TERAPIA OCUPACIONAL EN PEDIATRIA SEMESTRE A 2022
FUNCIONES EJECUTIVAS
Cómo desarrollar las funciones
ejecutivas en educación infantil
Las funciones ejecutivas son capacidades que permiten canalizar la
información, planificar, tomar decisiones y controlar las emociones. Entre
ellas se podrían destacar tres de las más importantes y analizadas: la inhibición, la
flexibilidad cognitiva y la memoria a corto plazo.
La inhibición o el autocontrol
Es la capacidad de evitar las distracciones o las interferencias para conseguir
los objetivos planeados. Estos estímulos distractores pueden proceder de
estímulos internos o externos. Esta función ejecutiva se encuentra en un buen
equilibrio cuando se posee la habilidad para mantener la concentración la
cantidad de tiempo requerido por la tarea y saber combinarlo con momentos de
relajación y de distracción que permiten después volver a una mayor dedicación.
También se refiere a la capacidad de autocontrol emocional cuando un sujeto
inhibe o regula una respuesta emocional tras haber valorado la información sobre
las consecuencias de dicha reacción o el contexto en el que se produce.
La flexibilidad cognitiva
Esta compuesta por la capacidad de analizar las situaciones desde nuevas
perspectivas, de modificar el propio punto de vista, de buscar alternativas
ante las dificultades no esperadas y de valorar las opciones diferentes a la
propia que se formulan en un debate o en una conversación. Es lo contrario a la
rigidez mental y manisfiesta una estrecha relación con el pensamiento creativo.
La memoria operativa
Se refiere a la capacidad para mantener y combinar información que no está
presente para comprenderla mejor y conectarla con los objetivos o tareas en
curso y resolver una determinada actividad o problema.
Es imprescindible para comprender un texto, pues es preciso mantener el
significado de las primeras frases (o recuperarlo de la memoria a largo plazo),
para encontrar el sentido de los siguientes párrafos y la identidad de los
personajes para avanzar en la lectura de la narración. También es necesaria para
razonar, para conectar sucesos y para encontrar soluciones creativas ante un
conjunto de informaciones.
Cómo trabajar las funciones ejecutivas en
educación infantil
Los niños no nacen con estas funciones, nacen con el potencial para
desarrollarlas a partir de que tengan a su disposición ambientes e interacciones
con adultos favorables. A continuación nos gustaría destacar una serie de juegos y
actividades por edades que permiten reforzar los tres tipos de funciones
ejecutivas, memoria de trabajo, flexibilidad mental y el autocontrol, resumidos a
partir de la información propuesta por la web Center on the Developing Child de
Harvard University
Juego imaginario o utilización de roles en el juego
¿Como reforzar este juego?:
Leer libros, visitar lugares o utilizar vídeo relacionados con el juegos: Asegurarse
de que el niño o niña saben lo suficiente sobre el escenario y los roles que
simulan.
Proveer una variedad amplia de accesorios realistas (ej. kit médicos de juguete).
Permitir que los niños y niñas construyan sus propios accesorios.
Antes de jugar los niños pueden planificar, decidir quiénes van a ser y dibujarlo en
un papel. Primero piensan y después actúan, desarrollando de este modo el
control inhibitorio.
Contar historias
Los niños adoran contar cuentos e historias y diversas investigaciones señalan
una relación sólida entre las funciones ejecutivas y el desarrollo del lenguaje. Un
análisis longitudinal (Phoenix, 2012), por ejemplo, encontró que el relato oral
favorecía un mayor desarrollo de dichas funciones ejecutivas (medidas a través
del test de Luria).
¿Como reforzar este juego?:
Anima a los niños a que te cuenten historias.
También pueden hacer dibujos y crear sus propios libros. Realizando la historia,
revisitando los dibujos y repitiendo el proceso, permite que la organización y la
elaboración sea mejor.
Contar historias en grupo. Un niño o niña comienzan la historia y cada compañero
añade algo nuevo enlazando con lo anterior, o añadiendo un giro. Esto permite
trabajar la atención, la memoria de trabajo y el autocontrol.
Que los niños representen las historias que han escrito.
Desafíos en movimiento: canciones y juegos
Las demandas de los juegos basados en canciones a la vez que se realizan
movimientos corporales facilitan el control inhibitorio y la memoria de trabajo.
¿Como reforzar este juego?:
Facilitar oportunidades: Permitir el acceso a estructuras para trepar, colgarse,
balancearse
Favorecer el control de la atención con actividades sin movimiento: Posturas de
yoga, mindfullnes o actividaes que requieran una respiración lenta.
Utiliza la música: Tienen que bailar, primero muy rápido y después muy lento.
Juega a congelar el baile, manteniendo la postura que tengan en el momento en
que lo indiques
Canciones en grupo en voz alta o con desafios en grupo mientras de canta,
facilitan la utilización de la memoria de trabajo.
Juegos sobre emparejar u organizar
Los juegos para organizar una serie de elementos a partir de una regla (como el
color o el tamaño). Puzzles adaptados al nivel de edad, permite trabajar la
memoria de trabajo visual. Cocinar también permite que utilicen las tres funciones
ejecutivas principales.
