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Doc.20 - Modelo OPERATIVO - Criterios

El documento establece criterios operativos para guiar la planeación pastoral de acuerdo con el ideal de la iglesia local. Propone privilegiar la evangelización misionera como criterio para la acción pastoral, entendida como un proceso permanente y sistemático de fe. Explica que los criterios surgen de comparar el ideal con la situación actual y deben regular las acciones para que sean coherentes con el ideal. Además, presenta un modelo de criterios que incluye el tipo de acción, destinatarios, agentes, método y organización requerida.

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Doc.20 - Modelo OPERATIVO - Criterios

El documento establece criterios operativos para guiar la planeación pastoral de acuerdo con el ideal de la iglesia local. Propone privilegiar la evangelización misionera como criterio para la acción pastoral, entendida como un proceso permanente y sistemático de fe. Explica que los criterios surgen de comparar el ideal con la situación actual y deben regular las acciones para que sean coherentes con el ideal. Además, presenta un modelo de criterios que incluye el tipo de acción, destinatarios, agentes, método y organización requerida.

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Procesos Pastorales – 2016 – Doc.

20

MODELO OPERATIVO
PLANEACIÓN

LOS CRITERIOS OPERATIVOS Y LA CONVERSION QUE EXIGEN1

Sentido Metodológico:

Si se quiere realizar el ideal propuesto y el itinerario de evangelización explicitado


anteriormente, hay que definir las reglas de juego, es decir, los criterios coherentes para
llevar adelante la acción. Criterios a los que toda acción, cualquiera que sea, debe
responder para ser coherente con el ideal señalado y con los principios que lo
fundamentan.

Estos criterios son opciones orientativas que, en germen, ya contienen el proyecto de vida
que se quiere alcanzar. Reflejan y son coherentes con el ideal de Iglesia local ya descrito y
permiten que toda la acción, cualquiera que esa sea, se oriente a la consecución de dicho
ideal. Los criterios operativos constituyen un puente entre el ideal y la realidad. Son los
puntos de referencia para evaluar toda acción y verificar si es o no coherente con el ideal
propuesto y que se quiere realizar como expresión de la voluntad de Dios.

Desde un punto de vista metodológico, se trata de las políticas, en este caso pastorales, a
las que toda la acción eclesial debe responder. Son criterios pastorales que expresan la
naturaleza de la acción que ha de realizar si se quiere ser consecuentes con los propósitos
que se han definido en el ideal. Por ello, son criterios que permiten y dan al agente de
pastoral la seguridad de cumplir con la voluntad de Dios, una vez que ésta se ha explicitado
en el ideal de Iglesia local definido con anterioridad. Son las orientaciones determinantes
para ser coherentes.

En síntesis los criterios:


 Son el ideal visto en forma de luces constantes durante todo el camino
 Regulan las acciones para que sean coherentes con el ideal
 Son las características que indican cómo debemos realizar la acción pastoral, es decir
califican nuestro actuar pastoral.
 Son, a lo largo del camino, el “cedazo” para hacer que la pastoral cumpla su objetivo de
transformar la realidad y caminar hacia el ideal.

Estas políticas pastorales surgen de la comparación entre el ideal de Iglesia local y los
signos de los tiempos. A partir de la situación global indicada en el planteamiento del
problema nos hemos preguntado cuáles son los criterios a los que la acción debe
someterse para realizar ese ideal. Criterios que se refieren a la acción y que como toda
acción, por tanto, deben explicitar qué tipo de acción se ha de realizar, a qué destinatarios
se dirige, quién es el sujeto que la realiza, con qué pedagogía y para organización.

1
Cf. J. B. Cappellaro, Edificándonos como Pueblo de Dios. Proyecto Diocesano de Renovación y
Evangelización – PDR/E. Propuesta Pastoral Teoría y Práctica de una experiencia. CELAM, Colección
Formación Pastoral 7-12, Santafé de Bogotá 1999. 2ª. Edición en el 2001. Cuaderno No.4. Con aportes en
el campo metodológico hechos por María Libia Gonzalez en el trabajo que está haciendo el Movimiento por
un Mundo Mejor de revisión del presente manual.
1
Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

Sentido teológico-espiritual.

