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Introducción a la Sociología Moderna

Este documento describe los orígenes de la sociología como disciplina académica. 1) En el siglo XVIII hubo cambios intelectuales, políticos y económicos que crearon las condiciones para el desarrollo de la sociología, incluida la Revolución Industrial y el surgimiento de la clase obrera. 2) Autores como Comte, Durkheim y Weber establecieron los fundamentos de la sociología como ciencia en el siglo XIX. 3) La sociología surgió para estudiar los problemas sociales resultantes de los gran

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Introducción a la Sociología Moderna

Este documento describe los orígenes de la sociología como disciplina académica. 1) En el siglo XVIII hubo cambios intelectuales, políticos y económicos que crearon las condiciones para el desarrollo de la sociología, incluida la Revolución Industrial y el surgimiento de la clase obrera. 2) Autores como Comte, Durkheim y Weber establecieron los fundamentos de la sociología como ciencia en el siglo XIX. 3) La sociología surgió para estudiar los problemas sociales resultantes de los gran

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AUDIOVISUALES PARA ACTIVIDADES 1.2 Y 1.

CAP. 1. LA SOCIOLOGÍA: UNA INTRODUCCIÓN A LA SOCIOLOGÍA I 1. ¿QUÉ ES


LA SOCIOLOGÍA?

Presentador. La sociología se ha convertido en una de las ciencias más populares en las


sociedades de nuestros días. Los sociólogos son consultados por políticos, empresarios,
dirigentes de las grandes organizaciones. Sus opiniones se escuchan todos los días en las
tertulias de radio y televisión. Las revistas y periódicos publican continuamente las opiniones y
las encuestas de los sociólogos como si fueran los nuevos gurús o adivinos de nuestra época.
Pero ¿qué es realmente la sociología? ¿Qué hacen los sociólogos para fundamentar sus
opiniones y pronósticos?

Si a un ciudadano común le preguntamos qué es la medicina o qué es la arquitectura, qué hace


un médico o un arquitecto, lo sabe perfectamente. Los médicos curan enfermedades y los
arquitectos hacen casas, pero ¿qué ocurre si preguntamos qué es la sociología, qué hacen los
sociólogos?

Entrevistadora. ¿Qué pensáis vosotros o qué creéis que significa la palabra sociología?

Niños. (RÍEN) Eso es para mayores. Mujer 1. Pues me suena, pero no se qué es. Hombre 1.
Es la ciencia que trata un poco pues de la vamos… (CHIRRIDO) Ahora me has cogido en
blanco. Hombre 2. Pues es algo como una enfermedad, ¿no? Bueno, una carrera dentro del
gremio de la medicina o de la medicina, ¿no es eso? Hombre 3. Pues es una ciencia que suele
estudiar la mente humana de… bueno, la mente humana, parte de la mente humana. Mujer 2.
¿La sociología? Pues, del campo, ¿no? ¿No es del campo? Hombre 4. Sí, la sociología…
vamos, estudia los animales y tal. Hombre joven 1. El estudio de, no sé, a ver, de las personas
por dentro, de lo que uno siente por dentro, ¿no? Mujer joven. Quizá es algo que se dedica a
ayudar a la gente; a preocuparse por los problemas de la gente. Hombre joven 2. Es la ciencia
que estudia el comportamiento de la gente en la sociedad. Hombre 5. La sociología es una
mezcla entre la antropología, la psicología y la historia. Es una reflexión sobre distintas posturas
del hombre en relación con la sociedad. Hombre 6. ¿La sociología? Dígamelo usted.

Presentador. No hay ideas claras, y esa es una de las paradojas de la sociología, una ciencia
que ha llegado a ser muy popular. Casi todo el mundo habla de ella y mucha gente espera que
los sociólogos hagan pronósticos sobre lo que va a suceder en las próximas elecciones o en la
sociedad del futuro y que propongan soluciones a los problemas de la marginación social, de la
delincuencia juvenil, del malestar urbano, de la insatisfacción en el trabajo.

Pero pocas personas pueden dar una explicación concreta y precisa sobre qué es la sociología y
qué hacen los sociólogos. Por ello, la sociología, a diferencia de otras ciencias y otras
profesiones, tiene que ser explicada; necesita una explicación. El estudiante de esta disciplina
tiene que empezar por tener muy claras las ideas sobre la sociología. ¿Qué es la sociología?
¿Cuándo surgió? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Estas son las primeras preguntas que debemos
hacernos para entender bien esta disciplina y ser capaces de explicar a cualquiera qué hacen los
sociólogos.

Sin embargo, esta explicación no siempre es fácil en las sociedades de nuestros días por dos
razones.

1. En primer lugar, porque la sociología es una ciencia muy reciente. Sus orígenes se
remontan a pensadores como Augusto Comte, Émile Durkheim y Max Weber, que
escribieron sus principales obras en el siglo XIX y a principios del XX. La sociología,
pues, es una ciencia tan joven que aún no ha tenido tiempo para desarrollarse y poder
ofrecer resultados suficientemente concretos y suficientemente claros.

2. En segundo lugar, no siempre es fácil comprender qué es la sociología, porque se trata


de una disciplina que se ocupa de algo sutil, a veces casi imperceptible, pero muy
importante a la vez. Se ocupa de lo social, de los fenómenos sociales, de las
realidades sociales. De ahí que en nuestro tiempo las imágenes colectivas sobre el
sociólogo y sobre el mismo papel de la sociología reflejen sentimientos encontrados. El
sociólogo es visto a veces con esa mezcla de recelo y de esperanza salvadora con la
que se veía tradicionalmente la figura del médico y del sacerdote .

Pero el sociólogo NO es un sacerdote, ni un médico, ni un profeta de las sociedades de nuestro


tiempo; es un científico que estudia los hechos sociales de acuerdo a los procedimientos del
método científico con objetividad, con rigor y con seriedad y para ello tiene que empezar
por explicarse y aclarar cuál es su profesión y cometido. Respondamos pues a las
preguntas básicas que cualquiera puede hacerse sobre la sociología.

¿Cuándo apareció la sociología? Prácticamente en nuestro tiempo histórico, en la era


industrial.
¿Por qué apareció la sociología? Porque se habían alcanzado las condiciones de madurez que
hacían posible su desarrollo, es decir, una gran sensibilidad y atención a lo social como
consecuencia de los grandes cambios sociales ocurridos y unas condiciones intelectuales
propicias, liberadas de dogmas y de visiones mágicas y sacralizadas de la realidad.
¿Cómo surgió la sociología? En un proceso de evolución de los saberes en el que fueron
apareciendo ramas del conocimiento científico cada vez más especializadas y diferenciadas.
¿Para qué surgió la sociología? A corto plazo, para ocuparse del estudio de la problemática
social surgida como consecuencia de los grandes cambios sociales que acarreó la revolución
industrial, y a medio y largo plazo para intentar construir una ciencia específica de la sociedad.
¿Con qué orientación surgió? Con una orientación basada en los supuestos y los
planteamientos propios del método científico.

Definición: La sociología puede ser definida, pues, como el resultado de aplicar los
conocimientos propios del método científico al estudio de los fenómenos sociales, es decir, a las
relaciones sociales y los procesos de interacción que tienen lugar en el ámbito de las estructuras
sociales.

