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S04.s1 LECTURA

Este documento analiza la evolución del concepto de capacidad jurídica en el derecho comparado y a la luz de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Tradicionalmente, la capacidad jurídica se dividía en capacidad de goce y capacidad de ejercicio, siendo esta última restringida o anulada para ciertos grupos como las personas con discapacidad. Sin embargo, la Convención y reformas legales recientes en varios países reconocen la igualdad jurídica de todas las personas y eliminan fig
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Temas abordados

  • barreras sociales,
  • personalidad jurídica,
  • discapacidad,
  • normativa internacional,
  • capacidad de ejercicio,
  • incapacidad,
  • derechos fundamentales,
  • Código Civil,
  • autonomía,
  • apoyos
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S04.s1 LECTURA

Este documento analiza la evolución del concepto de capacidad jurídica en el derecho comparado y a la luz de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Tradicionalmente, la capacidad jurídica se dividía en capacidad de goce y capacidad de ejercicio, siendo esta última restringida o anulada para ciertos grupos como las personas con discapacidad. Sin embargo, la Convención y reformas legales recientes en varios países reconocen la igualdad jurídica de todas las personas y eliminan fig
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Temas abordados

  • barreras sociales,
  • personalidad jurídica,
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  • normativa internacional,
  • capacidad de ejercicio,
  • incapacidad,
  • derechos fundamentales,
  • Código Civil,
  • autonomía,
  • apoyos

La capacidad jurídica en el Código Civil, a la luz de la

Convención sobre derechos de personas con discapacidad

1.- Introducción

La capacidad jurídica es uno de los elementos básicos del derecho privado de


raíz romano-germánica. El derecho romano planteaba como una de sus máximas
que «furiosi nulla voluntas est» que se entendía como que las personas con
discapacidad mental no podían consentir válidamente ningún contrato. No
obstante, las limitaciones a la capacidad jurídica no estuvieron restringidas
solamente a estas personas. Durante años, mujeres, miembros de pueblos
indígenas, afrodescendientes y personas pobres pelearon por un igual
reconocimiento de su capacidad jurídica en diversos sistemas jurídicos. (Bregaglio
Lazarte y Constantino Caycho, 2020, p. 33)

Sin embargo, al día de hoy, el gran grupo excluido de ese derecho, en el mundo,
sigue siendo el de las personas con discapacidad mental, y la institución que
materializa esta exclusión es la interdicción[1], un proceso judicial por el cual se
determina la incapacidad de una persona cuyos derechos pasan a ser ejercidos por
un tercero (curador). No obstante, a partir de la entrada en vigor de la Convención
sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), concretamente
de su artículo 12[2], dicho esquema se viene cuestionando en la medida que
elimina la subjetividad de la persona, anula su autonomía y la deja jurídicamente
indefensa. Al no poder ejercer sus derechos en igualdad de condiciones como el
resto, es que se puede colegir que la persona bajo interdicción no es igual persona
que el resto de seres humanos. (Ibídem, pp. 33-34)

A través de la última reforma efectuada al Código Civil, mediante el Decreto


Legislativo 1384 (en adelante DL 1384) se deja de lado el tratamiento paternalista
a las personas con discapacidad quienes pasan a ser parte de un régimen de
igualdad jurídica. Ello ha permitido que el ordenamiento jurídico peruano se
acerque a las directrices de las Naciones Unidas, lo que implica el respeto a los
derechos humanos de todos los ciudadanos, especialmente en cuanto a su dignidad,
autonomía e igualdad ante la ley (Varsi Rospigliosi, 2019, p. 200).

Esta reforma se enmarca en una tendencia regional, así en el 2015 Argentina


sancionó un nuevo Código Civil y Comercial que aunque no eliminó la
interdicción, sí limitó severamente la posibilidad de imponerla a personas con
discapacidad mental. Costa Rica, por su parte, eliminó en el 2016 la interdicción y
reguló la figura de los apoyos (aunque en sentido estricto se trata más de normas
sobre asistencia personal que sobre apoyos para el ejercicio de la capacidad
jurídica). De manera más reciente, Colombia ha modificado su normativa para
reconocer la capacidad jurídica de personas con discapacidad, estableciendo
apoyos y salvaguardias. Finalmente, se ha presentado en la Cámara de Diputados
de Chile una iniciativa legislativa para reconocer la capacidad jurídica de personas
con discapacidad (Bregaglio Lazarte y Constantino Caycho, 2020, p. 34).

La capacidad jurídica como institución ha estado presente a lo largo de la historia


dividiéndose en capacidad de goce y capacidad de ejercicio. Con la primera no
habría mayor problema ya que su titularidad siempre ha sido considerada inherente
al ser humano. Más bien es la capacidad de actuar de los sujetos de derecho la que
se ha visto o bien anulada o bien restringida hasta hace unos cuantos años atrás. A
continuación, haremos un breve estudio de la capacidad y de su posterior
evolución hasta el día de hoy a la luz de la CDPD.
2.- La capacidad de goce y capacidad de ejercicio en el Derecho
Comparado

Para una doctrina italiana la capacidad jurídica es la idoneidad del sujeto de ser
titular de posiciones jurídicas. Esto es general cuando el sujeto es abstractamente
idóneo de ser titular de todas las situaciones jurídicas conexas a sus intereses y a
su actividad. Asimismo, la capacidad jurídica general compete a todas las personas
naturales y personas jurídicas. La persona natural adquiere la capacidad jurídica
definitiva con el nacimiento y la conserva hasta el momento de la muerte. (Bianca,
1987, p. 193).

