Interpretación del nihilismo de Nietzsche
Interpretación del nihilismo de Nietzsche
ESCUELA DE FILOSOFIA
Conclusión.................................................................................................................. 63
Bibliografía. ............................................................................................................... 65
1
I
SEMBLANZA BIOGRÁFICA Y CONTEXTO HISTÓRICO
1. Antecedentes histórico-familiares
La historia del hombre, antes que del filósofo, Friedrich Nietzsche, comienza con
la semblanza de sus padres: Franziska Oehler y Ludwig Nietzsche. Dos figuras que
tuvieron una fuerte incidencia en su vida, sobre todo porque de ellos rescató un serio
conjunto de convicciones y, claro está, de resquicios hacia las mismas, cuyo valor se
aproxima al contenido filosófico de sus obras; tal es el caso de su forma de ver la
sociedad, por ejemplo. Y es que considero necesario responder algunas interrogantes que
increpan directamente a sus motivaciones humanas por encontrar en la muerte de Dios la
mejor forma de comprender las consecuencias de la modernidad. Sabemos que la religión
de los primeros años de Friedrich Nietzsche fue el cristianismo de corte luterano,
heredada, obviamente por su padre, su abuelo paterno y el bisabuelo materno; todos ellos
pastores.
1
Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981, p. 34.
2
Friedrich Nietzsche lo describe como una persona amante de su propio estilo de vida,
apasionado por las letras y la música; aficionado por aprovechar su tiempo de ocio en las
menudencias de la ciencia; pero, sobre todo, como un autentico clérigo rural Dotado de
un espíritu y corazón, adornado con todas las virtudes de un cristiano.2
2. Infancia y juventud.
La llegada de Friedrich Wilhelm Nietzsche el 15 de octubre de 1844 fue de gran
sosiego para la familia del pastor alemán. No habiendo cumplido siquiera un año de su
boda con Franziska, Ludwig se llenó de alegría por la llegada de su primogénito al que
decidió llamar a la vida en sacrosanto bautismo con el nombre de su benefactor real. En
el escrito autobiográfico de Friedrich titulado De mi vida, el mismo Nietzsche hace una
larga y tendida descripción de su padre y de lo que vino a representar para él el haber
2
Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid, 2014, p. XI.
3
Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981, p.36.
3
nacido en una familia luterana, como si hubiera sido «arrojado» inevitablemente en un
contexto casi displicente. Sin embargo, la muerte de su padre en 1849 4, deja entrever —
en palabras de Paul Janz— un vacío espiritual enorme que se vio reflejado en sus escritos
de madurez en cuyas hojas se perciben profundos lazos, más que con su madre.
Su infancia aconteció la mayor parte del tiempo en Naumburg, lugar donde se crió
en un ambiente piadoso y femenil, con su madre, su hermana, una abuela y dos tías. Ahí
mismo desarrolló una gran habilidad para disfrutar de la música e interpretar algunas
cuantas improvisaciones al piano, aunque según los expertos, como el mismísimo
Wagner, no llegaría muy lejos; mas, aprendió fácilmente a interpretar algunas cuantas
piezas musicales de Beethoven siendo él apenas un pequeño muchacho.
De 1854 a 1858 estudió en el Gymnasium local, y de 1858 a 1864 fue alumno del
célebre internado de Pforta. A los catorce años, la escuela de Pforta le brinda una
formación clásica, humanista y filológica sinigual. Era un recinto escolar que le brindó
disciplina, exigencia, buenos estudios, y una distribución apretada del tiempo…
cuestiones que tenían la finalidad de formar en sus jóvenes una personalidad y carácter
4
Friederike Dächsel escribe que la muerte tuvo lugar el 30 de julio, a las cinco horas y cuarenta y nueve minutos.
«se le ha abierto la cabeza y ha quedado confirmado que murió de un reblandecimiento cerebral que le ocupaba
ya un cuarto del cerebro» en: ibidem, p.41.
5
Es quizás este dato muy importante a considerar ya que toda su infancia y hasta un punto de su adolescencia,
la piedad que impregnó su estilo de vida tendrá consecuencias importantes en sus primeros escritos.
4
sólidos.6 En el verano de 1859 conoce a Paul Deussen, el futuro filósofo orientalista, y a
Carl von Gesdorff, afín a Friedrich por el gusto a la música. Como estudiante se hizo
notar gracias a su admiración por el genio griego, el cual, despertó en su época de
estudiante una predilección por autores clásicos como Platón y Esquilo.
Estábamos dispuestos a dar la vida por Cristo, radiantes de una alegría inmensa.
Esto duró lo que duran las rosas. Cierta fe se mantuvo en el bachillerato, destruída
por el método de Pforta sobre los autores antiguos, que nosotros aplicábamos a la
Biblia.7
6
«[…] Nietzsche reconoce cómo esta coerción casi militar le permitió reencontrarse consigo mismo, como si
solo enfrentado a la uniformidad de la ley y a la dureza de la autoridad hubiera podido dar forma a sus
aspiraciones creativas.» En: Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid,
2014, p. XII.
7
Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981, p.72.
8
«Se trata de la primera erupción de su ser espiritual propio, aunque mitigada y domeñada por una consciencia
alerta; de algo que no es sino un comienzo, evidentemente imperfecto, pero asumible ya, en cierto modo, como
un programa de su entera vida y pensamiento.» ibidem, p.87.
5
podrido, la vida ya no tiene sentido, sus convicciones parecen derrumbadas y su fe no
parece dar ningún camino seguro.
9
«El domingo Nietzsche y Richter bebieron, en la estación de Kösen, cuatro jarros de cerveza cada uno en el
espacio de una hora. Como consecuencia de ello Nietzsche estaba borracho y Richter también, aunque de
manera todavía mas visible.» ibidem, p.101.
6
obtención de su catedra como profesor en Basilea. Evidentemente para aquella época
Nietzsche había abandonado ya el cristianismo por completo, y cuando en Leipzig llegó
a conocer la obra principal de Schopenhauer, uno de los aspectos que más le interesó,
según declaró él mismo, fue el ateísmo del autor.10
10
«Un día, curioseando en una librería de viejo, la de Rohm, se topó con el libro de Schopenhauer El mundo
como voluntad y representación. Al hojearlo, una voz interior le sugirió que lo comprara. “Encontré en él un
espejo, en que el mundo, la vida y mi naturaleza se reflejaban con una grandiosidad atroz”» Cfr. ibidem, p.139
11
Ritschl, contento al ver que algunos de sus estudiantes lo habían seguido, sugiere organizar una Sociedad
filológica. Fede tiene una conferencia, y Ritschl percibe al genio. Lo anima a que se dedique del todo a la
filología.
7
En el otoño de 1868, Nietzsche entra en contacto con el círculo wagneriano en
casa de la familia Brockhaus, en Leipzig. Con Wagner, muy por encima de ciertas
circunspecciones, siente una fuerte admiración, máxime porque éste también ensalza el
pensamiento de Schopenhauer y ambos buscan la renovación de la cultura alemana.
Inclusive, las visitas que Nietzsche hizo desde Basilea a la villa de Richard Wagner
constituían un gran consuelo para él. Ya en sus tiempos de estudiante en Leipzig, había
sentido gran admiración por la música de Wagner, y su amistad con el prestigiado
compositor posiblemente influyó en sus escritos negativamente.12
Por esas fechas Nietzsche estaba pensado irse a París, cuando gracias a la
recomendación de Ritschl recibe la oferta de una cátedra en Basilea (tiene apenas 24 años
y todavía no se ha doctorado). Gran gozo de Friedrich, y de su familia, aunque veía que
el exceso de trabajo estorbaría un tanto sus planes.
12
Cfr. «Mi existencia universitaria fue el largo intento de acomodarme a un medio falso; mi aproximación a
Wagner fue lo mismo, aunque en dirección opuesta.» en: Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche
(vol. I), Gredos, Madrid, 2014, p. XXIII.
13
Ibidem, p. XVI.
8
decadente de Sócrates y de Eurípides, cosa que irritó en buena parte a los asistentes de
esa ocasión, especialmente a los filólogos. La conferencia de aquel 1° de febrero de 1870
fue el resorte necesario para lo que más tarde se convertiría en El nacimiento de la
tragedia. Además, ese mismo año conoce a Franz Overbeck, uno de sus mas fieles y
constantes en su apoyo, y a Jacob Burckhardt, importante historiador de la cultura que
fue fuente de moderación en todo el trabajo intelectual de Nietzsche.
[…]
14
Ibidem, p. XVII.
15
Cfr. ibidem, p. XX.
9
Se ve tajantemente que las Consideraciones intempestivas responden a la urgencia
nietzscheana de crear un nuevo modelo filosófico y pedagógico capaz de sacar todas las
conclusiones de su enfrentamiento con las instituciones culturales de su presente. En el
primero de estos ensayos (David Strauss, el confesor y el escritor) ataca con ardor al
teólogo y filosofo David Strauss que fue, en palabras de Nietzsche, el máximo
representante del filisteísmo de la cultura alemana. En el segundo (Sobre la utilidad y el
prejuicio de la historia para la vida) se precipita ferozmente contra lo que él llamó la
idolatría al conocimiento histórico, como sustituto de la cultura viva. El tercero
(Schopenhauer como educador) está dedicado a un extenso encomio a la persona de
Schopenhauer como educador y, finalmente, el cuarto (Richard Wagner en Bayreuth) que
tuvo la intención de reconocer en este afamado compositor el renacimiento del genio
griego, así como unas tenues reservas sobre el mismo que terminaron hacia 1876 en una
substancial ruptura con su pensamiento.
16
Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981, p. 114.
10
pensar contra la moralidad de la auto-renuncia y contra los valores morales de herencia
inevitable. Pero también, resuena el eco de una voz nostálgica por el pasado que antes le
hizo mirar con más calma. Ahora le resulta difícil comprender por qué se alejó de los
compañeros de lucha del pasado, sobre todo, de los Wagner.
5. El golpe de inspiración.
Desde 1881 Nietzsche experimenta diversas oleadas de inspiración que le hacen
tomar consciencia de unas cuantas verdades; algo así como ciertas revelaciones
filosóficas advenidas hacia él en sus largos paseos por la región de los Alpes. Durante los
primeros meses de aquel año se le sabe inquieto por la lectura, trabaja en la mañana, se
pasea de mediodía hasta las 4 con el propósito de volver a trabajar hasta las 7. De sus
libros más fascinantes se encuentran las obras de Spinoza que muy amablemente recibió
como donación por manos de Overbeck. Un día de agosto, tal vez en la primera quincena,
va por el lago de Silvaplana. Tiene entonces una visión privilegiada que lo hace
estremecerse; una visión más allá de nuestros horizontes y de nuestros sentidos.
