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Oraciones y Mensajes de Fátima

La Virgen María se apareció a tres niños en Fátima, Portugal en 1917. Les pidió que regresaran al mismo lugar los días 13 de cada mes durante seis meses consecutivos. Les dijo que al séptimo mes revelaría su identidad y mensaje. Les advirtió que Dios les enviaría muchos sufrimientos, pero que su gracia los fortalecería. Los niños aceptaron ofrecerse a Dios para soportar cualquier sufrimiento como reparación por los pecados y conversión de pecadores.

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Oraciones y Mensajes de Fátima

La Virgen María se apareció a tres niños en Fátima, Portugal en 1917. Les pidió que regresaran al mismo lugar los días 13 de cada mes durante seis meses consecutivos. Les dijo que al séptimo mes revelaría su identidad y mensaje. Les advirtió que Dios les enviaría muchos sufrimientos, pero que su gracia los fortalecería. Los niños aceptaron ofrecerse a Dios para soportar cualquier sufrimiento como reparación por los pecados y conversión de pecadores.

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La Virgen María se apareció a tres pastorcitos de 7,9 y 10 años de edad en Fátima Portugal el

13 de Mayo de 1917 y en seis veces consecutivas.


Fue alrededor de un año antes cuando comenzaron a ocurrir las apariciones del ángel de la
Paz, ángel de Portugal, que prepararía a Lucía y a sus primos Francisco y Jacinta para recibir
el mensaje que la Virgen a través de ellos iba a darnos desde el Cielo a toda la humanidad:

Este librito es en parte facsímil del que contiene el resumen de las memorias de la Hermana
Lucia de Fátima editado por el Ejercito Azul del Apostolado Mundial de Fátima en España, que
se puede obtener gratuitamente en el tel. 91 3412029

Al final del relato, por la importancia que tiene, y por estar relacionado con el mensaje de
Fátima, se adjunta el mensaje contenido en el libro “a los sacerdotes mis hijos predilectos que
dio la Virgen María al Padre Stefano Gobi el 13 de Mayo de 1990, pocos años después de que
en el año 1984 el Papa Juan Pablo II consagrara “al mundo” al corazón Inmaculado de María. El
padre Gobbi, ya fallecido, fundó el Movimiento Sacerdotal Mariano en 1973 para invitar a todo
el mundo, al igual que Lucia, y ahora a través de los menajes de la Virgen, a consagrarse y
vivir en el Corazón inmaculado de María.
Primera Aparición del Ángel

No recuerdo exactamente los datos, puesto que en aquel tiempo


no sabía nada de años, ni de meses, ni tampoco de los días de la
semana. Me parece que debe haber sido en la primavera de 1916 que
nos apareció el Ángel por primera vez en nuestro “Loca de Cabeco".

Como ya he escrito en el relato sobre Jacinta, subimos con el


ganado al cerro arriba en busca de abrigo, y después de haber tomado
nuestro bocadillo y dicho nuestras oraciones, vimos a cierta distancia,
sobre la cúspide de los árboles, dirigiéndose hacia el saliente, una luz
más blanca que la nieve, distinguiéndose la forma de un joven
transparente y más brillante que el cristal traspasado por los rayos del
sol. Al acercarse más pudimos discernir y distinguir los rasgos.
Estábamos sorprendidos y asombrados.

Al llegar junto a nosotros dijo:

–No temáis. Soy el Ángel de la Paz. ¡Orad conmigo!

Y arrodillado en tierra inclinó la frente hasta el suelo, e imitamos


llevados por un movimiento sobrenatural y repetimos las palabras que
le oímos decir:
–Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido
perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te
aman.
Después de repetir esto tres veces se levantó y dijo:
–Orad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la
voz de vuestras súplicas.
Y desapareció.

La atmósfera sobrenatural que nos envolvió era tan densa, que


casi no nos dábamos cuenta durante un largo espacio de tiempo de
nuestra propia existencia, permaneciendo en la posición en que el
Ángel nos había dejado repitiendo siempre la misma oración.
Tan íntima e intensa era la conciencia de la presencia de Dios,
que ni siquiera intentamos hablar el uno con el otro. Al día siguiente
todavía sentimos la influencia de esa santa atmósfera que iba
desapareciendo sólo poco a poco.

No decíamos nada de esta aparición, ni recomendamos tampoco


el uno al otro guardar el secreto. La misma aparición parecía
imponernos silencio. Era de una naturaleza tan íntima, que no era
nada fácil hablar de ella. Tal vez por ser la primera manifestación de
esta clase su impresión sobre nosotros era mayor.

