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Este documento analiza los discursos en torno al trabajo sexual virtual a través de la plataforma OnlyFans. Existen dos tipos principales de discursos: uno negativo promovido por sectores religiosos y feministas abolicionistas, y otro positivo impulsado por la industria pornográfica. Sin embargo, ambos discursos tienen consecuencias adversas para las trabajadoras sexuales virtuales. Por ello, se propone un discurso ambivalente basado en los derechos de estas trabajadoras, con el fin de desestigmatizarlas y
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Este documento analiza los discursos en torno al trabajo sexual virtual a través de la plataforma OnlyFans. Existen dos tipos principales de discursos: uno negativo promovido por sectores religiosos y feministas abolicionistas, y otro positivo impulsado por la industria pornográfica. Sin embargo, ambos discursos tienen consecuencias adversas para las trabajadoras sexuales virtuales. Por ello, se propone un discurso ambivalente basado en los derechos de estas trabajadoras, con el fin de desestigmatizarlas y
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Accelerat ing t he world's research.

Putas virtuales. Producción discursiva


sobre el trabajo sexual en la era
pandémica-virtual: el caso de
OnlyFans
Cinthia Nallely Gamboa Luna
Trabajo de Fin de Máster. Universidad Carlos III de Madrid

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Emmanuel T heumer
Máster Universitario en Teoría y Crítica de la Cultura
2020-2021

Trabajo Fin de Máster

“PUTAS VIRTUALES.
Producción discursiva sobre el trabajo sexual en la
era pandémica-virtual: el caso de OnlyFans”

Cinthia Nallely Gamboa Luna

Tutora
Carmen González Marín
Septiembre, 2021
II
RESUMEN

Los discursos alrededor del trabajo sexual virtual tienden a ser dicotómicos y opuestos. Por una
lado se tiene una producción discursiva negativa, la cual es principalmente enarbolada por la
derecha religiosa y por feministas abolicionistas; y por el otro lado se encuentra una producción
discursiva positiva que es impulsada, sobre todo, por la industria de la pornografía. Sin
embargo, estos discursos se materializan en consecuencias adversas para las trabajadoras
sexuales virtuales. Es por ello que, para tener una visión amplia que no homogenice las
experiencias de las trabajadoras, propongo un discurso ambivalente basado en una práctica pro-
derechos del comercio sexual virtual.

De este modo, el objetivo de este trabajo pretende analizar los efectos de la producción
discursiva negativa, positiva y ambivalente sobre el trabajo sexual virtual en las trabajadoras
sexuales (mujeres y disidencias sexuales) que usan OnlyFans, con el fin de desestigmatizarlas
y redignificarlas. Al mismo tiempo, se busca demostrar que el discurso abolicionista sigue
reproduciendo las lógicas coloniales y afecta negativamente a las trabajadoras sexuales
virtuales, marginándolas y excluyéndolas social y económicamente.

Palabras clave

Trabajo sexual virtual; Producción discursiva; OnlyFans; Virtualidad; Feminismo


abolicionista; Colonialidad del Poder.

III
DEDICATORIA

A quienes lo sabían y me brindaron un espacio amoroso y seguro.

IV
V
ÍNDICE DE CONTENIDOS

Introducción ______________________________________________________________ 1
Capítulo 1. OnlyFans: la triada imágenes, sexualidad y virtualidad que dan vida al trabajo
sexual virtual ______________________________________________________________ 4
Breve esbozo histórico sobre el trabajo sexual _______________________________________ 5
Trabajo sexual virtual ___________________________________________________________ 9
La triada sexualidad-imágenes-virtualidad ________________________________________ 16
Sexualidad __________________________________________________________________________ 16
Imágenes-Trabajo ____________________________________________________________________ 19
Virtualidad __________________________________________________________________________ 22
El espacio de la triada: OnlyFans ________________________________________________ 26
Capítulo 2. Mujeres buenas y mujeres malas: la puta como la otra cultural del feminismo
abolicionista _____________________________________________________________ 30
Colonialidad de poder y producción del discurso ___________________________________ 31
Producción discursiva estigmatizante _____________________________________________ 37
La puta como la otra cultural del feminismo ________________________________________________ 37
Los discursos abolicionistas: la estigmatización _____________________________________________ 40
Consecuencias y efectos del estigma hacia el trabajo sexual virtual _____________________________ 48
Capítulo 3. Porno fuera de los márgenes: una visión amplia sobre el trabajo sexual virtual
________________________________________________________________________ 54
Producción discursiva positiva ___________________________________________________ 55
Beneficios, consecuencias y contradicciones _______________________________________________ 63
Producción discursiva ambivalente: vías para una práctica basada en derechos _________ 66
Desmitificando a las putas virtuales: algunos datos a considerar ______________________ 70
Conclusiones _____________________________________________________________ 77
Bibliografía ______________________________________________________________ 82
Anexos __________________________________________________________________ 85

VI
VII
ÍNDICE DE FIGURAS

Figura 1. Origen étnico o racial de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.... 71
Figura 2. Motivos de las trabajadoras sexuales virtuales para comenzar a usar OnlyFans. .... 72
Figura 3. Clase económica a la que pertenecen las trabajadoras sexuales virtuales que usan
OnlyFans. ................................................................................................................................. 73
Figura 4. Principales actores sociales que reproducen discursos negativos sobre el trabajo
sexual virtual. ........................................................................................................................... 75

VIII
IX
ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1. Principales nichos temáticos del material producido por el trabajo sexual virtual .... 11
Tabla 2. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual presencial. ........................... 12
Tabla 3. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual virtual, a través de plataformas
de patrocinio............................................................................................................................. 12
Tabla 4. Nacionalidad de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans. ................. 72

X
Introducción

El trabajo sexual ha existido desde hace siglos y, como toda actividad social, se ha adaptado a
los cambios históricos de la humanidad. Desde la segunda mitad del siglo XX, la conjunción
entre imágenes y sexualidad permitió que la industria del sexo diera un giro rotundo, gracias al
uso de las cámaras fotográficas y de video, con lo que la industria pornográfica floreció, siendo
ahora una de las industrias más grandes del planeta. La era digital de fines del siglo pasado
transformó nuevamente al trabajo sexual al integrarlo a la virtualidad. De este modo, se
completó la triada sexualidad-imágenes-virtualidad para dar paso al trabajo sexual virtual y a
una era donde los intermediarios son plataformas digitales de suscripción mensual como lo es
el caso de OnlyFans.

Sin embargo, a pesar de los cambios y transformaciones en el trabajo sexual, existe una
producción discursiva y de poder que sigue estigmatizando a quienes viven de esta industria,
sobre todo a las mujeres y disidencias sexuales. Hablar de trabajo sexual virtual conlleva, por
lo tanto, tres aristas: el trabajo (enfocándome en las imágenes y el placer como el producto de
dicho trabajo), la sexualidad (cuya producción discursiva por sí sola es enorme, pero haciendo
énfasis en las prácticas sexuales) y la virtualidad (enfatizando en la frontera difusa entre los
ámbitos público y privado de este espacio). Lo anterior surge como un ejercicio que se apoya
en el post-estructuralismo, especialmente en lo propuesto por Michel Foucault (1998) en
Historia de la sexualidad I, quien elabora una genealogía de la sexualidad desde la producción
discursiva, la producción de poder y la producción de saber.

Partiendo de la primera premisa de Foucault (la producción discursiva), planteo que el estigma
en torno al trabajo sexual virtual se mantiene, a pesar de que los argumentos han cambiado,
integrándose a nuevas epistemologías y sectores (como a la academia feminista radical y
abolicionista). En esta investigación es importante abordar la producción discursiva en torno
al trabajo sexual virtual, porque las consecuencias que conllevan afectan directamente a las
mujeres que lo ejercen, así como a su entorno inmediato (como las personas que dependen de
sus cuidados), las forma en que son percibidas socialmente y las exclusiones que conlleva el
estigma de su profesión.

La producción discursiva hegemónica sobre este tema ha centrado toda su atención en la


sexualidad, dejando de lado el ámbito laboral y la modalidad virtual, reproduciendo discursos

1
a partir de las divisiones sexo-genéricas y concepciones coloniales sobre esta profesión. De
este modo, hay un traslado de la producción discursiva negativa sobre el trabajo sexual
presencial al trabajo sexual virtual, pese a que no son iguales ni tienen las mismas
consecuencias. Esta producción discursiva hegemónica, impulsada por el feminismo
abolicionista, está cimentada en la colonialidad del género y reproduce estereotipos sexuales y
estigmas sobre las mujeres que ejercen esta profesión, (a pesar de que el trabajo sexual virtual
no es exclusivo de una categoría social o racial) teniendo efectos morales, psicológicos,
sociales, laborales y familiares negativos. Además, se desestiman las posibles ventajas del uso
de plataformas virtuales como OnlyFans en periodos de recesión económica y desempleo
estructural, como el presentado en 2020 causado por la pandemia de COVID-19.
Conjuntamente, se evita hablar de los derechos laborales de las putas virtuales, dejándolas en
un vacío legal que está a merced de los supuestos y valores sociales o, en el mejor de los casos,
con un estrecho margen jurídico a su favor.

En contraparte a la producción discursiva negativa se encuentra la producción discursiva


positiva, enarbolada principalmente por las grandes compañías de la industria pornográfica.
Sin embargo, este discurso puede contribuir a los efectos negativos que viven las trabajadoras.
Es por ello que ofrezco una hipótesis que enfatiza en la importancia de una producción
discursiva ambivalente, es decir, una forma que se sitúa dentro de la escala de grises del trabajo
sexual virtual y que no homogeniza las experiencias de quienes ejercen este oficio. Este
discurso ambivalente permitiría crear, al mismo tiempo, una práctica basada en derechos que
brinde seguridad y protección a las trabajadoras sexuales virtuales.

De este modo, el objetivo de este trabajo pretende analizar los efectos de la producción
discursiva negativa, positiva y ambivalente sobre el trabajo sexual virtual en las trabajadoras
sexuales (mujeres y disidencias sexuales), con el fin de desestigmatizarlas y redignificarlas. Al
mismo tiempo, se busca demostrar que el discurso abolicionista sigue reproduciendo las lógicas
coloniales y afecta negativamente a las trabajadoras sexuales virtuales, marginándolas y
excluyéndolas social y económicamente.

La metodología empleada es de carácter mixto y la investigación es descriptiva y exploratoria.


Las técnicas de recolección de información y datos se darán a partir de la documentación
teórica y de fuentes primarias. Asimismo, aplicaré una encuesta a trabajadoras sexuales
virtuales, con la cual se podrán explorar datos generales sobre las trabajadoras que eliminen

2
estereotipos y prejuicios, así como los efectos de la producción discursiva negativa que viven
estas mujeres y personas no binarias.

Si bien, entiendo que el tema es problemático, sobre todo por quienes instrumentalizan las
vivencias de las trabajadoras sexuales (cuyas opiniones no son tomadas en cuenta en muchas
ocasiones), mi aproximación es tanto afectiva como académica, fungiendo yo misma como
observadora y sujeta de estudio al mismo tiempo.

De este modo, el primer capítulo será una introducción descriptiva y teórica al tema. Se
abordará una breve historia del trabajo sexual, diferenciándolo del trabajo sexual virtual.
También se analizarán los tres elementos componentes de la triada de este oficio: la sexualidad,
las imágenes producto del trabajo y la virtualidad. Por último, se explicará qué es OnlyFans y
la trayectoria que ha seguido desde su fundación.

El segundo capítulo se introducirá hablando de las formas de producción discursiva sobre el


trabajo sexual elaboradas por Juno Mac y Molly Smith (2020): negativa y positiva, añadiendo
la propuesta ambivalente. Sin embargo, en este capítulo me enfocaré en la primera forma, la
negativa o estigmatizante. Partiendo del estudio que elabora Chandra Mohanty en Bajo los ojos
de Occidente (2008), hablaré de cómo el discurso abolicionista, a través de prácticas
etnocentristas, civilizatorias, (Oyewumi, 2017) y coloniales (Lugones, 2008) colocan a las
putas virtuales en una posición inferior de acuerdo con sus estándares epistémicos, robándoles
su capacidad de agencia y, al mismo tiempo, reproduciendo una lógica estigmatizante y
marginalizante de su trabajo. Además, se evidenciarán las consecuencias y efectos de la
proliferación de estos discursos en las trabajadoras sexuales virtuales y sus familias.

Por último, el tercer capítulo iniciará discutiendo las ventajas y desventajas de la producción
discursiva positiva del trabajo sexual virtual. Posteriormente, se presentará la propuesta de este
trabajo, es decir, la producción discursiva ambivalente, permitiendo así encontrar los
fundamentos para una práctica que beneficie y proteja a las trabajadoras. Cerraré el capítulo
con algunos datos a considerar sobre el trabajo en OnlyFans a partir de lo recabado en una
encuesta aplicada anónima y voluntariamente a trabajadoras sexuales virtuales.

3
Capítulo 1. OnlyFans: la triada imágenes, sexualidad y
virtualidad que dan vida al trabajo sexual virtual

¿Quiénes son las prostitutas? Las ideas parecen dar bandazos


entre estereotipos contradictorios, algo que quizás no
sorprenda tratándose de un grupo del que se habla más de
oídas que por experiencia. De la misma manera que muchas
migrantes son consideradas unas vagas gorronas mientras que,
a la vez, de alguna manera, se las apañan para robar los
empleos de la “gente decente”, a las trabajadoras sexuales se
les ve simultáneamente como víctimas y cómplices, a la vez
sexualmente voraces y doncellas indefensas.
-Juno Mac y Molly Smith.

4
Existe una imagen estereotipada sobre las trabajadoras sexuales que salta a nuestro imaginario
cada que se les menciona: una mujer de mediana edad a mitad de la noche está parada en una
esquina, a pesar del frío lleva puesto un vestido corto, tacones altos y exceso de maquillaje en
donde resalta el labial rojo; del otro lado de la calle un hombre en un auto estacionado vigila
cada paso de la mujer. Esa imagen se repite una y otra vez en nuestras mentes cuando hablamos
de las trabajadoras sexuales y esta misma idea estereotipada es una de las bases materiales para
la argumentación sobre ellas, sin embargo, esto no toma en cuenta la voz de las trabajadoras
(por lo que hablan de ellas sin preguntarles, asumiendo múltiples posibilidades) y deja de lado
las diferentes modalidades en que se presenta el trabajo sexual (cam girls, escorts, putas
virtuales, damas de compañía, etc.).

Para poder despejar algunos estereotipos o mitos, este primer capítulo se dedica a aclarar
algunos conceptos como trabajo sexual y trabajo sexual virtual (incluyendo sus similitudes y
diferencias), asimismo abordo los elementos teóricos fundamentales para poder entender a este
oficio virtual a partir del análisis de sus elementos constitutivos: la sexualidad, el trabajo (que
producen imágenes) y la virtualidad. En la última parte, describo la función e historia de
OnlyFans, la plataforma de patrocinio en la que se aboca este trabajo.

Breve esbozo histórico sobre el trabajo sexual


El trabajo sexual ha tenido diversos nombres a lo largo del tiempo, acompañando al concepto
existe todo un corpus cultural que le brinda valores y nociones socialmente jerarquizadas, por
ejemplo, en la cultura hispanohablante la “puta” es la forma denigrante de referirse a las
mujeres que viven de una sexualidad plena o que comercian con el placer sexual, teniendo una
carga peyorativa, denigrante e indignante. Cuando queremos insultar a alguien le decimos “hijo
de puta” o cuando nos molestamos gritamos al cielo “puta madre”. La puta está en boca de
todo el mundo, pero nadie quiere serlo. Las putas no son trabajadoras, son “pobrecitas”, son
“mujeres que no saben lo que quieren”, están “confundidas”, seguramente “son unas
desviadas” o son unas “proxenetas”.

Es por ello que utilizar el término trabajo sexual ha sido tan importante en las últimas cinco
décadas, el uso de este concepto tuvo un trasfondo dignificante y político a partir de la segunda
mitad del siglo XX, además de que se caracterizó por ser abarcativo, es decir, no se limitaba a
una forma de comercio sexual. Este concepto fue acuñado por Carol Leigh a finales de la

5
década de los setenta, con el objetivo de “conciliar [sus] metas feministas con la realidad de
[su] vida [como trabajadora sexual] y la vida de las mujeres que conoci[ó]. Quería crear una
atmósfera de respeto, dentro y fuera del movimiento de mujeres, hacia las mujeres que trabajan
en la industria del sexo.” (Leigh en Morcillo y Varela, 2016, p. 11) De este modo, el concepto
se gestó junto con el movimiento de las trabajadoras sexuales que buscaban despenalizar el
oficio y conseguir derechos laborales básicos que les garantizaran protección.

Ahora bien, ¿qué es el trabajo sexual? En términos generales, de acuerdo con Marta Lamas,

El término "trabajo sexual" se refiere a un fenómeno muy extendido, conocido


tradicionalmente como "prostitución", que engloba diversos tipos de actividades,
jerarquizadas económica y socialmente, clandestinas, públicas y semioficiales, que
van desde el taloneo en la calle hasta la refinada prostitución de alto nivel, que se
combina con otro tipo de servicios, como parte integral de las transacciones políticas
y de negocios. (Lamas, 1996, p. 34)

Así, el trabajo sexual es parte de la industria del sexo y, aunque se puede llevar a cabo de
manera formal, gran parte de esta industria se ejerce desde la informalidad, puesto que muchas
legislaciones nacionales y locales son ambiguas o penalizan el ejercicio de este trabajo.
Asimismo, las modalidades de este trabajo pueden variar: presencial, telefónica,
cinematográfica y/o virtual.

Asimismo, tal como postula la Dra. Elena Jeffreys, “el concepto de trabajo sexual agrupa a
todas las mujeres presentes en la industria: prostitutas, actrices porno y bailarinas, que
comparten las misma necesidades jurídicas y sociales.” (Jeffreys, 2015, p. 7) Esta nueva
concepción no sólo permitió resignificar al oficio del sexo servicio, sino que implicó la unión
política de un grupo atomizado de personas que ejercían este trabajo y la gestación de un
movimiento.

Por otro lado, aunque la palabra prostituta conlleve una carga social y moral negativa, muchas
trabajadoras sexuales la usamos para dotarla de un nuevo significado que esté alejado de la
vergüenza, el pecado y el estigma. Por ejemplo, Carol Leigh (quien es activista feminista,
artista y trabajadora sexual) apunta que “en contextos políticos yo me refiero a mi misma como
prostituta para dotarlo con cierto orgullo, aunque raramente usamos esa palabra para
referirnos a nosotras mismas, preferimos ‘chicas trabajadoras’.” (Leigh, 2016, p. 21) Del

6
mismo modo, desde esta noción resignificante, “cobra vigencia la declaración que hizo hace
más de 20 años Margo St. James, una líder de las prostitutas norteamericanas: "Reivindicamos
el nombre de puta porque es utilizado contra todas las mujeres. Queremos difundirlo, reiterarlo
y, sobre todo, retirárselo a los hombres que se sirven de este apelativo para dividir e intimidar
a las mujeres".” (Lamas, 1996, p. 46)

Otras formas de llamarse entre sí y ante otros es el uso de chicas o chicas trabajadoras, que
menciona Leigh. La antropóloga Marta Lamas, en una investigación que elaboró en la Ciudad
de México con trabajadoras sexuales en la década de los noventa, hace énfasis en cómo se
nombraban las propias trabajadoras sexuales entre ellas, llamándose compañeras o
simplemente chicas, los cuales preferían que usasen los policías o autoridades locales, evitando
así la carga simbólica negativa que conllevaban otros conceptos como putas, vestidas, mujeres
de la vida galante, entre otras formas denigrantes de llamarlas. (Lamas, 1996)

De este modo, el uso del término trabajo sexual se convirtió en “una cuestión de derechos
humanos, ya que reivindica y reformula el lenguaje para hablar de todas las personas que
ejercen trabajo sexual.” (Jeffreys, 2015, p. 8) Esto vuelve a ser importante porque, en términos
de lenguaje, se desgenerizaba al trabajo y a les trabajadores, es decir, ya no son necesariamente
las prostitutas, asumiendo que sólo las mujeres comercian con la sexualidad, sino permite que
hombres y personas no binarias puedan ser incluidas y, con ello, los derechos que se ganen
para las/os trabajadores sexuales puedan beneficiar a todes.

A pesar de esta aclaración, la mayoría de las personas que ejercen este oficio son mujeres, es
decir, “la industria del sexo es una industria feminizada: la mayoría de quienes ofrecen
servicios sexuales son mujeres y la amplia mayoría de quienes pagan por esos servicios son
hombres.” (Mac y Smith, 2020, p. 33) La feminización del trabajo sexual no es fortuito, se debe
a una división sexual del trabajo a partir de un canon moderno-colonial y binario, sin embargo
exploraré más a fondo este tema en el segundo capítulo. Debido a esta abrumadora diferencia
sexo-genérica y por motivos de delimitación académica, en este trabajo me referiré a las
mujeres cisgénero y transgénero trabajadoras sexuales. Ahora bien; ¿quiénes son las
trabajadoras sexuales?

Trabajadora sexual es un término político y, por lo tanto, no todas las personas


implicadas en el comercio sexual lo usan identificándose abiertamente con él. Su

7
empleo por lo general indica que la persona hablante piensa que la venta de servicios
sexuales es o puede ser un trabajo. Es, por lo tanto, rechazado por aquellas personas
que piensan que la venta de servicios sexuales no es un trabajo. (Mac y Smith, 2020,
p. 29)

La trabajadora sexual1 es la persona que brinda placer a uno o más clientes a través de distintos
usos de su sexualidad y en diferentes modalidades, que van desde el trabajo presencial en las
calles, en casa de masajes, en bares, discotecas o en moteles, hasta el que se hace de manera
remota, ya sea de forma telefónica (líneas telefónicas eróticas), cinematográfica (industria del
porno que distribuye en línea o por dispositivos electrónicos como DVDs, CDs o USBs) o
virtual (videollamadas one-one, streaming de cam girls, nudes, etc.),2 siendo esta última la
modalidad en que se centra este estudio.

Así como evolucionan los medios de comunicación, el trabajo y la sexualidad también lo hacen,
adaptándose e imbricándose entre sí, permitiendo que las diferentes formas de ejercer el trabajo
sexual convivan y también se adapten a las condiciones socio-históricas, tal como es el caso de
la pandemia de COVID-19. A finales del 2019, en Wuhan, China, se esparció con rapidez un
virus (SARS-CoV-2) con síntomas parecidos a la gripe pero cuya tasa de mortalidad era mucho
mayor, que oscilaba entre 2,3%-14,8% (dependiendo del rango de edad) según las primeras
estimaciones hechas a inicios de 2020. (BBC News Mundo, 2020)

Para evitar contagios, la cuarentena (que en muchos países duró meses) se hizo mandatoria,
obligando a que miles de empleos modificasen sus espacios de acción para adaptarse a este
evento sanitario global. La oficina se trasladó a los hogares con el home office o teletrabajo,
evitando así largos traslados y disminuyendo el riesgo de contagio al no tener contacto directo
con personas ajenas al círculo social primario. Al igual que otros empleos, el trabajo sexual se
ha adaptado a las condiciones materiales de la era digital, en donde la presencia física no es
necesaria para poder realizar las labores de placer. De este modo, la red de internet, así como
el esparcimiento de las cámaras digitales o smartphones, permitió que el trabajo sexual se

1
Al mismo tiempo, recordando la interseccionalidad postulada por Kimberle Crenshaw, las trabajadoras sexuales
también somos amas de casa, estudiantes y profesionistas, por lo que el trabajo sexual es una actividad
complementaria que no puede ser analizada como la única forma de definición personal e identificación individual
de quienes ejercen este oficio. Suponer tal cosa sólo niega la complejidad de las personas y reduce su identidad a
un campo laboral.
2
Las/os intermediarios, patrones, jefes de trabajadoras sexuales, fotógrafos o transportistas no son considerados
trabajadores/as sexuales, aunque sí se involucren en la industria del sexo.

8
virtualizara, es decir, que ya no fuese estrictamente necesario salir a las calles para conseguir
clientes y/o únicamente realizar servicios sexuales presenciales.

Desde finales del siglo pasado, el internet permitió crear alianzas entre trabajadoras sexuales
que estaban espacialmente distantes, contactar con posibles clientes cuyos nombres se
encontraban en bases de datos seguras (elaboradas por las mismas chicas, en las cuales
reportaban a clientes violentos y/o estafadores), crear plataformas seguras para que las
trabajadoras pudieran vender su contenido erótico, sexual o pornográfico, y logró que muchas
trabajadoras sexuales realizaran un trabajo informal independiente, evitando así a empleadores
explotadores (incluyendo chulos y pimps), instituciones policiales abusivas y el riesgo per sé
de estar en las calles durante la noche (ya sea por peligros climáticos, accidentes o ataques
físicos). Asimismo, se crearon plataformas seguras que albergaban y aceptaban a trabajadoras
sexuales, destacando entre ellas OnlyFans.

Por último y dado el carácter polémico de este tema, especificaré cuatro puntos sobre lo que
NO es el trabajo sexual: 1) el trabajo sexual no es lo mismo que trata de personas y no se le
puede equiparar, estoy en contra de toda trata y tráfico de personas; 2) en ciertos casos, el
trabajo sexual puede conllevar explotación, sobre todo por la informalidad de este empleo y
por la falta de derechos laborales, sin embargo, el trabajo sexual no es sinónimo de explotación
sexual; 3) el trabajo sexual no es un trabajo exclusivo de mujeres precarizadas y racializadas,
suponer esto implica una forma de racismo y clasismo; y 4) debido a la multiplicidad de
modalidades, espacios y tiempos, es necesario aclarar que el trabajo sexual no se lleva a cabo
en las mismas condiciones en todos los casos, de este modo se invita a eliminar los estereotipos
y prejuicios sobre este oficio.