17
Es publicada finalmente en el verano de 1882 con el subtítulo de La gaya scienza, mejor conocido en el
mundo hispanohablante como «el alegre saber».
11
tarde, cuando la salud lo permitía, rodeaba la bahía entera de Santa Margherita
hasta Portofino... En estos dos itinerarios se me ocurrió el Zaratustra entero, sobre
todo el mismo Zaratustra como tipo: más exactamente, él me asaltó.18
Luego de su decepción con Lou Salomé en 1882, concibió entonces el plan de
escribir lo que para muchos críticos y estudiosos sería la obra culmen de este pensador, a
la que quiso titular como Así habló Zaratustra. Dos años fueron suficientes para que en
febrero de 1883 publicara las dos primeras partes. La tercera, en la que se proclamaba la
teoría del eterno retorno, apareció a principios de 1884, y la cuarta fue publicada a
comienzos de 1885.
No he escrito nada mas serio ni mas alegre a la vez, y deseo de todo corazón que
este color —que no es necesariamente un color mixto— se convierta, cada vez
más, en mi color «natural» […]. Con este libro he penetrado en un nuevo circulo;
18
Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. III., Alianza Editorial, Madrid, 1985, p. 65.
12
de ahora en adelante es seguro que seré clasificado en Alemania entre los locos.
Se trata de una especie extraña de «sermones morales».19
Tal era la brillantez de Nietzsche que al año siguiente (1887) saca a la luz otra
obra de calibre semejante; La genealogía de la moral, va cargada de la misma
preocupación critico-moral de su precedente manuscrito, sólo que esta vez lo hace con
un dramatismo peculiar ya que, después de haber anunciado la destrucción de la moral,
el autor trata de minimizar el papel de la conciencia: la reduce a una actividad disfrazada
del instinto de crueldad, que el sujeto, incapaz de atacar a otro, vuelve contra su propia
persona para encontrar en la tortura de sí mismo la satisfacción de esta tendencia.
Son, quizás, estas dos fechas la clave para entender todavía el periodo de lucidez
nietzscheano pues, aunque en los últimos años de su vida se vieron mermadas sus
facultades intelectuales, no dejó de escribir con maestría. Tal es así que poco antes de su
hundimiento definitivo en 1888 presentó al mundo títulos como El crepúsculo de los
19
Cfr. Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid, 2014, p. LXXXII.
13
ídolos, El caso Wagner, El anticristo y Ecce Homo. No se descarta que los trabajos de
este año muestran signos evidentes de tensión e inestabilidad mental; Ecce Homo en
particular, con su exaltado espíritu de autoafirmación, da una clara impresión de
desarreglo psíquico.
Como hecho relevante en la vida del filósofo se dice que en uno de esos días de
su avanzada condición de salud iba por la plaza Carolo Alberto (Italia) cuando, de
repente, vio un cochero azotando a su caballo. Erich Podach expresa que Nietzsche se le
echa encima, aparta al hombre, y se pone a abrazar y a besar al caballo. Fue como una
crisis de la que salió desvanecido. A duras penas lo llevaron a su domicilio. Tras el
accidente se quedó acostado dos días enteros, profundamente dormido.23
20
Cfr. Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. IV., Alianza Editorial, Madrid, 1985, pp.9-15.
21
«El 3 de enero provoca algún disturbio en la vía publica que incluso origina la intervención de la policía.»
en: Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid, 2014, p. XXXIII.
22
Como una de las primeras manifestaciones «de locura», la misiva del 3 de enero de 1889 a Meta von Salís se
cierra así: «El mundo está transfigurado puesto que Dios está en la tierra. ¿No ve usted cómo todos los cielos
se alegran? Acabo de tomar posesión de mi reino, arrojo al Papa en la cárcel y hago fusilar a Wilhelm, Bismarck
y Stoecker» en: Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. IV., Alianza Editorial, Madrid, 1985, p. 23.
23
«Erich Podach narra (en 1930) la conmovedora historia de cómo Nietzsche, en la parada de coches de punto,
cree que un viejo caballo es maltratado por su cochero y, entre sollozos y lágrimas, se echa al cuello del animal
14
Una pieza clave en su detección primaria de su enfermedad fue Overbeck, aquel
amigo fiel que siempre estuvo al tanto de él. En cuanto este se enteró rápidamente de la
situación de Nietzsche no dudó en visitarlo el 8 de mayo de 1889 con la finalidad de
llevarlo a Basilea para que fuese atendido con propiedad en un hospital psiquiátrico. Los
resultados de las intervenciones arrojaron una supuesta parálisis progresiva y
reblandecimiento cerebral de nula reversibilidad. Algunos psiquiatras sugirieron otra
teoría sobre su estado mental. Los prestigiados médicos de un hospital en Jena,
determinaron que la causa directa de su afección neurológica estaba estrechamente
relacionada con una infección sifilítica contraída en su juventud, tal vez allá por 1866. 24
No obstante, eso no es ningún impedimento para que él siga escribiendo (eso si, con
graves expresiones de delirio).
Sus últimos diez años de vida los pasó en compañía de su hermana y su madre
quienes sometieron a Nietzsche a diversos tipos de tratamiento sin lograr una mejora en
su agobiante circunstancia. En 1897 muere su madre y Elisabeth decide trasladarse junto
con su hermano a Weimar donde más tarde se establecería el Archivo de Nietzsche. Del
archivo audiovisual que se conserva de Nietzsche se encuentra un video de
aproximadamente 76 segundos en el que aparece envuelto en gran túnica blanca, en
actitud de doliente soñador. Su hermana llegó a decir que de vez en cuando sobre el rostro
pálido se ve rodar una lágrima, que desciende hasta el gran bigote.
abrazándolo. Aunque Podach testimonió aquí una trasmisión oral de la tradición local de Turín, y que él recordó
después de años, siempre queda la pregunta de si en realidad se produjo un mal trato realmente llamativo de un
animal, o si Nietzsche se lo figuró simplemente con su mirada ya turbia. Hay que considerar además otra cosa:
Nietzsche nunca mostró especial afinidad para con los animales, […]» en ibidem, p.29.
24
«La más importante fue la de un conocido neurólogo berlinés, que disponía de numerosos contactos
personales. El nos manifestó que se conocían cosas plenamente auténticas sobre la infección sifilítica de
Nietzsche. Nietzsche se contagió de sífilis en un burdel de Leipzig cuando era estudiante.» en ibidem, p.12.
15
nuestros días a través de sus obras y múltiples creaciones literarias cuyos alcances no
dejan de sorprender a propios y extraños.
II
Si pudiera empelar una palabra para caracterizar la filosofía de Nietzsche, sería justo
utilizar la de «aniquilación» o bien –en términos derridianos– la de «deconstrucción».
Nietzsche, junto a su figura antecesora, Kierkegaard, es con toda seguridad una reacción
frente a la filosofía gestada durante toda la modernidad. Por ello, la obra nietzschiana es,
antes que nada, una seria demolición de la tradición filosófica heredada desde la misma
Grecia.
Si Hegel creyó que podía dar una respuesta positiva a la historia de la humanidad
occidental, Nietzsche representa, por el contrario, la negación despiadada,
resuelta, del pasado; la repulsa de todas las tradiciones, la invitación a una radical
vuelta atrás.25
En ese sentido, Also sprach Zaratustra. Ein Buch für Alle und Keinen, mejor
conocido en el mundo hispanohablante como Así habló Zaratustra es, quizás, por su
magistral manera de abordar la crítica a la cosmovisión precedente a su tiempo, una
extraordinaria novela filosófica, la cumbre álgida del pensamiento de Friedrich
Nietzsche. El mensaje que pretende transmitir a través de esta historia contiene como
ideas fundamentales las consideraciones sobre el eterno retorno, la voluntad de poder, la
afirmación de la vida, la transmutación de valores, el «superhombre» … cuyas bases se
encuentran fuertemente arraigadas en el reproche que el autor le adjudica al valor
metafísico, moral y cristiano conferido al corpus filosophicum occidental.
Para efectos del presente trabajo es menester advertir que la obra se divide en un
prólogo y cuatro partes (las dos primeras publicadas en 1883, la tercera hacia 1884 y la
cuarta en 1891), cada una integrada por una serie de relatos breves que desglosan la trama
de una forma singular y con una temática distintita [Tabla 1]. De hecho, conforme lo
25
E. Fink, La filosofía de Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p.9.
16
señalan algunos especialistas del libro, es necesario saber que la trama se encuentra
condensada en la primera y la última parte, mientras que las dos restantes son
estrictamente los discursos del protagonista.
Prólogo
A primera vista, el titulo resulta bastante atractivo, sobre todo porque es evidente
la palabra no común a nuestro lenguaje; sin embargo ¿Quién es, pues, Zaratustra? Bueno,
se trata del personaje principal, un ermitaño que, luego de haber vivido muchos años en
soledad y profunda reflexión, abandona su tierra con la finalidad de comunicar su mensaje
a quienes el destino de su errante viaje se dignará poner en su camino. Según relata el
autor en el prólogo, cumplidos los treinta años, se retira a la soledad de las montañas
acompañado de una serpiente —símbolo de la inteligencia— y un águila —símbolo de
la voluntad— para aprender ahí una especie de sabiduría nunca jamás conocida sobre la
tierra. Es entonces cuando su decidida enmienda se lleva a cabo y parte con rumbo
desconocido, encontrándose, primeramente, con un anciano anacoreta que no había oído
todavía nada de que Dios ha muerto.26
Cuesta abajo, logra llegar a un poblado reunido en torno al mercado y justo ahí
comete el error de dialogar como los cenobitas, es decir, hablar a todos y no hablar a
nadie al mismo tiempo. Sus discursos son para todos, aunque también para nadie,
logrando solamente que las demás personas se burlen de él sin saber que en ese discurso
les ha mostrado la imagen del último hombre, el «superhombre», el Übermensch: el
hombre, que desde el momento de la “muerte de Dios” debe “trascenderse” a sí mismo
en el propio mundo terrenal.27
26
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.18.
27
Alejandro Villamor Iglesias, Nietzsche y Así habló Zaratustra, en: «Análisis» 51, 95, España, 2019, p.480.
DOI: <[Link]
17
Más adelante, Zaratustra descubre una verdad tras sepultar con sus propias manos
a un volatinero28 que cayó en tierra mientras divertía al pueblo; aprendió que es inútil
dirigir una palabra a los oídos necios de la gente. Por ello dice: cantaré mi canción para
los eremitas solitarios o en pareja; y a quien todavía tenga oídos para oír cosas
inauditas, a ese voy a abrumarle el corazón con mi felicidad,29 a sabiendas de que, al
igual que el acróbata, vano es concentrarse en tratar de convencer sobre la verdad a los
demás. De esa manera y tras el fracaso evidente, Zaratustra regresa a la montaña, dando
fin a este primer momento introductorio de dicha novela.
