Sigmund Freud
Obras completas
El yo y El ello
V otras obras
(1923-1925)
XIX
Neurosis y psicosis
(1924 [19231)
En mi obra recientemente publicada, El yo y el ello
{I92}b), expuse una articulación del aparato anímico sobre la
base de la cual pueden figurarse una serie de nexos de manera
simple y panorámica. En otros puntos, por ejemplo los
referidos al origen y al papel del superyó, mucho es lo que
permanece oscuro y sin respuesta. Pues bien; es lícito pedir
que aquella división demuestre ser utilizable y fecunda
también respecto de otras cosas, aunque sólo fuera para ver
bajo una concepción nueva lo ya familiar, agruparlo de otro
modo y describirlo más convincentemente. Por otra parte, es
probable que tal aplicación conllevara el beneficio de
retrotraernos de la gris teoría a la experiencia que reverdece
eternamente.^
En la obra mencionada se describieron los múltiples
vasallajes del yo, su posición intermedia entre mundo exterior
y ello, y su afanoso empeño en acatar simultáneamente la
voluntad de todos sus amos. Ahora bien: en conexión con una
ilación de pensamiento inspirada desde otro lado, y cuyo
asunto era la génesis y prevención de las psicosis, me acudió
una fórmula simple sobre lo que quizás es la diferencia
genética más importante entre neurosis y psicosis: La
neurosis es el resultado de un conflicto entre el yo y su ello,
en tanto que la psicosis es el desenlace análogo de una
similar per-turbación en los vínculos entre el yo y el mundo
exterior.
Debe desconfiarse de las soluciones tan simples:
advertencia justificada, sin duda. Pero nuestra máxima
expectativa sobre esta fórmula se limita a que resulte correcta
en lo más grueso. Ya sería algo. Y en efecto, uno se acuerda
al instante de toda una serie de intelecciones y
descubrimientos que parecen corroborar nuestro enunciado.
Según resulta de todos nuestros análisis. Las neurosis de
trasferencia se generan porque el yo no quiere acoger ni dar
trámite motor a
1 [Freud alude aquí a Fausto, parte I, escen.i 4, donde dice Me-
fistófeles:
«Gris es toda teoría, caro amigo,
y eternamente verde el árbol de la vida».]
una moción pulsional pujante en el ello, o le impugna el objeto
que tiene por meta. En tales casos, el yo se defiende de aquella
mediante el mecanismo de la represión; lo reprimido se
revuelve contra ese destino y, siguiendo caminos sobre los que
el yo no tiene poder alguno, se procura una subrogación
sustitutiva que se impone al yo por la vía del compromiso: es el
síntoma, A yo encuentra que este intruso amenaza y menoscaba
su unicidad, prosigue la lucha contra el síntoma tal como se
había defendido de la moción pulsional originaria, y todo esto
da por resultado el cuadro de la neurosis.
De nada valdría objetar que el yo, cuando emprende la
represión, obedece en el fondo a los dictados de su superyó,
dictados que, a su vez, tienen su origen en los influjos del
mundo exterior real que han encontrado su subrogación en el
superyó. En efecto, queda en pie que ^1 yo se ha puesto del
lado de esos poderes, cuyos reclamos poseen en él más fuerza
que las exigencias pulsionales del ello, y que el yo es el poder
que ejecuta la represión de aquel sector del ello, afianzándola
mediante la contrainvestidura de la resistencia. El yo ha entrado
en conflicto con el ello, al servicio del superyó y de la realidad;
he ahí la descripción válida para todas las neurosis de
trasferencia.
Por el otro lado, igualmente fácil nos resulta tomar, de
nuestra previa intelección del mecanismo de las psicosis,
ejemplos referidos a la perturbación del nexo entre el yo y el
mundo exterior. En la amentia de Meynert —la confusión
alucinatoria aguda, acaso la forma más extrema e
impresionante de psicosis—, el mundo exterior no es percibido
de ningún modo, o bien su percepción carece de toda eficacia."
