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Vida y legado de Francisco Morazán

La historia exagerada que nos han pegado a los Hondureños. Es cierto que Morazan protagonizo muchas cosas, como cualquier lider revoltoso de esos tiempos y de hoy en dia. Pero la exageracion de la reconstruccion del mito, cuento leyenda, deificacion y endiosamiento que la ha dado a morazan. NI EL HIJO DE DIOS LA TIENE.
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Vida y legado de Francisco Morazán

La historia exagerada que nos han pegado a los Hondureños. Es cierto que Morazan protagonizo muchas cosas, como cualquier lider revoltoso de esos tiempos y de hoy en dia. Pero la exageracion de la reconstruccion del mito, cuento leyenda, deificacion y endiosamiento que la ha dado a morazan. NI EL HIJO DE DIOS LA TIENE.
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CONOZCA Y SEPA QUIEN FUE “FRANCISCO MORAZAN QUEZADA”

Por: Paulino Moreno Molina


Periodismo de investigación.
Introducción:
Siempre me he caracterizado por hablar claro, sin tapujos y a calzón quitado, con la
verdad, sin sensacionalismo, amarillismo o sesgo político alguno. Con la franqueza y la
verdad de las cosas, que debe tener y carcterizarce un Periodista o Comunicador social.
A Nosotros los hondureños siempre nos han querido dar a tol con el dedo y meternos gol,
con esas pajas baratas y cuentecitos para niños o de camino real. Conozca realmente
quien fue El criollo hondureño, JOSE FRANCISCO MORAZAN QUEZADA, cuál fue su
descendencia extranjera, (ITALIANA), de familias pudientes y acomodadas de aquellas
épocas. Cuál fue su interés de lucha, que peleaban o defendían, si al pueblo, al pobre, o
los intereses mezquinos de sus realezas, de castas acomodadas y privilegiadas de esas
familias poderosas.
JOSE FRANCISCO MORAZAN QUEZADA Nacido en Tegucigalpa un 3 de octubre de
1792, Morazán era todavía un desconocido oficial hondureño cuando brotó la guerra civil
entre las Provincias Unidas del presidente Manuel José Arce Fagoaga (salvadoreño) y
los opositores liberales en 1826. A pesar de su juventud e inexperiencia, el lugarteniente
Morazán llevó a las asediadas fuerzas liberales a una serie de espectáculos y de
victorias, que culminaron con el triunfo final en la ciudad de Guatemala, en 1829. Electo
presidente en 1830, Morazán encabezó una experiencia liberal en reformas educativas,
eclesiásticas, judiciales, y agrarias. Sin embargo, sufrió muchos reveses en su
presidencia, con grandes y continuas y numerosas revueltas, finalizando con la mayor
ruptura de 1837 promovida por Rafael Carrera y que llevó al exilio a Morazán en 1840.
Morazán realizó un nuevo intento para reunificar Centroamérica, un intento que acabó con
su ejecución el 15 de septiembre de 1842, coincidiendo por pura casualidad, con el 21
aniversario de la Independencia de Centroamérica en aquella ocasión.
Una breve sinopsis de la vida de Morazán nos ayudara a despejar ese mito, esa leyenda,
esa deificación y endiosamiento que le hicieron y le siguen haciendo sus historiadores de
su favor a FRANCISCO MORAZAN, sobre la continuada discusión y polémica
historiográfica sobre su persona. Los abuelos de Morazán fueron un comerciante
mercader italiano para algunos historiadores y (EMIGRANTE CORSO PARA OTROS) de
nombre JUAN BAUSTISTA MORAZAN casado con una hija de una larga familia criolla
muy acomodada económicamente y distinguida durante la reforma de los BORBONES de
nombre MARIA GETRUDIZ ALEMAN. Los padres de Morazán fueron JOSE EUSEBIO
MORAZAN ALEMAN Y GUADALUPE QUEZDA BORJAS, ambos descendientes de
familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Durante la lucha por la
Independencia, esta red familiar estaba compuesta por dos bandos y los líderes tales
como: el moderado José Cecilio del Valle y su primo el liberal, Dionisio de Herrera.
