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Canon

1) El canon de las Escrituras se refiere a la lista de libros que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, ha reconocido como inspirados por Dios y que propone a los creyentes. 2) El término "canon" proviene del griego y significa "regla" o "norma", refiriéndose a los libros inspirados que establecen la norma de fe. 3) Existe divergencia entre católicos y protestantes sobre qué libros forman parte del canon, especialmente los denominados deuterocan

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1) El canon de las Escrituras se refiere a la lista de libros que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, ha reconocido como inspirados por Dios y que propone a los creyentes. 2) El término "canon" proviene del griego y significa "regla" o "norma", refiriéndose a los libros inspirados que establecen la norma de fe. 3) Existe divergencia entre católicos y protestantes sobre qué libros forman parte del canon, especialmente los denominados deuterocan

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CANON 
VocTEO
 
Por canon de las sagradas Escrituras se entiende la lista concreta
de los libros en que la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, ha
reconocido las huellas de Dios y del mismo Espíritu: libros que
propone al pueblo creyente para que conozca el proyecto de Dios
en favor de la humanidad y lo realice.
La palabra, del griego kanon, tiene  el significado fundamental
de «regla» «vara» (como unidad de medida, usado
especialmente por los leñadores y albañiles), «metro», «norma».
En general, canon en el contexto teológico tiene el significado
sublime y amplio de todo lo que implica el seguimiento de Cristo,
así como la verdad vinculante tal como la anuncia la Iglesia: «la
regla de la fe" o «regla de la verdad». Este concepto se aplica
particularmente a la «regla» por la cual es posible señalar
aquellos libros que han de considerarse normativos para la fe.
Dando un nuevo paso -ya en el s. IV-, el término canon llega a
indicar la lista normativa de los libros del Antiguo y del Nuevo
Testamento que tienen una característica especial: ¡están
inspirados! (cf, el concilio de  Laodicea, por el 360: « En la
asamblea no deben recitarse salmos privados o libros no
canónicos, sino solamente los libros canónicos del Nuevo y
Antiguo Testamento» (can. 59: EB 1 en el can. 60 está la lista
de los mismos: EB 12s).
Para este uso del «canon» fue decisivo  el concepto de norma,
implícito en el término, o sea, el contenido objetivo de los libros
inspirados como « norma de la verdad cristiana». Los libros
inspirados, esto es, escritos bajo la inspiración del Espíritu
Santo, son llamados libros canónicos, ya que los conoce como
tales la Iglesia, proponiéndolos como norma de fe y de vida, El
hecho de que en la Iglesia se indicase la existencia de una
norma semejante significa que desde los primeros siglos existía
un principio de autoridad. Esta constatación da lugar a vivas
discusiones en el mundo protestante. El canon del Antiguo
Testamento se fue formando y reconociendo por etapas
sucesivas. Hay - una divergencia de opiniones a la hora de
admitir o rechazar como canónicos algunos libros tanto del
Antiguo como del Nuevo Testamento. Después del concilio de
Trento, Sixto de Siena (t 1569), para indicar los libros no
acogidos por los reformadores en su canon, introdujo en el
lenguaje teológico católico la terminología poco afortunada, pero
todavía usual, de protocanónicos y deuterocanónicos,
expresiones que - podrían hacer pensar que hay libros que
entraron en el canon desde el primer momento y otros que no
entraron hasta más tarde, Entre los autores cristianos griegos se
usaba una terminología más apropiada: llamaban
homologoumenoi (es decir, reconocidos unánimemente) a los
escritos llamados "protocanónicos", antilegomenoi (es decir,
contrastado o amphiballomenoi (o sea, discutidosl a los llamados
«deuterocanónicos".
Los deuterocanónicos son siete para  el Antiguo Testamento y
otros siete para el Nuevo. Para el Antiguo Testamento, además
de algunas secciones escritos en griego en los libros de Daniel
(Dn 13-14) y de Ester (Est 10,416.24): Tob, Jdt, i y 2 Mac, Bar Y
epístola de Jr (= Bar 6), Ecclo, Sab. Para el Nuevo Testamento:
Heb, Sant, 2 Pe, 2 y 3 Jn, Jds, Ap. El canon de los judíos excluYe
del Antiguo Testamento a los deutérocanónicos que acabamos de
señalar. De todas formas, también estos libros fueron tenidos en
gran consideración. Sólo poco a poco, también los judíos fueron
precisando su canon (prácticamente a finales del s. 1 de nuestra
