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Trabajo sexual. Disposit ivos de cont rol y de resist encia Sex work. Cont rol and resist ance devices
Paola Rubio Rodríguez
“Hist oria polít ica de la prost it ución”- Seminario Perspect ivas sobre el t rabajo sexual y la t rat a de pers…
Emmanuel T heumer
Máster Universitario en Teoría y Crítica de la Cultura
2020-2021
“PUTAS VIRTUALES.
Producción discursiva sobre el trabajo sexual en la
era pandémica-virtual: el caso de OnlyFans”
Tutora
Carmen González Marín
Septiembre, 2021
II
RESUMEN
Los discursos alrededor del trabajo sexual virtual tienden a ser dicotómicos y opuestos. Por una
lado se tiene una producción discursiva negativa, la cual es principalmente enarbolada por la
derecha religiosa y por feministas abolicionistas; y por el otro lado se encuentra una producción
discursiva positiva que es impulsada, sobre todo, por la industria de la pornografía. Sin
embargo, estos discursos se materializan en consecuencias adversas para las trabajadoras
sexuales virtuales. Es por ello que, para tener una visión amplia que no homogenice las
experiencias de las trabajadoras, propongo un discurso ambivalente basado en una práctica pro-
derechos del comercio sexual virtual.
De este modo, el objetivo de este trabajo pretende analizar los efectos de la producción
discursiva negativa, positiva y ambivalente sobre el trabajo sexual virtual en las trabajadoras
sexuales (mujeres y disidencias sexuales) que usan OnlyFans, con el fin de desestigmatizarlas
y redignificarlas. Al mismo tiempo, se busca demostrar que el discurso abolicionista sigue
reproduciendo las lógicas coloniales y afecta negativamente a las trabajadoras sexuales
virtuales, marginándolas y excluyéndolas social y económicamente.
Palabras clave
III
DEDICATORIA
IV
V
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Introducción ______________________________________________________________ 1
Capítulo 1. OnlyFans: la triada imágenes, sexualidad y virtualidad que dan vida al trabajo
sexual virtual ______________________________________________________________ 4
Breve esbozo histórico sobre el trabajo sexual _______________________________________ 5
Trabajo sexual virtual ___________________________________________________________ 9
La triada sexualidad-imágenes-virtualidad ________________________________________ 16
Sexualidad __________________________________________________________________________ 16
Imágenes-Trabajo ____________________________________________________________________ 19
Virtualidad __________________________________________________________________________ 22
El espacio de la triada: OnlyFans ________________________________________________ 26
Capítulo 2. Mujeres buenas y mujeres malas: la puta como la otra cultural del feminismo
abolicionista _____________________________________________________________ 30
Colonialidad de poder y producción del discurso ___________________________________ 31
Producción discursiva estigmatizante _____________________________________________ 37
La puta como la otra cultural del feminismo ________________________________________________ 37
Los discursos abolicionistas: la estigmatización _____________________________________________ 40
Consecuencias y efectos del estigma hacia el trabajo sexual virtual _____________________________ 48
Capítulo 3. Porno fuera de los márgenes: una visión amplia sobre el trabajo sexual virtual
________________________________________________________________________ 54
Producción discursiva positiva ___________________________________________________ 55
Beneficios, consecuencias y contradicciones _______________________________________________ 63
Producción discursiva ambivalente: vías para una práctica basada en derechos _________ 66
Desmitificando a las putas virtuales: algunos datos a considerar ______________________ 70
Conclusiones _____________________________________________________________ 77
Bibliografía ______________________________________________________________ 82
Anexos __________________________________________________________________ 85
VI
VII
ÍNDICE DE FIGURAS
Figura 1. Origen étnico o racial de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.... 71
Figura 2. Motivos de las trabajadoras sexuales virtuales para comenzar a usar OnlyFans. .... 72
Figura 3. Clase económica a la que pertenecen las trabajadoras sexuales virtuales que usan
OnlyFans. ................................................................................................................................. 73
Figura 4. Principales actores sociales que reproducen discursos negativos sobre el trabajo
sexual virtual. ........................................................................................................................... 75
VIII
IX
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla 1. Principales nichos temáticos del material producido por el trabajo sexual virtual .... 11
Tabla 2. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual presencial. ........................... 12
Tabla 3. Relaciones de poder involucradas en el trabajo sexual virtual, a través de plataformas
de patrocinio............................................................................................................................. 12
Tabla 4. Nacionalidad de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans. ................. 72
X
Introducción
El trabajo sexual ha existido desde hace siglos y, como toda actividad social, se ha adaptado a
los cambios históricos de la humanidad. Desde la segunda mitad del siglo XX, la conjunción
entre imágenes y sexualidad permitió que la industria del sexo diera un giro rotundo, gracias al
uso de las cámaras fotográficas y de video, con lo que la industria pornográfica floreció, siendo
ahora una de las industrias más grandes del planeta. La era digital de fines del siglo pasado
transformó nuevamente al trabajo sexual al integrarlo a la virtualidad. De este modo, se
completó la triada sexualidad-imágenes-virtualidad para dar paso al trabajo sexual virtual y a
una era donde los intermediarios son plataformas digitales de suscripción mensual como lo es
el caso de OnlyFans.
Sin embargo, a pesar de los cambios y transformaciones en el trabajo sexual, existe una
producción discursiva y de poder que sigue estigmatizando a quienes viven de esta industria,
sobre todo a las mujeres y disidencias sexuales. Hablar de trabajo sexual virtual conlleva, por
lo tanto, tres aristas: el trabajo (enfocándome en las imágenes y el placer como el producto de
dicho trabajo), la sexualidad (cuya producción discursiva por sí sola es enorme, pero haciendo
énfasis en las prácticas sexuales) y la virtualidad (enfatizando en la frontera difusa entre los
ámbitos público y privado de este espacio). Lo anterior surge como un ejercicio que se apoya
en el post-estructuralismo, especialmente en lo propuesto por Michel Foucault (1998) en
Historia de la sexualidad I, quien elabora una genealogía de la sexualidad desde la producción
discursiva, la producción de poder y la producción de saber.
Partiendo de la primera premisa de Foucault (la producción discursiva), planteo que el estigma
en torno al trabajo sexual virtual se mantiene, a pesar de que los argumentos han cambiado,
integrándose a nuevas epistemologías y sectores (como a la academia feminista radical y
abolicionista). En esta investigación es importante abordar la producción discursiva en torno
al trabajo sexual virtual, porque las consecuencias que conllevan afectan directamente a las
mujeres que lo ejercen, así como a su entorno inmediato (como las personas que dependen de
sus cuidados), las forma en que son percibidas socialmente y las exclusiones que conlleva el
estigma de su profesión.
1
a partir de las divisiones sexo-genéricas y concepciones coloniales sobre esta profesión. De
este modo, hay un traslado de la producción discursiva negativa sobre el trabajo sexual
presencial al trabajo sexual virtual, pese a que no son iguales ni tienen las mismas
consecuencias. Esta producción discursiva hegemónica, impulsada por el feminismo
abolicionista, está cimentada en la colonialidad del género y reproduce estereotipos sexuales y
estigmas sobre las mujeres que ejercen esta profesión, (a pesar de que el trabajo sexual virtual
no es exclusivo de una categoría social o racial) teniendo efectos morales, psicológicos,
sociales, laborales y familiares negativos. Además, se desestiman las posibles ventajas del uso
de plataformas virtuales como OnlyFans en periodos de recesión económica y desempleo
estructural, como el presentado en 2020 causado por la pandemia de COVID-19.
Conjuntamente, se evita hablar de los derechos laborales de las putas virtuales, dejándolas en
un vacío legal que está a merced de los supuestos y valores sociales o, en el mejor de los casos,
con un estrecho margen jurídico a su favor.
De este modo, el objetivo de este trabajo pretende analizar los efectos de la producción
discursiva negativa, positiva y ambivalente sobre el trabajo sexual virtual en las trabajadoras
sexuales (mujeres y disidencias sexuales), con el fin de desestigmatizarlas y redignificarlas. Al
mismo tiempo, se busca demostrar que el discurso abolicionista sigue reproduciendo las lógicas
coloniales y afecta negativamente a las trabajadoras sexuales virtuales, marginándolas y
excluyéndolas social y económicamente.
2
estereotipos y prejuicios, así como los efectos de la producción discursiva negativa que viven
estas mujeres y personas no binarias.
Si bien, entiendo que el tema es problemático, sobre todo por quienes instrumentalizan las
vivencias de las trabajadoras sexuales (cuyas opiniones no son tomadas en cuenta en muchas
ocasiones), mi aproximación es tanto afectiva como académica, fungiendo yo misma como
observadora y sujeta de estudio al mismo tiempo.
De este modo, el primer capítulo será una introducción descriptiva y teórica al tema. Se
abordará una breve historia del trabajo sexual, diferenciándolo del trabajo sexual virtual.
También se analizarán los tres elementos componentes de la triada de este oficio: la sexualidad,
las imágenes producto del trabajo y la virtualidad. Por último, se explicará qué es OnlyFans y
la trayectoria que ha seguido desde su fundación.
Por último, el tercer capítulo iniciará discutiendo las ventajas y desventajas de la producción
discursiva positiva del trabajo sexual virtual. Posteriormente, se presentará la propuesta de este
trabajo, es decir, la producción discursiva ambivalente, permitiendo así encontrar los
fundamentos para una práctica que beneficie y proteja a las trabajadoras. Cerraré el capítulo
con algunos datos a considerar sobre el trabajo en OnlyFans a partir de lo recabado en una
encuesta aplicada anónima y voluntariamente a trabajadoras sexuales virtuales.
3
Capítulo 1. OnlyFans: la triada imágenes, sexualidad y
virtualidad que dan vida al trabajo sexual virtual
4
Existe una imagen estereotipada sobre las trabajadoras sexuales que salta a nuestro imaginario
cada que se les menciona: una mujer de mediana edad a mitad de la noche está parada en una
esquina, a pesar del frío lleva puesto un vestido corto, tacones altos y exceso de maquillaje en
donde resalta el labial rojo; del otro lado de la calle un hombre en un auto estacionado vigila
cada paso de la mujer. Esa imagen se repite una y otra vez en nuestras mentes cuando hablamos
de las trabajadoras sexuales y esta misma idea estereotipada es una de las bases materiales para
la argumentación sobre ellas, sin embargo, esto no toma en cuenta la voz de las trabajadoras
(por lo que hablan de ellas sin preguntarles, asumiendo múltiples posibilidades) y deja de lado
las diferentes modalidades en que se presenta el trabajo sexual (cam girls, escorts, putas
virtuales, damas de compañía, etc.).
Para poder despejar algunos estereotipos o mitos, este primer capítulo se dedica a aclarar
algunos conceptos como trabajo sexual y trabajo sexual virtual (incluyendo sus similitudes y
diferencias), asimismo abordo los elementos teóricos fundamentales para poder entender a este
oficio virtual a partir del análisis de sus elementos constitutivos: la sexualidad, el trabajo (que
producen imágenes) y la virtualidad. En la última parte, describo la función e historia de
OnlyFans, la plataforma de patrocinio en la que se aboca este trabajo.
Es por ello que utilizar el término trabajo sexual ha sido tan importante en las últimas cinco
décadas, el uso de este concepto tuvo un trasfondo dignificante y político a partir de la segunda
mitad del siglo XX, además de que se caracterizó por ser abarcativo, es decir, no se limitaba a
una forma de comercio sexual. Este concepto fue acuñado por Carol Leigh a finales de la
5
década de los setenta, con el objetivo de “conciliar [sus] metas feministas con la realidad de
[su] vida [como trabajadora sexual] y la vida de las mujeres que conoci[ó]. Quería crear una
atmósfera de respeto, dentro y fuera del movimiento de mujeres, hacia las mujeres que trabajan
en la industria del sexo.” (Leigh en Morcillo y Varela, 2016, p. 11) De este modo, el concepto
se gestó junto con el movimiento de las trabajadoras sexuales que buscaban despenalizar el
oficio y conseguir derechos laborales básicos que les garantizaran protección.
Ahora bien, ¿qué es el trabajo sexual? En términos generales, de acuerdo con Marta Lamas,
Así, el trabajo sexual es parte de la industria del sexo y, aunque se puede llevar a cabo de
manera formal, gran parte de esta industria se ejerce desde la informalidad, puesto que muchas
legislaciones nacionales y locales son ambiguas o penalizan el ejercicio de este trabajo.
Asimismo, las modalidades de este trabajo pueden variar: presencial, telefónica,
cinematográfica y/o virtual.
Asimismo, tal como postula la Dra. Elena Jeffreys, “el concepto de trabajo sexual agrupa a
todas las mujeres presentes en la industria: prostitutas, actrices porno y bailarinas, que
comparten las misma necesidades jurídicas y sociales.” (Jeffreys, 2015, p. 7) Esta nueva
concepción no sólo permitió resignificar al oficio del sexo servicio, sino que implicó la unión
política de un grupo atomizado de personas que ejercían este trabajo y la gestación de un
movimiento.
Por otro lado, aunque la palabra prostituta conlleve una carga social y moral negativa, muchas
trabajadoras sexuales la usamos para dotarla de un nuevo significado que esté alejado de la
vergüenza, el pecado y el estigma. Por ejemplo, Carol Leigh (quien es activista feminista,
artista y trabajadora sexual) apunta que “en contextos políticos yo me refiero a mi misma como
prostituta para dotarlo con cierto orgullo, aunque raramente usamos esa palabra para
referirnos a nosotras mismas, preferimos ‘chicas trabajadoras’.” (Leigh, 2016, p. 21) Del
6
mismo modo, desde esta noción resignificante, “cobra vigencia la declaración que hizo hace
más de 20 años Margo St. James, una líder de las prostitutas norteamericanas: "Reivindicamos
el nombre de puta porque es utilizado contra todas las mujeres. Queremos difundirlo, reiterarlo
y, sobre todo, retirárselo a los hombres que se sirven de este apelativo para dividir e intimidar
a las mujeres".” (Lamas, 1996, p. 46)
Otras formas de llamarse entre sí y ante otros es el uso de chicas o chicas trabajadoras, que
menciona Leigh. La antropóloga Marta Lamas, en una investigación que elaboró en la Ciudad
de México con trabajadoras sexuales en la década de los noventa, hace énfasis en cómo se
nombraban las propias trabajadoras sexuales entre ellas, llamándose compañeras o
simplemente chicas, los cuales preferían que usasen los policías o autoridades locales, evitando
así la carga simbólica negativa que conllevaban otros conceptos como putas, vestidas, mujeres
de la vida galante, entre otras formas denigrantes de llamarlas. (Lamas, 1996)
De este modo, el uso del término trabajo sexual se convirtió en “una cuestión de derechos
humanos, ya que reivindica y reformula el lenguaje para hablar de todas las personas que
ejercen trabajo sexual.” (Jeffreys, 2015, p. 8) Esto vuelve a ser importante porque, en términos
de lenguaje, se desgenerizaba al trabajo y a les trabajadores, es decir, ya no son necesariamente
las prostitutas, asumiendo que sólo las mujeres comercian con la sexualidad, sino permite que
hombres y personas no binarias puedan ser incluidas y, con ello, los derechos que se ganen
para las/os trabajadores sexuales puedan beneficiar a todes.
A pesar de esta aclaración, la mayoría de las personas que ejercen este oficio son mujeres, es
decir, “la industria del sexo es una industria feminizada: la mayoría de quienes ofrecen
servicios sexuales son mujeres y la amplia mayoría de quienes pagan por esos servicios son
hombres.” (Mac y Smith, 2020, p. 33) La feminización del trabajo sexual no es fortuito, se debe
a una división sexual del trabajo a partir de un canon moderno-colonial y binario, sin embargo
exploraré más a fondo este tema en el segundo capítulo. Debido a esta abrumadora diferencia
sexo-genérica y por motivos de delimitación académica, en este trabajo me referiré a las
mujeres cisgénero y transgénero trabajadoras sexuales. Ahora bien; ¿quiénes son las
trabajadoras sexuales?
7
empleo por lo general indica que la persona hablante piensa que la venta de servicios
sexuales es o puede ser un trabajo. Es, por lo tanto, rechazado por aquellas personas
que piensan que la venta de servicios sexuales no es un trabajo. (Mac y Smith, 2020,
p. 29)
La trabajadora sexual1 es la persona que brinda placer a uno o más clientes a través de distintos
usos de su sexualidad y en diferentes modalidades, que van desde el trabajo presencial en las
calles, en casa de masajes, en bares, discotecas o en moteles, hasta el que se hace de manera
remota, ya sea de forma telefónica (líneas telefónicas eróticas), cinematográfica (industria del
porno que distribuye en línea o por dispositivos electrónicos como DVDs, CDs o USBs) o
virtual (videollamadas one-one, streaming de cam girls, nudes, etc.),2 siendo esta última la
modalidad en que se centra este estudio.
Así como evolucionan los medios de comunicación, el trabajo y la sexualidad también lo hacen,
adaptándose e imbricándose entre sí, permitiendo que las diferentes formas de ejercer el trabajo
sexual convivan y también se adapten a las condiciones socio-históricas, tal como es el caso de
la pandemia de COVID-19. A finales del 2019, en Wuhan, China, se esparció con rapidez un
virus (SARS-CoV-2) con síntomas parecidos a la gripe pero cuya tasa de mortalidad era mucho
mayor, que oscilaba entre 2,3%-14,8% (dependiendo del rango de edad) según las primeras
estimaciones hechas a inicios de 2020. (BBC News Mundo, 2020)
Para evitar contagios, la cuarentena (que en muchos países duró meses) se hizo mandatoria,
obligando a que miles de empleos modificasen sus espacios de acción para adaptarse a este
evento sanitario global. La oficina se trasladó a los hogares con el home office o teletrabajo,
evitando así largos traslados y disminuyendo el riesgo de contagio al no tener contacto directo
con personas ajenas al círculo social primario. Al igual que otros empleos, el trabajo sexual se
ha adaptado a las condiciones materiales de la era digital, en donde la presencia física no es
necesaria para poder realizar las labores de placer. De este modo, la red de internet, así como
el esparcimiento de las cámaras digitales o smartphones, permitió que el trabajo sexual se
1
Al mismo tiempo, recordando la interseccionalidad postulada por Kimberle Crenshaw, las trabajadoras sexuales
también somos amas de casa, estudiantes y profesionistas, por lo que el trabajo sexual es una actividad
complementaria que no puede ser analizada como la única forma de definición personal e identificación individual
de quienes ejercen este oficio. Suponer tal cosa sólo niega la complejidad de las personas y reduce su identidad a
un campo laboral.
2
Las/os intermediarios, patrones, jefes de trabajadoras sexuales, fotógrafos o transportistas no son considerados
trabajadores/as sexuales, aunque sí se involucren en la industria del sexo.
8
virtualizara, es decir, que ya no fuese estrictamente necesario salir a las calles para conseguir
clientes y/o únicamente realizar servicios sexuales presenciales.
