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Neuroplasticidad y Aprendizaje

El documento describe la capacidad del cerebro para cambiar y modificarse a lo largo de la vida en respuesta al ambiente, llamada neuroplasticidad. Explica que las neuronas se comunican mediante neurotransmisores de manera rápida y eficaz, formando nuevas redes neuronales durante el aprendizaje. A medida que envejecemos, nuestra plasticidad cerebral tiende a disminuir a menos que continúemos aprendiendo y formando nuevas conexiones. La neuroplasticidad depende de factores como el BDNF que favorecen el crecimiento de neuronas y
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Neuroplasticidad y Aprendizaje

El documento describe la capacidad del cerebro para cambiar y modificarse a lo largo de la vida en respuesta al ambiente, llamada neuroplasticidad. Explica que las neuronas se comunican mediante neurotransmisores de manera rápida y eficaz, formando nuevas redes neuronales durante el aprendizaje. A medida que envejecemos, nuestra plasticidad cerebral tiende a disminuir a menos que continúemos aprendiendo y formando nuevas conexiones. La neuroplasticidad depende de factores como el BDNF que favorecen el crecimiento de neuronas y
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Neurociencias para Educadores

Mucho más que cerebros… ¡personas!

Lucas Raspall – Rosario: Editorial Homo Sapiens (2017)

Nota: lo volcado en las páginas que siguen son extractos del libro de referencia

Jugar con la plastimasa cerebral

“La neuroplasticidad es un término que representa un proceso dinámico. Constituye la capacidad


de los sistemas neurales, las neuronas, la glía, las sinapsis, los receptores y otros componentes, para
adaptarse y cambiar su repertorio funcional y estructural en respuesta a las modificaciones del
ambiente interno y externo.”
E. Fuchs
Fuchs, E (2007). Neurogenesis in the adult brain: is there an association with mental disorders?
European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, Ago 2007; 257(5):247-249.

¿Nos whatsappeamos?

El cerebro no necesita wi-fi ni usa whatsapp por una sencilla razón: tiene un sistema de
comunicación mucho más preciso, rápido y eficaz. La neurona, unidad fundamental del sistema
nervioso, es una célula que tiene capacidad para comunicarse con otras células de manera rápida y
a larga distancia. Y puede hacerlo porque tiene un sistema muy preciso: los neurotransmisores. Las
terminales de una neurona (pre-sináptica) liberan estas sustancias químicas al espacio sináptico (un
área libre entre una neurona y la otra), que llegarán a los receptores de la otra neurona (post-
sináptica). Así, una neurona puede mandarle un whataspp a su amiga inmediata, la que está ahí al
lado, casi pegada. Pero también las neuronas saben armar grupos de whatsapp, formando redes o
asambleas neuronales. Cada mensaje implica una reacción en cadena que puede convocar cientos,
miles o hasta millones de neuronas… y pasa en una fracción de tiempo tan pequeña que vale decir
de manera inmediata.
Cuando se está generando una nueva asociación en el cerebro, por ejemplo cuando estamos
aprendiendo algo, las neuronas se comunican entre sí de una manera novedosa: se arma un nuevo
grupo de whatsapp. Si ese aprendizaje resulta significativo y útil, entonces ese grupo se hará más
sólido, esa red se fortalecerá: mejorará la comunicación entre los miembros de la asamblea… ¡como
si pasaran de tener una conexión 3G a 4G! Y no sólo eso, en la medida en que se vayan generando
nuevas asociaciones, más células se irían sumando a este grupo. Ahora, ¿qué pasa cuando un grupo
de whataspp te manda cosas que no te interesan demasiado? Lo más seguro es que de a poco
comiences a no mirar lo que mandan y a no enviar ninguna información. Te estás saliendo de la
asamblea… las conexiones entre las neuronas se van debilitando hasta el punto de que pueden
extinguirse las rutas que antes las comunicaban. Es una cuestión utilitaria: si sirve esa conexión, se
usa y se consolida; si no sirve, entonces se deja de caminar hasta que desaparece. Ahí, el servidor
debería anunciar: “Lucas Raspall ha abandonado este grupo”.
Mientras más mensajes de whatsapp le mande una célula a otra, más fuerte se hará su
conexión, consolidando una ruta. Y si se suman muchas más, entonces darán lugar a un grupo
de whatsapp, configurando una red neuronal.