era se consideraban como sagrados 22 ó 24 libros), que quedó
fijado definitiva y rígidamente tan sólo a finales del s. II o
comienzos del III. Entre tanto habían circulado otros cánones: el
llamada «alejandrino» era más abierto y el «palestinense» más
rígido, El cristianismo naciente había adoplado ya el canon más
amplio, en la versión de los Setenta. También como reacción
contra este hecho, el judaísmo limitó el canon del Antiguo
Testamento a los libros más antiguos y sólo a los que de hecho
circulaban entonces en la lengua original hebrea o aramea, La
primera lista ortodoxa de los libros del Nuevo Testamento es el
fragmento de un canon de la Escritura, redactado en latín en la
segunda mitad del s. 11, descubierto en Milán y publicado en
1740, conocido como «canon rnuratoriano", que omite sin
embargo  cinco cartas del canon actual. Probablemente presenta
el canon de la Iglesia de Roma.
La canonicidad de algunos libros  del Nuevo Testamento sólo
llegó a establecerse después de muchos titubeos. En la Iglesia
occidental no se estableció hasta el 380-390, mientras que en la
oriental, dado que todavía seguía discutiéndose sobre el estatuto
del libro del Apocalipsis, no llegó a establecerse hasta finales del
s. Vll. San Atanasio presenta el primer canon completo del
Nuevo Testamento el año 367 Algunos católicos, entre ellos
Erasmo de Rotterdam, lanzaron sospechas Do sólo sobre la
canonicidad, sino también sobre la autenticidad de algunos libros
de la Biblia. Además, los reformadores del s. XVI optaron por el
canon de los hebreos, llamando «apócrifos» a los
deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Lutero Y otros
reformadores alemanes rechazaron Sant, Jds, Heb y Ap. Esto
hizo necesario que la Iglesia se pronunciara dogmáticamente
sobre el canon. Lo hizo en 1546 en el concilio de Trento, que
exigía la misma referencia para con todos los cuarenta y cinco
libros del Antiguo Testamento y los veintisiete libros del Nuevo
Testamento, por el hecho de que Dios es su autor (cf. DS 1501-
1505 y también 3029).
Las otras Iglesias reformadas no pusieron en discusión el canon
del Nuevo Testamento, y en el s. XVll los mismos luteranos
volvieron al canon tradicional del Nuevo Testamento. Todavía
hoy los deuterocanónicos del Nuevo Testamento son comentados
generalmente junto con los protocanónicos y en el orden
tradicional: los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, por el
contrario, no han recobrado aún su autoridad.
El reconocimiento de la canonicidad de los libros sagrados por
parte de la Iglesia es un problema de tipo teológico, que se
refiere al cuándo y al cómo de la revelación de esta verdad a la
comunidad creyente. Si esta revelación se le concedió mientras
vivía aún alguno de los apóstoles, aunque de una forma muy
implícita, como parece que debería ser, o si sólo se le reveló más
tarde. Este tema puede ser estudiado . también desde el punto
de vista del desarrollo del dogma.
En estos últimos decenios el tema  ha sido estudiado por los
teólogos (Geiselm~nn, Grelot, Rahner, Lengsfeld, Congar) en
busca de una solución convivente. Ha sido el Magisterio de la
Iglesia el que nos ha dado a conocer el origen inspirado, es
decir, divino de la sagrada Escritura, y el que nos dice además
que afirma esto mismo por revelación divina.
En el reconocimiento definitivo del  canon por parte de la Iglesia,
han tenido ciertamente un lugar importante algunos criterios
objetivos a propósito de los libros: su conformidad con la «regla
de la fe", su origen o su aprobación apostólica y su destino a una
Iglesia oficial y el uso litúrgico que de ellos se hace. Pero no
parece que estos criterios sean suficientes para esta definición.
Hay que referir más bien el discurso al ámbito de la Tradición.
El mismo Espíritu Santo que inspiró a los apóstoles y a los
autores sagrados sigue actuando en la Iglesia de todos los
tiempos con sus carismas funcionales, especialmente con los que
guardan relación con las funciones de enseñanza y de autoridad.
Sigue entonces asistiendo a la Iglesia para que ella conserve
fielmente el depósito apostólico en su integridad.
Por este título y por este medio es  como la Iglesia de todos los
siglos puede reconocer en su tradición viviente los libros que la
ponen en contacto directo con la tradición apostólica. Lo mismo
que en los otros terrenos, su Magisterio goza de infalibilidad sólo
para conservar (no para modificar o ampliar) el dato original.
Supone una clara toma de posición por parte de la Iglesia el
hecho de haber declarado canónicos a los libros que lo son y
apócrifos a los demás. La definición canon constituve el primer
