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¿Quién es este hombre dividido?
Resource by: John Piper
Scripture: Rom.7.14-25
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
a la esclavitud del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo;
porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco,
eso hago. 16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo
con la ley, reconociendo que es buena. 17Así que ya no soy yo el que
lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18Porque yo sé que en mí,
es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está
presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. 20Y si lo que no
quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley
de que el mal está presente en mí. 22Porque en el hombre interior me
deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en los miembros de mi
cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace
prisionero de la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo
mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el
otro, con la carne, a la ley del pecado.
¿CRISTIANO O NO CRISTIANO?—CONTINUARÁ
Este texto es uno de los más famosos y más controversiales
del libro de Romanos. Aquí tenemos las bien conocidas
palabras del versículo 19: “Pues no hago el bien que deseo,
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sino que el mal que no quiero, eso practico”. Aquí vemos a un
hombre dividido, o a un hombre con la voluntad dividida, o
con el corazón dividido. Hay una parte de este hombre (el
“Yo”) que quiere hacer el bien y no el mal. Y hay otra parte de
él (el otro “Yo”) que no hace el bien que quiere, sino el mal
que no quiere.
Entre las interrogantes más grandes acerca de este texto,
tenemos: ¿quién es este hombre? ¿De quién es la experiencia
que está describiendo Pablo? ¿Es la experiencia de Pablo, el
creyente, o la experiencia de Pablo, el incrédulo? ¿Es la
experiencia de Pablo cristiano o de Pablo no cristiano? O
debemos plantear las preguntas con más precisión: ¿Es Pablo
un hombre instruido moralmente, pero no convertido? ¿Es
este Pablo, convertido repentinamente al cristianismo, un
hombre nuevo e inmaduro en la fe? ¿O pudiera ser el Pablo
cristiano ya maduro, pero en una período de debilidad en la fe
y la vigilia? No creo que hoy diga cuál es la respuesta que
considero. Me gustaría que meditaran y estudiaran este pasaje
por ustedes mismos, sin saber cuál es mi parecer.
Considero que podemos llegar a respuestas, más o menos
razonables, para todas estas interrogantes; y que al final estas
conclusiones, no necesariamente, tienen que llevarnos a una
falsa enseñanza, principalmente, en vista de la santificación.
En otras palabras, es posible estar equivocados en nuestras
interpretaciones del texto, pero podemos estar en lo cierto
respecto a nuestros criterios sobre la vida cristiana. Usted
podría decir: «Este texto no habla acerca de la experiencia
cristiana»; y aún así, podría creer que los cristianos tenemos
experiencias como esta donde experimentamos el conflicto
donde a veces hacemos lo que no queremos hacer. O podría
decir: «Este texto habla sobre la experiencia cristiana»; y sin
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embargo, creer que en la vida cristiana podemos alcanzar una
mayor victoria sobre el pecado.
Así que nuestra conclusión (acerca de si Romanos 7:14-25 se
refiere o no a la experiencia cristiana) no determina todos
nuestros criterios sobre la experiencia cristiana. Existen otras
docenas de textos importantes en el Nuevo Testamento, que
debemos añadir a este grupo, para tener una concepción más
grande de la vida cristiana. Cuídese de aquellos que basan sus
opiniones en pasajes aislados de la Escrituras. Es de ahí de
donde surgen la mayoría de las sectas religiosas y las falsas
interpretaciones.
Pero antes de que hablemos de los pros y los contras de las
diversas opiniones, veamos cual es el propósito principal del
texto. Puede que le parezca sorprendente, pero pienso que el
propósito principal de este texto permanecerá claro e
irrebatible, en cualquiera de estos puntos de vista que acabo
de mencionar (acerca de si este hombre dividido es un
cristiano o no). Ahora bien, ¿cuál es el propósito principal del
texto? ¿Cuál es la intención de estos versículos? ¿A dónde
quiere llegar Pablo?
LA JUSTICIA DE OTRO, ACREDITADA A NOSOTROS
MEDIANTE LA FE
Permítame intentar hacerle un resumen del contenido del
libro de Romanos.
El libro de Romanos trata de cómo los seres humanos
pecadores –es decir, todos los seres humanos (3:9), quienes
estamos destituidos de la gloria de Dios (3:20), que
deshonramos a Dios con nuestra forma de vida (1:21) y que,
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por tanto, merecemos su ira (1:32; 2:5)- somos justificados
ante Dios; o sea, somos justificados sobre la base de lo que
Jesucristo ha hecho por nosotros en su vida, muerte, y
resurrección (3:24-25; 5:18-19).
La respuesta de Pablo al problema más grande de los seres
humanos (específicamente, nuestra culpa como pecadores
ante un Dios Santo y Justo), es que el propio Dios, por medio
de su Hijo Jesucristo, nos ha provisto de una justicia que no es
la nuestra, pero nos la ha atribuido y la ha dado a conocer
como nuestra, por medio de la fe y no por las obras. Esta gran
verdad la podemos encontrar específicamente en Romanos
4:5-6: “mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica
al impío, su fe se le cuenta por justicia. 6Como también David
habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios
atribuye justicia aparte de las obras”. Aquí tenemos esas
palabras tan importantes: “cuenta”, “atribuye”, (o imputa). Al
final del versículo 5: “su fe se le cuenta por justicia”. Y al final
del versículo 6: “Dios atribuye justicia aparte de las obras”.
La gloriosa verdad evangélica de Romanos, es que Dios nos
provee una justicia que no es la nuestra, y nos la acredita
mediante nuestra fe. La fe nos aparta la visión de nuestras
propias acciones y de nuestra obediencia a la Ley como una
vía rápida para alcanzar la justificación. La fe confía solo en
Jesucristo como la base por la cuál se nos acredita una justicia
que no es la nuestra. Entonces, ¿de quién es esta justicia?
Romanos 3:21-22 nos dice: “Pero ahora, aparte de la ley, la
justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y
los profetas; 22es decir, la justicia de Dios por medio de la fe
en Jesucristo, para todos los que creen”. La justicia que se nos
ha acreditado por medio de la fe es “la justicia de Dios”. Es la
propia justicia de Dios y no la nuestra (ver Filipenses 3:9).
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En Romanos 10:3-4 podemos distinguir claramente de quién
es esta justicia que nos justifica: “Pues desconociendo la
justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no
se sometieron a la justicia de Dios”. En la actualidad, ¿qué
apariencia tiene nuestra sumisión a la justicia de Dios, que
difiere tanto de procurar “establecer la [nuestra] propia”?
Pablo da la respuesta en el versículo 4, que literalmente dice:
“Porque Cristo es el fin [o el propósito] de la ley para justicia a
todo aquel que cree”.
Someternos a la justicia de Dios, en lugar de establecer
nuestra propia justicia, es darnos cuenta de que la Ley estaba
destinada a llevarnos a “Cristo para justicia”. Y que tenemos a
“Cristo para justicia” mediante la fe. Esta verdad es para todo
aquel que cree. De modo que cuando Pablo dice en Romanos
5:19: “Porque así como por la desobediencia de un hombre
[específicamente, Adán] los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos
serán constituidos justos”. Considero que Pablo, con este
versículo, nos quiere decir que Cristo obedeció tanto a Dios y a
la Ley, que por medio de su fe en Dios y por la unión con él, su
obediencia, o su justicia, se convierten en nuestra. Y esta
justicia es la justicia de Dios porque consiste en guardar
perfectamente la voluntad de Dios, y es hecha posible por
Dios, es aceptable para Dios, y es un regalo de Dios para
nosotros en Jesucristo.
Luego, Pablo dice en 2da a los Corintios 5:21: “[Dios] Al que
no conoció pecado [Cristo], le hizo pecado por nosotros, para
que fuéramos hechos justicia de Dios en él”. Esta justicia de
Dios cumplida por Jesucristo, nos fue acreditada de la misma
manera que nuestros pecados fueron acreditados a Cristo. La
gloria del evangelio es esta: la justificación es solo por gracia,
es solo mediante la fe, basándose solamente en Cristo, y solo
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para la gloria de Dios. Este es el mensaje principal del libro de
Romanos.
El evangelio es una noticia tremendamente buena para los
pecadores. ¡Oh! ¡Cuánto anhelo que usted sienta, en esta
mañana, la maravilla y belleza de este evangelio! ¿Puede usted
verla y saborearla? Le imploro, en nombre de Cristo:
Reconcíliese con Dios en esta mañana; aparte la vista de sus
propias obras y busque a Jesucristo como la única y verdadera
justicia, como el tesoro de su vida.
LA LEY ES UN GRAN PROBLEMA EN LA
RECONCILIACIÓN CON DIOS
Pero, ¿cuál es el propósito del capítulo 7? ¿Cómo se ajusta este
propósito al mensaje principal de Romanos?
Aquí está el problema. A lo largo del libro Pablo argumenta
apasionadamente en contra de la justificación por las obras de
la Ley. No podemos justificarnos con Dios guardando la Ley,
sino solo por fe. Pablo, en su discurso, incluso parece decir
que la Ley es parte de nuestro problema, y no parte de nuestra
redención. Por ejemplo: Romanos 3:20: “porque por las obras
de la ley ningún ser humano será justificado delante de él;
pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado”. O
Romanos 3:28: “Porque concluimos que el hombre es
justificado por la fe aparte de las obras de la Ley”. O más
curioso aún, Romanos 5:20: “Y la ley se introdujo [Dios dio la
Ley en el monte Sinaí] para que abundara la transgresión”.
De este modo tal parece que la Ley fuera cómplice del pecado.
De hecho, Pablo llega al punto de decir que si usted quiere
llevar fruto para Dios—o sea, si quiere ser santificado y
justificado—tiene que morir a la Ley. Romanos 7:4 dice: “Por
tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a
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la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a
otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que
llevemos fruto para Dios”. Usted no puede llevar fruto para
Dios si no muere a la Ley. Guardar la Ley no es la manera
inicial y decisiva de llevar fruto para Dios. La manera inicial y
decisiva de llevar fruto para Dios es permanecer unidos al
Cristo resucitado. Si los cristianos terminamos cumpliendo la
Ley de Dios (como la Ley de Cristo) será solo porque primero
hemos muerto a la Ley, y por tanto, buscamos la obediencia
de otra manera, específicamente, mediante la unión con el
Cristo resucitado, en quien somos completamente
justificados, antes de haber logrado un progreso en el
cumplimiento de la Ley.
Bien, pudiéramos continuar diciendo sobre Romanos 7:5-6,
que Pablo percibe la Ley de Dios como gran parte de nuestro
problema en la reconciliación con Dios. De modo que la gran
pregunta que Pablo tiene que responder está en Romanos 7:7:
“¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley?” O, un poco
diferente, en el versículo 13: “¿Entonces lo que es bueno vino a
ser causa de muerte para mí?” Aquí tenemos dos grandes
preguntas, planteadas en el evangelio de Pablo, acerca de la
justificación que es por fe sin las obras de la Ley: ¿Es pecado
la Ley? ¿Vino la Ley a ser causa de muerte para mí? O para ser
más específicos: Si usted tiene que apartarse del
cumplimiento de la Ley y acercarse a la justicia de Cristo para
ser justificado, y si tiene que morir a la Ley y unirse a Cristo
para ser santificado, entonces, ¿la Ley es pecado? ¿Viene a ser
causa de muerte para mí?
Si la respuesta a estas dos preguntas es sí (la Ley es pecado y
viene a ser muerte), entonces, Pablo sabe que su evangelio
está fracasado. No hay futuro para un evangelio que convierte
a la Ley de Dios en pecado y muerte.
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PERO LA LEY NO ES PECADO
Así que con todas sus fuerzas Pablo dice en los versículos 7 y
13: “[No] ¡De ningún modo!”. La Ley no es pecado; el pecado
explota a la Ley y la utiliza. La Ley es santa, justa, y buena
(versículo 12). La Ley no causa la muerte; el pecado causa la
muerte a través de lo que es bueno: la Ley (versículo 13).
