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Batalla de Alesia: César y Vercingétorix

La batalla de Alesia fue una batalla decisiva entre las legiones romanas de Julio César y una coalición de tribus galas lideradas por Vercingétorix en el 52 a. C., que aseguró la victoria final de Roma en la guerra de las Galias. César sitió la fortaleza de Alesia, donde se había refugiado Vercingétorix, construyendo una doble línea fortificada para bloquear la ciudad y defenderse de un posible ejército de socorro galo.

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Batalla de Alesia: César y Vercingétorix

La batalla de Alesia fue una batalla decisiva entre las legiones romanas de Julio César y una coalición de tribus galas lideradas por Vercingétorix en el 52 a. C., que aseguró la victoria final de Roma en la guerra de las Galias. César sitió la fortaleza de Alesia, donde se había refugiado Vercingétorix, construyendo una doble línea fortificada para bloquear la ciudad y defenderse de un posible ejército de socorro galo.

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Ignacio E.

Paz Murillo Universidad Privada “San Francisco Javier”


Derecho Romano

Batalla de Alesia

La batalla de Alesia o el sitio de Alesia fue un enfrentamiento militar librado en el año 52 a. C.,


en la capital de la tribu gala de los mandubios, la fortaleza homónima. En ella se enfrentaron
las legiones de la República romana dirigidas por el procónsul Cayo Julio César, sus legados Tito
Labieno y Cayo Trebonio y con Marco Antonio al mando de su caballería, con una
confederación de tribus galas liderada por Vercingétorix, jefe de los arvernos. Fue una batalla
decisiva que aseguró la victoria final de los romanos en la larga guerra de las Galias, las pocas
tribus que siguieron resistiendo después fueron vencidas al año siguiente y en el 50 a. C. el
territorio conquistado, conocido como Galia Comata, sería convertido en provincia romana.
El Senado romano se negó a otorgar a César los honores por su conquista, siendo uno de los
factores desencadenantes de la guerra civil de los años 49 a 45 a. C.

El sitio de Alesia es considerado uno de los grandes éxitos militares de César e incluso en la
actualidad es utilizado como un ejemplo clásico de sitio. Ha sido descrito por numerosos
autores de la época, incluyendo a César en el libro VII de sus Comentarios a la guerra de las
Galias.

Antecedentes de la batalla de Alesia


En el 59 a.C. Cayo Julio César fue elegido cónsul en Roma. Cuando terminó su consulado,
utilizó su posición y sus contactos políticos para lograr su nombramiento como gobernador de
la Galia Cisalpina y Transalpina y de Iliria. Ocupó el cargo de gobernador el año siguiente y
utilizó la emigración de los helvecios, y la inquietud que esto causó entre los aliados galos de
Roma, como pretexto para intervenir militarmente en la Galia. Aunque no parece que la
intención inicial de César fuese conquistar la Galia, su victoria sobre los helvecios pudo haberle
ofrecido la oportunidad de considerar esta opción. A lo largo de los cinco años siguientes,
César dirigió con éxito una serie de campañas en la Galia, aunque a veces con un estrecho
margen, obligando a muchas tribus a someterse a él, al menos temporalmente. Es más, César
emprendió también campañas al otro lado del Rin, e invadió Inglaterra dos veces.
A pesar de su éxito, había un claro malestar en la Galía, que se empezó a manifestar a finales
del 54 a.C. A causa de la mala cosecha. César se vio obligado a dispersar a sus soldados en
cuarteles de invierno a lo largo del nordeste de la Calia, exigiendo a las diversas tribus que les
suministraran provisiones. Esto provocó un fuerte resentimiento que estalló en una rebelión
abierta. Durante del invierno del 54/53 a.C., una legión de 10 cohortes, con cinco cohortes
adicionales, bajo el mando de Quinto Titurio Sabino y Lucio Arunculeyo Cota, fue destruida
cuando las romanos fueron atraídos fuera de su campamento fortificado, emboscados y
aniquilados. A esto le siguió un ataque a una legión en su campamento de invierno, que estaba
bajo el mando de Quinto Tulio Cicerón (el hermano del famoso orador Marco Tulio Cicerón).
Cicerón permaneció dentro de sus fortificaciones y, aunque sus fuerzas se vieron muy
presionadas y sufrieron grandes pérdidas, pudo resistir hasta que fue socorrido. César pasó el
resto del 53 a.C. reclutando fuerzas adicionales, intimidando a las tribus galas y ocupándose de
los germanos, tanto en campañas al otro lado del Rin como rechazando una incursión
importante.

