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Teoría Centrada en la Persona: Fundamentos

Este documento resume los fundamentos de la teoría centrada en la persona de Carl Rogers. Sostiene que el ser humano tiene una tendencia innata al crecimiento y autorrealización que lo impulsa a desarrollar todo su potencial cuando no hay amenazas que lo obstaculicen. Esta tendencia actualizante se basa en la evidencia de que el organismo en su conjunto tiende naturalmente al desarrollo completo. La teoría se opone al modelo freudiano que ve al ser humano determinado por instintos, y en su lugar propone que la esencia humana

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Teoría Centrada en la Persona: Fundamentos

Este documento resume los fundamentos de la teoría centrada en la persona de Carl Rogers. Sostiene que el ser humano tiene una tendencia innata al crecimiento y autorrealización que lo impulsa a desarrollar todo su potencial cuando no hay amenazas que lo obstaculicen. Esta tendencia actualizante se basa en la evidencia de que el organismo en su conjunto tiende naturalmente al desarrollo completo. La teoría se opone al modelo freudiano que ve al ser humano determinado por instintos, y en su lugar propone que la esencia humana

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PERSONALIDAD NORMAL – UNIDAD 1 -

DESARROLLO: TEXTOS ESCOGIDOS

Fundamentos del Enfoque Centrado en la Persona.

Teoría de la personalidad. Por Jorge O. Poliak

La Teoría Centrada en la Persona está en pleno desarrollo. No se trata de una


escuela ni se basa en principios dogmáticos, sino que por el contrario, intenta
comprender la naturaleza del fenómeno humano, de las relaciones interpersonales y
de las características del proceso terapéutico, por medio de una serie de hipótesis
basadas en la observación de cambios significativos en las actitudes, los
sentimientos y la personalidad de los sujetos que reciben terapia o counseling desde
este enfoque. Se caracteriza por una relación en la cual queda implícitamente clara
la confianza en la capacidad del cliente para encontrar los caminos que le permitan
ser congruente consigo mismo.

El punto central, el soporte esencial sobre el cual se sustenta y estructura esta


teoría, es la evidencia -a través de la experiencia terapéutica- de que el hombre tiene
una capacidad innata, que le permite desarrollar todas sus potencialidades,
relacionadas con el crecimiento y actualización, cuando no hay interferencias o
amenazas que la obstaculicen: la Tendencia Actualizante.

Carl Rogers nos acerca algunos ejemplos que sirven como confirmación biológica de
la existencia de esta Tendencia Actualizante no sólo en el hombre sino en la
naturaleza toda, y en tal sentido es una muy interesante experiencia la que se refiere
a los erizos de mar. Cuando se separan en laboratorio las dos células resultantes de
la primera división del huevo fecundado del erizo de mar, cada una de esas células
se desarrollará hasta transformarse en una larva completa de erizo de mar, tal vez
más pequeña que la usual, pero completa.

Si estas dos células primarias se hubieran desarrollado normalmente, es decir sin


ser separadas, crecerían cada una de esas dos células de acuerdo al plan genético,
formando una porción de larva de erizo de mar, contribuyendo ambas a la formación
de un solo animal.

1
De no existir entonces esta Tendencia Actualizante, podríamos esperar que al
separar las dos células del comienzo de la división, cada una desarrollará sólo una
porción de erizo de mar; pero como vemos esto no es así en virtud de esta tendencia
a la realización que es característica de todo crecimiento orgánico.

Rogers considera que el organismo todo está en condiciones de valorar las


experiencias a través de esta energía que es la Tendencia Actualizante, y que
funciona como patrón medida, es decir que valora positivamente lo que refuerza esta
tendencia y valora negativamente lo que la contradice.

Esta Tendencia Actualizante se expresa en toda la variedad de comportamientos


humanos, es el organismo todo (cuando funciona armónicamente) el que puede
dirigir las acciones por medio de la experiencia total, pudiendo así confiar en su
propia percepción como la indicadora más adecuada y fiel de las necesidades y las
conductas emergentes para satisfacerlas.

Esta tendencia apunta a metas relacionadas con la satisfacción de necesidades de


todo tipo, desde necesidades básicas hasta otras, crecientemente complejas,
relacionadas con la búsqueda de crecimiento y desarrollo, de autoactualización, de
autonomía y adaptación, de integración y diferenciación, tanto en lo que se refiere al
desarrollo individual como a lo que se relaciona con el encuentro con otros seres
humanos y con todos los matices de la vida en que es necesario efectuar elecciones.

Es así, que para Carl Rogers existe una sola motivación polimorfa respecto al
organismo en su totalidad, punto de partida de todas las energías puestas al servicio
de esta tendencia básica al crecimiento y autorrealización.

Es decir que se trata de una teoría monista que pone el acento en que "el individuo
tiene dentro de sí muchos recursos para entenderse a sí mismo. Para modificar su
autoconcepto, sus actitudes y su conducta autodirigida ( .. ) Existe en todo
organismo, a cualquier nivel, un movimiento subyacente que lo lleva hacia una
realización constructiva de sus potencialidades inherentes. Existe en el hombre una
tendencia natural al desarrollo completo”.

Esto significa, entonces, que debemos entender la conducta humana no ya en


términos de búsqueda de reducción de tensiones y mantenimiento de equilibrio
(modelo homeostático) como dirección última del individuo, sino que existe siempre y
en toda la escala biológica, la tendencia a buscar estímulos cada vez más
2
complejos. Es pues un modelo que se opone francamente al modelo del hombre
freudiano y su determinismo. El hombre rogeriano es capaz de elección y decisión.

“Freud y sus continuadores presentaron argumentos convincentes de que el Ello, la


naturaleza humana básica e inconsciente, está compuesto primariamente por
instintos que en caso de manifestarse libremente, acarrearían el incesto, el asesinato
y otros crímenes (...) En general el punto de vista del profesional y el del lego
coinciden en que la naturaleza básica del hombre debe ser mantenida oculta o
sometida a control, o bien ambas cosas.

“Al repasar mis años de experiencia clínica e investigación pienso que he tardado
mucho en advertir la falsedad de este concepto tan difundido, tanto en el ámbito
profesional como entre los profanos. Creo que la razón de ello reside en el hecho de
que en la terapia manifiestan continuamente sentimientos hostiles y antisociales, de
manera que es fácil suponer que esto revela la naturaleza más profunda y por
consiguiente básica del hombre.

Poco a poco llegué a comprender que estos sentimientos indómitos y antisociales no


son los más profundos ni poderosos, y que la esencia de la personalidad humana es
el organismo en si orientado hacia la socialización y autoconservación.

La tendencia actualizante no tiene contenidos predeterminados, pero aporta sin


embargo al individuo una energía universal innata para dirigirse a sí mismo, en un
proceso constante que apunta a su maduración.

Esta energía otorga al individuo una plasticidad que proviene de su naturaleza


orgánica y carece entonces, por su mismo origen, de contenidos predeterminados
por circunstancias históricas.

Es así que desde el Enfoque Centrado en la Persona entendemos la conducta del


ser humano como una respuesta a múltiples factores que inciden de una manera
particular en cada individuo, es decir, la conducta estaría superdeterminada,
debiendo tenerse en cuenta desde esta visión holística, tres ámbitos de intercambio:

1.- Biológico: Es decir, lo que está pasando dentro del individuo.

2.- Psicológico: Vale decir, lo que sucede entre el individuo y su ambiente.

3.- Social: Referido entonces a lo que está sucediendo en el ambiente mismo.

3
Se puede considerar que una persona está dirigida siempre a la consecución de una
meta relacionada con el crecimiento, la maduración y el enriquecimiento de su vida.
Esto incluye desde luego la búsqueda de reducción de necesidades y tensiones,
pero va mucho más allá.

Los resultados posibles dependen de¡ grado de amenaza y de libertad que el


individuo sienta para permitirse ser verdaderamente él y actuar conforme a su
naturaleza. Este grado de libertad dependerá de factores externos relacionados con
las personas que para él sean significativas; de la sociedad toda, que podrá ser más
o menos rígida, opresora, competitiva, etc.; y de factores internos, que dependen de
las características genéticas y orgánicas que hacen a su potencial innato.

Considerado así el individuo como una unidad bio-psicosocial, trataremos de echar


una mirada, a la manera como Rogers formula su teoría acerca del desarrollo de la
Personalidad y de la Dinámica de la Conducta, sea ésta "normal" ó "anormal".
Aclaremos previamente que el mismo Rogers define la teoría como “un intento falible
y dinámico de construir una red de hilos sutiles, que servirán para contener los teoría
deberá servir de estímulo para el hechos reales. Toda teoría deberá servir de
estímulo para el pensamiento creador ".

Un conjunto de supuestos funcionan como una hipótesis, la suma de hipótesis


implica la formación de modelos que no son otra cosa que analogías (como si) que
nos permite acercamos por medio de nociones más conocidas a la búsqueda de
respuestas que estructuren una teoría que nos permita aproximarnos a los hechos
reales. En síntesis, podemos decir entonces que las teorías no son " realidades"
absolutas e inmutables, ni son tampoco "verdaderas" o "falsas", a lo sumo nos
resultarán útiles o no, con relación a la posibilidad que puedan darnos, de producir
propuestas que nos permitan avanzar en la investigación de los fenómenos.

Elaborar una Teoría de la Personalidad, en tanto esta no es visible sino a través de


las conductas del sujeto, implica elaborar una Teoría General de la Conducta. Un
conjunto de supuestos acerca de reglas y características, que nos permita
respondernos aquellos interrogantes que tienen que ver con la personalidad: ¿Qué
es?, ¿cómo se constituye?, ¿cómo funciona?

Las diferentes teorías reflejan los supuestos particulares de los distintos teóricos, en
relación a sus distintos modos de comprender al hombre.

4
Teoría del Desarrollo de la Personalidad y de la Dinámica de la
Conducta

Características del Niño

Rogers sostiene que en los primeros años de vida, el niño:

1.- Percibe su experiencia como una realidad, o mejor dicho, su experiencia es su


realidad. Esto significa que las vivencias del niño constituyen la totalidad de su
realidad, lo que le permite asumir plenamente su marco interno de referencia.

2.- Tiene una tendencia innata a actualizar las potencialidades de su organismo.

3.- Reacciona ante su realidad en función de esta tendencia a la actualización, de tal


forma que su conducta se orienta permanentemente a satisfacer esas necesidades.
Es esta capacidad la que le permite tender permanentemente a la realización de sí
mismo, aprendiendo a valorar positivamente las experiencias que tienden a ese fin y
a rechazar las experiencias desagradables y contrarias a la realización de su
potencia¡ biológico y/o psíquico. Rogers denomina a esta potencialidad "proceso de
valoración organísmica".

4.- En la interacción con su medio, funciona como un todo organizado, es decir como
una gestalt.

El espacio vital del niño, que abarca todo lo que es experienciado por su organismo,
sea consciente o no, constituye su campo fenoménico.

Gradualmente el niño comienza a discriminar aquellas experiencias que


corresponden a su Noción o Concepción del, Yo, de las que se relacionan con el
mundo exterior.

Dicho de otra manera, a medida que va desarrollando el proceso de realización del


"Sí Mismo", el niño comienza a simbolizar parte de su experiencia, tornando as!
conciencia en forma progresiva de su conducta personal, y experimentando
gradualmente una vivencia de si mismo como individuo autónomo.

Estas percepciones del Yo están ligadas a valores, que en muchos casos provienen
de otras personas que son significativas para el niño.

5
En líneas generales, el amor dispensado por los padres u otras figuras significativas
es un amor condicional. El niño rápidamente comprende que para ser valorado
positivamente, para recibir amor, debe introyectar valores que no son parte del
proceso natural de evaluación de sus propias experiencias y que terminan
confundidas como parte de su autoconcepto.

Para ello debe anular sus propias experiencias, cuando ellas están en conflicto con
aquellas concepciones.

Este proceso de anulación lleva necesariamente al sujeto a transformar sus


conceptos en rígidos y estáticos, experimentados como "deber" o corno «obligación".
En otras palabras, el niño pasa a ser el "Yo" que las otras personas significativas
quieren que él sea en lugar de ser el "Yo" que verdaderamente es.

Carl Rogers se ocupa de esta dinámica ejemplificando con un supuesto niño, el que
entre los más importantes aspectos de la experiencia de sí mismo incluye, desde
luego, el de ser amado por sus padres.

"Al mismo tiempo que experimenta valores sensoriales positivos, experimenta su


vitalidad de otras maneras. Es agradable tener un movimiento intestinal en cualquier
lugar o momento en que siente la tensión fisiológica. Es satisfactorio pegar al
hermanito o tratar de suprimirlo. Cuando estas cosas son experimentadas por
primera vez, no son necesariamente contradictorias con el concepto de sí mismo,
como persona digna de amor.

"Pero luego aparece una grave amenaza a la persona de nuestro supuesto niño.
Experimenta palabras y acciones de sus padres con respecto a estas conductas
gratificantes y tales palabras y acciones significan: `Eres malo, tu conducta es mala y
no te aman ni eres digno de amor cuando te comportas así'. Esto constituye una
profunda amenaza a la naciente estructura del sí-mismo. El dilema del niño se puede
esbozar en éstos términos: 'Si admito conscientemente la satisfacción de estas
conductas y los valores que aprehendo en esas experiencias, eso es incoherente
conmigo mismo como alguien amado o digno de amor.'

Como consecuencia de esto, por una parte el niño rechaza de la conciencia las
satisfacciones que pudo haber experimentado, y por la otra distorsiona la
simbolización de esas experiencias en relación a sus padres, para preservar el
concepto de sí mismo, de tal forma que en lugar de simbolizar que esta conducta es
6
insatisfactoria para ellos, lo que percibe es: "esta conducta es insatisfactoria para
mi", de tal modo que la vivencia es sentida como si hubiera sido registrada por el
equipo sensorial y víscera¡ propio del sujeto, y no producto de actitudes parentales.
Como corolario...,

"los valores que el niño vincula con la experiencia se divorcian de su propio


funcionamiento orgánico y evalúa la experiencia en términos de las actitudes de sus
padres u otras personas que están en contacto íntimo con él. Estos valores llegan a
ser aceptados corno si fueran tan ‘reales' como los valores conectados con la
experiencia directa".

Veamos entonces estos conceptos tal como los desarrolla Rogers:

Noción del yo

Es una estructura perceptual, es decir un conjunto organizado y cambiante de


percepciones que se refieren al sujeto. Características, atributos, cualidades y
defectos, capacidades y límites, que el sujeto reconoce, descriptivo de si mismo y
que percibe como datos de su identidad.

Es decir que la Noción del Yo no sería otra cosa que la percepción que el individuo
tiene de si mismo, "la realidad" percibida a través de su experiencia total
"organísmica".

En otros términos, y para decirlo en las palabras de Rogers, la estructura del Yo es


una...

''Gestalt conceptual, coherente y organizada, compuesta de percepciones de las


características del Yo y de las percepciones de las relaciones del Yo con los otros y
con los diversos aspectos de la vida, junto con los valores asignados a estas
percepciones. Se trata de una Gestalt que está disponible para la conciencia aunque
no esté necesariamente en la conciencia. Es una Gestalt fluida y cambiante, un
proceso " .

Podríamos decir que esta Gestalt se comporta de tal forma que las percepciones del
Yo serían "la figura", y las percepciones de la relación de ese Yo con el mundo
exterior y con las demás personas significativas funcionarían como "el fondo", ya que

7
esta interacción del individuo con el medio le da un tinte particular a la experiencia
vivida de sí mismo.

Por esto es que junto a la aparición del concepto del Yo surge la necesidad del
Aprecio Positivo por parte de los otros, transformándose -como vimos anteriormente
en el ejemplo del supuesto niño- en una fuerza directriz muy intensa, en especial
cuando se trata de personas que tienen una relación particularmente significativa
con el sujeto, a punto tal que esta necesidad de aprecio positivo puede alcanzar
mayor intensidad y ser más fuerte que la de la autorrealización, interfiriendo
entonces en buena medida con la Tendencia Actualizante, y por consiguiente con el
desarrollo armonioso-de la personalidad.

Este proceso de satisfacción del Aprecio o Consideración Positiva es recíproco, ya


que al satisfacer la necesidad del "otro significativo" está satisfaciendo al mismo
tiempo su propia necesidad de ser valorado positivamente. Es lo que se denomina
Autoestimación Positiva o Consideración Positiva de Si Mismo, llegando así el
individuo a sentir la presencia o ausencia de consideración positiva,
independientemente de la valoración de los otros, de tal forma que el otro
significativo queda firmemente incorporado a su "Sí Mismo".

En condiciones ideales, si un niño recibiera en forma sistemática afecto y aceptación


absoluta, no se desarrollarían las Condiciones de Valor, y el niño mantendría su
ajuste psicológico total. Pero es muy improbable que esto suceda en la realidad, de
tal modo que el sujeto aprende a ser valorado en forma condicional: por sus
resultados escolares, por sus habilidades y destrezas, por su "buena" o "mala"
conducta, por sus éxitos o fracasos, etc.

Es así que el sujeto comienza a percibir también en forma condicional y selectiva sus
experiencias en relación al cumplimiento o no de las condiciones de valor, para
poder as! mantener la Autoestima Positiva.

Esto implica entonces una distorsión perceptual, que a su vez provoca una
incongruencia entre el concepto del Yo y la experiencia real, determinando un cierto
grado de desajuste que lo hace vulnerable a la ansiedad. Como consecuencia de
este aumento de ansiedad aparecen las conductas defensivas.

8
Los funcionamientos defensivos, en tanto resulten eficaces, no producen alteración
significativa en lo que se refiere al juicio de realidad, aunque pueden afectar, eso sí,
las relaciones interpersonales, rigidificando la conducta y provocando en el individuo
un cierto grado de sufrimiento, ante la conciencia de la existencia del problema, o al
menos de la pérdida de plasticidad frente a distintas situaciones.

Estos mecanismos defensivos son, en definitiva, una forma desplazamiento de


conducta sustitutiva de otra, que ha sido objeto de represión para evitar la
Incongruencia entre la Experiencia y la Imagen de Sí, o dicho de otro modo, entre las
Necesidades del sujeto y la búsqueda del A precio positivo Incondicional de las
figuras significativas.

Los impulsos reprimidos por los funcionamientos defensivos no dejan de existir como
tales. Simplemente se expresan de otro modo sin que haya conciencia (experiencias
no simbolizadas) por parte del sujeto del mecanismo que se ha puesto en juego.

Existen diferentes Mecanismos de Defensa procesos psíquicos ya muy conocidos y


estudiados, pero que merecen un breve desarrollo para ubicarnos mejor en los
distintos Estilos de Funcionamiento a que pueden dar lugar.

Veremos algunos de ellos:

Represión

Consiste en el “olvido intencional” por medio de la no simbolización de la


experiencia, es decir el olvido inconsciente, a causa de razones defensivas de algo
que se debiera recordar, pero resulta inaceptable por su incongruencia con el Yo.

Podríamos considerarlo como el mecanismo más universal, más importante y más


antiguo, y origen de todos los siguientes.

Ejemplos de este funcionamiento serían los olvidos y lapsus de memoria


significativos, falsos recuerdos, etc. Forma parte frecuentemente del estilo de
funcionamiento histérico.

9
Génesis de la Conducta Defensiva Génesis de la Conducta Defensiva

(según Price) – Lámina 1 (según Price) – Lámina 2

Falta de Aprecio Positivo Falta de Aprecio Positivo

Falta de Autoestimulación Falta de Autoestimulación


Positiva Incondicional Positiva Incondicional

Condiciones de Valor Condiciones de Valor

Alto grado de

Incongruencia Incongruencia

Nueva Experiencia
experiencia repentina
amenazadora intensa de
índole

Ansiedad Intensa
D
I
Vulnerabilidad a la S
T Conducta Desorganizada
Ansiedad
O
R
S
Funcionamiento Defensivo I Negación del Alteración del Concepto
Ó YO del YO
N

1
Negación

Es la afirmación –mediante una expresión lingüística- de que algo no existe o no


responde a determinadas características, o no tiene los atributos que se supone, por
la ansiedad que generaría su reconocimiento.

Ejemplos: “Ud va a creer que yo soy racista pero no es así”

La negación del sexo en la era victoriana.

Actitud de negación ante la muerte-

Desplazamiento

Es el pasaje, por razones defensivas, de una emoción (deseo, miedo pena) que
resulta inaceptable, a otra representación más fácilmente tolerable con la que está
ligada por lazos contextuales o de analogía en el tiempo o en el espacio.

Ejemplos: Miedo a los animales, a las alturas, a los espacios cerrados, etc.

Se lo observa generalmente en el estilo de funcionamiento fóbico.

Proyección

Situación en la cual se tiende a atribuir a otro u otros (personas o cosas) cualidades,


deseos, sentimientos o emociones que el individuo rechaza como propios de sí.
Podríamos considerarlo como una forma particular de Desplazamiento.

Tiene que ver con estilos de funcionamiento paranoides.

Un ejemplo sería "el severo censor" de la película Bocaccio 70 que proyectaba toda
sus motivaciones sexuales insatisfechas en el afiche “provocativo” de una
propaganda.

1
Racionalización

Es la utilización del pensamiento abstracto o de razones lógicas y admisibles a los


valores culturales y sociales del momento para justificar sentimientos, pensamientos
o conductas que serían inaceptables para la imagen de sí.

Buen ejemplo sería la fábula de "la imagen de la zorra y las uvas" en la que la zorra,
al intentar infructuosamente alcanzar los racimos, se consuela diciendo: "No importa,
las uvas están verdes».

Anulación

Es la utilización de un pensamiento, o una palabra o un acto con la intención de


borrar (anular) otro que lo precedió y resulta inaceptable.

Es característico del estilo de funcionamiento obsesivo, y está en la raíz de lo que


llamamos Pensamiento mágico.

Ejemplos: Rituales como el lavado compulsivo de manos, siguiendo ciertas reglas


fijas e inviolables que frecuentemente "anularían" un sentimiento interior de
suciedad.

Formación Reactiva

Una forma particular de anulación, que también se ve en el estilo obsesivo de


funcionamiento, y que consiste en cambiar una idea o sentimiento inaceptable por su
antítesis.

Ejemplo de este funcionamiento sería el niño que ante sentimientos hostiles hacia su
hermanito menor se transforma en protector y defensor.

2
Conversión

Consiste en la transformación de un conflicto emocional en un síntoma corporal (de


la musculatura estriada, de la sensibilidad o de los órganos de los sentidos),
provocando parálisis, anestesias o algias, y cegueras, sorderas o mutismos
respectivamente, como forma típica del estilo de funcionamiento histérico.

Así es que podemos transcribir las palabras de Rogers en su trabajo "Hacia un


enfoque moderno de los valores":

"Creo que la mayoría de nosotros acumulamos de este modo pautas de valor


introyectadas que guían nuestra vida. En la cultura actual, fantásticamente compleja,
las pautas que introyectarnos como deseables o indeseables provienen de diversas
fuentes, siendo a menudo muy contradictorias en sus significados ( .. ) provienen de
otros individuos o grupos importantes para él, pero los considera como propios.

"En la mayoría de los ternas, la fuente o locus de evaluación radica fuera de él ( .. )


Al haber cedido a otros el locus de evaluación y perdido contacto con su propio
proceso de valoración, se siente profundamente inseguro y fácilmente amenazado
en sus valores ( .. ) Esta discrepancia fundamental entre los conceptos del individuo
y su vivencia real, entre la estructura intelectual de sus valores y el proceso de
valoración inconsciente, esparte integrante de la enajenación fundamental del
hombre moderno respecto de si mismo".

He aquí pues, en palabras de Rogers, una excelente descripción de los conflictos


generadores de ansiedad y los mecanismos de defensa que tienden a controlarlos
en el hombre de hoy y que describimos como funcionamientos neuróticos.

Pero vale la pena aclarar algunos términos para evitar errores conceptuales:

3
Conciencia

Es para Rogers, aquello que corresponde a la simbolización (no necesariamente


verbal) de una parte de la experiencia vivida. "Cuando una experiencia puede ser
simbolizada sin ninguna dificultad, sin quedar deformada a causa de las defensas,
se dice que es accesible o disponible a la conciencia ".

Inconsciente

La noción de inconsciente está mal definida y poco clarificada. Todo aquello que no
podemos explicar o no alcanzamos a comprender, dice M. Kinget muy atinadamente,
lo atribuimos al inconsciente. Pero hablar de inconsciente implica referirnos a una
abstracción, lo que dificulta considerablemente el estudio del tema en la medida que
no contamos por este motivo con instrumentos de exploración totalmente confiables.

De todos modos, hay consenso general y es perfectamente aceptable y aceptado, el


hecho de la existencia de experiencias inconscientes, pero no en relación con una
entidad interna autónoma y dotada de poderes particulares, sino como formando
parte de la psiquis del ser humano, en una constante relación entre consciente e
inconsciente.

Experiencia

Nos estamos refiriendo a todo lo que constituye el psiquismo del ser humano, en sus
elementos tanto conscientes como inconscientes.

4
Experiencias Simbolizadas

Se refieren a todo lo que el sujeto sabe de sí mismo, más todas las experiencias
pasadas que están en condiciones de Ingresar al campo de la percepción con
estímulos adecuados, es decir, los elementos conscientes.

Experiencias No Simbolizadas: Aquellas que no están disponibles a la conciencia.


Son de dos tipos:

a) Experiencias potencialmente simbolizables: La simbolización es posible pero


resulta impedida por la significación amenazadora que pueda tener en relación a su
autoimagen.

b) Experiencias no simbolizables: Son experiencias definitivamente inaccesibles a la


conciencia, porque o bien fueron percibidas por el individuo como sin importancia en
relación al yo, o bien porque por su baja intensidad no alcanzan el umbral de
percepción.

Desde el punto de vista psicoterapéutico nos interesa fundamentalmente, como es


fácil comprender, el área de las experiencias potencialmente simbolizables por
medio de una resignificación de la percepción que permita la congruencia entre el Yo
y la Experiencia evitando distorsiones defensivas.

La Experiencia: se refiere al campo fenoménico de la experiencia tanto sensorial


como víscera¡. Representa todo lo que experimenta el individuo y que Rogers define
como un campo fluido y cambiante.

El Yo: Se refiere a la estructura del sí mismo y a todos los conceptos que hacen a la
conciencia que el individuo tiene de sí, e incluye sus características, relaciones y
experiencias, así como los valores asociados a ellas.

Quedan conformadas de esta manera 3 áreas:

Área I. El concepto de sí mismo y la experiencia son compatibles, y por consiguiente


hay concordancia.

Área II: La experiencia social pasa a ser percibida como propia, como si fuera parte'
de la propia experiencia del individuo. Esto significa que se han simbolizado
distorsionadamente los valores y conceptos de los padres y las otras personas
significativas.
5
Área III: Incluye aquellas experiencias tanto sensoriales como viscerales que en
virtud de ser incompatibles en la estructura del sí mismo son rechazadas de la
conciencia.

Veamos algún ejemplo:

Supongamos una madre que tiene un hijo no deseado con el cual se establece una
relación conflictiva y ambivalente: tiene sentimientos de amor hacia el niño junto a
otros de rechazo y deseos de agresión.

a) "Este chico me da satisfacciones y alegrías y me siento contenta de asistir y


colaborar en el desarrollo de mi hijo".

Este es un concepto introyectado en cuanto a la significación social que supone el


amor que una "buena madre" siente por su hijo. En la medida en que coincide con el
sí mismo, esta experiencia puede ser asimilada en el área I.

b) "Este chico se porta mal, le tuve que pegar porque no es posible que rompa todo
lo que cae en sus manos, lo hace para fastidiarme".

Este concepto permite hacer aceptable el sentimiento de fastidio hacia el hijo, en la


medida en que es introyecta do junto con el valor asociado socialmente y que se
refiere a la responsabilidad y esfuerzo tendientes a educar a nuestros hijos, con el
objetivo de que se desarrollen positivamente. Se inscribe entonces en el área II.

c) "Este chico me produce rechazo, a veces no lo puedo soportar y pienso que


hubiera preferido que no hubiera nacido".

Este es un sentimiento perturbador, en tanto no coincide con la estructura del sí


mismo, aceptar este sentimiento seria d organizador, por consiguiente es rechazado
por la conciencia y se inscribe en el área III.

Podríamos decir, en líneas generales, que cuanto más perceptos se puedan inscribir
en el área 1, mayor será la congruencia del individuo entre su experiencia sensorial y
visceral y la estructura del sí mismo, y por consiguiente menor la tensión y la
ansiedad frente a la posibilidad de amenazas a su Yo, y menor su vulnerabilidad.

Inversamente, cuanto mayor sea la incongruencia del individuo entre su experiencia


social y visceral y la estructura del sí mismo, mayor será la amenaza, mayor la
ansiedad y la vulnerabilidad frente a un monto creciente de tensión psicológica.

6
De todos modos, cuando hablamos de Ansiedad estamos refiriéndonos a una
manifestación normal de la afectividad, que aparece en circunstancias en que el
individuo se enfrenta a una situación generadora de un sentimiento de aprehensión
difusa, vaga e inespecífico dirigida a la existencia misma o a los valores en que ésta
se sustenta, acompañándose de una sensación de desamparo, indefensión e
incertidumbre.

Es por esto que K. Goldstein define la ansiedad como la experiencia subjetiva del
organismo, en situación catastrófica.

Se diferencia claramente del miedo, en tanto éste es un temor justificado a un objeto,


e implica el conocimiento del mismo.

Por otra parte podríamos concluir que la amenaza generadora de ansiedad está
estrechamente vinculada con la personalidad toda y puede por consiguiente referirse
a la vida física o psicológica, incluyendo en ésta todos los valores que el individuo
considera prioritarios para su existencia y dignidad como ser humano (libertad,
patriotismo, éxito, seguridad, el amor de otra persona, reconocimiento, etc.).

Podemos así diferenciar dos modalidades de ansiedad:

A.- Ansiedad Normal

Es aquella reacción que:

1.- No es desproporcionada a la amenaza objetiva.

2.- No implica la puesta en marcha de mecanismos defensivos.

Esta ansiedad está presente a lo largo de la vida como una constante, que funciona
asimismo como fuente generadora de crecimiento v desarrollo.

B.- Ansiedad Neurótica

Se caracteriza por:

1.- Mostrarse desproporcionada con el riesgo objetivo.

2.- Poner en juego mecanismos defensivos, produciendo como consecuencia


rigidificación, paralización e inhibición.

Asimismo debemos considerar que la ansiedad es un proceso que puede responder


a diversas causas y factores.

7
a.- Ansiedad de origen biológico. La falta de satisfacción de necesidades
biológicas produce desasosiego y ansiedad.

Un ejemplo podría ser el de un bebé que tiene sensación de hambre y por alguna
razón no recibe el alimento que espera. Esto va aumentando la tensión y el malestar,
hasta llegar a la desorganización y el pánico.

Es decir:

Hambre > ansiedad y tensión generalizada > desorganización > pánico.

Esta es una forma de ansiedad específicamente infantil, dado que en nuestra


sociedad el adulto tiene la experiencia necesaria como para saber que podrá
conseguir, en líneas generales, aquellos elementos necesarios para poder
satisfacer, en un lapso razonable, sus necesidades biológicas más urgentes.

b.- Ansiedad por inseguridad y amenazas. Es esta una forma de ansiedad que
también se observa preferentemente en el niño, quien, por falta de experiencias
previas, puede sufrir situaciones de ansiedad por amenaza a la seguridad, aun antes
de detectarse un conflicto.

Seria el caso de un niño que ante la amenaza de abandono por parte de la madre
reacciona con ansiedad marcada, tanto mayor cuanto menor sea la edad del niño y
por lo tanto menor la posibilidad de recurrir a experiencias anteriores que puedan
tranquilizarlo, relativizando dicha amenaza.

C.- Ansiedad por factores intrapsíquicos en conflicto. Cuando se reprimen


necesidades básicas ante el deseo de realización de actos prohibidos por las
personas significativas (personas -criterio) generando un conflicto con sus
condiciones de valor, de tal forma que su satisfacción implicaría pérdida de aprecio
positivo incondicional, que amenazaría de este modo su autoestima y provocaría en
consecuencia sentimientos de culpa.

d.- Ansiedad y cultura. Podemos definir la ansiedad, según hemos visto, como un
sentimiento de aprehensión difusa, vago e inespecífico, en relación a la existencia
misma o a los valores en que ésta se sustenta.

Pero estos valores que el individuo considera esenciales están en gran medida
determinados por patrones culturales.
8
Es innegable el hecho de las interrelaciones estrechas y permanentes que se
establecen entre el funcionamiento del individuo, la sociedad en que éste se
desarrolla y la cultura a la que esa sociedad se adscribe.

Entendemos por cultura, de acuerdo con R. Linton, "La configuración de la conducta


aprendida y de los resultados de la conducta, cuyos elementos comparten y
transmiten los miembros de una Sociedad .

En tal sentido hay culturas capaces de favorecer más que otras situaciones
generadoras de ansiedad, por las expectativas que esa sociedad carga sobre sus
miembros, por medio de la familia, la escuela, el trabajo, etc. y que se expresan en la
búsqueda del éxito, del prestigio, de bienes materiales, de estatus, de poder, etc.,
que implican la acentuación de la lucha y la competencia entre los individuos.

A modo de recapitulación, veamos ahora algunas características que particularizan


el E.C.P. y lo diferencian de otras teorías:

1.- La confianza básica en la capacidad del cliente en dar los pasos necesarios para
encontrarse con su propia realidad, pudiendo así descubrir los comportamientos que
sean más adecuados a sus necesidades, ya que es él quien sabe la causa de su
dolor y conoce sus problemas fundamentales.

2.- La hipótesis de que ciertas actitudes del Terapeuta o Counselor (Aceptación


Incondicional, Comprensión Empática, Congruencia) constituyen las condiciones
necesarias para que el cliente comience el proceso de cambio en la medida en que
pueda reducir la incongruencia entre el Yo y la Experiencia, a favor de un clima libre
de amenazas, clima éste que permite visualizar un modo de intercambio positivo y
constructivo en todas las relaciones interpersonales incluyendo la psicoterapia.

3.- La consideración de que estos mismos principios son aplicables a todas las
personas, más allá de los diagnósticos, sean estas rotuladas como "normales"
"neuróticas" o "psicóticas"

El Enfoque Centrado en la Persona es entonces un modo de acercamiento, una


actitud, una manera de ser y de relacionarse, antes que una técnica. Intenta una
respuesta desde una visión básicamente fenomenológica para la comprehensión de
la personalidad, por medio de la congruencia entre el campo de la experiencia y la
conceptualización del Sí Mismo.

9
Se entiende entonces al hombre como una unidad bio-psico-social, donde cuenta
tanto el mundo que el individuo encuentra como su manera particular de
experimentarlo e internalizarlo por las vivencias propias de su historia individual.

El organismo del ser humano se desarrolla sobre un patrón innato, es decir que está
en gran medida determinado, en parte por factores genéticos y en parte por
condicionamientos del medio.

A esto se suma en el hombre la capacidad de percepción, por la cual el individuo


entra en contacto con "la realidad" tal como la puede recibir por medio de sus
sentidos, así como por medio de sus experiencias y vivencias anteriores, es decir,
bajo el influjo de su historia personal.

"A los fines psicológicos, la realidad es básicamente el mundo privado de las


percepciones del individuo, aunque a los fines sociales, la realidad consiste en
aquellas percepciones que tienen una alto grado de comunalidad entre varios
individuos".

Es por ello que podemos considerar al hombre como al único organismo vivo capaz
de ser consciente de su pasado y por consiguiente con la posibilidad potencial de
elegir y tornar decisiones respecto a su futuro.

Dejemos entonces, para terminar este capítulo, que sea Carl Rogers mismo quien
nos acerque la síntesis final:

“Un Enfoque Centrado en la Persona se basa en la premisa de que el ser humano es


un organismo básicamente digno de confianza capaz de evaluar la situación externa
e interna, de comprenderse a sí mismo en su contexto, de hacer elecciones
constructivas como los siguientes pasos en la vida y de actuar en base a elecciones.

"Una persona facilitadora puede ayudar a liberar estas capacidades cuando se


relaciona como una persona real con otra, reconociendo como suyos y expresando
sus propios sentimientos, cuando experimenta un aprecio y un amor no posesivos
por la otra. Cuando este enfoque es aplicado a un individuo o a un grupo, se
descubre, a lo largo del tiempo, que las elecciones hechas, las direcciones que se
siguen y las acciones que se emprenden son personalmente cada vez más
constructivas y tienden hacia una armonía social más realista con los demás”

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¿Qué es el counseling?

Por el profesor Manuel F Artiles.

A partir de haber introducido en nuestro país la actividad del Counseling y la


denominación del “Counselor”, trataré de aclarar la concepción y su funcionalidad
en el ejercicio profesional.

Aportaré cierta cantidad de citas de distintos autores, para que aparezca la realidad
estudiada desde distintos ángulos (algo así como una expresión "cubista" ).

Querría hacer una precisión. Cuando en 1981 instauré esta modalidad (cfr. mi
artículo "Historia del Counseling en la Argentina" en el Nº 4 de esta publicación)
conocida como "Counseling" y su agente como “counselor”, creo que cometí, dada la
novedad que implicaba, el error de conservar las denominaciones inglesas. Hoy
preferiría que se hablara de “consulta psicológica” y de “consultor psicológico”.
Pienso que esto obviaría el extranjerismo de esas palabras y haría más clara la
oferta a la cual pueden acudir los consultantes. Términos como “asesor” (demasiado
ligado al medio empresarial y al de la función pública) y el de “orientador” (que
resuma un aire directivo si bien son usados en otros países como México o España,
no me resultan satisfactorios.