Normalmente, el mundo exterior gobierna al ello por dos
caminos: en primer lugar, por las percepciones actuales, de las
que siempre es posible obtener nuevas, y, en segundo lugar, por
el tesoro mnémico de percepciones anteriores que forman,
como «mundo interior», un patrimonio y componente del yo.
Ahora bien, en la amentia no sólo se rehusa admitir nuevas
percepciones; también se resta el valor psíquico (investidura) al
mundo interior, que hasta entonces subrogaba al mundo
exterior como su copia; el yo se crea, soberanamente, un nuevo
mundo exterior e interior, y hay dos hechos indudables: que
este nuevo mundo se edifica en el sentido de las mociones de
deseo del ello, y que el motivo de esta ruptura con el mundo
exterior fue una grave frus-
- [Freud hace algunas salvedades sobre esto en el capítulo VITl de
su Esqiícnhi del psicoanMisis (1940(/). Cf. injra, pág. HS, ;;. 7.]
156
tración {denegación} de un deseo por parte de la realidad, una
frustración que pareció insoportable. Es inequívoco el estrecho
parentesco entre esta psicosis y el sueño normal. Ahora bien, la
condición del soñar es el estado del dormir, uno de cuyos
caracteres es el extrañamiento pleno entre percepción y mundo
exterior.*
Acerca de otras formas de psicosis, las esquizofrenias, se
sabe que tienden a desembocar en la apatía afectiva, vale decir,
la pérdida de toda participación en el mundo exterior. Con
relación a la génesis de las formaciones delirantes, algunos
análisis nos han enseñado que el delirio se presenta como un
parche colocado en el lugar donde originariamente se produjo
una desgarradura en el vínculo del yo con el mundo exterior. Si
esta condición (el conflicto con el mundo exterior) no es mucho
más patente de lo que ahora la discernimos, [Link] fundamenta
en que en el cuadro clínico de la psicosis los fenómenos del
proceso patógeno a menudo están ocultos por los de un intento
de curación o de reconstrucción, que se les superponen.*
De todos modos, la etiología común para el estallido de una
psiconeurosis o de una psicosis sigue siendo la frustración, el
no cumplimiento de uno de aquellos deseos de la infancia,
eternamente indómitos, que tan profundas raíces tienen en
nuestra organización comandada filogenéticamente. Esa
frustración siempre es, en su último fundamento, una
frustración externa;"'' en el caso individual, puede partir de
aquella instancia interna (dentro del superyó) que ha asumido la
subrogación del reclamo de la realidad Ahora bien, el efecto
patógeno depende de lo que haga el yo en semejan-te tensión
conflictiva: si permanece fiel a su vasallaje hacia el mundo
ulterior y procura sujetar al ello, o si es avasallado por el ello y
así se deja arrancar de la realidad. Pero esta situación en
apariencia simple se complica por la existencia del superyó,
quien, en un enlace que aún no logramos penetrar, reúne en sí
influjos del ello tanto como del mundo exterior y es, por así
decir, un arquetipo ideal de aquello que es la meta de todo
querer-alcanzar del yo: la reconciliación entre sus múltiples
vasallajes." En todas las formas de enfermedad psíquica debería
tomarse en cuenta la conducta del
^ [Cf. «Complemento metapsicológico a la doctrina de los
sueños» (1917¿).]
* [Cf. el análisis de Schreber (1911í), AE, 12, págs. 65-6.]
5 [Véanse las consideraciones acerca de la frustración en «Sobre
los tipos de contracción de neurosis» (1912c), AE, 12, pág. 242.]
8 [Cf. «El problema económico del masoquismo» (1924c),
infra, pág. 172.]
