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Procesos Terciarios y Resiliencia

Este documento presenta la noción de procesos terciarios y su relación con la creatividad, la salud y la resiliencia. Introduce la idea de que los procesos terciarios permiten una puesta en relación de los procesos primarios y secundarios que promueve un equilibrio dinámico. También explora lo irrepresentable, como aquello que nunca tuvo representación debido a experiencias traumáticas, y cómo esto está relacionado con un inconsciente escindido. Finalmente, analiza diferentes perspectivas teóricas sobre estos tem

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Procesos Terciarios y Resiliencia

Este documento presenta la noción de procesos terciarios y su relación con la creatividad, la salud y la resiliencia. Introduce la idea de que los procesos terciarios permiten una puesta en relación de los procesos primarios y secundarios que promueve un equilibrio dinámico. También explora lo irrepresentable, como aquello que nunca tuvo representación debido a experiencias traumáticas, y cómo esto está relacionado con un inconsciente escindido. Finalmente, analiza diferentes perspectivas teóricas sobre estos tem

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aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis


Inicio / Presentación

NÚMERO 014 2003Revista Internacional de Psicoanálisis


Aperturas

Procesos terciarios
Autor: Zukerfeld, Rubén; Zonis Zukerfeld, Raquel

Palabras clave

Creador heuristico, Procesos terciarios, Resiliencia, Sistema creador (creatividad/creacion),


Trauma.

Introducción

El objetivo de este trabajo es presentar una perspectiva psicoanalítica para la comprensión y la


promoción de respuestas al hecho traumático, tanto en el campo de la salud  como en el de las
prácticas sociales. Para ello introduciremos en primer lugar la noción de procesos terciarios, con
una nueva reformulación que entendemos da cuenta de potenciales subjetivos que rompen con
cualquier concepción determinista en relación con los efectos del trauma. En segundo lugar nos
ocuparemos desde este planteo teórico de los mecanismos de transformación a partir de  la
adversidad, es decir de la resiliencia, y de las nuevas prácticas sociales en las que describiremos
finalmente lo que entendemos como los principios de su funcionamiento

 1. Procesos terciarios, salud y creatividad

1.1 Para el psicoanálisis tradicional los procesos primarios y secundarios son en la


terminología ya consagrada modos de funcionamiento que han quedados
asimilados a oposiciones como principio de placer - principio de realidad, y energía
libre - energía ligada. Las derivaciones explícitas e implícitas de estas nociones
han influido en mayor o menor medida en las concepciones de la cura que
tendieron a concebir el ”secundarizar” como eje del proyecto terapéutico. De allí
que a veces ciertas normatividades aplastaron la riqueza inicial de los
descubrimientos analíticos, e inclusive se expusieron en el mostrador
del adaptacionismo justamente criticado en Argentina en la década del 70 en
relación a cierto psicoanálisis petrificado en reglas donde la inacción (1) era casi la
condición del mismo.

1.2 Desde esta perspectiva el aparato psíquico -o si se quiere la subjetividad-


funcionaría a predominio de procesos primarios o secundarios de modo que las
formas de pensar, sentir y de actuar de un sujeto se dirimirían entre lo primitivo-el
impulso- y lo evolucionado –el pensamiento- que es lo que sería normal o
saludable.

Pero André Green en 1972 en un coloquio de la Sociedad Psicoanalítica de París


sobre la salud, se pregunta: “¿En qué criterios puede un psicoanalista sustentarse
para definir la normalidad?”. Y se responde que en el proceso de la cura analítica
es claro que no puede considerarse como tal ni al control racional excesivo propio
de “insuficiente proceso primario” ni “cuando la supresión del control adopta la
forma caricaturesca de la desagregación del pensamiento” del “insuficiente
proceso secundario”. Es así que plantea la necesidad de crear un tercer tipo de
procesos que considera justamente terciarios y que define como “aquellos
procesos que ponen en relación los procesos primarios y secundarios de tal
manera que los primarios limitan la saturación de los secundarios y los
secundarios la de los primarios”. Esta puesta en relación (2) constituye un equilibrio
inestable asociado a la constitución de un campo de ilusión descrito por Winnicott.
En él, como señala Green “el trabajo del pensamiento (...) consagrado al ejercicio
de los procesos secundarios, sigue abierto a unos procesos primarios que
aseguran la irrupción de la intuición creativa en el momento mismo de ejercerse la
mas rigurosa racionalidad” (la cursiva es mía).

