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El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha: Miguel de Cervantes Saavedra Capítulo XXII, Primera Parte (Fragmento)

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COSTA RICA - PORTAL LITERARIO 10 - ISBN 9789968127424

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra

Capítulo XXII, Primera parte (fragmento)


Vocabulario
De la libertad que dio Don Quijote a muchos desdichados que dardo. Lanza pequeña y del-
mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir. gada que se tira con la mano.
escopeta de rueda. Tipo de
Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego, en esta
arma de fuego.
gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia, que des-
pués que entre el famoso don Quijote de La Mancha y Sancho galeote. Hombre que remaba
Panza, su escudero, pasaron aquellas razones que en fin del capítulo forzado en las galeras.
veintiuno quedan referidas, que don Quijote alzó los ojos y vio que galera. Embarcación de vela
por el camino que llevaban venían hasta doce hombres a pie ensar- y remo.
tados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos, y encajar. Coincidir, estar de
todos con esposas a las manos; venían asimismo con ellos dos hom- acuerdo con un proyecto, idea
bres de a caballo y dos de a pie: los de a caballo con escopetas de o hipótesis.
rueda, y los de a pie, con dardos y espadas; y que así como Sancho
Panza los vio dijo:

—Esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.

—¿Cómo gente forzada? —preguntó don Quijote—. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?

—No digo eso —respondió Sancho—, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al
rey en las galeras de por fuerza.

—En resolución —replicó don Quijote—, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van
de por fuerza y no de su voluntad.

—Así es —dijo Sancho.

Pues, de esa manera —dijo su amo—, aquí encaja


la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y soco-
rrer y acudir a los miserables.

—Advierta vuestra merced —dijo Sancho— que


la justicia, que es el mismo rey, no hace fuerza
ni agravio a semejante gente, sino que los casti-
ga en pena de sus delitos.

Llegó en esto la cadena de los galeotes y don


Quijote con muy corteses razones pidió a los que
iban en su guarda fuesen servidos de informarle y
decirle la causa o causas por qué llevaban aquella
gente de aquella manera.

50 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683.


Uno de los guardas de a caballo respondió que eran galeotes, gente de Su Majestad, que iba a galeras,
y que no había más que decir, ni él tenía más que saber.

—Con todo eso —replicó don Quijote—, querría saber de cada uno de ellos en particular la causa de
su desgracia.

Añadió a estas otras tales y tan comedidas razones para moverlos a que le dijesen lo que deseaba, que
el otro guarda de a caballo le dijo:

—Aunque llevamos aquí el registro y la fe de las sentencias de cada uno de estos malaventurados,
no es tiempo este de detenernos a sacarlas ni a leerlas: vuestra merced llegue y se lo pregunte a
ellos mismos, que ellos lo dirán si quisieren; que sí querrán, porque es gente que recibe gusto de
hacer y decir bellaquerías.

Con esta licencia, que don Quijote se tomara aunque no se la dieran, se llegó a la cadena y al pri-
mero le preguntó que por qué pecados iba de tan mala guisa. Él respondió que por enamorado iba
de aquella manera.

—¿Por eso no más? —replicó don Quijote—. Pues si por enamorados echan a galeras, días ha que yo
pudiera estar bogando en ellas.

—No son los amores como vuestra merced piensa —dijo el galeote—, que los míos fueron que quise
tanto a una canasta de colar atestada de ropa blanca, que la abracé conmigo tan fuertemente, que a no
quitármela la justicia por fuerza, aún hasta ahora no la hubiera dejado de mi voluntad. Fue en fragan-
te, no hubo lugar de tormento, concluyose la causa, acomodáronme las espaldas con ciento, y por aña-
didura tres años de gurapas, y acabóse la obra.

—¿Qué son gurapas? —preguntó don Quijote.

—Gurapas son galeras —respondió el galeote—, el cual era un mozo de hasta edad de veinticuatro
años, y dijo que era natural de Piedrahita. Lo mismo preguntó don Quijote al segundo, el cual no res-
pondió palabra, según iba de triste y melancólico; mas respondió por él el primero, y dijo:

—Este, señor, va por canario, digo, por músico y cantor.

—Pues ¿cómo? —replicó don Quijote—. ¿Por músicos y cantores van también a galeras?

—Sí, señor —respondió el galeote—, que no hay peor cosa que cantar en el ansia.