De acuerdo con una doctrina nacional la capacidad de goce es efecto del


reconocimiento del Derecho, de la existencia de condiciones por las que un ser es
idóneo de tener intereses dignos de tutela. Es decir, es el estado que tiene el sujeto
para beneficiarse de una protección legal. Se reconoce que todo individuo es fuente
de derechos, deberes, facultades y obligaciones. Todos tenemos capacidad de goce.
El que es plenamente capaz no tiene que recurrir a ninguna otra persona para
acceder a sus derechos, los tiene per se. (Varsi Rospigliosi, 2014, p. 809)

Según una doctrina brasileña todo ser humano es dotado de una personalidad
jurídica y en consecuencia dotado de la aptitud genérica para adquirir derechos y
contraer obligaciones. Aunada a la idea de personalidad, el ordenamiento jurídico
reconoce al individuo la capacidad para la adquisición de los derechos y para
ejercerlos por sí mismos, directamente, o por intermedio de otro (representante), o
con asistencia de otro. Personalidad y capacidad son complementarias: de nada
valdría la personalidad sin la capacidad jurídica que se ajuste al contenido de la
personalidad, en la misma y cierta medida en que la utilización del derecho integra
la idea de que alguien sea su titular (Da Silva Pereira, 2011, p. 221).

Doctrina francesa advierte que es regla general el que un individuo acceda a la


personalidad jurídica desde el momento de su nacimiento. Motivos de orden
público imponen que la irrupción de esta nueva persona en el mundo del derecho
sea conocida y tutelada rápidamente por el Estado. (Teyssié, 1999, p. 20)

De los citados autores podemos colegir la importancia de la personalidad


jurídica[3] ya que es gracias a ella que los sujetos de derechos se convierten en
titulares de derechos y obligaciones, esto es, adquieren la aptitud o idoneidad para
ser titulares de situaciones jurídicas subjetivas. De allí que de la personalidad
nazcan tanto la capacidad de goce como la capacidad de ejercicio para los sujetos
de derecho, existiendo una relación causa-efecto entre aquella y esta además de
una unión indesligable. Esta es la capacidad jurídica inherente a los sujetos de
derechos quienes en principio no requerirían de un tercero para la realización de
sus derechos. Es más, todos, desde el momento del nacimiento, adquirimos la
personalidad jurídica y con ella tanto la capacidad de goce como la de ejercicio las
cuales en determinadas circunstancias podrán ser anuladas o restringidas.

En materia negocial se dice que la capacidad es necesaria para poder concluir un


contrato válido. Ella se define seguidamente por su antónimo –incapacidad[4]–
que se traduce como la ineptitud de realizar determinados actos en la vida jurídica.
En derecho de contratos, la incapacidad marca, en primer análisis, el hecho de no
poder emitir una voluntad lo suficientemente consciente para poder ser
considerada autónoma. Podemos entonces considerar relacionar la capacidad al
consentimiento, pero en derecho, la capacidad priva más bien de validez al contrato
que de su existencia. Un incapaz puede en efecto expresar una oferta o una
aceptación, y ese acuerdo podría por tanto aparentemente concluirse. (Fabre-
Magnan, 2015, p. 307).

Para otra doctrina del mismo país, la capacidad es la regla y la incapacidad la


excepción ya que el artículo 1123 del Code posee por regla que “toda persona
puede contratar si no ha sido declarada incapaz por la ley”. Y esto vale tanto para
las personas naturales como personas jurídicas quienes pueden celebrar contratos
tan pronto adquieran la personalidad jurídica (Fages, 2013, p. 66).

Un sector de la doctrina portuguesa concibe a la capacidad de ejercicio o capacidad


de actuar como la idoneidad para actuar jurídicamente ejerciendo derechos o
cumpliendo deberes, adquiriendo derechos o asumiendo obligaciones por acto
propio o por medio de representante voluntario, esto es un representante escogido
por el propio representado. La persona dotada de capacidad de ejercicio
actúa personalmente, esto es, no necesita ser sustituida en la práctica de los actos
que ponen en movimiento su esfera jurídica y actúa autónomamente, esto es, no
carece de consentimiento anterior o posterior al acto de otra persona (asistente).
Faltando esta aptitud para actuar personal y autónomamente –para ejercitar una
actividad jurídica propia-, depárese una incapacidad en el ejercicio de los
derechos- genérica o específica, referidas a los actos jurídicos en general o en
especial. La incapacidad de ejercicio de derechos puede ser suplida por
la representación legal o la asistencia. (Mota Pinto, 2005, p. 195)

Precisa una doctrina italiana que la noción de capacidad jurídica es distinta


respecto a la capacidad de actuar, la cual indica la idoneidad del sujeto de
desarrollar directamente la propia autonomía negocial o procesal. La falta o la
limitación de la capacidad de actuar no incide sobre la capacidad jurídica porque
el sujeto permanece por siempre idóneo de ser titular de relaciones jurídicas.
Aquello que le falta al incapaz de actuar es más bien la idoneidad de gestionar
directa y autónomamente su propia esfera personal y patrimonial, asignándosele
un representante legal o un curador (Bianca, 1987, pp. 193-194).

