OSCAR ALFARO
LA CIGARRA
Oculto en algún ramaje
un soldadito de vidrio,
dispara a los caminantes
su metralla de sonidos.
LA PELOTA
La luna cayó del cielo
sobre el patio de la escuela.
Y embriagados de contento,
los niños juegan con ella.
EL TROMPO
Lanzado por un cintillo
Cayó del cielo serrano
El iris como un ovillo
para bailar en mi mano.
Y el trompo suelta collares
De notas y de rumores.
Las notas se hacen colores
Y los colores, cantares.
Es un clarísimo prisma
Y un remolino que ronda
Como una canción redonda
Que gira sobre sí misma.
Y por un sólo momento
Yo soy un Dios soberano
Que hace bailar en su mano
El trompo inmenso del mundo.
ADELA ZAMUDIO
"La ciega"
¡Ay! No gimas, señora
por un ignorado bien
y mientras el mundo llora
busca en tu alma soñadora
lo que tus ojos no ven.
Amanecer
Mundo carnal, la primavera,
resina en los dedos, pegajosos
después de abrazar el árbol de palma y
la corteza pegada,
su opresión débil que despierta
con un toque de rojo y los ojos
velado por la tristeza, la prohibición
se puede descubrir el centro
del corazón.
¿Cuál fue mi voluntad
pero subir a los árboles,
llegar a la cima
y ver las estrellas por la noche
brillando en silencio?
Se despertó en el mundo, ahora amanece
y sin su voluntad se queda atónito,
la pereza infinita, la soledad
de nuestro manantial infinito
alegría que exhala esta amenaza,
esta melancolía.
Diseminación
Los poemas que nunca escribiré
se han convertido en humo
afirmativo y en volutas
que no desaparecen, se disuelven.
Blanco humo de las chimeneas
que contiene poemas de todos los colores.
Eduardo Mitre
Prólogo al presente
Abre los ojos. Despierta.
El Paraíso está aquí,
de vuelta.
Con todos y todo
en la luz pasajera.
Es (no hay otro) esta tierra:
mesa de encuentros,
cuna de ausencias.
El Paraíso está aquí,
a la espera. Abre tus ojos
que abren sus puertas.
Despierta. Está aquí.
No es la dicha.
Es la presencia.
De «Líneas de Otoño»
Para un adiós
Un abrazo y palabras entrecortadas
habrán dicho el adiós increíble.
Y entre tu cuerpo y el mío
manará sin cesar la distancia.
Como se apela a una hierba mágica
para sanar del mal de ausencia,
escribiré entonces estas líneas.
Y si el tiempo que une y que separa,
lo entrega un día a tu mirada,
léelo, mas no vuelvas la cara.
Hermosa y feliz en tu presente,
no cometas el error de Eurídice;
que yo, al recordar tu dulce voz,
cuidaré que me aten como Ulises.
Los amantes
Amable más que el alba:
la noche en la ventana.
En el cuarto la penumbra
como un ave que no acaba
de posarse o alzar vuelo.
Y ellos
sobre la sábana
en feroz y dulce duelo
buscando el centro
de su ceguera iluminada.
Ellos: dos cuerpos en uno
en jadeante ascenso
al vértigo mutuo
que los completa y desgarra.
Luego el sueño que los acoge
y guarda sus miradas
hasta que la espada del día
los arroja de nuevo
a calles repletas
de caras vacías
y niños hambrientos.
Y la luz que los ve alejarse
parpadea en el viento.
VIRGINIA
AYLLON
Ciudad de viernes por la
noche*
Después del licor y la charla,
después del tabaco y el silpancho,
de la cara que se agranda
del escote que baja y la falda que sube,
después del llanto y del baile,
después, oh! amanecida Ciudad
te llenas de insinuaciones y declaraciones
El amor sale de bares y cantinas,
se escabulle por puertas y portezuelas,
se desparrama por tus calles y avenidas,
tus plazas se inundan de voces y quejidos
amorosos
El silencio no es
ausencia de
palabra**
El silencio no es ausencia de palabra, es
palabra concentrada. Mas, no todo silencio
concentra palabra. Cabe recalcar la
diferencia entre el silencio del Altiplano,
cargado de palabra y el silencio de ese día
en que me quedé sin nada que decir y desde
entonces busco, muda y ciega, el sendero
de la palabra.
Amo el candor de las
muchachas***
Amo el candor de las muchachas
su arrogancia de vestido al aire
su soberbia de arrasar con todo
(Desvergonzadas
atacan también la palabra)
Amo el ocaso
de las mujeres
porque calladas
celebran el venerado silencio.
YOLANDA BEDEGRAL
Holocausto
Oh Cristo, yo quisiera de tu augusta cabeza
desclavar los espinos; endulzar tu martirio;
darte mi adolescencia como incienso en delirio;
alabándose en salmos, restañar tu tristeza.
