El
contenido
de
los
Mandamientos.
A
modo
de
introducción
a
estas
Diez
Palabras
está
la
declaración
directa
en
primera
persona:
“Yo
soy
Jehová
tu
Dios,
que
te
he
sacado
de
la
erra
de
Egipto,
de
la
casa
de
esclavos”.
(Éx
20:2.)
Esta
no
solo
indica
quién
es
el
que
está
hablando
y
a
quién
dirige
sus
palabras,
sino
que
muestra
la
razón
por
la
que
los
judíos
recibieron
el
Decálogo
justo
en
aquel
empo.
A
Abrahán
no
se
le
había
dado
el
Decálogo.
(Dt
5:2,
3.)
El
primer
mandamiento
—“No
debes
tener
otros
dioses
contra
mi
rostro”—
puso
a
Jehová
en
primer
lugar.
(Éx
20:3.)
Tenía
que
ver
con
su
puesto
encumbrado
y
su
incomparable
posición
como
el
Dios
Todopoderoso,
el
Al simo,
el
Soberano
Supremo.
Este
mandamiento
indicaba
que
los
israelitas
no
habían
de
tener
otros
dioses
aparte
de
Jehová.
El
segundo
mandamiento
era
una
consecuencia
natural
del
primero,
pues
prohibía
cualquier
forma
de
idolatría
por
ser
una
afrenta
directa
a
la
gloria
y
la
Persona
de
Jehová.
‘No
debes
hacerte
una
imagen
tallada
ni
una
forma
parecida
a
cosa
alguna
que
esté
en
los
cielos,
sobre
la
erra
o
en
las
aguas
debajo
de
la
erra,
ni
debes
inclinarte
ante
ellas
ni
servirles.’
Esta
prohibición
se
recalca
con
la
declaración:
“Porque
yo
Jehová
tu
Dios
soy
un
Dios
que
exige
devoción
exclusiva”.
(Éx
20:4‑6.)
El
tercer
mandamiento
se
sigue
de
los
anteriores:
“No
debes
tomar
el
nombre
de
Jehová
tu
Dios
de
manera
indigna”.
(Éx
20:7.)
Por
esta
razón
las
Escrituras
Hebreas
conceden
al
nombre
de
Jehová
una
gran
importancia
(aparece
6.979
veces
en
NM;
véase
JEHOVÁ
[Importancia
del
Nombre].)
Solo
en
estos
pocos
versículos
de
las
Diez
Palabras
(Éx
20:2‑17)
el
nombre
de
Jehová
aparece
ocho
veces.
La
frase
“no
debes
tomar”
conlleva
la
idea
de
“no
pronunciar”
o
“no
llevar”.
Tomar
el
nombre
de
Dios
de
“manera
indigna”
significaría
pronunciarlo
con
falsedad
o
llevarlo
“en
vano”.
Los
israelitas
que
tenían
el
privilegio
de
llevar
el
nombre
de
Dios
como
sus
tes gos
y
que
se
hicieron
apóstatas
estaban
de
hecho
tomando
y
llevando
el
nombre
de
Jehová
de
manera
indigna.
El
cuarto
mandamiento
decía:
“Acordándote
del
día
del
sábado
para
tenerlo
sagrado,
seis
días
has
de
prestar
servicio
y
enes
que
hacer
todo
tu
trabajo.
Pero
el
sép mo
día
es
un
sábado
a
Jehová
tu
Dios.
No
debes
hacer
ningún
trabajo,
tú,
ni
tu
hijo,
ni
tu
hija,
ni
tu
esclavo,
ni
tu
esclava,
ni
tu
animal
domés co,
ni
tu
residente
forastero
que
está
dentro
de
tus
puertas”.
(Éx
20:8‑10.)
Al
considerar
este
día
como
algo
santo
a
Jehová,
todos,
hasta
los
esclavos
y
los
animales
domés cos,
se
beneficiarían
de
un
descanso
refrescante.
El
día
del
sábado
también
daba
la
oportunidad
de
concentrarse
en
asuntos
espirituales
sin
distracción.
El
quinto
mandamiento
—“Honra
a
tu
padre
y
a
tu
madre”—
se
puede
considerar
como
un
eslabón
que
enlaza
los
cuatro
primeros,
que
definían
las
responsabilidades
del
hombre
para
con
Dios,
con
los
restantes
mandamientos,
que
establecían
las
obligaciones
del
hombre
para
con
sus
semejantes.
Ya
que
los
padres
actúan
como
representantes
de
Dios,
guardando
el
quinto
mandamiento,
los
hijos
honraban
y
obedecían
tanto
al
Creador
como
a
las
personas
a
quienes
Él
había
conferido
la
autoridad.
Este
mandamiento
era
el
único
de
los
diez
con
promesa:
“Para
que
resulten
largos
tus
días
sobre
el
suelo
que
Jehová
tu
Dios
te
da”.
(Éx
20:12;
Dt
5:16;
Ef
6:2,
3.)
El
enunciado
de
los
siguientes
mandamientos
del
código
era
muy
conciso.
El
sexto:
“No
debes
asesinar”;
el
sép mo:
“No
debes
cometer
adulterio”,
y
el
octavo:
“No
debes
hurtar”.
(Éx
20:13‑15.)
Este
es
el
orden
de
estas
leyes
en
el
texto
masoré co,
de
mayor
a
menor
según
el
daño
causado
al
prójimo.
