Psicología: Conciencia y Sociedad Humana
Psicología: Conciencia y Sociedad Humana
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4.1 EL SER HUMANO DESDE LA PSICOLOGÍA1
1
Tomado y adaptado de [Link]
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Todo esto es posible en la medida en que, primero, seamos autoconscientes de
nuestros procesos mentales, segundo, atribuyamos una mente a nuestros semejantes y,
tercero y sobre todo, en la medida en que generemos ese conocimiento de cómo son y se
comportan las personas. A este conocimiento solemos denominarle Psicología.
Pero este conocimiento psicológico, fruto de la atribución de una mente a nuestros
semejantes, no es el conocimiento de la Psicología Científica. En primer lugar, porque es un
conocimiento compartido por una comunidad general. Segundo, porque es un conocimiento,
a menudo, no consciente o, al menos no expresable o formalizable. Tercero, se nutre de
elementos obtenidos por el proceso de inmersión cultural al que nos sometemos todos
conforme estamos siendo socializados. Sus contenidos tienen orígenes e intenciones muy
diversos, y se manifiestan en prácticamente todos los ámbitos de la vida social. De ahí su
importancia, pues de cómo creamos que son las personas, y de cómo expliquemos sus
comportamientos, dependerá el tipo de sociedad, de institución y de prácticas sociales por
las que esa comunidad se constituirá en un nosotros. Este conjunto de ideas más o menos
explícitas u ocultas, ha recibido el nombre por parte de la Psicología Científica -un tanto
despectivamente- de Psicología Popular.
Según Bruner2, la Psicología Popular es la explicación que da la cultura de qué es lo
que hace que los seres humanos funcionen. Esa explicación consta de una teoría de la
mente, una teoría de la motivación y, sobre todo, se ocupa de la naturaleza, causas y
consecuencias de los estados intencionales de los sujetos, creados mediante creencias,
deseos, intenciones y compromisos. Esta colección de objetos mentales han sido
tradicionalmente rechazados como elementos científicos, y de ahí, la radical separación
entre lo que cree la Ciencia sobre el hombre y lo que el hombre mismo cree de sí y de sus
semejantes.
La Psicología Popular consiste en un conjunto de descripciones más o menos
normativas y más o menos conexas sobre cómo funcionan los seres humanos, cómo son
nuestras propias mentes y las mentes de los demás, cómo cabe esperar que sea la acción
situada en los contextos cotidianos en los que vive la gente, qué formas de vida son
posibles, cómo se compromete uno a estas formas de vida, etc. Su principio organizativo es
narrativo, en vez de conceptual, y sobre determinadas narraciones se crean expectativas
canónicas.
Este sentido de lo canónico y lo ordinario se convierte en una especie de telón de
fondo sobre el que se interpreta y narra el significado de lo inusual, de lo que se desvía de lo
“normal”. Las narraciones con las que justificamos nuestras vidas y la de los demás se
convierten en un molde vital cotidiano que favorece las negociaciones sociales y evita
confrontaciones y conflictos.
Estas narraciones se ven apoyadas por numerosos elementos que poco a poco
configuran el acervo cultural de una comunidad: mitos, relatos, tipologías de dramas
humanos, literatura o arte. Y a la vez desde estas producciones culturales se difunden
determinados modelos de persona y de conducta a la sociedad.
Para que esto se haya producido, además de recursos filogenéticos y ontogenéticos
como la conciencia, el lenguaje, la inteligencia, debemos producir una teoría de la mente.
Una teoría de la mente es sencillamente la atribución a nuestros semejantes de creencias e
intenciones que dirigen sus acciones. Evolutivamente, aunque los distintos autores
mantienen controversias al respecto, se suele colocar alrededor de los cuatro años esta
capacidad de los seres humanos. Es en este momento cuando los niños son capaces de
engañar a otros, suscitando en el otro la producción de falsas creencias.
Como vemos, lo que hemos llamado Psicología Popular es sencillamente el conjunto
de creencias, que funciona en una sociedad concreta en un momento del tiempo, sobre qué
es una persona, sobre cómo se comporta y sobre cómo podemos explicar sus actos.
Ciertamente, estas creencias se consolidan en largos procesos de conformación cultural y
2
Jerome S. Bruner fue uno de los padres de la revolución cognitiva que ocurrió en los años sesenta y que supuso
un cambio importante en los modelos psicológicos imperantes. Sin embargo, en los años noventa, se convirtió en
un agudo crítico del desarrollo que tomó la Psicología Cognitiva.
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se difunden por diversos canales. Cambian lentamente. A menudo, estas ideas actuarán
como perjuicios o estereotipos, nos aportarán sesgos en la valoración de la realidad social e
incluso podrán ser utilizadas como ideologías para los fines más diversos. Por ejemplo, para
emprender una guerra con nuestros semejantes, o, si se prefiere, para calificar de ellos a los
que no forman parte de mi grupo, parece preciso incidir en el modelo imperante de
“persona”, de tal manera que ellos queden deshumanizados porque no actúan ni piensan ni
sienten como nosotros.
Por esto, es importante que existan actitudes analíticas y reflexivas que revisen y
modifiquen las creencias de la Psicología popular para mejorar la vida social y humana que
inicialmente permiten. Esta tarea debería hacerse desde una Psicología Científica que
tendría la labor de derribar ideas infundadas y proponer otras atendiendo a los esfuerzos
científicos de comprendernos a nosotros mismos. Sin embargo, considerando la corta
historia de la Psicología científica, no parece que esta haya sido su tarea fundamental.