En los siete capítulos de la primera parte de esta serie vamos a realizar un breve recorrido
introductorio por el mundo apasionante de una ciencia prometedora que apenas cuenta con un
siglo o siglo y medio de vida.

En el capítulo primero realizamos una introducción general a la sociología.

En el capítulo segundo estudiamos el contexto general del hombre y la sociedad, la naturaleza


de lo social.

En el capítulo tercero analizamos los orígenes históricos de la sociología, la época y las


condiciones que hicieron posible su aparición.

En el capítulo cuarto nos ocupamos del desarrollo de la sociología, de los principales


padres fundadores.

En el capítulo quinto tratamos de la sociedad como objeto de estudio de la sociología,


intentando dar respuesta a la pregunta ¿qué es la sociedad?

En el capítulo sexto examinamos la cultura, la persona y la sociedad, deteniéndonos en


la especificación de la noción sociológica de cultura.

En el capítulo séptimo hacemos un estudio comparativo entre las sociedades humanas y


las sociedades animales, principalmente entre las sociedades de insectos y las
sociedades de primates.
CAP 3 LOS ORÍGENES DE LA SOCIOLOGÍA

Presentador. El siglo XVIII marcó el desarrollo de una serie de cambios de todo orden que
dieron lugar al nacimiento de una nueva era histórica. En esta época se desarrollaron
nuevas ideologías y enfoques políticos, surgió la ciencia moderna y bajo su influencia un
conjunto de disciplinas sociales entre las que se encontraba la sociología. Pero ¿cómo se
produjeron todos estos cambios? ¿Cuáles fueron los factores sociales e intelectuales que
hicieron posible el desarrollo de la sociología en esta nueva era histórica?

Primero fue el cambio de las ideas, la apertura de las mentes a nuevas posibilidades y
concepciones sobre el hombre, la naturaleza y el Estado. Fueron los tiempos del Renacimiento,
de la Ilustración y el inicio de una nueva forma de pensamiento científico. La apertura de la
mente humana a nuevas ideas fue acompañada de importantes cambios políticos. Con
Maquiavelo y el surgimiento del estado moderno apareció una nueva manera de entender la
política como un arte, como un conocimiento autónomo de la moral, hasta entonces dictada por
la iglesia católica. No como un saber amoral o inmoral, sino como un saber específico,
autónomo. La revolución liberal que fue desarrollándose de manera paulatina en Inglaterra y la
Revolución Francesa hicieron posible que el siglo XIX se iniciara bajo el signo de una nueva
época: la era de la razón, de los derechos humanos y del pensamiento científico y secular.

A los cambios en las ideas y los cambios políticos sucedieron los cambios económicos. La
economía surgió como ciencia empeñada en demostrar que mediante una serie de
conocimientos, unas nuevas formas de organización y la aplicación de nuevas técnicas de
trabajo era posible obtener de la naturaleza más bienes que los simples frutos de la tierra o las
manufacturas tradicionales artesanales.
Los conceptos de capital y de salario transformaron de manera sustancial las relaciones de
producción. La revolución industrial dio lugar, de esta manera, al inicio de una nueva época
que, a la par que puso en marcha enormes recursos productivos, impulsó una transformación
radical del orden social. La población se fue trasladando desde el campo hasta los núcleos
urbanos, en donde las nuevas fábricas crecieron impregnando todo un nuevo clima social. En
pocos años, millones de seres humanos cambiaron de lugar de residencia, de forma de trabajo,
de estilos de vida, de costumbres y de ideas.

Los nuevos obreros industriales se hacinaron en los barrios proletarios en unas condiciones
penosas de vida y de salubridad. Con unas jornadas de trabajo de 10 y de 12 horas diarias, con
una grave explotación de mujeres y niños y con una nula atención a las condiciones de higiene y
seguridad en el trabajo.
En poco tiempo, la llamada cuestión social se convirtió en un foco de atención prioritario en
todo el pensamiento social, desde los teóricos socialistas hasta papas, como León XIII, que en
su encíclica Rerum novarum denunció las consecuencias negativas del nuevo orden
económico. Algo fallaba en aquel nuevo contexto social. Era como si el agua le faltara al pez, se
enturbiara, o el aire se hiciera irrespirable para un ser vivo en tierra firme, faltaba un contexto
social estable. La sociedad estaba en crisis. Por ello, pensadores de uno y otro signo volvieron
su atención al estudio de lo social.
Este fue el clima en el que surgió la sociología, con la intención de ocuparse de los problemas
de esa intensa construcción y reconstrucción del orden social.

En 1839, Augusto Comte propuso públicamente calificar a la nueva ciencia como


sociología, recurriendo para ello a una doble genealogía: latina socius y griega logos, como
recordatorio de las dos fuentes históricas de donde surge la civilización moderna. Aunque su
propuesta tardó en ser aceptada y la sociología como ciencia se desarrolló con bastante lentitud,
la primera piedra de una nueva rama del saber había sido puesta.

La sociología surgió en el curso de una especialización progresiva de los saberes, en unas


sociedades cada vez más complejas, más abiertas, más seculares y más cambiantes.

Primero surgió la política en el marco de una atención creciente a la res pública, con el
desarrollo del Estado moderno y el ascenso de las nuevas clases burguesas.
Luego surgió la economía, bajo el impulso de las nuevas mentalidades mercantilistas y el afán
de producir cada vez más bienes y servicios con nuevos criterios de racionalidad y de cálculo.
Finalmente surgió la sociología como rama del saber que intentaba llegar allí donde las otras
ciencias sociales no habían llegado, al núcleo de las propias relaciones sociales, más allá de la
esfera de lo económico y lo político.

El nacimiento de la sociología fue estimulado, como hemos dicho, por el impacto creciente
de los problemas sociales que la Revolución Industrial había desencadenado. La cuestión
social y la conciencia vivida de los cambios sociales pusieron el problema de la sociedad en el
punto de mira. Había que ocuparse del estudio de los procesos de estructuración y
desestructuración de la sociedad y había que hacerlo con un espíritu secular y científico propio
de la nueva época: sin prejuicios, con objetividad, con rigor, con método. Por ello, la sociología
en su sentido más elemental y sencillo no es sino el resultado de aplicar los enfoques propios
del método científico al estudio de un área específica de la realidad; la realidad social
humana.

Antes de que se desarrollara el método científico, los fenómenos sociales de los que se ocupa
la sociología habían sido objeto de una atención fragmentada y de unos enfoques básicamente
reflexivos o meramente enunciativos, pero lo cierto es que, antes de que se pusiera nombre a la
nueva ciencia, bastantes autores habían prestado atención a las diferentes formas de
organización social, a las distintas costumbres sociales, a los conflictos sociales, a los grupos.

Reflexiones y consideraciones de este tipo pueden encontrarse en los escritos de Aristóteles, en


los relatos de viajes de Heródoto, en los planteamientos socio-históricos de Ibn Jadún, ya en el
siglo XV, y en general en Hobbes, en Spinoza, en Leibniz, en Fichte, en Montesquieu, en los
fisiócratas y en economistas como Ferguson y Adam Smith, pero en todas estas
aproximaciones faltaba una sistemática propia y, sobre todo, los enfoques que caracterizan el
método científico.