Desde finales del siglo pasado, el internet permitió crear alianzas entre trabajadoras sexuales
que estaban espacialmente distantes, contactar con posibles clientes cuyos nombres se
encontraban en bases de datos seguras (elaboradas por las mismas chicas, en las cuales
reportaban a clientes violentos y/o estafadores), crear plataformas seguras para que las
trabajadoras pudieran vender su contenido erótico, sexual o pornográfico, y logró que muchas
trabajadoras sexuales realizaran un trabajo informal independiente, evitando así a empleadores
explotadores (incluyendo chulos y pimps), instituciones policiales abusivas y el riesgo per sé
de estar en las calles durante la noche (ya sea por peligros climáticos, accidentes o ataques
físicos). Asimismo, se crearon plataformas seguras que albergaban y aceptaban a trabajadoras
sexuales, destacando entre ellas OnlyFans.
Por último y dado el carácter polémico de este tema, especificaré cuatro puntos sobre lo que
NO es el trabajo sexual: 1) el trabajo sexual no es lo mismo que trata de personas y no se le
puede equiparar, estoy en contra de toda trata y tráfico de personas; 2) en ciertos casos, el
trabajo sexual puede conllevar explotación, sobre todo por la informalidad de este empleo y
por la falta de derechos laborales, sin embargo, el trabajo sexual no es sinónimo de explotación
sexual; 3) el trabajo sexual no es un trabajo exclusivo de mujeres precarizadas y racializadas,
suponer esto implica una forma de racismo y clasismo; y 4) debido a la multiplicidad de
modalidades, espacios y tiempos, es necesario aclarar que el trabajo sexual no se lleva a cabo
en las mismas condiciones en todos los casos, de este modo se invita a eliminar los estereotipos
y prejuicios sobre este oficio.
Como se ha abordado en páginas anteriores, el trabajo sexual virtual es una modalidad del
trabajo sexual, el cual conlleva la creación de contenido sexual audio-visual y escrito de forma
digital para las/os clientes, con el propósito de satisfacer el placer o deseo sexual de quienes lo
solicitan. El trabajo sexual virtual no es un sinónimo de pornografía y esta investigación no
tiene por objeto de estudio a la pornografía, sin embargo, considero importante definirla para
poder conocer las diferencias entre ambos conceptos.
9
Tomaré la definición propuesta por Sarah Ashton, Karalyn McDonald y Maggie Kirkman,
quienes definen a la pornografía como todo “material [impreso o digital] considerado sexual,
dado el contexto, que tiene la intención principal de excitar sexualmente al consumidor(a), el
cual se produce y distribuye con el consentimiento de todas las personas involucradas.”
(Ashton et al, 2019, p. 20) Ahora bien, ¿cuáles son las diferencias entre la pornografía y el
trabajo sexual virtual, dado que parecen ser sinónimos? Primero que nada, la pornografía no es
exclusivamente virtual, también puede ser impresa.
Como última diferencia, la pornografía carece de la dimensión política que sí posee el trabajo
sexual, especialmente por lo expuesto por Carol Leigh en páginas anteriores. De este modo,
enfocarme en el trabajo sexual virtual permite centrar la atención en los sujetos políticos,
dejando en segundo plano el material que producen. Aun así, considero necesario abordar un
poco sobre este último tema. El material producido por el trabajo sexual virtual es diverso y
generalmente responde a los gustos e intereses tanto de la trabajadora sexual virtual, como del
solicitante de este contenido. Para poder tener un panorama general, he decidido hacer una
división de temas sobre el material sexual que se produce en este oficio, el cual está sintetizado
en el siguiente esquema (Tabla 1).
10
Tabla 1. Principales nichos temáticos del material producido por el trabajo sexual virtual
Edad
La Tabla 1 muestra de manera general algunos de los nichos por los cuales las trabajadoras
sexuales virtuales se pueden inclinar para poder obtener ganancias, estos no están
desvinculados entre sí, es decir, pueden convivir más de dos al mismo tiempo en un solo
material, por lo que los nichos son múltiples y no excluyentes. En Partes del cuerpo el
contenido se puede enfocar en piernas, senos, pies, axilas, glúteos, panza, vulva, pene, etc.,
mientras que en Forma del cuerpo se incluye el peso corporal (delgado, tallas grandes, average,
etc.), número de tatuajes, estatura, color de cabello, entre otros aspectos descriptivos del cuerpo
de la trabajadora sexual virtual. Asimismo, existen nichos que dependen de la orientación
sexual e identidad de género, prevaleciendo relaciones sexuales entre gays o entre lesbianas,
pero también incluyendo a personas intersexuales, transgénero y, en general, a las personas
LGBTIQ+.
Las plataformas digitales que sostienen al trabajo sexual virtual pueden ser intermediadoras, es
decir, que la plataforma reciba el pago y cobre una comisión por su uso; o también pueden ser
directas, que se usen sitios de mensajería instantánea o redes sociales de uso libre y los clientes
manden el pago del material directamente a las cuentas bancarias de las trabajadoras sexuales.
Siendo el primer caso en el que pondré énfasis.
11
Finalmente, para terminar con este apartado, es de suma importancia establecer las diferencias
entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual, así como las condiciones
específicas que se necesitan para llevar a cabo el segundo. Para ejemplificar los puntos en
común y las diferencias entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual se pueden
observar los siguientes esquemas (Tabla 2 y Tabla 3):
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Entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual encuentro cinco puntos en común:
las relaciones de poder existentes, los clientes, la vigilancia, las consecuencias de la vigilancia
y la sociedad disciplinar. Abordando el primero de estos puntos, las relaciones de poder, detecto
que hay tres diferentes relaciones que dependen de las personas involucradas:
1) la primera es la relación interna, es decir, la relación que tiene la trabajadora con ella
misma y su cuerpo, esto puede presentar contradicciones o aceptaciones;
2) en segundo lugar, encuentro la relación externa primaria, o sea, el vínculo que mantiene
con los clientes, los empleadores o los intermediadores; y
3) por último, ubico la relación externa secundaria, la cual se da con la sociedad que no
está vinculada con la transacción sexual. Ésta puede enfocarse en el círculo social
primario (que incluye a las personas con las que tiene principal contacto emocional) o,
en términos generales, la relación de poder existente con la sociedad disciplinar (que
impone valores sociales y regula la percepción sobre el trabajo sexual).
En segunda instancia, otro punto en común es la existencia de clientes con quienes se mantiene
la transacción contractual (la cual se manifiesta a través de acuerdos hablados, no escritos, en
la mayoría de los casos), esta relación es indispensable para que exista el trabajo sexual, por lo
que tenemos una trabajadora que provee el servicio y una persona (o varias) que lo consume.
En tercer lugar, está el panóptico que se expresa a través de la vigilancia social, la cual incluye
los esquemas regulatorios sociales que conllevan castigos por hacer algo que no es aceptado,
ni aceptable socialmente. A partir de esto, se identifican algunas de las consecuencias de la
vigilancia, destacando entre ellas los castigos sociales que son infringidos a las trabajadoras
sexuales. Estos castigos son llevados a cabo principalmente en dos campos, una vez que se
descubre la profesión de la trabajadora sexual: uno es el lugar de trabajo diferente al sexual, en
donde pueden ser acosadas por los jefes o compañeres, llegando inclusive a ser despedidas o
amenazadas por el simple hecho de ser trabajadoras sexuales; y otro es el círculo nuclear social,
el cual incluye a amigos y familiares cercanos, quienes pueden aceptar o, como se ha visto en
muchos casos, rechazar el oficio que llevan a cabo.
El último punto en común entre el trabajo sexual presencial y el trabajo sexual virtual es la
existencia de una sociedad disciplinar que no sólo se encarga de vigilar, sino de regular la forma
en que es percibido el trabajo sexual, por lo que regula y condiciona la forma en que es visto
por la sociedad (a través del disciplinamiento en las escuelas, la familia, la iglesia y el mandato
de género), la relación con los clientes (quienes pueden decidir no respetar a la trabajadora
13
sexual, porque socialmente es vista como una “desviada” o “pecadora”, pasando los límites
establecidos por la trabajadora) y la relación que tiene la trabajadora sexual consigo misma (la
cual puede ser de contradicción, es decir, que se cuestione lo que hace porque sabe que
socialmente es percibido como un error, teniendo efectos negativos en su salud mental; puede
ser de aceptación y las consecuencias que ello conlleve, como el rechazo y exclusión social,
aunque también puede llevar a la politización de su trabajo, uniéndose a sindicatos y/o
movimientos a favor de los derechos humanos y los derechos laborales de las trabajadoras
sexuales).
Por otro lado, una de las diferencias observadas redunda en que la vigilancia primaria y el
castigo tienen un actor más: los usuarios de internet, quienes en el peor de los casos pueden
burlarse, recriminar la profesión, afianzar el “error social” que es considerado el trabajo sexual,
decirle a la trabajadora que no sabe que es una víctima (este recurso es utilizado sobre todo al
equiparar al trabajo sexual con la trata), amenazarla debido a sus actividades laborales
“indignas” o bloquearle sus cuentas digitales, desde redes sociales hasta cuentas bancarias.
Asimismo, en el trabajo sexual virtual, el riesgo de explotación sexual o de agresión física suele
disminuir, “dar probaditas”3 no es condicionante para poder ejercer el trabajo sexual de manera
segura. De manera similar, en el trabajo sexual virtual algunas personas exigen una “prueba
gratis” bajo la condición de una suscripción mensual, de brindar regalos o de dar una
considerable suma de dinero, de rechazar dicha propuesta la amenaza que prosigue vulnera la
seguridad íntima y de privacidad virtual de las trabajadoras. Estos tipos de amenaza, como el
doxxing o amenazas de exposición pública del contenido sexual, no conllevan una agresión
sexual física, pero sus consecuencias en la salud mental son considerablemente altas.
También, en el trabajo sexual presencial, la figura del intermediador puede existir o no,
mientras que en el trabajo sexual virtual que se basa en plataformas de pago la existencia de
esta figura es necesaria. En este caso la plataforma funge como intermediadora, quien cobra
una cuota (un porcentaje de las ganancias de la trabajadora) por el uso del sitio web, a cambio
de un espacio virtual estable y seguro.
3
Esto lo explica Marta Lamas en la investigación que elabora sobre las prostitutas de la calle en la Ciudad de
México, durante la década de los 90: “Es costumbre el "derecho de pernada" ("la probadita") para entrar a
trabajar, y varios representantes hombres funcionan como padrotes (amantes que explotan) de las chicas que
trabajan para ellos.” (Lamas, 1996, p. 36) La función de los padrotes es proteger a las trabajadoras de los
clientes y de las autoridades, generalmente policías o gendarmes.
14
Además, para poder ser trabajadora sexual virtual se necesitan ciertas condiciones específicas
que difieren de aquellas al trabajo sexual físico, debido a que esta forma de empleo se hace de
manera on-line. Dentro de estas condiciones encontramos los siguientes puntos:
• Tener una cámara digital o cualquier dispositivo electrónico con cámara (computadora,
web-cam, celular, tablet, etc.)
• Contar con una conexión a red eléctrica con la que se puedan cargar los dispositivos
electrónicos y se pueda conectar a internet.
• Disponer de una conexión a internet, el cual conlleva un pago mensual o semanal para
disponer de este servicio.
• Tener una identificación vigente (ya sea credencial de elector, pasaporte, licencia de
conducir, etc.), con la cual muchas migrantes indocumentadas no cuentan.
• Poseer una cuenta bancaria que, al igual que en el caso de las identificaciones, muchas
personas no cuentan por no tener una residencia legal en el país donde viven.
• Saber inglés, porque muchas plataformas de pago tienen sus sedes en países
angloparlantes y los sistemas de ayuda en línea sólo responden en este idioma.
• Aceptar los términos y condiciones de las plataformas de pago, las cuales prohíben
cierto material o contenido que podría ser utilizado en nichos sexuales que no entran
dentro de lo “común” en los actos sexuales (tal es el caso del pooping, es un fetiche en
donde se graba o toma fotos de las personas excretando heces).
Estos puntos son condiciones socio-económicas a las que muchas personas no tienen acceso,
por ejemplo, el último reporte Digital 2021, de las empresas Hootsuite y We Are Social,
demuestra que el 66.9% de personas en todo el mundo tienen acceso a un teléfono celular y
que sólo el 60.9% de la población mundial tiene acceso a internet (We Are Social y Hootsuite,
2021), por lo que el acceso al mundo virtual no es una garantía y el trabajo sexual virtual no
puede ser accedido por más de un tercio de las personas que habitan el planeta. Esto implica
que el trabajo sexual virtual no es una opción viable para muchas personas que viven en
condiciones precarias, siendo parte de la brecha digital en la que vivimos actualmente y que
forma parte de las múltiples desigualdades sociales que impone el sistema moderno-colonial.
De igual forma, para entender más a fondo lo que implica el trabajo sexual virtual he de
dividirlo entre los componentes que lo conforman: sexualidad, trabajo (expresado en imágenes)
y virtualidad, los cuales serán explicados en los apartados subsecuentes.
15
La triada sexualidad-imágenes-virtualidad
Sexualidad
El sujeto moderno fue y sigue siendo el modelo a seguir, debido a que encarna los valores del
sistema económico que ha imperado en Occidente desde finales del siglo XV, el capitalismo.
Sin embargo,
Así, la modernidad no puede ser entendida sin la colonialidad, mientras que la colonialidad da
paso a la modernidad. Como lo apunta el sociólogo Ramón Grosfoguel, la modernidad y la
colonialidad constituyen dos lados de una misma moneda. (Grosfoguel en Restrepo y Rojas,
2010, p. 17) Esta constitución mutua es importante para establecer que cada logro de Occidente
representó la degradación, explotación y aniquilación de otros pueblos que no eran
considerados “civilizados”. De este modo, se crearon patrones de poder que jerarquizaban y
naturalizaban categorías sociales, a partir de las diferencias anatómicas observadas en los
cuerpos, es decir, se instauró la colonialidad. Los cuerpos podían ser físicos e individuales, o
sociales y colectivos, pero mantenían en común la jerarquía consagrada según las diferencias
observables, en donde el sujeto moderno (hombre blanco cis-heterosexual y burgués) se
posicionaba en la cima de la pirámide. Así, las mujeres, las personas racializadas, las
disidencias sexuales y las personas precarizadas quedaron relegadas a un segundo plano, siendo
16
considerados inferiores, “salvajes”, bárbaros, la desviación de un tipo original o, simplemente,
otros.
La figura del cuerpo prevalece no sólo como la marca arraigada y única de la diferenciación (y
por tanto de la supuesta superioridad o inferioridad natural), sino que todo hacía alusión al
cuerpo y su funcionamiento como única verdad. Esa verdad biológica que, al mismo tiempo,
legitimaba la estructura social desigual reflejada en los cuerpos individualizados. Es decir, el
cuerpo retornaba al cuerpo. La figura del cuerpo extrapolada en la sociedad retornaba al cuerpo
individual y le daba su lugar.
Al disponer del cuerpo como diferenciador, se encarna una dualidad originaria entre lo que soy
y no soy a partir de ese cuerpo. De este modo, dualidades como nosotros/otros,
civilización/barbarie, naturaleza/cultura, razón/emoción, etc., se expresaron en categorías
como la raza, el sexo y el género, dando pauta a las dualidades blanco/negro, hombre/mujer y
masculino/femenino. Estas categorías binarias y cerradas han invisibilizado ciertos rasgos,
características y vivencias de algunos grupos, negando la intersección de diversas categorías y
sistemas de opresión.
Así, las categorías impuestas por el sistema moderno/colonial de género concretan dos
posibilidades: el hombre y la mujer, siendo el blanco-cis-heterosexual-burgués la neutralidad
y objetividad de ambas categorías, incluyendo no sólo sus aspectos físico-anatómicos, sino sus
comportamientos (feminidad/masculinidad), sus deseos, los usos de su sexualidad y la forma
en que se divide sexualmente al trabajo. “La reducción del género a lo privado, al control sobre
el sexo y sus recursos y productos es una cuestión ideológica presentada ideológicamente como
biológica.” (Lugones, 2008, p. 93) De este modo no sólo se establecen los estándares de la
feminidad, sino del hecho de ser mujer, con lo cual surgen muchas preguntas, ¿quién sí es
considerada mujer y quién no? ¿quién lo ha definido y por qué? ¿se es menos mujer cuando no
17
se cumple con el mandato de género? ¿las prácticas de la sexualidad definen quien es una
“buena mujer” y quien, por el contrario, es una “mala mujer”?
Una vez entendiendo que el sexo y el género son parte de un patrón de poder jerarquizado,
creado por un sistema moderno/colonial, es menester entender que la sexualidad también “es
inminentemente social” y la cual puede “ser definida como ‘una construcción determinada,
hegemónica y propia para sí que tiene una cultura para ordenar su vida erótica, un producto de
sistemas culturales y sociales que da forma tanto a la experiencia sexual como a la manera de
interpretar y entender esa experiencia’.” (Parker en Rodríguez Valladares, 2012, p. 27)
18
sido un momento de gran redefinición de la identidad femenina: la mujer que sale de
la caza de brujas no es la mujer que entra. Se ha atacado la solidaridad femenina, las
amistades femeninas. Las brujas cuando eran torturadas debían confesar quiénes eran
sus cómplices (todas las otras mujeres), así que juntarse con otras mujeres empieza
a ser visto como un crimen. La mujer que sale de la caza de brujas es obediente,
silenciosa, subordinada; éste fue al menos el nuevo ideal que se intentó conformar.
(Federici en Díaz Lozano y Féliz, 2016, p. 148)
En este escenario, el trabajo sexual constituye una afrenta al control y disciplinamiento corporal
que se gesta a través de la sexualidad, rompiendo dos mandatos sociales: el uso libre del cuerpo,
dejando de lado la censura de ciertas prácticas sexuales; y el uso de la sexualidad como
actividad económica destinada al placer. Sin embargo, para la sociedad esta trasgresión no
merece ser visibilizada y necesita ser controlada, por lo que las trabajadoras sexuales son
relegadas a la oscuridad, a la secrecía, a la informalidad o al internet. Así, en el siguiente
apartado se abordará sobre cómo las putas virtuales son parte de la economía, pero no son
reconocidas (o son criminalizadas) en las legislaciones por los “usos indebidos” de su
sexualidad.
Imágenes-Trabajo
A pesar de la gran variedad de imágenes que existe en la red, en esta investigación me centraré
en las fotografías y los videos, puesto que éstas son la materia prima de las trabajadoras
sexuales virtuales. Sin embargo, las fotografías y los videos no son de uso exclusivo del trabajo
del placer sexual, mas bien éstas pueden ser usadas para diferentes oficios y profesiones, pero
las imágenes de la red tienen algo en común: la exposición del cuerpo; es decir, en las imágenes
se refleja la importancia del cuerpo, puesto que éste se encuentra (en la mayoría de los casos)
en un primer plano, ya sea como forma de enaltecer al yo o como recurso semiótico que hace
del ser un profit. El cuerpo, nuevamente, se posiciona como un eje rector de la cultura
19
occidentalocapitalista en el siglo XXI, pero al mismo tiempo es parte esencial de las
expresiones artísticas de les individues. En palabras de Mariana Hernández Reséndiz, “así, el
cuerpo, como materia de la obra, representa una puerta a la memoria y la fotografía funciona
como su anclaje al presente.” (Hernández Reséndiz, 2019, p. 8) De este modo, la fotografía
permite una multiplicidad de expresiones, significados y experiencias, sirviendo no sólo de
manera exógena (para ser vista por otros, desde fuera), sino que sirve para la constitución de
un proceso endógeno, es decir, es una forma de explorar y explotar la identidad de los sujetos.
