Diaz Gonzalez Gualberto
Diaz Gonzalez Gualberto
Instituto de Investigaciones
Lingüístico-Literarias
Testimonio y literatura
en La noche de Tlatelolco
presenta:
Asesora:
Dra. Norma Angélica Cuevas Velasco
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Indice
Página
Agradecimientos ………………………………………………………………………... 4
Preámbulo ……………………………………………………………………………….. 6
Introducción ……….…………………………………………………………………….. 7
Conclusiones …………………………………………………………………………… 99
3
Agradecicimientos.
voluntades que dan lugar a que una obra sea posible. El conocimiento se produce en
algún tramo del recorrido dando impulso y señalando el camino. Las palabras no alcanzan a
expresarlo todo pero la sinceridad logra expresarse. Valgan estas líneas que agradecen y
México, le debo la claridad del significacado metodológico e histórico del discurso desde
haberme asesorado en el último tramo de esta investigación sino por su precisión y lucidez
Agradezco a mis lectores, doctora Elizabeth Corral Peña, y a los doctores, Saúl
Horacio Moreno Andrade y Manuel Hernéndez Pérez, por sus oportunas y sinceras
observaciones.
A mi maestro y amigo Felipe Casanova le debo las discusiones sobre historia oral y
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A Julián González Osorno, que en su oportunidad revisó un avance del trabajo, le
agradezco su apoyo moral para seguir con el proyecto hasta terminarlo, y su amistad
solidaria.
A mí madre, Alicia González Rodríguez, que me enseña día con día que la vida se
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Preámbulo.
el libro estaba forrado no advertí la portada y desde que di vuelta a la primera página
observé fotografías en blanco y negro, una tras otra, con breves textos como pies de foto.
fotografías que mostraban represión y sangre derramada, soldados y tanquetas en las calles
desfilan azorados buscando a sus hijos… las imágenes me cimbraron. Cerré el libro y lo
dejé donde lo encontré, sin leer el relato que seguía, pero en mi cabeza se sembró una
pregunta: en la ciudad de México un día hace varios años asesinaron a jóvenes estudiantes
encontrarme con ese libro y leí La noche de Tlatelolco (1971), de Elena Poniatowska, que
muchas personas que dan fe de lo que pasó. En esa lectura no me pregunté sobre la
narrativa ni la construcción del texto, acaso lo leí como una crónica periodística o relato a
Años más tarde, en la Maestría en Literatura Mexicana elegí hacer mi tesis sobre La
noche de Tlatelolco, el libro aquel que un día hallé abandonado en un rincón de mi casa
cuyas fotografías hilvanadas en secuencia me habían sembrado una pregunta, ¿por qué?
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Introducción.
vida/ relatos orales/ literatura testimonial) es producto de una interacción social que pone
opone a la verdad oficial. El interés por los discursos testimonios es bajo la premisa de que
esas historias personales son el “pretexto” para describir un universo social que se
desconoce. Así, la propuesta de la literatura testimonial tiene como uno de sus objetivos
registrar “la historia de la gente sin historia”, el testimonio como una “narración de
Los eventos de las cuatro últimas décadas en Latinoamérica han creado la necesidad
literatura testimonial o discurso testimonio. Este recurso narrativo representa una amplia y
flexible categoría de textos verídicos los cuales registran eventos contemporáneos desde la
literatura.
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Al relatar acciones humanas, el discurso testimonio utiliza procedimientos retóricos
descritos por la narratología. Por lo tanto, el análisis del discurso testimonio debe valerse de
análisis del discurso testimonio en categorías propuestas por distintas vertientes de la teoría
que estas historias “personales” son un pretexto para describir un universo social
desconocido. A través de los ojos del narrador, no es a él a quien vemos, sino su mundo:
“es finalmente por ser relatos de experiencia que los relatos de vida llevan una carga de
vida significativa capaz de interesar a la vez a los investigadores y a los simples lectores.
Para Renato Prada el discurso testimonio es “un relato de acciones humanas, de este
modo, utiliza los procedimientos narrativos descritos por la narratología” (1989: 456).
Mensaje verbal (oral) que regularmente es escrito en primera persona para ser publicado,
certeza o verdad de un hecho social” (2001: 14). Así, las fuentes orales son fuentes
“narrativas”. Por lo tanto, el análisis de los materiales del discurso testimonio debe valerse
de categorías generales desarrolladas por la teoría de la literatura. Esto no quiere decir que
la historia oral no tenga un verdadero interés en los hechos reales; frecuentemente las
La literatura testimonial no dice lo que la gente hizo, sino qué es lo quería hacer,
qué es lo que creyeron que estaban haciendo, qué piensan que hicieron. La parcialidad de la
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historia oral es política y narrativa, no puede ser narrada sin tomar partido, “ya que los
como uno de sus objetivos registrar “la historia de la gente sin historia”, dice John Beverly,
“el testimonio es una narración de urgencia que nace de espacios donde las estructuras de
normalidad social comienzan a desmoronarse por una razón u otra. Su punto de vista es
desde abajo” (1987: 157). Años más tarde el mismo Beverly se preguntaría si el testimonio
“¿es acaso un nuevo capítulo de una nueva historia de las relaciones literarias entre
verificados por, la experiencia de la vida, nos presenta el discurso testimonio como fuente
subjetiva de la realidad.
Cabe señalar que los términos discurso testimonio, literatura testimonio o testimonial,
historias de vida o, simplemente, testimonios, son algunos de los nombres con los que han
sido clasificados estos textos híbridos que proliferaron en América Latina sobre todo a
partir de la segunda mitad del Siglo XX. Uno de esos textos, La noche de Tlatelolco, es el
las fuentes orales en los antiguos mexicanos, como el arte de narrar historias a través de los
acontecimientos para las nuevas generaciones. Pero con la conquista los cantares indígenas
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debían silenciarse y los viejos libros reducirse a cenizas y la historia oficial fue entonces la
voz de los conquistadores, de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo que, a través de la
relación, además de testimoniar la realidad, suscriben y organizan los datos para establecer
relación recoge hechos verídicos para trasladarlos a la literatura. Desde entonces en México
textos híbridos que han dejado huella en las letras latinoamericanas, donde de pronto el
testimonio es considerado como un nuevo género literario y/o una manifestación política
que relata historias de los sin voz. Pero la crítica regularmente ha dejado de lado la poética
pregunta que surge es: ¿hasta qué punto será oportuno buscar una autonomía artística en
El texto oral y escrito es el punto de partida, hay objeto de investigación porque hay
texto y su análisis es crítica del pensamiento acerca del pensamiento, del texto acerca del
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texto. Ductroc y Todorov sentaron las bases para que la crítica literaria clasificara los
discursos literarios en tipos y géneros, o se aplica bien las reglas o se subvierten para
inventar un nuevo género. Y como cada época legitima ciertos géneros, el discurso
El capítulo III, “La insurgencia del testimonio en América Latina”, muestra a una
y distribución del conocimiento, un campo de batalla por detentar el poder del discurso. La
revolución cubana trazó el camino para los movimientos revolucionarios y también para la
periodismo, literatura. Y se fundameta un método del para qué y por qué hacer un
testimonio. Margaret Randall dice que el testimonio es el arma de los pueblos oprimidos de
testimonio: Biografía de un cimarrón (1962), Gallego (1982), La vida real (1986), Canción
no puede ocultar su aspecto social por ser “voces de los vencidos”, discursos testimonios
sino que pone a prueba la “dialéctica de opresor y oprimido”. La clasificación del género
deviene enfoque documental y en propuesta toxonómica: obras con una mínima mediación
del autor; obras donde el mediador no solo edita el testimonio, también narra; obras donde
las voces de los protagonistas hablan junto con el autor, el que media se hace visible; y la
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non fiction novel que inventa Rodolfo Walsh, una estructura de novela de origen
testimonial.
objetivo abrir la puerta para un análisis socio literario de La noche de Tlatelolco (1972). Es
propone otra manera de narrar lo testimonial. Desde su aparición, la crítica ha leído el texto
como crónica, ensayo, reportaje, novela o cuento. La fuente testimonial ha sido materia
testimonial que “sube de la calle”, memoria colectiva y propuesta narrativa. Si el uso del
apuntala la memoria colectiva y reivindica luchas sociales. Pero ¿qué pasa con la función
de autor que, sin tratar de querer ser neutral, edita y marca su punto de vista participando
referencia al proponer una forma de narrar un hecho real y pone en cuestión el grado de
manipulación que se requiere para que un testimonio tenga autoridad de decir “así pasó” y
en una composición coherente y polisémica que atrae la atención del lector sobre su
y distanciada, utiliza el intertexto y las instancias narrativas de quién, qué y cómo narrar,
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donde la voz es la “acción verbal” y punto de vista de quien enuncia, la instancia del
colocada desde la primera hoja del libro que refiere en 49 imágenes en blanco y negro con
un pie de foto lo que sucedió aquellos días aciagos del movimiento de 1968, más que un
prólogo o un visual frame, anticipa y completa los relatos orales ofreciendo otra manera de
a la manera de los fotosensayos del fotógrafo mexicano Nacho López, donde la cámara
lúcida incrimina.
escriturales que emplea para producir una tensión narrativa que oscila entre lo documental
y lo ficticio, la autora ejerce un control estético del texto al mantener la función veredictiva
del autor testigo (testimonio) entrelazada con la voz autor y las voces testimoniales.
Seguimos el papel del narrador “E.P.” (Elena Poniatowska) que, al introducir al lector en
con testimonios anónimos y cortados que provocan una sensación dramática, vívida, sino
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como los textos nahuas de informantes de Tlatelolco que recogió Ángel María Garibay y
que José Emilio Pacheco recreó en un poema, del Poniatowska toma un fragmento y lo
testimonial que trasciende la referencia. En el texto las voces son seres de carne y hueso,
pero protagonistas de una historia en un aparente caos o desorden cuyo entramado entrelaza
participación del narrador en el relato y el modo en que el relato afecta al propio narrador y
al lector, La noche de Tlatelolco echa mano de las funciones narrativas de una manera
particular.
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I. El discurso testimonio en perspectiva histórica.
Con la Conquista de México quedó silenciada una civilización, una cultura. ¿Cuál fue el
destino de la palabra mexica, aquella expresada por los forjadores de los cantos, los
chamanes, los escribanos y tlacuillos de los códices? Las fuentes dicen que los antiguos
música, el poema para narrar un hecho verídico y simbólico. Esta práctica se cumplía por
dos cuestiones vitales: porque socialmente los acontecimientos tienen que ser registrados y
dados a conocer y por el gusto de narrar, creación simbólica y propuesta estética. Ambas
adoración al sol y a la muerte, la sangre y la guerra, las flores y el maíz. Pero unos
quisieron erradicar por completo la palabra de los antiguos mexicanos, dice Miguel León-
Portilla, hacer que no quedara vestigio de ella (1966: 2) y los cantares debían silenciarse y
los viejos libros con pinturas y caracteres reducirse a cenizas, por ser producto de “ritos
A pesar del aplastamiento cultural, los indígenas siguieron entonando sus cantos a
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occidental. Son los testimonios de los antiguos mexicanos de lengua y cultura náhuatl los
Fernando de Alba Ixtlilxóchitl y Chilpain, a principios del siglo XVII escribieron en idioma
literatura.
conquistadores. Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, entre otros, cuentan “su historia”,
relatan, dan fe. El empleo que hicieron del “género” de la relación fue tan eficaz que quedó
de moda hasta, por lo menos, el periodo del barroco mexicano. Así una relación, además de
testimoniar un hecho “real”, debía cumplir con: 1) dar testimonio personal de incidentes
presenciados por el que redacta y suscribe, 2) organizar de forma coherente esos incidentes
ofrece algo de la voz que fue silenciada, como aquellos cantos de los icnocícatl, elegías de
los poetas nahuas o aquellas narraciones de la catástrofe de Tenochtitlan: “Y todo esto pasó
con nosotros,/ Nosotros lo vimos,/ nosotros lo admiramos./ Con esta lastimosa y triste
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El periodo novohispano se caracteriza por un proceso de urbanización, aumento
órdenes de la vida social, por lo que era común “el interés por el registro de todo aquello
que aconteciera en la urbe por parte de las élites gobernantes” (Chinchilla, 2005: 593).