La campaña y los ejércitos


Al principio del 52 a.C., los galos planificaron una rebelión general dirigida a expulsar a los
romanos. La revuelta se inició a principios del año con la masacre de los ciudadanos romanos
que vivían en Cenabum, ciudad estado de la tribu de los camutos. Esta señal inspiró a los galos,
y a un joven y carismático noble de las arvernos, Vercingétorix, para reunir una coalición de
tribus y poner en campaña un ejército significativo. Los galos empezaron por atacar la capital
de los boii, una tribu aliada con Roma, pero César, que estaba en Italia, regresó y obligó a los
galos a retirarse. Entre tanto, César atacó varias poblaciones galas, con el fin de procurarse
provisiones. Vercingétorix se dio cuenta de que la logística era el punto débil de César, y así los
galos adoptaron una estrategia fabiana, en la que evitarían combatir abiertamente contra los
romanos y se retirarían y defenderían sus propios pueblos fortificados, en un intento de privar
a los romanos de las provisiones que tanto necesitaban.
Entre tanto, César continuó con los ataques a poblados galos e intentó forzar una
confrontación. Penetró en el territorio de los bituriges y atacó su principal fortaleza, Avaricium.
Vercingétorix intentó convencer a los bituriges para que abandonaran la población, pero estos
tenían confianza en sus defensas. Aunque acampó fuera de la población, no pudo impedir que
los romanos la sitiaran. César atacó la población mientras llovía torrencialmente, cuando
menos se esperaba, obligando a Vercingétorix a retirarse. César tomó seis legiones y marchó
contra la capital de los arvernos: Gergovia.

Gergovia
Esta población era muy importante para Vercingétorix, quien tenía intención de defenderla.
Cuando César llegó a la población, que estaba situada en un terreno muy quebrado, ocupó una
colina y estableció allí un campamento fortificado. Rápidamente tomó otra colina, estableció
allí un pequeño campamento y conectó ambas con un par de zanjas paralelas. César observó
una colina pequeña que daba acceso a la población y que estaba prácticamente indefensa.
Ordenó a algunos de sus soldados que iniciaran una maniobra de distracción y lanzó un ataque
sobre la colina, que tomó con relativa facilidad. Los soldados, no obstante, continuaron su
avance hasta las murallas de la población, ya fuera bajo las órdenes de Cesar o, como él lo
relata, simplemente entusiasmados por su éxito; encontraron allí una fuerte resistencia y
fueron rechazados con importantes pérdidas, especialmente entre los centuriones. En este
punto, César se vio obligado a levantar el asedio y retirarse de Gergovia.
La derrota de Gergovia fue un duro golpe para César y una ventaja para Vercingétorix. La
derrota hizo que algunos de los aliados galos más antiguos de César se pasasen al enemigo.

Retirada a Alesia
Vercingétorix empezó a reclutar tropas adicionales para la rebelión y, utilizando una gran
fuerza de caballería, empezó a interceptar los esfuerzos romanos para reunir provisiones.
César, para compensar las pérdidas provocadas por las defecciones, especialmente en su
caballería, reclutó caballería e infantería ligera germana para respaldarla. Vercingétorix
comprendió que sus fuerzas no podían enfrentarse a las de César en campo abierto, y decidió
retirarse a la ciudad fortificada de Alesia, esperando repetir la derrota de los romanos en
Gergovia. César le siguió y se preparó para sitiar la ciudad.

