13/11/2017 Incipit XXVIII (2008) | IIBICRIT SECRIT CONICET
Incipit XXVIII (2008)
Posted on 11/11/2008
ÍNDICE
Artículos
PAOLINI, Devid, Los Milagros de Nuestra Señora y el arte de la memoria, 13
PONS RODRIGUEZ, Lola, Anotaciones a la grafía de un testimonio manuscrito bajomedieval
(B. U. Salamanca 207), 27
MANJARREZ, Graciela, nuevas consideraciones sobre la transmisión textual de El golfo de
las Sirenas de Calderón, 69
SUAREZ, Marcela, Vulgata vero ad revocavi: crítica genética, variantes y fuentes en la
Rusticatio Mexicana, 97
BONNIN, Juan Eduardo, Crítica genérica y análisis del discurso. Algunas articulaciones
teórico-metodológicas a partir de un análisis del caso, 111
Documentos
DIAZ TENA, María Eugenia, Hagiografía: ¿un género marginal? el caso de un pliego suelto
hagiográfico en prosa sobre Santa Librada, 135
In Memoriam
FERRARIO DE ORDUNA, Lilia A., Kurt Reichenberger en nuestro recuerdo
(1922-2008), 165
Reseñas
Victor Millet, Héroes de libro. Poesía heroica en las culturas anglogermánicas medievales
(Carina Zubillaga), 173
H. Salvador Martínez, Alfonso X, el Sabio. Una biografía(Santiago Disalvo y Leonardo Funes),
177
Robert Folger, Generaciones y semblanzas: Memory and Genealogy in Medieval Iberian
http://www.iibicrit-conicet.gov.ar/wordpress/incipit-xxviii-2008/ 1/2
13/11/2017 Incipit XXVIII (2008) | IIBICRIT SECRIT CONICET
Historiography(Leonardo Funes), 183
Mª del Rosario Aguilar Perdomo y José Manuel Lucía Megías, eds., Antología de libros de
caballerías españoles (Emilio Sales Dasí), 189
Juan carlos Pantoja Rivero, Antología de poemas caballerescos castellanos (Mónica Nasif),
193
Stefano Neri, L’eroe alla prova: architetture meravigliose nel romanzo cavalleresco spagnolo
del Cinquecento; y Antología de las Arquitecturas maravillosas en los libros de caballerías
(Mónica Nasif), 196
José J. Labrador Herraiz y Ralph A. diFranco, eds., Cancionero Autógrafo de Pedro de Padilla
(Santiago Disalvo), 198
María Teresa Cacho, Manuscritos hispánicos de la Biblioteca Estense Universitaria de
Módena (Daniel Altamiranda), 203
Salvador García Jiménez, Juan de Quiroga Faxardo. Un autor desconocido del Siglo de Oro
(Daniel Altamiranda), 204
Claudia Demattè, ed., Juan Pérez de Montalbán: Palmerín de Oliva (Daniel Altamiranda), 207
María Rosa Lojo, ed., y equipo. Eduarda Mansilla: Lucía Miranda (1860) (José Luis Moure),
208
María Fanny Osán de Pérez Sáez y Vicente J. Pérez Sáenz, Diccionario de americanismos
en Salta y Jujuy (República Argentina)(Jose Luis Moure), 215
Libros recibidos en donación, 219
Resúmenes de trabajos, 221
Normas para la presentación de trabajos, 227
This entry was posted in Incipit by admin. Bookmark the permalink [http://www.iibicrit-
conicet.gov.ar/wordpress/incipit-xxviii-2008/] .
Comments are closed.
http://www.iibicrit-conicet.gov.ar/wordpress/incipit-xxviii-2008/ 2/2
1
JOSÉ J. LABRADOR HERRAIZ y RALPH A. DIFRANCO (eds.). Cancionero autógrafo de
Pedro de Padilla. Manuscrito 1579 de la Biblioteca Real de Madrid, México: Frente de
Afirmación Hispanista, A. C., 2007, 454 páginas.
Santiago Disalvo
Universidad Nacional de La Plata – SECRIT
Nacido alrededor del año 1540 en Linares y muerto en 1599 en el Convento del
Carmen de Madrid, fray Pedro de Padilla, carmelita calzado, llegó a ser poeta famoso en
su tiempo, a juzgar por la gran difusión manuscrita de sus poemas, aunque injustamente
olvidado y puesto en segundo plano después del Siglo de Oro. La aparición de poemas
pertenecientes a obras suyas como el Thesoro de varias poesías, el Romancero y el
Jardín, es frecuente en misceláneas de la época, e indicativa del alto grado de
aceptación de su poesía entre el público urbano, lector u oyente. Este gusto por la poesía
padillana decaerá en el siglo XVII.
