4-ago-2022 ENSAYO:
Bisexualidad
Aspectos psicológicos de la
sexualidad.
Karla García Pereda
IMESEX
Etimológicamente Bi es igual a dos, pero sexual tiene una serie de connotaciones tanto a nivel
científico como a nivel de representación popular, porque implica el sexo como división
biológica (machos y hembras), y conducta (hacer sexo) como también la sexualidad en su nivel
biológico, psicológico y sociocultural. (Hernández, 2006).
Es por ello por lo que el término bisexual has sido empleado a lo largo de los años para dos
situaciones, para determinar la combinación de caracteres biológicos masculinos y femeninos,
lo que llamamos hermafroditismo, y para diferenciar un estado de intersexualidad.
El deseo por más de un género y/o sexo que en la actualidad ya nombramos bisexualidad ha
sido constantemente invisibilizado, una de las razones es que la bisexualidad viene a romper el
binario heterosexual/homosexual, e incluso a cuestionar la misma existencia de una orientación
sexual.
Según la Encuesta Nacional sobre la Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG 2021), la
población gay, lesbiana, bisexual o de otra orientación sexual LGB+ asciende a 4.6 millones, lo
que representa 4.8 % de las personas de 15 años y más, en México. Del total de la población
con orientación sexual LGB+, 51.7 % se autoidentificó como bisexual; 26.5 %, como gay u
homosexual; 10.6 %, como lesbiana y 11.2 % reportó tener otra orientación.
En esta misma encuesta llevada a cabo por el INEGI cita que la bisexualidad es la capacidad
de una persona de sentir una atracción erótica afectiva por personas de un género diferente al
suyo y de su mismo género, así como la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales
con ellas. Esto no implica que sea con la misma intensidad, al mismo tiempo, de la misma
forma, ni que sienta atracción por todas las personas de su mismo género o del otro.
(Conapred, 2016; citado en ENDISEG, 2021).
Para dar inicio al análisis de bisexualidad comenzaremos con la pregunta, ¿“dos diferentes
deseos” en la misma persona?
Anteriormente los iniciadores de la ciencia sexológica y psicoanalistas llamaban a los
bisexuales “hermafroditas psicosexuales”, además empezaron con minuciosas revisiones y
descripciones de los invertidos (como se les llamaba a “los homosexuales”), tratando de
encontrar algo femenino en los invertidos y algo masculino en las invertidas. Uno de ellos fue
Richard von Krafft-Ebing a finales de 1800, quien además realiza la primera obra dedicada a
las antes llamadas “perversiones sexuales”. (Montero, 2006)
También los sexólogos incluían en su lista de invertidos a los ocasionales a los cuales siempre
se pensó “caían en la homosexualidad” por circunstancias sociales, este tipo de invertidos
también era conductualmente bisexual. Así que mientras los invertidos tendrían a la
bisexualidad (como dos sexos en la misma persona) como causa de su homosexualidad, los
hermafroditas psicosexuales tendrían una causa biológica común a los invertidos pero no
completada, que le permitiría una combinación de características psicológicas de ambos sexos
(entre ellas el deseo por los hombres, combinado con el deseo por las mujeres) o una
circunstancia, por ejemplo haber estado obligados a convivir con el mismo sexo por tiempos
prolongados (como cárceles, escuelas, etc) o haber sucumbido a una seducción de parte de un
invertido, por promiscuidad heterosexual y hastío, perversidad o debilidad de carácter.
(Hernández,2016).
Havelock Ellis fue uno de los sexólogos que empezó a ver a la bisexualidad y a los bisexuales
únicamente como una categoría distinta de individuos que se sentían atraídos hacia personas
“de ambos géneros” y el dividía a las personas según su sexualidad en heterosexuales,
homosexuales y bisexuales. (Hernández, 2016).
