República Bolivariana de Venezuela.
Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria.
Universidad Nacional Experimental “Rómulo Gallegos”.
Núcleo, Monagas – “Dr. José Gregorio Hernández”.
Sección “7”.
Relaciones de
la Medicina
con el Arte
Profesora: Integrantes:
Silangel Rodríguez Yunicer Guevara C.I.29.974.069
Ariana Rodríguez C.I.29.914.338
Isabel Mulé C.I.29.974.354
Bárbara Fandiño C.I.29.974.018
Bárbara Lara C.I.29.974.575
Valeria Gil C.I. 30.001.370
Jheyner Lorant C.I.29.974.411
Gabriel Briceño C.I.29.974.331
Julio, 2020.
Índice
Introducción ……………………………………………………………………………3
1 Cultura Médica. Definiciones de Literatura, poesía y medicina...………….........5
2 La carrera de un médico y la Literatura……………………………………………..8
3 Relación del Periodismo y la medicina ...……………………………………………12
4 Literatura y enfermedad. Salud, creatividad y humanismo……………………......15
5 La Biblioteca de un Medico. Las notas de un médico…………………………......17
Conclusión………….……………………………………………………………………20
Bibliografía…………………………………………………………………………......22
Anexos………………………………………………………………………………......23
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Introducción.
La palabra es el vínculo de unión entre la litera‐ tura y la medicina y, a través de ella,
comparten las manifestaciones que le son propias en sus respectivas actividades. Pero además, la
medicina y la literatura reconocen el mismo objeto: la persona humana, el hombre en todas sus
manifestaciones culturales, porque pensamos, soñamos y sufrimos en códigos verbales. Cabe, por
tanto, decir que literatura y medicina, a través de la pala‐bra y sus formas de articulación no sólo
no son distintas sino que son formas narrativas de procesos compartidos. Como ha escrito
Francisco Umbral:
“El valor de las palabras es universal, y nombran un dolor que atraviesa países y
generaciones”, lo que convierte a la enfermedad y al dolor en universales; y entre las palabras
están los hechos “para quienes quieran verlos”
Este desbordamiento que genera la enfermedad se encuentra en el origen de la escritura
bajo alguna de sus manifestaciones y es la base de la creación literaria en más de una ocasión. Sin
olvidar el dolor que genera la enfermedad, sólo es cien por cien dolor para el que lo padece. Los
demás, los más cercanos, lo sufren, por supuesto, pero sólo en alguna medida; los más lejanos, lo
tratan de entender, pero ni siquiera se lo imaginan. Esta verdad absoluta puede hacer
comprensible para todos ese mal ajeno, y a su vez nutre intelectualmente cualquier obra literaria.
El objetivo de este trabajo es esbozar algunos de los elementos más relevantes en las
relaciones entre el discurso médico y el discurso literario en general. Conceptos como patológico,
desviado, anormal, enfermo, devienen omnipresentes en el ámbito literario. Este fenómeno
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resulta muy significativo en distintas áreas: en la interpretación de la historia literaria y la crítica
literaria —uso de lo enfermo como concepto de valoración estético—; en la reconstrucción de la
teoría literaria —uso de la genialidad patológica como ideal artístico— y en los análisis
sociológicos de la literatura— uso de la enfermedad como tema o motivo que refuerza o subvierte
el ideal normativo dependiendo de la orientación ideológica de los textos.
Cuando nos hemos preguntado por la relación entre la enfermedad y la creación, una
influencia mutua puede ponerse de manifiesto: la enfermedad está en el origen de grandes obras
creativas y el propio acto de creación puede revelarse con poderes terapéuticos. Pero la palabra,
con frecuencia, es torpe para explicar el dolor. De ahí, la necesidad de la metáfora.
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1. Cultura Médica. Definiciones de Literatura, poesía y
medicina.
Literatura: La expresión oral y especialmente la escrita, a partir de la invención de
la imprenta, plasmada como arte es lo que se conoce como literatura. Raúl H. Castagnino (1914-
1999) escribió ¿Qué es la Literatura? Sosteniendo que en algunos casos significa el conjunto de
obras nacionales, o correspondientes a una corriente o a una época histórica, pero también puede
querer referirse a la teoría o reflexión literaria, o los conocimientos que se incorporan con el
estudio de esas producciones.
