Camara Gesell
Camara Gesell
AÑO: 2012
Página.
Introducción………………………………………………………………………..6
Capítulo ?
Aspectos Jurídicos.
2.1 Concepto……………………………………………………………………...15
2.2 Naturaleza………………………………………………………………….....15
Capítulo ??
Aspectos Interdisciplinarios
(Psicológicos y Médicos)
4. El victimario sexual……………………………………………………………21
5. La víctima sexual……………………………………………………………....21
8. La revictimización……………………………………………………………..25
Capítulo ???
La prueba en el abuso.
11.1 Elemento…………………………………………………………………..…31
11.2 Órgano………………………………………………………….……………31
11.3 Medios…………………………………………………………………….…32
11.4 Objeto………………………………………………………………………..32
Capítulo ?V
Capitulo V
Cámara Gesell: Aspectos jurídicos
26. Valoración……………………………………………………………………..71
V?. Conclusiones……………………………………………………………….….75
V??. Bibliografía……………………………………………………………………77
Introducción.
Esto debido a que “no en todas las investigaciones se cuenta con la prueba directa del
abuso sexual, por cuanto en la mayoría de los casos, se trata de hechos acaecidos en ámbitos
cerrados y privados, sin testigos presenciales, lo cual torna mucho más difícil su investigación”
(Monteleone, 2010, pág. 1).
A su vez; debe destacarse que el abuso sexual infantil, no siempre implica violación o
hechos de violencia, con la consecuencia que en algunos casos, se tengan signos físicos que
demuestren o le den veracidad a los dichos por el menor. Amén de ello es importante mencionar,
que este tipo de ilícitos, raras veces son denunciados en forma inmediata, con las consecuencias
procesales que esto acarrea (Monteleone, 2010).
Las víctimas de abuso sexual infantil, pasan a ser solo cuerpos de los que, el adulto puede
servirse para obtener placer sexual, son dóciles cuerpos a los que fácilmente se pueden someter
por aquellos que son llamados a cuidarlos y darles afecto (Zanetta Magi, 2010). Está demostrado
práctica y judicialmente que en su gran mayoría, los abusos en los niños se producen en el entorno
familiar o más cercano, esto produce una confianza en el niño, el cual cae en un estado de
habitualidad de esa relación.
Las estadísticas sobre este flagelo muestran datos alarmantes, la forma de maltrato más
violenta la sufre, en su mayoría, el grupo más vulnerable: 3 de cada 4 casos (74 %) de delitos
contra la integridad sexual, tiene como victimarios a personas menores de edad. De ellos, el 44%,
tienen entre 0 y 10 años. Así las últimas estadísticas muestran, en los casos de víctimas de abusos
sexuales, la clara persistencia de la violencia sexual en contra de personas menores de edad (niños
y niñas) y de mujeres, en manos de personas conocidas y del entorno familiar. Otro dato
preocupante surge de la relación entre la víctima y el victimario. El 89 % de los casos, el agresor
es una persona conocida de la víctima, y de ese total, el 66 % corresponde a un vinculo
familiar.[1]
Sin dejar de destacar que esta temática involucra varias ciencias, tales como, la medicina,
la psicología, y la psiquiatría; la misma será analizada desde el punto de vista jurídico, más
precisamente jurídico-procesal, es decir, el testimonio de los niños prestados en Cámara Gesell,
como una herramienta en el proceso, para el esclarecimiento de la verdad y evitar perjuicios
innecesarios o la llamada revictimización del menor.
Con esta herramienta en ningún momento se está violando la Constitución ni otras leyes
penales, ya que es sólo un mecanismo que puede utilizarse para tomar una prueba anticipada. En
ese mismo sentido, se debería formar a psicólogos forenses en el uso de las cámaras y técnicas de
entrevista a la niñez; víctima de abuso sexual comercial o de trata de personas (Turcios, 2011).
La Cámara Gesell fue creada por el psicólogo estadounidense Arnold Gesell (1880-1961),
quien se dedicó a estudiar las etapas del desarrollo de los niños. Básicamente, consiste en dos
habitaciones con una pared divisoria; en esa pared hay un vidrio de gran tamaño que permite ver
desde una de las habitaciones lo que ocurre en la otra, pero no al revés. Gesell la creó para
observar las conductas de los chicos sin que estos se sintieran presionados por la mirada de un
observador. En los casos de abuso de menores, la Cámara Gesell tiene una doble función. Por una
parte, tiende a reducir el daño que sufre el menor por el recuerdo traumático del abuso, ya que se
realiza una sola entrevista que sirve como prueba para el resto del proceso. Por otra parte, la
Cámara Gesell garantiza el derecho a defensa del acusado, ya que sus peritos de parte, sus
abogados o incluso el mismo procesado (dependiendo del juez o la legislación de cada país)
pueden estar presentes mientras se interroga a los menores.
Uno de los traumas más fuertes para un niño que ha sufrido abuso es enfrentar los
interrogatorios para esclarecer el caso. Para evitarlo se ha creado la Cámara Gesell; un
especialista forense escucha lo que le dice el niño que ha sido sexualmente agredido. Con mucho
cuidado, el psicólogo forense indaga en los juegos que le gustan al menor, sus programas
favoritos, hasta llegar a aquel momento en el que la criatura empieza a narrar cómo fue abusada o
agredida.
Conforme va contando, en sus propias palabras, lo que le pasó es difícil no
impresionarse. Pero lo que conforta es saber que esa criatura no volverá a revivir esa historia
pues sí, para los efectos legales se necesita de su testimonio, solo bastará pedir una copia del
que ha sido grabado en audio y video (Turcios, 2011).
Finalmente; “la profundización en el estudio de los medios de prueba nos revela la
posibilidad inmediata de revertir esta situación. Puede mejorarse sustancialmente la calidad del
testimonio del niño, aplicándose técnicas especiales en la recepción. Las pericias psicológicas de
credibilidad y la videograbación de ese testimonio brindan un auxilio fundamental para valorar
acertadamente esta declaración” (Fernández Dovat, 2000, p. 1).
El trabajo se desglosará a partir de una pregunta central de investigación que es; ¿qué
utilidad y valor probatorio tiene la Cámara Gesell en procesos por abuso sexual de menores?, y de
ciertos objetivos previamente delineados, entre los cuales se destacan: analizar distintos aspectos
jurídicos del abuso sexual, identificar los aspectos psicológicos y médicos del mismo, distinguir
los diferentes tipos de medios probatorios e identificar las características de aquellos, explicar qué
es, cómo funciona la cámara Gesell, su pertinencia y utilidad, entre otros.
El mismo comprenderá cinco capítulos bien diferenciados en cuanto a su temática, que son
los siguientes: el capítulo primero comprende los aspectos jurídicos de la problemática planteada,
es decir, qué es el abuso sexual y su caracterización en el derecho penal. En el capítulo segundo se
encuentran los distintos aspectos del tema (médico y psicológico); definiendo el perfil tanto de la
víctima, como del victimario sexual. En el capítulo tercero, se abordará la prueba en el proceso
por abuso, destacando elementos generales de la misma. En el cuarto, los aspectos técnicos o de
funcionamiento de la mencionada Cámara Gesell, y finalmente el quinto y último capítulo, se
avocará de lleno y específicamente a la Cámara Gesell, como prueba o herramienta en el proceso
por abuso de menores, destacando su valoración judicial, casos previstos para el procedimiento, su
naturaleza jurídica y sus beneficios, entre otros aspectos sustanciales de la cuestión.
Capítulo ?
Aspectos Jurídicos
1.1 Caracterización.
De acuerdo con la autora de referencia se hace necesario que, desde las personas que
llevan a cabo las tareas educativas hasta los mismos familiares del menor se comprometan a en el
tema estando atentos para llegar a su detección, sus primeros síntomas, evaluación de
consecuencias tanto físicas como psicológicas. Teniendo en cuenta que existes distintas
soluciones en diferentes ámbitos, entre ellos el psicológico y el jurídico.
“Abuso; significa el mal uso de algo (de autoridad, de poder, etc.). En el abuso se plantea
un abuso de confianza, del cuerpo del otro y también de su palabra. Cuando se habla de abuso
sexual no se habla de violación específicamente, pero sí la incluye. Hay otras situaciones previas
como toqueteos, exhibicionismo, presentación de imágenes impropias, para un niño, que son todas
formas de abuso sexual que causan gran daño” (Espeche de Martínez, G; 2006, p. 363).
Esta es una de las manifestaciones más graves del maltrato infantil, “consiste en la
utilización de un menor para la satisfacción de los deseos sexuales de un adulto”. La gravedad de
este va a depender del vínculo que se tenga con el niño, agravándose si este es el padre o familiar
cercano en quien el niño confía, también por el tipo de maniobras practicadas en el abuso, su
duración, entre otras (Espeche de Martínez, G., 2006, p. 373).
El tipo de vinculación previa entre el adulto y el menor se basa en una posición de
dominio desde la cual se acerca se seduce al niño para lograr su cometido. “El niño no tiene el
desarrollo cognitivo, madurativo y emocional, para dar su consentimiento acerca de él o los actos
ejercidos sobre él (Espeche de Martínez. G, 2006, p. 374).
En opinión de Donna; el tipo penal de abuso, previsto en el artículo 119, primer párrafo es
el tipo penal básico sobre el cual se estructura todo el abuso sexual propiamente dicho. De lo que
surge que los demás tipos penales no son otra cosa que el tipo de abuso sexual simple agravada
por alguna de las circunstancias previstas en la ley (Donna, E, 2000).