En el siglo XVII podemos hallar un antecedente del discurso testimonio como fuente
“un puertorriqueño que había pasado por muchas asombrosas peripecias [...] adelantando el
persona, con lenguaje sencillo y ágil, el relato da cuenta de las peripecias de Alonso
retorno de nuevo a México donde se encuentra solo y sin dinero. Convergen en el relato
vida y literatura para cuestionar la naturaleza misma del discurso al presentar un reflejo del
orden social de una sociedad novohispana en decadencia: sueños frustrados donde los
pobres son vistos como sobrantes, “desperdicios humanos”, y Alonso Ramírez se ve como
sobrante, “su delito es ser pobre y anónimo –no tener historia, ser nadie” (Chang-
social, sino que cuestiona casi al final del relato la naturaleza de su condición intelectual y
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critica la inutilidad social del oficio de escritor: “títulos son estos que suenan mucho y
valen muy poco, y a cuyo ejercicio le empeña más la reputación que la conveniencia”
realidad social y un discurso estético por lo menos desde desde el trabajo biográfico de los
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II. Problemas teórico medotológicos para interpretar y clasificar el testimonio:
refiere algo que sucedió. Pero la crítica todavía no se pone de acuerdo en cómo considerar y
Algunos casos de estos textos híbridos que han dejado huella en las letras mexicanas
y en el continente americano, nos arrojan luz sobre al debate en torno a que si el testimonio
es o no un nuevo género literario o si más bien representa una manifestación ideológica que
Por un lado, el discurso testimonio se lee como historia alternativa que posibilita a
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reivindicación política o social. Y por el otro, encontramos que el testimonio es una
creación estética que significa no sólo por su discurso contracultural sino por su
testimonio como una narración donde la referencialidad determina, pero sin obviar el arte
de narrar.
Desde nuestra perspectiva, este segundo enfoque es del que menos se ha ocupado la
crítica, sin dejar de reconocer trabajos fundacionales (Prada, 1982/ Beverly, 1987) en el
estudio de la narrativa del testimonio que ofrecen un análisis de las causas histórico
crítica.
testimonios escritos a salto de mata en las represiones políticas de los años sesenta y setenta
del siglo pasado, a prisa y muchas veces desde la clandestinidad y en el exilio, así como su
apego a hacer una crónica de denuncia política, ha contribuido a que la crítica valore más
su aspecto socio histórico que el estético. Del balance que la crítica ha hecho sobre el
que la obnubila.
origen oral para ser publicado. Es preciso tomar en cuenta la intencionalidad de ese sistema
verbal (oral y escrito) que se manifiesta en el discurso y considerar tres postulados básicos:
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testimonio es un sistema verbal que narra una historia donde el narrador cumple la función
alguien que comparte o simpatiza con su situación: es decir, como también un igual, como
Testimoniar sobre la verdad de los hechos ha sido el origen del discurso escrito,
político se nos presenta como una obra artística, ¿tendría que cumplir con el arte y
(2003: 12). Es decir, una obra artística surge de la vida (autor, época, cultura) pero en tanto
y arte, responsabilidad y poesía, trazan el camino de seriedad y exigencia que implica toda
obra artística.
¿Hasta qué punto será oportuno buscar una autonomía artística en todo discurso
testimonio?
pensamiento y la vivencia humana. Hay objeto de investigación porque hay texto. Desde su
trata –dice Bajtín− del pensamiento acerca del pensamiento, del discurso acerca del
discurso, del texto acerca del texto” (1982: 294). El pensamiento humano, crítica y
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Como opción discursiva literaria, el testimonio encuentra su autonomía en cuanto
que retoma formas y estilos de narrar que se disponen a la consideración del lector. ¿Le
pertenece el discurso testimonio? ¿Novela, cuento, relato, crónica...? ¿Tiene que pertenecer
necesariamente a un género? ¿Cómo van a ser clasificados los enunciados orales y escritos
Todorov advierten que el problema de los géneros es uno de los más antiguos de la poética
discursos, de la cual el discurso literario no es sino un caso particular” (2005: 178). Pero
como esa tipología estructural no está plenamente elaborada, nos aconsejan enfocar el
estudio desde el ángulo de los discursos literarios, distinguiendo entre tipos y géneros. Los
tipos son cuando la obra se somete a las características del género en cuestión, donde lo que
cierta trama. Y en los géneros propiamente, la obra tendría que subvertir las reglas para que
sea considerado como tal, “casi se requiere una transgresión (parcial) del género: de lo
contrario, la obra carecerá del mínimo de originalidad necesaria (esta exigencia ha variado
mucho según las épocas)” (180). Cada época está constituida por un sistema de géneros que
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contar historias, como en el caso del Ulises, de Joyce, que infringe las reglas al tiempo que
un sujeto y otros. Son discursos primarios que devienen en géneros secundarios como la
literatura. Y las épocas legitiman ciertos géneros. Le toca al interlocutor definir el género
en cada época, ubicar las tendencias y estilo artístico-literario, darles “un sentido especial y
comunicación... [...] cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente
estables de enunciados, a los que denominamos géneros discursivos” (Bajtín, 2003: 248). Y
con un tema, un estilo y una composición, el discurso testimonio se inserta en la lista tan
semiótica y los estudios literarios. Hoy en día las teorías del estudio del discurso han
pasado a ser mucho más complejas en la era de la información y la crisis del sistema
método de análisis. Van Dijk dice que la lingüística y las teorías gramaticales ya reconocen
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actividad analítico-discursiva. La etnografía del habla es una de las disciplinas fundadoras
del análisis del discurso moderno. Las perspectivas etnográficas y el análisis del discurso
en su contexto cultural han cobrado auge en las ciencias sociales (1986: 198).
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III. La insurgencia del testimonio en América Latina.
investigador, autor, se mueve en las fronteras movedizas del texto. Desde el título, el diseño
de la portada, la primera y última frase de una narración funcionan como señales entre el
texto y lo que está fuera del texto. La cubierta habla o refiere de su contenido y su modo de
escritura. Prólogos y advertencias juegan un papel clave para guiar al lector. Las
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introducciones predeterminan la interpretación del texto. Por lo tanto, la función del autor
es clave.
Dice Michael Foucault que desde el siglo XVII Occidente no ha dejado de reforzar
al autor como “principio de agrupación” del orden del discurso. La sociedad cuenta con una
producción controlada del discurso, seleccionado y redistribuido por una serie de prácticas
uno derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia. Hay
control y restricción de lo que debe y no debe ser dicho, por lo que “el discurso no es
simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por
lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse”
porque no tiene voz. Hay un orden del discurso que fomenta la exclusión social con una
base institucional que separa lo bueno y lo malo, lo auténtico y lo falso, lo que puede y
debe ser dicho y lo que no, por medio de la pedagogía, libros, ediciones, bibliotecas,
que la creación y distribución del conocimiento sea un campo de batalla por la prevalencia
del discurso. Una lucha que se entabla para ser escuchados, como cuando la palabra
sistema cultural, como los textos jurídicos, científicos, literarios. Si como dice Foucaultl, el
poder se ejerce y el discurso es aquello por lo que se lucha, desde las ciencias sociales y la
literatura también se da la batalla. Y la crítica ubica el discurso testimonio en esa lucha por
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En la segunda mitad del siglo XX, en América Latina proliferan textos donde
que retoma la tradición de contar historias, cuentos, novelas, relatos, y que cumple con el
espíritu de narrar historias, aquel que Tolstoi refiere en Anna Kerenina, que a nadie le
interesan las historias de familias felices, porque la felicidad no tiene historias interesantes
que contar.
ignominia, han surgido como denuncia de hechos, dando otra versión, opuesta a la oficial.
conquista europea y donde se dio la crónica para relatar un suceso histórico y documental.
Al proliferar las crónicas de la conquista, se hace tradición esa manera de narrar o el “narrar
narrativo para dar voz a la visión de los vencidos. Desde esa trinchera, León-Portilla
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apuntala el uso de las fuentes orales y el testimonio histórico también como expresión
literaria.
Señalamos que con la aparición de Los infortunios de Alonso Ramírez (1796), de Carlos de
Sigüenza y Góngora, inicia el recurso de la relación o la crónica como una voz intelectual
para criticar el estado de cosas, dar fe y establecer un reclamo por medio de una narración.
los tomochitecos, una comunidad del norte de la sierra de Chihuahua que lucha hasta la
muerte contra las fuerzas federales del régimen de Porfirio Díaz. Con un lenguaje ameno,
Frías nos da una historia que revitaliza la tradición de la crónica y da a conocer un relato
novelesco que retoma de la referencialidad su fuente principal. El autor fue militar, había
descontento en la jerarquía militar al grado que Heriberto Frías casi es ejecutado por revelar
secretos militares, además porque derrumbaba la idea que había impuesto el régimen de
Díaz: que los tomochitecos eran unos indios sublevados a los cuales había que pacificar.
Sin embargo, la obra de Frías no habla de indios, sino de gente mestiza del norte, altos y
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Con la publicación de Juan Pérez Jolote, de Ricardo Pozas (1952), en México se
científico social. Pozas recoge la voz de un tzotzil que relata su vida, habla sobre las
de San Juan Chamula, en Chiapas. Juan nos cuenta su vida azarosa. La obra marcó un hito
dio un fuerte impulso al uso del testimonio también como recurso literarario. La crítica
inscribe la obra en la zaga de novelas indigenistas del México de los años treinta y cuarenta
del siglo pasado y le otorga cierto valor novelesco a este estudio de antropología social.
la lengua natural del informante, el zotzil, lo cual fue en detrimento del “valor estrictamente
literario del relato”, dice Rodríguez Chicharro, porque a Pozas le interesaba más dar a
Lewis profundiza la técnica del testimonio para a hacer investigación social y literatura.
Escribe en el prólogo de Los hijos de Sánchez: “La grabadora de cinta utilizada para
registrar las historias que aparecen en este libro, han hecho posible iniciar una nueva
Los hijos de Sánchez tuvo buena aceptación en el medio intelectual mexicano, pero
fue la crítica la que le acabó de dar la fama. Un año antes de la publicación en México, la
traducción al francés habían recibido el premio al mejor libro del año en Francia. En
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México la obra causó polémica y malestar en sectores sociales acomodados por el “retrato”
que hacía de los inmigrantes pobres avecindados en los barrios bajos de la ciudad de
México, su vida miserable y mediocre. Con un relato a cuatro voces, el padre y sus tres
hijos, Lewis narra en un lenguaje llano, “popular”, las peripecias y tragedias de una familia
Hace falta gobernantes que estudien y que se metan dentro de las familias humildes y vean
aquella miseria en que vive esa gente que se está muriendo de hambre. ¿Por qué no lo
hacen? ¿Por qué se van miles y miles de braceros fuera de México? Ahí está una prueba
muy papable; porque aquí faltan garantías, porque los salarios son muy raquíticos, son
salarios miserables que no pueden mantener a ninguna familia (Lewis, 1964: 508).
interpuso una demanda contra Oscar Lewis y la editorial del libro, el Fondo de Cultura
Económica, arguyendo que Los hijos de Sánchez era un “libro obsceno y denigrante para
nuestra patria”, pues el lenguaje usado por el autor describe “escenas impúdicas... [...]
por dar a conocer con acierto narrativo algunas condiciones de la realidad social de México.
trabajo innovó el método etnográfico de los estudios antropológicos y fue pionero en dar a
conocer testimonios de las formas de vida, de los ideales, de las costumbres y de los
problemas que sufren hombres y mujeres que integran la cultura de la pobreza. Sin
embargo, para Miguel Barnet el trabajo de Lewis no pasa de ser un producto del trabajo
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El trabajo antropológico de Oscar Lewis es reiterante porque no es literatura, es
sencilla y llanamente: yo escribo lo que tú me dices y cómo me lo dices. Ese camino no
tiene mucho que ver con el de la novela-testimonio que yo estoy practicando.
