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Ríos de Chile: Vida y Sostenibilidad

Este documento presenta una introducción al libro "Caminos de agua: Los ríos de Chile". El libro explora la importancia de los ríos para los antiguos y actuales pueblos de Chile, dividiendo el país en cuatro zonas y seleccionando un río emblemático para cada una. La introducción destaca que los ríos han influido en los asentamientos humanos, la economía y la sociedad desde la época precolombina hasta la actualidad. El libro busca fomentar el conocimiento y respeto por el país y sus

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Ríos de Chile: Vida y Sostenibilidad

Este documento presenta una introducción al libro "Caminos de agua: Los ríos de Chile". El libro explora la importancia de los ríos para los antiguos y actuales pueblos de Chile, dividiendo el país en cuatro zonas y seleccionando un río emblemático para cada una. La introducción destaca que los ríos han influido en los asentamientos humanos, la economía y la sociedad desde la época precolombina hasta la actualidad. El libro busca fomentar el conocimiento y respeto por el país y sus

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CAMINOS DE AGUA

LOS RÍOS DE CHILE


CAMINOS DE AGUA
LOS RÍOS DE CHILE
ÍNDICE

10 INTRODUCCIÓN

14 102
I RÍOS DEL NORTE II RÍOS DEL CENTRO
DESDE EL LLUTA AL LIMARÍ DESDE EL CHOAPA AL MAULE

16 104
LLUTA Y AZAPA CHOAPA
Valles que interrumpen el desierto Los pastores trashumantes
Daniela Valenzuela · Vivien G. Standen · Calogero M. del Norte Chico
Santoro Valeria Maino

22 110
LOA ACONCAGUA Y MAIPO
Un corredor de vida en la aridez Ríos que dieron vida
más extrema del planeta a los primeros habitantes
Victoria Castro Fernanda Falabella

74 128
ARTE RUPESTRE ACONCAGUA
Obras maestras en la cuenca del Loa El valle de Chili
José Berenguer Rodríguez Valeria Maino

80 156
COPIAPÓ MAIPO Y MAPOCHO
De Mama Copayapu Cursos que definen el centro
a San Francisco de la Selva demográfico de Chile
Gastón Castillo G. · Miguel Cervellino G. Fernanda Falabella

88 176
EL OLIVAR CACHAPOAL
En busca de la identidad Diaguita Reparto de indios, haciendas y agricultura
Paola González María Teresa Planella

94 182
ELQUI MAULE
Historia de un valle ¡Al fin, un río navegable!
Fernando Silva Valeria Maino
190 284
III RÍOS DEL SUR IV RÍOS DEL EXTREMO SUR
DESDE EL ITATA AL BUENO AL SUR DEL RÍO PUELO

192 286
BIOBÍO CISNES Y PALENA
Testigo de una frontera ¿Vías de circulación o caminos cortados?
y esperanza de un encuentro Francisco Mena · Mauricio Osorio
Armando Cartes · Leonor Adán

294
250 AYSÉN
LEWFU El río que da nombre a una región
El río en la cosmología mapuche Francisco Mena · Mauricio Osorio
María Catrileo

300
256 BAKER
CAUTÍN E IMPERIAL Mucho más que un río
Arterias del Ngulumapu Francisco Mena · Mauricio Osorio
Jaime Flores Chávez

334
262 SERRANO
TOLTÉN Presencia humana
Historias del Troltrén desde hace 4.500 años
José Ancán Jara Francisco Mena · Mauricio Osorio

270 342
VALDIVIA LOS RÍOS DE CHILE
De bastión colonial a cuenca Una ética del cohabitar
citadina y cultural para su conservación biocultural
Ricardo Molina V. · Simón Urbina A. Ricardo Rozzi

276 354 NOTAS


RÍO BUENO 358 REFERENCIAS
Wenu lewfu, 366 LOS AUTORES
el lugar de los antepasados 369 AGRADECIMIENTOS
Ximena Urbina 371 CRÉDITOS
Nuestra geografía está atravesada por una gran cantidad de ríos muy disímiles entre sí. La singularidad
de cada uno varía según la región donde se ubique y se asocia a la diversidad climática y relieve de
cada zona. Los hay de corta longitud y pequeños cauces o muy torrentosos y de grandes masas de
aguas. En el norte se caracterizan por tener escurrimientos esporádicos de bajo flujo, a diferencia de
los ríos del extremo sur, que constituyen los más caudalosos de Chile.

Este libro es una invitación a conocer más en profundidad nuestro país y respetarlo. A descubrir aspectos
de su geología, de sus primeros habitantes y de la historia que se ha ido construyendo por décadas y
siglos, así como a entender las proyecciones de cada región geográfica.

Estos recursos hídricos, cualesquiera sean sus características, son esenciales, ricos y dadivosos porque
generan vida y un ecosistema productivo. Sin embargo, ahora que el tema del cuidado del medioambiente
ya no es una utopía y que se ha comprobado científicamente que el cambio climático es una realidad,
preservar y proteger nuestros recursos naturales e incentivar su uso responsable parece de toda lógica,
porque es determinante para el futuro de las nuevas generaciones. En Banco Santander, en particular,
estamos convencidos de que debemos promover dinámicas contingentes que permitan articular un
ecosistema fecundo y sostenible.

Queremos agradecer al Museo Chileno de Arte Precolombino, institución con quien mantenemos
una estrecha relación de casi cuatro décadas y con la que hemos publicado libros que, consideramos,
suponen un aporte al conocimiento y difusión de la tradición y proyección cultural de nuestro país. La Ley
de Donaciones Culturales ha sido otro aliado que ha hecho posible esta colaboración, probablemente
la más antigua del país entre una entidad cultural y una empresa privada. No puedo dejar de felicitar al
equipo editor, científicos, historiadores, fotógrafos, diseñadores, artistas e impresores por el esfuerzo por
sacar adelante este volumen en otro año pandémico que ha implicado cambios drásticos en nuestros
sistemas de vida y de trabajo. A todos, muchas gracias.

Claudio Melandri
Presidente
Banco Santander
Esta serie de publicaciones que tradicionalmente ofrecemos al público con el apoyo del Banco Santander
tiene como objetivo indagar acerca de nuestra identidad americana, ya sea a través de elementos
culturales pertenecientes a las primeras naciones del continente, de sus sucesores, los actuales pueblos
originarios, o de diferentes aspectos culturales y geográficos de América que caracterizan a este mestizaje.

Hoy tenemos el orgullo de presentar este libro sobre los ríos de Chile y su significado en cuanto a la
vida de los pobladores del país y la influencia de los cursos de agua en los asentamientos, economía y
sistemas sociales desde épocas precolombinas hasta la actualidad.

Para tratar este tema, hemos determinado cuatro zonas que demuestran la diversidad cultural, geo-
gráfica y biótica del país, escogiendo en cada una de ellas un río emblemático que la defina. Así, la
zona norte está representada por el río Loa; la zona central, por el sistema Aconcagua-Maipo; el centro
sur, por el Biobío; y Chile austral, por el río Baker. A estos capítulos se agregan recuadros que tratan de
otros cursos de agua relevantes en estas zonas. Obviamente, no están tratados todos los ríos del país,
lo que superaría las posibilidades de esta edición.

En su Canto General, Pablo Neruda convoca a los cauces de Chile, bajo el nombre de «ríos arteriales»,
evocando a la Pachamama, cosmogonía andina que concibe al planeta como un ser vivo en el cual la
tierra es su carne, las piedras, sus huesos, y el agua, la sangre que corre por sus venas. En la actualidad,
cuando asistimos a un cambio de paradigma de las relaciones humanas con la naturaleza, esta imagen
resulta central para este libro. La interdependencia de los seres vivos nos la está recordando la misma
naturaleza a cada instante.

El ser humano es de los últimos en haberse introducido en este sistema de interdependencia, con la
diferencia de que tiene, y ejerce, las posibilidades de cambiarlo. En lo que algunos científicos llaman
Antropoceno, la era en que actualmente vivimos, se están viendo las repercusiones de las acciones
humanas en la naturaleza, que de ahora en adelante, salvo en lugares muy contados, ya no será
totalmente natural.

La Ilustre Municipalidad de Santiago, junto al Museo Chileno de Arte Precolombino, tienen el agrado
de acreditar el permanente apoyo del Banco Santander, que ha permitido difundir el patrimonio
cultural americano en más de tres decenas de publicaciones, todas ellas con cuidadoso tratamiento
editorial y de diseño e incorporando valiosa iconografía. Agradecemos también al equipo que nos ha
acompañado en esta aventura durante muchos años y a la Ley de Donaciones Culturales, que permite
realizar estos interesantes proyectos.

Carlos Aldunate del Solar Irací Hassler Jacob


Presidente Alcaldesa
Fundación Familia Larraín Echenique Ilustre Municipalidad de Santiago
INTRODUCCIÓN

La presente publicación tiene por objeto indagar sobre la im- Hemos seguido los cauces más representativos, el Aconcagua
portancia que revisten los cursos de agua para los antiguos y el Maipo, rastreando desde sus poblamientos originales
y actuales pueblos de Chile. Esto, que puede parecer una hasta la actualidad y desde sus orígenes en los Andes hasta
perogrullada, no lo es, habida cuenta de los problemas que su desembocadura en el mar. El fuerte impacto demográfico
actualmente está sufriendo el mundo con la catástrofe del e industrial en esta zona aumenta el riesgo de sostenibilidad
cambio climático y los consecuentes episodios de sequía e urbana y económica del territorio.
inundaciones que afectan a la humanidad. En este contexto, el
territorio chileno puede considerarse un verdadero laboratorio Los caudalosos ríos del centro sur del país, que han sido y son el
para explorar estos sucesos. sustento de los pueblos antecesores de los mapuche y del de-
sarrollo económico y urbano actual, no se han visto tan afecta-
La radical aridez del norte del país, con el desierto de Atacama dos como aquellos de más al norte, aunque las precipitaciones,
como protagonista, es un llamado de atención acerca de la antes regulares durante todo el año, han sido alteradas por pe-
adaptación de pueblos milenarios a sus extremas condicio- ríodos de sequía. Hemos escogido el Biobío como testigo de la
nes, así como una voz de alerta sobre la sustentabilidad de las historia de esta región, protagonista de los episodios coloniales
ciudades costeras y las faenas mineras que viven del agua de y republicanos de La Frontera. Efectivamente, este río singular
los ríos del interior, cuyos escasos cursos disputan con los ha- no sólo representó una frontera histórica, sino también étnica,
bitantes de los tradicionales pueblos de los oasis del desierto. biológica y geográfica, origen de la diversidad humana, cuna
En estas páginas recorremos el río Loa, único cauce que atra- identitaria de nuestra nacionalidad. Al recorrer los ríos de esta
viesa estas tierras desérticas y que permitió el sustento de los región nos adentramos en la comprensión de la cosmogonía
primeros pueblos cazadores, pastores y caravaneros y de sus mapuche relativa a los cursos de agua, en los procesos bélicos
sucesores, que dejaron espléndidos testimonios de sus logros protagonizados por este pueblo para luchar por sus tierras e
económicos, sociales y artísticos. identidad, así como en las ocupaciones coloniales y el desarrollo
urbano, agrícola e industrial republicano de esta rica zona.
La zona central, cuna de la historia nacional, probablemente es
la más amenazada por esta crisis global debido a su densidad En el extremo sur de Chile, donde antiguos procesos tectó-
de población y al hecho de ser la que más ha sufrido con las nicos hundieron en el mar el valle central, de modo que sólo
sequías e insolaciones, cada vez más severas, de los últimos permanecieron las islas que dan fe de la sumergida cordillera
veinte años, que han provocado la desaparición de los glacia- de la Costa y los nevados de los Andes, los ríos adquieren una
res de donde provienen sus cursos de agua. Además, las cuen- dimensión casi sobrenatural: se desprenden de antiguos gla-
cas de los ríos de esta zona se caracterizan por ser torrentosas, ciares gigantescos en retroceso, arrastrando toneladas de agua
lo que implica otra dificultad para su mejor aprovechamiento. que inundan los escasos valles y pampas de este accidentado

10
territorio. Aquí, los cursos de agua son «más que un río», como
atestigua el majestuoso Baker, que hemos escogido para re-
presentar a esta zona. La extraordinaria abundancia de agua
de este territorio tan escasamente poblado debe observarse
con cuidado, pues es síntoma del peligroso aumento de las
temperaturas que están derritiendo aceleradamente los viejos
glaciares, causando una elevación del nivel del mar con conse- Portada: Vista desde el agua de un bajo del río Traidor,
afluente del río Puelo, Cochamó, Región de Los Lagos.
cuencias insospechadas. Si consideramos que este fenómeno
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
se está repitiendo globalmente, perjudicando a la Antártica, el
Ártico y otros lugares, este proceso afectará drásticamente a las
costas de todo el mundo.
Guardas: Vista aérea de deltas en Laguna Verde,
Parque Nacional Conguillío, Región de La Araucanía.
Fotografía de Cristián Aguirre Duffourc, 2021.
Además de comunicar este grave proceso en el que estamos
inmersos y en el que están incluidos los cursos de agua dulce,
en este libro difundimos la historia y desarrollo cultural de las
Página 4: El huaso y la lavandera.
diversas zonas geográficas del país, acentuando su diversidad
Juan Mauricio Rugendas, 1835. Óleo sobre tela, 30 x 23 cm.
geológica, biológica y humana y su relación vital con los ríos, a Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

través de textos dirigidos a lectores no especialistas.

Página 6: Vientos del Sur.


Aunque esta publicación se organiza en cuatro grandes capí- Santos Segundo Chávez Alister. 1985.
Xilografía, 28,5 x 35 cm el grabado, 39 x 49 cm el soporte.
tulos sobre los cuatro ríos emblemáticos de cada región –Loa,
Fotografía de Fernando Maldonado, 1998.
Aconcagua-Maipo, Biobío y Baker–, abarca también, mediante Colección Fundación Cultural Santos y Eva Chávez.

recuadros, otros ríos de importancia en cada una de ellas, con


la finalidad de mostrar un panorama general de los recursos
Páginas 8 y 9: Río Palena,
hídricos nacionales y su relación con los procesos históricos de
Región de Aysén.
esos territorios. Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

Esperamos que este volumen difunda tanto la importancia del


cuidado de los recursos hídricos del país, cuanto la larga historia Páginas 12 y 13: Mapa de las principales
cuencas hidrográficas de Chile.
de diferentes pueblos y culturas que, aprovechando los cursos
Fuente: IDE Chile.
de agua, han habitado este país en los últimos diez milenios. Ilustración de Carolina Videla, 2021.

11
Visviri

PRINCIPALES

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13
I RÍOS DEL NORTE
DESDE EL LLUTA AL LIMARÍ
LLUTA Y AZAPA
Valles que interrumpen el desierto 1

Daniela Valenzuela · Vivien G. Standen · Calogero M. Santoro

16
Como una visión Google Earth y con más de cinco siglos
de anticipación, Gerónimo de Vivar imaginativamente
describió la orografía de los valles del Pacífico desde
Tumbes (norte de Perú) hasta Huasco (norte semiárido
de Chile):

En esta provincia hay ríos que proceden de las sierras y cor-


dillera nevada, que atraviesa por toda esta tierra. De la nie-
ve que se derrite bajan estos ríos por estos valles, y los na-
turales tienen abiertas muchas acequias de donde riegan
sus sementeras […] Todo el compás de tierra que está fuera
de los valles es estéril y despoblado y de grandes arenales.
En todo este compás de tierra que hay estos valles no llueve.
En las quince y dieciséis leguas que digo que hay de la cor-
dillera nevada hasta la mar y dentro en la mar no se sabe
el compás en que no llueve. Es de Tumbes hasta el valle de
Guasco [Huasco] que serán setenta leguas [337,9 km].2

Este panorama socioecológico condensa muy bien la historia


de los valles del extremo norte de Chile (Lluta, Azapa, Chaca
y Camarones), que hoy lucen como verdes serpientes debido
a las acequias y manejo de los hilos de agua que escurren
intermitentemente desde la cordillera. Estos valles exorreicos
forman parte de una subárea socioecológica denominada
Valles Occidentales que, a su vez, integra el área Centro Sur
Andina. 3 Comprende entre el río Majes, en el sur de Perú, y el
río Loa, en el norte de Chile, y está disectada por quebradas
con diferencias geográficas y arqueológicas contrastantes
que definen tres zonas ecológico-culturales: 1) valles exorrei-
cos (Lluta a Camarones); 2) oasis interiores y quebradas endo-
rreicas (Tana al Loa); y 3) costa desértica de interfluvio (costa
entre Pisagua y la desembocadura del Loa).4

Valle del río Lluta. En palabras de Luis Urzúa,


«Este valle ofrece un espectáculo sorprendente. Bajando del
altiplano en el tren de madrugada, la vista se deslumbra en
ese inmenso refugio de vegetación […] en que la luz prodiga
todas las coloraciones del verde con maravillosa armonía»
(Arica, puerta nueva. Santiago: Editorial Andrés Bello, 1969).
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

17
La obra de verdear los valles, iniciada andinas, aymara y chipaya de ambos
hace tres mil quinientos años con la países, dependientes de las aguas del
introducción de la agricultura y la sil- Lauca en Parinacota, salar de Coipasa
vicultura, recién comenzó a comple- y lago Poopo. 5
tarse en la segunda mitad del siglo XX
gracias a planes estatales y privados Carlos Keller6 resaltó diferencias impor-
para intensificar la producción agríco- tantes entre estos valles: aguas más sa-
la, como el aumento de pozos para ex- lobres y con flujos permanentes pero
traer aguas subterráneas –que se han muy variables en el año de los valles de
venido agotando– y la canalización del Lluta y Camarones, y aguas más dulces
río Lauca desde la frontera de Chile pero estacionales de los valles de Azapa
con Bolivia. Esta obra hidráulica, cons- y Chaca. En los cuatro valles, sin embar-
El río Camarones en su cauce alto
truida en la década de 1940 y que abrió go, en esa época la agricultura era dis-
en el sector de valle de Ulapata.
En primer plano, un cactus candelabro sus compuertas en las lagunas de Pa- continua y con distintas valoraciones
(Browningia candelaris).
rinacota, aunque mejoró los flujos de económicas y productivas.7 Para Azapa,
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
agua en Azapa, significó un aumento Keller destacó que las «tierras son de
en las tensiones diplomáticas con Bo- primera clase», fértiles y con clima fa-
livia, conflicto que escaló hasta el rom- vorable para el crecimiento de las plan-
Plantación de tomates en sector
de Rosario, valle del río Lluta. pimiento de relaciones con dicho país tas, pero los cultivos se practicaban en
Estos suelos son aptos para los cultivos
y que todavía no se resuelve comple- forma de manchas discontinuas «que
pese a la salinidad de las aguas del valle,
que contienen cloruro y sulfato tamente. En aquella época no se con- interrumpen de vez en cuando la árida
de sodio debido a las aguas del río Azufre,
sideraron tampoco los daños ecológi- estepa formada por algarrobos, molles,
principal tributario del Lluta. Fotografía
de Guy Wenborne, 2014. cos ni sus efectos en las poblaciones chañares y otros arbustos y pastos».8

18
Como Antonio O’Brien en el siglo XVIII, como la canalización desde cotas supe- cambios coincide con un aumento de la
quien trató de llevar a cabo un gran pro- riores hacia espacios más bajos, amplios pluviosidad en los Andes entre el 2500 y
yecto de trasvase de aguas desde cuen- y apropiados para la agricultura, mues- el 1000 AP, lo que redujo las condiciones
cas altiplánicas a la pampa del Tamaru- tran que las aspiraciones humanas por áridas, cuyos efectos se multiplicaron
9 10
gal (Pampa Iluga), Keller sugirió, para verdear el desierto tienen raíces mucho con el manejo humano del agua para
captar las aguas subterráneas que se más antiguas. Keller revisó la literatura desarrollar extensas áreas de cultivo. La
pierden en el mar, la construcción de un arqueológica, pero no conectó esa his- población se agrupó en aldeas junto a
dique subterráneo y la impermeabiliza- toria de los valles con lo que observó. los campos con inversiones en obras ci-
ción de los canales de regadío de Azapa Por su parte, O’Brien, que caminó por el viles (canales, terrazas, tranques) y arqui-
para reducir la pérdida por infiltración. El desierto, debió ver los canales de rega- tecturas domésticas como las aldeas de
megaproyecto de O’Brien ambicionaba dío que Vivar observó en la quebrada de Alto Ramírez y San Lorenzo en Azapa,15
irrigar el desierto para una renovación Tarapacá, por donde O’Brien pretendió destinadas a funciones de congregación
13
de la industria minera, la concentración bajar el agua cordillerana. social. El aumento demográfico, los limi-
de gente traída del interior y la reactiva- tados espacios agrícolas y la irregular dis-
ción de la economía de la Corona espa- Los Valles Occidentales tienen evidencias ponibilidad de agua generó competen-
11
ñola para una reconquista de América. de proyectos de agriculturización ocurri- cia, tensiones y conflictos reflejados en
dos desde el período Formativo (3500- un aumento de la violencia interpersonal
Pero este no fue el único proyecto colo- 1500 AP), vinculados a un crecimiento en de alta letalidad.16 Por su parte, algunos
nial de trasvase para solucionar el pro- el uso de plantas domesticadas y silves- líderes emergentes que trataban de os-
blema crónico del agua en el desierto tres para funciones comestibles, medici- tentar mayor poder y prestigio intenta-
12 14
de Atacama, ni esta la única época en nales, rituales, combustibles y forrajeras, ron controlar los espacios productivos
que se plantearon intervenciones. Vesti- introducidas, sin excepción, desde diver- o las fuerzas laborales, lo que promovió
gios arqueológicos de obras hidráulicas, sas zonas de Sudamérica. Esta época de desigualdades sociales.17

19
Desde el 1000 AP comenzó a aumen- manejo y conocimientos que se aplican con elevados contenidos de elementos
tar la aridez y se mantiene hasta hoy, lo hasta el día de hoy. Los cuatro valles se- nocivos solubles como arsénico, boro,
que motivó cambios geopolíticos y ma- ñalados, como teclas de un piano, pu- litio y cloruros. Las poblaciones huma-
yor agitación social. Las inversiones en sieron parte de la música y del escena- nas que por miles de años consumieron
irrigación para manejar el agua en los rio para el surgimiento y desarrollo de estas aguas fueron severamente afecta-
valles cordilleranos generaron grandes procesos socioculturales relativamente das en sus condiciones de salud.19
transformaciones del paisaje, todavía autónomos que resultaron en agrupa-
visibles en la forma de extensos cam- ciones políticas reconocidas por una cul- En suma, entre 1500 a 500 AP se inten-
pos de cultivo aterrazados en las lade- tura material de sello regional entre 800 sificó la economía agraria y silvícola con
ras de los cerros. a 400 AP, que abarca desde los valles proyectos de irrigación más eficien-
del sur de Perú hasta Camarones, por el tes, de gran escala, como los sistemas
El agua de estas quebradas fue trans- norte de Chile, y es conocida localmente agrohidráulicos de Topaín, en el Loa su-
18
formada en una palanca vital para las como cultura Arica. Una de las aristas perior20 o el canal de trasvase de Soco-
poblaciones prehispánicas, que desa- poco abordadas es el peligro invisible roma.21 También se introdujeron nuevos
rrollaron tecnologías adecuadas para su de los componentes químicos del agua, taxa como el chañar.22

20
Estos cursos de agua fueron vitales para la vida humana y las
comunidades de plantas, animales y microorganismos, inte-
Izqda.: El río Camiña posibilita el riego en esta zona,
grando ecosistemas vulnerables. Toda esta historia de manejo donde se cultivan ajos, choclos, zanahorias, cebollas,
alfalfa y también frutales como manzanas, ciruelas,
del agua ha dado sustento a la expansión agrícola y el aparen-
membrillos, tunas y tumos, convirtiendo esta quebrada
te «crecimiento» de comunidades rurales, ciudades e indus- en uno de los oasis más bellos del desierto de Atacama por su
contraste entre los áridos cerros y el verde y cultivado valle.
trias. Este vital elemento ha acompañado épocas de bonanza
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
no exentas de conflictos, de transformaciones sociales y eco-
Dcha.: Río Camarones. Esta improvisada presa,
lógicas para proyectos de desarrollo humano en condiciones construida mediante bolones de piedra y otras rocas
más grandes, tiene como objetivo subir el nivel del agua
muy exigentes dadas las limitadas y frágiles condiciones del
y desviar un pequeño cauce para los canales de regadío.
desierto, donde insistimos en vivir como si el agua estuviera El lugar está en uso y es de construcción y mantención recientes.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
disponible en grandes cantidades. Por los valles y quebradas
ha corrido de todo, pero lo que menos corre ahora es agua, y
la que lo hace está contaminada por efecto de las interven-
Camiña. Estas terrazas de cultivo están
ciones humanas; que deberían transitar, urgentemente, hacia
emplazadas en la quebrada de Camiña o de Tana,
políticas innovadoras y sustentables, y hacia la toma de de- donde nacen los manantiales de Agua Amarilla
y Agua Verde, o Apolinario y Margarita,
cisiones políticas, económicas y culturales que consideren el
que brotan a los pies del cerro Pumire.
paisaje con todos sus seres bióticos y abióticos. Fotografía de Guy Wenborne, 2009.

21
LOA
Un corredor de vida en la aridez más extrema del planeta
Victoria Castro

En la vasta Región de Antofagasta se despliegan dos grandes cuencas centrales:


la del salar de Atacama, en el sector meridional de la provincia de El Loa,
y la del río Loa, en el sector septentrional.
Introducción
El río Loa recorre 440 kilómetros desde sus nacientes, en el
volcán Miño, hasta su desembocadura en Caleta Huelén, en el
Río Loa en el sector del tranque Sloman. océano Pacífico, entre las ciudades de Iquique y Antofagasta.
El tranque, situado un par de kilómetros más abajo
En su trayecto fluye en dirección sur, recibiendo los significa-
de la foto, es una represa hidroeléctrica construida
en el curso del río Loa, en pleno desierto de Atacama, tivos aportes del río Salado, hacia el que han convergido nu-
que buscaba dotar de energía eléctrica a las maquinarias y
merosos y esenciales afluentes de agua dulce, como los ríos
campamentos mineros de varias oficinas.
Fotografía de Guy Wenborne, 2017. Toconce, Caspana, Curte y Ojalar y otros pequeños cursos de
agua. El Loa se desplaza entre cordones montañosos hasta la
latitud de Chiu Chiu, a 2.300 m.s.n.m. En esta sección de oasis
«Mapa de la República de Chile de pie de puna, el río toma una leve dirección al oeste, cruza
desde el río Loa hasta el Cabo de Hornos».
el oasis de Calama y entra en la pampa, donde recibe los efí-
La imagen es el primer pliego de un total de quince.
Pedro José Amado Pissis, 1884. Material cartográfico. meros aportes del río San Salvador. Desde esa latitud, toma
Colección Biblioteca Nacional de Chile,
dirección norte hasta alcanzar el oasis de Quillagua y hace su
disponible en Memoria Chilena.
último giro al oeste hasta su desembocadura,1 un espacio ri-
quísimo desde el punto de vista ecológico en medio del vas-
to desierto. En efecto, el río Loa constituye un hábitat seguro
Río Loa. El Loa es el río más largo y uno de los más
vulnerables de Chile, entre otros motivos por la extracción para más de una veintena de especies de aves y otra fauna
de sus aguas para uso productivo y de aprovisionamiento
local y es considerado un corredor biológico desde el altiplano
en medio de la actual crisis climática.
Fotografía de Guy Wenborne, 2010. hasta la costa, así como para el ser humano.2

24
Desde sus nacientes en el volcán Miño, el Loa crea los oasis de pie de puna.3 Sólo en las riberas del río
extensas áreas de pastos en sus orillas, permitiendo es posible encontrar algunas especies de plantas,
la existencia de un modo de vida estanciero pastoril pues domina la pampa desértica hasta Quillagua,
hasta el presente; en esta sección de su curso supe- a treinta kilómetros del mar, último oasis y lleno de
rior, también ofrece sus generosas paredes para el vida en su pasado prehispánico.4
arte rupestre.
El conocimiento de la profundidad temporal y de
En el trayecto, la cuenca del río Loa alberga diferen- las formas de ocupación de los territorios y su inte-
tes pisos altitudinales entre el altiplano intermonta- racción con la biodiversidad permiten comprender
no de la región, atravesando formaciones vegeta- mejor a las comunidades que hoy habitan estos es-
cionales extraordinarias como el pajonal, ecotono pacios, además de otorgar un sentido identitario a
de camélidos, desplegando verdes bofedales am- las prácticas que en ellos se realizan. Por esto descri-
plios y vegas ribereñas a diferentes alturas, cruzan- biremos a continuación la información arqueológi-
do tolares ricos en diversidad de plantas y sus di- ca e histórica, para luego pasar a la relativa a las co-
ferentes usos en la precordillera, y abriéndose en munidades actuales que habitan estos territorios.5

25
Respecto a la vegetación, hay grandes formacio- Las montañas andinas son consideradas por los
nes regionales: el altiplano intermontano de la pueblos originarios la fuerza vital, controladora del
Región de Antofagasta es rico en diferentes gra- clima y dispensadora del agua para la fertilidad de
míneas y matorrales que constituyen una fuente ganados y cosechas. Los glaciares que dan origen
de recolección y pastoreo de camélidos. En las a los ríos y las cumbres que congregan las nubes
altas laderas de los cerros se crían el pajonal y la de tormenta contribuyen a sustentar sus pode-
yareta; luego la precordillera contiene formacio- res. Al mismo tiempo, el cerro entraña peligros y
nes fuente de muchos recursos medicinales, de esconde fuerzas que pueden desatarse, causan-
construcción y otros usos: el tolar. Las formaciones do desgracias y calamidades. Para los pobladores
azonales están constituidas por bofedales y vegas. que actualmente viven a los pies de estas monta-
ñas, inmersos en este paisaje, los cerros también
Desde cerca de los 2.700 m.s.n.m. ya prácticamen- contienen los espíritus de los ancestros: moran
te no hay vegetación, salvo por los verdes man- en las montañas, razón por la cual son respetadas
chones que crea el río Loa en sus orillas. y veneradas, y envían la lluvia o la sequía como
premio o castigo al comportamiento ritual de los
Un rasgo notable del paisaje altoandino son los mortales.6 Estas ideas son parte de una ontología
cerros, que acompañan esta travesía fluvial hasta andina que se remonta a muchos siglos anterio-
el ingreso del río a la pampa. res, como lo ha demostrado la arqueología.7
El mundo prehispano:
desde el poblamiento al Inca

Pueblos cazadores y recolectores


Es al menos desde hace diez mil años8 que se ini- Hacia el año 2000 a.C., las condiciones sociales y am-
cia la conformación de un paisaje integrado, úni- bientales de este largo proceso de ocupación inicial
co y a la vez diverso, sobre el que se construirán motivaron el desarrollo de nuevos asentamientos,
identidades, con sus procesos de continuidad y más estables y circunscritos.10 En algunos lugares
cambios, para conformar el paisaje humano que con buenos recursos forrajeros, especialmente aso-
conocemos hoy, en el siglo XXI, en torno al río Loa ciados a pastos permanentes, se dieron condiciones Grabados de estilo
Taira en el Alero de Taira,
y sus transformaciones. que estimularon una mayor coexistencia entre los
Alto Loa. Este alero,
seres humanos y los camélidos, promoviendo posi- de unos tres metros
de alto por diez de largo,
Las primeras ocupaciones humanas correspon- blemente una adaptación progresiva que permite
posee un sinnúmero de
den al Arcaico Temprano (11000-8000 AP), un largo dar cuenta de al menos dos ejes de domesticación y petroglifos de
gran belleza. Aquí se
período de grupos cazadores-recolectores en esta también la creación de dos vocaciones socioeconó-
aprecian representaciones
cuenca desde el 11000 al 1400 a.C. Durante este micas de énfasis diferenciados: por una parte, todo de camélidos, suris,
perdices y aves fantásticas.
tiempo, la gente ocupó abrigos rocosos ubicados el sector del Alto Loa, desde el Miño hasta cerca de
Fotografía de Fernando
en las quebradas, como es el caso de los sitios El su confluencia con el río Salado, ofreció las condi- Maldonado, 1986.

Pescador, Chulqui y el Alero Toconce, y también es- ciones necesarias para el pastoreo de dedicación
pacios abiertos. Se movieron a lo largo de la tran- casi exclusiva y asentamientos más bien dispersos,
secta altitudinal, más arriba o más abajo de la que- manteniendo alta movilidad; por otra parte, en los Alpacas en el
nacimiento del río Lauca,
brada, dependiendo de la estación del año, para oasis de pie de puna y en la sección de quebradas
en el bofedal Parinacota.
obtener lo necesario para vivir: agua, vegetación desplegadas entre los 3.000 y 3.600 m.s.n.m., en Al fondo se ven
nublados los Payachatas,
para diversos fines, animales para cazar y canteras la subregión del río Salado, el espacio fue óptimo
conformados por los
para confeccionar herramientas duraderas. Hubo
9
para el paulatino desarrollo de aldeas asociadas a volcanes Parinacota
y Pomerape.
épocas más benignas y otras más drásticas climáti- una economía agropastoril que a nivel regional se
Fotografía de Guy
camente hablando durante este largo período. vincularon siempre con el altiplano de Sud-Lípez. Wenborne, 2017.

27
Todo esto sucede entre 3.000 y 2.000 años antes del presente
en sociedades que siempre mantuvieron las prácticas de caza y
recolección a pesar de las transformaciones. Disminuye la mo-
vilidad y se produce una concentración social que hace eviden-
te, paulatinamente, una tradición cultural, fuertemente enraiza-
da en sus propias formas de vivir. Entre las expresiones que han
acompañado estas sociedades y que perduran al menos hasta
la época colonial, se encuentra el arte rupestre.11
Río Loa y laguna de Chiu Chiu. La existencia de la laguna
Chiu Chiu, también llamada Inca Coya, es todo un misterio
para científicos e investigadores, quienes afirman que es En Caleta Huelén, el área de desembocadura del río Loa,
alimentada por aguas subterráneas provenientes del río
tempranamente se presenta una tradición arquitectónica
Loa que, desembocando por medio de napas en el río
Salado, discurren al costado de la laguna. costera que caracterizará al norte y sur de este eje, todo el
Fotografía de Fernando Maldonado, 2001.
asentamiento característico de la costa arreica, mostrando la
diversificación regional, aunque siempre con vínculos entre
costa y tierras altas.12
Nacientes del río Loa a 3.900 metros de altura;
al fondo, el volcán Miño. Debido a que el río Loa comienza
su andadura a los pies del volcán, este ha quedado Los pueblos cazadores-recolectores nunca dejaron estas ac-
incorporado a la extensa Reserva Nacional Alto Loa,
tividades, que fueron complementarias a los cambios que
un área silvestre protegida única que destaca por
encontrarse a más de 3.000 metros de altura e inserta algunas de ellas procesaron, adaptando una economía agrí-
en el desierto más árido del mundo. Punto de
cola y pastoril, con distintos énfasis diferenciados. En este
referencia para las rutas precolombinas, transitadas por
chasquis y pastores, el volcán Miño ha estado ligado contexto y con la domesticación de camélidos en los Andes,
cosmogónicamente al culto del agua y a la ceremonia
fue evidente el desarrollo de las redes de tráfico de caravanas
de limpieza de canales, pudiéndose encontrar en su falda
y cumbre sitios arqueológicos ceremoniales. de llamas, que luego transportaron diversos tipos de bienes
Fotografía de Fernando Maldonado, 1988.
desde lejanas distancias.13

28
Nacen las aldeas y la agricultura
Los arqueólogos caracterizan el tiempo que trans- se caracteriza por una creciente intensificación de
curre en estas regiones aproximadamente en- las redes de intercambio entre las tierras altas y la
tre los años 1400 a.C. y 900 d.C. como período costa, como demuestran los sitios arqueológicos
Formativo, pues en él se producen transforma-
14
asociados a los senderos y a los puntos de llegada,
ciones socioeconómicas de gran trascendencia a través de artefactos y ecofactos encontrados en
para los pueblos que habitaban este territorio. las rutas: por ejemplo, la gente consumió produc-
tos del mar en localidades de oasis tan alejados del
Durante esta época la llama fue domesticada en litoral como Chiu Chiu, Calama y Quillagua.17
diversos lugares de los Andes, entre ellos en el área
circumpuneña, lo que sugiere diversos centros de Dentro de estas vías de conexión de mayor cober-
domesticación independientes; con toda certeza, tura regional, el río Salado empieza a definir con-
en la cuenca del salar de Atacama, y muy posible-
15
tactos preferenciales con el altiplano de Bolivia, en
mente, en la localidad de Chiu Chiu, donde existió la región de Sud Lípez, y con el salar de Atacama,
una gran aldea con recintos circulares que ha sido evidenciados tanto por el asentamiento como por
llamada Chiu Chiu 200. Aquí vivió una población el flujo de cerámicas y materias primas líticas a tra-
estable de pastores de llamas, complementando vés de senderos sobre los 3.000 m.s.n.m.. Por otra
sus requerimientos con la recolección de plantas y parte, el Alto Loa estableció comunicaciones hacia
la caza del guanaco y otros animales más peque- el oeste con Guatacondo, como muestran los sen-
ños entre los años 800 a.C. y 200 d.C. Este período
16
deros troperos.