Antes he oído decir —dijo don Quijote— que quien canta sus
males espanta. Vocabulario
acomodar. Golpear.
—Acá es al revés —dijo el galeote—, que quien canta una vez
llora toda la vida. bellaquería. Vileza, maldad,
engaño, ruindad.
—No lo entiendo —dijo don Quijote. fragante. En flagrante,
de tal evidencia que no
Mas uno de los guardas, le dijo: necesita pruebas.

—Señor caballero, cantar en el ansia, se dice entre esta gente non guisa. Forma, estilo.
sancta confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento

© Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683. 51


y confesó su delito que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, y por haber confesado le con-
denaron por seis años a galeras, amén de doscientos azotes que ya llevaba en las espaldas; y va
siempre pensativo y triste, porque los demás ladrones que allá quedan y aquí van, le maltratan y
aniquilan y escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo para decir nones. Porque
dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí y que harta ventura tiene un delincuente que
está en su lengua su vida o su muerte, y no en la de los testigos y probanzas; y para mí tengo que
no van muy fuera de camino.

—Y yo lo entiendo así —respondió don Quijote. […]

Tras todos estos venía un hombre de muy buen parecer, de edad de treinta
años, sino que al mirar metía él un ojo en el otro un poco. Venía diferentemente
atado que los demás, porque traía una cadena al pie tan grande que se la liaba por
todo el cuerpo, y dos argollas a la garganta, la una en la cadena, y la otra de las que lla-
man guardaamigo o pie de amigo, de la cual descendían dos hierros que llegaban a la cin-
tura, en los cuales se asían dos esposas, donde llevaba las manos, cerradas con un
grueso candado, de manera que ni con las manos podía llegar a la boca, ni podía bajar
la cabeza a llegar a las manos. Preguntó don Quijote que cómo iba aquel hombre con
tantas prisiones más que los otros. Respondiole el guardia, porque tenía aquel solo más
delitos que todos los otros juntos y que era tan atrevido y tan grande bellaco, que, aunque
le llevaban de aquella manera no iban seguros de él, sino que temían que se les había de huir.

—¿Qué delitos puede tener —dijo don Quijote—, si no ha merecido


más pena que echarle a las galeras?
Vocabulario
—Va por diez años —replicó el guarda—, que es como muerte civil. amén. Además de.
No se quiera saber más, sino que este buen hombre es el famoso Ginés
de Pasamonte, que por otro nombre llaman Ginesillo de Parapilla. asir. Agarrarse de algo.
deslindar. Aclarar algo, de
Señor comisario —dijo entonces el galeote—, váyase poco a poco y modo que no haya confusión
no andemos ahora a deslindar nombres y sobrenombres. Ginés me en ello.
llamo, y no Ginesillo, y Pasamonte es mi alcurnia, y no Parapilla, nones. No. Se usa para negar
como voacé dice; y cada uno se dé una vuelta a la redonda, y no repetidamente algo.
hará poco.
pie de amigo. Instrumento
—Hable con menos tono —replicó el comisario—, señor ladrón de que se ponía debajo de la
más de la marca, si no quiere que le haga callar mal que le pese. barba a los reos para impedir-
les que bajasen la cabeza y
—Bien parece —respondió el galeote—, que va el hombre como ocultasen el rostro.
Dios es servido, pero algún día sabrá alguno si me llamo Ginesillo probanza. Cosa o conjunto
de Parapilla o no. de cosas que acreditan una
verdad o un hecho
—Pues ¿no te llaman así, embustero? —dijo el guarda. voacé. Usted.
—Sí llaman —respondió Ginés—, mas yo haré que no me
lo llamen, o me las pelaría donde yo digo entre mis dientes. Señor
caballero, si tiene algo que darnos, dénoslo ya, y vaya con Dios, que ya enfada con tanto querer saber
vidas ajenas; y si la mía quiere saber, sepa que yo soy Ginés de Pasamonte, cuya vida está escrita por
estos lugares.

52 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683.


—Dice verdad —dijo el comisario—, que él mismo ha escrito su historia, que no hay más que desear,
y deja empeñado el libro en la cárcel en doscientos reales.

Y le pienso quitar —dijo Ginés—, si quedara en doscientos ducados.

—¿Tan bueno es? —dijo don Quijote.

