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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO

ALEJANDRO HERRERO
(Coordinadores)

RECORDANDO AL GENERAL
DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Buenos Aires
Ediciones F.E.P.A.I.
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO
ALEJANDRO HERRERO
(Coordinadores)

RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES


EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE
Recordando al General don Martín Miguel de Güemes en el Bicentenario de su muerte /
Celia Beatriz Codeseira del Castillo ... [et al.]. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos
Aires : FEPAI, 2021.
Libro digital, PDF

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-987-4483-29-4

1. Historia Argentina. I. Codeseira del Castillo, Celia Beatriz


CDD 982

Imagen de tapa: Eduardo Schiffino - Güemes – 1902 - Carbonilla - 95 x 40 cm.

© Queda hecho el depósito que marca la ley


11.923 F.E.P.A.I.
Fundación para el Estudio del Pensamiento Argentino e Iberoamericano
Marcelo T. de Alvear 1640, 1º E – Buenos Aires
E. mail: fundacionfepai@[Link]
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO
ALEJANDRO HERRERO
(Coordinadores)

RECORDANDO AL GENERAL
DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Buenos Aires
Ediciones F.E.P.A.I.
Prólogo

Celia Codeseira del Castillo

Cuando en el año 2008 se formó la Comisión del Bicentenario sus


integrantes lograron, entre otros temas, declarar día feriado el 17 de junio
para honrar la memoria del General Don Martín Miguel de Güemes.

Esa necesidad de reivindicar su valiosa trayectoria, en el segundo


centenario de su desaparición física, generó numerosos homenajes y algunas
jornadas que se organizaron sobre el accionar pergeñado por el noble salteño
quien murió en defensa de su pueblo haciendo honor al lema de su autoría
“Morir por la Patria es gloria”.

Debido a que parte de la historiografía argentina no valoró su gesta del


todo o lo suficiente, su imagen suele aparecer como la del “héroe
postergado”. Sin embargo, instituciones como la Fundación para el Estudio
del Pensamiento Argentino e Iberoamericano consideraron la necesidad de
organizar el Simposio 2021 sobre el ilustre militar que había puesto su
mirada en la patria grande.

El libro que presentamos, es el producto de ese encuentro y constituye un


valioso aporte sobre la difusión de la vida y obra de Güemes.

5
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

6
Introducción

Alejandro Herrero

Los homenajes pueden ser muy productivos en el campo de la


investigación histórica. Primero, porque el protagonista homenajeado es
tomado como objeto de estudio por especialistas; segundo, porque es
frecuente que se lo aborde desde distintas disciplinas y metodologías; y por
último, porque suele obligar a cada nueva generación a revisar prepuestos ya
consolidados.

El simposio Recordando al General Don Martín Miguel de Güemes en el


Bicentenario de su muerte, bajo la coordinación académica de Celia Codeseira
del Castillo, y la coordinación general de Celina Lértora Mendoza, se realizó
los días 7 y 14 de mayo de 2021, organizado por la Fundación para el
Pensamiento Argentino e Iberoamericano, en modo virtual.

Casi la totalidad de las exposiciones se acotan al Güemes póstumo, se trata


de estudios que atienden a la recepción, a la historiografía, y al enfoque
iconográfico, con una única excepción, la de Lértora Mendoza, que lo aborda
desde sus años dedicados al proceso de Independencia, y usando una fuente
muy rica, su epistolario.

Laura Guic, Hernán Fernández y Facundo Di Vincenzo estudian la


recepción de Güemes en el denominado “orden conservador”. Los dos
primeros lo examinan en el área de la instrucción púbica. Guic lo analiza en
el denominado programa de educación patriótica y Fernández lo indaga en los
manuales escolares. El tercero, Di Vincenzo, puso el foco en un texto clásico,
La guerra gaucha de Leopoldo Lugones.

Ariel Eiris y Sandro Olaza Paller, indagan la figura de Güemes en la propia


historiografía salteña. Ligado a estos dos estudios, Alberto David Leiva,
recorre las apropiaciones sobre Güemes que se realizan desde el mismo

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

proceso de Independencia hasta las primeras décadas del siglo XX, mientras
que Celia Codeseira lo mira desde la iconografía, desde la invención de la
tradición, desde la memoria, y su recorrido avanza desde el siglo XIX hasta
nuestros días.

En todos estos estudios se verifica el campo político como gran marco para
entender estas apropiaciones de la figura y la trayectoria de Güemes.

Cuando se leen las exposiciones de Eiris y Olaza o las de Leiva y Codeseira


siempre aparece el campo político de manera general y los gobiernos de
manera más particular, porque son decisiones políticas las que intervienen en
estas apropiaciones, sean los casos historiográficos porque los historiadores
son políticos que hacen historia o en los dos últimos donde siempre son los
gobiernos los que deciden esas apropiaciones. Lo mismo se puede indicar de
las primeras tres exposiciones, sean las que indagan el sistema de instrucción
pública o el libro de Lugones, quién habla como escritor o poeta pero siempre
ocupando cargos de distintos gobiernos durante el denominado orden
conservador.

Se trata de estudios en torno a un protagonista del proceso de


Independencia que invariablemente se lo examina como parte del panteón
nacional, o negándole ese sitio, según el momento histórico que se investigue.

Ariel Eiris explora dos tramas históricas que tiene a Güemes como figura
central: Dionisio Puch, Biografía del General don Martín Güemes, Lima,
Imprenta del Comercio, 1847; y Bernardo Frías, Historia del General Martín
Miguel de Güemes y de la Provincia de Salta o sea de la Independencia
Argentina. Editada en 1902. Para Eiris, tanto “Puch como Frías resaltan
valores en Güemes que les permitía defender el rol de la provincia en el marco
de la independencia y la organización nacional”. Y en otra parte agrega: “La
exaltación de Güemes no solo significó la valoración de sus sucesores, sino
también el posicionamiento de la provincia de Salta en el marco de la nación
argentina”. En el caso de Puch, sostiene Eiris, se advierte que “buscó una
valoración personal a través de la reivindicación de su cuñado, posicionado

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

como héroe provincial”; mientras que en el caso de Frías, se puede apreciar


que “buscó posicionar en un relato nacional, como héroe de la independencia
a la par de San Martín, en un relato historiográfico provinciano y no de Buenos
Aires”. Ahora bien, todo esto pasaba a nivel provincial, pero qué sucedía a
nivel nacional. Eiris afirma que “Si bien sus criterios no fueron aceptados en
el marco nacional de la formación del relato del origen de la nación argentina,
su perspectiva sí tuvo raigambre en Salta, donde su figura trascendió como
fundador de la provincia y héroe nacional”. En esta misma línea trabaja
Sandro Olaza Pallero, explorando de manera particular el estudio de Bernardo
Frías y su Historia del general Martín Güemes. En su lectura, se trata de una
“pionera Una pionera revalorización de Güemes en la historiografía regional
para su inclusión en el Panteón nacional”. La intención de Frías sin duda era
destruir la imagen notablemente negativa que se difundía a comienzos del
siglo XX, es decir, se trataba de una intervención en un espacio cultural e
historiográfico con pocos oídos para escuchar lo que narra Frías en su historia
de Güemes.

Este momento preciso, que algunos llaman la etapa del Centenario, es


indagado por Hernán Fernández, Laura Guic y Facundo Di Vincenzo.

Hernán Fernández sintetiza de este modo el objetivo de su trabajo: “indagar


de qué manera fue construyéndose la imagen de Güemes en el transcurso de
la historia argentina. Y, con el fin de lograr dicho objetivo general,
específicamente abordaré los usos efectuados sobre la figura en cuestión
dentro de los manuales escolares utilizados en el periodo conocido
historiográficamente como orden conservador (1880-1916)”. Fernández nos
recuerda que durante todo el siglo XIX el calificativo más negativo que se
usaba en el campo político era el de caudillo. Todo lo otro negativo y fuera de
todo orden institucional se asociaba a ese vocablo. En el caso de Güemes, nos
dice Fernández, existía un lado positivo: había participado de la gesta
revolucionaria. El investigador utiliza como fuente principal manuales
escolares de Enrique De Vedia, Ricardo Levene, José Berrutti, Tomás Estrada
y José Figueira.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

¿Qué advierte Fernández en los manuales aprobados durante la etapa de


fines del siglo XIX hasta 1916? El autor sostiene: “Güemes no dejaba de ser
caudillo. Si bien había luchado por la unidad nacional y servía de arquetipo
para enfrentar la supuesta crisis de identidad divisada por los pensadores del
momento, su contribución era considerada parte del pasado. En este sentido,
el salteño constituía los gloriosos tiempos remotos, pero no el presente y
futuro anhelado por la elite dirigente”. Y en otra parte agrega Fernández:
“Güemes, lo gauchos y, además, los caudillos formaban parte y ayudaban a
diagramar la Argentina pasada. Sin embargo, a diferencia de otros próceres y
hechos históricos nacionales, no valían como modelo para los proyectos de
república ideados por los integrantes del orden conservador”.

Este estudio de Fernández se inscribe en el denominado programa de


educación patriótica que indaga Laura Guic. Para la investigadora se trató de
un “ocultamiento de Güemes”, construido con una estrategia discursiva que
“diseñó una historia que ponderó la actuación de este hito importante, la
Primera Junta de Gobierno, pero que subordinó a aquel al germen de una
historia para la nación toda. El 25 de mayo se promueve como origen, desde
una narrativa que se equipara y hasta por calendario se celebra primero, a la
mismísima independencia”. Para Guic esta operación llevada a cabo desde el
Consejo Nacional de Educación debe insertarse en “la disputa por la historia
y el origen de la nación, entre dos momentos históricos, 1810 y 1816, pero
que encubre a su vez, el enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior,
enmarcado en ese federalismo anhelado y tantas veces mitigado”.

Si Hernán y Laura analizan de qué modo se construye e impone un modo


preciso de interpretar a Güemes en el espacio de la instrucción pública, el
trabajo de Facundo Di Vincenzo también estudia a un educador como
Lugones, y en esa misma etapa, pero en una intervención en el espacio
cultural. Facundo analiza un libro preciso, La guerra gaucha, editado en 1905.
Nos dice Di Vincenzo que en este libro se “narra la historia de las luchas
emprendidas por los gauchos de Martín de Güemes (los infernales) contra los
ejércitos españoles durante los años 1812 y 1814, a partir de 22 historias
diferentes aunque todas ellas entretejidas entre sí”. Para Di Vincenzo el

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

objetivo de Lugones era enseñarles a los inmigrantes que vivían en el país “la
épica de la gesta emancipadora”, es decir, está dirigido a señalar valores y
prototipos de personalidades que necesita, a los ojos de Lugones, la nación.
Pero eso no es todo nos dice Di Vincenzo, también se puede apreciar otro
objetivo de Lugones en su empresa de fortalecer la nacionalidad: “realiza un
extraordinario experimento que busca enriquecer el habla mediante el artificio
neológico del uso de arcaísmos, de términos ya olvidados, todos ellos
provenientes de nuestro tiempo colonial”.

Sin duda se pueden leer los estudios de Guic, Fernández y Di Vincenzo


como una continuidad: los tres estudian a Güemes en el momento que la elite
está lanzada a nacionalizar a los habitantes y ciudadanos desde un operación
simbólica: educativa y literaria.

Celina Lértora Mendoza estudia a Güemes durante su participación


efectiva en el proceso de Independencia. La autora explica porque utiliza el
epistolario como fuente de la siguiente manera: “Las miradas sobre Güemes
son múltiples y complejas. Incluso su personalidad puede quedar desdibujada
en la “historia oficial”. Una reconstrucción válida debe bucear en otros
documentos, no oficiales. Los epistolarios son una fuente no sólo de datos sino
también de textos que, al ser cruzados e interpretados con criterios
hermenéuticos validados, pueden arrojar luz sobre sus personalidades reales,
pues en muchos casos han sido reconstruidas a partir de intereses sociales y
políticos a veces distanciados de la realidad”. Lo decisivo de esta elección por
parte de Celina es que explora el diálogo epistolar de dos protagonistas
fundamentales de la gesta: Manuel Belgrano y Martín de Güemes. El otro
aspecto es que nos hace conocer no solo de qué hablan sino como habla
Belgrano de Güemes, quién está en el mismo campo de batalla y sabe muy
bien lo que significa la lucha lejos del centro de las decisiones: Buenos Aires.
Otro aspecto relevante de su estudio es el enfoque que se ata a su hipótesis de
trabajo: si desde la historia oficial por mucho tiempo se diseñó una imagen
negativa de Güemes, se supone que es necesario poner el ojo en cuestiones
puntuales para revisar esta operación. Por eso Celina nos dice que se centrará,
como en un trabajo anterior sobre Belgrano, en cuatro aspectos referidos ahora

11
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

a Güemes para caracterizar su personalidad: “1. la honestidad; 2. la lealtad; 3.


el patriotismo; 4. el sacrificio personal”.

Si el estudio de Celina intenta desmontar la mistificación negativa que se


ensayó sobre la figura y trayectoria de Güemes, se advierte, en el escrito de
Celia Codeceira Castillo, de qué modo se construyó la tradición y la memoria
del pasado de este protagonista de la gesta revolucionaria y de Independencia.
Lo relevante de esta exploración no sólo es su enfoque sino que realiza un
recorrido desde el mismo momento de la gesta hasta nuestros días, y usando
una fuente sumamente significativa, y poco atendida en la comunidad de
historiadores: la iconografía. La investigadora sostiene: “A pesar del fervor
patriótico que dejó la Revolución de Mayo y de la necesidad que tuvo la
Generación del 80 de promover la idea de “nacionalización de la población”
ante el avance de la inmigración extranjera, no se incluyó a Güemes en el
panteón de los próceres hasta el año 1931, cuando se inauguró en Salta el
monumento realizado por Víctor Juan Garino. Y, cincuenta años después,
cuando se construyó en Buenos Aires la réplica del monumento salteño en el
Parque San Benito de Palermo, obra de Ermando Bucci”. Finalmente hace ver
que sí existió una reivindicación oficial en las últimas décadas: “Lo que sí se
dio estos últimos años, fue la difusión que hizo el gobernador salteño Dr. Juan
Manuel Urtubey durante sus dos mandatos que se extendieron del 2007 al
2015. El funcionario donó bustos de Güemes a distintas localidades del país
y del exterior”.

En mi opinión sería muy relevante leer este estudio de Codeceira con el de


Alberto David Leiva. Este historiador propone un enfoque que nos hace ver
desde el mismo momento de la gesta independentista de qué modo se invocó,
y se apropiaron de su figura y trayectoria de Güemes en el campo político y
en un campo historiográfico. La tesis de Leiva es que “En el caso del general
Güemes, tanto la historia como la política, produjeron la transfiguración del
político local en héroe nacional”. El recorrido del trabajo de Leiva concluye
en 1931 cuando se erige el monumento a Güemes.

12
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Para finalizar, considero que los lectores salimos enriquecidos luego de


atravesar la lectura de cada uno de estos trabajos, y estamos en mejores
condiciones para pensar o repensar una vez más la figura y trayectoria del
homenajeado.

13
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

14
ESTUDIOS
La personalidad de Miguel de Güemes
a través de su correspondencia con Manuel Belgrano

Celina A. Lértora Mendoza

Presentación

El Gral. Güemes fue olvidado a poco de su muerte, pero mientras vivía


tampoco gozaba del consenso y la estima de las autoridades de la naciente
Argentina. A pesar de su heroica actuación en las Invasiones Inglesas, se
desconfiaba de su accionar informal, de su ejército irregular de “gauchos” y
también (quizá sobre todo) de su capacidad de ejercer acciones eficaces en la
guerra antirrealista en el Norte. La importancia de esa guerra irregular fue
reconocida por el Gral. San Martín que le confió esa tarea y su capacidad de
llevarla adelante le fue reconocida por el Gral. Belgrano, que no escatimó
ayudas, siempre que le era posible, dada la crónica escasez del Ejército del
Norte que comandaba. Incluso el Gral. Paz, tan poco proclive a reconocer
méritos en los ejércitos irregulares, tiene frases muy laudatorias en sus
Memorias1.

Las miradas sobre Güemes son múltiples y complejas. Incluso su


personalidad puede quedar desdibujada en la “historia oficial”. Una
reconstrucción válida debe bucear en otros documentos, no oficiales. Los
epistolarios son una fuente no sólo de datos sino también de textos que, al ser
cruzados e interpretados con criterios hermenéuticos validados, pueden arrojar
luz sobre sus personalidades reales, pues en muchos casos han sido
reconstruidas a partir de intereses sociales y políticos a veces distanciados de
la realidad.

1
Memorias Póstumas del General José María Paz, Tomo I, 2ª ed., La Plata, 1892,
capítulo 12.

17
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

En los Epistolarios2 de Belgrano y de Güemes hay numerosos documentos


de cartas intercambiadas entre ambos, en los últimos años de la actuación de
Belgrano al mando del Ejército del Norte. Güemes ha sido el interlocutor
epistolar más prolífico (en cantidad y calidad) de Belgrano. Un análisis de esta
correspondencia, en este caso de modo preliminar, nos da algunas
características, reconocidas expresamente por Belgrano o inferidas de los
mismos textos sobre a) los valores y aciertos de Güemes como militar; b) su
dedicación a la causa de la independencia y sus ideas de ética política. En el
trabajo se sigue el método y los ejes que se usaron en un trabajo anterior sobre
la personalidad de Belgrano3. Se toman, en este caso referidas a Güemes, los
ejes de caracterización personal: 1. la honestidad; 2. la lealtad; 3. el
patriotismo; 4. el sacrificio personal.

2
En el Epistolario Belgraniano, edición de 1970, se publican una veintena de cartas,
número al que se añaden las 109 que constan en un dossier especial de la edición de
Taurus de 2001. En el Epistolario de Güemes hay 14 cargas de Güemes a Belgrano.
La desproporción se debe sin duda a que las misivas de Güemes se han perdido, pues
por lo que dicen Belgrano en las suyas, recibía respuestas regularmente desde Salta.
Cf. Epistolario Belgraniano, Prólogo de Ricardo R. Caillet-Bois, Bs. As., 1970.
Reedición Bs. As., Aguilar –Taurus et alii, 200.1agrega “Nota preliminar” por
Gregorio Weinberg. Luis Güemes, Güemes documentado, Bs. As., Plus Ultra, 1980,
Tomo 6, Epìstolario.
3
“Las ideas de Belgrano sobre ética política a través de su correspondencia con
Güemes”, Manuel Belgrano y su tiempo. Historia y reflexiones en su Bicentenario.
Actas X Jornadas de Historia, Bs. As., Ed. FEPAI 2020: 93-108. En este trabajo
menciono, entre las no muchas publicaciones recientes relativas a las relaciones entre
ambos próceres, las siguientes: Ricardo de Titto, “Güemes y Belgrano, la diversidad
y el cambio”,
([Link]
cambio_0_Hk4diAW7b.htm)l; y las notas de actividades recordatorias de ambos:
Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional, “Belgrano y
Güemes, ejemplos patrióticos que nos inspiran”,
(WhatsAppFacebookTwitterGmail); “Belgrano, Güemes y San Martín consolidaron
la independencia”.

18
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

1. Los textos
1.1. La honestidad

Con ocasión de la de la Declaración de la Independencia y las posteriores


vicisitudes del Congreso de Tucumán, se produjo una nutrida correspondencia
entre Belgrano y Güemes, aunque lamentablemente las de este último en su
mayoría no se han recuperado. Por los textos de Belgrano sabemos de las
intrigas y suspicacias que acechaban a Güemes, y los consejos del General
para que no se preocupara, asegurándole su confianza. Insiste en que no da
crédito a dichas habladurías, y asegura que no permite que se hable mal de
Güemes en su presencia. En una personalidad tan austera y estricta como la
de Belgrano, estas palabras tienen una importancia decisiva4.

Por lo que puede colegirse, Güemes, haciéndose cargo de las críticas, pide
disculpas a Belgrano por cualquier error que pudiera haber cometido.
Tenemos la respuesta de Belgrano, del 3 de octubre de 1816, uno de cuyos
párrafos habla por sí mismo sobre el alto crédito en que tenía al jefe de los
Infernales:

“No tengo ninguna falta que disculpar en Usted, antes sí, agradecerle
sus trabajos, actividad y constancia en la gran obra. Así hubiera algunos
de los que se hallan en su rango que lo imitara: pero desgraciadamente
se quiere disfrutar sin trabajar. Y lo peor es que directa o indirectamente
se ponen obstáculos para el sostén, conservación y adelantamiento del
ejército. Hablemos claro, en Usted veo hechos, y en otros sólo dichos y
facilidades de lengua; ejecución ninguna”.
[…]

4
Por ejemplo el siguiente párrafo: “Yo no he podido encontrar, cuando he tratado de
descubrir, una cosa sólida, para cargar sobre los pícaros. Que le digan a V. los autores
de esas especies; que saquen los delatores la cara, y, como se pruebe, verá V. ejemplar
que aterre a los pícaros. No tengo lenidad para éstos, ni la tendré nunca”. Epistolario
Belgraniano, 30 de mayo de 1817.

19
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

“Mi deseo es el acierto y que haya hombres de bien y activos a la cabeza


de los pueblos; estoy cierto que Usted piensa del mismo modo y no
dudo que me dirá cuanto le parezca”5.

El último párrafo se refiere a las prevenciones de Belgrano en relación a


los gobernadores y demás funcionarios poco activos y eficaces para enfrentar
las difíciles circunstancias, especialmente la cuestión de la jura de la
Independencia y la constitución de un gobierno. Belgrano, unos párrafos
antes, pide a Güemes que se ocupe de este punto con los diputados de Salta.
Güemes responde con un hecho concreto: una Proclama que es conocida y
aprobada por Belgrano y se transcribe más adelante, en el punto 3.

1.2. La lealtad

No sólo en carta a Belgrano sino en otras, manifiesta Güemes su sentido


de la lealtad. Hay un episodio muy particular: una invitación a la traición, que
contesta al incitador, dando luego noticia a Belgrano. El episodio comienza
con una carta de Pedro Antonio de Olañeta a Güemes, del día 19 de septiembre
de 1816, en la cual hace referencia a la difícil situación en que se hallan los
revolucionarios, menciona la ingratitud de muchos para con él, y considera
que debe sentirse desengañado. Dice expresamente: “Si Usted se halla al cabo
de lo expuesto y tiene ánimo de no sacrificarse, avíseme Usted a la mayor
brevedad para que con mis jefes le proporcione cuanto desee para su familia”6.

En el mismo sentido, Guillermo de Mariátegui (también pariente político


de Güemes) le escribe el 19 de septiembre, hablando muy mal de los patriotas
e instándolo a “reparar su yerro” de haberse unido a ellos7.

5
En Epistolario de Güemes, carta 115, p. 142.
6
Epistolario, carta 103, p. 129. Olañeta era pariente político de Güemes, por la esposa
de este jefe español, Josefa Mariátegui, cuya familia estaba emparentada con la de
Güemes.
7
Ibíd., carta 104, p. 130.

20
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Güemes responde a Olañeta varios días después, una extensa nota vibrante
de indignación, de la cual se transcribe el comienzo y el final:

“Muy señor mío y pariente. Al leer su carta del 19 del corriente formé
la idea de no contestarla para que mi silencio acreditase mi justa
indignación. Pero como me animan sentimientos honrados, hijos de una
noble cuna, diré a Usted que desde ahora para siempre renuncio y
detesto ese decantado bien que desea proporcionarme. No quiero
favores con perjuicio de mi país; éste ha de ser libre a pesar del mundo
entero. Vengan enhorabuena esos imaginarios regimientos de
Extremadura, Gerona, Cantabria, Húsares y Dragones, y vengan
también cuantos monstruos abortó la Europa con su Rey Fernando a la
cabeza. Nada temo, porque he jurado sostener la independencia de
América, y sellarla con mi sangre. Todos, todos estamos dispuestos a
morir primero que sufrir segunda vez una dominación odiosa, tiránica
y execrable”.
[…]
“Estoy persuadido que Usted delira, y por esta razón no acrimino como
debía y podía el atontado escandaloso de quererme seducir con
embustes, patrañas y espantajos que me suponen tanto como las coplas
de Calainos. Y lego dirá Usted que es un oficial de honor y del Rey.
¡Qué bajeza! ¿Y así lo toleran sus jefes? ¿Así lo consienten en ese
Ejército Real? Valerse de medios tan rastreros como inicuos sólo es
propio del que nació sin principios”.
[…]
“Convénzanse Ustedes por la experiencia que ya tienen, que jamás
lograrán seducir, no a oficiales, pero no al más infeliz gaucho: en el
magnánimo corazón de estos no tiene acogida el interés ni otro premio
que su libertad”.
[…]
“Ya está Usted satisfecho, ya sabe que me obstino y ya sabe también
que otra vez no ha de hacer tan indecentes propuestas a un oficial de

21
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

carácter, a un americano honrado que conoce más allá de la evidencia,


que el pueblo quiere ser libre, no hay poder humano que lo sujete [...]”8.

También contesta brevemente a Mariátegui enviándole copia de esta


extensa misiva, e insiste: “Repito Usted lo que digo a aquel, agregando que
yo no aspiro a premios, ni recompensas. Trabajo por la libertad de mi país”9.

Pocos días después, posiblemente el 24 de septiembre, Güemes escribe a


Belgrano notificándole todo lo anterior, a la vez que le da cuenta de otras
acciones de su tropa. Con respecto a las dos cartas y sus respectivas
contestaciones, le dice:

“Con este oficio me remite las cartas originales de Olañeta y


Mariátegui, que acompaño en copia, con sus contestaciones, las que a
estas fechas habrán ya recibido. Ríase Usted un poco, mientras ellos
reniegan como unos condenados. ¡Indecentes! Habrán creído que sus
cuentos y patrañas nos han de hacer mudar de opinión cuando les hemos
dado las pruebas más palmares de nuestra decisión por la libertad o la
muerte” […]10.

También por esos años corrían en Buenos Aires algunos rumores de que
Güemes era renuente a dar información y cuenta de sus actuaciones,
demorando los pedidos de Belgrano. Éste, por su parte, nunca aceptó tales
rumores y, al contrario, en varias cartas manifiesta su apoyo a Güemes
reconociendo su sentido moral del deber y la lealtad. En una larga carta del 6
de noviembre de 1816 Güemes detalla a Belgrano sus disposiciones y también
las dificultades y carencias de su tropa. También trata otros puntos, como la
idea de trasladar el Congreso a Buenos Aires (a ninguno de los dos le parece
oportuno) y otras cuestiones políticas. Pero lo que interesa aquí es hacer notar

8
Ibíd., carta 108, p. 132 ss.
9
Ibíd., carta 109, p. 135.
10
Ibíd., carta 110, p. 136. Informa el editor que el original de esta carta se ha perdido,
y lo conservado es una copia realizada por el secretario de Belgrano.

22
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

las ideas de Güemes sobre el modo de conducir a una tropa dadas las difíciles
circunstancias que atravesaban

“Ya me hallo en este punto de la Quebrada; he corrido hasta


Humahuaca y no tengo fijeza, ni en uno ni en otro punto, porque es de
necesidad que todo lo vera por mí mismo, por cuyo motivo no descanso
un momento y por eso mismo no he contestado con la brevedad posible
a las cuatro últimas de Id. Y así lo hago en ésta.
Por los oficios y demás papeles que le dirijo verá Usted cuanto he hecho
en obsequio de nuestra causa, y si no hago más es porque mis luces no
me lo permiten, sin embargo que mis deseos son muy grandes”.
[Sigue la descripción de las acciones y le pide que no dé oídos a las
habladurías que tratan de dividirlos]
“Güemes es honrado, se franquea con Usted con sinceridad. Es un
verdadero amigo y lo será más allá del sepulcro y se lisonjea de tener
como amigo a un hombre tan virtuoso como Usted. Así pues,
trabajemos con empeño y tesón, y si las generaciones presentes nos son
ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la única
recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados”.
[Le cuenta de traiciones, deserciones e insubordinación, indicándole
que proseguirá con las causas contra los revoltosos]
“Sírvase Usted mandarme un cuaderno completo de táctica moderna
que cero que en ésa habrá algunos pues los más de mis] de mis oficiales
se hallan sin él por haber perdido en Sipe Sipe su equipaje”
[…]
“Las disposiciones que he tomado con respecto al Interior hábleme con
franqueza, si son de su agrado y de su aprobación; no deseo sino el
acierto y si el imperio de las circunstancias y la necesidad que exigen
aquellos lugares de que se remedien con presteza sus males, no me
hubiese avanzado a tomarlas y así dígame con ingenuidad qué es lo que
tengo que hacer […]”11.

11
Epistolario de Güemes, carta 124, pp. 155-159.

23
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Un grave problema que afectaba a las tropas criollas por aquellos días eran
las deserciones, producto muchas veces de la inconstancia y falta de disciplina
de los soldados. Belgrano era muy estricto en estos temas y propiciaba fuertes
castigos. Güemes compartía este criterio y al respecto hay un considerable
intercambio epistolar. Se sabe que Güemes aprehendía y castigaba a los
desertores del ejército de Belgrano que caían en su poder. Como anexo a una
carta de Belgrano12, se encuentra una Circular en la cual le solicita que le sean
remitidos todos los desertores, sean del cuerpo general del ejército o de los
Infernales. Se sabe que Güemes dio mucha importancia a esta orden y sus
subordinados las ejecutaron fielmente.

1.3. El patriotismo

Güemes escribe a Belgrano sobre una acción militar exitosa

“Tengo ya dado aviso a Usted de las ventajas que hemos conseguido


sobre el enemigo, tanto en el Despoblado cuanto por los lados de Tarija
y Orán […] Uriondo les interceptó bastante correspondencia. Y de
todas las cartas he extractado los capítulos que acompaño en copia […]
Indecentes! Habrán creído que sus cuentos y patrañas, nos han de hacer
mudar de opinión, cuando les hemos dado las pruebas más palmares de
nuestra decisión por la libertad o la muerte. Creo que no tentarán otra
vez tan desastrado arbitrio. Vengan con sus espadas y bayonetas, y yo
les prometo que me he de hacer de estas armas en menos de quince
días”13.

12
Carta n. 215 del Epistolario de Güemes, del 3 de septiembre de 1817, donde le dice
“Son tan necesarias las disposiciones de Usted sobre desertores y particularmente con
respecto a los pasados y prisioneros, cuanto ambas clases siguen desertándose y
algunas abandonando las guardias” (p. 277).
13
Los editores establecen, por diversas constancias, que la copia de esta carta (cuyo
original está perdido) corresponde al 24 de septiembre de 1816. Epistolario de
Güemes, carta 110, p. 136 ya mencionada.

24
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Durante los últimos meses de 1816 y como consecuencia de la Declaración


de la Independencia, se produjeron diversas proclamas y aclamaciones sobre
el particular.

El 6 de agosto de 1816 Güemes lanza una proclama como comandante de


las fuerzas y gobernador intendente de Salta. Se transcribe en su totalidad pues
es breve y sustancioso

“Compatriotas y camaradas: llegó el momento feliz de ver decretada y


sancionada nuestra suspirada independencia por un cuerpo soberano
representativo de las provincias de la Unión. In horizonte claro,
hermoso y sereno se ve aparece r, disipando prestigios y anunciando
risueño por todas las extremidades que toca su influjo, el precioso e
inestimable donde la libertad. A los seis años de una lid tan injusta
como temeraria por parte de nuestros implacables enemigos, y cuando
éstos se juzgan superiores a nuestros esfuerzos por sus efímeros triunfos
y precarias victorias, vemos que de nuestras mismas desgracias renace
el orden, la unión y fraternidad.
Creedme compatriotas, que esa soberana corporación que nos preside,
ha arrancado de raíz esa horrorosa anarquía que nos desolaba, y que ha
sido el origen de nuestros infortunios, reinando en su lugar la concordia
y la más inalterable armonía.
[…] quedó eternamente grabado en nuestros corazones este dilema: la
independencia o la muerte en la causa del honor14.
[…] No temáis a esos cobardes sanguinarios, viles esclavos de la tiranía
ni la retirada que ha hecho el Ejército Auxiliar de la ciudad del
Tucumán, con el fin de rehacerse y organizarse, os amilane. Tengo
fuerzas superabundantes, y virtudes esta provincia, para destrozar y
aniquilar, no a ese pequeño grupo de bandidos, sino a cuantos enemigos

14
Énfasis del original.

25
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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interiores y exteriores intenten hollar los sagrados derechos de


América”15.

El 3 de octubre de 1816 Belgrano escribe a Güemes, carta ya mencionada


en el punto 1. En ella se refiere a una proclama de Güemes del 27 de
septiembre de ese mismo año, texto que remitió a Belgrano en un oficio,
publicado en la Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires el 24 de octubre. Allí
hace mención a los últimos acontecimientos de armas, que han sido favorables
a los patriotas, haciendo huir cobardemente a los enemigos. Exhorta entonces
a los habitantes a habitantes de Salta a volver a sus casas y da gracias a Dios
(por intermedio de la Virgen). Se transcribe la arenga, que fue muy bien
recibida por Belgrano16.

“Proclama del Señor Gobernador Intendente de Salta


Ciudadanos y compatriotas. Ya tenéis cumplido lo que desde Jujuy os
anuncié en mi proclama del 19 del corriente. El enemigo cobarde huye
vergonzosamente: no ha conseguido otra cosa con su movimiento hasta
Humahuaca, que perder soldados, caballos, municiones, y desengañarse
por su propia experiencia, que la digna Provincia de Salta es el
antimural inexpugnable a su sórdida ambición. Sí, él huye
cobardemente y mis valientes legiones despliegan cada día su energía y
sagrado entusiasmo. Lo siguen y persiguen con bizarría, y en sus
choques acreditan que pelean por el inestimable don de la libertad.
Volved pues a vuestras casas, al seno de vuestras familias, a vuestros
talleres y a gozar de la dulce tranquilidad que por pocos días habéis
perdido. Cesen vuestros temores y estad seguros de lo que con

15
Epìstolario de Güemes, pp. 102-103. Esta proclama fue publicada en El Censor N.
65, del 12 de septiembre de 1816
16
Dice Belgrano: “Está muy bien la proclama que ha dirigido Ud. a nuestro Salta.
Ojala que las gentes no se hubiesen alejado mucho y vuelvan a sus casas tranquilos,
porque esto de emigrar es terrible, lo estoy viendo como ya antes lo había visto: los
clamores llegan a mi, y el no poderlos remediar es mi mayor trabajo y mi mayor
cuidado” (Epìstolario cit., p. 141).

26
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

satisfacción os repito. Velo incesantemente sobre vuestra seguridad y


existencia. El Dios de los Ejércitos protege visiblemente la justicia de
la sagrada causa americana. Nuestra Generala acredita del mismo modo
su protección, pues en el glorioso día de su festividad la hemos
experimentado fon el desengaño de nuestros liberticidas. A él [a Dios]
debéis rendir cordiales gracias, como lo ejecuta vuestro gobernador”.

En su respuesta a la anterior de Belgrano, Güemes le da cuenta de las


enormes dificultades económicas que afronta para dotar mínimamente a su
tropa y se lamenta, en tonos similares a los de Belgrano, de los sacrificios de
los soldados que afrontan grandes privaciones:

“Dentro de tres días me vuelvo para Jujuy y seguidamente pasaré hasta


la Vanguardia con el objeto de visitarla y hablarle a la tropa
consolándola en sus necesidades que me representan con ternura. Crea
Usted, mi amigo, que mi alma se estremece al verlos desnudos,
hambrientos y sufriendo el rigor de la campaña. No tengo un peso que
darles, ni cómo proporcionárselo, porque este pueblo es hoy un
esqueleto descarnado sin giro ni comercio”17.

1.4. El sacrificio personal

En algunos textos ya vistos la decisión de sacrificarse por la patria hasta la


muerte están expresados directa o indirectamente. Las manifestaciones orales,
con todo, deben ser tomadas con parsimonia pues requieren ser contrastadas
con hechos. En el epistolario hay algunas afirmaciones de Güemes en el
sentido de estar dispuesto a darlo todo por la patria. Más importantes, sin
embargo, me parecen los informes concretos sobre lo que fue haciendo en ese
sentido.

En una larga carta a Belgrano, del 20 de marzo de 1817, le da cuenta de


acciones llevadas a cabo durante la resistencia a la invasión de La Serna.

17
Ob. cit., carta 116, p. 143.

27
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Algunos párrafos llaman la atención por la sobriedad y casi minimalismo


con que Güemes informa actividades complicadas y peligrosas

“En este mismo instante sale un chasque para Madrid, con el oficio que
va en copia Haga Usted por su parte que cuanto antes se ejecute esta
medida para frustrar las del enemigo. Le acompaño a Madrid copias de
los oficios interceptados al enemigo y remito a Ud. los originales para
su conocimiento”
[…]
“Voy también a dar mis órdenes al Río del Valle con respecto a la gente
de Bustos, que toma esta dirección. Muy linda medida, compañero, y
ella seguramente nos ha de producir grandes ventajas, sea que cargue o
se retire el enemigo. Crea Ud. que esta fuerza se aumentará cuanto sea
posible”.
[Dice que enviará los prisioneros bajo custodia de Felipe Romero]
“Ya verá Usted que con verdad ofrecí darle de regalo un regimiento, y
ya verán también los incrédulos (que no faltan en ésa) que cuanto he
dicho es el lenguaje sencillo de la verdad, y que tal vez he minorado
mis triunfos”.
[…]
“Disfrutarán de las gracias que Usted les dispense a so oficiales y
soldados vencedores en Humahuaca, pero esto será a su tiempo, pues
pro ahora me contraigo todo entero a la guerra, este es mi único
pensamiento y cuidado”18.

Como se aprecia, Güemes reconoce su minimalismo informativo, y se hace


cargo de las sospechas del gobierno central, pero no insiste en ellas, se limita
a hacer valer los hechos

En otro orden de cosas, los informes de Güemes dan cuenta también de sus
ideas políticas (y no sólo militares o estratégicas) y tiene la lealtad de

18
Ob. cit., carta 169, p. 204.

28
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

expresarlas a sus superiores en el Gobierno central. Tenía por un lado la idea


de continuar su marcha por el norte, para coincidir con San Martín en Lima,
yendo éste por mar. Un plan grandioso que no pudio ser realizado, pero que
comenta en carta al Gobernador de Buenos Aires, posiblemente el 20 de junio
de 1820 (el día de la muerte de Belgrano). Esta carta lleva como a nexo un
largo oficio fechado ese día, algunos de cuyos párrafos son altamente
significativos:

“Llegó el día de la desastrosa lucha del común opresor con el ardiente


patriotismo que caracteriza a los habitantes de esta provincia. Se realizó
en fin una lid muy consonante con los anticipados avisos que di a los
pueblos hermanos para que coadyuvasen a sostenerla. Ya su realidad
ha justificado la marcha de mi conducta y condenado al desprecio los
cálculos de cuantos creían inverificable una invasión meditada con los
más serios preparativos. Salta ha presentado nuevamente en esta vez un
modelo de virtud, valor y constancia digno de la administración común
y de la gratitud de los verdaderos hijos de Sud América”.
[…]
“No es tiempo de dejar a los pueblos en la epidemia que sordamente los
destruye y que en su desastre envuelve el sistema que cuesta ríos de
sangre y va reduciendo la América a un melancólico cementerio.
Cortemos el hilo de pretensiones, si su ejecución ha se ser con olvido
de la gran causa de libertad que tiene agitada a Europa entera”.
[…]
“Si en lugar de acudir y agolparse a despedazar los pechos de los
invasores, hay un detestable abandono en formar tropas e inspirarles un
espíritu marcial; si en cambio de los desprendimientos necesarios para
sostener las erogaciones que demanda la guerra, hay mezquindad y un
degradante egoísmo, bien presto estará decidida nuestra suerte. La
unión, lis virtuosos sacrificios, son los elementos de la federación, y de
la anhelada emancipación de nuestro suelo, así como la desunión, apatía
y la aspiración son de ruina y exterminio”19.

19
Ob. cit., anexo a la carta 349, p. 429 ss.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Como puede constatarse, Güemes no se jacta de ser el “caudillo vencedor”,


sino que alaba la “administración común”, es decir, el apoyo civil; al mismo
tiempo, tiene una mirada amplia (“sudamericana” la llama) que va más allá
del localismo que se le suele adscribir. Su concepción de federalismo, como
se ve, era también más amplia que el localismo federalista que fue el resultado
final de las luchas intestinas de América. Güemes, como Belgrano y como San
Martín, tenían la idea de una amplia federación sudamericana, que no pudo
ser.

2. Comentarios

Los textos trascritos, apenas una muestra de muchos otros, entre los
mismos corresponsales o con otros, muestran una personalidad firme y
decidida, que a lo largo de varios años de sufridas y difíciles campañas no se
deja seducir por halagos, ni se atemoriza por amenazas. Claro que las palabras
por sí mismas no son suficientes. Pero el propio epistolario (además de otros
documentos) muestra que sus interlocutores tomaban muy en serio sus
palabras y le reconocían la decisión de llevarlas a la práctica, como él mismo
va informando a lo largo de los años.

En concreto, las dos cuestiones que he planteado al comienzo, pueden ser


respondidas sobre base documental, tanto el relación a los hechos, como a la
valoración que de ellos hacían otros agentes de relevancia, como es sobre todo
el caso de Belgrano.

a) Los valores y aciertos de Güemes como militar

Como ya he dicho, la guerra irregular que Güemes llevó a cabo tuvo


miradas diversas y en varios casos directamente adversas. Además, en su
propio tiempo (al menos algunos no bien informados) y también una
historiografía posterior sesgada, se dejó en la sombra, cuando no se puso en
duda el carácter estrictamente militar de las tropas de Güemes, los llamados
“Infernales”. Tal vez el hecho de que él los llamara “mis gauchos”, y sobre
todo el tipo de acciones irregulares que llevaban a cabo, esparció la idea de

30
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

que se trataba de grupos armados irregulares, sin disciplina, que combatían a


su aire, y saqueaban sin mayores contenciones. Tampoco la historiografía
oficial argentina, sea en la versión de Vicente Fidel López como en la de
Bartolomé Mitre ha sido feliz en cuanto a fijar con más estrictez los caracteres
de este accionar. Y ello ha desdibujado la figura de Güemes como militar de
carrera, que lo era tanto como cualquiera de los otros que ostentaban grados
en el Ejército del Norte.

Por otra parte, la idea de que la tropa comandada por Güemes era un
“ejército irregular” es inexacta. Sus soldados pertenecían formalmente al
Ejército del Norte, estaban institucionalizados en él, y por eso recibían de su
Jefe, el General Belgrano, armamento, caballadas y vituallas, tal como
innumerables documentos lo acreditan. Estos gastos, como lo dice el propio
Belgrano y como queda documentado en los informes, corrían por cuenta del
Gobierno. De modo que no se trata de que Güemes tuviera una especie de
ejército propio, incluso inclinado a las tropelías. La disciplina de su tropa,
como las comandadas por otros jefes, respondían al mismo criterio que tenía
su jefe, el General Belgrano, y sus disposiciones valían para todos. Ya se hizo
mención al tema de las deserciones (que al parecer eran peores en otros
grupos, pues Güemes vigilaba muy de cerca a sus soldados) así como los
sumarios y juicios militares por diversos actos de rebelión, desacato o
comisión de delitos comunes (robo, violencia física). Estos eran seguidos en
el cuartel de Belgrano, Güemes no ejecutaba una especie de justicia propia ni
nada parecido, los solados rebeldes, fueran suyos o prisioneros que caían en
su poder, eran enviados a Belgrano para su juzgamiento. Al contrario de la
impresión que dan textos históricos ambiguos, Güemes era muy responsable
en el cumplimiento de la orden de aprehender a los “pícaros” (como los
llamaba Belgrano) y esto le es reconocido en varias misivas.

La otra cuestión es el tipo de guerra que Güemes llevaba a cabo. Es


precisamente en este punto donde se produce la confusión. Los ejércitos
regulares, tanto españoles como criollos, tenían dificultades para llevar
adelante una guerra de forma convencional, con el despliegue habitual de
artillería, infantería y caballería, tal como era común en las guerras europeas.

31
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Incluso la superioridad de armamento de los españoles, así como también el


hecho de que a veces tenían mejor caballería, llevaba a una situación de
desventaja en una lucha de tipo formal. Fueron los norteños, habituados a
sobrellevar las dificultades de la zona (inclemencias del tiempo, escasez de
vituallas y de animales, terrenos de difícil acceso y comunicación) los que
comprendieron la importancia de una guerra irregular, es decir, de
hostigamiento, nunca frontal, sino sectorial, al ejercito enemigo, modo
llamado “guerrilla” es decir, pequeños combates, con rápido ataque y
dispersión posterior, que producía algunas bajas, pero sobre todo impedía
movilizaciones aseguradas al ejército enemigo.