29
El Formativo en el río Salado es un período que además, en el Loa Medio y Alto Loa.20 Hacia estas fe-
comprende un tiempo largo y une la época de chas, hay asimismo una horticultura que deja restos
cazadores-recolectores con una época posterior de de producción de maíz en aleros, donde se conjuga
pleno desarrollo agrohidráulico y pastoril hacia los con la existencia de una actividad pastoril, como, por
años 850-900 d.C. 18
ejemplo, en el Alero Chulqui.21

Entre los años 1400 y 500 a.C., la población de este En síntesis, durante este tiempo los habitantes
sector se distribuye en asentamientos habitacio- hacen uso de abrigos rocosos en las quebradas y
nales de dimensiones discretas a campo abierto y espacios abiertos en la pampa y las vegas. Se co-
se caracteriza por un profuso empleo de aleros ro- nocen también las primeras aldeas en el río Salado
cosos como áreas de extracción y trabajo de ma- como Chulqui o Incahuasi y asentamientos aleda-
Río Salado, Atacama. teriales líticos, caza, recolección y vivienda, como el ños a las vegas de Turi.
Este río nace de la
Alero Toconce. La gente parece preferir los ámbitos
confluencia de más
de treinta vertientes de confluencia de ríos en las quebradas altas de la En definitiva, entre los años 100 a.C. y 900 d.C. se si-
termales en una hoyada
zona. A este momento se le asocia un arte rupestre guen ocupando aleros rocosos asociados a la caza,
a los pies del volcán
El Tatio. En su curso de estilo naturalista, con la representación de gran- recolección, vivienda y pastoreo de camélidos; se
medio recibe las
des camélidos grabados en las paredes rocosas y construyen, en el borde de la vega, la aldea de Turi,
contribuciones de
los ríos Toconce y pictografías en rojo de tamaño pequeño dentro de compuesta por recintos de barro con grandes ci-
Caspana y finalmente
los aleros, que muestran camélidos y figuras huma- mientos de piedra, y en la quebrada, la discreta al-
desemboca en el Loa.
Al fondo de la imagen nas;19 también se encuentran fragmentos alfareros, dea de Chulqui.22 Se puede apreciar, por ejemplo,
se divisa el volcán Paniri,
lo que indica la amplitud en el manejo de nuevas la consolidación de una economía agropastoril en
que majestuosamente
vigila toda esta zona tecnologías y sus posibilidades de intercambio, que la riqueza y diversidad de textiles. Además, existe
precordillerana.
hacia el 500 a.C. son más evidentes porque esta al- evidencia de la minería, la metalurgia y un fuerte
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2010. farería se populariza a nivel regional, encontrándose, énfasis en el intercambio de productos. En la aldea

30
de Turi se documenta un tráfico interregional entre cementerio «Regimiento Chorrillos de Calama»
pueblos del Salar de Atacama, el noroeste argen- fue ocupado intensamente en este período, al me-
tino y el altiplano boliviano, asociada a este grupo nos desde el año 880 hasta alrededor del 200 a.C.,
de pastores. Hay cambios también en los estilos de y los materiales cerámicos, líticos y textiles que se
arte rupestre. han encontrado allí permiten asegurar sus nexos
con diferentes lugares del salar de Atacama, del
Paulatinamente, por el mismo curso del Loa, se fue- río Salado y con el extenso cementerio de Topater,
ron afianzando los vínculos entre las poblaciones del a 2.400 m.s.n.m.,24 en donde se puede reconocer,
Loa superior, con los oasis de pie de puna de Calama gracias a la buena preservación de los materiales
y Chiu Chiu en el Loa Medio y Quillagua en el Loa arqueológicos, el desarrollo de un tráfico con bie-
Inferior, alcanzando hasta Guatacondo, una tradi- nes procedentes de la costa pacífica, el altiplano y
ción que ha perdurado hasta tiempos recientes.23 la selva. Hay cestería, algodón hilado, instrumentos
musicales, pescado seco, conchas del mar Pacífico,
El curso medio del río Loa transcurre desde su frutos y semillas.25 Las especies vegetales son de
confluencia con el río Salado, cerca de Chiu Chiu. diversas procedencias, tanto silvestres como culti-
En esta localidad se forma una extensa vega de vadas o domésticas, y entre otros hay quínoa, maíz,
pastos permanentes que fue fundamental para porotos, calabaza y algarrobo. El oasis de Calama
el establecimiento humano. Un comportamiento es un punto neurálgico de encuentro entre sende-
similar se dio también en otro oasis, el de Calama. ros provenientes de los más diversos pisos ecoló-
Ambas localidades son espacios que ofrecen mu- gicos.26 Destaca en esta zona un espacio notable
chas condiciones para la horticultura y el pastoreo, por su largo período de ocupación, datado desde
especialmente por ser cruces obligados de cami- el Formativo hasta finales del siglo XVII: el «sector
nos. De algún modo, cada oasis va conformando Peuco», con varios sitios y fechados correlacionados
una microidentidad regional. En este espacio, el por fragmentos cerámicos.27

31
Descendiendo por el Loa Medio hacia la pampa, El Loa inferior comprende ámbitos de pampa
se encuentra la aldea del río San Salvador, un cur- baja, y especialmente costeros, en el desierto que
so de agua que crece a expensas de aguas sub- se despliega al norte y sur de la desembocadura.
terráneas y que fluye hasta la posta de Chacance, Es un espacio en el que se desarrolla una identi-
paralelo al río Loa. Se trata de un asentamiento dad local que integra elementos propios e inno-
pequeño que entregó muchos datos nuevos, es- vadores en sus prácticas ceremoniales y arqui-
pecialmente sobre el consumo de pescado, la tectónicas, donde destacan estructuras de forma
recolección de algarrobo y la movilidad que invo- tumular que, en muchos casos, constituyen mo-
lucró a personas que se movían desde y hacia la numentos funerarios y que son evidentes a partir
costa. 28
Entre este lugar y su desembocadura, de de esta época formativa, como sucede en el anti-
vez en cuando se asoman manchas verdes gracias guo oasis de Quillagua. 31
a una efímera surgencia que, aunque la mayoría
de las veces procede de aguas salobres, ofrece Este lugar fue profusamente habitado y visitado
una nota verde al tránsito de viajeros humanos y desde tierras altas, sobre todo desde el norte por
no humanos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la costa, desde al menos el año 700 a.C.; paulati-
Quebrada Amarga, un lugar en donde se encuen- namente fue configurándose una identidad local,
tra un arte rupestre figurativo que representa pe- con nexos específicos hacia Calama por el norte y
ces y camélidos. Imposible no mencionar el gran
29
la Región de Tarapacá por el sur. Las posibilidades
despliegue de geoglifos que se articulan en torno de acceso a recursos e intercambio con estas zonas
a la ruta y caminos entre Calama y el Loa bajo, par- han sido bien documentadas a partir del estudio
ticularmente en Chug Chug. 30
de sus materialidades, como alfarería y textiles. 32

32
La evidencia más cercana al mar en la historia formativa del
río Loa se encuentra justamente en el ámbito de su desem-
bocadura, en la localidad de Caleta Huelén, extendiendo su
presencia cultural al norte y sur de este punto central. 33

En este largo período, profundas transformaciones en el que-


hacer de las sociedades de esta época se expresan en las
múltiples innovaciones que van incorporando sellos propios a
nivel regional, como el desarrollo de la arquitectura en barro,
la concentración de los espacios de funebria o los magníficos
textiles de lana de camélido, con marcas identitarias que dan
cuenta de las relaciones con otras regiones, por ejemplo, en
cerámica proveniente del altiplano boliviano y del noroeste
argentino. La metalurgia del cobre se expresa en toda clase
de sitios distribuidos por el Loa. Una de las actividades conspi-
cuas desde esta época en adelante es la extracción minera.34
Las evidencias prehispánicas conocidas comprenden más de
diez siglos de explotación desde cerca del 200 d.C. hasta tiem-
pos tardíos prehispánicos, en sitios como San José del Abra, 35
Cerro Turquesa y San Pedro de Conchi, donde se extrajeron
minerales de cobre como la turquesa, crisocola y otros afines,
de alto valor ceremonial en tiempos prehispánicos. Se asocian
a los sitios áreas de acopio, descarte y chancado de minerales,
habitacionales, corrales, bodegas y sectores de uso ceremo-
nial. Sitios semejantes, e incluso El Abra, continúan en activi-
dad en épocas coloniales y republicanas. 36

La base de estas innovaciones ya está lograda. Es una época


de bonanza y bienestar con logros expresivos notables, como
el arte rupestre desplegado en las paredes de los cañones de
los ríos en todo el curso superior del Loa. Escenas fantásticas
de cazadores-pastores, como aquella de la confluencia de los
ríos Caspana y Salado, por ejemplo, 37 y en el Alto Loa, ya des-
de épocas arcaicas. 38

Algarrobo. El Prosopis chilensis o algarrobo es un árbol tolerante a la sequía,


las sales y la arena cuyos frutos representaron una importante fuente de alimento
para los pueblos originarios, encontrándose registros en tal sentido en tumbas
del norte de Chile de hace más de nueve mil años.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

Arriba: Pieza de cobre con forma de camélido. 7 x 6,9 cm.


Colección Museo Regional de Atacama.

Al centro: Puco, cultura originaria Atacameña. Contenedor abierto de perfil simple,


tiene labio redondeado, cuerpo hemisférico y base plana. Elaborado en cerámica
modelada de color anaranjado oscuro. Alto 52 mm, diámetro máximo 136 mm.
Colección Departamento de Antropología, Universidad de Chile.

Abajo: Jarro. Vasija pulida, simétrica, restringida con cuello, inflectada,


con un asa en arco de correa en posición vertical labio-cuerpo.
Alto 91 a 110 mm, diámetro máximo 121 mm.
Colección Departamento de Antropología, Universidad de Chile.

33
Entre los años 400 d.C y 900-1000 d.C., en la cuenca del salar
de Atacama se da un desarrollo muy diferente al del Loa y
sus afluentes, fuertemente vinculado a la cultura Tiwanaku. 39
Hasta donde se conoce, la sociedad loína evolucionó des-
de el Formativo sin mayores influencias de Tiwanaku y sus
comunidades continuaron creciendo e innovando hacia un
marcado dominio de técnicas agrohidráulicas que se hará
evidente hacia los años 950-1000 d.C.

El tráfico de caravanas sigue ampliándose en este tiempo y


los nexos con las poblaciones del salar de Atacama, Loa Medio,
noroeste argentino, Bolivia y la costa arreica continúan. Como
ya lo indicamos, la fuerte presencia de la sociedad Tiwanaku
en el área de San Pedro de Atacama se manifiesta en el Loa
de manera muy diferente y leve. En el arte rupestre del Alto
Loa aparece la figura de un personaje sentado en un altar zoo-
morfo bicápite que representa a la imagen de la puerta del sol
de Tiwanaku, con algunos registros escasos en el Loa Medio40
y en los oasis de Chiu Chiu, Calama y Quillagua. Otro indicador
son los gorros de cuatro puntas, que estarían vinculados a este
tráfico.41 Estos textiles han sido asociados a un religión chamá-
nica, vinculada en tiempos prehispánicos a objetos que alu-
den al uso de sustancias psicoactivas, conocido clásicamente
como «complejo del rapé», un ejemplo más de las estructuras
ontológicas subyacentes en los mundos andinos.

Un aspecto cada vez más presente lo constituyen los caminos


que conectaron el altiplano con el mar y que han sido crucia-
les para los vínculos humanos, los que asumen nuevas alter-
Tableta para aspirar alucinógenos decorada con motivos Tiwanaku. nativas a través del tiempo. Toda la cuenca del Loa y su veci-
Período Medio (500-900 d.C) de San Pedro de Atacama.
na, la del salar de Atacama, están transitadas por estas rutas;
Fotografía de Fernando Maldonado, 2001.
Colección Museo Arqueológico R. P. G. algunas de ellas han sido estudiadas sistemáticamente con
Le Paige, S. J., San Pedro de Atacama.
sus materiales arqueológicos asociados, dando cuenta de las
relaciones de complementariedad entre la cuenca del Loa y la
costa pacífica, y en donde los oasis de pie de puna han juga-
Presencia de vestimentas Tiwanaku en Arica y Atacama.
do un rol fundamental; ello sucede, por ejemplo, con las vías
Un chamán, abajo a la derecha, realiza un «pago» u ofrenda ceremonial
quemando k'oa, incienso extraído de una planta resinosa del lugar. que conectaron Calama y el norte de Tocopilla por la pampa
Lleva un gorro de cuatro puntas polícromo, mientras que el personaje
y Tocopilla con Quillagua,42 incluyendo la localidad de Chug
situado encima lo lleva bícromo, así como una camisa con mangas y faja.
A su izquierda, del cuello del hombre cuelga un siku o instrumento Chug, famosa por sus geoglifos.43 Estas rutas se mantienen
musical de viento, mientras que la señora a sus pies lleva una camisa
activas desde alrededor del 400 d.C. hasta el período colonial,
de parches teñida con técnica de amarras. Ilustración de José Pérez de Arce, 1997.
Fotografía de Fernando Maldonado. Colección Museo Chileno de Arte Precolombino. cuando su uso decrece por la ocupación de otras alternativas.

34
35
Entre los años 1000 y 1400 d.C., en el llamado perío- cultivo,47 a medio camino entre el gran asenta-
do Intermedio Tardío, las sociedades del Loa con- miento del pukará de Turi, los cerros de Cupo y
forman unidades políticas independientes, proba- el magnífico despliegue agrohidráulico vinculado
blemente en algo similares en su organización a la a las vertientes de los pies del majestuoso cerro
forma tradicional del siglo XX. Son sociedades de Panire y también a Topaín. La diversidad de tipos
rango, con jerarquías por prestigio en la función de de asentamiento incluye desde aldeas aglutinadas
ciertos cargos más que por un poder político puro. con muros de circunvalación, conocidos como los
Se trata de autoridades consensuadas para dirigir pukará de Turi y Lasana, hasta poblados en lade-
y organizar a la población en torno al bienestar co- ra, como Likán en Toconce, Talikuna en Caspana,
mún, compartiendo una forma de ver el mundo Paniri en las quebradas intermedias y Topaín, que
que se expresa muy claramente en su arquitectu- fue ocupado desde la base del cerro hasta su
ra.
44
Hay rasgos distintivos en cada lugar habitado cumbre, todos ellos asociados a un patrón estan-
de esa época: poblados fortificados, aldeas en lade- ciero al servicio de una exitosa economía agropas-
ra, grandes extensiones de campos de cultivo con toril, con énfasis diferenciados de acuerdo a la gra-
sofisticados sistemas de distribución del agua. En diente altitudinal48 y con complejos sistemas para
el Alto Loa se encuentran ampliamente represen- el cuidado del agua y la producción asociada.
tadas las estructuras de «muro y caja», que han sido
interpretadas dentro del contexto del tráfico de ca- Estos extensos sistemas agrohidráulicos atesti-
ravanas como sitios de función ceremonial. 45
guan la importancia de las prácticas agrícolas y
una fuerte inversión laboral por parte de estas co-
Hay extensos cementerios prehispánicos en Chiu munidades en la construcción y mantenimiento
Chiu, Lasana y Calama que habían sido ocupados de estas obras de ingeniería, que abarcan com-
previamente y volvieron a utilizarse en esta época.46 plejos sistemas de terrazas, como en Toconce,49
andenes, canales y acequias. Tanto en Paniri como
Se puede asegurar que durante este período, los en Topaín existe una compleja red de canales aso-
habitantes del Loa interactuaron fuertemente con ciada a campos de cultivo; esta última ha sido es-
poblaciones asentadas en lugares distantes y acce- tudiada en detalle y demuestra la existencia de es-
dieron a bienes de todo el transecto costa-altiplano, tas tecnologías a partir de este período, así como
reforzando sus relaciones con el noroeste argenti- sus transformaciones en los siglos siguientes vin-
no y el altiplano meridional de Bolivia, nexos que culadas a ampliaciones y remodelaciones. En defi-
seguirán siendo evidentes en la época incaica y nitiva, un sofisticado sistema de manejo del agua
Vista aérea del poblado
colonial indígena. De ello dan muestra la diversi- para una alta eficiencia, que se demuestra en es- de Turi, zona del río
Salado. La localidad de
dad y multiplicidad de asentamientos en los oa- tructuras de irrigación, reservorios, acueductos y
Turi es una pequeña
sis de Chiu Chiu y Calama, en el valle de Lasana, represas para regar extensas áreas de cultivo. 50 aldea de pastores que
está ubicada junto a las
y en las otras localidades mencionadas. Algunas
vegas de Turi, una zona de
formas del habitar son cercanas a la tradición alti- El cuidado y manejo del agua ha sido una labor bofedales formados por
aguas subterráneas de los
plánica y otras, a la del desierto. constante en estos territorios que debió implicar
deshielos. Aquí se ubica el
una administración coordinada de las diferentes pukará de Turi, la ciudad
fortaleza más grande de
Así, existen aldeas aglutinadas, como es el caso unidades domésticas, así como acuerdos y ten-
la cultura Atacameña,
de Topaín, un poblado en altura sin muro de cir- siones, siempre asociados a un modo de habitar emplazado sobre una
oscura colada de lava en la
cunvalación: un cerro isla, donde se ha seguido el que debió contar con direcciones comunitarias
cuenca alta del río Salado,
ritmo de la topografía para construir los recintos que activaran, en conjunto, las esferas políticas, con construcciones
en piedra volcánica.
de manera muy autónoma, con materiales del tecnológicas y ceremoniales para un uso y consu-
Fotografía de Fernando
mismo lugar asociados a sus propios campos de mo óptimos. Maldonado, 2001.

37
En el plano inclinado que desciende desde el Miño hasta
Chiu Chiu, en los asentamientos ligados directamente al río
Loa, durante este período continúan predominando las vi-
viendas dispersas asociadas a la vida de énfasis pastoril. El
asentamiento de Santa Bárbara perdura en uso hasta fines
del siglo XX, documentando, además, la movilidad de arrie-
ría desde tiempos prehispánicos, pero también coloniales y
republicanos. 51 En alturas superiores a los 3.600 m.s.n.m., los
complejos habitacionales son dispersos y probablemente
utilizados por extensas familias como las representadas en
los sitios de Bajada del Toro Oriente, Taira, Quinchamale y La
Isla, 52 y se relacionan directamente con los recursos para los
rebaños de camélidos, tan necesarios para la reproducción
de la vida en todos los niveles. Gracias a las recuas de llamas,
domesticadas siglos atrás, se organizan y manejan carava-
nas para el intercambio de productos de diferentes ecologías
desde la alta puna hasta el mar. 53
Detalle del Alero Santa Bárbara: pictografía de figura
antropomorfa de estilo Santa Bárbara II, Alto Loa.
En el Alto Loa, estas representaciones se concentran
En Toconce se presenta un énfasis mayor de la tradición al-
alrededor de la localidad de Santa Bárbara, por lo que
algunos investigadores han planteado que la elección tiplánica durante el período Intermedio Tardío, que se inicia
de este lugar guardaría relación con la presencia de un
hacia el 800 d.C. Sus asentamientos ocupan las tierras situa-
ensanchamiento del cañón del río Loa en ese sector,
que habría favorecido los asentamientos y el desarrollo das entre los 3.000 y 4.000 m.s.n.m. de las subregiones de río
de actividades de pastoreo y horticultura a partir
Salado y río San Pedro, en el sector septentrional de la pro-
del período Medio.
Fotografía de Fernando Maldonado,1986. vincia de El Loa y la región de Lípez del altiplano meridional,
en el sur de Bolivia. Se conocen más de una veintena de sitios
de esta filiación en ambas vertientes de la subárea circum-
Alero de arte rupestre en Atacama. puneña, siendo el de mayores dimensiones el sitio de Likán,
Fotografía panorámica de Tomás Munita Philippi, 2018.
en Toconce. Las formas de ocupación del espacio son muy

38
diferentes a las de las poblaciones de la tradición Atacama en la cuenca del salar son más eviden-
del desierto y estos asentamientos cuentan con al tes, sin descuidar otros con el altiplano meridional
menos tres áreas bien definidas: 1) un poblado; 2) y el noroeste argentino. En este sentido, Caspana
Chullpas, que, en términos generales, son estruc- participa de una equilibrada relación entre tierras
turas en forma de torreones con un vano general- altas donde se funde lo «altiplánico» y lo «propia-
mente a media altura del muro, que a veces mues- mente atacameño». 58
tran materialidades asociadas a rituales, y que se
utilizaban como depósitos de almacenaje de ali- Durante este período Intermedio Tardío las gen-
mentos o repositorios funerarios; 54
y 3) extensos y tes del río Loa, especialmente de Caspana y los
complejos sistemas agrohidráulicos. Los estudios oasis, tienen fuertes vínculos con sus vecinos de
arqueológicos realizados en Toconce documentan la puna de Atacama. En el río Salado presentan
ampliamente el uso ceremonial de la arquitectura marcados rasgos de una interacción con el altipla-
chullparia en esta localidad, arquitectura que tam- no, análoga a la que, más tarde, refleja la presen-
bién se encuentra en Turi y Paniri. 55
cia del Tawantinsuyu incaico. Los grandes asen-
tamientos se encuentran en lugares de amplio
En Caspana, junto con una mayor intensidad de dominio visual en altura, como Turi, dominando la
la ocupación, se aprecia una diversificación de los extensa vega en la pampa del mismo nombre, y
espacios utilizados y de los tipos de asentamiento Lasana, construido en el borde del cañón del Loa,
durante este período. Entre los años 1000 y 1500 con aglutinamientos de más de 600 recintos en
d.C. la población vive en aldeas, como Talikuna, y el pukará de Turi, a 3.000 m.s.n.m., y alrededor de
también en estancias en diferentes sectores, a ve- 400 recintos en Lasana, hacia los 2.300 metros de
ces asociados a extensos campos de cultivo y pas- altitud. La admirable pared lítica de este último va-
toreo como Mulorojte. 56 Se enfatiza la ocupación lle está llena del arte de petroglifos y pinturas ru-
de las quebradas y todos los cursos de agua dulce pestres. 59 Controlando el valle, estos asentamien-
permanentes, así como los sectores forrajeros al- tos muy probablemente funcionaron desde esta
tos para el pastoreo, desarrollándose una intensa
57
época como importantes centros administrativos
actividad agrícola, basada en andenerías. Los ne- y ceremoniales que se erigieron como lugares pro-
xos entre esta población y el área de San Pedro de picios para la reunión de las poblaciones.60

39
De tamaño considerable, el poblado fortificado escurre ancho y libre de cañones antes de ingresar
de Chiu Chiu, erigido sobre el cañón del Loa, se a la pampa desértica, se han encontrado exten-
encuentra saqueado y fue reusado por lo menos sos cementerios prehispánicos, como Chunchuri.
hasta el siglo XX, de lo que dan cuenta sucesivas En esta zona, el arte rupestre, a diferencia del Alto
edificaciones asociadas al espacio original, cons- Loa, exhibe un énfasis en la representación antro-
truido hacia el año 1000 d.C. Es un asentamiento pomorfa, ornitomorfa y de motivos geométricos,
en el que los restos de maíz son muy abundantes, sugiriendo una variante regional diferente a la de
así como la recolección de frutos de chañar y alga- las tierras altas. Entre los materiales ofrendados
rrobo, junto a corrales usados para los camélidos destacan los textiles.62
domésticos. Un rasgo particular son los depósitos
de almacenaje subterráneos. Hay una vinculación Quillagua, oasis que tuvo bosque de algarrobos,
esencial con el aledaño valle de Lasana: Chiu Chiu tamarugos y chañares y que se encuentra en ple-
aporta agua para el riego de este valle a través de no desierto, entre la cordillera y el mar, fue regado
canales, para un área de cultivo que une en esta generosamente por las aguas del río Loa en el pa-
época ambas localidades. En síntesis, una sólida sado prehispánico, colonial y hasta inicios del si-
economía agropastoril, con significativo aporte de glo XX.63 Tiene una larga historia que vincula a su
la recolección vegetal y su abundante vega.61 población no sólo a las tierras altas, sino también
hacia el área de costa y valles de Tarapacá. Una
En las cercanías del oasis de Calama, cerca de los zona atractiva y obligada para los viajeros que han
2.400 m.s.n.m., donde el río Loa en su curso medio recorrido el desierto.64

40
El Loa en el Tawantinsuyu: la esfera incaica
Entre el año 1400 y el 1536 d.C. aproximadamente, se impone la
presencia inca con la incorporación del área al Tawantinsuyu.65
Esta se habría dado principalmente a través de vínculos políti-
cos, estableciéndose alianzas con las autoridades atacameñas
Oasis de Quillagua.
y recibiendo influencia en la cerámica, religión, arquitectura y El río Loa se presenta superficial en un
valle abierto y ancho en que se desarrolla
la reocupación y creación de caminos que unían los oasis pie-
algo de agricultura con sistemas de
montanos, incorporándolos a una extensa red vial.66 canales para conducir y repartir el agua.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

La presencia del Tawantinsuyu es muy clara también en la


explotación minerometalúrgica. Se intensificaron y perfeccio-
Chullpa en Likan, Toconce.
naron la producción minera, agrícola y ganadera agrícola; se
Estas estructuras con forma de torreón y
agregaron rasgos estilísticos a las artes y en todo su dominio. un pequeño vano, localmente conocidas
como chullpas, tuvieron funciones de
A lo largo y ancho del territorio se construyó el Qhapaq Ñan,
almacenamiento, pero al mismo tiempo
aquella extensa red de caminos longitudinales y transversales, estuvieron sacralizadas por ofrendas
permanentes y en algunos casos
con centros de paso, tampu, y servicios de mensajeros, chas-
cumplieron, también, funciones funerarias.
kiwasi, para administrar y controlar los territorios anexados.67 Fotografía de Fernando Maldonado, 1988.

41
El sistema de «amojonamiento» o demarcación incaico for-
mó parte de una política de organización o reorganización
de los territorios sometidos, que habría operado a partir de
estrategias e instituciones andinas socialmente arraigadas.
El término «medir» parece ser la traducción española a una
serie de prácticas de distribución del espacio social y pro-
ductivo, así como de organización del desplazamiento y las
comunicaciones en un extensísimo territorio. El Qhapaq Ñan
representaba uno de los ejes que ordenaban y articulaban
el sistema de control y dominio del Tawantinsuyu y, en ese
contexto, los «hitos», «mojones» o tupus del camino no pare-
cen ser elementos azarosos del trazado vial. Su distribución
irregular, así como su presencia diferenciada como hitos soli-
tarios, en pares o en hileras, sugiere que se trataba de estruc-
turas cargadas de significado y que pudieron comportarse
como elementos polisémicos, respondiendo a distintos sig-
Pastoreo en Turi. Situado a 3.000 metros de altitud,
Turi es un caserío aledaño a una extensa vega, la cual se desarrolla nificados o funcionalidades según el contexto y las caracte-
a expensas de un afloramiento acuífero proveniente de las aguas
rísticas con que se presentaran.68
termales de los Baños de Turi. El aprovechamiento de la Vega de
Turi es óptimo por parte de varias comunidades, a través de formas
tradicionales de usufructo del recurso. Aunque no siempre existe
Las relaciones que establece el Inca con la población local en
demarcación de la vega, los pastores saben qué sector pueden utilizar.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2010. estos territorios aparentan ser las de una política de integración
que aprovecha el manejo del ambiente y sus recur- las cuencas del río Loa y el río Salado por Colana.
sos de la zona, con fines bien concretos como las Desde allí seguía hacia Paniri y llegaba a Turi, uno
actividades mineras y un sustrato estable de aloja- de los asentamientos que el Inca transformó en
miento, estadía y alimentación seguro, para el trán- un centro administrativo de importancia regio-
sito desde tierras altas hasta la costa y de su movi- nal. A partir de Turi, el camino continuaba hacia el
lidad hacia territorios más sureños. Es por eso que sur, articulando el asentamiento minero de Cerro
se aprecian modalidades diversas de ocupación del Verde y la localidad de Caspana.70 Desde el cerro
espacio y formas de relación también diferentes, al- Pabellón del Inca, puerto de acceso a la zona de
canzando los ejes del dominio ideológico comparti- Lípez, y hasta Chiu Chiu se distingue el camino del
do en el culto a las montañas y/o elaboradas estrate- Inca y su decena de asentamientos asociados re-
gias políticas simbólicas. conocidos, entre los que mencionamos Miño 1 y 2
(Kona Kona) y Cerro Colorado.71
El Qhapaq Ñan ha sido estudiado en todo el vas-
to territorio desde Colombia a Chile central69 y así Todos los caminos se construyeron para acceder
también en las diferentes secciones de su presen- a un bien preciado, pero muy especialmente para
cia en el río Loa. Sobre la base de nuestras pros- comunicar poblaciones, que en este caso repre-
pecciones postulamos que uno de los tramos del sentaron fuerza de trabajo, mediada por arreglos
camino inca penetraba desde el altiplano sur de diplomáticos, de reciprocidad asimétrica, ceremo-
la actual Bolivia, región del Sud Lípez, en un sec- niales y una vasta gama de posibilidades combi-
tor vecino a la actual localidad de Alota y cruzaba nadas con diferentes énfasis, más heterogéneas
por Ollagüe y/o el Portezuelo del Inca, bajando a que uniformes.
La arquitectura inca
En cualquier lugar, una estructura inca se recono- de la localidad de Caspana, el área en general se
ce por su estricto apego a cánones geométricos distingue más bien por su despliegue de comple-
ortogonales y por el predominio de edificaciones jos agrohidráulicos para una agricultura de escala
rectangulares. En el Loa se distinguen claramen- significativa y extensas áreas de pastoreo. En Cerro
te los asentamientos de Miño y Cerro Colorado Verde se puede apreciar como los Inca sacralizaban
(prácticamente a la vera del río), la intervención efectivamente el paisaje, cualquiera fuera la esfera
monumental en el asentamiento preincaico de de realidad que estuviera presente. Asociada a la ex-
Turi y Cerro Verde, cerca de Caspana. Se pueden
72
tracción minera, se construyó una plataforma cere-
distinguir formas de diseño inca, como qancha, monial típicamente incaica, conocida como ushnu.
Qallanqa, Qollqa o ushnu.
Talikuna presenta algunos rasgos arquitectónicos
La sección del río Loa que corre derecho con rum- compartidos: escaleras, hornacinas, muros dobles,
bo norte-sur hasta su confluencia con el río Salado, puertas con dintel de piedra, lajas alineadas en-
se reconoce como Alto Loa y es un sector en don- terradas a modo de cajas y poyos. Cabe destacar
de este afán minero es muy evidente, como pue- que lo incaico se registraría en las distintas clases
de reconocerse en los asentamientos de Miño 1 y de contextos depositacionales y/o funcionales lo-
2, así como en el enclave minero de Qollawasi y cales, mostrando una sugerente relación con los
en el Abra Incahuasi del complejo minero homó- contenedores de líquidos y un énfasis festivo, pero
nimo, de donde se extraía principalmente la seu- también con otras actividades, como la interven-
domalaquita y la calcoalumita. 73
ción de la producción alfarera a través de la incor-
poración de la cerámica «pasta con mica», que a
En río Salado y sus afluentes, si bien hay sitios mi- partir de estos momentos caracterizaría la indus-
neros con impronta inca, como Cerro Verde, cerca tria regional posterior.74

44
La Estancia Mulorojte está en la quebrada homónima, ubica-
da en las faldas de la ladera norte del cerro Morros de Cáblor,
al sur del río Caspana, aprovechando un pequeño anfiteatro
natural a una altura de 3.800 m.s.n.m.. Aunque este sitio es
de envergadura menor que Talikuna, su localización es muy
Terrazas de cultivo del pueblo de Caspana.
privilegiada en cuanto a recursos para las actividades agro- Esta forma de cultivo en las laderas andinas,
también llamada de andenes, consiste en planicies
pastoriles. Se encuentra a tres kilómetros de las vegas de
escalonadas delimitadas por pequeños muros, que
Cáblor, a una distancia similar de las vegas de Chita y del prin- son regadas por inundación, permitiendo que el agua
circule entre ellas por gravedad a través de canales.
cipal tributario del río Caspana, la laguna de Qoyer.75 Como en
Asentados principalmente en oasis, valles y quebradas
Talikuna, algunos rasgos arquitectónicos incaicos del sitio son del Alto Loa, estos pueblos Atacameño y Quechua
usaron esta tecnología para aprovechar el agua en los
las «cajitas» de piedra, las hornacinas, algunos muros dobles
terrenos de laderas y trasportar el agua para contribuir
y los poyos, mientras que la cerámica también da cuenta de a la seguridad alimentaria de sus comunidades.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
que durante el período Tardío el Inca intervendría sobre las
distintas actividades domésticas, produciendo cambios en la
producción alfarera local y un incremento de los contenedo-
Arquitectura indígena en el poblado llamado Cupo,
res para líquidos, posiblemente por un aumento de la activi-
en la zona de la ladera suroeste del volcán Paniri.
dad festiva,76 vinculada al trabajo y a ceremonias. Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
En ambos asentamientos existen evidencias de una actividad
muy singular que habría representado el nexo entre la pobla-
ción local y el Inca, un vínculo de eficacia simbólica dentro de
las formas de dominación. Tanto en un recinto de Talikuna
como en otro de Mulorojte se han encontrado unos peque-
Vista aérea del ayllu de Catarpe. Ayllu es una palabra indígena
ños objetos líticos grabados de forma piramidal de aproxima-
para referirse a la comunidad y al terreno que ocupa.
En la meseta, se pueden observar las ruinas del centro damente 2 x 2,5 centímetros en la base y 1,2 centímetro en la
administrativo desde donde el Inca controlaba el tráfico
punta, que han sido reconocidos como una especie de dados
de productos desde y hacia los oasis del salar de Atacama.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2010. usados en esta época por parte del Inca o su representante.
Al parecer, el juego de la pichca y otros sirvieron al Inca para
ganar tierras para sí y, al mismo tiempo, para donar y entregar
Arriba: Pieza arqueológica perteneciente al juego de dados, tierras.77 Dentro de la estructura de organización sociopolítica,
proveniente de excavaciones realizadas en Mulorojte y aldea
extendida al Collasuyu, se trataría de formas de dominio y tras-
Talikuna (cerca de Caspana). Se encuentra en la Facultad
de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. paso del poder local al aparato estatal.78
Desde tiempos del Inca, se habrían utilizado estos dados tanto
con fines lúdicos (el juego de la pichca) como con fines rituales.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2004. Una de las manifestaciones de arte rupestre asociadas al Inca
Abajo: Grabados de estilo Santa Bárbara I, Alto Loa. se encuentra en Quebrada Seca, cerca de Toconce:79 se tra-
En un bloque rocoso de la rinconada homónima se aprecian
ta de la representación, esculpida en un peñón, con el moti-
representaciones de caravaneros y llamas cargadas.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986. vo de terrazas agrícolas y canales, coronada por petroglifos

46
formados por una hilera de camélidos ejecutados con líneas
rectas. Hay maquetas de campos de cultivo que también
se encuentran en el cañón del río Loa, cerca de Chiu Chiu, y
que han sido vinculadas a la ocupación incaica.80 En cuanto
a otras escenas, predomina la representación de camélidos,
que generalmente aparecen como diseños independientes o
en escenas de caravaneo, atados por una soga y guiados por
una figura humana, también de manufactura esquemática.81

De acuerdo a los pobladores de tierras altas del Loa del siglo XX


entrevistados por nosotros, el Inca renombró algunos lugares y
cerros, de algún modo apropiándose y compartiendo el paisa-
je a su gusto.82 Por ejemplo, Topaín, al que nos hemos referido,
puede ser una modificación de Topa Inca Yupanqui, porque
justamente está a medio camino de un trazado del Qhapaq
Ñan que une las localidades de Cupo, Paniri y Caspana, pa-
sando a sus pies. De algún modo, al renombrar e intervenir el
paisaje el Inca se apodera de él y ejerce su dominio.83 En esta
misma categoría de eficacia simbólica entrarían las represen-
taciones de los pequeños «dados» líticos ya descritos.

47
Recreación de la toma
del pukara de Quitor
por Francisco de
Aguirre. La fortaleza
de Quitor, defendida
De la época colonial a las repúblicas
por los campesinos La dominación ibérica en el continente america- localidades de estancias en los pisos altos a partir
guerreros de Atacama,
no produjo cambios y transformaciones irreversi- de los 3.000 metros de altitud; por tanto, en esta
fue finalmente abatida
por Aguirre, quien bles en las sociedades prehispánicas, 84
a menudo repartición queda comprendida gran parte de la
ordenó de inmediato
violentos y dolorosos para la población originaria cuenca del Loa. En su jurisdicción también que-
la decapitación de
los derrotados, cuyas de toda América, de México al sur. A los proble- daba incluida la ensenada de Cobija, en la costa
cabezas fueron clavadas
mas iniciales, como cambios en la dieta, formas arreica, un punto de llegada de los tantos caminos
en picas en los muros
del pukara. Ilustración de trabajo y epidemias, se unieron otros aspec- que conectaban tierras altoandinas y costa pacífi-
de José Pérez de Arce,
tos, como el proyecto de evangelización, todo ello ca.86 Dentro de los hitos presenciales tempranos
1997. Quitor, San Pedro de
Atacama (ca. 1550 d.C.). derivado de una política expansionista sin prece- de esta época, destaca la construcción de la igle-
Fotografía de Fernando
dentes en estas latitudes. En definitiva, se enfren- sia de Chiu Chiu en el siglo XVI.
Maldonado. Colección
Museo Chileno de Arte tan dos modos de ser en el mundo, de habitar, de
Precolombino.
percibir el tiempo y el espacio, de hacer historia. 85 En términos generales, en los papeles coloniales
la población de las tierras altas de la Región de
Hacia 1560 (de acuerdo a las delimitaciones ad- Antofagasta es mencionada homogéneamente
Río Loa, sector de pukara
ministrativas coloniales), el Corregimiento de como Atacameña. La burocracia colonial identifi-
de Lasana. El pukara
de Lasana está ubicado Atacama quedó comprendido dentro de la có bajo ese nombre a toda la población que habi-
en un pequeño valle,
Audiencia de Charcas, dividido entre Atacama taba el territorio delimitado por la Administración
donde los lugareños
mantienen sus huertas La Alta y Atacama La Baja, que tuvo como ca- española como Atacama, señalando que habla-
gracias a las aguas del río
beza de doctrina a Chiu Chiu, los pueblos de ban una lengua «por sí»,87 la lengua cunza, hoy
Loa. Fotografía de Guy
Wenborne, 2012. Ayquina, Caspana, Calama, el asiento de Conchi y prácticamente desaparecida.

48
Durante los siglos XVI y XVIII, en Atacama La Baja nacientes del río a los pies del volcán Miño,90 ya
hay una fuerte presencia de forasteros, especial- que este territorio conecta con localidades de la
mente de gente de Lípez y Pica. Estas personas actual Región de Tarapacá.
coinciden en Chiu Chiu y Calama, lugares inevi-
tables en el tráfico entre la costa de Cobija y el Además de esta movilidad a larga distancia, la
altiplano. En las tierras altas del río Loa, aunque gente de ambas Atacamas se mueve a distancias
ambos grupos buscan espacios con buen forraje de uno a cuatro días de camino dentro de su terri-
para actividades ganaderas, ocupan diferentes lu- torio, viviendo por largos períodos en esos lugares
gares. En los registros eclesiásticos del siglo XVII, o transitando por temporadas, tal como acontece
los lipes aparecen asentándose en lugares como al menos hasta mediados del siglo XX. Hubo con-
Ayquina, Caspana, Toconce e Inacaliri, situados to- tactos frecuentes entre ambas Atacamas, sea a ni-
dos sobre los 3.000 metros de altitud en las subre- vel de unidades domésticas y de sus actividades
giones de río Salado y río San Pedro, afluentes del económicas, sea en razón de situaciones coyuntu-
Loa. Se llega incluso a decir que Atacama es «tie- rales que debieron afrontar conjuntamente, como
rra de Olipes».88 En cambio, los de la doctrina de la rebelión indígena del siglo XVIII, liderada en la
Pica ocupaban las estancias ganaderas ubicadas región por el ayquineño Tomás Paniri.91 Tomando
en los bordes del río Loa,89 posiblemente en aquel en consideración estas situaciones, se puede ase-
sector del Loa superior en donde el plano inclina- verar entonces que existe una diversidad en las
do asciende paulatinamente desde la actual loca- poblaciones, basada en esta trama de relaciones
lidad de Conchi, pasa por Lequena y alcanza las tejida por diferentes grupos.