Romanos 7:7-25 se escribió con el propósito de explicar y
defender la respuesta de que la ley no es pecado. No pierda de
vista este propósito. Todo el texto trata de la justificación por
la fe y de la santificación por la fe. Si estas dos doctrinas
básicas implican que la Ley de Dios es pecado y deviene en
muerte; entonces están arruinadas y no pueden ser
verdaderas.
Así que, cuando Pablo termina de escribir Romanos capítulos
1-7, él logra dejarnos dos grandes enseñanzas: por un lado,
nos enseña que tenemos que morir a la Ley para ser aceptados
por Dios (justificación, 3:28) y que debemos morir a la Ley
para llevar fruto para Dios (santificación, 7:4-6). Y por otro
lado, nos enseña que esta necesidad de morir a la Ley para ser
justificados y santificados, no quiere decir que la Ley sea
pecado o veneno; quiere decir que por nuestra mortal
condición de pecadores, debemos tener a Cristo como base
para nuestra justificación, y para el poder de nuestra
santificación. La Ley no puede justificarnos ni santificarnos,
solo Cristo puede.
SOY PECADOR Y MI PECADO ES MORTAL
Ahora estamos en disposición de comprender porqué la
identidad de este hombre dividido en Romanos 7:14-25 no
altera el mensaje principal del texto. Si este hombre es
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cristiano o no, en todo caso su miseria (“!Miserable de mí!”,
versículo 24), es causada por el pecado que mora en él, no por
la Ley. La Ley no es pecado y la Ley no es veneno. Yo soy el
pecador, y mi pecado es veneno mortal.
Por lo menos tres veces Pablo deja bien claro este principio.
Versículo 14: “La ley es espiritual, pero yo soy carnal”.
Versículo 16: “Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de
acuerdo con la ley, reconociendo que es buena”. Versículo 22:
“Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios”.
Así que la mandamiento es “espiritual”, “bueno”, y “santo”.
Este principio es tan cierto como decir que este hombre
dividido es un creyente que está luchando, o que es un
incrédulo ligeramente consciente. En cualquier caso, el
mensaje principal de Pablo es el mismo: La doctrina de la
justificación por la fe sin las obras de la Ley (3:28) permanece,
porque no implica que la Ley sea pecado o veneno. Y la
doctrina de la santificación por la fe muriendo a la Ley (7:4)
permanece, porque no implica que la Ley sea pecado o
veneno.
Hasta aquí llegaremos en el día de hoy.
Usted no debe sentir el temor de que al recibir el regalo de la
justificación que es solo por fe, empañará la Ley de Dios. Por
el contrario, cuando usted se dirija a Cristo para obtener
justificación, cuando se dirija a Cristo para obtener
santificación, honrará la Ley de Dios. Porque el fin de la Ley
es Cristo “Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (10:4). Y
el fruto de amor inspirado por Cristo (7:4) es el cumplimiento
de le Ley (13:10).
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¡Oh, cuán completa y profunda es la salvación que Cristo ha
provisto para nosotros en su vida y en su muerte! Venga a
Cristo. En él está todo lo que necesita.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
a la esclavitud del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo;
porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco,
eso hago. 16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo
con la ley, reconociendo que es buena. 17Así que ya no soy yo el que
lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18Porque yo sé que en mí,
es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está
presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. 20Y si lo que no
quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley
de que el mal está presente en mí. 22Porque en el hombre interior me
deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en los miembros de mi
cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace
prisionero de la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo
mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el
otro, con la carne, a la ley del pecado.
LA LEY NO JUSTIFICA, NI SANTIFICA
El objetivo de Pablo en Romanos 7:7-25 es reafirmar la
enseñanza expuesta en el libro, hasta el momento, acerca de
que la Ley de Moisés, o la Ley escrita en el corazón de todos
los hombres, carece de poder para declararnos o hacernos
justos ante Dios. Somos pecadores por nuestra naturaleza y
por nuestras acciones. Por consiguiente, la Ley nos condena e
incita a la rebelión que hay dentro de nosotros. La Ley no
justifica, ni santifica.
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Por tanto, Dios, en su misericordia, ha hecho que su justicia
esté disponible para nosotros de otra manera, sin las obras de
la Ley (3:21); específicamente, por medio de Jesucristo su
Hijo. Así que, para ser declarados justos (para ser justificados)
tenemos que apartarnos de nuestra obedienciaa la Ley y
volvernos a la obediencia a la Ley realizada por Cristo.
Tenemos que recibir a Cristo como nuestro tesoro, y ser
declarados justos por nuestra unión con él, mediante la fe, y
no por alguna justicia en nosotros. Es así como
somos declarados perfectamente justos ante Dios.
Luego, para llegar a ser justificados (o santificados), también
debemos apartarnos del cumplimiento de la Ley, o como dice
Pablo en Romanos 7:4, debemos morir a la Ley y permanecer
unidos con Cristo, a fin de que podamos llevar fruto para
Dios. De modo que la justificación es por fe en unión con
Cristo, y la santificación es por fe en unión con Cristo. Y ambas
implican apartarse de la Ley, como el medio decisivo por la
cual somos justificados ante Dios y llegamos a ser como Dios.
Romanos 7:7-25 está escrito, aunque en una forma poco
usual, para apoyar la enseñanza sobre la justificación y la
santificación. En este texto se da respuesta a una objeción. La
objeción es que toda esta enseñanza acerca de la justificación
por fe y la santificación por fe, todo este discurso sobre cómo
ser justos ante Dios, “aparte de la ley” (Romanos 3:21), y de
llevar fruto para Dios, “muriendo a la Ley”, en verdad
menoscaba la Ley y la hace pecaminosa y mortífera. Esa es la
objeción.
Pablo ya se había enfrentado a esta objeción cuando dice en
Romanos 3:31: “¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe?
¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley”. Ahora en
Romanos 7:7 pregunta: “¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado
la ley?”. Y en el versículo 13 pregunta: “¿Entonces lo que es
bueno vino a ser causa de muerte para mí?”. Como podemos
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ver, Pablo está respondiendo a una objeción: «Pablo, ¿usted
está diciendo que la Ley de Dios es pecaminosa y venenosa?»
De ser así, entonces la doctrina de Pablo es falsa. Es por esto
que Pablo defiende y apoya su doctrina de la justificación por
fe, y de la santificación por fe, argumentando que la Ley es
santa, justa, buena, y espiritual. La Ley carece de poder para
justificar y santificar no porque sea pecaminosa y mortífera,
sino porque yo soy pecador y mi pecado es mortal. Por tanto,
esta objeción a su enseñanza acerca de la justificación por fe y
la santificación por fe, queda deshecha. Y así permanece la
gloriosa verdad del evangelio, ese es el propósito de Romanos
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UNA MANERA PECULIAR DE DEFENDER LA LEY
Ahora, aquí tenemos una pregunta crucial, la cual les
conducirá a una enseñanza muy práctica para sus vidas: ¿Por
qué Pablo defendió la Ley y respondió a esta objeción, de una
manera tan peculiar, específicamente, describiendo la
experiencia de este hombre dividido en Romanos 7:14-15 (el
hombre que dice en el versículo 19: “Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico”)? ¿Cómo es
que esta descripción prolongada, acerca de la confusión y el
sentido de miseria que experimenta este hombre (versículo
24: “¡Miserable de mí!”), sirvió a sus propósitos? ¿Por qué no
decir solamente, que la Ley es justa y buena, y que el pecado
es el verdadero culpable? Digámoslo simplemente así.,
Para responder a esta pregunta necesito decirles cuál es mi
criterio respecto a quién es este hombre dividido. Recuerden,
de la semana pasada, que algunos dicen que Romanos 7:14-25
es la descripción de Pablo acerca de su propia experiencia
antes de ser cristiano; y otros que es la descripción de la
propia experiencia de Pablo como cristiano.
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Bien, yo considero que la segunda posición es la correcta. Aquí
Pablo está hablando de sí mismo como cristiano. Permítanme
explicarles, inmediatamente: no quiero decir que debemos dar
por sentada esta afirmación, y exponernos a una vida
mundana y a una mentalidad derrotista. No debemos hacer
las paces con nuestro pecado. La derrota no es la única, ni tan
siquiera, la principal experiencia de la vida cristiana, es parte
de ella. Estoy de acuerdo con J. I. Packer, quien escribió un
artículo sobre este pasaje hace dos años, en el cual defiende el
punto de vista que estoy abordando aquí. Él dijo:
Pablo no nos está diciendo que la vida de este "hombre
miserable” fuese todo lo mala que podría ser, sino que no es
tan buena como debería ser, y debido a que el hombre se
deleita en la Ley y desea cumplirla perfectamente, su continua
incapacidad para hacerlo, lo perturba enormemente… Ese
hombre “miserable” es el propio Pablo, expresando
espontáneamente su angustia, por no ser mejor cristiano de lo
que ya es, y todo lo que conocemos de la personalidad de
Pablo se ajusta a esta suposición”.
Así que, considero que Pablo no nos está diciendo que los
cristianos vivimos en una constante derrota, sino que vivimos
en constante victoria sobre el pecado. Y en esos momentos, o
en esas etapas en que fracasamos en el intento de triunfar
sobre el pecado podemos dirigirnos a Romanos 7:14-25 que
es la manera normal en que un cristiano saludable debería
responder. El cristiano debería decir:
Yo amo la Ley de Dios. Versículo 22: “Porque en el hombre interior
me deleito con la ley de Dios”.
Yo aborrezco lo que acabo de hacer. Versículo 15: “lo que
aborrezco, eso hago”.
¡Oh cuánta miseria siento en estos tiempos! Cuánto anhelo la
liberación de este cuerpo que constantemente amenaza con
matarme, y del cual tengo que avergonzarme día tras
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día. Versículo 24: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de
este cuerpo de muerte?” (ver Romanos 6:6; 8:10, 13).
Nadie debería querer vivir de esta manera. O decidirse a vivir
así. Esa no es la intención. El propósito es que cuando
vivamos así (en esos tiempos de fracasos), podamos dar esta
respuesta cristiana. Sin mentiras. Sin hipocresías. Sin
presunción. Sin alardear de perfeccionismo. Señor, líbranos
de ser una iglesia de sonrisas estampadas, con superficialidad,
ciegos a nuestros propios errores, y con una rapidez
consecuente para juzgar a otros. Que Dios nos dé la
honestidad, el candor y la humildad del apóstol Pablo.
Por tanto, este es el punto de vista que quiero defender:
Romanos 7:14-25 es parte de la experiencia cristiana, no ideal,
sino real.
LA LEY Y EL PECADO QUE MORA EN MÍ
¿Y ahora qué? Bueno, ahora podemos retroceder a lo que
llamé, hace un momento, una pregunta crucial: ¿Por qué
Pablo prosiguió a defender la Ley de esta forma tan peculiar?
Recuerde que eso es lo que él ha estado haciendo: dando
respuesta a la objeción de que las doctrinas de la justificación
por fe y de la santificación por fe, tratan a la Ley como pecado
y como veneno ¿Por qué defendió Pablo la Ley describiendo
su experiencia en una época de fallas cristianas? “Pues no
hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso
practico”. (7:19) ¿Cómo es que lidiar con el cristiano
imperfecto y la ley, le ayuda a defender la ley contra esta falsa
acusación de que él está convirtiendo a los mandamientos en
pecado y muerte?
Bien, aquí está el problema con la experiencia cristiana: Pablo
acaba de decir en Romanos 7:4, que los cristianos deben morir
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a la Ley y aceptar a Cristo a fin de poder llevar fruto para Dios.