Belgrano, tal como lo dice en varias cartas, comprendió la conveniencia de


este tipo de acciones, para las cuales los soldados de Güemes estaban mejor
preparados que otros de diversos lugares y desconocedores del terreno.
También San Martín comprendió que por el Norte no se podría llegar a una
batalla decisiva y feliz para los patriotas, y encomendó a Belgrano la
continuidad de la guerra de guerrillas de Güemes. Un estudio de historia
militar imparcial debe reconocer que este criterio fue exitoso y que salvó el
norte de la actual República Argentina, aunque lamentablemente en las
acciones anteriores se perdiera el Alto Perú.

b) Su dedicación a la causa de la independencia y sus ideas de ética


política

Si lo anterior es una imagen sesgada por la desinformación y quizá en parte


al menos por la suspicacia y cierto descrédito, las afirmaciones que corrieron
durante todos los años que Güemes estuvo a cargo de sus Infernales luchando
en el Norte, fueron directamente calumnias, debidas posiblemente a celos y
envidias personales, aunque sobre eso habría mucho que investigar aún en la
documentación. Las cartas de Belgrano dan cuenta de la existencia de un
grupo bastante numeroso de impugnadores y denunciantes, aunque no se
mencionan sus nombres, quizá pro ser conocidos o tal vez por prudencia, pues,
como lo dice el General varias veces, no logra hallar una prueba decisiva de
esa maledicencia.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Belgrano, como lo muestran sus misivas, nunca dio crédito a tales


denuncias, y siempre confió en Güemes. Éste nada tenía que temer del
General, pues le constaba que él valoraba sus hechos reales más allá de las
habladurías. Pero las habladurías corrieron, y sin duda también tuvieron
efectos políticos deletéreos en los planes de Güemes con respecto al gobierno
de su provincia. No es de extrañar que habiéndose retirado Belgrano del
Ejército, éste se deshiciera en forma lamentable pro falta de conducción y por
el agravamiento de la anarquía. Güemes quedó solo, y pocos meses después
sufría una sublevación que acabó con su vida. Es un caso digno de estudio:
hasta qué punto la maledicencia puede influir negativamente no sólo en la
visión de los historiadores que se hacen eco acrítico del sentir de su tiempo,
sino y sobre todo en la marcha de acciones políticas y militares que eran del
interés de todos. Quizá el hecho de que la zona argentina del virreinato ya en
1820 estaba fuera de peligro de reconquista española, llevó a olvidar a quienes
habían hecho posible esa situación, y derribó los frágiles muros de contención
patriótica, produciéndose una anarquía que fue quizá más perniciosa que los
ataques españoles; sin duda causó más víctimas e instauró una división que
costó mucho superar y cuyos ecos perduran todavía,

Todo este período de la primera etapa independentista, que se cierra


precisamente con la muerte de Güemes, merece ser contado de nuevo, con
más documentos, con mejor heurística y con una visión más equilibrada acerca
del pasado. Será beneficioso también para el presente y el futuro.

33
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

34
El General don Miguel Martín de Güemes
y la invención de la tradición

Celia Codeseira del Castillo

En este trabajo, nos ocupamos de la iconografía del General Don Martín


Miguel de Güemes apelando al concepto de “tradiciones inventadas”
acuñado por Hobsbawm quien explicó que éstas surgen en un período corto
y se difunden con gran rapidez. Generalmente, las tradiciones tienen el
propósito de inculcar normas o valores y se caracterizan por visibilizar a
personas destacadas de la comunidad. También, ayudan a aumentar el grado
de sociabilidad, simbolizan la pertenencia a un grupo y robustecen las
instituciones1.

Es importante considerar que durante el siglo XVIII los investigadores


del pasado redescubrieron no sólo su historia sino también sus tradiciones.
Pero observamos que, cuando el resultado de sus investigaciones no arrojaba
la información esperada, ellos mismos se ocupaban de crear un pasado
inexistente. Así lo analizan los historiadores Eric Hobsbawm y Prys Morgan
refiriéndose al pueblo galés; y otros autores europeos acerca de los catalanes,
gallegos y vascos en España. En esa época, sólo grupos minúsculos de
estudiosos advirtieron que se iba extinguiendo lentamente el modo de vida
característico de una nación o algún aspecto distintivo de su nacionalidad o
pertenencia2.

En este punto, es necesario señalar que la conciencia de la nacionalidad


siempre estuvo arraigada en la población de nuestro territorio. Pero fue

1
Eric Hobsbawm y Terence Ranger (Eds.). The Invention of Tradition. Cambridge,
Cambridge University Press, 1983: 1-15.
2
Prys Morgan. “From Death to a View: la caza del pasado galés en el período
romántico”. En Eric Hobsbawm, Eric y Terence Ranger (Eds.). La invención de la
tradición, Barcelona, Crítica, 2002: 50-52.

35
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

recién en el siglo XIX cuando se pensó que debían existir estructuras


políticas que la garantizaran. Estas aspiraciones también se dieron entre
otras naciones europeas cuyas lenguas y culturas no habían sido reconocidas
por los estados de los cuales formaban parte. Es decir, que no fue solo un
problema del pueblo salteño y la nación argentina, sino de otros tan lejanos,
como los ucranianos, eslovacos y búlgaros, por ejemplo. En esas naciones
no-históricas los eruditos investigaron acerca de la épica de sus antepasados
en búsqueda de un renacimiento cultural de su patria y de sus figuras
históricas.

Descifrando el enigma de Güemes

La construcción de la nacionalidad argentina tuvo dos momentos claves


en nuestra historia. La primera, a partir de la Revolución de Mayo en 1810,
y luego, en 1880 cuando el liberalismo apeló a la formación de las naciones
y las nacionalidades. Durante ese último período, en nuestro país se produjo
la necesidad de construir referentes simbólicos y fue la iconografía, una
rama de la Historia del Arte, la que sirvió para recobrar la imagen del
general salteño muerto a los treinta y seis años. Había que delinear al héroe
nacional, entonces aparecieron retratos, monumentos y bustos honrando a los
próceres. Pero fue justamente durante ambas etapas que el Gral. Güemes fue
postergado. Se olvidó a este amigo de los generales San Martín y Belgrano
que contuvo hasta su muerte las sucesivas embestidas de los enemigos y a
través de su lucha tenaz colaboró con el proyecto continental del Libertador.

En nuestro intento de dilucidar el enigma iconográfico del militar salteño,


nos referimos entonces al concepto de “memoria colectiva”, que como
afirma el sociólogo y filósofo Maurice Halbwachs3, refiere a los recuerdos y
memorias que atesora una sociedad en su conjunto. Entonces, lo
relacionamos con lo que sucedió entre los habitantes de la provincia
norteña. Muchos no vivieron los acontecimientos pero la memoria se

3
Maurice Halbwachs. La memoria colectiva (1950), Zaragoza, Prensas
Universitarias, 2004.

36
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

transmitió en las familias de una generación a la otra. Dicho aporte, nos


lleva a afirmar que el pasado remoto también forma parte de esa “memoria
colectiva” que va creando la identidad de un pueblo, es este caso el salteño.

Al momento de la muerte de Güemes, no existía algún retrato porque


nunca posó para un pintor y tampoco para la obtención de un daguerrotipo.
Este último sistema de capturar imágenes llamado daguerrotipia, que fue el
precursor de la fotografía, recién se presentó en la Academia de Ciencias de
Francia en 1839 y en Buenos Aires en 1843, es decir, 22 años después de la
muerte del noble salteño.

Entonces nos preguntamos ¿cómo se representa el semblante de alguien


que ya no vive y no existe la posibilidad de copiarlo de otra figura anterior?
Sabemos que la iconografía histórica se utilizó para integrar a los habitantes
de nuestro suelo en un proyecto que buscaba la creación de una identidad
nacional que los diferenciara de la simbología heredada en el período
colonial. Ese proceso también se dio en la época de la gran inmigración
porque se consideró que era urgente “nacionalizar” a todos los extranjeros
que se asentaron en nuestro suelo. Entonces, nos interrogamos cómo se pintó
su imagen si no había documentos que testimoniaran su aspecto físico. Y
vemos que se trata de un caso relacionado con la “invención de la tradición”.
Había que crear un rostro para Güemes, entonces se recurrió a varias
personas. A sus compañeros de infancia que conocían que el general tenía
una cicatriz en el párpado derecho producto de una caída del caballo.
También, a su cuñado Dionisio Puch, quien describió la mirada de Güemes
afirmando que “expresaba la firmeza del guerrero y la benevolencia del
filósofo”. Por otros aportes se supo que era muy alto, tenía la nariz recta y el
pelo ondulado. También, con el mismo propósito se utilizó un daguerrotipo
de su hijo Martín del Milagro. Asimismo, se conoce que para realizar su
retrato el pintor Schiaffino hizo posar a los tres nietos del prócer4.

4
Rogelio Wenceslao Saravia Toledo. “El rostro de Güemes”. En
[Link]
martin-miguel-de-guemes/.

37
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Finalmente, armado este rompecabezas sobre el rostro de Güemes, nació


la imagen tradicional que conocemos en la actualidad.

Cómo surgió la necesidad de construir monumentos en nuestro país.

La iconografía de la argentinidad comenzó en la década de 1880 cuando


las autoridades gobernantes vieron que era necesario fomentar las fiestas
patrias debido al avance de la gran inmigración que algunos veían como una
amenaza a la identidad argentina.

La denominada “Generación del 80” pensó que la nacionalidad era un


factor que podía frenar la desunión de la población. Para ello, se impulsaron
las festividades patrias y la construcción de monumentos. Se observaba con
preocupación que crecían las celebraciones de colectividades extranjeras que
inauguraban estatuas honrando a sus antepasados5. Del mismo modo, había
que despertar el sentimiento de nacionalidad entre los escolares, muchos de
los cuales eran hijos de extranjeros que llegaron a nuestro país buscando una
vida mejor.

Entre la clase gobernante surgió la idea que Bertoni6 denomina “la


construcción de la tradición patria”. Como consecuencia de ello, se
inauguraron en la ciudad de Buenos Aires dos estatuas ecuestres: la de San
Martín en 1862 y la de Belgrano en 1873.

Pero, como aseveramos al comienzo de ese trabajo, Güemes fue


postergado en ese panteón nacional que a través de un imaginario visual

5
Por ejemplo, en 1878 los italianos emplazaron una escultura de Giuseppe Mazzini
de cuerpo entero en la Plaza Roma sobre la Avenida Paseo Colón. Realizada por el
escultor Giulio Monteverde representa el ideal republicano.
6
Lilia Ana Bertoni. “Construir la nacionalidad: héroes, estatuas y fiestas patrias,
1887-1891”, Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio
Ravignani, Tercera Serie, N. 5, 1° semestre. Buenos Aires, 1992: 1-22.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

sustentaba los hechos relevantes de la nueva historiografía7. A continuación


nos ocupamos de la estatuaria sobre el general salteño.

Monumento a Güemes en la ciudad de Salta

La Comisión Nacional de Festejos del Centenario dispuso la erección de


un monumento en Salta que se logró después de muchas discusiones8. El
espacio para ubicarlo fue al final de Paseo Güemes al pie del Cerro San
Bernardo que es el lugar donde el General cayó de su caballo por primera
vez herido por una bala y se dirigió hacia la Cañada de la Horqueta donde
murió varios días después.

La estatua ecuestre está localizada en lo alto de una gran escalinata,


rodeada de una arboleda de eucaliptos que la enmarca. Tanto la escalinata
como el basamento fueron construidos con piedra rojiza, que se obtuvo en
los cerros vecinos. Sobre ellos, se encuentra Güemes montado en un caballo
montañés pequeño, de pecho ancho y fuertes músculos. En el frente, una
placa donde figuran los nombres de los oficiales que lo acompañaron: Gral.
Fernández Campero y el Cnel. Jorge Vidt. También, una gran placa de
bronce con el apellido del héroe, donde se observan como fondo dos ramas
de laurel cruzadas en su parte inferior con la representación esquemática de
la laura o corona triunfal. Destacamos que el laurel fue un arbusto
consagrado a Apolo9 que simboliza la inmortalidad conseguida por la
victoria. A la izquierda (frente norte) se observa una montonera
desorganizada. A la derecha (frente sur) se aprecia a los soldados
organizados por Güemes como el “Regimiento de los Infernales” y detrás el

7
Rodrigo Gutiérrez Visuales. “La pintura de historia en la Argentina”, Atrio,
Universidad Pablo Olavide (Sevilla, España), N. 8/9, 1996: 197-200.
8
Por Ley 6.285.
Diario El Tribuno. En: [Link]
remodelaran-el-monumento-a-guemes
9
Apolo es una de las deidades principales de la mitología griega y uno de los dioses
olímpicos más significativos.

39
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

pueblo que lo apoya10. Tanto la escultura que representa al general como los
relieves ubicados al pie, fueron fundidos en bronce en el arsenal Esteban de
Luca que pertenece al Ejercito argentino.

Monumento a Güemes – Víctor Juan Garino - 1931 - Salta

La construcción duró once años, desde 1920 hasta su inauguración en el


día 20 de febrero de 1931 durante el gobierno del presidente de facto salteño

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

José Félix Uriburu, que había asumido después de la Revolución de 1930.


Posteriormente, fue declarado monumento histórico nacional11.

En noviembre de 2018 se decidió la restauración del monumento y las


piezas de bronce. El autor de esta magnifica obra fue el escultor porteño
Víctor Juan Garino (1878-1958), medalla de oro en la Exposición
Internacional de Arte del Centenario. Por concurso, organizado por la
Comisión Nacional de Bellas Artes, obtuvo este proyecto de monumento
ecuestre de Güemes para la ciudad de Salta. Entre otras obras, realizó el
monumento a la Independencia en la misma provincia, la escultura ecuestre
del General Necochea y obtuvo el primer premio por el boceto del
monumento a la República.

Monumentos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires:

En 1898, se creó en Buenos Aires la Comisión de Homenaje a Güemes


que propuso hacer un monumento al héroe salteño12. La primera intención de
levantarlo como recordatorio del prócer salteño fue en la plaza que lleva su
nombre, en el barrio de Palermo. Ese espacio está localizado en lo que fuera
una laguna que constituía el centro del bañado situado en las cercanías del
Arroyo Maldonado. Actualmente, está limitada por las calles Medrano,
Salguero, Mansilla y Charcas, frente a la Basílica del Espíritu Santo y el
Colegio Guadalupe.

En 1905 se colocó la piedra fundamental y se transportaron piedras


areniscas13 rojas desde la provincia de Salta para construir la base. Cuando
comenzó la obra, el material pétreo se hundía en el barro por el peso. Por
esa razón, se retiró la piedra fundamental y se la trasladó a Figueroa Alcorta
y Pampa.

11
Sara Isabel Garino. Monumento al General Martín Miguel de Güemes. Autor
Victor Garino. Buenos Aires, Botella de Mar, 2018: 10-13.
12
Por Ley 5.689 del año 1907.
13
La arenisca es una roca sedimentaria formada por pequeños granos de arena
compactos.

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Entonces, para honrar al patriota salteño se levantó un mástil de 17


metros de altura que es obra del argentino Ángel Ibarra (1892-1972). Está
realizado en hierro fundido con base de mampostería revestida en mármol
travertino de forma rectangular que se asienta en una plataforma con tres
escalones. En una de sus caras luce un medallón de bronce circular con la
efigie de Güemes en altorrelieve. Firmado por Ángel E. Ybarra García (sic)
y realizado en la fundición Radaelli. El autor es un prestigioso ingeniero
civil egresado de la Universidad de Buenos Aires que también siguió los
cursos de la Academia Nacional de Bellas Artes de donde egresó en 1914
como profesor de dibujo. Entre sus obras destaca el monumento erigido en
Tucumán al Tte. Gral. Julio Argentino Roca y el dedicado a San Martín que
lleva el título de El abuelo Inmortal y se encuentra en la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires. También, es el diseñador del Collar de la Orden del
Libertador General San Martín14.

14
Condecoración que otorga la República Argentina a funcionarios civiles y
militares extranjeros, que en el ejercicio de sus funciones, merezcan en alto grado el
honor y reconocimiento de la Nación.

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EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Mástil - Ángel B. Ibarra García


Plaza Güemes - Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Pero, pasaron muchos años hasta concretar el proyecto primigenio que


data de 1908. Es una replica del monumento que se encuentra en la ciudad
de Salta, al pie del Cerro San Bernardo pero un poco más bajo de lo previsto
por su cercanía al aeroparque Jorge Newbery. Tiene 20 metros de altura y la
figura ecuestre pesa 4.600 Kg15. La piedra fundamental, como expresamos
más arriba, se había trasladado de la Plaza Güemes al Parque San Benito de
Palermo. Fue obsequiado por la ciudad de Salta a la de Buenos Aires 73 años
después.

Apenas inaugurado en 1981, la base rocosa comenzó a ser vandalizada


por quienes escalaban los 20 metros para acceder a la cima, y realizaban
inscripciones con aerosol en la pirámide y la estatua. Por esa razón, en 1998,

15
Germinal Nogués, Buenos Aires, ciudad secreta, Buenos Aires, Ruy Díaz-
Sudamericana, 1996, p. 276.

43
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el monumento fue rodeado por una reja para protegerlo. Pero, los actos
vandálicos no cesaron y en 2012, se robaron partes de la escultura: una
rienda, un estribo, las espuelas y el sable. El sable pasaba 42 kilos y medía
1,60 metros.

La estatua fue restaurada por la Dirección de Espacios Verdes y las


piezas faltantes fueron reproducidas en bronce por la Coordinación
Monumentos y Obras de Arte del gobierno de la ciudad. Esta magnifica
obra pertenece al reconocido escultor italiano, nacionalizado argentino,
Ermando Bucci (1926-1987). Formado en la Escuela Superior de Bellas
Artes Ernesto de la Cárcova egresó con el título de Profesor Superior de
Escultura. Fue medallista en la Casa de la Moneda y Jefe del taller de
escultura en el Teatro Colón. Obtuvo el Primer Premio en el Salón Nacional
y el Premio Rogelio Yrurtia en el Salón Municipal Manuel Belgrano en
196416. Ejerció la docencia en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel
Belgrano. Realizó una exposición individual en el Hall del Teatro San
Martín en 1977 y participó en numerosas exposiciones colectivas. Obtuvo el
Primer Premio en el Salón Anual de la Mutualidad de Estudiantes y
Egresados de Bellas Artes en 1947. También, es autor del Monumento a San
Martín de Tours, realizado en bronce fundido, y emplazado en la plazoleta
homónima de la Recoleta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

16
Ibíd., p. 276.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Piezas robadas del monumento de Ermando Bucci ubicado


en el Parque San Benito que luego se repusieron

Otra escultura recuerda a Güemes en la Plaza República de Chile, en el


barrio de Palermo17. Se encuentra con un conjunto de obras que se agruparon
bajo la denominación de los “Colaboradores de San Martín”18. Fue
inaugurada el 22 de agosto de 2011. El general salteño se encuentra

17
La plaza está limitada por las avenidas Figueroa Alcorta, del Libertador y la calle
Mariscal Ramón Castilla.
18
Figuran las estatuas de Alejandro Aguado, del general José Antonio Álvarez de
Arenales, del mariscal Ramón Castilla, del general Gregorio de las Heras, del
general Juan Martín de Pueyrredón, quienes unidos al general Güemes colaboraron
con San Martín en el proceso emancipador.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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representado de pie, viste uniforme, y está en posición de descanso, del lado


izquierdo se observa la pierna hacia adelante y la mano sobre su cintura. Del
lado derecho, su mano sostiene la espada que apoya al lado del pie. Es obra
del escultor italiano Mario Arrigutti (1902-1992), un artista, nacido en la
Toscana que falleció en la ciudad de Buenos Aires. Se formó en la Escuela
Superior de Bellas Artes Manuel Belgrano y en la Escuela Superior de
Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. Fue profesor en la primera y también
presidente de la Asociación Argentina de Artistas Escultores. Desde 1928
concurrió al Salón Nacional donde obtuvo importantes distinciones, como
los Premios Nacionales19 de 1943, de 1944 y de 1955. Asimismo, el Primer
Premio Adquisición en el Salón Manuel Belgrano 1984.

Mario Arrigutti - “Gral. Güemes” - Plaza República de Chile

19
José León Pagano. El arte de los argentinos. Buenos Aires, Ediciones L’Amateur,
1944, p. 221.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Curioso monumento instalado en la zona suburbana


de la Ciudad de Buenos Aires

Nos referimos en este caso, al monumento a Güemes inaugurado en 1966,


en la plaza homónima20, en la Ciudad Jardín Lomas del Palomar, Partido de
3 de Febrero. Su autor fue el escultor y pintor catalán Francisco Cabestany
Piñol (1926) que llegó a la Argentina en 1928, acompañado de su familia
cuando tenía dos años y que, siendo adulto, se nacionalizó argentino. En
nuestro país estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, en la
Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en la Escuela Superior de
Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Cárcova egresando como Maestro
Nacional de Dibujo y como Profesor Superior de Escultura. La escultura de
Güemes la calificamos como una curiosidad y explicaremos el porque de
esta apreciación. Se trata de una cabeza tallada en piedra blanca como
vemos a continuación:

Francisco Cabestany Piñol - “Guemes” - 1966


Plaza Güemes - Ciudad Jardín Lomas del Palomar
Municipalidad de Tres de Febrero

20
La Plaza Güemes esta ubicada en el Boulevard General San Martín y la calle
Rosetti, de dicha ciudad.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Debajo de la cabeza se aprecia una especie de armario


de cemento con dos puertas

Por último, en esta imagen se puede apreciar los últimos arreglos que
consistieron en cambiarle el color a la escultura, cerrarlo con una
balaustrada y agregarle una serie de jarrones:

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Los primeros dibujos que representan a Güemes:

Por tradición oral, el primer retrato de Güemes del que se tuvo noticias
fue el realizado por el artista viajero, de origen francés, Ernest Marc Jules
Charton de Treville (1816-1877)21. Se trataría de un dibujo a lápiz en el cual
el general aparece con vestimenta gaucha que le fue obsequiado al Dr. Ángel
Justiniano Carranza quien prefería al general vestido con uniforme militar.
Por tradición oral, se afirma que ese dibujo desapareció. Otras opiniones
sostienen que el pintor salteño Casiano Hoyos, inspirándose en Charton,
confeccionó otro dibujo vistiéndolo con uniforme y lo firmó con las

21
Para profundizar en la vida y obra del pintor Charton, consultar: Celia Codeseira
del Castillo, “El pintor Ernest Marc Jules de Treville (1816-1877). Sus andanzas por
el continente americano”, Revista de Humanidades Cruz del Sur, año 8, N. 30,
2018: 193-228. En
[Link]
Celia_Codeseira-Ernest_Chartron_de_Treville.pdf,

49
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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iniciales F. G22. Pero resulta muy extraño que un pintor rubrique su propia
obra con iniciales que no le pertenecen.

Asimismo, se asevera que el Prof. Romero Sosa solicitó a don Flavio


García un bosquejo a lápiz de “Güemes militar” que también firmó con las
iniciales F. G., y que el artista sólo había modificado la indumentaria
reproduciendo el dibujo primigenio de Charton23.

Por otro lado, el Cnel. Luis Alberto Leoni Houssay discrepa con Romero
Sosa y expresa que, consultando cartas de la familia Güemes Puch, encontró
que: “…el Dr. Carranza le había solicitado a Miguel Araóz el retrato de
Güemes con uniforme porque iba a escribir su biografía”24.

Después de desenmarañar la historia de la primera imagen del Gral.


Güemes pensamos que pudo ser posible que la imagen de Charton se
utilizara para vestirla con ropas militares. Tal vez sea la misma y no una
copia, si consideramos que Charton fue un pintor y dibujante de renombre y
una obra suya no sería destruida ni por su valor artístico ni por su valor
económico. Es una posibilidad que no debería descartarse. Otra, es dable
pensar, que a lo mejor se encuentra integrando una colección privada de arte
o que alguien la atesora como una reliquia.

En 1881, apareció en Buenos Aires la revista La Ilustración Argentina.


Estaba dirigida por el periodista y abogado Pedro Bourel y contaba con los
aportes de artistas y escritores de la época25. Tenía como objetivo difundir el

22
Distintos investigadores atribuyen esas iniciales a los pintores Flavio García o al
fraile italiano Luis Georgi.
23
Roberto Enrique Díaz. “El General Güemes en la medalla. Iconografía del Gral.
Martín Miguel de Güemes relacionada con las medallas acuñadas”. En: Gobierno de
la Provincia de Salta. Instituto Güemesiano de Salta, Boletín Nº 33, Salta, 2009.
24
Ibíd.
25
Sandra M. Szir. “Imágenes y tecnologías entre Europa y Argentina. Migraciones y
apropiaciones de la prensa en el siglo XIX”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, École
des hautes études en sciences sociales, Paris, 2017: 12-15. En

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

campo literario y artístico nacional. Los colaboradores buscaban visibilizar


su obra y “educar el gusto” de los lectores.26 En 1885, en dicha publicación,
el joven artista F. Hoyos presentó un dibujo del Gral. Güemes que ocupaba
toda una página. Vestía uniforme de húsar con el dolman sobre el hombro
derecho. Sobre el brazo izquierdo se lee la firma del dibujante salteño que
estaba radicado en la Capital de nuestro país.

Güemes en la pintura

El pintor italiano Arístene Papi (1877-1954) se radicó en nuestro país a


fines del siglo XIX. En esa época, fue enviado por el Museo Histórico
Nacional a Salta para bosquejar la Quebrada de la Horqueta que fue el sitio
donde murió Güemes. Sus bocetos fueron la base para pintar dos cuadros
históricos: “Oleada gaucha” y “La muerte del Gral. Güemes”. Es
considerado el precursor de la enseñanza de las artes plásticas en Salta
porque fundó la primera escuela de bellas artes de la provincia.

Papi se formó con Gino Ginevri (1857-1935) que era director de la


Escuela de Bellas Artes de Urbino. Con el profesor Bruschi, director del
Museo de Arte e Industria, estudió las obras de El Greco. Bajo la dirección
del maestro Augusto Broggi decoró iglesias en Italia. En 1918 decoró la
capilla de San Bernardo en la ciudad de Salta27.

[Link]
26
Laura Malosetti Costa. Los primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires
a fines del siglo XX. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2001; pp. 15-17.
27
Flavia Gabriela Lisi. “Italianos en Salta: mensajeros de cultura”. Revista de
Investigaciones Lingüísticas y Literarias Hispanoamericana. Nueva época. De
Lenguas y Migraciones. Estudios Interculturales, INSIL, Universidad Nacional de
Tucumán, 19, N. 1, 2014: 95-96.
En [Link]

51
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

En diciembre de 2019, por iniciativa de su bisnieto Sergio Papi, se


iniciaron conversaciones con las autoridades locales para recuperar la casa
del pintor, que se hallaba en ruinas, para transformarla en un museo28.

Arístene Papi - La muerte de Güemes – c.1890 - óleo s/tela


Legislatura de la Ciudad de Salta

Seguidamente, nos ocupamos de la obra de Eduardo Schiaffino (1858-


1935) artista argentino que se formó en Buenos Aires con el italiano José
Aguyari, quien le aconsejó estudiar en Venecia cuando obtuvo una beca del
Ministerio de Instrucción Pública. Luego, el Congreso de la Nación
Argentina le otorgó otra beca para estudiar en París. Allí ingresó en la
Academié Colarossi que había sido creada como una alternativa a la
escuela oficial (École des Beaux Arts) que se caracterizaba por su
conservadurismo, donde estudió con Raphaël Collin29. También frecuentó
al pintor Pierre Puvis de Chavannes y luego regresó a Buenos Aires en 1891

28
El edificio se encuentra situado en la calle Catamarca 135 de la capital salteña.
29
Pagano, ob. cit., p. 80.

52
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

donde organizó una exposición con fines benéficos en el Palacio Hume30.


Fue el fundador y primer director del Museo Nacional de Bellas Artes de la
ciudad de Buenos Aires.

En 1902, y a pedido de la familia, Schiaffino, realizó en la ciudad de


Buenos Aires un cuadro de Güemes en carbonilla, utilizando fotografías de
los descendientes. Luego, el pintor le escribió al Dr. Luis Güemes Castro
adjuntando una reproducción única de ese retrato mientras realizaba en
nuestra ciudad la misma imagen en pastel negro.

Otra curiosidad, es que el gobierno de la provincia de Salta, por decreto


del 5 de junio de 1965 dispuso que el cuadro realizado por Schiaffino fuera
“certificado y legalizado como la verdadera representación de Güemes”. El
documento esta rubricado por el gobernador de la provincia Ricardo J.
Durand y el ministro de gobierno Guillermo Villegas. De esa manera, se
puso fin a las discusiones sobre la imagen del general salteño.

30
[Cayetano) Córdova Iturburu. La pintura argentina del siglo veinte, Buenos Aires,
Atlántida, 1958, p. 31.

53
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Eduardo Schiffino - Güemes – 1902 - Carbonilla - 95 x 40 cm.

Schiffino pinto a Güemes vistiendo uniforme de gala que corresponde al


Regimiento de Armas de la Caballería Española. Durante las invasiones
inglesas estuvo a las órdenes de Juan Martín de Pueyrredón y vistió esa
indumentaria. Se compone de chaquetilla y pantalón blanco, con alamares
dorados y una charretera sin flecos (capona). En la manga, una cinta de color
verde, identifica al arma de Infantería.

Otro pintor que se ocupó de Güemes fue el consagrado Antonio Alice


(1866-1943) nacido en la ciudad de Buenos Aires. Su obra “La muerte de
Güemes” obtuvo la medalla de oro en la Exposición Internacional del
Centenario.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Antonio Alice (1886-1943) “La agonía y muerte de Güemes” 1910 - óleo

Alice tuvo una formación esmerada porque inició sus estudios a los 11
años con el maestro italiano Decoroso Bonifanti que se había instalado en
Buenos Aires, y le enseñó durante seis años. Los continuó en la Escuela de
la Asociación Estímulo de Bellas Artes. En 1904, contando con 18 años,
ganó el Premio Roma y se instaló en Turín. En esa ciudad, estudia en la
prestigiosa Real Academia Albertina, que era una institución de educación
superior de artes visuales, fundada en 1670. Durante cuatro años, trabajó
bajo la dirección de los maestros Giácomo Grosso, Francisco Gilardi y
Andrea Tavernier. Allí, obtuvo tres medallas de oro. En esa institución pintó
un boceto para la muerte de Güemes y el cuadro “La agonía y muerte de
Güemes”.

Sus obras fueron premiadas en los Estados Unidos de América, París y


Buenos Aires. Se le otorga la medalla de plata en 1914 por su pintura

55
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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“Confesión” y la gran medalla de honor en la Exposición Internacional de


San Francisco, California, en 191531.

En 1911 obtuvo la máxima recompensa en el Salón Nacional por un


“Retrato de señora”. A partir de ese momento, se dedicó a la pintura de
carácter histórico32 y costumbrista.

Otro artista-viajero, el francés Desiré Bourrelly presentó sus obras en


Mendoza en 190833. A principio del siglo XX, con cierta periodicidad, era
común que los pintores llevaran sus obras a esa provincia con el propósito de
exponerlas y venderlas.

El pintor decidió radicarse allí y es reconocido por ser el autor de los


retratos de varios gobernadores que hoy se exhiben en el Salón de los Pasos
Perdidos de la Legislatura Provincial. También se descubrieron seis murales
en la centenaria capilla del Cementerio local.34 Sus obras son fáciles de
reconocer porque las firmaba con una flor a modo de rúbrica.

31
Andrea Villagrán. “El general gaucho. Historia y representaciones sociales”, en
Sonia Álvarez Leguizamón, Poder y Eternidad. Saberes y representaciones sociales.
Salta. CEPIHA, Universidad Nacional de Salta, 2010.
32
Como ejemplos: el cuadro inspirado en el preámbulo de la Constitución titulado
“Argentina, tierra de promisión” y “San Martín en Boulogne Sur Mer”. Realizó
retratos directos de figuras notables como Joaquín V. González, el Gral. Julio
Argentino Roca, el pintor Decoroso Bonifanti, el Dr. Enrique Finochietto, el
historiador Dr. Ricardo Levene, entre otros.
33
Rodrigo Gutiérrez Visuales. “Salones y marchantes de arte en la Argentina (1890-
1925)”. Archivo Español de Arte. N. 286, 1999; p. 160.
En [Link]
34
Morán, Rafael: “Hallan un mural en un cementerio [de Mendoza]”, en diario
Clarín, Buenos Aires, 15 de octubre de 2005.

56
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Asimismo, se conocen cuatro óleos sobre tela de las patricias mendocinas


que fueron pintadas por el mismo autor y que se declararon Bien del
Patrimonio de la Ciudad de Mendoza35.

Desiré Bourrelly – “El Gral. Güemes y sus gauchos” - óleo sobre tela - 1922
Museo Histórico del Norte – Cabildo de Salta

A modo de conclusión

El concepto de “tradiciones inventadas” acuñado por los historiadores


Hobsbawm y Morgan fue una inestimable ayuda para desentrañar el enigma
de la representación del rostro de Güemes. Del mismo modo, han sido útiles
algunos relatos que incluyen construcciones sobre su apariencia.
Recordemos que el Gral. Güemes murió en 1821, un año después que
Belgrano. A pesar del fervor patriótico que dejó la Revolución de Mayo y de
la necesidad que tuvo la Generación del 80 de promover la idea de
“nacionalización de la población” ante el avance de la inmigración

35
Boletín Oficial. Mendoza, 15 de marzo de 2012, Año 113, N. 29.104; pp.
2465/2466.

57
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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extranjera, no se incluyó a Güemes en el panteón de los próceres hasta el año


1931, cuando se inauguró en Salta el monumento realizado por Víctor Juan
Garino. Y, cincuenta años después, cuando se construyó en Buenos Aires la
replica del monumento salteño en el Parque San Benito de Palermo, obra de
Ermando Bucci.

En 1966, en una plaza de Palomar, que lleva el nombre del prócer, se


ubicó el monumento realizado por Cabestany Piñol. Dicha obra, a través del
tiempo fue cambiando de apariencia con algunos agregados, lo que resultó
muy kitsch.

Por último, en 2011, otra escultura del prócer realizada por Mario
Arrigutti fue instalada en la Plaza República de Chile, en la ciudad de
Buenos Aires, acompañando a otros colaboradores de San Martín.

Con respecto a las obras pictóricas sucedió algo similar. Los gobiernos
de turno se empezaron a ocupar del tema tardíamente. Y fueron los años
1899, 1902, 1910 y 1922 los que marcan la aparición de algunas obras por
encargue oficial.
Lo que sí se dio estos últimos años, fue la difusión que hizo el gobernador
salteño Dr. Juan Manuel Urtubey durante sus dos mandatos que se
extendieron del 2007 al 2015. El funcionario donó bustos de Güemes a
distintas localidades del país y del exterior.

Por último, y no menos importante, es que muchos artistas locales


tomaron la imagen de Güemes como bandera y realizaron obras artísticas
para honrarla. También, su efigie se difundió en el aspecto institucional y
empezaron a circular estampillas de correo, monedas, y medallas. Del mismo
modo, encontramos a nivel popular objetos recordatorios como bustos para
escritorio y remeras. Toda esa memorabilia demuestra que el pueblo salteño
no lo olvidó, que lo lleva en su corazón y que su historia estará siempre
vigente, como lo está en la música folklórica que constituye el Cancionero
Güemesiano.

58
La historiografía sobre Martín Miguel de Güemes en el siglo XIX:
la construcción del mito provincial1

Ariel Alberto Eiris

Introducción

Durante la segunda mitad del siglo XIX en Argentina se desarrolló una


historiografía nacionalista, destinada a construir un relato histórico que
fortaleciera la construcción del “ser nacional”, fortaleciendo la identidad local
a partir de valores y mitos que habrían de explicar el origen de la “nación
argentina”2. Desde allí se produjo una importante valoración de ciertas figuras
históricas que pudieran representar esos valores y ser símbolos de la nación
que se construía. La labor de varios eruditos que a su vez eran políticos, fue
clave para la formación de estos “héroes” de la historia argentina. Figuras
como Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López fueron esenciales para ello3. Sin
embargo, antes de ellos, ya existía un impulso por exaltar a diferentes figuras
con fines de legitimación de políticas contemporáneas, aunque dichos trabajos
eran esencialmente datistas y carentes de una metodología moderna, propia de
la escuela erudita y positivista europea, que Mitre traería a la Argentina.

1
Este trabajo se inscribe en el proyecto “La biografía como género en la Edad
Contemporánea (Argentina-España-México)”, desarrollado por la Fundación Ortega
y Gasset bajo la dirección de Ángeles Castro Montero en Argentina (HAR 2017-
89291-P).
2
Sobre el debate por el “origen de la nación” argentina, consultar: José Carlos
Chiaramonte, “El mito de los orígenes en la historiografía latinoamericana”, en:
Cuadernos del IHAyA “Dr. Emilio Ravignani”, Bs. As., mimeo, 1991; Elías Palti, La
nación como problema. Los historiadores y la cuestión nacional, Bs. As., FCE, 2003.
3
Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina, Cuarta y
última edición, Volumen I y II, Buenos Aires, Estrada, [1887] 1947; Vicente Fidel
López, Historia de la República Argentina, Tomo IV, Bs. As., Sopena, [1883] 1911.

59
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Existe una vasta bibliografía referente a la formación de esa historiografía


nacional. Dichos trabajos se han centrado en la construcción de la imagen e
figuras como Belgrano o San Martín, al igual que en el uso pedagógico e
identitario que se le dio al relato histórico nacional4. Sin embargo, estos
estudios no se han centrado en la figura de Martín Miguel de Güemes y la
forma en que su figura era percibida y representada en la naciente
historiografía. Si bien su figura aparece mencionada en grandes obras sobre la
historiografía del siglo XIX, ninguno se detuvo específicamente a estudiar su
imagen, dado el relegamiento que la misma tenía frente a otras de alcance más
nacional como Belgrano o San Martín.

Por ello, se considera relevante realizar un recorrido sobre las principales


obras historiográficas que han tenido como objeto principal de estudio la vida
y persona de Güemes, lo que permitirá comprender qué rol le asignaron estos
primeros trabajos y de qué manera se buscó que integrara al panteón de
“próceres argentinos”, aunque su figura no hubiera alcanzado la jerarquía de
otras figuras en el relato historiográfico de su tiempo. Se sostiene que estas
obras provienen de políticos de la provincia de Salta, que buscaron exaltar su
figura para legitimar su propia actuación, por lo que su figura quedaría
relegada a la esfera provincial, sin el alcance nacional que obtendrías otras.

Primeras biografías sobre Güemes

Nacido en Salta en 1785 y fallecido allí mismo en 1821, Güemes fue un


político y militar de relevante presencia pública a lo largo del proceso

4
José Carlos Chiaramonte y Pablo Buchbinder, “Provincias, caudillos, nación y la
historiografía constitucionalista argentina (1853-1930)”, Anuario IEHS, N. 7, 1992:
93-120; Fernando Devoto, “La construcción del relato de los orígenes en Argentina,
Brasil y Uruguay: las historias nacionales de Varnhagen, Mitre y Bauzá”, en Carlos
Altamirano, Carlos, Historia de los intelectuales en América Latina, Bs. As., Katz,
2008: 269-289; Fabio Wasserman, “El historicismo romántico rioplatense y la
historia nacional (1830-1860)”, en: Pró-logos. Revista de historia, política y sociedad
2, 2009: 33-58; Alejandro Eujenian, “La nación, la historia y sus usos en el Estado de
Buenos Aires, 1852-1861”, Anuario IEHS, N. 27, 2012: 57-83.

60
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

revolucionario rioplatense iniciado en 1810 y la consecuente guerra que derivó


en la Independencia en 1816. Asimismo, construyó un liderazgo social y
político que le permitió permanecer como una figura central en la vida pública
de la región de Salta, y ser el primer gobernador de dicha provincia hasta su
muerte.

La relevancia en vida que alcanzó la personalidad de Güemes, llevó a que


pocos años después de su muerte se escribieran las primeras biografías sobre
su persona. Estos escritos fueron realizados por políticos y militares de Salta,
que eran parientes o allegados personales de Güemes y que ocuparon por
algún momento la gobernación de esa provincia. Así, es que la primera
biografía fue redactada por Dionisio Puch, hermano de la esposa de Güemes,
Carmen Puch. Era un militar y caudillo provincial de importante liderazgo
político. Vinculado al grupo unitario, tomó el gobierno provincial en 1841 en
el marco de la adscripción del territorio a la Colación del Norte que se
enfrentaba a Juan Manuel de Rosas. Luego de haberse exiliado de la provincia
que gobernó durante algunos meses del año 1841, Puch escribió desde Lima
una biografía que pretendía legitimar a su fallecido cuñado, al tiempo que ello
le servía políticamente para posicionarse como un heredo del legado de
Güemes, al identificarlo con los ideales políticos que por entonces defendía
Puch, cercano al unitarismo y la Coalición del Norte en guerra contra el
rosismo5. Reivindicando el localismo que Güemes expresaba, Puch acentuó
también el supuesto carácter unitario del fundador de la provincia, lo que daba
un marco legitimador a la propia política de Puch.

Así, Puch buscó constituir a Güemes en el fundador de la provincia,


resaltando su tendencia unitaria. Su obra remite a la memoria del autor, lleno
de crónicas y narraciones personales. No hay fuentes documentales citadas,
sino una exaltación de su figura con un sesgo legitimador centrado en sus
sucesores. Se señalaba el carácter de Güemes como gobernador nombrado por
el Cabildo de Salta con la aprobación del gobierno central al cual Güemes no

5
Dionisio Puch, Biografía del General don Martín Güemes, Lima, Imprenta del
Comercio, 1847.

61
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

habría amenazado. Siendo así su primer gobernador, defensor de los intereses


provinciales en el marco de la guerra de independencia.

Así, se posicionó a Güemes como “padre de la provincia”, y defensor de


un localismo que no negara el poder central, ni la importancia de la
organización nacional, lo que se evidencia en las menciones realizadas sobre
el apoyo dado por Güemes a la reunión del Congreso de Tucumán, luego del
Pacto de los Cerrillos. De esa manera, Güemes era también posicionado como
un garante y promotor del orden institucional, el cual Puch reclamaba en el
marco del rosismo.

De esa manera, la primera biografía fue realizada por un gobernador


salteño que había sido cercanos a Güemes y que legitimaba su autoridad en la
figura de quien consideraban el “fundador de la provincia” y de quien
pretendían mostrarse como herederos. La construcción de su figura les
permitía revindicar sus propios gobiernos y posiciones políticas, tiempo
después de haber dejado la gobernación.

Esta primera biografía constituye una obra apologética, sin rigurosidad


científica, pero que expresaba experiencias y perspectivas de los allegados a
Güemes. A su vez, la obra facilitó la construcción del “mito de Güemes”, al
buscar instaurar su figura como uno de los principales responsables de la
Independencia y ponderar sus criterios y concepciones político-militares, con
las que Puch pretendía identificarse durante los conflictos de las guerras
civiles que ellos debieron enfrentar como gobernadores y “herederos” de
quien consideraban el “héroe salteño”. Así, se dio nacimiento a la figura de
Güemes como héroe provincial, pero de reducido alcance nacional, vinculado
al localismo provincial y la posición política que sus sucesores tuvieron
durante las guerras civiles.

Esa imagen se complejizó a fin del siglo XIX y principios del XX, durante
el surgimiento de los primeros enfoques historiográficos de pretensiones
científicas, sustentadas en el positivismo. En ese clima intelectual, políticos y
juristas se abocaron a la producción histórica, la cual tenía un importante

62
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

sentido de creación de “héroes” en el marco de la construcción identitaria de


la “Nación Argentina”6. Bartolomé Mitre le dio un importante impulso a dicha
tendencia, posicionando en sus obras a Manuel Belgrano como la personalidad
eje de la Revolución de Mayo y a José de San Martín como referente del
proceso emancipador sudamericano7. En ese marco, Mitre referenció a
Güemes como figura subalterna de ambos militares, continuando con la visión
de alcance provincial que tenía hasta entonces su figura. Dicho enfoque fue
discutido por Dalmasio Vélez Sarsfield, quien argumentó que Güemes debía
estar a la altura simbólica de San Martín y Bolívar8. Sin embargo, en la
generalidad del discurso historiográfico e identitario nacional, Güemes
permaneció como una figura provincial salteña, sin lograr la proyección
pretendía por Vélez Sarsfield.

