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La Muerte de Gustavo Polidor

Gustavo Polidor, un famoso beisbolista venezolano, fue asesinado a tiros frente a su esposa e hijo en su casa. La policía inició una investigación sobre el crimen, considerando la posibilidad de un robo fallido o una venganza personal. El documento proporciona antecedentes sobre la carrera de Polidor en el béisbol y los detalles iniciales de la investigación policial.

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La Muerte de Gustavo Polidor

Gustavo Polidor, un famoso beisbolista venezolano, fue asesinado a tiros frente a su esposa e hijo en su casa. La policía inició una investigación sobre el crimen, considerando la posibilidad de un robo fallido o una venganza personal. El documento proporciona antecedentes sobre la carrera de Polidor en el béisbol y los detalles iniciales de la investigación policial.

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LA MUERTE DE GUSTAVO 

POLIDOR
Retén de Catia
Lunes 3 de octubre de 1994.

Marcos Tulio Quintero llegó al último control de salida y se plantó frente al guardia. Con mano ansiosa entregó
la boleta de excarcelación y miró la calle que estaba cerca. El funcionario examinó el papel con gesto de
rutina dedicando al que salía una mirada despectiva y ordenó que le abrieran el portón.
Una vez afuera, inhaló una larga bocanada para llenar sus pulmones de aquel aire dulzón, tan diferente a la
mezcla de gases pútridos que tuvo que respirar en los once años de su condena por robo a mano armada,
sacó un cigarrillo, vio a su alrededor y empezó a caminar hacia la avenida. Esperó una buseta que lo llevase
al centro para de allí subir hasta el bar Dallas en Cotiza, donde podría darse un baño que le quitara aquel olor
a presidio. Esa noche cogería una borrachera; luego vería que “negocios” buenos había por allí y cuales de
sus socios estaban disponibles.
“Marquitos” como era conocido en el mundo hamponil, pidió la parada al llegar al centro, decidió caminar
hasta su destino, tenía mucho tiempo sin ver calle.
Calle Simón Planas, Urb. Santa Mónica
Viernes 28 de abril de 1995
Pasadas las nueve de la mañana se abrió el portón que daba acceso al estacionamiento de la quinta Mari
Michelle. Gustavo Polidor calentaba el motor del auto, mientras su esposa Eduvigis cruzaba la calle para dejar
la basura. Con el famoso pelotero estaba su pequeño hijo Gustavito, de dos años. Polidor tenía por costumbre
acompañar a Eduvigis a todas partes desde que en noviembre del 94 fue secuestrada cuando se dirigía a
buscar a las niñas al colegio. Santa Mónica se había convertido en un lugar muy peligroso, objetivo de bandas
que se dedicaban al robo de vehículos y al asalto de viviendas. Desde hacía algunos meses, esta
urbanización era una de las aristas del llamado Triángulo de la Muerte, conformado además por Bello Monte y
Los Chaguaramos.
Cuando Eduvigis subió al automóvil, su esposo alarmado le gritó:
– ¡Verga! Mira para atrás.
Dos tipos armados surgieron de la nada, uno se acercó a Polidor y el otro redujo a Eduvigis; el que tenía a la
mujer la llevó con el niño en brazos hacia el interior de la casa mientras el otro conversaba con el beisbolista;
por la distancia y los nervios Eduvigis no lograba oír lo qué hablaban; junto al Toyota estacionaba una
camioneta Grand Blazer que también era propiedad de la familia. La mujer sentía la presión de las manos del
tipo en su brazo y solo deseaba que se fueran de allí lo más rápido posible. De pronto oyó una detonación; al
voltear vio que Gustavo estaba de rodillas; de su cabeza manaba un hilillo de sangre; para su horror, el
hombre que la tenía sometida efectuó otro disparo que impactó a su esposo en el abdomen.
Cuando los tipos salieron a la calle llegó una camioneta Wagoneer; al verla la mujer pidió ayuda al conductor
para trasladar a su esposo herido pero resultó que el hombre formaba parte de la banda y venía a recoger a
sus cómplices.
Angustiada, Eduvigis comenzó a pedir a gritos que la socorrieran. Su vecino, el abogado Ernesto García
ocurrió a su auxilio, ambos llevaron al malherido pelotero hasta la clínica Jaime Córdova, desde donde fue
remitido a la clínica Atías, lamentablemente Gustavo Polidor murió en el trayecto. A partir de ese momento
comenzó el vía crucis para Eduvigis y una sorda pelea entre los distintos cuerpos policiales por resolver el
crimen.