La sección primera da inicio con un relato peculiar que versa sobre la triple
transformación del espíritu. En él hace hincapié en que éste mismo comienza por ser un
camello, como símbolo de aquellos que se complacen solo en obedecer ciegamente sin
cuestionar nada, las obligaciones sociales y los valores que les imponen; seguido de un
león que no tolera ser tocado por nadie, signo del hombre liberado de sus cargos sociales
y morales, un rebelde por naturaleza, pero sin aliento creador; para, finalmente, hallarse
en un estado similar al de un niño, el cual, posee la potencialidad de crear porque vive
libre de prejuicios.
Zaratustra había pensado –al igual que muchos otros individuos– que el mundo y
el hombre eran obra de un Dios sufriente y atormentado. Un mundo imperfecto que no
28
«Persona que con habilidad y arte anda y voltea por el aire sobre una cuerda o un alambre, y hace otros
ejercicios semejantes» Real Academia Española, «volatinero» en: Diccionario de la lengua española, 23ª.
Edición, <[Link] (consultado el 2 de marzo del 2022).
29
Friedrich Nietzsche, Op. Cit. p.29.
18
podía responder una causa lógica más que la respectiva al ser humano: ¡Ay hermanos,
ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses!.30 El
personaje principal ha caído en la cuenta de haber encontrado otra verdad no comunicada
por nadie más que por sí mismo, producto de su larga reflexión por las cordilleras de un
lugar desconocido; sabe que es poca cosa mirar el cielo sin siquiera darse cuenta de la
felicidad que tanto se ansía en la tierra, la que obra, la que da sentido. De hecho, es
evidente su desagrado por las personas despreciativas del cuerpo y de la tierra a las que
considera con desdén como enfermos y moribundos, mas nunca pretende que cambien,
sino que tan sólo se despidan de su propio cuerpo y que de este modo callen para siempre
ya que no son el camino seguro para llegar al «superhombre». [El cuerpo es una gran
razón, una pluralidad dotada de un único sentido. Tu pequeña razón le dice Zaratustra,
esa a la que llamas “espíritu” es también un instrumento de tu cuerpo, un instrumento
humilde y un juguete de tu gran razón.]
30
Friedrich Nietzsche, Op. Cit. p.35.
19
guerra por él; y para hacer la guerra hay que poder ser enemigo. En el propio
amigo debemos honrar incluso al enemigo […].31
También, Zaratustra dice que el solitario sufre, con frecuencia, a causa de muchos,
mas es aún posible conservar todo su valor y todas sus esperanzas. La soledad nunca
terminará sin alguna recompensa al final; sin embargo, todavía son asequibles
sentimientos que quieren matar al solitario, empero, si no lo consiguen, ellos mismos
tienen que morir. Del mismo modo, hace una recomendación a los solitarios: ¡Y guárdate
de los buenos y justos! [que] Con gusto crucifican a quienes se inventan una virtud para
sí mismos.32 La enseñanza de todo esto es, al final, crear por encima de sí mismo.
Respecto al amor al prójimo, no es otra cosa que vuestro mal amor a vosotros
mismos,33 afirma el dichoso eremita. Es bastante extraño que Zaratustra le adjudique un
valor más auténtico a las cosas y a los fantasmas que a las propias personas, y es que
nuevamente se remonta a la idea del Übermensch en razón de que se justifica diciendo
que es mejor preferir al lejano que al que se encuentra cerca: al amigo creador que siempre
tiene algo que regalar, el amigo «superhombre» que es causa propia del individuo.
Al tratar el tema del matrimonio es incisivo en el poder creador que tiene la unión
de voluntades para engendrar a alguien que, sin duda, deberá ser mayor que ellos. No
obstante, encuentra insípida la concepción de remitir la unión conyugal a algo que está
31
Ibidem, p.58.
32
Ibidem, p.65.
33
Ibidem, p.62.
20
en el «cielo»: ¡no a mí no me gusta ese cielo de los superfluos! ¡No, a mí no me gustan
esos animales trabados en la red celestial!34 El matrimonio es, ante todo, un esfuerzo
constante por edificarse a sí mismo con el debido respeto recíproco que se merecen los
que desean generar la vida.
Por otro lado, cuando toma posición frente a la castidad (entendida en este caso
como la inocencia de los sentidos), aconseja tomar un justo medio ya que resulta ser en
algunos una virtud, pero en muchos es casi un vicio.36 Zaratustra es consciente de que la
castidad es una necedad humana, una obsesión advenida a los seres humanos, y no
viceversa. Es para el propio parecer del sabio una gran virtud y, casi de inmediato, la
misma cosa por la que, la continencia, asoma la insatisfacción y la frialdad de espíritu.
34
Ibidem, p.70.
35
Ibidem, pp. 66-67.
36
Ibidem, p.57.
21
ahora no tienes más que tus virtudes: han surgido de tus pasiones.37 Vale en el
protagónico la razón que determina al hombre, ese juego dinámico y necesario que
confronta dentro de sí el bien y el mal; una aproximación constitutiva de la condición
volitiva que se aleja de la estrecha línea entre lo inicuo y lo meritorio. Entre todas las
cosas mejores que alcanza un hombre siempre ha de haber precisión por una de ellas, por
lo que es requerimiento en el espíritu la envidia, la desconfianza y la calumnia entre las
virtudes,38 (que en otro tiempo fueron menospreciadas). Únicamente por el amor a las
propias virtudes que nacen del padecimiento moral, el hombre conviene de ser superado.
De forma contigua, reluce el carácter moral que adjudica al Estado, ese concepto
que en otro tiempo sirvió para sintetizar lo que también se llamó vida, pero que nada de
ese ímpetu condujo a los hombres por la vía del Übermensch. Zaratustra se persuade del
peligro que representa el Estado en virtud de que están al mando de unos cuantos hombres
capaces de atrapar a la gente y, así, enseñar una voluntad de muerte.
Esta señal os doy: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino
no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje propio en costumbres y
derechos. Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo
que diga, miente, y posea lo que posea, lo ha robado.40
Justo negocia en prescindir del Estado para ser libres; donde acaba el dominio de
los superfluos comienza el puente hacia el «superhombre» porque ese desagradable
monstruo al que se ha denominado Estado se ha valido de la figura divina para manejar
las conciencias a su antojo: «En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy
37
Ibidem, p.40.
38
Ibidem, p.41.
39
Ibidem, p.68.
40
Ibidem, pp.51-52.
22
el dedo ordenador de Dios» -así ruge el monstruo.41 No por nada reitera esta tesis en el
De las mil metas y de la única muerte diciendo que han sido los hombres, y nadie más
que los hombres, los que han determinado que es lo bueno y lo malo; por eso se llama
hombre: es decir, el ser que mide y valora.42
Que vuestro morir no sea una blasfemia contra el hombre y contra la tierra, amigos
míos: esto es lo que yo le pido a la miel de vuestra alma. En vuestro morir deben
seguir brillando vuestro espíritu y vuestra virtud, cual luz vespertina en torno a la
tierra: de lo contrario, se os hará malogrado el morir. Así quiero morir yo también,
para que vosotros, amigos, améis más la tierra, por amor a mí; y quiero volver a ser
tierra, para reposar en aquella luz que me dio a la luz.44
Finalmente, Nietzsche da paso al telón final con una narración suprema. La escena
de lo que el autor tituló De la virtud que hace regalos, nos propone la salida de Zaratustra
del pueblo de su predilección, que raramente se llama la vaca multicolor. Acompañado
de sus discípulos (los mismos que le obsequiaron un bastón de empuñadura ilustre muy
parecido a un esculapio45) y con un melodrama sinigual se despide de ellos reiterando su
41
Ibidem, p.52.
42
«En verdad, los hombres se han dado a sí mismos todo su bien y todo su mal. […] Para conservarse, el hombre
empezó implantando valores en las cosas. […] Por eso se llama «hombre», es decir: el que realiza valoraciones».
Ibidem, p.60.
43
Ibidem, p.72.
44
Ibidem, p.74
45
«un bastón en cuyo puño de oro se enroscaba en torno al sol una serpiente.» [Nota al pie: Este bastón con su
simbolismo de la serpiente, alude al cetro de esculapio, dios de la medicina en la antigüedad griega. Zaratustra
es el medico de las enfermedades de este mundo]. Ídem.
23
preferencia por la soledad, no sin antes incitarles a aspirar a la virtud más alta, a la distinta
de la superflua realidad terrena, una virtud que cura, que transforma, que hace regalos: la
que se caracteriza por ser egoísta y ofrenda para los demás, no como se había entendido
por mucho tiempo, esto es, como una virtud que exige, de poder: En verdad, semejante
amor que hace regalos tiene que convertirse en ladrón de todos los valores; pero yo
llamo sano y sagrado a ese egoísmo.46
El primer relato, nombrado como El niño del espejo, que, dicho sea de paso, iba a
titularse «la segunda aurora», nos habla de la ocasión en que Zaratustra se encontró con
la presencia especial de una persona. Nietzsche menciona que una noche en la
madrugada, Zaratustra tiene un sueño que le hace despertar, en cuya entraña se le acerca
un párvulo que lleva un espejo en sus manos. Oh Zaratustra – me dijo el niño – mírate
46
Ibidem, p.75
47
Ibidem, p.79.
48
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, 2002, p. 8.
24
en el espejo.49 Lo que Zaratustra ve en el espejo no es su reflejo, sino la mueca y la risa
burlona de un demonio.50 Para este personaje está claro el significado del sueño, pues su
doctrina está en peligro. Dice: Mis enemigos se han vuelto poderosos y han deformado
la imagen de mi doctrina.51 Es muy interesante la imagen de su sueño. El niño es uno de
sus discípulos que en los años transcurridos ha pasado de camello a león y de león a niño.
Pero el reflejo demoniaco en el espejo indica que no ha reflejado bien su enseñanza o, al
menos, que se ha tergiversado su verdadero sentido.
¿Por qué? ¿Qué pasó con sus discípulos? Pues han sido objetos de una enseñanza,
una pedagogía, incoherente. Resulta que el intento de convertirse en «superhombre», lo
cual es la finalidad de la enseñanza de Zaratustra, es contradictorio para sí mismo. ¿Por
qué? Recuerda que Zaratustra no quiere discípulos que le sigan como ovejas. Un borrego
no es el Übermensch. Pero si uno acepta su doctrina, se vuelve en su discípulo, en su
seguidor, lo cual lo descalifica como «superhombre».52 La retórica pedagógica de
Zaratustra en la primera parte ha sido, en efecto, confusa y hasta cierto punto engañosa.