Francisco Morazán fue en su mayor parte según las historietas, un hombre autodidacta
SUPER GENIO, “uyyy” no había otro en esa época que lo sustituyera. En 1804, sus
padres aprovecharon la apertura de una escuela católica en el pueblo de San Francisco
donde enviaron al joven LUMBRERA José Francisco, aunque se desconoce el lapso de
tiempo que permaneció en tal lugar para educarse. Según el historiador e intelectual
liberal hondureño Ramón Rosa, el mismo dice: que Morazán «tuvo la desgracia de nacer
en esa época triste, de aislamiento y la oscuridad total en que Honduras carecía de
escuelas. Morazán pues, tuvo que aprender sus primeras letras, lectura, escritura, las
reglas elementales de la Aritmética en escuelas privadas de pésima organización y
sostenidas con una especie de contribución que aprestaban los padres de familia». Las
enseñanzas que recibió fueron a través de un fray Santiago Gabrielino, nombrado
instructor religioso a la de Guatemala el sacerdote José Antonio Murga. En 1808, José
Francisco se trasladó junto a su familia a Morocelí, El Paraíso (El Paraíso) .Allí trabajó en
los terrenos heredados por Don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de
laborar como empleado de la alcaldía (Guao, burócrata paracaidista). En 1813 la familia
se mudó a Tegucigalpa. Una vez allí, el Sr. Eusebio puso a su hijo bajo la tutoría de León
Vásquez, un reconocido abogado, (el de los trinquetes en Tegucigalpa) quien le enseñó
derecho civil, proceso penal y notariado. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de
aprender a leer francés, en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le
permitió familiarizarse con los acontecimientos de aquellas épocas y las obras
de Montesquieu, el contrato social de Jean-Jacques Rousseau, la Revolución francesa, la
historia de Europa, así como las biografías de los líderes griegos y romanos. Esta
dedicación y espíritu de superación del GENIO MORZAN, lo llevó de vez en cuando a
destacarse en su ciudad natal como un gran líder y bochinchero, donde llegó a
representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial, sin tener el título
de LICENCIADO EN JURISPRUDENCIA, como lo tuvo JOSE CELIO DEL VALLE. En la
universidad de Guatemala (saque usted entonces sus propias conclusiones).
El 7 de agosto de 1820, Narciso Mallol, tendría como secretario del ayuntamiento Mayor
de Tegucigalpa, al Licenciado Dionisio de Herrera y un año más tarde contaría con los
servicios del joven iluminado Francisco Morazán, quien fungiera como secretario del
ayuntamiento y luego de defensor de oficio en procesos civiles y criminales. Francisco
Morazán se casó con María Josefa Lastiri (una señora viuda de billete papa) en
la Catedral de Comayagua el 30 de diciembre de 1825, (guao, a esa edad su cónyuge
tenía 33 años). De este matrimonio nació en San Salvador la hija, Adela Morazán Lastiri
en 1838: la única hija de Morazán. María Josefa Lastiri pertenecía a una de las familias
más ricas de la provincia de Honduras. Su padre fue el comerciante español Juan Miguel
Lastiri, quien jugó un papel importante en el desarrollo comercial de Tegucigalpa. Su
madre fue Margarita Lozano, miembro de una poderosa familia criolla en la ciudad. María
Josefa Lastiri era una mujer viuda, quien se había casado primeramente con el
terrateniente Esteban Travieso, con quien procreó 4 hijos. Y a la muerte de su esposo,
Lastiri heredó una gran fortuna. La herencia de María Josefa y el nuevo círculo de amigos
poderosos e influyentes, que salieron de este matrimonio, ayudaron en levantar en gran
medida los negocios del propio Francisco Morazán, y por consiguiente sus proyectos
políticos.
Fuera de su matrimonio, Francisco Morazán fue padre de un hijo, llamado Francisco
Morazán Moncada, quien nació el 4 de octubre de 1827 de la relación que tuvo con
Francisca de Moncada, hija de un conocido político nicaragüense llamado Liberato
Moncada. Francisco Morazán hijo, vivió en la casa del matrimonio Morazán-Lastiri, y
acompañó a su padre en Guatemala, El Salvador, Panamá, Perú y finalmente en Costa
Rica. Después de la muerte de su padre, Francisco Morazán Moncada se radicó
en Chinandega (Nicaragua), donde se dedicó a la agricultura. Murió en 1904, a los
77 años de edad. Así mismo Francisco Morazán también tuvo un hijo adoptivo, llamado
José Antonio Ruiz. Éste era hijo legítimo de Eusebio Ruiz y la dama guatemalteca Rita
Zelayandía, quien entregó a su hijo a Francisco Morazán, cuando el muchacho tenía
solamente 14 años de edad. José Antonio Ruiz acompañó a su padre adoptivo, en las
varias acciones militares y se convirtió en un general de brigada. Murió en Tegucigalpa en
1883.
