Filosofía Contemporánea (I)
Marx (1818 - 1883)
1. Las influencias del socialismo utópico, de la izquierda hegeliana y de la
Economía política
El siglo XIX es el siglo de las revoluciones (1830, 1848, 1871) que se inician en Francia y se extienden por
toda Europa. Sociológicamente Europa se transforma:
-La burguesía -capitalista e industrial- triunfa e impulsa el liberalismo político, teorizado por Locke y
Montesquieu (opuesto al despotismo, pretende limitar el ejercicio del poder mediante la separación de poderes, la
descentralización y el control parlamentario) que es el fundamento del gobierno representativo y del parlamentarismo.
Impulsa también el liberalismo económico, siguiendo las propuestas de Adam Smith, que se opone a la intervención
del Estado en materia económica y es el fundamento doctrinal del capitalismo.
-Los movimientos democráticos intentan superar el liberalismo proponiendo libertad para todos e igualdad
de oportunidades (el sufragio universal se consigue en Francia en 1848) lo que conducirá a una democracia
parlamentaria de partidos políticos.
-En la última parte del siglo la difusión de las ideas socialistas y anarquistas responde a la situación de
miseria del proletariado, a su adopción por el movimiento obrero y a la crisis del capitalismo liberal.
*Nota: socialismo es la teoría política o práctica social que propugna o ejercita la posesión y administración
pública de los medios de producción en favor del interés general de la sociedad y no de clases o grupos particulares.
En Francia los primeros socialistas se enfrentan con las consecuencias de la Revolución Industrial y
proponen programas de transformación social más o menos utópicos inspirados en Rousseau, los ideales románticos y
cierta mentalidad positivista (Marx considerará este socialismo como utópico y acientífico).
Saint-Simon y Fourier en Francia y Robert Owen en Inglaterra, son los principales representantes del
socialismo utópico. Sensibilizados con la situación de explotación de la clase obrera, reivindican una serie de reformas
sociales que eliminen las diferencias de clase (por ejemplo, reformas como las comunas y cooperativas de
trabajadores mejorarían la producción y distribución de riquezas).
El socialismo utópico tiende a desaparecer en la medida en que la lucha política y económica y la crítica a la
economía liberal burguesa permite el paso a posturas más realistas y elaboraciones más científicas.
La expresión “socialismo utópico” fue acuñada por Engels en su obra Del socialismo utópico al socialismo
científico. Marx y Engels lo consideran utópico por basarse en postulados morales de reforma social y, a él, van a
oponer su “socialismo científico” que fundamenta la revolución y la sociedad socialista en el análisis científico de la
historia: el nuevo orden social debe construirse desde una comprensión de las profundas leyes que rigen el desarrollo
de la economía y de la historia.
Desde el punto de vista cultural, en el siglo XIX y como reacción contra la Ilustración, surge el
Romanticismo. Contra el racionalismo ilustrado se coloca en primer término “lo irracional” (el sentimiento, la
intuición y la imaginación) como vía de acceso a la realidad. El concepto de razón no se pierde sino que se trata de
una nueva racionalidad: la razón se convierte en un poder infinito, un Espíritu Absoluto que rebasa los límites de la
racionalidad humana.
El Idealismo alemán, que surge como transformación del pensamiento de Kant, suele considerarse como
“filosofía romántica” y tiene como máximo representante a Hegel (máxima expresión del Idealismo Absoluto). Hegel
propone un nuevo concepto de racionalidad, la Razón Infinita, Absoluta y Creadora (llamada también “Yo”, Idea o
Espíritu) y pretende conocer e interpretar toda la realidad partiendo de la Idea. Todo es conciencia, “todo lo real es
racional”, el ser coincide con el “deber ser”, todo cuanto sucede tiene una justificación racional.
Los seguidores de Hegel se dividen en :
-derecha hegeliana que continúa el sistema hegeliano: la realidad es ya razón realizada (actitud
conservadora)
-izquierda hegeliana: se quedan con su método (método dialéctico) pero substituyendo la dialéctica de la
Idea por la dialéctica de la Materia. Su principal representante es Feuerbach.
Para la izquierda hegeliana la realidad, en su situación presente, es irracional y, por lo tanto, debe ser
transformada para que sea verdaderamente racional. La racionalidad de lo real no es un hecho sino algo por hacer,
una tarea (actitud crítica y progresista). El marxismo es tributario de esta actitud crítica. Para Marx “la existencia del
proletariado contradice la supuesta racionalidad de lo real” y la filosofía de Hegel sería una justificación teórica de una
situación social y política, el estado prusiano, fundamentada en una interpretación falsa de la realidad.
Marx y Engels harán una dura crítica tanto del idealismo absoluto hegeliano como del materialismo
mecanicista de Feuerbach, proponiendo, frente a ellos, un “materialismo histórico” que es su superación dialéctica.
Como afirma Lenin en la obra Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, el marxismo también
surge de la crítica a la economía política inglesa cuyos principales teóricos eran Adam Smith y David Ricardo.
Ambos tratan de legitimar el liberalismo económico en auge después de la Revolución Industrial de finales del XVIII.
Según estos autores las leyes del capitalismo son leyes naturales e inamovibles que es preciso respetar. Las
leyes de la oferta y la demanda y sus consecuencias (precariedad laboral entre otras) serían necesarias e indiscutibles
para el buen funcionamiento del sistema.
