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Formación en la Fe Cristiana 2020

Este documento presenta un módulo de formación sobre la introducción a la fe para aspirantes a Servidores de María. Explica que la fe es la garantía de lo que esperamos aunque no podemos verlo, y nos mantiene firmes en la espera de la segunda venida de Cristo. También describe cómo la fe se pone a prueba en momentos difíciles y cómo debemos fortalecer nuestra fe. Finalmente, incluye una serie de actividades para reflexionar sobre aspectos como la naturaleza de la fe, la conversión, formas de piedad y el a

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Formación en la Fe Cristiana 2020

Este documento presenta un módulo de formación sobre la introducción a la fe para aspirantes a Servidores de María. Explica que la fe es la garantía de lo que esperamos aunque no podemos verlo, y nos mantiene firmes en la espera de la segunda venida de Cristo. También describe cómo la fe se pone a prueba en momentos difíciles y cómo debemos fortalecer nuestra fe. Finalmente, incluye una serie de actividades para reflexionar sobre aspectos como la naturaleza de la fe, la conversión, formas de piedad y el a

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ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO

PARROQUIA SAN JUAN DE DIOS


BASILICA SANTUARIO NTRA. SRA. DE CHIQUINQUIRÁ
SOCIEDAD RELIGIOSA “SERVIDORES DE MARIA”
FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
MARACAIBO – ESTADO ZULIA

PROCESO DE FORMACIÓN: ASPIRANTES A SERVIDORES DE MARÍA 2020


MODULO II: INTRODUCCIÓN A NUESTRA FE

Lcdo. Jorge L. Pineda B.


Secretario de formación Pastoral

La Santa Escritura en el libro de los hebreos define la fe como esa garantía


de lo que esperamos pero que no podemos ver (11:1). Es la fe esa fuerza que nos
mantiene firme en la espera de la segunda y definitiva venida de nuestro Señor.
Por medio de la fe nos aferramos a la esperanza de un estilo de vida mejor, a la
infinita misericordia de nuestro Señor. Dios nos pide en todo momento que
mantengamos una fe verdadera hacia él, tal y como lo hicieron nuestros
antepasados. No podemos decir que tenemos una convincente fe hacia nuestro
Señor y dudar en los momentos coyunturales de su infinito poder y amor hacia
nosotros.

El presente modulo tiene como finalidad fortalecer nuestra fe hacia el


Señor. Como sociedad vivimos momentos muy duros en los cuales, si no tenemos
una fuerte preparación espiritual, podemos caer en la incredulidad y pérdida de
nuestra fe. Hoy nuestro planeta se encuentra azotado por una fuerte pandemia
que ha ocasionado miles de muertes. A pesar del dolor que esto puede ocasionar,
nuestra fe hacia el Señor no puede flaquear, por el contrario, debe de estar más
firme que nunca en ella. No podemos ser como Zacarías, que a pesar de vivir
recto ante los ojos de Dios y vivir de acuerdo a los mandamientos y preceptos del
Señor; dudó del poder de nuestro Dios cuando Gabriel le anunció que Isabel, su
esposa, a pesar de su avanzada edad y esterilidad, daría a luz un hijo.
Cada uno de los aspectos que estudiaremos en este módulo, son aportes
que nos permitirán descubrir nuestra verdadera fe hacia el Señor. Una fe que en
los momentos más duros de nuestras vidas es donde debe de ser fortalecida.
Como miembros de la Iglesia, debemos de ser germen de esperanza entre los
miembros de nuestras familias y comunidad que, por su poca fe, se encuentran
alejados del Señor.

No podemos permitir que la maldad del ángel caído, interfiera en nuestro


proceso de formación y logremos nuestro objetivo de SERVIR A DIOS A TRAVÉS
DE MARÍA; es por esta razón que, a pesar de la alarmante situación que estamos
viviendo por la llegada a nuestro país del Covid-19, no podemos parar nuestro
proceso de formación, por lo que debemos disponer de las herramientas que la
tecnología nos ofrece. Se presenta a continuación una serie de lecturas y
actividades a realizar, las cuales serán discutidas y evaluadas al momento de
reanudar las charlas de formación. Hermanos, en este momento es que nuestra fe
debe de estar más viva que nunca, ofrezcamos nuestras oraciones diarias a
nuestro Señor para que derrame su infinita misericordia, no solo en Venezuela
sino en todas las naciones del Mundo. Recemos a diario el Rosario a María
Santísima implorando su aparo.