Pedro de Padilla frecuentaba el círculo de poetas granadinos y madrileños, con
una fama que llegaría hasta Italia y a dos o tres ediciones de sus poemas en vida.
Incluido entre los poetas canónicos de su época, se demuestra admirador e imitador de
Garcilaso de la Vega y Ariosto, y conocedor de Diego Hurtado de Mendoza, Juan López
de Úbeda, Gregorio Silvestre, Antonio de Ledesma y de los poetas del siglo XV (Jorge
Manrique, Antón de Montoro, Garcisánchez de Badajoz, Juan Bautista Gallo): “es,
pues, vínculo transmisor de la poesía medieval al copiarla y glosarla en su cuaderno”
(13). En el año 1564 lo encontramos Bachiller en Artes en Granada y, luego de pasar
por la Universidad de Alcalá de Henares entre 1571 y 1572, su estancia en Madrid, a
partir de 1575, le depara trato frecuente y aun amistad con muchos autores de la época,
cuyos poemas él mismo incorpora en sus obras (Gutierre de Cetina, Vicente Espinel,
Francisco de Figueroa, Gabriel Lasso de la Vega y Miguel de Cervantes). En 1580, su
2
Thesoro de varias poesías, se vuelve un éxito editorial en Madrid y será mencionado
por su amigo Cervantes en el célebre escrutinio de la biblioteca del Quijote:
–Este grande que aquí viene se intitula –dijo el barbero– Tesoro de varias
poesías.
–Como ellas no fueran tantas –dijo el cura–, fueran más estimadas; menester
es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus
grandezas tiene. Guárdese, porque su autor es amigo mío y por respeto de
otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito.
(Quijote, Primera Parte, cap. 6, ed. M. de Riquer, Planeta, 1999: pp. 80-81)
Al Thesoro seguirán otras publicaciones: las Églogas pastoriles y ivntamente con
ellas algunos Sonetos del mismo auctor (Sevilla, 1582), el Romancero de Pedro de
Padilla en el qual se contienen algunos successos que en la jornada de Flandres los
Españoles hizieron. Con otras historias y poesías differentes (1583), el Iardín espiritval
compvesto por F. Pedro de Padilla, de la Orden de Nuestra Señora del Carmen (1584),
un Ramillete de flores espirituales, recogido de católicos y grandes autores (Alcalá de
Henares, 1585, prohibido por la Inquisición, del cual no se conservan ejemplares hoy) y
las Grandezas y excelencias de la Virgen Señora nuestra. Compuestas en Octaua Rima
por F. Pedro de Padilla, Carmelita (1587). Las antologías entre los siglos XVIII y XIX
lo mencionan poco. Durante el siglo XX se lo recuerda un poco más, pero no es aún
suficientemente estudiado por los expertos en lírica del Siglo de Oro. En el último tercio
del siglo XX, Aurelio Valladares Reguero publica El poeta linarense Pedro de Padilla.
Estudio bio-bibliográfico y crítico (1995), dando pie a una serie de estudios y
publicaciones en los primeros años del siglo XXI. El Frente de Afirmación Hispanista
(México), publica las Décimas reales, coplas y octavas de Pedro de Padilla en 2003 y
la Antología del Romancero de Pedro de Padilla en 2006, editadas por Fredo Arias de
la Canal. También en el año 2006 sale a la luz una edición, en dos volúmenes, del
Tesoro de varias poesías. Pedro de Padilla, a cargo de Virgilio López Lemus.
3
La presente edición del manuscrito 1579 de la Biblioteca Real de Madrid es la
“edición de uno de los pocos cancioneros hológrafos que conocemos, datado en el
último cuarto del siglo XVI” (11). Este cartapacio, en el que Menéndez Pidal (1914,
“Cartapacios literarios salmantinos”, BRAE, I, 300-307) ha identificado nueve partes, no
presenta un orden determinado en su contenido, lo cual permite observar el proceso
creativo del poeta. Incluye varios poemas que están tachados o emborronados, algunos
inacabados, y otros, evidentemente compuestos en un momento anterior, copiados en
limpio. Un 37 % de las composiciones (104 de un total de 278), no se halla en ningún
otro manuscrito ni impreso. Afirman sus editores que “el cartapacio de Padilla es, sin
lugar a dudas, hológrafo y anterior a las obras impresas: el Thesoro, el Romancero, las
Églogas pastoriles y el Jardín y los dos manuscritos que se pueden fechar en la década
de los años 80” (15).
Los géneros presentes en la obra son los representativos de la lírica renacentista,
que cultivaba tanto los metros tradicionales castellanos, como los italianizantes
endecasilábicos. Junto a una mayor abundancia de redondillas y romances en
octosílabos, también se encuentran, pues, cuartetos, tercetos, sonetos, octavas y liras.