Estas concepciones se asocian de acuerdo a distintos autores a la noción


de creatividad antagónica con la de repetición y a su vez diferente y superadora de
la de sublimación. En realidad aquí proceso terciario alude a la existencia de lo
que entendemos como un potencial hermenéutico universal del aparato
psíquico que permite que un sujeto en determinadas condiciones “juegue
internamente” entre hechos e interpretación fantasmática de hechos.

H. Fiorini (1995) es un autor que define la tópica creadora como aquel sistema


capaz de organizar su eje a partir del trabajo de desorganizar lo dado, de
descodificar lo codificado. Desarrolla así la noción de sistema creador vinculada
con los procesos terciarios a lo que les otorga una jerarquía fundamental porque
entre otras cosas estos procesos “mantienen las distinciones y oposiciones entre
elementos que son propias de los procesos secundarios, pero sin quedar
restringido por una lógica de contradicciones y exclusiones (...)contienen entonces
conjugadas energías ligadas y desligadas “.

Este autor señala también que solo la implicación entre primario y secundario no
alcanza para dar cuenta de estos procesos. Remarca el poder modificador sobre
el mundo que conllevan los procesos creadores y también las transformaciones
que en el mismo sujeto se dan a partir del acto creador. A partir del
pensamiento junguiano sobre los procesos de transformación, Fiorini sostiene “(...)
pensamos que los procesos terciarios son aquellos que pueden con intervención
de la conciencia unir en la paradoja o sostener ligado lo que se rechaza”.

El interrogante que entonces surge es: si en general se piensa que proceso


terciario tiene que ver con creación ¿por qué tiene que ser pensado
exclusivamente en relación a procesos que operan sobre representaciones de
cosa y de palabra, es decir solo en términos de lo dado o sea de lo reprimido y lo
represor? ¿No estaríamos acaso –y no es poca cosa por cierto- develando lo viejo
gracias a la creatividad que surge de esa implicación entre intuición y
razonamiento, pero sin que estrictamente pueda construirse algo realmente
nuevo? Por ello es que pensamos que si lo nuevo es lo que en un tiempo anterior
no tenía existencia y ahora la tiene, es porque estaba fuera del preconsciente pero
no por estar reprimido sino por no haber tenido nunca representación. De allí que
la noción de creación adquiere una dimensión fuerte cuando pensamos estos
problemas desde el campo de lo irrepresentable.

2. Lo irrepresentable, el trauma y el Inconsciente escindido

  “Ese recuerdo (...) había reaparecido (...) primero como en un relámpago, sin ser todavía
recuerdo sino únicamente un llamado de la memoria que le hacía saber que estaba acordándose
de algo sin saber de qué”  

Juan José Saer, Nadie nada nunca. Buenos Aires, Seix Barral, 1994

2.1. Desde el inicio mismo del psicoanálisis determinadas condiciones clínicas


como las llamadas neurosis actuales quedaron algo apartadas de su eje central de
desarrollo. Es decir que este se constituyó sobre la investigación de las
psiconeurosis y por tanto de los fenómenos de desplazamiento y condensación
que como es sabido ocurren entre catexias y representaciones.

Pero también es conocido que el inmenso campo de lo que Green llamó de las


“locuras privadas” ha obligado a dirigir el interés ya desde la década del 60 a lo
irrepresentable. Es así que numerosos autores postfreudianos,
independientemente de su foco de interés clínico y teórico tarde o temprano se
han ocupado de cuestiones parecidas que tienen en común existir apartadas del
campo de la representación

Tal vez el principal haya sido W. Bion cuando desarrolla su teoría del pensamiento
y describe los elementos y la pantalla beta, que constituyen una aglomeración no
integrada sin niveles de diferenciación. Estos elementos beta se prestan
únicamente a ser evacuados e implican un funcionamiento absolutamente distinto
al de los elementos alfa que van a transformar las impresiones sensoriales (vista,
tacto, oído) en las primeras experiencias emocionales y de cuyo procesamiento
surge el pensamiento onírico, la memoria y las funciones
intelectuales Posteriormente Bion plantea la cuestión de O tan relacionada con la
cosa en sí Kantiana, que como señala R. Paz (2000) “confluye con
lo tematizado por el último Lacan respecto de lo Real”. Es justamente este autor el
que plantea en la década del 50 que lo Real surge como lo que está fuera del
lenguaje y es inadmisible a la simbolización, y veinte años después afirma que lo
Real es lo que es estrictamente impensable.