Trabajo sexual virtual

Como se ha abordado en páginas anteriores, el trabajo sexual virtual es una modalidad del
trabajo sexual, el cual conlleva la creación de contenido sexual audio-visual y escrito de forma
digital para las/os clientes, con el propósito de satisfacer el placer o deseo sexual de quienes lo
solicitan. El trabajo sexual virtual no es un sinónimo de pornografía y esta investigación no
tiene por objeto de estudio a la pornografía, sin embargo, considero importante definirla para
poder conocer las diferencias entre ambos conceptos.

9
Tomaré la definición propuesta por Sarah Ashton, Karalyn McDonald y Maggie Kirkman,
quienes definen a la pornografía como todo “material [impreso o digital] considerado sexual,
dado el contexto, que tiene la intención principal de excitar sexualmente al consumidor(a), el
cual se produce y distribuye con el consentimiento de todas las personas involucradas.”
(Ashton et al, 2019, p. 20) Ahora bien, ¿cuáles son las diferencias entre la pornografía y el
trabajo sexual virtual, dado que parecen ser sinónimos? Primero que nada, la pornografía no es
exclusivamente virtual, también puede ser impresa.

Segundo, la pornografía no sólo se entiende como la producción y distribución de material


sexual, sino que está consolidada como una industria. Este punto adquiere relevancia puesto
que, como apunta la famosa frase de Gail Dines: “Escribo sobre el porno como industria,
porque quiero que la gente entienda que debe ser visto como un negocio cuyo producto
evoluciona con una lógica específicamente capitalista.” (Heffernan, 2015, p. 37) Hablar de
pornografía incluye todo un aparato de producción cinematográfica (personal, equipo,
locaciones), al igual que producciones caseras e informales (con teléfonos celulares, cámaras
de video), abarcando a todas las personas de la industria que se involucran en el material que
producen; mientras que el trabajo sexual virtual se enfoca especialmente en la producción
informal de contenido (es decir, no cuentan necesariamente con una productora
cinematográfica) y abarca únicamente a las trabajadoras sexuales virtuales, logrando
enfocarnos en quienes están detrás del telón, pero enfrente de la cámara y, por ende, en quienes
están expuestas ante el escrutinio público y moral del trabajo sexual.

Como última diferencia, la pornografía carece de la dimensión política que sí posee el trabajo
sexual, especialmente por lo expuesto por Carol Leigh en páginas anteriores. De este modo,
enfocarme en el trabajo sexual virtual permite centrar la atención en los sujetos políticos,
dejando en segundo plano el material que producen. Aun así, considero necesario abordar un
poco sobre este último tema. El material producido por el trabajo sexual virtual es diverso y
generalmente responde a los gustos e intereses tanto de la trabajadora sexual virtual, como del
solicitante de este contenido. Para poder tener un panorama general, he decidido hacer una
división de temas sobre el material sexual que se produce en este oficio, el cual está sintetizado
en el siguiente esquema (Tabla 1).

10
Tabla 1. Principales nichos temáticos del material producido por el trabajo sexual virtual

Partes del cuerpo

Orientación sexual e identidad de género

Forma del cuerpo

Número de personas involucradas

Raza u origen étnico

Edad

Fuente: Elaboración propia.

La Tabla 1 muestra de manera general algunos de los nichos por los cuales las trabajadoras
sexuales virtuales se pueden inclinar para poder obtener ganancias, estos no están
desvinculados entre sí, es decir, pueden convivir más de dos al mismo tiempo en un solo
material, por lo que los nichos son múltiples y no excluyentes. En Partes del cuerpo el
contenido se puede enfocar en piernas, senos, pies, axilas, glúteos, panza, vulva, pene, etc.,
mientras que en Forma del cuerpo se incluye el peso corporal (delgado, tallas grandes, average,
etc.), número de tatuajes, estatura, color de cabello, entre otros aspectos descriptivos del cuerpo
de la trabajadora sexual virtual. Asimismo, existen nichos que dependen de la orientación
sexual e identidad de género, prevaleciendo relaciones sexuales entre gays o entre lesbianas,
pero también incluyendo a personas intersexuales, transgénero y, en general, a las personas
LGBTIQ+.

Asimismo, el material que se vende es sumamente diverso, se producen nudes personalizadas,


videos masturbándose, videos bailando, JOI videos (instrucciones para masturbarse),
relaciones sexuales consensuadas, BDSM (bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo
y masoquismo), ilustraciones eróticas, GFE (experiencia de novia), venta de panties, sexting
(intercambio de mensajes personales con contenido sexual), videollamadas, llamadas de voz,
camming (transmisión en vivo para un público), videos personalizados, entre otras.

Las plataformas digitales que sostienen al trabajo sexual virtual pueden ser intermediadoras, es
decir, que la plataforma reciba el pago y cobre una comisión por su uso; o también pueden ser
directas, que se usen sitios de mensajería instantánea o redes sociales de uso libre y los clientes
manden el pago del material directamente a las cuentas bancarias de las trabajadoras sexuales.
Siendo el primer caso en el que pondré énfasis.

11
Finalmente, para terminar con este apartado, es de suma importancia establecer las diferencias
entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual, así como las condiciones
específicas que se necesitan para llevar a cabo el segundo. Para ejemplificar los puntos en
común y las diferencias entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual se pueden
observar los siguientes esquemas (Tabla 2 y Tabla 3):

Tabla 2. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual presencial.

Fuente: Elaboración propia

Tabla 3. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual virtual, a través de plataformas de


patrocinio

Fuente: Elaboración propia

12
Entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual encuentro cinco puntos en común:
las relaciones de poder existentes, los clientes, la vigilancia, las consecuencias de la vigilancia
y la sociedad disciplinar. Abordando el primero de estos puntos, las relaciones de poder, detecto
que hay tres diferentes relaciones que dependen de las personas involucradas:

1) la primera es la relación interna, es decir, la relación que tiene la trabajadora con ella
misma y su cuerpo, esto puede presentar contradicciones o aceptaciones;
2) en segundo lugar, encuentro la relación externa primaria, o sea, el vínculo que mantiene
con los clientes, los empleadores o los intermediadores; y
3) por último, ubico la relación externa secundaria, la cual se da con la sociedad que no
está vinculada con la transacción sexual. Ésta puede enfocarse en el círculo social
primario (que incluye a las personas con las que tiene principal contacto emocional) o,
en términos generales, la relación de poder existente con la sociedad disciplinar (que
impone valores sociales y regula la percepción sobre el trabajo sexual).

En segunda instancia, otro punto en común es la existencia de clientes con quienes se mantiene
la transacción contractual (la cual se manifiesta a través de acuerdos hablados, no escritos, en
la mayoría de los casos), esta relación es indispensable para que exista el trabajo sexual, por lo
que tenemos una trabajadora que provee el servicio y una persona (o varias) que lo consume.
En tercer lugar, está el panóptico que se expresa a través de la vigilancia social, la cual incluye
los esquemas regulatorios sociales que conllevan castigos por hacer algo que no es aceptado,
ni aceptable socialmente. A partir de esto, se identifican algunas de las consecuencias de la
vigilancia, destacando entre ellas los castigos sociales que son infringidos a las trabajadoras
sexuales. Estos castigos son llevados a cabo principalmente en dos campos, una vez que se
descubre la profesión de la trabajadora sexual: uno es el lugar de trabajo diferente al sexual, en
donde pueden ser acosadas por los jefes o compañeres, llegando inclusive a ser despedidas o
amenazadas por el simple hecho de ser trabajadoras sexuales; y otro es el círculo nuclear social,
el cual incluye a amigos y familiares cercanos, quienes pueden aceptar o, como se ha visto en
muchos casos, rechazar el oficio que llevan a cabo.

El último punto en común entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual es la
existencia de una sociedad disciplinar que no sólo se encarga de vigilar, sino de regular la forma
en que es percibido el trabajo sexual, por lo que regula y condiciona la forma en que es visto
por la sociedad (a través del disciplinamiento en las escuelas, la familia, la iglesia y el mandato
de género), la relación con los clientes (quienes pueden decidir no respetar a la trabajadora

13
sexual, porque socialmente es vista como una “desviada” o “pecadora”, pasando los límites
establecidos por la trabajadora) y la relación que tiene la trabajadora sexual consigo misma (la
cual puede ser de contradicción, es decir, que se cuestione lo que hace porque sabe que
socialmente es percibido como un error, teniendo efectos negativos en su salud mental; puede
ser de aceptación y las consecuencias que ello conlleve, como el rechazo y exclusión social,
aunque también puede llevar a la politización de su trabajo, uniéndose a sindicatos y/o
movimientos a favor de los derechos humanos y los derechos laborales de las trabajadoras
sexuales).

Por otro lado, una de las diferencias observadas redunda en que la vigilancia primaria y el
castigo tienen un actor más: los usuarios de internet, quienes en el peor de los casos pueden
burlarse, recriminar la profesión, afianzar el “error social” que es considerado el trabajo sexual,
decirle a la trabajadora que no sabe que es una víctima (este recurso es utilizado sobre todo al
equiparar al trabajo sexual con la trata), amenazarla debido a sus actividades laborales
“indignas” o bloquearle sus cuentas digitales, desde redes sociales hasta cuentas bancarias.

Asimismo, en el trabajo sexual virtual, el riesgo de explotación sexual o de agresión física suele
disminuir, “dar probaditas”3 no es condicionante para poder ejercer el trabajo sexual de manera
segura. De manera similar, en el trabajo sexual virtual algunas personas exigen una “prueba
gratis” bajo la condición de una suscripción mensual, de brindar regalos o de dar una
considerable suma de dinero, de rechazar dicha propuesta la amenaza que prosigue vulnera la
seguridad íntima y de privacidad virtual de las trabajadoras. Estos tipos de amenaza, como el
doxxing o amenazas de exposición pública del contenido sexual, no conllevan una agresión
sexual física, pero sus consecuencias en la salud mental son considerablemente altas.

También, en el trabajo sexual presencial, la figura del intermediador puede existir o no,
mientras que en el trabajo sexual virtual que se basa en plataformas de pago la existencia de
esta figura es necesaria. En este caso la plataforma funge como intermediadora, quien cobra
una cuota (un porcentaje de las ganancias de la trabajadora) por el uso del sitio web, a cambio
de un espacio virtual estable y seguro.

3
Esto lo explica Marta Lamas en la investigación que elabora sobre las prostitutas de la calle en la Ciudad de
México, durante la década de los 90: “Es costumbre el "derecho de pernada" ("la probadita") para entrar a
trabajar, y varios representantes hombres funcionan como padrotes (amantes que explotan) de las chicas que
trabajan para ellos.” (Lamas, 1996, p. 36) La función de los padrotes es proteger a las trabajadoras de los
clientes y de las autoridades, generalmente policías o gendarmes.

14
Además, para poder ser trabajadora sexual virtual se necesitan ciertas condiciones específicas
que difieren de aquellas al trabajo sexual físico, debido a que esta forma de empleo se hace de
manera on-line. Dentro de estas condiciones encontramos los siguientes puntos:

• Tener una cámara digital o cualquier dispositivo electrónico con cámara (computadora,
web-cam, celular, tablet, etc.)
• Contar con una conexión a red eléctrica con la que se puedan cargar los dispositivos
electrónicos y se pueda conectar a internet.
• Disponer de una conexión a internet, el cual conlleva un pago mensual o semanal para
disponer de este servicio.
• Tener una identificación vigente (ya sea credencial de elector, pasaporte, licencia de
conducir, etc.), con la cual muchas migrantes indocumentadas no cuentan.
• Poseer una cuenta bancaria que, al igual que en el caso de las identificaciones, muchas
personas no cuentan por no tener una residencia legal en el país donde viven.
• Saber inglés, porque muchas plataformas de pago tienen sus sedes en países
angloparlantes y los sistemas de ayuda en línea sólo responden en este idioma.
• Aceptar los términos y condiciones de las plataformas de pago, las cuales prohíben
cierto material o contenido que podría ser utilizado en nichos sexuales que no entran
dentro de lo “común” en los actos sexuales (tal es el caso del pooping, es un fetiche en
donde se graba o toma fotos de las personas excretando heces).

Estos puntos son condiciones socio-económicas a las que muchas personas no tienen acceso,
por ejemplo, el último reporte Digital 2021, de las empresas Hootsuite y We Are Social,
demuestra que el 66.9% de personas en todo el mundo tienen acceso a un teléfono celular y
que sólo el 60.9% de la población mundial tiene acceso a internet (We Are Social y Hootsuite,
2021), por lo que el acceso al mundo virtual no es una garantía y el trabajo sexual virtual no
puede ser accedido por más de un tercio de las personas que habitan el planeta. Esto implica
que el trabajo sexual virtual no es una opción viable para muchas personas que viven en
condiciones precarias, siendo parte de la brecha digital en la que vivimos actualmente y que
forma parte de las múltiples desigualdades sociales que impone el sistema moderno-colonial.

De igual forma, para entender más a fondo lo que implica el trabajo sexual virtual he de
dividirlo entre los componentes que lo conforman: sexualidad, trabajo (expresado en imágenes)
y virtualidad, los cuales serán explicados en los apartados subsecuentes.

15
La triada sexualidad-imágenes-virtualidad
Sexualidad

Es difícil definir a la sexualidad cuando el concepto se encuentra en la frontera entre lo que es


denominado social y lo que es considerado natural o biológico, sobre todo cuando la base de
lo social se encuentra en lo biológico, mientras que lo biológico se puede justificar a través de
lo social. Para entender esto es necesario explicar la base macro-cultural de esta afirmación, la
cual tienes sus orígenes en la Modernidad de Occidente. Cuando se trata de la Modernidad,
siempre se resaltan los logros científicos y técnicos, los descubrimientos geográficos, las
nuevas rutas marítimas y, en general, los grandes alcances del hombre, desplazando el papel
que la iglesia cristiana fungió por siglos y posicionando al humano en el centro del universo.

El sujeto moderno fue y sigue siendo el modelo a seguir, debido a que encarna los valores del
sistema económico que ha imperado en Occidente desde finales del siglo XV, el capitalismo.
Sin embargo,

A diferencia de muchos teóricos de la modernidad, que sólo ven en ella un proyecto


emancipador, la inflexión decolonial llama la atención sobre su cara menos visible
(incluso oculta), que es la colonialidad. Si aquellos teóricos de la modernidad
consideran al colonialismo como una ‘desviación’ o un ‘momento’ superado de la
modernidad, para la inflexión decolonial la modernidad se encuentra
indisolublemente asociada a la historia del colonialismo y a la colonialidad.
(Restrepo y Rojas, 2010, p. 17)

Así, la modernidad no puede ser entendida sin la colonialidad, mientras que la colonialidad da
paso a la modernidad. Como lo apunta el sociólogo Ramón Grosfoguel, la modernidad y la
colonialidad constituyen dos lados de una misma moneda. (Grosfoguel en Restrepo y Rojas,
2010, p. 17) Esta constitución mutua es importante para establecer que cada logro de Occidente
representó la degradación, explotación y aniquilación de otros pueblos que no eran
considerados “civilizados”. De este modo, se crearon patrones de poder que jerarquizaban y
naturalizaban categorías sociales, a partir de las diferencias anatómicas observadas en los
cuerpos, es decir, se instauró la colonialidad. Los cuerpos podían ser físicos e individuales, o
sociales y colectivos, pero mantenían en común la jerarquía consagrada según las diferencias
observables, en donde el sujeto moderno (hombre blanco cis-heterosexual y burgués) se
posicionaba en la cima de la pirámide. Así, las mujeres, las personas racializadas, las
disidencias sexuales y las personas precarizadas quedaron relegadas a un segundo plano, siendo

16
considerados inferiores, “salvajes”, bárbaros, la desviación de un tipo original o, simplemente,
otros.

La diferencia de la otredad se afianzaba socialmente y se manifestaba a través del cuerpo y sus


representaciones. Retomando a la socióloga y feminista yoruba, Oyèrónkẹ Oyěwùmí:

La diferencia se entendió como inferioridad genética y esta inferioridad, a su vez,


como la razón efectiva de las situaciones de desventaja social. De esta
representación emerge un concepto de sociedad constituida por cuerpos y como
cuerpos –masculinos, femeninos, judíos, arios, negros, blancos, ricos, pobres–.
[…] Al cuerpo se le otorga una lógica propia. Se cree que con solamente mirar a
una persona pueden inferirse sus creencias y posición social. (Oyěwùmí, 2017,
pp. 37-38)

La figura del cuerpo prevalece no sólo como la marca arraigada y única de la diferenciación (y
por tanto de la supuesta superioridad o inferioridad natural), sino que todo hacía alusión al
cuerpo y su funcionamiento como única verdad. Esa verdad biológica que, al mismo tiempo,
legitimaba la estructura social desigual reflejada en los cuerpos individualizados. Es decir, el
cuerpo retornaba al cuerpo. La figura del cuerpo extrapolada en la sociedad retornaba al cuerpo
individual y le daba su lugar.

Al disponer del cuerpo como diferenciador, se encarna una dualidad originaria entre lo que soy
y no soy a partir de ese cuerpo. De este modo, dualidades como nosotros/otros,
civilización/barbarie, naturaleza/cultura, razón/emoción, etc., se expresaron en categorías
como la raza, el sexo y el género, dando pauta a las dualidades blanco/negro, hombre/mujer y
masculino/femenino. Estas categorías binarias y cerradas han invisibilizado ciertos rasgos,
características y vivencias de algunos grupos, negando la intersección de diversas categorías y
sistemas de opresión.

Así, las categorías impuestas por el sistema moderno/colonial de género concretan dos
posibilidades: el hombre y la mujer, siendo el blanco-cis-heterosexual-burgués la neutralidad
y objetividad de ambas categorías, incluyendo no sólo sus aspectos físico-anatómicos, sino sus
comportamientos (feminidad/masculinidad), sus deseos, los usos de su sexualidad y la forma
en que se divide sexualmente al trabajo. “La reducción del género a lo privado, al control sobre
el sexo y sus recursos y productos es una cuestión ideológica presentada ideológicamente como
biológica.” (Lugones, 2008, p. 93) De este modo no sólo se establecen los estándares de la
feminidad, sino del hecho de ser mujer, con lo cual surgen muchas preguntas, ¿quién sí es
considerada mujer y quién no? ¿quién lo ha definido y por qué? ¿se es menos mujer cuando no

17
se cumple con el mandato de género? ¿las prácticas de la sexualidad definen quien es una
“buena mujer” y quien, por el contrario, es una “mala mujer”?

Una vez entendiendo que el sexo y el género son parte de un patrón de poder jerarquizado,
creado por un sistema moderno/colonial, es menester entender que la sexualidad también “es
inminentemente social” y la cual puede “ser definida como ‘una construcción determinada,
hegemónica y propia para sí que tiene una cultura para ordenar su vida erótica, un producto de
sistemas culturales y sociales que da forma tanto a la experiencia sexual como a la manera de
interpretar y entender esa experiencia’.” (Parker en Rodríguez Valladares, 2012, p. 27)

Siendo una construcción cultural que se encuentra categorizada y jerarquizada socialmente, la


sexualidad sigue una serie de mandatos tácitos sobre lo que es considerado aceptable y lo que
no. “De esta manera, la aceptación o el rechazo de las prácticas sexuales están determinados
por la cultura a la que pertenecemos y su manera particular de definir, describir y conceptualizar
el sexo.” (Rodríguez Valladares, 2012, p. 27) Así, las prácticas de la sexualidad enmarcadas en
un sistema moderno/colonial de género en donde el cuerpo es la base de la diferencia, se
presentan como únicas, naturales y a-históricas ante quienes la llevan a cabo, siendo la
reproducción y la heteronorma (encarnados en el matrimonio) los mandatos que la rigen. Por
ejemplo, no es coincidencia que cuando se trate el tema de los derechos sexuales y
reproductivos el énfasis se mantenga en el segundo, dejando de lado las formas de disfrutar y
de obtener placer.

En términos de la sociedad disciplinar, quienes no se atengan a los valores “normales” de la


sexualidad deberán ser castigados, puesto que la transgresión a la norma es parte de la
desviación del sujeto moderno (racional y civilizado) o del tipo originario (que postulaba
Oyěwùmí). De esta forma, la sexualidad constituye un disciplinamiento de los cuerpos, siendo
éste uno de los principales espacios de conquista. Algunas feministas como Silvia Federici han
profundizado más en este tema, sobre todo relacionado al control de la sexualidad femenina:

El capitalismo desde sus comienzos ha desarrollado una política muy intensa y


científica contra la sexualidad; no solamente para reprimirla, como ha destacado
Foucault, sino para usarla, para desarrollarla en formas que puedan ser disciplinarias.
Y también la caza de brujas ha demonizado a las mujeres curanderas que
representaban personajes, sujetos que tenían poderes que su pueblo reconocía. En la
curandera, en la partera, se ha criminalizado no solamente a las mujeres que tenían
concepciones diferentes de la medicina, sino también a aquellas que representaban
un poder, la resistencia de poder a nivel popular. Por otra parte, la caza de brujas ha

18
sido un momento de gran redefinición de la identidad femenina: la mujer que sale de
la caza de brujas no es la mujer que entra. Se ha atacado la solidaridad femenina, las
amistades femeninas. Las brujas cuando eran torturadas debían confesar quiénes eran
sus cómplices (todas las otras mujeres), así que juntarse con otras mujeres empieza
a ser visto como un crimen. La mujer que sale de la caza de brujas es obediente,
silenciosa, subordinada; éste fue al menos el nuevo ideal que se intentó conformar.
(Federici en Díaz Lozano y Féliz, 2016, p. 148)

En este escenario, el trabajo sexual constituye una afrenta al control y disciplinamiento corporal
que se gesta a través de la sexualidad, rompiendo dos mandatos sociales: el uso libre del cuerpo,
dejando de lado la censura de ciertas prácticas sexuales; y el uso de la sexualidad como
actividad económica destinada al placer. Sin embargo, para la sociedad esta trasgresión no
merece ser visibilizada y necesita ser controlada, por lo que las trabajadoras sexuales son
relegadas a la oscuridad, a la secrecía, a la informalidad o al internet. Así, en el siguiente
apartado se abordará sobre cómo las putas virtuales son parte de la economía, pero no son
reconocidas (o son criminalizadas) en las legislaciones por los “usos indebidos” de su
sexualidad.

Imágenes-Trabajo

El bombardeo constante de imágenes de la era digital es incuestionable. “Menos letras y más


imágenes” es el mantra que nos enseñan en las escuelas para poder hacer presentaciones de
power point llamativas y que no pierdan la atención del interlocutor. Las plataformas más
populares en internet son aquellas que priman y exhiben las imágenes (siendo estas fotografías,
animaciones o dibujos): Instagram, TikTok, Facebook y, obviamente, OnlyFans. La
producción de imágenes y la creación de contenido ha sido una nueva forma de empleo para
miles de personas, quienes pueden llegar a ser influencers si su base de seguidores es amplia.

A pesar de la gran variedad de imágenes que existe en la red, en esta investigación me centraré
en las fotografías y los videos, puesto que éstas son la materia prima de las trabajadoras
sexuales virtuales. Sin embargo, las fotografías y los videos no son de uso exclusivo del trabajo
del placer sexual, mas bien éstas pueden ser usadas para diferentes oficios y profesiones, pero
las imágenes de la red tienen algo en común: la exposición del cuerpo; es decir, en las imágenes
se refleja la importancia del cuerpo, puesto que éste se encuentra (en la mayoría de los casos)
en un primer plano, ya sea como forma de enaltecer al yo o como recurso semiótico que hace
del ser un profit. El cuerpo, nuevamente, se posiciona como un eje rector de la cultura

19
occidentalocapitalista en el siglo XXI, pero al mismo tiempo es parte esencial de las
expresiones artísticas de les individues. En palabras de Mariana Hernández Reséndiz, “así, el
cuerpo, como materia de la obra, representa una puerta a la memoria y la fotografía funciona
como su anclaje al presente.” (Hernández Reséndiz, 2019, p. 8) De este modo, la fotografía
permite una multiplicidad de expresiones, significados y experiencias, sirviendo no sólo de
manera exógena (para ser vista por otros, desde fuera), sino que sirve para la constitución de
un proceso endógeno, es decir, es una forma de explorar y explotar la identidad de los sujetos.

Por ende, la fotografía y el video del desnudo que venden las trabajadoras sexuales virtuales
no son totalmente instrumentales, porque representan la intimidad de sus vidas y exponen la
completud de algo que es considerado sagrado. Al contrario de lo que se podría suponer de la
producción del trabajo sexual virtual como productos en serie que son idénticos entre sí, los
materiales que se crean son diferentes, reflejando una parte de la identidad de quienes los están
creando. Asimismo, la creatividad puesta en cada fotografía es una forma de trabajo, la cual se
denomina trabajo creativo.

Relacionado a lo anterior, retomo lo postulado por Giselle Rodríguez, quien hace un estudio
sobre las trabajadoras sexuales en Chile:

En consonancia con lo revisado en la construcción social de la sexualidad, es crucial


entender la complejidad de este deseo como un constructo social del cual el cuerpo
es un insumo necesario, pero no suficiente para su realización. Es por esto, en el
sentido que la necesidad va más allá de lo corporal, que la mercancía que la satisface
no puede ser algo meramente material. En el servicio sexual que presta, una
trabajadora no solo implica sus destrezas físicas, sino también sus destrezas y
habilidades sociales en esa amalgama fascinante que es el sexo.