Que nuestro Señor por medio de María del Rosario de Chiquinquirá,


derrame sus bendiciones sobre cada uno de nosotros y nuestra familia. Que su
misericordia infinita se derrame como torrente sobre todas las naciones del
Mundo, y de conclusión a esta pandemia que ha causado la muerte de muchos
hermanos en Cristo y María Santísima.

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti,


Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de
Dios? Las lágrimas son mi pan, noche y día, mientras todo el día me repiten:
¿Dónde estás tu Dios? (Salmo 42)
ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
PARROQUIA SAN JUAN DE DIOS
BASILICA SANTUARIO NTRA. SRA. DE CHIQUINQUIRÁ
SOCIEDAD RELIGIOSA “SERVIDORES DE MARIA”
FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
MARACAIBO – ESTADO ZULIA

ACTIVIDADES

Lcdo. Jorge L. Pineda B.


Secretario de formación Pastoral

I. La fe nuestra cercanía con Dios


1. Para ti ¿Qué es la fe?
2. ¿De qué forma crees tú que Dios pone a prueba nuestra fe?
3. Lee los siguientes versículos de la Biblia: Santiago 1, 3; Santiago 1, 6-7;
Juan 11, 40; 1 de Pedro 1, 8-9. Y explica ¿cómo se manifiesta en cada uno
de ellos la concepción de la fe?
4. Ubica el evangelio de San Mateo en su capítulo 21, versículos del 18 al 22.
Lee detenidamente cada versículo y reflexiona sobre el mismo
5. ¿Cómo crees tú que la fuerza de nuestra fe nos ayuda en los tiempos más
difíciles de nuestras vidas?
II. La conversión como alimento de nuestra fe
1. ¿Qué es la conversión?
2. Del libro de Jonás lee el capítulo 3, versículo del 1 al 10 y explica ¿cómo
fue la conversión de Ninive?
3. Explica las fases de la conversión cristiana
III. Formas de piedad practicadas por la fe cristiana
1. Investiga las formas de piedad populares más conocidas
IV. El Año Litúrgico
1. ¿Qué es año Litúrgico?
2. Cuáles son los Tiempos Litúrgicos de nuestra Iglesia?
3. Desarrolla el siguiente cuadro:
Tiempo Inicio Conclusión Color que lo Significado del Finalidad de
Litúrgico identifica color este Tiempo
Litúrgico

V. ¿Cómo vivir el Triduo Pascual y la cincuentena Pascual?


1. Realiza la lectura titulada Nuestro Caminar por la Pasión de Nuestro Señor.
El Triduo Pascual, y realiza una reflexión del mismo.
2. Investiga ¿Qué es la cincuentena pascual? ¿Qué celebra el cristiano
durante estos cincuenta días? ¿Qué recibe el cristiano al final de estos
cincuentas días?
VI. Los Evangelios Sinópticos
1. Lee el episodio sobre la curación de Jesús a un leproso, relatado en Mc 1,
40-45; Mt 8, 2-4 y Lc 5, 12-14. Y analiza, ¿Qué elementos tienen en
común? ¿cuáles son las diferencias?
2. Muchas veces nos sucede que un mismo hecho, vivido por varias personas,
es contado en formas diferentes ¿Por qué?
ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
PARROQUIA SAN JUAN DE DIOS
BASILICA SANTUARIO NTRA. SRA. DE CHIQUINQUIRÁ
SOCIEDAD RELIGIOSA “SERVIDORES DE MARIA”
FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
MARACAIBO – ESTADO ZULIA

LA FE COMO HERRAMIENTA CRISTIANA QUE NOS UNE A DIOS

Lcdo. Jorge L. Pineda B.


Secretario de formación Pastoral

Define el libro de los hebreos la fe como “la garantía de lo que se espera, la


prueba de lo que no se ve” (11:1). Por medio de la fe nos mantenemos firmes en
la espera de lo que todavía aun no se ve, aludiendo a esa segunda y definitiva
venida del Señor. Por anticipado, la fe mantiene firme esa realidad del encuentro
definitivo con el Señor que se perfila como el horizonte último de la historia y que
da sentido al tiempo presente.