Es claro también como P. Aulagnier que plantea un proceso originario con una


actividad que denomina pictográfica, y R. Kaes, con su concepción sobre la
negatividad radical que define como lo no - ligado, irreductible, se han ocupado de
lo irrepresentable.

Entre las nuevas concepciones sobre el “campo de lo negativo”,


A. Missenard (1991) señala: “menciono aquí estas evidencias para precisar que el
deseo inconsciente no remite solo a lo reprimido (constituido por ejemplo por
representaciones verbales antes conscientes), sino también a lo que nunca ha
sido representado y que, en consecuencia, permanece no representable, al menos
por medio de palabras. Esto reprimido por una parte y esto no representable por la
otra se sitúan en el núcleo del funcionamiento psíquico inicial y constituyen la
sustancia común de la madre y del infans”.
R. Roussillon (1991), estudiando las paradojas se ocupa de las experiencias que
“(...) no son rememorables, no pudieron constituirse como recuerdos, ni en aquél
momento ni a posteriori; será labor del trabajo psicoanalítico posibilitar que estas
experiencias se construyan como recuerdos. Recuerdos paradójicos, por cuantos
se trata de recuerdos de una experiencia, que no advino nunca al Yo; citaremos
aquí la noción de un inconsciente ante – represión o fuera de represión.”

G. Rosolato (1991) diferencia distintos aspectos de lo negativo y entre ellos ubica


lo incógnito como lo que “(...) existe irreductiblemente (...) no puede ser abolido y
constituye la finitud como límite de todo saber (...) lo inconsciente conlleva
entonces como también lo dijo Freud un irreductible potencial de incógnito”.

En realidad es Green quien ha enfatizado el “trabajo de lo negativo”. A nuestro


modo de ver esto puede apreciarse en su noción de alucinación negativa, de
función desobjetalizante y de narcisismo negativo. Por otra parte es también este
autor quien señala con claridad en 1987 que “la representación de cosa capta,
limita, transforma la energía pulsional (...) no puede ligar por sí sola todo cuanto
forma parte del representante psíquico. (...) e ahí también las descargas por la
reacción somática o el pasaje al acto” (la cursiva es nuestra).

I. Berenstein (1999) sostiene que lo irrepresentable funciona como una imposición


al sujeto ante la cual lo único que en principio puede hacer es aceptar sin
representar. Constituye el registro psíquico de lo ajeno e incluye : a) lo ajeno del
otro, b) lo que proviene del propio cuerpo y no fue cubierto por el representante de
la pulsión (más allá del principio de placer) y c) lo que proviene del mundo social
imposible de representar ( más allá del principio de realidad). Por otra parte señala
“(...) lo irrepresentable es la condición de otro campo mental con otra concepción
del origen y como un modo de darle lugar a la inscripción de alteridad del otro”.
(la cursiva es nuestra) Pero lo irrepresentable genera emociones intolerables por
eso el trabajo psíquico consistiría en que se realice su inscripción inconsciente. En
la labor analítica se tratará de recuperar la representación inconsciente y vincularla
con su afecto correspondiente, pero además el analista tendrá que prestar
atención a aquello que nunca fue representado y que tendrá que ser inscripto
inconscientemente.

Este es el carácter de novedad de la tarea analítica, que al generar nuevas


inscripciones produce nueva subjetividad.
Cuando esto no se produce ciertas percepciones o ideas permanecen en algún
lugar del psiquismo a la espera de un objeto dador de significación, “un analista
capaz de transformar en decible a los contenidos de esa zona”

2.2 Lo irrepresentable es entonces en sus diferentes versiones lo que estando


apartado, escindido del comercio asociativo y de toda
transacción, además conserva su eficacia para producir efectos. Ya en
1977 Green plantea que la escisión “es indispensable para el trabajo psíquico que
no debe ser recargado por la tensión (...) es un proceso normal (...) es uno de los
dos mecanismos básicos” y en 1998 señala que la escisión es una actividad
fundamental del psiquismo porque con ella comienza justamente una
diferenciación.