Antes de pasar analizar las consideraciones que la Psicología Científica ha hecho
sobre el ser humano a lo largo de la historia, intentemos reflexionar “popularmente” sobre la
idea que tenemos de persona. Esto nos servirá de elemento de comparación respecto de las
alternativas científicas, nos permitirá clarificar como se han ido consolidando estas creencias
y, si acaso, nos abrirá una puerta hacia donde encaminarlas. Un rápido recorrido histórico
mostrará como determinadas ideas han ido uniéndose entre sí hasta construir la idea de
persona que, con numerosas variaciones, utilizamos diariamente para comprender las
conductas de nuestros semejantes.
2. Aspectos históricos
El primer autor que nos aporta alguna reflexión sobre los seres humanos y que nos
lega una serie de conceptos que nos permiten, aplicados a las personas, comprender, o
más bien dirigir, sus conductas, es Platón. Platón construyó una imagen tripartita del ser
humano, que imaginó como una cuadriga dirigida por un auriga. El auriga representa al alma
racional (nous o logos) que es de naturaleza inmortal. Uno de los caballos, el de color
blanco, es el alma irascible (thymós), fuente de pasiones nobles, mortal y, sobre todo,
corporal. El otro caballo, de color negro, fuente de pasiones innobles, es el alma
concupiscible (epithymía), también mortal y corporal.
El auriga tiene la difícil tarea de armonizar esa extraña yunta de caballos que le ha
tocado en suerte. Porque uno de los caballos –(naturalmente el negro)- es indómito y tiende
a escapar al control de la razón. Las pasiones apetitivas o concupiscibles pueden conducir a
la ruina al ser humano, entendiendo por ruina la pérdida de la condición humana, o al menos
la pérdida de su privilegio. Pues el hombre es alma, alma inmortal, que habita en una suerte
de paraíso, el mundo de las ideas, en compañía de los dioses y realizando la tarea más
propia del hombre, el conocimiento de la verdadera realidad: las ideas. A diferencia de los
dioses, el hombre o su alma racional debe mantener una lucha constante por conducir
adecuadamente la cuadriga y no es infrecuente que pierda el control de la misma. En ese
momento, como un castigo, desciende del mundo de las ideas al mundo de apariencias que
es nuestra realidad, para encarnarse en cuerpo sensible. En ese descenso, además, le
ocurre otra desgracia: atravesar el Leteo, el río del olvido. Así cuando el alma es encerrada
en un cuerpo sensible, se encuentra en una situación difícil, pues como en una caverna y sin
noticia de ello ha olvidado todo el verdadero conocimiento, quedando sometido al engaño de
lo múltiple y lo aparente.
La reflexión platónica sobre el alma humana, su descripción dual del hombre y la
distinta calidad asignada al cuerpo y al alma le va a servir para fundamentar una ética, pues
la tarea del hombre es buscar el verdadero conocimiento, es decir, volver a ese paraíso
propio que lo corporal le ha hecho perder. De ahí, el deseo de muerte del filósofo que quiere
saber, pues sólo conforme el alma escape de su encierro corporal puede el hombre volver al
lugar que le corresponde. Aunque no hay en Platón una verdadera Psicología, sí que
elabora una serie de conceptos respecto a lo que es una persona y a qué se debe su
comportamiento. Estas ideas iniciales, que tendrán un eco importante en el mundo cristiano,
podemos rastrearlas hasta nuestro presente. Algunas de las más significativas son:
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El dualismo cuerpo-alma
La primacía del alma sobre el cuerpo. En otra metáfora platónica, el alma es como el
piloto de una nave que debe dirigir con prudencia y determinación el cuerpo para
poder regresar al mundo de las ideas
La consideración del cuerpo y lo que el cuerpo requiere como algo perjudicial, como
algo que nos distrae de la actividad propia de los seres humanos. Pasiones y
apetitos son fuente de desorden y conflicto y el alma debe someterlos con una
autoridad firme y constante. Toda la filosofía política y moral se va a edificar
pensando en facilitar el regreso de las almas al mundo de las ideas.
En resumen, Platón nos ofrece una visión del ser humano como una entidad
privilegiada, cercana a los dioses, porque existe algo en ella que no encontramos en ningún
otro ser. El alma platónica es lo que nos une con un mundo divino, aun cuando nos
hayamos alejado de él, porque pertenece a esa verdadera realidad que es el mundo de las
ideas. Es por la separabilidad e inmortalidad del alma, por lo que podremos regresar al lugar
al que pertenecemos. Aunque el regreso nos va a exigir un duro camino de salvación. Platón
edifica sobre el concepto de persona que pone en circulación una doctrina religiosa de
salvación.
Aristóteles constituye la opción alternativa al platonismo. Aristóteles, al contrario que
Platón, parte de un interés biológico en comprender el mundo que le rodea y las sustancias
que lo pueblan. En la diversidad de sustancias es fácil descubrir unas vivientes, en el
sentido de que contienen en sí mismas la causa de su actividad, y otras no vivientes.
Aristóteles va a utilizar el alma para explicar esta diferencia. Para ello, debe conceder la
presencia de un alma a todo lo viviente. El Alma se identifica con la vida. Luego ya no es
sólo el hombre quien posee un alma. Todo lo que tiene en sí mismo un principio de vida es
porque tiene un alma, aunque hay diferencias entre el alma de las plantas, la de los
animales y la de los seres humanos. Así, encontramos una gradación de almas según las
diversas funciones o potencialidades que el alma como acto primero del viviente puede
realizar. De esta manera explica, en primer lugar, las distintas categorías de seres. Así, las
distintas funciones se corresponderían con los distintos tipos de alma:
a) La función nutritiva es la función del alma vegetal
b) La función sensitiva (de la que derivan la apetitiva y la motriz) es la función del alma
sensitiva
c) La función pensante que es exclusiva del alma intelectual
Estas almas o funciones del alma se componen unas sobre otras y el hombre reúne
las tres. Sin embargo, existe una unidad del alma, respecto a sus potencialidades y también
respecto al cuerpo. El alma no es separable del cuerpo, es principio de vida y de actividad,
pero no es una entidad independiente ni distinta, como en Platón, que pueda sobrevivir fuera
de su unión con el cuerpo. De esta manera, el alma es mortal y muere con la muerte de la
sustancia.