Porque, a mi entender, la imaginación literaria debe ir del brazo de la imaginación
sociológica. Y el autor de la novela-testimonio no debe limitarse. Debe darle rienda suelta
a su imaginación cuando ésta no lesione el carácter de su personaje; cuando no
traicione su lenguaje… inventando dentro de una esencia real (Barnet, 1981: 26).
La década de los sesenta del siglo pasado fue para Centro y Sudamérica una época de
totalitarios de la región. La revolución cubana marcó una senda por donde debían transitar
casi todos los movimientos revolucionarios. Senda que abarcó tanto lo político como lo
cultural. La vanguardia artística se vio influenciada por esta ola de despertar americano y su
expresión influyó en casi todos los campos: pintura, fotografía, cine, periodismo y, por
Y se fundamentó la metodología del para qué y por qué hacer un testimonio. Dos voces
gran medida también influyó en la crítica: Margaret Randall y Miguel Barnet. En el texto
“¿Qué es, y cómo se hace un testimonio?”, que fue resultado de un taller de historia oral en
1979, Randall ofrece una disertación metodológica para clasificar e impulsar la llamada
“literatura de testimonio”, que ella vincula con el periodismo, con el reportaje y la crónica,
porque “en el mundo moderno, los géneros artísticos tienden a entremezclarse. No sólo
dentro del campo literario, sino entre las distintas manifestaciones artísticas” (1992: 22).
toda la literatura testimonial (novela, poesía, teatro, periodismo) que transmite la voz de un
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pueblo en un momento determinado. Y el testimonio para sí, como “género distinto a los
demás géneros”, debe contemplar las siguientes premisas: el uso de fuentes directas; la
historia particular que refleje las voces de un pueblo protagonista; la inmediatez de los
hechos; el uso de material secundario y “una alta calidad estética” (23). Para Randall el
representa “la oportunidad de hacer historia por primera vez en la historia”, rescribirla
desde el punto de vista de los vencidos y expoliados que toman la pluma para dar a conocer
el verdadero rostro de América. Atrás quedarían las distorsiones de la historia que han
hecho las clases y grupos dominantes, como la imagen del indio como sinónimo de malo,
bandido, tonto, atrasado. Y con el testimonio los pueblos oprimidos de América están ante
el accionar de una colectividad, y “una sola persona puede representar a su pueblo... [...] El
que escribe testimonios debe estar consciente de su papel como transmisor de una voz
(1962) fue un éxito rotundo. Digamos que Barnet “institucionaliza” el testimonio como
el autor justifica su método, el nuevo género literario y, tras reconocer que se había
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Y ahí comencé a lucubrar sobre el relato etnográfico, la novela realidad o la novela-
testimonio, como he venido calificando este género. La maldita palabra novela me oprimió
bastante. Mis intenciones se resquebrajaron a veces, porque yo me negaba a escribir una
novela. Lo que yo me proponía era un relato etnográfico y así fue como subtitulé al
Cimarrón (Bartet,1981: 19).
Le siguieron Gallego (1982), La vida real (1986), Canción de Rachel (1996). Esta última
un relato tradicional con narrador único, sino que incluye un coro de voces que saltan a
escena contrapunteando la voz del monólogo principal, Rachel. En esta obra se aprecia más
medio de la caracterización de personajes secundarios con una doble conexión: con Rachel
porque la conocen, han pasado experiencias con ella, y porque esas voces le cuentan al
Las confesiones de Rachel, su azarosa vida durante los rutilantes años de la belle époque
cubana, las conversaciones en los cafés, en las calles, han hecho posible este libro que
refleja la atmósfera de frustración de la vida republicana. Rachel fue un testigo sui generis.
Ella representa a su época. Es un poco la síntesis de todas las coristas que conoció el ya
desaparecido Teatro Alhambra, verdadero filtro del quehacer social y político del país.
Otros personajes que aparecen en este libro, complementando el monólogo central, son
generalmente hombres de teatro, escritores, libretistas y los inevitables de la tramoya.
Canción de Rachel habla de ella, de su vida, tal y como ella me la contó y tal como yo
luego se la conté a ella (Barnet, 1996: 6).
Barnet señala que, como investigador, hay que saber detectar al informante ideal, aquel que
sea capaz de representar a la colectividad y que le guste narrar lo que sabe. Pero ¿qué
querrá decir con “tal y como me la contó y tal y como yo luego se la conté a ella”? Se
Recordemos que “el dato” es y nunca será lo real mismo porque, “en tanto material
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construido, por lo tanto, la crítica teórica del dato no es ni puede ser la crítica de su
alguna cantidad de invención y “lo mismo puede ser cierto para la transcripción de fuentes
Pero habría que ver si esta “canonización” del discurso testimonio en América
Latina obedeció más bien a: 1) la necesidad de legitimar una lucha política y cultural; 2) un
novelesca para allegarse material de la vida real acorde con los tiempos de insurgencia
política.
Lo cierto es que desde entonces el testimonio fue acogido por la crítica como un
en el premio Casa de las Américas, en Cuba. Los años setenta y ochenta terminaron de
ensayo de Barnet, La fuente viva, como arte poética y metodología. En los debates de la
sobre los alcances del testimonio como modalidad de la escritura. Pero Barnet mismo no
estaba seguro si el testimonio podría ser considerado como género literario, más bien lo
los orígenes del periodismo y la historia, y otros como remanencias de la novela realista y
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Sin embargo, un aspecto resalta: “la parcialidad de la historia oral es a su vez
política y narrativa: nunca puede ser dicha sin tomar partido” (Portelli, 1987: 8). Y Para
historia, del hombre común, lisa y llanamente como elemento esencial de la propia obra
“cimarronaje estético del texto”. Barnet puntualiza que busca un carácter antimodelo como
alimentado la ficción del discurso testimonio sosteniendo tesis como que el testimonio
desenmascara la realidad como ficción porque presenta una vida real. En ese sentido,
cultural. Por lo que la ideología y la estética tienen su significación en cada texto y “en el
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testimonio el aspecto ideológico cobra una intensidad especial debido a la transparencia de
su mensaje”, pues “son contra discursos que desmienten la ideología dominante y aportan a
la literatura no sólo una imagen, sino también voces de los vencidos” (Sklodowska, 1992:
35).
identidad cuya praxis corresponde a una estética de autoformación del nuevo sujeto crítico
“la historia oral y popular (people´s history) que procura dar voz a los sin voz”; y algunas
como Barnet, que recrea “el habla oral y coloquial de los narradores-informantes, y
Freire y al trabajo político de la teología de la liberación en América Latina. Los indios son
víctimas de una injusticia social, por lo que padecen un colonialismo interno que hay que
erradicar desde las entrañas mismas de su cultura, por ello la educación es elemental para
bajo el auxilio de las ciencias sociales buscando un análisis crítico dc la realidad: una
nacen también discursos testimonios a manera de un diálogo crítico y liberador que refleja
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Los testimonios de las luchas centroamericanas desde fines de los años setenta del
siglo pasado buscan concientizar, crear una red solidaria, buscar apoyo. Países devastados
posmodernidad, una lucha protagonizada por un sujeto dialógico que subvierte el orden
establecido creando su propio espacio, “una cultura emergente” con “su ética-estética en
información” que busca revitalizar las “prácticas democráticas” desgastadas ya por una
clase política en decadencia. Para Yúdice la dicotomía verdad/ ficción carece de sentido
para comprender el testimonio porque lo que éste busca es “la construcción de una praxis
testimonio” que se produjo en la dictadura militar chilena de los años setenta. La vasta
literatura que surge bajo la represión militar, entre el exilio y la clandestinidad, para
Dorfman puede agruparse “bajo el título común de testimonio”, debido a la represión que
han sido víctimas mujeres y hombres chilenos bajo la dictadura, por su vivencia breve o
represión, la voz vejada “da su versión, anónima y abierta, oral, de una precisa plasticidad
171).
todos producidos en 1974, para Dorfman resaltan por el hecho de que tales manifestaciones
37
discursivas obedecen a la urgencia de la denuncia política, al reclamo por el trato recibido,
industrias, poblaciones. Otra característica consiste en que ninguno de los autores de los
testimonios se había dedicado antes a la literatura, es decir, no eran hombres de letras, sino
periodistas y gente de la sociedad civil. Desde un punto de vista histórico y estético “los
vejaciones, se da, según Dorfman, con “un trato negligente del lenguaje, atropellando el
vehículo de la comunicación para que no hubiera duda de que no cabe una elaboración
La utilidad del testimonio trasciende el dolor que lo parió: cumple una función práctica. Y
cuatro son las funciones primordiales del testimonio chileno de los años setenta: denunciar
a los verdugos, recordar el dolor y las epopeyas, animar a la gente del movimiento en pleno
repliegue y contribuir con ello a un análisis de las causas del problema social.
expresiones literarias surgidas en Latinoamérica en las décadas de 1970 y 1980 que van
más allá del fenómeno literario, pues “su presencia cobra pertinencia tanto en las ciencias
sociales como en el arte en general” (1986: 236), donde el avance del testimonio en la
expresión literaria. Miguel Barnet y Margaret Randall serían los artífices de esta
38
Para Narváez, en el siglo XIX surge una clase ilustrada capaz de impactar a la
ciudad letrada que se apropia de la historia par narrarla desde su propia visión del mundo.
obedece a lo testimonial que en sí mismo representa toda obra literaria, y el segundo posee
responde, por un lado, al desarrollo del modelo económico capitalista y, por el otro, a la
institucionalidad del régimen dictatorial en Chile en 1973, por lo que dicha expresión
violenta (246).
de Alejandro Witker, Cerco de púas (1979), de Aníbal Quijada Cerda, Tejas verdes (1981),
de Hernán Valdés, son testimonios que se publican en el exilio, lo que implicó que en la
Género que escribe la historia verdadera de los grupos sin voz histórica oficial, el
revitalización poderosa del realismo, bajo nuevas condiciones históricas, y por tanto como
39
Para John Beverly, en la práctica del testimonio se da una metonimia textual que
equipara historia de vida individual con historia de grupo: el que narra en el testimonio “no
es el subalterno como tal, sino más bien algo así como un intelectual orgánico del grupo o
la clase subalterna, que habla a (y en contra de) la hegemonía a través de esta metonimia en
su nombre y en su lugar” (1992: 9), para reconstruir “la verdad” de lo subalterno, donde el
social.
Occidente y la era posmoderna con el uso de los medios de comunicación masiva. Surge un
cierto tipo de historia oral que documenta la existencia de una clase de vida social arrasada
Mundo.
40
Aunque tiene características específicas formales, éstas se desvanecen cuando
sobrecargamos su valor como mero documento histórico o relación histórica, pero se
aclaran cuando la yuxtaponemos con esa gran forma literaria con la que pareciera tener una
relación dialéctica: la autobiografía −es decir la quintaesencia formal en que el llamado
sujeto centrado ha sido construido en Occidente y que desde Rousseau ha tenido también
un incalculable impacto en el desarrollo de la novela (Jameson, 1992: 35).