Las concepciones de H. Bleichmar (1999) sobre la estructura modular de los


procesos inconscientes constituyen un aporte teórico-clínico que entendemos
vinculado también al campo de lo escindido. Este autor señala que “lo que
tenemos no es ya un inconsciente único, homogéneo en cuanto a su origen, a sus
contenidos y a sus leyes de funcionamiento, sino múltiples formas de existir lo
inconsciente. Y no me refiero al preconsciente, sino a procesos inconscientes
profundos, de los que el sujeto no sabe nada ni puede saber simplemente por
dedicarle catexis de atención”

La independencia y la eficacia permiten pensar la actividad inconsciente como


un topos de lo potencial “tanto de lo realizado y cohibido, cuanto de lo no realizado
(potencial en sentido estricto)”, como señala R. Paz (2000). Se trata entonces de
una heterogeneidad y una coexistencia que implica una
perspectiva metapsicológica que a nuestro modo de ver da lugar a la noción
de inconsciente escindido, (N. Marucco, 1980-1999; E. Raggio, 1989, Zukerfeld,
1990-1999) diferenciable de las configuraciones que en las dos tópicas freudianas
se ordenan solo por acción y efecto de la represión.

Se trata entonces de la construcción del psiquismo entre soma y otro significativo
que cumple las funciones freudianos de sostén y modelo, donde la escisión es un
mecanismo fundacional y no solo un mecanismo de defensa.

A partir de esta perspectiva pensamos que el representante psíquico de la pulsión


desde su anclaje somático, es tramitado a través de
ligaduras representacionales quedando siempre escindidas
magnitudes pulsionales no ligadas, que producen huellas activables no
evocables(3). Así es que las producciones del Inconsciente escindido implican
mecanismos universales y permanentes propios de lo irrepresentable correlativos
a la constitución traumática del sujeto.

Y en esto se incluye lo que originariamente quedó más allá de la experiencia de


satisfacción y del entramado desiderativo, es lo no ligado de la experiencia con el
objeto, es lo incognoscible del otro. Lo irrepresentable es traumático porque
siempre es cantidad no ligada que procura descargarse.

Cuando existe un otro que en un primer momento actúa como sostén de esos
excesos de excitación y que en un segundo momento puede otorgar alguna
significación a lo irrepresentable, recién entonces lo irrepresentable podrá
ser presentado ante el sujeto adquiriendo la cualidad de lo nuevo .Si esto se
inscribe en el inconsciente estamos en presencia de una creación. La creación
como nueva significación, nueva subjetividad es inconsciente; hasta entonces dos
sujetos jugaron a sostener en suspenso lo irrepresentable manteniendo el juicio de
realidad suspendido, y en ese espacio potencial algo nuevo se genera
transformándolos a ambos.

Importa destacar que el funcionamiento preconsciente de acuerdo a las reglas del


conflicto puede resultar en una mayor o menor riqueza fantasmática que la clínica
nos muestra en las distintas constelaciones psicopatológicas y en lo
que Green llama normalidad. Pero ¿en qué consiste esa riqueza?

Básicamente en una fluidez de la dinámica progresiva-regresiva que pone en


relación los procesos primarios con los secundarios. Riqueza del sujeto que puede
transferir, incurrir en actos fallidos, recordar sueños, ensoñarse en la vigilia, decir o
escuchar chistes y jugar. Se trata –dicho de otro modo- de un potencial que
definimos anteriormente como hermenéutico que permite encubrir y develar lo que
en términos de R. Britton (1999) podríamos plantear como “un tipo de ficción cuya
función es buscar la verdad y otro tipo de ficción cuya función es evadir la verdad”

Pero uno de los ejes de este trabajo gira alrededor de enfatizar que existe otro
potencial que consideramos creador heurístico cuando integra de alguna forma
aquello que nunca tuvo representación.