Asimismo, antiguas letras y villancicos tradicionales glosados por Padilla, alternados
con ensaladas, “bodas de rústicos” y hasta algunas muestras de sayagués, conviven con
diálogos pastoriles, poemas al Amor, al Tiempo y a la Fortuna, y una serie de
composiciones dedicada a cantar los padecimientos y “muerte” ocasionados por la
amada, la “cruel Celia”.
De los trece romances incluidos (de estilo “periodístico”, según los editores, en el
detalle y precisión de las descripciones de personajes y cronología), nueve son de tema
ariostesco. Padilla pertenece a la generación de 1580, que dio forma al Romancero
Nuevo. Su admiración por la lírica garcilasiana queda probada en poemas como el 193,
4
“Si alguna dulçe lira”, reescritura de la Oda a la flor de Gnido de Garcilaso, “Si de mi
baja lira”. Cinco epístolas, diez octavas y veintisiete sonetos (nueve de ellos religiosos y
muchos contrahechos “a lo divino”) también contribuyen a engrosar el contenido
“culto” de este cancionero, mientras que, en un “estilo medio”, el poeta carmelita no
deja de cultivar los poemas de tipo popular. Alguno de ellos tendría larga vida, como es
el caso del villancico “Al niño sagrado” que, musicado en 1916 por el jesuita P.
Nemesio Otaño, se puede escuchar aún hoy en las iglesias de España.
Por otro lado, Pedro de Padilla cultivó también con éxito el género de la
“ensalada” o “ensaladilla”, si bien no fue su inventor, tal como sugieren los presentes
editores haciéndose eco de otras opiniones críticas: este género lírico, mezcla de
diversos metros, música y hasta lenguas, ya había sido profusamente utilizado por Gil
Vicente y por Mateo Flecha el Viejo en la primera mitad del siglo XVI.
Los poemas religiosos, sonetos y chançonetas, son los que más enmiendas y
tachaduras presentan. Una serie de signos va marcando muchos de los poemas del
cartapacio: una cruz, un asterisco y la apostilla “ojo”. Los editores suponen que se trata
de indicaciones de Padilla para una futura inclusión de las piezas en el Thesoro o el
Romancero, en el caso de los poemas marcados con cruz. Nueve composiciones, todas
de tema religioso y algunas de ellas tachadas, llevan asterisco. Las siete que muestran la
apostilla “ojo”, también religiosas, nunca llegaron a la imprenta… Todo ello acaso se
deba a “la cautela de Padilla frente a posibles desconciertos con la censura” (29).
La presente edición de José Labrador Herraiz y Ralph DiFranco consta de las
siguientes partes: Índice General; Prólogo; I. Estudio Preliminar; II. Textos; III. Notas;
IV. Bibliografía; V. Índices (de nombres propios; de poemas compartidos con otras
fuentes; de Primeros Versos) y, finalmente, Láminas (facsímiles de algunos folios del
cartapacio). Al final del Estudio Preliminar, se incluye un apéndice documental con un
5
listado de cinco manuscritos padillanos y la descripción de su contenido, a saber:
Londres, Bristish Library, Add. 10.328; Madrid, Biblioteca Nacional 3915. Cancionero
de la mano y pluma de Jacinto López músico de su Magestad; Madrid, Palacio Real,
1580. Cartapacio de Ramiros Cid y Piscina; Madrid, Palacio Real, 1581. Cartapacio de
Pedro de Penagos; Módena, Estense, Gamma x.5.45. Poesías españolas. La utilidad de
esta edición reside en una apreciación más cabal de la obra de Pedro de Padilla y en la
consideración más precisa de su influencia en otros poetas que pertenecen a la corriente
del conceptismo. Padilla, según sintetizan las palabras sus editores, “supo componer
para el lector de sus días, procuró inyectar en sus versos aspectos de la lírica
garcilasiana, se aprovechó de la lírica popular para glosarla y para imitarla y empleó el
canto llano y pausado para llegar a los distintos niveles de lectores” (29-30).
Por último, cabe destacar la profunda vena lírica (acaso asimilable, si no a la de
los poetas santos como Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, sí a la del Lope de Vega
cantor de Jesucristo) con que Pedro de Padilla se elevaba en oración amorosa mediante
una escritura ardiente y anhelante:
Eterno, poderoso Padre nuestro,
sin quien todo es tristeza y desventura,
ynprimid en mi alma la figura
del único retrato solo vuestro.
Por mano del artífiçe tan diestro,
quen tocando a la piedra seca y dura
responde contra toda su natura,
amigable a la mano del maestro.
Llegue aquella copiosa y sacra fuente,
que con ínpetu fiero se derrama
del amoroso pecho así caliente.
Desyele y purifique con su llama
la torpeza destánima doliente,
el dulçe suspirar de quien os ama.
(134. Soneto, p. 189)