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EL DESARROLLO DE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS DURANTE LA INFANCIA Y LA
ADOLESCENCIA GUARDA UNA ESTRECHA RELACIÓN CON LA MADURACIÓN DEL
LÓBULO FRONTAL Y DE SUS CONEXIONES CON OTRAS ESTRUCTURAS
CORTICALES Y SUBCORTICALES. EL CEREBRO TARDARÁ ALGO MÁS DE DOS
DÉCADAS DE VIDA PARA ALCANZAR EL DESARROLLO QUE CULMINARÁ EN LA
ETAPA ADULTA.
LAS DIFERENTES REGIONES DEL CEREBRO SE DESARROLLAN A DIFERENTES
VELOCIDADES Y LAS CONEXIONES ENTRE ESTAS REGIONES SE DESARROLLAN
TAMBIÉN GRADUALMENTE A LO LARGO DE TODA LA INFANCIA Y LA
ADOLESCENCIA. ESTOS CAMBIOS TENDRÁN UN IMPACTO SOBRE EL
FUNCIONAMIENTO COGNITIVO DEL NIÑO Y EN PARTICULAR SOBRE
SUS FUNCIONES EJECUTIVAS. EXISTE UNA GRAN VARIABILIDAD EN LA
VELOCIDAD A LA QUE LOS NIÑOS DESARROLLAN EL CONTROL EJECUTIVO.
ALGUNOS EXPERIMENTARÁN RETRASOS EN EL DESARROLLO DE ESTAS
IMPORTANTES HABILIDADES, OTROS CONSEGUIRÁN SUPERARLOS PERO OTROS
ARRASTRARÁN LAS DEBILIDADES EJECUTIVAS EN LA EDAD ADULTA.
Teniendo en cuenta la importancia de las funciones ejecutivas tanto para el rendimiento
escolar como para el bienestar social, la identificación temprana de estos problemas de
autorregulación cognitiva y del comportamiento es, evidentemente, muy importante.
Las funciones ejecutivas incluyen, como ya sabemos, un grupo de habilidades cognitivas cuyo
objetivo principal es facilitar la adaptación de las personas a las nuevas situaciones. Estas
capacidades son primordiales para un adecuado aprendizaje académico desde la infancia
temprana. Son funciones que se desarrollan de forma secuencial y curvilínea durante los
diversos períodos sensibles, entendidos como ventanas de tiempo, en las cuales la plasticidad
cerebral está incrementada, posibilitando así que el funcionamiento ejecutivo sea promovido y
estimulado a través de adecuadas experiencias.
Sobre este tema la literatura marca la existencia de 3 períodos sensibles, observándose tres
picos intensos de activación entre los 4 y 8 años, los 9 y 12 años y posteriormente, entre los 15 y
19 años. Se produce un intenso progreso durante la infancia, especialmente entre los 6 y 8
años, y una desaceleración a inicios de la adolescencia. El desarrollo del cerebro ejecutivo
culmina, como así lo confirman las técnicas de neuroimagen funcional, en la segunda década
de vida, la cúspide se alcanzará entre los 20 y 29 años
1. ETAPA DE 0 A 4 AÑOS
Es importante resaltar que las funciones ejecutivas son disposiciones cognitivas y conductuales
que se empiezan a desarrollar desde el primer año de vida del ser humano. Durante esta etapa,
el desarrollo del sistema ejecutivo es menos intenso debido al menor grado de activación y
desarrollo de las áreas asociativas del cerebro.
En los primeros seis meses de vida, el bebé puede recordar representaciones simples. Sin
embargo, si el bebé está jugando con un juguete y lo cubrimos con una toalla, para él, éste
deja de existir: no busca el juguete, y se comporta como si no existiera. Alrededor de los ocho
meses, los bebés ya son capaces de buscar el objeto que les ha sido ocultado y recuperarlo.
Esta conducta en sí misma sugiere una forma “embrionaria” de funciones ejecutivas: el bebé
puede mantener en línea información que no se halla presente, (la representación del juguete
y su ubicación espacial), para la consecución de un objetivo, (levantar la toalla y recuperar el
juguete).
Durante el primer año emerge la habilidad de suprimir respuestas dominantes. El niño empieza
a controlar la emisión de conductas automáticas, por lo que puede inhibir su comportamiento y
realizar acciones planificadas en conductas exclusivamente motoras. La capacidad de establecer
objetivos y de elaborar planes se inicia antes del primer año de vida, pero usan estrategias
ineficaces, torpes y fragmentadas.
A los dos años, empieza a ser capaz de mantener y manipular la información, que de forma
coordinada con la capacidad de inhibir sus respuestas, le permite realizar un control relativo
de su conducta.
A partir de los tres años emergen capacidades como la flexibilidad mental y la capacidad para
orientarse en el futuro. Comienza a incrementarse paulatinamente el control consciente sobre
el comportamiento y pueden elaborar planes simples y resolver conflictos de moderada
dificultad. Aparecen las primeras formas de automonitoreo de la conducta.
