Pablo inicia con una recomendación especial:
compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo. Pablo
ha demostrado y reconoce a Cristo como el centro y todo de su vida. Ahora le pide a la iglesia que su
comportamiento diario se realice de acuerdo con el evangelio de Cristo. Es decir, que el común denominador de su
diario vivir sea el evangelio, y no cualquier evangelio, el evangelio de Cristo. Cada iglesia y cada uno de sus integrantes
debe tener a Cristo en el centro. Jesucristo es el Alfa y la Omega; Él es el autor y el consumador. ¡No hay camino fuera de Jesús!
Pablo anima a sus hermanos en la fe en Filipos a vivir una vida digna de Cristo Jesús.
En su recomendación Pablo cita tres imágenes de lo que sería comportase de manera digna:
1. Firmes en un mismo espíritu:
La firmeza de la Pablo habla tiene una característica específica. Como si retomase el tema del versículo 5, Pablo
hace hincapié en la comunión, en la unión, en un mismo espíritu. Mi comportamiento de acuerdo con el evangelio de
Cristo no responde únicamente a mi actuar individual sino también a mi relación con los demás hermanos.
2. Combatiendo unánimes por la fe del evangelio:
Lo que Pablo les está pidiendo es que luche, batallen, como atletas miembros de un equipo, todo por la fe del
evangelio. Muchas veces la competición deportiva se convertía en un combate radical, así mismo Pablo les dice que
deben combatir, pero unánimes, y la razón: la fe del evangelio.
3. En nada intimidados por los que se oponen:
Pablo les dice a los Filipenses que no se dejen amedrentar por ellos, que no tengan miedo. Pablo ha sido víctima de
este tipo de personas y conoce muy bien de lo que está hablando, y sabe que en últimas Cristo siempre es
glorificado. Así que les pide que no tengan temor.
Para cerrar su recomendación en el versículo 28 Pablo les dice a los Filipenses que para los que se oponen al
evangelio su oposición es una prueba de perdición. Pero para los que se comportan de acuerdo al evangelio esto es
una prueba de su salvación, y que esto es de Dios.
Así que, dice Pablo, lo mejor que podemos hacer ante la oposición es comportarnos como es digno del evangelio:
estando firmes, luchando unánimes, y sin ningún temor. Dios está con nosotros.
Si bien es cierto que las circunstancias han cambiado, ya no vivimos una época de oposición pública ante la
predicación del evangelio, aún encontramos personas y organizaciones que se oponen a la predicación del
evangelio. Así que el principio esbozado por Pablo tiene plena vigencia hoy:
La salvación de nuestras almas que promete vida eterna no solo es una promesa hacia el futuro, es un cambio de
vida profundo y real que se da en nuestras vidas desde el momento en que hemos creído en él.
Nuestra fe no solo debe evidenciarse en nuestras palabras sino en nuestro comportamiento, siendo este una prueba
de nuestra salvación y no un requisito para ella.
El evangelio proclamado por Pablo según el cual Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida
eterna es poder para salvación y es un regalo dado a nosotros por gracia. Nuestra tarea es recibirlo, guardarlo y
disfrutar cada día de sus beneficios, viviendo en comunión, creciendo en amor, estando firmes, luchando por él, y sin
ningún rasgo de temor.