Por tanto, queda claro que en materia de capacidad la regla es poder conducirse
personal y autónomamente sin valerse de un tercero para el ejercicio de los
derechos lo cual incluye poder asignarse voluntariamente un representante. Esta
regla también se aplica en materia negocial a la hora de celebrar contratos e incluso
en determinados actos hayan podido ser celebrados por las personas con
discapacidad incluso antes de la dación del DL 1384 cuando se trataran de
contratos relacionados a su vida ordinaria (artículo 1358 CC). No obstante como
cualquier regla admite excepciones y en nuestro ordenamiento nacional antes de
la dación del DL 1384 las restricciones a la capacidad de ejercicio estaban
plasmadas en los artículo 43 y 44 bajo la denominación de incapaces absolutos e
incapaces relativos y otras instituciones supletorias de la voluntad como la
representación legal y la interdicción.

3.- La nueva capacidad jurídica en el Código Civil de 1984 a la luz de la


Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

3.1.- Breve análisis de las normas del Código Civil

De conformidad con el artículo 3 de nuestro Código Civil (en adelante CC):

Toda persona tiene capacidad jurídica para el goce y ejercicio de sus derechos.
La capacidad de ejercicio solo puede ser restringida por ley. Las personas con
discapacidad tienen capacidad de ejercicio en igualdad de condiciones en todos
los aspectos de la vida.
Del artículo citado se puede colegir que hoy en día la regla es la extensión de
la capacidad jurídica a la capacidad de goce y a la capacidad de ejercicio, de la
cual son titulares las personas con o sin discapacidad salvo los casos determinados
por ley. Cabe resaltar que resulte natural que solo la capacidad de ejercicio pueda
ser pasible de ser restringida ya que la capacidad de goce siempre ha sido condición
inherente del ser humano, incluso antes de la dación del DL. 1384, por lo que nunca
podría ser restringida. Empero nos preguntamos ¿Cuándo podría ser restringida
por ley la capacidad jurídica? Asumimos que la ley restringe la capacidad jurídica
en los artículos 43 y 44 del CC.

De acuerdo con el artículo 42 de nuestro CC:

Toda persona mayor de dieciocho años tiene plena capacidad de ejercicio. Esto
incluye a todas las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las
demás y en todos los aspectos de la vida, independientemente de si usan o
requieren de ajustes razonables o apoyos para la manifestación de su voluntad.

Excepcionalmente tienen plena capacidad de ejercicio los mayores de catorce


años y menores de dieciocho años que contraigan matrimonio, o quienes ejerciten
la paternidad.

Mientras el artículo 3 señalaba que toda persona tiene capacidad de goce y


capacidad de ejercicio sin distinción alguna. Este artículo complementaria aquel
estableciendo a partir de qué momento se adquiere la capacidad jurídica (18 años
y con ello la posibilidad de ejercitar derechos), esto es, alcanzando la mayoría de
edad. No importando que se use o se requieran de los ajustes razonables o apoyos
para la manifestación de voluntad.

De conformidad con el artículo 43 del CC son incapaces absolutos:

1.
1. Los menores de dieciséis años[5], salvo para aquellos actos
determinados por la ley.
2. Derogado.
De acuerdo con el artículo 44 del Código Civil son relativamente incapaces:

1. Los mayores de dieciséis y menores de dieciocho años de


edad.
2. Derogado.
3. Derogado.
4. Los pródigos.
5. Los que incurren en mala gestión.
6. Los ebrios habituales.
7. Los toxicómanos.
8. Los que sufren pena que lleva anexa la interdicción civil.
9. Las personas que se encuentren en estado de coma, siempre
que no hubiera designado un apoyo con anterioridad.

De los artículos citados se entiende que solamente son incapaces absolutos los
menores de 16 años con las excepciones que establezca la ley e incapaces
relativos[6] capaces de celebrar contratos relacionados con las necesidades
ordinarias de su vida diaria los pródigos, los que incurren en mala gestión, los
ebrios habituales, los toxicómanos y los que sufren pena que lleva anexa la
intervención civil.

Para doctrina nacional, especializada en temas de discapacidad, resulta obra del


DL 1384 la modificación de los artículos 43 y 44 del Código Civil, eliminando la
incapacidad de “Los que por cualquier causa se encuentren privados de
discernimiento” (artículo 43), “Los retardados mentales” (artículo 44) y “Los que
adolecen de deterioro mental que les impide expresar su libre voluntad” (artículo
44). Además, el señalarse de manera expresa en el artículo 42 que “Toda persona
mayor de dieciocho años tiene plena capacidad de ejercicio, incluiría a todas las
personas con discapacidad poniéndolas en igualdad de condiciones con las demás
y en todos los aspectos de la vida, independientemente de que usen o requieran de
ajustes razonables o apoyos para la manifestación de su voluntad”. Todo lo cual
genera la eliminación de la interdicción por dichos supuestos. (Bregaglio Lazarte
y Constantino Caycho, 2018)
3.2.- Breve análisis de la LGPD y la CDPD

Nuestro CC en materia de capacidad se ha inspirado en la CDPD, que además


sirvió de fuente a la Ley 29973, LGPD y su Reglamento (RDPD), Ley 29392.

