerciantes y artesanos que estaban
todo el día sentados en sus tiendas y no asistían a los rezos de Shajarit
en los días hábiles, no se preparaban para la lectura de la Parashá del
Shabat siguiente con las lecturas del lunes y el jueves. A los efectos de
que la puedan oír aunque sólo sea una vez previo al Shabat, Ezra
estableció que se lea en Minjá de ese día pues entonces todos tienen
tiempo de asistir (Rashí, Rosh).

Otra de las razones esgrimidas es que se temía que la gente se


embriagase durante las comidas de Shabat y luego no estudie Torá. Por
lo tanto, Ezra estableció la lectura de Shabat por la tarde para que, por
respeto a la misma todos se reúnan en la sinagoga y eviten así el ocio y
la embriaguez. A este respecto, le dijo el Rey David al Santo Bendito
Sea: Soberano del Universo, no hay en el mundo otra nación como esta,
ya que en los demás pueblos cuando se hace un banquete las personas
beben hasta emborracharse y luego pasan a las acciones incorrectas.
Nosotros a pesar de que comimos y bebimos vamos luego a rezar, tal
como está escrito (Salmos 69:14): «Pero en cuanto a mí, sea mi plegaria
a Ti oh Eterno en tiempo oportuno. ¡Oh Hashem en la abundancia de Tu
misericordia respóndeme con la verdad de tu salvación! Por esta razón
este versículo se recita previo a la lectura de la Torá de Minjá de Shabat
(Shibolei Haleket).

09-La triple lectura de la Parashá de la semana. (Shnaim Mikrá Veejad


Targum)

Además de la lectura de la Torá en la sinagoga, nuestros sabios


dispusieron que leamos cada  semana la Parashá, dos veces en hebreo
y una vez traducida. Quien así procede es recompensado con una larga
vida (Tratado de Brajot 8(A)). En los días en que los sabios establecieron
esta disposición, la mayoría de los judíos hablaban arameo y sólo
mediante la traducción aramea de la Torá que compuso el prosélito
Onkelos, los judíos entendían la Parashá.
A lo largo de las generaciones, los judíos fueron exiliados a diversos
países en los que se hablaban diferentes lenguas y el arameo ya no era
de uso común. Entonces, surgió la pregunta de si en vez de leer la
traducción al arameo no sería mejor leer la Parashá con traducción a la
lengua vernácula o con los comentarios de Rashi.

Respecto de las demás traducciones, los juristas coinciden en que no se


le aproximan en importancia a la de Onkelos que fue redactada en
tiempos de los tanaítas y está originada en Sinaí y por lo tanto con estas
no se cumple con el precepto. Empero respecto del comentario de Rashi,
los juristas coinciden en que puede sustituir a la traducción de Onkelos
puesto que este interpreta los pasajes difíciles de la Torá en
concomitancia con la interpretación de la traducción e inclusive se
explaya más. Empero hay algunos versículos que Rashi no comenta y
estos deben ser leídos tres veces (Mishná Berurá 285:5).

Hay quienes cumplen con este precepto de manera sobresaliente


(mehadrín) y leen dos veces en hebreo, una vez la traducción de
Onkelos y posteriormente el comentario de Rashi. Esto se debe a que
este comentario es muy amplio y cita explicaciones de los sabios a los
diferentes pasajes, mientras que la traducción de Onkelos por estar
fundamentada u originada en Sinaí es tan trascendente que los
cabalistas indican que aunque no se entienda arameo es beneficioso
leerla (Shulján Aruj 285:3).

El tiempo para la lectura triple de la Parashá (dos veces en hebreo más


la traducción) comienza a correr a partir del servicio de Minjá de Shabat
que es cuando se comienza a leer la porción de la semana siguiente. El
plazo para concluir con esta triple lectura es hasta el final de la comida
matutina de Shabat, ya que Rabí Iehudá Hanasí instruyó a sus hijos a
que no se sienten a comer el Shabat por la mañana antes de que
terminen de leer la Parashá dos veces en hebreo y una vez traducida. En
caso de que ya se haya comido, se puede completar la triple lectura
hasta Minjá de Shabat que es cuando se inicia la lectura de la próxima
porción. Si no alcanzó a hacerlo puede completar la triple lectura hasta el
final del siguiente martes,  ya que los primeros tres días de la semana
están vinculados al Shabat anterior. Quien no alcanzó a completar la
triple lectura hasta entonces debe poner atención en completarla antes
de la conclusión del ciclo de lectura, en el próximo Simjat Torá (Shulján
Aruj 285:4).

10- Las diferentes costumbres de la triple lectura.

Hay quienes acostumbran a leer la Parashá los viernes esmerándose en


no interrumpir desde el inicio hasta el final de la misma (Arizal, Shelá, Kaf
HaJaím 285:3 y 285:15). Otros acostumbran a leer diariamente una de
las siete partes en las que la lectura está dividida de modo tal que hasta
el Shabat la completan (Gaón de Vilna, Mishná Berurá 285:8). De todas
maneras, todo aquel que a lo largo de la semana alcanzó a completar la
lectura triple cumplió con el precepto.

A priori, se lee la Parashá en hebreo dos veces y recién después se lee


la traducción. Según la tradición del Arí z´´l se lee cada versículo dos
veces en hebreo y luego su traducción. Según la tradición del Shelá y el
Gaón de Vilna se lee primero cada párrafo dos veces y después la
traducción. Cuando hablamos de párrafo (parshiá[1]) nos referimos tanto a
abiertas como a cerradas y ambas costumbres son correctas (Mishná
Berurá 285:2, Kaf HaJaím 3).
A posteriori, el orden no es crucial y si se leyó primero una vez en
hebreo, luego la traducción y posteriormente por segunda vez en hebreo
se cumplió con el precepto (Levush, Aruj Hashulján 285:3). Asimismo,
quien leyó la Parashá mas no de acuerdo al orden, leyendo
primeramente el fin y luego el principio también cumplió. Lo esencial es
que todos los versículos sean leídos dos veces en hebreo y una vez
traducidos. Asimismo, quien enseña la Parashá a niños no necesita leer
la triple lectura, pues es claro que mientras enseña lee los versículos dos
veces cada uno y los explica (Shulján Aruj 285:6).

Quien no alcanzó a leer dos veces en hebreo y una vez la traducción


hasta el momento de la lectura de la Torá, halájicamente tiene permitido
leer triplemente durante la lectura pública (Shulján Aruj 285:5). Empero,
hay quienes opinan que no es correcto hacerlo así, y por ende es mejor
que lea en voz baja junto al lector oficiante y esta se le considera como
una lectura en hebreo (Mishná Berurá 285:14). Los juristas de las últimas
generaciones han discutido si considerar o no como una lectura cuando
la persona sólo escuchó la lectura pública sin leerla simultáneamente en
voz baja (Mishná Berurá 285:2).

En el caso de quien estudia la Parashá con el comentario de Rashi, si le


resulta más cómodo un párrafo completo en hebreo y luego el
comentario versículo por versículo puede hacerlo así. Mas los versículos
que carecen de comentario deben ser leídos una vez más para completar
la triple lectura. Si así se quiere, se puede leer primeramente dos veces
en hebreo con el comentario de Rashi y al llegar a la lectura pública en la
sinagoga se puede leer en voz baja junto al oficiante, y se le computará
como la tercera lectura que completa los versículos que carecían de
comentario.
Las mujeres están exentas de la lectura de la Torá así como de la triple
lectura; de así quererlo pueden sumarse a la lectura pública y estudiar la
Parashá y se les considera como mitzvá (Pninei Halajá Tefilat
Nashim 2:10).

[1]. Una parshiá es una unidad de texto o párrafo de las 669 en las


cuales la Torá está dividida desde Sinaí (n. de t.).
11- Los rezos de Shabat.

La Amidá de Shabat (el rezo que se lleva a cabo de pie y en silencio)


incluye siete bendiciones. El formato de las tres primeras y las tres
últimas es idéntico al de la Amidá de los días hábiles, y en lugar de las
trece bendiciones intermedias se recita una bendición única que habla de
la santidad del Shabat y en la que le pedimos a HaShem que vea con
bien nuestro descanso, que nos consagre con sus preceptos y que
termina con las palabras: «Bendito eres Tú Hashem que santificas el
Shabat». El inicio de esta bendición central es diferente en cada uno de
los servicios de Shabat: en Arvit comienza con «Atá Kidashta» (Tú
santificaste), en Shajarit «Ismaj Moshé» (Que se regocije Moshé) y en
Minjá «Atá Ejad» (Tú eres Uno). Quien se confunde e intercambia los
inicios diciendo por ejemplo «Ata Kidashta» en Minjá, igualmente cumplió
con su deber de rezar puesto que el contenido central de todas las
bendiciones centrales es básicamente similar (Shulján
Aruj 268:6, Mishná Berurá 14).

Si bien según la halajá se podría recitar en Shabat la totalidad de las


bendiciones que se recitan en los días hábiles y agregar una bendición
especial en honor al Shabat, es también en honor al Shabat que nuestros
sabios no quisieron agobiar a quienes rezan con largas plegarias
(Tratado de Brajot 21(A)). Además, no corresponde en Shabat pedir a
HaShem por cuestiones mundanales que al hombre le pueden causar
pena (Tanjuma, Rashi y Rambám). Por lo tanto, nuestros sabios
dispusieron que en vez de las trece bendiciones de pedidos se recite una
solamente. Empero, quien por error comienza en Shabat a recitar las
bendiciones comunes de los pedidos y se da cuenta en la mitad que es
Shabat, ha de concluir la bendición en cuestión y solamente después ha
de volver al formato de rezo sabático. Esto se debe a que según la
halajá, sería posible recitar las bendiciones comunes de los días hábiles
también en Shabat, y quien ya comenzó una bendición de estas,
corresponde que la termine (Shulján Aruj 268:2). Quien se equivoca y
omite la bendición del Shabat, mientras no haya terminado su rezo puede
retornar a la bendición en cuestión y de allí continuar hasta el final del
servicio. Empero, si ya terminó de rezar, aunque no haya dado aún los
pasos hacia atrás, debe volver a comenzar el rezo desde su inicio
(Shulján Aruj 268:5).

Los sabios fijaron también el servicio de Musaf que se corresponde con


las ofrendas suplementarias que, en Shabat, se debían sacrificar en el
Templo de Jerusalém. En este rezo la estructura es similar a la de los
otros tres, las tres primeras bendiciones y las tres últimas son idénticas a
las de la Amidá de la semana y la bendición del medio habla de las
ofrendas de Musaf y de la santidad del Shabat.

12- «Vaijulú» (Y fueron completados).

En la Amidá del viernes a la noche agregamos el párrafo que inicia con


las palabras «Vaijulú», esto es, los tres versículos de Bereshit que nos
relatan el primer Shabat de la historia: «Y así fueron acabados (Vaijulú)
el cielo y la tierra y todas sus huestes (las estrellas). Y habiendo
terminado Elokim el día séptimo la obra que había hecho, descansó el
día séptimo de todo el trabajo realizado. Y bendijo Elokim el séptimo día
y lo santificó porque en él descansó de toda la obra que había
creado«(Bereshit 2:1-3).

Dijeron nuestros sabios (Tratado de Shabat 119(B)) que todo aquel que


recita «Vaijulú» en el rezo del viernes por la noche, se le considera socio
de la creación. El objetivo de la creación es que se revele HaShem en el
mundo y lo bendiga, siendo éste el tema central del Shabat. Cuando un
judío recita «Vaijulú» da testimonio sobre la creación del mundo y la
santidad del Shabat,  realizando así la finalidad última de la creación
agregando bendición al mundo.

Además, nuestros sabios dijeron que todo aquel que recita «Vaijulú» es
acompañado por dos ángeles que posan sus manos sobre su cabeza y le
dicen: «tu iniquidad te ha sido quitada y tu pecado ha sido expiado»
(Ishaiahu 6:7). El «Shabat» está vinculado a la «teshuvá» o retorno y
esto se expresa en la similitud de letras que conforman ambos vocablos
((‫תשובה‬-‫שבת‬. En Shabat recordamos al Creador del universo y
retornamos a todas las buenas aspiraciones que anidan en nuestra alma.
Quien recita el «Vaijulú» el viernes por la noche expresa de esa manera
el más profundo significado del Shabat, y en virtud de ello accede a la
verdadera teshuvá y sus trasgresiones son expiadas.

Además del recitado del «Vaijulú» durante el rezo en voz baja del
servicio de Arvit, tras la Amidá todo el público lo repite en voz alta y de
pie (Shulján Aruj 268:7). Esto se debe a que si un día festivo de la Torá
(Yom Tov) cae en Shabat, en el rezo de Arvit se menciona al Shabat en
contadas palabras y no se recita el «Vaijulú». A los efectos de no perder
en esos sábados su recitado, los sabios establecieron que todos los
Shabatot del año, después del rezo se recite el pasaje en cuestión. Otros
agregan otra razón para el recitado en voz alta y es el recordar la
creación del mundo.