De este modo creemos que es necesario diferenciar dos conceptos


interconectados que se utilizan indistintamente y que se relacionan con la noción
de proceso terciario: la creatividad y la creación.
a) Creatividad: En condiciones de fluidez libidinal intrapsíquica y cuando el
proceso secundario no satura el proceso primario, existe una cantidad de energía
libre que buscará recrear el objeto de satisfacción en un movimiento metafórico y
complejo que permite tolerar la ausencia objetal y expresar la creatividad del
aparato psíquico. La creatividad es un proceso intrapsíquico individual posible en
un contexto original que desde la perspectiva winnicottiana implica una madre
suficientemente buena, suficientemente presente para lograr la satisfacción y
necesariamente ausente como para ser nombrada.

b) Creación: Simultáneamente con lo antedicho se producen los movimientos de


descarga de una energía nunca ligada, subsidiaria de un más allá de la
experiencia de satisfacción, cuyas marcas son el núcleo de lo que entendemos
como inconsciente escindido

En este sentido pensamos que lo apartado o escindido es constante y también


necesario para dar la condición de posibilidad de los dinamismos que operan bajo
el principio de constancia. Esta dinámica libidinal esta garantizada por la presencia
de un objeto auxiliar y significativo que actúa como sostén de estos excesos de
excitación, puede semantizarlos y también los tiene a disposición del sujeto
cuando su entramado representacional esté en condiciones de contenerlos.
Estamos aquí en presencia del otro potencial que entendemos como creador
heurístico que opera con lo irrepresentable o escindido y que diferenciamos de los
mecanismos de encubrimiento y desciframiento entre representaciones de cosa
inconscientes y de palabra preconscientes-conscientes

De allí que lo que entendemos como creación constituya un segundo nivel de


implicación, no ya entre instancias sino entre modos de funcionamiento o, si se
quiere, entre lo inconsciente reprimido y lo inconsciente escindido. Así como la
ausencia del objeto es lo que permite su recreación y por ende la simbolización y
la creatividad, aquí es necesaria la presencia del objeto

Presencia del otro en el sentido de sostén del impacto que es lo que da lugar a
que la descarga escindida pierda su potencial traumático y adquiera cualidad .Este
proceso se hace en presencia y junto a otro y es claro que ambos se modifican
porque algo de lo irrepresentable adquiere una representación que nunca tuvo. Así
es que entendemos que esta forma de implicación constituye un verdadero
proceso creador para el psiquismo en el sentido de lo nuevo generador de nueva
subjetividad. Es a este proceso al que consideramos realmente como terciario en
el sentido más fuerte del término porque se trataría de investir lo nunca investido
El primer nivel de implicación -proceso terciario como creatividad- que
describe Green ya se pondría de manifiesto en el discurso del paciente, en el
campo transferencial-contratransferencial y en la interpretación. Pero el proceso
terciario como creación alude a algo más que lo pensamos en relación con aquello
inefable nunca ligado que se desarrolla en un espacio vincular transicional (EVT)
(ver figura 1). Esta noción derivada del pensamiento de Winnicott abarca todo ese
campo ilusorio donde los objetos son y no son y donde es el vínculo el que los
crea sin preocuparse estrictamente –como señala Green– de la lógica del juicio de
existencia.

De acuerdo al modelo presentado entendemos una primera implicación (x) de los


procesos primarios (vector a) y secundarios (vector b) de manera tal –como
sugiere Green- que siempre habrá una parte de la energía libre del proceso
primario que se manifieste en el secundario, es decir que no se satura totalmente
Esta parte de energía no ligada proveniente del Inc. reprimido es la que dará lugar
a la creatividad, (a (x) b) necesaria para que se produzcan los procesos
de complejización del psiquismo. Por otra parte todas las manifestaciones
provenientes del inconsciente escindido, es decir de lo irrepresentable, (vector c)
en condiciones normales de fluidez libidinal, tampoco se saturan o agotan
totalmente en la descarga y de esta manera pueden ponerse en relación con la
producción creativa que se dio en la implicación de procesos primarios y
secundarios. (x’) Este sería el lugar de lo que específicamente denominamos
como creación ([a (x) b] (x’) c) y cuya inscripción en el
inconsciente Berenstein define como novedad que genera nueva subjetividad.