Aunque efectivamente la imagen que ofrece Aristóteles del ser humano es muy
distinta de la de Platón, la síntesis medieval del pensamiento grecorromano con el
pensamiento cristiano va a generar una noción de persona, y de las causas de su
comportamiento que sigue funcionando en nuestros días y que podemos denominar teoría
de las facultades psicológicas. La característica fundamental es pensar a la persona como
una entidad separada en otras dos entidades radicalmente distintas: una corporal o
física y otra mental o espiritual. Al cuerpo pertenece lo físico, como es fuente de
perturbación requiere un exigente control por parte de una mente espiritual que regula y
dirige el comportamiento del cuerpo. Antes de matizar y analizar con detalle esta imagen
modelo de la Psicología humana, debemos dar un paso más en la historia, donde
encontraremos una intensificación de esta imagen dual hasta hacerla teórica y
prácticamente problemática.
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problemas que Aristóteles deja sin solucionar sobre el conocimiento, ya a finales de la Edad
Media se va a producir una transformación sin precedentes en la consideración del ser
humano como un compuesto de cuerpo y alma. Los autores de la escolástica del siglo XIV,
especialmente Duns Scoto y Guillermo de Ockham, van a poner en circulación una
consideración muy distinta de la idea de conocimiento.
Tanto para Platón como para Aristóteles el conocimiento era un acto directo por el
cual, a través de los elementos inteligibles de la realidad, captábamos el ser de las cosas. A
partir del siglo XIV comienza a madurar una idea que culminará definitivamente en la obra
de Descartes. Esta renovación transformó la idea de conocimiento. A partir de ahora, el
conocimiento es un proceso de representación. Conocer es conocer ideas, no las cosas. Las
ideas son representaciones mentales que hacemos de las cosas en nuestra alma o mente y
que podemos contemplar con una especie de ojo interior. Nos representamos mentalmente
el mundo, y, así, nuestra mente se convierte en una especie de espejo que refleja la realidad
exterior. Ese es nuestro único acceso a la realidad, su aparecer ante nosotros. De esta
manera, quien se plantee si nuestra mente es un espejo terso o liso o si por el contrario es
uno que distorsionaba la imagen que reflejaba, puede con facilidad poner en cuestión
nuestra capacidad de conocer directamente la realidad.
Eso fue lo que quiso verificar Descartes. Intentó fundar el conocimiento desde sólidos
cimientos, quiso eliminar la posibilidad de dudar de nuestra capacidad para conocer la
realidad. Pero ello significó dividir el mundo en dos sustancias incomunicables, por un lado,
el yo como sustancia pensante (res cogitans), como mente, de la que no puedo dudar, pues
la propia duda pondría en evidencia mi existencia como mente. De ahí su famosa expresión
“cogito, ergo sum; pienso, luego existo”. Por el otro, el cuerpo, sustancia extensa (res
extensa), regido por las leyes mecánicas que la nueva ciencia había elaborado. Alma y
cuerpo son, por lo tanto, dos sustancias distintas imposibles de comunicar, pues ¿cómo algo
espiritual, inmaterial e inmortal y regido por la libertad puede inducir o intervenir en un
mecanismo material, mortal y gobernado por la causalidad eficiente al igual que todo el resto
de cosas materiales?
La obra de Descartes produce lo que denominamos el problema mente-cuerpo.
¿Cómo una idea, una intención o un deseo puede poner en movimiento un mecanismo
corporal? ¿cómo se comunican dos sustancias tan distintas? Reformulando en términos
contemporáneos: ¿Cómo una determinada disposición y activación de una red de neuronas
puede producir un pensamiento, una idea?
El pensamiento moderno va a traer como consecuencia la posibilidad de la
Psicología como ciencia, pues al considerar que existe un lugar, independiente del cuerpo,
donde se produce la vida mental consciente, lleno de contenidos diversos: percepciones,
ideas, sentimientos, emociones y que, aunque no sepamos bien cómo, dirige las conductas
de los seres humanos, se puede constituir una ciencia independiente que, abandonando el
cuerpo, se entregue al estudio de la mente.
De todo este proceso se va a difundir una serie de ideas sobre la Psicología humana
que resumimos en el siguiente punto.
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influyentes, que iremos incluyendo conforme revisemos algunas ideas de lo que hemos
denominado Psicología Científica3.
1. El mundo consiste de un ámbito externo de objetos materiales y de uno interno,
mental que contiene entidades mentales: ideas, sensaciones, sentimientos y
emociones. El ámbito externo es el mundo “objetivo”; el interno es el mundo
“subjetivo”,
2. El ámbito interno, mental, contiene una Sociedad de la mente con al menos siete
miembros, las “facultades”. Cada facultad, esto es, cada capacidad de la mente, es
concebida como una persona. Los nombres de estas personas son: Percepción,
Imaginación, Sentimiento, Voluntad, Entendimiento, Memoria y Razón.
3. Cada facultad-persona tiene una personalidad particular. Dependiendo de la
personalidad, la persona puede concebirse por metáforas comunes. Por ejemplo,
una persona metódica, responsable, desapasionada se conceptualiza comúnmente
como una máquina, mientras que una persona salvaje, impredecible, anárquica se
conceptualiza comúnmente como un animal salvaje o una fuerza de la naturaleza.