Pero, algunos que objetan dicen: «Mira a los cristianos. Mira a
la iglesia de Corinto, la de Laodicea (Apocalipsis 3:17) y la
iglesia de Bethlehem. Pablo, ¿sabe usted qué es lo que se
obtiene cuando se muere a la Ley? Pues obtiene lo que dice en
Romanos 7:19: “Pues no hago el bien que deseo, sino que el
mal que no quiero”. Usted dice en Romanos 3:31 que su
doctrina en realidad está estableciendo la Ley. Usted dice en
Romanos 8:4 que los que andan conforme al espíritu:
cumplen la Ley. Pero vea la experiencia cristiana real. ¡Vea su
propia experiencia! ¿Sabe cuál es su problema? Usted no ama
la Ley. Y usted trata a la Ley como al problema, no como la
solución».
¿Y cuál es la respuesta de Pablo a esta objeción? Bueno, antes
que nada, responde confrontando el problema directamente:
trata con la experiencia cristiana. Podemos ver la esencia de
su respuesta en cuatro pares de declaraciones. La mitad de
cada par dice que los cristianos aman la Ley y que se deleitan
en la Ley, y la otra mitad dice que nuestras fallas no se deben
a la falta de respeto hacia la Ley, sino al poder del pecado que
mora en nosotros.
Par Nº1
La estima a la Ley: Romanos 7:14a, “Porque sabemos que la ley es
espiritual”.
El reconocimiento del pecado que mora en nosotros: Romanos
7:14b, “pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado”.
Par Nº2
La estima a la Ley: Romanos 7:16: “Y si lo que no quiero hacer, eso
hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena”.
El reconocimiento del pecado que mora en nosotros: Romanos
7:17: “Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que
habita en mí (he oikousa en emoi hamarrita)”. (De aquí viene el
término “pecado que habita”. Y podemos verlo de nuevo en 7:20:
16
“Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace,
sino el pecado que habita en mí [he oikousa en emoi hamarrita])”.
Par Nº3
La estima a la Ley: Romanos 7:22: “Porque en el hombre interior
me deleito con la ley de Dios”.
El reconocimiento del pecado que mora en nosotros: Romanos
7:23: “pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace
guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del
pecado que está en mis miembros”.
Par Nº4
La estima a la Ley: Romanos 7:25b: “Así que yo mismo, por un
lado, con la mente sirvo a la ley de Dios”.
El reconocimiento del pecado que mora en nosotros: Romanos
7:25c, “pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado”.
Así que la respuesta de Pablo es que los cristianos amamos la
Ley de Dios, estimamos la Ley de Dios, nos deleitamos en la
Ley de Dios, estamos de acuerdo con ella, la tenemos como
buena, y no la culpamos por nuestras propias fallas. En lugar
de ello, los cristianos admitimos (y aquí está la enseñanza
crucial y práctica con que concluiré) que en todos los
cristianos existe, mientras dure esta era caída y vivamos en la
tierra, la realidad del “pecado que habita en nosotros”. (7:17,
20)
En otras palabras, la Ley no causa nuestra derrota, la Ley
define nuestras victorias. El pecado que mora en nosotros es
el causante de nuestras derrotas. Pablo, en los capítulos 6-7,
es muy celoso exhortándonos que no exageremos, ni restemos
importancia a la medida de santidad posible en esta era caída,
donde los cristianos somos liberados del dominio del pecado y
gemimos esperando la redención completa de nuestros
cuerpos (Romanos 8:23) y la liberación de la “Ley del pecado”
relacionada a ellos.
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UN EJEMPLO PERSONAL DE LA VIDA DE J. I. PACKER
Concluiré con una ilustración personal de la vida de J. I.
Packer, que muestra cuán crucial resulta que no perdamos el
equilibrio en ninguno de los dos extremos y terminemos
diciendo que en esta era no se necesita la santidad, o que nos
es posible alcanzar la perfección (Packer enseña teología en
la Regent College en Vancouver).
He escuchado a Packer, en persona, narrar esta historia, y la
he leído en dos libros diferentes. En 1944 él estaba estudiando
latín y griego en la Corpus Christi College, en Oxford; y tocaba
en una banda de Jazz llamada Oxford Bandits. Una noche,
asistió a una reunión de la Christian Union, y escuchó un
sermón de un predicador relativamente desconocido,
llamado Earl Langston. Packer dijo: «Las escamas cayeron de
mis ojos…y vi la vía de entrada».
Pero pronto llegó la crisis. Habían bastantes doctrinas falsas
en Oxford, especialmente con respecto al perfeccionismo, y a
la posibilidad de una segunda experiencia de “santificación
por fe”—por la que decían experimentar una crisis tras la cual
no habría que luchar más contra el pecado, lo cual no es a lo
que me refiero cuando utilizo el término de santificación por
fe. Packer tenía una conciencia muy sensible y no podía
engañarse a sí mismo. No era perfecto, y sin importar cuántas
veces se reconciliara con Dios, aún no había perfección. Él dijo
que esta falsa enseñanza sobre la santificación por fe, podía
fácilmente haberlo llevado al suicidio si no hubiera sido por
dos grandes descubrimientos: Lo escrito por John Owen sobre
el pecado que mora en nosotros (especialmente los volúmenes
6 y 7 de sus obras), y lo escrito por J. C. Ryle (especialmente su
libro acerca de la Santidad). Aquí J. I. Packer aprendió el
realismo bíblico del “pecado que habita en nosotros”, y de la
constante lucha por la fe, y del glorioso descanso que viene
18
cuando la justicia de Dios nos es atribuida en Cristo solo por
fe.
Apenas nos hemos mojado el pie en este río de verdad. Hay
mucho que decir sobre este hombre dividido de Romanos 7.
Pero ruego a Dios, que use lo que hemos visto aquí, para hacer
que caigan las escamas de nuestros ojos; y para que nos ayude
a encontrar su camino, entre el perfeccionismo
desesperanzado por un lado, y la derrota desesperanzada por
el otro. Lo que caracteriza a un cristiano no es la perfección,
sino la lucha por la fe, que se muestra en la manera imperfecta
en que amamos el poder del Espíritu, y en la gozosa confianza
de que Dios justifica al impío. Por tanto, acepte a Cristo como
su justicia y busque atesorarlo a él y a sus caminos por
encima de todas las cosas.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
a la esclavitud del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo;
porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco,
eso hago. 16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo
con la ley, reconociendo que es buena. 17Así que ya no soy yo el que
lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18Porque yo sé que en mí,
es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está
presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. 20Y si lo que no
quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley
de que el mal está presente en mí. 22Porque en el hombre interior me
deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en los miembros de mi
cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace
prisionero de la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo
mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el
otro, con la carne, a la ley del pecado.
19
En el último sermón (“¿Quién es este hombre dividido? 2da
Parte”), argumentaba que Romanos 7:14-25 fue escrito para
defender la Ley de las falsas especulaciones, específicamente
(entre otras), la referida a que Pablo hace que la Ley sea
culpable de que la vida del cristiano no sea todo lo que debiera
ser. En otras palabras, es como si alguien le dijera a Pablo:
«Vea, usted le dice a las personas que están “muertas a la Ley”
(Romanos 7:4), o “liberadas de la Ley” (Romanos 7:6). Pero
las consecuencias a este ataque contra la ley: la gente que hace
lo que no quieren hacer, y no hace lo que quieren hacer. Pablo,
el problema con ustedes los cristianos es que no honran a la
Ley como debieran. De hecho, usted le dice a los cristianos
que no están “bajo la Ley” (Romanos 6:14-15; Gálatas 4:21;
5:18). Y trata a la Ley como si fuera un pecado o una
enfermedad ¿Pero qué es lo que consigue?»
Entonces hallamos a Pablo argumentando a favor de tres
razones en Romanos 7: 14-25.
LOS ARGUMENTOS DE PABLO EN ROMANOS 7
Primero, argumenta a favor de la bondad y la espiritualidad
de la Ley de Dios.
Romanos 7:14a: “Porque sabemos que la ley es espiritual”.
Romanos 7:16b: “eso hago, estoy de acuerdo con la
ley, reconociendo que es buena”.
Romanos 7:22: “Porque en el hombre interior me deleito con la ley
de Dios”.
Romanos 7:25b: “Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo
a la ley de Dios”.
Así vemos a Pablo defendiendo a la Ley, contra las falsas
especulaciones derivadas de su enseñanza, que decían que
convertía a la Ley en pecado y muerte.
20
Segundo, Pablo argumenta a favor de la realidad de lo que
llama: “el pecado que habita en mí”, para explicar por qué los
cristianos no son perfectos, y no están a la altura de sus
propias normas, que son sumamente elevadas.
Romanos 7:17: “Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí”.
Romanos 7:20: “Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo
el que lo hace, sino el pecado que habita en mí”.
Así que, por un lado, Pablo argumenta que la Ley es buena, y
por otro, que el pecado que mora en nosotros es el culpable de
nuestros fracasos en la vida cristiana.
Tercero, Pablo argumenta a favor de su propio y genuino
cristianismo —él es un hombre nuevo, una nueva criatura en
Cristo, y sin embargo, aún peca.
Por ejemplo, en Romanos 7:22-23 dice: “Porque en el hombre
interior me deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en
los miembros de mi cuerpo”. He sido cambiado. Hay un nuevo
sabor espiritual para Dios y su Ley dentro de mí. Soy
cristiano.
¿QUIÉN ES ESTE HOMBRE DIVIDO?
Pero ahora nos encontramos en la parte más polémica de este
pasaje: ¿es este hombre dividido cristiano? ¿Una nueva
criatura en Cristo? ¿Una persona que cree en Cristo como su
Salvador y Señor, y por tanto, tiene al Espíritu Santo morando
en su corazón? Mi respuesta en el último mensaje fue “Sí” y
prometí que les daría las razones. Así que ese es mi objetivo
en el día de hoy ¿Por qué considero que en Romanos 7:14-25,
Pablo está describiendo parte de su propia experiencia como
cristiano, y no su experiencia antes de la conversión (o la
21
manera en que un cristiano vería su experiencia antes de su
conversión)?
IMPLICACIONES PRÁCTICAS PARA RESCATAR A LOS
HOMBRES
Esta posición es relevante por la inmensa importancia
práctica que tiene para rescatar personas de la devastadora
desesperanza del perfeccionismo. La semana pasada narré la
historia de J. I. Packer, quien, a raíz de su conversión por la
sólida enseñanza de John Owen acerca de “el pecado que
mora en nosotros”, fuera rescatado de sus pensamientos
suicidas. (El libro de Owen está fundamentado en Romanos
7:21).1 Existe una desesperanza originada al rechazar todas las
normas que Dios ha establecido para la fe y la vida. Y existe
una desesperanza originada al tener normas perfeccionistas,
que en la vida real, no dejan lugar para el pecado de los fieles
santos. La enseñanza de Pablo en este pasaje, tiene el
poderoso efecto pastoral de ayudar a las personas a navegar
en las turbulentas aguas que hay entre estas dos clases de
desesperanza. Y ahí es donde todos vivimos.
En el sermón pasado enfaticé (y ahora lo hago de nuevo,
brevemente), que este texto no enseña que debemos hacer las
paces con el pecado, sino que debemos hacer guerra contra el
pecado en nuestras propias vidas, saber cómo entendernos a
nosotros mismos, y cómo responder cuando sufrimos una
derrota táctica en la batalla. El capítulo 6 deja claro que
ganaremos la guerra contra el pecado (6:14). El capítulo 7
aclara que esta victoria no será sin derrotas tácticas, las que
nos harán amar aún más a nuestro Señor. La seriedad de la
guerra y nuestras respuestas a las derrotas son las que
muestran nuestro cristianismo y no nuestra perfección.
22
Así que lo que quiero hacer ahora, y repetir en otra ocasión, es
darles argumentos para que puedan creer que este texto
realmente habla de una experiencia cristiana, y que realmente
ofrece el tipo de orientación y estímulo, para los cristianos,
que han considerado la mayoría de los intérpretes en la
historia de la iglesia.