Dicho esto, de conformidad con el artículo 2 de la LGPD la persona con


discapacidad es aquella:

Que tiene una o más deficiencias físicas, sensoriales, mentales o intelectuales de


carácter permanente que, al interactuar con diversas barreras actitudinales y del
entorno, no ejerza o pueda verse impedida en el ejercicio de sus derechos y su
inclusión plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones que las
demás.

En el mismo sentido, de acuerdo el artículo 1 de la CDPD las personas con


discapacidad incluyen a:

Aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a


largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su
participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las
demás.

De ambos artículos se desprende que la persona con discapacidad ve limitado el


ejercicio de sus derechos y su inclusión plena en la sociedad en igualdad de
condiciones debido a:

– Una o más deficiencias físicas, sensoriales, mentales o intelectuales de largo plazo o carácter
permanente.
– Barreras actitudinales o del entorno.

Concluimos que la restricción a los derechos de las personas con discapacidad y


su inclusión en la sociedad no obedecen a las deficiencias (físicas, mentales,
sensoriales o intelectuales) que padezcan per se sino a las barreas actitudinales y
su entorno. Dicho de otro modo, las causas de la discapacidad se originan en la
sociedad.
Para revertir esta situación la capacidad jurídica ya no solo es referente de la
capacidad de goce, como indicaba la academia, arraigada a la influencia de códigos
decimonónicos. Ahora, acorde con la Convención, la capacidad jurídica se ha
ampliado a la capacidad de goce como a la capacidad de ejercicio. Es decir, se ha
consolidado la regulación de un modelo social[7] en torno al tratamiento de los
derechos de las personas con discapacidad, lo que implica que aquellas tienen
plena capacidad de ejercicio. (Varsi Rospigliosi y Torres Maldonado, 2019, p. 212)

El modelo social vigente ha reemplazado un régimen de sustitución de la voluntad


de las personas incapaces por uno de asistencia, a través de los denominados
apoyos[8], quienes no son representantes legales de las personas con discapacidad.
Así, como regla general, tenemos que la persona que cuenta con apoyos es
responsable por sus decisiones, incluso de aquellas realizadas con dicho apoyo.
(Ídem)

4.- Los modelos de la discapacidad

A continuación abordaremos sucintamente los diversos modelos de la


discapacidad que han existido a lo largo de la historia.

4.1.- Modelo de prescindencia

Tal como su nombre indica, durante la Antigüedad y la Edad Media, la actitud más
común hacia la discapacidad era la prescindencia. Ya sea por haber recibido un
castigo de los dioses o bien por considerarse que las personas con discapacidad no
tenían nada que aportar a la comunidad, se asumía que sus vidas carecían de
sentido y que, por lo tanto, no valía la pena que la vivieran. En efecto, puntualiza
Agustina Palacios que este modelo se explica a partir de dos presupuestos, uno
relacionado con la causa de la discapacidad y otro con el rol del discapacitado en
la sociedad. Respecto del primero, propone que las causas que daban origen a la
discapacidad eran religiosas. A saber, un castigo de los dioses por un pecado
cometido generalmente por los padres de la persona con discapacidad, o bien una
advertencia de la divinidad que –a través de una malformación congénita– podía
estar anunciando que la alianza ancestral se había roto y que se avecinaba una
catástrofe. En cuanto al segundo presupuesto, que identificaba el rol de la persona
con su utilidad, partía de la idea de que el discapacitado no tenía nada que aportar
a la sociedad, que era un ser improductivo y, por consiguiente, terminaba
transformándose en una carga tanto para sus padres como para la misma
comunidad. (Velarde Lizama, 2012, p. 117)

Por tanto, el modelo de la prescindencia era aquel en el que se consideraba que las
causas de la discapacidad tenían origen divino, que la situación de discapacidad
misma era un problema y que las personas con tal condición no tenían un rol
importante en la sociedad por no tener nada que aportar.

4.2.- Modelo rehabilitador

El segundo modelo es el denominado modelo rehabilitador (o modelo


médico). Sus características fundamentales son dos: en primer lugar,
las causas que se alegan para justificar la discapacidad, a diferencia del modelo de
prescindencia, ya no son religiosas, sino que pasan a ser médico-científicas. En
este modelo, y tratándose del campo de la medicina, ya no se habla de Dios o el
diablo, sino que se alude a la discapacidad en términos de “enfermedad” o como
“ausencia de salud”. En segundo lugar, se considera que las personas con
discapacidad pueden tener algo que aportar a la comunidad, pero sólo en la
medida en que sean rehabilitadas o normalizadas, y logren asimilarse a las demás
personas (válidas y capaces) en la mayor medida posible. Con lo cual, entran en
un “proceso de normalización” para obtener por parte de la sociedad un valor como
personas y como ciudadanas y ciudadanos. Puesto que la atención se centra en la
discapacidad (en aquello que la persona no es capaz de realizar), se subestima las
aptitudes de las personas con discapacidad, y así el tratamiento social se basa en
una actitud paternalista y caritativa, enfocada hacia las deficiencias de tales
personas que, se considera, tienen menos valor que el resto. (Toboso Martín y
Arnau Ripollés, 2008, p. 67)

Por tanto, en el modelo rehabilitador, las causas de la discapacidad eran de tipo


médico y las personas con esta condición podrían aportar a la sociedad en la
medida en que se rehabiliten, traten o «normalicen».