Sin fe es imposible agradarle. Quien se acerca a Dios ha de creer que


existe y que recompensa a los que lo buscan (Heb 11: 6). Muchas personas creen
en Dios tan solo porque así los han educado sus familiares. Es una creencia que
forma parte de su crianza. Pero Dios quiere que todos los que lo adoran estén
convencidos de que él existe y de que los ama. Por esta razón, la Biblia recalca la
importancia de esforzarse por buscarlo, para llegar a conocerlo bien.

La fe no puede ser vista como un acto aislado, dice El Catecismo de la


Iglesia Católica “nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo”. Ningún
hombre se ha dado a la fe por sí mismo, como tampoco ningún hombre se ha
dado la vida por sí mismo.

Obedecer en la fe, dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es someterse


libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la
verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la
Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma. La
carta de los hebreos, en el gran elogio de la fe de los antepasados insiste
particularmente en la fe de Abraham.

La tradición religiosa cuenta que Abraham vivía en la ciudad de Ur (antigua


Mesopotamia, actual Irak) cuando Dios le pidió el sacrificio de alejarse de su tierra
e irse a un país desconocido. Él aceptó este sacrificio y el Señor realizó con él la
alianza: le prometió la tierra de Canaán, entre el Mediterráneo y el Río Jordán,
para él y sus descendencias.

Sin embargo, sus pruebas continuaron. Su esposa Sara, quien era estéril,
logró concebir con la gracia de Dios, y tuvo un hijo, Isaac, a quien amó mucho.
Años después, Dios quiso probar la obediencia de Abraham y le pidió el sacrificio
de su hijo Isaac.

Totalmente angustiado pero con una fe inquebrantable, el patriarca aceptó


el mandato. Condujo a su hijo hasta la cima de una colina para darlo en sacrificio,
pero en el preciso instante en el que iba a matarlo, la voz del Ángel del Señor lo
llamó diciendo: “detente, no le hagas daño al muchacho, porque ahora sé que tu
respetas y obedeces a Dios”. Abraham levantó la mirada y vio a un codero
enredado por los cuernos en un arbusto. Fue, lo agarró y lo ofreció como sacrificio
a cambio de su hijo.

Por fe obedeció Abraham a la llamada de salir hacia el país que habría de


recibir en herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por fe se trasladó como
forastero al país que le había prometido y habitó en tiendas de campaña con Isaac
y Jacob, herederos de la misma promesa. Por fe también Sara, aunque pasada la
edad, recibió el vigor de concebir, porque pensó que era fiel el que lo prometía.
Por fe, finalmente Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (Heb 11: 8-9.
11.17). Gracia a la poderosa fe de Abraham, este personaje del Antiguo
Testamento, se convirtió el padre de todos los creyentes. Dios ha hecho una
promesa, y el creyente se fía de ella, por eso espera.

La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe.


En la fe, María acogió el anuncio y la promesa del Ángel Gabriel, creyendo que:
“nada es imposible para Dios” y dando su sentimiento: “dichosa tú que creíste.
Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció” (Lc 1: 45). Por esta misma fe todas
las naciones la proclaman bienaventurada.

Durante toda su vida, y hasta su última prueba, cuando Jesús, su hijo,


murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó en creer en el cumplimiento de la
palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura
de la fe.

En sí, la fe es un acto humano, consiente y libre, que corresponde a la


dignidad de la persona humana. La fe es necesaria para la salvación. El Señor
mismo lo afirma: “el que cree y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se
condenará” (Mc 16: 16). Es en sí un gusto anticipado del conocimiento que nos
hará bienaventurados en la vida futura. Quien dice yo creo, dice, Yo me adhiero a
lo que nosotros creemos.
ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
PARROQUIA NTRA.SRA.DECHIQUINQUIRÁ Y SAN JUAN DE DIOS
SANTUARIO MARIANO PROVINCIAL DEL ZULIA
SOCIEDAD RELIGIOSA “SERVIDORES DE MARIA”
FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
MARACAIBO – ESTADO ZULIA

La Conversión. Nuestro Encuentro Definitivo con Dios


Licdo. Jorge L. Pineda B.
Secretario de Formación Pastoral

La conversión significa cambiar de vida, tomar un rumbo diferente al que se


viene siguiendo. Es un cambio serio, profundo, total, que abarca toda la persona.
Esto conlleva un cambio de mentalidad, cambio interior, de actitudes interiores que
nos lleva a trasformar también toda la vida exterior.