49
Bosquejada la población indígena y su movilidad En los inicios de la colonización, Atacama es perci-
territorial, interesa ahora revisar un aspecto de la bido como una ruta entre el virreinato del Perú y la
Administración española en los siglos XVI y XVII Capitanía General de Chile y, más singularmente,
para Charcas y Atacama, de acuerdo a los docu- como un nexo entre la costa pacífica y el altiplano
mentos coloniales. Se trata de la actividad ecle- oriental. Esta situación de tránsito perdura hasta
siástica y, particularmente, del proceso de evan- bien avanzado el siglo XVI y en ese sentido, se con-
gelización y la religión indígena. Estos problemas, sidera que este territorio representaría un caso de
por lo demás inseparables en este contexto, tocan «conquista retardada» en términos de su some-
directamente este tema de estudio y son también timiento; durante este período, la conducta de la
parte del ambiente necesario para comprender y población local hacia los españoles es, en general,
situar la extirpación de idolatrías en Atacama. más bien hostil, y la reacción hispana, explícita-
mente violenta hacia los indígenas.93
Es posible delinear la actividad eclesiástica en estos
territorios, desde 1536 hasta fines del siglo XVII, prác- No obstante, aun cuando no pueda hablarse de
ticamente año a año, aunque los datos se encuen- una evangelización efectiva en la primera mitad
tren dispersos en distintos trabajos y manuscritos del siglo XVI, sabemos que en toda empresa de
y su calidad no sea pareja. Para introducirnos en el conquista española en los territorios americanos
tema recurriremos inicialmente a las síntesis ela- siempre estuvo presente la figura del cura. En este
boradas por Vargas Ugarte, Barnadas y Casassas, 92
sentido, ya en 1536 junto a Diego de Almagro viaja-
pero al mismo tiempo a otras fuentes particulares. ban sacerdotes que probablemente cantaron sus

50
misas en Atacama; la misma situación se vivió en durante el siglo XVII, una época de fuerte evangeli-
1540, durante la estadía de dos meses de Pedro de zación y extirpación de las idolatrías en los Andes a
Valdivia en las tierras atacameñas.94
partir de los mediados de la centuria.

Pero no es sino hasta 1557, un año crucial para los El territorio de Atacama, para los efectos eclesiás-
indígenas de toda la región, cuando conocemos ticos de su evangelización, quedó comprendido
acciones más concretas por parte del clero dentro en un principio en el Obispado del Cuzco, fundado
del proceso de evangelización que va de la mano en 1538; a partir de 1552 formó parte del Obispado
con la incipiente pacificación de Atacama. La paz de La Plata, situación que perduró hasta que estas
se sacralizó no sólo con rituales andinos, sino tam- tierras quedaron incluidas en el espacio geopo-
bién con el consentimiento de los indios Atacamas lítico chileno a fines del siglo XIX. Como señala
de ser bautizados y con el deseo de los españoles Casassas, la administración parroquial parece ha-
de ponerlos en conocimiento de la «santa fe católi- ber estado siempre a cargo del clero secular, tan-
ca», situación en la que se vieron asimismo involu- to en el curato de Atacama La Alta como en el de
crados inicialmente los indios de Casavindo, al otro Atacama La Baja. Don Fernando de Altamirano
lado de la cordillera.
95
es el primer sacerdote del que se tienen noticias.
En 1614 declara que hacía «muchos años» que ha-
Gracias al laborioso trabajo de José María Casassas, bía sido cura y vicario de la provincia de Atacama
contamos con una información mucho más de- y posteriormente fue nombrado para una Ración
tallada de la actividad eclesiástica en Atacama en la Iglesia Metropolitana de La Plata.96

De izquierda a derecha:
«El primer embajador
de Uascar Inga
al embajador del
emperador de Castilla:
Diego de Almagro y
Martin Guaman Malqui
de Ayala, hacia 1600.»

«Fraile franciscano con


un indígena, hacia 1600.»

«Visitador eclesiástico
golpeando a una mujer
indígena, siglo XVI.»

«Indígenas orando en
una iglesia, siglo XVI.»

Todas las imágenes


pertenecientes a:
Felipe Guamán
Poma de Ayala.
Nueva corónica y
buen gobierno (codex
péruvien illustré).
París: Université
de Paris, Institut
d'ethnologie, 1936.
Colección Biblioteca
Nacional de Chile,
disponible en
Memoria Chilena.

51
A partir de 1611, se cuenta con la valiosa información principal del pueblo de Ayquina; su curaca don
que entrega el Libro de Varias Ojas de la parroquia Diego Tocoa y Estevan Sotar y Andres Viltiquibir, al-
de Chiu Chiu, que ya hemos mencionado. Como en caldes de este pueblo. El sacerdote a cargo les soli-
tantos otros casos referidos a Charcas, cuando los cita que cada pueblo entregue a la Iglesia una cha-
papeles se encuentran, desaparece la idea de mar- cra de trigo y maíz para el sustento de la doctrina.
ginalidad para dar paso a una visión llena de con-
tenido, mucho más cotidiana y compleja a la vez. En 1622 entra en escena el cura Francisco de Otal,
Fiesta de san Francisco,
Estas hojas fueron reunidas por el propio cura de la bautizando a originarios del altiplano de Lípez: «En
patrón de Chiu Chiu.
Cada 4 de octubre época, don Bernardo López, y comprenden desde San Fran[cis]co de Chio chio, en siete de agosto de
en este pueblo se
1611 a 1698. Se deduce, entonces, que desde 1611, la 1620 años, bauticé, puse óleo y crisma a Fran[cis]co
realiza una procesión
en homenaje al santo. iglesia de Chiu Chiu estaba en funcionamiento bajo Condore, hijo natural de Pedro Yana, de Chuquilla,
Fotografía de Tomás
la advocación de san Francisco de Asís. Se efectua- provincia de Lipes, y de Catalina Yero, natural de
Munita Philippi, 2009.
ban matrimonios entre indígenas, tanto en Chiu Quimi, provincia de los Lipes, que han habitado
Chiu como en Calama, que recibía el nombre de dos años en Toconce» [sic] Otal aparece muy acti-
iglesia de Chunchor; también se reconoce la igle- vo en distintos pueblos del Loa, bautizando, casan-
Iglesia de san Francisco
de Chiu Chiu, 1966. sia de Ayquina, con su vicario. Se ofrecen asimismo do, visitando. En 1624 se encuentra realizando ma-
Abajo se aprecia el cauce
los nombres de los principales curacas: don Andrés trimonios en Calama: desposa a Bautista Penca,
del río Loa. Colección
Museo Histórico Nacional. Titicuna, de Chiu Chiu; don Alonso Balter Coquina, «nacido y bautizado en el pueblo de Nuestra

52
Señora de Copacavana de Ayquina, hijo legítimo o Chunchor, particularmente a partir de 1630.
de Hernando Yeri y Catalina Choco, indios lipes del Otra alianza que se manifiesta es el casamiento
pueblo de Cavana»; 97
estos hechos refrendan el entre hombres originarios de Chiu Chiu o Lasana y
fuerte nexo entre gente de Lípez y de Atacama La mujeres del ayllu de Conti Tuqui, de la doctrina de
Baja al que aludíamos para tiempos prehispánicos Atacama La Alta. Mientras se atisba el proceso de
y de paso, nos da a conocer la advocación del pue- evangelización cotidiano, en esencia a través de
blo de Ayquina durante el siglo XVII a la Virgen de los bautismos y casamientos, otras noticias apare-
Copacabana. En el presente se la celebra como la cen en papeles diferentes.
Virgen de Guadalupe, siendo la segunda festividad
religiosa del Norte Grande que congrega el mayor Durante el siglo XVII se reconocen dos pueblos prin-
número de visitantes, más de ocho mil. En la actua- cipales: Ayquina y Caspana y sus estancias asociadas.
lidad, tanta es la afluencia de personas foráneas a la
comunidad por este extendido culto mariano, que La localidad de Caspana está ubicada 85 kilóme-
los comuneros atienden y participan de esta cere- tros al noreste de la ciudad de Calama, en uno de
monia de tres días, alrededor del 8 de septiembre, los afluentes del río Loa, a 3.350 m.s.n.m.. Su ac-
pero hacen su propia celebración durante el mes tual comunidad indígena reconoce como límites
de diciembre, antes de Navidad. 98
de su territorio los cerros del Tatio por el este, el río
Salado al norte (límite con la localidad de Toconce),
Francisco Otal reside, sin duda, en forma perma- la confluencia del río Salado con el Caspana por el
nente en Chiu Chiu y el Libro de Varias Ojas de- oeste (límite con la comunidad de Ayquina) y la lo-
muestra cuánta actividad desplegaba bautizan- calidad de Río Grande al sur.99 En pleno siglo XXI,
do y casando a personas naturales de la zona y aún dispone de sus aguas, que nacen a los pies de
a gente originaria de Lípez, quienes se desposan sus cerros tutelares Coyer y Cáblor y que se captan
entre ellos o con pobladores de la doctrina y sus para la agricultura comunal antes de que fluyan
anexos, como Ayquina, Caspana, Paniri, Lasana hacia el Salado.

53
Ayquina hoy es una aldea de patrón aglutinado. tres cargas de maíz para el cura de Chiu Chiu.
Construida en una quebrada seca en la ladera del En 1619 la comunidad tiene un cacique principal.
cañón del Salado, tiene una población de habitan- Como ya se acreditó, abundan las referencias a
tes originarios y una mayoría que reside temporal- matrimonios y bautizos durante todo el siglo XVII,
mente en su pueblo, en las vacaciones escolares con una presencia significativa de indios lipes, que
y laborales; con ocasión de sus principales cere- residen tanto transitoria como permanentemente
monias la cantidad aumenta muchísimo. Habitan en el lugar. En 1675 aparecen cuentas por «hechu-
en forma permanente el lugar comuneros que no ra de la Iglesia de Ayquina»;100 en las revisitas de
han migrado a la ciudad y otros que regresaron los siglos XVIII y XIX se lo nombra como el pueblo
a reestablecerse luego de su jubilación, situación más pequeño de la región (siete originarios y tres
que es recurrente en toda la cuenca del Salado y forasteros en 1787).
en el Alto Loa. La gente de Ayquina posee más de
diez hectáreas de terrazas de cultivo y una extensa Es el cura Francisco de Otal quien se integra a la
vega aledaña de patrón estanciero. Forma parte segunda campaña de extirpación de idolatrías
de su territorio la extensa vega de Turi, que es de realizada en el virreinato del Perú, ejerciéndo-
usufructo común. la, justamente, sobre los pueblos de Atacama La
Baja. Su probanza de méritos describe con lujo de
La historia de su iglesia se remonta a 1612, dato detalles qué sucedía en estas tierras con las dei-
que, junto con otros, cubren el período hasta 1641. dades de los pueblos, entregando sus nombres y
A modo de síntesis, en 1612 se menciona una «igle- procediendo a quemas y castigos. Relata que fue
sia de Ayquina» y en 1616, el pueblo figura dando avisado de que en la víspera de la noche de san
Juan, coincidente con el solsticio de invierno, los principales
se encontrarían en una cueva para hacer ceremonias paga-
nas, quemar inciensos y asar cuyes en honor a sus creencias.
Luego visita los pueblos y procede a quitarles las figuras de
sus deidades: Socomba en Ayquina, Sintalacna en Caspana y,
especialmente, Sotar Condi, el picaflor, «como aquel a quien
todos los indios de estas Provincias teniamos por Dios tenien-
dolo nuestro Padre en la mano bestido de cumbe con su pi-
llo [cintillo] y Plumas en el de oro y Pajaro flamenco...».101 Esta
habría sido una deidad de tiempos del Inca o inclusive ante-
rior, reafirmada como tal bajo su dominio, y estaría asociada
al oeste, las montañas y el lugar de los difuntos. Los picaflo-
res, cualificados desde tiempos coloniales hasta la actuali-
dad como el pájaro que «renace», se dice que desaparecen
en invierno para retornar en primavera, haciendo referencia
al fenómeno de sopor o letargo estacional durante el invierno
austral. Según algunos autores, eran considerados embaja-
dores divinos de esta estación en que se abren los capullos
y empiezan a germinar las plantas, de modo que contienen
todo un sentido de la fertilidad.102

El proceso de evangelización continuó en estas tierras y hoy


la población andina tiene una férrea fe católica, sustentada
en sus cultos marianos y santos patronos, que concentra
también las fuerzas de la naturaleza y no se contradice con
las concepciones animistas del paisaje.

Durante el siglo XVIII fue el ayquineño Tomás Panire quien


lideró la rebelión regional contra la dominación colonial, vin-
culada a las rebeliones andinas de Tupac Amaru.103 El linaje
de los Panire domina así el paisaje mediante la presencia de
humanos y no humanos, de ancestros y sus descendientes,
hasta la actualidad en el siglo XXI, con la efectiva presencia
del mallku Paniri, cerro tutelar de la comunidad de Ayquina.

A partir del siglo XVII, las poblaciones de la Región de


Picaflor del Norte, valle del Río Azapa.
Antofagasta reciben un fuerte proceso de evangelización. Es
Esta especie (Rhodopis vesper vesper)
así como elementos como el culto mariano y a ciertos santos es la que se considera más común actualmente en el Loa:
se encuentra en Tarapacá y en Antofagasta,
de la cristiandad hace que se convierten en las patronas y
desde Calama hasta los 3.500 metros de altura.
patronos de estos pueblos, y sus iglesias cobijan a la Virgen Tuvo mucha importancia entre las deidades atacameñas.
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2013.
de Guadalupe (Ayquina), de la Candelaria (Caspana) y a san
Francisco (Chiu Chiu). Por su parte, la gente y los territorios de
Toconce y Cupo, que fueron parte hasta el siglo XX de Ayquina
Capilla en la fiesta del patrón san Francisco, Chiu Chiu. La
como tierras de pastoreo altoandino y de grandes extensio-
iglesia, la más antigua que se conserva en Chile,
nes de terrazas para el cultivo sobre los 3.200 m.s.n.m., hoy está construida de adobe, en tanto que su techo fue
levantado en madera de cactus, chañar y algarrobo y
son pueblos independientes, donde Santiago es el patrono
para su ensamblaje sólo se utilizaron amarras de cuero.
de Toconce y san José lo es de Cupo. Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009.

55
La fe en los pueblos andinos es muy sólida y compleja. El culto
mariano y a los santos es, en la actualidad, bastante explíci-
to en cada comunidad, coexistiendo con las deidades de los
cerros y la santa tierra Pachamama. Por ejemplo, san Antonio
de Padua es quien protege a las llamas, pero también es ce-
lebrado en junio en diferentes localidades, como Estación San
Pedro, ubicado en el plano inclinado que baja desde Inacaliri.
En Ollagüe y en Toconce santa Cecilia es la patrona de los mú-
sicos; san Roque, de los perros; y así una constelación de san-
tos son conmemorados dentro del calendario económico ce-
remonial, con una conspicua presencia en las iglesias.104

Durante el siglo XVIII transcurre la vida cotidiana impregnada


Fiesta de san Francisco, patrón de Chiu Chiu.
En las fiestas religiosas de los pueblos del altiplano de alta movilidad entre la vertiente oriental, el río Loa desde las
chileno se mezclan las tradicionales costumbres
tierras altas y la costa. Cada territorio verde en esta transecta
atacameñas con las creencias cristianas.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009. es visitado por el intenso desarrollo y diversidad de la arriería.105

El tráfico de caravanas de llamas sigue siendo una práctica


Fiesta de santa Cecilia en Caspana. propia de los pueblos originarios desde época prehispana,
Santa Cecilia es venerada en su calidad
pero durante el siglo XVI y XVII,106 aunque no desapareció,
de patrona de la música.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009. fue superada por la arriería colonial a lomo de burros, una

56
actividad muy frecuente asociada al tráfico de mi- transformación visual desde camélidos esquemá-
nerales desde el altiplano boliviano a la costa de ticos a caballares o el petroglifo que representa la
Cobija y al traslado de pescado seco desde la cos- cruz del calvario, tal vez también usada para de-
ta hacia el interior.
107
En el siglo XIX, sin dejar estas notar el poder de la evangelización. Otro motivo
actividades, se incrementa el movimiento de ga- recurrente es el tema de los jinetes, que aparecen
nado vacuno desde el noroeste argentino 108
hacia a menudo en paredes rocosas ya intervenidas con
las salitreras pampinas; el tráfico y engorde de ga- figuras prehispánicas.109
nado durante esta centuria involucró fuertemente
áreas obligadas de paso como los oasis de pie de En el año 1879, la guerra del Pacífico significó otra
puna, entre ellos Chiu Chiu y Calama, en donde se vez mucho dolor para tres naciones, sus poblacio-
cosechaban cantidades de alfalfa para los anima- nes y sus territorios involucrados, después de lo
les, forraje esencial en su dilatado viaje por la pam- cual se definen a principios del siglo XX los nuevos
pa hacia las salitreras o la costa. También es una límites geopolíticos que nos rigen hasta el presen-
época de huellas carreteras. te, el río Loa incluido.110

Un rasgo que en ocasiones acompaña rutas y ca- En síntesis, el siglo XIX significó nuevas reestructu-
minos de difícil acceso es el arte rupestre colonial, raciones y rearticulaciones sociales y económicas111
por ejemplo, en la posta de Santa Bárbara, en las para las personas en un mundo de profundos
riberas del Loa, un nodo y paso obligado que co- cambios que, con sus dinámicas y actualmente
nectó hacia la Pampa del Tamarugal y también vertiginosas transformaciones, no ha vencido el
con la ruta a Potosí. Aquí se puede apreciar una amor que la gente siente por su tierra.

57
Paisajes y pueblos originarios en los siglos XX-XXI.
Continuidades y cambios
La población originaria actual de las tierras altas ha sido más pastoril, y los vívidos relatos de don
de Antofagasta se distribuye en las dos grandes Leandro Aimani y don Nicolás Aimani así lo ates-
cuencas de la región: el salar de Atacama y el río tiguan.113 Esta zona del Loa superior ha sido bien
Loa. Mucho se ha escrito sobre ellos en estos dos estudiada arqueológicamente desde sus épocas
últimos siglos y en forma cada vez más creciente, de caza y recolección, actividades que nunca han
consciente y respetuosa, desde sus propios rela- dejado de practicarse. Su historia cubre un lar-
tos, que son vivencias de sus experiencias de vida, go tiempo de ocupación, ligado fuertemente al
sus tradiciones y costumbres que abren caminos modo de vida pastoril con asentamientos disper-
insospechados para comprender esta unidad del sos aledaños al río y caracterizado por su profuso
paisaje en la cual todo cohabita, humano y no hu- arte rupestre en las paredes líticas que flanquean
mano. Lo que nutre esta sección del Loa, así lla- el curso fluvial.114
mada en el siglo XX, pertenece a los relatos orales
que la población originaria compartió con diferen- En la otra sección alta del Loa, la cuenca del Salado,
tes investigadores; muchas de estas personas son la historia también se remonta a épocas pretéritas.
las abuelas, abuelos, madres y padres de los actua- Los generosos relatos de los actuales pobladores115
les pobladores.112 remiten a una economía agropastoril que alcanzó
a ser vigorosa hasta inicios del siglo XX. Luego, pau-
Desde las nacientes del Loa hasta el pueblo de latinamente, ha ido decreciendo debido sobre todo
San Pedro de Conchi, el asentamiento tradicional a la escasez del agua.116 No obstante, la gente que
reside en pueblos y estancias es, sin duda, cohabi- fundamentales en su vida. Los pueblos originarios
tante de un paisaje que organiza su vida cotidiana andinos son devotos de la Pachamama, la santa
Pastoreo en Caspana.
y comparte con todo lo que conforma esta convi- tierra, inserta en sus tradiciones y costumbres.
Esta localidad, ubicada
vencia: cerros, ríos, quebradas, pampas y altiplano, Esta relación implica un despliegue permanen- en la quebrada formada
por el río Caspana,
llenos de vida. Lugares todos cargados de signifi- te de esfuerzos por parte de cada familia a fin de
afluente del Salado,
cación, porque en su forma de concebir, el mundo contentar y potenciar positivamente estas fuerzas se caracteriza por las
terrazas agrícolas, así
está vivo y hay que respetar a todos los elementos telúricas y otras sacralizadas, como los cerros tute-
como por pastizales que
que lo conforman, humanos y no humanos. lares, el agua y, especialmente, los antepasados o permiten el pastoreo de
llamas, ovejas, y cabras.
abuelos, que prodigan la fertilidad y posibilitan la
Fotografía de Tomás
Cada lugar es nombrado, significado y evocado, reproducción de la vida en todas sus expresiones.117 Munita Philippi, 2010.

construyendo una red de vida de honda signifi-


cación para todos y cada uno de sus pobladores. Este paisaje es la estructura, el soporte de las me-
Es un territorio transitado, vívido y vivido, que no morias y de la historia de estos pueblos, aludiendo Agricultores en
Chiu Chiu, Atacama.
deja nada al azar. En estos espacios se construye directamente al poder transformador de la huma-
Esta localidad, bañada
la red de relaciones ecológicas, sociales y políticas nidad en la naturaleza y a la relación de interdepen- por el río Loa y por
el Salado, constituye
bajo una esfera de sacralización dinámica singu- dencia con ella,118 al mismo tiempo que les hace
uno de los mayores
lar. Esta forma de ver el mundo tiene continuida- parte de una ontología andina enraizada en una centros de producción
agrícola de la zona.
des y también cambios hasta el presente. De igual tradición social que, a pesar de las múltiples trans-
Fotografía de Tomás
modo, ciertas entidades, como los ancestros, son formaciones a través de los siglos, los sustenta. Munita Philippi, 2010.

59
El sistema de veneración a las altas cumbres está, mallku o señores; en estas alturas se encuentran
de alguna manera, relacionado con el culto de los las «mesas», altares donde las divinidades viven go-
antepasados en tres niveles de sacralidad ascen- zando de una muy buena vida, tomando alcohol
dente: el nivel más inmediato estaría compuesto y mascando coca.119 Fundamentalmente la rique-
por los parientes fallecidos, cuya disposición guar- za de los cerros se mide por sus minerales, porque
Los comuneros vuelven da cierta relación con la ubicación de los volcanes tienen agua y porque son dueños de los animales
a casa después de la
tutelares, que reciben ofrendas y sacrificios duran- que han prestado a los seres humanos. Por lo que
tradicional fiesta de
«limpia de canales» te las ceremonias del calendario ceremonial. El se- tienen y especialmente por lo que dan. La idea de
en Toconce. Es tradición
gundo nivel sería el de los «abuelos», «gentiles» o que originalmente fueron seres humanos, los au-
de los pueblos andinos
realizar la limpia de «antiguos» moradores precolombinos de la región, toriza a poseer ciertas cualidades, como la avaricia
canales de regadío de
que son profundamente reverenciados y a los que y la generosidad para con ellos. Según los conoce-
forma comunitaria, a
la vez que como rito hacen ofrendas y sacrificios en los lugares en que dores de las costumbres en los pueblos, no todos
propiciatorio agrícola.
moraron, clasificados como «abuelares», «gentila- los cerros son hombres: hay algunos femeninos a
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2009. res» o «antigüedades», y que comprenden pobla- los cuales se les confiere mayor riqueza. El poder
dos, silos, corrales, terrazas de cultivo, canales y de los mallku está impregnado de la capacidad y
otros vestigios hoy abandonados; esta reverencia el poder del Inca.120 El dominio inca en la región fue
Limpia de canales, de que son objeto los «gentiles» se basa en su sabi- tan gravitante, que hasta hoy se encuentra presen-
Toconce. Las ofrendas
duría. El tercer nivel, representativo de la más alta te en la toponimia, la tradición, el mito y el culto
de vino, chicha, harina
y hojas de coca forman sacralidad, estaría compuesto por las achachilas hacia los cerros, donde el Inca habita, modifica el
parte de este evento
–combinación de antepasados elevados a niveles paisaje y ejerce control sobre el destino del mundo.
ritual en el que se
solicita que el agua corra míticos y lugares de origen de los linajes–, que han Los ritos de las comunidades actuales en el calen-
todo el año por el canal.
adoptado la forma de cerros, volcanes, piedras u dario ceremonial a lo largo del año, tales como la
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2009. otros lugares prominentes y que son denominados «limpia de canales» o el «floramento del ganado»,

60
también invocan constantemente la presencia de producir lluvias benéficas para una buena siem-
las altas cumbres. De esta manera, se presentan bra y para los pastos del ganado es explicitada en
serios indicios para considerar que la existencia de las peticiones que se le hacen con ocasión de la
una creencia sobre la sacralidad de los cerros en las limpia de canales.123
quebradas altas de Atacama tiene bastante más
de un milenio de vigencia.121 En la zona, cada unidad doméstica tiene un orden
en el nombrar a los mallku y así también los pue-
De cerro negro p’allá tenían plata enterrado, los blos; algunos, como el volcán Linzor, contienen en
gentiles. Y después vinieron los reinca. Dicen que sí la dualidad masculino/femenino (mallku tata y
trajinaban a los reinca en andas. Los reinca con- mallku talla).
versaban con cerro, con todo; aquel cerro que se
ve allá en el San Pedro... en medio del cerro hay Junto a toda esta religiosidad, durante el siglo XX,
un volcán. En una peña hay una iglesia de los los pobladores del Loa enseñaron y transmitieron
reinca. Ahí dicen había campana de oro. 122
sus conocimientos sobre los pisos ecológicos, la
flora y la fauna, constituyendo una sistematicidad
Hay una jerarquización de los mallku, wamani o científica diferente de la ciencia académica, de la
apus en cada región de los Andes y las tierras altas cual esta se ha nutrido.124 Estos conocimientos, in-
del norte de Chile, no es una excepción. Algunos sertos en una filosofía y ciencia indígenas entrete-
son muy poderosos y ricos, como Paniri mallku, jidas en la vida cotidiana, son parte del patrimonio
también llamado mallku Paniri. Mallku Paniri es la de nuestra nación pluriétnica, que en tanto sean
deidad tutelar más significativa para la gente de valorados, contribuirán a la construcción de nues-
Ayquina. Aunque es invocado en la mayoría de las tra identidad sobre la base de las diversidades que
costumbres tradicionales, su capacidad de hacer la conforman.

61
La arqueobotánica ha logrado producir un conocimiento
cada vez mayor de los restos vegetales de los sitios arqueoló-
gicos,125 lo que viene a confirmar la larga tradición de saberes
sobre el paisaje que hoy tienen los pueblos originarios.126 En el
Loa, las etnocategorías ecológicas y las unidades de vegeta-
ción son, en cierto sentido, análogas a la ciencia universitaria;
sin embargo, las categorías indígenas son más comprehensi-
vas y, en su integración del paisaje, nos dan a conocer no sólo
la geomorfología, los pisos altitudinales o la fisonomía de la
vegetación, con sus usos y función, sino también cómo son
integrados en su sistema de costumbres y tradiciones. Las
especies vegetales son utilizadas como medicina, forraje, ali-
mento, construcción, para artesanías y para rituales, al tiem-
po que son incluidas dentro de distintas unidades del paisaje:
la chacra, el campo tolar, el cerro donde crece el pajonal de
gramíneas altoandinas y plantas en cojín tan valiosas como la
yareta, prácticamente el mejor combustible natural del mun-
do.127 No son escogidas al azar por los seres humanos: como
en otros ámbitos, son nombradas, seleccionadas, clasificadas
y utilizadas de acuerdo a los principios normativos de cada
cultura, que también define cómo, dónde y cuándo recolec-
tarlas. El color de las hojas, la calidad del humo que producen
o el color de las flores, por ejemplo, son cualidades con un
valor cultural, que orientan sus taxonomías tradicionales.

Veamos algunos ejemplos sobre la fauna silvestre y


doméstica.128 Los restos arquefaunísticos y arqueobotánicos
recuperados en los sitios estudiados durante la época
prehispánica demuestran la utilización de una amplia
variedad de especies, tanto silvestres como domésticas. En el
caso de los restos faunísticos, se observa una gran diversidad Arriba: Zorro chilla (Lycalopex griseus),
Parque Nacional Pan de Azúcar.
taxonómica que va disminuyendo con el paso del tiempo. El
Este zorro es una especie muy adaptable,
registro se compone mayoritariamente de guanacos (Lama pudiéndose encontrar en climas tan adversos
como las planicies desérticas del norte de Chile.
guanicoe), vicuñas (Vicugna vicugna) y llamas (Lama glama).
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2007.
Junto a ellos se encuentra abundante fauna menor, para
Abajo: Vizcacha (Lagidium viscacia)
diferentes usos como materias primas, fines alimenticios en el salar de Surire. Este roedor habita en zonas
cordilleranas, en terrenos secos y pedregosos
y, probablemente, otras funciones que en algunos casos la
donde pueda esconderse de los pumas.
etnografía documenta como de uso ritual. En este variado Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2013.

conjunto se encuentran roedores como vizcachas (Lagidium


viscacia), chinchillas (Chinchilla lanigera), cholulos (Ctenomys
sp.), ratón chinchilla o amo (Abrocoma cinerea), además de Flamencos chilenos (Phoenicopterus chilensis)
en la laguna Chaxa. Este cuerpo de agua superficial,
zorros (Pseudalopex griseus). También aves como suri o ñandú
situado en el centro del salar de Atacama, es considerado
(Pterocnemia pennata tarapacensis) y parinas o flamencos uno de los mejores lugares de Chile para observar
flamencos ya que sus aguas, ricas en plancton y
(Phoenicoparrus andinus y Phoenicopterus chilensis), de
microinvertebrados, permiten a estas aves alimentarse.
las cuales se han recuperado asimismo cáscaras de huevos. Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2017.

63
Plumas y huevos son preciados hasta hoy en donde los gentiles o chullpas habitaron la tierra
términos nutricionales y rituales. Se registran, antes de la salida del sol; eran seres sabios en
además, tortolitas de la puna (Metriopelia aymara), íntima comunicación con la naturaleza.131 En este
kiula o perdiz de la puna (Tinamotis pentlandii), tiempo anterior a la domesticación de los animales
aves acuáticas como las taguas (Fulica cornuta y plantas, la llama de los chullpas (los antepasados
y gigantea) y piuquén o guayata (Chloephaga anteriores al Inca) era la vicuña; la perdiz o p’isaqa,
melanoptera). 129
Sólo en un yacimiento ubicado su gallina; su quínoa y papas corresponden a
en la serranía de Tuina se registraron algunos variedades silvestres actuales. Los gentiles están
Chañares. El Geoffroea
restos de taruca (Hippocamelus antisensis), ahora asociados a un mundo de continuidad entre los
decorticans destaca por
su extraordinaria adaptación inexistente en el área de estudio pero que, debido seres humanos y las deidades.132
al clima árido. Sus raíces
a las condiciones más húmedas y favorables,
alcanzan siete metros
de profundidad y forman durante el Holoceno Temprano habría alcanzado En la zona del río Salado, en la región del Loa su-
un impresionante sistema
una mayor distribución. 130
perior que comprende comunidades asentadas
entre las plantas.
Fotografía de Guy entre los 3.000 y 4.200 metros de altitud así como
Wenborne, 2012.
El conocimiento de la fauna en el mundo andino los pastores que viven en estancias en el Alto Loa,
está íntimamente ligado a todos los niveles del en Arcas, Ichunito, Santa Bárbara o Taira, por nom-
paisaje, y las personas originarias se refieren a ella brar algunos lugares,133 las llamas son consideradas
Taguas. La Fulica
haciendo alusión a los lugares que habita, de qué se la mayor riqueza. En todo el mundo andino, tener
armillata no sube a
zonas cordilleranas y alimenta y su utilidad práctica para el ser humano. un rebaño de llamas numeroso era fundamental
típicamente habita en
Además, existiría un orden cosmológico o natural por su valor ceremonial y práctico, a la vez que un
lugares de aguas calmas.
También se registra en la en el que todos estos elementos tendrían un ahorro frente a gastos imprevistos de la unidad fa-
desembocadura del Loa.
«dueño», ya sea humano o no humano, divinidades miliar. Cada llama provee en la trasquila de seis a
Fotografía de Guy
Wenborne, 2014. o antepasados. Existe un tiempo mítico primigenio ocho kilos de lana. Salvo muerte por accidente, no

64
se consumen ni venden sino en ocasiones de cere- Los ovinos han llegado a ser mayoritarios en las
monias específicas, dentro de un ciclo calendárico vegas. En los pueblos también se mantienen
religioso anual bastante lleno de conmemoracio- ovejas, las cuales reciben pasto (alfalfa y unquillo,
nes, casi mes a mes en promedio. Las llamas son Baccharis juncea, y otras especies)134 en el corral,
las que tienen más movilidad y su ciclo anual com- antes de mediodía; después son conducidas a la
prende distintos pisos ecológicos. vega por el pastor y sus perros. La oveja no puede
pastar sola, como es el caso de llama y alpaca. Se
En cuanto a las alpacas, a principios de 1990 el Servicio la lleva también a la quebrada y se utiliza, además,
Agrícola Ganadero (SAG) ofreció en esta zona a cada la broza de las andenerías y las champas del canal
unidad doméstica el regalo de cinco alpacas, a con- de riego.
dición de que luego les fuera devuelto un ejemplar.
Todas las unidades que se consideraron capaces de Los caprinos son una adquisición más tardía y
cuidarlas aceptaron el total ofrecido o, al menos, un aunque son valorados por su leche (para elaborar
macho y una hembra reproductivos. En los pisos quesos, consumo familiar, intercambio interno y
más bajos (3.000 m.s.n.m.) las alpacas se mantienen venta), son considerados remolones para pasto-
todo el año en la vega, específicamente en el corral, rearlos y más lentos que las ovejas. En la segunda
alimentadas con alfalfa; en la mañana y en la tar- mitad del siglo XX, un caso de manejo se desarro-
de se llevan a la vega a comer pasto fresco y tomar lló en la localidad de Turi. Los lugareños organiza-
agua. En lugares más altos (3.400 m.s.n.m. y más) ron una cooperativa para poner en marcha una
la alpaca se deja libre en la transición tolar-pajonal, lechería con el fin de producir queso de cabra. El
pero en un radio relativamente cercano al pueblo. resultado fue tan exitoso que en esa época el pro-
Hay variedad de pastos frescos y agua suficiente ducto se comercializó incluso en los supermerca-
para que beban en las vertientes y ojos de agua. dos de Calama.

65
Las unidades familiares residentes en el Loa suelen a la situación particular de cada unidad doméstica,
tener algunos burros, principalmente para trans- para buscar apoyo externo cuando disminuye la
porte y carga, a veces en pequeñas recuas para el cantidad de pastores debido a que los niños deben
intercambio entre comunidades. Hasta mediados ser enviados a escuelas de concentración de fron-
del siglo XX, según cuentan los antiguos poblado- tera o a la ciudad más próxima, al servicio militar
res, las caravanas de llamas partían de Copacoyo y obligatorio para los muchachos o al trabajo de mi-
Toconce hacia Atacama en marzo y abril, época de nería, ferrocarril, turbinas, vialidad u otros servicios,
recolección de los frutos de chañar y algarrobo en en el caso de los jefes de familia. Para solucionar la
los oasis de pie de puna. Los arrieros (caravaneros) falta de pastores se recurre al pasteaje por períodos
iban en burro, conduciendo de diez a veinte llamos definidos entre las partes: así, una pastora puede
cargados con charqui. tener una cantidad en pasteaje, por ejemplo, de 30
corderos para pastorearlos con los propios, si su re-
El pastoreo es preferentemente realizado por mu- baño no excede de unos 60 a 70 ovinos.135 Hay una
jeres. A partir de mediados del siglo XX y por razo- fina práctica de rotación ganadera entre los pisos
nes vinculadas al sistema escolar, los niños de ocho ecológicos y las unidades del paisaje con el fin de
a diez años de ambos sexos y adolescentes sólo maximizar la diversidad del forraje y obtener una
pueden ejercer esta tarea en las épocas de vaca- buena alimentación, multiplicación y mantención
ciones. Existe la flexibilidad necesaria, de acuerdo del ganado, camélido principalmente.

66
Minería, pasado y presente136
En plena globalización del siglo XXI, en este mundo coexisten
comunidades más y menos tradicionales. Toda la población Pastoreando en los tapiales del ayllu
Conde Duque, San Pedro de Atacama.
habla castellano y se mantiene conectada con los centros ur-
Las aguas del río San Pedro permiten que,
banos por temas vinculados mayormente a la educación, el mediante canales de regadío, el ayllu
Conde Duque cuente con predios de alfalfa,
trabajo asalariado y el comercio de su producción agrícola y
destinada a la alimentación del ganado ovejuno.
ganadera, esta última cada vez a menor escala. Es notoria la Fotografía Fernando Maldonado, 1984.

incorporación de elementos de la cristiandad a partir de la


fuerte extirpación de idolatrías, como el culto mariano y la
veneración de ciertos santos, así como, en menor medida, Salar de Talar, Atacama.
También llamado Piedras Rojas,
del pentecostalismo y de la educación formal instruida por
por una serie de grandes bloques de piedra
el Estado de Chile, homogeneizadora y chilenizante.137 Las de ese color que se encuentran en la orilla,
destacan los matices gris rojizo de los cerros
lenguas nativas habladas prácticamente han desaparecido,
que rodean el blanco salar y las aguas del lago
pero se mantienen en la toponimia local y especialmente en salado, de un pálido tono azul verdoso,
además del color amarillo intenso que le
el conocimiento vernáculo del universo de plantas y fauna sil-
confiere la «paja brava» que crece a esta altura.
vestres de las tierras altas. 138 Fotografía de Cristián Aguirre Duffourc, 2018.

67
Este largo fluir entre el altiplano y el mar ha sido profunda-
mente intervenido por obras vinculadas al desarrollo de la
minería139 y a la necesidad urbana, siempre creciente, respec-
to del agua. La Región de Antofagasta contiene grandes re-
cursos mineros, sobresaliendo actualmente el cobre y el litio.
Desde el siglo IX, esta labor extractiva y productiva ha estado
presente en la vida de los loínos.

Efectivamente, en el presente y como ocurrió durante el pe-


ríodo colonial y republicano, el territorio, los recursos y, en
consecuencia, la población están sometidos a diversas pre-
Chuquicamata, Atacama. Esta mina a cielo
abierto, considerada en su momento una de siones, tensiones y acuerdos por parte del Estado asociado a
las más grandes del mundo en su tipo, recibió
las grandes empresas de explotación minera, que requieren
originalmente concesiones de agua de los ríos San
Pedro, Toconce y Lequena para su funcionamiento. de enormes volúmenes del agua, energía y geotérmica que
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2011.
se encuentran en este paisaje y que involucran a todas sus
formas de vida. Estas tensiones manifiestas y latentes afec-
tan a la calidad de vida y enfrenta a los habitantes de la zona
Río Loa a su paso por el viaducto de Conchi.
a una permanente negociación en distintos niveles de com-
Este puente, originalmente construido para
el ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, tiene una plejidad, a la que se suma la migración progresiva a las ciu-
altura de 103 metros sobre el río, lo que lo convierte
dades de Calama y Antofagasta y la necesidades de estudio
en uno de los más altos de Chile.
Fotografía de Guy Wenborne, 2014. y oportunidades laborales.