Testimonios biográficos que nos alertan sobre un impulso ideológico y sobre la voluntad de
“una literatura organizada”. Son “formas literarias” producto de una revolución cultural
destrucción de aldeas, pueblos y culturas, está dotada ahora con un nuevo sentido cultural,
En “Historias paralelas/ Historias ejemplares: La historia y la voz del Otro”, Hugo Achugar
reconoce que el testimonio está ocupando de manera creciente el centro de atención de los
letrados, lo que significa una reordenación del campo de los estudios literarios
documentos censurados y termina siendo asimilado por sus lectores solidarios como una
41
estatuto de prácticas discursivas propias de la historia hegemónica, como la autobiografía y
la memoria” (1992: 50). Sin embargo, advierte que esta institucionalización no implica que
los límites discursivos del testimonio sean claros y precisos, porque el testimonio como
resultado del impulso de las ciencias sociales y la creación artística, ha sido asimilado tanto
al discurso no ficcional como al ficcional, ciencia social e imaginación artística: non fiction
monológico del sujeto europeo, a finales del siglo XX, cuando dicho sujeto ha sido
voces silenciadas por el sujeto central, el testimonio para narrar historias a contrapelo del
discurso del poder e ingresar a la ciudad letrada de aquellos que son letrados, fungiendo
como intermadiarios de un sector letrado solidario con las causas de los de abajo. El
Otro de los puntos que señala Achugar es el “diálogo oral” como origen del
documental” propio del género. Es en la interacción entre ambos niveles que se produce el
“efecto de oralidad/ verdad” que propicia el sistema de autorización del testimonio, el que
lo narrado como una verdad y no como si fuera verdad, a causa de una “operación
42
para el lector advertido y no para el inocente. Y para su legitimación, el orden del discurso
es cuestionado por la convención del testimonio como verdad subalterna. “El llamado
efecto de oralidad/ verdad... [...] está en la base del sistema de autorización y opera en el
Los vericuetos del testimonio como género discursivo que “permite hablar” no sólo
Palancares, son explorados por Jean Franco, quien define el término testimonio como
“textos en que un testigo habla para contestar a un interlocutor implícito”, lo que supone un
pues en una sociedad androcéntrica el punto de visto masculino es el rector del discurso, el
que dicta, establece y ordena las prácticas culturales y políticas hegemónicas desde el
entendimiento de la articulación entre el saber y el poder” (1992: 56), con sus prácticas y
necesarios, sin voz, el campesino, el indígena y la mujer. Así, Franco señala la separación
Habla Domitila:
43
La historia que voy a relatar, no quiero en ningún momento que la interpreten solamente
como un problema personal. Porque pienso que mi vida está relacionada con mi pueblo.
Lo que me pasó a mí, les pudo haber pasado a cientos de personas en mi país (Viezzer,
1977).
Rigoberta:
Jesusa:
Yo nunca me quité los pantalones, nomás me los bajaba cuando él me ocupaba, pero que
dijera yo, me voy a acostar como en mi casa, me voy a desvestir porque me voy a
cobijar, eso no, tenía que traer los pantalones bien puestos a la hora que tocaran:
¡Reunión, Adelante!, pues vámonos a donde sea... (Poniatowska, 1969).
información sobre lo subalterno, que luchan por el poder interpretativo, que son conscientes
del uso de la información, que señalan reivindicaciones étnicas y de género. Para Jean
Franco, “la crítica latinoamericana no ha querido incluir el género sexual como productor
subalternas” (115).
testimonial. En la primera categoría propone las obras con una mínima mediación del
autor, como Juan Pérez Jolote (1979), de Ricardo Pozas. En la segunda categoría se
44
advertirte una mayor reorganización del relato por parte del autor, como en Relato de un
náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue
proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la
publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre (1955), de Gabriel
García Márquez, donde el mediador pule y envuelve el testimonio para producir una
narración literaria más allá de un enfoque antropológico como el de Ricardo Pozas. Para
transformar el relato oral. Surge entonces una duda: ¿es en la manipulación del testimonio
En la tercera categoría encontramos textos en los que el autor se mueve con mayor
libertad y presenta diferentes facetas. Las voces de los protagonistas hablan junto con el
autor. El que media “se hace visible” (161), siendo indispensables la síntesis y la
estructuración del relato. “A esta clasificación pertenece una de las obras más conocidas de
ficción o novela-realidad, cuyo precursor, Rodolfo Walsh, estructura novelas con origen
Truman Capote con A sangre fría (1965) vendría a revitalizar la literatura testimonial con la
invención (oficial) de la non fiction novel, donde el testimonio se somete a las reglas de
novelas verídicas, “la realidad ni está por debajo ni supera a la ficción. La ficción es real; la
realidad se cuenta como ficción. Y esta narrativa resulta tan cuestionadora como
45
subversiva”, dice Rodríguez-Luis, como en la obra de Walsh, que se enfrenta con las armas
su testimonio que el que la hace no siempre la paga y si está vinculado o es parte del poder
Walsh se adelantó a los inventores del nuevo periodismo, new journalist y, para
que se pudieran leer como cuentos o novelas” (169), cuyo procedimiento máximo es la
anticipándose a la aparición del relato testimonial, un nuevo género surgido del periodismo
y la literatura.
Como literato Rodolfo Walsh es precursor de un género y como actor social sigue
acusando desde la memoria a los responsables de una de las dictaduras más cruentas de
marzo de 1977.
en pañales, a la espera de corrientes, formas, modas literarias, para poder crear o inventar
algo propio? Sus antecedentes vienen del siglo XIX de la escritura política y didáctica de
Martí y Sarniento. Walhs marca la ruptura con los géneros periodísticos tradicionales y la
creación de otro con carácter híbrido, “incorpora el punto de vista subjetivo: emociones,
46
sentimientos, existencia cotidiana de sus personajes” (171). Crea un testimonio para que
primordial es develar los mecanismos ocultos y visibles del poder, un testimonio que
implica un compromiso político llevado hasta las últimas consecuencias” (171), al tiempo
47
V. La noche de Tlatelolco, testimonio y literatura.
Amo el amor.
Analizar La noche de Tlatelolco (1971), de Elena Poniatowska, desde una crítica literaria,
no bastaría con justificar una interpretación histórica ni basar su análisis únicamente desde
lo referencial. En efecto, la obra nos refiere los sucesos acaecidos en la ciudad de México
estudiantes, cimbra el stablishment mexicano, cuyo poder político responde con una
masacre donde mueren cientos y muchos quedan desaparecidos hasta la fecha. Es inevitable
pasar por alto esa referencialidad política, histórica, coyuntural, donde, desde el punto de
vista periodístico, La noche de Tlatelolco cuestiona los principios del reportaje objetivo:
texto se convirtió en referencia obligada de lo sucedido el fatídico año del 68. Ha sido
como crónica, relato, ensayo, reportaje, pero “raras veces un libro con una intención social,
política o económica adquiere una calidad literaria a la manera y en el mismo grado de una
48
feminista Fem; 1978, Gana el Premio Nacional de Periodismo en el género de entrevista;
periódico Novedades rehusa publicar sus textos sobre el terremoto que devastó a la ciudad
de México ese año; 2001, obtiene el Premio Internacional Alfaguara con la novela La piel
del cielo; 2007, su novela El tren pasa primero es merecedora del premio de literatura
Rómulo Gallegos; 2011, su libro más reciente, Leonora, basada en la vida de la pintora
surrealista Leonora Carrington, ganó el premio Biblioteca Breve que otorga la editorial
Seix-Barral.
octubre se dio a la tarea en recabar los testimonios que formarían la base de La noche de
Tlatelolco. Su trabajo con las fuentes testimoniales ha sido materia prima para su obra
represión política son asuntos que la autora ha tratado en Hasta no verte Jesús mío (1969),
Fuerte es el silencio (1980), Nada, nadie: las voces del temblor (1988), Las soldaderas
(1999), Las mil y una… (la herida de Paulina) (2000), utilizando el testimonio para revelar
tienen, para hacernos llegar las voces de los otros en los modos testimoniales de su
literatura solidaria, y nos permite escuchar como agua pasando entre las piedras las voces
silenciadas por la indiferencia y el olvido. La voz de los sin voz, de batallas perdidas, de
inquebrantables.
como una literatura que “sube de la calle”, al recoger testimonios de la memoria colectiva:
49
“La literatura de testimonio responde a una necesidad de manifestar lo oculto y
documentarlo", dice, para escribir la historia "de los que aparentemente no la tienen, de
quienes no llegan a los periódicos” (2009: 24). Propone una literatura que relate las luchas
sociales.
“El recuerdo es un arma caliente”, dice Manuel Centeno Bañuelos en Memorial del
68, (Cazés, 1993). El 68 fue un año axial en la historia moderna de México: “¡Nunca se
había visto en México manifestaciones espontáneas de esta envergadura! ¡La época de oro,
“Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podemos
permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de
50
Congreso de la Unión, 1 de septiembre de 1968). Pero continúan las asamleas, marchas y
las 5.30 horas de la tarde, cerca de cinco mil personas se reunieron en la Plaza de las Tres
Culturas de Tlatelolco para escuchar a los oradores del Consejo Nacional de Huelga...
tenemos que contar y el rescate de la historia apuntala la memoria colectiva de los pueblos,
reivindica luchas sociales, señala vejaciones y represiones políticas, pero sobre todo lanza
una vez más preguntas que siguen sin respuesta: ¿Dónde arrojaron a los muertos? ¿A qué
relatos y escenarios olvidados, voces silenciadas y vidas rotas. Esta literatura testimonio
cuestiona un orden del discurso al mostrar una realidad lacerante y fragmentada, impune. El
lector-receptor-actor social.
Pero la literatura testimonio nace de la historia oral: quien relata fluye como el vivir
mismo de estarlo contando, como el río que corre entre las piedas y dibuja sus remolinos
transparentes. La oralidad está cargada de poesía, de ahí que no tiene por qué ser
51
Los testimonios hechos literatura son mundos o creaciones que se desplazan entre la
Miguel Barnet “se encuentra inmersa en la lucha de los pueblos latinoamericanos por
conformar una identidad propia y definida con base en su historia” (Bernal, 2006: 183). El
mismo Barnet defiende una nueva forma de hacer literatura con los testimonios al
literatura fueron disciplinas pioneras que dieron vida y auge a la literatura testimonial. Pero
de mucho tiempo atrás, entrevistas y testimonios de la gente han servido como material de
primera mano para antropólogos y poetas. Referir por medio de la oralidad un espacio real
y vivido representa un vínculo entre individuo y sociedad, sujeto crítico y cultura y praxis.
del vivir o voces de los torturados nos encontramos ante la verdad de la vida. Señoras
52
Desde que comienza, La noche de Tlatelolco no trata ni quiere ser neutral: el relator o
editor marca su punto de vista y su participación como narrador y testigo, hace crónica y
participa también como protagonista. La autora hace un intento por desprenderse del
testimonio únicamente como referencia para proponer otra forma de novelar un hecho real.
testimonio tenga autoridad de decir “así pasó” y “así lo cuento”? ¿Qué tipo de verosimilitud
testimonio, como en las obras de Walsh, Barnet, Poniatowska? Cierto es que “la literatura
testimonial crea arquetipos, personajes de ficción o de carne que traspasan el tiempo y que
dan memoria colectiva” (Bernal, 2006: 184), como Esteban Montejo, Nicolás Carranza o
Jesusa Palancares. Una novela o película de cine no es la vida real pero regularmente es su
y conquistar. Sin embargo, la literatura testimonial también nace de la “vida real”, por lo
que representa un banco de información veraz que exige apego a la verdad, el testimonio
debe estar atento a los hechos reales y no dejarse obnubilar por la subjetividad puesto que
da fe de lo sucedido.
Nos atraviesa la subjetividad sin embargo. Decir una cosa falsa traiciona la verdad
53
El arte de contar historias y hacerlas literatura nacen de la vida cotidiana, de la gente
que platica y cuenta, como en “El banquete” de Platón, que existe gracias a que un
ateniense en un viaje por mar se encuentra a un amigo al que le pregunta si había asistido a
la fiesta de Agatón y el amigo le respondió que no pudo asistir pero que un amigo que sí
seremos más que la memoria que tenemos y esa es la única historia que tenemos que
contar” (1998: 33). La memoria, fuente del vivir y del recuerdo. Pero no se cuenta el
contado. Shakespare recrea cuentos de los fenicios y los griegos y los convertirte en
viejos”, depositan la memoria coletiva para transitar en las aguas del presente a través del
todo texto es lo literario, el arte de cómo narrar. Lo que se dice, cómo se dice y qué medios
sucedieron.
54
literatura testimonial como un género de lo verídico únicamente (2006: 34). Sin embargo,
es un género literario con rasgos latinoamericano que retoma el artificio de narrar historias.