Años después, el jurista salteño Bernardo Frías publicó otra biografía de


Güemes, titulada Historia del General Martín Miguel de Güemes y de la
Provincia de Salta o mar de la Independencia Argentina9, donde el autor
buscaba equiparar al héroe provincial con aquellos ya consagrados a nivel
nacional. Esta tercera biografía se fundaba en argumentos de Vélez Sarsfield,
pero con un importante trabajo documental que permitía reforzar la

6
Al respecto de estas conceptualizaciones ver Fernando Devoto y Nora Pagano,
Historia de la historiografía argentina, Bs. As., Sudamericana, 2009, p. 27.
7
Sus trabajos fueron: Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia
argentina, Cuarta y última edición. Volumen I y II, Bs. As., Estrada [1887] 1947;
Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, Volumen I y II, Bs. As.,
Estrada [1890] 1947.
8
Ello se reflejó en publicaciones donde ambos autores expusieron sus argumentos
sobre el grado de centralidad que merecía la figura de Güemes en la historiografía
nacional. Ver Dalmasio Vélez Sarsfield, Rectificaciones Históricas: General
Belgrano, General Güemes, Bs. As., Impr. del Comercio del Plata, 1864 y Bartolomé
Mitre, Estudios Históricos sobre la Revolución de Mayo: Belgrano y Güemes, Bs.
As., Impr. del Comercio del Plata, 1864.
9
Bernardo Frías, Historia del General Martín Miguel de Güemes y de la Provincia
de Salta o sea de la Independencia Argentina, Salta, Comisión provincial del
Bicentenario, [1902] 2017.

63
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

ponderación nacional del héroe salteño. El autor señalaba que buscaba


constituir una historiografía nacional “desde las provincias” y no desde
Buenos Aires, en alusión a Mitre y López.

Frías hizo una extensa obra, de cinco volúmenes que pretendió acoplarse a
las producciones mitristas. En dicho trabajo biográfico, Güemes pasó a ser
presentado como “héroe nacional”, de forma tal que sus victorias militares y
actuaciones en Salta, no habrían tenido solo el alcance local ya ponderado,
sino que habrían tenido efecto “nacional”. Así, sería una figura fundacional
de la “nación argentina”, a la altura de Belgrano y San Martín. Si bien era un
trabajo de pretensión científica basada en el positivismo, la obra sigue siendo
una apología de Güemes. Se destacaban los vínculos políticos y de amistad
entre Güemes y San Martín, como forma de sostener el rol del gobernador
salteño en el marco del Plan Continental de San Martín, el cual habría sido
hablado entre ambos militares.

Dicho trabajo está en sintonía con la visión “nacional” presentado por la


historiografía mitrista. Se marcaba 1820 como un momento de
“barbarización” y desorden. Güemes era señalado no sólo como un héroe de
la independencia nacional, sino como un defensor del orden institucional, en
este caso provincial frente a la “anarquía”10. El trabajo conlleva numerosas
referencias al proceso global del territorio rioplatense, sin reducirse a una
historia provincial. Más bien, es una historia “nacional” vista desde las
provincias, posicionando a Salta en el marco de la guerra de la independencia
y como una provincia relevante en el proceso revolucionario y de organización
del territorio.

El trabajo constituyó por mucho tiempo la principal obra sobre su figura11.


Sin embargo, la visión presentada, no transcendió por entonces a nivel
nacional, pero su concepción sí quedó arraigada en la cultura salteña, que tomó

10
B. Frías, ob. cit., volumen 6, p. 486
11
F. Devoto y N. Pagano, ob. cit., p. 56.

64
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

a Güemes como “héroe” local y nacional. Habría que esperar al siglo XX para
una nueva revalorización nacional de su figura.
Conclusiones

La figura de Güemes fue exaltada historiográficamente desde tiempos


cercanos a su muerte, por parte de parientes suyos vinculados al poder político
provincial. Dichas figuras como Puch buscaron legitimar su accionar, a partir
de su asociación con Güemes. Puch buscó una valoración personal a través de
la reivindicación de su cuñado, posicionado como héroe provincial.

La exaltación de Güemes no solo significó la valoración de sus sucesores,


sino también el posicionamiento de la provincia de Salta en el marco de la
nación argentina. Tanto Puch como Frías resaltan valores en Güemes que les
permitía defender el rol de la provincia en el marco de la independencia y la
organización nacional. Así, Frías lo buscó posicionar en un relato nacional,
como héroe de la independencia a la par de San Martín, en un relato
historiográfico provinciano y no de Buenos Aires. Si bien sus criterios no
fueron aceptados en el marco nacional de la formación del relato del origen
de la nación argentina, su perspectiva sí tuvo raigambre en Salta, donde su
figura trascendió como fundador de la provincia y héroe nacional.

65
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

66
El programa de educación patriótica
y el lugar del General Don Martín Miguel de Güemes

Laura Guic

“En tiempos en que la patria


necesitaba valientes,
El gaucho Martín se puso a pelear,
entreverao con su gente”..
Hernán Figueroa Reyes

Existe ya en estos tiempos, un consenso generalizado entre historiadores,


aunque también de quienes se ocupan de un modo u otro del relato mítico
fundacional argentino, del relegamiento y el olvido de quien fuera para
argentinos y argentinas un cabal representante de la gesta emancipatoria
argentina: Martín Miguel de Güemes (1785-1821). Desde aquí se intenta
además recuperar al político que toma las armas en la lucha por sus ideales.

Quiero en esta ocasión y en rigor de mi pequeño aporte en pos de


comprender el motivo de tamaña injusticia, explicitar, que no me ocupo en
particular del ciclo de actuación de Güemes, sino del relato de corte patriótico,
que, en los primeros años del Centenario de la Revolución de Mayo, diseñó
una historia que ponderó la actuación de este hito importante, la Primera Junta
de Gobierno, pero que subordinó a aquel al germen de una historia para la
nación toda. El 25 de mayo se promueve como origen, desde una narrativa que
se equipara y hasta por calendario se celebra primero, a la mismísima
independencia.

Para decirlo con mayor precisión, es posible introducir esta situación del
que denomino “ocultamiento de Güemes”, en algo más grande que es la
disputa por la historia y el origen de la nación, entre dos momentos históricos,

67
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

1810 y 1816, pero que encubre a su vez, el enfrentamiento entre Buenos Aires
y el interior, enmarcado en ese federalismo anhelado y tantas veces mitigado.

Considero que es necesario identificar cuáles son las claves para


comprender esta exclusión primera y el escaso reconocimiento luego, de un
lugar indiscutido, que le corresponde a Güemes en el panteón de los héroes de
la patria en la forja de los cimientos de una nación que iniciará su
consolidación, hacia la segunda mitad del siglo XIX.

Y es en esta operación política de legitimaciones y ocultamientos, que un


protagonista indiscutido de las luchas por la ruptura del orden monárquico
colonizador, fue ocultado –y en esto radican mis hipótesis teóricas iniciáticas–
y unido a menciones que lo supeditaron, además, a las figuras de San Martín
y de Belgrano.

Si bien en esta breve intervención, simplemente propongo la posibilidad


de exhibir algunas de las pistas intelectivas encontradas en el diseño de
educación patriótica diseñado por José María Ramos Mejía desde la
presidencia del Consejo Nacional de Educación en tiempos de ese Centenario
de Mayo, este programa de instauración de una nacionalidad particular, que
sostenía discursivamente el protagonismo de un panteón que relegó al olvido
las hazañas y la política emancipatorias de Güemes, su obra y su legado. La
cuestión o interrogante serían ¿por qué?

Encuentro que, en los instrumentos de armado, en un intento de


recuperación histórica que Ramos Mejía le solicita al inspector Juan Pedro
Ramos, (1878-1958), un informe que excede su denominación y que edifica
una historia educativa tomando los insumos ofrecidos por las distintas
provincias, forma parte de una intervención política de legitimación del 25 de
Mayo por encima del 9 de Julio. Parte, como se decía, de la disputa entre
Buenos Aires y el interior. El reconocido y estudiado, como Informe Ramos,
será una fuente donde se reconozcan algunas pistas de este ocultamiento
evidente.

68
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Asimismo, y en esta imposición del relato de Buenos Aires y desde allí, es


conveniente tomar las construcciones de federalismo que operan y legitiman,
una definición, que de algún modo vulnera o lesiona su propia constitución, y
que se entiende puede revelar tal ocultamiento.

Vayamos primero a ese Centenario de Mayo para luego acudir a sus


referencias legitimadoras.

Puede decirse que tanto en el recorrido “educacional” que emprende


Ramos, el inspector, como en el detalle de la provincia de Salta, no encuentro
detalle alguno o señalamiento, o una mínima referencia a Güemes y a su
familia. Me adelanto, en este sentido para acompañar a esta especulación
primera, que surge de la protagónica participación de Güemes en la escena
política revolucionaria.

Será el pueblo del Norte, y más precisamente Salta y su tradición, quienes


recobrarán una historia desde allí para la Argentina, que recobre su figura,
legado y reconocimiento de entrega.

De esa historia que irrumpe y revela su rostro ocultado algunas cuestiones


imposibles de ser vistas por las historias conservadoras, de las que se
desprende la intencionalidad referida.

Primero puede afirmarse su participación como militar en las Invasiones


Inglesas, primero como ayudante de Liniers y luego comandando el pelotón
de Húsares de Pueyrredón. Esta historia no fue recuperada en manuales de
enseñanza para la educación común, por ejemplo.

Vale subrayar aquí, que, si llegando al novecientos y en ocasión de las


celebraciones por el centenario mayo, la trayectoria militar de este salteño
aguerrido, no era parte de la historia que se enseñara en las escuelas, como
parte de ese panteón del cual quedaba relegado.

69
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Cuenta además su biografía1que en agosto de 1810, Güemes lidera un


escuadrón hacia Humahuaca como una de las primeras acciones a favor de los
acontecimientos y movimiento de Mayo. Es sencillo tomar de la vida de
nuestro saliente militar, las distintas oportunidades de participación clara y de
actuación en tiempos previos a la independencia.

Inicia, recordemos, su historia educacional de Salta, diciendo: “La


ilustración general de esta provincia tuvo necesariamente que resentirse del
estado especial de cosas en que la precipitó la guerra de la Independencia.”
(Ramos, P., p. 589, 1910). Ante tamaña sentencia, rápidamente puede
encontrase a continuación que la cultura próspera de la provincia, que desde
1812, resume “no conoció la paz”. (Ramos, P., p. 589, 1910). No hay en los
lineamientos del plan y las publicaciones de ese tiempo, vinculadas al CNE,
una propuesta editorial o estética que ubique a Güemes en la centralidad de su
accionar. Si hasta el cuadro que le reconoce de algún modo un sitio en el relato,
lo ubica en el suelo y moribundo, y montando un caballo, y en sus atuendos
que lo revindicaran como un criollo más gaucho que español, por su origen.
No aparecen, a simple vista, en general y esto amerita una profunda
indagación porque no se enseña en sintonía con la independencia, esa que
hasta está corrida en su relevancia como ya se expuso párrafos arriba.

Bien uno podría señalar que como la fecha conmemorativa era la fiesta
maya, no cabía aquí el reconocimiento, pero entonces no se comprende el
motivo de recuperar el relato de la bandera, que es posterior al 1810, las
proezas así narradas de San Martin, etc.

1
Las fechas fueron recuperadas de la biografía, a modo de cronología, que se
encuentra disponible en [Link]
miguel-de-guemes-8.

70
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Obra de Antonio Alice (1886-1943) La muerte de Güemes 19102

Si bien y para matizar las afirmaciones primeras, la pintura de Antonio


Alice, ya por su fecha nos muestra que en este centenario mayo y fruto de los
concursos para la edificación de una simbología republicana y nacional, la
obra recupera la escena de su muerte, es oportuno identificar, que no existen
del mismo modo obras como las de San Martín en Cerro de la Gloria o el
proyecto del monumento a la Bandera y a su creador, en Rosario, promovidos
desde el ámbito nacional. El anterior fue el primero de sus cuadros históricos
para el artista.

Volviendo a las referencias históricas de quienes conducían la educación


común desde el CNE, el médico José María Ramos Mejía, quien ya había
reescrito la historia de Mitre y López, en sus reconocidas Multitudes
Argentinas (1899), siguiendo las pistas evolucionistas de su hermano.

En El federalismo argentino3 publicado en 1889, Francisco Ramos Mejía


(1847-1893), el hermano mayor del médico, intentará identificar, según versa
2
La obra se encuentra en la Legislatura de la Provincia de Salta.
3
Francisco Ramos Mejía, (1889) El federalismo argentino. (fragmentos de la historia
de la evolución argentina), Lajouane, Buenos Aires, en libro de colección de Sud
América, digitalizado por la Universidad de Harvard, disponible en:
[Link]

71
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

entre paréntesis en el subtítulo de la obra, fragmentos de la historia de la


evolución argentina.

Una línea que debe profundizarse y se abre en el sentido del ocultamiento


deliberado de Güemes y con él la centralidad de Salta en la historia nacional,
puede recuperarse de la cita siguiente, tal que según el abogado la historia
argentina siguiendo el eje del federalismo, inicia en la península ibérica en
contextos políticos monárquicos: “Por esto debemos remontarnos a España
para escribir la nuestra y determinar los factores y su influencia relativa en
este compuesto que se llama República Argentina actual”4.

Entiende que para rastrear las “causas verdaderas” de la fisonomía actual


argentina, de su tiempo, cabe aclarar, y desde esta perspectiva evolucionista
concluye Ramos Mejía, “Estudiar la historia de España es estudiar la historia
argentina”5. Para más adelante identificarse con la monarquía del viejo
continente: “hemos sido y continuamos siendo españoles por nuestra raza y
por nuestra historia”6.

Es interesante que un federalismo que se construye rápidamente con la


participación del salteño desde el Norte Argentino, del correntino San Martín,
desde Cuyo y con una ciudad de Tucumán cuna de la independencia, el relato
de la composición de Francisco Ramos Mejía, se explicita con una especie de
negación de la ruptura con el orden monárquico y razón de la emancipación
de esas Provincias Unidas, en Congreso.

José María Ramos Mejía, Las multitudes argentinas. Estudio de


psicología colectiva para servir de introducción al libro "Rozas y su
tiempo", Buenos Aires, Félix Loujaune Editor,1899.

4
Ramos Mejía, ob. cit., p. 6.
5
Ibíd., p. 6.
6
Ibíd., p. 7.

72
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Para legitimar así su tesis en relación al federalismo argentino, según el


abogado, la raigambre del espíritu federal y democrático, son fruto de la guerra
contra los moros (siglo XIV) y que, de ella, explica, España ya puede verse
como una federación de razas. La cita que sigue es categórica: “Las ciudades
fueron el foco siempre activo de la libertad y de la independencia y no hemos
usado una metáfora sino enunciado un hecho real y verdadero”7. Para finalizar
la pista de este ocultamiento deliberado de Güemes, desde la elite dirigente de
Buenos Aires, dice Ramos Mejía: “La raza se mantuvo pura ó por lo menos
no sensiblemente modificada”8.

Güemes es un problema para esta elite porteña, Lugones lo ubicará como


el líder de La Guerra Gaucha, de 1905, y ésta es a los efectos de la
presentación, es otra pista para seguir ahondando, en la recepción y
construcción de Martín Miguel de Güemes, que supo liderar a su “pueblo en
armas” (Lugones), contra la monarquía. Pero este es tema de un experto.

7
Ibíd., p. 84.
8
Ibíd., p. 100.

73
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

74
Caudillos y caudillismo en la escuela argentina:
una aproximación desde los usos de Güemes en los manuales escolares
durante el orden conservador

Hernán Fernandez

Introducción

En los tiempos que corren, Martín Miguel de Güemes pasó, junto con
José de San Martín y Manuel Belgrano, a ocupar el reducido panteón de
próceres cuyo aniversario de fallecimiento am erita feriado nacional. Pero
ese reconocimiento oficial llega luego de muchas críticas e intencionados
olvidos acaecidos sobre el líder salteño. Partiendo de tal situación mi
ponencia busca indagar de qué manera fue construyéndose la imagen de
Güemes en el transcurso de la historia argentina. Y, con el fin de lograr
dicho objetivo general, específicamente abordaré los usos efectuados sobre
la figura en cuestión dentro de los manuales escolares utilizados en el
periodo conocido historiográficamente como orden conservador (1880-
1916).

Indefectiblemente, la principal clave de lectura imperante al momento de


historiar a Güemes es desde su carácter de caudillo. ¿Qué significaba tal
categoría? En sentido neutro, el caudillo era un jefe militar: “en la Edad
Media castellana había designado al líder de mesnada”1. Sin embargo,
durante las primeras décadas pos independencia emergieron diversos relatos
–donde destacan las producciones de Domingo Faustino Sarmiento,
Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López2- destinados a exponer a los caudillos

1
Tulio Halperín Donghi, “Estudio preliminar”, en Jorge Lafforgue, Historia de
caudillos argentinos, Buenos Aires, Punto de Lectura, 1999, p. 19.
2
Para indagar sobre las diferentes lecturas realizadas durante el siglo XIX en torno a
caudillos y caudillismos, ver: Noemí Goldman, Ricardo Salvatore, “Introducción”,
en N. Goldman, R. Salvatore, Caudillos rioplatenses. Nuevas miradas a un viejo

75
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

como líderes populares sostenidos mediante la violencia ejercida por los


grupos bárbaros que los seguían –las montoneras-. De ese modo, el
fenómeno del caudillismo representaba la principal causa de los fracasados
intentos por organizar constitucionalmente las provincias de la insipiente
Argentina.

En consecuencia, todos los personajes históricos emparentados con el


caudillismo entraban en la órbita de la barbarie causante del retraso
argentino. Güemes, por su condición caudillista, no escaparía a las
peyorativas consideraciones3. El salteño, no obstante, pertenecía a la primera
camada de caudillos argentinos, cuya principal característica residió en haber
participado en las luchas por la independencia. Producto de eso, ciertos
pensadores intentaron recuperar su legado despegándolo del linaje bárbaro al
cual se lo había encadenado. Ejemplo de este tipo de lectura es la ejercida
por Aristóbulo del Valle, para quién Güemes significaba el “único de los
líderes provinciales cuya acción era valorada positivamente”4.

Partiendo de la ambivalencia en torno a Güemes, me propongo indagar la


construcción y utilización de su figura dentro de algunos manuales editados
para las escuelas primarias entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Las variantes influyentes en la elección de este tipo de fuentes para examinar
el objeto apuntado principalmente toma una cualidad: los libros de textos
escolares fueron pensados para la educación común y por ello, en cuanto a
los fenómenos históricos, representan la visión difundida por el Estado
argentino. En otras palabras, dentro de las publicaciones consultadas puede

problema, Buenos Aires, Eudeba, 1998, pp. 7-29; Pablo Buchdinder, “Caudillos y
caudillismo: una perspectiva historiográfica”, en N. Goldman, R. Salvatore, cit., pp.
31-50; Halperín Donghi, cit., pp. 19-56; etc.
3
En este sentido, es recomendable ver el modo en que Alicia Poderti reconstruye la
trayectoria de Güemes y problematiza las póstumas valoraciones efectuadas en torno
a su trayectoria política y militar: Alicia Poderti, “Güemes (1785-1821)”, en Jorge
Lafforgue, cit.. 99-129.
4
Pablo Buchbinder, cit., p. 39.

76
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

advertirse cómo entendía y, sobre todo, qué quería dar a conocer el gobierno
nacional sobre el caudillismo y, dentro del mismo, el legado de Güemes.

Ahora, la elección de las fuentes también faculta comprender el porqué


del marco temporal. Cómo es sabido, por impulso del gobierno conservador
en 1884 fue sancionada la Ley N° 1420 de Educación Común, parte de los
objetivos fijados apuntaron a formar argentinos mediante contenidos
moralizantes. Con esa finalidad se publicaron libros de textos donde los
autores apelaban a la historia argentina para ejemplificar la conducta del
buen ciudadano. Mi ponencia, precisamente, explora esas fuentes escolares.
Para dar mayor precisión al objeto requiero detenerme brevemente en la
coyuntura donde está inserto.

Pensar la escuela en la Argentina conservadora

Los rasgos generales del orden conservador pueden resumirse a través


de distintos puntos. Primeramente vale destacar la continua búsqueda de un
determinado grupo dirigente por consolidarse y mantenerse en el poder. Esa
elite concibió que únicamente ella podía gobernar, cerrando por consiguiente
el acceso a la política gubernamental a la mayoría de la sociedad. El
programa alberdiano de república posible entraba en práctica con el fin de
mantener el poder político en pocas manos.

Uno de los principales objetivos de la elite gobernante consistía en


favorecer el desarrollo del modelo capitalista agroexportador, con ese fin fue
impulsada la inmigración mediante diferentes medidas. El numeroso arribo
de inmigrantes evidenciaba el éxito estadístico de las acciones desplegadas
por el Estado. No obstante, gran parte de la masa trabajadora, compuesta por
criollos y recién arribados, sufría duras condiciones de vida y, también,
laborales. Partiendo de panorama semejante, el proyecto de nación de los
conservadores comenzaba a mostrar falencias que socavaban los cimientos
del orden político y económico diagramado para la Argentina moderna.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Entre las principales problemáticas destacan la negativa de los recién


llegados a renunciar a su condición de inmigrantes rechazando la
nacionalidad de origen para asumir la argentina. Al mismo tiempo
continuaban fieles a sus tradiciones y se negaban a enviar a sus hijos a las
escuelas estatales. Por otra parte, comenzó a organizarse un combativo
movimiento obrero en base a pensamientos en boga en Europa –
principalmente el anarquismo y el sindicalismo-. Esto permitió cristalizar
demandas abiertas contra el gobierno argentino por las pésimas condiciones
laborales. Además, el candente clima adquiría mayor efusión con las
protestas ejercidas por la Unión Cívica Radical en busca de exigir el fin del
régimen conservador, al que deslegitimaban por sustentarse en base al
fraude electoral.

Ante la escala de protestas, cierto sector del Estado concibió que el


problema emanaba de los inmigrantes indeseados, culpables de destruir la
sociedad argentina. Fundamentándose en ese diagnóstico, la policía reprimió
a quienes elevaban sus reclamos. ¿Qué otras medidas buscaron evitar el
colapso del orden conservador? En esta instancia vale mencionar la sanción
de la Ley de Educación Común (1884) y la consiguiente conversión de la
escuela como una de las principales herramientas de contención del modelo
político-económico pensado por los conservadores. En las aulas debían
formarse ciudadanos según los hábitos y conductas juzgadas óptimas para
favorecer el desarrollo de la república posible5.

Sin embargo, con la creciente escalada de conflictos sociales, la labor


moralizante encomendada a las escuelas evidenciaba sensibles falencias.
Según entendieron algunos funcionarios y pensadores del momento, gran
parte del problema social residía en la disolución de la nacionalidad

5
En palabras de Andrea Alliaud: “la función encomendada a la escuela pública fue
fundamentalmente de orden moral, orientada hacia la formación del ‘ciudadano’,
adecuado a la sociedad en que le tocaba vivir. Ciudadanos que debían responder a un
orden que excluía su participación directa, tanto como el derecho a una propiedad,
pero al que tenían que adaptarse para posibilitar su afianzamiento”. Andrea Alliaud,
Los maestros y su historia, Buenos Aires, Granica, 2007, pp. 62-63.

78
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

argentina dentro de la marea inmigrante. Por ello, recurriendo a los


principios positivistas en boga, se buscaron apuntalar los contenidos
escolares atinentes a redefinir el ser argentino.

De ese modo, en las primeras décadas del siglo XX, nos encontramos con
las medidas de educación patriótica, ideadas para reforzar la carga moral en
la formación educativa.

Sintetizando, la escuela desde un principio fue entendida como


instrumento moralizante, aspecto fortalecido a comienzos del 1900 a partir
de las conflictividades sociales. Y, para atender los requerimientos
coyunturales, aparecieron libros de textos con el fin de reflexionar sobre las
aptitudes adecuadas para la sociedad. De ese modo, por ejemplo, en dichos
trabajos se apeló a la historia mediante la revalorización de próceres y
hechos que hacían única a la Nación Argentina6. ¿Hubo lugar para el
caudillismo y los caudillos dentro de los manuales escolares?

Antes de pasar a explorar respuestas posibles, es menester marcar que


para los políticos e intelectuales argentinos el fenómeno
caudillos/caudillismo seguía vigente mediante nuevas manifestaciones. El
interés, guiado fuertemente por la impronta positivista, al momento de
abordar la temática radicaba en “evaluar los alcances negativos en ciertas
malformaciones orgánicas –raza, legado histórico, disposiciones políticas–
en el contexto político-social de fines de siglo”7. Partiendo de tales premisas,
indaguemos cómo fue utilizada la imagen de los caudillos y, especialmente,
de Güemes en los libros escolares.

6
Entre los principales tópicos a trabajar, replantear el pasado ocupó central atención:
“Esa relectura debía consistir en la búsqueda de los rasgos permanentes de la propia
cultura con los que enfrentar el cosmopolitismo”, Lilia Ana Bertoni, Patriotas,
cosmopolitas y nacionalistas, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007, p.
165.
7
Maristella Svampa, “La dialéctica entre los nuevo y lo viejo: sobre los usos y
nociones del caudillismo en la Argentina durante el siglo XIX”, en Goldman y
Salvatore, ibíd., p. 61.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Güemes y los caudillos en los manuales escolares

La cuestión caudillos/caudillismo, dentro de los diversos manuales


consultados, fue tratada de fluctuante manera, incluso algunos autores
directamente no se detuvieron en el tema. Sin embargo, en las publicaciones
de Enrique De Vedia y, sobre todo, de Ricardo Levene existió marcada
predilección por trabajar el asunto. En primer lugar vale destacar que para
ambos estudiosos el caudillismo representó una expresión de autonomía por
parte de las provincias y sus respectivos caudillos. Bajo esa línea de
pensamiento, De Vedia explicaba el surgimiento del federalismo como
tendencia de gobierno estimulada por los jefes “más representativos de esas
agrupaciones, á las cuales dominaban por el terror y por el carácter que se
adjudicaban ellos mismos de defensores de los derechos populares
amenazados por la política ‘absorbente y conculcadora’ de los hombres de
Buenos Aires”8.

Por su parte, Levene refiere al caudillismo en diversas publicaciones, por


ejemplo en Lecciones de Historia Argentina lo define como “el triunfo del
sentimiento y del instinto democrático de las masas”9. Además dotaba al
fenómeno con tintes feudales10 y lo consideraba una “democracia bárbara”
sostenida por las montoneras “o bandas de gauchos que asaltaban los
hogares y vivían del pillaje”11. No obstante, Levene, a pesar de lo negativo
de los caudillos, advertía que figuras de la talla de Bustos, Quiroga, López e,

8
Enrique De Vedia, Lecciones argentinas, Buenos Aires, Ángel Estrada, 1913, p.
191.
9
Ricardo Levene, Lecciones de historia argentina, Buenos Aires, Lajuane, 1913, T.
II, p. 207.
10
“[…] eran reyezuelos en los territorios de su mando; hubo algunos que fueron mas
poderosos que Directores y Presidentes. Los caudillos López y Ramírez vencieron al
Director Rondeau; Quiroga y Bustos desobedecieron al presidente Rivadavia”, ibíd.,
p. 281.
11
Carlos Imhoff, Ricardo Levene, La historia argentina de los niños en cuadros,
Buenos Aires, Lajuane, 1910, p. 127.

80
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

incluso, el mismo Rosas no dejaron de pensar en la organización nacional12.


¿Qué significaban las citadas lecturas en torno a los caudillos y el
caudillismo?

Al ser el periodo en cual se discutió y llevó a cabo la sanción de la


reforma electoral impulsada durante el gobierno de Sáenz Peña (1912) –
destinada a garantizar la participación masiva de votantes- resultan
mayormente comprensibles los objetivos subyacentes en De Vedia y,
principalmente, Levene. Ambos valoraban la importancia del sustento
popular en las democracias, pero también enfatizaban en el peligro de no
contar con una masa educada en los preceptos de la civilidad política. Los
caudillos eran bárbaros pero populares; las montoneras equivalían a anarquía
pero a la vez implicaban formas de expresión democrática. Entonces el
inminente paso de la república posible a la república verdadera debía
atender esas variantes, y dentro de tal marco lograba consolidarse la función
de la escuela como agente creador de ciudadanía.

Partiendo de ese esquema interpretativo, será la figura de Güemes la que


mayormente encarne las cualidades, negativas y positivas, de los caudillos.
Si bien el líder salteño “como caudillo, fue funesto, contribuyendo a la
desorganización política y social”13, no podía negarse su loable accionar por
ser “siempre fiel a la idea de unidad nacional”14. Incluso Levene, quien
señalaba lo rudimentario de la política y las tácticas guerreas de Güemes15,
no dejaba de apreciar la contribución del salteño a la causa de la

12
Según sostenía Levene en Cómo se ama a la patria, caudillos como “Bustos,
Quiroga y López, también se habían propuesto organizar el país y darle una
constitución. El propio Rosas decía que esa era también su intención, pero que no era
el momento indicado”. Ricardo Levene, Cómo se ama a la patria, Buenos Aires,
Aquilino Fernández, 1912, p. 116.
13
José Berrutti, Lecturas morales e instructivas, Buenos Aires, 1902, p. 142.
14
Ibíd., p. 144.
15
“[…] su gobierno era tan elemental como su táctica”. Ricardo Levene, Lecciones
de historia argentina, cit., p. 97.

81
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

independencia en la zona norte del país16. Por esta razón dicho historiador
catalogaba a Güemes como “abnegado servidor de la patria y la figura más
pura del caudillismo”17.

Pero si en algo coinciden la mayoría de los autores es en reivindicar la


labor de Güemes en el acaudillamiento de los gauchos. Levene destacaba
que, luego de las derrotas de Belgrano en el norte, “la frontera peruana
quedó defendida por los famosos gauchos salteños, a cuyo frente estaba el
caudillo Güemes”18. Por su parte, citando a Bartolomé Mitre, De Vedia
vanagloria la “defensa del suelo patrio, organizada y mantenida por Güemes
y que pasó a la historia con el nombre de Guerra de los gauchos, fue o es ‘la
más extraordinaria guerra defensiva-ofensiva; la más completa como
resultado militar’”19.

La utilización de Güemes en los manuales escolares operó entonces bajo


dos aspectos: defensor de la patria y líder gaucho. Su condición de caudillo
terminaba opacada fruto de ciertos méritos que, coyunturalmente, recobraron
valor debido a la amenaza prevaleciente sobre la identidad argentina fruto
del numeroso arribo de inmigrantes y de la creciente conflictividad social20.
Volver a Güemes significaba recuperar un personaje popular comprometido
en la lucha por la unificación de la nación y, sobre todo, entramaba la
representación del gaucho, personaje señalado desde comienzos del siglo

16
“De este modo, conjurado el peligro por el norte, San Martín pudo dedicarse y
consagrar todos sus esfuerzos, a la organización del ejército de los Andes, que debía
realizar el vasto plan de llegar a Chile, pasar al Perú, y ahogar en su foco la poderosa
resistencia española”. Ibíd., p. 98.
17
Imhoff y Levene, ob. cit., p. 115. También De Vedia compartía la valoración en
torno a Güemes, catalogándolo como “celebérrimo caudillo y general”. De Vedia,
cit., p. 55.
18
Ibíd., p. 81.
19
De Vedia, cit., p. 174.
20
Para ver lo usos de la figura del gaucho, de la gauchesca, etc., consultar: Ezequiel
Adamovsky, El gaucho indómito, Buenos Aires, Siglo XXI, 2019.

82
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

XX como emblema de la argentinidad21. En ese sentido el salteño lograba ser


el único caudillo capaz de penetrar en las aulas para servir de ejemplo según
los parámetros educativos diagramados para la Argentina conservadora22.

Consideraciones finales

Mi trabajo partió de la siguiente situación: la actual incorporación de


Güemes al panteón nacional. Al historiar los usos del legado del salteño
advierto que ya en las postrimerías decimonónicas y el naciente siglo XX
existía en los libros escolares el rescate del personaje en cuestión. No
obstante, los matices de dichas operaciones educativas facultan marcar
notables diferencias con la concepción actual del caudillo norteño. Si hoy en
día podemos ver a Güemes junto a San Martín y Belgrano, durante el
régimen conservador esa postal no resultaba posible, debiéndose esto a
distintos factores.

En primer lugar, vale destacar, Güemes no dejaba de ser caudillo. Si bien


había luchado por la unidad nacional y servía de arquetipo para enfrentar la
supuesta crisis de identidad divisada por los pensadores del momento, su
contribución era considerada parte del pasado. En este sentido, el salteño
constituía los gloriosos tiempos remotos, pero no el presente y futuro
anhelado por la elite dirigente. En esa clave temporal también fueron
recuperados los gauchos. En los manuales consultados pude inferir que las
añoranzas al gaucho se cuidaban de encapsularlo dentro de una especie en
vías de extinción23.

21
En este punto, es necesario destacar la intención iniciada por Leopoldo Lugones,
mediante la Guerra gaucha (1905), con el objetivo de consagrar al gaucho como
emblema del ser nacional.
22
Otro caudillo citado fue Facundo Quiroga, pero desde una perspectiva diferente.
Así, por ejemplo, Berrutti, apelando al relato sarmientino, refería al riojano con el
fin de aludir a sus rasgos gauchescos. Mientras que en las obras de Levene y De
Vedia, Quiroga emerge como ejemplo de caudillo bárbaro.
23
Bajo esa perspectivas Tomás Estrada citaba el poema de Rafael Fraguiero donde
se afirmaba: “El noble gaucho, se va/ Mañana… de él quedará/ Sólo un fantasma sin

83
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

El aporte del gauchaje a la identidad nacional estaba cumplido, no


obstante el mismo tiempo histórico lo sepultó en aras del progreso. En
resumidas palabras: Güemes, lo gauchos y, además, los caudillos formaban
parte y ayudaban a diagramar la Argentina pasada. Sin embargo, a diferencia
de otros próceres y hechos históricos nacionales, no valían como modelo
para los proyectos de república ideados por los integrantes del orden
conservador. Entonces, y retomando la incógnita inicial sobre cómo el
salteño logró integrar el panteón nacional; en base a lo expuesto, quizás, el
planteo debería reformularse a: ¿desde cuándo Güemes se convirtió en
referencia del pasado y ayudó a pensar la Argentina presente y futura?

vida,/ Una sombra desvaída”. Tomás Estrada, Lecturas argentina, Buenos Aires,
Ángel Estrada, 1908, p. 224. Por su parte, Figueiras al referirse a la literatura
gauchesca, consideraba que la misma “va desapareciendo a medida que desaparece
el tipo del verdadero gaucho que le dio origen”. José Figueira, Lectura expresiva,
Buenos Aires, Cabaut, 1904, p. 282.

84
Bernardo Frías y su Historia del general Martín Güemes.
Una pionera revalorización de Güemes en la historiografía regional
para su inclusión en el Panteón nacional

Sandro Olaza Pallero

1. Introducción

El presente trabajo intenta demostrar las intenciones de Bernardo Frías


para revalorizar al héroe salteño Martín Miguel de Güemes e insertarlo en el
Panteón nacional con un criterio novedoso y original. También pensó en ir
más allá de la frontera argentina al afirmar “sin pecado de exageración” que
“San Martín, Bolívar y Güemes, forman por la magnitud de la obra realizada
del augusto edificio de la independencia americana”. Hace un siglo Frías -
hombre de la Generación de 1896- participó en el homenaje por el
centenario de Güemes mediante conferencias, discursos y polémicas. Hay
que indicar brevemente la oportunidad del surgimiento de su Historia del
general Martín Güemes y de la provincia de Salta o sea de la independencia
argentina en 1902 y que por diversas circunstancias no se publicó en su
totalidad en vida de su autor. Güemes tuvo resistencias para ser reconocido
como una figura trascendental en su propia provincia por resentimientos de
clase y otros factores locales. El magistrado e historiador salteño Frías ha
sido mencionado como uno de los pioneros de la historiografía regional, no
en vano el título de su obra sobre Güemes demuestra sus objetivos. Por otra
parte, formó junto con historiadores y constitucionalistas de la segunda
mitad del siglo XIX, los núcleos de la interpretación de la Independencia y
de los orígenes de la nación argentina. Un punto central para poder apreciar
los condicionamientos historiográficos en el tratamiento de los orígenes del
Estado y de la nación argentina es el problema de la función de las
provincias y de sus más visibles representantes en esa historiografía

85
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

tradicional: los caudillos1. En la historiografía reciente Güemes también es


ubicado al lado de figuras como Manuel Belgrano, José de San Martín y
Juan Martín Pueyrredón. Como todo hombre “el Padre de los Gauchos”
cometió errores y gobernó con dureza a salteños y jujeños. No vaciló en
ordenar exclusiones para obtener recursos para la lucha que exigía muchos
esfuerzos. En ese aspecto tuvo que tocar intereses económicos y de redes de
familias que jugaron en su contra al facilitar las invasiones realistas y
empujarlo a la muerte. Se trata de una figura que estuvo impregnada de luces
y sombras, grandezas y miserias, enfermedades y frustraciones y así merece
ser contemplado y honrado2.

2. Balance de la Historia del general Martin Güemes y de la provincia de


Salta, o sea de la independencia argentina

Bernardo Frías como historiador provincial se empeñó en reivindicar la


figura del líder local Martín Güemes y de su lucha por la independencia3. La

1
José Carlos Chiaramonte, Usos políticos de la historia. Lenguaje de clases y
revisionismo histórico, Buenos Aires, Sudamericana, 2013, pp. 99-100.
2
Miguel Ángel, De Marc Güemes padre de los gauchos, mártir de la emancipación,
Buenos Aires, Emecé, 2014, pp. 11-12.
3
Bernardo Frías nació en Salta el 12 de agosto de 1866 hijo de un matrimonio
perteneciente a tradicionales familias y falleció en su hacienda de Guachipas el 17
de diciembre de 1930. En 1892 se recibió de abogado y doctor en Jurisprudencia en
la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires con su tesis Obligaciones
y responsabilidades del inquilino. Colaboró en 1918 con el interventor Manuel
Carlés y el obispo José Gregorio Romero y Juárez para edificar el Panteón de las
Glorias del Norte en la catedral salteña. Fue ministro de la Corte Suprema de
Justicia de Salta Fue autor de Mis versos (1901), La colegiala (1901), Historia del
general Martin Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia
argentina (Tomo I: 1902, Tomo II: 1907 y Tomo III: 1911), Francisco de
Gurruchaga (1910) y Tradiciones históricas (1923). Dejó inéditas parte de sus
Tradiciones históricas, Tradiciones familiares: La casa de los Frías, El Congreso
de la Independencia, Tratado de moral cívica y Compendio de historia argentina.
En discurso pronunciado por Ricardo Solá en 1937, en una sesión pública del
recientemente creado Instituto de San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de

86
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

visión denigratoria de los caudillos en la historiografía desarrollada en las


obras de Vicente Fidel López y de Bartolomé Mitre causó en las provincias
más afectadas la reacción de intelectuales, muchos de ellos políticos locales4.

Frías publicó en vida tres tomos de su Historia del general Martin


Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia argentina. En
1971, con motivo del sesquicentenario de la muerte de Güemes la editorial
Depalma publicó seis tomos de esta obra con el auspicio de la Fundación
Michel Torino. Roberto García Pinto vicepresidente de esa entidad en la nota
preliminar señaló: “Acaso puedan sorprender los calificativos que se aplican
a las gentes y a ciertos estamentos sociales. Responden a los usos del
lenguaje de la época y a modos de expresión muy arraigados en la mente del
autor”. Agregaba que la publicación contenía gran riqueza de datos,
anécdotas y referencias originales. Recogía el testimonio de la tradición oral
“la cual sin su concurso se hubiera volatilizado para siempre, pues alcanzó a
consignar las narraciones de los últimos protagonistas de la epopeya gaucha
y de sus descendientes inmediatos”5.

Salta, resaltó a la obra de los historiadores provinciales: “Muchos otros amantes del
estudio de nuestra historia patria han escrito sobre distintos sucesos que sería largo
enumerar, entre los cuales estuvieron, tan solamente, los nombres de algunos hijos
de Salta, Juan Martín Leguizamón, Casiano J. Goytía entre los del siglo pasado; y
entre los contemporáneos Julián Toscano, Miguel Solá, Bernardo Frías, Atilio
Cornejo, Carlos Ibarguren, Domingo Güemes y Francisco Centeno”. Véase,
“Conferencia leída por el Presidente, Sr. General don Ricardo Solá, en la sesión
pública celebrada en homenaje a los vencedores de Humahuaca, el 13 de Septiembre
de 1837, el día 19 de Setiembre de 1937, en el Salón de Actos de San Francisco de
esta ciudad”, en Boletín del Instituto de San Felipe y Santiago de Estudios
Históricos de Salta N° 1, Salta, 1938, pp. 7-17.
4
Chiaramonte, ob. cit., p. 155.
5
Roberto García Pinto, “Nota preliminar”, en Bernardo Frías, Historia del general
Martin Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia argentina,
Buenos Aires, Depalma, 1971, t. I, pp. VIII-IX. La obra totalizó seis tomos y el
último fue publicado en 1973.

87
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Frías comenzó esta obra con un análisis de la época indiana en el primer


tomo titulado “La sociedad bajo el Antiguo Régimen. La Revolución de
Mayo. Pronunciamiento de Salta”. En el contexto en que escribió Frías este
primer tomo en 1902, el país se encontraba políticamente en el auge del
orden conservador y del positivismo que también influía en la ciencia
histórica. En 1899 el gobierno de Salta había encargado a Frías que revisara
el archivo provincial con el objetivo de hallar documentos referentes a los
límites de esta provincia con las de Tucumán y Jujuy por diferencias
limítrofes. Frías cumplió con el encargo y descubrió que a pesar de estar casi
saqueado el archivo, especialmente entre 1810 y 1820, le hizo darse cuenta
de la importancia de los sucesos ocurridos en el norte argentino “y concebí
entonces la idea de escribir la historia del general Güemes, que fue el jefe
más brillante, hazañoso y afortunado de la guerra de la Independencia; por lo
que comencé a tomar todos los apuntes y datos concernientes al propósito”.
El primer tomo lo escribió en diez meses y convino con el director de El
Cívico, Eustaquio Alderete, en imprimirlo y darle el producido de la venta en
pago. Recibió el apoyo de intelectuales como Mitre quien le agradeció el
envío del tomo y afirmó que lo iba a leer con toda atención y que “ha
correspondido a usted a las esperanzas públicas, condensando en los
primeros capítulos de su libro, los antecedentes históricos de la heroica
provincia teatro de las hazañas del héroe que llenará los capítulos
subsiguientes, con arreglo al vasto plan que ha trazado, y que no dudo
corresponderán al mérito de su introducción”6. Destacó Armando Raúl
Bazán que el género de la historia regional tuvo a comienzos del siglo XX
una nueva contribución con la obra de Frías. Señaló que Rómulo D. Carbia
incluyó la obra en el género de la crónica biográfica y emitió un juicio no
muy favorable. Dijo que con esta obra reapareció el modo historiográfico del
que Mitre había sido el arquetipo y su influencia en Frías era evidente e
innegable. Para Carbia, Frías no mejoraba los procedimientos técnicos que
ya tenía muy en uso la historiografía croniquística y se reducía a narrar sin

6
Atilio Cornejo, “El doctor Bernardo Frías”, en Bernardo Bernardo, Historia del
general Martin Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia
argentina, Buenos Aires, Depalma, 1971, t. I, pp. XXVIII-XXXI.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

mucho cuidado de lo que preceptuaba la crítica. En opinión de Bazán esta


crítica no hacía justicia a la labor de Frías. Si bien no se podía negar que la
obra de Mitre fue modelo para constituir a una personalidad en el eje de los
acontecimientos y como ejemplo de virtud política y militar, la semejanza
era formal pero no conceptual7.

Frías señalaba que tres de las cinco razas que poblaban la tierra formaron
la población de América; la cobriza, la blanca y la negra. Las castas sociales
fueron reguladas por las Leyes de Indias que las clasificaron en nobles,
indígenas, mestizos, negros y mulatos. En estas condiciones, la nobleza
americana -dilatación feliz de la nobleza española- conservaba y amaba sus
virtudes y honrosas tradiciones. A pesar de que no gozaba de pesados
privilegios y abrigaba un espíritu liberal y un principio de igualdad
republicana basada en el mérito que produjo “desde los primeros días, la
creación de la gente decente, elemento social superior a la clase media que
se conocía en Europa, y no inferior a la nobleza con quien estaba ligado”.
Remarcaba que era convicción profunda en los antepasados españoles que el
vástago de razas viles no era una buena simiente: “La herencia del atavismo,
o sea, la herencia de las desgracias o flaquezas morales de los mayores, se
propagaban a la descendencia según lo demostraba una constante
experiencia”. Destacaba la importancia comercial de Salta como lugar
elegido por la inmigración española de la clase noble y aristocrática. Entre
las familias nobles salteñas se encontraban los Alvarado, Aramburú, Arias,
Castellanos, Figueroa, Frías Gorostiaga, Gorriti, Güemes, Gurruchaga,
Hoyos, Isasmendi, Moldes, Mollinedo, Otero, Quiroz, Toledo, Uriburu y
Zuviría. Indicaba Frías con orgullo que entre sus fuentes había títulos y
documentos en poder de su familia. La mayoría de la inmigración noble
como certificaban las ejecutorias de linaje procedían de la nobleza castellana
y vasca “que es la porción de la población española más honorable y fuerte”.
Admiraba a los vascongados “raza noble y famosa no sólo por la fuerte

7
Armando Raúl Bazán, “El Noroeste”, en La Junta de Historia y Numismática
Americana y el movimiento historiográfico en la Argentina (1893-1938), Buenos
Aires, Academia Nacional de la Historia, 1996, t. II, p. 98.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

honradez de su carácter, por la robustez de su constitución física y fuerza


muscular, por su virilidad moral, sino por las legendarias tradiciones de su
vida militar y la dignidad adquirida por el trabajo y las buenas costumbres”8.