En el texto dice que sus enemigos han deformado su imagen. No es que sus enemigos
hayan interpretado mal su doctrina, sino que la han entendido a la perfección con todo y
sus contradicciones. Es sencillo, sus discípulos sólo andan perdidos porque sus enemigos
le han convencido de que para que se vuelvan superhombres tienen que rechazar la propia
doctrina del «superhombre», cosa que es exasperante y contraproducente. Por eso el
reflejo del demonio pues todo se ha pervertido; sin embargo, el demonio no son sus
enemigos sino el propio Zaratustra.
Lo que Zaratustra quiere son compañeros en este camino, mas pareciera que su
didáctica hasta ahora sólo produce discípulos y enemigos. Dándose cuenta de todo esto
dice: ¡He perdido a mis amigos; me ha llegado la hora de buscar a los que he perdido!53
49
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p. 82.
50
Ídem.
51
Ídem.
52
«Celosamente y a gritos conducían su rebaño por su vereda: ¡como si hacia el futuro no hubiera más que una
sola vereda! ¡en verdad, también estos pastores continuaban formando parte de las ovejas!» ibidem, p.91.
53
Ibidem, p.82.
25
y baja de la montaña para viajar a las Islas Afortunadas donde sus discípulos se
encuentran y en las que todos los discursos de la segunda parte tienen lugar ahí.
54
Ibidem, p.84.
55
Ídem.
56
Ibidem, p.85.
57
Ídem.
26
quienes considera como los compasivos. Para Zaratustra, la compasión es sinónimo de
enfermedad y perversión de las verdaderas motivaciones humanas porque, tal cual lo
asevera, los grandes favores no vuelven agradecidos a los hombres sino vengativos. 58 El
personaje principal está convencido del eventual peligro que corren los hombres cuando
el sentimiento de la compasión toma lugar en sus corazones ya que lejos de coadyuvar en
el bienestar de las personas las hace caer en el valle de la tristeza. No obstante, Zaratustra
no está invitando a ser indiferentes porque eso sería inhumano y Nietzsche nunca
apostaría por una cosa así. La opción no está entre ser inhumano y ser compasivo: se trata
de ser generoso, de dar alegría, no de recibir dolor, […] yo he hecho sin duda esto y
aquello en favor de los que sufren: pero siempre me parecía que yo obraba mejor cuando
aprendía a alegrarme mejor.59
Por esta razón existe un medio de fin que conduce a los hombres a dar lo mejor de
sí mismos antes que procurar una genuina empatía adormecedora de la conciencia del
«superhombre». Zaratustra es incisivo en no demostrar nunca compasión. Sabe
perfectamente que para llegar al Übermensch es menester adquirir un espíritu, si humano,
pero no vengativo/destructivo en el fondo. Sabe, además, que es eventualmente peligroso
hacer del hombre un juguete de sentimientos: Y aprendiendo a alegrarnos mejor es como
mejor nos olvidamos de hacer daño a otros y de imaginar daños.60 Para Zaratustra sentir
lástima por otra persona sólo produce más sufrimiento y no resuelve nada
En la narrativa contigua nos es distinta la temática sobre lo repugnante que son los
sacerdotes para Zaratustra. Estos sólo se han encargado de hacer sufrir a los demás con
sus grandes cargas impuestas. Son unos completos hipócritas porque ellos mismos no
caminaron nunca sobre las alfombras del conocimiento,61 que muy dignamente se
atrevían a enseñar a los otros. El autor reconoce que más allá de los sacerdotes han
existido todavía mejores personas. ¡Ha habido, en verdad, hombres más grandes y de
nacimiento más elevado que aquellos a quienes el pueblo llama redentores, esos
58
Ibidem, p.88.
59
Ibidem, p. 87.
60
Ídem.
61
Ibidem, p.91.
27
arrebatadores vientos impetuosos!62 Pero, muy a pesar de todo, la casta sacerdotal sigue
siendo vengativa por su exacerbado sentimiento de inferioridad que se traduce en
términos de compasión como una vil apariencia de la misma, así como en falsos valores
y palabras vacías de aquellos esperan ser liberados de sus prisiones internas.
62
Ibidem, p.92.
63
Ibidem, p.101
64
Ibidem, p.102.
65
Ibidem, p.114.
66
Es mi deber afirmarlo y abordarlo de esta forma (un poco tomando la interpretación personal), ya que este
era mi primera motivación de tesina. En el estudio introductorio que hace el comentarista de Nietzsche en El
nacimiento de la tragedia afirma: «con la palabra «dionisiaco» se expresa: un apremio de unidad, un desarrollo
28
belleza de la cultura griega (simbolizada con la rosa) no es gratuita, sino que brota de una
experiencia de sufrimiento (simbolizada con las espinas). Hace eco de esta dualidad más
adelante cuando dice que estos sublimes son como toros pero que le falta ojos de ángeles,
dualidad que a su vez evoca la relación entre el águila y la serpiente que vimos en el
prólogo.
Aquí en el discurso, Zaratustra parece comparar los logros de los sublimes (de
alma tensa y aspecto sombrío) con la esplendidez de los antiguos griegos. No es poco lo
que estos hombres han logrado, —asevera— pero lo han conseguido con demasiado
violencia y esfuerzo. Lo que más les cuesta, dice Zaratustra, es la gracia y la belleza.
Inconquistable es lo bello para toda voluntad violenta,67 dice. Cuando imaginamos la
voluntad de poder pensamos en cierta fuerza y violencia, pero en este discurso Nietzsche
nos corrige. Cuando el poder se vuelve clemente y desciende hasta lo visible: belleza
llamo yo a tal descender.
29
poetas. Y es que Zaratustra es, sin duda, un poeta, pero también un filósofo que afirma
que el fondo de la realidad es la dinámica de la voluntad de poder.
¡Qué decir de los doctos! Pues para el gran sabio, este tipo de hombres persiguen
el conocimiento como si fuera un cascar nueces, fijándose de forma miope en pequeños
problemas abstractos, metódicamente juntando las nueces en una pila de conocimiento.
Más adelante, Zaratustra dice: Si se los toca con las manos, levantan, sin quererlo, polvo
a su alrededor, como sacos de harina, empero ¿quién adivinaría que su polvo procede
del grano y de la amarilla delicia de los campos de estío?68 Los eruditos académicos
toman ideas y pensamientos del pasado, o sea, la amarilla delicia de los campos de estío,
ideas que eran vivos pero que el académico ha arrancado de su suelo y que ahora en su
mesa de trabajo los casca y luego los muele hasta reducirlos a un polvo muy fino – ¡el
conocimiento puro! Hay muchas metáforas más en este breve discurso, pero todas
apuntan a la pequeñez y esterilidad de los que se creen sagaces en el conocimiento.
Además de abordar a los sublimes, los doctos, los poetas… Nietzsche se preocupa
por predicar sobre la cultura en uno de sus títulos. El pasaje comienza con un Zaratustra
que habiéndose adentrado demasiado en el futuro volando decide huir hacia atrás, motivo
por el cual llega a los “hombres del presente” y al “país de la cultura”, anhelando verlos.
Sin embargo, Zaratustra se lleva una gran decepción con estos hombres: los ve
abigarrados, habiéndose pintado el rostro y los miembros de diversos colores,
emborronados con los signos del pasado, los cuales estaban a su vez embadurnados con
otros signos.69 El protagonista dice al respecto:
¡Esta es sin duda la patria de todos los tarros de colores!»-dije. Con cincuenta
chafarrinones tenías pintados el rostro y los miembros: ¡Así estabais sentados
para mi asombro, hombres de presente! ¡Y con cincuenta espejos a vuestro
alrededor, que halagaban el juego de vuestros colores y lo reproducían!70
68
Ibidem, p.122.
69
Ibidem, p.116.
70
Ídem.
30
creación y la satisfacción con esta mera yuxtaposición de caracteres heredados, dado que
los hombres de este país se presentan cómodamente sentados. Y los personajes que se
hallan «sentados» a lo largo de la obra -que no son pocos- por lo general se distinguen de
Zaratustra, el cual se nos presenta casi siempre como un caminante en constante
movimiento.
Estos hombres del presente también se ven flacos, incapaces de crear; se aferran
a sus sentidos unívocos y evitan todo desenmascaramiento: Emborronados con los signos
del pasado, los cuales a su vez estaban embadurnados con otros signos: ¡así os habéis
escondido bien de todos los intérpretes de signos!71 Los categoriza como hombres
‘cultos’ pero sin pecho. Tanto conocimiento hace muy difícil que uno vea su propia época
e impide la creación de una cultura realmente vital. En fin, son innumerables los pasajes
en los cuáles podemos ver a Nietzsche como un intérprete de signos.
Mas adelante, nos encontramos con el discurso llamado así: Del inmaculado
conocimiento por el filólogo alemán. Algo curioso a destacar es que, en latín, macula
significa mancha, de modo que algo inmaculado es aquello que no posee manchas. Un
conocimiento inmaculado es en este sentido puro u objetivo. Sinceramente, la mejor clave
de interpretación para este discurso es su título. Literalmente traducido es «Del
inmaculado conocimiento» pero se puede decir también «inmaculada concepción» lo cual
connota la misma idea y además hace referencia a la Virgen María, porque ella no tuvo
que ensuciarse con cuestiones corporales para concebir a su hijo. Y ese es el punto de la
crítica de Nietzsche en este discurso. Dice: También vosotros amáis la tierra y las cosas
terrenas – pero vergüenza hay en vuestro amor, y mala conciencia.72 Al rechazar su lado
corporal, estos científicos puros interpretan la tierra como apto sólo para el espíritu. En
términos que vimos en la primera parte del libro, su pequeña razón hace caso omiso de la
gran razón que la sustenta.
71
Ídem.
72
Ibidem, p.119.
31
concepto de justicia, a aquellos que han construido edificios conceptuales basados en
palabras como «recompensa», «retribución», «castigo»... cuando en realidad lo que les
mueve no es el afán de justicia, sino de envidia y de resentimiento para atacar a los que
se apartan de lo igual. Mas cosa distinta es, sin duda, lo que las tarántulas quieren.
«Llámese para nosotras justicia precisamente esto, que el mundo se llene de las
tempestades de nuestra venganza» - así hablan ellas entre sí.73 Si el derecho y las formas
de racionalización trataban de que todos los hombres fueran iguales y abanderaba la
justicia y la violencia legitimada como emblemas, lo que encontramos es en realidad una
perversión de este principio: porque los hombres no son iguales, se les quiere iguales,
pero no por un principio de justicia o de equidad sino de envidia y rencor. Es más un
principio derivado del resentimiento. La homogeneización genera identidad, pero no por
cohesión interna en torno a valores compartidos, sino por división interna que torno a la
envidia de la diferencia. La envidia y la rabia producidas por una impotencia vital es lo
que alimenta la idea de justicia de las “tarántulas” que tratan de descargar y suprimir el
propio dolor a través del dolor del otro buscando una compensación por aquello que unos
tienen y otros desean.