68
Primero fueron las concesiones al ferrocarril y excepción, la comunidad de Toconce ganó un li-
luego, ampliamente, las concesiones mineras y tigio para recuperar «la cuarta parte de sus anti-
del agua potable para las ciudades. 140
Las dulces guos derechos de agua»143 a la Dirección General
aguas del río Toconce fueron entubadas y la gente de Aguas. Existe un registro de las batallas que
tuvo que adaptarse a turnos fatigosos para regar han acometido las diferentes comunidades del
sus terrenos agrícolas, así como a la pérdida paula- Loa por defender estos derechos, lo que demues-
tina del usufructo de un vasto territorio, diverso en tra la resistencia por parte de los pueblos origina-
recursos vegetales de diferentes usos.141 rios a abandonar su modo de vida tradicional y la
posibilidad de crear un turismo sustentable.144
El agua del Loa, sus afluentes, las vegas ribereñas
y las aguas subterráneas y termales han ido dismi- La merma constante del agua, la necesidad de ac-
nuyendo dramáticamente, en especial el agua de ceso a la educación formal y las fuentes de traba-
mejor calidad. Así, magníficos bofedales de altura jo asalariado han obligado a realizar migraciones
se han convertido en inhóspitos salares por el uso forzosas desde los antiguos pueblos hacia la ciu-
industrial y urbano. La gran vega de Inacaliri, de dad, con la consecuente disminución de la riqueza
ser un lugar de pastos lleno de vida, se transfor- de un modo de vida tradicional. Todo ello lo vio y
mó en un salar desértico debido a la instalación de advirtió un estudio realizado a mediados del siglo
azufreras que, además, envenenaron a grandes re- XX, señalando los riesgos de la «racionalización del
baños de camélidos. Otro tanto ocurrió en los Ojos riego y de las obras asociadas a la minería», 145 que
de San Pedro y Quillagua. El agua que alimenta hoy son de tal envergadura que nos llevan a pen-
la vega de Turi fue salvada por los comuneros de sar la crisis del agua a nivel no sólo del otrora ge-
Ayquina en sedes judiciales. 142
Como segunda neroso río Loa, sino de la nación entera.

69
Adicionalmente, en los últimos decenios, «las napas signo positivo para ellos mismos y para la socie-
subterráneas han descendido varios centenares dad en su conjunto.
de metros, debido a su sobreexplotación y a que
las precipitaciones en la zona andina son cada vez Hay una responsabilidad del Estado en cuanto que
más escasas y erráticas, efecto del cambio global». debiera hacer un esfuerzo sostenido en conside-
En este contexto, las tasas actuales de extracción rar los saberes de los pueblos del río Loa, que son
se presentan como insostenibles. La presión sobre los mayormente afectados por la gran minería del
un recurso finito, el aumento de los conflictos so- cobre. El Estado no ha escuchado la sabiduría de
cioambientales, las fallas y problemas regulatorios los pueblos originarios en el cuidado del agua, en
del sistema chileno y la relación de las personas con su uso y finalidad. La población urbana no ha sido
el agua, sumado a los efectos del cambio climático, educada en buenas prácticas en el uso del agua. Es
evidencian la urgente necesidad de articular pro- necesaria una educación comunitaria urgente y, en
fundos cambios que caminen hacia un equilibrio. 146
cuanto a los empresarios, una actitud ética y moral.
Buscar medios tecnológicos más sustentables y
Los ecosistemas nativos son cada vez más frágiles, respetar los acuerdos de protección hacia la pobla-
producto de una explotación no siempre planifi- ción, que existen, pero no se aplican. Recién ahora
cada, y a veces han sido sacrificados por una vi- se empiezan a buscar soluciones macroefectivas,
sión de progreso. Ello ha atentado contra modos como puede ser la construcción de plantas desa-
de vida tradicionales indígenas que conservan sa- linizadoras de agua de mar. Sería una visión muy
beres ancestrales, muchos de los cuales pueden estática y esencialista suponer que estos conoci-
ser considerados en beneficio de un desarrollo de mientos y tradiciones no han sufrido alteraciones
en el tiempo; sin embargo, existe una matriz básica que se
manifiesta en identidades bien definidas entre los pueblos.

Esta raigambre en sus costumbres y tradiciones permite


generar una imagen del pasado por parte de los pueblos
originarios. Un pasado desde el presente, que reafirma su
identidad y los nutre en cómo ser en el mundo actual. Esta
historia le otorga un sentido a sus saberes y a sus quehace-
res. Sobre estas bases, se solidifica una noción colectiva,
como un artefacto multifuncional, integrando los distintos
elementos que forman su esfera de realidad. Lo que hacen y
piensan, el paisaje natural y el paisaje socialmente construi-
do, su historia y su sentido.

Nuestra sociedad mayor debiera desarrollar la capacidad de


valorar las diversidades biológicas, sociales y culturales que en-
riquecen a una nación y que tuvieron base en modelos de pen-
samiento fundamentados en una conciencia socioambiental,
que promueve la solidaridad intra e intergeneracional, el res-
Río San Pedro, afluente del río Loa.
peto por la heterogeneidad y la integración en un concepto
Al fondo se ve el volcán San Pedro, de 5.974 m.s.n.m.
inclusivo de paisaje.147 Fotografía de Guy Wenborne, 1998.
Río Loa, La imagen aérea
muestra el río Loa como
un profundo tajo en el
desierto más árido del
mundo, el de Atacama.
Fotografía de Guy
Wenborne, 2018.

72
74
ARTE RUPESTRE
Obras maestras en la cuenca del Loa
José Berenguer Rodríguez

Con la excepción de los geoglifos, las antiguas manifestaciones gráficas


(grabados y pinturas rupestres) de la hoya hidrográfica del río Loa se hallan
casi exclusivamente en valles y quebradas. Este artículo ofrece una sínte-
sis de algunos de los principales estilos de arte rupestre del río Loa en una
secuencia temporal.

Estilo Kalina
A fines del período Arcaico Tardío El único símil de Kalina fuera de la cuenca
(4000 a 1500 a.C.), uno de los más del Loa es el estilo Puripika, consistente
antiguos estilos es Kalina, cuyos sitios en camélidos naturalistas grabados en
se encuentran principalmente en el pequeños bolones de piedra, que fueron
brazo superior del río Loa (de aquí en encontrados en campamentos al norte
adelante, Alto Loa). Kalina se caracte- del salar de Atacama. Sus ocupantes
riza por representaciones naturalistas eran cazadores que estaban iniciando
de camélidos de diferentes tamaños, la domesticación de camélidos,2 por lo
ejecutadas mediante finos grabados que este arte rupestre puede haber sido
e incisiones. Los animales son repre- parte de «un culto auspiciatorio y de fer-
sentados en forma lateral, con cabeza tilidad en torno a llamas domesticadas»,
triangular, una o dos orejas verticales o tendiente a asegurar simbólicamente la
dirigidas hacia atrás, sólo dos extremi- sobrevivencia de estos primeros reba-
1
dades y sin indicación de pies. ños.3 Varios paneles muestran hembras
con fetos en el vientre —como si se
Las imágenes se localizan en pare- tratara de ecografías—, algunas de las
dones abiertos y abrigos rocosos del cuales tienen la cabeza vuelta hacia atrás,
cañón del río y omiten las representa- un gesto, al parecer, típico de las madres
ciones de humanos y otros animales. en el instante del alumbramiento.

Grabados de estilo Kalina en el Alero San Antonio, Alto Loa.


En la imagen se observan representaciones de camélidos,
incluyendo hembras con fetos en sus vientres.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2017.

75
Estilos Taira y Confluencia
Kalina se configura como un precursor de ambas técnicas. Pese a que el cuerpo reconocibles en la naturaleza. En el río
estilístico e iconográfico de Taira, un es- de los animales es presentado de perfil, Salado, en cambio, son más comunes
tilo que ha ha sido atribuido al período se observan las dos orejas y las cuatro las imágenes de wallatas (Cloephaga
Formativo Temprano (1500 a 1 a.C.) y extremidades, como si sus artífices sp.) y otras especies de ánades.
que prolifera en muchas quebradas de quisieran mostrarlos simultáneamente
la región, a una altitud de entre 2.500 y de frente, desde atrás y de lado. Más Los paneles con representaciones de
3.300 metros, en un arco de 330 kilóme- escasas son las imágenes antropomor- camélidos y aves se encuentran, por lo
tros entre 21° y 24° latitud sur. En el valle fas, que hasta ahora sólo se registran en general, en lugares donde hay manan-
del Alto Loa se encuentra en cuevas unos pocos sitios del Alto Loa, siempre tiales, como parte de una cosmogonía
utilizadas como refugios temporales, en posición de perfil y por lo general pastoril relacionada con la fertilidad
en las paredes del cañón y en bloques desnudas, portando artefactos alar- y la multiplicación de los rebaños.
4
aislados, todos cerca de vegas. En el gados y objetos similares a tambores. Basándose en este y otros argumentos,
valle superior del río Salado, el más im- Otros elementos, hasta el momento los camélidos del estilo Taira han sido
portante afluente del Loa, las imágenes privativos del Alto Loa, son los orificios y identificados como llamas.7 No sólo
de estilo Taira se encuentran solamente la representación de vulvas y falos.6 De eso: el arte rupestre y la disposición de
en las paredes rocosas, particularmente mayor distribución en las quebradas, las rocas en el Alero Taira, un abrigo ro-
5
en las confluencias de los ríos. pero en mucha menor cantidad, son coso del río Loa situado a unos 90 kiló-
las figuras de felinos. Asimismo promi- metros al noreste de Calama, sugieren
El estilo Taira consiste en representa- nente es la representación de aves aso- que en el lugar los pastores realizaban
ciones naturalistas de camélidos de ciadas a camélidos en los sitios del Alto ceremonias para la reproducción de
diferentes tamaños, principalmente Loa, donde hay imágenes de suris (Rhea dichos animales, en conexión con los
mediante grabado o pintura y, menos sp.), parinas (Phoenicopteridae), kiulas manantiales de las proximidades y con
a menudo, mediante una combinación (Tinamotis sp.) y aves sin referentes la constelación de la Llama y su Cría.

76
Otro notable estilo de arte rupestre de esta época es
Confluencia, que hasta el momento se ha encontrado exclusi-
vamente en la cuenca alta del río Salado. Se trata de pinturas
que mezclan en una misma composición figuras antropo-
morfas con zoomorfas, generalmente camélidos,8 pintadas en
rojo y en rojo-amarillo, de preferencia en el interior de abrigos
rocosos de uso transitorio y con menos frecuencia en el exte-
rior, inmediatamente fuera del área de reparo de los aleros. El
balsero ensartando un pez con su arpón y la extraña figura de
un ser mitad camélido y mitad humano del Alero El Pescador,
en el río Caspana, son interesantes ejemplos de este estilo.
Las pictografías de Confluencia se caracterizan por el peque-
ño tamaño de las figuras (unos veinte centímetros de alto), Izquierda: Pictografías de estilo Confluencia
en el Alero el Pescador, río Caspana.
siempre de perfil, la acentuación de los rasgos anatómicos y
Se puede apreciar la representación de un balsero
su dinamismo. En el Alero Los Danzantes, en el mismo río, los arponeando un pez, un ser antropomorfo con cabeza
vacía y un individuo mitad humano y mitad camélido.
antropomorfos aparecen desnudos o vestidos con un faldellín,
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
provistos de un penacho o portando artefactos alargados en
Derecha: Pictografìas de estilo Confluencia
las manos, presumiblemente propulsores y dardos.9 Algunas en el Alero de Los Danzantes, río Caspana.
Se distingue la representación de individuos
representaciones de camélidos erguidos en sus patas trase-
antropomorfos de cara vacía portando varas
ras evocan seres humanos, aludiendo, quizás, a ceremonias en las manos y vistiendo largos faldellines.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1996.
en las que se tornaban difusos los límites entre «animalidad»
y «humanidad». Una investigación comparó las proporciones
corporales de los camélidos reales con los del arte rupestre,
Alero Taira. Situado a 90 kilómetros al noreste de Calama,
concluyendo que si bien los animales de Confluencia son es-
este alero constituye un abrigo rocoso del río Loa.
pecies silvestres, los de Taira son efectivamente llamas.10 Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

77
Los estilos La Isla y Cueva Blanca
El período Formativo Tardío (1 a 1000 nes tanto grabadas como pintadas en
d.C.) en las quebradas subandinas del rojo, en paredones rocosos del interior
río Loa coincide con la aparición de dos del cañón, cerca de vegas y a la vista
estilos de arte rupestre cuyas imágenes de cualquier persona que circule por el
indican la incorporación de las comuni- valle. Grabados y pinturas del personaje
dades locales en redes de interacción de los brazos alzados se pueden obser-
interregionales: La Isla, en el valle del var en Lasana, en quebrada Yalquincha
Alto Loa, y Cueva Blanca, en la cuenca y en el salar del Rincón (Jujuy), alrede-
alta del río Salado. dor de 270 kilómetros al sureste del
Alto Loa, entre otros lugares.
Más que como estilo, La Isla se com-
porta como una iconografía rupestre, Las imágenes de La Isla y Cueva Blan-
ya que sus principales íconos tienden a ca son iconográficamente similares a
repetirse bajo diferentes modalidades las que aparecen en textiles del perío-
11
estilísticas. El más usual es un indivi- do Formativo,12 en tabletas de madera
duo antropomorfo con apéndices que para el consumo de sustancias psico-
irradian de la cabeza, representado de trópicas, en geoglifos y petroglifos de la
frente y con los brazos alzados, con un vecina Región de Tarapacá y en escultu-
cetro o propulsor en cada mano, a ve- ras de Tiwanaku. Estas similitudes a lar-
ces con un faldellín y en ocasiones con ga distancia sugieren intercambios de
atributos felínicos. En ciertos casos apa- información, donde ciertas imágenes
rece sólo la cabeza radiante y en otros circulan a través de extensas redes de
se encuentra sobre un trono de un interacción, siendo probablemente rein-
camélido de dos cabezas. Hay versio- terpretadas en cada contexto cultural.

Estilos Santa Bárbara y Quebrada Seca


Santa Bárbara, en el Alto Loa, y Quebrada hacia abajo, dos extremidades rectas y Precedidos a veces por una figura
Seca, en el río Salado, constituyen los en tamaños que rara vez sobrepasan los antropomorfa, los camélidos de estilo
estilos de arte rupestre más represen- veinte centímetros de alto. Los grabados Santa Bárbara y Quebrada Seca forman
tativos del período Intermedio Tardío de estilo Santa Bárbara se localizan en en ocasiones filas de varios animales
(1000 a 1400 d.C.) de la hoya hidrográ- paredes rocosas del cañón, en bloques unidos por una cuerda. Otros llevan un
fica del río Loa. Conspicuas en ellos son, aislados o en los muros de las vivien- bulto a sus espaldas a modo de costales
una vez más, las imágenes de llamas, das, mientras que los de Quebrada o talegas. Estas representaciones con-
sólo que en este período se vuelven Seca están en los muros del poblado vencionales de la llama, particularmen-
esquemáticas, con gran economía de de Turi, un enorme asentamiento del te de la llama carguera, pertenecen a
líneas, síntesis formal y carencia de di- Intermedio Tardío más tarde intervenido una modalidad muy difundida en los
13 14
namismo. Aparecen aisladas, en pares por los incas, así como en las paredes Andes Centro-Sur,15 cuya evidencia más
o dispersas en un panel, vistas de lado, de las quebradas, junto a terrazas de cul- temprana tal vez se encuentra en algu-
con una oreja erguida o doblada hacia tivo, corrales, silos, yacimientos mineros nas vasijas de Tiwanaku, pero recién se
adelante, cuerpo angosto, cola doblada y senderos de acceso al monte. populariza después de la caída de este

78
Estado altiplánico, cuando el tráfico de caravanas alcanza su
punto más alto.16 Santa Bárbara y Quebrada Seca son expre-
siones rupestres cuyas particularidades estilísticas segura-
mente fueron desarrolladas dentro de la región, pero, a juzgar
por la amplia distribución geográfica de esta iconografía, su
origen se encuentra en otras partes, acaso en grupos de pas-
tores y caravaneros que sobrevivieron a la fragmentación de
la esfera de interacción de Tiwanaku a comienzos del período
Intermedio Tardío. Miles de imágenes de llamas aparecen en
grabados, pinturas y geoglifos junto a rutas de caravanas a lo
largo de una vasta área del desierto. En este sentido, convie-
ne destacar el campo de geoglifos de Chug Chug, adyacente
al curso del río Loa Medio.

En el siglo XV, los incas arriban por primera vez a la Región de


Antofagasta. Hasta la fecha no se ha encontrado en el río Loa
ningún estilo de arte rupestre que pueda atribuirse fehacien-
temente a dicha cultura, pero algunos autores postulan que
parte de los camélidos esquemáticos grabados en los muros
del poblado de Turi y en sitios como Bajada del Toro, en el
Alto Loa, fueron hechos durante del período Tardío o Inca.17
En cualquier caso, los estilos Santa Bárbara y Quebrada Seca
persistieron durante la ocupación incaica de la región, como
se aprecia en el caso de los escutiformes pintados en las pa-
redes del Alero Santa Bárbara, al parecer realizados por indi-
viduos del noroeste de Argentina trasladados a la región en
el período Inca para trabajar en las minas de cobre y turque-
sa, como las de Conchi Viejo y San Antonio del Abra.

Arriba: Grabados de estilo Santa Bárbara I, Alto Loa.


Conclusión Representaciones de personajes antropomorfos con cascos, pieles
de felinos moteados y abajo, caravana de llamas unidas por una cuerda.
Podría concluirse que las diversas expresiones estilísticas e
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
iconográficas del arte rupestre de la hoya del río Loa fueron
Abajo: Diseños de «maquetas» y camélidos grabados
dispositivos simbólicos que desempeñaron diferentes funcio- en una roca de Quebrada Seca, río Toconce.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
nes. Grabar y pintar las rocas, así como modificar el desierto
trazando enormes figuras en su superficie, funcionaron, mu-
chas veces, como transacciones rituales con las divinidades
Arriba: El estilo de arte rupestre La Isla, situado en un meandro de este
para asegurar la subsistencia, pero también medios discursi-
nombre en el Loa, presenta estos grabados, uno de los cuales es este ser
vos tanto para ejercer el poder como para expresar identidad antropomorfo con cabeza radiada, sentado en un altar con cabezas de camélidos.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2010.
cultural. Ambos aspectos han estado estrechamente involu-
Abajo: Pictografías aguas arriba del Alero de Taira. Aquí aparecen pictografías
crados en el proceso de construcción social del mundo ata-
de un suri o avestruz andina y una figura antropomorfa de aspecto simiesco.
cameño durante al menos los últimos cinco mil años. Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.

79
COPIAPÓ
De Mama Copayapu
a San Francisco de la Selva
Río Copiapó, sector Las Juntas.
Según el naturalista Ignacio Domeyko,
Gastón Castillo G. · Miguel Cervellino G. «A donde se estrecha y parece terminar este
valle, tres ríos se juntan para formar uno solo,
el de Copiapó: estos ríos son el Jorquera,
A nuestros queridos amigos Hans Niemeyer, arqueólogo de inspiradora el Pulido y el Manflas, cuya confluencia
se llama Las Juntas» (Jeología. Santiago:
pasión, y Sixto Aróstica, arriero de sabias andanzas. Fueron ríos también, en
Imprenta Cervantes,1909).
donde germinamos oyendo el llamado de cantarinas aguas. Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

Bordeando vegas y salares coronados sólo hay una distancia de 130 kilóme- rrizo, paja brava y cola de zorro entre las
por cerros tutelares, bandas de caza- tros hasta el océano Pacífico, corredor gramíneas; molle, restos de brea, be-
dores alzaron campamentos a 4.000 hídrico que a partir del siglo XIX concitó rraco, algarrobo, chañar y otras ramas
m.s.n.m. entre paños de recursos hídri- la atención de muchos estudiosos. 1
de árboles y arbustos, pero por sobre
cos que gota a gota generaron las cuen- todo hay que destacar la existencia de
cas formativas de los ríos Salado y Copia- Llegan las aldeas buena cantidad de semillas de plantas
pó. La disponibilidad de materia prima y la agricultura cultivadas, de mazorcas y granos de
para confeccionar herramientas de caza, Son épocas de pueblos sedentarios, maíz amarillo y morado; de cucurbitá-
el movimiento de caudal en caudal, la agricultores ajustados al ritmo de las ceas y porotos morados y overos (Fa-
adaptación a condiciones sumamente aguas colindantes que aumentan in- seolus vulgaris)…». Agregamos a esto
rigurosas y la sapiencia y los pies ligeros tempestivamente con chubascos de cordelería de fibra vegetal y «una gran
para seguir a ñandúes y camélidos les gran intensidad, provocando bruscas variedad de puntas de proyectiles en
hacía innecesario descender y encajo- bajadas de quebradas que modifican calcedonia, al lado de numerosas las-
narse en la estrechura de los valles. el paisaje local, aquello que los actuales cas pequeñas y astillas producto de la
lugareños llaman «roturas de nubes». talla de la calcedonia». 2
En estos valles se gestó una historia La agricultura se ejercía a través de
más tardía respecto a las correrías de acequias que derivaban agua de que- Con la sequedad del Despoblado de
los trashumantes cordilleranos en la bradas laterales y a veces del mismo Atacama mordiendo los talones de
Región de Atacama, limitando con el río. En los albores de la era cristiana, la quien arribe desde el septentrión al
cordón fronterizo de Argentina y con naturaleza de grutas como Cueva del «San Francisco de la Selva» o «Valle de
las cuencas cerradas de los salares Ma- León permitió almacenar excedentes la posesión» de los impávidos ibéricos,
ricunga, Negro Francisco y Laguna Ver- de cosechas a la vera del río Ramadillas, el plateado Copayapo de las crónicas
de, en una superficie de 18.400 kilóme- tributario del Pulido, a 2.115 m.s.n.m., propició el latir de aldeas, siendo el valle
tros cuadrados en La Junta, donde los donde, evocando la descripción hecha del Pulido donde los pueblos habitaron
caudales del Jorquera, Pulido y Manflas por Niemeyer en 1998: «…por debajo de empinadas laderas mediante la excava-
forman el río Copiapó. los 40 centímetros de guano de cabra, ción de plataformas, mientras que en
había una potente ocupación com- los planos más bajos demarcaron redu-
Enfrentando por el norte el desierto puesta por mucho material vegetal de cidos espacios cuadrangulares carentes
más árido del mundo, desde La Junta plantas silvestres de la zona, como ca- de paredes, a lo más, un bajo pircado.

81
El arrinconamiento de las aldeas res- etc., cosechándose vainas de algarrobo,
pecto al paso del río y el mimetismo de frutos de pimiento boliviano, drupas de
las mismas en medio de gruesos pe- chañar y semilla del carbonillo. Ello, su-
dregales insinúa escaramuzas defensi- mado a la crianza de llamas y cacería
vas por el control de la tierra que van practicada por quienes vivían en torno
desde los poblados Molle a Ánimas du- a vegas como El Torín, a 2.600 m.s.n.m.
rante ochocientos o novecientos años.
Luego, los pueblos Ánimas ligados al
Algarrobas, chañares, calces y cultivo Pulido (Puntilla Blanca, Quebrada Seca,
de algodón, describió el cronista Vivar Cabra Atada) y Copiapó (La Puerta) se
como flora local durante el siglo XVI, mezclan con componentes Aguada
aunque ya en los primeros sesenta años procedentes de parajes trasandinos. Ya
de la era cristiana, el tejido a telar de al- no se convive con los muertos y los tú-
godón cubría la piel de moradores en mulos funerarios están a cierta distan-
Carrizalillo Chico. El algarrobo denota cia de los poblados, aunque a la vista de
haber tenido un rol protagónico, porque los parientes.
si los frutos producían chicha, las ramas y
emparrillados formaban parte de túmu- Las tierras y acequias vecinas a las vi-
los funerarios insertos entre las habita- viendas, las azadas y morteros de piedra,
ciones, acentuando el hábito de convivir derivan de viejas tradiciones, así como
con los muertos, como en Cabra Atada. la guarda de excedentes agrícolas, gra-
El empleo de esteras de carrizo para de- ficada en un par de graneros de barro
positar los cuerpos o los rellenos de los escondidos en grietas del acantilado
mismos con paja de cortadera y hojas de Quebrada Seca. El río está en todo,
de litre iban a la par con las colectas de desde la humedad para la fructificación
productos para hacer bebidas, harinas, de la caña, convertida en astiles donde

82
calzar labradas puntas de flechas, en el de Juan Bohón»), mientras que, asocia-
amasijo del barro para levantar los de- das al pukará de Punta Brava, bajo un
pósitos, en el cántaro con que apaciguar planchón rocoso había corontas de maíz
la sed y en la germinación de semillas cubiertas por ramas, y dentro de una
de pacul, algarrobo, poroto, zapallo, cala- cueva se hallaron semillas de porotos.
baza, maíz, celosamente resguardados.
Chalas de maíz, cordeles de lana y fibras A estas alturas comienza una minería
vegetales constan también en el inven- a escala antes desconocida, expresada
tario, sugerencias directas, en el caso de en Viña del Cerro y sus veintiséis hornos
la cordelería, de actividades ganaderas: de fundición, procesamiento de mine-
hatos de llamas, lo más probable. rales, población circulante, etc.,6 reite-
rando el rol alcanzado en la economía
La presencia de mineros Ánimas cru- política del Imperio incaico respecto a
zando el inclemente despoblado para la la elaboración de bienes de prestigio
explotación de la mina de Las Turquesas, en una cadena de producción de largo
a casi 3.000 m.s.n.m., demuestra que a alcance. Se amalgama cobre de extrac-
lo menos desde el siglo VIII d.C. era me- ción local y estaño, que bien podía ser
De arriba abajo: Collar de cuentas de turquesa.
nester moverse en terrenos climática- obtenido en el sur de Bolivia o noroes- Minerales y metales estaban dentro de los
objetos que más activamente participaban
mente adversos. te argentino, para el uso del preciado
de las redes de intercambio, el ceremonialismo
bronce estañífero en manos de orfe- religioso y el simbolismo político y étnico
durante el período Medio.
Materializada la mixtura entre incas, bres trasandinos.7
Fotografía de Fernando Maldonado.
diaguitas y copiapoes, continúan eclo- Colección Museo Arqueológico R. P. G.
Le Paige, S. J., San Pedro de Atacama.
sionando las aldeas. La piedra, adobes, Aun cuando en Copiapó no se produjo
Punta de proyectil tallada en piedra.
adobones y tapiales remozarán la línea una transformación agrícola de relevan-
Este instrumento lítico se usaba como
constructiva. El acceso a vegas cordille- cia para los incas,8 sí fueron trascenden- cabeza de proyectil arrojadizo. Alto 4,8 cm.
Colección Museo Regional de Atacama.
ranas propicias para la crianza de camé- tes la «geografía sagrada» y el Qhapaq
Punta de proyectil perteneciente
lidos se torna relevante dado que, según Ñan en la mina Las Turquesas, garan-
a la cultura Las Ánimas. De forma triangular
palabras de Niemeyer en sus continuas tizando, además, acceso al agua como alargada, bordes aserrados y base plana,
está elaborado en piedra tallada
excursiones por esas alturas, a orillas de recurso estable, luego que lo más fiable
bifacialmente y con retoque continuo.
los aguajes «el inca hizo instalaciones en el despoblado eran el nacimiento del Colección Museo Regional de Atacama.

arquitectónicas destinadas a proveer río Salado y las aguadas y vertientes de Punta de proyectil perteneciente a la cultura
Las Ánimas, Período Medio. Elaborada en piedra
un mejor pie para la explotación en la Quebrada de Chañaral Alto. 9
tallada bifacialmente
crianza de camélidos», al tenor de una
3
con retoque continuo en los bordes.
Color rosado. Largo 39 mm.
geografía sagrada significativamente Dado que en el desierto había «xaque-
Colección Museo Regional de Atacama.
plagada de adoratorios de altura y en yes de muy poca agua»,10 la acuífera co-
el dominio de los cerros «dadores de piapina continuó sustentando salidas
agua», las Apu o ancestros protectores
4
a plena pampa, y así hubo que llenar
Arriba: Valle de Camiña. Las laderas de Camiña
de los campos de cultivo.5 «...muchos zaques de cueros de piernas suelen estar compuestas por takanas o terrazas
con el fin de obtener mayor superficie de cultivo
de cordero y ovejas…» en la aventura de
y es en estos terrenos donde generalmente
Por su parte, en los tramos intermedios Tupac Inca Yupanqui desde Copiapó al se cultiva el maíz, por ser más rústico y resistente
en suelos carentes de buena fertilidad natural.
del río Copiapó «tres silos o kolkas conti- territorio atacameño;11 destino que Al-
Fotografía de Guy Wenborne, 2008.
guas» parecen haber tenido acceso por magro también vivió en carne propia en
Abajo: Frutos del pimiento (Schinus molle).
techos a base de tortas de barro («Fuerte su áspero regreso al Perú. Colección Alamy.

83
A la vez, ganado ovejuno, viñedos, quin- “contener el peso que supuso el extrac- pastores trashumantes cordilleranos
tas de frutales, molinos para procesar tri- tivismo agrominero en desmedro de los mestizados con sangre aimara (Quispe,
go, obrajes, aguas y servidumbres, tierras intereses del grupo encomendado del Mamani, entre otros) en las tierras al-
vacas, etc., complejizan la cotidianeidad valle…”». Los juicios entablados por ca-
13
tas del río Salado hasta el río Jorquera
del léxico de aquí en más. El río, llamado ciques o mandones golpean las puertas y otras latitudes sureñas de abreva-
Mamas desde tiempos de la memoria de un poder centralizado: «Entre 1762 y deros y forrajes para ganado menor.15
quechua,12 continúa su ligazón con los 1787 los sectores del Pueblo de Indios de Se rememoran las incursiones de los
seres humanos, solo que esta vez está San Fernando y la Villa de San Francisco Jerónimo a las heredades de la familia
en juego la opresión de los naturales, el quedaron sin agua en varias ocasio- Aróstica (Iglesia Colorada, río Pulido)
amasijo de fortunas, las ruedas del mer- nes debido al total acaparamiento de la tras la compra de mulares o los cam-
cantilismo y otras vicisitudes. En esas misma por parte de los hacendados de pamentos en Quebrada La Puerta, La
condiciones, familiares cerros como el las zonas altas del valle…». Los Tacquía,
14
Guardia o Quebrada Patón, al amparo
Teynahuco de Camasquil, y otros entre Guanitay, María Che, Chamisca, Macayto, de la familia Quispe.16 En la costa, un
Copayapo y Chamonate, a saber, Puntoc, Normilla, Alcota, Alquinta, Chillimaco, proceso de etnogénesis marca el de-
Zelbata, Pismel, Talpop, Ototnanchote, Sasmai y otros tantos habitantes legaron venir de los changos, acometidos por
Chechilguques, Paycanten, Mole, Cola, descendencia para la presente reetnifi- lo que fue un temprano dominio de los
Pominto y Chamonate, pierden lugar en cación bajo el parámetro de la identidad Aguirre sobre la suerte de sus ancestros
el imaginario colectivo local. Diaguita, cruzada con una dosis mapu- «camanchacas»,17 imbuidos en la pesca
che desde los primeros edictos coloniales. y salazón del congrio de caleta en ca-
El despojo de tierras tuvo lugar «entre la leta, portando balsas y equipaje ligero,
llegada de los europeos y el inicio del pe- Igualmente se perfilan las historias según pudieran moverse libremente
ríodo republicano, […] no siendo posible de collas y changos, perseverando ante la presión de intereses foráneos.18
Se dice que «en el siglo XVIII comienza la expansión de las ac-
tividades mineras, la que modificará notablemente la distri-
bución de bosques y tierras despejadas en la región».19 Desde
entonces, primarán un exacerbado extractivismo, el empo-
brecimiento de la cuenca, ley de turnos, derechos de agua,
mercado del agua, monocultivo, tirantez entre la minería y la
agricultura por el menguado recurso, galopante aridez, etc.,
además del volumen de agua (destilada por el alto contenido
en sales alcalinas que estropeaba las calderas20) y leña (im-
portada desde otras latitudes) requerido para el ferrocarril y
las fundiciones del siglo XIX. Porque la «vegetación lujuriante
y salvaje […] los bosques impenetrables de chañares, de alga-
rrobos, de espinos y de olivillos…», deletreados por Sayago,21
es puesta en una más acorde perspectiva al estimarse que
Arriba: «Plaza de Copiapó, hacia 1860.» Rodulfo Amando Philippi.
debido a «las condiciones climáticas imperantes, las regiones
Viage al Desierto de Atacama: hecho de orden
del norte del país nunca fueron boscosas...».22 del gobierno de Chile en el verano 1853-54.
Halle en Sajonia: Librería de Eduardo Anton, 1860.
Colección Museo Histórico Nacional.
Al cabo de los siglos transcurridos, para muchos hablar hoy
del río Mamas, otrora significante de río Copiapó, no debe re-
trotraer recuerdo alguno de cuando era deidad para los hijos
Viña del Cerro, centro administrativo y minero inca en Copiapó.
del agua milenaria23 en el vivificante flujo nortino. Fotografía de Fernando Maldonado, 2010.

85
Río Huasco en el
puente de Huasco Alto.
El río Huasco, que nace
de la confluencia
de los ríos El Carmen
y El Tránsito, corre
desde la cordillera,
a alturas superiores a los
5.000 m.s.n.m., hasta
el océano Pacífico.
Fotografía de Guy
Wenborne, 2013.

86
87
EL OLIVAR
En busca de la identidad Diaguita
Paola González
A comienzos de la era cristiana, arriban al norte semiárido las primeras co-
munidades agroalfareras, representadas por el complejo cultural El Molle,
caracterizadas por el empleo de tembetás y pipas T invertidas y por la ma-
nufactura de alfarería monocroma. Este período se denomina Agroalfarero
Temprano y se reconoce en los valles de Copiapó, por el norte, hasta el Limarí,
por el sur.

Los primeros indicios de esta cultura Tawantinsuyu, evento que da inicio al


en el valle de Elqui fueron descubiertos período Diaguita-Inca o período Tardío
por Cornely en la localidad homónima.
1
(1.470-1.536 d.C.).
En el valle de Elqui estas comunidades
evidencian una alta movilidad. Sin em- Este es el marco cronológico-cultural
bargo, aún existen muchas interrogan- vigente donde se sitúan las recientes
tes en cuanto a la cronología y evolu- investigaciones realizadas en el sitio ar-
ción cultural de las comunidades del queológico El Olivar. Se trata de un ha-
complejo cultural El Molle en el norte llazgo sobresaliente que aporta nuevos
semiárido. Destacamos al respecto que derroteros y perspectivas para com-
el sitio La Turquía, en el valle de Limarí, prender el pasado prehispánico de las
cuenta con dataciones radiocarbónicas culturas alfareras del valle de Elqui y,
que señalan una antigüedad que sobre- más ampliamente, de la prehistoria de
pasa el primer milenio de nuestra era, la Región de Coquimbo.
caracterizándose también por un mayor
grado de sedentarización.2 Entre los años 2015 y 2017 se realizaron
extensas excavaciones arqueológicas
La periodificación vigente para las cultu- en el sitio El Olivar, localizado a cuatro
4

ras alfareras del norte semiárido consi- kilómetros al norte de La Serena. Esta
dera la existencia de un período Medio, investigación fue motivada por el ha- Río Elqui. En el norte semiárido de Chile
se desarrolló a lo largo de seis siglos la cultura
representado por el complejo cultural llazgo de osamentas humanas duran-
diaguita, un pueblo que se asentó en los valles
Las Ánimas (Figura 1), el cual se extende- te la construcción de la doble vía de la de los ríos Elqui, Limarí y Choapa.
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
ría aproximadamente entre los años 800 Carretera Panamericana entre La Serena
a 1.200 d.C.3 En tanto, la cultura Diaguita y Vallenar.5 La caracterización arqueológi-
chilena se ubicaría entre los años 1.000 ca del sitio identificó ocho áreas funera-
Artesano Diaguita (ca. 1500 d.C.).
a 1.470 d.C. (período Intermedio Tardío). rias, veintinueve conchales y rasgos habi-
Es muy probable que los Diaguita fueran tan
Este período es interrumpido por la lle- tacionales (pisos de habitación, fogones hábiles en las técnicas textiles como en la
cerámica. Ilustración de José Pérez de Arce, 1985.
gada del Inca al norte semiárido chile- y estructuras), que dejaron en evidencia
Fotografía de Fernando Maldonado.
no y la incorporación de los Diaguita al la riqueza arqueológica de este hallazgo. Colección Museo Chileno de Arte Precolombino.

89
Los restos arqueológicos recobrados se comprensión de las sociedades agro-
vinculan principalmente a comunidades alfareras del norte semiárido con una
Ánimas y Diaguita, en todas sus fases. profundidad inédita. Aspectos tales
Destaca también el hallazgo de concha- como cronología, vinculaciones genéti-
les de la cultura El Molle, poco densos y cas, calidad de vida, relaciones de géne-
estratigráficamente más profundos. ro, alimentación, prácticas mortuorias,
arte visual, simbolismo y cosmovisión,
Figura 1. Tipos cerámicos del complejo Las labores de rescate se centraron en entre otros, están siendo abordados
cultural Las Ánimas en el valle del Elqui.
una densa área funeraria, donde se re- por las investigaciones en curso. Un im-
Izqda.: Ánimas IV: Entierro N° 183. Rescate
cobraron 212 entierros primarios, 44 portante cúmulo de evidencias apoya
arqueológico El Olivar (R.A.E.O.).
entierros secundarios, 56 camélidos la idea de que las comunidades Ánimas
Dcha. arriba: Ánimas III: Entierro N° 39.
R.A.E.O. articulados, tres cánidos y una canti- y Diaguita no son entidades culturales
Dcha. abajo: Ánimas I. Pieza N° Inventario dad considerable de vasijas cerámicas, diferentes.6 En efecto, la continuidad
123. Museo Arqueológico de La Serena.
artefactos de piedra, hueso y metal. El detectada en las ocupaciones habita-
Fotografías de Paola González, 2017.
cuidadoso registro de estos contextos cionales y funerarias, así como la iden-
arqueológicos permite dar cuenta de tidad en las elecciones tecnoestilísticas
importantes asociaciones que perfi- en la elaboración de vasijas cerámicas e
Izqda.: Río Elqui.
lan roles sociales y arrojan luz acerca instrumentos líticos, óseos y metálicos,
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
de aspectos simbólicos e ideológicos sostienen la teoría de que se trata de
Dcha.: Figura 2. Entierro de un hombre
acompañado (izqda.) de remo fabricado de estas comunidades en el ámbito un mismo grupo cultural. A estos argu-
a partir de mandíbula de cetáceo.
de la muerte. Se trata de una enorme mentos se agrega el hallazgo de vasijas
Entierro N°169. R.A.E.O.
Fotografía de Paola González, 2017. ventana que permitirá avanzar en la Ánimas II y III, tradicionalmente enten-

90
didas como prediaguitas, junto a vasijas tura Diaguita chilena. En este momen- período Diaguita Preincaico, en el cual
Ánimas IV y Diaguita Transición en con- to, coexisten manifestaciones cultura- se aprecia una consolidación de la alfa-
textos funerarios. Asimismo, se cuenta les propias de los Ánimas, incluyendo rería diaguita con crecientes niveles de
con fechados RC14 que señalan que la el empleo de vasijas Ánimas II y III, en estandarización, al tiempo que desa-
práctica de entierro junto a camélidos conjunto con manifestaciones cultura- parecen los entierros junto a camélidos
articulados se extendió en el tiempo les que se entendían como más tardías, articulados. La iconografía abstracta y
con posterioridad al 1.200 d.C. como las vasijas Ánimas IV y Diaguita simétrica alcanza un gran desarrollo.
fase I. Asimismo, se registran vasijas Finalmente, se reconocen en el sitio El
Estos resultados condujeron a la ne- polícromas novedosas, que presentan Olivar evidencias de contacto entre In-
cesidad de redefinir la secuencia cul- unidades mínimas diaguita en versio- cas y Diaguita. El sector, recientemen-
tural manejada hasta la fecha para el nes toscas y rudimentarias (Figura 3). te excavado, posee una identidad local
período Medio e Intermedio Tardío, al Se trata de comunidades que mane- Diaguita muy marcada, que se mantie-
menos en lo que se refiere al valle de jan la técnica de policromía y realizan ne en tiempos incaicos. La influencia
Elqui. En este sentido, Cantarutti y Gon- vasijas con rasgos antropo-zoomorfos. inca es escasa y se restringe a la eje-
zález proponen distinguir un período
7
Otro rasgo característico es el entierro cución de diseños de origen cuzqueño
Protodiaguita, en el cual se sientan las de personas junto a camélidos articu- sobre vasijas de formas locales o mixtas
bases de lo que más tarde sería la cul- lados. Posteriormente, se identifica un Inca-Diaguita (Figura 6).

