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Fundamento Bíblico del Bautismo

Este documento explora los fundamentos bíblicos y la dimensión teológica del bautismo a través de un análisis de los relatos del bautismo de Jesús en los evangelios. Describe los tres elementos clave del bautismo de Jesús según Marcos: la apertura de los cielos, el descenso del Espíritu Santo como paloma y la proclamación celestial de que Jesús es el Hijo amado de Dios. También discute el origen del bautismo cristiano y el bautismo de los niños a la luz de los
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Fundamento Bíblico del Bautismo

Este documento explora los fundamentos bíblicos y la dimensión teológica del bautismo a través de un análisis de los relatos del bautismo de Jesús en los evangelios. Describe los tres elementos clave del bautismo de Jesús según Marcos: la apertura de los cielos, el descenso del Espíritu Santo como paloma y la proclamación celestial de que Jesús es el Hijo amado de Dios. También discute el origen del bautismo cristiano y el bautismo de los niños a la luz de los
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EL BAUTISMO DIMENSIÓN BIBLICA Y TEOLÓGICA.

OBJETIVO: DESCUBRIR EL FUNDAMENTO BÍBLICO DEL BAUTISMO Y SU DIMENSIÓN TEOLÓGICA.

REFERENCIAS: EL BAUTISMO DE JESÚS, EL ORIGEN DEL BAUTISMO CRISTIANO Y EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS.

 Es necesario conocer sobre los fundamentos bíblicos del Bautismo; porque muchas veces no lo sabemos desconocemos
pensamos que son inventos, y también del porque es necesario bautizarnos y que ustedes como Papas y padrinos sean
responsables del crecimiento y la educación de la fe de sus hijos y ahijados; quien instituye el Bautismo, nuestro Señor
Jesucristo; para ello vamos a ver, a leer y a reflexionar las Sagradas escrituras, tenemos al evangelio escrito por cuatro
diferentes Evangelistas; que son MATEO, MARCOS, LUCAS Y JUAN, y los cuatro nos hablan sobre el Bautismo MT 3, 13-
17; MC 1, 9-11; LC. 3, 21-22 y JN. 1, 29-33, de estos cuatro testimonios el más primitivo es sin duda el de Marcos, Mateo y
Lucas, el cuarto evangelio no relata el bautismo, pero la atestación solmene (pero se tiene la plena seguridad) hecha por
el precursor (Juan el Bautista), al decir…yo mismo no lo conocía, pero la razón por la cual yo bautizo con agua es para que
él se manifieste a Israel…” Juan da testimonio de Jesús, al decir…. Esta expresión se refiere al Señor Jesucristo, el Hijo de
Dios en el sentido más elevado en que se puede usar este término.

TESTIMONIOS EVANGÉLICOS

MARCOS

Como se dijo que el de los Cuatro evangelios relativos al bautismo de Jesús, el más primitivo es el evangelio de Marcos.
(debemos de saber que Jesús no escribió nada, ni tampoco sus discípulos tomaron dictado de lo que dijo o hizo. La vida y
la obra de Jesús quedó asentada en los Evangelios. Estos libros primeramente fueron relatos orales surgidos después de la
resurrección que los primeros cristianos se transmitieron. Posteriormente se escribieron en diverso tiempo y lugares. Por
eso encontramos a cuatro evangelistas, en donde los libros de Mateo, Marcos y Lucas son llamados evangelios Sinópticos
(al mirar en conjunto los tres encontramos similitud), hay variantes en su enfoque, pero la mayoría de los
acontecimientos son los mismos. (marcos se escribió entre los 60-70 d.c, mateo 90-90 d.c. Lucas entre los 80-90 d.c. y
juan 95 d.c.)

La teofanía bautismal (manifestación de Dios al hombre), como se describe en el evangelio de Marcos, comprende 3
elementos: LA APERTURA DE LOS CIELOS, EL DESCENSO DEL ESPIRITU SANTO EN FORMA DE PALOMA, LA
PROCLAMACIÓN HECHO POR LA VOZ CELESTE.

PROCLAMACION CELESTE

¿Cuándo se escucha la voz TU ERES MI HIJO AMADO, EN TI ME HE COMPLACIDO”, aquí vemos que Dios querría
concentrar toda la atención en su hijo, podemos también comprenderlo en el Salmo 2, 7 y a Is 42, 1, ¿qué dice……fíjense
que significa esta declaración celeste? Es una declaración filial que hace Dios, este es mi hijo, sin embargo también en el
evangelio de Juan refiere sobre el cordero de Dios, es una referencia al siervo de Dios Is. 53, 7, siervo sufriente, humilde,
y no violento con la referencia de Siervo de Dios, la imagen del Cordero de Dios, contiene la idea de liberación, que
consiste en quitar el pecado del mundo de la humanidad entera, por medio de su pasión, y de una vez para siempre
rehabilitando a los hombres como hijos de Dios; el título de servidor a Jesús en los primitivos discursos de los primeros
capítulos de los hechos de los apóstoles; sin embargo la voz no dice este es mi servidor, sino dice tu eres mi hijo amado,
hijo no es lo mismo que servidor, entonces Jesús parece haber sido designado ante todo como el Mesías-Servidor, pero
como hijo amado de Dios. Entonces en este sentido como Jesús como servidor responde y se somete humildemente a un
bautismo que no estaba hecho para él, (mc. 1, 4) sino que estaba destinado a sólo a los pecadores, siendo así Jesús
desempeña el papel escatológico que correspondía al Servidor señalado por el profeta Isaías, esto porque, Jesús no tenía
necesidad de ser bautizado. Juan Bautista acertaba plenamente al decir: "Detrás de mí viene el que puede más que yo, y
yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias" (cf Mc 1,7-11). El bautismo de Juan, que no es todavía el
sacramento cristiano del bautismo, era un bautismo de penitencia, que expresaba el deseo de ser purificado de los
pecados. Ningún pecado había en Jesús, él es el Santo, el inocente, el Hijo de Dios.

¿Por qué, entonces, quiso Jesús ser contado entre los pecadores y, como algunos de ellos, dejarse bautizar por Juan? En el
gesto de Jesús descubrimos su solidaridad redentora. Se hace uno de los nuestros, para compartir hasta el fondo nuestra
suerte y así poder transformarla.

En realidad, no es el agua del Jordán la que purifica a Jesús, sino que es Él, dejándose sumergir en el agua, quien confiere
el agua el poder de Santificar.

La inmersión de Jesús en el Jordán prefigura su inmersión en la muerte. El Señor no sólo se dejó contar entre los
pecadores, sino se apropió de todo el pecado de los hombres y asumió la consecuencia de ese pecado, la muerte.
Haciendo suya la muerte la destruyó desde dentro, transformándola en vida.