A los cuatro años, aunque todavía no son capaces de inhibir sus respuestas sí son capaces de
establecer una autorregulación interna de sus actos. Muestran dificultades para inhibir
respuestas verbales, pero empiezan a desarrollar uno de los mecanismos del control
inhibitorio: el control de impulsos. Surge una competencia clave para el funcionamiento
socioemocional del niño: la teoría de la mente, lo que le permite representar mentalmente el
estado mental de otra persona.
2. ETAPA DE 5 A 8 AÑOS
La función reguladora del lenguaje interno, que nos guía en nuestras acciones, evoluciona
entre los 6 y 8 años. Este periodo de edad es en el que se produce el mayor desarrollo de la
función ejecutiva, por lo tanto, es importante la detección precoz de los posibles déficits en estas
capacidades ya que la temprana estimulación y promoción del funcionamiento ejecutivo, a
través de programas especializados de intervención neurocognitiva, puede ser un modo de
favorecer el aprendizaje escolar y reducir su fracaso.
En esta etapa empiezan a realizar ya un control inhibitorio sobre sus manifestaciones verbales.
Adquieren la capacidad de autorregular sus comportamientos y conductas, comienzan a dirigir
su comportamiento de forma autónoma, pueden fijarse metas y anticiparse a los eventos sin
depender de las instrucciones externas, aunque continúan manifestando cierto grado de
descontrol e impulsividad. Esta capacidad cognitiva está claramente ligada al desarrollo de la
función reguladora del lenguaje (lenguaje interior), a la aparición del nivel de las operaciones
lógicas formales y a la maduración de las zonas prefrontales del cerebro. Las habilidades de
planificación y organización se desarrollan rápidamente, manifestando conductas estratégicas
y habilidades de razonamiento más organizadas y eficientes.
3. ETAPA DE 9 A 14 AÑOS
Aproximadamente entre los 9 y 10 años el desempeño del control inhibitorio sobre las
respuestas automatizadas alcanza su máximo nivel de control. De ahí en adelante mantiene
una estabilidad consistente, siendo alrededor de los 10 años cuando se logra un nivel de
inhibición similar al del adulto.
Entre los 12 y 14 años, algunas funciones ejecutivas como el control inhibitorio alcanzan su
techo en el desarrollo, pero otras como la flexibilidad cognitiva, la resolución de problemas y la
memoria de trabajo continúan evolucionando. Son capaces de ejercer un control cognitivo sobre
su conducta y aunque esto les permite la posibilidad de razonar y considerar las
consecuencias de sus decisiones, aún continúan tomando decisiones arriesgadas sin anticipar
las consecuencias.
4. ETAPA DE 15 A 19 AÑOS
Durante esta etapa se consolidan las funciones de planificación y la resolución de problemas
así como la autorregulación, lográndose un mayor autocontrol de impulsos.
Entre los 14 y 18 años, se pone de manifiesto un mayor nivel de control afectivo por lo que los
adolescentes muestran ya la capacidad de evaluar las consecuencias de las decisiones.
Durante esta etapa aumentan las demandas de autonomía y autorregulación. Sin embargo, este
período se caracterizará por la alta prevalencia de conductas de riesgo, lo que podría
relacionarse con el incompleto desarrollo de las funciones ejecutivas, principalmente de
aquellos factores que están relacionados con ciertos aspectos del control emocional, la
conducta moral y el desarrollo del juicio.
Algo que caracteriza a este período es la discrepancia entre la comprensión teórica que tienen
de las consecuencias potencialmente negativas de una conducta y, las opciones que los adolescentes
realizan en la vida real bajo situaciones emocionales como cuando, por ejemplo toman ciertas
decisiones contrarias a sus propios valores o deseos bajo la presión de sus iguales. Esto
podría explicarse por el hecho de que las estructuras relacionadas con las funciones
ejecutivas puramente cognitivas, se desarrollan de forma más temprana que las que están
asociadas con la conducta reflexiva. De forma tal que, la capacidad para ejercer el control
cognitivo en un contexto emocional alto, puede quedar obstaculizado por la información
motivacional destacada, de manera que no valoren los riesgos y consecuencias de una
conducta si se les presenta una perspectiva de recompensa inmediata y alta.
Las consecuencias de un desorden o déficit de las funciones ejecutivas, también
denominado síndrome disejecutivo, son determinantes a cualquier edad y en cualquier ámbito
de la vida en el que sea necesaria la adecuación de conductas adaptadas. Los programas de
intervención centrados en el entrenamiento de estas funciones han demostrado ser eficientes
para mejorar y optimizar el éxito escolar y las destrezas socio-emocionales, además pueden
conducir a cambios en los circuitos cerebrales. Por lo tanto, la temprana detección de estos
déficits y su consecuente estimulación y promoción a través de programas de intervención y
entrenamiento, puede ser un modo de favorecer tanto el aprendizaje escolar reduciendo su
fracaso, como de optimizar las relaciones sociales mejoradas, entre otros factores, por el
incremento de conductas reflexivas.
[Link]
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