Voluntad y coherencia con el camino elegido.


Definir normas de conducta y de acción es tarea de la voluntad que quiere ser coherente
con el camino elegido para responder al querer de Dios. Jesús dice a este respecto
"Bienaventurado aquél que hace la voluntad de mi Padre” 2. "Bienaventurado quien
escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica".

Escuchar la Palabra de Dios, en nuestro caso, ha sido el esfuerzo por definir el modelo
prospectivo o ideal y el camino a realizar para alcanzarlo. Pero, ahora, hay que exigirse
coherencia en la acción. Es por ello que definimos las políticas o criterios que van a
regular, tanto la acción como la propia conducta, para que nada se salga de este poner en
práctica lo que hemos descubierto como voluntad de Dios. Así, a la fidelidad de Dios,
corresponde nuestra fidelidad que debe expresarse aún en las cosas más pequeñas. Es
la fidelidad que se impone una disciplina de vida. Es expresión del amor que quiere
agradar a Dios en todo y hacer de la propia vida un servicio a los hermanos. Es poner las
bases para concentrar las propias energías en este servir al crecimiento de Cristo en la
historia.

Actitud espiritual con la cual vivir este paso.

Energía y servicio sometidos a la misión.


Es la actitud del servidor que se somete a la misión y pone todas sus energías al servicio
de la misma. Ahora, intencionalmente, en los criterios de acción, luego, en la práctica
pastoral coherente con los mismos.

Una actitud de servicio que implica, además, un sentido de disciplina y una capacidad de
control en la acción de modo que se sujete a los objetivos propuestos. Disciplina que, a su
vez, implica una voluntad de señorío sobre los propios sentimientos y afectos y sobre los
diversos condicionamientos y circunstancias. Sólo así es posible sujetar y subordinar todo
a la misión y no caer en la dispersión, en el inmediatismo y en el activismo, o en la acción
solo por la acción misma.

El amor se hace servicio, el servicio disciplina, la disciplina subordinación al bien de los


otros y la subordinación al bien de otros, se hace donde sí.

Metodología.

1. Se revisa el pronóstico para tomar conciencia de las posibles alternativas de acción.


Tanto de las alternativas más generales, como de las situaciones futuras previsibles
para cada una de dichas alternativas.

2. Cada alternativa se analiza a la luz del ideal y en coherencia con el mismo, y en


relación a la situación y problemática. Es decir, se revisa su capacidad de transformar
el dinamismo del presente. Para ello, se dan las razones a favor y en contra de cada
alternativa, a la luz del ideal que se quiere realizar y de la situación que se quiere
superar.

2
Cfr. Mt. 12, 46-50; Mc. 3, 31-35; Lc. 8, 19-21; 11, 27-28.
2
Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

3. Se seleccionan o eligen las alternativas más coherentes con el ideal y más eficaces
para transformar la realidad.

4. Se enuncian las alternativas seleccionadas en lenguaje de características que califican


todo el accionar. Es decir CÓMO DEBEN SER LAS ACCIONES.

Los criterios generales responden a los grandes elementos de la acción evangelizadora


que se trabajan en los cinco elementos que ofrece la metodología:
 Tipo de Acción Pastoral que se debe hacer
 Destinatarios de la Acción Pastoral
 Agentes o servidores de la Acción Pastoral
 Forma o método para realizar la Acción Pastoral
 Tipo de organización necesaria para la Acción Pastoral.

Así, entre el ideal expresado en objetivos y la realidad expresada en la problemática, se


ha establecido el puente que asegura la selección y evaluación de los medios que
conducen al ideal mientras se va superando la situación presente.

Modelo de los criterios de la propuesta de Proyecto para la Diócesis:

Para facilitar la comprensión de estos criterios, además, en el contexto de la espiritualidad


comunitaria, se presenta cada uno de ellos con tres componentes. Primero el criterio, luego
los fundamentos o razones por las que se adopta y por último la conversión que exige.

