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Rev Río de La Plata

El documento analiza la crisis y disolución del orden colonial en el Río de la Plata a inicios del siglo XIX, debido al derrumbe de los imperios ibéricos y la presión de Inglaterra, así como los factores de resentimiento en América. También examina el papel de las ciudades y cabildos en la emergencia de sentimientos autonomistas y el surgimiento de identidades provinciales.
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Rev Río de La Plata

El documento analiza la crisis y disolución del orden colonial en el Río de la Plata a inicios del siglo XIX, debido al derrumbe de los imperios ibéricos y la presión de Inglaterra, así como los factores de resentimiento en América. También examina el papel de las ciudades y cabildos en la emergencia de sentimientos autonomistas y el surgimiento de identidades provinciales.
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"La Revolución en el Río de la Plata"

Prof. Fernando de los Ángeles

Crisis del orden colonial.

¿Revolución o caída? La monarquía, los cabildos, la tradición y  los cambios

“La crisis y disolución del orden colonial no proviene de la reacción americana a esas reformas, sino
de que – aún después de éstas – las metrópolis ibéricas son incapaces de sobrevivir a los desafíos
mortales de un conflicto europeo y mundial súbitamente intensificado por la liberación de energías
guerreras y que la revolución provocó en una Francia que, ya antes de ella, era la primera potencia
militar del continente” (Tulio Halperín Donghi,  “Reforma y disolución de los imperios ibéricos,
1750-1850”. Historia de América Latina, 3, Alianza América, 383 Pag., Madrid 1985)

“un punto de vista más verosímil que surge de los trabajos históricos de los últimos tiempos es
sustancialmente distinto: la independencia de las ex colonias ibéricas habría sido más bien efecto
conjugado del derrumbe de los imperios ibéricos, de la presión, acrecida a todo lo largo del siglo
XVIII, de la nueva potencia dominante en la arena mundial, Inglaterra, y de los factores de
resentimiento y disconformidad existentes en casi todas las capas sociales americanas hacia el
dominio colonial.” (José Carlos Chiaramonte,  “Mercaderes del litoral. Economía y sociedad en
la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX”. Fondo de cultura económica. Buenos
Aires. 1991).

“Liberado (…) de la equívoca suposición de adosar a la Independencia naciones inexistentes, y


despojado de la obsesión de raíz romántica por la cuestión de las nacionalidades, un problema que
resulta central al propósito de evaluar la etapa borbónica es el de la colisión entre las tendencias
centralizadoras de la monarquía y las tendencias  autonómicas de sus súbditos. En el caso de estos
últimas, sería importante poder distinguir qué correspondía a antiguas tradiciones que, al menos en
América remiten generalmente a los reinados de los Habsburgos y qué a la difusión de las doctrinas
políticas dieciochescas y a los ejemplos de la experiencia política norteamericana y francesa, así
como a la práctica surgidas durante la guerra antinapoleónica en España. Porque (…) el grado de
autogobierno fue considerable en las ciudades, (y) aún así nos queda el problema de discernir en qué
medida la emergencia de la “soberanía de los pueblos” al estallar la Independencia pueda ser
vinculadas a esos antecedentes; es decir a una tradición que las reformas borbónica no habían podido
quebrar”  (José Carlos Chiaramonte, “Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación
Argentina. 1800 - 1846” Biblioteca del Pensamiento Argentino I, Ariel 1997, 645 Pág. Argentina)

“Un (…) problema que es necesario plantear, es el de la identidad “provincial”, ligado a temas
institucionales como el de la legitimidad de las nuevas autoridades y los modos de representación,
pero adscripto fundamentalmente a las “percepciones” de los pueblos. El análisis desde una
perspectiva local nos permitirá apreciar cómo se produjo el pasaje de una identidad de “pagos” (los
fernandinos, los capilleros etc.) a una identidad “provincial” . (…) Nuestra suposición es que el
término “oriental”  surgió para denominar el “pueblo en armas”, esto es, al ejército, y que el calor
de la guerra contra españoles, porteños y portugueses, fue alcanzando a los habitantes de los  
pueblos” (Ana Frega, “La constitución de la Banda Oriental como Provincia” en “Historia y
Docencia” Revista de la APHU, Año 1 No. 1, julio, 1994)

“en la últimas décadas del siglo (XVIII) los cabildos ingresaron a una etapa de renovado vigor que,
en su mayor parte, coincidió con el régimen de Intendencias. Trabajando en armonía con algunos
intendentes, en crítica oposición a otros, comenzaron a reavivar sus funciones municipales y a
rehabilitar su fuerza política. Pero a comienzos del nuevo siglo estaban en casi todas partes en malas
relaciones con los intendentes. Paradójicamente, el régimen de intendencias, que en cuanto
instrumento de la política centralizadora  borbónica se presumía como un factor adverso al
autogobierno, se constituyó en un estímulo del mismo, tanto en la primera fase de general
colaboración entre ambas partes, como posteriormente al ejercitar sus renovadas fuerzas en
confrontaciones con las autoridades coloniales. Pues en cuanto el aumento de los ingresos
municipales y la participación en nuevas tareas solicitadas por los intendentes  estimuló la actividad
de los ayuntamientos, éstos comenzaron a reclamar mayor participación en el gobierno local, lo que
dio lugar a un generalizado conflicto entre cabildos e intendentes durante la última década del
periodo colonial que estimuló en los ayuntamientos el ejercicio de sus responsabilidades
municipales. Asimismo, aún en el breve período en que por efecto de las guerras de fines del siglo
XVIII, los ayuntamientos vieron mejoradas sus posibilidades de obtener concesiones, esto no hizo
otra cosa que servir de mayor acicate a ese descontento.” (José Carlos Chiaramonte, “Ciudades,
provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina. 1800 - 1846” Biblioteca del Pensamiento
Argentino I, Ariel 1997, 645 Pág. Argentina)

Esquema sobre las etapas de la Revolución


Año XI

“el pueblo en armas”

protesta rural
espontánea
inorgánica
policlasista
antimontevideana
juntista (adhesión a Buenos Aires)
fernandista

finaliza con:
-          decepción generada por la autoridad española
-          diferencias políticas con el gobierno Buenos Aires
-          Artigas: “Jefe de los Orientales”
-          “La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada como
objeto único de la revolución”