MIS ARGUMENTOS:
1. El Uso que Pablo hace del Primer Pronombre Personal
La forma más natural de entender el uso que Pablo hace de la
primera persona: “yo”, en el tiempo presente, es que él está
hablando de sí mismo y de una parte de su vida que está
experimentando como creyente. Pablo utiliza “yo”, “me” o
“mi”, alrededor de cuarenta veces en este texto. Y además
explica su situación en el tiempo presente durante todo el
texto: “yo soy carnal…lo que hago, no lo entiendo… lo que
aborrezco, eso hago… hallo la ley de que el mal está presente
en mí… en el hombre interior, me deleito en la ley de Dios…
con la mente sirvo a la ley de Dios…”
Se necesita un argumento muy convincente para derribar la
primera impresión que se tiene de que Pablo está hablando de
sí mismo y de una parte de su experiencia cristiana
presente.2 Pero no creo que exista tal argumento. Al menos
nunca lo he escuchado.
2. Pablo Habla de la Ley como Solo un Cristiano Podría
Hacerlo
En este pasaje, Pablo habla de la Ley de Dios, de una forma
que parecida a la manera en que lo haría un creyente
cristiano, y no un judío inconverso al cristianismo. No solo
estoy pensando en Pablo llamando a la Ley “buena” (7:16) o
incluso, “espiritual” (7:14), sino específicamente, en Romanos
23
7:22, cuando dice: “Porque en el hombre interior me deleito
con la ley de Dios”. La frase, “hombre interior” es suena muy
parecido a la forma en que Pablo habla del verdadero cristiano
interior. Y cuando se une con la frase “me deleito” (Porque en
el hombre interior me deleito con la ley de Dios), parece ser la
descripción que hace Pablo de su gozo profundo y manifiesto
en la verdad y en la Ley de Dios, y no en el gozo carnal,
superficial, e impío, producto de la experiencia de un fariseo.
Así que a mí me parece, que Pablo está tratando a la Ley como
lo haría un creyente.
3. La Descripción del Pablo Pre-Converso no Se Ajusta a
Romanos 7
¿Y qué hay de la descripción de Pablo como un hombre
dividido y en ocasiones atormentado, en relación a la Ley? ¿Se
ajusta esta descripción a la que conocemos de Pablo antes de
su conversión? No, no se ajusta. Pablo nos da una breve visión
de su vida pre- cristiana, y en ella vemos todo, excepto un
hombre atormentado por alguna falla que haya tenido
viviendo bajo la Ley de Dios.
Por ejemplo, en Gálatas 1:13-14 Pablo dice:
“Porque vosotros habéis oído acerca de mi antigua manera de
vivir en el judaísmo, de cuán desmedidamente perseguía yo a
la iglesia de Dios y trataba de destruirla, 14 y cómo yo
aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas
contemporáneos, mostrando mucho más celo por las
tradiciones de mis antepasados”.
De modo que, Pablo veía su vida antes de su conversión, como
una vida de celo inigualable por la Ley y por las tradiciones de
sus ancestros. Pablo no nos da ningún indicio de tormento, o
24
de conflicto, o de una visión interna, como vemos en Romanos
7.
De una forma similar, en Filipenses 3:4-6, Pablo habla de
cómo antes de convertirse, él podría haberse jactado de su
conocimiento sobre el judaísmo:
“Si algún otro cree tener motivo para confiar en la carne, yo
mucho más: 5 circuncidado el octavo día, del linaje de Israel,
de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley,
fariseo; 6 en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en
cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible”.
Así que en estas pocas ojeadas que Pablo nos da de su vida
pre-cristiana, no vemos el cuadro de conflicto y tormento que
apreciamos en Romanos 7.
Por tanto, a mí me parece que lo que estamos leyendo en
Romanos 7:14-25, no es la descripción de Pablo acerca de su
experiencia pre-cristiana, sino la descripción de parte de su
experiencia cristiana. La verdadera batalla entre el amor a la
Ley, y el odio hacia lo que hacemos en contra de ella,
comienza cuando Dios nos salva y nos da una probada
espiritual de su gloria, de la obediencia a la fe, y de todo a lo
que verdaderamente está destinada la Ley en una vida de
amor. Es por esto que considero que es más probable que el
conflicto sobre el cual leemos aquí, sea parte de la experiencia
cristiana de Pablo, y no de su experiencia pre-cristiana.
4. Pablo Habla de Sí Mismo como Solo Podría Hacerlo un
Cristiano.
Pablo habla de sí mismo de una manera que, creo, nunca
hubiera utilizado si no fuera una nueva criatura en Cristo —
una persona sin fe en el Espíritu Santo. El versículo principal
25
que tengo en mente, es Romanos 7:18: “Porque yo sé que en
mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno”. Hay dos
características que sobresalen en esta declaración. La primera
es la devastadora autoevaluación: “Porque yo sé que en mí…
no habita nada bueno”. Esta declaración no suena como la del
Pablo autosuficiente pre-cristiano, quien afirmaba ser
irreprensible (Filipenses 3:6). Suena como la expresión de un
humilde pecador abrumado de dolor, quien sabe que ha sido
salvado solo por gracia, que estaba muerto en sus
transgresiones y pecados (Efesios 2:5), y que “no hay justo, ni
aún uno” (Romanos 3:1).
Pero podríamos preguntar, ¿Si es cristiano, y nueva criatura
en Cristo, cómo puede decir: “porque yo sé que en mí… no
habita nada bueno”? ¿Y qué hay del Cristo, que por fe, mora
en su corazón (Efesios 3:17) y del Espíritu Santo que también
mora en su corazón (Romanos 8:11)?
Bueno, la respuesta de Pablo sería: «Es por esa razón que
hago una distinción en lo que digo. Cuando expreso: “porque
yo sé que en mí… no habita nada bueno”, agrego esta
distinción: “es decir, en mi carne”». Esta distinción es la
segunda característica que sobresale en este versículo. Si
Pablo estuviera ofreciendo una valoración de su vida pasada y
pre cristiana, no creo que hubiera podido añadir esta
distinción. Solo el cristiano es más que “carne”. Solo el que
cree en Cristo, renace y tiene una nueva naturaleza, es
habitado por el Espíritu Santo. Antes que esa conversión nos
ocurra, somos simplemente “carne” y nada más. Somos
simplemente humanos. Jesús en Juan 3:6 dijo: “Lo que es
nacido de la carne, carne es”. Solo cuando nacemos por
segunda vez podemos decir: «soy más que carne. Ahora tengo
al Espíritu Santo. Ahora tengo una nueva naturaleza».
26
Y así, cuando Pablo cualifica su propia descripción en el
versículo 18:“Porque yo sé que en mí… no habita nada bueno”,
con la frase, “es decir, en mi carne”, quiere decir: «Sin Cristo,
sin el Espíritu, sin mi nueva naturaleza en Cristo, no soy
bueno». En otros términos, esta es la descripción de un Pablo
cristiano, no pre-cristiano. Hay algo bueno en el cristianismo,
a saber: Cristo y su obra.
5. Pedro como ejemplo de hombre dividido
Existen varios argumentos más para decir que Pablo está
describiendo su experiencia como cristiano. La mayor parte
de ellos los guardaré para la próxima vez. Pero mencionaré
uno más aquí, como una manera de aplicarlo todo a nuestras
vidas diarias. Consideremos la vida de pedro y sus fallas como
cristiano, para mostrar que la descripción de Pablo aquí,
incluso, no está tan distante de describir un hombre del
calibre cristiano de Pedro.
Todos conocemos como Pedro negó a Cristo tres veces. No
tengo dudas de que después de haberse marchado y llorado
amargamente, Pedro dijera algo como: “¡Miserable de mí!
¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?”. Pero alguien
pudiera decir: «Bueno, eso fue antes de la venida del Espíritu
Santo, en Pentecostés, cuando Pedro no tenía toda la fuerza
del Espíritu, por tanto, no es un ejemplo justo».
Vayamos entonces a una ilustración de la vida de Pedro
mucho después de que estuviera lleno del Espíritu Santo. En
Gálatas 2:11ss Pablo describe una falla de Pedro, que era tan
seria, que Pablo tuvo que reprenderlo en público. Dice en el
versículo 12-13:
27
“Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía
con los gentiles, pero cuando vinieron, empezó a retraerse y
apartarse, porque temía a los de la circuncisión.13 Y el resto
de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun
Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos”.
Ahora, observe quién estaba involucrado: dos de los mejores
cristianos del primer siglo. Ambos fueron héroes en la historia
de Lucas narrada en los Hechos: Pedro y Bernabé.
Vea después las dos terribles palabras de acusación que Pablo
utiliza para describir la conducta de ellos: temor e “hipocresía”.
Al final del versículo 12: “…temía a los de la circuncisión”.Y al
final del versículo 13: “…aun Bernabé fue arrastrado por la
hipocresía de ellos”.
Pedro había estado disfrutando de su libertad en Cristo,
comiendo como judío junto a los gentiles, lo cual muchos
hubieran considerado ceremonialmente impuro. Pero él no
estaba “bajo la Ley” como hubiera dicho Pablo. Sin embargo,
cuando llegaron personas influyentes de Jerusalén, Pedro
temió que lo censurarán. Y se volvió – ¡de nuevo! Anote esto:
¡de nuevo!- un cobarde. El mismo pecado de antes. La clase de
pecado que lo hace a uno decir, “¡Miserable de mí!”. Pedro
pretendía aparentar frente a estas personas, que no hacía lo
que, de hecho, ya estaba haciendo –a saber, comer con los
gentiles. Pedro estaba codiciando la aprobación de los
hombres. Estaba temiendo a quien no debía temer. Y estaba
mintiendo y engañando con su conducta. Y esto era algo tan
serio, que Pablo pensó que el propio evangelio estaba en
juego, porque dijo en el versículo 14, “Pero cuando vi que no
andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio…” y
entonces, lo reprende frente a todos.
Bien, pudiera seguir adelante y describir esta conducta
pecadora con las mismas palabras de Romanos 7:14ss. Pero lo
dejaré para otra ocasión. Basta con decir aquí, que tanto usted
28
como yo sabemos cómo nos sentimos cuando actuamos así.
Cometer pecado nos ocurre a todos, y lo odiamos. El pecado
que mora en nosotros es para sentirnos avergonzados, para
merecer la muerte. Pero hay ocasiones en las que nos captura
de repente, y nos hace sus esclavos, antes de que logremos
tomar conciencia de lo que está sucediendo realmente. O en
ocasiones viene con arrullos tan sutiles, que sabemos
exactamente lo que está ocurriendo, y nos dejamos engañar.
Esta manera de actuar no quiere decir que no seamos
cristianos. La prueba es: ¿Amamos la Ley? ¿Aborrecemos
nuestras fallas? ¿Clamamos a Dios con consternación por
nuestra condición pecadora? ¿Buscamos a Cristo y su justicia?
¿Huimos hacia la cruz? ¿Confesamos nuestros pecados, y nos
arrepentimos, renunciamos a Satanás, y dirigimos nuestros
rostros hacia delante, con Jesús, en el camino hacia el
Calvario?
¡Hagámoslo así! Oremos los unos por los otros para que todos
nos refugiemos en la cruz de Cristo.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
a la esclavitud del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo;
porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco,
eso hago. 16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo
con la ley, reconociendo que es buena. 17Así que ya no soy yo el que
lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18Porque yo sé que en mí,
es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está
presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. 20Y si lo que no
quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley
de que el mal está presente en mí. 22Porque en el hombre interior me
deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en los miembros de mi
29
cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace
prisionero de la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo
mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el
otro, con la carne, a la ley del pecado.
LA EXPERIENCIA DE UN CRISTIANO
La última vez que nos reunimos, el 24 de Junio, enfocamos
nuestra atención, por tercera vez, en Romanos 7:14-25. En esa
ocasión expuse cinco argumentos que me convencieron de que
la experiencia de este hombre dividido, quien no hace lo que
quiere hacer (versículo 19), es de hecho la propia experiencia
de Pablo. Él se está describiendo a sí mismo, en una etapa de
su vida cristiana, y además a todos nosotros, también en una
etapa de nuestra vida cristiana.