Sin embargo, este libro fue la versión de la historia nacional dada por un
provinciano que a veces se distinguía sustancialmente de la versión escrita
por Mitre en su Historia de Belgrano y la Independencia Argentina. Mitre
centró la explicación del proceso emancipador en la figura de Belgrano9. El
segundo tomo con el título “Primeras campañas por la Independencia. Lucha
en el Alto Perú. Batalla de Salta” comienza con la resistencia realista a la
Primera Junta. El ex virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros se comunicó con
Santiago de Liniers, para invitarlo a empuñar las riendas del gobierno y
usara de su prestigio en el ejército y en el pueblo para aplastar la revolución.
Cisneros nombró a Liniers general en jefe del ejército realista y aun del
gobierno general en el Río de la Plata en combinación con el virrey del Perú.
Frías mencionaba los sucesos trágicos en Córdoba que terminaron con la
dispersión de los realistas y la captura de Liniers y sus partidarios: “Con el
encargo de prenderlo fue despachado, con un piquete de soldados, el oficial
ayudante Urien, de las tropas de Buenos Aires, el cual era un insigne bellaco.
Altas pruebas dio de ello; pues como el infeliz general llegado a pernoctar en
aquella miserable choza, rendido de fatiga después de una marcha de veinte
leguas corridas a caballo y por caminos ásperos y quebrados, y estuviera en
aquella hora entregado al sueño, siendo la mitad de la noche, Urien llegó a la
vivienda con su gente y penetró en ella”. Urien maltrató a Liniers lo tuteó sin
respetar su jerarquía militar y le hizo atar las manos hacia la espalda como si
se tratara de un insigne fascineroso y saqueó su equipaje. También fue
apresado el obispo Orellana después de caminar ocho leguas por el jefe de la
partida “un tal alférez Rojas, que era otro malandrín de cuenta” quien le robó
dinero que llevaba en el bolsillo. Describió el pedido de clemencia del
pueblo cordobés y los intentos de Ortiz de Ocampo de aplazar la ejecución
dada por orden de la Junta contra los realistas: “Súbita y violentísima

8
Frías, ob. cit., t. I, pp. 67, 73, 97-99.
9
Bazán, ob. cit., p. 98.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

indignación vino a causar entre los terroristas del gobierno de la capital


aquella súplica de Ocampo; y tan fuerte y tan grande el temor, el miedo y la
desconfianza que les causó el imaginarse a Liniers penetrando en el pueblo
de la capital, que daban la causa a pique de perderse con el hecho; tanto era
el prestigio del enemigo y tal la confusión del gobierno con el suceso”. A
pesar de los ruegos del obispo Orellana que se puso de rodillas ante Castelli
éste no tuvo piedad: “Todo es inútil, exclamó Liniers, lleno de aquella firme
serenidad del cristiano penitente; estamos en manos de la fuerza;
conformidad. Morimos por defender los derechos del rey y de la patria, y
nuestro honor va ileso al sepulcro”. Después de la ejecución los soldados
transportaron los cadáveres hasta Cruz Alta donde se dieron cuenta que el
del brigadier Gutiérrez de la Concha se estremecía aún en la agonía. El
oficial al mando ordenó se lo sepultara vivo: “Échenlo no más; no importa;
ahí se morirá”. Para Frías fue un acto condenable de la Junta inspirado por la
ligereza y la violencia de que estaba armada. Por otra parte, había usurpado
la autoridad “pasando por sobre los tribunales de justicia; porque holló los
derechos que las naciones y los preceptos de humanidad consagran en tales
situaciones entre los hombres civilizados, sacrificando la vida de los
enemigos vencidos, indefensos y prisioneros”. Luego, Frías narró los inicios
de Güemes en la campaña del Alto Perú y la política terrorista de Moreno
“sin embargo, éste ha sido, por lo común, el sistema empleado por todas las
tiranías –el despojo de los bienes, el destierro, la separación y la muerte del
rival y del enemigo político-; sistema que Rosas y sus satélites iban a poner
en planta años más tarde”. Sobre la muerte de Moreno opinó: “Sus parciales
aquí, apasionados como estaban, achacaron su muerte al veneno; pero la
calumnia no halló eco y se disipó enseguida”10.

Para Frías la personalidad clave para comprender la guerra de


Independencia fue Güemes y el pueblo salteño que con su heroísmo y
sacrificio lograron sostener una guerra exitosa con los ejércitos realistas,
objetivo en el que fracasó el Ejército Auxiliar del Alto Perú al mando de los
generales que llegaron desde Buenos Aires, Balcarce, Castelli, Belgrano y

10
Frías, ob. cit., t. II, pp. 11, 25, 28, 29, 35, 36, 41, 266.

91
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Rondeau. Según Bazán este juicio fue correcto observado desde la


perspectiva de los resultados político-militares a la luz de la bibliografía
conocida y de la abundante documentación édita e inédita existente11. Frías
en su tercer tomo con el título “Segunda invasión realista. El general Martín
Güemes” se lamentaba de que en la segunda campaña del Alto Perú se
repetían los errores de 1810 que comprometieron de nuevo la revolución
triunfante como malogró Juan José Castelli la victoria de Suipacha con su
imperdonable demora “vino igualmente Belgrano a malograr también ésta de
Salta con la suya, pues no sólo paralizó allí nomás su campaña militar, sino
que por el pacto inconsulto y precipitado que celebró con Tristán sobre el
mismo campo de la acción, había concedido la libertad de regresar armado al
seno del enemigo, sin ninguna condición”. De la crítica de Frías tampoco
estaba exceptuado Ignacio Warnes “hombre de natural y altanero, y poseer
un carácter despótico” celoso de las victorias de Arenales a quien no
reconoció “el altanero y soberbio gobernador”. Describió el avance realista a
Salta abandonada a su suerte por Belgrano. El ejército realista estaba
compuesto “de naturales de uno y otro Perú” que hablaban quechua y
también de algunos españoles “pero como los coyas fueran los más, y en
diferencia enorme, se le llamó Invasión de los Cuicos a esta que llevaron en
1814 sobre Salta; que vale así tanto como si se dijera de los coyas, que era su
sinónimo en usanza”. En este momento crítico acudió Güemes a la defensa
de Salta y José de San Martín lo rehabilitó después de estar confinado en
Buenos Aires por indigno por el raro delito de mantener públicos amores con
la Iguanzo, mujer seductora y liviana. Entonces Güemes puso su fortuna al
servicio de la causa y auxilió generosamente con ella a los gauchos
menesterosos, que los llamó suyos. Frías destacó la participación de la mujer
de todos los rangos sociales en la lucha contra los españoles que habían
ocupado Salta y Jujuy “hallándose en la intriga desde la negra esclava hasta
la matrona de más viso”. Las mujeres sufrieron las represalias de los realistas
como Ramírez quien envió desde Jujuy a Castro un cañón donde se ataron
las mujeres prisioneras que fueron azotadas. Sin embargo, las mujeres no se
asustaron y Pezuela se convenció con amargura que estas poblaciones eran

11
Bazán, ob. cit., p. 98.

92
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

más enemigas de los españoles “que los franceses en España”. Pezuela se


destacaba por su religiosidad y crueldad como cuando recomendó al general
Lombera: “Hasta la iglesia debe ser quemada y arrasada, sacando a nuestro
amo antes, en las alas de nuestro respeto y humildad. Deben las mujeres del
pueblo, los viejos y hasta los niños morir degollados; pues, además de ser de
la misma vil especie que los actores (que mataron al oficial García y su
partida) tendrán en ellos su castigo los que hayan huido a los montes”.

Frías describió a la sociedad secreta Logia Lautaro o Lautarina o en


forma más común la Logia que se apropió del gobierno rodeadas de
fórmulas misteriosas: “Usaban de términos cabalísticos para designar a los
miembros y cosas del partido; de letras enigmáticas y simbólicas para
tratarse; y llamábanse, entre sí, de hermanos”. La Logia convocó a la
asamblea nacional constituyente y recomendó las candidaturas a diputados a
favor de sus afiliados y casi exclusivamente hijos de Buenos Aires. Es
interesante como reseñó la expulsión y confinamiento de José Moldes por el
Directorio logista. Moldes junto con Pedro Agrelo representaban a Salta en
la Asamblea y en sus intervenciones entró en conflicto: “La cábala ya lo
conocía. Cuando se instaló la Asamblea, Moldes la acusó de falta de
legitimidad; con lo que, enfurecidos en gran manera los de la Logia con esta
cuerda discordante que salía de la uniformidad general que apetecían, casi se
lo mandó fusilar, ordenando se le formara proceso. Eran conocidos también
su influencia en el interior y su valor personal, la altiva entereza de su
carácter indomable”. Para sacarse de encima a Moldes se lo envió a la Banda
Oriental donde entró con el ejército vencedor en Montevideo y fue testigo
“de una cadena de picardías que, con motivo del mando, presenciaba
diariamente”. Luego se reintegró a la Asamblea y quiso denunciar estos
hechos donde estaba involucrado un hijo del director Posadas tío de Alvear.
De esta manera, a pesar de la inviolabilidad de su persona como diputado fue
“metido en un buque y echado fuera del país civilizado, dejándolo confinado
en Patagones”. Al tratar el servilismo del gobierno de la Logia mencionó a
Bernardo Monteagudo, Valentín Gómez y a Vidal. Monteagudo con su
brillante elocuencia nutrida de conceptos y reflexiones de peso. Gómez con
su labia abundosa e interminable y frases insulsas y huecas eran los

93
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

hipogrifos que en la Asamblea que arrastraban constantemente en triunfo.


“¿Y qué tirano no ha gozado de esta clase de solícitos defensores? Rosas los
tiene todavía”. Monteagudo era el más descollante por su figuración política
con su cuna discutida y su casta que era la de los mulatos. Hombre de
pasiones violentas, llegó a profesar odio feroz a los españoles: “Al decir de
éstos, cuando acompañaba a Castelli como secretario por el Alto Perú,
aconsejaba al representante los degollara a todos. Su odio y aborrecimiento
ingénitos en él contra todos los tiranos se extendía hasta abrazar a los
desconocidos, y por consecuencia de esto odiaba y aborrecía con toda su
alma a los reyes, haciendo gala de un fanatismo estúpido”12.

El marco de análisis de Frías no se limitó a la provincia de Salta con


jurisdicción en el momento de la guerra de Independencia a Jujuy y Tarija.
Abarcaba todo el espacio geográfico de las Provincias Unidas y en forma
especial los territorios de la frontera Norte y el Alto Perú. El libro comenzó
con el Virreinato del Río de la Plata y terminó en 1835 con el asesinato de
Juan Facundo Quiroga, que en opinión de Frías significó la frustración de la
organización constitucional del país latente desde 1810. Si bien el discurso
preliminar Frías adoptó el esquema de interpretación de Domingo F.
Sarmiento, a medida que profundizaba el análisis de los hechos surgieron
contradicciones impuestas por las evidencias documentales. La compulsa
heurística fue rica y variada, como la documentación salteña, los papeles de
Güemes publicados posteriormente en varios volúmenes, los testimonios de
los actores de los hechos y sus descendientes. A esto se agregaba bibliografía
argentina y boliviana13. El tomo quinto titulado “Quinta invasión realista. La
patria nueva y la patria vieja. Los Gorriti. San Martín Y Bolívar” comenzaba
con el amotinamiento del ejército realista destinado a Buenos Aires y sus
consecuencias: “Ocurría en verdad, que una anarquía semejante a las que
desquiciaba las Provincias Unidas, trastornaba todo el orden público en
España. Este país se había convertido en un nido ardiente de conspiraciones
y de sociedades secretas, las cuales contaban por afiliados a los jefes,

12
Frías, ob. cit., t. III, pp.177-193.
13
Bazán, ob. cit., pp. 98-99.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

oficiales y sargentos del ejército de Cádiz, como en América le pertenecían


La Serna, Valdez y todos los jefes y oficiales llegados al Perú, después de la
caída de Napoleón, formando una dilatada hermandad masónica”. Luego
describió al principal enemigo de Güemes, el general Pedro Antonio de
Olañeta y que la revolución lo había sacado de la oscuridad de la vida
ordinaria “le dio lugar prominente en los sucesos y lo inmortalizó como al
más decidido y pertinaz defensor de la dominación española en América.
Fue el rival encarnizado de Güemes en la lucha por la independencia; y
como si Dios hubiera querido personalizar en ellos las dos causas que
preconizaban la libertad y la tiranía del continente, los acontecimientos de la
lucha los pusieron y los conservaron frente a frente el uno del otro, mientras
los ejércitos sucumbían o se trasladaban a nuevos y distintos puntos, y
mientras pasaban unos generales y venían otros a dirigir las operaciones,
hasta quedar ambos dos definitivamente fijos, sosteniendo la bandera del rey
el uno, la de la patria el otro, sobre aquel límite que resultó insalvable tanto
para la una como para la otra bandera: la frontera septentrional de Salta. Era
Olañeta natural de Vizcaya”14.

La encuesta de Frías no se limitó a los hechos políticos y militares.


Desplegó el cuadro social y étnico, examinó la vida religiosa del país
tradicional y aportó notas sobre la mentalidad de cada estamento social y en
especial del gaucho salteño que adhirieron incondicionalmente a Güemes y
le permitió solventar la gran responsabilidad que le ordenó San Martín.
Güemes fue nombrado comandante de vanguardia del Ejército del Norte y
después jefe de la expedición auxiliar sobre el Alto Perú cuando el
Libertador operaba desde Lima. Su accionar permitió a San Martín
desarrollar desde Mendoza su estrategia continental y en los años 1820 y
1821 su compromiso con la causa de la libertad no fue acompañada de las
otras provincias desunidas por la política. Frías perteneció a tradicionales
familias salteñas que participaron con distinción en la Independencia como

14
Frías, ob. cit., t. V, pp. 1-15.

95
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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los Sánchez de Bustamante, Gorriti, Gurruchaga, Cornejo, Güemes, Saravia,


Moldes y Gorostiaga15.

4. A modo de conclusión

Bernardo Frías en sus argumentos se empeñó en reivindicar la figura de


Martín Güemes y de su lucha por la Independencia. La visión denigratoria de
los caudillos provinciales en sintonía con las obras de López y Mitre generó
una respuesta de los intelectuales locales, pero en el caso de Mitre, éste
felicitó a Frías a través de una carta y de una nota en La Nación. Por otra
parte, Frías formó parte de la Junta de Historia y Numismática Americana
fundada por Mitre16. Desde la última década del siglo XIX Frías publicó
trabajos donde indagaba el pasado salteño como la poesía, tradiciones,
costumbres o efemérides y que eran temas importantes para el público local.
Frías miembro de una familia perteneciente al patriciado salteño al escribir
su historia de Güemes también polemizó con los porteños y su visión de la
historia nacional en el contexto del Estado conservador. Cuestionó actitudes
de personajes que integraban el Panteón nacional como Moreno,
Monteagudo, Belgrano y como ejemplo de tirano citaba en varias ocasiones
a Rosas. Puso en duda atribuciones de Buenos Aires en sus distintos
gobiernos desde 1810 como en los casos de la política del terror contra los

15
Bazán, ob. cit., p. 99.
16
La Junta de Historia y Numismática Americana tuvo desde sus comienzos
presencia en el interior argentino a través de la elección de miembros de número y
correspondientes y de la posterior creación de filiales. Esta postura historiográfica se
basaba en que la historia nacional no podía ser elaborada sin contar con el
conocimiento regional y provincial, sin buscar en sus repositorios, sin tener la visión
de los estudiosos residentes en las provincias. Señala Víctor Tau Anzoátegui que la
historia regional no es una historia “menor” ni una historia “opuesta” a la nacional.
En el Noroeste sobresalieron Paul Groussac y Bernardo Frías; en Cuyo se destacaron
Damián Hudson y Nicanor Larrain; en Cordoba, Ignacio Garzón; y en Entre Ríos,
Benigno Teijeiro Martínez. Tau Anzoátegui, Víctor, “Introducción”, en La Junta de
Historia y Numismática Americana y el movimiento historiográfico en la Argentina
(1893-1938), Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1996, t. II, p. 11.

96
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

realistas del interior de y la Asamblea de 1813. Orgulloso de los linajes


salteños a los que pertenecía, se puede apreciar su admiración por las
familias de origen vasco en su mayor parte y vinculadas estrechamente al
Virreinato del Perú. Familias que participaron activamente en la vida pública
nacional con presidentes, legisladores, magistrados e intelectuales. Bernardo
Frías y su Historia del general Martín Güemes: Una pionera revalorización
de Güemes en la historiografía regional para su inclusión en el Panteón
nacional. En la discrepancia de Frías con las iniciales interpretaciones de los
orígenes nacionales y que fueron elaboradas en casi todos los países
americanos en la segunda mitad del siglo XIX, pudo insertar a Güemes en el
Panteón nacional prácticamente sin condicionamientos. Como se ha dicho,
se trataba del fenómeno de puesta de la historia al servicio del Estado y que
también sucedió en Europa como lo advirtió Ernesto Quesada a fines de la
era decimonónica17.

17
Chiaramonte, ob. cit., pp. 233-234.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

98
Los Infernales de Güemes
en el libro La Guerra Gaucha de Leopoldo Lugones (1905).
Un intento de recuperación y renovación idiomática
en tiempos del aluvión inmigratorio

Facundo Di Vincenzo

I. Introducción. Un libro, dos momentos históricos

El poeta, escritor, pedagogo, historiador y político, Leopoldo Lugones


(Villa de María del Río Seco, 1874-1938) escribe en los primeros años del
Siglo XX el libro La Guerra Gaucha1, que la editorial y librería de los
daneses,Arnoldo y Balder Moen publica en 19052. La obra de Lugones narra
la historia de las luchas emprendidas por los gauchos de Martín de Güemes
(los infernales) contra los ejércitos españoles durante los años 1812 y 1814, a
partir de 22 historias diferentes aunque todas ellas entretejidas entre sí. Me

1
Como se señala en el cuerpo del texto, la primera edición corresponde a las prensas
de los hermanos Moen, probablemente, fue una iniciativa comercial de estos libreros
ubicados en la Calle Florida 323 de la Ciudad de Buenos Aires, apostando a vender
varios ejemplaros por el renombre del autor del libro. La segunda la llevo a cabo
Manuel Gleizer, veintiún años después (1926); la tercera edición aparece por la Casa
de Peuser en 1946, con ilustraciones de Alfredo Guido; la cuarta (1947), quinta, sexta
(1948), séptima (1949) y octava (1950), corresponden a la Editorial Centurión.
Evidentemente, está editorial aprovechó la repercusión que causo el éxito
cinematográfico de la película basada en el libro de Lugones, “La Guerra Gaucha”
dirigida por Lucas Demare (1942). La novena edición fue publicada por Emecé en
1954; la editorial Raigal vuelve a publicar en 1955 el libro con las ilustraciones de
Alfredo Guido; la editorial Centurión en 1962 se encarga de la decimoprimera edición
y finalmente la editorial Losada publica las dos últimas ediciones a la fecha, la
decimosegunda en 1992 y decimotercera en 2009.
2
Sergio Pastormerlo, “El surgimiento de un mercado editorial”, en José Luis de Diego
(ed.), Editores y políticas editoriales en Argentina (1880-2000). Buenos
Aires/México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2006: 5-34.

99
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

interesa en esta ponencia demostrar que el autor intenta cumplir con este libro
un objetivo doble. Por un lado, en el contexto del mayor aluvión inmigratorio
que ha tenido la Nación, Lugones propone enseñarle al recién llegado sobre la
épica de la gesta emancipadora. Por otro, realiza un extraordinario
experimento que busca enriquecer el habla mediante el artificio neológico del
uso de arcaísmos, de términos ya olvidados, todos ellos provenientes de
nuestro tiempo colonial.

Pero, ¿Quién era Leopoldo Lugones en aquel entonces?

II. El momento de Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones, había llegado a la Capital de la República en 1896. En


tan sólo 11 años había frecuentado distintos ambientes públicos y privados
disimiles. Como poeta y escritor, estrecho lazos con los espacios literarios de
la llamada bohemia porteña del 900´, al mismo tiempo, fundaba un diario de
tinte anarquista/socialista (“La Montaña. Periódico Socialista
Revolucionario”) con su amigo José Ingenieros, también se lo podía encontrar
en las reuniones de la masonería porteña o trabando relación con los Ministros
Osvaldo Magnasco y Joaquín V. González, incluso en varias ocasiones, llegó
a intercambiar palabras con la figura política más eminente de aquellos años:
Julio Argentino Roca (Presidente de la República entre 1880-1886 y 1898-
1904)3.

Lo cierto es que la circulación de Leopoldo Lugones en diferentes ámbitos


más la repercusión de algunas de sus publicaciones, en donde entre otras

3
La mayoría de los datos fueron extraídos de la sustanciosa investigación realizada
por Alberto Conil Paz en su libro: Leopoldo Lugones, Buenos Aires, Huemul, 1985.
Otros trabajos en donde se reúne información sobre la vida y obra de Lugones son:
Lugones, Leopoldo, Leopoldo Lugones. Selección y comentarios de Leopoldo
Lugones (hijo), Buenos Aires, Centurión, 1949; Mí padre, Buenos Aires, Centurión,
1974; Borges, José Luis, Leopoldo Lugones [1963], Buenos Aires, Emecé, 1998;
Gálvez, Manuel, Amigos y maestros de mi juventud, Buenos Aires, Librería Hachette,
1961.

2
100
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

cuestiones se mostraba como un difusor de un nacionalismo cultural4 de corte


laico (La Reforma educacional. Un Ministro y doce académicos, 1905; El
Imperio Jesuítico, 1904), generaron una vertiginosa carrera como funcionario
de Estado. Primero le ofrecen ocupar cargos en la cartera de instrucción
pública con el objeto de reformular la enseñanza, al poco tiempo y por decreto
del Presidente Roca, es designado con el cargo de Visitador General de la
Enseñanza en reemplazo de Pablo Pizzurno. ¿Qué proponía Lugones y por
qué le interesaba esa propuesta a los hombres que Gobernaban la Nación? En
pocas palabras, impulsaba la motorización de una relación más estrecha entre
la instrucción pública y las instituciones políticas. Años después el mismo
Lugones lo definía: “La enseñanza debe dejar de tener por único objeto la
cultura general, para verse colaboradora en la vida política del Estado.”5

Leopoldo Lugones, como la mayoría de los Ministros de Roca (Magnasco,


Ricchieri, González) encontraban en la instrucción una barrera, en otras
palabras, un modo de frenar la irrupción violenta y acelerada de los sectores
inmigrantes en la política Nacional, fundamentalmente de sus modos de hacer
política. Eran tiempos de revoluciones, mítines, comités, huelgas; en resumen,
de una política que parecía haber tomado las calles6.

Ahora bien, en aquel contexto de efervescencia social, Lugones, quien a


fines de siglo (1897) había expresado cierto internacionalismo anarco
socialista con su amigo José Ingenieros, en 1905 con La Guerra Gaucha
decide expresar un profundo patriotismo, lejano a las ciudades portuarias
colmadas por inmigrantes. Manuel Gálvez, otro escritor atormentado por las

4
Como bien afirma Héctor Muzzopappa: “En las primeras décadas del siglo XX el
nacionalismo se dice de muchas maneras”, en “El nacionalismo argentino y sus
diversas configuraciones”, en Celina Lértora Mendoza, (Coord) Política, Educación
y Sociedad en la Filosofía Argentina del siglo XIX, Buenos Aires, Ed. FEPAI, 2018:
71-91 (p. 71).
5
Leopoldo Lugones, Didáctica, Buenos Aires, Otero y Cía, 1910, p. 158.
6
Hilda Sabato y Ema Cibotti, “Hacer política en Buenos Aires: Los italianos en la
escena pública porteña 1860-1880”, Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana Dr. Emilio Ravignani, n. 2, 1990: 7-46.

101
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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transformaciones sociales de fines del Siglo XIX e inicios del XX, en su libro
El mal metafísico (1916) señala: “mientras más se aleja uno de las ciudades
puertos más se acerca a la verdadera Patria”7. En un mismo sentido observo
que Lugones expresa con este libro un nacionalismo que brota de las
costumbres y tradiciones hispanas, mestizas y criollas del norte argentino. Por
su cargo de Inspector General de Educación, es inevitable observar que la
publicación de este libro responde a una reacción nacionalista frente a la
amenaza generada por el aluvión inmigratorio. El hijo de Leopoldo Lugones
explica, que su padre mientras era Inspector: “trabajaba en desproporción de
su sueldo: daba mucho más de lo que recibía”8, a pesar del desgaste, más
adelante afirma: “A pesas de ello, después de sus tareas solía escribir por la
noche, libros como La Guerra Gaucha”9. En síntesis, Lugones estaba
atareado, ocupado, no obstante, decide abocarse a escribir el libro.

En este punto, ¿A qué tiempos decide volver Lugones con su libro? ¿Qué
intenta recrear, difundir, promover en su época?

III. El momento de La Guerra Gaucha

El mismo autor lo define en las primeras páginas, dice: “La Guerra Gaucha
no es una historia, aunque sean históricos su concepto y su fondo. Los
episodios que la forman, intentan dar una idea, la más clara posible, de la lucha
sostenida por montoneras y republiquetas contra los ejércitos españoles que
operaron en el Alto Perú y en Salta desde 1814-1818”10. Más precisamente,
como lo señalan su principal biógrafo, Alberto Conil Paz y su hijo, Leopoldo,
los hechos corresponden a la campaña de avance sobre el norte de los ejércitos
comandados por el Capitán General español José De la Serna en 1818 y que

7
Manuel Gálvez, El mal metafísico [1916], en Obras escogidas, Madrid, Aguilar,
1949, p. 379.
8
Lugones, Leopoldo, Leopoldo Lugones. Selección y comentarios de Leopoldo
Lugones (hijo), Buenos Aires, Centurión, 1949, p. 69.
9
Ídem.
10
Leopoldo Lugones, La Guerra Gaucha, Buenos Aires, Librería Arnoldo y hno.
Moen, 1905, p. 5.

4
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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

terminó con la evacuación total de sus tropas el 5 de mayo del mismo año a
razón de la resistencia de los gaucho liderados por Martín de Güemes (los
infernales). ¿Cumple el objetivo? Claramente, ahora bien, lo significativo son
las formas que el autor utiliza para logarlo.

Si bien el libro narra un acontecimiento histórico, el libro en su primera


edición carece de fechas, nombres y determinaciones geográficas. Luego del
fallecimiento del autor, su hijo en la quinta edición de 1947 publicada por la
editorial Centurión, introduce las notas, en las mismas, figura con sumo
detalles los episodios de los que habla el autor del libro. Por ejemplo, en la
nota n. 70 de la primera historia: Estreno, explica: “El autor Batalla de las
Piedras, que aquí interesa, es la ocurrida el 3 de setiembre de 1812”11 o en el
segundo episodio, titulado: Alerta, en la nota n° 70 expresa Lugones (hijo):
“El caso fue narrado por el general español, Jerónimo Valdez, quien cuenta
que, “al llegar con su tropa a la inmediación de un pobre rancho y ver un
muchachito de cuatro años que montaba caballo a la voz de su madre, y partía
a todo escape para llevar a su padre la voz de alarma contra el invasor,
comprendió”, dice: “que a ese pueblo no lo conquistarán jamás”12.

¿Por qué razón Leopodo Lugones (el padre) omitió los nombres, fechas y
determinaciones geográficas? Afirma el autor del libro: “Por otra parte, la
guerra gaucha fue en verdad anónima como todas las grandes resistencias
nacionales […]”13. En este sentido observo que el libro, con su tejido de
historias de seres anónimos aunque todos patriotas, sacrificados, en otras
palabras, héroes de la emancipación, es también una operación por mostrar
que la independencia se forjo a partir las luchas de gauchos, criollos, paisanas,
niños y hasta esclavos de estas tierras. Interviene con estas historias en
momentos en donde los inmigrantes poblaban las calles y se convertían en el
elemento popular de las ciudades portuarias argentinas, Lugones expone que
la nacionalidad argentina nació del elemento popular dejando la inquietud en

11
L. Lugones, La Guerra Gaucha, Buenos Aires, Emecé editores, 1954, p. 32.
12
Ibíd. p. 52.
13
Leopoldo Lugones. Selección y comentarios de Leopoldo Lugones (hijo), op., cit.,
p. 67.

103
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

el aire, ¿Qué ha pasado con ese sentimiento? Como varios estudiosos y


estudiosas14 han expuesto en sus trabajos, la preocupación de Lugones la
compartían funcionarios y ministros del Gobierno de Julio Argentino Roca.
Probablemente por ello, el libro fue festejado más por los hombres del Estado
Nacional que por el público en general, como así lo señala Manuel Gálvez,
quien dice: “Las ediciones eran reducidísimas y tardaron años en venderse.
De La Guerra Gaucha, su mejor obra, se hicieron mil o mil quinientos
ejemplares y no los compró el público, sino el Ministerios de Guerra, el de
Instrucción Pública, el Consejo de Educación, y la Comisión Protectora de
Bibliotecas Populares.”15

Al mismo tiempo La Guerra Gaucha de Lugones es un intento por


enriquecer nuestra habla, mediante la utilización de artificios neológicos y el
uso de arcaísmos elaborados, rastreados y rescatados, a partir de una
minuciosa investigación. En las notas, Lugones (hijo) demuestra el trabajo de
recuperación realizado por su padre, por ejemplo cuando alude a la palabra: a
todo trance, extraída de las memorias del Gral. José María Paz, el término
bagual, cuya definición aparece en el vocabulario rioplatense elaborado por
Daniel Granada o la palabra pique, que extrae del libro de viaje del Padre
Alcides d´Orbigny. La edición comentada por Leopoldo Lugones (hijo)
cuenta también con un vocabulario que supera las cuatrocientas palabras. Dice
Lugones (hijo): “Voces argentinas, americanas, españolas no muy conocidas,
anticuadas, neologismos. Vocablos de flora y fauna regionales. En el mismo

14
Alejandro Herrero, “Joaquín V. González y sus libros. Sus intervenciones en el
espacio científico-académico, literario y del sistema de instrucción pública”, en:
Estudio de filosofía práctica e historia de las ideas, Mendoza, 2017: 15-31 ,
“Estado y Liberalismo patriótico. Las Escuelas Normales Populares en la Provincia
de Buenos Aires, 1880-1917”, en Perspectivas Metodológicas, Buenos Aires; 2020:
3-17; Héctor Muzzopappa y Celina Lertora Mendoza (Coord.), Política, Educación y
Sociedad en la Filosofía Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Ed. F.E.P.A.I, 2018.
15
Manuel Gálvez, Amigos y maestros de mi juventud. Recuerdos de mi vida literaria,
Buenos Aires, Hachette, 1971, p. 201.

6
104
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

aparecen los nombres históricos y geográficos citados por el autor, con su


correspondiente anotación explicativa.”16

Por otra parte, si bien Leopoldo Lugones utilizó el momento de las guerras
gauchas contra el español para recuperar el lenguaje que brotaba de estas
tierras, a diferencia de otros de sus libros como El Payador (1916) o El libro
de los paisajes (1917), donde alude a sus charlas y encuentros con la gente del
campo, con gauchos y paisanos o al contacto con la flora y fauna del territorio,
en este caso, por ser un hecho histórico y no tener la posibilidad de trabajar
en aquel campo, como un etnólogo, Lugones optó por sumergirse en
memorias, poemas, canciones folklóricas, diarios de viajes, y demás textos de
aquella época.

En este punto, me interesa señalar que dicha operación también, a pesar de


su marcado anti hispanismo, acciona como una recuperación del lenguaje de
la madre patria. A pesar de lo señalado por su hijo y su principal biógrafo
Conil Paz, encuentro que Lugones quedo entrampado en una tarea imposible,
que es la de intentar volver al pasado quitando de ese pasado a la influencia
española. Juan Carlos Ghiano lo expone claramente cuando afirma que
Lugones no pudo cumplir con el intento, dice, “de crear un lenguaje especial
fuera de los socorridos cauces de un español tutelado por la Academia
Española”17.

En resumen, en este brevísimo recorrido se intentó demostrar que el libro


La Guerra Gaucha, que narra las luchas del pueblo del norte contra el español
se enmarcó también en un momento particular de la sociedad argentina,
signado por el aluvión inmigratorio. Frente a estas transformaciones, Lugones,
como tantos otros hombres del Estado Nacional, intento intervenir con una
obra que aspiraba con historias anónimas fomentar un sentimiento nacional,
en este caso, de raíz popular. Al mismo tiempo, encuentro que la acción puso

16
Leopoldo Lugones. Selección y comentarios de Leopoldo Lugones (hijo), ob., cit.,
p. 351.
17
Juan Carlos Ghiano, Análisis de La Guerra Gaucha, Buenos Aires, Centro Editor de
América Latina, 1967, p. 18.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

a prueba a Lugones, en el sentido de matizar o al menos, ubicar de otra manera


su lectura sobre España y su influencia en la nacionalidad argentina.

8
106
Güemes de político local a prócer nacional1

Alberto David Leiva

El proceso de convertir en prócer nacional a una figura histórica, se


vincula siempre con la relación de fuerzas y con la distribución del poder
político. Para ello, por lo general, la política necesita de los historiadores,
cuya palabra está autorizada para hablar en nombre del pasado, Antes se la
consideraba investida del poder de sanción (el juicio de la historia).

Entrando en tema, recordemos que la historia se resignifica: Por un lado


tenemos la producción historiográfica, y por otro las prácticas de apropiación
y resignificación (el relato). En este caso, la historia adquiere la forma de un
conjunto de representaciones que operan en los procesos de identificación
colectiva cuando se junta con el mito.

En el caso del general Güemes, tanto la historia como la política,


produjeron la transfiguración del político local en héroe nacional.

Período de conformación del estado nacional argentino

Durante la lucha por la emancipación, por razones políticas se reconoció


su figura: En mayo de 1817, a solicitud de Belgrano, el Director Supremo
Pueyrredon le expidió despacho de Coronel Mayor de los Ejércitos de la
Patria. Asimismo, Pueyrredón dictó un decreto, reconociendo los
excepcionales servicios prestados por Güemes; y en mérito a su brillante
actuación, el gobierno lo premió con una medalla de oro y una pensión
vitalicia para su primer hijo; una medalla de plata con trazos de oro para los
jefes, una puramente de plata para los oficiales y para la tropa un escudo de
paño con la inscripción: A los heroicos defensores de Salta.

1
Desgrabación de la exposición oral durante el Simposio, revisada por el autor.

107
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Como sabemos, Güemes volvió a Salta por motivaciones militares, pero


también políticas: aspiraba a gobernar desplazando al partido conservador
del gobierno salteño. Cuando llegó a la ciudad el pueblo salió a la calle a
recibirlo. El gobernador intendente, Hilarión de la Quintana, estaba ausente,
acompañando a Rondeau camino al Alto Perú. Entonces se pidió al cabildo
que, sin participación del Directorio, nombrara un gobernador.

Güemes era el único candidato a la vista, y tenía a su favor que su


hermano mayor, el doctor Juan Manuel de Güemes, era uno de los miembros
del cabildo. Así fue nombrado Gobernador Intendente de Salta, jurisdicción
integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, San Ramón de la
Nueva Orán y varios distritos de campaña. Dos semanas después de asumir
el gobierno, el 15 de julio de 1815, contrajo matrimonio en la Catedral de
Salta con Carmen Puch, miembro de una acaudalada familia con intereses en
Rosario de la Frontera. Tuvieron tres hijos: Martín, Luis e Ignacio.

A pesar de este inicio auspicioso, los años posteriores fueron sumamente


duros para Güemes. A la amenaza de un nuevo ataque español se sumaron
los problemas de la guerra civil.

Después de su muerte, la escuela mitrista instaló en el campo


historiográfico un modelo heroico, centrado en el accionar de los grandes
hombres, exclusivos protagonistas de la historia. Durante este período y
hasta 1880, se identificó al país con la nación, de acuerdo con los conceptos
de la época.

Desde esa óptica, Güemes fue identificado con las valoraciones negativas
que encarnaban los caudillos, personajes primitivos y bárbaros, que
obstaculizaron la organización nacional. Se lo igualó a los comandantes de
campaña, carecía por lo tanto de cualidades para ingresar a la galería de los
héroes de la patria.

108
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

A partir del derrocamiento de J. M de Rosas la generación del 37, se fue


fragmentando al evidenciarse sus distintos posicionamientos políticos. Es en
ese contexto se enfrentan Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista
Alberdi. Por un lado Alberdi emprende una incipiente valorización del
interior del país y de sus figuras históricas tras rescatar la figura del general
Urquiza, pero como sabemos, su criterio no prevalece.

Se impone en cambio el dilema sarmientino que plantea un esquema dual


del mundo: en un extremo se encuentran la ciudad y en el otro el campo, que
remiten a dos tipos humanos bien diferenciados. El hombre, culto y
civilizado, blanco, urbano, poseedor de ideas y hombre de razón; y por
otro lado el hombre rural, mestizo, tosco, animal y salvaje, hombre de
acción. Con el primer polo se identifica la ciudad de Buenos Aires, vista
como centro político, materialización del orden, la cultura y vida urbana,
mientras que el espacio interior, las provincias, representan la barbarie. Al
mismo tiempo, paisanos, indios, y gauchos, que pueblan el desierto, son la
personificación de la argentina primitiva, el desarraigo, la carencia de
cultura, el caos y la anarquía.

Los caudillos aparecen representados en la primera historia nacional


como líderes espontáneos, personajes sin ideas, como agitadores, como
conductores de bandidos, vagos y masas amorfas.

Sarmiento y Mitre, cada uno a su manera, proponen un mundo de


opuestos jerárquicamente dispuestos: Civilización y barbarie.

Sarmiento, dueño de una pluma magistral, escribe Facundo o civilización


y barbarie en las Pampas argentinas, sobre la vida del riojano Facundo
Quiroga (federal), personaje que encarna la barbarie asociada al caudillo
Juan Manuel de Rosas.

Güemes es representado como un conductor de hombres y voluntades,


capaz de dominar y dirigir a las masas, pero carente de genialidad y virtudes
individuales, sin méritos ni cualidades que lo igualen con el grupo de los

109
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

porteños. Como caudillo, se aproxima más a un hombre de acción que a un


hombre de ideas.

Escribió Mitre en 1864 que la fuerza de Güemes no residía tanto en su


propia individualidad, cuanto en la fuerza de las multitudes que acaudillaba
y representaba, y cuya sustancia se asimilaba, y aun cuando sin injusticia no
pueden negarse cualidades superiores al que así dominaba y dirigía esas
masas fanatizadas por su palabra, conduciéndolas a la lucha y al sacrificio,
no era de cierto un genio superior ni en política ni en milicia; ni sus hechos
fueron precisamente los que decidieron de los destinos de la revolución.

Sin embargo, otras voces, relativamente periféricas, sentaron las bases de


la valorización de los caudillos. En la concepción de Dalmacio Vélez
Sarsfield, Güemes evoluciona desde delincuente hacia patriota nativo. En la
misma fecha de 1864 Vélez Sarsfield dijo que el caudillo Güemes, ese
hombre a quien se culpa de haber procurado siempre atraerse a las masas, se
sirvió de esas masas para salvar su país y salvar la revolución de mayo.

Esta visión-versión del pasado es la que se trasmite a la generación del


80’, que se inicia con el Gobierno de Julio Argentino Roca.

La generación del 80

La producción literaria se orienta a un nuevo paradigma intelectual que


proclama el rescate de las tradiciones y la reconciliación con la herencia
hispana hasta entonces desvalorizada. Entre 1870 y 1880 empieza a cobrar
forma, la noción de mestizaje, como encuentro de los polos civilización y
barbarie. Particularmente significativos son los escritos de José Hernández;
que emprende la defensa de Angel Peñalosa el Chacho, y después describe
las penurias del gaucho Martín Fierro, entre 1872 y 1879. Se ha llegado a
decir alguna vez que el gaucho Martín Fierro lleva ese nombre en honor a
Martín Miguel de Güemes.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Finalmente, en 1881, será Adolfo Saldías con su Historia de la


Confederación Argentina el que marque el momento fundacional del
revisionismo histórico. Esta producción histórica, paradójicamente, asimila y
reproduce el esquema de Mitre, focalizado en el accionar de individuos
sobresalientes.

Los salteños tomaron como una ofensa la equiparación de Güemes con


Quiroga, Ibarra, López y Bustos entendiendo que, a diferencia de ellos
Güemes no era un simple comandante de campaña. Así fue como, a partir de
ese momento, la historia que se escribe desde Salta comenzó a buscar
merecida justicia para el prócer Güemes.

Desde Salta, en un paralelismo con quienes ya desde principios de siglo


habían emprendido la tarea revisionista, el historiador Bernardo Frías (1902)
y luego el literato Juan Carlos Dávalos rescataron a Martín Miguel de
Güemes como General de la independencia. Es particularmente notable el
tomo 1 de la Historia del General Martín Miguel de Güemes y de la
Provincia de Salta, obra de Frías publicada por primera vez en 1902.

Un propósito aparece allí claramente enunciado, contestar a la historia


mitrista; escribir la historia con visión de provincia, y a través de ello salvar
de la ingratitud al prócer salteño de la Independencia, General Martín
Miguel de Güemes.

Su obra se dirige a mostrar que, dentro de la sociedad salteña, existe una


alta sociedad integrada por hombres ilustres y nobles, civilizados y cultos,
iluminados y elegidos para dirigir procesos políticos. Y en contraposición a
ellos las masas de campesinos, bárbaros e indígenas, carentes de aptitudes,
quienes no fueron más que la mano de obra, dejándose conducir y
obedeciendo a las notables personalidades que actuaron en el proceso
independentista.

Buscando sacar al general desde el olvido hacía el reconocimiento


histórico, la producción de Bernardo Frías se apropia del modo de los

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

grandes relatos nacionales, lo que le permite legitimar al grupo aristocrático


local como protagonista de los triunfos del pasado, y otorgar a la
provincia un lugar protagónico como escenario principal de las guerras
independentistas en el norte del país.

Con los relatos de Frías se da para Güemes la revisión de su condición y


origen social, claramente no es un primitivo, sino un aristócrata de noble
origen. No es un caudillo bárbaro, sino un defensor del proyecto patriota.

En los relatos de Frías se ordenan los hechos como una confrontación de


grupos. La población salteña se divide en enemigos o adherentes a la causa
de Güemes. El general gaucho conquista el triunfo encausando esas
pasiones que lo habilitan como personaje digno del fanatismo de las masas.

La epopeya de Güemes, no se ciñe para Frías a los límites del país. Es


también una invaluable contribución al plan libertario de los héroes
americanos San Martín y Bolívar.

Se orienta desde una particular noción de civilización y progreso cuando


encuentra en la tradición hispánica la fuente de los principios morales,
políticos y religiosos. La civilización es para él civilización cristiana. Desde
su perspectiva a través de la colonización y conquista, se echaron los
cimientos, los preciosos principios de la libertad; las grandes concepciones y
conquistas de la filosofía europea, de la política y del orden civil; la raza
blanca, cuya inteligencia es superior a todas cuantas pueblan la tierra, la
verdadera riqueza y la verdadera industria, en fin, sólo son debidos a la
conquista.

Sostiene que el elemento valioso de la sociedad salteña llega con la


inmigración florida durante la segunda mitad del siglo XVIII, raza blanca
que vino a unirse a la nobleza de la gente decente integrada por los
descendientes de los conquistadores. Basados en estos criterios de
superioridad natural, moral y racial son los únicos elegidos para ejercer el
gobierno. En sus manos estaba el gobierno, la cultura, el mando de las

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

milicias, las virtudes, las fuerzas intelectuales y morales, clase dirigente y


representante del movimiento civilizado y progresista del país

El autor presenta los hechos históricos movidos por el accionar


protagónico y decisivo de un personaje genial, poseedor de condiciones
superiores, excepcionales aptitudes y cualidades distintas a las del resto de
los hombres. En su evaluación de la historia, el triunfo y la independencia
respecto a la corona española no hubieran sido posibles sin la acción del
General Güemes.