De la lectura del art. 119, primer párrafo del Código Penal; surge que el abuso sexual
simple consiste en realizar sobre otra persona, menor de trece años, actos de tocamiento o
acercamiento, con connotación sexual, o cuando hubiere violencia, abuso coactivo o intimidatorio
de una relación de dependencia o poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa
no haya podido consentir libremente estas acciones. De esto se desprende como Donna lo expresa:
“que no hay motivo alguno para limitar la norma, habida cuenta de que lo prohibido es el abuso
sexual sin acceso carnal, y no hay duda que, si el autor realiza actos de tocamiento o hace tocar
por un tercero, o si obliga a la víctima a hacerlo, está atacando la libertad sexual protegida
(Donna, E; 2000, p.18).
El mencionado autor describe al acoso sexual como un subtipo del abuso sexual,
definiéndolo como: “aquellas formas de presión sexual que se dan en determinados ámbitos, en
los que se desarrollan relaciones de preeminencia implícitas (trabajo, colegio, universidad, etc.) y
que genera como consecuencia, que el sujeto pasivo se vea compelido a tolerar las presiones, para
permanecer o progresar en dichos ámbitos el sujeto activo coacciona a la victima a que se someta
sexualmente, abusando de la autoridad que le confiere su función” (Donna, E.; 2000, p. 30).
La acción penal de este delito es de instancia privada, según el art. 72 del Código Penal,
cuando no resulte la muerte o lesiones gravísimas de la víctima. La pena prevista para el tipo
básico, es de seis meses a cuatro años de prisión.
En el segundo párrafo del art. 119, hay una modalidad agravada del abuso sexual:…”cuando
el abuso por su duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento
sexual gravemente ultrajante para la víctima”.
Estamos hablando entonces de la presencia del abuso sexual simple, al que se le suma o se
necesita además que esta conducta se extienda en el tiempo o se realice bajo circunstancias
especiales que tengan como fin un sometimiento sexual gravemente ultrajante para su víctima.
Esta variante prevé la realización de un acto único que resulte altamente dañoso para el sujeto
pasivo, ya sea por el carácter degradante de la conducta o por el peligro que ella trae aparejada
para la víctima. Son actos que en sí mismos, son intrínsecamente escandalosos, humillantes,
peligrosos, y de alto contenido vejatorio para la victima; actos sexuales que objetivamente tienen
una desproporción con el tipo básico, y que producen en la víctima una humillación más allá de lo
que normalmente se verifica con el abuso en sí, (quedan comprendidos entre otros la introducción
de objetos tanto por vía anal, como vaginal (Donna, E; 2000; p. 44).
La pena para este tipo es de prisión o reclusión de cuatro a diez años.
A su turno el art. 119, tercer párrafo establece que: “la pena será de seis a quince años de
reclusión o prisión cuando mediando las circunstancias del primer párrafo hubiere acceso carnal
por cualquier vía”.
Distintos autores han propuesto definiciones del término “violación”. Así Fontan Balestra
explica que el bien jurídico lesionado por el delito de violación es la libertad sexual, en cuanto
cada uno tiene el derecho a elegir el objeto de su actividad sexual. Para que quede configurado
este delito es necesario el acceso carnal, entendido este como “la penetración del órgano genital
masculino en orificio natural de otra persona, sea por vía normal o anormal, de modo que dé lugar
al coito o a un equivalente anormal de él”. Por ende la nota característica del delito de violación
está dada por la idea de penetración (Fontan Balestra, 1995, pág. 206).
Donna lo define como: “la violación es el acceso carnal lograda en los casos en que medie
fuerza o intimidación para vencer la resistencia u oposición del sujeto pasivo, o con persona que
se encuentre físicamente imposibilitada para expresar su disenso o resistirse, o con quien, por ser
menor de 13 años o carecer de discernimiento para ello, no posee la capacidad jurídica necesaria
para consentir la relación sexual” (Donna,, 2000, p. 50).
“Por acceso carnal debemos entender la introducción del órgano genital masculino en el
cuerpo de otra persona, no siendo necesario para su consumación que la penetración sea total o
que se produzca la eyaculación”.[2]
Este es un delito dependiente de instancia privada, salvo que resulte la muerte o lesiones
gravísimas de la persona ofendida.
2.1 Concepto.
Las acciones dependientes de instancia privada son aquellas que: “dan nacimiento a la
potestad represiva del estatal, a partir de la existencia de determinados delitos, en los cuales el
Estado sólo puede ejercer la potestad punitiva (derecho-deber de persecución y represión del
delito), siempre que exista una previa denuncia o solicitud expresa de investigación por parte de
quien fuera ofendido por el delito o, de sus representantes legales cuando aquel no puede
expresarla válidamente por sí” (Villada, 2006; pág. 15).
2.2 Naturaleza.
Del art. 72, se extrae que son acciones dependientes de instancia privada las siguientes: las
previstas en el art. 119 (abuso sexual simple, gravemente ultrajante, y violación), art. 120
(estupro) y art. 130 (rapto), cuando no resulte la muerte de la persona ofendida o lesiones
gravísimas. El mismo texto legal aclara que en los casos previstos, no se procederá a formar
causa sino por acusación o denuncia del agraviado, de su tutor, guardador, o representantes
legales. Sin embargo se procederá de oficio, cuando fuere cometido contra un menor que no tenga
padres, ni tutores, o que fuere cometido el delito por unos de sus ascendiente, tutor o guardador.
Entonces, vale aclarar que la acción que surge de los delitos contra la integridad sexual, es
dependiente de instancia privada , donde no se pone en movimiento el sistema judicial sino es por
acusación o denuncia del agraviado, de su tutor, guardador, o representantes legales, salvo
excepciones, es decir, será pública cuando resulte la muerte de la persona ofendida, lesiones
previstas en el art. 91, o menor víctima que no tenga padres, tutor ni guardador, menor víctima de
sus ascendiente, tutor o guardador.
Con la nueva disposición del primer párrafo del artículo 132, se agregó la posibilidad de
que en ausencia de padres o representantes legales (o aún a pesar de estos), la víctima de cualquier
edad igual podrá denunciar si fuere representado o al menos asesorada por una entidad de
protección a las víctimas sin fines de lucro (Villada, J., 2006).
En cuanto al ejercicio de esta acción penal, “el acto de instancia, no constituye el ejercicio
o puesta en marcha de la misma, sino sólo la remoción del obstáculo para que dicha acción pueda
ejercitarse”. Pero una vez removido este obstáculo, el ejercicio de la acción estatal se vuelve
definitivo, irretractable en adelante, ya no es el titular de la acción el que la ejerce sino el estado
por intermedio del Ministerio Público Fiscal (Villada, J., 2006; p. 21).
El proyecto de ley, impulsado por la fundación Roberto Piazza contra abusos de menores,
se sancionó el día 7 de septiembre en la Cámara de Diputados de la Nación. La norma busca
ampliar los plazos de prescripción para permitir que las víctimas de abusos puedan efectuar las
denuncias correspondientes y que el delito todavía sea punible. Anterior a esta modificación, el
Código Penal en su artículo 63 establecía: la prescripción de la acción comenzará a correr desde
la media noche del día en que se cometió el delito o, si éste fuese continuo, en que cesó de
cometerse.[3]
Así el nuevo art. 63 del Código Penal queda redactado de la siguiente forma: "en los
delitos contra la Integridad Sexual- cuando la víctima fuere un/a menor de dieciocho (18) años, la
prescripción de la acción penal comenzará a correr a partir de las 00:00 horas del día en que
adquiera la mayoría de edad. En los casos en que se produzca el fallecimiento de la víctima, antes
de haber adquirido su mayoría de edad, la prescripción correrá a partir del momento en que se
produzca su deceso."
Entre los fundamentos para dicha modificación se encuentra que gran parte de los delitos
cometidos contra la integridad sexual de menores quedan, con frecuencia, impunes en función
de que la víctima -incapaz de hecho- no está en condiciones de defenderse a sí misma y porque
depende de la representación legal forzosa de algún adulto integrante del grupo familiar primario
quien, en muchos casos, podría identificarse como el propio agresor. Asimismo la víctima, al
alcanzar la mayoría de edad -o la madurez personal necesaria para accionar-, se enfrenta,
muchas veces, a una acción penal prescripta. Al igual que en Chile, Colombia, España y
Alemania, cuya legislación penal avanzó a paso firme sobre este tema, en el mismo sentido
Argentina intenta -al prolongar el tiempo de la prescripción del delito- paliar una situación de
evidente desventaja de la víctima frente a su agresor para que pueda, una vez alcanzada la
madurez necesaria, luchar judicialmente por su dignidad. El interés superior del menor requiere la
pronta adecuación del Código Penal para quienes hayan sido víctimas de abuso sexual infantil a
efectos de que cuenten con normas que les permitan llevar a juicio a sus agresores, en el momento
en que tengan el poder propio de hacerlo.[4]
El artículo 132 del Cód. Penal establece que; en los delitos previstos en el art. 119 que
comprende al abuso sexual simple, gravemente ultrajante y con acceso carnal, estupro y en el
rapto; la víctima cualquiera sea su edad, puede denunciar válidamente con el asesoramiento o la
representación de organismos o instituciones oficiales (como: Defensorías o Asesorías de
incapaces, Oficiales, etc.); u organismos privados sin fines de lucro (organizaciones no
gubernamentales tales como fundaciones, asociaciones, parroquias, hogares de protección)
(Villada, 2006).
Del análisis del art. 119 del Cód. Penal en sus diferentes incisos podemos concluir que, el
bien jurídico protegido por la ley, es la libertad sexual de la personas, en el sentido de decidir de
acuerdo a su propia voluntad y según sus preferencias sexuales, que se ve vulnerada al imponer
coactivamente en sus distintas variantes a realizar estas conductas sexuales. Cuando esta
conducta abusiva recae sobre un menor de trece años, la misma afecta la sexualidad del menor en
su potencial y futuro desarrollo, ya que en ellos no existe un discernimiento válido para consentir
la acción (Buompadre, 2003).