Algunas personas podrían no estar conscientes de que aún
existe la misma disputa entre los grandes eruditos bíblicos,
respecto a si la descripción de Pablo, en este texto, se refiere a
Pablo antes de su conversión, o a Pablo después de su
conversión. O si esta experiencia es la de cualquier otro
incrédulo o pre-cristiano. El punto de vista que estoy
defendiendo es que esta experiencia, es la experiencia de
Pablo como creyente; y también la nuestra.
Simplemente para repasar, no estoy diciendo que los
cristianos vivimos solo en la derrota. Sino que ningún
cristiano vive solo en perfecta victoria sobre el pecado. Y en
esas etapas donde no triunfamos sobre el pecado, Romanos
7:14-25 nos muestra la forma normal en que un cristiano
saludable debiera responder. Debiéramos decir:
30
1. Yo amo la Ley de Dios (versículo 22).
2. Aborrezco lo que acabo de hacer (versículo 15).
3. “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?”
(versículo 24).
4. “Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (versículo 25).
En otras palabras, ningún cristiano quiere vivir así, en la
derrota. Ningún cristiano decide vivir de esta manera. Pero si
en algún momento vivimos así, no debemos mentir respecto a
nuestros fracasos. Debemos afrontarlos sin hipocresía, sin
pretensiones, sin alardes de perfeccionismo, sin sonrisas
estampadas o gozo superficial. Que Dios nos libre ser ciegos a
nuestros propios errores y de la rapidez consecuente para
juzgar a otros. Que Dios nos ayude a sentirnos peor por
nuestras propias faltas que por las de otros ¡Que Dios nos dé
la honestidad, el candor y la humildad del apóstol Pablo en
este texto!
En las vacaciones leí un libro publicado en 1797, por William
Wilberforce, miembro cristiano del Parlamento en Inglaterra,
quien pasó décadas luchando contra el comercio de esclavos.
El libro se llama A Practical View of Christianity [Una Visión
Práctica del Cristianismo]. Es un libro penetrante e intuitivo,
especialmente cuando usted se da cuenta de que el autor fue
un político, y no un teólogo profesional.
Menciono este libro, porque en él, el autor habla varias veces
de la experiencia de Romanos 7, y de la corrupción y la
depravación remanentes que hay en cada uno de nosotros.
Por ejemplo, en una parte del libro, él argumenta sobre el
sentido más profundo de nuestra depravación natural, a la
que la mayoría de las iglesias en Inglaterra eran insensibles en
la década de 1790. Como evidencia, él ofrece el testimonio de
“todo cristiano sacrificado, cuidadoso, y diligente”.
31
Este testimonio dice que esta convicción se fortalece cada día
más; sí, que él, a cada hora ve razones frescas para lamentar la
falta de sencillez en su mentalidad, la debilidad de sus
propósitos, sus bajos puntos de vista, su egoísmo, sus deseos
indignos, la lentitud a la hora de cumplir con su deber, su
languidez y frialdad al actuar. Por tanto, él constantemente se
encuentra obligado a confesar, que siente dentro de sí dos
principios opuestos, y que no puede hacer las cosas que
quisiera hacer [ver Romanos 7:19] (p. 17).
En otro fragmento argumenta, que el “principio seminal” de la
nueva vida en Cristo, debe crecer y llevar fruto en un clima
espiritual y moral, principalmente, en este mundo altamente
inhabilitado para el fruto de la santidad. Es como tratar de
hacer que crezca un melocotonero en Minnesota. Ciertamente
habrá fruto en la vida del cristiano, Dios velará por ello. “Pero
mientras los siervos de Cristo continúen en esta vida,
gloriosos, como corresponde al tema de sus labores,
obtendrán muchos recuerdos humillantes de sus
imperfecciones remanentes, y a diario encontrarán una razón
para confesar que no pueden hacer las cosas que quieren
hacer [ver Romanos 7:18-19]” (pp. 81-82).
EL BALANCE ENTRE EL ORGULLO Y LA
DESESPERANZA
La opinión que la mayoría de los cristianos ha tenido acerca
de Romanos 7:14-25, durante veinte siglos, y además, el punto
de vista que estoy defendiendo, es que este texto es la
descripción que hace Pablo de una verdadera experiencia
cristiana. En el sermón anterior expuse cinco argumentos y
hoy daré (por lo menos) cinco más. No estoy multiplicando
estos argumentos con el objetivo principal de hacer que usted
sea un mejor defensor de esta verdad. Los buenos defensores
32
a menudo tienen la cabeza dura y solo tratan de ganar los
debates por el bien de su ego. Multiplico estos argumentos,
para que usted pueda conocer cual es su verdadera condición
como cristiano, y para que pueda andar por la débil línea que
existe entre la presunción arrogante de que estamos por
encima del pecado, y la desesperanza irremediable de saber
que en esta vida nunca viviremos a la altura de la perfección
exigida. Mi meta es alejarle del orgullo y acercarle a la
humildad, traerle de la desesperación hacia la esperanza. El
realismo bíblico de Romanos 7 está destinado a salvarnos
del orgullo moral por un lado, y de la de la desesperanza por lo
inmoral por el otro lado. Romanos 7 nos sirve de gran ayuda
para equilibrarnos en esta cuerda floja.
Retomemos entonces el texto por donde nos quedamos el 24
de junio. El quinto argumento que demuestra que Pablo está
hablando de una verdadera experiencia cristiana, venía de la
vida de Pedro. Todos conocemos que Pedro falló
miserablemente al negar tres veces a Cristo. No hizo lo que
quería hacer. Y cuando lloraba amargamente, podemos
asumir con toda seguridad que decía como Pablo en Romanos
7:24: “¡Miserable de mí!”
Pero no todos nos percatamos de que Pedro falló de nuevo y
de la misma forma, años más tarde, como lo describe Pablo en
Gálatas 2. Este hecho tuvo lugar después de que Pedro viera al
Cristo resucitado y después de haber sido lleno del Espíritu
Santo en repetidas ocasiones. La falta era tan seria que Pablo
sintió que tenía que reprender a Pedro en público, y después,
dejar este hecho registrado en una carta para que todo el
mundo lo leyera.
Pedro, como judío experimentando su libertad en Cristo, se
encontraba comiendo con los gentiles en Antioquia. Pero
luego, unos judíos celosos, quienes no entendían esa libertad
33
cristiana, llegaron de Jerusalén. Sobre este hecho Pablo dice
en Gálatas 2:12: “Porque antes de venir algunos de parte de
Jacobo, [Pedro] él comía con los gentiles, pero cuando
vinieron, empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los
de la circuncisión”. Advierta aquí el pecado del temor. Fue el
mismo pecado dominante el que le derrotó durante el
enjuiciamiento de Jesús. Años más tarde, todavía Pedro
estaba luchando con el mismo pecado. Considero que es a este
tipo de experiencia cristiana a la que Romanos 7 está haciendo
referencia. Un gran santo, un apóstol, siendo derrotado
temporalmente por el pecado, a tal grado, que Pablo dice que
el efecto fue terrible y que el propio evangelio estaba
comprometido. Versículo 13: “Y el resto de los judíos se le
unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue
arrastrado por la hipocresía de ellos”.
Luego argumenté que Pablo nos daba una buena ilustración a
partir de la vida de Pedro, mostrándonos que la experiencia de
Romanos 7 no era una experiencia pre-cristiana, sino cristiana
de errores: “Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal
que no quiero, eso practico”.
Este fue el quinto argumento del sermón anterior. Ahora
quedémonos aquí en Gálatas para continuar con el argumento
Nº 6.
6. UN EGO DIVIDIDO
El argumento Nº6 plantea que en Gálatas 5:17 Pablo usa un
lenguaje muy similar al de Romanos 7. Pero todos estamos de
acuerdo de que Pablo, en Gálatas, sí describe una experiencia
cristiana. Pablo está hablando a cristianos que tienen el
Espíritu Santo y que sin embargo tienen otro poder obrando
dentro de ellos. Pablo llama a este poder, la carne. En el
versículo 17 dice: “Porque el deseo de la carne es contra el
34
Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se
oponen el uno al otro, de manera que [aquí vemos el lenguaje
de Romanos 7:] no podéis hacer lo que deseáis”.
Observe cuidadosamente que Pablo no habla simplemente del
Espíritu oponiéndose a la carne (o de la carne oponiéndose al
Espíritu), como si de algún modo fuésemos inocentes
espectadores viendo desarrollarse la batalla. No, Pablo hace lo
mismo que en Romanos 7 y habla de un ego dividido. Luego,
al final de Gálatas 5:17, dice: “de manera que no podéis hacer
lo que deseáis (i[na mh. a] eva.n qe,lhte tau/ta poih/te)”.
Usted quiere hacer algo, pero resulta que actúa diferente a
como desea. Aquí vemos una voluntad dividida. Yo pienso que
esta es la misma experiencia mencionada en Romanos 7.
Gálatas, es la experiencia de un cristiano que tiene el Espíritu
Santo. Este es el sexto argumento para apoyar que Romanos 7
es una experiencia cristiana.
7. EL PECADO COMO AMO
El séptimo argumento es un intento por dar respuesta a la
objeción más fuerte en contra del punto de vista que estoy
defendiendo. Pienso que el mayor argumento de que en
Romanos 7 Pablo no describe una experiencia cristiana,
podría ser la expresión de Romanos 7:14b, donde Pablo dice:
“pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado”
¿Realmente diría Pablo de un cristiano: “yo soy…vendido a la
esclavitud del pecado”? El hecho de ser “vendido” representa
la esclavitud. Un amo parece haberle comprado, y él ha sido
vendido. El esclavista es el pecado. ¿Puede alguna vez decir un
cristiano: « Soy vendido al pecado como amo»?
Admito que este argumento es muy bueno. Si no fuera por
todos los argumentos en su contra, hubiera sido persuadido
por este. Por ejemplo, por lo menos seis veces en Romanos 6,
35
Pablo habla de los cristianos siendo liberados del pecado
como amo (versículos 6, 17, 18, 19, 20, 22). Versículo 18: “y
habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos
de la justicia”.
Es posible que Pablo se haya referido a un cristiano como
temporalmente “vendido al pecado”. Pablo no tiene que estar
diciendo que la persona cuando peca, pasa de ser un cristiano
a un no-cristiano. Para él, solo basta con decir que en el
momento de la falla, el pecado consigue la superioridad, como
un esclavista que obtiene temporalmente el control sobre una
persona que realmente no le pertenece.
¿No es exactamente en contra de esta condición que Pablo nos
advierte en Romanos 6:12? Él dice a los cristianos: “Por tanto,
no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para
que no obedezcáis sus lujurias”. En otras palabras, ya que
usted, en realidad, no es esclavo del pecado, y el pecado no
tiene poder sobre usted, por tanto, actúe de acuerdo a esa
verdad. Siga libre. No dé ninguna victoria al pecado como a un
amo extranjero ¡No se venda usted mismo al pecado! Pero la
suposición parece ser: Podemos, por alguna razón, dejar que
“reine el pecado”, o sea, entregarnos a nuestro antiguo amo.
En Gálatas 5:1, Pablo nos da una exhortación más útil y
contundente para no dejar que reine en nosotros el pecado,
sugiriendo que los cristianos necesitamos cuidarnos para no
caer en la esclavitud. Nos dice: “Para libertad fue que Cristo
nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os
sometáis otra vez al yugo de esclavitud”. No debemos
entregarnos a nuestra antigua forma de vida justo como hizo
Pedro ¿Por qué? Pues sería como regresar a la esclavitud.
Pablo solo utiliza término de esclavitud, para describir lo que,
temporalmente, podría ocurrirle al cristiano si no está alerta:
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Podríamos, por algún tiempo, “dejar que reine el pecado”, o
“sujetarnos al yugo de la esclavitud”.
