CONSTITUCIÓN DOGAMTICA
PASTOR AETERNUS DEL SUMO PONTÍFICE PIO IX
Sinopsis
¿Por qué Pedro y no otro? ¿por qué uno y no todos?
Muchos se han cuestionado durante siglos si en realidad ha sido querer de Dios, que la
Iglesia se rija bajo el mando de un solo pastor; si es necesario que se conserve este modelo
jerárquico, o ha llegado la hora de un cambio para poder asumir los retos de una sociedad
vertiginosamente cambiante. Muchos califican este modelo que ha perdurado desde
siempre como un modelo principesco, fabricado por la Iglesia imperial, mas no como la
forma que Cristo quiso para que Pedro, y los demás Apóstoles sirvieran a su Iglesia.
A este respecto, se refiere este Sagrado Concilio Vaticano I, que dirigido por el Papa Pío
IX, dedica cuatro capítulos que componen la constitución dogmática “Pastor Aeternus”.
Una apología del Pontificado, una respuesta contundente a cualquier duda respecto a la
institución, permanencia y naturaleza del Sagrado Primado Apostólico, para que asumida
como verdad de fe sea abrazada y defendida por todos los fieles.
Para iniciar, el documento presenta a la Iglesia como un designio de la voluntad de Cristo
Pastor, quien ha otorgado el Depósito de la fe a Pedro, para que fuese el fundamento de La
unidad de la fe y la comunión en esta Iglesia.
De esta manera, según la Misma Sagrada Escritura, Jesús dio toda autoridad y jurisdicción
a uno de sus apóstoles y es una verdad a la cual nadie puede contradecir porque es Palabra
de Dios y así lo argumenta en el capítulo primero.
Por estar fundada en piedra, permanecerá hasta el fin de los siglos, y para ello es necesario
que quien recibió las llaves de atar y desatar en el cielo y en la tierra, concediera a un
sucesor la autoridad divina recibida del mismo Cristo. De ello se deduce, en el capítulo
segundo, que quien sucede a Pedro en esta Cátedra, en virtud de la institución de Cristo
mismo, obtiene el Primado de Pedro sobre toda la Iglesia
Con los títulos de: “Príncipe de los Apóstoles”, el “verdadero Vicario de Cristo”, la “cabeza
de toda la Iglesia”, el “padre y maestro de todos los cristianos”, el capítulo tercero
argumenta que, el Sucesor de Pedro, tiene por derecho propio la autonomía de juez
supremo de la Iglesia, y no ha de acudir a autoridades civiles en materia de fe y moral, y
con respecto a la disciplina y el gobierno de la Iglesia extendida por toda la tierra.
Finalmente, en el capítulo cuarto, el Concilio sostiene que el Papa contiene también el
poder supremo del magisterio y es algo confirmado por la constante Tradición de la Iglesia.
Pero aclara que el Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para revelar
con su inspiración una nueva doctrina, sino para custodiar escrupulosamente y dar a
conocer con fidelidad, con su ayuda, la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el
depósito de la fe.
Es por ello que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, es decir, cuando ejerce su
supremo oficio como Pastor y Doctor de todos los cristianos goza de infalibilidad.
Juan Pablo Salazar Romero, I Configuración