Te volcaría en mi alma con la dulce certeza
de corporal expolio a cabezal de lirio.
Me inmolaría entera como ala sobre cirio.
El humo, en holocausto de mi cuerpo ofrendado
empapada en perfume la esponja de la hiel
y, unida entre llaga, mi vida en tu costado.
La culpa redimida y el mundo sin pecado
a la ultima palabra de Dios crucificado,
urgiría con rosa de amor tu humana piel.
Inutilidad
En cada nueva luna
mi alma inventa
una canción de cuna
inútilmente.
Veintisiete palabras de ansiedad
tiene mi canto.
Y cuando se apaga la luna,
cada palabra se disuelve
inútilmente
en un hilo de sangre.
Juan Gert
Mi sueño se hizo dulcemente cal.
La bóveda perfecta de tu cráneo
enclavada en la mariposa de mis huesos
es frágil tulipán
coronando las alas abiertas de la pelvis.
Sacas el molde al mundo
en mi cintura breve;
recogido y devoto como un rezo,
hilas con mi sangre el Universo,
hijo mío.
Creces dentro de mí
como en vaso ritual.
Por ti conozco
la humildad de ser la tierra fértil,
por ti el orgullo del vital milagro;
por ti soy urna bíblica,
por ti soy comunión y penitencia.
Por ti la muerte en su medalla acuna
perfil de piedra en querubín de niebla.
El vivo tulipán de tu cabeza
saca de nuevo el molde al Universo.
CAMBA FLORENCIO
A Santa Cruz.
Santa Cruz
con pleitesía
te dedico en este día
toda mi inspiración.
Santa Cruz
yo le canto en mis estrofas
a tus selvas y a tus noches
llenas de amor y poesía.
El Mutún majestuoso
te saluda tierra mía
y te ofrece muy airoso
venturoso porvenir.
Biru Biru se engalana
con rumores de otras tierras
pues tus cielos hoy encierran
muchas glorias del mañana.
Tus mujeres que se mecen
al compás de las palmeras
y te brindan candorosas
toda su gracia sin par.
Reina americana
puntal del progreso
que hoy día vemos
convertido en dichosa realidad.
Los Dioses te regalaron
con joyas de mil colores
y tu cabeza adornaron
con una corona de flores.
Tus quince provincias te cantan
madre mía soberana
melodías de mil sirenas
llenas de fe y esperanza.
Leña en carretón.
Va pasando el carretón
bien cargadingo de leña
y sentada en el timón
arreando va la dueña.
Pa venderla en Santa Cruj
con vendaje y jaceada
leña de curupaú
bien ardedora y pesada.
Con la plata que yo gane
un jato me compraré
pa sacarle el jane
que muy pronto bailaré.
Yo vivo allá en el Isuto
en un boningo pahuichi
asadito en pacumuto
y durmiendo en un parichi.
Muy contento allá yo vivo
con mi Taita y con mi Mama
los asientos de Tajibo
adornados con sanana.
CONDENADO ESTOY A MUERTE
RICARDO JAIMES
FREYRE
Los Antepasados
Hijo soy de mi raza; corre en mis venas
sangre de los soberbios conquistadores.
Alzaron mis abuelos torres y almenas;
celebraron su gloria los trovadores.
En esa sangre hay ondas rojas y azules;
es de un solar mi escudo lustre y decoro.
(En cambo de sinople, faja de gules
engolada de fieros dragantes de oro).
Despiertan en mi mente, con los halagos
de su tosca hidalguía, los cronicones,
brumosos atavismos, recuerdos vagos
y un tropel de confusas evocaciones.
Me iluminan de pronto, con fugaz brillo,
relámpagos que quiero fijar, en vano... ¿En
qué lid, en qué claustros, en qué castillo
espada, cruz o lira tuve en mi mano?
La Muerte
Del Heroe
Aún se estremece y se yergue y
amenaza con su espada
cubre el pecho destrozado su rojo y
mellado escudo
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto
heroico y rudo.
Los dos Cuervos silenciosos ven de
lejos su agonía
y al guerrero las sombras alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del
guerrero, resplandece como el día
y hacia el pálido horizonte reposado
vuelo emprenden.
Lo Fugaz
La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.
Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.
Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aún más que el lodo, se tornaron,
pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.
JUAN HUALLPARRIMACHI
MAITA
Mi madre
Que‚ nube ser aquella nube
Que viene entenebrecida? Ser
el llanto de mi madre que en
lluvia se ha convertido.
El sol a todos alumbra
A todos, menos a mi. No
falta la dicha a nadie;
Para mi solo hay dolor.
Porque no conocí a mi madre,
Mas que la fuente lloro‚ Porque no
hubo quien me ampare Mi propio
llanto bebí.