Así entonces la mayor y más profunda creación, en el sentido de gestación de


lo nuevo, proviene de darle nombre y posibilidad transformadora a lo
irrepresentable, que en última instancia es efecto de lo traumático. De allí que
como señala C. Merea (1994) religión, arte y actividad científica por distintas vías
crean a partir de la indefensión, el desconocimiento, el caos y la muerte.

La creatividad -que puede entenderse como individual- es requisito de la


posibilidad de creación y a su vez solo es posible si existió un vínculo con el
objeto. La creación –de acuerdo al matiz diferencial que planteamos- es en
realidad una construcción colectiva en el sentido de otro a quien decir, con quien
construir un relato y / o realizar una acción transformadora.

3. Adversidad y transformación: resiliencia y nuevas prácticas sociales

 3.1. Las experiencias personales de pérdidas significativas, violencias de distinto


tipo, abusos físicos, emocionales y sexuales, enfermedades crónicas o
estigmáticas y las experiencias del conjunto social derivadas del terrorismo de
estado, de la exclusión socioeconómica, de la injusticia y de la corrupción hacen
necesario considerar lo inefable, lo inenarrable, lo escindido. Se trata en realidad
de aquello que es componente universal del funcionamiento psíquico -lo
inconsciente escindido (4)- pero que en determinadas condiciones de vivencia
traumática comanda las percepciones y devasta
tramas representacionales incrementando la vulnerabilidad somática y el pasaje al
acto. Se trata de marcas que no se evocan pero que se activan, de memorias no
declarativas que se expresan en descargas. Daría la impresión que la patogénesis
estaría ya determinada y es ineluctable.

3.2 Pero en el campo de la salud. E. Werner y R. Smith (1982) a partir de un


estudio realizado durante más de tres décadas en Hawai, en niños que -pese a
condiciones de contexto muy adversas- tuvieron desarrollos sociales exitosos
plantean una noción tomada de la física para dar cuenta de aquel determinismo
cerrado : la resiliencia
Este constructo fue definido como la capacidad humana de enfrentar,
sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad
(Grotberg, E., 1995; Luthar, S. et al, 2000) En aquellos niños -como señala
A. Melillo (2001)- “se observó que todos los sujetos que habían
resultado resilientes tenían por lo menos, una persona (familiar o no ) que los
había aceptado en forma incondicional, independientemente de su temperamento,
su aspecto físico o su inteligencia. Necesitaban contar con alguien y, al mismo
tiempo, sentir que sus esfuerzos, su competencia y su autovaloración eran
reconocidos y fomentados. Sostiene Werner que todos los estudios realizados en
el mundo acerca de los niños desgraciados comprobaron que la influencia más
positiva para ellos era una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo.
O sea que la aparición o no de resiliencia en los sujetos depende de la interacción
de la persona y su entorno humano” (la cursiva es del autor).

En la pionera recopilación de Melillo y Suarez Ojeda se realizan importantes


consideraciones sobre los fundamentos psicológicos del concepto de resiliencia
donde se privilegia la interacción con otro que garantice reconocimiento.

En este sentido la resiliencia implicaría una capacidad del psiquismo de capturar lo


traumático -gracias a algún soporte vincular- creando condiciones
psíquicas nuevas que son justamente las que llamaron la atención a los primeros
investigadores que fallaron en sus predicciones sobre el futuro de niños muy
maltratados.

3.3 En el enfrentamiento a fines de la década del 70 con el terrorismo de estado


en la Argentina, la creación de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo fue el
resultado de prácticas sociales originales a partir de la autogestión asentada sobre
el dolor y la incertidumbre, que produjeron un efecto nuevo en el tejido social.
Recientemente la crisis económico-social y de representación política que padece
Argentina, ha implicado una modificación significativa e inédita en las formas de
participación y de representatividad a través también de acciones
autogestionadas. Esta experiencia incluye respuestas novedosas frente a la
impunidad (“escraches”), formas espontáneas de protesta (cacerolazos), modos
diferentes de organización (asambleas barriales, piqueteros), de intercambio
(centros de trueque, microemprendimientos), de solidaridad (comedores
comunitarios) y de producción (recuperación de empresas por gestión de sus
obreros y empleados). Se trata también de lo nuevo que se produce como efecto
de vínculos intersubjetivos que se crean como redes de contención, reivindicación
y transformación.
 