Año XIII

Definiciones políticas

Autonomía del pueblo oriental. Provincia Oriental


Instrucciones del año XIII. Tres Cruces
-          Independencia ¿de quién frente a quién?
-          República ¿en lugar de…?
-          Confederación ¿entre quienes?
-           
Finaliza con:
-          diferencia entre orientales. Ruptura del policlasismo
-          ruptura con Buenos Aires y preparación para la guerra
-          inicio de la construcción del  Protectorado
-          ruptura definitiva con España
-           

Año XV

Definiciones socio económicas

Avance del Protectorado. Inminente derrota de Buenos Aires. Peligro de invasión


portuguesa

Búsqueda de la justicia social


Etapa radical de la Revolución popular
Reglamento de tierras de 1815
Reglamento de comercio y aranceles de 1815

Finaliza con
-          invasión portuguesa 1816
-          derrota del artiguismo 1820
-          triunfo del centralismo porteño
-          Provincia Cisplatina 1820 –1825

Fragmento de la respuesta de Artigas a Elío del 20 de mayo de 1811

A tener en cuenta
*dos días después de la Batalla de la Piedras
* Elío pide cese de hostilidades al comenzar negociaciones con Buenos Aires
*Artigas responde ubicándose como subordinado e intérprete de la Junta y le recuerda que
solo es ella quien puede mandar sobre sus fuerzas.
* Entiende que el drama de Montevideo puede aliviarse reconociendo por su parte a la
Junta “de estas Provincias”
* y, que siguiendo a la  Junta se sigue el modelo español, de defensa “de nuestro amado
Fernando”

29.- “La causa de los pueblos no admite, Señor, la menor demora. Si V.S desea
sinceramente evitar le efusión de sangre tan contraria a la humanidad, entre V.S. en
negociaciones conmigo, que bien penetrado de los deseos de la Excma. Junta, daré a V.
S. y a ese pueblo una nueva prueba de sus miras generosas y pacíficas (…) Este ejército
concluirá en breve la obra en que se halla tan adelantado, V.S. hará apurar la copa de las
desgracias a esos habitantes sino resuelve que reconocida la autoridad de la Excma.
Junta provisoria de estas Provincias por ese pueblo, y que lleve a ella sus votos por medio
de un representante conforme al reglamento publicado, y siguiendo así las medidas que
han adoptado todas las Provincias de España para conservar ilesos los Dominios de
nuestro augusto soberano el señor don Fernando séptimo de la opresión del Tirano
de Europa que ha causado tantos males”

La revolución muestra su carácter fernandista, juntista y antimontevideano.

"Del XI al XIII"
“Los lances de la guerra separaron de entre nosotros los brazos fuertes de nuestros auxiliadores,
sellando éstos una convención para la neutralidad recíproca con Montevideo, y entonces nosotros, en
el goce de nuestros derechos primitivos, lejos de entrar en un pacto con la tiranía, que mirábamos
agonizante, nos constituimos en una forma bajo todos los aspectos legal, y juramos continuar la
guerra (…) V.E. no puede ver en esto sino un pueblo abandonado a sí solo, y que, analizadas   las
circunstancias, que le rodeaban pudo mirarse como el primero de la  tierra, sin que pudiese haber
otro que reclamase su dominio, y que en el uso de su soberanía inalienable pudo determinarse según
el voto de su voluntad suprema. Allí obligados por el tratado convencional del Gobierno Superior,
quedó roto el lazo (nunca expreso) que ligó a él nuestra obediencia, y allí sin darla a el de
Montevideo, celebramos el acto solemne sacrosanto, siempre de una constitución social,
erigiéndonos una cabeza en la persona de nuestro dignísimo ciudadano Conciudadano Don José
Artigas para el orden militar que necesitábamos. (El) resultado que compraron nuestras miserias,
debe hacernos el objeto del reconocimiento de toda América (…) pero cuando nosotros esperábamos
esta expresión de justicia, se nos presenta un derecho abominable nacido de la fuerza, con la que se
pretende anular el voto sagrado de nuestra voluntad general en la persona de nuestro jefe, y se nos
excluye de la parte que debemos tomar en la libertad de nuestro suelo . El pueblo Oriental es éste. El
reunido, y armado conserva sus derechos, y solo pido un auxilio para disfrutarlos en sus hogares de
una manera bastante mejor a sus estabilidad. Sin embargo nosotros quedamos postergados,
proscriptos, abandonadas nuestras familias, sin el socorro menor mientras que nuestros auxiliadores
penetran en nuestras casas proclamando la libertad, y dejando siempre para nuestro suelo la atroz
alternativa de gustar otra vez la indigencia más penosa, o marchar tras ellos, sin otra voz que la suya,
ni más representación que la que quiera darnos según el interés, que proponen. No sería esta la
conducta del conquistador más ambicioso.” (Fragmento de la comunicación elevada al Gobierno
de Buenos Aires por los jefes orientales desde el Ayuí el 27 de agosto de 1812)

“El pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano , pero nunca su gobierno actual. Las
tropas que se hallan bajo las órdenes de V.E., serán siempre el objeto de nuestras consideraciones:
pero de ningún modo V.E. Yo prescindo de los males que puedan resultar de esta declaración hecha
delante de Montevideo; pero yo no soy el agresor, ni tampoco el responsable. (…) V.E. sensible a la
justicia de mi irritación, quiere eludir su efecto , proporcionando a la patria la ventaja de reducir
Montevideo, repase V.E. el Paraná dejándome todos lo auxilios suficientes. Sus tropas, si V.E. gusta,
pueden igualmente hacer esa marcha retrógrada. Si solo continuamos nuestros afanes, no nos
lisonjearemos con la prontitud de coronarlos, pero al menos gustaremos la ventaja de no ser
tiranizados, cuando los prodigamos en odio de la opresión” (Fragmento de la “Precisión del Yi”
del 25 de diciembre de 1812).