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superyó, cosa que no se ha hecho todavía. Empero, podemos
postular provisionalmente la existencia de afecciones en cuya
base se encuentre un conflicto entre el yo y el superyó. El
análisis nos da cierto derecho a suponer que la melancolía es un
paradigma de este grupo, por lo cual reclamaríamos para esas
perturbaciones el nombre de «psiconeurosis narcisistas». Y en
verdad no desentonaría con nuestras ira-presiones que
hallásemos motivos para separar de las otras psicosis estados
como el de la melancolía. Pero entonces nos percatamos de que
podríamos completar nuestra simple fórmula genética, sin
desecharla. La neurosis de trasferencia corresponde al conflicto
entre el yo y el ello, la neurosis narcisista al conflicto entre el
yo y el superyó, la psicosis al conflicto entre el yo y el mundo
exterior. Es verdad que a primera vista no sabemos decir si
hemos obtenido efectivamente intelecciones nuevas o sólo
hemos enriquecido nuestro acervo de fórmulas. Pero yo opino
que esta posibilidad de aplicación por fuerza nos dará coraje
para seguir teniendo en vista la articulación propuesta del
aparato anímico en un yo, un superyó y un ello.
La afirmación de que neurosis y psicosis son generadas por
los conflictos del yo con las diversas instancias que lo
gobiernan, y por tanto corresponden a un malogro en la función
del yo, quien, empero, muestra empeño por reconciliar entre sí
todas esas exigencias diversas, exige otra elucidación que la
completaría. Nos gustaría saber cuáles son las circunstancias y
los medios con que el yo logra salir airoso, sin enfermar, de
esos conflictos que indudablemente se presentan siempre. He
ahí un nuevo campo de investigación. Sin duda que para
dilucidarlo deberán convocarse los más diversos factores. Pero
desde ahora pueden destacarse dos aspectos. Es indudable que
el desenlace de tales situaciones dependerá de constelaciones
económicas, de las magnitudes relativas de las aspiraciones en
lucha recíproca. Y además: el yo tendrá la posibilidad de evitar
la ruptura hacia cualquiera de los lados deformándose a sí
mismo, consintiendo menoscabos a su unicidad y
eventualmente segmentándose y partiéndose.'' Las
inconsecuencias, extravagancias y locuras de los hombres
aparecerían así bajo una luz semejante a la dé sus perversiones
sexuales; en efecto: aceptándolas, ellos se ahorran represiones.
7 [Temprana alusión a un problema que habría de ocupar a
Freud en años posteriores. Lo discutió por primera vez
extensamente en «Fetichismo» (1927e), y luego en dos trabajos
inconclusos, «La esci-sión del yo en el proceso defensivo»
(1940e) y Esquema del psico-análisis (1940í?), capitulo VIIL]
158
Para concluir, cabe apuntar un problema: ¿Cuál será el
mecanismo, análogo a una represión, por cuyo intermedio el yo
se desase del mundo exterior? Pienso que sin nuevas
indagaciones no puede darse una respuesta, pero su contenido
debería ser, como el de la represión, un débito de la investidura
enviada por el yo.**
8 [También este problema —la índole de lo que Freud llamaría
luego «Verletignung», «desmentida» o «desconocimiento»— fue exa-
minado en los dos últimos trabajos citados en la nota anterior. Véanse
mis comentarios en una nota al pie de «La organÍMción genital infan-
til» (1923c"), supra, pág. 147, n. 4.]
159
La pérdida de realidad
en la neurosis y la psicosis
(1924)
Hace poco tiempo' indiqué como uno de los rasgos
diferenciales entre neurosis y psicosis que en la primera el yo,
en vasallaje a la realidad, sofoca un fragmento del ello (vida
pulsional), mientras que en la psicosis ese mismo yo, al
servicio del ello, se retira de un fragmento de la realidad
{Realitat, «contenido objetivo»}. Por lo tanto, lo decisivo para
la neurosis sería la hiperpotencia del influjo objetivo
{Realeinflusses}, y para la psicosis, la hiperpotencia del ello.