De esta manera, Morazán fue el miembro más joven de una familia que dirigía la élite
nacionalista hondureña, para desafiar la «familia» de Aycinena en Guatemala, en su
ánimo por la hegemonía centroamericana.
Muchos escritos, poco después de su muerte, los primeros relatos de la historia de
Morazán contenían críticas por parte de los contemporáneos Manuel Montúfar y
Coronado, Alejandro Maure y Miguel García Granados. Aunque los relatos de Maure y
García Granados no estaban escritos con la intención de hacer propaganda alguna, lo
que paso fue que los tres trabajos fueron utilizados por el régimen conservador de Rafael
Carrera, para desprestigiar supuestamente la imagen de Morazán como héroe. Las tres
obras produjeron la imagen negativa que había triunfado sobre el último mito de Morazán.
El más crítico y más extensamente difundido, y el más importante de estos tres últimos
relatos es el famoso “Memorias de Jalapa”, del conservador y opositor a Morazán,
Manuel Montúfar y Coronado. Aunque el mismo Montufar, reconoció el talento militar de
Morazán, asi como también Montúfar y Coronado lo ridiculiza como un típico
revolucionario demagogo, de una mediocridad a quien «la suerte condujo a la gloria». De
acuerdo al autor, las victorias de Morazán fueron magnificadas por la publicidad hechas
de sus historiadores o fueron producto de sus subordinados. Montúfar y Coronado
afirman que, si Morazán hubiera agregado a su talento natural que se supone que tenia
de frio calculador y defensor de sus intereses egoístas una actitud diferente y conciliadora
con sus oponentes, él habría salvado la nación. García Granados agrega con Montúfar
y Coronado, que el fracaso de la Unión de Centroamérica se debe en gran medida a que
Morazán desaprovechó el espíritu conciliatorio que existía después de su triunfo de 1829.
En ese momento favorable, todavía Guatemala estaba dispuesta a dar al líder nacional,
una nueva y victoriosa oportunidad.
Ahora bien, para contrarrestar la versión de Montúfar y Coronado, el gobierno
guatemalteco de Mariano Gálvez comisionó a Alejandro Maniré a escribir una historia
de la Provincias Unidas en 1834. No obstante, debido al clima político cambiante.
Alejandro Maniré sólo pudo publicar el primero de los tres volúmenes que tenía
proyectados del Bosquejo Histórico de Centroamérica. Pero cuando su libro se hizo
público en 1837, éste creó desencanto entre los partidarios del héroe, porque Morazán
fue percibido más como un hombre que prefería las aventuras militares en vez de
gobernar y como tal, eso era. un aventurero guerrillero. Esto llegó a ser obvio en
Efemérides, crónicas de sucesos políticos de 1828, en el cual Maniré critica la salida de
Morazán de Guatemala después de cada campaña contra Carrera. Maniré cree que
Guatemala habría sido mejor gobernada si Morazán hubiera permanecido allí en la ciudad
de Guatemala, para hacer frente a los problemas que tenía la región de Centroamérica y
sus problemas políticos de estado. La última de las tres obras escritas en ese tiempo fue
la de Miguel García Granados (1809- 878). El autor pertenecía a una ilustre familia
andaluza que amasó fortuna durante la colonia en Guatemala*. Las Memorias de García
Granados recorren los años 1811 a 1839, y caracterizan a Morazán por su valentía, su
don de mando y energía. Desafortunadamente, de acuerdo al mismo autor, estos valores
de Morazán no fueron congruentes con sus correspondientes talentos de un político y
militar del hondureño. García Granados, al igual que Montufar y Coronado, cree que el
fracaso de la unión de Centroamérica se debe sobre todo al deseo de sed de venganza
de Morazán en 1829. García Granados mantiene que en vez de expropiar los bienes y
enviar al exilio a los líderes conservadores, Morazán hubiera aprovechado el potencial de
reconciliación, que todavía existía a comienzos de su régimen. Ese era el momento más
apropiado, en que Guatemala se disponía a dar al héroe una nueva y victoriosa
oportunidad. Por lo tanto, para 1871, la imagen histórica de Morazán estaba por el suelo,
era la de un mediocre inexperto cuyos defectos personales habían impedido la unificación
centroamericana. Montufar y Coronado expresaron el imperativo veredicto: «el terreno
político de Centroamérica todavía no estaba preparado para la semilla de los
héroes». Asi era la deprimente imagen que tuvo Morazán como héroe en ese tiempo, en
lo cual el historiador como Lorenzo Montufar contradiciendo toda esta imagen de
Morazán, se dispuso a transformar posteriormente esa mala imagen en sus trabajos y a
darle otra nueva imagen a Morazán.