El 14 de La Guerrilla
El día que murió, Gustavo Polidor tenía una cita con la directiva de Los Lanceros de Guarico, equipo con el
que se disponía a jugar en la Liga de Verano. A los 35 años, el celebre beisbolista había dejado un sello
personal en la disciplina deportiva más popular de Venezuela. A pesar de una recurrente lesión en el brazo, el
número 14 de Los Tiburones de La Guaira sentía que todavía tenía mucho talento para dar. El béisbol era su
pasión y lo disfrutaba tanto en el campo de juego como en las clínicas que de manera gratuita impartía a niños
de los sectores populares.
Una anécdota familiar cuenta que el día de su nacimiento, un amigo de su papá le regaló un guante y un bate
como para un niño de 4 años. Ambos implementos fueron guardados por sus padres hasta que cumplió esa
edad; su papá decía siempre que aquel regalo había sido un anticipo del oficio que más tarde escogería su
hijo y en el que tendría tantas satisfacciones. Polidor comenzó a jugar en Casalta con “Los Choques” de los
Criollitos, luego ingresó en la categoría prejunior con el equipo Farmacia La Cañada. En junior y juvenil formó
parte de las novenas del Ministerio de Fomento desde donde saltó a la AA en la que tuvo un excelente
desempeño que lo llevó a integrar la selección nacional en competencias foráneas. Por aquella época los
cazadores de talentos que frecuentaban los estadios le auguraron que tarde o temprano estaría en la pelota
profesional.
Y así fue, en 1980 con 19 años Gustavo Polidor ingresaba a las filas de un equipo que estaba a punto de
saborear con creces las mieles de la victoria: los Tiburones de La Guaira; al mismo tiempo firmaba para el
béisbol del norte en el que formaría parte de la plantilla de los Angelinos de California en su sucursal AA. En
su primera temporada con los Tiburones quedó como Novato del Año y en EEUU su desempeño no fue
menor. En 1985 fue ascendido a la AAA en la que su meritoria actuación como campo corto le hizo ganar el
pase a las Grandes Ligas. Allí además de jugar para los Angelinos lo haría con los Cerveceros de Milwaukee
y los Marlins de Florida.
En Venezuela completó 14 temporadas con los Tiburones de La Guaira, equipo del que se despidió con un
promedio de 260 puntos. En esa casa formó parte de la famosa Guerrilla de Padrón Panza, conformada por
Oswaldo Guillén, Argenis Salazar, Juan Francisco Monasterios, Luis Salazar, Gustavo Pedrique, Raúl Pérez
Tovar y Norman Carrasco. Su camiseta escuala ostentó siempre el número 14.
Las primeras investigaciones
En una de las habitaciones de la clínica Atías reposaba el cuerpo sin vida de un hombre que había dado
mucho a su país. En su frente asomaba el agujero de una bala calibre 7.65 y en su estomago una de .38; para
la época la Policía Técnica Judicial era dirigida por el comisario José Ramón Lazo Ricardi, Leonardo Díaz
Paruta era el Jefe de Homicidios y Vladilo Polaskaya fungía como Jefe de Investigaciones de esa división;
estos tres hombres serían los encargados de llevar adelante las pesquisas oficiales. Sin embargo, tanto la
Policía Metropolitana como la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) investigaban de
manera paralela.
Algo que llamó la atención desde el primer momento fue el hecho de que los hampones no se llevaran nada
con ellos, ni los vehículos ni las valiosas prendas que ese día ostentaba el jugador: una lujosa cadena
valorada en medio millón de bolívares y un reloj cuyo costo superaba los 30 mil dólares, este último
obsequiado a Polidor por los Angelinos de California. Una curiosa incidencia que daría lugar más tarde a
conjeturas sobre el verdadero móvil del asesinato y que apuntaría a la viuda como posible coautora del
mismo. Esas sospechas la separarían de por vida de sus suegros y demás familiares de Gustavo.
Para el sábado 29 de abril los detectives de la PTJ manejaban dos hipótesis en torno al suceso: el primero
apuntaba a intento de robo y el segundo a una presunta venganza personal; según esta versión, los
malhechores esperaron a que Polidor abriera la puerta del estacionamiento y una vez adentro lo llamaron por
su nombre y lo sacaron a golpes de la camioneta para seguidamente dispararle dos veces. Como
aparentemente nadie vio ni escuchó nada, Eduvigis de Polidor pasaba a ser la testigo clave; sin embargo
tendrían que esperar hasta el día lunes para conversar con ella. En la hipótesis del intento de robo se
conjeturaba que los delincuentes trataron de llevarse con ellos a la esposa de Gustavo para que los ayudara
en caso de que más adelante en el trayecto se activara algún mecanismo contra robo que hiciera detener al
vehículo; ante esta posibilidad el pelotero se negó e intentó desarmar al sujeto que lo tenía dominado lo que