91
Los estudios bioantropológicos realiza- patología se asocia al contacto continuo llamas de gran tamaño, llamas peque-
dos en adultos señalan la presencia de con aguas frías, lo cual sugiere una fuer- ñas y guanacos. Esto hallazgos señalan
una población sana, dedicada a prácti- te vinculación con actividades ligadas al que, en los inicios de la cultura diaguita,
cas agrícolas, caza, recolección de pro- mar (por ejemplo, buceo). Algo seme- la actividad de pastoreo de camélidos
ductos marinos y labores artesanales, jante ocurre con las marcadas insercio- fue muy prominente, lo que explica los
donde el esfuerzo físico era cotidiano. nes de los músculos flexores presentes profundos vínculos entre humanos y ca-
Destacamos el caso de un hombre en las falanges de los dedos de la mano, mélidos en el ámbito mortuorio.
adulto acompañado de un remo reali- observadas en mujeres y asociadas a
zado en mandíbula de cetáceo (Figu- implementos textiles, como vichuñas, Dentro de las prácticas sociales más re-
ra 2). Este hombre muestra marcadas agujas y torteros (Figura 4), utilizados levantes y que se mantienen constantes
inserciones musculares a nivel de ex- en la producción de textiles. Existe tam- desde el período Protodiaguita hasta el
tremidades superiores e inferiores y re- bién una alta tasa de mortalidad infan- período Diaguita Inca, se encuentra el
fuerzo óseo en las articulaciones de los til. Los subadultos conforman un 63% consumo de polvos psicoactivos me-
brazos, que pueden ser vinculadas a la de la muestra. En tanto, estudios mor- diante el uso de espátulas de hueso
actividad de remar. También se identi- fométricos efectuados en 56 camélidos de camélido y una concha de ostión o
ficó exostosis en su oído derecho. Esta articulados sugieren la existencia de
8
almeja. Este ajuar se complementa en

92
algunas ocasiones con pinzas de bronce y una cuenta verde
(Figura 5). Las ofrendas de este tipo se asocian a personas
adultas y están presentes en la mitad de los ajuares mascu-
linos y un 12,5% de las ofrendas femeninas registradas. Esto
nos habla de una práctica bastante extendida en la pobla-
ción, no asociada únicamente a líderes religiosos o chama-
nes. El estado de trance asociado a esta práctica se encuen-
tra estrechamente vinculado con la naturaleza del arte visual
diaguita preincaico, de cualidades semejantes al arte óptico.9
Estas prácticas chamánicas pueden relacionarse también
con una cosmovisión de tipo animista. En el ámbito mor-
tuorio, indicios de esta ideología se observan en el estrecho
vínculo existente en los entierros de humanos junto a caméli-
dos. Destacamos que la ofrenda cerámica se asocia al animal
en la mayoría de los casos . El empleo de piedras huacas en la
cercanía de entierros de infantes y neonatos evidencia tam-
bién estas creencias animistas. Otro ejemplo es el quiebre in-
tencional de vasijas, no necesariamente asociadas a tumbas,
así como la ofrenda de vasijas intencionalmente perforadas Arriba izqda.: Figura 4. Detalle de torteras de hueso
(Entierro N° 52). R.A.E.O. Estas piezas se utilizaban
(«matadas»).
como pesos de hilado pero también como adornos.

Arriba dcha.: Figura 5. Ofertorio de entierro N° 82. R.A.E.O.


La llegada de Diego de Almagro a tierras diaguita en el año Se observan espátulas, pinzas de bronce, cuentas de piedra
verde y un cristal prismático que podrían constituir
1536 dio inicio al proceso de conquista española. Las estrate-
la ofrenda mortuoria de un chamán.
gias de extirpación de idolatrías y el trabajo forzado en mitas
Abajo: Figura 6. Kero doble con diseños de origen
mineras y agrarias afectaron gravemente la supervivencia de Inca y Diaguita (Entierro N° 59). R.A.E.O.
Fotografías de Paola González, 2017.
su notable cultura.10 Sin embargo, su herencia cultural se man-
tuvo viva en los valles transversales que conforman su territo-
Arriba: Desembocadura del río Elqui, zona cercana al Olivar.
rio, expresada en prácticas tales como bailes chinos, agricultu-
La desembocadura del río Elqui, una extensa zona de dunas
ra tradicional, manufactura alfarera, textilería de telar, cestería, y pantanos, corresponde a un humedal que está flanqueado
por predios agrícolas y una creciente zona residencial.
herbolaria y pequeña minería, entre otras. En el año 2006, el
Fotografía de Guy Wenborne, 2014.
Estado chileno reconoció oficialmente la existencia del pueblo
Abajo: Figura 3. Vasijas polícromas novedosas del período
Diaguita, comenzando así un vigoroso proceso de revitaliza- Protodiaguita. De izqda. a dcha.: Jarro biglobular antropomorfo
y taza antropomorfa polícroma (Entierro N° 182); Jarro globular
ción cultural y etnogénesis, enriquecido también por los avan-
de cuello evertido polícromo (Entierro N° 58). R.A.E.O.
ces en el conocimiento arqueológico. Fotografías de Paola González, 2017.

93
ELQUI
Historia de un valle
Fernando Silva

94
«Plano de la ciudad de La Serena.» Amédée François
Frézier, 1717. Plan de la ville de La Serena.
Scituée a la Côte du Chily par 29d. 55' de lat Australe
au bas de la Vallée de Coquimbo a un quart
de lieües de la Baye du meme nom. 24 X 37 cm.
Colección John Carter Brown Map Collection.

Valle del Elqui. Encajonado entre colinas imponentes


y en un entorno de extrema aridez, este místico valle es
atravesado por el río del mismo nombre, que nace en
la cordillera de la confluencia de los ríos Turbio y Claro.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

El río Elqui, conocido antiguamente como Coquimpu,


está formado principalmente por los ríos Turbio y
Claro, que se unen en el pueblo de Rivadavia; corre
setenta y cinco kilómetros hacia el oeste, en medio de
un valle estrecho y feraz, que sólo se ensancha en las
proximidades de La Serena. El río baña el costado norte
de esta ciudad y desemboca en la bahía de Coquimbo.

El asentamiento peninsular
Para los integrantes de la hueste de Pedro de Valdivia, el valle
del Elqui fue «el más vistoso e ancho» de los que habían cono-
cido desde el despoblado, según afirmó Gerónimo de Vivar.

Los indígenas vestían como los del Huasco y tenían ritos y


costumbres similares, si bien lenguas diferentes. La produc-
ción agrícola, facilitada por canales de riego construidas por
el Imperio inca, comprendía maíz, frijoles, quínoa, papas y za-
pallos. En el valle podían verse algarrobos, chañares, sauces,
molles y abundantes arrayanes, brea (Tessaria absinthioides)
y barraco (Escallonia illinita). Y en lo alto de los cerros, «unos
árboles a manera de madroños», de muy buena leña para
el fuego, que podrían ser el guayacán (Porlieria chilensis).
Registró el cronista Vivar la existencia de grandes minas de
oro, así como de cobre y otros metales.

95
Para tener el camino abierto al Perú, diez vecinos. Es probable que también
Valdivia había decidido fundar una concediera mercedes de tierras,4 pero
ciudad a la entrada del valle del Elqui, ignoramos el detalle por la pérdida de
pese a que entre Copiapó y Aconcagua la documentación del cabildo a raíz del
no había más de tres mil naturales. El incendio de la ciudad en 1680 provocado
relativo bajo número de aborígenes por el inglés Bartolomé Sharp.
pudo obedecer a la política del Inca de
trasladar grupos humanos de un sector En 1549 el pueblo fue asaltado e in-
a otro del imperio. Así, un catastro de cendiado por los indígenas, y muertos
topónimos aborígenes del valle mues- sus catorce moradores e hijos. El alza-
Viñas en el valle del Elqui, 2017.
El valle se beneficia del recurso hídrico tra que el 41,9 por ciento corresponde miento fue reprimido y ese mismo año
del río Elqui, así como de largos períodos
al quechua; el 27,6, al mapuche; el 2,7, al Francisco de Aguirre refundó La Serena,5
de sol durante el año, para el cultivo
de uvas para exportación y para la aimara; el 1,3, al cunza; e igual porcenta- que en 1552 recibió su escudo de armas
producción local de pisco.
je al diaguita.
1
y el título de ciudad.6
Fotografía de Sernatur.

En 1544 Juan Bohón fundó el poblado de Pese al aumento de vecinos, no parece


La Serena en el lugar llamado Tequirqui haberse incrementado las encomien-
Fiesta de la Virgen de Andacollo.
26 diciembre 1836. El naturalista francés por los indígenas, «dos leguas del puerto, das de indios, aunque es indudable la
retrató la fiesta en honor a la Virgen
en el remate de una barranca muy cerca- amplia presencia de indios de servicio,
del Rosario de Andacollo, donde los
indios andacollinos sacaban a pasear na a la playa del mar, y de otra parte a un de indios de depósito —el nuevo es-
a la Virgen mientras la celebraban con
río». A fines de ese año Valdivia acudió
2
tatuto de los indígenas al suprimirse
danzas típicas. Claudio Gay. Atlas de la
historia física y política de Chile. para nombrar al primer cabildo y repar- la esclavitud de los capturados en la
París: Imprenta de E. Thunot, 1854.
tir, según el conquistador, entre cien y guerra— y de indios libres asentados
Colección Iconográfica Archivo Central
Andrés Bello, Universidad de Chile. doscientos indios 3
para alrededor de por contratos de trabajo.

96
Los siglos coloniales
El valle del Elqui adquirió sus caracterís- en 1687 destruyeron la red de canales Destacaron en la actividad de batir el
ticas inconfundibles durante los siglos de los valles costeros del Perú, junto a cobre los indios «caldereros».
XVII y XVIII. La ocupación de la cuenca se la peste del polvillo negro, que ataca a
hizo con rapidez, como prueban las nu- los trigos blancos y candeal,8 hundieron El crecimiento acelerado de la población
merosas capillas construidas tanto en los la producción cerealista del virreinato y
9
llevó a intentar la extensión de los cultivos
pueblos de indios como en las estancias. 7
desde fines del siglo XVII y hasta 1735, a sectores cubiertos por la vegetación xe-
el valle se convirtió en gran productor rofítica propia de la región. Al desmonte
En el sector inferior del valle del Elqui del cereal. por motivos agrícolas se sumó el produ-
las extensas mercedes de tierras dieron cido por la minería, con la consiguiente
origen a estancias dedicadas a la gana- Todos los frutales provenientes de la pe- pérdida de la vegetación y el deterioro
dería, con sus subproductos de sebo y nínsula se aclimataron. Por otra parte, la del suelo. La crisis de 1735-1740, debido
cordobanes, y la crianza de mulas. Los extracción del cobre y del oro en Elqui, al descenso del precio del cereal, origi-
jesuitas fueron dueños de dos estancias, principalmente en Andacollo, permi- nó la sustitución del trigo por la vid. Por
ambas denominadas La Compañía: una tió absorber como mano de obra a los razones climáticas, la parte superior del
frente a La Serena, en la ribera norte del numerosos mestizos e indios libres, que valle del Elqui y del valle del río Claro y sus
río, y otra frente a Vicuña, al sur del río. formaban una temida masa de vaga- afluentes se convirtieron en el centro de
bundos y ladrones, y producir objetos
10
la producción vitivinícola y de destilados,
Muy tempranamente se inició en Elqui de cobre, como pailas, braseros, mor- productos que se comercializaban en
el cultivo del trigo. Los terremotos que teros, tachos, alquitaras y alambiques. Copiapó, Santiago, Valparaíso y Lima.11

97
Los siglos republicanos
En 1833 se creó en la provincia de valle se construyeron dos importantes el invierno a las veranadas cordilleranas. Ya
Coquimbo el departamento de Elqui, obras de regadío: la que permitió regar antes de 1870 existía una sólida industria
cuyos límites fueron fijados en 1853. Su La Pampa, al sur de La Serena, para sa- pisquera, si bien la introducción de cepas
capital, Vicuña, fue fundada en 1821 en la tisfacer la demanda local de verduras y francesas hacia 1880 no tuvo éxito hasta
ribera norte del río Elqui, en terrenos de frutas; y el canal de Bellavista, prolonga- fines del siglo XX. En un sector de irregular
la hacienda Marquesa Alta. Desde en- do para regar los extensos llanos de Pan pluviosidad anual, estas iniciativas fueron
tonces Vicuña se convirtió en la cabecera de Azúcar, al suroriente de Coquimbo. 12
posibles por una sostenida labor de cons-
administrativa de la parte alta del valle, trucción de canales de regadío. Sólo en el
mientras que de la parte inferior lo fue Desde Vicuña comenzaba el sector vitivi- siglo XX el Estado construyó dos embal-
La Serena. Este último sector mostró su nícola, al que, debido a su clima seco y ca- ses: La Laguna y Puclaro.
vocación por los cultivos anuales —maíz, luroso, se agregó una especialización en
cereales, papas—, papayos y chirimoyos, duraznos e higos, además de una gana- En 1825 se produjo el descubrimiento
mientras que la ganadería se dirigió a la dería trashumante, que desplazaba ovinos del fabuloso yacimiento de plata de
lechería y a la engorda. En esa parte del y bovinos desde los pastos de la costa en Arqueros, al norte de La Serena.

98
La minería de la plata continuó en Condoriaco, Rodeíto y
Quintana, en tanto que el cobre y el oro siguieron extrayéndo-
se de Andacollo, Brillador y La Higuera. Durante el siglo XX se
sumaron los yacimientos de hierro de Romeral, al norte de La
Serena, y de oro de El Indio, en la hoya del río Turbio.

La falta de buenas vías de comunicación fue la debilidad de


Elqui. Durante el gobierno de José Joaquín Pérez se inició la Dcha.: El Observatorio InterAmericano
de Cerro Tololo (CTIO) visto desde Cerro Pachón.
construcción de un camino, labor interrumpida por la guerra
Fotografía CTIO/NOIRLab/NSF/AURA/ J. Fuentes.
con España. Aunque en 1862 se había tendido la vía férrea de
Izqda.: Valle del Elqui. La imagen de los viñedos en contraste
La Serena a Coquimbo, sólo en 1883 se inició el tramo entre con los cerros pelados y la iglesia es pura belleza.
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
La Serena y Rivadavia. Pero la gran avenida de 1888, junto con
destruir numerosos predios agrícolas en el río Claro, inhabili-
Guanta, valle de Coquimbo. Esta estampa muestra
tó completamente el ferrocarril, que no se volvió a construir
la actividad agrícola, circunscrita a los valles con
hasta 1903.13 disponibilidad de agua. Gay delineó los campos
sembrados y las arboledas en medio de cerros
descubiertos de vegetación. Claudio Gay.
Desde la década de 1960, una nueva actividad, la astrono- Atlas de la historia física y política de Chile.
París: Imprenta de E. Thunot, 1854.
mía, se desarrolla en el valle del Elqui, con la construcción del
Colección Iconográfica Archivo Central Andrés Bello,
enorme observatorio del cerro Tololo en 1967. Universidad de Chile.

99
Sangre de pampa inmortal,
breve surtidor lejano,
¿quién se robó tu caudal
y te ha dejado descalzo?

Doris Araya, profesora, «Romance del río Loa»


(premio Primera Jornada de Poesía, Antofagasta 1948).

100
Río en Atacama. Benito Rojo, 1992.
Acrílico y óleo sobre tela, 180 x 155 cm. Colección particular.

101
II RÍOS DEL CENTRO
DESDE EL CHOAPA AL MAULE
CHOAPA
Los pastores trashumantes
del Norte Chico
Valeria Maino

El río Choapa nace en la cordillera andina de la reunión


de los ríos Totoral y del Valle, que drenan la vertiente po-
niente del cordón limitáneo internacional. Este río desa-
rrolla su curso de 160 kilómetros con rumbo al noroeste
hasta la junta en el Canelillo con su afluente principal, el
río Illapel. El Choapa, así reforzado, mantiene dirección
al oeste-noroeste hasta desembocar en el Pacífico en la
rada de Huentelauquén.

El afluente de mayor importancia del curso inferior es el es-


tero de La Canela, que concurre por su lado norte, a diez kiló-
metros del mar. Quedan a su vera los pueblos de Canela Alta
y Canela Baja, creados por los lavaderos de oro. Llega por el
sur al Choapa el estero Millahue, muy cerca de su desembo-
cadura.

El gasto medio anual del río Choapa en Cuncumén alcanza


los 8,42 metros cúbicos por segundo, según una estadística
de treinta años. El agua de esta cuenca es aprovechada en el
regadío. En 1990 había unas 21.000 hectáreas bajo canal, pero
con el riego por goteo, esas cifras han aumentado.

La vegetación natural en la cuenca es variada. Entre los árbo-


les están el maitén, quillay, algarrobo, boldo, litre, lun y espino;
los arbustos son pacul, huañil, palo negro, olivillo, trupa, atu-
temo, talhuén, palqui, maqui, alcaparra y puya. En los cerros
crecen cactáceas columnares y rastreras. En primavera flore-
cen variedades de lirios y añañucas. En algunas quebradas
del curso medio hay palmas chilenas. En la caja de los ríos
salen juncáceas, sauces, colas de zorro, chilcas, breas, rome-
ros y otras plantas del género Baccharis. En la alta cordillera
crecen pastos duros, llaretas y formaciones de vega.1

Rada de Huentelauquén, desembocadura del río Choapa.


Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2016.

105
La hacienda del Choapa
La hacienda del Choapa se mantuvo en Bruno Larraín Aguirre, presidente de la
una familia y una institución por más de misma y nieto del marqués de Montepío.
tres siglos. Su última propietaria fue Ma- Esta villa se llamó Salamanca en honor
tilde Salamanca, hija de Isabel de Zava- a su dueña; se bautizó la plaza como
la y Bustamante y de Manuel Silvestre Aguirre, en recuerdo del marqués; y las
Izqda.: Carretero y capataz. Salamanca Cano de Aponte, nacido en calles norte-sur llevaron los nombres de
Estos dos «tipos» de personas aparecen
Villa de Mora, en Burgos (España), ve- los benefactores de la Casa de Huérfa-
representados con sus indumentarias
características y rasgos propios de sus nido a Chile con su tío Gabriel Cano de nos. También Larraín solicitó al Congreso
oficios, insertos en un paisaje peculiar.
Aponte, gobernador entre 1717 y 1733. en 1864 cambiar el límite entre las pro-
Dcha.: Chelinga, Illapel. Claudio Gay, 1854.
Salamanca fue maestre de campo, ge- vincias de Coquimbo y Aconcagua para
Atlas de la historia física y política
neral, brigadier de los Reales Ejércitos, volver al de 1826, sin conseguirlo. Este lí-
de Chile. París: Imprenta de E. Thunot.
Colección Biblioteca Nacional de Chile, caballero de la Orden de Santiago, go- mite dividía estos fundos, quedando en
disponible en Memoria Chilena.
bernador y capitán del Reino de Chile Coquimbo Cuncumén, Llimpo y Las Ca-
entre 1734 y 1737. sas, y en Aconcagua, Tranquilla, Coirón,
Quelén, Tambo y Tahuinco.2
Hacienda o mansión de campo.
En ese entonces, la hacienda del
A la izquierda, se aprecian unos
hombres trillando el maíz; a la derecha, Choapa se componía, de cordillera a En 1928, el gobierno de Carlos Ibáñez
un matadero donde la carne se cuelga
mar, de doce fundos: Cuncumén, Chille- dictó la Ley de Colonización, iniciándose
a secar. Frente a la casa, la tienda de la
hacienda y una mujer y un niño que se pín, Tranquilla, Coirón, Llimpo, Quelén, con la parcelación del fundo Las Casas.
dirigen al mercado a caballo para vender
Las Casas, Tahuinco, El Tambo, Limáhui- Hasta 1941 no hubo mayores cambios,
flores y leche. Peter Schmidtmeyer.
Dibujo de George Scharf, el mayor. da, Las Cañas y Las Vacas. pero el gobierno prohibió a la benefi-
Grabado de Rowney & Forster.
cencia seguir con los arriendos. Después
Litografía coloreada a mano.15,5 x 24,8 cm.
Viajes a Chile sobre los Andes, 1820-1821. En 1843, la Junta de Beneficencia acordó hubo otros proyectos fiscales y terminó
Londres: Longman, Hurst, Rees, 1824.
fundar un pueblo en torno a las casas de con la Ley de Reforma Agraria de 1960,
Colección John Carter Brown Library,
Brown University, Providence. Matilde Salamanca, tarea que cumplió que se inicia en el valle del Choapa.

106
La trashumancia
El interés por la trashumancia se ha los caminos. El sur de Italia era atra- Una vez que introdujeron los ganados
acentuado en los últimos años. Existe la vesado en la época romana por vías, en América, los españoles trataron de
preocupación por que pueda desapare- que luego cambiaron su nombre por imponer la legislación de la Mesta, a
cer, por el uso de camiones para mover tratturi. En los reinos españoles eran pesar de los factores geográficos ad-
los animales o por las formas de admi- conocidas como cabañas en Aragón, versos. Así se hizo en Santo Domingo
nistrar un plantel, con el ganado esta- carredadas en Cataluña, azadores en y México.
bulado y alimentado con productos pre- Valencia y cañadas en Castilla. Es-
parados, que no necesita pastar en las tas rutas lindaban con los cultivos al- En Chile, según los historiadores, no
cordilleras. Además, inhiben esta cos- deanos y el habla constante terminó se aplicaron estas leyes, a pesar de
tumbre los controles sanitarios a la parti- denominando «cañada» a cualquier que era el único país con clima me-
da de los rebaños y las fronteras, aunque camino por donde pasaran las ove- diterráneo en Iberoamérica. Sin em-
el turismo vendría en ayuda de esta mi- jas. Los ganaderos, agrupados en la bargo, existen indicios de la Mesta en
3
lenaria tradición. En efecto, Francia tie- Mesta, acudieron a la Corona por un las rutas llamadas «cañadas», como la
ne planes de protección y en las fechas privilegio que asegurara su paso por Cañada en Santiago, que conserva los
de subida de los ganados a los Pirineos, los pueblos, donde tenían proble- setenta y cinco metros de ancho de la
la ruta se llena de turistas, que pueden mas con los agricultores, de modo Cañada Real. La anchura de las cañadi-
alimentar a los corderitos y observar la que en 1273 Alfonso X les concedió llas era la mitad, como en la Cañadilla
esquila de las ovejas, apostando cuánto el privilegio de la anchura de la Ca- de Olivares y la Cañadilla de la Chimba,
demorará cada pastor en esta faena. ñada Real, de noventa varas (setenta que hoy corresponden a las avenidas
y cinco metros). Los Reyes Católicos Brasil e Independencia, que fueron,
La trashumancia se efectúa siempre ampliaron las penalidades para los con la Alameda, las calles mayores de
por las mismas rutas; así se crearon que entorpecieran la trashumancia. Santiago hasta 1872.

107
La trashumancia en Chile
La trashumancia existe en Chile desde costa, cuyos propietarios pagaban a los
la Conquista y se conoce como «vera- hacendados de la cordillera por cada
Fiesta de la Trashumancia
nadas». Esta costumbre de mover los cabeza de ganado que subía. Claudio
y del Criancero Caprino. Illapel, 2013.
En esta fiesta costumbrista celebrada en rebaños en las mismas estaciones se Gay, que analizaba los cultivos en la zona
diciembre, miles de cabezas de ganado
mantuvo por siglos entre el río Limarí y central a mediados del siglo XIX, señala-
caprino parten a las veranadas en los
sectores cordilleranos y los crianceros los ríos Longaví y Perquilauquén, cuan- ba: «En las montañas de la cordillera de
atraviesan la ciudad con sus animales,
do la matanza se hacía en marzo o abril, la Costa y en la de los Andes, ocupan las
siendo despedidos por la comunidad.
Colección I. Municipalidad de Illapel. una vez que se bajaba el ganado de la alturas miles de vacunos y ovejas, que
cordillera. Hasta la década de 1970, en pasan de una hacienda a otra por falta
Farellones, durante el verano, las ovejas de cierros. Al bajar los rebaños antes del
Majada en Cuncumén, Salamanca, 1948. pastaban en las pistas de esquí. Lo mis- invierno se separa el ganado y se marca».
La trashumancia en esta región puede
mo ocurría en los valles cordilleranos
desaparecer pronto si se mantienen las
condiciones climáticas de los últimos del Maipo, en las termas del Flaco, al in- Ese paisaje ha variado en estos ciento
años, que muestran promedios de
terior de río Tinguiririca, en Curicó y en cincuenta años, dejando el piedemonte
precipitaciones muy bajos y, por tanto,
la extinción de la vegetación natural, la laguna del Maule. de los Andes con una vegetación muy
condenando a los cabreros más pobres y
raleada, mientras que en la cordillera de
sin tierras a eliminar su ganado.
Papel fotográfico opaco, monocromo. 17,3 En las provincias de Aconcagua y Co- la Costa los árboles nativos están sólo
x 23,5 cm. Enciclopedia Chilena 1948-1971.
quimbo, la trashumancia era una activi- en ciertos lugares porque se han refo-
Colección Biblioteca del Congreso
Nacional de Chile. dad propia de los grandes fundos de la restado con especies extranjeras.

108
La trashumancia en el Choapa
La antigua hacienda del Choapa se ha- Actualmente la hacienda de Cuncu-
bía especializado en la cría de animales mén, en el valle del Choapa, pertenece
mayores y menores, para producir sebo, a la minera Los Pelambres, igual que
cuero y charqui, o animales en pie, de la mina Pachón, al otro lado de los An-
venta a las minas del norte. Cuando la des, lo cual le ha permitido organizar
Casa de Huérfanos recibió estos fundos, la trashumancia siempre que los crian-
estaban arrendados a los mineros del ceros de veinte mil cabras cumplan las
valle. Como ellos movían a los inquili- normas de conservación del medio
nos a distintas partes del campo, no se ambiente, las exigencias sanitarias del
veían casas ni cultivos, pero podían te- Servicio Agrícola Ganadero y las de las
ner animales. En 1887, se calculaba que autoridades argentinas, facilitando que
los valles del Choapa e Illapel mantenían los ganados puedan alimentarse, sin
cincuenta mil vacunos y caballares, no- exceder la capacidad de pastura de los
venta y cinco mil ovejas y cabríos, y man- sitios asignados a cada rebaño. Por más
daban anualmente al norte casi once mil de veinte años, los registros han ido
animales. Muchas de estas reses subían mejorando anualmente. A la partida de
a las veranadas, de noviembre a marzo, los rebaños, los crianceros pasan por las
ocupando hasta las vegas de Calingasta, calles de los pueblos, siendo celebrados
en la provincia de San Juan (Argentina). por los vecinos.

109
ACONCAGUA
Y MAIPO
Ríos que dieron vida a los primeros habitantes
Fernanda Falabella

Entre la cordillera y la costa, en esta zona existió desde hace más de doce mil años un
modo de vida cazador-recolector que poco a poco fue evolucionando hacia la horticultura
y el sedentarismo. Los grupos Bato, Llolleo, Aconcagua y, por supuesto, el Inca son algunas
de las comunidades que se asentaron al borde de lagunas, esteros y vertientes.
Exploración y ocupación inicial
Los indicios más antiguos hasta ahora cono- hasta los portezuelos que conectan con la ver-
cidos de presencia humana en la cuenca del tiente oriental de los Andes.
Aconcagua se encuentran en el sitio Piuquenes
(10160 a 9130 a.C.) y, en el caso del Maipo, en El Con el paso del tiempo, estos grupos fueron apren-
Manzano 1 (10140 y 8564 a.C.), ambas zonas cordi- diendo a conocer los recursos en estos parajes y en
lleranas.1 Estas primeras exploraciones encontra- la costa, adaptando sus técnicas para la obtención
ron en el sector andino una serie de condiciones de alimentos. Así, las puntas de lanza pedunculadas
apropiadas para un modo de vida cazador-reco- iniciales se cambiaron por puntas más pequeñas
lector que —con variaciones en el tiempo— per- que se lanzaban con estólicas para cazar los anima-
duró hasta la República. La cordillera presentaba les a mayor distancia. Si bien es posible que las mis-
varios atractivos: reparos rocosos para guarecerse mas bandas transitaran desde la costa a la cordillera
de las inclemencias del tiempo, plantas silvestres aprovechando la disponibilidad de recursos en dis-
comestibles, guanacos, vegas ricas en pastos, tintas épocas del año, los análisis químicos de indivi-
rocas de muy buena calidad para la confección duos de la hoya del Maipo muestran lo contrario. Los
de instrumentos y, por cierto, numerosos cursos grupos que habitaban el litoral se movían a lo largo
de agua que sirvieron de derroteros para mover- de la costa y los de la cordillera circulaban entre esta
se en estos accidentados parajes, desde el llano y el llano central.2

112
Hacia los años 3000 a.C. empiezan a ocurrir algunos cambios
trascendentales. Los circuitos de movilidad se amplían a luga-
Estero Monos de Agua, en el Parque Andino Juncal, afluente
res previamente inexplorados y los grupos utilizan cada vez del río Aconcagua en la alta cordillera. Las aguas de este río reciben el aporte
de la nieve, de los glaciares, de los glaciares rocosos y de las corrientes subterráneas.
más las semillas y frutos silvestres, lo que incluye el consumo
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
de quínoa (Chenopodium quinoa), producto cultivado que los
cazadores-recolectores obtenían de la vertiente oriental de
los Andes. 3 Estas transformaciones culminan poco antes del
«Red de caminos trasandinos incaicos en el Chile semiárido.»
inicio de la era cristiana, cuando se incorpora la horticultura, Valles del Aconcagua, Maipo y Cachapoal. Rubén Stehberg L.
Instalaciones incaicas en el norte y centro semiárido de Chile.
la producción de alfarería y nuevas formas de territorialidad,
Santiago: DIBAM, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1995 (Santiago: Mantor).
donde el sedentarismo afectó las maneras como cada comu- Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena.

nidad se organizó en el espacio y se integró a esferas sociales


y políticas más amplias. Estas transformaciones fueron pau-
latinas, se incorporaron a ritmos diferentes y varios grupos de Cajón del Maipo, camino a Baños Morales. Este gran valle se formó hace más
de 45 millones de años, cuando el choque de las placas de Nazca y del Pacífico
cazadores-recolectores continuaron su vida intracordillerana
levantaron el fondo oceánico, dando lugar a este maravilloso macizo andino.
hasta tiempos históricos. Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2018.

113
Sedentarismo, horticultura y alfarería
Transformarse en horticultores, aunque sea de forma parcial,
implica adaptar el estilo de vida a las necesidades del ciclo
cultivo-cosecha de las plantas, que requieren que se prepare
un terreno apropiado y permanecer un tiempo algo más pro-
longado cerca de los huertos para el cuidado de las plantas
durante su desarrollo.4 El primer producto cultivado en Chile
central fue la quínoa, que se encuentra entre los desechos ali-
menticios de la mayoría de los sitios de las comunidades alfa-
reras iniciales (300 a.C. a 300 d.C.). Como no es muy deman-
dante durante su crecimiento, debió integrarse bastante bien
a la movilidad que tradicionalmente mantuvieron los prime-
ros horticultores para la obtención de su alimento, pero poco
a poco habría influido en la transformación del sistema de
asentamiento y de la organización social. A partir de este mo-
mento, las pequeñas unidades familiares fueron poblando los
valles previamente deshabitados, de preferencia zonas planas
al borde de lagunas y rinconadas con esteros y/o vertientes.

La alfarería, por su parte, significó la disponibilidad de conte-


nedores que se podían poner sobre el fuego para calentar y
Río Maipo en sector Isla de Maipo.
cocer alimentos, ampliando el espectro de productos que el
La comuna de Isla de Maipo recibe su
nombre debido a que esos territorios eran cuerpo podía digerir, pero también limitó la movilidad durante
atravesados por diversos brazos del río
su manufactura. Las vasijas como los cultivos pasaron a ser ele-
Maipo, formando en medio una gran isla.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012. mentos distintivos tanto en el plano funcional como simbólico.
Bato y Llolleo
Entre los 200 a 400 años d.C. se consolidaron dos de blanco. Usaron tembetás como adorno labial, sin
grupos socioculturales, Bato y Llolleo, que com- duda un distintivo frente a los grupos vecinos. La
partieron el espacio contemporáneamente y ocu- desembocadura del río Aconcagua fue un sector de
paron los distintos rincones de las cuencas del gran densidad ocupacional Bato. La dispersión de
Aconcagua y el Maipo, conviviendo sin conflictos estos grupos fue hacia el norte, hasta el estero Los
aparentes. Molles (cuenca del río La Ligua), pero también ocu-
paron, aunque en forma más espaciada, el sur, hasta
Los grupos Bato (200 a 1200 d.C.) mantienen mu- más allá del río Maipo, por la costa y el interior.
chas similitudes con los modos de vida cazador-re-
colector en el instrumental lítico de manufactura Los grupos Llolleo (400 a 1200 d.C.), en cambio, se
muy cuidada, dieta en gran parte basada en recur- distinguían por sus collares de pequeñas cuentas
sos silvestres (fauna menor, peumo, frutilla silvestre, azuladas de piedra y una alfarería de gran destreza
ciperáceas, leguminosas), movilidad dentro de sus técnica, con jarros pintados con bandas en zigzag
territorios y comunidades basadas en unidades fa- rojas, decorados con hierro oligisto o modelados
miliares pequeñas de escasa integración social a con representación de caras humanas, animales o
escala regional. La horticultura era de baja escala: cucurbitas y ollitas con incisiones reticuladas en el
sembraban fundamentalmente quínoa, pero apare- cuello. Fueron plenamente horticultores y seden-
cieron las primeras evidencias, aunque escasas, de tarios. Cultivaron un conjunto variado de especies,
maíz (Zea mays) y de madi (Madia sativa Mol.), ade- maíz (Zea mays), porotos (Phaseolus sp.), calaba-
más de calabazas, de uso como contenedores, a juz- zas (Lagenaria sp.) y zapallos (Cucurbita sp.), ade-
gar por sus reproducciones en cerámicas. Producían más de quínoa (Chenopodium quinoa) y magu
alfarería con un estilo propio: asas en forma de ma- (Bromus mango), poácea actualmente extinta
melones, decoraciones con pintura roja y hierro oli- que los pueblos originarios de Chile cultivaban
gisto, incisiones lineales y punteadas, a veces rellenas para su alimentación. 5
Ninguno de estos grupos desarrolló sistemas de regadío; de-
bieron asegurar la provisión de agua con las lluvias estaciona-
les, vertientes y escurrimientos naturales, donde instalaron sus
huertos. Los Bato usaron preferentemente las inmediaciones
de paleolagunas y bordes de esteros; los Llolleo, en cambio,
ocuparon más las terrazas de los ríos. Esta diferencia segura-
mente deriva de las nuevas necesidades que impuso el maíz
para su cultivo, el que se consolidó y fue mucho más impor-
tante en la dieta entre los Llolleo. El maíz para ellos tuvo valor
alimentario y ritual e influyó en su percepción y relación con los
ríos y el agua. En el sitio El Mercurio, en la planicie entre el río
Mapocho y el cerro Manquehue, se encontraron restos de chi-
cha de maíz en algunos jarros depositados con los difuntos.6
El uso de la chicha entre los pueblos originarios de los Andes
tiene una larga tradición y estuvo vinculado a su importancia
social y simbólica en las fiestas y los rituales. Conlleva un sim-
bolismo asociado a la reproducción de la naturaleza y la vida.
Su preparación requiere del concurso de piedras de moler y
agua. Si bien no tenemos cómo conocer las visiones de mun-
do de los grupos Llolleo, es muy sugerente la importancia que
adquirieron los bolones del cauce de los ríos en estas activida-
des. Estos fueron colectados para transformarlos en molinos y
manos de moler que luego eran enterrados con las mujeres,
algunos de ellos previamente inutilizados. Al mismo tiempo,
los bolones naturales formaban parte de la parafernalia fune-
raria, cubriendo o rodeando los entierros.

La población Llolleo habitaba en caseríos de una o más vivien-


das, dispersos desde el Valle Central al mar, pero formando
agrupamientos entre las comunidades familiares más cerca-
nas y separados de otros por espacios vacíos. Ocuparon tam-
bién los valles cordilleranos para actividades estacionales. Se ha
constatado una gran diversidad en los tamaños y densidades
de estos agrupamientos: algunos fueron más estables y per-
manentes en el tiempo; otros se ocupaban esporádicamente.