Disposiciones
Vercingétorix y su ejército construyeron un campamento fortificado adyacente a Alesia.
defendido por un foso y un terraplén de 1,8 m de altura. César concluyó que Alesia y el
campamento galo eran demasiado fuertes para ser asaltados, y decidió en cambio rodear y
bloquear la ciudad. Empezó construyendo siete campamentos fortificados apoyados por 23
reductos para defender posiciones clave. Mientras se construían estas fortificaciones,
Vercingétorix envió a su caballería para obstaculizar a los romanos. Se produjo una batalla de
caballería, en la cual los galos fueron duramente vapuleados por la caballería de César,
especialmente por los germanos. Vercingétorix decidió entonces que su caballería intentara
una evasión durante la noche. Los jinetes galos se deslizaron por las brechas de las filas
romanas y regresaron a sus comunidades para reunir un nuevo ejército a fin de socorrer a los
sitiados.

Con la huida de la caballería gala y la probable aparición de un ejército de socorro, César


decidió aumentar sus construcciones de asedio.
Primero, construyó un foso de 6 m, con los lados perpendiculares, para evitar que los galos de
Alesia pudieran obstaculizar la construcción de fortificaciones más completas. Tras este foso,
se excavaron dos
fosos adicionales, y el interior fue llenado de agua. Tras estos se erigió un terraplén de 3,6 m
de altura con la tierra extraída de las fosos. Este fue coronado con una empalizada y protegido
por estacas afiladas. Para reforzar aún más el terraplén, se dispusieron torres espaciadas
regularmente a lo largo de él. La longitud de estas construcciones era de casi 16 km.
Vercingétorix, durante la construcción de las fortificaciones, realizó una serie de salidas
importantes y coordinadas fuera de la ciudad, que interferían con la construcción y
dificultaban el envío de partidas de aprovisionamiento por parte de César. Este, añadió tres
líneas de trampas. La primera constaba de cinco hileras de troncos de árbol y ramas fuertes
afiladas, colocados en zanjas; frente a estas había hoyos de 90 cm de profundidad dispuestos
en forma de tablero de ajedrez, con estacas afiladas en su interior; y, por delante, se
esparcieron ganchos de hierro fijados a bloques de madera.
Para defenderse del ejército de socorro, se construyó un conjunto similar de fortificaciones, de
28 km de longitud, dirigido hacia fuera, con bastante espacio en medio para que César moviera
sus tropas. Los galos que estaban dentro de Alesia reconocieron que las provisiones serían
insuficientes, así que enviaron fuera de la ciudad a todos los que no podían luchar. Los no
combatientes se dirigieron a las líneas romanas, pero fueron rechazados por César, y así
quedaron esperando a morir de hambre en tierra de nadie.

La batalla de Alesia
La batalla de Alesia se inició cuando llegaron las fuerzas de socorro y, tras haber acampado a
1,5 km de las líneas romanas, enviaron a su caballería a una llanura de 5 km de anchura. Los
jinetes galos tenían intercalados arqueros e infantería ligera, mientras que el cuerpo principal
de infantería formaba para velar por su caballería, que era la élite del ejército.