La profunda crítica de Marx, sobre todo en su obra El Capital, pretenderá un cambio en las relaciones de
producción y un nuevo sistema económico que defienda los intereses de la clase obrera (Economía marxista).La crítica
de la economía política inglesa y del capitalismo como sistema de explotación está orientada al fin último de la
revolución proletaria y de la sociedad comunista.
2. Revolución Industrial y movimiento obrero
En el siglo XIX el orden social experimenta profundas transformaciones derivadas de la industrialización que
supuso el paso de una economía basada en la agricultura y las manufacturas artesanales a la producción mecanizada
del obrero en las fábricas.
La industrialización hace visible el vínculo entre ciencia y técnica, en términos económicos productivos, cuyas
bases filosóficas encontramos en Bacon y Descartes.
La Revolución Industrial comenzó a finales del XVIII en Gran Bretaña y se extendió por Europa, sobre todo
Francia y Alemania. Gran Bretaña poseía la tecnología y la necesaria concentración de capital económico y humano
para poner en marcha las nuevas empresas. El aumento de la población, debido al descenso de la mortalidad, no sólo
proporcionaba suficiente mano de obra, sino que además ofrecía un excedente de obreros que facilitaba el
abaratamiento de los salarios. A nivel político, el liberalismo estaba suficientemente desarrollado como para que las
iniciativas de la burguesía no fuesen abortadas por el intervencionismo estatal.
De este modo el capitalismo industrial se desarrolló en Gran Bretaña para extenderse a Europa y Estados
Unidos. Su desarrollo dejaba atrás las viejas estructuras estamentales y constituía un nuevo orden social cuyos
principales agentes son la burguesía y el proletariado.
La antigua nobleza latifundista es sustituida por la nueva burguesía industrial como clase dominante y
dirigente de la sociedad capitalista. Además, el desarrollo industrial trae consigo la proletarización de enormes masas
de asalariados que se concentran en las grandes ciudades industriales. Esta nueva clase obrera se ve sometida a
condiciones de extrema explotación soportando situaciones infrahumanas que afectan incluso a los niños.
El sistema capitalista de producción producía grandes beneficios para los dueños de los medios de producción,
los burgueses, pero producía también miseria material y espiritual para los trabajadores y una inmensa masa de
población que vive en condiciones miserables, sin ningún tipo de legislación que vele por sus intereses y a la que se le
niega, incluso, el derecho a votar. Esta clase proletaria explotada se va organizando, poco a poco, en un
movimiento obrero (sindicatos) que, dirigido y apoyado por intelectuales radicales, será el protagonista del siglo.
Los primeros sindicatos surgieron en Inglaterra, donde en 1834 se constituyó la Grand National Consolidated
Trade Unions; en Francia aparecen entre 1830 y 1840 las “sociedades de socorros mutuos” cuyo objetivo era auxiliar
a sus miembros en caso de enfermedad, vejez o especiales dificultades económicas.
Si la revolución de 1830 tuvo un carácter fundamentalmente burgués, en la de 1848 empieza a observarse el
despegue de un proletariado que ya no se limita a secundar las reivindicaciones de la burguesía, sino que exige
mejoras sociales y sufragio universal; finalmente la revolución de 1871, la Comuna de París, fue ya una revolución
obrera. Marx apoyará a la Comuna de París con su escrito La guerra civil en Francia -1871-. En 1864, en Londres, se
había fundado la Asociación Internacional de Trabajadores, también conocida como Primera Internacional, Marx fue
uno de sus fundadores y redactor de sus Estatutos y del Discurso inaugural (en 1889 se fundó la Segunda
Internacional).
Desafiando a los ideólogos de la nueva burguesía que hacían del capitalismo un sistema definitivo por ser el
más conforme con la naturaleza humana, un grupo de intelectuales burgueses radicales inician una crítica del
sistema capitalista y elaboran una teoría coherente con las demandas del movimiento obrero. Estos intelectuales
socialistas tratan de demostrar que el capitalismo puede y debe ser superado por un nuevo modo de producción más
justo y más humano.
El “socialismo científico” de Marx y Engels pretende ser la respuesta válida al gran problema social
desencadenado por la revolución industrial. Ambos fueron intelectuales burgueses comprometidos en la defensa de la
clase obrera
3. El nacimiento de las ciencias sociales
El debate acerca de cómo debe ser una “buena sociedad” se remonta a Tucídides, Platón y Aristóteles.
Incluso el Código de Hammurabi, del siglo XVIII a.C. se justifica con la necesidad de un “gobierno estable”.
Podría considerarse a la “politología” como la primera de las ciencias sociales pero, propiamente, no puede
hablarse de ciencias sociales hasta bien entrada la modernidad. La politología nació en el siglo XVI a partir de que
Maquiavelo consagrara sus obras a los principios en los que se fundamenta el Estado. Su obra El Príncipe (1532)
describe el método por el cual un soberano obtiene poder y consigue conservarlo.
Cronológicamente, la segunda de las ciencias sociales es la economía, que en el siglo XVIII aporta dos
conocidas figuras, Adam Smith y David Ricardo, quienes sentarán las bases de la llamada Escuela Clásica (le seguirán
la sociología, la antropología, las ciencias de la educación, de la comunicación, la psicología, la criminología).