1. En relación con el tipo de acción que se ha de realizar, el criterio pastoral general que
regula toda la acción es:

Privilegiar la evangelización misionera,


entendida como un hecho permanente y sistemático, esto es, como itinerario de fe,
en un proceso orgánico, único y diferenciado, al mismo tiempo.

Las convicciones que están detrás de este criterio son varias. En un mundo prácticamente
ateo, que busca una religión y moral subjetiva (cfr. E.N. y Relación Sínodo 1985) y que está
a la búsqueda de un nuevo sentido de la vida, la Iglesia no puede responder a las grandes
mayorías de bautizados y a la gente de buena voluntad, sino con una acción que privilegie
la evangelización, es decir, el anuncio del Evangelio y de la fe que ella tiene en el mismo.
Anuncio misionero porque en los países de tradición cristiana ya no existe "la cristiandad"
sino un "ateísmo práctico" y nuevas formas de paganismo, mientras la religiosidad popular
o ha sido vaciada de sentido o ha quedado en un estado inicial, sin evangelización.

Se dice "privilegiar" la evangelización en el sentido de que esta no excluye la administración


de los sacramentos sino que éstos deben realizarse de modo que sirvan a la
evangelización. Hay que recordar el principio teológico de Sto. Tomás: los sacramentos son
para el hombre y no viceversa. No es la práctica ni el cumplimiento del "deber" lo que, por sí
mismos, son salvíficos. La salvación depende de la caridad. Evangelizar significa afirmar:
 una visión de Iglesia que no es fin de sí misma, sino que es para el mundo (cfr. GS, cap.
2; Pablo VI, inauguración de la 2a fase del Concilio);
 una visión de la santidad y de la salvación que se centra en la caridad teologal, amor a
Dios y a los hombres, y, por lo mismo, en una visión moral centrada en el amor, en el
don de sí más que en el "deber"; una visión y actitud pastoral por la que los
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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

sacramentos, la Palabra y la misma organización de la fraternidad, en cuanto ritos y


organización, son relativizados, como medios para la evangelización;
 una actitud de apertura al "otro" y de diálogo en el respeto a la dignidad y libertad del
"otro" -persona, grupo, institución;
 una acción pastoral que no presupone que un cristiano lo es por ser bautizado, sino más
bien, que el ser bautizado es un punto de partida para un itinerario de fe, como
permanente discípulo de Cristo.

En un mundo en el que la gente está continuamente sometida a la presión de mensajes de


todo tipo, y no precisamente cristianos, es impensable que las iniciativas aisladas puedan
tener efectos continuados y estables. Incluso en relación con la religiosidad popular, las
iniciativas aisladas – misiones, congresos, peregrinaciones, etc. – podrán alimentar esa
religiosidad, pero no lograrán ni transformar el dinamismo secularizante que caracteriza al
mundo de hoy ni pesar en la vida de la gente. La vida ordinaria, fuera del momento
"significativo" quedará sumergida en un ambiente secularista-ateo.

Entender la evangelización como un itinerario de fe puede sugerir dos cosas. Entender ese
itinerario como itinerarios diversificados y paralelos, a medida de cada persona o grupo, o
entenderlo como un único itinerario dentro del cual se viven los itinerarios específicos. Este
es el criterio que aquí se asume. Y esto por una razón muy simple: la coherencia tanto con
la naturaleza de la Iglesia que, en cuanto tal, es peregrina, llamada a revelar y construir la
unidad salvífica universal; cuanto con el ideal propuesto de Iglesia particular en comunión,
orgánica y dinámica, hacia la unidad; y, en fin, porque vivimos en un mundo que camina
hacia la unidad mundial.

La Iglesia por su misma naturaleza debe evangelizar, ésta es su razón de ser en la historia
y debe hacerlo de acuerdo con las condiciones del tiempo.