Por todo ello, si estamos considerando a la víctima como una persona en diferentes
condiciones respecto de los mayores, nos parece necesario darles un tratamiento adecuado (sea en
la instrucción, o en el debate) para que no se sigan avasallando sus derechos. Es aquí una de las
posibles soluciones la manera de transitar todo el proceso para la víctima, como sería una
declaración ante una persona experta en el tema, en un ambiente adecuado a las circunstancias,
todo ello para evitar daños innecesarios que volvería a sufrir la víctima al exponer su situación
(De Licitra, 2006). Sobre el tema volveremos más adelante en el capítulo de Cámara Gesell.
Capítulo ??
Aspectos Interdisciplinarios
(Psicológicos y Médicos)
4. El victimario sexual.
En cuanto al sujeto activo o autor de los delitos de tipo sexual, se tiene por lo general la
creencia que es un sujeto con características propias y distintivas, que hará visible su patología
frente a los demás. Pero la realidad demuestra que sólo la persona experta en el tema o con
conocimientos específicos podrá revelar su verdadera personalidad con inclinación a cometer
estos delitos (Villada, 2006).
Como lo expresa Villada: “el abusador puede no sólo ser una persona sin ningún rasgo
especial aparente, sino que por el contario, puede resultar uno de los tantos sujetos comunes que
se encuentran próximos a la víctima de esta clase de delitos. Tales son el padre, un amigo, un tío,
un hermano, un vecino, un sacerdote, su médico o su propia pareja” (Villada, 2006; pág. 295).
5. La víctima sexual.
Del total de víctimas de abusos sexuales, el porcentaje mayor tiene como protagonista a
mujeres y niños con la característica que son atacadas en la mayoría de los casos por personas
conocidas o inmediatas a estas.
Una cuestión que es alarmante en los delitos sexuales la llamada cifra negra, es decir aquellos
delitos realmente cometidos pero que no se dan a conocer, los que no se denuncian entre otros
motivos por el pudor que genera la situación de exponerlos, por temor, en cuyos casos la cifra es
elevada, y trae aparejada su impunidad.
“Es necesario para el profesional del derecho conocer mejor este aspecto, ya que tiene
íntima relación con el art. 41 del Cód. Penal, y por ende, con los criterios de mensuración de la
pena con relación a la extensión del daño, pero también en base a lo previsto por el art. 29 del
Cód. Penal, cuando se trata de determinar el monto del daño moral y material causado a la víctima
de esos delitos” (Villada, 2006; pág. 307)
Acerca del daño experimentado por la víctima en estos delitos, Marchiori explica que: el
daño emocional-moral es el que experimenta o siente la víctima por la lesión en su personalidad,
en sus afecciones legítimas, en su intimidad. La extensión del daño y del peligro causado, es la
circunstancia que permite conocer el grado de vulnerabilidad de la víctima, la peligrosidad y
responsabilidad del autor, teniendo en cuenta, la relación con otras circunstancias que menciona el
art. 41 del Cód. Penal, especialmente en función de la determinación de la conducta delictiva en
cada caso concreto (Marchiori, 1995, pág. 35).
En su gran mayoría de los casos de agresión sexual plantean tres momentos de impacto,
que resulta beneficioso conocer, para tratar el tema de la manera más adecuada, evitando así un
mayor daño a la víctima. El último momento se plantea a la hora de los exámenes médicos o
forenses.
Sobre este punto en particular, mucho se ha hablado y estudiado, así también hoy todavía se
escuchan argumentos y posturas que justifican este accionar delictivo por parte de ciertos
sujetos, atacando la sexualidad y menospreciando la dignidad o el respeto que merece la
víctima de estos delitos (su modo de vestirse o caminar eran demasiados provocativos, ella se
lo buscó, su situación de vida favoreció el ataque, etc.). Existen ciertas posturas como el
machismo exacerbado o la pasividad femenina que son algunos signos de esta concepción
violenta de la conducta humana en la que está inmersa parte de nuestra sociedad, junto a la
complicidad del sistema, la educación y de las estructuras dominantes de la sociedad.
Como lo sostiene Villada, es necesario y pertinente para los profesionales del derecho
conocer mejor estos aspectos, que tienen íntima relación con el art. 41 del Código Penal, y
con los criterios de mensuración de la pena con relación al daño causado (Villada, 2006)
Vale recordar que este largo peregrinar que se comienza con la denuncia, sigue con eternos
y constantes interrogatorios, muchas veces por inexpertos operadores jurídicos en el tema, que
implican un minucioso y detallado relato del hecho traumático. Luego ya en la sede instructoria se
van reavivando con la investigación los recuerdos más dolorosos para las víctimas de estos
delitos. Todo este daño se puede evitar o al menos tratar de minimizarlo lo máximo posible con el
uso de la Cámara Gesell y la obligada intervención del psicólogo, quien puede interpretar no solo
el lenguaje corporal de la víctima, sino aplicar distintas técnicas que resultan esenciales para la
obtención de los datos necesarios para el proceso y recuperación de la víctima.
Como sostiene el autor que comentamos, todo este daño podría evitarse, con una adecuada
contención psicológica que el magistrado debe proveer frente a esta problemática. Tampoco se
puede dejar de lado los distintos signos o manifestaciones que presente la víctima como sería el
lenguaje corporal, gestual, la desorganización en el relato, las características que presente el
imputado, entre otras, que con una mínima capacitación se logra entender mejor. Otros signos
característicos del abuso que pueden presentarse en la víctima, más aún si esta es menor de edad,
podrían ser, el miedo, la desconfianza, afectación en su vida social escolar, deterioro en la
concentración, trastornos alimentarios y del sueño.
La tarea o rol que ocupa la justicia en estos casos, es de suma importancia para la víctima,
pero también para su recuperación, ya que independientemente del resultado de la sentencia, si el
proceso se llevo adecuadamente, protegiendo a la víctima, brindándole contención, esto tendrá un
efecto terapéutico reparador para ella y una sensación de confianza en el propio sistema.
El juez va a decidir en definitiva sobre las consecuencias del proceso, pero nada impide a
que se interiorice de todos los antecedentes del caso, especialmente de los aportes
interdisciplinarios que brindan las distintas ciencias como, la psicología, la criminología, la
medicina forense. De este modo tendrá una visión más amplia, y se llegara con más certeza y
conocimiento a la resolución del caso (Villada, 2006, pág. 313)
Al respecto nuestros tribunales tiene dicho lo siguiente: “Toda vez que en el delito
de abuso sexual la obtención de probanzas se encuentra constreñida ante el ámbito de privacidad
en que suelen desarrollarse este tipo de acciones, la mayoría de las veces alejados de eventuales
testigos, cobran especial relevancia, no solo las conclusiones de los peritajes ordenados y los
dichos de las personas que tomaron conocimiento del hecho, sino, principalmente, las
declaraciones de la víctima”[5]
8. La Revictimización.
Por lo anteriormente expuesto, es importante destacar que, los jueces entiendan a la hora
de fallar, cual es la necesidad de manejar con suma prudencia el interrogatorio de una víctima.
Los síntomas que reproducen la mayoría de los estudios científicos en esta materia son
concluyentes y están al alcance del conocimiento de cualquiera, estos entre otros pueden ser:
dificultades para conciliar el sueño, para concentrarse, cambios en sus niveles de agresividad,
ansiedad, depresión (Villada, 2006, pág. 315).
Luego ya de haber realizado una aproximación a los perfiles tanto de la víctima como del
victimario, estamos en condiciones de concluir que, en total adhesión a lo dicho por Espeche de
Martínez que, ya teniendo un patrón general de las personalidades involucradas en el delito, se
propone en cada caso un tratamiento y modalidad de intervención múltiple en los intervinientes
(víctima y victimario), pero aún más, en el grupo familiar, de donde muchas veces se puede
deferir el autor del ilícito, planteándose la posibilidad de la no re vinculación con el mismo y por
ende mayor atención a estas situaciones (Espeche de Martínez, 2006)
Teniendo entonces ya una mirada más amplia y concreta de lo que sería el entorno del
niño, sus características y una aproximación del posible imputado, ello nos abrirá caminos para
conseguir así las pruebas puntuales que necesitamos para fundar una acusación, para llevar certeza
a lo que es el largo camino de la etapa probatoria que será analizada en el próximo capítulo.
El mencionado artículo establecía: “si la víctima fuere mayor de 16 anos, podrá proponer
avenimiento con el imputado. El tribunal podrá excepcionalmente aceptar la propuesta que haya
sido libremente formulada y en condiciones de plena igualdad, cuando, en consideración a la
especial y comprobada relación afectiva preexistente, considere que es un modo más equitativo
de armonizar el conflicto con mejor resguardo de interés de la víctima. En tal caso la acción
penal quedará extinguida…”
- la figura del avenimiento, tiene que ver con la construcción patriarcal del derecho que planteaba,
que los ataques sexuales contra mujeres, afectaban el honor y decoro de la familia de la víctima
más que a ella.
- Esta figura entraba en colisión con la Ley N‘ 26.485 llamada “LEY DE VIOLENCIA DE
GENERO”
- Esta como los tratados internacionales de protección de los derechos de las mujeres en los
cuales Argentina es parte, evidencian que las instancias de mediación o similares no pueden ser
implementadas en el marco de relaciones desiguales como lo son las de género (Chaher, 2011).
Capítulo ???
La Prueba en el Abuso
10. Concepto de Prueba.
En una noción amplia puede decirse, que la prueba es lo que confirma o desvirtúa una
hipótesis o una afirmación sobre la cual se investiga.