Por ende, la fotografía y el video del desnudo que venden las trabajadoras sexuales virtuales
no son totalmente instrumentales, porque representan la intimidad de sus vidas y exponen la
completud de algo que es considerado sagrado. Al contrario de lo que se podría suponer de la
producción del trabajo sexual virtual como productos en serie que son idénticos entre sí, los
materiales que se crean son diferentes, reflejando una parte de la identidad de quienes los están
creando. Asimismo, la creatividad puesta en cada fotografía es una forma de trabajo, la cual se
denomina trabajo creativo.
Relacionado a lo anterior, retomo lo postulado por Giselle Rodríguez, quien hace un estudio
sobre las trabajadoras sexuales en Chile:
Por tanto, lo que se ofrece como mercancía, y que asusta de sobremanera a las tesis
moralizantes, son las habilidades sexuales de la mujer que ejerce el oficio.
(Rodríguez Valladares, 2012, p. 34)
Entonces, no podemos afirmar que la mercancía o el producto del trabajo sexual virtual es el
cuerpo de la mujer en sí, más bien la mercancía es el placer sexual y el cuerpo es el vehículo
para lograrlo (así como puede ser el uso de otros juguetes y accesorios sexuales que
complementen la práctica, tal como el BDSM lo ha demostrado). Lo que se vende a través del
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual es la satisfacción o el placer sexual, siendo éste el
objetivo de quienes adquieren estos servicios. Al igual que otros empleos, el cuerpo no es el
producto, sino el medio a través del cual es posible realizar las tareas asignadas.
20
A pesar de esto, al trabajo sexual (en su modalidad presencial y su modalidad virtual) se le
estudia como una forma de explotación porque se asimila que el producto que se está vendiendo
es el cuerpo en sí. De este modo, regresamos al punto de partida: el cuerpo es tan importante
que es inimaginable e imposible “venderlo” por voluntad propia, por eso suponer que el cuerpo
es la mercancía en juego dentro del trabajo sexual es un argumento que valida las visiones
prohibitivas y criminalizantes hacia esta actividad.
Estas visiones prohibitivas tienen mayor eco y resonancia en el ámbito jurídico y en el espacio
social. En el primer caso, las consecuencias producen la criminalización de la práctica (al
equipararlo con trata y abuso femenino o infantil, y con justificaciones sanitarias y morales),
como en el caso chileno; o dejan un vacío legal en los códigos civiles y penales, como en el
caso mexicano. De esta forma, a las trabajadoras sexuales se les relega y desplaza hacia sectores
informales de la economía. En este caso, el trabajo informal “se define como las actividades de
sobrevivencia para salir delante de las personas y familias en entornos económicos con escasas
oportunidades de ingresos.” (D’Adamo, 2015, p. 11)
El trabajo informal ha sido una fuente de ingresos para millones de personas en todo el mundo.
Este sector surge por la falta de plazas en el empleo formal o asalariado, es decir, es un trabajo
desplazado producto de la colonialidad. Como postula María Lugones, “es importante advertir
que el trabajo asalariado ha sido reservado, casi exclusivamente, para los europeos blancos. La
división de trabajo se halla completamente racializada así como geográficamente diferenciada.
Aquí, vemos a la colonialidad del trabajo como un cuidadoso entrecruzamiento del trabajo y la
raza” (Lugones, 2008, p. 80), e inclusive, del género. Agrego este último porque siguen
existiendo trabajos de cuidado que son llevados principalmente por mujeres, como la limpieza
del hogar, la crianza de niñxs o el cuidado de adultos mayores, que no son remunerados porque
no son considerados un empleo, esto debido a la división sexual del trabajo moderno/colonial.
21
Si bien, en el trabajo informal no existe una normatividad que obligue a pagar impuestos,
tampoco hay derechos laborales o mecanismos de protección laboral. Del mismo modo, pero
en el caso específico del trabajo sexual virtual, aunque hay mayor libertad de acción (la
trabajadora decide qué días trabajar, por ejemplo) y las ganancias son relativamente fáciles
(hago énfasis en el relativamente, porque el costo social y político es alto), no hay certeza, ni
seguridad financiera, puesto que los ingresos no son fijos y dependen de la cantidad de ventas
y suscripciones que puedan hacer durante el mes.
teniendo en cuenta que estos ámbitos laborales [el trabajo emocional, el trabajo
íntimo y el trabajo informal] redefinen los aspectos de salud, organización,
estigmatización y explotación, [estos] también están preparando el escenario que
permita entender que el trabajo sexual no es sólo trabajo, sino también una
cuestión de justicia económica. (D’Adamo, 2015, p. 12)
Virtualidad
Por último, para cerrar la triada de elementos que componen al trabajo sexual virtual,
encontramos a la virtualidad, la cual se ubica dentro del amplio y vasto espacio del internet.
Este elemento es de suma importancia, porque es el principal identificador del trabajo sexual
virtual que permite diferenciarlo del trabajo sexual físico, además la virtualidad es uno de los
conceptos que permiten describir el desarrollo tecnológico y los avances en la comunicación
digital, creando redes de personas espacialmente distantes entre sí y conectando a millones de
personas a través del globo. Este espacio digital compuesto por unos y ceros configura nuevos
significados que se adaptan a las lógicas culturales de la realidad circundante, al tiempo que
crea otros significados que se van integrando a nuestra cotidianidad. En palabras de Josep
Duart,
Los nuevos significados que genera la realidad de los entornos virtuales nos conduce
a entender la virtualidad como un espacio creativo (Lévy, 1999), como algo que
genera situaciones distintas que hasta ahora no existían. Lo que cambia en la
virtualidad es sobre todo el potencial comunicativo, la interacción. La virtualidad
establece una nueva forma de relación entre el uso de las coordenadas de espacio y
de tiempo. La virtualidad supera las barreras espaciotemporales y configura un
entorno en el que la información y la comunicación se nos muestran asequibles
desde perspectivas hasta ahora desconocidas al menos en cuanto a su volumen y
posibilidades. (Duart, 2002, p. 3)
22
Asimismo, a pesar de la aparente distancia, la realidad y la virtualidad no son dos esferas
opuestas entre sí, al contrario, actualmente la realidad y la virtualidad no sólo están
interrelacionadas, sino que son co-constituyentes, es decir, en estos días no se podría entender
la existencia de una sin la otra. De este modo y contrario a la hipótesis de que la virtualidad se
encuentra separada de la realidad o constituye una versión “irreal” de la realidad, la virtualidad
es tan real como la realidad física misma. “Según esta perspectiva, existe entonces una
hibridación de lo real y lo virtual, o más exactamente, una inmanencia de lo virtual en lo real.”
(Siles González, 2005, p. 65)
Por lo tanto, la importancia de la virtualidad parte de que no es una esfera alejada de la realidad,
sino que la constituye, puesto que están imbricadas. Sin embargo, como es parte de la realidad,
entonces el espacio virtual reproduce los mismos esquemas y sistemas de categorización-
jerarquización que forman parte del mundo moderno/colonial. Remedios Zafra también lo
explica, argumentando que “Claro que nunca Internet fue un medio inocente y neutral y esta
alerta estuvo presente en la práctica creativa. Justamente detrás de lo que en sus comienzos
más entusiasmó de Internet: desjerarquización, democratización, creatividad de la multitud,
conectividad, potencial imaginativo... aparecía su reverso, los correlatos de otras formas de
jerarquización y desigualdades que aplazaban constantemente la utopía, aunque no la
anulaban.” (Zafra, 2010, p. 91) Del mismo modo que la cara oculta de la modernidad fue la
colonialidad, la virtualidad en la era digital reveló esa misma cara, reproduciendo lógicas de
opresión racial, económica, social, religiosa y sexual.
Tanto el trabajo sexual virtual, como el porno, no se quedaron atrás, ya que la virtualidad es un
espejo de la realidad que tiene un efecto multiplicador, es decir, en internet no sólo se
reproducen los mitos y estereotipos sexuales, sino que los magnifica al reproducirlos y
marcarlos como prácticas deseables e ideales. Si bien existe una gran producción creativa e
independiente en el trabajo sexual virtual, el material sexual que se compra o se consigue en
internet también replica cientos de estereotipos y mandatos sobre la sexualidad, por ejemplo,
el coito como forma “ideal” para conseguir la satisfacción sexual, la sumisión feminina durante
el acto sexual y, claro está, la normatividad de la cis-heterosexualidad que definen las
relaciones sexo-afectivas.
Esto se ve reflejado en un estudio que elaboraron Carmen Serrano y Emilio Gallardo (2010),
quienes analizaron la parcelación y categorización del contenido que tenía una página web
pornográfica (PornHub). Esta investigación cuestiona la formación de la otredad a partir de los
23
discursos categorizadores de los sujetos emisores del contenido, concluyendo que estos
discursos reproducen tres esquemas opresivos: el etnocentrismo, el heterocentrismo y el
masculinismo. Los autores los explican de la siguiente forma:
Estos tres esquemas también forman parte del sistema moderno/colonial y benefician a un
pequeño grupo de personas (hombres cis-heterosexuales occidentales), por lo que la virtualidad
replica y multiplica los efectos que estos producen, sobre todo cuando se ven sin la conciencia
de que el material sexual que se tiene enfrente es producto de un trabajo y, por lo tanto, produce
placer, no una guía para poder mantener “buenas” relaciones sexuales.
Esta paradoja [entre que la virtualidad es un espacio de creatividad y al mismo tiempo un lugar
donde se replican estereotipos sociales] también se presenta en la relación entre el espacio
público y el espacio privado. Los límites entre lo público y lo privado se difuminan, puesto que
una persona puede compartir muchas fotos, videos y publicaciones sobre su vida íntima con
cientos de personas, pero sin salir de su casa. Sobre este punto, Remedios Zafra hace una
analogía del Cuarto Propio de Virginia Woolf, pero ubicándolo en un contexto virtual:
24
identificado como parte de la esfera privada] para contextualizarlo en la actual
cultura-Red, convirtiéndolo en un cuarto propio conectado a Internet, constitutivo
por tanto del espacio público online. (Zafra, 2010, p. 82)
El cuarto propio es un espacio privado que se vuelve público cuando se encuentra con la
virtualidad, por lo que este elemento rompe con las esferas clásicas de acción y división social.
De la misma forma, las plataformas digitales que contienen el material de las trabajadoras
sexuales virtuales, como es el caso de OnlyFans, se convierten en un cuarto propio que está a
la vista de todos, es una forma de intimidad visible pagada. El trabajo sexual virtual es un
trabajo que se hace desde ese cuarto propio (en el mejor de los escenarios, por supuesto), dentro
de las paredes de una casa que es anfitriona de su vida íntima y que al mismo tiempo es el set
donde se lleva a cabo la producción de un contenido de carácter público (en el sentido de que
se muestra al público, no en el sentido de que le pertenece a todes).
Incluso el cuarto propio virtual, al quebrar las fronteras entre lo privado y lo público, politiza
a las trabajadoras, haciendo que su oficio se convierta en objeto de su activismo político, puesto
que su trabajo siempre se encuentra bajo el escrutinio público. Asimismo, esta politización
permite repensar al trabajo sexual, puesto que “para generar placer y para lo amoroso no hace
falta respirar el aire de la misma habitación.” (Fe Lucero, 2020) La mención de lo amoroso en
la cita anterior no es fortuita, puesto que el trabajo sexual virtual no sólo conlleva la creación
de contenido sexual, sino que implica un trabajo emocional indispensable. Pese a la distancia
que implica comunicarse a través de pantallas, el trabajo sexual virtual genera lazos
emocionales entre las trabajadoras y los clientes, debido a la cercanía comunicativa que ambos
suelen tener.
Finalmente, aunque no todas las personas que venden contenido sexual y erótico por internet
se nombran así mismas como trabajadoras sexuales virtuales, recalco la importancia de la
virtualidad y de nombrar el trabajo sexual virtual a partir de lo que afirma Danaus:
25
El espacio de la triada: OnlyFans
Debido a lo expuesto en los apartados anteriores, es importante que el trabajo sexual virtual
tenga un espacio seguro dentro de internet. OnlyFans se ha constituido como uno de estos
espacios virtuales, sin embargo ¿qué es OnlyFans? ¿es cierto que es tan seguro como aparenta
serlo?
Su funcionamiento consiste en dos tipos de usuarios: creadores/as que cobran una suscripción
mensual para acceder a su contenido y suscriptores/as (o fans) que pagan dicha suscripción.
Del 100% de las ganancias, OnlyFans se queda con una cuota del 20%, dejando el 80% restante
a las personas creadoras. Además de la suscripción mensual, existen otras herramientas para
poder ganar dinero, como venta de mensajes privados, propinas o contenido pay per view (PPV,
pagar para ver).
Para poder usar la plataforma es necesario tener mínimo 18 años y una cuenta bancaria en
donde depositar o extraer los fondos. La verificación para ser creador/a es bastante simple y
puede resultar fácilmente falsable, ésta consiste en una foto de una identificación oficial, otra
foto de la persona sosteniendo la identificación y por último una cuenta de banco. Estos pasos
tienen como objetivo evitar el robo de identidad en donde se pueda comerciar con nudes y
videos porno de terceros, así como impedir la explotación sexual infantil. A la hora de realizar
el registro en la plataforma, el proceso es el mismo tanto para Creadores de Contenido como
para usuarios. La única diferencia es que para ser Creador de Contenido hay que realizar una
validación tanto de la identidad como de la cuenta bancaria.
26
OnlyFans se creó en 2016 en Reino Unido y se hizo popular dentro de la industria del sexo
debido a las restricciones que otras plataformas de patrocinio tenían hacia el contenido sexual.
De este modo, y debido a que los Términos del Servicio permitían material sexual, la plataforma
se convirtió en un espacio seguro y estable para las trabajadoras sexuales virtuales.
Debido a la facilidad de acceso a esta plataforma, en muchas ocasiones se asume que el trabajo
sexual virtual es simple y sencillo, sin embargo, la creatividad, la producción, la distribución y
el marketing generalmente recaen en una sola persona. Por lo tanto, las funciones que hace una
trabajadora sexual virtual no se reducen a proporcionar placer a una persona que la ve a través
de una pantalla, también se requieren de otras habilidades que requieren planeación,
organización, inversión y tiempo. Del mismo modo que un trabajo freelance, los ingresos
dependen del trabajo diario y las prestaciones de ley (incluyendo las vacaciones o el aguinaldo)
son nulas.
A pesar de que la plataforma ya era popular debido a sus términos no tan restrictivos, tuvo su
mayor apogeo en 2020, a partir de la cuarentena obligatoria suscitada por la pandemia de
COVID-19. Como varios autores lo han señalado, la pandemia aceleró ese impulso, ya que
muchas personas vieron a OnlyFans como una fuente de ingresos durante una etapa de recesión
económica y altas tasas de desempleo a nivel mundial. Como lo afirma el escritor KC Ifeanyi,
“entre marzo y abril del año pasado [2020], OnlyFans experimentó un aumento del 75% en los
registros de nuevos usuarios y creadores. Hasta la fecha [marzo de 2021], OnlyFans tiene más
de 120 millones de usuarios y 1 millón de creadores que han ganado más de $3 mil millones
[de dólares (USD)] en conjunto.” (Ifeanyi, 2021) Este crecimiento exponencial y la popularidad
de la página son dos de los principales motivos que me impulsaron a tomar como referencia
OnlyFans y no otras plataformas de patrocinio que permiten el contenido sexual, como
JustForFans, Fansly o UnLockd.
Es menester apuntar que, aunque las ganancias totales de la plataforma sean enormes, los
ingresos de las trabajadoras sexuales virtuales son sumamente desiguales. En un análisis
económico, Thomas Hollands (2020) encontró que las cuentas con mayores suscriptores ganan
más de $100,000 dólares al mes, mientras que el promedio tiene un ingreso de $180 dólares al
mes.
27
La sociedad más desigual del mundo, Sudáfrica, tiene un índice de Gini de 0,68.
OnlyFans es menos igual que un estado ex-apartheid. (Hollands, 2020)
Con estos datos podemos asumir que OnlyFans fue una plataforma diseñada para albergar
trabajo sexual virtual, puesto que forma parte de una industria muy lucrativa. Las ventajas de
esto se sitúan, sobre todo, en que las trabajadoras sexuales virtuales poseen un lugar seguro y
estable donde vender su contenido y del cual obtener un ingreso. Sin embargo también existen
desventajas, como la censura de cierto contenido sexual que no se amolde al parámetro de la
“normalidad” de la sexualidad, incluyendo la proporción de servicios presenciales como
escorts y “prostitución”, lo cual se encuentra establecido en el Apartado 5, Sección b, Punto x
de la Política de Uso Aceptable. (OnlyFans, 2021) Esto genera algunas interrogantes, ¿por qué
el trabajo sexual virtual sí está permitido y por qué no el trabajo sexual físico o prostitución?
¿es acaso el trabajo sexual virtual una forma “más amigable” del trabajo sexual presencial, o
tal vez la producción de contenido erótico sexual no se considera un trabajo sexual como tal?
Actualmente, las trabajadoras sexuales virtuales se enfrentan a dos grandes desafíos: 1) Que
OnlyFans no las eche de la plataforma y, 2) los efectos producidos por FOSTA-SESTA. Estas
28
últimas son iniciativas emanadas de grupos conservadores y religiosos del poder legislativo de
Estados Unidos, FOSTA es el Fight Online Sex Trafficking Act (Ley contra el tráfico sexual en
línea) y SESTA el Stop Enabling Sex Traffickers Act (Ley para inhabilitar a los traficantes
sexuales). Estas leyes lanzadas en 2018, “tenían como objetivo frenar el tráfico sexual ilegal,
pero también hizo que los sitios web y las plataformas de patrocinio fueran responsables penal
y civilmente por el contenido ilegal generado por los usuarios.” (Ifeanyi, 2021) Es importante
apuntar que, en este contexto, contenido ilegal es sinónimo de contenido sexual
Estas leyes también han acarreado consecuencias hacia OnlyFans, puesto que en agosto de este
año se lanzó un comunicado en el que afirmaban que el contenido sexual ya no sería permitido
en la plataforma a partir de octubre. (Shaw, 2021) Sin embargo, la censura, el estigma y el
castigo serán analizados con más profundidad en el siguiente capítulo, analizando las
producciones discursivas que impactan negativamente a las trabajadoras sexuales virtuales, así
como las consecuencias del estigma hacia la comprensión de la sexualidad, el trabajo y la
virtualidad.