En este sentido es en el que podemos decir que el desarrollo previo de la ciencia moderna es el
frontispicio a partir del que se desarrollan varias ciencias sociales y, entre ellas, la propia
sociología.

Una muestra clara de esta ligazón la tenemos en el mismo hecho de que durante varios años,
Saint Simon, Augusto Comte y otros analistas sociales se refirieron a la nueva ciencia con el
nombre de física social, nombre que se siguió utilizando hasta que la nueva expresión de
sociología propuesta por el propio Comte acabó siendo aceptada mayoritariamente.
CAP 4 EL DESARROLLO DE LA SOCIOLOGÍA LOS PADRES FUNDADORES

Presentador. Las sociedades humanas han atravesado momentos de profundos cambios, como
hemos visto en el capítulo tres. Uno de estos momentos fue la Revolución Industrial, que dio
lugar a transformaciones económicas que afectaron a lo más esencial de la vida de las personas:
el trabajo, los estilos de vida, las relaciones familiares, la educación, los valores y las creencias.

Al hilo de estos acontecimientos, un elenco de pensadores con espíritu científico y sensibilizado


por las consecuencias sociales de estos cambios pusieron los cimientos para la construcción de
una nueva disciplina dedicada al estudio científico de la sociedad. En ese grupo de pensadores
estaban los padres fundadores de la sociología: Saint Simon, Augusto Comte, Émile
Durkheim, Carlos Marx y Max Weber.

El conde de Saint Simon nació en París en 1760, vivió intensamente los acontecimientos más
importantes de su época, participó en las luchas de emancipación de la América del Norte y en
la Revolución Francesa.
En 1792, la asamblea electoral de la comuna de París le nombró su presidente, entonces
renunció a su título nobiliario y se hizo llamar Claude Henri Bonhomme. Saint Simon vive así
de forma excepcional una época de ruptura radical del orden tradicional. Son años de
innovación y cambio y de confianza en la ciencia para construir la sociedad del futuro. Saint
Simon dio respuesta a la preocupación de los enciclopedistas de completar el edificio de las
ciencias con una física social o teoría positiva de la sociedad atribuyéndole a esta ciencia la
misión de solucionar las terribles consecuencias de la crisis social.

Si, a Saint Simon se le puede considerar como un precursor de la sociología, AUGUSTO


COMTE fue el verdadero fundador de esta ciencia. Con él se desarrolló la teoría positivista.
Desde 1830 a 1842 publicó los seis volúmenes de su Curso de filosofía positiva. Su método
consistía en ocuparse solo de los hechos y de sus relaciones. Los hechos son los fenómenos
que pueden comprobarse por la experiencia y la única experiencia es la de los sentidos.

Comte nació en el año 1798 en el seno de una familia eminentemente católica y monárquica. A
la edad de 13 años ya había roto con las creencias religiosas y las condiciones políticas de su
casa. Dos años más tarde empezó sus estudios en el colegio Montpellier, del que pasó a la
Escuela Politécnica. Durante este tiempo se consagró al estudio de las matemáticas, cuya
enseñanza constituyó su principal medio de vida, y a las ciencias naturales. En 1818, a la edad
de 20 años, tuvo un fecundo encuentro con Saint Simon, que influyó poderosamente en su
pensamiento.

La preocupación fundamental de Comte, como la de Saint Simon, era cómo cambiar el


desorden en orden. Percibió la Revolución Francesa como un cambio sustantivo en la
historia de la humanidad. El Antiguo Régimen había desaparecido, no habiendo nacido
todavía las instituciones adecuadas para reconducir la situación emergente. Se necesitaba una
nueva política en el sentido más amplio de la palabra para hacer frente a la nueva sociedad
industrial. Ya no era posible hallar consuelo en Dios, en la metafísica o en los modos
tradicionales de sentir y creer. El hombre era, a partir de entonces, responsable de sí mismo y de
sus actos; debía, por ello, construir su propia sociedad.

Además del pensamiento saintsimoniano, Comte estaba familiarizado, entre otros, con el
pensamiento de Hume, de Kant, de Aristóteles, de Montesquieu, de Turgot y de Hegel,
quienes contribuyeron a conformar su método de análisis de la realidad.

El trabajo de Comte fue, así, un intento de síntesis de la historia del pensamiento humano.
Formuló la Ley de los tres Estados para explicar la evolución de las sociedades occidentales:
teológico, metafísico y positivo.

El Estado teológico se caracterizó por el predominio de los sentimientos y de la imaginación en


el análisis de la naturaleza, causas y fines de las cosas. Las explicaciones toman la forma de
mitos concernientes a los espíritus y seres sobrenaturales.
El Estado metafísico puso las bases del pensamiento filosófico racional. De la misma forma
que los sentimientos y la imaginación predominaban en el Estado teológico, el pensamiento
especulativo lo hace en el Estado metafísico. Desde este planteamiento, el hombre explica el
significado del mundo en términos ideales, no obstante, en la medida en que el mundo se hace
más complejo, este conocimiento ideal se hace inadecuado para actuar sobre la realidad. Para
Comte, ni el sistema de pensamiento teológico ni el metafísico podían proveer las bases de un
conocimiento fiable, estas bases solo las podía poner, en términos históricos, el positivismo.

En el Estado positivo, el hombre busca hechos que se relacionan con otros hechos, es decir,
leyes. El factor que distingue el conocimiento positivo es que, además de validez lógica, el
conocimiento se somete a la observación empírica.

Para Comte, el único conocimiento sólido proviene de la observación y de la


experimentación. La sociología sería la ciencia para conocer la interrelación de los hechos
sociales. La sociedad humana era vista, así, como un proceso acumulativo de factores
interrelacionados que, hasta la aparición de la sociología, no era estudiado por ninguna ciencia.
La misión de la sociología, para Comte, era completar el sistema de los conocimientos positivos
mediante el entendimiento científico del propio sujeto de esos conocimientos: la sociedad.

“Entiendo por física social”, decía Comte, “la ciencia que tiene por objeto propio el estudio de
los fenómenos sociales considerados con el mismo espíritu que los fenómenos astronómicos,
físicos, químicos y fisiológicos, es decir, como sujetos a leyes naturales invariables, cuyo
descubrimiento es el fin especial de sus investigaciones”.

Con Saint Simon y Comte cristaliza el origen de la ciencia social. En ambos autores
convergen la herencia ilustrada, la toma de conciencia ante las transformaciones de la sociedad
y el afán por intentar reconstruir una sociedad sometida a una creciente disolución.

Auténticos profetas de la nueva disciplina, con ellos la sociología pone las bases para la
organización científica de la sociedad. Esta misma pretensión influyó de forma importante en
las elaboraciones teóricas de Émile Durkheim, Karl Marx y Max Weber.

Los trabajos de Durkheim, Marx y Weber representan una contribución definitiva a la


construcción de una ciencia para el estudio de la sociedad. Su actividad intelectual se concentró
en el estudio riguroso de las asociaciones entre los hechos sociales, considerando dicha
asociación como un hecho en sí mismo.