Además, recitamos el «Vaijulú» por tercera vez durante el Kidush de la


noche. En diferentes oportunidades vemos en la tradición judía que algo
importante se repite tres veces.

13- «Maguén Avot» y Me´ein Sheva«.

Nuestros sabios establecieron que tras concluir Arvit de Shabat, el


oficiante del servicio recite la bendición de «Me´ein Sheva«, que es una
suerte de repetición del rezo de la «Amidá» pues contiene una síntesis
de las siete bendiciones de la Amidá de Shabat. Esta disposición tiene su
origen en el hecho de que en el pasado, la mayoría de las sinagogas
estaban ubicadas en el radio suburbano y era peligroso que una persona
vuelva caminando sola a su casa. Los sabios temieron que alguien se
demore en su oración, termine después que el grueso de la congregación
y retorne solo a su hogar poniéndose así en peligro. Por lo tanto,
dispusieron que el oficiante recite la bendición «Me´ein Sheva» y de esa
forma se extienda la presencia del público en la sinagoga. De mientras,
quienes rezan más despacio tienen tiempo paras terminar junto a todos y
pueden así volver acompañados.

Si bien hace ya unos mil años que acostumbramos a construir las


sinagogas en las ciudades, la disposición rabínica sigue en pie, y por lo
tanto el oficiante tras el rezo de Arvit en voz baja recita la bendición «Me
´ein Sheva«. Empero, si se junta un minian para rezar en una casa de
familia como en el caso de la casa del novio o la casa del doliente, esta
bendición no se ha de recitar puesto que la disposición está destinada
únicamente para sinagogas (Shulján Aruj 268:10).

Hay quienes opinan, fundamentándose en la kabalá, que si bien los


sabios justificaron su disposición con las razones arriba mencionadas, el
motivo esotérico radica en el hecho de que en Shabat es necesario que
haya una especie de repetición de la Amidá de Arvit. Por esta razón la
disposición rabínica no está circunscrita a la sinagoga, sino que «Me´ein
Sheva» debe ser recitada en cada sitio donde haya un minian (Ben Ish
Jai, Kaf HaJaím 268:50). Esta es la usanza de quienes se conducen de
acuerdo a la kabalá. Sin embargo, la mayoría de los juristas se inclinan
por la primera opinión, esto es, que «Me´ein Sheva» no se recita allí
donde no funciona un minian fijo. Solamente en Jerusalém se recita «Me
´ein Sheva» en un minian que no es fijo pues toda la ciudad es
considerada como una gran sinagoga.

Esta bendición le corresponde al oficiante y por eso el pasaje que toda la


congregación recita en voz alta, «Maguén Avot«, debe ser repetida
posteriormente por éste en carácter de solista (Mishná Berurá 268:22).

Los juristas de las últimas generaciones discutieron respecto de si el


oficiante debe flexionar sus rodillas e inclinarse al iniciar la bendición.
Unos opinan que dado que esta bendición sustituye a la repetición de la
Amidá por parte del oficiante, se le considera como un rezo y por lo tanto
corresponde que flexione sus rodillas y se incline al comenzarla tal como
lo hace en el caso de un rezo de Amidá. Otros opinan que su status no
es similar al de la repetición del oficiante y por lo tanto la flexión y la
inclinación no son necesarias. Cada quien que siga con su tradición.

14- «Kabalat Shabat» y otras adiciones a los rezos.

Hace más de cuatrocientos años los cabalistas en Tzfat comenzaron a


recibir el Shabat con cánticos y salmos. Dado que el Pueblo de Israel
quería dar expresión al alma suplementaria que se suma a la persona al
iniciarse el Shabat (neshamá ieterá), esta costumbre de los cabalistas de
Safed fue adoptada por todas las comunidades y recibe el nombre de
rezo de «Kabalat Shabat» (recibimiento del Shabat). En esos días vivía
en Tzfat el Rabino Shlomó Alkabetz, quien compuso el maravilloso
poema «Lejá Dodí» con el que actualmente se recibe el Shabat en todas
las sinagogas.

El Arí z´´l acostumbraba a recibir el Shabat en el campo junto a sus


discípulos mirando hacia el Oeste, dirección en la cual el sol se pone y tal
como dicen nuestros sabios (Tratado de Baba Batra 25(A)) que en esa
dirección se encuentra la mayor revelación de la Divina Presencia («Ikar
Shejiná baMaarav«). Esta costumbre de pararse en dirección al Oeste
mientras se recita la última estrofa del poema «Leja Dodí» y en la que se
da la bienvenida a «la novia» fue adoptada en las diferentes sinagogas.
De esta manera aunque la puerta de la sinagoga esté orientada en otra
dirección hay que girar y pararse de cara al oeste. Otros acostumbran a
girar en dirección de la puerta de la sinagoga aunque esta no esté
ubicada en dirección Oeste, como forma de expresar que el Shabat es un
invitado que entra por la puerta principal.

Hay una tradición antigua del medioevo de recitar el capítulo de la


Mishná de Shabat «Bamé Madlikin» (Shulján Aruj 270:1). Al final de este
pasaje nuestros sabios dicen: «tres cosas debe declarar un hombre en
su casa en vísperas del Shabat al oscurecer, ¿habéis separado
diezmos?, ¿habéis hecho el Eruv?, ¡Encended la vela!». Hay quienes
acostumbran a no recitarlo y otros acostumbran a leer un pasaje del
Zohar que se inicia con la palabra «Kegavna«.

Desde la Edad Media (tiempo de los «rishonim») se acostumbra a


agregar «cánticos de alabanza» (pesukei dezimrá) antes de la Amidá de
Shajarit, y se eligieron salmos que mencionan la creación del mundo y la
entrega de la Torá, ya que el Shabat rememora la acción creadora del
universo y la Torá fue entregada un día sábado. Antes de la bendición de
«Ishtabaj» que finaliza la sección de los «cánticos de alabanza», se
adiciona la plegaria «Nishmat Kol Jai» en la cual se recuerda la salida de
Egipto puesto que el Shabat rememora el Éxodo (Tur Oraj
Jaím 281, Levush).

Las mujeres están exentas del precepto de rezar con minian y de recitar
los agregados dispuestos por los sabios, mas deben recitar las
bendiciones matinales (bircot hashajar) así como rezar la Amidá tanto de
Shajarit como de Minjá. En caso de que ellas hayan rezado una Amidá
en el día – cumplieron. A posteriori, las mujeres cumplen recitando
únicamente las bendiciones matinales (Peninei Halajá Hiljot Nashim 2:5).
Si una mujer tiene disponibilidad, es bueno que en Shabat asista a la
sinagoga (ídem 20:2).

15- La costumbre del saludo sabático al rabino.

«Dijo Rabí Itzjak: una persona debe saludar a su rabino en las fiestas de
peregrinación» (Tratado de Rosh Hashaná 16(B)). La razón del precepto
es estrechar el vínculo con el rabino para así reforzar el estudio de la
Torá y el cumplimiento de las mitzvot. Los días sagrados son los más
apropiados para afirmar la relación con los temas espirituales. Es así que
la costumbre judía desde tiempos ancestrales, y así lo vemos en el relato
bíblico de la mujer de Shunem,  que cuando su marido la vio salir dela
casa para acudir a lo del profeta Elisha en un día de semana le preguntó:
«¿por qué acudes a él hoy que no es ni Rosh Jodesh ni Shabat?»
(Melajim II 4:23). Esto implica que en Rosh Jodesh y en Shabat iba a ver
a su profeta o rabino.

Los sabios medievales entendieron que el cumplimiento del precepto


depende de la distancia. Quien vive lejos de lo de su rabino debe
saludarlo aunque sea en las fiestas de peregrinación tal como lo indicó
Rabí Itzjak.  Quien vive más cerca debe ver a su rabino aunque sea una
vez al mes, y quien es prácticamente vecino debe verlo al menos cada
Shabat (según Rabenu Jananel y el Ritba, ver Beur Halajá 301:4 en el
párrafo que inicia con la  palabra ‫)להקביל‬. En virtud de esta instrucción se
acostumbra hoy día ir a saludar al rabino al finalizar el servicio y desearle
«Shabat Shalom». Pensamos que quien asiste a la disertación del rabino
se les puede considerar como que lo viene a saludar.

El Rabino Tzví Iehuda Hacohen Kuk, de bendita memoria, explicó que si


bien las mujeres no están obligadas a estudiar Torá en todos sus
detalles, desde el punto de vista de su vínculo a la Torá y los estudiosos
de la misma, son superiores a los hombres. La prueba es que cuando el
Pueblo de Israel se paró ante el Monte Sinaí, HaShem le ordenó a
Moshé que hable primero a las mujeres y luego a los hombres, tal como
está escrito (Shemot 19:3 y Mejilta): «Así dirás a la casa de Yaakov- se
refiere a las mujeres, «esto anunciarás a los hijos de Israel» – se refiere
a los hombres».
Por lo tanto, no es casualidad que el precepto de saludar al rabino en las
fiestas y en Shabat se aprende de la mujer de Shunem puesto que como
vimos, el vínculo de las mujeres a la Torá es más profundo que el de los
hombres. Estos se ocupan más de los detalles de las halajot y los
preceptos de la Torá, mientras que las mujeres están más ligadas a sus
ideas y principios generales (Peninei Halajá Tefilat Nashim cap. 3 y 7:2).

01- «Recordarás» y «Guardarás» (Zajor ve Shamor).

Tal como ya vimos (cap. 1 inciso 8) el Shabat tiene dos preceptos


centrales que lo constituyen, «Recordarás» y «Guardarás». En virtud del
cumplimiento del precepto de «Guardarás» nos abstenemos de realizar
toda labor, y de esa forma se genera un espacio vacío en el alma, el cual
se nos ordenó llenar con el contenido positivo del precepto de
«Recordarás», que implica recordar la santidad del Shabat para de esa
manera conectarse a los fundamentos de la fe. Durante los seis días
hábiles actuamos en el mundo exterior, mientras que en Shabat
retornamos a nuestro ámbito interior, a nuestra alma, y de esa manera
retornamos a los fundamentos de la fe.
El primer elemento que recordamos en el Kidush es la creación del
mundo y el segundo la salida de Egipto. Hay personas que admiten que
HaShem creó el mundo, mas niegan la idea de que tras la obra creadora
siga vivificando constantemente a Su obra. En la salida de Egipto se
manifestó claramente la providencia de HaShem, y se supo que el Eterno
se revela en el mundo mediante Su pueblo Israel, siendo este el
significado del segundo elemento recordado en el Kidush.
Estos dos elementos presentes en el Kidush aparecen en las dos
versiones del precepto del Shabat en los Diez Mandamientos. En la
porción de «Itró» aparece el precepto de «Recordarás» el cual enfatiza la
idea de la creación del mundo, tal como está escrito (Shemot 20:8,
20:11): «Te acordarás del Shabat para santificarlo… porque en seis días
hizo el Eterno el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; por eso
bendijo el Shabat y lo santificó». En la segunda versión que aparece en
la porción de «Vaetjanán», el precepto que figura es el de «Cuidarás» y
allí se menciona el elemento de la salida de Egipto, tal como está escrito
(Devarim 5:12; 5:15): «Guardarás el Shabat para santificarlo… acuérdate
que fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de
allí con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente el Eterno tu
Dios te ordena que guardes el día del Shabat». Aquí vemos que existe
relación entre el cuidado del Shabat y la salida de Egipto, en ambos se
manifiesta el alma de origen Divino, y de esa manera somos liberados de
la servidumbre de Egipto y de la servidumbre al trabajo.
La esencia del precepto «Recordarás» se cumple mediante el recitado
del Kidush y de esta manera se extiende sobre todo el Shabat, tal como
está escrito (Shemot 20:8): «Te acordarás del Shabat para santificarlo».
Esto se refiere a que todo el Shabat sea santificado para recordar en él
los fundamentos de la fe y estudiar Torá, conjuntamente con el placer de
las comidas sabrosas y el descanso reparador. También en los otros días
de semana es preceptivo recordar al Shabat y santificarlo, esto es,
honrarlo más que a todos los demás días y prepararse para ir a su
encuentro mediante la preparación de platillos deliciosos, una especial
higiene corporal, el lavado de ropa y el ordenar la casa (ver Rambán a
Shemot 20:7, arriba cap. 2 incisos 1-6).
El precepto del Shabat es igualmente obligatorio para hombres y
mujeres. Si bien la regla general indica que las mujeres están exentas de
los preceptos positivos marcados por el tiempo y «Recordarás» entra en
esa categoría; sin embargo las mujeres están preceptuadas de recordar
el Shabat ya que sus dos fundamentos que son «Recordarás» y
«Guardarás» fueron dichos en una misma expresión (dibur ejad) y están
inseparablemente entrelazados. Por lo tanto, así como las mujeres deben
cumplir con el precepto «Guardarás» que es de índole restrictivo, deben
también cumplir con «Recordarás» a pesar de ser de corte positivo y
temporal.
Vemos así que la obligación de la mujer en este precepto equivale a la
del hombre por lo que al recitar el Kidush puede hacer cumplir a este con
el precepto. Empero un niño o niña menores de la edad requerida para el
cumplimiento de los preceptos no pueden recitar el Kidush para adultos,
ya que en el caso de niños, aún cuando entiendan cabalmente la idea del
Shabat, su obligación es únicamente rabínica, por lo que no pueden
hacer cumplir con su recitado a quien tiene obligación por la Torá
(Shulján Aruj 271:2).