De todo ello surgen las exigencias de conversión:


 de energías -de personas, de tiempo, de medios- puestas prevalentemente en la
sacramentalización pasar a colocarlas en la evangelización; de un estilo de vida
eclesiástico cerrado en "su mundo" a otro de diálogo, de ir en busca de la oveja
"perdida", que constituyen hoy las mayorías, incluso de bautizados;
 de una pastoral parcial o sectorial a otra global y comunitaria; de una acción esporádica
e inmediatista a otra planificada y a largo plazo; de una estática-repetitiva a otra
dinámica, creativa de procesos; de una conservadora a otra misionera;
 de una concepción pastoral de tipo sacral, cultual, del "templo" a otra de tipo servicial,
fraternal, de promoción de lo humano en orden al Reino de Dios; de una actitud
jerárquica de superioridad, de distancia entre ministros y pueblo, a otra de "hermanos
entre hermanos";
 de una mentalidad cuantitativa, que todo lo mide por cantidades, a otra cualitativa que
mira al crecimiento de las personas y sus relaciones; de una que juzga por lo exterior y
episódico (practicista) a otra que interpreta en la fe, que busca el signo de Dios presente
en cada persona y comunidad para servir a su crecimiento y desarrollo.

2. En relación con los destinatarios a los que llegar, el criterio pastoral general que
regula toda la acción es:

dirigirse y convocar siempre a todos


como comunidad humana y comunidad-Iglesia, una y diferenciada,
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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

en forma global, sistemática y progresiva.

Las convicciones que están detrás de este criterio son varias. En primer lugar en un mundo
que se ocupa principalmente del lucro y de lo útil, la Iglesia debe demostrar su capacidad
de gratuidad dirigiéndose a todas las personas no por la respuesta que dan sino por la
dignidad-vocación que ellas tienen a la comunión con Dios, aunque parezca que se pierde
tiempo y que la acción no da resultados. Además es un modo de decir la propia fe en la
persona y de respetar su capacidad y voluntad de respuesta sin discriminarla o
abandonarla en el momento en que no responde a lo que se le proponía o en el modo que
se esperaba. Es la fe en Dios que se hace fe en el hombre y en su vocación a la santidad,
sea bautizado o no. Esto vale especialmente para los "pobres", los "últimos", los
"pequeños" que no son el apéndice de la Iglesia sino el ámbito privilegiado de salvación.

En segundo lugar en un mundo que aísla, atomiza y hace del individualismo una bandera y
contra la tendencia egoísta innata en todo ser humano, la acción pastoral debe llegar a
todos pero no como a la suma de individualidades sino como "conjunto humano",
comunidad humana y cristiana. Comunidad que continuamente se convoca para que dé
una respuesta a Dios y a su Evangelio. Pero, convocar a todos como comunidad significa
querer poner a todos en un dinamismo de relación que, en el mutuo don de si, permita a
todos crecer como pueblo de Dios, como comunidad-Iglesia mientras cada uno crece como
persona. Y esto porque:
 la salvación no es un hecho individual sino al mismo tiempo personal y comunitario (cfr.
LG 9 y Cap. 5);
 la experiencia de salvación cristiana se vive en un grupo humano que vive las
dimensiones de la caridad en comunidad;
 el crecimiento espiritual de la persona no es independiente de la comunidad, ya que
todos crecen en la mutua relación del don de sí y de la fe recíprocos;
 la acción pastoral es válida en la medida en que "produce" una comunidad eclesial
madura.