Dentro de la Santa Escritura, el Señor y luego Jesús, nos llama a vivir una
conversión verdadera. Como ejemplo podemos nombrar la historia de la ciudad de
Nínive, encontrada en el libro de Jonás uno de los profetas menores a quien Dios
habló y envió de vocero ha dicho pueblo para darles un mensaje de destrucción.
Nínive fue una ciudad que se caracterizó por vivir bajo los vicios y conceptos
religiosos desviados. El Señor se dirige a Jonás y le dice: “levántate y vete a
Nínive, la gran ciudad, y anuncia lo que yo te digo” (Jon 3, 2). El profeta
atiende el llamado del Señor y marcha hacia Nínive, una ciudad cuya extensión
ameritaba de tres días para recorrerla. A medida que Jonás se adentraba dentro
de la población de Nínive, fue anunciando que la misma sería desbastada por el
Señor en cuarenta días. “Creyeron a Dios los ninivitas, proclamaron un ayuno
y se vistieron de sayal pequeños y grandes. Cuando el mensaje llegó al rey
de Nínive, se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó
en el polvo y mandó al heraldo proclamar un decreto real y de la corte:
hombres y animales, vacas y ovejas no prueben bocado, no pasten ni beban;
cúbranse de sayal hombres y animales. Invoquen fervientemente a Dios; que
cada cual se convierta de su mala vida y de sus acciones violentas” (Jon 3,
5-8).

¿Por qué actuaron así los ninivitas? Porque el Señor les enseñó sus
caminos y los instruyó en sus sendas. El cambio profundo experimentado por
Nínive fue visto por Javé, quien se arrepintió de la catástrofe con que había
sentenciado a este pueblo. Esto es interpretado como un milagro de la gracia.

Convertirse en si significa salir de una situación materialista, naturalista y


humana, para adoptar una actitud angélica, sobrenatural y divina; olvidar los
problemas banales para ponerse en una nueva perspectiva, no más la del tiempo,
sino la de la eternidad, es decir, la del reino de Dios. Lo humano es el pecado, que
tiende al materialismo y al naturalismo, es decir, al olvido de Dios y al olvido del
recurso a Dios para enfrentar los problemas de nuestras vidas. Lo contrario de
esto es la actitud de los ángeles que están en el cielo, siempre en presencia de
Dios y adorando a Dios, algunos actuando poderosamente aquí en la Tierra, pero
siempre con el pensamiento y el corazón vuelto hacia el Creador, viviendo de su
gracia y de sus dones.

En otro sentido, la conversión comprende el binomio cambio de vida y


comportamiento, es la consecuencia de un cambio de mentalidad, del paso de una
mentalidad naturalista y mundana, a una mentalidad sobrenatural y con los ojos
puestos en la eternidad. Es el paso de una mentalidad de súper yo, cerrada
sobre sí, tendida a la satisfacción de los propios caprichos, a una mentalidad
abierta a Dios, sabedora de lo dependiente que somos de él. Cambiar el
egoísmo, cambiar la mente es algo muy complicado, pues es una construcción
que se ha ido desarrollando con el paso de los años, especialmente con las
justificaciones tontas que hemos ido haciendo de nuestra vida de pecado.

Fases de la Conversión
La Iglesia invita a los cristianos a la conversión permanente, perfecta,
definitiva. Es un desafío para todos los hombres. Dentro de este camino de
cambio de vida y comportamiento se pueden experimentar diferentes fases:

La primera conversión la vivimos con el bautismo. Por medio de este


sacramento de iniciación somos convertidos al cristianismo. Por medio de él Dios
cambia nuestras vidas, por la gracia y fuerza divina. Nos llama a vivir como
redimidos, como sus hijos predilectos. Pero nuestra participación dentro de esta
conversión es casi nula.

En la vida de cada cristiano auténtico, debería existir una segunda


conversión, por medio de la cual nos demos cuenta de que ser cristianos es algo
más que vivir costumbres, tradiciones, y hasta rutinas cristianas. Tomar una
decisión muy personal de vivir una vida cristiana, vida entregada, generosa,
comprometida. Esta conversión definitiva es un volverse, un abrirse con todo el ser
a Dios y a los hermanos.

Conseguimos también la conversión radical, en la cual se pasa de una


situación de ateísmo o de corrupción moral a la fe o a una vida recta. Y es verdad,
existen conversiones de este tipo: un cambio radical de camino, la decisión por
una vida nueva. Un ejemplo preclaro de ello es San Pablo y San Agustín.