Las ciencias sociales son un producto de la modernidad, un intento de explicar las conmociones sociales. Por
ejemplo, la que se produjo a fines del XVIII con la Revolución Industrial. Para explicar esa revolución, nacieron dos
proyectos teóricos, uno era más normativo, el marxismo (en Alemania); el otro fue más descriptivo, resultado de la
sociología académica: el positivismo (en Francia e Inglaterra).
Augusto Comte (1798 -1857) es considerado el fundador del positivismo. Declara que se inspira en Bacon,
Galileo y Descartes para considerar a la ciencia experimental como guía única de la humanidad y fundamento de un
progreso indefinido (ideales tomados de la Ilustración). Es, además, el padre de la sociología (acuñó el término en
1838 para describir la nueva ciencia que descubriría las leyes de la sociedad humana del mismo modo que se
habían descubierto las leyes de la naturaleza)
La revolución científica había comenzado como revolución astronómica, para extenderse después a la física
terrestre. Es después de la Revolución Francesa cuando esta propuesta de un nuevo método científico se va a aplicar
al ámbito de las ciencias sociales. Comte concebía la sociología como un nuevo paso adelante en el alcance del método
científico: la ciencia aplicada a la sociedad. De su voluntad de abordar científicamente el estudio del “hecho” social
da cuenta el nombre de “física social” con el que Comte bautiza a la sociología.
El nuevo orden que surge de la revolución política e industrial ya no puede adaptarse, según la ley de los tres
“estados” de Comte, ni a un estado religioso, ni a un estado metafísico. La era industrial se sitúa en el estado
positivo: la búsqueda de las leyes que explican los hechos permite construir el orden social (dejando atrás las
fantasías religiosas y las abstracciones metafísicas).
El positivismo y la sociología de Comte surgen de la convicción de que la totalidad del orden social debe ser
reconstruido según los dictados de la razón científica, de la diosa razón alzada por la Ilustración.
Asi como el positivismo trató de responder a la necesidad de reorganizar la sociedad para integrar las
transformaciones tecnológicas y políticas de la época, el marxismo ofrecerá otro proyecto de reorganización social
con la finalidad de eliminar las dramáticas desigualdades que el avance de la sociedad industrial dejaba a su paso. Esta
reorganización implicaría el tránsito revolucionario del capitalismo al comunismo. Para Marx, los cambios
sociales se producirían por la fuerza, o no se producirían nunca.
Positivismo y marxismo comparten la convicción de que la historia obedece a unas leyes de desarrollo y de
que, por fin, llegó el momento histórico en que la razón las reconoce. Una vez reconocido esta legalidad interna, lo real
se vuelve “planificable”, se podrían eliminar desajustes e irracionalidades. Esta vocación de planificar racionalmente la
vida es común al positivismo y al marxismo.
4. El concepto de alienación
El término “alienación” proviene del latín “alienus” (ajeno, extraño) y tradicionalmente fue usado en un triple
sentido:
-en un sentido económico significa la transmisión, fundamentalmente por venta, de una propiedad de una
persona a otra (es decir, de ser propia, pasa a ser ajena)
-en un sentido jurídico significa la transferencia que un individuo hace de su libertad a la sociedad (contrato
social de Rousseau)
-en un sentido teológico expresa la acción por la que Dios crea y produce el mundo.
Marx hereda el concepto de alienación de Hegel y Feuerbach, pero le da una nueva interpretación.
Hegel afirma que es la Idea la que se aliena, saliendo fuera de sí misma se exterioriza en la naturaleza (se
hace objeto), para, en un tercer momento, volver a sí misma, reconciliándose consigo misma en una síntesis que
identifica sujeto y objeto en el Espíritu Absoluto.
De este modo, la alienación es necesaria para poder llegar después al reencuentro, a la síntesis, a la
identificación de sujeto y objeto como superación de la alienación. La superación de la alienación está en el
“autoconocimiento absoluto de la Idea”.
Para Feuerbach es el hombre genérico el que se aliena, proyectando fuera de sí un conjunto de cualidades
que le pertenecen y que se convierten en un objeto independiente a quien el hombre rinde culto (Dios).No es Dios
quien crea al hombre, sino el hombre el que crea a Dios
Es, por tanto, una alienación religiosa que debe quedar después eliminada para que el hombre pueda
reencontrarse consigo mismo. Cuando el hombre se dé cuenta de que Dios es un puro “ser pensado” y se atribuya a sí
mismo esas cualidades, es decir, niegue a Dios (ateísmo) y se reconcilie consigo mismo, entonces dejará de estar
alienado (la crítica materialista de la religión suprime la alienación). Superar la alienación religiosa implica superar una
fase infantil de la humanidad en la que el hombre, como los niños, confundía realidad y ficción.
Liberado de Dios, el hombre ya no se preocupa de una vida mejor en el más allá sino de hacer mejor su vida en este
mundo. Lo importante, ahora, será la conducción política del Estado.
Marx utiliza distintos términos para comprender y expresar mejor el fenómeno de la alienación:
-enajenación: naturaleza activa, productiva, del ser humano que, en su acción transformadora se desposee
de algo de sí mismo, pierde algo de sí: su fuerza de producción o trabajo. En este sentido, enajenación no encierra
ninguna connotación negativa (o “alienante”) sino que es algo connatural al ser humano en cuanto exteriorización de
su propia actividad práctico-productiva.
-alienación: cuando los productos de la actividad humana, sea material o espiritual, se convierten en
fuerzas superiores autónomas e independientes que dominan al ser humano. El ser humano, libre y creador,
pasa a ser dominado y esclavizado por los objetos creados.