02- ¿Cómo se cumple con el precepto de «Recordarás»?

De acuerdo con la Torá todo aquel que recuerda en Shabat la santidad


del día, que es alusión a la creación del mundo, cumplió con el precepto
de «Recordarás». Sin embargo, los sabios quisieron que todos los judíos
cumplan el precepto de modo completo y exacto, por lo cual los
miembros de la Kneset Haguedolá redactaron el Kidush con un formato
de bendición por la santidad del Shabat, y a los efectos de que se recite
con honor y deleite decretaron que este sea acompañado de una copa
de vino conjuntamente con la comida. Hay quienes opinan que es
precepto de la Torá recordar la santidad del Shabat con algún alimento o
bebida que deleitan o alegran. Se acostumbró a que antes de la
bendición del Kidush se recite «Vaijulú» (Bereshit 2:1-3, ver arriba cap. 5
inciso 12).
Según la opinión de muchos juristas, además del precepto de recordar el
Shabat con el Kidush al iniciarse el día de descanso, «Recordarás»
implica el deber de recordarlo también al salir. Al entrar el Shabat el
deber es recordar su santidad y su esencia, mientras que al salir es
preceptivo diferenciar entre la santidad del Shabat y la de los días
hábiles. Por lo tanto, de acuerdo a la opinión de muchos juristas, la
Havdalá que recitamos al concluir el Shabat es un precepto de la Torá.
Empero, al igual que en el caso del Kidush, si bien para cumplir alcanza
con la simple mención oral, los sabios dispusieron que se recite junto a
una copa de vino (Rambám, Mishná Berurá 296:1, ver más adelante cap.
8 inciso 1).
Nuestros sabios dispusieron además un Kidush suplementario de día,
para así honrar al Shabat y darle un carácter particular entre las demás
jornadas. Al comenzar la comida con el recitado del Kidush queda
manifiesto que se trata de una comida importante y especial en la que
recordamos la santidad del Shabat.
Dado que con este Kidush suplementario no se cumple con el precepto
de «Recordarás», los sabios no dispusieron una bendición especial.
Antes de bendecir el vino con su bendición correspondiente «Boré Perí
Haguefen», se acostumbra a recitar antes algunos versículos vinculados
al Shabat. Este Kidush es denominado «Kidusha Raba» que significa
«gran Kidush» como eufemismo invertido («lashón saguí nahor») por
cuanto que el Kidush de la noche es más importante (Mishná Berurá
289:3).
Si bien la comida del día es más importante que la de la noche (ver
adelante cap. 7 inciso 4), el precepto de «Recordarás» lo cumplimos en
la cena pues esta es contigua al inicio del día sagrado, y por eso ni bien
se concluye con el rezo de Arvit hay que apresurarse a ir a la casa a
recitar Kidush (Shulján Aruj 271:1; 3). Quien no alcanzó a recitar el
Kidush por la noche no se perdió de cumplir el precepto, ya que puede
hacerlo de día antes de la comida de la mañana, mas ha de omitir el
párrafo de «Vaijulú» ya que esos versículos están relacionados a la
noche de Shabat (Shulján Aruj y Ramá 271:8). Si tampoco recitó el
Kidush antes de la comida de la mañana, podrá hacerlo mientras no se
haya puesto el sol, y deberá tener cuidado de comer algo
inmediatamente después (ver adelante inciso 10).
Dado que de acuerdo a lo que vimos anteriormente, alcanza con la
palabra para cumplir con el precepto de recordar al Shabat, hay quienes
opinan que en el rezo de Arvit del viernes por la noche, en la cuarta
bendición de la Amidá se cumple con el precepto de recordar según la
Torá (Maguen Abraham). Empero, hubo juristas que disintieron por dos
razones: la primera obedece a que habitualmente al recitar la cuarta
bendición de la Amidá del viernes por la noche no ponemos la intención
de cumplir con el precepto de recordar al Shabat, y los preceptos para su
cumplimiento requieren de la intención adecuada (Shulján Aruj Oraj Jaím
60:4). La segunda obedece a que posiblemente, en el Kidush de Shabat
se debe recordar la salida de Egipto y en la Amidá del viernes por la
noche este evento no es mencionado. Por lo tanto, en la práctica, el
precepto de la Torá lo cumplimos tal como lo estipularon nuestros sabios
con una copa de vino (Mishná Berurá 271:2, Beur Halajá ahí). Además,
hay quienes opinan que de acuerdo a la Torá el Kidush debe ser con vino
(Rashi y Ran sobre el Rif Shabat 10:1).

03- Kidush con vino.

Los sabios dispusieron que el Kidush se recite con vino, pues se trata de
la bebida más importante ya que alimenta y alegra. Vimos que hay
diferentes preceptos que se cumplen con alegría, y los sabios
dispusieron que se cumplan acompañados de una copa de vino, como en
el caso de la bendición del compromiso de una pareja (Erusín), las siete
bendiciones del casamiento o la bendición posterior al Brit Milá. El status
especial del vino se manifiesta en el hecho de que se le adjudicó una
bendición separada, pues para todas las bebidas bendecimos «Shehakol
Nihiá Bidvaró» y al finalizar «Boré Nefashot», mientras que por el vino
bendecimos antes «Boré Perí Haguefen» y después la bendición de «Me
´ein Shalosh». Otra halajá que evidencia el status especial del vino es la
que indica que con la bendición por el vino quedamos liberados de
bendecir por cualquier otra bebida.
A priori, a los efectos de cumplir con el precepto con excelencia («Hidur
Mitzvá»), se debe recitar el Kidush con un vino bueno cuyo sabor sea del
agrado del oficiante. Quien carece de vino por la noche puede recitar
Kidush sobre las «jalot» (pan), y de día puede emplear cualquier bebida
alcohólica como ser cerveza o vodka. Si también carece de una bebida
de este tipo puede recitar el Kidush de la mañana sobre las «jalot».
El recitado del Kidush con vino implica una profunda significación.
Habitualmente, la santidad se revela en el mundo espiritual con
ponderación y seriedad. En el mundo físico resaltan más vistosamente
las pasiones carnales, la inclinación al mal, el orgullo y la mofa. Por esta
razón, muchas veces los hombres espirituales de entre las naciones
tienden a alejarse de la alegría y el regocijo, no sea que estos les
conduzcan al cultivo de las pasiones bajas del cuerpo. No así en el
Pueblo de Israel, nosotros santificamos el Shabat con vino para
demostrar que la espiritualidad del día se manifiesta por igual en el
mundo material y en el espiritual. La alegría y el regocijo, cuando son
correctamente orientados, pueden ser socios en la manifestación de la
espiritualidad en el mundo. Este es el tema central del Shabat, revelar la
santidad mediante el estudio de la Torá y la ingestión de comidas
sabrosas, con rezos y Kidush acompañado de vino. Sobre esto dijeron
nuestros sabios (Pirké de Rabí Eliezer 19): «todo aquel que bendice y
recita el Kidush con vino en las noches del Shabat, se prolongan sus días
en este mundo y en el venidero».

04- Vinos aptos para Kidush.

Las leyes referentes al vino para Kidush las aprendemos de las halajot
de la libación del vino sobre el altar en el Templo de Jerusalém. Por esta
razón, todo vino que en virtud de algún defecto no sea apto para ser
libado en el altar, tampoco puede ser empleado para el Kidush. Por
ejemplo, un vino que estuvo descubierto durante horas tanto en una copa
como en una botella destapada no puede ser empleado para Kidush. Lo
mismo ocurre con un vino que huele mal (Shulján Aruj 272:1, Mishná
Berurá 3).
Empero, vinos que a posteriori puedan ser usados para libación en el
Templo, sirven a priori para Kidush. Por ejemplo, un vino dulce que fue
elaborado con uvas que fueron endulzadas en demasía por el calor del
sol, por cuanto que a posteriori sirve para libación en el Templo puede
ser utilizado a priori para Kidush. Lo mismo ocurre con el jugo de uva. Sin
embargo, lo mejor es cumplir con el precepto del Kidush mediante un
vino de buena calidad que contiene alcohol y alegra (Shulján Aruj 272:2,
Mishná Berurá 5).
Hay vinos que no son aptos para libaciones en el Templo pues contienen
mezclas de otros ingredientes, empero sirven para Kidush. Por ejemplo,
un vino que está mezclado con agua no sirve para libar en el altar del
Templo pero sí es apto para Kidush; más aún, es bueno que el vino de
Kidush esté un poco rebajado con agua para suavizar así su sabor. Sin
embargo, nuestros vinos actuales no es necesario rebajarlos pues no son
tan fuertes como los antiguos (Shulján Aruj y Ramá 272:5).
Hay quienes opinan que si el vino fue mezclado con agua de modo tal
que ésta pasó a ser mayoritaria, no se le considera ya vino y no es apto
para Kidush. Hay juristas que son más flexibles en esta cuestión siempre
y cuando la mezcla siga sabiendo a vino. En el caso de los vinos
supervisados por el Rabinato, se pone especial cuidado en que el vino
sea mayoría en la mezcla y de esa manera son aptos para Kidush según
todas las opiniones.
En el caso de vino cocido («Mevushal» en hebreo) o vino al que se le
agregó azúcar o miel, no es apto para ser libado en el altar del Templo
pues perdió su textura original. Hay quienes opinan que así como estos
vinos no son aptos para ser libados, de la misma manera no sirven para
Kidush (Rambám). La opinión mayoritaria es que estos vinos son aptos
para Kidush, puesto que la cocción o la adición de azúcar tuvieron por
cometido mejorar su sabor. En la práctica, se cumple con el precepto del
Kidush mediante vinos cocidos o endulzados como es el caso del
«Conditón» (‫)קונדיטון‬. Más aún, si se posee vino natural pero se prefiere
el sabor del endulzado se puede recitar el Kidush con éste último
(Shulján Aruj y Ramá 272:8). A muchos vinos dulces no se les adiciona
azúcar y su dulzura se deriva del tipo de uvas empleado en su
elaboración. Según todas las opiniones, éstos sirven para Kidush.
Hay quienes opinan que el vino para Kidush debe ser tinto y el blanco no
es apto (Rambán), sin embargo, la mayoría de los juristas opinan que se
puede recitar Kidush con vino blanco y así fue definido por el Shulján Aruj
(272:4). En caso de que se disponga de dos vinos, uno tinto no muy
sabroso y uno blanco de categoría, para cumplir con todas las opiniones
de los diferentes juristas, se pueden mezclar ambos y de esa manera
obtendrá un vino tinto y sabroso (es mejor verter el blanco en el tinto
como se verá más adelante en el cap. 12 inciso 10).

05- La cantidad de vino que debe tener la copa sobre la que se recita la
bendición.

A los efectos de cumplir con el precepto del Kidush, la copa debe


contener una cantidad de vino que indique importancia para que la
bendición tenga sobre qué recaer. La cantidad mínima que debe
contener toda copa sobre la cual se recita la bendición de un precepto
(«kos shel berajá») es el volumen de un huevo y medio (reviit halog). Si
la copa contiene menos vino no se cumple con el precepto (Talmud
Babilonio tratado de Shabat 76(B), Pesajim 107(A), 108(B), Maguén
Abraham 271:32).
Es comúnmente aceptado que la medida de volumen de un huevo y
medio de la que escribió el Rambám equivale a 86 mililitros (Rab Jaim
Naé), empero mediciones exactas indican que la medida de la que habló
equivale a 75 mililitros. Hay quienes son de opinión más estricta y
entienden que los huevos de la actualidad son más pequeños que los de
antaño, habiéndose reducido a cerca de la mitad del volumen original,
por lo que la medida mínima de vino debe ser 150 mililitros (Jazón Ish).
En la práctica, para la halajá, básicamente se permite recitar el Kidush
sobre 75 mililitros; aunque muchos de los ashkenazíes son a priori más
estrictos y cuidan que la copa contenga 150 mililitros.
Tras concluir la bendición, quien recitó el Kidush debe ingerir una
cantidad de vino equivalente a la medida antigua de «un trago completo»
(«meló logmav»), que es la cantidad de vino que satisface
razonablemente o conforma a quien lo ingiere. Un trago completo
equivale a la cantidad de vino que puede llenar la cavidad bucal cuando
se infla una sola mejilla. Esta cantidad es, por lo menos, la mayor parte
de un «reviit halog», o sea por lo menos 38 mililitros. En el caso de una
persona que tiene boca grande debe beber más, ingiriendo una cantidad
que llene su cavidad bucal. En la mayoría de los casos, esta cantidad
equivale a unos 50 ó 55 mililitros, y por más corpulenta que sea la
persona no necesita ingerir más de 75 mililitros.
En caso de que quien recita el Kidush no pueda ingerir un «trago
completo», uno de los participantes puede sustituirlo en la ingestión. A
posteriori, si quien recitó el Kidush y los demás presentes bebieron
conjuntamente la cantidad de un trago completo, cumplieron con el
precepto a pesar de que ninguno de ellos, por separado, bebió solo la
cantidad mínima (Tratado de Pesajim 107(A), Shulján Aruj 271:14,
Mishná Berurá 73).