29
Capítulo 2. Mujeres buenas y mujeres malas: la puta como la
otra cultural del feminismo abolicionista
30
La categorización binaria bueno/malo, aceptable/inaceptable, digno/indigno es la forma en que
se suele adjetivar a las prácticas que ejercemos los seres humanos. De este modo, las personas
que donan dinero a la caridad son personas “buenas”, mientras que aquellas que roban son
consideradas “malas”. Esta concepción es aplicable a prácticamente todas las acciones que
llevamos a cabo y es una forma de identificar y clasificar a las personas, siempre desde afuera
y a partir de los valores sociales dominantes. A partir de esta concepción binaria y maniquea
de los sujetos, las trabajadoras sexuales y su oficio son asumidos, entendidos, categorizados y
clasificados, quedando la división de este modo: la mujer que ejerce el trabajo sexual es mala
y quien no lo ejerce es buena.
Este discurso se refuerza con las acciones de corrección o castigo que se aplica a las
trabajadoras sexuales y, al mismo tiempo, las acciones se justifican en los discursos. Es por eso
que este capítulo resulta tan importante, debido a que los discursos que estigmatizan el trabajo
sexual y el trabajo sexual virtual no son simples abstracciones que están perdidas en la nada,
mas bien son discursos que se materializan y replican en nuestra realidad.
Así, este capítulo abordará la producción discursiva estigmatizante sobre el trabajo sexual y el
trabajo sexual virtual, así como sus orígenes coloniales (a partir de la colonialidad del poder).
Siguiendo esta lógica de la colonialidad del poder, se estudiará la forma en que las trabajadoras
sexuales son percibidas como las otras culturales del feminismo, categorizándolas como
inferiores y robándoles su agencia política. Por último, se analizarán los discursos, las
consecuencias y los efectos hacia las trabajadoras sexuales virtuales, que traen consigo las
producciones discursivas estigmatizantes del feminismo abolicionista.
Toda producción discursiva conlleva un ejercicio de poder, es decir, alguien que produce el
discurso y alguien hacia el que va dirigido. Si existiéramos en un mundo utópico igualitario,
esta producción discursiva no tendría jerarquías, sin embargo, estamos en un planeta que se
rige por un sistema moderno/colonial capitalista que dicotomiza y jerarquiza a los sujetos y su
entorno. Es por ello que, quien produce el discurso se encuentra en una posición de superioridad
(fuerzas dominantes), mientras quien lo recibe se encuentra en una posición de inferioridad o
subalterna (fuerzas dominadas).
31
Esta lógica forma parte del colonialismo y la colonialidad, desde donde se manifiestan las
relaciones desiguales de poder y de saber, a partir del descubrimiento. Boaventura de Sousa
Santos lo postula de la siguiente manera:
En esta cita, que hace alusión a lo que la historiografía ha denominado “el descubrimiento de
América”, se muestra uno de los ejemplos de cómo la colonialidad del poder y la colonialidad
del saber se materializan, creando un entramado de relaciones desiguales que tienen por objeto
reproducir una estructura organizativa que es vista como la única posibilidad plausible, en este
caso siendo ésta la macro-cultura Occidental con su modelo económico capitalista y su modelo
social civilizatorio, producto de la modernidad/colonialidad europea.
La colonialidad del poder produjo también una forma única de percibir y vivir el género, y con
ello la sexualidad. El trabajo sexual no cabe dentro de los límites racionales/civilizatorios del
sistema moderno/colonial, en el entendido que no supone una expresión aceptada por los
32
dominantes. Constreñir y negar la forma en que se comercia con la sexualidad ha sido un efecto
de la colonialidad del poder, el cual permite controlar los cuerpos, la economía, la sexualidad
y las relaciones entre géneros. Además, la colonialidad del poder no sólo produce formas de
vivir, de expresarse y de ser, también genera discursos que validan los valores hegemónicos
establecidos. Para el caso de la sexualidad, Víctor Manuel Rodríguez-Sarmiento, siguiendo la
argumentación de Quijano, propone que
33
La producción de los discursos en torno al sexo y la sexualidad siguen teniendo una misma
base binaria, dimórfica y maniquea, en donde la acción sexual es permitida cuando cabe dentro
de los parámetros establecidos de la “normalidad” o cuando la transgresión es lo
suficientemente justificada en términos “racionales” y “civilizados”. Con ello, la racionalidad
del deseo y los placeres que incitan a elaborar discursos sobre la sexualidad son parte de la
colonialidad del saber y, por ende, del patrón de poder que naturaliza las jerarquías entre
categorías sociales creadas.
Es decir, el análisis en torno a la sexualidad que propone Foucault aborda tanto la producción
discursiva, la producción de poder y la producción de saber. Estas producciones se asemejan a
los ámbitos de la colonialidad (ser, poder, saber), sin embargo en esta investigación me
enfocaré en la producción discursiva, puesto que ésta es transversal al sistema
moderno/colonial, siendo parte fundamental de su legitimación y reproducción. El discurso es
la base simbólica de la materialidad y sin la primera, la segunda no podría sostenerse. Suponer
que centrarse en el discurso desvía la atención de los “verdaderos problemas”, como la pobreza
o el capitalismo, tiene una validez limitada, “ya que [este argumento] se basa en la suposición
(marxista o liberal) que el discurso no es material, desconociendo que la modernidad y el
capitalismo son simultáneamente sistemas de discurso y práctica.” (Escobar, 2014, p. 19)
Esta administración del trabajo sexual es lo que están haciendo FOSTA-SESTA, regular el
discurso sobre el trabajo sexual y, a partir de ello, regular indirectamente al mismo. Si en un
primer momento, internet fue un refugio, un lugar donde conseguir clientes o una red de apoyo
de muchas trabajadoras sexuales, ahora ese espacio debe ser regulado a partir de las reglas de
34
la sociedad disciplinar; si las putas virtuales se hacen demasiado visibles con una plataforma
que forma parte de la cultura popular digital global, entonces se debe enterrar, la sociedad del
castigo no debe permitir que oficios “tan indignos” se hagan populares y que la sexualidad sea
un medio de empleo para miles de personas.
Nuevamente nos topamos con lo que Foucault llama “la Policía del Sexo”, una policía que
decide qué discursos sobre el comercio con el sexo son útiles y válidos, una policía que vigila
y castiga, una policía que no sólo se compone de la institución que posee el uso legítimo de la
violencia, sino de las personas que te rodean, de tus seguidores, e inclusive de ti misma, cuando
te cuestionas si vender nudes en internet te hace menos digna, menos mujer o menos feminista
que el resto. Así funciona el panóptico constantemente vigilante, en dispositivos insertos en
nuestras casas, en las calles, en las oficinas, etc.
Además, ¿de qué sirve esta administración de los cuerpos, de la sexualidad y de la vida en
general? Cabría volver a plantearse lo que se cuestiona Foucault:
Toda esa atención charlatana con la que hacemos ruido en torno de la sexualidad
desde hace dos o tres siglos, ¿no está dirigida a una preocupación elemental: asegurar
la población, reproducir la fuerza de trabajo, mantener la forma de las relaciones
sociales, en síntesis: montar una sexualidad económicamente útil y políticamente
conservadora? (Foucault, 1998, p. 24)
A través de este lente interrogatorio, el trabajo sexual sale de esa economía poblacional de la
sexualidad: la sexualidad se ejerce como trabajo remunerado no reproductivo versus la
sexualidad se ejerce como trabajo no remunerado reproductivo. Esta contradicción es la
máxima que modifica los usos de la sexualidad y la forma en que se entiende el trabajo de las
mujeres, el cual generalmente es no reconocido, no remunerado y supuestamente natural (como
la maternidad y los cuidados que se ejercen hacia las infancias).
35
La primera dimensión de la producción discursiva en torno al trabajo sexual virtual, la negativa,
es la más extensa y, a pesar de ser la dimensión en donde se sitúan los discursos abolicionistas,
ésta “se arraiga en unas ideas muy antiguas y misóginas acerca del sexo.” (Mac y Smith, 2020,
p. 59) En esta dimensión negativa encuentro cinco puntos a resaltar, los cuales equivalen a
argumentos y justificaciones que se posicionan en contra del oficio virtual de la sexualidad:
En contra-parte, desde la visión positiva se resaltan los siguientes puntos discursivos, los cuales
suelen ser parte de los argumentos de las trabajadoras sexuales virtuales más privilegiadas:
1) Enfatizar el valor del sexo, minimizando la coerción económica de la trabajadora y
enfatizando su placer y deseo.
2) Aducir a la libre elección de las trabajadoras sexuales virtuales y los clientes.
3) Visibilizar el valor del trabajo sentimental y de cuidado íntimo que ejerce la trabajadora,
no sólo enfocarse en el placer sexual.
4) Hablar sobre el empoderamiento femenino que conlleva el libre uso de la sexualidad, a
través del trabajo sexual virtual.
5) La imagen de la “puta virtual feliz”.
Por último, y a partir de la crítica que se haga a los discursos anteriores, analizaré la última
dimensión en torno a la producción discursiva: la ambivalente, ésta permite visibilizar los
claros-oscuros que tiene el trabajo sexual virtual, así como un relativismo que no homologa la
experiencia de todas las trabajadoras sexuales virtuales a uno solo, dando pie a teorías como la
interseccionalidad.
36
En el siguiente apartado abordaré la dimensión negativa o estigmatizante, enfocándome en los
discursos abolicionistas y sus efectos en las trabajadoras sexuales virtuales, esto con el objetivo
de evidenciar la forma en que se materializan los discursos putofóbicos y la manera en que el
feminismo radical abolicionista, a pesar de aducirse como contestatario, sigue las mismas
lógicas coloniales y etnocentristas del sistema moderno/colonial de género.
“La puta es la representante por excelencia de los límites que construyen la normativa sexual
para las mujeres”, argumenta acertadamente Cristina Garaizábal en el prólogo de la versión en
castellano de Revolting Prostitutes de Juno Mac y Molly Smith. Pese al avance en los estudios
de género y feministas, la sexualidad sigue siendo uno de los índices de medida más influyentes
en torno a la construcción social de las mujeres. Los límites de este marcador delimitan la buena
de la mala, la aceptable de la inaceptable, la digna de la indigna. De este modo, quien sale de
dichos límites es considerada “mala” y quien respeta esas fronteras es catalogada como la
“buena”. Empero, de un modo u otro, a las mujeres se les mide de acuerdo con el ejercicio de
la sexualidad que practiquemos.
Las trabajadoras sexuales virtuales y presenciales han sido históricamente las transgresoras de
esos límites. Esto ha conducido a que todas las mujeres que ejercen el oficio del placer
automáticamente sean consideradas “malas”. Inclusive las mujeres que ejercen de una
sexualidad plena, a pesar de que no practiquen dicho trabajo, son catalogadas como putas, lo
cual es sinónimo de ser “malas”.
Esta división entre las mujeres buenas o decentes y las malas o putas es una forma de control
de los cuerpos femeninos a partir del ejercicio de su sexualidad. Esta idea también reproduce
los esquemas heterosexuales, monogámicos, leales e incondicionales que se esperan de una
mujer. En el momento en que las trabajadoras sexuales no cumplen con el requerimiento de la
37
entrega voluntaria, “amorosa” y “libre de pago” de la sexualidad, pierden la categoría de
“buenas” y, al mismo tiempo, el respeto de la sociedad en general, incluyendo clientes,
familiares y amigues.
Como apunta Giselle Rodríguez (2012, p. 45), “esta transgresión genera, como respuesta del
modelo predominante de la sexualidad, la estigmatización de esta actividad desde diferentes
aspectos: moral, patológico y criminalmente. Lo cual conllevó a que las mujeres que ejercen el
trabajo sexual fueran consideradas socialmente como las perdidas, las desviadas o
delincuentes.” Esto es importante de resaltar porque la maldad no es abstracta o efímera, es
materializada en formas de represión, encasillamiento o castigo, y es el producto del “exceso”
sexual de las trabajadoras. “Este supuesto exceso sexual, y la pérdida [de ser] que lo acompaña,
define a la prostituta como la “otra”.” (Mac y Smith, 2020, p 64)
Este mismo ejercicio se puede aplicar al caso del trabajo sexual presencial y virtual, en donde
las feministas abolicionistas producen una imagen de una “víctima que se encuentra en
condición de prostitución.” En su entendido, la trabajadora sexual lleva una vida lamentable
debido a su condición de trabajo forzado, indignante y sumisa bajo el yugo patriarcal;
38
contrastando con la auto-representación de las propias feministas abolicionistas dueñas de sus
propias vidas, tomando las mejores decisiones, modernas, en control de su sexualidad y estando
liberadas del mandato patriarcal.
Así como Mohanty (2008) apunta que las académicas feministas occidentales les roban su
agencia histórica y política a las mujeres del tercer mundo al homologar y homogenizar su
experiencia, del mismo modo puedo afirmar que las feministas abolicionistas (generalmente
radicales y liberales) están robando la agencia histórica, política y sexual de las trabajadoras
sexuales, al reducirlas a una condición de víctimas, desviadas o perdidas debido, únicamente,
a la profesión que ejercen. Sin importar la diferencia de modalidad de trabajo sexual que se
ejerza o las condiciones en las que se trabaje, para las abolicionistas todas las trabajadoras
sexuales sufren de la misma condición de explotación y, por lo tanto, deben ser salvadas.
Esta imposición categórica forma parte de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina
monocultura del saber, la cual es una de las cinco lógicas de producción de no existencia, a
partir de la matriz colonial de poder. El feminismo hegemónico, especialmente el abolicionista,
mantiene su lógica en esta monocultura del saber, puesto que para ellas la trabajadora sexual
no existe, la mujer que ejerce este oficio es una “víctima”, no es una “trabajadora”. Negar su
condición laboral va más allá de negar sus derechos laborales, sino que elimina su posibilidad
de existencia. Asumir que las putas son víctimas roba su agencia (su capacidad de decisión) y
produce su no existencia, siguiendo las mismas lógicas coloniales y etnocéntricas que
Occidente retoma como “naturales”. En suma, y retomando a Oyěwùmí (2017, p. 55), “desde
una perspectiva multicultural, el punto más interesante es el grado en que el feminismo, a pesar
de su actitud radical, exhibe las mismas características etnocéntricas e imperialistas de los
discursos occidentales que busca subvertir.”
Carol Leigh, hablando de su propia experiencia, afirma que el discurso feminista abolicionista
se materializó en forma de castigos sociales, replicando las mismas formas patriarcales que la
sociedad aplicaba al traspasar las fronteras de lo sexualmente “válido” para una mujer. En sus
palabras:
39
De este modo, la trabajadora sexual y la trabajadora sexual virtual se convierte en la contraparte
de la feminista abolicionista, encarnando todo lo malo y erróneo de la sexualidad. En suma, la
trabajadora sexual se convierte en la otra cultural (y por tanto inferiorizada) del feminismo
hegemónico, aquella mujer que se pone de ejemplo para nunca seguir. Asimismo, el estigma
alrededor de la profesión evita que se hable de ello, relegando la práctica a la secrecía y a la
invisibilidad, permitiendo que la práctica comercial de la sexualidad se siga olvidando o, en el
peor de los casos, criminalizando.
A pesar del tinte revolucionario, la producción discursiva abolicionista sólo reproduce los
estigmas y prejuicios en torno al trabajo sexual y trabajo sexual virtual, incrementando la
inseguridad, el peligro y la exclusión de las trabajadoras sexuales. En este sentido, el estigma
es entendido como una marca simbólica que es impuesta sobre las identidades y los cuerpos de
los otros, debido a un comportamiento social que es considerado inadecuado. Esta marca,
es una marca social visible y reconocible por los demás y el individuo mismo.
[…] Esta auto- representación negativa de la trabajadora sexual, tanto subjetiva
como colectiva, conlleva a que su práctica económica sea socialmente mal vista
y desvalorizada por su entorno, afectando en gran medida que para la
4
Véase Dworkin, A. (1976). Our Blood. Prophecies and discourses on sexual politics. Perigee Books. de Miguel,
A. (2015). Neolibrealismo sexual. El mito de la libre elección. Ediciones Cátedra. MacKinnon, C. (1995). Hacia
una teoría feminista del Estado. Ediciones Cátedra. Pateman, C. (1995). El contrato sexual. Anthropos.
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institucionalidad no sea considerada en cuanto a su categoría de trabajadora,
perpetuando su ilegalidad y desprotección. (Rodríguez Valladares, 2012, p. 32)
El feminismo abolicionista abona a esta exclusión social y relega a las trabajadoras a espacios
de acción clandestina o informal. Además, el lenguaje estigmatizante que se utiliza en los
discursos feministas y académicos no sólo deshumaniza la experiencia y vida de las
trabajadoras, sino que automáticamente excluye de estos espacios a quienes ejercen este oficio.
Para poder entender mejor la producción de discursos negativos o estigmatizantes en contra
del trabajo sexual virtual, destaco cinco de los planteamientos argumentativos que más resaltan
en estos debates.
1) La degradación.
A partir de esta primera premisa, al trabajo sexual virtual se le observa como una desviación o
algo “malo” que acaba con los cuerpos de las mujeres, como si de jabones desgastados se
tratase. Esta figura retórica que asimila al cuerpo y a la sexualidad con una cantidad limitada
de usos (especialmente cuando se trata de trabajo sexual presencial), es parte de los recursos
literarios que se utilizan para atacar al trabajo sexual y al trabajo sexual virtual. Respecto a este
último, si extrapoláramos este argumento en el número de veces que una persona ve un video
sexual o una fotografía erótica de una trabajadora, entonces el desgaste sería exponencial y casi
imposible de contabilizar.
Esta degradación también es una marca social y corporal que define a las trabajadoras sexuales
virtuales a partir de su profesión, por lo que son consideradas como una “categoría particular”
de personas que son víctimas del patriarcado (como si las trabajadoras sexuales fueran las
únicas que viven las consecuencias de este sistema de opresión de género). En palabras de
Garaizábal, “las prostitutas no son consideradas como trabajadoras sino como putas y toda su
vida es valorada bajo este prisma.” (Garaizábal en Mac y Smith, 2020, p. 22)
2) La pérdida.
41
El eco [...] de lo pornográfico es notable. La prostituta no solo carece de… [...] ella
misma es carencia. Lo que estas feministas quieren sobre todo de las trabajadoras
sexuales es que cierren sus agujeros -que cierren la boca, que crucen las piernas-
para evitar que absorban y esparzan sustancias y palabras que les parecen nocivas.
(Mac y Smith, 2020, p. 68)
Retomando la cita inicial, la pérdida no sólo conlleva la carencia de algo, sino que la propia
trabajadora sexual virtual es símbolo de pérdida y carencia. Este principio parte de la
colonialidad del poder y, su expresión ontológica, la colonialidad del ser; “esto es, la
experiencia vivida del sistema mundo moderno/colonial en el que se inferioriza
deshumanizando total o parcialmente a determinadas poblaciones, apareciendo otras como la
expresión misma de la humanidad.” (Restrepo y Rojas, 2010, p. 155) De este modo, las
trabajadoras sexuales virtuales son inferiorizadas y deshumanizadas en comparación con las
feministas abolicionistas, a tal grado que dicha condición desigual desemboca en la culpa.