El Señor, que posee el Espíritu en plenitud, puede comunicarlo a los suyos por medio de un Bautismo que ya no es, como
el de Juan, un mero signo de penitencia, sino una participación sacramental en su Pascua. Al recibir el sacramento del
Bautismo por el agua y el Espíritu Santo somos verdaderamente regenerados; morimos al hombre viejo, al pecado, y
renacemos como hombres nuevos, como hijos adoptivos de Dios por la gracia, como miembros de la iglesia.

El evangelio dice que apenas salió Jesús del agua se "rasgó el cielo". Los cielos se abrieron, comenta Santo Tomás de
Aquino, para mostrar los elementos que pertenecen a la eficacia de nuestro Bautismo. Una eficacia que proviene, no de
las fuerzas humanas, sino de la virtud del cielo. Una eficacia relacionada con la fe del que se bautiza y con la fe de la
Iglesia, mediante la cual "contemplamos las cosas del cielo, que superan los sentidos y la razón humanos". Y, además, "se
abrieron los cielos, para manifestar que el camino del cielo queda abierto para los bautizado.

Debemos perseverar en la oración para que este nuevo nacimiento, que ha tenido lugar en nuestro Bautismo, llegue a su
plenitud, a su cumplimiento, que no es otro que el cielo; la amistad con Dios, la comunión con Él y con todos los
bienaventurados.

En el antiguo testamento podemos encontrar que Dios expresa su complacencia en su propio pueblo, y se refiere a la
comunidad de la era de la gracia, purificada de todo pecado (Jos 42, 4, sal 146, 11; 149, 4).

Relacionada con la plegaria mesiánica e Is. 62-64, resulta, que, en el bautismo de Jesús, la comunidad mesiánica en
encuentra representada por Cristo en tanto que ella participara de su filiación divina, es importante recordar que San
Pablo concede a los bautizados en los que habita el Espíritu Santo, el derecho de adoptar la manera que Jesús tiene de
dirigirse a su Padre: ABBA PADRE (Gal. 4, 6; Rom 8, 15).

El Espíritu Santo, cuya venida había sido prometido en el Antiguo Testamento como signo de instauración de la era
mesiánica, el descendimiento del Espíritu sobre Jesús es lo que le señala ante el precursor como el que quita el pecado
del mundo, y que es remisión de los pecados en la iglesia y en lo que dirá el Espíritu Santo es comunicado a los apóstoles
para que tengan el poder de perdonar los pecados, Jesús una vez que sale del agua y desciende el Espíritu Santo empieza
su misión, es conducido al Desierto a orar para iniciar su misión.

MATEO, LUCAS, JUAN

Dos rasgos son de mateo, primero el Dialogo entre Jesús y Juan el Bautista, este dialogo visiblemente apologético, explica
por qué Jesús ha podido someterse al rito del precursor, conservando, sin embargo, su superioridad, la razón es que él ha
querido inaugurar una justicia nueva que perfeccionara la justicia judía del Bautista.

En Lucas dejando aparte su insistencia en la manifestación personal y visible del Espíritu Santo como punto de partida de
la nueva economía y preludio de Pentecostés En Pentecostés el Espíritu Santo se manifiesta a los apóstoles. Es el Espíritu
que Jesús había prometido que enviaría del seno del Padre: “Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté
con vosotros para siempre” (Jn 14,16). La promesa de Jesús “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo” (Mt 28,20) se cumple en su Espíritu. El Espíritu que se manifiesta en Pentecostés con dones extraordinarios es el
mismo Espíritu que se ha revelado en toda la historia de la salvación: desde la creación hasta nuestros días. El Espíritu se
manifiesta en el Antiguo Testamento, pero es en Cristo cuando él se muestra en plenitud. Quisiéramos detenernos en una
variante, que, si es auténtica, está llena de sentido. Una cita textual del Sal 2, tu eres mi hijo hoy te he engendrado.

Juan una sola cosa le interesa, que en este momento reposa sobre Jesús el Espíritu Santo divino, cuya venida había sido
prometida en el Antiguo Testamento como signo de instauración de la era mesiánica, el descendimiento del Espíritu sobre
Jesús es lo que le señala ante el precursor como el que quita el pecado del mundo, (1,29) el auto piensa ya claramente en
la remisión de los pecados en la iglesia y en lo que dirá en 20, 20 donde el Espíritu Santo es comunicado a los apóstoles
para que tengan el poder de perdonar los pecados.

HISTORICIDAD Y SENTIDO DEL BAUTISMO DE JESÚS

HISTORICIDAD.

El hecho de que Jesús sé haya sometido al rito del arrepentimiento del precursor es generalmente como indiscutible,
dada la fe de la comunidad cristiana en la trascendencia de Jesús, nunca lo hubiera imaginado sometiéndose
humildemente a este rito, si no hubiera sido ésta la realidad.

EXPLICACIONES INSUFICIENTES.

El bautismo de Cristo, santificando el agua que es utilizada en el Sacramento de la regeneración cristiana, puso fin a la
antigua economía e inauguró la era de gracia de la nueva creación, esta enseñanza de los Padres y Doctores encuentra un
fundamento sólido en los datos evangélicos, alusión a la creación del mundo que encierra el simbolismo de la paloma ;

y que hay una relación entre el bautismo de Jesús y el Sacramento cristiano orden de bautizar con la fórmula trinitaria,
todo ello es comprendido a la luz de la vida de la iglesia y la práctica sacramental, ello no podría constituir el sentido
primero y fundamental del evento del Jordán, por eso es de base el hecho histórico la sumisión de Jesús al rito del
precursor, adornada de manera apta para servir de soporte a toda la cristología cristiana, la voz celeste revela quien es
Jesús, el descendimiento sobre él del Espíritu Santo expresa quien debe dar eficacia a su obra.

Se debe reconocer que la reflexión cristiana ha actuado sobre el bautismo de Jesús como sobre todo el resto de su
existencia y que lo ha interpretado a la luz de la fe pascual y de la vida de la iglesia. Tal como lo sugiere el relato de San
Marcos, el bautismo fue inicialmente un impulso sobrenatural dada a Jesús para que se enrolara definitivamente en el
camino mesiánico trazado por los oráculos del Antiguo Testamento y especialmente por los poemas del servidor. Pero el
bautismo ha sido comprendido más y más, a continuación, como una revelación clara de la filiación divina de Jesús en
sentido estricto, incluso como una manifestación del misterio de la Santísima Trinidad, y al mismo tiempo como la
institución del Sacramento cristiano del Bautismo perfeccionamiento del rito del precursor, es lo que testifican los
evangelios particularmente Lucas y Juan, lo cual sugiere que la existencia de la iglesia se inserta en la de su fundador y
prolonga su misterio. La Iglesia, en su esencia profunda, es un misterio de comunión interpersonal: comunión con las tres
Per- sonas divinas, hecha posible por el Espíritu Santo que inserta vital- mente en Jesucristo al renacido en el Bautismo, y
comunión de los bautizados entre sí, como hijos del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo.