Considero que esta experiencia es la que Pablo describe en
Romanos 7:14b cuando dice, “pero yo soy carnal, vendido a la
esclavitud del pecado”. Cuando Pablo sucumbe a la tentación
y hace lo que no quiere hacer, sabe que temporalmente ha
sido dominado por el pecado y que él es como un esclavo
vendido. Así que, aunque el argumento es fuerte, no creo que
sea irrebatible.
¿CÓMO AFECTA A MI VIDA ESTA CONDICIÓN?
Guardemos los argumentos restantes para la próxima semana
y concluyamos con estas preguntas: ¿Qué, pues, debemos
hacer? ¿Cómo, pues, debemos responder ante esta condición
en la vida cristiana?
1) Recuerde la promesa de que somos justificados solo por fe,
sin las obras de la Ley (Romanos 3:28) y crea en aquel que
justifica al impío (4:5). Recuerde que Cristo es nuestra justicia
(Romanos 10:4). Recíbalo; acéptele como a su única
esperanza de vida ante un Dios Justo y Santo.
2) Recuerde la promesa de que también somos santificados
por fe, sin las obras de la Ley. Una vida de fertilidad para la
gloria de Dios no viene fundamental y decisivamente
mediante el cumplimiento de la Ley, sino por la unión
personal y la comunión con Cristo que solo se alcanza por
medio de la fe. Romanos 7:4 es uno de los versículos más
importantes, en cuanto a cómo vivir la vida cristiana, en todo
el libro de Romanos: “Por tanto, hermanos míos, también a
vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de
Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de
entre los muertos, [¿Por qué? ¿Por qué se nos hizo morir a la
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Ley? ¿Por qué somos unidos a Cristo? Respuesta:] a fin de que
llevemos fruto para Dios”. Morimos a la Ley y somos unidos al
Cristo que resucitó de los muertos, a fin de que podamos
llevar fruto para Dios.
Una vida cambiada radicalmente, que honra a Cristo, no surge
en fundamental y decisivamente mediante el cumplimiento de
la Ley. Esa clase de vida viene por medio de nuestra unión por
la fe, en una comunión completamente satisfactoria, con
Jesucristo. Por tanto, ¡procure conocer a Cristo! Esta fue la
razón que me inspiró a escribir: “Seen and Savoring Jesús
Christ” [Contemplando y Deleitándonos en Jesucristo].
Conózcale, véale, crea en él, disfrútele, camine junto a Cristo y
salga del sendero de la comodidad para andar junto a él por el
camino del amor y el sacrificio, hacia el Calvario.
3) Recuerde que hay una inmensa diferencia (una diferencia
entre el cielo y el infierno), entre un soldado que experimenta
una derrota táctica, pero que sigue luchando en su camino
hacia la victoria, y un soldado que se rinde al enemigo porque
la guerra es demasiado dolorosa y el territorio enemigo luce
muy atractivo.
Existe una diferencia entre el hombre dividido de Romanos 7
y el que se vende. Por tanto, no se venda. Crea en Cristo y
combata al pecado.
Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido
al pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que
quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16Y si lo que no quiero, esto
hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no soy yo
quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en
mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien
está en mí, pero no el hacerlo. 19Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya
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no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 21Así que, queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22Porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo
otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y
que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo
Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de
Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
¿Es la experiencia de este hombre dividido En Romanos 7:14-
25, la experiencia de Pablo, su renacimiento como cristiano—y
por tanto una ilustración de parte de nuestra propia
experiencia cristiana—o es este hombre dividido una
descripción de Pablo antes de su conversión? Hemos
respondido que: Es una experiencia cristiana. Y por lo tanto,
aquí hay mucho que aprender acerca de quienes somos como
cristianos. ¡Y Oh, cuán crucial es que nos conozcamos
verdaderamente, no sea que nos volvamos orgullosos con
la presunción de que en esta vida podemos alcanzar la
perfección, o desesperanzados con la idea de que es imposible
alcanzar la perfección en esta vida! Pastoralmente, el gran
objetivo de este mensaje de Romanos 7, es alejarle de la
presunción para acercarle a la humildad; y alejarle de la
desesperación para acercarle a la esperanza.
Les he dado siete razones, hasta aquí, para que puedan ver el
pasaje de este modo. Hoy les daré dos argumentos más, y
entonces terminaremos con Romanos 7 el domingo próximo—
al menos ese es mi plan. Y, como siempre, el objetivo no es
meramente argumentar a favor del punto de vista de que este
pasaje trata sobre una experiencia cristiana, sino explicar el
punto de vista, y mostrar su relevancia para todos nosotros.
Usualmente las razones para creer en algo explican mejor
aquello en lo que se está creyendo. Mi esperanza es que ocurra
eso en el día de hoy—con un efecto de humilde esperanza y
esperanzadora humildad en nuestras vidas.
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8. ESTE CUERPO DE MUERTE
Alguien podría preguntar, «¿Puede un verdadero cristiano
clamar a viva voz las palabras del versículo 24b?: “¿Quién me
librará de este cuerpo de muerte?”». Mi respuesta a esto es:
«¿Es posible que un verdadero cristiano NO grite, “Quién me
librará de este cuerpo de muerte”?».
Por supuesto el grito debe ir acompañado por la respuesta que
se da al mismo, en las siguientes palabras del versículo 25,
“¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!”. En otras
palabras, Dios me librará de este cuerpo de muerte. Y lo hará
por medio de Jesucristo Señor nuestro.
Pero debemos preguntarnos, ¿Qué significa el hecho de
que no seamos liberados ahora de este cuerpo de muerte? Eso
es lo que hace que algunos se detengan vacilantes a considerar
el hecho de que un creyente debe pensar de sí mismo como un
ser que no es libre, o que está cautivo en un “cuerpo de
muerte”. ¿Qué significa eso? ¿Y qué quiere decir Pablo con ser
liberado de este cuerpo de muerte?
Primero, asegurémonos de dejar claro que es lo que
Pablo no quiere decir con esto. Alguien podría escuchar a
Pablo hablar de querer ser liberado de ese cuerpo de muerte, y
pensar que Pablo considera al cuerpo como malo y al espíritu
como bueno, y que la salvación consiste en que el espíritu
salga volando libre del cadáver. Hay muchas filosofías que
piensan así acerca del cuerpo y el espíritu, el mundo material
y el mundo inmaterial. El espíritu es bueno. El Cuerpo es
malo. Lo material del universo es irreal y gravoso. Pero lo
inmaterial—el espíritu—es real y bueno. La salvación consiste
en despojarse de la materia para ser agarrado y unido al
Espíritu universal.
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Esto es precisamente lo que el cristianismo no enseña. Pablo
se enfrentó a esa clase de enseñanza acerca del mundo
material y el cuerpo. Él fue enfático al negar esta enseñanza.
Por ejemplo, cuando algunos en Corinto dijeron que ciertos
alimentos eran impuros, Pablo dijo en 1ra a los Corintios
10:25-26: “Comed de todo lo que se vende en la carnicería sin
preguntar nada por motivos de conciencia; 26 porque del
Señor es la tierra y todo lo que en ella hay”. En otras palabras,
Dios lo hizo, Dios es el dueño de ese alimento, y por ende es
bueno. Ustedes son libres de comerlo.
¿Pero qué hay del cuerpo? En 1 Corintios 6:13 Pablo dijo, “el
cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor
es para el cuerpo”. El cuerpo no es un pedazo de junco del que
nos gustaría deshacernos al morir. El cuerpo está diseñado
por Dios, y para Dios: “el cuerpo no es para la fornicación,
sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo”. En 1
Corintios 6:19b-20, Pablo dice, “y que no sois vuestros? 20
Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a
Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de
Dios”. Cristo murió para comprar nuestro cuerpo. ¿Para qué?
El cuerpo no es nuestro. Lo tenemos como una inversión para
un propósito postrero: para usarlo de modo que mostremos a
Dios como el tesoro que todo lo satisface —para glorificar a
Dios. Para eso es el cuerpo. (ver Filipenses 1:20; Romanos
6:13, 19).
RESURRECCIÓN, NO ES DESHACERSE DEL CUERPO
Es por eso que la esperanza del cristiano está en la
resurrección del cuerpo, no en deshacerse del cuerpo. Usted
tendrá un cuerpo por siempre y para siempre. Si la esperanza
del los cristianos radicara en ser liberados de la maldición del
cuerpo, entonces Pablo no nos hubiera enseñado que nuestros
41
cuerpos serán levantados de la muerte. En Filipenses 3:21
Pablo dice, “el cual [Cristo] transformará el cuerpo de nuestro
estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria”.
Usted tendrá un cuerpo en la resurrección por siempre y para
siempre—ya sea un cuerpo glorioso y satisfecho en el reino de
Dios, o un horrible cuerpo de sufrimiento en el infierno.
Así que cuando Pablo dice en Romanos 7:24b “¿Quién me
libertará de este cuerpo de muerte?” no quiere decir que el
cuerpo es malo y que la salvación está en deshacerse del
mismo, como una mariposa se despoja del capullo ¿A qué se
refiere Pablo? ¿A qué hace referencia “este cuerpo de
muerte”?
Pablo quiere decir, por lo menos, dos cosas: Primera, el
cuerpo va a morir por que todos heredamos la maldición de
Adán (Romanos 5:12); y segunda, el cuerpo une fuerzas con el
pecado y lleva fruto para muerte (Romanos 7:5). El cuerpo va
a morir porque todos somos criaturas caídas; y el cuerpo va a
morir porque es traidor. El cuerpo se asocia con el pecado
para llevarnos a la esclavitud una y otra vez (Romanos 6:13).
Así que el cuerpo es un “cuerpo de muerte” no porque
intrínsicamente sea malo, sino porque está caído y se vende al
mal.
Pablo explica este término de “cuerpo de muerte” unos
versículos después, en Romanos 8:10. Dice, “Y si Cristo está
en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado,
sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia”. Este
cuerpo es tan bueno como la muerte. El cuerpo va a morir. Ese
es el efecto de la maldición.
Entonces qué es lo que está pidiendo Pablo a gritos cuando
dice en Romanos 7:24, “¿Quién me librará de este cuerpo de
42
muerte?”. Él no está pidiendo la separación del cuerpo y el
espíritu. Eso lo podría lograr con un suicidio. Pablo está
pidiendo ser librado de las tentaciones de este cuerpo, ahora;
y finalmente, la redención de su cuerpo en la resurrección.
Romanos 8:11 continúa para decir, “Pero si el Espíritu de
aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en
vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los
muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por
medio de su Espíritu que habita en vosotros”. Nuestro cuerpo
será resucitado. Eso es lo que Pablo anhela—un cuerpo de
resurrección redimido.
En otras palabras, la redención —la liberación— que Cristo
compró en la cruz nos es aplicada por etapas, no de una sola
vez. Lo vimos en Romanos 8:10, el espíritu esta vivo y nunca
morirá, pero el cuerpo está condenado a muerte. Vea la forma
en que Romanos 8:23 lo dice: “Y no sólo ella, sino que
también nosotros mismos, que tenemos las primicias del
Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior,
aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la
redención de nuestro cuerpo”. Nuestra redención llega a
nosotros por etapas: Ahora, ya tenemos el Espíritu Santo. Y
ahora, ya tenemos nuestros espíritus vivos debido a la justicia
de Cristo. Pero aún gemimos. ¿Por qué? Porque tenemos que
esperar a que nuestros cuerpos sean redimidos. ¿Cuándo
ocurrirá? En la resurrección.
“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de
muerte?”. Ese es el verdadero clamor de un santo cristiano.
No porque no estemos redimidos, sino porque la redención
que Cristo compró para nosotros es en etapas. Primera, la vida
en el espíritu, la justificación, y la santificación
progresiva; después en la resurrección, la redención del
cuerpo. Hasta entonces, es un cuerpo de muerte, y gemimos.