Freud, como los anteriores sexólogos, también llamaba hermafroditas psicosexuales a lo que
hoy llamamos bisexuales. Pero la bisexualidad para él y para Fliess, no era una condición
defectuosa que sucedía en algunas personas (como se sigue considerando
predominantemente a la intersexualidad), sino que era una condición universal al ser humano,
ya que todos podemos ser potencialmente hombres y mujeres. Su explicación del origen del
deseo en el entramado del complejo de Edipo y sus subsecuentes explicaciones para la
sexualidad de las mujeres y de él y la homosexual, el complejo de Electra y el Edipo invertido
complejizaban su concepción de la bisexualidad (como hermafroditismo) a la vez que dejaba a
los bisexuales (atraídos por hombres y mujeres) como inmaduros y dejaba de nuevo a la
homosexualidad como transgenética siempre deseando al género opuesto (aunque fuera del
mismo sexo). (Hernández, 2016).
Freud consideraba que nuestra libido oscila durante toda la vida entre el objeto femenino y
masculino y considera tarea del psicoanálisis investigar cuál es factor especial que favorece
decisivamente uno de estos factores, dejándonos la tarea de descubrir los mecanismos
psíquicos que determinan la decisión de la elección de objeto y enlazar esos mecanismos con
la disposición instintivas. En “El malestar en la cultura” Freud habla que los hombres presentan
tendencias instintivas, necesidades y atributos masculinos y femeninos. “Las mujeres pueden
desplegar grandes actividades en muy variadas direcciones, y los hombres no pueden convivir
con sus semejantes si no es desplegando una cantidad considerable de adaptabilidad pasiva”
(Freud, 1932).
Para Minsky (2000), el impacto primordial de la teoría freudiana es que las identidades binarias,
puras de la “masculinidad” y la “feminidad” son inexistentes porque los niños de ambos sexos
son bisexuales. Desean a ambos progenitores y se identifican con los dos, en diferentes grados
según la particular dinámica familiar y según su medio expresará o reprimirá esos deseos o
identificaciones como adultos en su cultura. Cada sexo reprime la dimensión culturalmente
inaceptable de su identidad, que forma así la base de su inconsciente. (Montero, 2006).
Existen mujeres con actitudes consideradas masculinas y hombres con actitudes femeninas, y
muchas posiciones intermedias. Entonces en toda la gama de posibilidades los niños se
pueden identificar, inconscientemente con una madre más “masculina” con un padre más
“femenino”, lo cual podría explicar la variedad de identidades homosexuales además de
heterosexuales, y todo lo que exista “en medio de estas”, las intersexualidades.
En la misma línea de lo sostenido por Minsky, nos dice dice Chodorow: “Los sentidos de la
femineidad o la masculinidad no procede directamente del padre o de la madre que son un
hombre y una mujer respectivamente. Las hijas y los hijos pueden también experimentar la
“femineidad” del padre o la “masculinad” de la madre y la experiencia misma puede adoptar
muchas formas diferentes. Chodorow sostiene que “el sentido que cada persona le da al
género es una creación individual, de modo tal que hay muchas masculinidades y muchas
femineidades. La identidad de género de cada persona proviene entonces de una fusión de la
significación personal y cultural. (Montero, 2006).
