MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y Can Cerbero,
el último de sus 12 trabajos.
Por fin Hércules veía luz al final del camino. A la espera de la orden de Euristeo que le indicara su
último trabajo hacía recuento de cuantas dificultades había tenido que superar en estos años al
servicio de su enemigo. Trabajos imposibles en donde se había enfrentado a los más terribles y
temibles monstruos, a plagas, a tareas sobrehumanas ....aunque lo que todavía no sabía es que el
trabajo que le quedaba por cumplir iba a ser el más difícil y peligroso de todos.
En tu último trabajo descenderás al reino de los
muertos y me traerás al Can Cerbero.
Cerbero era, ni más ni menos, que el perro de Hades, el dios de los infiernos.
Un monstruo de tamaño descomunal hijo de Tifón y Equidna que suele ser descrito como un
perro de tres cabezas y cola de serpiente de cuyo dorso salían incluso, según algunos, multitud
de cabezas. Un monstruo que permanecía siempre atado a la puerta del Infierno para cumplir
fielmente su misión:
Impedir que ningún vivo entrase al mundo
subterráneo ni ningún muerto saliese de él.
Y es que los vivos tenían terminantemente prohibido descender al Tártaro, el espantoso y temido
reino subterráneo del dios Hades (aquí) y el humano que osaba contradecir la orden jamás salía
de él.
Tras más de tres meses dando cuenta de sus hazañas, no nos queda la menor duda que el valor,
la fuerza y la inteligencia de Hércules eran inmensas. Pero que para salir airoso de este
trabajo Hércules iba a necesitar algo más que estas cualidades. Por ello pidió ayuda a su
padre Zeus quien hizo que Hermes y Atenea le acompañasen y ayudasen a cruzar el umbral que
tan pocos mortales habían conseguido atravesar vivos, además de instar al propio Hércules para
que se iniciase en los misterios de Eleusis.
Y me preguntaréis, ¿qué son los misterios de Eleusis? Ritos de iniciación a través de los
cuales Hércules aprendió la manera de llegar con plena seguridad al otro mundo después de la
muerte.
Persuadido por Hermes, Hércules consiguió que Caronte, el barquero de los infiernos, cruzase el
río Aqueronte con un vivo en su barca. Cuando ya por fin llegaron al otro lado del río Hércules se
percató de que las sombras de los muertos huían de su presencia. Solo hubo dos que osaron
mantener su mirada: Medusa y Melegrao.
La terrible mirada de Medusa (aquí) -el monstruo de las mil serpientes por cabellera, desafiante
con sus ojos encendidos en sangre capaces de convertir en piedra a quien se cruzaba con ella-
hizo que Hércules desenvainase su espada para acabar con ella, algo que no era necesario pues
como bien le recordó Hermes estaban en el reino de los muertos y lo que estaba viendo era
solamente una sombra.
Diferente fue su encuentro con Meleagro. En un principio Hércules también creyó ver en él a un
enemigo pero en cuanto la sombra del guerrero le contó su triste historia, Hércules quedó
totalmente conmovido y le prometió que cuidaría de su hermana Deyanira, casándose con
ella. Una promesa que por supuesto Hércules cumpliría, aunque tal vez de haber sabido las
consecuencias que esa boda para él tendría, se lo hubiera pensado un poquito más... Pero esto
me lo reservo para la próxima semana.
En ese camino por los infiernos en busca de Hades, Hércules se topó de repente con un cuerpo
vivo, que desatacaba entre tanta sombra. Era el héroe Teseo, ese al que conocimos liberando al
pueblo de Creta del Minotauro (aquí), y al que Hades había encadenado en sus dominios por
haber intentado raptar a su mujer Perséfone. Hércules sabía que héroes como Teseo eran muy
necesarios en el mundo de los vivos por lo que consiguió que Perséfone le perdonase y le diera
permiso para desatarlo de las cadenas y liberarlo.
Por fin, terriblemente cansado por lo mucho caminado y por la agonía y la desesperación que
había visto en los ojos de las sombras, Hércules llegó frente al temible Hades, el rey y señor de
los muertos y como en otras ocasiones había hecho, con la máxima educación y respeto posible, le
rogó al dios que le permitiera llevarse a Can Cerbero al reino de los vivos.
Solicito vuestro permiso para llevarme a vuestro
perro Cerbero al reino de los vivos.
Y para sorpresa de todos nosotros, ¿sabéis lo que le respondió Hades?
Puedes llevártelo. La única condición es que
logres dominarlo sin armas y sin hacerle ningún
daño.
Hércules únicamente iba a poder contar con su piel de león por armadura y sus manos desnudas
como armas. Por supuesto lo consiguió. Hay varias versiones sobre cómo lo hizo, algunos dicen
que Cerbero practicamente asfixiado por las manos de Hércules se dejo poner el collar. Aunque la
parte que a mi más me gusta es la que cuenta que Hércules trató con tanto afecto al animal que
esté le respondió con su docilidad.
Y es que el cariño logra verdaderos milagros.
Hércules llevó al animal hasta Micenas. Por supuesto Euristeo cuando vio a Cerbero le entró tal
ataque de pánico que se escondió donde siempre lo hacía, en su ridícula tinaja.
Por fin Hércules había conseguido completar los diez trabajos, realmente gracias a Euristeo doce,
a los que el oráculo (aquí) le había condenado. La próxima semana veremos si el perdón predicho
también se cumple.