“Esta noción, llevada al proceso penal, permitiría conceptuar la prueba como todo lo que
pueda servir para el descubrimiento de la verdad acerca de los hechos que en aquél son
investigados y respecto de los cuales se pretende actuar la ley sustantiva” (Cafferata Nores, 1998,
pág.4).
Como sostiene el autor que comentamos todo el tema de la prueba está subordinado
según el modelo de proceso que se adopte. Hay dos sistemas, uno es el inquisitivo, del cual se
parte de la premisa de la culpabilidad del imputado, donde como consecuencia de esto, la prueba
va a tener un rol relativo, ya que lo que se pretende en el sistema es terminar de confirmar la
culpabilidad por ser esta presupuesta. El otro sistema es el que adopta nuestro sistema
constitucional, y parte del estado de inocencia del imputado, donde acá si entra a funcionar como
importante el rol de la prueba, es decir, se tendrá que probar todo lo que se afirma, ya que es el
único medio legal para destruir ese estado de inocencia (Cafferata Nores,1998).
“La prueba es el medio más confiable para descubrir la verdad real, y, a la vez, la mayor
garantía contra la arbitrariedad de las decisiones judiciales” (Cafferata Nores, 1998; pág. 5).
La prueba presenta cuatro aspectos que pueden ser analizados por separado con precisión: 1) el
elemento de prueba; 2) el órgano de prueba; 3) el medio de prueba; 4) el objeto de la prueba.
11.1. Elemento.
11.3. Medios.
Como lo explica Palacios los medios de prueba son: “los modos u operaciones que,
referidos a cosas o personas, son susceptibles de proporcionar un dato demostrativo de la
existencia o inexistencia de los hechos sobre los que versa la causa” (2000, pág. 23). El autor
propone una clasificación de ellos según su función, en directos e indirectos, esto estaría dado
según el dato que aporten a la causa este constituido por el hecho que se pretende probar o por
uno distinto. Ejemplos de esta clasificación sería, indirectos, presentación de documentos, la
declaración de testigos o del imputado, ya que ellos aportan un dato del cual el juez debe deducir
la existencia del hecho que se pretende probar. Los directos serían entre otros, la inspección
judicial, pues hay una relación inmediata entre el dato percibido y el hecho que se quiere probar
(Palacios, 2000).
Por su estructura los medios de prueba se clasifican en reales y personales, según que
recaiga sobre una cosa, como sería una prueba caligráfica o sobre una persona, un ejemplo de este
es, la prueba de testigos (Palacios, 2000).
11.4. Objeto.
El objeto de la prueba es; “aquello que puede ser probado, sobre lo cual debe o puede
recaer la prueba” (Cafferata Nores, 1998, pág. 24).
Esta puede versar sobre; hechos de la naturaleza, sobre hechos humanos, y dentro de estos
pueden ser físicos como es una lesión o psíquicos como es el dolo o la intención homicida. Pero
también puede recaer sobre cosas, por ejemplo el arma homicida, y lugares. Pero no serán objeto
de prueba los hechos notorios (Cafferata Nores, 1998).
En el caso concreto de un proceso, la mencionada prueba girará en torno a la efectiva
existencia del hecho ilícito, de su autoría, en su caso participación, de las consecuencias o daños
resultantes, y por supuesto las circunstancias que lo agraven o atenúen.
Como en todo proceso, en general, podemos advertir que las pruebas más comunes son: la
testimonial (sea esta de testigos, o de la propia víctima), la prueba pericial, la documental (por
ejemplo, escritos, grabaciones, fotografías, etc.), y los indicios.
A continuación se hará una breve referencia de cada una de ellas:
o Indicios: “es cualquier hecho conocido (o circunstancia del hecho conocida), de la cual se
infiere, por sí solo o conjuntamente con otros, la existencia o inexistencia de otro hecho
desconocido, mediante una operación lógica basada en normas generales de la experiencia
o en principios científicos o técnicos especiales” (Fernández Dovat, 2000, pág. 17).
En este punto, se adhiere a lo que sostiene Fernández Dovat el cual expresa: “los niños
sometidos a abusos sexuales no suelen atreverse a mostrar abiertamente lo que les está
sucediendo, ya que el autor de los abusos los obliga a guardar silencio. Por esta razón emiten
mensajes en clave, muchas veces sin ser plenamente conscientes de ello” (2000, pág. 18).
Estos mensajes o señales van a depender del desarrollo cognitivo del menor, su capacidad para
expresarse, su edad, entre otras múltiples variables. También existen ciertos indicadores
reveladores del abuso sexual en un menor como lo son: el trastorno alimentario, comportamiento
agresivo, falta de apetito, aislamiento, etc. Todos estos indicadores, en conjunto con ciertos
indicios, y el dictamen del perito psicólogo ayudan a conformar una prueba importante en el
proceso por abuso.
o Documental: Palacios define al documento como: “todo objeto susceptible de representar
una manifestación del pensamiento, con prescindencia del modo en que esa representación
aparezcan exteriorizada. De allí que no cabe circunscribir la noción de documentos a los
que llevan signos de escritura, y que, por lo tanto, corresponde extenderla a todos aquellos
objetos que como los planos, marcas, mapas, fotografías, cintas megatofónicas, videos,
etc. que poseen la misma aptitud representativa” (2000, pág. 63).
o Testimonial: “es aquella que consiste en la declaración, prestada ante un órgano judicial,
por personas físicas que no sean sujetos necesarios del proceso, acerca de sus percepciones
y deducciones de hechos pasados concernientes al objeto sobre el cual aquél versa”
(Palacios, 2000; pág. 83).
En el proceso penal, el juez tiene plena libertad para admitir el testimonio tanto de la víctima,
aún si es menor de edad, o de terceras personas con relación al hecho que se pretende probar.
Según nuestro Cód. Proc. Penal, toda persona será capaz de atestiguar. No hay exclusión de
ninguna persona física como testigo en el proceso penal: su credibilidad sólo será motivo de
valoración posterior al testimonio. En consecuencia podrán testar los menores de edad aún
cuando no presten juramento.
Siguiendo a Cafferata Nores, es importante destacar que, en el caso que la víctima sea menor
de edad, su declaración tendrá distinta forma no solamente en cuanto a la forma en que se
prestará, sino también en los aspectos en que se base el mismo (1998).
En cuanto el testimonio de terceras personas, es preciso aclarar algunos puntos;” luego de
prestar juramento, el testigo será preguntado sobre el hecho, ésta es la parte medular del acto, ya
que concreta su propósito: conocer qué es lo que el testigo sabe acerca de los hechos que se
investiga”.
Así a veces se tiene el testimonio de otras personas que presenciaron hechos constitutivos
de abuso sexual, generalmente familiares, vecinos.
o Pericial: “aquella en cuya virtud personas ajenas a las partes y a los restantes sujetos del
proceso, a raíz de un específico encargo judicial y fundados en los conocimientos
científicos, artísticos o técnicos que poseen, comunican al juez o tribunal las
comprobaciones, opiniones o deducciones extraídas de los hechos sometidos a su
dictamen” (Palacios, 2000, pág. 128).
“La pericia considerada como medio de prueba no vinculante, pero que como tal debe incluir
los fundamentos científicos y técnicos en que se sustentan las conclusiones del dictamen, es un
medio de prueba que, demanda un alto grado de fidelidad, es decir, el deber de afirmar la verdad,
no negarla ni callarla, sobre las cuestiones a dilucidar” (De Licitra, 2006, pág. 351).
Así De Licitra menciona como principales pruebas periciales en un proceso por abuso, la
pericia psicológica tanto de la víctima como del acusado, y la pericia médico-legal.
Sobre la prueba pericial de la víctima volveré más adelante, como punto específico en el
abuso y la Cámara Gesell.
A su turno, Romo Pizarro se refiere a la pericia médico legal dentro del abuso sexual y expresa
que; en este tipo de delitos, el peritaje médico legal que practicara el médico forense, informara
con precisión al magistrado interviniente en la causa, sin omitir detalle alguno sobre los signos o
huellas indiciarias de violencia ejercida en la victima, o tal vez en la defensa, en la consecución de
dichos objetivos sexuales. De esta forma se trata de determinar cambios o modificaciones
anatómicas, existencias de hemorragia o señalando restos biológicos-espermatozoides- existentes
en la zona en que fueron objeto de la agresión de la víctima (Romo Pizarro, 1998).
A su turno el Dr. López Santillán, médico legista en su experiencia como tal comenta que
“debe hacerse previamente una anamnesis en el paciente que consiste en considerar entre los
antecedentes aquellos que tengan especial relevancia con el delito, por ejemplo si tiene historia
anteriores de maltrato infantil, si proviene de una familia de alto riesgo (Disfuncional), si padece
enfermedades orgánicas que puedan confundir el diagnóstico (Enfermedad de Crohn, entre
otras), si tiene alguna alteración del comportamiento, algún grado de déficit intelectual, etc”
(López Santillán, J “s/d”).
El relato por la víctima de los hechos, debe contener cierta claridad de los detalles más
trascedentes, debe ser fluido, con cierta espontaneidad, y si bien por lo general pude ir variando a
lo largo de la declaración, estos aspectos sustanciales se deben mantener, para llegar así a una
conclusión lo más certera posible (López Santillán, J “s/d”)[7].
Los exámenes de laboratorio también son útiles y en casos de violencia sexual radica
esencialmente en:
4- Identificar al autor: se puede realizar el ADN en: los espermatozoides hallados, los restos de
pelos dejados en la victima u en otros objetos como cepillo, restos de saliva en una goma de
mascar, etc. ((López Santillán, J “s/d”).
“El ácido desoxirribonucleico, ADN, constituye el material mediante el cual se forman los
genes. Su utilización en los procesos criminales consiste en el estudio de la variabilidad genética
humana aplicada a la resolución de dichos procesos, mediante el análisis de vestigios biológicos,
encontrados en el lugar del hecho y su comparación con los perfiles genéticos de los posibles
implicados” (Basterra, 2009, pág. 258).