Gemimos por sus enfermedades y gemimos por su traicionera
43
complicidad con el pecado. Romanos 7:24 es un clamor
cristiano.
9. LEY DEL PECADO Y DE LA MUERTE
¿Cómo debemos responder al antagonismo de que Romanos
8:1-2 parece señalar que en Cristo las fallas de Romanos 7 son
dejadas atrás? Pablo comienza Romanos 8 con estas palabras:
“Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que
están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne
sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida
en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la
muerte”. Muchos comentaristas interpretan la experiencia de
Romanos 7 como un hecho pasado y terminado.
Específicamente note el término “ley del pecado y de la
muerte” en el versículo 2 y compárelo con Romanos 7:22-23,
“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de
Dios; 23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela
contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del
pecado que está en mis miembros”. Ahí se ve el término, “Ley
del pecado”. Es una especie de principio, o poder, o dominio
del pecado obrando mediante el cuerpo (justo como ya hemos
visto—haciendo del cuerpo un “cuerpo de muerte”), y
tomando cautivo a Pablo para que haga aquello que no quiere
hacer.
Pero en Romanos 8:2 el versículo dice, “Ahora…la ley del
Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
pecado”. Entonces aquellos que están en el otro lado de este
debate dicen, “Ven, Romanos 7 está describiendo la
experiencia de una persona antes de estar en Cristo —antes de
ser una persona cristiana. Es antes de ser cristianos y tener el
Espíritu Santo, que la ‘Ley del pecado’ nos toma cautivos. Y
44
después de convertirnos en cristianos y tener el Espíritu
Santo, somos liberados de la Ley del pecado”.
¿Pero es así de sencillo? ¿Necesariamente, Romanos 8:2 tiene
que significar que después que usted se vuelve un cristiano,
este principio, o dominio, o autoridad del pecado, nunca
consigue la ventaja? Hasta ahora he tratado de mostrar,
durante varios sermones, que esto no es lo que Pablo enseña.
De hecho, enseña justo lo opuesto. El pecado amenaza
constantemente—con conseguir ventaja en la vida cristiana, y
nosotros tenemos que luchar contra ello. El versículo 13 del
capitulo 8 dice, que debemos “hacer morir las obras de la
carne”. Romanos 6:13 dice, “ni tampoco presentéis vuestros
miembros al pecado como instrumentos de iniquidad”. La
batalla es real. La derrota temporal es posible.
¿Entonces cual es el significado de la libertad de Romanos 8:2
cuando se dice, “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me
ha librado de la ley del pecado y de la muerte”? Pienso que el
significado es exactamente el mismo de Romanos 6:14 cuando
dice, “el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis
bajo la ley, sino bajo la gracia”. Realmente nadie toma eso
como que quiere decir que en el momento en que usted es
justificado, ya se convierte en un ser perfecto y libre de
pecado. La mayoría de las personas concuerdan en que esto
significa que: el poder definitivo y final del pecado, para
dominar y destruir, queda eliminado. Usted entra a una nueva
libertad. Con el poder del Espíritu usted puede derrotar al
pecado.
De modo que cuando Pablo dice en Romanos 7:23 que la “ley
del pecado” lo lleva cautivo, y después dice en Romanos 8:2
que el Espíritu de vida en Cristo Jesús lo ha liberado de la Ley
del pecado, pienso que se refiere a que la derrota y cautividad
de Romanos 7:23 no es su condición suprema o final. El
45
Espíritu lo ha liberado del poder final y decisivo que tenía la
“Ley del pecado” para derrotarle y destruirle. El espíritu a
menudo le da la victoria. Y al final le dará la victoria decisiva.
Y Pablo no puede ser destruido por la ley del “pecado” porque
la espalda del enemigo ha sido quebrantada. Su cabeza ha sido
separada de su cuerpo. Combatimos el pecado como se
combate a un enemigo derrotado. Y en Jesucristo, que ha
comprado la victoria, ganaremos. Permítanme concluir con
esta aplicación. Teniendo en cuenta la descripción bíblica de
nuestra condición humana—que existe una “Ley del pecado y
de la muerte”, que el cuerpo esta bajo maldición y que se
vuelve la base de operaciones para esta “ley del pecado”, que
por tanto es un cuerpo de muerte; y tomando en cuenta el
hecho de que nuestra redención en Cristo Jesús, de la “Ley del
pecado” y de este cuerpo de muerte, viene progresivamente y
por etapas —todo debe prepararnos para no sorprendernos o
estremecernos cuando veamos en nosotros mismos, y en
otros, deseos del cuerpo, excesivos y distorsionados, que nos
tientan a pecar.
DESEOS EXCESIVOS Y DISTORSIONADOS
Vemos un excesivo deseo por el ocio tentándonos a caer en la
holgazanería. Vemos un excesivo deseo por la comida
tentándonos a caer en la glotonería. Vemos un excesivo deseo
por la bebida tentándonos a caer en el alcoholismo. Vemos un
excesivo deseo por el sexo tentándonos a caer en la
concupiscencia. Y en cima de eso, la Ley del pecado no solo
incita a sucumbir ante el deseo excesivo, sino que produce
deseos distorsionados. Vemos deseos distorsionados por la
comida, tentando a las personas a comer barro gris de río en
algunos estados sureños; o a comprar bolsas de confituras
desenfrenadamente. Vemos deseos distorsionados por el sexo
tentando a las personas a buscar la satisfacción con personas
46
del mismo sexo. Vemos personas con deseos distorsionados
por el placer, tentando a otras personas para que usen
marihuana, speed, cocaína, o LSD.
Y lo que quiero hacer, como siempre, es mostrarle la realidad
bíblica en Cristo Jesús. Por medio de la fe en Cristo somos
unidos a él. Él se vuelve nuestro perdón y nuestra justicia. Y
su Espíritu nos es entregado. Y la cuestión no es: «si se tienen
deseos excesivos o distorsionados». La cuestión es: ¿Seguirá
usted peleando, para gritar junto con Pablo “¡Miserable de
mí!”? ¿Y dejará de mirar hacia usted para dirigirse a Cristo
como su única esperanza? ¿Y luchará con el poder del Espíritu
y hará morir las obras de la carne (Romanos 8:13)? ¿O se
rendirá y venderá definitivamente a un amo nefasto, y hará las
paces con este cuerpo de muerte y con la Ley del pecado?
Jesucristo, quien murió para comprar nuestro cuerpo para
gloria su gloria, es digno de nuestra total alianza. Solo Cristo
puede salvar. Nadie más. No lo abandonemos por los placeres
efímeros que ofrecen la Ley del pecado y este cuerpo de
muerte.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
a la esclavitud del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo;
porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco,
eso hago. 16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo
con la ley, reconociendo que es buena. 17Así que ya no soy yo el que
lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18Porque yo sé que en mí,
es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está
presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19Pues no hago el bien que
deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. 20Y si lo que no
quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado
que habita en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley
de que el mal está presente en mí. 22Porque en el hombre interior me
47
deleito con la ley de Dios, 23pero veo otra ley en los miembros de mi
cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace
prisionero de la ley del pecado que está en mis
miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo
mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el
otro, con la carne, a la ley del pecado”.
NO SE PUEDE AMAR LA BIBLIA Y DESPRECIAR LA
MENTE
Usted no puede amar la Biblia y despreciar la mente. Es cierto
que si usted ama la Biblia, no tendrá creerá en lo más mínimo
que solo con el poder de razonamiento humano se salvará a
alguien, o se resolverán los problemas más profundos de
nuestras vidas. Pero tampoco será capaz de apartarse de la
mente y decir: la emoción, el Espíritu, o las obras, son la clave
para vivir para Cristo.
Digo esto porque, a medida que me acerco al final de los siete
primeros capítulos de Romanos, vuelvo a quedar fascinado
por el asombroso nivel de razonamiento que este libro,
divinamente inspirado, demanda de las mentes de sus
lectores. Dios, quien inspiró este libro, debía tener la
intención de que su pueblo (los que son llamados a meditar en
la Palabra de Dios día y noche), empleara su mente y se
entregara a la labor mental necesaria para seguir el hilo del
pensamiento en este libro. No permita que su mente se vuelva
débil y vaga. Si lo hace, usted mismo se estará privando de
una gran bendición.
También digo que usted no puede amar la Biblia y despreciar
la mente, por la razón que Pablo expresa aquí, en Romanos
48
7:25: “yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de
Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado”. El
instrumento con el cual Pablo sirve a Dios, es su mente. “Con
la mente sirvo a la ley de Dios”. Por tanto, no desprecie la
mente. No menosprecie la mente. No descuide la mente. No
críe a sus hijos sin fuertes ejercicios y entrenamientos
mentales. Dedique su mente a Dios. Ayuden a sus hijos a usar
sus mentes para la gloria de Dios. Dios la destinó a ser un
instrumento de servicio. “Con la mente sirvo a la ley de Dios”.
Que se pueda decir esta expresión al referirse a cada uno de
nosotros.
ENTONCES, RAZONEMOS DETENIDAMENTE ACERCA
DE ESTE VERSÍCULO QUE CONCLUYE ROMANOS 7
He dado nueve razones para creer que este hombre dividido,
descrito en Romanos 7:14-25 es un cristiano, un hombre
converso, realmente salvo y justificado, que ha vuelto a nacer,
con el Espíritu Santo morando dentro de sí; pero que también
vive con un remanente de corrupción, es habitado por el
pecado, y en ocasiones es dominado por el poder de la carne.
Ahora concluyo esta exposición de Romanos 7 con un último
argumento, específicamente, del versículo 25. He aquí la
forma en que este argumento funciona.
10. EL RESUMEN SENSATO DEL VERSÍCULO 25B
Aquellas personas que creen que estos versículos describen
una experiencia pre-cristiana, generalmente ven en el
versículo 24 y en la primera parte el versículo 25, un momento
decisivo que conduce a la vida triunfal de Romanos 8.
Romanos 7:24 plantea la pregunta: “¿Quién me librará de este
cuerpo de muerte?” Y después la respuesta en el versículo 25a,
49
“Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”.
Usualmente la interpretación que se le da a este versículo es
que, después de la falla de Romanos 7:14-24, Pablo llega a un
momento de triunfo y transición. Él avanza desde la derrota
experimentada en Romanos 7, a la experiencia triunfal de
Romanos 8.
Pero para esta interpretación, Romanos 7:25b es una
vergüenza y una piedra de tropiezo. El versículo 25b no se
ajusta a esta interpretación. Justo cuando este punto de vista
espera una declaración triunfante, acerca de cómo este
hombre dividido alcanza la victoria y finalmente queda unido,
libre de conflicto, y completamente bajo la influencia del
Espíritu Santo, ¿qué se encuentra en el versículo 25b? Pues,
justo lo que se esperaría escuchar si Romanos 7 tratara
realmente acerca de la experiencia normal de conflicto y lucha
que existe en un cristiano. Usted se encuentra con una
declaración resumen de una vida de lucha dividida y. El
versículo 25b dice: “Así que yo mismo, por un lado, con la
mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la
ley del pecado”.
Este versículo es el resumen de la experiencia de
Pablo después del glorioso grito de triunfo, en el versículo 24-
25a: “¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? 25
Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Pablo pregunta
“¿Quien me libertará?”, no dice: « ¿Quién me ha liberado?»
Luego, después de la exclamación de agradecimiento porque
Cristo será quien le libertará, Pablo dice: «hasta esa liberación
final y definitiva, seré un hombre dividido y acosado».
Versículo 25b: “Así que yo mismo, por un lado, con la mente
sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del
pecado”.