Enfrentamiento fuera de las fortificaciones

Cuando los galos de Alesia vieron a la caballería formada para la batalla, salieron de la ciudad y
rellenaron los fosos romanos con fajinas, en preparación de una salida. César respondió
guarneciendo los terraplenes con toda su infantería, procurando que todos los hombres
supieran cuál era su puesto, y enviando a sus jinetes galos aliados y germanos a enfrentarse
con la caballería enemiga. La acción de la caballería fue muy disputada, pues los jinetes galos
se beneficiaban del apoyo de la infantería, cosa que los romanos no esperaban, pero
finalmente los romanos llevaron la mejor parte, cuando César concentró a su caballería
germana en un solo punto y desbandó a la caballería gala. Esta última huyó, dejando que su
infantería de apoyo fuera masacrada. Los galos que estaban dentro de las fortificaciones de
asedio perdieron la esperanza y se retiraron de regreso a Alesia.
Asalto a la fortificación romana
Los galos de la fuerza de socorro dedicaron el día siguiente a preparar los materiales
necesarios para un asalto importante, entre ellos escaleras, ganchos de asalto y fajinas. A
medianoche, avanzaron silenciosamente y, cuando llegaron cerca de las fortificaciones
romanas de asedio, dieron una voz para indicar a los sitiados que iban a iniciar el
asalto. Vercingétorix salió con sus fuerzas para atacar a los romanos al mismo tiempo, de
forma que estos se vieran combatidos por delante y por detrás. Aunque los galos pudieron
causar una serie de bajas lanzando jabalinas, piedras con honda y otros proyectiles, los
obstáculos puestos por los romanos ante sus terraplenes provocaron fuertes pérdidas. Los
galos, incapaces de continuar, se retiraron.

Final de la batalla de Alesia


Los galos celebraron un consejo de guerra y decidieron utilizar el ejército principal para
amenazar las fortificaciones de asedio, mientras una fuerza de 60.000 hombres escogidos
atacaba el campamento romano en la parte norte de la ciudad. Este fuerte estaba defendido
por dos legiones, pero, debido a la naturaleza del terreno, se hallaba fuera de las líneas de
circunvalación. Entre tanto, Vercingétorix dirigiría de nuevo un ataque para que los romanos se
vieran obligados a defender tanto las fortificaciones interiores como las exteriores contra unos
ataques simultáneos. La fuerza de guerreros galos realizó una marcha nocturna y descansó
hasta el mediodía, en cuyo momento atacó. Al mismo tiempo, Vercingétorix atacó las
fortificaciones interiores para que los romanos se vieran en apuros en varios lugares. César
observó que los 60.000 galos estaban teniendo cierto éxito contra el fuerte aislado, así que
envió a su lugarteniente de mayor confianza Tito Atio Labieno, para que lo socorriera con seis
cohortes. Ordenó a Labieno la defensa del fuerte, aunque debía contraatacar en caso de que
no pudiera defenderlo. Mientras tanto, los soldados de Vercingétorix habían abierto brecha en
una sección pronunciada de la pared interior, donde las fortificaciones no estaban tan
completas.

César envió refuerzos a esta posición, rechazando finalmente a los galos cuando condujo
personalmente a algunos soldados a la brecha. La situación se había vuelto desesperada, y
Labieno se estaba preparando para un contraataque final. César acudió rápidamente para
reforzar el contraataque al frente de apenas cuatro cohortes; también ordenó a su caballería
que hiciera una salida y atacara a los guerreros galos desde atrás. Aunque los galos lucharon
enérgicamente, la aparición de la caballería por detrás fue demasiado y fueron derrotados. La
caballería romana pudo causar enormes bajas entre los galos que huían. Los galos asediados
quedaron consternados y se retiraron al interior de Alesia.
Secuelas
Con la dispersión del ejército de socorro, los galos que estaban dentro de Alesia se vieron
obligados a rendirse. Vercingétorix fue entregado a César. Algunos de los galos fueron
utilizados para conseguir la lealtad de sus tribus; sin embargo, muchos fueron repartidos entre
la tropa como botín y terminaron como esclavos. La victoria de la batalla de Alesia quebró la
resistencia gala, aunque César dedicaría los dos años siguientes a consolidar su posición.
Vercingétorix quedaría prisionero durante unos seis años hasta que, tras ser exhibido en un
desfile por Roma durante el gran triunfo de César, fue estrangulado públicamente.

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