06- Leyes referidas a la copa.

Nuestros sabios dispusieron que se reciten diferentes bendiciones


acompañadas de una copa de vino, como en el caso de la bendición del
compromiso («kidushín»), del matrimonio («nisuín»), bendición para
después de comer («birkat Hamazón»), Kidush y Havdalá. Dado que
sobre esa copa se recita una bendición en honor a HaShem,
corresponde que esta sea bonita y vistosa. Respecto de ésta, los sabios
establecieron una serie de reglas.
La copa debe estar entera, sin defecto ni rotura tanto en su borde como
en su base. Si no se dispone de una copa entera, a posteriori se puede
recitar la bendición sobre una copa que tiene algún defecto. Mas si posee
una rajadura por el cual el vino se filtra o si no tiene una capacidad de al
menos un «Reviit» no es apta (Shulján Aruj 183:3, Mishná Berurá 11,
Shaar Hatziún 14).
Cuando se dispone de varias copas, corresponde escoger para la
bendición la más bonita. Muchos procuran emplear copas de plata.
Cuando la única copa disponible es una desechable sencilla, a posteriori
se puede recitar la bendición con ésta.
La copa debe estar perfectamente limpia. Si alguien ya bebió de la
misma o se ensució de alguna otra manera, debe ser enjuagada por
dentro y por fuera (Shulján Aruj 183:1). Si no es posible enjuagarla, a
posteriori se la puede limpiar con una servilleta (Mishná Berurá 1).
Para recitar la bendición alcanza con una copa que pueda contener un
«reviit», empero, si ésta tiene una capacidad mayor se la debe llenar de
vino, pues esto es en honor de la bendición. Hay quienes acostumbran a
llenar la copa hasta los bordes, de manera tal que durante el recitado en
el algún momento algo de vino desborde. Sin embargo, nos parece que
lo mejor es llenar la copa hasta cerca del borde de modo que no se
vuelque vino durante el recitado y esta es la copa llena a la que se
referían los sabios (Tur Zahav 183:4, Shulján Aruj Harav 4, Mishná
Berurá 183:9. Asimismo esto se desprende de la Guemará de Berajot
52(B) según la explicación de la Escuela de Hilel).
Si alguien ya bebió del vino cuando estaba en la copa o si alguien bebió
del pico de la botella el vino restante en la copa o en la botella se
considera deteriorado y no es apto para una copa de bendición. En caso
de necesidad se puede acondicionar el vino estropeado adicionándole
vino apto y de esa forma estamos ante un nuevo vino. Si el vino está muy
fuerte se le puede rebajar con agua. A posteriori, cuando no hay forma
de repararlo se puede recitar Kidush con vino dañado (Shulján Aruj
182:3-7).
Nuestros sabios dijeron (Tratado de Berajot 51(A)) que la copa debe ser
tomada primeramente con las dos manos para expresar así lo agradable
que nos resulta. Luego, a la hora de recitar el Kidush debe ser sostenida
por la mano derecha únicamente, que es la mano más importante. La
copa debe ser sostenida con todos los dedos para que estos la rodeen y
ha de ser elevada por lo menos un palmo por sobre el nivel de la mesa,
para que sea visible a todos los presentes. Se debe mirar la copa para no
distraerse. En caso de necesitar leer el Kidush, puede dirigir su vista al
Sidur y lo mejor será colocarlo cerca de la copa así ambos son
abarcados por la mirada. Tras beber del vino, el oficiante ha de dar de
beber a su mujer para que de esa manera la bendición se expanda a
ambos (Shulján Aruj 183:49).

07- El reparto de vino a todos los presentes.

A los efectos de cumplir con el precepto del Kidush, quien lo recita o


cualquiera otro de los presentes debe ingerir un trago entero («meló
logmav») de vino (tal como se vio en el inciso 5), y las demás personas
que escucharon el recitado cumplen aunque no hayan bebido. Se cumple
el precepto con excelencia si cada uno de los presentes prueba del vino
del Kidush (Shulján Aruj 271:14).
A priori, se debe tener cuidado de no verter en las copas de los
presentes vino de la copa del Kidush de la cual ya bebió quien lo recitó,
puesto que aprendimos en el inciso anterior que un vino del cual alguien
ya bebió se considera estropeado y no es digno de que se recite sobre
este una bendición. Sin embargo, mientras los miembros de la familia
beben de la copa del Kidush no se le considera estropeado, por cuanto
que se considera como una sola ingestión y sólo cuando se pasa de la
copa del Kidush a otra copa, pasa a ser no apto (Sha´arHatTziún 271:89,
Mishná Berurá 182:24).
Cuando se desea verter vino de la copa del Kidush a las de los demás
presentes, se debe a priori agregar un poco de vino de la botella y de esa
forma el vino se lo considera acondicionado y se le puede servir a los
demás comensales (Shulján Aruj 182:6, Mishná Berurá 271:82, Sha´ar
Hatziún 89). Hay quienes acostumbran a que quien recita el Kidush vierte
de la copa principal la cantidad de un trago completo en otra copa (ver
inciso 5) de la cual bebe, y de esa manera la copa del Kidush no se
estropea y de esta se puede servir a las de los demás comensales.
Normalmente se debe agregar vino a la copa del Kidush a los efectos de
que alcance para servir a todos.
Existe otro método y consiste en servir un poco de vino en las copas de
los comensales con anterioridad al recitado del Kidush, y tras la
bendición todos beben de ellas. En este caso no es necesario que el
oficiante vierta de su copa en las de los demás, por cuanto que al
momento de recitar el Kidush había ya vino en las diferentes copas y se
lo considera vino del Kidush. Este método encierra dos ventajas: a) se
acorta el tiempo que transcurre entre el recitado y la ingestión, y b) no
hay posibilidad de que el vino se estropee. Este método es muy práctico,
especialmente cuando el público es grande o cuando hay invitados a
quienes quizás incomode beber del vino de una copa usada por otro
(Shulján Aruj 271:16 y 17, Mishná Berurá 83. Por cuanto que no tienen
los comensales un reviit en cada copa han de beber junto al oficiante,
Shomer Shabat Kehiljatá 48 observación 74).
Aunque quienes escuchan el Kidush no beberán después del vino, deben
mantener silencio durante el recitado hasta que el oficiante haya ingerido
un trago completo. A posteriori, si hablaron antes de que el oficiante haya
bebido el trago completo, cumplieron con el precepto (Shomer Shabat
Kehiljatá 48:6). Si desean beber del vino deben mantener el silencio
hasta que lo hagan.

08- Diferentes costumbres referentes al Kidush y la cobertura de las


Jalot.

La costumbre más extendida es ponerse de pie durante el recitado del


Kidush del viernes por la noche, pues este tiene un elemento de
prestación de testimonio respecto de la creación del mundo (recordemos
que en el derecho judío el testigo se pone de pie). El Arí Z´´l, basado en
razones esotéricas, indicó que el Kidush de la noche se debe recitar de
pie, y esta es la usanza de los sefaradíes y los jasídicos ashkenazíes
(Shulján Aruj 271:10, Kaf HaJaím 62). La costumbre ashkenazí es de
mantenerse sentado durante el Kidush para que este sea recitado allí
donde se come ya que la comida se ingiere en posición de sentados.
Además, al estar sentados tanto el oficiante como los comensales se
consideran un grupo unido. Hay ashkenazíes que cumplen esta mitzvá
con excelencia, poniéndose de pie cuando se recitan los versículos de
«Vaijulú» y luego toman asiento (Mishná Berurá 271:46, Shmirat Shabat
Kehiljatá 47:28).
En el Kidush de la mañana la opinión mayoritaria indica que es
preferente tomar asiento y si bien esta es la usanza de la mayoría de las
comunidades, hay quienes acostumbran a recitarlo de pie, y su
costumbre no trasgrede norma alguna.
Si bien la mujer puede recitar el Kidush al igual que un hombre, se
acostumbra a que éste recite para toda la familia. Cuando varios
caballeros jefes de familia comen juntos, lo mejor es que uno recite el
Kidush para todos pues «la multitud del pueblo glorifica al rey» (Shulján
Aruj 167:11).
Se acostumbra a cubrir las «Jalot» durante el recitado del Kidush, pues la
regla indica que cuando tenemos delante nuestro pan y vino y queremos
ingerir de ambos, se recita primero la bendición del pan y luego la del
vino pues el pan es más importante. A la hora de recitar el Kidush
debemos anteponer el vino al pan, y para no violentar la regla antes
mencionada cubrimos las Jalot. Cuando tenemos delante nuestro
artículos panificados o de harina («mezonot»), debemos cubrirlos durante
el Kidush pues estos también anteceden al vino en el orden de las
bendiciones. Cuando se sirve un Kidush público al finalizar el servicio
religioso, todo aquél que piensa beber del vino tras el recitado, debe de
cubrir los pasteles o galletas que tiene delante de él. Quien no tiene
intención de beber del vino tras el Kidush no precisa cubrir sus
«mezonot» (ver Shmirat Shabat Kehiljatá 47:125). De acuerdo con esta
idea, no es necesario que las Jalot estén en la mesa durante el Kidush, y
sólo si ya fueron colocadas es menester cubrirlas.
Hay quienes ofrecen otra explicación a la costumbre de cubrir las «jalot».
Estas son dos y aluden a la porción doble de maná que caía en el
desierto el viernes, y alcanzaba para ese día y para el Shabat. Asimismo,
el maná caía envuelto por arriba y abajo con una capa de rocío, y en
recuerdo de esto colocamos las «jalot» sobre el mantel y las cubrimos
con un paño. De acuerdo a esta explicación, hay quienes se preocupan
de colocar las «jalot» en la mesa antes de iniciar con el Kidush en
recuerdo del Maná, y hay quienes las mantienen cubiertas hasta concluir
la bendición de «Hamotzí». De acuerdo a esta idea, hay quienes
acostumbran a cubrirlas también antes de la tercera comida o «Seudá
Shelishit» (Mishná Berurá 271:41, Aruj Hashulján 271:22).

09- La prohibición de comer y beber antes del Kidush.


Dado que Shabat ya se inició, debemos apresurarnos para cumplir con el
precepto de «Recordarás» (Zajor) mediante el recitado del Kidush con
una copa de vino. Nuestros sabios dispusieron que no se coma nada
antes del Kidush, e inclusive beber un poco de agua está prohibido.
Empero está permitido lavar la boca con agua o tomar una medicina
(Shulján Aruj 271:4, Mishná Berurá 13, Shmirat Shabat Kehiljatá 52:3).
Esta prohibición entra en vigor con el inicio del Shabat. Por lo tanto, en el
caso de la mujer que recibe el Shabat mediante el encendido de velas,
no podrá ingerir nada hasta el Kidush. En el caso del hombre que recibió
sobre sí un tiempo sabático suplementario («Tosefet Shabat»), no debe
de ingerir nada hasta que cumpla con el precepto del Kidush. Quien no
aceptó sobre sí tiempo suplementario de Shabat, tiene prohibido ingerir
cosa alguna desde la caída del sol, pues en ese momento el Shabat
comienza independientemente de la intención de las personas (Mishná
Berurá 271:11, ver Shmirat Shabat Kehiljatá 43:46).
Asimismo, en Shabat por la mañana después del servicio de Shajarit,
está prohibido ingerir cosa alguna hasta el Kidush.
Hay personas que desean comer o beber algo antes del rezo de Shajarit,
empero como es sabido, esto está prohibido pues nuestros sabios dijeron
(Tratado de Berajot 10(B)): «Todo aquel que come y bebe y sólo después
reza, sobre él está escrito (Reyes I 14:9): «y me has dado la espalda»,
dijo el Santo Bendito Sea: tras vanagloriarse de esto ¡¿ha de aceptar el
yugo celestial?! Se puede beber agua antes del rezo pues esto no
implica un acto desafiante. Empero los juristas han instruido que quien
necesite ingerir algo antes del rezo puede beber te o café, y si realmente
lo necesita – endulzarlos con algo de azúcar (Shulján Aruj Oraj Jaím
89:3-4).
Quien está enfermo y necesita comer antes del rezo o si tiene mucho
apetito y teme no poder concentrarse durante la Tefilá puede comer algo
antes del servicio (ver Peninei Halajá Tefilá 12:6-7). Si bien hay juristas
que consideran que en este caso debería recitar el Kidush antes de
comer, en la práctica no es así pues la costumbre es de acuerdo a
quienes opinan que el deber de recitar el Kidush entra en rigor solamente
una vez que terminó el rezo de Shajarit.
Una mujer que acostumbra a rezar Shajarit, puede beber antes del rezo y
de ser necesario hasta puede comer como en el caso de los hombres,
pues mientras no haya rezado no recae sobre ella el deber de recitar el
Kidush. Empero, en el caso de una mujer que acostumbra a recitar
únicamente las bendiciones matinales, ni bien se levanta ya recae sobre
esta el deber de recitar el Kidush. En este caso si desea comer o beber,
que recite las bendiciones matinales, luego que recite Kidush y que coma
y beba. En caso de necesidad, como por ejemplo, si tiene mucha sed y
no sabe recitar el Kidush – podrá beber, y si necesita acuciantemente
comer podrá hacerlo (Peninei Halajá Tefilat Nashim 22:10).
Un niño que ya llegó a la edad en la que se le debe instruir en los
preceptos («guil jinuj») se le debe acostumbrar a no comer antes del
Kidush, empero si está muy hambriento o sediento podrá hacerlo
(Shmirat Shabat Kehiljatá 52:18, Yalkut Yosef 271:17).