EL ORIGEN DEL BAUTISMO CRISTIANO

Vamos analizar la raíz del bautismo cristiano y su sentido primigenio, porque, para empezar, que sin bien es cierto Jesús
no bautizó, sin embargo, la comunidad primitiva lo hizo como algo evidente eclesial y teológicamente, entonces vamos
analizar del porqué de estos hechos.

a). - JESÚS NO BAUTIZO. - Los sinópticos El término «sinóptico» proviene de las raíces griegas συν (syn, 'junto') y οψις
(opsis, 'ver'). La palabra «sinóptico» indica que los contenidos de estos tres evangelios pueden disponerse para ser
«vistos juntos», bien en columnas verticales paralelas, bien en sentido horizontal.

los evangelios de Mateo, marcos y Lucas no conocen ninguna práctica bautismal de Jesús, el cuarto evangelio que no es
no es sinóptico porque Una de las razones por la que Juan es diferente a los Evangelios Sinópticos, es que tenía un
propósito diferente para escribir su relato. La audiencia para la que estaba escribiendo era diferente y quiso hacer
hincapié en diferentes aspectos de la vida y obra de Jesús. Sin embargo, Juan la menciona en 3,22 y 4,1, ambos textos son
al menos, sospechosos de apuntar a una tendencia determinada, la de mostrar la superioridad del movimiento de Jesús
sobre el del Bautista, manteniendo una distancia entre uno y otro personaje. Esto aparece con claridad en 4,1. Pero 3,22
va en la misma dirección (ver 3,26) el éxito de Jesús sirve como argumento de su superioridad frente al Bautista. Quizá
con ello se quiera replicar precisamente a la acusación contraria hecho por la comunidad del Bautista, de que Juan tuvo
mucho más éxito que Jesús o quizá el cuarto evangelista está interesado en subrayar la independencia del bautismo
cristiano del de Juan. En cual cualquier caso, no sé pueden presentar estos textos como demostración segura de que Jesús
mismo bautizó.

Por lo demás en 4,2 se corrige precisamente la noticia dada en 4,1 y así queda reflejada la idea de que Jesús no bautizó y
en cambio sí que lo hizo la comunidad (los discípulos).

Finalmente, en MC 6,14-16 es un argumento decisivo contra JN 3, 22-24 y 4, 1, pues si alguna vez se pudo hablar de Jesús
como el Bautista redivivo, esto parece presuponer que Jesús sólo actuó tras la muerte del Bautista (comparar MC 1,14
con HCH 13,25).

Argumento definitivo contra la práctica bautismal de Jesús es el envío de los discípulos mencionado en MC 6, 7-13 Y MT
10, 1.5-15, LC 10, 1-16 (Q): Los discípulos reciben el encargo de curar enfermos y de anunciar la cercanía del Reino de
Dios. Pero no reciben el encargo de bautizar. Ahora bien, en el complejo de tradición que atañe el envío pre pascual de los
discípulos, a éstos se le encarga hacer lo mismo que Jesús hacia (y que era el núcleo de su obra) por ello podemos concluir
que Jesús en este punto del bautismo no siguió al bautista. Ni él bautizó, ni envío a sus discípulos a bautizar.

B). - LA PRÁCTICA DE LA COMUNIDAD PRIMITIVA. - Después de lo dicho, la practica bautismal de la comunidad primitiva
aparece como más misteriosa. En efecto, no hay indicios de que dicha práctica fuese discutida o tuviese que introducirse
con dificultades. Todo parece indicar que era ya una práctica de la primera comunidad aramea. ¿Porque pues de esta
práctica bautismal?, y esta pregunta es válida incluso si se tiene una postura menos escéptica ante los textos antes
mencionados del cuarto evangelio, porque sí Jesús bautizó, debió ser como discípulo de Juan –poco tiempo- y si lo hizo
alguna vez, pronto dejó de hacerlo. Y si dejó de hacerlo, debió ser por razones teológicas de peso. Por ello la pregunta
sigue siendo válida.

Por toda esta problemática existe la solución simple de decir que el mismos Resucitado la introdujo y la encomendó a la
iglesia. Sin embargo, esta respuesta no satisface, solo dos textos se pueden aducir, MC 16, 16 (fina no auténtico de MC,
añadido ya en el siglo II) y MT 28, 19 sólo muestra que mateo retroftae el bautismo teológicamente al resucitado, pero no
puede demostrar que desde el comienzo fue objeto de tradición una orden de bautismo del Resucitado.

Junto a esto es muy interesante notar que lucas, a pesar de su interés por el bautismo y del espacio que dedica a las
palabras del Resucitado, no refiere ninguna orden de bautizar. Cierto que en LC. 24, 47 salen motivos bautismales, pero lo
curioso es que lucas formula aquí su texto a partir de la presentación que hace marcos del bautismo de juan (comparar
LC, 24, 47 con MC 1,14) lucas no ha encontrado en la tradición cristiana ninguna orden de bautizar en boca de Jesús, y
siempre ha llamado la atención la dura e inesperada aparición de la praxis bautismal en HCH 2, 38-41 es cirto que HCH 1,5
anuncia un bautismo en el Espíritu Santo, pero este anuncio se realiza en HCH 2, 1-4 lucas, pues, no ha podido mostrar
coherentemente el hecho de que los doce, dé repente se pongan a bautizar con agua. Todo esto me parece tan notable
que ahí debe hacer un fragmento de historia real.

EL BAUTISMO CRISTIANO PRIMITIVO EN EL HORIZONTE DE LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES

Los antiguos cultos mistéricos

En la historia de las religiones paralelos a los textos bíblicos, podía ser fácil deducir el bautismo cristiano de los lavatorios
y los baños que acompañaban los cultos mistéricos del helenismo La Religión helenística es cualquiera de los diversos
sistemas de creencias y prácticas de las personas que vivieron bajo la influencia de cultura griega antigua durante el
período helenístico y el Imperio romano (c. 300 a.C. hasta 300 d.C.)., hoy esto no se defiende ya. Pues en esta explicación
se trabaja con un concepto muy concreto de Sacramento, y con el presupuesto de que el bautismo cristiano pasó a ser
Sacramento solo en el cristianismo helenístico y bajo el influjo de los cultos de misterios.