—Es tan bueno —respondió Ginés— que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de
aquel género se han escrito o escribieren. Lo que le sé decir a voacé es que trata verdades tan lindas y
tan donosas que no puede haber mentiras que les igualen.

—¿Y cómo se intitula el libro? —preguntó don Quijote.


Vocabulario
—La vida de Ginés de Pasamonte —respondió él mismo. donosa. Que tiene gracia.
corbacho. Látigo con que
—¿Y está acabado? —preguntó don Quijote.
se castigaba a los forzados
—¿Cómo puede estar acabado —respondió él—, si aún no está acaba- en las galeras.
da mi vida? Lo que está escrito es desde mi nacimiento hasta el punto regodeo. Diversión, fiesta.
que esta última vez me han echado en galeras.

—Luego ¿otra vez habéis estado en ellas? —dijo don Quijote.

—Para servir a Dios y al rey, otra vez he estado cuatro años, y ya sé a qué sabe el bizcocho y el corba-
cho —respondió Ginés—; y no me pesa mucho de ir a ellas, porque allí tendré lugar de acabar mi libro,
que me quedan muchas cosas que decir, y en las galeras de España hay más sosiego de aquel que sería
menester, aunque no es menester mucho para lo que yo tengo de escribir, porque me lo sé de coro.

—Hábil pareces —dijo don Quijote.

—Y desdichado —respondió Ginés—, porque siempre las desdichas persiguen al buen ingenio.

Persiguen a los bellacos —dijo el comisario.

—Ya le he dicho, señor comisario —respondió Pasamonte—, que se vaya poco a poco, que aquellos
señores no le dieron esa vara para que maltratase a los pobretes que aquí vamos, sino para que nos
guiase y llevase adonde Su Majestad manda. Si no, por vida de... Basta, que podría ser que saliese
algún día en la colada las manchas que se hicieron en la venta, y todo el mundo calle y viva bien, y
hable mejor y caminemos, que ya es mucho regodeo este.

Alzó la vara en alto el comisario para dar a Pasamonte, en respuesta de sus amenazas, mas don
Quijote se puso en medio, y le rogó que no le maltratase, pues no era mucho que quien llevaba tan
atadas las manos tuviese algún tanto suelta la lengua. Y volviéndose a todos los de la cadena, dijo:

—De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que, aunque os han castiga-
do por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto y que vais a ellas muy de
mala gana y muy contra vuestra voluntad, y que podría ser que el poco ánimo que aquel tuvo en el tor-
mento, la falta de dineros de este, el poco favor del otro, y finalmente, el torcido juicio del juez, hubiesen
sido causa de vuestra perdición, y de no haber salido con la justicia que de vuestra parte teníades. Todo lo
cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun for-
zando que muestre con vosotros el efecto para que el cielo me arrojó al mundo y me hizo profesar en él la

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orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer
a los menesterosos y opresos de los mayores. Pero porque sé que una Vocabulario
de las partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no avenir. Conformarse, hallarse
se haga por mal, quiero rogar a estos señores guardianes y comisarios a gusto.
sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros bacín. Bacía. Vasija que usaban
que sirvan al rey en mejores ocasiones, porque me parece duro caso los barberos. Don Quijote lleva-
hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Cuanto más, ba una en la cabeza, a modo
señores guardas —añadió don Quijote—, que estos pobres no han de casco.
cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su peca- Santa Hermandad. Tribunal que
do; Dios hay en el cielo que no se descuida en castigar al malo ni de perseguía y castigaba los delitos
premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdu- cometidos fuera de poblado.
gos de los otros hombres, no yéndoles nada en ellos. Pido esto con
suspenso. Admirado.
esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que
agradeceros, y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada,
con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.

—¡Donosa majadería! —respondió el comisario—. ¡Bueno está el donaire con que ha salido a cabo
de rato! ¡Los forzados del rey quiere que le dejemos, como si tuviéramos autoridad para soltarlos, o él
la tuviera para soltarlos, o él la tuviera para mandárnoslo! Váyase vuestra merced, señor, norabuena
su camino adelante y enderécese ese bacín que trae en la cabeza y no ande buscando tres pies al gato.

¡Vos sois el gato y el rato y el bellaco! —respondió don Quijote.