10- El Kidush se recita allí donde se come.

Nuestros sabios dispusieron que el Kidush se recite allí donde se come,


tal como está escrito (Ishaiahu 58:13): «Y llamarás al Shabat deleite».
Por lo tanto, allí donde se deleita al Shabat comiendo pan o «mezonot»
se debe recitar el «llamado» del Shabat que es el Kidush. De esta
manera se manifiesta el contenido especial de este día, en el que las
comidas son la continuación directa del precepto de «Recordarás». El
llamado sagrado y el deleite de la comida se complementan uno a otro.
Si no se comió allí donde se recitó el Kidush, no cumplió con el precepto
y debe volver a recitarlo allí donde ha de comer. En lo referente a esta
regla, no hay diferencia entre el Kidush de la noche y el de la mañana.
Hubo grandes maestros del Pueblo de Israel que cuidaban de comer su
comida principal allí donde recitaban el Kidush, y así acostumbraba a
hacerlo el Gaón de Vilna. Empero, de acuerdo a la halajá alcanza con
comer una medida de «kazait» (aproximadamente el volumen
equivalente a medio huevo) de pan o «mezonot» allí donde se recitó el
Kidush, y luego se podrá ingerir la comida principal en otra parte. De
acuerdo con los Gueonitas, si no hay «mezonot» en el lugar del Kidush,
se puede sustituir la comida correspondiente a éste bebiendo un «reviit»
de vino ya que este alimenta. En caso de necesidad podemos apoyarnos
en esta opinión, empero en el caso del Kidush de la noche que es
obligatorio por la Torá, se debe de beber un «reviit» de vino además del
trago completo necesario para cumplir con el precepto del Kidush. Las
demás personas que escucharon el Kidush necesitan beber únicamente
los 75 mililitros del «reviit» (Shulján Aruj 273:5, Mishná Berurá 273:25 y
27, Sha´ar Hatziún 29).
Quien escuchó Kidush en la sinagoga, bebió un poco de jugo y comió
menos que un «kazait» de «mezonot», no cumplió con el precepto del
Kidush. Más aún, trasgredió las instrucciones de los sabios que prohíben
comer antes de este, pues por cuanto que no cumplió con el precepto –
lo ingerido se le considera como anterior al Kidush.
Respecto de la pregunta de hasta cuánto puede una persona alejarse y
que aún se le considere que comió allí donde recitó el Kidush, los sabios
de la Edad Media indicaron tres parámetros de medida: a) todos los
sectores de una misma sala, aunque no se vean unos a otros se
consideran un mismo sitio (Rambám, Tosafot y Rosh); b) si desde donde
se recitó el Kidush se divisa el sitio donde se comerá aunque se trate de
otra casa o de un patio se le considera un mismo lugar (Rav Sar
Shalom); c) si durante el Kidush la persona pensó pasar a otra sala del
mismo edificio, se le considera aún el mismo sitio (Rav Nisim Gaón).
A priori, se debe recitar el Kidush en el mismo sitio donde se ha de comer
y cuando surge alguna dificultad se puede comer en un lugar que
responde a dos de las tres condiciones antes mencionadas. Por ejemplo,
quien necesita comer en otra sala, es mejor que lo tenga en mente
durante el Kidush y que lo recite en un sector desde el cual se divisa el
sitio donde habrá de comer. En caso de necesidad, se puede confiar en
cada uno de los tres parámetros por separado (Shulján Aruj 273:1,
Mishná Berurá y Sha´ar Hatziún allí).
A priori, no se debe esperar entre el Kidush y la comida, y no se debe ir a
otra parte aunque se tenga la intención de volver para comer. A
posteriori, si demoró un poco o fue de mientras a otra parte – no pierde el
Kidush ya recitado. Empero, si tuvo la intención de interrumpir entre el
Kidush y la comida siendo esta interrupción superior a los setenta y dos
minutos, debe volver a recitar el Kidush (Ramá 273:3, Mishná Berurá 12,
Beur Halajá ‫לאלתר‬, Kaf HaJaím 29, Tzitz Eliezer 11:26, Yalkut Yosef
273:15 y Shmirat Shabat Kehiljatá 54:46-7).

01- El precepto de las comidas sabáticas.

Nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 118:(A)) que «Todo aquel


que come tres comidas en Shabat queda a salvo de tres desgracias: de
los sufrimientos del advenimiento la era mesiánica, del rigor del infierno y
de la guerra entre Gog y Magog». Además agregaron (ídem 118(B)):
«Todo aquel que deleita al Shabat queda a salvo del sometimiento a las
naciones extranjeras». De no poseer el Shabat estaríamos sometidos al
yugo material completamente. Trabajaríamos sin pausa para mantener
nuestro cuerpo y satisfacer nuestros placeres físicos olvidando nuestra
alma, lo cual implicaría una enorme dificultad en poder elevarnos en pos
de los ideales Divinos. Nuestra capacidad espiritual estaría bloqueada y
silenciada cayendo inexorablemente en todos los vicios del mundo que
son los que generan las diferentes desgracias. Empero, cuando la
persona consigue conectarse plena y enteramente al Shabat en cuerpo y
alma, con estudio de Torá, rezos, comida y descanso reparador, logra
elevarse por encima de las carencias mundanales accediendo a un plano
en el cual todo es bueno, salvándose  de esa forma de las posibles
desgracias.

El opaco mundo material está lleno de impedimentos que dificultan que la


luz Divina se revele y que el alma se realice. Empero, quien deleita al
Shabat con Torá, rezos y buenas comidas logra conectar su cuerpo con
su origen espiritual, y de esa manera la materialidad se transforma en un
medio de expresión para el alma y la santidad del Shabat. Entonces, los
límites y los impedimentos del mundo material se esfuman y el corazón
se ve corregido, cumpliéndose así lo dicho por nuestros sabios en cuanto
a que «A todo aquel que deleita el Shabat se le cumplen todos sus
deseos» (ídem, ídem).

Mediante el respeto con el que honramos el Shabat arreglando la casa y


preparando comidas sabrosas lo material se une a su origen espiritual
accediendo así al flujo de la bendición, y por esta razón nuestros sabios
dijeron que todo aquel que honra el Shabat se enriquece (Tratado
de Shabat 119(A)). Por esto mismo, nuestros sabios agregaron (Tratado
de Shabat 118(A)): «Todo aquel que honra al Shabat recibe heredad sin
penurias», tal como está escrito (Ishaiahu 58:13-14): «Si apartas tu pie
por causa del Shabat, si te abstienes de dedicarte a tu negocio en Mi día
sagrado y consideras al Shabat como un deleite y honroso el día sagrado
del Eterno… entonces te deleitarás en el Eterno y te haré cabalgar sobre
los lugares elevados de la tierra y te alimentaré con la heredad de
Yaakov tu padre porque la boca del Eterno así lo ha dicho«. La heredad
de Yaakov está libre de penurias («meitzarim«).

Aparentemente, es muy sencillo deleitar al Shabat con suculentas


comidas, entonces, ¿por qué nuestros sabios se explayan en la
descripción de las recompensas que el cuidado del Shabat apareja,
siendo que a todo ser humano le agrada comer y deleitarse? El quid de
la cuestión radica en el hecho de que el precepto es deleitar al Shabat y
no al paladar o al estómago, esto es, disfrutar de las comidas con plena
conciencia de la santidad del Shabat de modo tal que estas intensifiquen
en la persona el deseo de estudiar Torá y cumplir con los preceptos.
Quien tiene el mérito de poder deleitar al Shabat conectando la alegría
corporal con la elevación del alma, recibe santidad y bendición en este
mundo y en el venidero.

Si bien el Shabat y los días festivos de la Torá son similares, guardan


entre sí ciertas diferencias. El precepto del Shabat es el deleite mientras
que el de los días festivos es la alegría. La diferencia entre ambos radica
en que la alegría tiene expresión exterior y es visible; por esta razón en
los días festivos es preceptivo comer carne y beber vino. En cambio el
deleite es interior, profundo y refinado, por esta razón el precepto de
comer en Shabat es más moderado, y quien no disfruta de la carne o del
vino puede deleitar al Shabat con otros alimentos. Quizás por esta razón
justamente, el pescado es el alimento característico del Shabat pues su
sabor es suave y profundo.

02- El marco del precepto.

Existen dos preceptos referidos a las comidas de Shabat. Uno es el


deleite del Shabat tal como está escrito (Ishaiahu 58:13): «y consideras
al Shabat como un deleite» y se cumple principalmente con las comidas,
mas también con lo que se degusta entre comida y comida, amén de
mediante el sueño sabático reparador. El segundo precepto es el de
ingerir tres comidas, precepto que nuestros sabios estudiaron mediante
el análisis de lo insinuado en los versículos relevantes (ver Tratado
de Shabat 117(B)).

La primer comida se lleva a cabo en la noche del viernes, la segunda el


sábado a la mañana después de Shajarit y antes del mediodía, y la
tercera a partir de media hora pasado el mediodía hasta la puesta del sol.
Quien come la tercer comida antes de su horario estipulado no cumplió
con el precepto (Shulján Aruj 291:2). Quien no comió la primera el
viernes por la noche, puede ingerir tres comidas a lo largo del sábado.
Quien no alcanzó a ingerir la segunda comida antes del mediodía del
sábado, habrá de comer dos pasado el mediodía, pues hay juristas que
consideran que el horario no es un condicionante del cumplimiento y a
posteriori podemos basarnos en su opinión (Baal Halajot Guedolot, Ramá
291:1).

El componente central de las comidas es el pan ya que se trata del


alimento más importante, y es preceptivo preparar platillos sabrosos con
los que la persona suele deleitarse en su ingestión. En días de los sabios
talmúdicos, las personas se deleitaban con platillos preparados a base
de espinacas, grandes pescados y ajos y por lo tanto era preceptivo
prepararlos para Shabat (Talmud Babilonio Tratado
de Shabat 118(B), Mishná Berurá 242:1). Dado que hoy en día la
mayoría de las personas se deleitan con carne, vino y pasteles o frutas
sabrosas, los juristas indican que debemos de prepararlos para el Shabat
abundantemente (Shulján Aruj 250:2). Quien no disfruta de carne o vino, 
ha de preparar para su consumo otros alimentos que le agraden.

Los sabios de las últimas generaciones sostienen que de acuerdo con la


Kabalá es preceptivo ingerir pescado en las tres comidas. Según éstos,
el pescado simboliza la bendición e insinúa una cuestión muy profunda
ya que el agua lo cubre escapando así a la influencia del mal de ojo.
Empero quien no disfruta de ingerir pescado, no tiene que hacerlo
(Maguén Abraham 242:1).

Si bien en general es una virtud el alimentarse frugalmente, en Shabat se


debe comer en abundancia y no se considera gula por cuanto que se
cumple así con un precepto (Talmud Babilonio Tratado
de Shabat 117(B), Shulján Aruj 274:2, Mishná Berurá 6). De todas
maneras, no es bueno exagerar pues la comida en exceso provoca
cansancio y hasta un dejo de melancolía. Las personas que comen en
exceso se cansan, se duermen y no estudian Torá, no cumplen con el
precepto y no deleitan al Shabat sino únicamente al paladar (Shnei Lujot
Habrit Shabat Ner Mitzvá 37, ver arriba cap. 5 inciso 3).

Está prohibido ayunar en Shabat aunque sólo sea por una hora. Aunque
el ayuno no sea intencional, quien no probó bocado hasta la sexta hora
(o sea el mediodía), además de no haber cumplido con la segunda
comida sabática en hora, trasgredió por haber ayunado  (Shulján
Aruj y Ramá 288:1).

