Jean Paul Sartre
Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905-Ib., 15 de abril de 1980), conocido
comúnmente como Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista
político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo, posmodernismo y
del marxismo humanista.2 Fue el décimo escritor francés seleccionado como Premio Nobel de
Literatura, en 1964.
Existencialismo
El existencialismo es una corriente filosófica y posteriormente, una vanguardia literaria orientada
alrededor de la propia existencia humana a través del análisis de la condición humana, la libertad,
la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida. Sostiene que
la existencia precede a la esencia y que la realidad es anterior al pensamiento y la voluntad a
la inteligencia. Plantea que el punto de partida del pensamiento filosófico debe ser el individuo y las
experiencias subjetivas fenomenológicas, así como la angustia existencial que genera la aparente
absurdidad del mundo. Sobre esta base, los existencialistas sostienen que la combinación
del pensamiento moral y el pensamiento científico son insuficientes para entender la existencia
humana, por lo tanto, es necesario un conjunto adicional de categorías, gobernadas por la norma
de autenticidad.
El muro
Como se relaciona la obra
“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”, define Sartre en El existencialismo es un
humanismo. Su cuento “El Muro” permite al lector trabajar en la pregunta que lleva esa
afirmación: ¿Qué define a la vida? Mientras intentamos elaborar una respuesta irán
surgiendo otras dudas también inducidas por la trama del texto: ¿Cuánto vale la vida? o
¿Qué le da valor: lo que hicimos durante ella o la muerte?
La question de la existencia
El anarquista Pablo Ibbieta es condenado a muerte, situación que lo empuja a cuestionar
sus últimos años de vida y el valor de su existencia. Le acaban de comunicar que al amanecer
será fusilado junto a sus compañeros de celda; Tom Steinbock y Juan Mirbal. Luego de una
vida de militar por lo que creía correcto el protagonista se encuentra esperando su muerte.
Con gran crudeza y en algunos puntos, con cinismo, describe lo que va sintiendo a medida
que transcurren las horas. ¿Por qué ha de morir? ¿Vale la pena morir por una lucha que no
vera continuar? Alejándose cada vez mas de sus compañeros, Pablo empieza a cuestionar
todo aquello que creía seguro. Si el ser fusilado lo lleva a cuestionar el valor de la vida y de
la militancia pero no a delatar a sus compañeros puede pensarse que para Juan la tortura
es peor que la muerte, como si el dolor físico fue más terrible que morir.
Pablo dispara pensamientos llenos de frialdad que pareciera la de una persona que ya ha
muerto y que ahora espera hacerlo otra vez, pero a la vez, desde la pura subjetividad intenta
crear un análisis objetivo de la espera, aunque todo lo que dice lo muestra más cercano a
Tom y Juan de lo que él cree, tal vez el momento de mayor tensión se da cuando Pablo
intenta entender por qué no delata a Ramón Gris para salvarse.
“… Su vida no tenía más valor que la mía; ninguna vida tenía valor. Se iba a colocar un
hombre contra un muro y tirar sobre él hasta que reventara: que fuera yo o Gris u otro era
igual. Sabía bien que era más útil que yo a la causa de España, pero yo me cagaba en España
y en la anarquía; nada tenía ya importancia. Y sin embargo yo estaba allí, podía salvar mi
pellejo entregando a Gris y me negaba a hacerlo. Encontraba eso cómico: era obstinación”
La angustia de la eleccion
Pablo trata de encontrar alguna razón que provenga del exterior que lo obligue a tomar una
decisión y lo libere de la presión de poder elegir. Una razón justamente podría ser salvarse,
pero eso implicaría una acción totalmente voluntaria, entregar a Ramón Gris, pero
justamente Sartre decía que el hombre está condenado a ser libre y esto le genera angustia.
Aun estando prisionero, el protagonista del cuento puede elegir, tiene cierto grado de
libertad. Sartre logra crear un ambiente frío, oscuro y de suspenso de gran altura pero que
nunca distrae al lector de lo verdaderamente importante de la historia: ¿Cuánto vale la vida?
¿Y qué le da valor? Un giro inesperado en la historia lleva al desenlace. Para ese entonces
Juan no es el mismo que nos comenzó a contar sus últimas horas y no es de sorprender su
reacción final.