Si hablamos de la literatura en general, independientemente de un tiempo y lugar, nos
referimos a la literatura universal. La literatura necesita de un receptor, éste no puede contestar al
emisor, pero sí el autor recibirá la opinión sobre su obra, a través de la crítica literaria, que puede
ser hecha por los lectores pertenecientes a cualquier sector social, tengan o no conocimiento
específico del tema; o por críticos literarios especializados.
“Las formas de manifestación literarias son el verso y la prosa, pudiendo distinguirse
entre los géneros literarios, el género dramático, el lírico, el didáctico, y el épico”.
En los últimos años ha crecido el interés por la utilización de la literatura en el contexto
médico con diferentes objetivos.
•En primer lugar, usarla como instrumento pedagógico en estudiantes de medicina ha
permitido mejorar competencias profesionales necesarias pero difíciles de alcanzar en la
formación biologista tradicional.
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•En segundo lugar, las narraciones de los pacientes se han convertido en un elemento de
gran interés para comprender la vivencia de las enfermedades.
•Finalmente, se va reconociendo la utilidad de las obras literarias como instrumento
adyuvante en la mejora de la calidad de vida de los pacientes. En conclusión, la literatura
constituye un elemento de gran interés formativo y puede mejorar la relación con los pacientes
porque permite comprender mejor los aspectos emocionales de su enfermedad.
Poesía: Es uno de los géneros literarios y quizá el más emblemático en cuanto a
libertades y potencias expresivas. Las obras del género reciben el nombre de poemas. Suele
escribirse verso, de una línea o menos de duración, aunque existe un género (a veces considerado
híbrido) de poesía en prosa.
La poesía, como la entendemos hoy, tiene sus raíces en la lírica. Ese género antiguo
consistía en cantos acompañados de música y a veces incluso de danza. Narraba episodios épicos,
loas a los dioses o a los héroes y sus hazañas históricas.
“La poesía no trata únicamente sobre sentimientos, emociones, cantos de amor o de
despecho. Cualquier tema es digno de convertirse en poema”.
La poesía se distingue de otros géneros literarios: la narrativa, el ensayo y la dramaturgia,
más que nada por sus diferencias: la poesía no narra un relato (narrativa), ni discurre sobre un
tema (ensayo), ni reproduce una situación frente al lector (dramaturgia).
Haciendo generalizaciones, podemos decir que se trata de una descripción subjetiva,
metafórica y más o menos hermética de una situación o pensamiento, transmitido con un lenguaje
también subjetivo. De allí que a menudo la poesía se presta a múltiples interpretaciones.
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La poesía desde sus inicios ha sido un género vital en la producción cultural de las
naciones. Quizá porque sus formas musicales y melódicas le sirvieron al hombre primitivo para
recordar determinados contenidos y mensajes en ausencia de la palabra escrita, que fue inventada
después.
Posteriormente, cuando ya existía la escritura, la poesía sirvió para explorar los bordes del
lenguaje, para evaluar y cambiar su relación con esa herramienta tan poderosa.
Dentro del mundo de los médicos que han escrito, sorprendentemente son estos,
entre todas las profesiones liberales, los que más escritores han dado a la humanidad.
En la sociedad primitiva, el médico fue un artista y por ello, médico y artista tuvieron un
tronco común histórico. Tal vez por eso Hipócrates comparó el ejercicio de la medicina con
un drama donde había tres comediantes: El paciente, el médico y la enfermedad. Dichos
actores han sido como imperceptibles hilos que se han entrelazado con la literatura
manteniendo una unión imperecedera; pues ambas partes ‑ literatura y medicina ‑se han
interesado en la vida y adversidades del hombre.
