Tres pasos de Fe.
Estamos creciendo cada día en el conocimiento de Cristo, aprendiendo a
alimentarnos, pero así como para todo recién nacido, llega el momento en el que
abandona por primera vez los brazos de los padres y debe aprender a caminar, en
nuestra nueva vida en Cristo es igual, después de todo, estamos moviéndonos en un
mundo nuevo, que descubrimos a medida que nos adentramos en él.
Estamos acostumbrados a movernos según las corrientes del mundo y las
necesidades modernas, pero en la vida espiritual esto debe cambiar; Romanos 12:2
dice “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que
Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar.
Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena,
agradable y perfecta.” (NTV). Debemos comenzar a confiar en el camino que el
Padre nos muestra, sabiendo que no quiere nada malo para nosotros, y que el final
es bueno; esto a menudo significa confiar a ciegas, pues nosotros ignoramos el
panorama completo, pero podemos confiar en que Dios sí lo conoce
(2 Corintios 5:6-8).
Ahora bien, durante nuestra infancia no caminamos del mismo modo todo el tiempo,
pues si así fuera no podríamos crecer, ni avanzar. En los caminos de esta nueva vida
cristiana debemos saber que Dios hace nuevas todas las cosas todos los días y si
no estamos alertas y somos sensibles a su dirección, nos podríamos extraviar.
Isaías 43:18-19 dice: “ No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las
cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la
conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”
Esto quiere decir, que los caminos de Dios no son siempre los convencionales,
puesto que si el destino al que queremos llegar es extraordinario, no podemos
alcanzarlo por las vías ordinarias, recordemos que tratamos de adoptar la
mentalidad de Cristo y no la nuestra. (Isaías 55:8-9).
Dios nos exhorta a buscar cosas nuevas, pero no puede verter sobre nosotros su
espíritu, revelarnos algo nuevo si no nos renovamos primero (Mateo 9:17).
El hombre es un ser perfectible por diseño desde su origen (Génesis 23:18), y es
una obra que no concluye hasta que Cristo venga de nuevo (Filipenses 1:5-6). Él
desea que nos superemos, por ello quiere trabajar en nosotros; no somos seres
defectuosos, somos perfectibles (2 Corintios 12:9) y como Él es nuestro Padre,
procura siempre nuestro bien, (Jeremías 29:11), y por ello nos empuja a avanzar a
pesar de las dificultades.
Veamos a través de las escrituras como Dios desafía la manera de pensar de sus
hijos para llevarlos al lugar que les había prometido ¡a alcanzar la victoria! (Éxodo
14:13-16 y Éxodo 14:21-23)
En un primer término Dios abre el mar, permite que su pueblo pase en seco y, por
si esto fuera poco, quita de enmedio a sus enemigos y permite que su pueblo
esté tranquilo.
Nuestra vida como cristianos suele ser así en un inicio, pues muchas veces
vemos la mano de Dios moverse de esta forma, cuando hay dificultades; Dios
abre un camino para nosotros y todos aquellos que procuraban nuestro mal son
quitados de enmedio. Sin embargo, en la lección anterior nos dimos cuenta que
Dios no nos da la provisión “sólo por nuestra linda carita”, sino que nos anima a
trabajar por el pan.
A ningún padre le gusta tener hijos desobligados ni flojos, pues alguien así está
destinado al fracaso.
Por eso, tiempo después, le pide al pueblo de Israel un nivel más alto de
confianza; Josué 3:14-17 nos narra: “Y aconteció cuando partió el pueblo de sus
tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el
arca del pacto, cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de
los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el
Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), las
aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la
ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del
Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección
de Jericó. Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron
en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de
pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.”
Así pasará algunas veces en nuestro caminar con Cristo. A diferencia de la
ocasión anterior, esta vez los sacerdotes tuvieron que poner el ejemplo al resto
del pueblo y ahora no solamente vieron los problemas “de lejitos nada más”, sino
que sus pies se llegaron a mojar, pero tuvieron que permanecer firmes. A
nosotros nos toca también el momento de ser estos sacerdotes, poner el
ejemplo y confiar a pesar de las incomodidades que nos propinan las
circunstancias, debemos permanecer firmes, hasta que quien venga tras
nosotros termine de pasar.
Por último, Dios sigue desafiandonos una vez más. Leamos Mateo 14:24-29: “ Y
ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era
contrario. Más a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el
mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un
fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero enseguida Jesús les habló, diciendo:
¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si
eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo
Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.”
¡Este nivel no es para cualquiera!, de los 12 discípulos que seguían a Jesús,
sólamente uno se atrevió a seguir su voz hasta las últimas consecuencias.
Tal vez algunos conozcan la historia completa, pero por ahora quiero dejar este
pasaje en suspenso, pues es de esas historias en las que nosotros decidimos el
final.
Ministración:
Es cierto que existe la opción de confiar en Jesús desde la seguridad de la barca,
aunque estemos en medio de la tempestad; puede parecer que a Dios se le olvidó
abrir el mar y que ahora sí, el agua nos va a llegar hasta el cuello, pero nosotros
somos los que decidimos entre escuchar el fuerte viento y la tempestad o la voz
del Maestro que nos dice “¡No temas!, ¡Ten ánimo!”
Señor: Ayúdanos a tener ánimo y creer que si seguimos el camino que Tú nos
marcas, por difícil que parezca, no nos ahogaremos, ayúdanos a distinguir Tu voz
en medio de las circunstancias difíciles y aún danos la firmeza para saber guiar a
otros, te lo pedimos en el nombre de Jesús.
¡Amén!
(Ofrendas)
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos.
Amén. (Fil.4:19).