Hablar de “consulta psicológica” implica para el consultante la sensación (exacta)


de no acudir un profesional de la clínica psicológica, lo cual también es exacto.

Acentúa el aspecto de normalidad y de crisis.

Desearía aquí hacer unas citas de uno de los más prestigiosos psiquiatras
franceses: el Dr. Eugene Minhowski fallecido hace pocos años. Célebre por mis
trabajos sobre psicopatología fenomenológica:

“A partir del sufrimiento humano se abre a nosotros el aspecto “pático” (y no


patológico) de la existencia. Ese "pático” la atraviesa totalmente desde el fondo, la
marca, la hace humana.

Este aspecto “pático” de la existencia atraviesa la vida humana y, en ese sentido, por
su parte la funda. Y si el sufrimiento humano nos revela el aspecto más
sobresaliente, el más dramático y el más vivo, se encuentra bajo una forma menos

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“honorable”, si puedo expresarme así, hasta en las manifestaciones de ansiedad, lo
mismo que en las pequeñas reacciones fóbicas u obsesivas que tan frecuentemente
hallamos en nuestro camino. Las mismas derivan de nuestra condición humana y
demandan ser apreciadas bajo este ángulo”

“Es toda la organización de la vida humana lo que está en cuestión. Lo que acaba de
ser dicho pone en evidencia la necesidad de revisar la extensión desmesurada dada
hoy día a la noción de neurosis y, más aún, a la de “mecanismos neuróticos”. De tal
extensión procede también esta saturación sobre la gran arena de la vida, de la
atmósfera de “patologismo”, de la cual ya hemos hablado.

La línea de demarcación entre lo patológico y lo normal, o mejor de lo no-mórbido,


debe partir no de una idea de lo llamado normal, casos rarísimos que, en el fondo,
nunca existen, y tampoco son de desear. Sino más bien orientarse en sentido
inverso, es decir, en el sentido de la organización real de nuestra vida consciente
con todas sus fallas, todas sus debilidades, todos los factores menores, y en parte
parásitos, que la misma implican y que le dan su sello verdadero.

En otros términos, para decirlo una vez más, lo que procede no de lo patológico sino
de los pático . Neurotismo moral, si así lo queremos, pero sobre todo neurotismo
normal.

Allí se encuentran trazados los límites para las actividades psicoterapéuticas


intempestivas e inútiles. Parece necesario dar marcha atrás de modo de remediar la
sobresaturación del patologismo del cual hemos hablado y que vicia la atmósfera.
Los datos inmediatos, y en particular aquellos que tienen relación con la
organización de nuestra existencia humana, no pueden ser dejados de lado.

A veces uno no puede evitar decirse que hemos perdido contacto con esa
inmediatez y así sólo la vemos a través de las doctrinas, los esquemas las
interpretaciones ( “Traité de Psychopatologie”).

Estas valiosas palabras me parecen claras y clarividentes.

Un consultor psicológico tiene como objeto relacional no lo patológico sino lo pático


de su cliente. Esta distinción meridiana debiera tranquilizar y ubicar a muchos
consultores hoy desorientados en su profesión.

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Ocuparse del “pathos” común y diverso de la vida humana es una nobilísima tarea.
Entiendo aquí “pathos” como sufrimiento común del ser humano. Esto implica para el
consultor psicológico mucho más que teorías y técnicas psicológicas. Necesaria es
la conciencia profunda de sus sufrimientos y los de aquellos que lo rodean.

En este aspecto la frecuentación de autores clásicos (Montaigne Dostoievsky o


Chejov por sólo ejemplo), de obras literarias, teatrales y cinematográficas son un
aspecto formativo fundamental.

Las mismas nos refieren generalmente a lo “pático” del existir humano social e
individual.

Pienso además que el texto de Minkowski tiene una afinidad con el pensamiento y la
propuesta de Carl Rogers, que este último reconocería fácilmente.

Se me ocurre también que la dificultad que graduados y estudiantes alegan respecto


de la ambigüedad de su función tiene que ver con cierto prejuicio cultural y social.
En tal sentido se trataría de una inhibición afectiva que oscurecería la percepción
racional. Según esto, lo valorado en sí, lo estimado socialmente, lo efectivo
psicológicamente, es solo todo aquello referible a lo psicopatológico y por lo tanto al
hacer del psicólogo clínico. Ser, por lo tanto, un consultor psicológico, es “ser
menos”, hallarse en una tarea de segunda categoría…¡como el sufrimiento humano
común fuera algo “de segunda”!...

Pasaré ahora a ciertas conceptualizaciones necesarias. En su momento definí al


“Counseling” como la modalidad de intervención psicológica orientada al abordaje
relacional de la problemática normal del individuo, los pequeños grupos y las
instituciones, con la finalidad de impulsar y facilitar la emergencia de sus
potencialidades, el desarrollo de las mismas y la resolución de los conflictos
implicados. Tal concepción ,conlleva un concepto de personalidad-normal (con los
límites que Minkowski y otros autores -como veremos-señalan) al cual abocan su
tarea los consultores. Pienso que la personalidad-normal sería la del individuo que:

1) está en condiciones intelectivo-afectivas tales, que puede amar – trabajar -


gratificarse, con su máximo posible de funcionamiento en el cual alcance su
autorrealización oscilando entre las polos del "malestar" y del “bienestar” como
sentimientos de sí mismo, sin quedar fijado definitivamente en ninguno de ellos.

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2) puede moverse social y solidariamente de acuerdo a lo indicado en 1), sin que se
vea necesitado de recurrir a algún tipo de ayuda estrictamente psicoterapéutica y sin
que, por su parte, eluda o niegue esa eventual necesidad.

Esta concepción, aclaro, no implica la ausencia de conflictos intrapsíquica y no es


sinónimo de “salud mental”.

Brevemente, el objetivo de la consulta psicológica sería la personalización socio-


individual, en cuanto proceso de desarrollo y cambio constructivo de la personalidad
normal.

No ignoro que el término: personalidad normal o "pática" se presta a cuantiosa


discusión. Sin embargo, trasladaré al lector, con cargo de reflexión personal, algunas
conceptualizaciones para aclarar esta noción para los consultores.

1) En Carl Rogers encontramos que el equivalente está dado por su idea sobre lo
que llamó: “funcionamiento óptimo de la personalidad”, de la persona que funciona
plenamente; por supuesto en una dinámica ideal inalcanzable que, sin embargo,
sirve como referente operativo. Ese tipo de funcionamiento, dice Rogers está dado
por la apertura de la persona a la corriente fluida y actual de sus experiencias
vividas, que constituyen como un proceso de sentimientos que acontece
continuamente en el campo perceptivo fenoménico del individuo”

2) A. Maslow acentúa el concepto de: «autorrealización» o «actualización». Lo cual


le es común con Rogers

Maslow le atribuye las siguientes características:

-aceptación y expresión del núcleo interno personal.

- realización de capacidades y potencialidades latentes.

-disponibilidad de sí mismo (trabajar-amar-gozar)

- presencia mínima posible de neurosis, psicosis, enfermedad mental, pérdida o


disminución de las capacidades humanas y personales básicas

3) Del destacado psicoanalista francés Jean Bergeret tomo las siguientes


definiciones: Según él la normalidad implica: «El conjunto de reguladores internos
que permite a los humanos (siempre limitados) acomodarse interiormente para
procurarse no la ilusión (le la omnipotencia o la felicidad sino, al menos, zonas

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bastante sólidas y constantes de eficiencia y bienestar en medio de sus obligatorias
imperfecciones y sus no menos obligatorios conflictos internos».

Normal sería:

- un sujeto que tiene fijaciones conflictivas con mucha gente.

- que no ha encontrado en su camino dificultades internas y/o externas superiores a


su equipamiento hereditario y adquirido

- que tiene sus facultades personales defensivas y adaptativas.

- que puede permitirse un juego bastante plástico -respecto de sus necesidades


pulsionales, sus procesos primario y secundario, tanto en los planos sociales como
personales, teniendo adecuada cuenta de la realidad.

Y Bergeret afirma algo que no debemos olvidar: una personalidad estimada como
normal puede entrar en cualquier momento de su existencia en la patología mental,
incluyendo a la psicosis («La personalité normal et pathologique). Ilustrativamente
podrá decirse pues, que uno puede construir una casa en la pendiente de un
terreno, de una loma, que puede tener 45º; si uno echa allí un objeto rodará. Pero se
puede tener, sin embargo la arquitectura de siglos lo atestigua, la posibilidad de
edificar verticalmente, habida cuenta de la angulación correspondiente, en esa
pendiente. Por lo tanto, se puede tener una pendiente personal (terreno
predisponente del cual habla la medicina) que lleva a la enfermedad mental. Pero
mientras no se ruede, por dolorosas circunstancias de la vida, en ese proceso que
es vivir cotidianamente, mientras no surja el desequilibrio que empuje por la
pendiente, se podrá vivir en un equilibrio suficiente, aún sabiendo que se está sobre
la pendiente. Esto es lo que quiere significarnos Bergeret.

Freud mismo en 1932 ("Nuevas conferencias") nos recordaba que si dejamos caer al
suelo un bloc de mineral de forma cristalizada, éste se quiebra, pero no de cualquier
manera sino de acuerdo a invisibles líneas de escisión o clivaje ocultas en la
estructura mineral Análogamente sucede con el psiquismo humano.

15
La función del consultor

Creo que el campo de trabajo habitual del consultor psicológico se sitúa


precisamente en las áreas conflictuadas de la personalidad normal o "pática" ya se
trate del individuo, la familia, los pequeños grupos o las instituciones. Y creo también
que el instrumento por excelencia para su tratamiento es el «Enfoque Centrado en
la persona» de Carl Rogers sin aditamentos eclécticos que confunden y oscurecen
la tarea y la teoría. Esta es mi convicción. Sobre este punto, dado que no puedo
extenderme más, me limitaré a citar distintos autores que han trabajado el tema.

Agregaré, eso sí, que el campo del consultor tiene un nombre: la Higiología en
cuanto estudio y tratamiento de las personas normales, etc., y la prevención de las
dificultades emocionales severas o patológicas. Al comienzo de este trabajo ofrecí
mi definición de «Counseling», ahora agrego las siguientes:

1)Shertzer y Stone (U.S.A.) lo ven como: “los esfuerzos en la interacción con otra
persona, para contribuir al mejoramiento de esta segunda, de un modo positivo y
que facilite su adaptación”.

- es contribuir a que otros comprendan, modifiquen o enriquezcan su conducta, de


modo que se produzca una evolución (de conducta-actitudes-ideas-respuestas y
necesidades).

- no concibe a los individuos como “problemas de conducta” sino como personas que
tratan de descubrir el sentido de la vida, que buscan sentirse cómodas consigo
mismas y con los demás, respondiendo productivamente a las exigencias del vivir”
(Manual para el asesoramiento psicológico (Counseling)» - Ed. Paidós).

2) Universidad de Columbia (doctorado en «Counseling»): “método psicológico


referido típicamente al cuidado de las personas normales, en las que determinados
problemas han producido perturbaciones

3) Elvira Repetto (España); proceso de ayuda a un sujeto para que, conociéndose a


sí mismo y a la realidad en que vive, sepa hacer elecciones prudentes y se
comprometa con las decisiones tomadas, de tal modo que logre la integración de su
personalidad y el cambio requerido en su conducta, su efectividad como ser humano
y su maduración como persona. (“La personalización en la relación orientadora").

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4) Gilbert Rapaille (Francia): “Yo estoy frente a mi interlocutor. Si puedo encontrarme
con él a través de nuestra relación, se producirá una modificación que lo ayudará,
que lo hará más consciente de sus motivaciones y lo liará suficientemente creativo
dándole bastante seguridad como para que no tenga miedo de partir en dirección
desconocida y descubrir algo nuevo.”

5) Charles Curran(USA.): “Una relación definida en la cual, por medio de la


comprehensión empática del consultor y de respuestas precisas, una persona pasa
revista objetivamente a los factores del pasado y del presente que confluyen en sus
confusiones y conflictos personales presentes y que al mismo tiempo reorganiza sus
reacciones emocionales” («Counseling» - Ed. Sal Terrace).

6) Anne Anastasi (USA.): (el counseling): “procura capacitar al individuo para que
utilice sus recursos presentes con mayor eficacia en la resolución de problemas
readaptar con un mínimo de cambios en la personalidad, antes que indagar en las
fuentes de ansiedades y conflictos; se centra en proespecíficos que interfieren el
funcionamiento eficaz la toma de decisiones y los planes respecto (le los cursos en
acción; no busca que se logre el insight en todos los conflictos emocionales; se
centra en los aspectos de la persona que deben ser desarrollados; busca los
aspectos normales que se encuentran aún en las personalidades anormales, se
interesa en el desarrollo positivo y la prevención; trabaja con personas cercanas a lo
normal con dificultades menores de personalidad con personas cuyo nivel de
ansiedad interfiere y quebranta, pero no incapacita o desintegra Ia personalidad;
requiere menos tiempo que la psicoterapia”. (“Psicología aplicada” - T5 - Ed.
Kapeluz).

Espero haber sembrado aquí semillas fecundas de reflexión y clarificación. Para


concluir, recuerde el consultor psicológico que su tarea está referida a lo «pático» de
la existencia a lo patológico. Cumplir esa tarea lúcida y eficazmente exige una
profundización en sí mismo y un adecuado uso de los recursos que Carl Rogers, por
ejemplo nos ofrece. La meta del esfuerzo vale realmente la ¡-ven¡¡, puesto que se
trata del ser humano en sus crisis y su angustia cotidiana, es decir, de todos
nosotros.

17
LAS FUNCIONES PSICOLÓGICAS (Por A. Kogan en “Introducción a
la Psicología – Ed. Nueva Visión)

Analizamos hasta aquí los conceptos de personalidad y de conducta señalando


sobre todo los influjos e interacciones que condicionan sus respectivas
características y evolución histórica dentro de una existencia individual y sus
manifestaciones en una situación dada. Nos ocuparemos ahora de las diversas
funciones psicológicas que permiten precisamente recibir tales influjos y responder a
ellos; esto es, reseñaremos las características esenciales de la percepción la
memoria los sentimientos las emociones, los deseos, intenciones, pensamientos y
demás operaciones sólo mediante las cuales se verifican esos procesos de
comunicación entre el individuo y el medio y la consiguiente plasmación de la
personalidad.

La psicología tradicional las había investigado de manera abstracta, en situaciones


asépticas -de laboratorio, sin tornar en cuenta las condiciones socioculturales e
intergrupales en que se desarrolla habitualmente la vida psíquica, ni el influjo de la
personalidad,. total en su ejercicio. Hoy el enfoque de muchos investigadores es
otro, y si aún falta mucho para comprender cabalmente las distintas funciones
psicológicas y su interjuego en la corriente de la conducta, se las encara, aun en
laboratorios de psicología experimental, como instrumentos o recursos de un ser en
situación con la clara conciencia de que es un artificio científico separar dentro de un
segmento de conducta molar aspectos tales como las sensaciones que el sujeto está
experimentado, sus emociones, proyectos, ideas, etc. Aunque son procesos
específicos que siguen sus leyes propias, en su operar concreto las funciones
psíquicas se hallan siempre dentro del marco de una personalidad que a través de
ellos busca y realiza su proyecto existencial, insertada en un contexto dado de
condiciones externas e internas y según formas peculiares de adaptación y de
expresión.

En la antigüedad se habían elaborado clasificaciones supone los diversos modos


posibles de orientación de la conducta. Platón distinguía en ellas tres partes; la
concupiscente, la irascible y la racional, con sede respectivamente en el abdomen, el
corazón y la cabeza. Aristóteles formuló la siguiente clasificación: alma vegetativa

18
(propia de todo ser vivo), sensitiva (propia de todo ser animal) e intelectiva (exclusiva
del ser humano, pero sólo del sexo masculino).

Es fácil reconocer en estas clasificaciones semejanzas parciales con la establecida


por Kant en el siglo XVII, siguiendo a algunos autores que lo precedieron, y que
sigue vigente aún hoy: la clasificación de las funciones psicológicas en afectivas,
cognoscitivas y volitivas. Tal conceptuación no contradice tampoco la distinción en
“áreas de manifestación” de la conducta (Pichon Rivière) o de diversas clases de
“operaciones” (Lagache), por más que estos autores se interesan sobre todo en
señalar la unidad y la complejidad estructural del comportamiento. El área de la
mente (las operaciones simbólicas) aunque no es ajena a la vida afectiva y a la vida
volitiva, implica fundamentalmente funciones cognoscitivas. El área del cuerpo
(operaciones fisiológicas) implica aspectos constitutivos de las funciones afectivas; y
el área de actuación exterior (operaciones materiales) se liga de manera especial
con funciones volitivas. Más detenidamente, los fenómenos cognoscitivos (sean
sensibles o intelectuales), son “mentales”; no es necesario que se traduzcan ni en
manifestaciones corporales- descontada, desde luego, la ineludible participación del
sistema nervioso en todo acto psicológico- ni en acciones concretas en el espacio.
Son, justamente, operaciones “simbólicas”: la relación con los objetos se establece a
través de representaciones de los mismos, representaciones del tipo de las
imágenes sensibles (llamadas con frecuencia simplemente representaciones) o del
tipo de los conceptos, juicios y razonamientos.

Los fenómenos afectivos, en lo que tienen de vivenciados, de experimentados


anímicamente por el propio sujeto, pertenecen al área de la mente, pero en el caso
de las emociones, las manifestaciones en el área 2 asumen tal primacía que sin su
intervención no existirían como tales fenómenos afectivos. La emoción de la cólera
supone palidez-o enrojecimiento- aceleración de los movimientos cardíacos, temblor;
el miedo supone dilatación de las pupilas, también temblor y palidez, flojera en las
piernas etc., y así sucesivamente.

En cuanto a los fenómenos volitivos, es lo habitual que se traduzcan de manera


mediata o inmediata, en acciones en el espacio , y corresponden así sobre todo al
área 3. Las últimas corrientes, tanto dentro de la psicología académica como en el
psicoanálisis, no han dedicado especial atención a la vida volitiva, y la revelación por
parte de este último de la trascendencia de las motivaciones inconscientes pareció

19
incluso reducir el papel de la voluntad en el comportamiento humano, que suele ser
impulsado por fuerzas desconocidas para el propio sujeto y sobre las cuales no
puede, por ende tener dominio. Sin embargo, en el curso de las últimas décadas, la
psiquiatría existencial, junto con otras tendencias de giro humanístico dentro de la
psicología, han reivindicado con fuerza la significación de la decisión y la
responsabilidad, acaso por el hecho que “profundizan los conceptos que definen la
condición humana”, según expresa Allport, afín, por su parte, a ese giro.

Para los existencialistas el sentido de la vida del hombre radica en la libertad, y esta
posición repercute naturalmente en las teorías sobre la voluntad. En un ensayo de
Binswanger sobre Freud afirma lo siguiente: “…ser un hombre no implica
meramente ser una criatura engendrada por una vida mortal, arrojada en ella y
zarandeada, exaltada y deprimida por la misma, significa ser un ser que enfrenta su
propio destino y el de la humanidad, un ser que se decide, o sea, uno que asume su
propia situación, o que se sostiene sobre sus propios pies... El hecho de que nuestra
vida es determinada por las fuerzas vitales constituye sólo un aspecto de la verdad;
el otro reside en que nosotros mismos determinamos dichas fuerzas como nuestro
destino. Sólo si se tienen en cuenta los dos aspectos es posible considerar en su
totalidad el problema de la salud y de la enfermedad”. Y Rollo May, a quien
citaremos enseguida, señala las consecuencias de tales convicciones en la
psicoterapia: no se intenta “empujar” al paciente a que tome decisiones, pero sí
esclarecerle su propia capacidad para ejercer su voluntad.

Sin que se niegue el determinismo causal en las actividades humanas, se recalca


que éste no agota la explicación de las mismas, porque el hombre no es un ente
sometido pasiva- a fuerzas incontrolables, sean estas las huellas de su propio
pasado en interjuego con sus pulsiones instintivas, según la concepción
psicoanalítica más corriente o los estímulos del medio, según la concepción
reflexológica y behaviorista. "Al revelar y explorar las fuerzas deterministas en la vida
del paciente --afirma Rollo May refiriéndose a la psicoterapia de enfoque existencial-
éste se orienta asimismo de una manera peculiar frente a los datos, y de este modo
se compromete en alguna elección, por más insignificante que parezca;
experimenta- cierta libertad, por más sutil que sea”.

Y continúa: "la misma autoconsciencia implica inseparable- el elemento de la


decisión". Y en verdad las decisiones, en las que consiste en esencia el ejercicio de

20
la voluntad, son los actos más plenamente personales, los actos en qué más
integralmente se da expresión a las posibilidades de un individuo. Según Sartre la
vida de un hombre es la suma de sus actos --esto es, de sus decisiones - los
anhelos, los intentos no realizados, nos revelan lo que verdaderamente ha elegido,
su proyecto existencial.

Operaciones volitivas se hallan involucradas en muchas operaciones psicológicas de


otro orden: en la atención, en la percepción, en la memoria, en la imaginación. Todas
ellas, en la medida en que revisten un carácter, selectivo, dejan de ser respuestas
automáticamente uniformes a los estímulos y devienen manifestaciones expresivas
de un ser-en-situación, y algunas requieren específicamente esfuerzo y elección.

Constituye otro aspecto fundamental en el operar de las lógicas las interacciones


recíprocas distintas funciones psicológicas las interacciones recíprocas del tipo que
acabamos de indicar. Percibir, por ejemplo, supone atender a determinados
estímulos entre todos los que en algún momento nos solicitan (vida cognoscitiva, y
esto implica a su vez una elección (vida volitiva), vinculada a su vez con intereses,
permanentes o transitorios (vida afectiva).

Implica asimismo memoria (vida cognoscitiva), porque percibir es reconocer el objeto


corno perteneciente a alguna categoría ya conocida; implica imaginar, en mayor o
menor medida, puesto que las expectativas con respecto al objeto orientan la
percepción, etc. Interacciones semejantes se dan también en la memoria, porque el
recuerdo se rige también por la afectividad, lo mismo que las actividades voluntarias;
imaginar, suponer, recordar; pensar, supone atender, querer, y así sucesivamente.

Esta constante e ineludible interacción confirma la orientación personalística de gran


parte de la psicología actual, que considera la conducta en su calidad de diálogo, por
así decir, que se entabla entre un sujeto determinado, dotado de rasgos
idiosincrásicos, y las circunstancias naturales, culturales y grupales que lo rodean,
circunstancias que vive como situación a la que necesita adaptarse y en medio de
las cuales se expresa. La adaptación significa por un lado variar su conducta y sus
rasgos personales, por otro, variar las condiciones externas todo con el objeto de
asegurar la supervivencia o el estado de bienestar del organismo la expresión
manifestar y desarrollar sus posibilidades individuales. Ambos procesos se hallan
íntimamente entretejidos y no pueden considerarse por entero distintos: en cuanto

21
sobrevivir significa mantener la propia estructura, los procesos adaptativos también
ponen de manifiesto las necesidades peculiares de un organismo lo "expresan" ,
pues. Sabemos, no obstante, que algunas de estas necesidades son básicas y su
satisfacción es requisito , de toda adaptación, en tanto que existen otras, menos
imperiosas, cuya no satisfacción no amenaza la vida, pero destruye las posibilidades
más originales de un individuo dado.

Se vincula con el carácter expresivo de la conducta, el hecho de que en los distintos


tipos de personalidad predominen respectivamente funciones psicológicas diversas:
en las personalidades introvertidas las funciones cognoscitivas, en las demostrativas
las afectivas, y en los hombres de acción, las volitivas.

Los actos reflejos

El funcionamiento psicológico más elemental, ni siquiera encuadrable dentro del


marco de la conocida clasificación tripartita de la vida psíquica, lo constituyen los
actos reflejos. Estos consisten en respuestas uniformes ante estímulos específicos, y
son tanto de origen innato -los reflejos simples, absolutos o incondicionados- como
adquiridos –los reflejos condicionados.

Las respuestas reflejas simples son siempre movimientos musculares o secreciones


glandulares: la contracción o la dilatación de la pupila ante la luz, la secreción de
saliva cuando se introduce un alimento en la boca; la flexión de la pantorrilla cuando
se golpea la rodilla, el estornudo, etc. Algunos reflejos corresponden a determinados
períodos del desarrollo y luego desaparecen como ocurre con el reflejo del Moro,
que solo se manifiesta en las primeras semanas de vida: consiste en extender los
brazos y piernas como respuesta a una súbita pérdida de la sustentación, a un ruido
sorpresivo, etc.; o con el reflejo de plantar de Babinski (la extensión de los dedos del
pie cuando se roza la planta), que también sólo se manifiesta en los bebés. El
circuito neurológico de los reflejos se compone de receptores (éxtero, íntero o
proprioceptivos), fibras aferentes, neuronas sensoriales, neuronas de asociación,
motrices; fibras eferentes y efectores (musculares o glandulares). Los receptores
transforman energía exterior en energía nerviosa, o sea, de índole electroquímica, y

22
esa energía, trasmutada por último en motricidad, es conducida por las fibras
eferentes hasta los efectores.

En los últimos años se ha comprobado que un esquema excesivamente simple


estímulo-respuesta, según el cual bastaría un receptor único que, activado,
trasmitiera los impulsos a través de una única neurona de conexión a un
determinado músculo o glándula, no es sino una ficción. En verdad los reflejos
requieren la estimulación de numerosas fibras nerviosas, las que establecen
conexiones con neuronas diversas y a cuyas impulsiones suelen agregarse las que
proceden de otras fuentes, de modo que la glándula o el músculo efector resultan
afectados en verdad por recorridos nerviosos procedentes de fibras múltiples.

Existen actos reflejos, sean de tipo defensivo o adaptativo, en los que interviene el
sistema nerviosos autónomo, otros en los que interviene el sistema nerviosos
central, y actos reflejos mixtos. Se los puede clasificar en cuatro tipos, según estas
diversidades:

CC: intervención exclusiva del sistema nerviosos central.

CA: intervención de ambos sistemas, con predominio del sistema nervioso central.

AC: intervención de ambos sistemas, con predominio del sistema autónomo.

AA: intervención exclusiva del sistema autónomo.

El famosos discípulo Pavlov, C. Bykov, salió al paso de las concepciones


excesivamente simplistas de la actividad refleja afirmando: que “las expresiones
reflejo de salivación, reflejo de flexión, de micción, etc., sólo son designaciones
cómodas en la práctica del carácter reflejo del proceso en que fijamos nuestra
atención. En realidad una salivación refleja tomada como ejemplo no es sino un
componente de un acto alimenticio complejo y global, que comprende también la
secreción del jugo gástrico, la deglución, la masticación, la modificación de la
circulación sanguínea en los órganos del tracto intestinal, con una modificación
correspondiente del trabajo del corazón, del tonos de los vasos, etc.. Es obvio que
todos esos procesos exigen la participación de múltiples trayectos nerviosos.

Respuestas automáticas a un estímulo específico, automáticas en el sentido de que


no vienen precedidas por una experiencia de tensión psicológica, los reflejos no son
sin embargo esos circuitos excesivamente simples receptores que en otra época se

23
creyó. Y en la actualidad se toma en cuenta también que la relación entre la variable
independiente (el estímulo) y la variable dependiente (la reacción muscular o
glandular) está influida inevitablemente por las características permanentes del
sistema nervioso particular de que se trate y por las circunstancias transitorias que lo
afectan (variable interviniente). Sean centros medulares o tubcorticales los que
intervienen primordialmente como elementos de conexión, como es el caso en los
reflejos simples o absolutos al que nos estamos refiriendo, o centros corticales como
ocurre en los reflejos condicionados, la estructuración funcional del cerebro o de la
médula y su estado momentáneo constituyen una variable interviniente cuyas
cualidades específicas determinan algunos rasgos del proceso total. Lo confirman,
por lo que atañe a los estados y circunstancias transitorios, las denominadas fases
de la reactividad, que reseñaremos más adelante. Pero basta también para
demostrarlo una experiencia muy sencilla: el reflejo patelar se intensifica si se
mantienen las manos apretadas.

Una característica fundamental de los reflejos simples, absolutos o incondicionados


es que los estímulos correspondientes poseen un valor no individual sino genotípico.
El individuo no aprendió a reconocerlos y a reaccionar a ellos sino que estas
reacciones son innatas y compartidas por todos los integrantes de una especie
animal dada. Otro es el caso de los reflejos condicionados, que involucran una situa-
de aprendizaje, ya que quedan instaurados como resultado de experiencias
individuales.

Los reflejos condicionados implican circuitos neurológicos más complejos y la


intervención de un mayor número de funciones psicológicas que los reflejos que
hemos visto hasta aquí Pero son también respuestas automáticas, porque no
dependen del control voluntario. La gama de los reflejos condicionados es en cambio
mucho más extensa, porque los estímulos desencadenantes no son ya situaciones
uniformes para todos los miembros de una especie, esto es, naturales, sino otras
situaciones-estímulo que por circunstancias diversas quedaron ligadas con las
primeras y adquirieron así el valor de señal, siendo capaces de suscitar las mismas
reacciones.

En el condicionamiento pavloviano o clásico -en oposición al operante o


instrumental---, el proceso subyacente consiste en una asociación temporal entre el
estímulo originario y el segundo, estímulo artificial. El cerebro posee, junto con la

24
capacidad de analizar las situaciones-estímulo la capacidad de sintetizar o asociar
estimulaciones que se hayan padecido en momentos cercanos o simultáneamente, y
son estas asociaciones las que quedan fijadas simultáneamente en la organización
nerviosa. El surgimiento de los reflejos condicionados resulta, pues, de una
sustitución de estímulos.

La contracción o dilatación de la pupila por efecto luz, o la secreción de la saliva al


contacto del alimento en la boca son reflejos simples, pero puede suceder, sea por
un hecho casual o deliberado, que la aparición de una luz muy intensa haya coincido
repetidas veces con un sonido determinado (en los casos deliberados para adiestrar
a un animal acaso, o para efectuar un procedimiento de laboratorio), o la
presentación de la comida con otro estímulo que puede consistir sencillamente en el
ruido de los pasos de quien la trae; bastará en el futuro que se perciban tales
sonidos, o cualquier otro estímulo asociado con la luz o con el alimento, para que se
produzca la respuesta pupilar o salivar. El sonido se convirtió en “señal” en virtud de
un aprendizaje individual, de modo que de estímulo al comienzo indiferente al menos
en lo que concierne a la reacción pupilar o salivar adquirió una cualidad nueva.
Ocurre a veces, en situaciones altamente traumáticas, que la, asociación entre
estímulo original al y señal quede establecida después de una sola aparición
simultánea.

Además, las formas de la coincidencia temporal que rigen la formación de reflejos


condicionados varía: o simultaneidad en la aparición del estímulo natural y artificial, o
que éste preceda brevemente a aquél, o incluso que lo suceda, aunque en estos
casos los reflejos condicionados resultan débiles. La reiteración de estas
coincidencias temporales es lo que constituye el refuerzo en el sentido pavloviano.

Se dan también casos de sensibilización del organismo por descenso del umbral, de
reactividad; en estos casos, durante el proceso de condicionamiento la reacción se
produce no sólo ante el estímulo incondicionado o natural y ante el condicionado o
artificial, sino también ante cualquier estímulo extraño que pueda percibir, por
ejemplo, si se lo ha condicionado para que retire la pata al oír un timbre, efectuará el
mismo movimiento ante cualquier estímulo súbito: una puerta que se cierra, un
movimiento inesperado del experimentador, etc. Un caso especial de sensibilización
es el seudocondicionamiento que se produce cuando el estímulo incondicionado es
tan intenso que a ello se debe la sensibilización el organismo, y la primera

25
presentación del estímulo condicionado provoca la respuesta, lo mismo que casi
cualquier otro estímulo. Se trata de casos de respuestas no esperadas a estímulos
no esperados tampoco, y es preciso no confundir con el condicionamiento auténtico.

En el condicionamiento operante o instrumental, estudiado por el psicólogo


norteamericano B. F. Skinner, las respuestas reflejas no dependen de la asociación
entre estímulo los, sino que son la consecuencia de un esfuerzo o recompensa.
Tomemos el caso de un perro que debe apretar una de varias palancas para recibir
comida: después de varias acciones voluntarias de ensayo y error aprende a apretar
la palanca debida, y la acción primitivamente voluntaria se toma en acción
condicionada.

El proceso es como sigue cuando conductas emitidas espontáneamente por el


organismo (caso, aunque no exclusivo de las acciones voluntarias) operan algún
cambio o mediación en las circunstancias exteriores, pueden convertirse en
instrumentos para suscitar en el futuro esos mismos efectos. Son tales cambios o
modificaciones los qué refuerzan la acción, ya que si ésta se repite es para lograr su
reiteración, que. es sentida como una recompensa. También sucede, inversamente
que las consecuencias de las propias acciones sean negativas, y en ese caso en
lugar de reforzadas resultan inhibidas.

Gran parte del aprendizaje es producto de este condicionamiento operante, de la


conexión que se establece ya no entre dos estímulos, sino entre una actividad del
organismo y una consecuencia exterior, que al principio se dio en forma impensada y
más adelante se busca reeditar. Se da está secuencia en el ejemplo que
presentamos, o también cada vez que un animal aprende alguna habilidad si es
recompensado con dulces cuando ejecuta ciertos movimientos, cada vez que
alguien descubre que cambiando, de lugar algunos objetos crea un espacio más
cómodo, o cuando los niños se muestran obedientes porque la obediencia ha sido
objeto de aprobación por parte de los que los rodean, etcétera.

Pero ¿qué es lo que posibilita desde el punto de vista neurológico la asociación de


experiencias y el surgimiento, por ende, de movimientos condicionados, sean del
género clásico o del instrumental? El hecho de que, según las investigaciones
electroencefalográficas, la actividad simultánea de dos estímulos en diferentes zonas
analizadoras de la corteza, sean las encargadas de diferenciar entre los datos

26
aportados por los sentidos, o los procedentes de la sensibilidad interna (datos
cinestécicos) ocasiona que en el futuro los cambios electroquímicos provocados
originariamente por uno de ellos puedan ser provocados también por el otro.

Las asociaciones pueden producirse también en cadena, ligándose los reflejos


condicionados en estructuras funcionales llamadas estereotipos dinámicos. Así,
dada una reiterada ordenación temporal de estímulos que producen, cada uno de
ellos, su respectiva respuesta, basta en adelante la reiteración de uno de éstos para
que se produzca, en cascadas, la serie completa. Este “juego mutuo de todos los
reflejos condicionados, positivos y negativos, de diferentes órdenes, que forman el
estereotipo dinámico y su relación con las actividades subcorticales son de
importancia capital en la conservación del equilibrio interior del organismo y del de
éste con el medio”. Los estereotipos dinámicos se aprenden, tienden a repetirse
determinando rasgos individuales de comportamiento de mayor o menor complejidad
y perdurabilidad. La perdurabilidad. depende del refuerzo, o sea, la repetición en la
experiencia del sujeto de las coincidencias temporales entre los estímulos naturales
y los asociados a estos.

La falta de refuerzo va debilitando las respuestas reflejas lo que equivale a decir que
se producen inhibiciones de las mismas hasta que pueden desaparecer por
completo (extinción). Suele suceder no obstante que las respuestas reaparecen -a
veces incluso sin ningún refuerzo- (recuperación espontánea), y este fenómeno
indica que la inhibición de las respuestas no nace de un pasivo debilitamiento de las
conexiones nerviosas establecidas sino que es un proceso activo que detiene una
reacción posible.

El influjo de la formación de reflejos adquiridos -en la totalidad de la conducta


obedece asimismo a otro fenómeno: la generalización, proceso por el cual estímulos
semejantes a los primitivamente condicionantes provocan las mismas reacciones
que éstos. Hay, pues, una transferencia de las respuestas a situaciones nuevas,
transferencia o generalización que vale tanto para el caso de las respuestas
efectivas como para los casos de inhibiciones de reacciones anteriormente
aprendidas, cuando la reacción deja de beneficiar o crea una situación negativa para
el organismo.

27
Pero la generalización no es ilimitada, porque existe un proceso de signo contrario
que la contrarresta: la discrimina - que permite distinguir entre estímulos similares.
De tal manera, si entre un par de ellos uno ha sido reforzado y el otro no, en el futuro
sólo el primero suscitará la reacción refleja. Se ha comprobado que en los perros la
discriminación les permite diferenciar entre sonidos de 256 y 258 vibraciones por
segundo. Si han sido condicionados para secretar saliva ante el primero de los
estímulos, no lo harán ante el segundo a pesar de ser tan leve la diferencia.

Todos estos procesos ponen de manifiesto la capacidad diferenciadora e integrativa


del cerebro gracias a lo cual constituye. el órgano fundamental de la adaptación,
como lo han puesto de manifiesto los trabajos de Pavlov sobre reflejos
condicionados a que nos venimos refiriendo. La adaptación no implica únicamente
recepción de estímulos, esto es posibilidad de excitación, sino también posibilidades
de inhibición; en distintos momentos predominan respectivamente en la corteza
zonas de excitación y zonas de inhibición, de modo que su función constituye un
mosaico inestable y dinámico cuya actividad consiste sobre todo en un interjuego de
esos dos procesos nerviosos y que se desenvuelve según las siguientes
posibilidades:

-excitación e inhibición central;

-irradiación a otras zonas del sistema nervioso de la excita- o la inhibición;

-apertura o cierre de vías de transmisión en distintos niveles de la totalidad del


sistema reflejo;

-análisis o diferenciación de los grupos de estímulos;

-actividad dé síntesis.

Son todas estas actividades, de funcionamiento complejo y sumamente móvil, las


que constituyen los estereotipos dinámicos, esto es, esos mosaicos funcionales y
alternantes de focos de excitación e inhibición que permiten que el organismo se
adapte a un medio natural y humano también complejo y cambiante.