Pero la comunidad no hay que entenderla como un pequeño grupo, cualquiera que sea el
don o carisma que lo reúne, sino como Iglesia y, concretamente, como Iglesia local. No se
trata de sustituir el individualismo de las personas por el de los grupos sino de "crear" o
edificar la Iglesia particular a partir de lo que es y en orden a su "deber ser". Dirigirse a la
comunidad, entendida como conjunto de los bautizados reunidos en nombre de Cristo y con
ella todos los hombres y mujeres de buena voluntad, es afirmar directa o indirectamente:
 la comunidad que Cristo ha generado con su muerte y resurrección, mediante el Espíritu,
no es otra que la misma Iglesia, fundada sobre los apóstoles y sus sucesores los
obispos;
 la salvación es comunitaria, pero en la comunidad "católica", es decir, que integra todas
las diferencias, y el bautismo injerta realmente al cristiano en esa comunidad que lo
acoge y le ayuda a madurar en su fe, junto con todos aquéllos que forman esa única
Iglesia de Cristo;
 la perfección cristiana y la santidad se participa, se vive y se desarrolla a partir de la
comunión de todos en un único Espíritu, mediante la caridad y en orden al crecimiento
del conjunto de esa comunidad que es la Iglesia misma;
 la acción pastoral es válida en tanto y en cuanto edifica la comunidad-Iglesia y no sólo
una comunidad parcial, peculiar o especial.

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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

En fin, llegar al conjunto como comunidad, en forma global, sistemática y progresiva es una
consecuencia inevitable. De hecho, la comunidad eclesial en su vida y misión constituye la
globalidad, no sólo de las personas y de las estructuras sino también de las dimensiones en
que la comunidad se realiza. Y los aspectos sistemático y progresivo para dirigirse a los
destinatarios son las condiciones para que el conjunto pueda realizar un itinerario de fe
como comunidad. Aspecto sistemático que se expresa en términos de estructuras de
comunicación y diálogo, de participación y corresponsabilidad, y en términos de
progresividad en cuanto al mensaje y a la conversión consecuente.

De todo ello surgen las exigencias de conversión:


 pasar de una pastoral elitista y sectorial a otra de conjunto, en la que los últimos, los que
no saben, no tienen y no pueden no sólo son tenidos en cuenta, sino que determinan el
lenguaje, el ritmo, el estilo de la comunidad;
 pasar de una mentalidad de "mi" comunidad, "mi" grupo, "mi" instituto, "mi" parroquia, a
otra de pueblo de Dios, de Iglesia local en comunión con la universal; de una
particularista a otra universal, de unidad en la diversidad;
 pasar de una mentalidad moralista, que mira al hombre bajo el punto de vista del
pecado, a otra de fe que cree en la dignidad divina de cada persona, a pesar de sus
infidelidades; pasar de una mentalidad que reduce la fe a los datos revelados a otra en
que la fe se vive como identificación con Cristo; pasar de una mentalidad que hace de la
caridad un "deber moral" de obediencia a Dios, a otra en la que la caridad es
intercomunicación del amor de Dios, principio, germen y dinamismo de la santidad
comunitaria;
 pasar de una concepción de la santidad entendida como rectitud personal frente a Dios a
otra en la que la santidad es ir a Dios junto con todos aquéllos con los cuáles Dios nos
ama, es decir, con el mundo; de una concepción intimista de la santidad a otra en la que
ser santos significa llevar consigo el mundo -el personal y el cósmico- hacia Dios; pasar
de una pretendida simplicidad, entendida como ausencia de complejidad, cosa que es
evasión y negación de la intrínseca complejidad del ser humano, a la única y posible
simplicidad del evangelio la de reducir la complejidad a la unidad de vida y de acción.

3. En relación con el sujeto pastoral que realiza la acción, el criterio pastoral general que
regula la acción es:
Todos los bautizados y personas de buena voluntad,
cada uno según su posibilidad,
según sus dones, carismas y ministerios,
son el sujeto de la evangelización.

Este criterio se basa sobre algunas convicciones, por otra parte bastante evidentes. En un
mundo que reconoce los "derechos humanos" a cada persona y, por otra, los niega
continuamente, la Iglesia debe reconocer esos derechos en su misma institución para
poderlos proclamar a otros.