Por tanto, lo que se ofrece como mercancía, y que asusta de sobremanera a las tesis
moralizantes, son las habilidades sexuales de la mujer que ejerce el oficio.
(Rodríguez Valladares, 2012, p. 34)

Entonces, no podemos afirmar que la mercancía o el producto del trabajo sexual virtual es el
cuerpo de la mujer en sí, más bien la mercancía es el placer sexual y el cuerpo es el vehículo
para lograrlo (así como puede ser el uso de otros juguetes y accesorios sexuales que
complementen la práctica, tal como el BDSM lo ha demostrado). Lo que se vende a través del
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual es la satisfacción o el placer sexual, siendo éste el
objetivo de quienes adquieren estos servicios. Al igual que otros empleos, el cuerpo no es el
producto, sino el medio a través del cual es posible realizar las tareas asignadas.

20
A pesar de esto, al trabajo sexual (en su modalidad presencial y su modalidad virtual) se le
estudia como una forma de explotación porque se asimila que el producto que se está vendiendo
es el cuerpo en sí. De este modo, regresamos al punto de partida: el cuerpo es tan importante
que es inimaginable e imposible “venderlo” por voluntad propia, por eso suponer que el cuerpo
es la mercancía en juego dentro del trabajo sexual es un argumento que valida las visiones
prohibitivas y criminalizantes hacia esta actividad.

Estas visiones prohibitivas tienen mayor eco y resonancia en el ámbito jurídico y en el espacio
social. En el primer caso, las consecuencias producen la criminalización de la práctica (al
equipararlo con trata y abuso femenino o infantil, y con justificaciones sanitarias y morales),
como en el caso chileno; o dejan un vacío legal en los códigos civiles y penales, como en el
caso mexicano. De esta forma, a las trabajadoras sexuales se les relega y desplaza hacia sectores
informales de la economía. En este caso, el trabajo informal “se define como las actividades de
sobrevivencia para salir delante de las personas y familias en entornos económicos con escasas
oportunidades de ingresos.” (D’Adamo, 2015, p. 11)

El trabajo informal ha sido una fuente de ingresos para millones de personas en todo el mundo.
Este sector surge por la falta de plazas en el empleo formal o asalariado, es decir, es un trabajo
desplazado producto de la colonialidad. Como postula María Lugones, “es importante advertir
que el trabajo asalariado ha sido reservado, casi exclusivamente, para los europeos blancos. La
división de trabajo se halla completamente racializada así como geográficamente diferenciada.
Aquí, vemos a la colonialidad del trabajo como un cuidadoso entrecruzamiento del trabajo y la
raza” (Lugones, 2008, p. 80), e inclusive, del género. Agrego este último porque siguen
existiendo trabajos de cuidado que son llevados principalmente por mujeres, como la limpieza
del hogar, la crianza de niñxs o el cuidado de adultos mayores, que no son remunerados porque
no son considerados un empleo, esto debido a la división sexual del trabajo moderno/colonial.

Kate D’Adamo equipara al trabajo emocional (donde se encuentra el trabajo de cuidados) y al


trabajo íntimo (dentro del cual entra el trabajo sexual) debido a que ambos carecen de
reconocimiento, protección y derechos. De este modo, establece que “el trabajo sexual también
puede ser contextualizado como ‘mano de obra íntima’ o como trabajo que implica la cercanía
física o emocional. Otras ocupaciones como el trabajo doméstico comparten estas
características laborales.” (D’Adamo, 2015, p. 11)

21
Si bien, en el trabajo informal no existe una normatividad que obligue a pagar impuestos,
tampoco hay derechos laborales o mecanismos de protección laboral. Del mismo modo, pero
en el caso específico del trabajo sexual virtual, aunque hay mayor libertad de acción (la
trabajadora decide qué días trabajar, por ejemplo) y las ganancias son relativamente fáciles
(hago énfasis en el relativamente, porque el costo social y político es alto), no hay certeza, ni
seguridad financiera, puesto que los ingresos no son fijos y dependen de la cantidad de ventas
y suscripciones que puedan hacer durante el mes.

Finalmente, termino este apartado retomando a Kate D’Adamo,

teniendo en cuenta que estos ámbitos laborales [el trabajo emocional, el trabajo
íntimo y el trabajo informal] redefinen los aspectos de salud, organización,
estigmatización y explotación, [estos] también están preparando el escenario que
permita entender que el trabajo sexual no es sólo trabajo, sino también una
cuestión de justicia económica. (D’Adamo, 2015, p. 12)

Virtualidad

Por último, para cerrar la triada de elementos que componen al trabajo sexual virtual,
encontramos a la virtualidad, la cual se ubica dentro del amplio y vasto espacio del internet.
Este elemento es de suma importancia, porque es el principal identificador del trabajo sexual
virtual que permite diferenciarlo del trabajo sexual físico, además la virtualidad es uno de los
conceptos que permiten describir el desarrollo tecnológico y los avances en la comunicación
digital, creando redes de personas espacialmente distantes entre sí y conectando a millones de
personas a través del globo. Este espacio digital compuesto por unos y ceros configura nuevos
significados que se adaptan a las lógicas culturales de la realidad circundante, al tiempo que
crea otros significados que se van integrando a nuestra cotidianidad. En palabras de Josep
Duart,

Los nuevos significados que genera la realidad de los entornos virtuales nos conduce
a entender la virtualidad como un espacio creativo (Lévy, 1999), como algo que
genera situaciones distintas que hasta ahora no existían. Lo que cambia en la
virtualidad es sobre todo el potencial comunicativo, la interacción. La virtualidad
establece una nueva forma de relación entre el uso de las coordenadas de espacio y
de tiempo. La virtualidad supera las barreras espaciotemporales y configura un
entorno en el que la información y la comunicación se nos muestran asequibles
desde perspectivas hasta ahora desconocidas al menos en cuanto a su volumen y
posibilidades. (Duart, 2002, p. 3)

22
Asimismo, a pesar de la aparente distancia, la realidad y la virtualidad no son dos esferas
opuestas entre sí, al contrario, actualmente la realidad y la virtualidad no sólo están
interrelacionadas, sino que son co-constituyentes, es decir, en estos días no se podría entender
la existencia de una sin la otra. De este modo y contrario a la hipótesis de que la virtualidad se
encuentra separada de la realidad o constituye una versión “irreal” de la realidad, la virtualidad
es tan real como la realidad física misma. “Según esta perspectiva, existe entonces una
hibridación de lo real y lo virtual, o más exactamente, una inmanencia de lo virtual en lo real.”
(Siles González, 2005, p. 65)

Por lo tanto, la importancia de la virtualidad parte de que no es una esfera alejada de la realidad,
sino que la constituye, puesto que están imbricadas. Sin embargo, como es parte de la realidad,
entonces el espacio virtual reproduce los mismos esquemas y sistemas de categorización-
jerarquización que forman parte del mundo moderno/colonial. Remedios Zafra también lo
explica, argumentando que “Claro que nunca Internet fue un medio inocente y neutral y esta
alerta estuvo presente en la práctica creativa. Justamente detrás de lo que en sus comienzos
más entusiasmó de Internet: desjerarquización, democratización, creatividad de la multitud,
conectividad, potencial imaginativo... aparecía su reverso, los correlatos de otras formas de
jerarquización y desigualdades que aplazaban constantemente la utopía, aunque no la
anulaban.” (Zafra, 2010, p. 91) Del mismo modo que la cara oculta de la modernidad fue la
colonialidad, la virtualidad en la era digital reveló esa misma cara, reproduciendo lógicas de
opresión racial, económica, social, religiosa y sexual.

Tanto el trabajo sexual virtual, como el porno, no se quedaron atrás, ya que la virtualidad es un
espejo de la realidad que tiene un efecto multiplicador, es decir, en internet no sólo se
reproducen los mitos y estereotipos sexuales, sino que los magnifica al reproducirlos y
marcarlos como prácticas deseables e ideales. Si bien existe una gran producción creativa e
independiente en el trabajo sexual virtual, el material sexual que se compra o se consigue en
internet también replica cientos de estereotipos y mandatos sobre la sexualidad, por ejemplo,
el coito como forma “ideal” para conseguir la satisfacción sexual, la sumisión feminina durante
el acto sexual y, claro está, la normatividad de la cis-heterosexualidad que definen las
relaciones sexo-afectivas.

Esto se ve reflejado en un estudio que elaboraron Carmen Serrano y Emilio Gallardo (2010),
quienes analizaron la parcelación y categorización del contenido que tenía una página web
pornográfica (PornHub). Esta investigación cuestiona la formación de la otredad a partir de los

23
discursos categorizadores de los sujetos emisores del contenido, concluyendo que estos
discursos reproducen tres esquemas opresivos: el etnocentrismo, el heterocentrismo y el
masculinismo. Los autores los explican de la siguiente forma:

a) Etnocentrismo: aunque no se explicita, entendemos que el productor asume los


rasgos fenotípicos calificados como “blancos” como los no marcados o neutros.
Esto se hace evidente cuando contrastamos que dentro de la supracategoría
“fenotipos” se insertan taxones con una clara referencia étnica o poblacional
[Asian, Ebony, Latina] y otros que son, por decirlo así, de segundo grado, es
decir, que se refieren básicamente al color del cabello de las actrices [brunette,
blonde, redhead]. (Gallardo Saborido y Serrano Murillo, 2010, p. 193)

b) Heterocentrismo: el deseo heterosexual prima sobre otras opciones como la


homosexualidad o la bisexualidad. La página web estudiada está enfocada
básicamente a un público heterosexual. […] “El lesbianismo se interpreta como
juego erótico y la homosexualidad como tabú” [Barba y Montes, 2007: 42].
(Gallardo Saborido y Serrano Murillo, 2010, p. 195)

c) Masculinismo: asistimos a la exaltación del deseo heterosexual masculino. La


mayoría de las grabaciones concluyen con la satisfacción orgásmica del varón,
con el cumshot percutido en las más diversas partes de sus partenaires. La
mayoría de los vídeos se dedican a exponer la consecución del placer masculino.
(Gallardo Saborido y Serrano Murillo, 2010, p. 195)

Estos tres esquemas también forman parte del sistema moderno/colonial y benefician a un
pequeño grupo de personas (hombres cis-heterosexuales occidentales), por lo que la virtualidad
replica y multiplica los efectos que estos producen, sobre todo cuando se ven sin la conciencia
de que el material sexual que se tiene enfrente es producto de un trabajo y, por lo tanto, produce
placer, no una guía para poder mantener “buenas” relaciones sexuales.

Esta paradoja [entre que la virtualidad es un espacio de creatividad y al mismo tiempo un lugar
donde se replican estereotipos sociales] también se presenta en la relación entre el espacio
público y el espacio privado. Los límites entre lo público y lo privado se difuminan, puesto que
una persona puede compartir muchas fotos, videos y publicaciones sobre su vida íntima con
cientos de personas, pero sin salir de su casa. Sobre este punto, Remedios Zafra hace una
analogía del Cuarto Propio de Virginia Woolf, pero ubicándolo en un contexto virtual:

Un cuarto propio y una cantidad económica anual, decía la escritora, eran


condiciones necesarias para que una mujer pudiera dedicarse de manera autónoma a
la creación a principios de siglo, para que pudiera disponer de tiempo propio,
concentración y desarrollar así un trabajo creativo. El ejercicio que propongo en el
texto que sigue parte de la reapropiación de este cuarto propio [tradicionalmente

24
identificado como parte de la esfera privada] para contextualizarlo en la actual
cultura-Red, convirtiéndolo en un cuarto propio conectado a Internet, constitutivo
por tanto del espacio público online. (Zafra, 2010, p. 82)

El cuarto propio es un espacio privado que se vuelve público cuando se encuentra con la
virtualidad, por lo que este elemento rompe con las esferas clásicas de acción y división social.

De la misma forma, las plataformas digitales que contienen el material de las trabajadoras
sexuales virtuales, como es el caso de OnlyFans, se convierten en un cuarto propio que está a
la vista de todos, es una forma de intimidad visible pagada. El trabajo sexual virtual es un
trabajo que se hace desde ese cuarto propio (en el mejor de los escenarios, por supuesto), dentro
de las paredes de una casa que es anfitriona de su vida íntima y que al mismo tiempo es el set
donde se lleva a cabo la producción de un contenido de carácter público (en el sentido de que
se muestra al público, no en el sentido de que le pertenece a todes).

Incluso el cuarto propio virtual, al quebrar las fronteras entre lo privado y lo público, politiza
a las trabajadoras, haciendo que su oficio se convierta en objeto de su activismo político, puesto
que su trabajo siempre se encuentra bajo el escrutinio público. Asimismo, esta politización
permite repensar al trabajo sexual, puesto que “para generar placer y para lo amoroso no hace
falta respirar el aire de la misma habitación.” (Fe Lucero, 2020) La mención de lo amoroso en
la cita anterior no es fortuita, puesto que el trabajo sexual virtual no sólo conlleva la creación
de contenido sexual, sino que implica un trabajo emocional indispensable. Pese a la distancia
que implica comunicarse a través de pantallas, el trabajo sexual virtual genera lazos
emocionales entre las trabajadoras y los clientes, debido a la cercanía comunicativa que ambos
suelen tener.

Finalmente, aunque no todas las personas que venden contenido sexual y erótico por internet
se nombran así mismas como trabajadoras sexuales virtuales, recalco la importancia de la
virtualidad y de nombrar el trabajo sexual virtual a partir de lo que afirma Danaus:

“Soy trabajadora sexual virtual. Me parece que es una buena forma de


hacerse cargo del trabajo sexual, que está tan invisibilizado, y no nombrarse
como tal también es invisibilizar.” (Danaus citada por Fe Lucero, 2020)

25
El espacio de la triada: OnlyFans

Debido a lo expuesto en los apartados anteriores, es importante que el trabajo sexual virtual
tenga un espacio seguro dentro de internet. OnlyFans se ha constituido como uno de estos
espacios virtuales, sin embargo ¿qué es OnlyFans? ¿es cierto que es tan seguro como aparenta
serlo?

OnlyFans es una plataforma de patrocinio (patronage platform) de suscripción mensual en


donde se vende contenido virtual como imágenes, videos y chats, sobre todo de contenido
sexual, siendo un espacio donde trabajadoras sexuales virtuales, cam girls y/o actrices/actores
porno han podido encontrar un lugar de venta de sus servicios y productos. Una plataforma de
patrocinio se dedica “al apoyo financiero individual y sostenido hacia un creador de contenido,
como una forma de apreciación por su trabajo, lo cual ocurre dentro de sistemas sociotécnicos
únicos que apoyan el intercambio financiero, además de la expresión creativa.” (Bonifacio y
Wohn, 2020, p. 221) De acuerdo con Donghee Wohn y Ross Bonifacio (2020), dentro de estas
plataformas, las que más destacan en la actualidad son Twitch, YouTube, Patreon, Facebook y
OnlyFans.

Su funcionamiento consiste en dos tipos de usuarios: creadores/as que cobran una suscripción
mensual para acceder a su contenido y suscriptores/as (o fans) que pagan dicha suscripción.
Del 100% de las ganancias, OnlyFans se queda con una cuota del 20%, dejando el 80% restante
a las personas creadoras. Además de la suscripción mensual, existen otras herramientas para
poder ganar dinero, como venta de mensajes privados, propinas o contenido pay per view (PPV,
pagar para ver).

Para poder usar la plataforma es necesario tener mínimo 18 años y una cuenta bancaria en
donde depositar o extraer los fondos. La verificación para ser creador/a es bastante simple y
puede resultar fácilmente falsable, ésta consiste en una foto de una identificación oficial, otra
foto de la persona sosteniendo la identificación y por último una cuenta de banco. Estos pasos
tienen como objetivo evitar el robo de identidad en donde se pueda comerciar con nudes y
videos porno de terceros, así como impedir la explotación sexual infantil. A la hora de realizar
el registro en la plataforma, el proceso es el mismo tanto para Creadores de Contenido como
para usuarios. La única diferencia es que para ser Creador de Contenido hay que realizar una
validación tanto de la identidad como de la cuenta bancaria.

26
OnlyFans se creó en 2016 en Reino Unido y se hizo popular dentro de la industria del sexo
debido a las restricciones que otras plataformas de patrocinio tenían hacia el contenido sexual.
De este modo, y debido a que los Términos del Servicio permitían material sexual, la plataforma
se convirtió en un espacio seguro y estable para las trabajadoras sexuales virtuales.

Debido a la facilidad de acceso a esta plataforma, en muchas ocasiones se asume que el trabajo
sexual virtual es simple y sencillo, sin embargo, la creatividad, la producción, la distribución y
el marketing generalmente recaen en una sola persona. Por lo tanto, las funciones que hace una
trabajadora sexual virtual no se reducen a proporcionar placer a una persona que la ve a través
de una pantalla, también se requieren de otras habilidades que requieren planeación,
organización, inversión y tiempo. Del mismo modo que un trabajo freelance, los ingresos
dependen del trabajo diario y las prestaciones de ley (incluyendo las vacaciones o el aguinaldo)
son nulas.

A pesar de que la plataforma ya era popular debido a sus términos no tan restrictivos, tuvo su
mayor apogeo en 2020, a partir de la cuarentena obligatoria suscitada por la pandemia de
COVID-19. Como varios autores lo han señalado, la pandemia aceleró ese impulso, ya que
muchas personas vieron a OnlyFans como una fuente de ingresos durante una etapa de recesión
económica y altas tasas de desempleo a nivel mundial. Como lo afirma el escritor KC Ifeanyi,
“entre marzo y abril del año pasado [2020], OnlyFans experimentó un aumento del 75% en los
registros de nuevos usuarios y creadores. Hasta la fecha [marzo de 2021], OnlyFans tiene más
de 120 millones de usuarios y 1 millón de creadores que han ganado más de $3 mil millones
[de dólares (USD)] en conjunto.” (Ifeanyi, 2021) Este crecimiento exponencial y la popularidad
de la página son dos de los principales motivos que me impulsaron a tomar como referencia
OnlyFans y no otras plataformas de patrocinio que permiten el contenido sexual, como
JustForFans, Fansly o UnLockd.

Es menester apuntar que, aunque las ganancias totales de la plataforma sean enormes, los
ingresos de las trabajadoras sexuales virtuales son sumamente desiguales. En un análisis
económico, Thomas Hollands (2020) encontró que las cuentas con mayores suscriptores ganan
más de $100,000 dólares al mes, mientras que el promedio tiene un ingreso de $180 dólares al
mes.

La forma estándar de medir la desigualdad de una economía es con un Índice de


Gini. Un índice de 0 implica una utopía igualitaria, un valor de 1 implica que un solo
capitalista codicioso posee toda la riqueza. El índice de Gini de OnlyFans es 0,83.

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La sociedad más desigual del mundo, Sudáfrica, tiene un índice de Gini de 0,68.
OnlyFans es menos igual que un estado ex-apartheid. (Hollands, 2020)

Esta desigualdad es parte de la forma en que funciona el sistema económico, la igualdad en


términos económicos y sociales no es posible ante un sistema que busca la acumulación a través
de la explotación de cuerpos y espacios. Además, OnlyFans sigue siendo un negocio, es decir,
su principal motivo de existencia no se centra en el bien de las trabajadoras sexuales virtuales,
sino en el beneficio económico que pueden obtener los dueños. En este caso, los fundadores y
dueños fueron Timothy Stokely, un creador de páginas eróticas y pornográficas, y su padre,
Guy Stokely, un banquero jubilado originario de Reino Unido. (Brewster y Dawkins, 2021)
Posteriormente, “en 2018, Leonid Radvinsky, el propietario del sitio web de cámaras
MyFreeCams, compró acciones mayoritarias de la empresa y asumió el cargo de director.”
(Boseley, 2020)

Con estos datos podemos asumir que OnlyFans fue una plataforma diseñada para albergar
trabajo sexual virtual, puesto que forma parte de una industria muy lucrativa. Las ventajas de
esto se sitúan, sobre todo, en que las trabajadoras sexuales virtuales poseen un lugar seguro y
estable donde vender su contenido y del cual obtener un ingreso. Sin embargo también existen
desventajas, como la censura de cierto contenido sexual que no se amolde al parámetro de la
“normalidad” de la sexualidad, incluyendo la proporción de servicios presenciales como
escorts y “prostitución”, lo cual se encuentra establecido en el Apartado 5, Sección b, Punto x
de la Política de Uso Aceptable. (OnlyFans, 2021) Esto genera algunas interrogantes, ¿por qué
el trabajo sexual virtual sí está permitido y por qué no el trabajo sexual físico o prostitución?
¿es acaso el trabajo sexual virtual una forma “más amigable” del trabajo sexual presencial, o
tal vez la producción de contenido erótico sexual no se considera un trabajo sexual como tal?

Lo anterior ha sido parte de algunas disputas y controversias que involucran a OnlyFans,


aunque la mayoría de ellas se relaciona a un punto: el desconocimiento y desvalorización del
trabajo sexual virtual. Esto provoca que este oficio sea asimilado con prácticas de opresión
como la trata de personas y, por lo tanto, que se censure tanto al trabajo sexual virtual como a
las propias trabajadoras. A pesar de que la plataforma tiene casi 100 millones de usuarios en
todo el mundo, alrededor del trabajo sexual virtual sigue existiendo un gran estigma y un
enorme prejuicio hacia quienes proveen sus servicios sexuales en esta página.

Actualmente, las trabajadoras sexuales virtuales se enfrentan a dos grandes desafíos: 1) Que
OnlyFans no las eche de la plataforma y, 2) los efectos producidos por FOSTA-SESTA. Estas

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últimas son iniciativas emanadas de grupos conservadores y religiosos del poder legislativo de
Estados Unidos, FOSTA es el Fight Online Sex Trafficking Act (Ley contra el tráfico sexual en
línea) y SESTA el Stop Enabling Sex Traffickers Act (Ley para inhabilitar a los traficantes
sexuales). Estas leyes lanzadas en 2018, “tenían como objetivo frenar el tráfico sexual ilegal,
pero también hizo que los sitios web y las plataformas de patrocinio fueran responsables penal
y civilmente por el contenido ilegal generado por los usuarios.” (Ifeanyi, 2021) Es importante
apuntar que, en este contexto, contenido ilegal es sinónimo de contenido sexual

Estas leyes también han acarreado consecuencias hacia OnlyFans, puesto que en agosto de este
año se lanzó un comunicado en el que afirmaban que el contenido sexual ya no sería permitido
en la plataforma a partir de octubre. (Shaw, 2021) Sin embargo, la censura, el estigma y el
castigo serán analizados con más profundidad en el siguiente capítulo, analizando las
producciones discursivas que impactan negativamente a las trabajadoras sexuales virtuales, así
como las consecuencias del estigma hacia la comprensión de la sexualidad, el trabajo y la
virtualidad.

29
Capítulo 2. Mujeres buenas y mujeres malas: la puta como la
otra cultural del feminismo abolicionista

Luchar contra el estigma que recae sobre las putas es


cuestionar uno de los pilares de la ideología patriarcal: la idea
de que existen “buenas” y “malas” mujeres. Una idea que, pese
a todos los cambios que se han producido en este terreno, nos
sigue dividiendo y juzgando a las mujeres en función de nuestra
sexualidad.
-Cristina Garaizábal

Hacer lo que no debe hacerse: pedir dinero por lo que debe


seguir siendo gratuito. La decisión no pertenece a la mujer
adulta, el colectivo impone sus leyes. Las prostitutas forman el
único proletariado cuya condición conmueve a la burguesía.
Hasta el punto de que a menudo, mujeres a las que nunca les ha
faltado nada están convencidas de esta evidencia: eso no hay
que legalizarlo. El tipo de trabajos que las mujeres no
pudientes ejercen, los salarios miserables a cambio de los que
cuales venden su tiempo, eso no le interesa a nadie. Es el
destino de las mujeres que han nacido pobres al que nos
acostumbramos sin problema. Ninguna legislación prohíbe
dormir en la calle a los cuarenta años. Convertirse en
vagabundo es una degradación tolerable. El trabajo es otra.
Pero la venta del sexo, eso le concierne a todo el mundo, y las
mujeres “respetables” tienen algo que decir al respecto.
-Virgine Despentes

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La categorización binaria bueno/malo, aceptable/inaceptable, digno/indigno es la forma en que
se suele adjetivar a las prácticas que ejercemos los seres humanos. De este modo, las personas
que donan dinero a la caridad son personas “buenas”, mientras que aquellas que roban son
consideradas “malas”. Esta concepción es aplicable a prácticamente todas las acciones que
llevamos a cabo y es una forma de identificar y clasificar a las personas, siempre desde afuera
y a partir de los valores sociales dominantes. A partir de esta concepción binaria y maniquea
de los sujetos, las trabajadoras sexuales y su oficio son asumidos, entendidos, categorizados y
clasificados, quedando la división de este modo: la mujer que ejerce el trabajo sexual es mala
y quien no lo ejerce es buena.

Este discurso se refuerza con las acciones de corrección o castigo que se aplica a las
trabajadoras sexuales y, al mismo tiempo, las acciones se justifican en los discursos. Es por eso
que este capítulo resulta tan importante, debido a que los discursos que estigmatizan el trabajo
sexual y el trabajo sexual virtual no son simples abstracciones que están perdidas en la nada,
mas bien son discursos que se materializan y replican en nuestra realidad.