Marx distingue tres clases fundamentales de alienación: alienación religiosa, alienación socio-política y
alienación económica (la más importante)
Alienación religiosa: Marx acepta la tesis básica de Feuerbach de que es el ser humano el que crea a Dios y
a la religión, y no al contrario. Pero Marx va más allá afirmando que la alienación religiosa es sólo un fenómeno
derivado, reflejo de la miseria económica y social. La religión viene a justificar, como algo inamovible, las
desigualdades e injusticias sociales, con la esperanza de la superación de éstas en mundo aparte representado por el
cielo. La religión actúa como la “dormidera”, adormecedora de las conciencias, es el “opio” del pueblo. Para Marx será
necesario eliminar las condiciones materiales que conducen al hombre a alienarse religiosamente.
Alienación socio-política: es la crítica de la filosofía del Estado de Hegel. El hombre, en la sociedad
burguesa, está alienado porque está dividido en dos esferas, como individuo público o ciudadano tiene unas
obligaciones con las leyes y con el Estado y como individuo privado esas obligaciones no son satisfactorias para él,
pues las leyes del Estado representan los intereses de la clase dominante . De este modo, el Estado, en cuanto
comunidad ilusoria que concilia los intereses antagónicos entre individuos, tiene la misma función que Dios en la
religión: siendo creación humana se convierte en un poder autónomo y enemigo del hombre.
Alienación económica: es la más importante para Marx pues toda alienación tiene su raíz última y
fundamento en la alienación económica. Tiene lugar en el proceso de trabajo dentro de la sociedad capitalista y en una
triple dimensión:
1. Alienación del trabajador con respecto al producto de su trabajo: el hombre al trabajar se proyecta sobre
los productos de su trabajo, pone en cada producto algo de su ser, toda su energía humana, es decir, que el producto
es una “objetivación del trabajador”, en el producto queda inscrita su personalidad.
Ahora bien, debido al sistema de producción capitalista, el trabajador considera los productos como objetos separados
de él, como si fueran algo distinto de la personalidad que ha impreso en ellos. Considera esos productos con entidad
propia ya que los productos de su trabajo no están bajo su dominio sino que dependen de los propietarios de los
medios de producción (los capitalistas). Los productos de su trabajo se convierten en “capital” de otro (aliud) y es
entonces cuando se produce la alienación: el hombre se vacía de sí mismo y en lugar de atribuirse la realidad de sus
productos, los considera como algo ajeno, distinto de el, “un ser extraño, un poder independiente” que el no posee ni
domina. Al contrario, cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer (se quedan en manos
de unos pocos, los capitalistas,) y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del “capital”
En el Marx maduro el dominio de las cosas sobre el hombre es denominado fetichismo: la mercancía, el
dinero o el capital son auténticos fetiches (ídolos) que esclavizan al hombre.
2. Alienación del trabajador con respecto a su propia actividad productiva: el trabajo constituye la
esencia del ser humano, el hombre trabajador se crea a sí mismo, se hace, se desarrolla, se potencia a sí mismo
transformando la naturaleza, desarrolla su personalidad dominando la naturaleza mediante el trabajo. Ahora bien, en
un sistema de producción capitalista el trabajador vende su fuerza de trabajo a otro, de tal modo que, cuando
trabaja, no se pertenece a sí mismo sino que pertenece a otro: el propietario de los medios de producción:
“en su trabajo no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz sino desgraciado; no desarrolla una libre
energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí
fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en lo suyo.
Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado”
Manuscritos de economía y filosofía, I (1844)
Al vender su fuerza productiva, el ser humano se “desrealiza” como trabajador, se convierte en instrumento
de otro hombre, es decir, que el trabajador se convierte en “cosa” (res), es hecho “cosa”: es reificado y se le somete
al mismo trato y uso que las cosas. Es decir, el ser humano deviene una mercancía.
3. Alienación del trabajador con respecto a otros: como consecuencia de lo expuesto anteriormente, las
relaciones humanas también están alienadas. En la sociedad burguesa las relaciones humanas son fundamentalmente
relaciones mercantiles y de competencia, haciendo de cada hombre un ser ajeno, extraño y enemigo de los
demás. Esta forma de alienación se manifiesta sobre todo en las relaciones antagónicas entre burguesía y
proletariado, es decir, entre capitalistas (propietarios, explotadores) y obreros (no propietarios, explotados). Esta es
la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel, no idealizada sino convertida en realidad histórica: el motor de la
historia es la lucha de clases.
En conclusión, la alienación como pérdida de si mismo y expropiación de lo que es su propiedad, como
reificación del ser humano y escisión de sí mismo, es consecuencia de una determinada organización de la vida social
y económica en una época histórica determinada. La tarea que Marx asume será, pues:
-estudiar y conocer esa estructura socio-económica o modo de producción (es decir, elaborar una teoría
científica de la sociedad y, en último término, una teoría de la historia).
-transformar prácticamente esa realidad social para que sea posible la plena realización del ser humano.
En sus obras, Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (1867) lleva a cabo una
crítica teórica de la economía política (que es ideológica en la medida en que oculta la alienación esencial del trabajo)
y de la alienación económica.