En cada momento llegan a la corteza una gran cantidad de excitaciones, éxtero o


ínteroceptivas; algunos puntos se hallan estado de excitación, otros en estado de
inhibición, de modo que el poder excitador o inhibidor de los estímulos depende en
alto grado del estado momentáneo de reactibilidad en que se halle la corteza. El

28
sueño constituye un estado de inhibición generalizada, y existen estados
intermedios, las distintas fases hipnóticas u oniroides, entre vigilia y sueño:

Fase hipnótica: falta de reactividad

Fase niveladora: las reacciones son siempre débiles, independiente de la intensidad


del estímulo.

Fase paradoja: los estímulos fuertes provocan reacciones débiles y recíprocamente


los estímulos débiles reaccio

Fase ultra paradojal: Los excitantes que durante la vigilia provocan la reacción la
inhiben, en tanto que los agentes inhibidores excitan.

La discriminación de las fases reviste gran importancia práctica; entre otras


aplicaciones, sugieren los modos adecuados de suministrar los estímulos en los
procesos de aprendizaje de reflejos nuevos; no siempre un aumento de la intensidad
de los estímulos constituye el mejor medio de provocar o inhibir respuestas; hay que
tomar en consideración las circunstancias particulares (así como las modalidades
individuales) en que se halla el organismo, en particular las referentes a la actividad
nerviosa superior.

Los instintos

Al ocupamos de la motivación incluimos a los instintos en cuanto factores


determinantes del comportamiento, aquí nos interesaran en cambio en su cualidad
funcional de recurso o instrumento de adaptación del organismo. Junto con los
reflejos simples los instintos pertenecen a los más elementales de ellos; son
igualmente innatos y traducen no modalidades individuales sino propias de una
especie. Serían, en el plano psicológico, una expresión indirecta de procesos
bioquímicos trasmitidos por la herencia.

29
En muchos casos se torna difícil diferenciar entre instintos y reflejos; se discute , por
ejemplo, la índole de los movimientos de succión del bebé. Lo que debe tornarse en
cuenta sobre todo es que, a diferencia de los movimientos reflejos, que sólo en
estados de fuerte excitación general del sistema nervioso se producen aún en
ausencia de todo estímulo exterior, los instintos responden fundamentalmente a un
ritmo propio, y las motivaciones correspondientes brotan de manera espontánea en
el organismo en determinados períodos de la vida o pasados ciertos lapsos de no
satisfacción. En cuanto a lo primero, lo ejemplifica el período de celo en los animales
y aun las distintas formas que asume la sexualidad en la vida humana en distintas
etapas de la evolución psicológica o la aparición de instintos tales como el de
nidificación en los pájaros en épocas establecidas en la vida del animal, etc. en
cuanto a lo segundo, se manifiesta en las “ondas”, por así decir con que brotan el
hambre, la sed, el sueño y aun con frecuencia, el apetito sexual. Claro que en estos
ritmos, interviene igualmente el condicionamiento, y por influjo de éste y no
exclusivamente por una necesidad biológica, surgen los deseos de comer o de beber
a determinadas horas. El condicionamiento también influye, en un sentido distinto,
en la conversión de algunos elementos o situaciones en estímulos privilegiados para
suscitar ciertas motivaciones instintivas. Así, la propaganda puede hacer que la vista
de algún alimento o bebida especial exciten el hambre o la sed; ciertos perfumes,
sonidos o tipos -de iluminación pueden promover excitación sexual, etc. La
intervención del condicionamiento en estos procesos queda demostrada por la
variación cultural de los estímulos: lo que provoca el apetito de un zulú puede
provocar repulsión en un hombre civilizado, y así sucesivamente.

Pero las funciones instintivas posee una mayor complejidad que las reflejas; incluyen
fenómenos de motivación que conducen a la búsqueda activa de determinados
objetos o tipos de objetos, y su actividad total supone la intervención de procesos
cognoscitivos afectivos y en alguna medida volitivos.

Según William McDougall, cuya teoría hórmica concede un lugar tan capital a los
instintos en la vida psicológica, el núcleo de cada uno de ellos lo constituye una
emoción, y todas las emociones son núcleos de algún instinto.

30
La vida afectiva

Ya hemos recalcado la significación fundamental de los afectos en la formación de la


personalidad y en la conducta. La vida afectiva es la fuente del comportamiento
motivado. Cuando existe el riesgo de que las necesidades no sean satisfechas,
surgen sentimientos de temor, que llegan a transformarse en pánico en el caso de
las necesidades básicas-, y es este sentimiento el que impulsa a obrar, sea de
manera concreta o simbólica. Otras veces es por el contrario el sentimiento de goce
ante la perspectiva de una gratificación lo que incita y desencadena el
comportamiento. Los grados afectiva son naturalmente muy variados tanto de
intensidad en uno como en otro caso: se extienden desde el mero asomar
inconsciente del afecto hasta la emoción o pasión avasalladora; y también es
sumamente rica la gama de los afectos que es posible experimentar. En general,
está polarizada en los afectos extremos del placer y el dolor. Segun Wundt los polos
serían: agradable-desagradable, tensión-relajación, excitación-calma.

No existe actividad psíquica, si se exceptúan algunos reflejos simples que no se


relacione con la afectividad; incluso la requieren la formación y el ejercicio de los
hábitos, que suelen ser considerados modos de actuación mecánicos, casi
indiferentes. No es así: la formación de cualquier hábito obedece a la tendencia de
perseguir el placer y huir del dolor, y existen además algunos que son
específicamente emocionales: todos los que nos impulsan a obrar de una manera ya
establecida en-situaciones de ansiedad o de depresión, en algunos casos el hábito
del alcohol o de las drogas, en otros el hábito del cigarrillo, el de adoptar actitudes de
retraimiento, etc. Otros están ligados, en cambio, con gratificaciones afectivas:
reunirse con amigos en sitios o días prefijados, el hábito de practicar deportes, el
hábito de la lectura, de la música, y muchos más. Incluso las reacciones habituales
que se tornan enteramente estereotipadas, corno vaciadas d toda afectividad, si
persisten es porque llenan algún requerimiento y prescindir de ellas implica una
decisión penosa.

Hay que contar, por último, con el placer que reporta efectuar con facilidad
movimientos a veces complicados, en el caso de los hábitos activos. En suma, aun
conductas que parecen ajenas a la afectividad también la suponen.

31
Señalamos ya que uno de los aportes esenciales de la escuela freudiana es haber
puesto tan en primer plano los aspectos afectivos del comportamiento; gracias -al
influjo directo o indirecto del psicoanálisis se intensificaron los estudios sobre los
conflictos, sobre la frustración, sobre los mecanismos de defensa, las relaciones
madre-niño, etc., situaciones en todas las cuales prevalecen vivencias de fuerte tono
afectivo.

Tradicionalmente se ha considerado que la vida afectiva sobre todo en los estados


intensos, en las emociones y pasiones, constituye una especie de caída en una
condición caótica, de nivel inferior a la objetividad que rige en las actitudes
racionales, y un eco de esta posición se advierte en la teoría de las emociones de
Jean Paul Sartre. Según afirma en Esbozo de una teoría de las emociones, las
emociones constituyen una mala adaptación a una situación y suponen al mismo
tiempo una actitud de mala fe, porque se intenta, con el comportamiento emocional,
ocultarse a sí mismo la incapacidad de responder adecuadamente a las
circunstancias. Así, desmayarse de miedo en una situación de peligro equivaldría al
intento de eliminar como mágicamente una amenaza, así como "bailar, cantar de
alegría, representan conductas simbólicamente aproximativas, encantamientos. A
través de ellas el objeto que no podemos poseer realmente sino mediante conductas
prudentes y a pesar de todo difíciles, es poseído de manera inmediata y
simbólicamente".

Pero la afectividad no tiene por qué ser colocada en un segundo plano con respecto
a las conductas racionales o, en general, cognoscitivas; simplemente su funci6n es
distinta: no tanto orientar al sujeto en sus respuestas al medio -por más que impulsa
sí a la acción, motiva---,, sino sobre todo dar expresión a sus características propias,
como. se advierte. sobre todo en las pasiones. Aunque tampoco carece, por eso, de
un alto valor adaptativo: piénsese tan sólo en-cómo el afecto materno constituye un
factor indispensable para la supervivencia de muchas especies animales, incluido el
hombre. Pero los afectos configuran sobre todo la atmósfera psíquica peculiar que
envuelve la existencia particular de` cada uno, atm6sfera en que la distinción
sujeto-objeto pierde distancia para dar lugar a una especie de fusión.

La psicología introspectiva de fines de siglo distinguió las tres clases de estados


afectivos: sentimientos, emociones y pasiones, que se reconocen también hoy. Junto
a ellos debe tomarse también en cuenta el temple afectivo o humor, especie de

32
fondo emocional más o menos permanente, propio de cada persona, contra el cual
se recortan los estados afectivos más definidos.

Los sentimientos son estados complejos, estables, y de intensidad variada, tales


como el amor, el odio, el orgullo, la vergüenza y otros, así como los estados
afectivos de orden estético, religioso o moral ligados con valores supraindividuales.
Es frecuente que surjan de hábitos emocionales, resultantes a su vez de la
tendencia a prolongar o reproducir los efectos placenteros de algunas emociones o a
evitar los efectos de otras. Así, el apego a las fantasías consoladoras, o a una vida
desordenada, o al retraimiento, etc., son sentimientos relacionados con experiencias
de felicidad o de placer o que protegen si no contra otras emociones penosas.

Las emociones se caracterizan por su intensidad, por su brusca aparición y su


duración breve --aunque sus consecuencias puedan ser prolongadas-, así corno por
marcadas manifestaciones corporales. Ya mencionamos los hábitos emocionales
entre las consecuencias de las emociones, otras veces pueden ocasionar traumas
que perturban el equilibrio psicológico sí el aflujo de excitación que suponen no logra
ser elaborado. Son ejemplos especialmente ilustrativos las neurosis de guerra, cuyos
síntomas frecuentes son sentimientos de angustia, pesadillas e insomnio, e incluso
trastornos del. habla y motores. Las emociones también pueden hacer nacer
sentimientos y pasiones; por ejemplo, hostilidad hacia quien suscitó cólera o miedo;
una pasi6n amorosa que se instala después de un coup de foudre, etcétera.

Los fenómenos corporales y expresivos son especialmente intensos en los estados


de emoción, y de ello surgió la famosa teoría periférica de James-Lange hacia fines
de siglo. William James explicó la vivencia de la emoción como una repercusión
subjetiva de trastornos periféricos (corporales), desencadenados de manera
inmediata por la percepción de determinados objetos o situaciones dotados de poder
emocional. Según esta teoría, pues, "nos sentimos tristes porque lloramos, coléricos
porque golpeamos”. El llanto o el asestar golpes son las reacciones inmediatas ante
las circunstancias deprimentes u ofensivas (en los ejemplos dados), y las vivencias
correspondientes se producen con posterioridad, como consecuencia de ellas,
cuando los impulsos procedentes de los órganos viscerales involucrados llegan a la
corteza cerebral . Lange, en una posición similar, consideró primarios, no los
fenómenos expresivos o motores, sino los fenómenos circulatorios implicados en las
emociones. Compartía de todos modos la concepción de James de que "sin los

33
estados corporales, consiguientes a la percepción (la emoción) asumiría una forma
puramente cognoscitiva, pálida, descolorida, desprovista del calor emocional".

Según conclusiones posteriores de Cannon y Bard (1927-1934), modificadas en


parte por Arnold y Lindsey, son respuestas del sistema autónomo las que explican
tanto las manifestaciones periféricas de las emociones como sus cualidades
subjetivas. Esta teoría centralista concede un papel prominente al hipotálamo,
verdadero cerebro vegetativo, que contiene los principales centros simpáticos y
parasimpáticos, junto con el sistema de activación reticular y el sistema límbico.

Cuando determinados impulsos sensoriales procedentes de la corteza atraviesan el


hipotálamo, adquieren una cualidad emocionaL Son impulsos que provocan la
suspensión del poder inhibidor de la corteza sobre el tálamo, del cual parten
entonces impulsos dirigidos a nervios motores (autónomos o pertenecientes al
sistema central), y al mismo tiempo descargas impulsivas hacia la corteza.
estados de tonalidad más calma. Ocurre también, al parecer, en el caso de que los
estímulos sean inusitadamente intensos, que activen directamente la corteza.

Así como las emociones pueden transformarse en sentimientos, sucede también a la


inversa: los sentimientos de orgullo se encienden bruscamente en una emoción de
vanidad, sentimientos estéticos en una emoción de belleza, y así en otros casos.

El origen de las emociones radica en una doble circunstancia: predisposiciones


personales o genéricas y la aparición de estímulos que en relación a ellas poseen
determinada significación. No hay diferencia en cuanto a esto con lo que se verifica
en cualquier otra conducta motivada, pero la característica de invasora intensidad
que es propia de la emoción se debe a que el estímulo aparece de manera brusca o
con fuerza muy marcada, o a que las predisposiciones afectadas están ligadas con
necesidades básicas o constituyen rasgos centrales o al menos importantes de la
personalidad. Por eso, un cuadro especialmente bello emociona a algunos, a
quienes tienden a gustar de la belleza plástica, y las situaciones que amenazan la
vida causan igualmente emoción, pero en este caso la respuesta es universal,
porque se halla en juego una necesidad básica propia de la especie en su conjunto.

Entre las emociones mejor estudiadas se cuentan la del miedo y la de la ira, que
interesaron especialmente por su valor adaptativo, en situaciones de riesgo para el
organismo. Cannon investigó, como ya mencionamos, el conjunto de fenómenos

34
fisiológicos que traen aparejados y cuya significación es preparar al organismo
amenazado para la lucha o para la fuga, o sea una “movilización de emergencia”. En
estas emociones, por influjo del hipotálamo, se intensifica la actividad de las
suprarrenales, con lo que aumenta la cantidad de azúcar en la sangre, requisito
necesario para toda actividad muscular intensa; aumenta la presión sanguínea, la
sangre se coagula más rápidamente…El organismo todo se encuentra en mejores
condiciones para afrontar la situación. Y como afirma León J. Saul, “probablemente
ninguna pauta de respuesta biológica es más significativa que la reacción lucha-fuga
para la conducta humana y para sus aberraciones, desde la vida personal hasta las
relaciones internacionales…”

Cada hombre, mujer y niño experimenta factores de irritación, inseguridades y


amenazas dentro de su propia mente, y afronta amenazas reales en el mundo.
Algunas son breves, otras duran toda la vida. Uno de los métodos centrales de
encarar todas ellas, sean mosquitos, padres, vecinos o nociones, es esta pauta de
respuesta básica: huir de la amenaza o irritación…o destruirla…”

Una emoción íntimamente emparentada con la del miedo es la de la ansiedad, que


ha suscitado el interés, no sólo de los psicólogos sino también de los filósofos. La
diferencia entre el miedo y la ansiedad reside en la cualidad del estímulo. Se aduce:
cuando la amenaza procede de un estímulo exterior, netamente definido, se
experimenta miedo, cuando no existe tal objeto, o, en caso de existir, su poder de
suscitar la emoción resulta inexplicable para el propio sujeto, lo que se experimenta
es ansiedad. En verdad siempre se teme a algo, pero en la ansiedad ese algo sólo
es vagamente intuido.

También hay que distinguir de estos estados la angustia. Es común considerarla


como sinónimo de la ansiedad, y es el término más corrientemente empleado en la
filosofía existencia], escuela que le concede tan alto valor ontológico, pero la
ansiedad corresponde específicamente a la emoción vivida, al área 1 de
manifestación de la conducta, en tanto que la angustia corresponde más
ceñidamente a manifestaciones corporales (área 2): las palpitaciones, temblores,
diarreas, palidez, características de este estado emocional.

La ansiedad y la angustia suelen emerger de la activación de conflictos


inconscientes, encubriendo el miedo de que irrumpan en un momento dado

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pulsiones instintivas inaceptables para el superó; según la segunda teoría de Freud
sobre la angustia constituyen la señal de. alarma ante el peligro presentido de que
emerjan pulsiones incontrolables. En los casos de agorafobia, por ejemplo, causan
ansiedad, sin que el sujeto se explique la causa de su agitación, los espacios
abiertos; y la raíz de la emoci6n reside en el miedo de que al ,sentirse más libre que
en otras condiciones caiga víctima de tentaciones sexuales que él mismo
desaprueba. Pero se trata de un temor carente de objeto claro frente a tentaciones a
las que ignora ser sensible; sólo la emoción penosa es experimentada
vivencialmente, como signo del conflicto inconsciente.

En las pasiones el estado afectivo posee la intensidad de las emociones y el carácter


duradero de los sentimientos. Así, la pasión por el juego, la pasión amorosa, la
pasión política, la pasión por la investigación o por la creación artística, colorean
subjetivamente el mundo con la misma fuerza que las emociones, pero esta
coloración subjetiva domina de manera perdurable la vida del sujeto. En los grandes
novelistas y dramaturgos encontramos personajes que revelan una aguda
penetración psicológica sobre el dominio de las pasiones. Citamos al azar: en El
jugador, de Dostoiewski; El avaro, de Moliére; A la búsqueda del tiempo perdido, de
Proust; La condición humana, de Malraux; son trasmitidas de manera extraordinaria
la fuerza de la pasión por el juego, por el dinero, por la justicia. social, por la pasión
amorosa. y resulta innecesario mencionar a Shakespeare o a los trágicos griegos en
lo que a este conocimiento de la pasión se refiere.

La pasión constituye muchas veces la manera especialmente enérgica que asume


en algunos temperamentos la necesidad de dar realización a dotes individuales; así
ocurre cuando se trata de pasiones ligadas con valores de orden espiritual: la
belleza, la verdad, la justicia, los valores religiosos. Y las individualidades, si la
acción deja huellas en la vida colectiva son las de quienes fueron dominados por
alguna pasión; es el caso de los héroes, de los artistas de genio, de los sabios y de
los santos.

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La vida cognoscitiva

El conjunto de funciones psicológicas que permite obtener información acerca del


mundo exterior, de los estados del propio cuerpo, o de las vivencias anímicas que se
experimentan en un momento dado, sea a través de la sensibilidad, o por medio de
una elaboración mental de los datos recibidos, es lo que constituye la vida
cognoscitiva. Los datos se pueden referir a situaciones presentes o pasadas y
permiten igualmente hacer conjeturas sobre situaciones del futuro, según se trate
respectivamente de la sensación, la percepción, la atención, la memoria, el
pensamiento o la imaginación. Son todas ellas funciones estrechamente
interrelacionadas y concurren sobre todo en los procesos de aprendizaje, incluyendo
la adquisición del lenguaje.

La sensación es el producto de la elaboración por parte de los centros nerviosos de


una impresión producida por un estímulo que excita la terminación de un nervio
sensible. De estas terminaciones (receptores) parten fibras nerviosas susceptibles
de ser impresionadas, esto es, de conducir al cerebro la excitación producida por el
estímulo, que es siempre alguna forma de energía físico-química. Una vez
elaborada, ésta se traduce subjetivamente en una imagen sensible: alguna de las
cualidades de color, peso, sonido, dolor, presión, temperatura, distancia, olor, etc.,
con que se nos presenta el mundo o vivimos nuestro propio cuerpo.

El estímulo puede consistir por ejemplo en vibraciones mecánicas del aire: el


receptor es en ese caso el órgano de Corti, que comienza a vibrar y cuyas
vibraciones se transforman en energía eléctrica y en impulsos neurales; éstos
activan algunas zonas del sistema nervioso central. y la sensación resultante son
imágenes auditivas de sonidos o ruidos. 0, poniendo otro ejemplo: intervienen
respectivamente en el proceso, como estímulo, un aporte intenso de energía, como
receptor, terminaciones nerviosas libres, y la sensación es entonces de dolor.

Entre los distintos receptores se encuentran los conos y bastoncillos de la retina, el


laberinto vestibular del oído, los corpúsculos gustativos de la lengua, etc. A
diferencia de las terminaciones libres, estos receptores forman parte de alguno de
los sentidos: oído, vista, olfato, gusto Y tacto, aunque en la actualidad se considera
que también las sensaciones dolorosas, kinestésicas, cenestésicas, térmicas o de
orientación corresponden a sendos "sentidos".

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Se da esta denominación a las distintas organizaciones neurológicas compuestas
por órganos receptores, nervios sensitivos y centros cerebrales especializados en la
recolección de determinados tipos e intensidades de energías que se transforman
vivencialmente en las variadas cualidades sensibles. Si la intensidad del estímulo es
inferior a cierto grado, la impresión no se produce, no se ha alcanzado el umbral
absoluto requerido, 16 y también se requiere determinada intensidad mínima de
variación en los estímulos -una fracción constante, relativa a la magnitud total de los,
mismos,. para cada sentido-, a fin de que se discrimine entre sensaciones distintas;
esto es, debe sobrepasarse el umbral diferencial.

Los trabajos de E. H. Weber, continuados por su discípulo T. E. Fechner,


establecieron que la intensidad de la sensación aumenta en progresión aritmética el
cuanto el estímulo aumenta en forma geométrica, según una relación constante.

En otra formulación, S = C log R

Ro

(C es la fracción constante para cada sentido que se debe conocer, y junto con R,
intensidad del estímulo y Ro, la intensidad del estímulo en el umbral, permite deducir
S)

Los efectos de los estímulos no son, pues, absolutos, sino relativos a la intensidad
de sensación ya existente. Por ejemplo, si se agrega una vela encendida a otras
cuatro, no se advertirá el cambio; si se agrega a sólo dos, sí se lo advertirá.

Para cada sentido un determinado aumento relativo en el estímulo es necesario para


que se produzca una intensificación observable en la sensación.

A estos autores, especialmente a Fechner, se debe pues, a través de estas


investigaciones sobre la medida de la excitación y la medida de la sensación, el
descubrimiento de condiciones psicofísicas de la sensación que revelan
correlaciones entre el mundo físico y el plano psicológico.

Los sentidos s6lo reciben impresiones de una sola clase, aun cuando estén
sometidos a estímulos diferentes; por ejemplo, si en lugar de recibir el estímulo
adecuado para la visión es oprimido un párpado y el ojo presionado, o si se le aplica

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una corriente eléctrica, la sensación resultante es una sensación óptica, (con la
excepción de que en el caso de que la intensidad de la estimulación sea muy alta
resulta en cambio dolor, cualquiera que sea el estímulo o el sentido interesado). El
fenómeno obedece según Johannes Muller, a las por él llamadas, en 1840,
"energías específicas de los nervios sensitivos". Las distintas cualidades de la
experiencia sensorial sólo serían percibidas por nosotros merced a esa receptividad
específica de cada uno de los tipos de nervios sensitivos.

Pero la teoría de Muller no fue confirmada y es posible que sean tejidos cerebrales y
no fibras nerviosas los responsables de las diversidades de la sensación... fuera de
lo que toca en este resultado a la diversidad del mundo en sí. Rozamos aquí
problemas que no son ya de psicología sino de teoría del conocimiento; los filósofos
no han podido resolver aún si es posible aprehender el mundo tal cual es o si
nuestro aparato cognoscitivo imprime formas peculiares a una X ignota que lo
impresiona; y los psicólogos, con el auxilio de la neurología, sólo pueden limitarse a
describir el proceso tal como ,da en el sujeto.

Pero tampoco existen las sensaciones puras, de las que nunca se tiene conciencia
por separado; se combinan -entre sí y con otras funciones psicológicas y dan lugar a
las percepciones.

La vida de la sensibilidad no consiste en experimentar impresiones de color, forma,


gusto, aspereza, u otras (con la excepción de algunas situaciones especiales: al salir
de un desmayo, por ejemplo, o al despertar bruscamente de un sueño
excepcionalmente profundo), sino que consiste en la percepción de objetos más o
menos complejos. Ello incluye una multitud de sensaciones simultáneas, y por lo
común el reconocimiento del objeto o situación percibida, reconocimiento que puede
ser preciso o imprecisa, y la adjudicación de un nombre.

En los territorios analizadores sensoriales de la corteza cerebral, Pavlov distinguió,


como mencionamos al referirnos al funcionamiento cortical, zonas sensitivas y zonas
gnósicas: no sólo somos impresionados por las excitaciones sino que
comprendemos el sentido de los datos recibidos. Por su parte, la escuela de la forma
o de la Gestalt (el término alemán por "forma" o "estructura") puso de relieve como
en toda percepción se da una integración particular de los diversos elementos
sensibles involucrados, de modo tal que constituye una estructura que depende más

39
que de tales elementos en sí de sus relaciones mutuas en tanto que miembros de la
totalidad percibida.

Los miembros de las estructuras tienden a agruparse según distintas leyes que
fueron cuidadosamente investigadas por esta escuela, en especial en lo que atañe a
la percepción visual. El estudio experimental de las ilusiones óptico-geométricas y de
la percepción del movimiento llevó a importantes conclusiones que echaron por tierra
las anteriores concepciones "atomistas." de la percepción.

Uno de los antecedentes importantes de estas investigaciones fue la observación


debida a C. von Ehrenfeis de que si se alteran todas las notas de una melodía, pero
se mantienen los mismo intervalos entre ellas, la melodía se percibe inmodificada, o
sea, cuentan más con las percepciones las relaciones que ligan a los miembros que
-las integran, que cada uno de éstos por sí. El todo no es únicamente la suma de las
partes, es una organización, forma o estructura, distintas traducciones posibles del
vocablo gestalt, dependiente en gran parte de factores tales como simetría, similitud,
proximidad (los sonidos se agrupan E>n unidades distintas según su proximidad
temporal), contorno más o menos definido en las percepciones visuales, etcétera.

El contorno consiste en una diferencia de brillantez o de color, y su continuidad


influye en la distribución de figura y fondo, que son parte constituyente de toda
percepción, en las percepciones visuales. La "figura" designa los aspectos salientes
de la estructura percibida (parecen adelantarse contra el fondo), corno por ejemplo
en un retrato percibido algunos elementos de la totalidad cobran predominancias y
de esa manera reconocemos una cara. Los demás elementos parecen retroceder a
un segundo plano; constituyen el "fondo". Las partes que tienden a constituirse en
figura son las rodeadas por un contorno continuado.

Sin embargo, no siempre se dan de modo neto estas diferencias, y fondo y figura
resultan así intercambiables, a veces con gran facilidad.

El sujeto no es un mero receptor pasivo de datos sensibles, sino que en la


estructuración perceptiva de tales datos influyen otros factores. En 1912 Wertheimer
concluyó que las percepciones no son reductibles a una serie de elementos al
investigar la percepción del movimiento, que es en realidad una sucesión de
ubicaciones inmóviles en una trayectoria, y sus investigaciones ejercieron. un influjo

40
decisivo sobre el desarrollo de la escuela de la Gestalt, que se concentró en gran
parte, en estudios sobre la percepción.

La interpretación de los gestaltistas de estos fenómenos de organización no se funda


en experiencias previas (y por lo tanto expectativas) del sujeto, o en,
predisposiciones personales o culturales sino "en un isoformismo entre vivencia
perceptiva y organización neurológica. Nuestro cerebro y nuestros órganos
sensoriales estarían conformados de manera de establecer espontáneamente. una
regularidad en las experiencias perceptivas, y esta regularidad se correlaciona-T-ía
en última instancia con características de las formas físicas.18 De ahí que se
recorten fácilmente las buenas formas" -por ejemplo aquéllas entre cuyos elementos
existe continuidad o simetría- en medio de los campos perceptivos. La escuela de la
Gestalt adopta así una posición nativista en lugar de empirista.

Durante el siglo XIX las opiniones de los psicólogos estuvieron suma-mente divididas
con respecto a si influyen en la percepción las experiencias adquiridas, como
pensaban los empiristas, o si dependen de condiciones innatas, y el problema se
planteó sobre todo con respecto a la percepción del espacio; para el nativismo
extremo la percepción visual es de por sí espacial, incluyendo las sensaciones de
profundidad, en razón de sensaciones de espacio retinianas innatas.

Muchos argumentos fueron esgrimidos en favor de una y otra posición. Uno de los
fenómenos aducidos por los empiristas fue el de la constancia perceptiva. Se
denomina con esta expresión el hecho fácilmente comprobable de que en distintas
condiciones, con cambios que implican una modificación de los datos recibidos con
respecto a cualidades corrientes de los objetos, éstos se nos aparecen como
inmodificados. Por ejemplo, aunque lo deforme la perspectiva, un círculo se nos
aparece como tal, una mancha de tinta negra la seguimos viendo negra aun a pleno
sol, etc. Las experiencias recordadas se sobreponen en estos casos a los datos
efectivos.

En general, las posiciones empiristas encuentran fuerte apoyo en una época que,
como la presente, ha hecho tan significativas comprobaciones sobre los efectos del
medio en el desenvolvimiento psíquico, y tiene sus más importantes representantes
en la actualidad en la escuela de New Look, así denominada por David Krech en

41
1949, y entre cuyos antecedentes se cuentan los estudios de L. L. Thurstone sobre
la percepción dentro de una perspectiva factorialista.

Sin embargo, la doctrina de esta escuela no presta argumentos para una oposición
extrema entre nativismo y empirismo, concepciones que no resulta imposible
integrar. Los psicólogos de New Look toman también en cuenta los llamados por C.
Goodman y J. Bruner determinantes autóctonos de la percepción, que dependen de
características propias del sistema nervioso, aparte de los determinantes
comportamentales, esto es, el hecho de que los marcos de referencia individual y
actitudinal, los valores y necesidades personales (en todo lo cual influyen tanto
disposiciones innatas corno actitudes adquiridas) configuran en medida considerable
la realidad que percibimos. La conclusión que sí se impone, independientemente de
nativismo y empirismo, es que la percepción no constituye un contacto realista con el
medio.

Entre los psicólogos partidarios de esta concepción: G. H. S. Razran, G. Murphy,


Witkin, R. Schefer, J. Bruner, L. Postman y otros, M. Sheriff estudió en especial,
hacia 1930, la repercusión en la percepción de factores sociales y culturales. Dentro
de ciertos límites, las imágenes sensoriales varían de acuerdo a condiciones no
objetivas, sino a disposiciones previas del sujeto percibiente de origen cultural,
personal y circunstancial. Cabe conjeturar que tales variaciones facilitan la
adaptación activa al mundo real, en el que nos debemos orientar según nuestras
necesidades, que son variadas según los distintos momentos y según las
características de la personalidad.

Los test proyectivos, basados en la interpretación de estímulos sensoriales,


constituyen un testimonio patente de estos influjos subjetivos en la percepción, y
cuanto menos estructurados los estímulos más fácilmente aparecen las variantes
personales en las interpretaciones. Volveremos sobre este punto al ocuparnos más
adelante de los métodos y técnicas de la psicología.

No nos detendremos aquí en otro problema vinculado con el conocimiento sensible-


la posibilidad de percibir con independencia de la presencia efectiva de estímulos (o
al menos de la presencia en forma tal que pueda ser aprehendida por alguno de los
sentidos conocidos), fenómeno que junto con la capacidad de actuar en el espacio a
través de operaciones puramente mentales y no materiales, es estudiado por la

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parapsicología. Tanto el primero de ellos, la percepción extrasensorial (ESP), que
incluye casos de telepatía, precognición y clarividencia, como el segundo, la psico o
telekinesis (PK), son investigados intensamente en centros afiliados a tradiciones
psicológicas muy distintas, por ejemplo la Duke University de Carolina del Norte, el
St. Joseph's College de Filadelfia, y.la Universidad de Leningrado, y en ellos se han
extremado las precauciones científicas e iniciado métodos cuantitativos en la
investigación. Se trata de un terreno en que han sido comunes las mistificaciones y
es preciso por lo tanto realizar experimentos sumamente rigurosos. Hasta el
presente no se cuenta sin embargo, pese al abundantismo material recogido, con
pruebas consideradas concluyentes dentro del campo general de la psicología sobre
la existencia de tales fenómenos extrasensonales o telekinéticos.

Uno de los aspectos característicos de la percepción es, como hemos señalado, su


índole selectiva, lo que determina que entre la variedad siempre presente de
estímulos sólo sean recibidos por la sensibilidad y organizados estructuralmente
algunos de ellos, y esto supone la intervenci6n de otra función cognoscitiva: la
atención.

La atención consiste en la limitaci6n o estrechamiento de la experiencia vívida a sólo


algunos factores seleccionados entre la totalidad de los que integran en un momento
dado el campo ambiental y psicológico de un sujeto, factores que cobran un especial
relieve en la conciencia. La atención desempeña un importante papel no sólo en las
vivencias perceptivas sino también en la memoria, en la imaginación y en el
pensamiento. Esto es, los objetos a que se aplica pertenecen tanto al mundo
objetivo como al fuero interno. Se puede atender a lo que se ve, se oye o se gusta,
tanto como a un recuerdo, a un proyecto imaginario, a la resolución de un problema
o a la clarificación de los propios sentimientos. Es frecuente también que se
distribuya alternativamente entre objetos exteriores y vivencias, como cuando se
quiere discriminar con cierta finura un olor, o un sabor, y se atiende cuidadosamente,
ya al estímulo, ya a la propia impresión.

A veces la atención es espontánea: surge de una predisposición del propio sujeto,


que concentra sus facultades de, observación en un objeto o situación que le
interesa. No siempre es independiente de un esfuerzo voluntario, porque el interés
puede ser sólo indirecto. Interesa por ejemplo armar un rompecabezas, y se atiende
minuciosamente a las detalladas instrucciones, etc. En estos casos la atención es

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voluntaria. 0 tras veces es involuntaria: son las características especialmente
llamativas del estímulo, o su relación directa con intereses de la persona lo que
suscita la atención, sin exigir -ningún, esfuerzo, por su parte. Puede tratarse de un
ruido sorpresivo, de una forma o color ins6lito, de un espectáculo que satisface las
propias exigencias estéticas, de una noticia vinculada con preocupaciones políticas...
La afectividad siempre se halla presente aun en el caso de los ejemplos primeros,
porque los estímulos demasiado intensos o demasiado extraños suelen ser sentidos
como una amenaza, o en ocasiones como una promesa de gratificación de algunas
necesidades.

Los especialistas en publicidad se fundan, al elaborar anuncios gráficos o auditivos,


en los caracteres que deben poseer los estímulos para atraer la atención
involuntaria, primer requisito de su eficacia; deben tomarse en cuenta las
predisposiciones presumibles de los destinatarios de los mensajes -y es prueba de
habilidad en este campo recurrir a estímulos dotados de una fuerte resonancia
inconsciente-, y las cualidades objetivas de intensidad, gran tamaño, distinción,
carácter inusitado, etc., que revisten gran importancia porque atraen la atención
involuntaria.

Fisiológicamente la atención se manifiesta en procesos tales como el aumento de la


tensión muscular, adaptación postural, adaptación de los receptores y de] sistema
nervioso central (los electroencefalogramas revelan la desaparici6n de ondas alfa en
sujetos en quienes éstas suelen registrarse en los momentos de distracción).
Neurológicamente implica la inhibición de todas las zonas corticales, excepto las que
operan en relación con los estímulos involucrados, gracias a la existencia en el
cerebro de los llamados "campos supresores".

La atención se presenta en diversos grados de concentración. En ocasiones un


número sumamente reducido de estímulos ocupan el foco de la conciencia, en tanto
que los demás elementos del campo ambiental permanecen en la zona marginal o
son sólo preconscientes --sin perjuicio de que las posiciones respectivas
experimenten un rápido cambio-; otras veces la atención es más dispersa y se
reparte de modo aproximadamente 'uniforme en un número mayor de objetos,
pudiéndose concentrar por momentos en unos o en otros. La distracción, por fin, es
un estado de fijación de la atención sumamente débil, o casi nulo, porque los
estímulos no motivan lo suficiente, o por fatiga. También se entiende por distracción

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una especie de errar de la atención, por momentos breves, de unos contenidos a
otros.

La memoria o facultad de recordar es otra función esencial dentro de la vida


cognoscitiva; de hecho, conocer es siempre, de un modo o de otro, recordar. El
proceso implica diversos pasos: la fijación, la evocación, el reconocimiento y la
localización de experiencias del pasado de distinto tipo: percepciones, elaboraciones
intelectuales, sentimientos, decisiones. La localización, espacial o temporal, puede
faltar; gran parte, o mejor dicho la mayor parte de lo que aprendemos, lo evocamos
luego sin ubicar espacial o temporalmente las experiencias pasadas
correspondientes. Y tampoco hay propiamente evocación cuando la memoria se
manifiesta en el mero reconocimiento de lo presente, en lugar de manifestarse en la
actualización de imágenes o pensamientos.

Para que una experiencia se fije o retenga es preciso que de una manera consciente
o inconsciente haya atraído la atención, aunque sólo sea de una manera fugaz. Las
predisposiciones personales y la resonancia afectiva del material son factores que
contribuyen a la fijación y a la conservación o retención, aunque no se puede
desdeñar del todo el influjo de una especie . de inercia de las funciones psicológicas
que explican algunas retenciones y evocaciones casi automáticas, como se pone de
manifiesto, en ocasiones, en asociaciones de ideas carentes de significación para la
vida individual de una persona.