Hay tres relatos que en su título tienen la palara «canción». La primera canción
que encontramos en esta sección de la obra se encuentra en la segunda parte bajo el título
de La canción de la noche. Esta primera canción da cuenta que dentro de Zaratustra hay
algo que falta saciar, o mejor dicho, que hay algo insaciable que quiere hablar. Pero se
trata de un hablar cantado, es decir, de un hablar que se entona y exterioriza como música.
Luz es Zaratustra en medio de la noche, pero es su propia luz lo que lo mantiene en
soledad. La canción de la noche presenta un Zaratustra que ya no tiene fuerzas, tampoco
lugar ni voluntad para poder seguir recibiendo más luz. Está sobrecargado y solo, a pesar
de esa luz que emana de su interior.
73
Ibidem, p.98.
74
Ibidem, p.104.
32
regalar y tomar hay, un abismo insalvable. Nada vuelve más infeliz a un hombre que el
no tener qué robar. Él quiere robar y ser malicioso. ¿Pues si lo tuviera todo qué se seguiría
de ello? Acaso aburrimiento o, peor aún, una vida sin música. La ausencia de música
representaría la más desafortunada de todas las soledades. Por ello, Nietzsche escribe en
boca de Zaratustra: daño quisiera causar a quienes ilumino, saquear quisiera a quienes
colmo de regalos: -tanta es mi hambre de maldad.75
Después de hacer una compleja relación entre vida, sabiduría y verdad (además
de él mismo), Zaratustra, en su canto, afirma que: Así están, en efecto, las cosas entre
nosotros tres. A fondo yo no amo más que a la vida - ¡y, en verdad, sobre todo cuando la
odio!78
De esta forma, el canto de Zaratustra, como la vida misma y como el propio texto
de Así habló Zaratustra, es insondable; no obstante, habrá que entresacar algunas ideas
75
Ídem.
76
Ibidem, p.105.
77
Ibidem, p.106.
78
Ídem.
33
directrices para intentar comprender las enseñanzas del filósofo de la angustia. El
apartado se cierra con la tristeza de Zaratustra ante la ida de las muchachas bailarinas y,
en un tono de tristeza y melancolía del personaje, remata con unas preguntas que
involucran, precisamente, el sentido o sin sentido de la vida.
En La canción de los sepulcros, Zaratustra comienza por hablar con sus allegados,
diciéndoles: De vosotros, muertos queridísimos, llega hasta mí un dulce aroma que
desata el corazón y las lágrimas. En verdad, ese aroma conmueve y alivia el corazón al
navegante solitario.80 Luego, sigue parlando y dice que en otro tiempo él quiso bailar
como jamás había bailado más allá, pero que con el tiempo se fue tornando en una pesada
y horrenda melodía, creada por su duro corazón mismo.
La trama principal es, nuevamente, sobre la vida. Sin embargo, esta vez no desde
la misma acepción de La canción de la noche. Ésta, según las notas al pie de la obra, tuvo
la posibilidad de ser llamada La fiesta de los muertos. A la isla de los sepulcros, en la
cual se encuentran los sepulcros de su juventud, Zaratustra quiere llevar siempre una
corona verde de vida. Se trata de sepulcros que avivan la nostalgia y el anhelo, que
desatan con su dulce aroma el corazón y las lágrimas porque no puede alcanzarlos de
manera plena. Las visiones y las apariciones de su juventud, las miradas del amor, los
instantes divinos han muerto y permanecen dentro de esos sepulcros. Esta canción es una
79
Ibidem, p.107.
80
Ibidem, p.108.
34
canción de melancolía: los recuerdos y nostalgias de su juventud lo alcanzan hasta su
presente y le condicionan los futuros pasos.
A aquello que ama Zaratustra es lo que han atacado y lastimado sus enemigos para
lastimarlo a él. “¡Para matarme a mi os estrangularon a vosotros, pájaros cantores de
mis esperanzas! Sí, contra vosotros, queridísimos, disparó la maldad siempre sus flechas
- ¡para dar en mi corazón!81 Con su canción, Zaratustra no sólo anhela la magia que le
ocasionaban esos recuerdos de juventud, también advierte a sus enemigos de las
consecuencias que tiene lo que han hecho. Le han quitado algo irrecuperable y eso es
para él peor que cualquier homicidio.
Esta segunda sección termina con el titulo Las mas silenciosa de todas las horas¸
en el que anuncia a sus amigos que debe partir a recuperar de nuevo su soledad, mas ahora
con un gran pesar. Habla de una «voz sin voz» que lo conduce a reflexionar sobre sí
mismo porque no se siente seguro de su propia verdad: Mi voz no ha transladado aún
montañas, y lo que he dicho no ha llegado a los hombres. Yo he ido sin duda a los
hombres, pero todavía no he llegado hasta ellos. 82 esta «voz sin voz» es capaz de hacerle
ver a Zaratustra que no es menester hacer grandes cosas para que su pensamiento entre
en los hombres, no; al contrario, esta tenue voz le lleva a convencerse de que el
pensamiento actúa siempre silenciosamente con el objetivo de crear en sí misma la
posibilidad del propio destino, la voz del ser, de la fuerza necesaria para significar la
historia del hombre. Con esta idea se prepara el terreno para lo que será: El eterno retorno
de lo mismo.
81
Ídem.
82
Ibidem, p.143.
35
levanta siempre nuevas vallas en torno a su secreto, pues en su intuición
suprema es donde más atrás queda por debajo del concepto. El misterio de su
idea fundamental queda en vuelto, para él mismo, en las sombras de lo
inquietante. […] El pensamiento del eterno retorno […] llega a su más detallada
expresión en los apartados «Del espíritu de la pesadez» y «El convaleciente»83
83
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, 2002, p. 24.
84
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.145.
36
ascendiendo una montaña, significa que está descendiendo en las profundidades de su
mente. Dice Zaratustra: En última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.85
85
Ibidem, p.146.
86
Ídem.
87
Ídem.
88
«Mas Zaratustra estuvo callado durante dos días, frío y sordo de tristeza, de modo que no respondía ni a las
miradas ni a las preguntas. Al atardecer del segundo día, sin embargo, aunque todavía guardaba silencio, volvió
a abrir sus oídos: pues había muchas cosas extrañas y peligrosas que oír en aquel barco, que venía de lejos y
que quería ir aún más lejos. Zaratustra era amigo, en efecto, de todos aquellos que realizan largos viajes y no
les gusta vivir sin peligro.» Ibidem, p.148.
37
compañía de gente que prefiere el peligro en vez de la seguridad, de los audaces
buscadores e indagadores, y a quienquiera que alguna vez se haya lanzado con astutas
velas a mares terribles.89 El espíritu de estos marineros no se parece en nada al rebaño de
gente que esperaba al volatinero (en la primera sección), ni tampoco al espíritu dócil y
obediente de sus discípulos que le acompañaban en las primeras dos partes. Las almas de
estos marineros son atraídas, como dice, a todos los abismos laberínticos: pues no
queréis, con mano cobarde, seguir a tientas un hilo y que, allí donde podéis adivinar,
odiáis el deducir.90
Dentro de la epopeya, Zaratustra cuenta a los marineros que tuvo una visión en la
que se encontraba en las montañas caminando en un sendero hacia arriba. Le acompañaba
un espíritu que tiraba hacia abajo, hacia el abismo, el espíritu de la pesadez, mi demonio
y enemigo capital.91 Ahora bien, uno pensaría que un espíritu demoniaco tendría un
aspecto como este malvado. Pero no. El texto dice que el espíritu toma la forma de una
criatura mitad enano, mitad topo sentado en el hombro de Zaratustra. ¿Por qué así?
Bueno, primero hay que entender que este espíritu no es ajeno a Zaratustra, sino que es
una proyección de parte de su propia psique, aquella condición negativa que constituye
un obstáculo a su avance y crecimiento, que impide que vaya hacia arriba. Zaratustra
preferiría mil veces que su demonio tomara una forma grandiosa, pero no corre suerte.
En cada uno de nosotros, el espíritu más pesado y feo es el que ejemplifica nuestro lado
más mezquino, ínfimo y bajo. Por eso vemos esta criatura aquí.
Entonces, por cada paso hacia arriba, el enano “deja caer gotas de plomo en el
oído92 de Zaratustra. El enano se burla mordazmente de Zaratustra como la voz pesimista
que anega el camino e impide avanzar en él. Dice que es una piedra filosofal que ha sido
arrojada hacia arriba, ¡pero todo lo que sube tiene que caer! Luego después, dice
Nietzsche, el enano se calla y pasa un largo silencio, un silencio que con su peso le oprime
89
Ibidem, p.149.
90
Ídem. Aquí tenemos una clara referencia a los argonautas de la mitología griega. La historia más conocida de
los argonautas es su viaje en búsqueda del vellocino de oro, pero Zaratustra se refiere aquí a una hazaña de su
más reconocido miembro – Teseo, el del mito.
91
Ídem.
92
Ídem.
38
a Zaratustra. No es que no sepa cómo responder la burla del enano; eso lo tiene muy claro.
Lo que le hace falta es el valor de enunciarlo, su pensamiento abismal.
Cada una de las cosas que pueden correr, ¿no tendrán que haber recorrido ya
alguna vez esa calle? Cada una de las cosas que pueden ocurrir, ¿no tendrá que
haber ocurrido, haber transcurrido ya alguna vez? Y si todo ha existido ya: ¿qué
piensas tú, enano, de este instante? ¿No tendrá también este portón que haber
existido ya? ¿Y no están todas las cosas anudadas con fuerza, de modo que este
instante arrastra tras sí todas las cosas venideras? ¡Cada una de las cosas que
pueden correr tiene que volver a correr una vez más! ¿No tenemos que retornar
eternamente?94
La categoría del eterno retorno, tiene serios remanentes en otros dos discursos
denominados Del espíritu de la pesadez y El convaleciente. Cabe decir que en el primero
de estos parece ser que se vuelca por completo a reprender una y otra vez ese sentimiento
93
Ibidem, p.150.
94
Ibidem, p.151.
