Principios Pedagógicos
Los principios pedagógicos constituyen un conjunto de orientaciones centrales de teoría
pedagógica avalados por la investigación, proveniente tanto de los paradigmas fundantes
de la Educación Parvularia, como de las construcciones teóricas que han surgido de la
investigación del sector en las últimas décadas. Contribuyen a concebir, organizar,
implementar y evaluar la práctica pedagógica, en torno a una visión común sobre cómo y
para qué aprenden los párvulos en esta etapa de sus vidas y, por ende, cómo se deben
promover estos procesos de aprendizaje. Este conjunto de principios permite configurar
una educación eminentemente humanista, potenciadora, inclusiva y bien tratante. Deben
ser considerados de manera integrada, sistémica y permanente.
1 Principio de bienestar
Busca garantizar en todo momento la integridad física, psicológica, moral y espiritual del
niño y la niña, así como el respeto de su dignidad humana. En virtud de ello, toda
situación educativa debe propiciar que niñas y niños se sientan plenamente considerados
en sus necesidades e intereses y avancen paulatina y conscientemente en la
identificación de aquellas situaciones que les permiten sentirse integralmente bien. Con
todo, serán activos en la creación de condiciones para su propio bienestar, desarrollando
sentimientos de aceptación, plenitud, confortabilidad y seguridad, que los lleven a gozar
del proceso de aprender.
2 Principio de unidad
Cada niña y niño es una persona esencialmente indivisible, por lo que enfrenta todo
aprendizaje en forma integral, participando con todo su ser en cada experiencia.
Construye sus aprendizajes desde sus sentidos, su emoción, su pensamiento, su
corporalidad, su espiritualidad, sus experiencias anteriores, sus deseos. A partir de este
principio se considera la integralidad y completitud de los párvulos en todo momento. Por
ello, desde la perspectiva del currículum, es necesario establecer el aprendizaje en
diálogo con los objetivos del Ámbito de Desarrollo Personal y Social, aunque para efectos
evaluativos, se definan ciertos énfasis.
3 Principio de singularidad
Cada niño y niña, independientemente de la etapa de vida y nivel de desarrollo en que se
encuentre, es un ser único con características, necesidades, intereses y fortalezas que se
deben conocer, respetar y considerar efectivamente en toda situación de aprendizaje.
Esta diversidad implica, entre otros, que cada niña y niño aprende a través de diversas
formas y ritmos que le son propios, y también que posee formas de interpretar el mundo a
partir de su cultura, situando el aprendizaje en contexto. De allí el desafío, de responder
de manera inclusiva y con equidad, a la diversidad de niños y niñas en el proceso
educativo que se desarrolla.
4 Principio de actividad
La niña y el niño deben ser protagonistas de sus aprendizajes, a través de procesos de
apropiación, construcción y comunicación. Por tanto, resulta fundamental que el equipo
pedagógico potencie este rol en las interacciones y experiencias de las que participa,
disponiendo de ambientes enriquecidos y lúdicos, que activen su creatividad, favorezcan
su expresión y les permitan generar cambios en su entorno, creando su propia
perspectiva de la realidad en la que se desenvuelven.
5 Principio del juego
El juego es, en la Educación Párvularia, un concepto central. Se refiere tanto a una
actividad natural del niño o niña como a una estrategia pedagógica privilegiada. De
acuerdo con autores clásicos del desarrollo y el aprendizaje17, el juego cumple un rol
impulsor del desarrollo de las funciones cognitivas superiores, de la afectividad, de la
socialización, de la adaptación creativa a la realidad. El juego es, a la vez, expresión de
desarrollo y aprendizaje y condición para ello. Son innumerables las actividades que
pueden llamarse juego en los párvulos a diferentes edades, desde tocar, golpear,
manipular, llevarse todo a la boca, juntar hojas o piedras, amontonar, insertar anillos,
cabalgar en un palo de escoba, imitar a la mamá, hasta participar en una dramatización,
en juegos y actividades con determinadas reglas. Hay algunas diferencias sutiles entre
actividades lúdicas y juego. Cualquier actividad de aprendizaje puede y debe ser lúdica,
en el sentido de entretenida, motivante, con un enmarcamiento flexible. Por ejemplo,
recoger hojas, pintar piedras, danzar al ritmo de una melodía, entre otros. Sin embargo,
los juegos a diferencia de las actividades lúdicas como las anteriores, tienen una
estructura interna creada espontáneamente por los propios niños y niñas, que los hace
muy valiosos para la Educación Párvularia, por cuanto responden plena y singularmente
no solo a sus motivaciones internas, sino a sus requerimientos de desarrollo.
6 Principio de relación
La interacción positiva de la niña y el niño con pares y adultos permite la integración y la
vinculación afectiva y actúa como fuente de aprendizaje e inicio de su contribución social.
Reconocer la dimensión social del aprendizaje en la infancia temprana, es asumir que las
experiencias educativas que se propicien deben favorecer que los párvulos interactúen
significativa y respetuosamente con otros, y asuman en forma progresiva la
responsabilidad de crear espacios colectivos inclusivos y armónicos, y aportar al bien
común, como inicio de su formación ciudadana.
7 Principio de significado
El niño y la niña construyen significativamente sus aprendizajes, cuando éstos se
conectan con sus conocimientos y experiencias previas, responden a sus intereses y
tienen algún tipo de sentido para ellos y ellas. Esto implica que las experiencias cumplen
alguna función que puede ser lúdica, gozosa, sensitiva o práctica, entre otras. El equipo
pedagógico desempeña un rol sustantivo identificando y vinculando estos elementos con
oportunidades de exploración, creación, interacción y juego, que propicie la conexión con
su vida cotidiana.
8 Principio de potenciación
Cuando el niño y la niña participan de ambientes enriquecidos para el aprendizaje,
desarrolla progresivamente un sentimiento de confianza en sus propias fortalezas y
talentos para afrontar mayores y nuevos desafíos y aprender de sus errores, tomando
conciencia progresiva de sus potencialidades. La confianza que el equipo pedagógico
transmite al párvulo acerca de sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo integral,
deben constituir un aspecto central de las oportunidades de aprendizaje que se generan
cotidianamente.