El proceso consiste básicamente en que el especialista; se basa en un muestra biológica
que se extrae de sangre, saliva, semen, pelos, etc. encontrados en las prendas de vestir u otros
objetos a fines del delito y se comparan con una muestra tomada de determinada persona, por
ejemplo el imputado, así se determinara si coinciden o corresponden entre ellas, ya que todas
las células de una persona tienen el mismo ADN.
De acuerdo con la autora de referencia, el resultado obtenido del proceso es tan específico
que no sólo garantiza una tutela judicial efectiva sino también la rápida identificación del
delincuente. Estos datos genéticos contienen ciertas características que los distinguen de otras
informaciones personales, ya que individualizan a la persona aportando una información única
que lo distingue frente a cualquier otra.
Así entendidos, los exámenes de ADN “constituyen pericias científicas realizadas sobre
muestras biológicas. Como resultado, se forma una huella genética del individuo que, en el ámbito
forense, se contrasta con aquella hallada en el lugar de comisión del hecho punible o en la persona
o ropas de la víctima, y cuando coinciden es posible concluir el grado de probabilidad de la
autoría del sujeto de quien procede la muestra” (Basterra, 2009; p. 261).
El dispositivo Cámara Gesell fue creado por el psicólogo pediatra Arnol Gesell, haciendo
uso de la última tecnología disponible en las investigaciones, utilizando los avances en video y
fotografía, uso de espejos unidireccionales para la observación del comportamiento infantil e
incluso desarrollo la llamada cámara de observación, conocida por los medios científicos como
Cámara Gesell.
Arnold Gesell, nació el 21/06/1880 en Alma Wisconsin, falleció 21/05/1961
Massachusetts, su campo era la psicología evolutiva. Para observar la conducta de los niños sin
ser perturbados o que la presencia de una persona extraña no cause alteraciones.[10]
Fuente: Psicología Jurídica Forense
¿Cómo funciona?
Consiste básicamente en dos habitaciones con una pared divisoria en la que hay un vidrio
unidireccional de gran tamaño que permite ver desde una habitación lo que está ocurriendo en la
otra donde se realiza la entrevista, pero no al revés. En una habitación, el juez de la causa, su
secretario, fiscal, abogado defensor, abogado acusador y policía. En la otra el equipo terapéutico
con la víctima, que es el que dirige la entrevista y la interacción con la misma.
Tanto los magistrados, defensores, como el fiscal, pueden sugerir al psicólogo que lleva a
cabo la entrevistas ciertas cuestiones o inquietudes relevantes para el proceso, o realizarle
preguntas al menor entrevistado, a través de un teléfono que comunica ambas habitaciones, en el
cual se dirigirán hacia el psicólogo para que este a su vez las reformule en lo pertinente y se las
exponga al menor (Zanetta Magi, 2010).
De la exposición realizada en Cámara Gesell, surge una serie de información, que si bien
sirve o aporta como prueba, según nuestro ordenamiento, no es posible fundar una acusación
basándose solamente en ella, tienen que haber otras que lo corroboren, indicios, etc. Pero de ella
también pueden surgir nuevas líneas de investigación, que tendrán que ser trabajadas paralelo a
este instrumento.
Si bien en cualquier delito de acción pública se puede utilizar la Cámara Gesell como
medio de investigación, el razonamiento que deben hacer los instructores, magistrados y fiscales
es; no tener en cuenta tanto el delito que se comete para ver si se aplica o no el procedimiento de
la Cámara Gesell, sino la persona involucrada en el mismo, más precisamente, el sujeto pasivo del
mismo, las circunstancias, características tanto del delito como de la víctima, el ambiente socio-
familiar, etc. (Araujo Granada, 2011). Como lo destaca el autor de referencia, en el empleo
de la Cámara Gesell, es importante tener en cuenta ciertos aspectos:
1.- El operador del sistema judicial, deberá en primera instancia analizar las circunstancias del
caso y la de los participantes en el hecho para determinar si recurre o no al uso de la Cámara
Gesell.
2.- Si el empleo de la misma es requerido, es necesario tener en claro que en la primera entrevista,
se podrán obtener datos que orienten la investigación hacia la recopilación de otros indicios. Este
instrumento es una ayuda, no el único recurso que se debe usar.
3.- Dentro de la instrucción previa, si resulta necesario que se tomen ciertas medidas en contra de
un sospechoso, en virtud de los dichos del entrevistado, será importante contar con la presencia
del fiscal, del juez y defensores; los que en la habitación contigua podrán formar su criterio y
canalizar sus preguntas a través del psicólogo actuante (Araujo Granada, 2011).
De Licitra explica que: “los niños más pequeños, por lo general hasta los tres años, no
diferencian entre realidad y fantasía, aunque se debe advertir acorde a la psicología evolutiva que,
un niño no puede fantasear algo que esta fuera de su campo de experiencias, cuando describe
detalles íntimos y realistas sobre una actividad sexual, va a depender de la declaración y su
posterior sostenimiento si es algo que le han enseñado a decir o no. En realidad los niños son más
propensos a negar experiencias que realmente han sucedido, aunque sean sentidos como
amenazantes y traumáticos” (De Licitra, 2006; p.346).
Según la autora de referencia la cuestión más controvertida radica en que los menores
entre los tres y cinco años son más vulnerables a la sugestión que los mayores, esta es más
frecuente cuando el hecho ocurrido no reviste importancia central para él por no verse involucrado
por ejemplo decir, como vio a su abuelo tocar a su hermanito, esto se agudiza aún más si la
persona que lo realiza contiene una figura de autoridad o muy presente en el niño, donde la
intimidación o el temor es más penetrante y sostenida.
Esta cuestión de la sugestión del niño, si se retracta o no, es importante saber y tenerla en
cuenta para su posterior análisis, en el niño hay ciertas etapas y procesos que respetar y conocer
para poder llegar a una conclusión más certera (De Licitra, 2006).
Luego de realizada la entrevista del psicólogo con el menor en Cámara Gesell, se continua
con la pericia psicológica en el imputado y el la víctima.
¿Qué te pasó?
¿Con quién?
Contame qué te pasó. Lo que más recuerdes. Y otras preguntas que se consideren como
importantes por el Fiscal y las partes.[12]
“El perito forense, desarrolla una labor investigativa, por lo cual su posicionamiento en el
mismo debe ser imparcial, objetivo para colaborar en la instrucción al los fines de el
descubrimiento de la verdad, por ello que su informe debe ser concordante y limitado a los
aspectos de la demanda y sobre la credibilidad del discurso de la víctima o imputado”[13].
Así se explica que es fundamental diferenciar la entrevista que se realiza como perito
forense a la entrevista que se puede llegar a realizar con un paciente en un consultorio. Estos se
distinguen no solo de los objetivos que persiguen cada uno, sino también a quien se le debe la
verdad, en el primer caso se la debe al tribunal que la solicita, y en el segundo a su paciente[14].
En cuanto al contenido del informe pericial, este debe reunir ciertos requisitos:
B. Claro: al explicar los conceptos con un lenguaje sencillo, directo, evitando los
términos puramente técnicos propios de la psicología y describiendo todo lo
necesario para una mejor comprensión de lo que se quiere transmitir;
C. Consistente: al incluir inferencias ligadas entre si, que se basan en las hipótesis
confirmadas a partir de las recurrencias y convergencias entre las entrevistas
clínicas, las técnicas implementadas y del material disponible[15].
En los delitos que nos ocupa, es decir, los abusos sexuales cometidos contra menores, esta
pericia psicológica es de fundamental importancia, ya que son delitos que en su gran mayoria se
cometen en la intimidad del seno familiar, por personas allegas o muy cercanas a las víctimas, y
muchas veces sin dejar huella visibles. La mayoría de los médicos, pediatras y ginecólogos en su
experiencia avalan esto último[16].
1) La recepción del testimonio del niño actuando como sujeto intermediario de las Fiscalías
de Instrucción o Cámaras del Crimen para lograr el relato del niño y del adolescente y el proceso
pericial.
“En estos delitos el punto que en muchas ocasiones resulta difícil de comprender para los
representantes del derecho es la actitud del niño, aparentemente normal y si se quiere desenvuelta,
lo que ocurre más en el caso de los adolescentes y las manifestaciones verbales que en ocasiones
expresan hacia el agresor, cuando por ejemplo es el padre y dicen que lo extrañan y lo quieren.
Ello puede obedecer a que no es real el abuso o al uso del mecanismo de disociación que permite
a las personas sobreponerse y continuar su vida”.[18]
Lo que produce esa retractación en un menor, son los sentimientos que invaden esta
situación, que son el dolor, la culpa de dañar a su familia, que es su responsabilidad lo que le está
pasando, etc. Por todo esto, es que tienda a mentir no solo como mecanismo de autodefensa, sino
como medio de protección a su propia familia (De Licitra, 2006).
Para ir cerrando este capítulo, podemos concluir que, la Cámara Gesell como herramienta
en el proceso tiene una gran capacidad para aportar datos relevantes al mismo, ya que con el
aporte de la psicología y la labor de los peritos psicólogos, los testimonios tanto de víctima como
de imputados serán analizados en su totalidad a la luz de esta ciencia, según lo delineado
previamente por el magistrado, y llegar a surgir nuevas hipótesis de trabajo para la investigación.