4.3.- Modelo social

Según este modelo que apareció en la década de 1960, la discapacidad era


considerada un producto social, un resultado de la inadecuación de la sociedad a
las especificidades de sus miembros. El origen de la discapacidad es, por lo tanto,
externo al individuo. Esta concepción se opone claramente a la que subyace en el
modelo médico. El tipo de intervenciones propuestas cambiará así: en lugar de una
acción curativa dirigida a normalizar al individuo, el enfoque social abandonará el
ideal de curación y favorecerá el desarrollo de las capacidades restantes de la
persona con el objetivo de hacerla autónoma en su vida diaria (lógica de
autonomía).

Este modelo también aboga por la eliminación de barreras físicas y sociales. Se


trata de adaptar el entorno y los servicios, haciéndolos accesibles y utilizables para
personas con discapacidades físicas o mentales. Las legislaciones contra la
discriminación y a favor de la igualdad se inspiran en este modelo (véase, por
ejemplo, el artículo 8, inciso 2 de la Constitución suiza y la ley sobre la igualdad
para las personas con discapacidad). (Rochat, 2008, p. 4)

Por tanto, el modelo social es aquel considera que la conjunción de la deficiencia


física, mental, intelectual o sensorial de la persona con discapacidad más las
barreras presentes en la sociedad es lo que provoca la discriminación de las
personas con discapacidad y/o la imposibilidad de que pueden ser titulares de los
mismos derechos y obligaciones que el resto de personas.

5.- Apoyos y ajustes razonables

La CDPD en su artículo 2 define a los ajustes razonables como:

Las modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas que no impongan una


carga desproporcionada o indebida, cuando se requieran en un caso particular,
para garantizar a las personas con discapacidad el goce o ejercicio, en igualdad
de condiciones con las demás, de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales.

De conformidad a la LGPD en su artículo 8, inciso 2:

Es nulo todo acto discriminatorio por motivos de discapacidad que afecte los
derechos de las personas. Se considera como tal toda distinción, exclusión o
restricción por motivos de discapacidad que tenga el propósito o el efecto de
obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de
condiciones, de uno o varios derechos, incluida la denegación de ajustes
razonables.

De acuerdo a la LGPD su artículo 9, inciso 1:

La persona con discapacidad tiene capacidad jurídica en todos los aspectos de la


vida, en igualdad de condiciones que las demás. El Código Civil regula los
sistemas de apoyo y los ajustes razonables[11] que requieran para la toma de
decisiones.

Para graficar a los ajustes razonables el Caso Edwin Béjar, además de


emblemático, resulta ilustrativo. En este caso la Primera Sala Civil de la Corte
Superior de Justicia de Cuzco confirma la resolución de primera instancia y
resuelve de manera favorable el proceso de amparo iniciado por Edwin Béjar Rojas
en contra del Consejo Nacional de la Magistratura (en adelante CNM). La Sala
determinó que el señor Béjar sufrió discriminación por motivos de su discapacidad
visual ya que el CNM le denegó los ajustes razonables debidos y no le permitió
rendir el examen de conocimientos en igualdad de oportunidades, siendo excluido
del concurso público para ocupar una plaza como Fiscal Adjunto Provincial
(Pool de fiscales) de Cusco. Asimismo, la sentencia destaca porque adopta la
perspectiva del modelo social que reconoce la capacidad jurídica de las personas
con discapacidad y apunta a hacer frente a las barreras físicas, sociales y culturales
que impiden su inclusión y desarrollo en la sociedad. Por ello la Sala consideró a
la denegación de ajustes razonables como un acto discriminatorio. (Olivera Astete
y Villareal López, 2013, pp. 381 y ss.)

Por tanto, los ajustes razonables son aquellas obligaciones de adaptaciones


necesarias y no desproporcionadas que tengan como objetivo integrar en igualdad
de condiciones a las personas con discapacidad en diferentes ámbitos como el
laboral, el de acceso a la justicia, el de la libertad personal, el educativo y el de
bonificación en los concursos públicos de méritos.