39
que el enano del segundo relato provocó en él. Aparece, principalmente, la censura por
el sentido de pesadez que, en el hombre, cierra el universo a la existencia. Por eso,
Zaratustra enseña a volar con pies ligeros y a remontarse y ascender hacia arriba, como
lo hacen los pájaros, para poder adentrarse en el todo. Sin embargo, el espíritu de la
pesadez oprime al hombre y le impide salir hacia la plenitud. Y, sobre todo, el que yo sea
enemigo del espíritu de la pesadez, eso es algo propio de la especie de los pájaros: ¡y,
en verdad, enemigo mortal, archienemigo, protoenemigo! ¡Oh, adónde no voló ya y se
extravió ya volando mi enemistad!95 La pesadez –en tal tenor– vendría a ser la resignación
a lo dado e inmediato sin ir en busca de lugares y tiempos remotos; es la cobardía que se
encierra en la seguridad de lo próximo sin permitir soltar el alma en la liviandad de los
altos vuelo
¡Qué agradables son todo hablar y todas las mentiras de los sonidos! Con sonidos
baila nuestro amor sobre multicolores arcos iris. - «Oh Zaratustra, dijeron a esto
los animales, todas las cosas mismas bailan para quienes piensan como nosotros:
vienen y se tienden la mano, y ríen, y huyen - y vuelven. Todo va, todo vuelve;
eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer,
eternamente corre el año del ser.96
95
Ibidem, p.183.
96
Ibidem, p.208.
40
A simple vista, podríamos suponer que ambos relatos constituyen un conjunto, de
manera que, si las leyéramos separadamente, plantearían problemas con respecto a la
composición de la tercera parte del libro. No obstante, entre estas dos parábolas, se
encuentran otras diez, que, examinadas con mayor detalle, revelan la intención del autor
por poner en marcha un desarrollo conceptual necesario para hacer posible el anuncio del
pensamiento del eterno retorno.
De los diez relatos intermedios entre las dos mencionadas narraciones, incumbe a
tres directamente la razón del tema central de esta tercera sección, a saber: Antes de la
salida del sol (donde se muestra a Zaratustra en unión mística con el cielo, en su ilimitado
decir si y amén; donde se aleja de los límites, más allá del bien y del mal), En el monte
de los olivos (la soledad del invierno en la que se experimenta el origen de todas las cosas
buenas) y De tablas viejas y nuevas (con su miscelánea de ideas entre las que destaca la
transmutación de valores).
41
desde ojos luminosos y desde una remota lejanía, mientras debajo de nosotros la
coacción y la finalidad y la culpa exhalan vapores como si fuesen lluvia.97
[…]
El último discurso se llama Los siete sellos. En él, Zaratustra canta un cósmico
‘sí’ a la vida y se casa con ella convirtiéndose, se supone, en superhombre. El título se
refiere al Nuevo Testamento de la Biblia, a la Revelación de San Juan en la parte que
trata del Libro de los Siete Sellos (cf. Ap. 6:1-17; 8:1-5). Al romper los sellos, se inicia
el Apocalipsis. En nuestro texto, en cambio, los sellos no se rompen, sino que se ponen y
significan no una destrucción sino una afirmación que culmina en una especie de
‘matrimonio’ con la vida. Zaratustra realiza aquí una invocación a la tierra, a la eternidad
del mundo. En todo momento sin cesar de repetir:
97
Ibidem, pp.156-157
98
Ibidem, p.219.
42
compasión por estos hombres superiores. Uno a uno van apareciendo en los
dominios de Zaratustra el adivino, los reyes que han abandonado el trono, el
concienzudo del espíritu, el mago, el papa jubilado, el más feo de los hombres, el
mendigo voluntario, el viajero y su propia sombra. […] Pero no es a aquellos
hombres superiores a quienes Zaratustra aguarda en sus montañas. Él espera su
signo, y éste llega: el león sonriente y la banda de palomas. Los hombres
superiores huyen asustados. Zaratustra ha superado su última tentación, y ahora
parte con destino desconocido. «Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna,
ardiente y fuego como un sol matinal que viene de oscuras montañas.» De todos
los símbolos que llenan la obra, es éste sin duda el más cargado de significación.99
99
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, 2002, pp. 24-25.
100
Cfr. Eduardo Carrasco Pirard, Para leer Así habló Zaratustra de F. Nietzsche, Editorial Universitaria,
Santiago de Chile, 2002, pp. 133-134.
43
aquellos que piden con ansias ser salvados de la oscuridad en la que viven. Todos ellos
le salen al encuentro en la trama de este cuarto bloque y los invita a cenar en su caverna
con él para compartir ideas y, así, poder averiguar quién de ellos coincide con su forma
de pensar; mas, para su buena o mala suerte, termina en decepción y en una fiesta que
trastorna de miedo a los invitados, los cuales, huyen cual pajarillo en la enramada ante el
inusual y desconcertante discurso de Zaratustra:
Mas ahora abandonad este cuarto de niños, mi propia caverna, en la que hoy están
como en su casa todas las niñerías. ¡Refrescad ahí fuera vuestra ardiente
petulancia de niños y el ruido de vuestros corazones! […] Entretanto todos, uno
detrás de otro, habían ido saliendo fuera, al aire libre y a la fresca y pensativa
noche.101
101
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, pp.295-296.
102
Título que sería concedido a este postremo texto de Nietzsche. Cfr. Eduardo Carrasco Pirard, Op. Cit., p.
136.
103
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.229.
44
En el Coloquio con los reyes, Zaratustra se encuentra con un festivo cortejo de dos
monarcas que conducían a un burro justo en territorio suyo. Ambos huyen de la risible
sociedad y de la aburrida condición de su dignidad real a la que consideran como la causa
del debilitamiento de sus valores: ¡Buenas costumbres! Todo es entre nosotros falso y
podrido. Nadie sabe ya venerar: justo de eso es de lo que nosotros vamos huyendo. Son
perros empalagosos y pegajosos, pintan con purpurina hojas de palma.104 Luego de tan
afortunado encuentro, Zaratustra sabe que en los dos reyes radica la necesidad de
encontrar un hombre superior a ellos y, por ende, la posibilidad de dialogar un poco más
sobre sus acepciones ideológicas.
Luego después de terminar su dialogo con el sujeto de las sanguijuelas, dio una
vuelta y creyó haberse topado finalmente con el hombre superior, al que con mucho
anhelo deseaba descubrir; pero no fue así. Se halló, más bien, con un viejecillo
tembloroso tirado en el suelo como abandonado por una multitud de gente, y que, por el
título, es identificado como «el mago». En la primera parte del relato se enuncia un largo
104
Ibidem, p.231.
105
De acuerdo con Carrasco Pirard «Su experiencia del nihilismo es un resultado del positivismo científico, que
también deriva de la muerte de Dios y de su saber metafísico.» Eduardo Carrasco Pirard, Op. Cit., p. 139.
106
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.237.
45
y tendido poema expresado por el viejo derribado y que denota el peso de Dios sobre su
conciencia. Un fragmento dice a la letra:
Este curioso personaje es la síntesis del hombre que vuelve su espíritu contra sí
mismo, de aquellos que se petrifican a causa de su mala ciencia y malvada conciencia.
«El penitente de espíritu», como se identifica más adelante en el relato, tiene ansias de
ser grande y finge ser un hombre, aunque no lo sea, pues, a pesar de no haber sido capaz
de superar la barrera de la fidelidad consigo mismo se halla en un punto critico que le
dificulta acceder al pensamiento de la superación. Y como ha ocurrido con los anteriores
«hombres superiores» hubo de ser convencido por Zaratustra para entrar en su cueva y
esperar su regreso del fatigante camino que aun no acaba de recorrer.
No mucho tiempo más tarde, un tipo alto de tez negra y de pálido parecer le llamó
la atención: era ni más ni menos que «el ultimo Papa», aquel hombre que había servido
por largos años al Dios del cristianismo antes de haber experimentado su fatal muerte. En
el relato es fácil percibir la gran tristeza que sucumbe a este antiguo pontífice al saberse
falto de identidad porque ha muerto Dios, ya no tiene trabajo y por, obvias razones,
Zaratustra lo interpela unas cuentas veces con el fin de obtener de él la mas genuina razón
sobre la imposibilidad de aquel ser divino, pues quién fuera más indicado para argumentar
por qué siempre fue necesario recurrir a una entidad desconocida llena de secretos. Este
también, llevó hasta sus últimas consecuencias el sinsentido, el máximo nihilismo, pero
ahora, de Dios. Dice Carrasco acerca del dichoso Papa: Conoce mejor que nadie la
107
Ibidem, pp.238-239.
46
situación creada por la muerte de Dios, particularmente acerca de posible rehabilitación
y de la venida de nuevos dioses.108
Cuando Zaratustra hubo dejado al más feo de los hombres110 –dice el texto–, oyó
claramente una voz de hombre, que, dicho sea de paso, conversaba con unas vacas
hambrientas para que éstas no le tuvieran miedo. Extremadamente gracioso ¿no creen?
Se trata del «mendigo voluntario», el hombre superior que, según Nietzsche en boca de
Zaratustra, es capaz de abandonar las riquezas para donarse a los pobres, esa muestra de
conmiseración que lo lleva a compartir la miseria de los demás. Sin embargo ¿Por qué se
encuentra lejos de la plebe y junto a unos animales que pastan? Pues porque sabe que ahí
los hombres (específicamente, los ricos) no rechazarán su bondad:
¿los forzados de la riqueza, que recogen su ganancia de todas las barreduras, con
ojos fríos, con pensamientos codiciosos, esa chusma cuyo hedor llega al cielo, -
esa plebe dorada, falsificada, cuyos padres fueron rateros, o pájaros de carroña, o
108
Eduardo Carrasco Pirard, Op. Cit., p. 139.
109
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.249.
110
Ibidem, p.251.
47
traperos, esa plebe complaciente con las mujeres, lasciva, olvidadiza: - todos ellos
no se diferencian apenas, en efecto, de una puta-111
No tardó un instante más para escuchar otra voz en su misterioso bosque ilusorio,
mas no se trataba de otra persona sino del eco proveniente de su propia sombra sin ser un
‘fantasma’ de él mismo. por la forma en que aborda su lenguaje parece tratarse de otro
personaje, y ¡vaya que lo es! Es el símbolo del hombre superior que “ha quebrantado lo
que algún día su corazón veneró”, es el que sabe que si nada es verdadero, todo está
permitido.112 En resumidas cuentas al desesperado por estar condenado a errar por
siempre y por no tener un lugar estable donde vivir. Hasta este relato concluyen sus
repentinos encuentros con los extraños y desconocidos seres del bosque.
Ahora bien, para no hacer más tedioso este resumen, así como por el límite
establecido para tal, abordaré una semblanza general desde el discurso El saludo hasta El
signo con el que se cierra finalmente esta magna obra. Y es que todos los discursos de la
perícopa anunciada se unen en la escena de la caverna, en cuyas aras se efectúa una
desenfrenada cena-baile con los hombres superiores. Los últimos relatos del Zaratustra
se encargan de echar en cara al hombre superior de tal modo que aprenda a entenderse a
si mismo como un lapsus hacia un estado más supremo. De hecho, en la cena se efectúa,
al mismo tenor, la fiesta del asno que hace desesperar hasta el extremo a estos sujetos,
los traumatiza aún más —digámoslo así— cosa que les desencadena una necesidad
extrema de querer recuperar la presencia de Dios y, lo que es peor, los coloca en el
verdadero estatus que les debiera corresponder si desean conseguir al Superhombre
(inclusive, como afirma Pirard, se trata de una parodia a la última cena).113
111
Ibidem, p.253.