En medio de todo esto llegaron las celebraciones del Centenario, que simbolizó la larga
campaña para rejuvenecer y darle otra cara a la imagen de Morazán. Los más ilustres
escritores de Centroamérica se dieron la tarea y cita en esta oportunidad para completar
la redificación y deificación de Morazán como símbolo de la unidad y el desarrollo, que ya
se había iniciado en la Reseña Histórica. (o sea a borrar toda la verdad sobre la mala
imagen de Morazán). Lo más relevante del Centenario fue la desvelización de la estatua
de Morazán en la ciudad de Guatemala, el 3 de octubre de 1892, fecha de nacimiento del
héroe. Luego los discursos y poemas a cargo de los líderes de un movimiento intelectual
por el progreso y la unidad fueron recogidos en el volumen conmemorativo de esa época.
El Centenario de Francisco Morazán. Los elogios destacaban que Morazán nació «en una
época en la cual el mundo entero era prolífico de grandes hombres», y que su victoria
hizo de él «el más formidable gladiador» del nacionalismo centroamericano. No obstante,
las obras del Centenario que más contribuyeron al mito y la deificación de Morazán fueron
las biografías escritas por los autores de todos los países centroamericanos, estas obras
identificaron a Morazán con la unidad de la región. Estos autores siguieron la pauta de la
Reseña Histórica, pero añadieron información en la que finalmente convierten a Morazán
en una gran leyenda, mito y lo endiosan más allá de su vida, identificado para siempre
con la unidad del istmo y con el Liberalismo. (UY, QUE ILUMINATI TAN GRANDE)
Por otra parte, en la biografía escrita por el hondureño Ramón Rosa, constituyó el paso
más trascendente en la deificación y endiosamiento a Francisco Morazán. Rosa dio
validez a la relación del crecimiento de Morazán con Napoleón Bonaparte (un popular
símbolo latino ¡que bárbaro!), afirmando que, para algunos, el ILUMINADO hondureño
tenía ancestros corsos. Pero lo irónico es que el mismo Rosa fue el primero en asegurar
la existencia de una sucesión dinástica en la política hondureña, que consistía desde
José Cecilio del Valle, Dionisio de Herrera y Francisco Morazán. Dionisio Herrera se
casó con una prima de Morazán. Herrera fue alumno del Padre Goicoechea, en la ciudad
de Guatemala, luego Herrera y su primo José Cecilio del Valle fueron los dos padres
intelectuales del nacionalismo centroamericano. Según Rosa, Dionisio Herrera trajo el
espíritu de las luces y la Revolución Francesa a Tegucigalpa, una ciudad de «altos
ideales y hombres entusiastas», entre los cuales figuraba su protegido, Morazán. Para
Rosa, Morazán era el hijo de la patria, una voz alzándose desde la tierra salvaje,
profetizando como él (profeta Malaquías de la biblia) una era de desarrollo y unidad
política en Centroamérica, lo cual Rosa veía inminente en ese momento en la figura de la
LUMBRERA de Morazán.
El autoproclamado antiimperialismo de la generación de Rosa fue en parte el deseo por
deificar y endiosar a Morazán. Rosa, como Montúfar, apoyó la expulsión del filibustero
William Walker de Nicaragua. Además, valiéndose de su poder que tenía en el gobierno
de su PRIMO Marco Aurelio Soto, instruyó que en las escuelas (o sea a huevos) se
impusiera y se enseñara las Memorias de Morazán, como un «patriótico catecismo». En
todo su trabajo de Rosa, siempre equipara a Morazán, como el más grandote, el más
iluminado, como el Jesús Mesías (El salvador del mundo) en su papel como ejemplo
moral y salvador nacional (uyy, que barbaridad).
En su Biografía de Francisco Morazán, Eduardo Martínez López afirma contar con
fuentes primarias y tener «información desconocida» hasta entonces, aunque su libro
básicamente copia la Reseña Histórica. Martínez López. en la historiografía de
Centroamérica culpa a Manuel Jose Arce por la Guerra civil de 1820, al haberle robado la
presidencia al «gran hombre» José Cecilio del Valle, él único que podía haber dirigido
exitosamente la nueva nación. El autor exagera la juventud de Morazán al presentarlo
como un genio precoz e introvertido. Además, al referirse al primer período presidencial
de Morazán, dice que su gobierno estuvo compuesto por «ciudadanos de altos kilates y
principios morales», «los más ilustres» del país, para cultivar la leyenda de una era liberal
«Camelot», en relación al del Rey Arturo y su corte.