4. La percepción es metódica y de confianza generalmente. Es un tipo de recepcionista,
que rutinariamente realiza la tarea pasiva de recoger las impresiones sensibles del
cuerpo y pasarlas a una especie de cadena de montaje en la que las otras facultades
trabajan.
5. La imaginación es habitualmente un artesano responsable, que puede en un
momento impredecible volverse juguetón, travieso o llegar a estar fuera de control.
La imaginación toma las impresiones sensibles que llegan de la Percepción y
construye con ellas imágenes que representan cosas del mundo exterior.
Normalmente esto lo hace de un modo metódico, pero a veces reúne los contenidos
de una manera novedosa para formar imágenes fantásticas que no se corresponden
con ninguna cosa existente.
6. Los Sentimientos son indisciplinados, cambiantes y a veces están fuera de control.
pueden originarse por ideas que vienen de fuera o de dentro de la mente. Cuando
surge, el Sentimiento puede actuar poderosamente influyendo a la Voluntad. Por su
personalidad, el Sentimiento es a menudo conceptualizado metafóricamente como
un animal salvaje o como una fuerza de la naturaleza.
7. El Entendimiento es siempre tranquilo, sobrio, predecible y bajo control, y
responsable. Su trabajo es funcionar como un juez. Recibe imágenes de la
Imaginación y las inspecciona para ver sus estructuras internas. Si considera que la
estructura de una imagen se corresponde con un concepto existente, entonces
asigna la imagen al concepto. Si juzga que esto último no ocurre, forma un nuevo
concepto para ella. Cada asignación de una imagen específica a un concepto
general es una proposición, o un juicio.
8. La Cadena de Montaje hasta aquí funciona de la siguiente forma: La Percepción
recibe impresiones sensibles del exterior y las pasa a la Imaginación, quien las
combina en imágenes y las pasa al Entendimiento. El Entendimiento juzga como
asignar estas imágenes a conceptos. Produciendo así proposiciones (juicios) que
pasa a la Razón.
9. La Razón tiene buen juicio, es fría, controlada y sabia, y responsable por completo, y
sigue procedimientos explícitamente. Actúa como un legislador, juzga y administra.
La Razón decide que tipos de cosas deben hacerse y determina las reglas para
hacerlas. Juzga también si los otros siguen las reglas adecuadamente. También
reúne y analiza la información disponible desde el Entendimiento y calcula
cuidadosamente a partir de esta información las necesidades a cubrir. Entonces da
la orden a la Voluntad.
10. La Memoria es usualmente metódica y normalmente de confianza, aunque no lo sea
siempre. La Memoria funciona como el guardián de un almacén. Toma elementos de
3
George Lakoff y Mark Johnson. Philosophy in the flesh. The embodied mind and its
challenge to western philosophy. Basic Books, NY, 1999, (págs. 410-414).
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la Percepción, la Imaginación, el Entendimiento y la Razón y los almacena para usos
futuros. También guarda grabaciones de las acciones de todo el mundo. Y
constantemente es requerida para reproducir estos objetos y grabaciones para otras
facultades y puede fácilmente ser sobrecargada de trabajo.
11. La Voluntad es la única persona en la sociedad que puede mover el cuerpo a la
acción. Recibe órdenes sobre qué hacer de la Razón y está sometida a presiones y
peticiones por parte del Sentimiento, que pueden entrar en conflicto con las órdenes
de la Razón. La Voluntad es libre para actuar como le plazca, dado que es
suficientemente fuerte. Es lo suficientemente fuerte para resistir la fuerza de la
Razón y puede elegir resistirse o no. Puede ser o no lo suficientemente fuerte para
resistirse al Sentimiento. La fuerza de la Voluntad es lo mejor para doblegar al
Sentimiento. Sentimiento y Razón frecuentemente luchan para controlar a la
Voluntad. Si el Sentimiento gana, es desafortunado, porque la Razón es la única que
conoce lo que es mejor para la sociedad como un todo.
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nuestra actividad mental a través de nuestra actividad cerebral. Si además se duda de la
competencia de la mente humana para producir representaciones fieles de las cosas,
aparece la preocupación sobre la validez y fundamento de nuestro conocimiento. Por otro
lado, la teoría cartesiana, al intentar buscar un fundamento al conocimiento, dada la
situación inicial de la reflexión, creó el problema de explicar cómo el alma y el cuerpo
pueden comunicarse.
En el momento en que se difunden las ideas cartesianas en la escuela empirista
inglesa, que afirmaba que todo nuestro conocimiento proviene de la experiencia y que no
aceptaba el conocimiento innato, las soluciones de Descartes y de los racionalistas en
general a estos problemas son rechazadas. De esta manera, la exigencia de abordar una
teoría del conocimiento previa a cualquier investigación es a partir de ahora inexcusable.
Locke reúne o confunde más bien una serie de concepciones difícilmente
agrupables. Por un lado, el rechazo al innatismo con la nueva mente consciente y activa
cartesiana. Rechazo que le lleva a no admitir la coherencia o armonía en la composición de
las sustancias -cuerpo y alma- y en la comunicación de los órganos fisiológicos del hombre.
Aunque Locke no aporta una respuesta demasiado sólida a este problema acepta la
sintonización de estas sustancias. Lo que, por su posición empirista, parece ineludible es su
concepción de la mente. La mente para Locke se convierte en un papel en blanco, una
tablilla de cera o una tabula rasa donde quedan impresas las diversas impresiones.