50
Así que el décimo argumento es que el grito de victoria de
Pablo en el versículo 25a: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo
Señor nuestro”, no es una señal de que Pablo ha avanzado
hacia una nueva clase de vida, por encima de las batallas y
pérdidas de Romanos 7. En cambio, este grito de esperanza
está seguido por un resumen serio y realista de todo lo que
hemos visto; a saber, que Pablo, el cristiano, es tanto el
hombre nuevo, como el antiguo. Él está tan habitado por el
Espíritu, como asediado por la carne. Es liberado del dominio
del pecado, y habitado por un remanente de corrupción. Esta
condición será su destino hasta que muera, o hasta que Cristo
venga. Aquí tenemos el realismo bíblico de Romanos 7.
Pero razonemos detalladamente acerca de esta última parte
del versículo 25: “Así que yo mismo, por un lado, con la mente
sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del
pecado”. ¿Qué clase de vida está describiendo Pablo? Pablo no
está describiendo una vida solo de fracasos, o una vida solo de
éxitos. Su objetivo aquí, no es dar a conocer cuán exitoso es, o
con qué frecuencia triunfa o es derrotado. Pablo simplemente
está diciendo que estas dos realidades existen en él, y que
estas realidades explican por qué él y todos los cristianos en
general, no somos perfectos. La Ley de Dios no es la culpable.
La carne es la culpable. O lo que él llama en el versículo 17 y
20: “el pecado que habita en mí”, o llama en el versículo 21:
“el mal [que] está presente en mí”.
LA MENTE NO ES INTRÍNSICAMENTE BUENA Y EL
CUERPO NO ES INTRÍNSICAMENTE MALO
Hay otra aclaración que debemos hacer sobre este versículo.
No debemos llevarnos la impresión de que “la mente” es
intrínsicamente buena y que “el cuerpo” es intrínsicamente
malo. No, el término “carne” en este versículo, no quiere decir
51
simplemente “cuerpo”, y el término “mente” no se refiere
sencillamente al órgano natural con que razonamos. La
“mente” que sirve a la Ley de Dios es la mente renovada de
Pablo, no la “mente depravada” a la que se hace referencia en
Romanos 1:28. Recuerden que Romanos 12:2 dice: “Y no os
adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la
renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la
voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”. En
otras palabras, la mente tiene que ser “renovada” para poder
comprobar cuál es la buena voluntad de Dios. Así que, cuando
Pablo dice en Romanos 7:25 que está sirviendo a la Ley de
Dios con su mente, se refiere a que Dios está renovando su
mente y dándole una medida de victoria, por encima de la
carne, para discernir y aprobar la voluntad de Dios.
Y la “carne” no es simplemente el cuerpo. En Gálatas 5:20 las
“obras de la carne” incluyen “pleitos, celos, enojos”, no
solo inmoralidad, impureza, o sensualidad. La carne es la parte
de la naturaleza humana caída de Pablo que todavía no ha
sido transformada por el Espíritu Santo. Esta naturaleza caída
puede llegar a expresarse mediante el cuerpo, y también por
medio de la mente. Colosenses 2:18 hasta hace referencia a “la
mente carnal”. Así que, aquí debemos tener cuidado de no
elevar la mente hasta una posición de perfección mientras
bajamos al cuerpo hasta una posición de impureza. Ese no es
el objetivo del texto. La carne no es lo opuesto a la “mente”,
sino lo opuesto a una mente renovada. Y la carne puede ser
también, lo opuesto al cuerpo, cuando el cuerpo está siendo
presentado ante Dios como un instrumento de justicia.
Por tanto Pablo está diciendo en este último versículo que su
vida de obediencia viene de su mente ya renovada por el
Espíritu Santo, para poder discernir y aprobar la voluntad de
Dios, y que cuando falla en su mente, o en sus sentimientos, o
en su palabra, o en sus acciones, quien falla es la carne (la
antigua naturaleza caída) que le acosa y le toma ventaja.
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Ahora bien, volvamos atrás y preguntemos de nuevo, ¿cómo
debemos vivir ante este realismo bíblico que hemos visto en
Romanos 7? Adentrémonos en las otras verdades que Pablo
ha dicho acerca de nuestra naturaleza como cristianos.
YA SOMOS: DECISIVA E IRREVOCABLEMENTE LIBRES;
TODAVÍA NO SOMOS: DEFINITIVA Y PERFECTAMENTE
LIBRES
Dos verdades deben quedar profundamente arraigadas en
nuestras mentes como cristianos:
La primera es que cuando creímos en Cristo, fuimos unidos a
él, y experimentamos una liberación decisiva del dominio del
pecado. Pablo lo dice una y otra vez en Romanos 6:6:
“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado
con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a
fin de que ya no seamos esclavos del pecado”. Versículo 14:
“Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no
estáis bajo la ley sino bajo la gracia”. Versículos 17-18: “Pero
gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os
hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a
la que fuisteis entregados 18 y habiendo sido libertados del
pecado, os habéis hecho siervos de la justicia”. También en
Romanos 8:2: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo
Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte”.
Cuando confíanos en Jesús como nuestro Tesoro, ocurrió un
evento de liberación decisivo e irrevocable.
La segunda verdad que debe quedar profundamente arraigada
en nuestras mentes es que, aunque haya tenido lugar una
liberación decisiva del dominio del pecado, todavía no ha
ocurrido la liberación total y perfecta del pecado que habita en
nosotros. Por esa razón, hemos expuesto cinco mensajes,
exponiendo en Romanos 7:14-25: “el pecado que habita en
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nosotros”. La “carne” y el “mal”, todavía están presentes en
nosotros, y amenazan con cautivarnos en cualquier momento.
Entonces, la pregunta es: ¿cómo viviremos teniendo en cuenta
esta doble verdad acerca de nosotros? La respuesta nos llega,
al ver la asombrosa manera en que Pablo nos habla acerca de
nuestra liberación y de nuestra renovación en Cristo. Pablo
hace, una y otra vez, dice: «Usted se convierte en este nuevo
hombre una vez que está en Cristo. Este hombre libre es su
más profunda y verdadera identidad. Ahora, actúe de acuerdo
a esta nueva identidad. Busque a Cristo, confíe en su ayuda, y
por medio de su Espíritu conviértase en el hombre nuevo que
ya es».
Si su pecado dominante se altera, afirme que en Cristo usted
ha muerto a esa identidad, y que en Cristo usted tiene la
paciencia y bondad divinas. Busque a Cristo, crea en él, y
regocíjese en él. Y pelee contra la ira, como alguien que ya ha
conseguido la victoria sobre ella.
Si su pecado dominante es la lujuria heterosexual u
homosexual, afirme que la verdad es que en Cristo usted ha
muerto a esa identidad caída y distorsionada. Recuerdo
muchas conversaciones con Joe Hallett, quien salió de la vida
homosexual, vivió entre nosotros con SIDA durante 10 años, y
murió hace unos pocos años. Él nunca se cansaba de decir:
No digan: “soy homosexual”. Más bien digan: “yo lucho contra
los deseos homosexuales”. Esta expresión no era un artificio
proveniente de una mente superficial acerca del asunto. Esta
expresión era una profunda interpretación bíblica de
Romanos 6 y 7: En Cristo nuestro viejo hombre ha muerto
(cualquiera que haya sido su distorsión y corrupción) y somos
decisiva e irrevocablemente nuevos. En Cristo Jesús, el
homosexual, el fornicario, el adúltero, el codicioso, el ladrón y
54
el alcohólico, no son quienes realmente son. Afirme esta
verdad mediante la fe en Cristo. Confíe en Cristo como su
tesoro plenamente satisfactorio y búsquelo para que le ayude
a convertirse (tanto como sea posible en esta vida) en quien
usted realmente es en Cristo Jesús.
CONVIÉRTASE EN QUIEN USTED REALMENTE ES
Concluyamos examinando la forma en que Pablo expone esta
verdad acerca de nuestra renovación, para que puedan verla
en realidad, aquí en la Palabra de Dios. Pablo expone esta
verdad afirmando fuertemente que los cristianos somos hechos
nuevos; y luego, anuncia un mandamiento igualmente fuerte:
que nos volvamos nuevos. Aquí están algunos de los ejemplos
del Nuevo Testamento:
1. Afirmación de renovación: Romanos 6:14: “Porque el pecado
no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley
sino bajo la gracia”. Romanos 6:12: “Por tanto, no reine el
pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus
lujurias”.
2. Afirmación de renovación: Romanos 6:18: “y habiendo sido
libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la
justicia”. Mandato a volvernos nuevos: Romanos 6:19: “así
ahora presentad vuestros miembros como esclavos a la
justicia”.
3. Afirmación de renovación: Romanos 6:6: “nuestro viejo
hombre fue crucificado con Él”. Mandato a volvernos nuevos:
Romanos 6:11: “consideraos muertos para el pecado”.
4. Afirmación de renovación: Colosenses 3:9: “habéis desechado
al viejo hombre con sus malos hábitos”. Mandato a volvernos
nuevos: Efesios 4:22: “que… os despojéis del viejo hombre, que
se corrompe según los deseos engañosos”.
5. Afirmación de renovación: Colosenses 3:10: “y os habéis
vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un
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verdadero conocimiento”. Mandato a volvernos nuevos: Efesios
4:24: “y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza
de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad”.
6. Afirmación de renovación: Gálatas 3:27: “Porque todos los
que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis
revestido”. Mandato a volvernos nuevos: Romanos 13:14,
“vestíos del Señor Jesucristo”.
7. Afirmación de renovación: Gálatas 5:24: “Pues los que son de
Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y
deseos”. Mandato a volvernos nuevos: Romanos 13:14b: “y no
penséis en proveer para las lujurias de la carne”.
8. Mandato a volvernos nuevos: 1ra a los Corintios 5:7a:
“Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así
como lo sois, sin levadura”. Afirmación de renovación: 1ra a los
Corintios 5:7b: “…sin levadura como sois”.
Cuando Pablo dice en Romanos 7:25b: “yo mismo, por un
lado, con la mente sirvo a la ley de Dios”, quiere decir:
«Mediante el poder transformador del Espíritu, pongo mi
mente en el tesoro que es Jesucristo, y en todo lo que Dios es
para mí en Cristo (2da a los Corintios 5:19; 1ra a los Corintios
1:30; Colosenses 2:3, 9); en todo lo que yo soy en él (2da a los
Corintios 5:17), y en todo lo que me convertiré a través de él
(Filipenses 1:11). Creo en Cristo y confío en su ayuda y en su
poder. Actúo en esa fe. Y si tropiezo, no sucumbiré a la
tentación de negar a Cristo o a mi verdadera identidad en él.
Me arrepiento y me deleito en su perdón, y sigo luchando.
Unámonos a él ¡No andemos conforme a este mundo, más
bien, mediante la renovación de nuestras mentes, sirvamos a
la Ley de Dios!
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1 Este trabajo de 150 páginas, del siglo 17, aún está disponible
en soporte de impresión, en The Works of John Owen, vol. 6
(Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1967), pp. 153-322. Su título
completo es “The Nature, Power, Deceit, and Prevalency of the
Remainders of Indwelling Sin in Believers; Together with the Ways
of Its Working and Means of Prevention, Opened, Evinced, and
Applied: with A Resolution of Sundry Cases of Conscience
Thereunto Appertaining."
2 Estoy consciente de que uno de los argumentos principales
para una interpretación pre-cristiana, es que un cristiano de la
clase de Romanos 6 no puede ser “vendido a la esclavitud del
pecado” (7:14: “Pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del
pecado”). Entiendo que la palabra “vendido”, es una
ilustración de “vendido a la esclavitud del pecado”. Pero
interpreto como una expresión temporal de lo que Pablo nos
dice, en Gálatas 5:1, que no debemos dejar que ocurra: “Para
libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced
firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud”. Pienso
que Pablo hubiera dicho que esa acción, fue justo la que Pedro
dejó que ocurriera en Gálatas 2:12ss. Así que, mi
interpretación es que no estamos en constante esclavitud al
pecado, sino que hemos sido definitivamente liberados de esa
condición de esclavitud; sin embargo, de vez en cuando
volvemos a resbalar en esa condición, y es entonces cuando se
dice que, en ese sentido, el pecado nos esclaviza.