Una persona enferma e inapetente no está obligada a comer


abundantemente, ya que la ingestión de alimentos tiene por objetivo el
deleite. Empero, habrá de intentar comer pan en un poco más que la
medida «de un huevo»; si esto también se le dificulta que intente ingerir
un «kazait». En caso de que esto también le incomode – que no coma
por completo (Shulján Aruj 288:2, 291:1).

03- Los dos panes y su corte.

Es precepto que hayan dos panes en la mesa de Shabat, en recuerdo de


la doble porción de maná que recolectaban nuestros ancestros los
viernes en el desierto y que les alcanzaba para ese día y para el Shabat.
Los sabios llamaron a esta doble porción «Lejem Mishné«, (Tratado
de Shabat 117(B)) y este el nombre que reciben las dos «jalot» sobre las
que recitamos «Hamotzí» en Shabat. Vemos que el Shabat tiene un
carácter dual: sus dos preceptos son «Recordarás» y «Cuidarás», la
ofrenda sabática en el Templo estaba compuesta de dos corderos sin
defecto, el castigo por su profanación es doble y la recompensa por su
observancia es doble también. El pan sobre el que recitamos «Hamotzí»
en Shabat es doble para así expresar la grandeza del día cuya virtud es
doble (de acuerdo al Yalkut Shimoní Beshalaj 247 y 261).

El precepto indica que quien recita la bendición del pan debe tomar con
sus dos manos ambas Jalot;  empero, alcanza con que corte sólo una
pues al tomar las dos durante el recitado ya cumplió con el deber del
«Lejem Mishné«. Esta es la opinión del Rambám, de Rashi y así fue
definido en el Shulján Aruj (274:1). Hay quienes opinan que es preceptivo
trozar ambas «jalot» y así acostumbraban a hacerlo el Shlá y el Gaón de
Vilna. Quienes así quieran proceder, que preparen «Jalot» pequeñas
para poder terminarlas durante la comida. La costumbre más extendida
es trozar, obligatoriamente, una sola «jalá».

Hay diferentes tradiciones respecto del orden en el cual las «jalot» deben
ser colocadas al momento de recitar «Hamotzí». Hay quienes
acostumbran a colocar una encima de la otra y trozan o cortan la  inferior
(Shulján Aruj 274:1). Otros acostumbran a trozar la superior (Arí Z´´l).
Otros acostumbran a trozar por la noche la inferior y por la mañana la
superior (Ramá allí). Quien ha de trozar la jalá inferior es menester que la
acerque hacia sí durante el recitado de la bendición (Mishná
Berurá 274:5). Hay quienes siguen las tradiciones del Arizal que colocan
sobre la mesa doce Jalot pequeñas en cada comida (Kaf HaJaím 262:2).

A priori es necesario que las jalot  estén completas y enteras, por lo que
es menester no quitarle las etiquetas (que pueden traer pegadas) de la
panadería antes de recitar la bendición para no alterar su completitud.
Cuando se carece de panes enteros se debe de escoger el más
completo. En caso de necesidad se puede considerar como «Lejem
Mishné» un pan congelado (Shmirat Shabat Kehiljatá 55:12). Cuando se
carece de un pan entero pero se tiene a mano dos bolsas completas de
pan rebanado, a posteriori se puede recitar con estas «Hamotzí» pues
hay quienes opinan que el pan se encuentra en su totalidad y la bolsa lo
mantiene junto, por lo que se considera como un pan completo (Meshiv
Davar 21). Quien carece de panes enteros y solo tiene pan rebanado,
que recite la bendición sobre dos rebanadas (Shmirat Shabat
Kehiljatá 55:17).
Durante la tercer comida se deben trozar dos jalot para de esta manera
expresar el aspecto doble del Shabat (Shulján Aruj 291:4). En caso de no
haber dos jalot se puede recitar la bendición sobre un sólo pan entero,
pues en los días en que caía el maná, para la tercer comida a nuestros
ancestros les quedaba una sola porción del celestial alimento (Ramá allí).

04- El atributo especial de la comida de la mañana.

La comida que se lleva a cabo el sábado por la mañana es más


importante que la cena del viernes, y por lo tanto es en ésta en la que se
deben de servir los mejores platillos. Desde el punto de vista del Kidush,
el de la noche es más importante que el de la mañana pues
consagramos el Shabat próximo a su inicio. Empero en cuanto a honrar
el Shabat, el día antecede a la noche (Talmud Babilonio Tratado
de Pesajim 105(B), Shulján Aruj 271:3).

Hay quienes opinan que quien honra la comida del viernes a la noche
más que la del sábado por la mañana debe temer ser castigado por
haber zaherido el honor de la segunda (Rashi en Tratado de Guitín 
38(B)). Por esta razón hubo quienes se cuidaron de no comer pescado el
viernes por la noche para que no ocurra que la primer comida sea más
fastuosa que la segunda (Yam Shel Shlomó allí).

Hay quienes opinan que si la comida del viernes a la noche resultó más
fastuosa que la del sábado a la mañana por causa de que en la primera
es más fácil servir alimentos calientes – no hay en esto trasgresión. Por
lo tanto, aunque en lapráctica resulte que la primer comida sea más
opípara que la segunda, no es necesario abstenerse de preparar
pescado, sopa u otros alimentos para servir calientes el viernes a la
noche, ya que si se dejan hasta el día siguiente su sabor se estropearía.
Sin embargo, en el caso del resto de los alimentos (vino o frutas) que
pueden ser servidos indistintamente en cualquiera de las dos comidas,
se debe poner hincapié en priorizar la segunda por sobre la primera. En
el seno de muchas personas este problema no se presenta ya que por
más de que sirvan platillos calientes el viernes por la noche ellos
prefieren los alimentos tradicionales de la segunda comida, como ser
«Jamín» o «Kuguel» cuyo sabor especial es fruto de la prolongada
permanencia sobre la plata caliente (Aruj Hashulján 271:9).

En la práctica, quien gusta más de los alimentos tradicionales de la


segunda comida, ipso facto, la honra más; empero, en el caso de
personas que no son especialmente adeptas al «Jamín«, deben agregar
en la segunda comida platillos específicos que son de su particular
preferencia, para de esa manera dar expresión concreta a la importancia
suplementaria de la comida de la mañana respecto de la de la noche, sin
que por ello haya necesidad de restringirse con el menú de esta última.

Hay quienes opinan que, a priori, es conveniente iniciar la segunda


comida inmediatamente después del Kidush de la mañana, con pan y sin
comer antes «mezonot» u otros bocadillos. Y esto porque el principal
aspecto del precepto de deleitar al Shabat es mediante la segunda
comida, y si antes de esta se ingieren otros alimentos se puede llegar
inapetente a la comida principal.  De todas maneras, no existe a este
respecto prohibición alguna, pues saborear bocadillos inmediatamente
después del Kidush implica también honrar el día. Lo más importante es
que la persona permanezca con apetito de cara a la segunda comida
(Darkei Moshé 249:4, Beur Halajá 2, ‫מותר‬, Aruj Hashulján 12-13).
Hay quienes acostumbran a comer lácteo y liviano en la comida de
Shabat por la mañana, para permanecer despiertos y poder
posteriormente estudiar Torá durante todo el día, dejando el menú
cárnico para la tercer comida, la de la tarde (ver Rambám Shabat 30:10).
Nos parece que ellos también cumplen con el precepto pues la comida
principal sigue siendo el sábado en horas del día.

05- La tercer comida del Shabat, «Seudá Shelishit«.

Quien no tiene pan para la tercer comida o si le cuesta ingerirlo puede a


posteriori cumplir ingiriendo «mezonot«. Si bien no se pueden cumplir
con las primeras dos comidas mediante la ingestión de «mezonot»
(Shulján Aruj 274:4), de todas maneras hay quienes opinan que esta
tercera comida está destinada a proporcionar placer suplementario y no a
satisfacer a los comensales – por lo que no requiere la inclusión de pan.
Por lo tanto, a posteriori se puede cumplir con la «Seudá Shelishit»
mediante la ingestión de «mezonot«. En el caso de quien carece de
«mezonot» o no los tolera que coma carne o pescado. Si carece de éstos
que coma frutas preferentemente cocidas, pues se pueden considerar
más fácilmente como comida (Shulján Aruj 291:5).

A priori, la persona debe planificar sus comidas sabáticas de modo tal


que llegue con apetito a la tercer comida. Si le toca comer la tercera poco
después de concluida la segunda, debe de disminuir las cantidades de
modo tal que pueda llegar apetente a ambas. Quien no tuvo cuidado y
llegó satisfecho a la tercera puede cumplir con el precepto mediante la
ingestión de un poco más que la medida de «kabeitzá» de pan, y a
posteriori alcanza con ingerir la medida de un «kazait«. Si ni siquiera eso
puede ingerir sin sufrir, se pierde de cumplir con el precepto (Shulján
Aruj 291:1, Mishná Berurá 2).

Según el Rambám, se debe recitar una bendición sobre una copa de vino
también en la tercer comida, y hubo quien entendió de sus palabras que
así como se recita Kidush antes de la segunda comida – de la misma
forma se debe recitar antes de la tercera (Tur). Empero, en la práctica el
precepto de recitar Kidush es una vez por la noche y otra por la mañana
y no es preceptivo hacerlo antes de la tercer comida (Shulján Aruj 291:4).
Hay quienes entienden que la intención del Rambám era indicarnos que
es preceptivo beber vino durante la tercera comida para deleitar así al
Shabat. Y así, algunos de los sabios de las últimas generaciones
instruyeron que es bueno deleitar al Shabat con vino en la tercera
(Mishná Berurá 291:21).

Se debe comenzar la tercer comida antes de la puesta del sol, y quien


alcanzó a recitar «Hamotzí» a tiempo puede continuar comiendo
inclusive varias horas después de salidas las estrellas. En cambio quien
comió frutas o «mezonot» antes del atardecer, una vez puesto el sol no
puede continuar comiendo pues no estableció formalmente una comida,
y además como se avecina el tiempo de realizar la Havdalá ya no puede
comer ni beber (Shulján Aruj 299:1, Mishná Berurá 2, Aruj Hashulján 3-5,
aquí más adelante capítulo 8 inciso 8).

Quien no alcanzó a comer la tercer comida y ya se puso el sol, tiene


todavía trece minutos y medio para comenzar a comer, y luego puede
prolongarla varias horas después de salidas las estrellas. Empero, si ya
pasaron más de trece minutos y medio después de la puesta del sol no
se puede comenzar con la tercera comida.
Si en esta comida están presentes novios y un minian, al finalizar se
pueden recitar las siete bendiciones nupciales con el Birkat Hamazón.
Quien oficia (mezamén) y los novios beben del vaso de vino después del
Birkat Hamazón, a pesar de que ya salieron las estrellas y aún no se
realizó Havdalá, porque tomar ese vino se considera continuación de la
comida (ver adelante cap. 8 inciso 8 que hay quienes acostumbran a
beber de la copa sobre la que se recitó la bendición aunque no hayan
novios presentes).

06- La bendición después de la comida, «Birkat Hamazón«.

Nuestros sabios dispusieron que en honor al Shabat se adicione en el


«Birkat Hamazón» una plegaria especial que comienza con las palabras
«Retsé Vehajalitsenu«. En ella le pedimos a HaShem que vea con
agrado nuestro descanso, nuestro cumplimiento de los preceptos
sabáticos y que nos permita hacerlo sin contratiempos. Dado que se trata
de un pedido, los sabios la ubicaron en medio de la tercera de las
bendiciones del «Birkat Hamazón» pues esta también contiene un
pedido, la reconstrucción de Jerusalém. A los efectos de retomar el tema
original de la tercera bendición, la adición de Shabat concluye con el
pedido por la ciudad de Jerusalém y la redención, ya que se conectan
con la bendición «Ubené Ierushalaim«.

Quien haya olvidado agregar «Retsé Vehajalitsenu» y se recordó antes


de iniciar la cuarta bendición debe recitar: «Baruj Atá HaShem Elokeinu
Melej Haolam Shenatan Shabatot limnujá leamó Israel beahavá leot brit,
Baruj Atá HaShem Mekadesh Hashabat» (Bendito eres Tu HaShem que
diste con amor los sábados para que tu Pueblo Israel descanse y en
señal del pacto, Bendito eres Tu que santificas el Shabat) y puede
después continuar con la cuarta bendición. Si se acuerda que obvió
«Retsé» después de comenzar la cuarta bendición debe recitar de nuevo
todo el «Birkat Hamazón«. Esto se debe a que nuestros sabios
ordenaron que se recuerde el Shabat en el Birkat Hamazón  y quien no lo
hizo no cumplió con el precepto de agradecer después de la comida
(Shulján Aruj 188:6).