La exigencia que se impone Locke de, primero, buscar los orígenes y fundamentos
del conocimiento y segundo, abordar tal tarea mediante el análisis empírico imperante en la
nueva ciencia, le llevó a intentar encontrar el fundamento de nuestros juicios mediante el
análisis de los procesos por medio de los cuales la mente interna, la plantilla de cera, se
apercibe de los objetos externos. Y este análisis lo aplica no al proceso en sí, sino a su
resultado. De esta forma al unir a una mente sin sujeto, un modelo de conocimiento
inspirado en la visión y un elemento básico de conocimiento que incide en la mente a través
de los procesos fisiológicos del hombre encontramos que el problema que le surgió a
Descartes, y al que Locke pretendía dar solución, no sólo no encuentra respuesta, sino que
poco a poco irá llevando al pensamiento al escepticismo más inaceptable. El trabajo de
Hume es la conclusión de este proceso. Si el modelo de Locke, mezcla de Aristóteles y de
Descartes, es llevado consistentemente a término debemos aceptar, como Hume, que no
existe fundamento alguno que permita seleccionar algunas de las ideas presentes en la
mente que aseguren la validez del conocimiento.
El problema del fundamento va a marcar todo el desarrollo posterior de la filosofía.
Esta investigación epistemológica, dependiendo de dónde se busque el cimiento sólido, ha
abierto otros campos de investigación que han acabado independizándose del rigor que
supone la exigencia de un fundamento. Esta posibilidad, que ha permitido a la Psicología
Científica segregarse de la especulación filosófica, quedó abierta en el empirismo inglés.
Cuando Locke pensó que sólo el análisis de las condiciones (fisiológicas) que hacen
posible los elementos del conocimiento, podía aportar una respuesta a su intención de
investigar los orígenes y fundamentos del conocimiento humano, abrió un nivel de análisis
de los contenidos mentales que hasta el momento no existía. Aunque este análisis
confundió la idea de conocimiento que había avanzado Descartes para regresar al tipo de
actividad realizada ya por Aristóteles, si organizó un método y una preocupación por el
funcionamiento de la mente, en particular sobre cómo funciona la mente como lugar de
residencia del conocimiento.
El asociacionismo era la manera en que la mente construía sus ideas. La mente,
siguiente el modelo perceptivo visual, era impresionada por las ideas simples que quedaban
estampadas en la plantilla de cera. Esta componía nuevas ideas complejas por reflexión y
por asociación de ideas simples. El asociacionismo incrementó la confusión entre el
conocimiento como resultado (creencias en forma proposicional susceptibles de
corroboración) y el conocimiento como proceso (el trabajo de la mente sobre sus objetos),
pero también se convirtió en el método de trabajo de la Psicología incipiente.
Hume, que presentó el asociacionismo como el método de estudio y la manera real
por la que se crea el conocimiento, dejó a éste sin sujeto cognoscente. La mente cartesiana
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desaparecía para convertirse en “un montón (heap) o colección de percepciones diferentes,
unidas entre sí por ciertas relaciones y que se suponen aunque erróneamente, dotadas de
perfecta simplicidad e identidad”. (D. Hume, Tratado de la Naturaleza Humana. I, IV, 2, pág.
344 de la edición castellana. Madrid. Editora Nacional, 1981).
Los estudios posteriores a Hume desplazaron poco a poco el centro de atención del
conocimiento hacia la mente. La Psicología encontró el camino que permitía interpretar el
conocimiento, y por ende el mundo y la verdad, como actividad mental del sujeto. En este
punto, hemos llegado a la descripción de la Psicología con la que comenzamos: aquella
según la cual la Psicología busca un objeto de estudio que pueda servir de explicación del
ser humano. Por el camino, sin duda, se han realizado progresos y se seguirán haciendo,
pero a todos ellos cabe clasificarlos de parciales, técnicos, específicos, porque pierden de
vista aquella pretensión ordinaria de disponer de un esquema explicativo y causal que
pueda usarse teniendo en cuenta el hecho de que existe un sujeto que decide sus acciones.
En gran medida, el dilema de si debemos arrojar una visión de la naturaleza humana
desde una Psicología científica o desde el conocimiento que nos exige la necesidad de
actuar, de relacionarnos y de vivir en sociedad, viene dado cuando el sujeto, la mente, la
conciencia o lo que se decida como objeto de estudio apropiado tienen que ser estudiado
inevitablemente por un sujeto, una mente, una conciencia o conducta. La Psicología tiene la
difícil tarea de armonizar el hecho de que su objeto de estudio es a la vez el sujeto que
realiza el estudio y que usa sus resultados.
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demarcación científica, pero quizá sea la visión de la Psicología humana que mejor se ha
extendido a la vida ordinaria y muchos de sus conceptos forman parte hoy de los recursos
que las personas estamos para explicarnos nuestras conductas y la de los demás.
Finalmente, a partir de los años 50-60, el conductismo es sustituido en los ámbitos
académicos y profesionales por la Psicología Cognitiva.
Nuestro presente es un buen momento para hacer una revisión de las relaciones
entre la Psicología Científica y los sistemas de creencias de las personas que incluyen
elementos para comprenderse.
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el sueño es una de estas salidas, de ahí sus posibilidades de interpretación. Otra salida es
en forma de síntoma.
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por toda la comunidad científica por no respetar los cánones requeridos para la objetividad
científica.
En Europa aparecen diversos intentos de definir la Psicología, pero no será hasta los
años 20 de la mano del psicólogo americano J.B. Watson que se logre una determinación de
métodos y procedimientos que va a ofrecer una imagen consistente, productiva y estable de
la Psicología como ciencia. Influido por los trabajos de condicionamiento de Pavlov y por
otros estudios en fisiología y Psicología animal, Watson desplaza el objeto de estudio a lo
que puede ser observado, medido y experimentado, sin la necesidad de contar con el sujeto
que se estudia. La conducta, entendida como la respuesta de un organismo ante los
estímulos exteriores, va a ser el objeto que lleve a la Psicología al lugar que ocupan las
ciencias experimentales. la conducta se podía observar, experimental, predecir y modificar.