“La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único
de nuestra Revolución”. (Cláusula 8ª. de la Misión Tomás García de Zúñiga, Enero, 1813)

Fichas sobre las definiciones políticas del artiguismo

“Tanto en una dirección como en otra (litoral, interior), Buenos Aires estaba en el centro del
comercio, tenía el monopolio portuario y financiero. Con esas llaves podía dominar a todas las
provincias. Esta es la base de la concepción política porteña: el unitarismo. Esa ideología era
sostenida por el núcleo de comerciantes y banqueros porteños que se beneficiaba con los privilegios
de la ciudad puerto. Postulaban el establecimiento de un fuerte estado centralizado, con amplios
poderes políticos y económicos, que impusiera un orden y un régimen político favorables a sus
intereses, subordinando los intereses propios de las provincias. Esto implicaría la dependencia de
éstas a sus directivas, reduciendo a lo mínimo la autonomía provincial. (...) Actuando como
precursor de todas las élites sudamericanas a lo largo del siglo XIX, el grupo porteño se empeñará en
reforzar la situación de monoproducción del país. Como él manejaba con exclusividad ambas fuentes
de riqueza, su situación no podía verse sino mejorada con el librecambio con Inglaterra (...) El centro
del pensamiento provincial estaba en la defensa de la autonomía de las provincias y en la repartición
de los beneficios que obtenía el puerto de Buenos Aires entre todas ellas (...) Por eso las provincias
se vuelcan al federalismo. Esta doctrina les ofrecía la formación de la nación respetando las
particularidades provinciales e integrando las provincias en un organismo armónico donde no existan
provincias ricas y provincias pobres, provincias subordinadas y provincias directoras. El objetivo no
consistía en segregarse de Buenos Aires (...) sino en apoderarse de Buenos Aires y nacionalizarlo,
para que sus ingresos beneficiaran a todo el país (...).  Todos coincidían en que las exigencias
económico regionales  sólo podían ser subsanadas con un organismo federativo que comprendiera a
las provincias en pie de igualdad y donde el poder central fuera el resultado de su directa
intervención (...) (La política federal) Era el reclamo de una política nacional frente a una política no
– nacional, la preocupación por las realidades locales (...), delegadas de un organismo conjunto
habilitado para resolverlas, frente a la preocupación y el interés particular de los porteños (...) El
aislamiento provincial, la dispersión de la población, las dificultades económicas, la tradición
localista española, todo conducía al federalismo. Les faltaba un conductor y organizador nativo; lo
encontrarían en Artigas (...)  ¿Por qué Artigas se convierte en el paladín del federalismo y la
Provincia Oriental (...) en su consecuente sostenedora.?Porque además de otras causas políticas y
sociales, la Provincia Oriental era la única geográfica y económicamente independiente de Buenos
Aires (...) Era la única con puerto de salida al Océano, a Europa, que no dependía, que ya no podía
ser vigilada por la ex - capital virreinal” (“Bases económicas de la revolución artiguista” J.P.
Barrán – B. Nahum, EBO, 1972 – 3ª Ed.).

"Congreso de Abril"
Fragmentos de la “Oración inaugural del Congreso de abril” del 4 de abril de 1813, por José
Artigas.

 “Ciudadanos: El resultado de la campaña pasada me puso al frente de vosotros por el voto sagrado
de vuestra voluntad general. Hemos recorrido 17 meses cubiertos de la gloria y la miseria, y tengo la
honra de volver a hablaros en la segunda vez que hacéis uso de vuestra soberanía. En ese periodo yo
creo que el resultado correspondió a vuestros designios grandes. (...) Mi autoridad emana de vosotros
y ella cesa por vuestra presencia soberana. Vosotros estáis en pleno goce de vuestros derechos; ved
ahí el fruto de mis desvelos y ved ahí todo el premio de mi afán. Ahora en vosotros está el
conservarlo (...) La asamblea general tantas veces anunciada empezó ya sus sesiones en Buenos
Aires. Su reconocimiento nos ha sido ordenado. Resolver sobre este particular ha dado motivo esta
congregación, porque yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulneraría enormemente
vuestros derechos sagrados, si pasase a decidir por mí una materia reservada sólo a vosotros. Bajo
ese concepto yo tengo la honra de proponeros los tres puntos que ahora deben hacer el objeto de esta
expresión soberana. 1° Si debemos proceder al reconocimiento de la Asamblea General antes del
allanamiento de nuestras pretensiones encomendadas a vuestro diputado don Tomás García de
Zúñiga. 2° Proveer del mayor número de diputados que sufraguen por este territorio en dicha
asamblea. 3° Instalar aquí una autoridad que restablezca la economía del país. Para facilitar el acierto
en las resoluciones del primer punto, es preciso observar que aquellas pretensiones fueron hechas
consultando nuestra seguridad ulterior. (...) Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Ese carácter
debe ser su único objeto, y formar motivo de su celo. Por desgracia va contar tres años nuestra
revolución, y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los
hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Todo extremo envuelve fatalidad; por eso una
desconfianza desmedida sofocaría los mejores planes ¿pero es acaso menos terrible un exceso de
confianza? Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es
muy veleidosa la probidad de los hombres, solo el freno de la constitución puede afirmarla. Mientras
ella no exista es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece.
Yo opinaré siempre que sin allanar las pretensiones pendientes, no debe ostentarse el reconocimiento
y jura que se exigen. Ellas son consiguientes del sistema que defendemos y cuando el ejército las
propuso no hizo más que decir, quiero ser libre. Orientales: sean cuales fuesen los cálculos que se
forme todo es menos temible que un paso de degradación (...) Al principio todo es remediable. (...)
examinad si debéis reconocer la asamblea por obedecimiento o por pacto. No hay un solo motivo de
conveniencia para el primer caso que no sea contrastable en el segundo, y al fin reportaréis la ventaja
de haberlo conciliado todo con vuestra libertad inviolable. Esto ni por asomo se acerca a una
separación nacional; garantir las consecuencias del reconocimiento no es negar el reconocimiento, y
bajo todo principio nunca será compatible un reproche a vuestra conducta, en tal caso, con las miras
liberales y fundamentos que autorizan hasta la misma instalación de la asamblea. (...) pensad,
meditad (...) hacernos respetables es la garantía indestructible de vuestros afanes ulteriores por
conservarles”.