Empero, esto se aplica solo a las dos primeras comidas sabáticas en las
cuales, según todas las opiniones, es preceptivo comer pan, y de todas
maneras es obligatorio recitar «Birkat Hamazón» una vez concluidas.
Mas quien se olvida de agregar «Retsé» después de la tercer comida, no
ha de repetir la bendición pues a posteriori podía cumplir comiendo
únicamente mezonot o fruta que no requieren Birkat Hamazón.
Asimismo, quien se olvida de agregar «Iaalé ve Iavó» en el «Birkat
Hamazón» de Rosh Jodesh o de Jol Hamoed, por cuanto que en esos
días no hay deber de ingerir pan no debe repetir la bendición desde el e
inicio (Shulján Aruj 188:89).

Quien comenzó la tercer comida antes de la puesta del sol y la concluyó


después de que salieron las estrellas agrega «Retsé» en el «Birkat
Hamazón» pues lo que define es el horario de inicio de la comida. Si
Rosh Jodesh (inicio de mes) comienza al salir el Shabat, se despierta
una duda respecto de qué adicionar en el «Birkat Hamazón«. A los
efectos de salir de duda, es bueno en ese caso, evitar comer pan una
vez salidas las estrellas agregando únicamente «Retsé«.

07- El significado de la comida de «Melavé Malká«.

Nuestros sabios dijeron que al salir el Shabat es preceptivo preparar la


mesa para la comida de «Melavé Malká«, para así honrar la retirada del 
Shabat (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 119(B)). Así como nos
despedimos de un huésped querido que se retira, acompañándolo parte
de su camino de retorno para poder así ganar unos minutos más de su
compañía, de la misma manera despedimos al Shabat que si bien ya
concluyó, seguimos deleitándonos de su santidad.

En Shabat recibimos una santidad extra en todos los ámbitos de la vida,


tanto en lo espiritual como en lo material, en el rezo y en las comidas,
procurando extender la luminosidad sabática a los días de la semana. El
Arizal explica que mediante el recitado de «Vihí Noam» (Salmos 90:17-
91:16) durante el servicio de Arvit del sábado por la noche, extendemos
un aditivo de santidad sabática a los días de la semana y pedimos que la
paz de Hashem se pose sobre nuestras acciones. Mediante la ingestión
de la comida de «Melavé Malká» incorporamos la luz de santidad
sabática en la alimentación de toda la semana.

Nuestra tradición nos enseña que tenemos en nuestro cuerpo un hueso


llamado «luz«[1]. Este hueso no disfrutó de lo que comió Adam en el
pecado primigenio, y por eso, si bien sobre Adam se decretó la muerte,
ese hueso no se descompone y de este se levantará el difunto cuando
resuciten los muertos. Ese hueso se alimenta únicamente de lo que se
ingiere en la comida de «Melavé Malká» (Kaf HaJaím 300:1.2, Vaikrá
Rabá 18:1)

Quienes cumplen este precepto con excelencia preparan un platillo


especial para ser ingerido en la comida de «Melavé Malká«. El Talmud
nos relata (Tratado de Shabat 119(B)) que en la casa de Rabí Abahu se
acostumbraba a degollar un ternero cada sábado a la noche en honor a
la comida de «Melavé Malká«, ocasión en la cual el dueño de casa comía
un riñón del animal faenado. Cuando su hijo creció, le preguntó por qué
degollaba cada sábado por la noche un ternero si sólo se comía el riñón
y que era más práctico guardar para «Melavé Malká» uno del animal que
ya fue faenado el viernes para Shabat. Se siguió su consejo y se guardó
carne del animal faenado el viernes para la comida del sábado en la
noche. Vino un león  y se devoró al ternero destinado para el sábado en
la noche. Al final vieron que no ahorraron nada. Este relato fue
incorporado al Talmud para enseñarnos que es bueno preparar un platillo
especial para «Melavé Malká» y no conformarse con comer sobras de las
comidas sabáticas.

[1]. [1]Este hueso ha sido identificado de diferentes formas: hay quienes


sostienen que se trata de la sétima vértebra cervical; otros lo identifican
con el coxis y otros con la vértebra que se encuentra a la altura del nudo
del tefilín (n. de t.)
08- Leyes referentes a la comida de «Melavé Malká«.

Dado que la comida de «Melavé Malká» tiene por cometido extender la


inspiración sabática en los días hábiles, es oportuno equipararla con las
demás comidas del Shabat colocando un mantel sobre la mesa y
poniendo cubiertos bonitos. Es bueno mantener la indumentaria sabática
hasta concluida la comida. Así como las comidas del Shabat son
igualmente obligatorias tanto para hombres como para mujeres, «Melavé
Malká» es preceptiva para ambos sexos por igual (Shmirat Shabat
Kehiljatá 63:1-3).

A priori, en esta comida se debe ingerir pan al igual que en las tres
anteriores, adicionándose otro platillo en honor de la misma. Quien no
tiene apetito debe esmerarse en comer aunque sea una medida de
«Kazait» de pan con alguna guarnición. Si no desea comer pan puede
cumplir comiendo «mezonot» o un platillo cocido o frito y cuanto menos
con frutas, tal como vimos respecto de la tercer comida, la «Seudá
Shelishit» (inciso 5).

Quien carece de suficientes alimentos para las tres comidas y además


Melavé Malká, las tres primeras tienen preferencia. La cuarta podrá
cumplirla mediante un «kazait» de pan solamente (Sha´ar Hatziún 300:9).

A priori,  la comida de «Melavé Malká» debe iniciarse contigua a la salida


del Shabat. En el caso de quien no tiene apetito, que intente ingerirla en
las primeras cuatro horas de la noche o al menos hasta medianoche. Si
no comió «Melavé Malká» hasta medianoche, puede hacerlo durante
toda la noche (Iejavé Da´at 4:25, Shmirat Shabat Kehiljatá 63:5).

Hay quienes opinan que quien prolongó su tercer comida hasta después
de salidas las estrellas está exento de «Melavé Malká«, empero en la
práctica se acostumbra que también en este caso se sirve la cuarta
comida (Kaf HaJaím 300:11).

01- El fundamento de la Havdalá.

Es preceptivo despedir el Shabat mediante la Havdalá, en la cual


significamos con la palabra la diferencia entre la santidad del Shabat y el
carácter mundano de los demás días de la semana. La Havdalá es
similar al Kidush en cuanto a que así como se debe recordar la santidad
del Shabat el viernes por la noche con una copa de vino, de la misma
forma, al concluir el Shabat recitamos el texto de la Havdalá con otra
copa de la misma bebida.
Sin embargo, cuando los sabios de la Gran Asamblea («Kneset
Haguedolá«) redactaron el texto de la Havdalá instituyeron que se recite
únicamente durante el rezo, ya que en días de la construcción del
Segundo Templo los judíos eran muy pobres y por esa razón los sabios
procuraron evitarles el gasto que el consumo extra de vino acarrearía.
Empero, más adelante, cuando la comunidad judía en la Tierra de Israel
se asentó y prosperó, los sabios dispusieron que la Havdalá se recite con
una copa de vino. Durante un tiempo, la Havdalá se recitaba únicamente
con una copa de vino y más adelante se dispuso que se recite también
durante el rezo. Las mujeres, que no acostumbran a rezar Arvit, cumplen
con el precepto mediante la Havdalá que se recita con la copa de vino.
Otro tanto ocurre con quien haya olvidado recitar la Havdalá durante el
rezo de Arvit; en este caso, no necesita repetir el rezo pues habrá de
cumplir con la Havdalá con una copa de vino posteriormente (Shulján
Aruj 294:1).

Se recita el texto de la Havdalá del rezo  en la cuarta bendición de la


Amidá pues es la primera que trata de asuntos mundanos y porque
además, en ella pedimos a Hashem que nos conceda discernimiento ya
que sin éste, es imposible diferenciar entre lo santo y lo profano (Talmud
Babilonio Tratado de Berajot 33(A)).

Según la opinión de muchos juristas, el origen de este precepto está en


la Torá como parte del mandato de «Recordarás el Shabat para
santificarlo» (Shemot 20:7) el cual incluye el recitado tanto del Kidush
como de la Havdalá.  Esto implica recordar el Shabat mediante el Kidush
cuando comienza y diferenciar lo santo de lo profano cuando el día
concluye. Los sabios dispusieron que tanto el Kidush como la Havdalá se
reciten acompañados de una copa de vino (Rambám). Hay quienes
opinan que el precepto de la Torá es únicamente recordar al Shabat al
iniciarse; posteriormente fueron los sabios los que decretaron que se
recite la Havdalá al concluir (Rosh).

Las mujeres deben cumplir con el precepto de la Havdalá a la par de los


hombres, y si bien se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo
y normalmente las mujeres están exentas de estos, deben cumplir con el
Kidush al igual que con la Havdalá (como se vio anteriormente capítulo 6
inciso 1). Sin embargo hay quien opina que dado que la Havdalá es un
precepto condicionado por el tiempo, las mujeres están exentas del
mismo (Orjot Jaím). A priori, a los efectos de tomar en cuenta esta
opinión, las mujeres acostumbran a no recitar la Havdalá por sí mismas
sino que la escuchan de boca de un hombre. Empero, cuando no hay un
hombre presente, la mujer debe recitarla con sus cuatro bendiciones. Y si
está presente un hombre que ya cumplió con el precepto de la  Havdalá,
es correcto que la mujer recite ella misma la suya (Mishná
Berurá 296:36). Sólo en caso de que la mujer en cuestión no sepa recitar
las bendiciones, el hombre que ya la recitó  puede hacerlo para ella.

02- Orden ritual del recitado de la Havdalá con copa de vino.

Al inicio de la Havdalá se acostumbra a leer unos versículos de bendición


y buenos augurios de cara a la semana entrante y luego se recitan las
cuatro bendiciones. La primera es «Boré Perí Haguefen» por el vino, la
segunda es una bendición por las especies aromáticas, la tercera es
«Boré Meorei Haesh» por la vela y la cuarta «Hamavdil Bein Kodesh le
Jol» que es el discernimiento entre lo santo y lo profano.

Dos de las cuatro bendiciones – la del vino y «Hamavdil«- son claves en


cuanto a que si se omitieron no se cumplió con el precepto. Los sabios
adicionaron dos bendiciones más: a) por especies aromáticas: su
perfume actúa como aliciente ya que el espíritu está dolido pues al
concluir el Shabat «el alma suplementaria» nos abandona; b) por la vela;
dado que al concluir el primer Shabat de la historia HaShem concedió al
primer hombre la inteligencia que le permitió frotar dos piedras y producir
fuego, nuestros sabios fijaron que cada final de Shabat recordemos este
evento. Quien carece de especies aromáticas o de vela que recite la
Havdalá sin éstas. Si más tarde durante el sábado a la noche consigue
especies, que recite la bendición y las huela. Asimismo, si más tarde en
la noche ve la luz de una vela o de un fuego que recite «Boré Meorei
Haesh«. A priori se deben preparar vela y especies aromáticas para
poder recitar la Havdalá con sus cuatro bendiciones (Shulján Aruj 297:1,
298:1).

El orden de las bendiciones nos va elevando de los sentidos físicos a


sentidos más espirituales. Primeramente recitamos la bendición del vino,
empleando así el sentido del sabor que es el más material. Este no se
puede percibir si un alimento no tocó el paladar de la persona.
Posteriormente ascendemos al sentido del olfato, el cual se puede
percibir aunque el objeto en cuestión no tenga contacto con el cuerpo de
la persona. Luego recitamos la bendición por la luz en la cual empleamos
la vista que es el más sutil de los sentidos y se puede percibir a gran
distancia. Finalmente recitamos la bendición de la Havdalá que se remite
al intelecto, cuyo mayor logro es la comprensión de la diferencia entre los
santo y lo profano (Rashbatz, citado por Kaf HaJaím 296:3).

03- Las costumbres de la Havdalá.


Dado que los sabios dispusieron que la Havdalá se recite acompañada
de una copa de vino, ésta debe ser sostenida durante el recitado con la
mano derecha, que es la más importante de las dos; regla que se aplica
para las demás bendiciones. Por esta razón, cuando en la Havdalá
llegamos a la bendición de las especies aromáticas, debemos
sostenerlas con la mano derecha. En ese momento muchos acostumbran
a apoyar la copa de vino sobre el plato y luego cuando llegan a la cuarta
bendición, la de la diferenciación, vuelven a sostener la copa con la mano
derecha. Hay quienes se esmeran en sostener la copa durante las
bendiciones de las especies y de la vela y como la mano derecha
permanece ocupada con éstas sostienen la copa con la izquierda y al
llegar a la cuarta y última bendición devuelven la copa a la mano derecha
(Shulján Aruj 296:6, Mishná Berurá allí).

Hay quienes acostumbran a recitar la Havdalá sentados, pues de esa


manera todos los presentes participan del recitado junto al oficiante y
cumplen con el precepto al escucharlo (Shulján Aruj 296:6). Hay quienes
acostumbran a ponerse de pie durante la Havdalá para honrar así al
Shabat cuando concluye (Ramá). A los efectos de que quede claro que
los presentes quieren cumplir con el precepto escuchando el recitado del
oficiante, deben ponerse de pie alrededor de éste. A posteriori, también
quien se haya parado lejos y tuvo intención de escuchar la Havdalá,
cumple mediante el recitado del oficiante.