4. Procesos terciarios y creación: presencia del otro y dispositivos


autogestionados

4.1 Esto hace pensar que no es posible pensar solo en términos de procesos
primarios o secundarios el funcionamiento psíquico. En realidad conviene precisar
que además proceso primario saturado correspondería a la clínica del impulso y
del desorden del pensamiento y el proceso secundario saturado a la clínica de
la intelectualización y la palabra vacía. Inclusive la noción de proceso terciario
planteada por Green es necesaria pero no suficiente. De allí que reformulemos
aquella noción de proceso terciario más bien como la puesta en relación con lo
escindido o inenarrable constituyendo una verdadera creación. Estamos aquí en
presencia de un segundo potencial que entendemos como creador heurístico que
opera con lo irrepresentable o escindido y que diferenciamos de los mecanismos
de implicación entre procesos primarios y secundarios. Así es que la resiliencia – o
mejor dicho los factores resilientes que todos poseemos- necesita de
la presencia del otro para manifestarse. La investigación empírica
desde Bowlby hasta Fonagy (1999) en relación a la teoría del apego demuestra el
valor decisivo de la vivencia de apego seguro como variable independiente para el
desarrollo a pesar de la adversidad

Es la presencia del otro en el sentido de sostén del impacto que es lo que da lugar
a que la descarga escindida pierda su eficacia traumática y adquiera cualidad.
Este proceso se hace en presencia y junto a otro y es claro que ambos se
modifican porque algo de lo irrepresentable adquiere una representación que
nunca tuvo. Así es que entendemos que esta forma de implicación constituye un
verdadero proceso creador para el psiquismo en el sentido de lo nuevo generador
de nueva subjetividad. Es a este proceso al que consideramos realmente como
terciario en el sentido más fuerte del término porque se trataría de investir lo
nunca investido Pero no se trata de un talento especial – no estamos hablando ni
de Mozart ni de Einstein- aunque de hecho puedan existir
condiciones idiosincráticas, De la resiliencia se deduce que el aparato psíquico
posee un potencial hermenéutico descubierto por Freud, pero también
un potencial creador – heurístico de valor decisivo para cualquier acción
transformadora que permitiría modificar condiciones de adversidad y destinos
prefijados Este potencial se puede evidenciar en la clínica en el eje del
funcionamiento psíquico global como el pasaje de funcionamientos de riesgo (FR)
a funcionamientos protectores y transformadores (FP) y su correlato de pasaje de
estilos de afrontamiento inadecuados del trauma, (A-) a estilos adecuados (A+).
Pero todo ello vectorizado por vínculos intersubjetivos que impliquen sostén (SO) y
apego seguro (SE) (ver Figura 2).
 
 FIGURA 2

4.2 Como se ha podido apreciar el potencial creador heurístico solo podría


manifestarse en el entramado intersubjetivo de cuyas características dependerá la
mayor vulnerabilidad  o resiliencia  de un sujeto y pensamos que la noción se
aplica también a lo que ahora llamaríamos  prácticas sociales en proceso
terciario en las que hay señalar dos aspectos cruciales:

a) la experiencia de lo inenarrable como semejanza fundacional donde el trauma


ha dejado de ser una determinación para transformarse en un punto de partida. No
se trata solamente de recordar para no repetir, ni solo de ingenio individual para la
supervivencia, sino de construir alternativas sobre vivencias compartidas donde
las inscripciones inconscientes devienen en un potencial de acción. Se trata en
definitiva de desarrollos que se han dado a partir de acontecimientos traumáticos:
la desaparición de los cuerpos en época de la dictadura y  la desaparición  de las
fuentes laborales y de los patrimonios en la actualidad

b) la organización autogestionada por fuera de los dispositivos institucionales


convencionales en términos de micropolíticas que se van creando a sí mismas,
conjugando diversidades en proyectos comunes. No se trata de proyectos
preexistentes sino de producciones que se ponen a prueba y pueden desecharse
o recrearse sin mandatos de continuidad axiomática. Se trata de energías
sociales  -que dentro de los lineamientos de este trabajo- consideramos que
estaban escindidas, es decir sin representación. Su potencia esta dada justamente
por  la necesidad del conjunto de crear representaciones que las alberguen y que
por definición deben ser nuevas. E. Pavlosky (1996) refiriéndose a
acontecimientos de esta índole los define como: “Nuevos territorios existenciales.
Nuevas formas de solidaridad. Nuevos devenires”