Émile Durkheim dedicó sus esfuerzos a la constitución de la sociología como una disciplina
científica. Esta tarea tuvo su concreción en tres obras esenciales en la historia de la disciplina:
Las reglas del método sociológico, publicada en 1895, La división del trabajo social, en
1897, y El suicidio, también en 1897.
Con Durkheim, la sociología empezó a adquirir un cierto estatus como ciencia y un grado de
difusión significativo. Durkheim coincidió con Comte en que la sociología se justifica porque
existen asociaciones entre los diferentes hechos sociales, por lo tanto, los hechos sociales deben
ser considerados independientemente del sujeto.
En palabras de Durkheim, “la sociología solo podía nacer el día en que se presintió que los
fenómenos sociales, aún sin ser materiales, no dejan por eso de ser cosas reales que permiten su
estudio; es preciso pues considerar los fenómenos sociales en sí mismos, desligados de los
sujetos conscientes que los representan”.
Con Durkheim, la sociología puso las bases para un desarrollo efectivo de los métodos
objetivos de investigación de la sociedad.

Al igual que Durkheim, Karl Marx influyó de forma esencial en el desarrollo de la sociología.
Karl Marx intentó sintetizar en un cuerpo teórico homogéneo la herencia del conocimiento
social. Su propósito era descubrir el proceso de desarrollo de la humanidad con la finalidad de
acelerarlo y orientarlo en la medida de lo posible. Deseaba, por lo tanto, transformar la
sociedad, pero en un sentido que, en buena medida, ya estaba predeterminado.

El ideal comtiano de diseñar un modelo de sociedad con criterios científicos y racionales tendría
así una cierta continuación en el propósito de Marx de contribuir al alumbramiento de una
nueva sociedad comunista como superación histórica del capitalismo y sus contradicciones y
conflictos sociales.
Para Marx, el único conocimiento verificable de la realidad social lo proporciona el
método de análisis científico, que él calificó como materialismo dialéctico. Su método de
análisis científico es una versión materialista de la dialéctica hegeliana.
Hegel consideraba la historia de la humanidad como una progresión dialéctica. Todo momento
histórico tiene elementos contradictorios en su seno que permiten, en última instancia, la
superación de ese momento. Existe así una dinámica histórica de perfeccionamiento de la
humanidad. El materialismo es una posición filosófica basada en el axioma de que todo lo
que acontece en la realidad puede explicarse por fenómenos de la propia realidad. Marx, en
contra de los idealistas alemanes, consideraba que los fenómenos sociales y los pensamientos
del hombre son producto de causas materiales y, más concretamente, del modo de
producción.

También Max Weber, durante los primeros años de este siglo, contribuyó decisivamente a la
construcción de la sociología. Weber situó el análisis de la realidad social en el ámbito del
individuo. Sus críticas al pensamiento de Karl Marx se basaban, fundamentalmente, en el
rechazo a las teorías holistas, que no daban la suficiente importancia a la acción del individuo en
el análisis sociológico.

Weber consideró como prioritario conocer el sentido que los individuos dan a sus acciones. El
subjetivismo en el que podía caer con la defensa de esta postura fue soslayado gracias al énfasis
que siempre puso en la investigación concreta. Sus estudios demostraron que la conducta de
los individuos no tiene, en última instancia, un interés particular sino que, por el contrario, se
explica por unos valores que hacen referencia al contexto normativo social.

La importancia de Weber radica en haber planteado el problema de la interpretación


sociológica de la acción de los actores sociales. De la misma forma en que Durkheim dio un
paso importante en el estudio de las características objetivas de los hechos sociales, Weber lo
hizo en el análisis de la acción social en términos de comprensión subjetiva en la medida en que
hacía hincapié, por una parte, en la necesidad de identificar el significado que los actores
sociales daban a su propia acción y, por otra, en el estudio del contexto cultural en el que dicha
acción tenía lugar. En todo caso, Weber, al igual que hicieron Comte, Durkheim y Marx,
consideraba que el método científico racional era el único fiable para verificar el conocimiento
sobre las relaciones causales en la sociedad.

Durkheim, Marx y Weber contribuyeron a un conocimiento más riguroso del proceso de


cambio que han experimentado las sociedades humanas. Reaccionaron a la situación social que
dio lugar al advenimiento de una nueva sociedad caracterizada por la industrialización y que ha
estimulado la imaginación de muchos sociólogos.

Saint Simon como precursor, Comte como inventor del término sociología y como primer
impulsor de la misma y Durkheim, Marx y Weber como los tres primeros grandes teóricos del
estudio sociológico de la sociedad tuvieron la virtud de definir una nueva disciplina orientada a
la investigación de la sociedad con un método científico y contribuyeron a conocer con más
rigor los procesos de cambio que han experimentado las sociedades humanas. A ellos, y a otros
que se apoyaron en ellos, se debe que hoy en día contemos con una ciencia de la sociedad.
AUDIOVISUALES PARA ACTIVIDAD 1.4

CAP. 2. HOMBRE Y SOCIEDAD

Presentador. El hombre es un ser social. Siempre ha vivido en sociedad como un hecho


natural casi sin reparar en ello, al igual que el pez no repara en el agua o los seres vivos
terrestres no reparamos en el aire. Lo social es tan importante para el hombre como el agua o el
aire para los seres vivos. Basta que algo falle en el agua, en el aire o en el entorno social para
que prestemos mayor atención a su carácter fundamental.

¿Es posible un hombre fuera de la sociedad? Biológicamente sabemos que no es posible, ya


que todo hombre, antes de su nacimiento, está condicionado por diversas costumbres y modos
de organización social, como las formas de relación y emparejamiento, las reglamentaciones de
matrimonio, que determinan con quién nos podemos casar, a qué edad, de qué manera. En las
sociedades actuales, antes de nacer, un niño ha pasado por el filtro social de numerosos usos y
costumbres, por instituciones sociales y jurídicas que regulan los matrimonios, por instituciones
médicas que cuidan de las condiciones del parto y todo un conjunto de actividades económicas
y mercantiles relacionadas con el propio hecho de nacer.

Pero, una vez nacido, ¿qué sería de un niño sin la sociedad? El director de cine francés
François Truffaut realizó una película basada en un hecho real en la que se planteaba este
problema: El niño salvaje.

Era la historia de un bebé que, abandonado en un bosque, había sido criado por unos
lobos creciendo en un ambiente salvaje sin contacto con la sociedad. Un niño que
andaba a cuatro patas, que vivía y se comportaba como un animal. La película relata
las dificultades para lograr una socialización tardía de ese niño, para enseñarle a hablar,
a comer y a comportarse como un ser humano, de acuerdo a las costumbres y a los
patrones culturales en los que todo niño es incluido desde los primeros meses de vida.

La historia contada en esta película nos sirve para comprender la importancia que todo este
aprendizaje de costumbres, de modos de comportarse, de relacionarse y de comunicarse tiene
para todo ser humano desde los primeros meses de su vida. Todo ello forma un conjunto de
pautas y patrones de conducta social sin los cuales los seres humanos se podrían ver reducidos a
la condición de ese niño que protagonizaba la película de Truffaut.