Esta negación de la trabajadora sexual como una igual y de la culpabilización por su condición
(en el caso de aquellas trabajadoras precarizadas) tiene sus raíces en los inicios del propio
feminismo. Una de las feministas pioneras del movimiento, Mary Wollstonecraft, en
Vindicación de los derechos de la mujer afirmaba con vehemencia:
¡Cuánto más respetable es la mujer que se gana su pan cumpliendo un deber que la
belleza más lograda! ¡He dicho belleza!: soy tan sensible a la hermosura moral o al
armonioso decoro que afinan las pasiones de una mente bien regulada, que me
sonrojo al establecer la comparación; no obstante, suspiro al pensar qué pocas
mujeres aspiran a obtener esta respetabilidad apartándose del vertiginoso ajetreo del
placer o de la calma indolente que entontece a las buenas personas a las que succiona.
(Wollstonecraft, 1792, p. 138)
En esta desafortunada cita se aprecia a la puta como la otra cultural del feminismo, asumiendo
que el trabajo sexual hace de las mujeres personas que no son dignas de respeto, así como
desestabilizadoras del orden público, de la normalidad. En la actualidad, Wollestonecraft sigue
42
siendo leída y retomada por los feminismos hegemónicos (el radical abolicionista y el liberal),
extrapolando este rechazo hacia el trabajo sexual virtual y, por ende, a las creadoras de
contenido sexual virtual.
3) La víctima.
Para el feminismo abolicionista, el trabajo sexual virtual es visto como una forma de violencia
física y simbólica contra las mujeres. Del mismo modo, dentro de los discursos en contra del
trabajo sexual virtual destaca la idea de que este trabajo es una imposición patriarcal y
neoliberal, por ejemplo, Sandra Guerrero (2019), una feminista abolicionista, apunta que “el
éxito de la plataforma OnlyFans es la victoria de la propaganda misógina que se vuelve
omnipresente y que busca «tentar» a las mujeres más jóvenes con la “validación masculina” y
“dinero fácil”, las dos imposiciones que el patriarcado y el neoliberalismo, respectivamente,
colocan como falsas aspiraciones para las mujeres.”
El empleo de las palabras es crucial para entender el estigma presente en estos discursos. En
este ejemplo se observa que el trabajo sexual virtual es asimilado como “propaganda
misógina”. Asimismo, se niega la capacidad de decisión e intelectual de las trabajadoras al
afirmar que fueron “tentadas” y que sus ingresos se deben a “falsas aspiraciones”. Así, e
involuntariamente, se niega la agencia de las trabajadoras sexuales virtuales y se da por sentado
que los ingresos provenientes de OnlyFans son extras y no son indispensables para su vida. En
suma, desde el feminismo abolicionista al trabajo sexual virtual ni siquiera se le considera como
un trabajo, sino una forma de explotación, de sumisión o de tentación.
43
El abolicionismo se alimenta del espectro de la violencia sexualizada, y vale la pena
explorar el abuso que las feministas están haciendo de la figura de la víctima, así
como la asociación entre la violación y la prostitución, que persiste en el imaginario
feminista. Este “pánico moral” impide ver las variedades de situaciones en las que
se encuentran las trabajadoras sexuales, con distintos niveles de decisión personal y
de ganancia respecto al trabajo sexual, y dificulta la elaboración de políticas públicas
que partan de la defensa de sus derechos laborales. (Lamas, 2016, p. 32)
4) La objetificación.
El cuarto argumento niega la agencia de las trabajadoras sexuales virtuales, negando a su vez
su categoría de sujetos políticos, y reduciéndolas a simples objetos de estudio o de rescate. Juno
Mac y Molly Smith, dos trabajadoras sexuales del Reino Unido, afirman que “las mujeres
feministas nos describen como “cosas” de las que alguien puede adquirir una licencia de un
solo uso para penetrar.” (Mac y Smith, 2020, p. 68) Encuentro una contradicción entre las
feministas abolicionistas que dicen que los hombres ven a las mujeres como objetos (al
contratar sus servicios y “consumir” sus cuerpos), mientras que ellas mismas se dan la libertad
de ofrecer comparaciones denigrantes con objetos. Al final, vienen haciendo lo mismo,
convierten a la trabajadora en objeto, la instrumentalizan y la usan para su discurso “radical”.
Esta idea también regresa al argumento de la explotación y la coacción estructural que obliga
a las mujeres a practicar un oficio que no desean (nuevamente, asumiendo bajo sus propios
valores que ninguna mujer quiere comerciar libremente con su sexualidad y su cuerpo). “Sobre
esta cuestión, el abolicionismo ha desarrollado un profundo corpus teórico de ideas tales como
la dominación masculina (MacKinnon, 1995), la inviabilidad del consentimiento en
condiciones de coerción patriarcal (Pateman, 1995) o, de manera más matizada, su
problematicidad (Fraisse, 2012).” (Sánchez Perera, 2019, p. 3)
También resulta interesante la forma en que el discurso abolicionista tiende a hablar en plural
de la primera persona. Por ejemplo, en este texto de Pibas por la abolición (2020), escriben lo
siguiente:
Las abolicionistas hablan en plural al referirse a las trabajadoras sexuales virtuales, como si
ellas mismas fuesen trabajadoras. Esta idea denota dos aspectos: 1) la responsabilidad de las
44
putas virtuales por “perpetuar y darle gusto al patriarcado”; y 2) la homegenización de la
experiencia de ser mujer. Sobre este último punto, resalto lo postulado por María Lugones,
sólo las mujeres burguesas blancas han sido contadas como mujeres. Las
hembras excluidas por y en esa descripción no eran solamente sus subordinadas sino
también eran vistas y tratadas como animales, en un sentido más profundo que el de
la identificación de las mujeres blancas con la naturaleza, con los niños, y con los
animales pequeños. Las hembras no-blancas eran consideradas animales en el
sentido profundo de ser seres «sin género», marcadas sexualmente como hembras,
pero sin las características de la femineidad. (Lugones, 2008, p. 94)
De este modo, la mujer, como sujeto político y protagonista de la lucha feminista, cuestiona el
papel obligatorio de la feminidad, pero ignora y olvida a las mujeres que el propio sistema de
jerarquización social se encargó de marginar y ocultar, porque no responden a una sexualidad
normada.
5) La criminalización.
Como una extensión del estigma hacia la pornografía, la producción de contenido sexual virtual
ha sido visto como una forma de vulneración a la salud y la moral pública. De este modo, el
trabajo sexual virtual, al ser un peligro moral y de salud pública, no puede ser ni aceptado y
mucho menos legalizado. Como postula Ronald Weitzer, “se da por hecho que la legalización
plantea una amenaza simbólica a la sociedad al darle la bendición estatal a una institución que
oprime a las mujeres y que supuestamente también fomenta un mayor tráfico de personas con
fines de explotación sexual.” (Weitzer, 2014, p. 203)
Asimismo, al equiparar al trabajo sexual con trata, se conduce al “síndrome del salvador
blanco” por medio de la “industria del rescate”. Esta industria es entendida como “los variados
sistemas de recompensa social asociados con la “reforma de las prostitutas”, así como con la
protección de la infancia y con el rescate de los animales.” (Mac y Smith, 2020, p. 40) Es decir,
se equipara a los niños y a las niñas, a los animales y a las prostitutas, ya que “no saben lo que
hacen” y necesitan ser “salvados y guiados”. Se puede observar que esta industria del rescate
es adultocéntrica, especista y putofóbica, la combinación perfecta producto de la colonialidad
del poder.
45
Ambos argumentos (tanto la del peligro, como la del rescate) encaminan a la criminalización
del trabajo sexual virtual a través de la imposición de sanciones, del cierre de sitios webs y de
la cancelación de cuentas bancarias. A este “feminismo que da la bienvenida al poder policial
se llama feminismo punitivista. […] El feminismo punitivista se centra en la vigilancia policial
y la criminalización como las formas clave de impartir justicia para las mujeres.” (Mac y Smith,
2020, p. 50) En este caso, el feminismo abolicionista al criminalizar el trabajo sexual se
convierte automáticamente en un feminismo punitivista.
Aún así, la criminalización del trabajo sexual virtual sigue teniendo tintes de mantenimiento
de “orden y decencia”. Por ejemplo, el movimiento en contra de la pornografía en Estados
Unidos argumenta que “"el tráfico de mujeres y niños [se] vincula con la propagación de la
obscenidad" y que la pornografía "corrompe a los niños, arruina matrimonios, contribuye a los
delitos sexuales contra niños y adultos, y socava el derecho de los estadounidenses de vivir en
una sociedad decente.” (Weitzer, 2014, p. 209) En este argumento, se responsabiliza al trabajo
sexual virtual de la trata infantil y el tráfico de personas, esto es una salida fácil y miope de un
problema gravísimo, el cual no se puede entender solamente por la creación y producción de
material sexual virtual. Bajo esta misma lógica, se podría asumir que antes de la existencia del
trabajo sexual virtual no existía tráfico de personas y, del mismo modo, se niega que la
intensificación o aumento de la trata (en caso de que lo haya) sea producto de las consecuencias
del sistema económico capitalista, en su fase neoliberal.
Con el fin de conseguir este objetivo, a muchas feministas abolicionistas no les importa crear
coaliciones con grupos conservadores, neo-fascistas y anti-derechos, todo bajo el argumento
del “rescate y salvación” de las mujeres oprimidas por el patriarcado. Esto ha hecho que, por
ejemplo, en Estados Unidos se elaboren “cruzadas” en contra del trabajo sexual, donde se
reúnen organizaciones religiosas, políticos y activistas feministas de este país; otro caso de
46
alianzas entre el feminismo y la derecha, pero relacionado a la identidad de género y no al
trabajo sexual, fue la coalición del Partido Feminista de España y Vox (un partido de extrema
derecha) quienes se opusieron a la Ley Trans de este año. (La Vanguardia, 2021)
Las siguientes características del discurso abolicionista las retomo del artículo de Ronald
Weitzer (2014, p. 189-190), El movimiento para criminalizar el trabajo sexual en Estados
Unidos, quien escribe sobre los discursos de las cruzadas en contra del trabajo sexual. La
primera de ellas es la “inflación de la magnitud de un problema (por ejemplo, el número de
víctimas, el daño a la sociedad) y argumentos que exceden por mucho la evidencia existente.”
Por lo tanto, las cifras de la trata y el tráfico de personas que sustentan los discursos
estigmatizantes no son confiables, son simples recursos que sirven para validar sus argumentos.
Otra característica redunda en las “historias de horror, en las que los casos más terribles se
describen con mórbido lujo de detalle y se presentan como si fueran típicos y prevalecientes.”
De este modo y como se vio en párrafos anteriores, las trabajadoras sexuales virtuales son
objetificadas e instrumentalizadas para los usos convenientes de su argumento. Asimismo, esto
puede representar una forma de revictimización para mujeres que sí han sido o fueron víctimas
de trata, ya que estos discursos tienen grandes amplificadores y plataformas de difusión.
Por último, Wetizer (2014, p. 190) denomina la “convicción categórica: los miembros de la
cruzada insisten en que cierto mal existe en la medida exacta en la que ellos lo describen y se
niegan a reconocer cualquier escala de grises.” Esta característica niega la posibilidad de una
posición ambivalente sobre el trabajo sexual, la cual estudiaremos más adelante, y se mantiene
en la misma lógica colonial y maniquea de división binaria de las personas, los cuerpos y las
identidades, donde las posibilidades se reducen a lo “bueno” (generalmente quien se mantiene
dentro de los límites aceptables de la sexualidad) y a lo “malo” (quienes salen de estos límites).
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Considero que antes de acabar con un empleo que da sustento a millones de mujeres en todo el
mundo, es necesario brindar la seguridad y protección adecuadas. De lo contrario, al reproducir
los discursos estigmatizantes y criminalizar el trabajo sexual virtual sólo se están generando
condiciones desfavorables para las trabajadoras. De este modo, la producción discursiva
estigmatizante se materializa en castigos sociales, jurídicos y económicos hacia las putas
virtuales, pero este tema será analizado en el siguiente apartado.
Espacio individual
Una profesora de Estados Unidos, Amy Kupps, fue despedida porque descubrieron su cuenta
de OnlyFans, la cual utilizaba para ingresos económicos extras. Algo que resalto de esta noticia
es la declaración que dio la profesora a la prensa, relatando sobre el día que el director de la
escuela habló con ella: “Estaba temblando con lágrimas y sentía vergüenza. Me hicieron sentir
tan pequeña y repugnante.” (Kups en Milenio Digital, 2021) Estos sentimientos producidos son
una expresión del auto-castigo moral aplicado a ella misma por haber contravenido las normas
sociales aceptadas, produciendo un daño a su salud mental.
La acción que antecedió al castigo fue la exposición pública, en este caso, del material sexual
fotográfico y audiovisual, teniendo por objeto la venganza a través de la vulneración y
exposición digital de los datos íntimos o particulares de una persona. Esta práctica es
denominada doxing y puede detonar rápidamente ciber-acoso y abusos sufridos por medio de
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internet. Algunas de las consecuencias psicológicas y emocionales que el doxing desata son
autoestima baja o pérdida de la confianza, estrés, ansiedad, ataques de pánico, problemas para
dormir y pérdida de la concentración. (Amnistía Internacional, 2017)
Los problemas de la salud mental son tan reales como las enfermedades físicas que padecemos.
“La ansiedad que sufre una víctima de doxing puede generar una situación de estrés que podría
acabar cronificándose y repercutiendo tanto a nivel de salud mental como física. Una situación
de estrés crónico puede provocar muchos problemas de salud a largo plazo.” (Montiel citado
por Fita, 2017) El espacio individual está interconectado con el espacio social y con el virtual,
es por ello que las acciones en estos planos afectan de sobremanera a las trabajadoras sexuales
virtuales.
Espacio social
Muchas veces el castigo social puede provenir de las personas más cercanas a las trabajadoras,
ya sean conyugues, familiares o amigos. Para prevenir arruinar lazos fraternales, muchas
trabajadoras sexuales virtuales prefieren mantener su oficio en secreto, sobre todo con las
personas que mantienen un prejuicio contra esta actividad. Asimismo, la trabajadora puede
confiar su actividad a un grupo de personas cercanas, cuya reacción puede ser de aceptación,
de rechazo o de distanciamiento.
Sin embargo, si la trabajadora mantiene en secreto esta profesión a cierto de grupo de personas,
entonces el secreto puede ser usado en su contra en cualquier momento. Por ejemplo, en el caso
de Amy Kupps, la persona que la “delató”, es decir, la persona que reveló el trabajo secundario
de la profesora ante las autoridades educativas fue su propio esposo. Este hombre sabía que
exponer la práctica de este oficio virtual estigmatizado tendría consecuencias negativas,
inclusive llegando al despido del trabajo primario de Amy.
Otro ejemplo es el de Kirsten Vaughn, una mecánica de autos que trabajaba para Honda, que
fue despedida después de que sus jefes descubrieran que tenía OnlyFans, argumentando que su
profesión podría “dañar la reputación de la compañía.” (Steadman, 2020) En esta situación, la
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“reputación” de una empresa vale más que la dignidad y la seguridad de una trabajadora sexual
virtual. Además de los despidos, en el ámbito laboral también existen otro tipo de violencias
que se ejercen contra las trabajadoras sexuales virtuales, tales como el acoso y el abuso sexual,
por lo que el trabajo se vuelve un lugar inseguro para las mujeres que comercian virtualmente
con su sexualidad.
Espacio virtual
OnlyFans ha sido un espacio estable y seguro para las trabajadoras sexuales virtuales. Sin
embargo, desde la plataforma también hay censura y prohibiciones con aspectos sexuales que
no son moralmente aceptados. En la plataforma algunas palabras como “pedo” o “meet”
(encuentro en inglés) están prohibidas, por lo que si tratas de escribirlas en un mensaje privado
a algún cliente, la página automáticamente lanzará un cuadro de diálogo que indica la
prohibición de dichas palabras.
Este correo electrónico es para notificarle los cambios en nuestra Política de uso
aceptable que entrarán en vigencia a partir del 1 de octubre de 2021.
50
[…]
Gracias,
Equipo OnlyFans
Como había sucedido con otras plataformas de patrocinio (como Patreon), las trabajadoras
sexuales virtuales serían echadas del sitio web después de que éste se hubiese enriquecido con
las ganancias que produjeron las propias putas. Esto produjo que las mujeres comenzaran a
retirar los fondos que aún tenían en la plataforma y a abrir cuentas alternas en sitios menos
populares, teniendo así una segunda opción que les permitiera tener un colchón económico
para cubrir sus necesidades básicas. Poco después del anuncio prohibitivo, OnlyFans mantuvo
los Términos del Servicio y notificó a las trabajadoras sexuales virtuales que sus cuentas se
mantendrían a salvo. (OnlyFans, 2021b)
Estas políticas de censura no se sostienen de la nada, mas bien son consecuencias de las
prohibiciones legislativas impuestas por FOSTA-SESTA. Estas leyes, firmadas durante la
presidencia de Donald Trump y apoyadas por una coalición de grupos políticos de la derecha
religiosa y feministas abolicionistas de Estados Unidos, han probado ser poco efectivas en la
lucha contra el tráfico sexual y más peligrosas para las trabajadoras sexuales independientes.
De este modo, “FOSTA-SESTA responsabiliza a los sitios web por cualquier trabajo sexual
facilitado en sus plataformas. Las trabajadoras sexuales ya no pueden compartir información
ni advertirse entre sí de los clientes violentos”. (Markowicz, 2019)
51
A pesar de que esta ley está localizada espacialmente en el territorio estadounidense, sus efectos
rebasan las fronteras y pueden ser percibidos alrededor del mundo. Como postula Heather
Jarvis, “cuando una ley impacta al Internet — el internet es un sitio sin frontera — a menudo
se expande a diferentes países. Entonces, aunque estas son leyes en Estados Unidos, hemos
visto que también han estado cerrando sitios web en Canadá y otros países.” (Jarvis en Bell,
2021).
Por otro lado, uno de los mayores problemas de FOSTA-SESTA es que fuerza a las
trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales virtuales a una situación mucho más peligrosa,
que es lo opuesto a lo que la ley pretendía hacer. “Según Globe and Mail, ha habido un aumento
en el número de proxenetas que envían mensajes a las trabajadoras sexuales que prometen
trabajo, lo que pone a las trabajadoras sexuales en el lado perdedor de una dinámica de poder
sesgada, cuando antes podían organizarse de forma segura en sus propios encuentros en línea.”
(Bell, 2021) Debido a que muchas trabajadoras sexuales presenciales se refugiaban en el
espacio virtual para negociar sus encuentros con clientes, el cierre de estas plataformas
conllevó a que éstas regresaran a las calles, donde el tiempo y las condiciones para dicha
negociación son más cortos e inseguros. Es decir, la virtualidad no sólo implica un espacio de
trabajo para las putas virtuales, sino que se ha convertido en una herramienta primordial para
las trabajadoras sexuales presenciales.
Por otro lado, a pesar de que OnlyFans es el sitio en donde se encuentra el material sexual
producido por las trabajadoras, éste no se queda ahí, puesto que muchas veces para
promocionar la cuenta y tener más suscriptores (y por ende más ganancias) se tienen que crear
cuentas en redes sociales libres (como Twitter, Reddit, Facebook, TikTok o Instagram), como
estrategia de marketing, para poder llegar a más personas.