Los símbolos médicos, como el dolor, la muerte y la enfermedad, han sido
utilizados como instrumentos literarios por distintos escritores a lo largo de la humanidad,
proporcionándoles éxito en sus obras. Quizás por esto Somerset Maugham, conocido escritor
y médico decía:" No conozco mejor escuela para un escritor que pasar algunos años en la
profesión de curar". Agregaba que debían tener más que todo conocimientos en fisiología y
sicología para comprender bien como los elementos literarios están muy relacionados con
la mente y cuerpo del hombre. Podemos relacionar a la poesía y a la medicina en que Hacer una
buena historia clínica es prácticamente ser un novelista clínico, pues al observar con detalle
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y describir con precisión, es hacer que el lector inconscientemente se identifique con el
enfermo, como un buen novelista hace que el lector se identifique con el protagonista.
Medicina: La medicina es la ciencia que se encarga de prevenir, curar las
enfermedades y heridas para el desarrollo y preservación de la salud del ser humano. Con el
objetivo de brindar ayuda a las personas con las técnicas y conocimientos médicos para un buen
vivir. También es llamado medicina al medicamento, pastillas o cápsulas ordenado por un médico
para mejorar y prever una enfermedad.
Esta ciencia es una disciplina que se basa en un soporte del médico, paciente y
enfermedad. El médico desde la consulta médica inicia el proceso con el paciente donde recauda
información y realiza la historia clínica, para posteriormente organizar y analizar el diagnóstico,
emitir el tratamiento e informar al paciente, luego estar en constante comunicación para estar al
tanto del progreso y resultado del paciente.
La medicina es uno de los campos científicos que ha persistido por sus estudios prácticos
importantes desde la Antigüedad. De ese período se originaron dos prácticas médicas: la artesanal
compuesta por los cirujanos barberos, y la culta por médicos boticarios, de estas habilidades
surgieron especialistas englobados en la ciencia moderna como Jean Fernel. Andreas Vesalius,
2. La carrera de un médico y la Literatura.
William Gilbert y William Harvey.
Desde diversos ámbitos de la medicina se han alzado voces que cuestionan la orientación
de la formación, se dice que la disciplina ha desplazado los aspectos humanísticos y los valores
de una profesión que reconoce muchos componentes. Más explícitamente, autores como Jovell
sostienen que la medicina debe estar basada no sólo en el conocimiento científico, sino también
en valores y afectividad, lo que 'implica una transformación radical de los procesos de formación
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de pregrado y posgrado, así como del proceso de formación de especialistas. En este sentido, es
posible que para los médicos actuales sea más importante tener conocimientos en ética y en
política sanitaria que en biología celular y molecular o física médica. Los carbonos del ciclo de
Krebs, los detalles del esfenoides, no parecen ser los conocimientos más relevantes y necesarios
en una consulta médica cotidiana. También se muestra crítica Elisabeth Klüber-Ross cuando dice
que ¨ser un buen médico no tiene que ver con saber anatomía ni con recetar los medicamentos
correctos¨, y que ¨una realidad que no se enseña en la facultad de medicina es que un corazón
compasivo puede sanar casi todo¨.
Siempre ha existido una relación interesante entre medicina y literatura. El número de
escritores importantes que a la vez eran médicos es sorprendente. La lista es impresionante e
incluye figuras cómo Pio Baroja, Torcuato Luca de Tena, Chekhov, Rabelais, Somerset
Maugham, Arthur ConanDoyle, TobiasSmollett, John Keats, Oliver Goldsmith, A.J. Cronin y
William Carlos Williams. Otros famosos escritores estudiaron medicina sin terminar la carrera,
incluyendo James Joyce, Bertold Brecht y HenrikIbsen.
La medicina y la literatura tienen algunas cosas en común: para practicarlas bien, se
necesita un estudio profundo de la naturaleza y la condición humana. Personas que no son
capaces de entender las emociones, necesidades y sufrimientos humanos y el heroísmo y
grandeza de que son capaces las personas humanas nunca podrán practicar una medicina
humanística ni escribir literatura de categoría.
Los médicos tienen el privilegio único de observar de cerca y acompañar a sus hermanos
durante los momentos más importantes y dramáticos de sus vidas. Los pacientes revelan sus
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secretos y sus sentimientos más profundos de una manera que no hacen con nadie más, salvo
quizás con sus parientes o amigos más cercanos.