El fin que Marx se propone es, pues,la superación de todo tipo de alienación, la recuperación de la
verdadera esencia del ser humano y la reconciliación definitiva del ser humano consigo mismo, con la naturaleza y con
los demás, en un nuevo tipo de sociedad: la sociedad comunista. Sólo el comunismo, entendido como
supresión de la propiedad privada, es decir, del capital, permitirá la eliminación de todas las alienaciones y
la humanización del hombre.
5. El análisis de la mercancía y el concepto de plusvalía
Marx no sólo formuló una teoría científica sobre la evolución de los distintos modos de producción
(materialismo histórico), sino que además hizo un análisis científico del modo de producción burgués, que era lo
que más le interesaba de cara a fundamentar la revolución.
Este análisis se contiene, básicamente, en su obra principal El Capital, que es, como afirma el subtítulo, al
mismo tiempo una “crítica de la economía política” y una crítica del capitalismo como sistema de explotación. Ambas
críticas están orientadas al fin último de la revolución proletaria y del comunismo.
El método de investigación de Marx consiste en descubrir, debajo de las meras apariencias ideológicas, las
leyes objetivas, es decir, científicas, que rigen el funcionamiento del sistema capitalista de producción. El
método dialéctico de Marx consigue desvelar lo oculto: el fetichismo de la mercancía, el enigma de la plusvalía, la falsa
libertad e igualdad del contrato de trabajo....
Si comienza por el análisis de la mercancía es porque contiene todas las características de la economía
burguesa. Mercancía es todo producto intercambiable por otro en el mercado; en toda mercancía puede distinguirse:
- un valor de uso: utilidad específica que tiene un producto de satisfacer determinada necesidad a través
del consumo.
– un valor de cambio: proporción concreta en la que puede cambiarse por otra mercancía o por dinero.
Es decir, que expresa determinada relación cuantitativa de equivalencia entre dos mercancías
cualitativamente distintas (por ejemplo, un par de zapatos = una camisa) Esta proporción indica que
ambas son iguales a una tercera cosa invisible: el valor (valor potencial intrínseco que sólo se manifiesta
a través del cambio; sucede como si el valor durmiese en el interior de la mercancía hasta llegar al
mercado).
Según Marx, ninguna cosa puede tener valor de cambio si no tiene un valor de uso, pero el valor de una
mercancía no es causado por el uso al que se destina mediante el consumo (es decir, la causa final), sino que la
única fuente del valor es el trabajo (es decir, la causa eficiente).
La teoría del valor-trabajo es el núcleo central de El Capital y Marx la utilizó, frente a los economistas
clásicos, para desenmascarar la explotación capitalista basada en la propiedad privada de los medios de producción.
El trabajo, según Marx, es valor y crea valor, pero no tiene valor. Una cosa que no es producto del trabajo
(aire, tierra virgen...) puede tener valor de uso, pero no tiene valor. Por tanto, sólo el trabajo humano es la base y la
fuente del valor. De este modo, el valor de una mercancía viene dado por la cantidad de trabajo incorporado en ella
y se expresa cuantitativamente por el “tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla”
No se trata, sin embargo, del trabajo concreto e individual, el del zapatero o el del sastre, sino de un trabajo
abstracto en cuanto mero gasto de energía humana (fuerza de trabajo) que se toma como medida en una
determinada sociedad.
El trabajo concreto crea valor de uso mientras que el trabajo abstracto crea el valor.
En el sistema burgués el trabajador “libre” se ve obligado a vender su fuerza de trabajo al capitalista a
cambio de un salario para poder subsistir, tal como se acuerda en el contrato de trabajo. El salario es el precio de la
fuerza de trabajo (no del trabajo).
Según Marx, el asalariado tiene la ilusión de firmar un libre contrato de trabajo, pero, en realidad, sólo es
libre para elegir a su amo y permanece encadenado al capital.
La fuerza de trabajo, comprada por el capitalista y utilizada por él durante un tiempo determinado,
establecido por el contrato de trabajo, crea un valor más grande que su propio valor. Este excedente de valor que
el obrero crea cuando trabaja se llama plusvalía.
Si un obrero trabaja doce horas, en las seis primeras crea un valor equivalente al valor de su fuerza de
trabajo (es el tiempo de trabajo pagado por el salario); pero las seis horas restantes son un tiempo de trabajo, que a
él no le pagan, que da lugar a la plusvalía, es decir a la ganancia del capitalista.
La plusvalía es el secreto oculto y rasgo típico de la explotación del trabajador por el capitalista.
Cuanto más se pueda producir en menos tiempo, menos será el trabajo necesario para producir el salario
pagado por el empresario y más fácil le será a este último incrementar su plusvalía, pues se basa en quedarse con el
fruto del trabajo añadido (el trabajo que el obrero realiza sin que se le retribuya el beneficio que produce). El total
de la plusvalía (plusvalía absoluta) o la plusvalía que en términos absolutos se embolsa el empresario, es relativa,
pues, a la eficacia productiva del trabajador (plusvalía relativa)
Una máquina de hilar algodón si contribuye a crear plusvalía se convierte en capital, de manera que los
medios de producción (máquinas, y materias primas), en sí mismas no son capital (aunque eso pensaran los
economistas clásicos), sólo bajo determinadas condiciones se convierten en capital.
El capital puede definirse como un valor que se revaloriza continuamente, que aumenta indefinidamente, a
través de sucesivas metamorfosis: dinero, medios de trabajo, fuerza de trabajo, mercancías. Por tanto, el capital no es
una cosa, sino una relación social entre personas mediada por las cosas.