Pero no se deja de destacar las diferencias que pueden surgir entre el derecho y la psicología
donde muchas veces los objetivos no son los mismos. El fin de la Cámara se habrá cumplido, por
lo menos desde el punto de vista del derecho al obtener del niño, un testimonio relevante y válido,
muchas veces no logrado al ser interrogados por un magistrado, y por supuesto al no tener que
revictimizar al menor con constantes declaraciones, ya que se constará con la misma en un soporte
para analizada las veces necesarias para la investigación. En el próximo capítulo se verá, a la
Cámara Gesell dentro ya del proceso, su naturaleza, su valoración, casos previstos para el
procedimiento, y beneficios del mismo.
Capítulo V
Cámara Gesell: Aspectos jurídicos.
19. Normativa y Jurisprudencia Nacional.
El uso del dispositivo Cámara Gesell que surge como importante avance en el campo de la
psicología, fue luego aprovechado en el campo del derecho, más precisamente en los procesos de
familia y penales.
Ya en el año 1990, la Corte Suprema se expidió, autorizando la instalación y
funcionamiento de una Cámara Gesell para cuestiones de familia, dando algunas pautas del
procedimiento. Alguno de los argumentos en contra del procedimiento fueron que: su uso
lesionaría el derecho a la intimidad protegido por el art. 1071 bis del Código Civil, y que las
audiencias ya no serían tan espontáneas, al saber los intervinientes que están siendo observados
(Romero, 2011).
La Corte Suprema ante estos argumentos, consideró que el derecho a la intimidad sería
debidamente resguardado, ya que no podrá emplearse la Cámara Gesell sin la conformidad de
todos los participantes y que, el material obtenido sólo podrá utilizarse con fines muy
específicos, y que será confidencial, no pudiendo darse a conocer los nombres del grupo
familiar, que la filmación sería archivada no pudiéndose entregar a terceros (Romero, 2011).
Para refutar el argumento referido a la falta de espontaneidad de los intervinientes, basta
con pensar que en ella, intervienen los profesionales pertinentes con capacidad para interpretar
incluso, esa circunstancia.
En tanto que el art. 250 ter del mismo código establece que: “Cuando se trate de víctimas
previstas en el artículo 250 bis, que a la fecha de ser requerida su comparecencia hayan
cumplido 16 años de edad y no hubieren cumplido los 18 años, el tribunal previo a la recepción
del testimonio, requerirá informe de especialista acerca de la existencia de riesgo para la salud
psicofísica del menor en caso de comparecer ante los estrados. En caso afirmativo, se procederá
de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 250 bis”.[22]
En el año 2009, se dicta la resolución del 59/09 a través de la cual el procurador General
de la Nación resuelve: “ instruir a los Sres. Fiscales con competencia penal de todo el país para
que de conformidad con la Resoluciones P.G.N. 25/99, P.G. N. 90/99, 174/08 y 8//09 adecuen su
actuación a los lineamientos expresados en los considerandos de la presente y realicen los
planteos pertinentes a fin de verificar: a) que en todos los procesos que involucren víctimas o
testigos a menores de 18 anos, se proceda del modo regulado en el artículo 250 bis del Código
Procesal Penal de la Nación; b) que en todos los procesos que se reciban declaraciones
testimoniales del modo regulado en el artículo 250 bis del Código Procesal Penal de la Nación se
disponga la filmación de la entrevista con la víctima y se proceda a notificar al imputado y a su
defensa la realización de dicho acto; c) que en todos los procesos que se investigue la presunta
comisión de delitos contra menores de dieciochos años de edad se notifique al imputado y a su
defensa la realización de peritajes sobre la víctima; d) que en aquellos procesos en los cuales
resulten víctimas o testigos menores de edad y en las que aún no exista imputado identificado se
realicen las medidas indicadas en los incisos a) y b) con control judicial y notificación a la
Defensa Pública Oficial”[23].
-Alentar al niño a suministrar datos en sus propias palabras y en su exacta medida y tiempo a
través de la narración libre del relato de un evento importante. - El entrevistador aquí tiene la
función de facilitar y activar la palabra del niño sea a través del uso del lenguaje verbal, corporal
o gestual, hora de juego diagnóstica, participación de muñecos sexuados, dibujos o cualquier
otra técnica que el entrevistador considere apropiada al fin que se persigue (…)
-El juez, secretario, asesor, fiscal, defensor oficial –y en su caso los abogados de parte con
autorización -del Juez podrán hacer preguntas que se comunicarán a la entrevistadora,
respetando la modalidad descrita aquí.
-El juez será siempre quien tenga el control general de la video grabación y se sugiere que se
presente al niño explicándole su función.-
-El video será la única prueba testimonial del niño a todos los efectos legales cualquiera sea la
naturaleza del proceso que se siga con relación al abuso sexual de la víctima, para lo cual
deberán tomarse todos los recaudos técnicos y de conservación y guarda necesarios a efectos
de evitar el deterioro o destrucción de la cinta y preservar así su valor probatorio.
El testimonio así tomado será considerado prueba válida en el proceso, a menos que no se
respete la guía o memorando de buena práctica en cuyo caso el propio juez o los abogados
podrán pedir que no se la admita como prueba”.[25]
Los menores aludidos sólo serán entrevistados por un psicólogo del Poder Judicial de la
provincia, pudiendo ser acompañado por otro especialista cuando el caso particular lo requiera,
ambos designados por el órgano que ordene la medida, procurando la continuidad del mismo
profesional durante todo el proceso, no pudiendo en ningún caso ser interrogados en forma
directa por dicho órgano o las partes, salvo que excepcionalmente y por razones debidamente
fundadas, el fiscal lo pudiera autorizar. El órgano interviniente evitará y desechará las preguntas
referidas a la historia sexual de la víctima o testigo o las relacionadas con asuntos posteriores al
hecho.
El acto se llevará a cabo, de conformidad a los arts. 308 y 309 del presente código, en un
gabinete acondicionado con los implementos adecuados a la edad y etapa evolutiva del menor,
cuando ello fuere posible.
El órgano interviniente podrá requerir al profesional actuante, la elaboración de un informe
detallado, circunscrito a todos los hechos acontecidos en el acto procesal.
A pedido de parte, o si el órgano interviniente lo dispusiera de oficio, las alternativas del acto
podrán ser seguidas desde el exterior del recinto a través de vidrio espejado, micrófono, equipo
de video o cualquier otro medio técnico con que se cuente, o, en su defecto, mediante cualquier
otra modalidad que preserve al menor de la exposición a situaciones revictimizantes, sin
perjuicio del derecho de defensa. En tal caso, previo a la iniciación del acto, el órgano
interviniente hará saber al profesional a cargo de la entrevista, las inquietudes propuestas por
las partes, así como las que surgieren durante el transcurso del acto, las que serán canalizadas
teniendo en cuenta las características del hecho y el estado emocional del menor. Cuando se trate
del reconocimiento de lugares y/o cosas, el menor será acompañado por el profesional que
designe el órgano interviniente, no pudiendo en ningún caso estar presente el imputado, quien a
todos los efectos será representado por el defensor, debiendo con posterioridad, imponérsele y
posibilitarle el acceso al informe, acta, constancias documentales o respaldos fílmicos del acto.
Cuando se trate de menores que a la fecha de ser requerida su comparecencia hayan cumplido
dieciséis (16) años de edad y no hubieren cumplido los dieciocho (18) años, el órgano
interviniente, previo al acto o la recepción del testimonio, requerirá informe al especialista acerca
de la existencia de riesgos para la salud psicofísica del menor respecto de su comparendo ante
los estrados. En caso afirmativo, se procederá de acuerdo a lo dispuesto precedentemente”.[26]
El acto se llevará a cabo en un gabinete acondicionado con los implementos adecuados a la edad
y etapa evolutiva de los niños, niñas y adolescentes;
Las alternativas del acto serán seguidas desde el exterior del recinto a través de vidrio
espejado, micrófono, equipo de video o cualquier otro medio técnico con que se cuente por el
Juez, el Fiscal y el Asesor Letrado de Menores; pudiendo estar presente también la defensa y el
querellante si lo hubiere;
El Juez o Tribunal deberá tomar las medidas tendientes a impedir cualquier tipo de contacto del
entrevistado con el imputado, en resguardo y protección de los niños, niñas y adolescentes. En
este sentido en ningún caso podrá presenciar el acto el imputado como autor, cómplice o
instigador del hecho” (….). (Art. 269 bis del cód. Proc. Penal modificado por ley 7.398, Honorable
Congreso de la Prov. De San Juan)”.[27]
En lo que respecta al funcionamiento de la Cámara Gesell, Avila explica que: “ Debemos
empero diferenciar claramente el ámbito de actuación de la Ley Penal, del de otros fueros tales
como el de Menores y Familia -cuya finalidad inmediata en este tipo de supuestos es la
prevención o la protección del mismo cuando el menor ya ha sido víctima-. El proceso penal tiene
como objetivo primordial el esclarecimiento de los supuestos hechos delictivos y en su caso a la
sanción de los responsables, toda vez que su fin inmediato es la consecución de la verdad objetiva,
sin ocuparse de la situación del menor -casos en los que para ello acude al Juez de Menores, quien
tiene competencia para ello, y al Juez de Familia, según el caso y de acuerdo a los sujetos que se
encuentren involucrados. Asimismo tener presente que gracias a un largo proceso de
concientización en el proceso penal, a éste también le corresponde hacer primar el interés superior
del niño. Ello implica que se hace imperioso establecer procedimientos que eviten provocar
nuevos daños a los menores que resultan víctimas de abuso sexual sin afectar el derecho de
defensa del/os imputados (…)” (Avila, 2008)
En cuanto a la valoración del testimonio brindado por un menor, es importante traer a
colación lo que tienen dicho nuestros tribunales:
“Sobre la cuestión que nos ocupa, puede afirmarse con holgura que es una regla de la
experiencia común -en cuanto constituye un hecho notorio, aprehensible espontáneamente por el
intelecto como verdad indiscutible que el relato de un niño no puede ser objeto de un estricto
control de logicidad. En ninguna esfera de su vida en relación -familiar, escolar, social, etc.-,
quien se comunica con un niño lo hace con la expectativa de obtener de su pequeño interlocutor
un razonamiento impoluto, sin fisuras, sin olvidos, sin contradicciones, sin imprecisiones […].Las
pericias psicológicas, en este sentido, ofician casi a modo de intérpretes del relato del niño y
cuando se agregan al proceso no es posible separarlas de aquél, por su capacidad explicativa de
los defectos u omisiones que puedan encontrarse en la narración del menor […]. Cada niño tiene
derecho a que se le trate como un testigo capaz y a que su testimonio se presuma válido y creíble,
a menos que se demuestre lo contrario y siempre y cuando su edad y madurez permitan que
proporcione testimonio comprensible, con o sin el uso de ayudas de comunicación u otro tipo de
asistencia”.[29]
“Un paso esencial en el proceso de evaluación del abuso sexual infantil es la realización de
un buen informe pericial que con prontitud confirme o descarte la existencia del abuso sexual. En
los informes periciales de abusos sexuales la fuente principal de información la constituye la
propia víctima, donde analizar, demostrar y establecer la fiabilidad y validez del testimonio del
menor es el elemento básico en la elaboración del informe”[30]
De todo lo expuesto podemos concluir que, la cuestión está en su máximo desarrollo tanto
normativo como práctico, pero para ello, también es necesaria la cooperación de todo el sistema y
operadores judiciales para aprovechar todos los beneficios que propone. La Cámara Gesell es un
valioso instrumento dentro del proceso para reguardar la esfera más intima del menor y sus
derechos, esto debido a la presencia de un especialista que es en realidad el realiza el
interrogatorio, respetando su proceso evolutivo, sus limitaciones y capacidades, tratando de
causarle el menor daño posible y obtener la mayor certeza y veracidad de los hechos. Aportando a
su vez una prueba fundamental en el proceso.