La capacidad de que sean conservadas las experiencias pasadas, de manera que


en momentos posteriores puedan actualizarse' en la conciencia, dio lugar a la
hipótesis de las huellas cerebrales o engramas. Se verificaría en el momento de la
producción original de la experiencia alguna modificación en neuronas de
determinadas zonas de la corteza cerebral, y estas huellas, especies de depósitos
de experiencia, permitirían que se produjeran luego los recuerdos, sea de manera
espontánea, como en las asociaciones de ideas, o de manera voluntaria. Los
estudios neurofisiol6gicos no confirmaron hasta ahora la existencia de huellas
anatómicas en la corteza cerebral, y el hecho de que en muchos casos extensas
lesiones corticales no traigan aparejada la pérdida de la memoria o al menos
permitan la recuperación posterior de los recuerdos cuando se produjo al comienzo
tal pérdida parece desautorizar la hipótesis. No obstante, se ha elaborado en los
últimos años una teoría que supone cambios químicos en las neuronas. Los estudios

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genéticos que explicaron la transmisión de rasgos hereditarios merced a las
moléculas de ácido desoxiribonucleico, (DNA), moléculas de proteína que encierran
un código que . orienta el desarrollo del futuro organismo, permiten conjeturar que
también en las neuronas cerebrales podría haber una codificación de las
ex-periencias individualmente adquiridas a ' través de cambios químicos producidos
también por la intervención del DNA.

Evocación y reconocimiento son aspectos constitutivos de los recuerdos


conscientes. La primera constituye el momento de la reviviscencia, a veces surgida
bruscamente por una asociación de ideas o por estados afectivos, otras dependiente
de un esfuerzo de la voluntad. El reconocimiento es la impresión que acompaña a
ese estado anímico de que lo que está viviendo es una reiteración de una
experiencia pasada.

La vida psicológica consiste en gran medida en memoria, en la capacidad de


recordar consciente o inconscientemente, lo que implica, o bien el reconocimiento
subjetivo de lo recordado en forma de imagen, sentimiento o pensamiento, o bien
una especie de reconocimiento simplemente operante de los estímulos presentes
que permite la aáecuaci6n a ellos, comprender su sentido; esto es decir, que la vida
psicológica consiste en gran parte en el influjo del pasado en el presente, sin lo cual
sería imposible el comportamiento en. Niveles complejos, el papel formador del
medio, y aun la socialización más elemental.

Repetimos que en gran parte todos estos procesos se producen en ausencia de la


localización o de una evocación activa; son también fenómenos mnémicos el simple
sentimiento de familiaridad frente a algunas situaciones, la facilidad de reaprender lo
que alguna vez fue conocido, o la de aprender más rápidamente que otros hechos
conectados con otros anteriormente adquiridos. Este último es el fenómeno
denominado de la transferencia, entendido en un sentido diferente de como se
emplea el término en el psicoanálisis, aunque no totalmente desligado del mismo.

Dentro de la psicología general, transferencia significa la facilidad de aprender


modos de responder simbólicos o concretos, conectados con habilidades o
conocimientos ya adquiridos. Es una especie de ampliación de una capacidad.
Quien conoce varios idiomas aprende más rápidamente uno nuevo que quien tiene
poca experiencia en ese campo; el dominio de una técnica o de un deporte facilita el

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aprendizaje de otros que exigen movimientos similares, y así sucesivamente.
También existe la transferencia negativa; lo aprendido puede entorpecer la
adquisición de conductas nuevas cuando éstas suponen responder de maneras
distintas a estímulos habituales. Se trata sin duda de algo similar a los fenómenos de
estereotipia que supone asimilar inconscientemente, y en forma irrealista,
situaciones nuevas a otras anteriormente vividas y que han representado un trauma
psíquico. Es en las sesiones psicoanalíticas donde tales estereotipias (la
transferencia psicoanalítica) se producen con especial intensidad, y en ellas revisten
un valor positivo, al ser aprovechadas con fines terapéuticos por el psicoanalista.

Mencionaremos brevemente ahora los trastornos de la memoria: amnesias,


paramnesias e hiperamnesias. Las primeras pueden constituir tanto la incapacidad
general de recordar como perturbaciones específicas: agnosias y apraxias. Agnosia
es la incapacidad de reconocer lo percibido y apraxia la de ejecutar movimientos
adaptados. La afasia, incapacidad de emplear el lenguaje con sentido, implica una y
otra, en mayor o menor grado respectivamente según los casos.

La paramnesia es la ilusión del reconocimiento. El individuo cree haber -vivido antes


situaciones en verdad nuevas; se llama también fenómeno del deja vu (ya visto) a
estos seudo recuerdos.

La hiperamnesia consiste en una hipertrofia de la función de recordar y se produce a


veces en débiles mentales. Sus efectos pueden ser muy desorganizadores. En uno
de sus bellos relatos, Funes el memorioso, Jorge Luis Borges describe la paradójica
tragedia de un hiperamnésico. Ireneo Funes “era el solitario y lúcido espectador de
un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia,
Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los
hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el
calor y presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía
sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir.
Dormir era distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la, sombra, se
figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito
que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más, vivo que
nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico)".

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Vinculado con la función de recordar se halla el fenómeno opuesto del olvido. No se
ha elaborado aún una teoría que explique en forma satisfactoria cómo es posible
oIvidar...

Como es posible olvidar lo aprendido, hecho que ocurre con diferencias cronológicas
muy marcadas para las distintas personas y para cada uno en particular con
respecto de experiencias diversas; pero se desprende de lo investigado hasta el
presente, que, contrariamente a lo que podría creerse el olvido es producto de un
proceso activo. Son fuerzas inhibitorias las que impiden el resurgimiento en la
conciencia, a veces de manera temporaria, otras de manera definitiva, de las
experiencias retenidas, aun cuando se presentan las condiciones más propicias
para, ello. Si los olvidos son transitorios, ello se debe a que los recuerdos se
mantienen preconscientes, existen a modo de "circuitos apartados", según la
expresión de Paul Chauchard; en los casos de olvido insuperable o casi insuperable,
a pesar de los más tenaces esfuerzos por recordar, las experiencias no
reactualizables son rechazadas de la conciencia por los motivos conflictivos que
determinan corrientemente la represión y las consiguientes resistencias.

En su Psicopatología de la vida cotidiana Freud ofrece múltiples ejemplos de la


relaci6n entre el olvido y los deseos o temores inconscientes son, al parecer, como
ocurre con la “resistencia a la extinción" de respuestas reflejas adquiridas, activas
fuerzas inhibitorias las que provocan el olvido, y no un mero debilitamiento de lo
fijado. Junto a la memoria que se manifiesta en el área 1 en forma de imágenes o de
recuerdos pensados, existe la rnemoria-hábito, que es memoria -corporal. Son
hábitos los movimientos requeridos para andar en bicicleta, escribir a mano o a
máquina, emplear las palabras de un idioma, tocar el piano, nadar, conducir
automóvil, etc.; y también existen hábitos como el de fumar, el de despertar siempre
a la misma hora, la adicción a la bebida o a las drogas, etc., que son pasivos
acostumbramientos muy comúnmente orgánicos y que se hacen sentir a veces de
manera muy exigente, a la recepción de determinados estímulos o a la verificación
de ciertos ritmos temporales. En todos los hábitos, tanto los activos corno los
pasivos, falta la localización de las experiencias constituyentes de los mismos; como
lo hizo notar Bergson, si se da ésta sólo puede ser en forma de reviviscencia de un
momento singular, o sea, el fen6meno deja de ser hábito para tornarse en un
recuerdo.

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La imaginación

En sentido general la imaginación es la facultad -de representarse imágenes o la de


crear síntesis mentales nuevas no aparecidas aún en la experiencia. En cuanto a lo
primero, interviene en la percepci6n (imágenes implicadas) y en la memoria
(imágenes reproductoras o recuerdos); en cambio, como producto de la imaginación
creadora o imaginación propiamente dicha nacen imágenes libres que son
independientes tanto de lo actualmente presente como de lo anteriormente vivido.

Las imágenes libres son resultado del poder de combinación de la mentalidad


individual, que tornando sólo como material recuerdos o percepciones, tanto
conscientes como inconscientes, crea un producto mental nuevo. Con ello introduce
lo virtual, lo no existente, en la vida del hombre, que es frecuente que llegue a cobrar
un valor afectivo y un poder de orientar la conducta más potente que los de la
realidad.

Cualquiera de las tres clases de imágenes mencionadas pueden corresponder al


sentido visual, auditivo, olfativo, kinestésico, cenestésico, gustativo, del dolor, etc.;
es decir, pueden corresponder a cualquiera de los sentidos, pero las más netas son
las auditivas y las visuales, y, de eso depende que sólo en base a ellas se hayan
constituido géneros artísticos específicos: las artes plásticas, la música y la danza.
Otras artes, en especial la literatura y el teatro, emplean junto con las imágenes
sensibles otras formas de la imaginación más abstractas.

En cuanto poder de elaborar síntesis mentales nuevas, apoyadas o no en imágenes


sensibles, la imaginaci6n permite las construcciones mentales de los científicos, de
los técnicos, de los filósofos, de los políticos, de los visionarios…y en general las de
todos los humanos corrientes que tanto proyectan planes realistas para el futuro
como levantan castillos en el aire.

Cualquiera que sea la manera en que se manifiesta, la imaginación creadora


testimonia con mayor fuerza que la percepción o la memoria tendencias subjetivas,
puesto que se pliega menos que ellas a las exigencias de lo real, sea presente o
pretérito, para dejar paso a una dimensión de irrealidad y de futuro, libremente
creados. Por eso, algunos autores, como Bachelard, la han exaltado como la

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facultad humana primordial, en la que el hombre más plenamente se muestra como
ser autónomo.

Según Gastón Bachelard, la imaginación creadora sustituye la "función de lo real",


postulada por el psiquiatra Pierre Janet como requisito de la salud mental, y afirma:
"La función de lo irreal es la que dinamiza verdaderamente el psiquismo, en tanto
que la función de lo real es una función de detención, de inhibición, que reduce las
imágenes dándoles el simple valor de un signo. Y sobre la libertad del juego
imaginativo: "La imaginación, en sus acciones vivas, nos desprende a la vez del
pasado y de la realidad. Se abre en el porvenir”.

Jean Paul Sartre considera que' la facultad de imaginar demuestra justamente la


libertad de la conciencia. Lo que imaginamos, sostiene, está aislado de toda otra
realidad a diferencia de lo percibido, que siempre sentimos contra el fondo de un
contexto. La condición esencial para qué una conciencia pueda imaginar es que
tenga la posibilidad de negar lo real y crear lo irreal, que pueda plantear una tesis de
irrealidad. Esto supone la libertad y es incompatible con la concepción de la
conciencia como una sucesión de hechos psíquicos determinados para que una
conciencia pueda imaginar es preciso que escape al mundo por su naturaleza
misma; es preciso que pueda sacar de sí misma una posición de retroceso con
respecto al mundo. En una palabra, es preciso que sea libre" .

Se trata, sin duda, de consideraciones filosóficas, que escapan de la esfera de la


psicología. Las citamos aquí sólo como testimonio de la importancia que cabe
conceder a la imaginación en la totalidad de la vida psíquica y como expresión de la
individualidad. Las producciones imaginativas se nutren de tendencias netamente
subjetivas, aunque los materiales que las constituyen proceden de los contactos con
el medio externo. Una vez más se pone de manifiesto la constante interrelación
existente entre todas las funciones psicológicas.

En los sueños, que son desfiles de imágenes, no actuamos libremente sino como
seres pasivos, sometidos al dominio de la vida inconsciente, pero junto con los
ensueños o fantasías de la vigilia, revelan asimismo la intervención de intereses,
preocupaciones y tendencias subjetivas en la producción de las imágenes. Estas
revisten aquí el valor de símbolos oníricos que traducen, distintamente elaboradas,
tendencias impulsivas y situaciones conflictivas del sujeto, significaciones que suelen

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ser desconocidas para éste mismo. Binswanger recuerda con frecuencia el aforismo
número 89 de Heráclito:

“Los hombres despiertos viven en un mundo común y único, en tanto que el hombre
que duerme se inclina hacia un mundo propio”.

Los sueños constituyen de este modo documentos indispensables en la práctica


psicoanalítica, cuya finalidad es precisamente traer a la conciencia el psiquismo
reprimido en los casos en que su dinámica profunda, ingobernable para el sujeto
mientras no le sea conocida., origina conductas patológicas. En su obra capital La
interpretación de los sueños, Freud califica el suño como “vía real hacia el
inconsciente”, y asimismo de “guardián del dormir". Esto último porque la
simbolización que supone constituye a la vez una manera de deseos insatisfechos,
con lo cual la tensión psicológica se mantiene dentro de límites que permiten que le
durmiente continúe descansando. Pero Freud investigó asimismo las leyes que rigen
la formación de los símbolos oníricos, que aunque traducen a su juicio deseos del
durmiente, operan por lo general de modo sumamente indirecto y críptico. La causa
reside en que incluso mientras dormimos sigue. actuando la censura, para impedir
que se tornen conscientes los contenidos que el yo considera rechazables. El sueño
se estructura, por lo tanto, según las siguientes leyes: condensación (fusión en
imágenes únicas de contenidos latentes varios), desplazarniento (paso de la carga
afectiva a objetos distintos de los originales), dramatización (expresión de
pensamientos a través de representaciones visuales), y, desde luego, simbolización
(utilización de símbolos de diverso origen, individuales o culturales e incluso
universales). Existe además una elaboración secundaria, mediante la cual los
sueños tienen una especie o algún grado de secuencia lógica. Sólo en los niños
pequeños suelen darse sueños que manifiestan directa e ingenuamente los deseos
que agitan al durmiente.

Parece contradecir la explicación de los sueños corno satisfacción de deseos, por


disfrazados que éstos aparezcan; el caso de las pesadillas, que en caso, frecuente
repitan situaciones angustiosas, incluso reales. Freud estudió los llamados sueños
de repetición, corrientes en las neurosis traumáticas, en pacientes que habían
combatido en la Primera Guerra Mundial, padeciendo estados de gran ansiedad.
Pero la incompatibilidad teórica no se daría, sin embargo: las pesadillas, en especial
los sueños de repetición, surgirían del deseo de dominar una situación del pasado

51
que resultó demasiado abrumadora en el momento, y que a través de su reaparición
en los sueños se va elaborando de manera gradual.

Bachelard, por su parte, establece una neta diferenciación entre la impotencia en


que nos debatimos en los sueños, que según su opinión opuesta a la de los
psicoanalistas, no expresan en lo esencial tendencias personales, y la libre
elaboración de imágenes en las ensoñaciones de la fantasía, en particular en las
ensoñaciones poéticas. Dar como explicación de las creaciones estéticas del poeta
sus conflictos psicológicos inconscientes equivale a "explicar la flor por el
fertilizante", sostiene, porque las imágenes poéticas, y en cierto modo toda libre
ensoñación, son a su parecer totalmente imprevisibles, no dependen de lo
efectivamente vivido, sino que son creaciones enteramente nuevas nacidas M
contacto de una sensibilidad determinada y la realidad que la rodea.

No podría decirse lo mismo de los sueños; en ellos somos mucho más prisioneros
de lo que efectivamente hemos vivido -como lo evidencian lo que Freud denomina
"restos diurnos"-, y de nuestras necesidades psicológicas, aunque las respuestas
oníricas posean un extraño carácter irrealista por lo general, dada su índole
simbólica.

No siempre que dormimos soñamos; por el contrario, parece que los sueños
transcurren en fracciones de tiempo sumamente cortas, y la comprobación de los
últimos años de que los sueños van acompañados de movimientos rápidos de los
ojos, que no se dan en los momentos de mero dormir, permitió verificar esa
brevedad por medios fácilmente observables.

Desde el punto de vista neurológico, las imágenes de los sueños se dan cuando, por
acción dé un centro diencefálico, se produce un estado de inhibición generalizado en
el funcionamiento cerebral, que equivale a un mecanismo de protecci6n contra la
fatiga -que puede ser provocado también por medios químicos, físicos y por
hipnosis-. Este estado, al neutralizar los efectos de la estimulación exterior, que no
alcanzan a impresionar la conciencia, permite 'que. se constituyan las imágenes
alucinatorias del sueño.

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El pensamiento

La inteligencia puede ser entendida como facultad puramente intelectual o mental de


pensar, o más ampliamente como capacidad de descubrir relaciones nuevas,
inéditas para la . experiencia personal así como en la experiencia de la especie,
entre objetos y situaciones que pueden ser tanto mentales como materiales. En este
segundo sentido se puede no sólo pensar sino también obrar con inteligencia,
siempre que una u otra actividad revele el hallazgo de -soluciones nuevas a
problemas - o aun el descubrimiento de la misma existencia de tales problemas.

La inteligencia se distingue así de la memoria o del ejercicio de hábitos, en que se


actualizan situaciones anteriores individuales, y de la conducta instintiva, que es la
manifestación de un saber heredado, (Sin embargo, en cuanto capacidad más o
menos desarrollada forma parte del patrimonio hereditario, aunque el medio puede
perfeccionar sus modos operar dentro de ciertos límites.)

En verdad, aunque cabe no sólo pensar sino también obrar de manera inteligente, la
acción de la inteligencia implica siempre algún tipo de elaboración mental. Si
debemos suponer que también, los animales son inteligentes, inteligencia que se
pondría de manifiesto cada vez que actúan de manera eficaz en caso de situaciones
nuevas que no pueden resolver ni recurriendo al instinto ni a los hábitos adquiridos,
es porque poseen la capacidad, por rudimentaria que sea, de efectuar elaboraciones
mentales.

Entendida como facultad de pensar, la inteligencia elabora conceptos, juicios y


razonamientos, procesos que en última instancia se apoyan en la facultad de intuir.
La intuición intelectual consiste en la aprehensión inmediata de la esencia de un
*Objeto o situación o de las relaciones que los ligan, en tanto que los anteriores son
acercamientos no inmediatos, sino a través de pasos intermedios'.

Es característico de todos estos procesos que operen con objetos ideales, con
símbolos o representaciones de lo real que condensan una diversidad de
experiencias; son operaciones simbólicas, correspondientes al área 1. (Esto no
significa que no sean, igualmente simbólicas las representaciones perceptivas o
mnémicas.)

53
Las ideas o conceptos le forman por abstracción y generalización de los rasgos
comunes de hechos u objetos. Esto es, el concepto de blancura, por ejemplo, resulta
de la separación ideal (abstracción) de esa cualidad de numerosos objetos que la
presentan, y la atribución posterior de la misma a todos los nuevos objetos de la
experiencia en que también se manifieste. Los juicios o proposiciones son
vinculaciones que se establecen entre los conceptos, discriminando su mutua
correspondencia, por el contrario, disparidad, cuando el juicio es negativo. "La
espuma es blanca"; "el hollín no es blanco". Los razonamientos son relaciones que
se establecen entre distintos juicios, permitiendo inferir conclusiones. Existen
diversos tipos de inferencias Las inferencias deductivas consisten en adjudicar a
casos. individuales lo observado en conjuntos a los que pertenecen (si todos los
hombres son racionales estos hombres son racionales”), las inductivas consisten- en
extender lo observado en casas individuales a todos los ejemplares de la misma
especie ("todas las tipologías psicológicas son únicamente aproximativas, porque así
han demostrado serlo las elaboradas por Kretschmer, Jung, Sheldon, Pende,
etcétera"); las inferencia por analogía consisten en atribuir a casos individuales lo
observado en otros casos individuales que presentan alguna semejanza con ellos
("no confío en estos test; los que aplicaron en el otro estudio psicológico también
eran test verbales y los resultados no se confirmaron").

De todas estas clases de razonamientos o inferencias, sólo las deductivas son


realmente concluyentes y ofrecen garantía de su validez, siempre que se parta de
proposiciones (preminencias) que se relacionen de tal manera con la conclusión que
es imposible que sean verdaderas si esta última no lo es también.

La validez de un razonamiento requiere fundamentalmente que se atenga a los


principios lógicos: el principio de identidad (si un enunciado es verdadero entonces
es verdadero), el principio de contradicción (ningún enunciado puede ser. verdadero
y falso), y el principio del tercero excluido (un enunciado o es verdadero o es falso).

La actividad del pensamiento está influida por la afectividad en ocasiones y en ese


caso es posible que se desvirtúen sus leyes y funcione según la terminología
psicoanalítica como proceso primario, tal como ocurre corrientemente en el
psiquismo inconsciente y se nos torna tan patente. en los sueños, cuyas imágenes
desfilan desafiando la lógica o las características objetivas del espacio y del tiempo.
Son funcionamientos que se guían no por el principio de realidad sino por el principio

54
del placer. El pensar que obedece a las leyes lógicas constituye en cambio un
proceso secundario, vinculado con el principio de realidad.

Deben diferenciarse de las operaciones mentales.,que permiten elaborar


conclusiones y se rigen por los principios 16gicos, eso es, del pensamiento
propiamente dicho, las asociaciones de ideas, En el siglo XVIII los empiristas
ingleses, en especial David Hume, y John Locke, emitieron la teoría de que la vida
intelectual es regida en su totalidad por asociaciones -de ideas (en verdad
empleaban el vocablo con la significación de "imagen" o "representación” y esta
concepción fue retomada en el siglo XIX por H. Taine, John, Stuart Mill, A. Bain,
James Mill,Herbert Spencer y otros.

Las asociaciones son conexiones que se establecen de modo espontáneo en los


procesos mentales, y las leyes que las rigen ya habían sido formuladas por
Aristóteles: la semejanza y la contigüedad. Los filósofos del siglo XVII agregaron la
contrariedad o contraste. En última instancia, sostuvieron algunos psicólogos
posteriores (Baldwin, Goblot, Claparéde, etc.), todo se reduce a contigüidad
temporal: el hecho de que dos experiencias se hayan padecido simultáneamente es
lo que en última instancia determina que se evoquen luego la una a la otra. La
contigüidad espacial es necesariamente contigüidad temporal para el psiquismo; el.
contraste es en el Jondo una forma de la semejanza, porque sólo puede compararse
lo que pertenece a un mismo género o categoría, y la semejanza es a su vez una
forma de la contigüidad, porque supone una relación que se percibe o algún grado
de identidad, esto es, la posición de alguna cualidad común a los- términos
asociados q9e origina contigüidad entre ellos. Por ejemplo, si una prenda de vestir
evoca a otra por semejanza, es que tienen en común el colorido o alguna otra
característica, la cual debe de haber sido percibida en contigüidad temporal con una
y otra prenda, y así en todos los demás casos.

En la actualidad no se descarta, por cierto, el papel que desempeñan las


asociaciones en el funcionamiento mental -los reflejos condicionados constituyen
justamente asociaciones- pero en casi todas las escuelas se les adjudica un papel
mucho menos vasto en la dinámica mental. Las asociaciones no explican el
pensamiento propiamente dicho, que es pensamiento creador. éste no funciona
según los enlaces automáticos que rigen los desfiles asociativos, sino que constituye
tramas de relaciones dirigidas que tienden hacia metas determinadas: descubrir

55
nexos lógicos entre las situaciones en lugar de guiarse por los azares de la
experiencia individual. Esto es, el pensamiento se ocupa de problemas y no se
disuelve fácilmente, sino que tiende á resolverlos, a alcanzar su fin.

Por otra parte ni siquiera las asociaciones son, excepto de manera esporádica,
reacciones mecánicas del tipo: veo un lápiz y surge la imagen de un cigarrillo; oigo
una voz aguda y evoco una voz grave; paso frente a una. casa conocida y recuerdo
a la dueña de casa (casos respectivamente de semejanza, contraste y contigüidad),
sino que suelen estar gobernadas, como sucede con la totalidad de la vida psíquica,
por la situación y por la personalidad del sujeto. Si así no fuera, la actividad mental
sería totalmente caótica y cada experiencia evocaría millares de experiencias
"contiguas", sea en forma de imágenes o de pensamientos.

La índole de la inteligencia, tanto en el sentido de capacidad de resolver problemas


en el área mental como en el de actuación eficaz en el mundo externo, constituye
una cuestión no resuelta aún, al punto de que se ha llegado a caracterizarla, a falta
de otra definición precisa, como aquello que los tests de inteligencia miden. Charles
Spearman, analizando los resultados de los mismos, observó que entre muchos de
ellos es frecuente hallar correlaciones, positivas o negativas, y conjeturó que esas
regularidades debían de ser consecuencia de una capacidad común subyacente,
innata, que se manifestaría en pruebas diferentes, y a la que denominó factor
general (G). Posteriormente incluyó asimismo un factor específico (e) que sólo
aparece en determinadas situaciones y que es adquirido en lugar de innato.

La concepción factorial de la inteligencia de Spearman fue sustentada igualmente


por otros investigadores, algunos de los cuales incluyeron otros componentes
asimismo- de la inteligencia, junto con el factor general G. Según L. L. Thurstone,
esos otros componentes son los siguientes: comprensión -verbal, fluencia verbal,
habilidad numérica, capacidad para aprehender relaciones espaciales, memoria,
capacidad perceptiva y razonamiento. Todos estos factores son evaluables mediante
tests: Para J.P. Guilford, en cambio, son 120 factores los que intervienen en la
inteligencia.

Pero tampoco estas teorías, no uniformemente aceptadas por otra parte, permiten
una comprensión cabal a definitiva del comportamiento inteligente. Uno de los
problemas no resueltos es que no se hallaron relaciones funcionales entre la mayor

56
o menor capacidad intelectual y los tipos de personalidad o entre inteligencia y
motivaci6n. En cuanto al aspecto puramente operacional, posiblemente resulten una
fuente de datos útiles las modernas computadoras electrónicas a las que se instruye
para que resuelvan problemas.

Los pasos específicos que deben cumplir las computadoras se ajustan a nociones
teóricas de la doctrina psicológica del pensamiento, y a modelos matemáticos, y la
medida de la eficiencia lograda verifica o no tales nociones. La psicología del
aprendizaje y en general de los procesos intelectuales se aplica al diseño de
maquinas, pero el funcionamiento de éstas, o las modificaciones que es necesario
introducir en las instrucciones debe permitir gradualmente una mejor comprensi6n de
la inteligencia humana. Incluso se han diseñado programas ya desde la década del
50, con estos fines específicamente teóricos de hallar los procesos básicos 'del
funcionamiento de la inteligencia.

Jean Piaget estudió desde el punto de vista evolutivo, desde sus primeros esbozos
hasta la aparición de los procesos -intelectuales superiores, los procesos
intelectuales. Coincidiendo con un investigador anterior. E. Claparède, demuestra
que se recurre a la inteligencia cada vez que surgen para el individuo situaciones
que no le es posible resolver con las actuaciones automáticas que ya posee
(reflejos, hábitos). En estos casos se- inician experimentos de tanteo sobre la base
del ensayo y error; el pensarniento consiste precisamente en una conducta 'Un
ensayo y error altamente flexible y refinada.

La evolución ontogenética de la capacidad intelectual se realiza por etapas


graduales, sostiene Piaget, que constituyen "la historia de la socialización progresiva
de un pensamiento individual”.

Las etapas que señala Piaget son las siguientes:

Sensorio motora: dura hasta los 2 años. La significación de los objetos se conecta
con el manipuleo concreto de los mismos.

Pensamiento preoperacional hasta los 7 años. Ncluye una fase en que se inician
las clasificaciones según los rasgos más salientes y una segunda fase en que se
perciben clases y relaciones de manera intuitiva.

57
Operaciones concretas: hacia los 11 años. Se inician las operaciones lógicas de
clasificar, seriar, etc.

Operaciones formales: hacia los 15 años. Se elaboran pensamientos abstractos y


se formulan hipótesis.

En la primera etapa el niño aprende merced a experiencias no verbales con objetos,


y generaliza sus observaciones y descubrimientos. Por ejemplo, aprende después
de experiencias exitosas que arrastrando una manta puede acercar a su cuerpo
algunos objetos. En la segunda. etapa aparecen ya símbolos de las cosas. Los
esenciales son los signos verbales, y se opera con las palabras en la mente en lugar
de manipular objetos materiales en el espacio. En la tercera etapa es cuando se es
capaz ya de verificar las primeras operaciones lógicas y se clasifican objetos según
sus semejanzas y diferencias. En la cuarta funcionan ya todas las operaciones
lógicas formales, no ligadas a objetos concretos, que sirven para la formación de
hipótesis. Se adquieren la lógica de las matemáticas y de las inferencias lógicas, y
se ponen a prueba las combinaciones posibles entre las abstracciones aprendidas
en etapas anteriores. Es como una experimentación más flexible que la
experimentación con percepciones y movimientos concretos. Desde el comienzo del
lenguaje, "todo el pensamiento del niño está destinado a fundirse progresivamente
con el pensamiento adulto" -afirma Piaget-;. "el sentido de toda la evolución indica
constantemente una estructuraci6n mayor y una mejor adaptación a la sociedad
adulta". También toma en cuenta la afectividad en el desarrollo de la inteligencia
pero sólo como condición, nunca como causa del mismo; puede influir en la
aceleración o en el retardo de las estructuras cognoscitivas, Pero inteligencia y
afectividad constituyen funciones netamente diferenciadas.

El pensamiento lógico es la más elevada facultad de adaptaci6n con que puede


contar un organismo viviente; el más poderoso instrumento para dominar el medio,
condición de la que depende su supervivencia. Es también el instrumento más
económico en cuanto al desgaste de energías, al evitar en innumerables ocasiones
inútiles exploraciones de hechos que pueden sustituirse con elaboraciones mentales;
incluso la tendencia de la inteligencia a generalizar contribuye a ese efecto. En tanto
que ligada a la motivací6n, la afectividad motiva también para pensar, pero los
procesos del pensamiento en sí, y esto vale para las demás actividades del área de
la mente, constituyen una vía independiente del desarrollo psicológico.

58
La vida volitiva

Los actos voluntarios implican la autodirección de la conducta según metas elegidas


cuya consecución exige realizar algún esfuerzo.

Proponerse una meta implica una valoración, índice a su vez de que la voluntad sólo
se ejerce cuando se halla involucrada la afectividad, y es común que el interés
afectivo se centre no en el objetivo inmediatamente perseguido, sino en otro para el
cual éste constituye un paso preliminar o rodeo. En lo que respecta al esfuerzo,
depende de que él ejercicio de la voluntad denota invariablemente la existencia de
un conflicto, y es preciso esforzarse, con mayor o menor intensidad, para
sobreponerse a algunas de las tendencias contrapuestas y llegar a una decisión, que
es donde la voluntad se manifiesta de manera plena. Aún los obstáculos exteriores
que se interponen entre el individuo y los objetivos que valora, significan según
dijimos ya, obstáculos interiores, por ejemplo, si la monotonía de una tarea significa
un obstáculo para efectuarla y exige apelar a la voluntad, es porque se contrapone a
una tendencia subjetiva a la variación. Las elecciones de la voluntad implican
siempre una lucha contra nosotros mismos. Y esto se advierte más claramente aún
cuando el conflicto se plantea directamente entre tendencias: la tendencia a buscar
afecto y las tendencias agresivas, la tendencia al ocio y la anlíci6n, el deseo de
aventuras y el temor a la inseguridad, y así sucesivamente. En definitiva la elección
es voluntaria cuando elegimos según lo que auténticamente preferimos y decidimos
conscientemente obrar de acuerdo con la elección hecha. Esto supone en ocasiones
sacrificios sumamente penosos, pues las alternativas no elegidas son también
valoradas, y la dificultad de la elección se correlaciona con la mayor o menor
persistencia e intensidad del esfuerzo.

Mc Dougall considera que lo característico de la voluntad es ser una actividad


persistente, que deriva, a su juicio del “sentimiento de autoconsideración". Es un
juicio plausible; los estímulos para el obrar voluntario emanan aut6nomamente de la
propia persona, de los valores que prefiere y de la capacidad para encaminar su
conducta en forma que no los traicione.

Aunque no todos los actos voluntarios son significativos, ya que reflejan a veces
elecciones triviales, es verdad en cambio que sólo ellos traducen las metas
fundamentales de una existencia personal; las motivaciones centrales e

59
íntima--mente aprobadas por cada uno, lo que cabe llamar el proyecto existencial,.
conducen ineludiblemente a actos de elección y de decisión, a un querer.

Peter A. Bertocci afirma que la voluntad interviene incluso en "la organización de la


personalidad o el carácter". Y cita en su apoyo a F. Avelina, quien concluyó de sus
investigaciones experimentales sobre la voluntad que "la experiencia volitiva está
constituida por la experiencia inmediata del sí mismo”, sería, pues, irreductible a
otros componentes de la personalidad, constituyendo, por el contrario, una de sus
fuentes.

En las elecciones intervienen con frecuencia factores preconscientes e


inconscientes; no sólo es posible dudar sobre lo que referimos, sino que algunas de
nuestras valoraciones permanecen desconocidas para nosotros mismos aunque
guían igualmente nuestras decisiones conscientes. En éstas, repetimos, reside el
núcleo de la voluntad. El paso siguiente lo constituye su puesta en práctica, la acción
o realización efectiva, pero aun cuando esta realización no se verifique, si se oponen
a ello circunstancias imprevistas o que exceden las posibilidades reales de la
persona, la voluntad habrá sido ejercida.

Por otra parte, la voluntad consiste también en la facultad de inhibir acciones, o


incluso procesos en el área mental, mediante decisiones negativas. El mecanismo
de la operación voluntaria es el mismo que en las decisiones positivas. También
en estos casos existen motivaciones conflictivas, elección, esfuerzo y decisión. Y en
realidad toda decisión positiva, en cuanto opta por un curso de acción involucra
simultáneamente una decisión negativa, que inhibe los cursos de acción
contrapuestos, correspondientes a las tendencias vencidas.

La incapacidad patológica de tomar decisiones se denomina abulia, y vale


igualmente en lo que respecta a las decisiones positivas como a las negativas. Es
causada en ocasiones por lesiones del sistema nervioso, pero puede emerger de
una dinámica puramente psíquica. En estos casos equivale a una especie de
mecanismo de defensa establecido de manera casi permanente.

El primer intento, dentro de la práctica psicoterapéutica, de hacer entrar en juego


a la voluntad dentro de los tratamientos se debe a Otto Rark, con su terapia de la
voluntad.

60
En 1925 propuso que éstos asumiesen una forma más activa para que los pacientes
pudieran afirmar su propia individualidad, y en ello tocaba una parte fundamental (al
ejercicio de la voluntad), sostenía.

Los artistas son los individuos que logran el más alto nivel de afirmación de sí
mismos; las personas normales concilian su voluntad con la del que viven: están,
pues, adaptados; los neuróticos, en cambio requieren tratamiento, porque ni se
identifican con su grupo, ni son capaces del aislamiento de que es capaz el artista. El
objetivo de la, terapia consiste en permitirles afirmar su voluntad.

Sin embargo, Rank no ofrece una conceptualización clara de lo que debe entenderse
por esta fuerza, que más que un poder positivo entiende cómo la capacidad de
resistir a las compulsiones, sean externas o internas, proceden desde propios
impulsos). De todos modos, el ejercicio pleno de la voluntad se da cuando el sujeto
sigue sus propias se siente responsable de sí mismo.

En épocas más recientes, la psiquiatría existencial recalcó, como ya indicamos, el


sentido de responsabilidad como uno de los fundamentales caracteres del hombre El
sistema de terapia de V. Frankl, representante de una de las orientaciones de la
escuela se funda específicamente en esta capacidad. La psiquiatría debe tener
presente que en última instancia "un ser humano no es una cosa entre las demás;
las cosas se determinan unas a otras, pero el hombre se autodetermina” y la
logoterapia intenta hacer al hombre totalmente consciente de su propia
responsabilidad”.

Aparece implícitamente, en todo lo expresado sobre la voluntad, que constituye una


facultad exclusivamente humana; aun cuando sus raíces haya que buscarlas en las
tendencias orgánicas a cumplir fines que rigen el mundo total de la vida, la voluntad
en sí resulta indisociable de la razón. Como actividad contrapuesta a la compulsión,
la actividad voluntaria requiere metas conscientementes escogidos; solo en estos
tipos de acción cabe hablar de responsabilidad hacia los valores propios, repetimos,
lo cual liga la vida volitiva con la vida afectiva.

61
El aprendizaje

Este es uno de los temas capitales dentro de la psicología, al punto de constituir las
distintas teorías sobre el aprendizaje un punto central de muchas corrientes o
sistemas, y al mismo tiempo, y como consecuencia de ello, uno de los asuntos más
debatidos. Aquí nos limitaremos a señalara las características del aprendizaje
generalmente aceptadas, y las posiciones de mayor vigencia.

En sentido amplio aprender significa adquirir en forma permanente al menos


duradera, modos de respuesta nuevos, como resultado de la experiencia. El
aprendizaje, junto con los procesos de la maduración de las capacidades innatas,
conduce al desarrollo psicológico pleno. Sus procesos se verifican dentro de las tres
áreas de conducta, aprende la mente y aprende el cuerpo y la capacidad que implica
de adquirir conductas nuevas requiere siempre, de una manera u otra, el concurso
de la inteligencia, en tanto que percepción de relaciones. Capacidad de aprender e
inteligencia son prácticamente sinónimos en este sentido, pero la perduración de
tales adquisiciones se liga con funciones diferentes.

Prácticamente todas las funciones psicológicas a que hemos pasado revista se


hallan involucradas en los procesos de aprendizaje, incluso cuando consiste en un
simple condicionamiento, y mas aun cuando responde a alguna motivación
consciente o inconsciente. A su vez, las funciones psicológi cas se benefician
también del aprendizaje; es posible adiestrar la memoria, la atención, la voluntad, la
capacidad de razonar, de manera que rindan al máximo de sus posibilidades en las
distintas personas.

Los modos de respuesta nuevos que se adquieren mediante el aprendizaje significan


con frecuencia un progreso en relación a pautas anteriores menos adecuadas, y
aprender es sinónimo generalmente de una mejor adaptación, en el ser humano aun
la mera supervivencia requiere aprendizajes múltiples dada la relativa pobreza de su
dotación instintiva, pero toda conducta no innata es aprendida, de manera que
también se aprenden las respuestas inadaptadas. Incluso las perturbaciones de la
conducta que no obedezcan a causas orgánicas han sido interpretadas como
trastornos del aprendizaje, y una psicoterapia efectiva como un reaprendizaje que
permite corregirlas. Nos referiremos más adelante a una corrientes psicoterapéutica

62
que se funda específicamente en los descubrimientos experimentales de la
psicología del aprendizaje.