El gran descubrimiento de Marx consiste en desenmascarar las relaciones de explotación de una clase por
otra, que se manifiesta en la teoría de la plusvalía y que hacen del capitalismo el más coactivo y sofisticado de todos
los sistemas de producción.
Cuanto más esclavo es el trabajador, cuanto más se deshumaniza al proletariado, más poderoso se vuelve el
amo capitalista. De ahí que cada vez sean menos los que tienen más y más los que tienen menos. El capitalismo
tiende inercialmente a la concentración de capital en manos de unos pocos. Pero dicha deriva estructural del
capitalismo hacia la desigualdad creciente va despoblando a la burguesía (pues la propiedad de los medios de
producción se concentra cada vez más en menos individuos) y aumentando las filas del enemigo natural del burgués:
el proletario. Sólo hace falta que este último cobre conciencia de su poder real y de la explotación que sufre para que,
según Marx estalle la revolución que ponga punto final al capitalismo burgués y abra paso al comunismo del
proletariado.
Dicha revolución tendrá que ser violenta ya que los explotadores no cederán pacíficamente sus privilegios,
pero es inexorable. La dialéctica de la historia conduce necesariamente a la revolución proletaria.
6. El materialismo histórico
En un sentido “crítico-filosófico” el marxismo es una crítica de la filosofía, o, al menos, de una cierta idea
y función de la filosofía. Si por filosofía se entiende lo que entendió la conciencia filosófica anterior, entonces el
marxismo proclama la superación y desaparición de la filosofía.
Partiendo de la tesis XI sobre Feurbach, en la que Marx afirma: “los filósofos se han limitado a interpretar el
mundo de diversos modos, de lo que se trata es de transformarlo” podemos afirmar que el elemento específico de la
filosofía marxista reside en la articulación de dos niveles distintos:
-un nivel teórico de conocimiento científico de la realidad socio-histórica
-un nivel práctico en cuanto programa político de transformación social de esa realidad.
El marxismo convierte a la ciencia en fundamento de la revolución, y la crítica marxista se ejerce
principalmente sobre el idealismo (en especial el de Hegel) y sobre el materialismo mecanicista (en particular el de
Feurbach).
Feuerbach había llevado a cabo la inversión del idealismo hegeliano afirmando, (contra la prioridad dada por
Hegel a la Idea, al Espíritu) la existencia de una única realidad: la realidad natural y material. La única realidad
es la naturaleza, lo sensible e inmediato, y todo lo que llamamos espíritu es materia o producto de la materia (Dios es
un pensamiento del hombre por lo que la esencia de Dios es la esencia del hombre, es el hombre el que “crea” a Dios,
exteriorizando y objetivando cualidades humanas).
Marx, al igual que Engels y, en general, la izquierda hegeliana, aceptó en principio la tesis de Feuerbach, pero
en seguida consideró insuficiente y falsa su interpretación (la crítica de Max está contenida, fundamentalmente en las
Tesis sobre Feurbach -1845-). Marx afirma que el materialismo de Feuerbach es un materialismo mecanicista: la
naturaleza se explica por medio de causas mecánicas y sería una perpetua repetición de lo mismo, por eso, según
Marx, se muestra “incapaz de concebir el mundo como una materia sujeta a desarrollo histórico”. Además, el ser
humano es interpretado por Feuerbach como un ser “contemplativo”, es decir, que Feuerbach no tiene en cuenta la
actividad práctico-productiva del sujeto (la praxis) como característica humana y sólo considera auténticamente
humano el comportamiento teórico.
El materialismo marxista se distingue tanto del idealismo como del materialismo mecanicista y es, al
mismo tiempo, la verdad unificadora de ambos, su “superación dialéctica” (Marx aplicó la dialéctica a la historia y
a la economía, doctrina que se conoce con el nombre de “materialismo histórico”; en cambio Engels aplicó la
dialéctica a la naturaleza, con independencia de la historia y del hombre, creando el “materialismo dialéctico”).
Contra el idealismo de Hegel, Marx afirma la prioridad del ser, la naturaleza, sobre el pensamiento -la
naturaleza es independiente respecto al pensamiento-. Contra el materialismo mecanicista y Feuerbach, Marx
afirma que no es posible separar la naturaleza del hombre y que el hombre no es un ser contemplativo sino activo,
transformador de la naturaleza. Esto es lo que no supo ver Feuerbach: el mundo que nos rodea no está así dado desde
toda la eternidad, sino que es un “producto histórico resultado de toda una serie de generaciones que lo han
transformado”.
El materialismo de Max consiste en considerar la realidad como acción productiva o trabajo del ser
humano en y con la naturaleza: proceso dialéctico real de producción. Es el concepto de “praxis” (actividad
práctica o trabajo) el que permite a Marx superar el idealismo y el materialismo mecanicista: lo real es el mundo
humanizado por el trabajo humano.
De este modo, el materialismo marxista consiste en la afirmación de dos ideas:
1. Las relaciones que el hombre establece con la naturaleza y con los demás hombres son relaciones
materiales; es decir, los hombres “arrancan” a la naturaleza sus bienes (del fondo de la mina el
hierro, de los campos el trigo...) y transforman esos bienes y los intercambian para poder satisfacer
sus necesidades materiales. A esto llama Marx: la producción social de la vida.