Frías presenta un Güemes a la altura de los ilustres hombres de Buenos


Aires, educado y culto, de noble origen, de raza pura española y lo fija a un
tipo humano particular, al señor salteño. Verdaderamente, Güemes había
nacido y fue criado en el centro de la aristocracia, de la riqueza, de la cultura
notoria y del buen tono. En la excelencia de sus condiciones de mando, por
su infatigable actividad, por sus antecedentes militares, por su prestigio
irresistible entre la gente campesina; por su entusiasta fervor por la causa de
la patria, por todo ello es que Güemes alzaba su cabeza superior entre la
multitud y comenzaba a imponerse como una hermosa esperanza en el ánimo
mismo del nuevo gobierno. Diseña Frías una imagen de Güemes como
conductor de hombres, líder y caudillo, pero es la imagen de un caudillo con
total manejo de la razón, no un simple conductor de masas alzadas, sino todo
lo contrario, un estratega militar capaz de darle buen cauce y dirección
correcta a la energía y fuerza de las masas. Esto lo hace un caudillo
diferente, hombre de razón, de ideas y con capacidad de mando. Lo expresa
del siguiente modo: desde su primer paso reveló ya el plan de defensa
original que bullía en su cerebro y que había de salvar la revolución,
colmándola de páginas inmortales. Aquel plan consistía en emplear contra el
enemigo que amenazaba descolgarse desde Potosí los recursos del ingenio
individual en feliz combinación con la naturaleza de aquellos parajes…a
través de bosques, surcos de oteros y hondonadas y serranías…sitios todos
ellos de excelentes condiciones para las sorpresas y ataques repentinos que
toman de improviso…. Llamada ésta guerra de recursos...

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Se esboza así un General héroe patriota que desde los principios de la


revolución está entregado a la causa, por lo cual su muerte no será más que
la coronación de sus glorias. Güemes es un caballero de noble estirpe,
aristócrata americano, hombre de razón y de ideas, pero también de valentía
y coraje, con visión de oportunidad, un estratega militar que conoce la
naturaleza y sabe desenvolverse en ella pero que no lo domina, como
sucede con los caudillos bárbaros y primitivos. Posee así condiciones
excepcionales para la conducción del movimiento y para liderar a las masas
amorfas; para sostener un plan conjunto a la par de los grandes libertadores
americanos como San Martín y Bolívar.

Concordantemente, Atilio Cornejo, que se había formado cerca de


Bernardo Frías, denuncia a Sarmiento por agrupar a Güemes, sin distinción,
junto con Quiroga, Ibarra, López y Bustos acusados todos, de haber
destruido el derecho, lo cual los convertía en simples comandantes de
campaña.

Entre otras instancias y situaciones de reconocimiento, hay un hecho que


indicaría el inicio de la construcción del culto a nivel local y nacional: en
Salta, el 17 de junio de 1885, durante la velada conmemorativa del
histórico17 de junio de 1821, el gran historiador Ángel Justiniano Carranza
inició un movimiento procurando el reconocimiento del héroe nacional
Martín Miguel de Güemes y la construcción de un monumento ecuestre en
Salta, y se formaron tres comisiones para impulsar la iniciativa
emplazándolo en la plaza 9 de julio.

En 1910 otra comisión insiste en ese emplazamiento, pero al suscitarse


discusiones en el seno de la misma, se decidió levantarlo en una plaza creada
frente al edificio de la entonces Casa de Gobierno (hoy sede de la
Legislatura), que fue denominada Plaza Güemes. Bajo el gobierno de
Joaquín Castellanos, el 17 de junio de 1921, entre los actos conmemorativos
del centenario de la muerte del prócer, se colocó la piedra fundamental del
monumento en el centro de dicha plaza.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

La Generación del Centenario

El movimiento de revisión y rescate atraviesa las últimas décadas del


siglo XIX y las primeras del XX.

Paralelamente se responsabiliza a la inmigración europea de la pérdida de


los valores tradicionales, germen sobre el cual se gesta una conmemoración
del primer centenario de la patria. Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones y
Manuel Galvez, son artífices de la fórmula conciliadora del Mestizaje y de
un cambio de paradigma. La difusión de estas ideas se ensambla entre el 20
y 30, con el revisionismo de fines del siglo XIX que busca redefinir la figura
demonizada de J. M. de Rosas.

Desde este vuelco nacionalista la presencia de los extranjeros, antes


promovida por las generaciones del ’37 y del ’80 como garantía del
progreso, empieza a ser cuestionada como amenaza al orden instituido.

La reacción conservadora como discurso de defensa de lo propiamente


argentino, en detrimento de lo extranjero, emprende la recuperación y
resignificación del gaucho.

Los sucesos del centenario, conforman así el marco propicio para


reafirmar y redefinir los valores patrios y el gaucho es consagrado como el
arquetipo nacional. La revalorización del mundo rural coincide con el
momento de bonanza económica del modelo agroexportador. Este clima se
expresó a través del movimiento denominado criollismo, entre las últimas
décadas del XIX y las primeras del XX, en consonancia con el criollismo, se
divulga un gusto por lo gauchesco, en función a la representación de la
imagen de un mundo del pasado (Masotta 2007). Algunos llegan a
interpretar el eurocentrismo anterior como una forma de colonialismo
Se trató de rehacer la historia valorizando el espacio de las provincias. En
consecuencia los caudillos asumen el lugar de reflejos políticos del mundo
de las provincias, asociados a la posesión de carisma, autoridad y el rol de

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

protección de las masas rurales, símbolo de los valores culturales de la


tradición.

En el espacio provincial, el legado moral de honor y decencia de la


aristocracia local aparece como un valioso capital, que los distingue
socialmente y confiere seguridad ante la amenaza del igualitarismo moderno
proclamado por los radicales.
La ola nacionalista que alienta desde Buenos Aires una reconciliación con el
mestizaje, y por tanto revaloriza al gaucho, impacta en Salta habilitando las
condiciones para valorizar al mestizo como tipo social y resignificar a
Güemes en esa clave.

Ello se traduce en las producciones culturales que dan forma al


movimiento criollista y martinfierrista que encuentra en el espacio rural un
reservorio de símbolos y sentidos que remiten a la argentina interior, al
pasado olvidado y negado, al origen y esencia de la cultura nacional.

La transfiguración sucede con la literatura de Dávalos, donde se esboza


un Güemes acorde a los nuevos vientos que soplan.

Juan Carlos Dávalos (1887-1959) descendiente de encomenderos y


sobrino de Robustiano Patrón Costas escribió que el gaucho es la primera, la
más antigua, la más eficaz adaptación del europeo a la naturaleza indígena, y
por eso resulta cronológicamente el primer argentino … es una raza, el
gaucho constituye una entidad étnica bastante definida para merecer esa
denominación.

La resignificación de Güemes, implica un recorrido donde la figura


histórica se transfigura en imagen y representación ideal al adquirir
características excepcionales y albergar distintos sentidos y atributos. Desde
la narrativa histórica de Frías se prefiguran sentidos y atributos, que logran
un mayor acabado en la creación literaria que realiza Dávalos. Allí se
consuma la pérdida de cualidad histórica, al hacer entrar al héroe en el mito
se lo despolitiza y pasa desde el espacio de los conflictos y tensiones

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

humanas hacía el plano armonioso del paisaje y la naturaleza, sucede así la


resignificación esencializada y naturalizante. En esta línea de relatos
heroicos se destaca por su capacidad para crear mitos Ricardo Rojas autor de
El Santo de la Espada, El profeta de la Pampa, el éxodo Jujeño, seguido por
su discípulo, Ismael Moya, El gaucho Rivero.

Arribada esta instancia, se desató una lucha silenciosa por la apropiación


del héroe. En Buenos Aires se colocó en 1905 la piedra fundamental de un
monumento al prócer, en la Plaza General Güemes, ubicada en el barrio de
Palermo; pero nunca se concretó porque las dimensiones de la plaza no
permitían el adecuado desarrollo del proyecto. En 1978 esa piedra se
trasladó al lugar en que luego se emplazó el actual monumento

Durante el Centenario, el Congreso de la Nación creó la Comisión


nacional de la Revolución de Mayo que dispuso erigir en la ciudad de Salta
una estatua ecuestre al General Martín Miguel de Güemes.

Ya en 1909, se coloca en Salta la piedra fundamental del monumento a


través de una placa recordatoria destinada a perpetuar la memoria del general
de la independencia.

En Buenos Aires se inaugura en 1915, entre las calles Florida y San


Martín el paseo-galería Güemes, y en ese momento Ricardo Rojas pronuncia
un discurso considerando que ese sería un monumento erigido a la memoria
del caudillo epónimo.

El 20 de febrero de 1918, en Salta mediante un decreto se autoriza la


creación del Panteón de las Glorias del Norte de la República para guardar
las urnas cinerarias de los Generales Güemes, Alvarado y Arenales.
La última operación en la cual culmina una etapa del proceso de
producción del héroe es cuando se crean las condiciones materiales para su
deslizamiento temporal entre el pasado, el presente y el futuro. Esto se
concreta mediante una representación material, un monumento de 25 metros
de altura que eterniza en bronce a la figura.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

El monumento habilita el tránsito del héroe desde el pasado hacía el


presente y de la sociedad desde el presente hacía su pasado. La obra
monumental transforma en materia, en objeto, las representaciones sobre
Güemes que hasta entonces circulaban como ideas y textos.

Se encarga el proyecto al escultor porteño Victor Garino, y se elige como


lugar de emplazamiento a un predio ubicado en los altos de la ciudad, al pie
del cerro San Bernardo. Los trabajos comenzaron en 1920 durante el
gobierno de Hipólito Yrigoyen.

Cabe recordar que la comisión que estuvo a cargo de la construcción


insistió en recatar las verdaderas características del Gral. Güemes y
aconsejó: modificar el modelo de caballo griego y con alas de libélula y
tomar el caballo montañés pequeño, de pecho ancho, fuertes músculos y
cabeza vivaz. Las escalinatas y el pedestal se construirían con piedras de
cerros vecinos, con frisos alegóricos y en la delantera debía colocarse una
palma con los nombres de la oficialidad del General Güemes, encabezada
por el Coronel Vidt. En el friso norte la montonera gaucha desorganizada, en
el sur la misma gente ya organizada por Güemes como regimiento de los
infernales, y atrás el sacrificio de la totalidad del pueblo que da todo por la
patria.
Cuando se inauguró el monumento, el 20 de febrero de 1931, la presencia
de un salteño, entonces máxima figura política nacional, el Presidente José
Félix Uriburu, da idea de la trascendencia que se le adjudicó.

El interés por conocer sus ideas políticas

La historia mitrista ignoró al Güemes político. Su valor y su entrega sólo


eran acción temeraria, y su estrategia político-militar solo era circunstancial
táctica militar.

Mucho después, en 1978 Fray Honorato Pistoia escribió Pensamiento


político de Güemes, responde a una concepción seria y con fundamentos

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

doctrinales basados en los principios de la dignidad de la persona humana,


del bienestar de su pueblo, entendido como pueblo americano, y del bien
universal.

El desafío era no solo independentista, sino también de construcción


estatal, de esforzarse por evitar la desintegración territorial y también de
desarrollo de una economía y sociedad moderna. Afirma: habitantes de uno
y otro hemisferio que tienen clavados los ojos en observación de nuestras
operaciones, costumbres y especialmente la de los funcionarios públicos que,
como depositarios de la opinión general somos los artífices y agentes
principales para crear y poner las bases angulares del nuevo y magnífico
edificio que aspiramos.

Dentro de la excepcionalidad en la que le tocó gobernar, profesó un


republicanismo sin especulaciones. En época de guerra, nunca se atribuyó la
suma del poder público, ni disolvió los poderes públicos existentes.
También respetó la legislatura de la época) siendo que de allí surgían todas
las conspiraciones en su contra.

Como Gobernador, Güemes, decidió -mientras durara la guerra-


suspender la cláusula de los contratos de aparcería rural que establecía que el
trabajador debía pagar una multa cuando no podía entregar al propietario el
porcentaje de la producción. Su argumento fue que los gauchos estaban
peleando no solo por la libertad, sino también por las propiedades de los
hacendados.

La consolidación del mito

El mito se crea cuando se agrega nuevos significados a las narraciones


históricas, y se las va convirtiendo en mitologías nacionales; es una
combinación entre pasado, presente y futuro, entre tradición y modernidad.
El mito no anula a la figura histórica, al contrario, la enriquece con nuevos
significados. Mantiene al mismo tiempo una relación con el pasado, con el

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

presente y con el futuro, una doble estructura que al mismo tiempo que es
histórica, es también radicalmente antihistórica.
Así se forjaron las condiciones de posibilidad que habilitan la
consagración de Güemes como héroe cultural local, y luego como héroe de
la patria y de la independencia.

Posteriormente en las décadas del ‘40 y ’50 del siglo pasado se produjo la
identificación entre el mito y la cultura salteña. El mito funcionó también
como matriz de referencia de los discursos turísticos que comenzaron a
promover a Salta como cuna de tradición y folclore (Salta la linda; Salta, tan
linda que enamora) y con la construcción de la capital de la Provincia como
una ciudad tradicional y folclórica (desgravación impositiva a los inmuebles
urbanos que ostenten un frente de estilo colonial, colocación de faroles
coloniales para iluminación de las calles en la zona céntrica). Durante el
peronismo se habilita la interpretación de Güemes como conductor y
protector de las masas. Se lo representa como Jefe, y padre de los pobres.

El paso a la inmortalidad se refuerza mediante instancias de


conmemoración, ceremonias y rituales que animan al cuerpo de bronce,
impidiendo que caiga en el olvido.

Cada 17 de junio al pie del monumento se lleva a cabo una masiva


ceremonia en donde se rinde homenaje y culto al héroe gaucho de la cual
participan además de los gobernantes locales, distintas instituciones y la
sociedad en general. (10.000 gauchos)
distintas instituciones y actores reproducen y activan el mito desde otras
prácticas y discursos. la Agrupación tradicionalista de Salta Gauchos de
Güemes (ATSGG), el Instituto Güemesiano de Salta mediante las
producciones escritas y la organización de diversas actividades de homenaje
y reconocimiento al héroe.

El mito funcionó también cuando se quiso rescatar la fisonomía del


general Güemes. A causa de su temprana muerte, faltaba un retrato realizado
en vida, de modo que su imagen tuvo que ser construida postmortem.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Hacia 1876, todavía algunos ancianos contemporáneos y familiares


recordaban su rostro. Entre las personas que más se le parecían estaban sus
hijos, don Martín del Milagro Güemes Puch y don Luis Güemes Puch,
(Ignacio murió en la infancia) como así también, don Carlos Murua
Figueroa, que era sobrino nieto del prócer.

En ese año 1876 se encontraba en Tucumán, ejecutando diversas obras


con el apoyo de Juan María Gutiérrez, un famoso pintor francés, Ernesto
Charton. Charton hizo un retrato con indumentaria gaucha y murió el 7 de
diciembre de 1877. La obra fue obsequiada al Dr. Carranza por Juan Martín
Leguizamón. Pero Carranza quería un Güemes de uniforme. El general Mitre
le brindó la imagen de un uniforme de Húsar y, en 1885, durante su estadía
en Salta, hizo preparar por D. Flavio García un bosquejo a lápiz de Güemes
militar, firmado con las iniciales F.G., en el que solo se habría modificado la
indumentaria reproduciendo en lo demás, el primitivo dibujo de Charton.

Muchos años después, el 5 de Junio de 1965, el gobierno de la provincia,


después de consultar a dos eminentes autoridades de la historia del prócer –
Luis Güemes y Atilio Cornejo– dispuso la certificación o legalización
Durante el peronismo se habilita la interpretación de Güemes como
conductor y protector de las masas. Se lo representa como Jefe y padre de los
pobres.

Casi 90 años después, el 5 de Junio de 1965, el gobierno de la provincia,


después de consultar a dos eminentes autoridades de la historia del prócer, -
Luis Güemes y Atilio Cornejo- dispuso la certificación o legalización del
retrato pintado por artista Eduardo Schiaffino inspirado en la descripción
literaria de Juana Manuela Gorriti Zuviría, en sus recuerdos de la infancia
(Revista del Paraná 1861), y en un sobrino nieto, el citado Carlos Murua
Figueroa.

En 1981 se inauguró en Buenos Aires una réplica del monumento en la


intersección de la avenida Figueroa Alcorta y La Pampa, ...

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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En 1999 se dictó la Ley 25.172, que declara el 17 de junio de cada año


como el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana en conmemoración del
fallecimiento del general Martín Miguel Güemes.

Por resolución DR-598/05 del Senado de la Nación se dispuso la


publicación de un fascículo para esclarecer la vida de Martín Miguel de
Güemes y la trascendencia de su papel protagónico en la Guerra de la
Independencia;

También honra su nombre la Escuela de Gendarmería Nacional General


Don Martín Miguel de Güemes en Ciudad Evita, provincia de Buenos Aires.

Más adelante, la Ley 26.125, de 2006, declaró al General Güemes Héroe


Nacional; y dispuso la nominación de Gral. Güemes a la Sala 1 de
Comisiones ubicada en el segundo piso del Edificio Anexo Juan Carlos
Pugliese de la Cámara de Diputados de la Nación;

La Ley 27.258 de 2016 determinó el feriado nacional y finalmente,


durante todo este año, la documentación oficial del Poder Ejecutivo y del
Poder Legislativo, deberá incluir un membrete alusivo con la leyenda 2021 -
Año del General Martín Miguel de Güemes.

En Salta podríamos también recordar la utilización política como


emblema identificatorio de una gestión de gobierno (gobernación de J.C
Romero entre 1995 y 2007), y su condición de referente simbólico de las
agrupaciones gauchas que organizan las ceremonias de conmemoración.
También contribuyen a alimentar el recuerdo la Unión Salteña fundada en la
década del 30´ con el concurso de Atilio Cornejo, Miguel Ángel Vergara,
Cristian Nelson, entre otros, el antiguo Instituto San Felipe y Santiago de
Estudios históricos de Salta, fundado en 1937 por Monseñor Tavella, primer
arzobispo de Salta, El Instituto Güemesiano de Salta fue fundado en 1972.
La Asociación tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes (este 17 de junio
se esperan 10.000 gauchos)

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Recuerdo final para María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada


(Macacha Güemes), falleció el 7 de junio de 1866 en la ciudad de Salta, a los
79 años, retirada de la actividad pública y dedicada al cuidado de su nieto,
Virgilio Mariano Tedín (después el famoso Juez Federal que en 1880
mantuvo su independencia frente a la presión del Poder ejecutivo Nacional).
Durante la gestión de Miguel Isa como Intendente de Salta, en 2014, se
buscó trasladar los restos de Macacha Güemes al Panteón de las Glorias del
Norte, en la catedral de la ciudad, donde se encuentran las cenizas de su
hermano, pero la iniciativa no prosperó (por ahora).

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

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HOMENAJE A HÉCTOR R. LOBOS
Homenaje a Héctor Lobos

Hernán Silva

Este homenaje a Héctor Lobos tiene dos planos, que se entrecruzan


permanentemente a lo largo del tiempo. En ambos fuimos coincidentes. En
uno por el amor a la profesión y en otro por el conocimiento ocasional que
llevó a forjar un profundo afecto recíproco. De allí, que en primer lugar quiera
hablarle al amigo y a su esposa, también amiga del alma de toda la vida y, en
forma entrelazada, al destacado historiador, al Americanista de fuste, al
docente e investigador por vocación y pasión.

El cultivo de la historia nos unió desde muy jóvenes y, sobre la base del
reconocimiento y el respeto mutuo, fue surgiendo una profunda amistad.

Amistad, nacida en la profesión y rápidamente expandida a lo personal y


lo familiar. ¿Su origen?, lejos en el tiempo. Nos conocimos en el Cuarto
Congreso Internacional de Historia de América, que organizara en Buenos
Aires la Academia Nacional de la Historia en1966.

A muchos jóvenes del momento nos marcó, no sólo en lo historiográfico,


sino al proporcionarnos afectos de toda la vida.

Entre los varios que conocí estaban De Marco, Barba y Héctor Lobos.
Todos en plena juventud y, desde entonces la Academia influyo en nuestras
vidas, llegando Héctor a ser acreedor del Primer Premio de la Academia
Nacional de la Historia a las Obras Inéditas, años 1995-1996" y electo como
Académico correspondiente por Córdoba en 1999.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Mucho habría para decir, pero quiero resaltar los Congresos de Historia
Nacional y Regional Argentina que nos hacía reencontrar en camaradería y
amistad, sin olvidar otras convocatorias a las que acudíamos con entusiasmo.

Éramos jóvenes y no tan jóvenes historiadores, provenientes de las más


diversas partes del país. Córdoba encabezada habitualmente por nuestro
recordado Carlos Segreti.

Recuerdos mil que se unen a la figura de HECTOR y, particularmente a un


dúo de grande amigas: Norma Dolores Riquelme de Lobos y María Cristina
Vera de Flachs

Vienen a mi mente anécdotas que, dentro de la tristeza, nos traen una


sonrisa, porque provienen de una amistad profunda. Múltiples reuniones que
compartimos, como el XII Congreso Internacional de AHILA, realizado en la
Universidad do Porto, Portugal, en 1999

Junto a los encuentros profesionales, debemos destacar sus


investigaciones. Trabajos individuales y en colaboración, en alguna
oportunidad conmigo, con colegas y discípulos y con su esposa Norma, …no
es fácil trabajar en familia y ellos se complementaban en mucho.

Permítanme una infidencia porque habla de la profundidad de nuestra


amistad. Yo, cariñosamente y por una de las anécdotas, lo llamaba “el
troglodita”.

Regresando a su obra, fue fundamental su capítulo sobre: “Córdoba en el


cono sur americano durante el período colonial. Estructura, función y
relaciones económicas”, en Los caminos del Mercosur. Historia económica
regional. Vol. I, Época colonial, dirigido por mí y publicado por el Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, México, 2004.

Su actividad fue múltiple y no pretendo agotar su curriculum. Sí señalar


algunas publicaciones que contaron con sus escritos, entre ellas revistas como

128
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

la de la Junta Provincial de Historia de Córdoba, Investigaciones y Ensayos,


la Revista de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla o el
Anuario de Estudios Hispano Americanos; sin olvidar libros colectivos
trascendentes como la Nueva Historia de la Nación Argentina de la Academia.

Así, junto a la amistad, jalonaron nuestros días comunicaciones y


encuentros afables, en los que tuvieron lugar intercambios sobre temas
comunes de Historia Colonial, Historia Económica o de las Migraciones.

Nos unían no solo la vocación, sino también la actitud. Baste decir que en
su Curricular constan “Obras en edición y en preparación”.

Para finalizar, simplemente, diré que no te has ido amigo mío, has quedado
en tus libros, en tus artículos, en tus discípulos, pero fundamentalmente en tu
familia y en el recuerdo cariñoso de quienes hemos tenido el privilegio de
contar con tu amistad.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

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Lo militar y el proceso de militarización de la sociedad cordobesa
durante las Guerras de la Independencia1

Héctor Ramón Lobos

Consideraciones generales

La reflexión sobre lo particular lleva necesariamente a lo general. Y lo


general en la historia de la humanidad es el papel fundamental de lo militar en
la constitución de las sociedades, cualquiera sea su raza, religión y cultura;
luego en la conformación de los estados sea cual fuere la ideología que los
sustente, alcanzando su mayor desarrollo en aquellos expansivos por obra de
la necesidad, la ideología, las ideas religiosas o la ambición de algún
gobernante. Los grandes imperios son el producto de una voluntad de dominio
sobre otros pueblos y hombres apoyada en un afinado y eficiente aparato
militar, acorde a su época, cuyo desarrollo responde a la experiencia
acumulada y al grado de desarrollo tecnológico alcanzado. Semejante proceso
se observa también en unidades político-culturales menores sea por la
necesidad de defensa como de ocupar otros territorios que les resultan vitales
o, simplemente, por ambición, con lo que el fenómeno es detectable también
a nivel de las tribus de cazadores-pescadores hasta, obviamente, la formación
de la altas culturas americanas.

Permanentemente tironeado por su acentuado individualismo y su


necesaria dimensión social, por el amor y el odio, angustiado entre la vida y
la muerte, muchos hombres y sociedades creen encontrar una justificación a
su humana condición en el dominio sobre otros, a los que pone a su servicio y
en los que deben implantar sus valores. Este parece ser el motor en la historia
de la humanidad hasta el presente, por lo que la ecuación dominador-

1
Esta contribución es parte de otra más extensa y detallada que fue el trabajo póstumo
del Dr. Héctor Ramón Lobos, que recientemente nos dejara. Hemos tomado sólo al-
gunos aportes a fin de ajustarnos a los requerimientos de la publicación que se nos
solicitara. Norma Riquelme.

131
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

dominado, tanto en el orden interno de los estados como en las relaciones con
otros, tiene una fuerza muy poderosa a la hora de conformarlos. En este
contexto, la coacción, provenga de donde provenga, juega un papel
fundamental y se sustenta en el uso de la fuerza, sea quien sea el que la use.
De allí que el componente militar, sustento de la dominación, tenga tan
marcada importancia en la formación social de todas las culturas.

De allí, también, que lo militar y los éxitos militares hayan concitado la


atención de los pueblos y de sus pensadores desde los tiempos más remotos,
generando obras de exégesis de personalidades notables que a su condición de
estrategas agregaban, generalmente, la de constructores de un fuerte poder
político. La Edad Media, con su balcanización política, económica y social no
escapa a este proceso puesto que independientemente de los valores
espirituales existen los militares tan entrañablemente constitutivos de los
sociales.

Ciertamente que la historia de lo militar no excluye la historia explicativa


en la que se educaron muchos escritores e historiadores desde la antigüedad.
Más aún, su exposición pronto será concebida como un fin militar en sí misma
pasando de la enseñanza de las virtudes castrenses, tomando ejemplos a se-
guir, a estudiar y mostrar lo que conviene hacer mediante la comparación de
experiencias que permitan lograr la victoria. La historia de las guerras se hace
suficientemente específica en el siglo XVIII, ampliando el análisis a las tácti-
cas y estrategias utilizadas en el pasado.

A los dos caracteres mencionados –el interés por el acontecimiento único


y glorioso y la reflexión sobre el arte militar– se suma un componente
retrospectivo que la mantiene ligada a las realidades cambiantes del presente,
razón por la cual tanto la explicativa como la episódica generalmente se
renuevan en momentos de victorias pero también, y particularmente, de
derrota o de humillación de un pueblo que busca explicar esa situación. En el
Imperio español existió un largo período de su historia considerado dentro de
los parámetros de una actitud victoriosa e irresistible como lo manifestaban el
descubrimiento del Nuevo Mundo y la proyección al Extremo Oriente, la

132
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

conquista y colonización de la mayor parte de América, la lucha victoriosa


contra el imperio musulmán y sus confrontaciones en la Europa cismática.
Recordemos que la derrota en este último escenario sume a España en una
frustración vital porque lo derrotado es su proyecto de vida, no obstante
continuar siendo una potencia que no tardará en revitalizarse aunque con
nuevos supuestos culturales. El análisis de la derrota lleva a muchos
intelectuales españoles a realizar una crítica despiadada del pasado y a la
búsqueda de nuevas ideas en los países vencedores. España se afrancesa,
llevada también por la llegada al trono de los Borbones. También se
moderniza y ello alcanza obviamente a lo militar y a su intención de recuperar
el dominio de las Indias. Cuando el sistema entre en crisis y sobrevenga la
independencia de importantes regiones de esa América, España volverá a
sufrir los efectos de la derrota los que se extenderán por mucho tiempo.

La América española no ha podido dejar de sentir los coletazos de ese


proceso aun cuando ha estado en buena medida al margen del mismo y
mantenido una notable continuidad con las ideas substanciales, resistiendo
muchas veces con éxito las reformas borbónicas que afectaran las ideas fuerza
que implantaran los Habsburgos. También las amenazas extranjeras, cuyo
ejemplo más significativo son las invasiones inglesas. Para los países
emergentes de las guerras de independencia, lograrla significa un triunfo que
los dota de una singular energía, aunque pronto el optimismo inicial se vea
sumido en las luchas intestinas. En lo que es hoy nuestro país, a pesar de las
largas y terribles luchas civiles, también creció una actitud victoriosa como lo
proclama nuestro himno, lo reafirma la guerra del Paraguay, la consolidación
de las fronteras nacionales y los logros conseguidos por la generación del 80;
una actitud que tiene su primer gran revés en la guerra de Malvinas. Ese
triunfalismo militar, consciente o no, está en la médula de su sociedad y
explica muchas de las actitudes que han marcado la historia nacional. Por ello,
estudiar el proceso de militarización del país reviste la mayor importancia a la
hora de intentar explicar nuestra manera de ser y, con ello, los fundamentos
de nuestra sociedad.

133
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Todo ello ha incentivado la historia militar y ha sido importante a la hora


de estimular a los ciudadanos-soldados cuyo desarrollo alcanza importancia
en momentos de peligros externos ciertos o supuestos, más o menos
inmediatos, los que, a mediados del siglo XIX y principios del XX, ocupó a
nuestro país y cuyos resultados pueden visualizarse en la apertura de las
academias especializadas, en la constitución de ejércitos de reserva –en
nuestro caso el servicio militar obligatorio–, en el armamentismo e, incluso,
en el surgimiento de museos sobre el tema. En fin, la historia militar se ha
diversificado de tal manera que se puede hablar de una pluridisciplina,
íntimamente ligada a la historia de los países incluso de aquellos que no han
tenido una participación activa en las guerras más recientes, y, en la
actualidad, tiene cada vez más un carácter internacional. El arte de la guerra
ha perdido el carácter ético y nacional que las contenía hasta promediar el
siglo XIX, para tomar uno cada vez más universal2.

Introducción al tema

Hasta el siglo XVI, el legionario romano aparece como el mejor ejemplo


de instrumento militar perfecto, pero, a su vez, la fragmentación de la sociedad
bajomedieval valoriza los esfuerzos de distintos personajes que buscan eri-
girse en constructores de un poder superador o, al menos, en dueños incon-
trastables de sus respectivos feudos; una lucha que va a terminar desembo-
cando en la formación de los primeros estados nacionales. En medio, como un
fenómeno emergente de este contexto político, social y religioso surgen dis-
tintos individuos que buscan imponer su voluntarismo movidos por ideales
caballerescos y valores que son expresión suma de unos principios generales
de los que se sienten intérpretes. Las novelas de caballería, que se extienden
rápidamente por el común de la gente, lo que habla de su popularidad, y que
alcanzan una importancia singular en la península ibérica, son una expresión

2
El tema ha sido expuesto, entre otros, en una apretada síntesis, por A. Corvisier
“Militar (Historia)” en André Burguiére (Director) Diccionario Akal de Ciencias His-
tóricas, Madrid, editorial Akal, 1991.

134
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

acabada de lo dicho y ellas destacan el valor y el esfuerzo personal. Pero si-


multáneamente aparecen toda una serie de obras utópicas, escritas por algunas
de las mentes más brillantes de la época, que pretenden superar los aspectos
negativos de una sociedad “vieja” y “agotada”, que al no ser posible redimir
conviene reemplazarla por una nueva, donde primen los valores de una nueva
edad de oro de la humanidad. Para ello es preciso aislar el ámbito de la expe-
riencia y contar con el elemento humano incontaminado necesario, que los
españoles creyeron encontrar en la insularidad de las Indias –respecto de Eu-
rasia y África– y, algunos, como el padre Bartolomé de las Casas, en su po-
blación indígena, dando origen con muy precarios conocimientos a la teoría
del “buen salvaje”, tan cara a los ilustrados europeos de los siglos XVII y
XVIII y que tantas consecuencias tendría en las centurias venideras.

La España del descubrimiento y colonización de América vive momentos


de dominio y expansión: el reino de Castilla se va imponiendo en la Península
Ibérica y evolucionando de un primerizo estado nacional en vías de
consolidación a un imperio de características universales donde, en palabras
de Felipe II, “nunca se pone el sol”. Es un estado ya ciertamente moderno,
más allá de sus supervivencias medievales, y eminentemente militar siendo su
mayor expresión los tercios españoles que dominan el inmenso –inabarcable,
como lo demostrará la experiencia– escenario de su proyección cultural. Por
ello, es necesario recordar que la fundación y colonización de ciudades en lo
que es hoy la Argentina se da en una etapa de transición en el más amplio y
profundo sentido social: se pasa de las huestes castellanas medievales a los
ejércitos que constituyen los aparatos bélicos de los estados modernos y que,
en España, se manifiesta ya con los Reyes Católicos.

Sin embargo, en América, ese proceso se frustra en buena medida porque


el fenómeno de la conquista revaloriza la primacía de aquel hombre de armas
de raíz medieval, aunque ya irremediablemente teñido de modernidad, y que
durante mucho tiempo no tiene posibilidad de sedentarizarse definitivamente
por estar viviendo en un medio hostil, física y humanamente, rodeado de los
peligros que implican los indígenas y otros europeos, y librados en gran me-
dida a su suerte por un estado que no está en condiciones de hacerse presente

135
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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en tan vastos dominios. Y esa es, precisamente, la situación que les toca vivir
a territorios en apariencia ajenos –por su distancia– del teatro de la guerra de
la Independencia, pero que en realidad contribuyeron e hicieron posible los
éxitos y también los fracasos de los que estaban en la primera línea de batalla.
Es el caso de Córdoba y los cordobeses que ocupan un espacio abierto y mar-
ginal durante todo el período colonial y buena parte del independiente. De allí
que lentamente se pase del encomendero y del soldado-granjero al miliciano
y, luego, ya en el siglo XVIII, a los primeros esbozos de organizaciones mili-
tares profesionales, aun cuando la milicia continúe siendo, por mucho tiempo
y a pesar de sus falencias, el sistema imperante.
El enorme poder militar español comienza a decaer a mediados del siglo XVII.
Y los primeros signos de agotamiento vienen del interior de la propia España,
desarticulada humana y económicamente tras arrogarse la defensa de la cris-
tiandad frente al expansivo Imperio turco-musulmán, con quien se mantiene
en conflicto durante más de un siglo en el Mediterráneo, el norte del África,
el pasillo austro-húngaro, las islas del Egeo y el cercano Oriente; y luego, por
momentos simultáneamente, en la Europa del cisma, otra centuria apoyando
la causa católica contra las distintas variantes del protestantismo. En el primer
caso triunfa, en el segundo fracasa, pero en ambos se desangra. Y lo hace no
sólo en su población, particularmente la activa y en edad reproductiva –que
involuciona de nueve millones en la época de los Reyes Católicos a los escasos
cinco millones que se estiman para la de Carlos II–, sino también económica
y políticamente. Acuciado por las dificultades, el Estado termina sacrificando
el interés de los españoles a sus propios intereses, subordinando la economía
a la hacienda al generar una maraña creciente de impuestos y tributos que pe-
san sobre las actividades agrícola-ganaderas, industrial y comercial, ahogán-
dolas.

Pero más grave todavía, en el plano vital, esa corriente optimista e insen-
sata que aún a mediados del siglo XVII continúa soñando organizar el mundo
a la manera española y que, salvo excepciones, persiste entre la dirigencia po-
lítica y el grueso de la sociedad, sufre una serie de graves derrotas en el campo
de batalla y en el diplomático, que marcan el principio del fin de aquel pro-
yecto. Lenta, pero inexorablemente, los españoles descubren que mantener

136
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

una lucha armada contra el mundo entero es una locura y está condenada al
fracaso. La derrota militar y política, el empobrecimiento general y el fracaso
del proyecto conducen a la pérdida del ideal. Hacia fines de la centuria, los
españoles ya no quieren nada y ni siquiera quieren querer algo. Se ha pasado
del ingenuo optimismo a un pesimismo vital.

En este contexto, las Indias quedan prácticamente libradas a sus propias


fuerzas y sujetas por una porfiada lealtad a la corona que, sin duda, descansa
en las instituciones y en la cultura española. Y si bien se pierden posesiones,
se mantienen las más significativas a pesar de la debilidad de un estado que
no puede protegerlas ni, prácticamente, gobernarlas. Quizás, como se ha di-
cho, es su propia debilidad la que explica su permanencia, unida al hecho de
que los distintos estados europeos luchan entre sí y, por el momento, no logran
imponerse sobre los demás. El tratado de Utrecht en 1713 marca el fin de la
dinastía de los Austrias y el comienzo del gobierno de los Borbones dentro de
un nuevo equilibrio europeo en el que, aunque no cesen las presiones sobre
unos territorios codiciados por todos, le permite ir reconstituyendo las rela-
ciones políticas, económicas y defensivas entre la corona y sus colonias ame-
ricanas.
Ciertamente nada de lo hasta aquí expuesto habría sido posible sin la coac-
ción; esto es, la acción militar y militante de sociedades imbuidas de unos
principios y dispuestas a imponerlos a otros pueblos a los que considera nece-
sario “civilizar” y, en el caso de la América española, integrar a una sociedad
naciente mestiza pero regida, por supuesto, por su cosmovisión. Por ello, el
estado, la iglesia y el pueblo español coinciden en atribuirse la ciclópea tarea
de crear una nueva sociedad, la indiana, donde se impongan esos valores e
intereses fundamentales. Pero también es necesaria cuando se siente atacada
y es preciso defenderla, como es el caso de Córdoba una vez terminada la
etapa fundacional, de los enemigos internos –las numerosas y variadas tribus
indígenas insuficientemente dominadas o nuevas como los agresivos y expan-
sivos araucanos– y de los externos provenientes de países europeos abocados
igualmente a la conquista de nuevos territorios y mercados, tarea en la que se
turnan los portugueses, los holandeses, los franceses, los ingleses y, aún, los
dinamarqueses.

137
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Por lo expuesto, durante este extenso período lo militar y las acciones mi-
litares aparecen estrechamente ligadas a la historia social, a la constitución de
su tejido social y del desarrollo como comunidad política de diversas regiones
del Río de la Plata. Haber encarado una historia de la provincia de Córdoba
desde sus orígenes nos ha puesto de manifiesto la importancia y perduración
del tema a lo largo del tiempo, con sus evidentes altibajos, contradicciones y
permanencias y, fundamentalmente, valga la insistencia, con su notable inci-
dencia en la conformación de su sociedad3.

Por fin, cabe señalar que es relativamente reciente el interés despertado por
el tema en la historiografía americanista no obstante ser, cada vez más
evidente, que comprender el aparato militar y su funcionamiento es penetrar
en lo constitutivo no sólo del orden colonial desde la perspectiva
metropolitana sino también, y fundamentalmente, en la esencia de lo
americano. Y ello es particularmente notable en el Tucumán y el Río de la
Plata condenados a mantener una situación permanente de frontera bélica
antes que agraria, en las que la corona apenas invierte recursos dejando
descansar su sostenimiento en los particulares a los que se limita a supervisar
en su accionar y a los que estimula con premios y castigos.

Contra lo interpretado por algunos autores, en las gobernaciones del


Tucumán, Río de la Plata, Paraguay y el Reino de Chile, la política ya está
militarizada desde los primeros tiempos y no sólo mantuvo esa condición
durante todo el período colonial y buena parte del independiente sino que, en
algunos momentos, alcanza niveles muy significativos, casi excluyentes. Por
lo demás, la nobleza –aun la de segundones– tiene un peso enorme en la
oficialidad, sobre todo en las Indias, lo que conspira contra la
profesionalización y explica, en parte, que no obstante las reformas borbónicas

3
Conf. Hector Ramon Lobos Repercusión de la guerra de independencia en la es-
tructura económica de Córdoba (1810-1820), Córdoba, tesis doctoral, 1982, 7 vols.
y, del mismo autor, Historia de Córdoba, tomo I: Raíces y fundamentos, Córdoba,
Ediciones del Copista, 2009; tomo II: Una sociedad peculiar, ídem, 2009; y tomo III:
Ocaso y despertar, primera parte, ídem 2009.

138
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

y, luego, las realizadas por los revolucionarios, la estructura militar continúe


siendo de antiguo régimen y contenga una multiplicidad de cuerpos y estatutos
heterogéneos4.

El caso de Córdoba. Consecuencias de un país en guerra

Córdoba parecía, y en realidad estaba ubicada lejos del teatro de los


sucesos, pero ninguna región del país pudo escapar de la realidad instalada a
partir del movimiento iniciado en mayo de 1810, y la militarización se
extendió por todo el territorio.

Desde entonces los requerimientos militares crecieron convirtiéndose en el


tema prioritario para todos los interesados en vencer a los ejércitos realistas
que se acantonaban en el Alto Perú. A continuación nos ocuparemos del caso
cordobés que, aunque con matices locales, debió extenderse por todas partes.

1. Consecuencias de la militarización en la ciudad

Los cordobeses ilustrados coinciden en apreciar a su ciudad como un punto


estratégico desde una perspectiva geográfico-militar. Así, el Deán Funes lleva
a Buenos Aires, en 1810, entre sus proyectos más queridos, el establecimiento
de una fábrica de fusiles, otra de pólvora y lograr la navegación del río
Tercero5. La primera no se obtiene, aunque luego se establezca la de armas
blancas6. Sí se logra la segunda, aunque con resultados efímeros7. Igualmente

4
Se ha estimado que en el ejército colonial el 67% de los oficiales son considerados
nobles lo que en las Indias, en los cuerpos criollos, esa proporción aumenta al 100%;
conf. Juan Marchena Fernandez “La expresión de la guerra. El poder colonial, el
ejército y la crisis del régimen colonial”, en Historia de América andina, Quito, Uni-
versidad Andina Simón Bolívar, 2003, volumen 4.
5
AMC Actas capitulares. Libros 45 y 46, [Link]., pp. 204 y 205.
6
Efrain U. Bischoff La espada de Artigas. La fábrica de fusiles de Tucumán y la de
armas blancas de Caroya, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1966.
7
Héctor Ramón Lobos “Una industria de guerra en Córdoba: la fábrica de pólvora”,
en Instituto de Estudios Americanistas Labor de investigación. Año 1982, Córdoba,

139
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fracasa lo del río Tercero, tras algunos estudios que hicieron abrigar algunas
esperanzas.

Entre las instrucciones que se proponen dar a los diputados cordobeses a


la Asamblea General Constituyente, interesa manifestar la del elector
licenciado José Manuel Vélez: parte de la consideración de que ni la armería
nacional, ni los archivos generales, ni los estudios universitarios pueden estar
en zonas expuestas, como lo están todas las regiones situadas en la costa
marítima. La ubicación de Córdoba, su cercanía con la capital y su clima seco
–que facilitaría la conservación de las armas y los papeles–, la convierten en
el lugar ideal para tales establecimientos y fomento y perfeccionamiento de la
Universidad8. Por cierto que tales aspiraciones no prosperan, pero constituyen
pruebas del deseo de convertir a la ciudad en un centro industrial y logístico
de primera importancia. Y de alguna manera ello ocurre, aunque no con las
características soñadas9.

Igualmente se consolida su papel de nudo de tránsito entre las distintas


regiones del espacio. Porque no obstante las crónicas dificultades financieras
de la renta de correos, las deficiencias de los caminos y los problemas de todo
orden que debieron afrontar los funcionarios de la administración, indudable-
mente, el establecimiento de postas contribuyó a mejorar sensiblemente las
comunicaciones dotando al virreinato del Río de la Plata de un relativamente
eficiente sistema que será heredado y acrecentado por los gobiernos patrios.
En este sentido, el caso de Córdoba es particularmente notable y explica el
papel que le toca desempeñar en el proceso revolucionario.

Antes de 1810, existen tres caminos de postas que cruzan la provincia: el


real (Buenos Aires-Potosí), el que se dirigía a Mendoza (Buenos Aires-Chile)

Dirección General de Publicaciones, 1984. Y Efraín U. Bischoff La primera fábrica


argentina de pólvora (1810-1815), Córdoba, Publicaciones de la Universidad Nacio-
nal de Córdoba, 1951.
8
AMC Actas capitulares. Libros 45 y 46, ob. cit., pp. 548 y 549.
9
Héctor Ramón Lobos Historia de Córdoba, ob. cit., tomo III, segunda parte, caps. X
y XI.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

y el que partiendo desde Córdoba arriba al mineral de La Carolina (San Luis).


Durante la primera década independiente se establecen: el de Córdoba a Santa
Fe por el Quebracho Herrado (1813); la estafeta del Río Cuarto (1814); la ruta
transversa de Laguna Larga al fortín de Algarrobos (1815) y el de Córdoba a
San Luis (1817); el camino de Córdoba a La Rioja (1814-1817), la proyectada
extensión hasta Famatina y la unión de aquél con Catamarca y, a través de
ella, con Tucumán.