Segunda Aparición del Ángel

La segunda aparición tiene que haber ocurrido sobre mitad de


verano, cuando debido al gran calor, llevamos los rebaños a casa hacia
mediodía para regresar por la tarde.
Pasamos las horas de la siesta en la sombra de los árboles que
rodeaban el pozo en la quinta llamada Arneiro, que pertenecía a mis
padres.

–De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros.

–¿Qué estáis haciendo?

¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los Corazones de Jesús y de María


tienen sobre vosotros designios de misericordia. ¡Ofreced
constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!

–¿Cómo hemos de sacrificarnos? –pregunté.

–De todo lo que pudierais ofreced un sacrificio como acto de


reparación por los pecados por los cuales Él es ofendido, y de súplica
por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la
paz. Yo soy el Ángel de su Guardia, el Ángel de Portugal. Sobre todo,
aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.
Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros
espíritus como una luz que nos hacía comprender quién es Dios, cómo
nos ama y desea ser amado, el valor del sacrificio, cuánto le agrada y
cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los
pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a
ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba, no buscando jamás otros
caminos de mortificación y penitencia sino los de quedar durante horas
con las frentes tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos
enseñó.

Tercera Aparición del Ángel

Me parece que la tercera aparición debe haber sido en octubre o


a fines de septiembre, porque ya no volvíamos a casa para el descanso
del mediodía. Como ya he escrito en el relato acerca de Jacinta,
pasamos un día desde Pregueira (un pequeño olivar propiedad de mis
padres) a la cueva llamada Lapa (Loca de Cabeco), caminando
alrededor del cerro al lado que mira a Aljustrel y Casa Velha. Allí
decíamos nuestro rosario y la oración que el Ángel nos enseñó en la
primera aparición.

Estando allí apareció por tercera vez, teniendo en sus manos un


Cáliz, sobre el cual estaba suspendida una Hostia, de la cual caían
gotas de sangre al Cáliz. Dejando el Cáliz y la Hostia suspensos en el
aire, se postró en tierra y repitió tres veces esta oración:

–Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro


profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre,
Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en
todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por
los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón
Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres
pecadores.

Después, levantándose, tomó de nuevo en la mano el Cáliz y la


Hostia. Me dio la Hostia a mí y el contenido del Cáliz lo dio a beber a
Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo:

–Tomad el Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo,


horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad
sus crímenes y consolad a vuestro Dios.
De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros hasta por tres
veces la misma oración:

Santísima Trinidad, etcétera, y desapareció.

Impulsados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía


imitamos al Ángel en todo, esto es, postrándonos nosotros como él y
repitiendo las oraciones como él decía. Tan intensamente sentimos la
presencia de Dios, que estábamos completamente dominados y
absorbidos por ella. Parecía que por un tiempo bastante largo
estábamos privados de nuestros sentidos corporales. Durante los días
siguientes nuestras acciones estaban impulsadas del todo por este
poder sobrenatural. Por dentro sentimos una gran paz y alegría que
dejaban el alma completamente sumergida en Dios. También era
grande el agotamiento físico que nos sobrevino.

No sé por qué las apariciones de Nuestra Señora producían en


nosotros efectos bien diferentes. La misma alegría íntima, la misma
paz y felicidad, pero en vez de ese abatimiento físico, una cierta
agilidad expansiva; en vez de ese aniquilamiento en la divina
presencia, un exultar de alegría; en vez de esa dificultad en hablar, un
cierto entusiasmo comunicativo.

Primera Aparición
Domingo, 13 de mayo del año 1917

Estando jugando con Jacinta y Francisco en lo alto, junto a Cova


de Iría, haciendo una pared de piedras alrededor de una mata de
retamas, de repente vimos una luz como de un relámpago.
–Está relampagueando –dije–. Puede venir una tormenta. Es
mejor que nos vayamos a casa.
–¡Oh, sí, está bien! –contestaron mis primos.
Comenzamos a bajar del cerro llevando las ovejas hacia el
camino. Cuando llegamos a menos de la mitad de la pendiente, cerca
de una encina, que aún existe, vimos otro relámpago, y habiendo dado
algunos pasos más vimos sobre la encina una Señora vestida de
blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa
que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos
más ardientes del sol.
Nos paramos, sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca
que quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella irradiaba, tal
vez a metro y medio de distancia. Entonces la Señora nos dijo:

–No tengáis miedo. No os hago daño.