Más aún, la Iglesia tiene el deber de reconocer a todos los bautizados tanto el derecho a
ser evangelizados cuanto el deber de anunciar el evangelio a todo el mundo. De lo contrario
no debe dar el bautismo. Pero, de hecho, la Iglesia da el bautismo a todos los que lo piden,
aún cuando sabe que es pedido sin la correspondiente conciencia de la fe en la mayoría de
los casos. Entonces, para ser coherente con su doctrina, ella está moralmente obligada a
crear todas las condiciones necesarias y favorables para dar a cada bautizado la posibilidad
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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

real de crecer en la fe y de desarrollar su virtualidad misionera. No reconocer a todo


bautizado esta condición de sujeto de la misión, aunque sea en grados diversos y según los
dones de cada uno, es una falta de fe en el Espíritu presente en su Iglesia y en la misma
humanidad. Detrás de esta convicción está la doctrina del "sensus fidei" del pueblo cristiano
(Cfr LG 12).

Y este derecho hay que reconocerlo a cada bautizado de acuerdo con sus posibilidades,
sean éstas mayores o menores, importantes o no, permanentes o transitorias. Todos deben
encontrar un lugar a su medida y también según sus dones, carismas y ministerios, es decir
según lo que el Espíritu concede a cada uno.

De este modo la Iglesia puede reconocer:


 la dignidad de los hijos de Dios;
 que los ministerios están al servicio del ministerio común a todos los bautizados de
evangelizar, de edificar la Iglesia; es decir, al servicio de una comunidad de servidores,
en la que los unos sirven a los otros y todos, como comunidad-Iglesia, sirven a la
sociedad;
 que la Iglesia en cuanto tal - y no sólo algunos miembros privilegiados - tienen la misión
de anunciar el evangelio y que a ésta unidad de misión está condicionada la credibilidad
del evangelio.

¿Una parte de la Iglesia, los así llamados "comprometidos", pueden arrogarse el derecho
de proclamar el evangelio en nombre de Cristo mientras de hecho discriminan su Cuerpo?
Se dice que la gente "no quiere", que es materialista, etc. ¿Pero cómo puede querer, si ella
de hecho no tiene canales ni de comunicación ni de participación para contribuir con su
aporte y poderse enriquecer con el de los otros? En realidad los agentes caen en un
sofisma farisaico.

Por lo mismo, la primera y radical conversión que este criterio exige es la del
reconocimiento en los hechos de que todos los bautizados son sujeto de la acción pastoral.
Por tanto, los agentes de pastoral deben ante todo crear los canales de comunicación y
participación para que todos los bautizados tengan palabra, aunque sea la del niño
balbuciente.

A esta primera conversión, que es un acto de fe en la presencia del Espíritu Santo, siguen
otras:
 pasar de una pastoral en manos de los "formados y comprometidos" a otra en manos de
todos, cada uno según el don recibido; de una pastoral de élites para el pueblo a otra de
pueblo con élites que lo revelan y lo ayudan a expresarse;
 pasar de una relación de "maestros-discípulos" a otra en la que todos son maestros
según el don, carisma y ministerio recibido y todos, al mismo tiempo, son discípulos del
único Espíritu presente en todos y que conduce a todos a la plenitud de la verdad;
 pasar de una relación de "poder" ante súbditos a otra de servicio a todos y entre todos
para crecer juntos en la armonía y en la paz, propia de los humildes; pasar de la
concepción de "dignidad", correlativa a la de poder, a otra de dignidad bautismal, la
única por la que somos dignos ante Dios;
 pasar del clericalismo, incluso del pueblo, que atribuye todo lo ministerial sólo al clero, a
la visión de pueblo de Dios todo él ministerial, como partícipe de la triple función de
Cristo: profética, sacerdotal y real.

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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

4. En relación con la pedagogía de la acción evangelizadora, el criterio fundamental y


general es:
utilizar en todo el método de concientización o de confrontación entre vida y Evangelio y,
por lo mismo, hay que "formar en la acción".