El judaísmo

Las purificaciones rituales se encuentran también en el judaísmo y su número crece desmesuradamente en la época
postexílica El periodo del pos exilio, llamado también del “segundo templo” es un tiempo de mucha importancia en la
reconfiguración de Israel y en la amplia producción literaria en el campo bíblico, hasta el punto de ir fijando el canon del
Primer Testamento en forma casi definitiva. Lo que en el A.T. esta prescrito a los sacerdotes se hace ahora imperativo
general, y los lavatorios alcanzan hasta la inmersión completa. Las exigencias de pureza se intensifican en los grupos
reducidos y eso es lo que encontramos en Qumran.( En 1972 el padre José O´Callaghan, jesuita español, papirólogo y profesor de la
Universidad Gregoriana de Roma, decano de la Facultad Bíblica del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y de la Facultad Teológica de Barcelona, descifró
unos fragmentos de papiros encontrados en la cueva 7 del Qumrán (Mar Muerto). Se le identifica así 7Q5. Se trata del texto de San Marcos, 6: 52s. En
once cuevas aparecieron seiscientos rollos de pergaminos. En estos manuscritos, que se descubrieron en 1947, han aparecido textos del Éxodo, Isaías,
Jeremías, etc. De casi todos los libros del Antiguo Testamento. El texto descifrado por el padre O´Callaghan es un fragmento del Evangelio de San
Marcos enviado a Jerusalén por la cristiandad de Roma y que los esenios escondieron en esa cueva en ánforas, una de las cuales tiene el nombre de
ROMA en hebreo. Probablemente esto ocurrió cuando la invasión de Palestina por los romanos, antes de la ruina de Jerusalén del año 70. En concreto
cuando se aproximaban las tropas de Vespasiano el año 68. Este descubrimiento ha sido considerado como el más importante de este siglo sobre el
Nuevo Testamento. En 1991 se ha publicado una edición facsímil con 1787 fotografías de estos manuscritos. La interpretación del padre O´Callaghan ha
sido recientemente confirmada por el eminente profesor alemán de la Universidad de Oxford, Carsten Peter Thiede, en la prestigiosa revista
internacional "Bíblica". Thiede dice textualmente: Conforme a las reglas del trabajo paleográfico y de la crítica textual, resulta cierto que 7Q5 es Marcos,
6: 52s. El 7Q5 es el papiro de O´Callaghan. Thiede ha publicado un estudio apoyando al padre O´Callaghan titulado «El manuscrito más antiguo de los
Evangelios». Son cada vez más los que aceptan esta identificación, ha dicho el P. Ignacio de La Potterie, S.I., como se ha visto en el Simposio
Internacional celebrado del 18 al 20 de octubre de 1991 en Eichstät, donde apoyaron esta opinión los expertos en papirología Hunger, de la Universidad
de Viena, y Riesenfeld, de la Universidad de Upsala (Suecia). El texto 7Q5 ha sido estudiado en ordenador por IBICUS de Liverpool y se ha demostrado
que esa combinación de letras, en la Biblia, sólo se encuentra en Marcos 6: 52s, que es el 7Q5. El paleógrafo inglés Roberts, de la Universidad de Oxford,
primera autoridad mundial en paleografía griega, antes de que se descifraran estos papiros, estudiando la grafía, afirmó que eran anteriores al año 50
después de Cristo, es decir, unos 20 años después de la muerte de Jesús, y 10 años después que Marcos escribiera su Evangelio. Sin duda es anterior al
año 68 en que fueron selladas las cuevas del Qumrán, con los papiros dentro, antes de huir de las tropas de Vespasiano, que invadieron aquel territorio
el año 68. Se trata, por lo tanto, del manuscrito más cercano a Jesús de todos los conocidos. El descifrador de estos documentos ha manifestado que ya
no puede afirmarse que el Evangelio sea una elaboración de la antigua comunidad cristiana, y que tuvo un período más o menos prolongado de difusión
oral antes de ser escrito, sino que tenemos ya la comprobación de los hechos a través de fuentes inmediatas. Este descubrimiento ha dado al traste con
las teorías de Bultmann. La proximidad de este manuscrito al original echa por tierra la hipótesis de Bultmann, según la cual los Evangelios son una
creación de la comunidad primitiva que transfiguró el Jesús de la historia en el Jesús de la fe. Confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado
durante diecinueve siglos: la historicidad de los Evangelios.

La ofensiva contra la historicidad de los Evangelios comenzó con Friedrich Strauss en 1835. La renovó Ernest Renán en 1863. Modernamente Rudolf
Bultmann afirma que no podemos saber nada sobre la vida de Jesús, pues los Evangelios son la idealización de una leyenda de generaciones posteriores.
Si el 7Q5 es del año 50, esta idealización no es posible en contemporáneos. El célebre teólogo protestante Oscar Cullmann, seguidor un tiempo de
Bultmann, reconoce que se separó de Bultmann por la interpretación que éste hacía de la Biblia. Para Bultmann el único elemento histórico de los
Evangelios que quedaría a salvo es la cruz. El resto, incluida la resurrección, sería un mero símbolo.

Uno de los seguidores de Bultmann ha dicho de este descubrimiento del 7Q5: «Habrá que echar al fuego siete toneladas de erudición germánica». El
lapso de tiempo que transcurre entre los acontecimientos y la composición de los Evangelios es tan breve, que no permite la formación de un mito
contrario a la historia.

Todo miembro de la comunidad de Qumran debe bañarse diariamente antes de la comida. Y precisamente Qumran nos
muestra que por esta época se traspasa ya el ámbito de lo puramente ritual: en la regla de la comunidad se habla de
lavatorios en conexión con conversión y recepción del espíritu.
Sin embargo, ni los baños de Qumran ni los lavatorios rituales del judaísmo son el modelo del bautismo cristiano. Pueden,
ciertamente ser su trasfondo, pero no pueden explicar inmediatamente el bautismo cristiano, pues su repetición y
renovación constante choca con la irrepetibilidad y el carácter único del bautismo.