La pérdida de realidad {objetividad} estaría dada de antemano
en la psicosis; en cambio, se creería que la neurosis la evita.
Ahora bien, esto no condice con la experiencia que todos
podemos hacer, y es que cada neurosis perturba de algún modo
el nexo del enfermo con la realidad, es para él un medio de
retirarse de esta y, en sus formas más graves, importa
directamente una huida de la vida real. Esta contra-dicción
parece espinosa; no obstante ello, se la puede eliminar muy
fácilmente, y su esclarecimiento no tendrá otro resultado que
hacernos avanzar en nuestra inteligencia de la neurosis.
En efecto, la contradicción sólo subsiste mientras tenemos en
vista la situación inicial de la neurosis, cuando el yo, al servicio
de la realidad, emprende la represión de una moción pulsional.
Pero eso no es todavía la neurosis misma. Ella consiste, más
bien, en los procesos que aportan un resarcimiento a los
sectores perjudicados del ello; por tanto, en la reacción contra
la represión y en el fracaso de esta. El aflojamiento del nexo
con la realidad es entonces la consecuencia de este segundo
paso en la formación de la neurosis, y no deberíamos
asombrarnos si la indagación detallada llegara a mostrar que la
pérdida de realidad atañe justamente al fragmento de esta
última a causa de cuyos reclamos se produjo la represión de la
pulsión.
Esta caracterización de la neurosis como resultado de una
represión fracasada no es algo nuevo. Siempre lo hemos
1 «Nevirosis y psicosis» (1924^) [supra, págs. 151 y sigs,]. .
193
afirmado," y fue sólo esta nueva trama argumenta! la que hizo
necesario repetirlo.
El mismo reparo, por lo demás, volverá a aflorar con par-
ticular fuerza toda vez que se trate de un caso de neurosis cuyo
ocasionamiento (la «escena traumática») sea notorio y en que
uno pueda ver cómo la persona se extrañó de una vivencia de
esa índole y la abandonó a la amnesia. Quiero retomar, a
manera de ejemplo, un caso analizado hace muchos años,^ en
que una muchacha enamorada de su cuñado fue conmovida,
frente al lecho de muerte de su hermana, por esta idea: «Ahora
él queda libre y puede casarse contigo». Esta escena se olvidó
en el acto, y así se inició el proceso de regresión^ que llevó a
los dolores histéricos. Pero lo instructivo es ver aquí los
caminos por los cuales la neurosis intenta tramitar el conflicto.
Ella desvaloriza la alteración objetiva {die rede Veranderung)
reprimiendo la exigencia pulsional en cuestión, vale decir, el
amor por el cuñado. La reacción psicótica habría sido desmentir
el hecho de la muerte de la hermana.
Ahora esperaríamos que en la génesis de la psicosis
ocurriese un proceso análogo al que sobreviene en la neurosis,
aunque, como es natural, entre otras instancias. Esperaríamos,
entonces, que también en la psicosis se perfilaran dos pasos, el
primero de los cuales, esta vez, arrancara al yo de la realidad,
en tanto el segundo quisiera indemnizar los per-juicios y
restableciera el vínculo con la realidad a expensas del ello. Y
efectivamente, algo análogo se observa en la psicosis: también
en ella hay dos pasos, de los cuales el segundo presenta el
carácter de la reparación; pero aquí la analogía deja el sitio a un
paralelismo mucho más amplio entre los procesos. El segundo
paso de la psicosis quiere también compensar la pérdida de
realidad, mas no a expensas de una limitación del ello —como
la neurosis lo hacía a expensas del vínculo con lo real—, sino
por otro camino,
2 [La idea de que el «retorno de lo reprimido» constituye la «en-fermedad
propiamente dicha» ya había sido enunciada en el Manus-crito K, enviado a
Fliess junto con la carta del 1° de enero de 1896 (Freud, 1950a), AE, 1, pág.