Al final de este Centenario de Morazán, los intelectuales del Positivismo centroamericano
habían logrado construir la leyenda, el mito y la deificación de Morazán, como padre
fundador. Esta leyenda promovió similitudes con otros héroes nacionales, especialmente
como la del Rey Arturo de Inglaterra y Napoleón Bonaparte. Como Arturo, Morazán
surge milagrosamente de la oscuridad para dirigir la «mesa redonda» con los ciudadanos
más ilustres y más idealistas de su época. Sin embargo, Morazán fue constantemente en
busca de un Camelot permanente, al mismo tiempo que las fuerzas de la envidia en la
región obstaculizaban el establecimiento de un Gobierno Federal. Como Arturo,
Morazán es derribado por las fuerzas tradicionales de la superstición y por sus enemigos
regionales; e igual que Napoleón, Morazán es invencible hasta su Waterloo de
Guatemala en 1840. Morazán creó su propia versión de los «inmortales» de Napoleón: los
cazadores voluntarios deTexiguat, que siguieron a Morazán hasta en el exilio y su regreso
fatal para luchar contra la intervención extranjera. El mito sobre Morazán, e incluso se
sirve de un artilugio muy similar al actual retrato de Disney del joven Arturo: el viaje a
través del tiempo. El autor del Centenario Martínez López asegura que el adolescente
Morazán diseñó sus nociones federalistas desde la lectura de Democracy in America, de
Alexis De Toqueville (1805-1859), en la biblioteca de su tutor Dionisio de Herrera. Sin
embargo. Se ha investigado que Herrera no tenía biblioteca, sino hasta en 1819 fue que
obtuvo unos cuantos libros, cuando Morazán ya contaba con veintiocho a treinta años de
edad. Además, la primera edición de Democracy in America aparece hasta en 1835, y
pudo haber llegado a Centroamérica hasta 1836, cuando el experimento federalista vivía
ya sus últimos momentos. Y a pesar de sus falacias, es evidente que el mito de Morazán
tuvo éxito, porque cada proyecto de unificación centroamericana, a partir del Centenario,
se hizo todo en el nombre de Morazán.
Como lo ha señalado el historiador William Griffith, desde la interpretación de Morazán
por Montúfar y los Centenaritas no han habido nuevas interpretaciones ni discusiones en
tomo a la figura de Morazán, sólo hasta en los años más recientes. Las obras
centroamericanas y extranjeras se basaron en la visión de Morazán desde la perspectiva
de Montúfar, concentrándose en las campañas militares del héroe. La mayoría de los
trabajos después del Centenario fueron polémicos, tenían pocos argumentos intelectuales
y carecían de documentación. Sin embargo, en 1942, inspirados por el Centenario de la
muerte de Morazán, sobresalieron obras que mostraban nuevamente la evolución del mito
de Morazán y que se mantenían al ritmo de las necesidades y la evolución de la doctrina
Liberal. Dos de estas obras del Centenario de 1942, que a menudo se refieren a las
últimas biografías de Morazán, fueron utilizadas para apoyar la revolución guatemalteca
de 1944. Estos libros de Jorge Jiménez Solís y Ángel Zúñiga Huete ponen los toques
finales sobre el mito del Francisco Morazán liberal. Jorge Jiménez Solís rechaza la
acusación de que Morazán fue un típico empleado falto de inspiración y de capacidad
antes de su carrera militar. De acuerdo al autor, Morazán llegó a ser un hombre
prominente gracias a su arrojo y se educó como autodidacta.
Por supuesto, en los tiempos que vivió Morazán no había ni siquiera escuelas. Pero
según la deificación El joven Morazán fue «el hombre más importante de la administración
de Herrera, dispuesto a emprender cualquier tarea cuando su líder fue hecho prisionero
luego de la capitulación de Comayagua durante la invasión de los conservadores en
1827, pero la información después recabada fue que el gobierno de DIONISIO DE
HERRERA, fue un gobierno de desorden y de gran corrupción y que el mismo MORAZAN
lo defendió ante los tribunales por las acusaciones en su contra. Y por la otra aparte el
trabajo de Ángel Zúñiga Huete, lleva a la cumbre el mito de Morazán. Con una erudición
moderna, Zúñiga fija atinadamente a la genealogía de Francisco Morazán en la histografia
de Centroamérica corsa de Morazán y modifica detalles importantes de la vida del héroe.