desencadenó la reacción homicida.
Aquel fin de semana se realizaron numerosas detenciones en el perímetro cercano a Santa Mónica y muchos
ladrones de poca y alta monta fueron “invitados” a conversar con los detectives de la brigada de homicidios.
El sepelio
El féretro con los restos de Gustavo Polidor partió de la funeraria hasta el que sería su destino final, la parcela
4 del Cementerio del Este. El nutrido cortejo haría una parada en el estadio de la Universidad Central de
Venezuela para rendir un emotivo tributo. Con silencioso respeto la fanaticada ingresó al campo y subió a
ocupar su lugar en las gradas, abajo toda la gente ligada al ámbito deportivo acompañaba a su compañero en
el último paseo por el diamante. A medida que el ataúd avanzaba, una cálida lluvia de aplausos despedía al
ídolo. Con rostro grave y lágrimas en el rostro se veía a su compadre y amigo de siempre Oswaldo Guillén.
Luis Salazar comentaba con el narrador deportivo Delio Amado León la tristeza que lo embargaba y David
Concepción lo reconoció como un gran amigo y excelente ciudadano. Otros rostros conocidos eran los de
Graciano Ravelo quien por muchos años fue entrenador de Los Tiburones, el de su colega de los Leones del
Caracas Manuel González y Alvis Cedeño quien para la época se iniciaba como narrador y comentarista.
Una vez cumplido el triste interludio, la multitud enfiló al camposanto donde con dolor depositaron el féretro en
la húmeda tierra.
La duda
El 11 de mayo los padres y dos tíos del beisbolista acudieron a la División contra Homicidios para solicitar
información sobre el estado de las pesquisas y aportar además algunos datos que según su parecer pudieran
ayudar. Marcel Polidor, tío de Gustavo reveló a los policías que entre su sobrino y un hombre llamado
Fernando que había sido chofer de la familia había ocurrido en fecha reciente un fuerte altercado porque al
regreso de uno de sus viajes al Canadá, Polidor se enteró de que este hombre había chocado sus dos carros
y le hizo un fuerte reclamo que terminó en agria discusión. Los familiares del pelotero aclararon que no
acusaban al chofer pero que era un dato que a su parecer debía investigarse, manifestaron extrañeza ante el
hecho de que Eduvigis no hubiese hablado de ello a la policía.
A la salida de la sede policial conversaron con la prensa y aprovecharon para manifestar su posición: Para
ellos el móvil del crimen no estaba en el robo sino en el atentado personal. Si de verdad esos hombres
entraron a robar ¿Por qué razón entonces no se llevaron nada? – se preguntaron –. Recordaron que ese día
su sobrino portaba prendas valiosas y les pareció raro que los sujetos tampoco intentaran llevarse nada de la
casa.
– “Gustavo Polidor era multimillonario, durante sus campañas en las grandes ligas logró amasar una gran
fortuna y poseía muchas propiedades, entre las cuales figuraba una quinta comprada recientemente en Alto
Prado”.
Sin precisar un monto exacto, los padres y tíos del fallecido hablaron de una fabulosa herencia de miles de
millones de bolívares y se preguntaron en voz alta ¿A quién convenía la muerte de Polidor? No sin antes
señalar que la viuda había caído en varias contradicciones y que la información dada por ella para la
elaboración de los retratos hablados no aportó nada para la buena marcha de la investigación.
A la disconformidad expresada por la familia Polidor se unieron algunos medios que por la lentitud de las
investigaciones comenzaron a ventilar las más disímiles hipótesis; algunos hablaban de un lío de faldas, otros
de una presunta deuda de la viuda con el Cártel de Cali, otros hablaban de problemas económicos. Así
mientras los detectives se afanaban en la investigación, la duda se posesionaba del caso.
Un ruin incidente
Mientras todo esto ocurría, cuatro sujetos dos de ellos abogados y dos investigadores privados quisieron
sacar provecho del dolor. Llamaron al doctor Carlos Mouriño, quien asistía legalmente a la viuda,
manifestando tener datos firmes que conducirían a la segura captura de los implicados en el homicidio; a
cambio de la información pidieron 300 mil bolívares. Tanto el abogado como Eduvigis acudieron a denunciar
esto ante el jefe de homicidios Leonardo Díaz Paruta quien de inmediato montó un operativo de captura.
Paruta pidió a la viuda y a su abogado que simularan aceptar el trato; se les dotó de micrófonos ocultos y
dinero marcado y siguiendo instrucciones de los canallas llegaron hasta un bufete ubicado en la avenida
Universidad, allí al momento de efectuar la entrega del dinero, una comisión de la PTJ entró de improviso a la
oficina para detener a los cuatro granujas. Esa noche la pasarían en la sala de interrogatorios para aclarar si
tenían datos reales sobre los homicidas.