El hecho que quien declare sea un menor de edad, que según cada ordenamiento local, este
será hasta los dieciséis, o dieciocho años, no cambia la naturaleza jurídica del instituto en
cuestión, amen que hasta en la práctica se la mal entienda, ya que la saben llamar exposición
informativa, entrevista con el perito forense, etc. Además como lo explica Romero hasta por su
ubicación sistemática en el código de procedimiento, responde a una prueba testimonial (Romero,
2011).
Por lo expuesto podemos concluir que estamos ante un testimonio reglamentado por
nuestra ley con características diferenciales del testimonio ordinario, sea por la intervención del
psicólogo actuante, por el lugar donde se presta (Romero, 2011).
Turcios, la define a la misma como: “aquella producida en una fase o etapa anterior a
aquella que ha previsto ordinariamente el proceso de que se trate. Justificada por situaciones
excepcionales que pueden amenazar la prueba misma o su calidad, la prueba anticipada no hace
sino reconocer y plasmar en el caso particular el derecho a probar que corresponde esencialmente
a las partes y que es propio del debido proceso” (Turcios, 2009).
Es una medida cautelar consistente en que, debido a situaciones especiales, pueden
diligenciarse determinadas pruebas antes de iniciarse el proceso en donde serán actuadas; o
iniciando este, antes de la etapa probatoria. Tiene por finalidad asegurar el elemento probatorio
de las partes frente a situaciones que amenacen la posibilidad de obtenerlo oportunamente. El
juez, si lo considera procedente, lo realizará, citando a todas la partes, sus defensores,
mandatarios, quienes tendrán derecho a asistir (Turcios, 2009).
Romero en su obra explica que: existen ciertos actos que configuran una excepción a la
regla general según la cual las pruebas recolectadas durante la instrucción carecen de aptitud para
fundar la sentencia (2011).
Podemos comenzar definiendo estos actos por los adjetivos que lo caracterizan:
DEFINITIVO; “si para servir de prueba en el juicio, no es necesario repetirlo y mejorarlo
procesalmente; IRREPRODUCIBLE O IRREPETIBLE; si no se lo pudiera repetir en idénticas
condiciones” (Fallas Sanchez, 2008, pág. 65). Ambas características deben estar presentes según
nuestra legislación.
Estamos haciendo referencia a aquellos casos que durante la etapa instructoria se haga
necesario practicarlos y que no podrán ser producidos en el debate, por ejemplo, un testigo que no
pudiere comparecer por razones de extrema enfermedad, o de aquellos que no se pudieran realizar
luego bajo las mismas condiciones, por ejemplo la inspección del lugar del hecho (Romero,
2011).
“Solo aquellas pruebas que no puedan practicarse más de una vez, pues por su naturaleza
o características son irreproducibles, podrán escapar a esta limitación y ser idóneas para dar base a
la sentencia sin haber sido recibidas en el juicio. Para que así ocurra sería indispensable que se
haya garantizado a la defensa la posibilidad de participar en su recepción, lo que excluye la
posibilidad de practicarla en secreto, e impone la previa notificación a los defensores” (Cafferata
Nores, 1998, pág.90).
Romero incluye como un supuesto más, comprendido dentro de este mecanismo de los
actos irrepetibles o anticipo de prueba, a la declaración de victimas de delitos contra la integridad
sexual, siendo estos menores de edad, argumentando que si bien estos actos no revisten la
característica de irrepetibles, ni imposibles por motivos sobrevinientes, sin embargo ellos están
destinados a realizarse, en lo que resulte posible una sola vez, dada su importancia, y se hace
necesario que se lleven adelante en la etapa instructoria. A los mencionados actos también se les
realiza el mismo procedimiento con el objetivo de disminuir su la revictimización en el menor de
edad sujeto pasivo del delito (Romero, 2011).
Por todo lo expuesto anteriormente, podría afirmarse que para que exista un verdadero y
total anticipo del contradictorio, deberían retrotraerse a la etapa de investigación las
características elementales del juicio, procurando representar, el ámbito adecuado en el que debe
producirse la prueba, esto es, el debate (Romero, 2001).
Para ello es necesario dos condiciones ineludibles que son, la presencia del juez en el acto
y que la contraparte o quien resulta acusado tenga la posibilidad de controlar la misma.
Agrupamos la cuestión en base a cuatro puntos: edad de los sujetos a los que se les aplica
el procedimiento, si comprende tanto a víctimas como a testigos menores, víctimas de que delitos
y si el mecanismo debe aplicarse obligatoriamente o si queda al arbitrio judicial la recepción del
testimonio en Cámara Gesell (Romero, 2011).
En cuanto al primer punto, la edad de los sujetos a los que se les aplica; tanto el Código
Procesal de la Nación, como el de Córdoba, establecen que esta modalidad se aplica como regla
general, siempre que el menor no haya cumplido los dieciséis años de edad a la fecha que se
requiera su comparencia. Vale decir que, hasta dicho límite de edad, debe procederse siempre bajo
esta modalidad. Ahora es dable aclarar que existe una franja, que va desde los dieciséis hasta los
dieciocho años, es necesario requerir previamente un informe al especialista sobre, la existencia
de riesgos para la salud psicofísica del menor respecto del comparendo ante los estrados. Solo en
caso afirmativo, se debe proceder por la modalidad especial. De lo contrario, el testimonio deberá
receptarse conforme a las reglas clásicas de la prueba testimonial (Romero, 2011). En el caso de la
provincia de San Juan el procedimiento es obligatorio para menores hasta los dieciocho años de
edad.
La tercera cuestión, es decir que delitos contempla la ley para este mecanismo, también
advertimos, que existen distintas regulaciones. El Código nacional, establece que el procedimiento
se aplica a los procesos seguidos por delitos de lesiones y delitos contra la integridad sexual. El
Código Cordobés, lo hace solamente para los delitos contra la integridad sexual, mientras que el
Código Procesal de San Juan, lo estatuye para los delitos contra la integridad sexual, lesiones, y
casos de violencia familiar a través de un programa especial.
En este aspecto, se ha entendido que: “la ley presume que el impacto psicológico del
suceso le provocará al niño un trastorno de tal magnitud que hace inconveniente su participación
personal en las audiencias, cuando la realidad nos indica que cada hecho delictivo es diferente y
que la reacción del menor frente a él, también tiene particularidades propias y en consecuencia, al
establecerse un procedimiento obligatorio y no facultativo, se impide que, en cada caso, el propio
niño, su familia, el juez, evalúen la necesidad o la conveniencia de utilizar esta herramienta
procesal” (Romero, 2011; pág. 103).
26. Valoración.
De la declaración del menor en Cámara Gesell, como antes se expuso, se pueden obtener
datos fundamentales para la causa, como también, nuevas hipótesis de investigación.
Para ello resulta de fundamental importancia el aporte de la psicología, sea para lo que
surja de la declaración, o luego en la pericia psicológica de los sujetos involucrados al momento
de valorar dichos extremos.
Por ello nuestros tribunales sostienen que: “el relato de un niño no puede ser objeto de un
estricto control de logicidad. En ninguna esfera de su vida en relación, quien se comunica con un
niño lo hace con la expectativa de obtener de su pequeño interlocutor un razonamiento sin fisuras,
sin olvidos, sin contradicciones, sin imprecisiones. ¿Por qué entonces ha de aplicarse distinta vara
para mesurar con inmutable rigor la narración que ofrece un niño cuando es convocado a declarar
en un proceso penal?”[32]
Tanto los derechos del acusado, como los del menor víctima, son respaldados por nuestra
Constitución Nacional, aunque si existe una diferencia de incorporación, ya que el primero de
ellos se incorporo mucho antes que el segundo, este ocurrió con la reforma del año 1994 con la
incorporación de pactos internacionales (Arrigone, 2009).