Los grupos Llolleo, al permanecer el año completo en sus vi-


viendas, desarrollaron mecanismos de integración social con
sus vecinos y con comunidades más alejadas por medio de Arriba: Jarro, cultura Complejo Llolleo.
En el sector medio del cuello se encuentra modelado un rostro
relaciones de parentesco, lo que fue generando una trama
humano con perfil de cejas y nariz continuo y ojos grano de café.
social que les aseguraba acceso a territorios más amplios y La boca está realizada en decoración lineal incisa
y sobre el labio inferior se aprecia la silueta de un tembetá.
protección frente a situaciones de sequías o pérdida de las
11,5 x 85 cm. Modelado de arcilla, greda.
cosechas. Estudios químicos que han comparado la dieta y el Colección Museo Regional de Rancagua.

lugar de residencia de los individuos Llolleo cuando niños y de Abajo: Tembetás, cultura Complejo Llolleo.
Período Alfarero Temprano. El tembetá es un adorno labial
adultos muestran que algunos se iban a vivir a otros lugares,
que aparentemente habrían usado los varones adultos.
seguramente después del matrimonio, y la gran mayoría de Colección Museo Regional de Rancagua.

estos eran mujeres. Este flujo humano, las visitas a parientes y


ciertas instancias de congregación periódicas tuvieron como
consecuencia la dispersión de los estilos artefactuales en la Cajón del río Yeso. Formado a partir de los deshielos
del Paso del Portillo, el Yeso, junto a los ríos Colorado,
gran cantidad de sitios Llolleo conocidos hasta hoy desde la
Volcán y Mapocho, son los principales afluentes del río Maipo.
cuenca del Aconcagua al Maipo y más allá de sus confines. Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2013.

117
Los grupos Aconcagua
Hacia el 1000 d.C. se produjo una transformación profunda
en los patrones culturales. Cambiaron los adornos perso-
nales, las técnicas de producción, materias primas, formas
y decoraciones de la alfarería, los instrumentos líticos y sus
formas de uso, los implementos para inhalar y/o fumar, los
ritos mortuorios se realizaban en cementerios de túmulos, las
formas de entierro y la posición en que se disponían los indi-
viduos es radicalmente diferente, los cultivos alcanzaron ma-
Jarro y taza, complejo cultural Aconcagua,
decorados en negro sobre un engobe naranja. yor desarrollo y se advierten nuevas formas de manejo de los
Período Agroalfarero Tardío.
animales. No obstante, una gran cantidad de sitios habitacio-
Colección Museo Nacional de Historia Natural, Chile.
nales de esta época coincide espacialmente con sitios Llolleo
o Bato, lo que devela una recurrencia en el uso de ciertos lu-
gares como parte de un proceso social de construcción de
Viñedos en el lecho del río Aconcagua,
en el sector de Panquehue. paisajes culturales y de una memoria histórica perpetuada a
Al fondo, en el horizonte,
través de generaciones. También sugiere que es un cambio
se ve la cumbre del cerro La Campana.
Fotografía de Guy Wenborne, 2013. que ocurre en el seno de las mismas poblaciones del área.
A estas poblaciones se las ha llamado Aconcagua dirección, pues usaron de preferencia las terrazas
porque fue cerca de este río donde los investiga- cercanas al agua. Los encontramos en las riberas
dores encontraron por primera vez sus evidencias del Aconcagua y del Maipo-Mapocho, así como a
arqueológicas a comienzos del siglo XX. Estos gru- lo largo de sus afluentes. En el litoral los sitios se en-
pos expandieron y consolidaron la horticultura. La cuentran a ambos lados de las desembocaduras,
quínoa, los porotos y el maíz tienen mayor tamaño así como en espacios cercanos a esteros y lagunas
y variedad, lo que supone su manipulación y un uso costeras. Además de los sitios permanentes, hay
más generalizado de los cultivos. Su importancia
7
registros de movimientos estacionales con instala-
en la dieta se aprecia también en el incremento de ciones en la cordillera, los que parecen estar vincu-
molinos de canal amplio y manos de moler y en lados a la obtención de materias primas líticas y/o
las ollas de cocina, que presentan mucho hollín en al uso de veranadas para la caza o apresamiento
las superficies exteriores, señal de exposición pro- de guanacos. Estos se llevaban y aguachaban en
longada al fuego, y paredes con altos índices de los asentamientos, donde se criaban para aprovi-
conductividad, lo que las hace altamente eficien- sionarse de carne y cueros, aunque no llegaron a
tes para la cocción. Pero lo más significativo es la tener animales domesticados como la llama. Vivían
fuerte dependencia del maíz para su alimentación, en caseríos dispersos asociados a pequeños cam-
que ha sido develada por los análisis químicos de pos de cultivo, con viviendas de materiales perece-
restos humanos. Ellos demuestran que el maíz fue deros, aunque en algunos casos se han reportado
muy importante en la alimentación de los niños y basamentos de piedra. Estudios en la zona sur de
que, entre los adultos, hubo mayor consumo en los la cuenca de Santiago muestran que se ubican «ni
hombres que en las mujeres.8 muy lejos ni muy cerca» unos de otros, no más cerca
de 1,3 kilómetros y no más lejos de 4,1 kilómetros. Si
El maíz tiene requerimientos muy exigentes de bien no hay evidencias de un aumento demográfi-
suelo y humedad, lo que les hizo buscar terrenos co, los sitios residenciales son más densos que en el
fértiles cerca del agua. La localización de los asen- período anterior, por lo que se ha sugerido que eran
tamientos de los grupos Aconcagua apunta en esa habitados por un mayor número de personas.9

119
Otro cambio importante se dio en los ritos funera- «estilo» Aconcagua se dispersó y se mantuvo a tra-
rios. Los cementerios de túmulos, que se han con- vés del tiempo gracias a los contactos personales
siderado característicos de los grupos Aconcagua, desde el río Aconcagua hasta el río Cachapoal. A
están concentrados en la cuenca del Aconcagua la vez, existían diferencias en la frecuencia de uso
y al norte del río Mapocho y son de tamaños muy de distintos tipos de cerámica y sutiles variaciones
dispares.10 Como ejemplo, Huechún-1 tiene 19 tú- en el color del pigmento, en el tono de las arci-
mulos, El Algarrobal, en Til Til, 21, El Valle Chicauma llas y en la frecuencia de los motivos de las vasi-
cuenta con 102 túmulos y Hacienda Lliu Lliu, en jas Aconcagua Salmón, que muestran mayor cer-
Olmué, con 300. Su existencia implica un espacio canía social entre los habitantes del curso medio
público común para actividades que convocan a de los ríos con los de la costa y aquellos del valle
personas más allá del núcleo familiar residencial, central con los de la cordillera. La decoración con
lo que habla de nuevas formas de organización so- motivos abstractos y geométricos de color negro
cial y política. sobre el fondo de tono salmón se prestaba para
expresar códigos sociales que fueron seguramen-
Los análisis de la cerámica han revelado que la te comprendidos y compartidos por la población.
producción alfarera se realizaba en las comuni- El trinacrio, presente en todas las escudillas en su
dades, validando la idea de una autosuficiencia superficie externa, ha sido considerado un proba-
económica a nivel residencial y de que el famoso ble ícono de identidad grupal.

120
La presencia inca
Huestes incas, integradas también por indígenas Diaguita,
llegan al valle del Aconcagua hacia el 1400 d.C. o un poco
antes. El río Aconcagua representó un punto clave para el
Qhapaq Ñan o camino del Inca para conectar las rutas de las
vertientes este y oeste de la cordillera de los Andes, lo que se
concretó a través del paso de Uspallata, el mismo Camino Real
a Cuyo de la Colonia y por donde pasó el Ejército Libertador
en 1817. Se debieron superar grandes desafíos climáticos y to-
pográficos para abrir esta ruta y construir tambos para la ali-
Cerro El Roble. Desde su cumbre, la cuarta más alta
mentación y el descanso de los viajeros y sus animales. Uno
de la cordillera de la Costa, se tiene una completa vista
de estos es el tambo Ojos de Agua, en el río Juncal, última de los valles del Aconcagua, Til Til y Olmué. En esta imagen
es perfectamente distinguible el monte Aconcagua.
parada antes de subir la cordillera hacia Mendoza o descan-
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2015.
sar llegando en sentido contrario. Disponía de muchos recin-
tos rodeados por un muro y qolqas para almacenar víveres,
desde alimentos muy proteicos como pescados y carne de
Vista del Puente del Inca en la cordillera de los Andes.
camélidos, hasta otros ricos en carbohidratos como el maíz, Esta formación geológica es un peculiar fenómeno
natural sobre las aguas termales del río Cuevas.
papa, poroto y ají.11 Al poco tiempo encontramos las eviden-
Dibujo y grabado de Fernando Brambila. Madrid, 1798. Litografía.
cias incas en el valle del Maipo. Colección Museo Histórico Nacional.

121
Cordillera central, cerro El Plomo. Escogido por los incas
como Apu («guardián»), este cerro, uno de los más imponentes
de los valles centrales, abastece generosamente de agua
a los ríos Mapocho y Maipo desde sus glaciares.
Fotografía de Guy Wenborne, 2018.

Aríbalo inca. Cerámica alisada y pulida, engobe y pintura.


Alto 55 cm, diámetro mínimo 11,5 cm, diámetro 41 cm, ancho 47 cm,
espesor 0,9 cm. Proyecto «Bajo la Lupa». Subdirección de Investigación.
Servicio Nacional del Patrimono Cultural. J.P Turén 2019.
Colección Museo de Historia Natural de Valparaíso.

La estrategia no fue de dominio, sino de reciprocidad que apro-


vecha las relaciones previas entre los Diaguita y los Aconcagua
para lograr una integración en vez de una confrontación; no
obstante, marcaron claramente su jerarquía imponiendo sus
principios ideológicos, alterando el paisaje e imponiendo sus
códigos visuales. El resultado de esta estrategia fue la instala-
ción selectiva de espacios públicos con construcciones de pie-
dra, algo inédito en la zona, en la cima de cerros para festivida-
des y en las altas cumbres de los cerros Aconcagua y El Plomo
para realizar la Qapacocha. Asimismo, desplegaron un mundo
de representaciones visuales en la cerámica y en los petrogli-
fos que destacaba los principios ordenadores del mundo inca,
como la dualidad y la cuatripartición. Trazaron y mejoraron
rutas longitudinales y transversales que unían puntos de in-
terés. Intensificaron la agricultura, abriendo nuevas acequias,
y emprendieron la extracción de minerales. Se distinguieron
también por sus herramientas y distintivos de metal y recuas
de llamas de carga, todo esto previamente desconocido en la
zona. La impronta que dejaron fue desigual y heterogénea, re-
flejo de las relaciones dispares que lograron establecer con las
distintas comunidades y lonkos locales.

En el Aconcagua, el cerro Mercachas fue el espacio público más


imponente, con una gran meseta de 300 metros cuadrados en
la cumbre, a 500 metros sobre el nivel del valle y amplio dominio
del curso medio-superior del valle. Tiene un muro perimetral y
recintos rectangulares y debió ser usado para actividades pú-
blicas y religiosas esporádicas. Estaba próximo a la instalación

122
denominada «paredones del inga», a la acequia in- importante se ha recuperado en Quilicura, donde se
dígena Quechibuica, a varios cementerios y al ex- han encontrado varios cementerios que destacan
tenso sitio habitacional con muros de pirca doble El no sólo por la gran cantidad de ofrendas en las tum-
Castillo, posible asiento del famoso Michimalongo, bas sino por algunos individuos con tratamientos es-
jefe de la mitad superior del valle, de acuerdo con peciales, como uno que poseía dos keros idénticos,
Vivar (1966 [1558]). Similares características tiene el
12
signo de estatus, usados en libaciones entre señores,
espacio del cerro Mauco, cerca de la desembocadu- o la tumba que corresponde al entierro de más de
ra, con una altura de 728 metros, muro perimetral diez niños acompañados de un ajuar extraordinario,
y estructuras de piedra, que debió funcionar tam- con numerosas vasijas, plumas y cuentas de collar.16
bién para fiestas religiosas. El cerro La Cruz, cerca Otro sector, si bien no tan prolífico en cantidad de si-
de Catemu, en cambio, cumplió otras funciones. tios, tiene alta connotación política y ritual: es la zona
Destaca por la gran cantidad de objetos de cobre y del cerro de Ramón, a unos 1.900 m.s.n.m., donde
de plata (barras, punzones, aros, espirales, campani- se construyeron cuatro estructuras rectangulares
lla, cinceles y hachas), grandes contenedores, vasijas de piedra que parecen estar asociadas a la existen-
decoradas, restos alimenticios e instrumentos mu- cia de saltos de agua, fenómeno natural altamente
sicales, por lo que se ha interpretado como un lugar preciado en la cosmovisión incaica.17 Además, a los
no sólo de fiestas sino de intercambio en la que ha- pies del cerro se encontró el famoso cementerio La
brían participado locales y foráneos. 13
Reina, donde se enterró a personajes de muy alto
rango. Las tumbas tenían un túnel estrecho de en-
Uno de los sectores que muestran una presencia trada a una cámara o bóveda subterránea donde se
fuerte del inca es la zona ocupada actualmente por depositaba al individuo. Luego del entierro, se cerra-
la ciudad de Santiago, cerca de donde se encontra- ba la cámara con una pirca y se llenaba el túnel con
ban los «paredones del inga» documentados en los tierra y piedras. Entre los objetos más extraordinarios
mapas del siglo XVI. Varios edificios públicos próxi- se encuentran láminas de oro cosidas en textil, keros
mos a la Plaza de Armas están construidos sobre
14
de madera, individuos en andas de madera, ador-
lo que fue un asentamiento de época inca de don- nos de oro y plata, pinzas de cobre, clava de cobre de
de se han recuperado restos fragmentados de va- seis puntas y muchos esqueletos de llamas, además
sijas del más puro estilo cusqueño. Otro conjunto
15
de al menos 58 vasijas de estilo inca y diaguita.18

123
Para los incas, el agua, los cerros y las rocas eran Mapocho, entre los que habría dos rutas incaicas
apus (señores) y guacas (sitios sagrados). En la paralelas: el «camino antiguo del Inga»,22 con pir-
cumbre del cerro El Plomo, a 5.430 metros de cas construidas a ambos costados, y el «otro ca-
altura, subiendo por el río Mapocho, se realizó mino del Inga» —más al oeste—; ambos se unían
una de las ceremonias más importantes para el para continuar al sur como «camino de Chile o
Tawantinsuyu, la Qapacocha, que establece un del Inga». Articulados con los caminos constru-
vínculo ritual directo entre el Cuzco y una provin- yeron tambos e instalaciones con distintos fines
cia. Según relatan las crónicas, los participantes en colinas y cerros: en el cerro Chena, un pukará
irían primero a una gran fiesta al Cuzco para luego o fortaleza cerca de San Bernardo; en Collipeumo,
volver a sus lugares de origen y ser sacrificados. cruzando el Maipo hacia el sur; en Chada, cerca
Allí construyeron una plataforma circular y tres re- de la Angostura de Paine, a una jornada de cami-
cintos rectangulares de piedra, en el mayor de los no desde Chena; y en el cerro El Peral, en la mar-
cuales instalaron a un niño de unos nueve años, gen izquierda de la quebrada que aún conserva
con todo el pelo trenzado, quien, inconsciente el nombre de Quebrada del Inca.23 En la planicie
bajo los efectos de chicha, murió congelado y ro- que rodea estos cerros existen sitios residencia-
deado de los bienes más preciados: su vestuario les de las poblaciones Aconcagua locales, lo que
de fino tejido, una pulsera y un distintivo de cobre, muestra como las estrategias de penetración de
una bolsa con coca, finos tejidos, llamas de oro y los incas implicaban relacionarse con la población
pequeños objetos de mullu (concha de Spondylus local e intervenir el paisaje con elementos propios
del Ecuador de alto contenido simbólico) y una de su contexto simbólico: las construcciones rec-
pequeña figura humana de plata ricamente ves- tangulares de piedra canteada y las alturas. Desde
tida a la usanza inca. Esto es lo que se logró recu- aquí la ruta cruzaba un portezuelo que conectaba
perar del conjunto ceremonial, que debió conte- la cuenca del río Maipo con la del Cachapoal.
ner más ofrendas, ya que en el año 1954, cuando
unos arrieros bajaron al niño a Puente Alto, el lugar Los incas mejoraron los sistemas de riego e intro-
había sido previamente saqueado.19 Otro conjunto dujeron nuevos cultivos. Por vez primera se en-
ritual se ubicó en la cumbre del cerro Peladeros, cuentra ají (Capsicum sp.) y papa (Solanum tube-
a 3.920 m.s.n.m. Próximo a él se han descubierto rosum). Desde el río Mapocho se sacó la acequia
tramos de un camino que lleva a otro conjunto de madre o «acequia de Guachuraba», que pasaba
estructuras en Laguna del Indio. 20
por el portezuelo Collo (El Salto) y se dejaba caer
formando un humedal, desde donde se despren-
Quienes participaron de estas ceremonias de- dieron numerosas acequias menores para regar el
bieron ser los grupos locales, que entablaron las llano al norte del cerro San Cristóbal (Huechuraba,
relaciones más directas con los incas, adoptando Conchalí y Quilicura). Otras se dirigían al sur del
sus códigos culturales y la profunda simbología in- río para regar Vitacura, Apoquindo, Tobalaba y
mersa en sus rituales. Ello permite pensar en un Peñalolén. Esto significó ampliar las tierras para
nuevo sistema de autoridades, más jerárquico que el cultivo, que con anterioridad estuvieron restrin-
el de las comunidades Aconcagua, pero convi- gidas a zonas próximas a los esteros o vertientes.
viendo con el sistema tradicional en muchas otras No obstante, contrario a lo esperado por la am-
partes de la región. En efecto, otros sectores ha- pliación de los cultivos, el consumo de maíz entre
bitados muestran escasa influencia inca o se ad- la población de la cuenca del Maipo disminuyó,
vierte mayor mezcla de lo inca con las tradiciones probablemente a consecuencia de que esas co-
locales previas. 21
sechas estuvieron destinadas al acopio de maíz
que debía mantener el Inca para las celebracio-
Estudios recientes han reconstruido los cami- nes y comensalidad en sus relaciones políticas
nos utilizados durante el siglo XVI al norte del río con los locales.

124
Momia inca encontrada en la cima del cerro
El Plomo. Se trata del cuerpo congelado de un niño
de unos ocho años de edad, sacrificado por los incas
aparentemente en la ceremonia de la Qapacocha.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2006.

125
Laguna del Inca.
En la cordillera de los
Andes, a apenas 45
minutos en auto de
Santiago, sorprende este
ojo de agua oculto en
un llano a dos mil
metros de altura.
Fotografía de Jean Paul
de la Harpe, 2019.

126
ACONCAGUA El valle de Chili
Valeria Maino

Desde la época prehispánica, el valle del Aconcagua era el mejor trabajado


del país. Si bien en un primer momento los cultivos agrícolas, la ganadería
y sus productos derivados y la materia prima de la minería se destinaron al
consumo local y para uso de la Corona española, tras la Independencia y
con el desarrollo del comercio pasaron a exportarse al extranjero desde el
puerto de Valparaíso.
El valle de Chile o Aconcagua
a la llegada de los conquistadores
En el valle del Aconcagua pasó el invierno Diego de Almagro
y su hueste antes de iniciar el retorno al Perú. Este adelan-
tado y conquistador se había desilusionado del Chile real al
no encontrar ciudades, riquezas ni una abundante población.
Este grupo de militares retornados fueron vistos como unos
fracasados, pero tras las sangrientas guerras civiles en Perú
entre almagristas y pizarristas, el capitán Pedro de Valdivia
volvió a concebir la idea de una conquista de Chile.

Así, después de exponer sucesivos argumentos favorables


y de reiterados ruegos, el marqués Francisco Pizarro termi-
nó nombrándolo teniente de gobernador y capitán general

130
de los reinos de Chile el 11 de abril de 1538.1 Sin embargo, el
desprestigio de este país pesaba entre los españoles y le
iba a costar a Valdivia reunir hombres que lo acompañaran
a esta aventura. Desde su salida del Cuzco hasta San Pedro
de Atacama, parando en distintos lugares, fue recibiendo a
grupos de soldados que venían de otras exploraciones fraca-
sadas y conocían a Valdivia.

Finalmente, Valdivia llegó al «valle de Chile», o de Aconcagua,


pero siguió sin detenerse hasta el valle del río Mapocho,
donde fundó la ciudad capital del país. Invitó a los caciques
para que fueran a conversar con él, pero Michimalonko, de
Aconcagua Arriba, no aceptó la invitación y desafió a los es-
pañoles a muerte. En vista de su rebeldía, Valdivia volvió al
valle de Aconcagua y, con un grupo de jinetes, derrotó a los
indios y tomó preso a su líder quien, tras su captura, le mostró
a Valdivia los lavaderos de oro del estero de Marga Marga y
puso a sus indios a trabajarlos.

Sin embargo, Michimalonko organizó una rebelión, con ayuda


de unos diez mil indios, desde Aconcagua a Cachapoal. Este
alzamiento ocurrió con gran sigilo, matando a los españoles
y sus yanaconas en Marga Marga y a los que construían un
batel en Concón, a la vez que asaltaban la ciudad de Santiago,
que incendiaron. En medio del humo, se distinguió por su te-
merario valor Inés de Suárez, que mató a los caciques presos.
Era un 11 de septiembre de 1541.

Pedro de Valdivia organizó la reconstrucción y castigó al caci-


que Tanjalonko cortándole los pies, como ejemplo desalenta-
dor para nuevas insurrecciones. Después, en 1546, se reservó
Inés de Suárez en defensa de la ciudad de Santiago.
para sí la mayor merced de tierras del valle de Aconcagua,
Inés de Suárez es un personaje extraordinario por sus propios méritos.
que incluía las tierras de Limache, Quilpué y Marga Marga, Hazañas como hallar agua en medio del desierto, salvando a la tropa
de perecer de sed, o descubrir una conspiración contra Valdivia, son aspectos
desde la cuesta de la Dormida hasta Colmo, en Concón, con-
que le granjearon respeto. La acción que mayor gloria le significó fue su crucial
tinuando por la costa hasta el estero de Marga Marga y su- y cruento papel en el ataque a Santiago, dirigido por el toqui Michimalongo.
José Mercedes Ortega, 1897. Óleo sobre tela, 206 x 138 cm.
biendo por ese valle hasta Lampa, en la vertiente oriental de
Colección Museo Histórico Nacional.
la cordillera de la Costa. En diciembre de 1553 Valdivia murió
a manos de los indios en Tucapel, dejando la estancia en su
testamento al obispo Rodrigo González Marmolejo.2
A la izquierda, el «Adelantado Don Diego de Almagro Capitán Liberalissimo» y a la
derecha, «Pedro de Valdibia Governador de Chile». Antonio de Herrera y Tordesillas,
1728. Historia general de los hechos de los castellanos. Grabado, 20,2 x 16,2 cm.
A partir de 1550, el valle de Aconcagua se convirtió en un te-
Colección John Carter Brown Library, Brown University, Providence.
rritorio con escasos habitantes a consecuencia de los enfren-
tamientos y las enfermedades que trajeron los conquistado-
res, desconocidas y letales en este continente. Vivar dice que
Río Aconcagua, con el cerro Aconcagua al fondo. En la cordillera de esta zona
quedaban mil quinientos indios, cuando antes fueron miles, nacen innumerables quebradas por las que bajan más de veinte esteros
que vacían sus cristalinas aguas en cuatro lagunas y ocho ríos, los cuales
por lo que hubo que traer a encomendados de otros lugares,
a su vez riegan cinco valles interiores y recorren siete cajones cordilleranos.
incluso del otro lado de los Andes. Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

131
Los siglos coloniales
Por mucho tiempo pesó la falta de mano de obra indígena,
que sería la causa de la introducción de esclavitud negra
Ingenio de cobre. Peter Schmidtmeyer, 1824. en Chile. Rolando Mellafe calculaba que, en 1540, la pobla-
Litografía, 16,3 x 24,3 cm. Colección John Carter Brown Library,
ción nativa del actual territorio chileno era de un millón de
Brown University, Providence.
habitantes; en 1570 había unos siete mil europeos y criollos,
más diez mil mestizos, 450.000 indios pacíficos y 150.000 sin
someter, y unos siete mil negros. Cincuenta años después,
El rapto (El malón). En esta escena de una batalla entre los mapuches
y los españoles, Rugendas retrató el terror que el rapto de las mujeres producía en 1620, los europeos y criollos eran quince mil; los mestizos,
en el imaginario de la población blanca. Juan Mauricio Rugendas, 1834.
cuarenta mil; pero los indios pacíficos se redujeron a 230.000,
Óleo sobre tela, 43,2 × 50,8 cm.
Colección particular. mientras que los libres eran 250.000 y los negros, 22.000. 3
El oro
En un primer momento, el interés por tener encomendados
fue para ocuparlos en los lavaderos auríferos y en las minas
de cobre. La falta de mano de obra, que se agudizó a fines
del siglo XVI, hizo que se paralizaran los lavaderos de oro. El
padre Ocaña dice: «La gente de Coquimbo tiene muchas
minas de oro, como Andacollo, Nuestra Señora, Espíritu Santo
y Chualoco. Pero es oro suelto, no de veta y lo recogen laván-
dolo. Los coquimbanos son pobres por la falta de indios que
laven oro y trabajen en otras minas».4

Estas minas de oro siguieron siendo importantes por varios


siglos. Hasta el presente se trabaja el yacimiento de Andacollo
y en el de Chigualoco se lavó oro hasta 1960. Lo mismo ocu-
rría en 1935 con la Sociedad Explotadora Aurífera de Ocoa y
la Sociedad Minera Marga Marga. Durante la Segunda Guerra
Mundial entraron en actividad muchos lavaderos y minas de
oro incentivados por el gobierno, cuando las monedas euro-
peas perdieron valor y el oro resultó el mejor medio de cambio.

133
La ganadería
La mano de obra indígena para desempeñar labo- devastadores hasta el río Maule. En 1683 terminó
res rurales en la zona central fue en parte suminis- esta bárbara medida gracias a otra Real Cédula,
trada por el ejército de Arauco, creado a inicios del poniendo fin a una de las causas que alimentaba
siglo XVII, con las capturas realizadas en la zona al la guerra fronteriza.5
sur del río Biobío, según una Real Cédula de 1608
que autorizaba al ejército a reducir a la esclavitud a Por falta de mercados para los productos agríco-
los indios que fueran sorprendidos en rebeldía, con las y sin trabajadores para los cultivos, se prefirió
armas en las manos. Esta medida fue un poderoso en estos siglos la ganadería, tanto de vacunos, ca-
incentivo para las campeadas del ejército en terri- ballares, burros y mulas, como de ganado menor,
torio indígena, donde los soldados apresaban a los de cabras y ovejas. Para esta faena se solicitaba al
indios guerreros y se llevaban cautivos a sus muje- gobernador o al cabildo la concesión de terrenos
res e hijos, a los que vendían a buenos precios en la —llamados estancias— donde poner al ganado,
zona central o en Perú. Hubo todo tipo de abusos sin que la misma asegurara la propiedad de las tie-
con esta licencia, que dio lugar a que los indígenas rras. Estos territorios extensos se concedían tam-
se rebelaran violentamente en 1655, con efectos bién con las serranías, lomas, cerros y vertientes.

134
A su vez, los pobladores de las ciudades solicitaron cordobanes finos y las badanas para la confección
mercedes de tierras para los cultivos básicos y los de zapatos, bolsos y tafiletes. También se produ-
árboles frutales europeos. Los futuros propietarios cían cordobanes de capado, cordeles trenzados de
debían hacer la «toma de posesión» y la medición cuero, como los lazos campesinos, o aquellos con
correspondiente, tarea que efectuaba el alarife y los que se amarraban los horcones y las vigas de
Valle del Aconcagua.
que se estampaba en un documento oficial. Estas
6
los techos de las casas y las bodegas para darles
En segundo plano
mercedes se encontraban en terrenos planos en firmeza, tanto que algunas todavía se conser- se visualiza parte del
cauce del río, rodeado
torno a las ciudades y eran de poca extensión, van. Además, estaban las suelas de los cueros de
por terrenos de color
generalmente entre 200 y 400 cuadras, y dieron vacuno, con las que se fabricaba todo tipo de calza- gris y verde claro, y al
fondo, el Aconcagua
paso a las llamadas chacras, expresión quechua do y botas, los cofres de viajes, los grandes arcones,
nevado. Thomas Jacques
que significa «huerto». las sillas, sillones y la bella sillería de cuero repujado Somerscales, 1881.
Óleo sobre tela,
y taraceado de los coros eclesiásticos, y las puertas
72,5 x 125,5 cm.
Las grandes estancias y mercedes de tierras en interiores y de vaivén, estas últimas típicas de las Fotografía de
Pablo Maldonado.
Aconcagua darían origen en el siglo XVIII a ha- iglesias parroquiales cuando escaseaba la madera.
Colección Museo
ciendas más conocidas y de gran valor, como Asimismo, los cueros gruesos se usaban para recu- de Bellas Artes
de Valparaíso.
Pucalán, Purutun, Colmo, Rautén, Tabolango, San brir los techos de las casas en los lugares de poca
Isidro, Lliu Lliu, La Palma, Marga Marga, Ocoa, precipitación que carecían de greda para fabricar
Olmué, Limache, Quilpué, Quillota, Viña del Mar tejas, como Illapel, o también se utilizaban para
Planta y descripción del
o Las Siete Hermanas.7 Algunos de sus dueños cubrir la carga más delicada, que podría dañarse
valle de Aconcagua, 1900.
aparecen antes de 1594 entre los exportadores de con la lluvia y la brisa marítima en los viajes de las Material cartográfico.
Mapa color, pintura
bienes ganaderos al Perú. lanchas y faluchos de alta mar, como los quesos
de agua, 31 x 43 cm.
mantecosos que se elaboraban en algunos fundos Colección Biblioteca
Nacional de Chile,
Los productos más cotizados de este sector eran ganaderos de Aconcagua y Casablanca y que se
disponible en
los cueros de cabra, con los que se preparaban los exportaban a Lima desde Valparaíso. Memoria Chilena.

135
De la carne de vacuno se fabricaba charqui, carne desde los puertos de Valparaíso y Concepción,
seca o tasajo español, que se secaba al aire libre porque en 1594 se liberó del impuesto de almo-
bajo unas ramadas abiertas y se guardaba en jarifazgo a los productos agropecuarios chilenos
grandes líos que se enviaban a los puertos del exportados al Perú.8
Huasos de los norte y al Perú para el consumo cotidiano de los
alrededores de
mineros, así como de los sirvientes domésticos. El ganado en estas estancias no requería de cuida-
Valparaíso y Santiago.
Edmond Bigot de la Pero el producto estrella de la ganadería era el dos. Los vacunos estaban libres y desamparados
Touanne, 1828. Figuras
sebo, que se extraía de todos los animales sacri- frente a los ataques de pumas y cóndores, mien-
por Víctor Jean Adam,
litografía de León Jean ficados, se freía en grandes fondos metálicos y tras se encaramaban en los contrafuertes andinos
Baptista Sabatier e
luego se amoldaba. Los chicharrones que queda- en busca de pastos tiernos y de las aguadas y
impreso por Benard y
Frey. Litografía/Huella ban de las frituras se empleaban en la confección fuentes termales que existen en esos lugares. Las
192 x 272 mm/Hoja
del pan ordinario o galleta campesina; además, se estancias carecían de cierros; apenas en algunos
335 x 490 mm.
Colección Museo hacían velas y jabones. casos se hacían fosos profundos en los deslindes
Histórico Nacional.
de las propiedades para que los animales no pu-
La necesidad de sebo para cirios en el virreinato dieran cruzarlos. Para defender los escasos cultivos
del Perú era enorme, tanto para la iluminación existentes en los llanos, se hacían cierros altos de
Afluente del río
de las numerosas iglesias, conventos, santuarios y tapia tejada o se juntaban ramas de espino para
Aconcagua.
Sus afluentes principales oratorios, como para el uso cotidiano de velas en levantar un cierro de varios metros de ancho y de
son el río Colorado,
las habitaciones y salones de las casas de familias alto, capaz de evitar la intromisión de los vacunos
el Putaendo, el Juncal,
Río Blanco, Pocuro españolas y criollas, y el gasto en las viviendas de hambrientos y el paso de las intrépidas cabras,
y Limache.
los indígenas. Desafortunadamente no se tienen que se comían sin problemas los grandes cactus
Fotografía de Guy
Wenborne, 2013. muchos datos de esta exportación, que se hacía y la corteza de la vegetación espinosa.

136
Los animales se bajaban de los cerros dos veces cual no dan tiempo a que se pueda zafar».9 Esta
al año, a principios de primavera y después de faena campesina habla también de la firmeza
Semana Santa. Los jinetes pasaban días corre- y destreza de los mismos caballos, de mediana
teando a los vacunos para llevarlos al llano, donde alzada, descendientes de las jacas y rocines de
se separaban, marcaban y contaban las crías. Para Ronda, en Andalucía, que regaló a algunos estan-
detener a las reses que se arrancaban, los campe- cieros don García Hurtado de Mendoza y que se
sinos tiraban el lazo a todo galope o atrancaban cruzaron con los que trajo Pedro de Valdivia.10
a los animales contra las varas del ruedo. Estos
lances eran celebrados por sus compañeros de En las estancias que tenían ovejas, las mujeres
maniobras y ya, al inicio del siglo XVIII, a los más empleaban la lana de la esquila, teñida de distintos
diestros los empezaron a llamar «huasos». Los pri- colores con hierbas locales, para tejer las frazadas
meros que ponen por escrito esto son Jorge Juan en unos telares rústicos, hacer los ponchos
y Antonio de Ulloa, en 1743, cuando, estando en listados corrientes —los finos eran delgados y
Concepción, dicen que esos hombres son hábi- estaban tejidos con lana de vicuña— y fabricar la
les «para lanzar el lazo a toda carrera de caballo» bayeta, una tela basta y gruesa, con algo de pelo,
y que «es preciso, en pegando el lazo, que cierre que se empleaba para confeccionar la ropa de
para que sujete […] y correr a toda fuerza, con lo los campesinos.
Los cultivos
Los únicos cultivos industriales que había a comienzos del
siglo XVII eran los de caña de azúcar (Saccharum), origina-
ria del área tropical húmeda del sudeste asiático, y cáñamo
(cannabis sativa), también asiático, de la zona templada. La
plantación de caña de azúcar se llevó a cabo en el valle de
La Ligua en el sector del Ingenio, nombre que recuerda esta
actividad. Después, la caña fue reemplazada por las impor-
taciones de azúcar del Perú, hasta que en el siglo XVIII se la
volvió a plantar en el valle de Elqui.

El cáñamo, que se sembraba en La Ligua y Aconcagua, se


empleaba en la confección de alfombras, esteras, sacos
rústicos, jarcia –cordelería para manufacturar los aparejos y
San Felipe. Pedro José Amado Pissis. cabos de los barcos– e hilo de acarreto. De las semillas del
Acuarela sobre papel, 42 x 27 cm.
cáñamo se extraen aceites pesados, con los cuales se fabri-
Colección Museo Histórico Nacional.
can pinturas y jabones. En la colonia, se elaboraban con las
fibras del cáñamo cantidades apreciables de cordeles de
distintos diámetros y firmeza para diversos usos, incluso se
Una trilla. Claudio Gay, 1854.
Atlas de la historia física y política de hacían las mechas de los cañones, arcabuces y mosquetes
Chile. París: Imprenta de E. Thunot.
y los pabilos para las velas, productos del Aconcagua que
Colección Iconográfica Archivo Central
Andrés Bello, Universidad de Chile. abastecían las necesidades del país y de los vecinos.11

138
El trigo
Por el gran terremoto de Perú del año 1687, se des- siguieron comprando la misma cuota de trigo, que
truyeron las grandes obras hidráulicas prehispáni- era de 150.000 a 170.000 quintales métricos, durante
cas y también los canales matrices recubiertos, de el siglo XVIII, cifra que se podía cumplir con holgura
los cuales partían acequias enladrilladas que per- con apenas quince mil hectáreas de siembras.12
mitían regar las grandes extensiones dedicadas a
los cultivos de trigo. Esta catástrofe natural obligó A esta demanda se unió la necesidad de abasteci-
a los mercaderes peruanos, que importaban pro- miento del ejército de Arauco, con mil quinientos
ductos de la ganadería chilena desde Valparaíso y soldados. Para ello, hubo estancias del rey donde
Concepción, a comprar también en estos puertos se sembró trigo, como en la isla Santa María, como
los miles de fanegas de trigo faltantes, cantidad informaba Alonso de Ribera.13 También, a lo largo
que representaba un cuarto del total del consumo del camino de Melipilla a Casablanca, lo mismo
habitual del Perú. que por el de carretas, construido bajo el gobierno
de don Ambrosio O’Higgins a fines del siglo XVIII
Para los hacendados chilenos, este cereal no era y que salía de Santiago directo a la cuesta de Lo
un cultivo importante, ya que los habitantes de Prado, Curacaví, cuesta de Zapata, Casablanca y
Santiago lo sembraban en sus chacras, junto con de ahí al puerto de Valparaíso, se fueron constru-
las papas, legumbres, maíz y zapallos, y lo mismo yendo molinos de harina.
pasaba en Aconcagua, pero desde esa época,
para abastecer esta demanda externa, se hicieron A comienzos del siglo XIX, cuando se abrió el mer-
grandes siembras en las cercanías de los puertos: cado del Pacífico para el trigo chileno, las siem-
en Quillota, Casablanca e Ibacache, en Melipilla, por bras aumentaron bruscamente y se mejoraron los
donde iba el camino a Valparaíso, y en los alrededo- molinos con la llegada de los técnicos norteame-
res de Concepción. Pero los mercaderes peruanos ricanos en molinería.

139
La minería en la segunda mitad del siglo XVIII
La minería decayó después del siglo XVI, momento 1778 había cuadruplicado el valor del comercio
de esplendor con los placeres de oro, aunque en la de México, mientras que los mercaderes de Lima
segunda mitad del siglo XVIII volvería a experimen- hacían un gran negocio con el cobre chileno, pues
tar un auge importante con los descubrimientos compraban el quintal a no más de siete pesos y en
de los minerales de plata de Agua Amarga y de oro Cádiz se lo pagaban a cuarenta. También indica-
y cobre en muchos lugares de los valles transver- ba que el cobre chileno formaba parte del circuito
sales. En la expedición de los hermanos Heuland, económico de los balleneros norteamericanos: ad-
a fines de ese siglo, se dieron noticias de los yaci- quirían cobre en las playas solitarias y lo vendían
mientos de oro, plata y cobre que recorrieron desde bastante caro en los puertos chinos de Cantón y
Copiapó hasta Aconcagua. Visitaron varias minas Macao. Además, calculaba que Chile era el segun-
de oro y plata en Putaendo, así como otras de cobre do productor de oro en América, después del vi-
en el valle de Aconcagua, como Las Coimas. 14
rreinato de Nueva Granada, superando con mucho
a los virreinatos de México, Perú y del Río de la
Según Humboldt, al analizar en 1804 los datos de Plata, pero si a ese valor se le sumaba el oro que no
la minería chilena que encontró en Lima y compa- pagaba el quinto real porque salía de contrabando,
rarlas con las cifras de Nueva Granada y México, la la producción aurífera de Chile debía ser un 66 por
libertad de comercio declarada por la Corona en ciento mayor.15

140
También, con la libertad de comercio entre los puertos espa-
ñoles y algunos iberoamericanos, el comercio marítimo espa-
ñol aumentó rápidamente con la exportación de sus produc-
tos manufacturados y los de distintos países europeos, que se
pagaban con oro, plata y cobre, lo cual incentivó la producción
de estos metales en América. Con la creación del virreinato
del Río de la Plata en 1776, Chile perdió su provincia de Cuyo, al
lado oriental de los Andes, con las ciudades de Mendoza, San
Luis y San Juan, donde muchas de sus haciendas y estancias
ganaderas pertenecían a chilenos que residían en Santiago.
Por estos vínculos y por la lejanía a los puertos atlánticos, estas
localidades siguieron comerciando con los puertos chilenos
«Plano de la Villa de Santa Rosa de los
a través del paso cordillerano de Uspallata (llamado actual-
Andes, erigida en el Partido de Aconcagua
mente Cristo Redentor), que baja al valle de Aconcagua. Este en el año de 1792.» Jose Ignacio Dias
Meneses. Colección Biblioteca Nacional de
aumento del movimiento trasandino, sumado al proveniente
Chile, disponible en Memoria Chilena.
de Paraguay, llevó a las autoridades españolas a fundar Santa
Rosa de los Andes en 1798, donde se estableció la aduana.
El tráfico comercial hacia el Pacífico perduró hasta la cons-
Mineros. Claudio Gay, 1854.
trucción de la red de los ferrocarriles argentinos, después de Atlas de la historia física y política de Chile.
París: Imprenta de E. Thunot.
1870, que acercó esta región de Cuyo —ubicada a más de mil
Colección Iconográfica Archivo Central
kilómetros al interior— al puerto de Buenos Aires. Andrés Bello, Universidad de Chile.