Sin embargo, a finales del 2018, poco después de que se aprobara FOSTA-SESTA, compañías
digitales como Facebook comenzaron a cambiar sus términos y condiciones para protegerse a
sí mismas. (Bell, 2021) Esta red social, una de las más grandes del mundo, comenzó a prohibir
el uso sexual del lenguaje o contenido que retratara actos sexuales explícitos, aunque ésta se
comparta de manera privada y consensuada por ambas partes. Debido a este cambio, las cuentas
de Facebook e Instagram (la cual es parte de Facebook) de cientos de trabajadoras sexuales
virtuales han sido cerradas sin previo aviso. Al igual que el discurso feminista abolicionista,
estas plataformas asimilan “actos sexuales no consensuados” con “servicios del comercio
sexual”.
52
Para finalizar, retomo las preguntas de Gustavo Turner (2019),
¿Están las plataformas de redes sociales más grandes del mundo intentando expulsar
a los artistas adultos en nombre de una mezcolanza de estándares de "decencia"
confusos, contradictorios y arbitrarios? ¿Están tratando de censurar las voces de una
comunidad históricamente marginada (trabajadoras sexuales) para doblar la rodilla
ante grupos de presión engañosos financiados por familias religiosas adineradas?
No podría dar una respuesta, sin embargo, estos planteamientos no me parecen descabellados
dado el contexto en el que nos encontramos. Empero, para evitar caer en la producción
estigmatizante sobre el trabajo sexual virtual que afecta a las mujeres históricamente
desplazadas por la sociedad, es necesario revisar el panorama completo a través de las otras
dos producciones discursivas en torno a esta profesión: la positiva y la ambivalente,
permitiendo así llegar a una visión pro-derechos de este trabajo.
53
Capítulo 3. Porno fuera de los márgenes: una visión amplia
sobre el trabajo sexual virtual
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Como se vio en el capítulo anterior, el estigma que acarrea la producción negativa sobre el
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual provoca efectos que orillan a las trabajadoras a laborar
en condiciones de mayor inseguridad, inestabilidad e indefensión. Es por ello que, vale la pena
cuestionarse sobre la producción discursiva opuesta, es decir, la positiva, ¿es ésta la solución a
los problemas de las trabajadoras sexuales virtuales, o qué otras cuestiones no visibles implican
el discurso positivo? Para responder estas preguntas, este capítulo se centrará en la producción
discursiva positiva, sobre todo a partir de los discursos provenientes de la industria porno.
Sin embargo, la positiva no será la única vía de análisis, sino que también abordaré una
producción discursiva que no se posiciona en ninguno de los extremos, mas bien se encuentra
en medio de la escala de grises, me refiero a la producción discursiva ambivalente. Sobre ésta
se analizarán los pros y los contras del trabajo sexual virtual, así como una propuesta para una
práctica basada en derechos.
Para finalizar, mostraré los resultados de una encuesta efectuada a 31 creadores de contenido
de OnlyFans, incluyendo mujeres, hombres y personas no binarias, con el objetivo de tener un
panorama (relativamente amplio) sobre las personas que ejercen el trabajo sexual virtual y
eliminar ciertos estereotipos y prejuicios sobre esta actividad; puesto que, si bien el trabajo
sexual virtual es una forma de trabajo sexual, no es un reflejo de las condiciones de vida y
características del trabajo sexual presencial o de calle.
Al igual que el discurso estigmatizante tiene uno o varios emisores pilares, el discurso positivo
y alegre que vitorea todos los beneficios del trabajo sexual virtual tiene sus principales
emisores; siendo estos la enorme industria pornográfica (incluyendo actores, actrices y
compañías productoras) y las trabajadoras sexuales virtuales más privilegiadas (quienes
también pueden ser actrices porno, o quienes tienen los mayores ingresos y ventajas de estar
en una plataforma de patrocinio como OnlyFans). Antes de analizar los cinco planteamientos
argumentativos de la producción discursiva positiva, he de advertir algunas características del
discurso pornográfico, puesto que el trabajo sexual virtual también se intersecta y se involucra
con esta industria gigante.
La pornografía, así como la práctica de la sexualidad, cambia de acuerdo con las circunstancias
históricas y culturales de cada geografía. Desde sus inicios y para Occidente, la pornografía ha
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sido más que sólo imágenes de gente desnuda o que está follando, el porno ha sido parte de la
sociedad y un reflejo de ésta. (Pezzutto, 2020) De la misma forma en que la sociedad se refleja
en sus imágenes y videos pornográficos, la magnitud del alcance de esta industria también
interfiere en cómo se percibe el sexo y la práctica de la sexualidad en general. De este modo,
en un proceso cíclico, la sociedad se refleja en el porno y el porno se refleja en la sociedad.
Sin embargo, a este proceso cíclico se le ha cortado un trozo, es decir, la carga moral que tiene
la pornografía evidencia sólo un lado de esta doble vía, por lo que se aduce de los impactos y
perversiones que genera la pornografía en la sociedad, pero no se habla de las condicionantes
sociales que permitieron la proliferación de estas imágenes. Bajo esta lógica, pareciera que la
sociedad fuese una tabula rasa que no permea, ni influye en la forma en que se produce el
contenido pornográfico. A pesar de este reflejo, el porno también es una ficción, que no deja
de tener grandes tintes de realidad. Como diría Virgine Despentes (2018), el porno es un género
cinematográfico, empero se le exige “decir la verdad. Algo que nunca pedimos al cine,
esencialmente una técnica de ilusión.” (Despentes, 2018, p. 108)
Ante las dificultades morales y estigmatizantes que también ha recibido esta industria del sexo,
muchos de sus creadores y productores se han encargado de generar una serie de discursos a
favor de estas prácticas. Este discurso enfatiza sobre todo el disfrute sexual sin censura, el
empoderamiento de quienes lo practican y la libertad económica que les brinda una actividad
enteramente elegida por ellos o ellas. Aunque, paradójicamente, este discurso también tiene
efectos negativos, es preciso recordar que esta producción discursiva tiene una intención, es
decir, no es inocente. Retomando a Emilio Gallardo y Carmen Serrano (2010, p. 200),
Aceptar que el discurso pornográfico tiene sus propias reglas que están
condicionadas primariamente por su funcionalidad: ha de satisfacer los
requerimientos sexuales de sus espectadores. Para ello entra en juego [nunca mejor
dicho] una compleja casuística, donde se combinan prácticas con corporalidades y
roles, dando lugar a discursos que tienen como base su ficcionalidad, su
representatividad, y como non plus ultra el pacto explícito entre ciudadanos libres,
comprometidos en la exposición sexual por diversos motivos, aunque, básicamente,
económicos.
Actualmente, la industria ha cambiado, sobre todo a partir de 2008, cuando muchos estudios
líderes del mercado se vieron obligados a cerrar debido a una combinación de condiciones: la
crisis económica de ese año y la caída de ventas de DVDs producto de la piratería digital.
(Comella en Steadman, 2020a) Esta transformación modificó a los productores y a la
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producción misma de contenido sexual gráfico, permitiendo su autoproducción casera, a
expensas de la producción profesional en estudios.
En cierto modo, esta transformación ha sido benéfica para las trabajadoras sexuales virtuales,
quienes tienen más libertad de creación, más porcentaje de ganancias y más flexibilidad laboral,
sin embargo (y como se ha visto en capítulos anteriores) las consecuencias son similares a un
trabajo freelance, puesto que no hay una seguridad financiera como en los trabajos formales en
donde recibes el pago de nómina cada quincena, ni protección laboral que te garantice la
supervivencia del trabajo. Como lo postula la antropóloga Sophie Pezzutto (2020),
De este modo, para poder entender mejor la producción de discursos positivos a favor del
trabajo sexual virtual, destaco cinco de los planteamientos argumentativos que más resaltan en
estos debates.
1) El placer
Enfatizar en el valor del sexo y la idea del placer también es una estrategia discursiva para
atenuar los impactos del estigma contra el trabajo sexual virtual. Empero, al mismo tiempo,
este argumento convierte a las trabajadoras en el estereotipo de la mujer ninfómana y
desenfrenada que sólo busca excitarse. Bien lo describen Juno Mac y Molly Smith, (2020, p.
72) “este discurso sobre el carácter positivo del sexo ayudó a producir una figura que llamamos
“la profesional erótica”. […] la profesional erótica se sitúa como alguien que responde a un
“vocación” que a veces no parece tener nada que ver con el hecho de que cobre por ello.”
También, parte de este planteamiento argumentativo sostiene que el porno es una forma
revolucionaria de representar la sexualidad, puesto que la gran diversidad de nichos, temas y
representaciones logran dar un abanico de posibilidades. Lamentablemente, esta idea
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romantizada de la industria del porno y del trabajo sexual virtual invisibiliza la reproducción
de formas cis-heteronormadas y monógamas de ejercer la sexualidad, y también deja de lado
la prevalencia de una estética hegemónica que obliga a muchas trabajadoras a entrar dentro de
los estándares de lo establecido como “bello” o “deseable”.
Por otro lado, destaco la importancia de desmitificar al amor romántico que está íntimamente
ligada con el sexo (especialmente con el coito). El trabajo sexual virtual es una oportunidad
“para una mujer una manera de echar un vistazo al lado del sexo sin sentimientos, de
experimentar, sin tener que pretender que lo hace por puro placer y sin esperar beneficios
sociales colaterales.” (Despentes, 2018, p. 83) Esto ayuda a desmitificar la pureza sexual de las
mujeres, quienes nos hemos vista sometidas a una prueba de lealtad ante hombres que no
conocemos para poder ser consideradas dignas de ser amadas.
2) La libre elección
Éste es uno de los puntos de debate más interesantes, puesto que por un lado tenemos a las
feministas abolicionistas argumentando que no existe capacidad de decisión cuando el trabajo
sexual y el trabajo sexual virtual son la última opción posible para una mujer, y por el otro
tenemos a mujeres trabajadoras sosteniendo que ni fueron obligadas, ni fue la última opción
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posible. “Ahora bien, que toda elección se encuentre de base condicionada no es lo mismo que
decir que está determinada por dichas estructuras. Por tanto, aunque no sea del todo preciso
hablar de elección (porque estrictamente hablando nadie es libre), sí de decisión y de capacidad
de agencia.” (Sánchez Perera, 2017)
Esta agencia es la que permite decidir a una trabajadora ponderar entre trabajar en una tienda
de autoservicio por jornadas laborales de 12 horas con el salario mínimo o una jornada flexible
desde casa cuya ganancia oscile en el promedio de ingresos. ¿Qué quiero decir con esto? Que
la pregunta sobre “¿qué lleva a las mujeres a sitios como OnlyFans?” se responde con la
pregunta “¿qué es lo que lleva a una persona a trabajar?” Sobrevivir de acuerdo con nuestras
decisiones es, sin duda, uno de los mayores logros de la lucha de los obreros, pero ¿por qué el
trabajo sexual virtual representaría una opción diferente y poco digna? Porque la sacralidad de
la práctica sexual sigue siendo parte de lo que define a una “buena y verdadera” mujer.
Por ejemplo, las feministas que estamos a favor del aborto siempre aducimos al “derecho a
decidir sobre nuestros propios cuerpos”. Este mismo argumento es parte de la producción
discursiva positiva del trabajo sexual virtual y el porno: el derecho a decidir nuestra profesión
y sobre nuestros cuerpos. Asimismo, existen prácticas sexuales que se encuentran fuera de la
“normalidad” como el BDSM, sin embargo
Esto permitiría desencajonar al sexo y a la sexualidad del amor romántico y se podrían aceptar
como válidas las diferentes formas del goce, el disfrute y el placer. Puesto que, a partir de la
colonialidad del ser, el placer también está controlado y vigilado, salirse de lo que se supone
nos debería gustar es una trasgresión a los valores moderno/coloniales (aunque sigue sin ser
revolucionario bajo las mismas lógicas del sistema). La conquista del deseo es, sin duda, uno
de los mayores logros de las sociedades occidentales modernas, porque con esto, al controlar
lo que se desea, también se controla al cuerpo deseante.
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3) El trabajo sentimental
En el documental Cam Girlz (2015), dirigido por el estadounidense Sean Dunne, se explora la
parte afectiva y emocional que envuelve a las putas virtuales. El filme se adentra en las
viviendas, en las experiencias y en las emociones de varias chicas que se dedican al trabajo
sexual virtual, en específico, al camming (transmitir contenido sexual mediante un video en
vivo por medio de una computadora a un público anónimo). Resalto la siguiente cita que hace
una camgirl participante del documental:
Esta pequeña afirmación clarifica y complejiza el argumento de la venta “indigna” del cuerpo
por ejercer el trabajo sexual. Más que colocarse en el mercado, las cam girls están
involucrándose emocional y afectivamente, permitiendo crear lazos de amistad entre otras
chicas e incluso entre algunos clientes. La virtualidad, a pesar de carecer de contacto físico,
también implica una forma de sensorialidad inducida. Sobre este aspecto, como afirma Cánepa,
“con la tecnología digital la transportabilidad y replicabilidad de las imágenes se ha modificado
enormemente, pero esta no deja de requerir de un soporte y de apelar a la sensorialidad.”
(Cánepa, 2013, pp. 182-183)
4) El empoderamiento
Una artista sexual que usaba cámaras web regularmente y que también tenía
muchos seguidores en Onlyfans me lo describió de la siguiente manera:
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Lo más empoderador es que ya no está centralizado. Poder trabajar solo en cámara, en
Onlyfans, y la idea de poder grabar un video con una persona y publicarlo en tres
plataformas que generan aproximadamente la misma cantidad de dinero ... antes no
podías hacer eso, cuando tenías conglomerados y agentes para pasar. Antes no podías
actuar con un hombre negro o una persona trans ... pero ahora los artistas pueden
decidir más qué quieren hacer. (Pezzutto, 2019, p.44)
Sin embargo, para muchas feministas abolicionistas este argumento no es válido, puesto que
en su lógica, una mujer explotada por el patriarcado no puede poseer el poder en nada. En un
artículo abolicionista se escribe lo siguiente:
Este argumento miope obvia la mercantilización de los cuerpos del trabajo sexual virtual, pero
¿acaso el trabajo no es una forma de mercantilizar la fuerza de trabajo producida por el cuerpo?
La diferencia con el trabajo sexual virtual radica en que se explora la sexualidad de maneras
que no son exclusivamente románticas, monógamas y que trasgreden la sacralidad de los
genitales. Esto impide ver las ventajas que este trabajo tiene y sobre las que muchas mujeres
han hecho énfasis. Por ejemplo, Jah Bella, una trabajadora sexual virtual que usa OnlyFans,
menciona el impacto positivo de este trabajo:
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él todos los días. Definitivamente ha cambiado mi vida. (Jah Bella citada por
Boseley, 2020)
Sin embargo, uno de los principales problemas del empoderamiento como argumento es que
“algunas activistas se implican tanto a la hora de defender a las prostitutas sexualmente
empoderadas que pueden minimizar o incluso negar que la industria del sexo pueda ser un lugar
abusivo.” (Mac y Smith, 2020, P. 76)
Asimismo, vale la pena apuntar un aspecto, el trabajo sexual virtual sigue siendo un empleo
marginalizado, por lo que muy pocas personas hablan abiertamente sobre esta práctica. ¿No
resulta paradójico que una puta virtual “feliz” tenga que esconderse para evitar los comentarios
estigmatizantes e hirientes debido a la práctica que está llevando a cabo? Como menciona
Virgine Despentes (2018, p. 81) al recordar sus días como trabajadora sexual: “El único punto
en común que he podido encontrar entre todas las chicas con las que me he cruzado es,
evidentemente, la falta de dinero, pero sobre todo el hecho de que ellas no hablaban de lo que
hacían. Secretos de mujeres.”
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Beneficios, consecuencias y contradicciones
Como se ha visto, el discurso positivo enfatiza las ventajas del trabajo sexual virtual, pero al
mismo tiempo acarrea algunos problemas para las propias trabajadoras. Es por ello que en este
apartado sintetizo los beneficios y las desventajas del trabajo sexual virtual, así como las
contradicciones de la producción discursiva positiva.
Para comenzar, si bien la pornografía y el trabajo sexual virtual reproducen las lógicas
hegemónicas de la sexualidad, “al mismo tiempo ayuda a visualizar otras configuraciones
sexuales, otras sexualidades y “terceras opciones genéricas” que fuerzan las constricciones
dicotómicas varón/hembra, masculino/femenino, heterosexual/homosexual.” (Gallardo
Saborido y Serrano Murillo, 2010, pp. 202-203) Esto permite la diversidad en escena de las
prácticas sexuales no normadas. Aunque estos son los menos, es decir, responden a nichos
económicos muy específicos, logran visibilizar un espectro más amplio a la acostumbrada
dicotomía sexual occidental.
Otro beneficio del trabajo sexual virtual y del discurso positivo sobre el comercio del sexo es
la creación de redes de cooperación y apoyo entre trabajadoras. El compañerismo y amor
existente entre trabajadoras sexuales virtuales es una forma de hacer frente a una sociedad que
estigmatiza este oficio. Dromedaria (citada en Fe Lucero, 2020), una trabajadora sexual
argentina, explica que la competencia entre ellas es rara. En sus palabras: “A tus compañeras
les podés contar de todo: es muy común en este ambiente tener algún conflicto con la familia,
y con una compañera lo podés charlar, o si a alguna le cerraron la cuenta, le hacemos difusión.
Tenemos un entorno muy amoroso.”
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grupos de ayuda mutua para trabajadores sexuales, educadores sexuales y
profesionales de la industria, quienes han dado un paso al frente para auxiliar a las
personas que perdieron sus trabajos debido a la pandemia, organizando seminarios
web de Zoom con el objetivo de ayudar a los colegas a hacer la transición hacia la
virtualidad; aunque, al hacerlo, esencialmente están ayudando a la competencia.
(Steadman, 2020a)
La muestra de estas agrupaciones es un signo de que el trabajo sexual virtual puede significar
una alternativa laboral viable ante situaciones no esperadas, como lo fue el caso de la pandemia
por COVID-19 iniciada en el 2020. Muchas mujeres que fueron despedidas de sus trabajos o
que no encontraban un empleo, incluso trabajadoras sexuales de la calle que perdieron sus
medios de sustento, vieron en OnlyFans una manera virtual segura de poder seguir teniendo
ingresos. Por ejemplo, muchas mujeres pudieron trabajar desde casa, tener flexibilidad horaria
con la que pudieron terminar de estudiar una carrera universitaria y pagarla con los ingresos de
las plataformas de patrocinio, este mismo manejo del tiempo permitió a otras mujeres pasar
más tiempo con sus familias, especialmente aquellas que tienen hijos e hijas pequeñas. (Fe
Lucero, 2020)
Sin embargo, este beneficio económico y laboral no es igual para todas las trabajadoras. Como
apunta Jenna Love (citada en Boseley, 2020a), una trabajadora sexual virtual australiana, “pero
[el trabajo sexual en línea] simplemente no es una garantía. Hay tanta gente que no contaba
con el apoyo del gobierno que decía: 'Oh, mierda, voy a tener que empezar a hacer porno',
para que terminaran ganando 20 dólares a la semana.” Esto es parte de la desigualdad
económica que se refuerza a través de la colonialidad. El trabajo sexual virtual es un reflejo de
las tendencias económicas globales, para hacer la comparativa, según un estudio de Oxfam, “el
1 por ciento más rico del mundo tiene más del doble de la riqueza total conjunta del resto de la
humanidad” (Daniel Davies, 2020); mientras tanto, en OnlyFans el 10% con más ganancias
posee el 73% de todo el dinero que se produce en la plataforma. (Rawden, 2021)
Ante este panorama, en la mayoría de las ocasiones el esfuerzo invertido, tanto física, como
emocional y creativamente, no se refleja en la ganancia. La exigencia de los suscriptores puede
llegar a ser extenuante, tal como dice Thomas Hollands (2020), “los fans no son simples fans,
son clientes de pago. Para mantener ese dulce dinero fluyendo hacia sus cuentas bancarias, los
creadores de contenido a menudo tienen que trabajar más y más para satisfacer a sus clientes.”