De esta manera la Psicología cubría las funciones características de la ciencia. Pero, ¿Qué
modelo de persona arrojo el conductismo?
La conducta respondía a un esquema explicativo que valía para cualquier organismo.
Ante determinados estímulos se producen respuestas. Si seleccionamos adecuadamente
los estímulos o si los condicionamos o incluso si reforzamos mediante un premio
determinadas respuestas o si castigamos otras, podemos influir decisivamente en la
conducta de los organismos. Para la Psicología conductista la persona era algo similar a
modificar. La eliminación de la mente, de todos sus contenidos y de la conciencia igualaba al
ser humano con el resto de los animales. De hecho, es sintomático que la mayoría de los
experimentos se realizaran con animales: Pavlov trabajaba con perros, Watson tenia
preferencia por ratas y Skinner lo hacía con palomas.
La mente era una caja negra donde sí se realizaba algún proceso era epifenoménico
(Un Epifenómeno es una consecuencia que se produce en algún proceso o mecanismo que
no tiene eficacia causal o no cumple ninguna función. Por ejemplo, el ruido que produce un
motor es un epifenómeno. No cumple ninguna tarea, ni desempeña ninguna causa. Ocurre)
o no tenía ningún papel en la explicación de la conducta. El siguiente grafico puede explicar
esta idea:
De esta manera, el ser humano se unificaba con el resto de los organismos vivos que
manifiestan conductas. La tarea de la Psicología consistía en estudiar las secuencias de
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estímulos-respuestas y su aplicación en terapia o en modificación de conducta: establecer
asociaciones condicionantes para que determinadas conductas se realizaran y otras se
evitaran. En este planteamiento, E. L. Thorndike y posteriormente B. F. Skinner, en los años
50, establecieron el condicionamiento operante; ante la diversidad de las conductas de los
seres humanos y dado su carácter activo, el problema es conseguir seleccionar la conducta
deseada ante las posibles conductas a realizar.
El Conductismo fue la escuela triunfante en Psicología hasta los años 60. Sin
embargo, su capacidad explicativa del comportamiento de los seres humanos era bastante
reducida, explicaba bien cierto tipo de aprendizaje y funcionaba razonablemente bien en
terapia ante determinados problemas. Naturalmente el modelo de persona que se deriva
de las ideas conductistas es sencillamente algo a condicionar. Skinner, por ejemplo, en
Walden II presenta una utopía social que, aunque dulcifica los modelos anteriormente
expuestos por Orwell en 1984 o por Huxley en Un mundo feliz, mantiene la idea de fondo de
que el hombre es moldeable según un diseño estricto e interesado. La libertad y la voluntad
dejan de ser lo definitorio del ser humano.
El conductismo dejo de interesar por dos razones. La primera razón resulta de la
decidida oposición que desde dentro de la investigación psicológica se produce en la
Psicología americana de los años 60. El ser humano no puede reducirse a una relación
inmediata entre estimulo-respuesta. En esta oposición la crítica realizada por N. Chomsky a
las explicaciones conductistas sobre el origen y el uso del lenguaje fueron definitivas.
Chomsky reivindicaba una vuelta al mentalismo cartesiano. La mente necesitaba volver al
campo de la Psicología.
La segunda causa de la crisis del conductismo, fue el importante desarrollo que las
neurociencias y la biología estaban teniendo. El conductismo había eliminado de la escena
todos los elementos del ser humano que la ciencia natural no podía asumir. Al eliminar la
mente y sus contenidos, la experiencia fenoménica, la conciencia y los sentimientos, al
eliminar los esfuerzos de los seres humanos por el significado y por la comprensión del
mundo, había desplazado por completo los estudios psicológicos hacia estudios más
naturalizados que la biología o la neurociencia podía desarrollar mucho mejor. No es de
extrañar que fuera por esta época cuando diversas disciplinas hibridas aparecieran con
mucha fuerza en la escena científica. La etología, como la ciencia que estudia el
comportamiento animal, la sociobiología, que desde un planteamiento reduccionista intenta
explicar los comportamientos sociales apelando a condiciones biológicas de los seres
humanos. También una neuropsicología que poco a poco va a ir dando resultados cada vez
más completos y, contrariamente a lo que se podía esperar, va a desplegar un programa de
investigación que traicionara por completo los planteamientos asociacionistas mecánicos del
conceptismo.
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elaborado de la experiencia humana y que fuera, a la vez, el elemento capaz de generar en
los sujetos actitudes proposicionales o creencias. Tras esta concepción del conocimiento
que configuraba una posible línea causal entre mundo-sujeto-conducta lo que se necesitaba,
en su acercamiento psicológico para combatir los defectos del conductismo, era una
metodología explicativa capaz de dar cuerpo a esta línea causal posible.
Esta metodología se denominó funcionalismo y consiste fundamentalmente en
postular que los organismos se configuran en secuencias de estados, estados mentales. Los
estados internos de los organismos se caracterizan por la presencia de ciertas
representaciones mentales y contribuyen en un proceso a producir las conductas de los
organismos. Una descripción adecuada del organismo consiste en una descripción del
estado mental en el que se encuentra. Los estados mentales, si han de entrar en una
cadena causal de interés, deben mantener relaciones entre sus contenidos, y estas
relaciones deben pensarse como un trabajo mediante el cual se elaboran dichos contenidos
para producir otros, uno de los cuales se constituye como resultado. Dicho de otra manera,
deben relacionarse computacionalmente.