Así, este capítulo abordará la producción discursiva estigmatizante sobre el trabajo sexual y el
trabajo sexual virtual, así como sus orígenes coloniales (a partir de la colonialidad del poder).
Siguiendo esta lógica de la colonialidad del poder, se estudiará la forma en que las trabajadoras
sexuales son percibidas como las otras culturales del feminismo, categorizándolas como
inferiores y robándoles su agencia política. Por último, se analizarán los discursos, las
consecuencias y los efectos hacia las trabajadoras sexuales virtuales, que traen consigo las
producciones discursivas estigmatizantes del feminismo abolicionista.

Colonialidad de poder y producción del discurso

Toda producción discursiva conlleva un ejercicio de poder, es decir, alguien que produce el
discurso y alguien hacia el que va dirigido. Si existiéramos en un mundo utópico igualitario,
esta producción discursiva no tendría jerarquías, sin embargo, estamos en un planeta que se
rige por un sistema moderno/colonial capitalista que dicotomiza y jerarquiza a los sujetos y su
entorno. Es por ello que, quien produce el discurso se encuentra en una posición de superioridad
(fuerzas dominantes), mientras quien lo recibe se encuentra en una posición de inferioridad o
subalterna (fuerzas dominadas).

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Esta lógica forma parte del colonialismo y la colonialidad, desde donde se manifiestan las
relaciones desiguales de poder y de saber, a partir del descubrimiento. Boaventura de Sousa
Santos lo postula de la siguiente manera:

Aunque es cierto que no hay descubrimientos sin descubridores y descubiertos, lo


más intrigante es que teóricamente no es posible saber quién es quién. Esto es, el
descubrimiento es necesariamente recíproco: quien descubre es también descubierto
y viceversa (Godinho, 1988). ¿Por qué es entonces tan fácil, en la práctica, saber
quién es el descubridor y quién el descubierto? Porque siendo el descubrimiento una
relación de poder y de saber, es el descubridor quien tiene mayor poder y saber y, en
consecuencia, capacidad de declarar al otro como descubierto. Es la desigualdad del
poder y del saber la que transforma la reciprocidad del descubrimiento en
apropiación del descubierto. En este sentido, todo descubrimiento tiene algo de
imperial, es una acción de control y sumisión. (De Sousa Santos, 2009, p. 213)

En esta cita, que hace alusión a lo que la historiografía ha denominado “el descubrimiento de
América”, se muestra uno de los ejemplos de cómo la colonialidad del poder y la colonialidad
del saber se materializan, creando un entramado de relaciones desiguales que tienen por objeto
reproducir una estructura organizativa que es vista como la única posibilidad plausible, en este
caso siendo ésta la macro-cultura Occidental con su modelo económico capitalista y su modelo
social civilizatorio, producto de la modernidad/colonialidad europea.

Al patrón de poder que opera a través de la naturalización de jerarquías territoriales, raciales,


sexuales y epistémicas, a partir de la subalternización y eliminación de conocimientos y formas
de vida, Aníbal Quijano (1992) lo denomina colonialidad del poder. Esta estructura colonial
del poder se configura como un marco dentro del cual operan todas las relaciones de poder,
imponiendo una visión del mundo (o conocimiento) que dependen de las características de la
modernidad: la racionalidad, la “objetividad” y la parcelación jerárquica del mundo. Así, se
van construyendo discriminaciones sociales que son codificadas y categorizadas a partir de
diferencias físicas y culturales, tales como la raza, la sexualidad, el género y la nacionalidad.
Quijano (1992, p. 12) advierte que “esas construcciones intersubjetivas, producto de la
dominación colonial por parte de los europeos, fueron inclusive asumidas como categorías (de
pretension "científica" y "objetiva") de significación ahistórica, es decir como fenómenos
naturales y no de la historia del poder.”

La colonialidad del poder produjo también una forma única de percibir y vivir el género, y con
ello la sexualidad. El trabajo sexual no cabe dentro de los límites racionales/civilizatorios del
sistema moderno/colonial, en el entendido que no supone una expresión aceptada por los

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dominantes. Constreñir y negar la forma en que se comercia con la sexualidad ha sido un efecto
de la colonialidad del poder, el cual permite controlar los cuerpos, la economía, la sexualidad
y las relaciones entre géneros. Además, la colonialidad del poder no sólo produce formas de
vivir, de expresarse y de ser, también genera discursos que validan los valores hegemónicos
establecidos. Para el caso de la sexualidad, Víctor Manuel Rodríguez-Sarmiento, siguiendo la
argumentación de Quijano, propone que

las configuraciones de saber y poder que dieron lugar al surgimiento de la sexualidad


como un régimen discursivo deben rastrearse en perspectiva colonial. Es decir, el
conjunto de instituciones, sujetos y prácticas discursivas modernas que apuntaron a
la normalización de los placeres construidos como desviados y perversos debe ser
visto a la luz de la colonialidad como una forma de biopolítica y control de la vida
de los pueblos colonizados, ejercida desde la institución de la familia como
fundamento de la heteronormatividad hacia la normalización del sujeto colonial
como el otro abyecto de la ecuación colonial del placer. (Rodríguez-Sarmiento,
2014)

De este modo, la configuración colonial de la sexualidad impide el reconocimiento y


valorización de identidades sexuales alternas a las establecidas, la comercialización voluntaria
con la sexualidad y las prácticas sexuales que salen del marco de la cis-heternorma. Este
ejercicio no sólo supone la censura de las prácticas, sino de los discursos que se producen
alrededor de él, además de la producción y réplica de discursos que legitimen y validen la
percepción hegemónica sobre la sexualidad.

Como lo expresó Foucault en Historia de la Sexualidad I, no se trata simplemente de entender


los silencios en torno al sexo, más bien es necesario analizar los discursos vastos y múltiples
sobre el mismo, aquellos que son permitidos, para entender de dónde provienen, quién los emite
y por qué. En palabras del autor, “se ha construido un artefacto para producir discursos sobre
el sexo, siempre más discursos, susceptibles de funcionar y de surtir efecto en su economía
misma.” (Foucault, 1998, p. 16) El problema no es que se hable de sexo, ni la cantidad, el
problema radica en que no tenemos una diversidad de discursos sobre el sexo y la sexualidad
que permitan transgredir los límites de lo establecido. Lo mismo sucede con OnlyFans y su
nuevos Términos de Servicio (que quedaron en un proyecto inconcluso), los cuales censuran y
castigan aquello “demasiado explícito” o, en su defecto, que no vaya de acuerdo con la decencia
permitida dentro de la sexualidad y, con ello, dentro del trabajo sexual virtual.

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La producción de los discursos en torno al sexo y la sexualidad siguen teniendo una misma
base binaria, dimórfica y maniquea, en donde la acción sexual es permitida cuando cabe dentro
de los parámetros establecidos de la “normalidad” o cuando la transgresión es lo
suficientemente justificada en términos “racionales” y “civilizados”. Con ello, la racionalidad
del deseo y los placeres que incitan a elaborar discursos sobre la sexualidad son parte de la
colonialidad del saber y, por ende, del patrón de poder que naturaliza las jerarquías entre
categorías sociales creadas.

En suma, desearía desprender el análisis de los privilegios que de ordinario se


otorgan a la economía de escasez y a los principios de rarefacción, para buscar en
cambio las instancias de producción discursiva (que ciertamente también manejan
silencios), de producción de poder (cuya función es a veces prohibir), de las
producciones de saber (que a menudo hacen circular errores o ignorancias
sistemáticos). (Foucault, 1998, p. 11)

Es decir, el análisis en torno a la sexualidad que propone Foucault aborda tanto la producción
discursiva, la producción de poder y la producción de saber. Estas producciones se asemejan a
los ámbitos de la colonialidad (ser, poder, saber), sin embargo en esta investigación me
enfocaré en la producción discursiva, puesto que ésta es transversal al sistema
moderno/colonial, siendo parte fundamental de su legitimación y reproducción. El discurso es
la base simbólica de la materialidad y sin la primera, la segunda no podría sostenerse. Suponer
que centrarse en el discurso desvía la atención de los “verdaderos problemas”, como la pobreza
o el capitalismo, tiene una validez limitada, “ya que [este argumento] se basa en la suposición
(marxista o liberal) que el discurso no es material, desconociendo que la modernidad y el
capitalismo son simultáneamente sistemas de discurso y práctica.” (Escobar, 2014, p. 19)

De este modo, si el discurso es un producto y un productor al mismo tiempo, el objetivo no


sólo radica en crearlo, sino y sobre todo en administrarlo. Asimismo, “el sexo no es cosa que
sólo se juzgue, es cosa que se administra.” (Foucault, 1998, p. 17) De manera similar, así como
Arturo Escobar, en La invención del desarrollo, establece que se tiene que gestionar y
administrar la pobreza, y tal como Foucault lo postula, el trabajo sexual también se tiene que
gestionar, ya sea desde el ámbito de la sexualidad, desde lo laboral o a partir de ambos.

Esta administración del trabajo sexual es lo que están haciendo FOSTA-SESTA, regular el
discurso sobre el trabajo sexual y, a partir de ello, regular indirectamente al mismo. Si en un
primer momento, internet fue un refugio, un lugar donde conseguir clientes o una red de apoyo
de muchas trabajadoras sexuales, ahora ese espacio debe ser regulado a partir de las reglas de

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la sociedad disciplinar; si las putas virtuales se hacen demasiado visibles con una plataforma
que forma parte de la cultura popular digital global, entonces se debe enterrar, la sociedad del
castigo no debe permitir que oficios “tan indignos” se hagan populares y que la sexualidad sea
un medio de empleo para miles de personas.

Nuevamente nos topamos con lo que Foucault llama “la Policía del Sexo”, una policía que
decide qué discursos sobre el comercio con el sexo son útiles y válidos, una policía que vigila
y castiga, una policía que no sólo se compone de la institución que posee el uso legítimo de la
violencia, sino de las personas que te rodean, de tus seguidores, e inclusive de ti misma, cuando
te cuestionas si vender nudes en internet te hace menos digna, menos mujer o menos feminista
que el resto. Así funciona el panóptico constantemente vigilante, en dispositivos insertos en
nuestras casas, en las calles, en las oficinas, etc.

Además, ¿de qué sirve esta administración de los cuerpos, de la sexualidad y de la vida en
general? Cabría volver a plantearse lo que se cuestiona Foucault:

Toda esa atención charlatana con la que hacemos ruido en torno de la sexualidad
desde hace dos o tres siglos, ¿no está dirigida a una preocupación elemental: asegurar
la población, reproducir la fuerza de trabajo, mantener la forma de las relaciones
sociales, en síntesis: montar una sexualidad económicamente útil y políticamente
conservadora? (Foucault, 1998, p. 24)

A través de este lente interrogatorio, el trabajo sexual sale de esa economía poblacional de la
sexualidad: la sexualidad se ejerce como trabajo remunerado no reproductivo versus la
sexualidad se ejerce como trabajo no remunerado reproductivo. Esta contradicción es la
máxima que modifica los usos de la sexualidad y la forma en que se entiende el trabajo de las
mujeres, el cual generalmente es no reconocido, no remunerado y supuestamente natural (como
la maternidad y los cuidados que se ejercen hacia las infancias).

A pesar de esta administración discursiva, la producción en torno al trabajo sexual y al trabajo


sexual virtual no es unilineal, es decir, no es exclusivamente estigmatizante, aunque esta visión
abarque una gran porción de la producción. Es por ello que para analizar la producción
discursiva en torno al trabajo sexual y trabajo sexual virtual retomaré las tres dimensiones
propuestas por Juno Mac y Molly Smith (2020): negativa, positiva y ambivalente. A pesar de
que las autoras se enfocan en el trabajo sexual de manera general (tanto presencial como
virtual), yo me enfocaré en los discursos que competen al trabajo sexual virtual
específicamente.

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La primera dimensión de la producción discursiva en torno al trabajo sexual virtual, la negativa,
es la más extensa y, a pesar de ser la dimensión en donde se sitúan los discursos abolicionistas,
ésta “se arraiga en unas ideas muy antiguas y misóginas acerca del sexo.” (Mac y Smith, 2020,
p. 59) En esta dimensión negativa encuentro cinco puntos a resaltar, los cuales equivalen a
argumentos y justificaciones que se posicionan en contra del oficio virtual de la sexualidad:

1) La degradación corporal de la trabajadora sexual virtual es inevitable.


2) El trabajo sexual virtual lleva consigo algún tipo de pérdida ya sea física o moral, ante
ella misma o ante los demás.
3) Mostrar la vagina, los senos o el acto de la penetración en fotos o videos son un
indicativo de sometimiento.
4) Se niega la agencia de las trabajadoras sexuales virtuales, negando su categoría de
sujetos políticos y reduciéndolas a simples objetos de estudio o de rescate.
5) El trabajo sexual virtual es un problema de salud pública y moral, por eso las acciones
punitivistas son las mejores soluciones para erradicar este problema.

En contra-parte, desde la visión positiva se resaltan los siguientes puntos discursivos, los cuales
suelen ser parte de los argumentos de las trabajadoras sexuales virtuales más privilegiadas:
1) Enfatizar el valor del sexo, minimizando la coerción económica de la trabajadora y
enfatizando su placer y deseo.
2) Aducir a la libre elección de las trabajadoras sexuales virtuales y los clientes.
3) Visibilizar el valor del trabajo sentimental y de cuidado íntimo que ejerce la trabajadora,
no sólo enfocarse en el placer sexual.
4) Hablar sobre el empoderamiento femenino que conlleva el libre uso de la sexualidad, a
través del trabajo sexual virtual.
5) La imagen de la “puta virtual feliz”.

Por último, y a partir de la crítica que se haga a los discursos anteriores, analizaré la última
dimensión en torno a la producción discursiva: la ambivalente, ésta permite visibilizar los
claros-oscuros que tiene el trabajo sexual virtual, así como un relativismo que no homologa la
experiencia de todas las trabajadoras sexuales virtuales a uno solo, dando pie a teorías como la
interseccionalidad.

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En el siguiente apartado abordaré la dimensión negativa o estigmatizante, enfocándome en los
discursos abolicionistas y sus efectos en las trabajadoras sexuales virtuales, esto con el objetivo
de evidenciar la forma en que se materializan los discursos putofóbicos y la manera en que el
feminismo radical abolicionista, a pesar de aducirse como contestatario, sigue las mismas
lógicas coloniales y etnocentristas del sistema moderno/colonial de género.

Producción discursiva estigmatizante


La puta como la otra cultural del feminismo

“La puta es la representante por excelencia de los límites que construyen la normativa sexual
para las mujeres”, argumenta acertadamente Cristina Garaizábal en el prólogo de la versión en
castellano de Revolting Prostitutes de Juno Mac y Molly Smith. Pese al avance en los estudios
de género y feministas, la sexualidad sigue siendo uno de los índices de medida más influyentes
en torno a la construcción social de las mujeres. Los límites de este marcador delimitan la buena
de la mala, la aceptable de la inaceptable, la digna de la indigna. De este modo, quien sale de
dichos límites es considerada “mala” y quien respeta esas fronteras es catalogada como la
“buena”. Empero, de un modo u otro, a las mujeres se les mide de acuerdo con el ejercicio de
la sexualidad que practiquemos.

Las trabajadoras sexuales virtuales y presenciales han sido históricamente las transgresoras de
esos límites. Esto ha conducido a que todas las mujeres que ejercen el oficio del placer
automáticamente sean consideradas “malas”. Inclusive las mujeres que ejercen de una
sexualidad plena, a pesar de que no practiquen dicho trabajo, son catalogadas como putas, lo
cual es sinónimo de ser “malas”.

La sociedad caracteriza la identidad de las personas por su actividad sexual: las


mujeres han sido marcadas de una manera diferencial en comparación con los
hombres con quienes tienen relaciones sexuales, sean o no comerciales, pues también
es "puta" la que se acuesta con muchos, aunque no cobre. […] A menos que sea
legitimada por "el amor" o por "el matrimonio", la actividad sexual de las mujeres
está estigmatizada: la que busca placer, aunque sea en una relación monógama o de
fidelidad exclusiva, es una puta. (Lamas, 1996, pp. 44-45)

Esta división entre las mujeres buenas o decentes y las malas o putas es una forma de control
de los cuerpos femeninos a partir del ejercicio de su sexualidad. Esta idea también reproduce
los esquemas heterosexuales, monogámicos, leales e incondicionales que se esperan de una
mujer. En el momento en que las trabajadoras sexuales no cumplen con el requerimiento de la

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entrega voluntaria, “amorosa” y “libre de pago” de la sexualidad, pierden la categoría de
“buenas” y, al mismo tiempo, el respeto de la sociedad en general, incluyendo clientes,
familiares y amigues.

Como apunta Giselle Rodríguez (2012, p. 45), “esta transgresión genera, como respuesta del
modelo predominante de la sexualidad, la estigmatización de esta actividad desde diferentes
aspectos: moral, patológico y criminalmente. Lo cual conllevó a que las mujeres que ejercen el
trabajo sexual fueran consideradas socialmente como las perdidas, las desviadas o
delincuentes.” Esto es importante de resaltar porque la maldad no es abstracta o efímera, es
materializada en formas de represión, encasillamiento o castigo, y es el producto del “exceso”
sexual de las trabajadoras. “Este supuesto exceso sexual, y la pérdida [de ser] que lo acompaña,
define a la prostituta como la “otra”.” (Mac y Smith, 2020, p 64)

En la articulación académica decolonial y poscolonial, lo otro era una codificación asignada


por Occidente que abarcaba a todas aquellas personas que eran consideradas inferiores debido
a su “falta de civilidad y racionalidad”. En este caso, hablar de la trabajadora sexual como la
otra, es parte de una re-interpretación de los postulados decoloniales en un contexto de
producción académica feminista occidental. Chandra Mohanty (2008), al hacer un análisis de
los textos feministas occidentales que homogenizaban la vivencia de las mujeres del tercer
mundo, establece que la academia feminista genera una práctica discursiva y una práctica
política que interviene en ciertos discursos hegemónicos patriarcales, pero replicando las
formas hegemónicas de crear y re-crear conocimiento.

Las feministas occidentales, al posicionarse como las referentes implícitas de la experiencia


femenina, universalizan una serie de prácticas que cambian con cada cultura. Lo que Mohanty
está tratando de hacer, es “desenmascarar la forma en la que el universalismo etnocéntrico se
produce en ciertos análisis. De hecho, mi razonamiento es válido para cualquier discurso que
coloca sus propios sujetos autorales como el referente implícito, es decir, como la unidad de
medida mediante la cual se codifica y representa al Otro cultural. Es en este movimiento donde
se ejerce poder en el discurso.” (Mohanty, 2008, p. 4)

Este mismo ejercicio se puede aplicar al caso del trabajo sexual presencial y virtual, en donde
las feministas abolicionistas producen una imagen de una “víctima que se encuentra en
condición de prostitución.” En su entendido, la trabajadora sexual lleva una vida lamentable
debido a su condición de trabajo forzado, indignante y sumisa bajo el yugo patriarcal;

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contrastando con la auto-representación de las propias feministas abolicionistas dueñas de sus
propias vidas, tomando las mejores decisiones, modernas, en control de su sexualidad y estando
liberadas del mandato patriarcal.

Así como Mohanty (2008) apunta que las académicas feministas occidentales les roban su
agencia histórica y política a las mujeres del tercer mundo al homologar y homogenizar su
experiencia, del mismo modo puedo afirmar que las feministas abolicionistas (generalmente
radicales y liberales) están robando la agencia histórica, política y sexual de las trabajadoras
sexuales, al reducirlas a una condición de víctimas, desviadas o perdidas debido, únicamente,
a la profesión que ejercen. Sin importar la diferencia de modalidad de trabajo sexual que se
ejerza o las condiciones en las que se trabaje, para las abolicionistas todas las trabajadoras
sexuales sufren de la misma condición de explotación y, por lo tanto, deben ser salvadas.

Esta imposición categórica forma parte de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina
monocultura del saber, la cual es una de las cinco lógicas de producción de no existencia, a
partir de la matriz colonial de poder. El feminismo hegemónico, especialmente el abolicionista,
mantiene su lógica en esta monocultura del saber, puesto que para ellas la trabajadora sexual
no existe, la mujer que ejerce este oficio es una “víctima”, no es una “trabajadora”. Negar su
condición laboral va más allá de negar sus derechos laborales, sino que elimina su posibilidad
de existencia. Asumir que las putas son víctimas roba su agencia (su capacidad de decisión) y
produce su no existencia, siguiendo las mismas lógicas coloniales y etnocéntricas que
Occidente retoma como “naturales”. En suma, y retomando a Oyěwùmí (2017, p. 55), “desde
una perspectiva multicultural, el punto más interesante es el grado en que el feminismo, a pesar
de su actitud radical, exhibe las mismas características etnocéntricas e imperialistas de los
discursos occidentales que busca subvertir.”

Carol Leigh, hablando de su propia experiencia, afirma que el discurso feminista abolicionista
se materializó en forma de castigos sociales, replicando las mismas formas patriarcales que la
sociedad aplicaba al traspasar las fronteras de lo sexualmente “válido” para una mujer. En sus
palabras:

Me di cuenta de que las perspectivas feministas de las activistas anti-porno no


coincidían con mis creencias. Ser castigada como una zorra fue parte de la manera
en que fui oprimida por el patriarcado que condenaba mis inclinaciones sexuales. La
ideología anti-porno evocaba esa condena. (Leigh en Morcillo y Varela, 2016, p. 15)

39
De este modo, la trabajadora sexual y la trabajadora sexual virtual se convierte en la contraparte
de la feminista abolicionista, encarnando todo lo malo y erróneo de la sexualidad. En suma, la
trabajadora sexual se convierte en la otra cultural (y por tanto inferiorizada) del feminismo
hegemónico, aquella mujer que se pone de ejemplo para nunca seguir. Asimismo, el estigma
alrededor de la profesión evita que se hable de ello, relegando la práctica a la secrecía y a la
invisibilidad, permitiendo que la práctica comercial de la sexualidad se siga olvidando o, en el
peor de los casos, criminalizando.

Los discursos abolicionistas: la estigmatización


La discusión en torno al trabajo sexual no es nueva, ni exclusiva del feminismo, sin embargo,
ha tenido gran cabida en este espacio epistémico, especialmente desde el feminismo radical
abolicionista o SWERF (Sex Work Exclusionary Radical Feminism), al señalar a la sexualidad
como el fundamento de la opresión de las mujeres.4 Como postula Paula Sánchez, “el estigma,
que obvian estos discursos, lo atraviesa todo, funciona como un prisma a través del cual
percibimos la prostitución. El prisma refracta, desvía su luz del foco original para orientar la
percepción hacia otro punto.” (Sánchez, 2019, p. 3) Esto genera la reproducción de ideas que
criminalizan, estigmatizan y estereotipan el trabajo sexual y a quienes lo ejercen. Además,
como afirman Juno Mac y Molly Smith (2020, p. 47), “su movimiento [el abolicionista] se
compone casi exclusivamente por quienes ya no comercian con el sexo y por quienes nunca
han vendido sus servicios sexuales. [… Por lo que] muy pocas de ellas se verán materialmente
afectadas por las políticas sobre prostitución.”

A pesar del tinte revolucionario, la producción discursiva abolicionista sólo reproduce los
estigmas y prejuicios en torno al trabajo sexual y trabajo sexual virtual, incrementando la
inseguridad, el peligro y la exclusión de las trabajadoras sexuales. En este sentido, el estigma
es entendido como una marca simbólica que es impuesta sobre las identidades y los cuerpos de
los otros, debido a un comportamiento social que es considerado inadecuado. Esta marca,

es una marca social visible y reconocible por los demás y el individuo mismo.
[…] Esta auto- representación negativa de la trabajadora sexual, tanto subjetiva
como colectiva, conlleva a que su práctica económica sea socialmente mal vista
y desvalorizada por su entorno, afectando en gran medida que para la

4
Véase Dworkin, A. (1976). Our Blood. Prophecies and discourses on sexual politics. Perigee Books. de Miguel,
A. (2015). Neolibrealismo sexual. El mito de la libre elección. Ediciones Cátedra. MacKinnon, C. (1995). Hacia
una teoría feminista del Estado. Ediciones Cátedra. Pateman, C. (1995). El contrato sexual. Anthropos.

40
institucionalidad no sea considerada en cuanto a su categoría de trabajadora,
perpetuando su ilegalidad y desprotección. (Rodríguez Valladares, 2012, p. 32)

El feminismo abolicionista abona a esta exclusión social y relega a las trabajadoras a espacios
de acción clandestina o informal. Además, el lenguaje estigmatizante que se utiliza en los
discursos feministas y académicos no sólo deshumaniza la experiencia y vida de las
trabajadoras, sino que automáticamente excluye de estos espacios a quienes ejercen este oficio.
Para poder entender mejor la producción de discursos negativos o estigmatizantes en contra
del trabajo sexual virtual, destaco cinco de los planteamientos argumentativos que más resaltan
en estos debates.

1) La degradación.

A la gente le preocupa la dimensión sexual del trabajo sexual. Esta angustia se


manifiesta en ideas sobre la degradación corporal y sobre la amenaza que las
trabajadoras sexuales plantean en tanto vector de dicha degradación. (Mac y Smith,
2020, p. 59)

A partir de esta primera premisa, al trabajo sexual virtual se le observa como una desviación o
algo “malo” que acaba con los cuerpos de las mujeres, como si de jabones desgastados se
tratase. Esta figura retórica que asimila al cuerpo y a la sexualidad con una cantidad limitada
de usos (especialmente cuando se trata de trabajo sexual presencial), es parte de los recursos
literarios que se utilizan para atacar al trabajo sexual y al trabajo sexual virtual. Respecto a este
último, si extrapoláramos este argumento en el número de veces que una persona ve un video
sexual o una fotografía erótica de una trabajadora, entonces el desgaste sería exponencial y casi
imposible de contabilizar.