De este modo, proporcional al esfuerzo que están poniendo en este trabajo y a cambio de $180
dólares al mes o inclusive menos, pareciera que una gran porción de las trabajadoras sexuales
virtuales está perdiendo más dinero del que gana.
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Este doble esfuerzo, el creativo dentro del trabajo y el social que se enfrenta ante el constante
estigma, también puede producir efectos nocivos en la salud mental de la puta virtual. Dentro
de las múltiples tareas que ejercen, se incluyen técnicas de self-branding, producción, edición,
distribución y contacto con los clientes. Estar en tanto espacios y ámbitos a la vez puede
provocar estrés, ansiedad y depresión, aunado a lo visto anteriormente sobre efectos del
doxxing y exposición pública que viven muchas trabajadoras sexuales virtuales.
Sobre este tema, retomando el documental de Sean Dunne, Cam Girlz, en éste se retratan
algunas de las consecuencias y riesgos de la práctica este oficio. Una de las chicas declaraba
que su salud mental se había deteriorado y que tenía ataques de ansiedad incesantes al grado
de no poder descansar:
“Mis sueños tratan siempre sobre el camming, cada una de las noches y esto es
simplemente agotador.” (min 21:21)
Este argumento no es una defensa a dichas estructuras de opresión, mas bien es un llamado de
atención a cómo se visibilizan en ciertos casos y, por ende, se castiga más a un sector de la
población, en este caso a las trabajadoras sexuales virtuales, quienes por lo regular se sostienen
a través de una economía informal y cuya actividad es independiente. Esto sería similar al
argumento sobre la contaminación, por ejemplo, una persona promedio no produce la misma
cantidad de basura que una empresa multimillonaria como Amazon. ¿Qué quiero decir con
esto? Que los efectos estructurales del porno no se deben aducir a las trabajadoras sexuales
independientes exclusivamente, sino que es menester observar el funcionamiento de toda la
industria pornográfica como producto de un sistema económico capitalista que tiene por
objetivo la acumulación a través de la explotación de cuerpos y territorios.
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Como se ha podido observar, la industria del sexo está llena de contradicciones y la producción
discursiva positiva sobre la misma también. Sin embargo, una de las mayores contradicciones
proviene del discurso estigmatizante, el cual mantiene al contenido sexual bajo un halo
prohibitivo. Que se mantenga el tabú como principal producto de la producción discursiva
negativa en torno al trabajo sexual también es útil a la economía del porno: todo el mundo
quiere verlo, muy pocos lo hacen. Esta secrecía ayuda a la rentabilidad del trabajo sexual
virtual, en donde la creación (pero sobre todo el consumo) se hacen desde la privacidad de la
individualidad: ya sea desde un teléfono móvil a las 3 am en la oscuridad de una recámara o en
la pantalla de una computadora en una ventana incógnita abierta en los espacios de soledad de
la oficina.
Retomando las críticas a las producciones discursivas negativa y positiva, así como lo
propuesto por Cristina Garaizábal, propongo la visualización de una producción discursiva
ambivalente que permita observar un panorama más amplio sobre el trabajo sexual virtual.
Porque, como postula la misma Garizábal (en Mac y Smith, 2020, p. 22), “las vivencias de las
trabajadoras del sexo en relación con su trabajo son ambivalentes, como ambivalente suele ser
la relación de muchas mujeres con la sexualidad: placer y peligro, vergüenza y orgullo,
seguridad y riesgo, protección y libertad…”
Asimismo, este discurso permite dar cabida a una multiplicidad de experiencias en torno a este
trabajo, evitando su generalización y homogenización a partir de un puñado de casos que
mantienen el megáfono discursivo. De este modo, los planteamientos argumentativos
ambivalentes, son los siguientes:
1) El trabajo sexual tiene ventajas económicas, pero no implican una completa libertad.
2) A pesar de que las trabajadoras sexuales virtuales pueden disfrutar su trabajo, también
pueden exigir una intervención política que les garantice derechos laborales y garantías
a su seguridad.
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Citando nuevamente a Cristina Garizábal (en Mac y Smith, 2020, p. 17), el objetivo de la
defensa de la profesión se cimenta en que “que las trabajadoras del sexo, sean cis o trans, tengan
seguridad y derechos en el ejercicio de su trabajo para mejorar las condiciones de las que lo
ejercen.” Es decir, la defensa del trabajo sexual y el trabajo sexual virtual no pretende mantener
las mismas estructuras de opresión que se viven en la sociedad, por el contrario, buscan obtener
derechos laborales básicos para llevar a cabo una práctica segura y estable. El trabajo sexual
virtual, por lo tanto, es una práctica que involucra más que la producción de dinero, es un frente
de discusión pública que está librando una batalla desigual, de los valores sociales arraigados
en torno a la sexualidad en contra de las mujeres y disidencias sexuales que comercian con su
sexualidad.
La creación de comunidad es esencial para perseguir estos derechos, por lo que el trabajo sexual
virtual también implica lazos afectivos que sostengan tanto su profesión, como su vida
personal. Como se ha visto a lo largo del texto, las trabajadoras saben que están en una posición
difícil, por lo que la ayuda y el apoyo mutuo son la base para relacionarse entre sí.
El valor del sexo en el discurso positivo o la degradación del sexo en el discurso negativo son
énfasis que permiten visibilizar el placer y la libertad, o bien el poder y la explotación. Sin
embargo, la creación de contenido sexual virtual conlleva una parte creativa e identitaria, no es
la simple copia de otros materiales que se ven por la red. El trabajo que implica la creación de
este contenido es un performance, es decir, no es del todo real, pero eso tampoco significa que
sea completamente una ficción.
Pensando que el trabajo sexual virtual es una acción tanto estética como política y recuperando
lo establecido por Jacques Rancière: “si la política propiamente dicha consiste en la producción
de sujetos que dan voz a los anónimos, la política propia del arte en el régimen estético consiste
en la elaboración del mundo sensible de lo anónimo, de los modos del eso y del yo, de los que
emergen los mundos propios del nosotros políticos.” (Rancière, 2010, p. 67) Es decir, la
relación entre arte/estética y política es intrínseca e indisoluble, en donde ambas esferas deben
ser entendidas como una forma de producir realidad a partir de ficciones generalizadas y
consensuadas. De este modo, en la medida en que el trabajo sexual virtual intersecta entre
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política y estética, esta práctica es una especie de realidad ficcionada y de ficción real que
involucra la sensibilidad del sujeto que lo crea, así como de la sociedad que lo constriñe.
4) Las experiencias laborales del trabajo sexual virtual no son universales, por lo que van
a depender de los factores estructurales que viva cada trabajadora.
Bajo este entendido, no todas las trabajadoras abrazan el discurso positivo sobre la industria
del sexo, ni mucho menos el discurso estigmatizante que enarbolan las abolicionistas. El que
se posicionen de un lado u otro va a depender de las características y condiciones de su propio
trabajo. Por ejemplo, a algunas mujeres neurodivergentes, trabajar en plataformas de patrocinio
como OnlyFans les permite tener un mejor control de su tiempo y, con ello, de la forma en que
se siente, logrando tener mayor estabilidad emocional y social. No sería de asombrarse que en
estos casos, las trabajadoras se acerquen más a una producción discursiva positiva debido a los
beneficios que este oficio les ha brindado.
Por el contrario,
En suma, la imagen de una mujer en el porno no simboliza a “todas las trabajadoras sexuales
virtuales”, ni a “todas las mujeres”. (Mac y Smith, 2020) La opinión y los discursos que se
produzcan se harán de acuerdo con cada experiencia. Asimismo, asemejar al trabajo sexual con
la trata de personas, bajo la justificación de que en toda la industria del sexo existe explotación
y falta de voluntad y consentimiento, es parte de una homogenización de experiencias del
trabajo sexual y del trabajo sexual virtual, el cual está alejado de representar a las putas en su
conjunto.
La criminalización no puede ser la respuesta de una práctica que, de por sí, ya se encuentra
estigmatizada y marginada. Esto afecta de sobremanera a los ingresos que tienen las mujeres,
lo que impacta directamente en su autonomía económica (en otros términos, minaría su
empoderamiento), así como afectaría la seguridad del oficio. Negar el trabajo sexual virtual
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por considerarse explotador debería aplicar también a otros tipos de trabajos, para así abolir el
trabajo (como la práctica que genera explotación) y no solamente el trabajo sexual.
6) Una persona que no ejerce el trabajo sexual virtual no puede, bajo ninguna justificación,
hablar en nombre de las trabajadoras sexuales virtuales que están en activo.
Por último, retomo esta máxima es parte de las propuestas de Juno Mac y Molly Smith (2020,
p. 81), quienes enfatizan en la forma en que las trabajadoras sexuales han sido negadas como
sujetos políticos y, por lo tanto, sus experiencias son desestimadas. Evitar la
instrumentalización de sus vidas, cuerpos y experiencias para ser utilizados en favor de uno y
otro discurso, es parte de la dignificación de sus personas y de sus oficios.
Como se planteó en el capítulo 2 de este texto, al negar la agencia de las trabajadoras se está
construyendo un discurso etnocéntrico e imperialista que enajena a las mujeres que comercian
con su sexo en el espacio virtual, es decir, se convierten en las otras culturales del feminismo
e, involuntariamente, las posiciona en una condición inferior.
Al final, y como dice Paula Sánchez Perera (2017), “se trata de garantizar el acceso de todas
las mujeres a los derechos humanos, la efectiva igualdad entre todas las personas, de frenar los
abusos y la explotación laboral, la vulnerabilidad y la violencia institucional, la discriminación
y el estigma.”
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Desmitificando a las putas virtuales: algunos datos a considerar
Con el fin de tener más información sobre las trabajadoras sexuales virtuales y desmitificar
algunos datos, decidí aplicar una encuesta en línea a creadores y creadoras de contenido que
usan la plataforma OnlyFans, dicha encuesta fue respondida por 31 personas de diferentes
partes del mundo, de forma voluntaria y anónima. Este instrumento consta de tres grandes
apartados, el primero recoge datos generales de la persona encuestada, el segundo describe el
contenido que vende en el sitio web y el tercero explora las consecuencias (sociales,
económicas e individuales) del uso de OnlyFans.5
La encuesta se publicó desde mis redes sociales personales, específicamente desde Twitter y
Reddit. Estas plataformas, al igual que Instagram, TikTok y Facebook, son usadas por las
trabajadoras sexuales virtuales para promocionar sus cuentas de OnlyFans y así obtener
suscriptores o clientes. Debido a mi experiencia personal como trabajadora sexual virtual y al
ser quien elaboró la encuesta, no respondí la encuesta para evitar que hubiera una carga
valorativa hacia ciertas preguntas. Asimismo, me gustaría enfatizar que esta muestra no es
representativa de todas las experiencias del trabajo sexual virtual, sino una pequeña porción
que permite entender quiénes están detrás de la pantalla.
Por lo tanto, el 95,8% de las encuestadas afirmaron ser mujeres cis-género, corroborando la
idea de que la industria del comercio sexual virtual está ampliamente feminizada. En cuanto a
la orientación sexual, la mayoría (58,3%) indicó ser bisexual, seguido de las personas
heterosexuales quienes representan un cuarto (25%) de la muestra y cuatro (16,7%)
trabajadoras indicaron ser pansexuales.
5
Se adjunta la encuesta aplicada en el Anexo 1, de este trabajo.
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El rango de edad de las trabajadoras6 sexuales virtuales encuestadas oscila entre los 19 y los 40
años, siendo 26 años el promedio. Esto indica que esta profesión es practicada por personas
jóvenes y de mediana edad. En cuanto al origen étnico o racial, casi ¾ de la muestra indicó ser
blanca (un 70,8% del total), mientras que el resto se dividen entre latinas (3 personas), negra,
indígena, morena y asiática. La Figura 1 muestra este desequilibrio. Esto puede ser un
indicativo a dos cuestiones: 1) que las personas blancas son quienes tienen más acceso a
internet y un espacio seguro donde ejercer su profesión; 2) que el consumo de contenido sexual
virtual es más redituable y rentable para las mujeres blancas. Esto no es culpa de las
trabajadoras sexuales virtuales, mas bien responde a una división jerárquica del sistema
moderno/colonial que prima lo blanco sobre el resto de las asignaciones raciales.
Figura 1. Origen étnico o racial de las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.
En cuanto al tiempo en que han estado en OnlyFans, la trabajadora con más tiempo en la
plataforma comenzó a utilizarla en enero de 2019, mientras que la que menos tiempo tiene
empezó en agosto de 2021. De este modo, se puede observar que la mayoría de las trabajadoras
se inscribieron en la plataforma a partir de la pandemia por COVID-19, siendo que 21 de ellas
lo hicieron posterior a abril del 2020. Esto es relevante porque OnlyFans sí fue una alternativa
6
Utilizo el femenino porque la mayoría de quienes respondieron esta encuesta son mujeres.
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laboral confiable y viable para poder obtener algunos ingresos durante un periodo económico
mundialmente difícil.
Canadiense 2
Estadounidense 10
Británica 1
Australiana 1
Portuguesa 1
Mexicana 5
Francomexicana 1
No especificó 3
TOTAL 24
El motivo para comenzar a usar esta plataforma también varió, pero la mayoría coinciden en
dos puntos: necesitaban dinero (75%) y les gustaba tomarse nudes y compartirlas (79,2%). Así,
OnlyFans permitió obtener ingresos por hacer una actividad placentera para las trabajadoras,
es decir, ¿por qué no sacar dinero de algo que ya hacían de manera gratuita? La Figura 2 es
más clarificador en este aspecto y muestra algunos otros motivos para dedicarse a este oficio.
Figura 2. Motivos de las trabajadoras sexuales virtuales para comenzar a usar OnlyFans.
Es importante recalcar que todas las trabajadoras encuestadas, es decir, el 100%, afirmó ser
una trabajadora sexual virtual independiente, es decir, que no son contratadas por compañías
de producción pornográfica. Es por esto que los ingresos son tan variables para cada una de las
72
trabajadoras, por ejemplo, la suma de la trabajadora que más ingresos ha tenido en un mes
asciende a $4,600 dólares, mientras que el promedio de ganancias de este muestra se fija en
$617,67 dólares. Hay trabajadoras que no han obtenido ganancias en algún mes, mientras que
para otras el ingreso más bajo que han tenido es de $1,100 dólares. En promedio, lo máximo
que han ganado en un mes es de $1.115,70 USD y lo mínimo es de $232,52 USD, esto refleja
las desigualdades que se mantienen dentro de la industria del comercio sexual virtual y la
inestabilidad de los ingresos.
Contrario al estereotipo que supone que todas las mujeres que se dedican al trabajo sexual o al
trabajo sexual virtual se encuentran en una situación de precariedad, la mayoría de las
trabajadoras encuestadas afirmaron pertenecer a una clase económica media. En el Figura 3 se
muestra la tendencia, en donde se observa que el 73,9% indica pertenecer a una clase media,
el 21,7% a una clase baja y sólo el 4,3% (que corresponde a una persona) a la clase alta.
Figura 3. Clase económica a la que pertenecen las trabajadoras sexuales virtuales que usan OnlyFans.
Suponer que todas las mujeres que se dedican a este oficio son pobres y cuya última alternativa
es el trabajo sexual virtual es parte de los mitos y estigmas que lo envuelven. Además, al
preguntarles a las trabajadoras si usar OnlyFans había significado su última opción laboral,
sólo dos personas respondieron afirmativamente, el resto (91,3%) indicó que no había sido su
última opción. Algunas agregaron que había sido la opción más adecuada para su salud mental
o que era la opción más flexible debido a los horarios de su escuela.
A pesar de que el dinero obtenido por medio de la plataforma ha servido para pagar deudas y
créditos escolares (39,1%), para poderse comprar artículos que antes no podían costear (52,2%)
o simplemente para tener más tiempo con sus seres queridos (21,7%), no todo es color de rosa.
Para la mayoría de las trabajadoras encuestadas (73,7%, es decir, casi tres cuartas partes del
73
total), usar OnlyFans ha traído consecuencias negativas en su salud mental, tales como
ansiedad, estrés y depresión. Por ejemplo, una trabajadora afirmó “me siento mal por usar
OnlyFans, lo considero degradante” y otra persona aseguró “me siento incómoda cada que
discuto sobre mi trabajo”. Otras consecuencias negativas que se encontraron en esta encuesta
fueron el aumento de dismorfia corporal, la falta de libido y la desmotivación cuando hay pocos
ingresos. Es decir, el uso de OnlyFans no conlleva necesariamente empoderamiento y
sentimientos positivos, las trabajadoras sexuales virtuales también se ven sometidas a encajar
dentro de una estética dominante y, al no hacerlo, su salud mental se ve afectada.
Por otro lado, al seguir siendo una actividad altamente castigada, la mayoría de las mujeres
prefiere ocultar el hecho de que produce y distribuye contenido sexual virtual. En este caso, 18
de 23 encuestadas afirmaron haber ocultado su profesión, constituyendo el 78,3%. Este
ocultamiento se debió a diversos factores, entre los que destacan el miedo a ser juzgadas por
sus familiares o amistades, la discriminación, el estigma y la posibilidad de que impacte
negativamente en sus espacios de trabajo (alterno al que llevan a cabo en OnlyFans).
De este modo, el riesgo de esta profesión es alto, debido a la producción discursiva negativa
hacia el trabajo sexual virtual. Esto quedó evidenciado en las respuestas a la pregunta “¿Cuáles
consideras que son los riesgos sociales de usar OnlyFans?”. Destaco algunas de las respuestas:
De estas respuestas encuentro algunos puntos en común, los cuales provienen de la producción
discursiva negativa: el estigma (suponer que vender contenido sexual en internet es equivalente
a querer mantener relaciones sexuales con cualquier persona, como si fuera una obligación), el
castigo (ya sea no conseguir un empleo o ser despedida de uno), las amenazas (en forma de
74
doxing o filtración de contenido), la denigración humana (que la mujer pierda valor ante la
sociedad debido a su profesión), el acoso (en redes sociales, de clientes, de hombres ajenos a
la transacción comercial o de familia/amigos que no aprueben este oficio) y la extorsión (pedir
dinero o favores a cambio de no revelar la información).