Al mes de la muerte mil especulaciones y un camino


El 28 de mayo día en que se cumplía un mes de la muerte de Polidor, reinaba la confusión. Cientos de pistas
y personas habían sido descartadas, Una pareja de nacionalidad colombiana fue detenida en Curazao porque
a su llegada al aeropuerto localizaron en su maleta un recorte de los retratos hablados suministrados a la
prensa, luego se demostró que aquello no había sido más que una casualidad, el recorte del periódico se hizo
para tomar una medida para un vidrio. A la par se ventiló que las pesquisas se extendieron a Puerto Rico y
Nueva York lo que aumentó las especulaciones en torno al móvil. Leonardo Díaz Paruta se mostraba
hermético y solo asomó que la hipótesis del robo había sido descartada y que las investigaciones se llevaban
ahora por otros derroteros. La PTJ empezó a examinar los bienes dejados por el pelotero y a establecer a que
negocios se dedicaba.
La señora Eduvigis Fuenmayor viuda de Polidor acusó a la prensa de quererla incriminar en el asesinato de
su esposo y apoyada por los compañeros de Gustavo cambió de residencia; pero en medio de todo este
embrollo comenzó a surgir la solución.
Las detenciones
Luego de dos o tres detenciones más que resultaron igualmente infructuosas, la PTJ se anotó el primer tanto
con la aprehensión de Carlos Rubén Villanueva, un hombre que según informaciones llegadas a la División de
Operaciones se aprestaba a vender la camioneta Wagoneer en la que huyeron los asesinos de Polidor. Al ser
interrogado, Villanueva dio la dirección de un lugar en la ciudad de Guarenas en el que estaba oculto el
vehículo, la información resultó cierta. En paralelo la División de Inteligencia de la Policía Metropolitana logró
capturar en el bar Dallas a Marcos Tulio Quintero (a) Marquitos y la DISIP a un sujeto llamado Antonio José
Dávila quien hizo las primeras delaciones.
El miércoles 31 de mayo de 1995 Marcos Tulio Quintero fue entregado por el Gobernador de Caracas,
Asdrúbal Aguiar a la División contra Homicidios de la PTJ, al ser interrogado, Marquitos confesó haber
participado pero trató de echar la culpa del homicidio sobre sus compañeros. La declaración de Tulio Quintero
llevó a la identificación de otro de los implicados: Hernán Gregorio López Ortuño, alias “Hernancito”. Una foto
de archivo de este sujeto fue mostrada a la viuda de Polidor quien lo reconoció de inmediato como uno de los
hombres que disparó contra su esposo.
El sábado 3 de junio a las cuatro de la tarde se efectuó el reconocimiento de Marcos Tulio Quintero. En el
salón de los espejos estaban además de la señora Eduvigis, el juez 25 en lo penal Cristóbal Ramírez
Colmenares y la Fiscal 73 del Ministerio Público, doctora Yadira de Rángel. Ante la viuda se colocaron seis
personas, cada una con un número, tres de ellos eran delincuentes y los otros tres funcionarios policiales. Sin
dudarlo, la viuda señaló al que estaba marcado con el número 3, quien no era otros que Marquitos, terminado