Fragmentos del Acta del 5 de abril de 1813

36 “El Pueblo de la Banda Oriental de las Provincias Unidas del Río de la Plata, habiendo
concurrido por medio de sus diputados a manifestar su parecer sobre el reconocimiento de la
Soberana Asamblea Constituyente, después de examinada la voluntad general convinieron en el
reconocimiento de dicha Soberana Asamblea bajo las condiciones (siguientes) Primera: Se dará una
pública satisfacción a los orientales por la conducta antiliberal que han manifestado en medio de
ellos los señores Sarratea, Viana y demás expulsos. Y en razón de que el Gral. D.n José Artigas y sus
Tropas han garantido la seguridad de la Patria especialmente en la Campaña del año 811 (...) 2ª. No
se levantará el sitio (...) 3ª. Continuarán suministrándose de Buenos Aires los auxilios que sean
posibles para el fin del asedio (...) 6ª. Será reconocida y garantida la confederación ofensiva y
defensiva de esta Banda con el resto de las Provincias unidas, renunciando cualquiera de ellas la
subyugación a la que se ha dado lugar por la conducta del anterior Gobierno (...) 7ª. En consecuencia
de dicha confederación se dejará de esta Banda en la plena libertad que ha adquirido como Provincia
compuesta de pueblo libres; pero queda desde ahora sujeta a la Constitución que emane y resulte del
Soberano Congreso general de la nación y a sus disposiciones consiguientes teniendo por base la
libertad (...) .”

"Instrucciones del año XIII"

Instrucciones que se dieron a los diputados de la Provincia Oriental para el desempeño de su


misión ante la Asamblea Constituyente de Buenos Aires. Alojamiento de Artigas, delante de
Montevideo, 13 de abril de 1813
                
“Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están
absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España, y familia de los Borbones, y que
toda conexión política entre ellas y el Estado de España, es, y debe ser totalmente disuelta.

Art. 2° - No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias
que formen nuestro estado.

Art. 3° - Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

Art. 4° - Como objeto y fin del gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad, y seguridad de los
ciudadanos y de los pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del gobierno
supremo de la nación.

Art. 5° - Así este como aquel se dividirá en poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Art. 6° - Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus
facultades.

Art. 7° - El gobierno supremo entenderá solamente en los negocios generales del estado. El resto es
peculiar al gobierno de cada provincia
Art. 8° - El territorio que ocupan estos pueblos de la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de
Santa Teresa, forma una sola provincia, denominada: la Provincia Oriental.

Art. 9° - Que los siete pueblos de Misiones, los de Batoví Santa Tecla, San Rafael y Tacuarembó,
que hoy ocupan injustamente los portugueses, y a su tiempo deben reclamarse, serán en todo tiempo
territorio de esta provincia.

Art. 10° - Que esta provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con
cada una de las otras, para su defensa común, seguridad de su libertad, y para su mutua y general
felicidad, obligándose a asistir a cada una de las otras contra  toda violencia o ataques hechos sobre
ellas, o sobre alguna de ellas, por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún pretexto, cualquiera
que sea.

Art. 11° - Que esta provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción
y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincia Unidas juntas en
congreso.
(...)

Art. 14° - Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra;
ni que ninguna preferencia se de por cualquiera regulación de comercio o renta de puertos de una
provincia sobre los de otra; ni los barcos destinados de esta provincia o otra serán obligados a entrar,
a anclar, o pagar derechos en otra.
(...)

Art. 16° - Que esta provincia tendrá su constitución territorial; y que ella tiene el derecho de
sancionar la general de las Provincias Unidas que forme la Asamblea Constituyente.

Art. 17° - Que esta provincia tiene derecho para levantar los regimientos que necesite, nombrar los
oficiales de compañía, reglar la milicia de ella para la seguridad de su libertad, por lo que no podrá
violarse el derecho de los pueblos para guardar y tener armas.

Art. 18° - El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que
aseguren inviolables la soberanía de los pueblos.

Art. 19° - Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el  sitio del gobierno
de las Provincias Unidas.

Art. 20º  - La Constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana, y
que se asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus derechos, libertad
y seguridad de su soberanía, que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios
proclamados. Y asimismo prestará toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad, a todo cuanto
crea, o juzgue necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la libertad y mantener un
gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria. Para todo lo cual, etc. Delante de
Montevideo, 13 de abril de 1813. Es copia. Artigas.”

(Instrucciones que se dieron a los diputados de la Provincia Oriental para el desempeño de su misión
ante la Asamblea Constituyente de Buenos Aires, en el Alojamiento de Artigas, delante de
Montevideo, 13 de abril de 1813. Existiendo más de un ejemplar y sin que haya entre ellas variantes
de concepto, el presente es el texto que Artigas le enviara a la Junta de Paraguay en una nota fechada
el 17 de abril de 1813 ) 

"Definiciones socio-económicas del Artiguismo"


Fichas sobre las definiciones socioeconómicas del artiguismo
“la profundización de la revolución, a la manera jacobina (...) proclamando el derecho preferente de
“los más infelices”, y el “principal derecho” de los indios inspiran toda la política agraria artiguista.
Artigas y Monterroso comprendieron que el llamado “arreglo de los campos” (...) que se había
venido arrastrando en el mundo colonial, no era un problema de cualquier relación entre los hombres
y la tierra, sino el  del libre, democrático e igualitario acceso de los hombres a la tierra, que solo se
lograría con la liquidación de las relaciones de subordinación personal entre los hombres  (...) Por
eso ya hemos dicho una vez que el Reglamento Provisorio de 1815 fue la más avanzada y gloriosa
ley que tuvieron los orientales. La confluencia en un solo haz de la revolución nacional anti-colonial,
democrática, republicana y federalista, con la revolución social dispensadora de tierras y
enaltecedora de la dignidad humana, transformó a la montonera oriental en el más formidable y
peligroso de los ejércitos: el de los hombres que viven y mueren por un ideal.” (“La oligarquía
Oriental en la Cisplatina”, Rosa Alonso, Lucía Sala, N. De la Torre y J. Rodríguez, Ediciones
Pueblos unidos, Montevideo,1970)