(1991), de Carlos Montemayor; Relatos del viejo Antonio (1998), del Sub Comandante
Carlos Ímaz.
¿Qué pasa con la función de autor? Porque organiza y media, el autor cumple el
omnisciente, pues el documento una vez en las manos del editor se desplaza entre lo real y
real no nos serviría de mucho para observar su sentido y la búsquedad de significado. Si las
discursos donde los informes de testigos visuales de los hechos se acopian a partir de
∗
Para la investigación se consultaron las dos ediciones, la primera de 1971 y la “correjida” de 1998, México:
Era.
55
entrevistas y archivos, distintas voces intercaladas con otros textos como fotos, consignas,
parcartas, poemas, dentro de una composición coherente y polisémica. Son más de 700
fragmentos testimoniales que componen la obra, sin considerar la “serie fotográfica” que
precede al mosaico narrativo. Voces que se entretejen, aparecen y desaparecen durante todo
el relato, como las voces de los líderes estudiantiles o la voz del narrador-autor que
comprimen y aíslan creando una visión en distintos niveles, en perspectiva que se tensa
yuxtapuestos a otros textos y sacados de su contexto locutorio, atrae la atención del lector
1992: 162).
Una posición crítica cuestionaría la técnica de montaje al demandar una lectura que
examine, en un primer momento, el papel editorial del “autor”, así como las “voces” que lo
“voz” como la “acción verbal” establece sus relaciones con quien realiza o padece la acción
por lo que “hay que pasar del análisis de los enunciados al de las relaciones entre dichos
enunciados” (Genette, 1989: 272). El punto de vista de quien enuncia como la instancia de
56
escritura, el narrador-autor. Y en La noche de Tlatelolco sobresale el paratexto “fotografía”,
pretende borrar la huella de lo que investiga. Al entrelazar la voz autorial con las voces
víctimas.
producción de significado.
57
VI. Fotografía, un análisis intertextual.
Lewis Hine
Los elementos paratextuales de toda obra ofrecen pistas. Los paratextos predeterminan la
recepción de toda obra literaria: el investigador se mueve en las fronteras movedizas del
texto. Desde el título, la primera y la última frase de una narración funcionan como señales
entre el texto y lo que está fuera del texto. Prólogos, introducciones, advertencias,
epígrafes... juegan un papel clave que hacen guiños al lector, conducen la lectura, influyen
Carlos Fuentes, Víctor Flores Olea, Ricardo Garibay, Heberto Castillo, Fernando Benítez),
poemas de Rosario Castellanos, José Emilio Pacheco, José Martí, Octavio Paz, Juan
Bañuelos, José Carlos Becerra), dicho recurso narrativo (intertextual) ofrece pistas para su
58
An analysis of the process of production and the structure and language of the text reveals
its semantic and aesthetic specificity as well as its connections to other works of
testimonial literature. Two aspects of the book are of particular interest […] They are the
role of the nearly invisible editor of the text vis-à-vis the voices that she has recorded; and
the intertextual relationship between the account of the events of 1968 and the series of
sixteenth-century indigenous poems of the conquest of Mexico which appear halfway
through La noche de Tlatelolco (1984: 76).
texto en otro” (Génette,1989: 10), a manera de diálogo, también “todo texto se construye
como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto” (Kristeva,
entre las fronteras del periodismo y la literatura con un estilo irónico e irreverente que apela
a una lucha por sobrevivir en medio de la adversidad, sino que su obra se debate en una
peculiar intertextualidad al mostrar “la realidad mexicana” con sus “matices y voces”.
¿Cuál es el sentido de la “serie fotográfica” colocada desde la primera hoja del libro
que nos refiere en 49 imágenes en blanco y negro con un pie de foto, lo que sucedió
aquellos días vitales y aciagos del movimiento social de 1968? La autora recurre a la
historia oral”, como diciendo: antes de escuchar a los protagonistas, observa lo que pasó.
Para Elzbieta Sklodowska “el libro mantiene su matriz periodística sobre todo en el
nivel visible del texto: la documentación fotográfica nos recuerda un reportaje, el subtítulo
del dinamismo impresionista propio de un medio noticiero” (1992: 163). Sin embargo, si
59
lo estético que representa, ni vislumbrar a cabalidad mecanismo escriturales que la obra nos
propone.
solar cuyo mecanismo era capaz de producir imágenes de la verdad, pues el registro de
fotones en la placa de metal o de vidrio es un documento humano del presente que nos
mantiene en contacto con el pasado. Pero al capturar el instante, la fotografía sirve también
ilimitada (Sontag, 1977: 35). Desde que nació la fotografía ha combinado arte y verdad,
creación y documento, poética y referencia que surje del trabajo manual y/o del artificio
tecnológico.
vestigio, historia. Es verdadera una imagen fotografía porque refiere algo que pasó pero es
falsa al mostrar solo una apariencia. Tomar fotos es poseer al objeto de manera simbólica,
poseeer lo mirado y lo vivido como una alegoría o un fetiche. La vida de una persona o un
sola vez y para siempre. Por ejemplo, una de las imágenes más reproducidas de la historia,
el retrato del Che Guevara de Alberto Korda capturado en 1962, muestra al hombre
“visual frame” (marco visual) que anticipa y completa los testimonios del libro (Jörgensen,
60
primera parte, la introducción narrada y “firmada” por “E.P.” y la sucesión de voces y
textos. La primera imagen del paratexto “serie fotográfica” muestra una corredera de
muchachos eufóricos que se atraviesan y se enfrentan, hay nervios y tensión. El pie de foto
dice: “Todo comenzó con una bronca estudiantil entre dos pandillas, los Ciudadelos y los
fotografía está tomada en contapicada, sin pretención artística pues se advierte prisa en la
61
De ahí se suceden de manera cronológica instantáneas de marchas, actores en la
movilización social. Fotografía 3: avenida Paseo de la Reforma atestada por una multitud
marchando y enarbonaldo pendones y mantas que no se alcanzan a leer muy bien pero
espontáneas de esta envergadura! ¡La época de oro, la más hermosa del Movimiento
una jovencita ubicada en primer plano, dice: “EL EJÉRCITO ES PARA DEFENDER AL
de foto podría ser el mismo de la imagen que la precede, colocado en medio de las dos. O la
fotografía 4 no necesita de pie de foto porque la demanda del pendón que lleva la jovencita
Fotografía 3 y 4:
62
Mítines, protestas, participación de varios sectores sociales, volanteo, pintas, grandes
Tlatelolco, “la noche triste”, la represión, gente huyendo mientras muchos caen, soldados
63
desnudándolos frente a la pared, detenciones masivas, zapatos machucados en la plaza de
Las Tres Culturas, estado de sitio, días aciagos, padres buscando a sus hijos entre los
la huella de la bala que lo atravezó, el rostro inocente y tierno del infante lo hace parecer
como si durmiera, en su brazo derecho vemos su sangre derramada que mancha su camisa,
y junto a su brazo, en la contraesquina de la foto, se alcanza a ver la mano de otro ser que
también yace asesinado. El pie de la foto dice: “¿Quién ordenó esto? ¿Quién pudo ordenar
Fotografía 31:
64
La serie fotográfica, más que un prólogo o un visual frame, es una síntesis gráfica de la
para constatar los hechos en un libro de voces testimoniales. Es significativo que durante el
movimiento del 68, y después de la represión, casi no circularon imágenes fotográficas del
65
movimiento, tampoco después de la masacre. La mayoría de los medios de comunicación
no dieron voz a los estudiantes y casi no publicaron fotografías que reflejaran la represión.
secuencia desde la segunda de forros, incluso antes que el título y la presentacón editorial
del libro. No recuerdo un libro que comience de esta manera, que al dar vuelta a la portada
(que también es una fotografía del movimiento) haya una serie de fotografías, una o dos por
página, colocadas cronológicamente para mostrar y señalar los acontecimientos. Libros con
imágenes y voces testimoniales que relatan un movimiento social y que, editadas a como
para contar sobre el movimiento social, las fotografías dan fe de los sucesos y evidencian la
represión. Es una historia gráfica que precede a la historia oral o una historia visual que
precede al mosaico de voces que, a continuación, nos relatarán los hechos. Instantes
mostrar.
¿Por qué elegir a la fotografía como introducción a los “testimonios de historia oral”
del libro? Se elige a la imagen fotográfica como un epígrafe o una larga cita de 49
imágenes de autores anónimos, pues no aparecen sus créditos. Las fotografías están para
66
Toda fotografía cumple una función social, no sólo estética. ¿Pueden tener una
“intención estética” las fotografías más allá de la referencia que las determina? Son
improvisados, a veces fuera de foco, movidas, con una composición atropellada, algunas
blanqueadas por el exeso de luz y otras muy oscuras, como imágenes desgastadas por el
paso del tiempo, un blanco y negro que parece fotocopia de la fotocopia. Pero hay algunas
imágenes en el libro que en medio de la consternación que nos provocan, más allá de la
referencialidad, nos aportan una experiencia estética. La belleza en medio del horror.
edición es, desde luego, intencional, a la manera de los fotosensayos de Nacho López que
desde comienzos de los años cincuenta del siglo pasado realizaba para publicarlos en
revistas como Hoy y Siempre! Nacho López es considerado uno de los padres del
realizó algunos documentales, pero desde las aulas y desde su práctica de cazador de
imágenes, Nacho López llama a reivindicar el oficio de fotógrafo porque, en “un país como
México, subdesarrollado, con millones de indígenas, con una burocracia deshonesta, con
explicar la realidad” (1996: 9). Para Nacho López, antes que objeto de arte, la fotografía
tiene que hacer “patente la crueldad ancestral del hombre sobre el hombre, o la grandeza de
su amor por las cosas y los seres cotidianos” (Castellanos, 1996: 6).
67
Con la invención de la fotografía surgen dos posibilidades para su creación:
documentar una realidad o inventarla (González, 164). Del “esto ha sido” al “esto ha sido
siendo deudor de algunos fotógrafos de finales del siglo XIX y principios del XX, como
Emilio Lange y los hermanos Torres, que publicaron “secuencias fotográficas narrativas
posadas”, por lo que puede decirse que Nacho continuó con una tradición fotográfica en
México que se negaba a ver la fotografía como una réplica de la realidad. Otra inspiración
para los fotoensayos de Nacho López, dice Armando Bartra, parece provenir de los
La fotografía halla su mejor ejercicio en las lides del periodismo. Es aquí donde el fotógrafo
se pone en contacto con el devenir humano, con el drama de los desamparados… En
fracción de segundo, el fotógrafo capta una realidad aparentemente caótica y ordena su
visión para confirmar un retrato de su época (López, 1996: 8).
En los fotoensayos las imágenes narran una problemática social sustentada por un trabajo
documenta durante un tiempo determinado, luego se hace una selección de las imágenes y
del fotoensayo lo esencial: la selección de imágenes para narrar la historia del movimiento.
Elena Poniatowska no capturó ella misma las imágenes, pero sí reunió y editó la selección
para su publicación, así como recopiló y escribió los textos que utiliza como pie de foto.
68
Fotografiar no es un acto de observación pasiva y a veces se logra una comprensión
política por medio de las imágenes. No podemos olvidar aquélla imagen de una niña
ocupando el centro de la imagen con los brazos abiertos, seguida por sus hermanitos
desesperados corriendo tras de ella y más atrás su pueblo ardiendo en llamas por las
bombas de los Estados Unidos. Esta fotografía le dio la vuelta al mundo despertando una
reconocer su derrota y retirarse del país asiático. Las fotografías, aunque no crean una
imagen capturada por Huynh Cong en 1972 marcó un hito en la historia de la fotografía al
social entibélico.
dependencia inevitable. Casi siempre la imagen ha necesitado de un título, una fecha, una
firma, un pie de foto que induzca su lectura. Cierto que una fotografía por sí sola puede
fotografía necesita de una referencia que la ubique y la presente. ¿Cómo puede significar
fotografía a depender de las letras para “poder decir” y significar? ¿No será mejor buscar
otras posibilidades de relación entre fotografía y literatura? Quizá donde texto y foto
dialoguen y juntos narren. “Otra manera de contar”, diría John Berger. Una serie de
69
imágenes fotográficas que cuenten por sí mismas algo no solo “verídico” o histórico sino
fotografía bajo la marca de un texto escrito porque no es la fotografía lo único que vemos
sino la relación de ésta con su contexto histórico, pues una foto refiere siempre lo que no se
ve, invoca lo que no muestra. Entonces, la fotografía estaría confinada a significar junto
con un texto.