262; y fue reformulada en el segundo trabajo sobre las neuropsicosis de defensa
(1896¿), AE, 3, pág. 170, donde se emplea «fracaso de la defensa» como
expresión equivalente a «retorno de lo reprimido».]
3- En Estudios snhre la histeria ( 1 8 9 5 Í / ) , AE, 2, págs. 171 y 180. Las
palabras de la paciente, Elisabeth von R., no son citadas aquí verbatim. ]
4- [En todas las ediciones en alem.án figura aquí la palabra «.Regres-sion-», no
«Verdrangung» {«represión»}.]
5- [Cf. mi nota al pie en «La organización genital infantil» {19?.}e). supra, pág.
147, «. 4.]
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más soberano: por creación de una realidad nueva, que ya no
ofrece el mismo motivo de escándalo que la abandonada. En
consecuencia, el segundo paso tiene por soporte las mismas
tendencias en la neurosis y en la psicosis; en ambos casos sirve
al afán de poder del ello, que no se deja constreñir por la
realidad. Tanto neurosis como psicosis expresan la rebelión del
ello contra el mundo exterior; expresan su displacer o, si se
quiere, su incapacidad para adaptarse al apremio de la realidad,
a la 'Aváyy.y] [necesidad].* Neurosis y psicosis se diferencian
mucho más en la primera reacción, la introductoria, que en el
subsiguiente ensayo de reparación.
Esa diferencia inicial se expresa en el resultado final del
siguiente modo: en la neurosis se evita, al modo de una huida,
un fragmento de la realidad, mientras que en la psicosis se lo
reconstruye. Dicho de otro modo: en la psicosis, a la huida
inicial sigue una fase activa de reconstrucción; en la neurosis, la
obediencia inicial es seguida por un posterior {nachtr'ágUch}
intento de huida. O de otro modo todavía: la neurosis no
desmiente la realidad, se limita a no querer saber nada de ella; la
psicosis la desmiente y procura sustituirla. Llamamos normal o
«sana» a una conducta que auna determinados rasgos de ambas
reacciones: que, como la neurosis, no desmiente la realidad,
pero, como la psicosis, se empeña en modificarla. Esta conducta
adecuada a fines, normal, lleva naturalmente a efectuar un
trabajo que opere sobre el mundo exterior, y no se conforma,
como la psicosis, con producir alteraciones internas; ya no es
autoplástica, sino aloplástica.''
En la psicosis, el remodelamiento de la realidad tiene lugar
en los sedimentos psíquicos de los vínculos que hasta entonces
se mantuvieron con ella, o sea en las huellas mnémicas, las
representaciones y los juicios que se habían obtenido de ella
hasta ese momento y por los cuales era sub-rogada en el
interior de la vida anímica. Pero el vínculo con la realidad
nunca había quedado concluido, sino que se enriquecía y
variaba de continuo mediante percepciones nuevas. De igual
modo, a la psicosis se le plantea la tarea de procurarse
percepciones tales que correspondan a la realidad nueva, lo que
se logra de la manera más radical por la
6- [Cf. «El problema económico del masoquismo» {1924c), supra, pág.
174.]
7- [Estos términos fueron acuñados posiblemente por Ferenczi, quien los
emplea en su trabajo sobre los fenómenos de materialización histérica (1919Í;,
pág. 24); no obstante, allí Ferenczi los atribuye apa-rentemente a Freud, pese a
que este no parece haberlos empleado en otro lugar que en el presente pasaje.]