La conversión de Pablo es de las más significativas en toda la historia de la


Iglesia, tanto por la trasformación radical de este hombre, como por las
consecuencias que desencadenó. La frase camino a Damasco ha sido aceptada
ya en todas nuestras lenguas modernas para designar un cambio espectacular
ocurrido en la vida de cualquier persona. Saulo de Tarso (San Pablo) es conocido
por ser fundador, luego de su conversión, de las comunidades cristianas de
Antioquía, Corintio, Éfeso y Roma, y redactor de algunos de los primeros escritos
canónicos – incluyendo el más antiguo conocido, la primera epístola de los
Tesalonicenses-.
Lucas afirma que Pablo era oriundo de Terso, ciudad situada en la provincia
Cilícia, actual Turquía. Que Pablo fuera fariseo es un dato que nos llega a partir
del pasaje autobiográfico de la epístola de Filipenses: “circuncidado el octavo
día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; en cuanto a la ley, fariseo;
en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley
intachable” (Flp 3, 5-6). Saulo de Tarso se caracterizó por ser impetuoso lo que
lo llevó a perseguir a quienes profesaban la doctrina cristiana. Según los Hechos
de los Apóstoles el primer contacto fidedigno con los seguidores de Jesús lo tuvo
en Jerusalén, con el grupo judeo - helenístico de Esteban y sus compañeros.
Saulo aprobó la lapidación de Esteban el protomártir, ejecución datada a la
primera mitad de la década del año 30.

El capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles muestra en los en los


primeros versículos un cuadro panorámico de la primera persecución cristiana en
Jerusalén, en la que Saulo se presenta como el alma de la misma. Sin respetar a
las mujeres, llevaba a los cristianos a la cárcel (Hch 9, 1-9). Luego del martirio de
Esteban, Saulo se dirigió a Damasco donde vivió su conversión (Leer Hch 9, 1-9).

En el caso de San Agustín, su conversión se celebra el 24 de abril, es uno


de los momentos más importantes de su vida. Se da cuenta de lo que supone Dios
en su vida y dice su famoso TARDE TE AMË. En la infancia y adolescencia Dios
no estuvo presente; o más bien, Agustín no permitió que estuviera presente. Pasó
varios años alejado de la fe, no sería por su madre Mónica, quien rezaba y lloraba
para que Agustín abrazara a Dios.

Un día en un jardín privado, le ocurrió algo que le despejó de toda duda. Así
fue su conversión:

Mas yo, tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda


a las lágrimas, brotando dos ríos de mis ojos, sacrificio tuyo
aceptable. Y aunque no con estas palabras, pero si con el mismo
sentido, te dije muchas cosas como éstas: ¡Y tú, Señor, hasta cuando!
¡Hasta cuando, Señor, has de estar irritado! No te acuerdes más de
nuestras maldades pasadas. Me sentía aún cautivo de ellas y lanzaba
voces lastimeras: ¿Hasta cuándo, ¡mañana!, ¡mañana!? ¿Por qué no
hoy? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas ahora mismo?
Decía estas cosas y lloraba con muy dolorosa contrición de mi
corazón. Pero he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de
niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: Toma y lee,
toma y lee… así reprimiendo el ímpetu de las lágrimas, me levanté,
interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y
leyese el primer capítulo donde topase.
…leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, que
decía: No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en
liviandades, no en contiendas y emulaciones sino revestido de
nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne con demasiados
deseos.
No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin
a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de
seguridad, se disiparon todas la tinieblas de mis dudas.

San Agustín descubrió que Dios era principio y fin, sentido de toda su vida,
referente y guía en su caminar. Por ello, comenzó para prepararse para su
bautismo. Se retiró a Casiciaco para reflexionar y preparar su alma para comenzar
a caminar con Cristo. Finalmente, durante la Vigilia Pascual del año 387, Agustín
fue bautizado por San Ambrosio, obispo de Milán.

La conversión de San Pablo y San Agustín nos enseña que la misericordia


de Dios llega generalmente cuando nos encontramos peor, la intervención de Dios
en nuestras vidas es siempre inesperada, hay caminos que nos alejan de Dios
pero Él encuentra la forma de hacerse presente, la fe y humildad nos acerca a
Dios y supera los cinco sentidos.

En la actualidad, dentro de nuestra Iglesia, existen movimientos impulsores


de la conversión radical, tal es el caso del Movimiento de Cursillo de Cristiandad y
Movimiento de Renovación Carismática.