Si el médico, expuesto a toda esta materia prima extraordinaria posee también unas
capacidades literarias importantes, el resultado puede ser uno de los grandes médicos-escritores
mencionados antes. El escritor escocés A. J. Cronin describió la importancia de su experiencia
médica como fuente de inspiración de sus obras literarias: “Casi todas mis novelas se deben al
hecho de haber practicado la medicina durante 11 años”.
Si parece relativamente fácil explicar cómo el hecho de ser médico pueda ayudar alguien
con el talento literario necesario a producir literatura grande, es menos obvio, a primera vista, qué
puede ofrecer la literatura a médicos y estudiantes de medicina, y cómo les puede ayudar a
practicar una medicina más humanística, pero hay algunas pistas. Primero, habría que
preguntarnos ¿cuál es el objetivo de leer literatura, literatura grande. Franz Kafka dijo: “Creo que
debemos leer solamente el tipo de libro que nos hiere o nos apuñala. Si el libro que estamos
leyendo no nos despierta con un golpe en la cabeza, ¿por qué estamos leyéndolo? Realmente
seríamos felices si no tuviéramos ningún libro y pudiéramos escribir nosotros mismos el tipo de
libro que nos hace feliz?
La literatura grande es más que un mero entretenimiento y su lectura deberían cambiarnos
de alguna manera y enriquecer nuestra visión del mundo y de la existencia humana. Nos permite
ver dentro de las vidas de los demás. En palabras de la escritora americana Dorothy Allison: “La
ficción es la gran mentira que nos dice la verdad sobre cómo viven los demás”. La ficción es una
mentira en el sentido de que no cuenta hechos reales, sino que es una invención del escritor, pero
nos dice verdades profundas sobre la condición humana. El hecho de que meras palabras escritas
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sobre papel pueden permitirnos casi vivir las vidas de los demás o, al menos, entender mejor las
vidas de los demás, independientemente de cómo de diferentes dichas vidas puedan ser a las
nuestras, es casi milagroso.
Hay un interés creciente en la posibilidad de que el estudio de literatura por parte de los
estudiantes de medicina y los médicos podría fomentar su empatía y compasión. Por ejemplo, la
lectura del pasaje en Ana Karenina de Tolstoi que describe la muerte por tuberculosis del
hermano del héroe de la novela, Levín, un episodio basado en la muerte por tuberculosis del
hermano de Tolstoi, permite al lector experimentar a distancia lo que siente un paciente
moribundo y sus seres queridos en momentos tan dramáticos y dolorosos.
Otra obra de Tolstoi, La Muerte de Ivan Ilyich, ha sido estudiada en varias facultades de
medicina de EE UU con el fin de ayudar a los estudiantes de medicina a entender lo que pasa por
las mentes de los pacientes moribundos y sus familiares. Hoy en día, aproximadamente un tercio
de las facultades de medicina de las universidades norteamericanas ofrecen cursos de literatura a
sus estudiantes, con el fin de aumentar la capacidad de los médicos de entender a sus pacientes y
sus necesidades humanas y emocionales en más profundidad.
El componente humanístico de la medicina no es un extra opcional, sino una parte
fundamental y absolutamente esencial de la práctica médica y los médicos tienen una obligación
moral absoluta de meterse dentro de la piel del paciente en la medida de lo posible, para poder
ofrecerle el tratamiento competente y humanístico que merece.El estudio de la literatura no
solamente puede ayudar a los médicos a entender a los seres humanos que tienen delante con más
profundidad y tratarlos con más empatía, sino que les puede ayudar a hacer diagnósticos más
precisos y con más facilidad. La capacidad del médico de hacer un diagnóstico correcto depende
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en gran parte de su habilidad de escuchar atentamente lo que el paciente cuenta e interpretarlo
correctamente.