Quizá por ello los investigadores han hablado del bautismo de prosélitos como modelo del cristiano, pues en dicho
bautismo se encuentra precisamente ese carácter único. Este bautismo se aplicaba a los paganos que pasaban al
judaísmo, y se hacían después de que se hubiesen circuncidado La circuncisión es la extirpación quirúrgica de la
piel que cubre la punta del pene. El procedimiento es bastante frecuente entre los recién nacidos varones de
determinadas partes del mundo, incluso en los Estados Unidos. Consistía en una inmersión total, que iba acompañada de
una especie de alocución bautismal. Sus efectos eran la definitiva incorporación a la comunidad de Israel y la liberación de
toda impureza pagana, a pesar de éstas y de otras semejanzas en detalles secundarios, el bautismo de prosélitos no
puede entrar en consideración como ejemplo inmediato del bautismo cristiano, por las siguientes razones:

1).- En bautismo de prosélitos se trata de un autobautizo, pues los presentes (dos o tres discípulos de rabinos) son solo
testigos se les llama bautizantes o bautistas. El bautismo cristiano, en cambio, nunca ha sido considerado autobautizo.

2).- El bautismo de prosélitos es para paganos, nunca para judíos, el bautismo cristiano, con su origen, se dirige
exclusivamente a los judíos, Israel se ha de hacer bautizar y así encontrar su salvación.

3).- Y sobre todo, en el bautismo de prosélitos falta la motivación escatológica, que, al menos al principio, como veremos,
marca decididamente el bautismo cristiano, se puede anticipar lo siguiente: sólo si se tiene en cuenta la situación
inmediatamente postpascual de tensa espera próxima se puede hacer comprensible el surgimiento del bautismo
cristiano.

Estos argumentos descalifican, pues, que el bautismo cristiano proceda inmediatamente del bautismo de prosélitos
(dejando a un lado la consideración de si dicho bautismo se realizaba en Palestina en la primera mistad del siglo I).

EL BAUTISMO DE JUAN

Este bautismo no es un autobautizo, (MC 1,5) dice que la gente se hacía bautizar por él). A esto apunta innegablemente
su sobrenombre, él actuaba y quizá fue visto como algo especial en aquel entonces.

También es característico del bautismo de Juan al estar dirigido a Israel (LC. 3, 7-8) la circuncisión no vale ya; Israel debe
volverse a Dios en un bautismo de conversión. Y finalmente el bautismo de Juan tiene un carácter único, irrepetible, no
hay ninguna penitencia secunda, entre el bautismo de Juan y el Cristiano debe haber alguna relación. En favor de esta
relación hablaría también la relación histórica de que Jesús mismo y parte de sus seguidores se hicieron bautizar por Juan.
Y también el hecho de que la figura del Bautista haya cobrado un lugar sorprendente en la tradición cristiana.

EL BAUTISMO CRISTIANO PRIMITIVO Y JUAN BAUTISTA

El bautismo cristiano hay que verlo desde Juan, COMO ¿ES QUE LA IGLESIA PRIMITIVA COMUNIDAD ECHA MANO DEL
BAUTISMO DE JUAN, SIENDO ASÍ QUE JESUS EL SEÑOR NO LO HIZO?

Lo anterior deriva de la siguiente razón, el Bautista ha anunciado el Mesías que venía detrás de él y ha dicho que este
mesías bautizaría con Espíritu Santo, es lógico pues que la comunidad primitiva con la pascua y sus experiencias del
Espíritu, haya visto realizado lo anunciado por el Bautista, y se haya sentido con el derecho de institucionalizar sus
experiencias del espíritu como bautismo del espíritu.

Habíamos dicho que una de las características del bautismo de Juan era su irrepetibilidad. Si preguntamos por la razón de
esta irrepetibilidad, la respuesta es: porque está en un contexto de predicación escatológica. El bautista vive en un
contexto de este inminente del fin: no queda ya tiempo. El bautismo es el último ofrecimiento hecho a Israel antes del
juicio, en la misma tensa espera, vive Jesús y también la primitiva comunidad (quizá ésta más intensamente después de
las apariciones de pascua).

El trasfondo del Bautismo Cristiano en el de Juan; el bautismo cristiano no es una repetición del de Juan, sino que el de
Juan se realiza ahora en el nombre de Jesús, es decir con perspectiva cristológica. Naturalmente, esta función
determinativa no agota todo el significado de las expresiones "En el nombre y/o hacia el nombre de Jesús". Estas
expresiones tienen además un significado soteriológico, expresan una relación salvífica entre Jesús y el bautizado. Hch 4,
12-17s; 5, 28-40; 8, 15). Entonces el bautismo en el nombre de Jesús significa, en concreto, que el bautizado, por el
bautismo, es situado en la
salvación y liberación que ha llegado con Jesús. Reconoce en el bautismo que Dios ha actuado en Jesús y se deja asumir
en la esfera de la salvación que Jesús ha inaugurado. Ya se ve que desde aquí una línea continua puede llevar a las
expresiones paulinas del bautismo en la muerte de Jesús. Pero no debemos olvidar que el bautismo en el nombre de
Jesús no era originalmente un gesto centrado en la cruz, sino en todo el acontecimiento salvífico realizado en Jesús.

Y por tanto la predicación y el anuncio de la salvación próxima, realizada en los signos de Jesús -salvación para los pobres,
comida con los pecadores, liberación de enfermedades-, en una palabra, su hacer presente en signos la salvación cercana,
todo esto queda asumido en el bautismo cristiano: no es una mera repetición del bautismo de Juan, sino que comporta
una decisiva modificación cristológica, puesto que en él se integra lo acontecido en Jesús y por El: el anuncio y la
presencia de la salvación esperada.

Resumiendo, podemos decir que el bautismo de la primera comunidad vuelve a tomar, por una parte, el contenido
esencial del bautismo de Juan: bautismo de conversión; dirigido a Israel para reunirlo y unificarlo; sello protector de Israel
frente al fin próximo. Pero, por otra parte, el bautismo cristiano se distingue esencialmente del de Juan. Mantiene la
primaria del anuncio de salvación de Jesús, frente al anuncio de juicio de Juan, e integra el hecho de que Jesús ha hecho
presente esta salvación en signos, en su actitud, en su praxis y en su destino. Cuando la iglesia primitiva bautiza en
nombre de Jesús no quiere tan sólo proteger ante el juicio próximo, sino que apunta a la apropiación significada de la
salvación obrada en Jesús.

La comunidad podía asumir cristológicamente el bautismo de Juan, cosa que Jesús no pudo hacer. Todo esto pone de
manifiesto que el origen del bautismo cristiano sólo se hace comprensible si se toma muy seriamente la situación y las
constantes teológicas de la primitiva comunidad: la fuerza y los efectos del movimiento del Bautista, la praxis y el destino
de Jesús, la espera próxima del fin, renovada tras la pascua, y, finalmente, la misión de los discípulos a Israel con el fin de
congregar el pueblo de Dios definitivo.