2. Las relaciones del hombre con la naturaleza y con los demás hombres son las que dan origen, en
última instancia, a la ideología y a la estructura jurídico-política del Estado. En este sentido
afirma Marx que “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino que es el se social, es
decir, la sociedad, el que determina la conciencia del hombre”.
El materialismo marxista consiste, pues, en la afirmación de que la producción material, la distribución, el
intercambio y consumo de bienes, que tienen que satisfacer las necesidades humanas, son la raíz de que los hombres
desarrollen determinada mentalidad, elaboren determinadas leyes y se dé determinado modo de gobernar la sociedad.
En conclusión, el materialismo marxista es una interpretación de la historia a través de la materia: la
materia a través de un proceso dialéctico va haciendo la historia. Esa materia es “el sistema de producción
de los bienes materiales” o “las relaciones económicas de producción” o “lo económico en el campo de las
relaciones de producción de los bienes materiales”.
A esta concepción materialista de la historia se le ha dado el nombre técnico de materialismo histórico
(nomenclatura que Marx desconoció) que aparece como una teoría científica sobre la historia y la sociedad
humana.
Marx, en colaboración con Engels, hizo un primer esbozo de esta teoría (en polémica con la filosofía idealista
de la historia de Hegel y sus discípulos de la izquierda hegeliana) en la obra La ideología alemana (1845) afirmando
que “no son las ideas las que dirigen la historia, sino que es la producción material”
Es decir, al contrario de lo que afirmaba Hegel, no es la vida espiritual (filosofía, moral, religión...) lo que dirige la
historia, sino que lo verdaderamente importante en la historia es la vida material, lo que los seres humanos producen
y cómo lo producen (con qué instrumentos).
Pero la formulación más precisa del materialismo histórico la hizo Marx a finales de los años cincuenta,
en el famoso prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859) en donde aparecen los conceptos
básicos para la explicación de la historia como “proceso real de producción”.
Para Marx, la historia humana es la sucesión dialéctica de los distintos modos de producción, es decir,
de los distintas maneras de producir los bienes materiales según las distintas sociedades:
-modo de producción primitivo: propiedad colectiva de los bienes
-modo de producción esclavista: dominio del amo y sometimiento del esclavo,el esclavo como “instrumento”
del amo
-modo de producción feudal: el señor dueño de la tierra
-modo de producción capitalista: el burgués capitalista es el propietario de los medios de producción (es
decir, instrumentos, máquinas, materias primas...) y de la fuerza de trabajo del trabajador (es decir, de la
energía humana empleada)
-modo de producción socialista: propiedad colectiva de los medios de producción.
Todo modo de producción es una totalidad orgánica que comprende dos partes, la infraestructura
económica y la superestructura.
a) La infraestructura económica o base material está formada por dos elementos:
1. fuerzas productivas: que comprenden tanto la fuerza de trabajo como los medios de
producción
2. relaciones de producción: son las relaciones que se establecen en el proceso de producción
entre los propietarios de los medios de producción y los trabajadores. Estas relaciones son de
explotadores-explotados en todas las sociedades clasistas ya que el trabajador vende su fuerza
de trabajo al precio y condiciones que establezca el dueño de los medios de producción.
b) La superestructura formada también por dos niveles:
1. estructura jurídico-política (Estado y Derecho)
2. estructura ideológica: filosofía, moral, arte... en cuanto formas de conciencia. Es decir, el
conjunto de representaciones (ideas, mitos creencias...) y valores de la sociedad. Para Marx
tiene un sentido peyorativo pues tiende a justificar la estructura económica que sostiene
una vida alienante.
La tesis básica del materialismo histórico afirma que en cada época la infraestructura económica
determina o condiciona la superestructura ideológica. Es decir, que la producción material condiciona la
producción espiritual, que el ser social determina la conciencia. La relación entre infraestructura y superestructura no
se debe entender, sin embargo, de manera unilateral, de manera que, siempre y en todo lugar, la base económica sea
causa y la superestructura efecto. La superestructura tiene una autonomía relativa y puede influir sobre la
infraestructura (por ejemplo, el influjo de la religión en el sistema feudal). Entre ambas hay, pues, una relación
dialéctica de mutuo influjo; a pesar de ello, la economía es siempre, en última instancia, la determinante.
Para Marx sólo podemos concebir científicamente a historia si la interpretamos como un proceso
dialéctico, como una serie de contradicciones que se dan en la estructura económica: en las relaciones entre
las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción revisten históricamente la
forma de antagonismo de clases. De ahí que Marx en el Manifiesto Comunista (1848) afirme que “el motor de la
historia es la lucha de clases”
Las clases, en sentido marxista, son grupos sociales antagónicos que se definen en función del lugar que
ocupan en el proceso de producción, es decir, en virtud de la propiedad o no de los medios de producción: libres y
esclavos, señores y siervos, burgueses y proletarios. En realidad, Marx no descubre las clases sociales ni la lucha
entre ellas, lo que descubre es la vinculación que guardan las clases sociales con determinadas fases históricas del
desarrollo de la producción (modos de producción).