3. Relación del Periodismo y la medicina.
Es evidente que con la mejoría económica y social, se incrementa también el interés por los
temas de salud, la gente se preocupa por su alimentación, el ejercicio y los estilos de vida
saludables; así como también, se informa más en sobre problemas frecuentes por ejemplo, la
hipertensión arterial, la diabetes y el cáncer. Es así que la prensa escrita, radial y televisiva busca
abordar estos temas con afán, muchas veces publicitario, tratando de ganar audiencia.
Es llamativo el interés que se le ha brindado al manejo de la información científica en otros
países como España o Argentina, donde a través de instituciones educativas o universidades, se
busca formar especialistas en esta área, con la finalidad de que este tipo de información llegue a
las personas de manera clara, objetiva y con la menor distorsión posible.
Las noticias médicas pueden convertirse en una fuente de información muy importante y de
difusión de determinados conocimientos que redundan en cambios de conducta y actividades
positivas de la población, facilitando el diagnóstico y el tratamiento oportuno. Pero el abordaje
incorrecto de estas noticias también puede constituir un problema para el ejercicio de algunas
políticas de salud. La responsabilidad del que publica la noticia no puede centrarse solo en el
ámbito publicitario y escudarse en la trascripción de la noticia sin adecuadas corroboración y
confrontación con todos los protagonista implicados.
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Los temas de interés para la prensa son muy variados, desde los nuevos avances en
Medicina, las negligencias médicas, los problemas en el sistema de salud o el maltrato en los
hospitales. Algunos temas aparecen cada cierto tiempo, como las neumonías, la diabetes, la
hepatitis B o C, los trasplantes, el SIDA, las conjuntivitis, entre otros.
Las noticias científicas de hoy en día requieren periodistas especializados lo mismo que los
dedicados a los deportes, la economía o los espectáculos. En esta área países como Argentina o
España, nos llevan muchos años de ventaja y por ejemplo una Universidad de Barcelona ofrece
una maestría en periodismo científico, dirigida a médicos o periodistas interesados en tocar estas
noticias. El objetivo primordial seguramente será formar profesionales con la capacidad de
autocensurarse, evitando los grandes titulares sensacionalistas o la primicia y dar atención a
noticias más relevantes y confrontadas, utilizar los términos correctos, no dar a la noticia un tinte
muy técnico e incomprensible, ni muy ligero y trivial que pase desapercibido.
Lo fundamental es comprender que, además de ser fuente de información directa para el
público, el periodismo especializado es también fuente para los médicos, las autoridades
regulatorias y hasta los propios expertos.
Es por esta razón que los grandes laboratorios buscan muchas veces utilizar a periodistas
en sus tácticas publicitarias y promocionales. Son diversas las actividades de marketing, prensa y
relaciones públicas a través de las cuales las empresas farmacéuticas buscan influir sobre los
periodistas. Algunas coinciden con las actividades dirigidas a médicos o impactan a su vez sobre
estos actores. Avisos comerciales con aspecto de nota periodística y suplementos especiales
(muchas veces pagadas también por los interesados: médicos- empresarios, que solo enfocan el
lado que les conviene mostrar) se pueden ver con frecuencia en algunos periódicos. ¿No
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deberíamos los consumidores de estas noticias saber a través de una nota adjunta que se trata de
un espacio publicitario pagado y por tanto con sesgo de información?, así los medios dejarían
clara su posición editorial.
Finalmente, ¿qué idea tenemos los médicos de los periodistas que informan sobre temas de
Medicina? Por lo general nos burlamos o indignamos frente al trato que dan a la información en
la mayoría de diarios, pero ¿acaso estamos dispuestos a ayudar o brindar información adicional?,
¿qué opinión tienen los periodistas de los médicos?, ¿entienden su trabajo?, ¿quieren trabajar con
médicos independientes y pedir su colaboración en terminologías?, ¿qué rol tiene el Colegio
Médico en acercar a las partes?, son preguntas con respuestas pendientes.
En conclusión, el periodista científico es un factor importante para la adecuada
comunicación, debe no sólo informar con veracidad y responsabilidad las noticias médicas y
científicas, confrontando las partes y analizando las posibles consecuencias, no solo debe
encargarse de denunciar los problemas de salud que se puedan generar en la población o en el
individuo, sino que tiene que trasmitir de manera clara y concisa los nuevos conocimientos
médicos con la ayuda de gente informada en el tema, debe generar su especialización y su
espacio como lo han ganado el deporte o los espectáculos.