La importancia de esta dimensión social del hombre ya fue subrayada por los grandes
pensadores griegos. Aristóteles, en su libro La Política, definió al hombre como zoon
politikón, es decir, como un ser social por naturaleza, como un ser que solo alcanzaba su
verdadera naturaleza viviendo en la polis, en la sociedad. El hombre es un ser naturalmente
sociable, decía Aristóteles, y aquel que vive fuera de la sociedad, por organización y no por
efecto del azar es o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana: o es un bruto, o es
un dios.

Las investigaciones de los biólogos, los antropólogos, los paleontólogos y los científicos
sociales han hecho posible que actualmente conozcamos mejor la manera en que tuvieron lugar
los procesos de evolución biológica y social del hombre.

El hombre ha sido el resultado de un doble proceso de evolución biológica y social que


tiene su origen en un dilatado proceso de evolución general de las especies cuyas raíces más
inmediatas podemos encontrarlas a partir de algunas especies sociables de grandes primates, que
por determinadas circunstancias y cambios adaptativos empezaron a desarrollar una posición
erguida.
Esta posición corrió paralela a un mayor desarrollo de las capacidades hacedoras y
manipuladoras de las extremidades superiores, dando lugar, a su vez, al empleo de útiles
más idóneos para la obtención de alimentos y, especialmente, para la caza. Estas
innovaciones permitieron unas dietas más variadas y ricas en proteínas, conllevando, asimismo,
un mayor reforzamiento de los lazos de cooperación, tanto para la organización de las tareas de
caza como para la distribución de alimentos y su preparación para el consumo: acarreo,
despiece, condimentación, conservación. Y todo esto dio lugar a unas sociedades cada vez más
complejas, con una creciente división y especialización de tareas.

Este proceso de evolución biológica y social se produjo en espacios de tiempo muy


dilatados. Pensemos que, en comparación con los 2,000 años de la cronología cristiana, se
estima que el Homo sapiens cuenta con más de 100,000 años de vida en la tierra, que el Homo
erectus prolongó su presencia durante cerca de millón y medio de años y que las huellas del
Homo habilis pueden ser rastreadas durante más de otro millón y medio de años anterior.
En una perspectiva como esta, los orígenes del hombre habría que situarlos en un contexto
de una naturaleza inhóspita en la que unos seres que contaran con similares dotaciones
biológicas, en principio, presentaban los rasgos propios de una desadaptación al medio: poca
fortaleza física, poca rapidez de desplazamiento, piel demasiado fina, falta de medios naturales
de ataque y defensa, poca adecuación para una alimentación diversificada, carencia de incisivos
punzantes, mandíbulas poco fuertes, insuficiente madurez psicomotora en los primeros años de
vida. De acuerdo a la lógica de las leyes inexorables de la naturaleza, una especie de este tipo
parecía, en principio, claramente destinada a desaparecer.

¿Por qué pudo sobrevivir el hombre? Básicamente, por su carácter social, que le permitió
enfrentarse al proceso de adaptación a la naturaleza de una manera organizada, con formas cada
vez más complejas y eficaces de organización social. La sociedad, pues, nos permite
comprender no solo la adaptación del ser humano a la naturaleza, sino la misma naturaleza del
hombre como ser moldeado por su sociedad y cultura.

De esta manera, lo social debe ser visto como una dimensión fundamental del hombre en la
medida que no es posible concebir al hombre sin su sociedad. Muchos seres vivos, sacados
de su medio, pueden conservar las principales características de su especie, sin embargo, en el
hombre esto no resulta posible. El hombre fuera de su sociedad, sin ser socializado en los
patrones de su cultura, deviene no solo un ser indefenso e incluso inviable durante el primer
periodo de su vida, sino que resultaría también un ser totalmente diferente a lo que hoy
entendemos por hombre.

Esa es la condición humana, nuestro carácter de seres sociales, pero, si lo social es tan
importante, ¿por qué no ha existido hasta tiempos tan reciente una rama del conocimiento
que se ocupara de su estudio? ¿Por qué la sociología no apareció hasta bien avanzado el
siglo XIX?

Después del florecimiento de la cultura griega, la verdad es que la reflexión sobre el carácter
esencial de lo social prácticamente se perdió a lo largo de muchos siglos. Durante un extenso
periodo de tiempo, que llega hasta el siglo XVIII, los hombres vivieron en comunidades
bastante estables: nacían, vivían, trabajaban, se casaban y morían como sus padres, sus abuelos,
sus bisabuelos, sometidos a los mismos poderes, influidos por las mismas costumbres y bajo la
dependencia de las mismas creencias. Todo era igual, generación tras generación.

Los hombres no se desplazaban de los lugares donde nacían, se encontraban sometidos a un


horizonte espacial limitado y a unos ritmos de vida determinados por la lógica más biológica e
inmediata de la naturaleza: la cosecha, las lluvias, la recolección, los avatares básicos de la
existencia. Nada se cuestionaba, nada se alteraba, hasta el poder político se veía como un hecho
natural, hereditario, incuestionado y sancionado por el poder divino que encarnaba la iglesia.
Sin embargo, todo ese mundo estático, natural y sometido a los poderes de la iglesia y la corona
empezó a resquebrajarse en el siglo XVIII bajo el impulso de impresionantes procesos de
cambio que abrieron el camino a una ciencia específica de la sociedad.

De eso nos ocuparemos en el capítulo siguiente.


6. CULTURA, PERSONA Y SOCIEDAD

Presentador. En todas las sociedades existen pautas regulares y repetitivas en las conductas de
los individuos, en sus costumbres, en las formas de organización y agrupamiento y, en
definitiva, en todos los aspectos que conforman la vida en sociedad. Son precisamente estas
regularidades las que permiten situar el estudio de las sociedades humanas en unas coordenadas
de coherencia lógico-racional. Pero ¿cuáles son los referentes generales que necesitan los
sociólogos para abordar el estudio del comportamiento social humano? Para estudiar y
explicar las regularidades de las acciones humanas la sociología ha desarrollado dos conceptos
básicos: el de cultura y el de sociedad.

Cuando se habla de cultura, la gente piensa en esa cualidad que tienen las personas que se
interesan por las actividades culturales. Una persona culta es una persona que se interesa por la
música, por el teatro, por la literatura, por el arte. Sin embargo, las ciencias sociales utilizan el
concepto de cultura en un sentido distinto, para referirse a un conjunto de rasgos, de pautas y de
costumbres aprendidas por todo individuo humano en la sociedad en que nace.

El antropólogo social Edward Taylor definió la cultura como “aquel todo complejo que
incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y
cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la
sociedad”. Asimismo, Malinowski se refirió a la cultura como “el conjunto integral constituido
por los utensilios y bienes de consumo, por el cuerpo de normas que rigen los diversos grupos
sociales, por las ideas y artesanías, creencias y costumbres”. En cambio, el término sociedad
corresponde más bien al hecho de la agrupación misma entre los miembros de un grupo amplio
y estable que se ha asentado y adaptado a un medio determinado. Es, por tanto, un concepto más
global que hace referencia específicamente a los mecanismos que generan la organización de lo
social, donde se forman las estructuras básicas de interacción entre los individuos. De una forma
simplificada podríamos decir que la sociedad es el continente y la cultura el contenido de lo
social. Una sociedad es un conjunto organizado de personas; la cultura es la forma en que se
comportan.