“El Reglamento Provisorio de 1815 retomaba la tradición española en cuanto a planes para el
“arreglo de los campos”,  se refiere e innovaba a la vez, creando un verdadero derecho
revolucionario (...) Para Artigas el derecho de propiedad aparecía vinculado a la justicia
revolucionaria, era un premio dado a los valerosos gauchos, indios y mestizos, que habían expuestos
su vida y haciendas en la lucha, era un castigo (porque se les negaba) contra el mal europeo y –
nótese el diferente adjetivo- el peor americano que había permanecido al margen de la misma o se
había adherido a la contrarrevolución. (...) La diversidad de fórmulas empleadas tanto por los
funcionarios coloniales como por el derecho revolucionario indica con claridad que el mayor
problema no era encontrar la tierra sino el habitante (...) El primer favorecido, entonces,  debía reunir
la condición de pobre, americano y  casado, curiosa mezcla por los que esta preferencia está
indicando, de caridad cristiana  y sentido nacionalista. Esta idea no era nueva aunque es posible que
con la concreción que Artigas lo manifestó aparezca más radical que la de los proyectos españoles
(...) El Reglamento Provisorio no solo establece un límite a las tierras donadas gratuitamente sino
que también, retomando otra sugerencia colonial, limita el derecho de propiedad de los flamantes
propietarios (...) En este rubro el antecedente español no era tan completo ni unánime. Es indudable
que la presión debió ser mucha y fuerte para que este hombre que integraba sus milicias
precisamente con los “gauchos vagos” dictara una orden obligándose a conchabarse  en calidad de
peones. Naturalmente que ese peón podía pedir una “suerte de estancia” y, por las preferencias del  
Reglamento, verse agraciado de inmediato con ella; más esta escapatoria no quita trascendencia a
esta innovación fundamental de la exigencia de la papeleta de trabajo a la población rural (...) El
Reglamento tenía un primer objetivo político social: crear una clase media de propietarios   rurales
comprometida con el resultado de la revolución. A él se vinculaba la necesidad de destruir en sus
intereses al enemigo político (el gran latifundista “mal europeo y peor americano”). Poseía un
segundo objetivo económico -  social: proporcionar seguridad al hacendado y sedentarizar al gaucho,
elemento ambos que coadyuvaban a restaurar la producción. Debemos señalar, sin embargo que la
relación del Reglamento con el gran hacendado criollo y patriota era ambivalente. Si bien pretendía
proporcionarle orden en la campaña, al atacar el derecho de propiedad – aunque solo fuera el de los
estancieros contrarrevolucionarios – los atemorizaba por conmover las bases jurídicas sobre las que
se asentaba su privilegiada clase. En relación al gaucho el Reglamento pretendía encauzar la
espontaneidad revolucionaria que no tenía objetivos políticos definidos y sólo se manifestaba por
medio del saqueo y el pillaje. Era un intento de modernizar la actitud vital del gaucho seminómada.
La revolución (...) era la prosperidad de los “más infelices” dentro del auge de la producción, solo
posible si se frenaba la violencia primaria del gauchaje”. (“Bases económicas de la revolución
artiguista”, J.P. Barrán – B. Nahum,  EBO 1972).

“La extensión de tierras a adjudicarse – “una suerte de estancia” quedaba establecida en legua y
media de frente por leguas de fondo (estimando) una productividad anual de trescientos sesenta
cueros, cifra suficiente para ubicar a este propietario como integrante de una verdadera clase media
rural (...) El Reglamento recogía -en sus grandes líneas- la mejor tradición hispánica en orden al
concepto de Felipe II- condicionando la legitimidad del dominio a la efectiva explotación dentro de
una plazo dado, vencido el cual de no verificarse, retrovertía al común  para ser nuevamente
repartible (...) En consecuencia, su objetivo económico  social era evidente: proporcionar seguridad a
los hacendados  y sedentarizar a la población andariega de los campos (...); defender la riqueza
básica y acrecentar la producción por el trabajo. Pero Artigas introducía, además, un claro principio
político, procurando constituir un estamento rural de medianos propietarios con los hombre que se
habían jugado por la Revolución afianzando así su adhesión y confianza en el eficacia y verdad de
los ideales de libertad y prosperidad (...).   Estas adjudicaciones de tierras que se hacían a expensas
de sus antiguos propietarios  y otras de las de “realengo”     en beneficio de familias humildes (...)
despertaron alarma y recelo,  entre algunos de los ricos e influyentes patricios que habían
acompañado en sus orígenes el movimiento revolucionario oriental, esperando contar con Artigas
como “hombre de armas llevar que reuniese a las masas” para la defensa de sus intereses y ambición
y predominio político y que ahora veían amenazar, incluso, por un igualitarismo social
incomprensible y repugnante a su mentalidad aristocratizante (“Artigas. Su significación en la
revolución y en el proceso institucional iberoamericano”, W. Reyes Abadie, O. Bruschera, T.
Melogno, Montevideo, 1966)

“Los artículos referidos a la confiscación y distribución de tierras marcan diferencias de este


reglamento con otras propuestas. En primer lugar, al confiscar la tierra de “malos europeos y peores
americanos” hacía pasibles de distribución los mejores campos y no los de una frontera disputada a
los lusitanos y amerindios. Por otro lado establecía la confiscación lisa y llana de los terrenos,
contrastando con la idea de derecho de  propiedad “sagrado e inviolable” que se aspiraba a
confirmar por parte de algunos grupos sociales en ambas orillas del Río de la Plata. En tercer
término, consagraba el derecho de acceder a la tierra a aquellos que hasta ese momento estaban
privados del mismo. (Así) el Reglamento de tierras fue una pieza básica de la república a constituir.
La asociación del trabajo con la virtud – y su contracara, del ocio con el vicio – estaba presente en
los proyectos reformistas españoles. Lo “nuevo”, aunque presentado en términos de restitución de
derechos primigenios, era el proyecto de fundar una sociedad más igualitaria. El Reglamento, sin
embargo, no se propuso la limitación de las grandes extensiones de tierras si estas se hallaban en
manos de partidarios de la revolución. (…) Aunque las disposiciones fueron planteadas como
“provisorias” y sostenían la propiedad individual, la combinación de una movilización militar amplia
y la proclamación de la defensa de “los más infelices” afirmaron los temores y prevenciones de los
grupos propietarios e incentivaron la búsqueda de alianzas alternativas. (Ana Frega, “Pueblos y
soberanía en la Revolución Artiguista. La región de Santo Domingo de Soriano desde fines de la
colonia a la ocupación portuguesa”, Ediciones de la Banda Oriental, 2007, Montevideo).  

"Reglamento Provisorio"

Fragmentos del “Reglamento Provisorio para el fomento de la campaña y seguridad de sus


hacendados” del 10 de setiembre de 1815.

“6ª.-  (...) el señor alcalde y demás subalternos (revisarán) en sus respectivas


jurisdicciones, los terrenos disponibles; y los sujetos dignos de esta gracia con
prevención de que los más infelices sean los más privilegiados. En consecuencia, los
negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser
agraciados con suerte de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su
felicidad y a la de la provincia.”