Mencionarnos arriba que los psicólogos se hallan muy divididos en lo que respecta al
tema que estamos tratando. Aprender siempre implica conectar en alguna forma un
estímulo y una respuesta, sea esta concreta o puramente mental, pero algunas
corrientes enfatizan la adquisición de la respuesta en sí (aprender consiste según
esto en el establecimiento de una asociación entre estímulo y respuesta que se
estabiliza en hábitos, en tanto que otras ponen el acento no en las asociaciones
mismas sino en los procesos de comprensión o de discernimiento de relaciones
dentro del campo perceptivo, esto es, en el papel de la inteligencia. Es común que la
comprensión de relaciones no percibidas anteriormente se dé de manera súbita: se
habla por ello de la "experiencia del ¡aha!"

En verdad la disyuntiva entre ambas posiciones no debe considerarse tan absoluta,


sino que es consecuencia de que el interés de los psicólogos de una y otra
tendencia se centra en aspectos distintos del proceso. Aun admitiendo que todo
aprendizaje da por resultado hábitos. Esto no implica necesariamente que la
formación de los mismos sea siempre pasiva, como en el caso del condicionamiento
pavloviano, pues puede ser resultado de un discernimiento de las vinculaciones
entre los factores que intervienen en una situación. Por ejemplo, cuando se ha
aprendido una poesía de memoria, la capacidad de repetirla constituye un hábito,
pero los procedimientos mnemotécnicos que posibilitaron el aprendizaje pueden ser
producto del discernimiento y no sólo de repeticiones mecánicas; se puede
comprender -por ejemplo la relación entre el fin de cada estrofa y la iniciación de la
siguiente, transiciones en las que puede haber siempre cierto paralelismo, etcétera.

Las-teorías conexionistas son las que reducen el aprendizaje a las asociaciones


estímulo-respuesta; sus principales representantes, E. L. Thorndike, E. R. Guthrie, y
C. L. Hull y otros, toman en cuenta sobre todo, como base última de todas las
conductas adquiridas, la "asociación entre alguna estimulación de órganos sensibles
y una correspondiente contracción muscular o secreción glandular". El primer
psicólogo que formuló el principio mecánico del conexionismo fue Thorndike; sin
embargo lo que se conecta no son únicamente contenidos intelectuales que se
hayan experimentado de manera contigua sino también las acciones efectuadas y
las consecuencias de las mismas. Así es como puede funcionar la "ley del efecto"

63
que formuló en 1931; esto es, quedan conectadas (lo que equivale a decir
aprendidas), las acciones cuya consecuencia fue gratificar al -organismo. En una
situación nueva las acciones se realizan primero según el, principio del ensayo y
error, las que quedan fijadas y se repetirán en el futuro, son las que resultaron
efectivas según un principio hedonista.

Las teorías que ponen el acento en la comprensión son teorías intituivistas o


cognoscitivistas. Sus principales representantes empezaron por ser los psicólogos
de la Gestalt, y se deben a uno de ellos los famosos experimentos con monos
chimpancés que aprendieron a fabricar instrumentos para alcanzar unas bananas
uniendo unos palos sueltos. De pronto fueron capaces de discernir relaciones.
nuevas: los palos sueltos podrían constituir las partes de un palo único, del largo
requerido para sus fines. El discernimiento o insight es, desde luego, sólo una de las
etapas del aprendizaje, la que corresponde a la captación inteligente de los rasgos
de una situación, pero debe recordarse que aprender significa igualmente fijar una
respuesta. Se puede coincidir con Hilgard, por lo tanto, en su conclusión de que las
teorías estímulo-respuesta y las cognitivas son complementarias más que
contrarespuestas.

Por otra parte, los experimentos de Kohler ponen de manifiesto, aunque no haya
sido ésa la conclusión que sé hizo resaltar, el papel de la afectividad en el
aprendizaje: él interés por alcanzar los frutos lo que desató el proceso.

Otro autor que comparte una orientación molar en la interpretación del aprendizaje
es E. C. Tolman, afiliado no obstante a, la escuela conductista, pero que se califica a
sí mismo de "conductista finalista" (purposive behaviorist). Según Tolman, en quien
se hace sentir el influjo de la escuela de la forma, el aprendizaje consiste en un
problema más vasto de organización de los estímulos de lo que suponen los
conexionistas, puesto que se aprenden ideas, significados, y supone siempre una
fidelidad, el logro de una meta valorada. Estamos constantemente bombardeados
por estímulos, pero el sistema nervioso es altamente selectivo con respecto a cuáles
admitirá en cada momento; esto es, estructura (o reestructura a veces) el campo
cognoscitivo del sujeto.

Gran parte del aprendizaje, sostiene Tolman, en coincidencia con Lewin y con Koffka
especialmente consiste en la interpretación de signos, cuando se ha aprendido algo

64
(por ejemplo, cuando una rata sabe ya cómo orienta se en un Laberinto), lo
aprendido, es una especie de mapa cognitivo de la situación en término de signos,
cada uno de los cuales va remitiendo a un paso siguiente. El proceso se debe a que
cada signo crea determinadas expectativas, de acuerdo con las experiencias
anteriores. Esto equivale a haber aprendido un significado, y es lo que permite que
aún cuando surgen en la situación algunos detalles distintos, sea posible con todo
arribar a la solución.

En suma, no siempre el aprendizaje consiste en conectar determinados estímulos


con determinadas respuestas, sino que también es con frecuencia la capacidad de'
reconocer signos a los que cabe responder de maneras distintas.

En una forma u otra, las diversas teorías sobre el aprendizaje conceden un


importante papel a la motivación, cuya función como motor de la conducta ha sido
tan recalcado en las últimas décadas. La motivaci6n interviene en el aprendizaje
aunque sólo sea en forma de curiosidad o de tendencia a la manipulación, que han
sido observadas incluso en animales. El conexionista Thomdike puso de relieve la
función del "efecto"; esto es la expectativa de gratificar, de manera directa o indirecta
alguna necesidad, es lo que motiva para aprender, ya que sólo se fijan los cursos de
acción que en el pasado, han tenido esa consecuencia. No es necesario que
intervenga ninguna idea previa.

Afirma Thorndike que las conexiones entre estímulos y respuestas se establecen en


forma no consciente. No se halló, en cambio, en estudios experimentales sobre el
aprendizaje, (Skinner), que los castigos (esto es, el efecto contrario de la
gratificación) ejerzan el efecto simétrico de inhibir respuestas con la misma
intensidad que en los procesos inversos.

Según Lagache, la ley del electo, que concede un papel tan marcado a la motivación
dentro del aprendizaje, tiene su equivalente en la teoría psicoanalítica. Sería este
equivalente el principio de realidad, según el cual las conductas ajustadas a las
condiciones objetivas se imponen a las emanadas a el subjetivo principio del placer,
porque estas últimas traen, como consecuencia choques dolorosos, a veces con
obstáculos exteriores, otras, con los propios requerimientos éticos, de modo que no
se concilian en definitiva, con la “ley del efecto".

65
La posición de 0. H. Mowrer y C. Klukhonhn sobre el aprendizaje conjuga aspectos
de la teoría psicoanalítica con otros tomados de la psicología experimental. Así,
consideran como "gran principio unificador" la proposici6n de que "toda conducta es
motivada y de que todo aprendizaje implica gratificación (principio del placer y
conducta funcional respectivamente en las otras dos disciplinas)"; al referirse al
papel del condicionamiento, ligan este fenómeno con las emociones. Como
tendencias que son en sí mismas el resultado de un aprendizaje anterior,
suministran la base para un nivel de actividad y de desarrollo psíquico enteramente
nuevo. Se sabe en la actualidad que una vez que se ha desarrollado una emoción
sobre la base de un condicionamiento anterior (Mowrer, 1939,, Miller y Dollard, 1941;
Mowrer y Lamoreaux, 1942), puede servir a su vez. como motivo v fuente de
refuerzo para nuevos aprendizajes por ensayo y error, para generalizaciones y
discriminaciones, y aun para otros condicionamientos de orden superior (Finch y
Culler, 1943). Así queda abierto el camino para el análisis y 'la comprensión de los
tipos de conducta más intrincados y de más alto niveI”.

Como sucede con tantos otros temas capitales de la psicología, no nos es-posible
sino presentar las distintas posiciones

asumidas con respecto al aprendizaje; sin embargo, las que se apoyan en el papel
que desempeñan las tendencias afectivas y la estructuración activa del medio según
los requerimientos del organismo, transitorias o permanentes, resultan más
compatibles con una concepción molar de la conducta y con la concepción holística
de la personalidad, que al parecer se ajustan más fielmente a lo que es el organismo
humano.

66
El lenguaje

El producto fundamental del aprendizaje en el hombre, que posibilita a su vez una


multiplicidad de otros aprendizajes, es el lenguaje. Puesto que la vida humana se
desarrolla en sociedad, parte esencial de la estimulaci6n que interviene en el
aprendizaje procede del entorno humano, y el lenguaje constituye dentro de éste el
medio de comunicación privilegiado. Su adquisición y empleo requiere la puesta en
acto de la totalidad de las funciones psicológicas.

En un sentido amplio puede entenderse por lenguaje todo conjunto estructurado de


signos que alude a otra realidad, esto es, a cualquier sistema de significaciones. No
nos referiremos aquí sino al lenguaje en tanto que sistema verbal o lingüístico,
constituido por palabras orales o escritas, con cuya aparición se inauguró en el
universo el desarrollo más extraordinario conocido hasta ahora dentro del conjunto
de los seres vivos. En psicología los estudios sobre el lenguaje (la psicolingüística)
se halla en un comienzo, pero todas las escuelas coinciden en otorgar la mayor
trascendencia a la comunicación verbal en la formación y la expresión de la
personalidad y en cuanto recurso diagnóstico y terapéutico.

Una línea del psicoanálisis actual, la orientación estructuralista representada por J.


Lacan, ha introducido consideraciones de la lingüística en la teoría psicológica, y en
lo que concierne específicamente al método psicoanalítico, afirma: "La experiencia
psicoanalítica ha reencontrado en el hombre el imperativo del verbo como la ley que
lo ha formado a su imagen. Maneja la función poética del lenguaje para dar a su
deseo su mediación simbólica... es en el don de la palabra donde reside toda la
realidad de sus efectos, pues es por la vía de este don por la que ha llegado toda
realidad al "hombre, y es por su acto continuado . como la mantiene".

Dentro de un enfoque sumamente alejado del de Lacan, la escuela reflexológica


coincide en atribuir una función fundamental al lenguaje dentro del psiquismo. La
conducta es interpretada como cadenas de reflejos que se desencadenan ante la
aparición de estímulos-señales; e¡ habla o la escritura también pueden constituir
señales, aunque de un tipo especial. Son, en efecto, señales de señales, estímulos
de segundo orden en relación a las situaciones efectivas, que a través de
condicionamientos anteriores son asociados con aquéllos, con los estímulos

67
naturales, pero "el lenguaje, la palabra, constituyen una condición necesaria del
origen y existencia del pensamiento en su sentido propio y específico".

Mediante el lenguaje se expresan estados interiores; se describen hechos exteriores


y se influye en la conducta ajena. Tales son las discriminaciones establecidas por
Kart BühIer en su conocida teoría sobre las tres funciones del lenguaje, a las que
relaciona con las tres esferas clásicas de la investigación psicológica: afecto,
conocimiento y voluntad, con las que estarían respectivamente ligadas. Cada una de
estas funciones se ejerce de manera deliberada o inintencional, en forma consciente
o inconsciente.

Charles Morris en sus investigaciones ya clásicas sobre el lenguaje, discriminó tres


niveles: el semántico, el sintáctico y el pragmático . El primero corresponde a las
relaciones entre los signos y lo significado, el segundo a las relaciones de los signos
entre sí, y el tercero a las relaciones entre los. signos y las personas 'que los
emplean. Este es el nivel que interesa ya específicamente a la psicología. Gracias al
lenguaje, el pensamiento y la vida interior en general se convierten en un hecho
social, y por ende, el estilo personal de emplear el lenguaje, -constituye un índice
observable de características de la personalidad, posiblemente una de las más ricas
fuentes de datos para el psicólogo.

También fuera de todo lo que implica el lenguaje en las redes de comunicaci6n


interhumanas, desempeña funciones que son esenciales en la coftfiguraci6n de la
vida psíquica; en efecto sin las palabras nuestros pensamientos carecerían de
permanencia y apenas si se podrían relacionar unos con otros. Los que se alejan
demasiado de le, concreto ni siquiera podrían ser concebidos y todo el campo de la
especulaci6n mental, cuya riqueza y complejidad es característica esencial y
exclusiva del ser humano, asumirían un aspecto totalmente distinto. Entre
pensamiento y lenguaje existe una estrecha conexi6n, y uno de los índices de ella es
el paralelismo que se da entre las estructuras lógicas y las sintácticas.

Todo lenguaje, sea verbal o de otro tipo, supone la existencia de un circuito de


comunicación compuesto de un emisor --el que habla, escribe, gesticula, viste de
cierto modo, muestra tal o cual expresión, etc., un receptor oye, lee, interpreta los
signos, un mensaje trasmitido por el primero al segundo-, y el proceso del feed-back
-efecto retroactivo del mensaje sobre el propio emisor, a través de la reacci6n del

68
receptor. Implica también un código o clave que permite interpretar lo trasmitido. En
los seres vivos, tanto el proceso de la emisión como el de la recepción de mensajes
son tanto más finos y permiten el intercambio simultáneo de mensajes tanto más
complejos cuanto más perfectos son los mecanismos neurológicos puestos en juego;
por eso, sólo el hombre, poseedor del sistema nervioso más complejo de la vida
animal, ha podido elaborar el lenguaje verbal, que es el qué más posibilidades ofrece
para el intercambio de signos espacial y cronológicamente distantes de sus
significados.

A diferencia de otros signos significantes, las palabras poseen no sólo un valor


indicativo o denotativo sino también un valor connotativo: "connotan" resonancias
históricas, literarias, emocionales, etc. Si el estilo verbal de cada persona resulta tan
altamente significativo para el psic6logo, ello se debe sobre todo a esa variedad de
resonancias de los símbolos del lenguaje empleado, que traducen
inconscientemente afectos, ideas dominantes, proyectos, etc. En sus teorizaciones
sobre la entrevista psiquiátrica, Harry Stack Sullivan recalca que todo psiquiatra o
psic6logo no s6lo se vale como principal instrumento de diagn6stico de lo que sus
clientes y pacientes dicen, sino de cómo lo dicen. Sullivan, al atender a los aspectos
averbales de la comunicaci6n verbal, toma en cuenta el modo de pronunciar, o el
hecho de que la persona enrojezca o palidezca al emitir determinadas frases; todo
esto indica la aparición de la ansiedad frente a ciertos contenidos, y la ansiedad
indica a su vez, el peso psicológico de los mismos. Pero también es significativa la
terminología empleada; es por empezar, un indicador de la ubicación social de unja
persona, pero también de rasgos idiosincrásicos y de su manera de vivir la situación
de entrevista.

También los distintos trastornos del lenguaje, aunque poseen diversos orígenes,
obedecen en muchos casos a perturbaciones de la personalidad y pueden ser
curados con psicoterapia. Es el caso del tartamudeo, por ejemplo. Las afasias son
causadas por lesiones neurológicas en las zonas cerebrales que intervienen en su
adquisición y utilización, pero traen siempre aparejada una perturbación psicológica
más vasta: no sólo el lenguaje sino la función de pensar resulta afectada y en
general la relación de la persona con el mundo. Maurice Merleau-Ponty afirma con
respecto a esto que "es imposible hallar en ninguna parte un trastorno del lenguaje
que sea ‘puramente motor' y que no afecte en cierta medida el sentido del lenguaje.

69
En la afasia motriz, la lista de las palabras perdidas y conservadas no corresponde a
sus caracteres objetivos (extensión o complejidad), sino a su valor para el sujeto. . ."
Y cita más adelante a Goldstein: "Puesto que el hombre se sirve del lenguaje para
establecer una relación viva consigo mismo o con-sus semejantes, el lenguaje no es
ya un instrumento, no es ya un medio; es una manifestación, una revelación- del ser
íntimo y del lazo psíquico que nos une al mundo y a nuestros sernejantes"…

Otro aspecto que debe tornar en cuenta la psicología es la adquisición gradual del
manejo verbal. Los psicolingüistas se han interesado en las variaciones que
presenta el lenguaje en relación a las etapas evolutivas. En su obra El
estructuralismo, Jean Piaget cita entre otros a R. Brown, S. Ervin y U.Belluci,
quienes analizaron las "gramáticas infantiles", bien distintas de la gramática
empleada por los adultos. Son aplicaciones genéticas del estructuralismo que se
vinculan, señala Piaget, con la tendencia general de la epistemología genética
instituida por él mismo de tomar en consideración el papel de la ontogénesis,
"aunque se inscriba en los marcos de la filogénesis o del desarrollo social, pero en
marcos que siempre modificó de rechazo".

El yo como unificador

Existe en el psiquismo un centro organizador que coordina las operaciones de los


diversos modos de operar de que dispone el organismo humano, poniéndolos al
servicio de sus necesidades tanto adaptativas como expresivas, y que permite a la
vez que cada individuo se experimente a sí mismo : -no un ser único y distinto de los
demás. Esta organización, implica una estructuración en sentido transversal y en
sentido longitudinal, pues asegura la unidad del sujeto en cada momento y la
continuidad de su personalidad a lo largo de su historia individual. La unidad no es
masiva sino compatible con disociaciones, de mayor o menor intensidad, pero en
condiciones normales el individuo es y se siente uno a través de la multiplicidad de
sus impresiones y reacciones, y se mantiene siendo el mismo a través de las
transformaciones corporales y anímicas que experimenta en el curso del tiempo.

El centro organizador es el denominado yo, y funciona en forma tanto consciente


como inconsciente. Nos ocupamos anteriormente del yo, al referirnos a la teoría de

70
la personalidad de Freud, en tanto que una de las tres instancias discriminables en
ella según esa teoría. Freud recalca sobre todo un papel esencial del yo: -el del
mantenedor del equilibrio entre las exigencias antagónicas del ello y del superyo,
gracias en gran parte a la instrumentación que hace de la angustia a modo de señal
de alarma que permite no quebrar este equilibrio; pero configuran igualmente el yo el
conjunto de potencialidades para actuar y para manifestarse en que consisten las
funciones psicológicas de la memoria, atención, voluntad, sentimientos, imaginación,
etcétera.

Es preciso distinguir el concepto de yo de otros que le son cercanos, a saber, "sí


mismo" e "identidad" «El sí mismo es el centro más radicalmente individual y
significativo. Lo que en verdad cada uno es, es su sí mismo, y esto significa no el
conjunto de las conductas o vivencias generales de la especie humana, o de las que
son características de los nombres colocados en idénticas circunstancias, históricas,
culturales o sociales, sino de las que son privativas de cada uno en cuanto es 'el
hombre único y que, en última instancia, dotan de sentido a su vida". En cuanto a lo
que se debe entender por identidad, "es el equivalente de la personalidad, pero
cuando se emplea este término se atiende primordial a lo que ofrece de particular la
personalidad de cada uno en relación con la de los demás, a lo que cada uno es en
medio de los otros y el yo, por último, es una instancia eminentemente ejecutiva". . .
sus funciones, tan diversas que llegan a ser antitéticas y que entran frecuentemente
en conflicto, poseen un denominador común: el contacto con la realidad. Es el yo lo
que nos permite conocerla y lo que nos permite actuar en ella de manera coherente
v como la persona particular que somos. En este último sentido constituye un
instrumento tanto de la personalidad total como de su estrato nuclear: el sí mismo".

El Yo se va constituyendo gradualmente. y el equilibrio psicológico requiere qué


llegue a adquirir suficiente fortaleza para permitir al individuo conductas acordes con
las exigencias de la vida social y con sus autoexigencias en medio de los conflictos
que jalonan inevitablemente la existencia humana; También es gradual el
surgimiento de la "identidad del yo”.

Erik H. Erikson ha investigado este problema en relación con consideraciones no


sólo psicológicas sino también sociológicas. La identidad del yo va surgiendo a
rqedida que se suceden los progresos correspondientes a las distintas etapas del
desarrollo. Cada una de éstas supone modificaciones en la organización biológica

71
Erikson toma en cuenta específicamente las modificaciones en la organización
libidinal, pero aunados a ellas se dan influjos sociales lo que determina que se den
sucesivamente diversas "crisis". Se produce una crisis cada vez que le son exigidas
al organismo nuevas tareas adaptativas para que se armonicen los impulsos
libidinosos modificados y las expectativas del ambiente con respecto a la edad
alcanzada. La crisis más acentuada es la que se da en la adolescencia, pero no es
sino una de una serie sucesiva de ellas.

Las dificultades en establecer la identidad del yo no surgen esencialmente del hecho


de que haya crisis en el camino que conducen a ella, sino de diversas circunstancias
sociales. Así rápidas transformaciones que caracterizan la . vida social actual
favorecen la dispersión del yo en lugar de su identidad.

Un valioso recurso que permite al yo dirigir la conducta según pautas ordenadas en


lugar de caóticas, y personales en lugar de meramente pulsionales, es la capacidad
de demorar las respuestas, de inhibir las descargas impulsivas. Esta capacidad, que
implica a la vez la de tolerar la frustración, y a la que ya nos referimos al ocuparnos
de una de las funciones yoicas, la voluntad, constituye un hito importante en el
desarrollo no sólo ontogenérico sino también filogenético. Si las reacciones se
desatasen siempre de manera inmediata ante el efecto de los estímulos, como
automáticamente no habría posibilidad de desarrollar una vida propiamente humana.
Como lo señala Ernest Cassirer en su Antropología filosófica, no habrían surgido ni
el lenguaje ni los demás sistemas simbólicos que constituyen la cultura, esa máxima
creaci6n del hombre, pues todos ellos exigen cierto distanciamiento temporal antes
de elaborar la respuesta.

Pero vida propiamente humana significa igualmente conciencia, en un doble sentido:


saber de la experiencia que se está padeciendo en un plano que se superpone al del
mero experimentar ciego, y saber de sí mismo en cuanto que conciencia
experimentante. Esta última es la autoconciencia, y puede ser a su vez: a) una
autoconciencia puntual, que se da en el momento mismo de la experiencia, b)
autoconciencia de la personalidad en sus rasgos estables, incluyendo el yo físico: el
propio cuerpo; el yo social: el propio status y los propios roles, el nombre propio; el
yo espiritual: la propia escala de valores, y c) sentimiento de identidad: "la vivencia
-en que el sí mismo se autorrefleja, el entrañable saber no conceptual, sino más que
nada afectivo, de nuestra más íntima singularidad ".

72
La conciencia, en todas sus formas, es también una función del yo. Si se discrimina,
como lo hace Lagache, entre yo-sujeto y yo-objeto, pertenecen a la categoría de
yo-sujeto la conciencia y la autoconciencia, en el primero y en el tercero de los
sentidos señalados, y a la categoría de yo-objeto el percibido por la autoconciencia
en tanto que conjunto de las características observables en uno mismo, corporales y
como ente social y cultural.

También los demás tienen acceso igualmente a este tipo de datos sobre uno mismo,
son datos susceptibles de ser observados desde un punto de vista objetivo, y sin
esta posibilidad la psicología carecería de una parte fundamental de sus elementos
de trabajo.

Queremos aludir nuevamente, a la unidad que rige la organización psicológica


individual, á pesar de la complejidad de sus funciones , de los diversos grados de
conciencia y d. niveles de integración. No es un problema resuelto, y acaso sea uno
de los más esenciales dentro de la psicología de la personalidad. Algunos autores
consideran como fundamental factor unitivo precisamente un esfuerzo hacia la
integración: Erikson se refiere a la "búsqueda de la identidad, Jung al “camino de la
individuación", Allport afirma el carácter abierto de la personalidad, en su devenir
(becoming), hacia objetivos anhelados; los existencialistas toman en cuenta el
proyecto existencia¡, Adler recalcó el carácter teleológico de la conducta, y hasta
dentro del psicoanálisis freudiano se considera como uno de los factor-es de
unificación un ideal del Yo. Esa referencia del comportamiento hacia el futuro es un
rasgo que debe ser estudiado con más profundidad, a nuestro juicio, para
aprehender una parte 'significativa del mismo; de todos modos, aun dentro de
enfoques distintos permanece el hecho de que la característica general de los seres
humanos de poseer un "estilo de vida", según la conocida expresión de Adler,
plantea un problema cuya resolución constituye uno de los más serios desafíos para
la ciencia psicológica.

73
LOS TIPOS PSICOLÓGICOS

Entre la psicología encarada como ciencia que investiga los caracteres generales del
psiquismo, en lo que tienen de común todos los hombres, y la orientación surgida en
la década del 30, que dio nacimiento a la psicología de la personalidad, cuyo interés
es determinar en qué consiste y cómo se constituye la singularidad propia de cada
persona, se abre el campo de la psicología diferencial, que establece semejanzas y
diferencias entre los seres humanos en relación con las diversas funciones
psicológicas, o al menos en 'relación con algunas de ellas, y el de las tipologías que
permiten establecer clases o categorías -"tipos”- de acuerdo con tales semejanzas y
diferencias. Los primeros estudios sistemáticos sobre las diferencias individuales
emprendidos hacia fines del siglo XIX, se deben a Sir Francis Galton, (1822-1911),
quien se interesó en determinar las características de los individuos superdotados.

Bajo el influjo de Darwin, sus investigaciones estaban teñidas de preocupaciones


genéticas y eugenésicas, pero tuvieron una importante repercusión dentro de la
psicología al conducir a la elaboración de tests e introducir consideraciones
estadísticas, incluyendo el importante concepto del coeficiente de correlación.

J. McKeen Cattell amplió grandemente el campo de aplicación de los tests (a él se


debe precisamente esta denominación), inspirado en la labor de Galton, y más
adelante, todo pensamiento, de todo ajuste, de toda vida. Algunos defensores del
instinto son poco precisos con respecto a' su taxonomía, como Freud; otros son
notablemente específicos, como McDougall.

Sin embargo, cualquier doctrina de los instintos plurales tiende a ocupar un lugar
intermedio entre los polos de la actividad y la reactividad.

Es verdad que la cualidad impulsiva del instinto está autocontenida en el organismo


(no reside en el estímulo instigador como los positivistas parecerían creer), pero los
instintos son al fin de cuentas "fuerzas" múltiples a las que el individuo está sujeto.

Es empujado, arrastrado y maltratado por sus energías. El individuo está desprovisto


de energía o propósito, excepto en la medida en que los instintos mismos se los
proporcionan.

Más allá de la teoría de los instintos plurales encontramos algunos escritores


modernos cuyas concepciones centrales son paralelas a la doctrina del conatus de

74
Spinoza. Se piensa en ese sentido en el énfasis de Goldstein sobre la
autorrealización, en los escritos de Angyal, Cantril, Lecky, Revers, Sinnott y otros,
que postulan en común un motivo básico en la vida, el mantenimiento, la realización
y el perfeccionamiento de las capacidades del organismo, sujeto de las experiencias.

Con esta línea de pensamiento alcanzamos el polo opuesto a la descripción de la


mente dada por Locke, que la concibió como un receptáculo pasivo que recibe las
impresiones externas y la concepción opuesta a la de Hume del "sí mismo" como un
cúmulo de sensaciones.

LA META DE LA PSICOLOGIA (Por G. W. Allport en “Desarrollo y


Cambio)

La meta de la psicología es reducir el desacuerdo entre nuestras filosofías del


hombre y establecer una escala de verdad probable con el fin de que podamos
sentir, cada vez con mayor certeza, que una interpretación es más verdadera que
otra. La meta todavía no se ha alcanzado; como. lo sugiere nuestra discusión,
probablemente esté en un futuro lejano.

Puesto que la psicología es nueva en su tarea, .debemos esperar que prevalezca un


activo espíritu de controversia. Afortunadamente, la controversia creadora es posible
en nuestra sociedad libre. Probablemente sea positivo contar con 'partidarios de
Locke y de Leibniz, positivistas y personalistas, freudianos y neofreudianos,
objetivistas y fenomenologistas, y con quienes postulan modelos matemáticos,
modelos animales, modelos mecánicos, modelos psiquiátricos o la ausencia de
modelos. No pueden estar en lo cierto en todos los aspectos, pero lo esencial es que
tengan libertad para trabajar a su manera.

Nuestra censura debe reservarse para aquellos que quisieran cerrar todas las
puertas excepto una: el modo más seguro de perder la. verdad es pretender que ya
se la posee totalmente. Los sistemas limitados, dogmáticamente sostenidos, tienden
a hacer trivial la mentalidad del investigador y de sus alumnos. Es triste admitir que
tenemos ejemplos de que esto ocurre en la psicología actual. Una forma degradante
es la mentalidad restrictiva que impondrían ciertos positivistas. La teoría, nos dicen,
carece de sentido, al menos la teoría que se ocupa de los procesos internos de la

75
naturaleza humana. Ellos nos aconsejan derivar nuestros conceptos sólo de
nuestros métodos de estudio, jamás del funcionamiento supuesto de la vida humana,
aun cuando los conceptos derivados del método puedan decirnos mucho acerca del
método y nada sobre la naturaleza del ser del hombre ni de, su desarrollo y cambio.
Pero el operacionismo no es el único agente de intolerancia. Algunos devotos de
Freud, de la fenomenología, del tomismo y de otras escuelas predilectas de
pensamiento, también cierran todas las puertas, con excepción de la propia. El
dogmatismo determina la anemia científica.

En especial en lo que se relaciona con la formación y desarrollo de la personalidad


humana necesitamos ser más amplios, porque es justamente aquí donde son
mayores nuestra ignorancia e incertidumbre. Nuestros métodos, aunque bien
adaptados al estudio de los procesos sensoriales, la investigación animal y
patológica, no son totalmente adecuados; y las interpretaciones originadas en el
empleo exclusivo de estos, métodos llevan a la trivialidad. Algunas teorías del
proceso de evolución se basan ampliamente sobre la conducta de gente enferma y
ansiosa, o sobre las extravagancias de ratas cautivas y desesperadas.. Son menos
las teorías que se han inferido del estudio de seres humanos sanos, de aquellos que
no se esfuerzan tanto por preservar la vida como de hacerla digna de ser vivida. Por
eso actualmente hallamos muchos estudios de criminales, pocos de los que
respetan las leyes; muchos del miedo, pocos del coraje; más sobre la hostilidad que
sobre la benevolencia; muchos sobre la ceguera del hombre, muy pocos sobre su
perspicacia; muchos sobre su pasado, muy pocos sobre su prospección hacia el
futuro.

La principal tarea de la psicología actual es la de ampliar sus horizontes sin sacrificar


sus logros. Nadie desea la adecuación de la perspectiva si el sistema resultante ha
de ser un tejido de afirmaciones inverificables; pero tampoco puede nadie obtener
satisfacción de la mera exactitud si sus producciones guardan muy poca relación con
los problemas básicos.

El curso que nosotros seguiremos es el de identificar los principales problemas que


afronta una psicología del desarrollo y del cambio, y ofrecer soluciones provisionales
basadas en una evidencia preliminar. Sólo podemos confiar en que la investigación-
futura, conducida con mente abierta, reforzará o enmendará nuestras soluciones
provisionales con la ayuda de nuevas evidencias que posean la necesaria exactitud.

76
EL DILEMA DE LA SINGULARIDAD

La personalidad es menos un producto terminado que un proceso fluyente. Si bien


tiene algunos rasgos estables, está al mismo tiempo sufriendo continuamente el
cambio. Es este curso del cambio, del desarrollo, de la individuación, lo que ahora
nos preocupa en especial.

El primer hecho que nos llama la atención es la singularidad, tanto del proceso como
del producto. Cada persona es un idioma en sí misma, una aparente violación de la
sintaxis de la especie. Un idioma se desarrolla en su contexto peculiar y propio, y
este contexto debe ser comprendido con el fin de entender el idioma. No obstante,
los idiomas no son enteramente anárquicos ni arbitrarlos; en efecto, ellos pueden ser
conocidos por lo que son, sólo comparándolos con la sintaxis de la especie.

Actualmente, la formación científica de los psicólogos los lleva a buscar los procesos
universales comunes a la especie y a descuidar la pauta dialectal del proceso de
evolución. Mientras pueden, decir que su objeto es la personalidad humana, sus
hábitos los conducen a estudiar la mente-en-general antes que la
mente-en-particular.

No se trata de que los psicólogos no estén interesados en Juan, en la persona, sino,


simplemente, de que sus hábitos de pensamiento los llevan a separar de la
naturaleza de Juan un segmento particular para su estudio. La cirugía se realiza por
medio de la inserción de algunos instrumentos cortantes universales sobre el cuerpo
de Juan. Una incisión se refiere, podríamos decir, a la "necesidad de éxito", otra al
"cociente de inteligencia". No se considera que estas incisiones se entrecruzan
dentro de Juan, sino que se las ve como propiedades equivalentes que se
entrecruzan en distintas personas. El resultado es que habitualmente percibimos la
personalidad de Juan como un diagrama dibujado en un conjunto de coordenadas
externas, carentes de interrelaciones, de duración en el tiempo, de movimiento, de
vida, de variabilidad, sin singularidad. Nuestros: métodos de análisis nada nos dicen
acerca de lo que es peculiar de Juan. Es cierto que la rama de la psicología llamada
"clínica" espera lograr una coincidencia de Juan con las propiedades abstraídas de
él. Intentan rescatarlo del cúmulo de promedios estadísticos. Pero se topa con
dificultades por dos razones. En primer lugar, como lo hemos dicho, las dimensiones
universales empleadas en el diagnóstico de Juan pueden no guardar. relación con

77
su personalidad. Quizás él no haya tenido "necesidad de éxito” sino sólo una
peculiar y singular necesidad de dominación exhibicionista. La dimensión empleada
no capta para nada el colorido preciso de su motivación. En segundo lugar, tenemos
todavía pocos instrumentos para determinar la mutua interrelación de las
dimensiones. Entonces sólo descubrimos que Juan está en el décimo percentil en
cuanto a la "necesidad de éxito” en el cincuenta en cuanto a la capacidad de
"manipulación espacial", en el percentil ochenta y uno en cuanto a respuestas
comunes" al test de Rorschach. Tales trozos de información componen la mayoría
de los informes clínicos. Pocas veces esos trozos de información se intersecan.
Estamos todavía en la oscuridad en lo referente al nexo que mantiene unida la vida
de Juan. En gran medida, nuestra dificultad se relaciona con el hecho de que
elementos empleados en nuestro análisis no son verdadera partes del todo original.

Pienso que no es útil responder que la ciencia por su misma naturaleza, es


impotente para considerar el proceso dialectal de desarrollo y cambio.

Si ha de existir una ciencia de la personalidad, ella tendrá que proceder mejor que lo
que ha hecho hasta ahora, con el rasgo de la personalidad que resulta más
sobresaliente: su manifiesta singularidad de organización.

Tampoco es útil refugiarse en el ejemplo de otras "ciencias. Se nos dice que toda
piedra en el campo es única, lo mismo que cada uno de los zapatos viejos
guardados en el ropero y que cualquier ,barra de hierro, pero que esta ubicua
individualidad no afecta las operaciones ni el progreso de la ciencia. El geólogo, el
físico, el zapatero, proceden a aplicar leyes universales y el accidente de la
singularidad no tiene importancia para su trabajo. La analogía no es convincente.
Piedras, zapatos viejos, barras de hierro son cosas puramente reactivas. No
cambiarán a menos que sean manipuladas. Son incapaces de desarrollarse y
cambiar. ¿Qué ocurre entonces con la singularidad en el reino de la biología, donde,
además de la reactividad, cada planta manifiesta su capacidad para autorrepararse,
autorregularse y adaptarse? Una hoja de árbol es grande, otra pequeña, una
deformada, otra sana. No obstante, todas obedecen a leyes ciertas del metabolismo
y de la estructura celular. Sólo en nuestros momentos estéticos nos interesamos por
la configuración precisa, la forma, el tamaño o la individualidad de una hoja, una
planta o un animal dados.

78
Pero aquí también la analogía es débil. A diferencia de las plantas y los animales
inferiores. el hombre no es meramente una criatura de estructura celular, tropismo e
instintos; no vive su vida repitiendo con variaciones triviales la pauta de su especie.
La considerable inversión de fondos que la Naturaleza ha hecho en la individualidad
se destaca sobre todo en el homo sapiens. Si bien podemos reconocer diferencias
Individuales entro los perros, o variados estilos de temperamento entro las ratas, sus
vidas, en todas sus particularidades esenciales, están reguladas por su pertenencia
a una especie. Sólo el hombre tiene la capacidad de variar ampliamente sus
necesidades biológicas, añadiendo a ellas innumerables necesidades psicogénicas
que reflejan, en parte, su cultura (ninguna otra criatura tiene una cultura) y en parte,
su propio estilo de vida (ninguna otra criatura se preocupa por su estilo de vida).

En consecuencia, la individualidad del hombre se extiende infinitamente más allá de


la mezquina individualidad de las plantas y los animales, que son primaria o
exclusivamente criaturas del tropismo o el instinto. Se abren inmensos horizontes
para la individualidad cuando billones de células corticales se agregan al magro
equipo neutral de las especies inferiores. 'El hombre habla, ríe, se aburre, crea una
cultura, reza, tiene un preconocimiento de la muerte, estudia teología y se esfuerza
por mejorar su propia personalidad. La infinitud de las pautas resultantes no puede
hallarse, evidentemente, en las criaturas del instinto. Por esta razón deberíamos
tener gran cautela cuando extrapolamos las afirmaciones, métodos y conceptos de
la ciencia natural y biológica para aplicarlas a nuestro objeto de estudio. En particular
deberíamos rechazar el traslado de la indiferencia de otras ciencias frente al
problema de la individualidad.