La idea de fondo es que todos estos elementos, en el sentido lógico, son
caracterizables como sistemas de comunicación y como tal debe existir una relación
sistemática entre la información que entre y la información que sale. Este flujo de
información requiere un procesamiento y un mecanismo de control. La actividad psicológica
va a consistir esencialmente, a partir de esta asimilación, en localizar, delimitar y modelar tal
flujo de información. Desde la perspectiva funcionalista, la mente conseguía sus objetivos
cuando se pensaba como un sistema de procesamiento de la información.
El termino información, punto de referencia final de toda la rebelión contra el
conductismo, era un concepto neutro y abstracto. Neutro en el sentido que dejaba
transparentes los contenidos de los estados mentales, o al menos podía dejarlos
transparentes, lo significativo es que en la idea de información quedaba exento la presencia
de un significado, éste era irrelevante para el hecho de manejar secuencias de signos,
estímulos eléctricos, o en su caso estímulos perceptivos; la actividad psicológica consistía
en discriminar independientemente de lo que se colocara ante nuestra percepción. Abstracto
en tanto que no dependía de la naturaleza física del sistema utilizado.
La explicación funcionalista está estrechamente relacionada con la posibilidad de
realizar simulaciones. Cuando la mente se define funcionalmente como un sistema de
procesamiento de la información, es cuando tiene sentido plantearse, a través de la
abstracción de la noción de información, el objetivo de construir una mente. En este intento
convergería por una parte la evolución electrónica de los ordenadores y por otra la
inaccesibilidad de la mente humana y finalmente el desarrollo teórico mencionado que
permitió equiparar, al menos en ese nivel lógico, mente y máquina. Como tantas veces en la
ciencia, se encontró en una metáfora un programa de investigación que logro reunir
diferentes ámbitos científicos y tecnológicos alrededor de la noción de flujo o procesamiento
de información. La metáfora computacional vino a unificar mente y máquina y lanzo a la
Psicología a una carrera para producir modelos teóricos o artificiales que pudieran hacer lo
que los hombres hacen.
La Psicología cognitiva establece una línea continua entre mentes y maquinas.
Naturalmente, la posibilidad de tratar científicamente con mentes exigía simplificar estas al
nivel del proceso mecánico de información, entendiendo la información como aquello capaz
de hacernos optar por una cosa sobre otra, por una acción frente a una alternativa. Pero, por
qué elegíamos tal o cual cosa, tal o cual acción, seguía siendo desconocido para la ciencia.
Ahora conocíamos el proceso de como llegábamos a tomar una decisión, pero la razón
significativa no podía abordarse. La Psicología Cognitiva tuvo que dejar al margen
elementos tan humanos y que toman un papel tan crucial en las conductas de los hombres
como los sentimientos, la conciencia y en general toda manifestación fenomenológica de la
experiencia mental, es decir lo que aporta significado, lo que nos concede sentido. Este
parece ser el último esfuerzo que tenemos que dar, ¿cómo diseñar una teoría capaz de
explicar y poner en funcionamiento el significado que los seres humanos buscamos a lo que
nos rodea y a lo que nos afecta?
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6. Las Bases para la construcción de un Modelo Narrativo de la Mente
Los fundamentos filosóficos que aportan la epistemología y la metodología parten del
rechazo al representacionalismo y al objetivismo. Los trabajos que en semántica cognitiva
autores como Lakoff o Johnson vienen desarrollando desde una tradición que posiblemente
inaugurara las “Investigaciones Filosóficas” de Wittgenstein, pueden proporcionar una base
estable para la comprensión de cómo tenemos un mundo. En ellos, la idea kantiana del
conocimiento como un proceso mimético de construir representaciones objetivas del mundo
queda sustituida por un proceso constructivo, poético, que, arrancando de nuestra
experiencia corporal en el mundo, construye modelos cognitivos que categorizan el mundo
de una forma abierta, difusa e incluso frecuentemente diversa dependiendo del ámbito de
interés y del nivel de necesidad.
En ellos la lógica queda desbordada por proyecciones metafóricas de una estructura
de esquemas de imágenes y de categorías básicas definidas por la convergencia de nuestra
percepción gestáltica, nuestra capacidad para el movimiento corporal y nuestra capacidad
para formar imágenes mentales. De todo esto resulta que el mundo se tiene, se experiencia.
Así contra objetivismo y representacionalismo se presenta una estrategia que Lakoff
denomina experiencialista, que consiste fundamentalmente en caracterizar el significado en
términos de la naturaleza y experiencia de los organismos que piensan. Así, la experiencia
es construida en función de la naturaleza de nuestros cuerpos, de nuestras capacidades
heredadas genéticamente y de nuestros modos de funcionamiento físico en el mundo.
No obstante, esto no significa renunciar al realismo, aunque si transformarlo hasta lo
que podemos denominar (Putnam) Realismo interno, y que sostiene los siguientes
argumentos:
• El compromiso con la existencia de un mundo real externo a los seres humanos
• Una relación entre esquemas conceptuales y el mundo a través de la experiencia real
humana; experiencia que no es meramente interna, sino que está constreñida en todo
momento por el mundo real del que somos una parte inseparable.
• Un concepto de verdad que está basado no sólo en la coherencia interna y la
"aceptabilidad racional", sino, fundamentalmente, en la coherencia con nuestra experiencia
real constante.
• Un compromiso con la posibilidad de un conocimiento real del mundo por parte del
hombre.
En segundo lugar, necesitamos un fundamento biológico que logre construir o indicar
la construcción de un puente que una fisiología con psicología, que sea consistente con la
epistemología escogida y que además la valide.