Hasta aquí hemos reconstruido el horizonte de conjunto, histórico y teológico, dentro del cual el bautismo cristiano pasó
a ser elemento importante de la misión de la primitiva comunidad. Determinar más en concreto cuál fue el último
impulso que llevó a la reasunción y modificación del bautismo de Juan ha de quedar en hipótesis: actuación de los
primitivos profetas cristianos, el hecho de que Jesús fue bautizado por Juan, el reconocimiento por parte de Jesús del
valor divino de la predicación de Juan...

PERSPECTIVAS

Lo dicho hasta aquí tiene, evidentemente, una serie de consecuencias o puede llevar a una serie de reflexiones, de las
cuales yo quisiera aquí apuntar tres.

1. El bautismo, tanto en Juan como en la iglesia primitiva, apunta a la conversión y reunión de Israel. Tiene una referencia
comunitaria: Dios, en el bautismo, crea su pueblo, su comunidad. De ahí que los esfuerzos actuales por sacar al bautismo
de su aislamiento y reintegrarlo en la comunidad deban adquirir el máximo vigor posible.

2. El bautismo cristiano no puede comprenderse sin su estructura fundamental escatológica.

El bautismo apunta al fin último, al regreso definitivo de Jesucristo, que hay que esperar cotidianamente.

Es difícil expresar hoy con claridad esta estructura escatológica del bautismo, y eso forma parte de la dificultad, nunca
superada por la iglesia, de traducir correctamente la escatología primitiva: no basta decir que la espera próxima ha sido
superada. Ahora bien, de hecho, esta perspectiva escatológica del bautismo parece que ha pasado a la unción de los
enfermos, que desde el siglo X ha ido siendo cada vez más un sacramento para moribundos: el enfermo grave es ungido y
sellado para el fin. Parece que la perspectiva escatológica del bautismo ha resurgido en otro sacramento. Pregunta a los
dogmáticos y liturgistas: si hoy este proceso de unción de los enfermos hacia sacramento de los moribundos es juzgado
como erróneo, ¿cuál es entonces el lugar, dentro de la economía de todos los sacramentos, en el cual el sello protección
ante el fin se pone de manifiesto? Al hacer esta pregunta ya se ve que una investigación exegética no puede consistir en la
restitución de tradiciones aisladas (p.e., St 5, 14s), sino que, tratándose de sacramentos, se debe atender al horizonte
sacramental de conjunto de la teología bíblica, esto es, a perspectivas más amplias.

3. Hemos visto que el bautismo cristiano significaba no sólo la protección ante el juicio, sino que también hacía presente
la salvación que había irrumpido ya en Jesús: se realizaba en nombre de Jesús. Esto comporta que, en cuanto cristiano,
hubiera sido imposible sin las curaciones de Jesús, sin su actuación significativa frente a los excluidos o despreciados, sin
su anuncio del señorío de Dios. Por tanto, en el bautismo, como en la eucaristía, se pone de manifiesto que los
sacramentos cristianos
no se fundan tan sólo en la muerte y resurrección de Jesús, sino también en el anuncio y en la actuación simbólica del
Jesús terreno. La dogmática, al hablar de los sacramentos como signos no puede olvidar que Jesús ha hecho presente la
cercanía del señorío de Dios en GERHARD LOHFINK actuaciones simbólicas y significativas.

Ahora bien, estas actuaciones de Jesús no son abstractas, sino que atienden a una situación concreta: son respuesta a una
dificultad, un miedo, una necesidad de hombres concretos. Con sus actuaciones, Jesús no expresa la misericordia y el
amor de Dios desde fuera, sino que con ellas cambia la situación de tales hombres. Al entrar en casa de Zaqueo y partir
con él el pan, Zaqueo recobra la dignidad que había perdido (Lc 19, 1-10). ¿Qué significado puede tener esto para los
sacramentos cristianos? ¿Pueden éstos prescindir de que las actuaciones sígnificativas de Jesús se dan en situaciones
concretas y precisamente cambiándolas? F. Schupp, en un contexto así, ha hablado de la praxis transformadora de Jesús,
y ha afirmado que a partir de ella debemos reganar la estructura transformadora de los sacramentos cristianos. Pienso
que su tesis es cierta, y exegéticamente defendible cuando uno ve, por ejemplo, cómo el bautismo cristiano primitivo está
referido a la actuación simbólica de Jesús. Este es un aspecto del bautismo cristiano, que también está referido a la
muerte y resurrección de Jesús y es, al mismo tiempo, sello protector ante el fin próximo. Hay, por tanto, una tensión
fuerte, en el bautismo cristiano primitivo. Pero las tensiones no tienen por qué ser siempre destructoras. También pueden
mostrarse fructífera.

EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS

Ciertamente el niño es bautizado sin la requerida disposición normal: su fe personal. Pero esta fe no le puede ser
demandada por su temprana edad. Por otra parte, está ya marcado, sin participación personal ni culpabilidad,
por el pecado original. Sin embargo, el bautismo no se administra al margen de toda fe, sino en la de aquellos que
conducen al niño y en la de aquella que le recibe, la Iglesia. Algunas citas expresamente seleccionadas ilustrarán esta
respuesta. San Agustín En el año 412 escribe: "¿Qué hemos de decir sobre los niños si están afectados por Adán? Son
llevados a la Iglesia, y si no pueden correr por sí mismos, lo hacen al menos por los pies de otros para ser curados. Es
la Iglesia madre quien les presta los pies de otros para que vengan, el corazón de otros para que crean, la
lengua para que confiesen su fe y sean salvos por la confesión de otro, del mismo modo que en su debilidad
han sido agobiados por el pecado de otros" (Sermón 176,2; PL 38,950). "Quien cree en Mí, dice Cristo, no
permanece en tinieblas. La Iglesia madre está convencida de que esto se cumple en los niños por el sacramento
del bautismo. Les presta su Boca y corazón maternos para que en ellos penetren los misterios sagrados, porque no
pueden creer con su propio corazón para poder acceder a la justicia, ni confesar con su propia boca para llegar a la
salvación, Agustín funda la utilidad y legitimidad del bautismo de los niños más en la presencia activa y eficaz de
la Iglesia, que en la petición de los oferentes, quizá insuficientemente inspirada por la fe o menos recta.