Sin embargo, el periodismo científico no puede limitarse a ser simplemente una caja de
resonancia de los adelantos o descubrimientos científicos sino que debe fomentar espacios de
reflexión, corrientes de opinión y debate en torno a los temas de ciencia y tecnología además de
la discusión de políticas nacionales o locales. Es necesario que cada uno de los estamentos
involucrados: periodistas, científicos y entidades científicas tomen conciencia del papel que
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pueden jugar en la elaboración de una estrategia de comunicación que, superando recelos y
desconfianzas mutuas, contribuya a la difusión y popularización de la ciencia.
4. Literatura y enfermedad. Salud, creatividad y
humanismo.
Determinar el «sentido legítimo» de la enfermedad en el fin de siglo es una tarea poco
menos que imposible. No es un concepto neutro ni unívoco; en realidad ni siquiera sería
apropiado hablar de “enfermedad” sino de una constelación de términos procedentes de los
estudios médicos y científicos que acaban configurando los lugares comunes de la producción y
discusión literaria del momento. Tal y como apunta Cardwell, la infiltración de esta terminología
en la literatura y la crítica del fin de siglo alcanza un grado tal que se puede calificar de una
auténtica colonización.
La fascinación cultural que generaron los avances de las ciencias médicas y biológicas a lo
largo del siglo XIX provino precisamente de su deriva hacia zonas mucho más oscura y
mistérica. Tal y como plantea Foucault, el perfil de las ciencias de la vida, medicina y biología,
durante el siglo XIX estuvo marcado por dos elementos fundamentales:
En primer lugar, la conversión de «lo normal» en un elemento central de su discurso y, al
mismo tiempo, la estructuración de «lo normal» en oposición binaria con «lo patológico», lo que
se utilizó como medio para establecer una normativa implícita. Estos dos rasgos son los que
reprodujeron, sigue Foucault, las ciencias del hombre. Y son estos dos rasgos, cabe añadir, los
que dotaron a las ciencias médicas y biológicas del potencial cultural que la literatura y la crítica
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literaria hicieron suyo. De ahí que la literatura abrazara la fisiología, no solo porque en ese gesto
recibía un material nuevo, sino también porque ese material permitía reflexionar y contribuir (o
problematizar) la elaboración de un discurso normativo sobre el sujeto, la sociedad y el arte.
La revisión de la literatura del período desde el foco de la enfermedad reconfigura el
paisaje literario que conocemos, si bien el panorama que se divisa es del todo irregular: por un
lado, es diáfana la presencia del discurso importado de las ciencias de la vida en prácticamente
todas las manifestaciones literarias de las últimas décadas del XIX y las dos primeras del XX; por
otro, los usos ideológicos parecen oscurecerse y resultan complejos e incluso paradójicos. Quizás
el ejemplo más claro sea el del naturalismo, una producción literaria que no oculta su interés por
los casos patológicos como materia literaria y cuya deuda con el discurso médico es más
evidente, en tanto que se modela teóricamente sobre términos importados directamente de él, en
concreto, sobre la Introduction à l'étude de la médecine expérimentale (1865) de Claude Bernard.
Hay un pararelismo entre la literatura y medicina innegable. Puesto que la medicina y literatura
comparten un mismo objeto de estudio, no es de extrañar que la producción naturalista acabe
nutriéndose de «Temas extraídos de los ensayos de medicina e higiene; así, los casos de patología
social […] se transforman en sus argumentos novelescos».