Anteriormente se ha considerado que la bisexualidad debe estar prohibida porque atenta a las
buenas costumbres y la moral de la sociedad (Báñales, 2012) sin embargo estas actitudes se
han ido modificando con el tiempo por lo que la aceptación de la bisexualidad ha ganado
terreno. A pesar de esto, algunas de estas actitudes prevalecen, ya que las personas de
orientación homosexual aun consideran la bisexualidad o a las personas con orientación
bisexual como indefinidos, siendo similar al estereotipo mayor citado por los autores (Arroyo,
2002, Fernández, Quiroga Rodríguez, 2006, Flores, 2007, Esparza 2010, Ulrich, 2010,
Castañeda, 2011 & Barker, Richards, Jones, Bowes-Catton & Plowman, 2012), consideran
además la bisexualidad se da más en hombres, concordando con (Quintana, 2006) quien
argumenta que la bisexualidad es más común en hombres que en mujeres. En contraste son
las y los homosexuales quienes consideran que la bisexualidad merece respeto y disfrute
igualitario de derechos. (citado por Olvera, 2014)
Desafortunadamente hay muchos prejuicios e ideas negativas en torno a la bisexualidad que
han dado lugar a un estigma difícil de desmantelar y que puede colocar a las y los bisexuales
en condiciones en que sus derechos humanos sean vulnerados. Algunos de estos prejuicios
son: 1) que tienen un “apetito sexual” incontrolable y les gustan “todas” las mujeres y “todos”
los hombres; 2) que no se pueden tener relaciones estables o duraderas con ellas y ellos por
“su naturaleza promiscua”; 3) que son infieles y desleales; 4) que son inestables porque “no
saben lo que quieren” al gustar de ambos géneros; 5) que no se definen porque “deberían
sentir atracción” sólo por mujeres o sólo por hombres, pero no por ambos; 6) que “en realidad”
son gays o lesbianas que ocultan su “verdadera orientación sexual” porque les da miedo
definirse como homosexuales; 7 ) que “en realidad la bisexualidad no existe, es un mito, pues
sólo son lesbianas o gays de clóset” o gente que se pone la máscara de la heterosexualidad
“cuando así le conviene”; 8) que son doblemente “anormales” ya que no son heterosexuales, lo
cual “ya es grave en sí mismo”, pero tampoco son homosexuales, lo cual les pone fuera de
“parámetros aceptables”. Estas ideas negativas, junto con algunas otras, dan forma a lo que
puede llamarse el estigma de la bisexualidad. (Brito, 2009)
Entonces volviendo a la pregunta inicial. ¿“dos diferentes deseos” en la misma persona? Para
mí el planteamiento de la pregunta no debe ser porqué hay sólo dos géneros o dos deseos,
sino por qué somos tan insistentes en escoger entre ellos. Es la rigidez de la división de género
lo que le resulta más inquietante y considero que el problema de género no es que sólo existan
dos, sino que éstos sean sentidos como excluyentes.
Si bien las orientaciones no heterosexuales van ganando aceptación dentro de la sociedad, se
sustenta la importancia de brindar información para que la población pueda visibilizar a la
bisexualidad como una orientación con características propias que la hacen diferente a la
homosexualidad y poder erradicar estereotipos que aún prevalecen hacia dicha orientación,
como el ser indefinidos, infieles, una orientación igual a la homosexualidad y por tanto merecen
menor respeto, mayor violación en derechos y restarles valía como seres humanos producto de
su orientación
Es cierto que las orientaciones no heterosexuales se van consolidando en la sociedad, y son
cada vez más aceptadas en ella, pero existe también la importancia de visibilizar la
bisexualidad como una orientación con características únicas y propias que la distinguen de la
homosexualidad, y romper los estereotipos que aún prevalecen sobre el mismo.
Para terminar, cito a mi abuela, “cada quien sus gustos y cada quien su cola”.
REFERENCIAS:
Brito, Miriam (2009). Bisexualidad y derechos humanos, Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal, No. 5, año. 7, DFensor
Olvera, Omar. (2014). Bisexualidad: una Mirada desde Orientaciones Sexuales, Revista
electrónica en Ciencias Sociales y Humanidades Apoyadas por Tecnologías. Vol. 3 No.
1, pp: 49-63
Montero, Olga. (2006). Aproximaciones a LA BISEXUALIDAD, Fepal - XXVI Congreso
Latinoamericano de Psicoanálisis "El legado de Freud a 150 años de su nacimiento"
Lima, Perú
Hernandez, José. (2006). BREVE HISTORIA DE LA CONCEPCIÓN DE UN DESEO
INVISIBILIZADO: LA BISEXUALIDAD. II Encuentro de Escritor@s sobre disidencia
sexual e identidades sexo-genéricas
INEG. (2021) ENCUESTA NACIONAL SOBRE DIVERSIDAD SEXUAL Y DE GÉNERO
(ENDISEG) 2021, COMUNICADO DE PRENSA NÚM. 340/22 28 DE JUNIO DE 2022
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