En la última parte de la obra hace una crónica de la reivindicación de la imagen de
Morazán y su significado, y así sirve como una actualización del trabajo que Rosa publicó
en 1892. Zúñiga señala también que la quema de la biblioteca de Dionisio Herrera por la
Inquisición es una de las causas que llevaron a Morazán a su ferviente anticlericalismo.
En consonancia con el «espíritu socialista» del presidente revolucionario de Guatemala,
Arévalo, Zúñiga afirma que; el «dejar hacer» no fue la principal filosofía de Morazán.
Antes bien, asegura Zúñiga, los programas del héroe fueron diseñados para ayudar
socialmente a todos los pobres. El último capítulo de Zúñiga, «El Héroe», identifica a
Morazán con el héroe nacional deificado Thomas Carlyle, y asegura que Morazán es para
Centroamérica lo que los dioses mitológicos Odín y Thor eran para los escandinavos.
Miquel R. Ortega y Longino Becerra escribieron dos homenajes para el Bicentenario de
1992. El trabajo de Ortega es definitivamente el más impresionante, siendo académico y
bien documentado. Aunque muy favorable a Morazán, Ortega trata de ser objetivo. Un
aspecto único de su trabajo es su cronología hacia atrás: el autor se vale de la inventiva
literaria rastreando la vida de Morazán, y sobre todo la noche antes de su ejecución, en
un intento de descubrir sus fatídicos errores” En cuanto a Becerra, lo más notable de su
tesis marxista es que Morazán es un líder anti-feudal, de tradición revolucionaria
prodemocrática y burguesa, algo que el autor rastrea en la toma proletaria de la Bastilla,
el 14 de julio de 1789. Irónicamente, Becerra ve a las facciones que promueven a
Morazán, diametralmente opuestas al punto de vista del héroe nacional, ridiculizándolas
como una «reacción termidoriana»” A diferencia de la tradición liberal, los autores anti-
morazanistas son pocos.
Manuel Cobo Batres, un opositor de Lorenzo Montúfar, reclamaba que los liberales
trataban de lavarle el cerebro a una generación completa de guatemaltecos, exigiendo
que la Reseña Histórica se leyera como texto en las escuelas. En el mismo período.
Meneos Franco desafió a Lorenzo Montúfar sobre la interpretación de la Reseña
Histórica de Morazán. Primero lo acusó de exageración y de destrucción de documentos.
Para Meneos Franco Morazán fue el líder de una oligarquía provinciana que se reveló
contra el gobierno legítimamente elegido de Manuel José Arce. Finalmente, señala que la
expulsión del clero en 1829 fue un acto sacrílego, traicionero y de maldad que dividió la
nación.
Aunque con escasa profundidad académica, la refutación más influyente de un
conservador contemporáneo contra el mito liberal, es la de Clemente Marroquín Rojas,
en su libro “Carrera y Morazán”. Marroquín Rojas fue el popular alcalde anti-militarista
de la ciudad de Guatemala, que fue candidato a la Vicepresidencia de su compañero de
fórmula Julio César Méndez Montenegro"”. La tesis principal de la obra de Marroquín
Rojas es que, aunque bien intencionado, los esfuerzos de Morazán al forzar un desarrollo
político y económico al estilo europeo dejó a Centroamérica en ruinas, después de diez
años de régimen en constante conflicto. Rafael Carrera, por lo contrario, dejó una
Guatemala fuerte y próspera después de veintidós años de paz. Marroquín Rojas
básicamente concluye que en Centroamérica no existe una unidad política natural:
«nadie, incluso Morazán, pudo haberlo logrado. En un estilo polémico, similar al de
Lorenzo Montúfar, Marroquín Rojas invierte completamente el mito liberal. Afirma que
Dionisio de Herrera fue un dictador que representó a una oligarquía provinciana.