el reconocimiento la pobre mujer se desmayó. Ahora las piezas cuadraban, todos los que participaron en el
crimen, con excepción de Hernancito, estaban detenidos, sin embargo con su retrato publicado en prensa y
televisión no pasaría mucho tiempo en libertad.
El 13 de junio de 1995 el Juez Décimo Quinto provisorio Roberto Porro Alety dictó auto de detención a los
cinco sujetos implicados, incluyendo a Hernancito que seguía en fuga y estableció que el móvil había sido el
robo.
Cuando fue apresado, Hernancito portaba una cédula falsa a nombre de Nelson Porras Castillo y lucía otro
aspecto pero su verdadera identidad no tardó en establecerse. Con toda la banda entre rejas el país se dedicó
a otros temas; para la época un crimen sucedía a otro y la atención estaba puesta ya hacia quien sería el
sucesor del presidente Caldera, entre los precandidatos se barajaban los nombres de Irene Sáez, Eduardo
Fernández, Henrique Salas, Antonio Ledezma y Hugo Chávez.
Marcos Tulio Quintero saldría en libertad nuevamente el martes 26 de octubre de 1999, cuando la Sala
Primera de la Corte de Apelaciones declaró con lugar el recurso de habeas corpus formalizado a su favor.
Para aquella fecha «Marquitos» llevaba 5 años y tres meses detenido sin que se le hubiera dictado sentencia
de primera instancia, situación que violaba el artículo 253 del Código Orgánico Procesal Penal; dicho articulo
establecía que ninguna medida de coerción personal podía extenderse por más de dos años. La ponencia de
la Sala consideraba que se estaban violentado normas constitucionales y pactos internacionales que
consagran el debido proceso y el derecho a ser juzgado en tiempo breve. Es importante acotar que, por estar
imputado Quintero del delito de homicidio calificado se le decretó prohibición de salida del país y se le sometio
a caución personal.
El caso Polidor volvería a la palestra la madrugada del 18 de diciembre de 1995 cuando el otro protagonista
de esta historia, Hernán Gregorio López Ortuño (a) Hernancito se fugó del Retén de Catia en compañía de  5
peligrosos delincuentes.
MAGISTRADO PONENTE Dr. HÉCTOR CORONADO FLORES: CASO GUSTAVO POLIDOR
La Sala N° 6 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas,
integrada por los Jueces Gloria Pinho, María Inmaculada Pérez Dupuy (ponente) y Sonia Roye Soto de
Hussein, en fecha 16 de diciembre de 2004, declaró sin lugar el recurso de apelación propuesto por la
defensa de los  acusados MARCO TULIO QUINTERO FLORES Y HERNÁN GREGORIO LÓPEZ
ORTUÑO, venezolanos y con cédulas de identidad números 6.250.522 y 6.176.650, contra el fallo dictado por
el Juzgado Undécimo de  Juicio del mismo Circuito Judicial, que en fecha 15 de octubre de 2004, los condenó
a la pena de veinticinco (25) años de presidio y a las accesorias legales correspondientes por la comisión
del delito de HOMICIDIO CALIFICADO DURANTE LA EJECUCIÓN DE UN ROBO AGRAVADO, en perjuicio
del ciudadano Gustavo Polidor,  modificando el fallo apelado solamente en cuanto a las penas accesorias,
exonerando de las mismas a los mencionados acusados.    