Los conceptos de cultura y sociedad son términos imbricados cuyo sentido no puede entenderse
si no es en su mutua relación ya que la cultura no podría desarrollarse fuera de la sociedad ni la
sociedad existiría sin la cultura.

¿Podríamos imaginarnos por un solo instante a una sociedad sin individuos y a un individuo sin
sociedad? ¿Qué tipo de sociedad y de hombre sería? El absurdo de estos interrogantes nos
permite comprender la lógica de lo social, la conexión inseparable que existe entre las nociones
de cultura y sociedad. Lo que distingue a las sociedades humanas de otras sociedades existentes
en la naturaleza es su cultura. La cultura abarca no solo los instrumentos, los útiles y los medios
de producción, sino también todo un conjunto de reglas institucionalizadas que vinculan a los
miembros de cada sociedad y orientan y hacen posibles las formas de pensar, de sentir y de
actuar. Con el desarrollo de las culturas los seres humanos integran en el ambiente natural en el
que se encuentran el pasado histórico de su grupo y las relaciones sociales que tienen que
asumir.

La vida social de los individuos de las sociedades humanas está basada en el aprendizaje, es
decir, en la capacidad de transmitir y de aprender, de generación en generación, los
conocimientos, usos y modos de vida en sociedad.

En el momento del nacimiento, los bebés humanos son incapaces de tomar parte en ningún tipo
de sociedad, pero gracias al proceso de aprendizaje los niños se convierten en parte activa de las
sociedades humanas. Llamamos proceso de socialización al proceso de aprendizaje que capacita
a los individuos para formar parte de una sociedad, para comunicarse, para conocer su historia,
sus costumbres, sus pautas sociales y aquellos roles sociales que tienen que asumir y
desempeñar. La cultura, en suma, podría ser definida por los siguientes rasgos: es, básicamente,
una característica específica de los seres humanos; es el factor fundamental de la sociabilidad
humana, al tiempo que solo puede ser desarrollada en sociedad; es una adquisición, se aprende y
se asimila a través del proceso de socialización; se articula institucionalmente, a través del
desempeño de roles y de la vida social en la familia, en la escuela y en las organizaciones a que
se pertenece y, por último; la cultura ha permitido y permite una mejor adaptación del hombre al
medio físico.

Los seres humanos, como vemos, aprenden lo que saben en su sociedad pero también
desarrollan su propia personalidad. ¿Cómo influyen, por tanto, la sociedad y la cultura en la
propia personalidad de los individuos particulares? ¿La moldean en su totalidad? ¿Lo hacen de
una única manera o hay márgenes para la elección y la expresión de las propias inclinaciones
individuales?

Junto con los conceptos de cultura y sociedad aparece, pues, el concepto de personalidad.
Cuando se habla de personalidad se hace con un significado más amplio que el asignado al
concepto de individuo. El término individuo abarca solamente las cualidades y las diferencias
innatas de los hombres y de las mujeres y sus diversos temperamentos. El concepto de
temperamento es diferente al de personalidad. Decimos que un individuo tiene un temperamento
nervioso, colérico o flemático, pero ¿qué queremos decir cuando hablamos sociológicamente
del concepto de personalidad?

Un ejemplo claro lo tenemos en los estereotipos nacionales o regionales. De acuerdo a


determinados estereotipos se dice: el escocés es tacaño; el alemán, disciplinado; el francés,
chovinista; el italiano, extrovertido.

De manera que en cada uno de ellos se encuentran reproducidas las peculiaridades históricas,
geográficas, culturales y sociales que representan los rasgos más significativos y de mayor
identidad para cada zona geográfica o nacional. En definitiva, cuando se habla de
personalidades básicas tipo, o estereotipos nacionales, simplemente se está haciendo referencia
a hechos tan sencillos como que en todas las sociedades existen distintas tipologías de
personalidad y que en cada sociedad existen determinadas peculiaridades más arraigadas. Por
ello decimos que un hindú o un esquimal es distinto de un inglés o un sueco.

Con el concepto de personalidad se hace referencia a las formas más típicas de comportarse de
una determinada cultura. Como ya hemos indicado, toda cultura ejerce una fuerte presión en
todos los individuos que tienden a comportarse según una determinada personalidad que refleja
las características de los contornos sociales estereotipados de dicha cultura. Esto es lo que los
científicos sociales llaman personalidades básicas tipo, es decir, unas personalidades que se
corresponden con los usos y costumbres de una determinada sociedad.

Sin embargo, si descendemos a un mayor detalle, vemos que en la realidad la interacción entre
la acción individual de cada personalidad y el contexto social no siempre es armónica y en
muchos casos se dan tensiones y conflictos que dan lugar a individuos y grupos no bien
adaptados y no bien integrados culturalmente, fenómeno que es típico de periodos de cambio y
de sociedades muy intercomunicadas y complejas, con muchos posibles modelos sociales a
imitar. Estos desajustes pueden llevar a ciertos desequilibrios y conflictos en la personalidad de
los individuos, que a veces tienen su origen en exigencias negativas difíciles de aceptar por
todas las personas.

A estos hechos se han referido autores como Karen Horney en sus estudios sobre la
personalidad neurótica de nuestro tiempo o Erich Fromm, en sus análisis sobre el carácter
enfermo y enfermizante de algunas sociedades, que pueden llegar a exigir a los individuos dosis
a veces no soportables de competitividad y agresividad. En suma, la dialéctica cultura-
personalidad en las sociedades de nuestro tiempo plantea conflictos y tensiones que siempre
llevan parejas determinadas opciones que pueden ser libremente desarrolladas por los
individuos. Esta libertad es también estimulada culturalmente, sobre todo en sociedades como
las actuales en las que existe una pluralidad de culturas, de creencias y de pautas sociales que
coexisten y se yuxtaponen entre sí.
7. SOCIEDADES HUMANAS Y SOCIEDADES ANIMALES

Presentador. Durante muchos años, los seres humanos hemos intentado establecer rígidas
barreras con el resto de los seres vivos. Nuestra forma de ser sociables se ha visto como una
manifestación singular y única, distinta a cualquier otra manifestación de vida en este planeta.

Sin embargo, los hombres y mujeres no somos los únicos seres sociales. Durante los últimos
años, una gran cantidad de estudios nos han permitido conocer mejor la realidad de otras
sociedades animales como los hormigueros, los termiteros, las colonias de aves, las
comunidades de primates. En toda la naturaleza existe una inclinación a la agregación, a la
hibridación, al establecimiento de vínculos sociales. La existencia de esta inclinación ha sido
llevada a sus últimas consecuencias por los sociobiólogos al sostener que el fenómeno social
tiene una explicación biológica. Según Wilson, existe un fuerte hilo conductor que va desde las
colonias de termes y hermandades de pavos, hasta el comportamiento social del hombre.