Además, sostiene que fue Manuel José Arce y no Morazán el verdadero opositor del
separatismo. Para el autor, Morazán, en vez de una tabla redonda de «ciudadanos de
altos principios morales», se rodeó de una administración de incompetentes y corruptos
que nunca produjeron un presupuesto equilibrado en siete años. Y mantiene que Morazán
impuso gobernadores en los estados centroamericanos que no podía controlar, y aquellos
que desafiaban su dominio eran destituidos, como Cornejo y San Martín de El Salvador;
incluso a los que eran considerados potenciales rivales se les manipulaba fuera de la
oficina. Y pone el ejemplo de Pedro Molina y Antonio Rivera Cabezas, los dos
predecesores de Mariano Gálvez como gobernador de Guatemala, que se dice
despedidos debido a tecnicismos, pero fueron realmente despedidos debido a sus fuertes
personalidades. El autor por lo tanto sostiene que «Morazán fue más astuto que nadie,
incluso lo que los liberales reclaman para Manuel José Arce»
Los argumentos de cada lado se resumen de la manera siguiente. Para los liberales,
Morazán es la personificación de la unidad regional. Solamente Morazán tuvo el carisma
de reunir a los liberales más sobresalientes para formar gobierno. Esto a su vez creó la
figura de un Liberal «Camelot», el único gran triunfo logrado en una década sombría para
las fuerzas liberales de Latinoamérica. Solamente la conspiración de los Conservadores,
la intervención británica y la tendencia liberal hacia la división, fueron las causas de la
derrota. De acuerdo al argumento liberal, en vez de culpar a Morazán por la ruptura de la
unión, él debía haber sido enaltecido brindándole unos diez años más de extensión en el
poder.
La de los Conservadores: La respuesta de los conservadores se remite al único
testimonio que registran del pasado: que Morazán fue al principio un representante
mediocre de una élite de liberales de provincia, que llegó a derrotar al único gobierno
legítimo de las Provincias Unidas. Morazán presidió su mandato bajo un intento
precipitado e irrealista de forzar una ideología extranjera sobre Centroamérica. La primera
oportunidad que tuvo Morazán para la unidad fue destruida por su propia incapacidad
para gobernar o de incluir opositores en el proceso de salvar la patria. En ocasiones, pero
con poca fuerza, los Conservadores incluían a Morazán en las desaprobaciones que
generalmente reservaban al gobernador guatemalteco Gálvez. Para ellos, Morazán
vendió la patria a los intereses comerciales británicos. Ningún juicio objetivo sobre el
papel de Morazán, reprochando la escasez de la objetividad en Centroamérica, se pudo
encontrar en estudios de académicos extranjeros. En un principio los historiadores
estadounidenses aceptaron de buena gana la interpretación liberal, pero recientemente se
ha producido una era de desconstrucción de los mitos liberales latinoamericanos,
incluyendo los que rodean la figura de Morazán.
Después del estudio de nueva documentación, es evidente que la subsecuente era de
revisión académica llegó a sentirse desencantada con la hagiografía liberal en torno a
Morazán. La era de la construcción del mito también abarca aquellos que se construyeron
alrededor de la figura de Morazán. En su obra A Palmerstonian Diplomat in Central
América: Frederick Chatfield, Mario Rodríguez explica; que cón las limitaciones de
Morazán provocaron en gran parte que Chatfield se aliara con Carrera. Por su parte, E.
Bradford Bums, en Poverty o f Progress, señala que Morazán ignoró los intereses de la
gente humilde en sus planes para el desarrollo. Y Ralph Lee Woodward en Carrera and
the Emergence o f the Republic of Guatemala; hace una interpretación ampliada de
Applied en la historiografía de Centroamérica Enlightenment, una serie de artículos sobre
el comercio con las Provincias Unidas. Esta nueva interpretación de las Provincias Unidas
fue dirigida por William Griffit de la Universidad de Tulane. En sus nuevas
investigaciones descubrió la principal fractura en el mito de Morazán, ignorada incluso por
los mismos Conservadores: las relaciones de Morazán con los negocios británicos.
Puede ser que esto se deba a la exitosa campaña liberal de pintar a la «familia» Aycinena
como el epítome de la colaboración con los británicos. En la introducción a «The Personal
Archive of Francisco Morazán,» William Griffith mantiene que existen documentos que
muestran que Morazán tenía negocios sucios y controversiales con los británicos, los
cuales provocaron un escándalo internacional y la rebelión de dos provincias'. Morazán
envidiaba a los gobernantes que, a diferencia de él, poseían suficiente riqueza
como para ostentar altas posiciones. Fue así que, en 1831, Morazán llegó a ser el
socio comercial de Mr. Marshall Bennet, a quien Centroamérica conocía como el
más deshonesto hombre de negocios en Centroamérica.