Haciendo un poco de derecho comparado, desde que aparece en el Derecho


Alemán el sistema de asistencia a la persona con discapacidad llamado Betreuung,
en dónde está claro que el fin que se persigue, no es otro que el de recuperar a la
persona con discapacidad para el mundo del Derecho, no suprimiéndolo como
ocurre ahora, sino asistirlo para que él pueda ejercer sus derechos por sí y para sí;
en este sistema repetimos, se trata de cambiar lo que era el objeto central del
sistema anterior, en el que la protección se manifestaba en la exclusión de los
afectados de la vida jurídica, es decir, objeto de protección. (Aguilar Llanos, 2015,
pp. 14-15)

Ahora el nombramiento de asistente solo está permitido para aquellas tareas en las
que exista la real necesidad de asistencia, presumiéndose que no existe tal
necesidad cuando los asuntos puedan ser atendidos por un apoderado u otro
auxiliar que no conlleven nombramiento de representante legal, por lo tanto se
quiere evitar asistencias superfluas. (Ídem)

En el Sistema Italiano, llamado administración de asistencia, podemos notar el fin


de la norma en su artículo primero, cuando alude a la finalidad de tutelar, con la
menor limitación posible de la capacidad de hacer, a las personas privadas de todo
o en parte de autonomía en el cumplimiento de las funciones de la vida cotidiana,
mediante intervenciones de asistencia temporales o permanentes. Es de observar
que a diferencia del Sistema Alemán, en este sistema se prevé que en ciertos casos
de ausencia total de autonomía, si cabe una suerte de representación para todos los
actos, empero dejando claro que no se reemplaza al sujeto.(Ídem)

Entendemos que en todos los casos en los que actuará el apoyo en concurrencia
con la voluntad de la persona con discapacidad, deberán ser tomadas en cuenta
ambas voluntades, las que, obviamente, deben ser concurrentes y concordantes. El
solo imaginar la eventual discordancia de la voluntad de la persona con
discapacidad y su apoyo, determinaría la inexistencia de una voluntad manifestada
correctamente para el derecho y, por lo tanto, carente de todo efecto conducente a
la celebración de algún contrato o acto jurídico. (Castillo Freyre, 2020, p. 71)

Un caso para graficar a la figura de los apoyos, que además de emblemático,


resulta ilustrativo es el que nos presenta el profesor Jairo Cieza Mora, comentando
la sentencia emitida por el Tercer Juzgado de Familia del Cusco del 15 de junio
del 2015. Se trata de un caso de interdicción de personas con una discapacidad
mental (hermanos diagnosticados con esquizofrenia paranoide) quienes
necesitaban atravesar por las tortuosas arenas del Poder Judicial para que se les
declare interdictos y se les nombre curador (y este se inscriba en el Registro
Personal) a fin de que puedan cobrar la pensión de orfandad de su ascendiente
fallecido o acceder al Seguro Social para atenderse de sus aflicciones. No habría
otra salida, si se desea acceder a la pensión o atenderse de la enfermedad padecida,
que cumplir la sacra formalidad que exige la representación legal[12]. (Cieza
Mora, 2015, pp. 41-42)

En el caso concreto, luego de escuchar a los hermanos Wilbert y Rubén


(diagnosticados con esquizofrenia paranoide) el juez decidió que los apoyos que
los orienten y coadyuven en la toma de sus decisiones sean su madre y hermana.
Es importante pues que un juez, en estos casos, escuche a las personas con
discapacidad, para, de esta manera, tomar una decisión acertada. No se puede
adoptar una decisión judicial en una torre de babel como si la realidad no existiera.
Esa forma de tomar decisiones cuando se trata de sujetos con alguna discapacidad
sin escucharlos, lo que es peor, sin querer escucharlos, es una manera prepotente,
abusiva y discriminatoria que habla mal de una persona sentada en el despacho
judicial. Por eso se debe realzar la decisión del Juez del presente caso que no
solamente se ha preocupado por justificar jurídicamente su demanda, sino que ha
escuchado a las personas con discapacidad para apreciar de primera mano su
requerimiento. (Ídem)

Resulta manifiestamente importante advertir que uno de los apoyos con lo que
puede contar una persona con discapacidad, a efectos emitir su propia voluntad,
sean sus familiares directos (como padres y hermanos) sin embargo ello no obsta
de alguna manera el derecho a ser oído con el que cuenta la persona con
discapacidad por más apoyos de los cuales disponga. En suma, el juez deberá
ineludiblemente escuchar tanto al apoyo como a la persona con
discapacidad misma, cuyas voluntades tendrán además que ser concurrentes y
concordantes, a efectos de efectivizar la tutela de los derechos pensionarios y a la
seguridad social de los cuales es titular la persona con discapacidad (a fin de que
pueda cobrar la pensión de orfandad de su ascendiente fallecido o acceder al
Seguro Social para atenderse de sus aflicciones, verbigracia).

6.- Conclusiones

La capacidad jurídica como institución ha estado presente a lo largo de la historia


dividiéndose en capacidad de goce y capacidad de ejercicio. Con la primera no
habría mayor problema ya que su titularidad siempre ha sido considerada inherente
al ser humano. Más bien es la capacidad de actuar de los sujetos de derecho la que
se ha visto o bien anulada o bien restringida hasta hace unos cuantos años atrás.
Gracias a la personalidad jurídica los sujetos de derechos se convierten en titulares
de derechos y obligaciones, esto es adquieren la aptitud o idoneidad para ser
titulares de situaciones jurídicas subjetivas. De allí que de la personalidad nazcan
tanto la capacidad de goce como la capacidad de ejercicio para los sujetos de
derecho, existiendo una relación causa-efecto entre aquella y esta además de una
unión indesligable.

La capacidad jurídica resulta inherente a los sujetos de derechos quienes en


principio no requerirían de un tercero para la realización de sus derechos.