Encontramos que la Teoría de la Selección del Grupo de Neuronas (TNGS) de
Gerald Edelman logra tal puente. En ella se expone una teoría de corte evolucionista del
desarrollo del cerebro hasta la conciencia. El cerebro se describe como un sistema
selectivo, en el que la selección opera a lo largo de la vida del individuo. Esta teoría propone
que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para
comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o
de información sino de procesos de selección bajo variación que operan en la formación del
cerebro embrionario, en la formación de sinapsis y en la amplificación diferencial de la
eficacia de las sinapsis. Junto con esto la teoría propone un mecanismo de reentradas de
señales que es el que permite comunicar distintas funciones cerebrales y producir procesos
superiores.
Finalmente, debemos unificar todos estos elementos en un modelo teórico en
donde se pueda producir una explicación natural de los procesos por los cuales
construimos un mundo y a la vez refleje una imagen del ser humano de interés para la
vida. Esta imagen del ser humano puede concretarse esquemáticamente con los siguientes
puntos que J. Bruner expone en sus Actos de Significado:
a) La gente tiene creencias y deseos, tales como:
- Creemos que el mundo se organiza de determinada manera.
- Queremos determinadas cosas
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- Que algunas cosas importan más que otras
- Las creencias no son sólo sobre el presente sino también sobre el pasado y el futuro.
Creencias que nos ponen en relación con el tiempo concebido de alguna manera.
- Nuestras creencias deben mantener algún tipo de coherencia para poder denominarse
"forma de vida". Y esas coherencias constituyen disposiciones que caracterizan a las
personas.
b) La gente encuentra un mundo exterior que condiciona y modifica nuestros deseos y
creencias. Un medio que proyectamos en el futuro y que verifica nuestras actuaciones.
Además, ese mundo exterior en la medida en que interacciona con nosotros provee razones
para nuestras creencias y deseos.
c) Esta división entre mundo interior y mundo exterior crea tres dominios de interpretación:
El que queda sometido a nuestros estados intencionales, el que escapa a nuestro control y
una mezcla compleja de los anteriores en donde aparecemos como sujetos y como objetos
a la vez.
d) Estas relaciones crean un dramatismo en torno a la acción humana que exige la puesta
en funcionamiento de nuestra inteligencia para poder seguir destacándonos como sujetos
activos. Esta inteligencia debe entenderse en el sentido amplio de ser el medio por el cual
logramos construir una vida.
Con todo esto, las tesis fundamentales del modelo alternativo que se propone son:
(1) Proponer a la acción como objeto de la psicología. Entendiendo la acción como una
versión intencional de la conducta.
(2) Sustituir la idea de conocimiento como el procesamiento de la información por la
construcción de un relato.
(3) Proponer el concepto de narración como herramienta de análisis y representación de la
acción humana, como objeto de estudio y como modelo de estructura de la mente humana,
porque:
a) Nuestra acción en el mundo es el argumento para una trama narrativa.
b) Comprendemos el mundo narrándonos la trama construida.
c) Nos expresamos y comunicamos contando a otros y a nosotros mismos esta narración.
La tesis fundamental es que todos los procesos por los que:
- Categorizamos el mundo,
- Forjamos recuerdos,
- Planeamos acciones,
- Sentimos y deseamos,
- Dirigimos nuestra conducta,
- Formamos parte del mundo de nuestros semejantes,
- Vivimos, en fin, contienen historias, historias que elaboramos desde nuestro papel de
narradores conscientes y que vivimos y revivimos como personajes. Historias que nos
aportan sentido y por las cuales comprendemos las conductas de nuestros semejantes y
que constituyen nuestras explicaciones y justificaciones sobre el mundo y nosotros mismos.
Historias que nos proyectan a mundos virtuales, a realidades posibles y que nutren, como
figuras de vida, nuestro dinamismo.
La alternativa que propongo al modelo cognitivo del procesamiento de la información
es un modelo narrativo que lo incluye, que es consistente con la epistemología que exige
una actitud no reduccionista y que es consistente también con los datos de la biología, pero
fundamentalmente se propone porque las consecuencias que se derivan de él, la imagen de
la que parte y difunde del ser humano y el tipo de papel que le concede a la ciencia respeta
aquellos valores que permiten al hombre hacerse mejor de lo que es. Porque permite
desarrollar una psicología humanista.
Tal vez todo esto requiera una evaluación mucho más rigurosa y metódica, pero -me
disculparé- este trabajo no es el mejor lugar para hacerla.
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7. Conclusiones: El concepto de ser humano
Una revisión de las distintas visiones que las diferentes escuelas psicológicas han
aportado a lo largo de la historia sobre el ser humano nos suscitará, seguramente, una
simple pregunta: ¿Cómo somos?
La variabilidad de las respuestas obtenidas por el hombre no nos hace sencilla la
tarea de elegir una respuesta. A la postre quizá tengamos que admitir que nuestras
respuestas científicas respecto de nosotros mismos no conseguirán una solución definitiva.
Visto así, tal vez, sea interesante cambiar el punto de vista y preguntarnos mejor ¿cómo
queremos ser?
Dependiendo de la respuesta que demos, investigar qué concepto de persona, qué
métodos de estudio y qué procedimientos de terapia y de relación debemos producir para
llegar a ser esto que queremos ser. La Psicología científica, como toda la ciencia en general,
debe plantearse qué consecuencias se siguen o se pueden seguir de sus teorías para la
vida cotidiana de los hombres. Pero, en este tema en particular, quizá sea mucho más
urgente esforzarse en diseñar y elaborar una ciencia que pueda servir a la gente para
comprenderse, para relacionarse mejor y para crear sociedades y vínculos sociales más
profundos y enriquecedores.
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