La Alta Edad Media Los términos y los argumentos agustinianos son invocados una y otra vez; además, se les
coloca en paralelo con la fe del centurión, de la cananea, o con la de los que transportaban al paralítico
Algunos, sin más, tomo Bernardo, están firmemente convencidos de que en virtud de la fidesaliena y de la
fieles Ecclesiae el niño recibe la fe. Sean cuales sean los matices, se da en esta época una perfeta continuidad en
la unánime afirmación del eminente papel ¿supletorio, impetratorio? de la fe de la Iglesia en el bautismo de los niños.
Tomás y Buenaventura En su Comentario a las Sentencias recalca Tomás el papel de "disposición a la salud" (quasi pr o
dispositione)

con que en el niño actúa la fe de la Iglesia "que basta para la recepción del sacramento y de la gracia que le
es propia. Y que no será menos eficaz si es administrado por un infiel o hereje, "porque la eficacia del bautismo
no estriba en el mérito del que bautiza, sino en el de Cristo que obra en el bautizado por la fe propia en el adulto, y
por la fe de la Iglesia en el niño, Tomás, en lo esencial, retiene los argumentos de Agustín más arriba citados.
Ambos temas: maternal asistencia de la Iglesia y papel propio del sacramento de la fe parecen estrechamente
vinculados en su pensamiento. Retengamos en este sumario un solo texto: "El que en lugar del niño bautizado
responde "creo" no predice que el niño creerá al tener uso de razón(...), sino que profesa la fe de la Iglesia en
lugar del niño al que la fe se le comunica, fe cuyo sacramento se le confiere y a la que en adelante permanece
ligado por otro, La fe de la Iglesia interviene en un doble "momento" del bautismo in fantil: previamente suple la falta
de disposición del niño; en el acto mismo del bautismo ¿visible expresión de la fe de la Iglesia, y por su fuerza, se
"comunica" al niño, y por ella éste se convierte en creyente y justificado.
Por su parte, la Lumen Gentium insiste en la fe infalible e indefectible del Pueblo de Dios, "comunidad de fe" (8,
14), en el activo papel que el pueblo creyente ejerce en virtud de su "sacerdocio real", como instrumento de
redención de toda la humanidad (9, 10). Todo este conjunto de afirmaciones puede transportarse al tema
particular que tocamos: hasta pueden ser clave de interpretación.

INTENTO DE REINTERPRETACIÓN TEOLÓGICA

De los anteriores textos se desprenden algunas cuestiones importantes sin resolver. Unas de orden sacramental:
¿qué lazos existen entre la fe de la Iglesia y la eficacia sacramental?, ¿la primera tiene sólo un valor supletorio
o interviene con su específico poder fiducial de Esposa de Cristo, Madre que junto con su Esposo engendra en
la regeneración y justificación sacramentales?, ¿son separables como suponía Belarminoel opus operatum del opus
operantis EcclesiaeOtras pertenecen al nivel eclesiológico: ¿qué relación se da entre la fe, el niño que va a Ser
bautizado, los padres y la Iglesia que presta su corazón para creer y sus labios para poder expresar la fe?; ¿la fe
de la Iglesia "sustituye" la del niño y la de los padres? La fe de la Iglesia y el Sacramento Ante la primera cuestión hemos
de afirmar que la fe de la Iglesia interviene, como elemento esencial constitutivo, en el sacramento que recibe
el niño. Y ello como resultado de una visión maestra de Agustín, Tomás, Buenaventura, al enmarcar el problema
en el esquema de la validez y eficacia de todo sacramento. El argumento que aducen es por razón de
conveniencia: el niño no recibe el sacramento al margen de la fe: queda a salvo de esté modo la exigencia bíblica de
la fe requerida en el caso del bautismo. Pero quedaría sumamen te incompleto el argumento si nos detuviéramos
aquí, bastaría con alegar la falta de aptitud en el niño. Es preciso enmarcarlo en otras coordenadas bíblicas o
teológicas, relativas a la economía comunitaria de la salvación: privado de la gracia por el pecado de otro, el niño
alcanza la salvación por la fe de otro. Podemos establecer un paralelo con la circuncisión veterotestamentaria: eficaz
por la fe de los padres y de la comunidad, el sacramento del bautismo como los gestos rituales judíos es una
profEsión de fe que saca su valor de la fe profesada, "menos del acto de creer que de aquello que es creído", en
fórmula de Buenaventura: la indefectible fe de la Iglesia suple el defecto de fe en los padres. Toma realmente a su cargo
al niño que se le confía. De este modo se subraya la misión materna universal de la Iglesia en orden a la salvación
y la gratuidad de ésta. Demos un paso más: el niño no se beneficia de la fe dé la comunidad con ocasión sólo de
su bautismo, sino justamente en el acto mismo del sacramento. Recibe "el sacramento de la fe de la Iglesia",
según Tomás (3 q 71 a 1 ad' 3) y le resulta eficaz "por el mérito de Cristo que obra por la fe de la Iglesia". Queda
integrado a la fe por el sacramento de la fe. Todo lo cual va mucho más allá del papel quasi dispositivo que
ejerce la Iglesia. El ministro y la fe de la IglesiaLo anterior se ilumina si lo comparamos con lo que análogamente sucede
en el caso del ministro cismático, hereje o no creyente: en uno de los protagonistas de la acción litúrgica falla la fe.
Se resuelve la dificultad en nuestros autores lisa y llanamente por la presencia activa e indefectible de la fe eclesial.
Queda claro que la fe del ministro no es necesaria para que el sacramento sea válido y eficaz. Los sacramentos, precisa
Agustín, son siempre sacramentos de la única Iglesia, aunque se celebren fuera de su seno o por los indignos. En
la medida que no se alteran sustancialmente, siempre son válidos porque están constituidos por las palabras
evangélicas que la Iglesia recibe en la fe (De Baptismo VI, XXV, 47; PL 43, 214). Del ministro se requerirá
únicamente la intención de hacer lo que la Iglesia hace: por dicha intención religa su acto a la acción y a la fe de la
Iglesia, que son las únicas determinantes (3 q 64 a 9 ad l). La fe, para Buenaventura será, de modo semejante,
algo así como un agente universal; la intención, en cambio, un agente particular que aplica la fe a esto o aquello en
concreto.Fe eclesial e institución divina Para Buenaventura los dos factores que conjuntados dan eficacia a los
sacramentos son el acto divino que constituye el sacramento y la fe de la Iglesia que recibe la promesa divina.
Sucede análogamente en Tomás: el bautismo de los niños obra sólo ex fide Ecclesiae et mérito Christi (in IV
Sent d 6 q 2 a 2 sol 3). En el bautismo de adultos, también para Tomás, la fe personal es sólo disposición, al
tiempo que la de la Iglesia es el principal agente eficaz del sacramento, que interviene incluso en la constitución del
signo del sacramento en cuanto tal.En este sentido, pues, tanto da decir que el sacramento es eficaz por los
méritos y la pasión de Cristo que por la fe de la Iglesia que en él obra. Porque el papel propio de la Iglesia es
precisamente religar v relacionar este determinado gesto ritual, realizado por el ministro, a la institución de Cristo,
que le da su sentido, y a la redención llevada a cabo, que le da su eficacia. El gesto ritual deviene sacramento de
Cristo, eficaz por su gracia, asumido por la fe de la Iglesia y llevado en ella a su perfección.