Yo la pregunté:
–¿De dónde es usted?
–Soy del cielo.
–¿Qué es lo que usted me quiere?
–He venido para pediros que vengáis aquí seis meses
seguidos el día 13 a esta misma hora. Después diré quién soy
y lo que quiero. Volveré aquí una séptima vez.
Pregunté entonces:
–¿Yo iré al cielo?
–Sí, irás.
–¿Y Jacinta?
–Irá también.
–¿Y Francisco?
–También irá, pero tiene que rezar antes muchos
Rosarios.
Entonces me acordé de preguntar por dos niñas que habían
muerto hacía poco. Eran amigas mías y solían venir a casa para
aprender a tejer con mi hermana mayor.

–¿Está María de las Nieves en el cielo?


–Sí, está.
Tenía cerca de dieciséis años.
–¿Y Amelia?
–Pues estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
Me parece tenía entre dieciocho y veinte años.
–¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los
sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los
pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión
de los pecadores?
–Sí, queremos.
–Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios
os fortalecerá.

Diciendo estas palabras, la gracia de Dios, etc., la Virgen abrió sus


manos por primera vez, comunicándonos una luz muy intensa que
parecía fluir de sus manos y penetraba en lo más íntimo de nuestro
pecho y de nuestros corazones, haciéndonos ver a nosotros mismos en
Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el
mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior que nos fue
comunicado también, caímos de rodillas, repitiendo humildemente:

–Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo


en el Santísimo Sacramento.

Después de pasados unos momentos Nuestra Señora agregó:


–Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del
mundo y el fin de la guerra.

Acto seguido comenzó a elevarse serenamente subiendo en


dirección al Levante hasta desaparecer en la inmensidad del espacio.
La luz que la circundaba parecía abrirle el camino a través de los
astros, motivo por el que algunas veces decíamos que vimos abrirse el
cielo.

Segunda Aparición
Miércoles, 13 de junio

Después de rezar el rosario con otras personas que estaban


presentes (unas cincuenta) vimos de nuevo el reflejo de la luz que se
aproximaba, y que llamábamos relámpago, y en seguida a Nuestra
Señora sobre la encina, todo como en mayo.

–¿Qué es lo que me quiere? –pregunté.


–Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, que
recéis el rosario todos los días,y que aprendáis a leer.
Después diré lo que quiero además.

Le pedí la curación de una enferma. Nuestra Señora respondió:


–Si se convierte se curará durante el año.

–Quisiera pedirle que nos llevase al cielo.


–Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve, pero tú te
quedas aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti
para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo
la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien le abrazare
prometo la salvación y serán queridas sus almas por Dios
como flores puestas por mí a adornar su Trono.

–¿Me quedo aquí solita? –pregunté con pena.


–No, hija. ¿Y tú sufres mucho por eso? ¡No te desanimes!
Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el
camino que te conducirá a Dios.

En este momento abrió las manos y nos comunicó por segunda


vez el reflejo de la luz inmensa que la envolvía. En esta luz nos
veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar
en la parte de la luz que se eleva hacia el cielo y yo en la que se
esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de
Nuestra Señora estaba un corazón rodeado de espinas que parecían
clavarse en él. Entendimos que era el Corazón Inmaculado de María,
ultrajado por los pecados de la humanidad, que quería reparación.
Esto es a lo que nos referíamos al decir que Nuestra Señora nos
había contado un secreto en junio. Ella no nos mandó en aquella
ocasión guardarlo como secreto, pero nos sentíamos impulsados por
Dios a hacerlo así.
Francisco, muy impresionado con lo que había visto, me preguntó
después:
–¿Por qué es que la Virgen estaba con un corazón en la mano
irradiando sobre el mundo aquella luz tan grande que es Dios? Tú,
Lucía, estabas con Ella en la luz que bajaba a la tierra y Jacinta
conmigo en la que subía hacia el cielo.
–Es que –le respondí– tú, con Jacinta, iréis en breve al cielo. Yo
me quedo con el Corazón Inmaculado de María en la tierra.

Tercera Aparición

Viernes, 13 de julio

El Gran Secreto.
Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la
encina, entre numeroso público (unas 4.000 personas) que estaban
rezando el rosario, vimos el rayo de luz una vez más y un momento
más tarde apareció la Virgen sobre la encina.

–¿Qué es lo que quiere de mí? –pregunté.


–Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, y
continuéis rezando el rosario todos los días en honra a
Nuestra Señora del Rosario, con el fin de obtener la paz del
mundo y el final de la guerra, porque sólo Ella puede
conseguirlo.
Dije entonces:
–Quisiera pedirle nos dijera quién es, y que haga un milagro para
que todos crean que usted se nos aparece.
–Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré
quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de
ver para que crean.
Aquí hice algunos pedidos que ahora no recuerdo. Lo que
recuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezar el rosario
para alcanzar las gracias durante el año. Y continuó:

–Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, y


especialmente cuando hagáis un sacrificio:

“¡Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y


en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón
de María!”.

Al decir estas últimas palabras abrió de nuevo las manos como los
meses anteriores. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como
un mar de fuego y sumergidos en este fuego los demonios y las almas
como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, de forma
humana, que fluctuaban en el incendio llevadas por las llamas que de
ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia
todo los lados, semejante a la caída de pavesas en grandes incendios,
pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y
desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debía
ser a la vista de eso que di un “ay” que dicen haber oído.) Los
demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de
animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros
tizones en brasa. Asustados y como pidiendo socorro levantamos la
vista a Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

–Habéis visto el infierno, donde van las almas de los


pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el
mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que
yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra
terminará pero si no dejan de ofender a Dios en el reinado de
Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche
alumbrada por una luz desconocida sabed que es la gran señal
que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes
por medio de la guerra, del hambre, de la persecución de la
Iglesia y del Santo Padre. Para impedir eso vendré a pedir la
consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la
comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran
mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá
sus errores por el mundo, promoviendo guerras y
persecuciones de la Iglesia: los buenos serán martirizados; el
Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán
aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El
Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será
concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el
dogma de la fe se conservará siempre, etc. (Aquí comienza la
tercer parte del secreto, escrita por Lucía entre el 22 de diciembre de
1943 y el 9 de enero de 1944.) Esto no lo digáis a nadie. A
Francisco sí podéis decírselo.
–Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio:
“Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva
todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas.”
Seguía un instante en silencio y después pregunté:
–¿Usted no me quiere nada más?
–No, no quiero nada más por hoy.
Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección a Oriente
hasta que desapareció en la inmensidad del firmamento.

Cuarta Aparición

Domingo, 19 de agosto, en los Valinhos

(La aparición no se realizó el día 13 de agosto en Cova de Iría


porque el Administrador del Concejo apresó y llevó a Vila Nova de
Ourem a los pastorcitos con la intención de obligarles a revelar el
secreto. Los tuvo presos en la Administración y en el calabozo
municipal.
Les ofreció los más valiosos presentes si descubrían el secreto.
Los pequeños videntes respondieron:
–No lo decimos ni aunque nos den el mundo entero.
Los encerró en el calabozo. Los presos les aconsejaron:
–Pero decid al Administrador ese secreto. ¿Qué os importa que
esa Señora no quiera?
–¡Eso no –respondió Jacinta con vivacidad–, antes quiero morir!
Y los tres niños rezaron con aquellos infelices el rosario, delante
de una medalla de Jacinta colgada de la pared.

El Administrador para amedrentarlos, mandó preparar una caldera


de aceite hirviendo, en la cual amenazó asar a los pastorcitos si no
hacían lo que les mandaban. Ellos, aunque pensaban que la cosa iba
en serio, permanecieron firmes sin revelar nada. El día 15, fiesta de la
Asunción, los llevó por fin a Fátima.)

Habiendo ya contado lo que sucedió este día, pasaré a hablar de


la aparición que, según mi opinión, tuvo lugar el día 15 por la tarde.
Como todavía no sabía contar los días del mes, puede ser que me
equivoque. Pero tengo la idea de que fue el mismo día en que
volvimos de Vila Nova de Ourem.

Estuvimos con las ovejas en un lugar llamado Valinhos, Francisco


y su hermano Juan, acompañándome, y sintiendo que algo
sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra
Señora nos venía a aparecer y teniendo pena de que Jacinta quedaba
sin verla, pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla. No quería
ir, y le ofrecí dos veintenos y allá se fue corriendo. Entretanto,
Francisco y yo vimos el reflejo de la luz que llamábamos relámpago y
al instante de llegar Jacinta vimos a la Señora sobre la encina.

–¿Qué es lo que quiere usted?


–Deseo que sigáis yendo a Cova de Iría en los días 13, que
sigáis rezando el rosario todos los días. El último mes haré el
milagro para que todos crean.