John Berger nos refiere aquel ejercicio que un día un maestro de fotografía les puso
a sus alumnos: mirar una foto sin ver el título ni fecha ni autor y después opinar sobre lo
mano, de medio cuerpo viendo hacia la cámara. La foto en blanco y negro se veía
contrastada por el paso del tiempo, una imagen como de principios del siglo XX. Los
de oficina, bien vestidos, de clase media. Luego el maestro escribió en el pizarrón el título,
lugar y año de la fotografía: Nazis en la quema de libros, Alemania, 1943 (Berger, 1999:
38).
texto donde no complementa sino que dialoga con las imágenes que se confrontan entre sí
a Gustavo Díaz Ordaz, entonces presidente de la República, en una toma de medio cuerpo,
hablando, mostrando su prominente dentadura. El pie de foto completa la escena: “Hay que
70
restablecer la paz y la tranquilidad pública. Una mano está tendida: los mexicanos dirán si
rector de la UNAM, de frente y de medio cuerpo, con las manos extendidas y un rostro de
estupefacción, enojo y tristeza. El texto que acompaña la foto es una cita de sus palabras:
“La ocupación militar de la Ciudad Universitaria, ha sido un gesto excesivo de fuerza que
1968”.
Fotografía 17:
71
En otras fotografías, los textos son palabras de los protagonistas, testimonios colocados de
manera anónima, sin firma, como el de la foto 23: “Fueron muchas madres de familia a las
manifestaciones: las mismas que después irían a la Cámara de Diputados para protestar por
la muerte de sus hijos”, y en la imagen observamos una marcha, donde al frente, en primer
plano, dos señoras de aspecto humilde, que visten de falda y de rebozo, marchan de prisa y
72
preocupadas portando una manta: “LAS MADRES MEXICANAS APOYAN A SUS
cohetotes y bombas molotov, ese era nuestro poderoso arsenal”, y en la foto vemos una
columna de soldados con sus fusiles en posición de descanso que custodian el “arsenal” de
los jóvenes: botellas con estopas, trapos, papeles y, en la esquina derecha de la imagen,
Fotografía 23 y 25:
La foto 27 es clásica del movimiento del 68: jóvenes saliendo de una estación del metro en
la noche con las manos en alto haciendo la señal de “la V de venceremos”, mientras un
73
pie de foto dice: “Surgió el signo que pronto cubrió la ciudad, aun se coló en los actos
públicos, la Televisión: la V de venceremos, hecha con los dedos por los muchachos al
Fotografía 27:
cabello. Uno de los soldados ve sonriente y arrogante a la cámara, otro soldado con un
cigarro sin encender en la boca mira con rencor al joven sometido y, al fondo, contra la
pared, una fila de jóvenes con los brazos en la nuca espera su turno. El testimonio oral
completa el discurso: “Nos formaban a todos con las manos en alto y a los que estaban
74
greñudos los apartaban. A un muchacho lo hincaron y le trazoron mechones con la
bayoneta. Pensé que a mi hermano Ignacio lo iban a pelar porque es artista y anda
greñudo”.
Fotografía 34:
Lo que refiere y muestra esta imagen con su pie de foto, la encontramos en la página 259
del libro, en pleno desenlace del mosaico testimonial, donde la autora introduce un
fragmento de un artículo titulado “La cruenta cólera tuvo su festín”, de Alberto Castillo,
publicado en la revista Siempre! el 16 de octubre del 68 y que da cuenta de las escenas del
75
Desatada la balacera, el ejército actúo como si estuviera sofocando un levantamiento
armado, no un mitin estudiantil. Las aprenhensiones rebasaron el millar y medio y el
trato a los detenidos fue más desconsiderado y duro: muchas personas –de uno y de
otro sexo– fueron desnudadas, arrojadas contra la pared, mantenidas largo tiempo en pie y
con los brazos en alto. Una fotografía de un matutino del jueves 3 muestra a un grupo de
soldados que, sonrientes, cortan el cabello a un joven detenido, en acto tan
injustificado como vejatorio.
consciente del mirar, para ofrecernos una imagen singular de una cosa conocida. Pierre
Bourdieu refiere a Marcel Proust y su novela En busca del tiempo perdido para resaltar lo
singular de las imágenes fotográficas cuando “nos sorprenden, nos hacen salir de nuestros
hábitos y, al tiempo, nos hacen entrar de nuevo en nosotros mismos, recordándonos una
instantáneos del mundo percibido y congela los gestos humanos como estatuas (Bourdieu,
1967: 123).
realidad y desde un uso estético señala un punto de vista, pero siempre cumplirá para cada
quien cierta función social. El principio de la fotografía es una elección de una situación
inconscientemente aquello que para él importa registrar: “Para mí vale la pena fotografiar
Quizá una buena foto se distinga por el grado de claridad del mensaje que quiere
que se dispone ante la vista. Y quien mira una foto, se la explica según los conocimientos
76
que tenga de lo fotografiado y del autor. Entonces, ¿qué es lo que da sentido a una
oberva, ¿tiene los códigos para interpretar lo que ve? Porque la elección no se establece
los acontecimientos referidos se extienden más allá del encuadre de la fotografía; lo que
muestra una foto invoca lo que no muestra y su efectividad depende que el momento
registrado contenga “una medida de verdad que es aplicable en general y que revela lo
ausente igual que lo que está presente en ella” (Berger, 1978: 58).
En La cámara lúcida (1977), Roland Barthes nos ofrece una manera de apreciar y
estudiar las fotografías. Nos propone un análisis que tendría que partir de una visión multi y
transdisciplinaria. Una consideración de la imagen fotográfica tendría que partir más que
del gusto, del amor: esta fotografia me interesa y no otra. Teniendo claro el acto de
Barthes propone dos conceptos que provienen también del latin: el studium y el punctum.
partir de la información que nos arroje y de la visión crítica que le apliquemos: época,
disciplinas indispensables para un studium de las imágenes. Por su parte, el punctum es ese
detalle que sale del cuadro y nos “pincha” y nos conduce a una interpretación particular y
subjetiva de lo que se observa. Un “pinchazo” que nos toca (cada quien está en la
posibilidad de sentir o no sentir algo) cuando observamos una fotografía. A quí no hay de
manera vertical toda la página: una señora camina de frente hacia la cámara buscando a su
77
hijo entre cadáveres que, a su paso, están tendidos en bandejas colocadas en el piso, los
cuerpos uno tras otro en hilera. La mirada de la señora observa los cuerpos de los
muchachos asesinados hace unas horas en la Plaza de las Tres Culturas y ahora ella busca a
su hijo. Atrás de la señora vienen otros padres deseando angustiados no hallar lo que
buscan. El señor que viene atrás de la señora, aunque en fuera de foco, recorre con los ojos
atónitos los cadáveres que en diferentes posturas y ensangrentados yacen en las bandejas,
cada cuerpo pudiera ser el de su hijo. La cámara lúcida nos señala que el punctum
(pinchazo) proviene de la mano derecha de la señora que tiene colocada en su boca: el gesto
sombrilla y la bolsa y el abrigo de la señora que sujeta con su brazo izquierdo, viene de
también nos involucra en la situación referida, nos hace partícipes. El registro de la cámara
Fotografía 43:
78
Si cada fotografía confirma y construye una visión de la realidad, su uso y su discurso se
tienen que ver inevitablemente desde una la lucha ideológica. Arte y acción. Hay que
en que vemos las cosas. Solamente vemos aquello que nos interesa. Al ver algo, no sólo
miramos la cosa, sino su relación con las demás cosas del mundo y con nosotros mismos.
79
Una imagen fotográfica es producto de una visión que ha sido recreada o reproducida. Toda
Apreciamos o no una imagen por nuestro modo de ver. Las fotografías dispuestas al
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VI. Ficcionalización, personajes y espacios
Poema nahua.
emplea para producir una tensión narrativa que oscila entre lo documental y lo ficticio.
Desde esta perspectiva, la autora ejerce un control estético del texto al mantener la función
veredictiva del autor testigo (testimonio) que se entrelaza con la voz autor y las voces
testimoniales.
con diálogos y escenas que varían de perspectivas. Todo el relato verbal está configurado a
partir de una pluralidad de discursos sociales, culturales, idiosicráticos, lo que provoca que
texto se pueden focalizar impulsos internos que lo sostienen, como la pugna de voces que
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Como editora-narradora de un movimiento social que confronta al sistema político,
“Poniatowska inserts her own experience in the form of a direct testimony, a witness on a
par wiht the other voices of the student movement. Elena Poniatowska apeaks first”
El texto está dividido en dos partes. La primera parte, “Ganar la calle”, comienza
con un texto del narrador que, a manera de introducción, desde la calle ubica la acción,
que narra. Marchan despreocupados sin pensar que “mañana, dentro de dos, dentro de
cuatro días su sangre joven estará pisoteada en este reventar de vidas por toda la Plaza de
las Tres Culturas” (13). El narrador advierte la tragedia que vendrá. Y la marcha pasa junto
al narrador, “vienen a pie, vienen con esa loca alegría que se siente caminar juntos en esta
calle, nuestra calle, rumbo al Zócalo, nuestro zócalo” (14). El narrador es una voz y un
testigo también, es parte del movimiento. Firma el fragmento: “E.P.”, la autora, Elena
Poniatowska. Esa misma “voz” narrativa la volvemos a “oír” hasta el inicio de la segunda
parte, “La noche de Tlatelolco”, donde interviene después del poema que Rosario
Aquí está el eco del grito de los que murieron y el grito de los que quedaron. Aquí está su
indignación y su protesta. Es el grito mudo que se atoró en miles de gargantas, en miles de
ojos desorbitados por el espanto el 2 de octubre de 1968, en la noche de Tlatelolco (164).
Refiere también la situación de una madre desgarrada por la muerte de un hijo, sin precisar
a qué madre se refiere ni si el hijo murió a causa de la represión política, aunque el lector
82
“madre” más adelante. Mientras tanto seguimos enfocando el papel del narrador “E.P.” que,
También “E.P”. inserta textos suyos publicados en otros espacios pero que hablan
Lecumberri por parte de 115 presos políticos que allí se encontraban acinados. Las paredes
sucias de las crujías y el holor fétido acompañan la huelga de hambre de los líderes
políticos en protesta por su encierro. Resalta las colvulciones que muchos han padecido y la
urgencia de atender a los enfermos, como el caso de Eli de Gortari, pues es diabético y se
de frangmentos de la prensa escrita sobre los sucedido el día 2 de octubre que, a manera de
balance, refieren el “sangriento encuentro en Tlatelolco” (El Heraldo), donde “el ejército
tuvo que repeler a los francotiradores (El Nacional), o “nutrida balacera provocó en
editorializa, reseña y ofrece versiones, días, hechos, reiterando el balance criminal del 2 de
octubre: “Lo cierto es que en México no se ha logrado precisar hasta ahora el número de
memoria, todavía bajo la impresión del mazazo en la cabeza, los mexicanos se interrogan
83
ancianos se ha secado en la tierra de Tlatelolco. Por ahora la sangre ha vuelto al lugar de su
quietud. Más tarde brotarán las flores entre las ruinas y entre los sepulcros” (171).
y en fragmentos narra la tragedia de aquel día aciago. Cabe señalar la tensión y el ritmo a
veces angustiante que provoca la narración a muchas voces en la segunta parte del libro,
tensión y ritmo que de manera deliberada la autora suscita al recrear las situaciones con
La plaza de las Tres Culturas era un infierno. A cada rato se oían descargas y las ráfagas de
las ametralladoras y de los fusiles de alto poder zumbaban en todas las direcciones.