La emulación de una ciencia más antigua nunca crea una nueva ciencia. Es sólo una
inextinguible curiosidad acerca de algún fenómeno persistente de la naturaleza lo
que lo consigue. Sostengo que la individualidad es un objeto legítimo de curiosidad,
especialmente en el nivel humano, porque es aquí donde nos vemos sobrecogidos
por este particular fenómeno natural. Me atrevo a opinar que todos los animales del
mundo son psicológicamente menos distintos entre si de lo que un hombre es
respecto de otros.

Existen, por cierto, muchas áreas de la psicología donde la individualidad no


interesa. Lo que se desea es el conocimiento acerca de promedios, acerca de la
mente humana en general o acerca de tipos de personas. Pero cuando estamos'

79
interesados en encaminar o predecir la conducta de Juan, o en la comprensión de
las cualidades peculiares de Juan, necesitamos trascender las limitaciones de una
psicología de la especie y elaborar una psicología más adecuada del crecimiento
personal.

Las líneas generales necesarias de la psicología del desarrollo y el cambio sólo


pueden descubrirse mirando dentro de nosotros mismos, porque es el conocimiento
de nuestra propia singularidad lo que suministra los primeros y probablemente los
mejores indicios para adquirir ordenadamente un conocimiento de los otros. Por
cierto, deberíamos precavernos contra la falacia de la proyección: precisamente el
suponer que otras personas tienen estados mentales, intereses y valores
exactamente iguales a los de nosotros. No obstante, es por medio de la reflexión
sobre los factores que parecen vitales en nuestra propia experiencia del desarrollo y
el cambio, como identificamos los problemas esenciales. Cuando nos preguntamos a
nosotros mismos acerca de nuestro propio curso del crecimiento, nos vienen a la
mente problemas como los siguientes: la naturaleza de nuestras disposiciones
innatas, la impresión de la cultura y el ambiente sobre nosotros, nuestra
autoconciencia emergente, nuestra conciencia, nuestro estilo de expresión en
gradual desenvolvimiento, nuestras experiencias de elección y libertad, nuestro
manejo de conflictos y ansiedades, y finalmente, la formación de nuestros valores,
intereses y objetivos más maduros. Si bien muchos de estos temas reciben un
tratamiento ocasional en la psicología moderna, rara vez son examinados en
relación recíproca, tal como intentaremos hacerlo ahora.

DISPOSICIÓN

Las disposiciones innatas, la materia prima para el, desarrollo de la personalidad,


comprenden por lo menos tres conjuntos de factores. Primero están aquellas
tendencias comunes a la especie que contribuyen a su supervivencia: un conjunto
de reflejos, impulsos y procesos homeostáticos. Todo lo que pueda ser llamado con
propiedad instintivo cae en esta clase. Actualmente nos parece estar en el umbral de
notables avances en el conocimiento de la naturaleza del instinto. A partir de la obra
de Lashley, Tinbergen, Spitz y Wolf, y otros, sabemos que la compleja conducta
social evoluciona a partir de respuestas simples que son activadas por estímulos

80
pautados. Todavía no tenemos idea alguna de cuántos pueden ser estos
"mecanismos iniciadores innatos". Un ejemplo singular es la sonrisa social,
estudiada por Spitz y Wolf. Un período de maduración que abarca aproximadamente
desde la edad de tres a seis meses, parece tener lugar cuando el niño, para placer
de todos, inicia la sonrisa social. Las sonrisas anteriores a esa edad se deben
probablemente a la actividad digestiva. El niño normal entre los tres y los seis meses
de edad sonreirá a rostros humanos o a facsímiles razonables de ellos. El rostro de
un ser humano (o de una máscara, aun de un espantajo) deberá sin embargo tener
dos ojos, ser totalmente visible y mostrar movimiento. No necesita ser un rostro
sonriente (un hecho que descarta la imitación), ni necesita pertenecer a alguien que
resulte familiar. Los extraños provocan una sonrisa- tan fácilmente como la madre.
Después de la edad de seis meses, normalmente, la misma pauta perceptual hace
surgir la respuesta contraria si el rostro no es familiar. Los extraños provocan miedo,
no sonrisas. Y de acuerdo con Spitz y Wolf, si las relaciones emocionales entre el
niño y su madre están seriamente perturbadas, la sonrisa social no se desarrolla, o
muestra anormalidades ya dentro del período de los tres a los seis meses. Este tipo
de trabajo es sumamente importante puesto que no sólo nos habla de las
disposiciones puras que subyacen al desarrollo humano, sino que señala el hecho
de que las disposiciones y su maduración dependen del estado total concomitante
del proceso de evolución. En este caso las relaciones sociales del niño deberán ser
favorables para que el instinto aparezca.

Un segundo grupo de disposiciones incluye todo lo que normalmente llamamos


"herencia": aquellas características ligadas a los genes, que asociamos con la
familia, la estirpe y la raza. Puesto que las combinaciones de rasgos vinculados con
los genes son aparentemente casi infinitas en número, observamos que este, tipo de
determinación provee las bases para una singularidad infinita en la personalidad aun
antes de que las operaciones diferenciales de la cultura y el ambiente comiencen a
influir. Ciertamente, los genes explican también la uniformidad de la especie: que
tengamos dos ojos, una columna vertebral y un equipo. común de glándulas. Pero
cuando hablamos de herencia estamos más inclinados a pensar en semejanzas (por
ejemplo: el parecido del niño con sus padres) y a olvidar que el funcionamiento de
los genes también nos adentra en el camino hacia la singularidad con nuestras
variadas dotes, temperamentales, plasticidad neutral y umbrales de respuesta.

81
Quizás olvidamos este hecho, en parte debido a que se sabe tan poco de la genética
humana (con sus descubrimientos centrados hasta la fecha en tipos más que en
pautas individuales de herencia) y, en parte, debido a que como devotos de la tabula
rasa preferimos no dar crédito total a los determinantes innatos de la naturaleza
humana.

Existe todavía un tercer y muy diferente sentido en el que podemos hablar de


disposiciones originarias. No se trata, hasta donde sabemos, de una cuestión de
determinación genética especifica ni de instinto, excepto quizás en el sentido más
amplio posible. Me refiero a ciertas capacidades latentes o potenciales que juegan
un papel crucial en el proceso de evolución. Todo animal joven, por ejemplo, parece
tener la capacidad de aprendizaje. Esto es como decir: hay algo inherentemente
plástico en su naturaleza neuropsíquica que hará posible que se den cambios en las
respuestas. Si está normalmente dotado, el niño desarrollará con el tiempo una
conciencia, un sentido de sí mismo y una organización jerárquica de rasgos. Llegará
a ser una especie de sistema estructural, autorregulándose y automanteniéndose. Lo
que es más: él mismo se esforzará por llegar a ser algo más que una copia
mimeografiada de la especie a la que pertenece. Tales capacidades no son instintos
en el sentido de McDougall o Freud; más bien representan potencialidades para
alcanzar el estado adulto. Lo que llamamos instintos son primariamente medios para
asegurar la supervivencia; las capacidades de que hablo son de tal índole que
aseguran el crecimiento y una estructura ordenada. Ellas originan los estadios
característicos del desarrollo humano.

Consideremos por un momento la capacidad de aprender. Ninguna teoría de la


motivación explica por qué aprendemos, sino solamente cómo aprendemos. Todo el
mundo sabe que aprendemos, pero. pocos psicólogos -y menos que nadie los
seguidores de Locke- parecen preguntarse por la naturaleza de la disposición que
está por debajo de la adaptación y la modificación de la conducta. Ahora bien, no
importa qué otra cosa pueda ser también el aprendizaje, se trata claramente de una
disposición a formar estructuras. Tales estructuras incluyen hábitos simples y
secuencias de hábitos; pero también incluyen estructuras más complejas y menos
rígidas tales como la conciencia moral, la concepción que uno tiene de si mismo,
rasgos e intereses predominantes, esquemas de significaciones y aun la filosofía de
la vida más general de una persona. Hasta ahora pocos conceptos que se refieren al

82
aprendizaje muestran un reconocimiento adecuado de su naturaleza estructural.
(Las posibles excepciones pueden observarse en la doctrina del "cerramiento" de la
Gestalt y en la posterior hipótesis de Thorndike de la "pertenencia".)

El aprendizaje, tal como actúa sobre el instinto y la herencia, conduce así a la


formación de estructuras más o menos estables entre las que, hemos mencionado la
conciencia moral, un concepto de si mismo y una organización jerárquica de la
personalidad. Pero no ocurriría así a menos que estos estadios se hallaran también
contenidos en nuestras naturalezas como posibilidades inherentes. Ellos constituyen
igualmente algo "dado" en la naturaleza humana, muy descuidado en la teoría actual
de la personalidad.

Sostenemos, por lo tanto, que la personalidad no está gobernada solamente por el


influjo de los estímulos sobre una magra dotación de tendencias comunes a la
especie. Su proceso de evolución está gobernado además por una disposición a
realizar sus posibilidades, es decir, a llegar a ser típica mente humano en todas las
etapas de desarrollo. Y una de las capacidades más apremiantes es la individuación,
la formación de un estilo de vida individual que sea autoconsciente, autocrítico y que
se autoperfeccione.

En este intrincado proceso de crecimiento nos encontramos con la turbadora


pregunta: ¿cuál, es la importancia relativa de las etapas anteriores y posteriores en
el desarrollo?. Sabemos que en cada persona hay estratos que son arcaicos y están
compuestos de sistemas anteriores relativamente aislados. Sin embargo, hay
también estratos en los que el hombre es totalmente adulto, en los que su madurez
psicológica corresponde a su edad. El drama de la vida humana puede ser escrito,
en gran medida; en términos de la fricción engendrada entre las etapas anteriores y
las etapas posteriores del desarrollo. El desarrollo y el cambio constituyen un
proceso de incorporación de etapas anteriores en otras posteriores; o, cuando esto
es imposible, de manejo del conflicto entre etapas anteriores y posteriores en la
mejor forma posible.

83
COMIENZOS ASOCIALES

Si bien el infante es un ser socialmente dependiente, no es, ni aun en el grado más


leve, un ser socializado. Aun a la edad de dos años el niño es, cuando lo medimos
con los patrones que se aplican a los adultos, un horrible ser asocial. Imagínese el
lector, si puede, un adulto que sea extremadamente destructivo de la propiedad,
insistente y exigente, que siempre desee ser gratificado de modo instantáneo,
desvalido y casi totalmente dependiente de otros, incapaz de compartir sus pose-
siones, impaciente, inclinado a las rabietas, violento y desinhibido en la
manifestación de todos sus sentimientos. Tal conducta, normal a los dos años de
edad, seria monstruosa en un adulto. A menos que estas cualidades se vean
marcadamente alteradas en el proceso de desarrollo y cambio, tenemos en nuestras
manos una personalidad infantil y potencialmente negativa. Bien dijo Hobbes que el
hombre perverso no es sino un niño que ha crecido y se ha hecho fuerte.

El impulso del niño está dirigido hacia el objeto inmediato, un objeto para comer,
para jugar, para gozar, para ser evitado, para amar. Se trata de algo impulsivo,
transitorio, irreflexivo y no referido a sí mismo. Su significación no trasciende el
momento actual. Por el contrario, el impulso maduro se vincula con metas de largo
alcance. As4 el proceso de desarrollo y cambio es, en gran medida, cuestión de
organizar impulsos transitorios en una pauta de impulsos e intereses en la que el
elemento de autoconciencia tiene un gran papel.

No podemos conocer la personalidad del niño pequeño por medio del estadio de sus
sistemas de intereses, porque su atención es todavía demasiado hábil, sus
reacciones impulsivas, y sus intereses informes. Desde la adolescencia en adelante,
sin embargo, la clave-más segura para la personalidad es la jerarquía de intereses,
incluyendo los amores y lealtades de la vida adulta. Cuando conocemos el ordo
amoris de una persona, la conocemos verdaderamente.

Es obvio, entonces, que el problema primero en la psicología del desarrollo y el


cambio es dar razón de la transformación por la cual el niño asocial se convierte en
un adulto con amores, -odios, lealtades e intereses estructurados, capaz de ocupar
un lugar en una sociedad ordenada complejamente.

84
La historia está llena de soluciones propuestas a este problema. A menudo, el
problema se enuncia (quizás demasiado moralísticamente) en términos de egoísmo
versus altruísmo. Algunos autores -entre ellos Adam Smith, Giddings, Kropotkin y
Ashley Montagu- ven en la naturaleza humana el funcionamiento de propensiones
innatamente socializadoras, tales como el espíritu gregario' la simpatía, la imitación o
un instinto de ayuda mutua de tal índole, que garantiza por anticipado cierto grado
de altruísmo en el curso del crecimiento. Pero estos supuestos procesos hacen poco
más que denominar el fenómeno en cuestión y no ofrecen una explicación detallada
de la transformación. Otros, por el contrario, sostienen que el hombre nunca está
verdaderamente socializado. Sigue siendo, en el fondo, un salvaje y su barniz social
es superficial y tenue. Hobbes, Nietzsehe, Stirner y Le Dantec son de esta opinión.

Como proposición general se me ocurre que la “ley de la evolución afectiva" de


Comte se acerca más a. la verdad. Esta ley sostiene que con el tiempo disminuye la
preponderancia y la intensidad de las inclinaciones personales, y se produce un
crecimiento y extensión de los sentimientos referidos a los demás. Para decirlo en
forma diferente: el niño pequeño, al carecer por completo de socialización, no puede
desplegar ninguna de las eventuales estructuras de la personalidad que requiere un
aprendizaje. Sus necesidades dependientes están completamente ligadas a sus
requerimientos inmediatos. Es verdad, tiene una “disposicion" para la socialización
eventual, pero las primeras etapas del proceso de desarrollo están necesariamente
desprovistas de altruismo. Sin embargo, cuando se desarrollan las estructuras de
conciencia, la imaginación y la extensión del yo, pueden tener lugar genuinas
transformaciones de la motivación. En la medida en que un individuo está
democráticamente socializado encuentra intolerable buscar su felicidad a expensas
de otros. Tal transformación, no elimina, por supuesto, el egoísmo primario del todo,
ni siquiera en un santo. El amor a sí mismo, es obvio, sigue siendo siempre algo
positivo y activo en nuestras naturalezas. Nuestra teoría sostiene solamente que no
sigue siendo necesariamente lo dominante.

85
LA IMPORTANCIA DE LAS RELACIONES POSITIVAS TEMPRANAS

Nuestro principal problema, por lo tanto, es vincular las primeras etapas del
crecimiento con las ulteriores. Freud nos enseñó que los fundamentos del carácter
se establecen ¿ la edad de tres años; sostuvo que si bien los acontecimientos
ulteriores pueden ser capaces de modificarlos no pueden alterar nunca básicamente
los rasgos formados entonces. Aun Adler, que está de acuerdo con Freud en muy
pocas cosas, sitúa la adopción de un estilo de vida duradero alrededor de los cuatro
o cinco años.

A pesar de que hay una grave exageración en estos puntos de vista, no nos
atrevemos a permanecer ciegos ante la impresionante evidencia que existe como
fundamento de ellos. En este sentido pensamos en la obra de Spitz, Anna Freud,
Levy y otros. Bowlby ha revisado las investigaciones de éstos y agregó datos
importantes con sus propios trabajos. Con cierta regularidad se descubre que el
carácter y la salud mental de un niño dependen en grado considerable de la relación
con su madre en los años tempranos. Las relaciones adversas a menudo parecen
crear obstáculos insuperables para un tratamiento terapéutico eficaz en períodos
posteriores de la vida. La delincuencia, el desorden mental y el prejuicio étnico
están entre las condiciones antisociales que ha sido posible remontar, en parte, a la
privación y a los trastornos afectivos en la edad temprana. Resumiendo: parece
requerirse un generoso mínimo de seguridad en los primeros años para iniciar el
camino hacia un estilo de vida productivo. Sin esto, el individuo desarrolla un anhelo
patológico de seguridad, y es menos capaz que otros para tolerar reveses en la
madurez. A través de sus exigencias insistentes, de sus celos, ataques y egoísmos,
expresa el anhelo que aún lo atormenta. Por lo contrario, es más probable que el
niño que recibe una gratificación adecuada de sus necesidades infantiles esté mejor
preparado para el abandono de de sus hábitos de exigencia y para aprender a
tolerar sus frustraciones ulteriores. Si ha completado con éxito una etapa del
desarrollo, es libre para abandonar los hábitos correspondientes a ésta y entrar en
los niveles maduros del proceso de desarrollo y cambio. Una vez que ha conocido la
aceptación en un medio afectuoso, aprende más fácilmente a aceptarse a sí mismo,
a tolerar a los demás y a manejar los conflictos de la vida posterior de una manera
adulta.

86
Si esta interpretación es correcta, significa que las necesidades tempranas de
relaciones positivas (dependencia, atención y unión) son el fundamento del proceso
de desarrollo y cambio, aun en sus estadios presocializados. Exigen una relación
básica con el mundo antes de que, el crecimiento propiamente dicho pueda
comenzar. La agresión y el odio, por el contrario, son protestas reactivas , surgidas
solamente cuando las tendencias hacia relaciones positivas se ven frustradas. Un
paciente en tratamiento, como sabemos, hace progresos hacia la salud en la medida
en que se siente aceptado y querido por el terapeuta, la familia y los, compañeros. El
amor recibido y el amor dado constituyen la mejor forma de terapia. Pero no les es
fácil pedir ni ofrecer amor a aquellos cuya vida ha estado marcada por la protesta
reactiva contra la privación temprana.

Es un signo prometedor el que los psicólogos estén volviendo su atención hacia el


fundamento de emociones positivas de la vida. Su pura ubicuidad habría llevado a
una relativa negligencia hasta ahora. Hemos prestado más atención a la patología
del proceso evolutivo que a su curso normal, concentrándonos en la enfermedad
más que en la salud, en los malos ciudadanos más que en los buenos y en el
prejuicio más que en la tolerancia y la caridad.

Pienso que ahora estamos en condiciones de evaluar el supuesto de que los


fundamentos del carácter se establecen a la edad de tres, cuatro o cinco años. El
argumento de que las relaciones positivas desordenadas pueden dejar una cicatriz
imborrable, parece, ciertamente, vigoroso. La ansiedad patológica y también la culpa
en los años adultos pueden no ser más que las manifestaciones de una angustia
infantil no resuelta. De este tipo de paciente podemos decir que el proceso de
evolución se ha detenido en los primeros años, en aspectos importantes. Pero para
el niño que goza de una base de relaciones positivas normales y que entra con éxito
en las etapas más avanzadas de la socialización, la situación es diferente. En éste
los fundamentos del carácter quedaron establecidos para la edad de tres o cinco
años, sólo en el sentido de que él está ahora libre para su proceso de desarrollo y
cambio; no está retrasado; ha iniciado bien el curso de un crecimiento continuo y sin
obstáculos. No necesito señalar que esta interpretación del papel de los años
tempranos se aparta, en importantes aspectos, de la- doctrina psicoanalítica que
sostiene que el carácter de la gente sana, así como el de las personas enfermas,
está fundamentalmente establecido a la edad de tres años.

87
TRIBALISMO E INDIVIDUACION

Una vez que hemos admitido que la seguridad y -las relaciones positivas tempranas
son el fundamento del proceso de evolución, como asimismo que en algunos casos
se establecen efectos imborrables en los primeros años de la vida, sólo poseemos
aún una parte de la verdad.

Si bien el niño necesita y quiere amor y seguridad, no desea que todo eso interfiera
con sus impulsos, su libertad, o sus modos de actuar preferidos. Desde el comienzo
mismo de su vida se resiste a los efectos coartantes de su ambiente social. Las
relaciones positivas solamente contribuirían a la obediencia servil a la familia o a la
vida tribal que le brindan al niño sus primeros modelos de conducta y sus
definiciones del mundo que lo rodea. Si estas influencias fueran las únicas que
actuaran sobre él, lo conducirían a una conducta siempre convencional y
estereotipada. Una limitación de las actuales teorías de la socialización es el hecho
de que se ocupen, en realidad, nada más que del carácter especular del llamado
superyó, que tiendan a definir la socialización en términos de conformidad, y no
también en términos de un proceso de desarrollo creativo.

La verdad de la cuestión, sin embargo, es que el sentido moral y los estilos de vida
de la mayoría de la gente van mucho más allá de los limites de las costumbres del
hogar y la comunidad en que fueron primeramente configurados. Si miramos dentro
de nosotros mismos observamos que nuestra moralidad tribal nos parece, de algún
modo, periférica con respecto a nuestra integridad personal. En verdad, nosotros
obedecemos a convenciones de modestia, decoro y autocontrol y tenemos muchos
hábitos que nos modelan en parte como imágenes especulares de nuestra casa,
clase y modos culturales de vida. Pero nosotros sabemos que hemos seleccionado,
vuelto a configurar y trascendido estos modos en grado notable.

Por consiguiente, aquí parecen estar obrando dos fuerzas opuestas. La una
propugna un ser tribal cerrado y tiene su punto de partida en la dependencia del niño
con respecto a aquellas personas que cuidan de él; sus gratificaciones y su
seguridad provienen de fuera. Lo mismo ocurre con todas las primeras lecciones que
aprende: la hora del día en que debe comer, las actividades por las que recibe un
castigo y aquéllas por las que es recompensado. Se lo fuerza y se lo seduce para
atraerlo a la conformidad, pero no -lo hacemos notar- con éxito completo. El niño

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muestra ya desde el nacimiento una capacidad para resistir el influjo de las
demandas maternas y tribales. Mientras que, hasta cierto punto, su grupo configura
el curso que él ha de seguir, al mismo tiempo parece ser su antagonista, como si el
individuo se diera cuenta de la amenaza que aquél representa para su integridad.

Si la demanda de autonomía no fuera una fuerza importante, no podríamos explicar


la prominencia de la conducta negativista en la infancia. El llanto, el rechazo y el
furor de un niño pequeño, así como la conducta negativista del niño de dos años,
son los indicadores primitivos de un ser volcado hacia su propia afirmación. Durante
toda su vida, este ser intentará reconciliar estos dos modos del proceso de
evolución, el tribal y el personal: el que lo convierte en un espejo, y el que enciende
la lámpara de la individualidad dentro de él.

¿ES NECESARIO EL CONCEPTO DE “SI MISMO”?

Llegamos ahora a la cuestión central para la psicología del crecimiento: ¿es


necesario el concepto de sí mismo (self )? Si bien existe una vasta literatura
filosófica consagrada a este problema desde los puntos de vista ontológico,
epistemológico y axiológico, pasaremos por alto, por 'el momento, tales discusiones.
Porque es enteramente concebible que un concepto útil para la filosofía o la teología
pueda resultar sólo un impedimento en la trayectoria del progreso psicológico.

Desde la época de Wundt, la objeción central de la psicología al sí mismo, y también


al alma, ha sido que el concepto parece ser una petición de principio. Es
tentadoramente fácil asignar funciones, que no son totalmente comprendidas, a una
misteriosa entidad central y luego declarar que «eso" actúa de tal modo que unifica,
la personalidad y mantiene su integridad. Wundt, consciente de este peligro, declaró
audazmente que estaba en favor de "una psicología sin alma". No era que él
necesariamente negara los postulados filosóficos o teológicos, sino que sentía que,
la psicología como ciencia se vería perjudicada por la petitio principii implicada en el
concepto. Desde hace cincuenta años, pocos psicólogos, excepto los tomistas, se
han resistido a los razonamientos de Wundt o a su ejemplo. En efecto, podemos
decir que durante dos generaciones los psicólogos han intentado todas las formas

89
concebibles para explicar la integración, la organización y el esfuerzo de la persona
humana, sin recurrir al postulado de un "sí mismo".

En los últimos años cambió la corriente. Quizá sin ser totalmente conscientes de la
situación histórica, muchos psicólogos han comenzado a aceptar lo que hace dos
décadas hubiera sido considerado una herejía. Han re-introducido el "sí mismo" y el
yo sin reticencias, y como si se tratara de recuperar el tiempo perdido, han empleado
conceptos auxiliares tales imagen de sí, autorrealización, autoafirmaci6n, yo
fenoménico, ego-envolvimiento, impulsos del yo, y muchas otras elaboraciones de
términos compuestos que todavía tienen un sabor de descaro científico para el
positivismo experimental.

Podríamos observar, de paso, que Freud desempeñó un papel de precursor, quizás


involuntario, en cuanto a preservar el concepto del yo, impidiendo su total
obliteración a lo largo de dos generaciones de vigoroso positivismo. Su propio
empleo del término, por cierto, fue cambiando. Al principio habló de instintos del yo,
afirmativos agresivos (en un sentido nietzscheano); más tarde el yo se convirtió para
Freud en una entidad racional, pero pasiva, cuyo deber era reconciliar como mejor
pudiera, mediante el planeamiento o la defensa, las presiones conflictuales de los
instintos, de la conciencia y del ambiente. Preservado el concepto nuclear, aunque
con significaciones estrictamente limitadas, fue más fácil para los psicólogos de
orientación dinámica -incluyendo a los neofreudianos ampliar las propiedades del yo,
convirtiéndolo en un agente mucho más activo e importante de lo que era en manos
de Freud.

Queda en pie, sin embargo, el peligro que Wundt deseaba evitar: que el yo pueda
ser considerado como un deus ex machina invocado para reunir las desmembradas
partes de la palpitante máquina psíquica, después que el positivismo no logró
hacerlo. La situación actual parece que es aquella en que muchos psicólogos que
primero acomodaban la personalidad a un conjunto externo d coordenadas están
insatisfechos con el resultado. Por lo tanto, re-inventan el yo, porque no encuentran
ninguna coherencia entre las mediciones brindadas por los análisis positivistas.
Pero, lamentablemente, el positivismo y la teoría del yo no marchan bien juntos.
Bergson ha criticado el uso que se hace del "yo" con la única intención de salvar las
apariencias, comparando el proceso al dilema de un artista: un artista podría desear
representar París, así como un psicólogo podría intentarlo con la personalidad. Pero

90
todo lo que él puede hacer con las limitaciones de su medio es dibujar este y
después aquel ángulo de la totalidad. A cada bosquejo le aplica el membrete "París
esperando, de alguna manera, que las secciones que ha separado reconstituirán
mágicamente la totalidad. De modo similar, en psicología los trabajos se encuentran
en una etapa en la que los empiristas, viendo que han ido tan lejos como es posible
con las herramientas analíticas, y estando insatisfechos con el resultado, recurren,
como lo hicieron sus predecesores, a algún concepto de ".sí mismo" para
representar, aunque inadecuadamente, la coherencia, unidad e intencionalidad que
ellos saben que han perdido en sus representaciones fragmentarias.

Tengo, el gran temor de que la negligente tendencia a emplear el "sí mismo" o el yo


como un factótum para reparar los estragos del positivismo, pueda hacer más mal
que bien. Es significativo , por supuesto, que tantos psicólogos contemporáneos se
sientan forzados a dar este paso, aun cuando, en la mayoría de los casos, sus
trabajos no representan ningún progreso teórico sobre cómo se usaba la noción en
el siglo XIX* El positivismo continuará sintiéndose agraviado por la intrusión y, con
alguna razón, acusará de oscurantismo a los resurgentes psicólogos actuales del "sí
mismo".

El problema entonces se convierte en el de cómo aproximarse a los fenómenos que


han llevado a un restablecimiento del concepto del sí mismo, de una manera que
haga avanzar, y no retroceder, el progreso científico.

Una clave posible para la solución, en lo que se refiere a la psicología, está en una
afirmación hecha por Alfred Adler. "Lo que es frecuentemente rotulado como 'el yo'
-escribe- no es otra cosa que el estilo del individuo”. El estilo de vida tiene un
profundo e importante significado para Adler. Nos dice que si la psicología pudiera
dar nos una descripción total y completa del estilo de vida, automáticamente incluiría
todos los fenómenos referidos ahora algo vagamente a un "sí mismo" o a un yo. En
otras palabras, una psicología del crecimiento plenamente adecuada descubriría
todas las actividades y todas las interrelaciones de la vida que ahora se descuidan o
se atribuyen a un yo que se parece sospechosamente a un homúnculo.

Lo primero que tendría que hacer una psicología del crecimiento adecuada es trazar
una distinción entre las cuestiones. de importancia para el individuo y aquellas cosas
que son, como diría Whitehead, meras cuestiones de hecho para él; es decir entre lo

91
que él siente que es vital y central en su proceso de desarrollo y cambio, y lo que
pertenece a la periferia de su ser.

Muchas facetas de nuestro estilo de vida no son consideradas, habitualmente, como


de mucha importancia personal. Cada uno de nosotros, por ejemplo, tiene
innumerables hábitos tribales 'que marean su estilo de vida, pero que no son más
que modos de adaptación circunstanciales. Ocurre lo mismo con muchos de
nuestros hábitos psicológicos. Conservamos la derecha en el tránsito, obedecemos
las reglas de la etiqueta y realizamos innumerables adaptaciones inconscientes o
semiconscientes, todas las cuales caracterizan nuestro estilo de vida, pero no son
propias (propriate), es decir, no son realmente centrales para nuestro sentido de la
existencia. Consideremos, por ejemplo, los hábitos de la lengua inglesa que
envuelven nuestro pensamiento y nuestra comunicación. Nada podría tener una
influencia más penetrante en nuestra vida que el conjunto de conceptos de que
disponemos en nuestra lengua ancestral y las estructuras expositivas mediante las
cuales se realizan nuestros contactos sociales; sin embargo, el uso del inglés es
sentido -por lo general- como algo bastante periférico con respecto al núcleo de
nuestra existencia. No sería de este modo si algún invasor extranjero nos prohibiese
hablar en nuestra lengua materna. Entonces nuestro vocabulario, nuestro acento y
nuestra libertad para emplearlos, se transformarían en cosas muy valiosas incluidas
en nuestro sentimiento del "sí mismo". Esto ocurre con la gran cantidad de hábitos
sociales y psicológicos que hemos desarrollado y que nunca son considerados como
esenciales para nuestra existencia como seres individuales, salvo que se los coarte.

La personalidad incluye estos hábitos y capacidades, esquemas de referencia,


cuestiones fácticas y valores culturales que, rara vez o nunca, parecen íntimos e
importantes. Pero la personalidad incluye también lo que es íntimo e importante:
todas

las regiones- de nuestra vida que consideramos como peculiarmente nuestras y que
sugiero llamemos, por ahora, el proprium. El proprium incluye todos los aspectos de
la personalidad que determinan su unidad interna. Algunos psicólogos que admiten
la existencia del proprium, utilizan tanto el término "sí mismo" como el de "yo” a
menudo

92
intercambiables; y ambos términos son definidos con diverso grado de' estrechez o
amplitud. Sea cual fuere el nombre que empleemos para designarlo, este sentido de
lo que es "peculiarmente nuestro" merece un escrutinio atento. Es necesario
distinguir las funciones y propiedades principales del proprium.

Con este fin, William James propuso, hace sesenta años, un simple esquema
taxonómico. Hay, sostuvo, dos posibles órdenes de "sí mismo": un "sí mismo"
empírico (el Mí) y un "sí mismo" cognitivo (el Yo). El Mí empírico comprende tres
tipos subsidiarios: el "sí mismo" material, el social y el espiritual. Dentro de este
simple esquema encontramos su famosa y sutil descripción de los distintos estados
del espíritu que son "peculiarmente nuestros". Su esquema, sin embargo, visto
desde la perspectiva de la psicoanalítica moderna y de la investigación
experimental, parece poco adecuado. En particular, carece del acento psicodinámico
del pensamiento moderno. Por lo tanto, presento con alguna vacilación lo que
espero sea un esquema perfeccionado para analizar los aspectos "propios" de la
personalidad. Más tarde volveremos sobre la pregunta: ¿es necesario el, concepto
de sí mismo?

EL PROPRIUM

1. SENTIMIENTO CORPORAL. El primer aspecto que encontramos es el mí


corporal. Parece estar compuesto de corrientes de sensaciones que surgen dentro
del organismo, desde las vísceras, músculos, tendones, articulaciones, canales
vestibulares y otras regiones del cuerpo. El nombre técnico para el sentimiento
corporal es cenestesia. Por lo general, esta corriente sensorial es experimentada de
modo oscuro; con frecuencia somos totalmente inconscientes de ella. A menudo, sin
embargo, está bien configurada en la conciencia del bienestar que acompaña al
ejercicio, físico o en los momentos de placer o dolor sensorial. El niño
aparentemente no sabe que esas experiencias son "suyas". Pero ellas constituyen
con toda seguridad un fundamento necesario para su emergente sentimiento de si
mismo. El bebe que al principio grita por una incomodidad no localizada, mostrará,
en el, curso del crecimiento, una progresiva capacidad para identificar el
desasosiego como propio.

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El sentimiento corporal sigue siendo durante toda la vida un soporte para nuestra
autoconciencia, aunque nunca contribuye solo al completo sentimiento de sí mismo,
probablemente ni aun en el niño pequeño, que tiene sus recuerdos, índices sociales
y deseos para ayudarse en la definición. Los psicólogos se han interesado, sin
embargo, por este particular componente de la autoconciencia más que por otros
elementos igualmente importantes. Una línea especial de investigación ha sido
sorprendentemente popular: el intento de localizar el "si mismo" en relación con
sensaciones corporales especificas. Si se las interroga, algunas personas dirán que
sienten el sí mismo en la mano derecha o en las vísceras. La mayoría, sin embargo,
parece estar de acuerdo con Claparède, en que el foco es un centro a mitad de
camino entre los ojos, apenas detrás de ellos, dentro de la cabeza. Es desde este
ojo ciclópeo que estimamos lo que se halla delante y detrás de nosotros mismos, a
la derecha o a la izquierda, arriba y abajo. Esta es -fenomenológicamente hablando-
la localización del yo. Por más interesante que pueda ser este tipo de trabajo,
representa apenas algo más que el descubrimiento de que varios elementos
sensoriales en la corriente cenestésica, o varias inferencias extraídas de la
experiencia sensorial, pueden ser especialmente importantes para algunas personas
en algunos momentos.

Podemos ver cuán íntimo ("propio") es el sentimiento corporal si realizamos un


pequeño experimento en nuestra imaginación. Pensemos primero que tragamos,
saliva o hagámoslo. Imaginémonos. después expectorándola en un vaso y
bebiéndola. Lo que parecía natural y "mío" se transforma de pronto en algo
repugnante y ajeno. 0 imaginemos que chupamos la sangre brotada de un pinchazo
en nuestro dedo; después, que chupamos esa sangre a través de un vendaje que
rodea nuestro dedo. Lo que percibo como perteneciendo íntimamente a mi cuerpo es
cálido y bienvenido; lo que percibo como separado de mi cuerpo se transforma en un
abrir y cerrar de ojos en frío y extraño.

Ciertamente, las sensaciones orgánicas, su localización y reconocimiento,


componiendo, como ellos lo hacen, el mí corporal, son una parte central del proceso
de desarrollo y cambio. Pero Sería un grave error pensar, como algunos
investigadores, que ellas solas dan cuenta de nuestro sentimiento de lo que es
"peculiarmente nuestro".

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2. AUTOIDENTIDAD. Hoy recuerdo algunos de mis pensamientos de ayer, y
mañana recordaré algunos de mis pensamientos de ayer y de hoy, y tengo la certeza
subjetiva de que ellos son los pensamientos de la misma persona. En esta situación,
sin duda, la continuidad orgánica del sistema neuromuscular es el factor principal.
Sin embargo, el proceso implica más que la reminiscencia posibilitada por nuestros
nervios retentivos. El recién nacido tiene capacidad mnémica durante los primeros
meses de vida, pero con toda seguridad no tiene sentimiento de autoidentidad. Este
sentimiento parece crecer gradualmente, en parte. como resultado de que el niño es
vestido y llamado, y separado de otras maneras del ambiente. La interacción social
es un factor importante. Son las acciones del otro a las que él se adapta
diferenciadamente, las que le imponen al niño la comprensión de que no es el otro
sino un ser por derecho propio. La dificultad de desarrollar la autoidentidad en la
niñez se ve a través de la facilidad con que un niño se despersonaliza en el juego y
en la conversación. Tenemos buenas razones para creer que hasta la edad de 4 ó 5
años, la identidad personal, tal como es percibida por el niño, es inestable.
Comienza, sin embargo, alrededor de esta edad, y llega a constituir la prueba más
segura que tiene un ser humano de su propia existencia.

3. EXALTACIÓN DEL YO. Llegamos ahora a las propiedades más notorias del
proprium, a su tenaz procura de cosas para Sí 24. Decenas de autores han descripto
este rasgo clamoroso de la personalidad humana. Está ligado a la necesidad de
sobrevivir, porque es fácil ver que estamos provistos por naturaleza de los impulsos
de autoafirmación y de las emociones de autosatisfacción y orgullo. Nuestro lenguaje
está lleno de evidencias. La palabra más común derivada de "ego" es egoísmo. El
orgullo, la humillación, la autoestima, el narcisismo, son factores tan prominentes
que cuando

hablamos del "ego" o del "sí mismo” a menudo tenemos presente sólo este aspecto
de la personalidad. Y sin embargo el amor a sí mismo puede ser prominente en
nuestra naturaleza sin ser necesariamente soberano. El proprium, como veremos,
tiene otras facetas y funciones.