Y diciendo y haciendo, arremetió con él tan presto, que, sin que tuviese lugar de ponerse en defensa,
dio con él en el suelo mal herido de una lanzada; y avínole bien, que este era el de la escopeta. Los
demás guardas quedaron atónitos y suspensos del no esperado acontecimiento, pero volviendo sobre
sí, pusieron mano a sus espadas los de a caballo, y los de a pie a sus dardos, y arremetieron a don
Quijote, que con mucho sosiego los aguardaba y sin duda lo pasara mal, si los galeotes, viendo la oca-
sión que se les ofrecía de alcanzar la libertad, no la procuraran, procurando romper la cadena donde
venían ensartados. Fue la revuelta de manera que las guardas, ya por acudir a los galeotes que se des-
ataban, ya por acometer a don Quijote que los acometía, no hicieron cosa que fuese de provecho.

Ayudó Sancho por su parte a la soltura de Ginés de Pasamonte, que fue el primero que saltó en la
campaña libre y desembarazado y, arremetiendo al comisario caído, le quitó la espada y escopeta, con
la cual, apuntando al uno y señalando al otro sin dispararla jamás, no quedó guarda en todo el campo,
porque se fueron huyendo, así de la escopeta de Pasamonte, como de las muchas pedradas que los ya
sueltos galeotes les tiraban.

Entristeciose mucho Sancho de este suceso, porque se le representó que los que iban huyendo habían de
dar noticia del caso a la Santa Hermandad, la cual a campana herida saldría a buscar los delincuentes, y así
se lo dijo a su amo, y le rogó que luego de allí se partiesen y se emboscasen en la sierra, que estaba cerca.

—Bien está eso —dijo don Quijote—, pero yo sé lo que ahora conviene que se haga.

Y llamando a todos los galeotes, que andaban alborotados y habían despojado al comisario hasta
dejarle en cueros, se le pusieron todos a la redonda para ver lo que les mandaba, y así les dijo:

—De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios
ofenden es la ingratitud. Dígolo porque ya habéis visto, señores, con manifiesta experiencia, el que de

54 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683.


mí habéis recibido; en pago del cual querría, y es mi voluntad, que cargados con esa cadena que quité
de vuestros cuellos, luego os pongáis en camino y vayáis a la ciudad del Toboso y allí os presentéis
ante la señora Dulcinea del Toboso y le digáis que su caballero, el de la Triste Figura, se le envía a
encomendar, y le contéis punto por punto todos los que ha tenido esta famosa aventura hasta poneros
en la deseada libertad, y hecho esto, os podréis ir donde quisiéredes, a la buena ventura.

Respondió por todos Ginés de Pasamonte, y dijo:

—Lo que vuestra merced nos manda, señor y libertador nuestro, es imposible de toda imposibilidad
cumplirlo, porque no podemos ir juntos por los caminos, sino solos y divididos, y cada uno por su parte,
procurando meterse en las entrañas de la tierra por no ser hallado de la Santa Hermandad, que sin duda
alguna ha de salir en nuestra busca. Lo que vuestra merced puede hacer,
y es justo que haga, es mudar ese servicio y montazgo de la señora
Dulcinea del Toboso en alguna cantidad de avemarías y credos, que
Vocabulario
nosotros diremos por la intención de vuestra merced, y esta es cosa que entrambos. Ambos.
se podrá cumplir de noche y de día, huyendo o reposando, en paz o en gabán. Abrigo.
guerra; pero pensar que hemos de volver ahora a las ollas de Egipto,
guijarro. Trozo de piedra.
digo, a tomar nuestra cadena y a ponernos en camino del Toboso, es
pensar que es ahora de noche, que aún no son las diez del día, y es pedir mohinísimo. Muy triste.
a nosotros eso como pedir peras al olmo. montazgo. Tributo.