Las prácticas sociales que entendemos en proceso


primario saturado corresponden a la violencia destructiva y desestructurada y las
prácticas sociales  en proceso secundario saturado son las que pueden sostener
como saludable  cierta resignación frente al trauma que puede enmascararse de
“realismo”. Hay que recordar los discursos de la dictadura sobre la “aceptación” de
las desapariciones de personas y los recientes sobre la “aceptación” del
patrimonio perdido sin contar el tradicional e histórico axioma
del establishment acerca de que “pobres siempre habrá”.o que el
neoliberalismo”derramará riquezas a los carenciados”

Pero lo que quiero destacar aquí es que todos los dispositivos que implican
creación se producen como efecto de vínculos intersubjetivos que suelen
sostenerse en una empatía básica donde la construcción de nueva subjetividad es
producto de la toma de conciencia de padecimiento semejante. Así es que todas
las manifestaciones autogestivas, autodeterminadas, transversales, tienden a
crear objetos en la categoría de lo nuevo, mientras que su reducción a lo
preexistente los puede cristalizar o en aparatos políticos burocráticos (procesos
secundarios saturados) o en terrorismos enloquecidos (procesos primarios
saturados).

Reflexiones finales

Hemos tratado de explicar porque las prácticas sociales que llamamos en proceso
terciario análogas a lo que entendemos como resiliencia, son a su vez
neutralizadoras del trauma, protectoras de la salud y potenciales transformadoras
de la realidad adversa.

Se trata de tener en cuenta lo que entendemos  como los tres principios


fundamentales de su constitución : a) el principio de semejanza que enfatiza vía
identificación la cohesión y los sentimientos de universalidad y de esperanza,
descriptos entre los once factores curativos de Yalom; b) el principio del modelo o
propuesta  a partir del cual se construyen modalidades de afrontamiento
consensuadas, claras y explícitas, que adquieren el valor de ideal motivador;
c)  principio de expresión y confrontación a partir del cual los integrantes del
conjunto encuentran un ámbito donde expresar sus emociones y enfrentar las
realidades hostiles e injustas a veces temidas, desmentidas o desconocidas.
Por todo ello coincidimos finalmente con Boris Cirulnik, el autor de La Maravilla del
Dolor (2001), cuando sostiene que “para metamorfosear el horror hay que crear
lugares donde se exprese la emoción” dado que “la transformación se hace sin
dificultad apenas se la puede esbozar, poner en escena, convertir en relato o en
reivindicación militante”.

NOTAS

* - Parte de este escrito corresponde al trabajo “Procesos Terciarios” (Zukerfeld; Zonis Zukerfeld,
2002) ganador del premio FEPAL al mejor trabajo psicoanalítico otorgado en el XXIV Congreso
Latinoamericano de Psicoanálisis, Montevideo, 2002 y que será publicado en la Revista
Latinoamericana de Psicoanálisis, FEPAL, Vol.6, 1, 2002 (en prensa). Una versión abreviada del
mismo fue presentada en el 1er Congreso Internacional de Salud mental y Derechos Humanos
organizado por la Universidad de Madres de Plaza de Mayo,Buenos aires, Noviembre, 2002
(1) - Como señala R. Avenburg sería el producto de cierto énfasis ideológico en la noción de
acting-out  enfrentada con la de insight.
(2) - También señalada por Arieti (1976) como combinación o modo de enlace.       
(3) - En las neurociencias es hoy en día claro la existencia de memorias implícitas no declarativas,
que incluyen a la memoria emocional.
(4) - Hemos presentado esta noción como el núcleo duro de una revisión metapsicológica que
entendemos como tercera tópica que plantea la coexistencia de dos grandes modos de
funcionamiento, uno propio de lo inconsciente reprimido-represor con su estructura
representacional y otro propio del inconsciente escindido, topos de las huellas sin ligadura
representacional.         

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