Contra la decisión de la Corte de Apelaciones propusieron recurso de casación las abogadas Gladymar
Praderes y María Elena Arenas, Defensoras Públicas Cuadragésima Octava y Septuagésima Cuarta,
adscritas a la Defensoría Pública Penal del referido Circuito Judicial, en su carácter de defensoras de los
acusados Hernán Gregorio López Ortuño y Marco Tulio Quintero Flores. 
 
Al dar contestación al recurso, las abogadas Esther Bigott de Loaiza y Carmen Isabel Vargas Pérez,
apoderadas judiciales de la parte acusadora, ciudadana Eduviges Fuenmayor de Polidor, y los Fiscales
Décimo Octavo y Vigésimo Segundo del Ministerio Público  del citado Circuito Judicial Penal, solicitaron la
desestimación del mismo, agregando que el fallo dictado por la Corte de Apelaciones está ajustado a derecho.
 
En fecha 1° de marzo de 2005, se recibieron las actuaciones en este Tribunal Supremo de Justicia, se dio
cuenta en Sala de Casación Penal y se designó ponente al Magistrado Doctor Héctor Manuel Coronado
Flores y con tal carácter la suscribe.
 
Cumplidos los trámites procedimentales del caso, la Sala pasa a pronunciarse acerca de la admisibilidad o
desestimación del recurso, lo cual hace en los términos siguientes:
 
DE LOS HECHOS
 
Los hechos por los cuales se sigue el presente juicio son los siguientes: El día 28 de abril de 1995, en horas
de la mañana, en la Quinta Mary Michelle, ubicada en la Calle Simón Planas, Urbanización Santa Mónica de
Caracas, el CIUDADANO GUSTAVO POLIDOR, acompañado de su señora Eduviges Fuenmayor de Polidor
y de su menor hijo, al abrir el garaje de la casa e intentar salir en su  vehículo, marca Toyota, modelo
Cressida, color gris, año 1993, fue  interceptado y sometido, bajo amenaza de muerte, por dos sujetos que
portaban armas de fuego. Cuando el ciudadano Gustavo Polidor trató de mediar con ellos para que no
lesionaran a su esposa e hijo, entregándoles las llaves de su otro vehiculo, una camioneta Blazer, uno de los
sujetos disparó contra él, causándole la muerte. Al momento, otro sujeto que andaba con ellos y se
desplazaba en una camioneta Wagoneer, se detuvo frente a la casa de la familia Polidor y los otros sujetos se
subieron a la camioneta, huyendo del lugar.

DEL RECURSO 
Las impugnantes plantean el recurso de casación de la forma siguiente:
Primera denuncia
 
“VIOLACIÓN DE ARTÍCULO 460 DEL CÓDIGO ORGÁNICO PROCESAL PENAL  REFERENTE A LA
VIOLACIÓN DE LA LEY POR FALTA DE MOTIVACIÓN DEL FALLO RECURRIDO, VIOLENTANDO EL
ARTÍCULO 26 Y 49 ORDINAL 1° DE LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE
VENEZUELA Y 364 NUMERALES 3° Y 4° DEL CÓDIGO ORGÁNICO PROCESAL PENAL (...) la Sala hace
mención que la recurrida estableció con base a ciertos medios de prueba la participación de mi representado
en los hechos de marras; sin embargo llama poderosamente la atención que, entre esos medios de pruebas
refiera la declaración del funcionario Jorge Elías Escalante Roa, quien según la Sala manifestó que Marco
Tulio le había dicho que las armas se las habían dado a Tony, aduciendo igualmente la Sala que una de esas
armas fueron (sic) incautadas en el vehículo Wagoneer en el que se encontraba Marcos Tulio Quintero y que
de una de ellas salió el disparo que le causó la muerte a Gustavo Polidor (...)que efectivamente el juzgador no
efectuó el examen minucioso de la declaración de la única  testigo a pesar de las aseveraciones de la defensa
de las evidencias de la contradicción de la misma en sus dichos (...)     
 