Este criterio expresa una convicción fundamental: es un criterio coherente con cuanto se ha
dicho hasta aquí. En efecto una pedagogía exclusivamente magisterial, deductiva,
demostrativa y racional no parece apta para transmitir valores en un mundo de imágenes,
de anuncios, de comunicación, de corrientes de opinión, las más diversas, y de las que la
Iglesia es una más. Sólo la confrontación sistemática, en términos de itinerario de fe, como
ya se dijo, puede crear una estructura mental de confrontación de la vida con el evangelio
que permita la objetivación cristiana y el comportamiento consecuente.

Sin querer entrar en la discusión sobre la formación teórica de los presbíteros y de otros
agentes pastorales, no hay duda de que todos los agentes de pastoral deben utilizar la
pedagogía de concientización. Esto implica el que ellos mismos entren en una mentalidad y
en un proceso de "formación en la acción". Sólo así no serán teóricos que pretenden en la
práctica conseguir lo que dicen, sin tener en cuenta la lógica de la transformación
progresiva de realidad, la lógica de la vida, de la experiencia humana. Esto exige capacitar
a los colaboradores para la acción inmediata, de modo que se sientan seguros del paso a
dar sin pretender necesariamente un bagaje doctrinal y pastoral previo. Al mismo tiempo,
ese bagaje se va dando en dosis pequeñas, en forma de justificaciones doctrinales y como
motivaciones espirituales.

Esto que los teóricos podrían considerar como una falta de seriedad, se convierte, sin
embargo, en una respuesta positiva y seria a muchísima gente dispuesta a colaborar y a
asumir responsabilidades en la Iglesia, pero que no está en condiciones objetivas para
hacer cursos de diverso tipo. Además para los pobres que no saben mucho más que leer y
escribir e incluso para los analfabetos es la única solución que les permite participar
activamente y asumir responsabilidades en la Iglesia.
Hay que tener en cuenta que este tipo de formación en la acción, está dentro de un proceso
catecumenal, por el cual todas las motivaciones teológicas y espirituales, que se ofrecen a
los colaboradores, responden a una lógica educativa de la fe que les permite vivir con
mayor profundidad el camino común a todo el pueblo en general y el específico de cada
campo de acción. El resultado, después unos de años, será que los nuevos ministros
tendrán un bagaje cultural teórico-práctico que nace de la vida de la comunidad eclesial y
está al servicio de ella. Además sólo con la aplicación de este criterio es posible hacer
surgir los ministerios y sus ministros desde la interioridad misma de una comunidad.

Es en esta opción donde:


 la jerarquía sirve a la Palabra de la que no es dueña,
 el ministerio episcopal y presbiteral se hace servicio para que todos se dejen transformar
por la Palabra y sean cada vez más auténticos, empezando por ellos mismos;
 se afirma la relatividad de las fórmulas doctrinales (que no hay que confundir con la
verdad en ellas contenidas), en relación con la vida y misión, con los valores
evangélicos, que todos están llamados a vivir;
 se afirma que la primacía, en orden a la salvación, no está en la verdad-conocida, sino
en la verdad-vivida. Esta exige aquélla y no viceversa;

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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

 se afirma realmente la primacía de la conversión y, por lo mismo, de la espiritualidad,


sobre la cultura intelectual y muchas veces racionalista.

Esto es posible porque cualquier método de concientización comprende: alguna forma de


observación de la realidad, de iluminación doctrinal, de confrontación y compromiso
concreto. Sea el método de “ver, juzgar y actuar”; el método de discernimiento (problema,
evaluación, elección); el método de los signos de los tiempos ya dicho (situación,
iluminación, confrontación-conversión y compromiso ideal y concreto). Todos están or-
denados a la conversión a partir de la vida y para la vida.