También al agua me echó‚
Queriendo que me arrastrara;
El agua me echó a la orilla
Diciendo: ‘Sigue buscándola’.
Como ella desde la nube
Mi corazón también lloró.
Flotando en lago de sangre,
Enmarañado de espinas.
Tu pupila
Como estrella de tu pupila
Cayó en mi noche de pena,
quise guardarla en mi pecho,
se tornó en tierna paloma.
Envidioso torbellino
me la quitó de las manos;
para impedir que la siga
me volvió ciego y tullido.
Hecho escarnio de la gente;
por lluvia y sol flagelado,
mi corazón se consume
anhelando a mi paloma.
La Partida
Paloma del alma, verdad es que dices
Que a tierras lejanas por siempre te vas,
Echando al olvido tus horas felices…
Es cierto que nunca jamas volverás?
A quien di, me dejas en esta honda pena,
Mis dulces recuerdos, a quien implorar,
Cual tu me lo dabas, hermosa morena
Ay! quien en mi pecho te puede igualar?
Te ruego me enseñes cual es el sendero
Que tienen ligeros tus pies que tomar,
Pues antes que vayas, cruzarlo lo quiero,
Con llanto de hinojos por irlo a regar.
Si el sol con sus rayos te abrasa y sofoca,
Y sombra ya buscas en donde reposar,
Tendrá en la nube, que desde mi boca,
Mi aliento amoroso llegar a formar.
Si ansiosa y sedienta, por tierras de abrojos,
A solas ya cruzas en seco arenal,
La nube que forman llorando mis ojos
Dar te paloma su fresco raudal.
Sólo responden bosques profundos
Fuentes y sierras a mi clamor;
Nadie comprende ya sobre el mundo
Ay! mi quebranto ni mi dolor.
MATILDE CASAZOLA
TARDE FRESCA
El color de los cerros lejanos
me trae esta canción.
Será tal vez, nostalgia de otro tiempo
de distinto sabor.
¡Tierra mía! mis ojos se extasían
en esta tarde fresca;
el sol está jugando con las hebras
de sus cabellos verdes.
En esta tarde fresca yo he soñado
¡cuántas veces!
Y se renueva aún,
incomparable:
retamas, aire azul,
mis ojos en la tarde.
VEREDA DEL AMOR
Vereda del amor,
verde vereda
por la que he caminado
balanceando mis sueños
horas y horas.
Vereda del amor,
verde arboleda.
No faltaban los pájaros
ni el olor de la hierba.
Sólo faltabas tú, que estabas más allá
de lo posible;
más allá de la tapia
con cuya sombra jugaba la vereda.
Sólo faltabas tú,
lo indispensable
para no llorar más
para no esperar más
para no seguir dando multicolores vueltas
alrededor de la vereda.
SON ELLOS
¿Quién ha alzado ese sombrero que coloqué a mi diestra?
¿Quién se ha comido el último mendrugo de pan que dejé
sobre la mesa?
Son ellos,
los hambrientos de cosas terrenales,
que se pudren bajo las dalias secas.
Los muertos no están muertos:
sus inquietudes buscan nuevos vientres
nuevas matas de pelo.
Insatisfechos elegidos,
espían los tesoros de los vivos:
mis pies en movimiento,
los programas de cine
-tosca manera, pero al fin posible
de ser conscientemente-.
Sus ojos perforados
bucean a través de las paredes húmedas.
¡Oh sumisa costumbre de seguir lo que amaron,
lo que les era propio!
Los muertos no descansan
mueren sonámbulos:
cabezas giratorias
debajo de la tierra
tratando de pillar su nombre en algún labio
su idea
su almanaque
su aire, en fin, tan bien domesticado.
Benjamín Chávez
Íntima
Llaman otra vez a la puerta
y en la luz azul del televisor
sigo a la deriva.
No, hoy no estoy para nadie
para mí mismo
no estoy.
Como una tallada imagen de culto profano
atesoro ofrendas a mis costados.
Conmigo quedan selladas las quietudes.
Así, por ejemplo:
¿significa algo esta esfera jugosa
o es sólo otra inútil fruta
en la bandeja del harto?
La ola
La eterna ola retorna
siempre retorna.
Ella
oscura y obstinada
ensimismada en su círculo
hacia el intocado muro
a mi sed
a su eternidad.
Condición de Vampiro
Tras una inútil noche en tránsito sanguíneo
—la temblorosa piel—
—el quejido mínimo—
oficio el cándido ritual de abrir sobres a
mordiscos.
Desde una atmósfera intensa,
cartas que hablan de lejanos países
me seducen, me vencen.
—¡Vuelve hijo mío!—
firma mi madre.
En un arrebato
retomo las infusiones medicantes
la dieta del ajo
la abstinencia…
pero es inútil;
mis sendos colmillos muerden
una y otra vez mi destino:
velar sueños ajenos es mi condena.