112
Eduardo Carrasco Pirard, Op. Cit., p. 140.
113
«“La fiesta del asno” es la parte final de la parodia de la última cena, circunscrita en la que, como se sabe,
Jesús estatuye entre sus discípulos las bases esenciales de lo que será el rito de la misa y el sacramento de la
eucaristía. En este caso, la fiesta establecerá también un posible rito, que supone la transformación de las
48
Todo termina, por fin, al día siguiente de la cena. Zaratustra se levanta de sus
cómodos aposentos de soledad haciendo un esfuerzo por acotar las consecuencias de su
última experiencia; hace el forzoso recuento de la vivencia negativa por el «hombre
superior» y se da cuenta que en su pretensión por salvarlo sólo ha conseguido desviarse
de su camino propio, el cual, ahora él mismo puede escrutar con sinceridad. Pese a que
la experiencia de haber conducido a los «hombres superiores» por el sendero de su
curación, se sabe conocedor de que ellos no son a los que él ha estado esperando, aunque
si reconoce la esperanza de los que le precederán en el tiempo (dice Zaratustra: mis hijos,
mis hijos están cerca114). por ello, la llegada del león envuelto por una parvada de palomas
refuerza esta misma convicción, como símbolo del largo camino que Zaratustra deberá
emprender para llegar a los hombres. Y, de un modo contubernio, la obra abre una brecha
enorme con un final sin precedentes:
¡Bien! El león ha llegado, mis hijos están cerca, Zaratustra está ya maduro, mi
hora ha llegado: -Ésta es mi mañana, mi día comienza: ¿asciende, pues, asciende
tu, gran mediodía!» -Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y
fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas. 115
enseñanzas de Zaratustra en una suerte de religión de los hombres superiores, ávidos aun de creencia.». Ibidem,
p.141.
114
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p.304.
115
Ibidem, pp. 305-306.
49
III
EL NIHILISMO DE NIETZSCHE
Aproximación a la tesis nietzscheana sobre la muerte de Dios. El
nuevo modo de hacer filosofía.
Este concepto engloba todos los valores eternos que conducen al hombre a una
ilusión de «verdad»; le lleva a una conducta uniforme, proporcionándole un único camino
a seguir donde se encuentran la permanencia y la trascendencia que no existen aquí en la
tierra, sino más allá de ella. Asimismo, la sola palabra, dios, ha funcionado como freno
para que el hombre no desarrolle su libertad e individualidad.
En este sentido, el ser humano se comprende como creado, derivado de este ente
supremo, como 'esclavo', incapaz de proyectarse, y de crear por sí mismo. A través del
ideal de dios se ha perdido a sí mismo, a la vez que ha terminado enajenado al buscar una
eternidad trasmundana, lo cual lo ha llevado a refugiarse tras esta imagen que le ayuda a
cargar el peso y la responsabilidad de su existencia.116
116
Para efectos convenientes léase el 12° discurso de la segunda parte: De la superación de si mismo.
50
Hasta aquí nos hemos referido a dios desde el punto de vista puramente
existencial. Sin embargo, el concepto de dios implica también, para Nietzsche, la garantía
de permanencia de una cultura y de sus ideas políticas y religiosas (sobre todo morales),
y en cuanto representación de la autoridad es también garantía de verdad, de estabilidad,
y de racionalidad en el mundo.117
Decíamos anteriormente que la idea de dios ha servido para crear todos los ideales
trasmundanos que llevan al hombre a delinquir contra la tierra y que han servido para que
el hombre se esconda bajo ellos y no se enfrente a su realidad. Asimismo, en nombre de
estos valores del ser humano se convierte en despreciador del cuerpo y de la tierra para
huir del placer y del dolor que le proporciona la existencia.
117
«Ella adscribe un valor absoluto al hombre e, “impidiéndole despreciarse a sí mismo como ser humano, se
vuelve contra la vida y desespera de la posibilidad de conocimiento; fue un medio de preservación”» Frederick
Copleston, Historia de la filosofía, Vol. 7., Ariel Editorial, México, 1987, p.319.
118
Eugen Fink, La filosofía de Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 2000, p.72
51
De acuerdo con Nietzsche este trasmundo ha sido inventado en la tierra para que
el hombre se redima de su sufrimiento: sufrimiento fue, e incapacidad, -lo que creo a
todos los trasmundanos y aquella breve demencia de felicidad que solo experimenta el
que más sufre de todos.119
Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que
inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentoras: ¡pero incluso estos
dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra!120
Estos despreciadores del cuerpo están representados por la figura del camello, en
el capítulo «de las tres transformaciones del espíritu» en la obra de Así habló Zaratustra:
el camello es aquel individuo que no puede vivir para sí mismo: toda su existencia es por
los otros y para los otros. El camello ti ene como principio seguir un deber externo, y
como guía el despreciarse a sí mismo, exaltar su propia pobreza de espíritu, el rechazo al
cuerpo, el desprecio a la vida y, sobre todo, la uniformidad de la comunidad. Está
prohibido ser capaz de pensar por sí mismo, pues es preferible una verdad turbia, eterna,
inmutable, etc., que el riesgo de enfrentarse a la vida sin un pastor y un rebaño como
fundamento de su ser.
119
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, pp-35-36.
120
Ibidem, p.37.
52
que Nietzsche identifica con el Dios judeo-cristiano, aclama al que sufre, al que se
desprecia a sí mismo. Por ello este hombre camello considera virtuoso sufrir: Mucho me
agradan también los pobres de espíritu: fomentan el sueño. Son bienaventurados,
especialmente si se les da siempre la razón.121
Este hombre jamás podrá vivir para sí mismo; siempre vivirá en aras de un deber
ser, y de una colectividad que fundamente su ser. Es lo que Nietzsche llamará en su obra,
la genealogía de la moral, la "moral del esclavo" donde está prohibido pensar y actuar
por uno mismo. En este sentido, el valor personal al igual que la individualidad quedan
anuladas en favor de una uniformidad de comportamiento:
Mi entras que toda moral noble nace de un triunfante sí dicho a sí mismo, la moral
de los esclavos dice no, ya de antemano a un “fuera”, a un "otro", a un "no· yo";
y ese no es lo que constituye su acción creadora.
Esta inversión de la mirada que establece valores este necesario dirigirse hacia
fuera en lugar de volverse hacia sí, forma parte precisamente del resentimiento:
para surgir la moral de los esclavos necesita siempre un mundo opuesto y externo,
necesita hablando fisiológicamente, de estímulos exteriores para poder en
absoluto actuar, su acción es de raíz reacción.122
Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que
inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentoras: ¡pero incluso estos
dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra! De su miseria
querían escapar, y las estrellas les parecían demasiado lejanas. Entonces
suspiraron: «¡Oh, si hubiese caminos celestes para deslizarse furtivamente en otro
ser y en otra felicidad!».123
121
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p. 33.
122
Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p.43.
123
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011, p. 37.
53
De esta manera, el hombre se ha dejado engañar por todas estas ilusiones
creyéndose aún libre de su obrar y su pensar. Pero no se ha querido dar cuenta que todavía
no es libre, que para ser realmente libre tiene primero que luchar contra sí mismo, contra
su necesidad de veneración y, no sólo -sostiene Nietzsche- con los grandes monstruos
que aguardan en su interior, sino también con los que ha creado en el mundo exterior y
que se conocen con el nombre de iglesia y estado.
Los hombres han creado así las cosas divinas. En ellas han dejado su bien y su
mal. Esta nueva creación se llama estado: su función es coartar, engañar y cosificar a las
masas. El estado es uno de los monstruos creados por el hombre más difíciles de vencer,
pues la fatiga y el cansancio de los hombres han permitido esta creación. El estado es el
predicador de la muerte del hombre, una muerte que culmina matando a todos los
creadores, y a la vez, fomenta la igualdad y la uniformidad entre los hombres.
Para el ilustre filólogo alemán, tanto dios como el estado son productos de una
determinada cultura: la cultura judeo-cristiana, misma que no sólo comprende a dios
como fundamento de la vida, sino que también lo identifica con aquello que ha servido
al hombre de nuestro tiempo para encarcelar y volver de nuevo prisionero al hombre. El
hombre moderno en nombre de ‘la verdad’ ha creado la ciencia, la cual no es más que la
justificación exacta de algunos individuos para ejercer su poder sobre las masas,
creyéndose poderosos porque son poseedores de la ‘verdad’.
Pero, ¿de qué tipo de verdad hablamos? Hablamos en realidad de una fantasía, de
una artimaña a la que los veneradores del presente han llamado verdad, la cual les ha
servido hasta la fecha para engañar al pueblo y mantenerlo dominado, justificando así la
veneración de la misma.
54
la sociedad, pero en realidad lo que hace el pensador, detrás de esta búsqueda de verdad
es adquirir poder sobre el pueblo.
Por otra parte, es importante señalar que para Nietzsche la religión judeo-cristiana
es la filosofía que dice no a la vida, al cuerpo, a la tierra, y al espíritu creador del hombre,
esta doctrina se caracteriza por valorar las cosas propiamente terrenales como algo
insano, malo y decadente.
En este sentido, el concepto del Dios de la tradición hebraica encierra una serie de
ideales trasmundanos que conducen al hombre a depreciar la vida en aras de una moral
para los débiles que traerá como consecuencia la formulación de valores y virtudes que
tienen como objetivo resguardarlos y darles seguridad en contra de la «bestia rubia»124 o
del solitario y libre pensador. Esta moral se caracteriza por alabar al sufrimiento, por
poner como virtud suprema la compasión, el amor al prójimo entendido como una
prolongación bienaventurada de la flaqueza y la debilidad del prójimo.
Además, Nietzsche descubre que este pensamiento negativo frente a la vida, (por
llamarlo de algún modo) ha sido utilizado como base para el desarrollo de las filosofías
de Platón y de Kant. De hecho, llegó a sostener que la filosofía de Platón había sido
124
Por bestia rubia entiende Nietzsche en su obra: «Es la base de las razas nobles, el animal de rapiña, la
magnifica bestia rubia que vagabundea codiciosa de botín y de victoria. En la cual existe una sobreabundancia
de fuerza plástica, regeneradora y remodeladora, fuerza que hace olvidar. La bestia rubia representada por el
noble que vive con confianza y franqueza frente a si mismo.» en: Friedrich Nietzsche, La genealogía de la
moral, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p.45 ss.