Este mecanismo se denomina “competencia neuronal”, y es seguramente una de las bases del
aprendizaje. Si dos neuronas tienden a activarse juntas, la conexión entre ellas se fortalece, de lo
contrario, se debilita. La actividad correlativa entre las neuronas es la que hace sólida una red, por lo
que la forma de las rutas, o los mapas cerebrales, van a depender directamente de la historia de
uso. Si por alguna razón un camino deja de andarse, su traza se empobrecerá hasta desaparecer.
Pero seguramente ha sido ya reemplazado por otro, uno que trae mejores resultados al sistema.
Durante toda nuestra vida el diseño de estos mapas se va modificando, afianzando nuevas sinapsis
y podando otras. Son las experiencias que vamos viviendo, y la posterior ejercitación, las que
deciden qué grupos de whatsapp mantener y cuáles no.

MODIFICAR LA AGENDA
Agarrá tu celular y, como si fuera una estadística casera del uso de tu agenda, analizá tu actividad
de whatsapp: notarás que el 90% de tu actividad se concentra en 4 o 5 contactos o grupos y que,
cuando voluntariamente iniciás una chat con una nuevo contacto, esa conversación, aunque sea por
un momento, gana un lugar importante en la estadística. Traducido esto al lenguaje cerebral, el 90%
de tu actividad camina siempre las mismas vías, las mismas formas y, por ende, los mismos
resultados. Pero cuando te animás a salirte de la rutina, una nueva vía nace y gana fuerza:
dependerá del uso que le des para que se consolide o desaparezca. Aquí hay una gran diferencia
entre los niños y los adultos: los chicos son curiosos y quieren aprender; les gusta explorar y armar
nuevos grupos de whatsapp, y cuando se aburren lo borran, sin más. Los adultos, en cambio, nos
vamos haciendo más rígidos; nos queremos quedar con lo que ya sabemos, afianzando las redes ya
armadas y procurando que nada ni nadie nos mueva de los grupos ya conocidos. Encendemos la
alarma frente a la novedad y nos cuesta más abrirnos a aprender: por esto nuestras agendas tienen
menos variantes. ¿Querés hacer tu propio experimento? Mandale ahora un mensaje a alguien con
quien hace mucho no te contactás y verás cómo resucita esa ruta.

El cerebro cambia a cada rato

Aprender es cambiar. Y el cambio es posible porque el cerebro es plástico, maleable, como una
plastimasa. Y cuando hablo de cerebro, me refiero en realidad a todo el sistema nervioso. Es la
permanente interacción de este sistema con el medio la causa de sus interminables cambios: esto
pasa desde el día uno hasta el último suspiro. Creamos nuevas redes, las fortalecemos, las
agrandamos, las debilitamos, las desarmamos y las borramos. De a decenas, miles. Todos los días.
Algunas son tan fuertes que parecen inmortales, otras son débiles y requieren de mucho ejercicio
para no morir. Acorde a las necesidades, la plastimasa va tomando distintas formas, con la velocidad
que pueda y la flexibilidad que disponga, que no siempre es la misma.
El cerebro nunca pierde su capacidad plástica, pero lo que hace que la plastimasa de los niños
parezca siempre nueva, como esa que recién sacás del tarrito, húmeda y flexible, apta para tomar
cualquier forma, es que no tienen tantos prejuicios y disfrutan de aprender. Juegan, modelan,
mezclan colores, crean, hacen todo un bollo y vuelven a empezar. En cambio, cuanto más grandes
nos hacemos, muchas veces disminuimos nuestra curiosidad o nos encerramos en las cosas que ya
sabemos… pareciera que la plastimasa se reseca, tomando una forma definida que no puede, o no
quiere, cambiar. No es una cuestión de edad, sino de actitud; creo que ahí nos empezamos a hacer
viejos.
Neuroplasticidad es el término técnico que representa este proceso dinámico, variando así el
sistema nervioso no sólo su repertorio funcional sino su misma estructura. La plastimasa se
modela con las manos, el cerebro, con las experiencias.

Profundizando un poco más en el concepto de neuroplasticidad, te cuento que los factores