Como en el caso de toda copa de vino que acompaña una bendición por
un precepto, se debe poner atención que esté limpia por dentro y por
fuera. Para cumplir con excelencia se acostumbra a emplear una copa
bonita. La copa debe tener un contenido de «reviit», esto es 75 mililitros
(ver arriba cap. 6 inciso 5, y según el Jazón Ish la medida es de 150
mililitros). Si la copa en cuestión es más grande, es preceptivo llenarla de
vino para honrar así a la bendición con una copa colmada. Si bien en las
demás bendiciones que van acompañadas de una copa de vino como en
el caso de las bendiciones nupciales bajo la «jupá» la copa no ha de
llenarse hasta el tope para que no se derrame vino; en el caso de la
Havdalá, muchos acostumbran a llenarla por completo a los efectos de
que se derrame un poco de vino que es señal de bendición (Ramá 296:1,
ver arriba cap. 6 inciso 6 en las demás reglas de la copa de bendición).

A priori, es bueno que quien recita la Havdalá beba toda la cantidad del
«reviit» para poder así recitar posteriormente la bendición de
agradecimiento por la ingestión de vino. Empero a los efecto de cumplir
con el precepto de la Havdalá alcanza  con que beba un trago completo
(«meló logmav«), es decir, una cantidad de vino que puede llenar la
cavidad bucal cuando una de las dos mejillas está inflada (como se
explicó arriba cap. 6 inciso 5, ver Pninei Halajá Berajot cap. 10 inciso 10).

Quienes escuchan al oficiante, deben permanecer en silencio hasta que


éste termine de beber la cantidad de «meló logmav«; ya que como el
precepto se cumple acompañado de una copa de vino, no concluye hasta
que el oficiante termina de beber. A posteriori, si el escucha habló antes
de que el oficiante comience a beber, cumplió igualmente con el precepto
de la Havdalá (Shmirat Shabat Kehiljatá 60:39, 48:6, ver arriba cap. 6
inciso 10).

04- La bebida del país.

El precepto de la Havdalá se cumple excelentemente con vino que es la


principal bebida porque nutre y alegra. Cuando nos alegramos con vino
por causa de un precepto, éste tiene la virtud de que saca a relucir la
mejor interioridad del Pueblo de Israel. Nuestros sabios dijeron (Talmud
Babilonio Tratado de Shvuot 18(B)) que quien recita la Havdalá con vino
es bendecido con hijos varones.

Cuando no se cuenta con vino se puede recitar la Havdalá con la bebida


alcohólica típica del país («Jemar Mediná«) que se suele beber como
vino (Shulján Aruj 296:2). Por ejemplo, en muchos países se acostumbra
a beber cerveza clara por lo que en todos esos sitios se puede recitar la
Havdalá con ésta y en vez de bendecir «Boré Perí Haguefen» se bendice
«Shehakol«.

Quien posee vino pero prefiere recitar la Havdalá con la bebida del país
hay quien se lo prohíbe (Rabenu Jananel, Rashbám) y hay quienes se lo
permiten (Rambám, Sefer Mitzvot Guedolot). En la práctica, quien tiene
vino pero prefiere la cerveza, es mejor que recite la Havdalá con vino y si
realmente quiere, puede hacerlo con cerveza.

La Vodka y el Arak (Anís) son asimismo consideradas como «bebidas del


país» empero, por causa de su alta graduación alcohólica es muy difícil
beber «meló logmav» (entre 50 y 55 mililitros). Quien pueda ingerir esa
cantidad puede recitar la Havdalá con estas bebidas.

Los juristas discutieron respecto de si es indispensable que la bebida en


cuestión, a los efectos de ser considerada bebida del país, debe
necesariamente contener alcohol. La opinión más moderada considera
que toda bebida con la que se puede honrar a visitas importantes o que
es bebida en reuniones de camaradería se la puede considerar bebida
apta para el recitado de la Havdalá. Según esta idea, la Havdalá se
puede recitar con te, café, cerveza oscura (malta), jugo de naranja o
manzana natural. Empero, según esta opinión no se debe recitar la
Havdalá sobre un refresco endulzado, como por ejemplo, una gaseosa o
bebidas cola ya que éstas no son bebidas importantes sino bebidas
comúnmente empleadas para mitigar la sed. Hay juristas que permiten
también recitar la Havdalá con estos refrescos ya que se puede honrar
con ellos a visitas importantes.

De acuerdo a la opinión más estricta, sólo se consideran «bebidas del


país» a las que contienen alcohol pues son las que se beben en
reuniones sociales y de camaradería. Según esta idea, todas las demás
bebidas no son suficientemente importantes y por lo tanto no se recita
con ellas la Havdalá. Por lo tanto, de acuerdo a esta opinión se puede
recitar la Havdalá con cerveza clara u otras bebidas alcohólicas empero
no  con café, cerveza oscura (malta) o jugo natural.

En la práctica se debe recitar con una bebida alcohólica y solo en caso


de que no sea posible conseguir una se puede, a posteriori, emplear
bebidas importantes que carecen de alcohol.

05- Especies aromáticas.

Nuestros sabios dispusieron que al concluir el Shabat debemos bendecir


especies aromáticas y olerlas, pues en ese momento el alma sabática
suplementaria se retira, el espíritu queda dolido y el perfume de estas
especies aromáticas lo reconforta. Incluso aquella persona que no siente
pesar al retirarse el Shabat, mediante esta disposición rabínica ha de
pensar en que debería afligirse al grado de necesitar reconfortar su
espíritu con un buen aroma.

Recitamos la bendición de «Besamim» al concluir el Shabat mas no al


concluir Yom Tov pues en días festivos no recibimos alma suplementaria.
Cuando al concluir el Shabat se inicia Yom Tov no se recita la bendición
de «Besamim» pues la alegría festiva y sus comidas reconfortan al
espíritu (Shulján Aruj 491:1 y Mishná Berurá).

Al concluir Yom Kipur no se recita la bendición de «Besamim» pues en


este día ayunamos y nos afligimos razón por la cual no recibimos alma
suplementaria y por lo tanto no hay tanto pesar al concluir el día (Shulján
Aruj 624:3).

Todos los que escuchan el recitado de la Havdalá deben oler las


especies aromáticas, por lo que el oficiante debe esperar a que todos lo
hagan y solo después continuar con la bendición de la vela. Si los
presentes no alcanzaron a oler las especies aromáticas y el oficiante ya
pasó a la bendición de la vela, han de escucharla y recién después
habrán de oler las especies. Quien carece de sentido del olfato no habrá
de recitar la bendición de «Besamim» (Shulján Aruj 297:5, Mishná
Berurá 13, Shmirat Shabat Kehiljatá 61:8).

Como es sabido, nuestros sabios dispusieron que se recite una bendición


especial para cada  tipo de especie aromática. Si esta proviene de un
árbol la bendición a recitar es «Boré Atzei Besamim» («que Crea árboles
aromáticos»), si se trata de una hierba se recita «Boré Isbei Besamim»
(«que Crea hierbas aromáticas»), si se trata de una fruta se recita
«Hanotén Reaj Tov Baperot» («que Da buen aroma a las frutas») y si la
especie tiene origen mineral o animal se recita «Boré minei besamim»
(«que Crea especies aromáticas»). Los Ashkenazíes acostumbran a
recitar la bendición «Boré minei besamim» por todos los tipos de
especies aromáticas ya que no todas las personas saben diferenciar el
origen de cada una de estas y si se equivocan de bendición, recitando
por ejemplo «Boré Isbei» por algo originado en un árbol o «Boré Atzei»
por algo originado en la hierba, no cumplen con el precepto. Esto se hace
así ya que a posteriori «Boré minei besamim» sirve para todas las
categorías de especies aromáticas. La tradición Sefaradí es recitar la
bendición específica de cada especie aromática a emplear en la Havdalá,
por ejemplo, por Mirto o Romero se recita «Boré Atzei Besamim»
(Mishná Berurá 216:39, 297:1, Kaf HaJaím 297:31, Pninei Halajá
Berajot cap. 14 incisos 1 y 5).

Se recita bendición por aquellas especies aromáticas que tienen por


finalidad brindar un buen aroma mas no por las que tienen por cometido
eliminar un mal olor como el caso de los desodorantes ambientales que
se colocan en los excusados o los antisudorales de uso corporal (Pninei
Halajá cap. 14 inciso 3).

Hay quienes consideran que no se debe recitar bendición por un perfume


elaborado a base de productos sintéticos ya que naturalmente carecen
de un buen aroma y solo la elaboración artificial se los adjudica. En la
práctica nos parece que quienes quieran recitar la bendición de «Boré
minei besamim» pueden hacerlo ya que al final de cuentas los elementos
químicos que generan el buen aroma tienen su origen en la creación
divina y amerita que se bendiga por ellos (Pninei Halajá Berajot cap. 14
incisos 2 y 3 nota al pie de página número 3).

Hay quienes cumplen con excelencia y emplean para el precepto el


«Etrog» que usaron en Sucot pues como ya se cumplió con este fruto un
precepto, corresponde utilizarlo para la Havdalá. A estos efectos se le
aplican clavos de olor y así el aroma se conserva (según Ramá 297:4).
Por cuanto que en este caso el aroma proviene de dos tipos diferentes
de especie aromática (fruto y árbol), según todas las tradiciones se recita
la bendición «Boré minei besamim» (Mishná Berurá 216:39).

06- La vela.

Nuestros sabios dispusieron que al concluir el Shabat recitemos una


bendición sobre una vela en recuerdo de que al concluir el primer Shabat
de la historia HaShem dio inteligencia al hombre para que frote dos
piedras y obtenga fuego.

A priori, se recita la bendición sobre una antorcha, esto es, una vela
trenzada que posee al menos dos mechas de modo tal que la vela, al
poseer dos fuentes de fuego, irradia una luz potente. Cuando se carece
de una vela trenzada se pueden encender dos fósforos o cerillos ya que
pueden ser considerados como antorcha. De no mediar alternativa se
puede recitar la bendición sobre una vela que posee una sola mecha
(Shulján Aruj 298:2).

La vela debe iluminar lo suficiente como para que de no mediar


iluminación eléctrica se pueda con su luz diferenciar entre dos monedas
diferentes. Los judíos acostumbraron a determinar esto mediante la
observación de las líneas de la palma de la mano y el punto de encuentro
entre los dedos y las uñas y se ha dicho que hacerlo es señal de
bendición (Shulján Aruj 298:3-4).

Quienes escuchan la Havdalá deben contemplar la luz de la vela y


quienes están parados lejos del oficiante deben acercarse para disfrutar
de la luz hasta poder discernir con esta las líneas de la palma de su
mano y el punto de encuentro entre las uñas con los dedos. Quien
escuchó el recitado de la bendición pero no vio la luz de la vela cumplió
con el precepto de la Havdalá pero no con el de agradecer por el fuego.
En ese caso debe encender una vela y recitar la bendición «Boré meorei
haesh» (Mishná Berurá 297:13, 298:13). Quien vio la vela pero no estaba
lo suficientemente cerca como para discernir las líneas de la palma de su
mano no debe volver a recitar la bendición  pues hay quienes opinan que
al ver la vela ya cumplió con el precepto (Orjot Jaím, citado por el Beit
Iosef 298:4, Kaf HaJaím 298:22).

Quienes cumplen con el precepto del encendido de la vela en la Havdalá


con excelencia acostumbran a apagar la luz eléctrica cuando se recita la
bendición correspondiente para que su luz sea más notoria y de esa
manera, quienes están parados a distancia pueden discernir con su luz
las líneas de las palmas de sus manos (ver Shmirat Shabat
Kehiljatá 61:33).

Se puede recitar la bendición únicamente con una vela que se encendió


a los efectos de iluminar mas no con una que se encendió en honor a
alguien como es el caso de una vela de «neshamá» (vela que se
enciende en el aniversario de un fallecimiento) o la vela que se enciende
en algunas sinagogas junto al oficiante (Mishná Berurá 298:30).

Entre los sabios de las últimas generaciones hubo quienes recitaban las
bendición de «Boré meorei haesh» sobre focos eléctricos incandescentes
por cuanto que la electricidad es considerada como fuego. Sin embargo,
muchos opinan que  el foco eléctrico no se considera fuego pues éste
último arde en virtud del oxígeno consumido mientras que en el foco
tenemos un filamento metálico incandescente. Y aunque se pueda
considerar al filamento incandescente como fuego, no se debe recitar
bendición por un fuego que está cubierto por un vidrio. Esto se debe a
que la bendición fue establecida en recuerdo del primer fuego que
encendió Adam el primer sábado por la noche y por lo tanto la bendición
se debe recitar ante un fuego similar, al descubierto.

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