Del estado actual de nuestra legislación, surge que a través de los nuevos art. 250 bis del
Cód. Proc de la Nación, del art. 221 bis del Cód. Proc de Córdoba, y del art. 269 bis del Cód.
Proc. De San Juan; las víctimas de delitos contra la integridad sexual o física como los testigos
según el ordenamiento local que a la fecha de ser convocadas por el tribunal o fiscalía que no
tuvieren los 16 años de edad, resultan beneficiadas por el nuevo sistema.
Vale aclarar que en el caso de San Juan, a través del art. 269 bis del Cód. Proc., este
procedimiento se extiende hasta los 18 años. En los Cód. de la Nación y Córdoba, esto es una
excepción ya que, también los menores que cuenten con una edad compresiva entre los 16 y los
18 años –en aquellos casos en que el profesional de la salud mental interviniente determinase la
existencia de un riesgo para la salud psicofísica del menor en caso de la presencia del menor fuera
requerida en forma personal ante la autoridad judicial (juez, fiscal, instructor)- hipótesis en la que
se le receptará la declaración testimonial mediante el empleo de la Cámara Gesell.
Para la determinación en el caso concreto, es necesario hacer notar que la edad de la
víctima será la que ostente a la fecha de ser citado a declarar y no la que hubiera tenido al
momento de los hechos. Los sujetos comprendidos por la norma son, en principio, sólo los
menores víctimas de algún delito sexual o de lesiones, pero que no son comprendidos aquellos
menores que hubieran sido víctimas de otro tipo de delitos, aun más graves (por ejemplo,
secuestros extorsivos, homicidios contra algún familiar, etc.) o fuesen testigos de todos los delitos
mencionados anteriormente que por tal motivo sufrieron daños psicológicos de diversa índole
(Zanetta Magi, 2010).
De todo lo expuesto podemos concluir que el juez ha de adquirir conocimientos de
Psicología Jurídica y también recurrir al auxilio de psicólogos forenses que lo asesoren. Cuando el
testimonio del niño es decisivo para obtener la certeza judicial, resulta indispensable una pericia
psicológica (Fernández Dovat, 2000).
Llegando ya al final del presente trabajo, es preciso destacar ciertas cuestiones importantes
tratadas a lo largo del mismo. Abordar el flagelo del abuso sexual infantil, implica navegar una
problemática por demás compleja, que mueve los sentimientos más diversos en una persona, ya
que afecta al grupo más vulnerable e indefenso. Donde sólo tomando conciencia de las
consecuencias, del sufrimiento padecido, y de los daños que en general causa en la vida de un
niño podemos entender la importancia del mismo.
En lo que respecta a la Cámara Gesell como mecanismo para la recepción del testimonio
del menor víctima de un abuso, se considera que de la manera que esta legislada propone
grandes avances en sistema judicial, pero es en los aspectos operativos de la misma donde
muchas veces falla, entre otras cosas por: la falta de capacitación de los operadores jurídicos,
por la falta de recursos en las provincias que todavía no cuentan con lo que es propiamente la
habitación de Cámara Gesell, la resistencia de algunos magistrados a aplicar dicho
procedimiento u otorgarle la credibilidad necesaria. También existen voces en su contra,
sosteniéndose en ese sentido: que este mecanismo vulnera los derechos del acusado al no poder
ser parte o no poder designarse un perito de control, que muchas veces el dictamen resultante del
mismo se encuentra contaminado de subjetividad por parte del psicólogo actuante, que es un
procedimiento discriminatorio porque el niño no declara en las mismas condiciones que las demás
partes, etc.
Estas críticas son susceptibles de ser refutadas con solo decir que, el niño es merecedor de
una protección especial como tal dentro del sistema jurídico, que lo expuesto en Cámara Gesell no
significa condenar a nadie, recordando que es considerado como una declaración testimonial y
que como tal queda librada su valoración a la sana critica racional de los magistrados.
Las últimas reformas del proceso penal tienden a dar un lugar especial a la víctima,
mayormente si ellos son menores de edad, es por ello que sin afectar el derecho de defensa del
imputado, es importantes resguardarlas de nuevas victimizaciones como podrían ser,
interrogatorios constantes, degradantes, careos innecesarios con el imputado.
Una propuesta importante es que dicho procedimiento, no se aplique solo a los menores
víctimas de delitos contra la integridad sexual, violencia familiar, o lesiones, sino a todo aquel
menor que se encuentre en situación de vulnerabilidad víctima o testigo de cualquier delito, sea
en su persona o bienes.
En lo personal, considero que la declaración del menor, debe ser lo más inmediata
posible, desde la primera manifestación del mismo, y siempre dentro de dicho mecanismo para
así resguardarla de los olvidos, retractaciones y manipulación propias en este tipo de delitos,
acompañada de un tratamiento de contención psicológico.
Nos parece importante ampliar un poco más la perspectiva o alcance del trabajo, e
integrar los aspectos victimológicos del mismo, ya que muchas veces llevan al esclarecimiento
del caso, a mejorar el entendimiento de la víctima, y si es posible aún su prevención, al tratar
patrones generales de conductas o perfiles criminales. La violencia sexual es un fenómeno
mucho más frecuente de lo pensado, que no ha sido replanteado, ni recibido la importancia que
merece, más aún si hablamos de víctimas menores de edad, donde por la dinámica del abuso
es sentenciado de algún modo por las amenazas, presiones para no hablar. Ellos no
comprenden lo que les está sucediendo, llegando al peligro de acomodarse a la situación y verla
como normal.
Por todo esto, sería necesario una abordaje multidisciplinario que permita visualizar
distintas respuestas de investigación judicial, tratando así de lograr no solo su temprana
prevención, sino la eficaz recuperación para quién en definitiva termina siendo la víctima. Estos
abordajes, no reemplazan la estructura típica de una investigación judicial, sino solamente nos
darán las herramientas para una mejor comprensión del delito, sus consecuencias.
Para finalizar, transcribimos una reflexión de Intebi: “es posible comparar los efectos del
abuso sexual al de un balazo en el aparato psíquico; produce heridas de tal magnitud en el tejido
emocional que hacen muy difícil predecir como cicatrizará el psiquismo y cuáles serán las
secuelas” (1998).
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-Protocolo Indicativo para recibir el testimonio del niño abusado, difundido por F.A.C.A, Federación
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[1] Datos extraídos de: “Abusos sexuales: tres de cada cuatro víctimas son niños”. Diario digital
La Voz del Interior. [27/09/2011]. Disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/abusos-
sexuales-tres-cada-cuatro-victimas-son-ninos
[2] Cam. Crim. Correccional, sala §Ï. 30X?. 30-8-91, editorial el Derecho, 144-326.
[3] Se sancionó la llamada ley Piazza contra abusos de menores [7/11/2011]. Diario La Voz del
Interior. Disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/se-sanciono-llamada-ley-piazza-
contra-abuso-menores.
[4]Amplían la prescripción de los delitos contra la integridad sexual de los menores [7/11/2011].
Urgente 24. Disponible en http://www.urgente24.com/noticias/val/13818-112/amplian-la-
prescripcion-de-los-delitos-contra-la-integridad-sexual-de-menores.html.
[5] CNCrim. Y Correc., sala V?, 2003/05/15,”Gaspar, Juan M.”, DJ, 15/10/2003,488.
[6] Diario Digital El Litoral, “La derogación del avenimiento”, disponible en
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[11] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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de-capacitacion-en-camara-gessel?start=6 [Fecha de consulta:10/5/2011]
[12] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
http://www.jussanjuan.gov.ar/escuelajudicial/index.php/biblioteca/nuestro-material-de-estudio/163-jornada-
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[13] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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[14] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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[15] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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[16] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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[17] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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[18] Capacitación en Cámara Gesell, Roles del perito psicólogo forense en el fuero penal, disponible en:
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de-capacitacion-en-camara-gessel?start=6 [Fecha de consulta:10/5/2011]
[20] CSJN, “Aón, Lucas y Cárdenas, Eduardo José/Jueces Nacionales s/ avocación instalación de una
Cámara Gesell-asuntos de familia-“. 10/07/90, fallos 313:626
[22] Ley 25.852, Honorable Congreso de la Nación Argentina. Modificación del Cód. Proc. Penal.
[24] Resolución de la Procuración General de la Nación sobre Cámara Gesell, Res. P.G.N. N°
59/09, disponible en
http://seccionlegislacion.blogspot.com/search/label/C%C3%A1mara%20Gessell#uds-search-
results
[25] Protocolo indicativo para recibir el testimonio del niño abusado, difundido por “F.A.C.A” Federación
Argentina de Colegio de Abogados, s/d.
[27] Art. 1 de Ley 7.398, Modificación del Cód. Proc. P. De la Prov. De San Juan. Fuente:
www.legsanjuan.gov.ar. [7/5/2011]
[29] TSJ, Córdoba, “Villar, Eduardo Jesús p.s.a. abuso sexual calificado”, disponible en
http://www.justiciacordoba.gob.ar/justiciacordoba/paginas/servicios_fallosrecientes_textocompleto.aspx?id=
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[31] Defensoría de Casación, sala ???, “Godoy, Javier Maximiliano s/ recurso de casación””, sentencia de
25/09/2001. http://www.defensapublica.org.ar/jurisprudencia/ACTOS-REPRODUCIBLES-E-
IRREPRODUCIBLES.pdf fecha de consulta [13/09/2011].
---------------------------------------
COMPATIBLES
Trastornos, enfermedades o, lesiones que pueden deberse a otras causas, pero que en
determinadas circunstancias, pueden ser secundarias al abuso.
ESPECÍFICOS
Trastornos, enfermedades, o lesiones que resultan más frecuentes en las prácticas abusivas.
Ejemplos: conducta sexualizada del menor, relatos no confirmados por el menor, etc.
CONCLUYENTES
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