Esta degradación también es una marca social y corporal que define a las trabajadoras sexuales
virtuales a partir de su profesión, por lo que son consideradas como una “categoría particular”
de personas que son víctimas del patriarcado (como si las trabajadoras sexuales fueran las
únicas que viven las consecuencias de este sistema de opresión de género). En palabras de
Garaizábal, “las prostitutas no son consideradas como trabajadoras sino como putas y toda su
vida es valorada bajo este prisma.” (Garaizábal en Mac y Smith, 2020, p. 22)

2) La pérdida.

Como escribe Jo Doezema, dentro del feminismo en contra de la prostitución:

41
El eco [...] de lo pornográfico es notable. La prostituta no solo carece de… [...] ella
misma es carencia. Lo que estas feministas quieren sobre todo de las trabajadoras
sexuales es que cierren sus agujeros -que cierren la boca, que crucen las piernas-
para evitar que absorban y esparzan sustancias y palabras que les parecen nocivas.
(Mac y Smith, 2020, p. 68)

Relacionado al anterior punto, el segundo argumento de los discursos estigmatizantes advierte


que el trabajo sexual virtual lleva consigo algún tipo de “pérdida”, ya sea física o moral, ante
ella misma o ante los demás. Esta idea sugiere que todas las prácticas y contenidos sexuales
que se comercien se deben a una falta de voluntad, identidad, ser, pertenencia o simplemente
“agallas” de las trabajadoras sexuales virtuales. En este caso, la pérdida no es sólo durante el
acto (de comerciar con la sexualidad), sino que lo antecede, puesto que una mujer “normal” no
podría producir, vender y/o distribuir material pornográfico por internet.

Retomando la cita inicial, la pérdida no sólo conlleva la carencia de algo, sino que la propia
trabajadora sexual virtual es símbolo de pérdida y carencia. Este principio parte de la
colonialidad del poder y, su expresión ontológica, la colonialidad del ser; “esto es, la
experiencia vivida del sistema mundo moderno/colonial en el que se inferioriza
deshumanizando total o parcialmente a determinadas poblaciones, apareciendo otras como la
expresión misma de la humanidad.” (Restrepo y Rojas, 2010, p. 155) De este modo, las
trabajadoras sexuales virtuales son inferiorizadas y deshumanizadas en comparación con las
feministas abolicionistas, a tal grado que dicha condición desigual desemboca en la culpa.

Esta negación de la trabajadora sexual como una igual y de la culpabilización por su condición
(en el caso de aquellas trabajadoras precarizadas) tiene sus raíces en los inicios del propio
feminismo. Una de las feministas pioneras del movimiento, Mary Wollstonecraft, en
Vindicación de los derechos de la mujer afirmaba con vehemencia:

¡Cuánto más respetable es la mujer que se gana su pan cumpliendo un deber que la
belleza más lograda! ¡He dicho belleza!: soy tan sensible a la hermosura moral o al
armonioso decoro que afinan las pasiones de una mente bien regulada, que me
sonrojo al establecer la comparación; no obstante, suspiro al pensar qué pocas
mujeres aspiran a obtener esta respetabilidad apartándose del vertiginoso ajetreo del
placer o de la calma indolente que entontece a las buenas personas a las que succiona.
(Wollstonecraft, 1792, p. 138)

En esta desafortunada cita se aprecia a la puta como la otra cultural del feminismo, asumiendo
que el trabajo sexual hace de las mujeres personas que no son dignas de respeto, así como
desestabilizadoras del orden público, de la normalidad. En la actualidad, Wollestonecraft sigue

42
siendo leída y retomada por los feminismos hegemónicos (el radical abolicionista y el liberal),
extrapolando este rechazo hacia el trabajo sexual virtual y, por ende, a las creadoras de
contenido sexual virtual.

3) La víctima.

La idea de la vagina como algo fundamental peligroso o patético se potencia en


parte por una arraigada percepción feminista del acto sexual de la penetración
como un indicativo de sometimiento. (Mac y Smith, 2020, p. 61)

Para el feminismo abolicionista, el trabajo sexual virtual es visto como una forma de violencia
física y simbólica contra las mujeres. Del mismo modo, dentro de los discursos en contra del
trabajo sexual virtual destaca la idea de que este trabajo es una imposición patriarcal y
neoliberal, por ejemplo, Sandra Guerrero (2019), una feminista abolicionista, apunta que “el
éxito de la plataforma OnlyFans es la victoria de la propaganda misógina que se vuelve
omnipresente y que busca «tentar» a las mujeres más jóvenes con la “validación masculina” y
“dinero fácil”, las dos imposiciones que el patriarcado y el neoliberalismo, respectivamente,
colocan como falsas aspiraciones para las mujeres.”

El empleo de las palabras es crucial para entender el estigma presente en estos discursos. En
este ejemplo se observa que el trabajo sexual virtual es asimilado como “propaganda
misógina”. Asimismo, se niega la capacidad de decisión e intelectual de las trabajadoras al
afirmar que fueron “tentadas” y que sus ingresos se deben a “falsas aspiraciones”. Así, e
involuntariamente, se niega la agencia de las trabajadoras sexuales virtuales y se da por sentado
que los ingresos provenientes de OnlyFans son extras y no son indispensables para su vida. En
suma, desde el feminismo abolicionista al trabajo sexual virtual ni siquiera se le considera como
un trabajo, sino una forma de explotación, de sumisión o de tentación.

Al no equipararlo con un empleo, las trabajadoras sexuales se convierten en víctimas de una


opresión patriarcal. Retomando como ejemplo, nuevamente, a Sandra Guerrero (2019), “la
realidad es que su vida y su cuerpo son explotados para que los hombres puedan mantener sus
privilegios patriarcales, y esto ocurre así, aunque haya mujeres que lleguen a negarlo.” Se
invisibiliza toda capacidad de decisión y negociación, y se solidifica la figura de la víctima que
tiene una gran capacidad de atracción, porque claro ¿a qué mujer le gustaría ser vista como una
víctima?

Termino este tercer punto con una cita de Marta Lamas:

43
El abolicionismo se alimenta del espectro de la violencia sexualizada, y vale la pena
explorar el abuso que las feministas están haciendo de la figura de la víctima, así
como la asociación entre la violación y la prostitución, que persiste en el imaginario
feminista. Este “pánico moral” impide ver las variedades de situaciones en las que
se encuentran las trabajadoras sexuales, con distintos niveles de decisión personal y
de ganancia respecto al trabajo sexual, y dificulta la elaboración de políticas públicas
que partan de la defensa de sus derechos laborales. (Lamas, 2016, p. 32)

4) La objetificación.

El cuarto argumento niega la agencia de las trabajadoras sexuales virtuales, negando a su vez
su categoría de sujetos políticos, y reduciéndolas a simples objetos de estudio o de rescate. Juno
Mac y Molly Smith, dos trabajadoras sexuales del Reino Unido, afirman que “las mujeres
feministas nos describen como “cosas” de las que alguien puede adquirir una licencia de un
solo uso para penetrar.” (Mac y Smith, 2020, p. 68) Encuentro una contradicción entre las
feministas abolicionistas que dicen que los hombres ven a las mujeres como objetos (al
contratar sus servicios y “consumir” sus cuerpos), mientras que ellas mismas se dan la libertad
de ofrecer comparaciones denigrantes con objetos. Al final, vienen haciendo lo mismo,
convierten a la trabajadora en objeto, la instrumentalizan y la usan para su discurso “radical”.

Esta idea también regresa al argumento de la explotación y la coacción estructural que obliga
a las mujeres a practicar un oficio que no desean (nuevamente, asumiendo bajo sus propios
valores que ninguna mujer quiere comerciar libremente con su sexualidad y su cuerpo). “Sobre
esta cuestión, el abolicionismo ha desarrollado un profundo corpus teórico de ideas tales como
la dominación masculina (MacKinnon, 1995), la inviabilidad del consentimiento en
condiciones de coerción patriarcal (Pateman, 1995) o, de manera más matizada, su
problematicidad (Fraisse, 2012).” (Sánchez Perera, 2019, p. 3)

También resulta interesante la forma en que el discurso abolicionista tiende a hablar en plural
de la primera persona. Por ejemplo, en este texto de Pibas por la abolición (2020), escriben lo
siguiente:

“Somos hipersexualizadas y tratadas como mercancía a través de prácticas


disfrazadas de empoderamiento y libertad sexual. A las personas que nos ven por
redes sociales no les interesa nuestra libertad, les interesa consumirnos.”

Las abolicionistas hablan en plural al referirse a las trabajadoras sexuales virtuales, como si
ellas mismas fuesen trabajadoras. Esta idea denota dos aspectos: 1) la responsabilidad de las

44
putas virtuales por “perpetuar y darle gusto al patriarcado”; y 2) la homegenización de la
experiencia de ser mujer. Sobre este último punto, resalto lo postulado por María Lugones,

sólo las mujeres burguesas blancas han sido contadas como mujeres. Las
hembras excluidas por y en esa descripción no eran solamente sus subordinadas sino
también eran vistas y tratadas como animales, en un sentido más profundo que el de
la identificación de las mujeres blancas con la naturaleza, con los niños, y con los
animales pequeños. Las hembras no-blancas eran consideradas animales en el
sentido profundo de ser seres «sin género», marcadas sexualmente como hembras,
pero sin las características de la femineidad. (Lugones, 2008, p. 94)

De este modo, la mujer, como sujeto político y protagonista de la lucha feminista, cuestiona el
papel obligatorio de la feminidad, pero ignora y olvida a las mujeres que el propio sistema de
jerarquización social se encargó de marginar y ocultar, porque no responden a una sexualidad
normada.

5) La criminalización.

Además, el llamado de Dines [una famosa feminsita abolicionista de Estados


Unidos] a la acción colectiva en respuesta a la pornografía como problema de salud
pública se entrega al sentido común del público en torno a la vulnerabilidad de los
demás, especialmente los niños. (Boulton, 2015, p.80)

Como una extensión del estigma hacia la pornografía, la producción de contenido sexual virtual
ha sido visto como una forma de vulneración a la salud y la moral pública. De este modo, el
trabajo sexual virtual, al ser un peligro moral y de salud pública, no puede ser ni aceptado y
mucho menos legalizado. Como postula Ronald Weitzer, “se da por hecho que la legalización
plantea una amenaza simbólica a la sociedad al darle la bendición estatal a una institución que
oprime a las mujeres y que supuestamente también fomenta un mayor tráfico de personas con
fines de explotación sexual.” (Weitzer, 2014, p. 203)

Asimismo, al equiparar al trabajo sexual con trata, se conduce al “síndrome del salvador
blanco” por medio de la “industria del rescate”. Esta industria es entendida como “los variados
sistemas de recompensa social asociados con la “reforma de las prostitutas”, así como con la
protección de la infancia y con el rescate de los animales.” (Mac y Smith, 2020, p. 40) Es decir,
se equipara a los niños y a las niñas, a los animales y a las prostitutas, ya que “no saben lo que
hacen” y necesitan ser “salvados y guiados”. Se puede observar que esta industria del rescate
es adultocéntrica, especista y putofóbica, la combinación perfecta producto de la colonialidad
del poder.

45
Ambos argumentos (tanto la del peligro, como la del rescate) encaminan a la criminalización
del trabajo sexual virtual a través de la imposición de sanciones, del cierre de sitios webs y de
la cancelación de cuentas bancarias. A este “feminismo que da la bienvenida al poder policial
se llama feminismo punitivista. […] El feminismo punitivista se centra en la vigilancia policial
y la criminalización como las formas clave de impartir justicia para las mujeres.” (Mac y Smith,
2020, p. 50) En este caso, el feminismo abolicionista al criminalizar el trabajo sexual se
convierte automáticamente en un feminismo punitivista.

Aún así, la criminalización del trabajo sexual virtual sigue teniendo tintes de mantenimiento
de “orden y decencia”. Por ejemplo, el movimiento en contra de la pornografía en Estados
Unidos argumenta que “"el tráfico de mujeres y niños [se] vincula con la propagación de la
obscenidad" y que la pornografía "corrompe a los niños, arruina matrimonios, contribuye a los
delitos sexuales contra niños y adultos, y socava el derecho de los estadounidenses de vivir en
una sociedad decente.” (Weitzer, 2014, p. 209) En este argumento, se responsabiliza al trabajo
sexual virtual de la trata infantil y el tráfico de personas, esto es una salida fácil y miope de un
problema gravísimo, el cual no se puede entender solamente por la creación y producción de
material sexual virtual. Bajo esta misma lógica, se podría asumir que antes de la existencia del
trabajo sexual virtual no existía tráfico de personas y, del mismo modo, se niega que la
intensificación o aumento de la trata (en caso de que lo haya) sea producto de las consecuencias
del sistema económico capitalista, en su fase neoliberal.

Características generales de esta producción discursiva

Una vez teniendo en cuenta los cinco planteamientos argumentativos de la producción


discursiva estigmatizante, es posible caracterizar a dichos discursos a partir de los puntos de
convergencia. Como principal característica, destaca el objetivo que las abolicionistas
persiguen, el cual es bastante obvio porque se inserta dentro del propio nombre: abolir o
erradicar el trabajo sexual y el trabajo sexual virtual. Esto se logra a través de sanciones legales
a clientes, intermediarios y a las propias trabajadoras sexuales.

Con el fin de conseguir este objetivo, a muchas feministas abolicionistas no les importa crear
coaliciones con grupos conservadores, neo-fascistas y anti-derechos, todo bajo el argumento
del “rescate y salvación” de las mujeres oprimidas por el patriarcado. Esto ha hecho que, por
ejemplo, en Estados Unidos se elaboren “cruzadas” en contra del trabajo sexual, donde se
reúnen organizaciones religiosas, políticos y activistas feministas de este país; otro caso de

46
alianzas entre el feminismo y la derecha, pero relacionado a la identidad de género y no al
trabajo sexual, fue la coalición del Partido Feminista de España y Vox (un partido de extrema
derecha) quienes se opusieron a la Ley Trans de este año. (La Vanguardia, 2021)

Las siguientes características del discurso abolicionista las retomo del artículo de Ronald
Weitzer (2014, p. 189-190), El movimiento para criminalizar el trabajo sexual en Estados
Unidos, quien escribe sobre los discursos de las cruzadas en contra del trabajo sexual. La
primera de ellas es la “inflación de la magnitud de un problema (por ejemplo, el número de
víctimas, el daño a la sociedad) y argumentos que exceden por mucho la evidencia existente.”
Por lo tanto, las cifras de la trata y el tráfico de personas que sustentan los discursos
estigmatizantes no son confiables, son simples recursos que sirven para validar sus argumentos.

Otra característica redunda en las “historias de horror, en las que los casos más terribles se
describen con mórbido lujo de detalle y se presentan como si fueran típicos y prevalecientes.”
De este modo y como se vio en párrafos anteriores, las trabajadoras sexuales virtuales son
objetificadas e instrumentalizadas para los usos convenientes de su argumento. Asimismo, esto
puede representar una forma de revictimización para mujeres que sí han sido o fueron víctimas
de trata, ya que estos discursos tienen grandes amplificadores y plataformas de difusión.

Por último, Wetizer (2014, p. 190) denomina la “convicción categórica: los miembros de la
cruzada insisten en que cierto mal existe en la medida exacta en la que ellos lo describen y se
niegan a reconocer cualquier escala de grises.” Esta característica niega la posibilidad de una
posición ambivalente sobre el trabajo sexual, la cual estudiaremos más adelante, y se mantiene
en la misma lógica colonial y maniquea de división binaria de las personas, los cuerpos y las
identidades, donde las posibilidades se reducen a lo “bueno” (generalmente quien se mantiene
dentro de los límites aceptables de la sexualidad) y a lo “malo” (quienes salen de estos límites).

A partir de estas características en común, el feminismo abolicionista organiza la agenda del


discurso sobre el trabajo sexual y el trabajo sexual virtual, llevando la batuta de la producción
discursiva y reproduciendo la estigmatización sobre este oficio. En suma,

en la actualidad, a la luz de cómo se están produciendo los debates en nuestro país


creo que un sector del feminismo (el que hace del abolicionismo una de sus señas de
identidad) no tiene en consideración la situación de las trabajadoras del sexo, a la
vez que invisibiliza sus problemas concretos, negándolos o magnificándolos, de tal
manera que parece que la única solución pasa por acabar con el trabajo sexual.
(Garaizábal en Mac y Smith, 2020, p. 18)

47
Considero que antes de acabar con un empleo que da sustento a millones de mujeres en todo el
mundo, es necesario brindar la seguridad y protección adecuadas. De lo contrario, al reproducir
los discursos estigmatizantes y criminalizar el trabajo sexual virtual sólo se están generando
condiciones desfavorables para las trabajadoras. De este modo, la producción discursiva
estigmatizante se materializa en castigos sociales, jurídicos y económicos hacia las putas
virtuales, pero este tema será analizado en el siguiente apartado.

Consecuencias y efectos del estigma hacia el trabajo sexual virtual

Como hemos visto, la producción discursiva siempre conlleva una materialización en la


realidad, mientras que la realidad se sostiene y legitima a partir del discurso. Es por esto que la
producción discursiva estigmatizante contra el trabajo sexual virtual que sostienen las
feministas abolicionistas no es inocente, las consecuencias que producen y reproducen las
viven las trabajadoras todos los días en diferentes espacios y ámbitos de sus vidas. De este
modo, propongo tres espacios de afectación de dichos discursos: uno individual o interno, el
cual es parte del proceso emocional de la trabajadora sexual virtual; un espacio social, en el
que se incluyen a familia, amigos, compañeros de trabajo o desconocidos que juzgan la práctica
del oficio sexual virtual; y finalmente uno virtual, el cual es una extensión del social, pero
cuyos efectos pueden ser multiplicadores.

Espacio individual

Una profesora de Estados Unidos, Amy Kupps, fue despedida porque descubrieron su cuenta
de OnlyFans, la cual utilizaba para ingresos económicos extras. Algo que resalto de esta noticia
es la declaración que dio la profesora a la prensa, relatando sobre el día que el director de la
escuela habló con ella: “Estaba temblando con lágrimas y sentía vergüenza. Me hicieron sentir
tan pequeña y repugnante.” (Kups en Milenio Digital, 2021) Estos sentimientos producidos son
una expresión del auto-castigo moral aplicado a ella misma por haber contravenido las normas
sociales aceptadas, produciendo un daño a su salud mental.

La acción que antecedió al castigo fue la exposición pública, en este caso, del material sexual
fotográfico y audiovisual, teniendo por objeto la venganza a través de la vulneración y
exposición digital de los datos íntimos o particulares de una persona. Esta práctica es
denominada doxing y puede detonar rápidamente ciber-acoso y abusos sufridos por medio de

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internet. Algunas de las consecuencias psicológicas y emocionales que el doxing desata son
autoestima baja o pérdida de la confianza, estrés, ansiedad, ataques de pánico, problemas para
dormir y pérdida de la concentración. (Amnistía Internacional, 2017)

Los problemas de la salud mental son tan reales como las enfermedades físicas que padecemos.
“La ansiedad que sufre una víctima de doxing puede generar una situación de estrés que podría
acabar cronificándose y repercutiendo tanto a nivel de salud mental como física. Una situación
de estrés crónico puede provocar muchos problemas de salud a largo plazo.” (Montiel citado
por Fita, 2017) El espacio individual está interconectado con el espacio social y con el virtual,
es por ello que las acciones en estos planos afectan de sobremanera a las trabajadoras sexuales
virtuales.

Espacio social

Muchas veces el castigo social puede provenir de las personas más cercanas a las trabajadoras,
ya sean conyugues, familiares o amigos. Para prevenir arruinar lazos fraternales, muchas
trabajadoras sexuales virtuales prefieren mantener su oficio en secreto, sobre todo con las
personas que mantienen un prejuicio contra esta actividad. Asimismo, la trabajadora puede
confiar su actividad a un grupo de personas cercanas, cuya reacción puede ser de aceptación,
de rechazo o de distanciamiento.

Sin embargo, si la trabajadora mantiene en secreto esta profesión a cierto de grupo de personas,
entonces el secreto puede ser usado en su contra en cualquier momento. Por ejemplo, en el caso
de Amy Kupps, la persona que la “delató”, es decir, la persona que reveló el trabajo secundario
de la profesora ante las autoridades educativas fue su propio esposo. Este hombre sabía que
exponer la práctica de este oficio virtual estigmatizado tendría consecuencias negativas,
inclusive llegando al despido del trabajo primario de Amy.

Los despidos de trabajadoras sexuales virtuales se presentan a menudo bajo justificaciones de


violación a las políticas de las empresas. ¿Acaso estas políticas excluyen expresamente a las
trabajadoras sexuales? ¿No es ésta una forma de limpieza civilizatoria, en donde no están
permitidos ciertos cuerpos que no se limitan a las reglas de la normalidad sexual?

Otro ejemplo es el de Kirsten Vaughn, una mecánica de autos que trabajaba para Honda, que
fue despedida después de que sus jefes descubrieran que tenía OnlyFans, argumentando que su
profesión podría “dañar la reputación de la compañía.” (Steadman, 2020) En esta situación, la

49
“reputación” de una empresa vale más que la dignidad y la seguridad de una trabajadora sexual
virtual. Además de los despidos, en el ámbito laboral también existen otro tipo de violencias
que se ejercen contra las trabajadoras sexuales virtuales, tales como el acoso y el abuso sexual,
por lo que el trabajo se vuelve un lugar inseguro para las mujeres que comercian virtualmente
con su sexualidad.

De este modo, mientras la profesión de las trabajadoras virtuales se mantenga en la secrecía,


serán mujeres honorables y respetables; una vez que sepan que venden nudes y videos donde
le están mamando la verga a un hombre o donde muestran su cuerpo sin ropa, “pierden todo
respeto” según las reglas y convenciones sociales. Entonces el respeto a las mujeres no se debe
al género en sí (como lo dice el dicho popular “a una mujer no se le pega ni con el pétalo de
una rosa”), sino a la profesión que practique, sea esta considerada digna o no a miras de la
sociedad disciplinar. Cuando una mujer comercia con su sexualidad vía online, en la mayoría
de las ocasiones se ve forzada a llevar una doble vida, en donde la virtualidad es la anfitriona
de un empleo que se debe quedar entre las paredes de, lo que Zafra llama, su cuarto propio
virtual.

Espacio virtual

OnlyFans ha sido un espacio estable y seguro para las trabajadoras sexuales virtuales. Sin
embargo, desde la plataforma también hay censura y prohibiciones con aspectos sexuales que
no son moralmente aceptados. En la plataforma algunas palabras como “pedo” o “meet”
(encuentro en inglés) están prohibidas, por lo que si tratas de escribirlas en un mensaje privado
a algún cliente, la página automáticamente lanzará un cuadro de diálogo que indica la
prohibición de dichas palabras.

Inclusive, la plataforma no sólo ha censurado palabras o cuentas aisladas de trabajadoras


sexuales virtuales, sino que llegó a considerar la prohibición de contenido sexual. En un correo
enviado el 20 de agosto del 2021 (OnlyFans, 2021a), se exponía lo siguiente:

Estimado creador de OnlyFans:

Este correo electrónico es para notificarle los cambios en nuestra Política de uso
aceptable que entrarán en vigencia a partir del 1 de octubre de 2021.

La nueva política prohibirá la publicación de cualquier contenido nuevo que contenga


una conducta sexualmente explícita. El contenido que contenga desnudez seguirá
estando permitido siempre que sea coherente con la política.

50
[…]

¿Por qué tuvo que cambiar la política?

Debido al tamaño y el rápido crecimiento de la plataforma OnlyFans, donde los


creadores han ganado más de $ 5 mil millones de dólares desde su inicio, debemos
confiar cada vez más en las grandes instituciones bancarias y procesadores de pagos
para facilitar los pagos entre fanáticos y creadores. Las nuevas reglas son necesarias
para cumplir con los requisitos de estas instituciones financieras y son la única forma
de ayudar a garantizar la sostenibilidad a largo plazo de OnlyFans.