141
Vista de Valparaíso.
La actividad comercial tras la independencia
convirtió a Valparaíso en el emporio comercial
del Pacífico, debido a que los barcos mercantes
que debían atravesar el estrecho de Magallanes
encontraban aquí el lugar más seguro para
almacenar y redistribuir sus mercancías.
Theodor Olhsen, 1891. Colección particular.

Valle de Aconcagua camino de Uspallata.


Las ciudades de la antigua provincia chilena
de Cuyo siguieron comerciando con los puertos
del Pacífico a través de este paso transandino.
Pedro José Amado Pissis, 1857.
Acuarela sobre papel, 270 x 194 mm.
Colección Museo Histórico Nacional.

Independencia y desarrollo económico


El valle del río Aconcagua y su provincia tendría su momento
de esplendor con el paso del Ejército Libertador de los Andes.
Esta fuerza militar se dividió para cruzar la cordillera de los
Andes: unos batallones pasaron por el portezuelo de Los Patos,
bajando al valle de Putaendo; otros cruzaron por Uspallata para
llegar a Santa Rosa de Los Andes; y otros, con menos soldados,
atravesaron por pasos más al sur, hasta el del río Teno. La di-
visión que comandaba O’Higgins se enfrentó en Chacabuco
a las fuerzas realistas, donde los patriotas ganaron ese 12 de
febrero de 1817. Por muchos años el 12 de febrero fue celebrado
como la fiesta patria, pero después de la guerra del Pacífico
esta fecha fue reemplazada por el 18 y 19 de septiembre.

Con la independencia, se abrieron los puertos al tráfico co-


mercial con todos los países, poblándose los puertos con
extranjeros. Lo que más les interesaba a estos comerciantes
era el cobre, especialmente a los ingleses, que entraban a la
India, donde este metal era muy apreciado. Así, pronto llega-
ron los mercaderes del puerto principal y los ricos mineros de
Copiapó y Coquimbo para invertir en el valle de Aconcagua.

142
Desde la época prehispánica, este valle era el mejor heredada de su padre José Antonio Díaz de Salcedo
trabajado del país, y en la década de 1820 ya se y Díaz de la Fuente, que la había recibido gratuita-
habían introducido arados europeos y empezado a mente, por aprobación del Congreso en 1827, a so-
construir canales de riego. Eduard Poeppig indica licitud de su primo, el presidente Francisco Antonio
que de aquí provenía la mayoría de los cereales Pinto Díaz. Uno de los hijos de esta familia, José
que se transaban en Valparaíso para enviarse al Díaz Gana, se haría millonario con el descubrimien-
extranjero. En ese momento estas haciendas esta- to de la plata de Caracoles en 1870, riqueza con la
ban sobrevaluadas, porque no se consideraban sus que compró valiosas propiedades rurales, como la
condiciones naturales, sino su renta excesiva de un hacienda de La Calera, en Aconcagua.
doce por ciento anual, lo cual sólo se explicaba por
la falta de caminos en otras localidades.16 Los Subercaseaux dedicaron la hacienda de Colmo
a la crianza de ovejas y vacunos para llevarlos vivos
Desde los años de 1830 fueron llegando mineros al norte. En 1859, a la muerte de Ramón, la heredó
ricos, como Ramón Subercaseaux Mercado y su su hija Victoria, quien se casó en 1867 con su primo,
hermano José Antonio, dueños de dos berganti- Benjamín Vicuña Mackenna. En sus manos se plan-
nes, con minas de cobre en Atacama, fundos en taron árboles frutales y miles de eucaliptos a orillas
el valle de Copiapó y mina de plata en Coquimbo del río, siendo los primeros ejemplares de ese litoral,
(Arqueros), quienes compraron en 1849 la ha- junto a los de la hacienda de Viña del Mar. En el pre-
cienda de Colmo —en la desembocadura del río sente, es un sector urbanizado, donde hay casas y
Aconcagua, en su ribera norte— a los Díaz Gana, hoteles de buen nivel de construcción.17

143
La hacienda de Concón, en la ribera sur del fundir cobre, aprovechando la disponibilidad de
Aconcagua, frente a Colmo, era de Rafael Maroto, leña de espino, con alta capacidad calórica. En esa
el rubio general realista vencido en Chacabuco y época era corriente que los fundidores adultera-
Maipú, que se había casado en 1815 con la única ran sus pastas, por ello Rengifo selló sus barras de
heredera de estas tierras, Ana Cortés García, a cobre con el nombre de Vichiculén, siendo el pri-
donde regresó después de la primera guerra car- mero en certificar su origen. A su muerte, en 1845,
lista en 1839. Volvió en 1846 a Concón, ya viudo, y su familia vendió la hacienda a José Santos García
administró esta hacienda hasta 1853. 18
Sierra, descendiente de una familia de hacenda-
dos y mineros de Combarbalá. García se casó en
Vichiculén había sido en el siglo XVIII parte de 1813 con Mercedes Agüero Astorga. Hizo fortuna
la enorme hacienda de Llaillay, en el sector no- como fundidor y minero de cobre en El Manantial
reste del cerro El Roble, que se dividió en 1803. de Catemu, por lo que fue catalogado como
Pertenecía a Agustín Vial Santelices desde 1827, millonario. Para sus hornos, compró Vichiculén
pero la trabajó su yerno Manuel Rengifo, quien como monte de leña. José Santos murió sin hijos
fue ministro de Hacienda de Joaquín Prieto y de y el fundo, heredado por su esposa, lo adminis-
Manuel Bulnes. Como la ganadería no daba lo su- traron los primos del marido, José y Wenceslao
ficiente, Rengifo imitó a otros terratenientes con Letelier Sierra, nacidos en Combarbalá en los años
negocios mineros y construyó varios hornos para de 1820.

144
En 1875 Vichiculén se encontraba entre los veinticinco fundos
de mayor valor en el país gracias a la eficiente administración
de José Letelier Sierra, que lo trabajaba desde 1858. Doña
Mercedes Agüero, a su muerte en 1878, lo deja como único
heredero de Vichiculén, más chacras en Quilpué y Curimón,
minas de cobre en Aconcagua y sus propiedades urbanas de
San Felipe y Santiago. Como él y Wenceslao poseían en el valle
de Aconcagua los fundos de Santa Teresa y Las Mazas, de gran
valor, con Vichiculén reunieron un tercio de la hacienda original
de Llay-Llay. En 1872 compraron con Valeriano Pinochet la ha-
cienda de Aculeo, al sur de Santiago, a donde trasladaron la fun-
dición de cobre de Vichiculén y el criadero de caballos chilenos
que José estaba formando. De común acuerdo, en 1878 estos
Arriba: Plano de la hacienda de Concón y establecimiento minero de lord Tomás
hermanos separaron sus propiedades, quedando Aculeo para
Cochrane, Quillota, 1836. En la desembocadura del río Concón (en azul) se puede
José y el resto de los fundos de Aconcagua para Wenceslao. apreciar un pequeño puerto. Colección Mapoteca Archivo Nacional Histórico.

Abajo: Hacienda Santa Rosa de Colmo. La casa patronal de la hacienda, morada de los
últimos tres años de vida de Benjamín Vicuña Mackenna, fue declarada Monumento
Como Vichiculén era de secano, se hicieron inversiones en
Histórico en la Región de Valparaíso en 1987. Fotografía anónima, 24,20 x 18,30 cm.
riego: en 1905 había 139 hectáreas regadas; en 1923, 376, plan- Colección Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.

tadas de cáñamo, tabaco, álamos y eucaliptos, forraje para


un plantel lechero y engorda de ganado que se traía del sur.
Cuando los descendientes de Wenceslao Letelier vendieron Cerro El Roble. Desde su cumbre, la más alta de la cordillera de la Costa,
se pueden observar el océano Pacífico y el cerro Aconcagua, así como
Vichiculén a Francisco Soza Cousiño en 1980, había 680 hec-
los bosques de robles (Nothofagus macrocarpa) que le dan nombre.
táreas bajo riego, plantadas con frutales de exportación.19 Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2014.

145
El ferrocarril, la valorización
de las tierras y las quintas frutales
En 1849, William Wheelwright obtuvo la concesión de la ruta, este ferrocarril costó más de once millo-
por treinta años para construir y administrar un fe- nes de pesos. En 1857 llegaba a Quillota, en 1862
rrocarril entre Valparaíso y Santiago, asegurándole alcanzaba Llaillay y finalmente entraba a Santiago
el fisco un interés del cinco por ciento anual por en septiembre de 1863.20
diez años y por un capital de seis millones de pesos.
Como demoraba la constitución de la sociedad, Con el ferrocarril se valorizaron los puntos in-
en 1852 el gobierno la organizó por siete millones, termedios entre Viña del Mar y Quillota, donde
siendo sus accionistas Matías Cousiño, por ocho- muchos porteños compraron quintas con frutales
cientos mil pesos, y doña Candelaria Goyenechea para destinarlas a lugares de descanso dado el
de Gallo, por seiscientos mil, ambos accionistas del buen clima, con poca oscilación térmica y una hu-
ferrocarril de Copiapó y millonarios de Chañarcillo, medad que no baja de 68 por ciento al mediodía.
además de Josué Waddington, inglés, comercian- Desde el siglo XVIII, se introdujeron en Quillota
te en Valparaíso y millonario desde 1830, que con- frutales tropicales procedentes del Perú, como el
tribuyó con otros seiscientos mil. El resto del capital chirimoyo, el lúcumo, el palto y la papaya peque-
lo puso el gobierno, para lo cual obtuvo un crédito ña. En el siglo XIX se adaptan frutales de Japón,
en Europa. Al final, con los errores y las correcciones como el níspero y el caqui.
El ferrocarril trasandino y el esquí
El viaje en ferrocarril era una actividad social y un paseo
para la juventud que veraneaba en los fundos del valle de
Aconcagua. Las estaciones se llenaban de gente esperando
a los invitados que iban a pasar el día desde Viña del Mar o
Valparaíso e incluso desde Santiago. Era común que las per-
sonas se bajaran en distintas estaciones para ver a amigos y
luego siguieran el viaje hasta otra estación, para terminar lle-
gando a su destino final en el último tren nocturno. Un viajero
español de fines del siglo XIX, impresionado por el ambiente
en los andenes, decía: «Hay demasiado lujo, el andén es una
exposición de trajes femeninos… Las ladies y las misses van
vestidas de tal manera, que sin cambiar un hilo de su traje
podrían llamar la atención en Regent Street».21

El ferrocarril trasandino lo construyeron los ingenieros chile-


nos Juan y Mateo Clark durante la segunda mitad del siglo
XIX, inaugurándolo en 1914. Con las facilidades de acceso que
daba este ferrocarril a las altas montañas, pronto se desarro-
lló la práctica del esquí, que se había puesto de moda en los Dcha.: Ferrocarril Trasandino. Este transporte fue
el intento de Chile y Argentina por mantener sus privilegios
Alpes suizos. Los inicios del hotel Portillo se remontan a 1930,
comerciales ante la inminente construcción del canal de Panamá.
cuando el Regimiento Andino decidió contar con un refugio Fotografía de Einar Altschwager, ca. 1940. Negativo sobre vidrio, 15 x 10 cm.
Colección Museo Histórico Nacional.
en el lugar e iniciar a sus soldados en la práctica del esquí. El
Izqda.: Estación Caracoles, Ferrocarril Trasandino
primer hotel estaba lejos de su emplazamiento actual, que
Los Andes-Mendoza. Fotografía de Enrique Mora Ferraz, 1930.
goza del panorama de la laguna del Inca y cuya construcción Tarjeta postal, monocromo gelatina sobre papel, 14 x 9 cm.
Colección Biblioteca Nacional Digital de Chile.
empezó en 1939. Entretanto, el 10 de enero de 1934 un gigan-
tesco aluvión proveniente del glaciar del río Plomo, pasando
por el cajón del río Mendoza, destruyó más de cien kilómetros
Viaducto de Los Maquis. Esta estructura de hierro de 117 metros de largo
de vías férreas, quedando inservible por diez años la parte
pasa por encima del estero de Chimbarongo, afluente del río Tinguiririca.
argentina del trasandino.22 Este tren, de trocha angosta, salía Antiguamente fue usado como parte de la ruta del ramal de San
Fernando a Pichilemu. Fotografía Díaz y Spencer, ca. 1885.
de Los Andes rumbo a Portillo y llevaba carros con sillones y
Papel positivo monocromo, 32,2 x 24,5 cm.
mesas donde se podía jugar y beber aperitivos. Colección Museo Histórico Nacional.

147
Inversiones en el riego de las haciendas
Palmar de Ocoa. en la segunda mitad del siglo XIX
Se trata de la población
José Tomás Urmeneta, el millonario del cobre de nivelados bajo riego, donde se sembraba trigo,
de palma chilena
(Jubaea chilensis) más Tamaya, quien tenía acciones del Ferrocarril del cebada, maíz, pasto y alfalfa; se construyó una
grande del país.
Sur, pero no del de Valparaíso, compró la hacien- casa elegante, parecida a las inglesas, con jardi-
Fotografía de Guy
Wenborne, 2016. da de Limache en 1860 con sus regadores de un nes floridos y rodeada de bosques, que Benjamín
canal de riego del río Aconcagua, iniciando varias Vicuña Mackenna llamaba el chateau.23 También
transformaciones en el campo, las instalaciones y construyó la iglesia de Limache, donde está ente-
Arriba: Juana Ross en las bodegas. Esta hacienda había sido de los je- rrado junto a su esposa.
de Edwards, siglo XIX.
suitas, como San Pedro, Ocoa, Colmo, las Palmas
Gran filántropa,
construyó y mantuvo y otras de este valle. Su yerno, Maximiano Errázuriz Valdivieso, compró
tres hospitales, seis asilos,
en 1872 la hacienda Gran Panquehue, en el de-
un hospicio, un orfanato
y numerosas escuelas. Este empresario hizo plantar una viña de 115.000 partamento de Los Andes, en nombre de la em-
Colección Archivo
cepas francesas de las clases pinot, cot, cabernet, presa de fundiciones Urmeneta y Errázuriz, en
Patrimonial Brügmann.
gamet y sauvignon; los vinos se vendían embote- principio por los enormes turbales que existían
Abajo: casa de la familia
Errázuriz-Urmeneta, llados, en cajas de doce unidades, dentro y fuera y que esperaba utilizar como combustible para
ca. 1891. Pareja en
del país, y además la viña fabricaba coñac. También las fundiciones de cobre de Guayacán y Tongoy.
coche a caballo, frente
a la casa antigua del mejoró el ganado vacuno con toros finos ingleses Al final, Errázuriz compró esta hacienda para sí
fundo Panquehue.
y se preocupó de seleccionar y mejorar los oveju- mismo al no resultar el negocio de la turba, dada
Fotografía papel positivo
monocromo, 19,6 x 11,3 cm. nos con ejemplares de raza. Mediante movimien- su escasa capacidad calórica para las fundicio-
Colección Museo
tos de tierras, pudo contar con dieciocho potreros nes. Mejoró los terrenos con drenaje y riego y se
Histórico Nacional.

148
decidió a plantar una viña de cepas francesas de trescientas
hectáreas; más del doble se dedicaban a granos; otras más a
nogales y cáñamo; y otras a cultivos.24

Estos fundos y haciendas siguieron aumentando de valor


por la plusvalía que les daba el ferrocarril y por las mejoras
constantes que hacían sus dueños. Según el catastro de
1897, las más valiosas en este valle de Aconcagua eran, en el
departamento de Los Andes, Panquehue, de la testamenta-
ría de Maximiano Errázuriz, y San Vicente, en Calle Larga, de
Javier García-Huidobro; en el departamento de San Felipe,
San Regis, antigua propiedad del marqués Felipe Cortés y
que a fines de siglo era de Rodolfo Hurtado, y la hacienda
Quilpué, que estaba al borde del ferrocarril, pero fuera de
la hoya del río Aconcagua, perteneciente a Juana Ross de
Edwards, una de las personas más ricas de Chile. Las otras
haciendas que existían a mediados del XIX, a fines de siglo
estaban divididas.25

149
Las industrias del valle
en los siglos XIX y XX
Junto a las múltiples minas de cobre, plata y oro la Fábrica Nacional de Cerveza de Limache. Luego,
y las no metálicas, de cal y cemento, la calidad de en 1901, se unió la fábrica de Carlos Cousiño, en
los productos de los fundos, haciendas y quintas Providencia (Santiago), pasando a llamarse Compañía
de este hermoso y ubérrimo valle lo hacían un Cervecerías Unidas S.A., con una producción de vein-
lugar ideal a los ojos de los inversionistas de dife- ticuatro millones de botellas de cerveza.
rentes industrias. Aquí están las primeras fábricas
de papel de estraza y de papel hilado de corteza La otra fábrica de grandes proporciones fue la
de palma chilena, del fundo Las Palmas de Ocoa. Sociedad Fábrica de Cementos Melón, que funcio-
Aparecen también las fábricas de tallarines, de naba en La Calera, produciendo cementos de alta
tabacos, de sémola, galletas y confites, de mue- calidad con el material que se extraía de los cerros
bles, persianas, ventanas y puertas, de pinturas, de La Calera y de los de la hacienda de El Melón.
jabones y perfumes, curtiembres, imprentas y Con este cemento se pudo abandonar el importa-
conservas de frutas. do; se construyeron en Santiago edificios de gran
calidad, como iglesias, el Club de la Unión, Banco
La más sobresaliente de estas industrias fue la de Chile, Banco Hipotecario, la Bolsa de Comercio y
Compañía de Cervecerías Unidas S.A., formada por muchas residencias de las calles Londres y París, en
dos cervecerías que se fusionaron en 1890, creando el barrio de San Francisco.

150
Fue unos de los cementos preferidos para la construcción
de muelles portuarios, instalaciones salitreras y grandes fá-
bricas de Santiago. 26

La Primera Guerra Mundial ayudó a que surgieran fábri-


cas manufactureras, sustituyendo así las importaciones de
Europa y Estados Unidos. El gobierno fomentó estas indus-
trias, de diferentes especialidades según la experiencia de
los inmigrantes, donde los capitalistas estaban dispuestos a
invertir. Entre los productos reemplazados, estaban los vinos
Izqda.: Interior de industria conservera
franceses, el coñac, el whisky y otros licores, así como los ci-
El Escorial, ubicada en Panquehue, San Felipe, V Región, ca. 1940.
garrillos, la ropa, los zapatos y otras cosas útiles. Las fábricas Fotografía Zigzag, Quimantú. Colección Museo Histórico Nacional.

se propagaron por las provincias de Valparaíso y Aconcagua. Dcha.: Instalaciones de la Compañía de Cervecerías Unidas
en Providencia, 1930. Negativo sobre vidrio. 18 x 13 cm.
Colección Museo Histórico Nacional.
En Viña del Mar existían fábricas desde el terremoto de 1906,
cuando varios porteños se trasladaron allá, pero en el valle de
Aconcagua las cosas se dieron de a poco. Quillota, en 1923,
Izqda.: Ensacadura de fosfato en industria Melón.
se distinguía con tres molinos de cilindro; también con una Pool fotográfico Zig-Zag, 1954. Papel positivo monocromo.
Colección Museo Histórico Nacional.
fábrica de conservas de frutas y legumbres, una refinería de
Dcha.: Bolsa de Comercio de Santiago.
sal, una curtiduría, dos fábricas de calzado, otra de cigarros y
Fotografía de Odber Heffer. Fondo Odber Heffer Bissett.
cigarrillos, una de escobas, otra de vino de quina y una textil. Colección Archivo CENFOTO, Universidad Diego Portales.

151
Además, contaba con dos barracas de maderas, que elaboraban
a pedido las piezas que se necesitaban, y una fábrica de tejidos
de alambres. En Limache estaba, además de las Cervecerías
Unidas, la fábrica de pasta Carozzi y la Compañía de Molinos; y
fuera de los alimentos, una fábrica de ladrillos, clavos, oxígeno y
otra de pólvora. No faltaba una fábrica de jarcias y cordelería y
dos de escobas, más la Fundición Peña Blanca.

En Los Andes, había tres fábricas de conservas de frutas y le-


gumbres, la de pasta Moltedo, tres curtiembres, dos de cal-
zado, otra de escobas y una de cigarros, cigarrillos y tabaco,
una de yeso y abono y tres fundiciones.

San Felipe tenía cuatro fábricas de bebidas gaseosas, una


de hielo, otra de cerveza, una de almidón, tres barracas, una
fábrica de jarcias y cordeles, dos de escobas, dos curtidurías
y dos fábricas de calzado, cuatro molinos de trigo y una fun-
dición, además de contar con la Compañía de Luz Eléctrica
Valle del Aconcagua.
de San Felipe, que daba servicio a la comunidad. También
Esta tierra de campos siempre se ha
caracterizado por su eterna fertilidad, funcionaba en 1923 la Sociedad Balneario y Aguas Minerales
hoy más incierta debido a las reiteradas
Jahuel, que daría fama a esa zona, creándose otros baños
sequías que acarrea el cambio climático.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012. termales que siguen en actividad. 27

152
Los fundos y haciendas
en el siglo XX
Los fundos y haciendas llegaron a su máximo En esta provincia, entre 1964 y 1973, se expropia-
esplendor en la década de 1920, cuando se cons- ron fundos, o se los tomaron. Después, la CORA
truyeron residencias modernas y paisajistas eu- (Corporación de Reforma Agraria) devolvió aque-
ropeos diseñaron los últimos parques. Esos años llos no pagados y distribuyó las parcelas entre
fueron de mucha riqueza gracias a las salitreras los asignatarios de los cancelados. Luego vino un
del norte, que le producían al fisco ingresos sufi- cambio radical, las tierras subieron de precio y em-
cientes para costear los gastos públicos y mante- pezaron las compras a los asignatarios, formando
ner al país funcionando, sin tener que exigir casi nuevamente grandes haciendas.
ninguna contribución.
La agricultura posterior a 1980 fue altamente efi-
El crac internacional de 1929 desencadenó una ciente, con riego tecnificado, podas y desinfeccio-
crisis de tales proporciones que Chile no se re- nes programadas y tareas especializadas en los
cuperó hasta cuarenta años después, cuando en huertos. Lo mismo pasó con los vacunos, especia-
1969 alcanzó el mismo valor de las exportaciones lizados en carne y leche, mientras que el ganado
que en 1920. Los fundos perdieron valor debido a
28
menor, de cabras y ovejas, se redujo a las cifras del
la poca rentabilidad causada por las medidas eco- siglo XIX. En el valle del río Aconcagua se aprecian
nómicas de los gobiernos de 1938 en adelante, que a simple vista estos cambios, como las nuevas
favorecieron la industrialización y no la agricultura. plantaciones en los cerros y los huertos. Los chi-
rimoyos, paltos y lúcumos se mantienen, más las
Con el terremoto de 1960, el gobierno ejecutó la plantas ornamentales de interior y las flores, de
reforma agraria, usando como modelo la produc- distintas variedades y colores, que alegran el pai-
tividad de las tierras de Aconcagua. saje de este mágico valle.

153
Valle del río Yeso.
Caballos y vacas se ven
diminutos en contraste
con las montañas
que los rodean.
Fotografía de Jean Paul
de la Harpe, 2018.

154
156
MAIPO Y
MAPOCHO
Cursos que definen el centro demográfico de Chile
Fernanda Falabella

En diciembre de 1540 Pedro de Valdivia, al mando de ciento cincuenta españoles,


con algunos compañeros de Almagro y un número indeterminado de indígenas
del Perú, arriba al tan deseado valle del Mapocho.

157
Contacto entre los naturales y europeos
Fueron once meses de arduo camino. Valdivia entró por la
ruta que habían utilizado los incas, instaló un campamen-
«La ciudad de Santiago de Chile, hacia 1600». to al norte del río Mapocho, entre el cerro Blanco y el San
Felipe Guamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno.
Cristóbal, y desde ahí mandó a su gente a explorar los alrede-
Transcripción, prólogo, notas y cronología Franklin Pease.
Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1980. dores. Encontraron varios caseríos indígenas.1 Desde la mira-
Colección Biblioteca Nacional de Chile,
da europea, el sector cumplía con las ordenanzas de las Leyes
disponible en Memoria Chilena.
de Indias para fundar un pueblo: terreno muy fértil, leña, pas-
tos, metales, aguas dulces, naturales para proveer servicio y
alimentos, vías de comunicación y alejado de pantanos y ani-
La fundación de Santiago. Esta pintura, todo un referente
del imaginario nacional, muestra al fondo el idílico paisaje del valle males ponzoñosos. No sabemos de forma cierta las razones
del Mapocho, con el río serpenteando a los pies de los personajes.
que llevaron a Valdivia a seguir el consejo del lonko del valle
Pedro Lira, 1888. Óleo sobre tela, 500 x 250 cm.
Colección Museo Histórico Nacional. del Maipo2 de construir su ciudad en la ribera sur. Lo cierto
es que el día 12 de febrero de 1541 se fundaba la ciudad de
Santiago de Nueva Extremadura al sur del río Mapocho. 3
Confluencia de los ríos Maipo y Mapocho.
La extraordinaria luz del atardecer atraviesa el esmog de la Región
Valdivia luego convocó a una reunión a los jefes de esos case-
Metropolitana y hace que los ríos y la carretera se confundan.
Fotografía de Guy Wenborne, 2007. ríos para advertirles que venía en nombre del rey de España

158
a tomar posesión de esas tierras, que si obedecían se identificaban con los territorios que habitaban,
y servían a los españoles serían bien tratados. Nos
4
pero no contemplaban la idea de autoridad ni
imaginamos el choque de mentalidades y lo poco de propiedad o dominio individual sobre el agua
que debieron comprender los locales de lo que ni las tierras. No acostumbraban a nuclearse en
les estaban hablando, lo que significaba «fundar «pueblos» ni aldeas; tenían sus caseríos familiares
un pueblo», ser cristiano, servir o poseer las tierras. a distancia unos de otros, en lugares estratégicos
Más allá del problema del idioma, esos conceptos para acceder a los recursos silvestres que nece-
no existían entre ellos. sitaban para alimentarse, proveerse de leña para
el fuego, para medicinas, fabricar instrumentos y
La población que entra en contacto con Valdivia hacer sus sementeras, así como relacionarse con
y su gente eran los descendientes de los antiguos los parientes para visitas, fiestas, rituales y para la
grupos Aconcagua, algunos de los cuales —unos ayuda mutua. Quienes para los españoles eran to-
más, otros menos— se hallaban aculturados por dos «naturales» que se vestían, hablaban y vivían
la visión de mundo de los incas y su tecnología igual, tenían sus propias microidentidades ancla-
minera y agraria. Su forma de vida estaba articu- das a un territorio. Pero ese territorio no era nece-
lada dentro del sistema de parentesco, en el que sariamente un espacio continuo, como lo eran las
por cierto reconocían a un lonko o jefe de familia y provincias hispanas.

159
Ellos solían tener tierras separadas de sus caseríos convocatoria para trabajos comunitarios, en la can-
que formaban parte de los espacios que podían tidad de parientes, en su generosidad para invitar a
utilizar para la caza, recolección y sembradíos. La fiestas y ofrecer mucha comida y bebidas. Tenían
documentación temprana, en especial los juicios una gran capacidad de oratoria, ya que eran quie-
de tierras, recoge claramente esta manera local de nes hablaban en las reuniones. Pedro de Valdivia
Río Maipo. Su cuenca
es utilizada para proveer concebir el territorio. Los indios de Colina y Lampa algo entendió de esta organización social y la natu-
de agua potable a la
contaban con potreros en la cordillera, y los últimos, raleza de la autoridad pues, para repartir las prime-
zona metropolitana,
así como para el además, ajieros en el manantial de Liray, en Batuco. ras encomiendas en 1541, asignaba al «cacique» con
riego de las cosechas.
Los indios de Puangue accedían a tierras cerca del todos sus principales e indios a un determinado en-
Fotografía de Guy
Wenborne, 2012. río Maipo para sembrar los años de sequía, el ca- comendero, a modo de unidad familiar.
cique de Melipilla tenía tierras al sur del Maipo y
pescadores en la costa, y el cacique de Talagante Estos indígenas de los alrededores de los valles del
Serenos, Crieurs de Nuit disponía de tierras en el valle de Mallarauco. 5
Maipo-Mapocho, en los primeros tiempos colabo-
a Santiago (Chili).
raron con los españoles. El cronista Vivar7 relata
La aparición de serenos
en Santiago revela las La autoridad, llamada por los españoles «caciques» que les proveyeron de maíz, guanacos, perdices,
crecientes dificultades
y «principales», refleja dos niveles de las redes de pa- palomas y pescado para el sustento y les ayuda-
para gobernar la noche.
León Jean Baptiste rentesco en familias extendidas donde el lonko (ca- ron a construir sus casas. Al cabo de unos meses,
Sabatier, 1828. Grabado
cique) o cabeza principal conformaba una red con sin embargo, empezaron las rebeliones, que cul-
sobre papel. Dibujante:
Edmond Bigot de la hermanos, hijos y sobrinos de unas tres generacio- minaron con el famoso asalto y quema de la ciu-
Touanne. 33,6 x 49 cm.
nes. Pero, a diferencia de la autoridad española, su
6
dad de Santiago,8 en ese entonces construida en-
Colección Museo
Histórico Nacional. poder se basaba en el prestigio, en su capacidad de teramente de madera y paja. A decir de Pedro de

160
Valdivia en carta al emperador Carlos V, salvaron mano de obra para las faenas agrícolas, cuidar ani-
apenas «dos almuerzas de trigo, un poco de maíz, males, conseguir madera y leña para los hogares,
dos cochinillas, un puerco, una gallina y un pollo». para el servicio doméstico y, especialmente, para
Por un par de años los locales se negaron a sem- los lavaderos de oro que funcionaban en Marga
brar para los españoles, quemaban sus semente- Marga y otros lugares. Como los indígenas no dis-
ras, se fugaban a los cerros y a tierras del sur. El ponían de bienes para tributar, tenían que ofrecer
estado de enfrentamiento duró unos años, pero, a su trabajo y pasaron a ser servidores de los enco-
la larga, la población local no pudo más que some- menderos.9 A veces los encomenderos se estable-
terse. Esto se materializó a través de encomiendas cían entre los indígenas que les habían asignado y
y mercedes de tierra. estos mantenían sus caseríos intercalados con las
tierras de los españoles; en otros, ellos eran trasla-
Los valles del Maipo-Mapocho fueron los que se dados y aislados de sus redes familiares. Si bien la
colonizaron más tempranamente por la cercanía encomienda no daba derecho sobre la tierra, los
a Santiago ya que el deseo de los capitanes era encomenderos empezaron a pedir mercedes de
tener sus chacras cerca de la ciudad. Se requería tierra junto a sus indios.

161
Las mercedes de tierra concedían la propiedad de la tierra
en forma gratuita. Se adjudicaban para distintos fines: para
solares dentro de la ciudad, para chacras asociadas a los so-
lares, chacras en la periferia, como estancias para el ganado,
como espacio para construir molinos o como trapiches para
moler los minerales.10 Toda La Dehesa, ocupada originalmen-
te por los Guaycoches, se destinó a potrero para los caba-
llos; en todo el llano del Maipo (Apoquindo, Vitacura, Macul
y Peñalolén) se entregaron mercedes para chacras. Se dice
que «no quedó vara sin repartir»11 y que «el territorio de las
actuales provincias de Valparaíso y Santiago era dominado
decisivamente por propietarios españoles en 1604».12 Estas
propiedades ocuparon las mejores tierras; se intercalaron con
zonas donde se mantuvieron caseríos indígenas que seguían
cultivando sus productos tradicionales, pero muchos de ellos
fueron trasladados y sacados de sus tierras. Un caso paradig-
mático es la historia de los indios de Pomaire.13 En 1583 Tomás
Pastene recibió una merced en Curacaví, caserío y tambo
indígena del que era encomendero, y trasladó a esa pobla-
ción a tierras baldías en un rincón del valle de Pico. Ese es el
origen del «pueblo de indios» de Pomaire, tan conocido en

162
tiempos actuales por su artesanía en greda. Años prehispana. En términos de la unidad socioterri-
Cajón del Arenas,
después se venden las tierras que ellos poseían torial originaria, se habían juntado comunidades río Maipo. El valle del
cerro Arenas tiene un
por el camino antiguo de carretas hacia el atajo alejadas, sin relaciones de cercanía espacial ni pa-
ecosistema único,
de Zapata, en Nemocalán. A modo de ejemplo, a rentesco, en una misma encomienda; asimismo, en donde podremos
ver glaciares, montañas
comienzos del siglo XVII se habían concedido más se había separado una misma comunidad en dis-
de colores y cauces como
de treinta mercedes en todos los sectores del va- tintas encomiendas. Se trasladaron comunidades el río Volcán o los esteros
La Engorda, Morado
lle de Puangue y los indios quedaron reducidos a completas a sectores baldíos o de otras comunida-
y Marmolejo.
los de Pomaire, Pico, Guechún y Melipilla, con en- des para que fueran ocupadas por los españoles. Fotografía de Jean Paul
de la Harpe, 2014.
tre doscientas y cuatrocientas cuadras según las Los mecanismos de cohesión social y de coopera-
Mensuras de Ginés de Lillo de 1604. Otro cam-
14
ción, basados en las juntas donde se ofrecía comi-
bio importante fue la instalación de un obraje en da y bebida, se persiguieron y prohibieron porque
Arriba: «Visitador de tierras».
el pueblo de indios de Melipilla para fabricar ropa se entendieron como simples «borracheras». Los
Abajo: «Notario y cacique».
para los ejércitos que iban al sur. Son los indios de «caciques» fueron muchas veces elegidos y nom-
Ambas hacia 1600.
este caserío quienes trabajaron en esta nueva in- brados por los españoles, evadiendo los canales
Felipe Guamán
dustria junto con indios trasladados especialmen- tradicionales y de acuerdo con sus intereses, de Poma de Ayala.
Nueva crónica
te para este fin desde Pichidegua, a los cuales se modo que empezaron a ejercer la autoridad bajo
y buen gobierno
les asignaron tierras para sus viviendas en la zona. principios de mando diferentes y relacionándose (codex péruvien illustré).
París: Université de Paris,
directamente con el español en desmedro de sus
Institut d'Ethnologie, 1936.
A comienzos del siglo XVII las comunidades ori- «indios». Por último, la cristianización y la imposi- Colección Biblioteca
Nacional de Chile,
ginarias se habían desestructurado casi com- ción de la monogamia alejaron a la población ori-
disponible en
pletamente y quedaba poco de la organización ginaria de sus tradiciones ancestrales. Memoria Chilena.

163
La economía del siglo XVI se había basado en gran 1778 el pueblo de Pomaire demandaba a la hacien-
medida en el oro. Si bien en la cuenca del Maipo
15
da de Pico porque el molino estaba consumiendo
existían escasas minas y de poca envergadura, casi toda el agua de la acequia y porque no la lim-
prácticamente todos los encomenderos en esa piaban, lo que reducía significativamente sus posi-
época tenían indios «deteneros» o peones mineros bilidades de riego en las tierras que le quedaban.
que eran enviados por varios meses a lavar oro al Las superficies regadas hasta mediados del siglo
estero Marga Marga. Con el agotamiento de las
16
XIX no eran mucho mayores que las mensuradas
vetas y la disminución del número de indios que por Ginés de Lillo a comienzos del siglo XVII. Luego,
se podía destinar a estas labores, en el siglo XVII la nuevas técnicas ingenieriles de regadío cambiaron
ganadería y la agricultura cobraron relevancia para el paisaje de estos valles al incorporar tierras áridas
la economía del reino. Las nuevas estrategias eco- a la agricultura mediante canales de nueva enver-
nómicas incentivaron la posesión de grandes ex- gadura que se perforaban a través de los cerros
tensiones de terreno o estancias. Estas se formaron mediante túneles como el canal de las Mercedes
juntando mercedes de tierras, agregando terrenos de 120 kilómetros, que perforó la cuesta Barriga
circundantes a los que ya se poseían y evitando la con un túnel de 1.500 metros de largo, o el canal de
Santiago. La ciudad se
división de los predios entre herederos. Ejemplo de Mallarauco.18 aprecia a lo lejos, desde
el acceso al valle por el
ello es la gran estancia de Pico que ocupó todo el
camino de Valparaíso, la
valle de Pico, a excepción de las tierras donde vivían En forma paralela, las autoridades comienzan ruta por la que llegaba
la gran mayoría de los
los indios de Pomaire. Situación análoga se vivió en a fundar villas, núcleos poblacionales en los que
viajeros del siglo XIX
los valles vecinos y en la cuenca de Santiago.17 Estas convivían españoles y mestizos. Entre estas pode- desembarcados en el
puerto. Dibujo de Juan
grandes propiedades, convertidas en haciendas, mos mencionar la fundación de la villa San José
Mauricio Rugendas,
fueron uno de los pilares fundamentales de la es- de Logroño de Melipilla en 1742, que conllevó la ex- litografía de François
Joseph Dupressoir,
tructura social chilena y caracterizaron el espacio propiación de las tierras de los indios de Melipilla y
ca.1840. París. Litografía/
rural en la zona central hasta entrado el siglo XX. de Pichidegua, quienes fueron trasladados al pue- Hoja 261 x 373 mm.
Colección Museo
blo de El Bajo de Melipilla, cerca del río Maipo, la
Histórico Nacional.
Esto requirió obras de regadío mayores. Se saca- villa San Jerónimo de la Sierra de Alhué en 1755, la
ron grandes acequias del río Puangue, como la de de San José de Maipo en 1792 y la de San Antonio,
Curacaví que servía a la hacienda de San Diego y reconocida como puerto en 1790. Otros núcleos
Monumento Natural
la del Maipo que regaba el valle de Pico, la misma surgieron de manera espontánea bordeando los El Morado. Este cerro, que
contiene el glaciar San
de tiempos prehispanos que entraba al valle por caminos o en torno a iglesias rurales.
Francisco, descarga sus
el portillo de Pomaire y que movía el molino de la aguas en el río Volcán,
afluente del río Maipo.
hacienda. Con el tiempo y el aumento de las zonas Durante el siglo XVIII en toda la zona central los
Fotografía de Jean Paul
regadas empiezan los conflictos por las aguas. En pueblos de indios fueron desapareciendo.19 de la Harpe, 2015.