También se sugiere la posibilidad de «contagiarse» de las enfermedades y los casos
patológicos que se relata, lo que en última instancia apunta que la objetividad y la neutralidad
ideológica —tanto la del novelista como la del científico en quien se inspira es una impostura. En
segundo término, porque califica —aunque sea dubitativamente— una producción naturalista con
el mismo epíteto que se usará comúnmente para descalificar a las producciones de signo
esteticista y decadente, como es el caso de la «literatura enferma»
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La centralidad del vocabulario vinculado a la enfermedad y la degeneración en la crítica
española finisecular, especialmente en la década de 1890, ha sido sobradamente documentada en
diversos trabajos. La difusión de las teorías lombrosianas desde los últimos años de 1880 y la
circulación de la obra de Nordau, en su versión francesa, a partir de 1894 son dos de los
elementos de mayor impacto que arrojan luz al frenesí con que determinada crítica utilizó el
léxico de la enfermedad para describir la literatura decadente. Las acusaciones contra la literatura
decadente —que más tarde se daría en llamar modernismo— basadas en la diagnosis de
enfermedad fueron abundantísimas y provinieron de los frentes más diversos; a las diatribas sin
paliativos que críticos como Eduardo Bobadilla (Fray Candil) o Raúl Silva Uzcátegui lanzaron
sin descanso, se sumaron voces tan autorizadas como la de Clarín, además, en 1889.
Obras como la novela Las neuróticas (1911), de Alberto Insúa, que ejemplifica
perfectamente hasta qué punto en la novela de ascendencia erótica la incorporación del bagaje
médico-científico es aplicado y desacreditado al mismo tiempo, denotan perfectamente cada una
de las conjeturas médicas empleadas en esa época y hoy día.
5. La Biblioteca de un Medico. Las notas de un médico.
Encontrarse en un ambiente de libros es un raro privilegio, del cual se debe estar
agradecido durante toda la vida esto refleja de manera muy sucinta, pero real, la importancia que
tiene el conjunto de libros u obras científicas, literarias y de cualquier género para los estudiosos
de diversas especialidades.
Las colecciones más antiguas de las que se tienen conocimientos son las de los textos
sagrados, recogidos en las excavaciones hechas en Nínive y Babilonia y consistentes en ladrillos.
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En Egipto y Judea también se conservaban en los templos los libros sagrados. Sea como fuere, las
primeras bibliotecas fueron las de Grecia, y los libros estaban escritos sobre pergamino o papiro.
Las bibliotecas griegas más célebres fueron las de Pérgamo, fundada por el rey Atalo y la de
Alejandría, fundada por uno de los tolomeos esta llegó a reunir medio millón de volúmenes.
Generalmente se cree que Aristóteles fue el primero que poseyó una biblioteca de cierta
importancia, con muchos volúmenes sobre biología y medicina. Los expertos opinan que los
libros más antiguos están representados por los rollos de papiros. El más antiguo de estos es el de
los proverbios de Ptahhotep. Córdoba fue uno de los centros culturales del mundo. Durante la
mayor parte del siglo xv la supremacía de las ideas médicas estaba en manos de los árabes:
Avicena, Averroes, Abulcasis. Un ejemplar muy raro del libro de Maimónides se guarda en El
Escorial, España. Masawaih de Damasco, escribió la primera materia médica publicada en 26
ediciones en el siglo XV y que sirvió de base para la primera farmacopea en Londres.
En 1471 apareció el primer libro árabe sobre medicina: De Medicinis Univer-salibus, de
Mesue y algunos ejemplares se encuentran en la biblioteca del Royal College of Surgeons de
Londres.
El libro raro se llama así por la materia que trata, o por el escaso número de ejemplares
conocidos. Los incunables significan las ediciones hechas desde la invención de la imprenta hasta
principios del siglo XVI, en general se refiere a los libros más antiguos.
Si venimos a nuestro continente los primeros libros médicos de América aparecieron en
México: Opera Medicinalis de Francisco Bravo en 1570; Summa de Chirurgia de Alonso López
de Hinojosa en 1578; Tractado de Chirurgia de Farfan en 1579, y Tratado de Medicina, también
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de Farfan en 1592. La publicación de revistas médicas también se inició en México, con el
Mercurio Volante en 1772.
Vargas Machuca publica en 1599 el primer tratado de medicina militar escrito en el nuevo
mundo. Por esa misma época, Fragoso, médico de Felipe II, escribió la obra titulada Las cosas
aromáticas, árboles y otras medicinas que se traen de las Indias.