Gracias,

Equipo OnlyFans

Como había sucedido con otras plataformas de patrocinio (como Patreon), las trabajadoras
sexuales virtuales serían echadas del sitio web después de que éste se hubiese enriquecido con
las ganancias que produjeron las propias putas. Esto produjo que las mujeres comenzaran a
retirar los fondos que aún tenían en la plataforma y a abrir cuentas alternas en sitios menos
populares, teniendo así una segunda opción que les permitiera tener un colchón económico
para cubrir sus necesidades básicas. Poco después del anuncio prohibitivo, OnlyFans mantuvo
los Términos del Servicio y notificó a las trabajadoras sexuales virtuales que sus cuentas se
mantendrían a salvo. (OnlyFans, 2021b)

Como OnlyFans se ha vinculado a la producción pornográfica amateur y como un sitio de


trabajo sexual virtual, la plataforma lanzó una aplicación para dispositivos móviles denominada
OnlyFansTV (OFTV). Sin embargo, como OFTV está en la App Store, el contenido sexual y
pornográfico está expresamente prohibido, excluyendo así a los creadores de contenido para
adultos. (Ifeanyi, 2021)

Estas políticas de censura no se sostienen de la nada, mas bien son consecuencias de las
prohibiciones legislativas impuestas por FOSTA-SESTA. Estas leyes, firmadas durante la
presidencia de Donald Trump y apoyadas por una coalición de grupos políticos de la derecha
religiosa y feministas abolicionistas de Estados Unidos, han probado ser poco efectivas en la
lucha contra el tráfico sexual y más peligrosas para las trabajadoras sexuales independientes.
De este modo, “FOSTA-SESTA responsabiliza a los sitios web por cualquier trabajo sexual
facilitado en sus plataformas. Las trabajadoras sexuales ya no pueden compartir información
ni advertirse entre sí de los clientes violentos”. (Markowicz, 2019)

51
A pesar de que esta ley está localizada espacialmente en el territorio estadounidense, sus efectos
rebasan las fronteras y pueden ser percibidos alrededor del mundo. Como postula Heather
Jarvis, “cuando una ley impacta al Internet — el internet es un sitio sin frontera — a menudo
se expande a diferentes países. Entonces, aunque estas son leyes en Estados Unidos, hemos
visto que también han estado cerrando sitios web en Canadá y otros países.” (Jarvis en Bell,
2021).

Por otro lado, uno de los mayores problemas de FOSTA-SESTA es que fuerza a las
trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales virtuales a una situación mucho más peligrosa,
que es lo opuesto a lo que la ley pretendía hacer. “Según Globe and Mail, ha habido un aumento
en el número de proxenetas que envían mensajes a las trabajadoras sexuales que prometen
trabajo, lo que pone a las trabajadoras sexuales en el lado perdedor de una dinámica de poder
sesgada, cuando antes podían organizarse de forma segura en sus propios encuentros en línea.”
(Bell, 2021) Debido a que muchas trabajadoras sexuales presenciales se refugiaban en el
espacio virtual para negociar sus encuentros con clientes, el cierre de estas plataformas
conllevó a que éstas regresaran a las calles, donde el tiempo y las condiciones para dicha
negociación son más cortos e inseguros. Es decir, la virtualidad no sólo implica un espacio de
trabajo para las putas virtuales, sino que se ha convertido en una herramienta primordial para
las trabajadoras sexuales presenciales.

Por otro lado, a pesar de que OnlyFans es el sitio en donde se encuentra el material sexual
producido por las trabajadoras, éste no se queda ahí, puesto que muchas veces para
promocionar la cuenta y tener más suscriptores (y por ende más ganancias) se tienen que crear
cuentas en redes sociales libres (como Twitter, Reddit, Facebook, TikTok o Instagram), como
estrategia de marketing, para poder llegar a más personas.

Sin embargo, a finales del 2018, poco después de que se aprobara FOSTA-SESTA, compañías
digitales como Facebook comenzaron a cambiar sus términos y condiciones para protegerse a
sí mismas. (Bell, 2021) Esta red social, una de las más grandes del mundo, comenzó a prohibir
el uso sexual del lenguaje o contenido que retratara actos sexuales explícitos, aunque ésta se
comparta de manera privada y consensuada por ambas partes. Debido a este cambio, las cuentas
de Facebook e Instagram (la cual es parte de Facebook) de cientos de trabajadoras sexuales
virtuales han sido cerradas sin previo aviso. Al igual que el discurso feminista abolicionista,
estas plataformas asimilan “actos sexuales no consensuados” con “servicios del comercio
sexual”.

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Para finalizar, retomo las preguntas de Gustavo Turner (2019),

¿Están las plataformas de redes sociales más grandes del mundo intentando expulsar
a los artistas adultos en nombre de una mezcolanza de estándares de "decencia"
confusos, contradictorios y arbitrarios? ¿Están tratando de censurar las voces de una
comunidad históricamente marginada (trabajadoras sexuales) para doblar la rodilla
ante grupos de presión engañosos financiados por familias religiosas adineradas?

No podría dar una respuesta, sin embargo, estos planteamientos no me parecen descabellados
dado el contexto en el que nos encontramos. Empero, para evitar caer en la producción
estigmatizante sobre el trabajo sexual virtual que afecta a las mujeres históricamente
desplazadas por la sociedad, es necesario revisar el panorama completo a través de las otras
dos producciones discursivas en torno a esta profesión: la positiva y la ambivalente,
permitiendo así llegar a una visión pro-derechos de este trabajo.

53
Capítulo 3. Porno fuera de los márgenes: una visión amplia
sobre el trabajo sexual virtual

Mientras llega la prometida revolución, la lucha no debería ser


contra putas y aliadas (difamando, caricaturizando,
desinformando, acosando o tildándoles de alienadas o no
representativas, cuando no de privilegiadas). Quienes deseen
abolir la prostitución pueden trabajar para que existan
opciones laborales mejor remuneradas para quienes quieran
dejarlo y para que el Plan Integral de Lucha contra la Trata de
Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual (2015-2018)
deje de ser una coartada para perseguir a la inmigración
irregular.
-Paula Sánchez Perera

No estoy afirmando que en cualquier condición y para


cualquier mujer esta forma de trabajo resulte anodina. Pero
teniendo en cuenta que el mundo económico actual es lo que es,
es decir una guerra fría sin piedad, prohibir el ejercicio de la
prostitución en un marco legal adecuado, es prohibir a la clase
femenina enriquecerse y sacar ventaja de su propia
estigmatización.
Virgine Despentes

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Como se vio en el capítulo anterior, el estigma que acarrea la producción negativa sobre el
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual provoca efectos que orillan a las trabajadoras a laborar
en condiciones de mayor inseguridad, inestabilidad e indefensión. Es por ello que, vale la pena
cuestionarse sobre la producción discursiva opuesta, es decir, la positiva, ¿es ésta la solución a
los problemas de las trabajadoras sexuales virtuales, o qué otras cuestiones no visibles implican
el discurso positivo? Para responder estas preguntas, este capítulo se centrará en la producción
discursiva positiva, sobre todo a partir de los discursos provenientes de la industria porno.

Sin embargo, la positiva no será la única vía de análisis, sino que también abordaré una
producción discursiva que no se posiciona en ninguno de los extremos, mas bien se encuentra
en medio de la escala de grises, me refiero a la producción discursiva ambivalente. Sobre ésta
se analizarán los pros y los contras del trabajo sexual virtual, así como una propuesta para una
práctica basada en derechos.

Para finalizar, mostraré los resultados de una encuesta efectuada a 31 creadores de contenido
de OnlyFans, incluyendo mujeres, hombres y personas no binarias, con el objetivo de tener un
panorama (relativamente amplio) sobre las personas que ejercen el trabajo sexual virtual y
eliminar ciertos estereotipos y prejuicios sobre esta actividad; puesto que, si bien el trabajo
sexual virtual es una forma de trabajo sexual, no es un reflejo de las condiciones de vida y
características del trabajo sexual presencial o de calle.

Producción discursiva positiva

Al igual que el discurso estigmatizante tiene uno o varios emisores pilares, el discurso positivo
y alegre que vitorea todos los beneficios del trabajo sexual virtual tiene sus principales
emisores; siendo estos la enorme industria pornográfica (incluyendo actores, actrices y
compañías productoras) y las trabajadoras sexuales virtuales más privilegiadas (quienes
también pueden ser actrices porno, o quienes tienen los mayores ingresos y ventajas de estar
en una plataforma de patrocinio como OnlyFans). Antes de analizar los cinco planteamientos
argumentativos de la producción discursiva positiva, he de advertir algunas características del
discurso pornográfico, puesto que el trabajo sexual virtual también se intersecta y se involucra
con esta industria gigante.

La pornografía, así como la práctica de la sexualidad, cambia de acuerdo con las circunstancias
históricas y culturales de cada geografía. Desde sus inicios y para Occidente, la pornografía ha

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sido más que sólo imágenes de gente desnuda o que está follando, el porno ha sido parte de la
sociedad y un reflejo de ésta. (Pezzutto, 2020) De la misma forma en que la sociedad se refleja
en sus imágenes y videos pornográficos, la magnitud del alcance de esta industria también
interfiere en cómo se percibe el sexo y la práctica de la sexualidad en general. De este modo,
en un proceso cíclico, la sociedad se refleja en el porno y el porno se refleja en la sociedad.

Sin embargo, a este proceso cíclico se le ha cortado un trozo, es decir, la carga moral que tiene
la pornografía evidencia sólo un lado de esta doble vía, por lo que se aduce de los impactos y
perversiones que genera la pornografía en la sociedad, pero no se habla de las condicionantes
sociales que permitieron la proliferación de estas imágenes. Bajo esta lógica, pareciera que la
sociedad fuese una tabula rasa que no permea, ni influye en la forma en que se produce el
contenido pornográfico. A pesar de este reflejo, el porno también es una ficción, que no deja
de tener grandes tintes de realidad. Como diría Virgine Despentes (2018), el porno es un género
cinematográfico, empero se le exige “decir la verdad. Algo que nunca pedimos al cine,
esencialmente una técnica de ilusión.” (Despentes, 2018, p. 108)

Ante las dificultades morales y estigmatizantes que también ha recibido esta industria del sexo,
muchos de sus creadores y productores se han encargado de generar una serie de discursos a
favor de estas prácticas. Este discurso enfatiza sobre todo el disfrute sexual sin censura, el
empoderamiento de quienes lo practican y la libertad económica que les brinda una actividad
enteramente elegida por ellos o ellas. Aunque, paradójicamente, este discurso también tiene
efectos negativos, es preciso recordar que esta producción discursiva tiene una intención, es
decir, no es inocente. Retomando a Emilio Gallardo y Carmen Serrano (2010, p. 200),

Aceptar que el discurso pornográfico tiene sus propias reglas que están
condicionadas primariamente por su funcionalidad: ha de satisfacer los
requerimientos sexuales de sus espectadores. Para ello entra en juego [nunca mejor
dicho] una compleja casuística, donde se combinan prácticas con corporalidades y
roles, dando lugar a discursos que tienen como base su ficcionalidad, su
representatividad, y como non plus ultra el pacto explícito entre ciudadanos libres,
comprometidos en la exposición sexual por diversos motivos, aunque, básicamente,
económicos.

Actualmente, la industria ha cambiado, sobre todo a partir de 2008, cuando muchos estudios
líderes del mercado se vieron obligados a cerrar debido a una combinación de condiciones: la
crisis económica de ese año y la caída de ventas de DVDs producto de la piratería digital.
(Comella en Steadman, 2020a) Esta transformación modificó a los productores y a la

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producción misma de contenido sexual gráfico, permitiendo su autoproducción casera, a
expensas de la producción profesional en estudios.

En cierto modo, esta transformación ha sido benéfica para las trabajadoras sexuales virtuales,
quienes tienen más libertad de creación, más porcentaje de ganancias y más flexibilidad laboral,
sin embargo (y como se ha visto en capítulos anteriores) las consecuencias son similares a un
trabajo freelance, puesto que no hay una seguridad financiera como en los trabajos formales en
donde recibes el pago de nómina cada quincena, ni protección laboral que te garantice la
supervivencia del trabajo. Como lo postula la antropóloga Sophie Pezzutto (2020),

El ascenso del porntropreneur [juego de palabras entre porn y entrepreneur] se


puede usar, de manera similar, para comprender algunos de los problemas
económicos y sociales más amplios de la actualidad. Desde periodistas
independientes hasta aspirantes a académicos, se espera que los profesionales de la
gig economy de hoy sean independientes, flexibles, estén constantemente en línea,
siempre apurados y capaces de promocionarse.

Los artistas porno, como muestra mi investigación, no son diferentes.

De este modo, para poder entender mejor la producción de discursos positivos a favor del
trabajo sexual virtual, destaco cinco de los planteamientos argumentativos que más resaltan en
estos debates.

1) El placer

Al minimizar la coerción económica y enfatizar en su lugar su placer y su deseo, la


profesional erótica trata de convertir el sexo comercial en algo que se parezca más
a la vida sexual que la sociedad está dispuesta a apoyar, una en la que las mujeres
no reciben a cambio un pago. (Mac y Smith, 2020, P. 72)

Enfatizar en el valor del sexo y la idea del placer también es una estrategia discursiva para
atenuar los impactos del estigma contra el trabajo sexual virtual. Empero, al mismo tiempo,
este argumento convierte a las trabajadoras en el estereotipo de la mujer ninfómana y
desenfrenada que sólo busca excitarse. Bien lo describen Juno Mac y Molly Smith, (2020, p.
72) “este discurso sobre el carácter positivo del sexo ayudó a producir una figura que llamamos
“la profesional erótica”. […] la profesional erótica se sitúa como alguien que responde a un
“vocación” que a veces no parece tener nada que ver con el hecho de que cobre por ello.”

También, parte de este planteamiento argumentativo sostiene que el porno es una forma
revolucionaria de representar la sexualidad, puesto que la gran diversidad de nichos, temas y
representaciones logran dar un abanico de posibilidades. Lamentablemente, esta idea

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romantizada de la industria del porno y del trabajo sexual virtual invisibiliza la reproducción
de formas cis-heteronormadas y monógamas de ejercer la sexualidad, y también deja de lado
la prevalencia de una estética hegemónica que obliga a muchas trabajadoras a entrar dentro de
los estándares de lo establecido como “bello” o “deseable”.

Por otro lado, destaco la importancia de desmitificar al amor romántico que está íntimamente
ligada con el sexo (especialmente con el coito). El trabajo sexual virtual es una oportunidad
“para una mujer una manera de echar un vistazo al lado del sexo sin sentimientos, de
experimentar, sin tener que pretender que lo hace por puro placer y sin esperar beneficios
sociales colaterales.” (Despentes, 2018, p. 83) Esto ayuda a desmitificar la pureza sexual de las
mujeres, quienes nos hemos vista sometidas a una prueba de lealtad ante hombres que no
conocemos para poder ser consideradas dignas de ser amadas.

Otra ventaja de este argumento se debe a la suposición de que la pornografía permite la


democratización del placer, es decir, cualquiera puede acceder al placer, estando solo o
acompañado, por medio de fetiches o juegos, observando o participando. Como dice Despentes
(2018, p. 115), “la pornografía es el sexo puesto en escena, ritualizado.” A pesar de esto, no
puede existir una verdadera democratización del trabajo sexual virtual si hay todavía un tercio
de la población sin acceso al internet, debido a las brechas de desigualdad social y económica,
ni suponiendo que la trabajadora es una apasionada por el sexo que disfruta a partir del deseo
del cliente. En sentido inverso, suponer que la trabajadora está sufriendo por hacer su trabajo,
implica negar parte de su agencia, es decir, su voluntad de decidir qué hacer y qué límites
poner.

2) La libre elección

Pretendíamos subvertir el significado de la categoría “puta”, despojándola de sus


contenidos patriarcales -mujeres “malas”, sin deseos propios, “objetos” al servicio
de los deseos sexuales masculinos- y reivindicarla resaltando la capacidad de
autoafirmación, de autonomía y libertad que las trabajadoras sexuales pueden
tener. (Garaizábal en Mac y Smith, 2020, p. 20)

Éste es uno de los puntos de debate más interesantes, puesto que por un lado tenemos a las
feministas abolicionistas argumentando que no existe capacidad de decisión cuando el trabajo
sexual y el trabajo sexual virtual son la última opción posible para una mujer, y por el otro
tenemos a mujeres trabajadoras sosteniendo que ni fueron obligadas, ni fue la última opción

58
posible. “Ahora bien, que toda elección se encuentre de base condicionada no es lo mismo que
decir que está determinada por dichas estructuras. Por tanto, aunque no sea del todo preciso
hablar de elección (porque estrictamente hablando nadie es libre), sí de decisión y de capacidad
de agencia.” (Sánchez Perera, 2017)

Esta agencia es la que permite decidir a una trabajadora ponderar entre trabajar en una tienda
de autoservicio por jornadas laborales de 12 horas con el salario mínimo o una jornada flexible
desde casa cuya ganancia oscile en el promedio de ingresos. ¿Qué quiero decir con esto? Que
la pregunta sobre “¿qué lleva a las mujeres a sitios como OnlyFans?” se responde con la
pregunta “¿qué es lo que lleva a una persona a trabajar?” Sobrevivir de acuerdo con nuestras
decisiones es, sin duda, uno de los mayores logros de la lucha de los obreros, pero ¿por qué el
trabajo sexual virtual representaría una opción diferente y poco digna? Porque la sacralidad de
la práctica sexual sigue siendo parte de lo que define a una “buena y verdadera” mujer.

Por ejemplo, las feministas que estamos a favor del aborto siempre aducimos al “derecho a
decidir sobre nuestros propios cuerpos”. Este mismo argumento es parte de la producción
discursiva positiva del trabajo sexual virtual y el porno: el derecho a decidir nuestra profesión
y sobre nuestros cuerpos. Asimismo, existen prácticas sexuales que se encuentran fuera de la
“normalidad” como el BDSM, sin embargo

muchas personas en las sociedades occidentales contemporáneas tienen una idea


muy negativa del sadomasoquismo. En gran medida ello se debe a una percepción
generalizada de estas prácticas como tipos perversos de la expresión sexual que
incluyen un gran dolor sufrimiento y degradación, suponiendo que quienes las
realizan no son participantes voluntarios sino víctimas. Sobre todo para quienes el
sexo es una interacción tierna y amorosa. (Mendoza Romo, 2019, p. 9)

Esto permitiría desencajonar al sexo y a la sexualidad del amor romántico y se podrían aceptar
como válidas las diferentes formas del goce, el disfrute y el placer. Puesto que, a partir de la
colonialidad del ser, el placer también está controlado y vigilado, salirse de lo que se supone
nos debería gustar es una trasgresión a los valores moderno/coloniales (aunque sigue sin ser
revolucionario bajo las mismas lógicas del sistema). La conquista del deseo es, sin duda, uno
de los mayores logros de las sociedades occidentales modernas, porque con esto, al controlar
lo que se desea, también se controla al cuerpo deseante.

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3) El trabajo sentimental

Las investigaciones sobre trabajadores sexuales han destacado durante mucho


tiempo la dimensión afectiva del trabajo sexual, señalando el cuidado emocional
que brindan las trabajadoras sexuales como una de las principales cosas que,
además del sexo, atrae a los clientes hacia ellas. (Pezzutto, 2019, p.46)

El siguiente postulado argumentativo pretende visibilizar el valor del trabajo sentimental y de


cuidado íntimo que ejerce la trabajadora, lo cual permite no enfocarse únicamente en el trabajo
del placer sexual, sino en el trabajo se cuidados que también implican el ejercicio de este oficio.
Este argumento es una forma de humanizar a quienes están dentro de la industria del sexo,
tanto el porno como el trabajo sexual virtual. Las putas virtuales no son sólo objetos de deseo
y los clientes no sólo son consumidores de placer, entre ambos existe una relación humana que
va más allá de lo contractual.

En el documental Cam Girlz (2015), dirigido por el estadounidense Sean Dunne, se explora la
parte afectiva y emocional que envuelve a las putas virtuales. El filme se adentra en las
viviendas, en las experiencias y en las emociones de varias chicas que se dedican al trabajo
sexual virtual, en específico, al camming (transmitir contenido sexual mediante un video en
vivo por medio de una computadora a un público anónimo). Resalto la siguiente cita que hace
una camgirl participante del documental:

“Existe una conexión emocional a esto.” (min 3:24)

Esta pequeña afirmación clarifica y complejiza el argumento de la venta “indigna” del cuerpo
por ejercer el trabajo sexual. Más que colocarse en el mercado, las cam girls están
involucrándose emocional y afectivamente, permitiendo crear lazos de amistad entre otras
chicas e incluso entre algunos clientes. La virtualidad, a pesar de carecer de contacto físico,
también implica una forma de sensorialidad inducida. Sobre este aspecto, como afirma Cánepa,
“con la tecnología digital la transportabilidad y replicabilidad de las imágenes se ha modificado
enormemente, pero esta no deja de requerir de un soporte y de apelar a la sensorialidad.”
(Cánepa, 2013, pp. 182-183)

4) El empoderamiento

Una artista sexual que usaba cámaras web regularmente y que también tenía
muchos seguidores en Onlyfans me lo describió de la siguiente manera:

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Lo más empoderador es que ya no está centralizado. Poder trabajar solo en cámara, en
Onlyfans, y la idea de poder grabar un video con una persona y publicarlo en tres
plataformas que generan aproximadamente la misma cantidad de dinero ... antes no
podías hacer eso, cuando tenías conglomerados y agentes para pasar. Antes no podías
actuar con un hombre negro o una persona trans ... pero ahora los artistas pueden
decidir más qué quieren hacer. (Pezzutto, 2019, p.44)

Hablar sobre el empoderamiento femenino es parte de un discurso más amplio sobre la


“liberación de la mujer”. En este sentido, el empoderamiento se refiere a la capacidad de decidir
por sí misma, a la independencia económica a partir de un trabajo remunerado y la libertad de
controlar su propia vida, todo ello sin la dependencia de un hombre. Este argumento también
se puede aplicar al trabajo que se hace en sitios como OnlyFans. En este sentido, la cita del
inicio es clarificadora por sí misma, la trabajadora sexual virtual enfatiza las diferentes
libertades que tiene en cuatro aspectos diferentes: el tiempo que puede manejar para su trabajo
y para ella misma, el dinero que gana, la creatividad del contenido sexual que está elaborando
y la distribución no restringida que le permiten las múltiples plataformas de patrocinio. De este
modo, estas cuatro libertades le permiten saberse y sentirse empoderada.

Sin embargo, para muchas feministas abolicionistas este argumento no es válido, puesto que
en su lógica, una mujer explotada por el patriarcado no puede poseer el poder en nada. En un
artículo abolicionista se escribe lo siguiente:

El falso empoderamiento que ofrecen reproduce y facilita la perspectiva de que


nuestros cuerpos puedan ser considerados como vendibles a esta industria que se
multiplica todos los días. Las consecuencias pueden ser vistas en varios planos;
desde la mercantilización de los cuerpos de las mujeres, la estadística de consumo
agigantada por un público esencialmente masculino y la facilidad de las redes de
trata para la captación de víctimas. (Pibas por la abolición, 2020)

Este argumento miope obvia la mercantilización de los cuerpos del trabajo sexual virtual, pero
¿acaso el trabajo no es una forma de mercantilizar la fuerza de trabajo producida por el cuerpo?
La diferencia con el trabajo sexual virtual radica en que se explora la sexualidad de maneras
que no son exclusivamente románticas, monógamas y que trasgreden la sacralidad de los
genitales. Esto impide ver las ventajas que este trabajo tiene y sobre las que muchas mujeres
han hecho énfasis. Por ejemplo, Jah Bella, una trabajadora sexual virtual que usa OnlyFans,
menciona el impacto positivo de este trabajo:

Yo controlo mis horas de trabajo. No necesito sentirme culpable por quedarme en


casa para cuidar de mi hijo enfermo o pasar tiempo con él o con su familia ... Si un
hombre abusa de mí o me acosa, puedo bloquearlo en lugar de tener que lidiar con

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él todos los días. Definitivamente ha cambiado mi vida. (Jah Bella citada por
Boseley, 2020)

Sin embargo, uno de los principales problemas del empoderamiento como argumento es que
“algunas activistas se implican tanto a la hora de defender a las prostitutas sexualmente
empoderadas que pueden minimizar o incluso negar que la industria del sexo pueda ser un lugar
abusivo.” (Mac y Smith, 2020, P. 76)

5) La puta virtual “feliz”

Como la escritora y prostituta canadiense Sarah Mann argumenta: “Las putas


infelices están atascadas buscando una representación política entre un campo que
cuestiona sus experiencias o un campo que cuestiona sus derechos”. (Mac y Smith,
2020, p. 79)

Finalmente, el último planteamiento argumentativo de la producción discursiva positiva es la


imagen de la puta virtual “feliz”. Esta imagen resalta el valor del trabajo sexual virtual y sus
virtudes, pareciendo ser el mejor trabajo posible. Esto puede ser cierto para una parte de las
actrices y trabajadoras sexuales virtuales, sin embargo, no es la constante en toda la industria
pornográfica. Como cualquier otro trabajo, existen aspectos desagradables para quienes ejercen
este empleo, asimismo, las condiciones dependen mucho de la cantidad de dinero que puedes
generar y la popularidad que tengas. Es decir, al ser el trabajo sexual virtual un empleo informal
independiente, las condiciones laborales dependen de la capacidad económica de la trabajadora
en cuestión, por lo que si una trabajadora promedio gana $180 dólares al mes, es poco probable
que puedan adquirir más equipo fotográfico, ropa y maquillaje para mejorar la calidad y
diversidad de su contenido sexual.

Asimismo, vale la pena apuntar un aspecto, el trabajo sexual virtual sigue siendo un empleo
marginalizado, por lo que muy pocas personas hablan abiertamente sobre esta práctica. ¿No
resulta paradójico que una puta virtual “feliz” tenga que esconderse para evitar los comentarios
estigmatizantes e hirientes debido a la práctica que está llevando a cabo? Como menciona
Virgine Despentes (2018, p. 81) al recordar sus días como trabajadora sexual: “El único punto
en común que he podido encontrar entre todas las chicas con las que me he cruzado es,
evidentemente, la falta de dinero, pero sobre todo el hecho de que ellas no hablaban de lo que
hacían. Secretos de mujeres.”

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Beneficios, consecuencias y contradicciones

Como se ha visto, el discurso positivo enfatiza las ventajas del trabajo sexual virtual, pero al
mismo tiempo acarrea algunos problemas para las propias trabajadoras. Es por ello que en este
apartado sintetizo los beneficios y las desventajas del trabajo sexual virtual, así como las
contradicciones de la producción discursiva positiva.