–¿Qué es lo que quiere usted que se haga con el dinero que la


gente deja en Cova de Iría?
–Hagan dos andas, una para ti y Jacinta, para llevarlas
con dos chicas más vestidas de blanco y otra que la lleve
Francisco con tres niños más. El dinero de las andas es para la
fiesta de Nuestra Señora del Rosario, y lo que sobre es para
ayuda de una capilla que se debe hacer. (Andas usadas en Fátima
y otros lugares no son para transportar imágenes, sino para recoger
ofertas en dinero y en género.)

–Yo quisiera pedirle la curación de algunos enfermos.


–Sí, a algunos los curaré durante el año.
Y tomando un aspecto muy triste, la Virgen añadió:
–Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los
pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener
quién se sacrifique y rece por ellas.
Y la Señora comenzó a subir como de costumbre hacia Oriente.

Quinta Aparición

Jueves, 13 de septiembre

Al aproximarse la hora fui a Cova de Iría con Jacinta y Francisco


entre numerosas personas (unas treinta mil) que nos dejaban andar
sólo con dificultad. Los caminos estaban apiñados de gente; todos nos
querían ver y hablar; allí no había respetos humanos. Mucha gente del
pueblo, y hasta señoras y caballeros, consiguiendo romper por entre la
muchedumbre que alrededor nuestro se agolpaba, venían a postrarse
de hinojos delante de nosotros pidiendo que presentásemos sus
necesidades a Nuestra Señora. Otros, no consiguiendo llegar junto a
nosotros, clamaban de lejos. Uno de ellos:

–¡Por el amor de Dios, pidan a Nuestra Señora que me cure a mi


hijo, que está impedido!
Otro:
–Que me cure el mío, que es ciego.
Otro:
–El mío, que es sordo.
–Que me traiga a mi marido o mi hijo, que están en la guerra;
que me convierta un pecador; que me dé salud, que estoy
tuberculoso, etcétera.

Allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad y algunos


gritaban subidos a los árboles y a las tapias con el fin de vernos pasar.
Diciendo a unos que sí, dando la mano a otros para ayudarles a
levantarse del polvo de la tierra, allá íbamos andando gracias a
algunos caballeros que nos iban abriendo camino entre la
muchedumbre. Ahora, cuando leo estas escenas encantadoras del
Nuevo Testamento, del paso de Nuestro Señor por Palestina, pienso en
nuestros pobres caminos y sendas de Aljustrel, Fátima y Cova de Iría,
y doy gracias a Dios ofreciéndole la fe de nuestra buena gente
portuguesa. Y pienso si ellos podían humillarse como lo hicieron ante
tres pobres niños, sólo porque eran agraciados de hablar a la Madre
de Dios, ¿qué no harían si pudieran ver a Nuestro Señor mismo en
persona delante de ellos?
Bien, esto no tiene que ver con la materia; era una distracción de
mi pluma que me llevaba a parte donde yo no quería, una inútil
divagación. No lo arranco para no estropear el cuaderno.

Por fin llegamos a Cova de Iría, y al alcanzar la encina


comenzamos a decir el rosario con la gente. Un poco más tarde vimos
el reflejo de luz y acto seguido, sobre la encina, a Nuestra Señora, que
dijo:
–Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la
guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra
Señora de los Dolores y del Carmen, San José con el Niño
Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con
vuestros sacrificios, pero no quiero que durmáis con la cuerda
puesta; llevadla sólo durante el día.

–Me han pedido para suplicarle muchas cosas: la cura de algunos


enfermos, de un sordomudo, etc.
–Sí, a algunos curaré, pero a otros no. En octubre haré el
milagro para que todos crean.

Y comenzó a elevarse, desapareciendo como de costumbre.


(Los niños tomaron muy a pecho las palabras de la Virgen en
agosto, que pedía sacrificios a los pecadores. Uno de los sacrificios
más dolorosos era el de la cuerda que cada uno de ellos llevaba atada
a la cintura. Tanto les hacía sufrir, que Jacinta a veces hasta lloraba
con la violencia del dolor. La Virgen les dijo con solicitud maternal que
de noche no usaran la cuerda para poder disfrutar del reposo
necesario. Otros sacrificios eran no comer la merienda, que repartían
entre los pobres. Dejaban los higos y las uvas. “Teníamos la costumbre
de ofrecer de vez en cuando el sacrificio de pasar una novena o un
mes sin beber. Hicimos una vez este sacrificio en pleno mes de agosto,
en que el calor era sofocante.” Mayores todavía eran los sacrificios que
les exigía la misión que la Virgen les encomendara: las vejaciones, la
curiosidad y molestias de la gente; sus interminables visitas y
preguntas, la persecución y la prisión, y por fin la larga enfermedad de
Francisco y, sobre todo, de Jacinta, a la cual varias veces visitó la
Virgen, previniéndola que moriría solita, después de sufrir mucho.)