“7ª.-  Serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieran hijos. Serán igualmente preferidos
los casados a los americanos solteros, y estos a cualquier extranjero.”

“11ª.- Después de la posesión serán obligados los agraciados (...) a formar un rancho y dos corrales
en el término preciso de dos meses, los que cumplidos, si se advierte la misma negligencia, será
aquel terreno donado a otro vecino más laborioso y benéfico a la provincia.”
“12ª.- Los terrenos repartibles son todos aquellos de emigrados, malos europeos y peores americanos
que hasta la fecha no se hallan indultados por el jefe de la provincia para poseer sus antiguas
propiedades”

“13ª.- Serán igualmente repartibles todos aquellos terrenos que desde el año 1810 hasta el de 1815,
en que entraron los orientales a la plaza de Montevideo, hayan sido vendidos o donados por el
gobierno de ella”

“15º.- Para repartir los terrenos de europeos  y malos americanos se tendrá presente si estos son
casados o solteros. De éstos todo es disponible. De aquellos se atenderá el número  de sus hijos, y
con concepto a que estos no sean perjudicados, se les dará lo bastante para que puedan mantenerse
en lo sucesivo, siendo el resto disponible, si tuvieran demasiado terreno.”

“16ª.- La demarcación de los terrenos agraciados será legua y media de frente, y dos de fondo, en la
inteligencia (que) siempre se les proporcionarán aguadas (...)”

“19º.- Los agraciados, ni podrán enajenar, ni vender estas suertes de estancia, ni contraer sobre ellos
débito alguno, bajo la pena de nulidad hasta el arreglo formal de la provincia, en que ella deliberará
lo conveniente.”

“27.º- (...) los hacendados darán papeleta a sus peones, y los que se hallaren  sin este
requisito, y sin otro ejercicio que vagar, serán  remitidos (...)”

El reglamento y su contexto

 Es 1815, cuando las tropas “porteñas” abandonaron la plaza de Montevideo e ingresa en ella
la   “comparsa de gauchos, transformados  en mariscales” de Fernando Otorgués  y se unificó así 
por primera vez la vieja Banda bajo un gobierno oriental y revolucionario.  Es en este período, en el
que se logra la insurrección desde el litoral y hasta la serranía cordobesa y desde el Plata hasta
Misiones, constituyendo la liga confederada de provincias que reconocen a Artigas como
el “Protector de los pueblos libres”. Es el momento cenital  del artiguismo. En “Purificación” se
procesó el ordenamiento de la Provincia Oriental y se estableció el diálogo con las provincias
confederadas, mientras los ejércitos avanzaron sobre Buenos Aires y se esperó la derrota final
del “unitarismo”. En tanto, se conocieron noticias sobre planes reconquistadores desde la España,
por lo que Artigas ordenó que salieran de Montevideo y extramuros todos aquellos sospechosos de
conspiración contra la causa y se recluyeran en el campamento y capital del Protectorado,  el
villorrio de Purificación. (…) El mencionado “jacobinismo”, del binomio Artigas y Monterroso nos
habla también de cómo el  artiguismo fue poseedor de una ideología sincrética, que incluye
elementos del derecho tradicional español y de la Ilustración española, de Thomas Payne, el inglés
radical que actuó durante las revoluciones francesa y norteamericana, del constitucionalismo
norteamericano, de la Revolución Francesa en su periodo republicano y radical y por supuesto de un
profundo “humanismo cristiano”. Así,  la “relación personalizada y el paternalismo se manifestará
particularmente con respecto a charrúas y caudillos guaraníes, y llama la atención, en este último
caso, la utilización de un lenguaje bíblico muy adecuado para dirigirse a autoridades de los pueblos
que pertenecieran a las Misiones Jesuíticas”. En  tiendas católicas se ha sostenido que aquellas
ideas revolucionarias se fundamentaban “sobre el principio ético de que las injusticias sociales
deben ser reparadas”. Pero también se sostenían en el principio de caridad cristiana que privilegia
ante todo a los más débiles y necesitados: “No parece aventurado, pues, afirmar que Artigas, en su
época realizó una opción evangélica y preferencial por los pobres.” La Patria Vieja fue así
escenario de la construcción de un tiempo nuevo y  por tanto “diversas modalidades se ensayaron
para formar al “nuevo ciudadano” (…) que debían realizar una “revolución interior  y privada”,
que reflejara la revolución que se estaba produciendo”. La inminente derrota militar de Buenos
Aires, la convocatoria a un congreso provincial, el traslado de los enemigos a Purificación “para su 
regeneración”, los Reglamentos de Tierras y Aduanero, las “escuelas de la Patria”, la
Biblioteca Pública, el Periódico Oriental y “la conmemoración de las fechas de la revolución
era, (todo ello), una ocasión propicia para reafirmar los valores cívicos”  predicados por la
“pedagogía” revolucionaria. (…) La obsesión por la virtud revolucionaria se ve permanente señalada
en el entramado de los temas políticos, religiosos y educativos.  Como se ha dicho, Artigas
estableció una escuela en lo que prácticamente era un campamento militar, el villorrio de
Purificación y requirió para este a “un religioso cuya doctrina franciscana facilitó la adhesión de su
orden a la revolución (y) la iniciativa inequívocamente ilustrada de fundar una Biblioteca Pública
(cuyo fundo bibliográfico fundamental estaba constituido por el legado del sacerdote Pérez
Castellano), fue confiada para su implementación al muy ilustrado Vicario Larrañaga”.  De esa
manera, iba cobrando forma y aplicación el ideario social del artiguismo, con su
tendencia “solidarista - cristiana” que sustentaron los frailes franciscanos que rodearon al caudillo.”
Es el Prof. Mario Cayota, “quien ha señalado reiteradamente sobre el ideario artiguista que, en su
enfoque social, en especial su providencia en relación a la tenencia de la tierra,  tiene su origen en
esas tendencias “solidaristas – cristianas”  y no en la matriz “liberal” e “iluminista” de Félix de
Azara y asimismo, la influencia que ejerció en la raíz y desarrollo de la revolución, la orden
franciscana.” (Sánchez, Alejandro “Artiguismo, educación y evangelización en las “Escuelas de la
Patria”  de 1815. A propósito del  10 de setiembre como “Día de la Educación Católica del
Uruguay”.  Ed. AUDEC, Montevideo, Setiembre 2007)