Para comenzar, si bien la pornografía y el trabajo sexual virtual reproducen las lógicas
hegemónicas de la sexualidad, “al mismo tiempo ayuda a visualizar otras configuraciones
sexuales, otras sexualidades y “terceras opciones genéricas” que fuerzan las constricciones
dicotómicas varón/hembra, masculino/femenino, heterosexual/homosexual.” (Gallardo
Saborido y Serrano Murillo, 2010, pp. 202-203) Esto permite la diversidad en escena de las
prácticas sexuales no normadas. Aunque estos son los menos, es decir, responden a nichos
económicos muy específicos, logran visibilizar un espectro más amplio a la acostumbrada
dicotomía sexual occidental.

Al mismo tiempo, se logran desmitificar algunos supuestos sobre prácticas sexuales no


normadas como el BDSM, cuya actividad no implica el simple ejercicio de la violencia, mas
bien se “trabaja sobre el autocuidado, el respeto, el placer mutuo y los límites. […] El BDSM
tiene mucho de eso, de consentimiento, de cuidado del otro.” (Fe Lucero, 2020) No se puede
juzgar el placer sexual a partir de una única norma sobre éste, es decir, no existe una sola forma
de obtener placer y ésta es válida siempre y cuando se haga con consentimiento, voluntad,
respeto y cuidado mutuo.

Otro beneficio del trabajo sexual virtual y del discurso positivo sobre el comercio del sexo es
la creación de redes de cooperación y apoyo entre trabajadoras. El compañerismo y amor
existente entre trabajadoras sexuales virtuales es una forma de hacer frente a una sociedad que
estigmatiza este oficio. Dromedaria (citada en Fe Lucero, 2020), una trabajadora sexual
argentina, explica que la competencia entre ellas es rara. En sus palabras: “A tus compañeras
les podés contar de todo: es muy común en este ambiente tener algún conflicto con la familia,
y con una compañera lo podés charlar, o si a alguna le cerraron la cuenta, le hacemos difusión.
Tenemos un entorno muy amoroso.”

Estos espacios de apoyo y empatía también se extrapolan a organizaciones o sindicatos que


defienden el trabajo sexual virtual. Por ejemplo, tras la pandemia de COVID-19, en Estados
Unidos surgieron

63
grupos de ayuda mutua para trabajadores sexuales, educadores sexuales y
profesionales de la industria, quienes han dado un paso al frente para auxiliar a las
personas que perdieron sus trabajos debido a la pandemia, organizando seminarios
web de Zoom con el objetivo de ayudar a los colegas a hacer la transición hacia la
virtualidad; aunque, al hacerlo, esencialmente están ayudando a la competencia.
(Steadman, 2020a)

La muestra de estas agrupaciones es un signo de que el trabajo sexual virtual puede significar
una alternativa laboral viable ante situaciones no esperadas, como lo fue el caso de la pandemia
por COVID-19 iniciada en el 2020. Muchas mujeres que fueron despedidas de sus trabajos o
que no encontraban un empleo, incluso trabajadoras sexuales de la calle que perdieron sus
medios de sustento, vieron en OnlyFans una manera virtual segura de poder seguir teniendo
ingresos. Por ejemplo, muchas mujeres pudieron trabajar desde casa, tener flexibilidad horaria
con la que pudieron terminar de estudiar una carrera universitaria y pagarla con los ingresos de
las plataformas de patrocinio, este mismo manejo del tiempo permitió a otras mujeres pasar
más tiempo con sus familias, especialmente aquellas que tienen hijos e hijas pequeñas. (Fe
Lucero, 2020)

Sin embargo, este beneficio económico y laboral no es igual para todas las trabajadoras. Como
apunta Jenna Love (citada en Boseley, 2020a), una trabajadora sexual virtual australiana, “pero
[el trabajo sexual en línea] simplemente no es una garantía. Hay tanta gente que no contaba
con el apoyo del gobierno que decía: 'Oh, mierda, voy a tener que empezar a hacer porno',
para que terminaran ganando 20 dólares a la semana.” Esto es parte de la desigualdad
económica que se refuerza a través de la colonialidad. El trabajo sexual virtual es un reflejo de
las tendencias económicas globales, para hacer la comparativa, según un estudio de Oxfam, “el
1 por ciento más rico del mundo tiene más del doble de la riqueza total conjunta del resto de la
humanidad” (Daniel Davies, 2020); mientras tanto, en OnlyFans el 10% con más ganancias
posee el 73% de todo el dinero que se produce en la plataforma. (Rawden, 2021)

Ante este panorama, en la mayoría de las ocasiones el esfuerzo invertido, tanto física, como
emocional y creativamente, no se refleja en la ganancia. La exigencia de los suscriptores puede
llegar a ser extenuante, tal como dice Thomas Hollands (2020), “los fans no son simples fans,
son clientes de pago. Para mantener ese dulce dinero fluyendo hacia sus cuentas bancarias, los
creadores de contenido a menudo tienen que trabajar más y más para satisfacer a sus clientes.”
De este modo, proporcional al esfuerzo que están poniendo en este trabajo y a cambio de $180
dólares al mes o inclusive menos, pareciera que una gran porción de las trabajadoras sexuales
virtuales está perdiendo más dinero del que gana.

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Este doble esfuerzo, el creativo dentro del trabajo y el social que se enfrenta ante el constante
estigma, también puede producir efectos nocivos en la salud mental de la puta virtual. Dentro
de las múltiples tareas que ejercen, se incluyen técnicas de self-branding, producción, edición,
distribución y contacto con los clientes. Estar en tanto espacios y ámbitos a la vez puede
provocar estrés, ansiedad y depresión, aunado a lo visto anteriormente sobre efectos del
doxxing y exposición pública que viven muchas trabajadoras sexuales virtuales.

Sobre este tema, retomando el documental de Sean Dunne, Cam Girlz, en éste se retratan
algunas de las consecuencias y riesgos de la práctica este oficio. Una de las chicas declaraba
que su salud mental se había deteriorado y que tenía ataques de ansiedad incesantes al grado
de no poder descansar:

“Mis sueños tratan siempre sobre el camming, cada una de las noches y esto es
simplemente agotador.” (min 21:21)

Del mismo modo y lamentablemente, la industria pornográfica y el trabajo sexual virtual


perpetúan relaciones de poder desiguales, incluyendo el racismo, el clasismo y la misoginia.
Al igual que otras industrias, como la cinematográfica, la musical, la moda, etc., la pornográfica
reproduce estereotipos raciales, sociales y sexo-genéricos.

Sin embargo, ninguna industria es perfecta. El racismo estructural y la


discriminación institucional son rampantes en prácticamente todas las industrias, sin
embargo, el pánico moral continuo en torno al sexo significa que la pornografía a
menudo recibe la prensa más negativa. Aquí, es importante distinguir entre
trabajadoras sexuales autónomas y creadores de pornografía explotadores. (Hall,
2018)

Este argumento no es una defensa a dichas estructuras de opresión, mas bien es un llamado de
atención a cómo se visibilizan en ciertos casos y, por ende, se castiga más a un sector de la
población, en este caso a las trabajadoras sexuales virtuales, quienes por lo regular se sostienen
a través de una economía informal y cuya actividad es independiente. Esto sería similar al
argumento sobre la contaminación, por ejemplo, una persona promedio no produce la misma
cantidad de basura que una empresa multimillonaria como Amazon. ¿Qué quiero decir con
esto? Que los efectos estructurales del porno no se deben aducir a las trabajadoras sexuales
independientes exclusivamente, sino que es menester observar el funcionamiento de toda la
industria pornográfica como producto de un sistema económico capitalista que tiene por
objetivo la acumulación a través de la explotación de cuerpos y territorios.

65
Como se ha podido observar, la industria del sexo está llena de contradicciones y la producción
discursiva positiva sobre la misma también. Sin embargo, una de las mayores contradicciones
proviene del discurso estigmatizante, el cual mantiene al contenido sexual bajo un halo
prohibitivo. Que se mantenga el tabú como principal producto de la producción discursiva
negativa en torno al trabajo sexual también es útil a la economía del porno: todo el mundo
quiere verlo, muy pocos lo hacen. Esta secrecía ayuda a la rentabilidad del trabajo sexual
virtual, en donde la creación (pero sobre todo el consumo) se hacen desde la privacidad de la
individualidad: ya sea desde un teléfono móvil a las 3 am en la oscuridad de una recámara o en
la pantalla de una computadora en una ventana incógnita abierta en los espacios de soledad de
la oficina.

Producción discursiva ambivalente: vías para una práctica basada en derechos

Retomando las críticas a las producciones discursivas negativa y positiva, así como lo
propuesto por Cristina Garaizábal, propongo la visualización de una producción discursiva
ambivalente que permita observar un panorama más amplio sobre el trabajo sexual virtual.
Porque, como postula la misma Garizábal (en Mac y Smith, 2020, p. 22), “las vivencias de las
trabajadoras del sexo en relación con su trabajo son ambivalentes, como ambivalente suele ser
la relación de muchas mujeres con la sexualidad: placer y peligro, vergüenza y orgullo,
seguridad y riesgo, protección y libertad…”

Asimismo, este discurso permite dar cabida a una multiplicidad de experiencias en torno a este
trabajo, evitando su generalización y homogenización a partir de un puñado de casos que
mantienen el megáfono discursivo. De este modo, los planteamientos argumentativos
ambivalentes, son los siguientes:

1) El trabajo sexual tiene ventajas económicas, pero no implican una completa libertad.

No podemos suponer que OnlyFans es exclusivamente empoderante o explotativo en sí mismo


y en todos los casos. Lo que sí podemos afirmar es que a muchas trabajadoras este empleo les
ha permitido alcanzar cierta autonomía económica, mas no la libertad completa, puesto que
ésta no es posible en un sistema moderno/colonial y civilizatorio como en el que vivimos.

2) A pesar de que las trabajadoras sexuales virtuales pueden disfrutar su trabajo, también
pueden exigir una intervención política que les garantice derechos laborales y garantías
a su seguridad.

66
Citando nuevamente a Cristina Garizábal (en Mac y Smith, 2020, p. 17), el objetivo de la
defensa de la profesión se cimenta en que “que las trabajadoras del sexo, sean cis o trans, tengan
seguridad y derechos en el ejercicio de su trabajo para mejorar las condiciones de las que lo
ejercen.” Es decir, la defensa del trabajo sexual y el trabajo sexual virtual no pretende mantener
las mismas estructuras de opresión que se viven en la sociedad, por el contrario, buscan obtener
derechos laborales básicos para llevar a cabo una práctica segura y estable. El trabajo sexual
virtual, por lo tanto, es una práctica que involucra más que la producción de dinero, es un frente
de discusión pública que está librando una batalla desigual, de los valores sociales arraigados
en torno a la sexualidad en contra de las mujeres y disidencias sexuales que comercian con su
sexualidad.

La creación de comunidad es esencial para perseguir estos derechos, por lo que el trabajo sexual
virtual también implica lazos afectivos que sostengan tanto su profesión, como su vida
personal. Como se ha visto a lo largo del texto, las trabajadoras saben que están en una posición
difícil, por lo que la ayuda y el apoyo mutuo son la base para relacionarse entre sí.

3) La trabajadora hace un performance, es decir, parte de su actividad es una ficción, sin


embargo, esto no significa que ella no sea real, o que el placer que ofrece tampoco lo
sea.

El valor del sexo en el discurso positivo o la degradación del sexo en el discurso negativo son
énfasis que permiten visibilizar el placer y la libertad, o bien el poder y la explotación. Sin
embargo, la creación de contenido sexual virtual conlleva una parte creativa e identitaria, no es
la simple copia de otros materiales que se ven por la red. El trabajo que implica la creación de
este contenido es un performance, es decir, no es del todo real, pero eso tampoco significa que
sea completamente una ficción.

Pensando que el trabajo sexual virtual es una acción tanto estética como política y recuperando
lo establecido por Jacques Rancière: “si la política propiamente dicha consiste en la producción
de sujetos que dan voz a los anónimos, la política propia del arte en el régimen estético consiste
en la elaboración del mundo sensible de lo anónimo, de los modos del eso y del yo, de los que
emergen los mundos propios del nosotros políticos.” (Rancière, 2010, p. 67) Es decir, la
relación entre arte/estética y política es intrínseca e indisoluble, en donde ambas esferas deben
ser entendidas como una forma de producir realidad a partir de ficciones generalizadas y
consensuadas. De este modo, en la medida en que el trabajo sexual virtual intersecta entre

67
política y estética, esta práctica es una especie de realidad ficcionada y de ficción real que
involucra la sensibilidad del sujeto que lo crea, así como de la sociedad que lo constriñe.

4) Las experiencias laborales del trabajo sexual virtual no son universales, por lo que van
a depender de los factores estructurales que viva cada trabajadora.

Bajo este entendido, no todas las trabajadoras abrazan el discurso positivo sobre la industria
del sexo, ni mucho menos el discurso estigmatizante que enarbolan las abolicionistas. El que
se posicionen de un lado u otro va a depender de las características y condiciones de su propio
trabajo. Por ejemplo, a algunas mujeres neurodivergentes, trabajar en plataformas de patrocinio
como OnlyFans les permite tener un mejor control de su tiempo y, con ello, de la forma en que
se siente, logrando tener mayor estabilidad emocional y social. No sería de asombrarse que en
estos casos, las trabajadoras se acerquen más a una producción discursiva positiva debido a los
beneficios que este oficio les ha brindado.

Por el contrario,

Una trabajadora sexual que vive en la precariedad o en la pobreza, que se arriesga a


la penalización o a la violencia policial, o que está siendo explotada por su
empresario o que carece de capacidad negociadora no es muy probable que tenga
sentimientos positivos hacia el sexo en su trabajo. Estos factores son estructurales,
no una función de grado de iluminación de cada trabajadora. (Mac y Smith, 2020, P.
76)

En suma, la imagen de una mujer en el porno no simboliza a “todas las trabajadoras sexuales
virtuales”, ni a “todas las mujeres”. (Mac y Smith, 2020) La opinión y los discursos que se
produzcan se harán de acuerdo con cada experiencia. Asimismo, asemejar al trabajo sexual con
la trata de personas, bajo la justificación de que en toda la industria del sexo existe explotación
y falta de voluntad y consentimiento, es parte de una homogenización de experiencias del
trabajo sexual y del trabajo sexual virtual, el cual está alejado de representar a las putas en su
conjunto.

5) La criminalización no puede mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras


sexuales virtuales.

La criminalización no puede ser la respuesta de una práctica que, de por sí, ya se encuentra
estigmatizada y marginada. Esto afecta de sobremanera a los ingresos que tienen las mujeres,
lo que impacta directamente en su autonomía económica (en otros términos, minaría su
empoderamiento), así como afectaría la seguridad del oficio. Negar el trabajo sexual virtual

68
por considerarse explotador debería aplicar también a otros tipos de trabajos, para así abolir el
trabajo (como la práctica que genera explotación) y no solamente el trabajo sexual.

De ahí que, en vez de proponer cuestiones absurdas como su abolición o su


prohibición, habría que buscar los caminos para que quienes se dedican a ella tengan
mejores condiciones de trabajo, con menor afectación a terceros y mecanismos
fiscales que les garanticen derechos y prestaciones laborales. (Lamas, 1996, pp. 49-
50)

6) Una persona que no ejerce el trabajo sexual virtual no puede, bajo ninguna justificación,
hablar en nombre de las trabajadoras sexuales virtuales que están en activo.

Por último, retomo esta máxima es parte de las propuestas de Juno Mac y Molly Smith (2020,
p. 81), quienes enfatizan en la forma en que las trabajadoras sexuales han sido negadas como
sujetos políticos y, por lo tanto, sus experiencias son desestimadas. Evitar la
instrumentalización de sus vidas, cuerpos y experiencias para ser utilizados en favor de uno y
otro discurso, es parte de la dignificación de sus personas y de sus oficios.

Como se planteó en el capítulo 2 de este texto, al negar la agencia de las trabajadoras se está
construyendo un discurso etnocéntrico e imperialista que enajena a las mujeres que comercian
con su sexo en el espacio virtual, es decir, se convierten en las otras culturales del feminismo
e, involuntariamente, las posiciona en una condición inferior.

De este modo, a través de estos seis planteamientos argumentativos ambivalentes se puede


tener una mejor percepción del trabajo sexual virtual y, sobre todo, de las trabajadoras.
Asimismo, considero importante mencionar algunos fundamentos tácitos que debería conllevar
la práctica de este oficio:

• Consentimiento: existe una relación contractual entre putas virtuales y clientes


virtuales, que se lleva a cabo de manera consensuada y libre.
• Límites y seguridad: la trabajadora sexual virtual no hará algo que afecte su integridad
física o su salud mental, ella establece los límites y las condiciones.
• Respeto: la trabajadora sexual virtual merece respeto por su trabajo, la creación de
contenido sexual es parte de su empleo y merece ser retribuida justamente.

Al final, y como dice Paula Sánchez Perera (2017), “se trata de garantizar el acceso de todas
las mujeres a los derechos humanos, la efectiva igualdad entre todas las personas, de frenar los
abusos y la explotación laboral, la vulnerabilidad y la violencia institucional, la discriminación
y el estigma.”

69
Desmitificando a las putas virtuales: algunos datos a considerar

Con el fin de tener más información sobre las trabajadoras sexuales virtuales y desmitificar
algunos datos, decidí aplicar una encuesta en línea a creadores y creadoras de contenido que
usan la plataforma OnlyFans, dicha encuesta fue respondida por 31 personas de diferentes
partes del mundo, de forma voluntaria y anónima. Este instrumento consta de tres grandes
apartados, el primero recoge datos generales de la persona encuestada, el segundo describe el
contenido que vende en el sitio web y el tercero explora las consecuencias (sociales,
económicas e individuales) del uso de OnlyFans.5

La encuesta se publicó desde mis redes sociales personales, específicamente desde Twitter y
Reddit. Estas plataformas, al igual que Instagram, TikTok y Facebook, son usadas por las
trabajadoras sexuales virtuales para promocionar sus cuentas de OnlyFans y así obtener
suscriptores o clientes. Debido a mi experiencia personal como trabajadora sexual virtual y al
ser quien elaboró la encuesta, no respondí la encuesta para evitar que hubiera una carga
valorativa hacia ciertas preguntas. Asimismo, me gustaría enfatizar que esta muestra no es
representativa de todas las experiencias del trabajo sexual virtual, sino una pequeña porción
que permite entender quiénes están detrás de la pantalla.

Los primeros datos a considerar son los siguientes:

• De las 31 personas usuarias creadoras de contenido en OnlyFans, 28 afirmaron que


vendían contenido sexual explícito. De las 3 que no, 2 usan la plataforma para vender
rutinas de ejercicio y 1 vende recetas de cocina.
• De las 28 personas creadoras de contenido sexual, 3 no se consideran a sí mismas
trabajadoras sexuales virtuales. Por lo tanto, en total, 25 trabajadores/as sexuales
virtuales respondieron esta encuesta
• De las 25 encuestadas, 23 son mujeres cisgénero, 1 persona no binaria y 1 hombre
cisgénero, dejando la muestra en 24 trabajadoras sexuales virtuales de quienes se recoge
su experiencia.

Por lo tanto, el 95,8% de las encuestadas afirmaron ser mujeres cis-género, corroborando la
idea de que la industria del comercio sexual virtual está ampliamente feminizada. En cuanto a
la orientación sexual, la mayoría (58,3%) indicó ser bisexual, seguido de las personas
heterosexuales quienes representan un cuarto (25%) de la muestra y cuatro (16,7%)
trabajadoras indicaron ser pansexuales.

5
Se adjunta la encuesta aplicada en el Anexo 1, de este trabajo.

70
El rango de edad de las trabajadoras6 sexuales virtuales encuestadas oscila entre los 19 y los 40
años, siendo 26 años el promedio. Esto indica que esta profesión es practicada por personas
jóvenes y de mediana edad. En cuanto al origen étnico o racial, casi ¾ de la muestra indicó ser
blanca (un 70,8% del total), mientras que el resto se dividen entre latinas (3 personas), negra,
indígena, morena y asiática. La Figura 1 muestra este desequilibrio. Esto puede ser un
indicativo a dos cuestiones: 1) que las personas blancas son quienes tienen más acceso a
internet y un espacio seguro donde ejercer su profesión; 2) que el consumo de contenido sexual
virtual es más redituable y rentable para las mujeres blancas. Esto no es culpa de las
trabajadoras sexuales virtuales, mas bien responde a una división jerárquica del sistema
moderno/colonial que prima lo blanco sobre el resto de las asignaciones raciales.

Figura 1. Origen étnico o racial de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.

Fuente: Elaboración propia, 2021.

Asimismo, se puede observar que la mayoría de las trabajadoras son de nacionalidad


estadounidense. Si observamos la Tabla 4, se puede apreciar que la mayoría proviene de países
del Norte Global (el 62,4%), siendo casi la mitad (el 41,66%) de Estados Unidos. Esto,
nuevamente, es un reflejo del acceso a la virtualidad y la digitalidad en los países considerados
de primer mundo. En cuanto al estatus migratorio, al contrario de lo que sucede en el trabajo
sexual presencial, sólo dos trabajadoras sexuales virtuales son migrantes documentadas, siendo
que representan sólo el 8,33% de la muestra.

En cuanto al tiempo en que han estado en OnlyFans, la trabajadora con más tiempo en la
plataforma comenzó a utilizarla en enero de 2019, mientras que la que menos tiempo tiene
empezó en agosto de 2021. De este modo, se puede observar que la mayoría de las trabajadoras
se inscribieron en la plataforma a partir de la pandemia por COVID-19, siendo que 21 de ellas
lo hicieron posterior a abril del 2020. Esto es relevante porque OnlyFans sí fue una alternativa

6
Utilizo el femenino porque la mayoría de quienes respondieron esta encuesta son mujeres.

71
laboral confiable y viable para poder obtener algunos ingresos durante un periodo económico
mundialmente difícil.

Tabla 4. Nacionalidad de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.

Canadiense 2
Estadounidense 10
Británica 1
Australiana 1
Portuguesa 1
Mexicana 5
Francomexicana 1
No especificó 3
TOTAL 24

Fuente: Elaboración propia, 2021.

El motivo para comenzar a usar esta plataforma también varió, pero la mayoría coinciden en
dos puntos: necesitaban dinero (75%) y les gustaba tomarse nudes y compartirlas (79,2%). Así,
OnlyFans permitió obtener ingresos por hacer una actividad placentera para las trabajadoras,
es decir, ¿por qué no sacar dinero de algo que ya hacían de manera gratuita? La Figura 2 es
más clarificador en este aspecto y muestra algunos otros motivos para dedicarse a este oficio.

Figura 2. Motivos de las trabajadoras sexuales virtuales para comenzar a usar OnlyFans.

Fuente: Elaboración propia, 2021.

Es importante recalcar que todas las trabajadoras encuestadas, es decir, el 100%, afirmó ser
una trabajadora sexual virtual independiente, es decir, que no son contratadas por compañías
de producción pornográfica. Es por esto que los ingresos son tan variables para cada una de las

72
trabajadoras, por ejemplo, la suma de la trabajadora que más ingresos ha tenido en un mes
asciende a $4,600 dólares, mientras que el promedio de ganancias de este muestra se fija en
$617,67 dólares. Hay trabajadoras que no han obtenido ganancias en algún mes, mientras que
para otras el ingreso más bajo que han tenido es de $1,100 dólares. En promedio, lo máximo
que han ganado en un mes es de $1.115,70 USD y lo mínimo es de $232,52 USD, esto refleja
las desigualdades que se mantienen dentro de la industria del comercio sexual virtual y la
inestabilidad de los ingresos.

Contrario al estereotipo que supone que todas las mujeres que se dedican al trabajo sexual o al
trabajo sexual virtual se encuentran en una situación de precariedad, la mayoría de las
trabajadoras encuestadas afirmaron pertenecer a una clase económica media. En el Figura 3 se
muestra la tendencia, en donde se observa que el 73,9% indica pertenecer a una clase media,
el 21,7% a una clase baja y sólo el 4,3% (que corresponde a una persona) a la clase alta.

Figura 3. Clase económica a la que pertenecen las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.

Fuente: Elaboración propia, 2021.

Suponer que todas las mujeres que se dedican a este oficio son pobres y cuya última alternativa
es el trabajo sexual virtual es parte de los mitos y estigmas que lo envuelven. Además, al
preguntarles a las trabajadoras si usar OnlyFans había significado su última opción laboral,
sólo dos personas respondieron afirmativamente, el resto (91,3%) indicó que no había sido su
última opción. Algunas agregaron que había sido la opción más adecuada para su salud mental
o que era la opción más flexible debido a los horarios de su escuela.

A pesar de que el dinero obtenido por medio de la plataforma ha servido para pagar deudas y
créditos escolares (39,1%), para poderse comprar artículos que antes no podían costear (52,2%)
o simplemente para tener más tiempo con sus seres queridos (21,7%), no todo es color de rosa.
Para la mayoría de las trabajadoras encuestadas (73,7%, es decir, casi tres cuartas partes del

73
total), usar OnlyFans ha traído consecuencias negativas en su salud mental, tales como
ansiedad, estrés y depresión. Por ejemplo, una trabajadora afirmó “me siento mal por usar
OnlyFans, lo considero degradante” y otra persona aseguró “me siento incómoda cada que
discuto sobre mi trabajo”. Otras consecuencias negativas que se encontraron en esta encuesta
fueron el aumento de dismorfia corporal, la falta de libido y la desmotivación cuando hay pocos
ingresos. Es decir, el uso de OnlyFans no conlleva necesariamente empoderamiento y
sentimientos positivos, las trabajadoras sexuales virtuales también se ven sometidas a encajar
dentro de una estética dominante y, al no hacerlo, su salud mental se ve afectada.