Vistos en conjunto, indudablemente el establecimiento de estos caminos


de postas contribuyen a ligar a la capital mediterránea con distintas regiones
del país, convirtiéndola en el centro de las comunicaciones postales. Y si ello
se logró, se debió a la actividad de un buen funcionario (José de Paz), a la
comprensión y apoyo de prácticamente todos los gobernadores que se desem-
peñaron en la provincia y a una actitud similar en el gobierno central, producto
del convencimiento de la importancia de contar con una eficiente infraestruc-
tura de comunicaciones y el papel que en ella debe jugar Córdoba por su si-
tuación.

Inicialmente se incorporan al ejército jóvenes entusiastas, y otros no tanto,


pertenecientes, en general, al sector más destacado de la sociedad cordobesa.
También cómo muchos personajes se van definiendo después de una actitud
inicial contraria o, simplemente, de desconcierto. Y aunque muchos logran
superar ese primer traspié –quizás el caso más significativo lo constituya José
Javier Díaz– otros quedan marcados definitivamente o, por lo menos, por
mucho tiempo10.

10
Además del caso de algunos capitulares, vale la pena citar el siguiente: el 14 de
enero de 1811, la Junta Grande designa al Alférez graduado de Fragata Valentín
García “para la construcción y composición de los Montajes de Artillería y para la
instrucción de la Compañía de Milicias urbanas de ella”. AHPC, Comprobantes de
Hacienda, 1811, tomo 1, fl. 36. Pero García es rechazado por la ciudad y por la milicia
por haber sido partidario de los contrarrevolucionarios hasta último momento, por lo
que se solicita sea nombrado en su lugar Luis Faure, un oficial emigrado de la marina
francesa vecino de la ciudad de Buenos Aires, donde se había casado hacía diez años,
y residente en esta ciudad, que además era buen patriota. La Junta resuelve escribir a

141
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Igualmente se ha señalado cómo se empieza a enfriar el ingenuo


entusiasmo inicial, no bien comiencen los contrastes militares, las exigencias
económicas y las levas sistemáticas11. No obstante, como es de esperarse, la
movilización militar gana progresivamente en todos los terrenos generando
múltiples problemas y profundizando otros.

Pronto muchos de estos improvisados militares, locales o en tránsito,


sintiéndose en un plano superior, entran en fricciones con las justicias
ordinarias y con el mismo cabildo con, al parecer, el acuerdo tácito de los
gobernadores12. Sin dudas, la situación de guerra ha revalorizado la carrera de
las armas y no pocos de sus integrantes van a llevar a extremos esa estimación,

Diego Pueyrredón, que se encuentra en camino hacia Jujuy, a fin de que le informe si
no había en Córdoba otra persona apta además de la propuesta. Id., Gobierno, 1811,
letra A, tomo 33, fls. 570 y 578. La desconfianza parece ser el sino del momento.
11
El retaceo para cumplir con las contribuciones exigidas comienza desde muy tem-
prano. Ejemplo de ello lo constituye el pedido formulado el 18 de mayo de 1812 por
José Javier Díaz para que por ser coronel de ejército sea exceptuado de tener que
contribuir con los 400 ponchos que se le habían asignado. La respuesta del gobierno
nacional es inmediata (27 del mismo mes) y tajante: “los grados y empleos si no privan
al que los posee de las ventajas que prestan sus propiedades, tampoco le exoneran de
las cargas a que ellas deben afectarse”; en consecuencia se le ordena al gobernador
“proceda a apremiar a dicho coronel Díaz a la pronta entrega de aquellos útiles, cuyo
destino es tan digno de la atención de todo ciudadano”. AHPC, Gobierno, 1812, letra
A, tomo 34, fl.289.
12
Así, por ejemplo, el ayuntamiento recurre al gobierno nacional, a fines de octubre
de 1811, “...suplicándole encargue a este Gobierno el cumplimiento de la orden que
se le ha comunicado, de que de manera alguna se impida la jurisdicción de las
jurisdicción de las justicias ordinarias; a cuyo efecto se eduquen, instruyan , y arreglen
estas tropas, como es de ley y ordenanzas, y tomen las mejores medidas sobre ellas;
porque además de estas quejas le asisten innumerables del pueblo, que viendo la falta
de armas con que se hallan, las que no llegan a veinte y cinco, el crecido gasto que
infieren las muchas plazas mayores de que se han recargado, y lo inútil que son, al
menos como se encuentran en la actualidad”. AMC Actas capitulares. Libros 45 y 46,
ob. cit., p. 355.

142
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

sea porque se la concede la sociedad sea porque a ello lo inducen sus apetitos
personales.

Pero aunque las tropas existentes en la ciudad plantean dificultades, ellas


son menores a las que crean los desertores provenientes de Buenos Aires,
Santa Fe y el Alto Perú que, en su tránsito por la jurisdicción cordobesa,
ubicada en el camino a sus lugares de origen, cometen toda clase de tropelías.
Y era bastante común que los ayuntamientos solicitaran el envío de partidas
armadas, destinadas a perseguir “…a estos delincuentes que nos tienen
asoladas las campañas, y amenazan a las mismas ciudades”. El problema de
la deserción se hará cada vez más serio, aunque ya venía siendo crónico13.

Tempranamente, también, se presenta un problema que muestra ser de muy


difícil solución. El 11 de febrero de 1811, la Junta Grande ordena que de
acuerdo a las providencias que librara con anterioridad “se… reduzca el gasto
que se invierte… en esta guarnición”. A lo que el cabildo responde desconocer
las respectivas disposiciones. El alcalde provincial, por su parte, sostiene

“...que con un capitán comandante y cincuenta hombres mercenarios


hay de sobra para subvenir a las urgencias del gobierno…, y que los
sargentos mayores y otros oficiales de rango que se han sostenido, han
sido sin sueldo, a excepción del nuevo reglamento que se hizo de
milicias provinciales; y aun el finado Coronel don Santiago Alejo de
Allende servía sin él, tan solamente con la pensión que tenía por los
servicios que hizo en el Alto Perú”.

Más adelante, se vuelve a plantear la cuestión. Nuevamente el alcalde ma-


yor provincial denuncia el “parentesco” existente entre los miembros de la

13
Para mayores detalles, puede consultarse la sumaria información que se levanta en
la Villa del Rosario, el 1 de febrero de 1816, contra la división militar que vino desde
Santa Fe y causó una serie de latrocinios entre los vecinos AHPC Gobierno, 1816,
caja 50, carpeta 1, fls. 44 a 55.

143
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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Junta Provincial “con todos los oficiales de plana mayor que se hallan merce-
narios inútilmente”; e insiste en la fuerza de 50 hombres, advirtiendo “que
cuando se necesite fuerza extraordinaria se eche mano de las milicias arregla-
das de blancos y pardos que hay en el día, las que deberán pagarse inter sirvan
y su necesidad extraordinaria”. El regidor defensor de menores Eduardo Pérez
Bulnes manifiesta su total desacuerdo con lo obrado por considerar que los
doscientos hombres que guarnecen esta plaza “no solamente no son superfluos
sino absolutamente necesarios” y porque piensa que a los individuos del ayun-
tamiento no los impulsa el bien público, que debe ser el norte de todo ciuda-
dano, sino como está bien seguro, las miras personales y particulares de algu-
nos de ellos, y la rencillas, de otros.14

A mediados de diciembre de 1811, el Triunvirato acusa recibo de la


comunicación girada por la Junta de Córdoba acerca de la queja del cabildo
por haberse invertido parte de los cincuenta mil pesos en el sostenimiento de
los doscientos hombres que componen la guarnición de la ciudad, haciéndole
saber que no bien se resuelva el tema se lo harán conocer15. Sin lugar a dudas,
estas cuestiones se inscriben en la más amplia del enfrentamiento de partidos
que agitan a la provincia. Pero no menos cierto es que las exigencias militares
aumentan y las quejas del vecindario también.

Otro tema que preocupa es el que el segundo Triunvirato le plantea al


gobernador de Córdoba más adelante, sobre terminar con el abuso cometido
por los oficiales de llevar en sus viajes soldados en calidad de asistentes, lo
que está rigurosamente prohibido16. El 10 de agosto, el poder ejecutivo
nacional envía una circular concebida en los siguientes términos:

“El gobierno ha trascendido que algunos oficiales que salen de esta


capital para lo interior con comisiones del servicio, o meramente con
destinos a las Provincias ulteriores y Ejército auxiliar, se demoran

14
Id., Ibíd., pp. 360 a 363.
15
AHPC Gobierno, 1811, letra A, tomo 33, fl. 786.
16
Id., Gobierno, 1813, letra A, tomo 35, fl. 458.

144
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

voluntariamente en los Pueblos del tránsito sin causa suficiente; o acaso


por solo abandono o distracción de sus peculiares obligaciones; y
deseando cortar de raíz este perjudicial abuso, ha resuelto que de aquí
en adelante se fije en los pasaportes un término dado bajo del cual deban
prudencialmente verificar su viaje, y que todos los Gobernadores y
justicias del tránsito tengan un cuidado especial en atender a que no se
detengan fuera de él en la jurisdicción de su mando, compeliéndolos a
que sean exactos en este punto, y dando cuenta de cualquiera omisión
que se note en este asunto contra lo mandado...”17.

Por su ubicación, la ciudad de Córdoba es una de la más afectada con este


tipo de problemas. No obstante, razones de orden militar dejan prácticamente
sin efecto la disposición anterior.

Efectivamente, el 5 de marzo de 1814, el general en jefe del Ejército


Auxiliar del Perú le hace presente al director Posadas “...la necesidad de
separar de los cuerpos de su mando los oficiales que resultan sobrantes” que,
a no dudarlo, en la mayoría de los casos, debieron ser los menos dotados
militar y humanamente. El 17, siguiendo la sugerencia de aquel jefe, Gervasio
Antonio Posadas le comunica al gobernador intendente de Córdoba que serán
remitidos a esta ciudad, a fin de que se los destine a “un servicio activo, bien
sea en la instrucción de reclutas o bien en otras comisiones…más
convenientes”18.

Una nueva carga se agrega sin ningún beneficio, puesto que la mayoría no
tendrán ocupación. Pero además, el gobierno nacional, aduciendo el grave
déficit del erario, no tarda en ordenar se les abone la mitad del sueldo a los
oficiales que se encuentran en Córdoba sin estar en servicio19. Un nuevo e
importante elemento de tensión social se ha sumado al ya de por sí
convulsionado cuadro ciudadano.

17
Id., Ibíd., fl. 495.
18
Id., Gobierno, 1814, letra A, tomo 38, fl. 455.
19
Id., Ibíd., fl. 486.

145
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

El gobierno nacional no logra superar los problemas que se le van


presentando. A mediados de septiembre de 1814, ofrece a los oficiales que
quieran continuar sus servicios en Chile un grado superior. El 20 lo hace
extensivo a los de la guarnición de la ciudad mediterránea. El 7 de octubre se
informa que ya no se necesitan oficiales para aquel destino20. El día 12, como
una muestra más de las dificultades para solucionar estas cuestiones, el
gobernador intendente recibe una nueva circular:

“En acuerdo de ayer ha resuelto el Supremo Director que los Generales


de los Ejércitos de la Patria, y Gobernadores Intendentes de las
Provincias Unidas del Estado por ningún motivo ni causa permitan a
los oficiales de ellos su translación a esta capital o cualquiera otro punto
sin previa consulta al mismo Supremo Gobierno y su respectiva
licencia; e igualmente que a ninguno de los que la obtengan se permita
su residencia en el destino que hayan elegido por más tiempo que el que
se hubiere prefijado en la misma licencia...”21.

Por cierto, el problema está lejos de ser solucionado. El 10 de febrero de


1817, el síndico procurador propone dirigirse al gobernador para que “...se le
hiciese presente la grande utilidad de despachar al Ejército los militares que
se hallan en esta ciudad disfrutando sueldo, sin conocido ejercicio de ventajas
al Estado; o que en el caso de rehusar ellos el referido destino, se les suprima
el sueldo”22. Quince días después, un nuevo planteo recuerda los problemas
que genera “el crecido número de Oficiales que existe en esta”; a lo que
responde el gobernador Castro que ya lo había considerado23. Por otra parte,
aunque el estado decidiese eximir del sostenimiento de las Guardias Cívicas a
la junta de propios, recurre al cabildo para solventar algunos gastos que sus
ejercicios traen24. Y, a su vez, el cuerpo capitular sucumbe al atractivo de

20
Id., Ibíd., fls. 283, 285 y 299, respectivamente.
21
Id., Ibíd., fl. 629.
22
Id., Ibíd., p. 4.
23
Id., Ibíd., pp. 23 y 24.
24
Conf, Id., Ibíd., pp. 22 y 26.

146
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

disponer de fuerzas que respondan a sus órdenes25. Y, en su sesión del 10 de


junio, se propone que se formen dos compañías de cívicos de cien hombres
“...la mitad de Infantería, y la otra de caballería, para resguardo de esta
Corporación…”

“...bajo el concepto, que esta fuerza armada, estuviese siempre a la


disposición de este ayuntamiento,… con arreglo a lo dispuesto por el
Estatuto Provincial que nos rige”26.

También se convino en que esta fuerza militar pedida, pudiese compartirse


si fuere necesario. Asimismo el gobernador propicia la creación del escuadrón
de caballería, al “que juzga absolutamente preciso para la seguridad del país”.
Y el Congreso, en su sesión del 19 de diciembre de 1817, acuerda “la
imposición de un medio real de aumento sobre los cueros al pelo que se
extraigan de la provincia de Córdoba, destinado a la dotación del nuevo
escuadrón de caballería”27. En consecuencia, a principios del año siguiente,

25
Sobre el accionar del cabildo véase Héctor Ramón Lobos “Los cabildos y la diná-
mica revolucionaria en el Río de la Plata. Un esfuerzo de comprensión a partir del
caso cordobés”, en Escuela de Estudios Hispanoamericanos Anuario de Estudios
Americanos, Universidad de Sevilla, tomo XLVI, Sevilla, 1990. Y “El cabildo de Cór-
doba en el contexto político de la Independencia. Evolución de la Institución desde el
Pronunciamiento de Mayo hasta la formación de la Provincia”, en Academia Nacional
de la Historia Sexto Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina, Buenos
Aires, 1997.
26
Id., Ibíd., pp. 56 y 57. Efectivamente, el Reglamento Provisorio de 1817, en su
capítulo III, se refiere a los cuerpos de milicias cívicas formadas por los vecinos de
las ciudades, villas o pueblos, que cuenten con una propiedad cuyo valor exceda los
1.000 pesos, los dueños de tiendas abiertas o los que ejercen algún arte u oficio
público. También se establece que estarán al mando de los cabildos sin perjuicio de
lo que le correspondía a los gobernadores intendentes Conf. Comando en Jefe del
Ejército, Reseña Histórica..., ob. cit., tomo I, pp. 186 y 187.
27
Emilio Ravignani Asambleas..., ob. cit., tomo I, p. 343. El 5 de enero de 1818, el
gobernador avisa al cabildo haber aprobado al Congreso la imposición de medio real.
AMC Actas..., Libros cuadragésimo noveno, ob. cit., p. 108.

147
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

se concreta su creación pero pronto el mantenimiento de dicho escuadrón se


torna sumamente gravoso28.

Recién el 11 de diciembre de 1818, el gobernador Castro insta al cabildo a


la formación de milicias cívicas. En consecuencia, el cuerpo se dirige al
diputado de comercio, a los maestros mayores de los gremios y a los alcaldes
de barrio a fin de que presenten las listas de los ciudadanos de esta Ciudad,
que deben componer la citada milicia29. El 21 de enero de 1819, el cabildo
propone unánimemente al coronel mayor Francisco Antonio Ortiz de Ocampo
como comandante del cuerpo de Cívicos, al capitán de ejército y regidor Julián
de Paz como Sargento Mayor y al licenciado Luis Giadas como ayudante. A
fines de marzo son confirmados por el director y puestos en funciones al mes
siguiente30. En los últimos días de abril, Ortiz de Ocampo eleva las propuestas
para ocupar las plazas de oficiales de los cuerpos cívicos, las que son remitidas
al jefe de estado mayor general José Rondeau para su aprobación31. Sin
embargo, la constitución de los mismos se dilatará32.

28
El 3 de agosto, el síndico procurador propone “auxiliar a los cuerpos veteranos de
esta guarnición con quinientos ponchos de donativo voluntario”; lo que será aceptado
por el cuerpo ídem, Ibíd., p. 142. El 7 de enero de 1819, el jefe de Húsares se dirige al
gobernador informándole “que sin embargo de haber rebajado a sus súbditos un peso
de su sueldo para hacerles una camisa a cada uno, no alcanza a pagar su hechura”. En
consecuencia, éste ordena al cabildo se haga cargo del problema para lo que comisiona
a dos regidores “para el reparto de doscientas camisas” ídem, Ibíd., p. 172.
29
Id., Ibíd., p. 162.
30
Id., Ibíd., pp. 175 y 176, 193 y 194.
31
Id., Ibíd., p. 196. Hacia mediados de julio, se van integrando la oficialidad. El 16,
el sargento mayor Paz le transmite al cabildo “la necesidad que hay, de que don José
María Bedoya quede expedito de la Alcaldía de Barrio que ejerce para que entre en su
empleo de Teniente de la Compañía 5 de Cívicos”, lo que el ayuntamiento se apresura
a hacer. Id., Ibíd., p. 218.
32
El 7 de diciembre de 1819, el comandante Ortiz de Ocampo informa haber hecho
el alistamiento de los Cuerpos de Cívicos con arreglo al artículo 2do., artículo 3ro.,
sección 6ta. del reglamento, y de haber dispuesto “...siguieran en este estado hasta que
las ocurrencias del día dieran lugar a dividir la Milicia Cívica”. Id., Ibíd., p. 248.

148
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

En el ínterin, el temor de que las montoneras lleguen a la misma ciudad de


Córdoba mueve al gobierno y al ayuntamiento a tomar una serie de medidas
defensivas. Y aunque pronto se diluye la amenaza, la militarización se
acentúa33.

Hacia junio, las exigencias del Estado le impiden al ayuntamiento


satisfacer los sueldos de la oficialidad de los cívicos, generándose el lógico
malestar34. Y también cierto relajamiento, que se manifiesta de distintas
maneras.

Así, el 23 de julio, el fiel ejecutor denuncia la insubordinación de ciertos


grupos, con las consecuencias que son de prever. Por ello se pasa un oficio al
comandante a fin de que reúna a sus subalternos y les haga entender que deben
obedecer a las autoridades constituidas, “por no gozar fuero la Milicia Cívica”.
La situación, en lugar de distenderse, se agrava con el correr de los meses. El
26 de noviembre, el cabildo escucha al alcalde de segundo voto quien se
refiere a los continuos reclamos contra los procedimientos delincuenciales de
algunos Cívicos, que habían dejado en evidencia que éstos “no son de la
competente honradez y regularidad de costumbres” que ese cargo requiere.

33
Acerca de lo dispuesto en febrero, véanse ídem, Ibíd., pp. 185, 190, 191, 192 y 198.
A los gastos de herramientas y demás trabajos, es preciso sumar el ocasionado por las
maniobras realizadas para la defensa de la ciudad en las que participaron además de
los cívicos, que estaban acuartelados, tropas al mando del coronel mayor Juan Bautista
Bustos y del coronel La Madrid Id., Ibíd., p. 187. Para mediados de mayo, el alcalde
interino de segundo voto hace notar “...los grandes males que resultan a los
Ciudadanos del Pueblo con la fatiga diaria de guardias que provisoriamente se les
impuso a estos por las circunstancias apuradas en que se halló el País cuando se vio
atacado en su jurisdicción, de los santafecinos” Id., Ibíd., p. 199.
34
El comandante pide que de los dos meses vencidos se le abone un mes de sueldo
para poder afrontar la comisión que se le ha asignado; a lo que el cabildo responde
que por falta de fondos no puede pagarle “...con cuyo motivo se dirige una
representación a su excelencia a efecto de que se le mande restituir el que gozaba en
Cajas del Estado”. Id., Ibíd., p. 207.

149
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

En consecuencia, el cuerpo resuelve dirigirse al comandante manifestando


el perjuicio contra la seguridad pública, en cualquier movimiento turbulento
que se produzca, a causa de la falta de comportamiento de las tropas35.

El cabildo había solicitado y obtenido un cuerpo con el que pensó


garantizar el cumplimiento de su cometido en orden a la policía, a la seguridad
pública y al control; y, también, para contar con una porción de fuerza que le
permita mantener cierto papel en la esfera de las decisiones políticas. Los
resultados son francamente negativos.
La ciudad de Córdoba ha entrado en el ambiente de agitación, desconcierto,
relajamiento y enfrentamientos de todo tipo, rayanos en la anarquía, que ya
sufría la campaña, particularmente las regiones fronterizas de la provincia.

La afectación de las castas libres y esclavas a las compañías de pardos y


morenos ha disminuido apreciablemente el número de personas dedicadas a
tareas tan diversas y esenciales como el servicio público y particular; el
aprovisionamiento de leña y agua, el acarreo de frutas y legumbres, como de
materiales para la construcción; de mano de obra común y calificada; de
artesanos y aprendices en oficios como el de zapateros, carpinteros, sastres,
albañiles, etc. Por cierto que ello ocurre, también, con el resto de la población

35
Id., Ibíd., p. 246. Ya el 24 de septiembre el cabildo había discutido la necesidad de
arbitrar medidas “...al efecto de ahorrar la consignación de reclutas en las personas de
conocida hombría de bien, y asiduidad de las tareas rurales, de cuya laboriosidad
resultan el sostén y mantenimiento de las mismas tropas, y del resto del vecindario,
subrogando en lugar de dichas personas para el servicio de las armas a los individuos
menos decididos a la aplicación de las tareas”. Id., Ibíd., p. 232.

150
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

blanca dedicada a iguales tareas. El problema tiende a acentuarse con el correr


de los años y el continuo reclutamiento de habitantes36.

Por lo demás, la cárcel de la ciudad no da abasto para albergar los presos


comunes y, fundamentalmente, los desertores capturados en el territorio
mediterráneo37. Tampoco es suficiente el hospital San Roque, que ve
multiplicados sus servicios por el arribo de heridos de los distintos frentes y
de las fronteras con el indio, amén de los que quedan en los choques civiles38.

36
Héctor Ramón Lobos “Movilidad poblacional en Córdoba del Tucumán durante la
guerra de independencia”, en Congreso sobre Historia da populaçao de America La-
tina, International Union for the Scientific Study of Population, Belgium, 1989. Tam-
bién “La revolución y el comercio interior. Análisis de la desintegración del mercado
virreinal rioplatense a partir del caso cordobés”, en Escuela de Estudios Hispanoame-
ricanos Anuario de Estudios Americanos, Universidad de Sevilla, tomo XLVII, Sevi-
lla, 1991. Y “Guerra de independencia y marginalidad: el caso de Córdoba (Apuntes
para un análisis comparativo del proceso argentino y norteamericano)”, en Cuarto
Congreso Asociación Chilena de Estudios Norteamericanos y Primer Congreso Bi-
nacional chileno-argentino, Ediciones del Instituto Chileno-norteamericano de Cul-
tura, Santiago, 1992.
37
Consultar, como ejemplo, AHPC Gobierno, 1813, letra B, tomo 36, fl. 522. El 7 de
mayo de 1819, el cabildo hace saber al gobernador “que la cortedad de los fondos
públicos no puede sufragar la manutención de tantos desertores que se hallan en la
cárcel; y que en esta virtud se sirva disponer o que pasen a sus respectivos cuarteles,
o que los mantenga el Estado en la cárcel donde se hallan” AMC Actas..., Libro
cuadragésimo noveno, ob. cit., p. 198.
38
El 1 de septiembre de 1811, el contador liquida las 1.393 hospitalidades causadas
durante los meses de mayo, junio, julio y agosto por miembros del Batallón de
Córdoba las que, razón de 4 reales cada una, insumían 696 pesos 4 reales AHPC
Comprobantes de Hacienda, 1811, tomo 1, fls. 233 y 234. Ante una consulta, el 28 de
diciembre de 1812 el gobierno nacional resuelve: “Se declara que mientras los
sargentos cabos y soldados que se hallan de la guarnición en la ciudad de Córdoba no
gocen de más sueldo que el que señala el Reglamento del año de 1780, debe
satisfacerse por el estado integrante el importe de las hospitalidades que causen
tomándose razón en el Tribunal de cuentas” Id., Ibíd., 1813, tomo 1, fl. 193. El oficio
en Id., Gobierno, 1812, letra A, tomo 34, fl. 368. Ejemplo de la variedad de las
atenciones lo constituye el “Estado General que manifiesta con distinción las

151
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Se asiste a un deterioro creciente de la salubridad, las condiciones sanitarias y


de las posibilidades de servicio; de inestabilidad social y desocupación, con el
correlativo crecimiento de robos, riñas, juego y crímenes; todo lo cual refleja
una disminución del nivel de calidad de vida urbana. Sobre esta realidad, se
abate la epidemia de 1817 con consecuencias más profundas de las previsibles,
en razón de las condiciones de vida y la falta de médicos39.

En la campaña

La reducción de la guarnición de la frontera sur de Córdoba rompe el


precario equilibrio trabajosamente conseguido en las postrimerías del período
colonial y la región comienza a conmoverse peligrosamente, hasta que un
nuevo statu quo sea establecido. Simultáneamente, el debilitamiento de la
frontera norte santafesina facilita la sublevación de mocovíes y abipones que
junto a importantes contingentes del interior del Chaco avanzan en
profundidad sobre aquel territorio y sobre la zona este cordobesa, despoblando
vastas regiones40. En la norte, tras unos primeros escarceos, se logra
mantenerla a cubierto de las malocas.

hospitalidades causadas por los señores oficiales, y soldados, así del estado, como de
los prisioneros de Lima, y Montevideo comprehensivo a solo los meses de septiembre,
noviembre, y diciembre de 1814”: del Ejército del Perú 42 oficiales, “de clase
inferior” 4, soldados e inválidos 16; del Batallón de cazadores que pasó de Santa Fe
al Perú, 176 soldados; de la Infantería de Córdoba, 210 soldados; oficiales prisioneros
de Montevideo, 95; “de la misma clase de los de Lima” 102, e “idem de clase inferior
114; lo que hace un total de 759 hospitalidades, de las Id., Comprobantes de
Hacienda, 1815, tomo 1, fls. 144 a 149.
39
Conf. AMC Actas..., Libro cuadragésimo noveno, ob. cit., p. 57. También se hace
sentir la falta de medicamentos, pp. 26 y 27. Con respecto a los médicos, pp. 52, 57 y
76.
40
Federico G. Cervera “Reseña histórica del período hispánico”, y Bernardo Aleman
“El problema del indio en la historia de Santa Fe desde la Revolución de Mayo hasta
la Organización Nacional”, ambos en Comisión Redactora Historia de las
Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Santa Fe, edición Oficial, 1970, tomo III.

152
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Sobre estos temas se ha abundado en detalles, como así también en las


consecuencias: despoblación, retroceso en la ocupación de las tierras,
desarticulación de la economía por la destrucción de sembrados y el arreo de
los ganados; desintegración social por los malones (muertes y cautiverio) y
las levas (reclutados o fugados para evitarlo) con sus secuelas de bandidaje
(desertores o alzados); juego, prostitución, amancebamientos, raptos y
violaciones41.

La desorganización política se manifiesta de mil formas distintas y a ellas


se ha hecho referencia en distintas oportunidades. Así, se ha aludido a los
choques entre las autoridades civiles y militares, particularmente milicianas,
en tanto y cuanto conviven permanentemente y ambas son compelidas a
cumplir órdenes que se superponen y que hubiesen requerido una colaboración
amplia que muchas veces no se da. En general, la condición de miliciano
genera en muchos, por ignorancia o por “picardía”, una actitud de superioridad
y autosuficiencia que afecta a las autoridades civiles, las que se sienten
menoscabadas en sus personas y en sus funciones. No debe extrañar, pues, que
el 4 de febrero de 1814 el gobernador intendente dicte una circular dirigida a
todos los comandantes militares, concebida en los siguientes términos:

“Ha sido del desagrado de este gobierno… la conducta de los capitanes


y subalternos, en no prestar los auxilios que han pedido los jueces
pedáneos; en consecuencia se previene a los oficiales y sargentos
denlos… siempre…, bajo la pena de suspensión de empleo, pues
cuando se trata de servir a la patria es una oposición ridícula la de no
prestarse a los jueces por el equivocado concepto del fuero militar el
que nunca se presenta más [pleno] que cuando se emplea en el servicio
del Estado…”42.

41
Héctor Ramón Lobos La frontera sur…, ob. cit.; “La frontera norte…”, ob. cit.; La
frontera Este…, ob. cit.; Historia de Córdoba, ob. cit., tomo III, segunda parte, caps.
VIII, 3 y IX; las repercusiones en lo económico caps. X y XI y, en lo social, tomo IV,
caps. VII y VIII. También Repercusión de la guerra de independencia…, ob. cit.
42
Oficio del gobernador al capitán José Haedo AHPC Gobierno, 1814, letra D, tomo
41, fl. 671. En el 672 se encuentran copias para los otros comandantes de milicias.

153
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Justamente estos problemas vienen motivando las constantes consultas al


gobierno acerca de si los milicianos gozan o no del fuero militar; y la respuesta
de éste, del 2 de noviembre de 1813:

“Teniendo advertido que en la jurisdicción de esta capital se ha


entendido de diversos modos en cuanto a si el Regimiento de caballería
de nueva creación goza o no de fuero militar; y acarreando esta duda el
entorpecimiento que es consiguiente del orden público y administración
de justicia, debo prevenir a usted que las declaratorias ultimas del
Supremo Gobierno en la materia se dirigen a preceptuar: que las tropas
de milicias de cualquiera clase que sean no gocen de fuero militar,
y demás privilegios anexos a la carrera sino precisamente en solo el
tiempo que estén en actual servicio; y por lo que hace a los oficiales:
que ninguno que no tenga despacho del Gobierno del País desde su
instalación en 25 de Mayo del año pasado de 810, use de la divisa
de oficial, goce de fuero, ni sea tenido ni reconocido por tal”43.

Por cierto que con ello no finalizan los enfrentamientos, pero clarifica
definitivamente la cuestión. De todas maneras, progresivamente el poder se
ha ido desplazando hacia aquellos que ejercen un cargo en la milicia, sea por
el notorio predominio de las cuestiones militares debido a la guerra de la
independencia, las invasiones indígenas o las luchas civiles, sea porque en
ellos descansa la fuerza de hecho.

Estos problemas son indicios elocuentes del desarreglo observable en el


terreno militar, originado en gran medida en la improvisación, el desconcierto

43
Respuesta de Viana al comandante en jefe del 7mo. y 8vo. escuadrón del regimiento
de caballería capitán Juan José Aliaga, ante su consulta motivada porque el juez
pedáneo Nicolás Racedo, de Río Seco, ha puesto preso a un soldado por deudas y no
lo quiere liberar. Id., Gobierno, 1813, letra B, tomo 36, fls. 302 y 304,
respectivamente.

154
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

y las contradicciones verificables a lo largo del período pero, particularmente,


en el primer quinquenio.

Así, Eufrasio Agüero plantea, en abril 1811, le existencia de una


contradicción entre las disposiciones de la junta provincial y de la Junta
Grande. La primera le ordena empeñar su esfuerzo a fin de que las Compañías
urbanas inmediatas al Totoral, esto es las de Tulumba e Ischilín, estén a
disposición del comandante del Batallón de Patricios Mariano Usandivaras.
En vista de esta determinación, da orden que se cumpla a fin de evitar
competencias entre el sargento mayor del Batallón encargado de ejecutarlo y
los comandantes de dichas compañías. Claro está que se reserva el derecho de
exponer lo siguiente:

“...que la excelentísima Junta quiere que el Cuerpo de que me ha


constituido jefe y encargado su arreglo, se componga de mil a mil y
doscientos hombres: Que si se hacen de él sacas tan considerables de
gente, no se podrá verificar su arreglo en el numero expresado: Que el
aumento, conservación y gobierno económico de los Cuerpos
privativamente corresponde a sus respectivos Jefes con inmediata
responsabilidad a la Inspección General; y que en esta ciudad y su vasta
jurisdicción hay superabundantemente gente para la formación del
Batallón sin ser preciso echar mano de la que debe constituir un
determinado cuerpo, para el cual la excelentísima Junta ha creado su
Jefe respectivo con el competente despacho; y decretado su arreglo bajo
la mejor forma que vuestra señoría le instruya por su informe que con
fecha 4 de enero del presente año le tiene pedido...”

En virtud de lo expuesto, Agüero renuncia a hacerse responsable de la


orden de la Junta Grande, descargándola en la junta provincial44.

44
Id., Gobierno, 1811, letra A, tomo 33, fl. 102. Días después se dirige al gobierno
nacional sobre el mismo tema y, el 25 de junio, reclama a la provincial el texto de la
respuesta oficial, que sabía había dado la Junta Grande y de la que no tiene
comunicación. Id., Ibíd., fl. 103.

155
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Por cierto no constituye éste el único ejemplo de enfrentamientos entre


autoridades. También se verifican entre jefes militares de milicias y de tropas
regladas45 o entre aquéllos y los jefes de frontera46. De todas maneras, con ser
ello importante para el tema que se está estudiando, revisten mayor gravedad
los problemas generados por las repetidas levas a que es sometida la población
masculina en edad productiva y reproductiva, por sus consecuencias en el
terreno de la economía y en la sociedad47.

La provincia ha ido deslizándose, lentamente, hacia un estado de


desobediencia e indisciplina social generalizada, alcanzando en algunas

45
Como ejemplo, véase el planteado entre el coronel Agüero y el oficial de tropas
regladas Juan José de Aliaga en Id., Ibíd., fls. 118 y siguientes.
46
A los mencionados oportunamente, puede agregarse el que plantea el 31 de
diciembre de 1814, desde el Fuerte de San Antonio del garabato, el comandante Pedro
Pla y Casanova por la indolencia de los jefes de milicias que no le envían los diez
hombres que pidió por compañía para el fuerte. El gobernador le responde que reitere
sus órdenes, pero que tenga presente que se hallan en período de siembra Id.,
Gobierno, 1814, letra B, tomo 39, fls. 268 y 269.
47
Sobre las levas, a la documentación mencionada, puede agregarse Id., Gobierno,
1811, letra A, tomo 33, fls. 116 y 117. A pesar de las disposiciones existentes, todavía
el 1 de diciembre de 1813 Julián Martínez le plantea al gobernador: “Necesito saber
de vuestra señoría si están exentos de este alistamiento todos aquellos que tienen
tiendas de abasto a quienes hasta aquí he mirado en consideración por la necesidad
que podía resultar a la población y que algunos en caso de salida no tendrían a quien
confiar sus intereses...” Id., Gobierno, 1813, letra C, tomo 37, fl. 82. En abril del año
siguiente, el mismo oficial, a raíz de una orden para que remita 12 hombres por
compañía del escuadrón a su mando, el teniente Pedro Bengolea de la Villa de la
Concepción eleva una lista de la fuerza que existe en Las Peñas, Tegua, San Bernardo,
Tambo, Achiras y Rodeo Viejo, la que debía ascender a 3 sargentos, 5 cabos y 62
soldados. De ese número, están ausentes a la citación 26 sin licencia, 7 que no
comparecieron, dos que no se conocían, uno que se ausentó de la jurisdicción, uno
muerto, uno que se fugó y uno que estaba enfermo. Es decir que, sobre un total de 70
hombres, no se presentan 39 por diversas causas. Id., Gobierno, 1814, letra D, tomo
41, fls. 36 a 41. El ejemplo es por demás significativo.

156
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

regiones características que orillan la anarquía. Dramática es la pintura que le


traza Ambrosio Funes a su hermano el Deán el 23 de noviembre de 1816:

“...De Buenos Aires, de arriba, y de aquí me instan privada, y


oficialmente a que purgue el Pueblo de los díscolos. No lo había querido
hacer por que estuviesen más expedita la autoridad que ejerzo: mañana
saldrá parte de estas heces para Mendoza: cuando menos se piense
caerán los peces. Procúrese que baya Bulnes donde corresponde...
El Señor Director me ofrece tropas, y armas: admito sus ofertas; porque
repite los Indios del Chaco sus irrupciones, se temen las del Sur, la
campaña está infestada de ladrones, y hay mil causas para temer estos,
y otros peligros...”48.

Un lúcido observador de su tiempo, como lo fuera Dámaso de Uriburu,


deja las siguientes impresiones ya avanzada la década:

“...fuera de la ciudad de Córdoba en que la proximidad al foco de la


revolución, y una civilización más generalizada había propagado la
fermentación revolucionaria y la entretenía con la nueva actividad e
impulso de los acontecimientos en Santiago del Estero, en Tucumán y
Salta, eran contados los patriotas decididos que sostenían con ardor la
acción del gobierno. La masa de los habitantes, muy principalmente de
la gente de las campañas, si no era hostil, a mérito de las continuas
exacciones que sufría en sus personas, que eran arrancadas
violentamente de sus hogares para el ejército, sin regla ni orden alguno
y de sus propiedades que estaban expuestas a los mismos ataques era
indiferente al triunfo de los realistas o patriotas...”49.

La campaña cordobesa no escapa a esta descripción. Para el hombre


común, sin convicciones arraigadas y, a veces, ni medianamente claras,

48
Biblioteca Nacional Archivo del Deán..., ob. cit., tomo II, pp. 258 y 259.
49
Memorias..., ob. cit., p. 664.

157
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

efectuar un balance de los años transcurridos desde mayo de 1810 seria


francamente negativo50.

Aquéllos que adhirieron conscientemente tuvieron que improvisar jefes


militares y gobernantes. Fueron aprendiendo sobre la marcha, pero a un alto
costo personal y social. Un costo que se multiplica al tener que formar
ejércitos en donde no existen; una conciencia política de nación y la exigencia
de defenderla en donde no hay; un soldado de un labriego, un pastor, un
paisano, un esclavo o un artesano mulato libre; un oficial de un estanciero, un
comerciante o un universitario. Era una tarea ímproba, que necesita de un
tiempo del que no se dispone y que, por ello, muestra tantas imperfecciones y,
también, tanta heroicidad.

Además, ya se tratase de las dificultades de organización, a veces


insalvables, como de los actos de arrojo, tienen un denominador común: el
fuerte individualismo cuyo origen hay que rastrearlo en el culto a la
personalidad castellana y en la vida de unos hombres y mujeres perdidos en
los inmensos espacios vacíos.

Consecuencias de la guerra
La despoblación

Sin duda una causa de la despoblación del territorio cordobés fue la guerra
de la independencia tanto por vía directa como indirecta.

Las continuas levas –la mayoría de las veces compulsivas–, tanto con des-
tino al ejército auxiliador del Alto Perú como, después, al de los Andes, sig-
nifican para Córdoba, como para las demás provincias, una permanente san-
gría de los brazos más jóvenes –los en edad de trabajar y reproducirse–, ya
porque son enganchados al ejército, ya porque fugan a los montes o a otras

50
Héctor Ramón Lobos “La revolución y el comercio interior. Análisis de la desinte-
gración del mercado virreinal rioplatense a partir del caso cordobés”, en Anuario de
Estudios Americanos, Universidad de Sevilla, tomo 47, Sevilla, 1991.

158
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

regiones para escapar del servicio51. Lo cierto es que sus efectos son muy gra-
ves no sólo en las actividades primarias (agricultura y ganadería), que se ven
privadas de la mano de obra necesaria, sino, también, en las artesanales, ya
que mantener la guerra significa organizar todo un apoyo logístico en donde
son necesarios herreros, carpinteros, albañiles, plateros, sastres, zapateros, ar-
tesanos del cuero en general, ingenieros o, por lo menos, conocedores del ofi-
cio de realizar cálculos y cierto manejo de técnicas constructivas.

51
Ilustrativo resulta el oficio dirigido por el comisionado Juan Gregorio de las Heras
al gobernador intendente Santiago Carrera, desde Santa Rosa (Calamuchita) el 25 de
julio de 1812: “Habiendo llegado a este Curato, y querido poner en planta inmediata-
mente las ordenes que vuestra señoria, con fecha del 10 del presente mes, me tenía
comunicadas para la remisión de cincuenta hombres, de los trescientos, que hay alis-
tados en clase de milicianos, toque el inconveniente de que habiendo tenido todo este
vecindario una noticia anticipada de la citación, que se iba a hacer, no había un mozo
soltero, por decente que fuera, que confundido con los vagos no anduviese prófugo
por los montes; y que vuestra señoría no ignora que en tales casos es esta una costum-
bre inveterada en la campaña. Sin embargo, a pesar de esto, se lograron citar aquellos
que gradué más aptos para el servicio, y que debían llenar el número de los referidos
cincuenta hombres; pero extendiéndose su insubordinación a más, no solo no han
comparecido muchos, sino que aun algunos ya filiados se han profugado. Espero que
vuestra señoría se digne a contestarme, previniéndome lo que deba observar con di-
chas dos clases de hombres, en caso que logre asegurarlos, como creo; pues nunca
más que ahora ha sido de necesidad el hacer un escarmiento para contener los progre-
sos de la insubordinación, que es tan absolutamente indispensable se castigue; porque
de lo contrario, en casos más urgentes no se podrá contar con un hombre y que conoz-
can que aunque ya se ha cumplido el plazo, y marcha de la gente, por esto no se ha
de quedar impunes, como hasta ahora han estado acostumbrados...”. AHPC, Go-
bierno, 1812, letra A, tomo 34, f l. 624. Documentos como el transcripto se repiten
sistemáticamente durante todo el período y a todo lo largo y ancho de la provincia.
Rara vez los jueces pedáneos o los comisionados nombrados al efecto logran reunir la
totalidad del número de reclutas fijado por el gobierno y, no pocas veces, más de un
enganchado debe ser devuelto a su vecindario por disminuciones físicas notorias.

159
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

De allí que el cabildo de la ciudad de Córdoba, en su sesión del 17 de julio


de 1812, ante una disposición superior, no pudo menos que elevar su voz y
fijar su posición:

“habiéndose tratado sobre la gente soltera que se podía mandar a la Ca-


pital de Buenos Aires para el servicio militar, atendiendo a la despobla-
ción que hay ya en esta jurisdicción por la gente continua que se ha
estado sacando estos años anteriores, tanto para Buenos Aires, Monte-
video, y para el Perú, y otros muchos que con motivo de las citaciones
continuas se han emigrado para otras Provincias: ha resuelto este Ca-
bildo con la mayor meditación en obsequio de las ordenes de S.E. y aun
con perjuicio de sus deberes en agricultura y otros ramos el que esca-
sean aun para [su] subsistencia a falta de manos, el que salgan doscien-
tos hombres con sus oficiales correspondientes para que les acompañe
el gusto de ser mandados hasta la Capital por sus paisanos, quienes los
educaron con más piedad, y les sufrieran uno a otro desagrado por falta
de ilustración. Y de conscripción para el reemplazo de los que se deser-
ten o mueran, irán treinta hombres anualmente: todo lo que se suplicará
a S.E., se sirva aprobarlo en virtud de los derechos procomunales que
hemos hecho presente en esta acta; pero que cuando hubiese un derecho
eminente de comunidad y que perturbe la tranquilidad pública, todos a
discreción del Gobierno Superior, nos aprontaremos sin distinción al-
guna a donde se sirviese destinarlos en defensa del Estado y la Patria”52.

El estado hizo caso omiso de las consideraciones del ayuntamiento. Por


otra parte tampoco le prestaron mayor atención los gobernadores militares
nombrados por el poder central cuyo objetivo primero era cumplimentar las
órdenes superiores y, en segunda instancia, cuidar de la provincia. En febrero

52
Archivo Municipal de Córdoba (en adelante AMC), Actas Capitulares, libro cua-
dragésimo quinto y cuadragésimo sexto, Córdoba, 1960, pp. 483 y 484. El 11 de
setiembre de 1812, Juan Andrés de Pueyrredón solicita se le entreguen por tesorería
800 pesos para la conducción de 170 reclutas a Buenos Aires. AHPC, Gobierno, 1812,
Letra A, tomo 34, fl.644.

160
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

de 1814, se ordena el reclutamiento de 500 hombres en la jurisdicción de Cór-


doba.53

En agosto de ese mismo año, el director Posadas, ante los peligros que re-
presentan el ejército de Lima y la anunciada expedición marítima, ordena al
gobernador intendente de la provincia

“... que trayendo a la vista los padrones de la Provincia de su mando


disponga que… en esa capital y demás pueblos de su jurisdicción se
sorteen para el servicio de las armas todos los jóvenes de 16 a 18 años
de edad, solteros, robustos de buena talla, y sin deformidad exterior, al
respeto del cuatro por ciento de la totalidad de hombres solteros que
contenga su población, no comprendiéndose a los hijos únicos de viu-
das, a los padres sexagenarios, a los que mantuvieren a hermanas huér-
fanas de buena vida, a los que no lleguen a diez y seis años, a los que
hayan sido alcaldes, regidores o jueces de Partido, a los licenciados por
el Gobierno Superior de estas provincias, y a los inútiles por mala vista,
o enfermedades habituales, y haciéndose entender a los sorteados que
solo harán el servicio por el término de dos años contados desde el día
de su filiación, y que transcursado [sic]este perentorio termino se resti-
tuirán a sus casas si voluntariamente no quisieran continuar en él...”.