4. EXTENSIÓN DEL YO. Los tres aspectos que hemos discutido: cenestesia,
autoidentidad y exaltación del yo, son desarrollos relativamente tempranos de la
personalidad que caracterizan la totalidad del proprium del niño. Sus reclamos
tienen una cualidad notablemente biológica y parecen estar contenidos dentro del

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organismo mismo. Pero pronto, el proceso de aprendizaje trae consigo una alta
consideración por las posesiones, por los objetos amados y, posteriormente, por las
causas y, lealtades ideales. Nos referimos aquí a cualquier clase de objetos que una
persona llama "míos". Ellos deberán ser, al mismo tiempo, objetos de importancia,
porque a veces nuestro sentido de "tener" no posee tono afectivo, y por lo tanto no
tiene cabida en el proprium. No obstante, un niño que se identifica con sus padres
está extendiendo definidamente su sentimiento de sí mismo, de manera similar a
como lo hace a través de su amor por los ositos de paño, las muñecas u otras
posesiones animadas o inanimadas.

A medida que nos hacemos mayores nos identificamos con grupos, barrios y.
naciones tanto como con las posesiones, la ropa, la casa. Llegan a convertirse en
asuntos de importancia para nosotros, en un sentido en que no lo son. las familias,
naciones o posesiones de otras personas. Más tarde, en la vida, el proceso de
extensión puede llegar a ser muy vasto a través del desarrollo de lealtades y de
intereses centrados en abstracciones y valores morales y religiosos. Efectivamente,
parece que es un signo de madurez la amplitud y la extensión del sentimiento de
autoenvolvimiento en ideales abstractos.

5. AGENTE RACIONAL. El yo, según Freud, tiene la tarea de mantener al organismo


como totalidad en contacto con la realidad, siendo intermediario entre los impulsos
inconscientes y el mundo exterior. A menudo el yo racional puede hacer poco mas
que inventar y' emplear defensas para prevenir o disminuir la ansiedad. Estos
recursos protectores determinan el desarrollo de la personalidad en un grado
impensado hace sesenta años. Debemos agradecer a Freud que hoy podamos
comprender mejor que nuestros antecesores las estrategias de la negación, la
represión, el desplazamiento, la formación reactiva, la racionalización etcétera.

Hemos llegado a estar tan convencidos de la validez de estos mecanismos de


defensa, y tan impresionados con su frecuencia de operación, que nos vemos
inclinados a olvidar que el funcionamiento racional del proprium es capaz, también,
de brindar soluciones verdaderas, adaptaciones apropiadas, planeamientos
precisos, y una solución de las ecuaciones de la vida relativamente perfecta.

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Muchos filósofos remontándonos hasta Boecio en. el siglo XVI, han visto en la
naturaleza racional de la personalidad su propiedad más distintiva (Persona est
substancia individua rationalis naturae).

Puede parecer extraño reconocer a freíd, el supremo irracionalista de nuestra


época, el mérito de ayudar a los tomistas a preservar para la psicología la
importancia otorgada al yo como el agente racional de la personalidad; sin embargo
es así, puesto que sea el yo razone o meramente racionalice internas y la realidad
exterior. Freíd y los tomistas no nos han permitido olvidar este hecho y así han
facilitado a las teorías cognitivas modernas el tratamiento de esta función central del
proprium.

6.IMAGEN DE SI. Una función “propia” de especial interés actualmente es la imagen


de sí, o como algunos autores la llaman, “el sí mismo” fenoménico. La terapia actual
está dedicada principalmente a conducir al paciente a examinar, corregir o
desarrollar esta imagen. La imagen tiene dos aspectos: la manera cómo el paciente
considera sus capacidades, status y roles actuales, y lo que él desearía llegar a ser,
sus aspiraciones para sí mismo. Este último aspecto, que Karen Horney llama “la
imagen idealizada”, es de especial importancia en la terapia. Por una parte, ella
puede ser compulsiva, compensatoria, ilusoria, impidiendo a quien la posee que vea
su verdadera situación en la vida. Por otra parte, puede ser un mapa cognitivo
perspicaz, que está fuertemente engarzado en la realidad y definiendo una saludable
ambición. La imagen ideal del sí es el aspecto imaginativo del proprium, y ya fuere
exacta o distorsionada, alcanzable o inalcanzable, marca un camino por el cual se
canalizan muchos movimientos “propios” y se logran progresos terapéuticos.
Existen, por supuesto, muchas formas del proceso del desarrollo y cambio que no
requieren ninguna imagen de sí, incluyendo el aprendizaje cultural automático y
nuestro repertorio completo de adaptaciones circunstanciales al ambiente. Pero hay
muchos aspectos del crecimiento que ocurren solamente con la ayuda de una
imagen de sí y a causa de ella. Esta imagen nos ayuda a hacer converger nuestro
punto de vista sobre el presente con nuestra perspectiva del futuro.
Afortunadamente, la importancia dinámica de la imagen de sí está más ampliamente
reconocida en la psicología actual que en la de hace algunos años.

7. ASPIRACIONES “PROPIAS”. Llegamos ahora a la naturaleza de la motivación.


Lamentablemente, muy a menudo no hacemos ninguna distinción entre motivos

97
“propios” y periféricos. La razón es que en los niveles rudimentarios del proceso de
desarrollo, que hasta ahora han sido los principales niveles investigados, los
impulsos y las tendencias, la satisfacción inmediata y la reducción de tensiones, son
los determinantes de la conducta. Por esto una psicología de las adaptaciones
circunstanciales parece básica y adecuada, especialmente a los psicólogos
acostumbrados a trabajar con animales. En los niveles inferiores de la conducta la
fórmula familiar de las tendencias y su conocimiento parece suficiente. Pero en
cuanto la personalidad entra en la etapa de la extensión del yo, y desarrolla una
imagen de sí con perspectivas de autoperfección, pienso que estamos obligados a
postular motivos de un orden diferente; motivos que reflejen las aspiraciones
."propias". Dentro de la psicología experimental misma hay ahora, abundante
evidencia de que la conducta que está "ego-involucrada" ("propia") difiere
notablemente de la conducta que no lo está.

Muchos psicólogos no consideran esta evidencia. Desean mantener una teoría


singular de la motivación que no contradiga sus supuestos. Su fórmula preferida es
en términos de tendencias, de tendencias condicionadas. La tendencia es
considerada como una actividad periféricamente instigada. La respuesta resultante
es meramente reactiva, y persiste sólo hasta que el instigador desaparece y la
tensión creada por la tendencia disminuye. Buscando siempre una economía de
supuestos, este punto de vista sostiene entonces que la motivación entraña una, y
solamente una, propiedad inherente al organismo: una disposición a actuar por
instinto o por aprendizaje, de modo tal que el organismo reduzca tan eficientemente
como sea posible la incomodidad de la tensión. Se considera la motivación como un
estado de tensión que nos conduce a buscar el equilibrio, el descanso, el ajuste, la
satisfacción o la homeostasis. Desde este punto de vista, la personalidad no es nada
más que nuestros modos. habituales de reducir la tensión. Esta formulación,
naturalmente, es por completo coherente con el supuesto inicial del empirismo : el
hombre es por naturaleza un ser pasivo, sólo capaz. de recibir impresiones de
estímulos externos y responder a ellos.

El punto de vista contrario sostiene que esta fórmula, aunque aplicable a ajustes
segmentarios y circunstanciales, no es suficiente para representar la naturaleza de
las aspiraciones que se han hecho "propias". Señala que el rasgo característico de
tales impulsos es su resistencia al equilibrio: la tensión es mantenida y no reducida.

98
En su autobiografía Roald Amundsen cuenta cómo desde los 15 años tuvo una
pasión dominante: llegar a ser explorador polar. Los obstáculos parecían
insuperables, y a través de toda su vida, las tentaciones para reducir las tensiones
engendradas fueron grandes. Pero su aspiración "propia" persistió Mientras recibía
con regocijo cada éxito, esto contribuía a levantar su nivel de aspiración, a mantener
el interés que lo embargaba. Ya había navegado por el Estrecho del Noroeste,
cuando emprendió el penoso proyecto que lo condujo al descubrimiento del Polo
Sur. Después del Polo Sur,- planeó durante años, luchando contra el desaliento total,
un vuelo sobre el Polo Norte, tarea que cumplió finalmente. Pero su interés jamás
vaciló, hasta que al fin perdió su vida tratando de rescatar a un explorador menos
capaz, Nobile, de la muerte en el Ártico. No sólo mantuvo un estilo de vida
incansablemente, sino que este interés central lo capacitó para soportar la tentación
de reducir las tensiones segmentarias continuamente engendradas por la fatiga, el
hambre, el ridículo y el peligro. Aquí vemos el problema con toda claridad. Una
psicología que considere las motivaciones exclusivamente en términos de
tendencias y tendencias condicionadas, tenderá a hacerse imprecisa y vaga cuando
se enfrenta con aquellos aspectos de la personalidad que se parecen a las
aspiraciones "propias" de Amundsen.

Si bien la mayor parte de nosotros nos distinguimos menos que él en nuestras


realizaciones, tenemos también intereses insaciables. Solamente considerándolos
de un modo muy superficial, estos intereses pueden ser tratados en términos de
reducción de tensiones. Muchos autores del pasado y del presente han reconocido
este hecho y han postulado principios de un orden exactamente opuesto. Uno piensa
en relación con esto en el concepto de conatus de Spinoza, o sea la tendencia del
individuo a persistir en su propio estilo de vida, aun contra los obstáculos. Uno
piensa en la doctrina de la autorrealización de Goldstein, utilizada también por
Maslow y otros, o en el sentimiento de autoestima de McDougall. Y uno piensa
también en esos modernos freudianos que sienten la necesidad de dotar al yo no
sólo de una capacidad racional y racionalizadora, sino de adjudicarle una tendencia
a mantener su propio sistema de intereses productivos, a pesar de los transitorios
requerimientos del impulso y de la instigación ambiental. Efectivamente, el yo
fortificado, tal como es desatino por los neofreudianos, es capaz de actuar en

99
sentido contrario al curso usual de la adaptación circunstancial y reductora de
tensiones.

La aspiración "propia" se distingue de otras formas de motivación por el hecho de


que, aunque acosada por conflictos, trabaja por la unificación de la personalidad.
Hay evidencia de que la vida de los pacientes mentales está señalada. por la
proliferación de subsiste sin vinculación y por la carencia de sistemas de motivación
más homogéneos. Cuando el individuo está dominado por tendencias las
segmentarias, por compulsiones, o por el juego de las circunstancias, ha perdido la
integridad que proviene solamente del mantenimiento de las direcciones principales
de la aspiración. La posesión de objetivos de largo, alcance y considerados como
centrales para la existencia personal de cada uno, distingue al ser humano del
animal, al adulto del niño, y en muchos casos, a la personalidad sana de la enferma.
La aspiración, es notorio, tiene siempre una referencia futura. En realidad, una gran
cantidad de estados mentales son adecuadamente descriptos sólo en términos
prospectivos. Junto con la aspiración podemos mencionar el interés, la tendencia, la
disposición, la expectación, el planeamiento, la solución de problemas y la intención.

Si bien no toda dirección hacia el futuro es fenoménicamente "propia” requiere


siempre un tipo de psicología que trascienda la tendencia prevaleciente a explicar
los estados mentales exclusivamente en términos de acontecimientos del pasado. La
gente, según parece, está ocupada conduciendo su vida hacia el futuro, mientras
que la psicología en su mayor parte, está ocupada en remontarla hacia el pasado.

8. EL CONOCEDOR. Ahora que hemos separado estas distintas funciones "propias”


considerándolas todas como peculiarmente nuestras, surge la pregunta de si con
eso hemos llegado ya al fin. ¿No contamos, acaso, también con un "sí mismo" que
conoce, un conocedor que trasciende todas las otras funciones del proprium y las
tiene presentes? En un pasaje famoso, William James se afana con este problema y
concluye que no lo tenemos. No hay, cree él, tal cosa como un si mismo sustancial,
distinguible de la suma total o de la corriente de experiencias. Cada momento de la
conciencia -dice- incorpora el momento anterior, y el conocedor es, de este modo,
algo que está inserto en lo conocido. "Los pensamientos mismos son el pensador".
Los opositores de James argumentan que ninguna serie de experiencias simple
puede convertirse por sí misma en conciencia de esa serie como unidad. Tampoco
los pensamientos pasajeros pueden considerarse a sí mismos como importantes o

100
interesantes. ¿Para quién es la serie importante te o interesante, si no lo es para mí?
Yo soy, en definitiva, el que decide. El yo como conocedor emerge como un
postulado final e inevitable.

Es interesante preguntarse por qué James se resiste a admitir un sí mismo cognitivo


después que ha admitido tan pródigamente en la psicología, con total beneplácito,
"si mismos" materiales, sociales y espirituales. La razón puede haber sido muy bien
(y la razón seria válida actualmente) que alguien que se esfuerza laboriosamente por
describir la naturaleza de las funciones "propias" a un nivel empírico, esperando por
ese medio enriquecer la ciencia de la psicología con un análisis discriminativo del "sí
mismo" no desea arriesgarse a retornar a la teoría del homúnculo, introduciendo un
sintetizador, o un "sí mismo" de "si mismos.

Sin duda, el peligro de que pueda producirse un abuso debido a la admisión de un


conocedor sustancial en la ciencia Psicológica, no es razón para evitar este paso, si
hay una exigencia lógica para darlo. Algunos filósofos, incluyendo a Kant, insisten en
que el yo puro o trascendental es separable del yo empírico (o sea de cualquiera de
los estados "propios" ya mencionados). Aquellos que sostienen que el acto de
conocimiento mismo no es (como afirma James) meramente un aspecto del yo
conocido, sino que es puro y trascendental, argumentan, como lo hace Kant, que la
textura del conocimiento es muy diferente en los dos casos. Nuestra cognición de
nuestro yo cognoscente es siempre indirecta, del orden de las presuposiciones. En
cambio, todos los rasgos del yo empírico son conocidos de modo directo, por
familiaridad, como se conoce cualquier objeto que cae dentro de las categorías del
espacio y tiempo.

Si bien sus posiciones metafísicas son directamente opuestas, Kant y James están
de acuerdo con su ilustre predecesor Descartes, en que la función cognitiva es un
atributo vital del yo, cualquiera que sea el modo en que se lo defina.

Para nuestro propósito actual, éste es el punto que debemos tener en cuenta. No
solamente conocemos cosas, sino que conocemos (esto es, estamos familiarizados
con) los rasgos empíricos de nuestro proprium. Soy yo quien tiene sensaciones
corporales, yo quien reconoce mi identidad día tras día, yo quien observa y
reflexiona sobre mi autoafirmación, la extensión de mí mismo, mis propias
racionalizaciones, así como sobre mis intereses y aspiraciones. Cuando yo pienso

101
de este modo sobre mis funciones "propias” puedo percibir su esencial
simultaneidad y sentirlas íntimamente ceñidas de algún modo a la función cognitiva
misma.

Puesto que tal conocimiento es, más allá de cualquier sombra de duda, un estado
peculiarmente nuestro, lo admitimos como la octava función clara del proprium. (En
otras palabras, como un octavo significado válido del "si mismo" o "yo".) Pero es
seguramente una de las perversidades de la Naturaleza el que una función tan
central tenga que estar poco comprendida por la ciencia y que siga siendo una
perpetua cuestión de disputa entre los filósofos. Muchos, como Kant, dejan de lado
esta función (el "yo puro") como algo cualitativamente distinto de las restantes
funciones "propias" (que son asignadas al "yo empírico"). Otros, como James, dicen
que el yo como conocedor está contenido de alguna forma dentro del yo como
conocido. Otros, por último, orientados hacia la personalística, encuentran necesario
postular un yo único, conocedor, pensador, sentidor y hacedor, todo mezclado en
una unidad de tal índole que garantice la continuidad de todo el proceso de
desarrollo y cambio.

Volvemos ahora a nuestra pregunta sin respuesta: ¿el concepto de "sí mismo" es
necesario en la psicología de la personalidad? Nuestra respuesta no puede ser
categórica puesto que todo depende de cuál sea el uso particular de "sí mismo" que
se proponga. Por cierto, todos los fenómenos legítimos que han sido adscriptos y
pueden serlo, al “sí mismo" o al yo, deben ser admitidos como datos indispensables
para una psicología del proceso de evolución personal. Las ocho funciones del
proprium (nuestro término temporariamente neutral para designar las funciones
centrales integradoras de la personalidad) deben ser admitidas e incluidas. En
particular el acto unificador de percibir conocer (de abarcar los estados "propios"
como simultáneos y pertenecientes a mí).

Al mismo tiempo, el peligro contra el cual hemos advertido varias veces, es muy real:
que un homúnculo pueda deslizarse en nuestras discusiones, sobre la personalidad,
y esperar que él resuelva todos nuestros problemas 'sin' resolver - ninguno
realmente. As!, si preguntamos: "¿Qué determina nuestra conducta moral?", la
respuesta puede ser: "El 'sí mismo' lo hace”. 0 si planteamos el problema de la
elección, decimos: "El 'sí mismo' elige." Tal petición de principio debilitaría de modo
incalculable el estudio científico de la personalidad, permitiendo una atribución

102
ilegítima. Hay con toda seguridad, problemas últimos de filosofía y de teología que la
psicología no puede ni siquiera intentar resolver,, y para la solución de tales
problemas, el "sí mismo" en un sentido restringido y técnico puede ser una
necesidad.

Pero en lo que concierne a la psicología, nuestra posición, en una palabra, es ésta:


todas las funciones psicológicas, comúnmente adscriptas a un 'sí mismo" o a un yo
deben ser admitidas como datos en el estudio científico de la personalidad. Estas
funciones no son, sin embargo, coextensivas a la personalidad como un todo. Son
más bien aspectos especiales de la personalidad que tienen que ver con lo íntimo,
con la unidad, con un sentimiento de importancia personal. En esta exposición las he
llamado funciones "propias". Si el lector prefiere, puede llamarlas funciones del "sí
mismo y en este sentido el "sí mismo" puede ser considerado un concepto
psicológico necesario. Lo que es innecesario e inadmisible es un "si mismo" (o alma)
al que se le atribuya la realización de actos, la solución de problemas, la guía de la
conducta, de un modo transpsicológico, inaccesible al análisis psicológico

Nos referimos una vez más a la afirmación de Adler de que una psicología adecuada
del estilo de vida, eximiría, en realidad, de la necesidad de una psicología del yo
como cosa aparte. Creo que la posición de Adler, aunque sin elaborar, es
esencialmente una psicología del yo. Trataría en forma total y justa de las funciones
"propias". Efectivamente cualquiera supondría que la psicología está' hablado de
funciones del "sí mismo” a menos que se estableciera expresamente que están en
discusión acontecimientos circunstanciales o segmentarios. Pero en el estado actual
de cosas, con tantos psicólogos preocupados (como lo estaba Hume) por trozos y
fragmentos de la experiencia, o, de otro modo, con ecuaciones matemáticas
generalizadas, se les hace necesario a los pocos psicólogos que se ocupan de las
funciones "propias" especificar en su discurso que están tratando de ellas. Si los
horizontes de la psicología fueran más amplios de lo que son, me atrevería a sugerir
que para las teorías de la personalidad no sería necesario el concepto de "si mismo”
ni de yo, excepto en ciertas formas compuestas tales como: conocimiento de sí
mismo, imagen de sí, exaltación del yo, extensión del yo.

103
LA FUSIÓN DE LAS "FUNCIONES PROPIAS"

Al distinguir distintas funciones del proprium -sentimiento corporal, autoidentidad,


exaltación del yo, extensión del yo, actividad racional, imagen de sí, impulso "propio"
y conocimiento- espero que no se haya sobrentendido que cualquier ejemplo
concreto del proceso de desarrollo y cambio puede ser explicado por una y
solamente una función. El hecho es que cada etapa de ese proceso implica una
fusión de estas funciones.

Tomemos, por ejemplo, la adquisición del insight o la autoobjetivación, una de las


características más importantes de la madurez de la personalidad. Obviamente, es
ésta una condición en la que interviene el aspecto cognitivo del proprium. Éste
discierne una vislumbre de los procesos racionales, incluyendo aquellos dedicados a
la defensa del yo. Al mismo tiempo, los procesos racionales son evaluados en
términos del sentido de la importancia (aspiración "propia"). La imagen de sí y los
ideales que tienen su asiento en el yo extendido juegan su parte. No es improbable
que el intrincado proceso despierte en uno el sentido del humor, si es que se lo
posee. El humor es un notable don de perspectiva, por el cual la función cognitiva de
una persona madura reconoce desproporciones y absurdos en el proprium, en el
curso de sus encuentros con el mundo.

En este caso particular, la función cognitiva está muy acentuada, puesto que el
ejemplo se refiere casualmente a la cognición de los estados "propios". Pero en
otros casos, la función racional (o racionalizadora) puede tener más intervención,
como en los actos de la resolución de problemas, donde la persona no es
primariamente autoconsciente, sino que está simplemente hallando solución para
algún problema de importancia para ella. En otros casos, la autoafirmación, los actos
de amor o la ejecución de un propósito "propio" constituyen lo predominante. Pero
en todos los casos las funciones están inextricablemente engarzadas. La sede del
acto es la persona.

Un error común en psicología es centrar la atención solamente sobre una función


"propia" y atribuirle a ella todo o casi todo lo que se refiere al proceso de desarrollo y
cambio. Así los nietzscheanos se limitarían al afán de poder (autoafirmación), los
tomistas a la función racional, el psicoanálisis al impulso (particularmente a aquella
porción que no es accesible a la función cognitiva). Algunos psicoterapeutas se

104
ocupan principalmente de la imagen de sí (lo que la función cognitivo hace del resto
del proprium). Hemos observado también que algunos psicólogos se ocupan
solamente de los componentes cenestésicos. Los estudiosos interesados en la
cultura y la personalidad se ocupan en primer lugar de la función de extensión del
yo, porque su tarea, es explicar el proceso de socialización. La verdad sobre esto es
que todas las funciones son importantes, y centrarse sobre una parte del proceso de
desarrollo y cambio que depende de una sola función es entregar una descripción
unilateral del crecimiento de la personalidad humana.

Pero es mejor considerar las funciones "propias" unilateralmente que no


considerarlas en absoluto. Hemos visto ya que una gran parte dé la psicología
moderna, siguiendo la dirección de Hume, niega que el "sí mismo" o el yo, en
cualquier sentido que sea, constituya un problema para la psicología del desarrollo y
el cambio. Hábitos y percepciones son tratados como si tuvieran una existencia
separada, o en su lugar se ofrecen las más inadecuadas "conexiones" para explicar
la continuidad y la estructura en el-desarrollo personal.

CRÍTICA

Permítasenos considerar una sugerencia hecha por los psicólogos que evitan
reconocer la existencia de un problema especial en la explicación de la actividad
"propia". La sugerencia ¡es que el concepto de emoción es suficiente para nuestra
necesidad. En lugar de "actos que implican o comprometen al yo", ¿ no basta con
hablar simplemente de "actos emocionales"?. Se afirma que la psicología ha
admitido siempre que existe más intimidad y más autoconciencia en condiciones de
excitación emocional. Por lo tanto, al hablar de conducta "propia" versus conducta
periférica, podemos estar refiriéndonos simplemente a conducta emocional versus
conducta no-emocional.

La propuesta, me temo, está lejos de ser adecuada. Los estados "propios" no son
siempre, de ninguna manera, estados agitados. Un sentimiento de valor, de interés,
de importancia, no es lo que habitualmente llamamos emoción. Cada sentimiento
duradero de la personalidad es un estado propio pero solamente en ocasiones surge
del sentimiento una emoción. Un Amundsen, proyectando durante décadas

105
sobrevolar el Polo Norte, , está constantemente con su yo comprometido en esto
(ego-involved), pero raramente agitado. Es cierto que todo impulso "propio" es
sentido como importante y cargado de valor: En este caso es un estado afectivo,
pero el sentido de aprecio e importancia trabaja en favor de la eficiencia y la unidad,
no en favor de la ruptura y la desintegración que a menudo acompañan a la
excitación emocional.

Hay considerable evidencia experimental sobre este asunto. En el curso del


aprendizaje,. por ejemplo, sabemos que una alta intensidad de excitación emocional
tiende a estrechar el campo de aprendizaje, reducir la efectividad de los índices, y
disminuir el rango de similitud y transferencia 84. En cambio, una implicación
"propia" aumenta la amplitud del aprendizaje de los efectos transferenciales, así
como la capacidad del individuo para percibir y organizar toda la información
pertinente en el sistema como una totalidad. Así, los efectos experimentales de la
emocionalidad y de la implicación "propia" pueden ser exactamente opuestos. No
podemos, por eso, permitir que se confundan las dos condiciones en nuestra teoría
del desarrollo y el cambio.

También en otro sentido la distinción es evidente. A veces experimentamos


emociones que exteriorizamos sin considerarlas dotadas de una significación
personal apreciable. Un fuerte ruido puede provocar un susto y traer en su curso
perturbación visceral difusa, sin comprometer al mismo tiempo una parte
considerable de nuestras funciones "propias". El dolor sufrido en el sillón del dentista
es intenso, pero puede comprometer menos nuestro yo que, por ejemplo, el
indulgente reproche de un amigo. De acuerdo con Bettelheim, los sufrimientos más
agudos en los campos de concentración, con sus tremendas emociones, eran
considerados a menudo como ajenos al yo, como algo que le ocurre al cuerpo de
uno, pero sin afectar a la persona. Aunque dudemos de, que la experiencia
emocional intensa pueda estar jamás totalmente desprovista de un sentimiento de
autoimplicación por lo menos debemos conceder que la correlación entre esas dos
cosas dista mucho de ser perfecta y que por esa razón conviene considerar la
emocionalidad y el "proprium" como fenómenos separables.

He insistido sobre este punto porque deseo mostrar que una adecuada psicología
del proceso del desarrollo y el cambio no puede ser descrita exclusivamente en
términos de estímulos, excitación emocional, asociación y respuesta. Se requieren

106
principios de organización subjetivos e interiores, de la clase que frecuentemente se
designa con los términos "sí mismo" o yo. El hecho de. que estos rótulos se empleen
o no es menos importante que el hecho de que los principios que implican se
admitan cabalmente en la consideración del desarrollo de la personalidad.

La posición que he intentado defender es vulnerable, precisamente, al ataque


proveniente de la dirección opuesta. Los personalistas dirán que, cada paso de
nuestra exposición ha supuesto la existencia de un "sí mismo" o yo. ¿Acaso el
proprium no es un mero sinónimo del "sí mismo"? Cuando se habla de persona,
individuo, estilo de vida, ¿no es el "sí mismo" el que se está escondiendo allí dentro?
¿Acaso puede haber continuidad en el desarrollo sin una sustancia continua?
Cuando hablamos de un sentido de importancia, ¿quién es el que hace la valoración,
sino el "sí mismo"?

Estos planteos son evidentemente legítimos, y en un sentido limitado la acusación


que implican está justificada. Si se nos acusa de ofrecer solamente una doctrina del
"sí mismo". algo nueva y diferenciada, no negaremos el cargo, siempre que las
siguientes novedades se tengan en 'cuenta (en contraste con la mayoría de las
concepciones personalistas) :

1. Persona y personalidad son concepciones mucho más amplias que el proprium.


Como veremos pronto, la personalidad incluye junto con las funciones "propias" una
amplia variedad de actividades adaptativas, características de la persona, que hacen
del organismo humano la unidad única que es. Muchas doctrinas del "sí mismo" son
tan amplias que hacen desaparecer estas distinciones.

2. Nuestra posición es que al nacer poseemos un organismo (o individuo) que


desarrolla modos únicos de adaptación y dominio sobre el ambiente; estos modos
constituyen la personalidad.. Los modos más tempranos no pueden implicar
funciones "propias" aunque a la edad de dos o tres años comienzan a hacerlo..

3. El proprium no es una cosa; no es separable de la persona como una totalidad.


Sobre todo no es un homúnculo. Proprium es un término pensado para cubrir
aquellas funciones que hacen a la peculiar unidad y al carácter distintivo de la
personalidad y que al mismo tiempo se le aparecen a la función cognitivo como
subjetivamente íntimas e importantes. La persona es así un organismo individual

107
capaz de actividades "propias". incluyendo, naturalmente, la función del
conocimiento.

4. El propium se desarrolla en el tiempo. Mi tras podemos admitir que cada ser


humano tiene una disposición (capacidad) para desarrollar un proprium, ponemos de
relieve los aspectos intervinculados y emergentes del desarrollo antes que un ¿<sí
mismo" nuclear inalterado. El aprendizaje, y la socialización son problemas de
importancia en la concepción psicológica del proceso de desarrollo y cambio, en
tanto que en la mayoría de las filosofías más personalistas se pierden en la
vaguedad.

5. Es totalmente concebible, y en verdad probable, que una filosofía o teología


aceptables de la persona puedan requerir, desde el punto de vista lógico, el
concepto de "si mismo" para indicar las consideraciones axiológicas y ontológicas
importantes para un sistema de pensamiento. Para hacer posible, en parte, esta
contingencia, -hemos introducido el concepto de proprium. Es un recurso para evitar
la infracción de conceptos filosóficos que se refieren a temas relativamente
diferentes de aquellos que trata el estudio psicológico de la personalidad, así como
la confusión con esos conceptos.

DESARROLLO Y CAMBIO CASUALES, CIRCUNSTANCIALES Y


ORIENTADOS

El curso del crecimiento, como hemos dicho, está guiado sólo en cierta medida por
las funciones "propias". Es, además, en parte fortuito y en parte circunstancial. Entre
los factores azarosos o casuales, incluimos aquellas disposiciones genéticas que
agrupamos bajo el término "herencia", que producen el. temperamento, la motilidad,
el físico y la inteligencia -todas condiciones básicas de la personalidad- que, hasta
donde sabemos, no pueden ser previstas ni controladas con precisión Los factores
casuales también incluyen las circunstancias exteriores de la vida: el ambiente
particular en el que ha nacido un niño su cultura y los accidentes de clima o
enfermedad, todos los cuales influyen en su proceso de evolución, pero son
exteriores al proceso mismo.

108
Por crecimiento circunstancial entiendo el aprendizaje de la enorme cantidad de
subsistemas que ayudan a nuestra adaptación, pero que nunca parecen penetrar en
la urdimbre central de nuestra vida. Tales subsistemas incluyen adaptaciones
biológicas automáticas, de carácter parcialmente reflejo (la respiración, la digestión,
etc.), así como muchas de nuestras conformidades tribales (por ejemplo el uso de
ropa, o el cepillarse los dientes), además de muchas de nuestras habilidades,
incluyendo el uso de nuestra lengua materna. A menos que se frustren por
interferencias externas, estos y muchos otros sistemas siguen su curso a través de
nuestra vida sin comprometer seriamente las distintas funciones "propias" que
hemos descripto. Las leyes del aprendizaje generalmente aceptadas en la
actualidad, se aplican, lo sospecho, principalmente a la adquisición de tales sistemas
parciales y circunstanciales. Estos sistemas proporcionan la base de hábitos
necesarios sobre la que se construye el desarrollo "propio".

Las adaptaciones que en un momento son "propias", pueden sumirse más tarde en
el nivel circunstancial. Así la adquisición de una habilidad puede ser acompañada, al
principio, por un agudo sentimiento "propio". ¿Quién puede olvidarse del éxtasis de
poder que sintió cuando manejó por primera vez un automóvil? Y el niño pequeño
parece no menos extasiado cuando camina con éxito por primera vez, aunque a tan
temprana edad es dudoso que la experiencia de exaltación del yo sea algo más que
rudimentaria. Pero caminar y manejar pronto llegan a ser sistemas circunstanciales
automáticos y pueden no relacionarse nunca más con el proprium, salvo que sean
frustrados por alguna interferencia externa. Estos sistemas segmentarios de la
personalidad normalmente son como los frutos que ha dado nuestro jardín el año
anterior. Han servido de gloriosa coronación de una etapa del desarrollo, y luego
caen en el terreno y pueden enriquecer los productos de la próxima etapa del
proceso de evolución.

Lo que parece haber ocurrido en el curso de la evolución humana es que, a medida


que el hombre se hizo menos instintivo y más inteligente en sus transacciones, tuvo
que crear un foco, un medio de trascender la complejidad desconcertante de la
innumerable cantidad de sistemas ad hoc de adaptación. Enfrentado con
demasiados problemas de hecho, se vio obligado a desarrollar un sentido
discriminativo de la importancia relativa. En el lenguaje de William James, se
necesitaba algo para regular una actividad que se había hecho demasiado profusa

109
como para regularse a sí misma. Según James este monitor necesario fue
proporcionado por la evolución de la conciencia. Pienso que estaría más de acuerdo
con el pensamiento contemporáneo decir que el monitor necesario se encuentra en
las funciones "propias" que hemos descripto, de todas las cuales no somos
conscientes, aunque todas tienen el efecto de conferir un sentido de importancia a
algunos dominios de conducta, dejando el resto en calidad de sistemas
circunstanciales.

Esta teoría tiene apoyo en la ontogénesis, puesto que la conducta- del niño pequeño
parece estar explicada adecuadamente en términos de sus impulsos en interacción
con un ambiente que provee gratificaciones y castigos adecuados. De este modo se
forman los hábitos tempranos. Pero a los tres años la vida se ha hecho ya
demasiado complicada para este modo exclusivo del desarrollo y el cambio. Los
problemas de la vida exigen selección y control según su importancia relativa,
planeamiento y orientación y un centro de referencia. Y esta necesidad se agudiza
con el tiempo. De este modo surge el proprium, al que podríamos definir como la
"cualidad" individual de la complejidad organísmica, porque la especie humana y el
individuo humano tienen necesidad de él. La actividad "propia , una vez que ha
surgido, 'tiene comúnmente una textura subjetiva diferente de los aconteceres
circunstanciales o casuales. Podemos distinguir casi siempre entre lo que nos
"ocurre" y lo que nosotros mismos "hacemos”.

Si esta línea de razonamiento es correcta, la psicología no puede confiar


exclusivamente en teorías casuales y circunstanciales del proceso de evolución.
Estas teorías, permítaseme repetirlo, son buenas hasta donde ellas llegan. Los
últimos cincuenta años de trabajo psicológico, aunque se han centrado
principalmente en lo que llamo circunstancialismo de la conducta, han constituido
una época necesaria en nuestra ciencia. Es probable que haya sido conveniente
haber descartado por un tiempo el concepto de un "sí mismo" que era demasiado
amplio, indiscriminado y semejante una petición de principio. Pero ahora ha llegado
el momento de ver al no podemos completar esta exigüidad científica con una
descripción cautelosa del desarrollo y el cambio orientados, que proporcionará un
marco científico no menos exacto, pero más adecuado, para una psicología del
crecimiento.

110
MOTIVACIÓN Y TENSIÓN

Pocas páginas antes, en nuestra discusión acerca de las aspiraciones "propias”


encontramos un punto tan básico para nuestra argumentación que nos aventuramos
a repetirlo. Vimos que la mayor parte de las teorías de la motivación actualmente
preferidas, tienen en común un supuesto básico, es decir el de que toda conducta
tiende a eliminar el estado de excitación, al equilibrio, o como la frase técnica lo
dice, hacia la reducción de tensiones. Aunque la terminología varíe, estas teorías
sostienen

que toda excitabilidad, todo impulso, toda tensión, tienen su origen en la


perturbación del equilibrio orgánico. Cuanto mayor es la perturbación, mayor es la
urgencia por reducir la tensión. Aprendemos modos de distensión de acuerdo con el
mínimo gasto de energía.

Una vez que se ha logrado así reducir la tensión, tendemos a repetir la misma
manera de conseguir alivio, en circunstancias similares de desequilibrio. Algunas
teorías destacan el polo negativo del afecto (evitar el dolor y el malestar), otras, el
positivo (el logro de situaciones placenteras). Todos los instintos, dice Freud, tienden
hacia el placer. Fundamentalmente el modelo freudiano y conductista son similares,
lo mismo que todas las demás teorías que sostienen que el aquietamiento, la
complacencia o el placer son las metas de la acción. En muchos aspectos este
modelo de la motivación humana es irrefutable. Nada podría ser más evidente que el
hecho de que nuestras tendencias (el hambre de oxígeno, de alimento, de contacto
sexual), representan demandas urgentes de reducción de tensiones. Y sin embargo,
cuanto más reflexionamos sobre el tema, más aumenta nuestra sospecha de que
estamos tratando aquí solamente con la mitad del problema. Si bien aprendemos,
por cierto, modos habituales de reducción de tensiones, llegamos a considerar
también muchas de nuestras satisfacciones pasadas tan carentes de valor como el
refresco que tomamos ayer. Aunque queremos estabilidad, queremos también
variedad. Mientras aprendemos hábitos seguros para reducir la tensión,
abandonamos también vicios hábitos y nos arriesgamos a la búsqueda de nuevos
cauces de conducta. Es solamente a través de la asunción de riesgos y de la
variación que puede tener lugar el crecimiento. Pero la asunción de riesgos y la
variación están llenas de tensiones nuevas, a menudo evitables, que sin embargo no

111
nos interesa evitar. Por lo tanto, la fórmula aparentemente apropiada para la
reducción de tensiones parece desbaratarse cuando la motivación ya no es más una
cuestión de tendencias segmentarias o de adaptaciones circunstanciales sino
impulso "propio'.

Volviendo al caso del explorador Amundsen, cuyo firme progreso hacia una meta de
largo alcance comenzó cuando tenía quince años, no ayuda en nada af irmar que él
estuvo toda su vida tratando de reducir la tensión provocada a esa edad -por la
lectura de las exploraciones de sir John Franklin. Ese procedimiento casuístico
descuidaría el que más bien participa del hecho de que durante décadas combatió
toda tentación de descansar y de gozar de gratificaciones inmediatas que
obstaculizarían su esfuerzo principal; combatió las instigaciones de la fatiga, del
desaliento, del ridículo social. Como un verdadero hombre fáustico, descubrió que la
salvación llega sólo al que se afana incesantemente en la prosecución de objetivos
que por último no son totalmente alcanzados.