165
Vista del valle del Mapocho. Esta vista desde el cerro Santa Lucía
tiene como fondo el paisaje de la cordillera nevada, con los cerros El Plomo,
El Altar y La Paloma. Claudio Gay, 1854. Atlas de la historia física y política de Chile.
París: Imprenta de E. Thunot. Colección Biblioteca Nacional de Chile, El río Mapocho
disponible en Memoria Chilena.
de la Colonia a la República
El tema de las aguas de riego, en una zona mediterránea, es
de vital importancia y así lo fue desde la Conquista en la zona
Plan van de Stadt Santiago Hoofdstadt van Chili. El mapa, además de iglesias,
central de Chile. En las primeras mercedes otorgadas por
órdenes religiosas e instalaciones municipales, muestra el río Mapocho y los canales
de él derivados. Incluye un inserto del cerro Santa Lucía. Amédée François Frézier, 1718. Pedro de Valdivia, se describía el trazado de las acequias con
(«Plano de la ciudad de Santiago»). Grabado, 13,9 x 20,5 cm.
sus nombres, ya que delineaba por lo general el límite de las
Relation du voyage de la mer du sud aux côtes du Chily et du Perou. París, 1718.
Colección John Carter Brown Library, Brown University, Providence. tierras y sugerían buenos suelos para el cultivo.

166
Agua para las chacras, los molinos y la ciudad
Desde la fundación de Santiago del Nuevo Extremo de Frézier de 1712, entre los canales que salen del
el río Mapocho fue parte constitutiva de la ciudad. Mapocho se lee la siguiente leyenda: «Canal que
Se hacía presente para entrar a ella desde los ca- suministra de agua a todos los jardines y a todas las
minos del norte y para quienes venían desde el calles cuando se quiere» y muestra detalladamente
sur. La cruzaba en toda su extensión, de oriente a los dos canales principales y las ocho acequias inte-
poniente, dándole su identidad. La plaza Mayor se riores que cruzan cada manzana de la ciudad. Sólo
ubicó dos cuadras hacia el sur y desde allí el alari- a fines del siglo XVIII empezó a regularse el uso del
fe Gamboa trazó ocho calles que corrían en la di- agua en períodos de escasez.
rección del río y quince en sentido contrario, con-
figurando ochenta manzanas. Cada manzana con Las aguas del río fueron igualmente importantes
cuatro solares fue provista de agua a través de una para mover los molinos para la molienda del trigo
red de acequias interiores procedentes de un ca- que proveía harina para hacer el pan. En el siglo
nal principal del río Mapocho, a la altura de la actual XVI se instalaron molinos en los costados del ce-
plaza Italia, que bordeaba el cerro Santa Lucía, se- rro Santa Lucía. El del lado norte, junto al Alto del
guía el declive natural del terreno hacia el poniente Puerto, frente a la calle Merced, era de Bartolomé
y se dividía en acequias que bajaban por el medio Flores. Él lo donó luego, en 1567, al hospital del
de las manzanas. Estas cubrían las necesidades de Socorro y construyó otro a su lado. El del sur, donde
riego para las chacras de los solares y para el aseo está la entrada actual al cerro, era de Rodrigo de
de la ciudad. De todas ellas se disponía libremente Araya. En el sector de Renca se construyeron varios
porque no faltaba para cubrir las necesidades de molinos que sacaban sus acequias del sector suro-
una zona aún escasamente poblada. En el plano riente del cerro San Cristóbal.

167
Las mismas aguas del Mapocho tuvieron que abas- las que se fueron mejorando y ampliando. En
tecer de agua para beber a los habitantes durante 1577 se sacaban 1.453 «bateas» del río Mapocho.20
los primeros años. Estas llegaban turbias y arrastra- Así, tanto en las mensuras de Ginés de Lillo como
ban basuras en el camino, por lo que a fines del siglo en planos hasta el siglo XVIII, nos volvemos a en-
XVI, por problemas de salubridad, se destinaron para contrar con acequias que llevan los nombres ori-
este fin las aguas del cerro Ramón y las vertientes de ginales de Apoquindo, Tobalaba, Huechuraba,
Tobalaba, que eran puras y cristalinas. Las aguas se Quilicura, algunas precisando «acequia nueva
llevaron a la ciudad por un canal a tajo abierto que de...» para marcar la diferencia con las más anti-
llegaba hasta la plaza de Bello (Baquedano), se alma- guas. Fueron estas las aguas que hicieron crecer
cenaba en estanques de ladrillos conocidos como las primeras semillas de trigo europeo para el pan,
«cajitas de agua» y desde allí, una rama seguía por cebada para caballos y bovinos, frutales y viñedos.
tubos de greda a unos seis metros de profundidad Cuando la agricultura pasó a ser una actividad de
hasta la plaza Mayor (Plaza de Armas). Los vecinos exportación y a mayor escala, las obras de regadío
la sacaban de una fuente, servicio que se mantuvo se incrementaron. Los españoles debieron com-
hasta mediados del siglo XVII. plementarlas en los siglos siguientes con nuevos
canales, porque a veces no corría agua por el río.
Para las chacras extramuros se usaron las mismas A fines del siglo XVIII había cincuenta y dos tomas
acequias que existían de tiempos preconquista, de agua en el río Mapocho.21

168
En torno a su cauce se fueron también desarrollando activi-
dades públicas de esparcimiento y sociabilidad.22 El río origi-
nalmente corría muy tranquilo por una caja ancha y pedrego-
sa y se podía cruzar en épocas normales de una banda a otra.
Las carretas, caballos y peatones bajaban a sus orillas salvo
en épocas torrentosas. Cuando se levantó el nuevo puente
de Palo en 1762 se le diseñaron rampas en los extremos para
acceder a la ribera. Esta práctica continuó incluso cuando es-
tuvo construido el puente de Cal y Canto, como ilustran be-
Vista de los tajamares del Mapocho.
llamente varios cuadros de la época. Cuando se construyeron
Esta vista, a las alturas de la actual calle Providencia,
los tajamares, se incorporó un paseo peatonal sobre el muro casi frente a la calle Condell (por el monolito o pirámide
conmemorativa de la obra), muestra un escarpe que
entre las actuales Plaza Italia y calle Miguel Claro. Así, el «pa-
permitía el descenso de carretas desde el plano
seo del Tajamar» funcionó como el principal paseo público de de la ciudad al lecho del río, ya fuera para cruzarlo
o para realizar alguna labor en las aguas.
Santiago, y también fue el eje para la formación de plazas pú-
Giovatto Molinelli, ca. 1855. Óleo sobre tela, 59 x 79 cm.
blicas, como la plaza de Bello, creada por Rodrigo de Quiroga Colección Museo Histórico Nacional.

en lo que es hoy José Miguel de la Barra, donde más tarde se


construyó la cancha de Gallos. Del mismo modo, los grandes
parques urbanos en las costaneras del río se desarrollaron so- Vista de la ciudad de Santiago de Chile con parte del
tajamar del río Mapocho desde la Quinta Alegre. Fernando
bre los suelos ganados al río con su canalización y continúan
Brambila,1798. Grabado sobre papel, 44 x 62,5 cm.
floreciendo en sus riberas hasta el día de hoy. Colección Museo Histórico Nacional.

169
El Mapocho, de río salvaje a río domesticado
Río Mapocho.
El río Mapocho tiene una hoya cordillerana muy no producía daño en el entendido que quienes
Carretas junto al río, al
fondo Puente de Palos. extensa, que corresponde a la mitad de su recorri- habitaban en la región lo conocían, directamente
Esta imagen habría
do. Avanza por cajones estrechos y con un fuerte o por tradición oral, y respetaban esas trayectorias.
estado tomada a la altura
de Avenida Recoleta y desnivel hasta que llega al llano, donde la mayor La ciudad de Santiago se interpuso al flujo de las
San Antonio y aparece
parte del año escurría tranquilamente como un aguas desde su fundación y mutiló las vías de es-
el Puente de los Pacos,
que surge de las bases simple riachuelo dentro de un amplio cauce de cape milenarias para dar origen a una historia de
del Puente de Palo. Papel
unos 400 metros de ancho que atravesaba el valle dulce y agraz, ofreciendo sus aguas benéficas, pero
positivo monocromo.
Colección Museo central en toda su extensión, de oriente a poniente. también provocando desastres.
Histórico Nacional.
Alimentado por los deshielos y las lluvias, los cau-
dales más potentes se producen cuando llueve con El primer evento de esta naturaleza en los registros
altas temperaturas capaces de derretir los hielos. históricos lo relata Pedro de Valdivia, que señala que
Pont de Santiago sur
En esos momentos, se vuelve muy torrentoso, con en 1544 las lluvias y tempestades fueron tan mons-
le Rio Mapocho (Chili).
Louis Phillippe Alphonse grandes crecidas que arrastran rocas, lodo y todo truosas que pensaban que se iban a ahogar. Los indí-
Bichebois, 1828. Dibujante:
lo que encuentra el agua a su paso: son los aluvio- genas, por su parte, también relataron que nunca ha-
Edmond Bigot de la
Touanne. Grabado sobre nes. Antes de los procesos de urbanización, se es- bían visto algo así, pero que oyeron de sus padres que
papel, 33,2 x 49,7 cm.
parcía libremente por vías alternativas, ampliando en tiempos de sus abuelos algo parecido había ocu-
Colección Museo
Histórico Nacional. el área de arrastre para sus copiosas aguas, mas rrido.23 Otros años de fuerte correntía se sucedieron.
En 1574 el agua llegaba hasta la cincha de los ca- La ciudad fue completamente inundada por varias
ballos y varios habitantes fueron arrastrados por vías. Las acequias se llenaron de sedimentos. El go-
las aguas al querer cruzar la calle. En 1609, hubo bernador Ortiz de Rosas ordenó entonces levan-
un verdadero diluvio que destruyó la acequia que tar unos segundos tajamares con un muro de cal y
traía las aguas del cerro Ramón a la ciudad. Relata piedras de cinco cuadras de largo. En definitiva, los
el padre Rosales en 1877 que el Mapocho se salió nuevos tajamares fueron encomendados al famo-
una o dos veces «de madre» por abril y junio, hacia so arquitecto Joaquín Toesca, se construyeron pa-
el surponiente por la Cañada y hacia el norponien- ralelos a los antiguos en el sector céntrico, llegando
te por la Cañadilla (actual Independencia). En mayo al oriente hasta la actual calle Condell, y vieron la luz
de ese año otra riada arrasó con el molino de Juan en 1808.
González. Años después, en 1618, otro desborde por
la Cañada puso en peligro el claustro de las monjas Nuevos episodios continuaron minando la segu-
clarisas, que tuvieron que ser rescatadas y refugiar- ridad de la ciudad. En 1827 el río se salió hacia el
se en la catedral. Tales eran los daños que el Cabildo sector norte de Santiago. Un día del mes de junio
encomendó a Ginés de Lillo, famoso agrimensor, de 1850 que llovía muchísimo, mucha gente fue al
que emprendiera la construcción de defensas que puente de Palo para observar desde lo alto los tor-
contuvieran las aguas del río durante esos episodios. bellinos del río, se aglomeraron a un costado y el
Estos fueron los primeros tajamares del Mapocho, puente cedió, cayendo a las aguas al menos nue-
que contuvieron los aluviones en los entornos de la ve personas. En el mes de marzo de 1856 cedieron
ciudad por al menos ciento cincuenta años. los tajamares cerca de los molinos del Carmen. Por
último, la noche del sábado 14 de julio de 1877, apo-
En abril de 1748 se sufrió otro episodio de magni- dada «noche triste», se inundó completamente el
tud, conocido como la «avenida grande». Las aguas barrio de la Chimba y derrumbó el antiguo puen-
rompieron los tajamares existentes en todo su te de Palo. En 1888 las aguas torrenciales del río
largo y botaron el puente de siete arcos de mam- rompieron varios arcos del imponente puente Cal y
postería, construido hacía menos de setenta años. Canto, el que fue luego destruido completamente.

171
Estos desastres llevaron a la idea de encauzar el río Mapocho
dentro de un canal artificial para contener los altos caudales
temporales y evitar los desbordes. Este proyecto fue parte
de una restructuración paisajística de Santiago, con nuevos
puentes, parques y costaneras. A fines del siglo XIX el desarro-
llo urbano había ampliado los límites de la ciudad y la tecnolo-
Puente de Cal y Canto.
gía había avanzado enormemente en cuestiones ingenieriles
El sitio para edificar el puente se determinó porque en ese
punto el cauce del Mapocho era más amplio, las corrientes y de materiales disponibles para las obras. El río ya no era con-
fluían con menos velocidad y el terreno era más firme, lo que
cebido como un caudal libre que simplemente cruza la ciu-
permitiría sostener los pilares de esta monumental obra.
Ramón Subercaseaux, ca. 1880. dad, sino que surge la visión de un río urbano que contribuye
Óleo sobre madera, 32 x 40,4 cm.
como paisaje y como paseo dentro de la misma.24 La canaliza-
Colección Museo Histórico Nacional.
ción se inicia en 1888, con mampostería en piedra y adoquines
en el fondo, con una extensión de 2.605 metros, ancho de 42
metros y muros laterales de 4 metros de altura. La obra, que
La canalización del río Mapocho.
La motivación principal de esta intervención fue incorporar concluye en 1892, iba desde la actual plaza Italia hasta la calle
a la ciudad los relegados barrios de «ultra-Mapocho».
Manuel Rodríguez; luego se extendió hacia el oriente hasta la
Rafael Correa Muñoz. Pintura, 181 x 107 cm.
Colección Museo O'Higginiano y de Bellas Artes de Talca. calle Román Díaz. El río Mapocho había sido domesticado.

172
El canal San Carlos
Como contraparte al eterno ciclo de años lluvio- convirtiera en realidad. Fue recién el 20 de agosto
sos y aluviones, se producían en la zona central de 1820 cuando Bernardo O'Higgins logró inau-
años de sequía cuando llovía escasamente y las gurar el canal San Carlos de Maipo.
aguas de los ríos apenas alcanzaban a proveer las
necesidades de la población. La escasez hídrica En la actualidad, su existencia significa el abaste-
en los llanos entre el río Mapocho y el Maipo fue cimiento de miles de hectáreas productivas de la
evidente desde la conquista. Sin embargo, no fue cuenca de Santiago situadas entre los ríos Maipo
hasta que ocurrieron los episodios brutales de y Mapocho que, de otra manera, serían infértiles,
sequía durante el siglo XVIII que se consideró se- así como agua potable para la población. Además,
riamente traer hacia Santiago más agua desde el constituye el gran y único cauce recolector de
vecino río Maipo. aguas lluvias de la zona oriente de Santiago y un
complemento para la energía eléctrica. Fue la
En 1726 el gobernador don Gabriel Cano de obra de regadío de mayor envergadura financiada
Aponte, a raíz de una gran sequía, solicitó la elabo- con fondos del Cabildo de Santiago y de la Real
ración de un proyecto de canal que uniera ambos Hacienda. El canal San Carlos, que recibió su nom-
ríos. Esta obra tuvo una historia muy complicada, bre del rey Carlos III, tiene 32 kilómetros de largo,
con diversas propuestas para el trazado, varios corre de sur a norte por el pie de monte hasta el
estudios de ingeniería y de suelos, constantes in- río Mapocho, su capacidad es de treinta metros
terrupciones por problemas financieros, labora- cúbicos y riega aproximadamente 15.500 hectá-
les y de circunstancias políticas, sin que faltaran reas mediante una red de canales que en total
los climáticos y sus inundaciones. Tuvieron que cubre unos doscientos kilómetros de longitud. Es
transcurrir casi cien años para que esta idea se manejado por la Sociedad Canal del Maipo.25

173
Santiago de Chile.
El Mapocho llega a
Santiago desde las
cumbres nevadas de
la cordillera de los
Andes, bordea el cerro
Manquehue y se pierde
entre los rascacielos
del centro de la ciudad.
Fotografía de Guy
Wenborne, 2014.

174
175
176
RÍO CACHAPOAL
Reparto de indios, haciendas
y agricultura
María Teresa Planella

Antes de la apertura del paso de Angostura hacia el valle de Rancagua, las


comunicaciones viales hacia el sur de la cuenca del Maipo y la localidad de
Chada se desarrollaban por el antiguo camino de la cuesta de Chada, que
llevaba a dicho valle y al río Cachapoal, mencionados en distintos episodios
históricos desde los primeros escritos conocidos del siglo XVI.

La Crónica de 1558 de Gerónimo de antepasados» en este valle fluvial, estu-


«Camino entre Rancagua i Peumo».
Vivar1 relata que Pedro de Valdivia «…se dios arqueológicos han revelado que el
El mapa registra el camino que venía
salió de la ciudad y caminó hasta el río Cachapoal tuvo una incidencia desta- desde Rancagua a Peumo, donde se
pueden identificar cerros y algunas
rrio de Cachapoal, donde los yndios cable en la instalación y permanencia de
localidades como Lo Miranda, Doñihue,
tenán hecho/ un fuerte. Estava con ellos tempranos asentamientos humanos en Coltauco o Idahue, así como algunos pasos.
Enrique Jequier, 1863.
un señor que se dezia Cachapoal, de sectores aledaños a sus riberas, al menos
Colección Biblioteca Nacional de Chile,
donde el rrio llamaron por esta causa anteriores a los inicios del primer milenio disponible en Memoria Chilena.

Cachapoal». En 1580 Mariño de Lobera 2


d.C. en adelante. A su vez, trabajos en
lo señala como Cachapoari. etnohistoria han logrado fundamentar
que este río constituyó un eje natural, Río Pangal. Desde las faldas del cerro Picos
del Barroso descienden las aguas que
Pese a que se mantuvo durante largo protagonista e impulsor de dinámicas
forman el río Paredones, que se alimenta de
tiempo el desconocimiento de lo que territoriales y sociales que ocurrieron a los glaciares de la alta cordillera. Cuando se
le une el estero Flores, cambia su nombre a
significaba este caudaloso curso de través del siglo XVI e inicios del XVII en
Pangal, río que desemboca en el Cachapoal.
agua para quienes habitaban «desde sus el valle entonces llamado de Rencagua. Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2019.

177
Aspectos seleccionados del río Cachapoal
Nace en la cordillera de los Andes de la Región de O’Higgins,
en glaciares a los pies de las cumbres de Pico del Barroso y
Nevado de Piuquenes. En una curvatura que efectúa hacia
el norte, en plena depresión intermedia, se ubica la actual
ciudad de Rancagua, fundada como Villa de Santa Cruz de
Triana en 1743. En este ámbito del valle tiene como afluente
el estero Las Cadenas, otrora llamado Tenidahuel, que aporta
aguas de regadío a amplios sectores. Con intensas crecidas
estacionales, desbordándose y dañando las bocatomas e
infraestructuras de riego, su cruce era posible en sectores de
vado como el de frente a Punta de Miranda, o por un puente
colgante de cuerdas y mimbre que ya existía en 1545 y que
en 1834 se menciona como «ese antiguo puente que estaba
a diez y ocho cuadras al oriente del actual». 3

Relación con caminos antiguos


Además del Camino Real a Malloa, que en Punta de Miranda
derivaba al poniente hacia «los pormocaes», en 1631 se regis-
tra la existencia de un trazado que venía desde Cuyo y un
paso cordillerano hacia la localidad de Rencagua.4 A fines del
siglo XVIII, Fray Antonio Sors5 anota que «los indios que viven
en la cordillera que mira a la capital de Santiago tienen su
comunicación por Cachapoal y se llaman chiquillanes…». Esta
ruta, que bordea un tramo del río, continúa utilizándose por
los arrieros. Otro camino, el de Rabanal, en el siglo XVI y XVII
conducía al margen del río Cachapoal hacia el mencionado
puente colgante.

178
El río y asentamientos prehispánicos
Estudios arqueológicos corroboran que del río. Destacan aquellos referidos a un
los vestigios de ocupación de las tierras litigio, sus correspondientes probanzas
del valle de Rancagua se corresponden y «bista de ojos», entre dicho convento,
con la existencia actual de cursos de que usufructuaba de una merced de
agua.6
Esto concuerda, según datos tierras de seiscientas cuadras en el valle
etnohistóricos de 1611, con la distribución otorgada en 1604, y el capitán Alonso
territorial de los asientos y parcialidades de Córdova, «el moço», por la servidum-
de los «naturales del valle» en relación a bre de una antigua acequia de regadío
sus acequias.7 existente en su encomienda, adjudicada
por Rodrigo de Quiroga en 1579. La fun-
En este sentido es también signifi- dación en 1583-84 e instalación de un
cativa una instalación asignada al obraje de «paños y sayales» dieron origen
período Tardío ubicada en un cerro a que Córdova solicitara el acceso a las
isla en medio del valle de Rancagua, aguas de dicha acequia, la cual pertene-
con fechas UCTL 1430 d.C., 1480 d.C. y cía al linaje de una de las parcialidades
1530 d.C., que da cuenta del avance del de «naturales» del valle. Para tal efecto, el
Tawantinsuyu hacia el río Cachapoal.8 cacique Joan Renricaren le vendió «seis
El sitio presenta muros defensivos, un a ocho cuadras», rematadas en pública
conjunto de estructuras y numerosas almoneda en «doscientos pessos de oro
collcas. El hallazgo de restos carboni- de contrato».
zados de quínoa, maíz, madi, semillas
de Heliantus sp., gramíneas y semillas A través de intérpretes, salen a la luz testi-
de frutos silvestres en estas estructuras monios obtenidos durante las probanzas,
indica actividades de almacenamiento. 9
que refuerzan su valor documental al ser
Pipas, equipos de fumar.
Se presume que su presencia activó emitidos por los mismos «naturales» del
Arriba: Cultura Complejo Llolleo.
una mejora y ampliación del trazado valle, con asiento en este «desde tiempo
Período Alfarero Temprano. Largo 4,6 cm,
de acequias preexistentes ya que en un inmemorial». Se describe y reitera la divi- diámetro máximo 1,7 cm, diámetro
mínimo 1,4 cm, Peso 19 g.
documento de 1611 se menciona que sión ancestral del valle en tres asientos
Centro: Cultura Complejo Llolleo.
la acequia principal del cacique Juan y tres parcialidades, cada uno con su
Período Alfarero Temprano.
Noyco Renricaren, con su bocatoma en correspondiente acequia de regadío con
Abajo: Período Alfarero. Modelado de arcilla.
el río, llegaba «a los pies del fuerte del una denominación propia de la parcia- Largo 5,3 cm, diámetro máximo 1,7 cm,
diámetro mínimo 1,4 cm, peso 15 g.
ynga» luego de un recorrido de unos lidad o con el gentilicio del jefe de linaje
Colección Museo Regional de Rancagua.
dieciséis kilómetros. a que correspondían, y sus bocatomas
en puntos diferentes de la ribera fluvial.
Un aporte de la etnohistoria para com- Existía cierta categorización entre ellas
Arriba: Río Cachapoal.
prender la dinámica del sistema terri- y sólo una era aludida como «principal».
El nombre de este afluente del Rapel en
torial y social existente en el valle de Las crecidas del río y la destrucción de las mapudungún significa «lugar reverdecido».
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2016.
Rencagua a mediados del siglo XVI e bocatomas ocasionaban gran perjuicio al
Abajo: Villa Santa Cruz de Triana,1801.
inicios del XVII, y su relación de depen- riego y sembradíos. El goce de las aguas
1 plano. Designación de los sitios que
dencia con el río Cachapoal, se produce de estas acequias por parte de los natura- vinculan la plaza de las Recobas y los
más inmediatos… El trazado de la actual
en los documentos históricos que se les encomendados era respetado por el
Rancagua constó de 64 manzanas
conservan en el Archivo del Convento encomendero Córdova, como asimismo divididas en cuatro cuadrados llamados
solares, a los que se dotó de agua.
de Santo Domingo de la ciudad de la práctica tradicional de «limpia» orga-
Para ello, se construyó el primer canal
Santiago. 10
Entre ellos, algunos fecha- nizada cada año para su mantención y con agua traída desde el Cachapoal.
Estas aguas provenían de otro canal
dos entre 1579 y 1611 son sustantivos en en que se ayudaban «los unos a los otros
que fue construido en tiempo de los incas.
relación al tema del acceso a las aguas aunque tienen acequias diferentes». Colección Mapoteca Archivo Nacional.

179
Cada parcialidad integraba a un conjunto parte de su trazado servía de límite con acequia desaguaba hacia el interior en el
de miembros que compartían lazos de las tierras de Llobcaven. El asiento de estero de Tenidahuel, hoy Las Cadenas.
parentesco determinados por ascenden- Llobcaben o Llobcavin correspondía a
cia patrilineal y a aquellas mujeres ads- la parcialidad del cacique don Alonso, En estas tierras se encuentra el sitio
critas según la norma de patrilocalidad. su padre, el cacique don Antonio, y su arqueológico La Granja,11 cuya investiga-
El asiento y parcialidad de Rencagua y esposa doña Beatriz, natural de Curimon, ción aporta un trasfondo cronológico y
Tambo viejo, correspondía al cacique su abuelo don Felipe Biluculpeu y la cultural importante como asentamiento
principal Calluyncare o Calbuyncare y esposa de este, Francisca Payneli, hija de ya existente desde los albores del primer
sus hermanos, el cacique Juan Noyco Calluyncare. La acequia que usufructua- milenio de nuestra era.
Renricaren y Luis Tureubulan, las her- ban se menciona como acequia antigua
manas de estos y el hijo de Juan Noyco, de Llobcaben. Por último, el asiento y Estos antecedentes permiten visualizar
Pedro Llencopillan. Estas tierras esta- tambo de Andelhue, Antelhue o Andaloe, cómo situaciones críticas de falta de
ban ubicadas en el tramo de «primeras en el sector poniente del valle, hacia aguas de riego en uno de estos asientos,
aguas», su acequia se denominaba «ase- Punta de Cortés, era señalado como Llobcaven, por daños en su bocatoma,
quia antigua principal de Juan Noyco» y de la parcialidad de Pedro Lebcay, cuya dieron origen a enlaces de matrimonio

180
circunstanciales concertados entre miembros de una parcia-
lidad y otra. En los documentos consultados puede leerse el
testimonio de Pedro Llencopillan:

que por auer faltado el agua a las tierras de Llobcaven


por auerse segado la asequia…
por hauerse casado una prima de este testigo hija de un
hermano de su padre con el padre de don Antonio
El río Cachapoal. El torrente fluye desde
y aguelo de don Alonso casique que oy es, su
las altas cumbres de los Andes hasta la ciudad de
padre de este testigo truxo a los susodichos a que Rancagua, formando profundos cañones.
Antonio Smith, 1870. Óleo sobre tela, 100 x 146 cm.
sembrasen en las tierras de las ygueras
Colección Museo Nacional de Bellas Artes.
que llaman Llancague que eran del padre
de este testigo y alli estubieron algun tiempo sem-
brando sus sementeras por razón del dicho parentesco…
Baños de Cauquenes. La utilización de sus aguas
termales, a orillas del río Cachapoal, se remonta
al período prehispánico. Los naturales de estas
Se concluye que el río Cachapoal tuvo un papel preponde-
tierras sabían de sus propiedades curativas y las
rante no sólo en su dimensión de proveedor de oportunidades utilizaban. James Paroissien, 1824.
Dibujo de George Scharf el mayor.
y recursos para el asentamiento humano, sino en la dinámica
Grabado de Rowney & Forster. Litografía,
de las relaciones de parentesco que formaban parte del tejido 16,5 x 24,5 cm. Viajes a Chile sobre los Andes,
1820-1821, de Peter Schmidtmeyer.
social de las parcialidades que habitaron el valle de Rancagua
Colección John Carter Brown Library,
en el siglo XVI y primera década del XVII. Brown University, Providence.

181
MAULE
¡Al fin, un río navegable!
Valeria Maino

Durante la colonia se navegaron ocasionalmente algunos ríos, como cuando


se enviaron desde Concepción unas embarcaciones al Biobío para que el
ejército del gobernador, García Hurtado de Mendoza, cruzara a su margen
sur, o cuando este mismo gobernador mandó, para volver al Perú en 1562,
que fuese a buscarlo un navío a La Ligua. Todavía el derrotero indicaba que
una chalupa podía entrar a la caleta que conduce al río La Ligua, como ratifi-
có el capitán FitzRoy en 1835; pero en 1875, este río ya no llegaba al mar y sus
aguas se perdían en los médanos de esa costa.1 En Osorno, por el alzamiento
indígena de 1599, algunos habitantes huyeron en un batel, bajando por el río
Rahue hasta el río Bueno, para llegar al mar y seguir a Chiloé, donde se refu-
giaron. En el siglo XIX, se navegó el río Rapel, lo mismo que el curso inferior Río Maule.
del Maipo, en lanchas planas.2 Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

182
Los ríos han servido por siglos como lí- lenguaje vulgar la caracteriza por la de Nueva Bilbao por el de Constitución y
mites políticos de las provincias, como denominación de «otro Chile», dada la declaración de Puerto Mayor en 1828,
sucedía con la ribera norte del Maule, por el habitante del sur a la parte de la se empezó a navegar el Maule desde
cuando era la frontera colonial de la República situada al norte del Maule.3 Perales, en la confluencia con el Claro.
provincia de Santiago, mientras que
su margen sur marcaba el inicio de la El Maule era el primer río, de norte a sur, Fue un desafío encontrar la embarca-
de Concepción. Los efectos culturales que no tenía vado para cruzarlo, siendo ción adecuada para navegar este río,
de este límite se mantenían en el siglo necesario contar con algún tipo de tras- que tiene bajos arenosos, lleva piedras
XIX, según el ingeniero francés Augusto bordo en el valle central, en El Morro y en y cuya corriente es fuerte. Bernardo
Charme, quien decía en 1853: la desembocadura. Este servicio, llama- O’Higgins creía que la lancha plana del
do el «barco del rey», se remataba anual- Maule la había diseñado el inglés Carlos
Alejadas las dos partes como lo serían mente y la embarcación utilizada tenía Rogers, pero su autor fue Juan Gual-
por una distancia infinita, las pobla- un piloto al timón y tres marineros que berto Lopetegui, valdiviano, cuya lan-
ciones de las orillas no parecen per- remaban y sostenían la embarcación en cha Descubridora sería el modelo para
tenecer a una misma nación, y la di- los desembarques. Al inicio de la Repú- las otras, que se irían perfeccionando,
ferencia que, bajo todos los aspectos, blica, con la apertura portuaria al comer- aumentando la altura a la vela para ad-
existe entre ellas, es tan notable que el cio internacional, el cambio de nombre quirir mayor velocidad.4

183
La navegación interior
Según la época del año, la red navegable mercaderías de Europa y de otros luga- Al regreso a Perales, las lanchas demo-
cambiaba, siendo en promedio unos 85 res y almacenar los productos agríco- raban varios días; si no había viento, de-
kilómetros. En 1864, según el intendente las que las lanchas traían al puerto. Así, bían sirgarlas. El tráfico fue creciendo,
Manuel Salustio Fernández, esta vía «se aparecieron los molinos y las bodegas con nuevas bodegas, y el ambiente se
podía extender hasta el río Cauquenes, ribereñas. El mayor producto de expor- volvió alegre con cantos y peligrosas
como él lo había navegado, lo mismo tación era la madera, indispensable en carreras. Estos desórdenes los detuvo
que el río Perquilauquén».5 Pedro Lucio los pueblos del norte y en los desiertos el ministro del Interior Álvaro Covarru-
Cuadra, en 1868, decía que el Maule «es de Bolivia y Perú, sea como troncos, bias, dictando una ordenanza para los
navegable por embarcaciones de dos- tablas, duelas de barriles y toneles, as- marinos del Maule, en 1865, por los re-
cientas toneladas hasta su confluencia tas de banderas, ventanas, puertas y clamos de muchos agricultores, aque-
con el Loncomilla […] como también el piezas navales o leña; después venía el jados por las pérdidas de sus cargas y el
Perquilauquén y el Cauquenes, por su trigo, harina, maíz, alfalfa, charqui, le- descuidado trabajo de estos lancheros
poca pendiente». Un siglo después, se
6
gumbres, quesos, frutas secas, ropa y semidesnudos, que escandalizaban a
navegaba desde La Bodega, en el Per- frazadas. Estas mercaderías se despa- las señoras viajeras.8
quilauquén, hasta Constitución.7 chaban en los veleros de Constitución
o en las mismas lanchas, de 18 a 24 to- Este reglamento se aplicó también en
Con el cambio a Puerto Mayor, los neladas, que ahí se construían para ser el Biobío. Aquí, se obligaba a estos ma-
agentes navieros construyeron bode- vendidas en los puertos intermedios, rineros a vestir de blanco y los que se
gas en Constitución para recibir las hasta el Callao. ocupaban del cruce debían llevar una

184
gorra marinera blanca con letras bordadas que dijeran «Pa-
saje». Estas tripulaciones debían navegar las noches de luna,
aprovechando la brisa que sopla hacia el mar. Esta normativa
explica los bellos nocturnos de Somerscales, los cuadros de
Orrego Luco, Swinburn, Lira y pintores posteriores.

Esta marinería vivía en Constitución y sus vecindades, o en


la villa de San Javier de Loncomilla, fundada en 1852 a orillas
de este río, aunque al principio algunos convivían con sus fa-
milias en sus lanchas. Tomás Montecino así lo novela en 1946
en Los Guanayes, donde los marinos, vestidos de blanco y
morenos por trabajar a pleno sol, se asemejaban al guanay,
ave de pecho blanco y cuerpo negro. La navegación no tuvo
competencia hasta 1875, cuando el ferrocarril cruzó el Maule
por un puente mecano, quedándose la carga.

El cambio es muy notorio: en 1874 había 576 lanchas tripula-


das por 2.291 marineros y al otro año se redujo a 121 lanchas
y 434 navegantes. ¿Qué se hicieron los demás? Por lo que
Hombres en un velero a orillas del río Maule, ca. 1922.
se sabe, formaron parte de las tripulaciones de las embarca- Fotografía 7 x 11,3 cm. Colección Museo Histórico Nacional.

ciones que iban al norte, donde se ocupaban para cargar los


veleros de altamar. Asimismo, el terremoto de Tarapacá, en
1877, provocó un maremoto que destruyó los muelles y las Lanchones del Maule nocturno.
Estas embarcaciones efectuaban el tráfico comercial desde
lanchas portuarias, y pronto llegó la guerra del Pacífico, don-
9
el entonces navegable río Loncomilla hasta el Maule
de estos tripulantes se enrolaron en la Armada. y luego Constitución. Thomas Somerscales, ca. 1870.
Óleo sobre tela, 77 x 104 cm. Colección particular.

La navegación interior disminuyó aún más con el ramal de


Talca a Constitución. Las obras terminaron en 1915, poniendo
Plano del río Maule desde su barra a la quebrada Honda.
fin al servicio de pasajeros entre la estación de Pichimán o de
Imprenta Litográfica Lebas, 36,5 x 96,3 cm. Fotografía de Viviana Rivas.
Banco de Arena a Constitución.10 Colección Museo O'Higginiano y de Bellas Artes de Talca.

185
186
El vapor llega al Maule
Desde 1794, cuando se fundó Nueva caballos de fuerza y dos ruedas. En 1861,
Bilbao, hubo varios naufragios en la fue reemplazado por el Independencia,
desembocadura. Así sucedió con la fra- que tenía el doble de fuerza.14
gata de Ignacio Irigaray y la San Vicente,
de los hermanos Cruz y Bahamonde; En ese tiempo, traficaba al Maule el va-
en 1820, se hundieron en la barra cinco por Fire Fly, de Carlos Lambert, el prime-
barcos, más la fragata Cazadora y la ba- ro que entró al río en 1849. La sociedad
landra Fortunata, del Estado. 11
del Paquete del Maule, dueña del vapor
de igual nombre, empezó la carrera a
Boca del Maule.
Estas desgracias se producían por la fal- Valparaíso en 1861, compitiendo con la
Thomas Somerscales, ca. 1880.
ta de viento del suroeste, que obstruye el PSNC. La otra sociedad de Constitución Acuarela sobre papel, 20 x 31 cm.
Fotografía de Pablo Maldonado.
cerro Mutrún, impidiendo a los veleros to- fue la Compañía Nacional de Vapores,
Colección Museo de Bellas Artes de Valparaíso.
mar el canalizo con un mejor ángulo. Los fundada en 1864. Ambas navieras for-
comerciantes pidieron al gobierno solu- marían la Compañía Sudamericana de
cionar el problema, mientras Bernardo Vapores (CSAV) en 1872, la naviera más
Arriba: Astilleros del río Maule, Talca.
O’Higgins, desde Lima, recomendaba al antigua del mundo, cuyo servicio finali- Los astilleros en las riberas del Maule surgieron
debido a la necesidad de embarcaciones que
gobierno la compra de un vapor en 1842 zó en 1910.
transportaran madera y otros productos de la cuenca.
para reconocer los ríos del sur, con base Fotografía de Domingo Ulloa, ca.1960.
Colección Archivo Fotográfico,
en el Maule, para atoar los veleros en la En 1883, Constitución perdió su cate-
Archivo Central Andrés Bello,
barra.12 En este proyecto se compraron goría de Puerto Mayor por el creciente Universidad de Chile.

tres vapores. El tercero, cuyo capitán era tonelaje de los barcos. El puerto siguió Abajo: Puente sobre el río Maule, 1930.
El puente Banco de Arena se encuentra en la
Leoncio Señoret, gobernador marítimo con la construcción de embarcaciones
desembocadura del río, próxima a Constitución.
del Maule, naufragó en la costa del río
13
menores hasta el cierre de los astilleros Se eleva 7,5 metros sobre el nivel del agua.
Fotografía de R. Boock, 13 x 18 cm.
Imperial en 1855, por lo que el gobierno en los años noventa. Hoy es un activo
Negativo sobre vidrio.
compró otro vapor Maule, en 1857, con 100 puerto pesquero. Colección Museo Histórico Nacional.

187
La vida que yo he pasado
en el puente del Mapocho
haciendo fuego con huaipe
y tapado con gangocho.

Roberto Parra, «La vida que yo he pasado».

188
Mural de Santiago. Enrique Zamudio, 1990.
Grabado. Colección Museo Chileno de Arte Precolombino.

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