Sexta Aparición
Sábado, 13 de octubre

Salimos de casa bastante pronto, contando con las demoras del


camino. Había gente en masa (70.000 personas), bajo una lluvia
torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi
vida, con el corazón traspasado por la incertidumbre de lo que podía
ocurrir, quiso acompañarme. Por el camino, las escenas del mes
pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos
impedía a la gente arrodillarse en actitud humilde y suplicante.
Llegando a Cova de Iría, junto a la encina, llevada de un
movimiento interior, pedí al pueblo que cerrasen los paraguas para
rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de luz y en seguida a la
Virgen sobre la encina.

–¿Qué es lo que usted me quiere?


–Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío,
que soy la Señora del Rosario, que continúen rezando el
Rosario todos los días. La guerra está acabándose y los
soldados volverán pronto a sus casas.

–Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a los enfermos, si


convertía a unos pecadores, etc.
–Unos, sí; otros, no. Es preciso que se enmienden; que
pidan perdón de sus pecados.
Y tomando aspecto más triste dijo:
–Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está
muy ofendido.

Y abriendo sus manos las hizo reflejar en el sol, y en cuanto se


elevaba continuaba el brillo de su propia luz proyectándose en el sol.

He aquí el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi


motivo no era llamar la atención del pueblo, pues ni siquiera me daba
cuenta de su presencia. Fui inducida para ello por un impulso interior.

(Se da entonces el milagro del sol, prometido tres meses antes,


como prueba de la verdad de las apariciones de Fátima. La lluvia cesa
y el sol por tres veces gira sobre sí mismo, lanzando a todos los lados
fajas de luz de varios colores, amarillo, lila, anaranjado y rojo. Parece
a cierta altura desprenderse del firmamento y caer sobre la
muchedumbre. Al cabo de diez minutos de prodigio toma su estado
normal. Entretanto, los pastorcitos eran favorecidos por otras
visiones.)

Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento,


vimos al lado del sol a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida
de blanco con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir
al mundo, pues hacía con las manos unos gestos en forma de cruz.

Poco después, pasada esta Aparición, vi a Nuestro Señor y a


Nuestra Señora, que me daba sensación de ser la Virgen de los
Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo de la misma forma
que San José. Se disipó esta aparición y me parecía ver todavía a
Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen.
He aquí la historia de las Apariciones de Nuestra Señora en Cova
de Iría, en 1917.

MÁS DETALLES
FRANCISCO

(11-6-1908 a 4-4-1919)
Las palabras del Ángel en su tercera aparición: “Consolad a
vuestro Dios”, hicieron profunda impresión en el alma del pequeño
pastorcito. “En cuanto a Jacinta, parecía preocupada con el único
pensamiento de convertir pecadores y preservar las almas del infierno.
Él trataba solamente de pensar en consolar a Nuestro Señor y a la
Virgen, que le había parecido estar tan tristes.” (Lucía).
Dominado por el sentimiento de la presencia de Dios, recibió en la
luz que María comunicó a los videntes en las apariciones, discurría:
“Estábamos ardiendo en aquella luz que es Dios y no nos
quemábamos. ¿Cómo es Dios? Esto no lo podemos decir. Pero qué
pena que Él está tan triste; ¡si yo pudiera consolarle!”
En la enfermedad, confió a su prima: “¿Nuestro Señor aún estará
triste? Tengo tanta pena de que Él esté así. Le ofrezco cuantos
sacrificios puedo.”
La víspera de morir se confesó y comulgó, con los más santos
sentimientos. Después de cinco meses de casi continuo sufrimiento, el
4 de abril de 1919, primer viernes, a las diez de la mañana, murió
santamente el consolador de Jesús.