Por otro lado, al seguir siendo una actividad altamente castigada, la mayoría de las mujeres
prefiere ocultar el hecho de que produce y distribuye contenido sexual virtual. En este caso, 18
de 23 encuestadas afirmaron haber ocultado su profesión, constituyendo el 78,3%. Este
ocultamiento se debió a diversos factores, entre los que destacan el miedo a ser juzgadas por
sus familiares o amistades, la discriminación, el estigma y la posibilidad de que impacte
negativamente en sus espacios de trabajo (alterno al que llevan a cabo en OnlyFans).

De este modo, el riesgo de esta profesión es alto, debido a la producción discursiva negativa
hacia el trabajo sexual virtual. Esto quedó evidenciado en las respuestas a la pregunta “¿Cuáles
consideras que son los riesgos sociales de usar OnlyFans?”. Destaco algunas de las respuestas:

• Estigma social y carrera potencialmente afectada.


• La gente piensa que eres “fácil” y que pueden acostarse contigo.
• Amenazas de los hombres, posible interferencia laboral.
• Ser vista como una trabajadora sexual reduce tu valor hasta el punto en que los
trabajos con salarios bajos pueden volverse inalcanzables, y quienes te rodean evitarán
un mayor contacto contigo.
• Ser chantajeada, que alguien descubra dónde vives y posiblemente puedas sufrir abuso
y trauma, ser rechazado y que la gente ya no quiera relacionarse conmigo.
• Si me reconocen, probablemente no consiga el trabajo de mis sueños. Hombres
obsesivos que se vuelven acosadores (estoy en esta situación ahora mismo).
• Ser doxxeada, que me violenten en persona, que lo quieran usar en mi contra.
• Que se filtre contenido y se quiera usar como sextorsión, mas para las personas que
tienen perfil bajo o que revelan el contenido.

De estas respuestas encuentro algunos puntos en común, los cuales provienen de la producción
discursiva negativa: el estigma (suponer que vender contenido sexual en internet es equivalente
a querer mantener relaciones sexuales con cualquier persona, como si fuera una obligación), el
castigo (ya sea no conseguir un empleo o ser despedida de uno), las amenazas (en forma de

74
doxing o filtración de contenido), la denigración humana (que la mujer pierda valor ante la
sociedad debido a su profesión), el acoso (en redes sociales, de clientes, de hombres ajenos a
la transacción comercial o de familia/amigos que no aprueben este oficio) y la extorsión (pedir
dinero o favores a cambio de no revelar la información).

El 57,9% de las trabajadoras sexuales virtuales considera que el estigma es una de las
principales consecuencias que han experimentado por usar OnlyFans y el 78,9% han sido
acosadas en redes sociales debido a su profesión. Dentro de este acoso, destacan algunas
publicaciones y comentarios en redes sociales que las interpelaron emocional o
psicológicamente, provenientes de parientes, militantes de partidos políticos conservadores,
padres y madres de familia de escuelas de educación básica y, sobre todo, de feministas
abolicionistas. La Figura 4 muestra la tendencia de estos actores.

Figura 4. Principales actores sociales que reproducen discursos negativos sobre el trabajo sexual virtual.

Fuente: Elaboración propia, 2021.

Estos discursos afectan a las mujeres trabajadoras sexuales virtuales, no son simples palabras
echadas al vacío. Las trabajadoras expresaron el impacto que estos discursos negativos habían
tenido en sus vidas, especialmente sentimientos de culpa, “suciedad” e inmoralidad. Una de las
encuestadas recalcó:

Si bien no creo que mi trabajo sea degradante, me hizo dudar en confiar en las
personas con cualquier cosa. Sentí que siempre tenía que tener una mentira
preparada cuando la gente me preguntaba qué hacía para trabajar. También me
hizo sentir que, dado que no se consideraba un "trabajo real", mi vida no iba a
ninguna parte y no estaba "haciendo nada significativo". (Trabajadora Sexual
Virtual Anónima, 2021)

75
Inclusive las consecuencias de estos discursos y las acciones que provocan no se quedan en la
trabajadora sexual virtual, sino que afecta a sus familias o amigos cercanos:

Padres y madres de la secundaria de mi hija siempre hablaban mal de mi y le


prohibían a sus hijes juntarse con la mía porque según era mala influencia. Una
mamá me acosaba y juntaba revistas, publicaciones, fotos de mi trabajo como
Modelo erotica y se los enseñaba a las maestras y papás y mamás. Creó perfiles
falsos en IG [Instagram] con el nombre de mi hija pero publicaba mis fotos. Esto
con el fin de exponer lo que yo hacía y trayendo consecuencias emocionales a mi
hija, tales como bullying. (Trabajadora Sexual Virtual Anónima, 2021)

Por último, es menester recalcar que las consecuencias de la producción discursiva negativa, y
algunas de las positivas, hacia el trabajo sexual virtual son reales y palpables en quienes ejercen
esta profesión. Culpar y responsabilizar a las trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales
virtuales por la objetificación que viven o por la misoginia, ignora la influencia del sistema
moderno/colonial de género e impide imaginar soluciones estructurales. El objetivo es ejercer
una actividad que se base en la seguridad y protección de las trabajadoras, a partir de respetar
sus derechos humanos y sus derechos laborales. Al final, una práctica segura deviene de la
desestigmatización y la dignificación de un trabajo feminizado y marginado.

76
Conclusiones
Hablar de trabajo sexual implica hablar de derechos humanos, el propio concepto se gestó para
visibilizar el ámbito laboral que significa esta práctica y para humanizar a quienes están detrás
de este trabajo. Las trabajadoras sexuales (y me refiero a trabajadoras porque ésta es una
profesión feminizada) resignifican el concepto de la puta para evitar perpetuar una idea
estigmatizadas y denigrante. En este trabajo se destacó la modalidad virtual del trabajo sexual,
una práctica que permite producir y comerciar con material sexual a través de la red de internet,
ya sea a través de plataformas de patrocinio o mediante negociaciones directas entre cliente y
trabajadora. La pornografía, al ser la industria de contenido audio-visual y escrito de índole
sexual que no es exclusiva de la virtualidad, no es sinónimo de trabajo sexual virtual, sin
embargo, estas categorías se cruzan y se conectan entre sí.

Asimismo, el trabajo sexual y el trabajo sexual virtual no son sinónimos, mas bien el segundo
es una modalidad del primero. El trabajo sexual virtual conlleva condiciones propias para
ejercerse, como la conexión a una red eléctrica y a internet, tener dispositivos electrónicos con
cámara y poseer una cuenta bancaria de donde extraer los fondos. De entrada, estas condiciones
excluyen a una porción de personas que no cumplen con las mismas.

También, se puede entender que los elementos constitutivos del trabajo sexual virtual son la
sexualidad, las imágenes (como producto del trabajo) y la virtualidad. La sexualidad ha sido
entendida de manera dicotómica, binaria y universal debido a la colonialidad de poder, la cual
naturaliza las categorías jerarquizadas del sistema moderno/colonial. Asimismo, la
colonialidad del género dispuso del cuerpo como un espacio de control y conquista, su
importancia radica en que el mismo cuerpo es el objeto que legitima la diferencia “originaria”.
Así, la sexualidad femenina (en contraposición inferiorizada de la sexualidad masculina) se
instauró como inferior, sumisa y privada. Es por ello que el comercio de la sexualidad femenina
significó una afrenta al control corporal estructural y teniendo como consecuencia una serie de
castigos morales y sociales.

Por otro lado, se estudiaron los materiales que produce el trabajo sexual virtual. Las fotografías
y los videos sexuales son el producto del esfuerzo y del trabajo de las trabajadoras sexuales
virtuales. Lo que se está comerciando en esta transacción no es el cuerpo de las mujeres como
tal, sino el placer que obtienen los clientes al ver estas imágenes. Asimismo, debido al contacto

77
habitual y cercano (aunque sea por medio de una pantalla), el trabajo sexual virtual también
implica un trabajo emocional, el cual es invisibilizado o negado. Por lo tanto, el trabajo sexual
virtual es un trabajo que se ejerce desde la informalidad (debido a la falta de regulación o a la
criminalización de la práctica) y de manera independiente, en la mayoría de los casos.

Como último elemento se encuentra la virtualidad, la cual es un reflejo de la sociedad, al mismo


tiempo que la moldea. La virtualidad como una extensión de la realidad y como parte
constitutiva de la misma, reproduce los esquemas etnocéntricos, heterocéntricos y patriarcales
que ha impuesto el sistema moderno/colonial. El ejercicio del trabajo sexual virtual se lleva a
cabo desde el cuarto propio que está conectado a internet, es decir, un sitio que borra la esfera
entre lo público y lo privado una vez que se ha conectado a la web.

Así, el espacio donde se gesta esta triada es OnlyFans, una plataforma virtual de patrocinio que
permite la publicación de contenido sexual, siendo un espacio seguro y (relativamente) estable
en el que las trabajadoras sexuales virtuales trabajan. Este sitio web se creó en 2016 en Reino
Unido, pero cobró popularidad a partir de 2020, tras la pandemia de COVID-19 que dejó a
muchas personas en sus casas y sin empleos, significando una alternativa viable de donde
obtener ingresos. A pesar de este boom, la plataforma no garantiza un salario alto, es decir, la
desigualdad dentro de la plataforma es inmensa y mientras unas personas pueden ganar miles
de dólares (USD) al mes, otras no alcanzan ni los cien dólares en este mismo periodo de tiempo.

Esta misma desigualdad es una expresión más de la configuración colonial de los seres y de la
sexualidad, la cual también ha permitido la proliferación de discursos negativos en torno al
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual, a la vez que ha impedido el reconocimiento del
comercio del sexo como un trabajo. La importancia de la producción discursiva no radica tanto
en su creación, sino en la administración de la misma, es decir, qué espacios tiene, en dónde es
permitida y de qué manera se esparce. En este caso, la producción discursiva sobre el trabajo
sexual virtual que mantiene el dominio es la negativa.

La producción discursiva negativa o estigmatizante conlleva la identificación de la puta como


la otra cultural del feminismo abolicionista (y por ende de las mujeres “civilizadas”). De este
modo, se cimenta la idea de que existen mujeres “buenas” y mujeres “malas”, siendo las
trabajadoras sexuales virtuales parte del segundo bloque. Esta imposición categórica sobre las
trabajadoras legitima el estigma y la falta de respeto a sus personas. Dentro de los

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planteamientos argumentativos que sostienen esta producción discursiva negativa, expuestos
principalmente por feministas abolicionistas, se encuentran la degradación del cuerpo de las
mujeres que ejercen este oficio; la idea de que la práctica del comercio sexual conlleva algún
tipo de pérdida (ya sea física o moral); la creencia de que el trabajo sexual virtual es igual a
trata, por lo que las trabajadoras son víctimas; aducir a la objetificación de las mujeres en el
trabajo sexual virtual (aunque al final y de manera contradictoria, se usan las experiencias y
cuerpos de las trabajadoras de manera instrumental para poder validar su punto); y la necesidad
de un cuerpo jurídico o legislativo que criminalice esta práctica tan “aberrante”.

Sin embargo, la producción discursiva negativa se caracteriza por inflar la magnitud del
problema, redundar en las historias de “terror” que viven las putas y la convicción de que el
trabajo sexual virtual sólo existe en la medida que las feministas abolicionistas la describen.
(Weitzer, 2014) Las consecuencias de esta producción discursiva se materializa en daños a la
salud mental de las trabajadoras, exclusión de círculos sociales cercanos, despidos
injustificados de trabajos alternos, acoso en redes sociales, creación de leyes que criminalizan
esta actividad (tal como FOSTA-SESTA), cierre de cuentas bancarias e inclusive la posibilidad
de censurarlas de OnlyFans, perdiendo así su medio de trabajo.

Por otro lado, la producción discursiva positiva (que proviene principalmente de la industria
pornográfica) enfatiza en ciertos aspectos que, paradójicamente, también podrían resultar
dañinos para las trabajadoras sexuales virtuales. Dentro de los planteamientos argumentativos
resaltan el valor del placer y del sexo, como si las trabajadoras lo hicieran exclusivamente por
placer y no por el dinero que obtienen a cambio; también se enfatiza en la libertad de elección
que tienen las mujeres, negando que esta decisión estuviese condicionada de algún modo; se
valora el trabajo sentimental; se aduce al empoderamiento que acarrea esta práctica; y se
sostiene la idea de una puta virtual “feliz”, que no se queja de su trabajo.

Los beneficios de este discurso sobre todo redundan en la diversidad de prácticas sexuales que
se muestran y en que brindan agencia a las trabajadoras sexuales virtuales, sin embargo,
también se invisibilizan o niegan las formas explotadoras y misóginas que existen dentro de la
industria. Al mismo tiempo, se habla del trabajo sexual virtual como la mejor opción laboral
que existe en el mercado, si bien da flexibilidad de horarios y permite un ingreso económico,
considero que cada experiencia es diferente, por lo que no se puede afirmar que éste sea el
“mejor” trabajo de todos.

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Para evitar homogenizar las experiencias de las trabajadoras sexuales virtuales y con el afán de
dar paso a otras posibilidades discursivas, retomo la propuesta ambivalente de Cristina
Garizábal. Este discurso ambivalente se compone de seis planteamientos argumentativos:
1) El trabajo sexual virtual tiene ventajas económicas, pero también acarrean
consecuencias sociales y emocionales, por lo que no implica una completa libertad.
2) Las trabajadoras sexuales virtuales pueden disfrutar de su trabajo y al mismo tiempo
exigir seguridad y derechos laborales.
3) La creación de contenido sexual virtual implica la creatividad y esfuerzo de la
trabajadora, esta actividad es una realidad ficcionada, lo que no significa que el placer
que venden no sea real.
4) Las experiencias laborales del trabajo sexual virtual no son universales, por lo que van
a depender de los factores estructurales que viva cada trabajadora.
5) La criminalización no es una respuesta para acabar con la explotación que viven algunas
trabajadoras sexuales virtuales, es necesario brindar derechos básicos.
6) Una persona que no ejerce el trabajo sexual virtual no puede hablar en nombre de las
propias trabajadoras, hacerlo significaría instrumentalizar sus vivencias y objetificar
sus cuerpos.

En suma, no tengo la intención de glorificar toda la industria pornográfica, ni todo el trabajo


sexual virtual, porque siguen existiendo condiciones inseguras para las putas virtuales y porque
reproducen lógicas de opresión que forman parte del sistema moderno/colonial, pero tampoco
pretendo posicionarme como eterna víctima de un sistema que (según los discursos de muchas
feministas radicales y cristianos conservadores) sólo objetifica y explota a las putas. Es
imposible hacer una crítica al trabajo sexual sin cuestionar el propio sistema laboral bajo el
sistema capitalista. Pero resulta que las cammgirls, las divas virtuales, las onlyfanseras y las
putas virtuales en general nos convertimos en víctimas por mostrar las tetas y el coño. ¡Vaya
crítica!

Para muchas personas, el trabajo y la sexualidad son incompatibles, por eso luchan por cerrar
cuentas bancarias de trabajadoras sexuales, censurar y eliminar sus blogs/portales, exponernos
públicamente y, al muy estilo medieval, lincharnos socialmente. No somos brujas, pero somos
echadas a la hoguera. No somos santas, pero somos cubiertas cuando un pezón se asoma. No
somos dignas de nombrarnos feministas, ni mucho menos de la salvación eterna. No somos ni

80
mujeres, porque mujeres son sólo las "buenas", las verdaderas recatadas y profesionales,
nosotras las encueradas somos las pobrecitas que están en una "situación deplorable", en una
“situación de prostitución”.

Así, los datos de la encuesta demostraron que las trabajadoras sexuales virtuales no ejercen esta
profesión como último recurso; que no es un trabajo exclusivo de personas racializadas o
precarizadas, sino por el contrario que lo ejercen sobre todo personas de clase media; que ser
puta virtual conlleva condiciones diferentes a las de las del trabajo sexual de calle o presencial,
pero eso no significa que sea “peor” o “mejor”; que el trabajo sexual virtual también acarrea
consecuencias negativas, sobre todo en la salud mental y en el trato con las personas que nos
rodean; que el estigma sólo empeora la marginación, inseguridad y acoso que viven las
trabajadoras sexuales virtuales; y, en conclusión, que el discurso feminista abolicionista no está
beneficiando a las putas virtuales.

81
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Anexos
Anexo A.
Encuesta a creadores de contenido que usan la plataforma OnlyFans. Julio-
septiembre, 2021.

Encuesta a usuarixs de OnlyFans OnlyFans users survey

¡Hola! Muchas gracias por responder esta Hello! Thank you very much for answering this
encuesta para la elaboración de mi tesis de survey for the preparation of my master's
maestría. thesis.

Los datos del presente cuestionario son de The data in this questionnaire is strictly
carácter estrictamente confidencial y solo serán confidential and it will only be used for
usados para fines académicos. Su nombre no será academic purposes. Your name will not be
asociado a ninguna de sus respuestas. Le ruego associated with any of your answers. Above all,
sobre todo sinceridad en sus opiniones. please be honest in your opinions.

Datos generales General data


• Nombre o pseudónimo* • Name or pseudonym
• Edad* • Age
• Identidad de género * • Gender identity
o Mujer cis o Cis woman
o Hombre cis o Cis man
o Mujer trans o Trans woman
o Hombre trans o Trans man
o No binarie o Non binary
o Intersexual o Intersex
o Prefiero no decirla o I prefer not to say it
o Otra o Another
• Orientación sexual* • Sexual orientation
o Heterosexual o heterosexual
o Lesbiana o lesbian
o Gay o gay
o Bisexual o bisexual
o Pansexual o pansexual
o Asexual o asexual
o Prefiero no decirla o I prefer not to say it
o Otra o another
• Pertenencia racial o étnica* • Racial or ethnic origin
o Blancx o White
o Negrx o Black
o Indígena o Indigenous
o Mestizx/Morenx o Mixed / Morenx / Brown
o Asiáticx o Asian
o Latinx o Latinx
o Chicanx o Chicanx
o Otra o Another
• Nacionalidad • Nationality
• Residential status
• Estatus residencial
o I live in the country where I was born
o Vivo en el país donde nací
o I am a documented migrant
o Soy migrante documentado
o I am an undocumented migrant
o Soy migrante indocumentado

85
Now I will ask you some questions about
Ahora le haré unas preguntas sobre OnlyFans OnlyFans
• ¿Cuándo comenzó a utilizar la 1.When did you start using the platform?
plataforma? 2.Why did you start using OnlyFans?
• ¿Por qué empezaste a usar OnlyFans? o I needed money
o Necesitaba dinero o To feel pleasure
o Para sentir placer o I like to take nudes and share them
o Me gusta tomarme fotos y o To pass the time
compartirlas o Another
o Para pasar el tiempo 3.Are you an independent worker or were you
o Otra hired by a company?
• ¿Eres trabajadora independiente o te o I am an independent worker
contrataron de alguna empresa? o I am hired by a company
• ¿Cómo promocionas tu cuenta de 4.How do you promote your OnlyFans
OnlyFans? account?
o En redes sociales o In social networks
o En sitios de camming o On camming sites
o En sitios de citas o On dating sites
o Pago suscripción para o Subscription payment to promote
promocionar o Others
o Otros 5.Do you sell explicit sexual content on
• ¿Vendes contenido sexual explícito en OnlyFans?
OnlyFans? o Yes
o Sí. o No
o No 6. If yes, is your profile part of a sexual content
6. En caso de que sí ¿Tu perfil es parte niche?
de algún nicho de contenido sexual? o Yes (go to Q.6.1)
o Sí. ¿Cuál o cuáles? o No
o No 6. 1. In which sexual niches is your OnlyFans
• 6. 1. ¿En qué nichos de contenido sexual found? (for example: brunette, interracial,
se encuentra tu OnlyFans? latinx, long legs, big booty, furry, etc.)
7. ¿Te consideras a ti mismx 7. Do you consider yourself a virtual sex
trabajadorx sexual virtual? worker?
a. Sí o Yes
b. No o No
8. En caso de que no ¿qué vendes en 8. If not, what do you sell at OnlyFans?
OnlyFans? o Music
o Food recipes
Consecuencias sociales o Gym routines
1. ¿Has ocultado el hecho de que tienes o Others
OnlyFans?
o Sí. Social consequences
o No 1. Have you hidden the fact that you have
2. En caso de haber ocultado, ¿por qué OnlyFans?
motivo? o Yes
3. En caso de haber ocultado, ¿quiénes sí o No
saben? 2. In case of hiding, for what reason?
4. Dejando de lado a los clientes de 3. In case of hiding, who does know?
OnlyFans, ¿Qué te han dicho tus 4. Leaving aside the OnlyFans clients, what
cercanxs sobre tu trabajo? have your family, partner or friends told you
o Me apoyan y me motivan about your work?
o Me alientan a subir más y mejor o They support and motivate me
o They encourage me to upload more and
contenido
o Me admiran better content
o They say they admire me

86
o Me dicen que me veo o They tell me that I look empowered
empoderada o They tell me I am doing something
o Que estoy haciendo algo malo wrong
o Que perdí valor como mujer o They tell me that I lost value as a
o Que estoy haciéndole el juego al woman
patriarcado o They tell me that I'm playing the
o Que esto es indigno patriarchy's game
o The tell me that this is unworthy
5. ¿Cuáles consideras que son los riesgos o Other
sociales de usar OnlyFans?
6. ¿Qué consecuencias sociales has vivido 5. What do you consider that are the social
por usar OnlyFans? risks of using OnlyFans?
o Acoso en las redes 6. What social consequences have you
o Me excluyeron de grupos de experienced for using OnlyFans?
familia o amigos o Harassment in social media
o Estigma por lo que hago. o I was excluded from family or gropus
o Cuando me ven por la calle, noto of friends
que hablan de mí o Stigma for what I do.
o Me han hostigado en mi o When they see me on the street, I
domicilio notice that they talk about me
o Han hostigado a mi familia, o I have been harassed at my home
amigos o pareja o They have harassed my family, friends
o Me despidieron de mi trabajo or partner
o Otros o I was fired from my job
o Others
Consecuencias económicas
7. Hablando de clases sociales, ¿a cuál Economic consequences
consideras que tú perteneces? 7. Speaking of social classes, which one do you
o Clase Baja/Pobreza consider yourself to belong to?
o Clase media o Low Class / Poverty
o Clase alta o Middle class
8. Aproximadamente, ¿Cuánto ganas al o Upper class
mes en OnlyFans? 8. Approximately how much do you earn per
9. ¿Cuánto ha sido lo máximo que has month at OnlyFans?
ganado en un mes? 9. How much has been the most you have
10. ¿Cuánto ha sido lo mínimo que has earned in a month?
ganado en un mes? 10. How much has been the least you have
11. ¿Consideras que comenzaste a usar earned in a month?
OnlyFans porque fue tu última opción 11. Do you think you started using OnlyFans
laboral? because it was your last job option?
o Sí. o Yes.
o No. o No.
12. ¿Qué beneficios económicos te ha 12. What economic benefits has the use of
brindado el uso de OnlyFans? OnlyFans brought you?
o Pago de deudas y créditos o Payment of school debts and credits
escolares o Possibility of finishing studying
o Posibilidad de terminar de o More time with my family
estudiar o I already have my own space (room,
o Más tiempo con mi familia apartment or rented house)
o Ya tengo mi propio espacio o I can by things I like that I couldn't
(cuarto, departamento o casa afford before
rentada) o Others
o Puedo darme gustos que antes
no podía Individual consequences

87
o Otros 13. What disadvantages has the use of
OnlyFans brought you?
Consecuencias individuales o Negative consequences for my mental
13. ¿Qué desventajas te ha traído el uso de health, such as anxiety, stress or
OnlyFans? depression.
o Consecuencias en negativas en o I feel bad for using OnlyFans, I
mi salud mental, como ansiedad, consider it demeaning.
estrés o depresión. o Others
o Me siento mal por usar 14. Have there been speeches, tweets, posts,
OnlyFans, lo considero texts or mentions about sex work or virtual sex
denigrante. work that have emotionally or psychologically
o Otros challenged you?
14. ¿Ha habido discursos, tuits, o Yes
publicaciones, textos o menciones que te o No
hayan interpelado emocional o o I don't remember
psicológicamente que hablen sobre el 15. If yes. What did those publications make
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual? you feel?
o Sí 16. If yes. Who did those publications come
o No from?
o No recuerdo o Relatives
15. En caso de que sí. ¿Qué te hicieron o Conservative or right-wing parties
sentir? o Abolitionist Feminists / SWERF
16. En caso de que sí. ¿De quiénes o Labor bosses or supervisors
provenían dichas publicaciones? o Others
o Familiares
o Partidos conservadores o de Final thoughts
derecha 17. Do you consider that using OnlyFans
o Feministas carries a stigma?
abolicionistas/SWERF o Yes
o Jefes o supervisores laborales o No
18. If yes, what do you think this stigma is due
Consideraciones finales to?
17. ¿Consideras que usar OnlyFans conlleva
un estigma?
o Sí
o No
18. En caso de que sí, ¿A qué crees que se
deba ese estigma?

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