195
vía de la alucinación. Si en tantas formas y casos de psicosis
los espejismos del recuerdo, las formaciones delirantes y
alucinaciones presentan un carácter penosísimo y van unidas a
un desarrollo de angustia, ese es el cabal indicio de que todo el
proceso de replasmación se consuma contrariando poderosas
fuerzas. Es lícito construir el proceso de acuerdo con el modelo
de la neurosis, que nos resulta más familiar. En esta última
vemos que se reacciona con angustia tan pronto como la
moción reprimida empuja hacia adelante, y que el resultado del
conflicto no puede ser otro que un compromiso, e incompleto
como satisfacción. Es probable que en la psicosis el fragmento
de la realidad rechazado se vaya imponiendo cada vez más a la
vida anímica, tal como en la neurosis lo hacía la moción
reprimida, y por eso las consecuencias son en ambos casos las
mismas. Un cometido de la psiquiatría especial, no abordado
aún, es elucidar los diversos mecanismos destinados a llevar a
cabo en la psicosis el extrañamiento de la realidad y la
reedificación de una nueva, así como el grado de éxito que
puedan alcanzar.**
Por tanto, otra analogía entre neurosis y psicosis es que en
ambas la tarea que debe acometerse en el segundo paso fracasa
parcialmente, puesto que no puede crearse un sustituto cabal
para la pulsión reprimida (neurosis), y la sub-rogación de la
realidad no se deja verter en los moldes de formas
satisfactorias. (No, al menos, en todas las variedades de
enfermedades psíquicas.) Pero en uno y otro caso los acentos se
distribuyen diversamente. En la psicosis, el acento recae
íntegramente sobre el primer paso, que es en sí pato-lógico y
sólo puede llevar a la enfermedad; en la neurosis, en cambio,
recae en el segundo, el fracaso de la represión, mientras que el
primer paso puede lograrse, y en efecto se logra innumerables
veces en el marco de la salud, si bien ello no deja de tener sus
costos y muestra, como secuela, indicios del gasto psíquico
requerido. Estas diferencias, y quizá muchas otras todavía, son
consecuencia de la diversidad típica en la situación inicial del
conflicto patógeno, a saber, que en ella el yo rinda vasallaje al
mundo real o al ello.
La neurosis se conforma, por regla general, con evitar el
fragmento de realidad correspondiente y protegerse del en-
cuentro con él. Ahora bien, el tajante distingo entre neurosis y
psicosis debe amenguarse, pues tampoco en la neurosis faltan
intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde
al deseo. La posibilidad de ello la da la existencia
8- [Aunque Freud dio algunos pasos en esa dirección en el caso di; la
paranoia (cf. AE, 12, págs. 65-6) y de la «parafrenia» (cf. AE, 14, págs,
72, 83, 200 y 229).]
196
de un mundo de la fantasía, un ámbito que en su
momento fue segregado del mundo exterior real por la
instauración del principio de realidad, y que desde
entonces quedó liberado, a la manera de una «reserva»,"
de los reclamos de la necesidad de la vida; si bien no es
inaccesible para el yo, sólo mantiene una dependencia
laxa respecto de él. De este mundo de fantasía toma la
neurosis el material para sus neoformaciones de deseo, y
comúnmente lo halla, por el camino de la regresión, en
una prehistoria real más satisfactoria.
Apenas cabe dudar de que el mundo de la fantasía
desempeña en la psicosis el mismo papel, de que
también en ella constituye la cámara del tesoro de donde
se recoge el mate-rial o el modelo para edificar la nueva
realidad. Pero el nuevo mundo exterior, fantástico, de la
psicosis quiere remlazar a la realidad exterior; en
cambio, el de la neurosis gusta de apuntalarse, como el
juego de los niños, en un fragmento de la realidad —
diverso de aquel contra el cual fue preciso defenderse—,
le presta un significado particular y un sentido secreto,
que, de manera no siempre del todo acertada, llamamos
simbólico. Así, para ambas —neurosis y psicosis—, no
sólo cuenta el problema de la pérdida de realidad, sino
el de un sustituto de realidad.
9- [Cf. «Formulaciones sobre los dos principios del acaecer
psíquico» (1911^), AE, 12, pa'g. 227 y n 4.