neurotróficos, sustancias químicas que posibilitan y favorecen esta capacidad, se agrupan en
distintas familias: factor neurotrófico derivado de la glía, neuropoyetinas, factores de crecimiento no
neuronales y neurotrofinas. En esta última familia podemos encontrar al factor neutotrófico
derivado del cerebro (BDNF), quizás el más conocido (y por esto te lo presento). Entre sus múltiples
propiedades encuentra la cualidad de producir diferenciación de las células madre neuronales, de
inducir el crecimiento y diferenciación neural y sináptica, de intervenir en la sobrevida de las
neuronas ya existentes y de participar de fenómenos plásticos como remodelación sináptica. Un
mecanismo muy estudiado es la potenciación de largo plazo (LTP o long term potentiation), definida
por un incremento de la potencia de la transmisión sináptica, sostenida en cambios pre y
postsinápticos. Todos estos fenómenos están relacionados con los procesos de aprendizaje y
memoria y tienen además un efecto protector contra la acción de sustancias neurotóxicas (el
organismo busca defender estas conexiones que le son útiles). La producción de BDNF está
estrechamente vinculada con el sistema serotoninérgico (se llama así porque está modulado por la
serotonina, neurotransmisor famoso si los hay), y entre ellos se produce un efecto de
retroalimentación en el que el aumento de este factor favorece la supervivencia de la población
neuronal serotoninérgica, a la vez que, cerrando este circuito, la aumentada producción de
serotonina genera más BDNF: este sistema es fundamental para la producción de neuroplasticidad.
También el sistema dopaminérgico (mediado por la dopamina, otro neurotransmisor famoso) está
involucrado en el sistema de LTP. A nivel de la corteza prefrontal la dopamina actuaría en forma
sinérgica con el glutamato en las tres etapas de la potenciación de largo plazo: la inducción, la
expresión y la consolidación, todos mecanismos fundamentales en el aprendizaje.
Por último, todas estas modificaciones cuanti y cualitativas tienen la capacidad, si se mantienen
persistentemente en el tiempo, de alterar la expresión genética, modificando así el trabajo de la
célula. En este nivel, la plasticidad se presenta como el vehículo que conduce a una particular
manifestación del bagaje genético: la expresión de los genes depende del entorno, de los estímulos.
El genoma abre distintas posibilidades de expresión; cuál es la que finalmente se manifiesta
(fenoma), depende de la interacción entre esa persona y su ambiente.

El sistema nervioso está inquieto y es capaz de modificarse a sí mismo, generando grandes


giros en sus funciones: nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar cambian de acuerdo a
las distintas vivencias que vamos teniendo en nuestro recorrido.

Accedemos a ese mundo que tocamos y vemos en la experiencia concreta, así como a ese universo
“virtual” que vivimos en nuestra mente, en la medida en que existan redes neuronales que lo
sostengan, trabajando de manera silenciosa y sin descanso. Cambia la experiencia si cambian estas
redes. Si el sistema se bloquea, por la razón que sea, el mundo se nos hace inaccesible. Si el sistema
se altera, por ejemplo por la intoxicación con una droga, cambia la forma de ver, sentir y actuar.
Conocemos el mundo a través de nuestro cerebro.

Competencia neuronal
La neuroplasticidad no es un lujo que nos damos; es una capacidad imprescindible para poder
adaptarnos a un ambiente siempre cambiante, es la que posibilita nuestra misma supervivencia.
Permite que nuestro cerebro modifique las redes ya existentes, buscando mayor precisión y eficacia,
mejorando la traza y facilitando su acceso. Pero esto no es todo, también elimina aquellas que ya no
nos sirven, quizás porque no sean ahora eficaces o simplemente por falta de uso. Del mismo modo
que algunos programas en tu compu o celular (se los llama optimizadores de recursos) buscan
quitar de la memoria otros programas que no usás hace mucho, tu cerebro va quitando lugar a esas
redes que cayeron en desuso, liberando así espacio para nuevas rutas. La neuroplasticidad invita a
diseñar nuevos caminos y formar redes novedosas, algunas veces arrancando casi de cero y otras
veces sumando calles a rutas ya existentes. Con cada uso o revisión, la red se consolida. Con el
desuso, la red se pierde. De este modo el sistema nervioso se va adaptando a los cambios que el
entorno propone, mostrando que no es rígido y estático, sino abierto y dinámico.

El mecanismo de competencia neuronal es muy simple: las redes que se usan, se consolidan,
las que caen en desuso, se pierden.

Cuanto más se camina una ruta, más ancha se hace, transformándose en una rápida autopista,
cuanto menos se anda, se empobrece hasta desaparecer... ¡fuera del mapa! ¿Para qué complicarla
más?

VOLVAMOS A LA AGENDA
¿No te pasa esto mismo con la agenda de tu celular? Cada tanto revisás los contactos y notás que
hay algunos que ni sabés quiénes son, o se trata de personas con las que tuviste un contacto
circunscrito a una situación que ya pasó. ¿No los borrás? Claro que sí, para ordenar y simplificar la
agenda… Sino sería como tener esas viejas y gigantes agendas de papel que te manda una vez por
año la empresa de telefonía fija. En mi caso, ¡todos los habitantes de Rosario y alrededores en un
tomo que pesa más de 2 kg! ¡Un millón de números de teléfonos y domicilios! Muy poco práctico,
¿no te parece? Y por esto mismo tu celular tiene también la posibilidad de agendar accesos
directos: apretando un solo botón ya está llamando a tu pareja.

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