Verificado el sorteo, a los que se enganchen voluntariamente se les daría


cuatro pesos y luego, a todos, se los remitiría a Buenos Aires para su instruc-
ción.54

De hecho tanto una amenaza como la otra se fueron diluyendo y, conse-


cuentemente, la provincia no llega a aportar la cantidad de hombres que le
asignara esta orden. Lo importante es destacar nuevamente que el sector de la
población requerido era el más dinámico –en tanto que no pocos jóvenes re-
emplazan en sus hogares al padre que ya se encontraba en distintos frentes– y

53
AHPC, Gobierno, 1814, Letra A, tomo 38, fl. 447.
54
La copia está fechada en Córdoba el 24 de agosto. Id., Ibíd., fl. 383.

161
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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en gran medida sobre ellos descansa el futuro desarrollo demográfico de la


provincia y, por supuesto, de la Nación.

Es prácticamente imposible cuantificar la sangría experimentada en la ju-


risdicción cordobesa por efecto de las levas pero, indudablemente, fue cuan-
tiosa. Existe un dato, prácticamente el único, ilustrativo del problema. En
1815, el entonces gobernador José Javier Díaz, eleva al superior gobierno el
siguiente oficio:

“Aumentar la fuerza real y efectiva es, y debe ser el primer objetivo del
gobierno luego que ve amenazada la tierra por una expedición extran-
jera que en alas de la ambición y de la venganza hará por dominarnos
todos los esfuerzos que dicta la furia de estas dos pasiones. Córdoba
desde el momento que se decidió en obsequio de la justa causa que de-
fendemos ha hecho hasta el presente los mayores sacrificios para soste-
nerla y está resuelto a perderlo todo, antes que permitir la antigua do-
minación. Al efecto ha arrancado de su seno 5.000 y más hombres para
aumentar la fuerza del estado… Considerada la suma de su población,
cualquiera echara de ver que aquel es un número que debe haber esca-
seado en mucha parte los brazos necesarios para su prosperidad interior.
Así es que en el día casi no se ven en la campaña sino hombres matri-
moniados que contraídos al sostén y subsistencia de sus pobres familias,
harían una falta notable si se arrancaran de sus hogares. Con todo si las
circunstancias los exigieren, al primer aviso de V.S. caminaran 200
hombres más que deberán agregarse a los 300 que ya marcharan…55.

En agosto de 1816, cuando las Provincias Unidas se encuentran jaqueadas


en todos sus frentes, Pueyrredón resuelve que de la jurisdicción de Córdoba

55
Oficio respuesta del 8 de Junio. AHPC, Gobierno, 1815, caja 37, carpeta 5, fl. 634.

162
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

deben salir 3.000 hombres útiles para el ejército. Para ello ordena al goberna-
dor intendente reclutarlos rápidamente y remitirlos de la poco bajo una custo-
dia competente”56.

En los meses subsiguientes comienzan a salir las partidas dispuestas con


destino a Buenos Aires, no obstante los progresivos inconvenientes con que
tropiezan los jueces pedáneos para cumplir con el número de reclutas ordena-
dos. De todas maneras, difícilmente se llega a enviar la cantidad de personas
previstas.

Pero dicha cifra se cubre con exceso –quizás, alrededor de un millar más–
, si se tiene en cuenta la salida de alistados cordobeses por nuevas disposicio-
nes hacia distintos destinos: a Buenos Aires, al ejército de los Andes y al del
Norte (bien mientras dura su estancia en Tucumán; bien cuando se establece
en la provincia mediterránea). Sin pretensiones de fijar cifras exactas, se puede
estimar que alrededor del 35% de la población masculina activa de la provin-
cia de Córdoba se vio afectada directamente por la guerra de Independencia,
sirviendo en los distintos frentes de batalla.

A ello se debe agregar las sucesivas organizaciones de las milicias provin-


ciales y destacamentos de frontera, que mantiene en una transitoria o perma-
nente ocupación a prácticamente del 80 al 90% de la población masculina ac-
tiva que aún permanece en su territorio. Y recién ahora se puede tener una idea
más acabada del grado de incidencia de la guerra en la población cordobesa.

Con ser las convocatorias a los ejércitos y a las fronteras muy importantes
para explicar, en este caso, la caída de la población mediterránea, fueron rela-
tivas ante el problema que plantea el desmoronamiento de las defensas fron-
terizas y el correlativo, creciente y cada vez más profundo avance de las ma-
locas indígenas provenientes tanto de la pampa como del Chaco. Vastas re-
giones florecientes son sistemáticamente devastadas –quemados o pisoteados

56
El oficio de Pueyrredón lleva fecha del 23. AHPC, Gobierno, 1816, Caja 47, car-
peta 4, fl. 470 y 471.

163
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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los sembrados, arriados los ganados y destruidas las viviendas– y la despobla-


ción cunde por doquier: familias muertas, otras desgajadas por los cautivos,
otras trasladándose aterrorizadas hacia zonas menos expuestas de la provincia
o hacia otras jurisdicciones. Y sobre esta desoladora realidad, las luchas civi-
les dejan su cuota nada pequeña de desaliento y temor57. Por cierto es imposi-
ble cuantificar esta movilización ni determinar el número de personas que
emigran de la provincia por estas razones, aunque sí se puede señalar que la
mayoría conforman núcleos familiares más o menos completos, con lo que su
composición es distinta a la de los que salieron por vía de las levas que afectan
a los varones directamente; aunque indirectamente lo hace todo el grupo fa-
miliar.

Los hombres que toman el poder tras la Revolución de Mayo deben en-
frentar el viejo problema de la dispersión de la población en la campaña y
sufren sus consecuencias. Sin embargo, sólo se detecta una iniciativa oficial
al respecto y por motivos muy especiales. En cambio se pueden citar varias
surgidas de particulares aunque en ningún caso llegan a prosperar, por lo me-
nos en este período58. Tampoco lo hacen los intentos por obligar a los habi-
tantes dispersos de los poblados a retornar a los mismos, lo que hubiese per-
mitido reunir los auxilios y la gente que se les solicite, facilitar la labor de

57
Conf. Héctor Ramón Lobos Repercusiones de la guerra…, ob. cit., tomo cit. , cap.
IV.
58
Se pueden mencionar la propuesta de fundar pueblos en San Ignacio (Calamuchita)
en 1813; en Fraile Muerto al año siguiente; AHPC, Gobierno, 1813, letra C, tomo 37,
fl. 187. La respuesta en ídem, Ibíd., fl. 189. El borrador respuesta del gobierno en
AHPC, Gobierno, 1814, letra B, tomo 39, fls. 825 y 821. En San Antonio (Traslasie-
rra) en 1815, AHPC, Gobierno, 1815, caja 38, carpeta 1, fl. 37. El 16 de octubre de
1817, el cura párroco del curato del río Tercero dona al Estado y bien público unos
terrenos que poseía en la esquina de Ballesteros a fin de que se funde un pueblo o villa
que nucleara a los vecinos de la región. Se trata de un viejo proyecto que ahora se
actualiza, AHPC, Gobierno, 1810, tomo 32, letra A, fls 388 a 392. Otra copia de esta
documentación puede consultarse en ídem, Contaduría y otras oficinas, 1873, fls. 386
a 389. Este proyecto queda en suspenso al precipitarse la guerra civil en la región.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

policía –ya sea en su papel de protector de los vecinos, ya en la de represor de


las actividades ilícitas– y de la Iglesia en su labor evangelizadora59.

A principios de 1815, el gobernador Antonio Ortíz de Ocampo proyecta


erigir una villa en el Tío, que cumpliese un papel similar a las de la Carlota y
de la Concepción del Río Cuarto. Para ello dirige una circular a los jueces
pedáneos de los curatos de Calamuchita, Punilla, Javier y Pocho –esto es, a
los relativamente más poblados de las serranías– y a los del Río Segundo, a
fin de que remitan hacia dicha frontera todas aquellas familias “perjudiciales”
que no contasen con medios para subsistir o que sus jefes sean reconocidos
vagos y malentretenidos, como así también todos aquellos que teniendo tierras
propias no las trabajasen, con sus bienes si los tenían La idea era formar po-
blaciones y entregar solares para casas, tierras de labranza y pastoreo , en ma-
yor proporción a los que se ofrecieran voluntariamente para instalarse en di-
chos lugares y que, a todas, se les franquearan lo necesario para establecerse
en dichos puntos...”60.

La disposición gubernamental fue en general bien acogida a nivel de las


autoridades de la campaña, pero inmediatamente comienzan a plantear con-
sultas ilustrativas en más de un aspecto: el juez pedáneo de Cerro Colorado
(Calamuchita) le recuerda la epidemia sufrida y el estado de flacura de los
animales; no habiendo en el lugar alimentos para sostenerse; aducen también
que no hay como pagar sus deudas con los mercaderes; ni qué hacer con las
familias cuyos maridos se han fugado y con los hombres sueltos, que no se
han podido reclutar en las levas; que las pocas familias de naturales existentes
son la únicas que proveen peones ya que las levas militares, han arrastrado a
todos los peones.

Otros aspectos no menos importantes toca el pedáneo del Oratorio de Pu-


nilla cuando informa que “todas las familias… que hay en este partido han

59
Véase la propuesta del juez pedáneo de San Bernardo, en Río Cuarto, de 1814, Id.,
Ibíd., fl. 748.
60
AHPC, Gobierno, 1815, caja 38, carpeta 3, fl. 218.

165
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

quedado agregados al regimiento provincial recientemente reglado”; y ad-


vierte que son considerados “perjudiciales” los que no son propietarios de te-
rrenos o que estos son muy pequeños; o los que teniéndolos, no cuentan con
riego y tienen una producción de subsistencia; por fin, hay quienes viven en
haciendas de otros, y a expensas de éstos hacen sus pequeños sembradíos y
tienen algunos animales, con los que se mantienen.

De lo hasta aquí expuesto, y de otros testimonios, se desprende que la gran


mayoría de las familias que podían ser consideradas incluidas en esta disposi-
ción, aunque muy pobres, se mantienen con el producto de su trabajo61. Por
cierto que sería ingenuo pensar que en esa condición se encuentran todas. El
pedáneo de San Antonio, realiza una serie de consultas al gobierno de las que
interesan remarcar algunas: pregunta primero si se pueden considerar como
matrimonios muchas mujeres que sin ser casadas tienen números hijos, y si se
cuentan las viudas con hijos e hijas “de ningún beneficio en estos lugares”. No
se debe olvidar –agregaba el pedáneo– que de estas familias de mujeres sin
marido y con muchos hijos e hijas son de donde salen desertores ladrones y
autores de distintos géneros de iniquidades, y viven y subsisten el inicuo co-
mercio de la fornicación. Sus autores roban para sostener sus iniquidades y
mantener sus vicios. Queda a discreción de vuestra señoría, dice por fin, sino
es conveniente “distribuirles sus hijos entre personas que siquiera el bendito
les enseñen, pues los padres ni aun saben persignarse”62.

A consultas semejantes, el gobierno ordena que “... aun cuando hagan fuga
sus maridos deberá remitir a las mujeres e hijos”.63 Actitud que se desdice
cuando agrega que “la circular sólo comprende a los vagos mal entretenidos y

61
Véase lo expuesto por los jueces pedáneos de los Hornillos, Id., Ibíd., carpeta 1, fls
4 y 5; de Soconcho, ídem, Ibíd., carpeta 4, fl. 410; y de Algarrobos, ídem, Ibíd., car-
peta 3, fl. 235.
62
ídem, Ibíd., carpeta 1, fl. 40.
63
Id., Ibíd., carpeta 4, fl. 407.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

viciosos por que perturban… a la sociedad, y viven del robo, y a los holgaza-
nes que teniendo tierras propias no las aprovechan”64.

El 7 de febrero, el de Siquiman, Felipe Crespo, informa que tiene muchas


familias para mandar al Tío pero duda que vayan de buena gana por lo que
solicita instrucciones para remitirlas. El gobierno le responde que las familias
deben ser auxiliadas, pues no hay otra manera de trasladarlas65. Ello implicaba
utilizar caballos de la patria, o tomados del vecindario66.

De las listas de los remitidos hacia esos destinos se desprende que junto a
los matrimonios, algunos deshechos por estar el esposo prófugo, con sus hijos
y con sus pocos bienes en ganado, se enviaron mujeres solteras con sus hijos
y algunos varones de la misma condición67.

En lo que respecta al poblamiento en las inmediaciones del fuerte de Ga-


rabato, el gobierno intenta recurrir a las familias del curato de Santa Rosa que
reuniesen la misma condición que las anunciadas, pero la cercanía entre el
lugar de confinamiento y sus antiguos hogares torna problemático el cumpli-
miento de la medida por lo que poco después se desiste en el intento de enviar
pobladores68.

64
Id., Ibíd., carpeta 3, fl. 231. La misma respuesta al pedáneo de Soconcho, ídem,
Ibíd., carpeta 4, fl. 410; al de Troncos, Santa Rosa, ídem, Ibíd., carpeta 5, fl. 557 rv.;
y al de Chua, en el curato de San Javier AHPC, Gobierno, 1815, carpeta 4, caja 38,
fls. 445 y 446.
65
Id., Ibíd., carpeta 3, fl. 226.
66
Los jueces pedáneos de Tacanazo, Pichana y Piedra Blanca acuerdan hacer la tarea
en mancomún, reuniendo las familias a enviar, manteniéndolas con el aporte de los
demás vecinos y, luego, apostando a que las demás autoridades del camino los auxi-
liarían con aquello que hiciese falta. AHPC Gobierno, 1815, caja 38, carpeta 3, fls.
221 y 223.
67
Véase ídem, Ibíd., fls. 228, 229 y 230 e ídem, Ibíd., carpeta 5, fls. 556 y 557.
68
Id., Ibíd., carpeta 5, fl. 561 e ídem, caja 39, carpeta 1, fl. 12.

167
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

En realidad las medidas gubernamentales, por su falta de continuidad, no


llegan a volcar una cantidad apreciable de pobladores en la frontera. Ni si-
quiera por el método de condenar a los hallados culpables en juicio, como
moradores de aquellas regiones69.

Sí va a terminar concretándose el reflotado proyecto de fundar una villa en


El Tío, pero por la acción privada. El 13 de enero de 1817, el párroco de Río
Segundo, maestro Francisco Carabajal, y el alcalde pedáneo del Rosario de
los Ranchos, proponen realizarlo como medio para terminar con las correrías
de los indios del Chaco siguiendo el ejemplo de la frontera sur70. Para ello
proponen reunir una población de 200 familias extraídas de los curatos de la
jurisdicción de Córdoba, por sorteo y de entre los más pobres.

El traslado de estas familias se haría a costa de los vecinos de su partido de


origen, puesto que a ellos les beneficiaría el terminar con este problema; pero
correría a cargo de los vecinos de los curatos de Santa Rosa y Río Segundo el
sostenimiento de esas familias por el término de dos años, tiempo considerado
suficiente para que pongan en explotación sus nuevas propiedades.

El Estado contaría con 200 soldados capaces de combatir –sino más, dado
que algunos hijos varones podrían estar en condiciones de hacerlo también–
con mayor denuedo que las tropas destacadas, puesto que tendrían que defen-
der sus intereses y sus hogares. Con este respaldo, unos 50 blandengues vete-
ranos y subordinados a un comandante general bastarían para recorrer los
campos, mantener la seguridad y el orden. Por fin, en párroco agrega:

“... Esa capital está o debe estar firmemente persuadida que sus princi-
pales abastos le van de estos curatos fronterizos; que la abundancia de
ellos es su abundancia que la escasez de ellos es su escasez y necesidad.

69
AHPC, Gobierno, 1816, caja 44, carpeta 4, fl.325.
70
Pedro Grenon, Villa del Rosario..., ob. cit., p. 215.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

De aquí es que no debe denegarse al fomento de esta población que


serviría de barrera para que el enemigo no los destruya''71.

Respecto de esta inquietud no se tienen otras referencias. Pero hacia me-


diados de ese año se sabe de la existencia de un poblado en la inmediación del
fuerte del Tío, al que se menciona con el mismo nombre. Ese conglomerado
va a sufrir las malocas indígenas y a una partida de “montoneros” santafeci-
nos, en el marco de las guerras civiles, que sembraron el terror entre los ha-
bitantes haciendo presentir su pronta desaparición. Sin embargo, logra conso-
lidarse a punto tal que, para 1821, se calcula que reúne una ochocientas almas.
Donde el Estado ha fracasado, la iniciativa privada logra triunfar.

Hacia fines de la década los problemas se han agudizado.

El 1º de marzo de 1819, desde Ranchos, Juan Andrés Pueyrredón informa


al gobernador intendente el desolador panorama que presenta la región este de
la provincia:

“... No podrá vuestra señoría figurarse el trastorno y emigraciones que


han padecido estos lugares con la irrupción de los ladrones, pues puede
asegurarse que desde esta villa hasta el fuerte del Tío no han quedado
diez familias en su casa, pues la que no se ha retirado anda errante por
los bosques...”72.

En fin, la formidable dispersión, la existencia de grandes “espacios va-


cíos”, la falta de caminos y de adecuados medios de transporte, dificultan hasta
el cansancio el acercamiento entre los hombres, fomentando el aislamiento y
el individualismo que tantos problemas acarrea en los planos económico, so-
cial, político y religioso. Esta realidad es de fundamental importancia para

71
El oficio ha sido transcripto in extenso en ídem, pp. 210 a 216 y por Pablo Cabrera,
Tesoros del pasado argentino. Tiempos y campos heroicos, Córdoba, Stella Maris,
1930, pp. 36 a 40
72
AHPC, Gobierno, 1819, caja 57, carpeta 4, fls. 335 y 336.

169
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

comprender el desarrollo posterior del país y los problemas que deben afrontar
aquellos que intentan formar la Nación.

La contrapartida a tanta dispersión es la concentración de habitantes en


poblados y particularmente en villas. Sin embargo, salvo las logradas durante
la intendencia de Sobremonte, los gobiernos revolucionarios fracasan en las
pocas oportunidades en las que intentan fijar pobladores a excepción de una,
la denominada villa del Rosario de los Ranchos, ubicada en un lugar estraté-
gico, cercano a la ciudad y alejado de la frontera caliente.

Pero aún las ya consolidadas, presentan variadas dificultades. A veces por


problemas de jurisdicción entre ellas, otras, por su condición fronteriza. Otras
por cuestiones puntuales, como le pasó a la Carlota a causa de la concentración
en su traza de un importante número de oficiales realistas prisioneros con sus
respectivos asistentes y algunos soldados. La carga que significa para aquéllos
vecinos su alojamiento y mantenimiento se hace más gravosa al aumentarse,
hacia fines de marzo de 1815, a 24 oficiales y 63 soldados prisioneros, lo que
es evidentemente excesivo ya que su infraestructura edilicia y sanitaria se ve
ampliamente superada73.

Generalmente, en esas poblaciones jóvenes, alejadas de todo y detenidas


en el tiempo, escasean las personas en condiciones de elegir y de ser elegidas
para desempeñar los cargos públicos. Y por si esto fuera poco, la lucha de
facciones que agitan a toda la provincia también tiene sus cultores vernácu-
los74. En otro orden de cosas, cabe hacer notar que en esos pueblos suele ca-
recerse de artesanos como tejedores, sastres y zapateros75. Y aun de abastece-
dores que los socorran diariamente de carnes; en consecuencia, en la segunda
mitad de 1819, se resuelve que los hacendados de cada distrito, sean obligados

73
AHPC Gobierno, 1815, caja 38, carpeta 2, fl. 118.
74
Sobre el particular, Héctor Ramón Lobos La frontera sur..., ob. cit.; El oficio de
Bengolea fue transcripto, parcialmente, en p.86.
75
Así se desprende del informe que eleva al gobierno el alcalde de La Carlota, al
explicar la razón por la que no puede remitirle los ponchos y frazadas solicitados Id.,
Gobierno, 1816, caja 48, carpeta 4, fl.419.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

a proveer el pueblo con dicho artículo y que las autoridades informen acerca
de quiénes son los individuos destinados a proveer del ganado y de la cantidad
que poseen para, de acuerdo a ello, proporcionarles un precio justo.

Muy importantes, por otro lado, fueron los enfrentamientos verificados en-
tre las autoridades civiles y las militares, sean milicianas o veteranas. El fenó-
meno puede rastrearse en todo el ámbito de la jurisdicción y por las más di-
versas circunstancias, algunas de las cuales interesa explicitar. Fueron muchos
los enfrentamientos sufridos, por ejemplo, por la recolección de caballos para
auxiliar a la división presente en el Alto Perú. Los animales eran extremada-
mente requeridos y definitivamente difíciles de obtener. Algunos de los que
los poseían afirmaban la imposibilidad de entregarlos, como los maestros de
postas.

En otros casos, los jueces pedáneos se resisten a quedar subordinados a la


autoridad militar que procura incorporarlos a las milicias, lo que está expresa-
mente prohibido por la legislación y por el gobierno76. Pero, indudablemente,
la fuente de mayores problemas radica en el desprecio de algunos oficiales
milicianos hacia las autoridades civiles producto, la mayoría de las veces, de
una falta de madurez reflejada en una cierta petulancia y excesivo aprecio de

76
El 14 de setiembre de 1814, el juez de los Troncos, José de la Vega, solicita al
gobierno no ser nombrado segundo teniente de una de las compañías milicianas, como
lo había decidido el comandante Pedro Quiroga, en razón de existir incompatibilidad
con su cargo y por motivos personales. Aprovecha la oportunidad para señalar que el
empeño de éste por construir un fuerte en el Quebracho Herrado se debe a que allí se
encuentran sus haciendas que quiere proteger de los indios. Además, indica que “se
ha hecho odioso en todo este partido por díscolo, injusto, y anheloso a obtener cargos,
comandancias, capitanías, u otros ministerios que le sufraguen a sus injusticias, y des-
potismo, con que tiene abrumada la pobreza de estos lugares”. Id., Ibíd., fls. 200 y
201.

171
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

su cargo77. Por cierto que una actitud de esta naturaleza, generalmente mani-
festada en un desplante público, genera una disposición de resistencia entre
sus subordinados y, en otros, al socaire de sus superiores, de desobediencia.
No puede, pues, llamar la atención los constantes pedidos de jueces pedáneos
para que el gobierno se pronuncie acerca de sus atribuciones.

Por otra parte, algún juez que pretende sostener un criterio independiente
en razón de lo que considera justo en determinada circunstancia, se ve severa-
mente reprendido no sólo por la autoridad militar sino, también, por el go-
bierno. Tal lo sucedido a Pedro José Ferreyra, a mediados de 1815, quien no
se percata que ejerce sus funciones en un poblado, el del Rosario, inmerso en
zona de frontera y, por ello, particularmente sujeto a aquélla78. No pocos cho-
ques se verifican entre autoridades militares y alcaldes de las villas o con el
cuerpo capitular en pleno, por lo que sólo interesa puntualizar otros aspectos

77
En julio de 1816, los jueces de la Villa del Rosario se quejan al gobernador de la
actitud del sargento mayor Toribio Álvarez de negarse a facilitar personas de con-
fianza para la custodia y transporte de los 402 pesos 5 reales recogidos a los españoles
europeos y donados por vecinos para la compra de armas según lo ordenado. Más aún,
“se denegó públicamente al frente de la compañía que había hecho juntar en esta villa,
expresándose que si no nos conformábamos con unos pardos (los que no eran de nues-
tra satisfacción) esperásemos de la compañía de abajo”. Conf. ídem, Gobierno, 1816,
caja 48, carpeta 1, fls. 61, 62 y 63. En abril del mismo año, el pedáneo Pedro Domín-
guez se queja de que el capitán José María Soria no le ha contestado un oficio por el
que le transcribía la orden del gobernador referida a la contribución establecida para
la manutención de los prisioneros en el pueblo de Soto. Además, el teniente José Ma-
ría Núñez desconoce su autoridad para con los oficiales y que él deba abonar dicha
contribución ídem, Ibíd., caja 49, carpeta 1, fls. 27, 28 y 29.
78
La respuesta: “Las compañías de Milicias del curato de Rio 2° desde su arreglo y
establecimiento están bajo las inmediatas órdenes del comandante del Fuerte de San
Antonio de Garabato como usted no lo ignora; en cuya virtud, las ordenes que dima-
nan del expresado comandante deben cumplirse con puntualidad aun en los casos en
que dichas ordenes vengan equivocadas o acarreen notorios perjuicios; tal es la seve-
ridad de la disciplina militar”. Por ser la primera vez, no lo castigan con todo rigor por
haber “cometido un delito de desobediencia” Id., Gobierno, 1815, caja 50 carpeta 2,
fl. 120.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

de esta vieja y no resuelta cuestión79. Esto explica que, a veces, se elevaran


solicitudes a los gobernadores pidiendo reglas y aclaraciones de cómo manejar
las relaciones entre los cabildos y las milicias.

En contrapartida, los alcaldes y jueces acusan a las autoridades militares


de no dejarles gente en condiciones que los ayuden en sus funciones.

También se producen enfrentamientos entre los pedáneos y los comisiona-


dos que destaca el gobierno para perseguir vagos, desertores y ladrones en la
campaña. Muchos son denunciados por algún juez por haber cometido excesos
y de no haber informado debidamente a los jueces de partido. A lo que los
acusados suelen responde diciendo que se ponen trabas a su comisión, puesto
que muchos de los que debe perseguir son protegidos por los mismos jueces.

Las exigencias de la guerra también llevan al enfrentamiento de jueces y


maestros de postas y de aquéllos con los vecinos, por las más variadas
circunstancias80. Y, por cierto, no faltan los choques entre autoridades de la

79
En octubre de 1815, el comandante Bengolea se queja de la poca colaboración que
le presta el alcalde de La Carlota en la provisión de la boyada necesaria para tirar las
carretas que deben traer maderas para la construcción de los corrales del Estado y,
luego, los cueros acumulados en el fortín San Fernando Id., Gobierno, 1815 caja 38,
carpeta 2, fl. 184. Conocidos son los enfrentamientos entre los comandantes de la
frontera sur y el cabildo de la villa de la Concepción del Río Cuarto. Véase Héctor
Ramón Lobos Repercusión de la guerra…, ob. cit., cap. VI, acápite 1.3 y Apéndice,
sección documental, documento n.16. Otros pormenores en los citados trabajos sobre
la frontera sur y este.
80
El 6 de julio, desde Laguna Larga, Roque Ferreyra informa que maestro de postas
de la carrera de Santa Fe Fabián Galindo, vecino del Río de Córdoba, diciendo tener
ordenes del gobierno, arreó los caballos de Luis y Santiago Tisera, vecinos de su ju-
risdicción, atropellando su autoridad de juez. A continuación, advierte que “Toda la
fuerza que al Sistema ha sido necesaria regresarse se ha hecho por esta carrera de
Buenos Aires, y todos los auxilios que vuestra señoría me ha insinuado, los he apron-
tado sin ocupar un caballo del Rio de Córdoba; y si en lo sucesivo me comunica orden
que apronte auxilio no tendré como dar cumplimiento con lo que me ordene, por ani-
quilar las pocas fuerzas con que mis vecinos sirvan ambas carreras” Id., Gobierno,

173
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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campaña entre sí que suelen recaer en amenazas y citaciones de gente del


vecindario con cualquier motivo. Estas situaciones suelen tensar las relaciones
entre los habitantes que no saben a quién deben obedecer81.

No menos complejas son las razones por las que muchas autoridades se
exceden en el ejercicio de sus funciones. Algunos hombres de una natural ma-
nera de ser engreída y despótica dejan aflorar esos defectos no bien se sienten

1814, letra B, tomo 39, fl.139. A mediados de diciembre, el juez de Totoral José Pa-
tricio Moyano comunica al gobernador que José Matta Torres se ha negado a contri-
buir con los seis caballos que le asignara para la remisión de reclutas, a pesar de ser
una prestación aliviada y del “conocimiento puntual que tengo de la superioridad de
sus facultades, no solo con respecto a los vecinos de este distrito, sino aun tal vez, de
toda la Provincia, y del excesivo número de sus caballos''; luego aclara, “vuestra se-
ñoría sabe muy bien, que ha sido practica inveterada en esta Provincia transportarse
los prisioneros, los reclutas, y aun los hombres de delito criminal de juez, en juez,
escoltados por las milicias urbanas, y en caballadas del vecindario”. Ante el pedido
de medidas, el gobierno ordena tomar declaración a los dos cabos de reclutas para
proceder en consecuencia, ídem, Ibíd., fl. 408. A fines del mismo mes, Segundo Ta-
deo protesta ante el gobernador por lo siguiente: había franqueado 14 caballos al es-
tado para llevar a Tucumán, de los cuales dos fueron trocados por el juez pedáneo
Juan Diego César por lo que habían entrado en litigio por su devolución. El coman-
dante Francisco de Bedoya lo llama para abonarle 42 pesos, importe de los 14 caballos
a razón de 3 pesos cada uno, solo acepta recibir el pago de doce y que se le devuelvan
los dos reclamados. Bedoya lo conmina a aceptarlo, lo mete en el cepo acusándolo de
desobediente y, luego, lo confina al Río Seco. Esto motiva que se nombre como juez
de la causa al alcalde de Santa Hermandad Francisco Regis Agüero. El 10 de enero
de 1815, Ortiz de Ocampo ordena ponerlo en libertad inmediatamente: “sobreséase
en este asunto entregándosele los caballos que por lo mismo de haber sido inútiles
según el certificado cabezalero no debieron tomarlos para el estado sino desecharlos
o devolverlos al dueño con arreglo las instrucciones”. Además, reprende al coman-
dante Bedoya por haber actuado en lo que no le competía. Id., Gobierno, 1814, Letra
C, tomo 40, fls. 174 a 188.
81
AHPC Gobierno, l8l6, caja 48, carpeta 4, fl. 491. Por cierto que este enfrenta-
miento también debe inscribirse dentro de la lucha de facciones.

174
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

respaldadas por un cargo público82; otros, acostumbrados ya a manejarse en


los círculos dominantes de la sociedad, traducen esos sentimientos en una
arrogancia y una arbitrariedad de la que sólo algunos casos han llegado al co-
nocimiento del investigador83; los menos, se extralimitan por la aplicación del
criterio de condenar ante la mera sospecha, máxime si el presunto reo es es-
pañol o enemigo o desposeído84.

82
Al respecto, hay un caso ilustrativo. Por propuesta del sacerdote del curato, es
nombrado juez pedáneo de la parroquia de Tulumba José Matías Pacheco, ante cuya
noticia “se ha levantado la gentuza haciendo alarde de despreciar la orden superior de
vuestra señoría diciendo no le reconocían, ni recibían por juez: ha este tumulto de
gauchos movió el grito primero de un Feliciano Ruiz oficial de platería que fue de esa
ciudad”. Por otra parte, Dionicia Lobo, con quien había mantenido anteriormente un
litigio, lo acusa de ser pardo libre lo que motiva la intervención del alcalde de primer
voto a través de Francisco Maldonado, quién se apresura a querer “remachar por un
par de grillos” a Pacheco y empuja al sacerdote cuando quiso intervenir en su favor.
Todo ello motiva una sumaria información para acreditar su buena conducta, de la que
se infiere que Pacheco es blanco de ascendencia legítima, que construyó su fortuna
con honradez como comerciante y que es vecino del lugar. En cambio el sacerdote
hace notar que Maldonado es vecino de Litín y que allí sólo se lo conoce como con-
trabandista de tabaco. Por lo demás, la gente decente habría aceptado a Pacheco
AHPC Escribanía 1, 1811, legajo 439, expediente 13. Sin embargo, en noviembre de
1812, se inicia un juicio sumario contra el ayudante mayor interino de milicias urbanas
José Matías Pacheco por abusos de autoridad. Acerca de las acusaciones que pesan
sobre este personaje, Consúltese Héctor Ramón Lobos Repercusiones de la guerra…,
ob. cit., Apéndice, sección documental, documento n. 17.
83
Conf. el juicio que por abuso de autoridad iniciara doña Marcelina Ceballos, vecina
de Punilla, el 14 de noviembre de 1810, contra el pedáneo Pedro Domínguez y la
“resolución” del gobernador en ídem, Ibíd., Apéndice, sección documental, docu-
mento n. 18.
84
En enero de 1812, Luis Gaitán, vecino de la Trincherita, se dirige al gobernador
para protestar por la prisión a que lo redujera Pedro de los Santos Rubio “sin otro
título que el de comandante de una partida dirigida a buscar los ladrones del doctor
don Mateo Saravia, me prendió por que quiso (como hizo con otros muchos), preten-
diendo, que había de declarar lo que no sabía”. Además, los había azotados a él y a su
esposa en público y tomado sus bienes repartiéndolos entre sus soldados. Considera
que uno de los motivos sería el hecho de ser español “y de que mis dignos ascendientes

175
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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De todas maneras, sea cual fuere, no es aventurado suponer que en un clima


de desorden, por no decir de anarquía, como el que se vive en toda la jurisdic-
ción cordobesa, los abusos de poder y los enfrentamientos entre autoridades o
entre éstas y vecinos o con milicianos o con las divisiones en tránsito por la
provincia o con el ejército cuando se establezca temporariamente, son nume-
rosos y variados85. Sólo se puede acceder al conocimiento de algunos, de aque-
llos que han seguido un trámite oficial.

La villa del Rosario constituye un caso particular86. Al no haberse consti-


tuido su cabildo, el gobierno de la misma descansa en dos jueces pedáneos,
pero sufre problemas similares a los mencionados para La Carlota en cuanto
a la falta de vecinos idóneos con capacidad, honradez y que sepan leer y es-
cribir para ocupar dichos cargos.

tuvieren los mayores cargos de armas, que se pueden conferir en el campo” Conf.
AHPC Escribanía 4, 1812, legajo 44, expediente 7.
85
Sirva de ejemplo el siguiente: el pedáneo de Huasapampa, Pocho, eleva su protesta
al gobernador en razón de que el juez Leonardo Farias y su celadores, con unos cin-
cuenta hombres, entraron en su jurisdicción y prendieron seis hombres de las calida-
des exigidas para el ejército y haciendo alarde, de que “había de acabar con toda mi
gente hasta llegar a mi persona”, lo cual era una venganza hacia él y esos habitantes
haber declarado en su contra en una información. Lo cierto es que toma la gente in-
discriminadamente, “que el organizó de la escolta se tiran a los montes todos los
hombres así niños como viejos hasta las mujeres y cuando llegan a la casa del Juez ya
nos hallamos solos sin tener como prestar el numeroso auxilio” Id., Gobierno, 1816,
caja 49, carpeta 3, fl. 280.
86
Villa Real del Rosario la había denominado Sobremonte quien efectúa su fundación
el 27 de diciembre de 1795, procediendo a repartir solares y chacras entre los pobla-
dores. Sin embargo, no tendrá calidad de tal al no formalizarse el establecimiento del
cabildo, categoría a la que accederá por disposición de Juan Bautista Bustos en junio
de 1828, conf. Pedro Grenon, S.J. Villa del Rosario..., ob. cit., pp. 77 a 109 y 249-
250.

176
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Ello no debe llamar la atención si se tiene en cuenta que hasta las inmedia-
ciones de la villa llegan las malocas indígenas e, incluso, la toman las monto-
neras, con su consiguiente despoblación y el de su jurisdicción87. Por otra
parte, estos peligros determinan el traslado de pobladores de la campaña a la
villa en busca de refugio lo que, unido a la concentración temporaria de los
prisioneros españoles tomados en Montevideo88, produce un aumento despro-
porcionado de habitantes con el consiguiente resentimiento de los servicios
(casas, sanitarios, provisiones, etc.), el hacinamiento y sus consecuencias so-
ciales (robos, amancebamiento, prostitución, etc.). En fin, un sensible dete-
rioro de la calidad de vida.

Por cierto que en un ambiente tan propicio no pueden dejar de aflorar en-
conos personales y banderías. Quizás en ningún otro poblado alcanza tal reso-
nancia el enfrentamiento entre patriotas y españoles como en el Rosario89.
Esas luchas también tienen oportunidad de manifestarse a raíz del problema

87
Véase Héctor Ramón Lobos Repercusión de la guerra…, ob. cit., y ha sido profun-
dizado en el ya citado de La frontera este..... Justamente a raíz del asalto que hiciera
José Antonio Guevara del fuerte y pueblo del Tío, el juez Hipólito Rodríguez solicita
al gobierno, el 21 de julio de 1818, “se sirva auxiliarme veinte fusiles para armar en
esta Villa otros tantos vecinos de los de mejor conducta, quedando de mi cuenta el
buscar un sujeto pagado a mis expensas para que instruya en el mejor manejo de las
armas a los mismos veinte individuos en quienes se hayan de repartir”. Con esa partida
espera poder hacer frente a cualquier peligro en circunstancias en que no se podía
pedir ayuda al fuerte del Tío. Además, se compromete a devolverlas en perfectas con-
diciones “siempre que de ellas tenga necesidad el Gobierno”. Castro le responde que
espere la organización de las milicias, “no pudiendo por ahora dividir el armamento
de esta plaza”. AHPC Gobierno, 1818, caja 56, carpeta 1, fls. 58 y 59.
88
Pedro Grenon, S.J. Villa del Rosario…, ob. cit., p. 231 a 234.
89
Sin duda el arribo de los prisioneros de Montevideo contribuye a caldear los áni-
mos, a tal punto que el juez José Antonio Zeballos se siente obligado a lanzar una
proclama patriótica en diciembre de 1814, Id., pp. 167 a 169. Es interesante hacer
notar el importante número de portugueses que habitaban en la jurisdicción Id., p. 157
y 160. Los enfrentamientos se hacen cada vez más públicos, lo que lleva al juez Zeba-
llos a solicitar se trasladen los prisioneros a otros lugares; Id., pp.239 a 242. También
AHPC Gobierno, 1815, caja 39, carpeta 1, fls . 69 y 102.

177
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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suscitado por el abastecimiento de carne para la villa y, luego, en el reparto de


chacras90, indicios elocuentes de viejos problemas que se suman a los nuevos.

Panorama de la situación económica y social

La cordobesa es una sociedad eminentemente agraria puesto que su cam-


paña no sólo encierra el 83,50% del total de la población para 1779, sino que
se verifica el crecimiento de su población al 85,31% según datos del censo de
1813. No es aventurado sostener que se está en presencia de la acentuación de
un proceso de ruralización que tiende a disminuir hacia 1822 (84,90%). No
obstante las conocidas falencias de estos censos, particularmente el de la úl-
tima fecha, pueden tomarse como indicadores de una tendencia y, también, de
la progresiva importancia económica, social y política de la campaña en la
toma de decisiones políticas.

Interesa hacer notar la superioridad de la población considerada blanca por


sobre las castas y la indígena, fenómeno que está demostrando la existencia
de una abrumadora mayoría de trabajadores rurales libres aún cuando sea ne-
cesario contemplar las distintas regiones de su territorio. De acuerdo al censo
de 1813, en los curatos del oeste y del centro-este el predominio blanco es
notable, disminuye sensiblemente en los del norte, en los valles y el piede-
monte, para convertirse en relativa minoría en los del sur91.

El crecimiento operado en el decenio es pobre, con notables altibajos según


los curatos, aunque respondiendo a la tónica general. Sin duda la continua re-
misión de hombres a los ejércitos y el estado de constante movilidad de los

90
Véase Pedro Grenon, S.J. Villa del Rosario..., ob. cit., pp. 144 y 145 y 235 a 238;
AHPC Gobierno, 1816, caja 48, carpeta 1, fl. 2 e ídem, Gobierno, 1818, caja 56, car-
peta 1, fl. 60. También Héctor Ramón Lobos Repercusión de la guerra…, ob. cit.,
Apéndice, sección documental, documento n. 15.
91
Instituto De Estudios Americanistas Censo de población de la ciudad de Córdoba
y su campaña. Año 1813, Córdoba, 1963. El tema ha sido estudiado en detalle en
Héctor Ramón Lobos, Repercusiones de la guerra…, ob. y t. cit., cap. VI.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

que quedan en razón de las sistemáticas levas, con el consiguiente desquicia-


miento de la estabilidad familiar, constituyen las principales causas del fenó-
meno. La decadencia económica, la falta de fuentes de trabajo, la amenaza
permanente de los indios, los desertores, los forajidos y los encargados de las
reclutas, ayudan a explicar el estado de desamparo de muchas familias deshe-
redadas o de otras cuya prole queda a cargo de la mujer en un medio con limi-
tadísimas posibilidades de subsistencia. No debe extrañar, pues, la prolifera-
ción de la prostitución, el amancebamiento, los raptos y violaciones; amén de
los robos, saqueos y asesinatos y otros vicios típicos de circunstancias simila-
res.

El predominio de los varones ocupados en las tareas agrícolas-ganaderas


es por demás elocuente, máxime si se tiene en cuenta que la mayor parte de
los consignados como sin oficios deben entenderse dedicados, aunque sea
temporariamente, a dichas actividades, o a derivadas como las artesanías del
cuero y los transportistas. Igualmente excluyente es en el caso de las mujeres
la dedicación al tejido, una artesanía ampliamente extendida en la provincia y
de carácter doméstico. No por casualidad estas actividades constituyen la co-
lumna vertebral de la economía cordobesa.

La región serrana posee, en conjunto, la mayor proporción de habitantes


de la provincia de Córdoba: tras registrar el 49,95% en 1795, pasa al 54,15%
en 1813, para ascender hacia 1822 al 56,92%. Pero, a nivel de curatos, se re-
gistran variaciones importantes: mientras los del norte (Río Seco, que incluye
el actual Sobremonte; Tulumba, incluye el actual Totoral; e Ischilín), se regis-
tra un débil crecimiento demográfico en los 17 años que median entre el pri-
mer y segundo censo mencionado, a partir de 1813 el proceso se revierte en
forma acusada en Ischilín y en Tulumba, a donde se refugian muchas familias
que huyen de las zonas fronterizas, y decae en Río Seco92.

92
La caída de la población en el Río Seco se debe, entre otras cosas, al reclutamiento
de hombres para los ejércitos, que se opera desde el paso de la Expedición auxiliadora
hasta alcanzar su pico en 1814, pero manteniéndose en todo el período. Para marzo de
aquél año, comienzan a llegar las respuestas de los jueces pedáneos acerca de la remi-
sión de reclutas. Prácticamente ninguno pudo cubrir el número de los exigidos, por no

179
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
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En este último curato, existe un precario equilibrio entre el medio, los ga-
nados y el hombre, trabajosamente conseguido a través de los años. Ese equi-
librio se rompe, abruptamente, a raíz de la guerra de la independencia: las
continuas levas, con su obvia incidencia en la mano de obra, paraliza y termina
por destruir el esfuerzo sostenido por tantos años. Su condición de lugar de
tránsito, constituye otro elemento a tener en cuenta, puesto que los sistemáti-
cos pedidos de auxilio para las tropas que se desplazan y para mantener las
postas tornan realmente difícil la situación de muchos habitantes, como será
reconocido por el gobierno al eximir al partido del Chañar de contribuir con
animales para otros destinos93. No menos gravoso será el mantenimiento de
prisioneros españoles y el de personas de mal vivir, que el transcurso del
tiempo iría agudizando94.

Además, las permanentes extracciones de ganados en pie y, posterior-


mente, en forma de charque, terminan por despoblar la región liquidando la
principal fuente de subsistencia. Asimismo, el fin del tráfico comercial con el
Alto Perú repercute desfavorablemente en unos curatos que aportan arrieros,

haber tal número de vagos en su partido, por fuga al no tener como asegurarlos o por
enfermedad. No faltan quienes ofrecen completar la cantidad con “hijos de familia”,
o lo hacen con peones conchabados o con inútiles físicamente Conf. AHPC Gobierno,
1814, letra C, tomo 40, fls. 586 a 588, 591 y 592, 593 y 594, 595, 598 y 599. También
Horacio José Pianetto, “La situación social de la campaña de Córdoba durante el pe-
ríodo de la Revolución, 1810-1814”, separata de Universidad Nacional de Córdoba
Revista de la..., año 8, n. 3-4-5, Córdoba, 1968.
93
Juan Diego César, desde aquél lugar, en julio de 1814, le informa al gobernador que
el comisionado del Río Seco le pide 25 reses para esa frontera, a lo que se ha negado
por deber auxiliar las dos postas del Pozo del Tigre y Piedritas “que me abruman por
estos auxilios... Actualmente nos hallamos en esta carrera acopiando reses, a pedi-
mento de los maestros postas para aguardar las divisiones que se esperan”, ídem, Ibíd.,
1814, letra B, tomo 39, fl. 155.
94
El 10 de abril de 1815, el doctor José Domingo de Allende le hace ver al gobierno
que el vecindario de Río Seco, sobre que era pobre y apenas podía mantenerse a sí
mismo, le era imposible sostener 150 prisioneros españoles. El 14, Díaz ordena se
distribuyan también en el curato de Tulumba, ídem, Ibíd., 1815, caja 39, carpeta 5,
fls. 541 y 543, respectivamente.