Desde el momento del nacimiento, adquirimos la personalidad jurídica y con ella


tanto la capacidad de goce como la de ejercicio las cuales en determinadas
circunstancias podrán ser anuladas o restringidas.

En materia de capacidad la regla es poder conducirse personal y autónomamente


sin valerse de un tercero para el ejercicio de los derechos lo cual incluye poder
asignar voluntariamente un representante.

La capacidad como regla también se aplica materia negocial a la hora de celebrar


contratos e incluso en determinados contratos que hayan podido celebrar personas
con discapacidad antes de la dación del DL 1384 cuando se trataran de actos
relacionados a su vida ordinaria (artículo 1358 CC).

En nuestro ordenamiento nacional, antes de la dación del DL 1384, estaban


plasmadas restricciones a la capacidad de ejercicio en los artículos 43 y 44 bajo la
denominación de incapaces absolutos e incapaces relativos y otras instituciones
supletorias de la voluntad como la representación legal y la interdicción.

Hoy en día la regla es la extensión de la capacidad jurídica a la capacidad de goce


y a la capacidad de ejercicio, de la cual son titulares las personas con o sin
discapacidad salvo los casos determinados por ley.

La restricción a los derechos de las personas con discapacidad y su inclusión en la


sociedad no obedecen a las deficiencias (físicas, mentales, sensoriales o
intelectuales) que padezcan per se sino a las barreas actitudinales y su entorno.
Dicho de otro modo, las causas de la discapacidad se originan en la sociedad.
El modelo de la prescindencia era aquel en el que se consideraba que las causas de
la discapacidad tenían origen divino, que la situación de discapacidad misma era
un problema y que las personas con tal condición no tenían un rol importante en la
sociedad por no tener nada que aportar.

En el modelo rehabilitador, las causas de la discapacidad eran de tipo médico y las


personas con esta condición podrían aportar a la sociedad en la medida en que se
rehabiliten, traten o «normalicen».

El modelo social es aquel considera que la conjunción de la deficiencia física,


mental, intelectual o sensorial de la persona con discapacidad más las barreras
presentes en la sociedad es lo que provoca la discriminación de las personas con
discapacidad y/o la imposibilidad de que puedan ser titulares de los mismos
derechos y obligaciones que el resto de personas.

Los ajustes razonables son aquellas obligaciones de adaptaciones necesarias y no

desproporcionadas que tengan como objetivo integrar en igualdad de condiciones


a las personas con discapacidad en diferentes ámbitos como el laboral, el de acceso
a la justicia, el de la libertad personal, el educativo y el de bonificación en los
concursos públicos de méritos.

Uno de los apoyos con lo que puede contar una persona con discapacidad, a efectos
emitir su propia voluntad, pueden ser sus familiares directos (como padres y
hermanos)

El contar con un apoyo no obsta de alguna manera el derecho a ser oído con el que
cuenta la persona con discapacidad.

El juez deberá ineludiblemente escuchar tanto al apoyo como a la persona con


discapacidad misma, cuyas voluntades tendrán además que ser concurrentes y
concordantes, a efectos de efectivizar la tutela de los derechos pensionarios y a la
seguridad social de los cuales es titular la persona con discapacidad (a fin de que
pueda cobrar la pensión de orfandad de su ascendiente fallecido o acceder al
Seguro Social para atenderse de sus aflicciones, verbigracia).
7.- Bibliografía

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2013, Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM, pp. 1093-1109.
[1] Los autores, quienes trabajan en el área de la discapacidad, son testigos que
medidas como la interdicción o la curatela han traído como correlato que las
personas con discapacidad no tengan autonomía sobre sus actos y no puedan
conducir su vida libremente. Además, la supuesta finalidad protectora de la medida
tampoco se cumple: las personas bajo interdicción constantemente se quejan de
abusos por parte de sus curadores, y, como no son sujetos capaces, no pueden
cuestionar esta designación ante ningún juez. (Bregaglio Lazarte y Constantino
Caycho, 2018) Disponible aquí.

[2] Igual reconocimiento como persona ante la ley. 1. Los Estados Partes
reafirman que las personas con discapacidad tienen derecho en todas partes al
reconocimiento de su personalidad jurídica. 2. Los Estados Partes reconocerán que
las personas con discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones
con las demás en todos los aspectos de la vida.

[3] El artículo 12, inciso 1, de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad señala:

“Los Estados Partes reafirman que las personas con discapacidad tienen derecho
en todas partes al reconocimiento de su personalidad jurídica”.

[4] Es el término usado por el autor francés no obstante sabemos que no es el más
apropiado.

[5] Artículo 227.- Las obligaciones contraídas por los mayores de dieciséis años
y menores de dieciocho son anulables, cuando resultan de actos practicados sin la
autorización necesaria.

[6] Artículo 1358.- Las personas con capacidad de ejercicio restringida


contempladas en el artículo 44 numerales 4 al 8 pueden celebrar contratos
relacionados con las necesidades ordinarias de su vida diaria.