“Artigas no llegó a una concepción social radical y extrema de una vez y para siempre. Tal como el
periodo transcurrido de 1811 a 1815 lo ha demostrado, Artigas era un hombre profundamente
revolucionario. Pero esto debe ser bien entendido. Ello sucedió no porque en él la revolución fuese
cierta particularidad congénita, sino porque era un hombre profundamente consustanciado con el
transcurrir propio de la revolución, porque fue en cada momento el hombre radical que la revolución
exigía, porque estando ora delante, ora levemente atrás de las de las más profundas y radicales
esperanzas de las masas, siempre supo elevarlas a programa total de la revolución y de su brazo: el
Estado revolucionario. Si Artigas adquirió el inmenso prestigio popular que le conocemos entre las
masas de varias provincias platenses y en especial de la Banda Oriental, no ha sido porque fue capaz
de orientarlas desde una comprensión mayor de la tarea revolucionaria, sino y además porque supo
descubrir y apoyar esa comprensión allí donde afloraba siempre: en las masas pobres.” (“Artigas:
tierra y revolución”, Lucía Sala, N. De la Torre y J. Rodríguez, Ediciones Pueblos unidos,
Montevideo,1970)

“Después de la obra discutible pero esclarecedora de Lucía Sala, J. C. Rodríguez y N. De  la Torre,
parece cierto que aunque pudo haber sectores de la población que no lucharon por obtener la tierra,
hubo otros que sí lo hicieron y la exigieron, y que si el caudillo apoyó y encauzó ese reclamo, no fue
su único origen (ya que) todos aquellos aherrojados por la gran propiedad y el autoritarismo
borbónico, cultivaron en la fraternidad del ejército artiguista entre 1811 y 1815, una temible
conciencia de clase. Por ello, el 2 de enero de 1816, el oficial y caudillejo de Soriano, Encarnación
Benítez, escribió a Artigas que si las estancias se entregaban a sus antiguos propietarios   y no se
repartían de inmediato eso significaría “abrir un nuevo margen a otra revolución peor que la
primera. El clamor general es: nosotros hemos defendido  la Patria (...) hemos perdido cuánto
teníamos (...) expuesto nuestras vidas (...) Y es posible que (los que) en todo nos han perseguido (...)
sigan disfrutando?” Es la identificación de la Revolución con la tierra, la República, la libertad y el
caudillo intérprete de la voluntad general, la que explica los cuatro años de la resistencia oriental al
invasor portugués, una de las luchas más desiguales y cruentas que (aquí se) conoció. Y no el
endiosamiento del líder. El mito del héroe creador solo sirve a las clases dominantes de todas las
épocas al minimizar el papel del pueblo. El Artigas verdadero es el conductor y el conducido.”  
(“Artigas del culto a la traición”, José Pedro Barrán, en Semanario Brecha, 20 de junio de 1986,
pag. 11)

En sus Memorias, Carlos María de Alvear lo presenta (a Artigas) como un ambicioso y un


demagogo pero también como un protagonista. Artigas es el digitador de las masas:  “fue el primero
que entre nosotros conoció el partido que se podía sacar de la bruta imbecilidad de las clases bajas,
haciéndolas servir en apoyo de su poder para esclavizar las clases superiores.” (...) Las “clases
bajas” debían ser paternalmente conducidas por las “superiores” en la lucha contra España pues su
ignorancia les impedía advertir los intereses de la Nación. El deseo de que esos actores sociales no
protagonizaran la revolución, fruto del miedo, llevó al patriciado porteño a ver en la Revolución
Oriental la obra de un hombre, un caudillo diabólico que utilizaba el resentimiento de las “castas” y
el gauchaje – sus intereses no merecían otro nombre -. El que Artigas fuera él solo el peligro y no los
orientales, tenía en verdad, mucho de tranquilizador. Paradojalmente, la historia oficial uruguaya
sobre Artigas está acorde con lo sustancial de este enfoque aunque invierte los valores  y ve bien
donde el sector porteño vio el mal. Las dos interpretaciones coinciden en que Artigas es el caudillo,
el líder, el protagonista único, el conductor, que nunca fue conducido, “el creador”. Todos, en otras
palabras, temen que aparezca el convidado de piedra: el pueblo oriental”  (Idem)

El comienzo del fin

“Excmo. Señor: ¿Hasta cuándo pretende vuestra excelencia apurar nuestros sufrimientos? Ocho años
de revolución, de afanes, de peligros, de contrastes  y miserias debieran haber sido suficiente prueba
para justificar mi decisión y rectificar el juicio de ese gobierno. Ha reconocido en él en varias épocas
la lealtad y dignidad del pueblo oriental y él debe reconocer mi delicadeza por el respeto a sus
sagrados derechos ¿y V.E. se atreve a profanarlos? ¿V.E. está empeñado en provocar mi extensa
moderación? Tema V.E. sólo en considerar las consecuencias. Promovida la agresión de Portugal
V.E. es altamente criminal en repetir los insultos con que los enemigos consideran asegurada su
temeraria empresa (...) Por más que se pudiera hacer figurar el mérito y causa de nuestras
diferencias, la sana razón indica que su discusión es inoportuna en presencia del enemigo y del
extranjero ambicioso. He dado yo a V.E. más de una vez el ejemplo. ¿Y. V.E. se atreve a
insultarme? ¡Oh! ¡qué dulce es el camino de la Patria y qué áspero el camino de la virtud! Confiese
V.E. que sólo
por realizar vuestras intrigas puede representar el papel ridículo de neutral, por lo demás, el Supremo
Director de Buenos aires no puede ni debe serlo. Pero sea V.S. un neutral o un indiferente, o un
enemigo, tema con justicia el enojo de los pueblos, que sacrificados por amor a la   libertad, nada les
acobarda, nada, tanto como perderla... La grandeza de los orientales sólo es comparable a su
abnegación a la desgracia, ellos saben acometer y desafiar los peligros, y dominarlos, resisten la
imposición de sus opresores, y yo al frente de ellos marcharé donde primero se presente el peligro
V.E. lo sabe bien y tema la justicia de la reconvención de los pueblos” (Fragmentos de la carta de
Artigas del 13 de noviembre de 1817 a Pueyrredón citado por Reyes Abadie, et al  en “El ciclo
artiguista”.  Montevideo, Impresora Cordón, 1973, T2)
   