Ésta parece ser la característica central del impulso "propio": sus metas, hablando
en sentido estricto, *son inalcanzables. El impulso "propio" confiere unidad a la
personalidad, pero nunca es la unidad del cumplimiento, del reposo o de la tensión
reducida. El padre devoto nunca pierde interés por su hijo; el devoto de la
democracia adopta una preocupación vitalicia que aparecerá en todas sus relaciones
humanas. El científico, por la misma naturaleza de su interés, crea más y más
preguntas, nunca menos. Efectivamente: la medida de nuestra madurez intelectual,
sugiere un filósofo, está en nuestra capacidad para sentirnos cada vez menos
satisfechos con nuestras respuestas a problemas cada vez mejor planteados.

En ninguna parte de esta infinita urdimbre evolutiva encontramos que el equilibrio, la


gratificación, la complacencia, proporcionan la única llave de la motivación. Tampoco
nos ayuda la concepción hedonista de la búsqueda de la "felicidad". La felicidad es
el resplandor que corona la integración de la persona mientras persigue o contempla
la realización de sus metas. El estado de felicidad no es en sí mismo una fuerza
motivadora, sino un derivado de una actividad motivada en otro sentido. La felicidad
es algo demasiado incidental y contingente como para ser considerada una meta en
sí misma.

112
Llegamos así a la conclusión de que los motivos son de dos órdenes, aunque en un
caso dado los órdenes puedan confundirse. Siguiendo la terminología de Maslow,
hay motivos de déficit y de crecimiento. Los motivos de déficit reclaman, en efecto, la
reducción de la tensión y la restauración del equilibrio. Los motivos de crecimiento,
en cambio, mantienen la tensión en el interés por metas distantes y, a menudo,
inalcanzables. Como tales, distinguen el desarrollo humano del animal, y el
desarrollo adulto del infantil. Por motivos de crecimiento nos referimos a la
preeminencia que alcanzan los ideales en el proceso de desarrollo. Los propósitos
de largo alcance, los valores subjetivos, los vastos sistemas de intereses, son todos
de este orden. Consideraremos la dinámica de la conciencia como un ejemplo de
motivos de crecimiento.

LA SENSIBILIDAD Y LA PERCEPCION: VENTANAS ABIERTA AL


MUNDO (R. KALISH en “PSICOLOGÍA DE LA CONDUCTA HUMANA)

Los psicólogos han, estado siempre. profundamente interesados por el modo como
el hombre conoce lo que ocurre en su ambiente Este interés ha sido heredado de la
filosofía y es posible rastrearlo hasta épocas muy. lejanas de la historia. Buena parte
de las primeras investigaciones efectuadas en el campo de la psicología, que se
remontan a aproximadamente cien años atrás se ocupaban de la relación entre lo
que. real Y. objetivamente se halla en el ambiente y el modo en. que el hambre lo
interpreta y lo analiza. Los psicólogos, en conjunción con los fisiólogos y los físicos,
han estudiado esta cuestión de muchos modos, y están todavía interesados en ella,
aunque a un nivel de complejidad mucho mayor que en el siglo XIX. La conciencia
de que el hombre podía desarrollar métodos de investigación que le permitiesen
evaluar su propia conducta ha provenido en parte del estudio de la sensación y la
percepción.

¿Se ha encontrado alguna vez el lector privado de la vista? ¿0 del oído? Si esto le
ha ocurrido o si puede imaginar cómo sería, comprenderá por qué nos referirnos y
los sentidos como nuestra ventana hacia el mundo. El organismo humano es
sumamente sensible a su a ambiente a causa de estos sentidos A través de los
órganos de los sentidos nos percatamos de los colores, de las formas, los sonidos,
los sabores, las presiones, los olores, los cambios de temperatura y otros estímulos

113
del ambiente. Sin nuestros órganos de los sentidos no podríamos recibir ninguna
información de nuestro ambiente.

Todo lo que entra a través de estas "ventanas" se transmite al cerebro, donde la


información se interpreta en gran medida, a la luz de experiencias previas. A medida
que el individuo madura el número de sus experiencias, está en mejores condiciones
para comprender el significado de esta información.

Cada uno de los sentidos está constituido por órganos receptores a los que llega el
"mensaje" de todo lo que en el ambiente aparece como estímulo. Los receptores
visuales se hallan en el ojo; los receptores auditivos se hallan dentro del oído los
receptores del gusto, en la lengua. Una vez recibido por el receptor, el "mensaje" es
trasmitido por los nervios hasta el cerebro, donde se lo interpreta su significado se
comunica a la parte apropiada del cuerpo; el organismo puede entonces adoptar
alguna forma de acción.

Sensación es el término que aplicamos a lo que ocurre toda vez que un órgano
receptor es estimulado. La percepción es el proceso a través del cual las diversas
sensaciones se interpretan y organizan en patrones significativos.

LA SENSACIÓN

El pensamiento tradicional dice que el hombre está dotado de cinco sentidos de la


vista el oído, el gusto, el tacto y el olfato. Los psicólogos han modificado en cierta
forma esta lista, añadiendo el sentido kinestésico (sentido del movimiento corporal,
la postura y el peso) el sentido (sentido del equilibrio) y los sentidos internos -o
interoceptores- (sentido del hambre, de la sed, etcétera).

Así pues, la estimulación sensorial adopta muchas formas. Los estímulos llevan
constantemente hasta nosotros. No obstante, nuestros receptores son selectivos,
esto es, responden tan sólo a cierto tipo de estimulación. Por ejemplo, nuestro oído
contiene sólo receptores del sonido y no es sensible ni a los olores ni a la luz. Los
receptores ubicados en la superficie del cuerpo, que reaccionan cuando se ven
estimulados por sensaciones cutáneas, son también sumamente especializados. Los
receptores de la presión responden -sólo a la sensación de presión, y los receptores
del frío, únicamente a la sensación del frío. Cuando nos restregamos los ojos no

114
sólo, sentimos presión, sino que vemos también formas y colores; ello es así porque
hemos estimulado los receptores visuales, y los nervios correspondientes sólo
conducen los impulsos que comunican los estímulos visuales.

Además de ser selectivos con respecto a los estímulos, los receptores requieren
cierta intensidad de estimulación para responder. Algunos sonidos, estímulos
visuales y olores son demasiado débiles para provocar a respuesta del receptor. Así,
el sonido que produce una hormiga al caminar puede ser registrado por un
instrumento altamente sensible, pero si no se lo magnifica permanece por debajo del
umbral sensorial del hombre. Los sabuesos pueden olfatear un rastro y seguirlo, los
halcones son muy sensibles al movimiento (Sanford y Wrightman, 1970), y los perros
pueden oír silbatos especialmente construidos; pero estos olores, movimientos y
sonidos están fuera del alcance de la percepción humana. Asimismo, existen
muchos estímulos, como los rayos X, los átomos o los sonidos extremadamente
agudos, que no pueden ser reconocidos ni por el hombre ni por los animales. El
hombre sólo responde a una pequeña porción de todos los estímulos ambientales
posibles. Podemos ilustrar el rol de la sensación en la percepción mostrando que
ocurre cuando un conductor se aproxima a una luz roja. Cuando las ondas
luminosas (estímulo) del semáforo afectan el ojo (receptor de la visión), se originan
impulsos que representan los colores y las formas de la luz (respuesta), y estos
impulsos viajan a través de las vías del sistema nervioso hasta el centro visual del
cerebro, donde se interpreta el significado de los estímulos. Todo el proceso insume
sólo una fracción de segundo. La respuesta al nivel de la acción (en este caso,
presionar el freno) puede requerir un tiempo algo mayor. Con frecuencia se produce
una adaptación sensorial. Este proceso tiene lugar en dos formas diferentes, aunque
relacionadas. El primer tipo de adaptación se refiere al acostumbramiento a los
cambios del ambiente para, que los sentidos sigan siendo eficaces. Así ocurre, por
ejemplo, cuando se entra en una sala cinematográfica oscura: en un primer
momento no se puede ver nada, pero los receptores visuales se adaptan
rápidamente a la oscuridad. El segundo tipo de adaptación se refiere a la reducción
de la eficacia de los sentidos después de haber actuado el estímulo durante cierto
tiempo. Cuando se entra en un baño de agua caliente, ésta parece menos caliente
después de algunos minutos; los olores, al cabo de un rato, parecen disminuir de
intensidad o desaparecer por completo, porque uno se ha adaptado a ellos.

115
• Los órganos sensoriales específicos

La visión ha recibido probablemente más atención que cualquier otro proceso


sensorial. Los psicólogos estudian la anatomía del ojo y sus conexiones neurales
con el cerebro; investigan cómo percibimos el color (o por qué algunas personas lo
perciben defectuosamente) y tratan de aprender más sobre la percepción de la
profundidad, o sobre la manera en que el individuo sabe que un objeto está más.
cerca de él que otro.

Si no existiesen en absoluto los colores, sólo se discernirían las formas debido al


brillo relativo de los objetos que se ven. Puesto que indudablemente se ven los
colores (sólo un porcentaje en extremo reducido de personas son totalmente ciegas
para el color), se reconocerá no sólo el brillo sino también el matiz y la saturación.
'Matiz es el color de lo que se ve, como por ejemplo rojo o verde o, quizás, un verde
rojizo. Los objetos que son negros o blancos no tienen matiz. La saturación se
refiere a la proporción de blanco que está mezclada con el matiz. El verde claro
(verde mezclado con blanco) y el rosado (rojo mezclado con blanco) tienen menos
saturación que el verde y el rojo. La ceguera total para el color es en extremo
infrecuente. Pero la ceguera parcial es más común. Muchas personas son incapaces
de distinguir entre ciertos colores, por lo general el rojo y el verde. Estos individuos,
casi todos varones, abarcan toda una gama en cuanto a su deficiencia ,para percibir
los colores, desde la incapacidad total para diferenciar el rojo del verde (a menos
que haya otras claves en el contexto) hasta ligeras perturbaciones de la
discriminación.

En la audición, las dos dimensiones principales son la altura y la intensidad. La altura


se refiere al hecho de que el sonido sea alto 0 bajo, agudo o grave. La intensidad,
naturalmente, es el volumen. Si el lector tiene una buena radio, grabador o
tocadiscos, estará ya familiarizado con estos conceptos. Hay dos tipos de
definiciones auditivas. Algunas personas oyen todos los sonidos con menor
intensidad que la que realmente tienen; otras experimentan dificultad en oír ciertos
sonidos, por ejemplo los más agudos. Podría efectuarse 'un análisis semejante con
respecto a los otros sentidos. Por ejemplo el gusto ha sido descompuesto en
sabores dulces, ácidos, salados y amargos, cada uno dé los cuales tiene receptores
en partes diferentes de la lengua. El tacto (los sentidos dérmicos) puede dividirse en
presión, dolor, calor y frío.

116
• Sensibilidad ampliada - Sensibilidad disminuida

Los seres humanos pueden, si lo desean, desarrollar para su mayor gozo y


satisfacción su sensibilidad a los estímulos sensoriales. Quien caza en el bosque
desarrolla su habilidad para ver el movimiento; el conocedor de los vinos desarrolla
su capacidad 'para distinguir el vino embotellado en 1957 del embotellado en 1958;
el amante de la ópera aprende a reconocer cuándo el tenor baja un poco un tono:
¿Cuáles son las sensibilidades que desarrollan el saqueador de caías fuertes, el
experto en perfumes y el historiador de! arte?

Este cultivo de los sentidos puede contribuir también a la autorrealización La idea de


que no es preciso aceptar todas las limitaciones que uno encuentra en sí, de que es
posible expandir el potencial de placer y satisfacción, es básica para la
autorrealización. La expansión de la sensibilidad requiere algún esfuerzo, del mismo
modo que lo requieren el deporte, la pintura o la danza. Una parte de este esfuerzo
implica práctica y experiencia. Mas lo que se requiere también es que se preste
atención, se esté alerta y se sea receptivo a los nuevos estímulos y a los matices
diferenciales de los ya conocidos. Por ejemplo, para aprender a distinguir el canto de
las diversas clases de pájaros no basta con aprender sobre los pájaros y sus cantos,
sino que es preciso concentrar la atención en el canto del pájaro que en un momento
dado se produce aun cuando otros que estén con quien lo hace puedan no haber
percibido siquiera ese canto. 0 bien, si al lector los cantos de los pájaros no le
parecen suficientemente atractivos, podrá aplicar los mismos principios a la
identificación a distancia, de las marcas modelos y años de los automóviles o a la
identificación de los artistas preferidos que los discos le acercan, escuchando
apenas un par de compases.

Debido a que dependemos por completo de nuestros sentidos para nuestro contacto
con el mundo, toda disminución de la precisión sensorial reducirá nuestro
conocimiento de lo que ocurre en el ambiente. Cuando uno de los sentidos no
funciona en absoluto el individuo se ve privado de un aspecto de su conocimiento del
mundo. Considérense los obstáculos adicionales con que tropieza para la
satisfacción de sus necesidades, aquel que no puede ver o no puede oír. Aunque
parezca irónico, aun del dolor es necesaria. Sin dolor no sabríamos que nuestros
dientes han comenzado a cariarse o que tenemos una infección en un dedo del pie y

117
lo que comienza como una molestia podría convertirse en algo mucho más serio,
capaz, quizás, de causar una enfermedad grave o la muerte.

Afortunadamente, las personas han aprendido a adoptar procedimientos que les


permiten superar estas desventajas provocadas por las deficiencias sensoriales
Anteojos y libros impresos en el sistema Braille se hallan a disposición de quienes
presentan deficiencias visuales, aparatos que compensan los defectos de la audición
y formas de lenguaje que no son acústicas le¡ permiten comunicarse a quienes están
afectados por defectos auditivos. No obstante, la determinación personal, más bien
que los recursos mecánicos, parece constituir con frecuencia el factor principal
cuando se trata de compensar las deficiencias sensoriales. Muchos individuos que
tropiezan con estas desventajas pueden satisfacer sus necesidades de
autorrealización tan bien colmo las personas no afectadas por deficiencias, o tal vez
mejor que ellas.

En cualquier caso, tanto los ciegos como los sordos conservan varias "ventanas al
mundo” ¿Qué ocurre cuando un individuo se ve totalmente aislado de su. ambiente?
Se han efectuado investigaciones con personas a las que se instala en aparatos que
las privan de todo contacto con su ambiente y de toda estimulación de sus sentidos.
Este aislamiento significa que no pueden participar en ningún tipo de actividad.
Después de cierto período de tiempo los sujetos se alteran y manifiestan síntomas
que por lo común están asociados con las perturbaciones mentales.

Numerosas sociedades, a través de sus costumbres, reconocen la importancia de la


estimulación y los inconvenientes de la privación sensorial. El aislamiento es uno de
los castigos más severos que se pueden imponer, tanto si se trata de ubicar a un
prisionero en confinamiento solitario corno de ordenar a un alumno que permanezca
de pie en un rincón del aula o en el vestíbulo de la escuela.

Las sensaciones desempeñan un papel de vital importancia. Cuando los estímulos


están ausentes, pueden producirse graves problemas emocionales. cuando se ven
restringidos el individuo puede intentar adaptarse a su estado o buscar formas de
compensar esa restricción. Pero un grado adecuado de estimulación sensorial
proporciona placer y satisfacción, y contribuye a la autorrealización.

118
LA PERCEPCIÓN

La percepción es el Proceso de organizar los estímulos sensoriales en patrones


significativos e interpretarlos. Implica "percatarse de los objetos, cualidades o
relaciones mediante los órganos en los sentidos" (Hilgard y Atkinson, 1967). Los
estímulos que llegan a nuestros receptores visuales (ojos) cuando miramos la tapa
de este Libro no nos dicen que estamos mirando un libro; no hacen más que
comunicar un patrón de colores y formas. El cerebro, como resultado del aprendizaje
previo, interpreta este patrón como un libro. Los receptores auditivos reciben las
palabras habladas como meros sonidos de significado, y el cerebro interpreta estos
sonidos como palabras. Las personas que adquieren la facultad de ver después de
haber sido ciegas toda su vida, dicen que los patrones de color y forma carecen para
ellos de significado hasta que aprenden a distinguir lo que representan.

En cierta grado, algunos tipos de percepción parecen producirse inevitablemente


como resultado de la maduración. Algunos infantes de apenas 6 o 7 meses se
arrastran basta el borde de una cama pero no se aventuran más allá, o inclusive
estiran la mano para- ver si pueden continuar aun cuando no hayan tenido nunca la
oportunidad de aprender por experiencia que avanzar más allá del límite equivale a
una caída repentina. En general. no obstante, la percepción implica cierto
aprendizaje. En los comienzos de la infancia, según las hipótesis que se proponen,
el individuo percibe su ambiente como una masa de formas, colores y sonidos,
juntamente con presiones, sensaciones de temperatura, dolores, olores y gustos
variados. Pronto, de este caos surge un orden. Un conjunto de colores y formas se
identifican con el alimento o el calor; otro, que aparece con menor frecuencia, puede
añadir una sensación áspera a la del calor y la humedad (esto es, los besos de
papá). El infante explora su mundo tocando, mordiendo y moviéndose, y lo pone a
prueba en forma continua para aprender lo que significa. Poco a poco aprende a
identificar personas y objetos, a localizar sonidos, a anticipar sabores y presiones y a
reconocer ciertas relaciones entre los diversos estímulos.

El infante aprende no sólo a identificar personas y objetos sino a pensar en ellos de


manera que tienen poco que ver con su valor como estímulos físicos. Tras habernos
encontrado por primera vez con una persona, probablemente la describiríamos ante
un amigo en función de su apariencia física. Pero después de habernos conocido
más, nos centraríamos en aspectos que no son físicos. La apariencia física no habrá

119
sufrido cambios significativos, pero nuestras percepciones se habrán modificado con
el aprendizaje. Una muchacha feúcha nos parece regularmente atractiva cuando
llegamos a conocerla y estimarla. Si la amamos, puede parecernos hermosa.

La percepción, pues, sugiere la existencia de un campo ponente emocional. Tiene


que ver no sólo con la organización y la interpretación de los estímulos- sensoriales
sino también con respuestas sociales y emocionales. Cuando un estímulo se torna.
familiar, es cada vez más probable que lo percibamos en función de lo que significa
para nosotros, más bien que en función del modo como afecta los órganos
receptores.

Considérese la importancia que tiene este significado de la percepción para


comprender las relaciones humanas, inclusive las relaciones con miembros de
grupos étnicos o raciales diferentes. Las reacciones frente a tales personas se basan
en el significado previo que ellas tenían para nosotros (con frecuencia un reflejo del
grupo a que pertenecen)- más bien que en las características objetivas que ponen
de manifiesto. Por tal motivo, al encontramos por primera vez con una persona de un
grupo diferente (el grupo puede distinguirse por la raza, la religión, el sexo, y
escuela, la vocación o algún otro rasgo), tendemos a interpretar su conducta a la luz
de las nociones que tenemos con respecto al grupo al que pertenece.

Las percepciones están influidas tanto por las características objetivas de los
estímulos como por las características de quien percibe, tales como necesidades,
experiencias, predisposición y rigidez personal. Debido a estas características, no
todas las personas advierten los mismos estímulos, ni tampoco perciben e
interpretan los mismos estímulos objetivos en forma idéntica.

120
• Características del estímulo

Las características del estímulo, tales come, tamaño, color, forma, movimiento
contraste, singularidad y repetición, desempeñan, como es obvio, un papel
fundamental en la percepción. Estimulan los receptores, y el mensaje de éstos se
transmite entonces al cerebro. No sólo determinan los estímulos sensoriales, sino
que influyen también sobre la atención, término familiar que utilizamos aquí en forma
más técnica para referirnos al proceso de responder a sólo una parte de los
estímulos que se hallan presentes en el ambiente inmediato.

Las personas no atienden (no prestan atención) por igual a todo estímulo que se dé
en el ambiente, sino que seleccionan ciertas cosas para prestarles »una atención
mayor. Considérense algunas características del estímulo según ellas influyen sobre
su percepción y sobre la atención que les prestamos en el caso de la publicidad.

1. Tamaño. Las figuras de gran tamaño y los sonidos intensos reciben más atención
que las figuras pequeñas y los sonidos de poco volumen. Una inmensa cartelera, un
aviso gigantesco de neón y el redoble de tambores son todos elementos que atraen
la atención.

2. Contraste. Dos sonidos o dos colores que contrastan pueden atraer la atención
más que dos que son similares. Un cartel de neón que se levanta aislado contrasta
en forma dramática con la noche oscura, pero en cambio, es menos probable que
atraiga la atención si no es más que tino entre muchos que se hallan agrupados.

3. Color. Ciertos colores y combinaciones de colores se hacen notar más que otros.
Se realizan investigaciones con respecto a los envases de productos alimenticios
para determinar qué tipo de colores pueden utilizarse par a competir con eficacia
por la atención del comprador de supermercados. ¿Cómo piensa el lector que hacen
uso del color los avisos de la televisión?

4. Movimiento. Un objeto que se mueve tiene mayor probabilidad de ser advertido


que un objeto inmóvil. A causa de su movimiento aparente, los avisos de neón
captan la atención en mayor medida que los avisos de similar color y tamaño que no
dan la sensación del movimiento. Cuando se mira. a un grupo de personas que
están juntas, los ojos se dirigen a la que se mueve. ¿Puede el lector aplicar este
principio a la percepción de los sonidos?

121
5. Singularidad y novedad. Lo nuevo y lo inusual captan la atención. Cuando los
peinados "Africa look" eran nuevos, es probable que los primeros que se vieran
atrajesen la atención. También llamaba la atención -al menos en el primer momento-
la aparición de alguien que había usado durante un tiempo ese tipo de peinado y
que repentinamente aparecía con otro más tradicional (o quizás aun menos
tradicional). La singularidad y la novedad actúan a menudo en forma conjunta, a qué
no siempre. Una persona nueva en un curso reducido es advertida aun cuando su
aparición no sea inusitada. De modo semejante una persona en extremo obesa
puede llamar- siempre la atención, aun después que los demás se hayan
acostumbrado a ella. Los expertos en publicidad tratan de cambiar lo antiguo y
corriente con lo nuevo y singular.

6. Repetición. Los "jingles" radiales, los avisos comerciales de la televisión, la


publicidad del diario, son cosas que se repiten incansablemente, hasta el punto de
hacemos pensar que nos volveremos- locos. La repetición atrae la atención, incluso
si el estímulo resulta poco atractivo cuando se lo presenta sólo una vez. Téngase en
cuenta, no obstante, que atraer la atención por medio de un aviso publicitario puede
no ser favorable si al prestarle atención conduce a una reacción negativa.

• Características del perceptor

La percepción y la atención e están vinculadas también con condiciones que son


propias del individuo, tales como sus necesidades fisiológicas y otras, sus
experiencias personales, su predisposición y su grado de rigidez personal.

1. Necesidades. Una persona con mucho apetito puede advertir por primera vez la
existencia de un restaurante, el mismo restaurante que ha mirado sin ver en cien
ocasiones anteriores. La investigación ha mostrado que es más probable que sean
los sujetos hambrientos y no los que tienen hambre, los que “vean" alimentos en una
figura de formas imprecisas. La necesidad fisiológica "hambre" influye en la
selección de los estímulos a los cuales se atiende y en la manera cómo esos
estímulos se perciben y se integran en patrones significativos.

La necesidad de amor puede funcionar de modo semejante. Tornamos nota en


forma vaga de un grupo de personas que conversan y de pronto caemos en la
cuenta de que una de ellas es una persona por la que sentimos gran afecto. Poco

122
después estamos en condiciones de hacer una descripción completa de la ropa, la
postura y el estado de ánimo de la persona querida, pero de los otros ni siquiera
sabernos bien quiénes son, porque nuestra atención no se dirigía a ellos.

Las necesidades psicológicas afectan no sólo la atención sino la percepción misma.


Una investigación ha mostrado que la necesidad de autorrespeto y de ser respetado
por los demás afectaba las percepciones de algunos sujetos.

Ante un grupo de estudiantes colocados en semicírculo se presentaba un par de


afiches, uno de los cuales contenía tres líneas de diferente longitud; el otro: sólo una
línea que era idéntica a otra de las que estaban. en el afiche primero. Cada
estudiante, por tumo, señalaba las línea en el afiche A que era igual a la que
contenía el afiche B. Después se les presentaba un nuevo par de afiches y el
procedimiento se repetía. En el tercer par de afiches todos los estudiantes, salvo
uno, indicaba una línea equivocada (ya que todos salvo uno habían sido entrenados
por el experimentador para que así lo hicieran). El estudiante que no estaba en el
asunto indicaba a veces la línea correcta y a veces la misma línea que todos los
demás, aun cuando era obviamente incorrecto para cualquier observador objetivo. El
procedimiento se repitió con varios sujetos "ingenuos".

Cuando con posterioridad se les preguntó por qué habían respondido en forma
incorrecta, los sujetos dieron varias razones: 1) "Me imaginé que el grupo estaba
equivocado, pero pensé que era mejor seguir la corriente”; - 2) "La ví diferente que
los demás, pero pensé que debía ser yo el equivocado"; 3) "La ví igual que como el
grupo lo indicó (Asch, 1951).

Así, pues, en el primer caso la presión del grupo se impuso; en el segundo, la


inseguridad personal y la incertidumbre del estudiante hicieron que respondiese
contra su propio y mejor juicio; en el tercero, el estudiante. dijo ¡que percibió
realmente las líneas con una altura que no tenían! Si la percepción. de la altura de
una línea puede verse afectada en tal grado por la necesidad de contemporizar con
el grupo,. Muchas otras percepciones pueden verse afectadas de modo semejante.
Si un boxeador cuenta notoriamente con el favor de la muchedumbre, ¿se verán
afectados en sus decisiones el árbitro y los jurados? "Sé que ocurrió por que lo ví
con mis propios ojos". ¿Constituye esto siempre una prueba suficiente?

123
2. Experiencias. La experiencia previa también afecta la atención y la percepción.

Un niño estadounidense de cuatro años fue a vivir a París cuando su padre fue
asignado a ese destino por la compañía en que trabajaba. Un día mientras jugaba en
un cajón de arena en un aran parque, se le acercó un niño francés de la misma
edad, quien, mientras sostenía la pala por encima de la cabeza del estadounidense,
preguntó en francés: "¿Quieres jugar conmigo?" El niño estadounidense no podía
comprender las palabras, pero respondió guiándose por su experiencia previa
respecto de niños que sostenían palas por encima de su cabeza: golpeó al francés
en el estómago.

Las personas interpretan necesariamente el ambiente en función de sus propios


antecedentes. Si las experiencias son tales que una pala levantada significa “pelear",
se responde de acuerdo con ello.

Cuando se observa a dos japoneses que se saludan con una reverencia y se


sonríen, se los percibe corno amistosos; no obstante. su cultura les exige qué se
comporten de ese modo, aun cuando no experimenten aprecio mutuo. Un
observador estadounidense puede no tener idea de cuál de 'los dos hombres que
están inclinándose es el jefe y cuál el empleado; pero el observador japonés podría
saberlo con facilidad a partir de la profundidad y frecuencia de las reverencias,
porque sus experiencias le han -enseñado cuáles son las claves a las que debe
atender para recibir esa información.

3. Disposición. A causa de las experiencias previas y del aprendizaje a menudo


anticipamos que habrán de ocurrir ciertas cosas antes de que ocurran realmente.
Esto es, tenemos una disposición o expectativa respecto de ciertas cosas. El árbitro
de básquetbol sabe que el centro del equipo visitante. ha incurrido en reiterados
"fouls” durante los tres últimos partidos, y está dispuesto a suponer que también esta
vez lo hará. Con esta disposición es más probable que interprete corno "fouls"
ciertas acciones si las realiza ese jugador que si las ejecuta otro.

Basta una simple sugerencia para producir una disposición que lleve a percepciones
inexactas. El profesor Blanchard, amigo del autor, le relató la siguiente
demostración. Colocó primero una botella de líquido amarillento sobre la mesa que
tenía delante y se volvió entonces a sus alumnos diciendo: "Quiero poner a prueba
hoy su capacidad olfativa. Esta botella contiene un producto química muy maloliente.

124
Cuando quite el tapón, el olor se expandirá lentamente, y debiera ser lo
suficientemente fuerte como para llegar inclusive hasta las últimas filas. Por favor,
levanten sus manos en el momento en que huelan el producto". El profesar
Blanchard quitó entonces el tapón. Primero se levantaron unas pocas manos de la
primera fila: pocos- minutos después la mayoría de los estudiantes había levantado
la mano. La solución química, que contenía la botella era agua coloreada
absolutamente carente de olor. Pese a ello, bastante más de la mitad de a
estudiantes creyó haber olido algo, o por lo menos levantó la mano para indicar que
así había sido.

4. Rigidez personal Algunas personas cuentan entre sus características de


personalidad la de ser rígidas, o inflexibles. Esta cualidad parece afectar la
percepción En un estudio bien conocido se les mostró a los sujetos una serie de
dibujos simples de un perro. En cada uno de los dibujos sucesivos el perro se
parecía un poco más a un gato, llegándose a un punto en que obviamente el perro
no era ya un perro, sino un gato Los sujetos con un alto arado de prejuicio racial
tenían mayor probabilidad que el sujeto promedio de continuar insistiendo en que el
animal era todavía un perro, mientras que los sujetos más flexibles reconocían el
cambio con mayor rapidez. Constituye éste un excelente ejemplo de la estrecha
relación existente entre los procesos perceptivos y la personalidad.

Aunque todos somos susceptibles a las distorsiones preceptivas que hemos


descripto no es probable que ¡os individuos que logran progresar con éxito en su
autorrealización incurran en distorsiones frecuentes o extremas. La persona que se
autorrealiza puede ver el mundo en forma más aproximada a corno realmente es,
más bien que como desearía que fuese. Recíprocamente, las interpretaciones
erróneas de los estímulos sensoriales producen errores de juicio -al mismo tiempo
que errores perceptuales y de esta manera reducen las posibilidades que una.
persona tiene de hacer el máximo uso de sus capacidades.

125
• La percepción de la profundidad

Cuando se encuentra uno en un- aula, sabe que el compañero o que se sienta
adelante está más cerca que el profesor. ¿Por qué? ¿Cuáles son las claves que nos
permiten comprender las distancias relativas o la profundidad? Algunas de estas
claves requieren el uso de ambos ojos. Dado que las imágenes que proporcionan los
ojos difieren ligeramente entre sí, la combinación de ambas nos proporciona algo
diferente que una superficie plana. El lector puede verificarlo colocando un dedo a
unos 25 cm. de los ojos y cerrando primero uno y después el otro. (¿Ha utilizado
alguna vez un visor estereoscópica?) Asimismo, cuando la mirada se desplaza de
algo que está cerca a algo que está muy alejado, se modifica la disposición de los
músculos del ojo, y esta acción muscular puede proporcionar claves para la
percepción de la. profundidad. No obstante, también la persona que carezca de la
visión de un ojo puede percibir la profundidad. Lo hace aprendiendo el significado de
las sombras, tamaños, de la precisión de los contornos, de los cambios de color que
se producen con la distancia, de la superposición de un objeto respecto a otro, etc.

• Constancia perceptual

Para que el mundo tenga sentido, a menudo interpretamos las sensaciones en forma
diferente de lo que sugieren los estímulos objetivos tal como de hecho se dan Esta
interpretación errónea se produce particularmente con respecto a la constancia de la
percepción. Colóquese una moneda en la palma de la mano y ésta frente a uno,
apenas por debajo ]el nivel de los ojos: ¿parece redonda la moneda? Probablemente
lo parezca, aun cuando la sensación visual que se está recibiendo no sea la de la
redondez. Si fuéramos a dibujar la moneda de manera tal que tuviese exactamente
la forma que muestra, la moneda dibujada estaría lejos de ser redonda. Cuando
observamos un automóvil que está a 100 metros de distancia parece tener el mismo
tamaño que el que está a 10 metros, aunque también en este caso las sensaciones
visuales objetivas que se están recibiendo requieren ser reinterpretadas para
comunicar la cualidad del tamaño. El proceso de la constancia perceptual hace que
percibamos los objetos con la apariencia de lo que pensamos que es normal,
independientemente de los estímulos sensoriales objetivos. Los dos ejemplos que se
acaban de dar ilustran la constancia de la forma y la constancia del tamaño,
respectivamente. La constancia perceptual se produce también en relación con el
color y el brillo.

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• Percepción distorsionada

Las percepciones pueden resultar distorsionadas a causa de cesaban des del


estímulo o a causa de cualidades del sujeto perceptor. Los ejemplos más conocidos
del primer caso son las ilusiones. Una ilusión. es una percepción errónea. Se piensa
que se ve, se oye o se toca algo, pero las circunstancias nos han. engañado.
Cuando miramos una vara hundida a medias en el agua, nos parece quebrada,
aunque sepamos que es recta. El camino que se extiende ante nuestra vista refleja
el sol de manera tal que produce la ilusión de que hubiera en él un charco de agua.
Una forma de ilusión es la ilusión del movimiento. Una flecha roja de neón en
movimiento, cuando se la observa desde más cerca, resulta ser un conjunto de
varias flechas rojas diferentes que se encienden y se apagan a una velocidad y con
una secuencia determinadas. Del mismo modo una película cinematográfica no es
nada más que una secuencia de instantáneas que cambian con rapidez y que dan la
impresión del movimiento. Los personajes de las películas de la década de 1920
parecían caminar a saltos porque se utilizaba un número menor de instantáneas y la
película se movía con menor rapidez a través de la cámara.

Las cualidades del sujeto que percibe pueden distorsionar también la percepción. A
veces algunas personas dicen oír voces o ver cosas sin que pueda verificarse la
presencia de ningún estímulo. Estas percepciones son alucinaciones, o son
percepciones que ocurren sin estímulos. Aunque por lo común, las alucinaciones
están vinculadas con el alcoholismo o las enfermedades mentales graves, pueden
ocurrir en personas normales, en circunstancias extremas. A veces un sueño o
inclusive una fantasía diurna parecerá tan real. que se la sentirá como una
alucinación. Las alucinaciones y las ilusiones son confundidas a menudo entre sí y
con las delusiones o falsas creencias. Las diferencias tienen mucha importancia.
Una ilusión hace que una persona confunda o distorsione estímulos existentes, por
lo general a causa de cualidades de la sensación. Una alucinación es una
percepción sin estímulos externos; una delusión es una creencia errónea.

Después de haber Insistido tanto sobre los factores que alteran y, distorsionar la
percepción corrernos el peligro de subestimar la precisión con que percibimos A
pesar de la inevitable subjetividad y de la carencia de un 100 % de precisión, las
percepciones distorsionadas o inexactas sólo ocasionalmente ejercen una influencia
Significativa sobre las vidas de las personas normales.

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RESUMEN DE IDEAS IMPORTANTES

1. El organismo humano toma conciencia del mundo por medio de los sentidos.
Estos incluyen la visión, el oído, el olfato, el gusto, los sentidos que actúan a través
de la piel y otros, tales como el sentido del movimiento corporal y el del equilibrio.

2. Se utiliza el término sensación para referirse a lo que ocurre cada vez que es
estimulado un órgano receptor.

3. Percepción es el proceso de interpretar los estímulos sensoriales recibidos del


ambiente por los receptores y comunicados al cerebro a través de los impulsos del
sistema nervioso.

4. Algunas sensaciones son demasiado débiles para activar los receptores.

Aunque la reducción parcial de las sensaciones, como la que se produce en el caso


de la ceguera, puede ser compensada, las personas que se ven totalmente privadas
de estimulación sensorial pueden experimentar perturbaciones emocionales.

6. El infante explora su mundo por medio de los sentidos. Poco a poco aprende a
identificar a las personas y los objetos por sus patrones de estímulo.

7. El término atención, cuando se la utiliza en su sentido técnico, se refiere al


proceso de responder a sólo una parte de los estímulos del ambiente inmediato.

8. La atención y la percepción están influidas por características del estímulo tales


corno el tamaño, el contraste y el movimiento. Se ven también afectadas por
características del sujeto que percibe, tales corno sus necesidades, experiencias,
disposición y rigidez personal.

9. La constancia perceptual se refiere a un proceso por el cual interpretamos las


sensaciones de modo tal que coincidan con lo que es normal, en lugar de percibirlas
como sensaciones objetivas

10. Las percepciones distorsionadas incluyen las ilusiones y las alucinaciones.

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ACTIVIDADES DE EVALUACIÓN

MÓDULO I – UNIDAD 1

PARA DESARROLLAR...
1. Explique la dinámica del desacuerdo entre el yo y la experiencia según Jorge Poliak.

2. Utilizando el mismo enfoque y tomando en cuenta el Capítulo 10 de la “Teoría de la personalidad


de Rogers & Kinget, describa el desarrollo de contradicciones, la experiencia de amenaza y la
génesis de la conducta desorganizada.

3. Desarrolle el concepto “pático” de Manuel Artiles y su implicancia en el Counseling.

4. ¿Cómo influye la percepción y la sensación en la conducta de personas según Kalish?

5. Una vez leído “Desarrollo y Cambio” de Allport, describa el concepto de “proprium”

ACTIVIDADES LIBRES

PARA ELEGIR...
1. Imagínese una entrevista radial y explique con sus palabras el concepto de “persona normal”,
según Artiles.

2. Describa su mundo de sensaciones mediante una escucha atenta de una pieza clásica y otra
moderna.

EJERCICIOS DE AUTOEVALUACIÓN

1. Realice un cuadro sinóptico con las principales funciones psíquicas según Kogan.

2. Inicie la realización de su propio glosario específico de la materia.

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