Sin
embargo,
en
algunos
manuscritos
griegos
(Códice
Alejandrino,
Códice
Ambrosiano)
el
orden
es:
‘asesinato,
robo,
adulterio’.
Filón
(El
Decálogo,
XII,
51)
dice:
‘adulterio,
asesinato
y
robo’,
mientras
que
en
el
Códice
Va cano
la
secuencia
es:
‘adulterio,
robo,
asesinato’.
Pasando
entonces
de
los
hechos
a
las
palabras,
el
noveno
mandamiento
dice:
“No
debes
dar
tes monio
falsamente
como
tes go
contra
tu
semejante”.
(Éx
20:16.)
El
décimo
mandamiento
(Éx
20:17)
se
destacaba
porque
prohibía
la
codicia,
es
decir,
un
deseo
impropio
por
todo
aquello
que
le
perteneciese
al
prójimo,
incluida
su
esposa.
Ningún
legislador
humano
dio
origen
a
tal
ley,
pues
no
habría
manera
humanamente
posible
de
hacerla
cumplir.
Por
otra
parte,
mediante
este
décimo
mandamiento
Jehová
hizo
que
toda
persona
fuese
responsable
de
forma
directa
ante
Él,
el
único
que
ve
y
conoce
todos
los
pensamientos
secretos
del
corazón.
(1Sa
16:7;
Pr
21:2;
Jer
17:10.)
Otro
orden
de
estas
leyes.
Esta
manera
de
dividir
las
Diez
Palabras
registradas
en
Éxodo
20:2‑17
es
la
lógica
y
natural.
Así
también
lo
hace
Josefo,
historiador
judío
del
siglo
I
a.
E.C.
(An güedades
Judías,
libro
III,
cap.
V,
sec.
5),
y
el
filósofo
judío
Filón,
también
del
primer
siglo
(El
Decálogo,
XII,
51).
Sin
embargo,
otros,
como
Agus n,
combinan
la
ley
en
contra
de
los
dioses
extranjeros
y
la
que
está
en
contra
de
las
imágenes
(Éx
20:3‑6;
Dt
5:7‑10)
en
un
solo
mandamiento,
y
luego,
para
que
sigan
contándose
diez,
dividen
Éxodo
20:17
(Dt
5:21)
en
dos,
con
lo
que
convierten
en
noveno
mandamiento
el
no
codiciar
la
esposa
del
semejante
y
en
décimo
el
no
codiciar
su
casa,
etc.
Agus n
intentó
apoyar
esta
división
en
la
lista
paralela
del
Decálogo
registrada
en
Deuteronomio
5:6‑21.
En
el
versículo
21
se
u lizan
dos
diferentes
palabras
hebreas
(“Tampoco
debes
desear
[forma
de
ja∙mádh]
[...].
Tampoco
debes,
egoístamente,
desear
con
vehemencia
[forma
de
ʼa∙wáh]”),
mientras
que
en
Éxodo
20:17
se
u liza
el
mismo
verbo
(desear)
en
ambas
frases.
Seguramente
la
diferencia
entre
el
mandamiento
que
prohíbe
la
adoración
de
cualquier
otro
dios
y
el
mandamiento
de
no
hacer
una
imagen
o
semejanza
y
adorarla
es
mucho
mayor
que
la
diferencia
entre
el
mandamiento
de
no
codiciar
la
casa
o
la
esposa
del
prójimo
y
el
no
codiciar
cualquier
otra
cosa
que
pudiera
tener
el
prójimo.
La
verdad
es
que
se
ha
hecho
gran
daño
al
contar
los
dos
primeros
mandamientos
como
uno.
¿Cómo?
Debido
a
que
las
versiones
abreviadas
de
los
Diez
Mandamientos
que
generalmente
se
hallan
en
los
catecismos
católicos
romanos
y
luteranos
omiten
por
completo
la
proscripción
en
contra
de
hacer
imágenes
y
adorarlas.
Estos
son
los
diez
mandamientos
de
la
Iglesia
Católica:
1 Amarás
a
Dios
sobre
todas
las
cosas.
2 No
tomarás
el
nombre
del
Señor
tu
Dios
en
vano.
3 San ficarás
las
fiestas.
4 Honrarás
a
tu
padre
y
a
tu
madre.
5 No
matarás.
6 No
cometerás
actos
impuros.
7 No
robarás.
8 No
darás
falso
tes monio
ni
men rás.
9 No
consen rás
pensamientos
ni
deseos
impuros.
10.
No
codiciarás
los
bienes
ajenos.
Lista
de
los
Diez
Mandamientos
EN
LA
BIBLIA:
1 Adora
solo
a
Jehová
Dios
(Éxodo
20:3).
2 No
adores
ídolos
(Éxodo
20:
4‑6).
3 No
uses
de
manera
indigna
el
nombre
de
Dios
(Éxodo
20:7).
4 Mantén
sagrado
el
sábado
(Éxodo
20:
8‑
11).
5 Honra
a
tu
padre
y
a
tu
madre
(Éxodo
20:12).
6 No
asesines
(Éxodo
20:13).
7 No
cometas
adulterio
(Éxodo
20:14).
8 No
robes
(Éxodo
20:15).
9 No
des
falso
tes monio
(Éxodo
20:16).
10.
No
seas
codicioso
(Éxodo
20:17).