El 57,9% de las trabajadoras sexuales virtuales considera que el estigma es una de las
principales consecuencias que han experimentado por usar OnlyFans y el 78,9% han sido
acosadas en redes sociales debido a su profesión. Dentro de este acoso, destacan algunas
publicaciones y comentarios en redes sociales que las interpelaron emocional o
psicológicamente, provenientes de parientes, militantes de partidos políticos conservadores,
padres y madres de familia de escuelas de educación básica y, sobre todo, de feministas
abolicionistas. La Figura 4 muestra la tendencia de estos actores.
Figura 4. Principales actores sociales que reproducen discursos negativos sobre el trabajo sexual virtual.
Estos discursos afectan a las mujeres trabajadoras sexuales virtuales, no son simples palabras
echadas al vacío. Las trabajadoras expresaron el impacto que estos discursos negativos habían
tenido en sus vidas, especialmente sentimientos de culpa, “suciedad” e inmoralidad. Una de las
encuestadas recalcó:
Si bien no creo que mi trabajo sea degradante, me hizo dudar en confiar en las
personas con cualquier cosa. Sentí que siempre tenía que tener una mentira
preparada cuando la gente me preguntaba qué hacía para trabajar. También me
hizo sentir que, dado que no se consideraba un "trabajo real", mi vida no iba a
ninguna parte y no estaba "haciendo nada significativo". (Trabajadora Sexual
Virtual Anónima, 2021)
75
Inclusive las consecuencias de estos discursos y las acciones que provocan no se quedan en la
trabajadora sexual virtual, sino que afecta a sus familias o amigos cercanos:
Por último, es menester recalcar que las consecuencias de la producción discursiva negativa, y
algunas de las positivas, hacia el trabajo sexual virtual son reales y palpables en quienes ejercen
esta profesión. Culpar y responsabilizar a las trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales
virtuales por la objetificación que viven o por la misoginia, ignora la influencia del sistema
moderno/colonial de género e impide imaginar soluciones estructurales. El objetivo es ejercer
una actividad que se base en la seguridad y protección de las trabajadoras, a partir de respetar
sus derechos humanos y sus derechos laborales. Al final, una práctica segura deviene de la
desestigmatización y la dignificación de un trabajo feminizado y marginado.
76
Conclusiones
Hablar de trabajo sexual implica hablar de derechos humanos, el propio concepto se gestó para
visibilizar el ámbito laboral que significa esta práctica y para humanizar a quienes están detrás
de este trabajo. Las trabajadoras sexuales (y me refiero a trabajadoras porque ésta es una
profesión feminizada) resignifican el concepto de la puta para evitar perpetuar una idea
estigmatizadas y denigrante. En este trabajo se destacó la modalidad virtual del trabajo sexual,
una práctica que permite producir y comerciar con material sexual a través de la red de internet,
ya sea a través de plataformas de patrocinio o mediante negociaciones directas entre cliente y
trabajadora. La pornografía, al ser la industria de contenido audio-visual y escrito de índole
sexual que no es exclusiva de la virtualidad, no es sinónimo de trabajo sexual virtual, sin
embargo, estas categorías se cruzan y se conectan entre sí.
Asimismo, el trabajo sexual y el trabajo sexual virtual no son sinónimos, mas bien el segundo
es una modalidad del primero. El trabajo sexual virtual conlleva condiciones propias para
ejercerse, como la conexión a una red eléctrica y a internet, tener dispositivos electrónicos con
cámara y poseer una cuenta bancaria de donde extraer los fondos. De entrada, estas condiciones
excluyen a una porción de personas que no cumplen con las mismas.
También, se puede entender que los elementos constitutivos del trabajo sexual virtual son la
sexualidad, las imágenes (como producto del trabajo) y la virtualidad. La sexualidad ha sido
entendida de manera dicotómica, binaria y universal debido a la colonialidad de poder, la cual
naturaliza las categorías jerarquizadas del sistema moderno/colonial. Asimismo, la
colonialidad del género dispuso del cuerpo como un espacio de control y conquista, su
importancia radica en que el mismo cuerpo es el objeto que legitima la diferencia “originaria”.
Así, la sexualidad femenina (en contraposición inferiorizada de la sexualidad masculina) se
instauró como inferior, sumisa y privada. Es por ello que el comercio de la sexualidad femenina
significó una afrenta al control corporal estructural y teniendo como consecuencia una serie de
castigos morales y sociales.
Por otro lado, se estudiaron los materiales que produce el trabajo sexual virtual. Las fotografías
y los videos sexuales son el producto del esfuerzo y del trabajo de las trabajadoras sexuales
virtuales. Lo que se está comerciando en esta transacción no es el cuerpo de las mujeres como
tal, sino el placer que obtienen los clientes al ver estas imágenes. Asimismo, debido al contacto
77
habitual y cercano (aunque sea por medio de una pantalla), el trabajo sexual virtual también
implica un trabajo emocional, el cual es invisibilizado o negado. Por lo tanto, el trabajo sexual
virtual es un trabajo que se ejerce desde la informalidad (debido a la falta de regulación o a la
criminalización de la práctica) y de manera independiente, en la mayoría de los casos.
Así, el espacio donde se gesta esta triada es OnlyFans, una plataforma virtual de patrocinio que
permite la publicación de contenido sexual, siendo un espacio seguro y (relativamente) estable
en el que las trabajadoras sexuales virtuales trabajan. Este sitio web se creó en 2016 en Reino
Unido, pero cobró popularidad a partir de 2020, tras la pandemia de COVID-19 que dejó a
muchas personas en sus casas y sin empleos, significando una alternativa viable de donde
obtener ingresos. A pesar de este boom, la plataforma no garantiza un salario alto, es decir, la
desigualdad dentro de la plataforma es inmensa y mientras unas personas pueden ganar miles
de dólares (USD) al mes, otras no alcanzan ni los cien dólares en este mismo periodo de tiempo.
Esta misma desigualdad es una expresión más de la configuración colonial de los seres y de la
sexualidad, la cual también ha permitido la proliferación de discursos negativos en torno al
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual, a la vez que ha impedido el reconocimiento del
comercio del sexo como un trabajo. La importancia de la producción discursiva no radica tanto
en su creación, sino en la administración de la misma, es decir, qué espacios tiene, en dónde es
permitida y de qué manera se esparce. En este caso, la producción discursiva sobre el trabajo
sexual virtual que mantiene el dominio es la negativa.
78
planteamientos argumentativos que sostienen esta producción discursiva negativa, expuestos
principalmente por feministas abolicionistas, se encuentran la degradación del cuerpo de las
mujeres que ejercen este oficio; la idea de que la práctica del comercio sexual conlleva algún
tipo de pérdida (ya sea física o moral); la creencia de que el trabajo sexual virtual es igual a
trata, por lo que las trabajadoras son víctimas; aducir a la objetificación de las mujeres en el
trabajo sexual virtual (aunque al final y de manera contradictoria, se usan las experiencias y
cuerpos de las trabajadoras de manera instrumental para poder validar su punto); y la necesidad
de un cuerpo jurídico o legislativo que criminalice esta práctica tan “aberrante”.
Sin embargo, la producción discursiva negativa se caracteriza por inflar la magnitud del
problema, redundar en las historias de “terror” que viven las putas y la convicción de que el
trabajo sexual virtual sólo existe en la medida que las feministas abolicionistas la describen.
(Weitzer, 2014) Las consecuencias de esta producción discursiva se materializa en daños a la
salud mental de las trabajadoras, exclusión de círculos sociales cercanos, despidos
injustificados de trabajos alternos, acoso en redes sociales, creación de leyes que criminalizan
esta actividad (tal como FOSTA-SESTA), cierre de cuentas bancarias e inclusive la posibilidad
de censurarlas de OnlyFans, perdiendo así su medio de trabajo.
Por otro lado, la producción discursiva positiva (que proviene principalmente de la industria
pornográfica) enfatiza en ciertos aspectos que, paradójicamente, también podrían resultar
dañinos para las trabajadoras sexuales virtuales. Dentro de los planteamientos argumentativos
resaltan el valor del placer y del sexo, como si las trabajadoras lo hicieran exclusivamente por
placer y no por el dinero que obtienen a cambio; también se enfatiza en la libertad de elección
que tienen las mujeres, negando que esta decisión estuviese condicionada de algún modo; se
valora el trabajo sentimental; se aduce al empoderamiento que acarrea esta práctica; y se
sostiene la idea de una puta virtual “feliz”, que no se queja de su trabajo.
Los beneficios de este discurso sobre todo redundan en la diversidad de prácticas sexuales que
se muestran y en que brindan agencia a las trabajadoras sexuales virtuales, sin embargo,
también se invisibilizan o niegan las formas explotadoras y misóginas que existen dentro de la
industria. Al mismo tiempo, se habla del trabajo sexual virtual como la mejor opción laboral
que existe en el mercado, si bien da flexibilidad de horarios y permite un ingreso económico,
considero que cada experiencia es diferente, por lo que no se puede afirmar que éste sea el
“mejor” trabajo de todos.
79
Para evitar homogenizar las experiencias de las trabajadoras sexuales virtuales y con el afán de
dar paso a otras posibilidades discursivas, retomo la propuesta ambivalente de Cristina
Garizábal. Este discurso ambivalente se compone de seis planteamientos argumentativos:
1) El trabajo sexual virtual tiene ventajas económicas, pero también acarrean
consecuencias sociales y emocionales, por lo que no implica una completa libertad.
2) Las trabajadoras sexuales virtuales pueden disfrutar de su trabajo y al mismo tiempo
exigir seguridad y derechos laborales.
3) La creación de contenido sexual virtual implica la creatividad y esfuerzo de la
trabajadora, esta actividad es una realidad ficcionada, lo que no significa que el placer
que venden no sea real.
4) Las experiencias laborales del trabajo sexual virtual no son universales, por lo que van
a depender de los factores estructurales que viva cada trabajadora.
5) La criminalización no es una respuesta para acabar con la explotación que viven algunas
trabajadoras sexuales virtuales, es necesario brindar derechos básicos.
6) Una persona que no ejerce el trabajo sexual virtual no puede hablar en nombre de las
propias trabajadoras, hacerlo significaría instrumentalizar sus vivencias y objetificar
sus cuerpos.
Para muchas personas, el trabajo y la sexualidad son incompatibles, por eso luchan por cerrar
cuentas bancarias de trabajadoras sexuales, censurar y eliminar sus blogs/portales, exponernos
públicamente y, al muy estilo medieval, lincharnos socialmente. No somos brujas, pero somos
echadas a la hoguera. No somos santas, pero somos cubiertas cuando un pezón se asoma. No
somos dignas de nombrarnos feministas, ni mucho menos de la salvación eterna. No somos ni
80
mujeres, porque mujeres son sólo las "buenas", las verdaderas recatadas y profesionales,
nosotras las encueradas somos las pobrecitas que están en una "situación deplorable", en una
“situación de prostitución”.
Así, los datos de la encuesta demostraron que las trabajadoras sexuales virtuales no ejercen esta
profesión como último recurso; que no es un trabajo exclusivo de personas racializadas o
precarizadas, sino por el contrario que lo ejercen sobre todo personas de clase media; que ser
puta virtual conlleva condiciones diferentes a las de las del trabajo sexual de calle o presencial,
pero eso no significa que sea “peor” o “mejor”; que el trabajo sexual virtual también acarrea
consecuencias negativas, sobre todo en la salud mental y en el trato con las personas que nos
rodean; que el estigma sólo empeora la marginación, inseguridad y acoso que viven las
trabajadoras sexuales virtuales; y, en conclusión, que el discurso feminista abolicionista no está
beneficiando a las putas virtuales.
81
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84
Anexos
Anexo A.
Encuesta a creadores de contenido que usan la plataforma OnlyFans. Julio-
septiembre, 2021.
¡Hola! Muchas gracias por responder esta Hello! Thank you very much for answering this
encuesta para la elaboración de mi tesis de survey for the preparation of my master's
maestría. thesis.
Los datos del presente cuestionario son de The data in this questionnaire is strictly
carácter estrictamente confidencial y solo serán confidential and it will only be used for
usados para fines académicos. Su nombre no será academic purposes. Your name will not be
asociado a ninguna de sus respuestas. Le ruego associated with any of your answers. Above all,
sobre todo sinceridad en sus opiniones. please be honest in your opinions.
85
Now I will ask you some questions about
Ahora le haré unas preguntas sobre OnlyFans OnlyFans
• ¿Cuándo comenzó a utilizar la 1.When did you start using the platform?
plataforma? 2.Why did you start using OnlyFans?
• ¿Por qué empezaste a usar OnlyFans? o I needed money
o Necesitaba dinero o To feel pleasure
o Para sentir placer o I like to take nudes and share them
o Me gusta tomarme fotos y o To pass the time
compartirlas o Another
o Para pasar el tiempo 3.Are you an independent worker or were you
o Otra hired by a company?
• ¿Eres trabajadora independiente o te o I am an independent worker
contrataron de alguna empresa? o I am hired by a company
• ¿Cómo promocionas tu cuenta de 4.How do you promote your OnlyFans
OnlyFans? account?
o En redes sociales o In social networks
o En sitios de camming o On camming sites
o En sitios de citas o On dating sites
o Pago suscripción para o Subscription payment to promote
promocionar o Others
o Otros 5.Do you sell explicit sexual content on
• ¿Vendes contenido sexual explícito en OnlyFans?
OnlyFans? o Yes
o Sí. o No
o No 6. If yes, is your profile part of a sexual content
6. En caso de que sí ¿Tu perfil es parte niche?
de algún nicho de contenido sexual? o Yes (go to Q.6.1)
o Sí. ¿Cuál o cuáles? o No
o No 6. 1. In which sexual niches is your OnlyFans
• 6. 1. ¿En qué nichos de contenido sexual found? (for example: brunette, interracial,
se encuentra tu OnlyFans? latinx, long legs, big booty, furry, etc.)
7. ¿Te consideras a ti mismx 7. Do you consider yourself a virtual sex
trabajadorx sexual virtual? worker?
a. Sí o Yes
b. No o No
8. En caso de que no ¿qué vendes en 8. If not, what do you sell at OnlyFans?
OnlyFans? o Music
o Food recipes
Consecuencias sociales o Gym routines
1. ¿Has ocultado el hecho de que tienes o Others
OnlyFans?
o Sí. Social consequences
o No 1. Have you hidden the fact that you have
2. En caso de haber ocultado, ¿por qué OnlyFans?
motivo? o Yes
3. En caso de haber ocultado, ¿quiénes sí o No
saben? 2. In case of hiding, for what reason?
4. Dejando de lado a los clientes de 3. In case of hiding, who does know?
OnlyFans, ¿Qué te han dicho tus 4. Leaving aside the OnlyFans clients, what
cercanxs sobre tu trabajo? have your family, partner or friends told you
o Me apoyan y me motivan about your work?
o Me alientan a subir más y mejor o They support and motivate me
o They encourage me to upload more and
contenido
o Me admiran better content
o They say they admire me
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o Me dicen que me veo o They tell me that I look empowered
empoderada o They tell me I am doing something
o Que estoy haciendo algo malo wrong
o Que perdí valor como mujer o They tell me that I lost value as a
o Que estoy haciéndole el juego al woman
patriarcado o They tell me that I'm playing the
o Que esto es indigno patriarchy's game
o The tell me that this is unworthy
5. ¿Cuáles consideras que son los riesgos o Other
sociales de usar OnlyFans?
6. ¿Qué consecuencias sociales has vivido 5. What do you consider that are the social
por usar OnlyFans? risks of using OnlyFans?
o Acoso en las redes 6. What social consequences have you
o Me excluyeron de grupos de experienced for using OnlyFans?
familia o amigos o Harassment in social media
o Estigma por lo que hago. o I was excluded from family or gropus
o Cuando me ven por la calle, noto of friends
que hablan de mí o Stigma for what I do.
o Me han hostigado en mi o When they see me on the street, I
domicilio notice that they talk about me
o Han hostigado a mi familia, o I have been harassed at my home
amigos o pareja o They have harassed my family, friends
o Me despidieron de mi trabajo or partner
o Otros o I was fired from my job
o Others
Consecuencias económicas
7. Hablando de clases sociales, ¿a cuál Economic consequences
consideras que tú perteneces? 7. Speaking of social classes, which one do you
o Clase Baja/Pobreza consider yourself to belong to?
o Clase media o Low Class / Poverty
o Clase alta o Middle class
8. Aproximadamente, ¿Cuánto ganas al o Upper class
mes en OnlyFans? 8. Approximately how much do you earn per
9. ¿Cuánto ha sido lo máximo que has month at OnlyFans?
ganado en un mes? 9. How much has been the most you have
10. ¿Cuánto ha sido lo mínimo que has earned in a month?
ganado en un mes? 10. How much has been the least you have
11. ¿Consideras que comenzaste a usar earned in a month?
OnlyFans porque fue tu última opción 11. Do you think you started using OnlyFans
laboral? because it was your last job option?
o Sí. o Yes.
o No. o No.
12. ¿Qué beneficios económicos te ha 12. What economic benefits has the use of
brindado el uso de OnlyFans? OnlyFans brought you?
o Pago de deudas y créditos o Payment of school debts and credits
escolares o Possibility of finishing studying
o Posibilidad de terminar de o More time with my family
estudiar o I already have my own space (room,
o Más tiempo con mi familia apartment or rented house)
o Ya tengo mi propio espacio o I can by things I like that I couldn't
(cuarto, departamento o casa afford before
rentada) o Others
o Puedo darme gustos que antes
no podía Individual consequences
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o Otros 13. What disadvantages has the use of
OnlyFans brought you?
Consecuencias individuales o Negative consequences for my mental
13. ¿Qué desventajas te ha traído el uso de health, such as anxiety, stress or
OnlyFans? depression.
o Consecuencias en negativas en o I feel bad for using OnlyFans, I
mi salud mental, como ansiedad, consider it demeaning.
estrés o depresión. o Others
o Me siento mal por usar 14. Have there been speeches, tweets, posts,
OnlyFans, lo considero texts or mentions about sex work or virtual sex
denigrante. work that have emotionally or psychologically
o Otros challenged you?
14. ¿Ha habido discursos, tuits, o Yes
publicaciones, textos o menciones que te o No
hayan interpelado emocional o o I don't remember
psicológicamente que hablen sobre el 15. If yes. What did those publications make
trabajo sexual y el trabajo sexual virtual? you feel?
o Sí 16. If yes. Who did those publications come
o No from?
o No recuerdo o Relatives
15. En caso de que sí. ¿Qué te hicieron o Conservative or right-wing parties
sentir? o Abolitionist Feminists / SWERF
16. En caso de que sí. ¿De quiénes o Labor bosses or supervisors
provenían dichas publicaciones? o Others
o Familiares
o Partidos conservadores o de Final thoughts
derecha 17. Do you consider that using OnlyFans
o Feministas carries a stigma?
abolicionistas/SWERF o Yes
o Jefes o supervisores laborales o No
18. If yes, what do you think this stigma is due
Consideraciones finales to?
17. ¿Consideras que usar OnlyFans conlleva
un estigma?
o Sí
o No
18. En caso de que sí, ¿A qué crees que se
deba ese estigma?
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