180
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

capataces, cabalgaduras y el ganado necesario para cubrir las desérticas leguas


que la separan de Santiago del Estero, llegando a veces más allá. Ahora tam-
bién se la requiere en este sentido, pero los resultados no serán los mismos
puesto que el Estado, o pagaba muy tarde sus deudas o, directamente, no lo
hacía.

La región de Traslasierras de la provincia de Córdoba encierra dos curatos:


el de Pocho (comprende los actuales departamentos del mismo nombre y de
Minas) y el de San Javier (que abarca los actuales de igual nombre y San Al-
berto). La población de la zona se ha triplicado largamente durante los años
que median entre el primero y segundo censo. Y si bien se manifiesta un
crecimiento en la década de 1813 a 1822, el ritmo anual desciende a la mitad.
Por lo demás, si existen entre ellos diferencias notables: el de Pocho práctica-
mente se estanca en el decenio apuntado; en cambio San Javier mantiene un
ritmo de crecimiento aceptable. Las levas, las contribuciones y las calamida-
des físicas condicionan esas realidades.

No obstante, en líneas generales, la región constituye un oasis de paz en


medio de las vicisitudes que crean los problemas políticos-militares de la gue-
rra. Aislada, en parte, del resto del territorio cordobés por la peculiar situación
geográfica, se comunica generosamente con las provincias de San Luis, la
Rioja y Catamarca. Su ubicación excéntrica con respecto a las grandes vías de
comunicación, su lejanía respecto a los indígenas de la pampa y el Chaco y su
relativa distancia del centro del poder político, las dotan de una libertad de
acción que propiciaría, muchas veces, el relajamiento de la autoridad provin-
cial –que se traduce en las luchas intestinas entre influyentes locales– y quizás,
cierta laxitud en el cumplimiento de los deberes de los jueces. El problema
fundamental de la región es la desarticulación de la economía heredada de la
colonia, por la emigración voluntaria o forzosa de brazos y el consiguiente
abandono de tareas cuyo éxito descansa en la continuidad del esfuerzo.

La zona de los valles y el faldeo de las Sierras Chicas están comprendidos


por los curatos de Punilla (que comprendía el actual departamento del mismo
nombre y el de Cruz del Eje) y el de Calamuchita (algo más extendido hacia

181
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el sur) y el de Anejos (actuales departamentos Colón y Santa María). El buen


ritmo de crecimiento anual experimentado por la región durante los primeros
diecisiete años, se reduce apreciablemente para el decenio 1813-1822 aun
cuando mantenga una tendencia alcista. Pero mientras Anejos manifiesta un
aumento sostenido a lo largo de todo el período, Punilla prácticamente ve pa-
ralizado su desarrollo demográfico y Calamuchita sigue un proceso interme-
dio, tibiamente alcista.

A fines de setiembre, desde Calamuchita, Pedro José Vélez informa tener


72 hombres anotados y que el resto piensa completarlo dentro de unos días,
plazo en el que piensa que la gente puede regresar, pues la mayoría han huido
después de escuchar versiones sobre la delicada situación que se vivía. Otros
se fingen enfermos, y mil cosas más, “porque estos habitantes duermen, en tan
profundo letargo, que solo el rigor puede, de algún modo despertarlos” a todo
ello se agrega que hay quienes “sólo se ocupan en atrasar la sagrada obedien-
cia que debemos, a nuestros gobiernos”95.

En abril del año siguiente, el gobierno delegó reservadamente a un comi-


sionado, para reclutar a todos los vagos, pero también a los hijos de familia
que haya en el curato de Calamuchita y parte del Tercero Abajo. De éstos,
debe descartar sólo a los hijos únicos, y a algunos de los que fuesen varios
hermanos96.

Muchas son las actitudes de resistencia que se manifiestan de distintas ma-


neras. Mientras algunos aducen que en su distrito no hay vagos y que llevar
los laboriosos implicaría un tremendo golpe a la economía del lugar; otro plan-
tea “que toda la mozada que se encuentra en este partido de Calamuchita están
todos empleados en el regimiento por mandato del señor gobernador de Cór-
doba”, oportunidad en que “alistaron presentes y ausentes y para poder enterar
el número se valieron de muchos casados” y si se los llama al servicio será

95
Id., Ibíd., 1813, letra B, tomo 36, fl. 734.
96
Id., Ibíd., 1814, letra 8, tomo 39, fl. 548. El comisionado se comunica con los jueces
de Tercero Abajo, de Soconcho y de los Cóndores, para que remitan los reclutas or-
denados, ídem, Ibíd., 1814, letra D, tomo 41, fls. 62, 59, 60 y 61, respectivamente.

182
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

preciso enlazarlos o tirarles las boleadoras, lo que volvía imposible este re-
querimiento97.

Lo cierto es que las continuas extracciones de hombres han reducido las


posibilidades de seguir remitiendo los reclutas que se solicitan. Y, como no
puede ser de otra manera, todo ello repercute en la condiciones de vida. En
todo el curato se verifica el desplazamiento de forajidos, desertores y vagos
difíciles de reducir por su movilidad y por estar bien armados. De tal manera
que no sólo se multiplican los robos a los transeúntes, sino que toma niveles
preocupantes el asalto a casas particulares con su consiguiente secuela de san-
gre y destrozos, ayudados por el aislamiento en que viven los habitantes de la
región; tanto que en algunas parte los hombres se resisten abandonar sus vi-
viendas para ir a trabajar por no dejar su familia y sus bienes expuestos a los
asaltantes98. Y pocas serán las posibilidades de revertir ese proceso, máxime
cuando se percibe una acentuación del deterioro en los años siguientes.

En el curato de Punilla se repiten los problemas apuntados. Las continuas


reclutas llevan primero a los vagos y malentretenidos y, luego, ante las fugas
masivas que se producen no bien se tienen noticias de aproximarse una leva,
se llevan a jóvenes trabajadores y, aún, hijos únicos99. Como el gobierno ame-
naza a los jueces pedáneos que no remitan los hombres solicitados, se cometen
no pocos abusos y cuantos forasteros aparecen por sus distritos son apresa-
dos100.

No sólo la extracción de gente actúa como factor de disociación, sino que


también lo hacen aquellos que tras desertar retornan a sus lugares de origen,
para vivir continuamente sobresaltados en sus casas o en los montes, cuando

97
Id., Ibíd., 1814, letra B, tomo 39, fls. 528, 530 y 549.
98
Oficio de Vicente Torres al gobernador Díaz, del 14 de setiembre de 1815 ídem,
Ibíd., fls. 464 y 465.
99
Id., Ibíd., 1814, letra B, tomo 39, fls. 610 y 611. E ídem, Ibíd., 1813, Letra B, tomo
36, fl.709.
100
Id., Ibíd., 1814, letra B, tomo 39, fls. 492 a 494. Otros pormenores en ídem, fls.
498, 499 y 500.

183
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

no se integran a partidas salteadoras101 Lo mismo ocurre con los que quedan


en la jurisdicción y reciben la protección de propietarios rurales interesados
en preservar la poca mano de obra existente o de parientes más o menos en-
cumbrados102. No muy distinta es la situación en el curato de Anejos, donde
existen regiones apenas pobladas.

Aunque, en líneas generales, la prodigalidad de los valles y de las zonas


del piedemonte le permiten a sus habitantes sobrellevar con mayor facilidad
la carga de la guerra, máxime cuando la mayor parte de la misma se encuentra
fuera de las grandes vías por donde se desplazan regimientos y pertrechos,
parece evidente que los efectos sobre los estratos más bajos de la población
fueron igualmente importantes, desquiciando las economías domésticas y, con
ello, la general.

La llanura es la región de los grandes espacios vacíos. Salvo los núcleos de


las villas de la Concepción del Río Cuarto y de la Carlota, el del Rosario, y la
existencia de pequeños rancheríos diseminados en el amplio territorio, en el
resto triunfa el aislamiento impuesto por la tremenda dispersión de sus habi-
tantes. En esta región se asienta el 28,57% de la población en 1795; el 31,14%
en 1813; y el 30,02% en 1822. Es decir, tras alcanzar el pico de 1812, se veri-
fica una involución que refleja el problema de las fronteras con el indio.

Dentro de ella, los curatos del centro-este comprende los de Santa Rosa o
Río de Córdoba (actual departamento Río Primero), Río Segundo (el del
mismo nombre y gran parte de San Justo), Tercero Arriba y Tercero Abajo
(que abarca la mayor parte de los actuales departamentos de General San Mar-
tín, Unión y Marcos Juárez). Es de suponer que gran parte del curato de Santa
Rosa se incluye en el de Río Segundo para 1795, de tal manera que se triplica
prácticamente la población para 1813, reduciéndose el ritmo de crecimiento,
en términos generales, en el decenio siguiente.

101
Id., ibíd., 1815, caja 38, carpeta 3, fl. 278.
102
Id., íbíd., fl. 232.

184
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Inmediatamente de producida la Revolución, el curato de Santa Rosa se ve


requerido por cruzar su territorio buena porción del camino real. Pero, además,
la disposición de abril de 1811 de la Junta de Gobierno sobre la extracción de
gente afecta a los cuerpos de milicias de ese curato, cuyo jefe informa que los
enviados en esa oportunidad “contra su voluntad” fueron los hombres “de más
honrado entretenimiento y ocupaciones de pública utilidad”. El criterio se mo-
difica rápidamente, ordenándose que en lo sucesivo, se reclute a los vagos y
mal entretenidos.

El encargado del curato de Santa Rosa recibe, en setiembre, de remitir cien


hombres a la brevedad lo cual lo obliga a plantear una serie de interesantes
cuestiones. En primer lugar, pregunta cómo hará para obtener los víveres,
amén de los caballos en que se conducirán los cien hombres. El segundo tema
que le preocupa es el sueldo que deben recibir los oficiales, sargentos, cabos,
y soldados para pagarles y así evitar un motivo de deserción. Y, en tercer lu-
gar, pide se le informe si esta tropa está destinada sólo a guarnecer la ciudad
o si se la llevarán fuera de la provincia. Porque en el primer caso, es un servicio
conforme a su clase. Pero en el segundo, siendo una milicia urbana compuesta
de labradores, hacendados, artesanos, y demás ejercicios de utilidad al estado,
“no podré precisarlos por la fuerza, y solo podré ofrecer mi mediación a fin
de que se presten voluntariamente aunque es muy difícil conseguirlo”103.

Sin duda la respuesta de Agüero constituye una perla dentro de la medianía


existente en las campañas cordobesas, y pone el dedo en la llaga de un pro-
blema que sólo puede solucionarse por la vía del exclusivo esfuerzo de los
mismos vecinos que auxilian y prestan su persona o sus hijos para integrar los
ejércitos104.

Hacia el centro del curato de Santa Rosa la situación es distinta porque las
posibilidades económicas también lo son. A orillas del río se suceden una serie
de prósperas granjas, en tanto que aquí y allá importantes estancias cuidan

103
Id., ibíd., fls. 116 y 117.
104
Íd., ibíd., fl. 121.

185
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

gran número de cabezas de ganado. Hacia el este, las invasiones de los indí-
genas del Chaco producen el despoblamiento y consiguiente abandono de las
tierras, aunque el fenómeno tiene alcances limitados. En cambio el fenómeno
es grave en el curato del Río segundo, sobre todo en el vasto espacio com-
prendido entre Villa del Rosario y Quebracho Herrado.

La zona central y oeste, más protegida de las malocas, se ve de todas ma-


neras afectada por los alistamientos y por los auxilios que continuamente de-
ben entregar. Si bien se hace caso omiso a muchos de los pedidos de los afec-
tados, el gobernador Viana resuelve suspender los recutamientos en Villa del
Rosario

“...previniendo a usted que esta medida tiene por principal objeto, el


que los vecinos y hacendados de esa jurisdicción estén siempre prontos
con los peones de sus faenas a la primera convocación que se haga para
contener la irrupción de los indios bárbaros, ínterin libro mis providen-
cias para asegurar esa frontera, sin perjuicio de empeñar el celo y acti-
vidad de usted para la persecución de los vagos y desertores que con-
forme se vayan aprehendiendo, deberá remitírmelos en seguridad…”105.

Las dificultades de todo orden con que tropieza el reclutamiento, la mayo-


ría atendibles, amenaza con hacerlo fracasar, por lo que el gobierno provincial
endurece su actitud para con los jueces pedáneos y comisiona expresamente a
otras personas para tal tarea, con los riesgos de que se cometan atropellos e
injusticias106. También el directorio resuelve intervenir a fin de asegurar resul-
tados, partiendo de la suposición que las levas fracasan por los intereses loca-
les y los miramientos o las parcialidades que pueden tener los jueces hacia sus
vecinos, lo que en alguna medida es real107. De todas maneras, un Estado cada

105
Íd., p. 161. También AHPC Gobierno, 1814, letra B, tomo 39, fl.32. También se
suspende el cobro de la contribución mensual por la situación imperante, ídem, Ibíd.,
1814, letra C, tomo 40, fl. 259.
106
Ídem, Ibíd., fls. 25 r. y rv. y fls. 99 y 100.
107
El 17 de junio, desde Villa del Rosario, Ramón Antonio Correa transcribe al go-
bernador un oficio firmado en Buenos Aires el día 2 por Javier de Viana por el cual

186
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

vez más exigente por la multiplicación de sus necesidades procurará agotar


todas las posibilidades para reclutar gente, aun cuando ello implique acentuar
la despoblación de vastas regiones de Córdoba y su consiguiente deterioro
socio-económico108.

Algo similar ocurre en los curatos restantes. La combinación de invasiones


provenientes de los indígenas del Chaco y del sur, sumado al hecho que se
convierte en escenario de la guerra civil, afecta seriamente la totalidad del
territorio del Tercero Abajo, lo que se refleja en la marcada involución demo-
gráfica experimentada que, a su vez, es signo del retroceso sufrido en la ocu-
pación de la tierra y en la actividad económica: de los 3.612 habitantes que
consigna el censo de 1813, se pasa a 3.532 para 1815 y a apenas 1.898 en
1822. Con la misma intensidad incide en la porción este del territorio del cu-
rato de Tercero Arriba. Y si éste mantiene su nivel de población se debe a que
la región oeste no es afectada por esos problemas, aunque debe sufrir los ge-
nerales de la provincia109. De todas maneras “mantener” el nivel anterior im-
plica, también, una involución.

Conocida la región, genéricamente, como la frontera sur, comprende en su


territorio dos villas –la de Concepción del Río Cuarto y La Carlota– y una
línea de fortines poco eficientes (actuales departamentos de Río Cuarto y de
Juárez Celman).

se lo nombra “Capitán de Ejército y Comandante aprehensor de Reclutas... respecto a


los auxilios que necesita para la persecución de vagos en cualesquiera puntos de las
Provincias Unidas donde se presente, se entienda con los gobernadores intendentes
quienes proveerán sobre el particular...” Id., Ibíd., fl. 217 y los fls. 128 y 129. También
Héctor Ramón Lobosm Repercusión de la guerra…, ob. cit., Apéndice, sección docu-
mental, documento n. 21.
108
Estos aspectos han sido exhaustivamente estudiados en el trabajo sobre la frontera
este ya citado. Conf., también, Pedro Grenon, S.J. Villa del Rosario..., ob. cit., pp. 200
y 209. El incremento de la deserción puede verse en AHPC Gobierno, 1818, caja 56,
carpeta 1, fl. 12. Otros aspectos en Héctor Ramón Lobos, Repercusión de la guerra…,
ob. cit., Apéndice, Sección documental, documento n. 22.
109
AHPC Gobierno, 1815, caja 44, carpeta 4, fls. 434 y 435.

187
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

En esta zona, como en la anterior, se da un insuficiente crecimiento demo-


gráfico que, en última instancia, está señalando la involución experimentada.
Las razones también son comunes: las invasiones de los pampas y el problema
de la guerra de la independencia. Por lo demás, se sabe que el territorio más
austral del departamento Río Cuarto y los actuales de Presidente Roque Sáenz
Peña y General Roca, se encuentran bajo el dominio del indígena o conforman
la llamada “tierra de nadie”.

Desde los primeros momentos, cuando las reducidas las tropas que cuidan
la frontera intentan ser incorporadas a la expedición auxiliadora, se plantea el
problema de las levas. Luego se reclutan unos pocos hombres en la región y,
en cambio, se comienzan a enviar delincuentes y vagos apresados por las au-
toridades aprovechando, generalmente, el tránsito de tropas de Mendoza al
puerto. Ya para febrero de 1811, las carencias son muchas, todos sufren una
escasez extrema y las levas son permanentes. Y muchos vagos y desertores,
unidos en cuadrillas y bien armados, con las mismas armas que cometieron la
deserción, saquean casas y cometen otros excesos, lo que se complica más si
se tiene en cuenta que se carece de prisiones donde detenerlos110.

Sobre el tema se vuelve a mediados de 1813, tropezando el comisionado


designado para el reclutamiento con no pocas dificultades emergentes, mu-
chas veces, de la resistencia opuesta por las autoridades locales. También se
le presentan problemas en octubre al teniente coronel Julián Martínez, quién
tras sufrir la fuga de una partida de reclutas que tenía encarcelada en la villa
de la Concepción pronta a ser remitida hacia Buenos Aires, comunica que por
no contar con armas no puo evitar su fuga; pero, si las recibía, irá remitiendo
a los prófugos a medida que los aprese a través de los fuertes y fortines de la
frontera111. Las excusas continúan al año siguiente y mueve al gobierno a or-
denar cumplir la recluta sin pretexto alguno.

110
Id., Gobierno, 1811, letra A, tomo 33, fls. 581 a 582.
111
Un ejemplo por demás ilustrativo puede consultarse en Héctor Ramón Lobos, Re-
percusión de la guerra…, ob. cit, Apéndice, sección documental, documento n° 23.
También AHPC Gobierno, 1813, letra C, tomo 37, fls. 78 y 79.

188
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

En setiembre de 1815, se manda efectuar un nuevo reclutamiento en los


distritos de las villas de la Concepción y de La Carlota. Desde Piedra Blanca,
se le responde que

“...por los conocimientos que tengo de estos partidos debo hablarle a


vuestra señoría con ingenuidad, que de la especie de hombres, que me
piden (y que son los únicos que pueden sacarse) no se encontraran; por-
que los que hubo se los ha llevado la Patria, y los que han llegado a
fugar se han mudado a otra jurisdicción112“.

No obstante, cada vez que se satisfacen las exigencias de los superiores, se


lo hace a costa de acentuar el debilitamiento demográfico con todas sus con-
secuencias. De tal suerte que no debe llamar la atención el cúmulo de quejas
y excusaciones que los jueces pedáneos comienzan a exponer al gobierno
desde agosto de 1816.

Sin lugar a dudas, la incidencia que sobre la jurisdicción de Córdoba tuvie-


ron los reclutamientos y levas son muy importantes, desde un punto de vista
negativo, tanto directa como indirectamente. Su instantánea afectación en lo
social (desintegración familiar y caída del crecimiento vegetativo normal)
tiene una inmediata repercusión en lo económico (escasez de mano de obra,
despoblación, retroceso en la actividad agrícola-ganadera, decadencia de las
actividades artesanales y el comercio) que, unidos a los problemas del indio y
de las guerras civiles, vuelven a incidir en lo social traduciéndose en un dete-
rioro de la calidad de vida material y societaria, amén de moral. A ello cabe
agregar un estado de larvada, pero permanente, indisciplina que, en algunas
regiones, orilla la anarquía. Pero claro, todo ello y algo más es el precio de
una guerra que no omite sector de la población, esté o no directamente movi-
lizado.

112
Id., Gobierno, 1815, caja 38, carpeta 3, fl. 299.

189
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Algunas consideraciones finales

En cualquier sociedad existen jerarquías, pero estas sólo son respetadas si


la población cree que en alguna medida merecen serlo. Este respeto de las
jerarquías, no sólo en el campo político sino en el de la vida civil, familiar,
económica, se lo ha llamado dominación celular. Los partidos, ideologías o
movimientos sociales que la cuestionan son por supuesto los de carácter
revolucionario y amenazan el orden constituido. Sin embargo, aun éstos tienen
que plantear una alternativa igualmente jerárquica, aunque con principios
distintos, salvo que sean totalmente anarquistas. Y aun así, una cosa es la
ideología y otra la práctica posrevolucionaria que también implica estructura
de dominación no sólo políticas sino celulares, a veces más rígidas que las de
las sociedades que derriban. Por eso es que muchos movimientos de reforma,
más o menos conscientes de ese problema, llegan a transacciones ideológicas
y prácticas con el orden de dominación celular existente. Y ello es lo ocurre,
en gran medida, con el movimiento iniciado en mayo de 1810.

Esas situaciones extremas, aunque no se dan con frecuencia, están en el


inconsciente de los actores sociales y son expresadas por algunos pocos
individuos o a través de instituciones especiales, en círculos relativamente
cerrados, como son sectores de la Iglesia, del mundo de la cultura y de las
universidades, de las fuerzas armadas o de los más allegados al ejercicio del
poder. En gran medida, son los que asumen la conciencia de los estratos
económicos y sociales dominantes, recubriéndolos bajo una supuesta
preocupación por los destinos de la sociedad en su conjunto. Un fenómeno
que no ocurre siempre ni generalmente de manera consciente113.

El juego político es el resultado de la interacción entre diversos actores


sociales, incluidas las fuerzas armadas. Pero aun cuando, en el período que
nos ocupa, los militares tienen un peso político mucho mayor que cualquier
otro actor social, las actitudes que de hecho generan son el resultado de

113
Torcuato S. Di Tella, Sociología de los procesos políticos. De la movilización so-
cial a la organización política, Buenos Aires, Eudeba, 1986, p. 281.

190
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

presiones y determinismo sociales. Como bien se ha dicho, a pesar de la


ilusión de que hacen los que quieren, en general no llegan a querer más de lo
que la estructura social pone en sus cabezas. Por lo demás, dada su posición
en el espacio social, lo más probable es que reflejen actitudes típicas de
sectores ubicados de la mitad de la pirámide para arriba.

Es un hecho que las fuerzas armadas son funcionales a la estructura de


dominación existente, puesto que mantienen un orden que permite el funcio-
namiento normal del sistema; más aun, lo consolida. Esta funcionalidad puede
alterarse en momentos especiales, como ocurre a partir de las invasiones in-
glesas, pero mientras dura cumple su rol. En realidad, a partir de entonces, se
asiste al desplazamiento del poder militar de los cuerpos peninsulares a los
criollos, que pasan a cumplir dicho papel como lo demuestra su comporta-
miento durante la asonada del 1º de enero de 1809, donde por primera vez un
ejército local resuelve una disputa política virreinal; en la Semana de Mayo de
1810 y, con mayor razón, en la guerra de independencia; también lo será en
las guerras civiles, expresión suma de la atomización del poder político. De-
bido a esa funcionalidad, las influencias y conexiones recíprocas con el con-
junto de la sociedad son numerosas, cambiantes y no necesariamente explíci-
tas o abiertas114.

Ya en el período independiente, desde el primer momento constituyen lo


que luego se llamará un factor de poder, siendo significativo el liderazgo po-
lítico de militares como Saavedra, Belgrano o San Martín, el de directores
como Alvear, Álvarez Thomas, Rondeau o Pueyrredón; el de distintos caudi-
llos como Artigas, Güemes o Estanislao López; y el de gobernadores de Cór-
doba como los Pueyrredón, Javier de Viana, Antonio Ortiz de Ocampo, o de
quienes sin serlo ejercieron el verdadero poder como Sayós y Álvarez de Are-
nales. El mismo José Javier Díaz tiene grado militar, como todo aquel que se

114
Torcuato S. Di Tella, Sociología de los procesos políticos…, ob. cit., pp. 283 y
284. El fenómeno es verificable en otras regiones de Hispanoamérica como lo de-
muestra Timothy Hawkins “La Corona, el Ejército, y la sociedad colonial centroame-
ricana”, en Boletín AFEHC, N. 34, febrero 2008, disponible en: [Link]
[Link]/[Link]?action=fi_aff&id=1848

191
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

precie de pertenecer al sector dirigente. Y el hecho de no ser muchos de ellos


militares de carrera no puede disimular la realidad de que su poder se ejerce,
fundamentalmente, desde dicha función. Una mención especial merece Juan
Bautista Bustos con su ya reconocida influencia a fines del decenio y su papel
determinante en el siguiente.

Como bien se ha señalado, no se puede reducir a las fuerzas armadas a un


mero papel de defensa o a un marco exclusivamente profesional, desvincula-
dos de la política. “La separación del poder militar y del poder civil, con subor-
dinación del primero al segundo, es un postulado del constitucionalismo mo-
derno y del liberalismo político que tiene más de aspiración ideal que de reali-
dad”115. Y sigue el autor: “las fuerzas armadas son siempre políticas y hacen
política con sólo cumplir profesionalmente su función de defensa interior y
exterior, de tutela del orden y la seguridad del estado”. Pero, además, la parti-
cipación militar en la política, que profesionalmente le es ajena, también se
explica sociológicamente por ciertos vacíos que se producen en la sociedad,
debiéndose tener en cuenta que la política no admite el vacío y que éstos tien-
den a ser llenados de inmediato116.

Con las invasiones inglesas el pueblo criollo en armas se improvisa en


Ejército y la palabra “argentino” se impone paulatinamente por esa misma
razón117. Estas primeras fuerzas armadas integradas por criollos de Buenos
Aires y del interior y que incorpora a los más diversos sectores de la sociedad
bonaerense, se hace nacional a partir de la Revolución de Mayo que ampliará
su base de sustentación al incorporar a sus filas a miles de hombres del pueblo,
provenientes de las distintas regiones del actual territorio argentino y de todas

115
Nuestra constitución ha buscado conciliar ambos poderes, colocando la jefatura de
las fuerzas armadas dentro del ámbito del poder ejecutivo. Germán J. Bidart Campos,
Historia política y constitucional argentina, Buenos Aires, EDIAR, 1977, tomo III,
p. 102.
116
Íd., ibíd., pp. 105 y 106.
117
Aunque ya existe el término, es explicitado en esa ocasión por López y Planes en
su poema “Triunfo argentino”. Jorge Abelardo Ramos, Historia política del Ejército
Argentino, Buenos Aires, A Peña Lillo editor, 1959, p. 5.

192
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

las clases sociales (artesanos, gauchos, jornaleros, estudiantes, abogados, es-


tancieros, miembros del clero, etc.). Esto define el carácter nacional del Ejér-
cito Argentino que en esos momentos nace; ellos constituyen los nuevos sol-
dados de un ejército que se va haciendo profesional durante la guerra junto
con sus oficiales, a excepción de los pocos de carrera como San Martín o Al-
vear. Es el pueblo en armas.

Pronto las disensiones internas afloran. Juan Bautista Alberdi se pregunta


qué harán los pueblos para luchar contra España y contra Buenos Aires, en
defensa de su libertad amenazada por uno y otro. Y se responde que no te-
niendo militares profesionales se dan jefes nuevos, sacados de su seno, sim-
ples paisanos las más de las veces. Ni ellos ni sus soldados, improvisados
como ellos, conocen ni pueden seguir la disciplina militar. Por el contrario, la
disciplina es el fuerte del enemigo y para vencerlo recurren a la guerra a dis-
creción y sin reglas; esto es, la guerra de recursos, la montonera y sus jefes,
los caudillos. Antes de la Revolución de Mayo no hay caudillos ni montoneros
en el Río de la Plata,118 pero éstos, al hacerse militares, amplían y acrecientan
su importancia en todos los ámbitos del espacio. Por lo demás, como bien se
ha dicho, la estructura social iberoamericana favorece la concreción de alian-
zas entre “el rey” y el “pueblo” o sus equivalentes, y esto es precisamente lo
que ha roto la revolución.

En el nuevo orden, la progresiva falta de una jerarquía acatada por el con-


junto y, luego, la aplicación del sistema federal de hecho, fomentan los en-
frentamientos entre las ciudades subordinadas y las capitales intendenciales y
el espíritu de partido parece dominarlo todo. A lo que se suma, según Simón
Bolívar, que debido a la tolerancia o debilidad política a cada conspiración
sucede un perdón y a cada perdón otra conspiración. Para él –como para San
Martín y Belgrano entre otros– esta división es la que conspira contra la inde-
pendencia antes que las armas españolas. La anarquía es el enemigo. La pala-
bra se usa mucho para referirse a los rivales políticos pero, en el fondo, es la

118
Íd., ibíd., p. 19.

193
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

dificultad de establecer bajo las condiciones revolucionarias o posrevolucio-


narias un gobierno sólido y estable119.
Sin duda la tradición, la íntima comunión existente entre civiles y militares
desde tiempos inmemoriales y las necesidades que generan las guerra de in-
dependencia y luego las civiles, potencian y facilitan la conformación de una
sociedad militarizada o, por lo menos, donde lo militar tiene un prestigio in-
discutido.

Hace ya algunos años, sostuve, y estimo haberlo demostrado, que la guerra


de independencia fue afectando todos los aspectos de la vida y de la economía
cordobesa, tanto en la ciudad como en la campaña, e incidió de una manera
determinante en la estructuración militar de esta jurisdicción no sólo en el
decenio que nos ocupa sino con notable proyección en los venideros. También
que, aun cuando se haya centrado la atención en una parte y ella pueda
reconocer características peculiares, su estudio pormenorizado no puede dejar
de ayudar a la comprensión del conjunto de la sociedad argentina.

Hoy, desde una perspectiva más amplia y más cargada de experiencia,


mantengo las ideas centrales pero morigeraría la importancia asignada al
ciertamente largo y traumático conflicto bélico que fuera la guerra de
independencia en la conformación de una sociedad con fuertes connotaciones
militares o militarizada. Y ello, me apresuro de decirlo, no constituye un juicio
de valor sino una necesaria comprobación.

La importancia de la cuestión ha pasado desapercibida, en gran medida,


debido a dos razones básicas: en primer lugar, a una visión romántica en que
la guerra de la independencia se nos presenta como una sucesión de glorias
militares obtenidas en el campo de batalla y como resultado de la
confrontación de dos ejércitos más o menos disciplinados y de generales y
oficiales más o menos inspirados y arrojados. Las mismas derrotas pasan a ser
gloriosas por cuanto ejemplifican las dificultades superadas y engrandecen, en

119
Torcuato S. Di Tella, Sociología de los procesos políticos…, ob. cit., p. 185.

194
RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

consecuencia, los triunfos obtenidos. Todo ello desde la perspectiva de una


guerra ganada.

Con ser esto valedero, constituye una apreciación insuficiente y engañosa,


lo que nos lleva a la segunda cuestión: nada de ello hubiese sido posible sin
que todos los dineros, las actividades y las personas de una sociedad, sin
exclusión de sectores y desde el lugar que le tocare actuar, fuesen puestos al
servicio de la guerra.

Siempre la adopción de una organización en función de una nueva realidad


es fuertemente compulsiva y altamente desestructurante de la existente hasta
entonces. Y la lucha por la independencia será lo que domine rotundamente el
período, por lo que no debe extrañar que todo se subordine a la misma. Lo que
sí se debe valorizar es el papel fundamental de todo el pueblo en la guerra, sin
cuyo apoyo logístico y aporte personal en vidas y bienes, compulsivo o no, no
hubiesen sido posible aquellos triunfos.120

Desde esta perspectiva, si bien se ha intentado mostrar cómo la Revolución


fue organizando militarmente a la jurisdicción de Córdoba a fin de contar con
fuerzas de reserva listas para atender los distintos frentes de batalla, se debe
tener en cuenta que dicho proceso no se inicia entonces sino que, con sus
variantes, viene desde los primeros años de la fundación de la ciudad.
Analizado el proceso dentro de uno mayor, tanto temporal como
espacialmente, a fin de poder evaluarlo correctamente, estimamos haber
demostrado la importancia de lo militar en la conformación de la sociedad
cordobesa y el grado a que se llegó en ese proceso de militarización en la
provincia.

120
El tema ha sido estudiado en detalle en Héctor Ramón Lobos, Repercusión de la
guerra de independencia en la estructura económica de Córdoba (1810-1820), tesis
doctoral inédita, Córdoba, 1982, 7 volúmenes. A nivel general, Tulio Halperin
Donghi, Revolución y guerra. Formación de una élite dirigente en la Argentina
criolla, Buenos Aires, Siglo XXI, 1972.

195
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

196
Los autores

Celia Codeseira del Castillo


Doctora en Historia (UCA), Especialista en Historia Social (UNLu), Profesora de
Historia (CONSUDEC), Master en Cultura Argentina (INAP) y Museóloga (UMSA).
Profesora titular de “Paleografía y Diplomática” y Profesora adjunta de “Disciplinas
Auxiliares de la Historia” (UMSA). Profesora de “Metodología de las Ciencias
Sociales” (Instituto del Profesorado Santa Catalina). Profesora del Post-Grado
“Patrimonio Cultural Hospitalario” (Departamento de Docencia e Investigación,
Hospital Rivadavia). Investigadora en el Instituto de Historia del Derecho
(CONICET) y en la Comisión de Artes Plásticas del Fondo Nacional de las Artes.
Becaria del gobierno peruano en Universidad Mayor de San Marcos. Miembro del
Consejo Académico de la Fundación Nuestra Historia, Directora de Publicaciones
(Instituto de Estudios Históricos de San Fernando) y Consejera de Redacción de la
Revista de Humanidades Cruz del Sur. Integra el Grupo de Investigaciones sobre
Historia Argentina Contemporánea (UCA). Autora de libros y trabajos sobre temas
históricos y culturales.

Facundo Di Vincenzo
Es Profesor de Historia por la UBA, Doctor en Historia por la Universidad del
Salvador y Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano por la
Universidad Nacional de Lanús. Docente e Investigador del Centro de Estudios de
Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, del Instituto de Problemas Nacionales
y del Instituto de Cultura y Comunicación de la UNLa. Ha dictado clases de Historia,
Antropología y Pensamiento Nacional y Latinoamericano en la Universidad Nacional
de San Antonio de Areco, Universidad Nacional de Avelllaneda y realizado charlas
sobre el Pensamiento de Carlos Astrada, Leopoldo Marechal, Manuel Ugarte y la
Comunidad Organizada en distintos Centros Culturales y Terciarios. Columnista del
Programa Radial Malvinas Causa Central (Megafón-UNLa FM 92.1) y de Hablemos
de Más (Radio Brújula del Conurbano Sur). Ha publicado artículos en diferentes
revistas como Revista digital Álla Ité, Viento Sur, Movimiento, C.L.A.E., etc. Compiló
junto a Daniela D´Ambra el libro Manuel Ugarte. Legado, vigencia y porvenir y, junto
a Mara Espasande y Carlos Godoy, el libro Una hora americana. La Reforma
Universitaria desde el pensamiento Nacional y Latinoamericano.

197
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Ariel Alberto Eiris


Es Doctor en Historia por la Universidad del Salvador. Profesor y Licenciado en
Historia por la Universidad Católica Argentina. Actualmente se encuentra
desempeñando sus investigaciones como becario del Conicet. Recibió la Medalla de
Oro al mejor promedio de la Colación de Grado del año 2012 y el Premio Egresados
con mayor promedio de la carrera de historia otorgado por la Academia Nacional de
la Historia en 2012 y 2014. Participa en varios grupos de investigación y es
subdirector de la Revista Temas de la Historia Argentina y Americana, perteneciente
a dicho Instituto. Se desempeña como profesor en varias cátedras vinculadas con la
Historia de América y la Historia Argentina en la Universidad Católica Argentina y
la Universidad del Salvador. Es autor de varios artículos sobre historia política e
intelectual, ha publicado el libro basado en su tesis doctoral titulado: Un letrado en
busca de un Estado: Trayectoria jurídico-política de Pedro José Agrelo (1776-1846).

G. Hernán Fernández
Licenciado en Historia y Doctor en Historia. Profesor Adjunto en la cátedra
Historia Argentina II (UNSJ). Becario Posdoctoral del CONICET. Autor del libro
¿Existe UN Facundo? Repensar el escrito de Sarmiento desde las ediciones y lecturas
realizadas durante la vida del autor y póstumamente. Buenos Aires (2020). Autor de
diferentes artículos publicados en diversas revistas científicas.

Laura Guic
Profesora de Enseñanza Primaria. Licenciada en Gestión Educativa. Especialista
en Educación, orientación a la Investigación. Maestría en Investigación Científica y
doctoranda del Programa Interuniversitario de Doctorado en Educación. Ha
participado en publicaciones, jornadas y congresos; indagando el ámbito de la Historia
de la Educación desde la perspectiva del gobierno. Docente - investigadora, por la
Universidad Nacional de Lanús y la Universidad del Salvador.

Alejandro Herrero
Doctor en Historia. Investigador Independiente del CONICET. Profesor Asociado
en la Universidad Nacional de Lanús en materias de historia Argentina y
Latinoamericana en las carreras de Ciencia Política, Trabajo Social y Diseño y
Comunicación Visual. Se especializa en historia de las ideas políticas e historia de la
educación en Argentina siglo XIX y comienzos del siglo XX. Director de proyectos
de investigación en UNLa y CONICET.

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

Alberto David Leiva


Doctor en derecho (UBA). Profesor Emérito de la Pontificia Universidad Católica
Argentina Santa María de los Buenos Aires. Ha sido profesor titular ordinario de
Historia Constitucional en la Universidad Nacional del Sur, y profesor de Historia
del Derecho Argentino en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Durante 25 años
fue miembro de la carrera de Investigador Científico del CONICET. Director del
Seminario permanente de investigación sobre la historia de los operadores jurídicos
(UCA). Director del Museo y Archivo Histórico de la Facultad de Derecho de la UBA
y Director de la publicación electrónica: [Link]. Su tesis fue
recomendada al premio Facultad (UBA); en 2007 recibió de la Academia Nacional de
la Historia el premio Academia a la mejor obra editada entre los años 2003 a 2006 por
su libro Historia del Foro de Buenos Aires (S. XVIII a XX). Ha publicado numerosos
libros y más de un centenar de trabajos, monografías y ensayos editados en el país y
en el extranjero.

Celina A. Lértora Mendoza


Doctora en Filosofía por las Universidades Católica Argentina y Complutense de
Madrid. Doctora en Teología por la Pontificia Universidad Comillas (España).
Investigadora del CONICET. Actualmente es profesora de doctorado en la
Universidad Nacional del Sur, Argentina. Ha sido profesora en UBA, UCA, USAL e
invitada en varias universidades extranjeras. Es Presidente de FEPAI y Coordinadora
General de la Red Latinoamericana de Filosofía Medieval. Ha publicado más de 30
libros y 300 artículos en los temas de su especialidad.

Héctor Ramón Lobos (1943-2021)


Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Córdoba (1963) y Doctor
en Historia por la misma Universidad (1982). Ejerció la docencia en el nivel medio
desde 1965 hasta el 2005, y en el nivel superior y universitario desde 1967 hasta su
jubilación en 2003 como Profesor Titular de Historia de América I en la Universidad
Nacional de Córdoba. Fue Becario de Iniciación y de Perfeccionamiento en
CONICET e Investigador como Profesor Titular del Instituto de Estudios
Americanistas, dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC
(1977-1988), e Investigador a nivel de Profesor Titular del Centro de Investigaciones
de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC (1988-2003). Dirigió becarios
del CONICET e investigadores de la UNC y varias tesis de doctorado en la misma
Universidad. Realizó 20 trabajos de Cátedra, y dirigió 10 equipos de investigación
con subsidios universitarios y del CONICET. Publicó más de 50 trabajos de

199
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

investigación (individuales o en coautoría). Participó en unos 40 congresos y dictó


numerosas conferencias así como participaciones en mesas redondas en diferentes
instituciones académicas del país. Fue Miembro Correspondiente por Córdoba de la
Academia Nacional de la Historia, y recibió variados premios, destacándose Primer
Premio correspondiente al “Premio Academia Nacional de la Historia, Obras Inéditas,
años 1995-1996”, por el trabajo El trasiego humano del Viejo al Nuevo Mundo: la
inmigración a Córdoba del Tucumán durante los siglos XVI y XVII, en colaboración
con el Licenciado Eduardo Gregorio Sergio Gould. Julio de 1997.

Sandro Olaza Pallero


Abogado y Doctor por la Universidad de Buenos Aires (Área Historia del
Derecho). Profesor adjunto regular de Historia del Derecho en la Facultad de Derecho
(Universidad de Buenos Aires) y titular en la Facultad de Ciencias Jurídicas
(Universidad del Salvador) en cursos de grado y posgrado. Docente del Ciclo Básico
Común (Universidad de Buenos Aires). Investigador adscripto del Instituto de
Investigaciones Jurídicas y Sociales “Ambrosio Lucas Gioja” (Facultad de Derecho-
Universidad de Buenos Aires). Miembro de la Asociación Argentina de Profesores e
Investigadores de Historia del Derecho; del Instituto de Investigaciones de Historia
de Derecho; secretario del Instituto de Historia del Derecho del Colegio Público de
Abogados de Capital Federal; miembro y secretario de la Junta de Historia
Eclesiástica Argentina; del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan
Manuel de Rosas; de la Fundación Nuestra Historia, de la Academia Argentina de la
Historia y del Instituto Histórico Santiago de Liniers. Dedicado a investigaciones
sobre Historia del Derecho, Historia del Derecho Canónico Indiano, Historia
Eclesiástica, Historia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires e
Historia de la Confederación Argentina. Autor de Historia de la parroquia de San
Miguel del Monte (1774-1939) y de numerosos trabajos en sus áreas de especialidad
editados en el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Derecho (Universidad
de Buenos Aires).

Hernán A Silva
Licenciado en Historia. Universidad Nacional del Sur (1963), Profesor en Historia.
Universidad Nacional del Sur (1964), Doctor en Historia de América por Universidad
de Sevilla con calificación Sobresaliente – Cum Laude (1976). Ha sido distinguido
con el título de Doctor Honoris Causa, con mención especial al mérito académico-
científico por la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina)- Resolución del 28 de
noviembre de 2017. Ha desarrollado su carrera docente hasta el máximo nivel en la
Universidad Nacional del Sur, se ha desempeñado en la carrera del investigador

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RECORDANDO AL GENERAL DON MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE

científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas


(CONICET). Es Miembro de Número de la Academia Nacional de la Historia, y
Miembro Correspondiente de varias Academias e instituciones científicas de América
y Europa. Se destaca en sus estudios la temática inmigratoria y la referida a la historia
económica del Río de la Plata en la época hispana. Para la realización de sus
investigaciones ha trabajado en diversos archivos de América y Europa; participando
en múltiples reuniones científicas de su especialidad. Asimismo deben señalarse sus
aportes al conocimiento de la Historia del Sur Argentino.

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

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CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

ÍNDICE

Celia Codeseira del Castillo


Prólogo 5
Alejandro Herrero
Introducción 7

Estudios 15
Celina A. Lértora Mendoza
personalidad de Miguel de Güemes a través de su correspondencia
con Manuel Belgrano 17
Celia Codeseira del Castillo
El General don Miguel Martín de Güemes y la invención de la tradición 35
Ariel Alberto Eiris
La historiografía sobre Martín Miguel de Güemes en el siglo XIX:
la construcción del mito provincial 59
Laura Guic
El programa de educación patriótica y el lugar del General
Don Martín Miguel de Güemes 67
Hernán Fernández
Caudillos y caudillismo en la escuela argentina: una aproximación desde
los usos de Güemes en los manuales escolares durante el orden conservador 75
Sandro Olaza Pallero
Bernardo Frías y su Historia del general Martín Güemes. Una pionera
revalorización de Güemes en la historiografía regional para su inclusión
en el Panteón nacional 85
Facundo Di Vincenzo
Los Infernales de Güemes en el libro La Guerra Gaucha de Leopoldo
Lugones (1905). Un intento de recuperación y renovación idiomática
en tiempos del aluvión inmigratorio 99
Alberto David Leiva
Güemes de político local a prócer nacional 107
CELIA CODESEIRA DEL CASTILLO – ALEJANDRO HERRERO
COORDINADORES

Homenaje a Héctor R. Lobos 125


Hernán A. Silva
Homenaje a Héctor Lobos 127
Héctor R. Lobos
Lo militar y el proceso de militarización de la sociedad cordobesa durante
las Guerras de la Independencia 131

Los autores 197


F.E.P.A.I.

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