La primera revista médica en inglés apareció en 1684. En E.E.U.U. la primera fue Medical
Repository publicada en New York en 1797, y el primer libro de medicina aparece en 1776.
En Perú el primer libro de medicina apareció en 1616 y en Cuba en 1707; en Venezuela los
primeros trabajos médicos se publicaron en 1798, y en Argentina y Colombia en 1805. Se conoce
que la primera biblioteca médica en México se estableció en 1536, en Buenos Aires en 1863 y en
Río de Janeiro en 1830. Por su parte, la biblioteca médica más antigua de la América del Norte es
la del Pennsylvania Hospital, creada en 1774.
En medicina la biblioteca más grande del mundo es la Biblioteca Nacional de Medicina,
situada en Washington, pero ya actualmente existen importantes bibliotecas en casi todas las
facultades de medicina de los países hispanoamericanos.
La nota médica medicina por definición es el documento legal en el cual, el médico
describe la consulta realizada por el paciente, en este apartado en el cual se solicita la captura de
los signos vitales según el programa de atención elegido con anterioridad. El médico debe llenar
este formulario de lo contrario, el sistema no permitirá dar por terminada la consulta, este
documento debe ser impreso al finalizar la consulta, y debe ser firmado por el médico que atendió
la consulta.
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Conclusión.
En la comunicación de la enfermedad y de la muerte es importante el lenguaje. Por eso los
lingüistas miran con esmero las palabras de la enfermedad y de la medicina, porque la metáfora
se enriquece y se buscan sirtes, perífrasis, giros, y se inventan nuevas palabras para nuevas
situaciones vitales. Hay una constante en la innovación.
El somero panorama de la literatura finisecular que he esbozado en estas páginas pretende
mostrar la condición protagónica que desarrolló la enfermedad en la cultura literaria. La filtración
del discurso médico en la literatura fue mucho más allá de la inspiración declarada por parte del
naturalismo; muy al contrario, proporcionó un imaginario (avalado por la ciencia, claro está) que
alimentó de formas contradictorias a la mayor parte de la producción de la época. Al mismo
tiempo, la literatura retroalimentó ese imaginario haciendo de la enfermedad no solo un lugar
común, sino un auténtico crisol en el que se vertieron las expectativas e ideales sobre la
subjetividad contemporánea. Los virajes ideológicos entorno a los conceptos de enfermedad —y
especialmente de degeneración e histeria— que se producen en la literatura del fin de siglo dan
cuenta de su capacidad para condensar quizás como ninguna otra imagen, la crisis finisecular que
se vivió a escala europea. La relevancia de “lo enfermo” y la complejidad cultural de su
significado en este período merecerían una atención y detalle mucho mayores, en especial, en
tiempos donde el debate también va, acerca del desarrollo literario de motivos como la
melancolía o el genio enfermo, la popularización de la histeria en la literatura y su vinculación al
debate sobre la mujer, y la exploración de sus potencial subversivos. Si bien el retrato académico
presentado ante usted, difícilmente puede ser completo. Las distintas aproximaciones hechas, a
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las distintas facetas de la enfermedad en la literatura que se han apuntado deberían orientar sobre
la necesidad de desarrollar una labor interdisciplinaria que incluya los intertextos procedentes del
discurso científico a la hora de abordar el estudio de la literatura. Un estudio de este tipo no solo
permite reevaluar la historia literaria, sino resignificar algunos de los textos más canónicos del
último tiempo y recuperar a otros, que caídos del canon o situados en al ámbito de la literatura
popular, resultan documentos impagables a la hora de aproximarse al imaginario cultural y a la
subjetividad de la enfermedad, el malgenio, y la carrera tan intrigante, misteriosa, poderosa, y
maravillosa, como lo es la Medicina misma.
21
Bibliografía.
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"Poesía". Autor: Julia Máxima Uriarte. Para: Caracteristicas.co. Última edición: 24 de junio de
2020. Disponible en: https://www.caracteristicas.co/poesia/. Consultado: 28 de julio de 2020.
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Anexos.
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