Segunda denuncia
 
“VIOLACIÓN DE ARTÍCULO 460 DEL CÓDIGO ORGÁNICO PROCESAL PENAL,  REFERENTE A LA
VIOLACIÓN DE LA LEY POR FUNDARSE LA SENTENCIA EN PRUEBAS OBTENIDAS MEDIANTE LA
INFRACCIÓN DE PRECEPTOS CONSTITUCIONALES, VIOLENTANDO EL ARTÍCULO 49 ORDINAL 1° DE
LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, Y EL ARTÍCULO 197 DEL
CÓDIGO ORGÁNICO PROCESAL PENAL”...       
 
Las impugnantes alegan que la recurrida condenó a los acusados apreciando las declaraciones de los
funcionarios policiales Julio Eduardo Rangel, Raúl Leonardo Linares y Jorge Elías Escalante Roa, pruebas
que, según dicen, son ilegales e ilícitas, porque las mismas fueron rendidas por testigos referenciales.  
 
La Sala, para decidir, observa:
 
De lo expuesto por las recurrentes, se evidencia que las  mismas incurren en error al fundamentar sus
denuncias, dado que alegan la violación del artículo 460 del Código Orgánico Procesal Penal, el cual es una
norma que describe los motivos que hacen procedente el recurso de casación contra las decisiones de las
Cortes de Apelaciones, por lo que no puede denunciarse como infringida.
 
Las recurrentes transcriben párrafos de la sentencia que resultó adversa a sus defendidos y con la cual
no están conformes, referidos a que la recurrida incurrió en violación de la ley, al apreciar las declaraciones de
la testigo presencial Eduviges Fuenmayor de Polidor y las testimoniales de los funcionarios policiales Julio
Eduardo Rangel, Raúl Leonardo Linares y Jorge Elías Escalante Roa. Al respecto, se observa que la recurrida
refutó cada argumento de las impugnantes respecto a dichas pruebas recibidas en el juicio oral y público. En
tal sentido ratifica la Sala, los Juzgadores no estaban obligados a establecer hechos ni apreciar pruebas, lo
cual corresponde al juez de Juicio en virtud del principio de inmediación.
 
         Las razones expuestas son suficientes para desestimar, por manifiestamente infundado, el recurso
de casación propuesto, de conformidad con lo previsto en el artículo 465 del Código Orgánico Procesal
Penal.  Así se declara.
 
En atención a lo dispuesto en los artículos 257 de la Constitución y 18 del Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia y, no obstante la indebida fundamentación del recurso, la Sala ha revisado el fallo
impugnado y considera que el mismo se encuentra ajustado a derecho y así lo hace constar.
 
DECISIÓN
 
Por las razones antes expuestas, este Tribunal Supremo de Justicia, en Sala de Casación Penal,
administrando Justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, desestima, por manifiestamente
infundado, el recurso de casación propuesto por la defensa de los acusados Marco Tulio Quintero Flores y
Hernán Gregorio López Ortuño.
 
Publíquese, regístrese y bájese el expediente
 
Dada, firmada y sellada en el Salón de Audiencias del Tribunal Supremo de Justicia, en Sala de
Casación Penal, en Caracas a los  diecisiete  (17 ) días del mes de mayo de  2005. 195° de la Independencia
y 146° de la Federación.
 
 
 
HMCF/ lh
Exp. Nº 2005-0106
 

exp. nº 2005-0106 juzgado undécimo de juicio del circuito judicial de fecha 15 de octubre de 2004

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