55
retomada por el cristianismo para justificar el dualismo en el que se fundamenta, además
de oponer al espíritu como algo extraño al cuerpo.125
Entre otras cosas, la filosofía platónica hubo servido para derivar de ella la idea
de un más allá, al cual se accede negando los sentidos, el cuerpo, las pasiones corpóreas
y, en general, todo indicio de terrenalidad, oponiendo a estas el conocimiento puramente
espiritual y el cuidado exacerbado de una razón teórica. De esta manera, Platón había
contrapuesto el mundo de las ideas al mundo sensible, mismo punto que retomará la
religión judeo-cristiana oponiendo el mundo terrenal y corpóreo, al mundo espiritual.
125
Cfr. Frederick Copleston, Historia de la filosofía, Vol. 7., Ariel Editorial, México, 1987, p.330.
56
tranquilidad del alma y la felicidad, en ese caso cree; quieres ser un discípulo de la
verdad, entonces investiga.126 Vemos, pues, cómo Nietzsche prefirió incondicionalmente
el camino de la investigación y la reflexión; una reflexión casi siempre compleja, ya que
estuvo acompañada de un estudio hermenéutico, muy a su estilo. Dotado de una gran
inteligencia, supo, a través de sus máximas aforísticas, expresar cosas importantes, pero
también dentro de sus escritos se leen cosas de difícil comprensión.
Sería imposible pretender que un hombre con la frase «Dios ha muerto», decretara
y lograra que Dios dejara de existir. Los que creemos en un ser superior, entendida esta
superioridad como la alianza entres eres hacia un mismo punto127 deberíamos sonreír ante
esta frase y entender en qué sentido lo expresó. En lo particular, como decía un profesor
126
Tomado de Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981, p.157.
127
Ya lo decía san Agustín de Hipona: «Nos hiciste, Señor, para Ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que
descanse en Ti» (Confesiones, I, 1).
57
en clase de filosofía de la religión, es una invitación a asumir el papel de Dios,
entendiendo, de antemano, que el papel de Dios es hacerse dueño de su propio destino.
Para muchas personas, las experiencias con lo sagrado no deben ser probadas
porque pertenecen a lo más profundo de su ser y sienten que no necesitan indagar más.
Toda experiencia humana, sin embargo, es falible. Errores de percepción son lo cotidiano,
junto a concepciones falsas del mundo natural, la tierra, los cuerpos celestes y otras
similares que se han dado a lo largo de la historia entera de toda la humanidad.
128
José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, Vol.1, Montecasino, España, 2009, p.108.
58
ser concebido supone su existencia, pues la existencia es en sí misma un aspecto de la
perfección. El teólogo aristotélico del siglo XII, santo Tomas de Aquino, no aceptó el
argumento ontológico de san Anselmo, pero propone cinco vías para la prueba de la
existencia de Dios, a saber: (1) La realidad del cambio requiere un agente del cambio, (2)
la causalidad necesita fundarse en una causa primera in-causada, (3) la contingencia del
mundo necesita de un ser necesario, (4) jerarquía en los grados del ser de la realidad, (5)
el orden y el diseño de la naturaleza demandan un ser que posea la perfección de la
sabiduría.129
Las razones para afirmar la existencia de Dios, han sido sometidas a permanentes
siguen siendo planteadas para recibir nuevas interpretaciones. Hoy en día se acepta de
manera general, que ninguna de ellas constituye una prueba,130 pero muchos de los que
creemos en Dios diremos que los razonamientos acumulan una fuerza que, aunque tienen
poco de prueba, traen consigo una gran probabilidad, en conjunción con las pruebas de
la experiencia religiosa. Por lo tanto, la creencia en Dios, es en definitiva un acto de fe
que se sobrepone al límite de la propia razón humana ya que trasciende todas las
categorías en que el ser humano puede entenderse, y que se cimenta particularmente en
la experiencia individual y personal.131
129
Léanse las cinco vías que prueban la existencia de Dios en: Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 2,
a. 3.
130
Cfr. « El hecho religioso no pude seguir considerado como en Marx, Nietzsche y Freud, algo ilusorio,
fantasmal, irracional, imaginativo; sino todo lo contrario, aunque no existen demostraciones apodícticas sobre
la existencia de Dios, hay intentos muy logrados que convencen en la teoría, en la pizarra, pero que no
convencen en la vida, son estériles en la posibilidad de aumentar la fe del creyente, porque ante el Dios que se
hace presente en los argumentos lógicos, muy difícil se puede postrar en adoración el creyente. Sí, son
importantes los esfuerzos por demostrar la existencia de Dios, pero no basta con ello, es necesario abrirse a
instancias más afectivas, emocionales; por esta razón recupera la filosofía de la religión del religioso josefino
José Rubén Sanabria, quien privilegia, pruebas de la existencia de Dios que proceden del interior del hombre,
“llegaba sobre todo a un Dios personal, cercano, y en concreto a un Dios de amor. Tal era su prueba, centrada
en la experiencia interior”» en la tesis para obtener el grado de maestro en filosofía: José Antonio Mondragón,
Entre la ausencia y presencia de Dios. Hacia una filosofía de la religión desde los planteamientos de la
hermenéutica analógica-icónica., UNAM, México, 2021, p.59
131
Cfr. ibidem.
59
estricto. Hombres como nuestro señor Jesucristo, Mahoma, Gandhi, los santos y activistas
sociales, y muchos otros de diversidad de credos son los que han marcado la diferencia,
entre quienes vienen al mundo a aprender a través del servicio, y quienes vienen al mundo
a querer ser vanagloriados, en ellos puede existir la prueba de la existencia de algo
trascendente. Mas, como hemos dicho ya, Nietzsche criticará esto como una comodidad
de unos para que otros le sirvan, y sacrificio de unos pocos para asegurarse un más allá
de felicidad eterna.
60
usarlo. Dios es de todos y, algo más: como es de todos, está en todos. De eso estoy
altamente convencido. ¿Por qué estigmatizar a un pensador que lo único que quería era
hacer reflexionar a sus congéneres?
Mi posición respecto al ateísmo de Nietzsche es que lo dicho por él, aun sabiendo
que expresó su negativa a creer en un Ser supremo, si mostraba unas cuantas convicciones
religiosas que lo llevaron a negar la existencia de un Dios deformado por todas las
Iglesias-Estado que en el mundo han sido. Pero no con el objetivo de sustituirlo por otro,
sino con la intención de que el hombre se pensara a sí mismo, sin esperar que un dios le
proveyera de todo, haciendo que asumiera la responsabilidad de su propio destino y llegar
al punto ideal: «El Übermensch».
132
Luis Jiménez Moreno, Nietzsche, Editorial Labor, Barcelona, 1972, p.36.
133
Ídem.
61
cargada de rayos, un hombre ominoso en torno al cual siempre hay rencor y se
murmura, se entreabre algo y se cierra lúgubremente. Un filósofo ¡ay!, un ser que
con frecuencia huye de sí, pero es demasiado curioso para no volver siempre
nuevamente a sí mismo.134
Así veía Nietzsche al filósofo, se veía a sí mismo, con todas las imperfecciones,
pero con todas las posibilidades. Una filosofía debe atender a la necesidad de la sociedad
en la cual se mueve. La filosofía debe mover las fibras más íntimas de los hombres, aun
sabiendo que no van a ser plenamente comprendidas esas ideas en su época. Mas es deber
del filósofo ir sembrando pensamientos. Con error o con acierto, pero eso debes estar ahí.
134
Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los dioses, Editorial Porrúa, México, 1989, p.50.
135
Germán Cano, «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid, 2014, p. XL.
62
reivindican su sentido efímero; «Dios» no vale más que como representación, ídolo que
uno se hace de Dios, idea que uno se hace de él, ídolo artificial, idea concebida por el ser
humano. esta imagen conceptual, según lo que reviste y según como se forje, será
declarado vivo o muerto; la «muerte de Dios» solo llega a ser rigurosamente pensable si
se establece qué figura conceptual responde a la idea de Dios y qué decisión de la
experiencia personal lo mide, para que así, quede finalmente excluido del sistema de
conceptos. Por ello, me gustaría reiterar que el Dios de la fe cristiana y el dios conceptual
de la tradición filosófica no son, en nada, el mismo.
Conclusión.
Friedrich Nietzsche, más actual que nunca, después de cien años de haber
fallecido, se muestra con una obra fresca polémica nunca plenamente interpretada.
Partidario de los valores duros y austeros que se atribuyen a la aristocracia
63
moralidad, dice, tal vez porque el hombre ya no puede pensarse como criatura. No debe
esperar que la divinidad solucione su vida, sino que es el momento de adoptar el yo quiero
sobre el tú debes de las religiones occidentales.
Nietzsche crítica la modernidad y con ella al mundo nihilista. Condena una razón
que desconoce los derechos de la vida y a la defensa de un proyecto de vida que quiere
expresar su fuerza telúrica su capacidad dionisiaca. Crítica una razón que habla de
derechos pero que no tiene la palpitación de la vida ni un sentido personal.
64
Bibliografía.
CANO, G., «Estudio introductorio» en: Nietzsche (vol. I), Gredos, Madrid, 2014.
CARRASCO PIRARD, E., Para leer Así habló Zaratustra de F. Nietzsche, Editorial
Universitaria, Santiago de Chile, 2002.
COPLESTON, F., Historia de la filosofía, Vol. 7., Ariel Editorial, México, 1987.
FERRATER MORA, J., Diccionario de filosofía, Vol.1, Montecasino, España, 2009.
FINK, E., La filosofía de Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1986.
JANZ, C., Friedrich Nietzsche, Vol. I., Alianza Editorial, Madrid, 1981.
_______, Friedrich Nietzsche, Vol. II., Alianza Editorial, Madrid, 1981.
_______, Friedrich Nietzsche, Vol. III., Alianza Editorial, Madrid, 1985.
_______, Friedrich Nietzsche, Vol. IV., Alianza Editorial, Madrid, 1985.
JIMÉNEZ MORENO, L., Nietzsche, Editorial Labor, Barcelona, 1972.
MONDRAGÓN, J. A., Entre la ausencia y presencia de Dios. Hacia una filosofía de la
religión desde los planteamientos de la hermenéutica analógica-icónica., UNAM,
México, 2021.
NIETZSCHE, F., Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, 2002.
______, Así habló Zaratustra, Globus Comunicación, España, 2011.
_______, El crepúsculo de los dioses, Editorial Porrúa, México, 1989.
_______, La genealogía de la moral, Alianza Editorial, Madrid, 1986.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la lengua española, 23ª. Edición,
<[Link]
TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, BAC, España, 2000
VILLAMOR IGLESIAS, A., Nietzsche y Así habló Zaratustra, en: «Análisis» 51, 95, España,
2019, pp. 465-488. DOI: <[Link]
65