JACINTA

(1
0-3-1910 a 20-2-1920)
Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de
arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto la
impresionó.
Alguna vez preguntaba: “¿Por qué es que Nuestra Señora no
muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para
no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda
aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los
pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!”
Antes de morir, Nuestra Señora se dignó aparecérsele varias
veces. He aquí lo que ha dictado a su madrina Madre Godinho.
Sobre los pecados
Los pecados que llevan más almas al infierno son los de la carne.
Han de venir unas modas que han de ofender mucho a Nuestro
Señor.
Las personas que sirven a Dios no deben andar con la moda.
Los pecados del mundo son muy grandes.
Si los hombres supiesen lo que es la eternidad harían todo para
cambiar de vida. Los hombres se pierden porque no piensan en la
muerte de Nuestro Señor ni hacen penitencia.
Muchos matrimonios no son buenos, no agradan a Nuestro Señor
ni son de Dios.
Sobre las guerras
Nuestro Señor dijo que en el mundo habrá muchas guerras y
discordias.
Las guerras no son sino castigos por los pecados del mundo.
Nuestra Señora ya no puede retener el brazo castigador de su
Hijo sobre el mundo.
Es preciso hacer penitencia. Si la gente se enmienda, Nuestro
Señor todavía salvará al mundo; más
si no se enmienda, vendrá el castigo.
Sobre los sacerdotes
Pida mucho por los Padres, pida mucho por los Religiosos.
Los Padres sólo deben ocuparse de las cosas de la Iglesia.
Los Padres deben ser puros, muy puros.
La desobediencia de los Padres y de los Religiosos a sus
Superiores y al Santo Padre, ofende mucho a Nuestro Señor.
Pida mucho por los Gobiernos.
¡Ay, de los que persiguen la religión de Nuestro Señor!
Si el Gobierno deja en paz a la Iglesia y da libertad a la religión
será bendecido por Dios.
Sobre las virtudes cristianas
No ande rodeada de
lujo; huya de las
riquezas.
Sea amiga de la
santa pobreza y del
silencio.
No hable mal de
nadie y huya de quien
hable mal.
Tenga mucha
paciencia, porque la
paciencia nos lleva al
cielo.
La mortificación y
los sacrificios agradan
mucho a Nuestro Señor.
Durante la
enfermedad (pleuritis
purulenta), confió a su
prima: “Sufro mucho;
pero ofrezco todo por la
conversión de los
pecadores y para
desagraviar al Corazón Inmaculado de María.”
Al despedirse de Lucía le hace estas recomendaciones:
“Ya falta poco para irme al cielo. Tú quedas aquí para decir que
Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón
de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Di a toda la gente
que Dios concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de
María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su
lado se venere el Corazón Inmaculado de María, que pidan la paz al
Inmaculado Corazón de María, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese
meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro del
pecho, que me está abrasando y me hace gustar tanto del Corazón de
Jesús y del Corazón de María.”

Murió santamente el 20 de febrero de 1920. Su cuerpo reposa,


como el de Francisco, en el crucero de la Basílica, en Fátima.
LUCÍA

La Providencia Divina todavía no había terminado la obra


encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que “con el fin de
prevenir la guerra, vendré para pedir la consagración de Rusia
a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los
primeros Sábados de mes”. Lo pidió a Lucía en 1925, 1926 y 1929.
Estando en Pontevedra, el 10 de diciembre de 1925 se le apareció la
Virgen a Lucía con el Niño Jesús a su lado, subida en una nube de luz.
La Virgen puso su mano en el hombro de Lucía, mientras en la otra
sostenía su Corazón rodeado de espinas.

Al mismo tiempo, el Niño Jesús dijo:


“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está
cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a
cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación
para sacárselas.”
Después dijo Nuestra Señora a Lucía:

“Mira, hija mía, mi corazón cercado de espinas que los


hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e
ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a
todos los que durante cinco meses en el primer sábado se
confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y
me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los
misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo
asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para
su salvación.”

El 15 de febrero de 1926, el Niño Jesús se apareció de nuevo a


Lucía, preguntándole si había difundido la devoción a su Santísima
Madre. Lucía le contó de las dificultades que partían de su confesor y
de su superiora. El Señor respondió:
“Es verdad que tu Superiora sola no puede hacer nada;
pero con mi gracia lo puede todo.”

Lucía le habló de la confesión para los primeros sábados y


preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: “Sí; todavía
con más tiempo, con tal que me reciban en estado de gracia y tengan
intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María.”

En junio de 1929 la Virgen pidió en una aparición la consagración


de Rusia a su Inmaculado Corazón, prometiendo que de este modo se
prevenía la difusión de sus errores y se adelantaba su conversión. Pero
sólo el 20 de diciembre de 1940 Lucía recibió permiso para escribir al
Santo Padre Pío XII pidiéndole esta consagración.

