La Empatía
La empatía es la capacidad que tiene el ser humano para conectarse emocionalmente
con los demás individuos, pudiendo percibir, reconocer, compartir y comprender el
sufrimiento, la felicidad o las emociones del otro.
Es una característica muy valorada en el comportamiento humano, a menudo
considerada un valor, que está vinculada con la capacidad de ponerse en el lugar del otro y
conectar con sus necesidades y comprender su accionar. La empatía forma parte de lo que
se conoce como inteligencia emocional y se vincula con otros valores como la compasión y
el altruismo, y es opuesto al egoísmo y a la antipatía.
La empatía es una reacción inmediata e inconsciente, que no pasa por la razón y el
intelecto, y que lleva a una persona a participar afectivamente en la situación de otra, por lo
que se habla de la empatía como una cualidad innata del ser humano. Sin embargo, la
empatía puede estar más o menos desarrollada en una persona y se puede trabajar para
ponerla en función de los vínculos sociales y convertirla en hábito.
La empatía implica el desarrollo de habilidades y valores como la escucha atenta, la
comprensión, la solidaridad y la tolerancia, y genera lazos saludables y relaciones
respetuosas que contribuyen a la armonía social.
La persona empática se caracteriza por tener afinidades e identificarse con otra persona. Es
saber escuchar a los demás, entender sus problemas y emociones. Cuando alguien dice
"hubo una empatía inmediata entre nosotros", quiere decir que hubo una gran conexión, una
identificación inmediata.
La empatía es lo opuesto de antipatía ya que el contacto con la otra persona genera placer,
alegría y satisfacción. La empatía es una actitud positiva que permite establecer relaciones
saludables, generando una mejor convivencia entre los individuos.
Tipos de empatía
Es usual clasificar a la empatía en tres categorías:
Empatía afectiva o emocional. Se basa en la capacidad de un individuo de
contagiarse de las emociones que otra persona siente y poder comprenderlas y
sentirlas como propias.
Empatía cognitiva. Se basa en la capacidad del intelecto de una persona de
comprender la postura de otra, es decir, de “ponerse en sus zapatos”, pero sin
involucrar el aspecto emocional.
Empatía compasiva. Se basa en la capacidad de un individuo de ser empático
con otro y mostrar una predisposición para la ayuda. Este tipo de empatía es el
que pasa a la acción.
¿Cómo desarrollar la empatía?
La empatía es una cualidad innata del ser humano, sin embargo, puede haber individuos
con una empatía más desarrollada y es también una capacidad que se puede trabajar.
Algunos rasgos propios de una persona empática son:
Ofrece escucha atenta al prójimo.
Ofrece consejos solo en el caso de que el otro individuo lo solicite.
Tolera la diversidad de opiniones y de puntos de vista.
Busca comprender el accionar ajeno.
Muestra una inteligencia emocional desarrollada que le permite conocer y
reconocer las diferentes emociones.
Comprende la comunicación de forma amplia, tanto en su forma escrita y
hablada como gestual y corporal, lo que le permite identificar emociones o
situaciones.
Muestra interés genuino y desinteresado hacia el resto de las personas.
Se muestra receptiva y atenta para lograr una comunicación profunda con los
otros individuos.
Evita los juicios y estereotipos.
Deja de lado las consideraciones, opiniones y conclusiones personales sobre las
emociones ajenas.