(en sentido «lógico», no cronológico) acto solemne del
Magisterio de la Iglesia posapostólica respecto al depósito de la
revelación, que ella tiene la misión de conservar y - de guardar
para proclamarla a los hombres de todos los tiempos.
«Conservar» significa, en primer lugar  saber señalar los límites
exactos del depósito sagrado, no va disminuirlo, ampliarlo o
modificarÍo: en esto consiste lo «específico» de la definición del
canon de la Biblia.
Es conveniente hacer además una  breve referencia al problema
del llamado «canon en el canon». La reflexión parte de la
extensión exacta del canon tanto del Antiguo Testamento como
del Nuevo, tal como la ven los cató1icos y los protestantes. Una
vez definidas sus posiciones, digamos que hoy se están
acercando, al menos en lo que se refiere a los «
deuterocanónicos" del Nuevo Testamento.
En las Biblias protestantes de hov  no solamente figuran todos
los libros deuterocan6nicos, sino que aparecen en el orden
tradicional, en contra de lo que había hecho Lutero. Lutero,
anticipándose a la discusión actual del "canon en el canon",
había clasificado los libros del Nuevo Testamento según su
importancia; les atribuía un papel secundario a Hebreos,
Santiago, Judas y Apocalipsis, colocándolos al final de su
versión, después de los otros libros a los que consideraba como
«los verdaderos, los seguros y los más importantes del Nuevo
Testamento" No constituve ningún problema afirmar que algunos
libros de la Biblia tienen un valor mavor que otros. La DV (n. 18)
subraya el testimonio especial que representan los evangelio, y
la UR (n. 1 1) se refiere a una jerarquía en las verdades de la
doctrina católica. Pero esto no significa que haya que introducir
una distinción en el canon bíblico, como si hubiera libros
inspirados y libros no inspirados, o bien libros más inspirados y
libros menos inspirados.
Algunos autores protestantes alemanes (Bultmann, Kasemann,
Konzelmann, Braun y Marxsen) han planteado un problema
nuevo, con grandes repercusiones en el diálogo ecuménico. Si es
verdad que el Nuevo Testamento nace de la Tradición y pone por
escrito una Tradición dinámica y progresiva, entonces se pueden
distinguir en el Nuevo Testamento varias tradiciones, en algunas
de las cuales - especialmente en las que transcriben los libros
más recientes- están ya presentes los rasgos típicos del
catolicismo (etapas iniciales del sacramentalismo, de la
jerarquía, de los ministros ordenados, del dogma, en una
palabra, las características bien conocidas del cristianismo
católico) que ellos -utilizando la expresión de Harnack- llaman
Frunkatolizismus (ProtocatolicismoJ. Mientras que Harnack
pensaba que los elementos del protocatolicismo se debían a la
llamada «degeneración católica" en el s. II, cuando se consumó
lo que él llama  «pecado original" de fusión entre el helenismo y
el cristianismo, los mencionados exegetas protestantes piensan
que esos elementos se encuentran va en los libros
deuterocanónicos del Nuevo Testamento. Estos autores piensan
que donde aparecen en los libros o en las secciones del Nuevo
Testamento: 1) el paso del carisma a la instituci6n; 2) la
disminución de la tensi6n escato1ógica; 3) la evoluci6n en la
presentaci6n de la moral, allí hay que hablar de una penetración
espurea del «protocatolicismo"  y por tanto de una
contaminación del Evangelio puro, con nuevas y graves
consecuencias para el problema del canon. El actual Nuevo
Testamento es demasiado amplio y ~ contiene elementos
impuros: habría que reducirlo para recobrar, dentro del canon
actual y - tradicional, la pureza del Evangelio. Como era de
prever, desde Lutero hasta cada uno de estos autores, los
criterios para señalar el "centro del Nuevo Testamento, el
Evangelio puro" son muy diferentes, y cada uno hace su opción a
partir del propio principio teológico arquitectónico. De esta
manera, los que habían partido con la afirmación del principio de
la sola Scriptura han llegado a una sola pars Scripturae. La
actitud católica intenta mantenerse abierta y libre a todo el
Nuevo Testamento. He aquí entonces el dilema que se impone al
protestantismo de hov - : o aceptar todo el Nuevo Testamento y
acoger -renegando de la Reforma- los elementos típicos del
«proto-catolicismo" que están presentes allí, o bien permanecer
fieles a la Reforma protestante y - optar por un "canon en el
canon".
 Gf Coffele
 
 Bibl.: J M. Sánchez Caro, El canon de la Biblia, en
Introducción al estudio de la Biblia 11 Biblia y Palabra de
Dios, Verbo Divino, Estella 4l~95, 61-135; P. Neuenzeit, El
canon bíblico y su historia, en SM, 1. 636-645,

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