Sin embargo, hay todavía muchas resistencias a reconocer que existe un cordón umbilical que
nos mantiene unidos a la lógica global de lo social. Freud interpretó esta resistencia, incluso
psicológica, como una reacción típica del narcisismo humano en su obra Una dificultad del
psicoanálisis, en la que afirmó: “En el curso de la evolución cultural, el hombre se consideró
como soberano de todos los seres que poblaban la tierra y, no contento con tal soberanía,
comenzó a abrir un abismo entre él y ellos. Les negó la razón y se atribuyó un alma inmortal y
un origen divino que le permitió romper todo lazo de comunidad con el mundo animal”.

Sin embargo, la evidencia científica actual demuestra que el hombre ha sido el resultado de un
doble proceso de evolución biológica y social. Muchos investigadores trabajan para llegar a
conocer y explicar todo este proceso de evolución. Son historiadores, antropólogos, científicos
sociales, biólogos y paleontólogos que trabajan rebuscando entre fósiles restos de los homínidos
que son nuestros antecesores más directos. Si nos basamos en los recientes descubrimientos
realizados en Aramis, Etiopía, los fósiles de un ser más próximo al chimpancé que al
australopiteco afarensis nos hacen retroceder en la prehistoria humana hasta cuatro millones y
medio de años.

Como ya explicamos en el capítulo dos, los orígenes del Homo erectus se remontan a un millón
y medio de años. El Homo habilis caminaba totalmente erguido y fabricaba utensilios para
cortar, rasgar y perforar, dominaba el fuego y era un cazador de animales grandes mediante una
tecnología avanzada, como bolas, mazas de madera, redes, cuerdas, trampas, hoyos ocultos,
etcétera. Teniendo en cuenta que los rastros del Homo sapiens se han situado en más de 100,000
años, podemos comprender que nuestra especie y nuestras sociedades han sido el resultado de
un proceso de evolución biológica y social que se ha dilatado a lo largo de miles, de millones de
años. En este largo proceso de hominización, lógicamente, aún existen lagunas de conocimiento
y procesos y especies de homínidos y primates de los que carecemos de información. Mediante
el estudio del comportamiento de las sociedades animales podemos llegar a comprender mejor
la lógica global de lo viviente y, por tanto, de los fenómenos sociales. De ahí la importancia de
los estudios etológicos, que se ocupan del comportamiento de los animales.

En la naturaleza podemos encontrar muchas formas de agrupamiento, que van desde el simple
apareamiento a los núcleos familiares y a los rebaños y manadas. Aquí vamos a referirnos a dos
formas específicas de agrupamientos: las sociedades de insectos y las tropas o sociedades de
primates.

Las sociedades de insectos son unas sociedades extremadamente rígidas que recuerdan la
sociedad orwelliana, en la que todo el mundo está controlado y no existe un atisbo de libertad
individual. Las sociedades superiores de insectos, abejas, hormigas y termitas en sus múltiples
variedades son las más antiguas conocidas. Algunas de estas sociedades, como las de termitas,
tienen formas de organización social muy sofisticadas, con una rígida división del trabajo entre
individuos muy diferenciados entre sí: reproductores de diferentes tipos, obreros, guerreros de
distintas clases, unos con trompa lanzadora de líquidos, otros con mandíbulas cortantes. Tienen
su propio sistema de comunicación, con señales de alarma y llamada, construyen edificaciones
con complejas formas arquitectónicas, produciendo una especie de cemento con mezclas de
saliva, madera y excrementos, regulan la temperatura de sus moradas, cultivan algunas
variedades de hongos, estabulan especies de pulgones que les sirven de alimento. En estas
sociedades no se producen prácticamente modificaciones y no existen márgenes significativos
de variación en el comportamiento de los individuos.

Lógicamente, lo social es morfológico y la diferenciación de papeles está en función de las


propias diferencias biológicas de los individuos. Como ha señalado Marcel Sire, las sociedades
de insectos y las humanas tienen como puntos comunes los siguientes: división del trabajo,
jerarquías, reparto de los individuos en clases o castas, construcciones colectivas, lenguaje,
nuevo enjambre cuando la población se hace superabundante en un lugar dado y equilibrio
cualitativo y cuantitativo de las poblaciones por autorregulación.

Las sociedades de animales vertebrados no están rígidamente estructuradas y los individuos


mantienen márgenes bastante amplios de independencia y libertad de acción. Estos animales, y
especialmente los monos desarrollados, están vivamente orientados hacia la sociabilidad, pero la
jerarquía social y la dominación se producen entre individuos iguales, incluyendo tanto los
rasgos propios del individuo, fuerza, agresividad, etcétera, como la experiencia social del grupo.

En las sociedades de primates existen una serie de características comunes. La primera es la


existencia de sentimientos de territorialidad, es decir, cada sociedad se desarrolla en ámbitos
geográficos concretos que defienden contra los intrusos. La segunda característica es que en
estas comunidades se produce autorregulación demográfica, de forma que los jóvenes
excedentes se ven segregados y obligados al éxodo y a la fundación de nuevas colonias en otros
territorios. En tercer lugar, existe una clara diferenciación de los lazos sociales y de estructuras
de dependencia, con jerarquías generales de dominación, lazos entre madres e hijos, entre
machos y hembras, relaciones afectivas y de solidaridad entre individuos del mismo sexo y
papeles diferenciados por sexo y edad en las tareas de protección, alimentación y
adiestramiento.

En estas sociedades se produce un considerable grado de dinamismo, dando imagen de un


desorden aparente que, en el fondo, forma parte del orden social, caracterizado por la
diversidad, variedad, flexibilidad y complejidad a la vez que forma parte del propio desorden:
conductas aleatorias, competiciones, conflictos. La combinación de estos elementos de
organización y conformación y de desorden y libertad individual es lo que ofrece la posibilidad
de cambio e innovación en las pautas de comportamiento de estos grupos.

Un ejemplo típico de estos cambios fueron las innovaciones introducidas entre los macacos de
la isla Goshima, que dieron lugar a nuevas pautas de alimentación a través de descubrimientos
casuales de algunos individuos que luego fueron transmitidos socialmente a toda la colectividad.
Esto fue lo que ocurrió cuando uno de estos macacos descubrió casualmente la eficacia de lavar
la tierra de las batatas sumergiéndolas en el agua en vez de limpiarlas poco a poco con la mano,
utilizándose luego este mismo sistema para separar la arena de los granos de trigo.

El estudio de los comportamientos sociales de los grandes monos en sus medios naturales ha
hecho posible descubrir un mundo complejo de costumbres y técnicas que permiten hablar de
verdaderas protoculturas. Por ejemplo, los chimpancés africanos emplean útiles diversos para
machacar alimentos o materiales sólidos, apalancar objetos para moverlos, abrir y excavar
termiteros, cavar hoyos, canales, agujeros, absorber aguas o líquidos por empapamiento con
hojas secas machacadas, recoger agua, limpiar el cuerpo y los alimentos, arrojar objetos como
proyectiles para ahuyentar congéneres e individuos de otras especies, etcétera, etcétera.