A pesar de esto, Morazán en 1835 subcontrató a Marshall Bennet la concesión de caoba
para explotar casi toda la costa atlántica de Honduras, que Morazán había obtenido
secretamente. En 1833, las relaciones de Bennett con el presidente le ayudaron a ganar
los derechos exclusivos para la explotación de casi toda la caoba de Guatemala. Al
mismo tiempo, Morazán intentó establecer un contrato similar para derechos de cortes de
madera de la costa atlántica de Nicaragua. Juntos, Bennet y Morazán casi obtuvieron las
concesiones para el corte de madera de toda Centroamérica, negocio que rivalizaba en
valor con el costo del añil y la cochinilla en el Pacífico y cuyas posesiones figuraban en
los activos de los opositores políticos de Morazán: la familia Aycinena. Debido a que
muchos de los recursos naturales de las Provincias Unidas estaban ya controlados por los
intereses británicos, los centroamericanos vieron el gobierno de Morazán como un
«vasallo del imperialismo colonial», lo cual provocó la rebelión de Espinosa en 1836 y la
de Carrera en 1837. El monopolio de Bennett también empujó a sus opositores a
impugnar al proclamado «rey» de la Mosquitia de Honduras.
Esto terminó en la intervención inglesa de la isla hondureña de Roatán y del puerto
nicaragüense de San Juan del Norte. Queda por saberse si Morazán estaba consciente
de su traición al favorecer los intereses británicos, pero la evidencia de sus archivos
personales pone en riesgo su imagen como líder antiimperialista. En cambio, su llamado a
la libre competencia debe ser entendido «dentro de un contexto tan restringido como para
excluirse de él. Los archivos personales de Morazán demuestran que familiares suyos
manejaban sus negocios y hasta controlaban su agenda personal. Resulta cuestionable el
efecto que tuvo sobre la desintegración de las Provincias Unidas el negocio de la caoba
controlado por Morazán, pero indudablemente provocó el resentimiento interno y la
intervención externa, y por lo tanto comprometió su imagen como un auto sacrificado
patriota ¿Cuál fue finalmente la influencia del mito y la leyenda fabricada de Morazán
creada por Montúfar? El mito ayudó a camuflar los embarazosos arreglos comerciales de
Morazán con los ingleses. Proporcionó un símbolo de legitimidad a los caudillos liberales
y a otros unionistas como Salvador Mendieta.
Sin embargo, sigue siendo el único símbolo, la deificación, de la leyenda y del mito
endiosado de la unidad centroamericana, como acertadamente observa Thomas Kames:
«Ningún hombre centroamericano, desde entonces, ha llegado a estar tan cerca de
ser... lo que, para bien o para mal, Francisco Morazán representa hoy para las cinco
repúblicas el sueño centroamericano de la Confederación, y aún cuando la prensa
se refiera a un nuevo plan de unión del istmo, tendrá que recordarse
inevitablemente «el ideal de Morazán», aunque el escritor trate de evitarlo». La
prueba de esta afirmación es que Morazán se ha convertido en un mito popular. En
las remotas fronteras de Honduras y Nicaragua, paisanos de noventa años de edad
se jactan ante sus inocentones vecinos de haber peleado bajo las órdenes del
liberal antiimperialista Francisco Morazán y de su sucesor Augusto C. Sandino.
Notas bibliográficas: Ángel Zúñiga Huete, Morazán: Un representativo de la
democracia americana (México: Botas,1947) 360. Manuel Montúfar y Coronado,
Memorias para la historia de la revolución de Centroamérica (San Salvador, 1905-06) 6
vol. Este trabajo es citado frecuentemente, así como las Memorias de Jalapa. Montúfar
publicó la primera edición desde Jalapa, México, en 1832. Alejandro Marure. Bosquejo
histórico de las revoluciones de Centroamérica, v o l. I, II (Guatemala,1837). Montúfar y
Coronado describen a Morazán antes de la guerra como un empleado perezoso que
decepcionó a su empleador. Ib id. volumen I, 137. Montúfar y Coronado,138. Miguel
García Granados, Memorias del General Miguel García Granados (Guatemala,1978) 6.
Prólogo al vol.1 El padre de Alejandro Marure fue un mártir en la Independencia de
España. Alejandro recibió un título de abogado en la Universidad de San Carlos de
Guatemala, en 1822. Fue educador y político, y llegó a ser diputado en la asamblea de
Guatemala en 1831, diputado del Congreso Constitucional en 1839 (en el nombre del cual
pidió a Morazán a no asumir poderes dictatoriales hacia su segundo mandato
presidencial. Willians Griffith. E. Bradford Bums, Ralph Lee Woodward, Mario
Rodríguez,

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