• Miguel Salinas López, estudiante de la Facultad de Comercio y Administración
de la UNAM
Voces que refieren una situación pero ubicadas en diferentes espacios de acción, en la
plaza de las Tres Culturas era un infierno”. La configuración de diferentes espacios desde
84
donde los protagonistas narran, es otra característica del texto de Poniatowska, como
testimonios y textos para que dialogen en el tiempo pero como productos de la misma
urgencia del decir y del placer de contar. El dolor y el canto. El intertexto dialoga. La
–¡Le dije que no se fuera hasta allá! ¡Métase abajo del camión!
•Un soldado al estudiante Alberto Solís Enriquez de la Vocacional número 1
Testimonios de tiempos distintos: 1968-1519, pero que nacen de la similitud, ambos relatan
una matanza que sucedió en el mismo lugar, Plaza de las Tres Culturas, pero en diferente
momento de la historia, con actores y escenarios distintos; antes masacró Cortés, ahora lo
hizo Díaz Ordaz. La memoria colectiva es una lucha de resistencia de larga duración
histórica que se manifiesta, también, a través del arte de narrar. Los textos nahuas
provienen de los informantes de Tlatelolco que recogió y tradujo Ángel María Garibay y
que José Emilio Pacheco recrea en un poema de donde Poniatoska toma un fragmento y lo
85
to intervene in their narration. That is, she would, with Michel Foucault, “avoid the
indignity of speaking for others”. That each testimony doe indeed apparently speak for
itself is graphically reinforced by the individual names which identify the fragments and
by the blank space that separates each one from the text. But the self-sufficiency of the
testimonies only apparent, because the existence of the work as a published text does not
stem solely
From the independent energy of the testimonies. Contrary to appearances, it hinges as
well on the authorizing is revealed i the ver gesture of empowering the other´s speech.
There is a necessary connection of work to frame, frame to work, which reminds us that the
editorial function is neither neutral nor transparent but charged with meaning and
with the making of meaning (Jörgensen, 1994: 85).
Es fácil distinguir al autor con la seña editorial, "E.P.", que recoge y publica las voces con
sus nombres individuales que identifican a los fragmentos y por el espacio en blanco que
separa cada uno de ellos en el libro, pero Poniatowska conduce lo testimonial a otra
expresión, donde la función editorial actúa libre, “charged with meaning and with the
making of meaning”. E.P habla por última vez casi al final del libro, antes de los últimos 8
testimonios, para referir cuando fueron “a enterrar a Jan” (272). Hay que señalar que E.P.
ambos personajes dentro del mosaico narrativo, así como su relación “familiar” con la
que Poniatowska trabaja los testimonios proponiendo una literatura testimonial más allá de
la referencia.
86
−¿En dónde pintaron?
−En el palacio...
−¿En el palacio de hierro?
−No, allí no.
−Entonces, ¿en cuál palacio?
−En Palacio.
−¿En palacio nacional?
−Sí.
−¡Por Dios!, ¡están locos de remate! ¡Los pueden matar! ¿Qué les pasa? Están totalmente
virolos...
−Somos inmortales... Además todo lo tenemos rebién estudiado, la hora, quién echa aguas,
el coche andando, la cantidad de pintura, tú olvídate mi vieja que pa´pintas, somos
expertazos.
−Ay, no es cierto, no te creo. Pero, ¿quién les dijo que hicieran eso?
−Por ai, por ai...
−Y anoche, ¿qué hiciste? También llegaste tardísimo...
−¡Ah, anoche fuimos al Capri...
−¿Al Capri? ¿A qué?
−Por puntada. Es una tumba aquello, puros muertos haciendo que se diviertan, puras calacas
brincando y un pinche show del año del caldo, gachísimo... Íbamos con tres cueritos y nos
pelamos Oswald, Javier y yo sin pagar la cuenta. Se lo merecen por tarados...
−Ay, Jan, se están muriendo muchachos, hay desaparecidos, suceden cosas muy graves y tú
una noche haces pinta y a la otra vas al Capri y te sales sin pagar. ¿Qué les pasa? De veras,
están locos...
−No mamá, así es esto. ¡Son ondas que nos entran! (39).
ver a su hijo en peligro. La voz de Paula Amor de Poniatowski, madre de Jan, aparece solo
una vez, la única, en la página 61 cuendo narra su experiencia de haber asistido a una
manifestación convocada por los estudiantes. Entonces la madre de Jan siente simpatía y
87
La madre de Jan no sólo refiere que el movimiento cunde, también cuenta que se siente ya
indentificada con los estudiantes, e involucra a su interculutor con un gesto: “Toma, te traje
por el narrador en la segunda parte del texto cuando E.P. presenta el coro de voces que
Este relato recuerda a una madre que durante días permaneció quieta, endurecida bajo el
golpe y, de repente, como animal herido –un animal a quien le extraen las entrañas– dejó
salir del centro de su vida, de la vida misma que ella había dado, un ronco, un desgarrado
grito. Un grito que daba miedo, miedo por el mal absoluto que se le puede hacer a un ser
humano; ese grito distorcionado que todo lo rompe, el ay de la herida definitiva, la que no
podrá cicatrizar jamás, la de la muerte de un hijo (164).
“Recuerda a una madre” en general pero que puede ser cualquier madre de las muchas que
perdieron a sus hijos aquellos días; también es cierto que si el lector ha sabido de una
El día 8 de diciembre que llevamos a enterrar a Jan, mi madre, al salir, miró por la
ventanilla del coche en ese lento viaje de regreso que ya no la llevaba a ninguna parte y vio
un helicóptero en el cielo –todos lo oímos. Nunca olvidaré su rostro y la voz de su miedo:
−Un helicóptero. ¡Dios mío!, ¿dónde habrá una manifestación? (272).
¿Jan cayó víctima de la represión política o murió como cientos de jóvenes durante el
causa de un accidente automovilístico. Ahora, ¿tiene sentido “saber” si Jan murió a causa
88
de la represión del 68? ¿Importa saber realmente si murió o no atravesado por las balas de
los granaderos? Desde luego que no. Porque en el texto, Jan y su madre, más allá de
representar a seres de carne y hueso, también son personajes recreados artísticamente por el
Solamente tiene dos intervensiones Guillermo Haro, ambas por medio de la correspondecia
epistolar. En los fragmentos de su segunda intervensión discute sobre el rol que tiene uno
hablar de política cuando las circunstancias lo requieren; somo sujetos sociales tenemos el
deber de interesarnos en la cosa pública. La segunda carta de Guillermo Haro está fechada
el 28 de julio de 1970.
La obra es vasta y plural en las voces y las referencias, por ende, en su entramado
narrativo, donde los protagonistas aparecen y desaparecen para volver a aparecer en otro
espacio junto a otras voces que se suceden pero que se expresan desde otro ángulo y sobre
otra cosa. La tarea de analizar a cada personaje y su tratamiento junto a otros personajes, no
solo por la polisemia que emplea la autora sino por la cantida de aristas y detalles de la
89
trama, resulta titánica capturar en tu totalidad. Por ejemplo el “diálogo” o “coro” de
fragmentos de poemas de Juan Bañuelos, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, José Carlos
Becerra, León-Portilla, Juan Rulfo, que fueron creados para otros textos pero que en La
declaraciones como las de Carlos Monsiváis, José Revueltas, Carlos Fuentes, José Agustín,
Herberto Castillo, Víctor Flores Olea, Jorge Saldaña, Ricardo Garibay, que acompañan
también a las voces de los líderes estudiantiles que, desde marchas, asambleas y la mayoría
Álvarez Garín (preso), Luis González de Alba (preso), Gilberto Guevara Niebla (preso),
Félix Lucio Hernández Gamundi (preso), Salvador Martínez de la Roca, Pino (preso),
Eduardo del Valle Espinoza, Búho (preso), Ernesto Olvera (preso), Pablo Gómez (preso),
(preso), Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca (preso), Roberta Avendaño Martínez, Tita
(presa), Fausto Trejo (preso), Ana Ignacia Rodríguez, Nacha (presa), Artemisa de Gortari,
como activistas del moviento estudiantil y como personajes de la historia que ellos mismos
narran, nos arroja luz sobre la intención por parte de la autora de trabajar el testimonio más
allá de la referencia para dotarlo de sentido narrativo y dramático. Desde luego que no
Cabeza de Vaca como líder estudiantil y como personaje puesto en la trama. La primera
90
referencia de él en la obra se da en la “serie fotográfica”, en la fotografía 43, donde aparece
junto a otros dos líderes estudiantiles: tres jóvenes que observan en señal de saludo hacia el
en un salón como de asamblea pues se alcanzan a ver cabezas y sombras de otras personas
en reunión. El pie de foto dice: “Tres líderes del Consejo Nacional de Huelga: Cabeza de
La segunda vez que sabemos de Cabeza de Vaca, o más bien la primera vez como
personaje nombrado, es cuando refiere aquella asamblea del Consejo Nacional de Huelga
91
donde se acordó realizar la multitudinaria e histórica “marcha del silencio”. Desde la cárcel,
En su siguiente “aparición”, Cabeza de Vaca es referido en plena asamblea del CNH por un
compañero delegado que lo increpa para que ya no divague y siga echando tanto rollo, al
Oye, Cabeza, ¿y por qué no te callas como en la Silenciosa? Llevas media hora hablando de
lo mismo.
•Un delegado a Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, en el seno de una asamblea
de CNH (63).
Poniatowska introduce las voces de los protagonistas en un aparente caos o desorden pero
ellos mismos, donde cada quien se expresa desde su posición particular y desde su soledad,
voces de los líderes del movimiento tras las rejas. Cabeza de Vaca habla de nuevo desde la
relatar la tortura:
92
El mayor se me acercó y me puso un capuchón de una tela gruesa como lona, pero su tejido
dejaba pasar algunos rayos de luz de los focos. El capuchón me cubría toda la cabeza hasta
el cuello, cerrándolo a la altura de la garganta. Me doblaron los brazos y me ataron las
manos por la espalda. Nuevamente escuché aquella voz ronca que me increpaba:
−¿Quién es tu sucesor en el Consejo Nacional de Huelga?
−No lo sé, no tengo idea.
−Ahorita te vamos a refrescar la memoria. Aquí hablas o te mueres.
−¡Traidor, hijo de puta! A ver ¿qué quieren cabrones? ¿Qué es lo que andan buscando?
−Queremos que se respete nuestra Constitución.
−Mira, cabroncito, no se hagan ilusiones. La Constitución la manejamos nosotros. ¿Quién
les daba las armas?
−No tenemos armas, nuestro movimiento no es armado, es un movimiento democrático y
legal, nuestras armas son la Constitución y la razón.
−No te hagas pendejo, tú portabas armas. Ya lo dijeron Ayax, Sócrates y Osuna.
−Mienten, yo nunca he portado armas.
−Es mejor que digas la verdad y tal vez salves la vida.
Era tentadora la oferta, pero yo no decía otra cosa que no fuera la verdad. Sentía que mi
vida estaba perdida y, dijera lo que dijera, si tenían orden de matarme, de todos modos lo
harían.
El mayor llamó a uno que de seguro era sargento porque dijo:
−Sargento, refrésquele la memoria a este hijo de la chingada, traidor, que nos quiere hacer
comunistas, mientras yo mando por el pelotón de fusilamiento. Ya no me importaba, estaba
dispuesto a morir; no podía traicionar a mis compañeros, no debía ni ensuciar ni traicionar
la lucha, lucha justa, limpia, hermosa. No podía traicionarme a mí mismo, tenía que luchar
hasta donde las fuerzas me alcanzaran. Saqué coraje de flaqueza y me preparé para lo peor.
Los pasos del soldado se acercaron y un golpe de su mano empuñada se estrelló en mi
estómago al tiempo que preguntaba:
−¿Quién les daba dinero?
−El pueblo, en colectas populares.
−¡Mientes, desgraciado! ¿Cuánto les daba Gil Preciado?