Conseguimos también la conversión permanente, compuesta por


personas que no cambian su vida de un modo tan drástico, tan instantáneo, que
no hacen virajes tan espectaculares. Todos sabemos que la conversión
normalmente no se da de un día para otro. Es un proceso largo de cambio, una
conversión permanente. Consiste en pequeñas conversiones, conversiones
diarias. Son personas que elevan sin cesar su vida, que cada año se les ve más
generosas, más profundas, más entregadas.
ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
PARROQUIA NTRA.SRA.DECHIQUINQUIRÁ Y SAN JUAN DE DIOS
SANTUARIO MARIANO PROVINCIAL DEL ZULIA
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FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
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Los Profetas: Mensajeros de Dios


Licdo. Jorge L. Pineda B.
Secretario de Formación Pastoral

Las palabras hebraicas que la Biblia utiliza para llamar a los profetas son:
Nabi, Zoé (vidente). La más frecuente es Nabi: el que habla con vehemencia, bajo
el influjo de una fuerza superior, un inspirado. La palabra profeta es griega y
significa: Hablar en nombre de Dios… “por tanto, el nombre profeta indica
claramente la misión de estos hombres: el profeta es el que habla en nombre de
Yavé; es su voz viva en medio del pueblo, para recordar las promesas entre Dios y
su pueblo, para enderezar y corregir. Por tanto, tiene doble finalidad: anunciar y
denunciar.

En la Santa Escritura también los profetas son llamados como: guardianes


del pueblo, centinelas de Yavé. Son hombres de fuerte personalidad y
espiritualidad, intermediarios, siervos de Yavé. Son hombres que, bajo el impuso
de Dios, comprenden lo que está sucediendo y trasmiten al pueblo un continuo
llamado a la conversión, y su misión es discernir la voluntad de Dios sobre el
presente del pueblo, para proyectarlo a un futuro de esperanza y salvación.

En el plan de salvación, Dios siempre ha llamado a algunas personas, a


quienes envió a su pueblo. Sin embargo, cuando hablamos de profetas nos
referimos a aquellos que dejaron escritos su pensamiento y sus profecías, y
constan en el Canon de bíblico.
Los profetas recuerdan la alianza, reprochan la infidelidad y recuerdan las
consecuencias de esta infidelidad, si no hay una conversión: juicio y condena; la
restauración, como esperanza; el resto; el Mesianismo; la perspectiva
escatológica, es decir, la proyección de las promesas proféticas más allá del
tiempo. El llamado que hace Dios reviste al profeta a una misión: ser la voz de
Dios; esa llamada nace siempre en su experiencia fuerte de Dios, la misión trae
consigo contrariedades y cruces, pero el Señor les protege y les ayuda.

Según la Santa Escritura existen cuatro profetas mayores: Isaías, Jeremías,


Ezequiel y Daniel; y trece profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás,
Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías y Baruc.

Los libros de estos profetas, son un género de libros ardientes e


inflamados, que pintan la lucha por la fidelidad a Dios por parte de un pueblo que
una y otra vez es sorprendido con las manos en el pecado y su fracaso. Los
profetas se convierten entonces en los grandes incitadores del pueblo de Dios, los
que mantienen la fidelidad a la Alianza. Los creadores de la esperanza en el
futuro. Son hombres inspirados que se adelantan a su tiempo y van creando, poco
a poco, nuevas relaciones entre Dios vivo e Israel, el pueblo escogido.

Como hombres de palabras, los profetas emplean el uso de diferentes


géneros literarios para trasmitir el mensaje de Dios. Entre los principales géneros
encontramos: los relatos, que pueden ser de vocación, hechos de la historia de su
pueblo para evidenciar la presencia de Dios dentro de la historia; oráculos, son
una declaración solemne hecha en nombre de Dios. Los oráculos pueden ser: de
juicio, donde se da el juicio de Dios contra una persona o un pueblo; oráculo de
felicidad, que son promesas de salvación. Acciones simbólicas, no son palabras,
sino hechos, que luego explican al pueblo; y parábolas, que son comparaciones.
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Los Sacramentos
Licdo. Jorge L. Pineda B.
Secretario de Formación Pastoral

SACRAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

Son signos y eficaz


instituidos por Jesucristo
para darnos la gracia

Se dividen en sacramentos de:

Servicio Sanación Iniciación

Orden Matrimonio Bautismo Eucaristía


Sacerdotal

Penitencia Confirmación

Unción de los
Enfermos
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Los Evangelios Sinópticos