—Pues voto a tal —dijo don Quijote ya puesto en cólera—, don hijo rodela. Escudo redondo y
delgado que cubría el pecho
de la puta, don Ginesillo de Parapillo, o como os llamáis, que habéis
al que se servía de él
de ir vos solo rabo entre piernas con toda la cadena a cuestas.
peleando con espada.
Pasamonte, que no era antes bien sufrido, estando ya enterado que don
Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate había cometido como el
de querer darles libertad, viéndose tratar mal y de aquella manera, hizo del ojo a los compañeros, y,
apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no se daba manos a
cubrirse con la rodela, y el pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si fuera hecho de
bronce. Sancho se puso tras su asno y con él se defendía de la nube y pedriscos que sobre entrambos llo-
vía. No se pudo escudar tan bien don Quijote, que no le acertasen no sé cuantos guijarros en el cuerpo
con tanta fuerza, que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído cuando fue sobre él el estudiante, y
le quitó la bacía de la cabeza, y diole con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tie-
rra, con que la hizo pedazos. Quitáronle una ropilla que traía sobre las armas, y las medias calzas le que-
rían quitar si las grevas no lo estorbaran. A Sancho le quitaron el gabán, y, dejándole en pelota,
repartiendo entre sí los demás despojos de la batalla, se fueron cada uno por su parte, con más cuidado
de escaparse de la Hermandad que temían que de cargarse de la cadena e ir a presentarse ante la señora
Dulcinea del Toboso.

Solos quedaron jumento y Rocinante, Sancho y don Quijote:


el jumento, cabizbajo y pensativo, sacudiendo de cuando en
cuando las orejas, pensando que aún no había cesado la
borrasca de las piedras que le perseguían los oídos;
Rocinante tendido junto a su amo, que también vino al suelo
de otra pedrada; Sancho, en pelota y temeroso de la Santa
Hermandad; don Quijote mohinísimo de verse tan mal para-
do por los mismos a quien tanto bien había hecho […].

© Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683. 55


Comprensión de lectura

1 Anote cuál es el delito y el castigo para cada uno de los siguientes prisioneros:

Prisionero Delito Castigo

El primer galeote

El segundo galeote

Ginés de Pasamonte

2 Escriba la secuencia de las acciones en el orden en que se narran, de acuerdo con el fragmento de
El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha de la página 50 a la 55.

3 Anote la interpretación dada en el fragmento a las frases de los recuadros.

Preso por amor

Preso por cantor

56 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683.


4 Describa qué consecuencias tuvo que don Quijote liberara a los galeotes.

Para
don Quijote

Para
Sancho Panza

Consecuencias
de la liberación

Para
Rocinante

Para el asno

5 Complete el cuadro sobre las características de don Quijote y Sancho.

Comparación entre don Quijote y Sancho Panza

Personaje Características que lo distinguen Semejanzas

Don
Quijote

Sancho
Panza

© Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683. 57


6 Explique cuál es la visión de Dulcinea que se transmite en el texto.

7 Copie, del fragmento en estudio, dos refranes o dichos que usted conozca.
a. Interprete, en el recuadro, el significado de cada uno.
Refrán 1

Refrán 2

8 Explique cuáles razones se dan en el fragmento para afirmar que don Quijote no está cuerdo.

a. Comente si usted cree que don Quijote está loco o no.


b. Sustente su respuesta.

9 Exprese qué les pide don Quijote a los galeotes por haberlos liberado.

a. Juzgue si esa petición es justa o no lo es. Explique por qué.

58 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley de Derechos de Autor N.° 6683.


10 Copie una cita en la que se explique cuál es la función de don Quijote en la sociedad, según el
mismo personaje.

a. Exprese si cree que don Quijote cumple su objetivo o no.


b. Justifique su respuesta con dos argumentos.

11 Investigue quién es Cide Hamete Benengeli.


a. Comente cuál es su importancia dentro de la obra El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha.

12 Redacte una aventura de don Quijote y Sancho como si vivieran en Costa Rica, en la época actual.
l Trabaje en hojas aparte.
a. Comparta su relato con el resto de la clase.

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Para realizar las siguientes actividades, guíese
con la información de las páginas 206 y 207.

13 Mencione si la secuencia del relato es lineal o perturbada.


a. Justifique su respuesta.

14 Identifique el tipo de narrador.

a. Anote dos ejemplos.

Ejemplo 1 Ejemplo 2

15 Comente qué características presenta el código apreciativo del narrador en relación con don Quijote y
con Sancho Panza.

Hacia Hacia
don Quijote Sancho Panza

Código
apreciativo
del narrador

16 Identifique los registros de habla presentes en el fragmento.


a. Incluya ejemplos.

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17 Anote un ejemplo de estilo directo y otro de estilo indirecto.

Estilo directo Estilo indirecto

18 Clasifique, en principales y secundarios, los personajes del fragmento en estudio.

secundarios
Personajes

Personajes
principales

19 Analice las características de los siguientes espacios:

Espacio Características

Físico

Social

Político

Económico

Psicológico

Ético

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