“Convención hecha y concluida entre los Gobernadores D. Manuel de Sarratea de la Provincia de
Buenos Aires, D. Francisco Ramírez de la de Entre Ríos, Dn. Estanislao López de la de Santa Fe, el
día 23 de febrero del año del Señor de mil ochocientos veinte, con el fin de terminar la guerra
suscitada entre dichas Provincias, de proveer a la seguridad ulterior de ellas, y de concentrar sus
fuerzas y recursos en un gobierno federal,  a cuyo objeto han convenido en los artículos siguientes.
Art 1º - Protestan las Partes contratantes que el voto de la Nación, y muy particularmente el de la
Provincia de su mando, respecto del sistema de gobierno que debe regirlas se ha pronunciado a favor
de la federación que de hecho admiten. Pero que debiendo declararse por Diputados  nombrado por
la libre elección de los Pueblos, se someten a sus deliberaciones (…) Y como están persuadidos que
todas la Provincias de la Nación aspiran a la organización de un gobierno central, se comprometen
cada una de por sí de dichas partes contratantes, a invitarlas y suplicarles concurran con sus
respectivos Diputados para que acuerden cuanto pudieran convenirles y convenga al bien general
Art. 2º - Allanados como han sido todos los obstáculos que entorpecen la amistad y buena armonía
entre las Provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe en una guerra cruel y sangrienta por la
ambición y criminalidad de los malos hombres que habían usurpado el mando de la Nación, o
burlado las instrucciones de los Pueblos que representaban en Congreso, cesarán las hostilidades
desde hoy, retirándose las divisiones beligerantes de Santa Fe y Entre Ríos a sus respectivas
Provincias
Art. 3º - Los Gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos por sí y a nombre de sus Provincias recuerdan a
la heroica Provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la Nación, el estado difícil y peligroso a
que se ven reducidos aquellos Pueblos hermanos por la invasión con que los amenaza una Potencia
extranjera que con respetable fuerzas oprime la Provincia aliada de la Banda Oriental. Dejan la
reflexión de unos ciudadanos tan interesados en la independencia y felicidad nacional el calcular los
sacrificios que costará a los de aquellas Provincias atacadas el resistir un Ejército imponente,
careciendo de recursos, y aguardan de su generosidad y patriotismo auxilios proporcionados a lo
arduo de la empresa, ciertos de alcanzar pronto cuanto quepa en el esfera de lo posible. (…)
Art.10 – Aunque las Partes contratantes están convencidas de que todos los artículos arriba
expresados son conformes con los sentimientos y deseos del Excmo. Sor. capitán general de la
Banda Oriental Dn. José Artigas, según lo ha expuesto el Sor. Gobernador de Entre Ríos, que dice
hallarse con instrucciones privadas de dicho Sor. Excmo. Para este caso no teniendo suficientes
poderes en forma, se ha acordado remitirle copia de esta acta, para que siendo de su agrado, entable
desde luego las relaciones que pueden convenir a los intereses de la provincia de su mando, cuya
incorporación a las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento. (…)
Fecho en la Capilla del Pilar a 23 de febrero de 1820. Manuel de Sarratea, Francisco Ramírez y
Estanislao López”
(Fragmento del Pacto del Pilar, incluido en Ana Ribeiro en “200 Cartas y papeles de los
Tiempos de Artigas, op. cit.)

“Por qué extraña V. S. que no se declarase la guerra al Portugal? O V. S. no conoce el estado actual
de los pueblos, o traiciona sus propios sentimientos. ¿Cuál es la fuerza efectiva y disponible de
Buenos Aires y de las demás provincias para emprender nuevas empresas después de la aniquilación
a que las condujo una facción horrorosa  y atrevida? ¿Qué interés hay en hacer esa guerra ahora
mismo y en hacerla abiertamente? ¿Cuáles son sus fondos, cuáles son sus recursos? ¿Cuál es, en una
palabra, su poder para repartir su atención  y divertirla del primer objeto que es asegurar el orden
interior y consolidar la libertad? ¿O cree V.S. que por restituirle una provincia que ha perdido, han
de exponerse todas las demás, con inoportunidad? Aguarde V.S. que por restituirle una la reunión
del Congreso, que ya se hubieses celebrado a no hallar entorpecimiento de su parte: y no quiera que
una declaración formal de guerra con una Nación limítrofe que debe afectar los intereses generales y
particulares de cada Provincia, sea la obra de dos o tres pueblos separados que no han debido
abrogarse los derechos de la comunidad, ni representarlos sin poderes suficientes al efecto”. 
(Extracto del oficio del General Ramírez a José Artigas, fechado el 25 de mayo de 1820,
incluido en Ana Ribeiro en “200 Cartas y papeles de los Tiempos de Artigas, op. cit.)

“Acta celebrada entre los Jefes Militares y representantes políticos de las tres provincias Banda
Oriental, Corrientes y Misiones reunidas en Congreso para resolver lo más conveniente por
sostener la Libertad e Independencia de estas Provincias contra los enemigos exteriores e interiores
en orden a los intereses de la Federación; y de común acuerdo resolvieron lo siguiente
Art. 1º - Los Jefes y Representantes de las tres Provincias se comprometen con todos los esfuerzos y
recursos de sus Provincias a sostener una guerra ofensiva y defensiva por la Libertad e
Independencia de estas Provincias.
Art. 2º - El Jefe de los Orientales Ciudadano José Artigas será reconocido por los jefes y
Autoridades de las Provincias de la Liga por el Protector de su Libertad y queda autorizado para
decidir de la guerra y de la paz contra los enemigos exteriores e interiores.
Art. 3 – Las tres Provincias de la Liga se comprometen al cumplimiento de las  Providencia del
Excmo Sor. Gral . como Director de la guerra y de la paz. (…)
Art. 6º - Las tres Provincias admiten bajo estos principios a otras cualesquiera que entre por los
intereses de una Liga ofensiva y defensiva hasta la  resolución de un Congreso General de las
Provincias. (…)
Acta celebrada en la costa de Ábalos a 24 de abril de 1820. José Artigas” (siguen firmas)

(Acta del Congreso de Ábalos, incluido en Ana Ribeiro en “200 Cartas y papeles de los
Tiempos de Artigas, op. cit.) 

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