Cuando se dice "utilizar en todo" este método se refiere a las homilías, a los encuentros de
formación, de catequesis pre-sacramental, de reuniones de grupos o de pequeñas
comunidades, etc. porque el mismo proyecto, como quedó claro en la primera parte, se
basa sobre los signos de los tiempos o lectura en la fe de la situación histórica que nos toca
vivir.
De aquí algunas exigencias de conversión consecuente:
 pasar de una pastoral de adoctrinamiento a otra de discernimiento en el Espíritu; de una
fe doctrinal a otra experiencial; de una lógica de principios y deductiva a otra dialéctica y
al mismo tiempo dialogal;
 pasar de una Iglesia que cree poseer toda la verdad, definitivamente expresada en sus
conceptos (verdad = ideología), a otra que, teniendo conciencia de poseer a Cristo-
verdad, está en búsqueda constante de su significado "aquí y ahora" para su vida y
misión;
 pasar de una concepción de Iglesia santa que tiene pecadores, a otra en la que es la
misma Iglesia en su visibilidad histórica la que debe reformarse, convertirse siempre,
para que en ella brille cada vez más el rostro de Cristo;
 pasar de una Iglesia que parece recibir la iluminación directamente de Dios, a otra que
reconoce al Señor que habla en la historia y sólo en la historia, y por lo mismo, está
abierta a escuchar las múltiples voces del Espíritu que le habla incluso por quienes
aparecen como enemigos;
 pasar de una formación más bien teórica en función de sí misma, con el peligro de
convertirse en racionalista, a otra que es desde la vida de una comunidad y en función
de la vida y crecimiento de esa misma comunidad.
 pasar de una concepción por la que la formación de los ministros debe producir
"maestros" a otra en la que lo determinante es la formación de "pastores".

5. El último criterio general se refiere a las estructuras organizativas que permiten el


cumplimiento de los criterios precedentes. Lo podemos formular:
Las estructuras de la Iglesia local deben ser comunitarias, es decir, que ponen a todos los
bautizados en condiciones reales de participación, de diálogo y de corresponsabilidad;
además, deben ser orgánicas y formales.

Convicciones: sin estas estructuras no se pueden aplicar los criterios ya dichos. Las
estructuras deben ser participativas y dialogales tanto para que todos los bautizados
puedan ser sujeto de la acción pastoral, como para llegar a todos e integrarlos en un
proceso evangelizador. Además, deben ser orgánicas para que todo el cuerpo social pueda
caminar ordenadamente todo él hacia su crecimiento como Cuerpo de Cristo. En fin, deben
ser formales, es decir, estructuras jurídicamente instituidas para que no quede todo dejado
a la espontaneidad que, de todos modos, siempre tendrá su parte.
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Procesos Pastorales – 2016 – Doc. 20

Esto implica el que todos los bautizados vivan en razón del bien común universal, capaces
de subordinar lo que son y lo que tienen al mayor bien de la comunidad-Iglesia. Supone
concebir la autoridad, la ley y la disciplina como mediaciones instrumentales necesarias a la
misma caridad para edificar la unidad. Supone concebir y usar las estructuras organizativas
como exigencia, expresión y servicio a la caridad que crea comunidad.

Esto ya incluye una serie de conversiones:


 pasar del rechazo más o menos consciente de las estructuras a la aceptación consciente
de su necesidad como condición indispensable para expresar el Espíritu;
 pasar de una visión y práctica de Iglesia verticalista, de subordinación legal y
administrativa a otra de libertad en el Espíritu, para hacer don de sí en pro de la
realización de la Iglesia particular y universal;
 pasar de una estructura organizativa a base sólo de los lideres a otra que integre hasta
al último de los bautizados;
 pasar de la concentración del poder en una persona o un grupo de personas a la
distribución del mayor número de responsabilidades al mayor número de personas.

Conclusión. Estos cinco criterios son generales porque abarcan la globalidad de la vida y
acción de la Iglesia particular como cuerpo social. A ellos seguirán otros específicos,
propios de cada campo de acción pastoral.

Aplicar estos criterios, ponerlos en práctica, es producir una revolución porque exigen
rehacer la Iglesia desde la base, desde los pobres, esa mayoría de bautizados que no
cuentan en la Iglesia y que normalmente coinciden con los pobres en términos económicos,
culturales y políticos. Es también poner a la Iglesia en estado de conversión y renovación
permanentes, que vive en este mundo como "peregrina y extranjera" en camino hacia la
patria definitiva.

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