Lucía describe esta aparición de la siguiente manera:

“De repente toda la Capilla (en las Doroteas de Tuy) se alumbró


de una luz sobrenatural, y una Cruz de luz apareció sobre el altar,
llegando hasta el techo. En la claridad de la parte superior se podía ver
la cara de un hombre y su cuerpo hasta la cintura. En el pecho había
una paloma de luz, y clavado en la Cruz había un cuerpo de otro
hombre. Por encima de la cintura, suspendidos en el aire, podía ver un
cáliz y una gran Hostia, en la cual caían gotas de sangre del rostro de
Jesús crucificado y de la llaga de su costado. Estas gotas, escurriendo
en la Hostia, caían en el cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz
estaba Nuestra Señora de Fátima, con su Corazón Inmaculado en su
mano izquierda, sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y
llamas. Debajo del brazo izquierdo de la Cruz, grandes letras, como si
fuesen de agua cristalina, que corrían sobre el Altar formando estas
palabras: “Gracia y misericordia”.

Entendí que era el misterio de la Santísima Trinidad que se me


enseñó, y yo recibí luces acerca de este misterio, que no se me
permite revelar.
La Virgen me dijo:

“Ha venido el momento en que Dios pide al Santo Padre


que en unión con todos los Obispos del mundo haga la
consagración de Rusia a mi Corazón, prometiendo salvarla por
este medio.”

Pío XII cumplió en parte este deseo de la Virgen consagrando el


mundo con mención especial de Rusia, el 31 de octubre de 1942, al
Inmaculado Corazón de María y haciendo la consagración especial sólo
de Rusia el 7 de julio de 1952, con estas palabras:

“Como hace algunos años consagramos todo el género humano al


Corazón Inmaculado de la Virgen, Madre de Dios, así ahora, de un
modo especialísimo, dedicamos y consagramos todos los pueblos de
Rusia al mismo Inmaculado Corazón.”

Decimos “en parte” puesto que no fue en unión con todos los
obispos del mundo.
Tampoco las consagraciones de Pablo VI (1965) y de Juan Pablo
II (1982) fueron completas.

La consagración de Rusia, el 13 de Mayo de 2017 sigue pendiente


Fátima (Portugal), 13 de mayo de 1990
Aniversario de la primera Aparición
Yo bajo del cielo.

«Hace setenta y tres años, bajé del cielo en esta Cueva de Iria, para indicaros el
camino que debéis recorrer en este vuestro difícil siglo.
Los acontecimientos tan dolorosos, que se han sucedido, se han desarrollado
realizando plenamente las palabras de mi profecía.
-La humanidad no ha acogido mi invitación maternal de volver al Señor por el
camino de la conversión del corazón y de la vida, de la oración y de la penitencia.
De este modo ha conocido los años terribles de la segunda guerra mundial, que
trajo decenas de millones de muertos, e inmensas destrucciones de pueblos y
naciones.
-Rusia no me ha sido consagrada por el Papa con todos los Obispos y por eso,
no ha tenido la gracia de la conversión y ha difundido sus errores por todas partes del
mundo, provocando guerras, violencias, revoluciones sangrientas, persecuciones a la
Iglesia y al Santo Padre.
-Satanás ha sido el dominador indiscutible en los acontecimientos de este
vuestro siglo, llevando a la humanidad entera al rechazo de Dios y de su Ley de Amor,
difundiendo en todas partes la división y el odio, la inmoralidad y la maldad y haciendo
legitimar en todas partes el divorcio, el aborto, la obscenidad y la homosexualidad, y el
uso de todos los medios para impedir la vida.
Ahora iniciáis el último decenio de vuestro siglo.
Yo bajo del cielo para que os sean revelados los últimos secretos y pueda así
prepararos, a cuanto ya debéis vivir para la purificación de la tierra.
Mi tercer secreto, que Yo revelé a los tres niños a quienes me aparecí y que
hasta ahora no os ha sido revelado, será manifestado a todos por el mismo desarrollo
de los acontecimientos.
La Iglesia conocerá la hora de su mayor apostasía, el hombre de iniquidad se
introducirá en el interior de ella y se sentará en el mismo Templo de Dios, mientras el
pequeño resto que permanecerá fiel será sometido a las mayores pruebas y
persecuciones.
La humanidad vivirá el momento de su gran castigo, será de este modo
preparada para recibir al Señor Jesús, que volverá a vosotros en gloria.
Por eso, sobre todo hoy, Yo desciendo todavía del cielo, con mis numerosas
apariciones, con los mensajes que os doy, con esta Obra extraordinaria de mi
Movimiento Sacerdotal Mariano; para disponeros a vivir los acontecimientos que ya
están a punto de cumplirse, para llevaros de la mano a recorrer el trecho más difícil y
doloroso de este segundo adviento y para preparar las mentes y los corazones de
todos a recibir a Jesús en el próximo momento de su retorno glorioso.»

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