Algunos estudios han demostrado que los monos utilizan sistemas de comunicación sumamente
expresivos en los que ponen todos sus sentidos. Y algunos observadores han llegado a
identificar la utilización de varias decenas de sonidos perfectamente diferenciables. En los
últimos años, una serie de experimentos ha mostrado también cómo, tras varios años de
entrenamiento, los chimpancés pueden llegar a dominar varios cientos de signos. Los esposos
Gardner, por ejemplo, enseñaron a un chimpancé 550 signos basados en el lenguaje de los
sordomudos, llegando a comunicarse entre sí e incluso construir nuevos conceptos combinando
signos.
De acuerdo con Sabater Pi, las capacidades conductuales de los chimpancés comprenden:
primero, capacidad para el conocimiento del esquema corporal noción de la muerte; segundo,
capacidad comunicativa a nivel emocional, proposicional y simbólico; tercero, capacidad para el
uso y fabricación de herramientas; cuarto, capacidad para la actividad cooperativa, caza y
distribución de alimentos entre adultos; quinto, capacidad para mantener relaciones familiares
estables y duraderas en el nivel de madres, hijos y nietos; sexto, capacidad para mantener
relaciones sexuales no promiscuas, evitando el incesto primario y; séptimo, capacidad estética.

En definitiva, podemos decir con fundamento que existe una gran cantidad de comportamientos
y aspectos de la organización social que permiten identificar elementos de similitud y
continuidad, aún en sus grandes diferencias, entre las sociedades animales y las humanas,
especialmente en las más ancestrales.

Por ello, de la misma manera que se superaron hace tiempo las resistencias narcisistas a la teoría
de la evolución biológica de las especies, hoy debemos acostumbrarnos a la idea de que, al igual
que nuestra anatomía tiene su origen en los primates, también nuestras actuales formas de
organización son el resultado de una larga evolución que, verosímilmente hunde sus raíces en
los comportamientos colectivos básicos de diversas especies de homínidos actualmente
desaparecidos.
AUDIOVISUALES PARA ACTIVIDAD 1.5

9. LA ACTIVIDAD DE LOS SOCIÓLOGOS

Presentador. Para mucha gente, la actividad de los sociólogos está rodeada de oscuridades e
incluso de misterios. ¿Cómo pueden los sociólogos averiguar el curso de los acontecimientos?
¿Cómo pueden averiguar quién va a ganar las próximas elecciones o saber si se va a consumir
un determinado producto o conocer si en un barrio concreto va a surgir un problema social
específico? Los sociólogos llevan a cabo su actividad profesional apoyados por los
conocimientos que proporcionan ciertas teorías e interpretaciones de la realidad. También por
un conjunto de técnicas de investigación y de tratamiento estadístico de datos desarrolladas
durante las últimas décadas: las encuestas y sondeos de opinión, los estudios cualitativos
basados en reuniones de grupo y entrevistas en profundidad, los cuestionarios Delphi de
estudios prospectivos, etcétera. Pero a la hora de plantear los estudios y analizar las estadísticas,
los sociólogos se encuentran sometidos a muchas presiones. A veces son difusas e inconscientes
y tienen que ver con las propias expectativas que suscita la labor del sociólogo, como una
especie de nuevo gurú o adivino de nuestra época. Otras presiones son más concretas y están
orientadas desde grupos y sectores a los que les gustaría obtener unos pronósticos y análisis
concordantes con sus deseos y necesidades. Las expectativas sobre la labor de los sociólogos se
relacionan con la necesidad de despejar las incertidumbres que se plantean a la hora de adaptar
alguna iniciativa cuyos efectos y consecuencias quieren evaluarse de antemano.

En el mundo clásico, cuando los reyes o los jefes militares pensaban emprender alguna
expedición bélica o tomar una decisión importante, consultaban a los oráculos. Actualmente,
cuando los políticos o los empresarios tienen ante sí la perspectiva de una iniciativa que les
plantea dudas, acuden a los sociólogos. Esperan informaciones o indicios que despejen sus
incertidumbres y les permitan afrontar los problemas con un mayor conocimiento de causa.

El gran historiador griego Plutarco, en su obra Vidas paralelas, cuenta una divertida anécdota.
Resulta muy ilustrativa sobre las expectativas que siempre han despertado las actividades que
tiene que ver con las prácticas previsoras o adivinatorias. Antes de emprender su expedición
contra los persas, Alejandro Magno decidió consultar el oráculo de Delfos: “Y habiendo pasado
a Delfos, casualmente los días en que llegó eran nefastos, en los que no estaba permitido
consultar el oráculo y, con todo, lo primero que hizo fue llamar a la profetisa pero, negándose
esta y objetando la disposición de la ley, subió donde se hallaba y por fuerza la trajo al templo.
Ella, entonces, mirándose como vencida por aquella determinación “eres invencible, hijo mío”,
expresó, lo que, oído por Alejandro, dijo que ya no necesitaba otro vaticinio sino que había
escuchado de su boca el oráculo que apetecía”.

De la misma manera que Alejandro obtuvo el vaticinio que quería, en las sociedades de nuestros
días ocurre algo parecido. Generalmente, se ponen muchas expectativas en los pronósticos y
análisis de los sociólogos. Incluso se les presiona para obtener de ellos los datos y orientaciones
que se desean. También se reacciona críticamente contra ellos cuando no proporcionan los
resultados esperados.

El quehacer de los sociólogos no puede sustraerse a las demandas que se generan desde la
sociedad. Los sociólogos hacen los trabajos y se encargan de las tareas que se les encomiendan,
tienen que hacer un gran esfuerzo de objetividad para no verse presionados en la forma de
plantear sus análisis y sus encuestas en una dirección predeterminada.

Hasta hace muy pocas décadas, la labor de los sociólogos se encontraba preferentemente
referida a unos ámbitos reflexivos y teóricos. Los sociólogos escribían sobre la Sociedad, con
mayúscula, y reflexionaban sobre los grandes procesos sociales, pero la institucionalización de
la sociología y el gran desarrollo de los estudios universitarios en esta materia han dado lugar a
una gran expansión de la sociología aplicada. Hoy en día, los sociólogos ejercen su profesión en
una gran cantidad de ocupaciones concretas. Los estudios y encuestas realizados en varios
países sobre la actividad de los sociólogos demuestran los principales ámbitos de trabajo: la
docencia, tanto en la universidad como en la enseñanza secundaria; el trabajo en las
administraciones públicas, en gabinetes de estudio, documentación y asesoramiento; en las
empresas privadas, en el estudio de mercado, en las relaciones laborales, etcétera; en actividades
relacionadas con el tercer sector de la economía, en fundaciones, cooperativas, ONG y
organismos con fines sociales y asistenciales y, finalmente; un número menor de sociólogos se
dedica a la investigación en organismos públicos y privados.

La expansión de los trabajos y tareas sociológicas se encuentra directamente relacionada con la


propia evolución de las sociedades, con la emergencia de nuevos problemas sociales y con la
necesidad de intensificar los estudios sociológicos. De ahí que el futuro de la actividad de los
sociólogos no pueda verse sino en mutua relación con la propia evolución de nuestras
sociedades.

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