Es sacramentum Christi et passionis eius en idéntica medida que es sacramentum ftdei Ecclesiae. Así, Tomás (in IV
Sent d 1) une en la misma síntesis la fe, la Iglesia y el sacramento, y sitúa el lugar preciso atribuido a la fe de la Iglesia
en el bautismo de los niños. Los sacramentos "que apoyan en la fe su poder", no son más que "instrumentos"
del poder divino, causas segundas relativas a la redención. El papel de la fe consiste en constituirlos como
signos de la pasión de Cristo y, por tanto, causas segundas de la gracia: "el instrumento recibe su poder sólo en la
medida en que se sitúa en continuidad (continuatur) con el agente principal, de tal modo que el poder de éste se
transmite (transfundatur) de algún modo a aquél.
El agente principal de la justificación per sees Dios como causa eficiente, y la pasión de Cristo como causa
meritoria. El sacramento está puesto en continuidad con esta causa por la fe de la Iglesia que relaciona (refert) el
instrumento con la causa principal, y el signocon lo significado. Por tanto, la eficacia de los sacramentos (o
instrumentos) proviene de tres factores: la institución divina como agente principal, la pasión de Cristo como causa
primera meritoria y la fe de la Iglesia, que pone en continuidad el instrumento con el agente principal (ibid. a 4 sol
3).La fe de la Iglesia hace así del sacramento celebrado un signo eficaz de la redención en cuanto lo religa a la
causa principal; la fe en la pasión prodiga la eficacia de los sacramentos. Y concluye Tomás: "los sacramentos de
la Nueva Ley poseen su eficacia causal de la fe y de la significación" (ibid. a 5 sol 1). Buenaventura,
inspirándose en Hugo de San Víctor (omnia sacramenta efficaciam habent a fide) muestra que la fe juega este
papel en el bautismo porque tiene el doble poder de "unir" y de "elevar por encima de la naturaleza": "para que
el poder de la pasión de Cristo siga operando y disponga de la gracia principalmente en los sacramentos, es
preciso que sea unida (copuletur) a los signos".

Lo cual se realiza por la fe: "cuando creemos que (Cristo) ha muerto por nosotros, el mérito de Cristo pasa a la
Iglesia" (IV Sent d 3 p 1 q 3). Esto vale sobre todo para el bautismo "porque es puerta de todo otro sacramento, y
porque en él la profesión de fe es mucho más explícita" (ibid). Su eficacia "estriba en la fe de la Iglesia por la
unidad que existe entre la Esposa y el Espíritu" (ibid).Subrayemos lo que Buenaventura recalca: el que recibe el
bautismo participa activamente en la comunidad, en el don mismo de la gracia dada por el sacramento. Y es esta fe
la que consagra al sacramento.

Conclusión

No existe, pues, una fundamental diferencia entre el caso particular, bautismo de niños, y el normal, bautismo adultos.
Tanto en uno como en otro es la fides Ecclesiaequien concurre como elemento constitutivo del sacramento: idéntico
papel tanto en uno como en otro; los consagra como sacramentos de Cristo, aunque en el primer caso adquiera un
matiz peculiar, comunicando la fe.El bautismo de los niños, por intervención de la Iglesia, no es un suceso especial
o aparte, porque todo sacramento se celebra in fide Ecclesiae.Colocándonos a nivel de la teología sacramental, el
bautismo de los niños nos lleva a la concepción de una prioridad o recíproca causalidad entre el papel de la fe de la Iglesia
y el del sacramento: éste no es eficaz sino por la fe de la Iglesia que la administra y la comunica. Pero esta fe no
se comunica, si no es por el sacramento eficaz: ¿existe aquí una contradicción o una petición de principio? No, porque a
través del sacramento y de la fe es la acción de Cristo que actúa aquí por una y otro. La Iglesia puede obrar porque es
Iglesia de Cristo; el sacramento vale porque es sacramento de Cristo, de su pasión y de su resurrección. Cristo a través
de la fe y de los sacramentos obra en el tiempo presente hasta la Parusía. El bautismo de los niños no hace
más que subrayar la gratuidad de la salvación y el carácter esencialmente eclesial y sacramental de su ejercicio.
¿Y la fe de los padres? Donde exista, y es éste el único caso normal, queda integrada en la fe de la Iglesia
(Agustín, Epist 98,5) y así participa activamente en la constitución del sacramento y en la salvación del niño (ibid
10, cfr. 3 q 68 a 9 ad 3). Pero no al margen del sacramento. Y conviene subrayar esto por su importancia y no
precisamente para discernir un respeto más o menos mágico, sino para recalcar la exigente concepción
eclesial que está en la esencia misma del sacramento. La única madre que engendra a la gracia es la Ecclesia
Mater, la Sponsa Christi. Y es esta fe, perfecta e indefectible la que para su salvación se comunica al niño. El
sacramento del bautismo, al cual conducen los padres a su hijo, es uno de los privilegiados lugares del
encuentro con la fe de la Iglesia, y por ella, con Cristo Salvador del niño.Tradujo y condensó:

ohfink.

hfink.PDF1. El bautismo de niños es una práctica muy antigua en la Iglesia.


El bautizar niños era una costumbre ya por el año 200 y se piensa que desde los primerísimos tiempos de la
Iglesia ha existido esta práctica.
En la Biblia no encontramos textos en contra del bautismo de los niños. Sin embargo, hay indicaciones en las
cuales está implícita la práctica de bautizarlos.

En la carta a los Corintios el Apóstol Pablo dice: «También bauticé a la familia de Estéfanas» (1 Cor. 1, 16), y se
supone que en una familia hay niños.

En los Hechos de los Apóstoles, Pablo nos narra cómo él bautizó en la ciudad de Filipos a una señora, llamada
Lidia, «con toda su familia» (Hech. 16, 15).
Y refiriéndose al carcelero de Filipos, también dice: «Recibió el bautismo él y todos los suyos» (Hech. 16, 33).
Esta práctica de bautizar los niños ha existido desde los comienzos en la Iglesia, y el mismo Lutero, fundador
del protestantismo e inspirador de las iglesias evangélicas, admitió el bautismo de niños porque ellos son
bautizados en la fe de la Iglesia.

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