Puesto que las fuerzas productivas avanzan más, llega un momento en que las relaciones de producción
se convierten en trabas a su progreso, lo que implica entrar en una fase de revolución social que acabará dando
paso a una nueva formación social. Así se comprende que Marx pensara que el desarrollo del sistema capitalista de
producción conduciría, inevitablemente, a la superación de la sociedad burguesa y de la propiedad privada de los
medios de producción. Con la lucha de clases se camina hacia la sociedad sin clases: sociedad comunista sin Estado
como poder represivo y donde las relaciones serían libres relaciones de producción. (Esta sociedad, sin embargo,
no llegó a producirse aún en el proceso histórico y representa, como dice Bloch, una especie de utopía de la
esperanza, es decir, una aspiración a un mundo justo, igualitario y feliz)
En conclusión, la historia no es conducida, según el materialismo histórico marxista, por la “astucia” de la
razón (como afirmaba Hegel) sino, fundamentalmente, por el desarrollo de las fuerzas de producción, la principal
de las cuales es el trabajo humano. Por tanto, el hombre “productor, trabajador” es el verdadero
protagonista de la historia.
Las contradicciones que mueven la historia no son entre ideas, sino entre clases sociales, su raíz no está en el
mundo espiritual, sino en la economía material. Tesis- antítesis- síntesis es el triángulo dialéctico que configura el
progreso histórico: el capitalismo genera en su seno el proletariado como antítesis de la burguesía, el cual habrá de
conducir, tras un periodo revolucionario, a la dictadura del proletariado (que Engels comparó con la Comuna de
París y que recibió luego el nombre de “fase socialista”).
El Estado proletario, antítesis del estado capitalista, será,según Marx, transitorio. La síntesis, negación de la
negación, llegará con la disolución del Estado o fase final de la historia: el comunismo. En la sociedad comunista los
medios de producción son comunes, pertenecen a la comunidad por lo que, suprimida la propiedad privada, es decir, el
capital, abolidos los antagonismos de clase, quedaría abolida la explotación, la contradicción y la lucha. La sociedad
comunista sería así la meta de la historia o, si se prefiere, el final de la pre-historia, es decir, del inhumano
periodo de desigualdad. A partir de ahí, la historia empezará a escribirse en positivo.
La teoría del futuro nuevo ser humano supone la superación de todo tipo de alienación, la recuperación
de la verdadera esencia humana y la reconciliación definitiva del ser humano consigo mismo, con la naturaleza y con
los demás hombres.
Para saber más
Biografía y obras
1. Primera etapa (1818- 1843): período de formación
Karl Marx nació en Treverís (Alemania), su padre era de ascendencia judia pero se había convertido al
protestantismo y Marx se educa en un ambiente liberal y democrático opuesto al régimen prusiano. A los 17 años
ingresa en la Universidad de Bonn para estudiar derecho pero pronto abandona para dedicarse a la filosofía (afirma
que “ sin un sistema filosófico no se puede entender nada”). Se apasiona por Hegel, filósofo “oficial” en Prusia, pero
adoptando una postura crítica. Así en 1838 entra en el círculo de la izquierda hegeliana.
Acabados sus estudios universitarios no puede conseguir una cátedra de filosofía en Bonn y se ve obligado a
dedicarse al periodismo. En 1842 entra como colaborador en la “Gaceta del Rhin”, órgano de la burguesía renana, de
la que llegará a ser redactor jefe. Marx es todavía un demócrata liberal e idealista y declara que no es comunista.
Cuando el periódico es prohibido Marx se marcha a París.
2. Segunda etapa (1843 – 1848): periodo especulativo
A su llegada a París en 1843 entra en contacto con grupos revolucionarios socialistas, comunistas y
asociaciones de obreros alemanes exiliados. Se relaciona con Proudhon y Bakunin, líderes del movimiento obrero, a los
que más tarde criticará despiadadamente. También inicia su amistad con Engels, en quien descubre la importancia de
la ciencia económica y que será su colaborador inseparable. En este periodo Marx estudia, escribe, se compromete
política y socialmente y critica sus fuentes (idealismo alemán, economía política inglesa y socialismo utópico) para
construir su propia doctrina:
1843. Crítica a la filosofía del Estado de Hegel
1844. Manuscritos de Economía y Filosofía (crítica a la economía política inglesa)
1845. Tesis sobre Feuerbach
1846. La ideología alemana (consuma la crítica contra Feuerbach, Bauer y Max Stirner)
1847. La miseria de la Filosofía (critica a Proudhon y rechaza definitivamente todas las formas de socialismo
utópico)
1848. Manifiesto del Partido Comunista (en colaboración con Engels)
En este periodo inicia la crítica a la economía capitalista y ya ha encontrado las ideas fundamentales del
materialismo histórico. Marx piensa ya que sólo el proletariado puede realizar la revolución pero que, de momento,
necesita apoyarse en la burguesía radical; piensa que sólo un “socialismo científico” puede encontrar el camino de la
transformación.
3. Tercera etapa (1848 – 1883): periodo revolucionario
En 1848 Marx se marcha a Alemania para ayudar a extender la revolución pero cuando ésta fracasa regresa a
París. En 1849 se exilia en Londres, donde vivirá el resto de su vida, y se dedica al estudio de la economía capitalista
centrando su estudio en la naturaleza de la explotación del trabajador en el régimen capitalista y plantea la necesidad
de un cambio del sistema: un nuevo régimen en el que los productores sean los propietarios de los medios de
producción:
1859. Contribución a la crítica de la economía política (formulación del materialismo histórico)
1864. Redacta los Estatutos de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores)
1867. El Capital (Primer libro)
Marx muere en 1883 y Engels en 1895 pero tuvo tiempo para publicar el segundo libro de El Capital en 1885
y preparar la publicación del tercero (1894)