−Nada, absolutamente nada.
−Lo que pasa es que te tienen amenazada la vida. Si nos dices quién les daba dinero
nosotros te protegemos. ¿Cuánto les daba Madrazo?
−Ni Gil Preciado ni Madrazo ni ningún otro político nos daba dinero. El dinero nos lo daba
el pueblo.
−Pero te llevas bien con Gil Preciado.
−Ni con él ni con ningún político. A todos los odio por igual. Otro tremendo golpe en el
estómago.
−¿Quiénes forman las columnas de choque en Tlatelolco?
Esta pregunta me extrañó mucho porque era la primera vez que oía algo sobre el 2 de
octubre. Respondí:
−No sé nada, estoy preso desde el 27 de septiembre.
−Más golpes en los testículos, en el estómago, en los muslos.
Yo gritaba de dolor, de impotencia, de coraje y las lágrimas brotaban de mis ojos. Las
preguntas continuaban una tras otra, atropelladas.
−¿Conoces a Gil de Gortari? ¿A Marcué Pardiñas? ¿A Fausto Trejo? ¿Cuánto les daba
Marcué? ¿Qué hacía De Gortari en el Consejo? ¿De qué línea es Trejo? ¿Te llevó Heberto a
La Habana? ¿Cuál es la consigna?
−No, no los conozco. Marcué no daba nada. No conozco Cuba. ¡No sé nada!
93
Los golpes se combinaron con toques eléctricos en los testículos, en el recto, en la
boca. Y más preguntas.
−¿Qué relaciones tenías con Raúl Álvarez?
−Las mismas que con cualquier otro compañero del Consejo.
−¿Qué planes tenían Guevara y tú?
−Ninguno, lo trataba muy poco.
−¿Y con Sócrates?
−Tampoco. Lo traté más que a Guevara, pero nunca supe de ningún plan.
Mas torturas, golpes, toques eléctricos. Seguían increpándome:
−A Tayde sí lo conoces ¿verdad? ¿No te has fijado que siempre anda muy arregladito, con
muy buena ropa? ¿Sabes que los traicionó, que el dinero se lo da Gil Preciado?
Me dio coraje oír esas calumnias:
−Tayde es mi compañero de escuela y nunca le he conocido una transa. Además lo conozco
hace más de cuarenta años.
Testimonios que son relatos o pequeñas unidades narrativas que por sí solas podrían ser
catalogados como cuentos cargados de sentido y acción, sobre todo por la configuración
que estalece del “espacio cárcel”, desde donde un líder estudiantil refiere a otros
entramado político que se movían en aquellos días de lucha social. De ahí la perteninencia
mitin del 2 de octubre que precedió a la matanza, sino que vivió él mismo su propio 2 de
octubre desde la cárcel, vejado y torturado. El lector, como en una galería de voces
relato de una pesadilla que no termina. Pero el espacio de la cárcel se instaura como un
símbolo de la represión.
94
pertenece a la historia (Pimentel, 2001: 8). El espacio se convierte en un sujeto discursivo y
(Garrido, 1998: 216). El espacio provoca un efecto de realidad al tiempo que soporte de
sentido. Para Garrido el espacio cumple una función primordal en la organización del
vez que atrae sobre sí la atención del narrador o del personaje focalizador, imponiendo un
ritmo en el desarrollo de la acción (1998: 218). Por otro lado, la relación del actor y su
estrecha relación con los demás elementos textuales y de ese “entretejido significativo” se
constituye el símbolo estético (Prada, 2002: 51). Así, desde el espacio de la cárcel,
Se repetieron las torturas ahora con más encono, más prolongadas. Yo me revolcaba como
víbora chirrionera, lloraba, me quejaba, gritaba, mentaba madres. Cesaron los tormentos y
el sargento me dijo:
–¡Ni se hagan ilusiones! ¡Cerdos comunistas! Si fallamos nosotros, aquí cerquita
tenemos a los gringos.
Tirado en el suelo, nada más oía y me quejaba, no soportaba el dolor en los testículos, en el
estómago, en las piernas; respiraba muy fatigosamente, toda la carne me temblaba, el
corazón se me quería salir del cuerpo y la boca la tenía seca, tremendamene seca. Escuché
cuando algien dijo:
–Mi jefe, está listo el pelotón.
Ya no raccioné ante al estímulo.
Una voz con ironía dijo:
–Como eres una blanca palomita que no quiere decir nada, no nos queda más remedio que
cumplir órdenes superiores. ¡Llévenselo!
Unas manos me tomaron por las axilas y me levantaron; apenas podía sostenerme en pie, y
alguien me dijo.
95
–Quieres ver a tus compañeros por última vez? Aquí los tenemos a todos.
–Sí los quiero ver, llévenme con ellos, nada más me quitan el capuchón para verles la cara.
–No, aquí no vas a hacer lo que tú quieras sino lo que nosotros digamos.
Salí dando traspiés, caminando como ciego, unas manos me sostenían de los brazos
para evitar que me cayese; me llevaban casi en vilo; finalmente me amarraron a un
poste y me dijeron.
–Aquí tenemos a Sócrates.
Yo no lo veía, simplemente lo escuché decir:
–Contéstales, diles la verdad.
–¿Qué quieres que les diga? Si ya dije lo que tenía que decir.
Luego se oyó una voz que terciaba:
–Diles cómo te hemos tratado…
–Cabeza, no tengo de qué quejarme, me han tratado bien. Mira Cabeza, el dinero
entraba por Ciencias Biológicas del Poli y por la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Allí pasaba el dinero Madrazo.
–Del único dinero que tengo conocimiento es del que nos daba el pueblo por medio de las
colectas de las brigadas y del que cada delegado daba en representación de su escuela al
CNH; cien pesos por la escuela…
–No maestro, ese dinero no alcanzaba. Se gastaba mucho en pintas, en pancartas, en
propaganda.
–Yo nunca tuve conocimiento de otra entrada de dinero.
–¿Sabes que la Tita es policía? ¿Qué transó por cincuenta mil pesos y que por eso
anda libre?
–No, no, Sócrates, no sé nada, y si tú lo sabías ¿por qué no no lo denunciaste en el
Consejo y lo dices aquí? ¿Qué te pasa? Mejor cállate.
De nuevo terció otra voz apenas perceptible y Sócrates me preguntó:
–¿Recuerdas el contacto que tenías con Genaro Vázquez?
Al oír esta pregunta frente al pelotón de fusilamiento se me fue la sange hasta los
talones. Nunca he sabido de dónde la sacó ni con qué fin lo hizo, pues jamás tuve
contacto con Genaro Vázquez. Pero sí sabía que era un líder que el gobierno buscaba.
Sorprendido le contesté:
–Mientes, yo no he tenido contacto con ningún Genaro.
–Sí, aquel chaparrito de bigote con tipo veracruzano…
–No mientas, no nos quieras hundir, mejor cállate. No sé nada, entiéndelo, nada…
–Es que nos van a matar.
De nuevo oí la voz que intervino:
–Llévense a Sócrates y fusílenme a éste.
cruel y dolorosa, como si vieras caer a pedazos tu dignidad, como si el destino te hubiera
96
tendido una trampa en cuyos hilos te enredas impotente y con la vaga conciencia de la
fatalidad que te inmoviliza con un sentimiento de impotencia y rabia, como si todo lo que
hicieras y dijeras en el momento de la tortura fuera en vano, como si fueran solo gestos en
el vacío, con convicción pero sin fuerza, como quien debe cumplir el papel en una tragedia
su interlocutor la tortura:
Poniatowska pule con cincel el relato de Cabeza de Vaca, entretejido y configurado como
personaje que relata desde un espacio, la cárcel. Si los rasgos esenciales de las funciones
narrativas son lo emocional, el narrador en el relato y el modo en que relato afecta al propio
narrador y al lector, La noche de Taltelolco cumple con esas premisas, pero su relato no
solo tiene un contenido de verdad social, sino que posee también verdad estética que le da
97
Cabeza de Vaca padeció su propio 2 de octubre mancillado desde la cárcel. Las
Latinoamerica en aquellos años aplastadas por el poder pero en resistencia, relatos que nos
conectan con otras luchas y con otros espacios reales y configurados en otros discursos,
Mayo exigiendo el regreso con vida de sus hijos, “¡vivos se los llevaron, vivo los
Cóndor…
más que a la crónica, a la novela, más allá del periodismo o de la historia, Poniatowska
98
Conclusiones.
vida/ relatos orales/ literatura testimonial) y es producto de una interacción social que pone
los hechos que regularmente se opone a la verdad oficial. Quien recoge el testimnio parte
Este recurso narrativo representa una amplia categoría de textos verídicos los cuales
narratología, el análisis del discurso testimonio debe valerse de categorías desarrolladas por
la teoría de la literatura.
II
memoria colectiva y la tradición oral era práctica habitual entre los mesoamericanos a
La literatura testimonial nace de la historia oral, como el río que corre entre las
sorprendente y viva, memoria histórica y literatura. Los testimonios hechos literatura son
99
y la literatura dieron a la literatura testimonial. Pero de mucho tiempo atrás entrevistas y
testimonios han sido material de primera mano para antropólogos y poetas. Lo que dicen
oralidad, vida cotidiana y memoria colectiva que surge del recuerdo. Valen las memorias.
Pero no contamos el tiempo, contamos historias. Referir por medio de la oral un espacio
ficción, pero también está anclada al viejo dilema: la búsqueda de verdad. Si el objetivo de
la ficción es hacer verosímil lo que narra, el trabajo del testimonio es hacer verosímil la
verdad. Sin embargo, al ser la “vida real”, la literatura testimonial está condicionada a
representar información veraz con apego a la verdad de los hechos reales. Decir una cosa
falsa traiciona la verdad pero ser selectivo en el relato y en la reconstrucción de los hechos
lado de la verdad histórica sin renunciar a la creación estética, buscando armonía y sentido
problemático, lo que trasciende en todo texto es el arte de narrar: lo que se dice, cómo se
dice y qué medios se emplean para decirlo. La disyuntiva epistemológica referencia versus
III.
de coro de voces intercaladas con otros textos (fotografías, consignas, parcartas, textos,
100
poemas) es una composición plural. Los testimonios no se presentan en su integridad
“autor”, así como las “voces” que lo componen, el recurso del intertexto y las instancias
personajes y espacios.
Tlatelolco da fe de los sucesos y señala la represión a través de una historia visual que
Nacho López, investigación social con fotografías, “otra manera de contar”. Con el recurso
fotográfico, Poniatowska increpa al lector al tiempo que lo involucra desde el inicio como
se convierta en una voz-testigo del relato literario después, cuando escuche las voces y
imágenes.
Poniatowska trabaja los testimonios más allá de la referencia histórica Sobresalen también
los vínculos familiares configurados y entretejidas dentro del relato, como “Jan
101
y que dentro del relato juegan un papel relevante en cuanto configuradores del sentido: Jan
es partícipe del movimiento social y Paula Amor es la madre preocupada por las acciones
rebeldes de los estudiantes y, al final, padece la muerte de su hijo. Esta triada de personajes
(“E.P”., “Jan Paniatowski”, “Paula Amor”) señala un trabajo editorial que se acerca más a
lo real.
moviento y como personajes de la historia que ellos mismos narran, evidencia también la
sobresalen por su configuración. Es el caso del líder estudiantil “Luis Tomás Cervantes
Cabeza de Vaca del CNH” quien, desde la cárcel, refiere las movilizaciones y la tortura que
padeció a través de relatos testimoniales pulidos con cincel que, por sí mismos, podrían
muchos de los líderes presos, de donde sale la tortura y los gritos de la lucha por la
dignidad. La cárcel, como la calle o la plaza, son espacios configurados como el encierro y
Vaca simbolizan todas las torturas a los presos del 68. La cárcel en la Noche de Tlatelolco,
102
Decía Bertolt Breth que una obra es grande cuando se ocupa de los grandes
problemas de su tiempo. Poniatowska narra con respeto y admiración una de las páginas
desenlace sangriento.
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