Licdo. Jorge L. Pineda B.
Secretario de Formación Pastoral

Evangelio significa Buena Noticia o alegre mensaje. Al principio, ésta


palabra se usaba cuando una persona traía una información o mensaje, la propina
que se le daba al mensajero también se llamaba evangelio. Luego la palabra fue
utilizada como referencia a los emperadores de Roma. Cuándo estos asumían el
trono del imperio, se presentaban así mismo como evangelio, Buena Noticia;
igualmente, cuando daban un decreto o una ley, ésta era anunciada como
evangelio. En cambio los cristianos usaron la palabra Evangelio para referirse a la
persona de Jesús, sus obras y palabras, como la auténtica Buena Noticia de parte
de Dios para su pueblo.

Luego, ya en ambientes cristianos, la palabra Evangelio, comenzó a usarse


para referirse a los escritos que presentaban a la persona de Jesús, lo que hizo y
lo que dijo, de parte de Dios.

Sinópticos significa visión de conjunto. Cuando hablamos de los evangelios


sinópticos nos referimos a Marcos, Mateo y Lucas, porque al verlos en conjunto,
notamos que son muy parecidos. Los tres narran la vida de Jesús, desde su
nacimiento o desde el inicio de su actividad, hasta su muerte y resurrección. Los
tres tienen la forma de narración de un viaje, desde Galilea hasta Jerusalén. Los
tres tienen mucha semejanzas, como relatos comunes, pero también algunas
diferencias, (relatos propios de cada uno), o escenas de la vida de Jesús que cada
evangelista cuenta de manera distinta.

Los Evangelios tal como los tenemos en nuestra Biblia pasaron por tres
pasos: 1 Jesús (hecho), 2 memoria comunitaria y 3 escritura. El primero momento,
desde el año 1 hasta el 30, se dio la vida y predicación de Jesús. su nacimiento,
su predicación en distintos lugares, sus milagros, la vida comunitaria con los
discípulos, los conflictos con los poderosos hasta llegar a la cruz de Jerusalén. En
este tiempo nadie escribía nada, ni Jesús ni sus amigos.

En el segundo momento, desde el año 30 hasta el 60, se realizó la


predicación oral por parte de sus discípulos y discípulas, que se encargaron de
fundar las comunidades Cristianas. Los apóstoles y discípulos cuando hablaban
de Jesús recordaban lo que habían vivido con su maestro, hacían memoria de lo
que hizo y dijo. Desde su fe, contaban su propia experiencia para dar a conocer a
las comunidades el rostro de Jesús.

El tercer momento, del año 60 al 90, se caracterizó por las persecuciones y


el martirio de los cristianos, y sus conflictos internos. Fueron muriendo los testigos
directos de la vida de Jesús y surgieron cristianos que, a pesar de haber
escuchado de los apóstoles su testimonio, comenzaron a transmitir imágenes
distorsionadas de Jesús.

Además, en esta época los conflictos entre cristianos y judíos se


profundizaron, surgiendo la necesidad de poner por escrito aquello que fue
trasmitido por los testigos directos de Jesús, para que nadie desviara o manipulara
la fe, para que nadie la olvidara, y para ayudar a las comunidades cristianas en
medio de sus propios problemas y conflictos.
ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
PARROQUIA NTRA.SRA.DECHIQUINQUIRÁ Y SAN JUAN DE DIOS
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SOCIEDAD RELIGIOSA “SERVIDORES DE MARIA”
FUNDADA EL 06 DE DICIEMBRE DE 1901
MARACAIBO – ESTADO ZULIA

Nuestro Caminar por la Pasión de Nuestro Señor. El Triduo


Pascual
Licdo. Jorge L. Pineda B.
Secretario de Formación Pastoral

La palabra triduo en la práctica devocional católica sugiere la idea de


preparación. A veces nos preparamos para la fiesta de un santo con tres días de
oración en su honor, o bien pedimos una gracia especial mediante un triduo de
plegarias de intercesión.

El triduo pascual se considera como tres días de preparación a la fiesta de


pascua; comprendía el jueves, viernes y sábado de la Semana Santa. Era un
triduo de la pasión.