[7] Este modelo social de la discapacidad considera que las causas que originan la
discapacidad no son religiosas ni científicas, sino que son, en gran medida,
sociales. En efecto este nuevo paradigma social sobre la discapacidad, que se
enmarca en los principios generales declarados por los derechos humanos, se
origina en la segunda mitad del siglo pasado. Este movimiento multidimensional
nace dentro de la disciplina de las ciencias sociales, el análisis de las políticas
sociales y la lucha por los derechos civiles; específicamente aquellos relacionados
con los derechos de las personas con discapacidad. En sus diferentes estructuras y
contenidos, esta nueva propuesta encaminada tanto hacia la investigación social,
la actualización de las políticas públicas, como a la consolidación de los derechos
humanos de las personas con discapacidad, se conoce como el modelo social de la
discapacidad. En este nuevo paradigma, al considerar que las causas que están en
el origen de la discapacidad son sociales, pierde parte de sentido la intervención
puramente médica o clínica. Las soluciones no deben tener cariz individual
respecto de cada persona concreta afectada, sino que más bien deben dirigirse a la
sociedad. (Victoria Maldonado, 2013, pp. 1099 y 1100)

[8] Reglamento que regula el otorgamiento de ajustes razonables, designación


de apoyos e implementación de Salvaguardias para el ejercicio de la
capacidad jurídica de las personas con discapacidad: Artículo 9.- Del
apoyo. 9.1 El apoyo es una forma de asistencia libremente elegida por una persona
mayor de edad para facilitar el ejercicio de actos que produzcan efectos jurídicos,
en el marco de sus derechos. Puede recaer en una o más personas naturales,
personas jurídicas sin fines de lucro o instituciones públicas. 9.2 El apoyo no tiene
facultades de representación salvo en los casos en que ello se establezca
expresamente en la escritura pública o sentencia de designación.

[9] No encontramos definición de apoyos en este cuerpo normativo.

[10] Otros artículos que se refieren a los ajustes razonables en el mismo cuerpo
normativo son el 5, 13, 14, 24 y 27.

[11] Otros artículos que se refieren a los ajustes razonables en el mismo cuerpo
normativo son el 37, 38, 48, 50 y 52.

[12] El Código Civil vigente no contempla más a los representantes legales sino a
los apoyos. Artículo 45.- Ajustes razonables y apoyo. Toda persona con
discapacidad que requiera ajustes razonables o apoyo para el ejercicio de su
capacidad jurídica puede solicitarlos o designarlos de acuerdo a su libre elección.

Common questions

Con tecnología de IA

The Convention on the Rights of Persons with Disabilities challenges interdiction by advocating for the recognition of full legal capacity for persons with disabilities, promoting support systems instead. This includes measures that respect individual autonomy and provide aid without overstepping into decision-making roles, thereby preserving dignity and equality .

Judges now have a crucial role in ensuring individuals with disabilities are heard and their supports considered during legal decisions. This change reflects a move from previous, often paternalistic practices where decisions were made without the individual's input, recognizing the necessity of considering the actual needs and wishes of the person with disabilities .

'Legal supports' refer to mechanisms that assist individuals in exercising legal capacity while respecting their autonomy and choices, unlike 'legal representatives' who make decisions on behalf of individuals. This difference is significant as it respects the autonomy and decision-making capacity of persons with disabilities, in line with modern disability rights frameworks .

Historically, disability models ranged from the prescindence model, viewing disability as divinely ordained and socially negligible, to the rehabilitative model focused on medical normalization. The contemporary social model attributes disability to societal and attitudinal barriers, advocating for changes in society rather than the individual, influencing legal frameworks towards inclusivity and equality .

Article 12 of the CPDRD requires national legal systems to reassess their recognition of legal capacity for persons with disabilities. It insists on equal legal recognition and autonomy, compelling changes like the abolition of traditional interdiction processes in favor of supportive measures that enhance decision-making capacity without undermining personal autonomy .

In civil law, 'legal capacity' refers to the ability of an individual to hold rights and obligations, whereas 'capacity to act' refers to the ability to execute those rights autonomously. For individuals with disabilities, this distinction means that while they have inherent legal capacity, they may need assistance to exercise their capacity to act, which has historically led to systems of representation or curators .

The Decree Legislative 1384 introduced significant changes by moving away from a paternalistic approach towards a regime of legal equality for individuals with disabilities. This reform aligns with the directives of the United Nations Convention on the Rights of Persons with Disabilities, specifically Article 12, which calls for equal recognition before the law, the shift aligns with international standards advocating for the dignity, autonomy, and equality of individuals with disabilities .

South American countries are increasingly moving towards recognizing full legal capacity for persons with disabilities. Argentina limited the imposition of interdiction; Costa Rica abolished it, implementing support systems instead. Colombia also introduced legislative changes to recognize the legal capacity of individuals with disabilities, while Chile has proposed similar reforms. This trend reflects a shift towards equality and autonomy in line with international standards .

The understanding of 'support' has evolved from a system of representation, which often diminished autonomy, to one emphasizing personal assistance and decision-making aids that respect individual autonomy. Legal frameworks now focus on enabling individuals to make their own decisions with the aid of supports, ensuring their rights and will are respected .

'Reasonable adjustments' refer to necessary adaptations made to ensure persons with disabilities can exercise their rights on an equal basis with others. These adjustments aim to remove societal and attitudinal barriers, ensuring participation in areas like justice and employment, and involve support mechanisms like personal assistance or the appointment of decision-making aides .

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