En el nuevo calendario y en las normas litúrgicas para la Semana Santa, el


enfoque es diferente. El triduo se presenta no como un tiempo de preparación,
sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resurrección,
que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario:

Cristo redimió el género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente


a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando
restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo. Luego
establece la duración exacta del triduo: el triduo comienza el jueves Santo con la
misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima el Viernes con la
celebración de la Pasión de Cristo y cierra con las vísperas del domingo de
pascua (Vigilia Pascual).

Esta unificación de la celebración pascual es más acorde con el espíritu del


Nuevo Testamento y con la tradición cristiana primitiva. El mismo Cristo, cuando
aludía a su pasión y muerte, nunca la disociaba de su resurrección. En el
evangelio del miércoles de la segunda semana de cuaresma (Mt 20, 17-28) habla
de ella en conjunto.

Es significativo que los padres de la Iglesia, tanto San Ambrosio como San
Agustín, conciban el triduo pascual como un todo que incluye el sufrimiento de
Jesús y también su glorificación. El obispo de Milán, en uno de sus escritos, se
refiere a los tres santos días (triduum illud sacrum) como los tres días en los
cuales sufrió, estuvo en la tumba y resucitó, los tres días a los que se refirió
cuando dijo: “Destruid este templo y en tres días lo reedificaré”. San Agustín, en
una de sus cartas, se refiere a ello como “los tres sacratísimos días de la
crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo”.

Esos tres días, que comienzan con la misa vespertina del jueves Santo y
concluyen con la oración de vísperas del domingo de pascua, forman una unidad,
y como tal deben ser considerados. Por consiguiente, la pascua cristiana consiste
esencialmente en una celebración de tres días, que comprende las partes
sombrías y las facetas brillantes del misterio salvífico de Cristo. Las diferentes
fases del misterio pascual se extienden a lo largo de los tres días como un tríptico:
cada uno de los tres cuadros ilustra una parte de la escena; juntos forman un todo.
Cada cuadro es en sí completo, pero debe ser visto en relación con los otros dos.

Interesa saber que tanto el viernes como el sábado Santo, oficialmente, no


forman parte de la cuaresma. Según el nuevo calendario, l cuaresma comienza el
miércoles de cenizas y concluye el jueves Santo, excluyendo la misa de la cena
del Señor. El viernes y el sábado de la Semana Santa no son los últimos dos días
de cuaresma, sino los primeros dos días del Sagrado Triduo.

La unidad del misterio pascual tiene algo importante que enseñarnos. Nos
dice que el dolor no solamente es seguido por el gozo, sino que ya lo contiene en
sí. Jesús expresó esto de diferentes maneras. Por ejemplo, en la última cena dijo
a sus apósteles: “Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se cambiará en
alegría” (Jn 16,20). Parece como si el dolor fuese uno de los ingredientes
imprescindibles para forjar la alegría. La metáfora de la mujer con dolores de parto
lo expresa maravillosamente. Su dolor, efectivamente, engendra alegría, la alegría
“de que al mundo le ha nacido un hombre”.

Otras imágenes acuden a la memoria. Todo el cielo de la naturaleza habla


de vida que sale de la muerte: “Si el grano de trigo, que cae en la tierra, no muere,
queda solo; pero si muere, produce muchos frutos” (Jn 12,24).

La resurrección es nuestra pascua; es un paso de la muerte a la vida, de la


oscuridad a la luz, del ayuno a la fiesta. El Señor dijo: “Tú, en cambio, cuando
ayunes, úngete la cabeza y lávate la cara” (Mt 6, 17). El ayuno es el comienzo de
la fiesta.

El sufrimiento no es bueno en sí mismo; por tanto, no debemos buscarlo


como tal. La postura cristiana referente a él es positiva y realista. En la vida de
Cristo, y sobre todo en su cruz, vemos su valor redentor. El crucifijo no debe
reducirse a un doloroso recuerdo de lo mucho que Jesús sufrió por nosotros. Es
un objeto en el que podemos gloriarnos porque está transfigurado por la gloria de
la resurrección.

Nuestras vidas están entretejidas de gozo y de dolor. Huir del dolor y las
penas a toda costa y buscar gozo y placer por sí mismos son actitudes
equivocadas. El camino cristiano es el camino iluminado por las enseñanzas y
ejemplos de Jesús. Es el camino de la cruz, que es también el de la resurrección;
es olvido de sí, es perderse por Cristo, es vida que brota de la muerte. El misterio
pascual que celebramos en los días del sagrado triduo es la pauta y el programa
que debemos seguir en nuestras vidas.

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